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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Korossasu]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 15:23:00 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] [Social] Tras los barrotes.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2843</link>
			<pubDate>Sun, 28 Dec 2025 10:44:34 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=674">Kyozan Tetsuzaki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2843</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día ??? de ???, año ???<br />
Aproximadamente tres y media.</span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">CLINK<br />
</span></span></div>
La puerta se abría como de costumbre. Un pequeño Kyozan era deslumbrado por la luz que entraba desde el exterior, mirando hacia un lado como comportamiento adquirido por la costumbre. Antes intentaba cubrirse con la mano, tapar el resplandor que acostumbraba a cegarle aunque descubrió que cada veinticinco mil trescientos veintiuna gota que caía del techo era el momento de la comida. Un desconocido pasaba de largo y entraba a dar de comer a los que yacían con el Oni. Celda por celda escurría algo de alimento. No mucho, lo justo y suficiente para sobrevivir: pan mohoso, algo de agua y como objeto de burla un poco de césped o tierra, según el día. Tras terminar, el intruso siempre le dejaba un trozo enorme de carne de procedencia desconocida a Kyozan. No se lo entregaba; se lo lanzaba al suelo ignorando el hecho de que se pudiera echar a perder la carne debido a la suciedad y la grava del lugar. No le importaba a nadie. Ni al alcaide ni al pequeño coloso. Uno sentía desdén y el otro había aprendido que comer del suelo era la norma.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">CLANK<br />
</span></span></div>
El invitado que ya no se mostraba presente cerró la única salida a la libertad, la única oportunidad de ver lo que había más allá. Cada día era lo mismo, un machaque constante a su voluntad. Algunos días el niño rascaba el latón de la puerta con sus uñas hasta levantarlas y hacerlas sangrar, otros días se hallaba escondido en una esquina encogido en sus propias rodillas. Era soledad. Soledad pese a que no estaba solo, y dentro del calabozo era el más libre de todos. Ojos perforantes marcaban la carne arrojada en medio de la sala bajo la penumbra total. Algunos ya eran conscientes de lo que sucedía pues llevarían tiempo observando el circo que se montaba a la hora de comer. Otros eran nuevos y debido a la falta de costumbre se mantenían absortos en el miedo y la desesperación de estar encerrados.<br />
<br />
El salón de juegos de Kyozan niño era todo lo que abarcó su consciencia: aquellas paredes que conformaban una "T" semejante a la distribución de una iglesia románica en la que sólo los necios rezaban. La nave central se extendería hasta el extremo opuesto a la puerta y en mitad del cruce con los transeptos se hallaría lo que podría ser la comida o la cena del Oni. Se acercó gateando. Todo el mundo dejó el pan a un lado y se adherieron a los barrotes como si les fuera la vida en ello. Los más pequeños incluso lograban extraer un poco la cabeza para conseguir alguna pincelada más de lo que estaba sucediendo. Kyozan agarró la carne y la empezó a despedazar con dificultad, mas faltaría decir que se encontraba en un estado de total crudeza. Tras unos largos minutos un preso de entre tantos logró espetar una orden:<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—¿¡Nos das ya de comer!?</span></span></div>
<br />
El niño volteó asustado ante la agresividad con la que era arremetido. La carne nunca fue para los presos. Con total claridad se daba a entender que era el sustento de Kyozan y de nadie más. Sin embargo desde que empezó a compartir por compasión un poco con los otros se le fueron aferrando más y más y él no sabía decir que no. Su figura ya empezaba a parecer escuálida, calavérica. Se acercó a la primera jaula con los trozos de carne en su mano y las ajenas no tardaron en arrebatarle una gran cantidad de forma ansiosa. El niño miró hacia delante. Le faltaban 19 más. Probablemente el hambre que tanto le dolía debería durar más tiempo. Quería comer, quería suturar esa sensación de ardor. Pero al niño le requerían, le mandaban. Algunos presos eran más benevolentes que otros y a cambio le enseñaban cuatro cosas o le contaban historias que podían ser verdad o no; otros lo tacharían de monstruo y le arrojarían la tierra que a veces les daban. Pese a todo él siempre repartió su comida.<br />
<br />
Era la jaula 16. En ella vivía una chica de parecida edad a la de Kyozan. No sabía el motivo por el que la habían raptado y metido allí aunque tampoco se planteó mucho que se debiera tener un motivo para estar dónde estaban. Para él la gente vivía encerrada. Él era distinto. Era el único que permanecía. Los demás se los llevaba el alcaide cuando les llegaba la hora, o así al menos se lo había explicado. La joven era la única persona que parecía que nunca se iban a llevar, pues contaba y contaba gotas y jaulas vacías pero ella permanecía. A veces le daba más carne, a veces otros se la quitaban toda. "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Lo siento.</span></span>", hoy no me queda nada. Se lo ha llevado todo lo que me quedaba el de la jaula 15. Pasaron los años e incluso parecía que intercambiaban carcajadas y las pocas alegrías que habían en ese lúgubre mundo. No le requería más comida, no le requería que la sacara de allí. Parecía que una niña había sido la única lo suficientemente fuerte como para aceptar la situación en la que se encontraba y no pedir de más.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">CLINK<br />
</span></span></div>
¿La puerta estaba abierta? Pero no era la hora de comer. Probablemente venían a buscar a alguien. Sí, hay alguno que merecía que se lo llevaran. El de la jaula 2, o el de la jaula 15 mismo. Decían una palabra y se referían a sí mismos con ella. "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Nombre</span>". Kyozan no lo entendía. Para él cada persona era un número más, excepto Vera, su primera amistad. "Vera.", "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vera.</span>". Sonó muy diferente cuando la palabra salió del alguacil. A Kyozan se le heló la sangre pues no quería que desapareciera esa persona en específico de su mundo. Mientras se abría la jaula número 16 el pequeño Oni arañó e inclusó mordió la pierna del alguacil, quien no dudó en patearlo contra la pared. Le inhabilitó la posibilidad de casi ni ver cómo se la llevaban.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿CLANK?<br />
</span></span></div>
El ardor que sentía en el pecho Kyozan era igual o mayor del de su tripa, aunque notó algo extraño. ¿Era por su osadía que el alguacil no cerró bien la puerta? ¿Se habría despistado por el enfado? El Oni corrió a alcanzar la luz, no sin antes hacer uso de toda su fuerza para mover la pesada puerta. Los demás presos gritaban. No para apoyarle, sino para insultarle. "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿¡Qué te crees que haces!?</span>", "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Tú estás encerrado al igual que nosotros!</span>". Las voces de los demás no parecían arderle tanto como el miedo a que se llevaran a esa persona.<br />
<br />
Tras la puerta, un montón de pasillos. El decoro de cada uno de ellos era evidente, magnificiencia hecha de marfil y toques de oro. Jamás en su vida había visto el exterior y el tamaño de todo parecía abalanzársele encima. Al final del pasillo vió al alguacil y a Vera girar hacia la derecha, así que los siguió a escondidas. Otro giro a la izquierda, otro a la derecha. Se encontraba la puerta hacia el exterior, el mundo real que le habían contado algunos presos. Kyozan se escondió detrás de unas cajas que apenas le cubrían y que se encontraban allí para una posterior entrega y observó algo que no debió observar jamás. El alguacil lanzó a Vera hacia delante y entre un montón de personas que parecían venir a buscarla. El miedo le paralizó. Miró cómo la "ponían contra la pared" y gritaba, ella, a una niña de apenas 13 años. El Oni quería volver a su lugar seguro, hacer como si no hubiera pasado nada, encerrarse y esperar a repartir la carne el siguiente día porque el ardor del estómago dejó de existir tras eso. Izquierdda, derecha, izquierda. De vuelta a su "hogar". Ajustó la puerta como pudo, pillándose los dedos en el proceso y con las prisas, tropezándose al acercarse al extremo más lejano a lo que sería el altar de la iglesia.<br />
¿Ese iba a ser su destino por el resto de la vida? ¿Qué habrá fuera? ¿Podrá volver a ver a Vera? La ansiedad le hacía morderse la piel de los labios y arrancársela.<br />
El resto de presos miraron a Kyozan en terror. ¿Qué habría visto allá fuera? ¿Sería el destino de todos, inevitablemente? Ver al Oni en un estado como nunca antes lo habían visto les causó un sentimiento de culpa a muchos, aunque nadie allí sería capaz de lograr nada...<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">En la oscuridad...</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Acompañados pero solos...</div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Por el resto de sus <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">vidas</span>.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día ??? de ???, año ???<br />
Aproximadamente tres y media.</span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">CLINK<br />
</span></span></div>
La puerta se abría como de costumbre. Un pequeño Kyozan era deslumbrado por la luz que entraba desde el exterior, mirando hacia un lado como comportamiento adquirido por la costumbre. Antes intentaba cubrirse con la mano, tapar el resplandor que acostumbraba a cegarle aunque descubrió que cada veinticinco mil trescientos veintiuna gota que caía del techo era el momento de la comida. Un desconocido pasaba de largo y entraba a dar de comer a los que yacían con el Oni. Celda por celda escurría algo de alimento. No mucho, lo justo y suficiente para sobrevivir: pan mohoso, algo de agua y como objeto de burla un poco de césped o tierra, según el día. Tras terminar, el intruso siempre le dejaba un trozo enorme de carne de procedencia desconocida a Kyozan. No se lo entregaba; se lo lanzaba al suelo ignorando el hecho de que se pudiera echar a perder la carne debido a la suciedad y la grava del lugar. No le importaba a nadie. Ni al alcaide ni al pequeño coloso. Uno sentía desdén y el otro había aprendido que comer del suelo era la norma.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">CLANK<br />
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El invitado que ya no se mostraba presente cerró la única salida a la libertad, la única oportunidad de ver lo que había más allá. Cada día era lo mismo, un machaque constante a su voluntad. Algunos días el niño rascaba el latón de la puerta con sus uñas hasta levantarlas y hacerlas sangrar, otros días se hallaba escondido en una esquina encogido en sus propias rodillas. Era soledad. Soledad pese a que no estaba solo, y dentro del calabozo era el más libre de todos. Ojos perforantes marcaban la carne arrojada en medio de la sala bajo la penumbra total. Algunos ya eran conscientes de lo que sucedía pues llevarían tiempo observando el circo que se montaba a la hora de comer. Otros eran nuevos y debido a la falta de costumbre se mantenían absortos en el miedo y la desesperación de estar encerrados.<br />
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El salón de juegos de Kyozan niño era todo lo que abarcó su consciencia: aquellas paredes que conformaban una "T" semejante a la distribución de una iglesia románica en la que sólo los necios rezaban. La nave central se extendería hasta el extremo opuesto a la puerta y en mitad del cruce con los transeptos se hallaría lo que podría ser la comida o la cena del Oni. Se acercó gateando. Todo el mundo dejó el pan a un lado y se adherieron a los barrotes como si les fuera la vida en ello. Los más pequeños incluso lograban extraer un poco la cabeza para conseguir alguna pincelada más de lo que estaba sucediendo. Kyozan agarró la carne y la empezó a despedazar con dificultad, mas faltaría decir que se encontraba en un estado de total crudeza. Tras unos largos minutos un preso de entre tantos logró espetar una orden:<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—¿¡Nos das ya de comer!?</span></span></div>
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El niño volteó asustado ante la agresividad con la que era arremetido. La carne nunca fue para los presos. Con total claridad se daba a entender que era el sustento de Kyozan y de nadie más. Sin embargo desde que empezó a compartir por compasión un poco con los otros se le fueron aferrando más y más y él no sabía decir que no. Su figura ya empezaba a parecer escuálida, calavérica. Se acercó a la primera jaula con los trozos de carne en su mano y las ajenas no tardaron en arrebatarle una gran cantidad de forma ansiosa. El niño miró hacia delante. Le faltaban 19 más. Probablemente el hambre que tanto le dolía debería durar más tiempo. Quería comer, quería suturar esa sensación de ardor. Pero al niño le requerían, le mandaban. Algunos presos eran más benevolentes que otros y a cambio le enseñaban cuatro cosas o le contaban historias que podían ser verdad o no; otros lo tacharían de monstruo y le arrojarían la tierra que a veces les daban. Pese a todo él siempre repartió su comida.<br />
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Era la jaula 16. En ella vivía una chica de parecida edad a la de Kyozan. No sabía el motivo por el que la habían raptado y metido allí aunque tampoco se planteó mucho que se debiera tener un motivo para estar dónde estaban. Para él la gente vivía encerrada. Él era distinto. Era el único que permanecía. Los demás se los llevaba el alcaide cuando les llegaba la hora, o así al menos se lo había explicado. La joven era la única persona que parecía que nunca se iban a llevar, pues contaba y contaba gotas y jaulas vacías pero ella permanecía. A veces le daba más carne, a veces otros se la quitaban toda. "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Lo siento.</span></span>", hoy no me queda nada. Se lo ha llevado todo lo que me quedaba el de la jaula 15. Pasaron los años e incluso parecía que intercambiaban carcajadas y las pocas alegrías que habían en ese lúgubre mundo. No le requería más comida, no le requería que la sacara de allí. Parecía que una niña había sido la única lo suficientemente fuerte como para aceptar la situación en la que se encontraba y no pedir de más.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">CLINK<br />
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¿La puerta estaba abierta? Pero no era la hora de comer. Probablemente venían a buscar a alguien. Sí, hay alguno que merecía que se lo llevaran. El de la jaula 2, o el de la jaula 15 mismo. Decían una palabra y se referían a sí mismos con ella. "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Nombre</span>". Kyozan no lo entendía. Para él cada persona era un número más, excepto Vera, su primera amistad. "Vera.", "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vera.</span>". Sonó muy diferente cuando la palabra salió del alguacil. A Kyozan se le heló la sangre pues no quería que desapareciera esa persona en específico de su mundo. Mientras se abría la jaula número 16 el pequeño Oni arañó e inclusó mordió la pierna del alguacil, quien no dudó en patearlo contra la pared. Le inhabilitó la posibilidad de casi ni ver cómo se la llevaban.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿CLANK?<br />
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El ardor que sentía en el pecho Kyozan era igual o mayor del de su tripa, aunque notó algo extraño. ¿Era por su osadía que el alguacil no cerró bien la puerta? ¿Se habría despistado por el enfado? El Oni corrió a alcanzar la luz, no sin antes hacer uso de toda su fuerza para mover la pesada puerta. Los demás presos gritaban. No para apoyarle, sino para insultarle. "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿¡Qué te crees que haces!?</span>", "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Tú estás encerrado al igual que nosotros!</span>". Las voces de los demás no parecían arderle tanto como el miedo a que se llevaran a esa persona.<br />
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Tras la puerta, un montón de pasillos. El decoro de cada uno de ellos era evidente, magnificiencia hecha de marfil y toques de oro. Jamás en su vida había visto el exterior y el tamaño de todo parecía abalanzársele encima. Al final del pasillo vió al alguacil y a Vera girar hacia la derecha, así que los siguió a escondidas. Otro giro a la izquierda, otro a la derecha. Se encontraba la puerta hacia el exterior, el mundo real que le habían contado algunos presos. Kyozan se escondió detrás de unas cajas que apenas le cubrían y que se encontraban allí para una posterior entrega y observó algo que no debió observar jamás. El alguacil lanzó a Vera hacia delante y entre un montón de personas que parecían venir a buscarla. El miedo le paralizó. Miró cómo la "ponían contra la pared" y gritaba, ella, a una niña de apenas 13 años. El Oni quería volver a su lugar seguro, hacer como si no hubiera pasado nada, encerrarse y esperar a repartir la carne el siguiente día porque el ardor del estómago dejó de existir tras eso. Izquierdda, derecha, izquierda. De vuelta a su "hogar". Ajustó la puerta como pudo, pillándose los dedos en el proceso y con las prisas, tropezándose al acercarse al extremo más lejano a lo que sería el altar de la iglesia.<br />
¿Ese iba a ser su destino por el resto de la vida? ¿Qué habrá fuera? ¿Podrá volver a ver a Vera? La ansiedad le hacía morderse la piel de los labios y arrancársela.<br />
El resto de presos miraron a Kyozan en terror. ¿Qué habría visto allá fuera? ¿Sería el destino de todos, inevitablemente? Ver al Oni en un estado como nunca antes lo habían visto les causó un sentimiento de culpa a muchos, aunque nadie allí sería capaz de lograr nada...<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">En la oscuridad...</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Acompañados pero solos...</div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Por el resto de sus <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">vidas</span>.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC — Obtención Akuma no Mi] Orca se come una fruta y se convierte en tu madre.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1753</link>
			<pubDate>Tue, 27 May 2025 18:00:34 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=454">Emalf</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1753</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El poder de la fruta "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mane Mane</span>" fue entregado bajo las garras de Emalf a principios de su vida, MUY a principios para ser exactos, joder, ¡Si con suerte y él sabía contar! Gracias a que aquella fruta recayó en manos de uno de sus familiares—de los pocos que eran decentes, dentro de lo que cabía—, sin siquiera saber o ser consciente de lo que consigo llevaba morder aquella fruta prohibida ante sus ojos; El sabor amargo, el poder que ocultaba bajo su llamativa apariencia, y el caos que desataría una vez cayera en las manos equivocadas, como en las del <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Rey del Engaño</span>, como lo era Emalf. Fue entregada al menor de edad como si de un alimento muy nutritivo se tratasr para poder conseguir así recuperar todas sus fuerzas y ganas de vivir tras un arduo entrenamiento hecho por su padre. Oh, inocente e iluso de su parte por maltratarle durante tanto tiempo, pues ahora, aquel abuelo del que llevaban años en la familia riéndose, le había otorgado el poder maldito de la transformación al mundialmente (no) conocido "Ás de las mentiras", aquél que nació hecho mestizo y lo consiguió a tan solo seis años de edad cumplidos ese mismo día. Pero a partir de ahí, nada jamás volvería a ser igual.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Peeeero, vamos a ser honestos, que tanto paripé no le importa ni a mi puta madre, ¿veeeerdad~? ♪ Lo único que os interesa es saber qué fue de la putísima pelea, cómo me revientan la cara, y cómo acabé descubriendo el poder de los cojones que hace que os queráis pegar un tiro cada vez que me veis. ¡Y eso mismo os voy a contar!</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ahém... ¿Cómo funcionaba esto?</span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ah, sí.</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se celebraba el cumpleaños de la jóven promesa, aquél quien iba a supuestamente salvarle la vida a todos sus familiares de los otros depredadores. En la familia de Emalf se encontraban todos muertos de ganas, ansiosos por saber su potencial completo para así hacerlo estallar— sin matarlo antes de tiempo— y poder así aprovecharse de él todo lo que fuese posible. El primer entreno familiar debería haber sido el más sencillo y llevadero, donde se le enseñaban las bases para dar guerra y parecer que sabes de lo que haces, pero no todos tienen la suerte de tener una familia con dos dedos de frente, y claro que no era el caso con la familia de las orcas asesinas. Al ser un día festivo y de celebración, donde la felicidad reina la situación y todos lo pasan increíblemente bien, no hubo mejor plan para la familia que migrar a una isla remota en el West Blue, Korossassu, para celebrar el principio a la tortura psicológica y física en todos los entrenamientos diarios de Emalf. ¡Feliz cumpleaños!</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">— ¡M-Me estás haciendo daño!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se escuchó un hilillo de voz en una cueva remota al bosque en el que se encontraban. La situación era complicada de ver. Un niño de 6 años, un hombre musculoso en frente, ambos "armados", y los demás de espectadores en una frívola cueva que, de no estar acostumbrado a temperaturas así, no pararías de tiritar, incapaz de llevar a cabo cualquier acción más allá de hacerte bolita y llorar. Entre los espectadores, se veía a la madre, y los abuelos. Frente al niño, se encontraba ese hombre al que por desgracia llamaba su padre, quien era mucho más alto, rozando los dos metros de altura, portando una melena negra, con un degradado blanco que llegaba a rozar sus caderas y abrazarlas a la perfección. Su vestimenta trata un traje ancho y suelto, con el que podía desenvolver mejor sus movimientos sin que su contrincante, en este caso un crío, supiera en dónde entrar al rango de ataque para golpear el cuerpo esbelto del mayor. En la mano de los dos atacantes, los dos familiares de gran diferencia de edad agarraban con firmeza un palo resistente con ramas y astillas aún presentes, para que les doliera incluso más al atacar, defender, o simplemente agarrar el palo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El menor de los dos mantenía ambas de sus manos vendadas hasta el antebrazo, excluyendo sus falanges negrizos, y vestía de ropa lo suficientemente ancha para parecerse en lo más mínimo a la de su familiar y contrincante. Los ojos azabaches cristalinos del hijo miraban a su padre con dolor, rogando en silencio que no sucediera esto. El primer golpe es insoportable, segundo y tercero también, al cuarto comienzas a cabrearte. Uno de los golpes del mayor fue recibido en la parte del brazo no protegida por las vendas, de donde brotó la suficiente sangre para que un niño de corta edad se asustase, y Emalf se sobresaltó, retrocediendo al instante. No había actuado ante el golpe con anterioridad, creyendo que su propio padre no sería capaz de cortarle.. Le demostró en ese instante que era alguien de quien no debía fiarse. El mestizo pensó en soltar el arma que aguantaban sus manos, pero fue incapaz, pues sabía que de siquiera dar indicios de hacerlo, el golpe recibido sería incluso peor al anterior, y ahí, tal vez, la sangre sería suficiente para que el dolor fuera insoportable. Su familia en cambio observaban atentos como si fueran cuervos cómo se desenvolvía la pelea, decepcionados ante la reacción ante el daño expresada por Emalf. El único que tuvo empatía suficiente fue su abuelo, ante la situación susurrando a la abuela que no le gustaba lo que estaba pasando, pero si aquella situación fuera de su desagrado de verdad, no hubiera abandonado la cueva para dejarle a su puta suerte en lo que él distraía su mente buscando comida tanto marina como terrestre. Encontró la Mane Mane, junto a la caza de algunos animales y peces.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">— ¡No quiero seguir! ¡Este juego es una mierda, papá!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su lenguaje era obsceno, pues jamás se habían molestado en enseñarle modales, sólo a dar un buen espectáculo a la hora de pelear, aunque ni siquiera eso fuera capaz de hacer bien al principio.</span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su padre se puso firme, esbelta su figura y amenazante su mirada, cual penetraba en su mente y le gritaba en silencio "Si no lo haces bien, yo mismo te rajaré la garganta delante de todos." Emalf se colocó en posición, tragando saliva, y empuñó su arma tal y como le enseñó su abuelo. Aquella tortura de entrenamiento continuó hasta que fue capaz de aprender poco a poco a esquivar con algo más de soltura, bloquear el arma antaña, y rozar el cuerpo de su padre en combate. No dejó ni una mísera marca en piel ajena, aunque su propia piel se hubiera convirtido al final de la batalla en un lienzo en blanco al que le han arrojado pintura roja sin mirar el resultado en lo más mínimo. Sus heridas ardían sin cesar, y Emalf soltó un suspiro de exasperación.  No fue hasta que Emalf se puso a llorar —en falso— y a hacer un berrinche, que su madre decidió que por hoy era más que suficiente, con cansancio de ver a su hijo y esposo peleando durante 7 horas seguidas.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su abuelo volvió a la cueva en el momento que acabó. En una de sus manos escondía la fruta del Diablo, en otra, mostraba a simple vista algo de peces y de animales muertos para los demás familiares. Deberían de estar taan hambrientos después de no hacer absolutamente nada durante las siete horas que duró aquél combate.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Emalf permaneció sentado desde que acabó la batalla hasta que su abuelo volvió a la cueva, absorto en sus pensamientos, viendo los palos que usaron, pero sus ojos se fijaron en el que usó su padre, notando cómo el ajeno era más que diferente; Su padre llevaba ventaja, ya no porque fuera un hombre mayor, con experiencia, y que le sacase 10 cabezas, sino porque su palo era más resistente, con más espinas para dañarlo, y con una forma distinta. El suyo era fácil de doblar, con lo que se le dificultaba bloquear, y sus espinas estaban más que nada en las zonas de donde se agarraban, en ambos extremos, donde estorbaban más de lo que ayudaban al crío, todo a propósito, seguro.