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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Bosque umbrío]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 16:38:09 +0000</pubDate>
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			<title><![CDATA[[Pasado] Los lazos que nos unen]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3869</link>
			<pubDate>Fri, 19 Jun 2026 12:27:09 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=94">Viktor</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">10 de invierno, año -3</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toroa, West Blue</span></span></div>
<br />
<span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font">— <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Trepar a los árboles es trampa!</span></span> — grité mirando al enorme roble al que mi hermana se había subido buscando una posición de ventaja. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dijimos que subirse al tejado era trampa, no que trepar a un árbol lo fuera.</span></span> — replicó Selene con una sonrisa enorme para, acto seguido saltar hacia mí empuñando su espada de madera y atacando directo a mi cabeza. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PUNTO!</span></span> — dijo con júbilo tras golpearme en la frente, haciendo que casi me cayera de bruces al suelo. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Punto para mi!¡Voy ganando de una!</span></span> — dijo mientras bailoteaba con mucha alegría usando su espada como un bastón. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿¡QUÉ DICES!?… ¿Dónde has aprendido a contar? Vamos empatados.</span></span> — dije mientras me levantaba sosteniendo mi frente para evitar un chichón más grande de lo que auguraba. — <span style="color: darkgreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Meteos en casa de una puta vez, par de haraganes… me tenéis harto...</span></span> — gritó nuestro padre desde el lateral de la casa, borracho como siempre. Selene y yo nos miramos y asentimos con resignación. Soltamos las espadas junto al árbol, al lado del camino que llevaba al pueblo y, tras eso entramos en casa. Desde ahí, observamos por la ventana de nuestra habitación como nuestro padre se marchaba al puerto. Acostumbraba a jugar a los dados allí con los piratas, buscando recuperar dinero y gloria, hacer algún trato que lo sacara de nuevo de la isla. Madre estaba trabajando en el campo así que… — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vía libre.</span></span> — dijo Selene con tono jovial, saliendo por la ventana a hurtadillas y corriendo hacia el pueblo, conmigo detrás. Acostumbrábamos a corretear por el pueblo, saltar y trepar por todos lados. No había mucho que hacer y, de alguna manera, era nuestra única manera de ser libres. Eso y pelear. Al ser hijos de Raze, éramos bastante marginados por todo el mundo y, eso nos daba bastante igual, generalmente. Excepto cuando algún idiota se topaba en nuestro camino. Como hoy.<br />
<br />
— <span style="color: purple;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eh, raritos, ¿quién os ha dado permiso para jugar en este parque?</span></span> — recriminó un chico, a lo lejos. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Blackmore… pff.</span> — pensé al reconocer la voz del idiota de Kyle Blackmore, un matón de tres al cuarto cuyo padre iba de rey de la isla y él hijo, de príncipe. Acostumbraba a meterse con todos los niños y nosotros éramos su blanco favorito. Madre decía que no debíamos pelear con él y siempre intentábamos evitarlo pero hoy, la confrontación fue imposible de esquivar. — <span style="color: purple;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mira que sois raros. Tú eres feo, pero tu</span></span> — dijo señalando a Selene — <span style="color: purple;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">una chica con ese pelo da asco, parece una vieja.</span></span> — me giré y lo empujé — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deja en paz a mi hermana.</span></span> — recriminé al matón, avanzando hacia él. Me sacaba media cabeza y era dos años mayor que yo, pero nadie se metía con mi hermana. — <span style="color: purple;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">O qué, ¿eh? ¿Qué me vas a ha...</span></span> — intentó proseguir mas mi puño en su nariz impidió que continuara la frase. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿¡O qué!? ¿¡Eh!?</span></span> — dije siguiendo hacia él y golpeándolo dos veces más hasta hacerlo huir. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Déjanos en paz, idiota!</span></span> — grité mientras el bravucón huía y acto seguido, eché mano de mi puño, dolorido, girando hacia Selene y tratando de poner la cara más digna posible. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Te has hecho daño, verdad?</span></span> — preguntó mi hermana, a lo que asentí con cara de circunstancia. No estaba acostumbrado a usar mis puños y, se notaba. Mi hermana rió levemente y tras eso me invitó con la mano a coger la suya. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Volvamos a casa anda, me apetece dibujar… puedes acompañarme, o puedes ponerte a leer un libro raro de esos de mamá.</span></span> — dijo tirando de mi mano y poniendo rumbo a casa. </span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font">Esa misma tarde y, ya en casa, siendo más entrada la tarde, estaba en nuestra habitación, tumbado boca arriba leyendo un libro de madre. La poesía me gustaba, me hacía ver palabras que no conocía y sentía que eso me diferenciaba de padre, que solo hablaba con vulgaridades. Madre decía que estudiar me llevaría lejos y eso intentaba. Mas mi trance se vio truncado pues escuché gritos en el exterior. Un hombre primero y, mi hermana, que estaba en la entrada dibujando el paisaje como acostumbraba. Miré por la ventana y observé a un hombre de metro sesenta, no muy fuerte y ataviado con unos pantalones naranjas y una camisa de tirantes blanca. Este zarandeaba a mi hermana gritando. Corrí al salón y agarré la espada de madre, la Shimei Kaeru, con ambas manos y salí por la puerta delantera. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡SUELTA A MI HERMANA!</span></span> — dije intentando desenfundar la espada, sin siquiera poder levantarla dignamente — <span style="color: darkred;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Tú le has pegado a mi hijo, niñato?</span></span> — gritó el hombre al verme, lanzando a Selene un par de metros hacia el lado. Torque Blackmore, el padre de Kyle. — <span style="color: darkred;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Voy a darte la lección que tu padre no te dio, chaval.</span></span> — dijo, acercándose a mí y tirando la espada a un lado para acto seguido golpearme repetidas veces en la cara y cuerpo. Pensé que me partiría por la mitad y fue solo cuando Selene saltó a defenderme, golpeándolo en la cabeza desde atrás con su espada de madera que reaccioné. Torque se giró hacia ella y yo pateé su rodilla desde atrás, haciendo que hincara esta en el suelo y dejándolo a nuestra merced. Selene y yo le golpeamos repetidas veces hasta que el hombre corrió, igual que su hijo lo hizo horas antes. Exhaustos, sudando y sangrando -yo al menos- nos miramos y sonreímos.<br />
<br />
Selene me ayudó a erguirme y cogimos la espada de mamá para entrar en casa. Dejamos la Shimei Kaeru sobre la mesa y yo me senté en la silla al lado. Selene corrió al baño y volvió con una caja donde madre guardaba medicinas. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deja que te mire.</span></span> — dijo Selene sacando unas gasas de la caja y levantándome el mentón mientras se sentaba a mi lado en otra silla. Tenía una marca fuerte en el ojo derecho. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tienes que tener cuidado al pelear, un día te van a sacar un ojo de un golpe.</span></span> — dijo, aplicando en la gasa un poco de medicina y poniéndolo sobre mi ojo. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ni siquiera pude ayudarte…</span></span> — dije con resignación. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno, no importa. Lo importante es que vencimos, y lo hicimos juntos.</span></span> — sonrió mirándome — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eso y que sé que mi hermano no tiene miedo de nada para protegerme.</span></span> — apuntó — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ni mi hermana a mí...</span></span> — añadí inflando los mofletes. Selene retiró la gasa y me miró muy seria. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vamos a hacer una promesa.</span></span> — se levantó y me extendió la mano — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mientras uno tenga fuerzas, siempre protegerá al otro. Da igual donde esté, donde viva o qué sea de su vida. Siempre estaremos ahí para llamarnos y ayudarnos si las cosas se ponen feas.</span></span> — me levanté y le devolví el apretón de manos — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aunque espero que no necesites que use esa dichosa espada...</span></span> — dije con rencor hacia el filo negro. Selene soltó mi mano y me tomó por los mofletes mirándome a los ojos. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hoy no tienes la fuerza para llevar el arma de mamá, pero un día...</span></span> — sonrió con esa mirada que solo ponía cuando creía en algo firmemente — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Un día la blandirás como el mejor espadachín del mundo.</span></span> — afirmó con una convicción férrea — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y lo harás llevando el apellido de nuestra madre:</span></span> —<br />
</span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font">— <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Viktor Evans.</span></span> — </span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">10 de invierno, año -3</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toroa, West Blue</span></span></div>
<br />
<span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font">— <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Trepar a los árboles es trampa!</span></span> — grité mirando al enorme roble al que mi hermana se había subido buscando una posición de ventaja. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dijimos que subirse al tejado era trampa, no que trepar a un árbol lo fuera.</span></span> — replicó Selene con una sonrisa enorme para, acto seguido saltar hacia mí empuñando su espada de madera y atacando directo a mi cabeza. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PUNTO!</span></span> — dijo con júbilo tras golpearme en la frente, haciendo que casi me cayera de bruces al suelo. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Punto para mi!¡Voy ganando de una!</span></span> — dijo mientras bailoteaba con mucha alegría usando su espada como un bastón. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿¡QUÉ DICES!?… ¿Dónde has aprendido a contar? Vamos empatados.</span></span> — dije mientras me levantaba sosteniendo mi frente para evitar un chichón más grande de lo que auguraba. — <span style="color: darkgreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Meteos en casa de una puta vez, par de haraganes… me tenéis harto...</span></span> — gritó nuestro padre desde el lateral de la casa, borracho como siempre. Selene y yo nos miramos y asentimos con resignación. Soltamos las espadas junto al árbol, al lado del camino que llevaba al pueblo y, tras eso entramos en casa. Desde ahí, observamos por la ventana de nuestra habitación como nuestro padre se marchaba al puerto. Acostumbraba a jugar a los dados allí con los piratas, buscando recuperar dinero y gloria, hacer algún trato que lo sacara de nuevo de la isla. Madre estaba trabajando en el campo así que… — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vía libre.</span></span> — dijo Selene con tono jovial, saliendo por la ventana a hurtadillas y corriendo hacia el pueblo, conmigo detrás. Acostumbrábamos a corretear por el pueblo, saltar y trepar por todos lados. No había mucho que hacer y, de alguna manera, era nuestra única manera de ser libres. Eso y pelear. Al ser hijos de Raze, éramos bastante marginados por todo el mundo y, eso nos daba bastante igual, generalmente. Excepto cuando algún idiota se topaba en nuestro camino. Como hoy.<br />
<br />
— <span style="color: purple;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eh, raritos, ¿quién os ha dado permiso para jugar en este parque?</span></span> — recriminó un chico, a lo lejos. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Blackmore… pff.</span> — pensé al reconocer la voz del idiota de Kyle Blackmore, un matón de tres al cuarto cuyo padre iba de rey de la isla y él hijo, de príncipe. Acostumbraba a meterse con todos los niños y nosotros éramos su blanco favorito. Madre decía que no debíamos pelear con él y siempre intentábamos evitarlo pero hoy, la confrontación fue imposible de esquivar. — <span style="color: purple;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mira que sois raros. Tú eres feo, pero tu</span></span> — dijo señalando a Selene — <span style="color: purple;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">una chica con ese pelo da asco, parece una vieja.</span></span> — me giré y lo empujé — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deja en paz a mi hermana.</span></span> — recriminé al matón, avanzando hacia él. Me sacaba media cabeza y era dos años mayor que yo, pero nadie se metía con mi hermana. — <span style="color: purple;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">O qué, ¿eh? ¿Qué me vas a ha...</span></span> — intentó proseguir mas mi puño en su nariz impidió que continuara la frase. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿¡O qué!? ¿¡Eh!?</span></span> — dije siguiendo hacia él y golpeándolo dos veces más hasta hacerlo huir. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Déjanos en paz, idiota!</span></span> — grité mientras el bravucón huía y acto seguido, eché mano de mi puño, dolorido, girando hacia Selene y tratando de poner la cara más digna posible. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Te has hecho daño, verdad?</span></span> — preguntó mi hermana, a lo que asentí con cara de circunstancia. No estaba acostumbrado a usar mis puños y, se notaba. Mi hermana rió levemente y tras eso me invitó con la mano a coger la suya. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Volvamos a casa anda, me apetece dibujar… puedes acompañarme, o puedes ponerte a leer un libro raro de esos de mamá.</span></span> — dijo tirando de mi mano y poniendo rumbo a casa. </span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font">Esa misma tarde y, ya en casa, siendo más entrada la tarde, estaba en nuestra habitación, tumbado boca arriba leyendo un libro de madre. La poesía me gustaba, me hacía ver palabras que no conocía y sentía que eso me diferenciaba de padre, que solo hablaba con vulgaridades. Madre decía que estudiar me llevaría lejos y eso intentaba. Mas mi trance se vio truncado pues escuché gritos en el exterior. Un hombre primero y, mi hermana, que estaba en la entrada dibujando el paisaje como acostumbraba. Miré por la ventana y observé a un hombre de metro sesenta, no muy fuerte y ataviado con unos pantalones naranjas y una camisa de tirantes blanca. Este zarandeaba a mi hermana gritando. Corrí al salón y agarré la espada de madre, la Shimei Kaeru, con ambas manos y salí por la puerta delantera. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡SUELTA A MI HERMANA!</span></span> — dije intentando desenfundar la espada, sin siquiera poder levantarla dignamente — <span style="color: darkred;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Tú le has pegado a mi hijo, niñato?</span></span> — gritó el hombre al verme, lanzando a Selene un par de metros hacia el lado. Torque Blackmore, el padre de Kyle. — <span style="color: darkred;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Voy a darte la lección que tu padre no te dio, chaval.</span></span> — dijo, acercándose a mí y tirando la espada a un lado para acto seguido golpearme repetidas veces en la cara y cuerpo. Pensé que me partiría por la mitad y fue solo cuando Selene saltó a defenderme, golpeándolo en la cabeza desde atrás con su espada de madera que reaccioné. Torque se giró hacia ella y yo pateé su rodilla desde atrás, haciendo que hincara esta en el suelo y dejándolo a nuestra merced. Selene y yo le golpeamos repetidas veces hasta que el hombre corrió, igual que su hijo lo hizo horas antes. Exhaustos, sudando y sangrando -yo al menos- nos miramos y sonreímos.<br />
<br />
Selene me ayudó a erguirme y cogimos la espada de mamá para entrar en casa. Dejamos la Shimei Kaeru sobre la mesa y yo me senté en la silla al lado. Selene corrió al baño y volvió con una caja donde madre guardaba medicinas. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deja que te mire.</span></span> — dijo Selene sacando unas gasas de la caja y levantándome el mentón mientras se sentaba a mi lado en otra silla. Tenía una marca fuerte en el ojo derecho. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tienes que tener cuidado al pelear, un día te van a sacar un ojo de un golpe.</span></span> — dijo, aplicando en la gasa un poco de medicina y poniéndolo sobre mi ojo. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ni siquiera pude ayudarte…</span></span> — dije con resignación. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno, no importa. Lo importante es que vencimos, y lo hicimos juntos.</span></span> — sonrió mirándome — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eso y que sé que mi hermano no tiene miedo de nada para protegerme.</span></span> — apuntó — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ni mi hermana a mí...</span></span> — añadí inflando los mofletes. Selene retiró la gasa y me miró muy seria. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vamos a hacer una promesa.</span></span> — se levantó y me extendió la mano — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mientras uno tenga fuerzas, siempre protegerá al otro. Da igual donde esté, donde viva o qué sea de su vida. Siempre estaremos ahí para llamarnos y ayudarnos si las cosas se ponen feas.</span></span> — me levanté y le devolví el apretón de manos — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aunque espero que no necesites que use esa dichosa espada...</span></span> — dije con rencor hacia el filo negro. Selene soltó mi mano y me tomó por los mofletes mirándome a los ojos. — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hoy no tienes la fuerza para llevar el arma de mamá, pero un día...</span></span> — sonrió con esa mirada que solo ponía cuando creía en algo firmemente — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Un día la blandirás como el mejor espadachín del mundo.</span></span> — afirmó con una convicción férrea — <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y lo harás llevando el apellido de nuestra madre:</span></span> —<br />
</span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font">— <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Viktor Evans.</span></span> — </span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Nombre cambiante]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2293</link>
			<pubDate>Sat, 18 Oct 2025 04:43:44 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=94">Viktor</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2293</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">23 de primavera, año 6</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Bosque umbrío, Toroa, West Blue</span></span></div>
<br />
<span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font">El tiempo es un océano en la tormenta.<br />
Ocho años habían pasado desde que madre tomó la radical decisión de cortar lazos con su esposo y, de paso, cortar su capacidad para hablar. Desde entonces se había convertido en un cascarón vacío y, como si de un tabú se tratase, jamás se volvió a hablar del tema. Ni se mencionó aquella fatídica noche ni el motivo de la disputa entre mis protenitores. Padre no volvió a preguntar ni a buscar respuestas en su esposa y se dedicó, incansablemente a beber y hacer de la vida de su mujer un infierno. La cama que acompañaba a la mía fue desmantelada sin explicación y mi pequeña habitación creció, pudiendo practicar con mi wakizashi de manera tosca en días de invierno cuando el tiempo no acompañaba para salir al exterior, eso sí, solo cuando padre no estaba. Cuando Raze estaba en casa era una prohibición máxima que cualquier arma fuera empuñada por nadie y esa norma se pagaba con la muerte si era necesario. Sabía que mi padre no bromeaba con eso pues su agresividad había ido en aumento y sumado al alcoholismo, era perfectamente capaz de llevar a cabo sus amenazas.<br />
<br />
