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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Cañón de Marfil]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sun, 27 Sep 2026 02:07:37 +0000</pubDate>
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			<title><![CDATA[Con uñas y dientes [Presente Relativo] [Auto T3]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1293</link>
			<pubDate>Sat, 17 Aug 2024 13:36:51 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=200">Chloe Dendro</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">10:30 a.m</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Día 51 de verano. Año 13.</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Báltigo. Cañón de marfil.</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me he dado cuenta de que, desde que abandoné mi antigua vida, he tenido muy pocos momentos de verdadera paz. Las comodidades y lujos de antaño se sienten como un recuerdo lejano, uno que intento mantener enterrado en las profundidades de mi memoria. Sin embargo, ese lujo venía con un costo demasiado alto y un secreto que me seguirá persiguiendo. Dejarlo atrás fue necesario, aunque a veces me pregunto si el precio fue demasiado alto, intentaba no pensar en ello, pero este día, mientras el barco estaba anclado frente a esta isla rocosa, me encontraba con demasiadas horas libres y pocos pensamientos útiles.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ahora, mi vida estaba dedicada a la caza de piratas junto a Sohem y Viktor, pero hoy me sentía inquieta, como si la rutina del barco hubiera empezado a desgastarme, había llegado al punto en que se sentía asfixiante; las olas golpeando el casco, el crujir de la madera, el vaivén de la embarcación, el olor a sal… Todo se estaba volviendo demasiado familiar, casi opresivo. Bajé del barco, no porque tuviera algo específico que hacer en mente, sino porque necesitaba estirar las piernas, liberar mi mente de la monotonía.  Por eso hoy, mientras el sol del verano se cierne implacable sobre nosotros, siento la necesidad de salir, de alejarme del barco, aunque sea por un rato. Decidí bajar a la isla rocosa que se alzaba solitaria en medio del océano, parecía haberse levantado del mar por puro capricho de la naturaleza. Desde el barco, no parecía ofrecer mucho, pero a pesar de su aspecto inhóspito, algo en ella me llamaba. Quizás era la necesidad de cambiar de escenario, de caminar sobre tierra firme en lugar de hacerlo sobre la cubierta de madera, para variar, lo que me empujaba a explorarla. Bajé del barco y empecé a caminar por la isla sin un rumbo definido, dejando que mis pensamientos vaguen tan libres como mis pasos. El sol del verano se clavaba en mi piel sin piedad, como si estuviera siendo víctima de Sohem.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La isla era un páramo desolado, una vasta extensión de rocas desnudas y polvo que se extendieron hasta donde alcanzaba la vista. No había sombra alguna, ni un solo árbol o arbusto bajo el cual poder refugiarse. Todo lo que veía eran formaciones rocosas irregulares, erosionadas por el viento y el tiempo, que se elevaban como torres sombrías y desmoronadas. Cada paso que daba sobre la tierra agrietada y polvorienta levantaba una nube de partículas que se adherían a mi piel sudorosa. Era un lugar sin vida, sin sonido, salvo por el suave silbido del viento que pasaba entre las grietas y fisuras en las rocas. Seguí caminando, cada vez más lejos del barco, a medida que avanzaba el calor se volvía casi insoportable, haciendo que el aire a mi alrededor pareciera ondularse en espejismos efímeros que nublaban mi vista más aún de lo que mi mente hiperactiva hacía. La falta de vegetación o de cualquier tipo de vida animal le daba a la isla un aire casi irreal, como si estuviera caminando por una escena de otro mundo, un paisaje hostil y desprovisto de cualquier signo de confort. Era extraño, pero este lugar me daba una especie de paz, algo inquietante, como si aquí, en medio de este desierto de piedra, pudiera perderme por completo, olvidarme de todo lo que me atormentaba y simplemente desconectar.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De repente el suelo desapareció bajo mis pies. Un grito se escapó de mis labios mientras caía, el eco de mi voz reverberó entre las paredes de un cañón que no había visto. La caída, aunque rápida, me dejó sin aliento, y cuando finalmente impacté contra el fondo, el dolor se extendió por todo mi cuerpo. No era un dolor insoportable, pero sí lo suficiente para hacerme ver estrellas por unos segundos. Quedé tendida ahí, inmóvil, tratando de recuperar la compostura y procesando lo que acababa de suceder, me dolía el cuerpo, pero revisé y nada parecía haberse roto por el golpe, — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Que suerte la mía.</span></span> — repliqué con queja. Al principio, me quedé tendida en el suelo, tratando de calmar mi respiración y ordenar mis pensamientos, al rato comencé a moverme y me incorporé lentamente, sintiendo la aspereza de las rocas bajo mis manos mientras me apoyaba para levantarme. El cañón en el que había caído era estrecho, con paredes casi verticales que se alzaban a varios metros sobre mí. Levanté la vista y vi el cielo, un rectángulo azul brillante enmarcado por las paredes de roca. El sol seguía golpeando desde arriba, y sentí como el calor comenzaba a acumularse en ese pequeño abismo, transformándolo en un horno natural. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No hay otra forma de salir de aquí que trepando…</span> — pensé, así que me acerqué a la pared más cercana y empecé a buscar puntos de apoyo mientras resoplaba, frustrada conmigo misma por no haber prestado atención a por donde iba, — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esto no me pasaría si mantuviera mis sentidos alerta, como dijo Viktor, pero aquí estoy, tan metida en mi cabeza que no veo el peligro justo bajo mis pies.</span></span> — La roca estaba caliente al tacto, casi quemó mis dedos cuando intento encontrar un buen agarre. Respiré hondo, tratando de no dejarme intimidar por la altura. Esta no era la primera vez que me enfrentaba a una situación difícil, y ya sabía que no serviría de nada entrar en pánico.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Comencé a trepar, moviendo mis manos y pies con cuidado, evaluando cada saliente y grieta antes de poner mi peso en ellas. El primer tramo fue complicado; la roca era resbaladiza en algunos puntos, cubierta de un polvo fino que me dificultaba el agarre. El sudor corría por mi frente y mi espalda, empapando la parte superior del uniforme y haciendo que se pegase a mi piel, haciendo incluso más desagradable toda la experiencia. El calor no ayuda en la misión; sentía que me asfixiaba, que el aire a mi alrededor era cada vez más denso y difícil de respirar. Mis músculos protestaban con cada movimiento que hacía, ya que el esfuerzo bajo el sol abrasador se sentía el doble de agotador. Después de lo que parecieron eternos minutos, mis dedos empezaron a volverse resbaladizos y, un instante después, perdí el equilibrio y mis pies se despegaron de la pared por la inercia, mi corazón se detuvo por un instante pero, antes de caer, logré aferrarme a un saliente más grande, clavando mis uñas en la roca para no soltarme y rompiéndolas en el proceso. Mis manos estaban temblando por el cansancio, y el dolor en mis brazos era punzante como si un millar de agujas se hundieran más en mi carne con cada movimiento, pero no podía permitirme descansar aquí, debía seguir subiendo, no tenía otra opción si quería sobrevivir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Seguí ascendiendo por la pared hasta que finalmente llegué a una pequeña grieta en la pared, lo que parecía una cueva, me arrastré hacia dentro, jadeando por el esfuerzo. Era un refugio temporal, apenas lo suficientemente grande como para que quepa mi cuerpo tumbado, aunque la cueva se ensanchaba a medida que se hacía más profunda, pero en este momento lo agradecía como si fuera un oasis en el desierto. La oscuridad y la sombra me envolvían, y por un momento, disfruté del alivio que me daba estar fuera del alcance del sol. Al principio, no noté nada extraño, estaba demasiado ocupada tratando de recuperar el aliento, sintiendo cómo mis músculos se relajaban ligeramente después del esfuerzo y descansaban, pero a medida que mis ojos se acostumbraban a la penumbra, algo en el fondo de la cueva captó mi atención. Al principio no estaba segura de qué era, pero, en cuanto me acerqué, el horror se apoderó de mí. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es un cadáver.</span></span> — dije, como confirmando lo evidente, tragué saliva. El cuerpo, o lo que quedaba de él ya, estaba encogido en una esquina, apenas cubierto por lo que en algún momento debió de ser ropa, la piel, si es que aún podía llamarse así, estaba pegada a los huesos, grisáceos por polvo, y parecía que lleva ahí años, descomponiéndose lentamente en la oscuridad. La visión me provocó un escalofrío que me recorrió la espalda como una punzada eléctrica, y mi primer instinto fue retroceder. Pero había algo junto al cadáver que no pude ignorar, su arma: un rifle.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El arma estaba sucia y cubierta completamente por polvo y telarañas, pero parecía estar en buen estado a pesar de todo. Recuerdos de mi entrenamiento con Viktor empezaron a inundar mi mente, ese rifle era similar al mío, al que rompió. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No quiero pensar en cómo rompió mi rifle, no quiero pensar en cómo me levantó por el cuello como si fuera una muñeca de trapo, no quiero recordar esa sensación de impotencia que me hizo sentir.</span></span> — me repetí a mí misma, obligándome a concentrarme en el presente. Necesitaba ese rifle, podría ser útil en el futuro, pero para conseguirlo debía quitárselo al cadáver, su legítimo dueño a fin de cuentas, y solo el pensamiento de hacerlo me revolvía el estómago. Miré las manos esqueléticas que aún agarraban el arma, como si el dueño hubiera muerto intentando aferrarse a su única posesión valiosa con cada fibra de su ser. Tragué saliva, intentando no dejar que el asco me paralizase e impidiera actuar. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No tengo tiempo para ser delicada.</span> — con esas palabras en mente extendí la mano hacia el rifle y tiré con fuerza, al principio no cedía, las manos del cadáver estaban rígidas, como si incluso en la muerte se negara a soltar su arma, tiré de nuevo, esta vez usando ambas manos, y sentí cómo los huesos de sus dedos crujieron y se movieron bajo mis manos, un escalofrío de repelús me recorrió de arriba a abajo, pero, finalmente, el rifle se desprendió con el tercer tirón que propiné al cadáver y me eché hacia atrás jadeando y temblando por la repulsión mientras este perdía su consistencia, desmoronándose sobre sí mismo como si de un castillo de naipes se tratase.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El rifle tenía una correa vieja y desgastada, tan sucia como el resto del arma, pero funcional, así que lo aseguré alrededor de mi cuerpo antes de salir de la cueva, no podía permitirme más descansos, no mientras estaba atrapada ahí abajo. El segundo tramo de la escalada fue aún más difícil, mis músculos ya estaban agotados, y cada vez que intentaba aferrarme a la pared de roca, sentía que mis fuerzas me abandonaban. Pero no podía rendirme, pensaba en lo que Viktor me dijo durante nuestro entrenamiento, por poco ortodoxo que fuera, y eso me daba la energía que necesitaba para seguir adelante unos metros más. Mi cuerpo dolía, mis manos estaban ásperas y doloridas, mi ropa rasgada, mis uñas habían acabado rotas en su mayoría, y el calor seguía siendo sofocante; pero no había otra opción, no podía permitirme seguir fallando. Finalmente, después de lo que parecieron horas, llegué a la cima, me arrastré hasta la superficie, sintiendo el calor del sol sobre mi piel y el aire fresco en mis pulmones. Me tomó un momento recuperar el aliento antes de levantarme y mirar a mi alrededor, el paisaje era tan desolado e inhóspito como lo era abajo, pero ahora, con el barco a la vista. Por algún motivo, la vista del Parabellum me tranquilizó, emprendí el camino de regreso, mis pasos eran firmes y decididos pese a sentir que en cualquier momento mis piernas acabarían siendo doblegadas por la gravedad. El rifle, pesado y sucio, colgaba de mi hombro, pero su peso, lejos de resultar una carga, me daba una sensación extraña de seguridad.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando llegué al barco, Sohem y Viktor estaban allí, ocupados con sus tareas. No parecían haber notado mi ausencia, o al menos no parecía haberlos preocupado en demasía. Subí a bordo en silencio, sin ganas de compartir mi experiencia. No tenía intención de contarles sobre el cadáver, ni de cómo conseguí este rifle. Ese sería un secreto que, al igual que tantos otros en mi vida, me guardaría para mí misma.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
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					Con esta aventura justifico la compra de un rifle tier 4
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			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">10:30 a.m</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Día 51 de verano. Año 13.</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Báltigo. Cañón de marfil.</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me he dado cuenta de que, desde que abandoné mi antigua vida, he tenido muy pocos momentos de verdadera paz. Las comodidades y lujos de antaño se sienten como un recuerdo lejano, uno que intento mantener enterrado en las profundidades de mi memoria. Sin embargo, ese lujo venía con un costo demasiado alto y un secreto que me seguirá persiguiendo. Dejarlo atrás fue necesario, aunque a veces me pregunto si el precio fue demasiado alto, intentaba no pensar en ello, pero este día, mientras el barco estaba anclado frente a esta isla rocosa, me encontraba con demasiadas horas libres y pocos pensamientos útiles.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ahora, mi vida estaba dedicada a la caza de piratas junto a Sohem y Viktor, pero hoy me sentía inquieta, como si la rutina del barco hubiera empezado a desgastarme, había llegado al punto en que se sentía asfixiante; las olas golpeando el casco, el crujir de la madera, el vaivén de la embarcación, el olor a sal… Todo se estaba volviendo demasiado familiar, casi opresivo. Bajé del barco, no porque tuviera algo específico que hacer en mente, sino porque necesitaba estirar las piernas, liberar mi mente de la monotonía.  