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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Base revolucionaria]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 16:38:06 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC] En la seguridad de Báltigo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4311</link>
			<pubDate>Sun, 13 Sep 2026 19:53:13 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=720">Mizuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4311</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Día 40 de Verano, Año 318<br />
</span></span><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Base revolucionaria, alredor de las 15 hs.</span></span></div>
<br />
<br />
Habían pasado un par de días desde que Mizuki llegó a la isla de Báltigo, para fortuna tanto de ella como del “Rompecadenas” el viaje fue peligroso y lleno de problemas, con momentos de incertidumbre respecto a la posibilidad de llegar a un destino cualquiera antes de que el navío siguiera dañándose bajo la presión de las mareas del Grand Line. La mujer tiburón tigre tenía confianza abundante en sus capacidades para capitanear la embarcación, pero temía por la estructura del mismo tras caer desde las alturas del imperio del cielo, aquel lugar donde había pasado tan solo una semana hasta donde ella había percibido.<br />
 <br />
Una vez que la Sargento revolucionaria de ojos azules y escleróticas negras estuvo de regreso en la seguridad de la base revolucionaria comenzó a hablar con sus camaradas de armas para informarse de que se había perdido o lo que estuviera por venir. Fue entonces que tuvo la oportunidad de enterarse de cuanto había pasado desde el ascenso al reino en las nubes, un fenómeno del cual la luchadora de un cuarto de tonelada no estaba consiente al momento de ascender a los cielos y sin embargo una parte de ella estaría dispuesta a volver a perderse una cantidad incierta de tiempo con tal de volver a deambular por aquellas exóticas tierras en el futuro.<br />
 <br />
Mizuki nunca había sido la mujer más informada ni con más conocimiento de la armada revolucionaria, pero saber que se había perdido de un periodo tan largo de tiempo la hizo cuanto menos tener un pico de curiosidad así que pidió ayuda a sus compañeros de la revolución para recolectar ejemplares de los periódicos antiguos y ella misma copiaría lo más importante agregando hojas al cuaderno que había obtenido del cadáver de cierto científico de la Marina que se había hundido con las instalaciones de aquel parque de diversiones de pesadillas pasadas para todos los que hubieran recorrido sus oxidados pasillos y visto su destartalado estado antes de que fuera tragado por las mareas.<br />
 <br />
La joven revolucionaria se encontraba en una gran mesa de la biblioteca de la base o al menos el área que cumplía la función de biblioteca accesible para la mayoría del personal en la isla. Con paciencia la mujer tiburón comenzó a revisar uno a uno los periódicos para organizarlos, al menos los ejemplares que había logrado obtener ya fuera por préstamo o compra a las otras personas que estaban en las instalaciones, con ellos podría darse una idea de lo que había pasado en su ausencia e incluso un poco de la historia pasada recientemente desde el punto de vista global.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Día 40 de Verano, Año 318<br />
</span></span><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Base revolucionaria, alredor de las 15 hs.</span></span></div>
<br />
<br />
Habían pasado un par de días desde que Mizuki llegó a la isla de Báltigo, para fortuna tanto de ella como del “Rompecadenas” el viaje fue peligroso y lleno de problemas, con momentos de incertidumbre respecto a la posibilidad de llegar a un destino cualquiera antes de que el navío siguiera dañándose bajo la presión de las mareas del Grand Line. La mujer tiburón tigre tenía confianza abundante en sus capacidades para capitanear la embarcación, pero temía por la estructura del mismo tras caer desde las alturas del imperio del cielo, aquel lugar donde había pasado tan solo una semana hasta donde ella había percibido.<br />
 <br />
Una vez que la Sargento revolucionaria de ojos azules y escleróticas negras estuvo de regreso en la seguridad de la base revolucionaria comenzó a hablar con sus camaradas de armas para informarse de que se había perdido o lo que estuviera por venir. Fue entonces que tuvo la oportunidad de enterarse de cuanto había pasado desde el ascenso al reino en las nubes, un fenómeno del cual la luchadora de un cuarto de tonelada no estaba consiente al momento de ascender a los cielos y sin embargo una parte de ella estaría dispuesta a volver a perderse una cantidad incierta de tiempo con tal de volver a deambular por aquellas exóticas tierras en el futuro.<br />
 <br />
Mizuki nunca había sido la mujer más informada ni con más conocimiento de la armada revolucionaria, pero saber que se había perdido de un periodo tan largo de tiempo la hizo cuanto menos tener un pico de curiosidad así que pidió ayuda a sus compañeros de la revolución para recolectar ejemplares de los periódicos antiguos y ella misma copiaría lo más importante agregando hojas al cuaderno que había obtenido del cadáver de cierto científico de la Marina que se había hundido con las instalaciones de aquel parque de diversiones de pesadillas pasadas para todos los que hubieran recorrido sus oxidados pasillos y visto su destartalado estado antes de que fuera tragado por las mareas.<br />
 <br />
La joven revolucionaria se encontraba en una gran mesa de la biblioteca de la base o al menos el área que cumplía la función de biblioteca accesible para la mayoría del personal en la isla. Con paciencia la mujer tiburón comenzó a revisar uno a uno los periódicos para organizarlos, al menos los ejemplares que había logrado obtener ya fuera por préstamo o compra a las otras personas que estaban en las instalaciones, con ellos podría darse una idea de lo que había pasado en su ausencia e incluso un poco de la historia pasada recientemente desde el punto de vista global.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un Nuevo Eclipse en Busca de la Libertad [P.A - Viaje de Salida]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3833</link>
			<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 09:24:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=780">Roger Rabbit</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3833</guid>
			<description><![CDATA[Día 32 de Invierno año 17 - Saliendo de Baltigo<br />
<br />
Aunque apenas había sido una semana, sentía que había vivido meses enteros en Baltigo, había llegado persiguiendo una idea. Me marchaba formando parte de ella, durante aquellos días había escuchado discursos, conocido historias, observado el funcionamiento de la organización desde dentro y, por primera había comprendido que la revolución era mucho más grande de lo que había imaginado desde Briss. No era un grupo de rebeldes escondidos peleando contra el mundo, era una maquinaria gigantesca movida por miles de personas que creían en algo mejor y yo quería formar parte de eso, quería estar en el centro de todo aquello, quería ser útil y crecer.<br />
 <br />
Mientras descendía hacia el puerto junto al resto de revolucionarios, mis enormes orejas se agitaban suavemente con la brisa marina. No podía evitar girar la cabeza una última vez para observar la isla que había servido como corazón de la causa durante tantos años, había conocido a Elizabeth, había visto a los comandantes y, para mi sorpresa, incluso había tenido la oportunidad de hablar directamente con Kisuke Kageyama, no todos los días un revolucionario recién llegado podía presumir algo así. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Nada mal para una sola semana.—</span></span> Murmuré con una sonrisa orgullosa mientras acomodaba una mochila sobre mi hombro. Por supuesto, el destino tenía que recordarme que la vida rara vez era perfecta, porque nuestro transporte de regreso seguía siendo el mismo, el mismo barco, la misma bodega, el mismo olor infernal a pescado.<br />
 <br />
Cuando crucé la entrada del almacén flotante sentí el aroma golpearme directamente en la cara. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Ah, sí, la verdadera prueba de la revolución.—</span> </span>Comenté llevándome una mano al pecho. <span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No derrotar al Gobierno Mundial. No liberar naciones. No desafiar tiranos. Sobrevivir a este olor durante semanas enteras. —</span></span> Algunos revolucionarios soltaron pequeñas risas y otros simplemente continuaron acomodando provisiones. Yo avancé entre cajas, redes y barriles hasta encontrar un espacio libre donde sentarme, era curioso, la primera vez que viajé en esta bodega sentía que estaba encerrado, pero ahora no. Ahora sentía que me estaba moviendo, cada milla recorrida me acercaba a nuevas islas, nuevas personas, nuevas historias y nuevos problemas que resolver, porque comprendí con esta asamblea en Baltigo que la revolución no vivía únicamente en su cuartel general, vivía en cada pueblo abandonado, en cada ciudadano explotado, en cada marinero olvidado, en cada rincón donde alguien necesitara ayuda.<br />
 <br />
Apoyé la espalda contra una caja de madera mientras sacaba una zanahoria de mi equipaje.<span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—South Blue, ¿eh?—</span></span> Dije observando el techo de la bodega. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Espero que estén preparados. Porque pienso conocer cada isla, escuchar cada historia y dar cada discurso que sea necesario. —</span></span> Le di una mordida a la zanahoria, mi sonrisa se amplió, para mi Baltigo había sido solo el comienzo porque ahora tocaba salir al mundo y demostrar que no había viajado hasta allí únicamente para escuchar a la revolución. Apoyado contra una de las cajas de la bodega, continué mordisqueando mi zanahoria mientras observaba a los revolucionarios que iban entrando uno tras otro. Algunos cargaban equipaje, otros provisiones, otros simplemente buscaban un lugar donde acomodarse para las próximas semanas de viaje.<br />
 <br />
Entonces reconocí tres figuras familiares, eran Kasui, Miga y Shiryoku entonces una sonrisa apareció inmediatamente en mi rostro, no porque fueran los revolucionarios más fuertes de Baltigo, ni porque fueran comandantes, tampoco eran famosos, esa sonrisa era porque eran mi gente, mi escuadrón, mi primer grupo dentro de la revolución y todo gracias a un niño, todavía me costaba procesarlo. Durante años había intentado llamar la atención de altos mandos, oficiales y reclutadores. Había imaginado que mi entrada oficial a la revolución estaría marcada por grandes discursos, reuniones importantes o alguna demostración espectacular de mis capacidades.<br />
 <br />
Y al final había sido Kasui quien terminó uniéndonos, aquel pequeño parecía poseer una habilidad extraña para conectar personas, no importaba de dónde vinieran, no importaba qué tan distintas fueran, simplemente sucedía. Lo observé unos segundos mientras acomodaba sus cosas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Saben qué es lo curioso? —</span></span> Dije elevando la voz lo suficiente para que me escucharan. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Toda organización necesita líderes, estrategas, combatientes y personas inteligentes, pero muy pocas veces alguien reconoce la importancia de quienes unen a los demás.—</span></span> Señalé directamente a Kasui con la zanahoria. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Tú deberías cobrar impuestos por eso, pequeño. —</span></span> Le di otra mordida antes de continuar.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Lo digo completamente en serio. Yo llegué aquí sin conocer prácticamente a nadie. Ahora tengo un escuadrón. Tengo compañeros. Tengo personas con las que probablemente termine compartiendo golpes, heridas, misiones, victorias y seguramente alguna que otra apuesta terrible. —</span></span> Mi mirada recorrió a los tres, resultaba extraño lo rápido que podía cambiar una vida, una semana atrás apenas era un revolucionario más llegando a Baltigo. Ahora tenía un lugar al que pertenece y un grupo, un equipo, una responsabilidad que honestamente me gustaba. Porque por mucho que hablara de pueblos, naciones y revoluciones enteras, el cambio siempre comenzaba de forma más simple.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Día 32 de Invierno año 17 - Saliendo de Baltigo<br />
<br />
Aunque apenas había sido una semana, sentía que había vivido meses enteros en Baltigo, había llegado persiguiendo una idea. Me marchaba formando parte de ella, durante aquellos días había escuchado discursos, conocido historias, observado el funcionamiento de la organización desde dentro y, por primera había comprendido que la revolución era mucho más grande de lo que había imaginado desde Briss. No era un grupo de rebeldes escondidos peleando contra el mundo, era una maquinaria gigantesca movida por miles de personas que creían en algo mejor y yo quería formar parte de eso, quería estar en el centro de todo aquello, quería ser útil y crecer.<br />
 <br />
Mientras descendía hacia el puerto junto al resto de revolucionarios, mis enormes orejas se agitaban suavemente con la brisa marina. No podía evitar girar la cabeza una última vez para observar la isla que había servido como corazón de la causa durante tantos años, había conocido a Elizabeth, había visto a los comandantes y, para mi sorpresa, incluso había tenido la oportunidad de hablar directamente con Kisuke Kageyama, no todos los días un revolucionario recién llegado podía presumir algo así. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Nada mal para una sola semana.—</span></span> Murmuré con una sonrisa orgullosa mientras acomodaba una mochila sobre mi hombro. Por supuesto, el destino tenía que recordarme que la vida rara vez era perfecta, porque nuestro transporte de regreso seguía siendo el mismo, el mismo barco, la misma bodega, el mismo olor infernal a pescado.<br />
 <br />
Cuando crucé la entrada del almacén flotante sentí el aroma golpearme directamente en la cara. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Ah, sí, la verdadera prueba de la revolución.—</span> </span>Comenté llevándome una mano al pecho. <span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No derrotar al Gobierno Mundial. No liberar naciones. No desafiar tiranos. Sobrevivir a este olor durante semanas enteras. —</span></span> Algunos revolucionarios soltaron pequeñas risas y otros simplemente continuaron acomodando provisiones. Yo avancé entre cajas, redes y barriles hasta encontrar un espacio libre donde sentarme, era curioso, la primera vez que viajé en esta bodega sentía que estaba encerrado, pero ahora no. Ahora sentía que me estaba moviendo, cada milla recorrida me acercaba a nuevas islas, nuevas personas, nuevas historias y nuevos problemas que resolver, porque comprendí con esta asamblea en Baltigo que la revolución no vivía únicamente en su cuartel general, vivía en cada pueblo abandonado, en cada ciudadano explotado, en cada marinero olvidado, en cada rincón donde alguien necesitara ayuda.<br />
 <br />
Apoyé la espalda contra una caja de madera mientras sacaba una zanahoria de mi equipaje.<span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—South Blue, ¿eh?—</span></span> Dije observando el techo de la bodega. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Espero que estén preparados. Porque pienso conocer cada isla, escuchar cada historia y dar cada discurso que sea necesario. —</span></span> Le di una mordida a la zanahoria, mi sonrisa se amplió, para mi Baltigo había sido solo el comienzo porque ahora tocaba salir al mundo y demostrar que no había viajado hasta allí únicamente para escuchar a la revolución. Apoyado contra una de las cajas de la bodega, continué mordisqueando mi zanahoria mientras observaba a los revolucionarios que iban entrando uno tras otro. Algunos cargaban equipaje, otros provisiones, otros simplemente buscaban un lugar donde acomodarse para las próximas semanas de viaje.<br />
 <br />
Entonces reconocí tres figuras familiares, eran Kasui, Miga y Shiryoku entonces una sonrisa apareció inmediatamente en mi rostro, no porque fueran los revolucionarios más fuertes de Baltigo, ni porque fueran comandantes, tampoco eran famosos, esa sonrisa era porque eran mi gente, mi escuadrón, mi primer grupo dentro de la revolución y todo gracias a un niño, todavía me costaba procesarlo. Durante años había intentado llamar la atención de altos mandos, oficiales y reclutadores. Había imaginado que mi entrada oficial a la revolución estaría marcada por grandes discursos, reuniones importantes o alguna demostración espectacular de mis capacidades.<br />
 <br />
Y al final había sido Kasui quien terminó uniéndonos, aquel pequeño parecía poseer una habilidad extraña para conectar personas, no importaba de dónde vinieran, no importaba qué tan distintas fueran, simplemente sucedía. Lo observé unos segundos mientras acomodaba sus cosas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Saben qué es lo curioso? —</span></span> Dije elevando la voz lo suficiente para que me escucharan. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Toda organización necesita líderes, estrategas, combatientes y personas inteligentes, pero muy pocas veces alguien reconoce la importancia de quienes unen a los demás.—</span></span> Señalé directamente a Kasui con la zanahoria. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Tú deberías cobrar impuestos por eso, pequeño. —</span></span> Le di otra mordida antes de continuar.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Lo digo completamente en serio. Yo llegué aquí sin conocer prácticamente a nadie. Ahora tengo un escuadrón. Tengo compañeros. Tengo personas con las que probablemente termine compartiendo golpes, heridas, misiones, victorias y seguramente alguna que otra apuesta terrible. —</span></span> Mi mirada recorrió a los tres, resultaba extraño lo rápido que podía cambiar una vida, una semana atrás apenas era un revolucionario más llegando a Baltigo. Ahora tenía un lugar al que pertenece y un grupo, un equipo, una responsabilidad que honestamente me gustaba. Porque por mucho que hablara de pueblos, naciones y revoluciones enteras, el cambio siempre comenzaba de forma más simple.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Relativo]Una mañana tranquila, ¿verdad? ¿VERDAD?]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3832</link>
			<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 04:25:49 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=198">Kisuke Kageyama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3832</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Base Revolucionaria, Báltigo<br />
13:00 del 27 de invierno, año 17</div>
<br />
<iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/gGo0gIyWWiQ" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kisuke estaba disfrutando de una buena jarra de cerveza tras su entrenamiento personal matutino. Desde que habían llegado a aquella isla, no había tenido tiempo para si mismo entre unas cosas y otras, que si presentaciones, reuniones, planificación... Ni un ratito para si mismo había tenido el antiguo pescador y, sin duda, poder entrenar, "conversar con sus katanas", meditar para mejorar su control del haki y de su akuma no mi... habían sido tres o cuatro horitas, pero que, sin duda, le habían hecho desconectar y relajarse. No es que fuese una persona asocial, pero uno de vez en cuando necesitaba tiempo para si mismo, y eso, desde hacia mucho, era algo de lo que cada vez disponía menos el Comandante del Ejército del West Blue.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Necesitaba este ratito para mi, eso sin duda... kuhahahaha"</span></span><br />
<br />
Sacó un cigarro mientras recordaba la reunión con los nuevos miembros de los Toros Negros que había ido muy bien, aunque sin duda iba a ser caótico hasta que se adaptasen los unos a los otros, pero Kisuke confiaba plenamente en que todo iría bien. Eran buenos muchachos y estaban comprometidos con la causa, además de tener un tremendo potencial, que tendrían que pulir y sacar a relucir tanto su querido amigo Panda como él mismo. Miró por la ventana que había junto a su mesa y pudo ver los remolinos que generaba el constante viento que soplaba en aquel terruño en medio del Grand Line, recordando con nostalgia su anterior estancia allí. La cantina era un bullir de gente, pero aún así, por temor o por respeto, no molestaban al Comandante que parecía estar relajándose y disfrutando de un momentito de paz de entre todas sus obligaciones. Tanto en su llegada como el día anterior, Kisuke no había parado de saludar y conversar con multitud de jóvenes revolucionarios que le miraban con una mezcla de admiración y respeto que, aunque el espadachín comprendía, no dejaba de incomodarle ligeramente. Sabía de su posición, era algo incuestionable, pero no dejaba de ser uno más de ellos, una persona con ganas y convicción de cambiar el sistema, por lo que aunque tuviese un puesto de poder, el no podía dejar de sentirse como un soldado más, igual que todos los allí presentes.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Solo soy un simple pescador con mala leche con ganas de cambiar el mundo... kuhahaha..."</span></span><br />
<br />
No obstante, aquella mañana, parecía que la euforia inicial de ver un alto mando de la Armada Revolucionaria se había apaciguado, puesto que, hasta ese momento, la gente con la que se encontraba se limitaba a saludarlo y no lo habían abordado a preguntas sobre sus aventuras, a veces desmedidamente exageradas por los rumores, o sobre como llevar su carrera militar en la Armada. Kisuke no sabía nunca bien que responder, porque cuando el partió de su tierra natal, nunca pensó que llegaría a ser Comandante, pero al final ahí estaba, así que no sabía que decir cuando le preguntaban sobre eso.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Cómo coño iba yo a saberlo?"</span></span></div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>información</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>resumen de turno</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Kisuke disfruta de un momento para él tomándose una jarra de cerveza en la cantina, reflexionando.
