05-11-2023, 10:25 AM
(Última modificación: 05-11-2023, 01:34 PM por Tenma.
Razón: Título mal puesto
)
Atributos Personaje
Día 78 del año 11, Primavera.
Corriente Daiya - Isla Toko - Zona exterior
Parte 1. La bajada
Desembarcar en aquel sitio fue como un chute de adrenalina para el espíritu. Era bien consciente de la flojera física que me suponía la búsqueda de alguien en la inmensidad de la Gran Line. Pero me animaba el saber que, tarde o temprano, encontraría al maestro adecuado, al Comandante Joe.
El Sol era imponente y desquiciante. No sabría decir que temperatura hacía, pero la suficiente como para que, con la chaqueta atada en la cintura y vestido con una camiseta ajustada casi de tirantes, estuviera empapado en sudor.
-Venga va... No me jodas...- Miré hacia el astro rey asado como un pavo y mojado como un pez. -Voy a morir aquí de un ataque de calor o un cáncer de piel.- maldije.
Los pies se arrastraban por la arena de la costa, dibujando un sendero serpenteante. Un estrecho y corto camino, que dejaba a mi espalda el barco mercante del cual había bajado minutos antes. Sus gentes trabajaban en las labores de descarga, de lo más campechano y con la apariencia de que no les afectaba el calor.
-Debes estar de coña...- hablaba conmigo mismo observando la escena sin dar crédito. -¿Son inmunes al Sol o que? Como sea, no tengo tiempo que perder.-
Parte 2. Camino de arena
A mi diestra, el interior de la isla. Un páramo desértico, rocoso y aparentemente abandonado. Una especie de costa desértica que desembocaría tarde o temprano en algún camino interior que llevara a la civilización...O eso esperaba.
A mí siniestra, el infinito mar de la Gran Line. La tierra prometida para aquellos que anhelan la aventura y la grandeza, extenso hasta donde la vista puede alcanzar. Sólo el horizonte se atreve a perturbar la harmonía, diviendo el mar y el cielo con una perfecta línea recta en el más allá.
A mí espalda, un dibujo difuminado. Un barco cada vez más difuso y desaparecido en el calor del desierto que, con cada paso al frente, se desdibujaba más y más, asemejándose a un grano de arroz en un desierto inexorable.
Y frente a mi, la orilla de Isla Toko. Un raíl donde el agua y la arena entran en conflicto constante. Por ahí tenía pensado seguir mi travesía, esperando que en algún momento encontrara una bifurcación o cártel señalando población.
-Cada paso que doy parece inútil, que pereza...- andaba cansado mirando al frente, tapando el sol con mi mano derecha formando una visera en mi frente. -Menos mal que el barco me sirve de referencia para saber que no es así, ¿verdad, padre?- comencé a conversar, esperando que me escuchara allá donde estuviera. -Sé que tú espíritu me guiará por el buen camino, igual que el maestro Satanás. Sé que cuidáis de mi desde el otro mundo, jeje.- mientras hablaba, más fuerza de voluntad tenía para seguir.
Las horas pasaban y uno se iba adaptando a las temperaturas, pues tarde dejaba entrar una pequeña brisa marina. No obstante, los pies se convertían en pesados lastres enterrados en la arena. El camino empezaba a parecer repetitivo y el cansancio iba en aumento. No podría decir que estuviera cansado o derrotado, ni mucho menos, pero si que el cuerpo comenzaba a notar el ejercicio de las horas de paseo por la playa.
De repente, algo llamó mi atención. Un surco se formaba en la arena, lento pero constante, dirigiéndose a mi posición. Formaba pequeñas eses en la arena y aumentaba el ritmo mientras más se acercaba a mi. A una distancia de un metro, mientras lo observava detenidamente, una serpiente se abalanzó sobre mi de un salto, a la altura de la rodilla. Con reflejos y agilidad, pude esquivar el ataque furtivo desplazandome hacia atrás, haciendo que la serpiente se enterrara en la arena frente a mi. La serpiente se volvía a desplazar bajo la arena, repitiendo su estrategia y provocando un segundo ataque.
-¿Así que esas tenemos, ehh?- Dije esquivando por segunda vez al animal, esta vez pivotando sobre mi propio eje, haciendo un giro de 180 grados y sin darle la espalda a la serpiente, cambiandonos de posición. -No quiero hacerte daño lagartijo, pero me vas a obligar a hacerlo.- amenacé en tono jocoso (pues era una serpiente) mientras señalaba al reptil frente a mi.
La serpiente tenía la mirada fija en mi, y como si me entendiera, arqueó una ceja tras mis palabras. Cómo si mi amenaza le hiciera risa. Acto seguido sacudió su cola generando un sonido de cascabel y, tras de ella, un par de surcos más aparecieron. Al lado estos, un par más. Y luego otros más. De un momento a otro, parecía tener enfrente decenas de serpientes dispuestas a atacarme.