Por eso hoy, mientras el sol del verano se cierne implacable sobre nosotros, siento la necesidad de salir, de alejarme del barco, aunque sea por un rato. Decidí bajar a la isla rocosa que se alzaba solitaria en medio del océano, parecía haberse levantado del mar por puro capricho de la naturaleza. Desde el barco, no parecía ofrecer mucho, pero a pesar de su aspecto inhóspito, algo en ella me llamaba. Quizás era la necesidad de cambiar de escenario, de caminar sobre tierra firme en lugar de hacerlo sobre la cubierta de madera, para variar, lo que me empujaba a explorarla. Bajé del barco y empecé a caminar por la isla sin un rumbo definido, dejando que mis pensamientos vaguen tan libres como mis pasos. El sol del verano se clavaba en mi piel sin piedad, como si estuviera siendo víctima de Sohem.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La isla era un páramo desolado, una vasta extensión de rocas desnudas y polvo que se extendieron hasta donde alcanzaba la vista. No había sombra alguna, ni un solo árbol o arbusto bajo el cual poder refugiarse. Todo lo que veía eran formaciones rocosas irregulares, erosionadas por el viento y el tiempo, que se elevaban como torres sombrías y desmoronadas. Cada paso que daba sobre la tierra agrietada y polvorienta levantaba una nube de partículas que se adherían a mi piel sudorosa. Era un lugar sin vida, sin sonido, salvo por el suave silbido del viento que pasaba entre las grietas y fisuras en las rocas. Seguí caminando, cada vez más lejos del barco, a medida que avanzaba el calor se volvía casi insoportable, haciendo que el aire a mi alrededor pareciera ondularse en espejismos efímeros que nublaban mi vista más aún de lo que mi mente hiperactiva hacía. La falta de vegetación o de cualquier tipo de vida animal le daba a la isla un aire casi irreal, como si estuviera caminando por una escena de otro mundo, un paisaje hostil y desprovisto de cualquier signo de confort. Era extraño, pero este lugar me daba una especie de paz, algo inquietante, como si aquí, en medio de este desierto de piedra, pudiera perderme por completo, olvidarme de todo lo que me atormentaba y simplemente desconectar.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De repente el suelo desapareció bajo mis pies. Un grito se escapó de mis labios mientras caía, el eco de mi voz reverberó entre las paredes de un cañón que no había visto. La caída, aunque rápida, me dejó sin aliento, y cuando finalmente impacté contra el fondo, el dolor se extendió por todo mi cuerpo. No era un dolor insoportable, pero sí lo suficiente para hacerme ver estrellas por unos segundos. Quedé tendida ahí, inmóvil, tratando de recuperar la compostura y procesando lo que acababa de suceder, me dolía el cuerpo, pero revisé y nada parecía haberse roto por el golpe, — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Que suerte la mía.</span></span> — repliqué con queja. Al principio, me quedé tendida en el suelo, tratando de calmar mi respiración y ordenar mis pensamientos, al rato comencé a moverme y me incorporé lentamente, sintiendo la aspereza de las rocas bajo mis manos mientras me apoyaba para levantarme. El cañón en el que había caído era estrecho, con paredes casi verticales que se alzaban a varios metros sobre mí. Levanté la vista y vi el cielo, un rectángulo azul brillante enmarcado por las paredes de roca. El sol seguía golpeando desde arriba, y sentí como el calor comenzaba a acumularse en ese pequeño abismo, transformándolo en un horno natural. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No hay otra forma de salir de aquí que trepando…</span> — pensé, así que me acerqué a la pared más cercana y empecé a buscar puntos de apoyo mientras resoplaba, frustrada conmigo misma por no haber prestado atención a por donde iba, — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esto no me pasaría si mantuviera mis sentidos alerta, como dijo Viktor, pero aquí estoy, tan metida en mi cabeza que no veo el peligro justo bajo mis pies.</span></span> — La roca estaba caliente al tacto, casi quemó mis dedos cuando intento encontrar un buen agarre. Respiré hondo, tratando de no dejarme intimidar por la altura. Esta no era la primera vez que me enfrentaba a una situación difícil, y ya sabía que no serviría de nada entrar en pánico.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Comencé a trepar, moviendo mis manos y pies con cuidado, evaluando cada saliente y grieta antes de poner mi peso en ellas. El primer tramo fue complicado; la roca era resbaladiza en algunos puntos, cubierta de un polvo fino que me dificultaba el agarre. El sudor corría por mi frente y mi espalda, empapando la parte superior del uniforme y haciendo que se pegase a mi piel, haciendo incluso más desagradable toda la experiencia. El calor no ayuda en la misión; sentía que me asfixiaba, que el aire a mi alrededor era cada vez más denso y difícil de respirar. Mis músculos protestaban con cada movimiento que hacía, ya que el esfuerzo bajo el sol abrasador se sentía el doble de agotador. Después de lo que parecieron eternos minutos, mis dedos empezaron a volverse resbaladizos y, un instante después, perdí el equilibrio y mis pies se despegaron de la pared por la inercia, mi corazón se detuvo por un instante pero, antes de caer, logré aferrarme a un saliente más grande, clavando mis uñas en la roca para no soltarme y rompiéndolas en el proceso. Mis manos estaban temblando por el cansancio, y el dolor en mis brazos era punzante como si un millar de agujas se hundieran más en mi carne con cada movimiento, pero no podía permitirme descansar aquí, debía seguir subiendo, no tenía otra opción si quería sobrevivir.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Seguí ascendiendo por la pared hasta que finalmente llegué a una pequeña grieta en la pared, lo que parecía una cueva, me arrastré hacia dentro, jadeando por el esfuerzo. Era un refugio temporal, apenas lo suficientemente grande como para que quepa mi cuerpo tumbado, aunque la cueva se ensanchaba a medida que se hacía más profunda, pero en este momento lo agradecía como si fuera un oasis en el desierto. La oscuridad y la sombra me envolvían, y por un momento, disfruté del alivio que me daba estar fuera del alcance del sol. Al principio, no noté nada extraño, estaba demasiado ocupada tratando de recuperar el aliento, sintiendo cómo mis músculos se relajaban ligeramente después del esfuerzo y descansaban, pero a medida que mis ojos se acostumbraban a la penumbra, algo en el fondo de la cueva captó mi atención. Al principio no estaba segura de qué era, pero, en cuanto me acerqué, el horror se apoderó de mí. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es un cadáver.</span></span> — dije, como confirmando lo evidente, tragué saliva. El cuerpo, o lo que quedaba de él ya, estaba encogido en una esquina, apenas cubierto por lo que en algún momento debió de ser ropa, la piel, si es que aún podía llamarse así, estaba pegada a los huesos, grisáceos por polvo, y parecía que lleva ahí años, descomponiéndose lentamente en la oscuridad. La visión me provocó un escalofrío que me recorrió la espalda como una punzada eléctrica, y mi primer instinto fue retroceder. Pero había algo junto al cadáver que no pude ignorar, su arma: un rifle.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El arma estaba sucia y cubierta completamente por polvo y telarañas, pero parecía estar en buen estado a pesar de todo. Recuerdos de mi entrenamiento con Viktor empezaron a inundar mi mente, ese rifle era similar al mío, al que rompió. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No quiero pensar en cómo rompió mi rifle, no quiero pensar en cómo me levantó por el cuello como si fuera una muñeca de trapo, no quiero recordar esa sensación de impotencia que me hizo sentir.