				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>karma</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<ul class="mycode_list"><li>Honesto<br />
</li>
<li>Lealtad<br />
</li>
<li>Risa excéntrica: kuhahahaha<br />
</li>
<li>Vicio: fumar<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>off</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					He puesto un poco el contexto y la situación para que te sitúes, puedes aparecer como gustes. Espero puedas disfrutar este tema <img src="https://nakamanomi.com/images/smilies/wink.png" alt="Wink" title="Wink" class="smilie smilie_2" /> 
				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Base Revolucionaria, Báltigo<br />
13:00 del 27 de invierno, año 17</div>
<br />
<iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/gGo0gIyWWiQ" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kisuke estaba disfrutando de una buena jarra de cerveza tras su entrenamiento personal matutino. Desde que habían llegado a aquella isla, no había tenido tiempo para si mismo entre unas cosas y otras, que si presentaciones, reuniones, planificación... Ni un ratito para si mismo había tenido el antiguo pescador y, sin duda, poder entrenar, "conversar con sus katanas", meditar para mejorar su control del haki y de su akuma no mi... habían sido tres o cuatro horitas, pero que, sin duda, le habían hecho desconectar y relajarse. No es que fuese una persona asocial, pero uno de vez en cuando necesitaba tiempo para si mismo, y eso, desde hacia mucho, era algo de lo que cada vez disponía menos el Comandante del Ejército del West Blue.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Necesitaba este ratito para mi, eso sin duda... kuhahahaha"</span></span><br />
<br />
Sacó un cigarro mientras recordaba la reunión con los nuevos miembros de los Toros Negros que había ido muy bien, aunque sin duda iba a ser caótico hasta que se adaptasen los unos a los otros, pero Kisuke confiaba plenamente en que todo iría bien. Eran buenos muchachos y estaban comprometidos con la causa, además de tener un tremendo potencial, que tendrían que pulir y sacar a relucir tanto su querido amigo Panda como él mismo. Miró por la ventana que había junto a su mesa y pudo ver los remolinos que generaba el constante viento que soplaba en aquel terruño en medio del Grand Line, recordando con nostalgia su anterior estancia allí. La cantina era un bullir de gente, pero aún así, por temor o por respeto, no molestaban al Comandante que parecía estar relajándose y disfrutando de un momentito de paz de entre todas sus obligaciones. Tanto en su llegada como el día anterior, Kisuke no había parado de saludar y conversar con multitud de jóvenes revolucionarios que le miraban con una mezcla de admiración y respeto que, aunque el espadachín comprendía, no dejaba de incomodarle ligeramente. Sabía de su posición, era algo incuestionable, pero no dejaba de ser uno más de ellos, una persona con ganas y convicción de cambiar el sistema, por lo que aunque tuviese un puesto de poder, el no podía dejar de sentirse como un soldado más, igual que todos los allí presentes.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Solo soy un simple pescador con mala leche con ganas de cambiar el mundo... kuhahaha..."</span></span><br />
<br />
No obstante, aquella mañana, parecía que la euforia inicial de ver un alto mando de la Armada Revolucionaria se había apaciguado, puesto que, hasta ese momento, la gente con la que se encontraba se limitaba a saludarlo y no lo habían abordado a preguntas sobre sus aventuras, a veces desmedidamente exageradas por los rumores, o sobre como llevar su carrera militar en la Armada. Kisuke no sabía nunca bien que responder, porque cuando el partió de su tierra natal, nunca pensó que llegaría a ser Comandante, pero al final ahí estaba, así que no sabía que decir cuando le preguntaban sobre eso.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Cómo coño iba yo a saberlo?"</span></span></div>
<br />
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						<span>karma</span>
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					<ul class="mycode_list"><li>Honesto<br />
</li>
<li>Lealtad<br />
</li>
<li>Risa excéntrica: kuhahahaha<br />
</li>
<li>Vicio: fumar<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />
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					He puesto un poco el contexto y la situación para que te sitúes, puedes aparecer como gustes. Espero puedas disfrutar este tema <img src="https://nakamanomi.com/images/smilies/wink.png" alt="Wink" title="Wink" class="smilie smilie_2" /> 
				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un par de días antes de marchar (presente relativo, entrenamiento)]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3830</link>
			<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 21:11:40 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=767">Kasui</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3830</guid>
			<description><![CDATA[Día 28 de invierno  del año 17 <br />
<br />
<br />
El infante estaba acostado sobre una estantería, el niño ya estaba un poco aburrido, le quedaban muy muy pocas golosinas…temia no aguantar el camino de vuelta, ya se había despedido de sus Nakamas pues ellos se iban lejos, había estado aprovechando el tiempo con ellos de vez en cuando pero claro, todos estaban muy ocupados. Aún que el niño ya no tanto, ya había entrenado con ellos mariscal bambú, había hablado con kisuke, se había despedido de sus Nakamas, había hecho un nuevo coleguita peludo, o dos. Habían pasado muchas cosas, demasiados eventos sociales como para el agobiado, solitario y tímido niño.<br />
<br />
<br />
El mismo, boca abajo de una estantería vigilaba sus alrededores no fuera que se comiera un ataque sorpresa, así mismo se comía una de sus últimas bolsas de chuches. <br />
<br />
El infante estaba totalmente colgando boca abajo del estante , casi como un murciélago, peor sostenido por los gemelos de sus piernas y talones.<br />
<br />
~~Ñammm…ñam..~~<br />
<br />
El niño miraba con su rostro tranquilo a todas direcciones por igual, solo parándose a ciertas minucias por su película mental y por su cargo oído y cotilla.<br />
<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<br />
<br />
Kasui está colgando de un estante pensando y observando  a la gente por si acaso le atacan o le acechan.<br />
<br />

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<br />
•cotilla<br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Día 28 de invierno  del año 17 <br />
<br />
<br />
El infante estaba acostado sobre una estantería, el niño ya estaba un poco aburrido, le quedaban muy muy pocas golosinas…temia no aguantar el camino de vuelta, ya se había despedido de sus Nakamas pues ellos se iban lejos, había estado aprovechando el tiempo con ellos de vez en cuando pero claro, todos estaban muy ocupados. Aún que el niño ya no tanto, ya había entrenado con ellos mariscal bambú, había hablado con kisuke, se había despedido de sus Nakamas, había hecho un nuevo coleguita peludo, o dos. Habían pasado muchas cosas, demasiados eventos sociales como para el agobiado, solitario y tímido niño.<br />
<br />
<br />
El mismo, boca abajo de una estantería vigilaba sus alrededores no fuera que se comiera un ataque sorpresa, así mismo se comía una de sus últimas bolsas de chuches. <br />
<br />
El infante estaba totalmente colgando boca abajo del estante , casi como un murciélago, peor sostenido por los gemelos de sus piernas y talones.<br />
<br />
~~Ñammm…ñam..~~<br />
<br />
El niño miraba con su rostro tranquilo a todas direcciones por igual, solo parándose a ciertas minucias por su película mental y por su cargo oído y cotilla.<br />
<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<br />
<br />
Kasui está colgando de un estante pensando y observando  a la gente por si acaso le atacan o le acechan.<br />
<br />

				</div>
			</div><br />
<br />
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					<br />
•cotilla<br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Alguien que calle a ese Conejo por favor!! [P.R- Eclipse]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3829</link>
			<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 18:54:50 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=780">Roger Rabbit</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3829</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 26 de Invierno Año 17, Baltigo, Base de la Armada Revolucionaria.</span></span><br />
<br />
Baltigo era todo lo que había imaginado y al mismo tiempo, nada de lo que había imaginado porque durante años había perseguido la revolución como quien persigue una leyenda. Había imaginado fortalezas secretas, reuniones clandestinas, héroes encapuchados planeando el futuro del mundo entre mapas y documentos confidenciales. Sin embargo, lo que encontró al llegar fue algo mucho más importante, personas, miles de personas. Hombres y mujeres que habían abandonado hogares, trabajos, familias y vidas enteras para perseguir una misma idea. El discurso de Elizabeth seguía resonando en mi cabeza incluso después de una noche completa de descanso. No porque hubiera dicho algo que no supiera, sino porque era diferente escuchar esas palabras de boca de la persona que cargaba semejante responsabilidad sobre sus hombros.<br />
<br />
Era real, todo era real, la revolución no era un sueño lejano ni una organización misteriosa escondida en rumores y yo estaba allí, eso me había impedido dormir demasiado, por eso, apenas amaneció, ya estaba caminando por la base con una enorme zanahoria entre los dientes y las orejas completamente erguidas porque necesitaba hablar con alguien o con todos, preferiblemente. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Buenos días, compañero revolucionario.—</span></span> Saludé a un hombre que simplemente transportaba unas cajas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Pregunta rápida. ¿Por qué te uniste a la revolución?—</span> </span>No esperé realmente una respuesta antes de continuar caminando. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Venganza? ¿Idealismo? ¿Problemas fiscales? ¿Un rey corrupto?—</span> s</span>eguí avanzando y otro revolucionario apareció frente a mí. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Y tú? ¿Cuál es tu objetivo? ¿Convertirte en comandante? ¿Liberar una isla concreta? ¿Derrocar nobles? ¿Tienes algún plan a largo plazo?—</span></span> Mi cola se agitaba detrás de mí mientras continuaba recorriendo los pasillos, patios y zonas de entrenamiento como si estuviera realizando una encuesta oficial.<br />
<br />
Porque, en cierto modo, lo estaba haciendo, siempre había querido formar parte de la revolución, ahora quería entenderla, no a través de discursos, no a través de documentos, a través de quienes la componían. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Porque yo creo que ahí está el verdadero problema.—</span></span> Comenté a cualquiera que estuviera dispuesto a escucharme. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—La gente siempre pregunta qué está haciendo la revolución. Nunca preguntan quién está haciendo la revolución.—</span></span> y asentí para mí mismo porque en mi cabeza eso había sonado bastante bien. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Miren, por ejemplo, yo soy Roger Rabbit. Nací en Briss. No tuve una vida trágica. Mis padres siguen vivos. No fui esclavo. No fui perseguido. No sufrí una injusticia particularmente terrible.—</span></span> Le di una mordida a la zanahoria. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Simplemente me pareció evidente que el sistema está roto.—</span></span> Mis enormes orejas se movieron de golpe al captar nuevas conversaciones, nuevas voces, nuevos nombres, información, historias, experiencias, todo aquello era fascinante.<br />
<br />
<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y además quiero saber algo más.—</span></span> Continué con una sonrisa enorme. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Cómo piensan hacerse un nombre en el mundo? Porque yo pienso llegar hasta lo más alto que me permitan subir. No por poder, ni por prestigio. Quiero estar donde ocurran las cosas importantes. Si el mundo está cambiando, quiero estar ahí. Si una isla necesita ayuda, quiero estar ahí. Si una revolución empieza, quiero estar ahí.—</span></span> Abrí los brazos exageradamente. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¡El mundo es demasiado grande para quedarse quieto!—</span></span> Algunas personas seguramente me considerarían insoportable y probablemente tendrían razón, pero claro, no había cruzado medio mar escondido dentro de una bodega para permanecer callado ahora que finalmente había llegado al corazón mismo de la revolución. Baltigo estaba lleno de historias y pensaba escuchar todas y cada una de ellas. Aunque tuviera que perseguir a los revolucionarios por toda la base para conseguirlo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 26 de Invierno Año 17, Baltigo, Base de la Armada Revolucionaria.</span></span><br />
<br />
Baltigo era todo lo que había imaginado y al mismo tiempo, nada de lo que había imaginado porque durante años había perseguido la revolución como quien persigue una leyenda. Había imaginado fortalezas secretas, reuniones clandestinas, héroes encapuchados planeando el futuro del mundo entre mapas y documentos confidenciales. Sin embargo, lo que encontró al llegar fue algo mucho más importante, personas, miles de personas. Hombres y mujeres que habían abandonado hogares, trabajos, familias y vidas enteras para perseguir una misma idea. El discurso de Elizabeth seguía resonando en mi cabeza incluso después de una noche completa de descanso. No porque hubiera dicho algo que no supiera, sino porque era diferente escuchar esas palabras de boca de la persona que cargaba semejante responsabilidad sobre sus hombros.<br />
<br />
Era real, todo era real, la revolución no era un sueño lejano ni una organización misteriosa escondida en rumores y yo estaba allí, eso me había impedido dormir demasiado, por eso, apenas amaneció, ya estaba caminando por la base con una enorme zanahoria entre los dientes y las orejas completamente erguidas porque necesitaba hablar con alguien o con todos, preferiblemente. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Buenos días, compañero revolucionario.—</span></span> Saludé a un hombre que simplemente transportaba unas cajas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Pregunta rápida. ¿Por qué te uniste a la revolución?—</span> </span>No esperé realmente una respuesta antes de continuar caminando. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Venganza? ¿Idealismo? ¿Problemas fiscales? ¿Un rey corrupto?—</span> s</span>eguí avanzando y otro revolucionario apareció frente a mí. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Y tú? ¿Cuál es tu objetivo? ¿Convertirte en comandante? ¿Liberar una isla concreta? ¿Derrocar nobles? ¿Tienes algún plan a largo plazo?—</span></span> Mi cola se agitaba detrás de mí mientras continuaba recorriendo los pasillos, patios y zonas de entrenamiento como si estuviera realizando una encuesta oficial.<br />
<br />
Porque, en cierto modo, lo estaba haciendo, siempre había querido formar parte de la revolución, ahora quería entenderla, no a través de discursos, no a través de documentos, a través de quienes la componían. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Porque yo creo que ahí está el verdadero problema.—</span></span> Comenté a cualquiera que estuviera dispuesto a escucharme. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—La gente siempre pregunta qué está haciendo la revolución. Nunca preguntan quién está haciendo la revolución.—</span></span> y asentí para mí mismo porque en mi cabeza eso había sonado bastante bien. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Miren, por ejemplo, yo soy Roger Rabbit. Nací en Briss. No tuve una vida trágica. Mis padres siguen vivos. No fui esclavo. No fui perseguido. No sufrí una injusticia particularmente terrible.—</span></span> Le di una mordida a la zanahoria. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Simplemente me pareció evidente que el sistema está roto.—</span></span> Mis enormes orejas se movieron de golpe al captar nuevas conversaciones, nuevas voces, nuevos nombres, información, historias, experiencias, todo aquello era fascinante.<br />
<br />
<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y además quiero saber algo más.—</span></span> Continué con una sonrisa enorme. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Cómo piensan hacerse un nombre en el mundo? Porque yo pienso llegar hasta lo más alto que me permitan subir. No por poder, ni por prestigio. Quiero estar donde ocurran las cosas importantes. Si el mundo está cambiando, quiero estar ahí. Si una isla necesita ayuda, quiero estar ahí. Si una revolución empieza, quiero estar ahí.—</span></span> Abrí los brazos exageradamente. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¡El mundo es demasiado grande para quedarse quieto!—</span></span> Algunas personas seguramente me considerarían insoportable y probablemente tendrían razón, pero claro, no había cruzado medio mar escondido dentro de una bodega para permanecer callado ahora que finalmente había llegado al corazón mismo de la revolución. Baltigo estaba lleno de historias y pensaba escuchar todas y cada una de ellas. Aunque tuviera que perseguir a los revolucionarios por toda la base para conseguirlo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Presente relativo- Esto es un adiós?  No…es un hasta pronto.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3826</link>
			<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 12:46:07 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=767">Kasui</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3826</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 26 de invierno, año 17<br />
22:00</div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://youtu.be/Zwfdc5sSrTU?is=HjA1JJbIL4lbuSIC" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://youtu.be/Zwfdc5sSrTU?is=HjA1JJbIL4lbuSIC<br />
<br />
<br />
<br />
</a><br />
</div>
La reunión había pasado, el sargento Kisuke Kageyama había citado a sus dos compañeros…el, como buen cotilla había escuchado gran parte de lo que les dijo, o al menos lo suficiente como para saber que se iban a separar. Aquello le hizo tener sentimientos encontrados, estaba empezando a sentir aprecio por alguien más que su hermano mayor, lo cual, des de casi la mitad de años de su vida no había pasado, el niño no quería a su madre, no quería a su padre…por lo tanto, realmente quería a sus Nakamas? No lo sabía, no había tenido tiempo de descubrirlo o de entender que eran esos sentimientos y la caótica situación dificultaba que esto sea más claro.<br />
<br />
El niño, estaría sentado, solitario, como vino a este mundo y como se había desarrollado en el mismo, normalmente su soledad era algo de lo cual disfrutar pues el silencio era la mejor compañía que había tenido siempre, el silencio nunca lo había dejado solo, cuando estaba triste, había silencio, cuando se alegraba por algo, había silencio, cuando jugaba, había silencio…el ruido que siempre le acompañó en sus momentos de diversión era el crujido de los las golosinas aún que, ni tanto por qué el niño estaba acostumbrado a masticar en silencio para no ser detectado.<br />
<br />
Estaría sentado, escondido en un hueco que había en la pared pues a pesar de haberse demostrado que nadie era un traidor ni un infiltrado de la revolución, dudaba mucho que se hubiera comprobado que no hubiera ningún enemigo de su pasado o de su familia. Por ello, el niño estaba en aquel huequecito con su ropaje adaptado al color de la pared, pareciendo un simple adorno del entorno. Había que fijarse mucho para ser capaz de reconocerlo. Aún que tampoco se había matado mucho pensando pues casi por primera vez en su vida estaba pasando por un momento realmente emocional. En parte, le agradaba saber que tenía emociones por lo que su teoría de que el mismo era un robot mal configurado había perdido mucho peso, a menos que fuera configurado para tener conocimiento, pero eso no va al caso.<br />
<br />
<br />
El joven estaba algo desolado, que iba a ser de él ahora? Que iba a ser de sus compañeros? Los conoció sin un propósito, durante sus meses con ellos adquirió un proposito, de hecho…en años fue lo más cercano a una familia que tuvo, recordándole bastante a su hermano mayor.<br />
<br />
<br />
Su hermano mayor? Lejos, quién sabe dónde, como mucho lo ha visto en la foto de algún cartel, sus compañeros marcharían. Su compañero era listo, perspicaz, silencioso…seguro que le iba a bien? Pero su compañera? Albergaba un poder lo suficientemente llamativo y alarmante como para que alguien desee exterminarla y su personalidad…demasiado noble, demasiado extrovertida. ¿Dónde se los llevan? Los tratarán bien? ¿Les darán dulces? Demasiadas preguntas, el niño no estaba acostumbrado a tantas preguntas y preocupaciones ajenas…el único ser que le había tenido cariño hasta ahora sabía cuidarse, de hecho, estaba seguro de que le daba una patada en la cara y lo noqueaba sin esfuerzo…pero esto…esto era distinto.<br />
<br />
<br />
<br />
El joven se abrazó las piernas, perdiendo levemente su camuflaje pues dejó de tener su posición de camuflaje. Tras esto, colocó su cabecita entre sus brazos y cerró los ojos. No tenía ganas de llorar, quizá si las tenía, pero no sabía que era hacerlo. Sus lagrimales estaban secos, su corazón estaba hecho un puño y su pálido y delicado rostro, estaba más vacío que nunca. <br />
<br />
Tras un leve trago de saliva, el niño arqueó su ceja derecha seguida de la izquierda…su cuerpo le pedía emitir algún ruido, algún quejido por pequeño que fuera, pero simplemente le fue imposible, no era la primera vez que se sentía mal, si  de las que más mal, por ello, no tenía claro que era lo que sentía ni mucho menos cómo gestionarlo. Si lo miras bien, el niño tenía talento, pero no buena suerte. <img src="https://g.co/gemini/share/e2b0cc5b9ae6" loading="lazy"  alt="[Imagen: e2b0cc5b9ae6]" class="mycode_img" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 26 de invierno, año 17<br />
22:00</div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://youtu.be/Zwfdc5sSrTU?is=HjA1JJbIL4lbuSIC" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://youtu.be/Zwfdc5sSrTU?is=HjA1JJbIL4lbuSIC<br />
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</a><br />
</div>
