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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Grand Line Paraíso]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 02:14:51 +0000</pubDate>
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			<title><![CDATA[[PASADO] Recuerdos pasados por agua.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=549</link>
			<pubDate>Mon, 13 Nov 2023 11:25:49 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=92">Ariel</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tal vez sea porque necesitaba refugiarme mentalmente, tal vez la nostalgia se apoderó de mí sin ningún motivo, o tal vez el cansancio de un largo día me hizo recordar un momento agradable para reconfortarme, ¿Quién sabe? El caso es que esa noche, dejándome llevar por las corrientes mientras miraba el cielo estrellado desde debajo del mar empecé a recordar. Aún recuerdo con nitidez el día en que mi padre me llevó a mi primera cacería en solitario, otra de sus pruebas para convertirme en una asesina sin piedad ni criterio propio...</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aquél día desperté tras una larga noche inquieta, nerviosa por lo que el día me deparaba, estaba ansiosa y emocionada por demostrar mis habilidades, y con ellas ganarme la aprobación de mi padre. La corriente salada del océano acariciaba mi escamosa piel según nadabamos hacia aguas más profundas, donde mi padre sabía que deambulaba una manada de jabalíes marinos, nunca había cazado presas tan grandes, pero papá me tranquilizó al decirme que fuera a por una cría, con eso sería suficiente, aunque yo me habría atrevido a ir por un adulto, pero en ese momento solo seguía órdenes.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El sol brillaba intensamente en el cielo, y la luz se filtraba a través del océano, reflejándose en mis escamas y haciéndolas resplandecer con un brillo azulado, era algo que me encantaba ver. En ese momento recuerdo que mi padre me miró con orgullo, tal vez porque sabía que su hija había sido entrenada meticulosamente y que demostraría su valía en solitario, o tal vez porque estaba a punto de presenciar como su obediente hija hacía exactamente lo que él le había ordenado... Yo prefiero creer que es lo primero... Nuestro nado sincronizado se detuvo en medio del océano, frente a nosotros solo la inmensidad azul se extendía. Papá me indicó que me sumergiera para esconderme y poder sorprender y cazar a mi propia presa. No era una tarea sencilla, según mi padre, ya que los jabalíes marinos eran conocidos por su gran fuerza, aunque eran pacíficos si no se les molestaba.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ariel se escondió entre unas altas algas en el agua con gracia, fusionándose con el entorno lo mejor que pudo. Nadé hasta allí con gran determinación, era mi momento de lucirme y demostrar de lo que era capaz. Fue entonces, entre los gruesos tallos de las algas, que detecté un movimiento cercano, era la silueta masiva de una cría de jabalí marino nadando en las profundidades, acercándose a las algas en las que estaba oculta de forma lenta pero inevitable. La emoción y la adrenalina empezaron a inundarme, incluso empezaba a salivar, no solo era mi primera caza en solitario, también era mi primera vez cazando jabalíes marinos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con sigilo me deslicé entre las ramas de aquel bosque de algas, me acerqué sigilosamente a la criatura perdida. La cría de jabalí marino no parecía consciente de mi presencia ni de mis movimientos para acercarme. Con un movimento preciso, me lancé hacia adelante a alta velocidad, clavando mis afilados dientes en la parte posterior del cuello del jabato submarino. Hubo una lucha intensa, la cría de jabalí se revolvía y trataba de liberarse, pero yo mantuve la firmeza de mi mordisco, cerré mi mandíbula como si de un cepo se tratase, perforando la gruesa piel del animal. Después de una serie de movimientos calculados logré someter a la criatura, que dejó de debatirse cuado la sangre comenzó a abandonar su cuerpo por la herida que le había provocado mi dentellada. Agarré por el hocico al pobre jabato y nadé hacia el bosque de nuevo, avisando a mi padre para que supiera que la caza había concluido y había sido un éxito, el primero de muchos, de demasiados incluso.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Mi padre nado para ocultarse también entre las algas conmigo y recuerdo como me recibió con una mezcla de asombro y satisfacción en su rostro. No había duda de que había demostrado, no solo mis habilidades para la caza, sino también mi determinación. La carne de mi presa se convirtió en el festín de la noche, y descubrí que el sabor de esta criatura marina era excelente, al momento de hincarle el diente para matarlo no me di cuenta, por la situación estaba más centrada en acabarlo rápido que en saborear su carne, pero sin duda ese sabor se ha mantenido como mi favorito a lo largo de los años. