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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Ciudad Akarui]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 16:38:08 +0000</pubDate>
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			<title><![CDATA[FIC | Pasado de Rill| Saga de Ilsia]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2136</link>
			<pubDate>Mon, 15 Sep 2025 00:31:50 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=546">Rill</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2136</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">La llegada de Rill al puerto de Akarui</span><br />
<br />
El mercante dio un bufido hondo al atracar en el muelle de Akarui, como si el mismísimo barco estuviera cansado de la travesía. La mar, quieta de repente, brillaba como cristal rugoso contra los pilotes de madera. Rill bajó por la pasarela, que crujió bajo sus botas gastadas. Había pasado días apretujado en la bodega junto a su barcaza librera, un trasto lleno de libros que olían a polvo y sal. Al pisar el muelle, el aire le pegó en la cara: Ilisia apestaba a carbón mojado, a tinta vieja, y a algo que le recordó las mañanas frías de su infancia. Los mozos de cuerda lo miraron de reojo, con esa mezcla de respeto y alivio que se le da a alguien que parece capaz de cargar un mundo entero en los hombros. Rill alzó la mano, un gesto simple, y pidió con voz ronca un rincón en el tinglado para descargar. Mientras apilaban los fardos, una historia llegó sin que él la buscara: redes confiscadas por un “cupo mal declarado”, recibos que se perdían en la casa de aduanas de Akarui. Anotó nombres en un cartón viejo con un trozo de tiza que le prestaron, soltó una risa corta, casi como un tosido, y dejó claro que venía en son de paz, con su cuaderno bajo el brazo.<br />
<br />
Cuando el sol empezó a caer, empujó la barcaza hasta un recodo de la ría de Akarui. La dejó allí, meciéndose bajo una lámpara que colgaba torcida de un poste. Se sentó en el muelle, el kanabō apoyado como un amigo viejo, recto junto a los pilotes. No pasó mucho hasta que un chico descalzo, con el pelo revuelto por el viento, se acercó con un sobre arrugado en la mano. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">«Es para alguien que no le tenga miedo a los sellos»</span>, dijo, señalando la casa de aduanas con un dedo mugriento. Rill le tendió un pedazo de pan con sal, de ese que siempre llevaba en el morral. El muchacho, que luego dijo llamarse Darío, masticó rápido mientras hablaba: su tía Sira estaba atrapada porque le habían retenido los papeles de la mar en la oficina de cupos. Sin esos timbres, no podrían zarpar al amanecer. Rill no se comprometió de más. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">«Mañana voy a preguntar»</span>, dijo, y añadió, como si se le ocurriera en el momento, <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">«ningún papel se queda sin dueño, pequeño»</span>.<br />
<br />
La primera bienvenida de verdad llegó en La Hembra del Cabo, una taberna con bancos que crujían y un suelo cubierto de escamas secas. Nerea, la dueña, servía una sopa de roca que olía a las cocinas de su madre, a leña y tiempo ido. Allí se topó con Mateo, un estibador que cargaba su pena como si fuera un fardo más, encorvado pero firme. Entre jarras de cerveza tibia y cucharadas de sopa, las charlas fueron tejiendo un mapa: una oficina nueva, la de “Recuento de Manos”, que cobraba tasas cuando nadie lo esperaba; inspectores que jugaban con los sellos como si fueran dados; un tal Brench, el administrador, que hablaba bajito y sonreía enseñando unos dientes pequeños, demasiado perfectos. Rill escuchaba, callado, dejando que las palabras se asentaran. Pidió ver los recibos y las notas de venta, no porque dudara, sino porque le gustaba tener las cosas claras. Nerea trajo un cajón con papeles húmedos, oliendo a moho y salitre. Él los extendió sobre la mesa, secándolos con cuidado, como si cada uno fuera una carta de alguien que ya no estaba. Las letras volvieron a su sitio, nítidas, como si quisieran contar su propia historia.<br />
<br />
Cuando la taberna cerró, salió a tomar aire junto a la ría. El puerto de Akarui parecía dormir con un ojo abierto; solo se oía el roce de las cuerdas y el gemido de la madera vieja. Rill apoyó el kanabō en el hombro, notando el peso, y pensó en la promesa que se había hecho hace años: no dejaría que la memoria se quemara otra vez. La sal se le pegaba a la barba, la tinta le manchaba las uñas, y el cansancio le tiraba de los párpados, pero aun así se le escapó una sonrisa torcida. Mañana tocaría madrugar, hablar claro, preguntar sin rodeos. Si en la isla había cosas torcidas, no las arreglaría a golpes, sino poniendo los hechos en fila, con paciencia. Miró la lámpara de la barcaza, que bailaba como una estrella que se hubiera caído al agua, y se acordó de un verso que su madre le canturreaba: <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">«Cada puerto guarda un rumor que no sabe nadar»</span>. Rill estaba listo para sacarlo a flote.<br />
<br />
Al copiar en limpio esa noche en la barcaza de Akarui, Rill dejó un apunte al margen. Anotó que el puerto olía a sardina frita de un puesto sin nombre y que su risa espantó a dos gaviotas que dormitaban en la lámpara. Dudó un segundo con el nombre del muchacho (escribió "Dario" y luego volvió para poner la tilde, "Darío") y marcó con una cruz pequeña la mesa donde Nerea había secado los papeles. La tiza se deshizo con la humedad y manchó el borde de la hoja; no la limpió a propósito. Escribió también: "Preguntar por timbres en almacenes chicos. No fiarse de copias sin fecha". Ese tipo de notas, medio desordenadas, le servían más que un discurso bonito.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">La llegada de Rill al puerto de Akarui</span><br />
<br />
El mercante dio un bufido hondo al atracar en el muelle de Akarui, como si el mismísimo barco estuviera cansado de la travesía. La mar, quieta de repente, brillaba como cristal rugoso contra los pilotes de madera. Rill bajó por la pasarela, que crujió bajo sus botas gastadas. Había pasado días apretujado en la bodega junto a su barcaza librera, un trasto lleno de libros que olían a polvo y sal. Al pisar el muelle, el aire le pegó en la cara: Ilisia apestaba a carbón mojado, a tinta vieja, y a algo que le recordó las mañanas frías de su infancia. Los mozos de cuerda lo miraron de reojo, con esa mezcla de respeto y alivio que se le da a alguien que parece capaz de cargar un mundo entero en los hombros. Rill alzó la mano, un gesto simple, y pidió con voz ronca un rincón en el tinglado para descargar. Mientras apilaban los fardos, una historia llegó sin que él la buscara: redes confiscadas por un “cupo mal declarado”, recibos que se perdían en la casa de aduanas de Akarui. Anotó nombres en un cartón viejo con un trozo de tiza que le prestaron, soltó una risa corta, casi como un tosido, y dejó claro que venía en son de paz, con su cuaderno bajo el brazo.<br />
<br />
Cuando el sol empezó a caer, empujó la barcaza hasta un recodo de la ría de Akarui. La dejó allí, meciéndose bajo una lámpara que colgaba torcida de un poste. Se sentó en el muelle, el kanabō apoyado como un amigo viejo, recto junto a los pilotes. No pasó mucho hasta que un chico descalzo, con el pelo revuelto por el viento, se acercó con un sobre arrugado en la mano. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">«Es para alguien que no le tenga miedo a los sellos»</span>, dijo, señalando la casa de aduanas con un dedo mugriento. Rill le tendió un pedazo de pan con sal, de ese que siempre llevaba en el morral. El muchacho, que luego dijo llamarse Darío, masticó rápido mientras hablaba: su tía Sira estaba atrapada porque le habían retenido los papeles de la mar en la oficina de cupos. Sin esos timbres, no podrían zarpar al amanecer. Rill no se comprometió de más. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">«Mañana voy a preguntar»</span>, dijo, y añadió, como si se le ocurriera en el momento, <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">«ningún papel se queda sin dueño, pequeño»</span>.<br />
<br />
La primera bienvenida de verdad llegó en La Hembra del Cabo, una taberna con bancos que crujían y un suelo cubierto de escamas secas. Nerea, la dueña, servía una sopa de roca que olía a las cocinas de su madre, a leña y tiempo ido. Allí se topó con Mateo, un estibador que cargaba su pena como si fuera un fardo más, encorvado pero firme. Entre jarras de cerveza tibia y cucharadas de sopa, las charlas fueron tejiendo un mapa: una oficina nueva, la de “Recuento de Manos”, que cobraba tasas cuando nadie lo esperaba; inspectores que jugaban con los sellos como si fueran dados; un tal Brench, el administrador, que hablaba bajito y sonreía enseñando unos dientes pequeños, demasiado perfectos. Rill escuchaba, callado, dejando que las palabras se asentaran. Pidió ver los recibos y las notas de venta, no porque dudara, sino porque le gustaba tener las cosas claras. Nerea trajo un cajón con papeles húmedos, oliendo a moho y salitre. Él los extendió sobre la mesa, secándolos con cuidado, como si cada uno fuera una carta de alguien que ya no estaba. Las letras volvieron a su sitio, nítidas, como si quisieran contar su propia historia.<br />
<br />
Cuando la taberna cerró, salió a tomar aire junto a la ría. El puerto de Akarui parecía dormir con un ojo abierto; solo se oía el roce de las cuerdas y el gemido de la madera vieja. Rill apoyó el kanabō en el hombro, notando el peso, y pensó en la promesa que se había hecho hace años: no dejaría que la memoria se quemara otra vez. La sal se le pegaba a la barba, la tinta le manchaba las uñas, y el cansancio le tiraba de los párpados, pero aun así se le escapó una sonrisa torcida. Mañana tocaría madrugar, hablar claro, preguntar sin rodeos. Si en la isla había cosas torcidas, no las arreglaría a golpes, sino poniendo los hechos en fila, con paciencia. Miró la lámpara de la barcaza, que bailaba como una estrella que se hubiera caído al agua, y se acordó de un verso que su madre le canturreaba: <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">«Cada puerto guarda un rumor que no sabe nadar»</span>. Rill estaba listo para sacarlo a flote.<br />
<br />
Al copiar en limpio esa noche en la barcaza de Akarui, Rill dejó un apunte al margen. Anotó que el puerto olía a sardina frita de un puesto sin nombre y que su risa espantó a dos gaviotas que dormitaban en la lámpara. Dudó un segundo con el nombre del muchacho (escribió "Dario" y luego volvió para poner la tilde, "Darío") y marcó con una cruz pequeña la mesa donde Nerea había secado los papeles. La tiza se deshizo con la humedad y manchó el borde de la hoja; no la limpió a propósito. Escribió también: "Preguntar por timbres en almacenes chicos. No fiarse de copias sin fecha". Ese tipo de notas, medio desordenadas, le servían más que un discurso bonito.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Visitando la ciudad [Pasado]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1792</link>
			<pubDate>Mon, 23 Jun 2025 16:24:35 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=459">Bertram Gaufrid</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1792</guid>
			<description><![CDATA[El joven arquero de la marina se encontraba en Akarui, una de las ciudades de Ilisia donde se dirigió tras los sucesos en el pueblo de Shinzen al norte, siendo que tuvo que liberar el pueblo de una misteriosa plaga que los tenía adormilados y sin capacidad, o más bien voluntad, de trabajar, siendo que todo lo que hacían era quedarse en casa ignorando el campo, sin regar las plantaciones, sin vigilar si era hora de cosechar y mucho menos sin llevar a cabo la cosecha, haciendo que hubiera un gran riesgo de que toda la plantación se echara a perder por no ser cosechada a tiempo. Afortunadamente los niños no se veían afectados por esa plaga y en la zona había un hombre que parecía saber la forma de salvar al pueblo y así lo hicieron entre el hombre, Bertram y otro marine que había en la zona.<br />
 <br />
Tras eso el joven arquero siguió con sus otras labores y en una de ellas entraba el patrullar y enviar mensajes a otros marines desde la base o acudir a los lugares donde los civiles mencionaban que había problemas o conflictos. En esta ocasión el joven se encontraba de patrulla, o más bien, en un tiempo libre después de enviar un mensaje pues debía esperar la respuesta para mandarla de regreso a la base y le dijeron que permaneciera en la ciudad por el tiempo que hiciera falta. El joven pelirrojo caminaba por las calles de la ciudad con su arco al hombre, el viento agitando su pelo siempre despeinado y su carcaj sujeto en diagonal en su espalda, con las flechas sobresaliendo por encima de su hombro derecho, facilitando el tomar las flechas en caso de ser necesario pelear.<br />
 <br />
El arquero mantenía una mirada alegre en su rostro, mientras caminaba por las calles sabiendo que absolutamente nadie le conocía, lo cual era normal, pues recién se había unido a la marina y había llegado al lugar, sin haber siquiera ido a misiones más serias que la de la plaga o enfrentado a un criminal, básicamente estaba dando sus primeros pasos y no podía esperar que le reconocieran. Lo bueno era que la mezcla del sol y la brisa hacían que el clima fuese totalmente agradable, y el que algunos de los ciudadanos que se hallaban en la calle le saludaran hacía que todo fuese todavía más agradable.<br />
 <br />
El día estaba siendo tranquilo y agradable, y no parecía que nada lo iba a estropear, pero el joven no pensaba ignorar el hecho de que las cosas no siempre se mantenían tranquilas y en cualquier momento todo podía complicarse, un asalto, un robo cualquier cosa podía ocurrir por lo que el joven mantenía la atención sin cambiar su actitud calmada y alegre, una de las capacidades que adquirió como cazador era tener un control bastante decente de sus emociones.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El joven arquero de la marina se encontraba en Akarui, una de las ciudades de Ilisia donde se dirigió tras los sucesos en el pueblo de Shinzen al norte, siendo que tuvo que liberar el pueblo de una misteriosa plaga que los tenía adormilados y sin capacidad, o más bien voluntad, de trabajar, siendo que todo lo que hacían era quedarse en casa ignorando el campo, sin regar las plantaciones, sin vigilar si era hora de cosechar y mucho menos sin llevar a cabo la cosecha, haciendo que hubiera un gran riesgo de que toda la plantación se echara a perder por no ser cosechada a tiempo. Afortunadamente los niños no se veían afectados por esa plaga y en la zona había un hombre que parecía saber la forma de salvar al pueblo y así lo hicieron entre el hombre, Bertram y otro marine que había en la zona.<br />
 <br />
Tras eso el joven arquero siguió con sus otras labores y en una de ellas entraba el patrullar y enviar mensajes a otros marines desde la base o acudir a los lugares donde los civiles mencionaban que había problemas o conflictos. En esta ocasión el joven se encontraba de patrulla, o más bien, en un tiempo libre después de enviar un mensaje pues debía esperar la respuesta para mandarla de regreso a la base y le dijeron que permaneciera en la ciudad por el tiempo que hiciera falta. El joven pelirrojo caminaba por las calles de la ciudad con su arco al hombre, el viento agitando su pelo siempre despeinado y su carcaj sujeto en diagonal en su espalda, con las flechas sobresaliendo por encima de su hombro derecho, facilitando el tomar las flechas en caso de ser necesario pelear.<br />
 <br />
El arquero mantenía una mirada alegre en su rostro, mientras caminaba por las calles sabiendo que absolutamente nadie le conocía, lo cual era normal, pues recién se había unido a la marina y había llegado al lugar, sin haber siquiera ido a misiones más serias que la de la plaga o enfrentado a un criminal, básicamente estaba dando sus primeros pasos y no podía esperar que le reconocieran. Lo bueno era que la mezcla del sol y la brisa hacían que el clima fuese totalmente agradable, y el que algunos de los ciudadanos que se hallaban en la calle le saludaran hacía que todo fuese todavía más agradable.<br />
 <br />
El día estaba siendo tranquilo y agradable, y no parecía que nada lo iba a estropear, pero el joven no pensaba ignorar el hecho de que las cosas no siempre se mantenían tranquilas y en cualquier momento todo podía complicarse, un asalto, un robo cualquier cosa podía ocurrir por lo que el joven mantenía la atención sin cambiar su actitud calmada y alegre, una de las capacidades que adquirió como cazador era tener un control bastante decente de sus emociones.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Absoluto] T1 Auto narrada. Entrenamientos en la explanada]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1774</link>
			<pubDate>Fri, 13 Jun 2025 13:33:27 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=399">Pralder</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1774</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dia 39 de Invierno, Año 15.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">West Blue, Reino de Ilisia, Pueblo Shizen</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">06:30 horas</span><br />
<br />
El sol apenas comienza a asomarse por el horizonte cuando mis pies cruzan el arco que hace de entrada a una vieja explanada rocosa a las afueras Akauri, casi llegando a Shizen. Este era un lugar apartado, con grandes peñascos y anchos tocones dispersos, con un suelo seco y polvoriento. Un sitio perfecto entrenar y practicar a mis anchas.<br />
<br />
Este era ya el cuarto día de práctica y noto el cuerpo agarrotado. Respiro hondo, estiro los músculos y miro a Rimera, ahora mi hacha… su filo refleja los primeros destellos del sol y su peso en las manos cada vez se me hace más familiar.<br />
“Keehkekeke, parecía mentira la cara de orgullo que puso mi madre cuando volví con Rimera entre las manos después de los primeros trabajos. En el fondo… quería que saliera al mundo a vivir aventuras al igual que hicieron ellos” reflexiono, mientras desenvuelvo parte de las tiras de tela que cubren el mango, los ato a mi mano izquierda y los vuelvo a enrollar sobre la madera.<br />
<br />
Hoy no blandiría el arma con ambas manos. Debía intentar dominarla con una sola, o al menos empezar el camino que me llevase a ello. No me quedaba otra si quería acompañarla con un buen escudo en la otra mano.<br />
Tomo aire lentamente… me pongo en posición y alzo a Rimera con mi mano izquierda. De inmediato, noto la diferencia. Era un hacha de tres metros, diseñada para estar acorde con los dieciséis metros de altura de mi madre.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“…pero tú tienes menos de la mitad de su altura…” </span><br />
Alejo las dudas de mi mente. Aprieto los dedos, notando la tela trenzada. No me falta fuerza para sostenerla con una sola mano, el problema principal es la evidente falta de destreza y control.<br />
<br />
Muevo la muñeca. Giro el brazo. Suelto las telas y pruebo distintas posiciones de agarre en el mango. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“…nada termina de sentirse natural, pero bueno… acabará sintiéndose natural”</span> me digo queriendo convencerme.<br />
Con el agarre que más cómodo se me hace, y sin pensarlo más, adopto nuevamente la posición de combate. Levanto el brazo derecho como si sostuviese un escudo y lanzo el primer tajo horizontal.<br />
<br />
La inercia del golpe me desequilibra. Trastabillo y ajusto rápidamente la pisada para no perder el totalmente balance. Me paro y observo como ha quedado mi postura: El escudo ficticio fuera de sitio, el costado derecho completamente descubierto y la pierna derecha vendida, totalmente dispuesta cual jamón para recibir los cortes que le apeteciera dar al enemigo de turno.<br />
<br />
Gruño. Es frustrante. Con ambas manos, los golpes eran firmes y seguros, pero así… <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“Casi puedo sentir que Rimera se mueve voluntad propia, exigiendo más control o que vuelva al manejo anterior… pero mis compañeros necesitan un escudo… de poco o nada me sirve la fuerza si no puedo protegerles. Tengo que dar ese <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">más</span>”</span>.<br />
<br />
Vuelvo a intentarlo centrándome en el control de los músculos. Un tajo diagonal de arriba a abajo. Freno a Rimera, la giro. Otro en dirección opuesta. El filo de Rimera hace silbar el aire con cada corte. Varios tajos más. Una estocada rápida seguida de un empuje del hacha hacia delante con todo mi peso contra una de las rocas. El golpe impacta limpio, sin desviarse, pero la sacudida que me recorre el brazo casi arranca a Rimera de mis dedos. Casi siento que Rimera me grita<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> “ASÍ NO”</span> y me niega el permiso para repetir el golpe.<br />
<br />
Chasqueo la lengua y me detengo. Ese gesto me recuerda a Charel… y como se le escapa un chasquido cada vez que intenta ocultar que la estamos sacando de quicio.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">No basta con fuerza bruta, ni con explosiones”</span></span> Recuerdo que nos dijo en una de las últimas aventuras que tuvimos… tenía razón entonces, y ahora también aplicaba. Me quedo dándole vueltas a ese recuerdo, que parece que quiere traer a flote una memoria más antigua.<br />
<br />
Sin conseguir recordar, concluyo: <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“Si quiero manejar un escudo en el brazo derecho debo encontrar un nuevo equilibrio, una nueva forma de empuñar a Rimera sin que su peso se convierta en un obstáculo”</span> y cambio de estrategia.<br />
Arranco nuevamente la secuencia de golpes, pero esta vez me enfoco en manejar a Rimera con precisión en vez de con potencia. <br />
Lanzo golpes más cortos y controlados, asegurándome de no perder el agarre. Con cada ataque voy aprendiendo a dosificar la energía y a no malgastar el esfuerzo en ataques innecesariamente potentes.<br />
<br />
Descubro que usándola más con la muñeca en lugar de con el brazo completo y dejando que el peso del mango se acomode en el antebrazo, puedo mover a Rimera con mayor rapidez y en arcos más pequeños. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“¡Keehkekeke esto me va a ser muy útil para enganchar, engatillar y desarmar!”</span> Era un pequeño avance.<br />
<br />
La sesión de entrenamiento continuaba. Voy usando las rocas como blanco, lanzando golpes simples contra ellas, midiendo el impacto. A medida que avanza la mañana, la sensación de torpeza va dando paso a movimientos un poco más fluidos y voy aplicando cada vez más potencia, aunque la incomodidad no termina por desaparecer. Al rato mis músculos entran en calor y empiezan a asimilar los nuevos movimientos a base de repetición.<br />
<br />
Tras unas pocas series, consigo estar más cómodo y la repetición hace que comience a divagar y recordar.<br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“…Me veo a mí mismo con apenas ocho años.</span></span><br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mido casi dos metros y medio y ahora soy más alto que mi padre, pero apenas le llego por las rodillas a mi madre.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Estoy entrenando con ella en las afueras de Akauri, casi como cada mañana.Voy armado con un hacha de madera e intento imitar las sucesiones de movimientos que ella me acaba de enseñar. Observo, con los ojos como platos, como ella se mueve y gira con Rimera, casi como si bailara. Lo hace parecer fácil.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Al poco, comenzó a llover de forma inesperada e hicimos una pausa. Ahí aprovechó para contarme una historia que mi imaginación pintó de forma vívida. Trataba de un gigante que, haciendo una demostración de ritmo, precisión y fuerza increíbles, consiguió arrancar del suelo un enorme monolito con una serie de golpes rítmicos, lo alzó por encima de su cabeza y lo dejó caer después sobre un ejército enemigo que se acercaba, salvando a su pueblo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En ese momento, me quedé impresionado por la fuerza del gigante y me prometí que como mínimo sería tan fuerte como mi madre, aunque nunca llegara a ser tan grande como ella.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ahí, como si me estuviera leyendo el pensamiento, ella remató con: “Pralder, la fuerza sin ritmo es como un tambor roto. Puede hacer ruido, pero no sirve para bailar”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esa moraleja casi olvidada que me dijo al terminar el cuento, resuena ahora en mi cabeza y entonces entiendo lo que faltaba: el ritmo en el combate. No tengo que frenar la inercia con la que Rimera se mueve cuando la uso con una sola mano. Tengo que girar, bailar y fluir con ella. Golpear al ritmo y llevarla así a donde quiero, como hizo el gigante del cuento…”</span></span><br />
<br />
Este era el recuerdo que la frase de Charel había querido traer antes.<br />
<br />
Visualizando esa escena del cuento y sin ser del todo consciente, sigo balanceando a Rimera como si golpeara a un enemigo invisible, pero ya no estoy forzando los movimientos ni los ataques. No freno al final de cada golpe. Todo va acompasado con un ritmo interno: mis pasos, la respiración, los giros del filo de Rimera y el zumbido del aire siendo cortado.<br />
<br />
Después de abanicar con ella un par de veces, y siguiendo el movimiento de un tajo ascendente, alzo a Rimera por encima de mi cabeza para ganar inercia. Al llegar al punto más elevado, su filo gira prácticamente solo apuntando hacia abajo. Tiro de ella, tensando cada músculo con fuerza como si fuera una estatua de piedra a punto de colapsar… y siguiendo el movimiento, en un instante avanzo y descargo un hachazo descendente, poniendo todo mi peso e impulso en el golpe.<br />
En ese momento, no somos ni Rimera ni yo, somos ese monolito antiguo y colosal, que cae sobre el enemigo.<br />
<br />
Me descubro a mí mismo gritando - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">¡COLAPSO DEL MONOLITO!</span> - cuando el filo alcanza la roca que tenía delante. Rimera resuena vibrante con un sonido similar al tañido de una campana. La roca se pulveriza, salpicando mi alrededor de esquirlas y polvo.<br />
<br />
Las gotas de sudor resbalan por mi frente cuando finalmente me incorporo y retiro a Rimera. Cuando el polvo se asienta veo como ha atravesado la roca y dejado marcado el suelo con un tajo alargado. Mi brazo izquierdo tiembla ligeramente por la fatiga, pero sonrío.<br />
<br />
¡Keehkekeke! ¡Hoy hemos dado un gran paso en la dirección correcta! - Aún quedaba mucho por mejorar, pero siento que Rimera y yo ahora hemos llegado a un mayor entendimiento - ¡Hasta tenemos un ataque con nombre!<br />
Guardó el arma en mi espalda y miró al cielo despejado. Mañana continuaría. Aún teníamos algo de margen hasta que nos embarcásemos y saliéramos de Ilisia, el suficiente para conseguir un escudo decente como nuevo compañero de batalla.<br />
<br />
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						<span>Cosas del rol</span>
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					<br />
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						<span>Atributos del personaje</span>
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				</div>
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					<br />
Fuerza: 110 Resistencia: 123 Destreza: 92 Precisión 27<br />
Agilidad: 44 Reflejos: 107 Inteligencia: 52 Voluntad: 78<br />

				</div>
			</div><br />
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						<span>Equipamiento</span>
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					<br />
<div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://i.imgur.com/c2lQVJO.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Rimera</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
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                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>30 FUE / 45 DES</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>50</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>1 FUE / 0,2 DES</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>3</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>999999999</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Siendo heredada de su madre Rimera es, a partes iguales, un arma y un recuerdo. Midiendo un total de tres metros de largo, su mango está hecho a partir del tronco de un joven roble, envuelto en telas y retales trenzados a lo largo de distintas batallas y todo sujeto en el extremo con grandes clavos, presentando un conjunto algo rudimentario pero práctico y cómodo.