La reunión había pasado, el sargento Kisuke Kageyama había citado a sus dos compañeros…el, como buen cotilla había escuchado gran parte de lo que les dijo, o al menos lo suficiente como para saber que se iban a separar. Aquello le hizo tener sentimientos encontrados, estaba empezando a sentir aprecio por alguien más que su hermano mayor, lo cual, des de casi la mitad de años de su vida no había pasado, el niño no quería a su madre, no quería a su padre…por lo tanto, realmente quería a sus Nakamas? No lo sabía, no había tenido tiempo de descubrirlo o de entender que eran esos sentimientos y la caótica situación dificultaba que esto sea más claro.<br />
<br />
El niño, estaría sentado, solitario, como vino a este mundo y como se había desarrollado en el mismo, normalmente su soledad era algo de lo cual disfrutar pues el silencio era la mejor compañía que había tenido siempre, el silencio nunca lo había dejado solo, cuando estaba triste, había silencio, cuando se alegraba por algo, había silencio, cuando jugaba, había silencio…el ruido que siempre le acompañó en sus momentos de diversión era el crujido de los las golosinas aún que, ni tanto por qué el niño estaba acostumbrado a masticar en silencio para no ser detectado.<br />
<br />
Estaría sentado, escondido en un hueco que había en la pared pues a pesar de haberse demostrado que nadie era un traidor ni un infiltrado de la revolución, dudaba mucho que se hubiera comprobado que no hubiera ningún enemigo de su pasado o de su familia. Por ello, el niño estaba en aquel huequecito con su ropaje adaptado al color de la pared, pareciendo un simple adorno del entorno. Había que fijarse mucho para ser capaz de reconocerlo. Aún que tampoco se había matado mucho pensando pues casi por primera vez en su vida estaba pasando por un momento realmente emocional. En parte, le agradaba saber que tenía emociones por lo que su teoría de que el mismo era un robot mal configurado había perdido mucho peso, a menos que fuera configurado para tener conocimiento, pero eso no va al caso.<br />
<br />
<br />
El joven estaba algo desolado, que iba a ser de él ahora? Que iba a ser de sus compañeros? Los conoció sin un propósito, durante sus meses con ellos adquirió un proposito, de hecho…en años fue lo más cercano a una familia que tuvo, recordándole bastante a su hermano mayor.<br />
<br />
<br />
Su hermano mayor? Lejos, quién sabe dónde, como mucho lo ha visto en la foto de algún cartel, sus compañeros marcharían. Su compañero era listo, perspicaz, silencioso…seguro que le iba a bien? Pero su compañera? Albergaba un poder lo suficientemente llamativo y alarmante como para que alguien desee exterminarla y su personalidad…demasiado noble, demasiado extrovertida. ¿Dónde se los llevan? Los tratarán bien? ¿Les darán dulces? Demasiadas preguntas, el niño no estaba acostumbrado a tantas preguntas y preocupaciones ajenas…el único ser que le había tenido cariño hasta ahora sabía cuidarse, de hecho, estaba seguro de que le daba una patada en la cara y lo noqueaba sin esfuerzo…pero esto…esto era distinto.<br />
<br />
<br />
<br />
El joven se abrazó las piernas, perdiendo levemente su camuflaje pues dejó de tener su posición de camuflaje. Tras esto, colocó su cabecita entre sus brazos y cerró los ojos. No tenía ganas de llorar, quizá si las tenía, pero no sabía que era hacerlo. Sus lagrimales estaban secos, su corazón estaba hecho un puño y su pálido y delicado rostro, estaba más vacío que nunca. <br />
<br />
Tras un leve trago de saliva, el niño arqueó su ceja derecha seguida de la izquierda…su cuerpo le pedía emitir algún ruido, algún quejido por pequeño que fuera, pero simplemente le fue imposible, no era la primera vez que se sentía mal, si  de las que más mal, por ello, no tenía claro que era lo que sentía ni mucho menos cómo gestionarlo. Si lo miras bien, el niño tenía talento, pero no buena suerte. <img src="https://g.co/gemini/share/e2b0cc5b9ae6" loading="lazy"  alt="[Imagen: e2b0cc5b9ae6]" class="mycode_img" />]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Relativo — Entrenamiento] Un panda!!]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3824</link>
			<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 07:38:47 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=779">Shiryuko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3824</guid>
			<description><![CDATA[la mañana del 27 de invierno<br />
                                                                                                                                                                     05:00<br />
<br />
Se notaba el invierno sobre  baltigo con una firmeza casi opresiva, el viento silbaba entre las estructuras de la de la base revolucionaria arrastrndo el olor del mar y la humedad propias de una isla acostumbrada a soportar tormentas, aun era temprano, tan temprano tan temprano que la mayoría de los reclutas seguían durmiendo bajo sus mantas  mientras el sol luchaba por abrirse paso entre nubes grises que cubrían el horizonte...Shiryūko ya estaba levantado y lleno de energía. Acostumbrado desde pequeño a la vida al aire libre y a los largos periodos de vigilancia, no solía permanecer demasiado tiempo tumbado y Aquella mañana no había sido diferente decidió abandonar su habitación recorrió los pasillos de la fortaleza sin un destino concreto aún le resultaba extraño encontrarse allí, la fortaleza le parecía inmensa y llena de personas con historias, ideales y experiencias distintas, hombres y mujeres que habían decidido desafiar al Gobierno Mundial y luchar por algo más grande que ellos mismos y a decir verdad aun no conocía a nadie aquello no le molestaba especialmente nunca había sido alguien que necesitara rodearse constantemente de gente para sentirse cómodo pero tampoco podía negar que empezaba a tener cierta curiosidad por aquellas personas después de todo formaban parte del ejercito revolucionario y tarde o temprano tendría que conocerlos..<br />
<br />
Mientras caminaba un sonido empezó a llamar su atención, era metal chocando contra metal de forma continua un ruido pesado y contundente que se sentía extraño, Shiryūko agudizo el oído y se oriento en aquella dirección mientras continuaba buscándolo el sonido continuo repitiéndose varias veces mas despertando cada vez mas su curiosidad, siguió el origen de aquellos golpes hasta llegar a uno de los pabellones de entrenamiento al acercarse el ruido se intensifico y se volvió mas claro —<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">alguien esta entrenado a estas horas... pero este sonido no parecía tratarse de un entrenamiento cualquiera</span>— pensó y se acerco a hurtadillas <br />
<br />
Empujó la puerta parcialmente abierta y observó el interior. Sus ojos tardaron apenas unos segundos en encontrar el origen de aquel ruido metálico Se trataba de un mink panda de proporciones enormes que levantaba un peso absurdo con una facilidad increíble. Shiryūko permaneció un momento en silencio viendo aquella escena, no conocía a aquel panda pero alguien recién llegado como él podía sentir de que no estaba observado a un revolucionario cualquiera, el peso que aquel panda levantaba con aparente facilidad era casi absurdo y no pudo apartar la vista de aquella escena simplemente se dedico a observar el entrenamiento sin interrumpir observando cada movimiento sin apartar la vista. Le gustaba fijarse en los detalles cuando veía a alguien luchar o entrenar era una costumbre que había desarrollado hacía años.<br />
<br />
Finalmente una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios —<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">creo que los pandas son una especie bastante injustas</span>— y su voz resonó por aquel pabellón mientras cruzaba la entrada y Shiryūko avanzo unos pasos observado las pesas con poco disimulo —<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Siempre creí que erais mas tranquilos, no que levantarais media fortaleza antes del desayuno</span>— una sonrisa amistosa permaneció unos segundo en su rostro antes de detenerse a una distancia del panda —<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Shiryūko recién llegado encantado</span>— se presento sin demasiadas ceremonias, Su mirada volvió a desviarse hacia las pesas durante unos instantes antes de regresar al enorme panda<br />
<br />
con la tranquilidad que se había presentado y sin hostilidad era evidente que no buscaba problemas tan solo salió a caminar y había terminado encontrando algo mucho más interesante de lo esperado]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[la mañana del 27 de invierno<br />
                                                                                                                                                                     05:00<br />
<br />
Se notaba el invierno sobre  baltigo con una firmeza casi opresiva, el viento silbaba entre las estructuras de la de la base revolucionaria arrastrndo el olor del mar y la humedad propias de una isla acostumbrada a soportar tormentas, aun era temprano, tan temprano tan temprano que la mayoría de los reclutas seguían durmiendo bajo sus mantas  mientras el sol luchaba por abrirse paso entre nubes grises que cubrían el horizonte...Shiryūko ya estaba levantado y lleno de energía. Acostumbrado desde pequeño a la vida al aire libre y a los largos periodos de vigilancia, no solía permanecer demasiado tiempo tumbado y Aquella mañana no había sido diferente decidió abandonar su habitación recorrió los pasillos de la fortaleza sin un destino concreto aún le resultaba extraño encontrarse allí, la fortaleza le parecía inmensa y llena de personas con historias, ideales y experiencias distintas, hombres y mujeres que habían decidido desafiar al Gobierno Mundial y luchar por algo más grande que ellos mismos y a decir verdad aun no conocía a nadie aquello no le molestaba especialmente nunca había sido alguien que necesitara rodearse constantemente de gente para sentirse cómodo pero tampoco podía negar que empezaba a tener cierta curiosidad por aquellas personas después de todo formaban parte del ejercito revolucionario y tarde o temprano tendría que conocerlos..<br />
<br />
Mientras caminaba un sonido empezó a llamar su atención, era metal chocando contra metal de forma continua un ruido pesado y contundente que se sentía extraño, Shiryūko agudizo el oído y se oriento en aquella dirección mientras continuaba buscándolo el sonido continuo repitiéndose varias veces mas despertando cada vez mas su curiosidad, siguió el origen de aquellos golpes hasta llegar a uno de los pabellones de entrenamiento al acercarse el ruido se intensifico y se volvió mas claro —<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">alguien esta entrenado a estas horas... pero este sonido no parecía tratarse de un entrenamiento cualquiera</span>— pensó y se acerco a hurtadillas <br />
<br />
Empujó la puerta parcialmente abierta y observó el interior. Sus ojos tardaron apenas unos segundos en encontrar el origen de aquel ruido metálico Se trataba de un mink panda de proporciones enormes que levantaba un peso absurdo con una facilidad increíble. Shiryūko permaneció un momento en silencio viendo aquella escena, no conocía a aquel panda pero alguien recién llegado como él podía sentir de que no estaba observado a un revolucionario cualquiera, el peso que aquel panda levantaba con aparente facilidad era casi absurdo y no pudo apartar la vista de aquella escena simplemente se dedico a observar el entrenamiento sin interrumpir observando cada movimiento sin apartar la vista. Le gustaba fijarse en los detalles cuando veía a alguien luchar o entrenar era una costumbre que había desarrollado hacía años.<br />
<br />
Finalmente una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios —<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">creo que los pandas son una especie bastante injustas</span>— y su voz resonó por aquel pabellón mientras cruzaba la entrada y Shiryūko avanzo unos pasos observado las pesas con poco disimulo —<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Siempre creí que erais mas tranquilos, no que levantarais media fortaleza antes del desayuno</span>— una sonrisa amistosa permaneció unos segundo en su rostro antes de detenerse a una distancia del panda —<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Shiryūko recién llegado encantado</span>— se presento sin demasiadas ceremonias, Su mirada volvió a desviarse hacia las pesas durante unos instantes antes de regresar al enorme panda<br />
<br />
con la tranquilidad que se había presentado y sin hostilidad era evidente que no buscaba problemas tan solo salió a caminar y había terminado encontrando algo mucho más interesante de lo esperado]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Relativo - Entrenamiento] ¿Es ese Kisuke Kageyama? Ah, no, no es.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3820</link>
			<pubDate>Thu, 11 Jun 2026 14:41:21 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=48">Max D. Bambú</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3820</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 27 de Invierno, Año 17<br />
23:47</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La fortaleza revolucionaria de Báltigo enmudecía paulatinamente según la medianoche se acercaba. La luna, casi llena en todo su esplendor, iluminaba a través de los ventanales el pabellón de entrenamiento número 8, donde a estas avanzadas horas de la noche no había nadie. Nadie, claro, excepto una persona.<br />
<br />
Don Bambú no era un mink trasnochador, pero de un tiempo a esta parte le había estado agobiando el bullicio de la fortaleza. Había mucha gente, demasiada, y aunque todos ellos eran revolucionarios de buen corazón uno necesitaba su propio espacio. O por lo menos su propia cama. Los catres estaban a rebosar aquella noche y aunque el mariscal podría tirar fácilmente de galones para hacerse con una cama para él solo, no le parecía justo privar a un pobre recluta de su sueño reparador en propio beneficio. Tampoco tenía sueño. La cercanía de una luna llena se lo arrancaba despiadadamente, dejándole una sensación de intranquilidad sobrenatural. El sulong le llamaba, pero no era el momento ni el lugar de dejarse llevar por sus instintos más salvajes. Debía guardar las formas y la compostura si no quería dejar en mal lugar al Ejército. Había, además, otras formas más productivas de liberar el estrés. En aquellos momentos Don Bambú se encontraba entrenando. Era tarde, sí, y los pabellones estarían normalmente cerrados, pero hacer uso de su elevado rango en aquella ocasión no podía causarle daño a nadie, ¿verdad?<br />
<br />
El sonido del hierro contra el hierro inundaba la extensa sala. En cada brazo, Bambú portaba enormes barras de metal rebosantes de discos de hierro con cifras absurdas escritas donde debía indicarse el peso. El sufrido metal se combaba al soportar la pesada carga de 800 kilogramos que llevaba cada una. Dejar caer una de aquellas barras causaría tal estruendo que despertaría a media base revolucionaria sin lugar a dudas. Pero el panda no las iba a dejar caer. Las levantaba con ligereza, a penas estresando los músculos de sus brazos y sin resollar siquiera ante la falta de esfuerzo por su parte. Aquello era más bien un calentamiento, si era digno de tal nombre. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Podría ir al pabellón de al lado a por otro juego de discos...</span> —Se lo planteaba, de verdad que sí. Sin embargo, no quería importunar una segunda vez al mozo de las llaves. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Bueno, mejor no, me apañaré con esto.</span> —Cerró los ojos suspirando, llevando su mente por otros derroteros para no pensar en el ejercicio que estaba haciendo con el fin de no aburrirse.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Datos</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					—El pabellón de entrenamiento número 8 es una habitación rectangular grande, de 70 metros de ancho x 100 de largo.<br />
<br />
—Me encuentro en estos momentos a 25 metros de la puerta de entrada sobre una esterilla de 15x15.<br />
<br />
—En esta ocasión, sólo llevo unos pantalones de tejido elástico azules. Por lo demás no llevo nada. Excepto quizás ropa interior, pero ese hide no lo revelaré hasta el final del tema.<br />
<br />

				</div>
			</div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 27 de Invierno, Año 17<br />
23:47</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La fortaleza revolucionaria de Báltigo enmudecía paulatinamente según la medianoche se acercaba. La luna, casi llena en todo su esplendor, iluminaba a través de los ventanales el pabellón de entrenamiento número 8, donde a estas avanzadas horas de la noche no había nadie. Nadie, claro, excepto una persona.<br />
<br />
Don Bambú no era un mink trasnochador, pero de un tiempo a esta parte le había estado agobiando el bullicio de la fortaleza. Había mucha gente, demasiada, y aunque todos ellos eran revolucionarios de buen corazón uno necesitaba su propio espacio. O por lo menos su propia cama. Los catres estaban a rebosar aquella noche y aunque el mariscal podría tirar fácilmente de galones para hacerse con una cama para él solo, no le parecía justo privar a un pobre recluta de su sueño reparador en propio beneficio. Tampoco tenía sueño. La cercanía de una luna llena se lo arrancaba despiadadamente, dejándole una sensación de intranquilidad sobrenatural. El sulong le llamaba, pero no era el momento ni el lugar de dejarse llevar por sus instintos más salvajes. Debía guardar las formas y la compostura si no quería dejar en mal lugar al Ejército. Había, además, otras formas más productivas de liberar el estrés. En aquellos momentos Don Bambú se encontraba entrenando. Era tarde, sí, y los pabellones estarían normalmente cerrados, pero hacer uso de su elevado rango en aquella ocasión no podía causarle daño a nadie, ¿verdad?<br />
<br />
El sonido del hierro contra el hierro inundaba la extensa sala. En cada brazo, Bambú portaba enormes barras de metal rebosantes de discos de hierro con cifras absurdas escritas donde debía indicarse el peso. El sufrido metal se combaba al soportar la pesada carga de 800 kilogramos que llevaba cada una. Dejar caer una de aquellas barras causaría tal estruendo que despertaría a media base revolucionaria sin lugar a dudas. Pero el panda no las iba a dejar caer. Las levantaba con ligereza, a penas estresando los músculos de sus brazos y sin resollar siquiera ante la falta de esfuerzo por su parte. Aquello era más bien un calentamiento, si era digno de tal nombre. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Podría ir al pabellón de al lado a por otro juego de discos...</span> —Se lo planteaba, de verdad que sí. Sin embargo, no quería importunar una segunda vez al mozo de las llaves. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Bueno, mejor no, me apañaré con esto.</span> —Cerró los ojos suspirando, llevando su mente por otros derroteros para no pensar en el ejercicio que estaba haciendo con el fin de no aburrirse.<br />
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<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Datos</span>
					</div>
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						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					—El pabellón de entrenamiento número 8 es una habitación rectangular grande, de 70 metros de ancho x 100 de largo.<br />
<br />
—Me encuentro en estos momentos a 25 metros de la puerta de entrada sobre una esterilla de 15x15.<br />
<br />
—En esta ocasión, sólo llevo unos pantalones de tejido elástico azules. Por lo demás no llevo nada. Excepto quizás ropa interior, pero ese hide no lo revelaré hasta el final del tema.<br />
<br />

				</div>
			</div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Ese es Kisuke Kageyama? P.R [Ft Kisuke Kageyama]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3819</link>
			<pubDate>Thu, 11 Jun 2026 13:24:47 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=780">Roger Rabbit</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3819</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dia 28 de Invierno, año 17 | Baltigo - Base de la Armada Revolucionaria</span><br />
<br />
Tres días, completos en Baltigo y ya comenzaba a notar un patrón bastante familiar, las personas llegaban, conversaban conmigo, me sonreían y luego, tarde o temprano, encontraban alguna excusa para marcharse, no los culpaba, bueno, quizá un poco sí, pero los entendía. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Y ENTONCES LES DIJE QUE SI EL GOBIERNO MUNDIAL NECESITA TANTOS SECRETOS PARA FUNCIONAR, QUIZÁS EL PROBLEMA SEA EL GOBIERNO Y NO LA INFORMACIÓN!—</span></span></span> El revolucionario frente a mí asintió una vez y después aprovechó el paso de otro compañero para desaparecer entre las construcciones de Baltigo.<br />
 <br />
Lo observé alejarse. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Y se fue. —</span></span> Tomé un sorbo de mi jugo de zanahoria. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Otra víctima de la falta de compromiso con el debate público. —</span></span> Era una constante desde que había llegado. Baltigo era exactamente todo lo que había imaginado durante años revolucionarios por todas partes, entrenamientos, reuniones, operaciones, informes, agentes regresando de misiones imposibles, personas provenientes de decenas de islas distintas, era fascinante, cada individuo tenía una historia. Cada conversación escondía información, cada rincón parecía formar parte de algo mucho más grande y lo único que yo quería era enterarme absolutamente de todo. El problema era que nadie parecía compartir ese entusiasmo o al menos no durante más de veinte minutos seguidos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">—¡OYE TÚ!—</span></span></span> Señalé a un hombre que pasaba cargando documentos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿De qué mar vienes? ¿Cuántas bases del Gobierno Mundial hay allí? ¿Cómo está la situación política local? ¿Hay movimientos de resistencia activos? ¿Qué opinas sobre la descentralización del poder administrativo? —</span></span> El hombre aceleró el paso.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tengo trabajo. —</span> Se limitó a responder mientras caminaba aun mas rápido.  <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡ESO ES EXACTAMENTE LO QUE DIRÍA ALGUIEN QUE TIENE INFORMACIÓN IMPORTANTE!—</span></span></span> Mis orejas se movieron mientras lo veía desaparecer, suspiré porque no era fácil. Toda mi vida había querido llegar allí, había pasado años intentando llamar la atención de la revolución, soñando con el día en que finalmente caminaría entre sus filas y ahora estaba sucediendo, me encontraba en Baltigo. El corazón de todo, el lugar donde nacían las decisiones que hacían temblar gobiernos enteros. ¿Cómo se suponía que iba a quedarme callado? ¿Cómo esperaban que no hiciera preguntas? ¿Cómo podían no querer hablar de ello? Me encontraba sentado sobre una caja de suministros cuando una sonrisa terminó apareciendo sola en mi rostro.<br />
