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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Dojo del Hasshoken]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 15:48:56 +0000</pubDate>
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			<title><![CDATA[[PR][Fic] Buto Kaiten y la peonza de Kano]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4381</link>
			<pubDate>Mon, 21 Sep 2026 06:34:30 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=871">Hanma</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Dia 73 de Verano, Año 18 <br />
Isla Karate, South Blue - Patio alto de la montaña</div></span><br />
<br />
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						<span>Atributos Personaje</span>
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                        <span class='personaje_stats_title'>Estadísticas de Hanma:</span>
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				</div>
			</div><br />
<br />
El frio y el rocio de la madrugada no se habia marchado todavia de las ramas de los pinos cuando Hanma puso la bota en el primer repecho de piedra, parecia un poco silent hil ( si es que ese juego existiera en este mundo). Subir por segunda vez por aquel sendero de cabras no le hacia gracia a sus rodillas. Traia en lo alto de la cabeza un cardenal morado del tamaño de un plato grande, justo entre las dos cepas de los cuernos. Le tiraba la piel al levantar las cejas. Notaba una punzada sorda cada pocos pasos, como si tuviera dentro un grillo empeñadoen volverlo loco de remate. Hacia un frio que pelaba, novedad. El cielo sobre el mar de Isla Karate clareaba despacio, pasando de aquel azul sucio a un tono ceniciento que prometia calor para mas tarde. Abajo, en los dojos de la ladera, ya se oian los primeros berridos de los alumnos corriendo en calzones, unos gritos secos que sonaban como ladridos de perros. A Hanma le daba igual. Su camino iba hacia arriba, hacia aquel patio encajado entre paredones donde la unica regla era no partirse la crisma antes del almuerzo, y era una regla dificil de mantener.<br />
<br />
Al cruzar el arco de piedra del patio alto, lo primero que le llego a la nariz no fue el olor a resina ni el aire salado, sino la peste de aquella infusion que la de fucsia llamaba te, estaba asquerosa. Olia a cieno podrido y encimado quemado al fuego. Sira Matcha estaba sentada en el poyote, con las piernas cruzadas y una sudadera rosa. Calentaba agua en un hornillo de barro y soplaba despacio sobre un cuenco. Entre los pliegues de la camisa de Hanma, la rata asomo la trufa, respiro dos veces el vapor, arrugo los bigotes con asco y volvio a meterse al bolsillo con un bufido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Vaya, el buey pelirrojo todavia camina derecho. Pense que te habrias quedado con la mollera blanda y que bajarias la cuesta rodando como un fardo de lana.-</span></span> Le lanzo una mirada de reojo, sosteniendo el cuenco con las dos manos para calentarse los nudillos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-La piedra de ayer estaba tierna. Si llego a saberlo, bajo antes a comer.-</span></span> Hanma solto la respuesta con su voz profunda, plantandose a tres pasos del hornillo y tapando medio patio con su sombra de siete metros y medio.<br />
<br />
La maestra dio un sorbo a su mejunje verde, chasqueo la lengua y escupio una brizna pegada al paladar. No perdio el tiempo. Metio la mano en el bolsillo raido y saco una peonza de madera con la punta de hierro mellada. La hizo bailar sobre la losa con un chasquido de los dedos. Aquella madera empezo a zumbar con un giro apretado, clavada sobre la punta sin desviarse. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ayer aprendiste a caer hacia abajo como un yunque, que en tu caso es muy efectivo. Mucho ruido y un socavon para criar ranas. Pero un yunque solo sirve si el otro es tan bobo como para quedarse quieto debajo. En una pelea de verdad, si el enemigo se mueve medio palmo mientras te tiras en picado, el que se come la piedra eres tu y mira el cardenal que tienes. Te quedas con los cuernos clavados en el suelo, con el culo al aire y la nuca regalada para que te rebanen el pescuezo como a un pollo de corral.-</span></span> Hanma miro la madera bailar sobre la losa. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Pues no pienso quedarme clavado para que nadie me rebane nada.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Por eso estas aqui, grandullon. Hoy te toca Buto Kaiten. La cabeza militar giratoria. No es un cabezazo tonto; es hacer que tus trescientos cincuenta kilos giren como un taladro de guerra. Plantas la coronilla, alzas las piernas y te conviertes en un torbellino que barre todo a la redonda y manda a paseo cualquier escudo.-</span></span><br />
<br />
La de fucsia no se anduvo con rodeos. Dejo el cuenco en una esquina de la losa, dio un paso corto y se dejo caer de cabeza hacia adelante con soltura. Su coronilla toco el granito con un golpe seco. En una fraccion de segundo, sus piernas cortas se alzaron en el aire, perfectamente rectas, juntas hasta los tobillos. Se quedo suspendida en una vertical tan limpia que no temblaba ni un pelo de su trenza, digna de una clavada olimpica. Luego, con un movimiento seco de la cadera bajo la tela de los pantalones, empezo a girar sobre su propio hueso. Aquel giro cogio velocidad en un suspiro: su cuerpo menudo se convirtio en una silueta borrosa, un cono de ropa rosa que zumbaba como un avispón furioso. El polvo de las losas salio despedido en un circulo de tres metros, dejando el suelo limpio alrededor de su cabeza como si le hubieran pasado una escoba nueva. Tras dar media docena de vueltas completas sobre la mollera, la de fuscia flexiono el tronco y cayo de pie sobre sus sandalias sin hacer ruido. Miro a Hanma con esa ceja levantada que le ponia de malas pulgas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Venga, mostrenco. A ver si eres capaz de ponerte del reves sin que tengamos que llamar a los canteros para sacarte los cuernos de la peña.-</span></span><br />
<br />
Hanma avanzo hacia el centro del patio sabiendo que iba a pasar un mal rato y iba a estar fallando todo lo posible. Miro el suelo de losas quebradas y se coloco en cuclillas. El primer problema evidente fueron los cuernos. No eran adornos pequeños: dos astas de hueso solido y oscuro que nacian en los laterales de la frente y se curvaban hacia adelante como defensas de carnero bravo. Al agachar el morro para apoyar la parte superior del craneo, las puntas de los cuernos tocaron las lajas antes de que la mollera estuviera bien asentada. Si intentaba apoyarse asi, los cuernos hacian palanca y le torcian el pescuezo hacia atras de una manera peligrosa. Tuvo que arquear su cuello, meter la barbilla contra el pecho y apoyar la zona donde el cardenal morado estaba mas ... morado. En cuanto la piel toco la frialdad de la losa, vio las estrellas. Un calambre agudo le subio por las sienes. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Esto aprieta como un demonio.-</span></span> gruño el gigante con la voz ahogada contra el suelo, mientras las palmas de sus manazas tanteaban el apoyo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Pues claro que aprieta, so bestia! ¡Tienes la cabeza llena de golpes de ayer! ¡No pienses en el dolor, aprieta la nuca y tira las patas arriba antes de que me salgan canas!-</span></span><br />
<br />
Tomando aire con fuerza, Hanma cerro los ojos y pego una patada seca al suelo con los talones para mandar las piernas al cielo. Aquello fue un desastre desde el primer intento. Levantar al aire trescientos cincuenta kilos repartidos en siete metros y medio no es lo mismo que alzar el cuerpo menudo de la jovencita que estaba trabajado para esto. En cuanto los pies se despegaron de las losas, el centro de gravedad del Gran Oni se volvio ingobernable. Las piernas enormes se abrieron en tijera buscando equilibrio en el aire. Los brazos temblaron como dos maderos a punto de partirse. Aquella mollera empezo a bailar sobre la piedra viva como un carnero recien nacido. El peso le vencio hacia la izquierda. Intento corregir con un latigazo del torso, pero la inercia de semejante mole no perdona los titubeos. La espalda colosal de Hanma cayo a plomo sobre las lajas del patio con un zambombazo que hizo temblar el risco entero. Sonó como un cañonazo contra la roca. Las losas viejas crujieron bajo su lomo y una nube de polvo blanco salio despedida hacia los lados, tapando la vista del barranco.<br />
<br />
El animal, que ya sabia cuando las cosas iban a torcerse en el sentido literal ya que tambien se quedo bocabajo, habia saltado de la camisa medio segundo antes del impacto. Ahora estaba encaramado en el borde de una tinaja de barro, con la cola tiesa y los ojos, el sano, saltones clavados en su dueño como si viera el espectaculo mas bochornoso del South Blue. La dueña del patio, por su parte, se habia tirado al suelo del poyote, dandose palmadas en los muslos y soltando unas carcajadas que sonaban comouna urraca y que ponian a Hanma de los nervios. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Ay, mi madre! ¡Pareces un escarabajo pelotero panza arriba que no sabe darse la vuelta! ¿Es que tus piernas no saben ir juntas ni para mear? ¡Las has abierto como si fueras a saltar a la comba!-</span></span> Hanma se quedo tumbado de espaldas diez segundos largos, mirando el cielo palido y sintiendo como el golpe le habia vaciado el fuelle. El dolor de la espalda era un ardor caliente y seco, pero lo que mas le rabiaba era la risa de la tipa de fucsia. Apoyo los codos y se sento en las losas con la cara malhumorada. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-El suelo de aqui tiene trampas. Una losa estaba levantada, es eso.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Que trampa ni que niño muerto! ¡Tienes la tripa floja y los hombros como manteca! ¡Arriba otra vez!-</span></span><br />
<br />
Mascullando maldiciones hacia la de pelo rosa, Hanma se puso en cuatro patas de nuevo. Esta vez decidio que no se quedaria corto de empuje. Apoyo la frente, apreto los dientes con rabia y solto un patadon hacia arriba con toda la potencia de sus gemelos. El resultado fue peor todavia, aunque de forma distinta. Metio tanta furia en el arranque que las piernas subieron como vigas de catapulta, pasaron de largo la posicion vertical sin frenar y el cuerpo cayo hacia adelante en un volteo. No llego a tocar el suelo con la espalda: las dos puntas de sus cuernos de Oni se clavaron directamente en una grieta natural que cruzaba la pared de roca viva al fondo del patio. Fue un golpe seco y rotundo. Las astas se encajaron en la hendidura de granito como dos cuñas de hierro. La mole de siete metros y medio se quedo suspendida en el aire, cabeza abajo, con la nuca doblada y las piernas pataleando sin encontrar apoyo. El Gran Oni forcejeo usando los musculos del cuello, pero la roca viva apretaba los cuernos como un torno de herrero. Cada vez que tiraba, la piedra soltaba arenilla y las cervicales le crujian de mala manera, se hacia mayor. No habia forma de salir. La rata asomo los bigotes desde la tinaja, ladeo la cabeza con curiosidad , quizas se iba a quedar sin papi. Sira se acerco despacio y se paro justo debajo de la mole invertida. Le dio dos toquecitos con la punta del pie en el cuerno izquierdo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Pues oye, ni tan mal. Si le pongo una cuerda entre los tobillos me sirve de maravilla para tender las sudaderas que tengo que lavar. Y encima le da un toque rustico al patio que no tenia antes.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Sira. Saca esto de aqui antes de que te tire una losa a la cabeza con los dedos de los pies.-</span></span> gruño Hanma, con la sangre acumulandosele en los carrillos y poniendole la cara morada. La anciana fue a buscar un madero grueso de pino que habia quedado arrumbado. Lo metio entre la grieta y la base del cuerno, apoyo el pie y tiro con un golpe seco de cadera. La roca cedio con un chasquido agudo de granito partido, los cuernos se soltaron y Hanma cayo al suelo de costado como un saco de trigo.<br />
<br />
Dejando el madero a un lado, la anciana se coloco delante de Hanma mientras este se sacudia el polvo de los brazos y le clavo la punta de sus dedos en el nacimiento del cuello, en el triangulo que forman las claviculas con los trapecios. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Escucha con esas orejas que tienes, grandullon. La cabeza no es un clavo que se martilla en la pared. Y el cuello no es una soga de la que cuelgas un jamon. Para hacer el Buto Kaiten tienes que entender como funciona la columna en el estilo de las ocho vibraciones. Si dejas que el peso caiga suelto sobre las cervicales, te vas a partir el pescuezo el dia menos pensado y me va a tocar a mi cavar la fosa y no se me da bien cavar. Tienes que bloquear los hombros. Los omoplatos se juntan atras como si quisieras partir una nuez entre las paletillas. Los trapecios suben a tapar las orejas y el estomago se queda duro como una tabla de roble. Desde la coronilla hasta las uñas de los pies no puede haber articulaciones flojas. Eres una barra de hierro colado, no una ristra de morcillas con cuernos.-</span></span> Hanma escucho en silencio, palpando donde la roca le habia arañado el cuerno. Aquello tenia sentido: no era empujar a lo loco, sino evitar que la fuerza se escapara por las juntas.<br />
<br />
Colocandose de nuevo en el centro del patio, aparto los cascotes rotos con la bota para dejar una losa limpia. Respiro hondo por la nariz, llenando el pecho con el aire frio que olia a pino y a tierra mojada. Apoyo las palmas en el suelo, a la anchura de sus hombros gigantes. Inclino la frente con lentitud, buscando con cuidado el punto plano de la coronilla, entre el cardenal morado y el nacimiento de los cuernos. En cuanto la mollera toco el granito ajusto los omóplatos hacia la columna, tenso los dorsales en su pose ancha y bloqueo los musculos del vientre. Solo entonces, con un movimiento medido y seco, empujo el suelo con las puntas de los pies. Las piernas no salieron disparadas pesadas pero controladas, como dos vigas de un templo. Los muslos se apretaron entre si. Los gemelos se tocaron. Los talones se soldaron en el aire en una linea recta que apuntaba directa al cielo. Hanma sintio la tremenda carga de sus trescientos cincuenta kilos descansando sobre el vertice del craneo, pero esta vez el pescuezo no cedio ni un milimetro. Los hombros sostenian la boveda sin temblar.<br />
<br />
Aquel patio alto quedo en un silencio, roto solo por el silbido del viento que soplaba del barranco. No se movia ni una mota de polvo. Hanma no respiraba con el pecho, sino con resoplidos cortos de diafragma para no desestabilizar la torre de musculo. Sira Matcha dio una vuelta completa alrededor de la mole, con las manos a la espalda y silbando para si. Le dio un golpe seco en los gemelos: sonaron duros. Le dio otro golpe en los gluteos: ni un temblor en la postura. Luego le clavo la mano en las costillas con una fuerza que habria doblado a cualquiera; Hanma apenas solto un gruñido sordo que le vibro en la garganta, pero su linea recta no vario un solo centimetro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Mira tu por donde. Al final el buey tiene huesos dentro de tanta carne.-</span></span> dijo la anciana con tono de aprobacion a regañadientes, parandose delante de la cara invertida del Oni. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-La vertical la tienes, o al menos ya no pareces una carpa fuera del rio. Pero esto solo es el pedestal. Una peonza que se queda quieta es un palo clavado en la tierra. Ahora viene lo bueno. Vas a empezar a girar.-</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Habla rapido, que la sangre me esta bajando a los ojos.-</span></span> solto Hanma con voz cavernosa, viendo el mundo al reves: el mar arriba, los riscos colgando del vacio y la impertinente maestra caminando como si estuviera pegada al techo de una cueva. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-No me metas prisa, cabezon. El giro del Buto Kaiten no se hace pataleando en el aire. Si intentas mover las piernas, el compas se abre y te caes de morros otra vez. El giro nace de un latigazo seco de la cintura y de la cadera. Pero lo importante, lo que hace que esto sea Hasshoken y no una payasada de circo, es la cabeza. Tienes que soltar la onda de choque en circulo sobre el pellejo de la coronilla. Si no sueltas la vibracion, la friccion contra la piedra te va a pelar el cuero cabelludo antes de que des tres vueltas, te quedaras calvo. Resbalas sobre tu propia onda expansiva, ¿lo pillas? Es como un patin de hielo, pero hecho de sonido y fuerza bruta.-</span></span> Hanma no asintio porque no podia mover el cuello, pero apreto los ojos. La idea de resbalar sobre una onda de choque tenia logica: ayer la onda fue hacia abajo, y hoy tenia que ser un anillo continuo que girara con el.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Dale ya, antes de que te de una congestion!-</span></span> ordeno la vieja dando un paso atras. Hanma no lo dudo. Con un movimiento brusco, pego un tirón seco con los musculos de la cintura hacia su derecha, mientras retorcia la cadera y concentraba su energia interna en la coronilla, soltando un pulso sordo de Hasshoken contra la laja de granito. Aquello arranco con una furia desmedida. La vibracion se encendio en el hueso con un zumbido seco, como el de una cuerda de contrabajo que se quiebra. La inercia de sus trescientos cincuenta kilos entro en rotacion instantanea. El cuerpo enorme de Hanma empezo a girar sobre la losa a una velocidad espeluznante. El sayo de lino y los pantalones anchos se abrieron por la fuerza centrifuga como las velas de un navio cogido por una tormenta de golpe. El aire del patio se arremolino en un cono gris que arranco de cuajo las hojas secas y la gravilla, lanzandolas en todas direcciones como si hubieran disparado una carga de perdigones al aire.<br />
<br />
Cubriendose con a dos manos, Sira desvio dos piedras del tamaño de puños que salieron disparadas del suelo. La rata se pego al fondo de la tinaja chillando asustada. Hanma giraba como una rueda de molino desbocada, pero habia un detalle que la vieja no le habia avisado: como frenar o dirigir semejante centrifugadora viva. El eje de rotacion no estaba equilibrado del todo; la fuerza centrifuga de sus piernas tiraba hacia afuera con la violencia de dos vigas atadas a un peso muerto. El vertice de su cabeza empezo a deslizarse por las losas, derrapando en una curva descontrolada. La coronilla, protegida por la onda de choque del Hasshoken, iba limando la superficie de la piedra con un chirrido agudo de sierra, sacando chispas ¡Beyblade!. Iba derecho hacia el paredon de roca viva de la pared norte. Las pantorrillas de Hanma se estamparon de costado contra la roca a media rotacion. El golpe quebro un saliente de medio metro y la inercia del giro se corto en seco, tirando al Gran Oni contra los cascotes en una nube espesa de caliza.<br />
<br />
Durante un minuto entero, en el patio solo se escucho el toser seco de Sira Matcha y el caer de las piedrecillas sobre las losas rotas. De entre el polvo surgio la mole de Hanma. El gigante se incorporo a gatas, sacudiendo la melena pelirroja que parecia de esparto por culpa de la harina de granito. Intento ponerse en pie sobre las dos botas, pero en cuanto estiro las piernas, el mundo decidio ponerse a dar vueltas de campana hacia el barranco. Los ojos de Hanma estaban desorbitados: una pupila apuntaba hacia la copa de un pino y la otra miraba fijamente hacia el suelo entre sus pies. Dio tres pasos de borracho hacia el poyote, con los brazos abiertos como un infante aprendiendo a andar. Se tropezo con un azulejo levantado, se comio de hombro una viga de madera del cobertizo y termino sentandose de golpe en el suelo, apoyando la espalda en el risco con la boca abierta. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Oye... vieja...-</span></span> balbuceo Hanma con una voz pastosa que salia con esfuerzo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Por que hay tres maestras vestidas de fucsia y las tres me estan mirando con cara de perro pachon?-</span></span><br />
<br />
Soltando un bufido, la maestra se acerco con el cuenco de te en la mano, que habia salvado de la polvareda tapandolo con un plato de barro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Solo hay una, buey atontado. Las otras dos son las ganas que tienes de irte a dormir la siesta. Te mareas porque eres un memo y te pones a mirar las peñas mientras das vueltas como una peonza de feria. Si miras para afuera, el ojo se te vuelve loco y el cerebro te flota en la mollera como una ciruela. En el Hasshoken el ojo exterior no mira nada. Se clava la vista en un punto fijo del estomago, hacia adentro, o cierras los parpados y dejas que la vibracion del hueso te diga donde esta el norte. ¡El guerrero que se marea con su propia tecnica dura dos asaltos en cualquier pelea seria!-</span></span> Hanma cerro los ojos con fuerza, apreto los puños contra las rodillas y respiro despacio, tragandose las nauseas que le subian por el gaznate. El estomago le dio dos sacudidas fuertes. Tardaron varios minutos en calmarse las tripas del gigante. Cuando volvio a abrir los ojos, el horizonte ya no bailaba sobre el mar, aunque el chichón de la cabeza le latia con ganas.<br />
<br />
El sol de mediodia cayo a plomo sobre las losas del patio, calentando la piedra como una sarten vieja. Ni una brizna de aire se movia por la ladera. Era la hora en que hasta los lagartos buscaban el agujero de las piedras para no asarse. Hanma arrastro su corpachón hasta el pedazo de sombra que daba la pared norte y saco su fardo de viaje con un resoplido. De entre los trapos saco una pierna entera de jabali ahumado que le habia comprado al tabernero tuerto, una carne salada y dura, pero con grasa para alimentar a un regimiento. La acompaño con dos hogazas de pan de centeno macizas como ladrillos. Sira Matcha saco de su zurron una fiambrera de bambu con cuatro bolas de arroz frio envueltas en alga y unos brotes de helecho encurtidos. El animal salio de la tinaja, cruzo el patio como una flecha gris y se subio al muslo de Hanma a esperar su racion. El gigante corto una tira gruesa de tocino con la uña y se la dio; la rata la agarro con las manos y empezo a roer con ruido. Comieron en silencio un buen rato. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Sabes por que los viejos de Kano inventaron esta salvajada de la cabeza giratoria?-</span></span> pregunto la anciana, masticando despacio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Porque tenian la cabeza mas dura que el sentido comun, imagino.-</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-No seas idiota, mostrenco. Lo inventaron para limpiar todo a su paso.-</span></span> replico Sira con un buche de te tibio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-En alta mar los barcos enemigos venian todo tipo de defensas. Si te tirabas de frente a pie, te ensartaban antes de tocar madera. Pero cuando un hombre de la Armada Happo plantaba la mollera en la borda y se volvia un tornado con el Buto Kaiten, las picas se partian como juncos. La vibracion ignora el escudo de roble, ignora la coraza de hierro y sacude las tripas al que esta detras. Y el empuje lo manda a volar.-</span></span> Hanma mastico su carne. Aquello tenia una fuerza tremenda: un golpe que no se frena ante defensas pasivas y que encima barre al oponente por pura inercia. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Pero una cosa es girar en el sitio y otra moverse hacia adelante sin partirse los piños.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahi esta el truco, mostrenco. El Buto Kaiten avanza como un ariete. Tienes que inclinar el eje de la cabeza un par de dedos hacia el frente para rodar sobre el colchon de vibracion. Ahora vamos a ver si eres capaz de embestir como un toro o si solo sirves para remover polvo.-</span></span><br />
<br />
Para la tarde, la vieja Sira le hizo colocar en mitad del patio tres tocones gruesos de pino, clavados de punta en los huecos de las losas rotas. Detras de los troncos apilaron dos bloques cuadrangulares de granito de cantera, piezas de doscientos kilos cada una. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahi tienes la diana, grandullon. Sales desde la entrada, plantas la cabeza, inicias el Buto Kaiten y te llevas por delante los tres troncos y las piedras sin parar. Si te desvias, pagas las losas de tu bolsillo.-</span></span> Hanma fue a colocarse a quince metros de distancia. Respiro hondo. Salto hacia adelante, clavo la coronilla y alzo las piernas con decision. Aquel remolino arranco con un rugido sordo. Las telas del sayo aullaron en el aire. Ahora tocaba el avance: Hanma intento inclinar el cuello hacia el frente para proyectar los trescientos cincuenta kilos hacia los tocones. Pero se precipito. Inclino el cuello con demasiada brusquedad antes de que el colchon de vibracion del Hasshoken estuviera firme sobre la piedra. La coronilla perdio el apoyo del aire y toco la arista de una loseta. El freno fue seco y brutal. La cabeza se clavo en el suelo como una estaca y Hanma salio arando la tierra con el pecho, los codos y la quijada a lo largo de cuatro metros, levantando un surco de gravilla con los morros.<br />
<br />
Escupiendo barro y arenilla, Hanma se levanto con la barba sollada y un raspon en la mejilla. La vieja le grito desde atras que dejara de buscar lombrices y afinara el angulo. Volvio al punto de partida con los ojos encendidos. Salto otra vez, clavo la cabeza, alzo las piernas y solto el latigazo con furia. El tornado se encendio con un aullido bronco. Pero al intentar no clavarse de frente, ladeo el cuerpo hacia la derecha. La mole giratoria salio disparada en diagonal hacia el precipicio sur. Un cortado a pico de trescientos metros sobre el puerto y los pinos. Al notar que las losas se acababan bajo su coronilla, Hanma abrio los brazos de golpe. Sus manazas se estamparon contra el muro bajo que bordeaba el abismo, clavando las uñas en la piedra con fuerza desesperada. El frenazo fue tan violento que las piernas salieron despedidas por encima del limite, colgando en el vacío sobre el mar azul. Quedo colgado de los brazos, con medio cuerpo por fuera de la ladera. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Eh, grandullon! ¡Si te vas a tirar avisa antes, que no pienso bajar toda la cuesta a pagarle al tuerto la carne que le debes!-</span></span> grito Sira sin moverse. Hanma tiro de dorsales con un gruñido, paso las piernas al patio y cayo de espaldas sobre las lajas, jadeando con la boca abierta.<br />
<br />
Sentado en las lajas durante unos minutos, apoyo los codos en las rodillas. No habia rabia en su cara; habia esa concentracion paciente de los suyos. Habia intentado dominar el giro a base de fuerza bruta, pero el Buto Kaiten pedia un cauce limpio. La vibracion del Hasshoken tenia que correr constante desde el vientre hasta el craneo, sin tirones. El avance dependia de ladear el eje apenas dos dedos, dejando que el vacio frontal hiciera el trabajo de arrastre. Se levanto sin decir palabra. Cruzo el patio con paso firme. Miro los troncos de pino y los bloques de granito. Se coloco en guardia. Salto: la coronilla beso la losa con un impacto limpio. El cuerpo subio a la vertical como una vara de fresno y la cadera solto la rotacion en sincronia con el pulso interno. El sonido fue un bramido continuo y aterrador, como una turbina forzada al limite. El cono de viento y polvo cerro filas alrededor de Hanma. Inclino el eje con suavidad hacia adelante: el Buto Kaiten avanzo en linea recta como un torpedo de asedio. Llego al primer tronco: la onda del Hasshoken destrozo la base de la madera antes del choque de la carne. El tronco estallo en astillas hacia el cielo. El segundo tronco salio despedido, partido por la mitad. Y al alcanzar los bloques de granito, la vibracion ignoro su peso y los mando cinco metros hacia atras con un chasquido seco.<br />
<br />
Frenando el giro con un latigazo inverso, Hanma bajo los pies al suelo y planto las dos botas sobre las losas con un golpe sordo. Se incorporo despacio, con el pecho subiendo y bajando por el esfuerzo. Los musculos de la espalda se tensaron en una pose de dorsales colosal que hizo crujir las vertebras una a una: ¡CLAC-CLAC-CLAC! Ratatouille asomo la cabeza de la tinaja y corrio por las lajas para meterse en el bolsillo con un chillido contento. El sol descendia con rapidez tras las cimas. Sira Matcha camino hacia el centro del patio, esquivando los surcos que el gigante habia dejado en la piedra. Se detuvo a diez pasos, de espaldas al poyo. Se limpio el polvo que habia generado todo aquello, flexiono las rodillas y bajo el centro de gravedad en una guardia corta y firme. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ya has roto bastante leña y bastante piedra muerta, grandullon. Pero el Buto Kaiten se hizo para pelear contra hombres. Si de verdad quieres que te reconozca la tecnica, vas a venir a por mi con todo lo que tengas en ese cuerpo inmenso. Sin frenar y sin miedo a romperme nada. Si dudas medio parpadeo, te abro la cabeza antes de que toques el suelo. Si me empujas los diez metros que marca la ley, la tecnica es tuya. Ven cuando quieras, buey pelirrojo.-</span></span><br />
<br />
Hanma miro a la anciana. En su postura habia una fuerza que densificaba el aire. Doblo el pescuezo a los lados, haciendose crujir las articulaciones. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Luego no le llores al tuerto si te bajo en carretilla.-</span></span> solto con calma de trueno. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Menos pico y mas mollera, mostrenco!-</span></span> espeto ella sin pestañear. Hanma dio un paso atras. Flexiono los muslos hasta que la ropa crujio. Salto al frente: la coronilla impacto contra la losa con golpe seco. El cuerpo subio a la vertical como un relampago oscuro. Manos al pecho, talones juntos y la cadera solto un giro que arranco un sonido estruendoso de la peña. El torbellino de aire comprimido giro a revoluciones salvajes. Con un leve toque del cuello, el tornado avanzo hacia Sira Matcha. La anciana no retrocedio. Cruzo sus brazos al pecho y solto su Hasshoken en escudo de vibracion.  El Buto Kaiten de Hanma choco contra la guardia de la maestra.Sus brazos se separaron y la inercia solto una detonacion circular que sacudio el patio. Sira Matcha fue empujada a toda velocidad; sus sandalias patinaron sobre el granito sacando chispas y humo blanco, recorriendo exactamente diez metros en linea recta hasta frenar a tres dedos del precipicio sur, donde clavo el sus pies en una grieta.<br />
<br />
El torbellino ceso en seco. Hanma bajo las piernas con golpe rotundo que quebro la losa bajo su cabeza. Se puso en pie despacio, con manos en los muslos y respiracion jadeante. Tenia los hombros enrojecidos por el viento y sudor bajandole por la frente, pero su porte era firme. A diez metros exactos, Sira Matcha permanecio quieta unos segundos, con la trenza fucsia despeinada y la sudadera llena de caliza. Miro el vacio a su espalda y luego los dos surcos que sus sandalias habian grabado en las losas hasta sus pies. Bajo la vista y se limpio la boca con el dorso de la mano con una sonrisa ancha y burlona. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Has destrozado el patio, buey pelirrojo. Las losas me van a costar una fortuna. Pero el Buto Kaiten esta donde tiene que estar. La vibracion corre limpia por la mollera y empujas como un demonio. La tecnica es tuya.-</span></span> Hanma se paso la manaza por la nuca, notando el cuello crujir en su sitio tras la paliza. La rata asomo el morro desde el bolsillo y se acurruco contra su pecho caliente. Sira recogio su cuenco del poyote. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahora largate cuesta abajo antes de que anochezca. Y dile al tuerto que te cobre una jarra de aguardiente a mi nombre... pero el estofado te lo pagas tu solito.-</span></span> Hanma no hizo reverencias. Se ajusto el sayo, dio media vuelta y enfilo el sendero empinado con paso pesado y tranquilo, haciendo temblar las lajas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-El estofado me lo pago yo. Pero la proxima vez, maestra, la que va a rodar diez metros barranco abajo vas a ser tu.-</span></span> solto el Oni mientras su sombra gigante se perdia entre los pinos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Dia 73 de Verano, Año 18 <br />
Isla Karate, South Blue - Patio alto de la montaña</div></span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span>Atributos Personaje</span>
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                        <span class='personaje_stats_title'>Estadísticas de Hanma:</span>
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                            Nivel: <span><strong>12</strong></span>
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                    </div>
				</div>
			</div><br />
<br />
El frio y el rocio de la madrugada no se habia marchado todavia de las ramas de los pinos cuando Hanma puso la bota en el primer repecho de piedra, parecia un poco silent hil ( si es que ese juego existiera en este mundo). Subir por segunda vez por aquel sendero de cabras no le hacia gracia a sus rodillas. Traia en lo alto de la cabeza un cardenal morado del tamaño de un plato grande, justo entre las dos cepas de los cuernos. Le tiraba la piel al levantar las cejas. Notaba una punzada sorda cada pocos pasos, como si tuviera dentro un grillo empeñadoen volverlo loco de remate. Hacia un frio que pelaba, novedad. El cielo sobre el mar de Isla Karate clareaba despacio, pasando de aquel azul sucio a un tono ceniciento que prometia calor para mas tarde. Abajo, en los dojos de la ladera, ya se oian los primeros berridos de los alumnos corriendo en calzones, unos gritos secos que sonaban como ladridos de perros. A Hanma le daba igual. Su camino iba hacia arriba, hacia aquel patio encajado entre paredones donde la unica regla era no partirse la crisma antes del almuerzo, y era una regla dificil de mantener.<br />
<br />
Al cruzar el arco de piedra del patio alto, lo primero que le llego a la nariz no fue el olor a resina ni el aire salado, sino la peste de aquella infusion que la de fucsia llamaba te, estaba asquerosa. Olia a cieno podrido y encimado quemado al fuego. Sira Matcha estaba sentada en el poyote, con las piernas cruzadas y una sudadera rosa. Calentaba agua en un hornillo de barro y soplaba despacio sobre un cuenco. Entre los pliegues de la camisa de Hanma, la rata asomo la trufa, respiro dos veces el vapor, arrugo los bigotes con asco y volvio a meterse al bolsillo con un bufido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Vaya, el buey pelirrojo todavia camina derecho. Pense que te habrias quedado con la mollera blanda y que bajarias la cuesta rodando como un fardo de lana.-</span></span> Le lanzo una mirada de reojo, sosteniendo el cuenco con las dos manos para calentarse los nudillos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-La piedra de ayer estaba tierna. Si llego a saberlo, bajo antes a comer.-</span></span> Hanma solto la respuesta con su voz profunda, plantandose a tres pasos del hornillo y tapando medio patio con su sombra de siete metros y medio.<br />
<br />
La maestra dio un sorbo a su mejunje verde, chasqueo la lengua y escupio una brizna pegada al paladar. No perdio el tiempo. Metio la mano en el bolsillo raido y saco una peonza de madera con la punta de hierro mellada. La hizo bailar sobre la losa con un chasquido de los dedos. Aquella madera empezo a zumbar con un giro apretado, clavada sobre la punta sin desviarse. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ayer aprendiste a caer hacia abajo como un yunque, que en tu caso es muy efectivo. Mucho ruido y un socavon para criar ranas. Pero un yunque solo sirve si el otro es tan bobo como para quedarse quieto debajo. En una pelea de verdad, si el enemigo se mueve medio palmo mientras te tiras en picado, el que se come la piedra eres tu y mira el cardenal que tienes. Te quedas con los cuernos clavados en el suelo, con el culo al aire y la nuca regalada para que te rebanen el pescuezo como a un pollo de corral.-</span></span> Hanma miro la madera bailar sobre la losa. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Pues no pienso quedarme clavado para que nadie me rebane nada.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Por eso estas aqui, grandullon. Hoy te toca Buto Kaiten. La cabeza militar giratoria. No es un cabezazo tonto; es hacer que tus trescientos cincuenta kilos giren como un taladro de guerra. Plantas la coronilla, alzas las piernas y te conviertes en un torbellino que barre todo a la redonda y manda a paseo cualquier escudo.-</span></span><br />
<br />
La de fucsia no se anduvo con rodeos. Dejo el cuenco en una esquina de la losa, dio un paso corto y se dejo caer de cabeza hacia adelante con soltura. Su coronilla toco el granito con un golpe seco. En una fraccion de segundo, sus piernas cortas se alzaron en el aire, perfectamente rectas, juntas hasta los tobillos. Se quedo suspendida en una vertical tan limpia que no temblaba ni un pelo de su trenza, digna de una clavada olimpica. Luego, con un movimiento seco de la cadera bajo la tela de los pantalones, empezo a girar sobre su propio hueso. Aquel giro cogio velocidad en un suspiro: su cuerpo menudo se convirtio en una silueta borrosa, un cono de ropa rosa que zumbaba como un avispón furioso. El polvo de las losas salio despedido en un circulo de tres metros, dejando el suelo limpio alrededor de su cabeza como si le hubieran pasado una escoba nueva. Tras dar media docena de vueltas completas sobre la mollera, la de fuscia flexiono el tronco y cayo de pie sobre sus sandalias sin hacer ruido. Miro a Hanma con esa ceja levantada que le ponia de malas pulgas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Venga, mostrenco. A ver si eres capaz de ponerte del reves sin que tengamos que llamar a los canteros para sacarte los cuernos de la peña.-</span></span><br />
<br />
Hanma avanzo hacia el centro del patio sabiendo que iba a pasar un mal rato y iba a estar fallando todo lo posible. Miro el suelo de losas quebradas y se coloco en cuclillas. El primer problema evidente fueron los cuernos. No eran adornos pequeños: dos astas de hueso solido y oscuro que nacian en los laterales de la frente y se curvaban hacia adelante como defensas de carnero bravo. Al agachar el morro para apoyar la parte superior del craneo, las puntas de los cuernos tocaron las lajas antes de que la mollera estuviera bien asentada. Si intentaba apoyarse asi, los cuernos hacian palanca y le torcian el pescuezo hacia atras de una manera peligrosa. Tuvo que arquear su cuello, meter la barbilla contra el pecho y apoyar la zona donde el cardenal morado estaba mas ... morado. En cuanto la piel toco la frialdad de la losa, vio las estrellas. Un calambre agudo le subio por las sienes. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Esto aprieta como un demonio.-</span></span> gruño el gigante con la voz ahogada contra el suelo, mientras las palmas de sus manazas tanteaban el apoyo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Pues claro que aprieta, so bestia! ¡Tienes la cabeza llena de golpes de ayer! ¡No pienses en el dolor, aprieta la nuca y tira las patas arriba antes de que me salgan canas!-</span></span><br />
<br />
Tomando aire con fuerza, Hanma cerro los ojos y pego una patada seca al suelo con los talones para mandar las piernas al cielo. Aquello fue un desastre desde el primer intento. Levantar al aire trescientos cincuenta kilos repartidos en siete metros y medio no es lo mismo que alzar el cuerpo menudo de la jovencita que estaba trabajado para esto. En cuanto los pies se despegaron de las losas, el centro de gravedad del Gran Oni se volvio ingobernable. Las piernas enormes se abrieron en tijera buscando equilibrio en el aire. Los brazos temblaron como dos maderos a punto de partirse. Aquella mollera empezo a bailar sobre la piedra viva como un carnero recien nacido. El peso le vencio hacia la izquierda. Intento corregir con un latigazo del torso, pero la inercia de semejante mole no perdona los titubeos. La espalda colosal de Hanma cayo a plomo sobre las lajas del patio con un zambombazo que hizo temblar el risco entero. Sonó como un cañonazo contra la roca. Las losas viejas crujieron bajo su lomo y una nube de polvo blanco salio despedida hacia los lados, tapando la vista del barranco.<br />
<br />
El animal, que ya sabia cuando las cosas iban a torcerse en el sentido literal ya que tambien se quedo bocabajo, habia saltado de la camisa medio segundo antes del impacto. Ahora estaba encaramado en el borde de una tinaja de barro, con la cola tiesa y los ojos, el sano, saltones clavados en su dueño como si viera el espectaculo mas bochornoso del South Blue. La dueña del patio, por su parte, se habia tirado al suelo del poyote, dandose palmadas en los muslos y soltando unas carcajadas que sonaban comouna urraca y que ponian a Hanma de los nervios. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Ay, mi madre! ¡Pareces un escarabajo pelotero panza arriba que no sabe darse la vuelta! ¿Es que tus piernas no saben ir juntas ni para mear? ¡Las has abierto como si fueras a saltar a la comba!-</span></span> Hanma se quedo tumbado de espaldas diez segundos largos, mirando el cielo palido y sintiendo como el golpe le habia vaciado el fuelle. El dolor de la espalda era un ardor caliente y seco, pero lo que mas le rabiaba era la risa de la tipa de fucsia. Apoyo los codos y se sento en las losas con la cara malhumorada. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-El suelo de aqui tiene trampas. Una losa estaba levantada, es eso.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Que trampa ni que niño muerto! ¡Tienes la tripa floja y los hombros como manteca! ¡Arriba otra vez!-</span></span><br />
<br />
Mascullando maldiciones hacia la de pelo rosa, Hanma se puso en cuatro patas de nuevo. Esta vez decidio que no se quedaria corto de empuje. Apoyo la frente, apreto los dientes con rabia y solto un patadon hacia arriba con toda la potencia de sus gemelos. El resultado fue peor todavia, aunque de forma distinta. Metio tanta furia en el arranque que las piernas subieron como vigas de catapulta, pasaron de largo la posicion vertical sin frenar y el cuerpo cayo hacia adelante en un volteo. No llego a tocar el suelo con la espalda: las dos puntas de sus cuernos de Oni se clavaron directamente en una grieta natural que cruzaba la pared de roca viva al fondo del patio. Fue un golpe seco y rotundo. Las astas se encajaron en la hendidura de granito como dos cuñas de hierro. La mole de siete metros y medio se quedo suspendida en el aire, cabeza abajo, con la nuca doblada y las piernas pataleando sin encontrar apoyo. El Gran Oni forcejeo usando los musculos del cuello, pero la roca viva apretaba los cuernos como un torno de herrero. Cada vez que tiraba, la piedra soltaba arenilla y las cervicales le crujian de mala manera, se hacia mayor. No habia forma de salir. La rata asomo los bigotes desde la tinaja, ladeo la cabeza con curiosidad , quizas se iba a quedar sin papi. Sira se acerco despacio y se paro justo debajo de la mole invertida. Le dio dos toquecitos con la punta del pie en el cuerno izquierdo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Pues oye, ni tan mal. Si le pongo una cuerda entre los tobillos me sirve de maravilla para tender las sudaderas que tengo que lavar. Y encima le da un toque rustico al patio que no tenia antes.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Sira. Saca esto de aqui antes de que te tire una losa a la cabeza con los dedos de los pies.-</span></span> gruño Hanma, con la sangre acumulandosele en los carrillos y poniendole la cara morada. La anciana fue a buscar un madero grueso de pino que habia quedado arrumbado. Lo metio entre la grieta y la base del cuerno, apoyo el pie y tiro con un golpe seco de cadera. La roca cedio con un chasquido agudo de granito partido, los cuernos se soltaron y Hanma cayo al suelo de costado como un saco de trigo.<br />
<br />
Dejando el madero a un lado, la anciana se coloco delante de Hanma mientras este se sacudia el polvo de los brazos y le clavo la punta de sus dedos en el nacimiento del cuello, en el triangulo que forman las claviculas con los trapecios. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Escucha con esas orejas que tienes, grandullon. La cabeza no es un clavo que se martilla en la pared. Y el cuello no es una soga de la que cuelgas un jamon. Para hacer el Buto Kaiten tienes que entender como funciona la columna en el estilo de las ocho vibraciones. Si dejas que el peso caiga suelto sobre las cervicales, te vas a partir el pescuezo el dia menos pensado y me va a tocar a mi cavar la fosa y no se me da bien cavar. Tienes que bloquear los hombros. Los omoplatos se juntan atras como si quisieras partir una nuez entre las paletillas. Los trapecios suben a tapar las orejas y el estomago se queda duro como una tabla de roble. Desde la coronilla hasta las uñas de los pies no puede haber articulaciones flojas. Eres una barra de hierro colado, no una ristra de morcillas con cuernos.-</span></span> Hanma escucho en silencio, palpando donde la roca le habia arañado el cuerno. Aquello tenia sentido: no era empujar a lo loco, sino evitar que la fuerza se escapara por las juntas.<br />
<br />
Colocandose de nuevo en el centro del patio, aparto los cascotes rotos con la bota para dejar una losa limpia. Respiro hondo por la nariz, llenando el pecho con el aire frio que olia a pino y a tierra mojada. Apoyo las palmas en el suelo, a la anchura de sus hombros gigantes. Inclino la frente con lentitud, buscando con cuidado el punto plano de la coronilla, entre el cardenal morado y el nacimiento de los cuernos. En cuanto la mollera toco el granito ajusto los omóplatos hacia la columna, tenso los dorsales en su pose ancha y bloqueo los musculos del vientre. Solo entonces, con un movimiento medido y seco, empujo el suelo con las puntas de los pies. Las piernas no salieron disparadas pesadas pero controladas, como dos vigas de un templo. Los muslos se apretaron entre si. Los gemelos se tocaron. Los talones se soldaron en el aire en una linea recta que apuntaba directa al cielo. Hanma sintio la tremenda carga de sus trescientos cincuenta kilos descansando sobre el vertice del craneo, pero esta vez el pescuezo no cedio ni un milimetro. Los hombros sostenian la boveda sin temblar.<br />
<br />
Aquel patio alto quedo en un silencio, roto solo por el silbido del viento que soplaba del barranco. No se movia ni una mota de polvo. Hanma no respiraba con el pecho, sino con resoplidos cortos de diafragma para no desestabilizar la torre de musculo. Sira Matcha dio una vuelta completa alrededor de la mole, con las manos a la espalda y silbando para si. Le dio un golpe seco en los gemelos: sonaron duros. Le dio otro golpe en los gluteos: ni un temblor en la postura. Luego le clavo la mano en las costillas con una fuerza que habria doblado a cualquiera; Hanma apenas solto un gruñido sordo que le vibro en la garganta, pero su linea recta no vario un solo centimetro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Mira tu por donde. Al final el buey tiene huesos dentro de tanta carne.-</span></span> dijo la anciana con tono de aprobacion a regañadientes, parandose delante de la cara invertida del Oni. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-La vertical la tienes, o al menos ya no pareces una carpa fuera del rio. Pero esto solo es el pedestal. Una peonza que se queda quieta es un palo clavado en la tierra. Ahora viene lo bueno. Vas a empezar a girar.-</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Habla rapido, que la sangre me esta bajando a los ojos.-</span></span> solto Hanma con voz cavernosa, viendo el mundo al reves: el mar arriba, los riscos colgando del vacio y la impertinente maestra caminando como si estuviera pegada al techo de una cueva. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-No me metas prisa, cabezon. El giro del Buto Kaiten no se hace pataleando en el aire. Si intentas mover las piernas, el compas se abre y te caes de morros otra vez. El giro nace de un latigazo seco de la cintura y de la cadera. Pero lo importante, lo que hace que esto sea Hasshoken y no una payasada de circo, es la cabeza. Tienes que soltar la onda de choque en circulo sobre el pellejo de la coronilla. Si no sueltas la vibracion, la friccion contra la piedra te va a pelar el cuero cabelludo antes de que des tres vueltas, te quedaras calvo. Resbalas sobre tu propia onda expansiva, ¿lo pillas? Es como un patin de hielo, pero hecho de sonido y fuerza bruta.-</span></span> Hanma no asintio porque no podia mover el cuello, pero apreto los ojos. La idea de resbalar sobre una onda de choque tenia logica: ayer la onda fue hacia abajo, y hoy tenia que ser un anillo continuo que girara con el.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Dale ya, antes de que te de una congestion!-</span></span> ordeno la vieja dando un paso atras. Hanma no lo dudo. Con un movimiento brusco, pego un tirón seco con los musculos de la cintura hacia su derecha, mientras retorcia la cadera y concentraba su energia interna en la coronilla, soltando un pulso sordo de Hasshoken contra la laja de granito. Aquello arranco con una furia desmedida. La vibracion se encendio en el hueso con un zumbido seco, como el de una cuerda de contrabajo que se quiebra. La inercia de sus trescientos cincuenta kilos entro en rotacion instantanea. El cuerpo enorme de Hanma empezo a girar sobre la losa a una velocidad espeluznante. El sayo de lino y los pantalones anchos se abrieron por la fuerza centrifuga como las velas de un navio cogido por una tormenta de golpe. El aire del patio se arremolino en un cono gris que arranco de cuajo las hojas secas y la gravilla, lanzandolas en todas direcciones como si hubieran disparado una carga de perdigones al aire.<br />
<br />
Cubriendose con a dos manos, Sira desvio dos piedras del tamaño de puños que salieron disparadas del suelo. La rata se pego al fondo de la tinaja chillando asustada. Hanma giraba como una rueda de molino desbocada, pero habia un detalle que la vieja no le habia avisado: como frenar o dirigir semejante centrifugadora viva. El eje de rotacion no estaba equilibrado del todo; la fuerza centrifuga de sus piernas tiraba hacia afuera con la violencia de dos vigas atadas a un peso muerto. El vertice de su cabeza empezo a deslizarse por las losas, derrapando en una curva descontrolada. La coronilla, protegida por la onda de choque del Hasshoken, iba limando la superficie de la piedra con un chirrido agudo de sierra, sacando chispas ¡Beyblade!. Iba derecho hacia el paredon de roca viva de la pared norte. Las pantorrillas de Hanma se estamparon de costado contra la roca a media rotacion. El golpe quebro un saliente de medio metro y la inercia del giro se corto en seco, tirando al Gran Oni contra los cascotes en una nube espesa de caliza.<br />
<br />
Durante un minuto entero, en el patio solo se escucho el toser seco de Sira Matcha y el caer de las piedrecillas sobre las losas rotas. De entre el polvo surgio la mole de Hanma. El gigante se incorporo a gatas, sacudiendo la melena pelirroja que parecia de esparto por culpa de la harina de granito. Intento ponerse en pie sobre las dos botas, pero en cuanto estiro las piernas, el mundo decidio ponerse a dar vueltas de campana hacia el barranco. Los ojos de Hanma estaban desorbitados: una pupila apuntaba hacia la copa de un pino y la otra miraba fijamente hacia el suelo entre sus pies. Dio tres pasos de borracho hacia el poyote, con los brazos abiertos como un infante aprendiendo a andar. Se tropezo con un azulejo levantado, se comio de hombro una viga de madera del cobertizo y termino sentandose de golpe en el suelo, apoyando la espalda en el risco con la boca abierta. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Oye... vieja...-</span></span> balbuceo Hanma con una voz pastosa que salia con esfuerzo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Por que hay tres maestras vestidas de fucsia y las tres me estan mirando con cara de perro pachon?-</span></span><br />
<br />
Soltando un bufido, la maestra se acerco con el cuenco de te en la mano, que habia salvado de la polvareda tapandolo con un plato de barro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Solo hay una, buey atontado. Las otras dos son las ganas que tienes de irte a dormir la siesta. Te mareas porque eres un memo y te pones a mirar las peñas mientras das vueltas como una peonza de feria. Si miras para afuera, el ojo se te vuelve loco y el cerebro te flota en la mollera como una ciruela. En el Hasshoken el ojo exterior no mira nada. Se clava la vista en un punto fijo del estomago, hacia adentro, o cierras los parpados y dejas que la vibracion del hueso te diga donde esta el norte. ¡El guerrero que se marea con su propia tecnica dura dos asaltos en cualquier pelea seria!-</span></span> Hanma cerro los ojos con fuerza, apreto los puños contra las rodillas y respiro despacio, tragandose las nauseas que le subian por el gaznate. El estomago le dio dos sacudidas fuertes. Tardaron varios minutos en calmarse las tripas del gigante. Cuando volvio a abrir los ojos, el horizonte ya no bailaba sobre el mar, aunque el chichón de la cabeza le latia con ganas.<br />
<br />
El sol de mediodia cayo a plomo sobre las losas del patio, calentando la piedra como una sarten vieja. Ni una brizna de aire se movia por la ladera. Era la hora en que hasta los lagartos buscaban el agujero de las piedras para no asarse. Hanma arrastro su corpachón hasta el pedazo de sombra que daba la pared norte y saco su fardo de viaje con un resoplido. De entre los trapos saco una pierna entera de jabali ahumado que le habia comprado al tabernero tuerto, una carne salada y dura, pero con grasa para alimentar a un regimiento. La acompaño con dos hogazas de pan de centeno macizas como ladrillos. Sira Matcha saco de su zurron una fiambrera de bambu con cuatro bolas de arroz frio envueltas en alga y unos brotes de helecho encurtidos. El animal salio de la tinaja, cruzo el patio como una flecha gris y se subio al muslo de Hanma a esperar su racion. El gigante corto una tira gruesa de tocino con la uña y se la dio; la rata la agarro con las manos y empezo a roer con ruido. Comieron en silencio un buen rato. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Sabes por que los viejos de Kano inventaron esta salvajada de la cabeza giratoria?-</span></span> pregunto la anciana, masticando despacio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Porque tenian la cabeza mas dura que el sentido comun, imagino.-</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-No seas idiota, mostrenco. Lo inventaron para limpiar todo a su paso.-</span></span> replico Sira con un buche de te tibio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-En alta mar los barcos enemigos venian todo tipo de defensas. Si te tirabas de frente a pie, te ensartaban antes de tocar madera. Pero cuando un hombre de la Armada Happo plantaba la mollera en la borda y se volvia un tornado con el Buto Kaiten, las picas se partian como juncos. La vibracion ignora el escudo de roble, ignora la coraza de hierro y sacude las tripas al que esta detras. Y el empuje lo manda a volar.-</span></span> Hanma mastico su carne. Aquello tenia una fuerza tremenda: un golpe que no se frena ante defensas pasivas y que encima barre al oponente por pura inercia. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Pero una cosa es girar en el sitio y otra moverse hacia adelante sin partirse los piños.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahi esta el truco, mostrenco. El Buto Kaiten avanza como un ariete. Tienes que inclinar el eje de la cabeza un par de dedos hacia el frente para rodar sobre el colchon de vibracion. Ahora vamos a ver si eres capaz de embestir como un toro o si solo sirves para remover polvo.-</span></span><br />
<br />
Para la tarde, la vieja Sira le hizo colocar en mitad del patio tres tocones gruesos de pino, clavados de punta en los huecos de las losas rotas. Detras de los troncos apilaron dos bloques cuadrangulares de granito de cantera, piezas de doscientos kilos cada una. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahi tienes la diana, grandullon. Sales desde la entrada, plantas la cabeza, inicias el Buto Kaiten y te llevas por delante los tres troncos y las piedras sin parar. Si te desvias, pagas las losas de tu bolsillo.-</span></span> Hanma fue a colocarse a quince metros de distancia. Respiro hondo. Salto hacia adelante, clavo la coronilla y alzo las piernas con decision. Aquel remolino arranco con un rugido sordo. Las telas del sayo aullaron en el aire. Ahora tocaba el avance: Hanma intento inclinar el cuello hacia el frente para proyectar los trescientos cincuenta kilos hacia los tocones. Pero se precipito. Inclino el cuello con demasiada brusquedad antes de que el colchon de vibracion del Hasshoken estuviera firme sobre la piedra. La coronilla perdio el apoyo del aire y toco la arista de una loseta. El freno fue seco y brutal. La cabeza se clavo en el suelo como una estaca y Hanma salio arando la tierra con el pecho, los codos y la quijada a lo largo de cuatro metros, levantando un surco de gravilla con los morros.<br />
<br />
Escupiendo barro y arenilla, Hanma se levanto con la barba sollada y un raspon en la mejilla. La vieja le grito desde atras que dejara de buscar lombrices y afinara el angulo. Volvio al punto de partida con los ojos encendidos. Salto otra vez, clavo la cabeza, alzo las piernas y solto el latigazo con furia. El tornado se encendio con un aullido bronco. Pero al intentar no clavarse de frente, ladeo el cuerpo hacia la derecha. La mole giratoria salio disparada en diagonal hacia el precipicio sur. Un cortado a pico de trescientos metros sobre el puerto y los pinos. Al notar que las losas se acababan bajo su coronilla, Hanma abrio los brazos de golpe. Sus manazas se estamparon contra el muro bajo que bordeaba el abismo, clavando las uñas en la piedra con fuerza desesperada. El frenazo fue tan violento que las piernas salieron despedidas por encima del limite, colgando en el vacío sobre el mar azul. Quedo colgado de los brazos, con medio cuerpo por fuera de la ladera. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Eh, grandullon! ¡Si te vas a tirar avisa antes, que no pienso bajar toda la cuesta a pagarle al tuerto la carne que le debes!-</span></span> grito Sira sin moverse. Hanma tiro de dorsales con un gruñido, paso las piernas al patio y cayo de espaldas sobre las lajas, jadeando con la boca abierta.<br />
<br />
Sentado en las lajas durante unos minutos, apoyo los codos en las rodillas. No habia rabia en su cara; habia esa concentracion paciente de los suyos. Habia intentado dominar el giro a base de fuerza bruta, pero el Buto Kaiten pedia un cauce limpio. La vibracion del Hasshoken tenia que correr constante desde el vientre hasta el craneo, sin tirones. El avance dependia de ladear el eje apenas dos dedos, dejando que el vacio frontal hiciera el trabajo de arrastre. Se levanto sin decir palabra. Cruzo el patio con paso firme. Miro los troncos de pino y los bloques de granito. Se coloco en guardia. Salto: la coronilla beso la losa con un impacto limpio. El cuerpo subio a la vertical como una vara de fresno y la cadera solto la rotacion en sincronia con el pulso interno. El sonido fue un bramido continuo y aterrador, como una turbina forzada al limite. El cono de viento y polvo cerro filas alrededor de Hanma. Inclino el eje con suavidad hacia adelante: el Buto Kaiten avanzo en linea recta como un torpedo de asedio. Llego al primer tronco: la onda del Hasshoken destrozo la base de la madera antes del choque de la carne. El tronco estallo en astillas hacia el cielo. El segundo tronco salio despedido, partido por la mitad. Y al alcanzar los bloques de granito, la vibracion ignoro su peso y los mando cinco metros hacia atras con un chasquido seco.<br />
<br />
Frenando el giro con un latigazo inverso, Hanma bajo los pies al suelo y planto las dos botas sobre las losas con un golpe sordo. Se incorporo despacio, con el pecho subiendo y bajando por el esfuerzo. Los musculos de la espalda se tensaron en una pose de dorsales colosal que hizo crujir las vertebras una a una: ¡CLAC-CLAC-CLAC! Ratatouille asomo la cabeza de la tinaja y corrio por las lajas para meterse en el bolsillo con un chillido contento. El sol descendia con rapidez tras las cimas. Sira Matcha camino hacia el centro del patio, esquivando los surcos que el gigante habia dejado en la piedra. Se detuvo a diez pasos, de espaldas al poyo. Se limpio el polvo que habia generado todo aquello, flexiono las rodillas y bajo el centro de gravedad en una guardia corta y firme. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ya has roto bastante leña y bastante piedra muerta, grandullon. Pero el Buto Kaiten se hizo para pelear contra hombres. Si de verdad quieres que te reconozca la tecnica, vas a venir a por mi con todo lo que tengas en ese cuerpo inmenso. Sin frenar y sin miedo a romperme nada. Si dudas medio parpadeo, te abro la cabeza antes de que toques el suelo. Si me empujas los diez metros que marca la ley, la tecnica es tuya. Ven cuando quieras, buey pelirrojo.-</span></span><br />
<br />
Hanma miro a la anciana. En su postura habia una fuerza que densificaba el aire. Doblo el pescuezo a los lados, haciendose crujir las articulaciones. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Luego no le llores al tuerto si te bajo en carretilla.-</span></span> solto con calma de trueno. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Menos pico y mas mollera, mostrenco!-</span></span> espeto ella sin pestañear. Hanma dio un paso atras. Flexiono los muslos hasta que la ropa crujio. Salto al frente: la coronilla impacto contra la losa con golpe seco. El cuerpo subio a la vertical como un relampago oscuro. Manos al pecho, talones juntos y la cadera solto un giro que arranco un sonido estruendoso de la peña. El torbellino de aire comprimido giro a revoluciones salvajes. Con un leve toque del cuello, el tornado avanzo hacia Sira Matcha. La anciana no retrocedio. Cruzo sus brazos al pecho y solto su Hasshoken en escudo de vibracion.  El Buto Kaiten de Hanma choco contra la guardia de la maestra.Sus brazos se separaron y la inercia solto una detonacion circular que sacudio el patio. Sira Matcha fue empujada a toda velocidad; sus sandalias patinaron sobre el granito sacando chispas y humo blanco, recorriendo exactamente diez metros en linea recta hasta frenar a tres dedos del precipicio sur, donde clavo el sus pies en una grieta.<br />
<br />
El torbellino ceso en seco. Hanma bajo las piernas con golpe rotundo que quebro la losa bajo su cabeza. Se puso en pie despacio, con manos en los muslos y respiracion jadeante. Tenia los hombros enrojecidos por el viento y sudor bajandole por la frente, pero su porte era firme. A diez metros exactos, Sira Matcha permanecio quieta unos segundos, con la trenza fucsia despeinada y la sudadera llena de caliza. Miro el vacio a su espalda y luego los dos surcos que sus sandalias habian grabado en las losas hasta sus pies. Bajo la vista y se limpio la boca con el dorso de la mano con una sonrisa ancha y burlona. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Has destrozado el patio, buey pelirrojo. Las losas me van a costar una fortuna. Pero el Buto Kaiten esta donde tiene que estar. La vibracion corre limpia por la mollera y empujas como un demonio. La tecnica es tuya.-</span></span> Hanma se paso la manaza por la nuca, notando el cuello crujir en su sitio tras la paliza. La rata asomo el morro desde el bolsillo y se acurruco contra su pecho caliente. Sira recogio su cuenco del poyote. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahora largate cuesta abajo antes de que anochezca. Y dile al tuerto que te cobre una jarra de aguardiente a mi nombre... pero el estofado te lo pagas tu solito.-</span></span> Hanma no hizo reverencias. Se ajusto el sayo, dio media vuelta y enfilo el sendero empinado con paso pesado y tranquilo, haciendo temblar las lajas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-El estofado me lo pago yo. Pero la proxima vez, maestra, la que va a rodar diez metros barranco abajo vas a ser tu.-</span></span> solto el Oni mientras su sombra gigante se perdia entre los pinos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[P.R, Fic Hasshoken] Dándole al coco]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4364</link>
			<pubDate>Sun, 20 Sep 2026 03:02:56 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=857">Magnus Brand</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4364</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #aaaaaa;" class="mycode_color">[Isla Karate,</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #aaaaaa;" class="mycode_color">South Blue,</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #aaaaaa;" class="mycode_color">62 de verano, año 18]</span></div>
<br />
<br />
Magnus acababa de llegar. No tardó mucho en descubrir que la isla estaba diseñada por algún cabronazo que odiaba las líneas rectas. Todos los caminos se retorcían alrededor de la montaña, subían, bajaban y se separaban en escaleras demasiado estrechas para su gusto. <br />
<br />
Las casas, construidas con madera clara y tejados curvos, parecían encogerse cuando Magnus pasaba entre ellas. En algunas fachadas colgaban banderines con puños, peces o siluetas de bailarines. <br />
Cada símbolo anunciaba una escuela distinta. Más allá del pueblo se extendían los arrozales. Grandes terrazas verdes rodeaban la base de la montaña como anillos. El agua reflejaba el cielo azul y centenares de campesinos caminaban por el barro con cestas a la espalda, aunque parecía que no todos eran campesinos.<br />
<br />
Había alumnos con cinturones de colores que cargaban sacos, arrancaban brotes o corrían ladera arriba con sacos colgados de los hombros. En Karate incluso recoger la comida tenía que convertirse en una competición de flipados. Magnus se detuvo al ver a un chaval arrodillado junto a un canal de riego. El chico había apoyado dos dedos sobre una piedra que bloqueaba el paso del agua. <br />
<br />
No parecía hacer fuerza, cosa que extrañó a Magnus. Tomó aire, movió la muñeca y un zumbido grave recorrió la roca.<br />
La superficie apenas se deformó, pero un instante después la piedra se abrió desde dentro en una red de grietas perfectas, como si fuera un rayo. El agua atravesó los fragmentos y volvió a correr hacia el siguiente bancal.<br />
Magnus estaba estupefacto. No daba crédito a lo que veía.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Tú</span> —dijo el buccaneer.<br />
El chico levantó la cabeza. Su rostro perdió el color cuando vio una sombra de cinco metros tapándole el sol.<br />
—¿Yo, señor?<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No. El arroz. Claro que tú, subnormal. ¿Cómo cojones has roto esa piedra?</span><br />
—Es una aplicación muy básica del Hasshoken. Solo estaba despejando el canal.<br />
Magnus miró los restos. Después miró los brazos del aprendiz, finos como palillos. Volvió a mirar los restos. Volvió a mirar los brazos del chaval. Se agachó hasta dejar la cara a pocos centímetros de él. El barro se hundió bajo una de sus rodillas.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Me estás diciendo que puedes reventar una roca sin tener músculos de macho?</span><br />
—Tengo músculos —protestó el chaval antes de entender que aquella no era la parte importante de la pregunta —Quiero decir... sí. La vibración entra en el material y lo fractura. La fuerza ayuda, pero no es lo esencial.<br />
La sonrisa de Magnus fue creciendo. Tibias podía correr, esconderse detrás de muros, ponerse armadura o meterse dentro de una caja de hierro si le apetecía. Si aquel estilo hacía lo que el chico decía, todo eso dejaría de importar. También sería divertido usarlo contra puertas, barcos, cañones o hijos de puta.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Cómo puedo aprender eso?</span><br />
—La maestra Sira Matcha, en el dojo del Hasshoken. Está en la ladera oriental, justo antes de llegar al bosque de bonsáis. Puedes seguir las estacas rojas.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Bien. Ahora vuelve a romper piedras, niño de mierda.</span><br />
Magnus le dio una palmada de agradecimiento. Estaba intentando ser amable, pero enterró al chico  en el barro. El aprendiz soltó un gemido de dolor y dos compañeras corrieron a sacarlo mientras el buccaneer ya se alejaba.<br />
<br />
Las estacas rojas conducían hasta una escalera de casi cuatrocientos peldaños. Magnus puso un pie en el primero, alzó la vista y frunció el ceño. Podía pelear durante horas o correr largas distancias, pero las escaleras le parecían una forma de tortura. <br />
<br />
Cuando llevaba cien escalones, empezó a sudar. A los doscientos, se había quitado el abrigo. A los trescientos, le iba poniendo nombre a cada peldaño para insultarlo con propiedad.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Escalón hijo de puta. Escalón de mierda. Escalón maricón. Gurorororo... Cuando sea el Rey del Hasshoken ese voy a prohibir las putas escaleras.</span><br />
<br />
Dos aprendices con maquillaje, pantalones ceñidos y movimientos exageradamente elegantes descendían en dirección contraria. Se detuvieron al encontrar el enorme cuerpo de Magnus ocupando todo el paso.<br />
—Abre paso, que voy ardieeendoooo~~  —dijo uno, apoyándose una mano en la cadera —La flexibilidad también consiste en saber ceder, honey.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Ugh! ¡Joder, qué asco! ¿Qué cojones es esto?</span> —dijo Magnus al aire.<br />
Magnus se echó a un lado con cierto reparo por ser incluso rozado por aquellos estudiantes. <br />
<br />
Unos metros más arriba, tres alumnos del Gyojin Karate transportaban enormes tinajas de agua. Al verlo venir formaron una barrera por puro orgullo. Magnus continuó avanzando, sin importarle las consecuencias. Hubo un choque de hombros, dos tinajas rotas y tres hombres-pez increpando al buccaneer mientras este se alejaba despreocupado.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—A ver cómo os las apañáis ahora sin el puto agua, imbéciles</span> —dijo Magnus sin siquiera preocuparse de que le oyeran.<br />
<br />
La vegetación cambió al ganar altura. Los arrozales quedaron abajo. En la ladera crecían bonsáis tan grandes como casas. Eran árboles antiguos de troncos retorcidos cuyas copas daban sombra a caminos enteros. El aire olía a tierra húmeda, madera y sudor. ¿Petricor sudado? Algo así. Desde otros dojos llegaban golpes rítmicos, gritos de esfuerzo y tañidos de campanas. También se oían golpes apagados que no se parecían al impacto de un puño. Eran sonidos más profundos, como pequeños truenos atrapados bajo tierra.<br />
Magnus siguió aquellos truenos hasta una explanada. En el centro había un edificio sencillo de madera rojiza, mucho menos ostentoso que los templos vecinos. En su fachada solo había un emblema formado por ocho líneas concéntricas y un letrero: <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">DOJO DEL HASSHOKEN<br />
</span></span><br />
</div>
La puerta principal medía tres metros. Era claramente enorme para cualquier persona normal, pero a Magnus le llegaba a la altura del pecho.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Parece un dojo para enanos</span> —murmuró.<br />
Podía haberse agachado, pero ese no era su estilo. En su lugar, apoyó la bota contra la puerta y la abrió de una patada. Las dos hojas se soltaron de las bisagras, cruzaron la sala y aterrizaron sobre una hilera de esterillas.<br />
Dentro había una docena de alumnos inmóviles. Algunos practicaban posiciones mientras otros sostenían cuencos de agua entre las manos. Todos se giraron hacia Magnus a la vez. <br />
<br />
Al fondo, una joven de pelo rojo fucsia barría el suelo. Medía poco más de metro y medio y llevaba unos pantalones cortos oscuros, unas deportivas blancas y una sudadera rosa pastel sobre una camiseta clara. <br />
Su larguísima trenza le caía hasta la cadera. Su flequillo acentuaba unos ojos oscuros que observaron primero a Magnus, después las puertas arrancadas y finalmente las astillas repartidas por el tatami.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Buenos días</span> —dijo ella con serenidad <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Juraría que la puerta estaba abierta.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Ahora lo está aún más.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Eso es verdad.</span><br />
<br />
La joven dejó la escoba apoyada en la pared y se acercó a Magnus sin mostrar miedo. A cada paso, la diferencia entre ambos resultaba más llamativa. <br />
La cabeza de Sira apenas alcanzaba la parte baja del abdomen de Magnus. Una de las manos del buccaneer podía rodearle la cintura. Ella pesaba cuarenta y ocho kilos y él más de trescientos. Los alumnos miraban a su maestra con inquietud, pero Sira se limitó a juntar las manos delante del cuerpo.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Soy Sira Matcha. ¿En qué puedo ayudarte?</span><br />
Magnus soltó una carcajada tan grave que vibraron los cuadros que había colgados por la pared.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Tú eres la puta maestra? Me cago en todo. Esperaba un viejo con una barba blanca. Y que fumase de pipa, o algo así. </span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Los colores claros ayudan a no pasar tanto calor cuando entrenamos.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Quiero que me enseñes a romper cosas con temblores.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Vibraciones</span> —corrigió ella amablemente <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Y el Hasshoken no consiste solo en romper cosas.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Me importa una mierda lo demás.</span><br />
<br />
Sira inclinó la cabeza. No parecía ofendida. Aquello irritó a Magnus más que un insulto.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Antes de aceptar un alumno necesito saber qué busca. El Hasshoken transmite la fuerza más allá de la superficie. Si solo deseas destruir, quizá debas aprender primero cuándo no hacerlo.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Busco aplastar a un bandido llamado Tibias. Después ya encontraré más cosas que aplastar.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Comprendo que estés enfadado con él.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No estoy enfadado. Estoy ilusionado.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—También podríamos hablar de eso.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No vamos a hablar de una puta mierda. Solo quiero romper cosas.</span><br />
<br />
Magnus avanzó un paso. Las tablas se quejaron bajo su peso. Sira permaneció quieta, con una expresión casi compasiva. Cualquiera diría que no era la primera vez que lidiaba con un bruto.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has recorrido un largo camino</span> —dijo Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Quizá tengas hambre. Puedo prepararte arroz y té mientras me cuentas por qué-</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Deja de tratarme como a un puto niño!</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No lo hago.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Pues pelea conmigo ahora mismo!</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Preferiría que no.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Perfecto. Así será más fácil.</span><br />
<br />
Magnus lanzó la mano abierta para agarrarla. No pretendía matarla, sino solo levantarla. Quería sacudirla un poco y dejar claro quién estaba al mando. Sus dedos se cerraron sobre el aire. Sira había dado un pequeño paso lateral, tan corto que él ni siquiera percibió el movimiento. Volvió a intentarlo, pero ella se deslizó hacia el otro lado.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Por favor, no pises las esterillas con las botas</span> —pidió Sira con tranquilidad.<br />
Magnus respondió con un puñetazo. Esta vez no se contuvo ni un poco. Giró la cadera, adelantó el hombro y descargó todo el peso de su cuerpo hacia la maestra. El golpe habría atravesado una pared del dojo. <br />
Sira levantó una mano. El puño de Magnus se detuvo contra su palma.<br />
Durante un instante no sucedió nada. La imagen era cuanto menos curiosa: aquel brazo gigantesco, grueso como el torso de un hombre corriente, contenido por cinco dedos delgados de una jovencita.<br />
Entonces, un zumbido recorrió la sala. El aire tembló. Las mangas de Magnus se agitaron aunque no había viento y una sacudida le penetró desde los nudillos hasta el hombro. No sintió un impacto externo, sino una explosión dentro del brazo. <br />
Los músculos se contrajeron a destiempo, los dientes le chocaron y tuvo que retroceder dos pasos.<br />
Los cuencos que sostenían los alumnos siguieron intactos. El agua de todos ellos formó a la vez ocho círculos perfectos.<br />
Sira bajó la mano.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Te he pedido que no pises las esterillas con las botas</span> —repitió con la misma dulzura.<br />
<br />
Magnus miró sus dedos entumecidos. Después la miró a ella. Su sonrisa se ensanchó hasta mostrar los dientes.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gurorororo... Otra vez.</span><br />
La expresión de Sira cambió. No le dio otro aviso. <br />
La calma desapareció de su rostro como si hubiera habido un cortocircuito. Sus ojos se abrieron con un brillo feroz, clavados en Magnus. Separó los pies, bajó el centro de gravedad y la sonrisa amable se convirtió en una mirada seria.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¿Otra vez?</span> —preguntó Sira.<br />
Su voz había cambiado. Ahora sonaba más fuerte y adulta.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso he dicho, niñata de mierda.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡PUES VEN, MONTAÑA DE CARNE!</span><br />
<br />
Sira golpeó el suelo con la planta del pie. Una vibración circular atravesó las esterillas y sacudió el dojo. Magnus apenas tuvo tiempo de adoptar una guardia antes de verla delante. La joven descargó la palma contra su abdomen. El toque pareció insignificante, pero la onda cruzó la capa de grasa, atravesó los músculos y le comprimió el estómago desde dentro. El buccaneer escupió aire y saliva. Sira giró sobre sí misma, golpeó con el codo bajo sus costillas y una segunda sacudida se extendió por el pecho del buccaneer, incidiendo sobre su cicatriz.<br />
Magnus intentó atraparla con ambos brazos. Ella se agachó, pasó entre sus piernas y le propinó un puñetazo detrás de la rodilla. La articulación vibró. Su pierna cedió y el buccaneer cayó sobre una rodilla, hundiendo las tablas.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡Lento!</span> —gritó Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡Y torpe! ¡Tienes un cuerpo capaz de derribar una casa y lo manejas como si lo hubieras robado esta mañana!</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Cállate, loca de mierda!</span><br />
<br />
