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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Valle del Silencio]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sun, 27 Sep 2026 18:38:44 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[La costa del Silencio [PR] [Entrenamiento]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4350</link>
			<pubDate>Thu, 17 Sep 2026 22:23:33 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=506">Zhang Guolao</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4350</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">47 de Verano del año 318</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Isla de Báltigo - Valle del Silencio</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Justo Antes del ocaso</span><br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/nSPrH9M/5e4aeb1e-108f-43ac-aef5-94a279683daa.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: 5e4aeb1e-108f-43ac-aef5-94a279683daa.png]" class="mycode_img" /></div>
</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><iframe width="630" height="95" src="https://www.youtube.com/embed/s62trykMZGg?si=cSuX31WjPXMOEPy9" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe><br />
<br />
<br />
</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">El viento soplaba con fuerza sobre su cuerpo cansado. Tres días llevaba Zhang en aquel lugar inhóspito, y al final había terminado por encontrar la belleza en el horizonte del mar, ese que tantas noches les había cobijado.<br />
<br />
Aquella tarde el mar escupía un lamento... Tan tenue que nadie lo oyó, un dolor de tan adentro, en una costa murió.<br />
<br />
Pero Zhang, después de tantas noches junto a él, entendía el sentimiento. Era como si aquellas olas lo llamaran… aunque, como si se tratara de un amor prohibido, aquel anciano debía conformarse con mirarlo desde lejos.<br />
<br />
Y es que Báltigo era un lugar seco, caluroso e inhóspito. Solo piedra y tierra hasta donde alcanzaba su mal ojo. Por eso, en aquellos tres días, el viejo terco había optado por recorrer media isla en busca de algo, o tal vez de alguien; aún no tenía claro el porqué. La vida los había empujado hasta aquel rincón del mundo, pero allí estaban.<br />
<br />
Y en una de esas caminatas fue cuando se le ocurrió. Porque aunque no tuviera ninguna intención de cambiar el mundo, muy en su interior estaba la idea de salvar lo bello que queda.<br />
<br />
De modo que aquella mañana volvió al Wu Wei a por sus cosas. Llevaban varios meses viajando en aquella embarcación, y lo que había empezado como un capricho de Lan por cultivar su marihuana hoy, tantos kilómetros después, cobraba todo el sentido del mundo: aquel invernadero venía cargado de semillas de medio mundo.<br />
<br />
Bajó con ellas, con un cubo de agua y con las manos, que era todo lo que tenía.<br />
<br />
Y allí empezó lo difícil. Sus dedos gordos no tardaron en estar sucios y magullados, pues aquella tierra era dura como el acero… Pero el cuerpo se le negaba a dejar de intentarlo. Tenía que hacerlo, porque frente a su ojo aquella tierra agonizaba de dolor.<br />
<br />
Pasó así las horas, arañando el suelo, mezclando lo poco que servía con lo mucho que no, intentando de algún modo meterle un poco de vida. Al fin y al cabo, ¿qué más podía hacer?<br />
<br />
Y cuando el sol empezó a bajar, Zhang suspiró intranquilo, mientras muy en el fondo de su ser la tristeza de la muerte le invadía el helado corazón. Allí estaba, lejos de todo y de todos, frente a aquel mar moribundo, intentando cambiarlo con sus propias manos.<br />
<br />
Pero al final del día lo había conseguido. Un par de plántulas, nada más. De otras islas, de otros climas, de otras épocas… pero con amor y esfuerzo estaba seguro de que lo lograrían.<br />
<br />
Aunque, como todos, no podemos hacerlo solos. Y unas plantas pequeñas y maltratadas necesitaban más amor que agua, por lo que el viejo burro decidió cantarles una canción.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Hmmm… —</span></span> carraspeó primero, con la misma voz de siempre, porque llevaba muchos años sin cantarle a nadie.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> Hagamos una revolución, que nuestro líder sea el sol, Y nuestro ejército sean mariposas. </span></span><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Por bandera otro amanecer y por conquista comprender, que hay que cambiar las espadas por rosas. Ven, quiero oir tu voz, y si aún nos queda amor, impidamos que esto muera-<br />
</span></span></span><br />
Y cantó desafinando, tan suave y torpe, como si estuviera leyendo una receta. A las plántulas no pareció importarles.<br />
<br />
El sol terminó de esconderse mientras él seguía con la tierra entre las manos. Al final estaba en ellas salvar lo bello que queda. Y entonces, detrás de él, Zhang escuchó unos pasos sobre la roca. Silencio llevaba un buen rato allí, escuchándolo cantar, y cuando el burro por fin se quedo en silencio, este chillo alegre, corriendo hasta sus brazos. <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Entramiento Hasshoken post #1</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Llevan tres días en Báltigo, y al encontrarse con una isla de piedra y tierra seca donde no crece nada. Zhang decide hacer algo con sus propias manos, baja las semillas del invernadero del Wu Wei y dedica el día entero a arañar el suelo, intentando devolverle algo de vida. Le da el ocaso con las manos sucias y un par de plántulas plantadas. Finalmente, termina junto a Silencio, su mono. <br />
<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto kaiten: ranbu «Cabeza Militar Giratoria: Danza Salvaje»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>6</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`tecnica_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='tecnica_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 16 | 120 Fuerza | Conocer Buto Kaiten</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>2,9xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>340 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo. Aumenta en 15 la agilidad durante el ataque.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Dos turnos.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>Una variante del Buto Kaiten donde el usuario gira más rápido y tiene más control sobre sus movimientos, lo que le permite moverse más rápidamente y girar hacia su oponente a gran velocidad aumentando así el daño de su impacto.</i>
                </p>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho003</span></span>
                    </div>
                </div>
                
            </div><br />

				</div>
			</div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">47 de Verano del año 318</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Isla de Báltigo - Valle del Silencio</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Justo Antes del ocaso</span><br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/nSPrH9M/5e4aeb1e-108f-43ac-aef5-94a279683daa.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: 5e4aeb1e-108f-43ac-aef5-94a279683daa.png]" class="mycode_img" /></div>
</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><iframe width="630" height="95" src="https://www.youtube.com/embed/s62trykMZGg?si=cSuX31WjPXMOEPy9" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe><br />
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</span></span></span></span></div>
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<div style="text-align: left;" class="mycode_align">El viento soplaba con fuerza sobre su cuerpo cansado. Tres días llevaba Zhang en aquel lugar inhóspito, y al final había terminado por encontrar la belleza en el horizonte del mar, ese que tantas noches les había cobijado.<br />
<br />
Aquella tarde el mar escupía un lamento... Tan tenue que nadie lo oyó, un dolor de tan adentro, en una costa murió.<br />
<br />
Pero Zhang, después de tantas noches junto a él, entendía el sentimiento. Era como si aquellas olas lo llamaran… aunque, como si se tratara de un amor prohibido, aquel anciano debía conformarse con mirarlo desde lejos.<br />
<br />
Y es que Báltigo era un lugar seco, caluroso e inhóspito. Solo piedra y tierra hasta donde alcanzaba su mal ojo. Por eso, en aquellos tres días, el viejo terco había optado por recorrer media isla en busca de algo, o tal vez de alguien; aún no tenía claro el porqué. La vida los había empujado hasta aquel rincón del mundo, pero allí estaban.<br />
<br />
Y en una de esas caminatas fue cuando se le ocurrió. Porque aunque no tuviera ninguna intención de cambiar el mundo, muy en su interior estaba la idea de salvar lo bello que queda.<br />
<br />
De modo que aquella mañana volvió al Wu Wei a por sus cosas. Llevaban varios meses viajando en aquella embarcación, y lo que había empezado como un capricho de Lan por cultivar su marihuana hoy, tantos kilómetros después, cobraba todo el sentido del mundo: aquel invernadero venía cargado de semillas de medio mundo.<br />
<br />
Bajó con ellas, con un cubo de agua y con las manos, que era todo lo que tenía.<br />
<br />
Y allí empezó lo difícil. Sus dedos gordos no tardaron en estar sucios y magullados, pues aquella tierra era dura como el acero… Pero el cuerpo se le negaba a dejar de intentarlo. Tenía que hacerlo, porque frente a su ojo aquella tierra agonizaba de dolor.<br />
<br />
Pasó así las horas, arañando el suelo, mezclando lo poco que servía con lo mucho que no, intentando de algún modo meterle un poco de vida. Al fin y al cabo, ¿qué más podía hacer?<br />
<br />
Y cuando el sol empezó a bajar, Zhang suspiró intranquilo, mientras muy en el fondo de su ser la tristeza de la muerte le invadía el helado corazón. Allí estaba, lejos de todo y de todos, frente a aquel mar moribundo, intentando cambiarlo con sus propias manos.<br />
<br />
Pero al final del día lo había conseguido. Un par de plántulas, nada más. De otras islas, de otros climas, de otras épocas… pero con amor y esfuerzo estaba seguro de que lo lograrían.<br />
<br />
Aunque, como todos, no podemos hacerlo solos. Y unas plantas pequeñas y maltratadas necesitaban más amor que agua, por lo que el viejo burro decidió cantarles una canción.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Hmmm… —</span></span> carraspeó primero, con la misma voz de siempre, porque llevaba muchos años sin cantarle a nadie.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> Hagamos una revolución, que nuestro líder sea el sol, Y nuestro ejército sean mariposas. </span></span><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Por bandera otro amanecer y por conquista comprender, que hay que cambiar las espadas por rosas. Ven, quiero oir tu voz, y si aún nos queda amor, impidamos que esto muera-<br />
</span></span></span><br />
Y cantó desafinando, tan suave y torpe, como si estuviera leyendo una receta. A las plántulas no pareció importarles.<br />
<br />
El sol terminó de esconderse mientras él seguía con la tierra entre las manos. Al final estaba en ellas salvar lo bello que queda. Y entonces, detrás de él, Zhang escuchó unos pasos sobre la roca. Silencio llevaba un buen rato allí, escuchándolo cantar, y cuando el burro por fin se quedo en silencio, este chillo alegre, corriendo hasta sus brazos. <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Entramiento Hasshoken post #1</span>
					</div>
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						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Llevan tres días en Báltigo, y al encontrarse con una isla de piedra y tierra seca donde no crece nada. Zhang decide hacer algo con sus propias manos, baja las semillas del invernadero del Wu Wei y dedica el día entero a arañar el suelo, intentando devolverle algo de vida. Le da el ocaso con las manos sucias y un par de plántulas plantadas. Finalmente, termina junto a Silencio, su mono. <br />
<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto kaiten: ranbu «Cabeza Militar Giratoria: Danza Salvaje»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
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                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>6</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
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                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='tecnica_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 16 | 120 Fuerza | Conocer Buto Kaiten</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
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                                <strong id='dañoTecnica'>2,9xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>340 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo. Aumenta en 15 la agilidad durante el ataque.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Dos turnos.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>Una variante del Buto Kaiten donde el usuario gira más rápido y tiene más control sobre sus movimientos, lo que le permite moverse más rápidamente y girar hacia su oponente a gran velocidad aumentando así el daño de su impacto.</i>