 <br />
Porque incluso si todos terminaban alejándose, incluso si me evitaban en los comedores, incluso si algunos revolucionarios cambiaban de dirección al verme acercarme yo estaba allí y tarde o temprano alguien tendría que escucharme porque el cambio no se construye en silencio y porque si nadie quiere escuchar un discurso de tres horas sobre los problemas estructurales del mundo  entonces claramente todavía queda mucho trabajo revolucionario por hacer, mi conclusión me pareció perfectamente razonable, probablemente porque había sido yo quien la había formulado. <br />
 <br />
Entonces lo vi. No era un revolucionario cualquiera cruzando la base. Era Kisuke Kageyama, uno de los cinco comandantes. Uno de los hombres que literalmente ayudaban a dirigir la revolución en ese momento mi cerebro dejó de funcionar con normalidad. Mis piernas tomaron el control. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">—¡HOOOOLA SEÑOR KISUKE!—</span></span></span> Atravesé media explanada prácticamente trotando hacia él, obligando a varias personas a apartarse de mi camino mientras mis enormes orejas se agitaban detrás de mí. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Yo soy Roger! ¡Roger Rabbit! ¡Vengo del South Blue! ¡Es todisimo un placer conocerlo, hablarle y respirar el mismo aire que usted! —</span></span></span> Llegué a su lado sin reducir realmente la velocidad de mis palabras. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Me han contado muchísimas historias sobre usted. Bueno, no tantas porque técnicamente nadie me cuenta nada y normalmente tengo que escuchar conversaciones ajenas para enterarme de las cosas, pero igual cuentan.  —</span> </span>Tomé aire más por costumbre que por necesidad.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Escuché por ahí que peleó contra un almirante. ¿Es cierto? Porque si es cierto tengo muchísimas preguntas. Bueno, no muchísimas, sí muchísimas. Definitivamente muchísimas. ¿Cómo fue? ¿Ganó? ¿Perdió? ¿Le dio miedo? ¿Los almirantes realmente son tan fuertes como dicen? ¿Qué se siente pelear contra alguien capaz de cambiar el curso de una guerra?—</span> </span>La pregunta inicial había quedado enterrada bajo una avalancha de otras como siempre, pero no me detuve.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¡Ah! Y otra cosa. ¿Cómo llegó a comandante? Porque llevo años intentando llamar la atención de la revolución y sinceramente creo que tengo potencial. Mucho potencial. Bueno, quizás demasiado potencial. Algunos compañeros dicen que hablo demasiado, pero yo sostengo que el verdadero problema es que ellos escuchan demasiado poco.—</span> </span>Asentí convencido de mi propia lógica.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Usted qué opina? Porque personalmente creo que una revolución necesita más comunicación. De hecho, si me permite decirlo, creo que la mayoría de los conflictos del mundo podrían resolverse si las personas hablaran más entre ellas. Excepto los nobles corruptos, claro, a esos probablemente haya que golpearlos un poco antes.—</span></span> Hice una pausa, probablemente la primera en varios minutos, lo observé con una enorme sonrisa en el rostro esperando una respuesta, cualquier respuesta porque por primera vez desde que había llegado a Baltigo, tenía delante a alguien que seguramente poseía suficientes historias, secretos y experiencias para alimentar mi curiosidad durante semanas enteras y por el brillo en mis ojos resultaba bastante evidente que pensaba averiguarlas todas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dia 28 de Invierno, año 17 | Baltigo - Base de la Armada Revolucionaria</span><br />
<br />
Tres días, completos en Baltigo y ya comenzaba a notar un patrón bastante familiar, las personas llegaban, conversaban conmigo, me sonreían y luego, tarde o temprano, encontraban alguna excusa para marcharse, no los culpaba, bueno, quizá un poco sí, pero los entendía. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Y ENTONCES LES DIJE QUE SI EL GOBIERNO MUNDIAL NECESITA TANTOS SECRETOS PARA FUNCIONAR, QUIZÁS EL PROBLEMA SEA EL GOBIERNO Y NO LA INFORMACIÓN!—</span></span></span> El revolucionario frente a mí asintió una vez y después aprovechó el paso de otro compañero para desaparecer entre las construcciones de Baltigo.<br />
 <br />
Lo observé alejarse. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Y se fue. —</span></span> Tomé un sorbo de mi jugo de zanahoria. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Otra víctima de la falta de compromiso con el debate público. —</span></span> Era una constante desde que había llegado. Baltigo era exactamente todo lo que había imaginado durante años revolucionarios por todas partes, entrenamientos, reuniones, operaciones, informes, agentes regresando de misiones imposibles, personas provenientes de decenas de islas distintas, era fascinante, cada individuo tenía una historia. Cada conversación escondía información, cada rincón parecía formar parte de algo mucho más grande y lo único que yo quería era enterarme absolutamente de todo. El problema era que nadie parecía compartir ese entusiasmo o al menos no durante más de veinte minutos seguidos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">—¡OYE TÚ!—</span></span></span> Señalé a un hombre que pasaba cargando documentos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿De qué mar vienes? ¿Cuántas bases del Gobierno Mundial hay allí? ¿Cómo está la situación política local? ¿Hay movimientos de resistencia activos? ¿Qué opinas sobre la descentralización del poder administrativo? —</span></span> El hombre aceleró el paso.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tengo trabajo. —</span> Se limitó a responder mientras caminaba aun mas rápido.  <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡ESO ES EXACTAMENTE LO QUE DIRÍA ALGUIEN QUE TIENE INFORMACIÓN IMPORTANTE!—</span></span></span> Mis orejas se movieron mientras lo veía desaparecer, suspiré porque no era fácil. Toda mi vida había querido llegar allí, había pasado años intentando llamar la atención de la revolución, soñando con el día en que finalmente caminaría entre sus filas y ahora estaba sucediendo, me encontraba en Baltigo. El corazón de todo, el lugar donde nacían las decisiones que hacían temblar gobiernos enteros. ¿Cómo se suponía que iba a quedarme callado? ¿Cómo esperaban que no hiciera preguntas? ¿Cómo podían no querer hablar de ello? Me encontraba sentado sobre una caja de suministros cuando una sonrisa terminó apareciendo sola en mi rostro.<br />
 <br />
Porque incluso si todos terminaban alejándose, incluso si me evitaban en los comedores, incluso si algunos revolucionarios cambiaban de dirección al verme acercarme yo estaba allí y tarde o temprano alguien tendría que escucharme porque el cambio no se construye en silencio y porque si nadie quiere escuchar un discurso de tres horas sobre los problemas estructurales del mundo  entonces claramente todavía queda mucho trabajo revolucionario por hacer, mi conclusión me pareció perfectamente razonable, probablemente porque había sido yo quien la había formulado. <br />
 <br />
Entonces lo vi. No era un revolucionario cualquiera cruzando la base. Era Kisuke Kageyama, uno de los cinco comandantes. Uno de los hombres que literalmente ayudaban a dirigir la revolución en ese momento mi cerebro dejó de funcionar con normalidad. Mis piernas tomaron el control. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">—¡HOOOOLA SEÑOR KISUKE!—</span></span></span> Atravesé media explanada prácticamente trotando hacia él, obligando a varias personas a apartarse de mi camino mientras mis enormes orejas se agitaban detrás de mí. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Yo soy Roger! ¡Roger Rabbit! ¡Vengo del South Blue! ¡Es todisimo un placer conocerlo, hablarle y respirar el mismo aire que usted! —</span></span></span> Llegué a su lado sin reducir realmente la velocidad de mis palabras. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Me han contado muchísimas historias sobre usted. Bueno, no tantas porque técnicamente nadie me cuenta nada y normalmente tengo que escuchar conversaciones ajenas para enterarme de las cosas, pero igual cuentan.  —</span> </span>Tomé aire más por costumbre que por necesidad.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—Escuché por ahí que peleó contra un almirante. ¿Es cierto? Porque si es cierto tengo muchísimas preguntas. Bueno, no muchísimas, sí muchísimas. Definitivamente muchísimas. ¿Cómo fue? ¿Ganó? ¿Perdió? ¿Le dio miedo? ¿Los almirantes realmente son tan fuertes como dicen? ¿Qué se siente pelear contra alguien capaz de cambiar el curso de una guerra?—</span> </span>La pregunta inicial había quedado enterrada bajo una avalancha de otras como siempre, pero no me detuve.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¡Ah! Y otra cosa. ¿Cómo llegó a comandante? Porque llevo años intentando llamar la atención de la revolución y sinceramente creo que tengo potencial. Mucho potencial. Bueno, quizás demasiado potencial. Algunos compañeros dicen que hablo demasiado, pero yo sostengo que el verdadero problema es que ellos escuchan demasiado poco.—</span> </span>Asentí convencido de mi propia lógica.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¿Usted qué opina? Porque personalmente creo que una revolución necesita más comunicación. De hecho, si me permite decirlo, creo que la mayoría de los conflictos del mundo podrían resolverse si las personas hablaran más entre ellas. Excepto los nobles corruptos, claro, a esos probablemente haya que golpearlos un poco antes.—</span></span> Hice una pausa, probablemente la primera en varios minutos, lo observé con una enorme sonrisa en el rostro esperando una respuesta, cualquier respuesta porque por primera vez desde que había llegado a Baltigo, tenía delante a alguien que seguramente poseía suficientes historias, secretos y experiencias para alimentar mi curiosidad durante semanas enteras y por el brillo en mis ojos resultaba bastante evidente que pensaba averiguarlas todas.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Relativo] Sangre nueva y viejos rockeros]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3810</link>
			<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 14:11:51 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=198">Kisuke Kageyama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3810</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Base de la Armada Revolucionaria, Báltigo<br />
12:00 PM, 26 de invierno del año 17</span></div>
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<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La noche había sido larga, pero muy fructífera. Había visto muchas caras ilusionadas, otras fascinadas por lo que allí estaba aconteciendo, pero sobre todo, había visto caras resueltas y con la convicción de hacer de este un mundo mejor y más igualitario, lo que era, en última instancia, el objetivo de aquella Armada Revolucionaria. Kisuke era plenamente consciente de que no iba a ser, ni mucho menos, una tarea sencilla o que se pudiese hacer a corto plazo. Algo como dar la vuelta al sistema mundial y liberarlo de unas cadenas que lo oprimían desde hacía tantísimo tiempo, no era cuestión de un par de escaramuzas y dos semanas con cien amigos del barrio, requería tiempo, esfuerzos, recursos y, desgraciadamente, algunos sacrificios, gente dispuesta a dar su vida por una causa tan altruista como la que había encontrado allí. Con una sonrisa prendió un cigarrillo y dio una profunda calada.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Hoy veremos si los Toros Negros resurgimos como escuadrón... o nos veremos avocados a ser un dueto cómico...kuhahahahaha..."</span></span><br />
<br />
Estaba sentado en el despacho que le habían asignado, que tenía tras un biombo un amplio camastro bastante cómodo. Apenas había dormido cuatro horas, pero habían sido reconfortantes. Desde primera hora de la mañana había estado revisando informes de muchos soldados para llevarse con ellos, si con los seleccionados accedían, por supuesto. Había cuatro nombres, una capitana mink, que llevaba un tiempo en el Paraíso; un gigante, que procedía del West como él y venía avalado por el propio Sargento Ninel, quien le reclutó para la Armada a él mismo; y dos soldados que procedían del South Blue.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Sangre fresca para este grupo de viejos rockeros... Será interesante."</span></span><br />
<br />
Había hecho que les convocasen a los cuatro en su despacho a las doce y media, tras el almuerzo, así como a Panda, que había estado con él revisando los expedientes y los datos junto a él y, como siempre, le había ayudado a tomar su decisión; ahora el Mariscal se había ido, aunque el antiguo pescador no sabía a donde, ni tampoco le importaba, seguramente estaría o leyendo o entrenando esas monstruosas habilidades físicas que ya poseía de por si el peludo revolucionario. Estarían allí unos días más y después partirían al Nuevo Mundo, a Mogaro, donde, por el momento estaban acuartelados y tenían su propio barco, El Grand Prix. Había pasado ya tiempo desde las pérdidas que habían dejado a los dos revolucionarios solos en Mogaro, e iba siendo hora de que se hiciesen cargo de algunas de las nuevas generaciones de revolucionarios. Kisuke tenía claro que sería difícil para ellos, pero tanto el mink panda como él mismo, se encargarían de que se sintiesen acogidos y mejorasen sus habilidades.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"La mink parece muy hábil si ha sido capaz de llegar hasta Water 7 ella sola... Con que Berry... Panda será de ayuda siendo un mink también..."</span></span><br />
<br />
Empezó a repasar mentalmente lo que había ido leyendo en los informes aunque al final siempre era mejor conocer a la gente de primera mano, pero no estaba de más saber un poco de ellos antes. Sacudió la ceniza con un lacónico movimiento en el cenicero que reposaba sobre la mesa a la derecha de donde tenía los papeles de los que habían sido seleccionados.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Kelvin... parece un gigante bastante habilidoso para su tamaño, no basa su estilo en la fuerza bruta, lo que es sorprendente y meritorio dado su tamaño... Ninel habla muy bien de él por lo que tendré que fiarme de su capacidad para reclutar... kuhahahaha."</span></span><br />
<br />
Por último pasó a los dos últimos, Shirohime y Dean, reclutados hacía poco pero que habían demostrado en poco tiempo tener potencial, habría que trabajar más con ellos puesto que eran muy novatos en la Armada, pero confiaba en que tanto él como Panda podrían pulir aquellas pequeñas joyas hasta convertirlos en soldados eficientes y óptimos para la Armada Revolucionaria.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Interesante que Dean es espadachín.... Voy a divertirme mucho con él...kuhahaha... En cuanto a Shirohime, es bastante una incógnita pero... creo que podremos ayudarla a crecer y convertirse en una buena guerrera... "</span></span><br />
<br />
Nunca había hecho algo así, era la primera vez que hacía un reclutamiento de este estilo, pero las circunstancias habían sido propicias, y, como le dijo Alhen en su día, esta reunión, además de ser histórica podría ser un momento único por cosas como esta. Recordaba como había con vencido a Zorak para que se uniese en aquella maloliente tasca del East Ballywood, como habían coincidido por casualidad con Panda en Báltigo, la aparición espontánea de Comi en Sabaody o la llegada como refuerzos en la Isla Gyojin de Beto y Oxxy. Definitivamente no habían tenido una situación como esa nunca, y por eso, iban a aprovecharla.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Sí, hoy es el día, hoy renacen los Toros Negros.</span></span><br />
<br />
La hora del resurgir había llegado.</div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>resumen de turno</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Kisuke repasa sus notas antes de recibir a los nuevos miembros de su escuadrón, si aceptan, por supuesto. Es un post de apertura y puesta en situación.
				</div>
			</div><br />
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						<span>karma</span>
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					<ul class="mycode_list"><li>Honesto<br />
</li>
<li>Lealtad<br />
</li>
<li>Vicio: fumar<br />
</li>
<li>Risa excéntrica: kuhahaha<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Bienvenidos a los Toros Negros. Por favor esperad a que Panda postee porque estaría feo que interrumpiese vuestros post, él debe estar presente cuando lleguéis.
				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Base de la Armada Revolucionaria, Báltigo<br />
12:00 PM, 26 de invierno del año 17</span></div>
<iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/uWPbjtsQjGc" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe><br />
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La noche había sido larga, pero muy fructífera. Había visto muchas caras ilusionadas, otras fascinadas por lo que allí estaba aconteciendo, pero sobre todo, había visto caras resueltas y con la convicción de hacer de este un mundo mejor y más igualitario, lo que era, en última instancia, el objetivo de aquella Armada Revolucionaria. Kisuke era plenamente consciente de que no iba a ser, ni mucho menos, una tarea sencilla o que se pudiese hacer a corto plazo. Algo como dar la vuelta al sistema mundial y liberarlo de unas cadenas que lo oprimían desde hacía tantísimo tiempo, no era cuestión de un par de escaramuzas y dos semanas con cien amigos del barrio, requería tiempo, esfuerzos, recursos y, desgraciadamente, algunos sacrificios, gente dispuesta a dar su vida por una causa tan altruista como la que había encontrado allí. Con una sonrisa prendió un cigarrillo y dio una profunda calada.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Hoy veremos si los Toros Negros resurgimos como escuadrón... o nos veremos avocados a ser un dueto cómico...kuhahahahaha..."</span></span><br />
<br />
Estaba sentado en el despacho que le habían asignado, que tenía tras un biombo un amplio camastro bastante cómodo. Apenas había dormido cuatro horas, pero habían sido reconfortantes. Desde primera hora de la mañana había estado revisando informes de muchos soldados para llevarse con ellos, si con los seleccionados accedían, por supuesto. Había cuatro nombres, una capitana mink, que llevaba un tiempo en el Paraíso; un gigante, que procedía del West como él y venía avalado por el propio Sargento Ninel, quien le reclutó para la Armada a él mismo; y dos soldados que procedían del South Blue.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Sangre fresca para este grupo de viejos rockeros... Será interesante."</span></span><br />
<br />
Había hecho que les convocasen a los cuatro en su despacho a las doce y media, tras el almuerzo, así como a Panda, que había estado con él revisando los expedientes y los datos junto a él y, como siempre, le había ayudado a tomar su decisión; ahora el Mariscal se había ido, aunque el antiguo pescador no sabía a donde, ni tampoco le importaba, seguramente estaría o leyendo o entrenando esas monstruosas habilidades físicas que ya poseía de por si el peludo revolucionario. Estarían allí unos días más y después partirían al Nuevo Mundo, a Mogaro, donde, por el momento estaban acuartelados y tenían su propio barco, El Grand Prix. Había pasado ya tiempo desde las pérdidas que habían dejado a los dos revolucionarios solos en Mogaro, e iba siendo hora de que se hiciesen cargo de algunas de las nuevas generaciones de revolucionarios. Kisuke tenía claro que sería difícil para ellos, pero tanto el mink panda como él mismo, se encargarían de que se sintiesen acogidos y mejorasen sus habilidades.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"La mink parece muy hábil si ha sido capaz de llegar hasta Water 7 ella sola... Con que Berry... Panda será de ayuda siendo un mink también..."</span></span><br />
<br />
Empezó a repasar mentalmente lo que había ido leyendo en los informes aunque al final siempre era mejor conocer a la gente de primera mano, pero no estaba de más saber un poco de ellos antes. Sacudió la ceniza con un lacónico movimiento en el cenicero que reposaba sobre la mesa a la derecha de donde tenía los papeles de los que habían sido seleccionados.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Kelvin... parece un gigante bastante habilidoso para su tamaño, no basa su estilo en la fuerza bruta, lo que es sorprendente y meritorio dado su tamaño... Ninel habla muy bien de él por lo que tendré que fiarme de su capacidad para reclutar... kuhahahaha."</span></span><br />
<br />
Por último pasó a los dos últimos, Shirohime y Dean, reclutados hacía poco pero que habían demostrado en poco tiempo tener potencial, habría que trabajar más con ellos puesto que eran muy novatos en la Armada, pero confiaba en que tanto él como Panda podrían pulir aquellas pequeñas joyas hasta convertirlos en soldados eficientes y óptimos para la Armada Revolucionaria.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Interesante que Dean es espadachín.... Voy a divertirme mucho con él...kuhahaha... En cuanto a Shirohime, es bastante una incógnita pero... creo que podremos ayudarla a crecer y convertirse en una buena guerrera... "</span></span><br />
<br />
Nunca había hecho algo así, era la primera vez que hacía un reclutamiento de este estilo, pero las circunstancias habían sido propicias, y, como le dijo Alhen en su día, esta reunión, además de ser histórica podría ser un momento único por cosas como esta. Recordaba como había con vencido a Zorak para que se uniese en aquella maloliente tasca del East Ballywood, como habían coincidido por casualidad con Panda en Báltigo, la aparición espontánea de Comi en Sabaody o la llegada como refuerzos en la Isla Gyojin de Beto y Oxxy. Definitivamente no habían tenido una situación como esa nunca, y por eso, iban a aprovecharla.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Sí, hoy es el día, hoy renacen los Toros Negros.</span></span><br />
<br />
La hora del resurgir había llegado.</div>
<br />
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					Kisuke repasa sus notas antes de recibir a los nuevos miembros de su escuadrón, si aceptan, por supuesto. Es un post de apertura y puesta en situación.