Magnus barrió el suelo con el brazo. Sira saltó por encima, usó el antebrazo como apoyo y corrió dos pasos sobre él. Después le plantó una patada en la cara. Su musculatura no tenía fuerza suficiente para desplazar una cabeza de su tamaño, pero la vibración sí. Magnus salió despedido hacia atrás. Chocó contra la pared, atravesó los tablones y aterrizó en el patio entre una nube de polvo.<br />
<br />
Los alumnos dejaron los cuencos en el suelo con total tranquilidad, como si aquello fuera algo cotidiano.<br />
—La maestra ha vuelto a ponerse contenta —comentó uno de ellos.<br />
—Retirad los soportes de madera —ordenó otro —El grandullón va a romperlos.<br />
<br />
Magnus se incorporó entre los restos de la pared. Le sangraba la nariz. Se limpió con el dorso de la mano, observó la mancha roja y soltó una carcajada. No recordaba la última vez que alguien tan pequeño lo había hecho volar. Puede que aquel niño de mierda con el pelo blanco cuyo nombre ni cara ni siquiera recordaba. Lo único que recordaba era aquel puto rodillazo en la cicatriz. <br />
Sacó un cigarro del abrigo, comprobó que estuviera en buen estado y lo encendió.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso ha estado bien.</span><br />
Sira cruzó el agujero de la pared de un salto.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¿Bien? ¡Ha sido una basura! ¡He desperdiciado la mitad de la onda en tu grasa! ¡Deja de fumar y atácame como si quisieras matarme!</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Ahora sí que me caes bien.</span><br />
Magnus apuró todo el cigarro de una sola calada y lo arrojó con ansias. Corrió hacia ella y levantó el pie para aplastarla. Sira esperó hasta el último instante y dio un golpe ascendente contra la suela de la bota. <br />
Las dos fuerzas chocaron y sonó un estruendo. El cuero se abrió desde dentro y Magnus sintió la vibración trepar por la tibia y extenderse por la cadera, perdiendo el equilibrio. Sira aprovechó la caída, saltó hasta la altura de su pecho y descargó una sucesión de palmas sobre él.<br />
Cada golpe produjo un tono diferente. Uno grave bajo las costillas, otro agudo sobre el esternón, un tercero que pareció resonar en la cicatriz. Cada impacto tenía un propósito.<br />
Las ondas rebotaban dentro de Magnus, se cruzaban y obligaban a su cuerpo a temblar con un ritmo que no era natural. Su resistencia no servía de nada. Podía tensar los músculos hasta convertirlos en piedra, pero la vibración se introducía en aquella piedra y viajaba a través de ella.<br />
Magnus cayó de espaldas completamente dolorido.<br />
Sira aterrizó sobre su pecho, con los puños levantados y la trenza ondeando detrás de ella.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡LEVÁNTATE!</span><br />
Magnus soltó humo por la nariz. El cigarro ya no estaba en su boca, pero de algún modo el gesto le pareció apropiado.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Pesas como una puta gaviota.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Y tú peleas como un armario cayéndose por unas escaleras!</span><br />
Él trató de aplastarla de una palmada, pero Sira saltó y el golpe de Magnus impactó contra su propio pecho. La maestra cayó sobre su frente con ambos pies juntos, concentrando allí una última vibración. Un fogonazo blanco cruzó la vista del buccaneer y su cabeza quedó hundida varios centímetros en la tierra.<br />
Durante unos segundos solo se oyó el crujido de las ramas.<br />
Sira respiraba con rapidez. Seguía sonriendo como una bestia ante una presa que aún podía levantarse. Sabía que Magnus era bastante resistente. <br />
Magnus movió una mano, palpó el suelo y consiguió sentarse. Tenía el labio partido, la nariz ensangrentada, una bota destrozada y un dolor profundo en lugares que ni siquiera sabía nombrar. También estaba contento.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Enséñame.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Cómo que no?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has destrozado mi puerta, mi pared y parte del patio. Has insultado y atacado a una maestra sin permiso y llamas niña a cualquiera que no mida como un campanario. No tienes disciplina.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Tengo dinero.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No quiero tu dinero.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Tengo tabaco.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Tampoco quiero tabaco.</span><br />
Magnus se quedó pensativo. No estaba acostumbrado a negociar con personas a las que no podía intimidar. Sira saltó de su pecho y, casi en el mismo instante en que terminó el combate, su expresión feroz se desvaneció. Se recolocó la sudadera, apartó un mechón de pelo y contempló los daños con tristeza.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—La puerta era nueva</span> —murmuró con tristeza.<br />
El buccaneer se puso en pie.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Puedo arreglarla.</span><br />
Sira miró las dos hojas partidas, la pared abierta y el hueco con forma de Magnus que había quedado en el patio.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¿Sabes carpintería?</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Entonces puedes cargar madera. Y ayudarás en los arrozales hasta pagar los destrozos. Si durante ese tiempo consigues escuchar una sola instrucción completa sin insultar a nadie, consideraré enseñarte.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso es imposible.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—En ese caso, buen viaje.</span><br />
<br />
Magnus apretó los dientes. Pensó en Tibias. Pensó en la roca quebrándose desde dentro. Pensó en el pie de Sira atravesando su defensa como si nada. Después miró la montaña, el camino de regreso y los cuatrocientos jodidos escalones.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—De acuerdo</span> —gruñó<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"> —Pero no pienso beber té. No soy marica.</span><br />
—Podemos empezar por ahí.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 1</span><br />
La primera jornada de entrenamiento no incluyó un solo golpe.<br />
Sira entregó a Magnus dos cestas de plantones y lo mandó a los arrozales. El buccaneer bajó por un camino distinto para evitar las escaleras, aunque tardó el doble y arrancó tres árboles pequeños al agarrarse a ellos. A su llegada, los campesinos se apartaron. El aprendiz que había enterrado en el barro lo vio aparecer y decidió trabajar en otro bancal.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Planta cada brote a la misma profundidad </span>—explicó Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Sujeta aquí, hunde los dedos y libera la raíz con suavidad.</span><br />
Magnus tomó un plantón entre el pulgar y el índice. Era tan pequeño que casi desaparecía en su mano.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Esto es una puta mierda.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Hazlo.</span><br />
Magnus hundió el brote. Su dedo abrió un agujero hasta la capa inferior del bancal. El agua empezó a escaparse por él. Sira cerró los ojos y contó hasta cinco.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Con suavidad.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Lo he hecho con suavidad.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has perforado la terraza.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿No tenéis terraza más resistente?</span><br />
<br />
Pasó la mañana intentando repetir un gesto que cualquier niño de la isla realizaba sin pensar. Los primeros plantones quedaron demasiado profundos, los siguientes flotaron y otros fueron triturados. Los errores acumulados iban aumentando su impaciencia, y cuanto más impaciente estaba, más arroz destruía. Sira no le permitió avanzar hasta que plantó diez brotes seguidos sin romperlos.<br />
Magnus tardó seis horas.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—El Hasshoken comienza antes del impacto</span> —dijo ella cuando por fin lo consiguió <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Si no puedes decidir qué parte de tu fuerza liberas, tampoco podrás decidir qué vibra cuando golpeas.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Qué parte de mi fuerza? ¿Qué cojones? Además, he venido para aprender a destruir cosas, no a tratar verduras con suavidad.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—El arroz no es una verdura.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Me da igual lo que sea.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Y todavía te faltan dos bancales.</span><br />
Al anochecer cargó sacos hasta el dojo. Sira le sirvió un cuenco de arroz y una taza de té. Magnus protestó por la taza, protestó porque el cuenco era pequeño y protestó porque nadie había incluido carne. Luego se comió ocho raciones. Durmió en el patio porque no cabía por la puerta provisional y porque Sira se negó a permitir que agrandara otra pared.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 2</span><br />
El segundo día empezó antes del amanecer. La maestra lo condujo hasta uno de los bonsáis gigantes. Del tronco colgaban centenares de tiras de papel, sujetas con pequeños alfileres.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Golpea el árbol</span> —ordenó la maestra.<br />
Magnus sonrió ansioso.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Por fin.</span><br />
<br />
Retrocedió, tomó impulso y descargó el puño contra la corteza. El impacto sonó como un cañonazo. Varias ramas se sacudieron, una lluvia de hojas cayó sobre la ladera y una bandada de pájaros huyó hacia el mar. El tronco quedó marcado por un cráter del tamaño de una mesa.<br />
Sira señaló las tiras. Casi todas seguían sujetas.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has dañado el árbol y no has soltado ni veinte papeles.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Porque los alfileres están bien clavados.</span><br />
<br />
La maestra apoyó dos nudillos contra el tronco y dio un golpe corto que ni siquiera dejó marca. Una onda suave recorrió la madera. Los papeles comenzaron a desprenderse desde abajo hacia arriba, uno tras otro, hasta llenar el aire como nieve.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—El objetivo no es herir la superficie. Tienes que enviar la vibración por el tronco y hacer que alcance cada alfiler. Cuanto más rígido te pongas, más frenas la onda.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Mis músculos no frenan nada. Son pura potencia.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Tus músculos son una muralla. El Hasshoken necesita un camino.</span><br />
<br />
Magnus golpeó otra vez, más despacio. No ocurrió nada. Volvió a hacerlo. Nada. Al cuarto intento perdió la paciencia y arrancó un pedazo de corteza.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡NO QUIERO QUE LE PEGUES MÁS FLOJO! </span>—rugió Sira, entrando de nuevo en aquel estado feroz <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡QUIERO QUE DEJES DE SER UN PEDAZO DE PIEDRA CON PIERNAS! ¡RELAJA EL HOMBRO! ¡SUELTA EL CODO! ¡DEJA QUE EL MOVIMIENTO NAZCA EN EL SUELO Y ATRAVIESE TODO TU CUERPO!</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡NO ME GRITES, TAPÓN DE MIERDA!</span><br />
Sira le propinó un puñetazo en el tobillo. La vibración lo hizo caer de culo.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡TE GRITARÉ HASTA QUE APRENDAS!</span><br />
<br />
Así transcurrió el día. Magnus se levantaba, golpeaba y era derribado cada vez que confundía control con debilidad. Al principio solo podía generar temblores accidentales. La tensión nacía en sus piernas, chocaba con la cadera rígida y se perdía antes de alcanzar el puño. Otras veces apretaba tanto la mandíbula que la vibración terminaba en sus dientes y le provocaba dolor de cabeza.<br />
Sira le hizo apoyar la mano sobre un cuenco de agua. Debía formar ondas regulares sin tocar el líquido. Magnus produjo salpicaduras, después volcó el cuenco y por último rompió la mesa.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Progreso</span> —dijo ella, ya calmada <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—La primera vez rompiste una puerta. Esta vez solo una mesa.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Te voy a meter el cuenco por-</span><br />
Sira alzó una ceja.<br />
Magnus terminó la frase en su cabeza. Aquello contó como la primera instrucción que escuchó sin insultar a nadie.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 3</span><br />
El tercer día, Sira lo llevó hasta una cascada estrecha que nacía entre dos terrazas.<br />
Magnus tuvo que colocarse debajo y mantener los brazos extendidos mientras el agua golpeaba sus hombros.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Cierra los ojos</span> —dijo la maestra<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> —No intentes vencer la caída. Percibe su ritmo.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—El ritmo es agua cayendo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Exacto.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Era una queja.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Sigue siendo correcto.</span><br />
<br />
Al principio solo sintió frío y ganas de fumar. Luego empezó a distinguir que el agua no caía como un bloque uniforme. Cada gota transmitía una presión diminuta. Millones de impactos recorrían su piel y desaparecían en el cuerpo. Magnus respiró despacio.<br />
Comenzó a entender que él también estaba lleno de movimientos pequeños: el latido del corazón, el aire entrando en los pulmones, el pulso en el cuello, contracciones musculares involuntarias.<br />
Intentó juntar esos ritmos. La cascada se abrió alrededor de sus hombros en dos cortinas desiguales.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Otra vez</span> —indicó Sira.<br />
<br />
Magnus resopló y volvió a empezar.<br />
Durante horas, aprendió a conducir el temblor desde los pies hasta el pecho. No era una fuerza ajena. Siempre había estado allí, escondida detrás de cada movimiento tosco que realizaba, desperdiciada en todas las direcciones. Debía impedir que se dispersara. Cuando consiguió hacerla avanzar por un brazo, el agua que corría sobre su piel se separó en círculos concéntricos.<br />
Sira sonrió.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Ahora golpea sin perder esa sensación.</span><br />
Magnus salió de la cascada y se plantó frente a una roca. Apoyó el puño, flexionó las rodillas y recordó el ritmo. Su cuerpo empezó a emitir un temblor apenas visible. La vibración ascendió por las piernas, giró en la cadera, cruzó el hombro relajado y llegó a los nudillos.<br />
Dio un golpe corto y la roca zumbó.<br />
Una grieta delgada apareció en el lado opuesto.<br />
Magnus miró su puño extrañado. Ni siquiera había golpeado fuerte. Podría haber empleado cien veces más potencia y, aun así, nunca había sentido con tanta claridad el camino de un ataque.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gurorororo...</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No te emociones</span> —dijo Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Esa piedra tenía una fisura.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—La he hecho yo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—La fisura estaba antes.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No tienes pruebas.</span><br />
Sira suspiró, pero no ocultó la satisfacción.<br />
<br />
Los cuatro días siguientes repitieron las mismas lecciones con variaciones cada vez más dolorosas.<br />
Magnus transportó agua sin derramarla, algo que consideró una humillación mucho peor que recibir una paliza. Golpeó campanas sin permitir que se movieran y aprendió a hacerlas sonar desde el interior. Sostuvo huevos entre los dedos mientras enviaba vibraciones por el brazo contrario. Rompió los primeros catorce. El decimoquinto sobrevivió, aunque Magnus aseguró que había sido porque aquel huevo era especialmente resistente.<br />
También reparó el dojo. O, al menos, cargó los troncos y sostuvo las vigas mientras los alumnos trabajaban. Nadie confiaba en él con un martillo. La puerta nueva se construyó con dos hojas más altas y una anchura suficiente para que Magnus pudiera atravesarla inclinando solo un poco la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No pienso agradecerlo. Esto es accesibilidad e inclusión. Es lo mínimo que me merezco. </span>—dijo al verla.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No esperaba que lo hicieras</span> —respondió Sira.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gracias.</span><br />
La maestra sonrió. Magnus fingió no verlo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 8</span><br />
Al octavo amanecer, Sira no lo llevó a los arrozales ni al bosque. Lo esperaba frente al dojo con los brazos cruzados y una mochila a la espalda. Su trenza estaba recogida en un moño para que no arrastrara por el suelo.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Hoy subimos a la cima.</span><br />
Magnus contempló la montaña. El estadio Ki parecía un pequeño círculo de piedra contra el cielo.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Hay escaleras?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Muchas.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Me cago en la puta.</span><br />
<br />
El ascenso duró varias horas. Atravesaron los caminos de los dojos, el bosque de bonsáis y una zona de roca desnuda donde el viento golpeaba sin obstáculos. Alumnos de distintas escuelas se apartaban para dejarlos pasar. Algunos ya conocían al buccaneer que plantaba arroz y recibía puñetazos de una mujer vestida de rosa. Otros lo miraban con la mezcla habitual de curiosidad y miedo. Magnus insultó a pocos. Sira consideró aquello una mejora.<br />
<br />
Mientras subían, la cicatriz del pecho volvió a picarle. Tibias seguía en la isla. Magnus no había olvidado por qué había llegado ni la deuda que pensaba cobrar. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, la persecución podía esperar. Aprender a atravesar una defensa con una vibración prometía una satisfacción suficiente en sí misma. Magnus se encendió un cigarro para hacer más llevadera la subida.<br />
El estadio Ki ocupaba toda la cima. Era una plataforma circular rodeada por gradas de piedra, columnas bajas y estandartes de las diferentes escuelas que había por la isla. Desde allí se veía la isla completa: el pueblo junto al puerto, los arrozales y el mar extendiéndose en todas direcciones.<br />
En el centro de la arena había un escudo de metal sujeto a un armazón. Medía casi tanto como Magnus y tenía varias capas superpuestas, remaches gruesos y refuerzos cruzados en la parte posterior.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Ese escudo se usa para probar golpes en el torneo</span> —explicó Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Ha resistido martillos, lanzas y embestidas de luchadores mucho más grandes que yo.</span><br />
Magnus golpeó el metal con los nudillos. El sonido fue compacto, sin huecos.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Parece duro. Duro de cojones.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Lo es. Por eso no vas a romperlo con fuerza.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Puedo romperlo con fuerza.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Entonces no habrás aprendido nada.</span><br />
<br />
Sira se acercó al borde de la arena y señaló una marca pintada a veinte metros del escudo.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—La técnica se llama Buto. Cabeza Militar. Tomas impulso, saltas, inviertes el cuerpo y concentras la onda en el punto de contacto. La caída añade potencia, pero no debes depender de ella. El cráneo conduce la vibración, no es un ariete.</span><br />
Magnus se palpó la frente.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Mi cabeza es lo más duro de mi cuerpo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Eso explica muchas cosas.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Qué has dicho?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Que primero practicarás el giro.</span><br />
<br />
La mochila de Sira contenía una cuerda, varias esterillas y un pequeño saco de arena. Marcó la posición de los pies, mostró cómo impulsar la cadera y realizó un salto limpio.<br />
En el punto más alto recogió las piernas, giró hacia delante y descendió con la cabeza orientada al saco. Un instante antes del impacto abrió el cuerpo, apoyó las manos a los lados y detuvo la caída. La frente apenas rozó la tela. El saco vibró y la arena salió por las costuras en ocho chorros finísimos.<br />
Magnus aplaudió una vez.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Ahora yo.</span><br />
Su primer salto no tuvo giro suficiente. Cayó de hombro, rodó por la arena y derribó una columna ornamental.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Otra vez </span>—dijo Sira con paciencia.<br />
El segundo fue demasiado largo. Magnus pasó por encima del saco y aterrizó de cabeza contra el suelo. La plataforma tembló, pero no hubo vibración controlada. Solo trescientos kilos de buccaneer chocando contra piedra.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso ha dolido bastante</span> —admitió con la cara todavía pegada a la arena.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Bien. El dolor te da información.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Qué información?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Información de que lo has hecho mal.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Qué maestra tan sabia.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Otra vez.</span><br />
<br />
Repitió el movimiento hasta el mediodía. Su tamaño le dificultaba la rotación. Tenía que saltar lo bastante alto para invertir el  cuerpo y, al mismo tiempo, conservar el ritmo interno que había aprendido bajo la cascada. Cuando pensaba en las piernas olvidaba relajar el cuello. Cuando concentraba la onda en la frente abría demasiado pronto el cuerpo. Cuando Sira gritaba, Magnus le devolvía el grito y perdía la respiración. En el vigésimo intento rozó el saco con la coronilla y lo aplastó.<br />
En el trigésimo primero consiguió caer en el punto señalado, pero la vibración escapó hacia sus hombros. Los dos brazos se le quedaron entumecidos. <br />
En el cuadragésimo sexto, el saco emitió un zumbido antes de reventar.<br />
<br />
Sira levantó una mano.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Descansa.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Puedo seguir.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Precisamente por eso debes descansar. Estás empezando a sustituir la precisión por terquedad. Y a terquedad no te gana nadie.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gracias.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No era un halago.</span><br />
<br />
Magnus se sentó contra una grada. Se encendió un cigarro y contempló el escudo. El viento de la cima se llevaba el humo antes de que pudiera saborearlo. Sira se sentó a varios metros y abrió una caja de arroz.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Por qué se llama Cabeza Militar? </span>—preguntó el buccaneer.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Porque quien la creó decía que un ejército disciplinado y una mente disciplinada funcionan igual. Muchas fuerzas pequeñas avanzan en una sola dirección. Si cada parte combate por su cuenta, el ataque fracasa. Es como un ejército.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Suena a frase de viejo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No estás para hablar.</span><br />
<br />
Magnus observó sus manos. Durante toda su vida había confiado en ser más grande, más fuerte y más resistente. Cada músculo luchaba como un animal separado para imponer su voluntad. El Hasshoken exigía lo contrario: que piernas, cadera, espalda, cuello y respiración trabajasen en conjunto con un mismo objetivo. El nombre no le gustaba, pero entendía la idea.<br />
<br />
Apagó el cigarro contra la piedra y se levantó.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Ya he descansado.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Han pasado dos minutos.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Pero vaya dos minutos. Estoy como nuevo.</span><br />
<br />
Sira retiró los restos del saco y caminó hasta las gradas.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Entonces hazlo contra el escudo. Solo tienes un intento.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Y si fallo?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Mañana volverás a plantar arroz.</span><br />
Magnus palideció.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso es crueldad.</span><br />
Se colocó en la marca. El viento agitó su abrigo y los estandartes. Frente a él, la plancha de metal devolvía una imagen deformada de su cuerpo. No pensó en romperla. Sira le había repetido aquella orden cientos de veces: la superficie no era el objetivo. Pensó en los remaches de la parte posterior, en las capas ocultas, en cada punto que mantenía unida la estructura.<br />
<br />
Apoyó primero un pie y después el otro. Sintió la piedra bajo las botas. Inspiró. El aire llenó sus pulmones, descendió y se detuvo. <br />
El latido del corazón marcó el primer ritmo. <br />
La tensión nació en las piernas. Magnus corrió.<br />
Cada zancada dejó una huella en la arena. El escudo creció ante él. <br />
A mitad del recorrido inclinó el torso, cargó el peso sobre la pierna derecha y empujó el suelo con toda su fuerza. La plataforma se agrietó bajo la bota. <br />
Su cuerpo ascendió.<br />
Por un momento, los más de cinco metros del buccaneer quedaron suspendidos en el aire a cierta altura. Recogió las rodillas. Llevó la barbilla al pecho. El cuerpo de Magnus empezó a girar hacia delante y el estadio desapareció de su campo de visión. Vio el mar, los arrozales, la montaña invertida. El viento rugió en sus oídos.<br />
Esta vez no apretó el cuello para permitir que la vibración subiera.<br />
Desde los dedos de los pies, la onda recorrió los gemelos y los muslos. La cadera la recibió y la multiplicó con el giro. Atravesó el abdomen, rodeó las costillas doloridas por los entrenamientos y ascendió por la espalda. Cada parte de su cuerpo empujó a la siguiente. Ninguna intentó imponerse. El pulso llegó a los hombros, avanzó por la nuca y se reunió detrás de la frente.<br />
<br />
Magnus abrió el cuerpo en el punto más alto.<br />
Entonces comenzó a caer.<br />
El escudo ocupó todo su horizonte. El metal parecía esperar, inmóvil y orgulloso.<br />
Magnus extendió los brazos para estabilizarse, corrigió el último grado del giro y dirigió la coronilla hacia el centro exacto de la plancha.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡BUTO!</span> —gritó sin pensar en nada que no fuera la técnica con ese nombre.<br />
Su cabeza impactó de lleno contra el escudo.<br />
El primer sonido fue decepcionante: un golpe corto, casi mudo. El escudo apenas se hundió. Desde las gradas, cualquiera habría pensado que la prueba había fracasado.<br />
Después llegó la vibración.<br />
Un círculo invisible nació bajo la frente de Magnus y se expandió por la plancha. El metal emitió un gemido profundo. La onda atravesó la primera capa sin detenerse, entró en la segunda y vibró entre ambas. Los remaches comenzaron a saltar uno a uno. Las barras de refuerzo de la parte trasera se retorcieron en direcciones opuestas. El armazón entero tembló con tanta violencia que el suelo alrededor se cubrió de pequeñas grietas.<br />
El escudo no se dobló, sino que se deshizo.<br />
Las capas se separaron, divididas en centenares de fragmentos. Una nube de polvo metálico salió despedida por los bordes. El soporte resistió un poco más y luego se abrió por la mitad. La onda continuó hasta la arena, cruzó la plataforma en ocho líneas y murió justo antes de alcanzar las gradas donde esperaba Sira.<br />
<br />
Magnus quedó clavado de cabeza entre los restos, con las piernas apuntando al cielo.<br />
Hubo silencio.<br />
Las piernas se inclinaron lentamente hacia un lado. El buccaneer cayó de espaldas con un estrépito. Permaneció inmóvil, mirando las nubes. Tenía un chichón gigantesco, arena en la perilla y una expresión de felicidad.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gurorororororo...</span><br />
La risa creció hasta retumbar por toda la cima. Estaba realmente satisfecho.<br />
Sira bajó a la arena. Ya no quedaba rastro de la bestia que gritaba durante el combate. Volvía a ser la joven tranquila de ropa rosa, sonrisa suave y voz apacible. Se arrodilló junto a Magnus y examinó su frente.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has conducido bien la onda</span> —dijo <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has abierto los hombros un poco tarde y has dejado escapar parte de la energía hacia el suelo, pero ha sido un Buto auténtico.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—He reventado tu escudo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—El escudo pertenecía al estadio.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Entonces he reventado el escudo del estadio. Mejor todavía.</span><br />
Sira le ofreció una mano. Magnus miró aquella mano diminuta y se echó a reír de nuevo. Se incorporó por su cuenta de un salto, sacudiéndose la arena del abrigo.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Ya he terminado?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has aprendido la técnica. Dominarla será cosa tuya. Si tensas el cuello antes del impacto puedes quedarte inconsciente. Si pierdes el control de la onda, toda esa fuerza regresará a tu cráneo. Y si vuelves a usarla contra una puerta de mi dojo, te arrojaré por esas escaleras que tanto te gustan.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Qué carácter. Con lo amable que parecías.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Soy amable.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Permíteme dudarlo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Cállate de una vez, por favor.</span><br />
<br />
Magnus se acercó a los restos del escudo. Recogió un fragmento grueso de metal, lo observó y se lo guardó en el abrigo como recuerdo. Después sacó el cuaderno. Apoyó una página sobre su antebrazo y escribió:<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Esta niña es muy pequeña.</span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Mi cabeza es muy poderosa.</span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">El escudo era una mierda.</span></span></div>
<br />
Sira leyó por encima de su brazo.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Eso no es un haiku.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Tú no entiendes mi arte.</span><br />
<br />
Guardó el cuaderno y encendió un cigarro. Desde la cima podía distinguir el camino que descendía hacia el pueblo y, más allá, el puerto. <br />
En algún lugar de la isla, Tibias seguía respirando sin saber que estaba siendo la presa de un auténtico cazador que no hacía más que fortalecerse.<br />
Magnus tocó con dos dedos el chichón de la frente. Dolía como un demonio. Bajo el dolor había otra sensación: un temblor obediente a la espera de ser usado para destruir cosas ignorando sus defensas. Sonrió mientras expulsaba el humo por las comisuras de sus labios.<br />
Hasta entonces había usado la cabeza bastante poco, o eso le decía la gente.<br />
Ya era hora de sacarle provecho.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #aaaaaa;" class="mycode_color">[Isla Karate,</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #aaaaaa;" class="mycode_color">South Blue,</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #aaaaaa;" class="mycode_color">62 de verano, año 18]</span></div>
<br />
<br />
Magnus acababa de llegar. No tardó mucho en descubrir que la isla estaba diseñada por algún cabronazo que odiaba las líneas rectas. Todos los caminos se retorcían alrededor de la montaña, subían, bajaban y se separaban en escaleras demasiado estrechas para su gusto. <br />
<br />
Las casas, construidas con madera clara y tejados curvos, parecían encogerse cuando Magnus pasaba entre ellas. En algunas fachadas colgaban banderines con puños, peces o siluetas de bailarines. <br />
Cada símbolo anunciaba una escuela distinta. Más allá del pueblo se extendían los arrozales. Grandes terrazas verdes rodeaban la base de la montaña como anillos. El agua reflejaba el cielo azul y centenares de campesinos caminaban por el barro con cestas a la espalda, aunque parecía que no todos eran campesinos.<br />
<br />
Había alumnos con cinturones de colores que cargaban sacos, arrancaban brotes o corrían ladera arriba con sacos colgados de los hombros. En Karate incluso recoger la comida tenía que convertirse en una competición de flipados. Magnus se detuvo al ver a un chaval arrodillado junto a un canal de riego. El chico había apoyado dos dedos sobre una piedra que bloqueaba el paso del agua. <br />
<br />
No parecía hacer fuerza, cosa que extrañó a Magnus. Tomó aire, movió la muñeca y un zumbido grave recorrió la roca.<br />
La superficie apenas se deformó, pero un instante después la piedra se abrió desde dentro en una red de grietas perfectas, como si fuera un rayo. El agua atravesó los fragmentos y volvió a correr hacia el siguiente bancal.<br />
Magnus estaba estupefacto. No daba crédito a lo que veía.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Tú</span> —dijo el buccaneer.<br />
El chico levantó la cabeza. Su rostro perdió el color cuando vio una sombra de cinco metros tapándole el sol.<br />
—¿Yo, señor?<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No. El arroz. Claro que tú, subnormal. ¿Cómo cojones has roto esa piedra?</span><br />
—Es una aplicación muy básica del Hasshoken. Solo estaba despejando el canal.<br />
Magnus miró los restos. Después miró los brazos del aprendiz, finos como palillos. Volvió a mirar los restos. Volvió a mirar los brazos del chaval. Se agachó hasta dejar la cara a pocos centímetros de él. El barro se hundió bajo una de sus rodillas.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Me estás diciendo que puedes reventar una roca sin tener músculos de macho?</span><br />
—Tengo músculos —protestó el chaval antes de entender que aquella no era la parte importante de la pregunta —Quiero decir... sí. La vibración entra en el material y lo fractura. La fuerza ayuda, pero no es lo esencial.<br />
La sonrisa de Magnus fue creciendo. Tibias podía correr, esconderse detrás de muros, ponerse armadura o meterse dentro de una caja de hierro si le apetecía. Si aquel estilo hacía lo que el chico decía, todo eso dejaría de importar. También sería divertido usarlo contra puertas, barcos, cañones o hijos de puta.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Cómo puedo aprender eso?</span><br />
—La maestra Sira Matcha, en el dojo del Hasshoken. Está en la ladera oriental, justo antes de llegar al bosque de bonsáis. Puedes seguir las estacas rojas.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Bien. Ahora vuelve a romper piedras, niño de mierda.</span><br />
Magnus le dio una palmada de agradecimiento. Estaba intentando ser amable, pero enterró al chico  en el barro. El aprendiz soltó un gemido de dolor y dos compañeras corrieron a sacarlo mientras el buccaneer ya se alejaba.<br />
<br />
Las estacas rojas conducían hasta una escalera de casi cuatrocientos peldaños. Magnus puso un pie en el primero, alzó la vista y frunció el ceño. Podía pelear durante horas o correr largas distancias, pero las escaleras le parecían una forma de tortura. <br />
<br />
Cuando llevaba cien escalones, empezó a sudar. A los doscientos, se había quitado el abrigo. A los trescientos, le iba poniendo nombre a cada peldaño para insultarlo con propiedad.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Escalón hijo de puta. Escalón de mierda. Escalón maricón. Gurorororo... Cuando sea el Rey del Hasshoken ese voy a prohibir las putas escaleras.</span><br />
<br />
Dos aprendices con maquillaje, pantalones ceñidos y movimientos exageradamente elegantes descendían en dirección contraria. Se detuvieron al encontrar el enorme cuerpo de Magnus ocupando todo el paso.<br />
—Abre paso, que voy ardieeendoooo~~  —dijo uno, apoyándose una mano en la cadera —La flexibilidad también consiste en saber ceder, honey.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Ugh! ¡Joder, qué asco! ¿Qué cojones es esto?</span> —dijo Magnus al aire.<br />
Magnus se echó a un lado con cierto reparo por ser incluso rozado por aquellos estudiantes. <br />
<br />
Unos metros más arriba, tres alumnos del Gyojin Karate transportaban enormes tinajas de agua. Al verlo venir formaron una barrera por puro orgullo. Magnus continuó avanzando, sin importarle las consecuencias. Hubo un choque de hombros, dos tinajas rotas y tres hombres-pez increpando al buccaneer mientras este se alejaba despreocupado.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—A ver cómo os las apañáis ahora sin el puto agua, imbéciles</span> —dijo Magnus sin siquiera preocuparse de que le oyeran.<br />
<br />
La vegetación cambió al ganar altura. Los arrozales quedaron abajo. En la ladera crecían bonsáis tan grandes como casas. Eran árboles antiguos de troncos retorcidos cuyas copas daban sombra a caminos enteros. El aire olía a tierra húmeda, madera y sudor. ¿Petricor sudado? Algo así. Desde otros dojos llegaban golpes rítmicos, gritos de esfuerzo y tañidos de campanas. También se oían golpes apagados que no se parecían al impacto de un puño. Eran sonidos más profundos, como pequeños truenos atrapados bajo tierra.<br />
Magnus siguió aquellos truenos hasta una explanada. En el centro había un edificio sencillo de madera rojiza, mucho menos ostentoso que los templos vecinos. En su fachada solo había un emblema formado por ocho líneas concéntricas y un letrero: <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">DOJO DEL HASSHOKEN<br />
</span></span><br />
</div>
La puerta principal medía tres metros. Era claramente enorme para cualquier persona normal, pero a Magnus le llegaba a la altura del pecho.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Parece un dojo para enanos</span> —murmuró.<br />
Podía haberse agachado, pero ese no era su estilo. En su lugar, apoyó la bota contra la puerta y la abrió de una patada. Las dos hojas se soltaron de las bisagras, cruzaron la sala y aterrizaron sobre una hilera de esterillas.<br />
Dentro había una docena de alumnos inmóviles. Algunos practicaban posiciones mientras otros sostenían cuencos de agua entre las manos. Todos se giraron hacia Magnus a la vez. <br />
<br />
Al fondo, una joven de pelo rojo fucsia barría el suelo. Medía poco más de metro y medio y llevaba unos pantalones cortos oscuros, unas deportivas blancas y una sudadera rosa pastel sobre una camiseta clara. <br />
Su larguísima trenza le caía hasta la cadera. Su flequillo acentuaba unos ojos oscuros que observaron primero a Magnus, después las puertas arrancadas y finalmente las astillas repartidas por el tatami.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Buenos días</span> —dijo ella con serenidad <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Juraría que la puerta estaba abierta.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Ahora lo está aún más.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Eso es verdad.</span><br />
<br />
La joven dejó la escoba apoyada en la pared y se acercó a Magnus sin mostrar miedo. A cada paso, la diferencia entre ambos resultaba más llamativa. <br />
La cabeza de Sira apenas alcanzaba la parte baja del abdomen de Magnus. Una de las manos del buccaneer podía rodearle la cintura. Ella pesaba cuarenta y ocho kilos y él más de trescientos. Los alumnos miraban a su maestra con inquietud, pero Sira se limitó a juntar las manos delante del cuerpo.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Soy Sira Matcha. ¿En qué puedo ayudarte?</span><br />
Magnus soltó una carcajada tan grave que vibraron los cuadros que había colgados por la pared.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Tú eres la puta maestra? Me cago en todo. Esperaba un viejo con una barba blanca. Y que fumase de pipa, o algo así. </span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Los colores claros ayudan a no pasar tanto calor cuando entrenamos.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Quiero que me enseñes a romper cosas con temblores.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Vibraciones</span> —corrigió ella amablemente <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Y el Hasshoken no consiste solo en romper cosas.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Me importa una mierda lo demás.</span><br />
<br />
Sira inclinó la cabeza. No parecía ofendida. Aquello irritó a Magnus más que un insulto.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Antes de aceptar un alumno necesito saber qué busca. El Hasshoken transmite la fuerza más allá de la superficie. Si solo deseas destruir, quizá debas aprender primero cuándo no hacerlo.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Busco aplastar a un bandido llamado Tibias. Después ya encontraré más cosas que aplastar.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Comprendo que estés enfadado con él.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No estoy enfadado. Estoy ilusionado.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—También podríamos hablar de eso.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No vamos a hablar de una puta mierda. Solo quiero romper cosas.</span><br />
<br />
Magnus avanzó un paso. Las tablas se quejaron bajo su peso. Sira permaneció quieta, con una expresión casi compasiva. Cualquiera diría que no era la primera vez que lidiaba con un bruto.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has recorrido un largo camino</span> —dijo Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Quizá tengas hambre. Puedo prepararte arroz y té mientras me cuentas por qué-</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Deja de tratarme como a un puto niño!</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No lo hago.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Pues pelea conmigo ahora mismo!</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Preferiría que no.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Perfecto. Así será más fácil.</span><br />
<br />
Magnus lanzó la mano abierta para agarrarla. No pretendía matarla, sino solo levantarla. Quería sacudirla un poco y dejar claro quién estaba al mando. Sus dedos se cerraron sobre el aire. Sira había dado un pequeño paso lateral, tan corto que él ni siquiera percibió el movimiento. Volvió a intentarlo, pero ella se deslizó hacia el otro lado.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Por favor, no pises las esterillas con las botas</span> —pidió Sira con tranquilidad.<br />
Magnus respondió con un puñetazo. Esta vez no se contuvo ni un poco. Giró la cadera, adelantó el hombro y descargó todo el peso de su cuerpo hacia la maestra. El golpe habría atravesado una pared del dojo. <br />
Sira levantó una mano. El puño de Magnus se detuvo contra su palma.<br />
Durante un instante no sucedió nada. La imagen era cuanto menos curiosa: aquel brazo gigantesco, grueso como el torso de un hombre corriente, contenido por cinco dedos delgados de una jovencita.<br />
Entonces, un zumbido recorrió la sala. El aire tembló. Las mangas de Magnus se agitaron aunque no había viento y una sacudida le penetró desde los nudillos hasta el hombro. No sintió un impacto externo, sino una explosión dentro del brazo. <br />
Los músculos se contrajeron a destiempo, los dientes le chocaron y tuvo que retroceder dos pasos.<br />
Los cuencos que sostenían los alumnos siguieron intactos. El agua de todos ellos formó a la vez ocho círculos perfectos.<br />
Sira bajó la mano.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Te he pedido que no pises las esterillas con las botas</span> —repitió con la misma dulzura.<br />
<br />
Magnus miró sus dedos entumecidos. Después la miró a ella. Su sonrisa se ensanchó hasta mostrar los dientes.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gurorororo... Otra vez.</span><br />
La expresión de Sira cambió. No le dio otro aviso. <br />
La calma desapareció de su rostro como si hubiera habido un cortocircuito. Sus ojos se abrieron con un brillo feroz, clavados en Magnus. Separó los pies, bajó el centro de gravedad y la sonrisa amable se convirtió en una mirada seria.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¿Otra vez?</span> —preguntó Sira.<br />
Su voz había cambiado. Ahora sonaba más fuerte y adulta.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso he dicho, niñata de mierda.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡PUES VEN, MONTAÑA DE CARNE!</span><br />
<br />
Sira golpeó el suelo con la planta del pie. Una vibración circular atravesó las esterillas y sacudió el dojo. Magnus apenas tuvo tiempo de adoptar una guardia antes de verla delante. La joven descargó la palma contra su abdomen. El toque pareció insignificante, pero la onda cruzó la capa de grasa, atravesó los músculos y le comprimió el estómago desde dentro. El buccaneer escupió aire y saliva. Sira giró sobre sí misma, golpeó con el codo bajo sus costillas y una segunda sacudida se extendió por el pecho del buccaneer, incidiendo sobre su cicatriz.<br />
Magnus intentó atraparla con ambos brazos. Ella se agachó, pasó entre sus piernas y le propinó un puñetazo detrás de la rodilla. La articulación vibró. Su pierna cedió y el buccaneer cayó sobre una rodilla, hundiendo las tablas.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡Lento!</span> —gritó Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡Y torpe! ¡Tienes un cuerpo capaz de derribar una casa y lo manejas como si lo hubieras robado esta mañana!</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Cállate, loca de mierda!</span><br />
<br />
Magnus barrió el suelo con el brazo. Sira saltó por encima, usó el antebrazo como apoyo y corrió dos pasos sobre él. Después le plantó una patada en la cara. Su musculatura no tenía fuerza suficiente para desplazar una cabeza de su tamaño, pero la vibración sí. Magnus salió despedido hacia atrás. Chocó contra la pared, atravesó los tablones y aterrizó en el patio entre una nube de polvo.<br />
<br />
Los alumnos dejaron los cuencos en el suelo con total tranquilidad, como si aquello fuera algo cotidiano.<br />
—La maestra ha vuelto a ponerse contenta —comentó uno de ellos.<br />
—Retirad los soportes de madera —ordenó otro —El grandullón va a romperlos.<br />
<br />
Magnus se incorporó entre los restos de la pared. Le sangraba la nariz. Se limpió con el dorso de la mano, observó la mancha roja y soltó una carcajada. No recordaba la última vez que alguien tan pequeño lo había hecho volar. Puede que aquel niño de mierda con el pelo blanco cuyo nombre ni cara ni siquiera recordaba. Lo único que recordaba era aquel puto rodillazo en la cicatriz. <br />
Sacó un cigarro del abrigo, comprobó que estuviera en buen estado y lo encendió.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso ha estado bien.</span><br />
Sira cruzó el agujero de la pared de un salto.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¿Bien? ¡Ha sido una basura! ¡He desperdiciado la mitad de la onda en tu grasa! ¡Deja de fumar y atácame como si quisieras matarme!</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Ahora sí que me caes bien.</span><br />
Magnus apuró todo el cigarro de una sola calada y lo arrojó con ansias. Corrió hacia ella y levantó el pie para aplastarla. Sira esperó hasta el último instante y dio un golpe ascendente contra la suela de la bota. <br />
Las dos fuerzas chocaron y sonó un estruendo. El cuero se abrió desde dentro y Magnus sintió la vibración trepar por la tibia y extenderse por la cadera, perdiendo el equilibrio. Sira aprovechó la caída, saltó hasta la altura de su pecho y descargó una sucesión de palmas sobre él.<br />
Cada golpe produjo un tono diferente. Uno grave bajo las costillas, otro agudo sobre el esternón, un tercero que pareció resonar en la cicatriz. Cada impacto tenía un propósito.<br />
Las ondas rebotaban dentro de Magnus, se cruzaban y obligaban a su cuerpo a temblar con un ritmo que no era natural. Su resistencia no servía de nada. Podía tensar los músculos hasta convertirlos en piedra, pero la vibración se introducía en aquella piedra y viajaba a través de ella.<br />
Magnus cayó de espaldas completamente dolorido.<br />
Sira aterrizó sobre su pecho, con los puños levantados y la trenza ondeando detrás de ella.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡LEVÁNTATE!</span><br />
Magnus soltó humo por la nariz. El cigarro ya no estaba en su boca, pero de algún modo el gesto le pareció apropiado.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Pesas como una puta gaviota.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡Y tú peleas como un armario cayéndose por unas escaleras!</span><br />
Él trató de aplastarla de una palmada, pero Sira saltó y el golpe de Magnus impactó contra su propio pecho. La maestra cayó sobre su frente con ambos pies juntos, concentrando allí una última vibración. Un fogonazo blanco cruzó la vista del buccaneer y su cabeza quedó hundida varios centímetros en la tierra.<br />
Durante unos segundos solo se oyó el crujido de las ramas.<br />
Sira respiraba con rapidez. Seguía sonriendo como una bestia ante una presa que aún podía levantarse. Sabía que Magnus era bastante resistente. <br />
Magnus movió una mano, palpó el suelo y consiguió sentarse. Tenía el labio partido, la nariz ensangrentada, una bota destrozada y un dolor profundo en lugares que ni siquiera sabía nombrar. También estaba contento.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Enséñame.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Cómo que no?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has destrozado mi puerta, mi pared y parte del patio. Has insultado y atacado a una maestra sin permiso y llamas niña a cualquiera que no mida como un campanario. No tienes disciplina.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Tengo dinero.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No quiero tu dinero.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Tengo tabaco.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Tampoco quiero tabaco.</span><br />
Magnus se quedó pensativo. No estaba acostumbrado a negociar con personas a las que no podía intimidar. Sira saltó de su pecho y, casi en el mismo instante en que terminó el combate, su expresión feroz se desvaneció. Se recolocó la sudadera, apartó un mechón de pelo y contempló los daños con tristeza.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—La puerta era nueva</span> —murmuró con tristeza.<br />
El buccaneer se puso en pie.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Puedo arreglarla.</span><br />
Sira miró las dos hojas partidas, la pared abierta y el hueco con forma de Magnus que había quedado en el patio.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¿Sabes carpintería?</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Entonces puedes cargar madera. Y ayudarás en los arrozales hasta pagar los destrozos. Si durante ese tiempo consigues escuchar una sola instrucción completa sin insultar a nadie, consideraré enseñarte.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso es imposible.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—En ese caso, buen viaje.</span><br />
<br />
Magnus apretó los dientes. Pensó en Tibias. Pensó en la roca quebrándose desde dentro. Pensó en el pie de Sira atravesando su defensa como si nada. Después miró la montaña, el camino de regreso y los cuatrocientos jodidos escalones.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—De acuerdo</span> —gruñó<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"> —Pero no pienso beber té. No soy marica.</span><br />
—Podemos empezar por ahí.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 1</span><br />
La primera jornada de entrenamiento no incluyó un solo golpe.<br />
Sira entregó a Magnus dos cestas de plantones y lo mandó a los arrozales. El buccaneer bajó por un camino distinto para evitar las escaleras, aunque tardó el doble y arrancó tres árboles pequeños al agarrarse a ellos. A su llegada, los campesinos se apartaron. El aprendiz que había enterrado en el barro lo vio aparecer y decidió trabajar en otro bancal.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Planta cada brote a la misma profundidad </span>—explicó Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Sujeta aquí, hunde los dedos y libera la raíz con suavidad.</span><br />
Magnus tomó un plantón entre el pulgar y el índice. Era tan pequeño que casi desaparecía en su mano.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Esto es una puta mierda.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Hazlo.</span><br />
Magnus hundió el brote. Su dedo abrió un agujero hasta la capa inferior del bancal. El agua empezó a escaparse por él. Sira cerró los ojos y contó hasta cinco.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Con suavidad.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Lo he hecho con suavidad.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has perforado la terraza.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿No tenéis terraza más resistente?</span><br />
<br />
Pasó la mañana intentando repetir un gesto que cualquier niño de la isla realizaba sin pensar. Los primeros plantones quedaron demasiado profundos, los siguientes flotaron y otros fueron triturados. Los errores acumulados iban aumentando su impaciencia, y cuanto más impaciente estaba, más arroz destruía. Sira no le permitió avanzar hasta que plantó diez brotes seguidos sin romperlos.<br />
Magnus tardó seis horas.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—El Hasshoken comienza antes del impacto</span> —dijo ella cuando por fin lo consiguió <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Si no puedes decidir qué parte de tu fuerza liberas, tampoco podrás decidir qué vibra cuando golpeas.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Qué parte de mi fuerza? ¿Qué cojones? Además, he venido para aprender a destruir cosas, no a tratar verduras con suavidad.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—El arroz no es una verdura.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Me da igual lo que sea.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Y todavía te faltan dos bancales.</span><br />
Al anochecer cargó sacos hasta el dojo. Sira le sirvió un cuenco de arroz y una taza de té. Magnus protestó por la taza, protestó porque el cuenco era pequeño y protestó porque nadie había incluido carne. Luego se comió ocho raciones. Durmió en el patio porque no cabía por la puerta provisional y porque Sira se negó a permitir que agrandara otra pared.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 2</span><br />
El segundo día empezó antes del amanecer. La maestra lo condujo hasta uno de los bonsáis gigantes. Del tronco colgaban centenares de tiras de papel, sujetas con pequeños alfileres.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Golpea el árbol</span> —ordenó la maestra.<br />
Magnus sonrió ansioso.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Por fin.</span><br />
<br />
Retrocedió, tomó impulso y descargó el puño contra la corteza. El impacto sonó como un cañonazo. Varias ramas se sacudieron, una lluvia de hojas cayó sobre la ladera y una bandada de pájaros huyó hacia el mar. El tronco quedó marcado por un cráter del tamaño de una mesa.<br />
Sira señaló las tiras. Casi todas seguían sujetas.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has dañado el árbol y no has soltado ni veinte papeles.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Porque los alfileres están bien clavados.</span><br />
<br />
La maestra apoyó dos nudillos contra el tronco y dio un golpe corto que ni siquiera dejó marca. Una onda suave recorrió la madera. Los papeles comenzaron a desprenderse desde abajo hacia arriba, uno tras otro, hasta llenar el aire como nieve.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—El objetivo no es herir la superficie. Tienes que enviar la vibración por el tronco y hacer que alcance cada alfiler. Cuanto más rígido te pongas, más frenas la onda.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Mis músculos no frenan nada. Son pura potencia.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Tus músculos son una muralla. El Hasshoken necesita un camino.</span><br />
<br />
Magnus golpeó otra vez, más despacio. No ocurrió nada. Volvió a hacerlo. Nada. Al cuarto intento perdió la paciencia y arrancó un pedazo de corteza.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡NO QUIERO QUE LE PEGUES MÁS FLOJO! </span>—rugió Sira, entrando de nuevo en aquel estado feroz <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡QUIERO QUE DEJES DE SER UN PEDAZO DE PIEDRA CON PIERNAS! ¡RELAJA EL HOMBRO! ¡SUELTA EL CODO! ¡DEJA QUE EL MOVIMIENTO NAZCA EN EL SUELO Y ATRAVIESE TODO TU CUERPO!</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡NO ME GRITES, TAPÓN DE MIERDA!</span><br />
Sira le propinó un puñetazo en el tobillo. La vibración lo hizo caer de culo.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—¡TE GRITARÉ HASTA QUE APRENDAS!</span><br />
<br />
Así transcurrió el día. Magnus se levantaba, golpeaba y era derribado cada vez que confundía control con debilidad. Al principio solo podía generar temblores accidentales. La tensión nacía en sus piernas, chocaba con la cadera rígida y se perdía antes de alcanzar el puño. Otras veces apretaba tanto la mandíbula que la vibración terminaba en sus dientes y le provocaba dolor de cabeza.<br />
Sira le hizo apoyar la mano sobre un cuenco de agua. Debía formar ondas regulares sin tocar el líquido. Magnus produjo salpicaduras, después volcó el cuenco y por último rompió la mesa.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Progreso</span> —dijo ella, ya calmada <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—La primera vez rompiste una puerta. Esta vez solo una mesa.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Te voy a meter el cuenco por-</span><br />
Sira alzó una ceja.<br />
Magnus terminó la frase en su cabeza. Aquello contó como la primera instrucción que escuchó sin insultar a nadie.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 3</span><br />
El tercer día, Sira lo llevó hasta una cascada estrecha que nacía entre dos terrazas.<br />
Magnus tuvo que colocarse debajo y mantener los brazos extendidos mientras el agua golpeaba sus hombros.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Cierra los ojos</span> —dijo la maestra<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> —No intentes vencer la caída. Percibe su ritmo.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—El ritmo es agua cayendo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Exacto.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Era una queja.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Sigue siendo correcto.</span><br />
<br />
Al principio solo sintió frío y ganas de fumar. Luego empezó a distinguir que el agua no caía como un bloque uniforme. Cada gota transmitía una presión diminuta. Millones de impactos recorrían su piel y desaparecían en el cuerpo. Magnus respiró despacio.<br />
Comenzó a entender que él también estaba lleno de movimientos pequeños: el latido del corazón, el aire entrando en los pulmones, el pulso en el cuello, contracciones musculares involuntarias.<br />
Intentó juntar esos ritmos. La cascada se abrió alrededor de sus hombros en dos cortinas desiguales.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Otra vez</span> —indicó Sira.<br />
<br />
Magnus resopló y volvió a empezar.<br />
Durante horas, aprendió a conducir el temblor desde los pies hasta el pecho. No era una fuerza ajena. Siempre había estado allí, escondida detrás de cada movimiento tosco que realizaba, desperdiciada en todas las direcciones. Debía impedir que se dispersara. Cuando consiguió hacerla avanzar por un brazo, el agua que corría sobre su piel se separó en círculos concéntricos.<br />
Sira sonrió.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Ahora golpea sin perder esa sensación.</span><br />
Magnus salió de la cascada y se plantó frente a una roca. Apoyó el puño, flexionó las rodillas y recordó el ritmo. Su cuerpo empezó a emitir un temblor apenas visible. La vibración ascendió por las piernas, giró en la cadera, cruzó el hombro relajado y llegó a los nudillos.<br />
Dio un golpe corto y la roca zumbó.<br />
Una grieta delgada apareció en el lado opuesto.<br />
Magnus miró su puño extrañado. Ni siquiera había golpeado fuerte. Podría haber empleado cien veces más potencia y, aun así, nunca había sentido con tanta claridad el camino de un ataque.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gurorororo...</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No te emociones</span> —dijo Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Esa piedra tenía una fisura.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—La he hecho yo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—La fisura estaba antes.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No tienes pruebas.</span><br />
Sira suspiró, pero no ocultó la satisfacción.<br />
<br />
Los cuatro días siguientes repitieron las mismas lecciones con variaciones cada vez más dolorosas.<br />
Magnus transportó agua sin derramarla, algo que consideró una humillación mucho peor que recibir una paliza. Golpeó campanas sin permitir que se movieran y aprendió a hacerlas sonar desde el interior. Sostuvo huevos entre los dedos mientras enviaba vibraciones por el brazo contrario. Rompió los primeros catorce. El decimoquinto sobrevivió, aunque Magnus aseguró que había sido porque aquel huevo era especialmente resistente.<br />
También reparó el dojo. O, al menos, cargó los troncos y sostuvo las vigas mientras los alumnos trabajaban. Nadie confiaba en él con un martillo. La puerta nueva se construyó con dos hojas más altas y una anchura suficiente para que Magnus pudiera atravesarla inclinando solo un poco la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—No pienso agradecerlo. Esto es accesibilidad e inclusión. Es lo mínimo que me merezco. </span>—dijo al verla.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No esperaba que lo hicieras</span> —respondió Sira.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gracias.</span><br />
La maestra sonrió. Magnus fingió no verlo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 8</span><br />
Al octavo amanecer, Sira no lo llevó a los arrozales ni al bosque. Lo esperaba frente al dojo con los brazos cruzados y una mochila a la espalda. Su trenza estaba recogida en un moño para que no arrastrara por el suelo.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Hoy subimos a la cima.</span><br />
Magnus contempló la montaña. El estadio Ki parecía un pequeño círculo de piedra contra el cielo.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Hay escaleras?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Muchas.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Me cago en la puta.</span><br />
<br />
El ascenso duró varias horas. Atravesaron los caminos de los dojos, el bosque de bonsáis y una zona de roca desnuda donde el viento golpeaba sin obstáculos. Alumnos de distintas escuelas se apartaban para dejarlos pasar. Algunos ya conocían al buccaneer que plantaba arroz y recibía puñetazos de una mujer vestida de rosa. Otros lo miraban con la mezcla habitual de curiosidad y miedo. Magnus insultó a pocos. Sira consideró aquello una mejora.<br />
<br />
Mientras subían, la cicatriz del pecho volvió a picarle. Tibias seguía en la isla. Magnus no había olvidado por qué había llegado ni la deuda que pensaba cobrar. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, la persecución podía esperar. Aprender a atravesar una defensa con una vibración prometía una satisfacción suficiente en sí misma. Magnus se encendió un cigarro para hacer más llevadera la subida.<br />
El estadio Ki ocupaba toda la cima. Era una plataforma circular rodeada por gradas de piedra, columnas bajas y estandartes de las diferentes escuelas que había por la isla. Desde allí se veía la isla completa: el pueblo junto al puerto, los arrozales y el mar extendiéndose en todas direcciones.<br />
En el centro de la arena había un escudo de metal sujeto a un armazón. Medía casi tanto como Magnus y tenía varias capas superpuestas, remaches gruesos y refuerzos cruzados en la parte posterior.<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Ese escudo se usa para probar golpes en el torneo</span> —explicó Sira <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Ha resistido martillos, lanzas y embestidas de luchadores mucho más grandes que yo.</span><br />
Magnus golpeó el metal con los nudillos. El sonido fue compacto, sin huecos.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Parece duro. Duro de cojones.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Lo es. Por eso no vas a romperlo con fuerza.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Puedo romperlo con fuerza.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Entonces no habrás aprendido nada.</span><br />
<br />
Sira se acercó al borde de la arena y señaló una marca pintada a veinte metros del escudo.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—La técnica se llama Buto. Cabeza Militar. Tomas impulso, saltas, inviertes el cuerpo y concentras la onda en el punto de contacto. La caída añade potencia, pero no debes depender de ella. El cráneo conduce la vibración, no es un ariete.</span><br />
Magnus se palpó la frente.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Mi cabeza es lo más duro de mi cuerpo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Eso explica muchas cosas.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Qué has dicho?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Que primero practicarás el giro.</span><br />
<br />
La mochila de Sira contenía una cuerda, varias esterillas y un pequeño saco de arena. Marcó la posición de los pies, mostró cómo impulsar la cadera y realizó un salto limpio.<br />
En el punto más alto recogió las piernas, giró hacia delante y descendió con la cabeza orientada al saco. Un instante antes del impacto abrió el cuerpo, apoyó las manos a los lados y detuvo la caída. La frente apenas rozó la tela. El saco vibró y la arena salió por las costuras en ocho chorros finísimos.<br />
Magnus aplaudió una vez.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Ahora yo.</span><br />
Su primer salto no tuvo giro suficiente. Cayó de hombro, rodó por la arena y derribó una columna ornamental.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Otra vez </span>—dijo Sira con paciencia.<br />
El segundo fue demasiado largo. Magnus pasó por encima del saco y aterrizó de cabeza contra el suelo. La plataforma tembló, pero no hubo vibración controlada. Solo trescientos kilos de buccaneer chocando contra piedra.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso ha dolido bastante</span> —admitió con la cara todavía pegada a la arena.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Bien. El dolor te da información.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Qué información?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Información de que lo has hecho mal.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Qué maestra tan sabia.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Otra vez.</span><br />
<br />
Repitió el movimiento hasta el mediodía. Su tamaño le dificultaba la rotación. Tenía que saltar lo bastante alto para invertir el  cuerpo y, al mismo tiempo, conservar el ritmo interno que había aprendido bajo la cascada. Cuando pensaba en las piernas olvidaba relajar el cuello. Cuando concentraba la onda en la frente abría demasiado pronto el cuerpo. Cuando Sira gritaba, Magnus le devolvía el grito y perdía la respiración. En el vigésimo intento rozó el saco con la coronilla y lo aplastó.<br />
En el trigésimo primero consiguió caer en el punto señalado, pero la vibración escapó hacia sus hombros. Los dos brazos se le quedaron entumecidos. <br />
En el cuadragésimo sexto, el saco emitió un zumbido antes de reventar.<br />
<br />
Sira levantó una mano.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Descansa.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Puedo seguir.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Precisamente por eso debes descansar. Estás empezando a sustituir la precisión por terquedad. Y a terquedad no te gana nadie.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gracias.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No era un halago.</span><br />
<br />
Magnus se sentó contra una grada. Se encendió un cigarro y contempló el escudo. El viento de la cima se llevaba el humo antes de que pudiera saborearlo. Sira se sentó a varios metros y abrió una caja de arroz.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Por qué se llama Cabeza Militar? </span>—preguntó el buccaneer.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Porque quien la creó decía que un ejército disciplinado y una mente disciplinada funcionan igual. Muchas fuerzas pequeñas avanzan en una sola dirección. Si cada parte combate por su cuenta, el ataque fracasa. Es como un ejército.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Suena a frase de viejo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—No estás para hablar.</span><br />
<br />
Magnus observó sus manos. Durante toda su vida había confiado en ser más grande, más fuerte y más resistente. Cada músculo luchaba como un animal separado para imponer su voluntad. El Hasshoken exigía lo contrario: que piernas, cadera, espalda, cuello y respiración trabajasen en conjunto con un mismo objetivo. El nombre no le gustaba, pero entendía la idea.<br />
<br />
Apagó el cigarro contra la piedra y se levantó.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Ya he descansado.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Han pasado dos minutos.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Pero vaya dos minutos. Estoy como nuevo.</span><br />
<br />
Sira retiró los restos del saco y caminó hasta las gradas.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Entonces hazlo contra el escudo. Solo tienes un intento.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Y si fallo?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Mañana volverás a plantar arroz.</span><br />
Magnus palideció.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Eso es crueldad.</span><br />
Se colocó en la marca. El viento agitó su abrigo y los estandartes. Frente a él, la plancha de metal devolvía una imagen deformada de su cuerpo. No pensó en romperla. Sira le había repetido aquella orden cientos de veces: la superficie no era el objetivo. Pensó en los remaches de la parte posterior, en las capas ocultas, en cada punto que mantenía unida la estructura.<br />
<br />
Apoyó primero un pie y después el otro. Sintió la piedra bajo las botas. Inspiró. El aire llenó sus pulmones, descendió y se detuvo. <br />
El latido del corazón marcó el primer ritmo. <br />
La tensión nació en las piernas. Magnus corrió.<br />
Cada zancada dejó una huella en la arena. El escudo creció ante él. <br />
A mitad del recorrido inclinó el torso, cargó el peso sobre la pierna derecha y empujó el suelo con toda su fuerza. La plataforma se agrietó bajo la bota. <br />
Su cuerpo ascendió.<br />
Por un momento, los más de cinco metros del buccaneer quedaron suspendidos en el aire a cierta altura. Recogió las rodillas. Llevó la barbilla al pecho. El cuerpo de Magnus empezó a girar hacia delante y el estadio desapareció de su campo de visión. Vio el mar, los arrozales, la montaña invertida. El viento rugió en sus oídos.<br />
Esta vez no apretó el cuello para permitir que la vibración subiera.<br />
Desde los dedos de los pies, la onda recorrió los gemelos y los muslos. La cadera la recibió y la multiplicó con el giro. Atravesó el abdomen, rodeó las costillas doloridas por los entrenamientos y ascendió por la espalda. Cada parte de su cuerpo empujó a la siguiente. Ninguna intentó imponerse. El pulso llegó a los hombros, avanzó por la nuca y se reunió detrás de la frente.<br />
<br />
Magnus abrió el cuerpo en el punto más alto.<br />
Entonces comenzó a caer.<br />
El escudo ocupó todo su horizonte. El metal parecía esperar, inmóvil y orgulloso.<br />
Magnus extendió los brazos para estabilizarse, corrigió el último grado del giro y dirigió la coronilla hacia el centro exacto de la plancha.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¡BUTO!</span> —gritó sin pensar en nada que no fuera la técnica con ese nombre.<br />
Su cabeza impactó de lleno contra el escudo.<br />
El primer sonido fue decepcionante: un golpe corto, casi mudo. El escudo apenas se hundió. Desde las gradas, cualquiera habría pensado que la prueba había fracasado.<br />
Después llegó la vibración.<br />
Un círculo invisible nació bajo la frente de Magnus y se expandió por la plancha. El metal emitió un gemido profundo. La onda atravesó la primera capa sin detenerse, entró en la segunda y vibró entre ambas. Los remaches comenzaron a saltar uno a uno. Las barras de refuerzo de la parte trasera se retorcieron en direcciones opuestas. El armazón entero tembló con tanta violencia que el suelo alrededor se cubrió de pequeñas grietas.<br />
El escudo no se dobló, sino que se deshizo.<br />
Las capas se separaron, divididas en centenares de fragmentos. Una nube de polvo metálico salió despedida por los bordes. El soporte resistió un poco más y luego se abrió por la mitad. La onda continuó hasta la arena, cruzó la plataforma en ocho líneas y murió justo antes de alcanzar las gradas donde esperaba Sira.<br />
<br />
Magnus quedó clavado de cabeza entre los restos, con las piernas apuntando al cielo.<br />
Hubo silencio.<br />
Las piernas se inclinaron lentamente hacia un lado. El buccaneer cayó de espaldas con un estrépito. Permaneció inmóvil, mirando las nubes. Tenía un chichón gigantesco, arena en la perilla y una expresión de felicidad.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Gurorororororo...</span><br />
La risa creció hasta retumbar por toda la cima. Estaba realmente satisfecho.<br />
Sira bajó a la arena. Ya no quedaba rastro de la bestia que gritaba durante el combate. Volvía a ser la joven tranquila de ropa rosa, sonrisa suave y voz apacible. Se arrodilló junto a Magnus y examinó su frente.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has conducido bien la onda</span> —dijo <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has abierto los hombros un poco tarde y has dejado escapar parte de la energía hacia el suelo, pero ha sido un Buto auténtico.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—He reventado tu escudo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—El escudo pertenecía al estadio.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Entonces he reventado el escudo del estadio. Mejor todavía.</span><br />
Sira le ofreció una mano. Magnus miró aquella mano diminuta y se echó a reír de nuevo. Se incorporó por su cuenta de un salto, sacudiéndose la arena del abrigo.<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Ya he terminado?</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Has aprendido la técnica. Dominarla será cosa tuya. Si tensas el cuello antes del impacto puedes quedarte inconsciente. Si pierdes el control de la onda, toda esa fuerza regresará a tu cráneo. Y si vuelves a usarla contra una puerta de mi dojo, te arrojaré por esas escaleras que tanto te gustan.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Qué carácter. Con lo amable que parecías.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Soy amable.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Permíteme dudarlo.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Cállate de una vez, por favor.</span><br />
<br />
Magnus se acercó a los restos del escudo. Recogió un fragmento grueso de metal, lo observó y se lo guardó en el abrigo como recuerdo. Después sacó el cuaderno. Apoyó una página sobre su antebrazo y escribió:<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Esta niña es muy pequeña.</span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Mi cabeza es muy poderosa.</span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">El escudo era una mierda.</span></span></div>
<br />
Sira leyó por encima de su brazo.<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Eso no es un haiku.</span><br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—Tú no entiendes mi arte.</span><br />
<br />
Guardó el cuaderno y encendió un cigarro. Desde la cima podía distinguir el camino que descendía hacia el pueblo y, más allá, el puerto. <br />
En algún lugar de la isla, Tibias seguía respirando sin saber que estaba siendo la presa de un auténtico cazador que no hacía más que fortalecerse.<br />
Magnus tocó con dos dedos el chichón de la frente. Dolía como un demonio. Bajo el dolor había otra sensación: un temblor obediente a la espera de ser usado para destruir cosas ignorando sus defensas. Sonrió mientras expulsaba el humo por las comisuras de sus labios.<br />
Hasta entonces había usado la cabeza bastante poco, o eso le decía la gente.<br />
Ya era hora de sacarle provecho.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[P.R][Fic]Té de matcha y hueso duro]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4352</link>
			<pubDate>Fri, 18 Sep 2026 05:58:59 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=871">Hanma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4352</guid>
			<description><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Dia 68 de Verano, Año 18 - Isla Karate, South Blue - Patio alto de la montaña</div></span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Atributos Personaje</span>
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                        <span class='personaje_stats_title'>Estadísticas de Hanma:</span>
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                    <div style='display:flex; justify-content: center; gap: 0.5rem;'>
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                    <br/>
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                        <div>
                            Nivel: <span><strong>12</strong></span>
                        </div>
                    </div>
				</div>
			</div><br />
<br />
La piedra de la montaña guardaba el frio de la madrugada mucho despues de que el sol llevara horas pegando, a fin de cuentas calentar todo aquel volumen de material terroso necesitaba grandes cantidades de calor que el sol no estaba dispuesto a dar tan facilmente. Aquella frialdad le calo en la misma planta de los pies cuando cruzo el umbral del patio, aquel rectángulo de losas viejas y bordes roidos que alguien habia tallado directamente en la ladera, encajado entre dos paredes de roca viva, que en cierta manera era curioso el termino de roca viva pero a los del lugar le gustaba pronunciar aquello orgullosos de haber picapedreado de manera insana la roca, y abierto al precipicio por el sur. Desde alli se veia toda la isla hasta el puerto: los tejados de los dojos escalonados por toda toda la falda de la gran montaña, el mar quieto al fondo y, entre medio, la franja verde oscuro del bosque por el que habia estado subiendo el gigante desde antes del alba. La niebla todavía se aferraba a las copas de los pinos. Ni un alma se cruzaba por el camino, eso o es que intentaba evadir por todos los medios a Hanma y es que a esa misma hora de la mañana todos los discipulos de los dojos de abajo dormían todavía o hacían sus primeras rutinas en los patios de adentro, sin asomarse a estos senderos donde el terreno se le vuelve muy irregular y el suelo te da sorpresas en cada paso.<br />