En oposición al mango, la hoja del hacha no se ve nada rudimentaria, está parcialmente grabada con espirales y filigranas, con detalle y mimo. Sobre la hoja hay una pieza extra con forma de zarcillo que sirve de enganche para poder llevarla colgada a la espalda o sobre el cinto. Mientras que su su filo está mellado en algunas partes, consecuencia de choques y bloqueos, su brillo devuelve un sentimiento de ambición, un hambre de mejora y de enfrentarse a grandes rivales.  </i>
                </p>
                <hr/>
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                        <span style='font-family:monospace;'><strong>rimera001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />

				</div>
			</div><br />
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					<br />
Hola, escribo esto tras haberme leido varios T1 de otros miembros del foro y darme cuenta de que el pasado que escribí de “El primer trabajo” bien podría haber sido uno xD. Con este texto quiero justificar los entrenamientos para conseguir llevar el hacha a una mano y así acompañarla con un escudo en la otra y además la creación de la técnica curtida. Creo que no me he saltado ninguna norma para considerarlo un auto-T1, pero si es así comentadme por favor y cambio la categoría del post.<br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dia 39 de Invierno, Año 15.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">West Blue, Reino de Ilisia, Pueblo Shizen</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">06:30 horas</span><br />
<br />
El sol apenas comienza a asomarse por el horizonte cuando mis pies cruzan el arco que hace de entrada a una vieja explanada rocosa a las afueras Akauri, casi llegando a Shizen. Este era un lugar apartado, con grandes peñascos y anchos tocones dispersos, con un suelo seco y polvoriento. Un sitio perfecto entrenar y practicar a mis anchas.<br />
<br />
Este era ya el cuarto día de práctica y noto el cuerpo agarrotado. Respiro hondo, estiro los músculos y miro a Rimera, ahora mi hacha… su filo refleja los primeros destellos del sol y su peso en las manos cada vez se me hace más familiar.<br />
“Keehkekeke, parecía mentira la cara de orgullo que puso mi madre cuando volví con Rimera entre las manos después de los primeros trabajos. En el fondo… quería que saliera al mundo a vivir aventuras al igual que hicieron ellos” reflexiono, mientras desenvuelvo parte de las tiras de tela que cubren el mango, los ato a mi mano izquierda y los vuelvo a enrollar sobre la madera.<br />
<br />
Hoy no blandiría el arma con ambas manos. Debía intentar dominarla con una sola, o al menos empezar el camino que me llevase a ello. No me quedaba otra si quería acompañarla con un buen escudo en la otra mano.<br />
Tomo aire lentamente… me pongo en posición y alzo a Rimera con mi mano izquierda. De inmediato, noto la diferencia. Era un hacha de tres metros, diseñada para estar acorde con los dieciséis metros de altura de mi madre.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“…pero tú tienes menos de la mitad de su altura…” </span><br />
Alejo las dudas de mi mente. Aprieto los dedos, notando la tela trenzada. No me falta fuerza para sostenerla con una sola mano, el problema principal es la evidente falta de destreza y control.<br />
<br />
Muevo la muñeca. Giro el brazo. Suelto las telas y pruebo distintas posiciones de agarre en el mango. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“…nada termina de sentirse natural, pero bueno… acabará sintiéndose natural”</span> me digo queriendo convencerme.<br />
Con el agarre que más cómodo se me hace, y sin pensarlo más, adopto nuevamente la posición de combate. Levanto el brazo derecho como si sostuviese un escudo y lanzo el primer tajo horizontal.<br />
<br />
La inercia del golpe me desequilibra. Trastabillo y ajusto rápidamente la pisada para no perder el totalmente balance. Me paro y observo como ha quedado mi postura: El escudo ficticio fuera de sitio, el costado derecho completamente descubierto y la pierna derecha vendida, totalmente dispuesta cual jamón para recibir los cortes que le apeteciera dar al enemigo de turno.<br />
<br />
Gruño. Es frustrante. Con ambas manos, los golpes eran firmes y seguros, pero así… <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“Casi puedo sentir que Rimera se mueve voluntad propia, exigiendo más control o que vuelva al manejo anterior… pero mis compañeros necesitan un escudo… de poco o nada me sirve la fuerza si no puedo protegerles. Tengo que dar ese <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">más</span>”</span>.<br />
<br />
Vuelvo a intentarlo centrándome en el control de los músculos. Un tajo diagonal de arriba a abajo. Freno a Rimera, la giro. Otro en dirección opuesta. El filo de Rimera hace silbar el aire con cada corte. Varios tajos más. Una estocada rápida seguida de un empuje del hacha hacia delante con todo mi peso contra una de las rocas. El golpe impacta limpio, sin desviarse, pero la sacudida que me recorre el brazo casi arranca a Rimera de mis dedos. Casi siento que Rimera me grita<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> “ASÍ NO”</span> y me niega el permiso para repetir el golpe.<br />
<br />
Chasqueo la lengua y me detengo. Ese gesto me recuerda a Charel… y como se le escapa un chasquido cada vez que intenta ocultar que la estamos sacando de quicio.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">No basta con fuerza bruta, ni con explosiones”</span></span> Recuerdo que nos dijo en una de las últimas aventuras que tuvimos… tenía razón entonces, y ahora también aplicaba. Me quedo dándole vueltas a ese recuerdo, que parece que quiere traer a flote una memoria más antigua.<br />
<br />
Sin conseguir recordar, concluyo: <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“Si quiero manejar un escudo en el brazo derecho debo encontrar un nuevo equilibrio, una nueva forma de empuñar a Rimera sin que su peso se convierta en un obstáculo”</span> y cambio de estrategia.<br />
Arranco nuevamente la secuencia de golpes, pero esta vez me enfoco en manejar a Rimera con precisión en vez de con potencia. <br />
Lanzo golpes más cortos y controlados, asegurándome de no perder el agarre. Con cada ataque voy aprendiendo a dosificar la energía y a no malgastar el esfuerzo en ataques innecesariamente potentes.<br />
<br />
Descubro que usándola más con la muñeca en lugar de con el brazo completo y dejando que el peso del mango se acomode en el antebrazo, puedo mover a Rimera con mayor rapidez y en arcos más pequeños. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">“¡Keehkekeke esto me va a ser muy útil para enganchar, engatillar y desarmar!”</span> Era un pequeño avance.<br />
<br />
La sesión de entrenamiento continuaba. Voy usando las rocas como blanco, lanzando golpes simples contra ellas, midiendo el impacto. A medida que avanza la mañana, la sensación de torpeza va dando paso a movimientos un poco más fluidos y voy aplicando cada vez más potencia, aunque la incomodidad no termina por desaparecer. Al rato mis músculos entran en calor y empiezan a asimilar los nuevos movimientos a base de repetición.<br />
<br />
Tras unas pocas series, consigo estar más cómodo y la repetición hace que comience a divagar y recordar.<br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“…Me veo a mí mismo con apenas ocho años.</span></span><br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mido casi dos metros y medio y ahora soy más alto que mi padre, pero apenas le llego por las rodillas a mi madre.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Estoy entrenando con ella en las afueras de Akauri, casi como cada mañana.Voy armado con un hacha de madera e intento imitar las sucesiones de movimientos que ella me acaba de enseñar. Observo, con los ojos como platos, como ella se mueve y gira con Rimera, casi como si bailara. Lo hace parecer fácil.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Al poco, comenzó a llover de forma inesperada e hicimos una pausa. Ahí aprovechó para contarme una historia que mi imaginación pintó de forma vívida. Trataba de un gigante que, haciendo una demostración de ritmo, precisión y fuerza increíbles, consiguió arrancar del suelo un enorme monolito con una serie de golpes rítmicos, lo alzó por encima de su cabeza y lo dejó caer después sobre un ejército enemigo que se acercaba, salvando a su pueblo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En ese momento, me quedé impresionado por la fuerza del gigante y me prometí que como mínimo sería tan fuerte como mi madre, aunque nunca llegara a ser tan grande como ella.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ahí, como si me estuviera leyendo el pensamiento, ella remató con: “Pralder, la fuerza sin ritmo es como un tambor roto. Puede hacer ruido, pero no sirve para bailar”</span></span><br />
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esa moraleja casi olvidada que me dijo al terminar el cuento, resuena ahora en mi cabeza y entonces entiendo lo que faltaba: el ritmo en el combate. No tengo que frenar la inercia con la que Rimera se mueve cuando la uso con una sola mano. Tengo que girar, bailar y fluir con ella. Golpear al ritmo y llevarla así a donde quiero, como hizo el gigante del cuento…”</span></span><br />
<br />
Este era el recuerdo que la frase de Charel había querido traer antes.<br />
<br />
Visualizando esa escena del cuento y sin ser del todo consciente, sigo balanceando a Rimera como si golpeara a un enemigo invisible, pero ya no estoy forzando los movimientos ni los ataques. No freno al final de cada golpe. Todo va acompasado con un ritmo interno: mis pasos, la respiración, los giros del filo de Rimera y el zumbido del aire siendo cortado.<br />
<br />
Después de abanicar con ella un par de veces, y siguiendo el movimiento de un tajo ascendente, alzo a Rimera por encima de mi cabeza para ganar inercia. Al llegar al punto más elevado, su filo gira prácticamente solo apuntando hacia abajo. Tiro de ella, tensando cada músculo con fuerza como si fuera una estatua de piedra a punto de colapsar… y siguiendo el movimiento, en un instante avanzo y descargo un hachazo descendente, poniendo todo mi peso e impulso en el golpe.<br />
En ese momento, no somos ni Rimera ni yo, somos ese monolito antiguo y colosal, que cae sobre el enemigo.<br />
<br />
Me descubro a mí mismo gritando - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">¡COLAPSO DEL MONOLITO!</span> - cuando el filo alcanza la roca que tenía delante. Rimera resuena vibrante con un sonido similar al tañido de una campana. La roca se pulveriza, salpicando mi alrededor de esquirlas y polvo.<br />
<br />
Las gotas de sudor resbalan por mi frente cuando finalmente me incorporo y retiro a Rimera. Cuando el polvo se asienta veo como ha atravesado la roca y dejado marcado el suelo con un tajo alargado. Mi brazo izquierdo tiembla ligeramente por la fatiga, pero sonrío.<br />
<br />
¡Keehkekeke! ¡Hoy hemos dado un gran paso en la dirección correcta! - Aún quedaba mucho por mejorar, pero siento que Rimera y yo ahora hemos llegado a un mayor entendimiento - ¡Hasta tenemos un ataque con nombre!<br />
Guardó el arma en mi espalda y miró al cielo despejado. Mañana continuaría. Aún teníamos algo de margen hasta que nos embarcásemos y saliéramos de Ilisia, el suficiente para conseguir un escudo decente como nuevo compañero de batalla.<br />
<br />
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						<span>Cosas del rol</span>
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						<span>Atributos del personaje</span>
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					<br />
Fuerza: 110 Resistencia: 123 Destreza: 92 Precisión 27<br />
Agilidad: 44 Reflejos: 107 Inteligencia: 52 Voluntad: 78<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>Equipamiento</span>
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					<br />
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                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
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                        <p><strong>Daño: </strong>50</p>
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                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Siendo heredada de su madre Rimera es, a partes iguales, un arma y un recuerdo. Midiendo un total de tres metros de largo, su mango está hecho a partir del tronco de un joven roble, envuelto en telas y retales trenzados a lo largo de distintas batallas y todo sujeto en el extremo con grandes clavos, presentando un conjunto algo rudimentario pero práctico y cómodo.

En oposición al mango, la hoja del hacha no se ve nada rudimentaria, está parcialmente grabada con espirales y filigranas, con detalle y mimo. Sobre la hoja hay una pieza extra con forma de zarcillo que sirve de enganche para poder llevarla colgada a la espalda o sobre el cinto. Mientras que su su filo está mellado en algunas partes, consecuencia de choques y bloqueos, su brillo devuelve un sentimiento de ambición, un hambre de mejora y de enfrentarse a grandes rivales.  </i>
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				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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Hola, escribo esto tras haberme leido varios T1 de otros miembros del foro y darme cuenta de que el pasado que escribí de “El primer trabajo” bien podría haber sido uno xD. Con este texto quiero justificar los entrenamientos para conseguir llevar el hacha a una mano y así acompañarla con un escudo en la otra y además la creación de la técnica curtida. Creo que no me he saltado ninguna norma para considerarlo un auto-T1, pero si es así comentadme por favor y cambio la categoría del post.<br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Absoluto] T1 Auto narrada. El mapa en la servilleta.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1728</link>
			<pubDate>Sun, 18 May 2025 16:35:46 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=439">Caelum Drift</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1728</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 54 de Otoño, Año 15</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">El mapa en la servilleta.</span> </span></div>
<br />
La mañana era magnífica, llena de vida. El sol estaba glorioso, radiante, pero sutil. La brisa acompañaba mi paso solitario y mudo por las adoquinadas calles del reino. Mi misión era sencilla. Ayudar a una anciana local que se encontraba desequilibrada; tal vez estaba un poco descompensada por el aumento de temperatura a esa hora del día. Era habitual que los jóvenes marines, que estábamos únicamente como presencia, actuáramos ante problemas cotidianos. No como una respuesta real e inmediata, sino para controlar y militarizar la vida diaria. Lo que se nos enseñó como acto de bondad, en realidad tenía un trasfondo perverso y espeso, poco pulcro, pero suficientemente bien visto. Está claro que nunca hablé de esto con nadie. Era un pensamiento más, de los tantos que tenía, de esos que aparecen para preguntarme. ¿Qué mierda haces en la Marina? Estoy porque una mano me sacó de mi infierno. Quiero proteger esa mano tendida, y este lugar es el instrumento. Continué caminando hasta el final de la calle. Su casa estaba allí, era la última, gigante, antigua, opaca. Entré por el umbral de madera, gigantesco. La puerta entreabierta me invitó a no golpear. El lugar era una isla solitaria, donde el polvo y la poca luz destrozaban mis intentos de encontrar a la señora, donde el eco de mis botas sobre el suelo quejoso de madera habitaba más el espacio que los escasos muebles y adornos. Sombras de aves que entraban entre los ventanales daban el único toque vivo al lugar.<br />
<br />
El aire olía a madera húmeda y polvo. El ambiente era denso, como si al cruzar por la puerta estuviera ingresando a otra realidad, una más absurda. Me cuestioné por un momento si era una misión real o solo un intento de asustar a un raso, al rango más bajo de los soldados del mar.<br />
Era algo habitual por parte de los bravucones que se suponía teníamos de compañeros. Conmigo fueron terribles mientras era recluta. Mi rostro hermoso, oculto por la máscara de gas, los hacía creer que podían dejarme solo, entre bromas, discriminación y risas burlonas.<br />
<br />
Continué caminando por la gigantesca extensión del espacio. Intenté buscar a la señora. Podría haber dicho algo, emitir algún sonido, pero entendí que mis botas en el suelo eran suficiente presentación. Desde una de las habitaciones se podía ver la luz del sol; el resto de las ventanas apenas dejaban pasar los abrazos del astro, que se perdían entre el caótico orden. Esa habitación estaba llena de muebles, apilados en cajas y contra la pared, como si toda la casa estuviera en ese lugar, en esos inexactos tres por tres, en ese rincón donde los muebles parecían esconderse de las penumbras que habitaban el resto de la morada.<br />
<br />
Salí de aquella habitación buscando a la anciana. Primero era la misión, no cuestionar esas dudosas maneras de vivir que, por cierto, el deterioro del ambiente marcaba con claridad una soledad evidente en la señora mayor. Tomé el pasillo que me sugería el instinto y, al final, la vi parada entre la sombra, con un atuendo tan colorido y lleno de vida que parecía que el resto estaba en blanco y negro. Ella, a los ojos de mi mortalidad, parecía frágil. Su postura era encorvada y sostenía en una mano una aguja de tejer. Estaba inmóvil, mirándome. Nos miramos algunos segundos, los suficientes como para preocuparme por su bienestar. No buscaba asustarla, pero tampoco quería dejarla sola. Me acerqué un poco más ágil, lo que provocó que mis suelas hicieran gritar aún más el suelo, que ahora chillaba buscando quebrarse. A medida que me acercaba, surgió una sonrisa en su rostro. En sus ojos vi el infierno de mil soles, como si estuviera en un estúpido e irracional júbilo. Feliz. La chispa de una locura encantadora. Y antes de que me acercara lo suficiente, rompió el silencio que nos apresaba.<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color"> Bienvenido, bienaventurado, a la isla. La isla del misterio y la acción, donde los más cuerdos se pierden en el interior de la oscuridad.</span><br />
<br />
Me lo dijo con la voz de mil batallas con el alcohol, amarga, casi escupida, salida de un garguero curtido. La voz tenía su identidad, su presencia. Una voz que hacía que las palabras ridículas de un ser inofensivo parecieran sentencia, declaraciones de guerra.<br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—Soy la Capitana, y tú eres el marinero que me ayudará a encontrar mi tesoro. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jub jub jub jub.</span></span><br />
<br />
La situación cada vez era más loca. La señora estaba completamente perdida, delirante. Tal vez se quedó atrapada en algún shock postraumático e intentaba liberarse de él en este delirio. Me parecía graciosa, pero no desde la burla, sino desde la calidez; desde la mirada de alguien que no buscó dañar a otro para salvarse, y eso la dejó perdida en su imaginación. Una mueca en mis labios, una risa que nadie vio. Mi máscara era una aliada para permanecer insulso, como una grieta sin sentimientos. Aun así, no parecía que yo le generara miedo ni rechazo, como si el maldito karma de ser horrendo no penetrara en su estúpida manera de ver la realidad. Aun en todo aquel alboroto de su voz y sus colores, no dije nada y continué acercándome, esta vez más tranquilo, más pasivo.<br />
<br />
Con la diestra me tendió una servilleta arrugada, con dibujos que, en el viaje hacia mi mano, no pude deducir de qué se trataban. Cuando abrí el papel manchado, noté enseguida que había algunos trazos inseguros pero cargados de significado. Era un plano de aquella mansión. En el papel, la casa parecía aún más gigantesca de lo que se veía. Ese dibujo hacía que el lugar pareciera una gran isla desierta de humanidad. Había un sector que, en el papel, estaba representado con garabatos de árboles y parecía un bosque; otro era un gran cauce de agua, y uno más, el más alejado, estaba marcado con una cruz en rojo. Cada segmento estaba nombrado, inventado con palabras que no eran de este dialecto. El objetivo del mapa era llegar a esa gran cruz, Gairfiil.<br />
<br />
De golpe, su dedo golpeó el destino. Me miró y sonrió, como si mi presencia allí la llenara de esperanza, de luz, de vida. Por un momento, olvide que estaba en un lugar tan lúgubre y apagado.<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No sé cómo has llegado hasta aquí, pero comparto contigo esta información. Ahora eres mi tripulante. Este es el mapa de la isla en la que me encuentro.</span><br />
<br />
Me lo explicaba mientras movía los labios con los dientes, un gesto preciso de su estado senil.<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">La niebla lo ha cubierto todo, de norte a sur, de este a oeste. El tesoro está oculto... no recuerdo dónde lo enterré. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jub jub jub jub.</span></span><br />
<br />
Se veía en sus ojos la intención inexplicable de buscar por toda su casa aquel tesoro que ya no recordaba dónde estaba. Incluso parecía no saber quién era ella misma, dónde estaba realmente; solo sabía que era la capitana de aquella aventura. Iba vestida prácticamente como una bucanera, como si toda su vida hubiera estado esperando el momento de salir en la cacería de ese tesoro. Sus ropas eran las de una aventurera extravagante, con una gran capa hecha de retazos de tejidos, y en su semblante se mantenía inmóvil un gorro de cotillón, un gorro que hacía más épicas sus fachas. Comenzó a desplazarse sin que yo dijera nada, surcando los pasillos como si fueran bosques espesos llenos de maleza, donde colgaban antiguas telas que decoraban las paredes. Con su aguja de tejer en la mano, me habló al verme hacer del mapa un gorro de papel para acompañarla.<br />
<br />
- <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ese es un lugar estupendo para dejar el mapa, solo si pierdes la cabeza perderás el mapa. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jub jub jub jub.</span> Joven, no me dijo su nombre, y mi madre me enseñó que no debo hablar con extraños. Yo soy la capitana Muriel, ¿y tú eres?</span><br />
<br />
Me habló con su imponente voz entre risas, pero con la mirada desafiante, buscando complicidad y averiguar con quién trataba. Me apuntaba con su aguja de tejer; buscaba de mí la eficiencia de un fiel tripulante. Le seguí el juego, no por compasión, sino para protegerla de su soledad.<br />
<br />
- <span style="color: #888888;" class="mycode_color">Caelum. Con esta figura ofrezco mi lealtad, capitana Muriel.</span><br />
<br />
Le dije mientras sacaba de mi bolsillo una grulla que rápidamente le ofrecí. Esta grulla era un doblez que había hecho con un papel hermoso, lleno de colores. Era la publicidad de una casa de golosinas. Esa gama de colores hacía del pájaro un regalo propio para una gloriosa guerrera del mar.<br />
<br />
- <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Caelum, ¿eh? El nombre de un terrible tirador de los mares. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jub jub jub jub.</span></span><br />
<br />
Y no sé cómo lo supo, pero lo supo. Seguimos avanzando y me habló de sus hazañas de piratería, tan reales como fantasiosas, tan ciertas que por un momento dudé si todo aquello seguía siendo un teatro. Era una locura tan dulce, olvidé que estaba al servicio de la Marina. No era la terrible ladrona y criminal; era una pirata que buscaba liberar, que ayudaba a los de abajo, del lado del mundo del que yo vengo.<br />
<br />
Por momentos, parecía volver a la realidad y me miraba con ojos de espanto, como si fuera una persona nueva en cada instante. Pero volvía, una y otra vez, a esa fantasía. Sentí en su mirada de pena la fragilidad de su mundo cotidiano, como si buscara firmemente aferrarse a la identidad de esa pirata que perseguía un ejemplar botín.<br />
<br />
Continué a su lado, no atrás ni adelante, al costado, como un fiel tripulante. No rompí aquella magia. No solo por ella, sino por mí. Me estaba divirtiendo. Me sentía parte necesaria de algo por primera vez desde que ingresé a la Marina.<br />
<br />
-<span style="color: #888888;" class="mycode_color">Naveguemos, capitana Muriel.</span><br />
<br />
Pasaron algunas horas en las que ninguno de los dos seguía una ruta definida por aquel gigante que era su casa. Ella, por su parte, se sentía acompañada. Me bromeaba y se reía con aquella risa tan particular. Yo solo la acompañaba, estaba a su costado, escuchando y doblando papel. A cada figura que le entregaba parecía encontrarle un lugar en las distintas habitaciones de la casa. En su delirio, no se despegaba del todo de la realidad con esos gestos de sensatez. Y como si supiera con exactitud lo que quería, abrió la puerta de una habitación en la que nunca habíamos estado antes. Era un comedor gigante, que se mantenía como si sus muebles nunca hubieran existido. Había una lámpara sobre la mesa, sin sillas.<br />
<br />
Se acercó a la luz y, entre sus ropajes, sacó un frasco repleto de galletas. Haciendo más aterradoramente crudo el momento, me dijo. <br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¡Caelum!</span><br />
<br />
Decía mi nombre como si la hubiera acompañado durante décadas.<br />
<br />
- <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Este es mi tesoro</span><br />
<br />
Murmuró. Yo no comprendí del todo lo que quería decir con "este es mi tesoro". ¿No lo estábamos buscando por la casa?<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Lo escondí para protegerlo, pero ahora la niebla me impide encontrarlo.</span><br />
<br />
La miré. Miré el contenedor lleno de galletas, y entendí que no era solo un frasco, no era un objeto que encontrar. Era todo su dulzura, su seguridad auténtica convertida en bizcochos. Los guardaba de la tormenta implacable de esa niebla que se devoraba sus memorias. Me retiré el sombrero y lo volví a convertir en mapa. La cruz estaba exactamente en el lugar en el que nos encontrábamos.<br />
<br />
-<span style="color: #888888;" class="mycode_color">Capitana, hemos encontrado el tesoro.</span><br />
<br />
Su sonrisa destruyó la fantasía. Fue un puente que unió el presente de aquella espesa niebla con el pasado de memorias famélicas, entre su soledad y la compañía. Y ahora, con una voz repuesta y llena de conciencia, me dijo.<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Quieres un poco de té y una de mis galletas?</span><br />
<br />
Su pregunta era la oferta de una dulce abuela, de alguien que protegió toda su vida a las nuevas generaciones. ¿Cómo podía decirle que no? ¿Cómo podía un marine, un representante del Gobierno, rechazar el ofrecimiento de una abuela?<br />
<br />
Acepté. Ya no éramos piratas, ya no éramos gritos entre la niebla. Éramos luz, compartiendo un poco de té. Que, por cierto, estaba caliente, en una tetera como si nos estuviera esperando desde el principio. Ella convirtió una cortina en mantel, y nos llenamos de energía, de aquel sol alocado que se quedó con nosotros.<br />
<br />
Bebía aquel té con sorbos cortos, para hacer esa situación fraterna eterna, también estaba solo y necesitaba ese momento. Estaba roto, cargado de niebla. Mordía la galleta como si cada bocado me llenara de algo que jamás fui a buscar, pero que me estaba salvando la vida. Y fue allí, por primera vez como militar, que entendí que no eran necesarias las órdenes, sino instantes de ternura. Aquello era nuestro refugio compartido, en la paciencia con la que navegamos por mares invisibles.<br />
<br />
De pronto, alguien irrumpió en el lugar con gritos desorganizados y cuestionadores, con palabras ajenas a la libertad, que arrastraban de los pelos la niebla nuevamente. Ella me miró y no unió rostros con nombres. Enloqueció. Me miraba como si mis ojos fueran ajenos, distantes, como si aquel instante de aventura hubiera tenido la vida de una mariposa nocturna.<br />
<br />
El que llegó era su hijo. Quedé lo suficientemente preocupado como para interrogarlo en un momento entre los dos. En ese instante, la niebla estaba aquí y más allá. La vieja no paraba de mirarme, de mirar a su hijo, aterrada, como si ambos fuéramos de otra dimensión. Su hijo me gritó.<br />
<br />
-<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">¡Vete de aquí, engendro! ¡Asustas a mi madre!</span><br />
<br />
Me iba por el umbral de una puerta que jamás volví a recorrer , que jamás visité, pero que tanto me dejó.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: sans-serif;" class="mycode_font">Caelum no lo vio, pero tal vez lo sintió. Sintió la vibra del alma desesperada que había sido salvada de una niebla cotidiana y llena de olvido. Con sus manos de piel de papel, de huesos de barro valiente, se repuso en la mesa del comedor, tomó el mapa manchado de mil aventuras y tachó Gairfiil con un trazo inútil, que parecía más un subrayado que un final. Y debajo de la cruz del tesoro escribió Caelum, no con conciencia, sino devorada por la niebla.</span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: sans-serif;" class="mycode_font">Ese nombre la dejaba al abismo de su pasado, al velatorio constante de sus memorias suicidas y erráticas. Caelum era el sol tibio que entraba por el comedor, bebiendo junto a ella un poco de té.</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
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                    <strong><h2>Grau</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
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                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>7 FUE / 10 DES / 10 PREC</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>10</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,3 DES / 0,2 PRE</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>15</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>5000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Grau es un arma que no brilla. Su cuerpo es un pliegue afilado de geometría callada, forjado en acero como la niebla, un metal antiguo que devora el reflejo y silencia el impacto. Con un peso de 1,3 kilogramos y una extensión de 76 centímetros, su diseño evoca el arte perdido del origami endurecido, como si un pensamiento melancólico hubiera sido doblado mil veces hasta convertirse en filo.