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su abuelo se agachó en frente de él, con una sonrisa gentil, en lo que, mientras tanto, los demás se dirigían de vuelta al agua para volver a la isla de donde venían, hablando y riendo como si nada hubiera ocurrido minutos antes, para poder calentar la comida, y poder descansar. En cuanto todos se fueron del campo de audición para espiar su conversación, su Abuelo comenzó a hablar, gentil y suave, sobresaltando a Emalf y echándolo de su mente.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">— Has dado guerra, chavalín... Pronto serás el mejor de todos. Venga, come un poco, y vamos a descansar.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Le halagó. Su abuelo era el único del que se arrepentía de haber matado. Los ojos de Emalf se iluminaron frente aquella fruta llamativa que le fue revelada, una sonrisa pintando su rostro en el segundo que la vió. Estaba hambriento, era obvio, pues la agarró sin pensarlo ni 1 segundo. Nunca fue de esos que le hacían feos a la comida, a no ser que fuera demasiado horrible su olor o apariencia. Esta no se veía tan mal, pensó, y simplemente se la comió. Al instante, quiso escupirla tras saborear a la desagradable y maldita fruta, pero no lo hizo, por respeto y miedo a su abuelo. ¿Quién sabe si sería capaz de reventarle aquél palo lleno de astillas en la espalda como lo hizo su padre? No sería la primera vez, ni la última.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tras ello, comenzó a sentirse más extraño que nunca, sobre todo tras darle un abrazo cálido a su abuelo mientras le agradecía mil y una veces por darle algo de comer, con entusiasmo fingido a la perfección. Cada vez que Emalf tocaba a alguien, sentía en sus dedos un cosquilleo que nunca jamás llegaría a comprender, no hasta los 19 años de estar soportando el sentirse un rarito.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pasaron los años, donde cada vez que tocaba a alguien, por mínimo que fuese, sus dedos le expresaban una sensación extraña, la cuál lo hacía sentir incómodo al no saber de su procedencia, razón, o la causa. En cuanto Emalf cumplió los 19 años, mientras recién se acababa de despertar, volvió a recordar esa sensación que se le transmitía cada vez que mantenía contacto físico con alguien nuevo. Estaba tumbado en su cama, observando al techo, tratando de hacer mayor memoria posible de la situación. Recordaba a la perfección la forma, el color, y todo de la fruta, y sin embargo, no la identificaba en lo más mínimo como algo que haya visto antes. Ni siquiera sabía de la existencia de los Akuma No Mi, para ser francos.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Emalf, harto de no saber nada al respecto y de sentirse un jodido fenómeno, se dirigió hacia el primer lugar que le vino a la cabeza que vió que tuviera algo de información al respecto, y usando también su posición de explorador, sería más fácil para él dar con la fruta que comió años atrás, pues se acordaba de todos los detalles de la puñetera frutita que le dió su abuelo. Se levantó de la cama, se vistió, y con un gruñido, comenzó a caminar hasta el mar, ya agotado con tan solo pensar en llegar hasta Ohara nadando. Se movió hasta allí por una sencilla razón; aquél era el lugar del que todo el mundo hablaba como si fuera la Biblioteca de Alejandría. Aquél era el lugar donde oyó, gracias a ser un cotilla de manual, que se tenía mayor facilidad para poder dar con la información sobre casi cualquier tipo de cosa. Se sacudió una vez salió del agua, pisando la tierra de Ohara con normalidad, tal y como si fuera su segunda casa o isla natal. Emalf, poco después de ir buscando, dió en el clavo, se adentró en la Biblioteca, buscando algún libro, manuscrito hecho por el mismísimo Jesucristo, o lo que fuera, sobre algún tipo de frutas diferentes a la normativa que hicieran cosas raras o algo así. Hasta que dió con un libro sobre algo de Akuma No Mi, con una portada de unas cuantas frutas con una apariencia similar a la que él comió. Ese mismo libro se lo acabó llevando sin siquiera preguntar, y mucho menos comprarlo, como Emalf siempre hizo y hará durante toda su vida. Para volver a Korossassu no se sumergió en el agua, no vaya a ser que se lo cargara o algo, y al llegar se asentó en el bosque.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se sentó en una piedra, otra vez, se encendió un cigarrillo en lo que sacaba el librito, y comenzó a leer hasta dar con la Mane Mane, cual cumplía a la perfección con los datos que él recordaba. Era.. Exactamente la misma a la que él comió. Una sonrisa ladina no pudo evitar mostrar a medida que iba leyendo, sus dientes afilados mostrándose bajo su mirada. Estalló en una carcajada una vez acabó, la cual hizo que los pájaros que en los árboles a su alrededor se colocaban salieran volando, asustados por el ruido sin aviso previo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">— Así que transformación, ¿haah? ¡La puta madre que parió a mi abuelo y a su suerte!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Oh, esto iba a ser tan, pero taaaan divertido.. Espera que ahora, con 20 años, estén orgullosos observando lo bien que le va desde bien abajo, pudriéndose en el jodido infierno.</span></span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span>Off</span>
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					<br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>Resume</span>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
★ Obtención de Akuma a través de que lo encuentra su abuelo y se lo entrega como recompensa tras hacerlo bien entrenando con su familia a los 6 años. Pasan unos años donde se siente rarete y a los 19 años visita Ohara para robar un libro sobre los Akuma no Mi y entender qué pasaba con él.<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karma</span>
					</div>
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
☆ Cleptómano.<br />
★ Mentiroso compulsivo.<br />
☆ Charlatán.<br />
★ Vicio (Tabaco).<br />
☆ Gruñón. (?)<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Inventory</span>
					</div>
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
☆ <div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://i.imgur.com/VXaPKLx.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Konets Sveta (Día del juicio final)</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>20 Fuerza / 30  Destreza</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>20</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>1 Fuerza / 0,3 Destreza</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>9999999</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>La Konets Sveta es un guadaña de 210 centímetros de altura y de metal resistente. El diseño de la cuchilla, de acero inoxidable, es la habitual de una guadaña exceptuando los picos de los lados y final. En la cuchilla principal hay un diseño hecho con pintura roja carmesí de un ala demoniaca, con una gema de color azul. A los lados del "tridente" de la cuchilla tiene dos ojos hechos con el efecto de que, de moverla rápido o estar en un combate, simule un cerrar y abrir de ojos. Bajando el mango, hay una decoración en cruz con las mismas alas demoníacas (cuchillas) en miniatura a los lados de cada cruz. Justo abajo, una bandana con una calavera, colgantes y diferentes accesorios atados de la misma manera bajo la bandana, todos manchados de sangre. La zona de donde se agarra tiene un vendaje de color negro para movilizarte con mayor facilidad con ella. Abajo del todo, se repite el patrón de las cruces con alas demoníacas hechas cuchillas, solo que esta vez, son más grandes y de color rojo. Abajo del todo hay un símbolo de color rojizo y otra gema azulada, simulando un amuleto de la suerte de su propia cultura, finalizando con otra daga hecha cuchilla para hacer estocadas más sencillas, o apuñalar directamente.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='objeto_code_container'>
                    <div
                        class='objeto_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`objeto`, `sveta001`);'
                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>sveta001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El poder de la fruta "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mane Mane</span>" fue entregado bajo las garras de Emalf a principios de su vida, MUY a principios para ser exactos, joder, ¡Si con suerte y él sabía contar! Gracias a que aquella fruta recayó en manos de uno de sus familiares—de los pocos que eran decentes, dentro de lo que cabía—, sin siquiera saber o ser consciente de lo que consigo llevaba morder aquella fruta prohibida ante sus ojos; El sabor amargo, el poder que ocultaba bajo su llamativa apariencia, y el caos que desataría una vez cayera en las manos equivocadas, como en las del <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Rey del Engaño</span>, como lo era Emalf. Fue entregada al menor de edad como si de un alimento muy nutritivo se tratasr para poder conseguir así recuperar todas sus fuerzas y ganas de vivir tras un arduo entrenamiento hecho por su padre. Oh, inocente e iluso de su parte por maltratarle durante tanto tiempo, pues ahora, aquel abuelo del que llevaban años en la familia riéndose, le había otorgado el poder maldito de la transformación al mundialmente (no) conocido "Ás de las mentiras", aquél que nació hecho mestizo y lo consiguió a tan solo seis años de edad cumplidos ese mismo día. Pero a partir de ahí, nada jamás volvería a ser igual.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Peeeero, vamos a ser honestos, que tanto paripé no le importa ni a mi puta madre, ¿veeeerdad~? ♪ Lo único que os interesa es saber qué fue de la putísima pelea, cómo me revientan la cara, y cómo acabé descubriendo el poder de los cojones que hace que os queráis pegar un tiro cada vez que me veis. ¡Y eso mismo os voy a contar!</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ahém... ¿Cómo funcionaba esto?</span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ah, sí.</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se celebraba el cumpleaños de la jóven promesa, aquél quien iba a supuestamente salvarle la vida a todos sus familiares de los otros depredadores. En la familia de Emalf se encontraban todos muertos de ganas, ansiosos por saber su potencial completo para así hacerlo estallar— sin matarlo antes de tiempo— y poder así aprovecharse de él todo lo que fuese posible. El primer entreno familiar debería haber sido el más sencillo y llevadero, donde se le enseñaban las bases para dar guerra y parecer que sabes de lo que haces, pero no todos tienen la suerte de tener una familia con dos dedos de frente, y claro que no era el caso con la familia de las orcas asesinas. Al ser un día festivo y de celebración, donde la felicidad reina la situación y todos lo pasan increíblemente bien, no hubo mejor plan para la familia que migrar a una isla remota en el West Blue, Korossassu, para celebrar el principio a la tortura psicológica y física en todos los entrenamientos diarios de Emalf. ¡Feliz cumpleaños!</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">— ¡M-Me estás haciendo daño!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se escuchó un hilillo de voz en una cueva remota al bosque en el que se encontraban. La situación era complicada de ver. Un niño de 6 años, un hombre musculoso en frente, ambos "armados", y los demás de espectadores en una frívola cueva que, de no estar acostumbrado a temperaturas así, no pararías de tiritar, incapaz de llevar a cabo cualquier acción más allá de hacerte bolita y llorar. Entre los espectadores, se veía a la madre, y los abuelos. Frente al niño, se encontraba ese hombre al que por desgracia llamaba su padre, quien era mucho más alto, rozando los dos metros de altura, portando una melena negra, con un degradado blanco que llegaba a rozar sus caderas y abrazarlas a la perfección. Su vestimenta trata un traje ancho y suelto, con el que podía desenvolver mejor sus movimientos sin que su contrincante, en este caso un crío, supiera en dónde entrar al rango de ataque para golpear el cuerpo esbelto del mayor. En la mano de los dos atacantes, los dos familiares de gran diferencia de edad agarraban con firmeza un palo resistente con ramas y astillas aún presentes, para que les doliera incluso más al atacar, defender, o simplemente agarrar el palo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El menor de los dos mantenía ambas de sus manos vendadas hasta el antebrazo, excluyendo sus falanges negrizos, y vestía de ropa lo suficientemente ancha para parecerse en lo más mínimo a la de su familiar y contrincante. Los ojos azabaches cristalinos del hijo miraban a su padre con dolor, rogando en silencio que no sucediera esto. El primer golpe es insoportable, segundo y tercero también, al cuarto comienzas a cabrearte. Uno de los golpes del mayor fue recibido en la parte del brazo no protegida por las vendas, de donde brotó la suficiente sangre para que un niño de corta edad se asustase, y Emalf se sobresaltó, retrocediendo al instante. No había actuado ante el golpe con anterioridad, creyendo que su propio padre no sería capaz de cortarle.. Le demostró en ese instante que era alguien de quien no debía fiarse. El mestizo pensó en soltar el arma que aguantaban sus manos, pero fue incapaz, pues sabía que de siquiera dar indicios de hacerlo, el golpe recibido sería incluso peor al anterior, y ahí, tal vez, la sangre sería suficiente para que el dolor fuera insoportable. Su familia en cambio observaban atentos como si fueran cuervos cómo se desenvolvía la pelea, decepcionados ante la reacción ante el daño expresada por Emalf. El único que tuvo empatía suficiente fue su abuelo, ante la situación susurrando a la abuela que no le gustaba lo que estaba pasando, pero si aquella situación fuera de su desagrado de verdad, no hubiera abandonado la cueva para dejarle a su puta suerte en lo que él distraía su mente buscando comida tanto marina como terrestre. Encontró la Mane Mane, junto a la caza de algunos animales y peces.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">— ¡No quiero seguir! ¡Este juego es una mierda, papá!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su lenguaje era obsceno, pues jamás se habían molestado en enseñarle modales, sólo a dar un buen espectáculo a la hora de pelear, aunque ni siquiera eso fuera capaz de hacer bien al principio.</span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su padre se puso firme, esbelta su figura y amenazante su mirada, cual penetraba en su mente y le gritaba en silencio "Si no lo haces bien, yo mismo te rajaré la garganta delante de todos." Emalf se colocó en posición, tragando saliva, y empuñó su arma tal y como le enseñó su abuelo. Aquella tortura de entrenamiento continuó hasta que fue capaz de aprender poco a poco a esquivar con algo más de soltura, bloquear el arma antaña, y rozar el cuerpo de su padre en combate. No dejó ni una mísera marca en piel ajena, aunque su propia piel se hubiera convirtido al final de la batalla en un lienzo en blanco al que le han arrojado pintura roja sin mirar el resultado en lo más mínimo. Sus heridas ardían sin cesar, y Emalf soltó un suspiro de exasperación.  No fue hasta que Emalf se puso a llorar —en falso— y a hacer un berrinche, que su madre decidió que por hoy era más que suficiente, con cansancio de ver a su hijo y esposo peleando durante 7 horas seguidas.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su abuelo volvió a la cueva en el momento que acabó. En una de sus manos escondía la fruta del Diablo, en otra, mostraba a simple vista algo de peces y de animales muertos para los demás familiares. Deberían de estar taan hambrientos después de no hacer absolutamente nada durante las siete horas que duró aquél combate.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Emalf permaneció sentado desde que acabó la batalla hasta que su abuelo volvió a la cueva, absorto en sus pensamientos, viendo los palos que usaron, pero sus ojos se fijaron en el que usó su padre, notando cómo el ajeno era más que diferente; Su padre llevaba ventaja, ya no porque fuera un hombre mayor, con experiencia, y que le sacase 10 cabezas, sino porque su palo era más resistente, con más espinas para dañarlo, y con una forma distinta. El suyo era fácil de doblar, con lo que se le dificultaba bloquear, y sus espinas estaban más que nada en las zonas de donde se agarraban, en ambos extremos, donde estorbaban más de lo que ayudaban al crío, todo a propósito, seguro.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su abuelo se agachó en frente de él, con una sonrisa gentil, en lo que, mientras tanto, los demás se dirigían de vuelta al agua para volver a la isla de donde venían, hablando y riendo como si nada hubiera ocurrido minutos antes, para poder calentar la comida, y poder descansar. En cuanto todos se fueron del campo de audición para espiar su conversación, su Abuelo comenzó a hablar, gentil y suave, sobresaltando a Emalf y echándolo de su mente.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">— Has dado guerra, chavalín... Pronto serás el mejor de todos. Venga, come un poco, y vamos a descansar.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Le halagó. Su abuelo era el único del que se arrepentía de haber matado. Los ojos de Emalf se iluminaron frente aquella fruta llamativa que le fue revelada, una sonrisa pintando su rostro en el segundo que la vió. Estaba hambriento, era obvio, pues la agarró sin pensarlo ni 1 segundo. Nunca fue de esos que le hacían feos a la comida, a no ser que fuera demasiado horrible su olor o apariencia. Esta no se veía tan mal, pensó, y simplemente se la comió. Al instante, quiso escupirla tras saborear a la desagradable y maldita fruta, pero no lo hizo, por respeto y miedo a su abuelo. ¿Quién sabe si sería capaz de reventarle aquél palo lleno de astillas en la espalda como lo hizo su padre? No sería la primera vez, ni la última.</span></span><br />
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<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tras ello, comenzó a sentirse más extraño que nunca, sobre todo tras darle un abrazo cálido a su abuelo mientras le agradecía mil y una veces por darle algo de comer, con entusiasmo fingido a la perfección. Cada vez que Emalf tocaba a alguien, sentía en sus dedos un cosquilleo que nunca jamás llegaría a comprender, no hasta los 19 años de estar soportando el sentirse un rarito.</span></span><br />
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<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pasaron los años, donde cada vez que tocaba a alguien, por mínimo que fuese, sus dedos le expresaban una sensación extraña, la cuál lo hacía sentir incómodo al no saber de su procedencia, razón, o la causa. En cuanto Emalf cumplió los 19 años, mientras recién se acababa de despertar, volvió a recordar esa sensación que se le transmitía cada vez que mantenía contacto físico con alguien nuevo. Estaba tumbado en su cama, observando al techo, tratando de hacer mayor memoria posible de la situación. Recordaba a la perfección la forma, el color, y todo de la fruta, y sin embargo, no la identificaba en lo más mínimo como algo que haya visto antes. Ni siquiera sabía de la existencia de los Akuma No Mi, para ser francos.</span></span><br />
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<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Emalf, harto de no saber nada al respecto y de sentirse un jodido fenómeno, se dirigió hacia el primer lugar que le vino a la cabeza que vió que tuviera algo de información al respecto, y usando también su posición de explorador, sería más fácil para él dar con la fruta que comió años atrás, pues se acordaba de todos los detalles de la puñetera frutita que le dió su abuelo. Se levantó de la cama, se vistió, y con un gruñido, comenzó a caminar hasta el mar, ya agotado con tan solo pensar en llegar hasta Ohara nadando. Se movió hasta allí por una sencilla razón; aquél era el lugar del que todo el mundo hablaba como si fuera la Biblioteca de Alejandría. Aquél era el lugar donde oyó, gracias a ser un cotilla de manual, que se tenía mayor facilidad para poder dar con la información sobre casi cualquier tipo de cosa. Se sacudió una vez salió del agua, pisando la tierra de Ohara con normalidad, tal y como si fuera su segunda casa o isla natal. Emalf, poco después de ir buscando, dió en el clavo, se adentró en la Biblioteca, buscando algún libro, manuscrito hecho por el mismísimo Jesucristo, o lo que fuera, sobre algún tipo de frutas diferentes a la normativa que hicieran cosas raras o algo así. Hasta que dió con un libro sobre algo de Akuma No Mi, con una portada de unas cuantas frutas con una apariencia similar a la que él comió. Ese mismo libro se lo acabó llevando sin siquiera preguntar, y mucho menos comprarlo, como Emalf siempre hizo y hará durante toda su vida. Para volver a Korossassu no se sumergió en el agua, no vaya a ser que se lo cargara o algo, y al llegar se asentó en el bosque.</span></span><br />
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<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se sentó en una piedra, otra vez, se encendió un cigarrillo en lo que sacaba el librito, y comenzó a leer hasta dar con la Mane Mane, cual cumplía a la perfección con los datos que él recordaba. Era.. Exactamente la misma a la que él comió. Una sonrisa ladina no pudo evitar mostrar a medida que iba leyendo, sus dientes afilados mostrándose bajo su mirada. Estalló en una carcajada una vez acabó, la cual hizo que los pájaros que en los árboles a su alrededor se colocaban salieran volando, asustados por el ruido sin aviso previo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">— Así que transformación, ¿haah? ¡La puta madre que parió a mi abuelo y a su suerte!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Oh, esto iba a ser tan, pero taaaan divertido.. Espera que ahora, con 20 años, estén orgullosos observando lo bien que le va desde bien abajo, pudriéndose en el jodido infierno.</span></span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Off</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resume</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
★ Obtención de Akuma a través de que lo encuentra su abuelo y se lo entrega como recompensa tras hacerlo bien entrenando con su familia a los 6 años. Pasan unos años donde se siente rarete y a los 19 años visita Ohara para robar un libro sobre los Akuma no Mi y entender qué pasaba con él.<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karma</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
☆ Cleptómano.<br />
★ Mentiroso compulsivo.<br />
☆ Charlatán.<br />
★ Vicio (Tabaco).<br />
☆ Gruñón. (?)<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Inventory</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
☆ <div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://i.imgur.com/VXaPKLx.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Konets Sveta (Día del juicio final)</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
                        parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display = `none`;
                    } else {
                        parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display = `block`;
                    }'
                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>20 Fuerza / 30  Destreza</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>20</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>1 Fuerza / 0,3 Destreza</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>9999999</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>La Konets Sveta es un guadaña de 210 centímetros de altura y de metal resistente. El diseño de la cuchilla, de acero inoxidable, es la habitual de una guadaña exceptuando los picos de los lados y final. En la cuchilla principal hay un diseño hecho con pintura roja carmesí de un ala demoniaca, con una gema de color azul. A los lados del "tridente" de la cuchilla tiene dos ojos hechos con el efecto de que, de moverla rápido o estar en un combate, simule un cerrar y abrir de ojos. Bajando el mango, hay una decoración en cruz con las mismas alas demoníacas (cuchillas) en miniatura a los lados de cada cruz. Justo abajo, una bandana con una calavera, colgantes y diferentes accesorios atados de la misma manera bajo la bandana, todos manchados de sangre. La zona de donde se agarra tiene un vendaje de color negro para movilizarte con mayor facilidad con ella. Abajo del todo, se repite el patrón de las cruces con alas demoníacas hechas cuchillas, solo que esta vez, son más grandes y de color rojo. Abajo del todo hay un símbolo de color rojizo y otra gema azulada, simulando un amuleto de la suerte de su propia cultura, finalizando con otra daga hecha cuchilla para hacer estocadas más sencillas, o apuñalar directamente.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='objeto_code_container'>
                    <div
                        class='objeto_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`objeto`, `sveta001`);'
                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>sveta001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un día y una noche que Korossasu ... nunca, nunca olvidará, nyah~]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1749</link>
			<pubDate>Tue, 27 May 2025 10:40:50 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=460">Velvette</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1749</guid>
			<description><![CDATA[Dado en el día 27 del mes de Escandalio del año 19 después del nacimiento de Nuestra Señora Velvette, nyah~.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Nota de Velvette</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					 <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">“Sí, estás leyendo bien. Este calendario existe porque yo existo. ¿Los años antes de mí? Basura irrelevante. ¿Los meses normales? Aburridos y sin curvas. Este es el calendario que el mundo merece. ¿Te molesta? Nyah~. ¡Pues me comes el co—!”</span><br />
<br />
¡EH, EH, YA BASTA! ¡NO PUEDES DECIR ESO AQUÍ!<br />
<br />
Perdonad... esto... no sé muy bien por qué estoy transcribiendo las barbaridades de esta lunática. En fin. Espero que la historia de Velvette os resulte entretenida, ¿inspiradora? o al menos no os cause un derrame cerebral<br />
—¡AGHHH! ¡ME HA MORDIDO! ¡ME ESTÁ MORDIENDO! ¡LLAMA A LA POLICIAAAAGHHHHH—!”
