[T1 - P.Relativo] Empieza la aventura.
#1
Atributos Personaje
Reino de Illisia, Pueblo Shinzen, 78 de Primavera, año 11 - 08:30

Panko se encontraba en el umbral de un nuevo capítulo en su vida. Con una mezcla de emoción y determinación, pretendía despedirse de su hogar y su familia en pocos días, listo para recorrer el vasto mundo en busca de ingredientes exóticos y recetas desconocidas que pudieran enriquecer su arte culinario.

Antes de emprender su viaje, decidido a explorar la diversidad de sabores, se topó con un estanque reluciente no muy lejos de su pueblo. Al borde de sus aguas, divisó un grupo de bayas de aspecto llamativo. Intrigado por su color vibrante y aroma tentador, recogió unas cuantas, pensando en cómo podrían integrarse en una receta de bizcocho para iniciar su viaje con un toque especial.
Mientras exploraba la zona, también descubrió una fruta peculiar, una apariencia extraña y un aroma desconocido que lo cautivó. Sin probarla, decidió usarla en la elaboración de pan de hogaza, sintiendo una corazonada de que esta fruta otorgaría un sabor único. - Hacer un pan con esto no debería ser un problema, ¡será pan comido!
Con gran entusiasmo, Panko se dedicó a la creación de estas recetas. Las bayas fueron trituradas y convertidas en un puré brillante, el cual integró en la masa para su bizcocho especial. Por otro lado, la extraña fruta fue procesada y mezclada con los ingredientes del pan, despidiendo un aroma ciertamente misterioso.
Terminadas las preparaciones y cierto tiempo de horneado, Panko probó con deleite su bizcocho, impresionado por el sabor fresco y exótico que las bayas aportaban, no es que fuera un sabor nuevo, había hecho esa misma receta cientos de veces, pero cada vez que saboreaba algo recién horneado por él, era como la primera vez, una mezcla entre orgullo, felicidad y placer. Aun masticando exclamó su veredicto sobre el bizcocho - oooohmmm, que ricoooo~~ - Masculló feliz mientras seguía comiendo.
Por otro lado, cuando se enfrió un poco, probó el pan que había hecho con aquella extraña fruta. - Uh... es raro, no me gusta... ¡PERO ESTÁ RICO! - Y lo devoró entero. Sin darse cuenta, mientras saboreaba su pan de hogaza, la extraña fruta, había sido consumida sin reconocer su naturaleza.
Ajeno al poder de esta fruta, Panko, satisfecho con su pan recién horneado, aunque no muy contento con su sabor, ya que la fruta aportaba un sabor amargo y no muy agradable, se preparaba para partir hacia lo desconocido. 

[...]

Reino de Illisia, Pueblo Shinzen, 78 de Primavera, año 11 - 14:00

Tras comer ese día con sus padres, de manera muy emotiva, hablaban del viaje que había preparado, como recorrería primero toda la isla, y luego cogería algún barco de pasajeros para ir a la isla más cercana. Su idea era ir enviando cartas a sus padres asiduamente, para contarles como iba siendo su aventura. 
Antes de que Panko pudiera ir a por sus cosas, su padre le abrazó y le pidió que fuera con él hasta la zona del horno, dentro de la propia panadería, una vez allí empezó a hablar.
- Hijo mío, lo que vas a hacer es muy valiente, pues siempre quise que fueras algo más que un panadero, lo sabes - 
- Pero papá, sabes que amo el pan, nunca voy a dejar de ser panadero. 
- Lo tengo claro, pero esta aventura que te espera te hará ver y conocer un vasto mundo que no imaginas. Conocerás gente maravillosa, y también muy peligrosa. El mundo es muy grande, pero estoy seguro de que allá donde vayas, con tu sonrisa y tus panes, nada te detendrá. Por eso quiero darte esto, hijo... - Kobo, el padre de Panko, le entregó un pequeño paquete envuelto en un pañuelo. Se trataban de los utensilios de la panadería de su propio bisabuelo, el primer Dipagnotta que puso sus manos en la masa y abrió la magnífica panadería que ahora era su casa - Papá... Pero esto no puedo llevármelo, ¿y si lo pierdo? ¿Y si me atracan o algo? - No lo perderás, hijo mío, pues es la voluntad de todos los panaderos de nuestra familia. Desde mi abuelo Panne DiPagnotta, mi padre Bricole DiPagnotta, y yo, Kobo DiPagnotta todos nos hemos planteado una aventura como la tuya, una búsqueda sin parangón de ingredientes y recetas de pan- Con los ojos como platos, Kobo exclamó sorprendido- ¿CÓMO? ¿Y POR QUÉ NO LO HICISTE? PAPA DEB- Kobo cortó a su hijo a media frase -La vida a veces no es como queremos, hijo, siempre hay sorpresas y cosas que te hacen cambiar por completo la idea de tu futuro, pero no importa. Las voluntades de toda la familia, han ido ganando fuerza hasta llegar a ti, Panko, por eso debes llevarte estos utensilios. Todos los Dipagnotta estamos contigo, ¡ASÍ QUE VE, HIJO MÍO!, ¡NADA PUEDE ENTROMETERSE ENTRE UN HOMBRE Y SUS SUEÑOS! - Señalando a ningún sitio, el padre gritaba esas palabras con toda la emoción que podía, pues el mismo, hace 27 años planeó todo su viaje, pero no contaba con la aparición de Bimbo y la llegada al poco tiempo de un pequeño bebé. 
¡PAPÁAAA! - ¡HIJOOO! - Llorando, Panko y Kobo se abrazaron, transmitiéndose así toda la esperanza y el amor que tenían en ese viaje. Mientras esta escena sucedía, Bimbo, la madre de Kobo, estaba en el umbral de la puerta, con los ojos llorosos viendo como su pequeño Panko era ya todo un hombre. 