Desde su centro,una estrella simétrica, rígida y sin alma, emergen dos alas cortantes, perfectas para atravesar el viento y también el silencio. Grau no se lanza: se deja ir. Su trayectoria no responde a la física, sino a la intención. Cada curva en el aire parece escrita de antemano, como si regresara no por diseño, sino por duelo.
No vibra, no canta. Vuelve con precisión, con gravedad, con memoria. Y al volver, no busca aplausos ni reconocimiento, solo la mano que lo soltó.</i>
                </p>
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                        <span style='font-family:monospace;'><strong>grau001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div>
				</div>
			</div><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Muriel ex Marine</span>
					</div>
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						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<img src="https://i.imgur.com/rZGuUxX.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: rZGuUxX.png]" class="mycode_img" />
				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 54 de Otoño, Año 15</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">El mapa en la servilleta.</span> </span></div>
<br />
La mañana era magnífica, llena de vida. El sol estaba glorioso, radiante, pero sutil. La brisa acompañaba mi paso solitario y mudo por las adoquinadas calles del reino. Mi misión era sencilla. Ayudar a una anciana local que se encontraba desequilibrada; tal vez estaba un poco descompensada por el aumento de temperatura a esa hora del día. Era habitual que los jóvenes marines, que estábamos únicamente como presencia, actuáramos ante problemas cotidianos. No como una respuesta real e inmediata, sino para controlar y militarizar la vida diaria. Lo que se nos enseñó como acto de bondad, en realidad tenía un trasfondo perverso y espeso, poco pulcro, pero suficientemente bien visto. Está claro que nunca hablé de esto con nadie. Era un pensamiento más, de los tantos que tenía, de esos que aparecen para preguntarme. ¿Qué mierda haces en la Marina? Estoy porque una mano me sacó de mi infierno. Quiero proteger esa mano tendida, y este lugar es el instrumento. Continué caminando hasta el final de la calle. Su casa estaba allí, era la última, gigante, antigua, opaca. Entré por el umbral de madera, gigantesco. La puerta entreabierta me invitó a no golpear. El lugar era una isla solitaria, donde el polvo y la poca luz destrozaban mis intentos de encontrar a la señora, donde el eco de mis botas sobre el suelo quejoso de madera habitaba más el espacio que los escasos muebles y adornos. Sombras de aves que entraban entre los ventanales daban el único toque vivo al lugar.<br />
<br />
El aire olía a madera húmeda y polvo. El ambiente era denso, como si al cruzar por la puerta estuviera ingresando a otra realidad, una más absurda. Me cuestioné por un momento si era una misión real o solo un intento de asustar a un raso, al rango más bajo de los soldados del mar.<br />
Era algo habitual por parte de los bravucones que se suponía teníamos de compañeros. Conmigo fueron terribles mientras era recluta. Mi rostro hermoso, oculto por la máscara de gas, los hacía creer que podían dejarme solo, entre bromas, discriminación y risas burlonas.<br />
<br />
Continué caminando por la gigantesca extensión del espacio. Intenté buscar a la señora. Podría haber dicho algo, emitir algún sonido, pero entendí que mis botas en el suelo eran suficiente presentación. Desde una de las habitaciones se podía ver la luz del sol; el resto de las ventanas apenas dejaban pasar los abrazos del astro, que se perdían entre el caótico orden. Esa habitación estaba llena de muebles, apilados en cajas y contra la pared, como si toda la casa estuviera en ese lugar, en esos inexactos tres por tres, en ese rincón donde los muebles parecían esconderse de las penumbras que habitaban el resto de la morada.<br />
<br />
Salí de aquella habitación buscando a la anciana. Primero era la misión, no cuestionar esas dudosas maneras de vivir que, por cierto, el deterioro del ambiente marcaba con claridad una soledad evidente en la señora mayor. Tomé el pasillo que me sugería el instinto y, al final, la vi parada entre la sombra, con un atuendo tan colorido y lleno de vida que parecía que el resto estaba en blanco y negro. Ella, a los ojos de mi mortalidad, parecía frágil. Su postura era encorvada y sostenía en una mano una aguja de tejer. Estaba inmóvil, mirándome. Nos miramos algunos segundos, los suficientes como para preocuparme por su bienestar. No buscaba asustarla, pero tampoco quería dejarla sola. Me acerqué un poco más ágil, lo que provocó que mis suelas hicieran gritar aún más el suelo, que ahora chillaba buscando quebrarse. A medida que me acercaba, surgió una sonrisa en su rostro. En sus ojos vi el infierno de mil soles, como si estuviera en un estúpido e irracional júbilo. Feliz. La chispa de una locura encantadora. Y antes de que me acercara lo suficiente, rompió el silencio que nos apresaba.<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color"> Bienvenido, bienaventurado, a la isla. La isla del misterio y la acción, donde los más cuerdos se pierden en el interior de la oscuridad.</span><br />
<br />
Me lo dijo con la voz de mil batallas con el alcohol, amarga, casi escupida, salida de un garguero curtido. La voz tenía su identidad, su presencia. Una voz que hacía que las palabras ridículas de un ser inofensivo parecieran sentencia, declaraciones de guerra.<br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—Soy la Capitana, y tú eres el marinero que me ayudará a encontrar mi tesoro. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jub jub jub jub.</span></span><br />
<br />
La situación cada vez era más loca. La señora estaba completamente perdida, delirante. Tal vez se quedó atrapada en algún shock postraumático e intentaba liberarse de él en este delirio. Me parecía graciosa, pero no desde la burla, sino desde la calidez; desde la mirada de alguien que no buscó dañar a otro para salvarse, y eso la dejó perdida en su imaginación. Una mueca en mis labios, una risa que nadie vio. Mi máscara era una aliada para permanecer insulso, como una grieta sin sentimientos. Aun así, no parecía que yo le generara miedo ni rechazo, como si el maldito karma de ser horrendo no penetrara en su estúpida manera de ver la realidad. Aun en todo aquel alboroto de su voz y sus colores, no dije nada y continué acercándome, esta vez más tranquilo, más pasivo.<br />
<br />
Con la diestra me tendió una servilleta arrugada, con dibujos que, en el viaje hacia mi mano, no pude deducir de qué se trataban. Cuando abrí el papel manchado, noté enseguida que había algunos trazos inseguros pero cargados de significado. Era un plano de aquella mansión. En el papel, la casa parecía aún más gigantesca de lo que se veía. Ese dibujo hacía que el lugar pareciera una gran isla desierta de humanidad. Había un sector que, en el papel, estaba representado con garabatos de árboles y parecía un bosque; otro era un gran cauce de agua, y uno más, el más alejado, estaba marcado con una cruz en rojo. Cada segmento estaba nombrado, inventado con palabras que no eran de este dialecto. El objetivo del mapa era llegar a esa gran cruz, Gairfiil.<br />
<br />
De golpe, su dedo golpeó el destino. Me miró y sonrió, como si mi presencia allí la llenara de esperanza, de luz, de vida. Por un momento, olvide que estaba en un lugar tan lúgubre y apagado.<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No sé cómo has llegado hasta aquí, pero comparto contigo esta información. Ahora eres mi tripulante. Este es el mapa de la isla en la que me encuentro.</span><br />
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Me lo explicaba mientras movía los labios con los dientes, un gesto preciso de su estado senil.<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">La niebla lo ha cubierto todo, de norte a sur, de este a oeste. El tesoro está oculto... no recuerdo dónde lo enterré. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jub jub jub jub.</span></span><br />
<br />
Se veía en sus ojos la intención inexplicable de buscar por toda su casa aquel tesoro que ya no recordaba dónde estaba. Incluso parecía no saber quién era ella misma, dónde estaba realmente; solo sabía que era la capitana de aquella aventura. Iba vestida prácticamente como una bucanera, como si toda su vida hubiera estado esperando el momento de salir en la cacería de ese tesoro. Sus ropas eran las de una aventurera extravagante, con una gran capa hecha de retazos de tejidos, y en su semblante se mantenía inmóvil un gorro de cotillón, un gorro que hacía más épicas sus fachas. Comenzó a desplazarse sin que yo dijera nada, surcando los pasillos como si fueran bosques espesos llenos de maleza, donde colgaban antiguas telas que decoraban las paredes. Con su aguja de tejer en la mano, me habló al verme hacer del mapa un gorro de papel para acompañarla.<br />
<br />
- <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ese es un lugar estupendo para dejar el mapa, solo si pierdes la cabeza perderás el mapa. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jub jub jub jub.</span> Joven, no me dijo su nombre, y mi madre me enseñó que no debo hablar con extraños. Yo soy la capitana Muriel, ¿y tú eres?</span><br />
<br />
Me habló con su imponente voz entre risas, pero con la mirada desafiante, buscando complicidad y averiguar con quién trataba. Me apuntaba con su aguja de tejer; buscaba de mí la eficiencia de un fiel tripulante. Le seguí el juego, no por compasión, sino para protegerla de su soledad.<br />
<br />
- <span style="color: #888888;" class="mycode_color">Caelum. Con esta figura ofrezco mi lealtad, capitana Muriel.</span><br />
<br />
Le dije mientras sacaba de mi bolsillo una grulla que rápidamente le ofrecí. Esta grulla era un doblez que había hecho con un papel hermoso, lleno de colores. Era la publicidad de una casa de golosinas. Esa gama de colores hacía del pájaro un regalo propio para una gloriosa guerrera del mar.<br />
<br />
- <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Caelum, ¿eh? El nombre de un terrible tirador de los mares. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Jub jub jub jub.</span></span><br />
<br />
Y no sé cómo lo supo, pero lo supo. Seguimos avanzando y me habló de sus hazañas de piratería, tan reales como fantasiosas, tan ciertas que por un momento dudé si todo aquello seguía siendo un teatro. Era una locura tan dulce, olvidé que estaba al servicio de la Marina. No era la terrible ladrona y criminal; era una pirata que buscaba liberar, que ayudaba a los de abajo, del lado del mundo del que yo vengo.<br />
<br />
Por momentos, parecía volver a la realidad y me miraba con ojos de espanto, como si fuera una persona nueva en cada instante. Pero volvía, una y otra vez, a esa fantasía. Sentí en su mirada de pena la fragilidad de su mundo cotidiano, como si buscara firmemente aferrarse a la identidad de esa pirata que perseguía un ejemplar botín.<br />
<br />
Continué a su lado, no atrás ni adelante, al costado, como un fiel tripulante. No rompí aquella magia. No solo por ella, sino por mí. Me estaba divirtiendo. Me sentía parte necesaria de algo por primera vez desde que ingresé a la Marina.<br />
<br />
-<span style="color: #888888;" class="mycode_color">Naveguemos, capitana Muriel.</span><br />
<br />
Pasaron algunas horas en las que ninguno de los dos seguía una ruta definida por aquel gigante que era su casa. Ella, por su parte, se sentía acompañada. Me bromeaba y se reía con aquella risa tan particular. Yo solo la acompañaba, estaba a su costado, escuchando y doblando papel. A cada figura que le entregaba parecía encontrarle un lugar en las distintas habitaciones de la casa. En su delirio, no se despegaba del todo de la realidad con esos gestos de sensatez. Y como si supiera con exactitud lo que quería, abrió la puerta de una habitación en la que nunca habíamos estado antes. Era un comedor gigante, que se mantenía como si sus muebles nunca hubieran existido. Había una lámpara sobre la mesa, sin sillas.<br />
<br />
Se acercó a la luz y, entre sus ropajes, sacó un frasco repleto de galletas. Haciendo más aterradoramente crudo el momento, me dijo. <br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¡Caelum!</span><br />
<br />
Decía mi nombre como si la hubiera acompañado durante décadas.<br />
<br />
- <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Este es mi tesoro</span><br />
<br />
Murmuró. Yo no comprendí del todo lo que quería decir con "este es mi tesoro". ¿No lo estábamos buscando por la casa?<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Lo escondí para protegerlo, pero ahora la niebla me impide encontrarlo.</span><br />
<br />
La miré. Miré el contenedor lleno de galletas, y entendí que no era solo un frasco, no era un objeto que encontrar. Era todo su dulzura, su seguridad auténtica convertida en bizcochos. Los guardaba de la tormenta implacable de esa niebla que se devoraba sus memorias. Me retiré el sombrero y lo volví a convertir en mapa. La cruz estaba exactamente en el lugar en el que nos encontrábamos.<br />
<br />
-<span style="color: #888888;" class="mycode_color">Capitana, hemos encontrado el tesoro.</span><br />
<br />
Su sonrisa destruyó la fantasía. Fue un puente que unió el presente de aquella espesa niebla con el pasado de memorias famélicas, entre su soledad y la compañía. Y ahora, con una voz repuesta y llena de conciencia, me dijo.<br />
<br />
-<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Quieres un poco de té y una de mis galletas?</span><br />
<br />
Su pregunta era la oferta de una dulce abuela, de alguien que protegió toda su vida a las nuevas generaciones. ¿Cómo podía decirle que no? ¿Cómo podía un marine, un representante del Gobierno, rechazar el ofrecimiento de una abuela?<br />
<br />
Acepté. Ya no éramos piratas, ya no éramos gritos entre la niebla. Éramos luz, compartiendo un poco de té. Que, por cierto, estaba caliente, en una tetera como si nos estuviera esperando desde el principio. Ella convirtió una cortina en mantel, y nos llenamos de energía, de aquel sol alocado que se quedó con nosotros.<br />
<br />
Bebía aquel té con sorbos cortos, para hacer esa situación fraterna eterna, también estaba solo y necesitaba ese momento. Estaba roto, cargado de niebla. Mordía la galleta como si cada bocado me llenara de algo que jamás fui a buscar, pero que me estaba salvando la vida. Y fue allí, por primera vez como militar, que entendí que no eran necesarias las órdenes, sino instantes de ternura. Aquello era nuestro refugio compartido, en la paciencia con la que navegamos por mares invisibles.<br />
<br />
De pronto, alguien irrumpió en el lugar con gritos desorganizados y cuestionadores, con palabras ajenas a la libertad, que arrastraban de los pelos la niebla nuevamente. Ella me miró y no unió rostros con nombres. Enloqueció. Me miraba como si mis ojos fueran ajenos, distantes, como si aquel instante de aventura hubiera tenido la vida de una mariposa nocturna.<br />
<br />
El que llegó era su hijo. Quedé lo suficientemente preocupado como para interrogarlo en un momento entre los dos. En ese instante, la niebla estaba aquí y más allá. La vieja no paraba de mirarme, de mirar a su hijo, aterrada, como si ambos fuéramos de otra dimensión. Su hijo me gritó.<br />
<br />
-<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">¡Vete de aquí, engendro! ¡Asustas a mi madre!</span><br />
<br />
Me iba por el umbral de una puerta que jamás volví a recorrer , que jamás visité, pero que tanto me dejó.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: sans-serif;" class="mycode_font">Caelum no lo vio, pero tal vez lo sintió. Sintió la vibra del alma desesperada que había sido salvada de una niebla cotidiana y llena de olvido. Con sus manos de piel de papel, de huesos de barro valiente, se repuso en la mesa del comedor, tomó el mapa manchado de mil aventuras y tachó Gairfiil con un trazo inútil, que parecía más un subrayado que un final. Y debajo de la cruz del tesoro escribió Caelum, no con conciencia, sino devorada por la niebla.</span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: sans-serif;" class="mycode_font">Ese nombre la dejaba al abismo de su pasado, al velatorio constante de sus memorias suicidas y erráticas. Caelum era el sol tibio que entraba por el comedor, bebiendo junto a ella un poco de té.</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>Off</span>
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				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Inventario</span>
					</div>
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					<div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://i.imgur.com/ylqZbar.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Grau</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>7 FUE / 10 DES / 10 PREC</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>10</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,3 DES / 0,2 PRE</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>15</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>5000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Grau es un arma que no brilla. Su cuerpo es un pliegue afilado de geometría callada, forjado en acero como la niebla, un metal antiguo que devora el reflejo y silencia el impacto. Con un peso de 1,3 kilogramos y una extensión de 76 centímetros, su diseño evoca el arte perdido del origami endurecido, como si un pensamiento melancólico hubiera sido doblado mil veces hasta convertirse en filo.

Desde su centro,una estrella simétrica, rígida y sin alma, emergen dos alas cortantes, perfectas para atravesar el viento y también el silencio. Grau no se lanza: se deja ir. Su trayectoria no responde a la física, sino a la intención. Cada curva en el aire parece escrita de antemano, como si regresara no por diseño, sino por duelo.
No vibra, no canta. Vuelve con precisión, con gravedad, con memoria. Y al volver, no busca aplausos ni reconocimiento, solo la mano que lo soltó.</i>
                </p>
                <hr/>
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                        <span style='font-family:monospace;'><strong>grau001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div>
				</div>
			</div><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Muriel ex Marine</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<img src="https://i.imgur.com/rZGuUxX.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: rZGuUxX.png]" class="mycode_img" />
				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Plaga]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1724</link>
			<pubDate>Fri, 16 May 2025 17:16:45 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=439">Caelum Drift</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1724</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dia 11 de Otoño, Año 15<br />
</span></div>
<span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">La espera</span><br />
<br />
Ni la última playa, ni la última ola, ni el último aliento. El momento exacto en que decidí estar allí fue cuando los vi. Siluetas abandonadas y perdidas pidiendo ser rescatadas. Un pueblo hambriento de gloria y abandonado por Dios. Y aquí, un servidor, un pequeño cachorro de policía del mar jugando a ser héroe, mandado a ser héroe. La tijera de la hidalguía jamás había pasado por la tela que formaba mi uniforme. Estaba allí por hambre, por roto, por persona a la deriva que supo tender la mano pidiendo ayuda.<br />
<br />
Hoy el pueblo no estaba escandalosamente perdido, pero estaba jodido, una plaga tan letal como ignorada. Y allí estaba yo, esperando ser guiado para averiguar sobre el “pequeño” problema. Qué palabra, “pequeño”; suena diminuta, escasa de valor en el enunciado. Siempre la política tirando los intereses por la borda, soltando la mano de quien buscaba ser rescatado.<br />
<br />
Antes de releer la orden que llevaba doblada en mi bolsillo, escribí una nota. La tinta añil, sobre papel amarillo manchado, lleno de pliegues de lo que intentó ser una y otra vez una nueva figura. Ahora sería una frase para encontrar en alguien el abrigo de enunciados escritos con ganas de tender un puente, una mano.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Ningún niño nace ladrón. Ningún pueblo está condenado al exilio del abrazo fraterno, del encuentro, de la empatía. Esto no lo digo como juez, sino como poeta, como persona arrojada al mundo de la mano de la violencia, del desamor, de tormentas. Aquí me presento al costado, acompañando y nada más. Basta estar. Ningún niño nace ladrón.”</span></span></span></div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
No más que cuatro palabras bastaban, pero el bolígrafo siguió escribiendo por inercia, con las ganas alocadas de dejar un mensaje para nadie, para el exacto, para el olvido. Hecho cuadrado en cuatro pliegues, el trozo de mí quedó para alguien a mi lado, mientras esperaba a ese que-se-yo para que me mostrara cómo transitar el pueblo.<br />
<br />
El destino estaba al norte, era lo único que sabía. Yo me encontraba en la gigantesca ciudad principal, fuertemente adoquinada, brutalmente llena de vidrieras que reflejaban el valor de lo hecho por el hombre. Allí parecía que nadie se enterara del lío que había más arriba, al norte. Tal vez porque en el mapa, el Pueblo Shizen era una marca, un lugar que estaba allí, pero las rutas eran invisibles, imposibles. No había información de cómo llegar. Para eso era crucial quién sería mi guía, mi “compañero”, alguien que jamás vi y que, claramente, jamás me vio. ¿Quién podría aceptar este recado con alguien tan incómodo de mirar, tan feo? Hasta los locales me condenaban, solo respetaban mi uniforme; no me veían más que eso, un servil soldado a la orden de la realeza local. Y las palabras de odio no tardaban en llegar a mis oídos, traídas por la brisa otoñal.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¿Es humano?... No quiero pasar cerca de esa bestia… Dios se apiade de su alma.”</span><br />
<br />
No venían ni a pedirme limosna, ni a ofrecerme bocadillos que, por cierto, abundaban vendedores con canastas llenas de un almuerzo local con aroma de tradición, de cultura. Entre los vendedores, un niño me miraba desde una esquina. Siempre gris, todo lo veía gris. Los pies del joven estaban desprotegidos, descalzos, solos sobre el terreno. Su ropa, las calles, las vidrieras, los edificios; nada en paleta de cálidos ni fríos. Sostenía su canasta con los ojos rasgados, adoloridos de tanto andar, de tanto tener que dejar de ser niño a la fuerza. Jugaba con una piedra que apenas podía mover y me miraba. Nunca dejó de mirarme. Tal vez por miedo o por compasión, nunca lo supe. Él estaba allí, estático, con el mineral entre sus piernas. Un arco reflejo a no soltar ese niño inquieto y juguetón, ese niño que a todos se nos lanza por la borda de la razón alguna vez.<br />
<br />
Me recosté contra el respaldo, un movimiento sutil pero destructor de armonía. El niño, una mujer más allá, una más acá, un hombre en la ventana; todos me miraban espantados, esperando mi siguiente movimiento. Yo, una grieta social arruinando el momento folclórico, el ritual de un pueblo que nunca dejó de andar, que estaba calmo pese a mi presencia. Con el movimiento, vi entre los huecos de mi máscara un letrero. Colgaba cansado sobre mi semblante, en una madera que parecía vieja pero resistente, lo suficiente para haber estado allí bastantes otoños. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“El terror de las plagas”</span>. La alegoría de la fealdad. O tal vez la señal que una espera por arte divino, ya que en el pueblo del norte una invasión de hormigas estaba arruinando la agricultura. Mi trabajo allí era ser presencia. Un enviado de la Marina para que, aunque solo lo pareciera, habían sido escuchados. Tal vez este lugar necesitaba un feo más de lo que parecía. Bajo mi máscara y tomando mío el momento mágico, emulé una mueca; eso que hacemos los humanos cuando algo nos da gracia.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Inventario</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://i.imgur.com/ylqZbar.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Grau</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>7 FUE / 10 DES / 10 PREC</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>10</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,3 DES / 0,2 PRE</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>15</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>5000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Grau es un arma que no brilla. Su cuerpo es un pliegue afilado de geometría callada, forjado en acero como la niebla, un metal antiguo que devora el reflejo y silencia el impacto. Con un peso de 1,3 kilogramos y una extensión de 76 centímetros, su diseño evoca el arte perdido del origami endurecido, como si un pensamiento melancólico hubiera sido doblado mil veces hasta convertirse en filo.

Desde su centro,una estrella simétrica, rígida y sin alma, emergen dos alas cortantes, perfectas para atravesar el viento y también el silencio. Grau no se lanza: se deja ir. Su trayectoria no responde a la física, sino a la intención. Cada curva en el aire parece escrita de antemano, como si regresara no por diseño, sino por duelo.
No vibra, no canta. Vuelve con precisión, con gravedad, con memoria. Y al volver, no busca aplausos ni reconocimiento, solo la mano que lo soltó.</i>
                </p>
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                </div>
            </div> 
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dia 11 de Otoño, Año 15<br />
</span></div>
<span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">La espera</span><br />
<br />
Ni la última playa, ni la última ola, ni el último aliento. El momento exacto en que decidí estar allí fue cuando los vi. Siluetas abandonadas y perdidas pidiendo ser rescatadas. Un pueblo hambriento de gloria y abandonado por Dios. Y aquí, un servidor, un pequeño cachorro de policía del mar jugando a ser héroe, mandado a ser héroe. La tijera de la hidalguía jamás había pasado por la tela que formaba mi uniforme. Estaba allí por hambre, por roto, por persona a la deriva que supo tender la mano pidiendo ayuda.<br />
<br />
Hoy el pueblo no estaba escandalosamente perdido, pero estaba jodido, una plaga tan letal como ignorada. Y allí estaba yo, esperando ser guiado para averiguar sobre el “pequeño” problema. Qué palabra, “pequeño”; suena diminuta, escasa de valor en el enunciado. Siempre la política tirando los intereses por la borda, soltando la mano de quien buscaba ser rescatado.<br />
<br />
Antes de releer la orden que llevaba doblada en mi bolsillo, escribí una nota. La tinta añil, sobre papel amarillo manchado, lleno de pliegues de lo que intentó ser una y otra vez una nueva figura. Ahora sería una frase para encontrar en alguien el abrigo de enunciados escritos con ganas de tender un puente, una mano.<br />
<br />
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<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Ningún niño nace ladrón. Ningún pueblo está condenado al exilio del abrazo fraterno, del encuentro, de la empatía. Esto no lo digo como juez, sino como poeta, como persona arrojada al mundo de la mano de la violencia, del desamor, de tormentas. Aquí me presento al costado, acompañando y nada más. Basta estar. Ningún niño nace ladrón.”</span></span></span></div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
No más que cuatro palabras bastaban, pero el bolígrafo siguió escribiendo por inercia, con las ganas alocadas de dejar un mensaje para nadie, para el exacto, para el olvido. Hecho cuadrado en cuatro pliegues, el trozo de mí quedó para alguien a mi lado, mientras esperaba a ese que-se-yo para que me mostrara cómo transitar el pueblo.<br />
<br />
El destino estaba al norte, era lo único que sabía. Yo me encontraba en la gigantesca ciudad principal, fuertemente adoquinada, brutalmente llena de vidrieras que reflejaban el valor de lo hecho por el hombre. Allí parecía que nadie se enterara del lío que había más arriba, al norte. Tal vez porque en el mapa, el Pueblo Shizen era una marca, un lugar que estaba allí, pero las rutas eran invisibles, imposibles. No había información de cómo llegar. Para eso era crucial quién sería mi guía, mi “compañero”, alguien que jamás vi y que, claramente, jamás me vio. ¿Quién podría aceptar este recado con alguien tan incómodo de mirar, tan feo? Hasta los locales me condenaban, solo respetaban mi uniforme; no me veían más que eso, un servil soldado a la orden de la realeza local. Y las palabras de odio no tardaban en llegar a mis oídos, traídas por la brisa otoñal.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¿Es humano?... No quiero pasar cerca de esa bestia… Dios se apiade de su alma.”</span><br />
<br />
No venían ni a pedirme limosna, ni a ofrecerme bocadillos que, por cierto, abundaban vendedores con canastas llenas de un almuerzo local con aroma de tradición, de cultura. Entre los vendedores, un niño me miraba desde una esquina. Siempre gris, todo lo veía gris. Los pies del joven estaban desprotegidos, descalzos, solos sobre el terreno. Su ropa, las calles, las vidrieras, los edificios; nada en paleta de cálidos ni fríos. Sostenía su canasta con los ojos rasgados, adoloridos de tanto andar, de tanto tener que dejar de ser niño a la fuerza. Jugaba con una piedra que apenas podía mover y me miraba. Nunca dejó de mirarme. Tal vez por miedo o por compasión, nunca lo supe. Él estaba allí, estático, con el mineral entre sus piernas. Un arco reflejo a no soltar ese niño inquieto y juguetón, ese niño que a todos se nos lanza por la borda de la razón alguna vez.<br />
<br />
Me recosté contra el respaldo, un movimiento sutil pero destructor de armonía. El niño, una mujer más allá, una más acá, un hombre en la ventana; todos me miraban espantados, esperando mi siguiente movimiento. Yo, una grieta social arruinando el momento folclórico, el ritual de un pueblo que nunca dejó de andar, que estaba calmo pese a mi presencia. Con el movimiento, vi entre los huecos de mi máscara un letrero. Colgaba cansado sobre mi semblante, en una madera que parecía vieja pero resistente, lo suficiente para haber estado allí bastantes otoños. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“El terror de las plagas”</span>. La alegoría de la fealdad. O tal vez la señal que una espera por arte divino, ya que en el pueblo del norte una invasión de hormigas estaba arruinando la agricultura. Mi trabajo allí era ser presencia. Un enviado de la Marina para que, aunque solo lo pareciera, habían sido escuchados. Tal vez este lugar necesitaba un feo más de lo que parecía. Bajo mi máscara y tomando mío el momento mágico, emulé una mueca; eso que hacemos los humanos cuando algo nos da gracia.<br />
<br />
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						<span>Inventario</span>
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                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://i.imgur.com/ylqZbar.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Grau</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
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                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
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                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>7 FUE / 10 DES / 10 PREC</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>10</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,3 DES / 0,2 PRE</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>15</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>5000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Grau es un arma que no brilla. Su cuerpo es un pliegue afilado de geometría callada, forjado en acero como la niebla, un metal antiguo que devora el reflejo y silencia el impacto. Con un peso de 1,3 kilogramos y una extensión de 76 centímetros, su diseño evoca el arte perdido del origami endurecido, como si un pensamiento melancólico hubiera sido doblado mil veces hasta convertirse en filo.