				</div>
			</div><br />
<br />
Los pájaros trinaban en lo alto de los árboles de Korossasu, el viento mecía suavemente las copas y el sonido de los leñadores trabajando resonaba por el bosque. Era un día tranquilo… hasta que un chirrido agudo y unos pasos descompasados rompieron la armonía.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡¡¿Dónde demonios está el camino al pueblo?! Nyah~ —</span> gritó Velvette, completamente perdida, en mitad de un sendero que, según ella, claramente era una ruta directa al norte. Lo cual era falso, llevaba tres horas caminando en círculos.<br />
<br />
Vestida con un chaleco abierto que no cubría absolutamente nada útil y unas botas hasta los muslos —porque claro, estilo ante todo—, la gata Humink se abría paso entre ramas, arbustos y su propia mala orientación, cargando un martillo casi tan grande como su ego y bastante más pesado. Su risa, una mezcla aguda y contagiosa que sonaba como "nyahahahuhu~", resonaba entre los árboles con cada traspié.<br />
<br />
Finalmente, y tras una caída poco elegante en un arbusto, llegó a una zona despejada donde se alzaban estructuras colosales de piedra y madera. Casitas para gigantes, pensó. Se plantó frente a una de ellas, puso una mano en la cadera y soltó <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Atención mundo! Mi nombre es Velvette y desde hoy esta isla tiene algo que vale la pena mirar, nyah~. ¡Yo! —</span>dijo mientras se subía a una roca y, por supuesto, resbalaba de culo.<br />
<br />
El silencio reinó por un segundo… hasta que un anciano que vendía nabos desde un carrito cercano rompió a reír.<br />
<br />
—Qué joven más extraña es usted señorita pero bueno al menos no eres aburrida.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Eso jamás abuelo, soy la antítesis del aburrimiento nyah~ —</span>replicó ella, sacudiéndose el polvo con dignidad felina <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Dime una cosa, abuelo. ¿Dónde está la taberna más cercana? Tengo sed, hambre y una necesidad urgente de atención nyah~.</span><br />
<br />
—Baja al pueblo sureño— respondió él, señalando con su bastón un sendero en bajada —No tiene pérdida.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Perfecto! Entendido, por supuesto, sureño viene de sur y el sur es el lugar que no es le norte... a veces me sorprendo con lo brillante que puedo llegar a ser... que magnifica deducción—</span> más que responder comenzó a hablar consigo misma, girando en dirección contraria. El anciano se limitó a señalar en la dirección contraria y corrigió al instante, como si siempre hubiera planeado ir por el camino correcto, y se alejó con paso confiado y caderas oscilantes.<br />
<br />
El pueblo sureño hervía de actividad. Campesinos, leñadores y canteros se mezclaban en un mar de gritos, hortalizas y olor a sudor contenido. Velvette se abrió paso como si el lugar le perteneciera, repartiendo caos con cada zancada, sin dejar de buscar esa mezcla de alcohol, ruido y problemas que llamaba hogar.<br />
<br />
Sin pudor, tomó un ramillete de zanahorias de un puesto y dejó una flor robada como pago.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Un intercambio justo, nyah~!</span><br />
<br />
Los comentarios, miradas y quejas comenzaron a acumularse conforme ella repartía sonrisas y palmadas indebidas.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¿Y tú? ¡Toma, este colgante te queda divino, nyah~! — </span>le dijo a un niño, colgándole un brillante amuleto de procedencia desconocida.<br />
<br />
—¡Mi collar! —gritó una mujer desde el fondo del mercado.<br />
<br />
Velvette ya estaba saludando a un burro.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Soy una bendición con patas, lo sé. No hace falta que me recéis... aunque si queréis, no os detendré, nyah~.</span><br />
<br />
Entre robos disfrazados de ofrendas, obsequios que no había pagado y cumplidos que rayaban el delito, Velvette se ganó en pocas horas la mitad del cariño y toda la desconfianza del pueblo.<br />
<br />
—¿Quién es esa? —susurraban unos.<br />
<br />
—¿Una loca? ¿Una pirata? ¿Una santa en bragas?<br />
<br />
—No lo sé... pero me ha dado un mango y me ha robado el reloj.<br />
<br />
Y así, como si el pueblo le perteneciera, Velvette se subió a una fuente, mojó la cola por accidente y anunció:<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Korossasu, tiembla! ¡La diosa de las curvas, el caos y los carteristas ha llegado! ¡Y pienso quedarme hasta que alguien me regale un pastel de mora, nyah~!</span><br />
<br />
El murmullo fue general. Algunos sonrieron. Otros se taparon los bolsillos. Y uno que otro, más valiente que sabio, se acercó... probablemente para ser parte del siguiente desastre controlado.<br />
<br />
Porque Velvette no pasaba desapercibida. Y eso, para bien o para mal, era el comienzo perfecto de su leyenda.<br />
<br />
Velvette apenas llevaba dos horas en el pueblo cuando ya habían recibido tres denuncias por robo menor, dos por acoso verbal y una por perturbar la paz pública con “ruidos que no eran de este mundo”. La guardia local ya estaba en su búsqueda. No porque fuera peligrosa, sino porque temían que se quedara a vivir.<br />
<br />
Fue así como el sargento Krof se presentó en la plaza central con cara de lunes eterno.<br />
<br />
—¡Tú! ¡La del escote que bordea la linea del exhibicionismo! ¡Alto ahí!<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Oh, ¿me hablas a mí o a mis tetas? A veces se roban el protagonismo, nyah~.</span><br />
<br />
Krof apretó los dientes.<br />
<br />
—Has robado. Has alterado el orden. Has insultado a un burro y lo peor... lo peor, es que le lanzaste piropos a mi mujer.<br />
<br />
Velvette arqueó una ceja.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¿La del vestido naranja con cara de miércoles? Qué fuerte, nyah~. No sabía que era tu esposa... aunque ahora que lo pienso, eso explica mucho.</span><br />
<br />
La plaza entera enmudeció. El sargento se puso rojo. Luego púrpura. Luego azul. Finalmente, apuntó con el dedo.<br />
<br />
—¡Quedas arrestada!<br />
<br />
Velvette levantó las manos con aire teatral.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Perfecto. Pero antes… toma esto en señal de buena voluntad, nyah~ —</span>dijo, sacando una caja decorada con un lazo rosa y entregándosela con una reverencia exagerada.<br />
<br />
—¿Qué es esto? —gruñó el hombre.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Una ofrenda de paz. Ábrela, nyah~.</span><br />
<br />
Krof la abrió. Dentro había un par de braguitas excesivamente sugerentes, aparentemente usadas.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—No hace falta que me des las gracias, nyah~ —</span>añadió con una guiñada descarada, y acto seguido echó a correr <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Espero que te ayuden a cumplir con tu mujer nyahahahuhu~!</span><br />
<br />
Krof, colorado y humillado, gritó a todo pulmón:<br />
<br />
—¡GUARDIAS! ¡ESA PERVERSA GATA HA INSULTADO A MI SEÑORA!<br />
<br />
Velvette desapareció entre las callejuelas, saltando entre tejados, saludando a todo el mundo, robando un pañuelo aquí y regalando una bufanda allá. Dejó a un pueblo confundido, un sargento gritando improperios y una leyenda empezando a tomar forma.<br />
<br />
Ese día, la isla de Korossasu descubrió lo que era tener una pesadilla púrpura, escandalosa y generosa con los problemas ajenos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y ese fue solo su primer día.</span><br />
<br />
La noche había caído, pero Velvette no. Y no tenía intención de hacerlo.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Dormir es para los muertos y para los aburridos, nyah~ —</span>decretó, mientras se arreglaba el escote frente al reflejo de una ventana ajena.<br />
<br />
Guiada por el estruendo de música desafinada y vasos estrellándose, acabó en La Garra Astillada, una taberna escondida entre dos almacenes de madera. Desde fuera ya olía a ron barato, sudor y decisiones cuestionables. Desde dentro… aún peor. El paraíso.<br />
<br />
Entró pateando la puerta con una sonrisa que anunciaba desastre.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Vengo buscando un hombre fuerte que me invite a una copa, un idiota que quiera pelear, o mejor aún… que me coma el co....—!</span><br />
<br />
Un jarro de cerveza cruzó el aire como un proyectil y explotó contra el marco de la puerta justo al lado de su cabeza, bañándola en espuma y astillas. La frase quedó colgando en el aire como una insinuación indecente interrumpida por la violencia.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Oye! ¡Que todavía no he calentado motores, nyahahahuhu~! —</span>gritó Velvette, empapada, mientras se quitaba los restos de cebada del escote con la mayor dignidad que podía reunir.<br />
<br />
Dentro, la taberna era un campo de batalla. Dos hombres forcejeaban encima de una mesa hecha trizas, otro estaba tirado en el suelo abrazando una jarra como si fuera su madre, y una mujer de pelo encrespado y nariz sangrante lanzaba sillas como quien reparte flores en una boda.<br />
<br />
Velvette se relamió los colmillos <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Esto sí que es un recibimiento, nyah~...</span><br />
<br />
Dio un saltito elegante hacia adelante, como si fuera a subir al escenario de un teatro, y sin más ceremonia se lanzó de cabeza al tumulto con una sonrisa que destilaba travesura y malas decisiones.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡¿Y nadie va a ofrecerme una copa primero?! ¡Qué poco caballerosos sois, nyahahahu~!— </span>Aterrizó sobre la espalda de un tipo que estaba a punto de rematar a otro con un taburete. El hombre se tambaleó y cayó de bruces, llevándose el mueble en la frente <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Y uno menos! ¡Va a costar sacarle las astillas, nyah~!</span><br />
<br />
Otro sujeto, con los nudillos ensangrentados y aliento a whisky barato, intentó agarrarla por la cintura. Velvette se giró de un plumazo, le metió un rodillazo en la entrepierna y le robó la petaca del bolsillo con la misma facilidad con la que una gata caza un ratón <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Gracias por el trago, campeón. ¡Pero deberías mantener tus bolas donde las necesitas, nyah~!</span><br />
<br />
La escena escalaba por segundos. Alguien gritaba que llamaran a los guardias, mientras otros coreaban aplausos entre puñetazo y puñetazo. Velvette bailaba entre los combatientes como si la taberna fuera su pista personal, esquivando botellas, devolviendo empujones y soltando carcajadas con cada golpe que daba o recibía.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Venga, venga! ¡¿Nadie va a poner música para ambientar esto?! ¡Esto no es una pelea, es un chiste sin ritmo, nyahahahuhu~!— </span>Y por si fuera poco, en mitad de todo el caos, encontró una bandeja de empanadas medio aplastadas sobre una mesa volcada, le dio un mordisco a una y, con la boca llena, gritó <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡¿Quién cocina estas delicias?! ¡Voy a casarme contigo si sobrevivo a esta noche, nyah~!</span><br />
<br />
La taberna ya no era un local: era una estampida de muebles rotos, insultos y risas. Y en el centro, brillando como una chispa entre la pólvora, una gata de pelo violeta lo incendiaba todo con su presencia.<br />
<br />
Justo cuando uno de los parroquianos salía volando por una ventana con las piernas por delante, se escuchó un fuerte silbido desde fuera. Otro. Y otro más. La taberna entera quedó en suspenso por un instante... lo justo para que entraran cinco guardias armados hasta los dientes y con cara de haber sido despertados de la siesta.<br />
<br />
—¡Alto ahí! ¡Todos contra la pared! —rugó el capitán de la guardia, alzando la voz sobre el estruendo—. ¡Esta pelea queda disuelta por orden del Consejo local!<br />
<br />
El caos se congeló como una fotografía a medio romper. Velvette, que en ese momento estaba de pie sobre la barra bebiendo a morro de una botella de ron robada, se quedó mirando a los guardias con una ceja alzada y una sonrisa de oreja a oreja.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Mmmh… eso suena aburrido, nyah~.</span><br />
<br />
Uno de los guardias la señaló directamente con la lanza.<br />
<br />
—¡Tú, la del pelo violeta y las tetas enormes! ¡Baja ahora mismo!<br />
<br />
Velvette se limpió la boca con el dorso de la mano, se echó la melena hacia atrás y soltó una risa aguda y provocadora.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¿Bajar? Ay, mi amor… si solo sabes dar órdenes en público, no quiero imaginarte en la cama, nyahahahuhu~.</span><br />
<br />
Los guardias cargaron. Velvette saltó de la barra como un rayo, hizo una voltereta en el aire y aterrizó sobre una mesa, que se rompió bajo su peso con un crujido sonoro. Rodó sobre el suelo, esquivando una porra, y salió disparada hacia la puerta mientras uno de los soldados resbalaba con un charco de vino.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Otra vez será, uniformados! ¡Recordad este día como el día en que casi atrapáis a Velvette, nyah~!</span><br />
<br />
Y así, entre risas, insultos y un par de empanadas todavía en los bolsillos, Velvette desapareció en la noche por las callejuelas de Korossasu, con la luna colgando sobre su cabeza y la ciudad ya empezando a susurrar su nombre.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y esa fue solo su primera noche.</span><br />
<br />
Unas horas después, el bullicio había dado paso al silencio. El pueblo dormía. Bueno, casi todo el pueblo.<br />
<br />
En un callejón tranquilo, bajo una cornisa que goteaba lentamente tras la lluvia, Velvette dormía hecha un ovillo. Su melena violeta se esparcía como tinta sobre el suelo, y abrazaba con fuerza su martillo como si fuera un peluche demasiado valioso para soltar. Una de sus botas seguía puesta; la otra, vaya a saber uno dónde fue a parar. Tenía una empanada medio comida en el regazo, ronroneaba en sueños y de vez en cuando soltaba un suave:<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Nyah~... idiotas guapos... </span><br />
<br />
La reina del caos había encontrado su trono por esa noche: una manta de cielo estrellado, un colchón de piedra fría y la dulce compañía de su arma. No era cómoda. Pero era perfecta.<br />
<br />
Y así, Korossasu descansó. Porque Velvette, por fin, también lo hacía.<br />
<br />
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<br />
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					• Egocéntrico: Tu personaje busca constantemente los halagos de los demás y no puede evitar alabarse a sí mismo.<br />
Karma -1<br />
• Generoso: Tu personaje es extremadamente generoso, siente la necesidad de regalar, ya sea dinero u objetos, a los demás. Una vez por tema deberá hacer un obsequio a alguien.<br />
• Cleptómano: Sientes la necesidad de robar cualquier cosa, por poco valor que tenga, y no puedes evitar hacerlo una vez por tema.<br />
• Charlatán: En todos los posts donde tu personaje hable, deberá pronunciar al menos una frase de como mínimo diez palabras. Si en el post no dice nada, no es necesario.<br />
• Cotilla: Tienes la necesidad de escuchar conversaciones ajenas, siempre que estas estén en un radio de veinte metros de ti, aunque pueda suponer un riesgo.<br />
• Muletilla: Tu personaje tiene una palabra o expresión que repite con mucha frecuencia. Debe decirla al menos una vez en cada post donde el personaje hable. - Nyah~<br />
• Exhibicionista: Ya sea porque estás orgulloso de tu cuerpo, por alguna filia sexual o porque eres de lo más natural, te encanta andar en ropa interior. Una vez por tema deberás hacerlo. (Si muestras 1 pieza de ropa interior, pero llevas ropa aparte, como por ejemplo Franky, es -2. Si llevas únicamente ropa interior es -4)• Fanático: Tu lealtad va a otro nivel. Estás <br />
• Valor sentimental: Tienes un objeto de gran valor que debes rolear que llevas siempre contigo. En caso de perderlo sufres una penalización permanente de -20 a tu Voluntad. - Su arma de poder oculto<br />
• Animadversión: Hay algo que no toleras en los demás, ya sea una forma de gesticular, de hablar, un acento, lo que sea, y cuando alguien lo tiene te es imposible soportarlo, por lo que no podrás relacionarte con él de manera amistosa. Tienes que especificar de qué se trata. - personas que hablan en tono bajo y suave<br />
• Mentiroso compulsivo: Tienes un grave problema, no puedes evitar mentir. Es probable que incluso te creas tus propias mentiras. Cada tema deberás intentar colar dos o más mentiras. [Requiere el Karma “Mentiroso”]<br />
• Apostador: Tienes que jugarte dinero apostando mínimo una vez por tema, por poco que sea. No puedes rechazar ninguna apuesta que te hagan.<br />
• Sin orientación: Te pierdes a la hora de tomar direcciones y entiendes las indicaciones justo al contrario. [Incompatible con Guía]<br />
• Oloroso: Tu cuerpo desprende más olor de lo normal (bueno o malo), por lo que es más fácil que te rastreen y detecten por este medio. - perfume<br />
• Risa excéntrica: Tu personaje se ríe de una manera diferente y única. - nyahahahuhu~<br />
• Torpe: No puedes realizar actos en sigilo. [Incompatible con Infiltrado]<br />
• Ignorante: Tu personaje no sabe nada del Lore, indistintamente de cuan famoso sea un lugar o una persona. Cuando lee el periódico o alguien le cuenta algo del Lore, al siguiente tema se le olvida.<br />
• Amante de los combates: Nunca puedes rechazar un desafío cuando te retan abiertamente, sea quien sea tu contrincante.<br />
• Fetichismo: El personaje siente excitación erótica a través de cosas específicas, como una parte del cuerpo, hacia un personaje del género que le atraiga. No incluye a personajes menores de edad.<br />

				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Dado en el día 27 del mes de Escandalio del año 19 después del nacimiento de Nuestra Señora Velvette, nyah~.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Nota de Velvette</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					 <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">“Sí, estás leyendo bien. Este calendario existe porque yo existo. ¿Los años antes de mí? Basura irrelevante. ¿Los meses normales? Aburridos y sin curvas. Este es el calendario que el mundo merece. ¿Te molesta? Nyah~. ¡Pues me comes el co—!”</span><br />
<br />
¡EH, EH, YA BASTA! ¡NO PUEDES DECIR ESO AQUÍ!<br />
<br />
Perdonad... esto... no sé muy bien por qué estoy transcribiendo las barbaridades de esta lunática. En fin. Espero que la historia de Velvette os resulte entretenida, ¿inspiradora? o al menos no os cause un derrame cerebral<br />
—¡AGHHH! ¡ME HA MORDIDO! ¡ME ESTÁ MORDIENDO! ¡LLAMA A LA POLICIAAAAGHHHHH—!”
				</div>
			</div><br />
<br />
Los pájaros trinaban en lo alto de los árboles de Korossasu, el viento mecía suavemente las copas y el sonido de los leñadores trabajando resonaba por el bosque. Era un día tranquilo… hasta que un chirrido agudo y unos pasos descompasados rompieron la armonía.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡¡¿Dónde demonios está el camino al pueblo?! Nyah~ —</span> gritó Velvette, completamente perdida, en mitad de un sendero que, según ella, claramente era una ruta directa al norte. Lo cual era falso, llevaba tres horas caminando en círculos.<br />
<br />
Vestida con un chaleco abierto que no cubría absolutamente nada útil y unas botas hasta los muslos —porque claro, estilo ante todo—, la gata Humink se abría paso entre ramas, arbustos y su propia mala orientación, cargando un martillo casi tan grande como su ego y bastante más pesado. Su risa, una mezcla aguda y contagiosa que sonaba como "nyahahahuhu~", resonaba entre los árboles con cada traspié.<br />
<br />
Finalmente, y tras una caída poco elegante en un arbusto, llegó a una zona despejada donde se alzaban estructuras colosales de piedra y madera. Casitas para gigantes, pensó. Se plantó frente a una de ellas, puso una mano en la cadera y soltó <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Atención mundo! Mi nombre es Velvette y desde hoy esta isla tiene algo que vale la pena mirar, nyah~. ¡Yo! —</span>dijo mientras se subía a una roca y, por supuesto, resbalaba de culo.<br />
<br />
El silencio reinó por un segundo… hasta que un anciano que vendía nabos desde un carrito cercano rompió a reír.<br />
<br />
—Qué joven más extraña es usted señorita pero bueno al menos no eres aburrida.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Eso jamás abuelo, soy la antítesis del aburrimiento nyah~ —</span>replicó ella, sacudiéndose el polvo con dignidad felina <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Dime una cosa, abuelo. ¿Dónde está la taberna más cercana? Tengo sed, hambre y una necesidad urgente de atención nyah~.</span><br />
<br />
—Baja al pueblo sureño— respondió él, señalando con su bastón un sendero en bajada —No tiene pérdida.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Perfecto! Entendido, por supuesto, sureño viene de sur y el sur es el lugar que no es le norte... a veces me sorprendo con lo brillante que puedo llegar a ser... que magnifica deducción—</span> más que responder comenzó a hablar consigo misma, girando en dirección contraria. El anciano se limitó a señalar en la dirección contraria y corrigió al instante, como si siempre hubiera planeado ir por el camino correcto, y se alejó con paso confiado y caderas oscilantes.<br />
<br />
El pueblo sureño hervía de actividad. Campesinos, leñadores y canteros se mezclaban en un mar de gritos, hortalizas y olor a sudor contenido. Velvette se abrió paso como si el lugar le perteneciera, repartiendo caos con cada zancada, sin dejar de buscar esa mezcla de alcohol, ruido y problemas que llamaba hogar.<br />
<br />
Sin pudor, tomó un ramillete de zanahorias de un puesto y dejó una flor robada como pago.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Un intercambio justo, nyah~!</span><br />
<br />
Los comentarios, miradas y quejas comenzaron a acumularse conforme ella repartía sonrisas y palmadas indebidas.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¿Y tú? ¡Toma, este colgante te queda divino, nyah~! — </span>le dijo a un niño, colgándole un brillante amuleto de procedencia desconocida.<br />
<br />
—¡Mi collar! —gritó una mujer desde el fondo del mercado.<br />
<br />
Velvette ya estaba saludando a un burro.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Soy una bendición con patas, lo sé. No hace falta que me recéis... aunque si queréis, no os detendré, nyah~.</span><br />
<br />
Entre robos disfrazados de ofrendas, obsequios que no había pagado y cumplidos que rayaban el delito, Velvette se ganó en pocas horas la mitad del cariño y toda la desconfianza del pueblo.<br />
<br />
—¿Quién es esa? —susurraban unos.<br />
<br />
—¿Una loca? ¿Una pirata? ¿Una santa en bragas?<br />
<br />
—No lo sé... pero me ha dado un mango y me ha robado el reloj.<br />
<br />
Y así, como si el pueblo le perteneciera, Velvette se subió a una fuente, mojó la cola por accidente y anunció:<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Korossasu, tiembla! ¡La diosa de las curvas, el caos y los carteristas ha llegado! ¡Y pienso quedarme hasta que alguien me regale un pastel de mora, nyah~!</span><br />
<br />
El murmullo fue general. Algunos sonrieron. Otros se taparon los bolsillos. Y uno que otro, más valiente que sabio, se acercó... probablemente para ser parte del siguiente desastre controlado.<br />
<br />
Porque Velvette no pasaba desapercibida. Y eso, para bien o para mal, era el comienzo perfecto de su leyenda.<br />
<br />
Velvette apenas llevaba dos horas en el pueblo cuando ya habían recibido tres denuncias por robo menor, dos por acoso verbal y una por perturbar la paz pública con “ruidos que no eran de este mundo”. La guardia local ya estaba en su búsqueda. No porque fuera peligrosa, sino porque temían que se quedara a vivir.<br />
<br />
Fue así como el sargento Krof se presentó en la plaza central con cara de lunes eterno.<br />
<br />
—¡Tú! ¡La del escote que bordea la linea del exhibicionismo! ¡Alto ahí!<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Oh, ¿me hablas a mí o a mis tetas? A veces se roban el protagonismo, nyah~.</span><br />
<br />
Krof apretó los dientes.<br />
<br />
—Has robado. Has alterado el orden. Has insultado a un burro y lo peor... lo peor, es que le lanzaste piropos a mi mujer.<br />
<br />
Velvette arqueó una ceja.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¿La del vestido naranja con cara de miércoles? Qué fuerte, nyah~. No sabía que era tu esposa... aunque ahora que lo pienso, eso explica mucho.</span><br />
<br />
La plaza entera enmudeció. El sargento se puso rojo. Luego púrpura. Luego azul. Finalmente, apuntó con el dedo.<br />
<br />
—¡Quedas arrestada!<br />
<br />
Velvette levantó las manos con aire teatral.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Perfecto. Pero antes… toma esto en señal de buena voluntad, nyah~ —</span>dijo, sacando una caja decorada con un lazo rosa y entregándosela con una reverencia exagerada.<br />
<br />
—¿Qué es esto? —gruñó el hombre.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Una ofrenda de paz. Ábrela, nyah~.</span><br />
<br />
Krof la abrió. Dentro había un par de braguitas excesivamente sugerentes, aparentemente usadas.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—No hace falta que me des las gracias, nyah~ —</span>añadió con una guiñada descarada, y acto seguido echó a correr <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Espero que te ayuden a cumplir con tu mujer nyahahahuhu~!</span><br />
<br />
Krof, colorado y humillado, gritó a todo pulmón:<br />
<br />
—¡GUARDIAS! ¡ESA PERVERSA GATA HA INSULTADO A MI SEÑORA!<br />
<br />
Velvette desapareció entre las callejuelas, saltando entre tejados, saludando a todo el mundo, robando un pañuelo aquí y regalando una bufanda allá. Dejó a un pueblo confundido, un sargento gritando improperios y una leyenda empezando a tomar forma.<br />
<br />
Ese día, la isla de Korossasu descubrió lo que era tener una pesadilla púrpura, escandalosa y generosa con los problemas ajenos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y ese fue solo su primer día.</span><br />
<br />
La noche había caído, pero Velvette no. Y no tenía intención de hacerlo.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Dormir es para los muertos y para los aburridos, nyah~ —</span>decretó, mientras se arreglaba el escote frente al reflejo de una ventana ajena.<br />
<br />
Guiada por el estruendo de música desafinada y vasos estrellándose, acabó en La Garra Astillada, una taberna escondida entre dos almacenes de madera. Desde fuera ya olía a ron barato, sudor y decisiones cuestionables. Desde dentro… aún peor. El paraíso.<br />
<br />
Entró pateando la puerta con una sonrisa que anunciaba desastre.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Vengo buscando un hombre fuerte que me invite a una copa, un idiota que quiera pelear, o mejor aún… que me coma el co....—!</span><br />
<br />
Un jarro de cerveza cruzó el aire como un proyectil y explotó contra el marco de la puerta justo al lado de su cabeza, bañándola en espuma y astillas. La frase quedó colgando en el aire como una insinuación indecente interrumpida por la violencia.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Oye! ¡Que todavía no he calentado motores, nyahahahuhu~! —</span>gritó Velvette, empapada, mientras se quitaba los restos de cebada del escote con la mayor dignidad que podía reunir.<br />
<br />
Dentro, la taberna era un campo de batalla. Dos hombres forcejeaban encima de una mesa hecha trizas, otro estaba tirado en el suelo abrazando una jarra como si fuera su madre, y una mujer de pelo encrespado y nariz sangrante lanzaba sillas como quien reparte flores en una boda.<br />
<br />
Velvette se relamió los colmillos <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Esto sí que es un recibimiento, nyah~...</span><br />
<br />
Dio un saltito elegante hacia adelante, como si fuera a subir al escenario de un teatro, y sin más ceremonia se lanzó de cabeza al tumulto con una sonrisa que destilaba travesura y malas decisiones.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡¿Y nadie va a ofrecerme una copa primero?! ¡Qué poco caballerosos sois, nyahahahu~!— </span>Aterrizó sobre la espalda de un tipo que estaba a punto de rematar a otro con un taburete. El hombre se tambaleó y cayó de bruces, llevándose el mueble en la frente <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Y uno menos! ¡Va a costar sacarle las astillas, nyah~!</span><br />
<br />