Yo por mi parte había pasado ocho años solo. En absoluto silencio pues, por alguna razón sabiendo que madre no podía hablar, había tomado la decisión de comunicarme con ella como ella misma podía hacerlo: con señas y signos, con caricias y el tacto, con esa mirada triste y casi inexpresiva que me miraba como diciendo “huye de aquí”. Pero no hay hombre que se respete si abandona a su madre, o eso pensaba, apoyado en un tocón en el bosque mientras descansaba del entrenamiento. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Habría que volver a casa…</span></span> — pensaba mirando al cielo, viendo como el sol comenzaba a caer peligrosamente hacia la línea de árboles del bosque y amenazaba con dejarme a oscuras mientras nubarrones negros se comenzaban a arremolinar sobre mi pueblo. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bien… </span></span>— me erguí y dejé en su sitio -un árbol cercano a mi zona de entrenamiento, cuyo tronco tenía una cavidad- mi wakizashi para volver a casa sin él y evitar la cólera de padre — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">… cena, leo algo y a dormir pronto. Mañana quiero buscar algo para madre y alegrarle su día.</span></span> — me decía a mi mismo, como una nota mental, mientras comenzaba a caminar a casa.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">23 de primavera, año 6</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Bosque umbrío, Toroa, West Blue</span></span></div>
<br />
<span style="font-family: trebuchet ms;" class="mycode_font">El tiempo es un océano en la tormenta.<br />
Ocho años habían pasado desde que madre tomó la radical decisión de cortar lazos con su esposo y, de paso, cortar su capacidad para hablar. Desde entonces se había convertido en un cascarón vacío y, como si de un tabú se tratase, jamás se volvió a hablar del tema. Ni se mencionó aquella fatídica noche ni el motivo de la disputa entre mis protenitores. Padre no volvió a preguntar ni a buscar respuestas en su esposa y se dedicó, incansablemente a beber y hacer de la vida de su mujer un infierno. La cama que acompañaba a la mía fue desmantelada sin explicación y mi pequeña habitación creció, pudiendo practicar con mi wakizashi de manera tosca en días de invierno cuando el tiempo no acompañaba para salir al exterior, eso sí, solo cuando padre no estaba. Cuando Raze estaba en casa era una prohibición máxima que cualquier arma fuera empuñada por nadie y esa norma se pagaba con la muerte si era necesario. Sabía que mi padre no bromeaba con eso pues su agresividad había ido en aumento y sumado al alcoholismo, era perfectamente capaz de llevar a cabo sus amenazas.<br />
<br />
Yo por mi parte había pasado ocho años solo. En absoluto silencio pues, por alguna razón sabiendo que madre no podía hablar, había tomado la decisión de comunicarme con ella como ella misma podía hacerlo: con señas y signos, con caricias y el tacto, con esa mirada triste y casi inexpresiva que me miraba como diciendo “huye de aquí”. Pero no hay hombre que se respete si abandona a su madre, o eso pensaba, apoyado en un tocón en el bosque mientras descansaba del entrenamiento. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Habría que volver a casa…</span></span> — pensaba mirando al cielo, viendo como el sol comenzaba a caer peligrosamente hacia la línea de árboles del bosque y amenazaba con dejarme a oscuras mientras nubarrones negros se comenzaban a arremolinar sobre mi pueblo. — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bien… </span></span>— me erguí y dejé en su sitio -un árbol cercano a mi zona de entrenamiento, cuyo tronco tenía una cavidad- mi wakizashi para volver a casa sin él y evitar la cólera de padre — <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">… cena, leo algo y a dormir pronto. Mañana quiero buscar algo para madre y alegrarle su día.</span></span> — me decía a mi mismo, como una nota mental, mientras comenzaba a caminar a casa.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic-pasado] El beso del demonio.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1701</link>
			<pubDate>Wed, 07 May 2025 17:20:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=439">Caelum Drift</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1701</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">25 de Otoño, Año 14</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Capitulo 1</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Reliquias del Sol"</span><br />
<br />
<br />
Un beso insoportable, urgente y desgarrador. Mis labios todavía sienten el perfume hediondo y marchito de las fauces perpetuas del demonio. Su sabor amargo quedó anclado en mi lengua, en mi alma; una herencia maldita, moribunda.<br />
<br />
No quería pertenecer al mundo con tanta inmediatez, con tanta soledad, con tanta responsabilidad. Apenas era un joven en cacería del absurdo, dolido por los estragos del poder, de la piratería. ¿Por qué, en aquel apartado y lúgubre rincón del mundo, el mar me había quitado su gracia? Con la mayor hidalguía y honor actué. Con todo lo que mi corazón agrietado podía soportar, con la inmundicia de mi inmadurez y mi código intachable. Y aun así, el mar me dio la espalda. Ya no podía surcar sus crestas, no podía sumergirme y dejarme pensar. Solo mi papel doblado era capaz de acariciarlo, de tocarlo. La magnífica ofrenda que podía hacerle eran esas hojas geométricas que se perdían en su regazo. Por eso hoy cuento esta historia; el día que conocí las reliquias del sol.<br />
<br />
Un mar que marcó el principio de mi aventura, de mi madurez, del hombre que soy ahora; West Blue. El día que enterré más sonrisas que enemigos. Surcábamos sin apuro las crestas del gran azul, con una misión práctica y conocida; barrer. Debíamos dar con una banda de no más de una docena de bandidos que atormentaban a los artistas locales, escondidos en el corazón de un bosque casi muerto. Por más heroico que pareciera aquel acto, no era más que una mera marca de presencia. Cobrábamos por cobertura, para poder pagar las provisiones de nuestra base.<br />
<br />
Éramos todos cachorros de marines. En total treinta y siete reclutas en busca de experiencia, un puñado de siete soldados rasos, dos sargentos y el capitán, que hombre. El destino una isla no muy grande, más bien mediana. Su niebla viva devoraba la visión de cualquiera y a los nuevos podía llevar a despistarlos. Las lluvias y el frío eran persistentes. Nosotros teníamos el equipo necesario, los más experimentados del lugar conocían con lujo de detalle cada rincón. Uno de los nuestros, al tocar tierra, tomó un puñado de arena, rezó y dejó que el viento la arrebatara de su palma. Grano a grano, el rezo se fue con la brisa.<br />
<br />
Caminamos formados, sin romper la geometría, buscando el bosque. Delante, los superiores inmediatos marcaban el camino entre la niebla. Detrás, el capitán y sus dos sargentos nos observaban, cuestionándonos a cada paso que dábamos. El destino era la arbolada que podíamos ver delante. Un lugar con vegetación en desuso, repleto de silencio, donde cada gesto vital humano se percibía como un eco macabro. Un escondite ideal para una banda de vándalos.<br />
<br />
Entre las filas, nadie hablaba. Apenas se miraban. Ni un gesto, ni una duda marcaba la expresión. Marchábamos como máquinas. Y la verdad, de aquel grupo, ninguno tenía la experiencia suficiente. La Marina es ese lugar donde no hay espacio para una risa. Donde el eco de la respiración coordinada y las botas sobre el terreno se entrelazan en una sola melodía. Las órdenes se vuelven cuñas que calan el pecho y dejan de ser palabras. Algunos se construyen en base a ideales, a palabras madre. Y otros, como yo, simplemente estábamos ahí.<br />
<br />
No conocía a ninguno de los que marchábamos. No conocía sus historias, de dónde venían, si tenían algún sueño. Entre el hedor a humedad y hojas en plena composta, apenas podía oler el cigarrillo que fumaban los de adelante; los superiores. En las batallas, la identidad es solo un agregado, una causa prescindible que apenas sirve para completar un legajo. Yo estaba tan equivocado. Apenas éramos jóvenes. Hoy me gustaría saber sus nombres, conocer el color de sus risas, el aroma de sus ojos bajo el sol. Todos éramos reliquias. Mi maestro, con el tiempo, nos llamaría "Reliquias del Sol".<br />
<br />
La luna era la única testigo del movimiento sistemático de nuestro grupo. Y cortando el aire con un soplo imperceptible para el ambiente, pero no para nuestras orejas, uno de los rasos sentenció.<br />
<br />
<span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—De Bali hasta Tonkson, síganme.</span><br />
<br />
No fue necesario que dijera más. De los treinta y siete, nueve sombras formaron tras dos rasos que se movieron por la izquierda del bosque.<br />
Otro raso susurró.<br />
<br />
<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">—De Jailu a Bairen.</span><br />
<br />
Otras nueve sombras marcharon tras dos rasos, esta vez hacia la derecha.<br />
Otra vez, la misma secuencia.<br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—De Alag a Simerf.</span><br />
<br />
Nueve entes se perdieron en la maleza con dos rasos que estaban delante. Quedábamos ocho.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—El resto, vengan conmigo.</span><br />
<br />
Ya no importaban nuestros nombres. Yo era el último, siempre. Caminaba atrás del resto. Un detalle que no dejé escapar aunque los reclutas éramos ajenos a nuestras identidades, cada rango inmediato nos conocía lo suficiente para reconocer rostros con nombres. No éramos ajenos a la misión.<br />
<br />
Con un giro de ciento ochenta grados, el raso nos guió en dirección contraria a la del bosque. Atravesamos al grupo del capitán y los sargentos. Antes de perdernos en la espesura de las ramas muertas, el capitán habló.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Marco, cuida al grupo.</span><br />
<br />
La mirada del capitán entró en el cuerpo del raso que nos guiaba. Con la vehemencia de su postura, erguido como un pilar, respondió.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡Sí, señor!</span><br />
<br />
Bali, Tonkson, Jailu, Bairen, Alag y Simerf. Son los nombres que aquel recuerdo perpetuó en mi cabeza. La memoria de mis treinta y siete compañeros se sostiene de aquellos que fueron nombrados. Nadie habló. En la Marina, preguntar es un acto de debilidad, de duda, de carga.<br />
Apenas nos mirábamos, buscando complicidad entre los reclutas. Marco aumentó el ritmo. Así lo llamó el capitán; Marco. Con el tiempo entendería que los nombres propios son señuelos, disfraces de identidad, para hacer más frío el camino y más exitosa la misión. Me mantuve atrás. No por miedo, sino para observar. Uno, desde el fondo, siempre ve más; espaldas, armas, el ritmo de la marcha. Para entender. Y en esa soledad de miradas, comencé a doblar papel de memoria, siguiendo patrones sin ver la hoja.<br />
<br />
Entre el grupo iba un raso gigantesco, robusto, de apariencia delicada y gentil. No habló en ningún momento. El que le seguía en la fila era un recluta que no despegó la mirada del suelo; esquivaba ramas y hojas para hacer mudo su andar. Otro cargaba una mochila significativamente más grande de lo que debería, pero avanzaba sin queja. Uno gordo, otro flaco, con las caras llenas de miedo, casi pálidos. Otros albinos, como mis papeles. Los tres siguientes apenas podía verlos. Estaban tan cerca de mí que me era imposible leer sus emociones, sus historias. Cabello corto, azabache. Los tres parecían de la misma estatura. Como tizoncillos.<br />
<br />
Éramos nueve entes formados a toda prisa, caminando, esquivando el miedo y las ramas. Y entre las copas de los árboles se alzaba un hilo de humo tan delgado que solo ojos expertos como los de Marco pudieron detectarlo. Nos hizo detenernos con un gesto de la mano. Sin decir palabra, nos señaló el final de la fogata recién apagada. Era la única señal de vida en aquel apartado mundo que parecía estar cansado de existir. Todo era soledad. Barro, ramas secas como espinas, colchones de hojas muertas sobre el fango. Ecos de nuestros pasos y nuestras torpezas. Esas pequeñas torpezas eran las que nos hacían parecer vivos. Una mirada fugaz al compañero, una mueca en forma de risa al pisar una rama seca, soltar los hombros rompiendo ese estado casi irreductible. Estábamos vivos. Años después, en la Marina, aprendería a poner en palabras lo que aquella noche no supe decir; “No todo está perdido.”<br />
<br />
Marco rotó la cintura escapular, dejando en evidencia la extensión de sus hombros. Nos observó con una mirada pálida y seca. En su metro noventa y tanto, era un hombre que inspiraba seguridad. Caló una bocanada de aire espeso, lleno de niebla, y pensó durante minutos, mirándonos uno a uno a los ojos. Esos minutos se hicieron horas en el silencio. Y como si una idea le hubiera arrebatado la razón, dejó escapar una leve sonrisa. Suspiró. Se levantó del estado de cuclillas que había elegido para pensar y nos ordenó.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Formen un círculo, cuidando sus espaldas. Iré a investigar. Si en diez minutos no vuelvo, regresen con el capitán. Esto es una orden y ni un simulacro. No teman. Nadie morirá.</span><br />
<br />
Y Marco se perdió en la oscuridad, como si su cuerpo estuviera hecho de esa misma espesura. Formamos de inmediato. Su orden no era difícil de cumplir. Lo único que resonó en mi cabeza fue la palabra morir. ¿Acaso era tan peligrosa la misión que era una opción? Ocho pétalos, como la flor de un yuyo que crece entre las grietas del olvido. Ocho reclutas que comenzaban a latir la historia de sus vidas y el prólogo de su muerte. Ocho partes de un mismo círculo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">25 de Otoño, Año 14</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Capitulo 1</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Reliquias del Sol"</span><br />
<br />
<br />
Un beso insoportable, urgente y desgarrador. Mis labios todavía sienten el perfume hediondo y marchito de las fauces perpetuas del demonio. Su sabor amargo quedó anclado en mi lengua, en mi alma; una herencia maldita, moribunda.<br />
<br />
No quería pertenecer al mundo con tanta inmediatez, con tanta soledad, con tanta responsabilidad. Apenas era un joven en cacería del absurdo, dolido por los estragos del poder, de la piratería. ¿Por qué, en aquel apartado y lúgubre rincón del mundo, el mar me había quitado su gracia? Con la mayor hidalguía y honor actué. Con todo lo que mi corazón agrietado podía soportar, con la inmundicia de mi inmadurez y mi código intachable. Y aun así, el mar me dio la espalda. Ya no podía surcar sus crestas, no podía sumergirme y dejarme pensar. Solo mi papel doblado era capaz de acariciarlo, de tocarlo. La magnífica ofrenda que podía hacerle eran esas hojas geométricas que se perdían en su regazo. Por eso hoy cuento esta historia; el día que conocí las reliquias del sol.<br />
<br />
Un mar que marcó el principio de mi aventura, de mi madurez, del hombre que soy ahora; West Blue. El día que enterré más sonrisas que enemigos. Surcábamos sin apuro las crestas del gran azul, con una misión práctica y conocida; barrer. Debíamos dar con una banda de no más de una docena de bandidos que atormentaban a los artistas locales, escondidos en el corazón de un bosque casi muerto. Por más heroico que pareciera aquel acto, no era más que una mera marca de presencia. Cobrábamos por cobertura, para poder pagar las provisiones de nuestra base.<br />
<br />
Éramos todos cachorros de marines. En total treinta y siete reclutas en busca de experiencia, un puñado de siete soldados rasos, dos sargentos y el capitán, que hombre. El destino una isla no muy grande, más bien mediana. Su niebla viva devoraba la visión de cualquiera y a los nuevos podía llevar a despistarlos. Las lluvias y el frío eran persistentes. Nosotros teníamos el equipo necesario, los más experimentados del lugar conocían con lujo de detalle cada rincón. Uno de los nuestros, al tocar tierra, tomó un puñado de arena, rezó y dejó que el viento la arrebatara de su palma. Grano a grano, el rezo se fue con la brisa.<br />
<br />
Caminamos formados, sin romper la geometría, buscando el bosque. Delante, los superiores inmediatos marcaban el camino entre la niebla. Detrás, el capitán y sus dos sargentos nos observaban, cuestionándonos a cada paso que dábamos. El destino era la arbolada que podíamos ver delante. Un lugar con vegetación en desuso, repleto de silencio, donde cada gesto vital humano se percibía como un eco macabro. Un escondite ideal para una banda de vándalos.<br />
<br />
Entre las filas, nadie hablaba. Apenas se miraban. Ni un gesto, ni una duda marcaba la expresión. Marchábamos como máquinas. Y la verdad, de aquel grupo, ninguno tenía la experiencia suficiente. La Marina es ese lugar donde no hay espacio para una risa. Donde el eco de la respiración coordinada y las botas sobre el terreno se entrelazan en una sola melodía. Las órdenes se vuelven cuñas que calan el pecho y dejan de ser palabras. Algunos se construyen en base a ideales, a palabras madre. Y otros, como yo, simplemente estábamos ahí.<br />
<br />
No conocía a ninguno de los que marchábamos. No conocía sus historias, de dónde venían, si tenían algún sueño. Entre el hedor a humedad y hojas en plena composta, apenas podía oler el cigarrillo que fumaban los de adelante; los superiores. En las batallas, la identidad es solo un agregado, una causa prescindible que apenas sirve para completar un legajo. Yo estaba tan equivocado. Apenas éramos jóvenes. Hoy me gustaría saber sus nombres, conocer el color de sus risas, el aroma de sus ojos bajo el sol. Todos éramos reliquias. Mi maestro, con el tiempo, nos llamaría "Reliquias del Sol".<br />
<br />
La luna era la única testigo del movimiento sistemático de nuestro grupo. Y cortando el aire con un soplo imperceptible para el ambiente, pero no para nuestras orejas, uno de los rasos sentenció.<br />
<br />
<span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—De Bali hasta Tonkson, síganme.</span><br />
<br />
No fue necesario que dijera más. De los treinta y siete, nueve sombras formaron tras dos rasos que se movieron por la izquierda del bosque.<br />
Otro raso susurró.<br />
<br />
<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">—De Jailu a Bairen.</span><br />
<br />
Otras nueve sombras marcharon tras dos rasos, esta vez hacia la derecha.<br />
Otra vez, la misma secuencia.<br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—De Alag a Simerf.</span><br />
<br />
Nueve entes se perdieron en la maleza con dos rasos que estaban delante. Quedábamos ocho.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—El resto, vengan conmigo.</span><br />
<br />
Ya no importaban nuestros nombres. Yo era el último, siempre. Caminaba atrás del resto. Un detalle que no dejé escapar aunque los reclutas éramos ajenos a nuestras identidades, cada rango inmediato nos conocía lo suficiente para reconocer rostros con nombres. No éramos ajenos a la misión.<br />
<br />
Con un giro de ciento ochenta grados, el raso nos guió en dirección contraria a la del bosque. Atravesamos al grupo del capitán y los sargentos. Antes de perdernos en la espesura de las ramas muertas, el capitán habló.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Marco, cuida al grupo.</span><br />
<br />
La mirada del capitán entró en el cuerpo del raso que nos guiaba. Con la vehemencia de su postura, erguido como un pilar, respondió.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡Sí, señor!</span><br />
<br />
Bali, Tonkson, Jailu, Bairen, Alag y Simerf. Son los nombres que aquel recuerdo perpetuó en mi cabeza. La memoria de mis treinta y siete compañeros se sostiene de aquellos que fueron nombrados. Nadie habló. En la Marina, preguntar es un acto de debilidad, de duda, de carga.<br />
Apenas nos mirábamos, buscando complicidad entre los reclutas. Marco aumentó el ritmo. Así lo llamó el capitán; Marco. Con el tiempo entendería que los nombres propios son señuelos, disfraces de identidad, para hacer más frío el camino y más exitosa la misión. Me mantuve atrás. No por miedo, sino para observar. Uno, desde el fondo, siempre ve más; espaldas, armas, el ritmo de la marcha. Para entender. Y en esa soledad de miradas, comencé a doblar papel de memoria, siguiendo patrones sin ver la hoja.<br />
<br />
Entre el grupo iba un raso gigantesco, robusto, de apariencia delicada y gentil. No habló en ningún momento. El que le seguía en la fila era un recluta que no despegó la mirada del suelo; esquivaba ramas y hojas para hacer mudo su andar. Otro cargaba una mochila significativamente más grande de lo que debería, pero avanzaba sin queja. Uno gordo, otro flaco, con las caras llenas de miedo, casi pálidos. Otros albinos, como mis papeles. Los tres siguientes apenas podía verlos. Estaban tan cerca de mí que me era imposible leer sus emociones, sus historias. Cabello corto, azabache. Los tres parecían de la misma estatura. Como tizoncillos.<br />
<br />