Desde su centro,una estrella simétrica, rígida y sin alma, emergen dos alas cortantes, perfectas para atravesar el viento y también el silencio. Grau no se lanza: se deja ir. Su trayectoria no responde a la física, sino a la intención. Cada curva en el aire parece escrita de antemano, como si regresara no por diseño, sino por duelo.
No vibra, no canta. Vuelve con precisión, con gravedad, con memoria. Y al volver, no busca aplausos ni reconocimiento, solo la mano que lo soltó.</i>
                </p>
                <hr/>
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                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>grau001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div> 
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Responsabilidades]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1642</link>
			<pubDate>Fri, 04 Apr 2025 12:22:16 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=414">Jean D´Orlanais</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1642</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">Día 37 de Primavera, Año 15</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">Ciudad Akauri. Reino de Ilisia, West Blue</span></span></div>
<span style="font-size: small;" class="mycode_size">- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Te queda bien así...</span><br />
<br />
Las palabras de Mel atravesaron la habitación desde su cama. Tras la primera semana, habían realojado a los nuevos reclutas aceptados, prácticamente toda la promoción de Jean, en habitaciones dobles. Dado que se habían conocido el primer día y se habían caído bien, Mel y Jean compartían habitación. Se trataba de una estancia pequeña, con dos camas con un pequeño baúl para guardar sus pertenencias, un par de pequeñas cómodas que exigían tener un fondo de armario muy justo y un par de mesillas de noche. En el centro habían querido colocar una alfombra granate sobre el suelo de madera que, opinaron, le daban un toque más acogedor a aquel lugar que ahora era su hogar.<br />
<br />
Jean volvió a soltarse el pelo, dejando que este cayera sobre sus hombros. Se miró en un pequeño espejo que habían colocado en la pared, giró sobre si misma, arrugó los labios y cogió de nuevo su lazo azul ante el agónico gemido de Mel, que dio un par de vueltas sobre la cama.<br />
<br />
Al salir de la casa de su familia, algo que no había considerado la joven era que estaba huyendo de su casa, de su hogar, de aquel sitio donde había vivido desde siempre. Y los primeros días le costaba pensar que pudiera volver a sentir ese arraigo en cualquier otra parte, que no podría volver a considerar que ningún edificio era su hogar, que ninguna habitación podía volver a ser su refugio, aquel lugar seguro en el que refugiarse cuando todo fuese mal. Sin embargo, allí, con Mel dando vueltas sobre si misma aburrida encima de la cama, ella decidiendo si era mejor llevar el pelo suelto o recogido... Bueno, solía decirse que el hogar no era un lugar físico, sino que era donde te sintieras a gusto. Se sentía a gusto allí.<br />
<br />
- <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Creo que lo voy a llevar como siempre.</span> - terminó decidiendo mientras terminaba de hacer el lazo sobre su coleta.<br />
<br />
Extendió las manos y la coleta quedó perfectamente quieta. Mel chispeó los ojos.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¿En que momento se me ha ocurrido preguntarte...?</span> - dijo levantándose con un deje de extrema pereza.<br />
<br />
- <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Coincido, ha sido culpa tuya.</span> - le contestó la rubia sacando ligeramente la lengua y cogiendo en el aire la almohada que le llegó volando segundos después. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Venga, vámonos ya o se irán sin nosotras.</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">Día 37 de Primavera, Año 15</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">Ciudad Akauri. Reino de Ilisia, West Blue</span></span></div>
<span style="font-size: small;" class="mycode_size">- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Te queda bien así...</span><br />
<br />
Las palabras de Mel atravesaron la habitación desde su cama. Tras la primera semana, habían realojado a los nuevos reclutas aceptados, prácticamente toda la promoción de Jean, en habitaciones dobles. Dado que se habían conocido el primer día y se habían caído bien, Mel y Jean compartían habitación. Se trataba de una estancia pequeña, con dos camas con un pequeño baúl para guardar sus pertenencias, un par de pequeñas cómodas que exigían tener un fondo de armario muy justo y un par de mesillas de noche. En el centro habían querido colocar una alfombra granate sobre el suelo de madera que, opinaron, le daban un toque más acogedor a aquel lugar que ahora era su hogar.<br />
<br />
Jean volvió a soltarse el pelo, dejando que este cayera sobre sus hombros. Se miró en un pequeño espejo que habían colocado en la pared, giró sobre si misma, arrugó los labios y cogió de nuevo su lazo azul ante el agónico gemido de Mel, que dio un par de vueltas sobre la cama.<br />
<br />
Al salir de la casa de su familia, algo que no había considerado la joven era que estaba huyendo de su casa, de su hogar, de aquel sitio donde había vivido desde siempre. Y los primeros días le costaba pensar que pudiera volver a sentir ese arraigo en cualquier otra parte, que no podría volver a considerar que ningún edificio era su hogar, que ninguna habitación podía volver a ser su refugio, aquel lugar seguro en el que refugiarse cuando todo fuese mal. Sin embargo, allí, con Mel dando vueltas sobre si misma aburrida encima de la cama, ella decidiendo si era mejor llevar el pelo suelto o recogido... Bueno, solía decirse que el hogar no era un lugar físico, sino que era donde te sintieras a gusto. Se sentía a gusto allí.<br />
<br />
- <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Creo que lo voy a llevar como siempre.</span> - terminó decidiendo mientras terminaba de hacer el lazo sobre su coleta.<br />
<br />
Extendió las manos y la coleta quedó perfectamente quieta. Mel chispeó los ojos.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¿En que momento se me ha ocurrido preguntarte...?</span> - dijo levantándose con un deje de extrema pereza.<br />
<br />
- <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Coincido, ha sido culpa tuya.</span> - le contestó la rubia sacando ligeramente la lengua y cogiendo en el aire la almohada que le llegó volando segundos después. - <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Venga, vámonos ya o se irán sin nosotras.</span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Vicios son vicios [Aventura T2 - Presente Absoluto]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1460</link>
			<pubDate>Sat, 28 Dec 2024 05:30:50 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=253">Ashura</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1460</guid>
			<description><![CDATA[Dia 83 de Verano, Año 14<br />
<br />
<br />
El reino de Ilisia, un lugar prospero que ha visto el incontable inicio de aventuras y el final de otras cuantas. Una isla grande y llena de vida, protegida por la más prestigiosa institución conocida en este mundo y el siguiente: La Marina. Pero muchas cosas escapan de nuestros grandes regentes, la vida se abre paso entre las grietas del cemento en formas de briznas de pasto lo suficientemente soberbias como para perecer, los entresijos de los mortales tejen la tela sobre la que se sostiene el mundo, y este, tan pesado como es, aguanta a duras penas sobre una base tan endeble.<br />
<br />
Para que exista luz, debe haber oscuridad y fiel a esta regla ancestral de nuestro mundo, las calles de la gran ciudad de Ilisia, también conocida como Akarui, esconden secretos y monstruos a los que muchos dan la espalda, pues, para que algo sea prospero otros deben perecer y en sus suburbios, escasos, pero aún existentes, existen muchos tipos de peligros que la seguridad de la ciudadanía ignora.<br />
<br />
Las drogas, la prostitución y esclavitud son los pilares fundamentales de cualquier sociedad moderna, esta triple entente rige bajo las sombras los vicios de las personas más grandes conocidas y sobre ellas, el poder y la lujuria toman la forma más primigenia conocida de la naturaleza de estos mismo: La humanidad. <br />
<br />
Es por eso, que alejados de los lujos y la moralidad, los vástagos de estos terribles destinos, pelean y luchan por hacerse un sitio en lo más alto del escalafón social, aunque muchos de ellos perecen en el camino, otros consiguen prosperar y llegar a un estatus de bonanza y felicidad, sin embargo, aquellos que no son capaces de escapar de las brutales garras de las calles, son consumidos por las mismas sustancias que ellos consumen, convirtiéndose así en cascarones vacíos, el lugar perfecto para que la pena y la ruina proliferen sin que le salpique a nadie. <br />
<br />
El verano llegaba así a su fin, aunque el calor estival acariciaba las calles, se alejaba mucho de las temperaturas pasadas que habían asolado a los adoquines que conformaban los cimientos de Akarui. El cielo presagiaba una tormenta venidera, y sobre las casas de aquella ilustre ciudad unas nubes con los colores de la ceniza y el humo amenazaban con purificar el aire cargado con las que había obsequiado a aquellas calles el terrible calor del verano. <br />
<br />
Nuestro protagonista hoy no sería otro que el novato pero ambicioso cazador de recompensas Casca Belles, el cual, con la prepotencia que brinda la juventud, había dejado atrás temporalmente a su compañeros: un semigigante con un bigote envidiable y una humana adorable nativa de aquella ciudad con los que había echo grupo tiempo atrás.<br />
<br />
Casca Belles caminaba por los suburbios mientras observaba la basura que los rodeaba y la precariedad con la que aquellas gentes convivía, pudiendo observar la diferencia que podía haber entre las distintas zonas de una misma ciudad. Frente a él los edificios  se erigían endebles, construidos con maderas roídas y arcilla mohosa, algunos estaban derruidos, otros tenían parches que intentaban arreglar la baja calidad de sus materiales, pero si algo era cierto, es que aquel barrio parecía un lugar totalmente diferente al mundo que había conocido en el centro de la capital. <br />
<br />
Pero... ¿Por qué un novato cazarrecompensas caminaría decidido en dirección a un conflicto, con una tormenta sobre sus hombros y sin sus compañeros? La respuesta se encontraba en una nota que ahora descansaba en su ropajes, la cual, había encontrado en un tablón de recompensas y que con mala letra y peor ortografía, rezaba lo siguiente: <br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Nesesitemos de alluda, las caies del suvurbió 2 estan perdidas, nuestres familias destruidas. Desde qie se llevo acabo la rededa, el consumo a vajado, los chicos estan nerviosos y nuestro kerido Folk, el bueno de Folk... Alguien tien que acabar con sus sufrimientos, está fuera de sin, e un peligro para tós nsotros. Ofreceremo lo pogo que tenemo al q sea capas de ponerle en el canmino de la tunbas.</blockquote>
<br />
<br />
De uno de los callejones que se perdían en aquel inhóspito lugar un grito aterrador destruyó el silencio, era un grito de dolor y de agonía, cualquier otro hubiera escapado ante tan aterrador sonido, pero... ¿Qué haría nuestro protagonista? <br />
<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">datos de interes</span></span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Notas del narrador</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<ul class="mycode_list"><li>Primero post de tu aventura, nos ponemos en situación y empezamos directos con el meollo ya posicionados y todo lo demás. <br />
</li>
<li>Tiempo: El cielo está nublado, se acerca una tormenta inminente. <br />
</li>
<li>Puedes escuchar el grito perfectamente, será tu decisión como abordar la situación. Guardo para el siguiente post la escenografía del acto y los personajes a utilizar. <br />
</li>
<li>Espero que disfrutes mucho de esta aventura y a aprendas el bélico básico por partes iguales, no te asustes, esto será lo más parecido a un tutorial, pero no te confíes tampoco jeje, nunca se sabe lo que puede pasar. <br />
</li>
<li>Dado las fechas que son (y que me gusta la fiesta más que a un tonto un lápiz) te pido perdón en caso de que en algún momento me demore más de lo esperado, o que la resaca empeore la calidad del rol en cierto punto, de verdad que lo siento pero no puedo evitar salir a zumbarme unas copas como esta mandao. <br />
</li>
<li>Esta aventura es un aventura T2, el nivel de peligrosidad es mínimo, pero no inexistente. Deberás escribir 8 post para completarla. Tú recompensa por superarla será la siguiente: 10 PM, 20 de reputación y 20k de berries. ¡Mucha suerte y espero que sea de tu agrado!<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Dia 83 de Verano, Año 14<br />
<br />
<br />
El reino de Ilisia, un lugar prospero que ha visto el incontable inicio de aventuras y el final de otras cuantas. Una isla grande y llena de vida, protegida por la más prestigiosa institución conocida en este mundo y el siguiente: La Marina. Pero muchas cosas escapan de nuestros grandes regentes, la vida se abre paso entre las grietas del cemento en formas de briznas de pasto lo suficientemente soberbias como para perecer, los entresijos de los mortales tejen la tela sobre la que se sostiene el mundo, y este, tan pesado como es, aguanta a duras penas sobre una base tan endeble.<br />
<br />
Para que exista luz, debe haber oscuridad y fiel a esta regla ancestral de nuestro mundo, las calles de la gran ciudad de Ilisia, también conocida como Akarui, esconden secretos y monstruos a los que muchos dan la espalda, pues, para que algo sea prospero otros deben perecer y en sus suburbios, escasos, pero aún existentes, existen muchos tipos de peligros que la seguridad de la ciudadanía ignora.<br />
<br />
Las drogas, la prostitución y esclavitud son los pilares fundamentales de cualquier sociedad moderna, esta triple entente rige bajo las sombras los vicios de las personas más grandes conocidas y sobre ellas, el poder y la lujuria toman la forma más primigenia conocida de la naturaleza de estos mismo: La humanidad. <br />
<br />
Es por eso, que alejados de los lujos y la moralidad, los vástagos de estos terribles destinos, pelean y luchan por hacerse un sitio en lo más alto del escalafón social, aunque muchos de ellos perecen en el camino, otros consiguen prosperar y llegar a un estatus de bonanza y felicidad, sin embargo, aquellos que no son capaces de escapar de las brutales garras de las calles, son consumidos por las mismas sustancias que ellos consumen, convirtiéndose así en cascarones vacíos, el lugar perfecto para que la pena y la ruina proliferen sin que le salpique a nadie. <br />
<br />
El verano llegaba así a su fin, aunque el calor estival acariciaba las calles, se alejaba mucho de las temperaturas pasadas que habían asolado a los adoquines que conformaban los cimientos de Akarui. El cielo presagiaba una tormenta venidera, y sobre las casas de aquella ilustre ciudad unas nubes con los colores de la ceniza y el humo amenazaban con purificar el aire cargado con las que había obsequiado a aquellas calles el terrible calor del verano. <br />
<br />
Nuestro protagonista hoy no sería otro que el novato pero ambicioso cazador de recompensas Casca Belles, el cual, con la prepotencia que brinda la juventud, había dejado atrás temporalmente a su compañeros: un semigigante con un bigote envidiable y una humana adorable nativa de aquella ciudad con los que había echo grupo tiempo atrás.<br />
<br />
Casca Belles caminaba por los suburbios mientras observaba la basura que los rodeaba y la precariedad con la que aquellas gentes convivía, pudiendo observar la diferencia que podía haber entre las distintas zonas de una misma ciudad. Frente a él los edificios  se erigían endebles, construidos con maderas roídas y arcilla mohosa, algunos estaban derruidos, otros tenían parches que intentaban arreglar la baja calidad de sus materiales, pero si algo era cierto, es que aquel barrio parecía un lugar totalmente diferente al mundo que había conocido en el centro de la capital. <br />
<br />
Pero... ¿Por qué un novato cazarrecompensas caminaría decidido en dirección a un conflicto, con una tormenta sobre sus hombros y sin sus compañeros? La respuesta se encontraba en una nota que ahora descansaba en su ropajes, la cual, había encontrado en un tablón de recompensas y que con mala letra y peor ortografía, rezaba lo siguiente: <br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Nesesitemos de alluda, las caies del suvurbió 2 estan perdidas, nuestres familias destruidas. Desde qie se llevo acabo la rededa, el consumo a vajado, los chicos estan nerviosos y nuestro kerido Folk, el bueno de Folk... Alguien tien que acabar con sus sufrimientos, está fuera de sin, e un peligro para tós nsotros. Ofreceremo lo pogo que tenemo al q sea capas de ponerle en el canmino de la tunbas.</blockquote>
<br />
<br />
De uno de los callejones que se perdían en aquel inhóspito lugar un grito aterrador destruyó el silencio, era un grito de dolor y de agonía, cualquier otro hubiera escapado ante tan aterrador sonido, pero... ¿Qué haría nuestro protagonista? <br />
<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">datos de interes</span></span>
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						<span>Notas del narrador</span>
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					<ul class="mycode_list"><li>Primero post de tu aventura, nos ponemos en situación y empezamos directos con el meollo ya posicionados y todo lo demás. <br />
</li>
<li>Tiempo: El cielo está nublado, se acerca una tormenta inminente. <br />
</li>
<li>Puedes escuchar el grito perfectamente, será tu decisión como abordar la situación. Guardo para el siguiente post la escenografía del acto y los personajes a utilizar. <br />
</li>
<li>Espero que disfrutes mucho de esta aventura y a aprendas el bélico básico por partes iguales, no te asustes, esto será lo más parecido a un tutorial, pero no te confíes tampoco jeje, nunca se sabe lo que puede pasar. <br />
</li>
<li>Dado las fechas que son (y que me gusta la fiesta más que a un tonto un lápiz) te pido perdón en caso de que en algún momento me demore más de lo esperado, o que la resaca empeore la calidad del rol en cierto punto, de verdad que lo siento pero no puedo evitar salir a zumbarme unas copas como esta mandao. <br />
</li>
<li>Esta aventura es un aventura T2, el nivel de peligrosidad es mínimo, pero no inexistente. Deberás escribir 8 post para completarla. Tú recompensa por superarla será la siguiente: 10 PM, 20 de reputación y 20k de berries. ¡Mucha suerte y espero que sea de tu agrado!<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1459</link>
			<pubDate>Fri, 27 Dec 2024 01:35:59 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=399">Pralder</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1459</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">- 2000 berries ¡Keehkekeke, esta recompensa es justo!</span> - Exclamé con el cartel de Wanted en la mano. En él salía un pirata de unos escasos 30 años, con cara altiva y mirada soberbia al que se le quería vivo o muerto.<br />
<br />
<br />
Corrí hasta la base de la marina, la G-19, en mi cabeza la alegría iba dando paso a una mezcla de expectación y preocupación. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Seré capaz de derrotar a este pirata yo solo? ¿Dónde se encontrará y por qué no lo iba a capturar la marina directamente? ¿Cómo cobraré?”</span> Iba cavilando durante el camino, con la cabeza dando vueltas. Necesitaba consultar como funcionaba todo este tema de ser caza recompensas y sobretodo si los marines tenían información extra sobre el pirata más allá de un retrato y un nombre, “Moldu”.<br />
<br />
Al llegar a la base, dos cadetes me miraron asustados desde sus puestos en la puerta, uno de ellos apretaba sus manos entorno a su rifle, pensándolo y acordándome de ver como mi madre corría con sus quince metros de altura, entendí que ver correr hacia ti a un ser que mide casi tres veces más que tú… asusta, salvo que lo conozcas. Levanté mis manos y enseñando el cartel de recompensa grité mientras aminoraba el paso:<br />
<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">- ¡Soy Pralder, de la ciudad! ¡Vengo a preguntar sobre una recompensa!</span><br />
- <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Vale… pero… ¡no avances mucho más! </span>- Añadío el que no estaba agarrando el rifle, tras esto, cogió un den den mushi y dió un aviso. <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">- ¡Ahora vendrá un oficial!</span><br />
<br />
<br />
Al oir esto, me paré casi en seco, precavido pero contento, parecía que iba a conseguir información. Al parar, reparé en la visión del enorme edificio de la marina, blanco y con lineas azules coronado con el símbolo de una gaviota. Bajé la mirada a los 2 cadetes, unos muchachos jovenes que apenas estaban empezando a echar músculos consecuencia de los entrenamientos, con cara de preocupados pero con motivación en sus ojos, les sonreí mientras me sentaba en el cesped por tranquilizarles algo más “siempre es más agradable hablar sin tener que estar mirando hacia arriba” pensé.<br />
<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">- Muchacho ¿por qué te has unido a la marina? </span>- Prenguté para romper el silencio en lo que llegaba el oficial, al cadete que todavía sostenía el rifle en sus manos.<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">- ¿Yo?… q-quiero proteger la justicia y c-conseguir dinero para mi hermana. </span>- Contestó en voz temblorosa y débil.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">- ¡Keehkekeke seguro que lo consigues y estará orgullosa!</span> - Le dije animado.<br />
<br />
<br />
Su expresión se relajó, aunque no hablamos mucho más. Me quedé reflexionando unos minutos en los caminos que cada uno toma para salir adelante y ganarse la vida “si este muchacho necesita dinero para su hermana, sus motivos y los mios no son tan distintos, vivimos con los mismos problemas en verdad… ”. Cuando salí de mi ensimismamiento me di cuenta de que tenía al oficial frente a mi con cara seria.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">- 2000 berries ¡Keehkekeke, esta recompensa es justo!</span> - Exclamé con el cartel de Wanted en la mano. En él salía un pirata de unos escasos 30 años, con cara altiva y mirada soberbia al que se le quería vivo o muerto.<br />
<br />
<br />
Corrí hasta la base de la marina, la G-19, en mi cabeza la alegría iba dando paso a una mezcla de expectación y preocupación. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Seré capaz de derrotar a este pirata yo solo? ¿Dónde se encontrará y por qué no lo iba a capturar la marina directamente? ¿Cómo cobraré?”</span> Iba cavilando durante el camino, con la cabeza dando vueltas. Necesitaba consultar como funcionaba todo este tema de ser caza recompensas y sobretodo si los marines tenían información extra sobre el pirata más allá de un retrato y un nombre, “Moldu”.<br />
<br />
Al llegar a la base, dos cadetes me miraron asustados desde sus puestos en la puerta, uno de ellos apretaba sus manos entorno a su rifle, pensándolo y acordándome de ver como mi madre corría con sus quince metros de altura, entendí que ver correr hacia ti a un ser que mide casi tres veces más que tú… asusta, salvo que lo conozcas. Levanté mis manos y enseñando el cartel de recompensa grité mientras aminoraba el paso:<br />
<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">- ¡Soy Pralder, de la ciudad! ¡Vengo a preguntar sobre una recompensa!</span><br />
- <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Vale… pero… ¡no avances mucho más! </span>- Añadío el que no estaba agarrando el rifle, tras esto, cogió un den den mushi y dió un aviso. <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">- ¡Ahora vendrá un oficial!</span><br />
<br />
<br />
Al oir esto, me paré casi en seco, precavido pero contento, parecía que iba a conseguir información. Al parar, reparé en la visión del enorme edificio de la marina, blanco y con lineas azules coronado con el símbolo de una gaviota. Bajé la mirada a los 2 cadetes, unos muchachos jovenes que apenas estaban empezando a echar músculos consecuencia de los entrenamientos, con cara de preocupados pero con motivación en sus ojos, les sonreí mientras me sentaba en el cesped por tranquilizarles algo más “siempre es más agradable hablar sin tener que estar mirando hacia arriba” pensé.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">- Muchacho ¿por qué te has unido a la marina? </span>- Prenguté para romper el silencio en lo que llegaba el oficial, al cadete que todavía sostenía el rifle en sus manos.<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">- ¿Yo?… q-quiero proteger la justicia y c-conseguir dinero para mi hermana. </span>- Contestó en voz temblorosa y débil.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">- ¡Keehkekeke seguro que lo consigues y estará orgullosa!</span> - Le dije animado.<br />
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Su expresión se relajó, aunque no hablamos mucho más. Me quedé reflexionando unos minutos en los caminos que cada uno toma para salir adelante y ganarse la vida “si este muchacho necesita dinero para su hermana, sus motivos y los mios no son tan distintos, vivimos con los mismos problemas en verdad… ”. Cuando salí de mi ensimismamiento me di cuenta de que tenía al oficial frente a mi con cara seria.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - De la sangre a la música]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1443</link>
			<pubDate>Tue, 17 Dec 2024 16:47:08 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=398">Casca Belles</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1443</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>El bullicio de la ciudad de Akauri era un ruido constante, una mezcla de voces, pasos y el tintineo de monedas cambiando de manos. Los rayos del sol bañaban las calles empedradas, haciendo brillar las fachadas de los edificios desgastados, mientras los vendedores pregonaban sus productos en un caos que parecía nunca terminar. Gente de todas las clases sociales iba de aquí para allá: marineros cargando cajas de suministros, comerciantes discutiendo precios, y niños corriendo entre las piernas de los adultos. La ciudad, vibrante y viva, tenía una energía que contrastaba profundamente con mi estado de ánimo entonces.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Caminaba con las manos en los bolsillos, las alas plegadas contra la espalda y cubiertas por la capa oscura que siempre llevaba. Mi cabello blanco brillaba bajo el sol, atrayendo miradas fugaces, no sé bien si de curiosidad o desdén, pero me imagino que lo segundo tendría más sentido. Sin embargo, apenas notaba a la multitud; mi mente estaba atrapada en una tormenta silenciosa. Las voces de la ciudad parecían lejanas, ahogadas por el peso de lo que sentía.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Sesenta mil Berries, mires por donde lo mires... Es demasiado...</span>- Suspiré, sólo de pensarlo sentía ganas de vomitar.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>No podía dejarlo marchar, ocupaba demasiado espacio. La cifra se repetía una y otra vez, como un martilleo implacable. Por mucho que intentara alejarla, siempre volvía, una sombra constante que me seguía desde que Eleon Dur había muerto. La deuda era una cadena que no solo me ataba las manos, sino también el alma. Él había cargado con ese lastre durante años, pero ahora todo recaía sobre mí. ¿Y quién era yo? Apenas un joven idiota, dudosamente capaz de mantenerse en pie bajo el peso de un legado que no había pedido. ¿Acaso me lo merecía?<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"¿Qué será de mí ahora?"</span><br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>La pregunta estaba ahí, revoloteando por enésima vez. La soledad se sentía como un abismo cada vez más profundo y no podía fingir su ausencia. Eleon Dur ya no estaba para hacer de guía, la única persona en la que había aprendido a confiar había desaparecido y yo estaba perdido. Siempre había sido un solitario por necesidad, pero ahora esa soledad parecía más definitiva, más implacable.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>-<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">No puedo fallar. Nadie vendrá a salvarme está vez. Estoy sólo.</span> - Susurré, como si decirlo en voz alta me ayudase a interiorizar algo que ya sabía.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Mis pasos eran lentos pero firmes, cada uno marcado por una decisión forzada y silenciosa: seguir adelante, por mucho que  doliera. Movía los ojos carmesí por las calles, observando las caras de los desconocidos sin realmente verlas. Era una rutina, un ejercicio mecánico para mantenerme centrado en el presente, aunque mi mente seguía atrapada en el pasado y el futuro.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>En algún momento esos mismos ojos se clavaron en un tablón de anuncios, situado en una esquina concurrida, como si fuese lo que estaban buscando, en seco. Los carteles, algunos desgastados por el tiempo, mostraban recompensas por las cabezas de piratas, criminales y otros buscados por la ley. Un papel nuevo, recién clavado, llamó mi atención y bloqueó el panorama general. La recompensa escrita en letras grandes y negras casi parecía brillar bajo el sol.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"25,000 Berries. Vivo o muerto."</span><br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Me detuve despacio, había fijado la mirada en el rostro del pirata dibujado en el cartel. Era joven, con una expresión de arrogancia que no sólo resultaba familiar, sino que además recordaba a todo lo que despreciaba. La cifra era alta, más de lo que quizá podría abarcar. Algo despertó en mi pecho, una chispa que no sabía si era motivación o simple necesidad.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Cuando pude darme cuenta ya estaba apenas a un paso del cartel, mi capa ondeaba ligeramente con cada movimiento. Alrededor, la gente seguía su camino, ignorando al joven híbrido que observaba el anuncio como si fuese su última oportunidad de aferrarse a algo. Rocé el borde del papel con los dedos, sintiendo la textura áspera del pergamino.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"¿Es esto lo que me queda? Cazar recompensas hasta pagar la deuda..." </span>- Pensé en lo que pareció una eternidad, pero tan sólo había sido un instante. - <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"¿Y después qué? ¿Puedo permitirme pensar en el después ahora?"<br></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>La idea de una vida como esta, siempre persiguiendo sombras para apenas sobrevivir, me dejó un sabor amargo en la boca. Pero no tenía tiempo para lamentos. El mundo no se detenía para nadie, mucho menos para mí, era algo que había aprendido hacía tiempo.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"Tan sólo un paso más, sólo uno más y entonces..."</span><br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Apretando los dientes, la voz pragmática dentro de mi cabeza me recordó que no tenía el lujo de rechazar oportunidades, sin importar lo peligrosas que fueran. Arrancaría ese cartel y sobreviviría. Sería libre.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¿Eh?</span> - El cartel no se había movido. No, no era eso.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>El bullicio de la ciudad de Akauri era un ruido constante, una mezcla de voces, pasos y el tintineo de monedas cambiando de manos. Los rayos del sol bañaban las calles empedradas, haciendo brillar las fachadas de los edificios desgastados, mientras los vendedores pregonaban sus productos en un caos que parecía nunca terminar. Gente de todas las clases sociales iba de aquí para allá: marineros cargando cajas de suministros, comerciantes discutiendo precios, y niños corriendo entre las piernas de los adultos. La ciudad, vibrante y viva, tenía una energía que contrastaba profundamente con mi estado de ánimo entonces.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Caminaba con las manos en los bolsillos, las alas plegadas contra la espalda y cubiertas por la capa oscura que siempre llevaba. Mi cabello blanco brillaba bajo el sol, atrayendo miradas fugaces, no sé bien si de curiosidad o desdén, pero me imagino que lo segundo tendría más sentido. Sin embargo, apenas notaba a la multitud; mi mente estaba atrapada en una tormenta silenciosa. Las voces de la ciudad parecían lejanas, ahogadas por el peso de lo que sentía.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Sesenta mil Berries, mires por donde lo mires... Es demasiado...</span>- Suspiré, sólo de pensarlo sentía ganas de vomitar.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>No podía dejarlo marchar, ocupaba demasiado espacio. La cifra se repetía una y otra vez, como un martilleo implacable. Por mucho que intentara alejarla, siempre volvía, una sombra constante que me seguía desde que Eleon Dur había muerto. La deuda era una cadena que no solo me ataba las manos, sino también el alma. Él había cargado con ese lastre durante años, pero ahora todo recaía sobre mí. ¿Y quién era yo? Apenas un joven idiota, dudosamente capaz de mantenerse en pie bajo el peso de un legado que no había pedido. ¿Acaso me lo merecía?<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"¿Qué será de mí ahora?"</span><br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>La pregunta estaba ahí, revoloteando por enésima vez. La soledad se sentía como un abismo cada vez más profundo y no podía fingir su ausencia. Eleon Dur ya no estaba para hacer de guía, la única persona en la que había aprendido a confiar había desaparecido y yo estaba perdido. Siempre había sido un solitario por necesidad, pero ahora esa soledad parecía más definitiva, más implacable.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>-<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">No puedo fallar. Nadie vendrá a salvarme está vez. Estoy sólo.</span> - Susurré, como si decirlo en voz alta me ayudase a interiorizar algo que ya sabía.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Mis pasos eran lentos pero firmes, cada uno marcado por una decisión forzada y silenciosa: seguir adelante, por mucho que  doliera. Movía los ojos carmesí por las calles, observando las caras de los desconocidos sin realmente verlas. Era una rutina, un ejercicio mecánico para mantenerme centrado en el presente, aunque mi mente seguía atrapada en el pasado y el futuro.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>En algún momento esos mismos ojos se clavaron en un tablón de anuncios, situado en una esquina concurrida, como si fuese lo que estaban buscando, en seco. Los carteles, algunos desgastados por el tiempo, mostraban recompensas por las cabezas de piratas, criminales y otros buscados por la ley. Un papel nuevo, recién clavado, llamó mi atención y bloqueó el panorama general. La recompensa escrita en letras grandes y negras casi parecía brillar bajo el sol.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"25,000 Berries. Vivo o muerto."</span><br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Me detuve despacio, había fijado la mirada en el rostro del pirata dibujado en el cartel. Era joven, con una expresión de arrogancia que no sólo resultaba familiar, sino que además recordaba a todo lo que despreciaba. La cifra era alta, más de lo que quizá podría abarcar. Algo despertó en mi pecho, una chispa que no sabía si era motivación o simple necesidad.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Cuando pude darme cuenta ya estaba apenas a un paso del cartel, mi capa ondeaba ligeramente con cada movimiento. Alrededor, la gente seguía su camino, ignorando al joven híbrido que observaba el anuncio como si fuese su última oportunidad de aferrarse a algo. Rocé el borde del papel con los dedos, sintiendo la textura áspera del pergamino.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"¿Es esto lo que me queda? Cazar recompensas hasta pagar la deuda..." </span>- Pensé en lo que pareció una eternidad, pero tan sólo había sido un instante. - <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"¿Y después qué? ¿Puedo permitirme pensar en el después ahora?"<br></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>La idea de una vida como esta, siempre persiguiendo sombras para apenas sobrevivir, me dejó un sabor amargo en la boca. Pero no tenía tiempo para lamentos. El mundo no se detenía para nadie, mucho menos para mí, era algo que había aprendido hacía tiempo.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">"Tan sólo un paso más, sólo uno más y entonces..."</span><br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>Apretando los dientes, la voz pragmática dentro de mi cabeza me recordó que no tenía el lujo de rechazar oportunidades, sin importar lo peligrosas que fueran. Arrancaría ese cartel y sobreviviría. Sería libre.<br></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><p>- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¿Eh?</span> - El cartel no se había movido. No, no era eso.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Aventura T3 - Presente Absoluto] - Rompiendo el engranaje]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1011</link>
			<pubDate>Fri, 12 Apr 2024 13:48:41 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=31">Garnet D. Matlock</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1011</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 36 del año 12, Verano - 9:30 p.m.<br />
West Blue -  Reino de Ilisia - Ciudad Akarui</span></div>
<br />
<br />
La Luna, en fase de gibada menguante, y en lo más alto del nocturno cielo, bañaba las calles y adineradas casas de la zona más lujosa de Ciudad Akarui junto a las distintas estrellas del firmamento, que brillaban con un esplendor sin igual a años luz del planeta azul y verde… Mentira, sí que habría algo, o mejor dicho, alguien, que podría igualar el resplandor de una estrella con su talento, galante y carisma, y aún más en una noche que llevaba firmado su nombre, casi como si le perteneciera: Griffith Tudor. Uno de los más influyentes, si no es que era el más influyente, pintores de todo el West Blue, rivalizando directamente con el séquito de artistas que nacían en la isla de Toroa, cuna del arte por antonomasia de aquel mar. Sin embargo, no todo es lo que aparenta y es que, bajo esa perfectamente construida fachada, en las sombras, Griffith se había labrado una reputación, casi igual de relevante que la de artista, en el bajo mundo del West Blue, siendo el principal exportador y vendedor de armas ilegales a lo largo y ancho del Blue.<br />
<br />
Bajo las estrictas órdenes de vuestro superior Iosef Nilats, os embarcasteis hacia el Reino de Ilisia con la misión de investigar aquel comercio de armas e incluso, en caso de darse la ocasión, detener al traficante y eliminar la amenaza que se cernía en el West Blue. Y que mejor oportunidad había cuando, el responsable de esa venta ilegal, iba a dar una fiesta vip en su lujosa mansión, tras exponer sus más simbólicas obras de arte allí mismo. Aunque algo os decía que todo eso se trataba de una simple tapadera. Con las advertencias de Iosef de ser lo más discreto posible y evitar muertes innecesarias, con días de antelación al evento, conseguís mimetizaros en el repipi ambiente, obteniendo Zorak una invitación a la exposición y fiesta y Kisuke un puesto como guardaespaldas y agente de seguridad, gracias al tejemaneje de hilos del primero. <br />
<br />
Por un lado, el mestizo se dirige hacia el lugar en el que se dará tal ocioso evento, a través de una calle, completamente ajena al festival del fuego que estaba se estaba dando en el resto de la ciudad, de unos 10 metros de ancho y unos 70 metros de largo, que finalizaba con la mansión de Griffith. A cada lado de la calle, podías vislumbrar una gran hilera de casas, a cada cual más absurdamente cara que la anterior. Hasta los propios adoquines de la calzada parecían valer un ojo de la cara pues, conforme más os acercabais al final de la calle, los adoquines llevaban incrustadas piedras preciosas autóctonas de la isla de toda índole. Pero lo que realmente quitaba el hipo era la edificación que se extendía ante ti. Dispuesta en una zona rectangular de 100 metros de ancho por 80 metros de alto que abarcaba una superficie de 8000 metros cuadrados, se erigía una mansión, o mejor dicho, un palacete, perfectamente blanco sobre plano, de 80 metros de ancho y 40 metros de alto. Un gran arco, que llegaba hasta una altitud de 10 metros y anchura de 5 metros, apoyado sobre dos columnas salomónicas, ejercía como entrada, en el centro de la fachada. La altura de dicho edificio podía llegar perfectamente a los 60 metros, ubicándose a 30 metros de altura, dos balcones, con barandillas bañadas en oro, uno a cada lado de la fachada de la mansión, y de los cuales descendía una hilera de hiedras. Dichos balcones daban entrada, cada uno, a una habitación desconocida. Frente a la mansión, a unos 20 metros de ella y a 20 metros de la entrada, una gran fuente circular de mármol, de otros 10 metros de altura y 5 de radio, se situaba con una sirena en los más alto de ella, y de la cuál emanaban agua de distintos colores. La entrada al recinto estaba protegida por una gran puerta vallada de oro macizo que, para aquella ocasión, se encontraba abierta de par en par, y una interminable valla de metal, de 40 metros de alto, acabada por puntiagudos pinchos, que rodeaba toda la superficie. El camino de adoquines por el que transitabas continuaba dentro del recinto, siguiendo una línea recta que, se dividía en dos tramos para rodear la fuente, y acababa en la entrada de la mansión. El resto del recinto estaba decorado con un jardín lleno de verdor, setos con distintas formas, y gran variedad de colores, al coexistir más de 50 distintos tipos de flores. <br />
<br />
Estando ya en la fuente de mármol podías presenciar como, absolutamente todo el mundo, va con sus mejores galas, llevando lo que, probablemente debían ser, sus más caros trajes y vestidos. También, dirigiendo tu mirada hacia la entrada de la mansión, se podía apreciar una fila de invitados, esperando a como, un guardia de seguridad, comprueba que cada individuo tenga permiso para asistir al evento. Nada que temer poseyendo en tus manos la invitación que, astutamente, lograste obtener.<br />
Por otro lado, el espadachín, infiltrado como uno de los hombretones del cuerpo de seguridad, se ubicaba en el hall de la mansión donde se iba a dar la exposición, en la planta baja, teniendo esta sala una expansión superficial de 40 metros de ancho por 20 metros de alto. El salón daba a otras dos habitaciones a ambos lados, si se miraba de frente desde la entrada al exterior, separados tan solo por una gran puerta de oro en cada una de las paredes, y, al fondo, se podía apreciar una gran escalera, tapizada con una tela roja, que llevaba a la planta de arriba, donde se daría la posterior fiesta vip. Tal y como te había ordenado el jefe de seguridad Jason y estaba estipulado que os organizarais el cuerpo de seguridad, los más recientemente incorporados guardaespaldas estaríais, ojo avizor, vigilando todo lo que sucedía en el interior de la sala, habiendo hasta un total de 8 agentes de seguridad en esa sala, contándote a ti. En tu caso, te situabas junto a una de las paredes, de la habitación, concretamente, si se mirara de frente desde la entrada del exterior, en la pared de la izquierda. Desde ahí, podías observar lo cuidadosamente bien que estaba todo decorado, con un suelo de madera de la más alta calidad, tan perfectamente limpia y pulida que era capaz de reflejar la enorme lámpara de araña que colgaba del entretecho, a 25 metros de altura. Varias mesas circulares, de un metro y medio de alto, y con manteles blancos se disponían a lo largo del hall, cada una con un jarrón encima lleno de flores blancas y rojas. Y como no podía ser, la joya de la corona, las múltiples obras de arte que había creado el virtuoso del pincel, el inspirador de musas, Griffith Tudor, habiendo casi una cantidad de 30 cuadros repartidos en toda la sala en total. Mientras estabas en tu mundo, al acecho de todo lo que podía suceder, veías como iban entrando, poco a poco, las distintas personalidades que habían sido invitadas, o habían pagado un dineral para asistir a tal exposición al hall. Lo más curiosos empezaban a apreciar las obras de arte que se hallaban colocadas allí desde la lejanía. Otros, en cambio, se quedaban próximos a las mesas esperando a que, el anfitrión hiciera acto de presencia al igual que lo hacíais vosotros.<br />
<br />
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						<span>INFO</span>
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					<br />
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Descripción y contextualización del inicio de la exposición, mansión de Griffith y vuestra situación.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>CROQUIS</span>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://media.discordapp.net/attachments/1162716212216746097/1228429893373788212/CROQUIS.png?ex=662c037d&amp;is=66198e7d&amp;hm=ce93e0c4862568b0060f38bafae35c10e154b56a9a3bebc0fe2ec6e4bba0608c&amp;=&amp;format=webp&amp;quality=lossless&amp;width=1027&amp;height=600" loading="lazy"  alt="[Imagen: CROQUIS.png?ex=662c037d&amp;is=66198e7d&amp;hm=c...height=600]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Pido perdón por el croquis tan cutre. Así lo más importante, Zorak serías el punto rojo, Kisuke el punto gris. Los puntos azules son los distintos guardias de seguridad. Y los puntos beiges son las mesas que menciono en el post.<br />