Otro sujeto, con los nudillos ensangrentados y aliento a whisky barato, intentó agarrarla por la cintura. Velvette se giró de un plumazo, le metió un rodillazo en la entrepierna y le robó la petaca del bolsillo con la misma facilidad con la que una gata caza un ratón <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Gracias por el trago, campeón. ¡Pero deberías mantener tus bolas donde las necesitas, nyah~!</span><br />
<br />
La escena escalaba por segundos. Alguien gritaba que llamaran a los guardias, mientras otros coreaban aplausos entre puñetazo y puñetazo. Velvette bailaba entre los combatientes como si la taberna fuera su pista personal, esquivando botellas, devolviendo empujones y soltando carcajadas con cada golpe que daba o recibía.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Venga, venga! ¡¿Nadie va a poner música para ambientar esto?! ¡Esto no es una pelea, es un chiste sin ritmo, nyahahahuhu~!— </span>Y por si fuera poco, en mitad de todo el caos, encontró una bandeja de empanadas medio aplastadas sobre una mesa volcada, le dio un mordisco a una y, con la boca llena, gritó <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡¿Quién cocina estas delicias?! ¡Voy a casarme contigo si sobrevivo a esta noche, nyah~!</span><br />
<br />
La taberna ya no era un local: era una estampida de muebles rotos, insultos y risas. Y en el centro, brillando como una chispa entre la pólvora, una gata de pelo violeta lo incendiaba todo con su presencia.<br />
<br />
Justo cuando uno de los parroquianos salía volando por una ventana con las piernas por delante, se escuchó un fuerte silbido desde fuera. Otro. Y otro más. La taberna entera quedó en suspenso por un instante... lo justo para que entraran cinco guardias armados hasta los dientes y con cara de haber sido despertados de la siesta.<br />
<br />
—¡Alto ahí! ¡Todos contra la pared! —rugó el capitán de la guardia, alzando la voz sobre el estruendo—. ¡Esta pelea queda disuelta por orden del Consejo local!<br />
<br />
El caos se congeló como una fotografía a medio romper. Velvette, que en ese momento estaba de pie sobre la barra bebiendo a morro de una botella de ron robada, se quedó mirando a los guardias con una ceja alzada y una sonrisa de oreja a oreja.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Mmmh… eso suena aburrido, nyah~.</span><br />
<br />
Uno de los guardias la señaló directamente con la lanza.<br />
<br />
—¡Tú, la del pelo violeta y las tetas enormes! ¡Baja ahora mismo!<br />
<br />
Velvette se limpió la boca con el dorso de la mano, se echó la melena hacia atrás y soltó una risa aguda y provocadora.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¿Bajar? Ay, mi amor… si solo sabes dar órdenes en público, no quiero imaginarte en la cama, nyahahahuhu~.</span><br />
<br />
Los guardias cargaron. Velvette saltó de la barra como un rayo, hizo una voltereta en el aire y aterrizó sobre una mesa, que se rompió bajo su peso con un crujido sonoro. Rodó sobre el suelo, esquivando una porra, y salió disparada hacia la puerta mientras uno de los soldados resbalaba con un charco de vino.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—¡Otra vez será, uniformados! ¡Recordad este día como el día en que casi atrapáis a Velvette, nyah~!</span><br />
<br />
Y así, entre risas, insultos y un par de empanadas todavía en los bolsillos, Velvette desapareció en la noche por las callejuelas de Korossasu, con la luna colgando sobre su cabeza y la ciudad ya empezando a susurrar su nombre.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y esa fue solo su primera noche.</span><br />
<br />
Unas horas después, el bullicio había dado paso al silencio. El pueblo dormía. Bueno, casi todo el pueblo.<br />
<br />
En un callejón tranquilo, bajo una cornisa que goteaba lentamente tras la lluvia, Velvette dormía hecha un ovillo. Su melena violeta se esparcía como tinta sobre el suelo, y abrazaba con fuerza su martillo como si fuera un peluche demasiado valioso para soltar. Una de sus botas seguía puesta; la otra, vaya a saber uno dónde fue a parar. Tenía una empanada medio comida en el regazo, ronroneaba en sueños y de vez en cuando soltaba un suave:<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">—Nyah~... idiotas guapos... </span><br />
<br />
La reina del caos había encontrado su trono por esa noche: una manta de cielo estrellado, un colchón de piedra fría y la dulce compañía de su arma. No era cómoda. Pero era perfecta.<br />
<br />
Y así, Korossasu descansó. Porque Velvette, por fin, también lo hacía.<br />
<br />
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<br />
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					• Egocéntrico: Tu personaje busca constantemente los halagos de los demás y no puede evitar alabarse a sí mismo.<br />
Karma -1<br />
• Generoso: Tu personaje es extremadamente generoso, siente la necesidad de regalar, ya sea dinero u objetos, a los demás. Una vez por tema deberá hacer un obsequio a alguien.<br />
• Cleptómano: Sientes la necesidad de robar cualquier cosa, por poco valor que tenga, y no puedes evitar hacerlo una vez por tema.<br />
• Charlatán: En todos los posts donde tu personaje hable, deberá pronunciar al menos una frase de como mínimo diez palabras. Si en el post no dice nada, no es necesario.<br />
• Cotilla: Tienes la necesidad de escuchar conversaciones ajenas, siempre que estas estén en un radio de veinte metros de ti, aunque pueda suponer un riesgo.<br />
• Muletilla: Tu personaje tiene una palabra o expresión que repite con mucha frecuencia. Debe decirla al menos una vez en cada post donde el personaje hable. - Nyah~<br />
• Exhibicionista: Ya sea porque estás orgulloso de tu cuerpo, por alguna filia sexual o porque eres de lo más natural, te encanta andar en ropa interior. Una vez por tema deberás hacerlo. (Si muestras 1 pieza de ropa interior, pero llevas ropa aparte, como por ejemplo Franky, es -2. Si llevas únicamente ropa interior es -4)• Fanático: Tu lealtad va a otro nivel. Estás <br />
• Valor sentimental: Tienes un objeto de gran valor que debes rolear que llevas siempre contigo. En caso de perderlo sufres una penalización permanente de -20 a tu Voluntad. - Su arma de poder oculto<br />
• Animadversión: Hay algo que no toleras en los demás, ya sea una forma de gesticular, de hablar, un acento, lo que sea, y cuando alguien lo tiene te es imposible soportarlo, por lo que no podrás relacionarte con él de manera amistosa. Tienes que especificar de qué se trata. - personas que hablan en tono bajo y suave<br />
• Mentiroso compulsivo: Tienes un grave problema, no puedes evitar mentir. Es probable que incluso te creas tus propias mentiras. Cada tema deberás intentar colar dos o más mentiras. [Requiere el Karma “Mentiroso”]<br />
• Apostador: Tienes que jugarte dinero apostando mínimo una vez por tema, por poco que sea. No puedes rechazar ninguna apuesta que te hagan.<br />
• Sin orientación: Te pierdes a la hora de tomar direcciones y entiendes las indicaciones justo al contrario. [Incompatible con Guía]<br />
• Oloroso: Tu cuerpo desprende más olor de lo normal (bueno o malo), por lo que es más fácil que te rastreen y detecten por este medio. - perfume<br />
• Risa excéntrica: Tu personaje se ríe de una manera diferente y única. - nyahahahuhu~<br />
• Torpe: No puedes realizar actos en sigilo. [Incompatible con Infiltrado]<br />
• Ignorante: Tu personaje no sabe nada del Lore, indistintamente de cuan famoso sea un lugar o una persona. Cuando lee el periódico o alguien le cuenta algo del Lore, al siguiente tema se le olvida.<br />
• Amante de los combates: Nunca puedes rechazar un desafío cuando te retan abiertamente, sea quien sea tu contrincante.<br />
• Fetichismo: El personaje siente excitación erótica a través de cosas específicas, como una parte del cuerpo, hacia un personaje del género que le atraiga. No incluye a personajes menores de edad.<br />

				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Aventura T-3] Desencadenados.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1747</link>
			<pubDate>Tue, 27 May 2025 03:42:57 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=197">Zorak</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1747</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 22 días, dentro de la mansión de Muzán.</span><br />
<br />
El ambiente dentro de la sala era cuanto menos sombrío, dos personas se postraban arrodilladas frente a Muzán y una tercera figura claramente dolorida tenía su cabeza contra la suelo bajo la bota del mismo, el joven se veía notablemente golpeado mientras las otras dos figuras miraban sin pestañear a su antiguo compañero de rango, la rabia de Muzán impregnaba todo el lugar mientras le dedicaba una mirada cargada de desprecio al pobre infeliz que tenia su rostro aprisionado bajo el zapato del líder de esa organización esclavista, este levantó el pie y volvió a golpear de nuevo al sujeto que estaba en el suelo haciendo que el aire se cortase a su paso, impactando en la frente del tipo y haciendo que saliera despedido hacia atrás.<br />
<br />
"<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Espero que con esto os haya quedado claro al resto lo que pasará si falláis, llevad a ese bicho raro a una de las celdas y que se pudra allí</span>"<br />
<br />
El imponente hombre hablaba con la voz calmada aun lleno de ira, cosa que le hacia aun mas intimidante de lo que ya era, se encaminó hacia su sillón y se sentó cruzando las piernas mientras la figura masculina se llevaba al agonizante muchacho.<br />
<br />
"<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Querida, serías tan amable de enviar a tus hombres a la casucha donde viven esos sucios negros y traerme a alguien de ellos?</span>"<br />
<br />
Muzán hizo la petición aunque esta estaba claramente marcada por el tono autoritario, no se lo estaba pidiendo, pero esa forma tan seductora de pedir las cosas hacia que la mujer solo tuviera ojos para lo que su amo precisara, así que asintió y se marcho dejando a Muzán chasqueando los dedos, para que un lunaria con una cadena al cuello se acercase a servirle vino, su plan estaba en marcha y ahora solo quedaba esperar a que esos dos lunaria mordieran el anzuelo.<br />
<br />
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 80 de Otono, año 15</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Frente a la Mansión de Muzán. 23:00h</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=GT4WNcEbHGk" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">tOST</a></span><br />
<br />
Kelo llamó a sus amistades y estas respondieron al llamado, el Lunaria les explico la situación comenzando por como se metieron en un lio por temas raciales y como todo eso derivó en pisar la cola de un león normalmente dormido, como se habían llevado al hermano de su cuñada y que claramente esto era una trampa para atraerle, el propio Kelo logró convencer a su hermano de que se quedase en casa y cuidase de Ragnar y Astrid por si el enemigo enviaba a alguien mientras no estaban y se encamino con los dos minks hacia la mansión del tirano Muzán, Berry y Atlas fueron capaces de encontrar el camino gracias a su tiempo viviendo en esos bosques y ahora se encontraban frente a la mansión del hombre que habían venido a eliminar.<br />
<br />
Unas grandes rejas de color oscuro rodeaban la gran mansión haciendo un cuadrado perfecto que distanciaba casi dos cientos metros de las puertas de la casa, desde fuera, se podían ver ,gracias a los grandes faroles colgando de vigas de madera que se anclaban al suelo creando arcos que iluminaban los cultivos, un grupo bastante grande de Lunaria que trabajaban los campos mientras vestían harapos, a simple vista se les podía ver fatigados por el trabajo excesivo y el poco descanso al que eran sometidos y para el que tuviera buena vista, podría llegar a apreciar como todos y cada uno llevaban puestos unos collares metálicos que dejaban salir cadenas hacia las muñecas de los mismos, así como enredaban las alas para que no pudieran usarlas para huir, este grupo de esclavos se encontraba a medio camino entre las rejas y la mansión. En el porche, varios humanos estaban sentados medio borrachos, si alguien con buena vista se esforzase, podría darse cuenta de que esas personas estaban armadas con armas de fuego, pero sin contar a ese grupo, la cosa parecía estar casi sin vigilancia, como si les estuvieran invitando a entrar, que harán nuestros protagonistas, entrarán guiados por el espíritu de la liberación y venganza o serán capaces de hacer algún plan que los lleve al éxito?<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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				</div>
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					En caso de ayudar y liberar a esos esclavos que están trabajando, el grupo ganará una horda de nivel 3 para pelear más adelante por ellos
				</div>
			</div><br />
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					Si el grupo decide entrar por la puerta principal, serán emboscados por una horda de nivel 3 que se encuentra en el porche, además que darán la voz de alarma.
				</div>
			</div><br />
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					Si el grupo se toma este turno para pensar un plan, la horda nivel 3 se marchará por el cambio de turno, dándoles un turno para hacer su movimiento.
				</div>
			</div><br />
<br />
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					Mini Flashback de Muzán y llegáis a la mansión, estáis frente a ella y podéis ver a esclavos trabajando y en el porche de la mansión a varios humanos, los que tengan karma "buena vista" pueden darse cuenta de las cadenas en los lunaria y de las armas den los humanos
				</div>
			</div><br />
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					Es un placer para mi poder narraros esta aventura, tenéis hasta el día 29 a las 23:59h (de españa) para contestar! en caso de que os vaya a ser imposible, por favor avisad y se modifica
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 22 días, dentro de la mansión de Muzán.</span><br />
<br />
El ambiente dentro de la sala era cuanto menos sombrío, dos personas se postraban arrodilladas frente a Muzán y una tercera figura claramente dolorida tenía su cabeza contra la suelo bajo la bota del mismo, el joven se veía notablemente golpeado mientras las otras dos figuras miraban sin pestañear a su antiguo compañero de rango, la rabia de Muzán impregnaba todo el lugar mientras le dedicaba una mirada cargada de desprecio al pobre infeliz que tenia su rostro aprisionado bajo el zapato del líder de esa organización esclavista, este levantó el pie y volvió a golpear de nuevo al sujeto que estaba en el suelo haciendo que el aire se cortase a su paso, impactando en la frente del tipo y haciendo que saliera despedido hacia atrás.<br />
<br />
"<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Espero que con esto os haya quedado claro al resto lo que pasará si falláis, llevad a ese bicho raro a una de las celdas y que se pudra allí</span>"<br />
<br />
El imponente hombre hablaba con la voz calmada aun lleno de ira, cosa que le hacia aun mas intimidante de lo que ya era, se encaminó hacia su sillón y se sentó cruzando las piernas mientras la figura masculina se llevaba al agonizante muchacho.<br />
<br />
"<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Querida, serías tan amable de enviar a tus hombres a la casucha donde viven esos sucios negros y traerme a alguien de ellos?</span>"<br />
<br />
Muzán hizo la petición aunque esta estaba claramente marcada por el tono autoritario, no se lo estaba pidiendo, pero esa forma tan seductora de pedir las cosas hacia que la mujer solo tuviera ojos para lo que su amo precisara, así que asintió y se marcho dejando a Muzán chasqueando los dedos, para que un lunaria con una cadena al cuello se acercase a servirle vino, su plan estaba en marcha y ahora solo quedaba esperar a que esos dos lunaria mordieran el anzuelo.<br />
<br />
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 80 de Otono, año 15</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Frente a la Mansión de Muzán. 23:00h</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=GT4WNcEbHGk" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">tOST</a></span><br />
<br />
Kelo llamó a sus amistades y estas respondieron al llamado, el Lunaria les explico la situación comenzando por como se metieron en un lio por temas raciales y como todo eso derivó en pisar la cola de un león normalmente dormido, como se habían llevado al hermano de su cuñada y que claramente esto era una trampa para atraerle, el propio Kelo logró convencer a su hermano de que se quedase en casa y cuidase de Ragnar y Astrid por si el enemigo enviaba a alguien mientras no estaban y se encamino con los dos minks hacia la mansión del tirano Muzán, Berry y Atlas fueron capaces de encontrar el camino gracias a su tiempo viviendo en esos bosques y ahora se encontraban frente a la mansión del hombre que habían venido a eliminar.<br />
<br />
Unas grandes rejas de color oscuro rodeaban la gran mansión haciendo un cuadrado perfecto que distanciaba casi dos cientos metros de las puertas de la casa, desde fuera, se podían ver ,gracias a los grandes faroles colgando de vigas de madera que se anclaban al suelo creando arcos que iluminaban los cultivos, un grupo bastante grande de Lunaria que trabajaban los campos mientras vestían harapos, a simple vista se les podía ver fatigados por el trabajo excesivo y el poco descanso al que eran sometidos y para el que tuviera buena vista, podría llegar a apreciar como todos y cada uno llevaban puestos unos collares metálicos que dejaban salir cadenas hacia las muñecas de los mismos, así como enredaban las alas para que no pudieran usarlas para huir, este grupo de esclavos se encontraba a medio camino entre las rejas y la mansión. En el porche, varios humanos estaban sentados medio borrachos, si alguien con buena vista se esforzase, podría darse cuenta de que esas personas estaban armadas con armas de fuego, pero sin contar a ese grupo, la cosa parecía estar casi sin vigilancia, como si les estuvieran invitando a entrar, que harán nuestros protagonistas, entrarán guiados por el espíritu de la liberación y venganza o serán capaces de hacer algún plan que los lleve al éxito?<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					En caso de ayudar y liberar a esos esclavos que están trabajando, el grupo ganará una horda de nivel 3 para pelear más adelante por ellos
				</div>
			</div><br />
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					Si el grupo decide entrar por la puerta principal, serán emboscados por una horda de nivel 3 que se encuentra en el porche, además que darán la voz de alarma.
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			</div><br />
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					Si el grupo se toma este turno para pensar un plan, la horda nivel 3 se marchará por el cambio de turno, dándoles un turno para hacer su movimiento.
				</div>
			</div><br />
<br />
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				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[T1] Una orca de paseo.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1744</link>
			<pubDate>Mon, 26 May 2025 17:15:46 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=454">Emalf</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1744</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Día 79 de otoño, hora 7:58pm — 1:30am.</span></span></span></div>
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">¿Alguna vez te has preguntado qué haría un animal acuático mezclado con un humano en tierra firme?</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">La respuesta que buscas no la encontrarás aquí, pues te adentras en el mundo de todo lo que no debes hacer, decir, o ver.</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Bienvenido al paseo del que te arrepentirás toda tu vida, Emalf. </span></span><br />
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Bajo el agua, cuenta la leyenda que existe una criatura la cuál se mueve entre las profundidades del mar en busca de una nueva víctima, acechando el lugar donde arrasar y/o saquear. Allá donde aquél de la corbata roja pisaba, desaparece con los bolsillos a rebosar de objetos que cinco minutos antes estaban ahí, ¿dónde han ido? Solo él lo sabe. Esta vez, Emalf alza su cuerpo, emergiendo de las aguas tranquilas, su cabello sacudió, dejándolo secar, y su aleta dorsal y ojos atentos sobresaliendo del agua para avistar su próximo paradero. Otra isla, una "nueva". En cuanto la ve, Emalf no es capaz de no preguntarse... ¿Había estado en ella ya?</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Oh, por supuesto.</span></span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se adentró en ella, y reconoció esas puñeteras luces que adornaban toda la zona, ya sea colgando sobre los puestos de comida y las tiendas, o simplemente con los farolines, que juntos simulaban ser un atardecer hermoso, daba igual la hora. No le brindaban la sensación de comodidad que buscaban, ni mucho menos, pues se sentía en una alerta constante, su aleta desapareciendo entre su cabello desorganizado al instante que puso pie en la tierra firme. Habían pasado más de 10 años desde la última vez que estuvo ahí, desde lo ocurrido, si no lo recordaba mal. Emalf sufría de un bloqueo emocional severo, en el que olvidó lo que había pasado; quién era Shinya, quién era aquél hombre, lo que ocurrió con su familia. ¿¡Tanto puto esfuerzo para que se destruya en segundos!? Sintió la incomodidad recorrerle como una apuñalada por todo su cuerpo, una sensación la cuál añoraba, extrañamente. Sus pies no fueron capaces de seguir adelante, veía a la gente parar sus ojos sobre él, y esta fue la primera vez que no soportó tosa la atención recayendo sobre sí. Emalf huyó de los ojos de todos, aterrorizado, pero no sin antes visitar aquél callejón que aún mantenía una mancha de sangre completamente oxidada, sólo por el morbo de recordarlo todo con vividez.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El callejón estaba completamente apartado y desolado de la población, no habían luces, porque alguien las había reventado. Los cristales aún permanecían por el suelo. Emalf se agachó, quitándose uno de los dos guantes para dejar a la vista sus falanges azabaches, con los que quiso inspeccionar la sangre seca del suelo. Lo curioso era, que sólo había un charco de sangre, aunque él recordase dos. </span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Frente a él, vió unos pequeños zapatos, quietos completamente, y una sombra que le tapaba la visión a la sangre de forma leve. Suspiró, un nudo formándose en su garganta y estómago, que le gritaban que se fuera de allí. Alzó la mirada, más no el cuerpo, y frente a él pudo divisar el cadáver de su amigo, de pie, con sus ojos clavados en él. Emalf se erguió en seguida, dando un paso hacia atrás al momento de procesarlo con claridad, antes de caer en cuenta de que aún si estaba muerto en ese momento, por inexplicable que fuese.. ¿Estaba respirando?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">—  ¡Emalf! ¡Has vuelto!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Frente a la orca, le observaban los ojos de su ya fallecido mejor amigo, con una sonrisa inocente. El cuerpo de Shinya era el de un niño de menos de 14 años de edad, flaco, bajito, y con ropas desgastadas. Las mismas que llevaba el día que aquél le arrebató la vida. A veces no era capaz de recordar si fue el hombre quien lo mató, o él mismo. Habían heridas en el cadáver de Shinya que le hacían pensar que estaba frente a su propia víctima, siendo él el director de aquél asesinato y quien lo llevó a cabo.. Recuerda con claridad al hombre, pero no la muerte de Shinya. Tampoco es capaz de recordar a este punto el de dónde provenían esas propias heridas que tuvo durante meses tras el incidente.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Emalf tragó saliva, sorprendido y confundido que asustado. Soltó un suspiro, sobando el puente de su nariz. La única pregunta que es capaz de hacer, y la única con coherencia, era qué hacía ahí. Y por qué.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">— ¿Cómo.. Cojones sigues vivo? ¡¿Por qué has coño vuelto?!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero Shinya no respondió. Siempre fue un niño algo tímido, aunque era educado, completamente diferente a Emalf, quien es ruidoso, extrovertido, y malhablado. Eso explicaba por qué nunca deberían haberse llevado bien; eran dos caras de diferentes monedas, quienes creían ser iguales sin serlo. Shinya mantuvo el silencio, hasta que alzó sus hombros en señal de incertidumbre, con una sonrisita estúpida que le ponía los pelos de punta a Emalf más de lo que quería admitir. Mantenía la esencia infantil, le ponía de los nervios lo mucho que actuaba como el verdadero, porque era imposible que él fuera el real.. ¿No?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">— ¿No te alegras de verme, Emalf? ¡Ahora por fin podemos estar juntos! O... ¿Es que no te alegras de ver a quien asesinaste?</span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Al instante de decirlo, Emalf gritó. No de miedo, ni de dolor, sino de cólera. Le ponía de los nervios aquél a quien llamaba su mejor amigo. En el suelo del callejón, apareció una palanca, también ensangrentada. Tal vez, fue el arma homicida de aquél hombre, o tal vez lo usó él. ¿Quién sabe? Lo único importante, es que lo último que hizo tras gritarle que se callara mil y una veces, fue golpearle con la palanca, una vez por cada "cállate".</span></span></span><br />
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Segundos después, Emalf despertó en el mar nuevamente. Una pesadilla de la que se olvidó al instante, sólo atormentándole de manera constante bajo su propia consciencia, siendo un bloqueo total de la situación por su propio bienestar... Esta vez, Emalf alza su cuerpo, su aleta dorsal y sus ojos sobresaliendo del agua para avistar su nueva víctima.. Otra isla. ¿Había estado en ella ya?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Parecía ser que no. Bienvenido a Korossassu, Emalf. Salió de lo profundo del mar, sus ojos ágiles observando su alrededor con cautela suficiente para saber por dónde meterse sin ser visto de primeras. Le gustaba actuar como un fantasma, el cuál era avistado (a veces, y de milagro) cuando ya era demasiado tarde. Observó los mercados a su alrededor, y andando de una forma segura, se adentró a los principios del bosque, en una zona donde sería capaz de ver cuándo la zona dejaba de estar frecuentada. Se sentó sobre una roca, un cigarrillo encendiéndose entre sus comisuras, analizando los puestos y lo que se vendía por los mercaderes. Soltó una pequeña risa, hasta que la noche amenazó con la entrada. Los puestos seguían a rebosar, pero consiguió comprender algo tras horas de observar... Había tanta gente que, si se lo curraba bien, podría llevarse un par de cosas sin ser visto, o al menos pasar algo desapercibido.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Dicho eso, volvió a encenderse un cigarrillo, y se adentró a la zona de mercados, donde se movió entre la multitud como pudo, su mano libre se encargaba de llevarse lo que pillase, ya fuese algo tan simple como un mechero, o las berries que las personas tuvieran encima, su mayor éxito en esta isla ya eran 5.000 berries, pero, tampoco se iba a quejar.. Aunque en otras haya conseguido eso multiplicado por 1.000, ¿sabes?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Había sido un día productivo, y pasando por un puestecito de comida, aprovechó el dinero recién recolectado para... Ahorrarlo. La comida se coge prestada y no se devuelve, o se caza. ¿Qué coño te esperabas de Emalf? ¿Que pagase? Su mano enguantada se dirige hacia la comida, y se para en seco.. En el suelo, ve unas cuantas berries esparcidas, suficientes para comprar un muslo de pollo, al menos. Tira su mechero al suelo, y a su vez, se guarda las berries, para hablar con el vendedor con una sonrisa minutos después, pidiendo el trozo de pollo y comprándolo de forma "legal". No le gustaba el sentimiento. Se volvió a adentrar al bosque, donde se sentó a comer y a contemplar el mar a lo lejos, esperando a que cerraran los locales. Su día de suerte fue ese mismo, donde, a lo lejos, escuchó pasos de una persona. Aprovechando su visión privilegiada, consiguió avistar a la persona, quien caminaba despreocupada por ahí... Tocaba robarle por estar caminando por la noche en un bosque, ¡y tanto que robarle! Fue tan fácil como darle un poco de conversación, sobre todo en la vida, hacerle reír ocasionalmente con sus chistes rancios, caerle bien gracias a su encanto naturaal... Y en cuanto menos te los esperas, ¡Zas! +5K berries al bolsillo, y Emalf desaparecido~.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Para huir, fue tan fácil para Emalf como lo era robar; Colocar su pie con burla en su rostro frente al paso de su a como acompañante y hacerle una barrida, capaz de hacer que aquél pobre iluso tropezara, y salir corriendo, carcajeando con un tono de mofa en cada una de sus palabras.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">— ¡Gracias por tu dinero, puto gilipollas! ¡KYA-HAHAHÁA!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Pero, hey, no te lo tomes personal, ¿sabes? Emalf sólo es una orca de paseo, y ha sido tu culpa por cruzarte en su camino.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span>Off-Rol</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resúmen</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Emalf despierta en una pesadilla donde revive el trauma de la muerte de su mejor amigo, donde se echa la culpa de su fallecimiento y revive los malos sentimientos. La pesadilla acaba, no se acuerda de ella, se adentra en Korossassu, y acaba robando en total 10K de berries.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karmas</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Sentidos aumentados (visión).</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Belleza.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Carterista.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Charlatán.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Risa excéntrica.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Mal pasado.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Cleptómano.</span></span></span><br />