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Hace demasiado que no pruebo uno de esos jabalíes marinos, tal vez debería buscar alguna manada y compartir una gran presa con... Un momento, ¿Compartir?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La idea dibujó una sonrisa en mi rostro, compartir. Tras tantos años al fin podía compartir.</span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tal vez sea porque necesitaba refugiarme mentalmente, tal vez la nostalgia se apoderó de mí sin ningún motivo, o tal vez el cansancio de un largo día me hizo recordar un momento agradable para reconfortarme, ¿Quién sabe? El caso es que esa noche, dejándome llevar por las corrientes mientras miraba el cielo estrellado desde debajo del mar empecé a recordar. Aún recuerdo con nitidez el día en que mi padre me llevó a mi primera cacería en solitario, otra de sus pruebas para convertirme en una asesina sin piedad ni criterio propio...</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aquél día desperté tras una larga noche inquieta, nerviosa por lo que el día me deparaba, estaba ansiosa y emocionada por demostrar mis habilidades, y con ellas ganarme la aprobación de mi padre. La corriente salada del océano acariciaba mi escamosa piel según nadabamos hacia aguas más profundas, donde mi padre sabía que deambulaba una manada de jabalíes marinos, nunca había cazado presas tan grandes, pero papá me tranquilizó al decirme que fuera a por una cría, con eso sería suficiente, aunque yo me habría atrevido a ir por un adulto, pero en ese momento solo seguía órdenes.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El sol brillaba intensamente en el cielo, y la luz se filtraba a través del océano, reflejándose en mis escamas y haciéndolas resplandecer con un brillo azulado, era algo que me encantaba ver. En ese momento recuerdo que mi padre me miró con orgullo, tal vez porque sabía que su hija había sido entrenada meticulosamente y que demostraría su valía en solitario, o tal vez porque estaba a punto de presenciar como su obediente hija hacía exactamente lo que él le había ordenado... Yo prefiero creer que es lo primero... Nuestro nado sincronizado se detuvo en medio del océano, frente a nosotros solo la inmensidad azul se extendía. Papá me indicó que me sumergiera para esconderme y poder sorprender y cazar a mi propia presa. No era una tarea sencilla, según mi padre, ya que los jabalíes marinos eran conocidos por su gran fuerza, aunque eran pacíficos si no se les molestaba.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ariel se escondió entre unas altas algas en el agua con gracia, fusionándose con el entorno lo mejor que pudo. Nadé hasta allí con gran determinación, era mi momento de lucirme y demostrar de lo que era capaz. Fue entonces, entre los gruesos tallos de las algas, que detecté un movimiento cercano, era la silueta masiva de una cría de jabalí marino nadando en las profundidades, acercándose a las algas en las que estaba oculta de forma lenta pero inevitable. La emoción y la adrenalina empezaron a inundarme, incluso empezaba a salivar, no solo era mi primera caza en solitario, también era mi primera vez cazando jabalíes marinos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con sigilo me deslicé entre las ramas de aquel bosque de algas, me acerqué sigilosamente a la criatura perdida. La cría de jabalí marino no parecía consciente de mi presencia ni de mis movimientos para acercarme. Con un movimento preciso, me lancé hacia adelante a alta velocidad, clavando mis afilados dientes en la parte posterior del cuello del jabato submarino. Hubo una lucha intensa, la cría de jabalí se revolvía y trataba de liberarse, pero yo mantuve la firmeza de mi mordisco, cerré mi mandíbula como si de un cepo se tratase, perforando la gruesa piel del animal. Después de una serie de movimientos calculados logré someter a la criatura, que dejó de debatirse cuado la sangre comenzó a abandonar su cuerpo por la herida que le había provocado mi dentellada. Agarré por el hocico al pobre jabato y nadé hacia el bosque de nuevo, avisando a mi padre para que supiera que la caza había concluido y había sido un éxito, el primero de muchos, de demasiados incluso.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Mi padre nado para ocultarse también entre las algas conmigo y recuerdo como me recibió con una mezcla de asombro y satisfacción en su rostro. No había duda de que había demostrado, no solo mis habilidades para la caza, sino también mi determinación. La carne de mi presa se convirtió en el festín de la noche, y descubrí que el sabor de esta criatura marina era excelente, al momento de hincarle el diente para matarlo no me di cuenta, por la situación estaba más centrada en acabarlo rápido que en saborear su carne, pero sin duda ese sabor se ha mantenido como mi favorito a lo largo de los años. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Hace demasiado que no pruebo uno de esos jabalíes marinos, tal vez debería buscar alguna manada y compartir una gran presa con... Un momento, ¿Compartir?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La idea dibujó una sonrisa en mi rostro, compartir. Tras tantos años al fin podía compartir.</span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado Fic.] La vara de Sage]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=472</link>
			<pubDate>Wed, 01 Nov 2023 13:38:10 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=91">Plátypo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=472</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">Día 34 de otoño del año 6. Alguna isla del Grand Line</span></div>
 <br />
<br />
El día había empezado muy tranquilo. Salí de la gran tienda de campaña de la familia y me senté donde a noche había estado la hoguera que habíamos usado para calentarnos del frio que empezaba a hacer por las noches. Debajo de la túnica llevábamos algún poncho, marrón también que nos habían proporcionado los tejedores de la tribu. Yo aún no podía desempeñar ninguna función importante, pero estaba claro que iba a ser explorador, como mi padre, pero de momento, solo me permitían explorar acompañado las islas en las que nos encontrábamos. Según decían, era para ir practicando. <br />
 <br />
Estábamos en una isla de frondosos bosques, con arboles por todas partes. Como siempre, el grupo de avanzada, que ahora se encontraba descansando, había hablado con los habitantes para avisarles de nuestra llegada y prepararon una zona donde montar el campamento bien alejado de los habitantes locales, para no molestarles. Solo algún miembro se acercaba para comprar víveres que no podíamos conseguir por nuestra cuenta. Eso formaba parte del trato, nosotros gastábamos en su isla, a cambio de poder instalar durante unas semanas, algún mes en rara ocasión, en algún lugar apartado. Después de desayunar un té que me había preparado Dan, la mink liebre a la que le tocaba cocinar aquel día, volví a la tienda. Era temprano, pero tenía muchas ganas de poder explorar la isla a la que habíamos llegado hacía tres días. Fui hasta la tienda de mi maestro, el mink cabra, Morrel y entré sin avisar. Me senté en una silla, al lado de la ligera mesa de estudio del viejo y lo llamé.<br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Venga, maldito vago. Es hora de despertarse. Tenemos que irnos</span><br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Hm? Plátypo, que tú no quieras dormir no significa que nadie pueda hacerlo. Dame un rato, que aun estoy cansado.</span><br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Cansado de dormir, vieja cabra. Levanta esas pezuñas de una vez, quiero explorar todo esto.</span><br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">“Esto”, como tú dices, lleva tantos años aquí que no creo que se derrumbe por un par de horas, o días, incluso. Dicen que desciendes de Sage, pero él tenía mucha más paciencia que tú.</span><br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Acaso no es la primera hora del día la mejor para recoger deliciosas hiervas? Tenemos que ir antes de que se seque el rocío.</span><br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Con esta vegetación lo complicado va a ser secarlas para fumar.</span><br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Venga, hombre! Vamos, si después de comer vas a volver a dormir. Cuanto antes salgamos ahora, más tiempo podrás dormir luego.</span><br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Eso no funciona del todo así, pero ya conseguiste desvelarme… Sal mientras me visto joven ornitorrinco. No se como haces para salirte siempre con la tuya.</span><br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Sabes que es cosa de los dioses, jeje.</span><br />
 <br />
Media hora estuve esperando al caprino. Solo se tenía que poner una túnica, y aún así, había tardado. Fuimos de vuelta a ver a Dan, que le ofreció a Morrel otra bebida. En cuanto acabó partimos hacia una montaña que había al sureste de la isla.<br />
 <br />