				</div>
			</div><br />
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						<span>INFO NARRADOR</span>
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					<br />
Bienvenidos a la fiesta, Zorak y Kisuke. Espero que disfrutéis de esta aventura tanto como lo haré yo de narrárosla. Así como pequeño recordatorio, que no se os olvide incluir vuestro inventario en este primer post, al igual que no es estrictamente necesario que escribáis el comando personaje. Esta ronda durará 48 horas, por lo que se cerrará, a no ser que me digáis por privado de retrasar el turno, el domingo a las 21:45. Si posteais antes, intentaré, con la mayor brevedad posible, ponerme manos a la obra con la narración. Quedo a vuestra disposición para cualquier cosa por privado, ¡a disfrutar! <3<br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 36 del año 12, Verano - 9:30 p.m.<br />
West Blue -  Reino de Ilisia - Ciudad Akarui</span></div>
<br />
<br />
La Luna, en fase de gibada menguante, y en lo más alto del nocturno cielo, bañaba las calles y adineradas casas de la zona más lujosa de Ciudad Akarui junto a las distintas estrellas del firmamento, que brillaban con un esplendor sin igual a años luz del planeta azul y verde… Mentira, sí que habría algo, o mejor dicho, alguien, que podría igualar el resplandor de una estrella con su talento, galante y carisma, y aún más en una noche que llevaba firmado su nombre, casi como si le perteneciera: Griffith Tudor. Uno de los más influyentes, si no es que era el más influyente, pintores de todo el West Blue, rivalizando directamente con el séquito de artistas que nacían en la isla de Toroa, cuna del arte por antonomasia de aquel mar. Sin embargo, no todo es lo que aparenta y es que, bajo esa perfectamente construida fachada, en las sombras, Griffith se había labrado una reputación, casi igual de relevante que la de artista, en el bajo mundo del West Blue, siendo el principal exportador y vendedor de armas ilegales a lo largo y ancho del Blue.<br />
<br />
Bajo las estrictas órdenes de vuestro superior Iosef Nilats, os embarcasteis hacia el Reino de Ilisia con la misión de investigar aquel comercio de armas e incluso, en caso de darse la ocasión, detener al traficante y eliminar la amenaza que se cernía en el West Blue. Y que mejor oportunidad había cuando, el responsable de esa venta ilegal, iba a dar una fiesta vip en su lujosa mansión, tras exponer sus más simbólicas obras de arte allí mismo. Aunque algo os decía que todo eso se trataba de una simple tapadera. Con las advertencias de Iosef de ser lo más discreto posible y evitar muertes innecesarias, con días de antelación al evento, conseguís mimetizaros en el repipi ambiente, obteniendo Zorak una invitación a la exposición y fiesta y Kisuke un puesto como guardaespaldas y agente de seguridad, gracias al tejemaneje de hilos del primero. <br />
<br />
Por un lado, el mestizo se dirige hacia el lugar en el que se dará tal ocioso evento, a través de una calle, completamente ajena al festival del fuego que estaba se estaba dando en el resto de la ciudad, de unos 10 metros de ancho y unos 70 metros de largo, que finalizaba con la mansión de Griffith. A cada lado de la calle, podías vislumbrar una gran hilera de casas, a cada cual más absurdamente cara que la anterior. Hasta los propios adoquines de la calzada parecían valer un ojo de la cara pues, conforme más os acercabais al final de la calle, los adoquines llevaban incrustadas piedras preciosas autóctonas de la isla de toda índole. Pero lo que realmente quitaba el hipo era la edificación que se extendía ante ti. Dispuesta en una zona rectangular de 100 metros de ancho por 80 metros de alto que abarcaba una superficie de 8000 metros cuadrados, se erigía una mansión, o mejor dicho, un palacete, perfectamente blanco sobre plano, de 80 metros de ancho y 40 metros de alto. Un gran arco, que llegaba hasta una altitud de 10 metros y anchura de 5 metros, apoyado sobre dos columnas salomónicas, ejercía como entrada, en el centro de la fachada. La altura de dicho edificio podía llegar perfectamente a los 60 metros, ubicándose a 30 metros de altura, dos balcones, con barandillas bañadas en oro, uno a cada lado de la fachada de la mansión, y de los cuales descendía una hilera de hiedras. Dichos balcones daban entrada, cada uno, a una habitación desconocida. Frente a la mansión, a unos 20 metros de ella y a 20 metros de la entrada, una gran fuente circular de mármol, de otros 10 metros de altura y 5 de radio, se situaba con una sirena en los más alto de ella, y de la cuál emanaban agua de distintos colores. La entrada al recinto estaba protegida por una gran puerta vallada de oro macizo que, para aquella ocasión, se encontraba abierta de par en par, y una interminable valla de metal, de 40 metros de alto, acabada por puntiagudos pinchos, que rodeaba toda la superficie. El camino de adoquines por el que transitabas continuaba dentro del recinto, siguiendo una línea recta que, se dividía en dos tramos para rodear la fuente, y acababa en la entrada de la mansión. El resto del recinto estaba decorado con un jardín lleno de verdor, setos con distintas formas, y gran variedad de colores, al coexistir más de 50 distintos tipos de flores. <br />
<br />
Estando ya en la fuente de mármol podías presenciar como, absolutamente todo el mundo, va con sus mejores galas, llevando lo que, probablemente debían ser, sus más caros trajes y vestidos. También, dirigiendo tu mirada hacia la entrada de la mansión, se podía apreciar una fila de invitados, esperando a como, un guardia de seguridad, comprueba que cada individuo tenga permiso para asistir al evento. Nada que temer poseyendo en tus manos la invitación que, astutamente, lograste obtener.<br />
Por otro lado, el espadachín, infiltrado como uno de los hombretones del cuerpo de seguridad, se ubicaba en el hall de la mansión donde se iba a dar la exposición, en la planta baja, teniendo esta sala una expansión superficial de 40 metros de ancho por 20 metros de alto. El salón daba a otras dos habitaciones a ambos lados, si se miraba de frente desde la entrada al exterior, separados tan solo por una gran puerta de oro en cada una de las paredes, y, al fondo, se podía apreciar una gran escalera, tapizada con una tela roja, que llevaba a la planta de arriba, donde se daría la posterior fiesta vip. Tal y como te había ordenado el jefe de seguridad Jason y estaba estipulado que os organizarais el cuerpo de seguridad, los más recientemente incorporados guardaespaldas estaríais, ojo avizor, vigilando todo lo que sucedía en el interior de la sala, habiendo hasta un total de 8 agentes de seguridad en esa sala, contándote a ti. En tu caso, te situabas junto a una de las paredes, de la habitación, concretamente, si se mirara de frente desde la entrada del exterior, en la pared de la izquierda. Desde ahí, podías observar lo cuidadosamente bien que estaba todo decorado, con un suelo de madera de la más alta calidad, tan perfectamente limpia y pulida que era capaz de reflejar la enorme lámpara de araña que colgaba del entretecho, a 25 metros de altura. Varias mesas circulares, de un metro y medio de alto, y con manteles blancos se disponían a lo largo del hall, cada una con un jarrón encima lleno de flores blancas y rojas. Y como no podía ser, la joya de la corona, las múltiples obras de arte que había creado el virtuoso del pincel, el inspirador de musas, Griffith Tudor, habiendo casi una cantidad de 30 cuadros repartidos en toda la sala en total. Mientras estabas en tu mundo, al acecho de todo lo que podía suceder, veías como iban entrando, poco a poco, las distintas personalidades que habían sido invitadas, o habían pagado un dineral para asistir a tal exposición al hall. Lo más curiosos empezaban a apreciar las obras de arte que se hallaban colocadas allí desde la lejanía. Otros, en cambio, se quedaban próximos a las mesas esperando a que, el anfitrión hiciera acto de presencia al igual que lo hacíais vosotros.<br />
<br />
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					<br />
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					<br />
Descripción y contextualización del inicio de la exposición, mansión de Griffith y vuestra situación.<br />

				</div>
			</div><br />
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					<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://media.discordapp.net/attachments/1162716212216746097/1228429893373788212/CROQUIS.png?ex=662c037d&amp;is=66198e7d&amp;hm=ce93e0c4862568b0060f38bafae35c10e154b56a9a3bebc0fe2ec6e4bba0608c&amp;=&amp;format=webp&amp;quality=lossless&amp;width=1027&amp;height=600" loading="lazy"  alt="[Imagen: CROQUIS.png?ex=662c037d&amp;is=66198e7d&amp;hm=c...height=600]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Pido perdón por el croquis tan cutre. Así lo más importante, Zorak serías el punto rojo, Kisuke el punto gris. Los puntos azules son los distintos guardias de seguridad. Y los puntos beiges son las mesas que menciono en el post.<br />

				</div>
			</div><br />
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					<br />
Bienvenidos a la fiesta, Zorak y Kisuke. Espero que disfrutéis de esta aventura tanto como lo haré yo de narrárosla. Así como pequeño recordatorio, que no se os olvide incluir vuestro inventario en este primer post, al igual que no es estrictamente necesario que escribáis el comando personaje. Esta ronda durará 48 horas, por lo que se cerrará, a no ser que me digáis por privado de retrasar el turno, el domingo a las 21:45. Si posteais antes, intentaré, con la mayor brevedad posible, ponerme manos a la obra con la narración. Quedo a vuestra disposición para cualquier cosa por privado, ¡a disfrutar! <3<br />