                </p>
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                <div class='tecnica_code_container'>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho003</span></span>
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                </div>
                
            </div><br />

				</div>
			</div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado-FIC]Poder sin entrenamiento, es solo ceniza]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3845</link>
			<pubDate>Mon, 15 Jun 2026 09:50:22 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=198">Kisuke Kageyama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3845</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Valle del Silencio, Báltigo<br />
10:00 AM, día 30 de invierno, año 17</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Demasiado ajetreo. Los días desde que habían llegado a Báltigo habían estado llenos de encuentros, reuniones, presentaciones y toda la demás parafernalia. Kisuke apenas había tenido una mañana para si mismo y no habían sido más que unas pocas horas. Por eso mismo, esa mañana, se ajustó las katanas al cinto, como siempre, y salió de la base en dirección al Valle del Silencio. Esperaba poder tener allí un rato a solas consigo mismo, y con sus katanas, para meditar y planificar, en cierta medida, como debía de proseguir con su entrenamiento. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Vamos a ver si soy capaz de aclararme."</span></span><br />
<br />
Mientras caminaba, adentrándose en el valle, Kisuke reflexionaba fumando tranquilamente buscando un buen sitio para llevar a cabo su entrenamiento. El antiguo pescador sentía que su habilidad con la espada no avanzaba ya en gran medida, aunque le seguía faltando quizá algo de potencia bruta. En cuanto al haki, sentía que era más poderoso que nunca y que su voluntad, ligada siempre a este poder, se había ido afianzando y solidificando, más aún con lo vivido el día que llegaron a la blanquecina isla. Y luego estaba su poder como usuario.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ciertamente tengo demasiado abandonada mi habilidad... quizá debería pensar en como sacarle más jugo..."</span></span><br />
<br />
Al final, encontró un lugar junto a una caverna, cerca del meandro de un arroyuelo, que estaba junto a un grupo de árboles medio secos y raquíticos, seguramente debido a las inclemencias del viento que soplaba incesante en aquella isla. Dejó el macuto en el que se había llevado un refrigerio para después y su odre junto a las raíces de uno de estos árboles, mientras se estiraba y respiraba profundamente, relajando la mente y vaciándola de toda preocupación y responsabilidad inherente a su cargo. No es que detestase ser Comandante, de hecho, le gustaba sentirse útil y que aportaba a la causa, evidentemente, pero a veces se sobresaturaba y necesitaba aquellos ratitos consigo mismo.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Bueno... va siendo hora de dejar de vaguear, lanzacañas... kuhahahaha...</span></span><br />
<br />
Hizo un breve calentamiento, poniendo a tono los músculos y articulaciones de su cuerpo, para evitar sustos en forma de algún tipo de lesión. Después de esto, desenvainó a Yamigiri y a Onikiba y se dispuso a hacer una serie de movimientos, fintas y tajos para desoxidarse de la falta de combates. Ciertamente no era suficiente, puesto que en el combate real es donde se encuentra la mejora real en el camino de la espada, pero, a falta de pan, buenas son tortas, como se suele decir.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Parece que al menos no se me ha olvidado como se sostienen las katanas... kuhahaha..."</span></span><br />
<br />
Siguió así un rato más probando sus límites en cuanto a velocidad y encadenamiento de ataques, forzando sus capacidades al máximo, hasta que, tras una media hora agitando sus katanas contra algún enemigo imaginario, se paró con la frente, los brazos y el pecho, perlados de sudor, a pesar del frío invernal que había allí, acentuado por el gélido viento del norte que soplaba. Envainó las espadas y se acercó a beber un poco de agua de su odre, vaciándolo de una vez, y acercándose a rellenarlo en el meandro del arroyuelo, que le inspiraba la suficiente confianza para ello.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Practicaré un poco la meditación para el haki..."</span></span><br />
<br />
Tras esto, se sentó en la posición de flor de loto con las katanas en el regazo, las tres que portaba consigo, y cerró los ojos expandiendo su kenbunshoku en un radio de 50 metros en un inició, subiendo su nivel de percepción y detectando todas las formas de vida que había en aquella zona, desde aves de rapiña a lagartos  hibernando, o algún tímido pez que pasaba de largo por el arroyuelo. Sin abrir los ojos, activó su haki de armamento, lo que cubrió sus brazos en negro y se levantó, con los ojos cerrados aún, acercándose a uno de los árboles y golpeando con sus puños desnudos en el tronco, sintiendo como hacía un tremendo abollón en la corteza del mismo. El árbol, que estaba en las últimas emitió un crujido a modo de quejido. Pero el antiguo pescador no era alguien que supiese usar los puños adecuadamente, por lo que se acercó, aún con los ojos cerrados a sus katanas y desenvainó de nuevo a Yamigiri y Onikiba, imbuyendo ambas con su busoshoku y tornándo sus hojas de un negro azabache como  la noche sin estrellas. Con un simple movimiento en cruz con ambas consiguió cortar el tronco como si fuese un pedazo de mantequilla y el árbol cayó librado por fin de su sufrimiento. Kisuke envainó las katanas, abrió los ojos y de nuevo rompió a sudar, más abundantemente que antes, cuando desactivó sus hakis. Aquel era un buen método para aumentar su control del haki y seguir mejorando; todavía se preguntaba si esos hakis podría mejorarlos más.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">"Bueno, estaré otro rato más y pararé a comer..."</span></span><br />
<br />
Una vez más, se sentó con las katanas envainadas en el regazo y vació su mente para concentrarse. Esta vez, trataría de alcanzar su máxima capacidad de despliegue sensorial. Pero no iba a ser tan sencillo. En esta ocasión no fue capaz de hacerlo, puesto que tres presencias aparecieron ante él, reclamando su atención. Dos hombres y una mujer. Kisuke los conocía muy bien a los tres, pero hacía mucho que no se tomaba su tiempo para conversar con ellos. Sode no Shirayuki, Onikiba y Yamigiri.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Vais a darme la turra vosotros también?</span></span><br />
<br />
La mujer, Sode no Shirayuki, hizo un puchero mirándolo con resentimiento y acercándose sensualmente a él, como hacía siempre, para tomarle del brazo izquierdo y acariciar su bíceps. Después pasó su mano al pectoral izquierdo de Kisuke haciendo un remolino con su dedo índice.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No seas tan frío conmigo, cariño... Hace mucho que no bailamos juntos... te echo de menos...</span></span><br />
<br />
Kisuke suspiró.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No seas caprichosa, sabes que no he combatido en serio en mucho tiempo...</span></span><br />
<br />
Onikiba le lanzó una mirada de desaprobación, casi de asco.<br />
<br />
<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Cuando te coja Ashura te va a destrozar por blandengue y vago, lanzacañas...</span></span><br />
<br />
Yamigiri por su parte, se llevó la mano a la frente frotando sus sienes con hastío.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-De verdad... No podéis exigir nada y lo sabéis...</span></span><br />
<br />
<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Eres demasiado blando con él y así le irá, Yamigiri...</span></span><br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">-Cariño, pasa de estos dos mugrientos y vente conmigo... Vamos a pasarlo bien.</span>-dijo susurrando mientras guiñaba un ojo a Kisuke, que la ignoró por completo a pesar de que ella acercó aún más su cuerpo al brazo de Kisuke para que sintiera sus curvas.<br />
<br />
Pero Kisuke, que estaba a otras cosas, sonrió al notar el respeto que tenía Onikiba por Yamigiri, al parecer la díscola katana sabía reconocer los rangos entre ellas y admitía la superioridad de la meitõ. Con una mirada fría tanto a Onikiba como a Sode no Shirayuki, les hizo cuadrarse y quedarse calladitos a ambos. Tanto que la mujer se separó por completo de Kisuke.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No estamos aquí para divertirnos, estamos aquí para guiarle a seguir mejorando. Y lo primero que debes hacer es aprender a utilizar mejor tu poder de akuma no mi.</span></span><br />
<br />
Kisuke se sorprendió ante ello. No esperaba que sus katanas le dijesen que tenía que mejorar en algo que, en principio no tenía que ver mucho con ellas. Siempre había tratado de buscar formas de mejorar aunando sus poderes pero no se le había ocurrido mucha cosa, realmente. Como si leyera un libro, Yamigiri sonrió al ver la cara de Kisuke.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-El Susu no Koromo fue una buena idea, pero hay una mejor manera de usar tu poder... Pero aún no estás listo, necesitas un control mucho más fino sobre tu poder del que tienes ahora mismo</span></span><br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿A qué te refieres, Yamigiri?</span></span><br />
<br />
Onikiba no pudo seguir conteniéndose.<br />
<br />
<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡A QUE ERES UN INÚTIL QUE NO APROVECHA SU POTENCIAL AL MÁXIMO, CENUTRIO!</span></span><br />
<br />
Tanto Sode no Shirayuki como Yamigiri le lanzaron una mirada asesina a Onikiba, que se limitó a girar la cabeza con dignidad hacia un lado. La mujer parecía haberse puesto seria, lo que no dejó de sorprender a Kisuke, pero no dijo nada, por lo que Yamigiri siguió con su explicación.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-El poder sin entrenamiento no es nada más que cenizas... y eso es lo que estás haciendo hasta el momento con tu habilidad... </span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió torvamente; parecía que las cosas se iban a poner interesantes, así que chocó su puño derecho con la palma de su mano izquierda y dijo:<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Pues pongámonos a ello...</span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Valle del Silencio, Báltigo<br />
10:00 AM, día 30 de invierno, año 17</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Demasiado ajetreo. Los días desde que habían llegado a Báltigo habían estado llenos de encuentros, reuniones, presentaciones y toda la demás parafernalia. Kisuke apenas había tenido una mañana para si mismo y no habían sido más que unas pocas horas. Por eso mismo, esa mañana, se ajustó las katanas al cinto, como siempre, y salió de la base en dirección al Valle del Silencio. Esperaba poder tener allí un rato a solas consigo mismo, y con sus katanas, para meditar y planificar, en cierta medida, como debía de proseguir con su entrenamiento. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Vamos a ver si soy capaz de aclararme."</span></span><br />
<br />
Mientras caminaba, adentrándose en el valle, Kisuke reflexionaba fumando tranquilamente buscando un buen sitio para llevar a cabo su entrenamiento. El antiguo pescador sentía que su habilidad con la espada no avanzaba ya en gran medida, aunque le seguía faltando quizá algo de potencia bruta. En cuanto al haki, sentía que era más poderoso que nunca y que su voluntad, ligada siempre a este poder, se había ido afianzando y solidificando, más aún con lo vivido el día que llegaron a la blanquecina isla. Y luego estaba su poder como usuario.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ciertamente tengo demasiado abandonada mi habilidad... quizá debería pensar en como sacarle más jugo..."</span></span><br />
<br />
Al final, encontró un lugar junto a una caverna, cerca del meandro de un arroyuelo, que estaba junto a un grupo de árboles medio secos y raquíticos, seguramente debido a las inclemencias del viento que soplaba incesante en aquella isla. Dejó el macuto en el que se había llevado un refrigerio para después y su odre junto a las raíces de uno de estos árboles, mientras se estiraba y respiraba profundamente, relajando la mente y vaciándola de toda preocupación y responsabilidad inherente a su cargo. No es que detestase ser Comandante, de hecho, le gustaba sentirse útil y que aportaba a la causa, evidentemente, pero a veces se sobresaturaba y necesitaba aquellos ratitos consigo mismo.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Bueno... va siendo hora de dejar de vaguear, lanzacañas... kuhahahaha...</span></span><br />
<br />
Hizo un breve calentamiento, poniendo a tono los músculos y articulaciones de su cuerpo, para evitar sustos en forma de algún tipo de lesión. Después de esto, desenvainó a Yamigiri y a Onikiba y se dispuso a hacer una serie de movimientos, fintas y tajos para desoxidarse de la falta de combates. Ciertamente no era suficiente, puesto que en el combate real es donde se encuentra la mejora real en el camino de la espada, pero, a falta de pan, buenas son tortas, como se suele decir.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Parece que al menos no se me ha olvidado como se sostienen las katanas... kuhahaha..."</span></span><br />
