Hace 1 hora
16 de Otoño - Año 18
Isla Momorio - Costa - Soleado
10:00AM
Isla Momorio - Costa - Soleado
10:00AM
La hermosa embarcación de los Hanu Mahana descansaba sobre el suave oleaje del mar frente a la costa de una playa secreta, resguardada por varios acantilados que actuaban como una barrera natural a miradas indiscretas.
Ryota, el capitán de la tripulación, había decidido anclar el barco en ese lugar para impedir su fácil ubicación y permitirle un acceso rápido al mar en caso de necesitarlo. Una buena idea, que les permitió gozar de una ubicación segura durante los días que habían transcurrido desde su llegada.
Momorio era una isla tan hermosa como particular, en su interior habitaban hombres libres, cuyos deseos podrían llegar a chocar con el status quo de un mundo oprimido por las leyes sociales. En otros lugares del mundo podrían ser tachados como raros, pero allí, eran aceptados con las puertas abiertas y ofrecían la misma amabilidad a todos los que llegaran.
Lo único malo, al menos para los hombres heterosexuales, era que no había chicas… y todo lo que parecía una mujer, en realidad era un hombre con buen o mal maquillaje. Se veía de todo, en un amplio contraste que iba desde hombres capaces de hacer dudar a cualquiera de su sexualidad hasta otros que parecían sacados de las pesadillas más temibles en la imaginación de cualquiera.
Aun así, los habitantes de la isla se habían portado de buena forma con los Hanu Mahana, al menos hasta el momento, quizás eso cambiara. Pero, en lo que nos concierne al día de hoy, todo transcurría con normalidad durante esa cálida mañana en la cubierta del Aloha Kai.
Justo allí, sobre la piscina, se encontraba el capitán de la tripulación. Ryota descansaba con tranquilidad sobre un flotador de flamenco, disfrutando del agradable ambiente, mientras observaba el cielo con tintes entre rosas y azules, bajo la protección de unos lentes para el sol. “Necesitamos un cocinero… podría hacerme algún coctel mientras estoy aquí en la piscina… maldita sea, seguro Toxzco sabía hacer cocteles…” Suspiro desganado.
El haber disfrutado en Skypiea de los placeres culinarios que ofrecía un cocinero le abrió los ojos y ahora parecía querer uno en su tripulación.
Fue entonces cuando se escucharon algunos pasos sobre la cubierta, haciéndole levantar la cabeza para ver quién estuviera por allí.

“Hey bro, ¿no crees que nos hace falta un cocinero?”
Pregunto con agrado al que se encontrara allí.
Por su parte, Tocho Morocho descansaba sobre una de las sillas alrededor de la piscina, tomando el sol. ¿Qué podría estar bronceándose un ser cuya piel estaba cubierta de pelo? No lo sé, pero así era.
INFO