<br />
En la esquina norte del patio esperaba la maestra. El la vio antes de entrar: pequeña, metro sesenta y pico, pelo rojo fucsia recogido en una trenza que le llegaba hasta la cadera, sudadera rosa pastel con los nudillos en carne viva apoyados en la rodilla. Tenia delante una pared de bloques de piedra apilados, de esos que se usan siempre para probar los golpes al grito de un ¡Hiya!. La pieza de mas arriba era como un adoquin del tamaño de tres. La joven de cabello rojo quebró el pedrusco con la frente sin levantarse del todo, sin gritar, sin tener que hacer ningun gesto que fuera especial: solo echó el cuerpo adelante y el bloque se partio en dos mitades iguales que se cayeron a cada uno de los lados. El sonido del golpe fue del todo seco. Ella sacudio la cabeza, la polvareda le blaqueo el flequillo por un instante y se le fue del todo con el aire. El monstruo de pelo rojo, llamado Hanma, no aviso al entrar. Su llegada no necesitaba anunciarse pues siete metros y medio de Gran Oni era carta de presentacion suficientes. La dueña del lugar no se dio la vuelta, aunque aflojo los hombros a la espera. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-He oido que enseñas aqui.-</span></span> La veterana se volvio entonces hacia el. Lo miro de arriba abajo sin ninguna prisa particular; la clase de mirada que hacen los que llevan mucho tiempo en una montaña y han aprendido que el tamaño no dice gran cosa de nadie. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Te han informado bien. ¿Que quieres aprender?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Buto.-</span></span> Puesta en guardia con desgana, la enana se cruzo de brazos, ¿parecía desanimada?. No dijo nada de inmediato. Le dio la vuelta al nombre en la cabeza un momento, o quiza solo estaba mirando si habia algo detras del monosilabo que valiera la pena escuchar. Entre los pliegues de la camisa del Oni, la rata asomo el morro y volvio a esconderse porque realmente hacia frio de verdad.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Sabes lo que pides?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Un cabezazo que parte lo que se ponga por delante. Lo se.-</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-No es un cabezazo. Un cabezazo es lo que le da un borracho a una farola. Buto es una onda. La diferencia es que a la farola la abolla; a ti con Buto te sacudo las tripas sin tocarte el pellejo grueso que tienes.-</span></span> La enana fucsia cogio el pedazo de bloque que habia quedado mas entero y lo lanzo al aire entre sus manos una vez, dos veces, como si calculara el peso. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Si solo quieres que te enseñe a tirarte de cabeza contra algo, vete al barranco del sur y practica solo, quizas con suerte no te abras la cabeza. Ahorra tu tiempo y el mio.-</span></span> El gran oni no se molesto en replicar. Habia aprendido hace mucho que responder a una pregunta con otra pregunta es la forma mas rapida de perder la conversacion. Se echo los codos atras, junto los omoplatos y la espalda le crujio una vez, seca. La pose de dorsales le destenson los musculos del cuello y los hombros. Luego bajo la vista hacia la maestra con esa calma que a veces la gente confundia con indiferencia y que en el era otra cosa, era escuchar de verdad como un cachorro cuando gira la cabeza escuchando atento.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Por que Buto?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Porque ya vi como funciona. Vi a alguien usarlo contra mi. Entro hasta el fondo sin pedirme permiso. Me interesa.-</span></span> Los ojos de la mujer midieron su corpulencia un segundo mas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Eres artista marcial?-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Cuerpo a cuerpo. Sin armas, trampas ni carton.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Donde aprendiste?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Aqui. Abajo. En los dojos de la ladera. En las peleas de los dojos de la ladera. Defendiendome de los aprendices de los dojos de la ladera-</span></span> De la garganta de la enana fucsia salio una risotada corta y seca: mas bien el sonido que hace alguien cuando una respuesta le confirma algo que ya sospechaba. Tiro el medio bloque de vuelta al monton.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Esta bien. Te enseño dos cosas y tu peleas conmigo. Si sacas algo de esas dos cosas antes de que acabe el dia, me habras convencido de que la tecnica ya esta dentro de ti y que solo necesita nombre. Si no, vuelves mañana y el dia siguiente hasta que salga o hasta que te rompas.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Entendido.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Primera cosa: el Hasshoken no se aprende en la cabeza. Se aprende en los huesos. Tienes que sentir la vibracion antes de generarla. Pon la mano aqui.-</span></span> Con la barbilla, la vieja señalo los bloques que quedaba en pie, los tres de la base. Hanma dio dos pasos y planto la palma abierta en la piedra fria. La pelirroja se planto al otro lado de la pared, en la misma cornisa del patio, de cara al precipicio, y golpeo la roca con la palma tambien: un golpe seco, sin fuerza aparente, nada que hubiera hecho ruido en un combate normal. Pero la vibracion llego a traves de la piedra directa a los tendones de la mano de Hanma, subio por el antebrazo y le sacudio el hombro con un zumbido que tardo en apagarse. No habia sido el puro impacto lo que habia viajado por la roca. Se trataba de algo todavia mas hondo, algo que se habia generado antes del contacto y se le habia liberado en el mismo momento en que la palma se le apoyo sobre la roca.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿La sentiste?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Si.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Eso mismo es lo que tu tienes que hacer con la cabeza cuando impactas. No empujar. No golpear. Vibrar. La onda se mete por todo lo que encuentre porque las ondas no se quedan en la superficie: la atraviesan. Segunda cosa: el salto no es para coger altura. Es para coger peso. Toda esa mole cayendo en curva valen mas que trescientos cincuenta kilos empujando desde el suelo. Cuando te encuentres en el aire, no te pongas a pensar en llegar. Solo piensa en dejarte caer con todo lo que tienes encima.-</span></span> Hanma repaso eso en silencio un momento. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Y la vibracion como se genera?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Esa es la parte que no se puede enseñar. Esa es la parte que tienes que descubrir tu en el combate. Por eso vamos a pelear ahora. Cada uno tiene una vibracion, busca la tuya-</span></span> Al volver al centro del rectangulo de piedra, la dueña del dojo tiro la sudadera sobre el monton de bloques y se quedo en camiseta blanca con los nudillos tapados en vendas viejas. Se puso en el centro del patio con los pies separados a la anchura de los hombros y los brazos caidos a los lados. Sin guardia formal. Hanma conocia esa postura: la de quien ha decidido que la guardia es un lujo que no necesita frente a un aspirante.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-No te mato. Pero tampoco te tengo consideraciones.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-No las necesito.-</span></span> El Gran Oni tomo posiciones en el extremo opuesto del patio. Veinticinco metros de piedra fria entre los dos. El sol de la mañana ya alcanzaba a colarse para entrar por el borde sur del patio y dejar una franja de luz en el suelo que a el le llegaba hasta la rodilla. Ratatouille se habia acomodado en el cuello, quieta, sin agitarse: la rata conocia la diferencia entre un peligro real y una prueba, ella era ya experta en esto.<br />
<br />
El primer ataque de la tanda lo inicio el propio Hanma. Se impulso con los dos pies hacia adelante, cubrio diez metros en una zancada y lanzo el brazo derecho en un arco amplio, abierto, sin disimulo: un golpe de prueba para calibrar como reaccionaba la maestra. Aquella experta esquivo el envite sin tener que desplazarse, solo le torcio el tronco y dejo pasar el brazo a un centimetro del hombro, y en el mismo movimiento le fue a golpear en el mismo costado con la palma de la mano: no de una forma muy fuerte, pero si con un efecto del todo extraño, como si algo se le hubiera sacudido a el dentro de las costillas por debajo de todos los musculos de su cuerpo. Hanma freno y se giro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Eso fue el Hasshoken.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Un Hasshoken de saludo. Muestrame lo que tienes.-</span></span><br />
<br />
Los siguientes veinte minutos de la pelea fueron como una leccion entera sin una sola palabra, aquella enseñaba con actos. Hanma ataco con todo lo que sabia: golpes directos, arcos amplios, un agarre de cabeza que la maestra esquivo metiendose por debajo de su brazo como si pasara por una puerta y saliendo al otro lado sin rozarlo. Cada vez que Sira Matcha lo golpeaba, el impacto llegaba limpio pero la vibracion que dejaba dentro era otra cosa distinta: un zumbido que persistia dos o tres segundos despues de que el golpe ya hubiera pasado. No dolia como un golpe normal. Dolia hacia adentro, como cuando te chocas el meñique con un mueble. Dolia de veras; Hanma nunca lo diria en voz alta, pero dolia de veras. Hanma reconocio la sensacion. Era la misma que habia sentido cuando el nñato le meto el Buto en el estomago en la plaza de abajo, semanas atras; aquel primer impacto limpio que habia viajado a traves de los musculos del abdomen como si no estuvieran ahi, sacudiendole las tripas con un zumbido sordo que no se fue en varios segundos. Aquella primera vez le habia sorprendido lo diferente del daño, lo interior de el. Ahora, recibiendolo una y otra vez en el patio de la maestra, empezaba a entender la mecanica que habia detras.<br />
<br />
Aquel temblor no nacia en la pura superficie. Venia del momento justo antes del impacto, cuando el cuerpo comprimia el gesto y lo soltaba. Era un problema de tiempo, no de fuerza. Al cabo de una hora larga, la enana de fucsia freno en seco en medio de las losas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahora tu. Salta e intenta el cabezazo.-</span></span> Hanma retrocedio cinco metros, calculo el arco que necesitaba y salto. Aquel gran salto fue del todo bueno en cuanto a la potencia del impulso: cubrio los cinco metros por el aire sin ningun tipo de esfuerzo, partiendo de que el media siete metros y medio. Pero el momento justo en que la cabeza tenia que soltarse se le vino demasiado tarde, cuando todos los pies ya habian dejado de estar en el aire y toda la fuerza de la inercia ya se le habia gastado por el camino. El golpe llego blando, sin peso real, contra el antebrazo que Sira Matcha levanto para recibirlo. El impacto no movio a la mujer ni un milimetro.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-El tiempo. Lo sueltas cuando ya no tienes impulso. Repitelo.-</span></span> La siguiente tentativa resulto todavia mas desastrosa. Hanma trato de anticipar el momento y lo adelanto tanto que la cabeza bajo en el arco antes de que el cuerpo hubiera terminado de caer; la inercia lo llevo de frente hacia el suelo y tuvo que plantar las manos en las losas para no comerse la piedra y dejarse los piños. Escupiendo tierra y arenisca entre los dientes, se incorporo. La dueña del patio no habia movido ni un solo dedo de su sitio en toda la mañana. El animal de compañia asomo el hociquillo por la tela. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Callate.-</span></span> Aquella bola de pelo no habia soltado ni un chillido. Pero era de las que opinaban con el silencio. El tercero fue igual. Y el cuarto. A la quinta prueba, Hanma cayo de rodillas y se quedo un momento en esa posicion mirando las losas, con el cuello tenso y los hombros sudados. El roedor de un solo ojo habia saltado al suelo con buen tino y esperaba en la grieta entre dos losas, prudentemente fuera de la trayectoria de caida. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Descansa dos minutos.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-No necesito descansar.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Acaso te pregunté?. Descansa dos minutos.-</span></span><br />
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Hanma se sento al borde mismo del patio, con las piernas colgando hacia el mar. El aire era afilado. La niebla de abajo ya se habia roto y dejaba ver las losas del sendero viejo. Olia a resina caliente. En uno de los dojos de abajo sonaba un poste de madera bajo los puños de algun discipulo temprano. Golpe seco. Ritmo sordo y parejo. Era el mismo sonido que habia rebotado contra sus orejas durante toda la infancia en aquella sierra. Y tambien contra sus huesos. El habia intentado entrar en tres de esos dojos cuando era crio. En ninguno lo habian aceptado. Demasiado grande, demasiado raro, demasiado dificil de encajar en un tatami pensado para personas de la mitad de su tamaño. Asi que habia aprendido solo, en los senderos y en las plazas, probando lo que veia a otros hacer y descartando lo que no funcionaba en su cuerpo. La mayor parte de las artes marciales estaban pensadas para cuerpos normales. El habia tenido que reescribirlas en el suyo a fuerza de ensayo y de hueso. Cada tecnica que habia incorporado a su forma de pelear le habia costado el doble que a cualquier otro porque su cuerpo era el doble de complicado de mover. La pequeña alimaña trepo por la bota del gigante y lo miro desde alli abajo con su ojo bueno. Hanma la recogio con dos dedos y la volvio a poner en el hombro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Luego te cocino algo bueno.-</span></span> El animalejo parpadeo con su unico ojo. Con eso bastaba.<br />
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El ogro se puso en pie y regreso al centro del patio. Encima de las piedras partidas estaba sentada la veterana comiendo algo que habia sacado del bolsillo de la sudadera. Una especie de galleta de arroz aplastada. Lo miro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Listo?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Si.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Antes del siguiente intento: ¿en que estas pensando cuando saltas?-</span></span><br />
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Hanma tardo en contestar porque era una pregunta honesta y las preguntas honestas merecen una respuesta honesta. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-En el angulo. En cuando soltar.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahi esta el problema, las matematicas solo traen problemas. Deja de pensar en el angulo. Deja de pensar en cuando soltar. Piensa en cuanto pesas.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-En cuanto peso.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Un porron, imagino. Cuando saltas, ese peso sigue siendo tuyo. No lo estas dejando en el suelo. No lo estas pidiendo prestado. Esta en el aire contigo. Deja que caiga. La cabeza llega porque es lo que mas pesa y porque el peso es lo que manda, no tus ganas de pegarle a alguien. La tecnica no la vas a decidir tu, de ninguna de las maneras; la decide la fuerza de la gravedad. Tu solo le das permiso.-</span></span><br />
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Hanma proceso eso en silencio. Era la clase de explicacion que no se entiende con el cerebro. Se acordo de la pared de bloques, de cuando Sira Matcha habia golpeado desde el otro lado y la vibracion habia viajado por la piedra hasta su mano. No habia sido un empuje. Habia sido algo que cedia y llegaba al mismo tiempo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-De acuerdo.-</span></span> Retrocedio al borde del patio, calculo la distancia y salto. Esta vez no penso en el angulo ni en el momento. Penso en los trescientos cincuenta kilos. En toda la masa que llevaba en el aire. Y cuando el cuerpo empezo a bajar en la curva del arco, le dio paso sin pensarlo. No adelanto el golpe. No lo retuvo. Dejo que la cabeza llegara sola, cargada con todo lo que pesaba el salto.<br />
<br />
El choque directo contra el gran bloque de piedra de las practicas que Sira Matcha habia colocado en el centro del patio fue distinto a cualquier cosa que hubiera sentido antes en un entrenamiento. No fue solo el golpe. Fue el momento justo antes del golpe, cuando algo en el craneo se comprimio y se solto al mismo tiempo, como el muelle de una trampa que lleva semanas esperando el momento exacto. La sacudida reventó hacia afuera en todas las direcciones posibles. Hanma la sintió en los propios huesos de la cara, subiendo por la estructura del cráneo hasta la mandibula. El bloque no solo se rompio: se astillo hacia adentro, en pedazos irregulares que salieron proyectados radialmente. Todas las losas del suelo crujieron con fuerza. Una grieta de tres metros se abrio desde el punto de impacto siguiendo las juntas de la piedra antigua del patio.<br />
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El retumbar de aquel golpe tardo un buen rato en irse de alli. La brisa del sur lo llevo hacia el precipicio y se apago cuando cayó. El bicho volo. Por la pura inercia del choque, el roedor salio volando del hombro en el momento del impacto. Estaba sobre el hombro de Sira Matcha, que ya tenia la mano levantada para recibirla antes de que llegara. Aquella fiera bajita miro al bicho, luego la grieta en el suelo,  y luego a Hanma que seguia con la frente apoyada en los escombros del bloque, dejando que el calor del impacto se distribuyera por el hueso. Habia sangre en el cuerno izquierdo. Una linea fina le bajaba por la curvatura roja hasta la sien.<br />
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Aquel silencio se mantuvo por un buen rato para que la brisa volviera una vez. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Eso es Hasshoken. Mas o menos.-</span></span> La mujer coloco de nuevo a la rata en la clavicula del gigante y se acuclillo junto a la grieta, pasando las yemas de los dedos por el borde como quien examina el filo de un corte, sin asombro, con atencion tecnica. Toco los dos fragmentos principales del bloque, levanto uno y lo giro en sus manos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-La onda entro hasta el fondo. ¿Ves como ha estallado? Desde las entrañas hacia afuera, no machacando la superficie. Si fuera un golpe de taberna, habrias dejado una mella y ya esta. Pero esto...-</span></span> Dejo caer el fragmento con un golpe seco. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Esto ha quebrado la roca por dentro antes de que la cascara se enterara. Eso es Buto, cabezon con cuernos.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Entonces lo tengo?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Has sacado el primer golpe decente. No te creas que ya eres un maestro, pero la onda salio limpia. De chiripa, pero salio.-</span></span> La maestra se levanto y recogio la sudadera del monton. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahora te toca quitarte esa sangre de la ceja. Si sangras, es que te estas tragando la mitad del viaje en tu propio hueso. Como no aprendas a soltarla entera, te vas a abrir la sesera antes de tocar al otro. Funciona, si. Pero como no afines el golpe te vas a matar tu solo.-</span></span><br />
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Aplastando los cascotes con su mole, Hanma tomo asiento del bloque con la rata en el hombro y la sangre secandose en el cuerno al aire frio de la mañana. Le dolia bastante. Dolia desde dentro, no en la superficie; lo que significaba que habia golpeado de verdad y que la vibracion habia ido en las dos direcciones, hacia el objetivo y hacia el. El Hasshoken no distinguia entre quien ataca y quien recibe. La onda viaja sin pedir permiso. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Cuanto tiempo tardaste tu en dejarlo de notar?-</span></span> La maestra guardo silencio un buen rato, con la ropa puesta y los brazos cruzados. Poco tenia que ver con la duda: era el silencio era el de quien decide si la respuesta merece contarse. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Dos años. El primer año me sangraba la nariz en cada entrenamiento. El segundo aprendi a redirigir la vibracion de salida hacia el objetivo antes de que llegara a mis propios tejidos. No es que dejara de doler: es que aprendi a soltarla antes de que me tocara a mi.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Dos años.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Soy humana, tengo mis limitaciones. Tu eres un mostrenco con los huesos que tienes. Quiza te tome menos. Quiza mas, porque eres tan grande que la onda tiene mas sitio por donde perderse antes de llegar al objetivo. Cada cuerpo es distinto.-</span></span><br />
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Acurrucada contra la piel caliente, la rata cerro el ojo bueno y se quedo quieta. No tenia prisa. Abajo en la montaña, el discipulo del dojo inferior habia dejado de golpear el poste. Ahora el unico sonido era el viento entre los pinos y el agua de los arroyos en las grietas de la roca. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Puedo volver a practicar mañana?-</span></span> La mirada de la veterana se clavo en su pecho. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Este patio lo tengo libre hasta el mediodia. Si llegas antes del amanecer, no te cruzo en el camino.-</span></span><br />
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Aquello no tenia nada de invitacion cordial; era un margen de faena. El coloso acepto aquel permiso a secas. Dejo los cascotes atras, se sacudio el polvo blanco de piedra del pantalon y puso a Ratatouille bien en el hombro, ajustando su posicion con cuidado. La rata estiro la patita delantera derecha y la apoyo en el cuello de Hanma como hace alguien que se sujeta en un saliente cuando el suelo no es del todo plano.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Esta noche te cocino algo de verdad.-</span></span> La instructora de rosa se quedo mirando las manazas del Oni un segundo mas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Sabes cocinar o solo lo dices?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Soy cocinero de verdad. Mi comida no es fideo de sobre ni sobras de taberna: mi comida llena un cuerpo entero.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Donde?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-En cualquier parte que tenga fuego y ingredientes.-</span></span><br />
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Sira Matcha considero eso. Luego solto lo mas parecido a una sonrisa que habia mostrado en toda la mañana, que era apenas una variacion en la comisura derecha. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Hay una taberna en el camino de bajada, a mitad de la ladera. El propietario me deja usar la cocina por las noches si le dejo limpias las parrillas. Si en serio sabes cocinar, dile que vienes de mi parte. Si no sabes, no le des mi nombre.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Le dare tu nombre.-</span></span> Hanma bajo por el sendero de regreso a la ladera. El calor del mediodia empezaba a picar fuerte sobre la piedra de la montaña y el olor a resina y a cal caliente le lleno la nariz mientras descendia. Paso a paso. Desde el camino se oia el rumor de los dojos abriendo sus patios al dia, el traqueteo de los postes de entrenamiento, las voces de los maestros marcando el ritmo a sus discipulos. Habia pasado aqui su infancia completa escuchando esos mismos sonidos desde fuera, sin que nadie le abriera una puerta. Ahora los escuchaba bajando de un patio en el que acababa de romper el suelo con la cabeza.<br />
<br />
Aquello distaba mucho de ser una venganza tonta; era una victoria simple: era haber llegado por sus propios medios a un sitio al que antes no lo dejaban entrar. El animal husmeo la resolana y se metio de nuevo en el escote. Hacia calor ya en el camino. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Ya se.-</span></span> Le dijo a la rata.<br />
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Esa tarde, en la cocina de la taberna de media ladera, Hanma preparo un estofado de res con especias del monte que olia a la mitad de la isla. Carne con hueso de res local, pimenton tostado molido en el mortero del propio tabernero, hierbas silvestres que habia recogido el en el sendero de bajada identificandolas por el olor; hongos secos de la despensa del local que Hanma reviso sin pedir permiso y que el propietario le dejo revisar porque cuando alguien de siete metros y medio revisa tu despensa la cuestion de los permisos tiene sus vueltas. La olla que usó era la mas grande que tenia el local. Aun asi le quedaba pequeña. Improviso con dos. La coccion a fuego lento empezo al caer la tarde, con el vino blanco añadido en dos veces para que no lo ahogara antes de que la carne cediera. El dueño del mesón asomo el hocico a la cocina cada media hora, primero por curiosidad y luego por el olor. En la tercera visita ya se habia traido su cuenco. Hanma lo miro.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Todavia le falta una buena hora a esto.-</span></span> El tabernero no se movio un palmo, babeando con la loza vacia entre las manazas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Si lo abres ahora, se pierde la ultima hora. Esa es la mejor.-</span></span><br />
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El tabernero volvio a su barra. Y la ultima hora fue la mejor: la carne se separo del hueso con la cuchara, el caldo espeso habia concentrado todo lo que habia metido dentro. Dos discipulos de un dojo de la ladera se asomaron a la puerta del local como quien no quiere la cosa. La mujer de rosa cruzo la cancela cuando el puchero llevaba ya dos horas borboteando. Se sento en el banco mas resistente del local sin decir nada, saco ella misma el cucharón del gancho de la pared sin pedir permiso y metio el mismo en la olla para probar el caldo directamente. Lo guardo en la boca un momento. Dejo el cucharón. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Esta bien.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Lo se.-</span></span><br />
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La instructora engullo el contenido sin soltar prenda hasta dejar el barro reluciente. Cuando termino dejo el cuenco en la mesa con un golpe suave. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Mañana antes del amanecer.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Estare.-</span></span> Y estuvo.<br />
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La segunda jornada trajo un viento del norte que pelaba las orejas y la piedra del patio mas fria que la víspera. Hanma llego antes del alba como habia prometido; Sira Matcha ya estaba en el centro con un bol de te que humaba en sus manos y no ofrecio. Tampoco hacía falta. Se pusieron a trabajar sin preambulos: la maestra habia colocado cuatro bloques en el patio, separados entre si por cuatro metros cada uno, dispuestos en diagonal desde la esquina norte a la sur. El ejercicio consistia en encadenar cuatro saltos consecutivos, impactando en cada bloque sin tocar el suelo entre medias. Sin Buto todavia. Solo el arco, el tiempo, el peso.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Si tocas el suelo entre bloques, vuelta a empezar.-</span></span><br />
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Los primeros tres intentos terminaron en el suelo despues del segundo bloque. En el cuarto, Hanma encadeno tres de cuatro y el ultimo lo fallo por quince centimetros, aterrizando de hombros contra la losa y dejando una marca en la piedra con la clavícula. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-La cadera. Cuando saltas al tercer bloque, la cadera llega tarde. Usas los hombros para compensar.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Como se corrige?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Dejando de comerte la olla. Saltas con miedo a romperse las uñas. ¡Suelta el bulto y salta de una vez!-</span></span><br />
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No suena a instruccion. El ogro probo suerte de todas formas y en el septimo intento encadeno los cuatro. Sin Buto todavia. Solo el cuerpo en el aire, toda la mole de su cuerpo en cada salto aterrizando en el bloque correcto en el momento correcto. La maestra lo vio y no dijo nada. Pero recogió los cuatro bloques y los volvio a colocar, esta vez con tres metros de separacion en lugar de cuatro. A veces el silencio de un maestro es la forma mas cara de validar que sigues en la direccion correcta. La tercera jornada amanecio torcida. El sol no aparecio: la isla entera se quedo atrapada en una llovizna fina de primeras horas que hizo las losas resbaladizas y el aire pesado de humedad. Hanma subio igual, sin paraguas porque no tenia y aunque lo hubiera tenido no le iba a caber ninguno. Llego al patio chorreando y encontro a Sira Matcha haciendo un ejercicio de brazos contra la pared de roca, en camiseta blanca empapada, sin que la lluvia le hiciera ninguna gracia visible pero tampoco ninguna queja.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Los bloques estan mojados. Resbalaran. Cuando saltes al segundo, la superficie te va a dar menos agarre en el cuerpo. Eso en realidad es bueno.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Por que?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Porque la onda no necesita que el suelo te baile el agua! Si el golpe esta maduro, le da igual que haya barro, fango o manteca. Si patinas, el problema son tus patas, no la lluvia.-</span></span><br />
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El primer intento que hizo bajo la lluvia resulto del todo desastroso en lo que al equilbrio respecta: Hanma resbalo en el segundo bloque y cayo de costado con un sonido que se oyo hasta la mitad de la ladera. El segundo intento fue mejor porque ya sabia donde estaba el resbalón. El tercero fue el primero desde que empezaron en que la vibración salio limpia sin que hubiera sangre en el cuerno al final. Poca diferencia con los dias anteriores, pero la suficiente. El acierto no paso desapercibido para la mujer.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Lo sentiste?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Si.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Donde la perdiste?-</span></span> Hanma penso un momento. Habia habido un instante, justo en el impacto, en que algo se habia bifurcado: parte de la vibración habia ido hacia el bloque y parte habia rebotado de vuelta hacia el crá neo. No igual que los dias anteriores, donde todo rebotaba. Habia sido la mitad. Progreso.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-En el contacto. En el momento exacto del contacto, se divide. La mitad va hacia afuera y la otra mitad vuelve.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Correcto. Eso es lo que tienes que resolver. Cuando el craneo toca la superficie, tienes una fraccion de segundo para elegir donde va la onda. Si no la eliges, va a los dos sitios a partes iguales. Con el tiempo lo haras sin pensar. Ahora tienes que pensarlo.-</span></span><br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Como se elige?-</span></span> La maestra tardo en responder. No porque no supiera: porque buscaba la forma de traducirlo a palabras que Hanma pudiera usar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Porque piensas tanto en lugar de dejar que tu cabeza sea la que vaya delante y tu le sigues? Usa la cabeza para lo que tienes, golpear sin pensar.-</span></span> El Oni guardo silencio. Se giro hacia la fila de bloques que quedaban y salto de nuevo. En esa ocasion la vibración fue un sesenta por ciento hacia el objetivo. Faltaba mucho para redondear el golpe, pero superaba con creces los fiascos anteriores. Al cuarto dia el cielo amanecio despejado y seco. El cielo estaba limpio y la piedra del patio seca cuando Hanma llego todavia con estrellas. La veterana del monte se retraso unos diez minutos sobre el horario, con las vendas mas nuevas que ningun dia anterior, lo que Hanma interpreto como que habia tenido un combate real el dia anterior y no como que habia cuidado especialmente el vendaje por el entrenamiento. No lo pregunto. No era su asunto.<br />
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Ese dia Aquella mañana la veterana no monto ninguna torre de piedra. Le señalo el borde sur del patio, el que daba al precipicio.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Salta hacia el precipicio y vuelve antes de caer.-</span></span><br />
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Hanma miro el borde. Habia cuatro metros de aire hasta las copas de los pinos mas proximos y abajo, bastante abajo, las rocas de la ladera. El precipicio no le iba a quitar la vida a alguien de su pellejo, desde luego. Pero tampoco era agradable. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Para que?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Porque si dependes de chocar para que el hueso vibre, no has entendido un carajo. La onda se carga en el aire, antes de tocar nada. Si la tienes lista en el vuelo, al pisar tierra sale sola. Y si no la tienes... pues te vas cincuenta metros barranco abajo y eso que me ahorro de aguantarte.-</span></span> Fue el ejercicio mas raro que habia hecho en años. Saltar hacia el vacio, generar la vibracion en pleno vuelo con nada delante donde soltarla, y volver antes de que la gravedad tomara la decision por el. Los primeros cuatro saltos los hizo sin entender nada: el cuerpo iba, el cuerpo volvia, la vibracion se perdia en el aire sin objetivo. En el quinto salto, por primera vez, sintio la vibracion quedarse dentro del craneo esperando: no generada por el impacto, sino lista para cuando hubiera impacto. Como cargar un golpe antes de que el puño se mueva.<br />
<br />
Cuando aterrizo de vuelta en el patio, la onda se solto contra las losas y la grieta fue de dos metros. Mas que ningun dia anterior. Menos que el primer dia de sangre, pero con ninguna sangre en el cuerno. Desde la otra punta del cuadrilatero, la mujer asintio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Eso.-</span></span> Solo eso. Pero Hanma supo exactamente lo que significaba.<br />
<br />
La quinta jornada fue la definitiva. Hanma llego al patio con el cuerno izquierdo todavia con una costra seca de dos dias antes; La enana subio acarreando ella sola un bloque de piedra renegrida que habia subido ella sola desde algún punto de la ladera, mas denso que los anteriores, con vetas de roca oscura que le daban un peso distinto. Lo coloco en el centro del patio y se aparto. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Este es distinto. Mas compacto. La onda tiene que traspasar mas densidad para llegar al otro lado. Si puedes partirlo, el Buto esta. Si no puedes, seguimos mañana.-</span></span><br />
<br />
El gigante observo la mole oscura. No le pregunto cuanto pesaba ni de que roca era; le daba igual. Retrocedio hasta el borde norte del patio, la distancia maxima que el espacio le dejaba, que eran dieciocho metros. Calculo el arco. Luego dejo de calcular. Penso en los trescientos cincuenta kilos, en toda la masa que iba a estar en el aire, en el peso que llegaria a la cabeza cuando la gravedad le diera permiso.<br />
<br />
Salto.<br />
<br />
Aquel arco fue del todo limpio porque ya lo habia repetido cien veces en cuatro dias. Todo el cuerpo se le fue hacia abajo en una curva limpia sin que tuviera que pensarlo, los pies dejaron de importar en algun punto del descenso y lo que llego al bloque fue todo lo que pesaba mas la velocidad que llevaba. La vibración esta vez no se dividio. Salio entera hacia el objetivo, sin rebote, sin bifurcacion: como el primer dia de la pared con la palma, pero desde el craneo y con trescientos cincuenta kilos de peso, casi nada. El bloque no se astillo. Se desgrano. En doscientos pedazos pequeños que salieron en todas las direcciones y golpearon las paredes de roca del patio con un traqueteo de granizo. La grieta en el suelo fue de cuatro metros, mas larga que ninguna anterior. Con el pellejo ya curtido de sustos, el roedor se habia puesto a salvo estaba en el hombro de Sira Matcha tres segundos antes de que sonara el golpe.<br />
<br />
El pelirrojo se incorporo despacio para comprobar el suelo. La costra del cuerno seguia entera. Sin sangre nueva. La enana del pelo fucsia se sacudio el granito del regazo y solto el veredicto sin adornos: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Buto. Lo tienes.-</span></span> Hanma no sonrio ni dio las gracias. Nunca lo hacia. Solo se echo los codos atras de golpe, junto los omoplatos con fuerza y la espalda le solto un crujido limpio que sono como una rama gorda partiendose en dos. Entre la solapa asomo el hocico con el parche, comprobo que no llovian piedras y volvio a meterse al calor de la tela. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Siguiente.-</span></span><br />
<br />
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					<br />
5927 palabras<br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Dia 68 de Verano, Año 18 - Isla Karate, South Blue - Patio alto de la montaña</div></span><br />
<br />
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						<span>Atributos Personaje</span>
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                        <span class='personaje_stats_title'>Estadísticas de Hanma:</span>
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                    <br/>
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                            Vitalidad: <span class='personaje_vitalidad'>3677 / 3677</span>
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                            Nivel: <span><strong>12</strong></span>
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                    </div>
				</div>
			</div><br />
<br />
La piedra de la montaña guardaba el frio de la madrugada mucho despues de que el sol llevara horas pegando, a fin de cuentas calentar todo aquel volumen de material terroso necesitaba grandes cantidades de calor que el sol no estaba dispuesto a dar tan facilmente. Aquella frialdad le calo en la misma planta de los pies cuando cruzo el umbral del patio, aquel rectángulo de losas viejas y bordes roidos que alguien habia tallado directamente en la ladera, encajado entre dos paredes de roca viva, que en cierta manera era curioso el termino de roca viva pero a los del lugar le gustaba pronunciar aquello orgullosos de haber picapedreado de manera insana la roca, y abierto al precipicio por el sur. Desde alli se veia toda la isla hasta el puerto: los tejados de los dojos escalonados por toda toda la falda de la gran montaña, el mar quieto al fondo y, entre medio, la franja verde oscuro del bosque por el que habia estado subiendo el gigante desde antes del alba. La niebla todavía se aferraba a las copas de los pinos. Ni un alma se cruzaba por el camino, eso o es que intentaba evadir por todos los medios a Hanma y es que a esa misma hora de la mañana todos los discipulos de los dojos de abajo dormían todavía o hacían sus primeras rutinas en los patios de adentro, sin asomarse a estos senderos donde el terreno se le vuelve muy irregular y el suelo te da sorpresas en cada paso.<br />
<br />
En la esquina norte del patio esperaba la maestra. El la vio antes de entrar: pequeña, metro sesenta y pico, pelo rojo fucsia recogido en una trenza que le llegaba hasta la cadera, sudadera rosa pastel con los nudillos en carne viva apoyados en la rodilla. Tenia delante una pared de bloques de piedra apilados, de esos que se usan siempre para probar los golpes al grito de un ¡Hiya!. La pieza de mas arriba era como un adoquin del tamaño de tres. La joven de cabello rojo quebró el pedrusco con la frente sin levantarse del todo, sin gritar, sin tener que hacer ningun gesto que fuera especial: solo echó el cuerpo adelante y el bloque se partio en dos mitades iguales que se cayeron a cada uno de los lados. El sonido del golpe fue del todo seco. Ella sacudio la cabeza, la polvareda le blaqueo el flequillo por un instante y se le fue del todo con el aire. El monstruo de pelo rojo, llamado Hanma, no aviso al entrar. Su llegada no necesitaba anunciarse pues siete metros y medio de Gran Oni era carta de presentacion suficientes. La dueña del lugar no se dio la vuelta, aunque aflojo los hombros a la espera. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-He oido que enseñas aqui.-</span></span> La veterana se volvio entonces hacia el. Lo miro de arriba abajo sin ninguna prisa particular; la clase de mirada que hacen los que llevan mucho tiempo en una montaña y han aprendido que el tamaño no dice gran cosa de nadie. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Te han informado bien. ¿Que quieres aprender?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Buto.-</span></span> Puesta en guardia con desgana, la enana se cruzo de brazos, ¿parecía desanimada?. No dijo nada de inmediato. Le dio la vuelta al nombre en la cabeza un momento, o quiza solo estaba mirando si habia algo detras del monosilabo que valiera la pena escuchar. Entre los pliegues de la camisa del Oni, la rata asomo el morro y volvio a esconderse porque realmente hacia frio de verdad.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Sabes lo que pides?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Un cabezazo que parte lo que se ponga por delante. Lo se.-</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-No es un cabezazo. Un cabezazo es lo que le da un borracho a una farola. Buto es una onda. La diferencia es que a la farola la abolla; a ti con Buto te sacudo las tripas sin tocarte el pellejo grueso que tienes.-</span></span> La enana fucsia cogio el pedazo de bloque que habia quedado mas entero y lo lanzo al aire entre sus manos una vez, dos veces, como si calculara el peso. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Si solo quieres que te enseñe a tirarte de cabeza contra algo, vete al barranco del sur y practica solo, quizas con suerte no te abras la cabeza. Ahorra tu tiempo y el mio.-</span></span> El gran oni no se molesto en replicar. Habia aprendido hace mucho que responder a una pregunta con otra pregunta es la forma mas rapida de perder la conversacion. Se echo los codos atras, junto los omoplatos y la espalda le crujio una vez, seca. La pose de dorsales le destenson los musculos del cuello y los hombros. Luego bajo la vista hacia la maestra con esa calma que a veces la gente confundia con indiferencia y que en el era otra cosa, era escuchar de verdad como un cachorro cuando gira la cabeza escuchando atento.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Por que Buto?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Porque ya vi como funciona. Vi a alguien usarlo contra mi. Entro hasta el fondo sin pedirme permiso. Me interesa.-</span></span> Los ojos de la mujer midieron su corpulencia un segundo mas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Eres artista marcial?-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Cuerpo a cuerpo. Sin armas, trampas ni carton.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Donde aprendiste?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Aqui. Abajo. En los dojos de la ladera. En las peleas de los dojos de la ladera. Defendiendome de los aprendices de los dojos de la ladera-</span></span> De la garganta de la enana fucsia salio una risotada corta y seca: mas bien el sonido que hace alguien cuando una respuesta le confirma algo que ya sospechaba. Tiro el medio bloque de vuelta al monton.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Esta bien. Te enseño dos cosas y tu peleas conmigo. Si sacas algo de esas dos cosas antes de que acabe el dia, me habras convencido de que la tecnica ya esta dentro de ti y que solo necesita nombre. Si no, vuelves mañana y el dia siguiente hasta que salga o hasta que te rompas.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Entendido.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Primera cosa: el Hasshoken no se aprende en la cabeza. Se aprende en los huesos. Tienes que sentir la vibracion antes de generarla. Pon la mano aqui.-</span></span> Con la barbilla, la vieja señalo los bloques que quedaba en pie, los tres de la base. Hanma dio dos pasos y planto la palma abierta en la piedra fria. La pelirroja se planto al otro lado de la pared, en la misma cornisa del patio, de cara al precipicio, y golpeo la roca con la palma tambien: un golpe seco, sin fuerza aparente, nada que hubiera hecho ruido en un combate normal. Pero la vibracion llego a traves de la piedra directa a los tendones de la mano de Hanma, subio por el antebrazo y le sacudio el hombro con un zumbido que tardo en apagarse. No habia sido el puro impacto lo que habia viajado por la roca. Se trataba de algo todavia mas hondo, algo que se habia generado antes del contacto y se le habia liberado en el mismo momento en que la palma se le apoyo sobre la roca.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿La sentiste?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Si.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Eso mismo es lo que tu tienes que hacer con la cabeza cuando impactas. No empujar. No golpear. Vibrar. La onda se mete por todo lo que encuentre porque las ondas no se quedan en la superficie: la atraviesan. Segunda cosa: el salto no es para coger altura. Es para coger peso. Toda esa mole cayendo en curva valen mas que trescientos cincuenta kilos empujando desde el suelo. Cuando te encuentres en el aire, no te pongas a pensar en llegar. Solo piensa en dejarte caer con todo lo que tienes encima.-</span></span> Hanma repaso eso en silencio un momento. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Y la vibracion como se genera?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Esa es la parte que no se puede enseñar. Esa es la parte que tienes que descubrir tu en el combate. Por eso vamos a pelear ahora. Cada uno tiene una vibracion, busca la tuya-</span></span> Al volver al centro del rectangulo de piedra, la dueña del dojo tiro la sudadera sobre el monton de bloques y se quedo en camiseta blanca con los nudillos tapados en vendas viejas. Se puso en el centro del patio con los pies separados a la anchura de los hombros y los brazos caidos a los lados. Sin guardia formal. Hanma conocia esa postura: la de quien ha decidido que la guardia es un lujo que no necesita frente a un aspirante.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-No te mato. Pero tampoco te tengo consideraciones.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-No las necesito.-</span></span> El Gran Oni tomo posiciones en el extremo opuesto del patio. Veinticinco metros de piedra fria entre los dos. El sol de la mañana ya alcanzaba a colarse para entrar por el borde sur del patio y dejar una franja de luz en el suelo que a el le llegaba hasta la rodilla. Ratatouille se habia acomodado en el cuello, quieta, sin agitarse: la rata conocia la diferencia entre un peligro real y una prueba, ella era ya experta en esto.<br />
<br />
El primer ataque de la tanda lo inicio el propio Hanma. Se impulso con los dos pies hacia adelante, cubrio diez metros en una zancada y lanzo el brazo derecho en un arco amplio, abierto, sin disimulo: un golpe de prueba para calibrar como reaccionaba la maestra. Aquella experta esquivo el envite sin tener que desplazarse, solo le torcio el tronco y dejo pasar el brazo a un centimetro del hombro, y en el mismo movimiento le fue a golpear en el mismo costado con la palma de la mano: no de una forma muy fuerte, pero si con un efecto del todo extraño, como si algo se le hubiera sacudido a el dentro de las costillas por debajo de todos los musculos de su cuerpo. Hanma freno y se giro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Eso fue el Hasshoken.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Un Hasshoken de saludo. Muestrame lo que tienes.-</span></span><br />
<br />
Los siguientes veinte minutos de la pelea fueron como una leccion entera sin una sola palabra, aquella enseñaba con actos. Hanma ataco con todo lo que sabia: golpes directos, arcos amplios, un agarre de cabeza que la maestra esquivo metiendose por debajo de su brazo como si pasara por una puerta y saliendo al otro lado sin rozarlo. Cada vez que Sira Matcha lo golpeaba, el impacto llegaba limpio pero la vibracion que dejaba dentro era otra cosa distinta: un zumbido que persistia dos o tres segundos despues de que el golpe ya hubiera pasado. No dolia como un golpe normal. Dolia hacia adentro, como cuando te chocas el meñique con un mueble. Dolia de veras; Hanma nunca lo diria en voz alta, pero dolia de veras. Hanma reconocio la sensacion. Era la misma que habia sentido cuando el nñato le meto el Buto en el estomago en la plaza de abajo, semanas atras; aquel primer impacto limpio que habia viajado a traves de los musculos del abdomen como si no estuvieran ahi, sacudiendole las tripas con un zumbido sordo que no se fue en varios segundos. Aquella primera vez le habia sorprendido lo diferente del daño, lo interior de el. Ahora, recibiendolo una y otra vez en el patio de la maestra, empezaba a entender la mecanica que habia detras.<br />
<br />
Aquel temblor no nacia en la pura superficie. Venia del momento justo antes del impacto, cuando el cuerpo comprimia el gesto y lo soltaba. Era un problema de tiempo, no de fuerza. Al cabo de una hora larga, la enana de fucsia freno en seco en medio de las losas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahora tu. Salta e intenta el cabezazo.-</span></span> Hanma retrocedio cinco metros, calculo el arco que necesitaba y salto. Aquel gran salto fue del todo bueno en cuanto a la potencia del impulso: cubrio los cinco metros por el aire sin ningun tipo de esfuerzo, partiendo de que el media siete metros y medio. Pero el momento justo en que la cabeza tenia que soltarse se le vino demasiado tarde, cuando todos los pies ya habian dejado de estar en el aire y toda la fuerza de la inercia ya se le habia gastado por el camino. El golpe llego blando, sin peso real, contra el antebrazo que Sira Matcha levanto para recibirlo. El impacto no movio a la mujer ni un milimetro.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-El tiempo. Lo sueltas cuando ya no tienes impulso. Repitelo.-</span></span> La siguiente tentativa resulto todavia mas desastrosa. Hanma trato de anticipar el momento y lo adelanto tanto que la cabeza bajo en el arco antes de que el cuerpo hubiera terminado de caer; la inercia lo llevo de frente hacia el suelo y tuvo que plantar las manos en las losas para no comerse la piedra y dejarse los piños. Escupiendo tierra y arenisca entre los dientes, se incorporo. La dueña del patio no habia movido ni un solo dedo de su sitio en toda la mañana. El animal de compañia asomo el hociquillo por la tela. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Callate.-</span></span> Aquella bola de pelo no habia soltado ni un chillido. Pero era de las que opinaban con el silencio. El tercero fue igual. Y el cuarto. A la quinta prueba, Hanma cayo de rodillas y se quedo un momento en esa posicion mirando las losas, con el cuello tenso y los hombros sudados. El roedor de un solo ojo habia saltado al suelo con buen tino y esperaba en la grieta entre dos losas, prudentemente fuera de la trayectoria de caida. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Descansa dos minutos.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-No necesito descansar.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Acaso te pregunté?. Descansa dos minutos.-</span></span><br />
<br />
Hanma se sento al borde mismo del patio, con las piernas colgando hacia el mar. El aire era afilado. La niebla de abajo ya se habia roto y dejaba ver las losas del sendero viejo. Olia a resina caliente. En uno de los dojos de abajo sonaba un poste de madera bajo los puños de algun discipulo temprano. Golpe seco. Ritmo sordo y parejo. Era el mismo sonido que habia rebotado contra sus orejas durante toda la infancia en aquella sierra. Y tambien contra sus huesos. El habia intentado entrar en tres de esos dojos cuando era crio. En ninguno lo habian aceptado. Demasiado grande, demasiado raro, demasiado dificil de encajar en un tatami pensado para personas de la mitad de su tamaño. Asi que habia aprendido solo, en los senderos y en las plazas, probando lo que veia a otros hacer y descartando lo que no funcionaba en su cuerpo. La mayor parte de las artes marciales estaban pensadas para cuerpos normales. El habia tenido que reescribirlas en el suyo a fuerza de ensayo y de hueso. Cada tecnica que habia incorporado a su forma de pelear le habia costado el doble que a cualquier otro porque su cuerpo era el doble de complicado de mover. La pequeña alimaña trepo por la bota del gigante y lo miro desde alli abajo con su ojo bueno. Hanma la recogio con dos dedos y la volvio a poner en el hombro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Luego te cocino algo bueno.-</span></span> El animalejo parpadeo con su unico ojo. Con eso bastaba.<br />
<br />
El ogro se puso en pie y regreso al centro del patio. Encima de las piedras partidas estaba sentada la veterana comiendo algo que habia sacado del bolsillo de la sudadera. Una especie de galleta de arroz aplastada. Lo miro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Listo?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Si.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Antes del siguiente intento: ¿en que estas pensando cuando saltas?-</span></span><br />
<br />
Hanma tardo en contestar porque era una pregunta honesta y las preguntas honestas merecen una respuesta honesta. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-En el angulo. En cuando soltar.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahi esta el problema, las matematicas solo traen problemas. Deja de pensar en el angulo. Deja de pensar en cuando soltar. Piensa en cuanto pesas.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-En cuanto peso.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Un porron, imagino. Cuando saltas, ese peso sigue siendo tuyo. No lo estas dejando en el suelo. No lo estas pidiendo prestado. Esta en el aire contigo. Deja que caiga. La cabeza llega porque es lo que mas pesa y porque el peso es lo que manda, no tus ganas de pegarle a alguien. La tecnica no la vas a decidir tu, de ninguna de las maneras; la decide la fuerza de la gravedad. Tu solo le das permiso.-</span></span><br />
<br />
Hanma proceso eso en silencio. Era la clase de explicacion que no se entiende con el cerebro. Se acordo de la pared de bloques, de cuando Sira Matcha habia golpeado desde el otro lado y la vibracion habia viajado por la piedra hasta su mano. No habia sido un empuje. Habia sido algo que cedia y llegaba al mismo tiempo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-De acuerdo.-</span></span> Retrocedio al borde del patio, calculo la distancia y salto. Esta vez no penso en el angulo ni en el momento. Penso en los trescientos cincuenta kilos. En toda la masa que llevaba en el aire. Y cuando el cuerpo empezo a bajar en la curva del arco, le dio paso sin pensarlo. No adelanto el golpe. No lo retuvo. Dejo que la cabeza llegara sola, cargada con todo lo que pesaba el salto.<br />
<br />
El choque directo contra el gran bloque de piedra de las practicas que Sira Matcha habia colocado en el centro del patio fue distinto a cualquier cosa que hubiera sentido antes en un entrenamiento. No fue solo el golpe. Fue el momento justo antes del golpe, cuando algo en el craneo se comprimio y se solto al mismo tiempo, como el muelle de una trampa que lleva semanas esperando el momento exacto. La sacudida reventó hacia afuera en todas las direcciones posibles. Hanma la sintió en los propios huesos de la cara, subiendo por la estructura del cráneo hasta la mandibula. El bloque no solo se rompio: se astillo hacia adentro, en pedazos irregulares que salieron proyectados radialmente. Todas las losas del suelo crujieron con fuerza. Una grieta de tres metros se abrio desde el punto de impacto siguiendo las juntas de la piedra antigua del patio.<br />
<br />
El retumbar de aquel golpe tardo un buen rato en irse de alli. La brisa del sur lo llevo hacia el precipicio y se apago cuando cayó. El bicho volo. Por la pura inercia del choque, el roedor salio volando del hombro en el momento del impacto. Estaba sobre el hombro de Sira Matcha, que ya tenia la mano levantada para recibirla antes de que llegara. Aquella fiera bajita miro al bicho, luego la grieta en el suelo,  y luego a Hanma que seguia con la frente apoyada en los escombros del bloque, dejando que el calor del impacto se distribuyera por el hueso. Habia sangre en el cuerno izquierdo. Una linea fina le bajaba por la curvatura roja hasta la sien.<br />
<br />
Aquel silencio se mantuvo por un buen rato para que la brisa volviera una vez. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Eso es Hasshoken. Mas o menos.-</span></span> La mujer coloco de nuevo a la rata en la clavicula del gigante y se acuclillo junto a la grieta, pasando las yemas de los dedos por el borde como quien examina el filo de un corte, sin asombro, con atencion tecnica. Toco los dos fragmentos principales del bloque, levanto uno y lo giro en sus manos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-La onda entro hasta el fondo. ¿Ves como ha estallado? Desde las entrañas hacia afuera, no machacando la superficie. Si fuera un golpe de taberna, habrias dejado una mella y ya esta. Pero esto...-</span></span> Dejo caer el fragmento con un golpe seco. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Esto ha quebrado la roca por dentro antes de que la cascara se enterara. Eso es Buto, cabezon con cuernos.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Entonces lo tengo?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Has sacado el primer golpe decente. No te creas que ya eres un maestro, pero la onda salio limpia. De chiripa, pero salio.-</span></span> La maestra se levanto y recogio la sudadera del monton. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Ahora te toca quitarte esa sangre de la ceja. Si sangras, es que te estas tragando la mitad del viaje en tu propio hueso. Como no aprendas a soltarla entera, te vas a abrir la sesera antes de tocar al otro. Funciona, si. Pero como no afines el golpe te vas a matar tu solo.-</span></span><br />
<br />
Aplastando los cascotes con su mole, Hanma tomo asiento del bloque con la rata en el hombro y la sangre secandose en el cuerno al aire frio de la mañana. Le dolia bastante. Dolia desde dentro, no en la superficie; lo que significaba que habia golpeado de verdad y que la vibracion habia ido en las dos direcciones, hacia el objetivo y hacia el. El Hasshoken no distinguia entre quien ataca y quien recibe. La onda viaja sin pedir permiso. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Cuanto tiempo tardaste tu en dejarlo de notar?-</span></span> La maestra guardo silencio un buen rato, con la ropa puesta y los brazos cruzados. Poco tenia que ver con la duda: era el silencio era el de quien decide si la respuesta merece contarse. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Dos años. El primer año me sangraba la nariz en cada entrenamiento. El segundo aprendi a redirigir la vibracion de salida hacia el objetivo antes de que llegara a mis propios tejidos. No es que dejara de doler: es que aprendi a soltarla antes de que me tocara a mi.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Dos años.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Soy humana, tengo mis limitaciones. Tu eres un mostrenco con los huesos que tienes. Quiza te tome menos. Quiza mas, porque eres tan grande que la onda tiene mas sitio por donde perderse antes de llegar al objetivo. Cada cuerpo es distinto.-</span></span><br />
<br />
Acurrucada contra la piel caliente, la rata cerro el ojo bueno y se quedo quieta. No tenia prisa. Abajo en la montaña, el discipulo del dojo inferior habia dejado de golpear el poste. Ahora el unico sonido era el viento entre los pinos y el agua de los arroyos en las grietas de la roca. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Puedo volver a practicar mañana?-</span></span> La mirada de la veterana se clavo en su pecho. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Este patio lo tengo libre hasta el mediodia. Si llegas antes del amanecer, no te cruzo en el camino.-</span></span><br />
<br />
Aquello no tenia nada de invitacion cordial; era un margen de faena. El coloso acepto aquel permiso a secas. Dejo los cascotes atras, se sacudio el polvo blanco de piedra del pantalon y puso a Ratatouille bien en el hombro, ajustando su posicion con cuidado. La rata estiro la patita delantera derecha y la apoyo en el cuello de Hanma como hace alguien que se sujeta en un saliente cuando el suelo no es del todo plano.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Esta noche te cocino algo de verdad.-</span></span> La instructora de rosa se quedo mirando las manazas del Oni un segundo mas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Sabes cocinar o solo lo dices?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Soy cocinero de verdad. Mi comida no es fideo de sobre ni sobras de taberna: mi comida llena un cuerpo entero.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Donde?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-En cualquier parte que tenga fuego y ingredientes.-</span></span><br />
<br />
Sira Matcha considero eso. Luego solto lo mas parecido a una sonrisa que habia mostrado en toda la mañana, que era apenas una variacion en la comisura derecha. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Hay una taberna en el camino de bajada, a mitad de la ladera. El propietario me deja usar la cocina por las noches si le dejo limpias las parrillas. Si en serio sabes cocinar, dile que vienes de mi parte. Si no sabes, no le des mi nombre.-</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Le dare tu nombre.-</span></span> Hanma bajo por el sendero de regreso a la ladera. El calor del mediodia empezaba a picar fuerte sobre la piedra de la montaña y el olor a resina y a cal caliente le lleno la nariz mientras descendia. Paso a paso. Desde el camino se oia el rumor de los dojos abriendo sus patios al dia, el traqueteo de los postes de entrenamiento, las voces de los maestros marcando el ritmo a sus discipulos. Habia pasado aqui su infancia completa escuchando esos mismos sonidos desde fuera, sin que nadie le abriera una puerta. Ahora los escuchaba bajando de un patio en el que acababa de romper el suelo con la cabeza.<br />
<br />
Aquello distaba mucho de ser una venganza tonta; era una victoria simple: era haber llegado por sus propios medios a un sitio al que antes no lo dejaban entrar. El animal husmeo la resolana y se metio de nuevo en el escote. Hacia calor ya en el camino. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Ya se.-</span></span> Le dijo a la rata.<br />
<br />
Esa tarde, en la cocina de la taberna de media ladera, Hanma preparo un estofado de res con especias del monte que olia a la mitad de la isla. Carne con hueso de res local, pimenton tostado molido en el mortero del propio tabernero, hierbas silvestres que habia recogido el en el sendero de bajada identificandolas por el olor; hongos secos de la despensa del local que Hanma reviso sin pedir permiso y que el propietario le dejo revisar porque cuando alguien de siete metros y medio revisa tu despensa la cuestion de los permisos tiene sus vueltas. La olla que usó era la mas grande que tenia el local. Aun asi le quedaba pequeña. Improviso con dos. La coccion a fuego lento empezo al caer la tarde, con el vino blanco añadido en dos veces para que no lo ahogara antes de que la carne cediera. El dueño del mesón asomo el hocico a la cocina cada media hora, primero por curiosidad y luego por el olor. En la tercera visita ya se habia traido su cuenco. Hanma lo miro.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Todavia le falta una buena hora a esto.-</span></span> El tabernero no se movio un palmo, babeando con la loza vacia entre las manazas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Si lo abres ahora, se pierde la ultima hora. Esa es la mejor.-</span></span><br />
<br />
El tabernero volvio a su barra. Y la ultima hora fue la mejor: la carne se separo del hueso con la cuchara, el caldo espeso habia concentrado todo lo que habia metido dentro. Dos discipulos de un dojo de la ladera se asomaron a la puerta del local como quien no quiere la cosa. La mujer de rosa cruzo la cancela cuando el puchero llevaba ya dos horas borboteando. Se sento en el banco mas resistente del local sin decir nada, saco ella misma el cucharón del gancho de la pared sin pedir permiso y metio el mismo en la olla para probar el caldo directamente. Lo guardo en la boca un momento. Dejo el cucharón. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Esta bien.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Lo se.-</span></span><br />
<br />
La instructora engullo el contenido sin soltar prenda hasta dejar el barro reluciente. Cuando termino dejo el cuenco en la mesa con un golpe suave. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Mañana antes del amanecer.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Estare.-</span></span> Y estuvo.<br />
<br />
La segunda jornada trajo un viento del norte que pelaba las orejas y la piedra del patio mas fria que la víspera. Hanma llego antes del alba como habia prometido; Sira Matcha ya estaba en el centro con un bol de te que humaba en sus manos y no ofrecio. Tampoco hacía falta. Se pusieron a trabajar sin preambulos: la maestra habia colocado cuatro bloques en el patio, separados entre si por cuatro metros cada uno, dispuestos en diagonal desde la esquina norte a la sur. El ejercicio consistia en encadenar cuatro saltos consecutivos, impactando en cada bloque sin tocar el suelo entre medias. Sin Buto todavia. Solo el arco, el tiempo, el peso.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Si tocas el suelo entre bloques, vuelta a empezar.-</span></span><br />
<br />
Los primeros tres intentos terminaron en el suelo despues del segundo bloque. En el cuarto, Hanma encadeno tres de cuatro y el ultimo lo fallo por quince centimetros, aterrizando de hombros contra la losa y dejando una marca en la piedra con la clavícula. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-La cadera. Cuando saltas al tercer bloque, la cadera llega tarde. Usas los hombros para compensar.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Como se corrige?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Dejando de comerte la olla. Saltas con miedo a romperse las uñas. ¡Suelta el bulto y salta de una vez!-</span></span><br />
<br />
No suena a instruccion. El ogro probo suerte de todas formas y en el septimo intento encadeno los cuatro. Sin Buto todavia. Solo el cuerpo en el aire, toda la mole de su cuerpo en cada salto aterrizando en el bloque correcto en el momento correcto. La maestra lo vio y no dijo nada. Pero recogió los cuatro bloques y los volvio a colocar, esta vez con tres metros de separacion en lugar de cuatro. A veces el silencio de un maestro es la forma mas cara de validar que sigues en la direccion correcta. La tercera jornada amanecio torcida. El sol no aparecio: la isla entera se quedo atrapada en una llovizna fina de primeras horas que hizo las losas resbaladizas y el aire pesado de humedad. Hanma subio igual, sin paraguas porque no tenia y aunque lo hubiera tenido no le iba a caber ninguno. Llego al patio chorreando y encontro a Sira Matcha haciendo un ejercicio de brazos contra la pared de roca, en camiseta blanca empapada, sin que la lluvia le hiciera ninguna gracia visible pero tampoco ninguna queja.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Los bloques estan mojados. Resbalaran. Cuando saltes al segundo, la superficie te va a dar menos agarre en el cuerpo. Eso en realidad es bueno.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Por que?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¡Porque la onda no necesita que el suelo te baile el agua! Si el golpe esta maduro, le da igual que haya barro, fango o manteca. Si patinas, el problema son tus patas, no la lluvia.-</span></span><br />
<br />
El primer intento que hizo bajo la lluvia resulto del todo desastroso en lo que al equilbrio respecta: Hanma resbalo en el segundo bloque y cayo de costado con un sonido que se oyo hasta la mitad de la ladera. El segundo intento fue mejor porque ya sabia donde estaba el resbalón. El tercero fue el primero desde que empezaron en que la vibración salio limpia sin que hubiera sangre en el cuerno al final. Poca diferencia con los dias anteriores, pero la suficiente. El acierto no paso desapercibido para la mujer.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Lo sentiste?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Si.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Donde la perdiste?-</span></span> Hanma penso un momento. Habia habido un instante, justo en el impacto, en que algo se habia bifurcado: parte de la vibración habia ido hacia el bloque y parte habia rebotado de vuelta hacia el crá neo. No igual que los dias anteriores, donde todo rebotaba. Habia sido la mitad. Progreso.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-En el contacto. En el momento exacto del contacto, se divide. La mitad va hacia afuera y la otra mitad vuelve.-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Correcto. Eso es lo que tienes que resolver. Cuando el craneo toca la superficie, tienes una fraccion de segundo para elegir donde va la onda. Si no la eliges, va a los dos sitios a partes iguales. Con el tiempo lo haras sin pensar. Ahora tienes que pensarlo.-</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Como se elige?-</span></span> La maestra tardo en responder. No porque no supiera: porque buscaba la forma de traducirlo a palabras que Hanma pudiera usar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-¿Porque piensas tanto en lugar de dejar que tu cabeza sea la que vaya delante y tu le sigues? Usa la cabeza para lo que tienes, golpear sin pensar.-</span></span> El Oni guardo silencio. Se giro hacia la fila de bloques que quedaban y salto de nuevo. En esa ocasion la vibración fue un sesenta por ciento hacia el objetivo. Faltaba mucho para redondear el golpe, pero superaba con creces los fiascos anteriores. Al cuarto dia el cielo amanecio despejado y seco. El cielo estaba limpio y la piedra del patio seca cuando Hanma llego todavia con estrellas. La veterana del monte se retraso unos diez minutos sobre el horario, con las vendas mas nuevas que ningun dia anterior, lo que Hanma interpreto como que habia tenido un combate real el dia anterior y no como que habia cuidado especialmente el vendaje por el entrenamiento. No lo pregunto. No era su asunto.<br />
<br />
Ese dia Aquella mañana la veterana no monto ninguna torre de piedra. Le señalo el borde sur del patio, el que daba al precipicio.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Salta hacia el precipicio y vuelve antes de caer.-</span></span><br />
<br />
Hanma miro el borde. Habia cuatro metros de aire hasta las copas de los pinos mas proximos y abajo, bastante abajo, las rocas de la ladera. El precipicio no le iba a quitar la vida a alguien de su pellejo, desde luego. Pero tampoco era agradable. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-¿Para que?-</span></span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Porque si dependes de chocar para que el hueso vibre, no has entendido un carajo. La onda se carga en el aire, antes de tocar nada. Si la tienes lista en el vuelo, al pisar tierra sale sola. Y si no la tienes... pues te vas cincuenta metros barranco abajo y eso que me ahorro de aguantarte.-</span></span> Fue el ejercicio mas raro que habia hecho en años. Saltar hacia el vacio, generar la vibracion en pleno vuelo con nada delante donde soltarla, y volver antes de que la gravedad tomara la decision por el. Los primeros cuatro saltos los hizo sin entender nada: el cuerpo iba, el cuerpo volvia, la vibracion se perdia en el aire sin objetivo. En el quinto salto, por primera vez, sintio la vibracion quedarse dentro del craneo esperando: no generada por el impacto, sino lista para cuando hubiera impacto. Como cargar un golpe antes de que el puño se mueva.<br />
<br />
Cuando aterrizo de vuelta en el patio, la onda se solto contra las losas y la grieta fue de dos metros. Mas que ningun dia anterior. Menos que el primer dia de sangre, pero con ninguna sangre en el cuerno. Desde la otra punta del cuadrilatero, la mujer asintio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Eso.-</span></span> Solo eso. Pero Hanma supo exactamente lo que significaba.<br />
<br />
La quinta jornada fue la definitiva. Hanma llego al patio con el cuerno izquierdo todavia con una costra seca de dos dias antes; La enana subio acarreando ella sola un bloque de piedra renegrida que habia subido ella sola desde algún punto de la ladera, mas denso que los anteriores, con vetas de roca oscura que le daban un peso distinto. Lo coloco en el centro del patio y se aparto. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Este es distinto. Mas compacto. La onda tiene que traspasar mas densidad para llegar al otro lado. Si puedes partirlo, el Buto esta. Si no puedes, seguimos mañana.-</span></span><br />
<br />
El gigante observo la mole oscura. No le pregunto cuanto pesaba ni de que roca era; le daba igual. Retrocedio hasta el borde norte del patio, la distancia maxima que el espacio le dejaba, que eran dieciocho metros. Calculo el arco. Luego dejo de calcular. Penso en los trescientos cincuenta kilos, en toda la masa que iba a estar en el aire, en el peso que llegaria a la cabeza cuando la gravedad le diera permiso.<br />
<br />
Salto.<br />
<br />
Aquel arco fue del todo limpio porque ya lo habia repetido cien veces en cuatro dias. Todo el cuerpo se le fue hacia abajo en una curva limpia sin que tuviera que pensarlo, los pies dejaron de importar en algun punto del descenso y lo que llego al bloque fue todo lo que pesaba mas la velocidad que llevaba. La vibración esta vez no se dividio. Salio entera hacia el objetivo, sin rebote, sin bifurcacion: como el primer dia de la pared con la palma, pero desde el craneo y con trescientos cincuenta kilos de peso, casi nada. El bloque no se astillo. Se desgrano. En doscientos pedazos pequeños que salieron en todas las direcciones y golpearon las paredes de roca del patio con un traqueteo de granizo. La grieta en el suelo fue de cuatro metros, mas larga que ninguna anterior. Con el pellejo ya curtido de sustos, el roedor se habia puesto a salvo estaba en el hombro de Sira Matcha tres segundos antes de que sonara el golpe.<br />
<br />
El pelirrojo se incorporo despacio para comprobar el suelo. La costra del cuerno seguia entera. Sin sangre nueva. La enana del pelo fucsia se sacudio el granito del regazo y solto el veredicto sin adornos: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E87040;" class="mycode_color">-Buto. Lo tienes.-</span></span> Hanma no sonrio ni dio las gracias. Nunca lo hacia. Solo se echo los codos atras de golpe, junto los omoplatos con fuerza y la espalda le solto un crujido limpio que sono como una rama gorda partiendose en dos. Entre la solapa asomo el hocico con el parche, comprobo que no llovian piedras y volvio a meterse al calor de la tela. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #FF0000;" class="mycode_color">-Siguiente.-</span></span><br />
<br />
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						<span>Off Fic</span>
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					<br />
5927 palabras<br />

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		<item>
			<title><![CDATA[[Fic Hasshoken] Beyblade Kagura]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4276</link>
			<pubDate>Wed, 09 Sep 2026 12:22:41 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=754">Kagura</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4276</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Capitulo 28: Beyblade Kagura</span></span><br />
Lugar: Isla de Kárate<br />
Fecha: 49 de verano, año 18<br />
Hora: 08:00 AM</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El canto insistente de un gallo resonando en algún lugar cercano a la casa de mi abuela, fue lo que finalmente logró arrancarme del extraño sueño que tenía. Apenas abrí los ojos con lentitud cuando sentí mi garganta reseca quizás estaba roncando, quizás, no lo se. Todavía estaba atrapada entre la comodidad de las suaves sábanas de seda y el deseo de permanecer unos minutos más en la cama, algo adormilada, algo perezosa, algo ¿triste?. La habitación estaba envuelta por la cálida luz del amanecer, cálidos rayos de luz se filtraban a través de la ventana como queriendo adornar mi mundo del ensueño, bellas luces que comenzaban a dibujar sombras tranquilas sobre las paredes de madera –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Que dia es hoy?</span></span> — Ya no recuerdo cuanto tiempo he estado en esta isla, no es que me desagrada pero tenía cierto peso en mi corazón, con esos pensamiento casi sombríos permanecí inmóvil durante unos instantes sobre mi cama, observando el techo mientras intentaba reunir la energía necesaria para levantarme, el cuerpo aun me dolía levemente debido al entrenamiento excesivo de los últimos días, con un leve quejido me incorporé sobre la cama, estirando los brazos por encima de mi cabeza y arqueando ligeramente la espalda, aunque el resultado fue una nueva oleada de tensión que se extendió desde mis hombros hasta la cintura —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Arrrggghh!</span></span>--- un pequeño quejido se escapó de mi labios mientras masajeaba mi nuca con una mano —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aun estoy tensa…</span></span>— Susurre intentando aliviar la rigidez acumulada en mis hombros. Sin embargo el aroma fresco de la mañana y la tranquilidad característica de aquel hogar me reconfortaba de algún modo, así que me limite a estar sentada al borde de la cama, respirando profundamente y reuniendo fuerzas para enfrentar el día que tenía por delante.<br />
<br />
Observé las siluetas que descansaban al otro extremo de la habitación, con facciones tranquilas y respiraciones armoniosas, Nyxara y Seraphime dormían plácidamente sobre sus camas,ambas ajenas al inicio de la mañana. Debía confesar que gracias al apoyo de Nyxara me sentía mucho mejor, ella realmente era habilidosa pero no quería seguir cargándola con mis problemas ni obligarla a gastar más energías de las necesarias, pues ella tenia sus propios problemas. Con ese pensamiento en mente me levanté finalmente de la cama y avancé con pasos cuidadosos hacia la puerta, procurando no hacer ruido que pudiera despertar a mis compañeras. Al salir al pasillo, me encontré con mi abuela caminando desde el extremo opuesto del pasillo. Su semblante sereno y la calidez de su mirada me recibieron antes incluso de que pronunciara la palabra —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Buenos días, querida nieta. ¿Descansaste bien?</span></span> —preguntó apenas me vio. Una pequeña sonrisa apareció en mis labios; después de todo, ella mejor que nadie sabía que todavía cargaba con algo de tensión en el cuerpo —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Buenos días, honorable abuela. Sí, descansé bien... supongo que venías a despertarnos, ¿no?</span></span> —respondí con una voz totalmente moderada, Mi abuela siempre había sido así, una mujer disciplinada que se aseguraba de que todos comenzaran el día desde temprano, convencida de que cada amanecer trae nuevas metas por alcanzar y oportunidades que no deben desperdiciarse.<br />