<br />
Siguió así un rato más probando sus límites en cuanto a velocidad y encadenamiento de ataques, forzando sus capacidades al máximo, hasta que, tras una media hora agitando sus katanas contra algún enemigo imaginario, se paró con la frente, los brazos y el pecho, perlados de sudor, a pesar del frío invernal que había allí, acentuado por el gélido viento del norte que soplaba. Envainó las espadas y se acercó a beber un poco de agua de su odre, vaciándolo de una vez, y acercándose a rellenarlo en el meandro del arroyuelo, que le inspiraba la suficiente confianza para ello.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Practicaré un poco la meditación para el haki..."</span></span><br />
<br />
Tras esto, se sentó en la posición de flor de loto con las katanas en el regazo, las tres que portaba consigo, y cerró los ojos expandiendo su kenbunshoku en un radio de 50 metros en un inició, subiendo su nivel de percepción y detectando todas las formas de vida que había en aquella zona, desde aves de rapiña a lagartos  hibernando, o algún tímido pez que pasaba de largo por el arroyuelo. Sin abrir los ojos, activó su haki de armamento, lo que cubrió sus brazos en negro y se levantó, con los ojos cerrados aún, acercándose a uno de los árboles y golpeando con sus puños desnudos en el tronco, sintiendo como hacía un tremendo abollón en la corteza del mismo. El árbol, que estaba en las últimas emitió un crujido a modo de quejido. Pero el antiguo pescador no era alguien que supiese usar los puños adecuadamente, por lo que se acercó, aún con los ojos cerrados a sus katanas y desenvainó de nuevo a Yamigiri y Onikiba, imbuyendo ambas con su busoshoku y tornándo sus hojas de un negro azabache como  la noche sin estrellas. Con un simple movimiento en cruz con ambas consiguió cortar el tronco como si fuese un pedazo de mantequilla y el árbol cayó librado por fin de su sufrimiento. Kisuke envainó las katanas, abrió los ojos y de nuevo rompió a sudar, más abundantemente que antes, cuando desactivó sus hakis. Aquel era un buen método para aumentar su control del haki y seguir mejorando; todavía se preguntaba si esos hakis podría mejorarlos más.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">"Bueno, estaré otro rato más y pararé a comer..."</span></span><br />
<br />
Una vez más, se sentó con las katanas envainadas en el regazo y vació su mente para concentrarse. Esta vez, trataría de alcanzar su máxima capacidad de despliegue sensorial. Pero no iba a ser tan sencillo. En esta ocasión no fue capaz de hacerlo, puesto que tres presencias aparecieron ante él, reclamando su atención. Dos hombres y una mujer. Kisuke los conocía muy bien a los tres, pero hacía mucho que no se tomaba su tiempo para conversar con ellos. Sode no Shirayuki, Onikiba y Yamigiri.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Vais a darme la turra vosotros también?</span></span><br />
<br />
La mujer, Sode no Shirayuki, hizo un puchero mirándolo con resentimiento y acercándose sensualmente a él, como hacía siempre, para tomarle del brazo izquierdo y acariciar su bíceps. Después pasó su mano al pectoral izquierdo de Kisuke haciendo un remolino con su dedo índice.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No seas tan frío conmigo, cariño... Hace mucho que no bailamos juntos... te echo de menos...</span></span><br />
<br />
Kisuke suspiró.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No seas caprichosa, sabes que no he combatido en serio en mucho tiempo...</span></span><br />
<br />
Onikiba le lanzó una mirada de desaprobación, casi de asco.<br />
<br />
<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Cuando te coja Ashura te va a destrozar por blandengue y vago, lanzacañas...</span></span><br />
<br />
Yamigiri por su parte, se llevó la mano a la frente frotando sus sienes con hastío.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-De verdad... No podéis exigir nada y lo sabéis...</span></span><br />
<br />
<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Eres demasiado blando con él y así le irá, Yamigiri...</span></span><br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">-Cariño, pasa de estos dos mugrientos y vente conmigo... Vamos a pasarlo bien.</span>-dijo susurrando mientras guiñaba un ojo a Kisuke, que la ignoró por completo a pesar de que ella acercó aún más su cuerpo al brazo de Kisuke para que sintiera sus curvas.<br />
<br />
Pero Kisuke, que estaba a otras cosas, sonrió al notar el respeto que tenía Onikiba por Yamigiri, al parecer la díscola katana sabía reconocer los rangos entre ellas y admitía la superioridad de la meitõ. Con una mirada fría tanto a Onikiba como a Sode no Shirayuki, les hizo cuadrarse y quedarse calladitos a ambos. Tanto que la mujer se separó por completo de Kisuke.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No estamos aquí para divertirnos, estamos aquí para guiarle a seguir mejorando. Y lo primero que debes hacer es aprender a utilizar mejor tu poder de akuma no mi.</span></span><br />
<br />
Kisuke se sorprendió ante ello. No esperaba que sus katanas le dijesen que tenía que mejorar en algo que, en principio no tenía que ver mucho con ellas. Siempre había tratado de buscar formas de mejorar aunando sus poderes pero no se le había ocurrido mucha cosa, realmente. Como si leyera un libro, Yamigiri sonrió al ver la cara de Kisuke.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-El Susu no Koromo fue una buena idea, pero hay una mejor manera de usar tu poder... Pero aún no estás listo, necesitas un control mucho más fino sobre tu poder del que tienes ahora mismo</span></span><br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿A qué te refieres, Yamigiri?</span></span><br />
<br />
Onikiba no pudo seguir conteniéndose.<br />
<br />
<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡A QUE ERES UN INÚTIL QUE NO APROVECHA SU POTENCIAL AL MÁXIMO, CENUTRIO!</span></span><br />
<br />
Tanto Sode no Shirayuki como Yamigiri le lanzaron una mirada asesina a Onikiba, que se limitó a girar la cabeza con dignidad hacia un lado. La mujer parecía haberse puesto seria, lo que no dejó de sorprender a Kisuke, pero no dijo nada, por lo que Yamigiri siguió con su explicación.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-El poder sin entrenamiento no es nada más que cenizas... y eso es lo que estás haciendo hasta el momento con tu habilidad... </span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió torvamente; parecía que las cosas se iban a poner interesantes, así que chocó su puño derecho con la palma de su mano izquierda y dijo:<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Pues pongámonos a ello...</span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Auto-Narrada T3][P.A] Entrenamiento no tan silencioso]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3827</link>
			<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 16:17:14 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=720">Mizuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3827</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 56 de Invierno, Año 17</span></span></div>
<br />
<br />
Ciertamente estar en Baltigo era una oportunidad única para hacer nuevos lazos, conocer a diferentes miembros de la armada revolucionaria y obtener contactos que de otra forma sería imposible de conseguir, sin embargo Mizuki no era la clase de mujer que se especializa en hacer contactos para fines tan cínicos, ella conoció gente y sí se llevó bien con ellos, excelente de lo contrario tampoco se haría problema, por eso mismo no estaba atada a dedicar todo su tiempo a “reunir contactos” o “forjar lazos”, pudo apartarse un poco con algunas raciones para ir a explorar y conocer la isla donde solo los mares sabían sí volvería en el futuro.<br />
 <br />
Así fue como recorriendo lo desconocido pero llevando un registro de por donde se movía para poder regresar de forma segura es que la joven mujer de ojos azules y esclerótica negra llego al lugar conocido como Valle del Silencio, nunca había visto un lugar como ese, pero cuanto menos parecía un lugar tranquilo para descansar, pero la rubia no estaba suficientemente cansada para simplemente sentarse o recostarse a descansar sin razón en un lugar como ese, por muy interesante que fuera la vista, así fue como decidió que aprovecharía a entrenar un poco más para cansarse y luego de ejercitarse recién aprovecharía a descansar.<br />
 <br />
Así fue como la jornada de entrenamiento de una Gyojin que normalmente no paraba de hablar se dio silenciosamente, al menos en un comienzo. Mizuki se ejercitaba tranquilamente, comenzando por estiramientos y calentamientos mientras veía su entorno, escuchaba la tranquilidad que era aquella falta de bullicio o incluso la ausencia de su propia voz, no es que fuera de las personas a las cuales les molestaba su propia voz, pero en aquel silencio es que tomaba conciencia de cuanto hablaba constantemente, como una vez que empezaba a hablar las palabras salían como ametralladas desde su boca de forma eufórica. Cosa de la cual ella misma no se quejaba ni molestaba, simplemente era una de las primeras veces que estaba tomando conciencia de cuanto tiempo de su día a día se la pasaba hablando hasta por los codos, con lo serio que era Kazan o el hecho de que con Seraphine hablara también en lenguaje de señas sería normal que la joven de patrón atigrado fuera también una persona de pocas palabras, pero en su lugar parecía compensar el silencio y la falta de expresión por parte de sus compañeros, sin embargo no era algo ambiental porque ya era así desde mucho antes de conocer a los miembros de la Corriente Libre.<br />
<br />
<br />
El cuerpo de la joven había calentado ya y ella permanecía callada, casi como un desafío para sí misma o tal vez porque los pensamientos abundantes en su mente compensaban por el dialogo que no exteriorizaba. La joven comenzó a golpear el aire de forma repetitiva, primero con puñetazos de Karate y luego con diferentes formas de Cabezazos, técnicas que ya conocía pero no quería arriesgarse a que se oxidasen, el sonido de sus exhalaciones se dejaba oír en el silencioso valle mientras la rubia continuaba con su aparentemente silencioso entrenamiento, tomando conciencia por primera vez de cuan fuerte podía sonar su exhalación al momento de soltar un golpe de karate, el sonido de la tierra arrastrándose en el suelo a merced de los movimientos que acompañaban o impulsaban los cabezazos constantes.<br />
 <br />
El olor de las partículas de tierra árida que llegaban a la nariz de la Gyojin era silencioso pero seguía presente, llamando la atención de otro de los sentidos de la mujer de dos metros treinta y cinco mientras entrenaba, escuchando el sonido de sus puñetazos atravesando el aire, el desliz de sus pies en la tierra cuando avanzaba o retrocedía, cada una de sus acciones parecía estar acompañada inevitablemente de algún sonido, pequeños sonidos y suspiros ambientales que eran constantes. Siendo que era la mujer más sigilosa de su tripulación al momento, Mizuki decidió tomar lo más en serio posible aquella oportunidad de mejorar su sigilo aunque fuera tan solo un poco, pues entendía que en un solo día no lograría conquistar alguna nueva técnica secreta o inventar una forma de desplazamiento silencioso de la cual ella nunca había oído antes, en lugar de eso aprovecharía esa oportunidad para buscar sombras y rocas, lugares de donde colgares para intentar reducir el ruido que causaba su cuerpo al colgarse de los asideros disponibles.<br />
 <br />
La mujer nacida para recorrer el mar estaba en tierra intentando moverse como si fuera agua, buscaba moverse en cuatro patas por momentos para reducir su altura mientras que usaba la fuerza de sus dedos y la fluidez de sus movimientos de forma que le permitiera andar tan silenciosamente como le era posible, solo con breves momentos de contacto con el suelo cuando se desplazaba o usar sus los dedos de sus pies para impactar la menor cantidad de superficie posible al momento de moverse antes de intentar cambiar de cambiar la forma en que estaba apoyada en el suelo para usar apropiadamente el toda la parte frontal de su pie como punto de apoyo para impulsarse y dar un único salto que realizara solamente el sonido del desplazamiento de tierra empujada por la fuerza utilizada por la Gyojin al saltar, un buen movimiento que lamentablemente se vería arruinado pues al aterrizar la joven de ojos azules sería incapaz de amortiguar completamente el ruido producido por su más de un cuarto de tonelada de peso cayendo sobre la roca, haciendo que el impacto golpease con cierta potencia que molestó a la revolucionaria, pero no suficiente para hacerla dejar de entrenar.<br />
 <br />