Éramos nueve entes formados a toda prisa, caminando, esquivando el miedo y las ramas. Y entre las copas de los árboles se alzaba un hilo de humo tan delgado que solo ojos expertos como los de Marco pudieron detectarlo. Nos hizo detenernos con un gesto de la mano. Sin decir palabra, nos señaló el final de la fogata recién apagada. Era la única señal de vida en aquel apartado mundo que parecía estar cansado de existir. Todo era soledad. Barro, ramas secas como espinas, colchones de hojas muertas sobre el fango. Ecos de nuestros pasos y nuestras torpezas. Esas pequeñas torpezas eran las que nos hacían parecer vivos. Una mirada fugaz al compañero, una mueca en forma de risa al pisar una rama seca, soltar los hombros rompiendo ese estado casi irreductible. Estábamos vivos. Años después, en la Marina, aprendería a poner en palabras lo que aquella noche no supe decir; “No todo está perdido.”<br />
<br />
Marco rotó la cintura escapular, dejando en evidencia la extensión de sus hombros. Nos observó con una mirada pálida y seca. En su metro noventa y tanto, era un hombre que inspiraba seguridad. Caló una bocanada de aire espeso, lleno de niebla, y pensó durante minutos, mirándonos uno a uno a los ojos. Esos minutos se hicieron horas en el silencio. Y como si una idea le hubiera arrebatado la razón, dejó escapar una leve sonrisa. Suspiró. Se levantó del estado de cuclillas que había elegido para pensar y nos ordenó.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Formen un círculo, cuidando sus espaldas. Iré a investigar. Si en diez minutos no vuelvo, regresen con el capitán. Esto es una orden y ni un simulacro. No teman. Nadie morirá.</span><br />
<br />
Y Marco se perdió en la oscuridad, como si su cuerpo estuviera hecho de esa misma espesura. Formamos de inmediato. Su orden no era difícil de cumplir. Lo único que resonó en mi cabeza fue la palabra morir. ¿Acaso era tan peligrosa la misión que era una opción? Ocho pétalos, como la flor de un yuyo que crece entre las grietas del olvido. Ocho reclutas que comenzaban a latir la historia de sus vidas y el prólogo de su muerte. Ocho partes de un mismo círculo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic-pasado] Donde el silencio quema.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1687</link>
			<pubDate>Wed, 30 Apr 2025 14:51:32 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=439">Caelum Drift</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1687</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">25 De Otoño, Año14</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Capítulo 1</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Eran Jóvenes Como Yo"</span><br />
<br />
Algunas cosas no empiezan. Solo siguen. Ecos errantes descamados y baldíos, ecos inertes. Como si vinieran de antes. Como si uno ya estuviera dentro de la historia antes de que se escribiera. No hay prólogo en ciertas tragedias: uno despierta en medio del acto, entre escombros y restos, y la función ya va por la mitad. Yo no recuerdo el instante exacto en que decidí no pertenecer del todo a este mundo. Pero sí recuerdo cuándo el mundo decidió no soltarme. Fue como un abrazo maldito, un abrazo que no abriga: ahoga. Aun siento el amargo pesar en mis labios, como si allí viviera todavía el beso de un demonio: hediondo, herido, y peor aún, persistente. Ese tipo de beso no sana con el tiempo. Solo cambia de forma, se hace parte de uno. Como una cicatriz que no muestra el cuerpo, sino el alma.<br />
<br />
Fue en el West Blue. En una isla mediana, marcada por el frío, las lluvias persistentes y una niebla que parecía tener voluntad propia. La llamaban Toroa. Una ciudad lúgubre y hermosa a la vez, oculta entre un bosque de árboles secos y retorcidos, de madera oscura, como si el tiempo allí hubiera decidido envejecer sin morir. Las calles eran estrechas, de barro, y las casas altas se inclinaban unas sobre otras, como si quisieran protegerse del cielo siempre gris. Las farolas eran los únicos ojos encendidos cuando el sol, cobarde, no se atrevía a entrar. En el norte, sobre los montes, el Castillo Crepuscular alzaba sus torres como dedos de un dios dormido. Ya no era real: ahora lo habitaban artistas, pintores, escritores, músicos. Gente que creaba belleza en medio de la melancolía. Dicen que exportan vino y arte. Yo solo recuerdo el silencio.<br />
Nos enviaron como escoba: barrer bandidos, recuperar lo robado, marcar presencia. Es decir, gritar con uniforme lo que no se puede decir con razones. Cuánto importaba que jóvenes apenas vividos se desvivan por la gaviota azul, por la gloria de ser un héroe. Cuánto importaba que la gloria se pareciera tanto al castigo. Yo era un razo más. No por vocación. Por ausencia de opciones. Uno no nace leal. Se hace leal por hambre, por orfandad, por miedo. Uno no muerde la mano que le da de comer. Aunque esa mano esté manchada de sangre, aunque tiemble, aunque estrangule.<br />
<br />
La Marina tiene el olor de los lugares donde nadie ríe. Donde el silencio se mezcla con el sonido constante de botas, gritos y disparos. Uniformes apretados, horarios que se clavan como clavos, y órdenes que se repiten hasta que uno las sueña. Órdenes que dejan de ser palabras y se convierten en ecos que viven dentro del pecho. No había gloria. Solo el deber, envuelto en discursos tan gastados como los pasillos del cuartel. Lavados planificados de cerebros. El heroísmo como consigna. La obediencia como forma de amor. No podía nacer otra cosa más que el deber impuesto, la orden como motor, la sumisión como forma de pertenecer.<br />
<br />
Yo conocía poco. No conocía al grupo hermoso que compartía conmigo aquella misión absurda. Pero ya los sentía cerca, como se siente a los hermanos en la trinchera, aunque uno no sepa sus nombres. En la guerra, la identidad es prescindible. Basta con saber que el otro está, que no estás solo en la línea que separa la vida de la muerte. Eran jóvenes también. Algunos creían en los ideales. Otros, como yo, simplemente estaban. Ser parte de algo, incluso algo roto, duele menos que ser parte de nada. A veces, eso basta para enrolarse, para obedecer, para callar.<br />
<br />
Habíamos llegado con el sol pegado al cogote, con la piel ardiendo y las mochilas llenas de nada. Murkhold nos recibió como reciben los lugares donde el tiempo no pasa: con cansancio, con ruinas, con silencio. Nada se movía, salvo el viento y la llovizna. Pero sabíamos que estaban allí. Los bandidos. Esa palabra que sirve para todo. Para justificar balas, golpes, y muertos. Bandidos, decían. Como si ellos fueran la excepción, y no la regla. Como si no fueran producto del mismo sistema que los caza. La verdad es que nadie los había visto. Solo se hablaba de ellos como se habla de los fantasmas: con miedo, con morbo, con cierta esperanza de que aparezcan, solo para tener algo que destruir.<br />
<br />
Nos internamos en el Bosque Umbrío como quien se interna en sí mismo. Con cuidado, con torpeza. El paisaje no ayudaba. Árboles secos, ramas como garras, barro traicionero. Como si todo lo habitaran ausencias. Como si el mundo, en esa parte del mundo, ya se hubiera cansado de existir. Caminábamos en formación. No por disciplina, sino por costumbre. Nadie hablaba. Nadie quería mirar al otro demasiado tiempo. En la Marina, mirar es peligroso. Uno puede ver más de la cuenta: la tristeza, la duda, la rabia. Cosas que el reglamento no permite. Yo caminaba atrás. Siempre me gustó ir atrás. No por cobarde, sino por observador. Desde atrás uno ve más. Ve cómo caminan los otros. Ve las espaldas, las armas, las inseguridades.<br />
<br />
Éramos seis. Seis sombras caminando entre árboles tristes. Seis intentos de hombre formados a toda prisa, con más deber que deseo, con más rutina que propósito. Yo era el sexto, siempre el sexto, en la línea, en el pensamiento, en la voluntad. Delante de mí, cinco figuras con el mismo uniforme, con la misma carga a cuestas, pero cada uno distinto en su forma de soportarla. Y un séptimo, que no era como nosotros. Un sargento, un encargado de llevarnos rectos, de contar nuestros pasos, de velar por el cumplimiento de una orden que ni él mismo había elegido.<br />
<br />
No los conocía bien. En la Marina no hay tiempo para conocer. Solo se comparte el sueño, el sudor, el frío. Eso basta. Los nombres se aprenden con las heridas. Pero los observaba. Yo siempre observaba. Había uno que caminaba con el cuello torcido, como si algo en el mundo siempre lo sorprendiera. Otro llevaba los brazos tensos, los nudillos apretados, como si esperara el combate en cada rama. Uno más, el más joven, apenas hablaba. Su mochila era más grande que su cuerpo, y aún así no se quejaba. Otro tenía la mirada hundida, no por miedo, sino por haber visto más de lo que le correspondía. Y el quinto… el quinto silbaba a veces, cuando creía que nadie lo oía. Un silbido bajo, casi un susurro, como si intentara no volverse loco con tanto silencio ajeno.<br />
<br />
El sargento marchaba adelante. Era un hombre seco, de hombros anchos y ojos que parecían hechos de piedra. No hablaba más que lo necesario, y aun así cada palabra suya pesaba como una sentencia. Su uniforme tenía manchas que no eran de barro, y su paso era firme, sin vacilaciones. No lideraba: imponía. Su autoridad no venía del rango, sino del modo en que su presencia hacía temblar el aire. Se llamaba Rulden, creo, así se presento cuando nos presento. Aunque no estaba seguro de que ese fuera su verdadero nombre. En estos cuerpos así, los nombres se vuelven máscaras, y las máscaras, costumbre.<br />
Yo miraba sus espaldas. Las cinco espaldas que avanzaban, tensas, confiadas, sin saber que estaban escritas por el mismo trazo que yo. Pensaba en qué los habría traído a esta isla de niebla y madera negra. Qué promesas vacías habrían creído. Qué soledades los habrían empujado a vestir ese uniforme como quien se pone un escudo sin saber usarlo. Ninguno hablaba de su casa. Ninguno hablaba de su madre. Nadie decía por qué estaba allí. Eso, en la Marina, es normal. Hablar del pasado es mal visto. Recordar es debilidad. Soñar es traición. Se marcha, se obedece, se sobrevive.<br />
<br />
Y sin embargo, había algo hermoso en ellos. No por lo que eran, sino por lo que cargaban sin darse cuenta. Una especie de inocencia emparchada, una fe oxidada pero viva, una esperanza que aún no había sido del todo quebrada. Eran jóvenes, como yo. Jóvenes con el cuerpo lleno de órdenes y el corazón lleno de silencios. Pero en sus gestos, a veces, aparecía algo distinto. Una torpeza al levantar el fusil. Una sonrisa fugaz al pisar una hoja seca. Un parpadeo largo cuando el viento traía olor a vino fermentado y tierra mojada. Pequeños gestos que decían: aún no estamos perdidos del todo.<br />
<br />
Luego de años en la Marina comprendería algo que en ese entonces no sabía poner en palabras: no todo estaba perdido. Incluso entre el metal y la orden, entre los castigos y las marchas, abundaban los gestos de vida. Pequeños, fugaces, casi clandestinos. Un hombro que se ofrecía sin pedirlo, una risa escondida en la penumbra del cuartel, una mirada que decía “a mí también me duele”. A pesar de todo, persistía la paz, el amor, como flores que crecían entre las grietas del uniforme. No lo sabíamos entonces, pero estábamos vivos. Y en esa vida rota, ya comenzaba a latir la historia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">25 De Otoño, Año14</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Capítulo 1</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Eran Jóvenes Como Yo"</span><br />
<br />
Algunas cosas no empiezan. Solo siguen. Ecos errantes descamados y baldíos, ecos inertes. Como si vinieran de antes. Como si uno ya estuviera dentro de la historia antes de que se escribiera. No hay prólogo en ciertas tragedias: uno despierta en medio del acto, entre escombros y restos, y la función ya va por la mitad. Yo no recuerdo el instante exacto en que decidí no pertenecer del todo a este mundo. Pero sí recuerdo cuándo el mundo decidió no soltarme. Fue como un abrazo maldito, un abrazo que no abriga: ahoga. Aun siento el amargo pesar en mis labios, como si allí viviera todavía el beso de un demonio: hediondo, herido, y peor aún, persistente. Ese tipo de beso no sana con el tiempo. Solo cambia de forma, se hace parte de uno. Como una cicatriz que no muestra el cuerpo, sino el alma.<br />
<br />
Fue en el West Blue. En una isla mediana, marcada por el frío, las lluvias persistentes y una niebla que parecía tener voluntad propia. La llamaban Toroa. Una ciudad lúgubre y hermosa a la vez, oculta entre un bosque de árboles secos y retorcidos, de madera oscura, como si el tiempo allí hubiera decidido envejecer sin morir. Las calles eran estrechas, de barro, y las casas altas se inclinaban unas sobre otras, como si quisieran protegerse del cielo siempre gris. Las farolas eran los únicos ojos encendidos cuando el sol, cobarde, no se atrevía a entrar. En el norte, sobre los montes, el Castillo Crepuscular alzaba sus torres como dedos de un dios dormido. Ya no era real: ahora lo habitaban artistas, pintores, escritores, músicos. Gente que creaba belleza en medio de la melancolía. Dicen que exportan vino y arte. Yo solo recuerdo el silencio.<br />
Nos enviaron como escoba: barrer bandidos, recuperar lo robado, marcar presencia. Es decir, gritar con uniforme lo que no se puede decir con razones. Cuánto importaba que jóvenes apenas vividos se desvivan por la gaviota azul, por la gloria de ser un héroe. Cuánto importaba que la gloria se pareciera tanto al castigo. Yo era un razo más. No por vocación. Por ausencia de opciones. Uno no nace leal. Se hace leal por hambre, por orfandad, por miedo. Uno no muerde la mano que le da de comer. Aunque esa mano esté manchada de sangre, aunque tiemble, aunque estrangule.<br />
<br />
La Marina tiene el olor de los lugares donde nadie ríe. Donde el silencio se mezcla con el sonido constante de botas, gritos y disparos. Uniformes apretados, horarios que se clavan como clavos, y órdenes que se repiten hasta que uno las sueña. Órdenes que dejan de ser palabras y se convierten en ecos que viven dentro del pecho. No había gloria. Solo el deber, envuelto en discursos tan gastados como los pasillos del cuartel. Lavados planificados de cerebros. El heroísmo como consigna. La obediencia como forma de amor. No podía nacer otra cosa más que el deber impuesto, la orden como motor, la sumisión como forma de pertenecer.<br />
<br />
Yo conocía poco. No conocía al grupo hermoso que compartía conmigo aquella misión absurda. Pero ya los sentía cerca, como se siente a los hermanos en la trinchera, aunque uno no sepa sus nombres. En la guerra, la identidad es prescindible. Basta con saber que el otro está, que no estás solo en la línea que separa la vida de la muerte. Eran jóvenes también. Algunos creían en los ideales. Otros, como yo, simplemente estaban. Ser parte de algo, incluso algo roto, duele menos que ser parte de nada. A veces, eso basta para enrolarse, para obedecer, para callar.<br />
<br />
Habíamos llegado con el sol pegado al cogote, con la piel ardiendo y las mochilas llenas de nada. Murkhold nos recibió como reciben los lugares donde el tiempo no pasa: con cansancio, con ruinas, con silencio. Nada se movía, salvo el viento y la llovizna. Pero sabíamos que estaban allí. Los bandidos. Esa palabra que sirve para todo. Para justificar balas, golpes, y muertos. Bandidos, decían. Como si ellos fueran la excepción, y no la regla. Como si no fueran producto del mismo sistema que los caza. La verdad es que nadie los había visto. Solo se hablaba de ellos como se habla de los fantasmas: con miedo, con morbo, con cierta esperanza de que aparezcan, solo para tener algo que destruir.<br />
<br />
Nos internamos en el Bosque Umbrío como quien se interna en sí mismo. Con cuidado, con torpeza. El paisaje no ayudaba. Árboles secos, ramas como garras, barro traicionero. Como si todo lo habitaran ausencias. Como si el mundo, en esa parte del mundo, ya se hubiera cansado de existir. Caminábamos en formación. No por disciplina, sino por costumbre. Nadie hablaba. Nadie quería mirar al otro demasiado tiempo. En la Marina, mirar es peligroso. Uno puede ver más de la cuenta: la tristeza, la duda, la rabia. Cosas que el reglamento no permite. Yo caminaba atrás. Siempre me gustó ir atrás. No por cobarde, sino por observador. Desde atrás uno ve más. Ve cómo caminan los otros. Ve las espaldas, las armas, las inseguridades.<br />
<br />
Éramos seis. Seis sombras caminando entre árboles tristes. Seis intentos de hombre formados a toda prisa, con más deber que deseo, con más rutina que propósito. Yo era el sexto, siempre el sexto, en la línea, en el pensamiento, en la voluntad. Delante de mí, cinco figuras con el mismo uniforme, con la misma carga a cuestas, pero cada uno distinto en su forma de soportarla. Y un séptimo, que no era como nosotros. Un sargento, un encargado de llevarnos rectos, de contar nuestros pasos, de velar por el cumplimiento de una orden que ni él mismo había elegido.<br />
<br />
No los conocía bien. En la Marina no hay tiempo para conocer. Solo se comparte el sueño, el sudor, el frío. Eso basta. Los nombres se aprenden con las heridas. Pero los observaba. Yo siempre observaba. Había uno que caminaba con el cuello torcido, como si algo en el mundo siempre lo sorprendiera. Otro llevaba los brazos tensos, los nudillos apretados, como si esperara el combate en cada rama. Uno más, el más joven, apenas hablaba. Su mochila era más grande que su cuerpo, y aún así no se quejaba. Otro tenía la mirada hundida, no por miedo, sino por haber visto más de lo que le correspondía. Y el quinto… el quinto silbaba a veces, cuando creía que nadie lo oía. Un silbido bajo, casi un susurro, como si intentara no volverse loco con tanto silencio ajeno.<br />
<br />
El sargento marchaba adelante. Era un hombre seco, de hombros anchos y ojos que parecían hechos de piedra. No hablaba más que lo necesario, y aun así cada palabra suya pesaba como una sentencia. Su uniforme tenía manchas que no eran de barro, y su paso era firme, sin vacilaciones. No lideraba: imponía. Su autoridad no venía del rango, sino del modo en que su presencia hacía temblar el aire. Se llamaba Rulden, creo, así se presento cuando nos presento. Aunque no estaba seguro de que ese fuera su verdadero nombre. En estos cuerpos así, los nombres se vuelven máscaras, y las máscaras, costumbre.<br />
Yo miraba sus espaldas. Las cinco espaldas que avanzaban, tensas, confiadas, sin saber que estaban escritas por el mismo trazo que yo. Pensaba en qué los habría traído a esta isla de niebla y madera negra. Qué promesas vacías habrían creído. Qué soledades los habrían empujado a vestir ese uniforme como quien se pone un escudo sin saber usarlo. Ninguno hablaba de su casa. Ninguno hablaba de su madre. Nadie decía por qué estaba allí. Eso, en la Marina, es normal. Hablar del pasado es mal visto. Recordar es debilidad. Soñar es traición. Se marcha, se obedece, se sobrevive.<br />
<br />
Y sin embargo, había algo hermoso en ellos. No por lo que eran, sino por lo que cargaban sin darse cuenta. Una especie de inocencia emparchada, una fe oxidada pero viva, una esperanza que aún no había sido del todo quebrada. Eran jóvenes, como yo. Jóvenes con el cuerpo lleno de órdenes y el corazón lleno de silencios. Pero en sus gestos, a veces, aparecía algo distinto. Una torpeza al levantar el fusil. Una sonrisa fugaz al pisar una hoja seca. Un parpadeo largo cuando el viento traía olor a vino fermentado y tierra mojada. Pequeños gestos que decían: aún no estamos perdidos del todo.<br />
<br />
Luego de años en la Marina comprendería algo que en ese entonces no sabía poner en palabras: no todo estaba perdido. Incluso entre el metal y la orden, entre los castigos y las marchas, abundaban los gestos de vida. Pequeños, fugaces, casi clandestinos. Un hombro que se ofrecía sin pedirlo, una risa escondida en la penumbra del cuartel, una mirada que decía “a mí también me duele”. A pesar de todo, persistía la paz, el amor, como flores que crecían entre las grietas del uniforme. No lo sabíamos entonces, pero estábamos vivos. Y en esa vida rota, ya comenzaba a latir la historia.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Primera huella]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=920</link>
			<pubDate>Tue, 20 Feb 2024 08:13:28 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=160">Eaa</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=920</guid>
			<description><![CDATA[<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Leyenda</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Guía de Color:</span><ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eaa</span><br />
</li>
<li><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Habla (rojo)</span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Piensa (morado, cursiva)</span></span></span><br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />
<br />
Otoño, Año 11<br />
En un claro del Bosque Umbrío<br />