Al pasar por el bosque, la cabra se iba parando cada vez que encontraba una flor de su interés. No era el más fuerte de la tribu, desde luego, pero era muy sabio y sabía un montón sobre plantas. Me enseñó en aquella isla algunas muy importantes, como la ortiga, la salvia, la violeta o la valeriana. A la vez que las recogía y me las enseñaba, iba contándome algunas de las propiedades que tenían, como la valeriana, que te hacía adormecer, o la ortiga, que tenía propiedades sanadoras. Al fin llegamos a la falda de la montaña, la cual era nuestro objetivo. Descubrimos, tapada por algunas ramas de enredadera que la cubrían, una especie de puerta, aparentemente, hecha por antiguos habitantes de aquella isla. Decidimos entrar. A los dos nos podía siempre la curiosidad. Al entrar en la cueva, vimos una sala amplia. Oscura, pero claramente artificial, con grabados en las paredes y columnas retorcidas. Encendimos una antorcha que la cabra siempre llevaba y exploramos el lugar.  Había una piedra en el medio y las paredes parecía que habían sido blancas. Tenían una textura rugosa y se desprendía con facilidad. Decidimos pues no tocarlas más. Podríamos estropear todo aquel templo si no íbamos con cuidado. Había más puertas alrededor de la sala, y decidimos entrar en una de ellas. Era una sala pequeña, en la que apenas cabíamos ambos. Estaba llena de libros casi deshechos. Morrel agarró uno, el cual se partió en su mano. La mitad que permanecía en su mano la abrió y pasó las páginas despacio. No había nada de interés. Ni un solo boceto, ni dibujo y un idioma completamente desconocido para nosotros. Dejó caer la otra mitad al suelo, junto con el resto del libro y salimos de la sala. Entramos a otra, más amplia. Era como la mitad de la principal y tenía una mesa central rectangular, de piedra, con nueve sillas también de piedra. En el extremo de la mesa, había una especie de escenario, una plataforma más alta que el suelo con otra silla sobre ella, en el centro. Esta era más grande y parecía más ornamentada. Un esqueleto estaba sentado sobre ese trono, vestido con un pantalón de tela fina, una camisa verde muy desgastada del tiempo. Llevaba puesto también un gorro alto que casi sobresalía por encima del asiento. Apoyado en el reposabrazos, había un bastón largo, bastante normal, la verdad. Con una especie de nudo en lo alto y parecía bien pulido. Morrel comentó que parecían sacerdotes de una antigua religión y que no debíamos tocar nada, pero yo me adelanté y fui directo al bastón mientras mi maestro herbólogo me reprendía y me apremiaba a que nos fuéramos. Sin prestarle atención, subí de un salto a la plataforma y agarrar el bastón. En ese momento, el esqueleto cayó hacia delante. Yo retrocedí un paso y lo miré fijamente. Había caído de rodillas, los brazos extendidos y la cabeza en el suelo. Me estaba haciendo una reverencia aquel esqueleto de un antiguo sacerdote de aquella isla. Morrel estaba boquiabierto. -<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ponte la capucha y vámonos de aquí, por favor- </span>Esta vez sí hice caso. Agarré el bastón y salimos rápidamente de la sala. Volvimos al bosque y el viejo sabio me miró con asombro, mientras nos bañaban los rayos del sol de la mañana.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">Día 34 de otoño del año 6. Alguna isla del Grand Line</span></div>
 <br />
<br />
El día había empezado muy tranquilo. Salí de la gran tienda de campaña de la familia y me senté donde a noche había estado la hoguera que habíamos usado para calentarnos del frio que empezaba a hacer por las noches. Debajo de la túnica llevábamos algún poncho, marrón también que nos habían proporcionado los tejedores de la tribu. Yo aún no podía desempeñar ninguna función importante, pero estaba claro que iba a ser explorador, como mi padre, pero de momento, solo me permitían explorar acompañado las islas en las que nos encontrábamos. Según decían, era para ir practicando. <br />
 <br />
Estábamos en una isla de frondosos bosques, con arboles por todas partes. Como siempre, el grupo de avanzada, que ahora se encontraba descansando, había hablado con los habitantes para avisarles de nuestra llegada y prepararon una zona donde montar el campamento bien alejado de los habitantes locales, para no molestarles. Solo algún miembro se acercaba para comprar víveres que no podíamos conseguir por nuestra cuenta. Eso formaba parte del trato, nosotros gastábamos en su isla, a cambio de poder instalar durante unas semanas, algún mes en rara ocasión, en algún lugar apartado. Después de desayunar un té que me había preparado Dan, la mink liebre a la que le tocaba cocinar aquel día, volví a la tienda. Era temprano, pero tenía muchas ganas de poder explorar la isla a la que habíamos llegado hacía tres días. Fui hasta la tienda de mi maestro, el mink cabra, Morrel y entré sin avisar. Me senté en una silla, al lado de la ligera mesa de estudio del viejo y lo llamé.<br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Venga, maldito vago. Es hora de despertarse. Tenemos que irnos</span><br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Hm? Plátypo, que tú no quieras dormir no significa que nadie pueda hacerlo. Dame un rato, que aun estoy cansado.