Tras escuchar lo “fuerte” que eran los sonidos producidos por sus caídas o al realizar el primer “paso” en una serie de pasos al andar o moverse trepando, Mizuki entendió que era el momento más ruidoso de su forma de desplazarse, así que comenzó a saltar para aprender a usar mejor sus rodillas y tobillos para amortiguar la caída, comenzó con varias decenas de saltos y caídas tanto rectas como en ángulo antes de lanzarse a las rocas e intentar agarrarse buscando las formas que fueran menos ruidosas. Al no tener el conocimiento teórico para crear una forma de movimiento silencioso la Gyojin solo podía recurrir a la experimentación y práctica, algo a lo cual estaba acostumbrada, intentó recordar cómo se movía en su tiempo de esclava de combate para fingir agregar a su movimiento el factor de estar flexionada o lista para lanzarse al ataque.<br />
 <br />
Cada salto era igual de ruidoso que el anterior en el comienzo, pero para cuando ya iba más de una centena de intentos finalmente comenzó a notar una mejoría en la postura y forma que debía usar tanto para saltar como para caer o agarrarse de lo asideros si quería reducir el ruido que causaba en cada uno de sus movimientos, la joven gyojin aprendió finalmente cuán importante era mantener el movimiento o reducirlo progresivamente en lugar de chocar o contrarrestar de forma bruta la fuerza con la que se movía y desplazaba de forma abrupta pues aquello causaba reacciones intensas que más de una vez ocasionaban ruidos indeseables. <br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Tengo que ser mejor, no puedo dejar que mi falta de talento para estas cosas empeore o ponga en peligro la posición de Kazan ni Seraphine… Corriente libre depende de Mí para todo lo que implique sigilo o infiltración, soy la única que sabe hacerse un disfraz decente para tener un alter ego, soy la más pequeña del grupo en cuanto a tamaño y hasta donde vi, por ahora soy la más veloz de entre nosotros.-</span></span> pensó para sí misma la musculosa mujer mientras atravesaba el aire en un salto de más de treinta metros de altura, sintiendo, observo lentamente sus alrededores antes de que la gravedad volviera a tomar control de su cuerpo, reclamándola para que regresara a la tierra y exigiéndole que cumpliera el acuerdo dictado por el sentido común de que “todo lo que sube, tiene que bajar” a pesar de que las capacidades de la Gyojin por momentos hicieran parecer lo contrario.<br />
 <br />
Mientras caía la rubia sintió su cabello ondear en la cola de caballo que llevaba, podía imaginar cómo se vería Seraphine cayendo entre sus brazos desde esa altura y una sonrisa se dibujó en los colmillos predatorios de la mujer tiburón mientras se preparaba de la mejor forma posible para caer amortiguando el impacto con sus articulaciones tanto como le era posible para causar la menor cantidad de ruido que pudiera <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-La tengo que llevar de compras también, se supone que vamos a aprovechar el movimiento libre que tenemos desde Baltigo para reubicarnos, esto es una buena oportunidad de alejarnos de ese tipo creepy que vi en el ferry del falso parque de diversiones, ese pelinegro me dio mucha mala espina las veces que me lo cruce en el ferry, nunca hizo nada para molestarme o atacarme directamente, pero sin lugar a dudas tenía en él un hedor a sangre derramada demasiado prominente… Muchas víctimas para un tipo del cual no había escuchado nada hasta ese momento… Al siguiente periódico me enteré de quien era, pero aun así, no quiero estar ni siquiera en su misma corriente… Espero que el resto no tengan problema con esta idea…-</span></span><br />
 <br />
Volvió a caer con un cuarto de tonelada desde treinta metros de altura era evidente que no podía ser extremadamente sigilosa, pero al menos había logrado reducir bastante el impacto al distribuir la fuerza de la caída entre sus tobillos, rodillas, cadera e incluso usando su cola de tiburón para amortiguar un poco el impacto y esparcir más la fuerza que se distribuía en la árida tierra del Valle del Silencio. <br />
 <br />
La oji azul ya llevaba quien supiera cuanto tiempo entrenando para cuando finalmente decidió que era hora de comer, beber y tomarse un descanso adecuado para disfrutar de las vistas y el ambiente que aquel valle podía permitirle, esa quietud que daba nombre al lugar era tal que una vez más todos los sonidos producidos por la mujer con dientes cerrados se volvía prominente desde su perspectiva, el crujido al masticar con esos pocos molares que tenía detrás de sus colmillos de tiburón, la tierra arrastrándose cuando ella se acomodaba dónde estaba sentada de una forma distinta, la fricción de su cola que ocasionalmente se movía involuntariamente mientras comía o bebía, incluso su respiración era fácil de escuchar por momentos de particular silencio.<br />
 <br />
Con una sonrisa en su rostro la mujer que apenas iba por mediados de sus veinte observo el paisaje agradeciendo poder disfrutar de aquella paz, pues aunque era una mujer enérgica, arrogante, peleonera y ruidosa, por momentos el silencio era también algo que ella podía disfrutar, le permitia alejarse de los días donde el estruendo le recordaba a las cadenas que ya no existían en esos grilletes que traía puestos, tiempos diferentes y que ahora mismo parecían incapaces de alcanzarla, no venían a ella las vivencias cuando fue forzada a ser una “mujer” acompañando a hombres de gustos exóticos, tampoco el sonido de los látigos del campo de cultivo ni los rugidos de las jaulas o cuadriláteros donde había peleado como esclava de combate para el entretenimiento y divertimento de aquellos que a lo largo de los años habían sido sus amos. Ningún ruido o sonido que le recordase a eso estaba presente en aquel valle, por primera vez en quien sabía cuanto tiempo la Gyojin estaba realmente sola con sus pensamientos, consigo misma y sin la sombra de sus días sometida para servir a otras personas contra su voluntad.<br />
 <br />
Una vez más observo el valle del silencio con aquellos ojos nacidos para moverse en las profundidades y dedico una larga respiración a disfrutar de aquel momento antes de que un pensamiento menos feliz aun así digno llegase a su mente <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Más gente merece disfrutar de cosas como estas en lugar de trabajar hasta la muerte o temer al hambre…-</span></span> como si aquello fuera una epifanía la joven de patrón atigrado en sus escamas ocre estuvo un poco más cerca de realmente comprender porque luchaba al combatir junto a la Armada Revolucionaria por la liberación del pueblo, tal vez sus motivos iniciales no fueran los mejores, violencia y codicia, pero con el paso del tiempo parecía ser que estaba comenzando a entender los ideales de la líder de aquel movimiento, aunque fuera un cambio de solo un par de gramos en la balanza de su corazón, aquel viaje a Baltigo y al Valle del Silencio había tenido un significado importante para Mizuki.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 56 de Invierno, Año 17</span></span></div>
<br />
<br />
Ciertamente estar en Baltigo era una oportunidad única para hacer nuevos lazos, conocer a diferentes miembros de la armada revolucionaria y obtener contactos que de otra forma sería imposible de conseguir, sin embargo Mizuki no era la clase de mujer que se especializa en hacer contactos para fines tan cínicos, ella conoció gente y sí se llevó bien con ellos, excelente de lo contrario tampoco se haría problema, por eso mismo no estaba atada a dedicar todo su tiempo a “reunir contactos” o “forjar lazos”, pudo apartarse un poco con algunas raciones para ir a explorar y conocer la isla donde solo los mares sabían sí volvería en el futuro.<br />
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Así fue como recorriendo lo desconocido pero llevando un registro de por donde se movía para poder regresar de forma segura es que la joven mujer de ojos azules y esclerótica negra llego al lugar conocido como Valle del Silencio, nunca había visto un lugar como ese, pero cuanto menos parecía un lugar tranquilo para descansar, pero la rubia no estaba suficientemente cansada para simplemente sentarse o recostarse a descansar sin razón en un lugar como ese, por muy interesante que fuera la vista, así fue como decidió que aprovecharía a entrenar un poco más para cansarse y luego de ejercitarse recién aprovecharía a descansar.<br />
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Así fue como la jornada de entrenamiento de una Gyojin que normalmente no paraba de hablar se dio silenciosamente, al menos en un comienzo. Mizuki se ejercitaba tranquilamente, comenzando por estiramientos y calentamientos mientras veía su entorno, escuchaba la tranquilidad que era aquella falta de bullicio o incluso la ausencia de su propia voz, no es que fuera de las personas a las cuales les molestaba su propia voz, pero en aquel silencio es que tomaba conciencia de cuanto hablaba constantemente, como una vez que empezaba a hablar las palabras salían como ametralladas desde su boca de forma eufórica. Cosa de la cual ella misma no se quejaba ni molestaba, simplemente era una de las primeras veces que estaba tomando conciencia de cuanto tiempo de su día a día se la pasaba hablando hasta por los codos, con lo serio que era Kazan o el hecho de que con Seraphine hablara también en lenguaje de señas sería normal que la joven de patrón atigrado fuera también una persona de pocas palabras, pero en su lugar parecía compensar el silencio y la falta de expresión por parte de sus compañeros, sin embargo no era algo ambiental porque ya era así desde mucho antes de conocer a los miembros de la Corriente Libre.<br />
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El cuerpo de la joven había calentado ya y ella permanecía callada, casi como un desafío para sí misma o tal vez porque los pensamientos abundantes en su mente compensaban por el dialogo que no exteriorizaba. La joven comenzó a golpear el aire de forma repetitiva, primero con puñetazos de Karate y luego con diferentes formas de Cabezazos, técnicas que ya conocía pero no quería arriesgarse a que se oxidasen, el sonido de sus exhalaciones se dejaba oír en el silencioso valle mientras la rubia continuaba con su aparentemente silencioso entrenamiento, tomando conciencia por primera vez de cuan fuerte podía sonar su exhalación al momento de soltar un golpe de karate, el sonido de la tierra arrastrándose en el suelo a merced de los movimientos que acompañaban o impulsaban los cabezazos constantes.<br />
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El olor de las partículas de tierra árida que llegaban a la nariz de la Gyojin era silencioso pero seguía presente, llamando la atención de otro de los sentidos de la mujer de dos metros treinta y cinco mientras entrenaba, escuchando el sonido de sus puñetazos atravesando el aire, el desliz de sus pies en la tierra cuando avanzaba o retrocedía, cada una de sus acciones parecía estar acompañada inevitablemente de algún sonido, pequeños sonidos y suspiros ambientales que eran constantes. Siendo que era la mujer más sigilosa de su tripulación al momento, Mizuki decidió tomar lo más en serio posible aquella oportunidad de mejorar su sigilo aunque fuera tan solo un poco, pues entendía que en un solo día no lograría conquistar alguna nueva técnica secreta o inventar una forma de desplazamiento silencioso de la cual ella nunca había oído antes, en lugar de eso aprovecharía esa oportunidad para buscar sombras y rocas, lugares de donde colgares para intentar reducir el ruido que causaba su cuerpo al colgarse de los asideros disponibles.<br />
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La mujer nacida para recorrer el mar estaba en tierra intentando moverse como si fuera agua, buscaba moverse en cuatro patas por momentos para reducir su altura mientras que usaba la fuerza de sus dedos y la fluidez de sus movimientos de forma que le permitiera andar tan silenciosamente como le era posible, solo con breves momentos de contacto con el suelo cuando se desplazaba o usar sus los dedos de sus pies para impactar la menor cantidad de superficie posible al momento de moverse antes de intentar cambiar de cambiar la forma en que estaba apoyada en el suelo para usar apropiadamente el toda la parte frontal de su pie como punto de apoyo para impulsarse y dar un único salto que realizara solamente el sonido del desplazamiento de tierra empujada por la fuerza utilizada por la Gyojin al saltar, un buen movimiento que lamentablemente se vería arruinado pues al aterrizar la joven de ojos azules sería incapaz de amortiguar completamente el ruido producido por su más de un cuarto de tonelada de peso cayendo sobre la roca, haciendo que el impacto golpease con cierta potencia que molestó a la revolucionaria, pero no suficiente para hacerla dejar de entrenar.<br />
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Tras escuchar lo “fuerte” que eran los sonidos producidos por sus caídas o al realizar el primer “paso” en una serie de pasos al andar o moverse trepando, Mizuki entendió que era el momento más ruidoso de su forma de desplazarse, así que comenzó a saltar para aprender a usar mejor sus rodillas y tobillos para amortiguar la caída, comenzó con varias decenas de saltos y caídas tanto rectas como en ángulo antes de lanzarse a las rocas e intentar agarrarse buscando las formas que fueran menos ruidosas. Al no tener el conocimiento teórico para crear una forma de movimiento silencioso la Gyojin solo podía recurrir a la experimentación y práctica, algo a lo cual estaba acostumbrada, intentó recordar cómo se movía en su tiempo de esclava de combate para fingir agregar a su movimiento el factor de estar flexionada o lista para lanzarse al ataque.<br />