Día 15, 08:10 AM<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Vale, aquí no debería de molestarnos nadie</span> - le dije a Mandarina, antes de dejarle salir de mi abrigo. Me quité la capucha, dejando de esa forma mi pelo carmesí libre. Me aseguré de que nadie nos hubiera seguido. Parecía que la capucha había hecho su función. Tenía que ir con cuidado, ya que ahora era una mujer buscada. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Hablando de buscada...</span> - dije, y me senté para rebuscar en mi pequeña bolsita. Saqué el cilindro que contenía el dibujo de Eli, aquel que la pequeña me había regalado en Ohara. Lo abrí, sacando su contenido, y me quedé mirándolo unos instantes.<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Va a ser muy complicado que volvamos a vernos, Eli</span> - hablé, mirando al cielo. Sorprendentemente, aquel día no llovía. Había enormes nubarrones grises que amenazaban tormenta, pero parecía que aguantaría un poco más antes de mojarme. Enrollé el dibujo y lo volví a meter en el cilindro, el cual cerré y devolví a la bolsita. Saqué entonces lo que estaba buscando en primer lugar, los carteles de recompensa.<br />
<br />
Había podido hacerme con algunos de los nuevos carteles de recompensa, aunque principalmente me importaban tres. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Peteiro Gorgullo, cuatro millones</span>- murmuré, antes de pasar al siguiente. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Eaa, seis millones trescientos mil.</span> - nuevamente, puse este al final, revelando el tercero. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Maeve Knox, catorce millones setecientos mil.</span> - una mueca se dibujó en mi rostro. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Catorce millones!</span> - exclamé, echándome hacia atrás bruscamente, quedando tumbada en el suelo, con el cartel en lo alto. Irónicamente, aquel cartel tapaba parte de los pocos rayos de sol que entraban al claro, haciendo que no pudiera ver el cartel en sí, debido a la sombra que este proyectaba sobre mí. Me eché a reír, bajando los brazos, apoyando el cartel sobre mi pecho. Me alegraba enormemente ver la recompensa de la que posiblemente era mi única amiga (si ella así quería considerarme, puesto que por mi parte era así). - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Dejar huella</span></span> - recordé, las palabras de la albina con una sonrisa. En realidad, aquel era un muy buen primer paso para llevar a cabo su sueño. Tener una primera recompensa de casi quince millones en verdad era algo a tener en cuenta. Como era de esperar, las críticas voces en mi cabeza comenzaron a hacer de las suyas. - Si les dimos una paliza a los guardias entre los tres, ¿por qué su recompensa es el doble que la mía? - saqué la libreta en la que apuntaba esas cosas. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¿A parte de cargarse a dos guardias, múltiples intentos de homicidio y asesinato, allanamientos de morada, extorsión, robo, torturas y quemar vivo a un grupo de personas, qué ha hecho para merecer esa recompensa?</span> - pregunté en alto, como si esperando que alguien me respondiera. Me quedé unos instantes en silencio, pensativa - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Bueno, tiene ojos bonitos</span> - afirmé. No tenía ninguna relación con aquel tema, pero a decir verdad fue lo único que me vino a la cabeza. Asentí, antes de coger de mi abrigo el Den Den, disponiéndome a llamarle. Me acordé entonces de que no tenía forma de contactar con ella, puesto que el día le pregunté su número de Den Den esta me respondió, como siempre, con una broma que no entendí y por ello apunté un número equivocado. De hecho, cuando conseguí encontrarla después de leer los periódicos se rio de mí por aquello.<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Te voy a acabar comprando un Den Den y los vamos a sincronizar, así no vas a tener excusa para no cogerme</span> - hablé yo sola, algo molesta. A decir verdad, Maeve no tenía ninguna culpa de nada de eso, pero parándome a pensar en ello, es posible que me sintiera algo celosa por la diferencia entre las recompensas de ambas.<br />
<br />
Antes de dejar más libertad de acción a mis propias críticas para que me llevaran a hacer alguna tontería que involucrara a la otra mujer, me levanté de un salto. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Vale, a lo que habíamos venido.</span> - dije, quitándome el abrigo. Me agaché, separando los mechones con cuidado. Tras quitar un par de hojas secas me levanté bruscamente. Procedí a quitarme entonces la camisa, puesto que posiblemente me supondría una molestia. Me agaché, antes de comenzar a realizar flexiones.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Eaa va al bosque, donde se pone a mirar los carteles de recompensa del último periódico. Se alegra por ver que Maeve tiene una recompensa tan abultada, y cómo esto sería un primer paso para llevar a cabo su sueño. No puede evitar ponerse celosa de esta, y tras un poco de debate interno se pone a entrenar.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Aclaraciones</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
El outfit de Eaa se compone de: Un top y sus típicos vendajes que le tapan el hombro derecho en la parte superior, pantalones cortos y botas.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Akuma</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div class='akuma_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreAkuma'>Tama Tama No Mi: Modelo Huevo</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='akuma_tipo'><strong id='tipoAkuma'>Zoan</strong></div>
                    <div class='akuma_rango'><strong id='rangoAkuma'>3</strong></div>
                </div>
                <p><i id='descripcionAkuma'>¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Esta fruta convierte al usuario en las distintas "fases" de un gallo, convirtiéndolo en un humano huevo, un humano pollito y un humano gallo respectivamente.</i></p>
                <div class='akuma_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                    }'
                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button type='button' id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='akuma_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div>
                        <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                            <p><span><i id='especificacionesAkuma'>Esta fruta Zoan cuenta con distintas especificaciones que la hacen muy diferente de las demás:</br>
La primera de todas es que el usuario no puede alternar su transformación y siempre está en forma híbrida y sus bonos siempre están presentes, y dicha transformación no consume su <strong><font color=orange>energía</font></strong>. Por el mismo motivo, su transformación no puede ser interrumpida por los métodos convencionales de umbral del dolor. Como consecuencia de esto, es una zoan que <strong>no cuenta</strong> con un estado de regeneración pasiva aumentado.</br>
De igual modo su muerte es un estado de transición entre una forma y la siguiente, siendo el orden natural de estas: Huevo > Pollito > Gallo. El usuario llegará a este "estado de transición" cuando se cumpla la normativa de "muertes" del foro, es decir, cuando alcance una acumulación de daño en negativo superior a su Voluntad X2. En ese momento estará en su forma más vulnerable pasando de una fase a la siguiente, inconsciente, durante dos turnos, y si acumula una cantidad de daño en negativo total superior a <strong>la mitad de su Vitalidad total</strong> el usuario morirá irremediablemente.</br>
</br>
En su Modo Tamago el usuario no ve alterada su apariencia, peso, ni altura, pero en cambio llevará la parte inferior de un cascarón de huevo que le cubrirá la cintura y la cadera, y en la que tendrá introducidas las piernas. El cascarón es blanco con motas del mismo color de su cabello.</br>
En su Modo Hiyoko el usuario se transformará por completo en una versión antropomórfica de un pollito. Sus pies y piernas se convierten en las patas de un ave, sus brazos se convierten en alas cuya última pluma tiene capacidad prensil. Todas las articulaciones mantienen su longitud original aunque se transformen. De igual modo, toda su piel se llena de plumas del mismo color del cabello del usuario y le brota un pequeño pico sustituyendo su boca y labios, de veinte centímetros de largo y de tono anaranjado, y conservará su cabello.</br>
En su Modo Niwatori el usuario se transformará por completo en una versión antropomórfica de un gallo. Sus pies y piernas se convierten en las patas de un ave, sus brazos se convierten en alas cuya última pluma tiene capacidad prensil. Todas las articulaciones mantienen su longitud original aunque se transformen. De igual modo, toda su piel se llena de plumas de color blanco, le brotará una cola emplumada negra, en cascada, de sesenta centímetros, perderá el cabello y ganará una cresta roja de treinta centímetros, un colgajo del mismo color y de la misma longitud, y le brotará un gran pico sustituyendo su boca y labios, de cuarenta centímetros de largo y de tono amarillento</br></i></span></p>
                        </div>
                    </div>
                </div>

                <p><strong>Control de Akuma: </strong><span id='controlAkuma'>100 CA.</span></p>
                <p><strong>Ventajas: </strong><span id='ventajasAkuma'>Te otorga 3 habilidades raciales basadas en la fase en la que te encuentres y obtienes los siguientes bonos fijos y no acumulables en cada una de ellas respectivamente:</br>
· Modo Tamago: +40RES y +10FUE.</br>
· Modo Hiyoko: +30AGI y +20FUE.</br>
· Modo Niwatori: +15RES, +15AGI, +15FUE y +5VOL.
</span></p>
                <p><strong>Debilidades: </strong><span id='debilidadesAkuma'>Las habituales de las Akuma No Mi.</span></p>

                <hr/>
                <div class='akuma_code_container'>
                    <div
                        class='akuma_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`akuma`, `tama`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoAkuma'>tama</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karmas relevantes</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tic</span>: Tu personaje tiene un tic recurrente que tendrás que mostrarlo una vez por tema - Cuando se nota despeinada, agacha la cabeza para que el pelo caiga hacia abajo, y luego la levanta bruscamente para que este vaya hacia atrás.<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Leyenda</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Guía de Color:</span><ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eaa</span><br />
</li>
<li><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Habla (rojo)</span></span><br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Piensa (morado, cursiva)</span></span></span><br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div><br />
<br />
Otoño, Año 11<br />
En un claro del Bosque Umbrío<br />
Día 15, 08:10 AM<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Vale, aquí no debería de molestarnos nadie</span> - le dije a Mandarina, antes de dejarle salir de mi abrigo. Me quité la capucha, dejando de esa forma mi pelo carmesí libre. Me aseguré de que nadie nos hubiera seguido. Parecía que la capucha había hecho su función. Tenía que ir con cuidado, ya que ahora era una mujer buscada. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Hablando de buscada...</span> - dije, y me senté para rebuscar en mi pequeña bolsita. Saqué el cilindro que contenía el dibujo de Eli, aquel que la pequeña me había regalado en Ohara. Lo abrí, sacando su contenido, y me quedé mirándolo unos instantes.<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Va a ser muy complicado que volvamos a vernos, Eli</span> - hablé, mirando al cielo. Sorprendentemente, aquel día no llovía. Había enormes nubarrones grises que amenazaban tormenta, pero parecía que aguantaría un poco más antes de mojarme. Enrollé el dibujo y lo volví a meter en el cilindro, el cual cerré y devolví a la bolsita. Saqué entonces lo que estaba buscando en primer lugar, los carteles de recompensa.<br />
<br />
Había podido hacerme con algunos de los nuevos carteles de recompensa, aunque principalmente me importaban tres. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Peteiro Gorgullo, cuatro millones</span>- murmuré, antes de pasar al siguiente. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Eaa, seis millones trescientos mil.</span> - nuevamente, puse este al final, revelando el tercero. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Maeve Knox, catorce millones setecientos mil.</span> - una mueca se dibujó en mi rostro. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Catorce millones!</span> - exclamé, echándome hacia atrás bruscamente, quedando tumbada en el suelo, con el cartel en lo alto. Irónicamente, aquel cartel tapaba parte de los pocos rayos de sol que entraban al claro, haciendo que no pudiera ver el cartel en sí, debido a la sombra que este proyectaba sobre mí. Me eché a reír, bajando los brazos, apoyando el cartel sobre mi pecho. Me alegraba enormemente ver la recompensa de la que posiblemente era mi única amiga (si ella así quería considerarme, puesto que por mi parte era así). - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Dejar huella</span></span> - recordé, las palabras de la albina con una sonrisa. En realidad, aquel era un muy buen primer paso para llevar a cabo su sueño. Tener una primera recompensa de casi quince millones en verdad era algo a tener en cuenta. Como era de esperar, las críticas voces en mi cabeza comenzaron a hacer de las suyas. - Si les dimos una paliza a los guardias entre los tres, ¿por qué su recompensa es el doble que la mía? - saqué la libreta en la que apuntaba esas cosas. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¿A parte de cargarse a dos guardias, múltiples intentos de homicidio y asesinato, allanamientos de morada, extorsión, robo, torturas y quemar vivo a un grupo de personas, qué ha hecho para merecer esa recompensa?</span> - pregunté en alto, como si esperando que alguien me respondiera. Me quedé unos instantes en silencio, pensativa - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Bueno, tiene ojos bonitos</span> - afirmé. No tenía ninguna relación con aquel tema, pero a decir verdad fue lo único que me vino a la cabeza. Asentí, antes de coger de mi abrigo el Den Den, disponiéndome a llamarle. Me acordé entonces de que no tenía forma de contactar con ella, puesto que el día le pregunté su número de Den Den esta me respondió, como siempre, con una broma que no entendí y por ello apunté un número equivocado. De hecho, cuando conseguí encontrarla después de leer los periódicos se rio de mí por aquello.<br />
<br />
- <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Te voy a acabar comprando un Den Den y los vamos a sincronizar, así no vas a tener excusa para no cogerme</span> - hablé yo sola, algo molesta. A decir verdad, Maeve no tenía ninguna culpa de nada de eso, pero parándome a pensar en ello, es posible que me sintiera algo celosa por la diferencia entre las recompensas de ambas.<br />
<br />
Antes de dejar más libertad de acción a mis propias críticas para que me llevaran a hacer alguna tontería que involucrara a la otra mujer, me levanté de un salto. - <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Vale, a lo que habíamos venido.</span> - dije, quitándome el abrigo. Me agaché, separando los mechones con cuidado. Tras quitar un par de hojas secas me levanté bruscamente. Procedí a quitarme entonces la camisa, puesto que posiblemente me supondría una molestia. Me agaché, antes de comenzar a realizar flexiones.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Eaa va al bosque, donde se pone a mirar los carteles de recompensa del último periódico. Se alegra por ver que Maeve tiene una recompensa tan abultada, y cómo esto sería un primer paso para llevar a cabo su sueño. No puede evitar ponerse celosa de esta, y tras un poco de debate interno se pone a entrenar.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Aclaraciones</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
El outfit de Eaa se compone de: Un top y sus típicos vendajes que le tapan el hombro derecho en la parte superior, pantalones cortos y botas.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Akuma</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div class='akuma_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreAkuma'>Tama Tama No Mi: Modelo Huevo</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='akuma_tipo'><strong id='tipoAkuma'>Zoan</strong></div>
                    <div class='akuma_rango'><strong id='rangoAkuma'>3</strong></div>
                </div>
                <p><i id='descripcionAkuma'>¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Esta fruta convierte al usuario en las distintas "fases" de un gallo, convirtiéndolo en un humano huevo, un humano pollito y un humano gallo respectivamente.</i></p>
                <div class='akuma_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
                        parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display = `none`;
                    } else {
                        parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display = `block`;
                    }'
                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button type='button' id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='akuma_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div>
                        <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                            <p><span><i id='especificacionesAkuma'>Esta fruta Zoan cuenta con distintas especificaciones que la hacen muy diferente de las demás:</br>
La primera de todas es que el usuario no puede alternar su transformación y siempre está en forma híbrida y sus bonos siempre están presentes, y dicha transformación no consume su <strong><font color=orange>energía</font></strong>. Por el mismo motivo, su transformación no puede ser interrumpida por los métodos convencionales de umbral del dolor. Como consecuencia de esto, es una zoan que <strong>no cuenta</strong> con un estado de regeneración pasiva aumentado.</br>
De igual modo su muerte es un estado de transición entre una forma y la siguiente, siendo el orden natural de estas: Huevo > Pollito > Gallo. El usuario llegará a este "estado de transición" cuando se cumpla la normativa de "muertes" del foro, es decir, cuando alcance una acumulación de daño en negativo superior a su Voluntad X2. En ese momento estará en su forma más vulnerable pasando de una fase a la siguiente, inconsciente, durante dos turnos, y si acumula una cantidad de daño en negativo total superior a <strong>la mitad de su Vitalidad total</strong> el usuario morirá irremediablemente.</br>
</br>
En su Modo Tamago el usuario no ve alterada su apariencia, peso, ni altura, pero en cambio llevará la parte inferior de un cascarón de huevo que le cubrirá la cintura y la cadera, y en la que tendrá introducidas las piernas. El cascarón es blanco con motas del mismo color de su cabello.</br>
En su Modo Hiyoko el usuario se transformará por completo en una versión antropomórfica de un pollito. Sus pies y piernas se convierten en las patas de un ave, sus brazos se convierten en alas cuya última pluma tiene capacidad prensil. Todas las articulaciones mantienen su longitud original aunque se transformen. De igual modo, toda su piel se llena de plumas del mismo color del cabello del usuario y le brota un pequeño pico sustituyendo su boca y labios, de veinte centímetros de largo y de tono anaranjado, y conservará su cabello.</br>
En su Modo Niwatori el usuario se transformará por completo en una versión antropomórfica de un gallo. Sus pies y piernas se convierten en las patas de un ave, sus brazos se convierten en alas cuya última pluma tiene capacidad prensil. Todas las articulaciones mantienen su longitud original aunque se transformen. De igual modo, toda su piel se llena de plumas de color blanco, le brotará una cola emplumada negra, en cascada, de sesenta centímetros, perderá el cabello y ganará una cresta roja de treinta centímetros, un colgajo del mismo color y de la misma longitud, y le brotará un gran pico sustituyendo su boca y labios, de cuarenta centímetros de largo y de tono amarillento</br></i></span></p>
                        </div>
                    </div>
                </div>

                <p><strong>Control de Akuma: </strong><span id='controlAkuma'>100 CA.</span></p>
                <p><strong>Ventajas: </strong><span id='ventajasAkuma'>Te otorga 3 habilidades raciales basadas en la fase en la que te encuentres y obtienes los siguientes bonos fijos y no acumulables en cada una de ellas respectivamente:</br>
· Modo Tamago: +40RES y +10FUE.</br>
· Modo Hiyoko: +30AGI y +20FUE.</br>
· Modo Niwatori: +15RES, +15AGI, +15FUE y +5VOL.