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<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Así es, estaba a punto de despertarlas </span></span>—respondió mi abuela mientras dirigía una breve mirada hacia la puerta de mi habitación, siguiendo la dirección de sus ojos dejé escapar un suave suspiro que seguramente ella escucharía, Conociéndola, sabía perfectamente cuáles eran sus intenciones —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entiendo tu filosofía abuela, pero... por hoy, ¿podrías dejarlos descansar un poco más? Han sido días muy cargados y creo que se merecen una mañana tranquila y normal</span></span> —pedí con sinceridad, esperando obtener su aprobación, pues a pesar de ser alguien totalmente seria, sabia que tenia tambien un lado mas amable. No obstante , mi abuela permaneció en silencio durante unos segundos, valorando mis palabras. Aunque podía notar que la idea no terminaba de convencerla, finalmente cedió con una pequeña inclinación de cabeza. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno, han sido invitadas muy atentas y respetuosas... así que estará bien...por hoy</span></span>–  Aquella respuesta se sintió como una pequeña victoria para mi. Una sonrisa apareció de inmediato en mi rostro y no dude en acercarme a ella para rodearla en un breve abrazo, gesto que ella correspondió con la misma calidez de siempre. Sin embargo, apenas nos separamos, sus manos se apoyaron sobre mis hombros y su expresión adoptó un matiz más serio pero sin dejar de demostrar esa calidez con la que me crio a lo largo de los años —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero debes visitar a Sira. Tienes que completar tu entrenamiento del Hasshoken</span></span> — Apenas escuché aquel nombre cuando senti un escalofrío recorrer mi espalda de arriba hacia abajo, por instinto mii sonrisa desapareció al instante, reemplazandola por una evidente tensión que se apoderó de mis hombros, el recuerdo de aquella doncella hizo que mi ánimo se desplomara —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ah... sí...</span></span> —murmuré finalmente, desviando la mirada mientras intentaba ocultar el terror que aquellas simples palabras acababan de despertar en mí.<br />
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Al retirar sus manos de mis hombros, mi abuela retomó su camino por el pasillo no sin antes dejar muy claro que debía comenzar la mañana como correspondía: lavarme el rostro, tomar una ducha y por supuesto desayunar. Según ella este día necesitaría recuperar toda la energía posible para poder resistir, así que el desayuno tendría suficiente proteína para prepararme ante la agotadora jornada que me esperaba, relativamente suspiré nuevamente mientras la veía alejarse. Sabía que tenía una deuda pendiente con la maestra Sira; pero había sido bastante clara al decirme que descansara unos días y regresará una vez estuviera recuperada, ¿realmente estaba preparada? Y ¿qué era exactamente lo que tenía que hacer?, después de tantos golpes en la cabeza mi mente había comenzado a jugarme malas pasadas, mezclando recuerdos, sueños y situaciones que parecían completamente ajenas a mi realidad. No tenía respuesta para esas dudas así que decidí dejarlo de un lado y siguiendo las instrucciones de mi abuela, me dirigí al baño para refrescarme y despejar la cabeza, después de una ducha, me lavé el rostro, me vestí con mi ropa de entrenamiento y bajé finalmente a desayunar. En la mesa me esperaba una comida preparada con cariño por mi abuela, la cual devoré procurando recuperar fuerzas, antes de marcharme, tomé unos cuantos bollos al vapor y con todo listo, emprendí el camino hacia el dojo de la gran maestra Sira.<br />
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Con un paso sumamente ligero, comencé mi andar por aquel sendero que conducía hacia una zona un poco más concurrida. A medida que anvazaba podia notar como se alzaban las casas, aquellas estructuras que parecían repetirse una tras otra, colores rusticos y diseños compactos para una mejor convivencia, todo formando parte de un paisaje que me resultaba familiar y comodo, Debia de confesar que mi cuerpo se sentía mucho más relajado después de la ducha de esta mañana; era como si el agua hubiese conseguido arrastrar parte del cansancio acumulado durante los últimos días. Sin embargo, mi mente continuaba siendo un verdadero mar de pensamientos, las dudas seguían dando vueltas en mi cabeza como un disco que repite la misma melodia, quizás todo aquello comenzaría a tener sentido cuando finalmente me encontrara frente a aquella mujer. Tal vez solo necesitaba escucharla para comprender qué era lo que realmente estaba sucediendo conmigo.<br />
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A medida que avanzaba, fui saludando a algunos civiles que me reconocían, no tanto por mi labor como marine o porque era alguien sumamente popular, sino por ser la nieta de mi abuela, una mujer sencilla pero amigas de algunos cuantos, sus rostros amables y aquellas pequeñas muestras de cariño lograban arrancarme una sonrisa por cortesía. Era agradable estar rodeada de personas que compartían mi felicidad, aunque fuera por unos instantes. No es que no quisiera a mi gente de Baterilla, pero, después de tantos años, me había acostumbrado demasiado a la soledad del dia a dia, las noches un tormento y el silencio una tortura. Poco a poco me había perdido dentro de la monotonía del deber, entre órdenes, misiones y responsabilidades, realmente amo ser marine, tengo convicción, intentó mantener la disciplina y el orgullo de portar aquel uniforme como cualquier otro soldado que ha decidido dedicar su vida a proteger a los demás. Pero, pese a todo eso, había algo que todavía me hacía sentir incompleta.<br />
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Era una sensación difícil de explicar, un especie de vacío que permanecía oculto en lo más profundo de mis recuerdos, un sentimiento que hacía peso en mi frágil corazón. Y cuando mi mente se aventuraba demasiado lejos, terminaba encontrándose con él.Una figura que se va alejando lentamente en medio de una oscuridad absoluta, mientras sus palabras me alcanzaban me hacían sentir tan vacía. Esas palabras duras que aún permanecían grabadas en mi memoria. su ausencia todavía conseguía lastimarme cada vez que recordaba su rostro —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Kamui.</span></span>--- frunci levemente el ceño tran pronto me di cuenta que habia llegado al dojo, me quede ahi, parada, observando el interior mientras sentia mis sentimientos chocar.<br />
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<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Despeja tu mente…</span></span>— Tras cerrar los ojos por un breve instante, respire profundamente para luego soltar el aire y con ello frenar todos esos sentimientos que solo me llenaban de energías negativas, mi mente debía estar en armonía con mi cuerpo asi que nada de lamentaciones, nada de corajes, simplemente…demostrar que soy una ejemplar —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aquí vamos…</span></span>— dándome palabras de aliento, crucé aquella entrada para dar a conocer mi presencia, sabía perfectamente dónde encontrarla.<br />
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Cuando finalmente crucé las puertas del dojo, lo primero que llamó mi atención fue la escena que que tenia frente de mí, sobre aquel amplio tatami la maestra Sira se encontraba en medio de un combate contra tres personas al mismo tiempo —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Wow...</span></span>--- Murmure por bajo al ver cómo se enfrentaba a sus adversarios con una tranquilidad que contrastaba por completo con la intensidad de aquel entrenamiento, ella no parecía estar luchando contra ellos, de hecho daba la impresión de estar guiándolos a través de una danza cuidadosamente ensayada, sus movimientos eran precisos, audaces y sobre todo contundentes, era impresionante la seguridad que dejaba claro que aquella mujer conocía su cuerpo y sus capacidades hasta el más mínimo detalle. <br />
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Los tres contra atacantes intentaban rodearla buscando aprovechar cualquier abertura que pudieran encontrar, estaban mas que decididos en darle un golpe a la maestra, pero ella parecía anticipar cada golpe pues apenas uno de ellos se lanzaba a golpear, ella giraba sobre sus propios pies mostrando una elegancia, inclinando ligeramente el cuerpo para dejar que el puño pasara junto a ella sin siquiera rozarla, un rostro sereno que parecia que nada le sorprendía. el atacante fue incapaz de detener su propio impulso y aquel sujeto termino por perder el equilibrio,  dando un par de pasos hacia adelante para no caer, una semi comedia que me hacia sonreir levemente. <br />
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Era como observar una corriente de agua intentando atrapar el viento, por más que los tres hombres lo intentaran, ninguno conseguía alcanzarla, ni siquiera rozarla. Los tres comenzaron a perder el ritmo, mientras Sira mantenía el suyo intacto, avanzando, retrocediendo y girando con una coordinación impecable. Desde mi punto podia ver el rostro cansado de aquellos hombres, tres sujetos de complexiones diferentes, tez blanca y cabello oscuro, ningun tenia un fisico extraordinario. Pero ignorando ese dellate uno de los combatientes volvió a lanzarse contra ella con todas sus fuerzas. <br />
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Sira aguardó hasta el último momento mientras dejaba simular una pequeña sonrisa en sus labios. Como preparándose para el mejor movimiento, sus pies se afirmaron sobre el tatami y de pronto tomó impulso, saltando de pronto delante de aquellos hombre, su cuerpo se elevó con una velocidad sorprendente que no solo me sorprendio a mi…si no que sus adversarios quedaron atónitos de lo que estaban viendo, como la furia de una bestia desatada de golpe, Sira proyecto un aura de guerra que definió el verdadero final de ese encuentro, ella giró ligeramente su cuerpo y sin más lanzó un cabezazo directo y brutal que impactó contra el hombre con una fuerza capaz de hacerlo retroceder varios metros. El golpe fue tan contundente que aquel hombre terminó llevándose por delante a sus otros dos compañeros, quienes no tuvieron tiempo de apartarse y cayeron junto a él sobre el tatami. Los tres hombres permanecieron tendidos en el suelo completamente derrotados –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Que paliza…</span></span>— Murmure mientras miraba cómo la maestra Sira aterrizaba con firmeza y recuperaba su postura como si aquel enfrentamiento no hubiese representado ningún esfuerzo para ella y realmente no lo fue. Todo aquello era una demostración de por qué todos respetaban a la maestra Sira. No importaba cuántos adversarios se enfrentaran a ella ni cuánta fuerza pusieran en sus ataques; al final, todos terminaban comprendiendo la misma verdad: nadie podía vencer a la maestra Sira.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Uhh? </span></span>— La maestra levantó lentamente la cabeza, como si apenas entonces hubiese notado mi presencia en la entrada del dojo. sus ojos se encontraron con los míos y durante un instante, pareció analizarme en silencio como si tratara de recordar quien era,  De pronto una pequeña sonrisa dio a lugar mientras relajaba los hombros y llevaba una de sus manos hasta su cintura, adoptando aquella postura despreocupada que parecía tan característica de ella, ella emanaba una identidad propia a la de una reina, mientras me prestaba atención a sus pies todavía permanecían los tres hombres que acababan de enfrentarse a ella, completamente derrotados sobre el tatami mientras trataban de recuperarse, para la maestra Sira aquel combate parecía haber terminado hacía mucho tiempo de lo que realmente había empezado —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vaya, vaya… </span></span>— murmuró finalmente, dejando escapar una pequeña risa mientras me observaba de arriba abajo— <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">De tantos cabezazos, pensé que no regresarías</span></span> — Su tono estaba cargado entre burla y familiaridad que hacía imposible saber si realmente estaba preocupada o simplemente disfrutaba molestarme. Sus palabras consiguieron arrancarme una expresión ligeramente incómoda, especialmente al recordar la razón por la que había terminado recibiendo aquellos golpes en primer lugar, me tense un poco pero aun así no podía mostrar mis sentimientos. La mujer inclinó un poco la cabeza, sin apartar la mirada de mí, por otra parte detrás de ella uno de los hombres intentaba incorporarse lentamente, todavía aturdido por el impacto que acababan de recibir. Sira, sin embargo, continuó ignorándolo por completo, como si aquellos tres hombres hubieran dejado de existir en cuanto mi presencia había llamado su atención. <br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es suficiente por hoy…regresen en tres días </span></span>—mencionó la maestra mirando por encima de su hombro derecho a los tres hombres que aún permanecían sobre el tatami. Con aquellas palabras dio por terminado el entrenamiento, haciendo que los combatientes se levantaran poco a poco y abandonaran el dojo, el silencio fue algo incomodo. Una vez que estuvieron fuera de su vista Sira finalmente relajó su postura y volvió toda su atención hacia mí, dejando escapar una pequeña sonrisa cargada de cierta burla, como si una escena de pelicula se dibujara sobre mi cabeza —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Recuerdas lo que pasó la última vez?</span></span> —preguntó, notando de inmediato la expresión de confusión que apareció en mi rostro —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ahmmm… ¿me enseñaste a dar cabezazos fuertes con el estilo Hasshoken? Y… ¿comimos bollos al vapor?</span></span> —respondí después de dudar unos segundos tratando de ordenar mis recuerdos  pues no lo tenía demasiado claro que se diga; lo único que recordaba con verdadera certeza era aquel combate que había tenido para aprender la primera técnica del Hasshoken, ante mis palabras La maestra permaneció en silencio durante un instante antes de soltar una leve carcajada, llevándose una mano al rostro mientras negaba con la cabeza. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te golpeaste tan fuerte la cabeza que comenzaste a soñar con cosas que nunca pasaron…</span></span> —explicó mientras me apuntaba directamente con su dedo índice—<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Según tú, me conocías desde pequeña y también hablabas de un gigante que te acompaño al llegar a esta isla</span></span> — Cada palabra hizo que mi rostro se encendiera de vergüenza. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Así que eso fue lo que había pasado?! </span>ahora todo comenzaba a tener sentido para mi, esos recuerdos vagos y oscuros que no lograba entender. La manera en que Sira se reía y aquella mirada divertida, todo encajaba finalmente como un rompecabezas. Me había convencido de que aquellos recuerdos eran reales, cuando en realidad solo habían sido delirios provocados por el tremendo golpe que recibí en el combate anterior. Bajé ligeramente la mirada, completamente avergonzada, mientras ella continuaba riéndose frente a mí. <br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">En fin, supongo que has venido para aprender la siguiente técnica del dojo, ¿verdad? </span></span>—cuestionó mi maestra mientras comenzaba a aflojar su cuerpo con algunos movimientos de hombros y brazos, preparándose para lo que seguramente sería otra sesión de entrenamiento. Su expresión había cambiado por completo, aquella actitud burlona había desaparecido poco a poco, dejando paso a la seriedad que siempre adoptaba cuando se trataba de enseñarme algo nuevo, realmente es una buena maestra así que me limité a responder con un simple asentimiento y una palabra corta —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sí</span></span>— dejando claro que no había venido hasta aquí para recordar las vergonzosas consecuencias de mi último entrenamiento. Por otra parte Sira permaneció observándome durante unos segundos, como si quisiera comprobar que realmente estaba decidida a continuar con este entrenamiento, una sonrisa leve apareció nuevamente en sus labios —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese es el espíritu </span></span>—respondió, adoptando una postura más firme mientras sus ojos se mantenían sobre mí. Algo me decía que aquella nueva técnica no sería tan sencilla de aprender.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aprendiste a utilizar los movimientos básicos del Hasshoken, sin embargo, todavía queda mucho por hacer y por aprender</span></span> —mencionó mi maestra con tranquilidad mientras comenzaba a caminar hacia el centro del dojo, sus pasos eran pausados, pero resonaban levemente contra el tatami haciendolo crujir a medida avanzaba. Cuando llegó al centro del dojo, se detuvo y me dejó suficiente espacio para observarla con atención, permitiéndome analizar cada uno de sus movimientos y sus palabras. La joven maestra comenzó entonces a aflojar sus brazos y hombros, realizando pequeños movimientos para liberar la tensión de su cuerpo. A diferencia del combate anterior, no parecía estar preparándose para atacar; su postura era mucho más relajada, casi despreocupada, casi sin interés. <br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El siguiente movimiento no consiste en dar un cabezazo como tal… </span></span>—continuó, haciendo una breve pausa mientras dirigía su mirada hacia mí— <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero sí utilizarás la cabeza. Eso es absolutamente necesario</span></span> — Ante sus palabras parpadeé un par de veces, tratando de encontrarle sentido a sus indicaciones. avancé unos pasos hacia ella, acercándome con la intención de observarla mejor y comprender exactamente qué era lo que pretendía enseñarme, algo me decía que debía mantener la guardia alta. Sira permaneció inmóvil, esperando pacientemente a que me colocara frente a ella. Su expresión no revelaba demasiado, aunque aquella pequeña sonrisa en sus labios me hacía sospechar que sabía perfectamente lo que estaba a punto de suceder, ¿acaso estaba buscando sorprenderme o algo? Quizás el verdadero significado de sus palabras se revelaría en cuanto comenzará la demostración. Por ahora, solo podía mantener la mirada fija en mi maestra y prepararme para aprender aquel nuevo movimiento del Hasshoken.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El siguiente movimiento consiste en clavar la cabeza en el suelo y girar como si fueras un remolino</span></span> — decía tras explicar con palabras breves lo que consistia el movimiento, sin comprender la teoría mi maestra agrego mas indicaciones –<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Recuerda que el Hasshoken es usar las vibraciones de tu cuerpo y usar esos choques para golpear</span></span>– mencionó la maestra nuevamente mientras yo seguía sin comprender del todo –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sí pero…¿cómo voy a golpear si clavó la cabeza en el suelo?</span></span> – Ante mi duda parecía que mi maestra estaba decidida en darme una demostración, pues tan pronto pregunté cuando la vi cambiar su postura a combate y con agilidad brutal se lanzó hacia mi, acción que me llevó a alejarme tan pronto la vi acercarse, pero en un movimiento demasiado ágil note como su cabeza se clavó en el suelo y con una brutalidad casi impactante, comenzó a girar sobre el mismo deslizándose tan fácilmente mientras se acercaba a mi.<br />
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Mi primera opción fue esquivar el ataque,pero apenas intenté apartarme comprendí que había subestimado por completo la velocidad de mi maestra. Su cuerpo se desplazó con una rapidez impresionante, girando sobre sí misma como un remolino salvaje que parecía arrastrar todo a su alrededor, intenté seguir sus movimientos con la mirada, pero apenas tuve tiempo de reaccionar antes de sentir un fuerte impacto contra mi cuerpo, ¿una patada? ¿un puño?...no…era como una embestida —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Huh?</span></span><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">!</span></span> — aquel choque consiguió hacerme retroceder varios pasos, perdiendo por completo el equilibrio hasta terminar cayendo de espaldas sobre el tatami del dojo, un fuerte quejido escapó de mis labios mientras sentía cómo el impacto recorría mi cuerpo, realmente golpeaba duro —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Arrghh… </span></span>— grite por bajo mientras llevaba una mano hacia mi estómago al mismo tiempo que intentaba recuperar el aliento que perdi a causa del golpe, durante unos segundos, mis sentidos permanecieron completamente aturdidos, incluso mi visión parecía haberse vuelto ligeramente borrosa, apenas podía enfocar la silueta de mi maestra. Cuando finalmente levanté la cabeza, pude observar que la maestra Sira ya había regresado a su postura anterior —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Al saber cómo utilizar las vibraciones de tu cuerpo, desplazarte de esta forma te será mucho más sencillo</span></span> — explicó con naturalidad mientras mantenía sus ojos sobre mí— <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El secreto está en no perder tu objetivo de vista</span></span> — Parecía sencillo pero ciertamente dudaba de sus palabras, para mi aquello no se trataba simplemente de moverse rápidamente, sino que se trataba de usar las ondas de choque que el estilo Hasshoken me permitía generar, ¿pero cómo podía desplazarse sin perder el equilibrio?, intentando recordar y memorizar cada detalle de la demostración, tenía que conseguir que mi cuerpo respondiera antes de que mi mente tuviera siquiera tiempo de pensarlo. <br />
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<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Está bien… lo intentaré… </span></span>—murmuré con cierta inseguridad, tratando de convencerme a mí misma de que aquello no podía ser tan complicado como parecía serlo. por otra parte la maestra Sira simplemente se cruzó de brazos mientras una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro, ese gesto estaba lejos de transmitir confianza o apoyo,estaba segura que era de burla.Dejé escapar un suspiro y traté de concentrarme, recordando las palabras que acababa de decirme hace unos instante, debia usar las vibraciones de mi cuerpo y no perder de vista mi objetivo, solo tenía que imitarla y ejecutar el movimiento, ¿que tan difícil podía ser?, sin mas junté ambas manos frente a mi pecho en una especie de ruego, cerrando los ojos durante un breve instante, flexioné las piernas preparándome para impulsarme con todas mis fuerzas hacia el suelo —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Vamos…!</span></span> — Mi cuerpo salió disparado hacia adelante, aunque, por desgracia, aquella velocidad no fue precisamente la que había conseguido demostrar mi maestra. En lugar de deslizarme elegantemente sobre el tatami, perdí completamente el control de mi movimiento. <br />
<br />
Mis piernas se enredaron entre sí y mi cuerpo terminó inclinándose demasiado hacia adelante —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Eh?!</span></span> — No tuve tiempo siquiera de corregir mi postura antes de que mi rostro impactara directamente contra el suelo. ¡PUM! El golpe resonó por todo el dojo, haciendo que durante unos segundos pareciera que hasta el aire había quedado congelado, quizás el asombro, el susto, o simplemente ¿enojo?. Permanecí inmóvil sobre el tatami, con la cara prácticamente enterrada contra el suelo, mientras un pequeño quejido escapaba de mis labios. La maestra Sira se había quedado completamente en silencio, probablemente intentando procesar lo que acababa de presenciar. Finalmente levanté lentamente la cabeza en busca del rostro de mi maestra, quien tenía la boca semi abierta.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">JAJAJAJAJAJAJAJAJA</span></span><br />
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De pronto mi maestra comenzó a reírse a carcajadas altas mientras me señalaba con su dedo índice, sutilmente presionaba su estómago mientras intentaba procesar la escena que presenció hace unos segundos, debo decir que sentí como la vergüenza comenzaba a colorear mis mejillas con aquel rojo tan vivaz, haciéndome sentir imbécil y tonta –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡MA…MAESTRA!</span></span>--- reproche mientras observaba cómo las lágrimas salían de sus ojos debido a la risa exagerada que no podía controlar, en un acto de oprimir su risa, se cubrió la boca tras intentar recobrar la postura seria –<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Perdona….esque…jajaja….me parecio comico</span></span>– mencionó tras comenzar a relajarse, sacudió su cabeza para regresar a ese modo serio habitual.  <br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Intenta hacerlo de nuevo, concéntrate y enfócate en las vibraciones de tu cuerpo</span></span> —mencionó nuevamente la maestra Sira, dejé escapar otro suspiro mientras apoyaba las manos sobre el tatami y comenzaba a incorporarme lentamente. Sentía todavía un ligero dolor en el rostro debido al golpe anterior, pero no podía permitirme distraerme por ello. Si quería aprender aquella técnica, tendría que dejar de pensar en el resultado y comenzar a comprender lo que ocurría dentro de mi propio cuerpo. Miré a Sira durante unos segundos antes de adoptar nuevamente aquella postura que me había mostrado, flexioné ligeramente las piernas y relajé los brazos, intentando sentir cada parte de mi cuerpo en lugar de forzar aquel movimiento. Las palabras de mi maestra volvieron a resonar en mi cabeza: las vibraciones de tu cuerpo. Cerré los ojos por un instante y concentré toda mi atención en aquella sensación, buscando percibir algo que hasta ese momento había pasado completamente desapercibido para mí.<br />
<br />
Recordando el entrenamiento anterior, intenté encontrar la conexión entre aquella nueva técnica y lo basico que aprendi en el entrenamiento pasado, La primera técnica consistía en hacer un fuerte cabezazo, en donde debia concentrar las vibraciones del Hasshoken en un único punto para potenciar la fuerza del impacto. Si aquella era la base, entonces el nuevo movimiento debía seguir exactamente la misma teoría, solo que en lugar de acumular las vibraciones para golpear, tenía que utilizarlas para impulsar todo mi cuerpo —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bien… aquí vamos… </span></span>— susurré, flexionando las piernas y preparando mi cuerpo para intentarlo una vez más. Tomé impulso y me lancé hacia delante, clavando la cabeza contra el tatami mientras elevaba el resto de mi cuerpo. Durante un instante conseguí mantener aquella posición, asi que rápidamente junté las manos y comencé a girar, intentando reproducir exactamente el movimiento que había realizado mi maestra. Al principio todo parecía funcionar, sentí las vibraciones recorrer mis brazos, descender por mi torso y concentrarse poco a poco en la cabeza. Mi cuerpo comenzó a girar sobre aquel punto, aumentando la velocidad hasta convertirme en una especie de torbellino que avanzaba sobre el tatami.<br />
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<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Lo estoy haciendo! </span></span>—exclamé, sorprendida por haber conseguido mantenerme en movimiento. Entonces escuché la voz de Sira. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muy bien… ahora intenta golpearme</span></span>— traté de cambiar ligeramente mi dirección para acercarme a ella, pero apenas intenté modificar mi trayectoria, perdí por completo el equilibrio, el torbellino se convirtió en un movimiento descontrolado y terminé cayendo nuevamente sobre el duro tatami —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Ugh! </span></span>— gemí tan pronto cai, Sira se limitó a observarme con aquella expresión serena que comenzaba a conocer demasiado bien. <br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No basta con moverte</span></span> —explicó mi maestra —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Debes ser capaz de decidir hacia dónde vas y mantener la atención sobre aquello que quieres golpear</span></span>— No pensaba rendirme después de haber conseguido siquiera una pequeña parte del movimiento, sin perder el tiempo volví a intentarlo una vez, luego otra y otra más, cada intento terminaba de una manera diferente, aunque ninguno podía considerarse exitoso, En más de una ocasión terminé dando vueltas sin control hasta quedar completamente mareada, cada caída comenzaba a enseñarme algo nuevo, poco a poco comprendía cuánto debía inclinar mi cuerpo, cuánta fuerza necesitaba para iniciar el movimiento y sobre todo, cómo debía distribuir las vibraciones para no perder el control. Sira nunca intervenía de inmediato. Dejaba que descubriera mis propios errores antes de corregirme, limitándose a darme pequeñas indicaciones cuando consideraba que estaba lista para continuar. <br />
<br />
De pronto el entrenamiento se volvia mucho más exigente pero entendia que asi debia de ser. Ya no estaba intentando copiarla ahora esta intentado hacerlo a mi manera; finalmente comence a comprender como ejecutar este movimiento por mí misma. Sin embargo, había un problema que todavía no podía resolver del todo y era: enfocar mi objetivo. Cada vez que intentaba golpear a la maestra Sira, mi concentración desaparecía por completo. Me enfocaba demasiado en mantener el equilibrio y olvidaba hacia dónde debía dirigirme o apuntar. Después de observarme durante varios intentos, la maestra finalmente pareció encontrar una solución a mi problema, sin decir demasiado se movio hacia la parte inferior del dojo en donde abrio unas puertas corredizas, con poco esfuerzo comenzo a colocar varios muñecos de entrenamiento alrededor del dojo. Algunos fueron acomodados frente a mí, mientras otros quedaron distribuidos a diferentes distancias y ángulos. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">Olvídate de mí por ahora</span></span> —dijo mientras terminaba de colocarlos —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">Quiero que aprendas a mantener un objetivo sin perder el equilibrio</span></span> --- ante sus palabras miré aquellos muñecos con cierta confusión. Parecía una tarea sencilla, pero pronto descubriría que no lo era, el ejercicio consistía en utilizar el torbellino para desplazarme entre ellos y golpear únicamente al objetivo que Sira señalara, ciertametne al principio fue un desastre, un fracaso de lo cual me sentia cada vez mas avergonzada pero aun asi me impulsaba hacia el muñeco una y otra vez, pasaba de largo o terminaba girando en círculos hasta estrellarme contra otro de los objetos. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">¡Otra vez!</span></span>—ordenaba Sira cada vez que fallaba, por mi parte debia obedecer hasta lograr dominar la tecnica. repitiendo la posicion varias veces, respiraba profundamente y volvía a intentarlo. Con el paso de las horas, los errores comenzaron a disminuir, ya no necesitaba pensar tanto en cada movimiento, las vibraciones empezaron a sentirse más naturales, sentia que podia dominarlo hasta ahora, como si mi cuerpo poco a poco estuviera aprendiendo a utilizarlas por instinto. Mis giros eran más estables, mi desplazamiento más rápido y sobre todo, comenzaba a mantener la mirada fija en el objetivo incluso mientras mi cuerpo giraba. Cada vez que conseguía golpear un muñeco correctamente, Sira asentía con aprobación antes de señalar el siguiente. Aquel pequeño gesto se convirtió en la motivación que necesitaba para continuar. El cansancio comenzó a acumularse en mis músculos, mis brazos pesaban y mi cabeza daba vueltas después de tantos intentos, pero no pensaba detenerme. Si tenía que caer cien veces para conseguirlo, entonces caería cien veces. Lo importante era aprender.<br />
<br />
Casi lleve toda la mañana en aprender esa técnica, ahora me encontraba sentada sobre el tatami con el cabello hecho un lio, mi respiración era agitada mientras el sudor caia como perla sobre mis rodillas, una sonrisa se dibujo en mis labios tras haber conseguido mi cometido ---<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">Nada mal, Kagura, lograste aprender las dos técnicas especial del dojo, no tengo nada mas que mostrarte</span></span>-- menciono la maestra con orgullo, tras comenzar a caminar hacia la salida --<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">Aun tienes mucho que aprender sobre el estilo Hasshoken, como maestra solo puedo insitarte a buscar los demas dojo, tu camino lo forjas tu misma, fue un gusto conocerte Kagura</span></span>-- Con una sonrisa en sus labios, senti que ella se despidio por lo que sonrei levemente tras dejarme vencer por el cansancio, un suspiro fuerte salio de mis labios mientras miraba el tejado.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">Estoy lista...para irme...</span></span>--Una nueva etapa comenzaría para mi.</div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Técnica para aprender</span>
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					<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto kaiten («Cabeza Militar Giratoria»)</h2></strong></span>
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                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>4</strong></div>
                        
                </div>

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                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
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                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 100 Fuerza | Conocer Buto</span>
                        </p>
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                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>95 + 2,6xFuerza</strong>
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                            <strong>Coste: </strong>
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                            <strong id='costeTecnica'>150 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo. Empuja al objetivo 10 metros.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
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                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario planta su cabeza en el suelo y se levanta usándola como punto de apoyo. Ahí junta las manos y las piernas y empieza a girar. Luego se mueve hacia su oponente como un tornado.</i>
                </p>
                <hr/>
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				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Capitulo 28: Beyblade Kagura</span></span><br />
Lugar: Isla de Kárate<br />
Fecha: 49 de verano, año 18<br />
Hora: 08:00 AM</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El canto insistente de un gallo resonando en algún lugar cercano a la casa de mi abuela, fue lo que finalmente logró arrancarme del extraño sueño que tenía. Apenas abrí los ojos con lentitud cuando sentí mi garganta reseca quizás estaba roncando, quizás, no lo se. Todavía estaba atrapada entre la comodidad de las suaves sábanas de seda y el deseo de permanecer unos minutos más en la cama, algo adormilada, algo perezosa, algo ¿triste?. La habitación estaba envuelta por la cálida luz del amanecer, cálidos rayos de luz se filtraban a través de la ventana como queriendo adornar mi mundo del ensueño, bellas luces que comenzaban a dibujar sombras tranquilas sobre las paredes de madera –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Que dia es hoy?</span></span> — Ya no recuerdo cuanto tiempo he estado en esta isla, no es que me desagrada pero tenía cierto peso en mi corazón, con esos pensamiento casi sombríos permanecí inmóvil durante unos instantes sobre mi cama, observando el techo mientras intentaba reunir la energía necesaria para levantarme, el cuerpo aun me dolía levemente debido al entrenamiento excesivo de los últimos días, con un leve quejido me incorporé sobre la cama, estirando los brazos por encima de mi cabeza y arqueando ligeramente la espalda, aunque el resultado fue una nueva oleada de tensión que se extendió desde mis hombros hasta la cintura —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Arrrggghh!</span></span>--- un pequeño quejido se escapó de mi labios mientras masajeaba mi nuca con una mano —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aun estoy tensa…</span></span>— Susurre intentando aliviar la rigidez acumulada en mis hombros. Sin embargo el aroma fresco de la mañana y la tranquilidad característica de aquel hogar me reconfortaba de algún modo, así que me limite a estar sentada al borde de la cama, respirando profundamente y reuniendo fuerzas para enfrentar el día que tenía por delante.<br />
<br />
Observé las siluetas que descansaban al otro extremo de la habitación, con facciones tranquilas y respiraciones armoniosas, Nyxara y Seraphime dormían plácidamente sobre sus camas,ambas ajenas al inicio de la mañana. Debía confesar que gracias al apoyo de Nyxara me sentía mucho mejor, ella realmente era habilidosa pero no quería seguir cargándola con mis problemas ni obligarla a gastar más energías de las necesarias, pues ella tenia sus propios problemas. Con ese pensamiento en mente me levanté finalmente de la cama y avancé con pasos cuidadosos hacia la puerta, procurando no hacer ruido que pudiera despertar a mis compañeras. Al salir al pasillo, me encontré con mi abuela caminando desde el extremo opuesto del pasillo. Su semblante sereno y la calidez de su mirada me recibieron antes incluso de que pronunciara la palabra —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Buenos días, querida nieta. ¿Descansaste bien?</span></span> —preguntó apenas me vio. Una pequeña sonrisa apareció en mis labios; después de todo, ella mejor que nadie sabía que todavía cargaba con algo de tensión en el cuerpo —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Buenos días, honorable abuela. Sí, descansé bien... supongo que venías a despertarnos, ¿no?</span></span> —respondí con una voz totalmente moderada, Mi abuela siempre había sido así, una mujer disciplinada que se aseguraba de que todos comenzaran el día desde temprano, convencida de que cada amanecer trae nuevas metas por alcanzar y oportunidades que no deben desperdiciarse.<br />
<br />
<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Así es, estaba a punto de despertarlas </span></span>—respondió mi abuela mientras dirigía una breve mirada hacia la puerta de mi habitación, siguiendo la dirección de sus ojos dejé escapar un suave suspiro que seguramente ella escucharía, Conociéndola, sabía perfectamente cuáles eran sus intenciones —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entiendo tu filosofía abuela, pero... por hoy, ¿podrías dejarlos descansar un poco más? Han sido días muy cargados y creo que se merecen una mañana tranquila y normal</span></span> —pedí con sinceridad, esperando obtener su aprobación, pues a pesar de ser alguien totalmente seria, sabia que tenia tambien un lado mas amable. No obstante , mi abuela permaneció en silencio durante unos segundos, valorando mis palabras. Aunque podía notar que la idea no terminaba de convencerla, finalmente cedió con una pequeña inclinación de cabeza. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno, han sido invitadas muy atentas y respetuosas... así que estará bien...por hoy</span></span>–  Aquella respuesta se sintió como una pequeña victoria para mi. Una sonrisa apareció de inmediato en mi rostro y no dude en acercarme a ella para rodearla en un breve abrazo, gesto que ella correspondió con la misma calidez de siempre. Sin embargo, apenas nos separamos, sus manos se apoyaron sobre mis hombros y su expresión adoptó un matiz más serio pero sin dejar de demostrar esa calidez con la que me crio a lo largo de los años —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero debes visitar a Sira. Tienes que completar tu entrenamiento del Hasshoken</span></span> — Apenas escuché aquel nombre cuando senti un escalofrío recorrer mi espalda de arriba hacia abajo, por instinto mii sonrisa desapareció al instante, reemplazandola por una evidente tensión que se apoderó de mis hombros, el recuerdo de aquella doncella hizo que mi ánimo se desplomara —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ah... sí...</span></span> —murmuré finalmente, desviando la mirada mientras intentaba ocultar el terror que aquellas simples palabras acababan de despertar en mí.<br />
<br />
Al retirar sus manos de mis hombros, mi abuela retomó su camino por el pasillo no sin antes dejar muy claro que debía comenzar la mañana como correspondía: lavarme el rostro, tomar una ducha y por supuesto desayunar. Según ella este día necesitaría recuperar toda la energía posible para poder resistir, así que el desayuno tendría suficiente proteína para prepararme ante la agotadora jornada que me esperaba, relativamente suspiré nuevamente mientras la veía alejarse. Sabía que tenía una deuda pendiente con la maestra Sira; pero había sido bastante clara al decirme que descansara unos días y regresará una vez estuviera recuperada, ¿realmente estaba preparada? Y ¿qué era exactamente lo que tenía que hacer?, después de tantos golpes en la cabeza mi mente había comenzado a jugarme malas pasadas, mezclando recuerdos, sueños y situaciones que parecían completamente ajenas a mi realidad. No tenía respuesta para esas dudas así que decidí dejarlo de un lado y siguiendo las instrucciones de mi abuela, me dirigí al baño para refrescarme y despejar la cabeza, después de una ducha, me lavé el rostro, me vestí con mi ropa de entrenamiento y bajé finalmente a desayunar. En la mesa me esperaba una comida preparada con cariño por mi abuela, la cual devoré procurando recuperar fuerzas, antes de marcharme, tomé unos cuantos bollos al vapor y con todo listo, emprendí el camino hacia el dojo de la gran maestra Sira.<br />
<br />
Con un paso sumamente ligero, comencé mi andar por aquel sendero que conducía hacia una zona un poco más concurrida. A medida que anvazaba podia notar como se alzaban las casas, aquellas estructuras que parecían repetirse una tras otra, colores rusticos y diseños compactos para una mejor convivencia, todo formando parte de un paisaje que me resultaba familiar y comodo, Debia de confesar que mi cuerpo se sentía mucho más relajado después de la ducha de esta mañana; era como si el agua hubiese conseguido arrastrar parte del cansancio acumulado durante los últimos días. Sin embargo, mi mente continuaba siendo un verdadero mar de pensamientos, las dudas seguían dando vueltas en mi cabeza como un disco que repite la misma melodia, quizás todo aquello comenzaría a tener sentido cuando finalmente me encontrara frente a aquella mujer. Tal vez solo necesitaba escucharla para comprender qué era lo que realmente estaba sucediendo conmigo.<br />
<br />
A medida que avanzaba, fui saludando a algunos civiles que me reconocían, no tanto por mi labor como marine o porque era alguien sumamente popular, sino por ser la nieta de mi abuela, una mujer sencilla pero amigas de algunos cuantos, sus rostros amables y aquellas pequeñas muestras de cariño lograban arrancarme una sonrisa por cortesía. Era agradable estar rodeada de personas que compartían mi felicidad, aunque fuera por unos instantes. No es que no quisiera a mi gente de Baterilla, pero, después de tantos años, me había acostumbrado demasiado a la soledad del dia a dia, las noches un tormento y el silencio una tortura. Poco a poco me había perdido dentro de la monotonía del deber, entre órdenes, misiones y responsabilidades, realmente amo ser marine, tengo convicción, intentó mantener la disciplina y el orgullo de portar aquel uniforme como cualquier otro soldado que ha decidido dedicar su vida a proteger a los demás. Pero, pese a todo eso, había algo que todavía me hacía sentir incompleta.<br />
<br />
Era una sensación difícil de explicar, un especie de vacío que permanecía oculto en lo más profundo de mis recuerdos, un sentimiento que hacía peso en mi frágil corazón. Y cuando mi mente se aventuraba demasiado lejos, terminaba encontrándose con él.Una figura que se va alejando lentamente en medio de una oscuridad absoluta, mientras sus palabras me alcanzaban me hacían sentir tan vacía. Esas palabras duras que aún permanecían grabadas en mi memoria. su ausencia todavía conseguía lastimarme cada vez que recordaba su rostro —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Kamui.</span></span>--- frunci levemente el ceño tran pronto me di cuenta que habia llegado al dojo, me quede ahi, parada, observando el interior mientras sentia mis sentimientos chocar.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Despeja tu mente…</span></span>— Tras cerrar los ojos por un breve instante, respire profundamente para luego soltar el aire y con ello frenar todos esos sentimientos que solo me llenaban de energías negativas, mi mente debía estar en armonía con mi cuerpo asi que nada de lamentaciones, nada de corajes, simplemente…demostrar que soy una ejemplar —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aquí vamos…</span></span>— dándome palabras de aliento, crucé aquella entrada para dar a conocer mi presencia, sabía perfectamente dónde encontrarla.<br />
<br />
Cuando finalmente crucé las puertas del dojo, lo primero que llamó mi atención fue la escena que que tenia frente de mí, sobre aquel amplio tatami la maestra Sira se encontraba en medio de un combate contra tres personas al mismo tiempo —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Wow...</span></span>--- Murmure por bajo al ver cómo se enfrentaba a sus adversarios con una tranquilidad que contrastaba por completo con la intensidad de aquel entrenamiento, ella no parecía estar luchando contra ellos, de hecho daba la impresión de estar guiándolos a través de una danza cuidadosamente ensayada, sus movimientos eran precisos, audaces y sobre todo contundentes, era impresionante la seguridad que dejaba claro que aquella mujer conocía su cuerpo y sus capacidades hasta el más mínimo detalle. <br />
<br />
Los tres contra atacantes intentaban rodearla buscando aprovechar cualquier abertura que pudieran encontrar, estaban mas que decididos en darle un golpe a la maestra, pero ella parecía anticipar cada golpe pues apenas uno de ellos se lanzaba a golpear, ella giraba sobre sus propios pies mostrando una elegancia, inclinando ligeramente el cuerpo para dejar que el puño pasara junto a ella sin siquiera rozarla, un rostro sereno que parecia que nada le sorprendía. el atacante fue incapaz de detener su propio impulso y aquel sujeto termino por perder el equilibrio,  dando un par de pasos hacia adelante para no caer, una semi comedia que me hacia sonreir levemente. <br />
<br />
Era como observar una corriente de agua intentando atrapar el viento, por más que los tres hombres lo intentaran, ninguno conseguía alcanzarla, ni siquiera rozarla. Los tres comenzaron a perder el ritmo, mientras Sira mantenía el suyo intacto, avanzando, retrocediendo y girando con una coordinación impecable. Desde mi punto podia ver el rostro cansado de aquellos hombres, tres sujetos de complexiones diferentes, tez blanca y cabello oscuro, ningun tenia un fisico extraordinario. Pero ignorando ese dellate uno de los combatientes volvió a lanzarse contra ella con todas sus fuerzas. <br />
<br />
Sira aguardó hasta el último momento mientras dejaba simular una pequeña sonrisa en sus labios. Como preparándose para el mejor movimiento, sus pies se afirmaron sobre el tatami y de pronto tomó impulso, saltando de pronto delante de aquellos hombre, su cuerpo se elevó con una velocidad sorprendente que no solo me sorprendio a mi…si no que sus adversarios quedaron atónitos de lo que estaban viendo, como la furia de una bestia desatada de golpe, Sira proyecto un aura de guerra que definió el verdadero final de ese encuentro, ella giró ligeramente su cuerpo y sin más lanzó un cabezazo directo y brutal que impactó contra el hombre con una fuerza capaz de hacerlo retroceder varios metros. El golpe fue tan contundente que aquel hombre terminó llevándose por delante a sus otros dos compañeros, quienes no tuvieron tiempo de apartarse y cayeron junto a él sobre el tatami. Los tres hombres permanecieron tendidos en el suelo completamente derrotados –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Que paliza…</span></span>— Murmure mientras miraba cómo la maestra Sira aterrizaba con firmeza y recuperaba su postura como si aquel enfrentamiento no hubiese representado ningún esfuerzo para ella y realmente no lo fue. Todo aquello era una demostración de por qué todos respetaban a la maestra Sira. No importaba cuántos adversarios se enfrentaran a ella ni cuánta fuerza pusieran en sus ataques; al final, todos terminaban comprendiendo la misma verdad: nadie podía vencer a la maestra Sira.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Uhh? </span></span>— La maestra levantó lentamente la cabeza, como si apenas entonces hubiese notado mi presencia en la entrada del dojo. sus ojos se encontraron con los míos y durante un instante, pareció analizarme en silencio como si tratara de recordar quien era,  De pronto una pequeña sonrisa dio a lugar mientras relajaba los hombros y llevaba una de sus manos hasta su cintura, adoptando aquella postura despreocupada que parecía tan característica de ella, ella emanaba una identidad propia a la de una reina, mientras me prestaba atención a sus pies todavía permanecían los tres hombres que acababan de enfrentarse a ella, completamente derrotados sobre el tatami mientras trataban de recuperarse, para la maestra Sira aquel combate parecía haber terminado hacía mucho tiempo de lo que realmente había empezado —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vaya, vaya… </span></span>— murmuró finalmente, dejando escapar una pequeña risa mientras me observaba de arriba abajo— <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">De tantos cabezazos, pensé que no regresarías</span></span> — Su tono estaba cargado entre burla y familiaridad que hacía imposible saber si realmente estaba preocupada o simplemente disfrutaba molestarme. Sus palabras consiguieron arrancarme una expresión ligeramente incómoda, especialmente al recordar la razón por la que había terminado recibiendo aquellos golpes en primer lugar, me tense un poco pero aun así no podía mostrar mis sentimientos. La mujer inclinó un poco la cabeza, sin apartar la mirada de mí, por otra parte detrás de ella uno de los hombres intentaba incorporarse lentamente, todavía aturdido por el impacto que acababan de recibir. Sira, sin embargo, continuó ignorándolo por completo, como si aquellos tres hombres hubieran dejado de existir en cuanto mi presencia había llamado su atención. <br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es suficiente por hoy…regresen en tres días </span></span>—mencionó la maestra mirando por encima de su hombro derecho a los tres hombres que aún permanecían sobre el tatami. Con aquellas palabras dio por terminado el entrenamiento, haciendo que los combatientes se levantaran poco a poco y abandonaran el dojo, el silencio fue algo incomodo. Una vez que estuvieron fuera de su vista Sira finalmente relajó su postura y volvió toda su atención hacia mí, dejando escapar una pequeña sonrisa cargada de cierta burla, como si una escena de pelicula se dibujara sobre mi cabeza —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Recuerdas lo que pasó la última vez?</span></span> —preguntó, notando de inmediato la expresión de confusión que apareció en mi rostro —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ahmmm… ¿me enseñaste a dar cabezazos fuertes con el estilo Hasshoken? Y… ¿comimos bollos al vapor?</span></span> —respondí después de dudar unos segundos tratando de ordenar mis recuerdos  pues no lo tenía demasiado claro que se diga; lo único que recordaba con verdadera certeza era aquel combate que había tenido para aprender la primera técnica del Hasshoken, ante mis palabras La maestra permaneció en silencio durante un instante antes de soltar una leve carcajada, llevándose una mano al rostro mientras negaba con la cabeza. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te golpeaste tan fuerte la cabeza que comenzaste a soñar con cosas que nunca pasaron…</span></span> —explicó mientras me apuntaba directamente con su dedo índice—<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Según tú, me conocías desde pequeña y también hablabas de un gigante que te acompaño al llegar a esta isla</span></span> — Cada palabra hizo que mi rostro se encendiera de vergüenza. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Así que eso fue lo que había pasado?! </span>ahora todo comenzaba a tener sentido para mi, esos recuerdos vagos y oscuros que no lograba entender. La manera en que Sira se reía y aquella mirada divertida, todo encajaba finalmente como un rompecabezas. Me había convencido de que aquellos recuerdos eran reales, cuando en realidad solo habían sido delirios provocados por el tremendo golpe que recibí en el combate anterior. Bajé ligeramente la mirada, completamente avergonzada, mientras ella continuaba riéndose frente a mí. <br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">En fin, supongo que has venido para aprender la siguiente técnica del dojo, ¿verdad? </span></span>—cuestionó mi maestra mientras comenzaba a aflojar su cuerpo con algunos movimientos de hombros y brazos, preparándose para lo que seguramente sería otra sesión de entrenamiento. Su expresión había cambiado por completo, aquella actitud burlona había desaparecido poco a poco, dejando paso a la seriedad que siempre adoptaba cuando se trataba de enseñarme algo nuevo, realmente es una buena maestra así que me limité a responder con un simple asentimiento y una palabra corta —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sí</span></span>— dejando claro que no había venido hasta aquí para recordar las vergonzosas consecuencias de mi último entrenamiento. Por otra parte Sira permaneció observándome durante unos segundos, como si quisiera comprobar que realmente estaba decidida a continuar con este entrenamiento, una sonrisa leve apareció nuevamente en sus labios —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese es el espíritu </span></span>—respondió, adoptando una postura más firme mientras sus ojos se mantenían sobre mí. Algo me decía que aquella nueva técnica no sería tan sencilla de aprender.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aprendiste a utilizar los movimientos básicos del Hasshoken, sin embargo, todavía queda mucho por hacer y por aprender</span></span> —mencionó mi maestra con tranquilidad mientras comenzaba a caminar hacia el centro del dojo, sus pasos eran pausados, pero resonaban levemente contra el tatami haciendolo crujir a medida avanzaba. Cuando llegó al centro del dojo, se detuvo y me dejó suficiente espacio para observarla con atención, permitiéndome analizar cada uno de sus movimientos y sus palabras. La joven maestra comenzó entonces a aflojar sus brazos y hombros, realizando pequeños movimientos para liberar la tensión de su cuerpo. A diferencia del combate anterior, no parecía estar preparándose para atacar; su postura era mucho más relajada, casi despreocupada, casi sin interés. <br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El siguiente movimiento no consiste en dar un cabezazo como tal… </span></span>—continuó, haciendo una breve pausa mientras dirigía su mirada hacia mí— <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero sí utilizarás la cabeza. Eso es absolutamente necesario</span></span> — Ante sus palabras parpadeé un par de veces, tratando de encontrarle sentido a sus indicaciones. avancé unos pasos hacia ella, acercándome con la intención de observarla mejor y comprender exactamente qué era lo que pretendía enseñarme, algo me decía que debía mantener la guardia alta. Sira permaneció inmóvil, esperando pacientemente a que me colocara frente a ella. Su expresión no revelaba demasiado, aunque aquella pequeña sonrisa en sus labios me hacía sospechar que sabía perfectamente lo que estaba a punto de suceder, ¿acaso estaba buscando sorprenderme o algo? Quizás el verdadero significado de sus palabras se revelaría en cuanto comenzará la demostración. Por ahora, solo podía mantener la mirada fija en mi maestra y prepararme para aprender aquel nuevo movimiento del Hasshoken.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El siguiente movimiento consiste en clavar la cabeza en el suelo y girar como si fueras un remolino</span></span> — decía tras explicar con palabras breves lo que consistia el movimiento, sin comprender la teoría mi maestra agrego mas indicaciones –<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Recuerda que el Hasshoken es usar las vibraciones de tu cuerpo y usar esos choques para golpear</span></span>– mencionó la maestra nuevamente mientras yo seguía sin comprender del todo –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sí pero…¿cómo voy a golpear si clavó la cabeza en el suelo?</span></span> – Ante mi duda parecía que mi maestra estaba decidida en darme una demostración, pues tan pronto pregunté cuando la vi cambiar su postura a combate y con agilidad brutal se lanzó hacia mi, acción que me llevó a alejarme tan pronto la vi acercarse, pero en un movimiento demasiado ágil note como su cabeza se clavó en el suelo y con una brutalidad casi impactante, comenzó a girar sobre el mismo deslizándose tan fácilmente mientras se acercaba a mi.<br />
<br />
Mi primera opción fue esquivar el ataque,pero apenas intenté apartarme comprendí que había subestimado por completo la velocidad de mi maestra. Su cuerpo se desplazó con una rapidez impresionante, girando sobre sí misma como un remolino salvaje que parecía arrastrar todo a su alrededor, intenté seguir sus movimientos con la mirada, pero apenas tuve tiempo de reaccionar antes de sentir un fuerte impacto contra mi cuerpo, ¿una patada? ¿un puño?...no…era como una embestida —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Huh?</span></span><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">!</span></span> — aquel choque consiguió hacerme retroceder varios pasos, perdiendo por completo el equilibrio hasta terminar cayendo de espaldas sobre el tatami del dojo, un fuerte quejido escapó de mis labios mientras sentía cómo el impacto recorría mi cuerpo, realmente golpeaba duro —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Arrghh… </span></span>— grite por bajo mientras llevaba una mano hacia mi estómago al mismo tiempo que intentaba recuperar el aliento que perdi a causa del golpe, durante unos segundos, mis sentidos permanecieron completamente aturdidos, incluso mi visión parecía haberse vuelto ligeramente borrosa, apenas podía enfocar la silueta de mi maestra. Cuando finalmente levanté la cabeza, pude observar que la maestra Sira ya había regresado a su postura anterior —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Al saber cómo utilizar las vibraciones de tu cuerpo, desplazarte de esta forma te será mucho más sencillo</span></span> — explicó con naturalidad mientras mantenía sus ojos sobre mí— <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El secreto está en no perder tu objetivo de vista</span></span> — Parecía sencillo pero ciertamente dudaba de sus palabras, para mi aquello no se trataba simplemente de moverse rápidamente, sino que se trataba de usar las ondas de choque que el estilo Hasshoken me permitía generar, ¿pero cómo podía desplazarse sin perder el equilibrio?, intentando recordar y memorizar cada detalle de la demostración, tenía que conseguir que mi cuerpo respondiera antes de que mi mente tuviera siquiera tiempo de pensarlo. <br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Está bien… lo intentaré… </span></span>—murmuré con cierta inseguridad, tratando de convencerme a mí misma de que aquello no podía ser tan complicado como parecía serlo. por otra parte la maestra Sira simplemente se cruzó de brazos mientras una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro, ese gesto estaba lejos de transmitir confianza o apoyo,estaba segura que era de burla.Dejé escapar un suspiro y traté de concentrarme, recordando las palabras que acababa de decirme hace unos instante, debia usar las vibraciones de mi cuerpo y no perder de vista mi objetivo, solo tenía que imitarla y ejecutar el movimiento, ¿que tan difícil podía ser?, sin mas junté ambas manos frente a mi pecho en una especie de ruego, cerrando los ojos durante un breve instante, flexioné las piernas preparándome para impulsarme con todas mis fuerzas hacia el suelo —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Vamos…!</span></span> — Mi cuerpo salió disparado hacia adelante, aunque, por desgracia, aquella velocidad no fue precisamente la que había conseguido demostrar mi maestra. En lugar de deslizarme elegantemente sobre el tatami, perdí completamente el control de mi movimiento. <br />
<br />
Mis piernas se enredaron entre sí y mi cuerpo terminó inclinándose demasiado hacia adelante —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Eh?!</span></span> — No tuve tiempo siquiera de corregir mi postura antes de que mi rostro impactara directamente contra el suelo. ¡PUM! El golpe resonó por todo el dojo, haciendo que durante unos segundos pareciera que hasta el aire había quedado congelado, quizás el asombro, el susto, o simplemente ¿enojo?. Permanecí inmóvil sobre el tatami, con la cara prácticamente enterrada contra el suelo, mientras un pequeño quejido escapaba de mis labios. La maestra Sira se había quedado completamente en silencio, probablemente intentando procesar lo que acababa de presenciar. Finalmente levanté lentamente la cabeza en busca del rostro de mi maestra, quien tenía la boca semi abierta.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">JAJAJAJAJAJAJAJAJA</span></span><br />
<br />
De pronto mi maestra comenzó a reírse a carcajadas altas mientras me señalaba con su dedo índice, sutilmente presionaba su estómago mientras intentaba procesar la escena que presenció hace unos segundos, debo decir que sentí como la vergüenza comenzaba a colorear mis mejillas con aquel rojo tan vivaz, haciéndome sentir imbécil y tonta –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡MA…MAESTRA!</span></span>--- reproche mientras observaba cómo las lágrimas salían de sus ojos debido a la risa exagerada que no podía controlar, en un acto de oprimir su risa, se cubrió la boca tras intentar recobrar la postura seria –<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Perdona….esque…jajaja….me parecio comico</span></span>– mencionó tras comenzar a relajarse, sacudió su cabeza para regresar a ese modo serio habitual.  <br />
<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Intenta hacerlo de nuevo, concéntrate y enfócate en las vibraciones de tu cuerpo</span></span> —mencionó nuevamente la maestra Sira, dejé escapar otro suspiro mientras apoyaba las manos sobre el tatami y comenzaba a incorporarme lentamente. Sentía todavía un ligero dolor en el rostro debido al golpe anterior, pero no podía permitirme distraerme por ello. Si quería aprender aquella técnica, tendría que dejar de pensar en el resultado y comenzar a comprender lo que ocurría dentro de mi propio cuerpo. Miré a Sira durante unos segundos antes de adoptar nuevamente aquella postura que me había mostrado, flexioné ligeramente las piernas y relajé los brazos, intentando sentir cada parte de mi cuerpo en lugar de forzar aquel movimiento. Las palabras de mi maestra volvieron a resonar en mi cabeza: las vibraciones de tu cuerpo. Cerré los ojos por un instante y concentré toda mi atención en aquella sensación, buscando percibir algo que hasta ese momento había pasado completamente desapercibido para mí.<br />
<br />
Recordando el entrenamiento anterior, intenté encontrar la conexión entre aquella nueva técnica y lo basico que aprendi en el entrenamiento pasado, La primera técnica consistía en hacer un fuerte cabezazo, en donde debia concentrar las vibraciones del Hasshoken en un único punto para potenciar la fuerza del impacto. Si aquella era la base, entonces el nuevo movimiento debía seguir exactamente la misma teoría, solo que en lugar de acumular las vibraciones para golpear, tenía que utilizarlas para impulsar todo mi cuerpo —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bien… aquí vamos… </span></span>— susurré, flexionando las piernas y preparando mi cuerpo para intentarlo una vez más. Tomé impulso y me lancé hacia delante, clavando la cabeza contra el tatami mientras elevaba el resto de mi cuerpo. Durante un instante conseguí mantener aquella posición, asi que rápidamente junté las manos y comencé a girar, intentando reproducir exactamente el movimiento que había realizado mi maestra. Al principio todo parecía funcionar, sentí las vibraciones recorrer mis brazos, descender por mi torso y concentrarse poco a poco en la cabeza. Mi cuerpo comenzó a girar sobre aquel punto, aumentando la velocidad hasta convertirme en una especie de torbellino que avanzaba sobre el tatami.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="150" src="https://www.youtube.com/embed/hkkYU4CrD3Y?si=MnzheOfpAAZl7GgD" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Lo estoy haciendo! </span></span>—exclamé, sorprendida por haber conseguido mantenerme en movimiento. Entonces escuché la voz de Sira. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muy bien… ahora intenta golpearme</span></span>— traté de cambiar ligeramente mi dirección para acercarme a ella, pero apenas intenté modificar mi trayectoria, perdí por completo el equilibrio, el torbellino se convirtió en un movimiento descontrolado y terminé cayendo nuevamente sobre el duro tatami —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Ugh! </span></span>— gemí tan pronto cai, Sira se limitó a observarme con aquella expresión serena que comenzaba a conocer demasiado bien. <br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No basta con moverte</span></span> —explicó mi maestra —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Debes ser capaz de decidir hacia dónde vas y mantener la atención sobre aquello que quieres golpear</span></span>— No pensaba rendirme después de haber conseguido siquiera una pequeña parte del movimiento, sin perder el tiempo volví a intentarlo una vez, luego otra y otra más, cada intento terminaba de una manera diferente, aunque ninguno podía considerarse exitoso, En más de una ocasión terminé dando vueltas sin control hasta quedar completamente mareada, cada caída comenzaba a enseñarme algo nuevo, poco a poco comprendía cuánto debía inclinar mi cuerpo, cuánta fuerza necesitaba para iniciar el movimiento y sobre todo, cómo debía distribuir las vibraciones para no perder el control. Sira nunca intervenía de inmediato. Dejaba que descubriera mis propios errores antes de corregirme, limitándose a darme pequeñas indicaciones cuando consideraba que estaba lista para continuar. <br />
<br />
De pronto el entrenamiento se volvia mucho más exigente pero entendia que asi debia de ser. Ya no estaba intentando copiarla ahora esta intentado hacerlo a mi manera; finalmente comence a comprender como ejecutar este movimiento por mí misma. Sin embargo, había un problema que todavía no podía resolver del todo y era: enfocar mi objetivo. Cada vez que intentaba golpear a la maestra Sira, mi concentración desaparecía por completo. Me enfocaba demasiado en mantener el equilibrio y olvidaba hacia dónde debía dirigirme o apuntar. Después de observarme durante varios intentos, la maestra finalmente pareció encontrar una solución a mi problema, sin decir demasiado se movio hacia la parte inferior del dojo en donde abrio unas puertas corredizas, con poco esfuerzo comenzo a colocar varios muñecos de entrenamiento alrededor del dojo. Algunos fueron acomodados frente a mí, mientras otros quedaron distribuidos a diferentes distancias y ángulos. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">Olvídate de mí por ahora</span></span> —dijo mientras terminaba de colocarlos —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">Quiero que aprendas a mantener un objetivo sin perder el equilibrio</span></span> --- ante sus palabras miré aquellos muñecos con cierta confusión. Parecía una tarea sencilla, pero pronto descubriría que no lo era, el ejercicio consistía en utilizar el torbellino para desplazarme entre ellos y golpear únicamente al objetivo que Sira señalara, ciertametne al principio fue un desastre, un fracaso de lo cual me sentia cada vez mas avergonzada pero aun asi me impulsaba hacia el muñeco una y otra vez, pasaba de largo o terminaba girando en círculos hasta estrellarme contra otro de los objetos. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">¡Otra vez!</span></span>—ordenaba Sira cada vez que fallaba, por mi parte debia obedecer hasta lograr dominar la tecnica. repitiendo la posicion varias veces, respiraba profundamente y volvía a intentarlo. Con el paso de las horas, los errores comenzaron a disminuir, ya no necesitaba pensar tanto en cada movimiento, las vibraciones empezaron a sentirse más naturales, sentia que podia dominarlo hasta ahora, como si mi cuerpo poco a poco estuviera aprendiendo a utilizarlas por instinto. Mis giros eran más estables, mi desplazamiento más rápido y sobre todo, comenzaba a mantener la mirada fija en el objetivo incluso mientras mi cuerpo giraba. Cada vez que conseguía golpear un muñeco correctamente, Sira asentía con aprobación antes de señalar el siguiente. Aquel pequeño gesto se convirtió en la motivación que necesitaba para continuar. El cansancio comenzó a acumularse en mis músculos, mis brazos pesaban y mi cabeza daba vueltas después de tantos intentos, pero no pensaba detenerme. Si tenía que caer cien veces para conseguirlo, entonces caería cien veces. Lo importante era aprender.<br />
<br />
Casi lleve toda la mañana en aprender esa técnica, ahora me encontraba sentada sobre el tatami con el cabello hecho un lio, mi respiración era agitada mientras el sudor caia como perla sobre mis rodillas, una sonrisa se dibujo en mis labios tras haber conseguido mi cometido ---<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">Nada mal, Kagura, lograste aprender las dos técnicas especial del dojo, no tengo nada mas que mostrarte</span></span>-- menciono la maestra con orgullo, tras comenzar a caminar hacia la salida --<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369B;" class="mycode_color">Aun tienes mucho que aprender sobre el estilo Hasshoken, como maestra solo puedo insitarte a buscar los demas dojo, tu camino lo forjas tu misma, fue un gusto conocerte Kagura</span></span>-- Con una sonrisa en sus labios, senti que ella se despidio por lo que sonrei levemente tras dejarme vencer por el cansancio, un suspiro fuerte salio de mis labios mientras miraba el tejado.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">Estoy lista...para irme...</span></span>--Una nueva etapa comenzaría para mi.</div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Técnica para aprender</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto kaiten («Cabeza Militar Giratoria»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>4</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`tecnica_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

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                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 100 Fuerza | Conocer Buto</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>95 + 2,6xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>150 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo. Empuja al objetivo 10 metros.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario planta su cabeza en el suelo y se levanta usándola como punto de apoyo. Ahí junta las manos y las piernas y empieza a girar. Luego se mueve hacia su oponente como un tornado.</i>
                </p>
                <hr/>
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                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho002</span></span>
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		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic Hasshoken] A este paso...me quedare pelona.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4227</link>
			<pubDate>Wed, 02 Sep 2026 03:02:20 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=754">Kagura</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4227</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Capitulo 26: A este paso...me quedare pelona</span></span><br />
Lugar: Isla de Kárate<br />
Fecha: 35 de verano, año 18<br />
Hora: 07:00 AM</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Desde que llegamos a esta isla comprendí dos cosas, la primera era que mi abuela seguía siendo exactamente la misma mujer severa que conocía desde pequeña, no importaba el pasar de los años, ni los kilómetros que nos separaba, tampoco la diferencia de edad. Ella continuaba firme e inquebrantable como el jade, como un viejo roble capaz de resistir cualquier tormenta que se aproximara, sin duda…una guerrera. Ahora bien, lo segundo quizás era un poco más frustrante para mi, pues me di cuenta que mis propios puntos débiles siguen allí, por más que me esforzara…seguía perdiendo ante ellos, pues mi abuela no dudaba en arrasar conmigo en el suelo, utilizando técnicas básicas del combate cuerpo a cuerpo, no importa cuantas veces me levantara del suelo de tatami..bastaba un simple golpe para derribarme nuevamente. Las marcas del tatami comenzaban a teñirse sobre mis mejillas, eso…sin duda me daba rabia —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mierda….</span></span>-- maldije al momento que mi cuerpo se rendía, jadeando levemente por el exceso de movimientos, mi corazón latía sin parar ante la falta de aire, mi abuela terminó de arrastrar lo poco que me quedaba de dignidad, con un semblante serio, postura perfecta y sin signos de haber hecho un gran esfuerzo, fueron sus palabras el detonante de mi verdadera derrotada: – <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te has vuelto demasiado blanda… mañana debes visitar a la maestra Sira</span></span> – Apenas escuche su nombre cuando sentí que moría de manera metafórica –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oh…no…</span></span>– estaba más que muerta, estaba…re muerta.<br />
<br />
Esa noche, tras tomar un baño caliente y cubrir los moretones con vendas, domi proyectando recuerdos antiguos de mi infancia, cuando el alba apenas comenzó a iluminar el horizonte, mi abuela nos obligó a levantarnos sin la menor compasión, ella siempre había detestado a las personas perezosas, tenía una filosofía tan antigua, decía que para ganarse el pan…había que ganarse el dia a dia…, nada en esta vida era gratis por lo que había que hacer méritos para ganarlo, pero para su satisfacción…todos nosotros éramos militares entrenados para reaccionar en cuanto sonara la trompeta o mejor dicho…el gallo. La división ochenta y uno, tomaba sus decisiones con la salida del sol, cada quien debía tomar su ruta o su destino, y mi día ya estaba planeado como tal, mi destino era: visitar el dojo de la maestra, donde debía mejorar mis capacidades y pulir mi rendimiento muscular.<br />
<br />
Asi que mientras recorría el ambiguo sendero que conducía al templo, llevé ambas manos detrás de la nuca mientras silbaba una vieja melodía, observando con desinterés el cielo despejado,podía sentir la fresca brisa matinal que acompañaba mis pasos y mi la falta de inspiración que pesaba sobre mis hombros. Vistiendo comodamente por una camisa blanca con decoraciones pasteles, un short deportivo, guantes y botas, creo que estaba preprada para este dia, asi que tras reconocer pequeños fragmentos de una estructura rústica recordé un pequeño detalle que creí olvidado en el tiempo, un motivo, un dolor…un pesadilla, una pequeña sonrisa apareció en mi rostro y no precisamente de felicidad…si no de, incomodidad pues a decir verdad, tenía una cuenta pendiente con la maestra Sira Matcha y algo me decía que quizás ella aun lo recordaba.<br />
<br />
Cuando finalmente estuve delante de aquel antiguo dojo, una leve nostalgia se apoderó de mí, para ser sincera no era la primera vez que visitaba este lugar, no era la primera vez que mi abuela me enviaba a este lugar, lo recordaba perfectamente: sus pasillos, el aroma del incienso y esa tranquilidad que rodeaba el templo, eran recuerdos grabados en mi mente…y en mi cuerpo, mientras comenzaba a recorrer el camino empedrado que conducía hacia las grandes puertas deslizantes, sentí como cuerpo se tensaba ante la incertidumbre del porvenir, mis pasos resonaban con calma sobre dicha superficie, lo cierto era que trataba de no llamar la atención todavía, quería prepararme mentalmente pero… una voz femenina rompió el silencio haciendo que me asustara levemente —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vaya, vaya… Mira a quién tenemos aquí</span></span>— Reconociendo aquella voz al instante, mi primera reacción fue detenerme de golpe, en ese preciso momento abandoné toda esperanza, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, haciéndome sudar frío mientras mis rodillas comenzaban a temblar ligeramente. No podía evitar recordar aquellas imágenes de aquella bestia que me había pateado el trasero más veces de las que quería admitir.<br />
<br />
Al levantar la mirada hacia el tejado del dojo, ahí estaba ella, sentada en el borde como si aquel lugar le perteneciera, estaba en su territorio y no había forma de huir. Jugando tranquilamente con la cáscara vacía de un par de nueces entre sus dedos. Una semi sonrisa adornaba su rostro mientras me observaba desde aquella posición elevada, como si estuviera decidiendo si iniciar un enfrentamiento o darme la oportunidad de explicar mis razones antes de acabar conmigo —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cuánto ha pasado? ¿Cinco? ¿Seis años?... ¿Vienes por la revancha, Kagura?</span></span>— Era evidente que aun recordaba las cuentas pendientes, quise responder con total sinceridad, pero ella continuaba jugando con aquella cáscara, dejando claro que seguramente ya estaba ideando su primer movimiento, su primer golpe, una leona a punto de clavar sus dientes sobre mi cuello. ¿Cómo podía saberlo? Era sencillo; su rostro mostraba esa clásica expresión de todo guerrero experimentado cuando no encuentra algo que pueda entretenerlo, una furia casi dormida, si…ella estaba completamente aburrida, y eso era precisamente lo que más debía preocuparme.<br />
<br />