</span></span> — me repetí a mí misma, obligándome a concentrarme en el presente. Necesitaba ese rifle, podría ser útil en el futuro, pero para conseguirlo debía quitárselo al cadáver, su legítimo dueño a fin de cuentas, y solo el pensamiento de hacerlo me revolvía el estómago. Miré las manos esqueléticas que aún agarraban el arma, como si el dueño hubiera muerto intentando aferrarse a su única posesión valiosa con cada fibra de su ser. Tragué saliva, intentando no dejar que el asco me paralizase e impidiera actuar. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No tengo tiempo para ser delicada.</span> — con esas palabras en mente extendí la mano hacia el rifle y tiré con fuerza, al principio no cedía, las manos del cadáver estaban rígidas, como si incluso en la muerte se negara a soltar su arma, tiré de nuevo, esta vez usando ambas manos, y sentí cómo los huesos de sus dedos crujieron y se movieron bajo mis manos, un escalofrío de repelús me recorrió de arriba a abajo, pero, finalmente, el rifle se desprendió con el tercer tirón que propiné al cadáver y me eché hacia atrás jadeando y temblando por la repulsión mientras este perdía su consistencia, desmoronándose sobre sí mismo como si de un castillo de naipes se tratase.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El rifle tenía una correa vieja y desgastada, tan sucia como el resto del arma, pero funcional, así que lo aseguré alrededor de mi cuerpo antes de salir de la cueva, no podía permitirme más descansos, no mientras estaba atrapada ahí abajo. El segundo tramo de la escalada fue aún más difícil, mis músculos ya estaban agotados, y cada vez que intentaba aferrarme a la pared de roca, sentía que mis fuerzas me abandonaban. Pero no podía rendirme, pensaba en lo que Viktor me dijo durante nuestro entrenamiento, por poco ortodoxo que fuera, y eso me daba la energía que necesitaba para seguir adelante unos metros más. Mi cuerpo dolía, mis manos estaban ásperas y doloridas, mi ropa rasgada, mis uñas habían acabado rotas en su mayoría, y el calor seguía siendo sofocante; pero no había otra opción, no podía permitirme seguir fallando. Finalmente, después de lo que parecieron horas, llegué a la cima, me arrastré hasta la superficie, sintiendo el calor del sol sobre mi piel y el aire fresco en mis pulmones. Me tomó un momento recuperar el aliento antes de levantarme y mirar a mi alrededor, el paisaje era tan desolado e inhóspito como lo era abajo, pero ahora, con el barco a la vista. Por algún motivo, la vista del Parabellum me tranquilizó, emprendí el camino de regreso, mis pasos eran firmes y decididos pese a sentir que en cualquier momento mis piernas acabarían siendo doblegadas por la gravedad. El rifle, pesado y sucio, colgaba de mi hombro, pero su peso, lejos de resultar una carga, me daba una sensación extraña de seguridad.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando llegué al barco, Sohem y Viktor estaban allí, ocupados con sus tareas. No parecían haber notado mi ausencia, o al menos no parecía haberlos preocupado en demasía. Subí a bordo en silencio, sin ganas de compartir mi experiencia. No tenía intención de contarles sobre el cadáver, ni de cómo conseguí este rifle. Ese sería un secreto que, al igual que tantos otros en mi vida, me guardaría para mí misma.</div>
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					Con esta aventura justifico la compra de un rifle tier 4
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		</item>
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			<title><![CDATA[Carcajadas [Presente Relativo] [Auto T3]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1232</link>
			<pubDate>Tue, 23 Jul 2024 12:31:10 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=28">Sohem</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1232</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">8 de Primavera, año 13.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Báltigo - Cañón de Marfil 16:00</span></span></div>
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No podía saber ni el nombre de la isla en la que estábamos ni por consiguiente la corriente de la misma. Sólo sabía que habíamos descendido de Skypiea gracias a un pulpo-globo que nos hizo descender con cuidado - o eso dijo Viktor - y que el barco se había mantenido estable y recto gracias a que mis compañeros se encargaron de mantener el barco como yo les había indicado en cuanto a velas se refería. Algo que si, nos había permitido mantenernos a flote, pero que como era de esperar al no tener un navegante capacitado al mando había hecho que el barco se aventurase por donde le era más fácil fluir en el proceso de surcar las olas, pero sin un rumbo predeterminado. Claro que yo tampoco era de mucha utilidad con esto, ni aunque hubiera estado consciente, pues no conocía el mapa ni las islas. Simplemente como timonel y navegante me dedicaba a seguir mi instinto y a ver qué corrientes - oleaje y de viento - seguían la dirección que me parecía... ¿mejor supongo? Ni idea. Sólo le daba un golpe al timón hasta que este estuviera encarando la dirección que más me gustase en ese momento, y dejaba que el viento impulsase las velas, y me preocupaba al llegar a la isla por saber dónde estaba, preguntando a los lugareños y tratando de conseguir información, asilo y provisiones. Pero en este puto sitio no había ni un puto alma.<br />
<br />
Chloe y Viktor tenían planes diferentes a los míos por el momento, quedándose en la costa para practicar las aptitudes - nulas - de Chloe para el combate y tratar de hacerla algo más útil llegado el momento. Por mi parte yo sólo quería adentrarme un poco en la isla y sentir algo de aire puro en la cara, lejos de la salinidad del mar, y libre - si pudiera ser - de la inclemencia sin descanso del astro rey, al menos por un rato. El paisaje era rocoso y pedregoso hasta unos niveles que costaba describir, pero algún pequeño retazo de vegetación se esparcía por aquí y por allá. Parecía una isla abocada a cañones, desfiladeros, cuevas y grutas... un buen lugar para esconderse y mal lugar para sobrevivir, pues la tierra no parecía proveer lo suficiente. Es más, los depredadores que hubiera habrían de ser sanguinarios para competir con los pocos recursos que, de darse, tendrían que ser un bien mucho más grande que habitualmente en cualquier otro lado. Lo que hacía que nosotros, los visitantes, fuéramos un festín y una anomalía fuera de lo común a niveles insospechados. Quizá por eso aparentaba ser una isla completamente desierta en cuanto a civilización, pero el Grand Line escondía secretos fuera de la lógica más simple.<br />
<br />
Habiendo puesto los pies en polvorosa, había prescindido de mi vestimenta habitual y sólo lucía un kimono haori de la misma tonalidad verdosa, cubierto con una capa blanca cerrada en el pecho y libre del casco, miré hacia el interior de la isla, chasqueé la lengua y suspiré. Si no quería morirme del aburrimiento tendría que ir a dar un paseo y poder estirar las piernas, y total, tampoco estaba mal del todo un lugar así después de la abrupta vegetación y locura floral de la isla del cielo. A mi por lo menos, no me molestaba, y en cierto modo me recordaba a aquella isla en la que obtuve mi akuma no mi, peleando contra una tortuga serpiente, un oso con placas de cosas y bueno, a quien le importa. Bichos de cojones. Seguramente peores y más exageradas rarezas habría en este y otros lugares del Grand Line, así que tendría que estar preparado para todo.<br />