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Cada salto era igual de ruidoso que el anterior en el comienzo, pero para cuando ya iba más de una centena de intentos finalmente comenzó a notar una mejoría en la postura y forma que debía usar tanto para saltar como para caer o agarrarse de lo asideros si quería reducir el ruido que causaba en cada uno de sus movimientos, la joven gyojin aprendió finalmente cuán importante era mantener el movimiento o reducirlo progresivamente en lugar de chocar o contrarrestar de forma bruta la fuerza con la que se movía y desplazaba de forma abrupta pues aquello causaba reacciones intensas que más de una vez ocasionaban ruidos indeseables. <br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Tengo que ser mejor, no puedo dejar que mi falta de talento para estas cosas empeore o ponga en peligro la posición de Kazan ni Seraphine… Corriente libre depende de Mí para todo lo que implique sigilo o infiltración, soy la única que sabe hacerse un disfraz decente para tener un alter ego, soy la más pequeña del grupo en cuanto a tamaño y hasta donde vi, por ahora soy la más veloz de entre nosotros.-</span></span> pensó para sí misma la musculosa mujer mientras atravesaba el aire en un salto de más de treinta metros de altura, sintiendo, observo lentamente sus alrededores antes de que la gravedad volviera a tomar control de su cuerpo, reclamándola para que regresara a la tierra y exigiéndole que cumpliera el acuerdo dictado por el sentido común de que “todo lo que sube, tiene que bajar” a pesar de que las capacidades de la Gyojin por momentos hicieran parecer lo contrario.<br />
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Mientras caía la rubia sintió su cabello ondear en la cola de caballo que llevaba, podía imaginar cómo se vería Seraphine cayendo entre sus brazos desde esa altura y una sonrisa se dibujó en los colmillos predatorios de la mujer tiburón mientras se preparaba de la mejor forma posible para caer amortiguando el impacto con sus articulaciones tanto como le era posible para causar la menor cantidad de ruido que pudiera <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-La tengo que llevar de compras también, se supone que vamos a aprovechar el movimiento libre que tenemos desde Baltigo para reubicarnos, esto es una buena oportunidad de alejarnos de ese tipo creepy que vi en el ferry del falso parque de diversiones, ese pelinegro me dio mucha mala espina las veces que me lo cruce en el ferry, nunca hizo nada para molestarme o atacarme directamente, pero sin lugar a dudas tenía en él un hedor a sangre derramada demasiado prominente… Muchas víctimas para un tipo del cual no había escuchado nada hasta ese momento… Al siguiente periódico me enteré de quien era, pero aun así, no quiero estar ni siquiera en su misma corriente… Espero que el resto no tengan problema con esta idea…-</span></span><br />
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Volvió a caer con un cuarto de tonelada desde treinta metros de altura era evidente que no podía ser extremadamente sigilosa, pero al menos había logrado reducir bastante el impacto al distribuir la fuerza de la caída entre sus tobillos, rodillas, cadera e incluso usando su cola de tiburón para amortiguar un poco el impacto y esparcir más la fuerza que se distribuía en la árida tierra del Valle del Silencio. <br />
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La oji azul ya llevaba quien supiera cuanto tiempo entrenando para cuando finalmente decidió que era hora de comer, beber y tomarse un descanso adecuado para disfrutar de las vistas y el ambiente que aquel valle podía permitirle, esa quietud que daba nombre al lugar era tal que una vez más todos los sonidos producidos por la mujer con dientes cerrados se volvía prominente desde su perspectiva, el crujido al masticar con esos pocos molares que tenía detrás de sus colmillos de tiburón, la tierra arrastrándose cuando ella se acomodaba dónde estaba sentada de una forma distinta, la fricción de su cola que ocasionalmente se movía involuntariamente mientras comía o bebía, incluso su respiración era fácil de escuchar por momentos de particular silencio.<br />
 <br />
Con una sonrisa en su rostro la mujer que apenas iba por mediados de sus veinte observo el paisaje agradeciendo poder disfrutar de aquella paz, pues aunque era una mujer enérgica, arrogante, peleonera y ruidosa, por momentos el silencio era también algo que ella podía disfrutar, le permitia alejarse de los días donde el estruendo le recordaba a las cadenas que ya no existían en esos grilletes que traía puestos, tiempos diferentes y que ahora mismo parecían incapaces de alcanzarla, no venían a ella las vivencias cuando fue forzada a ser una “mujer” acompañando a hombres de gustos exóticos, tampoco el sonido de los látigos del campo de cultivo ni los rugidos de las jaulas o cuadriláteros donde había peleado como esclava de combate para el entretenimiento y divertimento de aquellos que a lo largo de los años habían sido sus amos. Ningún ruido o sonido que le recordase a eso estaba presente en aquel valle, por primera vez en quien sabía cuanto tiempo la Gyojin estaba realmente sola con sus pensamientos, consigo misma y sin la sombra de sus días sometida para servir a otras personas contra su voluntad.<br />
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Una vez más observo el valle del silencio con aquellos ojos nacidos para moverse en las profundidades y dedico una larga respiración a disfrutar de aquel momento antes de que un pensamiento menos feliz aun así digno llegase a su mente <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Más gente merece disfrutar de cosas como estas en lugar de trabajar hasta la muerte o temer al hambre…-</span></span> como si aquello fuera una epifanía la joven de patrón atigrado en sus escamas ocre estuvo un poco más cerca de realmente comprender porque luchaba al combatir junto a la Armada Revolucionaria por la liberación del pueblo, tal vez sus motivos iniciales no fueran los mejores, violencia y codicia, pero con el paso del tiempo parecía ser que estaba comenzando a entender los ideales de la líder de aquel movimiento, aunque fuera un cambio de solo un par de gramos en la balanza de su corazón, aquel viaje a Baltigo y al Valle del Silencio había tenido un significado importante para Mizuki.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic] Noticias que vuelan]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3821</link>
			<pubDate>Thu, 11 Jun 2026 15:41:30 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=48">Max D. Bambú</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3821</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 28 de Invierno, Año 17<br />
17:13</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El trajín constante de la base revolucionaria llegó a agobiar al panda al cabo de un par de días. Era bulliciosa hasta el extremo, llena de vida revolucionaria que con un frenetismo llameante se preparaba para uno de los capítulos más importantes de su existencia. No le disgustaba, no nos engañemos. Don Bambú se sentía extremadamente feliz de poder compartir espacio con otras personas que pensaban como él. Que miraban hacia el cielo, donde los nobles mundiales se regocijaban de sus enfermizos privilegios, y no se contentaban con agitar el puño hacia ellos en señal de protesta. No. Los revolucionarios, la raza de Caín, como los denominaba Barles Chaudelaire, ascenderían al cielo y arrojarían a Dios sobre la tierra. Estar con ellos era un orgullo.<br />
<br />
Pero cojones, que no se callaban.<br />
<br />
La base no era una biblioteca, eso lo sabía, pero el barullo que montaban decenas de miles de personas encerradas en un mismo espacio era, en ocasiones, inaguantable para el panda. Además todo el mundo le miraba, y aunque no le importaba en exceso tampoco le gustaba sentirse observado a todas horas. Mientras desayunaba, mientras entrenaba, mientras leía y no le observaban mientras cagaba porque con la cara de pocos amigos que se le ponía a media tarde no había huevos de acercarse a hablarle. El panda no era un mink rencoroso, así que no se lo tendría en cuenta a las generaciones más jóvenes de revolucionarios, pero necesitaba un espacio silencioso en el cual poder pensar con tranquilidad. Se acercaba el día en el que daría comienzo su siguiente misión. Una misión en la que nadie podía ayudarle, porque era algo con lo que debía lidiar él solo. Debía dar caza a Kovashi y debía darle un desenlace a su historia, a su tormento. Debía matar a su amigo. La simple idea le causaba escalofríos, pero ya no se trataba de una disputa entre camaradas como las del pasado, sino de un deber revolucionario. Kovashi había cometido un acto de alta traición al asesinar a Derya. Había traicionado la amistad que tenían, pero por encima de todas las cosas había traicionado al Ejército.<br />
<br />
Y este era un crimen que Don Bambú, sencillamente, no podía perdonarle.<br />
<br />
El Valle del Silencio hacía honor a su nombre. La tierra árida de Báltigo, fría por el invierno que la asolaba, era un terreno inhóspito para la mayoría de revolucionarios, que preferían el calor de la base antes que la tierra estéril de las afueras. El sonido del viento emitía una suerte de agudo silbido al atravesar las formaciones rocosas circundantes. No era molesto a pesar de todo, ya que el sonido era constante y natural. Invitaba a la relajación más que al estrés. Por lo demás, no se escuchaba nada en el valle. Nada excepto el aleteo lejano de un ave. No, no un ave, centenares al unísono. Una enorme bandada de pájaros se adentraba en Báltigo por el este, atravesando el Valle del Silencio en dirección a la fortaleza revolucionaria llevando consigo... ¡El periódico! Perspicaces como eran, nada ni nadie escapaba de sus aguileñas miradas. Uno de los laboriosos animales detectó inmediatamente al panda y le arrojó con precisión el periódico a la cabeza. Intha los había entrenado bien. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Ay.</span> —Se quejó, aunque no le había dolido en absoluto. Ya se había olvidado de los pájaros cuando abrió el periódico por la primera página. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">NO ME LO CREO.</span> —Y así, el Valle del Silencio se convirtió en el Valle del Panda Incrédulo y Ruidoso.<br />
<br />
Allí, en la mismísima primera plana, Triana Tempesta le recibía con una mirada por la que habrían partido un millar de galeones, como la de Trelena de Hoya. ¿La noticia? Los Alas Negras habían acabado con Punk Hazard, pero no solo eso, sino que además habían terminado con la vida del mismísimo Dr. Utakata. Inmediatamente la mente del panda le llevó al pasado, a los Cabos Gemelos, donde tras un arduo enfrentamiento con el pirata Finn Slingerland en el que habían resultado victoriosos, una de las Unidades de Destrucción Masiva de Utakata hizo acto de aparición para hacerse con todos las recompensas y prácticamente reírse en sus caras. Aquel día Don Bambú juró vengarse del Dr. Utakata, pero seis años más tarde no era por su mano por la que el científico encontraba un sangriento desenlace. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Se me han adelantado, maldito Garnet.</span> —Les maldecía, pero lo hacía con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro. Tobías, Triana, Jolyne, Kenzo —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Anda, Kenzo tiene una D. también, qué raro. Honhonhonhon.</span> —Garnet y... <br />
<br />
—<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Yojimbo... ¿van a ejecutarle?</span> —La sonrisa de su rostro se esfumó tan rápido como había llegado. El heredero de la legendaria tierra de Skypiea, tal y como había anunciado Zarutsuki años atrás, había sido condenado a muerte. Las acciones de los Alas Negras habían desencadenado una respuesta contundente de la malvada Marina. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">¡No, espera! ¡Estúpido periódico! ¿¡Cómo que el 10 de Invierno!?</span> —El día ya había pasado. ¿Habían ejecutado de verdad a Yojimbo? Bambú era un revolucionario y Yojimbo un pirata. Casi no tenía relación con él, pero hubiera acudido a su rescate aunque sólo fuera por Garnet. ¿Cómo debía de sentirse su lascivo amigo en aquellos instantes? —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Mierda tío... Tengo que hablar con él. Es capaz de hacer una locura...</span> —Le llamaría pronto. Seguro que podían compartir penas y aliviarse el uno al otro como tantas otras veces en el pasado.<br />
<br />