Sira Matcha… realmente habían pasado ocho años desde la última vez que me atreví a retarla. Cuando era pequeña, mi familia siempre solía viajar hacia esta isla para pasar las festividades de fin de año con mis abuelos, Solía aprovechar cada visita para recorrer los distintos dojos de esta increíble isla, quería conocer sus historias y comprender los estilos de combate que allí se enseñaban. Sin embargo, hubo uno que consiguió captar mi atención por encima de todos las demás, el dojo del Hasshoken, un arte generar ondas de choque controlando las vibraciones del cuerpo, aprenderlo no era simplemente cuestión de fuerza o voluntad; primero debía entender su esencia y saber aplicarlo correctamente. Por más veces que desafiaba al líder de aquel dojo, el resultado siempre terminaba siendo el mismo, acababa mordiendo el polvo…—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno… mi abuela me ha enviado de nuevo…para finalmente aprender de una vez por todas el estilo Hasshoken</span></span>— confesé mientras mantenía la mirada fija en ella, esperando alguna señal positiva de su parte, o mejor dicho…preparándome para recibir su bienvenida.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Y tú realmente lo quieres aprender?</span></span>— preguntó con un tono casi frío, desafiante…tan…inalcanzable, en ese instante noté cómo rompió la cáscara vacía de la nuez con la fuerza de su mano, apretándola hasta convertirla en pequeños fragmentos que cayeron lentamente hacia el suelo, estaba imponiendo respeto…autoridad y sobre todo..resentimiento. Aquella simple acción fue suficiente para dejarme claro que aprender aquel estilo no era un juego, una vez que comenzara…no habría espacio para rendirse, no volvería a tener la misma oportunidad, ya no era una niña que podía escapar y rendirse cuantas veces quisiera, con el vago recuerdo de llorar desconsoladamente entre los brazos de mi difunta madre…no tenía a donde refugiarme ahora, ya no tenía a donde regresar…deje escapar un leve suspiro tras reflexionar sobre su pregunta. ¿Realmente lo quería? La verdad era que después de perder una y otra vez contra ella, muchas veces había terminado perdiendo la motivación para continuar intentándolo, Pero ahora era diferente…tenía nuevos objetivos, un camino que recorrer y el deseo de convertirme en una marine digna de respeto —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sí… sí quiero</span></span>— respondí finalmente desafiandola con la misma determinación que ella difundia sobre mi. Por primera vez sentía que estábamos en la misma sintonía; mi espíritu ardía con fuerza, impulsándome a superar mis límites y convertirme en una versión mucho mejor de mí misma.<br />
<br />
Sira permaneció en silencio durante unos segundos, me observaba desde lo alto del tejado, sus ojos analizaba cada detalle de mi postura, mi alma, mi valentía. El viento movía ligeramente su cabello mientras aquella expresión tranquila permanecía en su rostro, ¿La había convencido?, el silencio era una tortura para mi pero la decisión estaba en sus manos. Finalmente reaccionó, una pequeña sonrisa apareció en sus labios; no era una sonrisa de burla, sino la expresión de alguien que por fin había escuchado la respuesta que tanto esperaba. Sin decir una sola palabra se levantó del borde del tejado y dejó caer los restos de la cáscara de nuez que aún sostenía entre sus dedos, Pensé que simplemente bajaría por las ramas del árbol que se encontraba al costado del dojo, pero en su lugar dio un paso hacia el vacío sin cambiar su expresión, lanzándose desde aquella altura sin la menor duda…Mi mirada se abrió ligeramente al verla caer con aquella gracia tan impotente, comprendí que aquello no era una simple caída…esa era su entrada. Su cuerpo giró en el aire con una agilidad impresionante, realizando una maniobra precisa mientras utilizaba el impulso del salto para controlar su descenso. Dio una vuelta completa antes de aterrizar suavemente a mi lado, levantando apenas una pequeña nube de polvo que bajó a sus pies.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entonces demuéstramelo, Kagura</span></span>— mencionó con tranquilidad mientras acomodaba su postura de combate — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si realmente quieres aprender el estilo del Hasshoken, tendrás que demostrar que tu voluntad es más fuerte que tus propias dudas</span></span> – esas palabras resonaron dentro de mí mientras sentía cómo mi corazón comenzaba a acelerarse, la presencia de Sira seguía siendo la misma que recordaba de mi infancia, ella era intimidante, poderosa y capaz de hacerme sentir pequeña cada vez que estaba frente a ella. Aun así…me sentia totalmente diferente, ya no estaba allí como una niña que buscaba superar a su maestra por orgullo, sino como alguien que tenía un objetivo claro y un camino que recorrer, cerré mis puños con fuerza y adopté una postura firme delante de ella, dejando que mi determinación hablara por mí, el silencio reinó unos instante, el choque de miradas era el primer enfrentamiento,  el entrenamiento todavía no había comenzado, pero sabía que aquella prueba sería mucho más difícil que cualquier combate que hubiera enfrentado antes, ¿Estaría al nivel que ella deseaba?.<br />
<br />
Sira se mantuvo frente a mí con aquella tranquilidad que siempre había caracterizado su forma de pelear. No parecía estar preparándose para un combate pero en mi interior sabía que todo eso era parte de su forma de pelear, simplemente estaba a la espera de sus palabras o de sus acciones, ella me estaba analizando…como si estuviera corrigiendo mi postura, esa mirada me hacía recordar a mi abuela… —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Hasshoken no es un estilo que se base en golpear más fuerte que el enemigo, Kagura</span></span>— explicó mientras levantaba lentamente una de sus manos – <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muchos creen que todo se trata de pura fuerza…pero todos ellos están equivocados, este arte consiste en comprender las vibraciones que existen en cada movimiento y en cada impacto</span></span> – Esa parte lo comprendía como tal, al intentar dar mi punto de vista, apenas terminó de hablar cuando desapareció de mi campo de visión.<br />
<br />
El primer golpe parecía ser leve pero directo al torso, un impacto que me desconcertó por completo haciendo que bajara la guardia de pronto –<span style="color: #ffc6c3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">*Pero…no lo vi*</span></span>--  retrocediendo varios pasos mientras trataba de mantenerme en pie, la escuche hablar de pronto —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Las vibraciones son la esencia del Hasshoken. Un golpe común solo afecta aquello que toca directamente, pero un usuario que domina este estilo puede transmitir su fuerza más allá de la superficie…provocando ondas, como un terrible terremoto</span></span>— continuó explicando con una calma aterradora mientras avanzaba hacia mí, Intenté recuperar mi postura, pero otro golpe llegó directo hacia mi costado, seguido de una serie de ataques rápidos que me obligaron a retroceder paso a paso. Cada impacto parecía atravesar mi defensa, haciendo que mis músculos sintieran una presión diferente en todo el cuerpo, dejándome sin aliento a medida que reaccionaba.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No estás bloqueando mis ataques…solamente estás intentando detener mi fuerza exterior </span></span>— dijo mientras esquivaba mi intento de contraataque y golpeaba nuevamente mi abdomen, haciendo que mi cuerpo se doblara ligeramente por el impacto, era imposible atravesar su radio de defensa, sus sentidos y reflejos era superior a los míos, realmente estaba siendo oprimida por esta mujer — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese es el error de quienes enfrentan este estilo por primera vez. Creen que deben resistir la fuerza, cuando en realidad deben comprenderla…</span></span>– sus palabras apenas lograban entrar en mi mente mientras sus movimientos eran demasiados precisos.<br />
<br />
Estaba a punto de caer cuando pise fuerte para no sucumbir a la embestidas de sus puños, mientras respiraba con mucha dificultad, mi mirada estaba enfocada en la maestra Sira, quien demostraba una enorme coraza, ella no parecía tener intención de detenerse por mas clara que tuviera la victoria, no estaba dispuesta a  dar tregua alguna —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Hasshoken no perdona las dudas, Kagura, Si tu mente duda, tu cuerpo también lo hará</span></span>— mencionó antes de acercarse nuevamente con una velocidad que apenas pude seguir con la mirada, quizás mi cuerpo ya había llegado a su límite pero...sólo observe cómo de pronto su rostro se acercó de manera peligrosa, sintiendo aquel impacto contra mi cabeza, un cabezazo tan severo que derribó mi voluntad por completo, haciéndome caer sobre el suelo tras el impacto.<br />
<br />
La maestra no dijo nada más después de aquella demostración de movimientos fervientes, su expresión permanecía tranquila como si aquello solo hubiera sido una pequeña prueba para medir mi determinación o mejor dicho, saber que tan mal estaba, evidentemente queria comprobar si mis reflejos, agilidad y fuerza estaba a su nivel, pero me consideraba un caso perdido…no estaba a su nivel, sin decir nada en el momento, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el interior del dojo con pasos firmes, dejando que el sonido de sus pisadas sobre la madera rompiera el silencio. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si realmente quieres aprender Hasshoken, deja de perder el tiempo en el suelo y entra</span></span>— comentó sin siquiera girarse.<br />
<br />
Me quedé observando su espalda mientras se alejaba paso a paso, sintiendo cómo aquellas palabras resonaban más fuerte que cualquier golpe que hubiera recibido, ella era mordaz con la boca, si…no habia cambiado en nada. Pero aun asi sus palabras no era una invitación común, era una prueba más que debia afrontar. Con dificultad logré incorporarme completamente, sacudiendo el polvo de mi ropa mientras cerraba mis puños con determinación aunque estaba totalmente molida. Mis músculos dolían evidentemente, pero aquella sensación no me hacía retroceder o sentir miedo, al contrario, despertaba aún más mi deseo de mejorar, de ganarle, de tener ventaja.<br />
<br />
Dejando salir un suspiro leve, comence mi andar hasta llegar a la entrada del dojo, respiré profundamente mientras observaba el interior del mismo, notando que no habia cambiado en nada desde que me fui, ahora estaba frente al futuro…a la oportunidad de forzar mi verdadero potencial, aunque sabía que el camino sería mucho más duro de lo que imaginaba. Sira permaneció de espaldas no si antes hablar —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tu verdadero entrenamiento comienza ahora</span></span>—  El silencio del interior contrastaba con la intensidad del entrenamiento que estaba a punto de comenzar. Sira Matcha se dirigió hacia una zona donde guardaba diferentes utensilios de práctica, sacando cuerdas, pesas, tablones de madera y varios objetos que parecían estar diseñados para llevar el cuerpo más allá de sus límites, ¿Que tenía en mente con exactitud?. Mientras los colocaba frente a mí, podía notar que cada herramienta tenía un propósito específico, ¿Que clase de entrenamiento haría? — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Hasshoken no nace únicamente de tus puños, Kagura. Todo tu cuerpo es un mecanismo capaz de generar y transmitir vibraciones, pero si una parte falla, la resonancia se pierde </span></span>— Sus palabras fueron claras: antes de aprender la técnica, debía convertirme en alguien capaz de soportarla, o mejor dicho…capaz de entender lo que estaba haciendo.<br />
<br />
El primer entrenamiento comenzó con las posturas básicas. Sira me hizo repetir una y otra vez las posiciones fundamentales del estilo cuerpo a cuerpo, corrigiendo la postura de mis piernas, la inclinación de mi torso y la manera en que distribuía mi peso, me explicaba la razón del porque lo estaba haciendo mal y como se debía de hacer, cosa que me lo tomaba a mal pero aun asi debia tragar mi orgullo y aprender a escuchar. Me obligó a mantener posiciones bajas y complicadas durante largos periodos de tiempo hasta que mis músculos comenzaban a arder, mis brazos, piernas e incluso mis nalgas, todo comenzaba a temblar con rigidez. Cuando finalmente me dejaba descansar, no dudaba en dejarme caer sobre el suelo de tatami para dejar salir uno que otra lamentación. Pero al hacerlo…recibia una buena reprimenda por parte de Sira. Al cabo de unos minutos continuamos con el trabajo de resistencia, ahora me encontraba corriendo alrededor del dojo, cargando objetos pesados mientras mantenía mi espalda recta, a medida que realizaba las repeticiones mi cuerpo comenzaba a doblegarse nuevamente —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tus piernas son la base, tus brazos son el camino, tu torso es el centro y tu cadera es el punto donde nace el movimiento</span></span>— repetía mientras me hacía repetir los ejercicios hasta perfeccionarlos, el día comenzaba a tornarse de otro color mientras mi corazón latía con furia.<br />
<br />
Tras el entrenamiento brutal a la cual fui sometida, la maestra Sira permaneció unos segundos observando en silencio, como si estuviera evaluando todo lo que había conseguido durante aquel primer día, en ella no hubo una expresión de orgullo, tampoco felicidad, simplemente se mantenía calmada, serena, como si estuviera acostumbrada a ver ese tipo de resultado.  Mientras jadeaba levemente recostada sobre el suelo de pronto escuche como Sira caminaba hacia la salida del dojo dejando que la incertidumbre reinara en ese instante, segundos después escuché su voz tranquila romper el silencio —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es suficiente… regresa mañana para más</span></span> — Sus palabras fueron simples y claras, pero no tuve las fuerzas para responder, me limité a verla alejarse sin mirar atrás, desapareciendo lentamente mientras sus pasos se perdían por los pasillos del templo.<br />
<br />
Hoy comprendi lo basico de este estilo, el Hasshoken no era solamente una técnica de fuerza; era una disciplina que exigía que cada parte de mí, Y aunque apenas había sobrevivido al primer día, sabía que aun me faltaba mucho por aprender y comprender, asi que debia volver al amanecer. Porque si quería convertirme en una marine digna de respeto, debía aceptar que este dolor era solamente el primer paso hacia la persona que quería llegar a ser.<br />
<br />
Cuando sentí que mi cuerpo comenzaba a recuperar un poco de fuerza, apoyé una mano sobre el tatami y lentamente logré incorporarme, cada movimiento era acompañado por una punzada de dolor que recorría mis músculos, realmente hoy excedi mis propios limites, sentia vibraciones por todo mi cuerpo, ¿Acaso era esto a lo que se referia la maestra?, Aun así, no podía quedarme allí descansando toda la noche. Con pasos lentos y pesados, salí del dojo mientras el cielo comenzaba a oscurecerse sobre mi, dejando atrás aquel lugar de casi tormento,  El camino de regreso hacia la casa de mi abuela parecía mucho más largo que antes, quizas porque cada paso que realizaba me dolia, pero aun asi continué avanzando mientras la brisa nocturna golpeaba mi rostro y me ayudaba a mantenerme consciente, me pregunto, ¿como estara mi equipo? ¿que habran hecho? ¿Arceo estaria bien?...ahora comenzaba una lucha interna sobre si soy una buena lider.<br />
<br />
Algo que me aliviaba era que al llegar a casa sabía perfectamente lo que me esperaba al regresar, Nyxara probablemente sería la primera en atender mis heridas, limpiando la sangre de mis nudillos, los moretones de mi cuerpo y trataría aquellas heridas con amor…eso quería creer. Por otra parte, mi abuela no dejaría pasar la oportunidad de regañarme; seguramente me recordaría que el sufrimiento era parte del crecimiento y que nadie lograba volverse fuerte sin atravesar momentos donde el cuerpo exigía rendirse. También estaba Arceo, quien probablemente comenzaría a contarme con entusiasmo cómo había sido su día, desde que comenzamos con las lecciones ha demostrado un gran avance al aprender un idioma al cual no estaba acostumbrado. Aquella simple rutina familiar conseguía darme cierta tranquilidad después de una jornada tan agotadora y estresante.<br />
<br />
A la mañana siguiente, desperté con mi cuerpo completamente cubierto de vendas en varias zonas. Mis manos, brazos y algunas partes del torso todavía cargaban las marcas del entrenamiento anterior, recordando cada segundo del esfuerzo que había realizado. Aun así no podía permitirme el lujo de descansar demasiado, debía continuar con este entrenamiento, después de prepararme y asegurar nuevamente mis vendas, tomé el camino hacia el dojo, ¿Que aprendería el día de hoy?, tenía en claro que el dojo tenía un cierto estilo de combate, una técnica en especial, ¿lo aprendería el día de hoy?, mis pasos todavía eran pesados y sentía mis piernas temblar por la tensión de los golpes, pero mi determinación era mucho más fuerte que el cansancio. mientras avanzaba, no podía evitar pensar en que Sira era una persona excepcional, alguien con una fuerza que iba más allá de sus habilidades físicas, su perfil destacaba demasiado, era experta, disciplinada y capaz de encontrar el potencial oculto en otros incluso cuando ellos mismos no podían verlo. Ayer comprendí que era una cucaracha a la par de ella, pero debía cambiar esa visión que tenía de mí misma.<br />
<br />
Al llegar nuevamente al dojo, el silencio del lugar fue interrumpido por la presencia de Sira Matcha, quien ya se encontraba en el interior realizando sus labores habituales, parecia concentrada en sus movimientos, su rostro mostraba una expresión completamente seria pero audaz, cuando finalmente se percató de mi presencia, me observó completamente seria hasta que una ligera sonrisa apareció al verme cruzar la entrada. Permaneció tranquila mientras sostenía entre sus manos un bollo al vapor, observándome con cierta diversión mientras me acercaba. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pensé que no volverías, Kagura…</span></span>— comentó con una sonrisa mientras daba un pequeño mordisco a su comida. Aquellas palabras tenían un tono de provocación, como si estuviera intentando comprobar si realmente aun estaba llena de confianza. —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿De verdad creías que me rendiría tan fácilmente?</span></span>— mencioné mientras entraba al dojo, dejando claro que todavía estaba dispuesta a continuar, aunque lo cierto era que todo el cuerpo me dolía con cada movimiento.<br />
<br />
Sira soltó una pequeña risa antes de terminar su bollo —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entonces continuemos con lo básico…</span></span>— Sin saber el contexto de sus palabras, Sira me llevó a la parte trasera del dojo en donde pude visualizar tres astas de tronco grueso de los cuales estaban sujetos varios costales de gruesos y rellenos, el siguiente entrenamiento consistió en golpear cada saco con mis puños y piernas, El primero estaba lleno de harina, donde debía aprender a controlar mis golpes y precisión. El segundo estaba relleno de arroz, siendo mucho más resistente y obligándome a mejorar la fuerza de mis impactos. Finalmente llegó el último saco, uno completamente lleno de rocas. Cada golpe contra aquella superficie hacía que mis brazos sintieran una presión brutal, pero Sira insistía en que debía sentir la reacción del impacto y comprender cómo mi fuerza se transmitía, al tener esto en claro, el ejercicio escaló a diferentes posturas, esta vez los sacos estaban sujetos a troncos más elevados, en donde debía saltar para llegar a ellos –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cabezazo?</span></span> – pregunte algo confundida pero desde mi punto de vista, parecían estar rellenos de algo más blando, ¿hojas quizás?.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Para aprender el estilo de nuestro dojo, deberás aprender a golpear con la cabeza, el impacto lo definirás con la ayuda de tus extremidades, ¿que tan alto llegas? ¿Cuánta resistencia tienes? ¿Podrás destruir esos sacos sin dañar el tronco?...cuando lo logres…habrás superado la prueba para el siguiente paso</span></span> – Sin atribuir más, ella se alejó dejándome en la soledad de ese patio, haciéndome suspirar con pesadez —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Destruir el saco con la cabeza?</span></span>-- comenzaba a dudar sobre mis virtudes realmente.<br />
<br />
No había tiempo para dudar, solo de actuar. Soltando el aire retenido en mis pulmones, pronto comenzaría a flexionar mis piernas, los costales estaban a un rango de dos a tres metros de altura, llegar a ellos no sería difícil pero destruir los sacos me parecía una tarea casi imposible, aun así, no retrocederia a este nuevo desafío –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vamos Kagura…</span></span>– dándome palabras de aliento finalmente comencé a saltar y entrando a un estilo más agresivo, flexionando el torso para someter mi cabeza a un golpe crítico contra el saco, al momento del descenso me di cuenta que no había hecho daño alguno, el contenido del mismo parecía ser duro pero blando a la vez –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Un saco de harina?...¿Azúcar?-</span></span>-- no estaba segura pero al momento que mis pies tocaron el suelo, no dude en flexionarme más para tocar con mis dedos la superficie del suelo, mientras fijaba mis orbes en esos costales, analizando y midiendo la fuerza que debía propinar para destruir el saco sin problemas.<br />
<br />
Repitiendo la misma secuencia de acciones, mis saltos fueron más concisos y rápidos, pero el acertar el golpe era el problema que aún no lograba radicar –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Aún no!</span></span>--- grité con furia al darme cuenta que el saco seguía igual, al tocar el suelo nuevamente me volvió a lanzar, una y otra vez, no importaba cuantas veces lo repetía, el resultado era igual. Ahora entendía el porque esta prueba era necesaria, mi mente era un desorden, estaba frustrada por tantos intentos, entre mas me elevaba el golpe era mayor pero no conseguía destruir los costales, nuevamente volvía a descender con la misma derrota –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mierda…</span></span>-- el día comenzaba a transcurrir y aun no lograba mi cometido, en el siguiente movimiento, salte con tanta euforia que al momento de dar el cabezazo sobre el costal, termine por romper la rama en donde estaba sujeto —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡NO!</span></span>--- en ese momento sabía que había fracasado la prueba.<br />
<br />
Dejándome caer ante el desastre, jadeaba levemente tras observar el cielo y las nubes pasar levemente con el viento que las empujaba hacia otro horizonte, sentía mi corazón latir frenéticamente mientras alzaba una mano hacia el cielo, el sol era deslumbrante, inalcanzable, quería tocarlo, alcanzarlo…apagarlo y acabar con este tiempo, tenia ambiciones pero creo que debia rendirme despues de todo.<br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Levantate</span></span><br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No….</span></span><br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Kagura Levántate!</span></span><br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Uh!</span></span> — Sentándome de golpe me di cuenta que en un lazo de unos segundos me había quedado dormida, ¿como era posible?, bueno…desde que comencé este absurdo entrenamiento he descuidado mis horarios de sueño, sumando el esfuerzo físico, si, estaba más que refrita –<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Acaso todo lo que has dicho hasta ahora, ha sido puras mentiras?</span></span> — La maestra Sira me estaba observando desde la entrada del dojo, viendo como me había rendido por ese breve momento, me quedé callada, ¿Que debía responder? ¿Qué debía de hacer? — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si tu voluntad es tan débil como tus sueños, entonces ¡márchate de mi dojo!...los débiles de voluntad no tienen lugar en este lugar</span></span>— sus palabras eran cruel pero sabía que en el fondo estaba tratando de despertar mi fuego aun así…me sentía perdida, pero el recuerdo de mi hermano al irse sin mirar atras, lo tenia tan presente que a veces sentia que esa herida latia con fuego, quemando mi pecho a medida que revive estos sentimientos.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te demostraré…¡Que no soy débil! </span></span>— Esa herida fue el empujón que necesitaba para volverme a motivar, al levantarme del suelo me volví a concentrar en los otros costales, tenía más oportunidades pero debía ser precisa, al momento de respirar profundamente. Sentí que la maestra Sira me estaba observando desde un punto ciego –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Demuestrame que ya no eres la misma mocosa que venía solamente a preguntar estupideces</span></span>– con aquellas palabras que resonaban en mi cabeza, no dude en lanzarme nuevamente hacia esos costales, al estar a una altura conveniente volví a dar un cabezazo al costal, el golpe era un impacto limpio pero aun asi no lograba destruirlo, solamente sacudí la rama. <br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Kagura, recuerda que el hasshōken no consiste en golpear con más fuerza; se trata en hacer que tu fuerza atraviese aquello que golpeas y destruya lo que se encuentra más allá de tu puño, como un terremoto…sé el choque…sé el impacto </span></span><br />
<br />
Al caer suavemente sobre el suelo, las palabras de la maestra me parecían algo confusas pero no descabelladas, quizás estaba golpeando por puro impulso, por lograr un cometido. Con esa ideología, nuevamente me impulse pero con la mirada fija en un punto, lanzándome como un proyectil que buscaba donde encajar, solté el aire que tenía comprimiendo y finalmente impacte contra el costal, al levantar la mirada me percaté que había destruido el costal sin sacudir la rama o romperla, una sonrisa se dibujó en mis labios cuando finalmente alcancé mi cometido.  <br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Maestra…¡LO CONSEGUÍ!</span></span> – grite para girarme con tal entusiasmo, observando como la maestra sonreía levemente –<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Excelente…entonces pasemos la siguiente etapa, ven kagura</span></span>– tras ese logro, recorde que todo aquello era una semiprueba, un pequeño paso para ver si era apta para el verdadero enfrentamiento, de pronto sentí un nudo en el estómago sintiendo que mi rostro perdía color —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ah…si…voy…</span></span>– respondí con voz temblorosa mientras me acercaba a la entrada del dojo. Cuando entré  caminé hacia el centro del lugar, la maestra Sira me esperaba con aquella expresión tranquila que la caracterizaba. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Veamos cuánto has mejorado…El primer movimiento que aprenderás de este dojo será Buto…un movimiento que consiste en solo usar…la cabeza</span></span>— fueron sus únicas palabras antes de adoptar una postura de combate, su mirada penetrante estaba puesta en mi.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="150" src="https://www.youtube.com/embed/eqJxJmb-Q4Y?si=uaahB5g0arPRkaF2" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
Sin darme tiempo para responder o replicar por este enfrentamiento repentino, ya no tenía escapatoria por lo que tomé la misma postura de combate, llevando mi diestra hacia adelante mientras llevaba una pierna al nivel de mi torso flexionandola en el proceso. Esta vez todo sería diferente, esta vez me defenderia con todo mi potencial; La maestra Sira se lanzo con movimientos abiertos, limpios y directos, no estaba simplemente atacándome para enseñarme, estaba observando cada reacción de mi cuerpo, analizando si habia captado la esencia de aquel estilo de combate. Intenté anticiparme a sus ataques, pero para mi sorpresa, ella reaccionaba antes de que pudiera completar mis movimientos, era precavida pero aun asi…directa para atacarme. Cada golpe que lanzaba era esquivado con una precisión impresionante o bloqueado con la parte exacta de su cuerpo, como si pudiera leer mi mente antes de ejecutar el movimiento, entonces comprendí que estos días de entrenamiento no solo habían fortalecido mi cuerpo, sino que me habían enseñado a observar y analizar el combate, debia abrirme sin temor. <br />
<br />
En medio del intercambio de puños, patadas e incluso intento de cabezazos, Sira se detuvo ligeramente y realizó una indicación que no esperaba en ese preciso momento —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Usa solamente la cabeza, intenta proyectar las ondas del Hasshoken…recuerda que ese es el verdadero estilo de este dojo </span></span>— Menciono con un tono casi agresivo haciendome duda por un instante, pero rápidamente comprendí lo que significaba, para comenzar a dominar este estilo debia empezar por la cabeza, ella lo había mencionado con anterioridad. No podía depender de mis brazos ni de mis piernas; debía convertir mi cabeza en mi herramienta principal. Por lo tanto adopté una postura un poco más defensiva y sin más comencé a moverme utilizando mis brazos, piernas para generar una apertura que me pudiera dar un cabezazo latente. La maestra Sira no tardó en aumentar la intensidad de sus movimientos, no estaba dispuesta a perder, no estaba dispuesta a dejarme el camino fácil. Ella se acercaba de manera mucho más agresiva, lanzando una combinación de golpes y patadas que me obligaban a retroceder constantemente. Cada vez que encontraba una apertura, intentaba responder con un cabezazo, buscando el momento exacto para impactar sin perder mi equilibrio.<br />
<br />
El combate me llevó hasta uno de los extremos del dojo, cerrando las posibilidades de propinar un golpe, ella era una bestia, ella estaba manipulandome a su antojo, cuando mi espalda finalmente chocó contra una pared parecía ser el único punto donde podía detener mi retroceso, ella no vaciló. La maestra Sira avanzó con decisión, preparando un golpe directo hacia mi rostro, debia actuar ahora. Es como si hubiera sentido su movimiento antes de verlo y aproveché aquel pequeño espacio para ejecutar mi movimiento. girando mi cuerpo hacia un costado, deje que su ataque pasara de largo dejando así vulnerable su punto casi ciego, utilicé esa apertura para dar un salto leve y con ello descender sobre la cabeza de mi maestra, recordando sus palabras antes de destruir aquel saco, deje salir el aire de mis pulmones buscando el punto especifico que queria noquear, usaria las ondas del choque para golpearla con brutalidad, al descender no dude en golpearla con un poderoso cabezazo que la obligó a retroceder unos pasos. No dejé pasar la oportunidad. Abrí mi postura, dejando que mi cuerpo acompañara el movimiento y aprovechando la fuerza generada por el impulso. Salté a una altura moderada mientras concentraba toda mi energía en aquel único punto. Finalmente, descendí con un cabezazo directo que logró impactar contra Sira, obligándola a perder el equilibrio y caer casi sobre el tatami. Por primera vez, había conseguido hacer retroceder a mi maestra.<br />
<br />
Con la respiración completamente agitada, permanecí unos segundos observando a mi maestra sobre el suelo, El silencio del dojo parecía haberse detenido después de aquel impacto, aprovechando ese instante me limite a intentar recuperar el aire que escapaba de mis pulmones y mantenerme consciente del cansancio que recorría todo mi cuerpo. Sira Matcha permaneció inmóvil durante un breve instante, pero lejos de mostrar molestia, una sonrisa apareció en su rostro. Lentamente levantó la cabeza y comenzó a incorporarse, limpiando ligeramente el polvo de su ropa mientras volvía a colocarse frente a mí —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Primera postura aprendida… usaste perfectamente la cabeza como defensa</span></span>— mencionó con tranquilidad mientras me observaba, aun asi me hacía dudar con esa serenidad repentina — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese golpe fue tan fuerte que incluso logró hacerme caer. Comienzas a comprender las vibraciones que puede emanar tu propio cuerpo, pero no confundas un avance con el final… Todavía no hemos terminado. </span></span><br />
<br />
El combate continuó durante casi toda la tarde, no hubo descanso, no hubo momentos donde pudiera relajarme completamente, no existia en tiempo muerto; cada segundo era una nueva prueba para mi cuerpo y mi determinación. La maestra Sira seguía presionándome hasta el limite, ella me atacaba con movimientos cada vez más precisos, obligándome a reaccionar ante cada ataque y confiar en las sensaciones que había aprendido durante la meditación. Algunos golpes los recibia pero otros conseguía esquivarlos, y en ocasiones era ella quien terminaba sintiendo el impacto de mis avances, aprendi a dar cabezazos cada que tenia la oportunidad, usando los choques del estilo hasshoken para hacerla retroceder o caer al suelo. Poco a poco mi cuerpo comenzó a moverse de una manera diferente, como si cada músculo comprendiera su propia función dentro de aquella batalla. Era una especie de danza donde las vibraciones que me daba ventaja a seguir.<br />
<br />
Finalmente, el dia termino y el dojo quedó en silencio mientras ambas terminábamos exhaustas por el arduo enfrentamiento. Mi cuerpo cayó completamente sobre el suelo del tatami incapaz de seguir respondiendo después de tantas horas de combate, mi respiracion era entrecortada pero aun asi mantenia fija la mirada en mi maestria, ella también parecia agotada por el esfuerzo excesivo; Su cabello estaba completamente desordenado, pero aun así una sonrisa permanecía en su rostro, como si estuviera mas que satisfecha con el resultado, ella me vencio…pero eso no quiere decir que no le diera guerra, aun era debil pero estaba en camino de mejorar mis puntos debiles —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No eres la misma de antes</span></span>— dijo mientras me observaba con orgullo — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has cambiado y con eso puedo concluir este primer encuentro. Todavía tienes mucho más por aprender… más estilos, asi que descansa unos dias y luego regresa, Kagura. Aprenderás a utilizar mucho mejor esa cabeza</span></span> — Sus palabras fueron lo último que escuché antes de cerrar los ojos, agotada pero alegre por saber que finalmente había dado el primer paso, una idea cruzo por mi cabeza...al sentir la presion que quedo sobre mi frente, un hecho que me hizo soltar un suspiro pesado.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muchas gracias...aunque de tanto cabezazos…comienzo a creer que quedare pelona...</span></span> -- a este paso quizas.</div>
<br />
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					<br />
Tecnica a aprender:<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto («Cabeza Militar»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>3</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
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                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='tecnica_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 80 Fuerza</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>65 + 2,3xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>110 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario salta para después precipitarse inversamente y propinarle un gran cabezazo al enemigo.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='tecnica_code_container'>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho001</span></span>
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                </div>
                
            </div><br />
<br />
Vestimenta:<br />
<div class='custom-spoiler'>
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				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Capitulo 26: A este paso...me quedare pelona</span></span><br />
Lugar: Isla de Kárate<br />
Fecha: 35 de verano, año 18<br />
Hora: 07:00 AM</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Desde que llegamos a esta isla comprendí dos cosas, la primera era que mi abuela seguía siendo exactamente la misma mujer severa que conocía desde pequeña, no importaba el pasar de los años, ni los kilómetros que nos separaba, tampoco la diferencia de edad. Ella continuaba firme e inquebrantable como el jade, como un viejo roble capaz de resistir cualquier tormenta que se aproximara, sin duda…una guerrera. Ahora bien, lo segundo quizás era un poco más frustrante para mi, pues me di cuenta que mis propios puntos débiles siguen allí, por más que me esforzara…seguía perdiendo ante ellos, pues mi abuela no dudaba en arrasar conmigo en el suelo, utilizando técnicas básicas del combate cuerpo a cuerpo, no importa cuantas veces me levantara del suelo de tatami..bastaba un simple golpe para derribarme nuevamente. Las marcas del tatami comenzaban a teñirse sobre mis mejillas, eso…sin duda me daba rabia —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mierda….</span></span>-- maldije al momento que mi cuerpo se rendía, jadeando levemente por el exceso de movimientos, mi corazón latía sin parar ante la falta de aire, mi abuela terminó de arrastrar lo poco que me quedaba de dignidad, con un semblante serio, postura perfecta y sin signos de haber hecho un gran esfuerzo, fueron sus palabras el detonante de mi verdadera derrotada: – <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te has vuelto demasiado blanda… mañana debes visitar a la maestra Sira</span></span> – Apenas escuche su nombre cuando sentí que moría de manera metafórica –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oh…no…</span></span>– estaba más que muerta, estaba…re muerta.<br />
<br />
Esa noche, tras tomar un baño caliente y cubrir los moretones con vendas, domi proyectando recuerdos antiguos de mi infancia, cuando el alba apenas comenzó a iluminar el horizonte, mi abuela nos obligó a levantarnos sin la menor compasión, ella siempre había detestado a las personas perezosas, tenía una filosofía tan antigua, decía que para ganarse el pan…había que ganarse el dia a dia…, nada en esta vida era gratis por lo que había que hacer méritos para ganarlo, pero para su satisfacción…todos nosotros éramos militares entrenados para reaccionar en cuanto sonara la trompeta o mejor dicho…el gallo. La división ochenta y uno, tomaba sus decisiones con la salida del sol, cada quien debía tomar su ruta o su destino, y mi día ya estaba planeado como tal, mi destino era: visitar el dojo de la maestra, donde debía mejorar mis capacidades y pulir mi rendimiento muscular.<br />
<br />
Asi que mientras recorría el ambiguo sendero que conducía al templo, llevé ambas manos detrás de la nuca mientras silbaba una vieja melodía, observando con desinterés el cielo despejado,podía sentir la fresca brisa matinal que acompañaba mis pasos y mi la falta de inspiración que pesaba sobre mis hombros. Vistiendo comodamente por una camisa blanca con decoraciones pasteles, un short deportivo, guantes y botas, creo que estaba preprada para este dia, asi que tras reconocer pequeños fragmentos de una estructura rústica recordé un pequeño detalle que creí olvidado en el tiempo, un motivo, un dolor…un pesadilla, una pequeña sonrisa apareció en mi rostro y no precisamente de felicidad…si no de, incomodidad pues a decir verdad, tenía una cuenta pendiente con la maestra Sira Matcha y algo me decía que quizás ella aun lo recordaba.<br />
<br />
Cuando finalmente estuve delante de aquel antiguo dojo, una leve nostalgia se apoderó de mí, para ser sincera no era la primera vez que visitaba este lugar, no era la primera vez que mi abuela me enviaba a este lugar, lo recordaba perfectamente: sus pasillos, el aroma del incienso y esa tranquilidad que rodeaba el templo, eran recuerdos grabados en mi mente…y en mi cuerpo, mientras comenzaba a recorrer el camino empedrado que conducía hacia las grandes puertas deslizantes, sentí como cuerpo se tensaba ante la incertidumbre del porvenir, mis pasos resonaban con calma sobre dicha superficie, lo cierto era que trataba de no llamar la atención todavía, quería prepararme mentalmente pero… una voz femenina rompió el silencio haciendo que me asustara levemente —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vaya, vaya… Mira a quién tenemos aquí</span></span>— Reconociendo aquella voz al instante, mi primera reacción fue detenerme de golpe, en ese preciso momento abandoné toda esperanza, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, haciéndome sudar frío mientras mis rodillas comenzaban a temblar ligeramente. No podía evitar recordar aquellas imágenes de aquella bestia que me había pateado el trasero más veces de las que quería admitir.<br />
<br />
Al levantar la mirada hacia el tejado del dojo, ahí estaba ella, sentada en el borde como si aquel lugar le perteneciera, estaba en su territorio y no había forma de huir. Jugando tranquilamente con la cáscara vacía de un par de nueces entre sus dedos. Una semi sonrisa adornaba su rostro mientras me observaba desde aquella posición elevada, como si estuviera decidiendo si iniciar un enfrentamiento o darme la oportunidad de explicar mis razones antes de acabar conmigo —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cuánto ha pasado? ¿Cinco? ¿Seis años?... ¿Vienes por la revancha, Kagura?</span></span>— Era evidente que aun recordaba las cuentas pendientes, quise responder con total sinceridad, pero ella continuaba jugando con aquella cáscara, dejando claro que seguramente ya estaba ideando su primer movimiento, su primer golpe, una leona a punto de clavar sus dientes sobre mi cuello. ¿Cómo podía saberlo? Era sencillo; su rostro mostraba esa clásica expresión de todo guerrero experimentado cuando no encuentra algo que pueda entretenerlo, una furia casi dormida, si…ella estaba completamente aburrida, y eso era precisamente lo que más debía preocuparme.<br />
<br />
Sira Matcha… realmente habían pasado ocho años desde la última vez que me atreví a retarla. Cuando era pequeña, mi familia siempre solía viajar hacia esta isla para pasar las festividades de fin de año con mis abuelos, Solía aprovechar cada visita para recorrer los distintos dojos de esta increíble isla, quería conocer sus historias y comprender los estilos de combate que allí se enseñaban. Sin embargo, hubo uno que consiguió captar mi atención por encima de todos las demás, el dojo del Hasshoken, un arte generar ondas de choque controlando las vibraciones del cuerpo, aprenderlo no era simplemente cuestión de fuerza o voluntad; primero debía entender su esencia y saber aplicarlo correctamente. Por más veces que desafiaba al líder de aquel dojo, el resultado siempre terminaba siendo el mismo, acababa mordiendo el polvo…—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno… mi abuela me ha enviado de nuevo…para finalmente aprender de una vez por todas el estilo Hasshoken</span></span>— confesé mientras mantenía la mirada fija en ella, esperando alguna señal positiva de su parte, o mejor dicho…preparándome para recibir su bienvenida.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Y tú realmente lo quieres aprender?</span></span>— preguntó con un tono casi frío, desafiante…tan…inalcanzable, en ese instante noté cómo rompió la cáscara vacía de la nuez con la fuerza de su mano, apretándola hasta convertirla en pequeños fragmentos que cayeron lentamente hacia el suelo, estaba imponiendo respeto…autoridad y sobre todo..resentimiento. Aquella simple acción fue suficiente para dejarme claro que aprender aquel estilo no era un juego, una vez que comenzara…no habría espacio para rendirse, no volvería a tener la misma oportunidad, ya no era una niña que podía escapar y rendirse cuantas veces quisiera, con el vago recuerdo de llorar desconsoladamente entre los brazos de mi difunta madre…no tenía a donde refugiarme ahora, ya no tenía a donde regresar…deje escapar un leve suspiro tras reflexionar sobre su pregunta. ¿Realmente lo quería? La verdad era que después de perder una y otra vez contra ella, muchas veces había terminado perdiendo la motivación para continuar intentándolo, Pero ahora era diferente…tenía nuevos objetivos, un camino que recorrer y el deseo de convertirme en una marine digna de respeto —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sí… sí quiero</span></span>— respondí finalmente desafiandola con la misma determinación que ella difundia sobre mi. Por primera vez sentía que estábamos en la misma sintonía; mi espíritu ardía con fuerza, impulsándome a superar mis límites y convertirme en una versión mucho mejor de mí misma.<br />
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Sira permaneció en silencio durante unos segundos, me observaba desde lo alto del tejado, sus ojos analizaba cada detalle de mi postura, mi alma, mi valentía. El viento movía ligeramente su cabello mientras aquella expresión tranquila permanecía en su rostro, ¿La había convencido?, el silencio era una tortura para mi pero la decisión estaba en sus manos. Finalmente reaccionó, una pequeña sonrisa apareció en sus labios; no era una sonrisa de burla, sino la expresión de alguien que por fin había escuchado la respuesta que tanto esperaba. Sin decir una sola palabra se levantó del borde del tejado y dejó caer los restos de la cáscara de nuez que aún sostenía entre sus dedos, Pensé que simplemente bajaría por las ramas del árbol que se encontraba al costado del dojo, pero en su lugar dio un paso hacia el vacío sin cambiar su expresión, lanzándose desde aquella altura sin la menor duda…Mi mirada se abrió ligeramente al verla caer con aquella gracia tan impotente, comprendí que aquello no era una simple caída…esa era su entrada. Su cuerpo giró en el aire con una agilidad impresionante, realizando una maniobra precisa mientras utilizaba el impulso del salto para controlar su descenso. Dio una vuelta completa antes de aterrizar suavemente a mi lado, levantando apenas una pequeña nube de polvo que bajó a sus pies.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entonces demuéstramelo, Kagura</span></span>— mencionó con tranquilidad mientras acomodaba su postura de combate — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si realmente quieres aprender el estilo del Hasshoken, tendrás que demostrar que tu voluntad es más fuerte que tus propias dudas</span></span> – esas palabras resonaron dentro de mí mientras sentía cómo mi corazón comenzaba a acelerarse, la presencia de Sira seguía siendo la misma que recordaba de mi infancia, ella era intimidante, poderosa y capaz de hacerme sentir pequeña cada vez que estaba frente a ella. Aun así…me sentia totalmente diferente, ya no estaba allí como una niña que buscaba superar a su maestra por orgullo, sino como alguien que tenía un objetivo claro y un camino que recorrer, cerré mis puños con fuerza y adopté una postura firme delante de ella, dejando que mi determinación hablara por mí, el silencio reinó unos instante, el choque de miradas era el primer enfrentamiento,  el entrenamiento todavía no había comenzado, pero sabía que aquella prueba sería mucho más difícil que cualquier combate que hubiera enfrentado antes, ¿Estaría al nivel que ella deseaba?.<br />
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Sira se mantuvo frente a mí con aquella tranquilidad que siempre había caracterizado su forma de pelear. No parecía estar preparándose para un combate pero en mi interior sabía que todo eso era parte de su forma de pelear, simplemente estaba a la espera de sus palabras o de sus acciones, ella me estaba analizando…como si estuviera corrigiendo mi postura, esa mirada me hacía recordar a mi abuela… —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Hasshoken no es un estilo que se base en golpear más fuerte que el enemigo, Kagura</span></span>— explicó mientras levantaba lentamente una de sus manos – <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muchos creen que todo se trata de pura fuerza…pero todos ellos están equivocados, este arte consiste en comprender las vibraciones que existen en cada movimiento y en cada impacto</span></span> – Esa parte lo comprendía como tal, al intentar dar mi punto de vista, apenas terminó de hablar cuando desapareció de mi campo de visión.<br />
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El primer golpe parecía ser leve pero directo al torso, un impacto que me desconcertó por completo haciendo que bajara la guardia de pronto –<span style="color: #ffc6c3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">*Pero…no lo vi*</span></span>--  retrocediendo varios pasos mientras trataba de mantenerme en pie, la escuche hablar de pronto —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Las vibraciones son la esencia del Hasshoken. Un golpe común solo afecta aquello que toca directamente, pero un usuario que domina este estilo puede transmitir su fuerza más allá de la superficie…provocando ondas, como un terrible terremoto</span></span>— continuó explicando con una calma aterradora mientras avanzaba hacia mí, Intenté recuperar mi postura, pero otro golpe llegó directo hacia mi costado, seguido de una serie de ataques rápidos que me obligaron a retroceder paso a paso. Cada impacto parecía atravesar mi defensa, haciendo que mis músculos sintieran una presión diferente en todo el cuerpo, dejándome sin aliento a medida que reaccionaba.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No estás bloqueando mis ataques…solamente estás intentando detener mi fuerza exterior </span></span>— dijo mientras esquivaba mi intento de contraataque y golpeaba nuevamente mi abdomen, haciendo que mi cuerpo se doblara ligeramente por el impacto, era imposible atravesar su radio de defensa, sus sentidos y reflejos era superior a los míos, realmente estaba siendo oprimida por esta mujer — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese es el error de quienes enfrentan este estilo por primera vez. Creen que deben resistir la fuerza, cuando en realidad deben comprenderla…</span></span>– sus palabras apenas lograban entrar en mi mente mientras sus movimientos eran demasiados precisos.<br />
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Estaba a punto de caer cuando pise fuerte para no sucumbir a la embestidas de sus puños, mientras respiraba con mucha dificultad, mi mirada estaba enfocada en la maestra Sira, quien demostraba una enorme coraza, ella no parecía tener intención de detenerse por mas clara que tuviera la victoria, no estaba dispuesta a  dar tregua alguna —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Hasshoken no perdona las dudas, Kagura, Si tu mente duda, tu cuerpo también lo hará</span></span>— mencionó antes de acercarse nuevamente con una velocidad que apenas pude seguir con la mirada, quizás mi cuerpo ya había llegado a su límite pero...sólo observe cómo de pronto su rostro se acercó de manera peligrosa, sintiendo aquel impacto contra mi cabeza, un cabezazo tan severo que derribó mi voluntad por completo, haciéndome caer sobre el suelo tras el impacto.<br />
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La maestra no dijo nada más después de aquella demostración de movimientos fervientes, su expresión permanecía tranquila como si aquello solo hubiera sido una pequeña prueba para medir mi determinación o mejor dicho, saber que tan mal estaba, evidentemente queria comprobar si mis reflejos, agilidad y fuerza estaba a su nivel, pero me consideraba un caso perdido…no estaba a su nivel, sin decir nada en el momento, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el interior del dojo con pasos firmes, dejando que el sonido de sus pisadas sobre la madera rompiera el silencio. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si realmente quieres aprender Hasshoken, deja de perder el tiempo en el suelo y entra</span></span>— comentó sin siquiera girarse.<br />
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Me quedé observando su espalda mientras se alejaba paso a paso, sintiendo cómo aquellas palabras resonaban más fuerte que cualquier golpe que hubiera recibido, ella era mordaz con la boca, si…no habia cambiado en nada. Pero aun asi sus palabras no era una invitación común, era una prueba más que debia afrontar. Con dificultad logré incorporarme completamente, sacudiendo el polvo de mi ropa mientras cerraba mis puños con determinación aunque estaba totalmente molida. Mis músculos dolían evidentemente, pero aquella sensación no me hacía retroceder o sentir miedo, al contrario, despertaba aún más mi deseo de mejorar, de ganarle, de tener ventaja.<br />
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Dejando salir un suspiro leve, comence mi andar hasta llegar a la entrada del dojo, respiré profundamente mientras observaba el interior del mismo, notando que no habia cambiado en nada desde que me fui, ahora estaba frente al futuro…a la oportunidad de forzar mi verdadero potencial, aunque sabía que el camino sería mucho más duro de lo que imaginaba. Sira permaneció de espaldas no si antes hablar —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tu verdadero entrenamiento comienza ahora</span></span>—  El silencio del interior contrastaba con la intensidad del entrenamiento que estaba a punto de comenzar. Sira Matcha se dirigió hacia una zona donde guardaba diferentes utensilios de práctica, sacando cuerdas, pesas, tablones de madera y varios objetos que parecían estar diseñados para llevar el cuerpo más allá de sus límites, ¿Que tenía en mente con exactitud?. Mientras los colocaba frente a mí, podía notar que cada herramienta tenía un propósito específico, ¿Que clase de entrenamiento haría? — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Hasshoken no nace únicamente de tus puños, Kagura. Todo tu cuerpo es un mecanismo capaz de generar y transmitir vibraciones, pero si una parte falla, la resonancia se pierde </span></span>— Sus palabras fueron claras: antes de aprender la técnica, debía convertirme en alguien capaz de soportarla, o mejor dicho…capaz de entender lo que estaba haciendo.<br />
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El primer entrenamiento comenzó con las posturas básicas. Sira me hizo repetir una y otra vez las posiciones fundamentales del estilo cuerpo a cuerpo, corrigiendo la postura de mis piernas, la inclinación de mi torso y la manera en que distribuía mi peso, me explicaba la razón del porque lo estaba haciendo mal y como se debía de hacer, cosa que me lo tomaba a mal pero aun asi debia tragar mi orgullo y aprender a escuchar. Me obligó a mantener posiciones bajas y complicadas durante largos periodos de tiempo hasta que mis músculos comenzaban a arder, mis brazos, piernas e incluso mis nalgas, todo comenzaba a temblar con rigidez. Cuando finalmente me dejaba descansar, no dudaba en dejarme caer sobre el suelo de tatami para dejar salir uno que otra lamentación. Pero al hacerlo…recibia una buena reprimenda por parte de Sira. Al cabo de unos minutos continuamos con el trabajo de resistencia, ahora me encontraba corriendo alrededor del dojo, cargando objetos pesados mientras mantenía mi espalda recta, a medida que realizaba las repeticiones mi cuerpo comenzaba a doblegarse nuevamente —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tus piernas son la base, tus brazos son el camino, tu torso es el centro y tu cadera es el punto donde nace el movimiento</span></span>— repetía mientras me hacía repetir los ejercicios hasta perfeccionarlos, el día comenzaba a tornarse de otro color mientras mi corazón latía con furia.<br />
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Tras el entrenamiento brutal a la cual fui sometida, la maestra Sira permaneció unos segundos observando en silencio, como si estuviera evaluando todo lo que había conseguido durante aquel primer día, en ella no hubo una expresión de orgullo, tampoco felicidad, simplemente se mantenía calmada, serena, como si estuviera acostumbrada a ver ese tipo de resultado.  Mientras jadeaba levemente recostada sobre el suelo de pronto escuche como Sira caminaba hacia la salida del dojo dejando que la incertidumbre reinara en ese instante, segundos después escuché su voz tranquila romper el silencio —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es suficiente… regresa mañana para más</span></span> — Sus palabras fueron simples y claras, pero no tuve las fuerzas para responder, me limité a verla alejarse sin mirar atrás, desapareciendo lentamente mientras sus pasos se perdían por los pasillos del templo.<br />
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Hoy comprendi lo basico de este estilo, el Hasshoken no era solamente una técnica de fuerza; era una disciplina que exigía que cada parte de mí, Y aunque apenas había sobrevivido al primer día, sabía que aun me faltaba mucho por aprender y comprender, asi que debia volver al amanecer. Porque si quería convertirme en una marine digna de respeto, debía aceptar que este dolor era solamente el primer paso hacia la persona que quería llegar a ser.<br />
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Cuando sentí que mi cuerpo comenzaba a recuperar un poco de fuerza, apoyé una mano sobre el tatami y lentamente logré incorporarme, cada movimiento era acompañado por una punzada de dolor que recorría mis músculos, realmente hoy excedi mis propios limites, sentia vibraciones por todo mi cuerpo, ¿Acaso era esto a lo que se referia la maestra?, Aun así, no podía quedarme allí descansando toda la noche. Con pasos lentos y pesados, salí del dojo mientras el cielo comenzaba a oscurecerse sobre mi, dejando atrás aquel lugar de casi tormento,  El camino de regreso hacia la casa de mi abuela parecía mucho más largo que antes, quizas porque cada paso que realizaba me dolia, pero aun asi continué avanzando mientras la brisa nocturna golpeaba mi rostro y me ayudaba a mantenerme consciente, me pregunto, ¿como estara mi equipo? ¿que habran hecho? ¿Arceo estaria bien?...ahora comenzaba una lucha interna sobre si soy una buena lider.<br />
<br />
Algo que me aliviaba era que al llegar a casa sabía perfectamente lo que me esperaba al regresar, Nyxara probablemente sería la primera en atender mis heridas, limpiando la sangre de mis nudillos, los moretones de mi cuerpo y trataría aquellas heridas con amor…eso quería creer. Por otra parte, mi abuela no dejaría pasar la oportunidad de regañarme; seguramente me recordaría que el sufrimiento era parte del crecimiento y que nadie lograba volverse fuerte sin atravesar momentos donde el cuerpo exigía rendirse. También estaba Arceo, quien probablemente comenzaría a contarme con entusiasmo cómo había sido su día, desde que comenzamos con las lecciones ha demostrado un gran avance al aprender un idioma al cual no estaba acostumbrado. Aquella simple rutina familiar conseguía darme cierta tranquilidad después de una jornada tan agotadora y estresante.<br />
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A la mañana siguiente, desperté con mi cuerpo completamente cubierto de vendas en varias zonas. Mis manos, brazos y algunas partes del torso todavía cargaban las marcas del entrenamiento anterior, recordando cada segundo del esfuerzo que había realizado. Aun así no podía permitirme el lujo de descansar demasiado, debía continuar con este entrenamiento, después de prepararme y asegurar nuevamente mis vendas, tomé el camino hacia el dojo, ¿Que aprendería el día de hoy?, tenía en claro que el dojo tenía un cierto estilo de combate, una técnica en especial, ¿lo aprendería el día de hoy?, mis pasos todavía eran pesados y sentía mis piernas temblar por la tensión de los golpes, pero mi determinación era mucho más fuerte que el cansancio. mientras avanzaba, no podía evitar pensar en que Sira era una persona excepcional, alguien con una fuerza que iba más allá de sus habilidades físicas, su perfil destacaba demasiado, era experta, disciplinada y capaz de encontrar el potencial oculto en otros incluso cuando ellos mismos no podían verlo. Ayer comprendí que era una cucaracha a la par de ella, pero debía cambiar esa visión que tenía de mí misma.<br />
<br />
Al llegar nuevamente al dojo, el silencio del lugar fue interrumpido por la presencia de Sira Matcha, quien ya se encontraba en el interior realizando sus labores habituales, parecia concentrada en sus movimientos, su rostro mostraba una expresión completamente seria pero audaz, cuando finalmente se percató de mi presencia, me observó completamente seria hasta que una ligera sonrisa apareció al verme cruzar la entrada. Permaneció tranquila mientras sostenía entre sus manos un bollo al vapor, observándome con cierta diversión mientras me acercaba. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pensé que no volverías, Kagura…</span></span>— comentó con una sonrisa mientras daba un pequeño mordisco a su comida. Aquellas palabras tenían un tono de provocación, como si estuviera intentando comprobar si realmente aun estaba llena de confianza. —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿De verdad creías que me rendiría tan fácilmente?</span></span>— mencioné mientras entraba al dojo, dejando claro que todavía estaba dispuesta a continuar, aunque lo cierto era que todo el cuerpo me dolía con cada movimiento.<br />
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Sira soltó una pequeña risa antes de terminar su bollo —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entonces continuemos con lo básico…</span></span>— Sin saber el contexto de sus palabras, Sira me llevó a la parte trasera del dojo en donde pude visualizar tres astas de tronco grueso de los cuales estaban sujetos varios costales de gruesos y rellenos, el siguiente entrenamiento consistió en golpear cada saco con mis puños y piernas, El primero estaba lleno de harina, donde debía aprender a controlar mis golpes y precisión. El segundo estaba relleno de arroz, siendo mucho más resistente y obligándome a mejorar la fuerza de mis impactos. Finalmente llegó el último saco, uno completamente lleno de rocas. Cada golpe contra aquella superficie hacía que mis brazos sintieran una presión brutal, pero Sira insistía en que debía sentir la reacción del impacto y comprender cómo mi fuerza se transmitía, al tener esto en claro, el ejercicio escaló a diferentes posturas, esta vez los sacos estaban sujetos a troncos más elevados, en donde debía saltar para llegar a ellos –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cabezazo?</span></span> – pregunte algo confundida pero desde mi punto de vista, parecían estar rellenos de algo más blando, ¿hojas quizás?.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Para aprender el estilo de nuestro dojo, deberás aprender a golpear con la cabeza, el impacto lo definirás con la ayuda de tus extremidades, ¿que tan alto llegas? ¿Cuánta resistencia tienes? ¿Podrás destruir esos sacos sin dañar el tronco?...cuando lo logres…habrás superado la prueba para el siguiente paso</span></span> – Sin atribuir más, ella se alejó dejándome en la soledad de ese patio, haciéndome suspirar con pesadez —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Destruir el saco con la cabeza?</span></span>-- comenzaba a dudar sobre mis virtudes realmente.<br />
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No había tiempo para dudar, solo de actuar. Soltando el aire retenido en mis pulmones, pronto comenzaría a flexionar mis piernas, los costales estaban a un rango de dos a tres metros de altura, llegar a ellos no sería difícil pero destruir los sacos me parecía una tarea casi imposible, aun así, no retrocederia a este nuevo desafío –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vamos Kagura…</span></span>– dándome palabras de aliento finalmente comencé a saltar y entrando a un estilo más agresivo, flexionando el torso para someter mi cabeza a un golpe crítico contra el saco, al momento del descenso me di cuenta que no había hecho daño alguno, el contenido del mismo parecía ser duro pero blando a la vez –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Un saco de harina?...¿Azúcar?-</span></span>-- no estaba segura pero al momento que mis pies tocaron el suelo, no dude en flexionarme más para tocar con mis dedos la superficie del suelo, mientras fijaba mis orbes en esos costales, analizando y midiendo la fuerza que debía propinar para destruir el saco sin problemas.<br />
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Repitiendo la misma secuencia de acciones, mis saltos fueron más concisos y rápidos, pero el acertar el golpe era el problema que aún no lograba radicar –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Aún no!</span></span>--- grité con furia al darme cuenta que el saco seguía igual, al tocar el suelo nuevamente me volvió a lanzar, una y otra vez, no importaba cuantas veces lo repetía, el resultado era igual. Ahora entendía el porque esta prueba era necesaria, mi mente era un desorden, estaba frustrada por tantos intentos, entre mas me elevaba el golpe era mayor pero no conseguía destruir los costales, nuevamente volvía a descender con la misma derrota –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mierda…</span></span>-- el día comenzaba a transcurrir y aun no lograba mi cometido, en el siguiente movimiento, salte con tanta euforia que al momento de dar el cabezazo sobre el costal, termine por romper la rama en donde estaba sujeto —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡NO!</span></span>--- en ese momento sabía que había fracasado la prueba.<br />
<br />
Dejándome caer ante el desastre, jadeaba levemente tras observar el cielo y las nubes pasar levemente con el viento que las empujaba hacia otro horizonte, sentía mi corazón latir frenéticamente mientras alzaba una mano hacia el cielo, el sol era deslumbrante, inalcanzable, quería tocarlo, alcanzarlo…apagarlo y acabar con este tiempo, tenia ambiciones pero creo que debia rendirme despues de todo.<br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Levantate</span></span><br />
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<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No….</span></span><br />
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<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Kagura Levántate!</span></span><br />
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<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Uh!</span></span> — Sentándome de golpe me di cuenta que en un lazo de unos segundos me había quedado dormida, ¿como era posible?, bueno…desde que comencé este absurdo entrenamiento he descuidado mis horarios de sueño, sumando el esfuerzo físico, si, estaba más que refrita –<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Acaso todo lo que has dicho hasta ahora, ha sido puras mentiras?</span></span> — La maestra Sira me estaba observando desde la entrada del dojo, viendo como me había rendido por ese breve momento, me quedé callada, ¿Que debía responder? ¿Qué debía de hacer? — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si tu voluntad es tan débil como tus sueños, entonces ¡márchate de mi dojo!...los débiles de voluntad no tienen lugar en este lugar</span></span>— sus palabras eran cruel pero sabía que en el fondo estaba tratando de despertar mi fuego aun así…me sentía perdida, pero el recuerdo de mi hermano al irse sin mirar atras, lo tenia tan presente que a veces sentia que esa herida latia con fuego, quemando mi pecho a medida que revive estos sentimientos.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te demostraré…¡Que no soy débil! </span></span>— Esa herida fue el empujón que necesitaba para volverme a motivar, al levantarme del suelo me volví a concentrar en los otros costales, tenía más oportunidades pero debía ser precisa, al momento de respirar profundamente. Sentí que la maestra Sira me estaba observando desde un punto ciego –<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Demuestrame que ya no eres la misma mocosa que venía solamente a preguntar estupideces</span></span>– con aquellas palabras que resonaban en mi cabeza, no dude en lanzarme nuevamente hacia esos costales, al estar a una altura conveniente volví a dar un cabezazo al costal, el golpe era un impacto limpio pero aun asi no lograba destruirlo, solamente sacudí la rama. <br />
<br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Kagura, recuerda que el hasshōken no consiste en golpear con más fuerza; se trata en hacer que tu fuerza atraviese aquello que golpeas y destruya lo que se encuentra más allá de tu puño, como un terremoto…sé el choque…sé el impacto </span></span><br />
<br />
Al caer suavemente sobre el suelo, las palabras de la maestra me parecían algo confusas pero no descabelladas, quizás estaba golpeando por puro impulso, por lograr un cometido. Con esa ideología, nuevamente me impulse pero con la mirada fija en un punto, lanzándome como un proyectil que buscaba donde encajar, solté el aire que tenía comprimiendo y finalmente impacte contra el costal, al levantar la mirada me percaté que había destruido el costal sin sacudir la rama o romperla, una sonrisa se dibujó en mis labios cuando finalmente alcancé mi cometido.  <br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Maestra…¡LO CONSEGUÍ!</span></span> – grite para girarme con tal entusiasmo, observando como la maestra sonreía levemente –<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Excelente…entonces pasemos la siguiente etapa, ven kagura</span></span>– tras ese logro, recorde que todo aquello era una semiprueba, un pequeño paso para ver si era apta para el verdadero enfrentamiento, de pronto sentí un nudo en el estómago sintiendo que mi rostro perdía color —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ah…si…voy…</span></span>– respondí con voz temblorosa mientras me acercaba a la entrada del dojo. Cuando entré  caminé hacia el centro del lugar, la maestra Sira me esperaba con aquella expresión tranquila que la caracterizaba. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Veamos cuánto has mejorado…El primer movimiento que aprenderás de este dojo será Buto…un movimiento que consiste en solo usar…la cabeza</span></span>— fueron sus únicas palabras antes de adoptar una postura de combate, su mirada penetrante estaba puesta en mi.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="150" src="https://www.youtube.com/embed/eqJxJmb-Q4Y?si=uaahB5g0arPRkaF2" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
Sin darme tiempo para responder o replicar por este enfrentamiento repentino, ya no tenía escapatoria por lo que tomé la misma postura de combate, llevando mi diestra hacia adelante mientras llevaba una pierna al nivel de mi torso flexionandola en el proceso. Esta vez todo sería diferente, esta vez me defenderia con todo mi potencial; La maestra Sira se lanzo con movimientos abiertos, limpios y directos, no estaba simplemente atacándome para enseñarme, estaba observando cada reacción de mi cuerpo, analizando si habia captado la esencia de aquel estilo de combate. Intenté anticiparme a sus ataques, pero para mi sorpresa, ella reaccionaba antes de que pudiera completar mis movimientos, era precavida pero aun asi…directa para atacarme. Cada golpe que lanzaba era esquivado con una precisión impresionante o bloqueado con la parte exacta de su cuerpo, como si pudiera leer mi mente antes de ejecutar el movimiento, entonces comprendí que estos días de entrenamiento no solo habían fortalecido mi cuerpo, sino que me habían enseñado a observar y analizar el combate, debia abrirme sin temor. <br />
<br />
En medio del intercambio de puños, patadas e incluso intento de cabezazos, Sira se detuvo ligeramente y realizó una indicación que no esperaba en ese preciso momento —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Usa solamente la cabeza, intenta proyectar las ondas del Hasshoken…recuerda que ese es el verdadero estilo de este dojo </span></span>— Menciono con un tono casi agresivo haciendome duda por un instante, pero rápidamente comprendí lo que significaba, para comenzar a dominar este estilo debia empezar por la cabeza, ella lo había mencionado con anterioridad. No podía depender de mis brazos ni de mis piernas; debía convertir mi cabeza en mi herramienta principal. Por lo tanto adopté una postura un poco más defensiva y sin más comencé a moverme utilizando mis brazos, piernas para generar una apertura que me pudiera dar un cabezazo latente. La maestra Sira no tardó en aumentar la intensidad de sus movimientos, no estaba dispuesta a perder, no estaba dispuesta a dejarme el camino fácil. Ella se acercaba de manera mucho más agresiva, lanzando una combinación de golpes y patadas que me obligaban a retroceder constantemente. Cada vez que encontraba una apertura, intentaba responder con un cabezazo, buscando el momento exacto para impactar sin perder mi equilibrio.<br />
<br />
El combate me llevó hasta uno de los extremos del dojo, cerrando las posibilidades de propinar un golpe, ella era una bestia, ella estaba manipulandome a su antojo, cuando mi espalda finalmente chocó contra una pared parecía ser el único punto donde podía detener mi retroceso, ella no vaciló. La maestra Sira avanzó con decisión, preparando un golpe directo hacia mi rostro, debia actuar ahora. Es como si hubiera sentido su movimiento antes de verlo y aproveché aquel pequeño espacio para ejecutar mi movimiento. girando mi cuerpo hacia un costado, deje que su ataque pasara de largo dejando así vulnerable su punto casi ciego, utilicé esa apertura para dar un salto leve y con ello descender sobre la cabeza de mi maestra, recordando sus palabras antes de destruir aquel saco, deje salir el aire de mis pulmones buscando el punto especifico que queria noquear, usaria las ondas del choque para golpearla con brutalidad, al descender no dude en golpearla con un poderoso cabezazo que la obligó a retroceder unos pasos. No dejé pasar la oportunidad. Abrí mi postura, dejando que mi cuerpo acompañara el movimiento y aprovechando la fuerza generada por el impulso. Salté a una altura moderada mientras concentraba toda mi energía en aquel único punto. Finalmente, descendí con un cabezazo directo que logró impactar contra Sira, obligándola a perder el equilibrio y caer casi sobre el tatami. Por primera vez, había conseguido hacer retroceder a mi maestra.<br />
<br />
Con la respiración completamente agitada, permanecí unos segundos observando a mi maestra sobre el suelo, El silencio del dojo parecía haberse detenido después de aquel impacto, aprovechando ese instante me limite a intentar recuperar el aire que escapaba de mis pulmones y mantenerme consciente del cansancio que recorría todo mi cuerpo. Sira Matcha permaneció inmóvil durante un breve instante, pero lejos de mostrar molestia, una sonrisa apareció en su rostro. Lentamente levantó la cabeza y comenzó a incorporarse, limpiando ligeramente el polvo de su ropa mientras volvía a colocarse frente a mí —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Primera postura aprendida… usaste perfectamente la cabeza como defensa</span></span>— mencionó con tranquilidad mientras me observaba, aun asi me hacía dudar con esa serenidad repentina — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese golpe fue tan fuerte que incluso logró hacerme caer. Comienzas a comprender las vibraciones que puede emanar tu propio cuerpo, pero no confundas un avance con el final… Todavía no hemos terminado. </span></span><br />
<br />
El combate continuó durante casi toda la tarde, no hubo descanso, no hubo momentos donde pudiera relajarme completamente, no existia en tiempo muerto; cada segundo era una nueva prueba para mi cuerpo y mi determinación. La maestra Sira seguía presionándome hasta el limite, ella me atacaba con movimientos cada vez más precisos, obligándome a reaccionar ante cada ataque y confiar en las sensaciones que había aprendido durante la meditación. Algunos golpes los recibia pero otros conseguía esquivarlos, y en ocasiones era ella quien terminaba sintiendo el impacto de mis avances, aprendi a dar cabezazos cada que tenia la oportunidad, usando los choques del estilo hasshoken para hacerla retroceder o caer al suelo. Poco a poco mi cuerpo comenzó a moverse de una manera diferente, como si cada músculo comprendiera su propia función dentro de aquella batalla. Era una especie de danza donde las vibraciones que me daba ventaja a seguir.<br />
<br />
Finalmente, el dia termino y el dojo quedó en silencio mientras ambas terminábamos exhaustas por el arduo enfrentamiento. Mi cuerpo cayó completamente sobre el suelo del tatami incapaz de seguir respondiendo después de tantas horas de combate, mi respiracion era entrecortada pero aun asi mantenia fija la mirada en mi maestria, ella también parecia agotada por el esfuerzo excesivo; Su cabello estaba completamente desordenado, pero aun así una sonrisa permanecía en su rostro, como si estuviera mas que satisfecha con el resultado, ella me vencio…pero eso no quiere decir que no le diera guerra, aun era debil pero estaba en camino de mejorar mis puntos debiles —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No eres la misma de antes</span></span>— dijo mientras me observaba con orgullo — <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has cambiado y con eso puedo concluir este primer encuentro. Todavía tienes mucho más por aprender… más estilos, asi que descansa unos dias y luego regresa, Kagura. Aprenderás a utilizar mucho mejor esa cabeza</span></span> — Sus palabras fueron lo último que escuché antes de cerrar los ojos, agotada pero alegre por saber que finalmente había dado el primer paso, una idea cruzo por mi cabeza...al sentir la presion que quedo sobre mi frente, un hecho que me hizo soltar un suspiro pesado.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muchas gracias...aunque de tanto cabezazos…comienzo a creer que quedare pelona...</span></span> -- a este paso quizas.</div>
<br />
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					<br />
Tecnica a aprender:<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto («Cabeza Militar»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>3</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
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                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='tecnica_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 80 Fuerza</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>65 + 2,3xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>110 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario salta para después precipitarse inversamente y propinarle un gran cabezazo al enemigo.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='tecnica_code_container'>
                    <div
                        class='tecnica_code'
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho001</span></span>
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                </div>
                
            </div><br />
<br />
Vestimenta:<br />
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			</div><br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic Hasshoken] Cabezonería: Ahora es personal.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4066</link>
			<pubDate>Fri, 14 Aug 2026 15:03:33 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=834">Kai T. Gomi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4066</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 90 de primavera del año 18</span></span></div>
<br />