Comencé a caminar con el kanabo al hombro - pues aunque fuera un paseo uno nunca sabía - y portando el Den Den Mushi en el bolsillo sólo por si las moscas, y mis pasos se tornaron en senderos hasta que me perdí en el mar pedregoso lejos de la vista de nuestro barco y la costa, llegando a un cañón inmenso cuyas paredes se alzaban a cada uno de mis lados y se disponían verticales y vertiginosas sobre mi, flanqueándome y tapando la luz del sol lo suficiente como para que este no bañase dentro del desfiladero, excepto en sus horas de más altitud, permitiendo que la humedad fuera un poco más persistente que en el resto del pedregal expuesto al calor, proliferando ligeramente la vegetación.<br />
Si hay vegetación, existe sustento para herbívoros y si había civilización en la isla, a no ser que sólo vivieran de la pesca y la importación, estos deberían estar o en libertad y ser cazados, o en cautividad y ser criados. Vamos, lo que venía a ser que la posibilidad de tener alimento era plausible... eso o bien algún tipo de planta frutal, por pequeña que fuera, como una morera o algo así. Tendría que tener los ojos abiertos para poder hacerme con algo en caso de sufrir la necesidad.<br />
Pero divagando en aquellos pensamientos, entre la formación de la isla, su terreno, su vegetación, sus posibles moradores - animales o humanos, o de cualquier raza del amplio crisol del mundo - llegué a centrarme sólo en el aquí y el ahora tanto, que mi oído - que ya era bueno de por si - captó un sonido en la distancia. Bien fuera por lo ensimismado que estaba, por no llevar el casco, o por un conjunto de todo en general, pero me pareció captar un coro de risas en la lejanía del cañón. Alcé la mirada en dicha dirección y comencé a adentrarme más en él, dispuesto a encontrar a los moradores de aquel lugar para poder establecer un cimiento sobre el que comenzar nuestra aventura en esta isla. Mis pasos sonaban pesados en la inmensidad del silencio del cañón que sólo se veían opacados por el eco de la propia pisada y, aquel coro de risas, en la lejanía. Aquellas risas que por momentos se iban tornando más siniestras, erráticas y cacofónicas. Parecía poder distinguirse entre tres y cinco de aquellas voces, pero quizá alguna más se camuflaba entre las que más intensidad tenían. Sonreí, la verdad es que sonaba como algo divertido pese a la siniestralidad del propio concepto de carcajadas fantasma en lo inexplorado de un cañón como aquel.<br />
<br />
Conforme iba avanzando aquellas risas parecían ir aumentando su intensidad, y si no fuera por mi buen oído estaba prácticamente seguro de que no habría sido capaz de seguirlas con tanto atino, pues aunque el cañón era prácticamente un desfiladero lineal, si que ofrecía de cuando en cuando aperturas laterales para poder desviarse al interior de la roca, quien sabe a según qué rutas, y el eco de las risas revotando en las paredes no sólo daba un aire intimidante al sitio, si no que además hacia posible perderse con facilidad al seguirlas... eso claro, si no tenías un buen don auditivo. Era difícil pero no imposible identificar la intensidad de los sonidos revotando en las paredes, y por tanto irlos descartando para poder ubicar con algo más de atino la fuente principal - y por tanto más intensa - de aquel sonido. Sólo había que prestar atención y pararse de cuando en cuando para centrarse en cada nota. Tras unos minutos ubiqué el rastro sónico en una de las aperturas a mi diestra, y avancé en esa dirección pudiendo identificar ahora más matices en aquellas risas... y algunos sonidos añadidos, como gruñidos y quejidos diversos, parecidos a los de las bestias. ¿Un grupo de personajes risueños combatiendo animales? ¿Algún ritual de alguna tribu extraña? ¿simplemente locos?. Negué con la cabeza y no dejé de avanzar, siéndome imposible dejar de sonreír conforme cubría la distancia hacia aquel lugar. Parecía divertido. Si tantas personas se estaban riendo y aun así prevalecían los aparentes ruidos de un conflicto, sólo quería decir que lo que tuviera que haber al final de aquel camino, iba a ser un espectáculo sin dudas. Pero mi imaginación no podría dibujar lo que iba a encontrarme, ni en un millón de años. Finalmente, conforme aquellas risas ya sonaban como truenos y el eco de las mismas ahogaba todos los demás sonidos del estrecho desviamiento del camino principal que estaba recorriendo, llegué a una pequeña explanada amplia, circular, en la que pude apreciar el macabro espectáculo que tan intrigado me tenía: Era una manada de cuadrúpedos grandes, de más de un metro de altura en la cruz, de piel grisacea verdosa, moteada y crines de color azabache. Con hocicos alargados y dientes afilados, al igual que sus garras, y portentosos músculos en sus articulaciones y sus cuellos. Cuatro de esos especímenes estaban rodeando a un quinto, algo más pequeño que los demás, tendido en el suelo y con varias heridas visibles y sangrantes. En las rocas aledañas y que limitaban aquel claro en la roca, había otras cuatro más de aquellas bestias, riendo como histéricas y haciéndome abrir los ojos de par en par. Las risas salían de sus gargantas. No eran humanos ni ninguna criatura inteligente a la altura ¡eran bestias que se reían!.<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">— ¡¡ WRYYY HA HA HA HA !! —</span></span></span></div>
No pude evitar reír al descubrir aquello, ampliamente y resonando como un estruendo entre el pedregoso paisaje, de forma brusca y para nada disimulada, llamando así la atención de las cuatro bestias a pie de tierra, quienes me miraron y dejaron de tomar atención de la presa que estaban destrozando, mostrándome los belfos de sus mandíbulas y pareciendo reagruparse ante una nueva amenaza que surgía para impedir su actual pasatiempo: Yo.<br />
Las cuatro bestias de las paredes se dividieron, dos avanzaron hacia mi y las otras dos se mantuvieron donde estaban, teniendo controlada la situación con la que yacía en el suelo herida. Cuando las otras cuatro a pie de tierra caminaron en mi dirección flanqueándome un par por cada extremo, comprendí que lo que el espectáculo para mi había terminado y que no iban a venir situaciones cómodas ni felices para mi, pues las de la zona superior rieron, o aullaron, o lo que fuera que hacían esas cosas y mientras dirigía mi rostro hacia ellas, las de la zona inferior decidieron atacar. Dos de ellas saltaron para propiciarme una dentellada, la más próxima hacia la pierna derecha y la otra hacia el rostro saltando. Mi reacción con una sonrisa en el rostro fue inmediata: asesté una patada en las fauces a la que iba por la pierna, mientras anteponía el kanabo para interceptar la mordida de la otra, dejándola atrapada en él y descendiendo el mismo para estamparla contra la recientemente pateada, inmovilizando una con la otra y condensando mi energía en el arma para que esta empezase a arder, quemando a las dos bestias al unísono y haciendo retroceder a las dos que caminaban frente a mi, dudando ligeramente mientras me alzaba con el kanabo en llamas y lo blandía de forma circular dos veces al compás de la huida errática y próxima a la muerte de sus congéneres abrasadas.<br />
<br />