				</div>
			</div><br />
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					<ul class="mycode_list"><li>Honesto<br />
</li>
<li>Lealtad<br />
</li>
<li>Vicio: fumar<br />
</li>
<li>Risa excéntrica: kuhahaha<br />
</li>
</ul>

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				</div>
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			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado|Fic|Social] peso de las cadenas]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2943</link>
			<pubDate>Sun, 11 Jan 2026 01:56:37 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=663">Kazan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2943</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Centro de Operaciones Revolucionario - Hace 7 años</div>
<br />
<br />
<br />
El edificio temblaba en cada momento que Kazan posaba su gigantesco pie sobre el. No era su intención, nunca lo era, pero diez metros de músculo y hueso causaban este tipo de situaciones por mucha delicadeza que tuvieras. Kazan se detuvo frente a la puerta que le habían indicado, demasiado pequeña, como todas las puertas desde que podía recordar y que le impedían actuar como el resto de personas del mundo. El humo de su pipa ascendía. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Siete meses de libertad ... "</span></span>, pensó, tocando inconscientemente el collar de cuentas de madera que colgaba de su cuello. La puerta se abrió subitamente antes de que pudiera siquiera pensar en llamar. Un hombre considerablemente más pequeño, como todas las personas en realidad, apareció en tras de ella. No retrocedió ante su tamaño, lo cual ya era inusual. La mayoría huía o atacaba. Este simplemente lo evaluó con ojos que habían visto demasiado.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Por las profundidades... no sabía que tenían techo tan bajo aquí-</span></span> murmuró Kazan, agachándose hasta que sus rodillas tocaron el suelo de piedra. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Eres quien decide si soy... útil?-</span></span> La palabra le molestaba incluso decirla. Útil, como lo habian llamado quienes apostaban por el antes de que todo acabara, util como arma.<br />
<br />
-Soy quien decide si eres confiable.<br />
<br />
Kazan exhaló humo lentamente, dejando que el tabaco calmara el temblor involuntario en sus manos.  <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Esas patrullas perseguían esclavos fugitivos-</span></span> respondió, su voz profunda. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No podía... no pude dejarlos morir encadenados. No queria que tuvieran que vivir lo que yo-</span></span>. Hizo una pausa, tocando sus cuernos con gesto casi nervioso. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Es solo que cuando los vi, recordé... recordé cuando yo era quien los cazaba-</span></span>.<br />
<br />
El silencio que siguió pesaba más que su Kanaboo.<br />
<br />
-¿Mataste cazadores de esclavos para el circo? -La pregunta llegó sin acusación, solo curiosidad clínica.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Como saben eso?"</span></span>. Kazan bajó la mirada, encontrando sus propias manos. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Hice cosas peores. Ejecuté a esclavos que intentaron huir. El circo me ordenaba dar ejemplo y yo... simplemente obedecía-</span></span>. Su risa emergió entonces, ese "Ga-ha-ha-ha-ha!" atronador. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Irónico, verdad? Ahora quiero unirme a quienes liberan esclavos cuando pasé décadas matándolos-</span></span>. El revolucionario entró completamente en la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Señaló una mesa reforzada -evidentemente preparada para soportar peso considerable-donde descansaban mapas y documentos.<br />
<br />
-¿Por que te presentas tan servicial y comprometido con una causa que antaño perseguías?<br />
<br />
Kazan se arrastró hacia la mesa, cada movimiento medido para no destrozar el mobiliario. Se sentó con cuidado que contradecía su masa. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Quizás porque me he cansado de obedecer el mandato sin rechistar-</span></span>. Dio otra calada larga a su pipa. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No puedo cambiar lo que fui. Pero creo que al menos ... puedo ayudar a cambiar un poco para mejor el mundo ¿No es eso lo que predican los revolucionarios? -</span></span><br />
<br />
- Parece que eres sincero, además de que no me das las pintas de un mero gladiador bruto.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Leo-</span></span> dijo simplemente, sacando un libro deteriorado de su túnica amarilla. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Encontraba libros y los leía cuando no estaba ....-</span></span>. El revolucionario tomó el libro, examinándolo. <br />
<br />
-¿Y qué aprendiste?<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Que tengo el mismo derecho que cualquier humano..."</span></span>. Kazan tocó su collar de cuentas. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Aprendí que no solo sirvo para matar aunque me hayan enseñado para ello desde pequeño-</span></span>.<br />
<br />
-¿Y ahora?<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ahora al menos desde vuestra liberacion puedo elegir a quien mato ...-</span></span>. Su voz se endureció, el fuego de su sangre beligerante asomando bajo la filosofía. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Pueden usarme como arma. Lo acepto. Soy bueno destruyendo cosas. Pero siempre tendré potestad para negarme en caso de que no me guste a quien apuntáis ese arma—</span></span>. El revolucionario colocó el libro de vuelta en la mesa, estudiando al gigante azul que intentaba hacerse pequeño en espacio diseñado para humanos normales. Había algo casi cómico en la imagen esta montaña de músculo y cuernos, hablando de dignidad humana mientras su Kanaboo descansaba contra la pared.<br />
<br />
-Tenemos reglas. No matamos innecesariamente.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Entiendo-</span></span> No entendía completamente. Su cuerpo había sido condicionado por décadas para resolver todo con violencia. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Podré llegar a contener toda esta ira que nace de mi interior?"</span></span>. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ahora mismo no se si podré contenerme. Pero aprenderé. Y si cruzo líneas que no debía... deténganme.-</span></span>.<br />
<br />
—¿Por qué habríamos de prometerte eso?<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Porque-</span></span> Kazan se inclinó hacia adelante, y pese a su cuidado no pudo evitar que la meda crugiera, <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-no quiero convertirme en aquello de lo que hui. No quiero ser otra vez esa bestia que solo usa la fuerza lara destruir. -</span></span>.<br />
<br />
El revolucionario guardó silencio largo rato. Afuera,se escuchaban mas voces, preparándose para operaciones que apenas comprendía. <br />
<br />
-Hay una red de tráfico de esclavos operando en las islas del norte. Necesitamos a alguien que pueda... persuadir a los traficantes de cesar operaciones.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Persuadir?—</span></span> La risa de Kazan emergió nuevamente, más oscura esta vez. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ga-ha-ha-ha-ha! Soy muchas cosas, hermano, pero diplomático no es una de ellas—</span></span>.<br />
<br />
—No buscamos diplomatico, buscamos una señal de advertencia<br />
<br />
Kazan asintió lentamente, entendiendo. Exhaló el último humo de su pipa, observando cómo se disipaba en el aire viciado de la habitación. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Espero que mi tamaño al fin sirba para algo"</span></span>. Su mano encontró el collar de cuentas una vez más.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Si hago esto, si me uno a ustedes... necesito saber que no soy solo otro gladiador con diferentes amos , que tengo ina causa mas noble que solo destruir- </span></span>. Su voz temblaba ligeramente<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Necesito saber que puedo negarme si una orden contradice mi código. Que puedo elegir-</span></span>.<br />
<br />
—Nadie aquí da órdenes absolutas. Proponemos. Sugerimos. <br />
<br />
Aquellas palabras quebraron algo en el pecho de Kazan. Algo que llevaba treinta años parado. Sus ojos pequeños, siempre entrecerrados, se humedecieron apenas un poco dejando escapar unas pequeñas lagrimas. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces iré al norte. Persuadiré a esos traficantes—</span></span>. Hizo pausa, considerando sus palabras cuidadosamente. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y si es necesario destruirlos completamente para que el mensaje sea claro, lo haré. Pero necesito que entiendan: cuando peleo, no puedo contenerme, necesitare a alguien qje me pare—</span></span>.<br />
<br />
—Lo sospechábamos. ¿Algo más que debamos saber?<br />
<br />
Kazan se incorporó, su cabeza rozando el techo incluso agachado. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Que nunca abandonaré a camarada en combate, sin importar qué tan suicida sea quedarse y lo mal que lo pueda llegar a psar yo. Que no puedo atacar a indefensos, incluso si son enemigos. Y que-</span></span> tocó sus cuernos inconscientemente, <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-como demasiado, tendreis que aumentar las provisiones-</span></span>.<br />
<br />
El revolucionario extendió su mano, pequeña comparada con la de Kazan pero firme en su convicción. Con una sonrisa en su rostro<br />
<br />
—Bienvenido a la Armada Revolucionaria, Kazan. Que tus cadenas que llevabas en el pasado permanezcan rotas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Centro de Operaciones Revolucionario - Hace 7 años</div>
<br />
<br />
<br />
El edificio temblaba en cada momento que Kazan posaba su gigantesco pie sobre el. No era su intención, nunca lo era, pero diez metros de músculo y hueso causaban este tipo de situaciones por mucha delicadeza que tuvieras. Kazan se detuvo frente a la puerta que le habían indicado, demasiado pequeña, como todas las puertas desde que podía recordar y que le impedían actuar como el resto de personas del mundo. El humo de su pipa ascendía. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Siete meses de libertad ... "</span></span>, pensó, tocando inconscientemente el collar de cuentas de madera que colgaba de su cuello. La puerta se abrió subitamente antes de que pudiera siquiera pensar en llamar. Un hombre considerablemente más pequeño, como todas las personas en realidad, apareció en tras de ella. No retrocedió ante su tamaño, lo cual ya era inusual. La mayoría huía o atacaba. Este simplemente lo evaluó con ojos que habían visto demasiado.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Por las profundidades... no sabía que tenían techo tan bajo aquí-</span></span> murmuró Kazan, agachándose hasta que sus rodillas tocaron el suelo de piedra. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Eres quien decide si soy... útil?-</span></span> La palabra le molestaba incluso decirla. Útil, como lo habian llamado quienes apostaban por el antes de que todo acabara, util como arma.<br />
<br />
-Soy quien decide si eres confiable.<br />
<br />
Kazan exhaló humo lentamente, dejando que el tabaco calmara el temblor involuntario en sus manos.  <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Esas patrullas perseguían esclavos fugitivos-</span></span> respondió, su voz profunda. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No podía... no pude dejarlos morir encadenados. No queria que tuvieran que vivir lo que yo-</span></span>. Hizo una pausa, tocando sus cuernos con gesto casi nervioso. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Es solo que cuando los vi, recordé... recordé cuando yo era quien los cazaba-</span></span>.<br />
<br />
El silencio que siguió pesaba más que su Kanaboo.<br />
<br />
-¿Mataste cazadores de esclavos para el circo? -La pregunta llegó sin acusación, solo curiosidad clínica.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Como saben eso?"</span></span>. Kazan bajó la mirada, encontrando sus propias manos. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Hice cosas peores. Ejecuté a esclavos que intentaron huir. El circo me ordenaba dar ejemplo y yo... simplemente obedecía-</span></span>. Su risa emergió entonces, ese "Ga-ha-ha-ha-ha!" atronador. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Irónico, verdad? Ahora quiero unirme a quienes liberan esclavos cuando pasé décadas matándolos-</span></span>. El revolucionario entró completamente en la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Señaló una mesa reforzada -evidentemente preparada para soportar peso considerable-donde descansaban mapas y documentos.<br />
<br />
-¿Por que te presentas tan servicial y comprometido con una causa que antaño perseguías?<br />
<br />
Kazan se arrastró hacia la mesa, cada movimiento medido para no destrozar el mobiliario. Se sentó con cuidado que contradecía su masa. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Quizás porque me he cansado de obedecer el mandato sin rechistar-</span></span>. Dio otra calada larga a su pipa. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No puedo cambiar lo que fui. Pero creo que al menos ... puedo ayudar a cambiar un poco para mejor el mundo ¿No es eso lo que predican los revolucionarios? -</span></span><br />
<br />
- Parece que eres sincero, además de que no me das las pintas de un mero gladiador bruto.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Leo-</span></span> dijo simplemente, sacando un libro deteriorado de su túnica amarilla. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Encontraba libros y los leía cuando no estaba ....-</span></span>. El revolucionario tomó el libro, examinándolo. <br />
<br />
-¿Y qué aprendiste?<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Que tengo el mismo derecho que cualquier humano..."</span></span>. Kazan tocó su collar de cuentas. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Aprendí que no solo sirvo para matar aunque me hayan enseñado para ello desde pequeño-</span></span>.<br />
<br />
-¿Y ahora?<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ahora al menos desde vuestra liberacion puedo elegir a quien mato ...-</span></span>. Su voz se endureció, el fuego de su sangre beligerante asomando bajo la filosofía. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Pueden usarme como arma. Lo acepto. Soy bueno destruyendo cosas. Pero siempre tendré potestad para negarme en caso de que no me guste a quien apuntáis ese arma—</span></span>. El revolucionario colocó el libro de vuelta en la mesa, estudiando al gigante azul que intentaba hacerse pequeño en espacio diseñado para humanos normales. Había algo casi cómico en la imagen esta montaña de músculo y cuernos, hablando de dignidad humana mientras su Kanaboo descansaba contra la pared.<br />
<br />
-Tenemos reglas. No matamos innecesariamente.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Entiendo-</span></span> No entendía completamente. Su cuerpo había sido condicionado por décadas para resolver todo con violencia. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Podré llegar a contener toda esta ira que nace de mi interior?"</span></span>. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ahora mismo no se si podré contenerme. Pero aprenderé. Y si cruzo líneas que no debía... deténganme.-</span></span>.<br />
<br />
—¿Por qué habríamos de prometerte eso?<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Porque-</span></span> Kazan se inclinó hacia adelante, y pese a su cuidado no pudo evitar que la meda crugiera, <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-no quiero convertirme en aquello de lo que hui. No quiero ser otra vez esa bestia que solo usa la fuerza lara destruir. -</span></span>.<br />
<br />
El revolucionario guardó silencio largo rato. Afuera,se escuchaban mas voces, preparándose para operaciones que apenas comprendía. <br />
<br />
-Hay una red de tráfico de esclavos operando en las islas del norte. Necesitamos a alguien que pueda... persuadir a los traficantes de cesar operaciones.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Persuadir?—</span></span> La risa de Kazan emergió nuevamente, más oscura esta vez. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ga-ha-ha-ha-ha! Soy muchas cosas, hermano, pero diplomático no es una de ellas—</span></span>.<br />
<br />
—No buscamos diplomatico, buscamos una señal de advertencia<br />
<br />
Kazan asintió lentamente, entendiendo. Exhaló el último humo de su pipa, observando cómo se disipaba en el aire viciado de la habitación. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Espero que mi tamaño al fin sirba para algo"</span></span>. Su mano encontró el collar de cuentas una vez más.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Si hago esto, si me uno a ustedes... necesito saber que no soy solo otro gladiador con diferentes amos , que tengo ina causa mas noble que solo destruir- </span></span>. Su voz temblaba ligeramente<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Necesito saber que puedo negarme si una orden contradice mi código. Que puedo elegir-</span></span>.<br />
<br />
—Nadie aquí da órdenes absolutas. Proponemos. Sugerimos. <br />
<br />
Aquellas palabras quebraron algo en el pecho de Kazan. Algo que llevaba treinta años parado. Sus ojos pequeños, siempre entrecerrados, se humedecieron apenas un poco dejando escapar unas pequeñas lagrimas. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces iré al norte. Persuadiré a esos traficantes—</span></span>. Hizo pausa, considerando sus palabras cuidadosamente. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y si es necesario destruirlos completamente para que el mensaje sea claro, lo haré. Pero necesito que entiendan: cuando peleo, no puedo contenerme, necesitare a alguien qje me pare—</span></span>.<br />
<br />
—Lo sospechábamos. ¿Algo más que debamos saber?<br />
<br />
Kazan se incorporó, su cabeza rozando el techo incluso agachado. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Que nunca abandonaré a camarada en combate, sin importar qué tan suicida sea quedarse y lo mal que lo pueda llegar a psar yo. Que no puedo atacar a indefensos, incluso si son enemigos. Y que-</span></span> tocó sus cuernos inconscientemente, <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-como demasiado, tendreis que aumentar las provisiones-</span></span>.<br />
<br />
El revolucionario extendió su mano, pequeña comparada con la de Kazan pero firme en su convicción. Con una sonrisa en su rostro<br />
<br />
—Bienvenido a la Armada Revolucionaria, Kazan. Que tus cadenas que llevabas en el pasado permanezcan rotas.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Relativo] Despedida]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1302</link>
			<pubDate>Fri, 23 Aug 2024 17:05:43 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=197">Zorak</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1302</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Día 70 de verano, Báltigo, Base revolucionaria.</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">21:00h</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Por fin todo estaba listo para poder zarpar, estaba recogiendo las últimas cosas que quedaban en la habitación que me había pertenecido durante un año, ya había hablado con Krano sobre mi marcha y el chico quería acompañarnos, pero era más seguro para el quedarse aquí y prepararse para el futuro, sonreía inconscientemente al pensar en la buena gente que había conocido aquí, agarre el botiquín grande y lo coloque en el fondo de la bolsa, seguido de tres botellines de antídotos. Cuando estaba por cerrar la bolsa, tres golpes rítmicos que conocía muy bien sonaron a través de la puerta.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Adelante.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Dije sabiendo muy bien que la amable cara de Nilats aparecería por la puerta, este se asomó en la habitación y se quedó en el rellano de la puerta, cuando esta misma acabó de abrirse pude ver que cargaba una especie de tela enrollada</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">No pensarías irte sin despedirte del viejo Nilats, no?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Volví a sonreír mientras cargaba la bolsa en mi hombro derecho, saque mi paquete de tabaco con la mano izquierda y me lleve uno a la boca, ofreciéndole el paquete a Nilats el cual agarro un cigarro para luego sacar el mechero y ofrecerme fuego para encenderlo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Cuando llegaste aquí el año pasado te conté que perdí a todo mi escuadrón salvo a Ninel, recuerdas?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Asentí mientras le daba una profunda calada al cigarro.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Pero nunca te conté qué pasó... yo... perdí el control de mí mismo</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Nilats aferro fuerte el bulto de tela que portaba, haciendo que la punta de sus dedos quedase blanca.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Perdí la razón y cuando volví en mí... Había matado a mi propia mano derecha, mi fiel hermano.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Mi boca se abrió de la sorpresa de escucharle decir eso, cosa que hizo que el cigarro que portaba cayera al suelo. Las facciones de Nilats se endurecían haciendo que aparentase mucha más edad de la que ya tenía.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Ese es mi gran pecado Zorak, por eso me preocupó tanto lo que me comento Kisuke sobre Akarui.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Así que ese era el miedo que tenía Nilats para conmigo, un hombre con el temple de Nilats perdiendo la cabeza de esa manera era algo bastante difícil de imaginar para mí, pues por lo que había conocido de él, era un hombre recto y templado, acompañado de una gran paz mental que ahora intuía había sido trabajada a la fuerza, incluso llegaba a entender el porqué de su postura sobre llegar a asesinar a gente.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo siento mucho Nilats, no tenía ni idea... Me gustaría darte las gracias por todo lo que has hecho por mí, gracias a ti he podido dejar varios traumas que arrastraba desde hacía años atrás, no sé cómo podre pagarte a cambio.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Sin darme cuenta habíamos llegado a la entrada de la base, Nilats se paró delante de mí y comenzó a deshacer el bulto de tela que llevaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Ese es el trabajo de la vieja generación, ayudar a la nueva para que no cometa los mismos fallos. Si quieres compensármelo lucha por el que lo necesite Zorak.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Las palabras de Nilats hicieron que un rasero de lágrimas naciera en la parte baja de mis ojos, siguió deshaciendo el bulto hasta que un mango de katana comenzó a mostrarse, este era de color blanco.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Esta es "Sode no Shirayuki" o Remolino de nieve blanca, quería dársela a Kisuke en persona, pero ha salido antes que tú hacia el barco. Esta espada era de mi mano derecha, Aireb. Me gustaría que la portase él, es un hombre digno de ella.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Agarre el bulto y una vez la tenía enfrente, incluso la vaina era de color blanco. Nilats se cuadró en saludo militar y yo dejé la bolsa en el suelo y agarrando a Sode no Shirayuki, le devolví el saludo. Volví a agarrar la bolsa y fue de vuelta a mi hombro mientras comenzaba a abandonar la base revolucionaria.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Aclaración</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Este post aparte de una despedida de Zorak a su nuevo mentor, es para comprar los siguientes objetos.</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">1 Botiquín grande. </span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">3 Antidotos.</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">1 katana t4. (El nombre es solo por lore, es una katana normal y corriente de t4)</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Los precios aplicando el descuento serían los siguientes:</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">katana t4 = 200.000 x 0,20 = 40.000 = 160.000</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Botiquín grande = 100.000 x 0,20 = 20.000 = 80.000</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Antídoto = 70.000 x 0,20 = 14.000 = 56.000 x 3 = 168.000</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">haciendo un total de 408.000, como no me da para pagarlo yo mismo en la tienda sin el descuento, esperare pacientemente a que se hagan los movimientos necesarios.