Los días habían pasado con una velocidad asombrosa, las horas se habían convertido en segundos y los segundos en instantes. Desde que había salido de aquel pseudo monte, tras haber estado entrenado con Sira Matcha, el joven había estado dándole vueltas al asunto. Era curioso como había podido hacer un hiper foco de tal magnitud en una sola cosa durante tanto tiempo. ¿Se acababa de topar con una nueva realidad de sí mismo acaso? Era posible, casi un noventa por ciento, de que descubriese que le gustan las artes marciales, más que el hecho de pegar con lo primero que su cuerpo proyecte. Y no es que no le gustase pegar por pegar, al final se había criado con eso presente, si no que le gustaba pegar y pegar bien, que era la diferencia más clara entre un peleador callejero, hecho a sí mismo, y un peleador disciplinado. De todas formas, le gustaba tener su propio estilo de hacer las cosas, eso no iba a cambiar, pero podía implementar la disciplina en el descontrol de sus movimientos, haciendo que sus golpes fuesen eficaces, raros e impredecibles, o al menos eso es lo que quería gestar en su mente el peliblanco. <br />
<br />
Por un tiempo, quizás semanas, Kai se retiró a lo que él llamaba hogar. Una pequeña madriguera que se había improvisado en mitad de un bosquecillo. Había conseguido dar con un túnel y, aprovechando el relieve y los recursos de la zona, se había conseguido hacer algo cómodo, aunque temporal, un sitio donde podía descansar más o menos a gusto. Aunque las noches allí en ocasiones se hacían frías y largas, porque el más mínimo ruido le ponía en alerta. ¿Le iban a robar? ¿Le estaban atacando? ¿Un animal? O peor. ¿Una persona? El chico siempre se había manejado solo y casi siempre había caminado por la acera de la soledad, no porque le hubiese tocado, si no porque quería. No se fiaba mucho de las personalidades de Spider Miles, porque eran como la suya. Se iban a aprovechar de cualquier hilo suelto del que pudiesen tirar solo para sacar algo de provecho y sobrevivir. La vida era así muchas veces y en Spider Miles era la rutina, el hambre agudiza el ingenio y las cicatrices lo vuelven a uno más resistente. Aunque a este paso, iba a tener una cabeza de acero, porque a pesar de haber cumplido con su cometido de aprender el movimiento que le había enseñado Matcha, había seguido practicando en la comodidad de su rocoso hogar. <br />
<br />
Kai no entendía de geología, pero desde luego que tras dos palmadas en una pared había entendido, por sus huevos morenos, que aquello no se iba a caer jamás en la vida y que podría aguantar los envites de cien jabalíes enfurecidos, así convirtió aquello que llamaba hogar, era más un ocupa, en una zona de entrenamiento también. <br />
<br />
El movimiento era tan simple como respirar, pero el proceso que debía hacer su mente era algo más tedioso, porque no se había terminado de acostumbrar del todo a hacer algo extra, como lo suponía el Hasshoken, con el cuerpo. Debía ser algo que se activase como cuando uno se quiere tirar una flatulencia, que solo con el mero hecho de pensarlo, pudiese liberar todas aquellas vibraciones con fuerza. Entonces el peliblanco recogió su postura, bajó su centro de gravedad y flexionó las rodillas. Posicionó su cuerpo ligeramente hacia delante, como si buscase una salida, solo que la salida en este caso era una pared de pura roca. Llevó sus manos hacia delante cerrando los ojos, como había visto hacer a muchos de los artistas marciales en práctica de los dojos, aunque realmente aquello no le servía para su cometido actual, para la película que tenía montada en su cabeza si. Inhaló aire, rápido y mal y lo dejó escapar por su boca, con un extra de vibraciones y un ligero aroma a pollo frito que había comido hace unas horas. Y cuando su almuerzo escapó en forma de gas, abrió los ojos, con la certeza de que era el momento, su cuerpo estaba preparado, su mente estaba dispuesta a ordenarle a sus músculos que se convirtiese en un humano vibrador y, pese a que no fuese tal y como planease, lo sintió. <br />
<br />
Las plantas de sus pies se doblaron hacia delante con naturalidad, sus rodillas aumentaron la flexión convirtiéndolo por instantes en un resorte humano, sus manos viajaron hacia atrás como un ave plegando sus alas y cayendo en picado y entonces... un salto al vacío. Los resortes se liberaron y el luchador salió propulsado hacia la pared con la velocidad de una bala de cañón tras estamparse en el agua y perder velocidad. Bajó su mentón y lo siguiente que se escuchó fue el eco que sucedió al golpe. Su cabeza impactó de lleno contra la roca del túnel, no llegaron las grietas pero si un pequeño desprendimiento rocoso, de apenas el tamaño de un puño, que caería a sus pies propagando aun más eco por la cueva y, al final, un leve tintineo. Las vibraciones terminando de viajar por la roca, de fundirse con el entorno. Kai sonrió, casi orgulloso de sí mismo, y se llevó las manos a la cintura, como si hubiese hecho un buen trabajo. Y de hecho, así había sido, pero no por perfeccionar el movimiento.<br />
<br />
Era una de las pocas veces en su vida en la que el joven había puesto empeño en hacer y aprender algo nuevo, por lo que lo satisfactorio que había sido trabajar en algo y que funcione había liberado una gran dosis de dopamina en el joven quien pocas veces se había esforzado en algo. Siempre se había guiado por su curiosidad y por la experiencia repetida, así que había sido algo nuevo y que, probablemente, intentaría más veces. ¿Y si se atrevía a aprender más cosas de Sira Matcha? ¿Volvería a tener resultados? ¿Volvería a conseguirlo? No todo el mundo conseguía aprender el arte de aquella disciplina marcial, o al menos eso le había comentado su breve maestra. <br />
<br />
Todos sus pensamientos de autosuperación y trabajo duro desaparecieron en cuanto su estómago rugiendo hizo acto de presencia, algo que indicaba, que igual era la hora de comer, no la normal, pero si la suya. <br />
<br />
Alargó su diestra hasta el suelo con tal de tomar el trozo de piedra que se había desprendido de la rocosa pared y la observó un segundo antes de que sus pasos lo llevasen hasta la entrada de su ''madriguera''. La roca tenía algunas grietas, pero en su mayoría tenía lados lisos. ¿Eso era bueno o era malo? Todavía no terminaba de comprender aquel poderío, pero estaba seguro de una cosa. Lo quería hacer suyo a como diese lugar. Los siguientes minutos fueron un paseo entre la maleza, una vez hubo atravesado el umbral de la cueva, hasta que por fin pudo observar algunas presencias a lo lejos, las personas de la isla. Se perdió nuevamente entre las calles una vez pudo alcanzar el núcleo del poblado. Karate tenía algo que lo atrapaba, se había metido en algún que otro problema, pero por lo general allí la gente no se metía en lo ajeno, o eso al menos había podido vivir él. Y eso era, cuanto menos aburrido, acostumbrado a traqueteo constante de personas a su alrededor y de tener que estar guardándose las espaldas a sí mismo. Se había acostumbrado a otro tipo de vida, otro ritmo. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Tengo que salir de aquí cuanto antes o me voy a volver un muermo de persona</span></span> - Recitó para si mismo a la vez que a su nariz llegaba una ligera brisa cárnica.  Unos metros más allá, casi al final de la tranquila calle, había una especie de puesto callejero móvil, así que se acercó. Un par de metros de madera ensamblado y erigido robustamente sobre un par de ruedas bloqueadas que hacía de apoyo principal, en el tablero principal que hacía de encimera había incrustado una pequeña barbacoa con unas brasas encendidas y, sobre este, había girando sin parar un par de pollos atravesados. No habló con el vendedor, tan solo le levantó el índice para que se pudiera trabajar, como si fuera todo un dictador al que le tenían miedo. El vendedor tomó la manivela e hizo girar aquella carne con aun más lentitud, momento en el que Kai se quedaría en un extraño trance. Su mirada perdida indicaba que no estaba en la realidad que lo rodeaba, estaba en sus recuerdos, reviviendo imágenes que había visto. <br />
<br />
Había salido del bosque y era la primera vez que recordaba haber visto a Sira, a lo lejos, con aquellos muñecos de prácticas, tras hablar, antes de empezar con su aprendizaje. La pelea. Estaba sin aire tras aquel cabezazo y después... Giraba como una peonza, pero su pie se detuvo justo a centímetros de golpear su cara. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Coño, eso es. ¡Tengo que aprender eso! ¿Cómo coño se me había olvidado?</span></span> - Su mirada volvía a la realidad y, al mismo instante, la clavó sobre el vendedor que ya había sacado uno de los pollos, troceado y ensartado en otro palo para que el joven se lo llevase. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Te lo puedes creer?</span></span> - Tomó el conglomerado de pollo y se fue caminando a marcha ligera, como si naturalmente no hubiese pagado y se estuviese haciendo el loco, una vez más. Aquel hombre no estaba entendiendo nada de nada y, por un instante pensó en perseguir al luchador, pero desistió enseguida por alguna razón.<br />
<br />
El muchacho devoró el pinchito de pollo como si llevase más de cinco horas sin comer mientras pensaba en lo que había visto en el pasado. Intentando hacer memoria de aquel movimiento, el que había querido aprender pero el cual se habían negado. Justamente. Por lo que sea. Igual le caía mal a Sira, igual lo estaba subestimando. El albino entrecerró sus ojos, casi como si desconfiase. En su mente poco podía aclarar, aquel movimiento había sido precedido por otro, con una caída al suelo entre medias y con una velocidad que los ojos de Kai no podían seguir. Por eso era espectacular. - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No, ahora sí que sí me lo tiene que enseñar. ¿Cómo lo habrá hecho? Seguro que se ha apoyado con las manos. No. Seguro ha sido sobre su espalda. No, no, no. Ha sido con un salto</span> - Teorizaba en su mente mientras, inconscientemente, se estaba dirigiendo hacia el camino que, unos días atrás, había desandado tras el entrenamiento. - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿No había un famoso carnicero que pegaba patadas así?</span> - Seguía hablando consigo mismo hasta el punto en el que prácticamente había cruzado el camino de la obscura arboleda que precedía al amplio claro de entrenamiento. <br />
<br />
Se detuvo al ver la presencia nuevamente de varias sombras. Sira Matcha. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Que cute</span></span> - Volvió a repetir lo mismo que en su anterior encuentro. ¿Estaría pasando algo dentro de esa mente de adolescente? Y luego vería las otras, los dummies. ¿Pero estos se movían? - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Que creepy </span></span>- Entrecerró los ojos pensando que así podría distinguir algo mejor en la lejanía. No funcionó, por lo que tuvo que adelantarse unos cuantos pasos hacia el claro. Entonces se aclaró. <br />
<br />
Los muñecos de práctica, no eran muñecos de práctica. Eso lo cambia todo. <br />
<br />
Puede que al albino le gustase un poquitín aquella chica, pero eso no significaba que tendría que correr en su rescate. ¿O quizás si? Nah, no era necesario. Se metió las manos en los bolsillos y se siguió adelantando hasta que las tres personas se percataron de su presencia. Sira y los otros dos se habían quedado mirando al joven, confusos y alerta. A los ojos de Kai se reveló entonces lo que estaba sucediendo, o lo que parecía. Estaban luchando, no entrenando. La joven maestra tenía marcas visibles de heridas, más leves que otra cosa, y algo de sangre su blanca tez. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Wow. ¿Ya me estás engañando?</span></span> - Dijo con sarna el peleador callejero. La cara de Matcha no era para nada amigable, es más, siquiera estaba mirando fijamente al albino. Su expresión era dura y sus ojos asesinos, estaba en problemas, pero se notaba que no iba a ceder ni un ápice en aquella lucha, al menos no hasta que su corazón dejase de bombear. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Deberías irte </span></span>- Kai la miró levantando una ceja. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Es que he venido a que me enseñes ese en lo que pareces un beyblade</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿Un qué?</span></span> - Esgruñó las cejas ligeramente. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Como una peonza!</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Como ves, estoy un poco ocupada </span></span>- -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"> ¡Callaos!</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Bueno, te echo un cable</span></span> - Inmediatamente adoptó una guardia baja, bajando su centro de gravedad y encarando uno de los dos sujetos. Estaban cubiertos por completos con ropas oscuras, casi como si fuesen ninjas. Kai redibujó en su mente aquella fórmula mágica, las ondas concéntricas dispersándose desde un punto en concreto y fue entonces cuando propinó un poderoso salto hacia delante, recortando la distancia que quedaba entre su objetivo y él y, una vez llegado a la distancia necesaria, propinó un fuerte cabezazo que impactó de lleno contra la boca del estómago de aquel sujeto, quien rápidamente se llevó las manos a la barriga, como si le hubiese arrancado algo de cuajo. Un segundo después, de rodillas, se podía escuchar como intentaba reclamar todo aquel aire que le habían arrebatado. Levantó su pierna diestra y dirigió una patada recta hacia la cara de su nuevo contrincante, pero, muy a su desgracia, para cuando se quiso dar cuenta el otro de los sujetos, el que estaba con Sira, había salido volando impactando sobre su compañero y habían terminado por desaparecer ambos de la escena. De fondo se escucharía <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">''...despega de nuevo...''.</span></span><br />
<br />
El albino miró a Matcha y está le devolvió una mirada guerrera. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">No necesitaba tu ayuda...</span></span> - Sus hombros y su cuerpo parecía que iban a cargar de repente contra Kai, por lo que sintió un escalofrío, más que nada porque sabía ligeramente de lo que podía ser capaz. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Pero gracias</span></span> - Su actitud cambió repentinamente, sacaría la punta de su lengua y dos dedos de su mano se alzarían para regalarle al joven el símbolo de la paz. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Fiuuu </span></span>- Suspiró el luchador. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿A qué ha venido eso?</span></span> - Señaló la dirección en la que habían salido despedido los intrusos. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> No tengo ni idea, han venido reclamando algo que no sé a que se referían</span></span> - Se llevó una mano a la cadera. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Pues te estaban metiendo en problemas, maetla</span></span> - Entrecerró los ojos y fijó la mirada sobre el peliblanco. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> No eran fuertes, pero eran dos. Evita siempre un dos versus 1, Kai </span></span>- Dijo dándose media vuelta y dirigiéndose al dojo, probablemente para curar alguna herida leve. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿Qué necesitas? ¿Te has vuelto a perder?</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ya te lo he dicho, quiero que me enseñes esa cosa en la que das volteretas</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Eso quiere decir que ya has dominado la anterior. Buto </span></span>- El joven se cruzó de brazos y su expresión cambio a una de chulería. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> OBviamente</span></span> - Una pequeña pausa. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Al noventa por ciento</span></span> - Terminó por detallar. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bueno, está bien. Pero necesito limpiarme un momento. ¿Estás herido? </span></span>- El peliblanco volvió a adoptar aquella expresión chulesca. Chupó sus mejillas por dentro, marcando así sus pómulos, y estiró los músculos de su cara abriendo la mandíbula. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No</span></span> - Matcha no lo había visto porque estaba de espalda, pero el joven se había quedado forzando aquella cara durante unos segundos hasta que vio que no le estaban prestando atención. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Perfecto, ahora vengo</span></span> - Abrió la puerta del dojo y la cerró una vez cruzó el umbral, dejando al joven fuera quien comenzó a pasear por el pasto alrededor de aquellos muñecos de práctica.<br />
<br />
Se detuvo al lado de uno de los pobres muñecos que sufrían los golpes de la maestra y, con su mano enguantada, comenzó a examinar el primero. Podía ver perfectamente que estaban hechos de una mezcla entre hilos de madera y bambú, porque los colores parecían diferentes y similares al mismo tiempo. Sus dedos y palma recorrieron el objeto y podía notar, pese a lo grueso de su guante, como el material se ondulaba hacia dentro y fuera, probablemente de los impactos recibidos. El material era flexible, seguramente podía amortiguar los golpes. O al menos eso empezaba a pensar hastía que decidió revisar la parte trasera. No lo había visto en primera instancia, pero allí donde había un impacto que abollaba el muñeco en su parte delantera había un hueco por detrás. Una simulación de un cráter en miniatura donde podían verse astillados la madera y bambú. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Hasshoken… </span></span>- Musitó añadiendo a su comprensión un poco más de lo que aquello significaba. Había atravesado la primera barrera de defensa y había terminado por dañar más allá de lo primero que se encontraba a su paso. Asintió satisfecho y durante los siguientes minutos se pasaría entrenando a hacer fintas y agarres a los muñecos. Para cuando Matcha decidiese salir, con algún apósito que otro, se encontraría a Kai tumbado en el suelo con un muñeco sobre sí realizando el típico mata león alrededor de lo que suponía era su cuello. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Ghrrya</span></span> - Apretó con fuerza hasta que se dio cuenta de dos cosas, escuchar el crack de la madera del dummy y, por otro lado, a Matcha mirándolo con curiosidad. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> El que rompe paga -</span></span> Sonrió frívolamente, como si quisiera ser maja pero estaba claro que no iba a tolerar que le estuviesen rompiendo su material de entrenamiento. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Estaba practicando... eh... una nueva técnica del Hasshoken. Si. Si</span></span> - Liberó el muñeco de su presa, cayendo a un lado, dejando un sonido seco sobre el pasto. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Ya, no lo creo. Para entrenar tu propia técnica no tienes que venir aquí. ¿Venías a que te siguiese enseñando no? ¿Ya quieres subir de escalón?</span></span> - Se notaba cierto orgullo en sus preguntas, cierta ilusión porque alguien se terminara interesando tanto por el estilo de combate que probablemente haya heredado de su padre, y el padre de su propio padre. Y así hasta llegar a sus ancestros. <br />
<br />
Kai se reclinó ligeramente hasta sentarse sobre la misma hierba sobre la que estaba tumbado, apoyando las palmas de sus manos tras la espalda y con ambas piernas estiradas, como si estuviese en la playa tomando el sol. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Bueno si. ¿Y qué? ¿Pasa algo? Me gusta ver como les saco el aire cuando peleo. Es muy satisfactorio ver cuando eso le pasa a los demás y no a ti</span></span> - Se señaló a sí mismo. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> El como lo uses me es indiferente</span></span> - Como si el joven solo se pelease de vez en cuando. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Me interesa enseñar este arte y el conocimiento que ha pasado de generación en generación</span></span> - Acompañó de una ligera risa nasal. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Pues al lío</span></span> - Se levantó de un pequeño salto. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¿Eso que has hecho antes era Buto?</span></span> - Miró algo extrañada al joven. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Si. ¿Por? Me ha salido de locos. ¿No has visto como se ha quedado tirado en el suelo? Lo he dejado seco como la mojama </span></span>- - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Es solo que, es un poco raro como lo has hecho</span></span> - El chico se cruzó de brazos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bueno, cada uno lo hace a su manera</span></span> - Entrecerró sus ojos ligeramente. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Como sea. Te voy a explicar como funciona el siguiente escalón que tienes que recorrer, pero primero debes verlo bien. Mira con atención, lo haré más lento para que lo puedas ver bien. Alumno</span></span> - Era la primera vez que lo llamaba así. Matcha apoyó sus manos en el suelo y después la punta superior de su cabeza. <br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">En esta técnica usas como único punto de apoyo tu cabeza, por eso pareces una peonza como tu dices. Y después...</span></span> - Ella procedió a levantar todo su peso sobre su cabeza, su larga trenza cayó sobre el pasto. -<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Tienes que guardar equilibrio, tienes que saber ubicarte en el espacio, pues todo estará del revés ahora para ti</span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Jum, jum </span></span>- Respondió con una mano en el mentón. Acto seguido la mujer usando sus propios brazos se empezó a impulsar, usando su cabeza como punta sobre la que girar. al principio se trataba de un movimiento lento, pero poco después comenzó a aumentar la velocidad paulatinamente, hasta el punto en que ya no usaría su cuerpo si no su propia inercia y cuerpo para ir aumentando la velocidad más aún. Pronto su coleta empezó a elevarse hasta quedar en el punto en el que se pegaba a su cuerpo, sus manos y pies se juntaban entre sí y, para cuando quiso darse cuenta, el cuerpo de la mujer no era más un borrón de aire y velocidad. La ropa del joven se comenzó a mover, como si el aire hubiese empezado a soplar, pero enseguida notó como el aire no estaba siendo soplado, si no atraído. Por un momento sintió la curiosidad de meter un dedo en aquel peligroso torbellino, pero enseguida se le quitó la idea, no quería una mano rota. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¡Y golpeas a tu oponente! Buto Kaiten</span></span> - Finalizó la mujer que como una flecha rotó hasta uno de los muñecos y lo golpeó con una fuerza descomunal, tanto que aquella cosa saldría volando diez metros, si no más. El albino dejó caer su mandíbula al ver que la mujer detenía su rotación y usaba la propia inercia para volver a estar sobre las plantas de sus pies con normalidad. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">...</span></span> - El silencio se hizo por unos segundos y, de la nada, comenzó a aplaudir lenta y delicadamente. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">- Eso.. no lo había visto... en mi vida. Que pedazo de trompo te has marcado </span></span>- La mujer intentó disimular tosiendo el tono rojizo que comenzaría a adornar su piel. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> La idea es que con un movimiento simple caigas sobre tu cabeza para comenzar a girar por inercia, es un poco complicado en medio de un combate, pero es más fácil si llevas la iniciativa de la pelea...</span></span> - Al comenzar a entrar en su mundo de tecnicismos y movimientos volvía a recobrar sus colores. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ...en esencia es un movimiento con la suficiente inercia y potencia como para abrir distancia entre tú y tu contrincante. Después puedes seguir con Buto o si, en un futuro, algún otro maestro te enseña el siguiente movimiento, pues otro </span></span>- Se terminó de cruzar de brazos en una mezcla entre inconformidad e intranquilidad. <br />
<br />
-<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Un momento...</span></span> - Se hizo el silencio. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Otro maestro? ¿Tú no me puedes enseñar todos los movimientos del Hasshoken? ¿Tantos hay? Pero si tu eres una crack, va enséñamelos todos</span></span> - Gesticulaba. El peliblanco pensó desde el principio que podía enseñarle al completo el arte del Hasshoken, no tenía sentido que tuviese que ir de maestro en maestro. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> No, yo no te puedo enseñar todos los movimientos</span></span> - Sus labios se arrugaron. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Son cinco técnicas que tiene la disciplina y... uno que no todos conocen o son capaces de realizar, son técnicas superiores a las que no todos tienen acceso. Ni siquiera yo...</span></span> - A Kai eso le suponía que tenía que ir en busca de los otros para seguir añadiendo movimientos a su colección, en cambio para Sira, quizás había rascado donde no debía rascar, parecía más entristecida que orgullosa. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Bueno. ¿Dónde están entonces? ¿En la costa? ¿En los otros dojos? He visto un par de camino, bueno hay un montón de dojos en realidad, pero el resto parece más bien normalitos y están abarrotados de gente gritando... </span></span>- Por un momento se había perdido entre sus pensamientos intrusivos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">No.</span></span> - Cortó de golpe el monólogo de Kai quien se mantuvo en silencio, parecía que iba a seguir hablando. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> No te puedo decir exactamente dónde están, porque puede que se hayan movido, o puede que simplemente debas encontrarlos tú. Eso quizás sea también parte del entrenamiento </span></span>- Se giró dejando danzar la coleta tras de sí. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Basta de cháchara, es hora de que empieces con tu entrenamiento. Voy a estar supervisándote desde lejos, yo también tengo cosas que hacer</span></span> - Su tono dejaba entrever molestia, seguramente el albino había dicho algo que no debía decir en voz alta. Solía pasar. <br />
<br />
Los pasos de la chica se iban alejando y el contoneo de la trenza, y las caderas, de la mujer se iban haciendo cada vez más evidentes, algo que el joven no pudo dejar pasar ciertamente. ¿Le estaba empezando a gustar? Puede ser, pero el adolescente probablemente tenía las hormonas por las nubes y él no quería quedarse anclado a un sitio, ni casarse, ni tener hijos.... ¡Basta! - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No, no, no, no. Bueno.... ¡No!</span></span> - Se dios dos palmadas a los lados de la cara para espabilarse. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Cómo era... </span></span>- Hizo una sentadilla y apoyó los brazos, toda una estampa. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">Buen chico </span></span></span>- Sonó de fondo, muy en la lejanía, Matcha riéndose por lo bajini. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Cállate!</span></span> - Esta vez fue el luchador quien se sonrojó. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Estúpida</span></span> - Le metió un cabezazo al pasto y clavó bien clavada su sien, apoyó las palmas de sus manos con seguridad y entonces poco a poco comenzó a elevar su tren superior, en primera instancia, y el tren inferior, momentos después. Para cuando se quiso dar cuenta estaba haciendo el pino, nada espectacularmente difícil para alguien como él. No era muy alto, pesaba poco, tenía una forma física más que aceptable. Utilizó su diestra para darse un pequeño empujón y ver como era aquello de girar, mas no se movía ni un ápice. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">¿Vas a cavar un túnel o qué?</span></span></span> - Más risas en la lejanía. El joven había clavado tanto su cabeza sobre el pasto, que girar sería imposible. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Que te calles!</span></span> - En un suspiro, la maestra cruzó el campo de entrenamiento, recorriendo la distancia que los separaba como una exhalación y entonces. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size"> ...ka</span>ite<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">n!</span></span></span> - El joven se desancló del suelo con la facilidad con la que se descorcharía una botella de champán y, con la misma inercia, saldría volando diez metros más allá. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡AGH!</span></span> - Se quejó el luchador en el suelo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Así se hace Kai.</span></span> - En su mirada se notaba que no le había gustado el tono con el que le había hablado. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Sisisi, vale, si</span></span> - Levantó la palma de la mano pidiendo clemencia a su maestra. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Arriba, hazlo bien. </span></span>- Ahora se notaba la severidad en sus palabras. <br />
<br />
Al cabo de unos minutos se levantó, cuando su maestra se hubo alejado lo suficiente como para poder maldecir en su mente y que no lo escuchase la otra. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Maldita sea...</span></span> - Masticó entre dientes. Lo que tenía claro era una cosa, y es que había mucha gente que era tremendamente superior a él, una vez más no había visto siquiera acercarse y golpearlo. Una vez más, su cuerpo había sido sobrepasado. Una vez más estaba en el suelo tirado. Le dio un puñetazo al suelo, incapaz de ignorar su propia frustración y, desde esa misma posición apoyó la sien en el suelo y levantó el resto de su cuerpo con el apoyo de sus palmas. Durante las primeras horas de su entrenamiento el albino se limitaba simplemente a tratar de mantener el equilibro y acostumbrarse a tener todo del revés. Esto le resultó sencillo, a diferencia del siguiente paso, donde se retiraría sus dos sustentos para intentar buscar el balance con el simple movimiento de su cuerpo. Era complicado, y las variadas caídas y desbalances de su cuerpo lo hicieron ver, pero con el paso de las horas su cuerpo instintivamente buscaba equilibrarse y mantenerse. Algo que cuando por fin logró hizo que parase su entrenamiento y se retirase al dojo a las órdenes de su maestra. Debía descansar el cuerpo y la mente, además debía mirar si Matcha no le había roto un par de costillas antes.<br />
<br />
Los siguientes días, quizás una semana habían sido entrenamientos dirigidos a los conceptos simples nuevamente, perfeccionar el concepto dentro de la cabeza de Kai, aumentar la naturalidad con la que tenía que ejecutar las vibraciones, entrenarlas como un músculo, como el respirar. Esto lo iba intercalando con las primeras intenciones de comenzar a rotar, que, en un principio era imposible, pues rotar destruía el balance que había construido, pero con el tiempo y la testarudez del albino, terminaría por conseguir aquella proeza física. <br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Vamos arriba, es momento de entrenar, a ver lo que has avanzado</span></span> - Sira zarandeó el cuerpo magullado del albino que, casi como si hubiesen disparado al lado de su oído, se sobresaltaría y, casi por instinto y repetición o también lo podríamos llamar trauma, se colocaría haciendo el pino sobre su propia cabeza, tras haber dado una vuelta hacia atrás desde su futón. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¡La hamburguesa es mía!</span></span> - Espetó medio adormilado y entonces, terminó de despertar, cayendo sobre sus cuatro extremidades, casi como un gato, deshaciendo el pino. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Qué ha pasado?</span></span> - Sira se llevó la mano a la boca, tapando sus labios, como si quisiera ocultar la risa floja que le había entrado. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Hay que entrenar, ya veo que lo tienes listo prácticamente. Vístete, te espero fuera para que me enseñes tus progresos</span></span> - La mujer se alejó del joven, ya estaba lista, desayunada y preparada para comenzar el día, mientras Kai aun estaba por quitarse las legañas de los ojos. Tardó poco en vestir las ropas, que por algún casual estaba limpia y hasta doblada, algo que sorprendió al pirata, pero que sin duda no le dio más atención de la que debía. Habrá sido un mago. <br />
<br />
Sus manos encallecidas, su cabeza probablemente ya debía haber hecho uno alrededor de todo su cráneo, su cuerpo lastimado, pero su energía se desbordaba de su cuerpo, una lástima que no la pudiese aprovechar al cien por cien. Abrió la puerta del dojo, anduvo los pasos que había hecho su maestra hasta quedar junto a ella y los muñecos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Buto…</span></span> - Su cuerpo, casi como si se hubiese anticipado antes que su pensamiento, se preparó. Dio un paso y deslizó, tras un raro acercamiento al suelo, su cabeza sobre el pasto y, aprovechando el mismo movimiento para quedar completamente invertido, comenzó a rotar sobre su cabeza. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡....kaiten! </span></span>- Junto las palmas y los pies y, solo entonces, comenzó a girar con una fuerza y velocidad completamente sobrehumanas. <br />
<br />
Un rápido acercamiento hacia el muñeco.<br />
Un golpe terrible fruto de la inercia y su propia fuerza.<br />
Unas ondas de choque que se transmitían por todo su cuerpo. <br />
<br />
El objeto voló una gran cantidad de metros, los suficientes como para saber, que el joven Kai, había concluido su entrenamiento y que, por el momento, se debía despedir de su crush para seguir creciendo como luchador e intentar poner a los que tenía en contra, bajo el yugo de su puño.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 90 de primavera del año 18</span></span></div>
<br />
Los días habían pasado con una velocidad asombrosa, las horas se habían convertido en segundos y los segundos en instantes. Desde que había salido de aquel pseudo monte, tras haber estado entrenado con Sira Matcha, el joven había estado dándole vueltas al asunto. Era curioso como había podido hacer un hiper foco de tal magnitud en una sola cosa durante tanto tiempo. ¿Se acababa de topar con una nueva realidad de sí mismo acaso? Era posible, casi un noventa por ciento, de que descubriese que le gustan las artes marciales, más que el hecho de pegar con lo primero que su cuerpo proyecte. Y no es que no le gustase pegar por pegar, al final se había criado con eso presente, si no que le gustaba pegar y pegar bien, que era la diferencia más clara entre un peleador callejero, hecho a sí mismo, y un peleador disciplinado. De todas formas, le gustaba tener su propio estilo de hacer las cosas, eso no iba a cambiar, pero podía implementar la disciplina en el descontrol de sus movimientos, haciendo que sus golpes fuesen eficaces, raros e impredecibles, o al menos eso es lo que quería gestar en su mente el peliblanco. <br />
<br />
Por un tiempo, quizás semanas, Kai se retiró a lo que él llamaba hogar. Una pequeña madriguera que se había improvisado en mitad de un bosquecillo. Había conseguido dar con un túnel y, aprovechando el relieve y los recursos de la zona, se había conseguido hacer algo cómodo, aunque temporal, un sitio donde podía descansar más o menos a gusto. Aunque las noches allí en ocasiones se hacían frías y largas, porque el más mínimo ruido le ponía en alerta. ¿Le iban a robar? ¿Le estaban atacando? ¿Un animal? O peor. ¿Una persona? El chico siempre se había manejado solo y casi siempre había caminado por la acera de la soledad, no porque le hubiese tocado, si no porque quería. No se fiaba mucho de las personalidades de Spider Miles, porque eran como la suya. Se iban a aprovechar de cualquier hilo suelto del que pudiesen tirar solo para sacar algo de provecho y sobrevivir. La vida era así muchas veces y en Spider Miles era la rutina, el hambre agudiza el ingenio y las cicatrices lo vuelven a uno más resistente. Aunque a este paso, iba a tener una cabeza de acero, porque a pesar de haber cumplido con su cometido de aprender el movimiento que le había enseñado Matcha, había seguido practicando en la comodidad de su rocoso hogar. <br />
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Kai no entendía de geología, pero desde luego que tras dos palmadas en una pared había entendido, por sus huevos morenos, que aquello no se iba a caer jamás en la vida y que podría aguantar los envites de cien jabalíes enfurecidos, así convirtió aquello que llamaba hogar, era más un ocupa, en una zona de entrenamiento también. <br />
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El movimiento era tan simple como respirar, pero el proceso que debía hacer su mente era algo más tedioso, porque no se había terminado de acostumbrar del todo a hacer algo extra, como lo suponía el Hasshoken, con el cuerpo. Debía ser algo que se activase como cuando uno se quiere tirar una flatulencia, que solo con el mero hecho de pensarlo, pudiese liberar todas aquellas vibraciones con fuerza. Entonces el peliblanco recogió su postura, bajó su centro de gravedad y flexionó las rodillas. Posicionó su cuerpo ligeramente hacia delante, como si buscase una salida, solo que la salida en este caso era una pared de pura roca. Llevó sus manos hacia delante cerrando los ojos, como había visto hacer a muchos de los artistas marciales en práctica de los dojos, aunque realmente aquello no le servía para su cometido actual, para la película que tenía montada en su cabeza si. Inhaló aire, rápido y mal y lo dejó escapar por su boca, con un extra de vibraciones y un ligero aroma a pollo frito que había comido hace unas horas. Y cuando su almuerzo escapó en forma de gas, abrió los ojos, con la certeza de que era el momento, su cuerpo estaba preparado, su mente estaba dispuesta a ordenarle a sus músculos que se convirtiese en un humano vibrador y, pese a que no fuese tal y como planease, lo sintió. <br />
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Las plantas de sus pies se doblaron hacia delante con naturalidad, sus rodillas aumentaron la flexión convirtiéndolo por instantes en un resorte humano, sus manos viajaron hacia atrás como un ave plegando sus alas y cayendo en picado y entonces... un salto al vacío. Los resortes se liberaron y el luchador salió propulsado hacia la pared con la velocidad de una bala de cañón tras estamparse en el agua y perder velocidad. Bajó su mentón y lo siguiente que se escuchó fue el eco que sucedió al golpe. Su cabeza impactó de lleno contra la roca del túnel, no llegaron las grietas pero si un pequeño desprendimiento rocoso, de apenas el tamaño de un puño, que caería a sus pies propagando aun más eco por la cueva y, al final, un leve tintineo. Las vibraciones terminando de viajar por la roca, de fundirse con el entorno. Kai sonrió, casi orgulloso de sí mismo, y se llevó las manos a la cintura, como si hubiese hecho un buen trabajo. Y de hecho, así había sido, pero no por perfeccionar el movimiento.<br />
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Era una de las pocas veces en su vida en la que el joven había puesto empeño en hacer y aprender algo nuevo, por lo que lo satisfactorio que había sido trabajar en algo y que funcione había liberado una gran dosis de dopamina en el joven quien pocas veces se había esforzado en algo. Siempre se había guiado por su curiosidad y por la experiencia repetida, así que había sido algo nuevo y que, probablemente, intentaría más veces. ¿Y si se atrevía a aprender más cosas de Sira Matcha? ¿Volvería a tener resultados? ¿Volvería a conseguirlo? No todo el mundo conseguía aprender el arte de aquella disciplina marcial, o al menos eso le había comentado su breve maestra. <br />
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Todos sus pensamientos de autosuperación y trabajo duro desaparecieron en cuanto su estómago rugiendo hizo acto de presencia, algo que indicaba, que igual era la hora de comer, no la normal, pero si la suya. <br />
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Alargó su diestra hasta el suelo con tal de tomar el trozo de piedra que se había desprendido de la rocosa pared y la observó un segundo antes de que sus pasos lo llevasen hasta la entrada de su ''madriguera''. La roca tenía algunas grietas, pero en su mayoría tenía lados lisos. ¿Eso era bueno o era malo? Todavía no terminaba de comprender aquel poderío, pero estaba seguro de una cosa. Lo quería hacer suyo a como diese lugar. Los siguientes minutos fueron un paseo entre la maleza, una vez hubo atravesado el umbral de la cueva, hasta que por fin pudo observar algunas presencias a lo lejos, las personas de la isla. Se perdió nuevamente entre las calles una vez pudo alcanzar el núcleo del poblado. Karate tenía algo que lo atrapaba, se había metido en algún que otro problema, pero por lo general allí la gente no se metía en lo ajeno, o eso al menos había podido vivir él. Y eso era, cuanto menos aburrido, acostumbrado a traqueteo constante de personas a su alrededor y de tener que estar guardándose las espaldas a sí mismo. Se había acostumbrado a otro tipo de vida, otro ritmo. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Tengo que salir de aquí cuanto antes o me voy a volver un muermo de persona</span></span> - Recitó para si mismo a la vez que a su nariz llegaba una ligera brisa cárnica.  Unos metros más allá, casi al final de la tranquila calle, había una especie de puesto callejero móvil, así que se acercó. Un par de metros de madera ensamblado y erigido robustamente sobre un par de ruedas bloqueadas que hacía de apoyo principal, en el tablero principal que hacía de encimera había incrustado una pequeña barbacoa con unas brasas encendidas y, sobre este, había girando sin parar un par de pollos atravesados. No habló con el vendedor, tan solo le levantó el índice para que se pudiera trabajar, como si fuera todo un dictador al que le tenían miedo. El vendedor tomó la manivela e hizo girar aquella carne con aun más lentitud, momento en el que Kai se quedaría en un extraño trance. Su mirada perdida indicaba que no estaba en la realidad que lo rodeaba, estaba en sus recuerdos, reviviendo imágenes que había visto. <br />
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Había salido del bosque y era la primera vez que recordaba haber visto a Sira, a lo lejos, con aquellos muñecos de prácticas, tras hablar, antes de empezar con su aprendizaje. La pelea. Estaba sin aire tras aquel cabezazo y después... Giraba como una peonza, pero su pie se detuvo justo a centímetros de golpear su cara. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Coño, eso es. ¡Tengo que aprender eso! ¿Cómo coño se me había olvidado?</span></span> - Su mirada volvía a la realidad y, al mismo instante, la clavó sobre el vendedor que ya había sacado uno de los pollos, troceado y ensartado en otro palo para que el joven se lo llevase. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Te lo puedes creer?</span></span> - Tomó el conglomerado de pollo y se fue caminando a marcha ligera, como si naturalmente no hubiese pagado y se estuviese haciendo el loco, una vez más. Aquel hombre no estaba entendiendo nada de nada y, por un instante pensó en perseguir al luchador, pero desistió enseguida por alguna razón.<br />
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El muchacho devoró el pinchito de pollo como si llevase más de cinco horas sin comer mientras pensaba en lo que había visto en el pasado. Intentando hacer memoria de aquel movimiento, el que había querido aprender pero el cual se habían negado. Justamente. Por lo que sea. Igual le caía mal a Sira, igual lo estaba subestimando. El albino entrecerró sus ojos, casi como si desconfiase. En su mente poco podía aclarar, aquel movimiento había sido precedido por otro, con una caída al suelo entre medias y con una velocidad que los ojos de Kai no podían seguir. Por eso era espectacular. - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No, ahora sí que sí me lo tiene que enseñar. ¿Cómo lo habrá hecho? Seguro que se ha apoyado con las manos. No. Seguro ha sido sobre su espalda. No, no, no. Ha sido con un salto</span> - Teorizaba en su mente mientras, inconscientemente, se estaba dirigiendo hacia el camino que, unos días atrás, había desandado tras el entrenamiento. - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿No había un famoso carnicero que pegaba patadas así?</span> - Seguía hablando consigo mismo hasta el punto en el que prácticamente había cruzado el camino de la obscura arboleda que precedía al amplio claro de entrenamiento. <br />
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Se detuvo al ver la presencia nuevamente de varias sombras. Sira Matcha. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Que cute</span></span> - Volvió a repetir lo mismo que en su anterior encuentro. ¿Estaría pasando algo dentro de esa mente de adolescente? Y luego vería las otras, los dummies. ¿Pero estos se movían? - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Que creepy </span></span>- Entrecerró los ojos pensando que así podría distinguir algo mejor en la lejanía. No funcionó, por lo que tuvo que adelantarse unos cuantos pasos hacia el claro. Entonces se aclaró. <br />
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Los muñecos de práctica, no eran muñecos de práctica. Eso lo cambia todo. <br />
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Puede que al albino le gustase un poquitín aquella chica, pero eso no significaba que tendría que correr en su rescate. ¿O quizás si? Nah, no era necesario. Se metió las manos en los bolsillos y se siguió adelantando hasta que las tres personas se percataron de su presencia. Sira y los otros dos se habían quedado mirando al joven, confusos y alerta. A los ojos de Kai se reveló entonces lo que estaba sucediendo, o lo que parecía. Estaban luchando, no entrenando. La joven maestra tenía marcas visibles de heridas, más leves que otra cosa, y algo de sangre su blanca tez. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Wow. ¿Ya me estás engañando?</span></span> - Dijo con sarna el peleador callejero. La cara de Matcha no era para nada amigable, es más, siquiera estaba mirando fijamente al albino. Su expresión era dura y sus ojos asesinos, estaba en problemas, pero se notaba que no iba a ceder ni un ápice en aquella lucha, al menos no hasta que su corazón dejase de bombear. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Deberías irte </span></span>- Kai la miró levantando una ceja. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Es que he venido a que me enseñes ese en lo que pareces un beyblade</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿Un qué?</span></span> - Esgruñó las cejas ligeramente. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Como una peonza!</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Como ves, estoy un poco ocupada </span></span>- -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"> ¡Callaos!</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Bueno, te echo un cable</span></span> - Inmediatamente adoptó una guardia baja, bajando su centro de gravedad y encarando uno de los dos sujetos. Estaban cubiertos por completos con ropas oscuras, casi como si fuesen ninjas. Kai redibujó en su mente aquella fórmula mágica, las ondas concéntricas dispersándose desde un punto en concreto y fue entonces cuando propinó un poderoso salto hacia delante, recortando la distancia que quedaba entre su objetivo y él y, una vez llegado a la distancia necesaria, propinó un fuerte cabezazo que impactó de lleno contra la boca del estómago de aquel sujeto, quien rápidamente se llevó las manos a la barriga, como si le hubiese arrancado algo de cuajo. Un segundo después, de rodillas, se podía escuchar como intentaba reclamar todo aquel aire que le habían arrebatado. Levantó su pierna diestra y dirigió una patada recta hacia la cara de su nuevo contrincante, pero, muy a su desgracia, para cuando se quiso dar cuenta el otro de los sujetos, el que estaba con Sira, había salido volando impactando sobre su compañero y habían terminado por desaparecer ambos de la escena. De fondo se escucharía <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">''...despega de nuevo...''.</span></span><br />
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El albino miró a Matcha y está le devolvió una mirada guerrera. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">No necesitaba tu ayuda...</span></span> - Sus hombros y su cuerpo parecía que iban a cargar de repente contra Kai, por lo que sintió un escalofrío, más que nada porque sabía ligeramente de lo que podía ser capaz. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Pero gracias</span></span> - Su actitud cambió repentinamente, sacaría la punta de su lengua y dos dedos de su mano se alzarían para regalarle al joven el símbolo de la paz. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Fiuuu </span></span>- Suspiró el luchador. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿A qué ha venido eso?</span></span> - Señaló la dirección en la que habían salido despedido los intrusos. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> No tengo ni idea, han venido reclamando algo que no sé a que se referían</span></span> - Se llevó una mano a la cadera. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Pues te estaban metiendo en problemas, maetla</span></span> - Entrecerró los ojos y fijó la mirada sobre el peliblanco. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> No eran fuertes, pero eran dos. Evita siempre un dos versus 1, Kai </span></span>- Dijo dándose media vuelta y dirigiéndose al dojo, probablemente para curar alguna herida leve. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿Qué necesitas? ¿Te has vuelto a perder?</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ya te lo he dicho, quiero que me enseñes esa cosa en la que das volteretas</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Eso quiere decir que ya has dominado la anterior. Buto </span></span>- El joven se cruzó de brazos y su expresión cambio a una de chulería. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> OBviamente</span></span> - Una pequeña pausa. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Al noventa por ciento</span></span> - Terminó por detallar. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bueno, está bien. Pero necesito limpiarme un momento. ¿Estás herido? </span></span>- El peliblanco volvió a adoptar aquella expresión chulesca. Chupó sus mejillas por dentro, marcando así sus pómulos, y estiró los músculos de su cara abriendo la mandíbula. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No</span></span> - Matcha no lo había visto porque estaba de espalda, pero el joven se había quedado forzando aquella cara durante unos segundos hasta que vio que no le estaban prestando atención. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Perfecto, ahora vengo</span></span> - Abrió la puerta del dojo y la cerró una vez cruzó el umbral, dejando al joven fuera quien comenzó a pasear por el pasto alrededor de aquellos muñecos de práctica.<br />
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Se detuvo al lado de uno de los pobres muñecos que sufrían los golpes de la maestra y, con su mano enguantada, comenzó a examinar el primero. Podía ver perfectamente que estaban hechos de una mezcla entre hilos de madera y bambú, porque los colores parecían diferentes y similares al mismo tiempo. Sus dedos y palma recorrieron el objeto y podía notar, pese a lo grueso de su guante, como el material se ondulaba hacia dentro y fuera, probablemente de los impactos recibidos. El material era flexible, seguramente podía amortiguar los golpes. O al menos eso empezaba a pensar hastía que decidió revisar la parte trasera. No lo había visto en primera instancia, pero allí donde había un impacto que abollaba el muñeco en su parte delantera había un hueco por detrás. Una simulación de un cráter en miniatura donde podían verse astillados la madera y bambú. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Hasshoken… </span></span>- Musitó añadiendo a su comprensión un poco más de lo que aquello significaba. Había atravesado la primera barrera de defensa y había terminado por dañar más allá de lo primero que se encontraba a su paso. Asintió satisfecho y durante los siguientes minutos se pasaría entrenando a hacer fintas y agarres a los muñecos. Para cuando Matcha decidiese salir, con algún apósito que otro, se encontraría a Kai tumbado en el suelo con un muñeco sobre sí realizando el típico mata león alrededor de lo que suponía era su cuello. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Ghrrya</span></span> - Apretó con fuerza hasta que se dio cuenta de dos cosas, escuchar el crack de la madera del dummy y, por otro lado, a Matcha mirándolo con curiosidad. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> El que rompe paga -</span></span> Sonrió frívolamente, como si quisiera ser maja pero estaba claro que no iba a tolerar que le estuviesen rompiendo su material de entrenamiento. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Estaba practicando... eh... una nueva técnica del Hasshoken. Si. Si</span></span> - Liberó el muñeco de su presa, cayendo a un lado, dejando un sonido seco sobre el pasto. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Ya, no lo creo. Para entrenar tu propia técnica no tienes que venir aquí. ¿Venías a que te siguiese enseñando no? ¿Ya quieres subir de escalón?</span></span> - Se notaba cierto orgullo en sus preguntas, cierta ilusión porque alguien se terminara interesando tanto por el estilo de combate que probablemente haya heredado de su padre, y el padre de su propio padre. Y así hasta llegar a sus ancestros. <br />
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Kai se reclinó ligeramente hasta sentarse sobre la misma hierba sobre la que estaba tumbado, apoyando las palmas de sus manos tras la espalda y con ambas piernas estiradas, como si estuviese en la playa tomando el sol. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Bueno si. ¿Y qué? ¿Pasa algo? Me gusta ver como les saco el aire cuando peleo. Es muy satisfactorio ver cuando eso le pasa a los demás y no a ti</span></span> - Se señaló a sí mismo. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> El como lo uses me es indiferente</span></span> - Como si el joven solo se pelease de vez en cuando. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Me interesa enseñar este arte y el conocimiento que ha pasado de generación en generación</span></span> - Acompañó de una ligera risa nasal. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Pues al lío</span></span> - Se levantó de un pequeño salto. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¿Eso que has hecho antes era Buto?</span></span> - Miró algo extrañada al joven. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Si. ¿Por? Me ha salido de locos. ¿No has visto como se ha quedado tirado en el suelo? Lo he dejado seco como la mojama </span></span>- - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Es solo que, es un poco raro como lo has hecho</span></span> - El chico se cruzó de brazos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bueno, cada uno lo hace a su manera</span></span> - Entrecerró sus ojos ligeramente. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Como sea. Te voy a explicar como funciona el siguiente escalón que tienes que recorrer, pero primero debes verlo bien. Mira con atención, lo haré más lento para que lo puedas ver bien. Alumno</span></span> - Era la primera vez que lo llamaba así. Matcha apoyó sus manos en el suelo y después la punta superior de su cabeza. <br />
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- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">En esta técnica usas como único punto de apoyo tu cabeza, por eso pareces una peonza como tu dices. Y después...</span></span> - Ella procedió a levantar todo su peso sobre su cabeza, su larga trenza cayó sobre el pasto. -<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Tienes que guardar equilibrio, tienes que saber ubicarte en el espacio, pues todo estará del revés ahora para ti</span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Jum, jum </span></span>- Respondió con una mano en el mentón. Acto seguido la mujer usando sus propios brazos se empezó a impulsar, usando su cabeza como punta sobre la que girar. al principio se trataba de un movimiento lento, pero poco después comenzó a aumentar la velocidad paulatinamente, hasta el punto en que ya no usaría su cuerpo si no su propia inercia y cuerpo para ir aumentando la velocidad más aún. Pronto su coleta empezó a elevarse hasta quedar en el punto en el que se pegaba a su cuerpo, sus manos y pies se juntaban entre sí y, para cuando quiso darse cuenta, el cuerpo de la mujer no era más un borrón de aire y velocidad. La ropa del joven se comenzó a mover, como si el aire hubiese empezado a soplar, pero enseguida notó como el aire no estaba siendo soplado, si no atraído. Por un momento sintió la curiosidad de meter un dedo en aquel peligroso torbellino, pero enseguida se le quitó la idea, no quería una mano rota. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¡Y golpeas a tu oponente! Buto Kaiten</span></span> - Finalizó la mujer que como una flecha rotó hasta uno de los muñecos y lo golpeó con una fuerza descomunal, tanto que aquella cosa saldría volando diez metros, si no más. El albino dejó caer su mandíbula al ver que la mujer detenía su rotación y usaba la propia inercia para volver a estar sobre las plantas de sus pies con normalidad. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">...</span></span> - El silencio se hizo por unos segundos y, de la nada, comenzó a aplaudir lenta y delicadamente. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">- Eso.. no lo había visto... en mi vida. Que pedazo de trompo te has marcado </span></span>- La mujer intentó disimular tosiendo el tono rojizo que comenzaría a adornar su piel. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> La idea es que con un movimiento simple caigas sobre tu cabeza para comenzar a girar por inercia, es un poco complicado en medio de un combate, pero es más fácil si llevas la iniciativa de la pelea...</span></span> - Al comenzar a entrar en su mundo de tecnicismos y movimientos volvía a recobrar sus colores. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ...en esencia es un movimiento con la suficiente inercia y potencia como para abrir distancia entre tú y tu contrincante. Después puedes seguir con Buto o si, en un futuro, algún otro maestro te enseña el siguiente movimiento, pues otro </span></span>- Se terminó de cruzar de brazos en una mezcla entre inconformidad e intranquilidad. <br />
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-<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Un momento...</span></span> - Se hizo el silencio. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Otro maestro? ¿Tú no me puedes enseñar todos los movimientos del Hasshoken? ¿Tantos hay? Pero si tu eres una crack, va enséñamelos todos</span></span> - Gesticulaba. El peliblanco pensó desde el principio que podía enseñarle al completo el arte del Hasshoken, no tenía sentido que tuviese que ir de maestro en maestro. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> No, yo no te puedo enseñar todos los movimientos</span></span> - Sus labios se arrugaron. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Son cinco técnicas que tiene la disciplina y... uno que no todos conocen o son capaces de realizar, son técnicas superiores a las que no todos tienen acceso. Ni siquiera yo...</span></span> - A Kai eso le suponía que tenía que ir en busca de los otros para seguir añadiendo movimientos a su colección, en cambio para Sira, quizás había rascado donde no debía rascar, parecía más entristecida que orgullosa. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Bueno. ¿Dónde están entonces? ¿En la costa? ¿En los otros dojos? He visto un par de camino, bueno hay un montón de dojos en realidad, pero el resto parece más bien normalitos y están abarrotados de gente gritando... </span></span>- Por un momento se había perdido entre sus pensamientos intrusivos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">No.</span></span> - Cortó de golpe el monólogo de Kai quien se mantuvo en silencio, parecía que iba a seguir hablando. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> No te puedo decir exactamente dónde están, porque puede que se hayan movido, o puede que simplemente debas encontrarlos tú. Eso quizás sea también parte del entrenamiento </span></span>- Se giró dejando danzar la coleta tras de sí. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Basta de cháchara, es hora de que empieces con tu entrenamiento. Voy a estar supervisándote desde lejos, yo también tengo cosas que hacer</span></span> - Su tono dejaba entrever molestia, seguramente el albino había dicho algo que no debía decir en voz alta. Solía pasar. <br />
<br />
Los pasos de la chica se iban alejando y el contoneo de la trenza, y las caderas, de la mujer se iban haciendo cada vez más evidentes, algo que el joven no pudo dejar pasar ciertamente. ¿Le estaba empezando a gustar? Puede ser, pero el adolescente probablemente tenía las hormonas por las nubes y él no quería quedarse anclado a un sitio, ni casarse, ni tener hijos.... ¡Basta! - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No, no, no, no. Bueno.... ¡No!</span></span> - Se dios dos palmadas a los lados de la cara para espabilarse. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Cómo era... </span></span>- Hizo una sentadilla y apoyó los brazos, toda una estampa. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">Buen chico </span></span></span>- Sonó de fondo, muy en la lejanía, Matcha riéndose por lo bajini. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Cállate!</span></span> - Esta vez fue el luchador quien se sonrojó. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Estúpida</span></span> - Le metió un cabezazo al pasto y clavó bien clavada su sien, apoyó las palmas de sus manos con seguridad y entonces poco a poco comenzó a elevar su tren superior, en primera instancia, y el tren inferior, momentos después. Para cuando se quiso dar cuenta estaba haciendo el pino, nada espectacularmente difícil para alguien como él. No era muy alto, pesaba poco, tenía una forma física más que aceptable. Utilizó su diestra para darse un pequeño empujón y ver como era aquello de girar, mas no se movía ni un ápice. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">¿Vas a cavar un túnel o qué?</span></span></span> - Más risas en la lejanía. El joven había clavado tanto su cabeza sobre el pasto, que girar sería imposible. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Que te calles!</span></span> - En un suspiro, la maestra cruzó el campo de entrenamiento, recorriendo la distancia que los separaba como una exhalación y entonces. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size"> ...ka</span>ite<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">n!</span></span></span> - El joven se desancló del suelo con la facilidad con la que se descorcharía una botella de champán y, con la misma inercia, saldría volando diez metros más allá. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡AGH!</span></span> - Se quejó el luchador en el suelo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Así se hace Kai.</span></span> - En su mirada se notaba que no le había gustado el tono con el que le había hablado. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Sisisi, vale, si</span></span> - Levantó la palma de la mano pidiendo clemencia a su maestra. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Arriba, hazlo bien. </span></span>- Ahora se notaba la severidad en sus palabras. <br />
<br />
Al cabo de unos minutos se levantó, cuando su maestra se hubo alejado lo suficiente como para poder maldecir en su mente y que no lo escuchase la otra. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Maldita sea...</span></span> - Masticó entre dientes. Lo que tenía claro era una cosa, y es que había mucha gente que era tremendamente superior a él, una vez más no había visto siquiera acercarse y golpearlo. Una vez más, su cuerpo había sido sobrepasado. Una vez más estaba en el suelo tirado. Le dio un puñetazo al suelo, incapaz de ignorar su propia frustración y, desde esa misma posición apoyó la sien en el suelo y levantó el resto de su cuerpo con el apoyo de sus palmas. Durante las primeras horas de su entrenamiento el albino se limitaba simplemente a tratar de mantener el equilibro y acostumbrarse a tener todo del revés. Esto le resultó sencillo, a diferencia del siguiente paso, donde se retiraría sus dos sustentos para intentar buscar el balance con el simple movimiento de su cuerpo. Era complicado, y las variadas caídas y desbalances de su cuerpo lo hicieron ver, pero con el paso de las horas su cuerpo instintivamente buscaba equilibrarse y mantenerse. Algo que cuando por fin logró hizo que parase su entrenamiento y se retirase al dojo a las órdenes de su maestra. Debía descansar el cuerpo y la mente, además debía mirar si Matcha no le había roto un par de costillas antes.<br />
<br />
Los siguientes días, quizás una semana habían sido entrenamientos dirigidos a los conceptos simples nuevamente, perfeccionar el concepto dentro de la cabeza de Kai, aumentar la naturalidad con la que tenía que ejecutar las vibraciones, entrenarlas como un músculo, como el respirar. Esto lo iba intercalando con las primeras intenciones de comenzar a rotar, que, en un principio era imposible, pues rotar destruía el balance que había construido, pero con el tiempo y la testarudez del albino, terminaría por conseguir aquella proeza física. <br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Vamos arriba, es momento de entrenar, a ver lo que has avanzado</span></span> - Sira zarandeó el cuerpo magullado del albino que, casi como si hubiesen disparado al lado de su oído, se sobresaltaría y, casi por instinto y repetición o también lo podríamos llamar trauma, se colocaría haciendo el pino sobre su propia cabeza, tras haber dado una vuelta hacia atrás desde su futón. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¡La hamburguesa es mía!</span></span> - Espetó medio adormilado y entonces, terminó de despertar, cayendo sobre sus cuatro extremidades, casi como un gato, deshaciendo el pino. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Qué ha pasado?</span></span> - Sira se llevó la mano a la boca, tapando sus labios, como si quisiera ocultar la risa floja que le había entrado. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Hay que entrenar, ya veo que lo tienes listo prácticamente. Vístete, te espero fuera para que me enseñes tus progresos</span></span> - La mujer se alejó del joven, ya estaba lista, desayunada y preparada para comenzar el día, mientras Kai aun estaba por quitarse las legañas de los ojos. Tardó poco en vestir las ropas, que por algún casual estaba limpia y hasta doblada, algo que sorprendió al pirata, pero que sin duda no le dio más atención de la que debía. Habrá sido un mago. <br />
<br />
Sus manos encallecidas, su cabeza probablemente ya debía haber hecho uno alrededor de todo su cráneo, su cuerpo lastimado, pero su energía se desbordaba de su cuerpo, una lástima que no la pudiese aprovechar al cien por cien. Abrió la puerta del dojo, anduvo los pasos que había hecho su maestra hasta quedar junto a ella y los muñecos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Buto…</span></span> - Su cuerpo, casi como si se hubiese anticipado antes que su pensamiento, se preparó. Dio un paso y deslizó, tras un raro acercamiento al suelo, su cabeza sobre el pasto y, aprovechando el mismo movimiento para quedar completamente invertido, comenzó a rotar sobre su cabeza. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡....kaiten! </span></span>- Junto las palmas y los pies y, solo entonces, comenzó a girar con una fuerza y velocidad completamente sobrehumanas. <br />
<br />
Un rápido acercamiento hacia el muñeco.<br />
Un golpe terrible fruto de la inercia y su propia fuerza.<br />
Unas ondas de choque que se transmitían por todo su cuerpo. <br />
<br />
El objeto voló una gran cantidad de metros, los suficientes como para saber, que el joven Kai, había concluido su entrenamiento y que, por el momento, se debía despedir de su crush para seguir creciendo como luchador e intentar poner a los que tenía en contra, bajo el yugo de su puño.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic Hasshoken] Cabezonería]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4043</link>
			<pubDate>Fri, 07 Aug 2026 18:36:24 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=834">Kai T. Gomi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4043</guid>
			<description><![CDATA[Esta la historia de un pequeño joven nacido en Spider Miles, emigrante desde extremadamente joven, y no porque buscase oportunidades mejores para su vida, si no probablemente para empeorarla en todos los niveles con sus pobres decisiones. Impulsado por la simple idea de ser tan libre y hacer prácticamente lo que le viniese en gana, como aquel pirata que vio aparecer por su isla. Desde entonces había estado dando tumbos a lo largo y ancho de los mares, intentando no fortalecerse, solo sobrevivir como una garrapata más del sistema. No se había metido en muchos problemas, no muy importantes al menos y sentía, muy en el fondo de su mente, que pronto le iban a venir. Es por eso que en cuanto apareció la idea de fortalecerse no la desestimó. Había oído hablar de gente que peleaba de una forma extraña, utilizando no solos sus puños y piernas algo con lo que si encajaba, también utilizaban la cabeza. Aunque lo que más llamó la atención del peliblanco fue el proceso que utilizaban, no se enteró muy bien en su momento, pero entendió que era gracias a unas extrañas vibraciones que sus propios cuerpos podían producir.<br />
<br />
Esto lo cambia todo.<br />
<br />
Es por ello que al final su interés se convertiría en visitar Isla Karate, donde se suponía que había alguien que conocía ese arte y el joven Kai no es algo que iba a dejar pasar. Además, allí a donde miraba respiraba pelea y eso era algo, que por suerte o por desgracia, le gustaba y, creía, que se le daba bien. Necesitó un tiempo para asentarse en la isla y, por diferentes sucesos vividos, como la de aquellos dos tipos a los que les arrebató el plan o aquel extraño torneo en el que se había visto involucrado, había tenido que posponer la búsqueda de aquella forma de batallar. <br />
<br />
Aquel día fue extrañamente tranquilo en su momento, el luchador había despertado a las y tantas de la mañana, noche dura supongo, y el calor concentrado le obligaría a salir de su, literalmente, madriguera improvisada. En este punto de la historia el joven era un prácticamente un vagabundo con las comodidades y el dinero necesario como para poder subsistir con la tranquilidad que necesitaba. El primer bostezo de la tarde, así como el bostezo trasero, fue satisfactorio y no tardó en llegarle a la naricilla un ligero olor de algo que lo haría salivar. Su estómago rugió como el de un oso, su brazo se alargó dentro de su madriguera como un tentáculo y la bolsa de monedas tintineo como las campanas de una iglesia a las en punto. Entre follaje y cantares saldría del bosque con el único propósito, con otros tantos olvidados por el camino, de hacerse con algo lo suficientemente bueno como para llenar su panza. <br />
<br />
Su caminar somnoliento, sobre todo a aquella hora, llamó la atención de los transeúntes que ya encontraban en Kai lo usual, casi podía ser un habitual más de aquella calle comercial. Se acercó a un puesto y, tras recibir lo que era suyo y empezar con un tardío desayuno, pudo escuchar unas palabras. Un grupo de jóvenes de quizás seis o siete personas, con más hombres que mujeres en proporción, que destacaban sobre todo por que vestían dogis del mismo color, pero que en su cintura vestían diferentes colores. Algo que realmente Kai no entendía que significaba. Su vieja del visillo no lo pudo evitar, aquel impulso cotilla lo llevó a caminar varios metros por detrás del grupo que hablaban entre ellos, por lo que estarían lo suficientemente distraídos como para percatarse de su presencia. Había uno en concreto que se sobreponía sobre los demás y no era por su presencia o por su habilidad con la batalla, si no porque lloriqueaba. <br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">No... No puede ser... </span></span>- Se llevaba las manos a la cabeza, con pena y dolor. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Me ha dicho que es imposible que lo aprenda, que no tengo la cabeza demasiado dura... que no aguantaría ni tres míseros asaltos... llevo preparándome todo este tiempo para nada... </span></span>- Lágrimas caían de su rostro como aquel que lo había perdido todo. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"> Me ha dado una tremenda paliza y encima me ha dejado un bollo en la cabeza...</span></span> - Se toqueteaba la frente, y ahora Kai podía entender porque sollozaba, no era por su fracaso, si no por el tremendo chichón que tenia en la cabeza, aquello parecía el caparazón de un den den mushi. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">El diablo...</span></span> - Susurró mientras seguía el ritmo al grupo, viendo como el resto intentaba consolarlo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">No estoy hecho para aprender el hasshoken… con lo maja que había sido al principio</span></span> - Se secó las lagrimas y entonces pasaba de la autocompasión al odio. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">¡La hermitaña esa! ¡¿Qué se cree ahí viviendo en lo alto de la colina esa?! ¡Haciéndose la misteriosa! ¡Que le den por Nika!</span></span> - Cerraba sus puños con rabia y andaba como todo un hombrecillo enfadado. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ah, eso es</span></span> - Algo hizo click dentro de la mente del peliblanco. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Si a eso había venido yo!</span></span> - En su mente entró el sentido de urgencia, algo extraño, y su cara reflejaba toda una revelación, como si hubiese descubierto como dos caracoles se usaban como interfonos y además se podían comunicar a grandes distancias. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Gracias! Dios, menos mal que me lo has recordado </span></span>- Le dijo el luchador, deteniéndose repentinamente, en voz alta al grupo que enseguida se giró para verlo. Kai salió corriendo en la dirección opuesta, hacia la colina mencionada, como si se hubiese dejado el camping gas encendido y se fuesen a quemar sus cosas. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Y ese... ¿Quién es? </span>- Se preguntaron entre ellos, sin entender que estaba pasando. Mientras, el intrépido joven, buscaba la colina, como si hubiese pocas. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
Fácilmente podía haber pasado una hora en recorrer varias de las colinas, a medias al no ver indicios de vida por allí, solo para terminar dando con un pequeño sendero escondido en la loma de una de las colinas, apartadas y casi imperceptible. Casi como si no quisieran que nadie la encontrase. Un pequeño bosque se levantaba al inicio del camino, un par de árboles que parecían combarse sobre el sendero marcado, casi como si hubiesen decidido deliberadamente hacer sombra, recreando un túnel prácticamente. Se podía ver como se colaba algún que otro rayo de sol tímido, pero la mayoría del camino se encontraba ensombrecido, casi como un relato de terror pero a plena luz del día. Kai podía sentir miedo, pero aquello que normalizaba dejaba de darlo, algo a lo que uno se acostumbraba pasaba desapercibido. Así que se encaminó con el constante sonido del batir de alas sobre ramas, miradas indiscretas que se cernían sobre él, pero no prestaba mucha más atención más que al hecho de que tenía que poner un pie delante del otro. Metros más allá podía escuchar el constante golpeteo sobre madera, como algo lejano, el eco de unos golpes que conseguía entrar en la senda y que se dispersaba entre la maleza con tanta facilidad como con la que llegaba.<br />
<br />
El joven luchador, despreocupado siguió caminando hasta que un haz de luz, intenso y brillante, conseguía mermar la visión del peliblanco. Aquello que le daba sombra por fin se había terminado, había conseguido salir de la senda, como si hubiese tenido alguna dificultad caminar, y había dado a una especie de claro. Campo abierto libre de aquella de aquella vegetación que constantemente se interponía, que tan agraciadamente servía para esconderse de ser necesario. Kai levantó la palma sobre sus ojos, a modo se parasol improvisado y poder ver mejor, fue entonces cuando pudo distinguir a lo lejos varias figuras ensombrecidas. Tras todas estas figuras se erigía una pequeña estructura, humilde pero de apariencia sólida, apuntalada en su exterior con vigas de madera que contrastaban de sobremanera con otro tipo de madera teñida de un color blanquecino. El luchador se encogió de hombros y simplemente siguió avanzando sobre el pasto, el cual se notaba que por ahí pasaban de forma regular, pues se denotaba aplastado según bajaba la mirada. Al acercarse, finalmente pudo denotar como las figuras se revelaban y ahora entendía porque solo una de ellas se movía y se desdibujaba constantemente, en ocasiones incluso apenas podía verla moverse, pues entre parpadeo y parpadeo cambiaba de localización con una gran gracilidad. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Si es una hermitaña si... </span></span>- Susurró para sus adentro, acto seguido de su boca salió un eructo, corto pero contundente, de esos que te dejaban satisfecho después de comer. Tanto caminar había conseguido sus efectos, con ello esperaba que no se tuviese que meter a la senda, meterse entre dos arbustos y finalizar. <br />
<br />
El noble gas fue tan audible en campo abierto que la figura, la que podía identificar como una mujer, había detenido su movimiento y con un rápido movimiento de cuello lo miró, dejando así que la trenza que portaba danzase con el brusco cambio de dirección. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Que mal rollo tú</span></span> - Abrió los ojos ligeramente ante la mirada de soslayo de la mujer. ¿O era de curiosidad? Estaba demasiado lejos. La mujer alzó el brazo y, con una calidez impropia de una situación así, lo zarandeó de lado a lado saludando al joven. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Holaaaaaaa</span></span> - Se escuchó segundos más tarde. Kai la imitó y la saludó de vuelta. - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Que cute</span> - Pensó por un instante, mientras se acercaba. Aquella mujer tenía una complexión delgada y casi delicada, se parecía mucho a la endeble figura que proyectaba el peliblanco, su piel era clara como una noche de luna llena despejada, su pelo buscaba imitar el carmesí de una sangre que se tintaba ligeramente de rosado, un color que hacía un contraste llamativo para con su piel. Sus ojos oscuros, casi azabaches miraban con inocencia al muchacho quien devolvía la mirada con aquellos ojos carmesí. En su mente se cuestionó por un momento que esta fuese la persona que se dedicaba a mostrar aquellas poderosísimas artes de las que había escuchado hablar, luego recordó que él era un esmirriado, un cuerpo escombro, un tirillas, esquelético y que, aun así, tenia una fuerza capaz de tumbar hombres y mandarlos a volar. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¿A qué has venido, te has perdido? ¿Necesitas ayuda? ¿Estás perdido? ¿Un médico? ¿Te has perdido? ¿Comida? </span></span>- Cuestionaba sin parar mientras que ambos se acercaban. <br />