• Vicio (tabaco).<br />
• <span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Gruñón</span>.<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">
				</div>
			</div></span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Día 79 de otoño, hora 7:58pm — 1:30am.</span></span></span></div>
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">¿Alguna vez te has preguntado qué haría un animal acuático mezclado con un humano en tierra firme?</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">La respuesta que buscas no la encontrarás aquí, pues te adentras en el mundo de todo lo que no debes hacer, decir, o ver.</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Bienvenido al paseo del que te arrepentirás toda tu vida, Emalf. </span></span><br />
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Bajo el agua, cuenta la leyenda que existe una criatura la cuál se mueve entre las profundidades del mar en busca de una nueva víctima, acechando el lugar donde arrasar y/o saquear. Allá donde aquél de la corbata roja pisaba, desaparece con los bolsillos a rebosar de objetos que cinco minutos antes estaban ahí, ¿dónde han ido? Solo él lo sabe. Esta vez, Emalf alza su cuerpo, emergiendo de las aguas tranquilas, su cabello sacudió, dejándolo secar, y su aleta dorsal y ojos atentos sobresaliendo del agua para avistar su próximo paradero. Otra isla, una "nueva". En cuanto la ve, Emalf no es capaz de no preguntarse... ¿Había estado en ella ya?</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Oh, por supuesto.</span></span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se adentró en ella, y reconoció esas puñeteras luces que adornaban toda la zona, ya sea colgando sobre los puestos de comida y las tiendas, o simplemente con los farolines, que juntos simulaban ser un atardecer hermoso, daba igual la hora. No le brindaban la sensación de comodidad que buscaban, ni mucho menos, pues se sentía en una alerta constante, su aleta desapareciendo entre su cabello desorganizado al instante que puso pie en la tierra firme. Habían pasado más de 10 años desde la última vez que estuvo ahí, desde lo ocurrido, si no lo recordaba mal. Emalf sufría de un bloqueo emocional severo, en el que olvidó lo que había pasado; quién era Shinya, quién era aquél hombre, lo que ocurrió con su familia. ¿¡Tanto puto esfuerzo para que se destruya en segundos!? Sintió la incomodidad recorrerle como una apuñalada por todo su cuerpo, una sensación la cuál añoraba, extrañamente. Sus pies no fueron capaces de seguir adelante, veía a la gente parar sus ojos sobre él, y esta fue la primera vez que no soportó tosa la atención recayendo sobre sí. Emalf huyó de los ojos de todos, aterrorizado, pero no sin antes visitar aquél callejón que aún mantenía una mancha de sangre completamente oxidada, sólo por el morbo de recordarlo todo con vividez.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El callejón estaba completamente apartado y desolado de la población, no habían luces, porque alguien las había reventado. Los cristales aún permanecían por el suelo. Emalf se agachó, quitándose uno de los dos guantes para dejar a la vista sus falanges azabaches, con los que quiso inspeccionar la sangre seca del suelo. Lo curioso era, que sólo había un charco de sangre, aunque él recordase dos. </span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Frente a él, vió unos pequeños zapatos, quietos completamente, y una sombra que le tapaba la visión a la sangre de forma leve. Suspiró, un nudo formándose en su garganta y estómago, que le gritaban que se fuera de allí. Alzó la mirada, más no el cuerpo, y frente a él pudo divisar el cadáver de su amigo, de pie, con sus ojos clavados en él. Emalf se erguió en seguida, dando un paso hacia atrás al momento de procesarlo con claridad, antes de caer en cuenta de que aún si estaba muerto en ese momento, por inexplicable que fuese.. ¿Estaba respirando?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">—  ¡Emalf! ¡Has vuelto!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Frente a la orca, le observaban los ojos de su ya fallecido mejor amigo, con una sonrisa inocente. El cuerpo de Shinya era el de un niño de menos de 14 años de edad, flaco, bajito, y con ropas desgastadas. Las mismas que llevaba el día que aquél le arrebató la vida. A veces no era capaz de recordar si fue el hombre quien lo mató, o él mismo. Habían heridas en el cadáver de Shinya que le hacían pensar que estaba frente a su propia víctima, siendo él el director de aquél asesinato y quien lo llevó a cabo.. Recuerda con claridad al hombre, pero no la muerte de Shinya. Tampoco es capaz de recordar a este punto el de dónde provenían esas propias heridas que tuvo durante meses tras el incidente.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Emalf tragó saliva, sorprendido y confundido que asustado. Soltó un suspiro, sobando el puente de su nariz. La única pregunta que es capaz de hacer, y la única con coherencia, era qué hacía ahí. Y por qué.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">— ¿Cómo.. Cojones sigues vivo? ¡¿Por qué has coño vuelto?!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero Shinya no respondió. Siempre fue un niño algo tímido, aunque era educado, completamente diferente a Emalf, quien es ruidoso, extrovertido, y malhablado. Eso explicaba por qué nunca deberían haberse llevado bien; eran dos caras de diferentes monedas, quienes creían ser iguales sin serlo. Shinya mantuvo el silencio, hasta que alzó sus hombros en señal de incertidumbre, con una sonrisita estúpida que le ponía los pelos de punta a Emalf más de lo que quería admitir. Mantenía la esencia infantil, le ponía de los nervios lo mucho que actuaba como el verdadero, porque era imposible que él fuera el real.. ¿No?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">— ¿No te alegras de verme, Emalf? ¡Ahora por fin podemos estar juntos! O... ¿Es que no te alegras de ver a quien asesinaste?</span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Al instante de decirlo, Emalf gritó. No de miedo, ni de dolor, sino de cólera. Le ponía de los nervios aquél a quien llamaba su mejor amigo. En el suelo del callejón, apareció una palanca, también ensangrentada. Tal vez, fue el arma homicida de aquél hombre, o tal vez lo usó él. ¿Quién sabe? Lo único importante, es que lo último que hizo tras gritarle que se callara mil y una veces, fue golpearle con la palanca, una vez por cada "cállate".</span></span></span><br />
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Segundos después, Emalf despertó en el mar nuevamente. Una pesadilla de la que se olvidó al instante, sólo atormentándole de manera constante bajo su propia consciencia, siendo un bloqueo total de la situación por su propio bienestar... Esta vez, Emalf alza su cuerpo, su aleta dorsal y sus ojos sobresaliendo del agua para avistar su nueva víctima.. Otra isla. ¿Había estado en ella ya?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Parecía ser que no. Bienvenido a Korossassu, Emalf. Salió de lo profundo del mar, sus ojos ágiles observando su alrededor con cautela suficiente para saber por dónde meterse sin ser visto de primeras. Le gustaba actuar como un fantasma, el cuál era avistado (a veces, y de milagro) cuando ya era demasiado tarde. Observó los mercados a su alrededor, y andando de una forma segura, se adentró a los principios del bosque, en una zona donde sería capaz de ver cuándo la zona dejaba de estar frecuentada. Se sentó sobre una roca, un cigarrillo encendiéndose entre sus comisuras, analizando los puestos y lo que se vendía por los mercaderes. Soltó una pequeña risa, hasta que la noche amenazó con la entrada. Los puestos seguían a rebosar, pero consiguió comprender algo tras horas de observar... Había tanta gente que, si se lo curraba bien, podría llevarse un par de cosas sin ser visto, o al menos pasar algo desapercibido.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Dicho eso, volvió a encenderse un cigarrillo, y se adentró a la zona de mercados, donde se movió entre la multitud como pudo, su mano libre se encargaba de llevarse lo que pillase, ya fuese algo tan simple como un mechero, o las berries que las personas tuvieran encima, su mayor éxito en esta isla ya eran 5.000 berries, pero, tampoco se iba a quejar.. Aunque en otras haya conseguido eso multiplicado por 1.000, ¿sabes?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Había sido un día productivo, y pasando por un puestecito de comida, aprovechó el dinero recién recolectado para... Ahorrarlo. La comida se coge prestada y no se devuelve, o se caza. ¿Qué coño te esperabas de Emalf? ¿Que pagase? Su mano enguantada se dirige hacia la comida, y se para en seco.. En el suelo, ve unas cuantas berries esparcidas, suficientes para comprar un muslo de pollo, al menos. Tira su mechero al suelo, y a su vez, se guarda las berries, para hablar con el vendedor con una sonrisa minutos después, pidiendo el trozo de pollo y comprándolo de forma "legal". No le gustaba el sentimiento. Se volvió a adentrar al bosque, donde se sentó a comer y a contemplar el mar a lo lejos, esperando a que cerraran los locales. Su día de suerte fue ese mismo, donde, a lo lejos, escuchó pasos de una persona. Aprovechando su visión privilegiada, consiguió avistar a la persona, quien caminaba despreocupada por ahí... Tocaba robarle por estar caminando por la noche en un bosque, ¡y tanto que robarle! Fue tan fácil como darle un poco de conversación, sobre todo en la vida, hacerle reír ocasionalmente con sus chistes rancios, caerle bien gracias a su encanto naturaal... Y en cuanto menos te los esperas, ¡Zas! +5K berries al bolsillo, y Emalf desaparecido~.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Para huir, fue tan fácil para Emalf como lo era robar; Colocar su pie con burla en su rostro frente al paso de su a como acompañante y hacerle una barrida, capaz de hacer que aquél pobre iluso tropezara, y salir corriendo, carcajeando con un tono de mofa en cada una de sus palabras.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">— ¡Gracias por tu dinero, puto gilipollas! ¡KYA-HAHAHÁA!</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Pero, hey, no te lo tomes personal, ¿sabes? Emalf sólo es una orca de paseo, y ha sido tu culpa por cruzarte en su camino.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
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					<br />
</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
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					</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Emalf despierta en una pesadilla donde revive el trauma de la muerte de su mejor amigo, donde se echa la culpa de su fallecimiento y revive los malos sentimientos. La pesadilla acaba, no se acuerda de ella, se adentra en Korossassu, y acaba robando en total 10K de berries.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
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					</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Sentidos aumentados (visión).</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Belleza.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Carterista.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Charlatán.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Risa excéntrica.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Mal pasado.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">• Cleptómano.</span></span></span><br />
• Vicio (tabaco).<br />
• <span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Gruñón</span>.<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">
				</div>
			</div></span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[T1] Un perro comienza su camino]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1706</link>
			<pubDate>Sun, 11 May 2025 11:40:18 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=445">Atlas Gomes Lupus</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1706</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El primer resplandor de Korossasu me llega acompañado de bruma salada y el graznido metálico de las gaviotas. Nada que ver con los amaneceres de sabaody, la verdad... Aquí el aire es húmedo, casi frío.... ¡lo bastante para que un friolero empedernido como yo se despierte temblando pese al pelaje espeso! que cosas, pero bueno. -</span></span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Vamos nessa! Woof.</span>-</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">, sonrio entre dientes, sacudiendo las tablas del pequeño muelle donde pasé la noche enroscado. Palpo el collar blanco de mi cuello y dejo que la sensación helada del metal me ancle: Seré libre sí, pero nunca podré estar realmente relajado...</span></span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¡Muy bien! ¿Dónde estoy? ¡En Korossasu! Esta isla me recuerda un poco a mi antiguo hogar ya que es prácticamente todo árbol, no hay manglares ni nada de eso, pero bueno, es que no todos los lugares pueden ser perfectos supongo. Aquí vivo yo, en la zona humana: un caserío de casas de madera y piedra tan modestas que, para no tumbarlas, duermo fuera, arropado en el muelle... </span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Mientras los leñadores humanos se desperezan, me adentro en un claro. El suelo es una alfombra de agujas de pino; cada paso mío deja huellas profundas que la hojarasca cubre en segundos. Arranco mi rutina con ginga suave; las ramas crujen bajo mis pies, pero dosificándome puedo danzar sin tirar un solo tronco. Macaco, au sem mão: giro y siento el rocío salpicarme el hocico. Una ardilla me observa desde un abeto, desconcertada por el coloso que baila a contraluz del amanecer. </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-Tranquila, parceira-</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">, pienso con una sonrisa. Después engrano movimientos de lucha libre: agarro un tronco caído, lo elevo a modo de adversario imaginario, lo vuelco, lo ruedo... El cuerpo reclama ritmo y yo le respondo con patadas giratorias que cortan el aire húmedo. Cuando termino, me doy cuenta de toda la niebla del ambiente... y ¡De que estaba empapado! meu deus, van a pensar que huelo a perro mojado. Bueno, da igual.. supongo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Con el sol reptando entre las ramas, vuelvo al pueblo. Las casas, tejados de tablones y muros de canto rodado se alinean a lo largo de un camino de tierra apisonada. Huele a pan integral recién horneado y a alquitrán caliente para sellar grietas. Los niños me salen al paso: </span><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Atlas, Atlas!”</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Me trepan por los brazos y me piden que los eleve. Sus carcajadas llenan la plaza y yo respondo con mi risa grave: -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Arf arf arf! ¡Relajaos relajaos! ¡Podemos estar asi toda tarde Woof!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- A cambio me tienden bollos de castaña o me cuentan chismes: que la sierra principal se atascó, que en el mercado falta sal, que el capataz de la cantera del norte ha prometido mejores pagas… si alguien lleva la propuesta al alcalde.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Antes del almuerzo echo una mano en el aserradero. Las sierras circulares chillan, los troncos resbalan y los leñadores sudan empapados. Yo levanto los cilindros de pino de doscientos kilos como si fueran bastones de danza. </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡Cuidado, que no quiero aplastar vuestro almuerzo!-</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">, bromeo, y el capataz, un tipo recio con bigote de resina seca, me guiña un ojo mientras me pasa una cantimplora. Hay forasteros curiosos: uno me observa con desconfianza, murmura<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> “bestia sin pedigrí</span>”. Bajo la vista, cojo un tronco aún más grueso y lo doblo en un ángulo imposible hasta que cruje. La sonrisa sigue en mi hocico. -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aquí sudamos igual, meu amigo</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- le digo, devolviendo el trozo ahora arqueado como si fuera un arco gigante. El silencio que sigue es música.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Al mediodía, mientras brilla alto el sol y se secan las capas de rocío, tomo un atajo por senderos pedregosos hacia las canteras del noreste. Camino entre robledales y helechos que me llegan a la cintura; las montañas se alzan adelante, grises y dentadas. Las canteras resuenan con el golpeteo de mazas y cinceles: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">ta-ta-TA, ta-ta-TA</span></span>. Bloques de granito emergen escalonados, listos para reparación de puentes y zócalos. Me pongo a ayudarles a mover un monolito que ni cuatro bueyes pueden arrastrar; lo cargo sobre el hombro y lo deposito en el carro chirriante. Los mineros me regalan una cantimplora de jugo de pino.. Es dulce, con un deje ácido raro pero que está muy rico. Y me agradecen entre bromas mi “espalda de golem”.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Usualmente regreso al bosque central antes de que la tarde caiga. A esa hora, las sombras se alargan y la brisa trae aroma de hogueras de serrín. Los leñadores empaquetan tablones; el mercado, una calle ancha con diez puestos cubiertos de lonas, hierve de trueques: pan por setas, sal por leña, herramientas por medicinales de corteza. Mi daltonismo azul-verde me confunde los paños: no distingo la lona verde del puesto de hierbas de la azul del pescadero itinerante, ¡y casi pago tres veces un manojo de mentas pensando que era otra cosa!. Cuando me doy cuenta... bueno, solo suelto un bufido divertido: -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Caramba, mis ojos son artistas abstractos</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">.- La vendedora ríe y me regala un pellizco de tomillo de montaña.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Algunos días la paz se quiebra. Hoy, justo cuando la luz naranja se cuela entre troncos, llega un mensajero jadeando: unos merodeadores pretenden saquear la reserva de abeto blanco en el claro del riachuelo alto. Es madera codiciada para mástiles... Malas noticias si, la verdad. ¡Así que me toca trabajar! ajusto la correa del pantalón, chasqueo los dedos y me pongo en camino. </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">¡Vou chutar algumas bundas!.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Los bandidos (o eso se creen) arrastraban troncos hacia una carreta cuando les aparezco entre los árboles. Me adelanto, dejo caer la túnica y mi sombra cubre media fogata. -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Última chance, meus amigos. Bajen esos troncos y volved andando.</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- Estos, Responden con ballestas caseras. El combate es bosque y tambor: esquivo un virote con un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">macaco</span> hacia atrás, ruedo entre raíces, lanzo un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">rabo de arraia</span> que parte la ballesta. Blando un tronco como porra y con la inercia de mi cuerpo derribo a dos de un golpe. Hay raíces, hojas, terrenos disparejos... Perfecto para mi. Cuando uno intenta acuchillar mi flanco, encajo la hoja entre el antebrazo y giro. le aplico una presa de lucha libre provocando que cruje como leña seca. Minutos después todo termina. -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Terminou, acabou. ¡Arf arf arf! que fácil todo.</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- Devuelvo los troncos a su pila, ato a los salteadores con sus propias cuerdas y los llevo de regreso para que el alcalde decida qué hacer con ellos.</span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Al caer la noche, Me dirijo al fogón comunitario de mi aldea; una hoguera central ilumina rostros cansados y satisface estómagos con estofado de venado. Un trovador rasga un laúd de corteza fina y varios aldeanos golpean tambores de piel así que me uno con palmas y un coro grave. El calor me envuelve, aunque el frío sigue calando: me enrollo en un poncho de lana burda que parece una servilleta en mis brazos. Risas, historias de la jornada, hasta que alguien menciona a los grandes señores del puerto, allá al sur, que quieren cobrar nuevas tasas por el paso de los troncos. Mi código de honor se enciende.-</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si necesitan un par de garras para negociar, yo pongo el ritmo-</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">, digo golpeando suavemente un tronco que me sirve de banco. Me miran con respeto y un poco de temor diplomático; respondo con una broma, carraspeo un canto de ruiseñor y cierro: -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La libertad no se mendiga; se guarda con el filo del hacha y el compás del tambor</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Termino la jornada en el muelle mientras miro a las estrellas. Es cierto que a mis ojos ciertos matices se pierden, pero aún así puedo ver como destella como brasas.... Cierro los ojos y pienso en el cachorro que fui, encadenado bajo un techo de mármol; aquel niño soñaba con bosques así, con montañas respirantes. Entre susurros de vient... ¡Pero de repente un paso cruje! Me incorporo al instante. Una patrulla nocturna un mink pastor alemán entre ellos cruza la aldea. La visión de aquel ser desencadena un flash: látigos.. burlas... un amo ebrio. Se me acelera el pulso solo de pensarlo, pero recuerdo dónde estoy: libre, en el puerto con mis amigos. Respiro, toco el collar, y el temblor poco a poco parece que va parando... o eso parece.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">A la mañana siguiente, me despierto tranquilo, lo primero que haría sería frotarme las manos tratando de arrancar ese frio de mis patitas, por que pata fría no trabaja bien... ¡Un señor se me acerca y me da un té! obviamente no está en una tacita claro, me lo da en una jarra la cual tomo con mis manos. -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hoje será un gran día- </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Salto la valla de corral como quien pisa el aire y corro hacia el interior del bosque: quizá haya árboles caídos tras la tormenta nocturna. Ya veremos. A lo mejor llega un caminante perdido buscando la ruta al pueblo de gigantes... o llega un perro (que no sea yo) perdido por ahí. ¡A lo mejor llegan unos piratas buscando algún tipo de tripulación! quiero decir, yo no quiero ser pirata, ¿o si? ¿o no? ¡no lo se! el tema es que yo solo quiero ser libre, ¿y que mas libre podría ser, surcando los mares hasta volver a casa? ¡tengo que ver a Eikir!</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El primer resplandor de Korossasu me llega acompañado de bruma salada y el graznido metálico de las gaviotas. Nada que ver con los amaneceres de sabaody, la verdad... Aquí el aire es húmedo, casi frío.... ¡lo bastante para que un friolero empedernido como yo se despierte temblando pese al pelaje espeso! que cosas, pero bueno. -</span></span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Vamos nessa! Woof.</span>-</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">, sonrio entre dientes, sacudiendo las tablas del pequeño muelle donde pasé la noche enroscado. Palpo el collar blanco de mi cuello y dejo que la sensación helada del metal me ancle: Seré libre sí, pero nunca podré estar realmente relajado...</span></span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">¡Muy bien! ¿Dónde estoy? ¡En Korossasu! Esta isla me recuerda un poco a mi antiguo hogar ya que es prácticamente todo árbol, no hay manglares ni nada de eso, pero bueno, es que no todos los lugares pueden ser perfectos supongo. Aquí vivo yo, en la zona humana: un caserío de casas de madera y piedra tan modestas que, para no tumbarlas, duermo fuera, arropado en el muelle... </span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Mientras los leñadores humanos se desperezan, me adentro en un claro. El suelo es una alfombra de agujas de pino; cada paso mío deja huellas profundas que la hojarasca cubre en segundos. Arranco mi rutina con ginga suave; las ramas crujen bajo mis pies, pero dosificándome puedo danzar sin tirar un solo tronco. Macaco, au sem mão: giro y siento el rocío salpicarme el hocico. Una ardilla me observa desde un abeto, desconcertada por el coloso que baila a contraluz del amanecer. </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-Tranquila, parceira-</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">, pienso con una sonrisa. Después engrano movimientos de lucha libre: agarro un tronco caído, lo elevo a modo de adversario imaginario, lo vuelco, lo ruedo... El cuerpo reclama ritmo y yo le respondo con patadas giratorias que cortan el aire húmedo. Cuando termino, me doy cuenta de toda la niebla del ambiente... y ¡De que estaba empapado! meu deus, van a pensar que huelo a perro mojado. Bueno, da igual.. supongo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Con el sol reptando entre las ramas, vuelvo al pueblo. Las casas, tejados de tablones y muros de canto rodado se alinean a lo largo de un camino de tierra apisonada. Huele a pan integral recién horneado y a alquitrán caliente para sellar grietas. Los niños me salen al paso: </span><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Atlas, Atlas!”</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Me trepan por los brazos y me piden que los eleve. Sus carcajadas llenan la plaza y yo respondo con mi risa grave: -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Arf arf arf! ¡Relajaos relajaos! ¡Podemos estar asi toda tarde Woof!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- A cambio me tienden bollos de castaña o me cuentan chismes: que la sierra principal se atascó, que en el mercado falta sal, que el capataz de la cantera del norte ha prometido mejores pagas… si alguien lleva la propuesta al alcalde.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Antes del almuerzo echo una mano en el aserradero. Las sierras circulares chillan, los troncos resbalan y los leñadores sudan empapados. Yo levanto los cilindros de pino de doscientos kilos como si fueran bastones de danza. </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡Cuidado, que no quiero aplastar vuestro almuerzo!-</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">, bromeo, y el capataz, un tipo recio con bigote de resina seca, me guiña un ojo mientras me pasa una cantimplora. Hay forasteros curiosos: uno me observa con desconfianza, murmura<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> “bestia sin pedigrí</span>”. Bajo la vista, cojo un tronco aún más grueso y lo doblo en un ángulo imposible hasta que cruje. La sonrisa sigue en mi hocico. -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aquí sudamos igual, meu amigo</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- le digo, devolviendo el trozo ahora arqueado como si fuera un arco gigante. El silencio que sigue es música.