</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Día 70 de verano, Báltigo, Base revolucionaria.</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">21:00h</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Por fin todo estaba listo para poder zarpar, estaba recogiendo las últimas cosas que quedaban en la habitación que me había pertenecido durante un año, ya había hablado con Krano sobre mi marcha y el chico quería acompañarnos, pero era más seguro para el quedarse aquí y prepararse para el futuro, sonreía inconscientemente al pensar en la buena gente que había conocido aquí, agarre el botiquín grande y lo coloque en el fondo de la bolsa, seguido de tres botellines de antídotos. Cuando estaba por cerrar la bolsa, tres golpes rítmicos que conocía muy bien sonaron a través de la puerta.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Adelante.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Dije sabiendo muy bien que la amable cara de Nilats aparecería por la puerta, este se asomó en la habitación y se quedó en el rellano de la puerta, cuando esta misma acabó de abrirse pude ver que cargaba una especie de tela enrollada</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">No pensarías irte sin despedirte del viejo Nilats, no?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Volví a sonreír mientras cargaba la bolsa en mi hombro derecho, saque mi paquete de tabaco con la mano izquierda y me lleve uno a la boca, ofreciéndole el paquete a Nilats el cual agarro un cigarro para luego sacar el mechero y ofrecerme fuego para encenderlo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Cuando llegaste aquí el año pasado te conté que perdí a todo mi escuadrón salvo a Ninel, recuerdas?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Asentí mientras le daba una profunda calada al cigarro.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Pero nunca te conté qué pasó... yo... perdí el control de mí mismo</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Nilats aferro fuerte el bulto de tela que portaba, haciendo que la punta de sus dedos quedase blanca.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Perdí la razón y cuando volví en mí... Había matado a mi propia mano derecha, mi fiel hermano.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Mi boca se abrió de la sorpresa de escucharle decir eso, cosa que hizo que el cigarro que portaba cayera al suelo. Las facciones de Nilats se endurecían haciendo que aparentase mucha más edad de la que ya tenía.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Ese es mi gran pecado Zorak, por eso me preocupó tanto lo que me comento Kisuke sobre Akarui.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Así que ese era el miedo que tenía Nilats para conmigo, un hombre con el temple de Nilats perdiendo la cabeza de esa manera era algo bastante difícil de imaginar para mí, pues por lo que había conocido de él, era un hombre recto y templado, acompañado de una gran paz mental que ahora intuía había sido trabajada a la fuerza, incluso llegaba a entender el porqué de su postura sobre llegar a asesinar a gente.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo siento mucho Nilats, no tenía ni idea... Me gustaría darte las gracias por todo lo que has hecho por mí, gracias a ti he podido dejar varios traumas que arrastraba desde hacía años atrás, no sé cómo podre pagarte a cambio.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Sin darme cuenta habíamos llegado a la entrada de la base, Nilats se paró delante de mí y comenzó a deshacer el bulto de tela que llevaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Ese es el trabajo de la vieja generación, ayudar a la nueva para que no cometa los mismos fallos. Si quieres compensármelo lucha por el que lo necesite Zorak.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Las palabras de Nilats hicieron que un rasero de lágrimas naciera en la parte baja de mis ojos, siguió deshaciendo el bulto hasta que un mango de katana comenzó a mostrarse, este era de color blanco.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Esta es "Sode no Shirayuki" o Remolino de nieve blanca, quería dársela a Kisuke en persona, pero ha salido antes que tú hacia el barco. Esta espada era de mi mano derecha, Aireb. Me gustaría que la portase él, es un hombre digno de ella.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Agarre el bulto y una vez la tenía enfrente, incluso la vaina era de color blanco. Nilats se cuadró en saludo militar y yo dejé la bolsa en el suelo y agarrando a Sode no Shirayuki, le devolví el saludo. Volví a agarrar la bolsa y fue de vuelta a mi hombro mientras comenzaba a abandonar la base revolucionaria.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span>Aclaración</span>
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					</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Este post aparte de una despedida de Zorak a su nuevo mentor, es para comprar los siguientes objetos.</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">1 Botiquín grande. </span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">3 Antidotos.</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">1 katana t4. (El nombre es solo por lore, es una katana normal y corriente de t4)</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Los precios aplicando el descuento serían los siguientes:</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">katana t4 = 200.000 x 0,20 = 40.000 = 160.000</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Botiquín grande = 100.000 x 0,20 = 20.000 = 80.000</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Antídoto = 70.000 x 0,20 = 14.000 = 56.000 x 3 = 168.000</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">haciendo un total de 408.000, como no me da para pagarlo yo mismo en la tienda sin el descuento, esperare pacientemente a que se hagan los movimientos necesarios.</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente absoluto - Auto T3] La Justa Causa]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1301</link>
			<pubDate>Fri, 23 Aug 2024 11:02:05 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=48">Max D. Bambú</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1301</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"> Día 69 de primavera<br />
12:32 pm</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La recuperación del panda fue relativamente lenta, pero al cabo de unas semanas logró volver a estar en un perfecto estado de salud. Durante aquel tiempo en la enfermería había aprovechado para hacer tres cosas. En primer lugar había leído tanto sobre carpintería que se sentía capaz de parchear cualquier tipo de embarcación pequeña. Los grandes navíos seguían siendo, por lo pronto, un misterio neblinoso para sus todavía precarios conocimientos del tema. En segundo lugar había logrado manifestar voluntariamente aquella energía que sintió durante su entrenamiento con sus camaradas revolucionarios. No era extremadamente difícil hacerlo, pero sí que sentía que su fuerza espiritual mermaba rápidamente a pesar de emplear aquel aura de voluntad en un área minúscula a su alrededor. Debía tener cuidado al emplearlo. Por último, había ideado un plan para atrapar a aquel malnacido que había decidido atacar a la revolución desde dentro. El hecho de tener la misión enteramente en sus manos facilitaba la elaboración de planes de acción. Sin desmerecer ni mucho menos las facultades de sus compañeros, el panda consideraba que se bastaba para engañar y atrapar al espía con sus propios medios.<br />
<br />
Don Bambú se encontraba el día de su alta de la enfermería echando una siesta en su camilla. Era evidente que estaba dormido porque el volumen al que estaba roncando podría superponerse a un televisor a máximo volumen. Muy por debajo del sonido de los ronquidos del mink, prácticamente inaudible para cualquiera que no gozase de un sentido del oído excepcional, un agudo zumbido delataba la presencia de un mosquito en las inmediaciones. La vil criatura circuló por la habitación a sus anchas, tanteando el terreno. El Co2 que emanaba su presa incrementaba la precisión de sus sentidos hasta puntos insospechados. El insecto logró detectar una de las pocas partes corporales del panda que no estaban cubiertas de un pelaje protector: su húmeda nariz. Zumbando se aproximó a través del aire hacia su punto de aterrizaje y se posó en aquella nariz como si de un helipuerto se tratase. Sin provocar ruido alguno en el repentino silencio que se había apoderado de la habitación, el mosquito intentó introducir su aguijón en la nariz del mink en su búsqueda de aquel néctar que era la sangre. Casi podía saborear la carmesí ambrosía cuando se hizo la luz y el mosquito dejó de ser.<br />
<br />
El aire chisporroteó mientras el panda se levantaba y se quitaba lo que parecía ser ceniza de la nariz. Había tenido un mal momento en un sueño bastante prometedor y acababa de activar el electro sin quererlo. Se había levantado a tiempo, porque la enfermera acaba de tocar en la puerta y ya la estaba abriendo para informar al panda de su alta de la enfermería. —Fantástico —Don Bambú se levantó, le dio la mano a su cuidadora en señal de agradecimiento y respeto, y procedió a salir de la estancia. No tenía un minuto que perder.<br />
<br />
Se acercó a la cafetería de la base para comer algo decente ( la comida de la enfermería dejaba mucho que desear ) y para hacerse notar de nuevo. Todo el mundo sabía que el panda había estado ingresado y que tenía algo que ver con una sesión de entrenamiento que se fue de madre. Él no había dado detalles al respecto para mantener un aura de atractivo misterio alrededor de la situación. Normalmente se sentaba solo a comer, pero aquel día optó por agenciarse algo de compañía y se sentó ( después de pedir permiso ) en la mesa de un grupo de seis revolucionarios que se encontraban en su descanso después del entrenamiento. —A las buenas, camaradas. ¿Qué hay de nuevo en la base? —Los reclutas soltaron una risa nerviosa. Por algún motivo se hablaba muchísimo de Don Bambú en la base. Sus compañeros le consideraban una leyenda por lo ocurrido en Little Garden, pero aquella trágica historia poco tenía de épica y mucho menos de leyenda. Sólo fue una serie de catastróficas desdichas. Uno de los reclutas se animó a responder a la pregunta del panda. —No gran cosa, señor. Desde lo de Timbleweed no ha habido novedades. —El panda arqueó una ceja. No sabía de qué estaba hablando. <br />
—¿Timbleweed?<br />
—El recluta Timbleweed, señor. Se rompió un dedo durante el entrenamiento y se dejó cuerpo y alma en súplicas para que le ingresaran en enfermería. Cosa rara, porque pasarse los días en enfermería es lo más aburrido que uno podría desear.<br />
—A veces uno sólo quiere descansar.<br />
—No es la primera vez que se hace daño y siempre ha insistido en que con un respiro le basta. Cosa rara en el muchacho querer acercarse allí. Le dan miedo las agujas, ¿sabe?<br />
—¿Y qué fue de él? —El panda acercó la cabeza ligeramente hacia su camarada.<br />
—El instructor le echó una bronca de tres pares y mandó venir a la enfermera para mirarle el dedo, pero le denegó rotundamente el ingreso. "Si necesitas que te ingresen por un dedo roto temo por la vida de tus camaradas en el frente." Fue lo que dijo, señor. "Un dedo roto será el menor de tus problemas."<br />
<br />
A lo largo de la comida el panda le dio vueltas a la idea de aquel muchacho deseando ir a la enfermería en contra de su comportamiento habitual. Lo único que había de diferente allí era el panda. ¿Querría algo con el mink ese Timbleweed? ¿Espiarle quizás? ¿¡ROBARLE INFORMACIÓN CONFIDENCIAL!? Sospechaba, para qué mentir. Sin embargo, no podía ir corriendo hacia donde estaba aquella rata sarnosa esgrimiendo un índice acusador y esperar que confesase todos sus crímenes. Sería conveniente, pero esas cosas solo pasan en sueños. Optó por la forma más sensible de proceder.<br />
<br />
—¿Dónde entrenáis? —Preguntó el panda con aspecto inocente.<br />
<br />
Aquel grupo de revolucionarios tenían entrenamiento todas las mañanas en el pabellón F, en las afueras de la base revolucionaria. El instructor era un tal Donovan McMiller. Al parecer era bastante estricto con sus discípulos. Tan temido como respetado y, desde luego, un revolucionario ejemplar. Había peleado en algunas batallas de relativa importancia y vivido para contarlo. Donovan era un modelo a seguir, aunque uno de rango bajo. Había estelas más brillantes a las que seguir con la mirada, en opinión del panda, pero cada uno se motiva con lo que se motiva.<br />
<br />
En la mañana del día siguiente, a las ocho, el panda se presentó en el pabellón F para participar en el entrenamiento del escuadrón. Donovan estaba avisado de su presencia, de modo que no le sorprendió que ignorase al panda por completo a la hora de pasar revista de sus reclutas. Alfabéticamente comenzó a llamarlos uno a uno para que diesen parte de su asistencia y empezasen a correr en una circunferencia que recorría todo el pabellón. El ritmo de los pocos reclutas que ya habían comenzado con su ejercicio matutino se ralentizó cuando el nombre del panda se leyó en voz alta. Murmullos se manifestaron. Don Bambú observó que el recluta Timbleweed miraba al mink con aspecto sombrío, como si se le hubiera secado de golpe la garganta. No le devolvió la mirada. Don Bambú empezó a dar vueltas alrededor del pabellón a un ritmo relativamente lento, al menos desde su perspectiva. Naturalmente era mucho más rápido que sus camaradas y podía aguantar corriendo más que nadie. Una vez el calentamiento hubo terminado, Donovan reunió a todo el grupo en el centro del pabellón. —Muy bien reclutas, como habrán observado hoy nos acompaña el mismísimo soldado Don Bambú. No quiero que os distraiga su presencia y mucho menos que andéis molestándolo con estúpidas preguntas y comentarios poco profesionales. Hoy entrena con nosotros y eso es todo lo que os debería importar. —A lo largo de aquel discurso, el panda se permitió echar un vistazo a Timbleweed. Le estaba mirando fijamente. Su cara intentaba no delatar nada, pero a través del Kenbunshoku el panda observó que su aura emanaba algo de miedo. Perfecto. Así debía ser.<br />
<br />
—...Entonces me dispongo separaros por parejas para un poco de combate amistoso. —Donovan fue leyendo nombres en parejas de dos. Lamentablemente, como el número de reclutas aquel día era impar, el entrenador decidió que Timbleweed seguiría corriendo por el momento, algo que a juzgar por la cara de resignación del muchacho debía de ser lo habitual. Aquello no le venía demasiado bien, porque no podría observar bien al muchacho mientras entrenaba con otro pelele, de modo que en cuanto se separaron de los demás para tener un poco de espacio para el entrenamiento amistoso, Don Bambú clavó la mirada en Dolch, su compañero de entrenamiento. —Perdóname. —El muchacho de pelo rizo pelirrojo experimentó en sus carnes, tal vez por primera vez en su vida, todo el poder del Haoshoku emanado por el panda en un área minúscula a su alrededor. Dolch, que no era especialmente fortachón, comenzó a temblar visiblemente ante la terrorífica visión del panda que tenía delante de él. Parecía completamente paralizado por el terror que agarrotaba su cuerpo. —Lo siento entrenador McMiller, parece que mi compañero no se encuentra bien. ¿Podría aquel chico ocupar su lugar mientras este se recupera de lo que le haya dado? —Donovan examinó rápidamente a Dolch, que estaba pálido como la nieve y parecía incapaz de controlar su cuerpo y decidió que al muchacho debía de haberle dado un bajón de tensión muy fuerte. —Lo acompañaré a la enfermería. Entrene con Timbleweed mientras, Don Bambú.<br />
<br />
El panda se aproximó hacia Timbleweed triunfalmente. Había logrado separarlo del grupo con éxito sin levantar sospecha alguna y ahora tenía la oportunidad de sonsacarle algo de información durante el entrenamiento. —Qué hay chico, es hora de entrenar. —Timbleweed no parecía haberle hecho demasiado caso. Estaba mirando como el entrenador se iba con Dolch. —¿Me escuchas, chaval? —En el instante en el que Donovan desapareció de su vista, Timbleweed se acercó al panda y le agarró del brazo, como si intentase hacerle una llave y tumbarlo en el suelo. El panda no se movió ni un centímetro. Era como intentar mover un iceberg haciendo palanca con un mondadientes. —El intento es bueno. —Concedió el panda educadamente. Entonces envolvió el torso del joven recluta con su mano derecha y lo tumbó en el suelo conteniéndose lo suficiente como para no partirlo por la mitad. Al panda no se le daba nada bien contenerse. —No me andaré con rodeos. Para quién trabajas. —Timbleweed boqueó por el dolor que le causaba la mano del panda apretando su torso. Don Bambú aflojó el agarre para dejarle hablar. —Y-yo no soy el espía... —Ah, había caído en la trampa, aunque Don Bambú ni siquiera la había puesto. —Buen intento, chico, pero yo no he hablado de espías —Aquello tenía que ser evidencia suficiente para delatar al chico, aunque era cierto que no le veía madera de espía. —El entrenador... yo le vi. Había luz en uno de los almacenes del pabellón por la noche... Pensé que me la había dejado encendida, pero era él. ¡Estaba transmitiendo información sobre los Toros Negros! —Don Bambú liberó al chico del agarre, dejándole respirar. Donovan era un reputado revolucionario, ¿por qué traicionar a la causa? —Intenté que me ingresasen en la enfermería sin que sospechasen, pero el entrenador debió de olerse algo...<br />
—Estaba transmitiendo un mensaje, dices. ¿Sigue el equipo allí?<br />
—Quizás, pero seguramente esté escondido. Me pareció ver una trampilla en algún sitio, pero con la adrenalina y las prisas por salir de allí...<br />
—Llévame hasta allí.<br />
<br />
No fue difícil salir del área principal sin ser detectados. La mayoría de los reclutas estaban concentrados en inmovilizar al otro y si bien en panda podía atraer alguna mirada, la gente no solía cuestionar que andase a sus anchas por ahí. La habitación era lo que se esperaría de un almacén de pabellón deportivo. Había una suerte de jaula para pelotas, un montón de colchonetas apiladas, varios potros y trampolines para ejercicios de salto y armas de mentira para las prácticas de combate. Ni rastro de sistema de comunicación alguno. El muchacho había dicho algo de una trampilla, así que posiblemente estaría oculto bajo tierra. —Vigila la puerta, ¿quieres? —El panda activó los poderes de su fruta y empezó a hacer agujeros en el suelo. No tardó demasiado en descubrir una oquedad en el suelo en la que había todo un sistema de radiofrecuencia con un den den mushi como pilar central. Al lado del caracol había una pila enorme de papeles escritos a mano. Una rápida inspección reveló múltiples anotaciones sobre las actividades de los Toros Negros. Sin embargo había también información del mariscal Nilats y otros altos cargos de la base. —Bueno bueno, parece que tenemos suficiente para... —Fue el chasquido lo que le hizo detenerse. Aunque más que un chasquido era el inconfundible sonido de una pistola amartillándose. Se llevó la mano discretamente al bolsillo derecho de su pantalón y activó de un toque el den den mushi blanco. La conversación le llegaría a Nilats. —Gírate lentamente, Don Bambú, o el chico no lo cuenta. —El panda levantó ambas manos y se giró. Era Donovan. Tenía a Timbleweed agarrado por la boca y su pistola apuntaba directamente a su cabeza a través del mentón. Un tiro desde esa posición lo mataría con total seguridad.<br />
<br />
—Creo que deberías calmarte, Donovan. No hagas algo de lo que te puedas arrepentir.<br />
—Ya estoy hasta el cuello de lodo, Bambú, a estas alturas esta es mi única alternativa.<br />
—No la es. Entrégate y permite al tribunal de guerra ser benevolente. No lo serán si opones resistencia.<br />
—Mis cojones. Aquí sólo hay una salida, panda, y será con tu ayuda. He visto lo que le hacías al suelo. ¿Puedes hacer túneles? Llévame hasta el puerto y me iré. Dejaré al chico en una isla con un den den.<br />
—Ambos sabemos que eso no pasará.<br />
—¡Entonces me lo cargo!<br />
—No.<br />
<br />
La voz del panda produjo un eco abismal en los oídos de Donovan y Timbleweed. La mano del primero comenzó a temblar como si estuviera sufriendo una hipotermia. —Qu-qué cojo-jones —El panda dio un paso hacia delante. Los pantalones de Timbleweed se empaparon. —Tira la pistola. —El arma cayó suelo. El pie del panda le propinó una patada que la mandó volando al otro lado de la habitación. La mano de Don Bambú ejecutó un rápido y preciso movimiento sobre el paralizado Donovan, que perdió la consciencia ante el golpe en el cuello que le propinó. —Ve a limpiarte, Timbleweed. Que no te coja el mariscal con esas pintas. Igual te llevas una medalla por esto. —Don Bambú sacó el den den mushi blanco de su bolsillo y se lo acercó a la boca. —El espía ha sido neutralizado, Nilats. Requiero asistencia en el almacén 2 del pabellón F.<br />
<br />
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<br />
Pido disculpas por la ausencia de colores. Desde el móvil es difícil añadirlos. Si es mucha molestia me avisáis y cuando esté en mi casa los pongo sin problema.
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			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"> Día 69 de primavera<br />
12:32 pm</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La recuperación del panda fue relativamente lenta, pero al cabo de unas semanas logró volver a estar en un perfecto estado de salud. Durante aquel tiempo en la enfermería había aprovechado para hacer tres cosas. En primer lugar había leído tanto sobre carpintería que se sentía capaz de parchear cualquier tipo de embarcación pequeña. Los grandes navíos seguían siendo, por lo pronto, un misterio neblinoso para sus todavía precarios conocimientos del tema. En segundo lugar había logrado manifestar voluntariamente aquella energía que sintió durante su entrenamiento con sus camaradas revolucionarios. No era extremadamente difícil hacerlo, pero sí que sentía que su fuerza espiritual mermaba rápidamente a pesar de emplear aquel aura de voluntad en un área minúscula a su alrededor. Debía tener cuidado al emplearlo. Por último, había ideado un plan para atrapar a aquel malnacido que había decidido atacar a la revolución desde dentro. El hecho de tener la misión enteramente en sus manos facilitaba la elaboración de planes de acción. Sin desmerecer ni mucho menos las facultades de sus compañeros, el panda consideraba que se bastaba para engañar y atrapar al espía con sus propios medios.<br />
<br />
Don Bambú se encontraba el día de su alta de la enfermería echando una siesta en su camilla. Era evidente que estaba dormido porque el volumen al que estaba roncando podría superponerse a un televisor a máximo volumen. Muy por debajo del sonido de los ronquidos del mink, prácticamente inaudible para cualquiera que no gozase de un sentido del oído excepcional, un agudo zumbido delataba la presencia de un mosquito en las inmediaciones. La vil criatura circuló por la habitación a sus anchas, tanteando el terreno. El Co2 que emanaba su presa incrementaba la precisión de sus sentidos hasta puntos insospechados. El insecto logró detectar una de las pocas partes corporales del panda que no estaban cubiertas de un pelaje protector: su húmeda nariz. Zumbando se aproximó a través del aire hacia su punto de aterrizaje y se posó en aquella nariz como si de un helipuerto se tratase. Sin provocar ruido alguno en el repentino silencio que se había apoderado de la habitación, el mosquito intentó introducir su aguijón en la nariz del mink en su búsqueda de aquel néctar que era la sangre. Casi podía saborear la carmesí ambrosía cuando se hizo la luz y el mosquito dejó de ser.<br />
<br />
El aire chisporroteó mientras el panda se levantaba y se quitaba lo que parecía ser ceniza de la nariz. Había tenido un mal momento en un sueño bastante prometedor y acababa de activar el electro sin quererlo. Se había levantado a tiempo, porque la enfermera acaba de tocar en la puerta y ya la estaba abriendo para informar al panda de su alta de la enfermería. —Fantástico —Don Bambú se levantó, le dio la mano a su cuidadora en señal de agradecimiento y respeto, y procedió a salir de la estancia. No tenía un minuto que perder.<br />
<br />
Se acercó a la cafetería de la base para comer algo decente ( la comida de la enfermería dejaba mucho que desear ) y para hacerse notar de nuevo. Todo el mundo sabía que el panda había estado ingresado y que tenía algo que ver con una sesión de entrenamiento que se fue de madre. Él no había dado detalles al respecto para mantener un aura de atractivo misterio alrededor de la situación. Normalmente se sentaba solo a comer, pero aquel día optó por agenciarse algo de compañía y se sentó ( después de pedir permiso ) en la mesa de un grupo de seis revolucionarios que se encontraban en su descanso después del entrenamiento. —A las buenas, camaradas. ¿Qué hay de nuevo en la base? —Los reclutas soltaron una risa nerviosa. Por algún motivo se hablaba muchísimo de Don Bambú en la base. Sus compañeros le consideraban una leyenda por lo ocurrido en Little Garden, pero aquella trágica historia poco tenía de épica y mucho menos de leyenda. Sólo fue una serie de catastróficas desdichas. Uno de los reclutas se animó a responder a la pregunta del panda. —No gran cosa, señor. Desde lo de Timbleweed no ha habido novedades. —El panda arqueó una ceja. No sabía de qué estaba hablando. <br />