Casi no se habría animado a seguir con la lectura de no ser porque podrían decir algo interesante. Las siguientes dos noticias, las cuales compartían página, demostraron que su intuición era correcta. Por un lado se iba a celebrar la segunda edición de los juegos de Zarutsuki. Teniendo en cuenta que Yojimbo era el protegido del infame Shichibukai, aquel parecía un mal momento. Por otro lado, una división de malignos, malvados, analfabetos y malolientes marines había condenado Drum al fascismo. Esperaba de corazón que los revolucionarios que se dirigiesen al Grand Line lo solventasen cuanto antes. Justo debajo de estas dos noticias, sin embargo, había una mucho más relevante para el panda. La mismísima Elizabeth D. Kaiten aparecía en portada rodeada de insultos y calumnias propias de un sensacionalista como Intha. Una lágrima de orgullo surcó el rostro del mink mientras leía cómo se contemplaba que el Ejército pudiera llegar incluso a robar la Navidad. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Por fin acabaremos con esa absurda festividad engendro del capitalismo...</span> —Estaba mal que el panda lo pensase, mucho más que lo dijera, pero su Comandante Suprema salía mucho más atractiva que la legendaria Triana Tempesta. Con esa imagen en la mano igual hasta convencía a Garnet de que se hiciera revolucionario.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">Puejejeje...</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Casi le parecía escuchar su risa de absoluto pervertido en la distancia. Tanto fue así que miró a su alrededor para asegurarse de que de verdad no estaba allí. Como corroboró que estaba completamente solo en aquel valle, continuó su lectura para toparse con otra noticia de Sanxe. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Ah, ya sabía yo que Marrano Rahoy no era de fiar. Seguro que tiene algo que ver con ese misterioso M. Rahoy. Si tuviera alguna evidencia de ello...</span> —Pero no las había. Era completamente imposible realizar esa conexión y llamarían loco a cualquiera que lo intentase. Y como Bambú no quería ser objeto de vilipendio público, decidió dejar la noticia atrás y no hacerse ideas extrañas.<br />
<br />
Las últimas noticias aludían a unas cuantas bandas de piratas cuyos nombres no le decían nada al panda y a una nueva receta viral de esas que pasan de moda a los dos meses. ¿De verdad había gente que quería tener el perineo anal tostado? Negando con la cabeza, el panda cerró el periódico y lo dobló. Había olvidado el melancólico motivo que le llevó a viajar a aquel páramo desolador como era el Valle del Silencio. Se había dejado los den den mushis en el despacho de Kisuke como quien deja el móvil en casa para desconectar de la tecnología unos instantes, pero rápidamente se percató de lo estúpido de su decisión. ¿Y si ataca el Gobierno Mundial sorpresivamente? Sería una locura, pero más loco sería no estar allí para defender a sus compañeros. Rápidamente y con la cabeza más vacía de preocupaciones y más llena de información nueva, Bambú empezó a trotar de vuelta a casa.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 28 de Invierno, Año 17<br />
17:13</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El trajín constante de la base revolucionaria llegó a agobiar al panda al cabo de un par de días. Era bulliciosa hasta el extremo, llena de vida revolucionaria que con un frenetismo llameante se preparaba para uno de los capítulos más importantes de su existencia. No le disgustaba, no nos engañemos. Don Bambú se sentía extremadamente feliz de poder compartir espacio con otras personas que pensaban como él. Que miraban hacia el cielo, donde los nobles mundiales se regocijaban de sus enfermizos privilegios, y no se contentaban con agitar el puño hacia ellos en señal de protesta. No. Los revolucionarios, la raza de Caín, como los denominaba Barles Chaudelaire, ascenderían al cielo y arrojarían a Dios sobre la tierra. Estar con ellos era un orgullo.<br />
<br />
Pero cojones, que no se callaban.<br />
<br />
La base no era una biblioteca, eso lo sabía, pero el barullo que montaban decenas de miles de personas encerradas en un mismo espacio era, en ocasiones, inaguantable para el panda. Además todo el mundo le miraba, y aunque no le importaba en exceso tampoco le gustaba sentirse observado a todas horas. Mientras desayunaba, mientras entrenaba, mientras leía y no le observaban mientras cagaba porque con la cara de pocos amigos que se le ponía a media tarde no había huevos de acercarse a hablarle. El panda no era un mink rencoroso, así que no se lo tendría en cuenta a las generaciones más jóvenes de revolucionarios, pero necesitaba un espacio silencioso en el cual poder pensar con tranquilidad. Se acercaba el día en el que daría comienzo su siguiente misión. Una misión en la que nadie podía ayudarle, porque era algo con lo que debía lidiar él solo. Debía dar caza a Kovashi y debía darle un desenlace a su historia, a su tormento. Debía matar a su amigo. La simple idea le causaba escalofríos, pero ya no se trataba de una disputa entre camaradas como las del pasado, sino de un deber revolucionario. Kovashi había cometido un acto de alta traición al asesinar a Derya. Había traicionado la amistad que tenían, pero por encima de todas las cosas había traicionado al Ejército.<br />
<br />
Y este era un crimen que Don Bambú, sencillamente, no podía perdonarle.<br />
<br />
El Valle del Silencio hacía honor a su nombre. La tierra árida de Báltigo, fría por el invierno que la asolaba, era un terreno inhóspito para la mayoría de revolucionarios, que preferían el calor de la base antes que la tierra estéril de las afueras. El sonido del viento emitía una suerte de agudo silbido al atravesar las formaciones rocosas circundantes. No era molesto a pesar de todo, ya que el sonido era constante y natural. Invitaba a la relajación más que al estrés. Por lo demás, no se escuchaba nada en el valle. Nada excepto el aleteo lejano de un ave. No, no un ave, centenares al unísono. Una enorme bandada de pájaros se adentraba en Báltigo por el este, atravesando el Valle del Silencio en dirección a la fortaleza revolucionaria llevando consigo... ¡El periódico! Perspicaces como eran, nada ni nadie escapaba de sus aguileñas miradas. Uno de los laboriosos animales detectó inmediatamente al panda y le arrojó con precisión el periódico a la cabeza. Intha los había entrenado bien. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Ay.</span> —Se quejó, aunque no le había dolido en absoluto. Ya se había olvidado de los pájaros cuando abrió el periódico por la primera página. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">NO ME LO CREO.</span> —Y así, el Valle del Silencio se convirtió en el Valle del Panda Incrédulo y Ruidoso.<br />
<br />
Allí, en la mismísima primera plana, Triana Tempesta le recibía con una mirada por la que habrían partido un millar de galeones, como la de Trelena de Hoya. ¿La noticia? Los Alas Negras habían acabado con Punk Hazard, pero no solo eso, sino que además habían terminado con la vida del mismísimo Dr. Utakata. Inmediatamente la mente del panda le llevó al pasado, a los Cabos Gemelos, donde tras un arduo enfrentamiento con el pirata Finn Slingerland en el que habían resultado victoriosos, una de las Unidades de Destrucción Masiva de Utakata hizo acto de aparición para hacerse con todos las recompensas y prácticamente reírse en sus caras. Aquel día Don Bambú juró vengarse del Dr. Utakata, pero seis años más tarde no era por su mano por la que el científico encontraba un sangriento desenlace. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Se me han adelantado, maldito Garnet.</span> —Les maldecía, pero lo hacía con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro. Tobías, Triana, Jolyne, Kenzo —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Anda, Kenzo tiene una D. también, qué raro. Honhonhonhon.</span> —Garnet y... <br />
<br />
—<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Yojimbo... ¿van a ejecutarle?</span> —La sonrisa de su rostro se esfumó tan rápido como había llegado. El heredero de la legendaria tierra de Skypiea, tal y como había anunciado Zarutsuki años atrás, había sido condenado a muerte. Las acciones de los Alas Negras habían desencadenado una respuesta contundente de la malvada Marina. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">¡No, espera! ¡Estúpido periódico! ¿¡Cómo que el 10 de Invierno!?</span> —El día ya había pasado. ¿Habían ejecutado de verdad a Yojimbo? Bambú era un revolucionario y Yojimbo un pirata. Casi no tenía relación con él, pero hubiera acudido a su rescate aunque sólo fuera por Garnet. ¿Cómo debía de sentirse su lascivo amigo en aquellos instantes? —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Mierda tío... Tengo que hablar con él. Es capaz de hacer una locura...</span> —Le llamaría pronto. Seguro que podían compartir penas y aliviarse el uno al otro como tantas otras veces en el pasado.<br />
<br />
Casi no se habría animado a seguir con la lectura de no ser porque podrían decir algo interesante. Las siguientes dos noticias, las cuales compartían página, demostraron que su intuición era correcta. Por un lado se iba a celebrar la segunda edición de los juegos de Zarutsuki. Teniendo en cuenta que Yojimbo era el protegido del infame Shichibukai, aquel parecía un mal momento. Por otro lado, una división de malignos, malvados, analfabetos y malolientes marines había condenado Drum al fascismo. Esperaba de corazón que los revolucionarios que se dirigiesen al Grand Line lo solventasen cuanto antes. Justo debajo de estas dos noticias, sin embargo, había una mucho más relevante para el panda. La mismísima Elizabeth D. Kaiten aparecía en portada rodeada de insultos y calumnias propias de un sensacionalista como Intha. Una lágrima de orgullo surcó el rostro del mink mientras leía cómo se contemplaba que el Ejército pudiera llegar incluso a robar la Navidad. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Por fin acabaremos con esa absurda festividad engendro del capitalismo...</span> —Estaba mal que el panda lo pensase, mucho más que lo dijera, pero su Comandante Suprema salía mucho más atractiva que la legendaria Triana Tempesta. Con esa imagen en la mano igual hasta convencía a Garnet de que se hiciera revolucionario.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">Puejejeje...</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Casi le parecía escuchar su risa de absoluto pervertido en la distancia. Tanto fue así que miró a su alrededor para asegurarse de que de verdad no estaba allí. Como corroboró que estaba completamente solo en aquel valle, continuó su lectura para toparse con otra noticia de Sanxe. —<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Ah, ya sabía yo que Marrano Rahoy no era de fiar. Seguro que tiene algo que ver con ese misterioso M. Rahoy. Si tuviera alguna evidencia de ello...</span> —Pero no las había. Era completamente imposible realizar esa conexión y llamarían loco a cualquiera que lo intentase. Y como Bambú no quería ser objeto de vilipendio público, decidió dejar la noticia atrás y no hacerse ideas extrañas.<br />
<br />
Las últimas noticias aludían a unas cuantas bandas de piratas cuyos nombres no le decían nada al panda y a una nueva receta viral de esas que pasan de moda a los dos meses. ¿De verdad había gente que quería tener el perineo anal tostado? Negando con la cabeza, el panda cerró el periódico y lo dobló. Había olvidado el melancólico motivo que le llevó a viajar a aquel páramo desolador como era el Valle del Silencio. Se había dejado los den den mushis en el despacho de Kisuke como quien deja el móvil en casa para desconectar de la tecnología unos instantes, pero rápidamente se percató de lo estúpido de su decisión. ¿Y si ataca el Gobierno Mundial sorpresivamente? Sería una locura, pero más loco sería no estar allí para defender a sus compañeros. Rápidamente y con la cabeza más vacía de preocupaciones y más llena de información nueva, Bambú empezó a trotar de vuelta a casa.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Absoluto][Auto T3] Acostumbrarse a lo nuevo.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1313</link>
			<pubDate>Mon, 02 Sep 2024 13:51:45 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=200">Chloe Dendro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1313</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">18:00<br />
Día 6 de Otoño. Año 13.<br />