En ese momento los dos monstruos de las paredes saltaron buscando hacer lo mismo que los anteriores y obtuvieron una respuesta similar, recibiendo el de la izquierda un golpe con el kanabo lateral y girando, que lo lanzó hacia el otro lado, a estrellarse contra su otro compañero y acabar ambas estampadas en la pedregosa estructura con quemaduras y daños visibles en sus cuerpos. Un estruendoso paso hacia delante acompañado de un sonoro grito camuflado entre carcajadas bastó para que las dos restantes se pensasen bien su siguiente movimiento y acabasen por huir por donde yo había llegado a aquel desfiladero abandonando el lugar dejándome sólo con dos cadáveres que se calcinaban y otros dos que se rebozaban por el suelo buscando apagar las llamas que incendiaban su pelaje.<br />
Caminé ignorándolas hacia el animal que se arrastraba, herido y sangrando, sin poder usar las patas traseras por las dentelladas de sus congéneres. Parecía más flaco, débil y asustado que las otras seis bestias, y por algún motivo parecía que las otras se habían cansado de él o habían decidido alimentarse de la fuente más cercana y disponible. Me daba bastante lástima. Se movía torpemente sólo con las patas superiores dejando un reguero de sangre y tierra removida, y gimoteaba mientras le castañeteaban los caninos, salivando y bastante desesperado por escapar.<br />
<br />
Detuve mis pasos a su lado, clavando el kanabo en polvorosa y haciendo que el animal frenase en seco alzando la mirada para mirarme. Tenía dos mordiscos en la zona trasera de los muslos de las patas posteriores. Habían desgarrado sus músculos y el animal no podía posarse sobre sus propias patas para caminar o huir, y ahora estaba postrado con el verdadero terror en sus ojos mientras me miraba directamente. Alcé el kanabo sobre mi cabeza, ardiendo y rugiendo cada lengua de fuego, y obtuve uan respuesta increíble por parte de mi víctima.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">YIIIIAJUJUJUJU</span></span> —</span></div>
<br />
<br />
Arqueé una ceja, incrédulo y me quedé observando al animal, que se retorcía y parecía esbozar una temblorosa sonrisa, posiblemente preso del pánico al ver venir su final, y volvió a repetir aquel enigmático e intrigante sonido.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">YIIIIAAAJUJUJUJUJUJU</span></span> —</span></div>
<br />
<br />
Repitió, e hizo que apagase las llamas de Ein Hauch sin poder evitar soltar un bufido, mientras escuchaba tras mi espalda cómo los supervivientes escapaban del lugar. ¿Qué coño era eso? Me incliné para acercarme a su rostro mientras dejaba el kanabo de nuevo apoyado en el suelo, echando humo por la ignición anterior, y giré la cabeza observando al cuadrúpedo, con los ojos encharcados, quien se acercó un poco a mi y volvió a emitir aquel extraño sonido de nuevo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">YIIIIIIIAAAAJUJUJUJUJUJUJU</span></span> —</span></div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">— <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">WRYYYY HA HA HA HA HA</span></span> —</span></div>
<br />
<br />
Y así, inexplicablemente, nuestras risas se mezclaron en una sola en aquel extraño acantilado en el que esa bestia habría encontrado su final devorado por sus congéneres, y ahora reía y me hacía reír, posiblemente para tratar de salvarse de una muerte segura, aun sin saber que se desangraría en unas pocas horas.<br />
Pero cuando me serené y traté de levantarme para irme, acercó su morro hacia mi y pude sentir su respiración jadeante y la desesperación: Dejarla aquí sería servirla para que la rematasen. Miré el arma. No quería tener que matar a algo tan divertido. Miré al animal de nuevo, rasqué la cresta de su cabeza y suspiré.<br />
<br />
— <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oe oe... eres un animal curioso y gracioso</span></span> — dije mientras rascaba su pelaje, mirando su cuerpo — <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Podría quemarte esas heridas para que dejen de sangrar, pero necesitarías un lugar seguro para descansar y recuperarte...</span></span> — reflexioné, y sin darme cuenta ya tenía las dos manos acariciando al cánido, fuese lo que fuera — <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eres gracioso</span></span> — y chasqueé la lengua. Sorprendentemente para mi, el animal hizo exactamente el mismo gesto, chasqueando su lengua mientras jadeaba y me hizo alzar ambas cejas de sorpresa y volver a reir — <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¡Wryyy ha ha ha ha!!</span></span> — y sacudí con fuerza su cabeza — <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Eres gracioso! ¡Gracioso! ¡Te vas a llamar Lustig!</span></span> — confirmé mientras agarraba su cuerpo para alzarlo en brazos al mismo tiempo que me erguía, cargando con él y girándome para volver sobre mis propios pasos, recibiendo como un mensaje de agradecimiento aquella risa especial de aquel animal extraño <br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">YIIIIIIIAAAAJUJUJUJUJUJUJU</span></span> —</span></div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">— <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">WRYYYY HA HA HA HA HA</span></span> —</span></div>
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<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Gran Mascota</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Este post justifica cómo se han encontrado Sohem y Lustig, y han entablado amistad.<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://cdna.artstation.com/p/assets/images/images/048/710/492/large/fogarasi-hunor-spotted-hyena.jpg?1650729431" loading="lazy"  alt="[Imagen: fogarasi-hunor-spotted-hyena.jpg?1650729431]" class="mycode_img" /></div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">8 de Primavera, año 13.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Báltigo - Cañón de Marfil 16:00</span></span></div>
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No podía saber ni el nombre de la isla en la que estábamos ni por consiguiente la corriente de la misma. Sólo sabía que habíamos descendido de Skypiea gracias a un pulpo-globo que nos hizo descender con cuidado - o eso dijo Viktor - y que el barco se había mantenido estable y recto gracias a que mis compañeros se encargaron de mantener el barco como yo les había indicado en cuanto a velas se refería. Algo que si, nos había permitido mantenernos a flote, pero que como era de esperar al no tener un navegante capacitado al mando había hecho que el barco se aventurase por donde le era más fácil fluir en el proceso de surcar las olas, pero sin un rumbo predeterminado. Claro que yo tampoco era de mucha utilidad con esto, ni aunque hubiera estado consciente, pues no conocía el mapa ni las islas. Simplemente como timonel y navegante me dedicaba a seguir mi instinto y a ver qué corrientes - oleaje y de viento - seguían la dirección que me parecía... ¿mejor supongo? Ni idea. Sólo le daba un golpe al timón hasta que este estuviera encarando la dirección que más me gustase en ese momento, y dejaba que el viento impulsase las velas, y me preocupaba al llegar a la isla por saber dónde estaba, preguntando a los lugareños y tratando de conseguir información, asilo y provisiones. Pero en este puto sitio no había ni un puto alma.<br />