</span></p>
                <p><strong>Debilidades: </strong><span id='debilidadesAkuma'>Las habituales de las Akuma No Mi.</span></p>

                <hr/>
                <div class='akuma_code_container'>
                    <div
                        class='akuma_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`akuma`, `tama`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoAkuma'>tama</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karmas relevantes</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tic</span>: Tu personaje tiene un tic recurrente que tendrás que mostrarlo una vez por tema - Cuando se nota despeinada, agacha la cabeza para que el pelo caiga hacia abajo, y luego la levanta bruscamente para que este vaya hacia atrás.<br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC-pasado] una vuelta por el bosque]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=877</link>
			<pubDate>Sun, 04 Feb 2024 16:12:19 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=167">Ryze Tengen</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=877</guid>
			<description><![CDATA[Ryze despertaba con el primer rayo de sol que se filtraba en la ventana de su habitación en el hostal, el día era frio y al mirar por la propia ventana se dejaba ver que el día volvía a tener niebla, era típico en aquella región del west blue, la pequeña marine se levantaría, se abrocharía su uniforme y se dirigiría a desayunar, pidiendo un desayuno simple pero que le daba las energías que necesitaría durante la mañana, tras desayunar, saldría del hostal algo pensativa, durante su estadía en la región de los camps, siempre solía salir a dar una vuelta al bosque en sus tiempos libres, y era algo que ya hacia mucho que no hacia desde que llegó a Toroa, por lo que decidiría que era un buen momento para dar una vuelta por el bosque sombrío, por lo que iría, al llegar a la linde, la marine tragaría algo de saliva, era un lugar que daba algo de miedo....y mas para alguien de su tamaño, esperaba que las criaturas del bosque no la tomaran por un insecto, pero tras mentalizarse, avanzaría con paso firme, fijando en sus alrededores tratando de analizar todo detalle en caso de que algo fuera a atacarla, debido al frio que hacia, la pequeña tendría sus manos metidas en su ropa tratando de buscar un poco de calor, pero tenia que terminar su paseo, el susurro del viento entre las hojas, y los crujidos que hacían algunas ramas cuando Ryze las pisaba rompiendo el silencio que yacía en el bosque, hacían que la pobre tontatta tuviera cada vez mas miedo, por suerte era por la mañana, así que habría luz suficiente.<br />
<br />
<span style="color: #b10dc9;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Este sitio no me gusta muchísimo. igual debería v-volver ya...quizá dar un paseo a solas en un bosque tan tenebroso no sea la mejor idea que he tenido.</span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">Pensaba la tontatta para sus adentros, por lo que rápidamente daría el camino de vuelta y volvería corriendo hacia su hostal, volviendo a su habitación, algo mas tranquila por haber llegado sana y salva, pero ciertamente la próxima vez que vaya no lo hará sola.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Ryze despertaba con el primer rayo de sol que se filtraba en la ventana de su habitación en el hostal, el día era frio y al mirar por la propia ventana se dejaba ver que el día volvía a tener niebla, era típico en aquella región del west blue, la pequeña marine se levantaría, se abrocharía su uniforme y se dirigiría a desayunar, pidiendo un desayuno simple pero que le daba las energías que necesitaría durante la mañana, tras desayunar, saldría del hostal algo pensativa, durante su estadía en la región de los camps, siempre solía salir a dar una vuelta al bosque en sus tiempos libres, y era algo que ya hacia mucho que no hacia desde que llegó a Toroa, por lo que decidiría que era un buen momento para dar una vuelta por el bosque sombrío, por lo que iría, al llegar a la linde, la marine tragaría algo de saliva, era un lugar que daba algo de miedo....y mas para alguien de su tamaño, esperaba que las criaturas del bosque no la tomaran por un insecto, pero tras mentalizarse, avanzaría con paso firme, fijando en sus alrededores tratando de analizar todo detalle en caso de que algo fuera a atacarla, debido al frio que hacia, la pequeña tendría sus manos metidas en su ropa tratando de buscar un poco de calor, pero tenia que terminar su paseo, el susurro del viento entre las hojas, y los crujidos que hacían algunas ramas cuando Ryze las pisaba rompiendo el silencio que yacía en el bosque, hacían que la pobre tontatta tuviera cada vez mas miedo, por suerte era por la mañana, así que habría luz suficiente.<br />
<br />
<span style="color: #b10dc9;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Este sitio no me gusta muchísimo. igual debería v-volver ya...quizá dar un paseo a solas en un bosque tan tenebroso no sea la mejor idea que he tenido.</span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">Pensaba la tontatta para sus adentros, por lo que rápidamente daría el camino de vuelta y volvería corriendo hacia su hostal, volviendo a su habitación, algo mas tranquila por haber llegado sana y salva, pero ciertamente la próxima vez que vaya no lo hará sola.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC] ¿Estos son mis poderes?]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=785</link>
			<pubDate>Sat, 20 Jan 2024 04:42:28 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=167">Ryze Tengen</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=785</guid>
			<description><![CDATA[Ryze despierta en la taberna en la que se estaba hospedando durante su travesía en Murkhold, sintiendo el frío de la mañana que se cuela por entre las rendijas de la ventana mal sellada, miraría a su alrededor y observaría el ambiente rústico de madera oscura y mesas desgastadas por los años de uso, el aroma a vino y humedad impregna el aire, mientras los primeros rayos de sol se abren paso tímidamente entre la neblina que se solía formar por la mañana, como todos los días, se vestiría con su uniforme de marine, ajustando cada pieza con dedicación y precisión, el sonido sencillo de cada hebilla parecía resonar en la tranquila calma de aquella taberna, iría al baño donde un espejo maltrecho le devolvía la mirada, una vez ya ataviada de sus características prendas, decidiría salir al exterior, adentrándose en la neblina mañanera <br />
<br />
se sentía algo inquieta esa mañana. La neblina le parecía algo más espesa de lo habitual, y la atmosfera en la ciudad estaba cargada de un misterio insondable, aunque probablemente ella era lo única que lo sentía así, sin comprender del todo por qué, sentiría como había algo de su cuerpo que deseaba salir, como si la sensación que tuvo hace mucho al comer aquella fruta, necesitara exhibirse, alejarse de las calles empedradas y buscar respuestas lejos como seriamente el bosque umbrío que yace en la periferia de la ciudad.  <br />
<br />
Con paso decidido, se adentra entre los árboles secos, cuyas ramas retorcidas sisean suavemente con la suave brisa que se cuela entre ellas, hace tiempo ya algún tiempo, la tontatta se comió una fruta amarga, de un sabor áspero y asqueroso, que le dio la capacidad de poder generar algo, aunque la pequeña marine aún no se había atrevido a usarlo por miedo, no estaba acostumbrada a aquella sensación de poder por lo que  con el paso del tiempo, Ryze había mantenido esta habilidad en secreto, temeroso de que la gente quizá podría aborrecerla, mientras caminaba por el bosque, miraba cautelosamente a las serpientes que se deslizaban por el Bosque Umbrío, intranquila por la tentación de probar sus poderes. <br />
<br />
Cuando llego a lo que parecía un claro, Ryze, decidida a dejarlo salir, se aseguraría de que si usaba su habilidad no dañaría el entorno ni a los animales, así fue como la pequeña marine, al extender sus dos manos empezó a generar un líquido desde las palmas de este, era un líquido morado y algo espeso, que se empezaba a aglomerar en una masa, cuando sacó todo el líquido que podía controlar, lo observó, era una gran masa de veneno, nunca lo había usado, no sabía que la capacidad que tenía, pero tenía que practicar a controlarlo, así que empezó a mover sus brazos de forma delicada, había generado casi 7 litros de veneno, y empezaría a dirigirlo como si se tratase de una corriente de agua, cada movimiento de sus manos era una danza fluida y elegante, tejiendo el veneno con gracia y destreza, mientras aquel letal líquido fluía entre sus manos, Ryze sentía el poder pulsante bajo su control, su mente estaba enfocada en mantener la armonía entre su don y su entorno para no dañar el mismo, por lo que no se daría cuenta de que los colores morados del veneno se habían mezclado por la neblina, generando un área morado en medio del bosque del que la Tontatta no se habría dado cuenta, quizá a raíz de esto alguien la habría podido llegar a ver, aunque seria dificl por su tamaño<br />
<br />
<img src="https://cdn.discordapp.com/attachments/1187424585633771581/1198231874103943299/Er4LW6NXcAEO_vD.jpg?ex=65be2764&amp;is=65abb264&amp;hm=b314ecb05720be21266682acd4665c88e3e537175bc5f153dc5b90a4fcc5d583&amp;" loading="lazy"  alt="[Imagen: Er4LW6NXcAEO_vD.jpg?ex=65be2764&amp;is=65abb...4fcc5d583&amp;]" class="mycode_img" /><br />
<br />
En ese momento empezó a llover, generando que el silencio se volviera estruendo, y haciendo que Ryze perdiera el control ya que estaba sumida en sus pensamientos, generando que el veneno cayera al suelo, haciendo que algunas plantas se marchitaran, al darse cuenta, Ryze volvería rápidamente a ciudad Murkhold, deseando y esperando que nadie la hubiera llegado a ver, metiéndose en la habitación directamente, suspirando tras cerrar la puerta.<br />
<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>AKUMA</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div class='akuma_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreAkuma'>Doku Doku no mi</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='akuma_tipo'><strong id='tipoAkuma'>Paramecia</strong></div>
                    <div class='akuma_rango'><strong id='rangoAkuma'>5</strong></div>
                </div>
                <p><i id='descripcionAkuma'>Otorga a su usuario la capacidad de generar y controlar toda clase de veneno, además de inmunizarlo ante ellos, convirtiéndose en un hombre veneno.</i></p>
                <div class='akuma_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
                        parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display = `none`;
                    } else {
                        parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display = `block`;
                    }'
                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button type='button' id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='akuma_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div>
                        <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                            <p><span><i id='especificacionesAkuma'>Puedes crear y controlar veneno desde tu cuerpo. Conforme tu control sobre la fruta del diablo se incrementa, este se vuelve más eficiente y mortal. De manera inical, puedes crear y dirigir 1 litro de veneno por cada 15 puntos de Control de Akuma desde cualquier punto de tu cuerpo por <strong><font color="orange">60 de energía</font></strong>, aplicando veneno III al rival con <strong><font color="green">50 de daño</font></strong> por turno el tiempo que dure el veneno, necesitando tus dos manos para dirigir tu veneno. Con la primera mejora, la cantidad de veneno aumenta hasta los 2 litros por cada 25 puntos de Control de Akuma y necesitarás solo una de las dos manos para controlar tu veneno, pudiendo usar así distintas masas a la vez. Con la segunda mejora tu capacidad se aumenta y podrás controlar 3 litros por cada 40 puntos de Control de Akuma, no necesitando de tus manos para controlarlo, además de permitirte imbuir tus armas en tu veneno por <strong><font color="orange">80 de energía</font></strong>.</i></span></p>
                        </div>
                    </div>
                </div>

                <p><strong>Control de Akuma: </strong><span id='controlAkuma'></br>
<strong>• 100 CA:</strong> Uso básico. Requiere ambas manos para dirigir el veneno.</br>
<strong>• 280 CA:</strong> Requiere una sola mano para dirigir el veneno.</br>
<strong>• 360 CA:</strong> Puedes controlar el veneno de manera telepática e imbuir tus armas con tu veneno.</span></p>
                <p><strong>Ventajas: </strong><span id='ventajasAkuma'></br>
— Inmunidad a los venenos</br>
— Alcanza 1 metro por cada 4 puntos de CA</br>
— Su velocidad es el 70% de su CA</br>
— De forma pasiva aplica Veneno III, sin efectos, provocando 50PV por turno al contacto.</br>
— Los ataques que incluyan veneno adquieren la categoría de Daño Elemental Veneno.</br>
— Puede acceder a técnicas con Veneno V</span></p>
                <p><strong>Debilidades: </strong><span id='debilidadesAkuma'></br>
Las habituales en las Akuma no mi.</span></p>

                <hr/>
                <div class='akuma_code_container'>
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`akuma`, `Doku`);'
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoAkuma'>Doku</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Ryze despierta en la taberna en la que se estaba hospedando durante su travesía en Murkhold, sintiendo el frío de la mañana que se cuela por entre las rendijas de la ventana mal sellada, miraría a su alrededor y observaría el ambiente rústico de madera oscura y mesas desgastadas por los años de uso, el aroma a vino y humedad impregna el aire, mientras los primeros rayos de sol se abren paso tímidamente entre la neblina que se solía formar por la mañana, como todos los días, se vestiría con su uniforme de marine, ajustando cada pieza con dedicación y precisión, el sonido sencillo de cada hebilla parecía resonar en la tranquila calma de aquella taberna, iría al baño donde un espejo maltrecho le devolvía la mirada, una vez ya ataviada de sus características prendas, decidiría salir al exterior, adentrándose en la neblina mañanera <br />
<br />
se sentía algo inquieta esa mañana. La neblina le parecía algo más espesa de lo habitual, y la atmosfera en la ciudad estaba cargada de un misterio insondable, aunque probablemente ella era lo única que lo sentía así, sin comprender del todo por qué, sentiría como había algo de su cuerpo que deseaba salir, como si la sensación que tuvo hace mucho al comer aquella fruta, necesitara exhibirse, alejarse de las calles empedradas y buscar respuestas lejos como seriamente el bosque umbrío que yace en la periferia de la ciudad.  <br />
<br />
Con paso decidido, se adentra entre los árboles secos, cuyas ramas retorcidas sisean suavemente con la suave brisa que se cuela entre ellas, hace tiempo ya algún tiempo, la tontatta se comió una fruta amarga, de un sabor áspero y asqueroso, que le dio la capacidad de poder generar algo, aunque la pequeña marine aún no se había atrevido a usarlo por miedo, no estaba acostumbrada a aquella sensación de poder por lo que  con el paso del tiempo, Ryze había mantenido esta habilidad en secreto, temeroso de que la gente quizá podría aborrecerla, mientras caminaba por el bosque, miraba cautelosamente a las serpientes que se deslizaban por el Bosque Umbrío, intranquila por la tentación de probar sus poderes. <br />
<br />
Cuando llego a lo que parecía un claro, Ryze, decidida a dejarlo salir, se aseguraría de que si usaba su habilidad no dañaría el entorno ni a los animales, así fue como la pequeña marine, al extender sus dos manos empezó a generar un líquido desde las palmas de este, era un líquido morado y algo espeso, que se empezaba a aglomerar en una masa, cuando sacó todo el líquido que podía controlar, lo observó, era una gran masa de veneno, nunca lo había usado, no sabía que la capacidad que tenía, pero tenía que practicar a controlarlo, así que empezó a mover sus brazos de forma delicada, había generado casi 7 litros de veneno, y empezaría a dirigirlo como si se tratase de una corriente de agua, cada movimiento de sus manos era una danza fluida y elegante, tejiendo el veneno con gracia y destreza, mientras aquel letal líquido fluía entre sus manos, Ryze sentía el poder pulsante bajo su control, su mente estaba enfocada en mantener la armonía entre su don y su entorno para no dañar el mismo, por lo que no se daría cuenta de que los colores morados del veneno se habían mezclado por la neblina, generando un área morado en medio del bosque del que la Tontatta no se habría dado cuenta, quizá a raíz de esto alguien la habría podido llegar a ver, aunque seria dificl por su tamaño<br />
<br />
<img src="https://cdn.discordapp.com/attachments/1187424585633771581/1198231874103943299/Er4LW6NXcAEO_vD.jpg?ex=65be2764&amp;is=65abb264&amp;hm=b314ecb05720be21266682acd4665c88e3e537175bc5f153dc5b90a4fcc5d583&amp;" loading="lazy"  alt="[Imagen: Er4LW6NXcAEO_vD.jpg?ex=65be2764&amp;is=65abb...4fcc5d583&amp;]" class="mycode_img" /><br />
<br />
En ese momento empezó a llover, generando que el silencio se volviera estruendo, y haciendo que Ryze perdiera el control ya que estaba sumida en sus pensamientos, generando que el veneno cayera al suelo, haciendo que algunas plantas se marchitaran, al darse cuenta, Ryze volvería rápidamente a ciudad Murkhold, deseando y esperando que nadie la hubiera llegado a ver, metiéndose en la habitación directamente, suspirando tras cerrar la puerta.<br />
<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>AKUMA</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div class='akuma_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreAkuma'>Doku Doku no mi</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='akuma_tipo'><strong id='tipoAkuma'>Paramecia</strong></div>
                    <div class='akuma_rango'><strong id='rangoAkuma'>5</strong></div>
                </div>
                <p><i id='descripcionAkuma'>Otorga a su usuario la capacidad de generar y controlar toda clase de veneno, además de inmunizarlo ante ellos, convirtiéndose en un hombre veneno.</i></p>
                <div class='akuma_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button type='button' id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='akuma_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div>
                        <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                            <p><span><i id='especificacionesAkuma'>Puedes crear y controlar veneno desde tu cuerpo. Conforme tu control sobre la fruta del diablo se incrementa, este se vuelve más eficiente y mortal. De manera inical, puedes crear y dirigir 1 litro de veneno por cada 15 puntos de Control de Akuma desde cualquier punto de tu cuerpo por <strong><font color="orange">60 de energía</font></strong>, aplicando veneno III al rival con <strong><font color="green">50 de daño</font></strong> por turno el tiempo que dure el veneno, necesitando tus dos manos para dirigir tu veneno. Con la primera mejora, la cantidad de veneno aumenta hasta los 2 litros por cada 25 puntos de Control de Akuma y necesitarás solo una de las dos manos para controlar tu veneno, pudiendo usar así distintas masas a la vez. Con la segunda mejora tu capacidad se aumenta y podrás controlar 3 litros por cada 40 puntos de Control de Akuma, no necesitando de tus manos para controlarlo, además de permitirte imbuir tus armas en tu veneno por <strong><font color="orange">80 de energía</font></strong>.</i></span></p>
                        </div>
                    </div>
                </div>

                <p><strong>Control de Akuma: </strong><span id='controlAkuma'></br>
<strong>• 100 CA:</strong> Uso básico. Requiere ambas manos para dirigir el veneno.</br>
<strong>• 280 CA:</strong> Requiere una sola mano para dirigir el veneno.</br>
<strong>• 360 CA:</strong> Puedes controlar el veneno de manera telepática e imbuir tus armas con tu veneno.</span></p>
                <p><strong>Ventajas: </strong><span id='ventajasAkuma'></br>
— Inmunidad a los venenos</br>
— Alcanza 1 metro por cada 4 puntos de CA</br>
— Su velocidad es el 70% de su CA</br>
— De forma pasiva aplica Veneno III, sin efectos, provocando 50PV por turno al contacto.</br>
— Los ataques que incluyan veneno adquieren la categoría de Daño Elemental Veneno.</br>
— Puede acceder a técnicas con Veneno V</span></p>
                <p><strong>Debilidades: </strong><span id='debilidadesAkuma'></br>
Las habituales en las Akuma no mi.</span></p>

                <hr/>
                <div class='akuma_code_container'>
                    <div
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                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoAkuma'>Doku</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Aventura T2] Can al sur]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=730</link>