-Venga, vamos... ¿Eso no es trampa?- le dije a la serpiente con resignación. Está emitió un silbido bífido y todas las serpientes empezaron a acercarse con velocidad. -¡Que era broma joder!- empecé a correr en la dirección correspondiente a toda velocidad, intentando dejar atrás a las serpientes y evitar el conflicto. -Ahhjajajajaja- empecé a reír, pues sentía que la aventura estaba empezando y me tenía emocionado.
Parte 3. Una pescadora en el desierto
-Pfff...- suspiré tras un gran y largo sprint , mientras frenaba. Volteé para ver si había dejado a mis agresores atrás. Así fue. -Porfin... Pensaba que iba a morir ahí ... Ahjajaja.- comencé a reír mientras frenaba y tomaba el aire, recuperando fuerzas.
Seguí avanzando, ya calmado, siguiendo recto por la orilla. Las horas se empezaban a acumular y el Sol empezaba a despedirse de forma sutil. Todo apuntaba a que la noche la acabaría pasando a la intemperie, abrazado por las estrellas o devorado por la fauna local, pero algo se dejó ver en la distancia: Un hogar.
-¿Cómo?¿Estoy alucinando o eso es una casa? Dime qué sí...- empecé a acercarme y, con el claro del atardecer, se empezaba a dibujar una casa en el firmamento. - ¡SI, SI, SIIII... AL FIN REFUGIO.- Comencé a gritar animado y dando botes de alegría.
Me acerqué a paso ligero, sin llegar a correr. Allí, entre las dunas de la costa, una casa pesquera. Era una casa de madera gastada, de aspecto rústico. Tenía un tejado dañado, con tejas brillantes color cían, que reflejaban la luz del atardecer. La casa tenía una puerta de hierro abierta, y unas ventanas de vidrio verde. Sin duda era una casa muy peculiar, y de un solo piso. Casi una cabaña perdida.
Comencé a acercarme y vi un pequeño pasillo. Este conectaba la orilla de la costa con la chabola de madera, y se adentraba luego al mar, formando una especie de muelle de madera improvisado y roñoso. Ahí estaba ella.
Una joven plantada en mitad del muelle, observándome. Una muchacha joven, de una belleza singular. Ojos azules como el mar, una pequeñita nariz y unos mofletes rosados. Destacaba sobre todo un pelo ondulante anaranjado, empujado suavemente por la cálida brisa. Vestía un trajecito antiguo, muy mono, de colores azul oscuro y blanco. También portaba un cubo con, probablemente, la pesca del día.
Nos quedamos hechizados cada uno en la mirada del otro durante unos segundos. Ella, hermosa como el atardecer, me miraba con desconocimiento y asombro por igual. Pero con una curiosidad de conocimiento que ya conocía de otras ocasiones. Dió un pequeño paso. Se paró. Luego otro. Y ahí intervenimos mágicamente:
-Hola.- dijimos los dos a la vez. Entonces me adelanté.
-Perdona, empieza tú.- le di paso sonrojado.
-No, no, empieza tú. ¿Quién eres?- me preguntó de forma agradable.
-Tenma, Ryusuke Tenma. Un placer.- Dije con tono amistoso y le devolví una sonrisa. Di un pequeño paso al frente. -¿Y tú, cómo te llamas?-
-¿Yo?- se sonrojó y se retiró un mechón de pelo tras la oreja, dejando más visible su rostro. -Olivia. Aunque mi padre me llamaba Oli... ¿Dime qué haces por aquí? Kakutasu queda a una hora de camino.-
-Veras, vengo de fuera. Soy Marine y vengo en busca de un amigo mío.-
-¿Un amigo tuyo?-
-Sí, se llama J...-
-Ehh tú, Olivia, la jefa reclama su dinero, ¡AHORA!-
Parte 4. Bailando con Hienas
Antes de que pudiera mencionarle mi cometido, nos interrumpe la voz ronca de un tipo en la lejanía, a 20 metros de nosotros.
Instantáneamente me giro en dirección a la voz, con cara de enfado evidente, pues nos habían interrumpido el momento y luego me daría pereza retomarlo. En la distancia, dos tipos con malas pintas.
Uno tan alto como yo o más. Piel de color, ojos saltones y una nariz alargada. También destacaba su boca de labios anchos y un bello facial desaliñado que le cubría medio rostro. Vestía con ropajes naranjas que jamás había visto. En el cinto, portaba una espada que empezaba a desenvainar con la diestra. Una diestra que presentaba evidentes deformaciones.
El acompañante, quien había amenazado a Olivia, tenía un aspecto casi opuesto al primero. Este era chaparro y extremadamente ancho. Era caucásico y vestía ropas evidentemente más finas y limpias. Respecto a las facciones faciales, eran opuestas. Unos ojitos pequeños pero unos mofletes anchos, acompañados de una barba cuidada . Portaba una pistola de chispa y un bolsito con él.