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Al mediodía, mientras brilla alto el sol y se secan las capas de rocío, tomo un atajo por senderos pedregosos hacia las canteras del noreste. Camino entre robledales y helechos que me llegan a la cintura; las montañas se alzan adelante, grises y dentadas. Las canteras resuenan con el golpeteo de mazas y cinceles: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">ta-ta-TA, ta-ta-TA</span></span>. Bloques de granito emergen escalonados, listos para reparación de puentes y zócalos. Me pongo a ayudarles a mover un monolito que ni cuatro bueyes pueden arrastrar; lo cargo sobre el hombro y lo deposito en el carro chirriante. Los mineros me regalan una cantimplora de jugo de pino.. Es dulce, con un deje ácido raro pero que está muy rico. Y me agradecen entre bromas mi “espalda de golem”.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Usualmente regreso al bosque central antes de que la tarde caiga. A esa hora, las sombras se alargan y la brisa trae aroma de hogueras de serrín. Los leñadores empaquetan tablones; el mercado, una calle ancha con diez puestos cubiertos de lonas, hierve de trueques: pan por setas, sal por leña, herramientas por medicinales de corteza. Mi daltonismo azul-verde me confunde los paños: no distingo la lona verde del puesto de hierbas de la azul del pescadero itinerante, ¡y casi pago tres veces un manojo de mentas pensando que era otra cosa!. Cuando me doy cuenta... bueno, solo suelto un bufido divertido: -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Caramba, mis ojos son artistas abstractos</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">.- La vendedora ríe y me regala un pellizco de tomillo de montaña.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Algunos días la paz se quiebra. Hoy, justo cuando la luz naranja se cuela entre troncos, llega un mensajero jadeando: unos merodeadores pretenden saquear la reserva de abeto blanco en el claro del riachuelo alto. Es madera codiciada para mástiles... Malas noticias si, la verdad. ¡Así que me toca trabajar! ajusto la correa del pantalón, chasqueo los dedos y me pongo en camino. </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">¡Vou chutar algumas bundas!.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Los bandidos (o eso se creen) arrastraban troncos hacia una carreta cuando les aparezco entre los árboles. Me adelanto, dejo caer la túnica y mi sombra cubre media fogata. -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Última chance, meus amigos. Bajen esos troncos y volved andando.</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- Estos, Responden con ballestas caseras. El combate es bosque y tambor: esquivo un virote con un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">macaco</span> hacia atrás, ruedo entre raíces, lanzo un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">rabo de arraia</span> que parte la ballesta. Blando un tronco como porra y con la inercia de mi cuerpo derribo a dos de un golpe. Hay raíces, hojas, terrenos disparejos... Perfecto para mi. Cuando uno intenta acuchillar mi flanco, encajo la hoja entre el antebrazo y giro. le aplico una presa de lucha libre provocando que cruje como leña seca. Minutos después todo termina. -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Terminou, acabou. ¡Arf arf arf! que fácil todo.</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- Devuelvo los troncos a su pila, ato a los salteadores con sus propias cuerdas y los llevo de regreso para que el alcalde decida qué hacer con ellos.</span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Al caer la noche, Me dirijo al fogón comunitario de mi aldea; una hoguera central ilumina rostros cansados y satisface estómagos con estofado de venado. Un trovador rasga un laúd de corteza fina y varios aldeanos golpean tambores de piel así que me uno con palmas y un coro grave. El calor me envuelve, aunque el frío sigue calando: me enrollo en un poncho de lana burda que parece una servilleta en mis brazos. Risas, historias de la jornada, hasta que alguien menciona a los grandes señores del puerto, allá al sur, que quieren cobrar nuevas tasas por el paso de los troncos. Mi código de honor se enciende.-</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si necesitan un par de garras para negociar, yo pongo el ritmo-</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">, digo golpeando suavemente un tronco que me sirve de banco. Me miran con respeto y un poco de temor diplomático; respondo con una broma, carraspeo un canto de ruiseñor y cierro: -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La libertad no se mendiga; se guarda con el filo del hacha y el compás del tambor</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Termino la jornada en el muelle mientras miro a las estrellas. Es cierto que a mis ojos ciertos matices se pierden, pero aún así puedo ver como destella como brasas.... Cierro los ojos y pienso en el cachorro que fui, encadenado bajo un techo de mármol; aquel niño soñaba con bosques así, con montañas respirantes. Entre susurros de vient... ¡Pero de repente un paso cruje! Me incorporo al instante. Una patrulla nocturna un mink pastor alemán entre ellos cruza la aldea. La visión de aquel ser desencadena un flash: látigos.. burlas... un amo ebrio. Se me acelera el pulso solo de pensarlo, pero recuerdo dónde estoy: libre, en el puerto con mis amigos. Respiro, toco el collar, y el temblor poco a poco parece que va parando... o eso parece.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">A la mañana siguiente, me despierto tranquilo, lo primero que haría sería frotarme las manos tratando de arrancar ese frio de mis patitas, por que pata fría no trabaja bien... ¡Un señor se me acerca y me da un té! obviamente no está en una tacita claro, me lo da en una jarra la cual tomo con mis manos. -</span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hoje será un gran día- </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Salto la valla de corral como quien pisa el aire y corro hacia el interior del bosque: quizá haya árboles caídos tras la tormenta nocturna. Ya veremos. A lo mejor llega un caminante perdido buscando la ruta al pueblo de gigantes... o llega un perro (que no sea yo) perdido por ahí. ¡A lo mejor llegan unos piratas buscando algún tipo de tripulación! quiero decir, yo no quiero ser pirata, ¿o si? ¿o no? ¡no lo se! el tema es que yo solo quiero ser libre, ¿y que mas libre podría ser, surcando los mares hasta volver a casa? ¡tengo que ver a Eikir!</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente absoluto] Korossasu, Inicia la aventura.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1643</link>
			<pubDate>Sat, 05 Apr 2025 03:04:20 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=429">RedSmoke Kelo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1643</guid>
			<description><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 14 de Verano, Año 15.</span></span><br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Korossasu.</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">El comienzo de una aventura.</span></span><br />
<br />
El sol apenas comenzaba a asomar entre las copas de los árboles cuando abrí los ojos. El murmullo de las hojas mecidas por el viento y el canto de las aves me dieron la bienvenida al nuevo día. Me incorporé lentamente sobre el futón, estirando los brazos mientras sentía cómo crujían los músculos de mi espalda. No había dormido mal, aunque últimamente sentía una inquietud difícil de ignorar.<br />
<br />
Me levanté con calma, preparé un poco de té caliente y salí al porche de mi casa de madera, situada en el extremo sur del pueblo. Desde ahí podía ver el sendero de tierra que llevaba al mercado y, un poco más allá, los barcos amarrados en el pequeño muelle. Los días en Korossasu eran tranquilos, siempre iguales. Mi vida como navegante consistía en ofrecer una experiencia bonita a la vez que entretenida, y para los más curiosos me ofrecía enseguida a encantarlos con historias y mitos de los mares del West Blue. Les ofrecía un itinerario detallado, advertencias sobre el clima y, claro, un buen almuerzo incluido, porque todo marinero agradece el estómago lleno. <br />
<br />
Antes de salir, me até el obi en la cintura y descolgué a Kurimuzon de su soporte. Su vaina negra con detalles dorados brillaba a la tenue luz de la mañana. La até con firmeza en mi cintura. Nunca salía sin ella.<br />
<br />
Caminé hasta el muelle, saludando a algunos rostros conocidos del pueblo. Un par de niños jugaban con un barril vacío mientras un anciano vendedor de frutas montaba su puesto. <br />
<br />
<span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—“¡Eh, navegante!”</span> me gritó el panadero <span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—“¿Hoy toca ruta?”</span><br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—“Sólo si alguien viene con ganas de comer bien y navegar mejor”.</span> respondí, con una sonrisa leve.<br />
<br />
En la plaza central, un pequeño grupo de comerciantes me esperaba. Uno de ellos, un tipo regordete con bigote y sombrero de paja, me pidió una ruta sencilla por alrededor de la zona, visitar zonas de naufragios y con suerte si el mar estaba en calma, disfrutar de el bonito muro marino de coral. Nada complicado. Los llevé conmigo, les ofrecí el almuerzo (arroz con pescado ahumado, pepinillos dulces y té de jengibre), y como de costumbre intente poner mi mejor sonrisa y ofrecer el mejor servicio posible. <br />
<br />
Después de currar, como de costumbre, regresé a mi rincón favorito del mercado. Me senté en el banco bajo el viejo cerezo (aún sin flores) y observé cómo la vida pasaba a su ritmo pausado. Comí algo, ajusté un par de notas en mis mapas y luego fui a revisar las provisiones que almacenaba para viajes más largos. Algo en mi interior empezaba a preguntarse por qué llevaba tanto tiempo haciendo lo mismo.<br />
<br />
A media tarde, un joven pelirrojo, con pinta de haber llegado hacía poco a la isla, se acercó preguntando por una ruta hacia el sur. No parecía marinero, más bien alguien que había perdido el rumbo... o que lo buscaba. Le ofrecí sentarse y, mientras compartíamos un poco de té, empezó a contarme historias que no iban a ninguna parte. Sin sentido real, pero con cierta chispa. Me hizo reír un par de veces. Me recordó que el mundo allá fuera estaba lleno de personajes extraños y caminos por explorar.<br />
<br />
<span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—¿Y tú?</span> preguntó de pronto  <span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—¿Qué haces aquí, con esas alas tan espectaculares, haciendo rutas y preparando almuerzos?</span><br />
<br />
La pregunta me golpeó más de lo que esperaba. ¿Qué hacía aquí? ¿Cuánto más iba a seguir así? El chico no necesitaba saber la respuesta. Se fue con un gesto de despedida y dejó tras de sí un silencio que ya no pude sacudirme.<br />
<br />
Estaba atardeciendo y mi tripa empezaba a rugir del hambre. Caminé hacia casa mientras el cielo se teñía de tonos anaranjados y rosados. El sonido de las cigarras comenzaba a llenar el aire. En el camino, pasé frente a una de las casas de los antiguos gigantes. A veces me sentaba en los escalones de piedra a pensar, y esa noche no fue la excepción.<br />
<br />
Saqué a Kurimuzon de su vaina lentamente. Su hoja carmesí reflejaba la luz del sol poniente. La observé largo rato. No tenía heridas abiertas, ni enemigos a la vista, pero algo dentro de mí sabía que el filo de esa espada no había nacido para cortar el silencio y la rutina. Sino para abrir camino.<br />
<br />
Volví a casa, encendí el farolillo del porche y me preparé algo de cenar. La noche cayó con rapidez. Afuera, el viento agitaba las ramas de los árboles. Me senté frente a la mesa con un cuaderno abierto. Dibujé un mapa simple, apenas unos trazos marcando un rumbo hacia el este... luego al sur... luego me detuve.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">“País de Kano”.</span> dije en voz baja.<br />
<br />
Me quedé en silencio unos segundos... Recordé una conversación vieja de un viajero, un mapa con templos antiguos, un bosque de bambú, historias sin confirmar sobre una tierra de honor, fuerza… y leyendas.<br />
<br />
Miré a Kurimuzon una vez más. La tomé y la até a mi cintura, aunque no fuera a salir.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Mañana zarpo.</span><br />
<br />
Y con esa idea clara, decidí dormir.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 14 de Verano, Año 15.</span></span><br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Korossasu.</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">El comienzo de una aventura.</span></span><br />
<br />
El sol apenas comenzaba a asomar entre las copas de los árboles cuando abrí los ojos. El murmullo de las hojas mecidas por el viento y el canto de las aves me dieron la bienvenida al nuevo día. Me incorporé lentamente sobre el futón, estirando los brazos mientras sentía cómo crujían los músculos de mi espalda. No había dormido mal, aunque últimamente sentía una inquietud difícil de ignorar.<br />
<br />
Me levanté con calma, preparé un poco de té caliente y salí al porche de mi casa de madera, situada en el extremo sur del pueblo. Desde ahí podía ver el sendero de tierra que llevaba al mercado y, un poco más allá, los barcos amarrados en el pequeño muelle. Los días en Korossasu eran tranquilos, siempre iguales. Mi vida como navegante consistía en ofrecer una experiencia bonita a la vez que entretenida, y para los más curiosos me ofrecía enseguida a encantarlos con historias y mitos de los mares del West Blue. Les ofrecía un itinerario detallado, advertencias sobre el clima y, claro, un buen almuerzo incluido, porque todo marinero agradece el estómago lleno. <br />
<br />
Antes de salir, me até el obi en la cintura y descolgué a Kurimuzon de su soporte. Su vaina negra con detalles dorados brillaba a la tenue luz de la mañana. La até con firmeza en mi cintura. Nunca salía sin ella.<br />
<br />
Caminé hasta el muelle, saludando a algunos rostros conocidos del pueblo. Un par de niños jugaban con un barril vacío mientras un anciano vendedor de frutas montaba su puesto. <br />
<br />
<span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—“¡Eh, navegante!”</span> me gritó el panadero <span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—“¿Hoy toca ruta?”</span><br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—“Sólo si alguien viene con ganas de comer bien y navegar mejor”.</span> respondí, con una sonrisa leve.<br />
<br />
En la plaza central, un pequeño grupo de comerciantes me esperaba. Uno de ellos, un tipo regordete con bigote y sombrero de paja, me pidió una ruta sencilla por alrededor de la zona, visitar zonas de naufragios y con suerte si el mar estaba en calma, disfrutar de el bonito muro marino de coral. Nada complicado. Los llevé conmigo, les ofrecí el almuerzo (arroz con pescado ahumado, pepinillos dulces y té de jengibre), y como de costumbre intente poner mi mejor sonrisa y ofrecer el mejor servicio posible. <br />
<br />
Después de currar, como de costumbre, regresé a mi rincón favorito del mercado. Me senté en el banco bajo el viejo cerezo (aún sin flores) y observé cómo la vida pasaba a su ritmo pausado. Comí algo, ajusté un par de notas en mis mapas y luego fui a revisar las provisiones que almacenaba para viajes más largos. Algo en mi interior empezaba a preguntarse por qué llevaba tanto tiempo haciendo lo mismo.<br />
<br />
A media tarde, un joven pelirrojo, con pinta de haber llegado hacía poco a la isla, se acercó preguntando por una ruta hacia el sur. No parecía marinero, más bien alguien que había perdido el rumbo... o que lo buscaba. Le ofrecí sentarse y, mientras compartíamos un poco de té, empezó a contarme historias que no iban a ninguna parte. Sin sentido real, pero con cierta chispa. Me hizo reír un par de veces. Me recordó que el mundo allá fuera estaba lleno de personajes extraños y caminos por explorar.<br />
<br />
<span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—¿Y tú?</span> preguntó de pronto  <span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—¿Qué haces aquí, con esas alas tan espectaculares, haciendo rutas y preparando almuerzos?</span><br />
<br />
La pregunta me golpeó más de lo que esperaba. ¿Qué hacía aquí? ¿Cuánto más iba a seguir así? El chico no necesitaba saber la respuesta. Se fue con un gesto de despedida y dejó tras de sí un silencio que ya no pude sacudirme.<br />
<br />
Estaba atardeciendo y mi tripa empezaba a rugir del hambre. Caminé hacia casa mientras el cielo se teñía de tonos anaranjados y rosados. El sonido de las cigarras comenzaba a llenar el aire. En el camino, pasé frente a una de las casas de los antiguos gigantes. A veces me sentaba en los escalones de piedra a pensar, y esa noche no fue la excepción.<br />
<br />
Saqué a Kurimuzon de su vaina lentamente. Su hoja carmesí reflejaba la luz del sol poniente. La observé largo rato. No tenía heridas abiertas, ni enemigos a la vista, pero algo dentro de mí sabía que el filo de esa espada no había nacido para cortar el silencio y la rutina. Sino para abrir camino.<br />
<br />
Volví a casa, encendí el farolillo del porche y me preparé algo de cenar. La noche cayó con rapidez. Afuera, el viento agitaba las ramas de los árboles. Me senté frente a la mesa con un cuaderno abierto. Dibujé un mapa simple, apenas unos trazos marcando un rumbo hacia el este... luego al sur... luego me detuve.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">“País de Kano”.</span> dije en voz baja.<br />
<br />
Me quedé en silencio unos segundos... Recordé una conversación vieja de un viajero, un mapa con templos antiguos, un bosque de bambú, historias sin confirmar sobre una tierra de honor, fuerza… y leyendas.<br />
<br />
Miré a Kurimuzon una vez más. La tomé y la até a mi cintura, aunque no fuera a salir.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Mañana zarpo.</span><br />
<br />
Y con esa idea clara, decidí dormir.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic Pasado] Berry Stars]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1621</link>
			<pubDate>Sat, 15 Mar 2025 16:16:54 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=413">Berry</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1621</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">15 de Primavera Año 15</span><br />
<br />
Despertar en su pequeño refugio del bosque era lo habitual, estirarse salir a vigilar la zona, comer un poco de carne. La vida de Berry no era nada del otro mundo, a lo mejor por su condición de olvidarse que a solo unos minutos podría visitar humanos, a lo mejor por la comodidad que solo la naturaleza podía proveerle o una mezcla de factores que le hacían explorar un mundo de unas pocas hectáreas cada día. Estaba en aquellas ministraciones, comiendo un trozo de carne seca que había asado la noche anterior, cuando un aroma peculiar le hizo levantar las orejas. Los animales rara vez se acercaban, ya habían recibido bastantes palizas como para intentar saquear a la bestia que se había proclamado como la dominante del lugar. Sin embargo, cuando los ojos rojos de Berry se cruzaron con la figura regordeta, pudo identificar fácilmente que se trataba de un humano aunque nuevamente su mente le jugaba una mala pasada. No le reconocía de nada, no sabía quien era ni tampoco sus intenciones, la figura regordeta pareció caerse al encontrarse frente a frente con la zorra quien había reducido distancias rápidamente y le miraba desde arriba con un trozo de carne todavía colgado de sus labios. ― <span style="color: #17B529;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡No me pegues soy Chum!</span> </span>― chilló el gordo, aunque Berry inclinó la cabeza como si le hubieran dicho que era Giordano o algún desconocido del mar, tampoco quería atacarle simplemente cerró distancias para verlo mejor ya que rara vez lograba atrapar a un humano cerca de su refugio (o eso creía ella, la verdad era que Chum era muy recurrente a cruzarse en su camino).<br />
<br />
Se encogió de hombros, dejando que el humano se levantase y comenzara a hablar, necesitaba protección dado a que trabajaba en una tienda importante y el guardia de seguridad se había ido de fiesta por esos días siendo Chum el que sugirió a Berry para el puesto. La mink se relamía las garras mientras avanzaban por el bosque, nunca había trabajado como seguridad, lo suyo era más cazar por supervivencia y pelear por el mero hecho de que su raza debía prepararse desde temprana edad para la dureza del mundo. A los cinco años ya se encontraba luchando contra bestias salvajes para comer, la tribu de Berry tenía un sistema mucho más estricto que los minks más civilizados, la faceta guerrera estaba en su sangre y en los rituales que una vez alcanzada la adultez se sometían para recibir la bendición de los caídos durante todo su recorrido. ― <span style="color: #FF30DC;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Entonces, debo patear a quienes intenten algo y quedarme sentada en la puerta para intimidar, puedo estar en ropa interior sin uniforme y me pagarán con pescado...</span></span> ― masculló la zorra con una sonrisa, para ella era una tarea muy sencilla y una recompensa excelente aunque para Chum el pago era una tacañería de Rick quien nunca había pagado más de tres berries a un buen seguridad y solo contrataba a tipos gordos, enormes que pudieran meter miedo con Berry la tienda se sentía mucho más segura a sus ojos.<br />
<br />
Habían llegado a la tienda, estaban justo en la entrada cuando un sonido de varias guitarras eléctricas y algunos tambores de batería, el sonido solo se intensificó al ingresar al local donde un reproductor seguía reproduciendo en bucle aquel molesto sonido. ― <span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Oh... no otra vez... </span>― masculló Chum con un rostro pálido, la mink alzó su pierna en señal de defensa por si se trataba de algún ataque al establecimiento aunque Chum se limitó a abrazarle y detenerle cuando divisó a un calvo hablando a un espejo. ― <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Soy Rick y esta es mi tienda de empeño, trabajo aquí con mi viejo y mi mascota Chum, si algo he aprendido después de veinticinco años es que nunca se sabe cuando una mink entrará por esa puerta.</span></span> ― el discurso del calvo pareció hacer cesar la música, todo volvió a la normalidad y ahora limpiaba una escopeta apoyada en un exhibidor. ― <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">¿Qué le pasa?</span></span> ― preguntó Berry sin entender nada mientras se sentaba en su puesto, se había acercado a la oreja de Chum para que el calvo no pudiese escucharle, parecía un poco chalado pero se suponía que sería el responsable de darle el pescado. ― <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Lamento que hayas visto eso Berry, verás el viejo tuvo un programa de televisión donde filmaban tratos falsos y fue muy famoso, Rick una vez se golpeó con una hiena y desde entonces cree que las cámaras siguen filmando. La verdad es que en veinticinco años no se emitió ningún programa más, el viejo dice que le cancelaron el contrato porque se olvidó de atenderles la llamada. Solo duerme en su oficina...</span></span> ― explicó Chum mientras se colocaba en un mostrador esperando clientes al parecer sería un día bastante largo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">15 de Primavera Año 15</span><br />
<br />
Despertar en su pequeño refugio del bosque era lo habitual, estirarse salir a vigilar la zona, comer un poco de carne. La vida de Berry no era nada del otro mundo, a lo mejor por su condición de olvidarse que a solo unos minutos podría visitar humanos, a lo mejor por la comodidad que solo la naturaleza podía proveerle o una mezcla de factores que le hacían explorar un mundo de unas pocas hectáreas cada día. Estaba en aquellas ministraciones, comiendo un trozo de carne seca que había asado la noche anterior, cuando un aroma peculiar le hizo levantar las orejas. Los animales rara vez se acercaban, ya habían recibido bastantes palizas como para intentar saquear a la bestia que se había proclamado como la dominante del lugar. Sin embargo, cuando los ojos rojos de Berry se cruzaron con la figura regordeta, pudo identificar fácilmente que se trataba de un humano aunque nuevamente su mente le jugaba una mala pasada. No le reconocía de nada, no sabía quien era ni tampoco sus intenciones, la figura regordeta pareció caerse al encontrarse frente a frente con la zorra quien había reducido distancias rápidamente y le miraba desde arriba con un trozo de carne todavía colgado de sus labios. ― <span style="color: #17B529;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡No me pegues soy Chum!</span> </span>― chilló el gordo, aunque Berry inclinó la cabeza como si le hubieran dicho que era Giordano o algún desconocido del mar, tampoco quería atacarle simplemente cerró distancias para verlo mejor ya que rara vez lograba atrapar a un humano cerca de su refugio (o eso creía ella, la verdad era que Chum era muy recurrente a cruzarse en su camino).<br />
<br />
Se encogió de hombros, dejando que el humano se levantase y comenzara a hablar, necesitaba protección dado a que trabajaba en una tienda importante y el guardia de seguridad se había ido de fiesta por esos días siendo Chum el que sugirió a Berry para el puesto. La mink se relamía las garras mientras avanzaban por el bosque, nunca había trabajado como seguridad, lo suyo era más cazar por supervivencia y pelear por el mero hecho de que su raza debía prepararse desde temprana edad para la dureza del mundo. A los cinco años ya se encontraba luchando contra bestias salvajes para comer, la tribu de Berry tenía un sistema mucho más estricto que los minks más civilizados, la faceta guerrera estaba en su sangre y en los rituales que una vez alcanzada la adultez se sometían para recibir la bendición de los caídos durante todo su recorrido. ― <span style="color: #FF30DC;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Entonces, debo patear a quienes intenten algo y quedarme sentada en la puerta para intimidar, puedo estar en ropa interior sin uniforme y me pagarán con pescado...</span></span> ― masculló la zorra con una sonrisa, para ella era una tarea muy sencilla y una recompensa excelente aunque para Chum el pago era una tacañería de Rick quien nunca había pagado más de tres berries a un buen seguridad y solo contrataba a tipos gordos, enormes que pudieran meter miedo con Berry la tienda se sentía mucho más segura a sus ojos.<br />
<br />
Habían llegado a la tienda, estaban justo en la entrada cuando un sonido de varias guitarras eléctricas y algunos tambores de batería, el sonido solo se intensificó al ingresar al local donde un reproductor seguía reproduciendo en bucle aquel molesto sonido. ― <span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Oh... no otra vez... </span>― masculló Chum con un rostro pálido, la mink alzó su pierna en señal de defensa por si se trataba de algún ataque al establecimiento aunque Chum se limitó a abrazarle y detenerle cuando divisó a un calvo hablando a un espejo. ― <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Soy Rick y esta es mi tienda de empeño, trabajo aquí con mi viejo y mi mascota Chum, si algo he aprendido después de veinticinco años es que nunca se sabe cuando una mink entrará por esa puerta.</span></span> ― el discurso del calvo pareció hacer cesar la música, todo volvió a la normalidad y ahora limpiaba una escopeta apoyada en un exhibidor. ― <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">¿Qué le pasa?</span></span> ― preguntó Berry sin entender nada mientras se sentaba en su puesto, se había acercado a la oreja de Chum para que el calvo no pudiese escucharle, parecía un poco chalado pero se suponía que sería el responsable de darle el pescado. ― <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Lamento que hayas visto eso Berry, verás el viejo tuvo un programa de televisión donde filmaban tratos falsos y fue muy famoso, Rick una vez se golpeó con una hiena y desde entonces cree que las cámaras siguen filmando. La verdad es que en veinticinco años no se emitió ningún programa más, el viejo dice que le cancelaron el contrato porque se olvidó de atenderles la llamada. Solo duerme en su oficina...</span></span> ― explicó Chum mientras se colocaba en un mostrador esperando clientes al parecer sería un día bastante largo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[T1 Autonarrada] Cazando a Patadas]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1584</link>