<br />
Cuando los separaban poco más de dos metros ambos se detuvieron, quizás porque ambos eran peleadores cuerpo a cuerpo y sabían que debían medir bien las distancias, estar lo suficientemente cerca como para conectar un golpe o preparar una esquiva y poder reaccionar a tiempo si es que lo necesitasen. Miró entonces con más curiosidad al joven luchador, dándose cuenta, pese a que Kai no lo hacía con la teoría en mente, solo con la experiencia de haberse metido muchas veces en el barro. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No. No. No. No. Te he dicho que no ya dos veces. No, bueno, si, puede</span></span> - Respondió a todas las preguntas casi sin pensar. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Aquí Kai a.k.a. Kai</span></span> - Se cruzó de brazos como todo un trovador de lengua rápida e intrincadas rimas. La mujer lo miró con algo de pena, pero su personalidad afable le impidió decir nada buscando no herir al adolescente, aunque su cara decía lo necesario. Para el que supiese leerlas, claro. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Te puedo dejar algo de comer chico, pero estoy en medio de mi entrenamiento y yo...</span></span> - El peliblanco chasqueó sus dedos repentinamente en el aire, a un lado de su cuerpo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Eso es. En realidad...</span></span> - Se cruzó de brazos de nuevo, pero en este momento casi como si estuviese dudando. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">...vengo a entrenarme. He escuchado hablar mucho del Chokken...</span></span> - -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Hasshoken</span></span> - Corrigió rápidamente, este vez su tono reflejaba una mayor dureza. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">...Hasshoken... </span></span>- Su mirada se desvió ligeramente hacia un lado para terminar devolviéndola al frente. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> He venido a esta isla solo para esto prácticamente</span></span> - Y buscarse la vida, robando en ocasiones. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Así que vengo a que me enseñes</span></span> - El joven había reunido toda la educación que pudo, y aunque no demostró mucha como tal, no se haría la zancadilla a sí mismo. <br />
<br />
La mujer se detuvo unos instantes, esta vez pensativa, cruzando un brazo por delante de su abdomen, arrugando aquella sudadera bicolor, mientras que su otra mano se colocaba bajo el mentón, como de verdad estuviese dudando en si aceptar aquella petición o no. Pasaron unos segundos que al peliblanco le resultaron eternos, tenía una curiosidad genuina por ver aquello de lo que hablaban, pero si lo rechazaban no es como si su mundo se cayese de repente. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Seguro?</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Si</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿De verdad?</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Si</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">No todo el mundo puede aguantarlo</span></span> - -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Yo si</span></span> - -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¿De verdad?</span></span> - -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Claro, fácil </span></span>- Tras una conversación de rápidas respuestas, tanto como fluida, la mujer sin aviso alguno, dio un pequeño pero potente salto con la cabeza hacia delante, o eso intuía porque el luchador apenas pudo darse cuenta del movimiento, tan solo sintió el tremendo choque de su cabeza contra el torso. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
El joven vio las estrellas, aquel golpe había ignorado la poca fuerza de sus músculos o la dureza de su piel, simplemente había traspasado sus defensas como si nada. El aire de sus pulmones salió con tal velocidad pero cuando quiso darse cuenta, su boca se abría y cerraba buscando recuperar el oxígeno perdido. Cayó redondo de espaldas inevitablemente y se llevó rápidamente las manos al estómago, buscando recomponerse de algo de lo que a duras penas podía dejarlo respirar. Sus ojos enfocaron de nuevo en la mujer frente a él. Utilizó las palmas de sus manos y su fuerza para, tras apoyarlas en el suelo, impulsarse en un pequeño salto que lo alejaría de la mujer y entonces se volvió a desvanecer su vista. Nuevamente esta frente a él, pero esta vez. ¿Estaba del revés? Su cabeza como punto de apoyo en el suelo y de repente le llegó el aire, como un torbellino vivo, provocado por la alta rotación que estaba realizando la luchadora con sus piernas y brazos. Sus ojos se abrieron ojipláticos. -<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> ¿En qué momento? ¿Está girando? Como me de con una de esas patadas estoy jodido</span> - Su mente procesaba más lento que lo que sus ojos podían captar, es por eso que, de forma tardía, se daría cuenta que la planta del pie de la mujer se había detenido a escasos centímetros de su cara. Su expresión era un cuadro, una mezcla de tintes de sorpresa, miedo, curiosidad y nerviosismo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bueno, te has levantado, si que es aguantado si jiji </span></span>- Deshizo el pino y se plantó con normalidad frente a él, llevando su mano a la comisura de sus labios mientras reía. Sus pulmones recordaron que estaban sin aire y entonces, llegó la bocanada de aire. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">hgq-queh</span></span> - Llegó el oxígeno junto con dolor. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Tranquilo, se te pasará </span></span>- Intentó consolarlo por un instante, aunque tardó poco en darse media vuelta y encaminarse hacia lo que parecía el dojo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Sígueme y quizá aprendas algo, pero te vuelvo a advertir, esto no es un camino de rosas</span></span> - Sonreía mientras le daba la espalda.<br />
<br />
- <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Quién es esta tía? Vaya zambombazo me ha metido, me ha dejado seco</span> - Su mente le daba vueltas y vueltas a una sola cosa, mientras la intentaba seguir y recuperar la postura, si esto era el Hasshoken, definitivamente quería aprender a dejar seco a sus oponentes también. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Entonces</span></span> - Interrumpió el silencio. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Consiste en golpear puntos clave del cuerpo de tu adversario?</span></span> - Intentó adivinar. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Nop</span></span> - Respondió rápido una vez más, se notaba que tenía las ideas claras y fijas, no iba a dejar pasar ni un solo error. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Los puntos débiles?</span></span> - Otro intento. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Mmmm mmmm</span></span> - Si quiera le decía que no, tan solo negaba con la cabeza mientras seguía caminando con un paso alegre y tranquilo, como si no se hubiese puesto a girar como una peonza tamaño humano hace escasos segundos. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Trata de ver las lesiones de tu oponente, como un hueso fracturado y así, y te aprovechas de ello golpeando ahí?</span></span> - Aceleró sus palabras, ya solo intentaba por intentar. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿Tienes un hueso roto?</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No</span></span> - Se revisó el cuerpo palpándolo sin idea de cuales eran los síntomas para eso salvo dolor intenso. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Creo... </span></span>- La chica suspiró. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">No</span></span> - Su trenza se movía de lado a lado como el va y ven constante del mar. El joven dibujó una mueca de disconformidad en su cara mientras cruzaba el umbral de una puerta corredera que ya se encontraba abierta. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Cierra la puerta Kai</span></span> - Sonaba tan dulce y era tan aterradora cuando plantaba su cabeza en el suelo y giraba como un maldito tornado. Por un momento el joven se sintió raro, pero le hizo caso y cerró la puerta. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Soy Sira Matcha y soy la maestra de este dojo </span></span>- Se detuvo finalmente en mitad de aquella sala. <br />
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En un principio se trataba de una habitación más bien cuadrada, algo amplia pero no mucho, lo suficiente como para que un par de personas pudiese entrenar al mismo tiempo en aquel lugar. Las paredes eran completamente blancas y lisas sin ninguna decoración extravagante o que llamase la atención, cero estímulos con los que el luchador se pudiese distraer. A los lados había un par de ventanas, cuadradas y pequeñas, por los que resultaba entrar la agradable y ligera brisa montañosa. El suelo, enseguida se percató por el sonido, era de una madera que tiempo atrás podría haber estado nueva, barnizada y más cuidada, pero que en la actualidad se notaba que los años de desgaste y uso habían pasado por ella. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿De este dojo?</span></span> - Puntualizó el, probablemente, más joven de los dos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Eso es. Yo enseño los principios básicos del arte del Hasshoken, pero he de reconocer que hay más maestros, más experimentados, que yo. Mucho más fuertes también</span></span> - Cerró los ojos por un momento, recordando probablemente anteriores encuentros con ellos, mano a mano. O cabeza a cabeza. A cada palabra que la chica decía le entraba más curiosidad al joven, sobre todo por entender el cómo lo había dejado tirado en el suelo seco, sin aire e ignorando por completo la resistencia que su cuerpo normalmente tenía ante los golpes. Había recibido una cantidad ingente de golpes a lo largo de su corta vida y con ello pensó que estaba curtido, pero se acababa de dar cuenta de que se le acababa de abrir un mundo demasiado extenso ante sus ojos. <br />
<br />
Siempre había alguien más fuerte, siempre había alguien que lo superaba, y ahora, más que nunca, deseaba probar su fuerza ante el mundo. Decir ''aquí estoy yo'', ponerse a prueba, pelear con los fuertes, levantarse del suelo una vez más, porque todo aquello era un nivel extra de dificultad y, Kai era demasiado cabezón como para decir que no a la primera de cambio ante un reto. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">¿Cómo has hecho eso de antes? Ese giro ha sido espectacular, dios ha sido como ver el apocalipsis en persona. Un putísimo tornado en todo mi careto, he visto la muerte ante mis ojos. ¡Quiero aprender eso del giro! </span></span>- Dijo gesticulando en el aire en un principio para terminar llevándose las manos al estómago, donde le había golpeado. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¡Claro! No</span></span> - Cortó la efusividad del luchador en un solo movimiento. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Creo que lo primero es entender las bases y como funciona este arte marcial. El Hasshoken tiene varias técnicas, diferentes, pero la base es la misma para todas. Y todas han pasado de generación en generación y de maestro a alumno. Quizás puedas ser tu uno en el futuro </span></span>- Quiso dorarle la píldora para que no se desanimase en un principio, lo que no sabía ella es que el peliblanco ya estaba dentro desde que había recibido el golpe. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Y recuerda, el Hasshoken es el verdadero estilo marcial que prevalece, pues es el que aprovecha el máximo potencial bruto del cuerpo y lo convierte en una verdadera punta de lanza</span></span> - Entonces Kai no tenía ni idea, pero Sira hacía referencia a la rivalidad que tenía con el resto de maestros de artes marciales de la isla. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ajá </span></span>- Asintió como si no terminase de entender que quería decir o a qué hacía referencia, solo quería saltarse la parte donde parloteaban y se metían de lleno en lo físico pero, para su desgracia, eso tenía que esperar.<br />
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<hr class="mycode_hr" />
La chica se hizo a un lado, dobló una esquina y tomó un pizarrón con ruedas con sus manos, segundos después volvería arrastrándolo hacia donde estaba el peliblanco esperando. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Verás</span></span> - Se tomó una pequeña pausa para masticar la información. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">El Hasshoken es un estilo de combate que, como ya te he mencionado antes, aprovecha el potencial bruto del cuerpo. El poder fluye desde el interior hacia el exterior, es como canalizar la fuerza de rotación de tu hombro y calibrar el peso de tu cuerpo para finalmente terminar dando un golpe demoledor con el puño</span></span> - Comenzó a hacer líneas en el pizarrón mientras narraba. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ajá</span></span> - Kai tenía cara de concentrado, las líneas ayudaban a su receptor de estímulos. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Cuando se entrena y se entiende esta forma de pelear, uno adquiere la capacidad de volver sus ataques demoledores sin que nada se interponga en su camino, estoy seguro de que lo lograrás también... Kai</span></span> - Intentó hacer memoria por un instante para recordar su nombre. - <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Esto nos permite controlar las vibraciones que generamos nuestro propio cuerpo, lo que permite generar una especie de onda de choque interna que viaja hacia fuera. Otro cuerpo en este caso</span> - Dibujó rápidamente un muñeco y, desde su punto central a la altura del estómago, comenzó a trazar unos círculos concéntricos que se expandían hacia fuera.<br />
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- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">El Hasshoken permite redirigir esas ondas vibratorias hacia fuera en cuanto conectan con algo, haciendo que pueda traspasar incluso defensas, ignorando por completo la resistencia o dureza de lo que se golpee. Escudos, armaduras, la propia resistencia de un cuerpo, hay muchas formas de ejemplificarlo</span></span> - Miró a Kai, que por un momento se había llevado la mano al mentón, procesando toda aquella información. El estaba acostumbrado a entender que golpear con el pie o el puño era más que suficiente para causar daño. Había más formas. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Aaaaaajá</span></span> - Asintió. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Para más simplicidad. Es como golpear un cubo de hielo y que se empieza a agrietar de dentro hacia fuera y no al revés, que sería lo normal. Más o menos </span></span>- Dibujó el esbozo de un cubo tridimensional y luego aquellas supuestas grietas para ejemplificar de manera visual lo que contaba. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ya veo...</span></span> - Se hizo un silencio de un par de segundos que se alargaron demasiado. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¡Es espectacular! ¡Reventando gente desde dentro, como una maldita bomba! El diablo, que guapo</span></span> - Abrió los ojos de par en par, entendiendo más o menos a lo que Matcha se refería. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Pero entonces por qué ese tipo tenía la cabeza como una piñata?</span></span> - Sira torció la cabeza, intentando entender a lo que se refería, fue entonces cuando cayó en su fallido discípulo. Entonces no respondió nada, simplemente se encogió de hombros. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> El Hasshoken potencia el uso de un cuerpo, pero la disciplina de la mente pertenece a los deberes propios de cada sujeto</span></span> - El más novato desvió su mirada hacia un lado, como si pudiese intuir algo de lo que pasó. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Basta de explicaciones por ahora, es el momento de que empieces con la otra parte del entrenamiento</span></span> - En la cara del aprendiz se dibujó una sonrisa más que cómplice. <br />
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Matcha extendió la palma de su mano, dándole así la señal pertinente para que se levantase. El peliblanco, casi obediente, se levantó aunque su móvil era arrebatar aquel conocimiento para sí mismo, más que cumplir el rol de alumno, pero debía pasar un poco por el aro. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Visualiza las vibraciones del cuerpo. Tus músculos. Tus huesos. Tus órganos. Todos moviéndose en un espacio reducido</span></span> - Kai la miró, extrañado. ¿Acaso se había fumado algo? -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Cierra los ojos y concéntrate</span></span> - Ordenó. El luchador cerró los ojos e indagó en su mente, el no podía sentir sus órganos y huesos, solo sus músculos y porque abultaban en el poco cuerpo que tenía. Mientras el más joven de los dos mantenía los ojos cerrados, la maestra salía de escena otra vez, llevándose el pizarrón y trayendo un saco de boxeo colgado de un par de barras que también finalizaban en un par de ruedas. Dicho saco no era algo usual, su aspecto era el de siempre pero en su interior había algo diferente. El forro interno se trataba de un material capaz de absorber impactos, mientras que en el interior se encontraba una barra de cerámica fina. <br />
<br />
La mente del muchacho divagó hasta el punto en el que se formó una imagen mental de las ondas que producía el agua cuando algo perturbaba su superficie. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Mira, profe, yo lo estoy intentando. ¿Vale? Pero me estoy imaginando un charco de agua y de ahí palante no sé como seguir </span></span>- Dijo aun con los ojos cerrados. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Mmm </span></span>- Se llevó el índice hacia la comisura de los labios, pensativa. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Extiende tu brazo. Flexiónalo ligeramente y haz el máximo de fuerza que te sea posible, intentando mantenerlo quieto</span></span> - Como un subordinado, el chico obedeció. Su brazo comenzó a temblar de sobre manera debido a la tensión que estaba poniendo en sus músculos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bien, visualiza eso que estás haciendo con tu brazo y aplícalo a todo el cuerpo. Contén esa fuerza y libérala en un punto, solo así podrás seguir avanzando. Golpea este saco de esa manera, hasta que escuches el crujir del avance </span></span>-  Se llevó las manos a la espalda y se apartó del saco y volvió a retirarse de una instancia a otra. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Crujir?</span></span> - Apareció a los minutos con algo de té. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¡Animo!</span></span> - Una sonrisa más que alentadora y amable, que buena era esta chica siempre. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Cómo? ¿Te vas a quedar ahí mirándome todo el rato?</span></span> - La miró con sorpresa. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¡Claro! ¡Tengo que supervisarte! ¡Soy tu maestra!</span></span> - Le levantó el pulgar amistosamente. <br />
<br />
De ahí comenzaron a pasar las horas, casi incontables, del primer día, donde Kai se había pasado concentrando toda la tensión muscular en sus dos brazos y golpeando aquel saco que estaba acolchado. Tan solo se podía escuchar el sonido ahogado de sus golpes sobre el mullido saco, pero ningún crujido había hecho acto de presencia. Algo estaba haciendo mal, todo concretamente, pero eso no hacía que se detuviera ni un solo instante. El sudor, el dolor y el cansancio, es algo que lo había acompañado desde que era aun más pequeño, estaba acostumbrado a sufrirlo y a vivir con él, formaba parte de su día a día. <br />
<br />
El primer día acabó con unos brazos que se sentían como si tuviese que levantar a pulso dos anclas que arrastraban sacos de arena por el mar. <br />
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Las horas se convirtieron en días y los entrenamientos en aprendizaje. Aprender sobre su propio cuerpo, sus propios límite y no tan solo a dar mamporros, aunque su personalidad por suerte, y desgracia para otros, no había cambiado un ápice, sin embargo algo se estaba gestando en las entrañas. Sira se pasó el resto de días haciendo sus propias prácticas, sus propias katas y entreno, pero sin perder de vista al luchado, al que corregía constantemente en sus formas de moverse, en su manera de golpear. Unas correcciones que hacían sentir al joven parte de aquellas explicaciones que recibió en un inicio. Aquellas vibraciones con el devenir de los días se fueron haciendo cada vez más reales, un poder cada vez más tangible. El primer mini crujido fue de lo más sonoro en cuanto se produjo, algo que celebraron ambos luchadores, como si hubiesen acabado con el hambre en el mundo. Desde ese primer instante, Matcha comenzó a instruir la primera de las numerosas técnicas, un potente cabezazo capaz de atravesar una muralla de acero, o eso decía ella. <br />
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<hr class="mycode_hr" />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bueno, ya has aprendido el primer movimiento, es hora de que lo pongas en práctica Kai, no me decepciones</span></span> - Tras un par de días, salían nuevamente de la estructura, el dojo custodiado por Sira Matcha, primer estandarte del Hasshoken. La brisa soplaba ligeramente, la hierba a los pies de ambos se mecían con una inusitada calma. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Creo que voy a necesitar un cerebro nuevo, me lo has destrozado</span></span> - Una broma que no era broma, y es que sobre la cara, cuerpo y cabeza del peliblanco se podían ver apósitos, moratones e incluso vendas resguardando zonas muy concretas, había entrenado duro. Ambos se posicionaron alejados diez metros el uno del otro, estaban listos para dar comienzo a la contienda.<br />
<br />
Sira, quien llevaba sus manos entrelazadas tras la espalda de repente cambiaría por completo su porte y presencia. Su cuerpo se adelantó y bajó, buscando un centro de gravedad más bajo y estable. Sus manos resguardadas y bien posicionadas, para darle un equilibrio mayor, sus piernas flexionadas para moverse y reaccionar en cualquier momento. Pero su cara... - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Joder! ¡Que miedo das!</span></span> - Los ojos de la chica se clavaron sobre los de Kai como si con ello lo pudiese matar. El joven sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal como un rayo. <br />
<br />
Alzó ligeramente la guardia con sus maugullados puños, bajo su centro de gravedad y preparó sus piernas para saltar hacia delante en cuanto se diese el pistoletazo de salida. Sira no esperó nada, aquella mujer que parecía más una bestia hambrienta se lanzó hacia delante directamente. Saltó hacia delante casi en horizontal, con la cabeza por delante y Kai la imitó un segundo más tarde. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¡Buto! </span></span>- Espetó el luchador callejero. Ambas cabezas colapsaron en el mismo punto de la trayectoria, era prácticamente como ver a dos rinocerontes embestirse mutuamente. Ninguno quiso ceder, Sira con su orgullo de maestra del Hasshoken, y Kai con el orgullo de haber estado tanto tiempo intentando aprender una nueva técnica, un nuevo estilo para pelear. La cabeza del luchador callejero comenzaba a ceder, al fin y al cabo acaba de aprender a como se usaba esa forma de pelear, esos movimientos y, sobre todo, los nuevos conceptos. No era tan fácil asimilar algo tan complejos como el uso de vibraciones internas. Sira siguió apretando, flexionó más aun sus piernas y comenzó un segundo envite que empezaría a despejar de la ecuación al peliblanco, que saldría un par de metros hacia atrás, rechazado por la fuerza del golpe.<br />
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<hr class="mycode_hr" />
''Se produjo un choque tan bestial, que lo siguiente que recuerdo, es un fundido a negro... Ay, mi cabeza...'']]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Esta la historia de un pequeño joven nacido en Spider Miles, emigrante desde extremadamente joven, y no porque buscase oportunidades mejores para su vida, si no probablemente para empeorarla en todos los niveles con sus pobres decisiones. Impulsado por la simple idea de ser tan libre y hacer prácticamente lo que le viniese en gana, como aquel pirata que vio aparecer por su isla. Desde entonces había estado dando tumbos a lo largo y ancho de los mares, intentando no fortalecerse, solo sobrevivir como una garrapata más del sistema. No se había metido en muchos problemas, no muy importantes al menos y sentía, muy en el fondo de su mente, que pronto le iban a venir. Es por eso que en cuanto apareció la idea de fortalecerse no la desestimó. Había oído hablar de gente que peleaba de una forma extraña, utilizando no solos sus puños y piernas algo con lo que si encajaba, también utilizaban la cabeza. Aunque lo que más llamó la atención del peliblanco fue el proceso que utilizaban, no se enteró muy bien en su momento, pero entendió que era gracias a unas extrañas vibraciones que sus propios cuerpos podían producir.<br />
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Esto lo cambia todo.<br />
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Es por ello que al final su interés se convertiría en visitar Isla Karate, donde se suponía que había alguien que conocía ese arte y el joven Kai no es algo que iba a dejar pasar. Además, allí a donde miraba respiraba pelea y eso era algo, que por suerte o por desgracia, le gustaba y, creía, que se le daba bien. Necesitó un tiempo para asentarse en la isla y, por diferentes sucesos vividos, como la de aquellos dos tipos a los que les arrebató el plan o aquel extraño torneo en el que se había visto involucrado, había tenido que posponer la búsqueda de aquella forma de batallar. <br />
<br />
Aquel día fue extrañamente tranquilo en su momento, el luchador había despertado a las y tantas de la mañana, noche dura supongo, y el calor concentrado le obligaría a salir de su, literalmente, madriguera improvisada. En este punto de la historia el joven era un prácticamente un vagabundo con las comodidades y el dinero necesario como para poder subsistir con la tranquilidad que necesitaba. El primer bostezo de la tarde, así como el bostezo trasero, fue satisfactorio y no tardó en llegarle a la naricilla un ligero olor de algo que lo haría salivar. Su estómago rugió como el de un oso, su brazo se alargó dentro de su madriguera como un tentáculo y la bolsa de monedas tintineo como las campanas de una iglesia a las en punto. Entre follaje y cantares saldría del bosque con el único propósito, con otros tantos olvidados por el camino, de hacerse con algo lo suficientemente bueno como para llenar su panza. <br />
<br />
Su caminar somnoliento, sobre todo a aquella hora, llamó la atención de los transeúntes que ya encontraban en Kai lo usual, casi podía ser un habitual más de aquella calle comercial. Se acercó a un puesto y, tras recibir lo que era suyo y empezar con un tardío desayuno, pudo escuchar unas palabras. Un grupo de jóvenes de quizás seis o siete personas, con más hombres que mujeres en proporción, que destacaban sobre todo por que vestían dogis del mismo color, pero que en su cintura vestían diferentes colores. Algo que realmente Kai no entendía que significaba. Su vieja del visillo no lo pudo evitar, aquel impulso cotilla lo llevó a caminar varios metros por detrás del grupo que hablaban entre ellos, por lo que estarían lo suficientemente distraídos como para percatarse de su presencia. Había uno en concreto que se sobreponía sobre los demás y no era por su presencia o por su habilidad con la batalla, si no porque lloriqueaba. <br />
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- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">No... No puede ser... </span></span>- Se llevaba las manos a la cabeza, con pena y dolor. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Me ha dicho que es imposible que lo aprenda, que no tengo la cabeza demasiado dura... que no aguantaría ni tres míseros asaltos... llevo preparándome todo este tiempo para nada... </span></span>- Lágrimas caían de su rostro como aquel que lo había perdido todo. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"> Me ha dado una tremenda paliza y encima me ha dejado un bollo en la cabeza...</span></span> - Se toqueteaba la frente, y ahora Kai podía entender porque sollozaba, no era por su fracaso, si no por el tremendo chichón que tenia en la cabeza, aquello parecía el caparazón de un den den mushi. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">El diablo...</span></span> - Susurró mientras seguía el ritmo al grupo, viendo como el resto intentaba consolarlo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">No estoy hecho para aprender el hasshoken… con lo maja que había sido al principio</span></span> - Se secó las lagrimas y entonces pasaba de la autocompasión al odio. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">¡La hermitaña esa! ¡¿Qué se cree ahí viviendo en lo alto de la colina esa?! ¡Haciéndose la misteriosa! ¡Que le den por Nika!</span></span> - Cerraba sus puños con rabia y andaba como todo un hombrecillo enfadado. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ah, eso es</span></span> - Algo hizo click dentro de la mente del peliblanco. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Si a eso había venido yo!</span></span> - En su mente entró el sentido de urgencia, algo extraño, y su cara reflejaba toda una revelación, como si hubiese descubierto como dos caracoles se usaban como interfonos y además se podían comunicar a grandes distancias. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Gracias! Dios, menos mal que me lo has recordado </span></span>- Le dijo el luchador, deteniéndose repentinamente, en voz alta al grupo que enseguida se giró para verlo. Kai salió corriendo en la dirección opuesta, hacia la colina mencionada, como si se hubiese dejado el camping gas encendido y se fuesen a quemar sus cosas. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Y ese... ¿Quién es? </span>- Se preguntaron entre ellos, sin entender que estaba pasando. Mientras, el intrépido joven, buscaba la colina, como si hubiese pocas. <br />
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<hr class="mycode_hr" />
Fácilmente podía haber pasado una hora en recorrer varias de las colinas, a medias al no ver indicios de vida por allí, solo para terminar dando con un pequeño sendero escondido en la loma de una de las colinas, apartadas y casi imperceptible. Casi como si no quisieran que nadie la encontrase. Un pequeño bosque se levantaba al inicio del camino, un par de árboles que parecían combarse sobre el sendero marcado, casi como si hubiesen decidido deliberadamente hacer sombra, recreando un túnel prácticamente. Se podía ver como se colaba algún que otro rayo de sol tímido, pero la mayoría del camino se encontraba ensombrecido, casi como un relato de terror pero a plena luz del día. Kai podía sentir miedo, pero aquello que normalizaba dejaba de darlo, algo a lo que uno se acostumbraba pasaba desapercibido. Así que se encaminó con el constante sonido del batir de alas sobre ramas, miradas indiscretas que se cernían sobre él, pero no prestaba mucha más atención más que al hecho de que tenía que poner un pie delante del otro. Metros más allá podía escuchar el constante golpeteo sobre madera, como algo lejano, el eco de unos golpes que conseguía entrar en la senda y que se dispersaba entre la maleza con tanta facilidad como con la que llegaba.<br />
<br />
El joven luchador, despreocupado siguió caminando hasta que un haz de luz, intenso y brillante, conseguía mermar la visión del peliblanco. Aquello que le daba sombra por fin se había terminado, había conseguido salir de la senda, como si hubiese tenido alguna dificultad caminar, y había dado a una especie de claro. Campo abierto libre de aquella de aquella vegetación que constantemente se interponía, que tan agraciadamente servía para esconderse de ser necesario. Kai levantó la palma sobre sus ojos, a modo se parasol improvisado y poder ver mejor, fue entonces cuando pudo distinguir a lo lejos varias figuras ensombrecidas. Tras todas estas figuras se erigía una pequeña estructura, humilde pero de apariencia sólida, apuntalada en su exterior con vigas de madera que contrastaban de sobremanera con otro tipo de madera teñida de un color blanquecino. El luchador se encogió de hombros y simplemente siguió avanzando sobre el pasto, el cual se notaba que por ahí pasaban de forma regular, pues se denotaba aplastado según bajaba la mirada. Al acercarse, finalmente pudo denotar como las figuras se revelaban y ahora entendía porque solo una de ellas se movía y se desdibujaba constantemente, en ocasiones incluso apenas podía verla moverse, pues entre parpadeo y parpadeo cambiaba de localización con una gran gracilidad. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Si es una hermitaña si... </span></span>- Susurró para sus adentro, acto seguido de su boca salió un eructo, corto pero contundente, de esos que te dejaban satisfecho después de comer. Tanto caminar había conseguido sus efectos, con ello esperaba que no se tuviese que meter a la senda, meterse entre dos arbustos y finalizar. <br />
<br />
El noble gas fue tan audible en campo abierto que la figura, la que podía identificar como una mujer, había detenido su movimiento y con un rápido movimiento de cuello lo miró, dejando así que la trenza que portaba danzase con el brusco cambio de dirección. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Que mal rollo tú</span></span> - Abrió los ojos ligeramente ante la mirada de soslayo de la mujer. ¿O era de curiosidad? Estaba demasiado lejos. La mujer alzó el brazo y, con una calidez impropia de una situación así, lo zarandeó de lado a lado saludando al joven. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Holaaaaaaa</span></span> - Se escuchó segundos más tarde. Kai la imitó y la saludó de vuelta. - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Que cute</span> - Pensó por un instante, mientras se acercaba. Aquella mujer tenía una complexión delgada y casi delicada, se parecía mucho a la endeble figura que proyectaba el peliblanco, su piel era clara como una noche de luna llena despejada, su pelo buscaba imitar el carmesí de una sangre que se tintaba ligeramente de rosado, un color que hacía un contraste llamativo para con su piel. Sus ojos oscuros, casi azabaches miraban con inocencia al muchacho quien devolvía la mirada con aquellos ojos carmesí. En su mente se cuestionó por un momento que esta fuese la persona que se dedicaba a mostrar aquellas poderosísimas artes de las que había escuchado hablar, luego recordó que él era un esmirriado, un cuerpo escombro, un tirillas, esquelético y que, aun así, tenia una fuerza capaz de tumbar hombres y mandarlos a volar. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¿A qué has venido, te has perdido? ¿Necesitas ayuda? ¿Estás perdido? ¿Un médico? ¿Te has perdido? ¿Comida? </span></span>- Cuestionaba sin parar mientras que ambos se acercaban. <br />
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Cuando los separaban poco más de dos metros ambos se detuvieron, quizás porque ambos eran peleadores cuerpo a cuerpo y sabían que debían medir bien las distancias, estar lo suficientemente cerca como para conectar un golpe o preparar una esquiva y poder reaccionar a tiempo si es que lo necesitasen. Miró entonces con más curiosidad al joven luchador, dándose cuenta, pese a que Kai no lo hacía con la teoría en mente, solo con la experiencia de haberse metido muchas veces en el barro. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No. No. No. No. Te he dicho que no ya dos veces. No, bueno, si, puede</span></span> - Respondió a todas las preguntas casi sin pensar. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Aquí Kai a.k.a. Kai</span></span> - Se cruzó de brazos como todo un trovador de lengua rápida e intrincadas rimas. La mujer lo miró con algo de pena, pero su personalidad afable le impidió decir nada buscando no herir al adolescente, aunque su cara decía lo necesario. Para el que supiese leerlas, claro. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Te puedo dejar algo de comer chico, pero estoy en medio de mi entrenamiento y yo...</span></span> - El peliblanco chasqueó sus dedos repentinamente en el aire, a un lado de su cuerpo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Eso es. En realidad...</span></span> - Se cruzó de brazos de nuevo, pero en este momento casi como si estuviese dudando. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">...vengo a entrenarme. He escuchado hablar mucho del Chokken...</span></span> - -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Hasshoken</span></span> - Corrigió rápidamente, este vez su tono reflejaba una mayor dureza. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">...Hasshoken... </span></span>- Su mirada se desvió ligeramente hacia un lado para terminar devolviéndola al frente. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> He venido a esta isla solo para esto prácticamente</span></span> - Y buscarse la vida, robando en ocasiones. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Así que vengo a que me enseñes</span></span> - El joven había reunido toda la educación que pudo, y aunque no demostró mucha como tal, no se haría la zancadilla a sí mismo. <br />
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La mujer se detuvo unos instantes, esta vez pensativa, cruzando un brazo por delante de su abdomen, arrugando aquella sudadera bicolor, mientras que su otra mano se colocaba bajo el mentón, como de verdad estuviese dudando en si aceptar aquella petición o no. Pasaron unos segundos que al peliblanco le resultaron eternos, tenía una curiosidad genuina por ver aquello de lo que hablaban, pero si lo rechazaban no es como si su mundo se cayese de repente. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Seguro?</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Si</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿De verdad?</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Si</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">No todo el mundo puede aguantarlo</span></span> - -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Yo si</span></span> - -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¿De verdad?</span></span> - -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> Claro, fácil </span></span>- Tras una conversación de rápidas respuestas, tanto como fluida, la mujer sin aviso alguno, dio un pequeño pero potente salto con la cabeza hacia delante, o eso intuía porque el luchador apenas pudo darse cuenta del movimiento, tan solo sintió el tremendo choque de su cabeza contra el torso. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
El joven vio las estrellas, aquel golpe había ignorado la poca fuerza de sus músculos o la dureza de su piel, simplemente había traspasado sus defensas como si nada. El aire de sus pulmones salió con tal velocidad pero cuando quiso darse cuenta, su boca se abría y cerraba buscando recuperar el oxígeno perdido. Cayó redondo de espaldas inevitablemente y se llevó rápidamente las manos al estómago, buscando recomponerse de algo de lo que a duras penas podía dejarlo respirar. Sus ojos enfocaron de nuevo en la mujer frente a él. Utilizó las palmas de sus manos y su fuerza para, tras apoyarlas en el suelo, impulsarse en un pequeño salto que lo alejaría de la mujer y entonces se volvió a desvanecer su vista. Nuevamente esta frente a él, pero esta vez. ¿Estaba del revés? Su cabeza como punto de apoyo en el suelo y de repente le llegó el aire, como un torbellino vivo, provocado por la alta rotación que estaba realizando la luchadora con sus piernas y brazos. Sus ojos se abrieron ojipláticos. -<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> ¿En qué momento? ¿Está girando? Como me de con una de esas patadas estoy jodido</span> - Su mente procesaba más lento que lo que sus ojos podían captar, es por eso que, de forma tardía, se daría cuenta que la planta del pie de la mujer se había detenido a escasos centímetros de su cara. Su expresión era un cuadro, una mezcla de tintes de sorpresa, miedo, curiosidad y nerviosismo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bueno, te has levantado, si que es aguantado si jiji </span></span>- Deshizo el pino y se plantó con normalidad frente a él, llevando su mano a la comisura de sus labios mientras reía. Sus pulmones recordaron que estaban sin aire y entonces, llegó la bocanada de aire. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">hgq-queh</span></span> - Llegó el oxígeno junto con dolor. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Tranquilo, se te pasará </span></span>- Intentó consolarlo por un instante, aunque tardó poco en darse media vuelta y encaminarse hacia lo que parecía el dojo. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Sígueme y quizá aprendas algo, pero te vuelvo a advertir, esto no es un camino de rosas</span></span> - Sonreía mientras le daba la espalda.<br />
<br />
- <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Quién es esta tía? Vaya zambombazo me ha metido, me ha dejado seco</span> - Su mente le daba vueltas y vueltas a una sola cosa, mientras la intentaba seguir y recuperar la postura, si esto era el Hasshoken, definitivamente quería aprender a dejar seco a sus oponentes también. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Entonces</span></span> - Interrumpió el silencio. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Consiste en golpear puntos clave del cuerpo de tu adversario?</span></span> - Intentó adivinar. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Nop</span></span> - Respondió rápido una vez más, se notaba que tenía las ideas claras y fijas, no iba a dejar pasar ni un solo error. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Los puntos débiles?</span></span> - Otro intento. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Mmmm mmmm</span></span> - Si quiera le decía que no, tan solo negaba con la cabeza mientras seguía caminando con un paso alegre y tranquilo, como si no se hubiese puesto a girar como una peonza tamaño humano hace escasos segundos. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Trata de ver las lesiones de tu oponente, como un hueso fracturado y así, y te aprovechas de ello golpeando ahí?</span></span> - Aceleró sus palabras, ya solo intentaba por intentar. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿Tienes un hueso roto?</span></span> - - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No</span></span> - Se revisó el cuerpo palpándolo sin idea de cuales eran los síntomas para eso salvo dolor intenso. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Creo... </span></span>- La chica suspiró. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">No</span></span> - Su trenza se movía de lado a lado como el va y ven constante del mar. El joven dibujó una mueca de disconformidad en su cara mientras cruzaba el umbral de una puerta corredera que ya se encontraba abierta. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Cierra la puerta Kai</span></span> - Sonaba tan dulce y era tan aterradora cuando plantaba su cabeza en el suelo y giraba como un maldito tornado. Por un momento el joven se sintió raro, pero le hizo caso y cerró la puerta. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Soy Sira Matcha y soy la maestra de este dojo </span></span>- Se detuvo finalmente en mitad de aquella sala. <br />
<br />
En un principio se trataba de una habitación más bien cuadrada, algo amplia pero no mucho, lo suficiente como para que un par de personas pudiese entrenar al mismo tiempo en aquel lugar. Las paredes eran completamente blancas y lisas sin ninguna decoración extravagante o que llamase la atención, cero estímulos con los que el luchador se pudiese distraer. A los lados había un par de ventanas, cuadradas y pequeñas, por los que resultaba entrar la agradable y ligera brisa montañosa. El suelo, enseguida se percató por el sonido, era de una madera que tiempo atrás podría haber estado nueva, barnizada y más cuidada, pero que en la actualidad se notaba que los años de desgaste y uso habían pasado por ella. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿De este dojo?</span></span> - Puntualizó el, probablemente, más joven de los dos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Eso es. Yo enseño los principios básicos del arte del Hasshoken, pero he de reconocer que hay más maestros, más experimentados, que yo. Mucho más fuertes también</span></span> - Cerró los ojos por un momento, recordando probablemente anteriores encuentros con ellos, mano a mano. O cabeza a cabeza. A cada palabra que la chica decía le entraba más curiosidad al joven, sobre todo por entender el cómo lo había dejado tirado en el suelo seco, sin aire e ignorando por completo la resistencia que su cuerpo normalmente tenía ante los golpes. Había recibido una cantidad ingente de golpes a lo largo de su corta vida y con ello pensó que estaba curtido, pero se acababa de dar cuenta de que se le acababa de abrir un mundo demasiado extenso ante sus ojos. <br />
<br />
Siempre había alguien más fuerte, siempre había alguien que lo superaba, y ahora, más que nunca, deseaba probar su fuerza ante el mundo. Decir ''aquí estoy yo'', ponerse a prueba, pelear con los fuertes, levantarse del suelo una vez más, porque todo aquello era un nivel extra de dificultad y, Kai era demasiado cabezón como para decir que no a la primera de cambio ante un reto. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">¿Cómo has hecho eso de antes? Ese giro ha sido espectacular, dios ha sido como ver el apocalipsis en persona. Un putísimo tornado en todo mi careto, he visto la muerte ante mis ojos. ¡Quiero aprender eso del giro! </span></span>- Dijo gesticulando en el aire en un principio para terminar llevándose las manos al estómago, donde le había golpeado. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¡Claro! No</span></span> - Cortó la efusividad del luchador en un solo movimiento. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Creo que lo primero es entender las bases y como funciona este arte marcial. El Hasshoken tiene varias técnicas, diferentes, pero la base es la misma para todas. Y todas han pasado de generación en generación y de maestro a alumno. Quizás puedas ser tu uno en el futuro </span></span>- Quiso dorarle la píldora para que no se desanimase en un principio, lo que no sabía ella es que el peliblanco ya estaba dentro desde que había recibido el golpe. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Y recuerda, el Hasshoken es el verdadero estilo marcial que prevalece, pues es el que aprovecha el máximo potencial bruto del cuerpo y lo convierte en una verdadera punta de lanza</span></span> - Entonces Kai no tenía ni idea, pero Sira hacía referencia a la rivalidad que tenía con el resto de maestros de artes marciales de la isla. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ajá </span></span>- Asintió como si no terminase de entender que quería decir o a qué hacía referencia, solo quería saltarse la parte donde parloteaban y se metían de lleno en lo físico pero, para su desgracia, eso tenía que esperar.<br />
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<hr class="mycode_hr" />
La chica se hizo a un lado, dobló una esquina y tomó un pizarrón con ruedas con sus manos, segundos después volvería arrastrándolo hacia donde estaba el peliblanco esperando. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Verás</span></span> - Se tomó una pequeña pausa para masticar la información. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">El Hasshoken es un estilo de combate que, como ya te he mencionado antes, aprovecha el potencial bruto del cuerpo. El poder fluye desde el interior hacia el exterior, es como canalizar la fuerza de rotación de tu hombro y calibrar el peso de tu cuerpo para finalmente terminar dando un golpe demoledor con el puño</span></span> - Comenzó a hacer líneas en el pizarrón mientras narraba. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ajá</span></span> - Kai tenía cara de concentrado, las líneas ayudaban a su receptor de estímulos. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Cuando se entrena y se entiende esta forma de pelear, uno adquiere la capacidad de volver sus ataques demoledores sin que nada se interponga en su camino, estoy seguro de que lo lograrás también... Kai</span></span> - Intentó hacer memoria por un instante para recordar su nombre. - <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Esto nos permite controlar las vibraciones que generamos nuestro propio cuerpo, lo que permite generar una especie de onda de choque interna que viaja hacia fuera. Otro cuerpo en este caso</span> - Dibujó rápidamente un muñeco y, desde su punto central a la altura del estómago, comenzó a trazar unos círculos concéntricos que se expandían hacia fuera.<br />
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- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">El Hasshoken permite redirigir esas ondas vibratorias hacia fuera en cuanto conectan con algo, haciendo que pueda traspasar incluso defensas, ignorando por completo la resistencia o dureza de lo que se golpee. Escudos, armaduras, la propia resistencia de un cuerpo, hay muchas formas de ejemplificarlo</span></span> - Miró a Kai, que por un momento se había llevado la mano al mentón, procesando toda aquella información. El estaba acostumbrado a entender que golpear con el pie o el puño era más que suficiente para causar daño. Había más formas. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Aaaaaajá</span></span> - Asintió. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Para más simplicidad. Es como golpear un cubo de hielo y que se empieza a agrietar de dentro hacia fuera y no al revés, que sería lo normal. Más o menos </span></span>- Dibujó el esbozo de un cubo tridimensional y luego aquellas supuestas grietas para ejemplificar de manera visual lo que contaba. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Ya veo...</span></span> - Se hizo un silencio de un par de segundos que se alargaron demasiado. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¡Es espectacular! ¡Reventando gente desde dentro, como una maldita bomba! El diablo, que guapo</span></span> - Abrió los ojos de par en par, entendiendo más o menos a lo que Matcha se refería. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Pero entonces por qué ese tipo tenía la cabeza como una piñata?</span></span> - Sira torció la cabeza, intentando entender a lo que se refería, fue entonces cuando cayó en su fallido discípulo. Entonces no respondió nada, simplemente se encogió de hombros. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> El Hasshoken potencia el uso de un cuerpo, pero la disciplina de la mente pertenece a los deberes propios de cada sujeto</span></span> - El más novato desvió su mirada hacia un lado, como si pudiese intuir algo de lo que pasó. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Basta de explicaciones por ahora, es el momento de que empieces con la otra parte del entrenamiento</span></span> - En la cara del aprendiz se dibujó una sonrisa más que cómplice. <br />
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Matcha extendió la palma de su mano, dándole así la señal pertinente para que se levantase. El peliblanco, casi obediente, se levantó aunque su móvil era arrebatar aquel conocimiento para sí mismo, más que cumplir el rol de alumno, pero debía pasar un poco por el aro. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Visualiza las vibraciones del cuerpo. Tus músculos. Tus huesos. Tus órganos. Todos moviéndose en un espacio reducido</span></span> - Kai la miró, extrañado. ¿Acaso se había fumado algo? -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Cierra los ojos y concéntrate</span></span> - Ordenó. El luchador cerró los ojos e indagó en su mente, el no podía sentir sus órganos y huesos, solo sus músculos y porque abultaban en el poco cuerpo que tenía. Mientras el más joven de los dos mantenía los ojos cerrados, la maestra salía de escena otra vez, llevándose el pizarrón y trayendo un saco de boxeo colgado de un par de barras que también finalizaban en un par de ruedas. Dicho saco no era algo usual, su aspecto era el de siempre pero en su interior había algo diferente. El forro interno se trataba de un material capaz de absorber impactos, mientras que en el interior se encontraba una barra de cerámica fina. <br />
<br />
La mente del muchacho divagó hasta el punto en el que se formó una imagen mental de las ondas que producía el agua cuando algo perturbaba su superficie. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Mira, profe, yo lo estoy intentando. ¿Vale? Pero me estoy imaginando un charco de agua y de ahí palante no sé como seguir </span></span>- Dijo aun con los ojos cerrados. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Mmm </span></span>- Se llevó el índice hacia la comisura de los labios, pensativa. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> Extiende tu brazo. Flexiónalo ligeramente y haz el máximo de fuerza que te sea posible, intentando mantenerlo quieto</span></span> - Como un subordinado, el chico obedeció. Su brazo comenzó a temblar de sobre manera debido a la tensión que estaba poniendo en sus músculos. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bien, visualiza eso que estás haciendo con tu brazo y aplícalo a todo el cuerpo. Contén esa fuerza y libérala en un punto, solo así podrás seguir avanzando. Golpea este saco de esa manera, hasta que escuches el crujir del avance </span></span>-  Se llevó las manos a la espalda y se apartó del saco y volvió a retirarse de una instancia a otra. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Crujir?</span></span> - Apareció a los minutos con algo de té. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¡Animo!</span></span> - Una sonrisa más que alentadora y amable, que buena era esta chica siempre. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Cómo? ¿Te vas a quedar ahí mirándome todo el rato?</span></span> - La miró con sorpresa. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> ¡Claro! ¡Tengo que supervisarte! ¡Soy tu maestra!</span></span> - Le levantó el pulgar amistosamente. <br />
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De ahí comenzaron a pasar las horas, casi incontables, del primer día, donde Kai se había pasado concentrando toda la tensión muscular en sus dos brazos y golpeando aquel saco que estaba acolchado. Tan solo se podía escuchar el sonido ahogado de sus golpes sobre el mullido saco, pero ningún crujido había hecho acto de presencia. Algo estaba haciendo mal, todo concretamente, pero eso no hacía que se detuviera ni un solo instante. El sudor, el dolor y el cansancio, es algo que lo había acompañado desde que era aun más pequeño, estaba acostumbrado a sufrirlo y a vivir con él, formaba parte de su día a día. <br />
<br />
El primer día acabó con unos brazos que se sentían como si tuviese que levantar a pulso dos anclas que arrastraban sacos de arena por el mar. <br />
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Las horas se convirtieron en días y los entrenamientos en aprendizaje. Aprender sobre su propio cuerpo, sus propios límite y no tan solo a dar mamporros, aunque su personalidad por suerte, y desgracia para otros, no había cambiado un ápice, sin embargo algo se estaba gestando en las entrañas. Sira se pasó el resto de días haciendo sus propias prácticas, sus propias katas y entreno, pero sin perder de vista al luchado, al que corregía constantemente en sus formas de moverse, en su manera de golpear. Unas correcciones que hacían sentir al joven parte de aquellas explicaciones que recibió en un inicio. Aquellas vibraciones con el devenir de los días se fueron haciendo cada vez más reales, un poder cada vez más tangible. El primer mini crujido fue de lo más sonoro en cuanto se produjo, algo que celebraron ambos luchadores, como si hubiesen acabado con el hambre en el mundo. Desde ese primer instante, Matcha comenzó a instruir la primera de las numerosas técnicas, un potente cabezazo capaz de atravesar una muralla de acero, o eso decía ella. <br />
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<hr class="mycode_hr" />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Bueno, ya has aprendido el primer movimiento, es hora de que lo pongas en práctica Kai, no me decepciones</span></span> - Tras un par de días, salían nuevamente de la estructura, el dojo custodiado por Sira Matcha, primer estandarte del Hasshoken. La brisa soplaba ligeramente, la hierba a los pies de ambos se mecían con una inusitada calma. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Creo que voy a necesitar un cerebro nuevo, me lo has destrozado</span></span> - Una broma que no era broma, y es que sobre la cara, cuerpo y cabeza del peliblanco se podían ver apósitos, moratones e incluso vendas resguardando zonas muy concretas, había entrenado duro. Ambos se posicionaron alejados diez metros el uno del otro, estaban listos para dar comienzo a la contienda.<br />
<br />
Sira, quien llevaba sus manos entrelazadas tras la espalda de repente cambiaría por completo su porte y presencia. Su cuerpo se adelantó y bajó, buscando un centro de gravedad más bajo y estable. Sus manos resguardadas y bien posicionadas, para darle un equilibrio mayor, sus piernas flexionadas para moverse y reaccionar en cualquier momento. Pero su cara... - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¡Joder! ¡Que miedo das!</span></span> - Los ojos de la chica se clavaron sobre los de Kai como si con ello lo pudiese matar. El joven sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal como un rayo. <br />
<br />
Alzó ligeramente la guardia con sus maugullados puños, bajo su centro de gravedad y preparó sus piernas para saltar hacia delante en cuanto se diese el pistoletazo de salida. Sira no esperó nada, aquella mujer que parecía más una bestia hambrienta se lanzó hacia delante directamente. Saltó hacia delante casi en horizontal, con la cabeza por delante y Kai la imitó un segundo más tarde. -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¡Buto! </span></span>- Espetó el luchador callejero. Ambas cabezas colapsaron en el mismo punto de la trayectoria, era prácticamente como ver a dos rinocerontes embestirse mutuamente. Ninguno quiso ceder, Sira con su orgullo de maestra del Hasshoken, y Kai con el orgullo de haber estado tanto tiempo intentando aprender una nueva técnica, un nuevo estilo para pelear. La cabeza del luchador callejero comenzaba a ceder, al fin y al cabo acaba de aprender a como se usaba esa forma de pelear, esos movimientos y, sobre todo, los nuevos conceptos. No era tan fácil asimilar algo tan complejos como el uso de vibraciones internas. Sira siguió apretando, flexionó más aun sus piernas y comenzó un segundo envite que empezaría a despejar de la ecuación al peliblanco, que saldría un par de metros hacia atrás, rechazado por la fuerza del golpe.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
''Se produjo un choque tan bestial, que lo siguiente que recuerdo, es un fundido a negro... Ay, mi cabeza...'']]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente relativo] Sudando al gota gorda]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3606</link>
			<pubDate>Mon, 27 Apr 2026 22:18:13 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=762">Alex Arceo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3606</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">55 de Otoño Año 17<br />
Isla Karate<br />
En algun lugar de un gran país….</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La isla de Karate realmente era una extraña para el gigante que hoy vestía el traje de civil, ciertamente desconcertaba que todos estuvieran entrenando sus técnicas y habilidades para poder crecer en fuerza y espíritu… es algo que el no comprendía, sobre todo… porque no entendía, sin embargo, se había mentalizado y mediante el apoyo de otro marine que si sabia leer y hablar, este había sido “inscrito” en algo así como un entrenamiento grupal para averiguar quién podría ser digno del “maestro” …<br />
<br />
Alex esperaba sentado bajo el cuadrilátero, justo dos personas adultas de gran robustes y calvas, peleaban a lo que parecía “muerte” pero no era mas que esfuerzo y dedicación… era apantallante lo que el simple hecho de entrenar el físico y el espíritu podrían lograr, fue cuestión de minutos que una patada con giro lanzo por los aires a uno de los monjes y este saldría despedido fuera del cuadrilátero, se reverenciarían aun después de la derrota y luego abandonarían el espacio.<br />
<br />
Alex esperaba pacientemente, un viejo muy delgado, encorvado, barba blanca gigantesca y una túnica dorada era el que seleccionaba a los siguientes en la lista.<br />
<br />
El anciano seleccionaría con su anciano dedo a Alex, el gigante se levantaría de la posición en la que estaba… y con pequeños pasos, uno detrás de otro mientras temblaba la arena… el gigante se encontraría ya en la plataforma, sin casi ninguna palabra… solo esperaba en posición para ver quien sería su retador.<br />
<br />
El viento soplaba calmo y el sol del cielo era amable, no había ni un indicio de nubes o mal clima, el ambiente era perfecto, el espacio era reducido… 100 metros por 100 metros ¿Qué clase de conveniente cuadrilátero es ese? No lo sabemos, pero simplemente era de esas medidas.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/5e4SgpU.jpeg" loading="lazy"  width="800" height="600" alt="[Imagen: 5e4SgpU.jpeg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En las gradas había bastante gente disfrutando de sus alimentos o simplemente degustando de la vista, después de todo, no era un evento oficial y realmente podrían pasar muchas cosas en ese lugar…<br />
Había reglas, nada de daños mortales bajo pena del gran maestro que en ese momento era el réferi… y nada de golpes bajos.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">55 de Otoño Año 17<br />
Isla Karate<br />
En algun lugar de un gran país….</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La isla de Karate realmente era una extraña para el gigante que hoy vestía el traje de civil, ciertamente desconcertaba que todos estuvieran entrenando sus técnicas y habilidades para poder crecer en fuerza y espíritu… es algo que el no comprendía, sobre todo… porque no entendía, sin embargo, se había mentalizado y mediante el apoyo de otro marine que si sabia leer y hablar, este había sido “inscrito” en algo así como un entrenamiento grupal para averiguar quién podría ser digno del “maestro” …<br />
<br />
Alex esperaba sentado bajo el cuadrilátero, justo dos personas adultas de gran robustes y calvas, peleaban a lo que parecía “muerte” pero no era mas que esfuerzo y dedicación… era apantallante lo que el simple hecho de entrenar el físico y el espíritu podrían lograr, fue cuestión de minutos que una patada con giro lanzo por los aires a uno de los monjes y este saldría despedido fuera del cuadrilátero, se reverenciarían aun después de la derrota y luego abandonarían el espacio.<br />
<br />
Alex esperaba pacientemente, un viejo muy delgado, encorvado, barba blanca gigantesca y una túnica dorada era el que seleccionaba a los siguientes en la lista.<br />
<br />
El anciano seleccionaría con su anciano dedo a Alex, el gigante se levantaría de la posición en la que estaba… y con pequeños pasos, uno detrás de otro mientras temblaba la arena… el gigante se encontraría ya en la plataforma, sin casi ninguna palabra… solo esperaba en posición para ver quien sería su retador.<br />
<br />
El viento soplaba calmo y el sol del cielo era amable, no había ni un indicio de nubes o mal clima, el ambiente era perfecto, el espacio era reducido… 100 metros por 100 metros ¿Qué clase de conveniente cuadrilátero es ese? No lo sabemos, pero simplemente era de esas medidas.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/5e4SgpU.jpeg" loading="lazy"  width="800" height="600" alt="[Imagen: 5e4SgpU.jpeg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En las gradas había bastante gente disfrutando de sus alimentos o simplemente degustando de la vista, después de todo, no era un evento oficial y realmente podrían pasar muchas cosas en ese lugar…<br />
Había reglas, nada de daños mortales bajo pena del gran maestro que en ese momento era el réferi… y nada de golpes bajos.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC][Entrenamiento] Sin tiempo para más, corré tiburoncin]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3349</link>
			<pubDate>Wed, 04 Mar 2026 15:05:31 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=720">Mizuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3349</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 36 de Verano, Año 17</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Localización: Isla Karate, Interior del Dojo del Hasshoken. Pasada la medianoche.</span></span></div>
La brisa nocturna soplaba con una frescura reconfortante, colándose por las puertas abiertas del sobrio dojo de madera y piedra para barrer el polvo acumulado durante la jornada. Atrás había quedado el ensordecedor ruido de la roca estallando y la tensión de las lecciones a vida o muerte; ahora, el ambiente vibraba, pero al ritmo relajado de una celebración improvisada. Sentada con las fornidas piernas cruzadas sobre un cojín que parecía ridículamente pequeño bajo su inmensa anatomía de tiburón tigre, Mizuki devoraba un enorme cuenco de estofado picante. Su frente magullada lucía un espeso parche de hierbas medicinales que la pequeña maestra le había aplicado hace un rato con tanta brusquedad marcial como innegable eficacia.<br />
<br />
A su lado, Sira Matcha bebía té de un pequeño cuenco de porcelana humeante. Sin la sudadera rosa pastel, vistiendo solo su camiseta blanca deportiva, la joven pelirroja de la interminable trenza parecía aún más diminuta y frágil junto a los más de dos metros treinta de pura musculatura ocre atigrada. Sin embargo, Mizuki ya conocía perfectamente la bestia letal que habitaba en ese pequeño cuerpo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Para ser una mujer que hace temblar montañas enteras con las manos desnudas, tiene una habilidad excelente para la cocina y los emplastos curativos. Este estofado ardiente está devolviéndole la vida a mi pobre cerebro... aunque la charla es lo que más aprecio. Es bueno poder bajar la guardia y tener un momento normal después de tanta destrucción masiva.-</span></span> pensó la mujer de escleróticas negras, relamiéndose los afilados colmillos mientras dejaba el cuenco vacío en el suelo de madera, haciendo tintinear suavemente los grilletes pulidos y sin cadenas de sus muñecas en un gesto de absoluta relajación.<br />
<br />
-Sabes, gigantona... a veces todo esto resulta francamente agotador.- suspiró Sira de repente, rompiendo el silencio nocturno con un tono inusualmente plácido, revelando por completo esa faceta inocente y apacible que escondía bajo su frenesí de combate -Todos los que logran subir hasta esta ladera buscando los secretos del Hasshoken son exactamente iguales. Puros cabezas de músculo, hombres enormes y sudorosos con egos frágiles que solo quieren aprender a golpear más fuerte para presumir en sus barcos o destrozar tabernas.-<br />
<br />
La pelirroja apoyó la mejilla en su pálida mano, mirando de reojo a la imponente gyojin mientras su flequillo con corte de sierra caía sobre sus ojos oscuros.<br />
<br />
-Y luego llegas tú. Otra enorme cabeza de músculo dispuesta a reventarse el cráneo contra un pilar de piedra a la primera de cambio.- continuó la maestra, aunque una pequeña y genuina sonrisa de camaradería se dibujó en su rostro -Pero admito que es un alivio tener al fin a otra chica por aquí, aunque seas una bestia marina escandalosa que me levanta del suelo sin permiso. Al menos tú tienes una convicción real para querer destrozar escudos con tu frente.-<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Le prometo que soy la cabeza de músculo más encantadora y educada que conocerá en su vida, señorita Matcha!-</span></span> rió Mizuki a mandíbula batiente, sirviéndose un poco de licor de arroz de una jarra de barro <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Además, nosotras las chicas del South Blue tenemos que apoyarnos. Si para honrar su dojo tengo que aprender a girar como un trompo asesino, que así sea. Hablando de eso... ¿cómo demonios se supone que mantenga la vibración constante si estoy dando vueltas por el aire? Siento que mi cerebro se va a convertir en una coctelera.-</span></span><br />
<br />
La expresión de Sira volvió a encenderse con esa inconfundible chispa técnica, acercándose un poco más a su alumna.<br />
<br />
-Ese es el verdadero y letal arte del Cabezazo Militar Giratorio.- explicó la joven, usando sus pequeñas manos para ilustrar la torsión en el aire -La fuerza centrífuga de tu masivo cuerpo girando multiplicará la penetración de la onda de choque, desgarrando todo a su paso. Pero si pierdes la concentración en la frecuencia por culpa del mareo, la vibración se dispersará por tu propio cuello y te romperás la columna vertebral al impactar. Tienes que convertir tu centro de gravedad en el ojo de un huracán: caos y velocidad absoluta por fuera, pero una calma vibratoria perfecta por dentro.-<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Entendido... ser el ojo del huracán. Suena aterradoramente poético y mortal.-</span></span> asintió la oji-azul con los ojos brillando de emoción, chocando amistosamente su vaso de licor contra el pequeño cuenco de té de su maestra <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Brindo por el caos, y por las cabezas de músculo con buen estilo! ¡Salud!-</span></span><br />
<br />
---Cuartos de invitados del Dojo del Hasshoken. Noche profunda.---<br />
<br />
La agradable velada de estofado picante y charlas de chicas llegó a su inevitable final cuando el cansancio acumulado de la jornada comenzó a pesar más que el propio cuerpo de la inmensa gyojin. Tras despedirse de la señorita Matcha con una reverencia mucho más suave y cuidadosa que de costumbre para no alterar el parche de hierbas medicinales en su frente, Mizuki se retiró hacia el modesto cuarto que la pequeña maestra pelirroja le había preparado. El suelo de madera crujía levemente bajo sus pesados pies descalzos, y el silencio nocturno de la montaña envolvió rápidamente el rústico dojo, dejando únicamente el susurro del viento cálido filtrándose por las rendijas de las paredes.<br />
<br />
Al dejarse caer sobre el amplio futón que Sira había improvisado uniendo varios colchones normales para intentar acomodar sus más de dos metros treinta de altura, la mujer tiburón tigre soltó un suspiro largo, ronco y profundamente liberador. Se frotó los anchos hombros de escamas ocre atigradas, sintiendo cómo cada fibra muscular de su masiva anatomía palpitaba al unísono tras tantas horas de estrés mecánico. El tintineo de los pulidos grilletes sin cadenas en sus muñecas resonó en la oscuridad de la habitación, un sonido metálico y familiar que contrastaba con el calor febril que aún irradiaba su piel.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Por todos los mares... si alguien me hubiera dicho hace unas semanas en Baterilla que mi cuerpo iba a soportar tanto castigo voluntario, me habría reído a carcajadas en su cara. Ha sido una locura tras otra desde que puse un pie en los dominios de esta montaña... Primero fue el estricto Batch Kalão, con su interminable orgullo verde y su obsesión absoluta por la postura y el centro de gravedad. Me hizo golpear el agua fría hasta que mis nudillos casi sangran para dominar el Uchimizu, y luego me convirtió en una mula de carga solo para que pudiera pulverizar esas cien tejas de arcilla de un solo golpe con el Hyakumaigawara seiken. Me enseñó a ser un cañón impecable, rígido y devastador... pero él mismo sabía que mi cráneo necesitaba su propio propósito.-</span></span> pensó la oji-azul, acomodando su pesada cola a un costado del futón para no tensar la zona lumbar mientras miraba el techo de madera en la penumbra.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Y ahora estoy aquí, en el sur, con la cabeza a punto de estallar pero vibrando de puro poder destructivo gracias a Sira. Esa pequeña bestia disfrazada de chica dulce y apacible me enseñó a convertir mis propios huesos en una onda de choque viva. El Cabezazo Militar... ignorar la resistencia física y destrozar cualquier escudo desde adentro. Ya no soy solo fuerza bruta chocando tontamente contra un muro, soy la frecuencia letal que lo derrumba. Y mañana... mañana me toca aprender a ser ese maldito "ojo del huracán" para dominar el Cabezazo Militar Giratorio. Dar vueltas en el aire a toda velocidad, mantener la vibración constante y multiplicar la fuerza centrífuga sin romperme la columna vertebral en el proceso. Sha sha sha... va a ser un desastre absurdamente doloroso y maravilloso al mismo tiempo.-</span></span><br />
<br />
La sonrisa dentada de Mizuki se fue desvaneciendo lentamente en la oscuridad, reemplazada por una expresión de absoluta placidez. El dolor sordo en sus nudillos rojizos y en su frente inflamada comenzó a adormecerse, arrullado por el persistente y casi imperceptible zumbido de las rocas de la ladera sur. Con un último parpadeo pesado, sus agudos ojos de esclerótica negra se cerraron por completo, rindiéndose finalmente ante el agotamiento abrumador. La gigantesca y letal guerrera se sumió en un sueño profundo y reparador, lista para que el amanecer trajera consigo un nuevo día de caos, rotaciones vertiginosas y aprendizaje marcial.<br />
<br />
El viento mañanero soplaba con una frescura cortante, barriendo la neblina nocturna que se aferraba a la escarpada ladera sur y colándose entre las ramas de los bonsáis milenarios con un susurro constante. A esa hora temprana, el mundo parecía suspendido en una quietud casi sagrada. Mientras el rústico dojo del Hasshoken aún descansaba en la penumbra del crepúsculo, los primeros y tímidos rayos del sol veraniego ya comenzaban a golpear la lejana y colosal cima de la Gran Montaña Central. La roca desnuda de las alturas se teñía de un dorado brillante y esperanzador, creando un contraste majestuoso con las sombras frías que todavía cubrían las edificaciones más bajas. Era una imagen de una paz absoluta, una postal imponente que invitaba a la contemplación, rota únicamente y de forma ocasional por los ecos lejanos de gritos marciales y golpes secos contra la madera; el inconfundible sonido de otros dojos a mayor altitud que, haciendo honor a su rigurosa disciplina, habían comenzado su actividad física incluso antes de que el cielo clareara del todo.<br />
<br />
En el interior del sobrio comedor de madera, Mizuki devoraba un abundante desayuno a base de arroz, pescado asado y una sopa de miso lo suficientemente espesa como para revivir a un muerto. La enorme mujer tiburón tigre masticaba con lentitud, saboreando el calor de la comida mientras su mente trabajaba a toda máquina. El parche de hierbas en su frente había reducido considerablemente la inflamación del día anterior, pero el verdadero reto de esa mañana no residía en el dolor físico, sino en la concentración absoluta.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-El ojo del huracán... girar a toda velocidad por fuera, pero mantener la vibración de la onda de choque estable por dentro. Si dejo que el mareo altere mi frecuencia antes del impacto, la fuerza centrífuga me romperá el cuello contra el acero en lugar de destruir el objetivo. Tengo que anclar mi mente de la misma forma que el maestro Batch Kalão me enseñó a anclar mis pies, pero esta vez... en el aire.-</span></span> pensaba la oji-azul, cerrando sus agudos ojos de esclerótica negra por unos segundos para visualizar el movimiento rotatorio perfecto, acompasando su respiración con el sutil zumbido que ya era parte natural de la ladera sur.<br />
<br />
Justo cuando el sol finalmente se asomó por encima de las formaciones rocosas orientales, bañando el patio del dojo con su luz cálida y marcando el final del desayuno, Sira Matcha se puso de pie. La pequeña maestra pelirroja volvía a vestir su engañosa sudadera rosa pastel, con su interminable trenza meciéndose suavemente con la brisa que entraba por las ventanas. A pesar de su apariencia de inocencia pura, su voz resonó con la autoridad de un general curtido en batalla cuando se dirigió a la media docena de estudiantes humanos de complexión robusta que compartían la sala en silencio.<br />
<br />
-¡Muy bien, cabezas de músculo, se acabó el descanso y la paz visual!- exclamó Sira, dando una palmada seca que hizo eco en las paredes de madera -Quiero que vayan al patio de entrenamiento y preparen los postes móviles. Cuelguen los pesados escudos de acero y ajusten los contrapesos de las cuerdas para que oscilen de forma rápida y errática. Nuestra invitada va a intentar el Cabezazo Militar Giratorio hoy, y si los blancos se quedan quietos o son demasiado fáciles de predecir, no aprenderá absolutamente nada de la fuerza centrífuga. ¡Muévanse, antes de que decida usarlos a ustedes como blancos de prueba vivos para sus vibraciones!-<br />
<br />
Los fornidos estudiantes palidecieron levemente ante la amenaza nada velada de su adorable maestra, asintieron con marcado nerviosismo y salieron disparados hacia el exterior para cumplir las órdenes antes de que su sangre comenzara a hervir.<br />
<br />
Mizuki apuró el último sorbo de su cuenco, lo dejó sobre la mesa y se puso de pie, haciendo que su masiva estatura de más de dos metros treinta eclipsara la luz dorada de la mañana. El tintineo de los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas anunció su inminente preparación para la brutal jornada.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! Escudos de acero en movimiento errático para empezar el día... suena exactamente como el desayuno de los campeones, señorita Matcha.-</span></span> sonrió la gyojin, mostrando sus afilados colmillos con una mezcla de emoción y peligro desbordante <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Deme solo un minuto para estirar esta pesada cola mía y le prometo que saldré a hacer volar esos escudos en mil pedazos!-</span></span><br />
<br />
El patio de tierra batida se había transformado en un caótico campo de péndulos letales. Del robusto entramado de madera que los fornidos estudiantes habían ensamblado a toda prisa, colgaban gruesas cuerdas que sostenían pesados escudos de acero. Los contrapesos estaban ajustados de forma deliberadamente irregular, haciendo que los pedazos de metal oscilaran con trayectorias impredecibles, cruzándose entre sí con un zumbido cortante que amenazaba con golpear a cualquiera que se atreviera a caminar por el medio.<br />
<br />
Sira Matcha se paró al borde del circuito, con las manos en los bolsillos de su sudadera rosa pastel y la mirada afilada fija en la mujer tiburón tigre.<br />
<br />