Báltigo, Valle del Silencio.</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Había comenzado el día como uno más desde que atracamos en el puerto de la isla rocosa, con una relajante y reconfortante ducha de agua bien fresquita que me despertaba del todo después de una plácida noche de descanso reparador, algo que va genial para mantener una piel sana, tersa y joven. Comencé a vestirme antes de abandonar el baño, poniéndome ropa cómoda para el ejercicio que aún no había decidido si haría o no, pero necesitaba mentalizarme de que tenía que hacer para no quedarme demasiado atrás en comparación con mis compañeros. Mi conjunto era muy sencillo, un top ajustado de color mostaza con los bordes blancos y la palabra “MUSCLE” en él, del mismo blanco que los bordes pero con un delineado verde lima; del mismo verde lima eran los shorts que iban a juego, con estampado de camuflaje que mezclaba otras tonalidades de verde, aunque no es como si fuera a servir de mucho un camuflaje verde en una isla casi por completo gris, si acaso me haría destacar aún más; cubriendo el top y mi cuerpo cogí una chaqueta fina, blanca y con dos franjas verdes, una en la parte más baja, a la altura de los shorts y una más, con el estampado de los pantalones, que nacía en la punta de las mangas y subía por el brazo hasta llegar al hombro, atravesado por dos franjas del mismo amarillo apagado que la palabra que lucía sobre mi pecho, y finalizando con unos zapatos deportivos blancos por todos lados menos en los laterales, que tenían el mismo estampado que simulaba camuflaje y con una gruesa plataforma acolchada. En cuanto ya estuve vestida y lista me preparé para ir a la cocina a tomar el desayuno usual, un revuelto de huevos con trozos de carne y ralladura de queso, no me terminaba de sentir integrada por lo que mis desayunos solían ser rápidos y cuando nadie más, ocasionalmente Viktor, con quien mi relación no era tan seca como con Sohem, ocupaba la cocina; y tras eso volví a lo que era mi lugar en el barco.<br />
 </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Mi camarote en el Parabellum era pequeño en comparación a lo que tenía en mi vida de antes, pero me había acostumbrado a su reducido espacio con sorprendente velocidad. Mis dedos también se acostumbraron a la madera desgastada del viejo rifle, se deslizaban con una curiosa familiaridad por la superficie de mi nueva arma. Era un arma mucho mejor, más robusta, mejor equilibrada, con un cañón más largo que prometía, a la vez, una mayor precisión y más alcance. Mientras limpiaba con cuidado el polvo y la suciedad que durante años se habían acumulado en el arma, no pude evitar pensar en lo diferente que habría sido mi entrenamiento con Viktor si hubiera tenido este rifle desde el principio. ¿Le habría hecho algo de daño con este arma? ¿Lo habría alcanzado con aquél primer tiro? No valía la pena pensar en el pasado tanto, lo hecho, hecho estaba. Volví a montar el arma pieza por pieza, sintiendo una satisfacción extraña al oír cada uno de los clics metálicos de las partes encajando a la perfección. A pesar de las circunstancias en las que lo encontré, me había encariñado con ese rifle. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Decidido.</span></span> — dije mientras me levantaba de la cama, tras asegurarme de que el rifle estaba cargado y en perfecto estado, ya era hora de ver realmente de lo que era capaz. Salí del camarote y la brisa marina me recibió en cubierta, refrescante en comparación con el calor sofocante que había en el barco unas horas antes. Viktor estaba ocupado revisando las cuerdas del mástil y Sohem se encontraba en la popa del barco junto a su nueva mascota, mirando al horizonte con su perpetua expresión de concentración, o así me lo imaginaba, me resultaba muy difícil saber en qué estaba pensando, y el casco no hacía más que dificultar esa tarea, pero por suerte no era algo que me debiera incumbir. Les pasé de largo sin decir nada, mi mente ya estaba centrada en lo que tenía que hacer. Báltigo, la isla en la que nos encontrábamos, no era más que un pedazo de tierra pedregosa en medio del océano, al bajar del barco mis botas golpearon la roca áspera, haciendo un sonido seco y corto, siento la calidez del suelo a través de las suelas, el sol aún está alto, pero no tan agresivo como horas antes, lo cual es un alivio que se ve mermado por la capacidad de la roca de mantener la temperatura.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Caminé durante un rato, buscando un lugar adecuado para la práctica de tiro que tengo en mente, y me detengo cuando encuentro un espacio plano entre las  pequeñas pero continuas montañas de rocas, en este lugar no hay vegetación que obstruya la vista, aunque tampoco la hay en el resto de la isla, solo están el cielo despejado sobre mí y el suelo duro bajo mis pies. Me agaché y comencé a amontonar unas piedras para conseguir una forma similar a una pirámide, formando dos montículos triangulares que me servirían de objetivos improvisados. Era un trabajo rápido, torpe y rudimentario, pero efectivo. Uno de los montículos es un poco más grande, con una piedra más redonda colocada en la parte superior como si fuera la cabeza de un muñeco. Me alejé unos pasos, midiendo la distancia con la mirada, coloqué los pies firmemente en el suelo y levanté el rifle, apoyando la culata contra mi hombro, tomé una profunda bocanada de aire, exhalando lentamente mientras alineaba la mira con el primer objetivo, mi dedo se posó suavemente sobre el gatillo, sintiendo el frío metal bajo la yema, y <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¡BANG!</span></span></span>, el disparo resonó como un trueno en el aire quieto de la isla. El retroceso fue mucho más fuerte de lo que esperaba, sorprendiéndome gratamente, pero me conseguí mantener firme. El montículo de piedras explotó en fragmentos que volaron en todas las direcciones al recibir el impacto de la bala, dejando solo una nube de polvo suspendida en el aire. Bajé el rifle con una sonrisa que no podía contener, el poder de esta arma era asombroso, mucho mayor que el que tuve antes. Con esta demostración de poderío no me extrañaba nada que aquel que  una vez lo empuñó se aferrase a él incluso en la muerte. Me preparé para el segundo disparo, esta vez, ajustando mi postura ligeramente, anticipándome al retroceso, el muñeco improvisado está en la mira, la piedra que hace  las veces de cabeza está bien centrada, vuelvo a contener la respiración y aprieto el gatillo, otro tronante rugido del rifle partió el silencio y la calma de la isla, el disparo fue limpio, preciso, la piedra superior del montículo quedó destrozada en mil pedazos, y yo me quedé mirando con satisfacción la obra de mi puntería.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me incorporé y relajé mi postura, acercándome a ver como ambas pirámides improvisadas eran ahora solo ruinas gracias a mi y a mi nueva arma. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No está nada mal.</span></span> — murmuré para mí misma, con una sonrisa de satisfacción. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Pero no es suficiente.</span></span> — me dije a mí misma resignada. Quería más, necesitaba más, ver hasta dónde podía llegar con este nuevo potencial, debía poder lograr sin dificultad algo más que simples disparos a blancos estáticos. Dejé el montículo destruido detrás de mí y me giré, mirando el cielo, en busca de algún objetivo que se moviera, algo que pudiera poner a prueba mi habilidad de verdad, un reto. Tras varios minutos caminando mis ojos se detuvieron en una bandada de aves cerca de la costa, estaban volando en círculos y sus sombras al moverse de forma errática sobre las olas dibujaban su trayectoria de forma fácil de leer. Era perfecto. Me agaché ligeramente, asegurando mi postura en la línea de rocas inestables que dibujaban el límite entre costa e interior de la isla, y levanté el rifle una vez más. La culata vuelve a su lugar en mi hombro, y apoyo mi mejilla contra la madera, alineando mi ojo con la mira del arma, y esta con el ave más cercana. El viento es apenas una brisa, pero lo tomo en cuenta, su dirección me hace ajustar ligeramente mi objetivo. Respiro hondo una vez más, mientras exhalo mi dedo se coloca en el gatillo y aprieto. El ave cae en picado, el disparo atravesó su cabeza con una precisión casi quirúrgica. La bandada se vuelve aún más caótica, sus movimientos erráticos se intensifican mientras intentan huir de un peligro que no pueden ver, pero eso no me frena, al contrario, me motiva aún más, eso sí sería un reto. En cuanto tuve un objetivo claro disparé una segunda vez, esta vez a un ave que se elevaba sobre las demás. El retroceso me empuja un poco hacia atrás, pero mantengo el rifle firme y mi postura me deja anclada en el suelo, el desplazamiento es mínimo. El ave cae, girando en el aire antes de estrellarse contra las pequeñas rocas de la playa grisácea. Mis labios se curvan en una retorcida sonrisa de satisfacción mientras vuelvo a centrar la mirada y el arma en una tercera ave, que cae igual de rápido. Tres disparos, tres objetivos abatidos. El resto de la bandada se dispersa antes de que pueda seguir con mi práctica de tiro, dejando el cielo despejado y solo el sonido del mar rompiendo contra las rocas. En ese momento relajo mi cuerpo, bajo el rifle y normalizo mi respiración, sintiendo una oleada de orgullo. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Soy buena, muy buena.</span></span> —, me repetía a mi misma. Este rifle era ahora una extensión de mí misma, un arma que podía manejar con una precisión que ni siquiera sabía que tenía. Me acerqué a mirar los cuerpos de las aves con más detenimiento. Estaban inmóviles en el suelo pedregoso, gracias sin duda a mi destreza con el arma y la precisión de mis disparos. El orgullo inflaba mi pecho, pero esa sensación de triunfo se desvaneció rápidamente cuando me di cuenta de lo que seguía: tenía que recoger esas aves y llevarlas al barco. Fruncí el ceño, sintiendo una punzada de repulsión en mi estómago, no me importaba dispararles, pero tocarlas era otro mundo completamente diferente, aunque por desgracia no me quedaba más remedio, la carne de ave sería una buena cena, además eran de bastante buen tamaño, y no iba a dejar que esos disparos se hubieran gastado en vano.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me acerqué a los cuerpos con cuidado, casi esperando que volvieran a la vida y volasen lejos para evitar que los tocase, pero, por supuesto, no sucedió. Estaban muertos, y debía lidiar con ello, tragué saliva con fuerza, sintiendo cómo mi estómago se revolvía al agacharme, al borde de la arcada, conseguí enrollar la correa del rifle alrededor de los cuellos de los pájaros, uno por uno. La sensación de las plumas y la carne fría contra mis dedos me hacían estremecerme del asco, pero apreté los dientes y terminé la tarea lo más rápidamente posible, y ya con las aves colgando del rifle, empecé a caminar de vuelta al velero que se había convertido en mi nuevo, y disfuncional, hogar. Mis hombros se sentían pesados, no tanto por el peso de las aves, que era considerable, sino por la resistencia mental que me  estaba costando tocar esos cuerpos inertes y mantenerlos levantados para que no se destrozasen contra el áspero suelo de rocas. Pero mientras camino, el orgullo comienza a volver a mi mientras repaso la tarde que he tenido, he demostrado que puedo ser una tiradora excelente, una compañera en la que tal vez puedan depositar su confianza llegado el momento. y además ahora, ya había cena para esa noche, porque la había conseguido yo, yo sola. Subí al barco, satisfecha con lo que había logrado, y aunque aún perduraba una ligera sensación de incomodidad por manipular los cuerpos de las aves muertas que traía, eso no importa. Hoy, me había demostrado que era la mejor, y no había nada ni nadie que pudiera quitarme eso.</div>
<hr class="mycode_hr" />
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                    <img src='https://imgur.com/EyAcNvG.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Rifle</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Objetos bélicos</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>4</strong></div>
                    
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                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>7 FUE / 7 DES / 15 PREC</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>2000</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>55</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,9 PRE</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>40</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>200000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Un arma de fuego con un cañón largo y estrías internas que hacen que la bala gire, mejorando la precisión. Los rifles se utilizan para disparos a larga distancia.</i>
                </p>
                <hr/>
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                        <span style='font-family:monospace;'><strong>rifle004</strong></span>
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                </div>
            </div><div class='objeto_content'>
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                    <img src='https://i.imgur.com/M1i4Gd2.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Munición</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Munición</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>-</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>-</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>10</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>-</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>1</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>3000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Pack de 30 balas. Este tipo de munición estándar es comúnmente utilizada en diversas armas a distancia. Aunque no posee características especiales, es confiable y ampliamente disponible. Cada una provoca 10 de daño.