-Diculpa caballero, ¿Usted quién es?- pregunté cortés pero serio.
-Calla Marinerito sssssshhh- siseaba con acento raro el alto- Essssssto no va contigo sssshhh.-
Era bastante desagradable dirigirse a ellos. Pero solía tener paciencia y evitar las agresiones físicas, por pereza más que nada. Olivia sin embargo, parecía bastante asustada.
-No tengo ese dinero ni lo tendré nunca...- sollozó la joven.
-Eso le da igual a la jefa, hija del pescador. Tu padre tiene una deuda millonaria que va a pagar con oro o con tu cuerpo.- volvió a amenazar el gordo, señalando a Olivia con inquina.
-Disculpe buen señor...- di un par de pasos en dirección a la pareja. Entonces avanzó el espadachín, amenazando con la espada.
-Te sssssssuhiero que no vuelasssss a... a... a... hablarr.- se acercó a una distancia de 10 metros, espada en mano y con claras intenciones agresivas.
-Acaba con él y llevemonos a Olivia rápido, Hasmed.- ordenó, cansado de debates, el tipo ancho.
-Pffff... Ya empezamos...- suspiré perezoso mientras me ponía en guardia de boxeo. -10 Berrys a que esto acaba mal para vosotros...- sugiero al aire, en tono cínico.
El espadachín se abalanzó sobre mi con una carrera de 10 metros y la intención de lanzarme un tajo horizontal. Con un pequeño pivote sobre mi pie derecho pude evitar el tajo. El espadachín, torpemente, se pasa de largo y no frena a tiempo. Desde la espalda le vuelvo a pedir que se calme. Este me ignora y lanza un segundo corte, horizontal está vez, pero muy abierto y amplio. Con un pequeño paso atrás lo evito. Cargo hacia el antes de que recupere la compostura y lance un tercer ataque. Desde una guardia de boxeo estándar, lanzo 3 jabs de izquierda rápidos y telegrafiados al rostro de mi rival, todo en menos de un segundo. Los ojos del mercenario quedan en blanco y, antes de que caiga, lo agarro del cuello de la camisa y lo lanzo sobre mi espalda lejos, en dirección al panzón. Este cae a los pies del compañero y me dispongo a amenazar en serio.
-Se acabó por hoy, chicos.- Señalo con el dedo. -Olivia no pagará la deuda de nadie que no sea ella misma, y en nombre de la Marina que así será, cobardes.-
-Maldito niñato engreído...- maldice el maleante aún consciente.- Me las vas a pagar.-
Este saca su pistola con tropezar, apunta rápido a mi rostro y dispara su pistola de chispa. La bala sale disparada en dirección a mi torso, pero gracias a mis entrenamientos soy capaz de ver el momento en cámara lenta. El gesto grácil para esquivar la bala dejan estupefacto al pistolero, que asustado empieza a recoger a su amigo inconsciente.
-Marchad y no volváis... Y ya tendré unas palabritas con tu "jefa". ( en un futuro, ahora me da todo el palo) - sugerí serio y decidido.
-Ya nos veremos ya...- predecía con el amigo a cuestas mientras retrocedía. -Y tú Olivia... Pagarás la deuda de tu difunto padre, ya te lo digo yo...-
Se empezaron a marchar con premura. Sin embargo, Olivia , caía al suelo de rodillas, fruto del agotamiento y estrés mental. Procedí a llevarla a su casa y vigilarla mientras descansaba.
Parte 5. Sin despedidas es más fácil
La noche había sucedido. Olivia me dejó pasar la noche en su casa, en la habitación de su padre. A la hora de cenar, pudimos charlar con calma de lo que me llevó a esa isla y mis intenciones. Ella me pudo explicar su historia, y como su padre había dejado una gran deuda a un grupito de maleantes por una extorsión del pasado. La noche fue tranquila y, aunque en otras circunstancias hubiera culminado en un apasionado final, yo debía de mantenerme firme en mi postura para poder madrugar y retomar mi búsqueda al día siguiente. Debía de descansar lo suficiente y las suficientes horas para avanzar con fuerza y espíritu.
Y así fue. Sin avisar, a las 6 a.m del día siguiente, antes de que el Sol nos diera los buenos días y las temperaturas sofocantes del día anterior me alcanzarán de nuevo, retome mi camino. No sin antes dejar una nota de agradecimiento. En ella también le prometía un retorno en un futuro, que me había sentido muy agusto junto a ella. Y que, por supuesto, antes de marchar de la Isla, acabaría con "la jefa" y su problema de deudas.
Y así partí, gracias a las indicaciones de Olivia del día anterior, y guiado por el espíritu de mis maestros, hacia mi objetivo primordial, encontrar a los marines de la tan afamada División 34. ¿O era División Z? Como fuera, eso es otra historia.
Fin.
Aclaraciones