			<pubDate>Thu, 13 Feb 2025 10:16:41 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=413">Berry</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1584</guid>
			<description><![CDATA[Día 38 de Invierno, Año 15.<br />
<br />
La mink había llegado a esa isla hacía un tiempo, la frondosa vegetación y el extenso bosque le recibieron como si fuese una extensión de su hogar. Acostumbrada a cazar, su entrenamiento consistía en el mero hecho de intentar sobrevivir. Sus pasos rezonaban entre los sonidos de la vegetación, mientras cargaba a su última presa, un jabalí que le daría suficiente carne para otra semana. El recuerdo de su pelea todavía era reciente, pero no había mucho que reseñar más que las gotas rojas en sus punteras donde se había acumulado el llanto del cuerpo de aquel animal. Su improvisado campamento entre la armonía natural le recibió, colocó al jabalí sobre las gruesas hojas y comenzó la tarea de seccionar la carne. Su tribu siempre había vivido de esa manera, salvaje y reducidos a la discriminación por unas costumbres diferentes, lejos de ser los canibales que pintaban siempre habían sido amigables pero al moverse tanto el exceso de ropa llegaba a molestarles. ¿Qué había de malo en tomar lo que la naturaleza les ofrecía?<br />
<br />
Se encogió de hombros, mirando su reflejo en el agua, sus tatuajes brillaban por el sudor y unas motas rojizas pintaban el círculo dorado en su frente. Sus garras embadurnadas en sangre, pero la satisfacción del alimento cuidadosamente seccionado era algo que nada podía quitarle. Sus largas orejas se alzaron, su agudo olfato detectó al carroñero justo antes de que este se lanzara a por uno de los trozos. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¡Patada Normal! —</span></span> gritó extendiendo su pierna tras una breve carrera, la punta del zapato hundiendo el hocico del lobo hasta girar y enviarlo a volar unos cuantos pasos hacia atrás. Su chaqueta ondeaba en el aire antes de ser lanzada contra el suelo, crujió los nudillos observando a dos lobos más salir de la espesura gruñiendo.<br />
<br />
Chasqueó la lengua, flexionando una rodilla mientras su pie les daba la bienvenida, el último nombre no le había convencido. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¡Patada Genialosa! — </span></span>un barrido lateral que se incrustó en el costado del animal y lo envió contra su compañero, pero otra vez, el nombre ese maldito nombre, que no terminaba de convencerle en lo mas mínimo. Los tres lobos se encontraban en el suelo, vivos pero a lo mejor con algún hueso menos, a Berry no le agradaba matar pero la naturaleza era cruel con los blandos y su comida no entraba en debate. Usar esa clase de patadas no era justo, pero nunca subestimaba a nadie, en la vida se jugaba todo y su fuerza nunca mermaba incluso con oponentes tan insignificantes como tres lobos hambrientos.<br />
<br />
Su olfato volvió a agudizarse, un nuevo animal, uno mas grande entró en escena, un gran oso de pelaje azabache rugió al ver la comida. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— No hay miel para tí, pero si quieres puedo darte un buen surtido de patadas... — </span></span>sonrió lanzando el primer golpe contra la cabeza del peligroso depredador. Su carrera fue corta antes de flexionar sus piernas y saltar, desorientando al animal mientras bajaba girando como una rueda y su pie izquierdo se incrustaba entre los ojos de su contrincante. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¡M</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">issionnaire! —</span></span> un nuevo nombre, mucho mejor que los anteriores, colocó sus manos sobre el cuello del oso mientras giraba su cuerpo moviendo su cola de lado a lado. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">Brouette[/size] [size=1]—</span></span> una nueva patada no se hizo esperar, golpeando fuertemente el hocico de su oponente para mandarlo al suelo, que tuviera poca ropa encima no significaba que un oso de peluche pudiera dominarla. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¡L</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">evrette! — </span></span>ambas piernas cayeron aplastando el pecho del animal pero eso no había terminado, las patadas siguieron llegando una tras otra, una sucesión constante de nombres seguidos por el ruido sordo de sus golpes sobre la carne del duro oponente. Finalmente la mink dio unos cuantos saltos para girar en el aire, avanzando hasta estampar al oso contra unas rocas cercanas. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">— Y ese fue el Destornillador... —</span></span> sacudió sus garras como si fuese un trabajo bien hecho, ahora tenía que destripar también al oso, sonrió jadeando mientras tomaba la chaqueta del suelo y la usaba para tirar del cuerpo inerte. Le esperaba un día largo, pero al menos, durante unas cuantas semanas no debería buscar más comida.<br />
<br />
Horas mas tarde, cuando ya se había encargado de ambas presas y creado una improvisada frasada de piel de oso, se metió al lago para refrescarse. La lluvia de la cascada y la luz de las estrellas acariciaban su desnudez, mientras la sangre y el sudor se licuaban de su cuerpo. Sacudió su larga melena, mientras el crepitante fuego de su campamento le indicaba el camino de regreso, esa isla era como su propio paraíso aunque extrañaba regresar a una tribu que al menos tuviera personas. Sus garras se clavaron en el filete que tenía como cena, mientras un mordisco despedazaba la jugosa carne de quien hace poco había sido un oponente. En la oscuridad del bosque, la luz de su fogata parecía ser única, pero en un destello le pareció vislumbrar otras luces en el horizonte. Lejanas, más no imaginarias, parecían provenir de una zona mucho más alejada a los límites que había acostumbrado utilizar para cazar y entrenar. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— No creo que pueda ser malo, llevo mucho tiempo sin ver a otros, me he fortalecido desde que salí de Zou y extraño el aroma de otra hembra... —</span></span> masculló para sus adentros cubierta solo por su frazada improvisada mientras su ropa y sus punteras colgaban sobre la luz de su campamento. Ir en aquella dirección parecía ser el siguiente paso, su cuerpo poco a poco se había adaptado a la rudeza del mar y ahora con renovada confianza sentía que podía afrontar cualquier reto. Pero ya sería al otro día, de momento, giró su cabeza buscando aclarar sus pensamientos en sus sueños.<br />
<br />
Y entonces soñó con las bellas tierras de su Zou natal, como una zorra pequeña que caminaba por un jardín enorme lleno de árboles frutales de todo tipo. El aire estaba fresco y el sol iluminaba las aguas que caían desde el cielo. La pequeña mink se acercó a un manzano, cuyas manzanas brillaban como rubíes cristalizadas, casi irreales. Al tocarlas, caían solas al suelo y al romperse, liberaban un jugo dorado, como miel fresca pero con sabor a chocolate. Avanzó tras beber aquel elixir y vio un campo de fresas,  cuando las tocaba, se deshacían en sus garritas, dejando un aroma dulce y pesado pero sin poder comerlas.<br />
<br />
De repente, un árbol de plátanos apareció frente a ella, pero en lugar de plátanos, tenía racimos de uvas doradas. Al probarlas, su sabor era una mezcla de arroz con carne de jabalí. Mientras caminaba por este paisaje surrealista cada vez más alejado de Zou, se  encontró con un río de jugo de naranja que fluía a través del jardín, reflejando un cielo rosado. Al intentar beber de él, la mink fue arrastrada por un tobogán descendente hasta caer de cabeza dentro de una montaña de panecillos.<br />
<br />
Casi al final del sueño, se  encontró con una enorme sandía que hablaba, diciéndole que la fruta más deliciosa es la que se comparte. La zorra no pareció entender la frase, pero en ese instante todo se volvió oscuro y el sueño dejó de existir.<br />
<br />
El aroma desconocido logró despertarle, una sombra se avalanzaba sobre su cuerpo pero sus reflejos fueron más rápidos y una poderosa patada al cuello fue lo que el primer cazador recibió como saludo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— Sixtynine — </span></span>un susurro se alzó en la quietud de la noche. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">— ¡Maldición Rick te dije que eran falsas! — </span></span>gritó el otro mientras alzaba su sujetador, Berry respondió, como no podía ser de otra forma con una fuerte patada al mentón recogiendo su ropa interior y colocandola de inmediato más por sorpresa que por pudor. No le molestaba estar desnuda enfrente de un par de idiotas, pero al menos le hubieran pagado, un tercer hombre salió de la espesura con un rifle pero lejos de apuntar a Berry se llevó la mano a la cara. <span style="color: #e8c500;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Los dejo solos dos segundos y ya están molestando a una zorra, o lo que sea que sea esa cosa. En mis tiempos los animales no hablaban, ni tenían pechos...—</span></span> bramó el hombre mientras los otros dos sujetos se levantaban a duras penas. Se habían salvado de que la zorra no tuviera sus punteras puestas aunque la mink lejos de estar molesta se sentía curiosa al ver a 3 sin pelos y uno en especial calvo llegar a ese lugar. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¿Quienes se supone que son? —</span></span> suspiró rascando su cabeza, sentada sobre sus piernas traseras y lamiendo uno de sus brazos como si se tratase de un loco experimento que salió mal aunque su belleza exótica cautivaba tanto a conocidos como extraños. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">— Soy Rick y este es mi terreno, trabajo aquí con mi padre y mi mascota Chum. — </span></span>el calvo explicó mientras el viejo se quejaba que de momento la propiedad era suya porque todavía no había muerto y el más joven negaba ser una mascota. Los tres hombres le explicaron que vivían a unas hectareas de distancia pero que muchos habitantes habían reportado gritos extraños y visto fuego por lo cual ellos como guardabosques decidieron dar un vistazo, disculpando el viejo por la actitud pervertida de los dos primeros que tenían bien merecidas las patadas. Tras esto, le ofrecieron a la Mink visitar el pueblo, dado a que les parecía un horror que una mujer tan bonita vagase sola por ahí (aunque el viejo era el único que no desvariaba y le invitaba porque había visto que no era alguien ordinario). La mujer se encogió de hombros, ya tenía la intención de explorar las luces y ahora que estaba invitada. ¿Quién era ella para negarse? Pero esto, ya sería parte de otra aventura.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Día 38 de Invierno, Año 15.<br />
<br />
La mink había llegado a esa isla hacía un tiempo, la frondosa vegetación y el extenso bosque le recibieron como si fuese una extensión de su hogar. Acostumbrada a cazar, su entrenamiento consistía en el mero hecho de intentar sobrevivir. Sus pasos rezonaban entre los sonidos de la vegetación, mientras cargaba a su última presa, un jabalí que le daría suficiente carne para otra semana. El recuerdo de su pelea todavía era reciente, pero no había mucho que reseñar más que las gotas rojas en sus punteras donde se había acumulado el llanto del cuerpo de aquel animal. Su improvisado campamento entre la armonía natural le recibió, colocó al jabalí sobre las gruesas hojas y comenzó la tarea de seccionar la carne. Su tribu siempre había vivido de esa manera, salvaje y reducidos a la discriminación por unas costumbres diferentes, lejos de ser los canibales que pintaban siempre habían sido amigables pero al moverse tanto el exceso de ropa llegaba a molestarles. ¿Qué había de malo en tomar lo que la naturaleza les ofrecía?<br />
<br />
Se encogió de hombros, mirando su reflejo en el agua, sus tatuajes brillaban por el sudor y unas motas rojizas pintaban el círculo dorado en su frente. Sus garras embadurnadas en sangre, pero la satisfacción del alimento cuidadosamente seccionado era algo que nada podía quitarle. Sus largas orejas se alzaron, su agudo olfato detectó al carroñero justo antes de que este se lanzara a por uno de los trozos. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¡Patada Normal! —</span></span> gritó extendiendo su pierna tras una breve carrera, la punta del zapato hundiendo el hocico del lobo hasta girar y enviarlo a volar unos cuantos pasos hacia atrás. Su chaqueta ondeaba en el aire antes de ser lanzada contra el suelo, crujió los nudillos observando a dos lobos más salir de la espesura gruñiendo.<br />
<br />
Chasqueó la lengua, flexionando una rodilla mientras su pie les daba la bienvenida, el último nombre no le había convencido. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¡Patada Genialosa! — </span></span>un barrido lateral que se incrustó en el costado del animal y lo envió contra su compañero, pero otra vez, el nombre ese maldito nombre, que no terminaba de convencerle en lo mas mínimo. Los tres lobos se encontraban en el suelo, vivos pero a lo mejor con algún hueso menos, a Berry no le agradaba matar pero la naturaleza era cruel con los blandos y su comida no entraba en debate. Usar esa clase de patadas no era justo, pero nunca subestimaba a nadie, en la vida se jugaba todo y su fuerza nunca mermaba incluso con oponentes tan insignificantes como tres lobos hambrientos.<br />
<br />
Su olfato volvió a agudizarse, un nuevo animal, uno mas grande entró en escena, un gran oso de pelaje azabache rugió al ver la comida. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— No hay miel para tí, pero si quieres puedo darte un buen surtido de patadas... — </span></span>sonrió lanzando el primer golpe contra la cabeza del peligroso depredador. Su carrera fue corta antes de flexionar sus piernas y saltar, desorientando al animal mientras bajaba girando como una rueda y su pie izquierdo se incrustaba entre los ojos de su contrincante. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¡M</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">issionnaire! —</span></span> un nuevo nombre, mucho mejor que los anteriores, colocó sus manos sobre el cuello del oso mientras giraba su cuerpo moviendo su cola de lado a lado. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">Brouette[/size] [size=1]—</span></span> una nueva patada no se hizo esperar, golpeando fuertemente el hocico de su oponente para mandarlo al suelo, que tuviera poca ropa encima no significaba que un oso de peluche pudiera dominarla. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¡L</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">evrette! — </span></span>ambas piernas cayeron aplastando el pecho del animal pero eso no había terminado, las patadas siguieron llegando una tras otra, una sucesión constante de nombres seguidos por el ruido sordo de sus golpes sobre la carne del duro oponente. Finalmente la mink dio unos cuantos saltos para girar en el aire, avanzando hasta estampar al oso contra unas rocas cercanas. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">— Y ese fue el Destornillador... —</span></span> sacudió sus garras como si fuese un trabajo bien hecho, ahora tenía que destripar también al oso, sonrió jadeando mientras tomaba la chaqueta del suelo y la usaba para tirar del cuerpo inerte. Le esperaba un día largo, pero al menos, durante unas cuantas semanas no debería buscar más comida.<br />
<br />
Horas mas tarde, cuando ya se había encargado de ambas presas y creado una improvisada frasada de piel de oso, se metió al lago para refrescarse. La lluvia de la cascada y la luz de las estrellas acariciaban su desnudez, mientras la sangre y el sudor se licuaban de su cuerpo. Sacudió su larga melena, mientras el crepitante fuego de su campamento le indicaba el camino de regreso, esa isla era como su propio paraíso aunque extrañaba regresar a una tribu que al menos tuviera personas. Sus garras se clavaron en el filete que tenía como cena, mientras un mordisco despedazaba la jugosa carne de quien hace poco había sido un oponente. En la oscuridad del bosque, la luz de su fogata parecía ser única, pero en un destello le pareció vislumbrar otras luces en el horizonte. Lejanas, más no imaginarias, parecían provenir de una zona mucho más alejada a los límites que había acostumbrado utilizar para cazar y entrenar. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— No creo que pueda ser malo, llevo mucho tiempo sin ver a otros, me he fortalecido desde que salí de Zou y extraño el aroma de otra hembra... —</span></span> masculló para sus adentros cubierta solo por su frazada improvisada mientras su ropa y sus punteras colgaban sobre la luz de su campamento. Ir en aquella dirección parecía ser el siguiente paso, su cuerpo poco a poco se había adaptado a la rudeza del mar y ahora con renovada confianza sentía que podía afrontar cualquier reto. Pero ya sería al otro día, de momento, giró su cabeza buscando aclarar sus pensamientos en sus sueños.<br />
<br />
Y entonces soñó con las bellas tierras de su Zou natal, como una zorra pequeña que caminaba por un jardín enorme lleno de árboles frutales de todo tipo. El aire estaba fresco y el sol iluminaba las aguas que caían desde el cielo. La pequeña mink se acercó a un manzano, cuyas manzanas brillaban como rubíes cristalizadas, casi irreales. Al tocarlas, caían solas al suelo y al romperse, liberaban un jugo dorado, como miel fresca pero con sabor a chocolate. Avanzó tras beber aquel elixir y vio un campo de fresas,  cuando las tocaba, se deshacían en sus garritas, dejando un aroma dulce y pesado pero sin poder comerlas.<br />
<br />
De repente, un árbol de plátanos apareció frente a ella, pero en lugar de plátanos, tenía racimos de uvas doradas. Al probarlas, su sabor era una mezcla de arroz con carne de jabalí. Mientras caminaba por este paisaje surrealista cada vez más alejado de Zou, se  encontró con un río de jugo de naranja que fluía a través del jardín, reflejando un cielo rosado. Al intentar beber de él, la mink fue arrastrada por un tobogán descendente hasta caer de cabeza dentro de una montaña de panecillos.<br />
<br />
Casi al final del sueño, se  encontró con una enorme sandía que hablaba, diciéndole que la fruta más deliciosa es la que se comparte. La zorra no pareció entender la frase, pero en ese instante todo se volvió oscuro y el sueño dejó de existir.<br />
<br />
El aroma desconocido logró despertarle, una sombra se avalanzaba sobre su cuerpo pero sus reflejos fueron más rápidos y una poderosa patada al cuello fue lo que el primer cazador recibió como saludo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— Sixtynine — </span></span>un susurro se alzó en la quietud de la noche. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">— ¡Maldición Rick te dije que eran falsas! — </span></span>gritó el otro mientras alzaba su sujetador, Berry respondió, como no podía ser de otra forma con una fuerte patada al mentón recogiendo su ropa interior y colocandola de inmediato más por sorpresa que por pudor. No le molestaba estar desnuda enfrente de un par de idiotas, pero al menos le hubieran pagado, un tercer hombre salió de la espesura con un rifle pero lejos de apuntar a Berry se llevó la mano a la cara. <span style="color: #e8c500;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Los dejo solos dos segundos y ya están molestando a una zorra, o lo que sea que sea esa cosa. En mis tiempos los animales no hablaban, ni tenían pechos...—</span></span> bramó el hombre mientras los otros dos sujetos se levantaban a duras penas. Se habían salvado de que la zorra no tuviera sus punteras puestas aunque la mink lejos de estar molesta se sentía curiosa al ver a 3 sin pelos y uno en especial calvo llegar a ese lugar. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">— ¿Quienes se supone que son? —</span></span> suspiró rascando su cabeza, sentada sobre sus piernas traseras y lamiendo uno de sus brazos como si se tratase de un loco experimento que salió mal aunque su belleza exótica cautivaba tanto a conocidos como extraños. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">— Soy Rick y este es mi terreno, trabajo aquí con mi padre y mi mascota Chum. — </span></span>el calvo explicó mientras el viejo se quejaba que de momento la propiedad era suya porque todavía no había muerto y el más joven negaba ser una mascota. Los tres hombres le explicaron que vivían a unas hectareas de distancia pero que muchos habitantes habían reportado gritos extraños y visto fuego por lo cual ellos como guardabosques decidieron dar un vistazo, disculpando el viejo por la actitud pervertida de los dos primeros que tenían bien merecidas las patadas. Tras esto, le ofrecieron a la Mink visitar el pueblo, dado a que les parecía un horror que una mujer tan bonita vagase sola por ahí (aunque el viejo era el único que no desvariaba y le invitaba porque había visto que no era alguien ordinario). La mujer se encogió de hombros, ya tenía la intención de explorar las luces y ahora que estaba invitada. ¿Quién era ella para negarse? Pero esto, ya sería parte de otra aventura.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[T1 Autonarrada] [+18] Día de la Partida]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=993</link>
			<pubDate>Tue, 02 Apr 2024 08:02:17 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=160">Eaa</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=993</guid>
			<description><![CDATA[<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span>Leyenda</span>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Guía de Color:</span><ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eaa:</span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Habla (rojo)</span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Piensa (morado, cursiva)</span></span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">NPCs:</span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Primer hombre (azul)</span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Segundo Hombre (verde)</span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Hijo del tendero (naranja)</span></span><br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />
<br />
Verano, Año 12<br />
Pueblo Cobo, Korossassu<br />
Día 6, 11:00 AM<br />
<br />
Otra mañana más despertándome con lágrimas en los ojos. Pasaba todos los días. Bueno, todos desde que nos separamos de los dos revolucionarios en Ohara. No es que antes de eso no tuviera ganas de llorar, pero de alguna forma mi cuerpo había conseguido reprimir las lágrimas para evitar mostrarme vulnerable delante de estos. Es duro animar a alguien cuando tú misma estás en un pésimo estado. Otra vez, mi rutina matutina había vuelto a cambiar. No tenía ganas de absolutamente nada. Separarnos de Peteiro fue más que perder a un amigo. Él, junto a Maeve y Mandarina, eran mi única familia (obviando a mamá). Supuso perder a un miembro de la familia, una parte de mí, la mitad de las personas que me importaban. Vivía con un enorme terror a perder a alguien más. Confiaba con todas mis fuerzas en la promesa de la capitana. Ese suceso reforzó mi intención de dar el 100% para evitar que nada malo pudiera pasarle a lo que quedaba de nuestra familia.<br />
<br />
Una parte de mí quería hacer todo lo posible, esforzarme más, ser más fuerte, darlo todo para proteger a mi familia,... pero la otra parte quería quedarse en casa y limitarse a comer helado de chocolate.<br />
<br />
Me encontraba caminando entre la gente de pueblo Cobo, mirando de reojo los diferentes puestos del mercado. ¿Eso significaba que mi lado fuerte había ganado? Para nada, pero ya no quedaba helado de chocolate en el barco. No quedaba helado de chocolate, al igual que muchas otras cosas. Dos bocas más que alimentar durante tanto tiempo habían drenado bastante nuestras reservas de comida. No nos íbamos a morir de hambre, pero teníamos que tener todos los suministros posibles ahora que por fin íbamos a ir al Grand Line. Hablando del viaje al Grand Line, habíamos decidido zarpar después de comer, así que tenía que darme prisa para tener todo listo. No me costó demasiado encontrar la comida que buscaba, así como ingredientes para preparar helado de chocolate. Me disponía a volver a casa a preparar la comida cuando una conversación llamó mi atención.<br />
<br />
- <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">¿Has escuchado lo que pasó ayer en el bosque?</span> - preguntó un hombre de mediana edad a otro. - <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Sí, qué horror. Alguien prendió un fuego en el bosque. No me caían muy bien, pero matarlos a todos de esa forma...</span> - respondió el otro, notablemente preocupado. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Solo escaparon los dos pequeños.</span> - habló nuevamente el primero. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Dicen que vieron un fantasma. Los fantasmas no existen.</span> - explicó - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Seguro que ha sido ella.</span> - señaló en dirección del tablón de anuncios, donde colgaban nuestros carteles. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Dicen que por donde pasa solo deja una estela de muerte y destrucción.</span> - continuó con miedo. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Espero que no haya venido aquí esa zorra alb...</span> - no terminó la frase, pues mi mano rodeó su cuello y apreté. Apreté con todas mis fuerzas, hasta que hizo crack. -<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color"> ¡Ni se te ocurra hablar así de la capitana!</span> - le grité al cadáver. El otro hombre trató de huir, pero rápidamente le di una patada para evitarlo. Mi intención era darle en el tobillo y derribarlo, pero por el ruido y los gritos de dolor de este, seguramente le hubiera partido una pierna. El tendero que se encontraba enfrente nuestro gritó algo que no llegué a escuchar, pero vi cómo buscaba algo debajo del puesto, por lo que no perdí un instante. Me abalancé sobre él, dándole un mordisco en el hombro. Mordisco que, debido a la diferencia de tamaños, le arrancó un trozo de cuello. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Puaj, ¿cómo le puede gustar a alguien esto?</span> - escupí la sangre y el trozo de carne al hombre, el cual yacía inerte en el suelo. Me giré, dispuesta a aplacar mi ira con aquel desdichado que se arrastraba como podía. Me acerqué despacio, con paso firme. Podía ver el terror de su mirada, escuchar sus súplicas y oraciones. Le agarré del cuello y le levanté. Mi mirada asesina se clavaba en su aterrorizado rostro. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Si dices lo que quiero igual vives.</span> - hablé. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Di que Maeve Knox será la mujer que domine estos mares.</span> - era claramente una orden. El hombre murmuró algo. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡No te escucho! </span>- apreté su cuello. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Vaya, parece que alguien tiene miedo</span> - hablé en tono de burla, haciendo referencia a cómo este se había orinado en los pantalones. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Vamos, no tengo todo el día!</span> - grité. - <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Maeve... Knox se... Knox será...</span> - comenzó a hablar. -<span style="color: #17b529;" class="mycode_color"> Será la mujer que... domine los mares.</span> -  Finalmente el hombre lo dijo, tras lo cual lo tiré al suelo, enfadada. Escuché un disparo. No estuvo ni cerca de rozarme. Cuando me giré pude ver a un joven tembloroso, quien sujetaba una escopeta, la misma que seguramente hubiera estado buscando el tendero unos instantes antes. Le temblaban las manos y tenía los ojos cerrados. - <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Tú... monstruo...</span> - hablaba con enorme dificultad y miedo, mientras me acercaba a él. - <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Te... te voy a...</span> - lloraba, apuntando el arma en mi dirección. Le quité el arma cuando estuve a su lado. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Me vas a qué, trozo de mierda!</span> - le di una patada, esta vez acertando en el tobillo, y mientras caía le dí un pisotón en la cabeza, la cual quedó espachurrada. Me giré, escopeta en mano, y caminé en la dirección en la que me encontraba anteriormente. Apoyé el arma en la frente del anterior hombre, quién trataba de recobrar la respiración. Se quedó completamente helado. Click. Sus sesos se esparcieron por el suelo, así como la sangre. Tiré la escopeta y recogí las bolsas con mis compras, antes de dirigirme hacia la Rémora.<br />
<br />