			<pubDate>Sun, 07 Jan 2024 15:27:54 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=78">Sasha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=730</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Día 21 de otoño. Año 11</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Bosque umbrío, Isla Toroa, West Blue ~ 3:00 pm</span></span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"> </span><br />
 <br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El día había empezado frío y con la característica lluvia de isla Toroa, ocasionando el tan común ambiente lúgubre pero a la vez bonito del lugar. Por las estrechas calles de barro de la ciudad, solo podíais escuchar un único tema de conversación que hacia crecer los rumores con fuerza desde bien entrada la mañana: el avistamiento de un hombre joven que guardaba mucha similitud con alguien que poseía un wanted de diez mil berries. La tensión podía palparse en el pueblo esperando que no fuera cierto, dado que había conseguido recompensa extorsionando pueblos e islas, pero su reconocible banda roja en la frente y su chaleco azul no dejaba lugar a la duda.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Cuando por fin después de comer os encontráis con una ligera tregua atmosférica aprovecháis para dirigiros al sud de la ciudad, por donde entráis al bosque umbrío, lugar que rodea toda la isla. El bosque donde os encontráis tiene arboles secos, con madera oscura y ramas retorcidas, las nubes grises por la lluvia apenas filtran los rayos del sol pero aún así podéis ver bien el lugar.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Ante vosotros se puede ver un camino de dos metros de ancho con apenas perceptibles pisadas humanas de adulto entre el barro, las diminutas piedras y las pequeñas ramas secas de los arboles que caían por doquier a los pies de los arboles. Nada más dais los primeros pasos podéis ver y escuchar graznar a cuatro cuervos sobre el primer árbol de vuestra derecha, podía ser interpretada como advertencia de lo que estaba por llegar, junto al lejano sonido de unas pequeñas ramas del suelo rompiéndose.<br />
 </span></span> <br />
 </div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Habéis salido del pueblo después de escuchar rumores sobre que hay un peligroso criminal escondido en el bosque, y una vez en la entrada, tenéis un camino delante vuestro.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Información</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Participantes: Kevin y Gideon</span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"> </span></span><ul class="mycode_list"><li><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Los posts serán cada 48 horas. Pero no tengo ningún problema en esperar si hay algún percance y me avisáis de ello.</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Al ser una T2, son<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> 8 post mínimo </span>por user.</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">No olvidéis <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">poner el comando [personaje ]</span> (sin el espacio final) al principio de cada post y vuestro inventario al final del primero.</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Os agradecería un pequeño resumen al final de vuestro post pero no es obligatorio</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #000000;" class="mycode_color">¡Espero que disfrutéis de la aventura!</span><br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Día 21 de otoño. Año 11</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Bosque umbrío, Isla Toroa, West Blue ~ 3:00 pm</span></span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"> </span><br />
 <br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El día había empezado frío y con la característica lluvia de isla Toroa, ocasionando el tan común ambiente lúgubre pero a la vez bonito del lugar. Por las estrechas calles de barro de la ciudad, solo podíais escuchar un único tema de conversación que hacia crecer los rumores con fuerza desde bien entrada la mañana: el avistamiento de un hombre joven que guardaba mucha similitud con alguien que poseía un wanted de diez mil berries. La tensión podía palparse en el pueblo esperando que no fuera cierto, dado que había conseguido recompensa extorsionando pueblos e islas, pero su reconocible banda roja en la frente y su chaleco azul no dejaba lugar a la duda.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Cuando por fin después de comer os encontráis con una ligera tregua atmosférica aprovecháis para dirigiros al sud de la ciudad, por donde entráis al bosque umbrío, lugar que rodea toda la isla. El bosque donde os encontráis tiene arboles secos, con madera oscura y ramas retorcidas, las nubes grises por la lluvia apenas filtran los rayos del sol pero aún así podéis ver bien el lugar.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Ante vosotros se puede ver un camino de dos metros de ancho con apenas perceptibles pisadas humanas de adulto entre el barro, las diminutas piedras y las pequeñas ramas secas de los arboles que caían por doquier a los pies de los arboles. Nada más dais los primeros pasos podéis ver y escuchar graznar a cuatro cuervos sobre el primer árbol de vuestra derecha, podía ser interpretada como advertencia de lo que estaba por llegar, junto al lejano sonido de unas pequeñas ramas del suelo rompiéndose.<br />
 </span></span> <br />
 </div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Habéis salido del pueblo después de escuchar rumores sobre que hay un peligroso criminal escondido en el bosque, y una vez en la entrada, tenéis un camino delante vuestro.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Información</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Participantes: Kevin y Gideon</span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"> </span></span><ul class="mycode_list"><li><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Los posts serán cada 48 horas. Pero no tengo ningún problema en esperar si hay algún percance y me avisáis de ello.</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Al ser una T2, son<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> 8 post mínimo </span>por user.</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">No olvidéis <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">poner el comando [personaje ]</span> (sin el espacio final) al principio de cada post y vuestro inventario al final del primero.</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Os agradecería un pequeño resumen al final de vuestro post pero no es obligatorio</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #000000;" class="mycode_color">¡Espero que disfrutéis de la aventura!</span><br />
</li>
</ul>

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Auto T1] - Más buena, más dura, más level]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=699</link>
			<pubDate>Mon, 01 Jan 2024 10:57:32 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=119">Erika Storm</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=699</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Joder, es que parece ser que no atino ni una sola vez con los sitios.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Salí de Ohara en busca de algún lugar en el que su gente fuera lo más parecido a mí, gente que le gusten las mismas cosas que a mí. El pelo arbusto en cierta manera le estaba cogiendo cariño, no era un mal tío, pero era demasiado pipiolo con sus movidas científicas y todas esas cosas de empollones, todo eso no es lo mío. Pero las cosas como son, es muy listo, y gracias a él, tenía a mi alcance aquello que yo en primera estancia no podía saber. Pero era demasiado blando y bastante inútil a la hora de pelear y enfrentarse a alguien. Quizás con su palabrería podía ser capaz de darle la vuelta a alguna situación, pero eso yo ya lo sé hacer gracias a mis encantos. No sé si alguna vez ha cogido un arma con sus putas manos o que, supongo que algún día tendría que enseñarle. Pero con las armas de otros, no con las mías, que no se caliente la cabeza.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Nos quedaba ná y menos en esta isla para ir al reino de Bollywood. Por favor solo pido un cambio de ambiente, estaba cansada de gente refinada. Pero me gusta aprovechar lo bueno de las cosas, y aunque esta isla era prácticamente parecida a Ohara, su clima me gustaba, y su ambiente tétrico y oscuro también. Así que decidí dar un último paseo para poder disfrutarlo. Las calles apenas tenían iluminación, y junto a la niebla que envolvía este sitio se complicaba el poder ver las cosas con claridad. Me llevé las manos a los bolsillos de la chaqueta y solo contemplaba alrededor mío los locales refinados y su gente. En algún punto, esa gente me recordaba a Ikirami, elegante, con modales... Joder, como la echaba de menos. Saqué el recorte del periódico del bolsillo interior de mi chaqueta y miré su foto. Me preguntaba que estaría haciendo ahora, tan lejos. Me entristecí pensando en a saber cuanto tiempo pasaría hasta que la pudiera volviera a ver y darla un abrazo. Fue mi primera amiga en mucho, mucho tiempo, y me aterraba que se olvidara de mí estando ella tan distante, viviendo sus aventuras de marine. Suspiré y volví a guardarme la foto de nuevo, no era momento de pensar en cosas negativas.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Me percaté rápidamente en unas señales que había en uno de los puntos más apartados de aquel pueblo. En uno, señalando a la derecha, ponía: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Castillo Crepuscular - Exposición de obras de Arte"</span>, o algo así. No le presté atención, no me llama nada y no me gusta. Por contra parte, a la izquierda: "Bosque Crepuscular", cosa que me llamó más. La imagen de mi casita en el bosque costero de Ohara se me vino a mi cabeza, quizás llegaba a sentir cierto sentimiento de nostalgia al recordarlo, al fin y al cabo, fue mi hogar durante unos años. Sin pensarlo mucho, seguí el camino, adentrándome a él cada vez más y desapareciendo del pueblo.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">No tardó mucho en mostrarse todo aquel sitio. Un sitio lúgubre, oscuro, con grandes árboles por todos y cada uno de los lados, eran gigantescos y con muchas hojas para la época en la que estábamos, sería algún tipo de árbol raro o especial. Supongo, no lo sé, no soy jardinera, pero era bonito de ver. Aquel ambiente era todavía más frío que el propio pueblo. La iluminación era todavía más baja, estando cada pocos metros acompañados de lo que parecían unas lámparas muy antiguas con unas bombillas con un tono amarillento tenue. A decir verdad, parecía un cuento de miedo, pero me daba igual. Tenía conmigo a Shock y mi otro rifle. Si algo pudiera salir mal, podía defenderme. Seguí adentrándome en el sitio lentamente, disfrutando de la sensación térmica del lugar, hasta que, de pronto, escuché voces. Me paré en seco en mitad del camino. El viento aullaba por los alrededores, moviendo las hojas de los árboles, creando una estampa de tensión bastante alta. Giré mi cabeza 90 grados hacia la derecha, y seguí escuchando voces. Eran bajitas, suaves, pero el silencio de aquel sitio, hacía que se escuchasen perfectamente. Metí mi brazo derecho por dentro del abrigo y agarré a Shock, la cual estaba escondida, y mi rifle colgando de mi hombro izquierdo, y sujetándolo con mi mano izquierda.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Terminé de girar todo mi cuerpo en la dirección que se escuchaban las voces, y lentamente, avancé. Pasito a pasito, mirando al suelo para evitar pisar alguna hoja caída, o cualquier cosa que pudiera hacer ruido y revelar mi presencia. Según iba avanzando, las voces eran más claras y nítidas - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">Está por aquí, ten cuidado...</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Era una voz de un niño pequeño, 13 o 14 años, no tendría más. Me oculté detrás de un seto grande y seguí escuchando - </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No podemos hacer ruido o nos descubrirá, quédate a mi lado ¿Me has oído, Maya?</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Escuché mientras intentaba mirar a través del arbusto por si podía verles. Ya sabia que eran 2 personas, el chico que hablaba y una tal Maya - </span><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">V... Vale</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> ... - Dijo una dulce voz de una niña pequeña - </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">¿Se estarán escondiendo de mí por qué me vieron por el camino?</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Pensé extrañada. Aquí pasaba algo que no estaba entendiendo. Me llevé la mano a la barbilla para frotármela y seguir pensando, cuando de repente, una voz mucho más grave y ronca retumbó en aquel basto silencio del bosque - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡DONDE ESTÁIS! ¡SALID! ¡SE QUE ESTÁIS ESCONDIDOS!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Instintivamente me agaché para intentar ocultarme todavía mucho más detrás de aquel arbusto. Aquellos gritos no eran precisamente de alguien agradable.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Las voces de los niños pequeños dejaron de escucharse, en su lugar, el crujir de las ramas y las hojas se apoderaban cada vez más en el silencio y se acercaban poco a poco, alguien estaba aproximándose - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Venga, no me hagáis perder el tiempo!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Volvió a gritar mientras se escuchaba como rebuscaba en los arbustos. Empezaba más o menos a entender lo que pasaba aquí, no sabía el porqué, pero sí el que. En una de estas, de repente, los dos niños gritaron con todas sus fuerzas rompiendo el ambiente del sitio -</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"> ¡OS ENCONTRÉ, PEQUEÑOS DIABLILLOS!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Un terrible golpe, como una bofetada, sonó de manera muy bruta - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">¡AH!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Quieta ahí, si haces algo será peor!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Apreté los dientes muy fuerte mientras fruncía el ceño, y no me lo pensé. Metí el brazo derecho por la manga de mi abrigo y cogí a Shock, con las dos, atravesé el arbusto con mi cuerpo, desvelando así mi presencia y apuntando al jaleo. Estaba en lo correcto. Dos pequeños, una niña de unos 9 años en el suelo, con la mano en la cara medio llorando, el otro, de unos 14 años, estaba siendo agarrado por un hombre adulto. Un asqueroso hombre gordo, con barba y el pelo totalmente despeinado y alborotado, con una cuerda en la cintura, y en la otra mano, una pistola. En cuanto salí de allí, me apuntó con ella, sin soltar al crío.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">- </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Chs chs chs, señorita, esto no son modales, quizás es mejor que se presente</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le miré fijamente a los ojos mientras le apuntaba. No sabía el porqué, pero aquel hombre quería hacer daño a los pequeños, eso estaba claro - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Soy tu peor pesadilla, suelta a los críos o te vuelo la puta cabeza</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le dije en tono amenazante - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡JO, JO, JO!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Empezó a reírse de manera muy rara - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">No me toques los cojones, niñata. A un pirata como yo nadie le manda, y menos una macarra con chatarra encima como tú</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Me dijo en tono sarcástico - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Estos críos se vienen conmigo, necesito esclavos en mi barco</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Levanté una ceja - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Vamos, que eres un puto esclavista</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Seguí apuntándole. El hombre puso cara de extrañado ante mi comentario - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">No, no soy esclavista. No voy a vender estos críos a nadie ¡Son míos! ¡Van a trabajar para mí, en mi barco! ¡Y obedecerán lo que yo diga!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Apreté levemente el gatillo, pero aquel hombre era listo y tenía buen ojo - </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">u oído, quién sabe</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - automáticamente, apuntó al crío, el cual tenía agarrado - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Si mueves una sola fibra muscular, le vuelo los sesos al niño</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Se me puso cara de mala leche - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Si no me das problemas, me llevaré a los críos y tú te irás por donde has venido, es fácil de entender para una niñata como tú</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> -</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Sonreí tranquilamente mientras apuntaba con el rifle - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Creo, que el que no entiende la situación eres tú</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - El hombre me miró extrañado durante unos segundos, mientras seguía forcejeando con el niño, el cual no se dejaba amedrentar - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡Suéltame de una vez!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le decía al pirata - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Dime una cosa, si tan pirata eres, ¿tendrás un cartel de Se Busca, no?</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le dije mientras poco a poco iba relajando el cuerpo, hasta el punto en que dejé de apuntarle con Shock. La niña del suelo me miró preocupada, sus ojos llorosos reflejaban la aceptación de que no iban a salir de allí - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Por supuesto que sí! ¡Soy Bob Panza de Oro!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Se metió la mano a su bolsillo y sacó un cartel de Se busca y lo tiró hacia mi dirección como pudo, puesto que era papel, pero cayó hacia arriba, pudiendo ver su foto, nombre y recompensa. Silbé - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">¡Vaya! Increíble, 5 millones. Desde luego eres el terror de los mares. Normal que una niñata como yo se acobarde ante ti, ¿eh?</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - De repente, el hombre le propinó un golpe con la culata de su pistola al niño para que se estuviera quieto y perdiera fuerzas, cosa que consiguió completamente, pues el muchacho dejó de forcejear con él.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Bob se giró para mirarme y decir algo - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Exact...!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Pero, para su mala suerte, lo que vio fue a Shock delante de él, en su frente. El hombre se quedó pálido y aterrado - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Es una pena</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le escupí a los pies - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Es una</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color"> pena que... me sude completamente el coño quien seas</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Miré a los críos - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">¡Tapaos los oídos y giraos completamente!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Los niños con algo de esfuerzo, me hicieron caso. Bob estaba llorando y con los mocos cayéndose por su nariz -</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"> ¡Gno, Gno Pogfavog!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Me suplicó. Yo solo le miré con desprecio y le dije una última cosa, sacando una sonrisa - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">... Bang ...</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Apreté el gatillo, volándole la puta cabeza a aquel ser despreciable, dejando allí el cuerpo para que la madre naturaleza hiciera lo suyo.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Me acerqué a los críos poniéndome delante, los cuales estaban tapándose los oídos y de espaldas a la escena que monté. Me miraron y se asustaron un poco, pues tenía un poco de sangre por la cara y el abrigo - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Pfff, tranquilos, esto con agua y jabón sale ¿Qué os parece que nos vayamos al pueblo y volváis a casa? Os acompaño</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Les dije con una sonrisa. Los dos críos aceptaron encantados, y por el camino fui hablando con ellos de otros temas, como que cosas les gustaban y todo eso. No queria hacerles recordar al gordo asqueroso que queria arruinarles la vida para siempre. Antes de entrar al pueblo, encontré una pequeña fuente en la cual me lavé la cara y el abrigo de la sangre que salpicó para no causar revuelo.