Tras unas escenas lacrimógenas por parte de los 3 integrantes de la familia, Panko cogió sus empaques y sus utensilios de cocina recién adquiridos, y se envalentonó hacia la puerta. Era curioso, prácticamente no notaba el peso de su equipaje. 

Con una mochila llena de ilusión y recetas inexploradas, se despidió de su hogar, sin sospechar siquiera los cambios que la fruta del diablo que había consumido traería a su nueva aventura. Así, con su corazón lleno de sueños y su mente repleta de sabores por descubrir, se adentró en el camino que le llevaría a explorar el vasto mundo en busca de su próximo destino y nuevas delicias culinarias.
[...]
Reino de Illisia, Pueblo Shinzen, 78 de Primavera, año 11 - 17:00

Después de despedirse de las gentes del pueblo que lo conocían desde pequeño, Panko siguió su rumbo con una sensación de asombro y emoción. Cada paso que daba le acercaba más a la realización de su sueño de explorar los diversos sabores que aguardaban en las incontables islas del vasto mundo. A lo largo del camino, la brisa jugueteaba con su cabello, mientras el sol dorado del atardecer arrojaba destellos cálidos sobre el paisaje que se extendía ante sus ojos.

Fue entonces cuando divisó al perrito callejero al que solía alimentar siempre que podía. Conmovido por su situación, sacó el pan que había preparado esa misma mañana y, partiendo un trozo, se lo ofreció al animal. - Hoy he hecho este pan, sabe raro, pero no creo que te moleste - Sin embargo, la reacción del perro al olfatear el pan lo tomó por sorpresa: el animal, en vez de aceptar el gesto amable, lo miró con desconfianza y se alejó. Panko, desconcertado, se encogió de hombros, siempre dispuesto a ver el lado positivo de las cosas, sin dejarse desanimar por el desaire del can.
- ¡Bueno, más para mí entonces! -, murmuró Panko con su característica sonrisa, decidido a disfrutar del pan extra que ahora le quedaba. Con el ánimo intacto, retomó su camino hacia la ciudad central de la isla, Akarui, donde planeaba pernoctar esa noche. El sol descendía lentamente en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados mientras Panko avanzaba con determinación.
A pesar de su apuro por llegar a tiempo, se permitió algunas paradas para deleitarse con el sabor peculiar del pan que había preparado. Sabía extraño, pero esa particularidad no lograba mermar su entusiasmo ni su apetito. A medida que la noche se acercaba, se dio cuenta de que no tendría pan para el día siguiente, pero para Panko, eso no representaba un problema. Siempre se las arreglaba para resolver los contratiempos que surgían en su camino. - ¡Vamos! ¡Que si me empano no llegaré a tiempo! - Se dijo a sí mismo, como animándose a seguir su camino con algo más de velocidad. 
Cada paso que daba lo acercaba más a Akarui, y mientras se adentraba en la penumbra de la noche, el brillo de las estrellas iluminaba su rostro con una luz suave y reconfortante. Panko, con su espíritu optimista, mantenía viva la expectativa de las nuevas aventuras y sabores que le esperaban en cada rincón de esa isla central.
El camino a la ciudad cobraba vida con el bullicio de los noctámbulos, se vislumbraba perfectamente el palacio del rey, eso significaba que ya había llegado a su destino. Panko se sumergió en la efervescencia de las calles iluminadas por faroles, llenas de vida y de aromas tentadores que emanaban de puestos de comida y panaderías. Con la mente llena de expectativas y el corazón rebosante de ilusión, Panko finalmente se acercaba al corazón de Akarui, listo para vivir y saborear cada instante de su nueva travesía.



Extras
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#2
Aventura Tier 1 Completada


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