—¿Timbleweed?<br />
—El recluta Timbleweed, señor. Se rompió un dedo durante el entrenamiento y se dejó cuerpo y alma en súplicas para que le ingresaran en enfermería. Cosa rara, porque pasarse los días en enfermería es lo más aburrido que uno podría desear.<br />
—A veces uno sólo quiere descansar.<br />
—No es la primera vez que se hace daño y siempre ha insistido en que con un respiro le basta. Cosa rara en el muchacho querer acercarse allí. Le dan miedo las agujas, ¿sabe?<br />
—¿Y qué fue de él? —El panda acercó la cabeza ligeramente hacia su camarada.<br />
—El instructor le echó una bronca de tres pares y mandó venir a la enfermera para mirarle el dedo, pero le denegó rotundamente el ingreso. "Si necesitas que te ingresen por un dedo roto temo por la vida de tus camaradas en el frente." Fue lo que dijo, señor. "Un dedo roto será el menor de tus problemas."<br />
<br />
A lo largo de la comida el panda le dio vueltas a la idea de aquel muchacho deseando ir a la enfermería en contra de su comportamiento habitual. Lo único que había de diferente allí era el panda. ¿Querría algo con el mink ese Timbleweed? ¿Espiarle quizás? ¿¡ROBARLE INFORMACIÓN CONFIDENCIAL!? Sospechaba, para qué mentir. Sin embargo, no podía ir corriendo hacia donde estaba aquella rata sarnosa esgrimiendo un índice acusador y esperar que confesase todos sus crímenes. Sería conveniente, pero esas cosas solo pasan en sueños. Optó por la forma más sensible de proceder.<br />
<br />
—¿Dónde entrenáis? —Preguntó el panda con aspecto inocente.<br />
<br />
Aquel grupo de revolucionarios tenían entrenamiento todas las mañanas en el pabellón F, en las afueras de la base revolucionaria. El instructor era un tal Donovan McMiller. Al parecer era bastante estricto con sus discípulos. Tan temido como respetado y, desde luego, un revolucionario ejemplar. Había peleado en algunas batallas de relativa importancia y vivido para contarlo. Donovan era un modelo a seguir, aunque uno de rango bajo. Había estelas más brillantes a las que seguir con la mirada, en opinión del panda, pero cada uno se motiva con lo que se motiva.<br />
<br />
En la mañana del día siguiente, a las ocho, el panda se presentó en el pabellón F para participar en el entrenamiento del escuadrón. Donovan estaba avisado de su presencia, de modo que no le sorprendió que ignorase al panda por completo a la hora de pasar revista de sus reclutas. Alfabéticamente comenzó a llamarlos uno a uno para que diesen parte de su asistencia y empezasen a correr en una circunferencia que recorría todo el pabellón. El ritmo de los pocos reclutas que ya habían comenzado con su ejercicio matutino se ralentizó cuando el nombre del panda se leyó en voz alta. Murmullos se manifestaron. Don Bambú observó que el recluta Timbleweed miraba al mink con aspecto sombrío, como si se le hubiera secado de golpe la garganta. No le devolvió la mirada. Don Bambú empezó a dar vueltas alrededor del pabellón a un ritmo relativamente lento, al menos desde su perspectiva. Naturalmente era mucho más rápido que sus camaradas y podía aguantar corriendo más que nadie. Una vez el calentamiento hubo terminado, Donovan reunió a todo el grupo en el centro del pabellón. —Muy bien reclutas, como habrán observado hoy nos acompaña el mismísimo soldado Don Bambú. No quiero que os distraiga su presencia y mucho menos que andéis molestándolo con estúpidas preguntas y comentarios poco profesionales. Hoy entrena con nosotros y eso es todo lo que os debería importar. —A lo largo de aquel discurso, el panda se permitió echar un vistazo a Timbleweed. Le estaba mirando fijamente. Su cara intentaba no delatar nada, pero a través del Kenbunshoku el panda observó que su aura emanaba algo de miedo. Perfecto. Así debía ser.<br />
<br />
—...Entonces me dispongo separaros por parejas para un poco de combate amistoso. —Donovan fue leyendo nombres en parejas de dos. Lamentablemente, como el número de reclutas aquel día era impar, el entrenador decidió que Timbleweed seguiría corriendo por el momento, algo que a juzgar por la cara de resignación del muchacho debía de ser lo habitual. Aquello no le venía demasiado bien, porque no podría observar bien al muchacho mientras entrenaba con otro pelele, de modo que en cuanto se separaron de los demás para tener un poco de espacio para el entrenamiento amistoso, Don Bambú clavó la mirada en Dolch, su compañero de entrenamiento. —Perdóname. —El muchacho de pelo rizo pelirrojo experimentó en sus carnes, tal vez por primera vez en su vida, todo el poder del Haoshoku emanado por el panda en un área minúscula a su alrededor. Dolch, que no era especialmente fortachón, comenzó a temblar visiblemente ante la terrorífica visión del panda que tenía delante de él. Parecía completamente paralizado por el terror que agarrotaba su cuerpo. —Lo siento entrenador McMiller, parece que mi compañero no se encuentra bien. ¿Podría aquel chico ocupar su lugar mientras este se recupera de lo que le haya dado? —Donovan examinó rápidamente a Dolch, que estaba pálido como la nieve y parecía incapaz de controlar su cuerpo y decidió que al muchacho debía de haberle dado un bajón de tensión muy fuerte. —Lo acompañaré a la enfermería. Entrene con Timbleweed mientras, Don Bambú.<br />
<br />
El panda se aproximó hacia Timbleweed triunfalmente. Había logrado separarlo del grupo con éxito sin levantar sospecha alguna y ahora tenía la oportunidad de sonsacarle algo de información durante el entrenamiento. —Qué hay chico, es hora de entrenar. —Timbleweed no parecía haberle hecho demasiado caso. Estaba mirando como el entrenador se iba con Dolch. —¿Me escuchas, chaval? —En el instante en el que Donovan desapareció de su vista, Timbleweed se acercó al panda y le agarró del brazo, como si intentase hacerle una llave y tumbarlo en el suelo. El panda no se movió ni un centímetro. Era como intentar mover un iceberg haciendo palanca con un mondadientes. —El intento es bueno. —Concedió el panda educadamente. Entonces envolvió el torso del joven recluta con su mano derecha y lo tumbó en el suelo conteniéndose lo suficiente como para no partirlo por la mitad. Al panda no se le daba nada bien contenerse. —No me andaré con rodeos. Para quién trabajas. —Timbleweed boqueó por el dolor que le causaba la mano del panda apretando su torso. Don Bambú aflojó el agarre para dejarle hablar. —Y-yo no soy el espía... —Ah, había caído en la trampa, aunque Don Bambú ni siquiera la había puesto. —Buen intento, chico, pero yo no he hablado de espías —Aquello tenía que ser evidencia suficiente para delatar al chico, aunque era cierto que no le veía madera de espía. —El entrenador... yo le vi. Había luz en uno de los almacenes del pabellón por la noche... Pensé que me la había dejado encendida, pero era él. ¡Estaba transmitiendo información sobre los Toros Negros! —Don Bambú liberó al chico del agarre, dejándole respirar. Donovan era un reputado revolucionario, ¿por qué traicionar a la causa? —Intenté que me ingresasen en la enfermería sin que sospechasen, pero el entrenador debió de olerse algo...<br />
—Estaba transmitiendo un mensaje, dices. ¿Sigue el equipo allí?<br />
—Quizás, pero seguramente esté escondido. Me pareció ver una trampilla en algún sitio, pero con la adrenalina y las prisas por salir de allí...<br />
—Llévame hasta allí.<br />
<br />
No fue difícil salir del área principal sin ser detectados. La mayoría de los reclutas estaban concentrados en inmovilizar al otro y si bien en panda podía atraer alguna mirada, la gente no solía cuestionar que andase a sus anchas por ahí. La habitación era lo que se esperaría de un almacén de pabellón deportivo. Había una suerte de jaula para pelotas, un montón de colchonetas apiladas, varios potros y trampolines para ejercicios de salto y armas de mentira para las prácticas de combate. Ni rastro de sistema de comunicación alguno. El muchacho había dicho algo de una trampilla, así que posiblemente estaría oculto bajo tierra. —Vigila la puerta, ¿quieres? —El panda activó los poderes de su fruta y empezó a hacer agujeros en el suelo. No tardó demasiado en descubrir una oquedad en el suelo en la que había todo un sistema de radiofrecuencia con un den den mushi como pilar central. Al lado del caracol había una pila enorme de papeles escritos a mano. Una rápida inspección reveló múltiples anotaciones sobre las actividades de los Toros Negros. Sin embargo había también información del mariscal Nilats y otros altos cargos de la base. —Bueno bueno, parece que tenemos suficiente para... —Fue el chasquido lo que le hizo detenerse. Aunque más que un chasquido era el inconfundible sonido de una pistola amartillándose. Se llevó la mano discretamente al bolsillo derecho de su pantalón y activó de un toque el den den mushi blanco. La conversación le llegaría a Nilats. —Gírate lentamente, Don Bambú, o el chico no lo cuenta. —El panda levantó ambas manos y se giró. Era Donovan. Tenía a Timbleweed agarrado por la boca y su pistola apuntaba directamente a su cabeza a través del mentón. Un tiro desde esa posición lo mataría con total seguridad.<br />
<br />
—Creo que deberías calmarte, Donovan. No hagas algo de lo que te puedas arrepentir.<br />
—Ya estoy hasta el cuello de lodo, Bambú, a estas alturas esta es mi única alternativa.<br />
—No la es. Entrégate y permite al tribunal de guerra ser benevolente. No lo serán si opones resistencia.<br />
—Mis cojones. Aquí sólo hay una salida, panda, y será con tu ayuda. He visto lo que le hacías al suelo. ¿Puedes hacer túneles? Llévame hasta el puerto y me iré. Dejaré al chico en una isla con un den den.<br />
—Ambos sabemos que eso no pasará.<br />
—¡Entonces me lo cargo!<br />
—No.<br />
<br />
La voz del panda produjo un eco abismal en los oídos de Donovan y Timbleweed. La mano del primero comenzó a temblar como si estuviera sufriendo una hipotermia. —Qu-qué cojo-jones —El panda dio un paso hacia delante. Los pantalones de Timbleweed se empaparon. —Tira la pistola. —El arma cayó suelo. El pie del panda le propinó una patada que la mandó volando al otro lado de la habitación. La mano de Don Bambú ejecutó un rápido y preciso movimiento sobre el paralizado Donovan, que perdió la consciencia ante el golpe en el cuello que le propinó. —Ve a limpiarte, Timbleweed. Que no te coja el mariscal con esas pintas. Igual te llevas una medalla por esto. —Don Bambú sacó el den den mushi blanco de su bolsillo y se lo acercó a la boca. —El espía ha sido neutralizado, Nilats. Requiero asistencia en el almacén 2 del pabellón F.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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Pido disculpas por la ausencia de colores. Desde el móvil es difícil añadirlos. Si es mucha molestia me avisáis y cuando esté en mi casa los pongo sin problema.
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			</div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Absoluto-Auto T3]Navegando entre libros]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1297</link>
			<pubDate>Tue, 20 Aug 2024 04:39:59 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=198">Kisuke Kageyama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1297</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 59 de Verano, Año 13<br />
Biblioteca del Cuartel General del Ejército Revolucionario, Báltigo</span>.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Como venía siendo habitual desde hacía un tiempo, Kisuke entró en la biblioteca que tenía el cuartel general del Ejército Revolucionario. Llevaba desde aquella mañana en la que Nilats les habló en la enfermería tras haberse pasado con el entrenamiento, estudiando con ahínco sobre navegación. Era consciente de que sus habilidades en ese campo eran demasiado limitadas como para afrontar las siguientes travesías que les esperaban a los Toros Negros.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"A pesar de haber navegado tanto con mi padre siempre fue en aguas cerca de la costa en uno de los Blues. No en el Grand Line y en viajes largos."</span></span><br />
<br />
Como era lógico, los pequeños viajes para faenar le habían enseñado cosas ultrabásicas de navegación, pero no era para nada comparable manejar un pequeño barco pesquero, a un barco grande para viajes largos. Y no era solo la cuestión del barco en si, si no también el comportamiento de los vientos, el mar, y las corrientes. Además que el propio Kisuke era consciente de que en su niñez le preocupaba más aprender a manejar la espada que a aprender sobre la navegación como tal. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"La verdad fui bastante estúpido e ingenuo. Siempre le repetía que con saber pescar era suficiente, que él siempre podría manejar el barco."</span></span><br />
<br />
Llegó a la sección de navegación y se puso a buscar libros de navegación avanzada. Cogió tres tomos sobre navegación en el Grand Line, sobre meteorología, y también otro sobre el manejo de los diferentes tipos de barcos, ya que habían hablado los tres de que era recomendable cambiar el barco, ya que la goleta Mereoleona no era el barco más adecuado para navegar por el Grand Line. Zorak se encargaría del tema del barco, ya que era muy hábil con los negocios, pero Kisuke tenía que aprender a manejar cualquier tipo de barco si querían navegar de la manera más segura posible.<br />
<br />
Se acercó al bibliotecario para ver que podía recomendarle.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenos días, Rata de biblioteca.</span></span><br />
<br />
Ya conocía de sobra al pobre bibliotecario, un hombre bajito, con una incipiente calva y unas gafas enormes y gruesas que le hacían parecer un insecto prácticamente. El hombre no se lo tomó a mal, ya sabía como era el pescador.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenos días, musculitos. ¿Qué es lo que andas buscando hoy?¿Libros sobre anabolizantes?¿Nuevas formas de aumentar la masa muscular? ¿O por fin has conectado dos neuronas y te has dado cuenta que debes entrenar tu cerebro tanto como tu cuerpo?</span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió al hombre. Llevaba tiempo yendo por allí y el bibliotecario sabía de sobra que Kisuke tenía una mente curiosa y aguda, pero claro, evidentemente su aspecto no invitaba a pensar que fuese alguien muy leído y que se interesase por algo más que trabajar su cuerpo y como Kisuke era un bocazas que le gustaba insultar a la gente, pues el pobre hombre le contestaba de manera apropiada.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-El Mariscal Zorak va a adquirir una carabela para nuestro escuadrón y me gustaría saber cual sería el mejor libro para aprender a manejar un barco de ese estilo. ¿Tienes alguna idea de cual podría irme bien?</span></span><br />
<br />
Un destello cruzó por los ojos del bibliotecario, y sonrió con cierto sarcasmo.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Vaya, parece que pasar tanto tiempo por la biblioteca os ha hecho usar un poco el cerebro. Cuando os vi llegar con ese trasto hasta aquí y dijisteis que veníais desde el West Blue me pregunté como carajos lo habíais hecho. No es normal la verdad y, ciertamente, es una decisión correcta cambiar el barco.</span></span><br />
<br />
Se sujetó la barbilla reflexionando unos instantes.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Te sugiero el libro "El Arte de manejar barcos". Es un buen libro para aprender a manejar diferentes tipos de barco, con un lenguaje sencillo que hasta un bárbaro como tú podrá entender sin mucho esfuerzo.</span></span><br />
<br />
Kisuke se rio pero anotó el título del libro.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Kuhahahaha... Eres muy cruel con este pobre pescador, viejo.</span></span><br />
<br />
El viejo bibliotecario también se rio.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Si tú eres un pobre pescador yo soy un gigante guerrero. Puede que lo fueses en el pasado, Capitán Kageyama, pero está claro que ahora eres un soldado valioso para la Revolución. Así que no descuides tu mente, y sigue blandiendo tus espadas por el bien del pueblo.</span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió de nuevo. Aquel viejo era mucho más agudo de lo que podría parecer con su aspecto desaliñado y despistado.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Así lo haré, no se preocupe.</span></span><br />
<br />
Se encaminó a una mesa y empezó a leer los libros que había seleccionado para aquel día. Sacó una libreta y una pluma para hacer anotaciones, mientras trataba de buscar los conocimientos que necesitaba. Comenzó con lo que se le hacía más complicado de comprender.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"El clima es algo complicado de entender, y más aún en el Grand Line donde los campos magnéticos cambiantes hacen que el clima entre dos islas cercanas pueda ser diametralmente opuesto.</span></span><br />
<br />
Aún recordaba cuando entraron al Grand Line como el clima varió en las primeras horas tantas veces que Kisuke llegó a pensar que habían muerto al cruzar la Reverse Mountain y habían muerto. Luego comprendió que esa variación tan brusca y rápida de los climas en la entrada del Grand Line se debía a que interactuaban siete campos magnéticos diferentes de cada una de las corrientes que delimitaban las rutas en aquel océano.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Sin duda no estaba para nada preparado para aquello... kuhahaha. Menos mal que salió bien al final."</span></span><br />
<br />
Empezó a darle al libro sobre meteorología, estudiando patrones climáticos, los diferentes tipos de vientos, las tormentas y sus comportamientos, y todo lo relacionado a la dinámica atmosférica, que podría serle útil durante sus travesías. Había cosas que ya sabía, ya fuese por lo que recordaba de lo que le enseñó su padre, o por su experiencia en las travesías que le habían llevado hasta allí, pero sin duda, aprendió mucho y empezó a entender el por qué el clima funcionaba como lo hacía. Además entendió bien como funcionaban los climas en las diferentes islas del Grand Line y como afectaban estos a la hora de cruzar el mar entre las mismas.  <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Es muy interesante entender cómo y por qué los vientos son como son y como influye la presión y la temperatura en el movimiento del aire."</span></span><br />
<br />
Estaba llegando ya el mediodía cuando terminó el libro y se fijó en que había llenado en su libreta diez hojas por las dos caras de anotaciones y trucos para aplicar a la hora de navegar de todo lo que había entendido y aprendido de aquel libro. Decidió salir a la terraza de la biblioteca para tomarse un respiro y reflexionar sobre todo lo que había aprendido. <br />
<br />
El viento le despejó la mente, que, ciertamente, ya tenía algo embotada de tanta información que había leído en las últimas cuatro o cinco horas. Prendió un cigarrillo y se acodó en la balaustrada mientras fumaba intentando asentar en su mente. Reflexionaba sobre ese mismo viento que le mecía el pelo y pegaba su ropa a su cuerpo y sonrió al darse cuenta de que entendía perfectamente ese viento y porqué se movía como lo hacía.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Es curioso como cambia la visión que uno tiene del mundo cuando sabes como funciona. Supongo que eso mismo es lo que pasa con el sistema. Si la gente no sabe y no entiende, no puede hacer nada para mejorar las cosas. Es algo interesante, la verdad."</span></span><br />
<br />
Kisuke no sabía mucho del Gobierno Mundial, sólo sabía que el poder establecido ejercía abuso de autoridad y se aprovechaba de la gente común, que luchaba a diario para sobrevivir y seguir adelante. Obviamente tenía claro que seguramente en la Marina había gente que tenía una línea de pensamiento más similar a la suya que al estándar habitual en la gente que trabajaba para el Gobierno. <br />
<br />
Pero aquello no era lo que tenía que centrarse en aquel momento. Tenía que seguir con sus estudios, por lo que entró de nuevo y se encontró con el bibliotecario junto a su mesa. <br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-A ver Cachitas, aquí te traigo el libro que te mencioné antes, que ya he visto que el libro sobre meteorología te ha frito el cerebro y necesitarás algo más ligero jijijiji.</span></span><br />
<br />
Kisuke le puso su mano enorme en el hombro al bibliotecario.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Gracias viejo ratón, la verdad es que me pesa más la cabeza con todo lo que leí sobre el clima y esas cosas... kuhahaha.</span></span><br />
<br />
Tomó el libro que le tendió el señor y se sentó con la libreta de anotaciones abierta. Comenzó a leer y era cierto, el libro era ligero y fácil de entender y se leía rápido con un lenguaje sencillo. Por lo que estaba viendo según leía, no había mucha diferencia entre manejar una goleta y una carabela, aunque esta última si requería mucha más participación de la tripulación. Evidentemente, no era como manejar su pequeño barco pesquero en el que él solo podía encargarse de todo. Ya en el Mereoleona necesitó mucho el apoyo de Zorak para manejarlo y por lo que estaba leyendo, el manejo de la carabela se haría más sencillo cuantos más tripulantes haya para poder manejarla. Aún así le gustaba como la vela latina le permitía usar vientos desfavorables para surcar las aguas y el timón situado a popa le permitía un mayor control y maniobrabilidad para domar las olas y las corrientes. Por otro lado, la vela mayor cuadrada le daba una mayor velocidad lo que era importante en diversas situaciones. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ciertamente es un gran salto de calidad en la navegación el uso de este tipo de velas y la situación del timón, va a ser mucho más sencillo navegar de esta manera."</span></span><br />
<br />
La verdad estaba bastante satisfecho con lo que estaba leyendo, y ahora entendía por qué el bibliotecario le había hecho el comentario sobre su goleta; sin duda con el nuevo barco las travesías entre islas iban a ser mucho más sencillas. Además que aprovechando la agilidad y fuerza de Don Bambú y la habilidad de Zorak podrían cubrir mucho mejor las vicisitudes que les fuesen aconteciendo a lo largo de los viajes. Según iba avanzando en su lectura sobre las carabelas, más convencido estaba en que necesitaban esa mejora en su escuadrón. Le gustó mucho el uso de la estopa, una mezcla de cáñamo y alquitrán, junto con la brea para impermeabilizar el casco y evitar filtraciones. Aún recordaba aquellas jornadas achicando agua que se filtraba al casco de la goleta, y aquello si iba a suponer una gran mejora porque había días que no podían ni avanzar porque se tenían que pasar toda la jornada sacando el agua que se filtraba en la bodega.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Seguro que Zorak se alegra de saber de la impermeabilización de las carabelas... kuhahaha."</span></span><br />
<br />
Una vez concluyó de leer sobre las características de la carabela, con las que llenó otras cinco hojas de su libreta, pasó a leer sobre como manejarla. Al tener el timón situado en popa, eso podía restar visibilidad a la hora de ver obstáculos o ver las corrientes, lo cual le preocupaba un poco. No obstante, no era del todo necesario que él estuviese al timón constantemente, por lo que podía pedir a Bambú o Zorak que mantuviesen el curso del barco mientras él analizaba la situación de las corrientes, y en cuanto a los obstáculos, cualquiera de sus compañeros podría vigilar y avisarle a él para esquivarlos. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bueno, parece evidente que para navegar en la carabela vamos a necesitar una buena coordinación y trabajo en equipo."</span></span><br />
<br />
Eso le gustaba, porque les haría también mejorar las sinergias entre ellos y mejorar como escuadrón, los uniría más y fortalecería sus lazos de compañerismo y camaradería. Siendo una persona que había estado solo prácticamente toda su vida, el verse siendo parte de algo y con una conexión con otras personas le hacía sentirse muy bien compartiendo una causa.<br />
<br />
Siguió durante varias horas, aprendiendo todo lo posible sobre la carabela y cómo navegarla. Al final del día, se dirigió de nuevo al bibliotecario, con su libreta llena por completo de anotaciones y trucos para manejar su nuevo barco y para navegar por las aguas que les esperaban más adelante.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Muchas gracias por la ayuda, señor. Ahora creo que estoy más preparado para llevar a mis compañeros a nuestro siguiente destino. ¡Salud y Revolución, camarada!</span></span><br />
<br />