</span><br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Cansado de dormir, vieja cabra. Levanta esas pezuñas de una vez, quiero explorar todo esto.</span><br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">“Esto”, como tú dices, lleva tantos años aquí que no creo que se derrumbe por un par de horas, o días, incluso. Dicen que desciendes de Sage, pero él tenía mucha más paciencia que tú.</span><br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Acaso no es la primera hora del día la mejor para recoger deliciosas hiervas? Tenemos que ir antes de que se seque el rocío.</span><br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Con esta vegetación lo complicado va a ser secarlas para fumar.</span><br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Venga, hombre! Vamos, si después de comer vas a volver a dormir. Cuanto antes salgamos ahora, más tiempo podrás dormir luego.</span><br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Eso no funciona del todo así, pero ya conseguiste desvelarme… Sal mientras me visto joven ornitorrinco. No se como haces para salirte siempre con la tuya.</span><br />
-<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Sabes que es cosa de los dioses, jeje.</span><br />
 <br />
Media hora estuve esperando al caprino. Solo se tenía que poner una túnica, y aún así, había tardado. Fuimos de vuelta a ver a Dan, que le ofreció a Morrel otra bebida. En cuanto acabó partimos hacia una montaña que había al sureste de la isla.<br />
 <br />
Al pasar por el bosque, la cabra se iba parando cada vez que encontraba una flor de su interés. No era el más fuerte de la tribu, desde luego, pero era muy sabio y sabía un montón sobre plantas. Me enseñó en aquella isla algunas muy importantes, como la ortiga, la salvia, la violeta o la valeriana. A la vez que las recogía y me las enseñaba, iba contándome algunas de las propiedades que tenían, como la valeriana, que te hacía adormecer, o la ortiga, que tenía propiedades sanadoras. Al fin llegamos a la falda de la montaña, la cual era nuestro objetivo. Descubrimos, tapada por algunas ramas de enredadera que la cubrían, una especie de puerta, aparentemente, hecha por antiguos habitantes de aquella isla. Decidimos entrar. A los dos nos podía siempre la curiosidad. Al entrar en la cueva, vimos una sala amplia. Oscura, pero claramente artificial, con grabados en las paredes y columnas retorcidas. Encendimos una antorcha que la cabra siempre llevaba y exploramos el lugar.  Había una piedra en el medio y las paredes parecía que habían sido blancas. Tenían una textura rugosa y se desprendía con facilidad. Decidimos pues no tocarlas más. Podríamos estropear todo aquel templo si no íbamos con cuidado. Había más puertas alrededor de la sala, y decidimos entrar en una de ellas. Era una sala pequeña, en la que apenas cabíamos ambos. Estaba llena de libros casi deshechos. Morrel agarró uno, el cual se partió en su mano. La mitad que permanecía en su mano la abrió y pasó las páginas despacio. No había nada de interés. Ni un solo boceto, ni dibujo y un idioma completamente desconocido para nosotros. Dejó caer la otra mitad al suelo, junto con el resto del libro y salimos de la sala. Entramos a otra, más amplia. Era como la mitad de la principal y tenía una mesa central rectangular, de piedra, con nueve sillas también de piedra. En el extremo de la mesa, había una especie de escenario, una plataforma más alta que el suelo con otra silla sobre ella, en el centro. Esta era más grande y parecía más ornamentada. Un esqueleto estaba sentado sobre ese trono, vestido con un pantalón de tela fina, una camisa verde muy desgastada del tiempo. Llevaba puesto también un gorro alto que casi sobresalía por encima del asiento. Apoyado en el reposabrazos, había un bastón largo, bastante normal, la verdad. Con una especie de nudo en lo alto y parecía bien pulido. Morrel comentó que parecían sacerdotes de una antigua religión y que no debíamos tocar nada, pero yo me adelanté y fui directo al bastón mientras mi maestro herbólogo me reprendía y me apremiaba a que nos fuéramos. Sin prestarle atención, subí de un salto a la plataforma y agarrar el bastón. En ese momento, el esqueleto cayó hacia delante. Yo retrocedí un paso y lo miré fijamente. Había caído de rodillas, los brazos extendidos y la cabeza en el suelo. Me estaba haciendo una reverencia aquel esqueleto de un antiguo sacerdote de aquella isla. Morrel estaba boquiabierto. -<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ponte la capucha y vámonos de aquí, por favor- </span>Esta vez sí hice caso. Agarré el bastón y salimos rápidamente de la sala. Volvimos al bosque y el viejo sabio me miró con asombro, mientras nos bañaban los rayos del sol de la mañana.]]></content:encoded>
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