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			</div><br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Absoluto-AutoT3] ¿Nuevo oficio?]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1008</link>
			<pubDate>Tue, 09 Apr 2024 15:14:11 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=198">Kisuke Kageyama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1008</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">12:00, día 27 de verano, año 12<br />
Ciudad Akarui, zona comercial.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kisuke avanzaba por la zona comercial hacia la tienda que le había indicado Zorak. Le apetecía una mierda comprar ropa porque era algo que detestaba y además, su sentido de la moda o la elegancia brillaban por su ausencia, pero tenía que reconocer que los esfuerzos del mestizo pelirrojo habían sido recompensados con creces.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kuhahahaha... sabía yo que era buena idea tener a Zorak conmigo. No sólo ha conseguido información de nuestro objetivo y su localización, sino que además ha ideado una manera de colarnos a los dos en la fiesta de los ricachones... aunque eso implique vestirme de pingüino.</span></span><br />
<br />
En conclusión, Kisuke tenía que ir a que le tomasen medidas para que le hicieran un traje para la susodicha fiesta. Además parecía que Zorak había encargado otra cosa pero no quiso decirle que era y le intrigaba saber que era esa cosa que debía recoger además de salir de la tienda con su traje nuevo. Al cabo de unos minutos terminó llegando a la sastrería que le había dicho su compañero. Allí estaba un señor muy anciano, con apenas pelo en los laterales de su cráneo, ojos pequeños, y una larga nariz aguileña. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenas tardes, señor cuervo, ¿es usted el sastre?</span></span><br />
<br />
El hombre frunció el ceño ante aquel apelativo, pero se notaba a leguas que tenía años, o mejor dicho, décadas de experiencia en tratar con la gente, así que hizo como si no le hubiera dicho nada.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenas tardes caballero, ¿qué se le ofrece?</span></span><br />
<br />
El señor parecía muy amable, además de que en apariencia tenía más años que el sol, pero a Kisuke los ancianos no le causaban la repulsión que el resto de la gente de manera habitual. Evidentemente, era consciente que había de todo entre los vejetes, pero los que eran amables le enternecían. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Mi amigo estuvo aquí ayer, alto delgado pelirrojo y pidió cita para que me tomasen medidas para un traje. También me dijo que había encargado algo más pero no me ha dicho el qué y quería que lo recogiese.</span></span><br />
<br />
El hombre palideció ligeramente al escuchar lo último, pero, aunque Kisuke pudo notarlo, supo mantener la compostura y responder sin variar un ápice su tono.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡Oh!¡Vaya! Así que, ¿el otro manto era para usted? Desgraciadamente, al no contar con sus medidas lo hice de un tamaño estándar. No me esperaba que fuese usted tan grande y robusto, la verdad. No se preocupe, le haré uno nuevo a su medida.</span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió al anciano. Ciertamente era un hombre grande y ancho de espaldas, así que si el cabrón de Zorak no le había comentado nada al respecto, era normal que el señor estuviese algo desconcertado. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No se moleste, señor. Simplemente tráigalo y me lo pongo; si me sienta bien no habrá que hacer nada, ¿no? Y me apuesto cinco mil berries a que sus ojos lo agradecerán, ya que tiene que hacerme el traje también.</span></span><br />
<br />
El anciano sonrió agradecido y sacó del mostrador dos mantos negros con bordes dorados y una marca de una calavera de toro también en el mismo color que los bordes. La tela era suave pero fuerte, y parecía que podrían soportar las adversidades climáticas sin problema, lo cual era importante teniendo en cuenta que tenían intención de ir próximamente al Grand Line.<br />
<br />
Sin más palabras, Kisuke tomó uno de ellos y se lo echó por encima, comprobando, efectivamente que le quedaba pequeño, pero al mirarse en el espejo, le gustó lo que vio. Sentía que esa era la forma en la que tenía que mostrarse al mundo, más ahora como capitán del Ejército Revolucionario.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSCSFdW4YsIHnRl6yY_oVAtzPYpMbzPJ6kLom0DP7YWwA&amp;s" loading="lazy"  alt="[Imagen: images?q=tbn:ANd9GcSCSFdW4YsIHnRl6yY_oVA...0DP7YWwA&amp;s]" class="mycode_img" /></div>
<br />
El anciano sonrió sorprendido. No esperaba que el pequeño manto le sentase bien a Kisuke pero había que reconocer que el pescador tenía razón.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Como decimos en mi profesión, supongo que la percha hace mucho, y es evidente que usted es buena percha para cualquier traje... mihihihihi. Bueno, en seguida le tomo medidas para que pueda comenzar a hacerle el traje.</span></span><br />
<br />
El hombre le pidió a Kisuke que se pusiese en un punto en concreto y empezó a tomarle tallaje de todo...tronco, piernas, cintura, brazos, cuello... Tras unos quince minutos en los que el anciano paseaba la cinta métrica por todo el cuerpo del pescador y anotaba con frenesí en una libreta con una letra algo deslabazada, terminó por decirle:<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Vuelva en un par de horas caballero, para entonces tendré acabado el traje.</span></span><br />
<br />
Kisuke asintió y se despidió del anciano con un gesto de la mano. No quería irse lejos para no perderse al regresar o no perder la noción del tiempo. Así que sacó un cigarro y empezó a fumar mientras iba calle arriba sin prestar atención a nada más.<br />
<br />
Mientras caminaba por la calle de los comercios, sintió que alguien le observaba. No estaba seguro, pero sus instintos no solían fallarle en ese tipo de situaciones. Así que, como era él el vigilado, actuó según lo que había aprendido. Se metió en un oscuro callejón y esperó a que su perseguidor diese la cara. Encaró la entrada del callejón en la que apareció, tras apenas unos segundos, una figura encapuchada. Era alguien también alto y fornido, aunque no tanto como Kisuke. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No estoy acostumbrado a que me persigan preservativos gigantes, ¿quién coño eres y qué cojones quieres?</span></span><br />
<br />
El otro no respondió, se limitó a abalanzarse sobre Kisuke mientras desenvainaba una katana y arremetía contra el pescador mientras decía en voz baja.<br />
<br />
<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No tengo por qué responder a un vagabundo.</span></span><br />
<br />
Kisuke vio todos los movimientos del tipo encapuchado, y recibió el envite del extraño con Yamigiri ya desenvainada. Sonrió de manera siniestra.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Entiendo, hablarán nuestras espadas.</span></span><br />
<br />
La escaramuza fue breve. Aunque aquel tipo tenía ciertas nociones de kendo, era evidente que no estaba al nivel del capitán. Kisuke repelió todos los ataques de su enemigo, que retrocedió en última instancia resollando del combo de ataques que intentó contra el pescador.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No se quien te envía pero debe ser alguien bastante estúpido si piensa que con alguien tan mediocre va a ser capaz siquiera de hacerme un rasguño</span></span><br />
<br />
Entonces el otro realizó un ataque bastante más técnico y potente, que Kisuke recibió con Yamigiri y le hizo dar un par de pasos hacia atrás. Ya había visto suficiente y no iba a sacar mucho más de ese combate así que se preparó para finiquitar aquella contienda.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No está mal señor Condón, pero hasta aquí has llegado.</span></span><br />
<br />
Se puso en posición de desenvainado y arremetió contra el atacante con su técnica:<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ittoryuu, iai: Raito Kyasuto</span></span><br />
<br />
Y asestó un corte vertical, que derribó al extraño y le despojó de su capa con capucha, cayendo al suelo de espaldas. Kisuke le miró dando una calada a su cigarro. Se fijó en que sus ropas eran las típicas del reino de Kano. Así que se agachó, clavo a Yamigiri en el suelo a cinco centímetros de la oreja del tipo, que aún asi seguía consciente y Kisuke, con un aire amenazante le dijo:<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQvbX78FOkA3sahefCg6Di7xdLohHkMnRonBcM8FCmfng&amp;s" loading="lazy"  alt="[Imagen: images?q=tbn:ANd9GcQvbX78FOkA3sahefCg6Di...M8FCmfng&amp;s]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Dile esto al cabrón del bigote-rata de Tao Hua. Como vuelva a intentar algo así no sólo morirá el asesino que me mande, también iré a Kano y destruiré su negocio, no lo mataré, hundiré su forma de vida para que tenga que mendigar y vivir como aquellos de los que se aprovechaba.</span></span><br />
<br />
Le apagó la colilla del cigarro en la frente al tipo y, sin escuchar su respuesta, salió del callejón y se encaminó de nuevo hacia la tienda, aunque apenas había pasado media hora o tres cuartos de hora como mucho.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Me sorprende que el imbécil de Tao Hua haya tenido los huevos enormes de atacarme de esta manera tan mafiosa. Pero esto no va a quedar así."</span></span><br />
<br />
Sacó su Dendenmushi y llamó al capitán Ninel.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color">-Ninel, al habla, es seguro.</span><br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Kurai Ryoshi al habla. La rata ha mandado un asesino para matarme. Ya lo he despachado, pero quizá necesite un pequeño recordatorio que no debe pasarse de listo.</span></span><br />
<br />
Ninel soltó un gruñido.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Entiendo, contactaré a nuestro hombre en Kano y si ese usurero ha vuelto a las andadas tomaremos medidas; recuerda que esto es una organización por el bien del pueblo, no una mafia que puedas usar para tus asuntos personales, Kageyama.</span></span><br />
<br />
Kisuke frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No me jodas Ninel, si ese cabrón ha mandado a matarme es porque algo anda tramando. Me parece bien lo que dices pero no pienses ni por un instante que te he dado esta información por beneficio personal, yo mismo iría si no estuviese avanzado el tema por el que estoy en Ilisia, así que no me toques los huevos.</span></span><br />
<br />
Ninel suspiró.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Lo siento Kisuke, tienes razón. No te preocupes, veremos a ver en que anda ese tipo. Suerte con vuestra misión, Toros Negros.</span></span><br />
<br />
Cortó la comunicación. A Kisuke le apenaba un poco como Ninel había cambiado su actitud desde la adición de Zorak al Ejército Revolucionario, pero no podía hacer nada al respecto. Era decisión de su antiguo superior el pasar página de aquella conversación tensa con Zorak o seguir rumiando el que el pelirrojo le dejase en vergüenza. Como todavía le quedaba un rato hasta que estuviese el traje listo, se metió en una taberna que había a dos tiendas de la sastrería.<br />
<br />
La taberna estaba bastante limpia y cuidada, lo cual no era algo habitual, y tenía grifos de cerveza con refrigeración incorporada, muy en vanguardia, ciertamente. La camarera era una joven alta y atractiva, pelirroja, con el rostro con unas leves pecas y los ojos verdes. Cualquier hombre habría sido amable o incluso habría intentado seducir o impresionar a la joven camarera. Pero Kisuke no era cualquier hombre así que hizo lo de siempre.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenas tardes, señorita Zanahoria, ¿me podría poner una jarra de cerveza bien fría?</span></span><br />
<br />
La chica se ruborizó pero frunció el ceño y sacó a relucir un genio que al bueno de Kisuke le sorprendió.<br />
<br />
<span style="color: #419DC1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Y usted ¿quién se ha creído que es, señor patán?¿Acaso por ser camarera no merezco respeto? ¿O es por el mero hecho de ser mujer?</span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió, aquella mujer era toda una guerrera y esa muestra de carácter es algo que impresionó mucho al pescador.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Kuhahahaha... tiene razón, señorita, le pido disculpas por eso. Debería ser más cortés con la gente, pero es un viejo hábito muy difícil de controlar.</span></span><br />
<br />
Le dedicó su mejor sonrisa intentando suavizar la situación puesto que la chica seguía con el ceño fruncido y los brazos en jarra.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Me llamo Isshin Shirokami, y estoy de paso en la ciudad.</span></span><br />
<br />
Como era lógico, dado que estaban de incógnito, usó un nombre falso, pero pareció colar porque la chica se relajó y le sirvió la jarra de cerveza aunque no estaba muy dispuesta a dar conversación ya que parecía ocupada limpiando vasos. Pero cuando terminó se acercó y le preguntó:<br />
<br />
<span style="color: #419DC1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Y que le trae por aqui, señor Shirokami?</span></span><br />
<br />
Kisuke se encogió de hombros.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Estoy aquí por trabajo, soy guardaespaldas de un mago que dará un espectáculo en la fiesta de la galería de arte, o algo así.</span></span><br />
<br />
La chica lo miró inquisitivamente y pareció comprender por qué no le mentía. Realmente la tapadera era muy buena puesto que si algo parecía Kisuke era un matón con ese tamaño y musculatura.<br />
<br />
<span style="color: #419DC1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Comprendo, pues espero que disfrute porque tengo entendido que va a ser un evento muy exclusivo.</span></span><br />
<br />
Parecía algo triste así que Kisuke le sonrió de nuevo.<br />
<br />
<span style="color: #419DC1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Para mi es solo trabajo, preferiría estar aquí tomándome una cerveza contigo. Estaba muy rica, y estoy seguro que podrías darme una muy buena conversación pero tengo que marcharme.</span></span><br />
<br />
Le guiñó un ojo, se levantó y salió de la taberna, encaminándose a la sastrería, donde le esperaba el anciano sastre con el traje ya preparado.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Le esperaba caballero, ya tiene su traje listo</span></span><br />
<br />
Le tendió el susodicho traje y se fue al cambiador a probárselo. Ciertamente era muy agradable al tacto y se veía muy bien, y más aún al ponérselo. Aquel señor sabía hacer muy muy bien su trabajo. Vio que tenía unas gafas de sol que le gustaron mucho y que, según su criterio, quedarían bien con el traje, por lo que se las puso también y se miró al espejo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/564x/ee/40/55/ee4055b198099516efcaf179d07b2c0d.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: ee4055b198099516efcaf179d07b2c0d.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
El sastre abrió mucho los ojos al verle y sonrió satisfecho.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ciertamente le sienta es conjunto muy muy bien, señor. Con eso estaría todo, ¿verdad?</span></span><br />
<br />
Kisuke asintió y se cambió de nuevo llevando consigo el traje y el manto de Zorak. El iba con su ropa habitual de nuevo y al llegar donde se encontraba su compañero, sacó el manto de la bolsa y se lo arrojó con una sonrisa divertida.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ya tengo listo todo, colega. Me gustan los mantos aunque el mío sea pequeño, me queda bien cualquier cosita... kuhahahahahaha.</span></span></div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>karma</span>
					</div>
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						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<ul class="mycode_list"><li>Honesto: te es imposible mentir.<br />
</li>
<li>Risa excéntrica: kuhahahaha<br />
</li>
<li>Vicio: fumar.<br />
</li>
<li>Apostador: una vez por tema debes realizar una apuesta, y no puedes negarte a ninguna que se te proponga.<br />
</li>
<li>Amante de los combates: no puedes rechazar ningún desafío que se te proponga.<br />
</li>
<li>Épico: tienes que pronunciar tus técnicas en voz alta.<br />
</li>
<li>Gruñón: tu primera interacción con NPC y personajes debe ser insultando.<br />
</li>
<li>Belleza: tu belleza hace que los NPC tengan un trato más favorable contigo.<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>inventario</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://i.imgur.com/encWPLm.jpeg' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Yamigiri</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad w-25'><strong>Meito</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
                        parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display = `none`;
                    } else {
                        parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display = `block`;
                    }'
                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>20 Fuerza / 30 Destreza</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>3500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>100</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,8 Fuerza / 0,9 Destreza</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>9999999</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>La Katana Yamigiri es una espada de origen desconocido con la vaina y la empuñadura negras y la guarda con motivos dorados que también están presentes en la vaina en forma de dragón. La hoja presenta una ondulación regular en medio de la misma, con dos kanjis grabados a mano cerca de la guardia, 敵 en uno de ellos y 闇 en el otro. Le fue entregada a Kisuke tras la muerte de su madre y era un regalo que tenía su padre, también fallecido, preparado para su 18º cumpleaños, por lo que hay un estrecho vínculo entre la katana y Kisuke.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='objeto_code_container'>
                    <div
                        class='objeto_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`objeto`, `kisuke001`);'
                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>kisuke001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div><div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://imgur.com/qodZgG7.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Katana</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Objetos bélicos</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>3</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
                        parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display = `none`;
                    } else {
                        parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display = `block`;
                    }'
                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>20 FUE / 30 DES</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>1500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>60</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>1 FUE / 0,5 DES</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>100000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Una espada con hoja curva y un solo filo afilado. Famosa por su nitidez y técnica de corte, ha sido una parte integral de la cultura samurái.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='objeto_code_container'>
                    <div
                        class='objeto_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`objeto`, `katana003`);'
                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>katana003</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div><div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://imgur.com/AmHCPFI.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Den den mushi</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Comunicación</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>0</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
                        parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display = `none`;
                    } else {
                        parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display = `block`;
                    }'
                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>-</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>-</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>-</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>-</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>1</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>4000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='objeto_code_container'>
                    <div
                        class='objeto_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`objeto`, `dendenmushi001`);'
                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>dendenmushi001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">12:00, día 27 de verano, año 12<br />
Ciudad Akarui, zona comercial.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kisuke avanzaba por la zona comercial hacia la tienda que le había indicado Zorak. Le apetecía una mierda comprar ropa porque era algo que detestaba y además, su sentido de la moda o la elegancia brillaban por su ausencia, pero tenía que reconocer que los esfuerzos del mestizo pelirrojo habían sido recompensados con creces.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kuhahahaha... sabía yo que era buena idea tener a Zorak conmigo. No sólo ha conseguido información de nuestro objetivo y su localización, sino que además ha ideado una manera de colarnos a los dos en la fiesta de los ricachones... aunque eso implique vestirme de pingüino.</span></span><br />
<br />
En conclusión, Kisuke tenía que ir a que le tomasen medidas para que le hicieran un traje para la susodicha fiesta. Además parecía que Zorak había encargado otra cosa pero no quiso decirle que era y le intrigaba saber que era esa cosa que debía recoger además de salir de la tienda con su traje nuevo. Al cabo de unos minutos terminó llegando a la sastrería que le había dicho su compañero. Allí estaba un señor muy anciano, con apenas pelo en los laterales de su cráneo, ojos pequeños, y una larga nariz aguileña. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenas tardes, señor cuervo, ¿es usted el sastre?</span></span><br />
<br />
El hombre frunció el ceño ante aquel apelativo, pero se notaba a leguas que tenía años, o mejor dicho, décadas de experiencia en tratar con la gente, así que hizo como si no le hubiera dicho nada.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenas tardes caballero, ¿qué se le ofrece?</span></span><br />
<br />
El señor parecía muy amable, además de que en apariencia tenía más años que el sol, pero a Kisuke los ancianos no le causaban la repulsión que el resto de la gente de manera habitual. Evidentemente, era consciente que había de todo entre los vejetes, pero los que eran amables le enternecían. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Mi amigo estuvo aquí ayer, alto delgado pelirrojo y pidió cita para que me tomasen medidas para un traje. También me dijo que había encargado algo más pero no me ha dicho el qué y quería que lo recogiese.</span></span><br />
<br />
El hombre palideció ligeramente al escuchar lo último, pero, aunque Kisuke pudo notarlo, supo mantener la compostura y responder sin variar un ápice su tono.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡Oh!¡Vaya! Así que, ¿el otro manto era para usted? Desgraciadamente, al no contar con sus medidas lo hice de un tamaño estándar. No me esperaba que fuese usted tan grande y robusto, la verdad. No se preocupe, le haré uno nuevo a su medida.</span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió al anciano. Ciertamente era un hombre grande y ancho de espaldas, así que si el cabrón de Zorak no le había comentado nada al respecto, era normal que el señor estuviese algo desconcertado. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No se moleste, señor. Simplemente tráigalo y me lo pongo; si me sienta bien no habrá que hacer nada, ¿no? Y me apuesto cinco mil berries a que sus ojos lo agradecerán, ya que tiene que hacerme el traje también.</span></span><br />
<br />
El anciano sonrió agradecido y sacó del mostrador dos mantos negros con bordes dorados y una marca de una calavera de toro también en el mismo color que los bordes. La tela era suave pero fuerte, y parecía que podrían soportar las adversidades climáticas sin problema, lo cual era importante teniendo en cuenta que tenían intención de ir próximamente al Grand Line.<br />
<br />
Sin más palabras, Kisuke tomó uno de ellos y se lo echó por encima, comprobando, efectivamente que le quedaba pequeño, pero al mirarse en el espejo, le gustó lo que vio. Sentía que esa era la forma en la que tenía que mostrarse al mundo, más ahora como capitán del Ejército Revolucionario.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSCSFdW4YsIHnRl6yY_oVAtzPYpMbzPJ6kLom0DP7YWwA&amp;s" loading="lazy"  alt="[Imagen: images?q=tbn:ANd9GcSCSFdW4YsIHnRl6yY_oVA...0DP7YWwA&amp;s]" class="mycode_img" /></div>
<br />
El anciano sonrió sorprendido. No esperaba que el pequeño manto le sentase bien a Kisuke pero había que reconocer que el pescador tenía razón.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Como decimos en mi profesión, supongo que la percha hace mucho, y es evidente que usted es buena percha para cualquier traje... mihihihihi. Bueno, en seguida le tomo medidas para que pueda comenzar a hacerle el traje.</span></span><br />
<br />
El hombre le pidió a Kisuke que se pusiese en un punto en concreto y empezó a tomarle tallaje de todo...tronco, piernas, cintura, brazos, cuello... Tras unos quince minutos en los que el anciano paseaba la cinta métrica por todo el cuerpo del pescador y anotaba con frenesí en una libreta con una letra algo deslabazada, terminó por decirle:<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Vuelva en un par de horas caballero, para entonces tendré acabado el traje.</span></span><br />
<br />
Kisuke asintió y se despidió del anciano con un gesto de la mano. No quería irse lejos para no perderse al regresar o no perder la noción del tiempo. Así que sacó un cigarro y empezó a fumar mientras iba calle arriba sin prestar atención a nada más.<br />
<br />
Mientras caminaba por la calle de los comercios, sintió que alguien le observaba. No estaba seguro, pero sus instintos no solían fallarle en ese tipo de situaciones. Así que, como era él el vigilado, actuó según lo que había aprendido. Se metió en un oscuro callejón y esperó a que su perseguidor diese la cara. Encaró la entrada del callejón en la que apareció, tras apenas unos segundos, una figura encapuchada. Era alguien también alto y fornido, aunque no tanto como Kisuke. <br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No estoy acostumbrado a que me persigan preservativos gigantes, ¿quién coño eres y qué cojones quieres?</span></span><br />
<br />
El otro no respondió, se limitó a abalanzarse sobre Kisuke mientras desenvainaba una katana y arremetía contra el pescador mientras decía en voz baja.<br />
<br />
<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No tengo por qué responder a un vagabundo.</span></span><br />
<br />
Kisuke vio todos los movimientos del tipo encapuchado, y recibió el envite del extraño con Yamigiri ya desenvainada. Sonrió de manera siniestra.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Entiendo, hablarán nuestras espadas.</span></span><br />
<br />
La escaramuza fue breve. Aunque aquel tipo tenía ciertas nociones de kendo, era evidente que no estaba al nivel del capitán. Kisuke repelió todos los ataques de su enemigo, que retrocedió en última instancia resollando del combo de ataques que intentó contra el pescador.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No se quien te envía pero debe ser alguien bastante estúpido si piensa que con alguien tan mediocre va a ser capaz siquiera de hacerme un rasguño</span></span><br />
<br />
Entonces el otro realizó un ataque bastante más técnico y potente, que Kisuke recibió con Yamigiri y le hizo dar un par de pasos hacia atrás. Ya había visto suficiente y no iba a sacar mucho más de ese combate así que se preparó para finiquitar aquella contienda.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No está mal señor Condón, pero hasta aquí has llegado.</span></span><br />
<br />
Se puso en posición de desenvainado y arremetió contra el atacante con su técnica:<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ittoryuu, iai: Raito Kyasuto</span></span><br />
<br />
Y asestó un corte vertical, que derribó al extraño y le despojó de su capa con capucha, cayendo al suelo de espaldas. Kisuke le miró dando una calada a su cigarro. Se fijó en que sus ropas eran las típicas del reino de Kano. Así que se agachó, clavo a Yamigiri en el suelo a cinco centímetros de la oreja del tipo, que aún asi seguía consciente y Kisuke, con un aire amenazante le dijo:<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQvbX78FOkA3sahefCg6Di7xdLohHkMnRonBcM8FCmfng&amp;s" loading="lazy"  alt="[Imagen: images?q=tbn:ANd9GcQvbX78FOkA3sahefCg6Di...M8FCmfng&amp;s]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Dile esto al cabrón del bigote-rata de Tao Hua. Como vuelva a intentar algo así no sólo morirá el asesino que me mande, también iré a Kano y destruiré su negocio, no lo mataré, hundiré su forma de vida para que tenga que mendigar y vivir como aquellos de los que se aprovechaba.</span></span><br />
<br />
Le apagó la colilla del cigarro en la frente al tipo y, sin escuchar su respuesta, salió del callejón y se encaminó de nuevo hacia la tienda, aunque apenas había pasado media hora o tres cuartos de hora como mucho.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Me sorprende que el imbécil de Tao Hua haya tenido los huevos enormes de atacarme de esta manera tan mafiosa. Pero esto no va a quedar así."</span></span><br />
<br />
Sacó su Dendenmushi y llamó al capitán Ninel.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color">-Ninel, al habla, es seguro.</span><br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Kurai Ryoshi al habla. La rata ha mandado un asesino para matarme. Ya lo he despachado, pero quizá necesite un pequeño recordatorio que no debe pasarse de listo.</span></span><br />
<br />
Ninel soltó un gruñido.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Entiendo, contactaré a nuestro hombre en Kano y si ese usurero ha vuelto a las andadas tomaremos medidas; recuerda que esto es una organización por el bien del pueblo, no una mafia que puedas usar para tus asuntos personales, Kageyama.</span></span><br />
<br />
Kisuke frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No me jodas Ninel, si ese cabrón ha mandado a matarme es porque algo anda tramando. Me parece bien lo que dices pero no pienses ni por un instante que te he dado esta información por beneficio personal, yo mismo iría si no estuviese avanzado el tema por el que estoy en Ilisia, así que no me toques los huevos.</span></span><br />
<br />
Ninel suspiró.<br />
<br />
<span style="color: #00369B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Lo siento Kisuke, tienes razón. No te preocupes, veremos a ver en que anda ese tipo. Suerte con vuestra misión, Toros Negros.</span></span><br />
<br />
Cortó la comunicación. A Kisuke le apenaba un poco como Ninel había cambiado su actitud desde la adición de Zorak al Ejército Revolucionario, pero no podía hacer nada al respecto. Era decisión de su antiguo superior el pasar página de aquella conversación tensa con Zorak o seguir rumiando el que el pelirrojo le dejase en vergüenza. Como todavía le quedaba un rato hasta que estuviese el traje listo, se metió en una taberna que había a dos tiendas de la sastrería.<br />
<br />
La taberna estaba bastante limpia y cuidada, lo cual no era algo habitual, y tenía grifos de cerveza con refrigeración incorporada, muy en vanguardia, ciertamente. La camarera era una joven alta y atractiva, pelirroja, con el rostro con unas leves pecas y los ojos verdes. Cualquier hombre habría sido amable o incluso habría intentado seducir o impresionar a la joven camarera. Pero Kisuke no era cualquier hombre así que hizo lo de siempre.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Buenas tardes, señorita Zanahoria, ¿me podría poner una jarra de cerveza bien fría?</span></span><br />
<br />
La chica se ruborizó pero frunció el ceño y sacó a relucir un genio que al bueno de Kisuke le sorprendió.<br />
<br />
<span style="color: #419DC1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Y usted ¿quién se ha creído que es, señor patán?¿Acaso por ser camarera no merezco respeto? ¿O es por el mero hecho de ser mujer?</span></span><br />
<br />
Kisuke sonrió, aquella mujer era toda una guerrera y esa muestra de carácter es algo que impresionó mucho al pescador.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Kuhahahaha... tiene razón, señorita, le pido disculpas por eso. Debería ser más cortés con la gente, pero es un viejo hábito muy difícil de controlar.</span></span><br />
<br />
Le dedicó su mejor sonrisa intentando suavizar la situación puesto que la chica seguía con el ceño fruncido y los brazos en jarra.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Me llamo Isshin Shirokami, y estoy de paso en la ciudad.</span></span><br />
<br />
Como era lógico, dado que estaban de incógnito, usó un nombre falso, pero pareció colar porque la chica se relajó y le sirvió la jarra de cerveza aunque no estaba muy dispuesta a dar conversación ya que parecía ocupada limpiando vasos. Pero cuando terminó se acercó y le preguntó:<br />
<br />
<span style="color: #419DC1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Y que le trae por aqui, señor Shirokami?</span></span><br />
<br />
Kisuke se encogió de hombros.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Estoy aquí por trabajo, soy guardaespaldas de un mago que dará un espectáculo en la fiesta de la galería de arte, o algo así.</span></span><br />
<br />
La chica lo miró inquisitivamente y pareció comprender por qué no le mentía. Realmente la tapadera era muy buena puesto que si algo parecía Kisuke era un matón con ese tamaño y musculatura.<br />
<br />
<span style="color: #419DC1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Comprendo, pues espero que disfrute porque tengo entendido que va a ser un evento muy exclusivo.</span></span><br />
<br />
Parecía algo triste así que Kisuke le sonrió de nuevo.<br />
<br />
<span style="color: #419DC1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Para mi es solo trabajo, preferiría estar aquí tomándome una cerveza contigo. Estaba muy rica, y estoy seguro que podrías darme una muy buena conversación pero tengo que marcharme.</span></span><br />
<br />
Le guiñó un ojo, se levantó y salió de la taberna, encaminándose a la sastrería, donde le esperaba el anciano sastre con el traje ya preparado.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Le esperaba caballero, ya tiene su traje listo</span></span><br />
<br />
Le tendió el susodicho traje y se fue al cambiador a probárselo. Ciertamente era muy agradable al tacto y se veía muy bien, y más aún al ponérselo. Aquel señor sabía hacer muy muy bien su trabajo. Vio que tenía unas gafas de sol que le gustaron mucho y que, según su criterio, quedarían bien con el traje, por lo que se las puso también y se miró al espejo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/564x/ee/40/55/ee4055b198099516efcaf179d07b2c0d.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: ee4055b198099516efcaf179d07b2c0d.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
El sastre abrió mucho los ojos al verle y sonrió satisfecho.<br />
<br />
<span style="color: #B20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ciertamente le sienta es conjunto muy muy bien, señor. Con eso estaría todo, ¿verdad?</span></span><br />
<br />
Kisuke asintió y se cambió de nuevo llevando consigo el traje y el manto de Zorak. El iba con su ropa habitual de nuevo y al llegar donde se encontraba su compañero, sacó el manto de la bolsa y se lo arrojó con una sonrisa divertida.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Ya tengo listo todo, colega. Me gustan los mantos aunque el mío sea pequeño, me queda bien cualquier cosita... kuhahahahahaha.</span></span></div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>karma</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<ul class="mycode_list"><li>Honesto: te es imposible mentir.<br />
</li>
<li>Risa excéntrica: kuhahahaha<br />
</li>
<li>Vicio: fumar.<br />
</li>
<li>Apostador: una vez por tema debes realizar una apuesta, y no puedes negarte a ninguna que se te proponga.<br />
</li>
<li>Amante de los combates: no puedes rechazar ningún desafío que se te proponga.<br />
</li>
<li>Épico: tienes que pronunciar tus técnicas en voz alta.<br />
</li>
<li>Gruñón: tu primera interacción con NPC y personajes debe ser insultando.<br />
</li>
<li>Belleza: tu belleza hace que los NPC tengan un trato más favorable contigo.<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>inventario</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://i.imgur.com/encWPLm.jpeg' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Yamigiri</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad w-25'><strong>Meito</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>20 Fuerza / 30 Destreza</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>3500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>100</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,8 Fuerza / 0,9 Destreza</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>9999999</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>La Katana Yamigiri es una espada de origen desconocido con la vaina y la empuñadura negras y la guarda con motivos dorados que también están presentes en la vaina en forma de dragón. La hoja presenta una ondulación regular en medio de la misma, con dos kanjis grabados a mano cerca de la guardia, 敵 en uno de ellos y 闇 en el otro. Le fue entregada a Kisuke tras la muerte de su madre y era un regalo que tenía su padre, también fallecido, preparado para su 18º cumpleaños, por lo que hay un estrecho vínculo entre la katana y Kisuke.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='objeto_code_container'>
                    <div
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`objeto`, `kisuke001`);'
                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>kisuke001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div><div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://imgur.com/qodZgG7.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Katana</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Objetos bélicos</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>3</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>20 FUE / 30 DES</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>1500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>60</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>1 FUE / 0,5 DES</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>2</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>100000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Una espada con hoja curva y un solo filo afilado. Famosa por su nitidez y técnica de corte, ha sido una parte integral de la cultura samurái.</i>
                </p>
                <hr/>
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                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>katana003</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div><div class='objeto_content'>
                <span style='font-family: monospace' id='flex-armas'>
                    <img src='https://imgur.com/AmHCPFI.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Den den mushi</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Comunicación</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>0</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`objeto_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                        <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>-</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>-</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>-</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>-</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>-</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>1</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>4000</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='objeto_code_container'>
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`objeto`, `dendenmushi001`);'
                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>dendenmushi001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div>
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Absoluto] T3 Auto narrada, Festival del fuego.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1007</link>
			<pubDate>Tue, 09 Apr 2024 07:27:12 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=197">Zorak</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1007</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ciudad Akarui</span></span><br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">26 de verano, año 12</span></span><br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">16:45h</span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">No estaba cómodo caminando por las abarrotadas calles de Ciudad Akarui, las calles estaban abarrotadas de gente que andaba por el mercadillo, algunos iban y venían con carteles que portaban estampados de llamas y se les veía estresados preparando algo, el recuerdo retumbo en mi interior con intensidad, cuatro años atrás había visto esos mismos carteles mientras caminaba junto a Maeve cuando se enteraron de la festividad veraniega de la ciudad, eran los preparativos para el festival del fuego.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">No pude evitar que en mi rostro surgiera una sonrisa debido al recuerdo de la albina pateando a un guardia con los dos pies y esa maldita sonrisa en su rostro, como habian cambiado las cosas en tan solo cuatro años, antes paseaba por estas calles robando dinero para poder comer y recuperar fuerzas, ahora caminaba por sus calles como un soldado del ejercito revolucionario en busca de información para concluir la misión que el Mariscal nos había otorgado a Kisuke y a mí.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Kisuke quiso acompañarme, seguramente para acabar posando su culo en alguna taberna y emborracharse, pero alguien debía cuidar la base donde nos ocultábamos, si tan solo supiera que ese lugar fue el primero que llame hogar tras todo el vórtice de macabros sucesos que paso hace ocho años. No se tomó muy bien el hecho de ocultarse, pero valoraba mi forma de hacer las cosas y como él dijo "Haz lo que tengas que hacer, pero no hagas daño a nadie" y el hecho de llevarle una botella de whisky ayudo a que accediera a quedarse tranquilo en la base.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Por precaución esta vez había salido sin mí máscara, la última vez que la lleve aquí acabe metido en un robo bastante gordo y no era buena idea que pudieran reconocerme por la máscara, a veces me pregunto que opinaría Köri de la procedencia de la gema de dos colores que le regale, pero estaba divagando y no había salido a pasear sin más como bien estaba diciendo, por donde debería comenzar... el sitio al que no podría ir aunque quisiera sin llamar la atención sería la taberna del dragón rojo, me moría de ganar de ir al lugar solo por ser el sitio donde la conocí, pero una vez más me recordé que no debía llamar la atención.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Has escuchado eso? Van a hacer una exposición de arte por el festival del fuego</span>" dijo un transeúnte con voz animada a la mujer que le acompañaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Recordé el gusto de Powder por el arte y la pintura, como devoraba con la mirada cuadros en busca de trazos que yo jamás llegue a comprender, el recuerdo de la pequeña aún me quemaba por dentro, pero gracias a la ayuda tanto de Maeve como de Kisuke comenzaba a ver esos recuerdos con amor y no con dolor, debía quedarme con los buenos momentos como me dijo Kisuke, la voz de la chica contestando a su acompañante me saco de mis profundas ensoñaciones.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Dicen que este año varios artistas de renombre están invitados</span>" la chica hacía aspavientos con las manos por la emoción. "<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Nicasso, Gepardo Narinchi y el mejor pintor de todo el west blue, Griffith Tudor! Dicen que sus pinturas no son de este mundo.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">La última parte que comento la chica llamo por completo mi atención, así que Griffith Tudor estaba entre los que exponían sus obras, Kisuke iba a dar volteretas cuando recibiera esta información, no tenía duda sobre ello, me acerque a la pareja y hable con amabilidad.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Perdonad, habéis dicho que Griffith Tudor va a exponer su arte en este festival del fuego?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">La pareja me miro, casi de arriba a abajo y el tipo se quedó mirando mis afilados dientes.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">S..si... eres fan suyo?</span>" No parecía muy convencido.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Por supuesto! Es el mejor pintor del west blue, NO! ¡DEL MUNDO ENTERO!</span>" Dije con falsa emoción en el tono de mi voz, cosa que hizo que ambos se relajaran bastante.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Verdad que sí?</span>" Dijo la chica emocionadísima. "<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Hace años vi una exposición y sus cuadros parece que tienen alma.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras un rato charlando con la pareja conseguí algo más de información, no solo expondría los cuadros, sino que además tendría una pequeña fiesta vip, llamarla pequeña era cuanto menos curioso, puesto que por lo que pudo averiguar varias de las personalidades más pudientes de todo el west blue estarían reunidos en esa fiesta, así como sus secuaces y guarda espaldas, debía buscar una manera de colar a Kisuke en esa reunión, sabía que era un gran luchador, lo había experimentado en mis propias carnes, pero si de algo estaba seguro es que infiltrarse no era su punto fuerte, mientras seguía mi camino despidiéndome de la amable pareja mi mente ya estaba elaborando planes hipotéticos para poder colar al grandullón de mi compañero.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Seguí caminando mientras el mercadillo del festival del fuego tomaba cada vez más la forma que recordaba, aún faltaban algunos puestos, como el del imbécil que abrazaba a Köri mientras esta intentaba robarle, si no recordaba mal cerca de donde estaba un sastre tenía su tienda, quizás debería ir a buscar algo que pudiera utilizar Kisuke como traje, el tipo tenía un porte envidiable, pero un sentido de la moda... bueno... podríamos definirlo como escaso para ser amables, no conocía las medidas del espadachín, aunque esos pectorales difícilmente cabrían en un traje ya fabricado, así que debería pedir hora para que le hicieran algo, ya le pasaría la factura al subnormal de Ninel.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras caminar hacia el final de la calle por fin la vi, la tienda del costurero, con una puerta de madera de roble y unos grandes ventanales donde exponía las piezas de ropa de tallaje estándar, me acerque a la puerta y gire el pomo pasando dentro, el hombre parecía ocupado con un grupo de personas, apuntando tallajes y tomando medidas con el metro.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre era menudo y muy viejo, sin pelo en la cabeza más que en los laterales de esta, de un blanco que parecía nieve virgen, unos ojos pequeños y una gran nariz.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Me senté y agarre una revista para entretenerme mientras el viejo hacía su trabajo con la otra gente, tras un buen rato donde ya estaba aburrido de esperar el viejo llamo mi atención.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Enseguida estoy con usted joven</span>" el pobre estaba sudando y parecía que quería sentarse a tomar un poco de aire, la edad no perdona a nadie.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">No te preocupes viejo, descansa un rato</span>" dije levantándome y jugueteando con el mechón de mi frente. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Saldré a hacer un cigarro y si alguien viene le diré que está cerrado, te apuesto diez mil berries a que nadie se atreve a acercarse</span>" dije mientras sonreía al anciano, abriendo y cerrando los dientes. El viejo se sentó suspirando mientras asentía.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">Muchas gracias hijo, ya me estoy haciendo viejo.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Abrí la puerta, salí y la cerré tras de mí, quedándome de pie allí mientras sacaba con mi mano derecha el paquete de tabaco que llevaba en el bolsillo derecho, haciendo lo mismo con la mano izquierda con el nuevo mechero que había robado a un despistado tendero, estaba cansado de las cerillas, tras encender el cigarro di una profunda calada que me supo a la misma gloria, a lo lejos pude ver cráneos de animales, los cuales estaba seguro de que acabarían sobre la chimenea de algún ricachón con más dinero que valor, una de ellas llamo mi atención, era la calavera de un toro, me estaba dando una idea interesante.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras unos quince minutos volví a entrar y el viejo parecía tener bastante mejor cara, desde la silla en la que estaba sentado se le veían los piececitos colgando, de un saltito llego al suelo mientras se acercaba a mí.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">Bueno chico, en que puedo ayudarte?</span>" El viejo sonrió amablemente, mostrando los tres dientes que aún conservaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Verá, necesito un traje para un amigo, sería posible pedir cita para que viniera él en persona? No tengo las medidas.</span>" El viejo asintió mientras contestaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">Claro, dile que pase por aquí mañana a esta hora, cuál es tu nombre?</span>" Dijo agarrando una libreta y boli.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Aún me era difícil pronunciar mi nombre después de todos estos años, aun así comente al viejo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Zorak y me gustaría pedir otra cosa.</span>" Gire y señale por el ventanal a la calavera de toro que había en el puesto que había visto antes. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Me gustaría hacer unos ponchos con el diseño de esa calavera, deberían ser de color negro y amarillo, sería posible?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El viejo siguió apuntando y contestó</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">Claro, ven que te tome las medidas un momento.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El viejo anoto las medidas de mi hombro y tras dejarle una paga y señal de mil doscientos berries salí de la tienda, una cosa menos, ahora venía lo difícil conseguir una manera de entrar en esa fiesta vip, bueno, una forma para que entrara Kisuke, tras callejear durante un par de horas vi a lo lejos un tipo que me sonaba y que hizo que mi puño se apretara en rabia, con ganas de destrozarle la cabeza, el puto Lionnel, el hombre que estuvo tonteando con Maeve hace cuatro años solo para acabar robado, me acerque a él cómo quien no quiere la cosa y me puse a ojear sus mercancías mientras el tipo me miraba de forma extraña.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Perdona chico... nos conocemos de algo?</span>" preguntó Lionnel mientras me miraba atentamente.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Perdona, no me suenas de nada.</span>" Le mentí. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Veo tantas caras a lo largo del día en mis espectáculos de magia que he aprendido a no retenerlas. BATOTOTO</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Al imbécil se le iluminó la cara y comenzó a frotarse las manos nerviosamente mientras decía.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Ya te recuerdo, eres el mago Z! Hace unos años te vi hacer trucos con cartas cerca de aquí!</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Bingo, pensé. Si no recordaba mal este tipo tenía bastante poder adquisitivo, no solo la bolsa tan jodidamente grande de oro que le robó Maeve, sino que esta le comento que el tipo era un pez algo gordo hace cuatro años y a juzgar por el estado de su puesto era evidente de que al tipo le había ido de lujo, se giró hacia uno de sus trabajadores y le comento.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Este tipo hace bailar las cartas de una manera espectacular John, deberías verlo en acción.</span>" El imbécil me miro como suplicando un truco de magia.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo siento amigo, ya no hago trucos gratis.</span>" Sonreí, ocultando las ganas que seguían latentes de destrozarle la mandíbula cada vez que recordaba el seboso brazo de Lionnel sobre Maeve.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Ohh vamos, solo uno pequeño</span>" insistió.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Está bien, solo uno. Te advierto que he mejorado muchísimo.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Enseñe las manos desnudas a Lionnel y a su trabajador y sin apartarlas hice nacer un hilo tan fino de la punta de mi dedo índice tan fino que parecía invisible, llevando el hilo hacia el bolsillo trasero de mi pantalón y agarrando la baraja de cartas, haciendo que está a sus ojos levitara hasta mi mano izquierda, chasquee los dedos de la mano derecha y al hacerlo, de mi dedo gordo nació otro hilo igual de invisible que el anterior, que fue a posarse en medio de la baraja e hizo que se levantara una carta.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">La cara de Lionnel no tenía precio y la de su trabajador tampoco, estaban simplemente flipando con lo que estaban viendo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo llamo cartas voladoras! BATOTOTO</span>" una idea cruzo mi mente, puse una cara triste más falsa que un berri de plástico. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Hace tiempo que no hago una función tan íntima, lo hecho de menos... cada vez que hago una hay demasiada gente y soy bastante tímido aunque no lo parezca.</span>" Suspire falsamente.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Deberías venir a la fiesta vip que se hace tras la exposición de arte! Estoy seguro de que sería un gran espectáculo, yo puedo arreglártelo.</span>" Ahí estaba, la arrogancia del rico.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">De verdad me harías ese favor?</span>" Contesté con genuina ilusión, no por lo que mi interlocutor pensaba que era, pero genuina al fin y al cabo. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Pero necesitaría que mi seguridad fuera conmigo, podrías conseguirle un pase a el también?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Por supuesto! Pasad mañana a por los pases yo me encargo.</span>" Afirmó el hombre.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo dejo en tus manos entonces!</span>" Dije mientras me marchaba calle abajo, agitando la mano y sin que él lo supiera llevándome su bolsa de oro con uno de los hilos que había usado para hacer el truco de magia, que puedo decir, algunas cosas nunca cambian.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Zorak recopila información sobre su objetivo, pide hora para que Kisuke se haga un traje y se encuentra con Lionnel, el hombre al que Maeve robó hace cuatro años, se lo camela haciendo uso de su fruta para hacer un truco de magia y Lionnel le ofrece hacer un espectáculo en la fiesta privada que dará Griffith. </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tabla de la fruta:</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='akuma_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreAkuma'>Ito Ito No Mi</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='akuma_tipo'><strong id='tipoAkuma'>Paramecia</strong></div>
                    <div class='akuma_rango'><strong id='rangoAkuma'>3</strong></div>
                </div>
                <p><i id='descripcionAkuma'>'La Ito Ito No Mi es una fruta del diablo que permite a su consumidor crear y manipular hilos.</i></p>
                <div class='akuma_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
                        parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display = `none`;
                    } else {
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                    }'
                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button type='button' id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='akuma_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div>
                        <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                            <p><span><i id='especificacionesAkuma'>La Ito Ito No Mi otorga a su usuario la capacidad de crear hilos que puede manipular a su antojo en una distancia relacionada de su Control de Akuma. Es una fruta versátil cuyo potencial es solo alcanzable de manera absoluta mediante el uso de técnicas. Esta fruta se comienza a dominar al alcanzar <strong>60 Puntos de Control de Akuma,</strong> al llegar a ese punto el usuario puede usar sus manos para crear hilos y manipularlos con precisión en un radio de 1 metro por cada 6 puntos en Control de Akuma, dichos hilos tendrán una resistencia de <strong><font color=green>25 de Vitalidad</font></strong> cada uno y tan solo podrá crear 5 simultáneamente, uno por dedo. Cada hilo gastará  <strong><font color=orange>6 de energía</font></strong> por hilo. Al llegar a 180 Puntos de Control de Akuma el usuario podrá crear hasta 10 hilos simultáneamente, uno por dedo usando ambas manos, y dichos hilos tendrán una resistencia de <strong><font color=green>40 de Vitalidad</font></strong> cada uno, gastando <strong><font color=orange>9 de energía</font></strong> por hilo. Al alcanzar 240 Puntos en Control de Akuma el usuario podrá crear hilos desde los dedos de sus manos o los de sus pies y son prácticamente invisibles al ojo humano común. Estos tendrán una resistencia de <strong><font color=green>60 de Vitalidad</font></strong> cada uno, gastando <strong><font color=orange>15 de energía</font></strong> por hilo.</br>
Los hilos se mueven al 60% del Control de Akuma.</i></span></p>
                        </div>
                    </div>
                </div>