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Una vez allí con gente alrededor y guardias, los niños tomaron su camino de vuelta a casa. Levanté la mano y les despedí haciendo un gesto con mi mano de despedida mientras sonreia. Habia hecho mi primer trabajo - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">de manera imprevista</span> - como cazadora de recompensas solitaria... Un segundo. Es verdad, soy cazadora de recompensas. Y, dejé el cuerpo de aquel tio allí tirado a su suerte por la naturaleza y los animales carnivoros que pudiera tener la zona. Me llevé las manos a la cabeza.</span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">¡AAAAAAH, MIERDAAAAAAAA!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Grité en medio del pueblo.</span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Joder, es que parece ser que no atino ni una sola vez con los sitios.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Salí de Ohara en busca de algún lugar en el que su gente fuera lo más parecido a mí, gente que le gusten las mismas cosas que a mí. El pelo arbusto en cierta manera le estaba cogiendo cariño, no era un mal tío, pero era demasiado pipiolo con sus movidas científicas y todas esas cosas de empollones, todo eso no es lo mío. Pero las cosas como son, es muy listo, y gracias a él, tenía a mi alcance aquello que yo en primera estancia no podía saber. Pero era demasiado blando y bastante inútil a la hora de pelear y enfrentarse a alguien. Quizás con su palabrería podía ser capaz de darle la vuelta a alguna situación, pero eso yo ya lo sé hacer gracias a mis encantos. No sé si alguna vez ha cogido un arma con sus putas manos o que, supongo que algún día tendría que enseñarle. Pero con las armas de otros, no con las mías, que no se caliente la cabeza.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Nos quedaba ná y menos en esta isla para ir al reino de Bollywood. Por favor solo pido un cambio de ambiente, estaba cansada de gente refinada. Pero me gusta aprovechar lo bueno de las cosas, y aunque esta isla era prácticamente parecida a Ohara, su clima me gustaba, y su ambiente tétrico y oscuro también. Así que decidí dar un último paseo para poder disfrutarlo. Las calles apenas tenían iluminación, y junto a la niebla que envolvía este sitio se complicaba el poder ver las cosas con claridad. Me llevé las manos a los bolsillos de la chaqueta y solo contemplaba alrededor mío los locales refinados y su gente. En algún punto, esa gente me recordaba a Ikirami, elegante, con modales... Joder, como la echaba de menos. Saqué el recorte del periódico del bolsillo interior de mi chaqueta y miré su foto. Me preguntaba que estaría haciendo ahora, tan lejos. Me entristecí pensando en a saber cuanto tiempo pasaría hasta que la pudiera volviera a ver y darla un abrazo. Fue mi primera amiga en mucho, mucho tiempo, y me aterraba que se olvidara de mí estando ella tan distante, viviendo sus aventuras de marine. Suspiré y volví a guardarme la foto de nuevo, no era momento de pensar en cosas negativas.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Me percaté rápidamente en unas señales que había en uno de los puntos más apartados de aquel pueblo. En uno, señalando a la derecha, ponía: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Castillo Crepuscular - Exposición de obras de Arte"</span>, o algo así. No le presté atención, no me llama nada y no me gusta. Por contra parte, a la izquierda: "Bosque Crepuscular", cosa que me llamó más. La imagen de mi casita en el bosque costero de Ohara se me vino a mi cabeza, quizás llegaba a sentir cierto sentimiento de nostalgia al recordarlo, al fin y al cabo, fue mi hogar durante unos años. Sin pensarlo mucho, seguí el camino, adentrándome a él cada vez más y desapareciendo del pueblo.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">No tardó mucho en mostrarse todo aquel sitio. Un sitio lúgubre, oscuro, con grandes árboles por todos y cada uno de los lados, eran gigantescos y con muchas hojas para la época en la que estábamos, sería algún tipo de árbol raro o especial. Supongo, no lo sé, no soy jardinera, pero era bonito de ver. Aquel ambiente era todavía más frío que el propio pueblo. La iluminación era todavía más baja, estando cada pocos metros acompañados de lo que parecían unas lámparas muy antiguas con unas bombillas con un tono amarillento tenue. A decir verdad, parecía un cuento de miedo, pero me daba igual. Tenía conmigo a Shock y mi otro rifle. Si algo pudiera salir mal, podía defenderme. Seguí adentrándome en el sitio lentamente, disfrutando de la sensación térmica del lugar, hasta que, de pronto, escuché voces. Me paré en seco en mitad del camino. El viento aullaba por los alrededores, moviendo las hojas de los árboles, creando una estampa de tensión bastante alta. Giré mi cabeza 90 grados hacia la derecha, y seguí escuchando voces. Eran bajitas, suaves, pero el silencio de aquel sitio, hacía que se escuchasen perfectamente. Metí mi brazo derecho por dentro del abrigo y agarré a Shock, la cual estaba escondida, y mi rifle colgando de mi hombro izquierdo, y sujetándolo con mi mano izquierda.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Terminé de girar todo mi cuerpo en la dirección que se escuchaban las voces, y lentamente, avancé. Pasito a pasito, mirando al suelo para evitar pisar alguna hoja caída, o cualquier cosa que pudiera hacer ruido y revelar mi presencia. Según iba avanzando, las voces eran más claras y nítidas - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">Está por aquí, ten cuidado...</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Era una voz de un niño pequeño, 13 o 14 años, no tendría más. Me oculté detrás de un seto grande y seguí escuchando - </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No podemos hacer ruido o nos descubrirá, quédate a mi lado ¿Me has oído, Maya?</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Escuché mientras intentaba mirar a través del arbusto por si podía verles. Ya sabia que eran 2 personas, el chico que hablaba y una tal Maya - </span><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">V... Vale</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> ... - Dijo una dulce voz de una niña pequeña - </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">¿Se estarán escondiendo de mí por qué me vieron por el camino?</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Pensé extrañada. Aquí pasaba algo que no estaba entendiendo. Me llevé la mano a la barbilla para frotármela y seguir pensando, cuando de repente, una voz mucho más grave y ronca retumbó en aquel basto silencio del bosque - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡DONDE ESTÁIS! ¡SALID! ¡SE QUE ESTÁIS ESCONDIDOS!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Instintivamente me agaché para intentar ocultarme todavía mucho más detrás de aquel arbusto. Aquellos gritos no eran precisamente de alguien agradable.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Las voces de los niños pequeños dejaron de escucharse, en su lugar, el crujir de las ramas y las hojas se apoderaban cada vez más en el silencio y se acercaban poco a poco, alguien estaba aproximándose - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Venga, no me hagáis perder el tiempo!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Volvió a gritar mientras se escuchaba como rebuscaba en los arbustos. Empezaba más o menos a entender lo que pasaba aquí, no sabía el porqué, pero sí el que. En una de estas, de repente, los dos niños gritaron con todas sus fuerzas rompiendo el ambiente del sitio -</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"> ¡OS ENCONTRÉ, PEQUEÑOS DIABLILLOS!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Un terrible golpe, como una bofetada, sonó de manera muy bruta - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">¡AH!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Quieta ahí, si haces algo será peor!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Apreté los dientes muy fuerte mientras fruncía el ceño, y no me lo pensé. Metí el brazo derecho por la manga de mi abrigo y cogí a Shock, con las dos, atravesé el arbusto con mi cuerpo, desvelando así mi presencia y apuntando al jaleo. Estaba en lo correcto. Dos pequeños, una niña de unos 9 años en el suelo, con la mano en la cara medio llorando, el otro, de unos 14 años, estaba siendo agarrado por un hombre adulto. Un asqueroso hombre gordo, con barba y el pelo totalmente despeinado y alborotado, con una cuerda en la cintura, y en la otra mano, una pistola. En cuanto salí de allí, me apuntó con ella, sin soltar al crío.</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">- </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Chs chs chs, señorita, esto no son modales, quizás es mejor que se presente</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le miré fijamente a los ojos mientras le apuntaba. No sabía el porqué, pero aquel hombre quería hacer daño a los pequeños, eso estaba claro - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Soy tu peor pesadilla, suelta a los críos o te vuelo la puta cabeza</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le dije en tono amenazante - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡JO, JO, JO!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Empezó a reírse de manera muy rara - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">No me toques los cojones, niñata. A un pirata como yo nadie le manda, y menos una macarra con chatarra encima como tú</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Me dijo en tono sarcástico - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Estos críos se vienen conmigo, necesito esclavos en mi barco</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Levanté una ceja - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Vamos, que eres un puto esclavista</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Seguí apuntándole. El hombre puso cara de extrañado ante mi comentario - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">No, no soy esclavista. No voy a vender estos críos a nadie ¡Son míos! ¡Van a trabajar para mí, en mi barco! ¡Y obedecerán lo que yo diga!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Apreté levemente el gatillo, pero aquel hombre era listo y tenía buen ojo - </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">u oído, quién sabe</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - automáticamente, apuntó al crío, el cual tenía agarrado - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Si mueves una sola fibra muscular, le vuelo los sesos al niño</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Se me puso cara de mala leche - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Si no me das problemas, me llevaré a los críos y tú te irás por donde has venido, es fácil de entender para una niñata como tú</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> -</span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Sonreí tranquilamente mientras apuntaba con el rifle - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Creo, que el que no entiende la situación eres tú</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - El hombre me miró extrañado durante unos segundos, mientras seguía forcejeando con el niño, el cual no se dejaba amedrentar - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡Suéltame de una vez!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le decía al pirata - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Dime una cosa, si tan pirata eres, ¿tendrás un cartel de Se Busca, no?</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le dije mientras poco a poco iba relajando el cuerpo, hasta el punto en que dejé de apuntarle con Shock. La niña del suelo me miró preocupada, sus ojos llorosos reflejaban la aceptación de que no iban a salir de allí - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Por supuesto que sí! ¡Soy Bob Panza de Oro!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Se metió la mano a su bolsillo y sacó un cartel de Se busca y lo tiró hacia mi dirección como pudo, puesto que era papel, pero cayó hacia arriba, pudiendo ver su foto, nombre y recompensa. Silbé - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">¡Vaya! Increíble, 5 millones. Desde luego eres el terror de los mares. Normal que una niñata como yo se acobarde ante ti, ¿eh?</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - De repente, el hombre le propinó un golpe con la culata de su pistola al niño para que se estuviera quieto y perdiera fuerzas, cosa que consiguió completamente, pues el muchacho dejó de forcejear con él.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Bob se giró para mirarme y decir algo - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Exact...!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Pero, para su mala suerte, lo que vio fue a Shock delante de él, en su frente. El hombre se quedó pálido y aterrado - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Es una pena</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Le escupí a los pies - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Es una</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color"> pena que... me sude completamente el coño quien seas</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Miré a los críos - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">¡Tapaos los oídos y giraos completamente!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Los niños con algo de esfuerzo, me hicieron caso. Bob estaba llorando y con los mocos cayéndose por su nariz -</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color"> ¡Gno, Gno Pogfavog!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Me suplicó. Yo solo le miré con desprecio y le dije una última cosa, sacando una sonrisa - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">... Bang ...</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Apreté el gatillo, volándole la puta cabeza a aquel ser despreciable, dejando allí el cuerpo para que la madre naturaleza hiciera lo suyo.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Me acerqué a los críos poniéndome delante, los cuales estaban tapándose los oídos y de espaldas a la escena que monté. Me miraron y se asustaron un poco, pues tenía un poco de sangre por la cara y el abrigo - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">Pfff, tranquilos, esto con agua y jabón sale ¿Qué os parece que nos vayamos al pueblo y volváis a casa? Os acompaño</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Les dije con una sonrisa. Los dos críos aceptaron encantados, y por el camino fui hablando con ellos de otros temas, como que cosas les gustaban y todo eso. No queria hacerles recordar al gordo asqueroso que queria arruinarles la vida para siempre. Antes de entrar al pueblo, encontré una pequeña fuente en la cual me lavé la cara y el abrigo de la sangre que salpicó para no causar revuelo.</span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Una vez allí con gente alrededor y guardias, los niños tomaron su camino de vuelta a casa. Levanté la mano y les despedí haciendo un gesto con mi mano de despedida mientras sonreia. Habia hecho mi primer trabajo - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">de manera imprevista</span> - como cazadora de recompensas solitaria... Un segundo. Es verdad, soy cazadora de recompensas. Y, dejé el cuerpo de aquel tio allí tirado a su suerte por la naturaleza y los animales carnivoros que pudiera tener la zona. Me llevé las manos a la cabeza.</span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">- </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">¡AAAAAAH, MIERDAAAAAAAA!</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> - Grité en medio del pueblo.</span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - Ponerse a prueba]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=677</link>
			<pubDate>Mon, 25 Dec 2023 05:27:37 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=125">Kevin Fojobs</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=677</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 32 del año 11, Verano - 23:30 a.m.<br />
West Blue - Isla Toroa - Bosque Umbrío</div>
<br />
Era una noche cálida y húmeda de verano. La densa niebla, como era ya casi habitual en la Isla Toroa, envolvía el escenario, dotándolo de un aire enigmático y lleno de misterio. Esa noche, Kevin decidió salir de la posada en la que, el trío de cazarrecompensas seguían hospedados, para hacer algo que jamás pensó que haría, entrenar e intentar aprender nociones de combate. El hombre trajeado no recordaba con exactitud lo que sucedió hace dos noches en el bar "Arte por Amor", pero por lo que le había contado al día siguiente Gideon (por supuesto, cabreadísima con él), había varios tipos la mar de peligrosos que, si les hubieran atacado, podrían haberlo pasado realmente realmente mal. A pesar de la gran cogorza que tuvo, podía recordar la apariencia de esos sujetos, gracias a su excelente capacidad de memorización.<br />
<br />
Dicho esto, con un traje color granate, camisa blanca y una corbata azul marino, emprendió su paseo hacia el bosque, lugar en el que Kevin estaba seguro de que no molestaría a nadie, cargado con, tan solo, sus dos martillos, enganchado, cada uno, en un flanco de su cinturón. Su idea era buscar un animal grande, como un jabalí, con el cual poder batirse en un "duelo" y poder medir su fuerza y destreza actual, ¿realmente tenía aptitudes Kevin para el combate? Todo era cuestión de averiguarlo, de ponerse a prueba.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Qu-qué mal rollo da este sitio... Con razón le llaman el Bosque Umbrío...</span>- Hablaba para si mismo el hombre mientras su párpado izquierdo comenzaba a temblar debido a su tic nervioso. Toda esta experiencia estaba siendo completamente nueva para Fojobs, por supuesto iba a tener un pequeño ataque de ansiedad.<br />
<br />
Tras largos minutos divagando por el sombrío bosque, el crujido de una rama a su derecha hizo desviar su atención. Había varios arbustos enormes en movimiento, indicando que algo o alguien se encontraba en el interior de los matorrales. Por puro instinto, Kevin se puso en guardia, sacando ambos martillos de su cinturón. Con un martillo en cada mano, extendió su zurda, hasta tener el brazo completamente recto, en dirección al matorral, apuntando con el martillo hacia allí. El martillo de su diestra, en cambio, la dejó en una posición más "protegida", flexionando lo mayor posible su brazo derecho, con el codo apuntando hacia afuera y con el martillo situado detrás de su espalda.-<span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">¿H-hola? ¿Hay alguien?</span>-Preguntó al aire esperando algún tipo de respuesta, obteniendo tan solo un bestial rugido que casi hace que Kevin se cagara encima. Los arbustos se meneaban intensamente, hasta que el movimiento cesó, para que, instantes después, una especie de pantera, que se ocultaba perfectamente en la negra noche, saliera de allí y se plantara frente a Fojobs, a tres metros de distancia. El miedo se apoderó completamente del hombre trajeado, ¿qué narices hacía un felino de ese calibre como una pantera en un maldito bosque? <br />
<br />
El felino, mientras rugía, adoptó una postura ofensiva, dispuesto a atacar su presa, saltando velozmente hacia Kevin, con la intención de propinarle un feroz zarpazo con las garras de su pata delantera derecha. Aunque Kevin alcanzó a detectar, no con demasiada dificultad, el ataque de su depredador, era demasiado rápido como para reaccionar físicamente a tiempo. Lo único que pudo hacer fue interponer su brazo derecho para bloquear un arañazo que rasgarían sus intestinos.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Aghh...</span>- La sangre comenzó a brotar y descender por su brazo derecho y encima, estando frente a frente al humano y sin darle cuartelillo al humano, la bestia se puso a dos patas y siguió realizando su ofensiva, encadenando un arañazo tras otro. Kevin sólo podía acumular daño y arañazos, que intentaba bloquear, como podía, con sus brazos nuevamente.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿A-acaso voy a morir a manos de una pantera...? </span></span>- Se preguntaba así mismo Fojobs lamentándose por la posible muerte tan patética que él mismo se había buscado. Por su mente pasaron varios flashes de las únicas personas que le habían marcado en su vida, sus padres... El pequeño Mr. Whiskers... Panko... Siri... Y más importante, Gideon y Omi. ¿No le había prometido que no sería una carga para ella? ¿No le había prometido que le ayudaría a cumplir su objetivo? ¿No iba a ser más fuerte por eso mismo? Mientras seguía recibiendo los arañazos del oscuro felino, parecía que los ojos de Kevin se acostumbraban, cada vez más y más, a la velocidad de ataque de la pantera... Eso, o se estaba cansando de tanto atacar. Kevin esperó, esperó a que diera un zarpazo más para, justo en ese preciso momento en el que se preparaba para lanzar otra cuchillada, juntar ambas manos y ambos martillos y, tras realizar un bateo con ambos brazos al mismo tiempo, impactar, al unísono, las dos armas en la mejilla izquierda de la bestia, rompiéndole varios dientes en el proceso, y mandándola a volar. <br />