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Chloe y Viktor tenían planes diferentes a los míos por el momento, quedándose en la costa para practicar las aptitudes - nulas - de Chloe para el combate y tratar de hacerla algo más útil llegado el momento. Por mi parte yo sólo quería adentrarme un poco en la isla y sentir algo de aire puro en la cara, lejos de la salinidad del mar, y libre - si pudiera ser - de la inclemencia sin descanso del astro rey, al menos por un rato. El paisaje era rocoso y pedregoso hasta unos niveles que costaba describir, pero algún pequeño retazo de vegetación se esparcía por aquí y por allá. Parecía una isla abocada a cañones, desfiladeros, cuevas y grutas... un buen lugar para esconderse y mal lugar para sobrevivir, pues la tierra no parecía proveer lo suficiente. Es más, los depredadores que hubiera habrían de ser sanguinarios para competir con los pocos recursos que, de darse, tendrían que ser un bien mucho más grande que habitualmente en cualquier otro lado. Lo que hacía que nosotros, los visitantes, fuéramos un festín y una anomalía fuera de lo común a niveles insospechados. Quizá por eso aparentaba ser una isla completamente desierta en cuanto a civilización, pero el Grand Line escondía secretos fuera de la lógica más simple.<br />
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Habiendo puesto los pies en polvorosa, había prescindido de mi vestimenta habitual y sólo lucía un kimono haori de la misma tonalidad verdosa, cubierto con una capa blanca cerrada en el pecho y libre del casco, miré hacia el interior de la isla, chasqueé la lengua y suspiré. Si no quería morirme del aburrimiento tendría que ir a dar un paseo y poder estirar las piernas, y total, tampoco estaba mal del todo un lugar así después de la abrupta vegetación y locura floral de la isla del cielo. A mi por lo menos, no me molestaba, y en cierto modo me recordaba a aquella isla en la que obtuve mi akuma no mi, peleando contra una tortuga serpiente, un oso con placas de cosas y bueno, a quien le importa. Bichos de cojones. Seguramente peores y más exageradas rarezas habría en este y otros lugares del Grand Line, así que tendría que estar preparado para todo.<br />
Comencé a caminar con el kanabo al hombro - pues aunque fuera un paseo uno nunca sabía - y portando el Den Den Mushi en el bolsillo sólo por si las moscas, y mis pasos se tornaron en senderos hasta que me perdí en el mar pedregoso lejos de la vista de nuestro barco y la costa, llegando a un cañón inmenso cuyas paredes se alzaban a cada uno de mis lados y se disponían verticales y vertiginosas sobre mi, flanqueándome y tapando la luz del sol lo suficiente como para que este no bañase dentro del desfiladero, excepto en sus horas de más altitud, permitiendo que la humedad fuera un poco más persistente que en el resto del pedregal expuesto al calor, proliferando ligeramente la vegetación.<br />
Si hay vegetación, existe sustento para herbívoros y si había civilización en la isla, a no ser que sólo vivieran de la pesca y la importación, estos deberían estar o en libertad y ser cazados, o en cautividad y ser criados. Vamos, lo que venía a ser que la posibilidad de tener alimento era plausible... eso o bien algún tipo de planta frutal, por pequeña que fuera, como una morera o algo así. Tendría que tener los ojos abiertos para poder hacerme con algo en caso de sufrir la necesidad.<br />
Pero divagando en aquellos pensamientos, entre la formación de la isla, su terreno, su vegetación, sus posibles moradores - animales o humanos, o de cualquier raza del amplio crisol del mundo - llegué a centrarme sólo en el aquí y el ahora tanto, que mi oído - que ya era bueno de por si - captó un sonido en la distancia. Bien fuera por lo ensimismado que estaba, por no llevar el casco, o por un conjunto de todo en general, pero me pareció captar un coro de risas en la lejanía del cañón. Alcé la mirada en dicha dirección y comencé a adentrarme más en él, dispuesto a encontrar a los moradores de aquel lugar para poder establecer un cimiento sobre el que comenzar nuestra aventura en esta isla. Mis pasos sonaban pesados en la inmensidad del silencio del cañón que sólo se veían opacados por el eco de la propia pisada y, aquel coro de risas, en la lejanía. Aquellas risas que por momentos se iban tornando más siniestras, erráticas y cacofónicas. Parecía poder distinguirse entre tres y cinco de aquellas voces, pero quizá alguna más se camuflaba entre las que más intensidad tenían. Sonreí, la verdad es que sonaba como algo divertido pese a la siniestralidad del propio concepto de carcajadas fantasma en lo inexplorado de un cañón como aquel.<br />
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Conforme iba avanzando aquellas risas parecían ir aumentando su intensidad, y si no fuera por mi buen oído estaba prácticamente seguro de que no habría sido capaz de seguirlas con tanto atino, pues aunque el cañón era prácticamente un desfiladero lineal, si que ofrecía de cuando en cuando aperturas laterales para poder desviarse al interior de la roca, quien sabe a según qué rutas, y el eco de las risas revotando en las paredes no sólo daba un aire intimidante al sitio, si no que además hacia posible perderse con facilidad al seguirlas... eso claro, si no tenías un buen don auditivo. Era difícil pero no imposible identificar la intensidad de los sonidos revotando en las paredes, y por tanto irlos descartando para poder ubicar con algo más de atino la fuente principal - y por tanto más intensa - de aquel sonido. Sólo había que prestar atención y pararse de cuando en cuando para centrarse en cada nota. Tras unos minutos ubiqué el rastro sónico en una de las aperturas a mi diestra, y avancé en esa dirección pudiendo identificar ahora más matices en aquellas risas... y algunos sonidos añadidos, como gruñidos y quejidos diversos, parecidos a los de las bestias. ¿Un grupo de personajes risueños combatiendo animales? ¿Algún ritual de alguna tribu extraña? ¿simplemente locos?. Negué con la cabeza y no dejé de avanzar, siéndome imposible dejar de sonreír conforme cubría la distancia hacia aquel lugar. Parecía divertido. Si tantas personas se estaban riendo y aun así prevalecían los aparentes ruidos de un conflicto, sólo quería decir que lo que tuviera que haber al final de aquel camino, iba a ser un espectáculo sin dudas. Pero mi imaginación no podría dibujar lo que iba a encontrarme, ni en un millón de años. Finalmente, conforme aquellas risas ya sonaban como truenos y el eco de las mismas ahogaba todos los demás sonidos del estrecho desviamiento del camino principal que estaba recorriendo, llegué a una pequeña explanada amplia, circular, en la que pude apreciar el macabro espectáculo que tan intrigado me tenía: Era una manada de cuadrúpedos grandes, de más de un metro de altura en la cruz, de piel grisacea verdosa, moteada y crines de color azabache. Con hocicos alargados y dientes afilados, al igual que sus garras, y portentosos músculos en sus articulaciones y sus cuellos. Cuatro de esos especímenes estaban rodeando a un quinto, algo más pequeño que los demás, tendido en el suelo y con varias heridas visibles y sangrantes. En las rocas aledañas y que limitaban aquel claro en la roca, había otras cuatro más de aquellas bestias, riendo como histéricas y haciéndome abrir los ojos de par en par. Las risas salían de sus gargantas. No eran humanos ni ninguna criatura inteligente a la altura ¡eran bestias que se reían!.<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">— ¡¡ WRYYY HA HA HA HA !! —</span></span></span></div>
No pude evitar reír al descubrir aquello, ampliamente y resonando como un estruendo entre el pedregoso paisaje, de forma brusca y para nada disimulada, llamando así la atención de las cuatro bestias a pie de tierra, quienes me miraron y dejaron de tomar atención de la presa que estaban destrozando, mostrándome los belfos de sus mandíbulas y pareciendo reagruparse ante una nueva amenaza que surgía para impedir su actual pasatiempo: Yo.<br />