</i>
                </p>
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                <div class='objeto_code_container'>
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                        <span style='font-family:monospace;'><strong>municion001</strong></span>
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                </div>
            </div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">18:00<br />
Día 6 de Otoño. Año 13.<br />
Báltigo, Valle del Silencio.</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Había comenzado el día como uno más desde que atracamos en el puerto de la isla rocosa, con una relajante y reconfortante ducha de agua bien fresquita que me despertaba del todo después de una plácida noche de descanso reparador, algo que va genial para mantener una piel sana, tersa y joven. Comencé a vestirme antes de abandonar el baño, poniéndome ropa cómoda para el ejercicio que aún no había decidido si haría o no, pero necesitaba mentalizarme de que tenía que hacer para no quedarme demasiado atrás en comparación con mis compañeros. Mi conjunto era muy sencillo, un top ajustado de color mostaza con los bordes blancos y la palabra “MUSCLE” en él, del mismo blanco que los bordes pero con un delineado verde lima; del mismo verde lima eran los shorts que iban a juego, con estampado de camuflaje que mezclaba otras tonalidades de verde, aunque no es como si fuera a servir de mucho un camuflaje verde en una isla casi por completo gris, si acaso me haría destacar aún más; cubriendo el top y mi cuerpo cogí una chaqueta fina, blanca y con dos franjas verdes, una en la parte más baja, a la altura de los shorts y una más, con el estampado de los pantalones, que nacía en la punta de las mangas y subía por el brazo hasta llegar al hombro, atravesado por dos franjas del mismo amarillo apagado que la palabra que lucía sobre mi pecho, y finalizando con unos zapatos deportivos blancos por todos lados menos en los laterales, que tenían el mismo estampado que simulaba camuflaje y con una gruesa plataforma acolchada. En cuanto ya estuve vestida y lista me preparé para ir a la cocina a tomar el desayuno usual, un revuelto de huevos con trozos de carne y ralladura de queso, no me terminaba de sentir integrada por lo que mis desayunos solían ser rápidos y cuando nadie más, ocasionalmente Viktor, con quien mi relación no era tan seca como con Sohem, ocupaba la cocina; y tras eso volví a lo que era mi lugar en el barco.<br />
 </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Mi camarote en el Parabellum era pequeño en comparación a lo que tenía en mi vida de antes, pero me había acostumbrado a su reducido espacio con sorprendente velocidad. Mis dedos también se acostumbraron a la madera desgastada del viejo rifle, se deslizaban con una curiosa familiaridad por la superficie de mi nueva arma. Era un arma mucho mejor, más robusta, mejor equilibrada, con un cañón más largo que prometía, a la vez, una mayor precisión y más alcance. Mientras limpiaba con cuidado el polvo y la suciedad que durante años se habían acumulado en el arma, no pude evitar pensar en lo diferente que habría sido mi entrenamiento con Viktor si hubiera tenido este rifle desde el principio. ¿Le habría hecho algo de daño con este arma? ¿Lo habría alcanzado con aquél primer tiro? No valía la pena pensar en el pasado tanto, lo hecho, hecho estaba. Volví a montar el arma pieza por pieza, sintiendo una satisfacción extraña al oír cada uno de los clics metálicos de las partes encajando a la perfección. A pesar de las circunstancias en las que lo encontré, me había encariñado con ese rifle. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Decidido.</span></span> — dije mientras me levantaba de la cama, tras asegurarme de que el rifle estaba cargado y en perfecto estado, ya era hora de ver realmente de lo que era capaz. Salí del camarote y la brisa marina me recibió en cubierta, refrescante en comparación con el calor sofocante que había en el barco unas horas antes. Viktor estaba ocupado revisando las cuerdas del mástil y Sohem se encontraba en la popa del barco junto a su nueva mascota, mirando al horizonte con su perpetua expresión de concentración, o así me lo imaginaba, me resultaba muy difícil saber en qué estaba pensando, y el casco no hacía más que dificultar esa tarea, pero por suerte no era algo que me debiera incumbir. Les pasé de largo sin decir nada, mi mente ya estaba centrada en lo que tenía que hacer. Báltigo, la isla en la que nos encontrábamos, no era más que un pedazo de tierra pedregosa en medio del océano, al bajar del barco mis botas golpearon la roca áspera, haciendo un sonido seco y corto, siento la calidez del suelo a través de las suelas, el sol aún está alto, pero no tan agresivo como horas antes, lo cual es un alivio que se ve mermado por la capacidad de la roca de mantener la temperatura.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Caminé durante un rato, buscando un lugar adecuado para la práctica de tiro que tengo en mente, y me detengo cuando encuentro un espacio plano entre las  pequeñas pero continuas montañas de rocas, en este lugar no hay vegetación que obstruya la vista, aunque tampoco la hay en el resto de la isla, solo están el cielo despejado sobre mí y el suelo duro bajo mis pies. Me agaché y comencé a amontonar unas piedras para conseguir una forma similar a una pirámide, formando dos montículos triangulares que me servirían de objetivos improvisados. Era un trabajo rápido, torpe y rudimentario, pero efectivo. Uno de los montículos es un poco más grande, con una piedra más redonda colocada en la parte superior como si fuera la cabeza de un muñeco. Me alejé unos pasos, midiendo la distancia con la mirada, coloqué los pies firmemente en el suelo y levanté el rifle, apoyando la culata contra mi hombro, tomé una profunda bocanada de aire, exhalando lentamente mientras alineaba la mira con el primer objetivo, mi dedo se posó suavemente sobre el gatillo, sintiendo el frío metal bajo la yema, y <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¡BANG!</span></span></span>, el disparo resonó como un trueno en el aire quieto de la isla. El retroceso fue mucho más fuerte de lo que esperaba, sorprendiéndome gratamente, pero me conseguí mantener firme. El montículo de piedras explotó en fragmentos que volaron en todas las direcciones al recibir el impacto de la bala, dejando solo una nube de polvo suspendida en el aire. Bajé el rifle con una sonrisa que no podía contener, el poder de esta arma era asombroso, mucho mayor que el que tuve antes. Con esta demostración de poderío no me extrañaba nada que aquel que  una vez lo empuñó se aferrase a él incluso en la muerte. Me preparé para el segundo disparo, esta vez, ajustando mi postura ligeramente, anticipándome al retroceso, el muñeco improvisado está en la mira, la piedra que hace  las veces de cabeza está bien centrada, vuelvo a contener la respiración y aprieto el gatillo, otro tronante rugido del rifle partió el silencio y la calma de la isla, el disparo fue limpio, preciso, la piedra superior del montículo quedó destrozada en mil pedazos, y yo me quedé mirando con satisfacción la obra de mi puntería.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me incorporé y relajé mi postura, acercándome a ver como ambas pirámides improvisadas eran ahora solo ruinas gracias a mi y a mi nueva arma. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No está nada mal.</span></span> — murmuré para mí misma, con una sonrisa de satisfacción. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Pero no es suficiente.</span></span> — me dije a mí misma resignada. Quería más, necesitaba más, ver hasta dónde podía llegar con este nuevo potencial, debía poder lograr sin dificultad algo más que simples disparos a blancos estáticos. Dejé el montículo destruido detrás de mí y me giré, mirando el cielo, en busca de algún objetivo que se moviera, algo que pudiera poner a prueba mi habilidad de verdad, un reto. Tras varios minutos caminando mis ojos se detuvieron en una bandada de aves cerca de la costa, estaban volando en círculos y sus sombras al moverse de forma errática sobre las olas dibujaban su trayectoria de forma fácil de leer. Era perfecto. Me agaché ligeramente, asegurando mi postura en la línea de rocas inestables que dibujaban el límite entre costa e interior de la isla, y levanté el rifle una vez más. La culata vuelve a su lugar en mi hombro, y apoyo mi mejilla contra la madera, alineando mi ojo con la mira del arma, y esta con el ave más cercana. El viento es apenas una brisa, pero lo tomo en cuenta, su dirección me hace ajustar ligeramente mi objetivo. Respiro hondo una vez más, mientras exhalo mi dedo se coloca en el gatillo y aprieto. El ave cae en picado, el disparo atravesó su cabeza con una precisión casi quirúrgica. La bandada se vuelve aún más caótica, sus movimientos erráticos se intensifican mientras intentan huir de un peligro que no pueden ver, pero eso no me frena, al contrario, me motiva aún más, eso sí sería un reto. En cuanto tuve un objetivo claro disparé una segunda vez, esta vez a un ave que se elevaba sobre las demás. El retroceso me empuja un poco hacia atrás, pero mantengo el rifle firme y mi postura me deja anclada en el suelo, el desplazamiento es mínimo. El ave cae, girando en el aire antes de estrellarse contra las pequeñas rocas de la playa grisácea. Mis labios se curvan en una retorcida sonrisa de satisfacción mientras vuelvo a centrar la mirada y el arma en una tercera ave, que cae igual de rápido. Tres disparos, tres objetivos abatidos. El resto de la bandada se dispersa antes de que pueda seguir con mi práctica de tiro, dejando el cielo despejado y solo el sonido del mar rompiendo contra las rocas. En ese momento relajo mi cuerpo, bajo el rifle y normalizo mi respiración, sintiendo una oleada de orgullo. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Soy buena, muy buena.</span></span> —, me repetía a mi misma. Este rifle era ahora una extensión de mí misma, un arma que podía manejar con una precisión que ni siquiera sabía que tenía. Me acerqué a mirar los cuerpos de las aves con más detenimiento. Estaban inmóviles en el suelo pedregoso, gracias sin duda a mi destreza con el arma y la precisión de mis disparos. El orgullo inflaba mi pecho, pero esa sensación de triunfo se desvaneció rápidamente cuando me di cuenta de lo que seguía: tenía que recoger esas aves y llevarlas al barco. Fruncí el ceño, sintiendo una punzada de repulsión en mi estómago, no me importaba dispararles, pero tocarlas era otro mundo completamente diferente, aunque por desgracia no me quedaba más remedio, la carne de ave sería una buena cena, además eran de bastante buen tamaño, y no iba a dejar que esos disparos se hubieran gastado en vano.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me acerqué a los cuerpos con cuidado, casi esperando que volvieran a la vida y volasen lejos para evitar que los tocase, pero, por supuesto, no sucedió. Estaban muertos, y debía lidiar con ello, tragué saliva con fuerza, sintiendo cómo mi estómago se revolvía al agacharme, al borde de la arcada, conseguí enrollar la correa del rifle alrededor de los cuellos de los pájaros, uno por uno. La sensación de las plumas y la carne fría contra mis dedos me hacían estremecerme del asco, pero apreté los dientes y terminé la tarea lo más rápidamente posible, y ya con las aves colgando del rifle, empecé a caminar de vuelta al velero que se había convertido en mi nuevo, y disfuncional, hogar. Mis hombros se sentían pesados, no tanto por el peso de las aves, que era considerable, sino por la resistencia mental que me  estaba costando tocar esos cuerpos inertes y mantenerlos levantados para que no se destrozasen contra el áspero suelo de rocas. Pero mientras camino, el orgullo comienza a volver a mi mientras repaso la tarde que he tenido, he demostrado que puedo ser una tiradora excelente, una compañera en la que tal vez puedan depositar su confianza llegado el momento. y además ahora, ya había cena para esa noche, porque la había conseguido yo, yo sola. Subí al barco, satisfecha con lo que había logrado, y aunque aún perduraba una ligera sensación de incomodidad por manipular los cuerpos de las aves muertas que traía, eso no importa. Hoy, me había demostrado que era la mejor, y no había nada ni nadie que pudiera quitarme eso.</div>
<hr class="mycode_hr" />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>Inventario</span>
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                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://imgur.com/EyAcNvG.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Rifle</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Objetos bélicos</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>4</strong></div>
                    
                </div>

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                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>7 FUE / 7 DES / 15 PREC</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>2000</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>55</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,9 PRE</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>40</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>200000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Un arma de fuego con un cañón largo y estrías internas que hacen que la bala gire, mejorando la precisión. Los rifles se utilizan para disparos a larga distancia.</i>
                </p>
                <hr/>
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                        <span style='font-family:monospace;'><strong>rifle004</strong></span>
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                </div>
            </div><div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://i.imgur.com/M1i4Gd2.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Munición</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Munición</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>-</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>-</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>10</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>-</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>1</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>3000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Pack de 30 balas. Este tipo de munición estándar es comúnmente utilizada en diversas armas a distancia. Aunque no posee características especiales, es confiable y ampliamente disponible. Cada una provoca 10 de daño.
</i>
                </p>
                <hr/>
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            </div>
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