<br />
Jadeando, se mostraba, incrédulo, ante lo que acababa de hacer, ¿había derrotado a la pantera de un solo golpe? ¿Era él capaz de hacer algo así? Obviamente, le quedaba muchísimo que mejorar aún, si no fuera por la resistencia que había adquirido después de recibir tantas palizas en su niñez, adolescencia, juventud y actualidad, Kevin ahora mismo estaría muerto. Pero ese día había comprendido que al menos, aunque fuera por poco, a la hora de batallar contra piratas, no sería un incordio, del todo, a sus compañeras. Y ahora, cubierto de sangre y arañazos, era hora de volver a la ciudad y entrar en un hospital, ¿cómo les explicaría esto ahora a Siri y Gideon?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 32 del año 11, Verano - 23:30 a.m.<br />
West Blue - Isla Toroa - Bosque Umbrío</div>
<br />
Era una noche cálida y húmeda de verano. La densa niebla, como era ya casi habitual en la Isla Toroa, envolvía el escenario, dotándolo de un aire enigmático y lleno de misterio. Esa noche, Kevin decidió salir de la posada en la que, el trío de cazarrecompensas seguían hospedados, para hacer algo que jamás pensó que haría, entrenar e intentar aprender nociones de combate. El hombre trajeado no recordaba con exactitud lo que sucedió hace dos noches en el bar "Arte por Amor", pero por lo que le había contado al día siguiente Gideon (por supuesto, cabreadísima con él), había varios tipos la mar de peligrosos que, si les hubieran atacado, podrían haberlo pasado realmente realmente mal. A pesar de la gran cogorza que tuvo, podía recordar la apariencia de esos sujetos, gracias a su excelente capacidad de memorización.<br />
<br />
Dicho esto, con un traje color granate, camisa blanca y una corbata azul marino, emprendió su paseo hacia el bosque, lugar en el que Kevin estaba seguro de que no molestaría a nadie, cargado con, tan solo, sus dos martillos, enganchado, cada uno, en un flanco de su cinturón. Su idea era buscar un animal grande, como un jabalí, con el cual poder batirse en un "duelo" y poder medir su fuerza y destreza actual, ¿realmente tenía aptitudes Kevin para el combate? Todo era cuestión de averiguarlo, de ponerse a prueba.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Qu-qué mal rollo da este sitio... Con razón le llaman el Bosque Umbrío...</span>- Hablaba para si mismo el hombre mientras su párpado izquierdo comenzaba a temblar debido a su tic nervioso. Toda esta experiencia estaba siendo completamente nueva para Fojobs, por supuesto iba a tener un pequeño ataque de ansiedad.<br />
<br />
Tras largos minutos divagando por el sombrío bosque, el crujido de una rama a su derecha hizo desviar su atención. Había varios arbustos enormes en movimiento, indicando que algo o alguien se encontraba en el interior de los matorrales. Por puro instinto, Kevin se puso en guardia, sacando ambos martillos de su cinturón. Con un martillo en cada mano, extendió su zurda, hasta tener el brazo completamente recto, en dirección al matorral, apuntando con el martillo hacia allí. El martillo de su diestra, en cambio, la dejó en una posición más "protegida", flexionando lo mayor posible su brazo derecho, con el codo apuntando hacia afuera y con el martillo situado detrás de su espalda.-<span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">¿H-hola? ¿Hay alguien?</span>-Preguntó al aire esperando algún tipo de respuesta, obteniendo tan solo un bestial rugido que casi hace que Kevin se cagara encima. Los arbustos se meneaban intensamente, hasta que el movimiento cesó, para que, instantes después, una especie de pantera, que se ocultaba perfectamente en la negra noche, saliera de allí y se plantara frente a Fojobs, a tres metros de distancia. El miedo se apoderó completamente del hombre trajeado, ¿qué narices hacía un felino de ese calibre como una pantera en un maldito bosque? <br />
<br />
El felino, mientras rugía, adoptó una postura ofensiva, dispuesto a atacar su presa, saltando velozmente hacia Kevin, con la intención de propinarle un feroz zarpazo con las garras de su pata delantera derecha. Aunque Kevin alcanzó a detectar, no con demasiada dificultad, el ataque de su depredador, era demasiado rápido como para reaccionar físicamente a tiempo. Lo único que pudo hacer fue interponer su brazo derecho para bloquear un arañazo que rasgarían sus intestinos.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color">Aghh...</span>- La sangre comenzó a brotar y descender por su brazo derecho y encima, estando frente a frente al humano y sin darle cuartelillo al humano, la bestia se puso a dos patas y siguió realizando su ofensiva, encadenando un arañazo tras otro. Kevin sólo podía acumular daño y arañazos, que intentaba bloquear, como podía, con sus brazos nuevamente.- <span style="color: #005DC2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿A-acaso voy a morir a manos de una pantera...? </span></span>- Se preguntaba así mismo Fojobs lamentándose por la posible muerte tan patética que él mismo se había buscado. Por su mente pasaron varios flashes de las únicas personas que le habían marcado en su vida, sus padres... El pequeño Mr. Whiskers... Panko... Siri... Y más importante, Gideon y Omi. ¿No le había prometido que no sería una carga para ella? ¿No le había prometido que le ayudaría a cumplir su objetivo? ¿No iba a ser más fuerte por eso mismo? Mientras seguía recibiendo los arañazos del oscuro felino, parecía que los ojos de Kevin se acostumbraban, cada vez más y más, a la velocidad de ataque de la pantera... Eso, o se estaba cansando de tanto atacar. Kevin esperó, esperó a que diera un zarpazo más para, justo en ese preciso momento en el que se preparaba para lanzar otra cuchillada, juntar ambas manos y ambos martillos y, tras realizar un bateo con ambos brazos al mismo tiempo, impactar, al unísono, las dos armas en la mejilla izquierda de la bestia, rompiéndole varios dientes en el proceso, y mandándola a volar. <br />
<br />
Jadeando, se mostraba, incrédulo, ante lo que acababa de hacer, ¿había derrotado a la pantera de un solo golpe? ¿Era él capaz de hacer algo así? Obviamente, le quedaba muchísimo que mejorar aún, si no fuera por la resistencia que había adquirido después de recibir tantas palizas en su niñez, adolescencia, juventud y actualidad, Kevin ahora mismo estaría muerto. Pero ese día había comprendido que al menos, aunque fuera por poco, a la hora de batallar contra piratas, no sería un incordio, del todo, a sus compañeras. Y ahora, cubierto de sangre y arañazos, era hora de volver a la ciudad y entrar en un hospital, ¿cómo les explicaría esto ahora a Siri y Gideon?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - El incidente del refugio]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=523</link>
			<pubDate>Tue, 07 Nov 2023 13:52:15 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=126">Gideon De Villiers</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=523</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(Hace 1 año)</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
Como cada mañana Gideon se había despertado a las 7 de la mañana para poder atender a los animales del refugio. Había desayunado algo rápido, se había fumado el primer cigarrillo del día y había salido de casa hacia el recinto. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Recogió todos los cuencos en las que colocaba la comida par los animales y los limpió en la pila que más cerca le quedaba. Un par de perros le perseguían mientras hacía su trabajo. Sus padres le habían hecho hincapié en que no les cogiera cariño a ninguno de los animales que allí convivían y mucho menos darles nombre. Ya era tarde. A los pocos días de la llegada de cada animal Gideon les tenía asignado un nombre y su hermana pequeña, Gwen, ya se había encariñado totalmente. Ese era el problema de ser tan empáticos, pero sin duda lo peor venía cuando los animales decidían marcharse. Su hermana lloraba desconsoladamente y a Gideon le tocaba hacer de tripas corazón. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Una vez rellenó los comederos y barrió un poco el establo, se sentó a ver el amanecer en el patio. Los perros, a los Gwen había llamado Cici y Jojo se sentaron junto a él y Cici apoyó la cabeza sobre su muslo. Gideon le acariciaba mientras veía como el sol subía poco a poco y escuchaba al resto de animales moverse tras él. Poco a poco todo cobraba vida. Le encantaba poder disfrutar de esos momentos en el que el mundo parecía quieto aun cuando todo seguía en movimiento. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sintió acción en su pecho, Omi se había despertado. Omi era el hurón que había llegado hacía unos 4 meses al refugio, desde el primer día se había pegado a Gideon como una lapa. Así que, después de un par de semanas de discusiones con sus padres, lo había adoptado. Omi vivía con él y casi siempre lo llevaba en su chaqueta, su madre le había cosido en su abrigo un bolsillo lo suficientemente grande como para que pudiera estar cómodo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Vaya, vaya, hoy estabas dormilón, eh.</span> — saludó a la pequeña cabeza que sobresalía de su abrigo. Lo acarició un poco y el hurón husmeó el exterior para después volver a acomodarse en su bolsillo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su hermana no tardaría en despertarse, así que decidió volver a casa. Le prepararía el desayuno, ya que sus padres se habían marchado a la ciudad para hacer unos recados. Hoy estarían ellos dos solos casi todo el día. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En cuanto llegó a la casa Gwen le recibió con un abrazo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">¿Has sacado ya a Cici y a Jojo a pasear?</span> —preguntó con toda la energía que no tenía Gideon. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Buenos días, a ti también</span> —le dio una palmadita en la cabeza y fue hacia la cocina para prepararle un sandwich—. <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">No, te estaba esperando como siempre. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su hermana rió y se sentó en la pequeña mesa de la cocina. Gideon no tardó demasiado en prepararle la comida y esperó apoyado en la ventana a que Gwen se lo comiera, mientras se fumaba otro cigarrillo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Hoy te toca cepillar a los dos caballos, darle un baño al zorro y mirar si alguno necesita algo en especial. Cuando termines le damos el paseo a Cici y Jojo</span> — Gideon parpadeó de manera excesiva en ese momento. Llevaba ya un par de meses con ese problema. Su madre estaba empeñada en que era culpa de los den den mushis. Todo era culpa suya. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Vale, a sus órdenes mi capitán</span> —rió Gwen.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Gwen acababa de terminar con las tareas que le había dado esa misma mañana y habían hecho un descanso para comer, después sacarían a los perros a pasear. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Gideon no era el mejor cocinero, pero cualquiera sabía recalentar la comida que le habían dejado sus padres. Así que eso hizo y ambos comieron en silencio hasta que escucharon aullidos y gemidos que provenían del refugio. A Gwen se le abrieron los ojos como platos y soltó inmediatamente la cuchara con la que había estado comiendo. Gideon se levantó rápidamente de la silla y miró por la ventana, no era capaz de ver demasiado, pues varios árboles no le dejaban demasiado visión. Lo que sí vio fue una tela ondeando en el aire. Alguien había colocado una bandera, anunciando su llegada. No era un alguien cualquiera, eran piratas. Gideon se giró y encontró a su hermana pequeña justo detrás. Omi se había asomado a través de su abrigo y gimoteaba al escuchar los ruidos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Gwen no te despegues de mi. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su hermana le agarró de la manga y siguió sus pasos. Gideon aprovechó para quitar de encima de la mesa sus platos, no dejar rastro. Sus padres le habían dado indicaciones por si algo así ocurría, no era la primera vez. Lo dejó como pudo y corrió hasta el salón. Pateó con el suelo, junto al sofá, y este cedió. Su padre había construido una especie de habitación del pánico en la que poder refugiarse en caso de cualquier tipo de peligro. Ser Skypean no era tarea fácil. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Abrió rápidamente la habitación e hizo bajar a Gwen junto a Omi, unos segundos después ya estaba en la pequeña escalera intentando cerrar con todas sus fuerzas la compuerta. “Estaremos seguros” no dejaba de repetírselo, una y otra y otra vez. Abrazó con fuerza a su hermana, la cual acariciaba entre lágrimas a Omi. Ambos sabían lo que les esperaba en los establos. Destrucción, crueldad, injusticia…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Escucharon cómo los piratas entraban en su casa y revolvían absolutamente todo. Gideon sintió cómo su hermana temblaba y las lágrimas comenzaron a caer sin reparo por su rostro. Nunca había sentido tanta impotencia, pero no podía hacer absolutamente nada contra una banda de piratas entera. Lloró y lloró, agarrando a su hermana con fuerza, hasta que sus padres volvieron a casa esa noche. Gideon juró y perjuró que perseguiría a los piratas y haría su sueño realidad a costa de cobrarse sus recompensas. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sin embargo, los siguientes meses no serían más que un bucle de tristeza y desesperación que le hacía soñar con las imágenes que unas horas más tarde vería en aquel establo que tantos buenos recuerdos le había otorgado.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(Hace 1 año)</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
Como cada mañana Gideon se había despertado a las 7 de la mañana para poder atender a los animales del refugio. Había desayunado algo rápido, se había fumado el primer cigarrillo del día y había salido de casa hacia el recinto. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Recogió todos los cuencos en las que colocaba la comida par los animales y los limpió en la pila que más cerca le quedaba. Un par de perros le perseguían mientras hacía su trabajo. Sus padres le habían hecho hincapié en que no les cogiera cariño a ninguno de los animales que allí convivían y mucho menos darles nombre. Ya era tarde. A los pocos días de la llegada de cada animal Gideon les tenía asignado un nombre y su hermana pequeña, Gwen, ya se había encariñado totalmente. Ese era el problema de ser tan empáticos, pero sin duda lo peor venía cuando los animales decidían marcharse. Su hermana lloraba desconsoladamente y a Gideon le tocaba hacer de tripas corazón. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Una vez rellenó los comederos y barrió un poco el establo, se sentó a ver el amanecer en el patio. Los perros, a los Gwen había llamado Cici y Jojo se sentaron junto a él y Cici apoyó la cabeza sobre su muslo. Gideon le acariciaba mientras veía como el sol subía poco a poco y escuchaba al resto de animales moverse tras él. Poco a poco todo cobraba vida. Le encantaba poder disfrutar de esos momentos en el que el mundo parecía quieto aun cuando todo seguía en movimiento. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sintió acción en su pecho, Omi se había despertado. Omi era el hurón que había llegado hacía unos 4 meses al refugio, desde el primer día se había pegado a Gideon como una lapa. Así que, después de un par de semanas de discusiones con sus padres, lo había adoptado. Omi vivía con él y casi siempre lo llevaba en su chaqueta, su madre le había cosido en su abrigo un bolsillo lo suficientemente grande como para que pudiera estar cómodo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Vaya, vaya, hoy estabas dormilón, eh.</span> — saludó a la pequeña cabeza que sobresalía de su abrigo. Lo acarició un poco y el hurón husmeó el exterior para después volver a acomodarse en su bolsillo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su hermana no tardaría en despertarse, así que decidió volver a casa. Le prepararía el desayuno, ya que sus padres se habían marchado a la ciudad para hacer unos recados. Hoy estarían ellos dos solos casi todo el día. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En cuanto llegó a la casa Gwen le recibió con un abrazo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">¿Has sacado ya a Cici y a Jojo a pasear?</span> —preguntó con toda la energía que no tenía Gideon. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Buenos días, a ti también</span> —le dio una palmadita en la cabeza y fue hacia la cocina para prepararle un sandwich—. <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">No, te estaba esperando como siempre. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su hermana rió y se sentó en la pequeña mesa de la cocina. Gideon no tardó demasiado en prepararle la comida y esperó apoyado en la ventana a que Gwen se lo comiera, mientras se fumaba otro cigarrillo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Hoy te toca cepillar a los dos caballos, darle un baño al zorro y mirar si alguno necesita algo en especial. Cuando termines le damos el paseo a Cici y Jojo</span> — Gideon parpadeó de manera excesiva en ese momento. Llevaba ya un par de meses con ese problema. Su madre estaba empeñada en que era culpa de los den den mushis. Todo era culpa suya. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Vale, a sus órdenes mi capitán</span> —rió Gwen.<br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Gwen acababa de terminar con las tareas que le había dado esa misma mañana y habían hecho un descanso para comer, después sacarían a los perros a pasear. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Gideon no era el mejor cocinero, pero cualquiera sabía recalentar la comida que le habían dejado sus padres. Así que eso hizo y ambos comieron en silencio hasta que escucharon aullidos y gemidos que provenían del refugio. A Gwen se le abrieron los ojos como platos y soltó inmediatamente la cuchara con la que había estado comiendo. Gideon se levantó rápidamente de la silla y miró por la ventana, no era capaz de ver demasiado, pues varios árboles no le dejaban demasiado visión. Lo que sí vio fue una tela ondeando en el aire. Alguien había colocado una bandera, anunciando su llegada. No era un alguien cualquiera, eran piratas. Gideon se giró y encontró a su hermana pequeña justo detrás. Omi se había asomado a través de su abrigo y gimoteaba al escuchar los ruidos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Gwen no te despegues de mi. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su hermana le agarró de la manga y siguió sus pasos. Gideon aprovechó para quitar de encima de la mesa sus platos, no dejar rastro. Sus padres le habían dado indicaciones por si algo así ocurría, no era la primera vez. Lo dejó como pudo y corrió hasta el salón. Pateó con el suelo, junto al sofá, y este cedió. Su padre había construido una especie de habitación del pánico en la que poder refugiarse en caso de cualquier tipo de peligro. Ser Skypean no era tarea fácil. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Abrió rápidamente la habitación e hizo bajar a Gwen junto a Omi, unos segundos después ya estaba en la pequeña escalera intentando cerrar con todas sus fuerzas la compuerta. “Estaremos seguros” no dejaba de repetírselo, una y otra y otra vez. Abrazó con fuerza a su hermana, la cual acariciaba entre lágrimas a Omi. Ambos sabían lo que les esperaba en los establos. Destrucción, crueldad, injusticia…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Escucharon cómo los piratas entraban en su casa y revolvían absolutamente todo. Gideon sintió cómo su hermana temblaba y las lágrimas comenzaron a caer sin reparo por su rostro. Nunca había sentido tanta impotencia, pero no podía hacer absolutamente nada contra una banda de piratas entera. Lloró y lloró, agarrando a su hermana con fuerza, hasta que sus padres volvieron a casa esa noche. Gideon juró y perjuró que perseguiría a los piratas y haría su sueño realidad a costa de cobrarse sus recompensas. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sin embargo, los siguientes meses no serían más que un bucle de tristeza y desesperación que le hacía soñar con las imágenes que unas horas más tarde vería en aquel establo que tantos buenos recuerdos le había otorgado.</div>]]></content:encoded>
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