                <p><strong>Control de Akuma: </strong><span id='controlAkuma'></br>
• 60 CA: Uso básico</br>
• 180 CA: Permite usar hilos con ambas manos</br>
• 240 CA: Los hilos del uso pasivo de la fruta son tan finos que son invisibles para todo aquel con menos de 250 de Reflejos.</span></p>
                <p><strong>Ventajas: </strong><span id='ventajasAkuma'>Alcanza 1 metro por cada 6 de Control de Akuma. Estos hilos pueden usarse para ejercer daño cortante.</span></p>
                <p><strong>Debilidades: </strong><span id='debilidadesAkuma'>Las típicas de una Akuma.</span></p>

                <hr/>
                <div class='akuma_code_container'>
                    <div
                        class='akuma_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`akuma`, `ito`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoAkuma'>ito</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ciudad Akarui</span></span><br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">26 de verano, año 12</span></span><br />
<span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">16:45h</span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">No estaba cómodo caminando por las abarrotadas calles de Ciudad Akarui, las calles estaban abarrotadas de gente que andaba por el mercadillo, algunos iban y venían con carteles que portaban estampados de llamas y se les veía estresados preparando algo, el recuerdo retumbo en mi interior con intensidad, cuatro años atrás había visto esos mismos carteles mientras caminaba junto a Maeve cuando se enteraron de la festividad veraniega de la ciudad, eran los preparativos para el festival del fuego.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">No pude evitar que en mi rostro surgiera una sonrisa debido al recuerdo de la albina pateando a un guardia con los dos pies y esa maldita sonrisa en su rostro, como habian cambiado las cosas en tan solo cuatro años, antes paseaba por estas calles robando dinero para poder comer y recuperar fuerzas, ahora caminaba por sus calles como un soldado del ejercito revolucionario en busca de información para concluir la misión que el Mariscal nos había otorgado a Kisuke y a mí.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Kisuke quiso acompañarme, seguramente para acabar posando su culo en alguna taberna y emborracharse, pero alguien debía cuidar la base donde nos ocultábamos, si tan solo supiera que ese lugar fue el primero que llame hogar tras todo el vórtice de macabros sucesos que paso hace ocho años. No se tomó muy bien el hecho de ocultarse, pero valoraba mi forma de hacer las cosas y como él dijo "Haz lo que tengas que hacer, pero no hagas daño a nadie" y el hecho de llevarle una botella de whisky ayudo a que accediera a quedarse tranquilo en la base.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Por precaución esta vez había salido sin mí máscara, la última vez que la lleve aquí acabe metido en un robo bastante gordo y no era buena idea que pudieran reconocerme por la máscara, a veces me pregunto que opinaría Köri de la procedencia de la gema de dos colores que le regale, pero estaba divagando y no había salido a pasear sin más como bien estaba diciendo, por donde debería comenzar... el sitio al que no podría ir aunque quisiera sin llamar la atención sería la taberna del dragón rojo, me moría de ganar de ir al lugar solo por ser el sitio donde la conocí, pero una vez más me recordé que no debía llamar la atención.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Has escuchado eso? Van a hacer una exposición de arte por el festival del fuego</span>" dijo un transeúnte con voz animada a la mujer que le acompañaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Recordé el gusto de Powder por el arte y la pintura, como devoraba con la mirada cuadros en busca de trazos que yo jamás llegue a comprender, el recuerdo de la pequeña aún me quemaba por dentro, pero gracias a la ayuda tanto de Maeve como de Kisuke comenzaba a ver esos recuerdos con amor y no con dolor, debía quedarme con los buenos momentos como me dijo Kisuke, la voz de la chica contestando a su acompañante me saco de mis profundas ensoñaciones.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Dicen que este año varios artistas de renombre están invitados</span>" la chica hacía aspavientos con las manos por la emoción. "<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Nicasso, Gepardo Narinchi y el mejor pintor de todo el west blue, Griffith Tudor! Dicen que sus pinturas no son de este mundo.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">La última parte que comento la chica llamo por completo mi atención, así que Griffith Tudor estaba entre los que exponían sus obras, Kisuke iba a dar volteretas cuando recibiera esta información, no tenía duda sobre ello, me acerque a la pareja y hable con amabilidad.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Perdonad, habéis dicho que Griffith Tudor va a exponer su arte en este festival del fuego?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">La pareja me miro, casi de arriba a abajo y el tipo se quedó mirando mis afilados dientes.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">S..si... eres fan suyo?</span>" No parecía muy convencido.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Por supuesto! Es el mejor pintor del west blue, NO! ¡DEL MUNDO ENTERO!</span>" Dije con falsa emoción en el tono de mi voz, cosa que hizo que ambos se relajaran bastante.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Verdad que sí?</span>" Dijo la chica emocionadísima. "<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Hace años vi una exposición y sus cuadros parece que tienen alma.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras un rato charlando con la pareja conseguí algo más de información, no solo expondría los cuadros, sino que además tendría una pequeña fiesta vip, llamarla pequeña era cuanto menos curioso, puesto que por lo que pudo averiguar varias de las personalidades más pudientes de todo el west blue estarían reunidos en esa fiesta, así como sus secuaces y guarda espaldas, debía buscar una manera de colar a Kisuke en esa reunión, sabía que era un gran luchador, lo había experimentado en mis propias carnes, pero si de algo estaba seguro es que infiltrarse no era su punto fuerte, mientras seguía mi camino despidiéndome de la amable pareja mi mente ya estaba elaborando planes hipotéticos para poder colar al grandullón de mi compañero.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Seguí caminando mientras el mercadillo del festival del fuego tomaba cada vez más la forma que recordaba, aún faltaban algunos puestos, como el del imbécil que abrazaba a Köri mientras esta intentaba robarle, si no recordaba mal cerca de donde estaba un sastre tenía su tienda, quizás debería ir a buscar algo que pudiera utilizar Kisuke como traje, el tipo tenía un porte envidiable, pero un sentido de la moda... bueno... podríamos definirlo como escaso para ser amables, no conocía las medidas del espadachín, aunque esos pectorales difícilmente cabrían en un traje ya fabricado, así que debería pedir hora para que le hicieran algo, ya le pasaría la factura al subnormal de Ninel.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras caminar hacia el final de la calle por fin la vi, la tienda del costurero, con una puerta de madera de roble y unos grandes ventanales donde exponía las piezas de ropa de tallaje estándar, me acerque a la puerta y gire el pomo pasando dentro, el hombre parecía ocupado con un grupo de personas, apuntando tallajes y tomando medidas con el metro.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre era menudo y muy viejo, sin pelo en la cabeza más que en los laterales de esta, de un blanco que parecía nieve virgen, unos ojos pequeños y una gran nariz.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Me senté y agarre una revista para entretenerme mientras el viejo hacía su trabajo con la otra gente, tras un buen rato donde ya estaba aburrido de esperar el viejo llamo mi atención.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Enseguida estoy con usted joven</span>" el pobre estaba sudando y parecía que quería sentarse a tomar un poco de aire, la edad no perdona a nadie.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">No te preocupes viejo, descansa un rato</span>" dije levantándome y jugueteando con el mechón de mi frente. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Saldré a hacer un cigarro y si alguien viene le diré que está cerrado, te apuesto diez mil berries a que nadie se atreve a acercarse</span>" dije mientras sonreía al anciano, abriendo y cerrando los dientes. El viejo se sentó suspirando mientras asentía.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">Muchas gracias hijo, ya me estoy haciendo viejo.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Abrí la puerta, salí y la cerré tras de mí, quedándome de pie allí mientras sacaba con mi mano derecha el paquete de tabaco que llevaba en el bolsillo derecho, haciendo lo mismo con la mano izquierda con el nuevo mechero que había robado a un despistado tendero, estaba cansado de las cerillas, tras encender el cigarro di una profunda calada que me supo a la misma gloria, a lo lejos pude ver cráneos de animales, los cuales estaba seguro de que acabarían sobre la chimenea de algún ricachón con más dinero que valor, una de ellas llamo mi atención, era la calavera de un toro, me estaba dando una idea interesante.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras unos quince minutos volví a entrar y el viejo parecía tener bastante mejor cara, desde la silla en la que estaba sentado se le veían los piececitos colgando, de un saltito llego al suelo mientras se acercaba a mí.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">Bueno chico, en que puedo ayudarte?</span>" El viejo sonrió amablemente, mostrando los tres dientes que aún conservaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Verá, necesito un traje para un amigo, sería posible pedir cita para que viniera él en persona? No tengo las medidas.</span>" El viejo asintió mientras contestaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">Claro, dile que pase por aquí mañana a esta hora, cuál es tu nombre?</span>" Dijo agarrando una libreta y boli.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Aún me era difícil pronunciar mi nombre después de todos estos años, aun así comente al viejo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Zorak y me gustaría pedir otra cosa.</span>" Gire y señale por el ventanal a la calavera de toro que había en el puesto que había visto antes. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Me gustaría hacer unos ponchos con el diseño de esa calavera, deberían ser de color negro y amarillo, sería posible?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El viejo siguió apuntando y contestó</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">Claro, ven que te tome las medidas un momento.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El viejo anoto las medidas de mi hombro y tras dejarle una paga y señal de mil doscientos berries salí de la tienda, una cosa menos, ahora venía lo difícil conseguir una manera de entrar en esa fiesta vip, bueno, una forma para que entrara Kisuke, tras callejear durante un par de horas vi a lo lejos un tipo que me sonaba y que hizo que mi puño se apretara en rabia, con ganas de destrozarle la cabeza, el puto Lionnel, el hombre que estuvo tonteando con Maeve hace cuatro años solo para acabar robado, me acerque a él cómo quien no quiere la cosa y me puse a ojear sus mercancías mientras el tipo me miraba de forma extraña.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Perdona chico... nos conocemos de algo?</span>" preguntó Lionnel mientras me miraba atentamente.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Perdona, no me suenas de nada.</span>" Le mentí. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Veo tantas caras a lo largo del día en mis espectáculos de magia que he aprendido a no retenerlas. BATOTOTO</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Al imbécil se le iluminó la cara y comenzó a frotarse las manos nerviosamente mientras decía.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Ya te recuerdo, eres el mago Z! Hace unos años te vi hacer trucos con cartas cerca de aquí!</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Bingo, pensé. Si no recordaba mal este tipo tenía bastante poder adquisitivo, no solo la bolsa tan jodidamente grande de oro que le robó Maeve, sino que esta le comento que el tipo era un pez algo gordo hace cuatro años y a juzgar por el estado de su puesto era evidente de que al tipo le había ido de lujo, se giró hacia uno de sus trabajadores y le comento.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Este tipo hace bailar las cartas de una manera espectacular John, deberías verlo en acción.</span>" El imbécil me miro como suplicando un truco de magia.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo siento amigo, ya no hago trucos gratis.</span>" Sonreí, ocultando las ganas que seguían latentes de destrozarle la mandíbula cada vez que recordaba el seboso brazo de Lionnel sobre Maeve.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Ohh vamos, solo uno pequeño</span>" insistió.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Está bien, solo uno. Te advierto que he mejorado muchísimo.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Enseñe las manos desnudas a Lionnel y a su trabajador y sin apartarlas hice nacer un hilo tan fino de la punta de mi dedo índice tan fino que parecía invisible, llevando el hilo hacia el bolsillo trasero de mi pantalón y agarrando la baraja de cartas, haciendo que está a sus ojos levitara hasta mi mano izquierda, chasquee los dedos de la mano derecha y al hacerlo, de mi dedo gordo nació otro hilo igual de invisible que el anterior, que fue a posarse en medio de la baraja e hizo que se levantara una carta.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">La cara de Lionnel no tenía precio y la de su trabajador tampoco, estaban simplemente flipando con lo que estaban viendo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo llamo cartas voladoras! BATOTOTO</span>" una idea cruzo mi mente, puse una cara triste más falsa que un berri de plástico. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Hace tiempo que no hago una función tan íntima, lo hecho de menos... cada vez que hago una hay demasiada gente y soy bastante tímido aunque no lo parezca.</span>" Suspire falsamente.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Deberías venir a la fiesta vip que se hace tras la exposición de arte! Estoy seguro de que sería un gran espectáculo, yo puedo arreglártelo.</span>" Ahí estaba, la arrogancia del rico.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">De verdad me harías ese favor?</span>" Contesté con genuina ilusión, no por lo que mi interlocutor pensaba que era, pero genuina al fin y al cabo. "<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Pero necesitaría que mi seguridad fuera conmigo, podrías conseguirle un pase a el también?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Por supuesto! Pasad mañana a por los pases yo me encargo.</span>" Afirmó el hombre.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Lo dejo en tus manos entonces!</span>" Dije mientras me marchaba calle abajo, agitando la mano y sin que él lo supiera llevándome su bolsa de oro con uno de los hilos que había usado para hacer el truco de magia, que puedo decir, algunas cosas nunca cambian.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Zorak recopila información sobre su objetivo, pide hora para que Kisuke se haga un traje y se encuentra con Lionnel, el hombre al que Maeve robó hace cuatro años, se lo camela haciendo uso de su fruta para hacer un truco de magia y Lionnel le ofrece hacer un espectáculo en la fiesta privada que dará Griffith. </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tabla de la fruta:</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='akuma_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreAkuma'>Ito Ito No Mi</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='akuma_tipo'><strong id='tipoAkuma'>Paramecia</strong></div>
                    <div class='akuma_rango'><strong id='rangoAkuma'>3</strong></div>
                </div>
                <p><i id='descripcionAkuma'>'La Ito Ito No Mi es una fruta del diablo que permite a su consumidor crear y manipular hilos.</i></p>
                <div class='akuma_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button type='button' id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='akuma_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div>
                        <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                            <p><span><i id='especificacionesAkuma'>La Ito Ito No Mi otorga a su usuario la capacidad de crear hilos que puede manipular a su antojo en una distancia relacionada de su Control de Akuma. Es una fruta versátil cuyo potencial es solo alcanzable de manera absoluta mediante el uso de técnicas. Esta fruta se comienza a dominar al alcanzar <strong>60 Puntos de Control de Akuma,</strong> al llegar a ese punto el usuario puede usar sus manos para crear hilos y manipularlos con precisión en un radio de 1 metro por cada 6 puntos en Control de Akuma, dichos hilos tendrán una resistencia de <strong><font color=green>25 de Vitalidad</font></strong> cada uno y tan solo podrá crear 5 simultáneamente, uno por dedo. Cada hilo gastará  <strong><font color=orange>6 de energía</font></strong> por hilo. Al llegar a 180 Puntos de Control de Akuma el usuario podrá crear hasta 10 hilos simultáneamente, uno por dedo usando ambas manos, y dichos hilos tendrán una resistencia de <strong><font color=green>40 de Vitalidad</font></strong> cada uno, gastando <strong><font color=orange>9 de energía</font></strong> por hilo. Al alcanzar 240 Puntos en Control de Akuma el usuario podrá crear hilos desde los dedos de sus manos o los de sus pies y son prácticamente invisibles al ojo humano común. Estos tendrán una resistencia de <strong><font color=green>60 de Vitalidad</font></strong> cada uno, gastando <strong><font color=orange>15 de energía</font></strong> por hilo.</br>
Los hilos se mueven al 60% del Control de Akuma.</i></span></p>
                        </div>
                    </div>
                </div>

                <p><strong>Control de Akuma: </strong><span id='controlAkuma'></br>
• 60 CA: Uso básico</br>
• 180 CA: Permite usar hilos con ambas manos</br>
• 240 CA: Los hilos del uso pasivo de la fruta son tan finos que son invisibles para todo aquel con menos de 250 de Reflejos.</span></p>
                <p><strong>Ventajas: </strong><span id='ventajasAkuma'>Alcanza 1 metro por cada 6 de Control de Akuma. Estos hilos pueden usarse para ejercer daño cortante.</span></p>
                <p><strong>Debilidades: </strong><span id='debilidadesAkuma'>Las típicas de una Akuma.</span></p>