Y haciendo el saludo formal del Ejército Revolucionario le dejó el libro en el mostrador y se dio la vuelta para marcharse. <br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡Salud y Revolución, Capitán Kageyama! Y, una última cosa más Kisuke, cuida de tus compañeros, sé que Don Bambú, Zorak y tú vais a hacer grandes cosas y contribuir al éxito final de la Revolución. Sed precavidos y estad siempre juntos.</span></span><br />
<br />
Kisuke se giró algo sorprendido, pero agradecido de las palabras del viejo bibliotecario.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No se preocupe, le apuesto 50 mil berries a que volveremos a vernos con muchas anécdotas e historias para contarle... kuhahaha.</span></span><br />
<br />
Alzando la mano salió de la biblioteca y se marchó a cenar, estaba hambriento y necesitaba tomarse una buena jarra de cerveza para desconectar, su cerebro estaba agotado, esa noche iba a dormir muy bien, eso sin duda, tanto por el cansancio como por el trabajo bien hecho. </div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>karmas</span>
					</div>
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						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<ul class="mycode_list"><li>Honesto<br />
</li>
<li>Gruñón<br />
</li>
<li>Apostador<br />
</li>
<li>Risa excéntrica: kuhahaha<br />
</li>
<li>Profesional<br />
</li>
<li>Vicio: fumar<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 59 de Verano, Año 13<br />
Biblioteca del Cuartel General del Ejército Revolucionario, Báltigo</span>.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Como venía siendo habitual desde hacía un tiempo, Kisuke entró en la biblioteca que tenía el cuartel general del Ejército Revolucionario. Llevaba desde aquella mañana en la que Nilats les habló en la enfermería tras haberse pasado con el entrenamiento, estudiando con ahínco sobre navegación. Era consciente de que sus habilidades en ese campo eran demasiado limitadas como para afrontar las siguientes travesías que les esperaban a los Toros Negros.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"A pesar de haber navegado tanto con mi padre siempre fue en aguas cerca de la costa en uno de los Blues. No en el Grand Line y en viajes largos."</span></span><br />
<br />
Como era lógico, los pequeños viajes para faenar le habían enseñado cosas ultrabásicas de navegación, pero no era para nada comparable manejar un pequeño barco pesquero, a un barco grande para viajes largos. Y no era solo la cuestión del barco en si, si no también el comportamiento de los vientos, el mar, y las corrientes. Además que el propio Kisuke era consciente de que en su niñez le preocupaba más aprender a manejar la espada que a aprender sobre la navegación como tal. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"La verdad fui bastante estúpido e ingenuo. Siempre le repetía que con saber pescar era suficiente, que él siempre podría manejar el barco."</span></span><br />
<br />
Llegó a la sección de navegación y se puso a buscar libros de navegación avanzada. Cogió tres tomos sobre navegación en el Grand Line, sobre meteorología, y también otro sobre el manejo de los diferentes tipos de barcos, ya que habían hablado los tres de que era recomendable cambiar el barco, ya que la goleta Mereoleona no era el barco más adecuado para navegar por el Grand Line. Zorak se encargaría del tema del barco, ya que era muy hábil con los negocios, pero Kisuke tenía que aprender a manejar cualquier tipo de barco si querían navegar de la manera más segura posible.<br />
<br />
Se acercó al bibliotecario para ver que podía recomendarle.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenos días, Rata de biblioteca.</span></span><br />
<br />
Ya conocía de sobra al pobre bibliotecario, un hombre bajito, con una incipiente calva y unas gafas enormes y gruesas que le hacían parecer un insecto prácticamente. El hombre no se lo tomó a mal, ya sabía como era el pescador.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenos días, musculitos. ¿Qué es lo que andas buscando hoy?¿Libros sobre anabolizantes?¿Nuevas formas de aumentar la masa muscular? ¿O por fin has conectado dos neuronas y te has dado cuenta que debes entrenar tu cerebro tanto como tu cuerpo?</span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió al hombre. Llevaba tiempo yendo por allí y el bibliotecario sabía de sobra que Kisuke tenía una mente curiosa y aguda, pero claro, evidentemente su aspecto no invitaba a pensar que fuese alguien muy leído y que se interesase por algo más que trabajar su cuerpo y como Kisuke era un bocazas que le gustaba insultar a la gente, pues el pobre hombre le contestaba de manera apropiada.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-El Mariscal Zorak va a adquirir una carabela para nuestro escuadrón y me gustaría saber cual sería el mejor libro para aprender a manejar un barco de ese estilo. ¿Tienes alguna idea de cual podría irme bien?</span></span><br />
<br />
Un destello cruzó por los ojos del bibliotecario, y sonrió con cierto sarcasmo.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Vaya, parece que pasar tanto tiempo por la biblioteca os ha hecho usar un poco el cerebro. Cuando os vi llegar con ese trasto hasta aquí y dijisteis que veníais desde el West Blue me pregunté como carajos lo habíais hecho. No es normal la verdad y, ciertamente, es una decisión correcta cambiar el barco.</span></span><br />
<br />
Se sujetó la barbilla reflexionando unos instantes.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Te sugiero el libro "El Arte de manejar barcos". Es un buen libro para aprender a manejar diferentes tipos de barco, con un lenguaje sencillo que hasta un bárbaro como tú podrá entender sin mucho esfuerzo.</span></span><br />
<br />
Kisuke se rio pero anotó el título del libro.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Kuhahahaha... Eres muy cruel con este pobre pescador, viejo.</span></span><br />
<br />
El viejo bibliotecario también se rio.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Si tú eres un pobre pescador yo soy un gigante guerrero. Puede que lo fueses en el pasado, Capitán Kageyama, pero está claro que ahora eres un soldado valioso para la Revolución. Así que no descuides tu mente, y sigue blandiendo tus espadas por el bien del pueblo.</span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió de nuevo. Aquel viejo era mucho más agudo de lo que podría parecer con su aspecto desaliñado y despistado.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Así lo haré, no se preocupe.</span></span><br />
<br />
Se encaminó a una mesa y empezó a leer los libros que había seleccionado para aquel día. Sacó una libreta y una pluma para hacer anotaciones, mientras trataba de buscar los conocimientos que necesitaba. Comenzó con lo que se le hacía más complicado de comprender.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"El clima es algo complicado de entender, y más aún en el Grand Line donde los campos magnéticos cambiantes hacen que el clima entre dos islas cercanas pueda ser diametralmente opuesto.</span></span><br />
<br />
Aún recordaba cuando entraron al Grand Line como el clima varió en las primeras horas tantas veces que Kisuke llegó a pensar que habían muerto al cruzar la Reverse Mountain y habían muerto. Luego comprendió que esa variación tan brusca y rápida de los climas en la entrada del Grand Line se debía a que interactuaban siete campos magnéticos diferentes de cada una de las corrientes que delimitaban las rutas en aquel océano.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Sin duda no estaba para nada preparado para aquello... kuhahaha. Menos mal que salió bien al final."</span></span><br />
<br />
Empezó a darle al libro sobre meteorología, estudiando patrones climáticos, los diferentes tipos de vientos, las tormentas y sus comportamientos, y todo lo relacionado a la dinámica atmosférica, que podría serle útil durante sus travesías. Había cosas que ya sabía, ya fuese por lo que recordaba de lo que le enseñó su padre, o por su experiencia en las travesías que le habían llevado hasta allí, pero sin duda, aprendió mucho y empezó a entender el por qué el clima funcionaba como lo hacía. Además entendió bien como funcionaban los climas en las diferentes islas del Grand Line y como afectaban estos a la hora de cruzar el mar entre las mismas.  <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Es muy interesante entender cómo y por qué los vientos son como son y como influye la presión y la temperatura en el movimiento del aire."</span></span><br />
<br />
Estaba llegando ya el mediodía cuando terminó el libro y se fijó en que había llenado en su libreta diez hojas por las dos caras de anotaciones y trucos para aplicar a la hora de navegar de todo lo que había entendido y aprendido de aquel libro. Decidió salir a la terraza de la biblioteca para tomarse un respiro y reflexionar sobre todo lo que había aprendido. <br />
<br />
El viento le despejó la mente, que, ciertamente, ya tenía algo embotada de tanta información que había leído en las últimas cuatro o cinco horas. Prendió un cigarrillo y se acodó en la balaustrada mientras fumaba intentando asentar en su mente. Reflexionaba sobre ese mismo viento que le mecía el pelo y pegaba su ropa a su cuerpo y sonrió al darse cuenta de que entendía perfectamente ese viento y porqué se movía como lo hacía.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Es curioso como cambia la visión que uno tiene del mundo cuando sabes como funciona. Supongo que eso mismo es lo que pasa con el sistema. Si la gente no sabe y no entiende, no puede hacer nada para mejorar las cosas. Es algo interesante, la verdad."</span></span><br />
<br />
Kisuke no sabía mucho del Gobierno Mundial, sólo sabía que el poder establecido ejercía abuso de autoridad y se aprovechaba de la gente común, que luchaba a diario para sobrevivir y seguir adelante. Obviamente tenía claro que seguramente en la Marina había gente que tenía una línea de pensamiento más similar a la suya que al estándar habitual en la gente que trabajaba para el Gobierno. <br />
<br />
Pero aquello no era lo que tenía que centrarse en aquel momento. Tenía que seguir con sus estudios, por lo que entró de nuevo y se encontró con el bibliotecario junto a su mesa. <br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-A ver Cachitas, aquí te traigo el libro que te mencioné antes, que ya he visto que el libro sobre meteorología te ha frito el cerebro y necesitarás algo más ligero jijijiji.</span></span><br />
<br />
Kisuke le puso su mano enorme en el hombro al bibliotecario.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Gracias viejo ratón, la verdad es que me pesa más la cabeza con todo lo que leí sobre el clima y esas cosas... kuhahaha.</span></span><br />
<br />
Tomó el libro que le tendió el señor y se sentó con la libreta de anotaciones abierta. Comenzó a leer y era cierto, el libro era ligero y fácil de entender y se leía rápido con un lenguaje sencillo. Por lo que estaba viendo según leía, no había mucha diferencia entre manejar una goleta y una carabela, aunque esta última si requería mucha más participación de la tripulación. Evidentemente, no era como manejar su pequeño barco pesquero en el que él solo podía encargarse de todo. Ya en el Mereoleona necesitó mucho el apoyo de Zorak para manejarlo y por lo que estaba leyendo, el manejo de la carabela se haría más sencillo cuantos más tripulantes haya para poder manejarla. Aún así le gustaba como la vela latina le permitía usar vientos desfavorables para surcar las aguas y el timón situado a popa le permitía un mayor control y maniobrabilidad para domar las olas y las corrientes. Por otro lado, la vela mayor cuadrada le daba una mayor velocidad lo que era importante en diversas situaciones. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ciertamente es un gran salto de calidad en la navegación el uso de este tipo de velas y la situación del timón, va a ser mucho más sencillo navegar de esta manera."</span></span><br />
<br />
La verdad estaba bastante satisfecho con lo que estaba leyendo, y ahora entendía por qué el bibliotecario le había hecho el comentario sobre su goleta; sin duda con el nuevo barco las travesías entre islas iban a ser mucho más sencillas. Además que aprovechando la agilidad y fuerza de Don Bambú y la habilidad de Zorak podrían cubrir mucho mejor las vicisitudes que les fuesen aconteciendo a lo largo de los viajes. Según iba avanzando en su lectura sobre las carabelas, más convencido estaba en que necesitaban esa mejora en su escuadrón. Le gustó mucho el uso de la estopa, una mezcla de cáñamo y alquitrán, junto con la brea para impermeabilizar el casco y evitar filtraciones. Aún recordaba aquellas jornadas achicando agua que se filtraba al casco de la goleta, y aquello si iba a suponer una gran mejora porque había días que no podían ni avanzar porque se tenían que pasar toda la jornada sacando el agua que se filtraba en la bodega.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Seguro que Zorak se alegra de saber de la impermeabilización de las carabelas... kuhahaha."</span></span><br />
<br />
Una vez concluyó de leer sobre las características de la carabela, con las que llenó otras cinco hojas de su libreta, pasó a leer sobre como manejarla. Al tener el timón situado en popa, eso podía restar visibilidad a la hora de ver obstáculos o ver las corrientes, lo cual le preocupaba un poco. No obstante, no era del todo necesario que él estuviese al timón constantemente, por lo que podía pedir a Bambú o Zorak que mantuviesen el curso del barco mientras él analizaba la situación de las corrientes, y en cuanto a los obstáculos, cualquiera de sus compañeros podría vigilar y avisarle a él para esquivarlos. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bueno, parece evidente que para navegar en la carabela vamos a necesitar una buena coordinación y trabajo en equipo."</span></span><br />
<br />
Eso le gustaba, porque les haría también mejorar las sinergias entre ellos y mejorar como escuadrón, los uniría más y fortalecería sus lazos de compañerismo y camaradería. Siendo una persona que había estado solo prácticamente toda su vida, el verse siendo parte de algo y con una conexión con otras personas le hacía sentirse muy bien compartiendo una causa.<br />
<br />
Siguió durante varias horas, aprendiendo todo lo posible sobre la carabela y cómo navegarla. Al final del día, se dirigió de nuevo al bibliotecario, con su libreta llena por completo de anotaciones y trucos para manejar su nuevo barco y para navegar por las aguas que les esperaban más adelante.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Muchas gracias por la ayuda, señor. Ahora creo que estoy más preparado para llevar a mis compañeros a nuestro siguiente destino. ¡Salud y Revolución, camarada!</span></span><br />
<br />
Y haciendo el saludo formal del Ejército Revolucionario le dejó el libro en el mostrador y se dio la vuelta para marcharse. <br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡Salud y Revolución, Capitán Kageyama! Y, una última cosa más Kisuke, cuida de tus compañeros, sé que Don Bambú, Zorak y tú vais a hacer grandes cosas y contribuir al éxito final de la Revolución. Sed precavidos y estad siempre juntos.</span></span><br />
<br />
Kisuke se giró algo sorprendido, pero agradecido de las palabras del viejo bibliotecario.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No se preocupe, le apuesto 50 mil berries a que volveremos a vernos con muchas anécdotas e historias para contarle... kuhahaha.</span></span><br />
<br />
Alzando la mano salió de la biblioteca y se marchó a cenar, estaba hambriento y necesitaba tomarse una buena jarra de cerveza para desconectar, su cerebro estaba agotado, esa noche iba a dormir muy bien, eso sin duda, tanto por el cansancio como por el trabajo bien hecho. </div>
<br />
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						<span>karmas</span>
					</div>
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				</div>
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					<ul class="mycode_list"><li>Honesto<br />
</li>
<li>Gruñón<br />
</li>
<li>Apostador<br />
</li>
<li>Risa excéntrica: kuhahaha<br />
</li>
<li>Profesional<br />
</li>
<li>Vicio: fumar<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Relativo] Un traidor entre las filas?]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1262</link>
			<pubDate>Wed, 07 Aug 2024 17:11:56 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=197">Zorak</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1262</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">13:00 de la mañana, día 18 de primavera, año 13</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Base Revolucionaria, Báltigo, Enfermería.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras un largo paseo cargando a Don Bambú con la ayuda de Kisuke, logramos llegar a la enfermería de la base, la cara de la gente mientras nos veía pasar con nuestro compañero a cuestas era un poema, cuando algunos soldados se acercaron a preguntar por lo sucedido, simplemente di la orden de avisar a Nilats Sensei de que los toros negros lo esperaban en la enfermería, una vez dada la orden llegar a la enfermería fue cuestión de minutos, logremos colocar al mink en la cama con cierta dificultad por su gigantesco tamaño.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Vale, siéntate ahí y déjame ver ese corte.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Dije mientras me dirigía hacia el armario donde se guardaban los enseres de medicina, sacando un par de guantes de plástico, aguja e hilos y llevándolos hacia una pequeña mesa metálica con ruedas, agarre una botella de alcohol etílico y me lavé las manos tras lo que llevé todo frente a Kisuke, me puse los guantes y esterilice la aguja con el alcohol, hice nacer un hilo de la punta de mi dedo índice derecho y con su ayuda pude pasar fácilmente el hilo de sutura en el agujero de la aguja, con el pie atraje una silla frente a Kisuke y me senté.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Será solo un momento, no te muevas o te puede quedar una cicatriz.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Mientras estaba suturando el pecho de Kisuke, la puerta de la enfermería se abrió y Nilats apareció con el disgusto pintado en la cara, nos miró a ambos y luego vio a Don Bambú estirado en la cama, su cara estaba totalmente desencajada por la duda.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Qué coño ha pasado aquí, será mejor que tengas una buena explicación para que tus compañeros estén en este estado Ideale!</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Suspire mientras miraba a Kisuke a los ojos por un momento antes de volver a poner mi atención sobre la sutura, dando los últimos puntos de esta y estirando el hilo con mi mano izquierda, para con la derecha llevar el hilo que había creado previamente con mi dedo índice de la mano derecha hacia el pulgar de la misma mano, usando el mismo para cortar el hilo y tras deshacer el hilo que había usado para cortar, hice un pequeño nudo para que la sutura no se deshiciera.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo siento Nilats Sensei, quisimos entrenar un poco y se nos fue de las manos. Pero puedo asegurarle que ambos están fuera de peligro, Panda está descansando ahora mismo y Kisuke ya está como nuevo.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Dije mientras le daba una pequeña palmada en la herida recién suturada con una sonrisa en el rostro, me levanté y deje a Nilats hablando con Kisuke mientras me dirigía a la cafetera que tenía en esa habitación, dado que era donde normalmente estudiaba medicina. Sabía que el mink era un amante del café como yo, así que supuse que cuando despertase le gustaría tomarse una buena taza de café para despejarse un poco, por lo que puse la cafetera en el fuego y lo deje calentando mientras sopesaba si Nilats se enfadaría de más si encima me ponía a fumar en la habitación, pero dado que durante todo el camino no había podido hacerlo, me acerque a la ventana y la abrí, encendiéndome un cigarro y apoyándome en la ventana que daba al patio de entrenamiento para intentar que el humo no entrase de más en la habitación.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Zorak junto a Kisuke llevan a Don Bambú a la enfermería, Zorak cose el corte de Kisuke y Nilats llega a escena
				</div>
			</div></span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
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					venimos de este <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1181&amp;pid=10677#pid10677" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">post</a>
				</div>
			</div></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">13:00 de la mañana, día 18 de primavera, año 13</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Base Revolucionaria, Báltigo, Enfermería.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras un largo paseo cargando a Don Bambú con la ayuda de Kisuke, logramos llegar a la enfermería de la base, la cara de la gente mientras nos veía pasar con nuestro compañero a cuestas era un poema, cuando algunos soldados se acercaron a preguntar por lo sucedido, simplemente di la orden de avisar a Nilats Sensei de que los toros negros lo esperaban en la enfermería, una vez dada la orden llegar a la enfermería fue cuestión de minutos, logremos colocar al mink en la cama con cierta dificultad por su gigantesco tamaño.</span><br />
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<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Vale, siéntate ahí y déjame ver ese corte.</span>"</span><br />
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<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Dije mientras me dirigía hacia el armario donde se guardaban los enseres de medicina, sacando un par de guantes de plástico, aguja e hilos y llevándolos hacia una pequeña mesa metálica con ruedas, agarre una botella de alcohol etílico y me lavé las manos tras lo que llevé todo frente a Kisuke, me puse los guantes y esterilice la aguja con el alcohol, hice nacer un hilo de la punta de mi dedo índice derecho y con su ayuda pude pasar fácilmente el hilo de sutura en el agujero de la aguja, con el pie atraje una silla frente a Kisuke y me senté.</span><br />
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<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Será solo un momento, no te muevas o te puede quedar una cicatriz.</span>"</span><br />
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<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Mientras estaba suturando el pecho de Kisuke, la puerta de la enfermería se abrió y Nilats apareció con el disgusto pintado en la cara, nos miró a ambos y luego vio a Don Bambú estirado en la cama, su cara estaba totalmente desencajada por la duda.</span><br />
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<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Qué coño ha pasado aquí, será mejor que tengas una buena explicación para que tus compañeros estén en este estado Ideale!</span>"</span><br />
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<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Suspire mientras miraba a Kisuke a los ojos por un momento antes de volver a poner mi atención sobre la sutura, dando los últimos puntos de esta y estirando el hilo con mi mano izquierda, para con la derecha llevar el hilo que había creado previamente con mi dedo índice de la mano derecha hacia el pulgar de la misma mano, usando el mismo para cortar el hilo y tras deshacer el hilo que había usado para cortar, hice un pequeño nudo para que la sutura no se deshiciera.</span><br />
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<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo siento Nilats Sensei, quisimos entrenar un poco y se nos fue de las manos. Pero puedo asegurarle que ambos están fuera de peligro, Panda está descansando ahora mismo y Kisuke ya está como nuevo.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Dije mientras le daba una pequeña palmada en la herida recién suturada con una sonrisa en el rostro, me levanté y deje a Nilats hablando con Kisuke mientras me dirigía a la cafetera que tenía en esa habitación, dado que era donde normalmente estudiaba medicina. Sabía que el mink era un amante del café como yo, así que supuse que cuando despertase le gustaría tomarse una buena taza de café para despejarse un poco, por lo que puse la cafetera en el fuego y lo deje calentando mientras sopesaba si Nilats se enfadaría de más si encima me ponía a fumar en la habitación, pero dado que durante todo el camino no había podido hacerlo, me acerque a la ventana y la abrí, encendiéndome un cigarro y apoyándome en la ventana que daba al patio de entrenamiento para intentar que el humo no entrase de más en la habitación.</span><br />
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<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
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					Zorak junto a Kisuke llevan a Don Bambú a la enfermería, Zorak cose el corte de Kisuke y Nilats llega a escena
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