Me encontraba bien. No solo bien, me encontraba mejor que nunca. Aquella "pelea" me había permitido dejar salir algunas de esas emociones reprimidas que me inundaban. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Verano, Año 12<br />
Rémora Fatua, En una playa alejada, Korossassu<br />
Día 6, 12:20 PM<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Ya estoy de vuelta!</span> - grité. No obtuve ninguna respuesta. Tampoco vi a Maeve por ninguna parte. Sabía que estaría bien. Bien físicamente, porque las dos nos encontrábamos posiblemente todo lo opuesto posible a bien respecto a nuestro estado anímico. Supuse que se encontraría en la cofa. Últimamente pasaba bastante tiempo allí, mientras yo pasaba el tiempo dentro. Era evidente que ella lo estaba pasando mucho peor que yo, aunque tratara de no mostrarlo al mundo. No solo era lo de Peteiro, si no que tras tanto tiempo se había reencontrado con Zorak, y ahora habían vuelto a separarse. Por suerte, conseguía convencer a Maeve lo suficiente para que comiera algo. Trataba de animarla todo lo que podía, pero ese no era para nada mi punto fuerte. - <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cuando le vea le voy a atizar, por hacer llorar a la capitana</span></span> - pensé. Lo tenía claro, iba a recordar por bastante tiempo la patada que le iba a dar cuando volviéramos a encontrarnos con ellos. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Voy a lavarme, que alguien ha hablado mal de la capitana, y luego me pongo con la comida.</span> - hablaba en alto, esperando que esta se encontrara allí arriba y me escuchara. Entré a la bodega, donde me recibió mi pequeñín. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Buenos días mi vida</span> - le saludé, cogiéndole en brazos. No le acerqué mucho para que no se manchara. Me lavé un poco antes de comenzar a preparar algunas cosas de la comida, sobre todo la lasagna de espinacas, puesto que esta iba a tardar más en estar lista. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Espero que me de tiempo</span> - miraba constantemente al reloj, apurada. Una vez esta estuvo en el horno, fui a ducharme rápidamente. No había tiempo que perder, pues la hora de la comida llegaría enseguida. Me lavé y me vestí con lo primero que pillé, ya que no quería manchar la ropa que había preparado para la ocasión. Volví a la cocina, donde comencé a preparar la pechuga empanada que tanto me gustaba, así como varios postres de chocolate para las dos.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Verano, Año 12<br />
Rémora Fatua, En una playa alejada, Korossassu<br />
Día 6, 13:40 PM<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Veinte minutos</span> - miré, nerviosa, al reloj. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Me he entretenido mucho en el pueblo.</span> - miraba a los lados, mientras comprobaba que la lasagna estuviera bien. Tapé la pechuga para que mantuviera el calor y metí los postres al horno. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Vale, a prepararse.</span> - crucé las cortinas y me desnudé rápidamente. No había un segundo que perder por lo que aproveché para peinarme mientras me agachaba a buscar la ropa. Cogí el colgante de Panda, así como el maquillaje y la cinta de encaje que utilizaba para las trenzas. Separé los mechones y me levanté bruscamente. Me puse las bragas, antes de sentarme en la cama. Separé los tres mechones, tal cómo había aprendido y practicado. Hice la trenza con cuidado, y la até con la cinta. Esa cinta significaba mucho para mí, pues la propia Maeve la había arrancado de su vestido de fiesta con la única intención de atar mi pelo. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Trenza hecha</span> - Quince minutos. Me puse los pantalones, así como la parte superior. Esta se trataba de un top de manga larga, negro y ajustado. Este dejaba al descubierto mi abdomen, en el cual además de mis definidos abdominales se podían percibir los estragos del exceso de helado de chocolate y la falta de ejercicio. Debido a lo ajustado que este me quedaba, preferí no utilizar sujetador, pues todos los que tenía me apretaban con este puesto. El colgante de panda adornaba el centro de mi pecho, el cual quedaba a la vista debido al escote. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Ropa lista</span> - miré nuevamente al reloj. Esta vez tenía menos de diez minutos para estar lista. -<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"> Vale, Eaa. Ahora despacito y con cuidado.</span></span> - me dije a mí misma, mientras me sentaba frente al espejo y me acercaba, para comenzar a maquillarme. - <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tú puedes, tal como has practicado</span></span> - me repetí y comencé a sombrear mis ojos con el pigmento carmesí. Iba despacio, tratando sobre todo de no cometer ningún error. Tardé posiblemente más de lo que había tardado las anteriores veces pero esta vez tenía que quedar realmente perfecto. - <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ahora los labios.</span></span> - cogí aire y suspiré, antes de comenzar a pintarme. Los delineé con gran precisión. No tanta como Maeve, pero no andaba tan lejos. Me miré entonces al espejo, sonriendo. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Estoy tremenda</span> - me acerqué para darle un beso a este, dejando una marca. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Dos minutos, uff</span> - suspiré, aliviada y tras recoger todo me dirigí nuevamente a la cocina. La mesa estaba preparada, así como la comida, y tan solo quedaban dos cosas. Comensales y bebida. Rellené dos jarras de cerveza. Al final mi amiga iba a tener razón y yo también iba a resultar siendo una salvaje.<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Ya está la comida! ¡Y después de comer, zarpamos rumbo a nuevas aventuras!</span> - grité, tan pronto abrí la puerta de la bodega, con ambas jarras en las manos y el felino animal sentado sobre mi hombro izquierdo. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡La mejor lasagna de espinacas, tarta de chocolate y cerveza de todo el West Blue!</span> - enumeré. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Si no te das prisa, Pandita, te vas a perder el brindis y Mandarina se va a comer tu lasagna</span> - bromeé. Era cuestión de tiempo que el olor de aquel manjar llegara a la cofa y atrajera a la otra mujer.<br />
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
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					<br />
Eaa va a comprar varias cosas para su próxima salida al Grand Line. Allí provoca un altercado, pues en su estado actual es bastante inestable, y tras acabar con cuatro personas en mitad del mercado, vuelve al barco. Comienza a cocinar antes de prepararse, apurada porque tiene miedo de no poder tenerlo listo para la hora acordada. Se viste y se maquilla, antes de salir de la bodega dispuesta a comer con su capitana y amiga para después partir juntas al Grand Line.<br />

				</div>
			</div><br />
<br />
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					<br />
El maquillaje de Eaa es idéntico al que utiliza Maeve, pero con un tono rojo en vez de negro. El outfit de Eaa es el siguiente, sumándole el colgante de Panda de <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=957&amp;pid=7609#pid7609" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este post</a> y con una única trenza.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/dX0hCWp.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: dX0hCWp.jpeg]" class="mycode_img" /></div>

				</div>
			</div><br />
<br />
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						<span>Karmas Relevantes</span>
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					<ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mascota</span>: Mandarina<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">TIC</span>: Cuando se peina mientras busca en el arcón<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='custom-spoiler'>
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					<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Guía de Color:</span><ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eaa:</span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Habla (rojo)</span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Piensa (morado, cursiva)</span></span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">NPCs:</span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Primer hombre (azul)</span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Segundo Hombre (verde)</span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Hijo del tendero (naranja)</span></span><br />
</li>
</ul>

				</div>
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Verano, Año 12<br />
Pueblo Cobo, Korossassu<br />
Día 6, 11:00 AM<br />
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Otra mañana más despertándome con lágrimas en los ojos. Pasaba todos los días. Bueno, todos desde que nos separamos de los dos revolucionarios en Ohara. No es que antes de eso no tuviera ganas de llorar, pero de alguna forma mi cuerpo había conseguido reprimir las lágrimas para evitar mostrarme vulnerable delante de estos. Es duro animar a alguien cuando tú misma estás en un pésimo estado. Otra vez, mi rutina matutina había vuelto a cambiar. No tenía ganas de absolutamente nada. Separarnos de Peteiro fue más que perder a un amigo. Él, junto a Maeve y Mandarina, eran mi única familia (obviando a mamá). Supuso perder a un miembro de la familia, una parte de mí, la mitad de las personas que me importaban. Vivía con un enorme terror a perder a alguien más. Confiaba con todas mis fuerzas en la promesa de la capitana. Ese suceso reforzó mi intención de dar el 100% para evitar que nada malo pudiera pasarle a lo que quedaba de nuestra familia.<br />
<br />
Una parte de mí quería hacer todo lo posible, esforzarme más, ser más fuerte, darlo todo para proteger a mi familia,... pero la otra parte quería quedarse en casa y limitarse a comer helado de chocolate.<br />
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Me encontraba caminando entre la gente de pueblo Cobo, mirando de reojo los diferentes puestos del mercado. ¿Eso significaba que mi lado fuerte había ganado? Para nada, pero ya no quedaba helado de chocolate en el barco. No quedaba helado de chocolate, al igual que muchas otras cosas. Dos bocas más que alimentar durante tanto tiempo habían drenado bastante nuestras reservas de comida. No nos íbamos a morir de hambre, pero teníamos que tener todos los suministros posibles ahora que por fin íbamos a ir al Grand Line. Hablando del viaje al Grand Line, habíamos decidido zarpar después de comer, así que tenía que darme prisa para tener todo listo. No me costó demasiado encontrar la comida que buscaba, así como ingredientes para preparar helado de chocolate. Me disponía a volver a casa a preparar la comida cuando una conversación llamó mi atención.<br />
<br />
- <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">¿Has escuchado lo que pasó ayer en el bosque?</span> - preguntó un hombre de mediana edad a otro. - <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Sí, qué horror. Alguien prendió un fuego en el bosque. No me caían muy bien, pero matarlos a todos de esa forma...</span> - respondió el otro, notablemente preocupado. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Solo escaparon los dos pequeños.</span> - habló nuevamente el primero. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Dicen que vieron un fantasma. Los fantasmas no existen.</span> - explicó - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Seguro que ha sido ella.</span> - señaló en dirección del tablón de anuncios, donde colgaban nuestros carteles. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Dicen que por donde pasa solo deja una estela de muerte y destrucción.</span> - continuó con miedo. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Espero que no haya venido aquí esa zorra alb...</span> - no terminó la frase, pues mi mano rodeó su cuello y apreté. Apreté con todas mis fuerzas, hasta que hizo crack. -<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color"> ¡Ni se te ocurra hablar así de la capitana!</span> - le grité al cadáver. El otro hombre trató de huir, pero rápidamente le di una patada para evitarlo. Mi intención era darle en el tobillo y derribarlo, pero por el ruido y los gritos de dolor de este, seguramente le hubiera partido una pierna. El tendero que se encontraba enfrente nuestro gritó algo que no llegué a escuchar, pero vi cómo buscaba algo debajo del puesto, por lo que no perdí un instante. Me abalancé sobre él, dándole un mordisco en el hombro. Mordisco que, debido a la diferencia de tamaños, le arrancó un trozo de cuello. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Puaj, ¿cómo le puede gustar a alguien esto?</span> - escupí la sangre y el trozo de carne al hombre, el cual yacía inerte en el suelo. Me giré, dispuesta a aplacar mi ira con aquel desdichado que se arrastraba como podía. Me acerqué despacio, con paso firme. Podía ver el terror de su mirada, escuchar sus súplicas y oraciones. Le agarré del cuello y le levanté. Mi mirada asesina se clavaba en su aterrorizado rostro. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Si dices lo que quiero igual vives.</span> - hablé. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Di que Maeve Knox será la mujer que domine estos mares.</span> - era claramente una orden. El hombre murmuró algo. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡No te escucho! </span>- apreté su cuello. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Vaya, parece que alguien tiene miedo</span> - hablé en tono de burla, haciendo referencia a cómo este se había orinado en los pantalones. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Vamos, no tengo todo el día!</span> - grité. - <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Maeve... Knox se... Knox será...</span> - comenzó a hablar. -<span style="color: #17b529;" class="mycode_color"> Será la mujer que... domine los mares.</span> -  Finalmente el hombre lo dijo, tras lo cual lo tiré al suelo, enfadada. Escuché un disparo. No estuvo ni cerca de rozarme. Cuando me giré pude ver a un joven tembloroso, quien sujetaba una escopeta, la misma que seguramente hubiera estado buscando el tendero unos instantes antes. Le temblaban las manos y tenía los ojos cerrados. - <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Tú... monstruo...</span> - hablaba con enorme dificultad y miedo, mientras me acercaba a él. - <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Te... te voy a...</span> - lloraba, apuntando el arma en mi dirección. Le quité el arma cuando estuve a su lado. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Me vas a qué, trozo de mierda!</span> - le di una patada, esta vez acertando en el tobillo, y mientras caía le dí un pisotón en la cabeza, la cual quedó espachurrada. Me giré, escopeta en mano, y caminé en la dirección en la que me encontraba anteriormente. Apoyé el arma en la frente del anterior hombre, quién trataba de recobrar la respiración. Se quedó completamente helado. Click. Sus sesos se esparcieron por el suelo, así como la sangre. Tiré la escopeta y recogí las bolsas con mis compras, antes de dirigirme hacia la Rémora.<br />
<br />
Me encontraba bien. No solo bien, me encontraba mejor que nunca. Aquella "pelea" me había permitido dejar salir algunas de esas emociones reprimidas que me inundaban. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Verano, Año 12<br />
Rémora Fatua, En una playa alejada, Korossassu<br />
Día 6, 12:20 PM<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Ya estoy de vuelta!</span> - grité. No obtuve ninguna respuesta. Tampoco vi a Maeve por ninguna parte. Sabía que estaría bien. Bien físicamente, porque las dos nos encontrábamos posiblemente todo lo opuesto posible a bien respecto a nuestro estado anímico. Supuse que se encontraría en la cofa. Últimamente pasaba bastante tiempo allí, mientras yo pasaba el tiempo dentro. Era evidente que ella lo estaba pasando mucho peor que yo, aunque tratara de no mostrarlo al mundo. No solo era lo de Peteiro, si no que tras tanto tiempo se había reencontrado con Zorak, y ahora habían vuelto a separarse. Por suerte, conseguía convencer a Maeve lo suficiente para que comiera algo. Trataba de animarla todo lo que podía, pero ese no era para nada mi punto fuerte. - <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cuando le vea le voy a atizar, por hacer llorar a la capitana</span></span> - pensé. Lo tenía claro, iba a recordar por bastante tiempo la patada que le iba a dar cuando volviéramos a encontrarnos con ellos. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Voy a lavarme, que alguien ha hablado mal de la capitana, y luego me pongo con la comida.</span> - hablaba en alto, esperando que esta se encontrara allí arriba y me escuchara. Entré a la bodega, donde me recibió mi pequeñín. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Buenos días mi vida</span> - le saludé, cogiéndole en brazos. No le acerqué mucho para que no se manchara. Me lavé un poco antes de comenzar a preparar algunas cosas de la comida, sobre todo la lasagna de espinacas, puesto que esta iba a tardar más en estar lista. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Espero que me de tiempo</span> - miraba constantemente al reloj, apurada. Una vez esta estuvo en el horno, fui a ducharme rápidamente. No había tiempo que perder, pues la hora de la comida llegaría enseguida. Me lavé y me vestí con lo primero que pillé, ya que no quería manchar la ropa que había preparado para la ocasión. Volví a la cocina, donde comencé a preparar la pechuga empanada que tanto me gustaba, así como varios postres de chocolate para las dos.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Verano, Año 12<br />
Rémora Fatua, En una playa alejada, Korossassu<br />
Día 6, 13:40 PM<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Veinte minutos</span> - miré, nerviosa, al reloj. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Me he entretenido mucho en el pueblo.</span> - miraba a los lados, mientras comprobaba que la lasagna estuviera bien. Tapé la pechuga para que mantuviera el calor y metí los postres al horno. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Vale, a prepararse.</span> - crucé las cortinas y me desnudé rápidamente. No había un segundo que perder por lo que aproveché para peinarme mientras me agachaba a buscar la ropa. Cogí el colgante de Panda, así como el maquillaje y la cinta de encaje que utilizaba para las trenzas. Separé los mechones y me levanté bruscamente. Me puse las bragas, antes de sentarme en la cama. Separé los tres mechones, tal cómo había aprendido y practicado. Hice la trenza con cuidado, y la até con la cinta. Esa cinta significaba mucho para mí, pues la propia Maeve la había arrancado de su vestido de fiesta con la única intención de atar mi pelo. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Trenza hecha</span> - Quince minutos. Me puse los pantalones, así como la parte superior. Esta se trataba de un top de manga larga, negro y ajustado. Este dejaba al descubierto mi abdomen, en el cual además de mis definidos abdominales se podían percibir los estragos del exceso de helado de chocolate y la falta de ejercicio. Debido a lo ajustado que este me quedaba, preferí no utilizar sujetador, pues todos los que tenía me apretaban con este puesto. El colgante de panda adornaba el centro de mi pecho, el cual quedaba a la vista debido al escote. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Ropa lista</span> - miré nuevamente al reloj. Esta vez tenía menos de diez minutos para estar lista. -<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"> Vale, Eaa. Ahora despacito y con cuidado.</span></span> - me dije a mí misma, mientras me sentaba frente al espejo y me acercaba, para comenzar a maquillarme. - <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tú puedes, tal como has practicado</span></span> - me repetí y comencé a sombrear mis ojos con el pigmento carmesí. Iba despacio, tratando sobre todo de no cometer ningún error. Tardé posiblemente más de lo que había tardado las anteriores veces pero esta vez tenía que quedar realmente perfecto. - <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ahora los labios.</span></span> - cogí aire y suspiré, antes de comenzar a pintarme. Los delineé con gran precisión. No tanta como Maeve, pero no andaba tan lejos. Me miré entonces al espejo, sonriendo. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Estoy tremenda</span> - me acerqué para darle un beso a este, dejando una marca. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Dos minutos, uff</span> - suspiré, aliviada y tras recoger todo me dirigí nuevamente a la cocina. La mesa estaba preparada, así como la comida, y tan solo quedaban dos cosas. Comensales y bebida. Rellené dos jarras de cerveza. Al final mi amiga iba a tener razón y yo también iba a resultar siendo una salvaje.<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Ya está la comida! ¡Y después de comer, zarpamos rumbo a nuevas aventuras!</span> - grité, tan pronto abrí la puerta de la bodega, con ambas jarras en las manos y el felino animal sentado sobre mi hombro izquierdo. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡La mejor lasagna de espinacas, tarta de chocolate y cerveza de todo el West Blue!</span> - enumeré. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Si no te das prisa, Pandita, te vas a perder el brindis y Mandarina se va a comer tu lasagna</span> - bromeé. Era cuestión de tiempo que el olor de aquel manjar llegara a la cofa y atrajera a la otra mujer.<br />
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
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					<br />
Eaa va a comprar varias cosas para su próxima salida al Grand Line. Allí provoca un altercado, pues en su estado actual es bastante inestable, y tras acabar con cuatro personas en mitad del mercado, vuelve al barco. Comienza a cocinar antes de prepararse, apurada porque tiene miedo de no poder tenerlo listo para la hora acordada. Se viste y se maquilla, antes de salir de la bodega dispuesta a comer con su capitana y amiga para después partir juntas al Grand Line.<br />

				</div>
			</div><br />
<br />
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					<br />
El maquillaje de Eaa es idéntico al que utiliza Maeve, pero con un tono rojo en vez de negro. El outfit de Eaa es el siguiente, sumándole el colgante de Panda de <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=957&amp;pid=7609#pid7609" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este post</a> y con una única trenza.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/dX0hCWp.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: dX0hCWp.jpeg]" class="mycode_img" /></div>

				</div>
			</div><br />
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					<ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mascota</span>: Mandarina<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">TIC</span>: Cuando se peina mientras busca en el arcón<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Detalles de la isla]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=465</link>
			<pubDate>Wed, 01 Nov 2023 10:23:11 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=19">Pandaman</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=465</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tamaño</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Grande.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Clima</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Cuatro estaciones convencionales y meteorología regular.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Desarrollo</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Pueblos.</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">En la isla hay dos pueblos, uno de ellos abandonado que antiguamente era de gigantes y otro de humanos.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Recursos</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">:</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Cantera: Piedras y metal.</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Madera.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Comercio</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">:</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Exportan piedras, metal y madera.</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Rutas comerciales externas bidireccionales con Ilisia, Toroa y Kano.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Afiliación</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Local.</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">El pueblo tiene un alcalde elegido democráticamente cada 7 años.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Defensas</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">:</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Milicia ciudadana: Humanos con rudimentos caseros.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Descripción</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Gran parte de la isla es zona boscosa. Tanto el exterior como parte del interior cuenta con grandes bosques y montañas. En el noreste de la isla hay un pueblo en el que hace muchos años vivieron gigantes, aunque ahora solo quedan sus enormes casas. El pueblo está compuesto por casas de su tamaño. Cerca de ahí hay varias canteras en las que se trabaja para extraer piedra. En el suroeste de isla hay otro pueblo. Sus habitantes se dedican también en esta zona a la tala de madera. Las casas de ambos pueblos son sencillas, de madera y piedra, y con algunos puestos de mercado en el que se comercia con productos básicos. </span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugares de interés</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Pueblo Yasu (gigantes), Pueblo Cobo (humanos), Bosque.</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tamaño</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Grande.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Clima</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Cuatro estaciones convencionales y meteorología regular.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Desarrollo</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Pueblos.</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">En la isla hay dos pueblos, uno de ellos abandonado que antiguamente era de gigantes y otro de humanos.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Recursos</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">:</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Cantera: Piedras y metal.</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Madera.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Comercio</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">:</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Exportan piedras, metal y madera.</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Rutas comerciales externas bidireccionales con Ilisia, Toroa y Kano.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Afiliación</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Local.</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">El pueblo tiene un alcalde elegido democráticamente cada 7 años.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Defensas</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">:</span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">• Milicia ciudadana: Humanos con rudimentos caseros.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Descripción</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Gran parte de la isla es zona boscosa. Tanto el exterior como parte del interior cuenta con grandes bosques y montañas. En el noreste de la isla hay un pueblo en el que hace muchos años vivieron gigantes, aunque ahora solo quedan sus enormes casas. El pueblo está compuesto por casas de su tamaño. Cerca de ahí hay varias canteras en las que se trabaja para extraer piedra. En el suroeste de isla hay otro pueblo. Sus habitantes se dedican también en esta zona a la tala de madera. Las casas de ambos pueblos son sencillas, de madera y piedra, y con algunos puestos de mercado en el que se comercia con productos básicos. </span></span><br />
<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugares de interés</span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">: Pueblo Yasu (gigantes), Pueblo Cobo (humanos), Bosque.</span></span>]]></content:encoded>
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