                <hr/>
                <div class='akuma_code_container'>
                    <div
                        class='akuma_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`akuma`, `ito`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoAkuma'>ito</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Capricho de cumpleaños]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1002</link>
			<pubDate>Sat, 06 Apr 2024 03:15:52 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=197">Zorak</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1002</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Verano día 7 del año 12</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reino de Ilisia, Ciudad Akarui</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Cuanto tiempo hacía que no pisaba el Reino de Ilisia... la última vez que estuve aquí acabe con una cicatriz en la comisura derecha de mis labios y enamorado, no es que sintiera apego por ninguna isla en particular quitando Ballywood, pero a esta le tengo un lugar guardado en el corazón. Recorrer las calles de la ciudad me traía buenos recuerdos, pero para mi mala suerte no estaba aquí por eso, teníamos una misión y debía prepararme a fondo, paseando entre comercios, vi una pequeña armería, sin dudarlo entré en ella.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Buenos días señor, bienvenido a "la forja de sal</span>"." Saludo el vendedor. "<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Puedo ayudarle en algo?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Necesitaba renovar mis puños americanos y si era posible hacerme con algo más para mis piernas.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Estoy buscando puños americanos y botas de punta de hierro.</span>" Comente mientras me acercaba al mostrador donde estaba el tipo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre comenzó a mostrarme varios productos que no llamaban mi atención y no estaba como para perder el tiempo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Lo siento viejo, no tienes nada que me interese</span>" cuando estaba por irme el hombre hablo tras de mí</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Espera joven! aún tengo alguna cosa más, déjame ir al trastero.</span>" Y se marchó por la puerta que tenía a su espalda.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras un rato esperando que se hizo eterno, en el cual me dio tiempo a fumar un par de cigarrillos, el hombre salió con una caja y la coloco sobre el mostrador</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Estos son los mejores puños americanos que poseo.</span>" Dijo mientras abría la caja.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Un precioso juego de puños americanos se hizo presente, uno rojo carmesí con llamas estampadas y el otro de un azul claro con relieve de copos de nieve, una pequeña gema que portaba los mismos colores, apareció en mi mente, formando una sonrisa complacida en mi rostro.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Esto ya es otra cosa viejo, cuanto cuestan?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre se aclaró la garganta y dijo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Son 100.000 berries señor</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Era demasiado caro aunque fueran bonitos, quizá si metía algo más en el saco, el hombre hiciera un descuento, así que mire alrededor y vi unas botas de cuero, las señale y pregunte.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Esas botas son de punta de hierro? Si es así a cuanto están?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre miro las botas y asintió.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Sí, son de punta de hierro señor. Esas serían 30.000 berries</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre era un maldito usurero, pero por suerte se me daba bien "negociar" con la gente.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Que te parece si lo dejamos así, me llevo los puños americanos y las botas y redondeamos todo a 104.000 berries.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre entro en cólera y comenzó a gritar</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">ESO ES UN ROBO! FUERA, NO TE VOY A VENDER NADA!</span>".</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Sonreí y agarré al hombre por el cuello de la camisa, alzándolo y enseñando mis dientes.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Que prefieres, 104.000 o que me lo lleve gratis y te deje un recuerdo mío?</span>" Cerré dos veces la boca, chocando los dientes y dándole a entender que pasaría si se negaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Co.. como... usted quiera... caballero.</span>" dijo el hombre mientras se meaba encima.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Agarré los puños americanos junto con las botas y los metí en la bolsa que llevaba cruzada al pecho, saque la cartera y deje los 104.000 encima de la mesa del mostrador y me fui,</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">menos mal que Kisuke no había decidido acompañarme, estoy seguro de que no dejaría que "negociara" de esta manera estando él delante.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Zorak compra unos guantes t3 y unas botas t2, aplicando su descuento de comerciante, negociando a su manera. al ser comerciante de nivel 2, los guantes pasan de 100.000 a 80.000 debido al 20% de descuento y las botas pasan de 30.000 a 24.000. haciendo un total de 104.000
				</div>
			</div></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Verano día 7 del año 12</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reino de Ilisia, Ciudad Akarui</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Cuanto tiempo hacía que no pisaba el Reino de Ilisia... la última vez que estuve aquí acabe con una cicatriz en la comisura derecha de mis labios y enamorado, no es que sintiera apego por ninguna isla en particular quitando Ballywood, pero a esta le tengo un lugar guardado en el corazón. Recorrer las calles de la ciudad me traía buenos recuerdos, pero para mi mala suerte no estaba aquí por eso, teníamos una misión y debía prepararme a fondo, paseando entre comercios, vi una pequeña armería, sin dudarlo entré en ella.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Buenos días señor, bienvenido a "la forja de sal</span>"." Saludo el vendedor. "<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Puedo ayudarle en algo?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Necesitaba renovar mis puños americanos y si era posible hacerme con algo más para mis piernas.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Estoy buscando puños americanos y botas de punta de hierro.</span>" Comente mientras me acercaba al mostrador donde estaba el tipo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre comenzó a mostrarme varios productos que no llamaban mi atención y no estaba como para perder el tiempo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Lo siento viejo, no tienes nada que me interese</span>" cuando estaba por irme el hombre hablo tras de mí</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Espera joven! aún tengo alguna cosa más, déjame ir al trastero.</span>" Y se marchó por la puerta que tenía a su espalda.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Tras un rato esperando que se hizo eterno, en el cual me dio tiempo a fumar un par de cigarrillos, el hombre salió con una caja y la coloco sobre el mostrador</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Estos son los mejores puños americanos que poseo.</span>" Dijo mientras abría la caja.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Un precioso juego de puños americanos se hizo presente, uno rojo carmesí con llamas estampadas y el otro de un azul claro con relieve de copos de nieve, una pequeña gema que portaba los mismos colores, apareció en mi mente, formando una sonrisa complacida en mi rostro.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Esto ya es otra cosa viejo, cuanto cuestan?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre se aclaró la garganta y dijo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Son 100.000 berries señor</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Era demasiado caro aunque fueran bonitos, quizá si metía algo más en el saco, el hombre hiciera un descuento, así que mire alrededor y vi unas botas de cuero, las señale y pregunte.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Esas botas son de punta de hierro? Si es así a cuanto están?</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre miro las botas y asintió.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Sí, son de punta de hierro señor. Esas serían 30.000 berries</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre era un maldito usurero, pero por suerte se me daba bien "negociar" con la gente.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Que te parece si lo dejamos así, me llevo los puños americanos y las botas y redondeamos todo a 104.000 berries.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">El hombre entro en cólera y comenzó a gritar</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">ESO ES UN ROBO! FUERA, NO TE VOY A VENDER NADA!</span>".</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Sonreí y agarré al hombre por el cuello de la camisa, alzándolo y enseñando mis dientes.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Que prefieres, 104.000 o que me lo lleve gratis y te deje un recuerdo mío?</span>" Cerré dos veces la boca, chocando los dientes y dándole a entender que pasaría si se negaba.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">"<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Co.. como... usted quiera... caballero.</span>" dijo el hombre mientras se meaba encima.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">Agarré los puños americanos junto con las botas y los metí en la bolsa que llevaba cruzada al pecho, saque la cartera y deje los 104.000 encima de la mesa del mostrador y me fui,</span><br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font">menos mal que Kisuke no había decidido acompañarme, estoy seguro de que no dejaría que "negociara" de esta manera estando él delante.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Zorak compra unos guantes t3 y unas botas t2, aplicando su descuento de comerciante, negociando a su manera. al ser comerciante de nivel 2, los guantes pasan de 100.000 a 80.000 debido al 20% de descuento y las botas pasan de 30.000 a 24.000. haciendo un total de 104.000
				</div>
			</div></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] [+18] - Danza de hielo y fuego]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=945</link>
			<pubDate>Tue, 05 Mar 2024 10:47:40 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=162">Maeve Knox</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=945</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 27, 23:04h, verano, año 8</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">West Blue | Reino de Ilisia | Ciudad Akarui</span></div>
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=uiyNHYGXmj8&amp;ab_channel=NebbiaPhantom" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">OST DE LA ESCENA</a></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Restos de espuma de la cerveza se posaban sobre mi labio superior. Los limpié con la punta de la lengua mientras dejaba la jarra en la mesa. A continuación, introduje la mano en la pequeña bolsa de cuero que llevaba conmigo, a la que no quitaba ojo de encima, y saqué lo que contenía su interior. Entre mis manos, disfruté de su tacto, aunque sin exponerlo demasiado ante ojos indiscretos. Con todo, una no sabe quién podría estar mirándola ni cuándo. Por eso, devolví aquel pequeño, perfecto, suave y rojo rubí a su escondite.<br />
     Lo había robado, por supuesto. <br />
     Al llegar al Reino de Ilisia no tardé mucho en enterarme de su negocio de exportación de piedras preciosas, entre otras cosas. Escuché de refilón una conversación mientras paseaba por el puerto. Lo tomé como una provocación, un reto. Tras visitar diversas joyerías y evaluar las posibilidades, lo intenté en aquella que, por inexperiencia de los dueños, aumentaba mis probabilidades de éxito. No es que yo conociese a la gente de aquel lugar —de hecho, era la primera vez que lo visitaba—, pero el cartel que indicaba "¡Oferta de apertura, descuento en todos nuestros productos!" era indicativo suficiente. La segunda variable que jugó a mi favor fue que el dependiente había caído en mi encanto. Bueno, mi <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">encanto</span>... Una sonrisa tímida, una caída de ojos y colocar un mechón de mi cabello detrás de la oreja fueron mis armas. El resto, tan solo juego de manos.<br />
     Mi pequeño botín le sentaba muy bien a mi buen humor. Qué pena que el estar rodeada de gente me lo amargara.<br />
     Sí, soy consciente de que si frecuento tabernas o tugurios similares, gente va a haber. Posiblemente gente odiosa, babosa, sucia, asquerosa y un sinfín de adjetivos similares. Incluso en una ciudad como Akarui, existía ese tipo de lugares. Irónicamente, y a pesar de la fauna, también era donde prácticamente más cómoda estaba. No en vano me pasaba media vida en sitios de mierda como aquel como si me pagaran por ello, cuando en realidad lo único que hacía era gastarme el dinero. Si no me marchaba sin pagar, claro.<br />
     Dinero que era mío y que, antes de que se lo arrebatara, solía ser de otro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Otras veces, como aquella, la cerveza (o lo que se me antojase) me salía gratis, porque llegaba el pegajoso de turno y me invitaba con la esperanza de poder llegar a algo más conmigo. Las mujeres solían ser más sutiles, pero si buscaban lo mismo, utilizaban idénticas estrategias. En cualquier caso, yo solía beneficiarme y esos idiotas se quedaban con las manos vacías. Y los bolsillos, todo sea dicho.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     La taberna en la que me encontraba recibía el nombre de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El Dragón Rojo</span>. No era tan ponzoñosa como otras que había visitado. Sucia y algo rancia, pero con un alma algo más decente. La iluminación otorgaba cierta calidez al lugar y lucía grandes telares con dragones rojizos que le hacían honor a su nombre.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     No nos emocionemos: seguramente esto era obra de la ciudad, pues tenía pinta de que en aquella isla la gente se comportaría más. Un poco, al menos. Eso sí, gilipollas hay en todas partes y Akarui no iba a ser diferente. ¿Es que no sabían tener una conversación sin dar voces, joder?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Eso sería como pedirle al Gobierno Mundial que se preocupara por el pueblo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Me llevé la jarra de nuevo a los labios. Era una cerveza fuerte, nada de esas gilipolleces de color claro que saben a meados. Miré a mi alrededor. Podrá cambiar el lugar, pero el tipo de gente permanecía.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Se podría decir que, si yo frecuentaba tanto las tabernas y similares, podría entrar en ese grupo de miserables. Puede ser, por qué no. Pero mucho más hermosa y más letal que el noventa y nueve por ciento de ellos. Ah, y sola. Siempre me sentaba sola. La soledad es mucho mejor compañera que la mayoría de los mortales. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     El verano estaba golpeando con su calor habitual, incluso por la noche. Mi corsé negro dejaba al descubierto los brazos y los hombros, y la falda corta de encaje, también negra, permitía a la piel de mis piernas respirar. Aun así, mi propio cabello largo y las botas altas y oscuras de tacón eran casi un suplicio. No sufrí por mi maquillaje negro, pues no me preocupaba que no luciera perfecto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Me abaniqué con una mano mientras con la otra recogía mi pelo blanco en una coleta improvisada que desaparecería en cuanto soltase.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Necesitaría otra cerveza.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><br/><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>INFORMACIÓN</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>RESUMEN</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Esto ocurre cuatro años atrás, cuando Maeve tenía casi 25 años. Como (casi) siempre, utiliza sus ratos muertos por la noche para beber en una taberna. En esta ocasión, tras haber robado un rubí a modo de trofeo. Es verano, hace bastante calor en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El Dragón Rojo</span>.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>KARMAS RELEVANTES</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<ul class="mycode_list"><li>Belleza: Recibes un trato más favorable por parte de los NPCs, a no ser que hagas algo que perjudique la buena impresión que tendrán de ti.<br />
</li>
<li>Seductor: Los personajes o NPC cuya orientación sexual te favorezca, te darán un trato más amable y sus karmas negativos que te afecten se verán mitigados (por ejemplo: racismo, homofobia, rivalidad...)<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>INTERIOR DE 'EL DRAGÓN ROJO'</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<img src="https://i.imgur.com/8eOw8kY.jpg" title="El Dragón Rojo" /><br />

				</div>
			</div></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
				</div>
			</div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 27, 23:04h, verano, año 8</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">West Blue | Reino de Ilisia | Ciudad Akarui</span></div>
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=uiyNHYGXmj8&amp;ab_channel=NebbiaPhantom" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">OST DE LA ESCENA</a></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Restos de espuma de la cerveza se posaban sobre mi labio superior. Los limpié con la punta de la lengua mientras dejaba la jarra en la mesa. A continuación, introduje la mano en la pequeña bolsa de cuero que llevaba conmigo, a la que no quitaba ojo de encima, y saqué lo que contenía su interior. Entre mis manos, disfruté de su tacto, aunque sin exponerlo demasiado ante ojos indiscretos. Con todo, una no sabe quién podría estar mirándola ni cuándo. Por eso, devolví aquel pequeño, perfecto, suave y rojo rubí a su escondite.<br />
     Lo había robado, por supuesto. <br />
     Al llegar al Reino de Ilisia no tardé mucho en enterarme de su negocio de exportación de piedras preciosas, entre otras cosas. Escuché de refilón una conversación mientras paseaba por el puerto. Lo tomé como una provocación, un reto. Tras visitar diversas joyerías y evaluar las posibilidades, lo intenté en aquella que, por inexperiencia de los dueños, aumentaba mis probabilidades de éxito. No es que yo conociese a la gente de aquel lugar —de hecho, era la primera vez que lo visitaba—, pero el cartel que indicaba "¡Oferta de apertura, descuento en todos nuestros productos!" era indicativo suficiente. La segunda variable que jugó a mi favor fue que el dependiente había caído en mi encanto. Bueno, mi <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">encanto</span>... Una sonrisa tímida, una caída de ojos y colocar un mechón de mi cabello detrás de la oreja fueron mis armas. El resto, tan solo juego de manos.<br />
     Mi pequeño botín le sentaba muy bien a mi buen humor. Qué pena que el estar rodeada de gente me lo amargara.<br />
     Sí, soy consciente de que si frecuento tabernas o tugurios similares, gente va a haber. Posiblemente gente odiosa, babosa, sucia, asquerosa y un sinfín de adjetivos similares. Incluso en una ciudad como Akarui, existía ese tipo de lugares. Irónicamente, y a pesar de la fauna, también era donde prácticamente más cómoda estaba. No en vano me pasaba media vida en sitios de mierda como aquel como si me pagaran por ello, cuando en realidad lo único que hacía era gastarme el dinero. Si no me marchaba sin pagar, claro.<br />
     Dinero que era mío y que, antes de que se lo arrebatara, solía ser de otro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Otras veces, como aquella, la cerveza (o lo que se me antojase) me salía gratis, porque llegaba el pegajoso de turno y me invitaba con la esperanza de poder llegar a algo más conmigo. Las mujeres solían ser más sutiles, pero si buscaban lo mismo, utilizaban idénticas estrategias. En cualquier caso, yo solía beneficiarme y esos idiotas se quedaban con las manos vacías. Y los bolsillos, todo sea dicho.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     La taberna en la que me encontraba recibía el nombre de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El Dragón Rojo</span>. No era tan ponzoñosa como otras que había visitado. Sucia y algo rancia, pero con un alma algo más decente. La iluminación otorgaba cierta calidez al lugar y lucía grandes telares con dragones rojizos que le hacían honor a su nombre.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     No nos emocionemos: seguramente esto era obra de la ciudad, pues tenía pinta de que en aquella isla la gente se comportaría más. Un poco, al menos. Eso sí, gilipollas hay en todas partes y Akarui no iba a ser diferente. ¿Es que no sabían tener una conversación sin dar voces, joder?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Eso sería como pedirle al Gobierno Mundial que se preocupara por el pueblo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Me llevé la jarra de nuevo a los labios. Era una cerveza fuerte, nada de esas gilipolleces de color claro que saben a meados. Miré a mi alrededor. Podrá cambiar el lugar, pero el tipo de gente permanecía.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Se podría decir que, si yo frecuentaba tanto las tabernas y similares, podría entrar en ese grupo de miserables. Puede ser, por qué no. Pero mucho más hermosa y más letal que el noventa y nueve por ciento de ellos. Ah, y sola. Siempre me sentaba sola. La soledad es mucho mejor compañera que la mayoría de los mortales. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     El verano estaba golpeando con su calor habitual, incluso por la noche. Mi corsé negro dejaba al descubierto los brazos y los hombros, y la falda corta de encaje, también negra, permitía a la piel de mis piernas respirar. Aun así, mi propio cabello largo y las botas altas y oscuras de tacón eran casi un suplicio. No sufrí por mi maquillaje negro, pues no me preocupaba que no luciera perfecto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Me abaniqué con una mano mientras con la otra recogía mi pelo blanco en una coleta improvisada que desaparecería en cuanto soltase.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">     Necesitaría otra cerveza.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><br/><br />
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						<span>INFORMACIÓN</span>
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					<br />
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					<br />
Esto ocurre cuatro años atrás, cuando Maeve tenía casi 25 años. Como (casi) siempre, utiliza sus ratos muertos por la noche para beber en una taberna. En esta ocasión, tras haber robado un rubí a modo de trofeo. Es verano, hace bastante calor en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El Dragón Rojo</span>.<br />

				</div>
			</div><br />
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					<ul class="mycode_list"><li>Belleza: Recibes un trato más favorable por parte de los NPCs, a no ser que hagas algo que perjudique la buena impresión que tendrán de ti.<br />
</li>
<li>Seductor: Los personajes o NPC cuya orientación sexual te favorezca, te darán un trato más amable y sus karmas negativos que te afecten se verán mitigados (por ejemplo: racismo, homofobia, rivalidad...)<br />
</li>
</ul>

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			</div><br />
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					</div>
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				</div>
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					<br />
<img src="https://i.imgur.com/8eOw8kY.jpg" title="El Dragón Rojo" /><br />

				</div>
			</div></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
				</div>
			</div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Aventura T2 - Presente Absoluto] - El deber de un marine]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=815</link>
			<pubDate>Wed, 24 Jan 2024 12:33:47 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=31">Garnet D. Matlock</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=815</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 72 del año 11, Otoño - 9:03 a.m.<br />
West Blue - Reino de Ilisia - Ciudad Akarui </div>
<br />
Varias semanas habían transcurrido desde el alistamiento de Panko Dipagnotta en las fuerzas de la marina de la base G-19. Bajo el mando y la supervisión del sargento Joel, el joven panadero estuvo sometido a un período de formación y evaluación, día tras día, superando con creces las expectativas de su superior y compañeros. Mas aún no estaba todo el pescado vendido, ¿o debería decir pan? Pues el sargento tenía pensada una última prueba, a modo de examen, que le permitiría a Panko ganarse, de manera definitiva, el respeto y aprobación de Joel, en caso de pasarla con éxito. Con esto en mente, el sargento, nada más comenzar la jornada, cogió por banda al recluta pidiéndole que le acompañara y llevándolo al exterior de la base, causando el murmullo y cotilleo de sus compañeros de mismo nivel. <br />
<br />
Una vez fuera, el instructor de Panko se aseguró que llevaba su uniforme bien colocado y, fijando su vista hacia las pétreas y adoquinadas calles de Ciudad Akarui. Apenas hacía un par de horas que había amanecido, pero la vista, a pesar de la ausencia de la madre naturaleza en aquellas edificaciones y calzadas, era bella. Los rayos de sol, casi recién emergidos del horizonte, teñían de tonos ocres y anaranjados las piedras que componían la ciudad. Era un paisaje que Joel había visto múltiples veces, pero del que jamás se cansaba. Ante esta panorámica y la reconfortante y fresca brisa mañanera, Joel dejó caer un profundo suspiro.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Escucha, chico</span>.- Se giró para poder ver, cara a cara, al joven Dipagnotta, manteniendo sus dos brazos a sus espaldas. La expresión de Joel denotaba seriedad.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Hoy patrullaremos la ciudad en busca de algún civil necesitado</span>.- Apartó su brazo derecho de su espalda y lo apoyó, firmemente en el hombro izquierdo de Panko.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Considera esta tu última lección de aprendizaje, ¡no me defraudes, chico!</span>- Volvió a girarse, dándole la espalda al recluta, y caminando a través de la calle que se adentraba en el centro de la lujosa ciudad. Era momento de marchar, en busca de alguien que requiriera de su ayuda.<br />
<br />
Tras varios minutos inspeccionando el orden de las distintas calles y plazas del lugar, los dos marines se sitúan en una calzada de 8 metros de ancho y aproximadamente 30 metros de largo. Formando dos hileras verdes, varios árboles, colocados artificialmente a ambos lados de la calle, frente a los distintos locales que llenaban de vida a la ciudad. Entre uno de esos árboles y una de las muchas tiendas de joyería que se establecían allí, a unos tres metros se encontraba una señora, de mediana edad que expresaba una más que notoria agitación y preocupación. La mujer no sólo llamaba la atención por su comportamiento, sino también por su físico, destacando su corpulencia, su vestido rojo bermellón, su ostentoso pelo castaño largo y ondulado y las sortijas, gargantillas y pendientes que portaba la mujer. Joel, que parecía haberse dado cuenta de la situación, le dio un pequeño codazo con su diestra en el hombro izquierdo de Panko.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Chico, parece que tienes trabajo ahí</span>.- Una sonrisa llena de determinación se dibujó en la cara del sargento.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Aquí empieza tu prueba, no me falles ni a mi, ni al nombre de la marina.</span>-<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Indiferentemente de que Panko cumpla o no con la encomienda de la mujer, para que el recluta se gane la aprobación de Joel, el recluta deberá superar un medidor (que me acabo de sacar de la manga) de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">50 puntos</span>. <br />
<br />
Cada acción que reconforte al sargento, añadirá puntos en el medidor y, por el contrario, cada acción que desagrade al superior de Panko, restará puntos. Resalto que Panko, como no podía ser de otra manera, empieza con 0 puntos en dicho medidor imaginario.<br />
<br />
Dicho esto, si en la primera interacción con la señora, Panko suelta algún comentario ofensivo hacia la mujer, el medidor bajará en - 5 puntos, provocando además el cabreo de ella y la intervención de Joel. Por otro lado, si la intenta tranquilizar, educadamente, y le trata con educación, el medidor subirá en + 10 puntos. <br />
<br />
Este hide se revelará cuando se de la primera variación en el medidor.<br />

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>INFO</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>RESUMEN DEL TURNO</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Breve introducción y contextualización de la aventura. Joel y tú patrulláis la ciudad, en busca de algún civil que necesite de vuestros servicios. Encontráis a una mujer que parece estar en apuros y el sargento te da el pistoletazo de salida para que la atiendas.<br />

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>INFO DEL NARRADOR</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Muy buenas querido Panko! ¡Aquí empieza tu ansiada aventura! Aunque no va a haber bélico, pon el comando personaje (nunca está de más hacerlo). Esta ronda estará vigente durante 48 horas, es decir, se cerrará el viernes a las 20:30. Si te surge alguna complicación de todas formas, hablamos por privado. ¡Espero que disfrutes muchísimo de esta pequeña narración panadero!<br />

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			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 72 del año 11, Otoño - 9:03 a.m.<br />
West Blue - Reino de Ilisia - Ciudad Akarui </div>
<br />
Varias semanas habían transcurrido desde el alistamiento de Panko Dipagnotta en las fuerzas de la marina de la base G-19. Bajo el mando y la supervisión del sargento Joel, el joven panadero estuvo sometido a un período de formación y evaluación, día tras día, superando con creces las expectativas de su superior y compañeros. Mas aún no estaba todo el pescado vendido, ¿o debería decir pan? Pues el sargento tenía pensada una última prueba, a modo de examen, que le permitiría a Panko ganarse, de manera definitiva, el respeto y aprobación de Joel, en caso de pasarla con éxito. Con esto en mente, el sargento, nada más comenzar la jornada, cogió por banda al recluta pidiéndole que le acompañara y llevándolo al exterior de la base, causando el murmullo y cotilleo de sus compañeros de mismo nivel. <br />
<br />
Una vez fuera, el instructor de Panko se aseguró que llevaba su uniforme bien colocado y, fijando su vista hacia las pétreas y adoquinadas calles de Ciudad Akarui. Apenas hacía un par de horas que había amanecido, pero la vista, a pesar de la ausencia de la madre naturaleza en aquellas edificaciones y calzadas, era bella. Los rayos de sol, casi recién emergidos del horizonte, teñían de tonos ocres y anaranjados las piedras que componían la ciudad. Era un paisaje que Joel había visto múltiples veces, pero del que jamás se cansaba. Ante esta panorámica y la reconfortante y fresca brisa mañanera, Joel dejó caer un profundo suspiro.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Escucha, chico</span>.- Se giró para poder ver, cara a cara, al joven Dipagnotta, manteniendo sus dos brazos a sus espaldas. La expresión de Joel denotaba seriedad.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Hoy patrullaremos la ciudad en busca de algún civil necesitado</span>.- Apartó su brazo derecho de su espalda y lo apoyó, firmemente en el hombro izquierdo de Panko.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Considera esta tu última lección de aprendizaje, ¡no me defraudes, chico!</span>- Volvió a girarse, dándole la espalda al recluta, y caminando a través de la calle que se adentraba en el centro de la lujosa ciudad. Era momento de marchar, en busca de alguien que requiriera de su ayuda.<br />
<br />
Tras varios minutos inspeccionando el orden de las distintas calles y plazas del lugar, los dos marines se sitúan en una calzada de 8 metros de ancho y aproximadamente 30 metros de largo. Formando dos hileras verdes, varios árboles, colocados artificialmente a ambos lados de la calle, frente a los distintos locales que llenaban de vida a la ciudad. Entre uno de esos árboles y una de las muchas tiendas de joyería que se establecían allí, a unos tres metros se encontraba una señora, de mediana edad que expresaba una más que notoria agitación y preocupación. La mujer no sólo llamaba la atención por su comportamiento, sino también por su físico, destacando su corpulencia, su vestido rojo bermellón, su ostentoso pelo castaño largo y ondulado y las sortijas, gargantillas y pendientes que portaba la mujer. Joel, que parecía haberse dado cuenta de la situación, le dio un pequeño codazo con su diestra en el hombro izquierdo de Panko.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Chico, parece que tienes trabajo ahí</span>.- Una sonrisa llena de determinación se dibujó en la cara del sargento.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Aquí empieza tu prueba, no me falles ni a mi, ni al nombre de la marina.</span>-<br />
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						<span>Contenido Oculto</span>
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Indiferentemente de que Panko cumpla o no con la encomienda de la mujer, para que el recluta se gane la aprobación de Joel, el recluta deberá superar un medidor (que me acabo de sacar de la manga) de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">50 puntos</span>. <br />
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Cada acción que reconforte al sargento, añadirá puntos en el medidor y, por el contrario, cada acción que desagrade al superior de Panko, restará puntos. Resalto que Panko, como no podía ser de otra manera, empieza con 0 puntos en dicho medidor imaginario.<br />
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Dicho esto, si en la primera interacción con la señora, Panko suelta algún comentario ofensivo hacia la mujer, el medidor bajará en - 5 puntos, provocando además el cabreo de ella y la intervención de Joel. Por otro lado, si la intenta tranquilizar, educadamente, y le trata con educación, el medidor subirá en + 10 puntos. <br />
<br />
Este hide se revelará cuando se de la primera variación en el medidor.<br />

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			</div><br />
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						<span>INFO</span>
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					<br />
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>RESUMEN DEL TURNO</span>
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				</div>
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					<br />
Breve introducción y contextualización de la aventura. Joel y tú patrulláis la ciudad, en busca de algún civil que necesite de vuestros servicios. Encontráis a una mujer que parece estar en apuros y el sargento te da el pistoletazo de salida para que la atiendas.<br />

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						<span>INFO DEL NARRADOR</span>
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					<br />
Muy buenas querido Panko! ¡Aquí empieza tu ansiada aventura! Aunque no va a haber bélico, pon el comando personaje (nunca está de más hacerlo). Esta ronda estará vigente durante 48 horas, es decir, se cerrará el viernes a las 20:30. Si te surge alguna complicación de todas formas, hablamos por privado. ¡Espero que disfrutes muchísimo de esta pequeña narración panadero!<br />

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