Las cuatro bestias de las paredes se dividieron, dos avanzaron hacia mi y las otras dos se mantuvieron donde estaban, teniendo controlada la situación con la que yacía en el suelo herida. Cuando las otras cuatro a pie de tierra caminaron en mi dirección flanqueándome un par por cada extremo, comprendí que lo que el espectáculo para mi había terminado y que no iban a venir situaciones cómodas ni felices para mi, pues las de la zona superior rieron, o aullaron, o lo que fuera que hacían esas cosas y mientras dirigía mi rostro hacia ellas, las de la zona inferior decidieron atacar. Dos de ellas saltaron para propiciarme una dentellada, la más próxima hacia la pierna derecha y la otra hacia el rostro saltando. Mi reacción con una sonrisa en el rostro fue inmediata: asesté una patada en las fauces a la que iba por la pierna, mientras anteponía el kanabo para interceptar la mordida de la otra, dejándola atrapada en él y descendiendo el mismo para estamparla contra la recientemente pateada, inmovilizando una con la otra y condensando mi energía en el arma para que esta empezase a arder, quemando a las dos bestias al unísono y haciendo retroceder a las dos que caminaban frente a mi, dudando ligeramente mientras me alzaba con el kanabo en llamas y lo blandía de forma circular dos veces al compás de la huida errática y próxima a la muerte de sus congéneres abrasadas.<br />
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En ese momento los dos monstruos de las paredes saltaron buscando hacer lo mismo que los anteriores y obtuvieron una respuesta similar, recibiendo el de la izquierda un golpe con el kanabo lateral y girando, que lo lanzó hacia el otro lado, a estrellarse contra su otro compañero y acabar ambas estampadas en la pedregosa estructura con quemaduras y daños visibles en sus cuerpos. Un estruendoso paso hacia delante acompañado de un sonoro grito camuflado entre carcajadas bastó para que las dos restantes se pensasen bien su siguiente movimiento y acabasen por huir por donde yo había llegado a aquel desfiladero abandonando el lugar dejándome sólo con dos cadáveres que se calcinaban y otros dos que se rebozaban por el suelo buscando apagar las llamas que incendiaban su pelaje.<br />
Caminé ignorándolas hacia el animal que se arrastraba, herido y sangrando, sin poder usar las patas traseras por las dentelladas de sus congéneres. Parecía más flaco, débil y asustado que las otras seis bestias, y por algún motivo parecía que las otras se habían cansado de él o habían decidido alimentarse de la fuente más cercana y disponible. Me daba bastante lástima. Se movía torpemente sólo con las patas superiores dejando un reguero de sangre y tierra removida, y gimoteaba mientras le castañeteaban los caninos, salivando y bastante desesperado por escapar.<br />
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Detuve mis pasos a su lado, clavando el kanabo en polvorosa y haciendo que el animal frenase en seco alzando la mirada para mirarme. Tenía dos mordiscos en la zona trasera de los muslos de las patas posteriores. Habían desgarrado sus músculos y el animal no podía posarse sobre sus propias patas para caminar o huir, y ahora estaba postrado con el verdadero terror en sus ojos mientras me miraba directamente. Alcé el kanabo sobre mi cabeza, ardiendo y rugiendo cada lengua de fuego, y obtuve uan respuesta increíble por parte de mi víctima.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">YIIIIAJUJUJUJU</span></span> —</span></div>
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Arqueé una ceja, incrédulo y me quedé observando al animal, que se retorcía y parecía esbozar una temblorosa sonrisa, posiblemente preso del pánico al ver venir su final, y volvió a repetir aquel enigmático e intrigante sonido.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">YIIIIAAAJUJUJUJUJUJU</span></span> —</span></div>
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Repitió, e hizo que apagase las llamas de Ein Hauch sin poder evitar soltar un bufido, mientras escuchaba tras mi espalda cómo los supervivientes escapaban del lugar. ¿Qué coño era eso? Me incliné para acercarme a su rostro mientras dejaba el kanabo de nuevo apoyado en el suelo, echando humo por la ignición anterior, y giré la cabeza observando al cuadrúpedo, con los ojos encharcados, quien se acercó un poco a mi y volvió a emitir aquel extraño sonido de nuevo.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">YIIIIIIIAAAAJUJUJUJUJUJUJU</span></span> —</span></div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">— <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">WRYYYY HA HA HA HA HA</span></span> —</span></div>
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Y así, inexplicablemente, nuestras risas se mezclaron en una sola en aquel extraño acantilado en el que esa bestia habría encontrado su final devorado por sus congéneres, y ahora reía y me hacía reír, posiblemente para tratar de salvarse de una muerte segura, aun sin saber que se desangraría en unas pocas horas.<br />
Pero cuando me serené y traté de levantarme para irme, acercó su morro hacia mi y pude sentir su respiración jadeante y la desesperación: Dejarla aquí sería servirla para que la rematasen. Miré el arma. No quería tener que matar a algo tan divertido. Miré al animal de nuevo, rasqué la cresta de su cabeza y suspiré.<br />
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— <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oe oe... eres un animal curioso y gracioso</span></span> — dije mientras rascaba su pelaje, mirando su cuerpo — <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Podría quemarte esas heridas para que dejen de sangrar, pero necesitarías un lugar seguro para descansar y recuperarte...</span></span> — reflexioné, y sin darme cuenta ya tenía las dos manos acariciando al cánido, fuese lo que fuera — <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eres gracioso</span></span> — y chasqueé la lengua. Sorprendentemente para mi, el animal hizo exactamente el mismo gesto, chasqueando su lengua mientras jadeaba y me hizo alzar ambas cejas de sorpresa y volver a reir — <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¡Wryyy ha ha ha ha!!</span></span> — y sacudí con fuerza su cabeza — <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Eres gracioso! ¡Gracioso! ¡Te vas a llamar Lustig!</span></span> — confirmé mientras agarraba su cuerpo para alzarlo en brazos al mismo tiempo que me erguía, cargando con él y girándome para volver sobre mis propios pasos, recibiendo como un mensaje de agradecimiento aquella risa especial de aquel animal extraño <br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">YIIIIIIIAAAAJUJUJUJUJUJUJU</span></span> —</span></div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">— <span style="color: orange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">WRYYYY HA HA HA HA HA</span></span> —</span></div>
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				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span>Gran Mascota</span>
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					Este post justifica cómo se han encontrado Sohem y Lustig, y han entablado amistad.<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://cdna.artstation.com/p/assets/images/images/048/710/492/large/fogarasi-hunor-spotted-hyena.jpg?1650729431" loading="lazy"  alt="[Imagen: fogarasi-hunor-spotted-hyena.jpg?1650729431]" class="mycode_img" /></div>
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