-Escúchame bien, gigantona.- ordenó la pelirroja, alzando la voz por encima del crujido de las cuerdas -Si intentas aplicar la vibración y destrozar el acero en tu primer giro, te garantizo que la fuerza centrífuga combinada con un blanco móvil te partirá el cuello en dos. Hoy no quiero cráteres ni explosiones. Quiero que saltes, gires en el aire y simplemente toques el centro de los escudos con tu frente. Encuentra el ritmo del caos antes de intentar dominarlo.-<br />
<br />
Mizuki asintió con seriedad, frotándose suavemente el parche de hierbas en su frente. Se plantó frente al circuito, separó sus anchas piernas ocre y clavó la mirada en los impredecibles destellos del acero bajo el sol naciente.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Tocar, no destruir. Suena absurdamente fácil para alguien que ayer pulverizó un monolito, pero... dar vueltas en el aire con este cuerpo masivo es otra historia. Si no pego mi cola a la cintura, el peso extra me sacará de eje. Tengo que encontrar el ojo del huracán, ese centro de calma absoluta mientras el mundo da vueltas a mi alrededor.-</span></span> razonó la oji-azul, apretando los dientes y flexionando las rodillas.<br />
<br />
Con un impulso que levantó una nube de polvo, Mizuki saltó. En el aire, contrajo sus músculos y usó la fuerza de su cadera para iniciar una rotación veloz. El mundo se convirtió en un borrón de colores: el cielo azul, la tierra marrón, los rostros pálidos de los estudiantes y los destellos plateados de los escudos. El mareo intentó apoderarse de ella al instante, pero forzó a sus ojos de esclerótica negra a enfocarse solo en el objetivo más cercano. Extendió el cuello milimétricamente. ¡Clink! Su frente apenas rozó la superficie de un escudo antes de que la gravedad la devolviera al suelo. Aterrizó pesadamente, tambaleándose un par de pasos hacia atrás mientras el tintineo desordenado de sus grilletes delataba su falta de equilibrio.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha... wow! ¡Eso marea muchísimo más de lo que parece, señorita Matcha!-</span></span> exclamó, sacudiendo la cabeza para espantar la bruma, pero sin perder la enorme sonrisa dentada.<br />
<br />
Durante la siguiente hora, la escena se repitió decenas de veces. Saltos, giros bruscos y aterrizajes torpes. Sin embargo, la formidable capacidad de adaptación de la gyojin comenzó a dar frutos. Poco a poco, el mareo dejó de desorientarla. Su cerebro atigrado se acostumbró a la rotación vertiginosa, aislando el caos externo y permitiéndole calcular la trayectoria errática de los blancos. Los roces (¡Clink! ¡Clink!) se volvieron constantes y precisos.<br />
<br />
Sintiéndose finalmente dueña de su propio eje rotatorio, Mizuki decidió que era hora de subir la apuesta. En su siguiente salto, no solo buscó tocar. Inhaló profundamente, intentando invocar el zumbido vibratorio en su pecho mientras giraba a máxima velocidad hacia un escudo que venía directo hacia ella.<br />
<br />
El impacto sonó como un campanazo brutal. ¡BOONG! El pesado escudo de acero salió disparado hacia atrás, tensando la cuerda hasta el límite y haciendo crujir el marco de madera. Mizuki aterrizó de pie, esta vez con una firmeza impecable, anclando su pesada cola en la tierra. Estaba intacta. No se había roto el cuello ni la columna, pero al palpar su frente, frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Logré golpearlo con fuerza real y mi cuerpo resistió la torsión sin problemas... pero fui solo un martillo dando vueltas. En el momento en que me concentré en el impacto giratorio, perdí el control de la respiración y la vibración interna se esfumó por completo. El acero ni siquiera tembló por dentro, solo lo empujé con pura fuerza bruta.-</span></span> se lamentó internamente, resoplando con frustración.<br />
<br />
Sira Matcha aplaudió un par de veces de forma lenta y sarcástica, caminando hacia ella.<br />
-Felicidades, bestia marina. Has logrado dar un cabezazo normal dando vueltas sin decapitarte a ti misma.- sentenció la pequeña maestra, aunque sus ojos oscuros mostraban un genuino reconocimiento por el avance físico -El ritmo y la inercia ya son tuyos. Ahora, el verdadero infierno comienza: tienes que lograr meter el Hasshoken dentro de ese giro sin perder la cabeza.-<br />
<br />
El sol veraniego escalaba sin piedad hacia el cénit, calentando la tierra batida del patio hasta convertirla en un horno polvoriento. El sonido constante de los pesados escudos de acero cortando el viento como péndulos desquiciados se mezclaba con la respiración ronca y agitada de la inmensa mujer tiburón tigre. El sudor empapaba la camisa negra de Mizuki, haciendo que la tela se adhiriera a su masiva musculatura ocre atigrada. Había perdido la cuenta de cuántas veces se había lanzado al aire en la última hora. Sus saltos y rotaciones ya eran fluidos, su equilibrio en el aire era impecable, pero el verdadero objetivo —la letal onda de choque— seguía escabulléndose de su frente en el momento crítico.<br />
Con un gruñido gutural, la gyojin se impulsó una vez más. Contrajo sus fornidas piernas y su pesada cola para iniciar el giro, cerrando sus agudos ojos azules de esclerótica negra. Inhaló profundamente, forzando a su diafragma a generar ese zumbido interno que Sira le había enseñado. Lo sintió nacer en su pecho, subir por su cuello... pero en cuanto la fuerza centrífuga de sus más de dos metros treinta de masa corporal entró en acción, el caos físico la traicionó.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¡Maldita sea, no se queda en mi cabeza! La velocidad del giro está arrastrando la vibración hacia afuera... Siento cómo el zumbido se escapa por mis hombros, baja por mis brazos y termina disipándose en la punta de mi cola antes de que mi frente siquiera toque el maldito acero. Es como intentar sostener agua entre los dedos mientras vas a toda velocidad en un bote.-</span></span> pensó Mizuki con profunda frustración, abriendo los ojos justo antes del impacto.<br />
¡CLANG! Su cráneo chocó violentamente contra uno de los escudos móviles. El golpe fue brutalmente fuerte por el puro peso y la inercia, aboyando la superficie metálica con un estruendo ensordecedor que hizo tintinear frenéticamente los pulidos grilletes de sus muñecas, pero no hubo onda de choque. No hubo destrucción molecular. Aterrizó pesadamente, frotándose la frente inflamada y soltando un bufido de vapor por la nariz.<br />
-Estás sangrando energía por todos lados, gigantona.- la voz tajante de Sira Matcha cortó el aire polvoriento. La pequeña maestra pelirroja caminó entre los péndulos oscilantes con una facilidad pasmosa, esquivando el acero letal sin siquiera mirar. Se detuvo frente a Mizuki, con los brazos cruzados sobre su sudadera rosa pastel y el ceño fruncido. -La física básica te está ganando. La fuerza centrífuga empuja la masa hacia el exterior. Si dejas tus extremidades sueltas, tu zumbido viaja hacia ellas y abandona tu centro. Eres una batidora rota esparciendo la masa por toda la cocina.-<br />
Mizuki parpadeó, asimilando la cruda y acertada metáfora culinaria de su fiera instructora.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Tiene toda la razón, señorita Matcha! Cuando giro rápido, mis brazos y mi cola intentan separarse de mi cuerpo por puro instinto para mantener el balance, y la maldita vibración se va con ellos.-</span></span> admitió la mujer de escleróticas negras, apretando sus rojizos nudillos y adoptando una postura más rígida <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Entonces... si el giro expulsa la energía, tengo que convertirme en un bloque absoluto. Nada de extremidades sueltas. Tengo que apretar todo hacia adentro hasta que la única salida para la presión sea la punta de mi cabeza.-</span></span><br />
-Exacto. Tienes que ser el ojo del huracán, no los escombros volando a su alrededor.- sentenció Sira, una sonrisa afilada y llena de anticipación asomando en su rostro inocente -Pega esos brazos a tu torso. Enrosca esa pesada cola atigrada alrededor de tu cintura como si fuera un cinturón de acero. Compacta tu inmensidad. Haz que el zumbido no tenga adónde escapar más que hacia el blanco. Si lo logras, el acero se convertirá en papel mojado.-<br />
Mizuki asintió con una determinación ardiente. La frustración se evaporó, reemplazada por la adrenalina del reto final. Respiró hondo, llevando sus enormes manos hacia sus costados y tensando su cola atigrada hasta envolverla firmemente alrededor de su propio vientre, convirtiendo su gigantesca silueta en un proyectil sólido y denso.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Muy bien, pedazos de chatarra oscilante! ¡Vamos a ver si pueden soportar la presión del fondo del mar!-</span></span> rugió Mizuki, fijando su mirada depredadora en el escudo más grande y pesado del circuito, lista para el salto definitivo.<br />
<br />
El calor del mediodía caía a plomo sobre el patio de tierra batida, pero la inmensa mujer tiburón tigre ya no sentía la temperatura exterior. Envuelta sobre sí misma, con sus masivos brazos pegados a las costillas y su pesada cola atigrada enroscada firmemente alrededor de su cintura como un cinturón de acero, Mizuki se había convertido en un monolito de tensión pura. Fijó sus agudos ojos azules de esclerótica negra en el péndulo central: un escudo de acero grueso y abollado que oscilaba hacia ella con una inercia letal.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-El ojo del huracán. Nada escapa. Toda la presión hacia el centro... hacia mi frente. ¡Ahora!-</span></span> rugió en su mente la gyojin, contrayendo las fornidas piernas y disparándose hacia el aire como un misil ocre.<br />
<br />
En el vértice de su salto, inició la rotación. El mundo volvió a desdibujarse en un torbellino vertiginoso, pero esta vez, Mizuki no permitió que la fuerza centrífuga dispersara su energía. Apretó los dientes, conteniendo la respiración, y sintió cómo el zumbido sordo del Hasshoken, atrapado en su núcleo, subía furiosamente por su cuello hasta concentrarse en su placa ósea frontal. Era una presión agónica, un taladro invisible a punto de estallar.<br />
<br />
El escudo se cruzó en su trayectoria rotatoria. El impacto fue milimétrico.<br />
<br />
¡BAAANG!<br />
<br />
El sonido no fue el crujido de metal desgarrándose desde adentro que Mizuki esperaba. Fue una detonación sorda, como el disparo de un cañón de asedio. En lugar de pulverizarse o abollarse profundamente, el macizo escudo de acero fue arrancado de cuajo de sus gruesas cuerdas de cáñamo. El pesado metal salió despedido por los aires a una velocidad absurda, cruzando todo el patio de entrenamiento hasta estrellarse violentamente contra el muro perimetral de piedra, incrustándose a medias en la roca y levantando una nube de polvo y escombros.<br />
<br />
Mizuki completó su giro y aterrizó con una agilidad sorprendente, anclando sus pies descalzos en la tierra batida. El tintineo de sus grilletes pulidos y sin cadenas resonó en el silencio repentino que se apoderó del dojo. La gyojin parpadeó, completamente desconcertada, mirando su frente intacta y luego el escudo incrustado a treinta metros de distancia.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¿Pero qué demonios...? La vibración estaba ahí, la sentí perfectamente concentrada. El golpe fue impecable, la rotación fue exacta... pero el metal no estalló por dentro. Lo mandé a volar como si fuera una simple pelota de trapo. Eso no tiene sentido, la onda de choque debió atravesarlo...-</span></span> pensó la oji-azul, rascándose la cabeza con una de sus enormes manos, genuinamente confundida.<br />
<br />
Desde el borde del circuito, el sonido de unos aplausos lentos y deliberadamente rítmicos rompió el silencio. Sira Matcha caminaba hacia ella, con una sonrisa afilada y sumamente satisfecha dibujada en su rostro de apariencia inocente.<br />
<br />
-Una ejecución mecánicamente perfecta, gigantona. Lograste contener la vibración en tu núcleo durante todo el giro.- la felicitó la pequeña maestra pelirroja, deteniéndose a los pies de la inmensa gyojin -Sin embargo, notaste que a tu obra de arte le faltó el final explosivo, ¿verdad?-<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Sí, señorita Matcha! ¡Fue un buen vuelo, pero yo quería ver ese pedazo de chatarra desintegrarse! ¿Qué hice mal? ¡Le juro que apreté todo mi cuerpo!-</span></span> preguntó Mizuki, inclinándose hacia adelante con ansias de aprender.<br />
<br />
-No hiciste nada mal. Simplemente caíste en mi pequeña trampa.- reveló Sira con un tono peligrosamente divertido, arreglándose el flequillo con corte de sierra -Omití intencionalmente un pequeño y letal detalle sobre el Cabezazo Militar Giratorio. Cuando combinas la rotación a alta velocidad con la vibración, no solo generas daño interno... generas una fuerza de empuje monumental, un retroceso direccional que solo se manifiesta cuando la técnica está bien ejecutada. Lo que acaba de pasar es que la fuerza de empuje mandó a volar al escudo una fracción de segundo antes de que la vibración tuviera tiempo de viajar a través del acero para destruirlo.-<br />
<br />
Los ojos de Mizuki se abrieron de par en par, asimilando la endiablada complejidad del asunto.<br />
<br />
-Esa es la última capa de esta técnica.- continuó la joven de la sudadera rosa pastel, señalando con su dedo pálido la frente magullada de la gyojin -Debes sincronizar la frecuencia. Tienes que lograr que el pico de la onda de choque molecular ocurra en el microsegundo exacto del impacto, antes de que la fuerza cinética del empuje aleje a tu objetivo. Si lo logras, el enemigo no solo saldrá volando, sino que sus huesos y su armadura estallarán mientras está en el aire. Es el caos definitivo.-<br />
<br />
La frustración inicial de Mizuki se evaporó instantáneamente, reemplazada por una carcajada ruidosa y feroz que hizo eco en toda la ladera sur.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Usted es una pequeña bestia tramposa y brillante, maestra! ¡Una capa más de dificultad justo cuando creía tenerlo!-</span></span> exclamó la enorme mujer ocre, haciendo chocar sus puños enguantados en polvo <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Pues ponga a sus muchachos a colgar más escudos! ¡Me niego a irme de esta montaña hasta que logre hacer estallar uno de esos pedazos de metal antes de que toque el muro!-</span></span><br />
<br />
El sol comenzaba su lento descenso hacia el oeste, tiñendo el cielo de un naranja intenso, pero en el patio del dojo, la temperatura seguía en su punto de ebullición. Los fornidos estudiantes acababan de colgar un nuevo y macizo escudo de acero, mirándose de reojo con una mezcla de terror y fascinación. En el centro del circuito, Mizuki respiraba con una calma antinatural. Había asimilado la última y tramposa lección de su pequeña maestra. Ya no se trataba solo de ser el ojo del huracán o de contener la energía; ahora era una cuestión de relojería letal. Tenía que inyectar el veneno vibratorio en el acero una milésima de segundo antes de que la monstruosa fuerza física de su giro lo mandara a volar.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Concentración absoluta. No puedo dejar que el ansia de golpear me gane. Primero la onda, luego el empuje. Como si mi frente fuera una aguja hueca inyectando presión pura antes de detonar. ¡Un, dos, tres... ahora!-</span></span><br />
<br />
Con una explosión de polvo bajo sus pies descalzos, la gigantesca mujer tiburón tigre se lanzó al aire. Pegó sus fornidos brazos al torso y enroscó su pesada cola atigrada como un cinturón de acero, convirtiéndose nuevamente en un proyectil sólido. El zumbido sordo del Hasshoken nació en su núcleo, pero esta vez, Mizuki no lo dejó estancarse en su frente; lo mantuvo pulsando, esperando el gatillo perfecto.<br />
<br />
La rotación vertiginosa la encontró de cara al pesado escudo oscilante. El impacto ocurrió en un parpadeo, pero para Mizuki, el tiempo pareció congelarse. Su cráneo conectó con el metal. En ese microsegundo, liberó toda la frecuencia vibratoria acumulada de golpe, sintiendo cómo atravesaba la densidad del acero, y justo una fracción de segundo después, dejó que la inercia centrífuga de sus más de dos metros treinta hiciera el resto.<br />
<br />
El sonido fue espeluznante. No fue un simple golpe metálico; fue un chillido agónico seguido de un trueno. ¡SHRIII-BOOOOM!<br />
<br />
El macizo escudo de acero fue arrancado de las cuerdas por la brutal fuerza de empuje, pero no voló intacto como la vez anterior. Apenas a tres metros de haber iniciado su trayectoria por los aires, la vibración interna alcanzó su punto crítico. El metal se deformó grotescamente sobre sí mismo, desgarrándose desde el núcleo con un estallido sordo, lloviendo fragmentos de metralla retorcida sobre la tierra batida del patio mucho antes de siquiera acercarse al muro perimetral.<br />
<br />
Mizuki aterrizó con una gracia pesada, anclando sus piernas y haciendo tintinear victoriosamente los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas. Parpadeó, mirando la lluvia de metal con la boca entreabierta, genuinamente pasmada por la absoluta devastación que acababa de generar.<br />
<br />
Sira Matcha, que había estado observando desde el borde con los brazos cruzados y su habitual sonrisa de superioridad, dejó caer su fachada por completo. Los grandes ojos oscuros de la pequeña pelirroja se abrieron de par en par, y sus labios formaron una perfecta "O" de asombro. Jamás, en toda su vida como instructora, había visto a una "cabeza de músculo" asimilar la sincronización milimétrica del Cabezazo Militar Giratorio en tan pocos intentos. Era una monstruosidad biomecánica.<br />
<br />
-Por todos los santos cielos... lo lograste.- murmuró Sira, casi para sí misma, antes de sacudir la cabeza, arreglarse el flequillo con corte de sierra y caminar hacia la gyojin, recuperando a duras penas su compostura autoritaria -Tienes un talento absolutamente aterrador para la destrucción, gigantona. Esa sincronización fue... impecable.-<br />
<br />
La sorpresa de Mizuki se transformó en una carcajada tan ruidosa y vibrante que hizo temblar las hojas de los bonsáis cercanos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Lo vi! ¡Lo sentí! ¡Esa maldita chatarra estalló desde adentro mientras salía volando!-</span></span> exclamó la oji-azul, rebosante de adrenalina. Esta vez, recordando la advertencia de la noche anterior, contuvo el impulso de levantar a su maestra por los aires y, en su lugar, se inclinó en una reverencia profunda, formal y cargada de un respeto absoluto <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡No tengo palabras para agradecerle, señorita Matcha! Ha convertido mi cráneo denso y terco en el arma más letal de todo mi arsenal. Su paciencia, sus trampas y su genialidad son inigualables.-</span></span><br />
<br />
La joven de la sudadera rosa pastel sonrió de medio lado, cruzando los brazos nuevamente, claramente complacida por el respeto de aquella bestia marina.<br />
<br />
-Más te vale no ir por ahí diciendo que mi entrenamiento fue suave, Mizuki. Si alguien te pregunta, diles que el Hasshoken te rompió los huesos y te hizo llorar.- bromeó Sira con esa chispa competitiva en los ojos -Supongo que ahora que eres un cañón giratorio, finalmente te irás de mi montaña, ¿no?-<br />
<br />
Mizuki asintió, irguiéndose y caminando hacia el rincón del patio donde descansaba su gigantesco estuche de contrabajo y su mochila. Se colgó el pesado equipaje a la espalda, ajustando las gruesas correas de cuero sobre sus escamas ocre.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Así es, mi tiempo aquí se ha agotado. Esta isla forjó mis colmillos, pero tengo asuntos importantes esperándome en el mar.-</span></span> respondió la gyojin, con una mirada teñida de nostalgia pero también de una feroz determinación <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Debo regresar de inmediato a la isla Baterilla. Mis amigos me están esperando, y ya he estado ausente demasiado tiempo. Hay promesas que cumplir y gente a la que proteger, y ahora... estoy más que lista para hacerlo a cabezazo limpio si hace falta.-</span></span><br />
<br />
-Entonces no pierdas más tiempo.- le despidió Sira Matcha, levantando una mano pálida a modo de saludo mientras el viento del atardecer mecía su interminable trenza -Ve a Baterilla, gigantona. Y si te encuentras con algún oficial de la Marina o algún pirata engreído con un escudo demasiado grueso... hazlos vibrar hasta que se arrepientan de haber nacido.-]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 36 de Verano, Año 17</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Localización: Isla Karate, Interior del Dojo del Hasshoken. Pasada la medianoche.</span></span></div>
La brisa nocturna soplaba con una frescura reconfortante, colándose por las puertas abiertas del sobrio dojo de madera y piedra para barrer el polvo acumulado durante la jornada. Atrás había quedado el ensordecedor ruido de la roca estallando y la tensión de las lecciones a vida o muerte; ahora, el ambiente vibraba, pero al ritmo relajado de una celebración improvisada. Sentada con las fornidas piernas cruzadas sobre un cojín que parecía ridículamente pequeño bajo su inmensa anatomía de tiburón tigre, Mizuki devoraba un enorme cuenco de estofado picante. Su frente magullada lucía un espeso parche de hierbas medicinales que la pequeña maestra le había aplicado hace un rato con tanta brusquedad marcial como innegable eficacia.<br />
<br />
A su lado, Sira Matcha bebía té de un pequeño cuenco de porcelana humeante. Sin la sudadera rosa pastel, vistiendo solo su camiseta blanca deportiva, la joven pelirroja de la interminable trenza parecía aún más diminuta y frágil junto a los más de dos metros treinta de pura musculatura ocre atigrada. Sin embargo, Mizuki ya conocía perfectamente la bestia letal que habitaba en ese pequeño cuerpo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Para ser una mujer que hace temblar montañas enteras con las manos desnudas, tiene una habilidad excelente para la cocina y los emplastos curativos. Este estofado ardiente está devolviéndole la vida a mi pobre cerebro... aunque la charla es lo que más aprecio. Es bueno poder bajar la guardia y tener un momento normal después de tanta destrucción masiva.-</span></span> pensó la mujer de escleróticas negras, relamiéndose los afilados colmillos mientras dejaba el cuenco vacío en el suelo de madera, haciendo tintinear suavemente los grilletes pulidos y sin cadenas de sus muñecas en un gesto de absoluta relajación.<br />
<br />
-Sabes, gigantona... a veces todo esto resulta francamente agotador.- suspiró Sira de repente, rompiendo el silencio nocturno con un tono inusualmente plácido, revelando por completo esa faceta inocente y apacible que escondía bajo su frenesí de combate -Todos los que logran subir hasta esta ladera buscando los secretos del Hasshoken son exactamente iguales. Puros cabezas de músculo, hombres enormes y sudorosos con egos frágiles que solo quieren aprender a golpear más fuerte para presumir en sus barcos o destrozar tabernas.-<br />
<br />
La pelirroja apoyó la mejilla en su pálida mano, mirando de reojo a la imponente gyojin mientras su flequillo con corte de sierra caía sobre sus ojos oscuros.<br />
<br />
-Y luego llegas tú. Otra enorme cabeza de músculo dispuesta a reventarse el cráneo contra un pilar de piedra a la primera de cambio.- continuó la maestra, aunque una pequeña y genuina sonrisa de camaradería se dibujó en su rostro -Pero admito que es un alivio tener al fin a otra chica por aquí, aunque seas una bestia marina escandalosa que me levanta del suelo sin permiso. Al menos tú tienes una convicción real para querer destrozar escudos con tu frente.-<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Le prometo que soy la cabeza de músculo más encantadora y educada que conocerá en su vida, señorita Matcha!-</span></span> rió Mizuki a mandíbula batiente, sirviéndose un poco de licor de arroz de una jarra de barro <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Además, nosotras las chicas del South Blue tenemos que apoyarnos. Si para honrar su dojo tengo que aprender a girar como un trompo asesino, que así sea. Hablando de eso... ¿cómo demonios se supone que mantenga la vibración constante si estoy dando vueltas por el aire? Siento que mi cerebro se va a convertir en una coctelera.-</span></span><br />
<br />
La expresión de Sira volvió a encenderse con esa inconfundible chispa técnica, acercándose un poco más a su alumna.<br />
<br />
-Ese es el verdadero y letal arte del Cabezazo Militar Giratorio.- explicó la joven, usando sus pequeñas manos para ilustrar la torsión en el aire -La fuerza centrífuga de tu masivo cuerpo girando multiplicará la penetración de la onda de choque, desgarrando todo a su paso. Pero si pierdes la concentración en la frecuencia por culpa del mareo, la vibración se dispersará por tu propio cuello y te romperás la columna vertebral al impactar. Tienes que convertir tu centro de gravedad en el ojo de un huracán: caos y velocidad absoluta por fuera, pero una calma vibratoria perfecta por dentro.-<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Entendido... ser el ojo del huracán. Suena aterradoramente poético y mortal.-</span></span> asintió la oji-azul con los ojos brillando de emoción, chocando amistosamente su vaso de licor contra el pequeño cuenco de té de su maestra <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Brindo por el caos, y por las cabezas de músculo con buen estilo! ¡Salud!-</span></span><br />
<br />
---Cuartos de invitados del Dojo del Hasshoken. Noche profunda.---<br />
<br />
La agradable velada de estofado picante y charlas de chicas llegó a su inevitable final cuando el cansancio acumulado de la jornada comenzó a pesar más que el propio cuerpo de la inmensa gyojin. Tras despedirse de la señorita Matcha con una reverencia mucho más suave y cuidadosa que de costumbre para no alterar el parche de hierbas medicinales en su frente, Mizuki se retiró hacia el modesto cuarto que la pequeña maestra pelirroja le había preparado. El suelo de madera crujía levemente bajo sus pesados pies descalzos, y el silencio nocturno de la montaña envolvió rápidamente el rústico dojo, dejando únicamente el susurro del viento cálido filtrándose por las rendijas de las paredes.<br />
<br />
Al dejarse caer sobre el amplio futón que Sira había improvisado uniendo varios colchones normales para intentar acomodar sus más de dos metros treinta de altura, la mujer tiburón tigre soltó un suspiro largo, ronco y profundamente liberador. Se frotó los anchos hombros de escamas ocre atigradas, sintiendo cómo cada fibra muscular de su masiva anatomía palpitaba al unísono tras tantas horas de estrés mecánico. El tintineo de los pulidos grilletes sin cadenas en sus muñecas resonó en la oscuridad de la habitación, un sonido metálico y familiar que contrastaba con el calor febril que aún irradiaba su piel.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Por todos los mares... si alguien me hubiera dicho hace unas semanas en Baterilla que mi cuerpo iba a soportar tanto castigo voluntario, me habría reído a carcajadas en su cara. Ha sido una locura tras otra desde que puse un pie en los dominios de esta montaña... Primero fue el estricto Batch Kalão, con su interminable orgullo verde y su obsesión absoluta por la postura y el centro de gravedad. Me hizo golpear el agua fría hasta que mis nudillos casi sangran para dominar el Uchimizu, y luego me convirtió en una mula de carga solo para que pudiera pulverizar esas cien tejas de arcilla de un solo golpe con el Hyakumaigawara seiken. Me enseñó a ser un cañón impecable, rígido y devastador... pero él mismo sabía que mi cráneo necesitaba su propio propósito.-</span></span> pensó la oji-azul, acomodando su pesada cola a un costado del futón para no tensar la zona lumbar mientras miraba el techo de madera en la penumbra.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Y ahora estoy aquí, en el sur, con la cabeza a punto de estallar pero vibrando de puro poder destructivo gracias a Sira. Esa pequeña bestia disfrazada de chica dulce y apacible me enseñó a convertir mis propios huesos en una onda de choque viva. El Cabezazo Militar... ignorar la resistencia física y destrozar cualquier escudo desde adentro. Ya no soy solo fuerza bruta chocando tontamente contra un muro, soy la frecuencia letal que lo derrumba. Y mañana... mañana me toca aprender a ser ese maldito "ojo del huracán" para dominar el Cabezazo Militar Giratorio. Dar vueltas en el aire a toda velocidad, mantener la vibración constante y multiplicar la fuerza centrífuga sin romperme la columna vertebral en el proceso. Sha sha sha... va a ser un desastre absurdamente doloroso y maravilloso al mismo tiempo.-</span></span><br />
<br />
La sonrisa dentada de Mizuki se fue desvaneciendo lentamente en la oscuridad, reemplazada por una expresión de absoluta placidez. El dolor sordo en sus nudillos rojizos y en su frente inflamada comenzó a adormecerse, arrullado por el persistente y casi imperceptible zumbido de las rocas de la ladera sur. Con un último parpadeo pesado, sus agudos ojos de esclerótica negra se cerraron por completo, rindiéndose finalmente ante el agotamiento abrumador. La gigantesca y letal guerrera se sumió en un sueño profundo y reparador, lista para que el amanecer trajera consigo un nuevo día de caos, rotaciones vertiginosas y aprendizaje marcial.<br />
<br />
El viento mañanero soplaba con una frescura cortante, barriendo la neblina nocturna que se aferraba a la escarpada ladera sur y colándose entre las ramas de los bonsáis milenarios con un susurro constante. A esa hora temprana, el mundo parecía suspendido en una quietud casi sagrada. Mientras el rústico dojo del Hasshoken aún descansaba en la penumbra del crepúsculo, los primeros y tímidos rayos del sol veraniego ya comenzaban a golpear la lejana y colosal cima de la Gran Montaña Central. La roca desnuda de las alturas se teñía de un dorado brillante y esperanzador, creando un contraste majestuoso con las sombras frías que todavía cubrían las edificaciones más bajas. Era una imagen de una paz absoluta, una postal imponente que invitaba a la contemplación, rota únicamente y de forma ocasional por los ecos lejanos de gritos marciales y golpes secos contra la madera; el inconfundible sonido de otros dojos a mayor altitud que, haciendo honor a su rigurosa disciplina, habían comenzado su actividad física incluso antes de que el cielo clareara del todo.<br />
<br />
En el interior del sobrio comedor de madera, Mizuki devoraba un abundante desayuno a base de arroz, pescado asado y una sopa de miso lo suficientemente espesa como para revivir a un muerto. La enorme mujer tiburón tigre masticaba con lentitud, saboreando el calor de la comida mientras su mente trabajaba a toda máquina. El parche de hierbas en su frente había reducido considerablemente la inflamación del día anterior, pero el verdadero reto de esa mañana no residía en el dolor físico, sino en la concentración absoluta.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-El ojo del huracán... girar a toda velocidad por fuera, pero mantener la vibración de la onda de choque estable por dentro. Si dejo que el mareo altere mi frecuencia antes del impacto, la fuerza centrífuga me romperá el cuello contra el acero en lugar de destruir el objetivo. Tengo que anclar mi mente de la misma forma que el maestro Batch Kalão me enseñó a anclar mis pies, pero esta vez... en el aire.-</span></span> pensaba la oji-azul, cerrando sus agudos ojos de esclerótica negra por unos segundos para visualizar el movimiento rotatorio perfecto, acompasando su respiración con el sutil zumbido que ya era parte natural de la ladera sur.<br />
<br />
Justo cuando el sol finalmente se asomó por encima de las formaciones rocosas orientales, bañando el patio del dojo con su luz cálida y marcando el final del desayuno, Sira Matcha se puso de pie. La pequeña maestra pelirroja volvía a vestir su engañosa sudadera rosa pastel, con su interminable trenza meciéndose suavemente con la brisa que entraba por las ventanas. A pesar de su apariencia de inocencia pura, su voz resonó con la autoridad de un general curtido en batalla cuando se dirigió a la media docena de estudiantes humanos de complexión robusta que compartían la sala en silencio.<br />
<br />
-¡Muy bien, cabezas de músculo, se acabó el descanso y la paz visual!- exclamó Sira, dando una palmada seca que hizo eco en las paredes de madera -Quiero que vayan al patio de entrenamiento y preparen los postes móviles. Cuelguen los pesados escudos de acero y ajusten los contrapesos de las cuerdas para que oscilen de forma rápida y errática. Nuestra invitada va a intentar el Cabezazo Militar Giratorio hoy, y si los blancos se quedan quietos o son demasiado fáciles de predecir, no aprenderá absolutamente nada de la fuerza centrífuga. ¡Muévanse, antes de que decida usarlos a ustedes como blancos de prueba vivos para sus vibraciones!-<br />
<br />
Los fornidos estudiantes palidecieron levemente ante la amenaza nada velada de su adorable maestra, asintieron con marcado nerviosismo y salieron disparados hacia el exterior para cumplir las órdenes antes de que su sangre comenzara a hervir.<br />
<br />
Mizuki apuró el último sorbo de su cuenco, lo dejó sobre la mesa y se puso de pie, haciendo que su masiva estatura de más de dos metros treinta eclipsara la luz dorada de la mañana. El tintineo de los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas anunció su inminente preparación para la brutal jornada.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! Escudos de acero en movimiento errático para empezar el día... suena exactamente como el desayuno de los campeones, señorita Matcha.-</span></span> sonrió la gyojin, mostrando sus afilados colmillos con una mezcla de emoción y peligro desbordante <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Deme solo un minuto para estirar esta pesada cola mía y le prometo que saldré a hacer volar esos escudos en mil pedazos!-</span></span><br />
<br />
El patio de tierra batida se había transformado en un caótico campo de péndulos letales. Del robusto entramado de madera que los fornidos estudiantes habían ensamblado a toda prisa, colgaban gruesas cuerdas que sostenían pesados escudos de acero. Los contrapesos estaban ajustados de forma deliberadamente irregular, haciendo que los pedazos de metal oscilaran con trayectorias impredecibles, cruzándose entre sí con un zumbido cortante que amenazaba con golpear a cualquiera que se atreviera a caminar por el medio.<br />
<br />
Sira Matcha se paró al borde del circuito, con las manos en los bolsillos de su sudadera rosa pastel y la mirada afilada fija en la mujer tiburón tigre.<br />
<br />
-Escúchame bien, gigantona.- ordenó la pelirroja, alzando la voz por encima del crujido de las cuerdas -Si intentas aplicar la vibración y destrozar el acero en tu primer giro, te garantizo que la fuerza centrífuga combinada con un blanco móvil te partirá el cuello en dos. Hoy no quiero cráteres ni explosiones. Quiero que saltes, gires en el aire y simplemente toques el centro de los escudos con tu frente. Encuentra el ritmo del caos antes de intentar dominarlo.-<br />
<br />
Mizuki asintió con seriedad, frotándose suavemente el parche de hierbas en su frente. Se plantó frente al circuito, separó sus anchas piernas ocre y clavó la mirada en los impredecibles destellos del acero bajo el sol naciente.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Tocar, no destruir. Suena absurdamente fácil para alguien que ayer pulverizó un monolito, pero... dar vueltas en el aire con este cuerpo masivo es otra historia. Si no pego mi cola a la cintura, el peso extra me sacará de eje. Tengo que encontrar el ojo del huracán, ese centro de calma absoluta mientras el mundo da vueltas a mi alrededor.-</span></span> razonó la oji-azul, apretando los dientes y flexionando las rodillas.<br />
<br />
Con un impulso que levantó una nube de polvo, Mizuki saltó. En el aire, contrajo sus músculos y usó la fuerza de su cadera para iniciar una rotación veloz. El mundo se convirtió en un borrón de colores: el cielo azul, la tierra marrón, los rostros pálidos de los estudiantes y los destellos plateados de los escudos. El mareo intentó apoderarse de ella al instante, pero forzó a sus ojos de esclerótica negra a enfocarse solo en el objetivo más cercano. Extendió el cuello milimétricamente. ¡Clink! Su frente apenas rozó la superficie de un escudo antes de que la gravedad la devolviera al suelo. Aterrizó pesadamente, tambaleándose un par de pasos hacia atrás mientras el tintineo desordenado de sus grilletes delataba su falta de equilibrio.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha... wow! ¡Eso marea muchísimo más de lo que parece, señorita Matcha!-</span></span> exclamó, sacudiendo la cabeza para espantar la bruma, pero sin perder la enorme sonrisa dentada.<br />
<br />
Durante la siguiente hora, la escena se repitió decenas de veces. Saltos, giros bruscos y aterrizajes torpes. Sin embargo, la formidable capacidad de adaptación de la gyojin comenzó a dar frutos. Poco a poco, el mareo dejó de desorientarla. Su cerebro atigrado se acostumbró a la rotación vertiginosa, aislando el caos externo y permitiéndole calcular la trayectoria errática de los blancos. Los roces (¡Clink! ¡Clink!) se volvieron constantes y precisos.<br />
<br />
Sintiéndose finalmente dueña de su propio eje rotatorio, Mizuki decidió que era hora de subir la apuesta. En su siguiente salto, no solo buscó tocar. Inhaló profundamente, intentando invocar el zumbido vibratorio en su pecho mientras giraba a máxima velocidad hacia un escudo que venía directo hacia ella.<br />
<br />
El impacto sonó como un campanazo brutal. ¡BOONG! El pesado escudo de acero salió disparado hacia atrás, tensando la cuerda hasta el límite y haciendo crujir el marco de madera. Mizuki aterrizó de pie, esta vez con una firmeza impecable, anclando su pesada cola en la tierra. Estaba intacta. No se había roto el cuello ni la columna, pero al palpar su frente, frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Logré golpearlo con fuerza real y mi cuerpo resistió la torsión sin problemas... pero fui solo un martillo dando vueltas. En el momento en que me concentré en el impacto giratorio, perdí el control de la respiración y la vibración interna se esfumó por completo. El acero ni siquiera tembló por dentro, solo lo empujé con pura fuerza bruta.-</span></span> se lamentó internamente, resoplando con frustración.<br />
<br />
Sira Matcha aplaudió un par de veces de forma lenta y sarcástica, caminando hacia ella.<br />
-Felicidades, bestia marina. Has logrado dar un cabezazo normal dando vueltas sin decapitarte a ti misma.- sentenció la pequeña maestra, aunque sus ojos oscuros mostraban un genuino reconocimiento por el avance físico -El ritmo y la inercia ya son tuyos. Ahora, el verdadero infierno comienza: tienes que lograr meter el Hasshoken dentro de ese giro sin perder la cabeza.-<br />
<br />
El sol veraniego escalaba sin piedad hacia el cénit, calentando la tierra batida del patio hasta convertirla en un horno polvoriento. El sonido constante de los pesados escudos de acero cortando el viento como péndulos desquiciados se mezclaba con la respiración ronca y agitada de la inmensa mujer tiburón tigre. El sudor empapaba la camisa negra de Mizuki, haciendo que la tela se adhiriera a su masiva musculatura ocre atigrada. Había perdido la cuenta de cuántas veces se había lanzado al aire en la última hora. Sus saltos y rotaciones ya eran fluidos, su equilibrio en el aire era impecable, pero el verdadero objetivo —la letal onda de choque— seguía escabulléndose de su frente en el momento crítico.<br />
Con un gruñido gutural, la gyojin se impulsó una vez más. Contrajo sus fornidas piernas y su pesada cola para iniciar el giro, cerrando sus agudos ojos azules de esclerótica negra. Inhaló profundamente, forzando a su diafragma a generar ese zumbido interno que Sira le había enseñado. Lo sintió nacer en su pecho, subir por su cuello... pero en cuanto la fuerza centrífuga de sus más de dos metros treinta de masa corporal entró en acción, el caos físico la traicionó.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¡Maldita sea, no se queda en mi cabeza! La velocidad del giro está arrastrando la vibración hacia afuera... Siento cómo el zumbido se escapa por mis hombros, baja por mis brazos y termina disipándose en la punta de mi cola antes de que mi frente siquiera toque el maldito acero. Es como intentar sostener agua entre los dedos mientras vas a toda velocidad en un bote.-</span></span> pensó Mizuki con profunda frustración, abriendo los ojos justo antes del impacto.<br />
¡CLANG! Su cráneo chocó violentamente contra uno de los escudos móviles. El golpe fue brutalmente fuerte por el puro peso y la inercia, aboyando la superficie metálica con un estruendo ensordecedor que hizo tintinear frenéticamente los pulidos grilletes de sus muñecas, pero no hubo onda de choque. No hubo destrucción molecular. Aterrizó pesadamente, frotándose la frente inflamada y soltando un bufido de vapor por la nariz.<br />
-Estás sangrando energía por todos lados, gigantona.- la voz tajante de Sira Matcha cortó el aire polvoriento. La pequeña maestra pelirroja caminó entre los péndulos oscilantes con una facilidad pasmosa, esquivando el acero letal sin siquiera mirar. Se detuvo frente a Mizuki, con los brazos cruzados sobre su sudadera rosa pastel y el ceño fruncido. -La física básica te está ganando. La fuerza centrífuga empuja la masa hacia el exterior. Si dejas tus extremidades sueltas, tu zumbido viaja hacia ellas y abandona tu centro. Eres una batidora rota esparciendo la masa por toda la cocina.-<br />
Mizuki parpadeó, asimilando la cruda y acertada metáfora culinaria de su fiera instructora.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Tiene toda la razón, señorita Matcha! Cuando giro rápido, mis brazos y mi cola intentan separarse de mi cuerpo por puro instinto para mantener el balance, y la maldita vibración se va con ellos.-</span></span> admitió la mujer de escleróticas negras, apretando sus rojizos nudillos y adoptando una postura más rígida <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Entonces... si el giro expulsa la energía, tengo que convertirme en un bloque absoluto. Nada de extremidades sueltas. Tengo que apretar todo hacia adentro hasta que la única salida para la presión sea la punta de mi cabeza.-</span></span><br />
-Exacto. Tienes que ser el ojo del huracán, no los escombros volando a su alrededor.- sentenció Sira, una sonrisa afilada y llena de anticipación asomando en su rostro inocente -Pega esos brazos a tu torso. Enrosca esa pesada cola atigrada alrededor de tu cintura como si fuera un cinturón de acero. Compacta tu inmensidad. Haz que el zumbido no tenga adónde escapar más que hacia el blanco. Si lo logras, el acero se convertirá en papel mojado.-<br />
Mizuki asintió con una determinación ardiente. La frustración se evaporó, reemplazada por la adrenalina del reto final. Respiró hondo, llevando sus enormes manos hacia sus costados y tensando su cola atigrada hasta envolverla firmemente alrededor de su propio vientre, convirtiendo su gigantesca silueta en un proyectil sólido y denso.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Muy bien, pedazos de chatarra oscilante! ¡Vamos a ver si pueden soportar la presión del fondo del mar!-</span></span> rugió Mizuki, fijando su mirada depredadora en el escudo más grande y pesado del circuito, lista para el salto definitivo.<br />
<br />
El calor del mediodía caía a plomo sobre el patio de tierra batida, pero la inmensa mujer tiburón tigre ya no sentía la temperatura exterior. Envuelta sobre sí misma, con sus masivos brazos pegados a las costillas y su pesada cola atigrada enroscada firmemente alrededor de su cintura como un cinturón de acero, Mizuki se había convertido en un monolito de tensión pura. Fijó sus agudos ojos azules de esclerótica negra en el péndulo central: un escudo de acero grueso y abollado que oscilaba hacia ella con una inercia letal.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-El ojo del huracán. Nada escapa. Toda la presión hacia el centro... hacia mi frente. ¡Ahora!-</span></span> rugió en su mente la gyojin, contrayendo las fornidas piernas y disparándose hacia el aire como un misil ocre.<br />
<br />
En el vértice de su salto, inició la rotación. El mundo volvió a desdibujarse en un torbellino vertiginoso, pero esta vez, Mizuki no permitió que la fuerza centrífuga dispersara su energía. Apretó los dientes, conteniendo la respiración, y sintió cómo el zumbido sordo del Hasshoken, atrapado en su núcleo, subía furiosamente por su cuello hasta concentrarse en su placa ósea frontal. Era una presión agónica, un taladro invisible a punto de estallar.<br />
<br />
El escudo se cruzó en su trayectoria rotatoria. El impacto fue milimétrico.<br />
<br />
¡BAAANG!<br />
<br />
El sonido no fue el crujido de metal desgarrándose desde adentro que Mizuki esperaba. Fue una detonación sorda, como el disparo de un cañón de asedio. En lugar de pulverizarse o abollarse profundamente, el macizo escudo de acero fue arrancado de cuajo de sus gruesas cuerdas de cáñamo. El pesado metal salió despedido por los aires a una velocidad absurda, cruzando todo el patio de entrenamiento hasta estrellarse violentamente contra el muro perimetral de piedra, incrustándose a medias en la roca y levantando una nube de polvo y escombros.<br />
<br />
Mizuki completó su giro y aterrizó con una agilidad sorprendente, anclando sus pies descalzos en la tierra batida. El tintineo de sus grilletes pulidos y sin cadenas resonó en el silencio repentino que se apoderó del dojo. La gyojin parpadeó, completamente desconcertada, mirando su frente intacta y luego el escudo incrustado a treinta metros de distancia.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¿Pero qué demonios...? La vibración estaba ahí, la sentí perfectamente concentrada. El golpe fue impecable, la rotación fue exacta... pero el metal no estalló por dentro. Lo mandé a volar como si fuera una simple pelota de trapo. Eso no tiene sentido, la onda de choque debió atravesarlo...-</span></span> pensó la oji-azul, rascándose la cabeza con una de sus enormes manos, genuinamente confundida.<br />
<br />
Desde el borde del circuito, el sonido de unos aplausos lentos y deliberadamente rítmicos rompió el silencio. Sira Matcha caminaba hacia ella, con una sonrisa afilada y sumamente satisfecha dibujada en su rostro de apariencia inocente.<br />
<br />
-Una ejecución mecánicamente perfecta, gigantona. Lograste contener la vibración en tu núcleo durante todo el giro.- la felicitó la pequeña maestra pelirroja, deteniéndose a los pies de la inmensa gyojin -Sin embargo, notaste que a tu obra de arte le faltó el final explosivo, ¿verdad?-<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Sí, señorita Matcha! ¡Fue un buen vuelo, pero yo quería ver ese pedazo de chatarra desintegrarse! ¿Qué hice mal? ¡Le juro que apreté todo mi cuerpo!-</span></span> preguntó Mizuki, inclinándose hacia adelante con ansias de aprender.<br />
<br />
-No hiciste nada mal. Simplemente caíste en mi pequeña trampa.- reveló Sira con un tono peligrosamente divertido, arreglándose el flequillo con corte de sierra -Omití intencionalmente un pequeño y letal detalle sobre el Cabezazo Militar Giratorio. Cuando combinas la rotación a alta velocidad con la vibración, no solo generas daño interno... generas una fuerza de empuje monumental, un retroceso direccional que solo se manifiesta cuando la técnica está bien ejecutada. Lo que acaba de pasar es que la fuerza de empuje mandó a volar al escudo una fracción de segundo antes de que la vibración tuviera tiempo de viajar a través del acero para destruirlo.-<br />
<br />
Los ojos de Mizuki se abrieron de par en par, asimilando la endiablada complejidad del asunto.<br />
<br />
-Esa es la última capa de esta técnica.- continuó la joven de la sudadera rosa pastel, señalando con su dedo pálido la frente magullada de la gyojin -Debes sincronizar la frecuencia. Tienes que lograr que el pico de la onda de choque molecular ocurra en el microsegundo exacto del impacto, antes de que la fuerza cinética del empuje aleje a tu objetivo. Si lo logras, el enemigo no solo saldrá volando, sino que sus huesos y su armadura estallarán mientras está en el aire. Es el caos definitivo.-<br />
<br />
La frustración inicial de Mizuki se evaporó instantáneamente, reemplazada por una carcajada ruidosa y feroz que hizo eco en toda la ladera sur.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Usted es una pequeña bestia tramposa y brillante, maestra! ¡Una capa más de dificultad justo cuando creía tenerlo!-</span></span> exclamó la enorme mujer ocre, haciendo chocar sus puños enguantados en polvo <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Pues ponga a sus muchachos a colgar más escudos! ¡Me niego a irme de esta montaña hasta que logre hacer estallar uno de esos pedazos de metal antes de que toque el muro!-</span></span><br />
<br />
El sol comenzaba su lento descenso hacia el oeste, tiñendo el cielo de un naranja intenso, pero en el patio del dojo, la temperatura seguía en su punto de ebullición. Los fornidos estudiantes acababan de colgar un nuevo y macizo escudo de acero, mirándose de reojo con una mezcla de terror y fascinación. En el centro del circuito, Mizuki respiraba con una calma antinatural. Había asimilado la última y tramposa lección de su pequeña maestra. Ya no se trataba solo de ser el ojo del huracán o de contener la energía; ahora era una cuestión de relojería letal. Tenía que inyectar el veneno vibratorio en el acero una milésima de segundo antes de que la monstruosa fuerza física de su giro lo mandara a volar.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Concentración absoluta. No puedo dejar que el ansia de golpear me gane. Primero la onda, luego el empuje. Como si mi frente fuera una aguja hueca inyectando presión pura antes de detonar. ¡Un, dos, tres... ahora!-</span></span><br />
<br />
Con una explosión de polvo bajo sus pies descalzos, la gigantesca mujer tiburón tigre se lanzó al aire. Pegó sus fornidos brazos al torso y enroscó su pesada cola atigrada como un cinturón de acero, convirtiéndose nuevamente en un proyectil sólido. El zumbido sordo del Hasshoken nació en su núcleo, pero esta vez, Mizuki no lo dejó estancarse en su frente; lo mantuvo pulsando, esperando el gatillo perfecto.<br />
<br />
La rotación vertiginosa la encontró de cara al pesado escudo oscilante. El impacto ocurrió en un parpadeo, pero para Mizuki, el tiempo pareció congelarse. Su cráneo conectó con el metal. En ese microsegundo, liberó toda la frecuencia vibratoria acumulada de golpe, sintiendo cómo atravesaba la densidad del acero, y justo una fracción de segundo después, dejó que la inercia centrífuga de sus más de dos metros treinta hiciera el resto.<br />
<br />
El sonido fue espeluznante. No fue un simple golpe metálico; fue un chillido agónico seguido de un trueno. ¡SHRIII-BOOOOM!<br />
<br />
El macizo escudo de acero fue arrancado de las cuerdas por la brutal fuerza de empuje, pero no voló intacto como la vez anterior. Apenas a tres metros de haber iniciado su trayectoria por los aires, la vibración interna alcanzó su punto crítico. El metal se deformó grotescamente sobre sí mismo, desgarrándose desde el núcleo con un estallido sordo, lloviendo fragmentos de metralla retorcida sobre la tierra batida del patio mucho antes de siquiera acercarse al muro perimetral.<br />
<br />
Mizuki aterrizó con una gracia pesada, anclando sus piernas y haciendo tintinear victoriosamente los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas. Parpadeó, mirando la lluvia de metal con la boca entreabierta, genuinamente pasmada por la absoluta devastación que acababa de generar.<br />
<br />
Sira Matcha, que había estado observando desde el borde con los brazos cruzados y su habitual sonrisa de superioridad, dejó caer su fachada por completo. Los grandes ojos oscuros de la pequeña pelirroja se abrieron de par en par, y sus labios formaron una perfecta "O" de asombro. Jamás, en toda su vida como instructora, había visto a una "cabeza de músculo" asimilar la sincronización milimétrica del Cabezazo Militar Giratorio en tan pocos intentos. Era una monstruosidad biomecánica.<br />
<br />
-Por todos los santos cielos... lo lograste.- murmuró Sira, casi para sí misma, antes de sacudir la cabeza, arreglarse el flequillo con corte de sierra y caminar hacia la gyojin, recuperando a duras penas su compostura autoritaria -Tienes un talento absolutamente aterrador para la destrucción, gigantona. Esa sincronización fue... impecable.-<br />
<br />
La sorpresa de Mizuki se transformó en una carcajada tan ruidosa y vibrante que hizo temblar las hojas de los bonsáis cercanos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Lo vi! ¡Lo sentí! ¡Esa maldita chatarra estalló desde adentro mientras salía volando!-</span></span> exclamó la oji-azul, rebosante de adrenalina. Esta vez, recordando la advertencia de la noche anterior, contuvo el impulso de levantar a su maestra por los aires y, en su lugar, se inclinó en una reverencia profunda, formal y cargada de un respeto absoluto <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡No tengo palabras para agradecerle, señorita Matcha! Ha convertido mi cráneo denso y terco en el arma más letal de todo mi arsenal. Su paciencia, sus trampas y su genialidad son inigualables.-</span></span><br />
<br />
La joven de la sudadera rosa pastel sonrió de medio lado, cruzando los brazos nuevamente, claramente complacida por el respeto de aquella bestia marina.<br />
<br />
-Más te vale no ir por ahí diciendo que mi entrenamiento fue suave, Mizuki. Si alguien te pregunta, diles que el Hasshoken te rompió los huesos y te hizo llorar.- bromeó Sira con esa chispa competitiva en los ojos -Supongo que ahora que eres un cañón giratorio, finalmente te irás de mi montaña, ¿no?-<br />
<br />
Mizuki asintió, irguiéndose y caminando hacia el rincón del patio donde descansaba su gigantesco estuche de contrabajo y su mochila. Se colgó el pesado equipaje a la espalda, ajustando las gruesas correas de cuero sobre sus escamas ocre.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Así es, mi tiempo aquí se ha agotado. Esta isla forjó mis colmillos, pero tengo asuntos importantes esperándome en el mar.-</span></span> respondió la gyojin, con una mirada teñida de nostalgia pero también de una feroz determinación <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Debo regresar de inmediato a la isla Baterilla. Mis amigos me están esperando, y ya he estado ausente demasiado tiempo. Hay promesas que cumplir y gente a la que proteger, y ahora... estoy más que lista para hacerlo a cabezazo limpio si hace falta.-</span></span><br />
<br />
-Entonces no pierdas más tiempo.- le despidió Sira Matcha, levantando una mano pálida a modo de saludo mientras el viento del atardecer mecía su interminable trenza -Ve a Baterilla, gigantona. Y si te encuentras con algún oficial de la Marina o algún pirata engreído con un escudo demasiado grueso... hazlos vibrar hasta que se arrepientan de haber nacido.-]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC][Entrenamiento] Hasshoken, una nueva disciplina, el cabezazo militar]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3345</link>
			<pubDate>Wed, 04 Mar 2026 09:44:49 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=720">Mizuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3345</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Día 35 de Verano, Año 17</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Localización: Isla Karate, Patio central del Dojo de Karate Gyojin. Mañana.</span></span></div>
 <br />
El frescor matutino envolvía el escarpado patio central del dojo, pero esta vez, la enorme mujer tiburón tigre no se encontraba sumergida en los estanques intentando dominar el agua, ni colgando torpemente de los bonsáis milenarios. Tras once días de un rigor físico absoluto que habría quebrado el espíritu y los huesos de cualquier pirata novato, Mizuki se erguía en el centro del recinto de piedra con su pesado equipaje nuevamente a cuestas. El gigantesco estuche de contrabajo descansaba cómodamente sobre su amplia espalda ocre, asegurado con gruesas correas de cuero, mientras los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas chocaban entre sí con un tintineo metálico y nostálgico. Había llegado el momento de partir y dejar atrás el agua para buscar nuevos horizontes.<br />
 <br />
Frente a ella, manteniendo su inquebrantable y rígida postura marcial de siempre, se encontraba Batch Kalão. El estricto maestro de piel verde cruzaba los brazos sobre su inmaculada ropa blanca, ajustando su alto turbante con el círculo dorado mientras escrutaba a su gigantona alumna por última vez, rehusándose a mostrar cualquier atisbo de tristeza por su partida.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! Ha sido una estadía absolutamente infernal y maravillosa a partes iguales, Gran Maestro Kalão. Mis nudillos, mi centro de gravedad y mi paciencia le estarán eternamente agradecidos por tanta disciplina.-</span></span> exclamó la oji-azul, realizando una reverencia profunda y respetuosa que hizo crujir levemente la madera de su equipaje <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Pero antes de seguir recorriendo esta montaña, quería pedirle un último consejo. El Karate Gyojin es increíble, pero mi cuerpo aún tiene mucha energía y quiero seguir afilando mis colmillos. ¿Conoce algún otro estilo en esta isla que complemente la fuerza destructiva de una bestia como yo?-</span></span><br />
 <br />
El orgullo del estoico instructor le impidió sonreír ante el halago directo, pero asintió lentamente, reconociendo el genuino deseo de superación de la forastera.<br />
 <br />
-Tu dominio inicial del Uchimizu y del Hyakumaigawara seiken te han otorgado cañones en los brazos, forastera, pero tu estilo sigue siendo demasiado frontal y dependiente de tus extremidades. Posees un cráneo ridículamente denso y una musculatura masiva de tiburón tigre... desperdicias tu propia cabeza en combate.- sentenció el hombrecillo verde con frialdad analítica -Debes dirigirte al dojo del Hasshoken, ubicado en la ladera sur. Allí enseñan el control absoluto de las vibraciones corporales.-<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¿Vibraciones corporales? Eso suena a que no importará qué tan gruesa sea la armadura del enemigo si el golpe hace temblar sus órganos. Definitivamente suena a mi tipo de fiesta...-</span></span> pensó Mizuki, abriendo sus agudos ojos de esclerótica negra con genuina curiosidad depredadora.<br />
 <br />
-El Hasshoken produce ondas de choque reverberantes que no pueden ser bloqueadas de forma tradicional.- continuó explicando Batch Kalão, adoptando un tono de advertencia -Con tu fuerza bruta base, aprender su Cabezazo Militar y, eventualmente, el Cabezazo Militar Giratorio, te permitirá usar esas vibraciones para ignorar por completo la resistencia física de escudos de metal o demoler la defensa de hombres muy fuertes desde adentro. Te convertirás en un ariete imparable, siempre y cuando logres soportar el entrenamiento de su peculiar maestra.-<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Un cabezazo que hace vibrar y destruye gruesos escudos desde adentro! ¡Es sencillamente la técnica perfecta para abrirle paso a nuestras causas!-</span></span> rió Mizuki a mandíbula batiente, acomodándose la mochila con renovada y explosiva energía <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Le prometo que no dejaré en vergüenza las enseñanzas de sus puños, maestro. ¡Me voy directo al sur a romperme un poco la cabeza! ¡Nos vemos!-</span></span><br />
 <br />
--Senderos hacia la ladera sur de la Gran Montaña Central.--<br />
 <br />
El descenso desde los rígidos dominios del maestro Batch Kalão resultó ser un bienvenido respiro para la imponente mujer tiburón tigre. A medida que Mizuki avanzaba por los sinuosos senderos de piedra que bordeaban la colosal montaña central, el paisaje comenzaba a transformarse lentamente. La densa humedad de las cascadas y estanques artificiales quedaba atrás, dando paso a una brisa mucho más seca y cálida que acariciaba agradablemente su piel ocre atigrada. A ambos lados del camino, los gigantescos bonsáis milenarios extendían sus retorcidas ramas como techos naturales, filtrando la intensa luz del sol veraniego y proyectando un mosaico de sombras danzantes sobre la roca tallada. Era un entorno de una belleza agreste y serena, un contraste absoluto con la violencia que se gestaba diariamente en aquellos picos.<br />
 <br />
Mizuki caminaba con un paso firme pero relajado, disfrutando de la quietud del trayecto. Cada movimiento de sus fornidas piernas y el balanceo de su pesada cola hacían eco de un dolor muscular sordo y profundo; sus hombros ardían levemente por el peso del inmenso estuche de contrabajo a su espalda, y sus nudillos aún conservaban el tono rojizo de las cientos de tejas pulverizadas. Sin embargo, no era un dolor paralizante, sino la satisfactoria quemazón del progreso, el recordatorio físico de que su cuerpo se había vuelto un arma más letal. El suave y constante tintineo de los pulidos grilletes sin cadenas en sus muñecas acompañaba su andar, arrullándola en una calma inusual mientras sus agudos ojos azules de esclerótica negra contemplaban el vasto horizonte del South Blue que se asomaba entre las nubes.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Qué vista tan magnífica... casi hace que uno se olvide de que el mundo allá abajo está lleno de tiranos de uniforme blanco y escoria con ínfulas de grandeza. Pero por mucho que disfrute este paseo escénico, el reloj no perdona. Salí de Baterilla la noche del día dieciocho y me prometí estar de regreso en menos de veinte días. Eso significa que el tiempo me está pisando los talones si quiero mantener mi fachada civil y volver a ver a la gente que dejé esperándome allá.-</span></span> pensó la enorme gyojin, frunciendo levemente el ceño mientras calculaba mentalmente los días de navegación que le tomaría el regreso.<br />
 <br />
Ajustó las gruesas correas de cuero de su equipaje, sintiendo la urgencia renovada en su pecho. No tenía semanas enteras para dedicarle a las posturas básicas en esta ocasión. Necesitaba absorber los fundamentos del Hasshoken y dominar el poder destructivo de las vibraciones en tiempo récord.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Solo espero que la famosa maestra de esta disciplina no sea tan terca y dada a los monólogos poéticos como el hombrecillo verde. Necesito a alguien que vaya directo al grano, o mejor dicho, directo al cráneo. Si voy a usar mi propia cabeza como ariete, más vale que empiece pronto.-</span></span> concluyó con una media sonrisa dentada, acelerando levemente su enorme tranco y levantando pequeñas nubes de polvo en el sendero.<br />
 <br />
Tras superar un pronunciado recodo en la montaña, la ladera sur se abrió ante ella en una amplia meseta natural. Allí, recortado contra el cielo despejado y rodeado por formaciones rocosas que extrañamente carecían de vegetación cercana, se alzaba por fin su destino. Desde la distancia, el dojo del Hasshoken parecía un recinto mucho más sobrio y rústico, pero el aire a su alrededor parecía distorsionarse ligeramente, como si la mismísima roca estuviera emitiendo un zumbido bajo y constante que Mizuki podía sentir resonando en las plantas de sus pies descalzos.<br />
 <br />
A medida que Mizuki se acercaba a la entrada del rústico dojo, la extraña sensación de zumbido bajo sus fornidos pies descalzos se hizo mucho más evidente. El aire mismo parecía poseer una densidad peculiar, y las formaciones rocosas que rodeaban el recinto mostraban un patrón de fisuras finas y antinaturales, como si hubieran sido sometidas a una presión sísmica constante desde adentro. Sin embargo, el aura innegablemente peligrosa e intimidante del lugar contrastaba radicalmente con la figura solitaria que se encontraba en el centro del patio de tierra batida.<br />
 <br />
Allí, realizando suaves estiramientos con una tranquilidad pasmosa, estaba una joven que apenas rozaba el metro sesenta y cinco de estatura y no debía pesar más de cincuenta kilos. Su tez clara brillaba ligeramente bajo el sol veraniego, resaltando sus grandes ojos oscuros y su llamativo cabello rojo fucsia. Llevaba un flequillo con un curioso corte de sierra y un par de mechones cayendo graciosamente sobre sus clavículas, mientras el resto de su abundante melena estaba recogida en una interminable trenza que casi rozaba su cadera. Vestía de forma sumamente casual y deportiva: una camiseta blanca bajo una sudadera rosa pastel, pantalones cortos oscuros y un par de deportivas blancas que evidenciaban su constante actividad física. Parecía la encarnación misma de la inocencia y la paz.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¿De verdad esta pequeña y adorable chica es la maestra de un estilo capaz de reventar escudos de metal y derrotar a hombres enormes desde adentro? Parece que un viento fuerte podría llevársela volando... pero en esta maldita montaña ya he aprendido a la mala que los monstruos más letales no siempre tienen escamas y miden más de dos metros.-</span></span> pensó la mujer tiburón tigre, acomodando el gigantesco estuche de contrabajo en su amplia espalda atigrada mientras una sonrisa genuinamente amistosa asomaba en su rostro.<br />
 <br />
Haciendo sonar alegremente los grilletes pulidos y sin cadenas de sus muñecas, la inmensa gyojin dio un paso al frente, agachando levemente la cabeza en una reverencia para no resultar demasiado abrumadora con sus más de dos metros treinta de altura.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Muy buenas tardes! ¡Sha sha sha! Disculpe la intromisión en su paz, mi nombre es Mizuki y vengo recomendada directamente desde el dojo del maestro Batch Kalão.-</span></span> se presentó a viva voz, con su característica energía inagotable <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Vengo buscando a la famosa Sira Matcha. Me han asegurado que aquí enseñan el formidable arte del Hasshoken, y yo estoy increíblemente interesada en aprender a usar mi propio cráneo como el arma definitiva.-</span></span><br />
 <br />
La joven pelirroja detuvo sus estiramientos, volteando a ver a la gigantona ocre con una expresión apacible, sumamente bondadosa y sin una sola pizca de miedo ante la intimidante dentadura de su interlocutora. Al ver esa reacción tan amable, Mizuki decidió ir directo al grano.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Asumiendo que usted es la maestra, señorita Matcha, debo ser completamente honesta desde el primer segundo.-</span></span> continuó la gyojin, apretando sus rojizos nudillos y adoptando un tono de determinación absoluta <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Tengo el tiempo peligrosamente en mi contra. Debo regresar a Baterilla muy pronto para cumplir con mi gente, pero estoy dispuesta a someter mi cuerpo y mi mente al límite máximo. Mi objetivo es aprender tanto el Cabezazo Militar como el Cabezazo Militar Giratorio, y le juro por todos los mares que daré cada gota de mi sudor, mi esfuerzo y mi sangre si es necesario para dominarlos en el tiempo que me queda. ¿Estaría dispuesta a aceptarme como su alumna de forma intensiva?-</span></span><br />
 <br />
La joven de cabello rojo fucsia parpadeó un par de veces con sus grandes y oscuros ojos, manteniendo una expresión de absoluta placidez mientras la inmensa mujer tiburón tigre soltaba su apasionado y apresurado discurso. A simple vista, Sira Matcha parecía la clase de persona que invitaría a la forastera a tomar un té de hierbas para calmar sus ansias, pero en cuanto las palabras "tiempo limitado", "esfuerzo máximo" y "dispuesta a ser explotada" abandonaron las fauces llenas de colmillos de la gyojin, algo en el ambiente cambió radicalmente. La dulzura inocente en el rostro de la pequeña maestra se evaporó en una fracción de segundo, dando paso a una sonrisa afilada, casi salvaje, y a un brillo febril en su mirada que contrastaba violentamente con su sudadera rosa pastel.<br />
 <br />
-¿Así que el estricto Batch Kalão te envió aquí porque tus puños ya no son suficientes y ahora quieres usar tu propio cráneo para demolerlo todo?- preguntó Sira, con una voz que había perdido su tono cantarino para volverse intensa y peligrosamente entusiasta -¿Y dices que estás dispuesta a que rompa tu cuerpo y lo lleve más allá del límite del agotamiento solo para aprender los fundamentos del Cabezazo Militar antes de zarpar? Oh, grandota, no tienes idea de lo feliz que me hace escuchar eso.-<br />
 <br />
La pequeña maestra dio un paso al frente, acortando la distancia con la mujer de más de dos metros treinta sin mostrar ni una gota de intimidación. Al contrario, la idea de tomar a un portento físico como Mizuki y moldearla a golpes en tiempo récord encendía sus instintos de lucha. Era el desafío pedagógico y marcial definitivo.<br />
 <br />
-Acepto tu reto, Mizuki.- sentenció la pelirroja de la interminable trenza, apretando sus pequeños puños con una fuerza que hizo crujir levemente sus nudillos -Si te entrego los secretos de las vibraciones en tan pocos días y logras aplicarlos allá afuera, el mundo entero sabrá que la supremacía destructiva del Hasshoken no tiene rival, ni siquiera frente a las rígidas tejas del Karate Gyojin. Pero te lo advierto, mi entrenamiento no entiende de piedad ni de descansos cuando mi sangre hierve.-<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¡Por todos los mares! Detrás de esa carita de muñeca de porcelana se esconde una auténtica bestia sedienta de guerra... ¡Sha sha sha! Esto va a ser cien veces más divertido y doloroso de lo que imaginé, y me encanta. Esta chica tiene exactamente el tipo de fuego que necesito para forjar mi cráneo.-</span></span> pensó la oji-azul, sintiendo una oleada de adrenalina pura recorrer su amplia espalda atigrada mientras dejaba caer su monumental estuche de contrabajo y su mochila en el suelo polvoriento, lista para recibir órdenes.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Mi cabeza y mi voluntad son todas suyas, señorita Matcha! ¡Dígame qué roca debo golpear primero o qué montaña debo mover!-</span></span> exclamó la gyojin, chocando los pulidos grilletes de sus muñecas en una clara declaración de intenciones.<br />
 <br />
-No golpearás absolutamente nada todavía, bestia marina.- la frenó Sira con un gesto seco y autoritario, caminando hacia uno de los extraños monolitos de piedra fisurada que adornaban el patio -El Hasshoken no es fuerza bruta, es la manipulación de la frecuencia. Si golpeas esto con tu cráneo denso ahora mismo, solo te darás una jaqueca. Primero, tienes que sentir la onda.-<br />
 <br />
La pequeña mujer colocó su pálida mano sobre la superficie de la roca. Sin hacer un solo movimiento brusco, los músculos de su brazo parecieron vibrar a una velocidad imperceptible. Un zumbido sordo y agudo llenó el aire, y la inmensa piedra comenzó a temblar desde sus cimientos, soltando pequeñas esquirlas de polvo.<br />
 <br />
-Acércate, pon tu mano aquí y siente cómo el poder nace desde adentro hacia afuera.- ordenó la maestra pelirroja, sus ojos oscuros brillando con intensidad competitiva -Vamos a despertar las vibraciones de tu cuerpo, cueste la sangre que cueste.-<br />
 <br />
--Patio del Dojo del Hasshoken.--<br />
 <br />
La determinación de Mizuki pesaba más que el gigantesco estuche de contrabajo que acababa de dejar en el suelo. Bajo la mirada intensa y competitiva de la señorita Matcha, la mujer tiburón tigre se cuadró frente a uno de los monolitos de piedra que adornaban el patio, un pilar que mostraba cicatrices de innumerables impactos vibratorios previos. La pequeña maestra pelirroja le había ordenado sentir la onda, pero la paciencia de la gyojin se evaporaba ante la presión del reloj que marcaba su inminente regreso a Baterilla. No había tiempo para sutilezas sensoriales; su cráneo era denso, sus músculos formidables y su voluntad inquebrantable. Con una exhalación profunda y gutural, Mizuki tensó su amplio cuello atigrado, ancló sus pesadas piernas en la tierra batida y lanzó su cabeza hacia adelante con la brutalidad ciega de un ariete de asedio desbocado.<br />
 <br />
El impacto no fue el siseo reverberante que Sira Matcha había demostrado minutos antes. Fue un estruendo seco, sordo y violento, como el choque frontal de dos buques de guerra a máxima potencia. La frente escamada de la gyojin colisionó de lleno contra la roca inamovible. ¡CRACK! Una fina grieta superficial apareció en la piedra, pero el verdadero daño, el efecto devastador de la física elemental rebotando contra un objeto sin la técnica adecuada, se desató instantáneamente dentro de la propia cabeza de la mujer ocre.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Ugh... Por todos los Reyes del Mar... ¿Quién apagó la luz del sol? Todo está... borroso... Sha... sha... ugh...-</span></span> pensó Mizuki, mientras sus fornidas piernas fallaban por primera vez en días, obligándola a dar varios pasos tambaleantes hacia atrás antes de caer pesadamente de rodillas, haciendo tintinear violentamente los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas.<br />
 <br />
El mundo, tal como lo conocía la gyojin de escleróticas negras, dejó de tener sentido en una fracción de segundo. Una punzada de dolor agudo, ardiente y eléctrico estalló exactamente entre sus agudos ojos azules, irradiándose hacia la base de su cráneo con la intensidad de un relámpago atrapado en su cerebro. Sus sentidos colapsaron en una cacofonía sensorial abrumadora. El zumbido constante que emanaba del dojo se transformó en un pitido agudo, ensordecedor y doloroso que anulaba cualquier otro sonido, ahogando incluso su propia respiración agitada.<br />
 <br />
La percepción visual de Mizuki se distorsionó por completo, envolviéndola en una neblina nauseabunda. El cielo veraniego, antes azul despejado, parecía sangrar tonos violetas y verdosos que se fundían con la tierra del patio en un remolino vertiginoso. El monolito de piedra que acababa de golpear ya no era una columna sólida; a sus ojos mareados, la roca parecía derretirse y vibrar violentamente, multiplicándose en tres imágenes fantasmales que danzaban burlonamente ante ella. Incluso la textura del mundo cambió de forma aterradora bajo sus dedos escamados; la tierra batida del patio, dura y seca, se sentía ahora esponjosa y viscosa, como si estuviera arrodillada sobre una ciénaga en descomposición. La náusea subió por su garganta, y un sabor metálico a cobre invadió sus fauces, mientras sentía cómo su cerebro chocaba rítmicamente contra las paredes internas de su propio cráneo denso con cada latido de su corazón desbocado.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Maldita sea... Esto no es dolor, es una puta lobotomía... Los colores me gritan... El suelo se mueve... Sha sha sha... no, eso no da risa... necesito... aire...-</span></span> gimió internamente la mujer tiburón tigre, cerrando sus ojos con fuerza para intentar detener el carrusel de náuseas y colores mareantes que amenazaba con hacerla perder el conocimiento por completo.<br />
 <br />
A través de la bruma del dolor y el zumbido ensordecedor en sus oídos, una figura nítida y desesperadamente estable comenzó a materializarse ante ella. Sira Matcha, la pequeña maestra pelirroja de la sudadera rosa pastel, se encontraba de pie a pocos centímetros de su rostro mareado. No había rastro de la dulzura inocente en su expresión; sus ojos oscuros brillaban con una intensidad febril y competitiva, observando el sufrimiento de su alumna con la frialdad analítica de una científica examinando una muestra interesante bajo el microscopio.<br />
 <br />
-Una demostración de estupidez verdaderamente monumental, bestia marina.- sentenció Sira, su voz cortando la neblina del mareo de Mizuki con una claridad hiriente y autoritaria, sin mostrar ni un ápice de compasión por el dolor evidente de la gyojin -Acabas de aprender, a la mala, la diferencia entre un cabezazo de taberna y el verdadero Hasshoken. Has usado tu cráneo como un simple martillo de hueso contra un yunque de piedra. Toda la energía cinética que generaste con tu inmensa fuerza base no atravesó el objetivo; rebotó directamente hacia tu cerebro porque no sabes manipular la frecuencia.-<br />
 <br />
La pelirroja de la interminable trenza se agachó levemente, obligando a Mizuki a fijar su mirada borrosa en ella.<br />
 <br />
-El Cabezazo Militar no se trata de la dureza de tu frente, aunque la tuya sea ridículamente densa, sino de la manipulación de las ondas de choque en el microsegundo exacto del impacto.- explicó Matcha, adoptando una postura rígidamente técnica, extendiendo una mano pálida para tocar suavemente la zona enrojecida e inflamada entre los ojos de la gyojin, haciéndola sisear de dolor -El secreto no es golpear para apartar la roca, sino generar internamente una vibración de alta frecuencia que resuene con la estructura molecular del objetivo. Tienes que concentrar tu energía respiratoria y hacerla vibrar en la punta de tu cráneo para que, al conectar, la onda penetre e ignore la resistencia física, destruyendo desde adentro hacia afuera. Si no aprendes a vibrar antes de golpear, solo terminarás con una conmoción cerebral fatal antes de que se acabe tu tiempo.-<br />
 <br />
El eco del pitido ensordecedor tardó largos y agónicos minutos en abandonar los oídos de la inmensa gyojin. Mizuki parpadeó pesadamente, obligando a sus agudos ojos azules de esclerótica negra a enfocar nuevamente la figura menuda y peligrosamente intensa de su nueva maestra. El dolor en el centro de su frente latía al compás de su corazón, un recordatorio constante y palpitante de que la terquedad bruta no era rival para la física destructiva del Hasshoken. Con un gruñido bajo que hizo vibrar su pecho ocre, la mujer tiburón tigre apoyó sus enormes manos en la tierra batida y se obligó a ponerse de pie, haciendo tintinear los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas mientras su masiva estatura de más de dos metros treinta volvía a proyectar una sombra sobre Sira Matcha.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Bien... mensaje recibido fuerte y claro por mi maldito cráneo. Si vuelvo a lanzarme como un Rey del Mar ciego, voy a terminar babeando en el suelo y olvidando mi propio nombre antes de que caiga el sol. Necesito que mi cabeza sea la onda, no la roca que choca contra el muro. Respirar... igualar la frecuencia... Si esa pequeña bestia pelirroja puede hacerlo, yo también puedo, solo tengo que silenciar el instinto de destruir a golpes y empezar a sentir el interior de las cosas.-</span></span> pensó la oji-azul, cerrando los ojos un instante para centrar su vertiginoso equilibrio y tragar saliva, calmando las náuseas que aún amenazaban su estómago.<br />
 <br />
Sira Matcha no retrocedió ni un milímetro, manteniendo esa sonrisa afilada que delataba su salvaje excitación competitiva. Cruzó sus pálidos brazos sobre la sudadera rosa pastel, asintiendo lentamente al ver que la gigante no se había rendido tras el monumental trauma craneal.<br />
 <br />
-Acércate de nuevo al monolito, bestia marina, pero esta vez no tomes impulso. Pega tu frente directamente a él.- ordenó la maestra, su voz desprovista de toda la dulzura inicial y cargada de una exigencia marcial absoluta -Quiero que respires profundo. Siente el zumbido natural de este dojo en las plantas de tus pies, deja que suba por tus masivas piernas, viaje por tu espina dorsal y se concentre justo en el punto de impacto. Haz que tus músculos tiemblen a voluntad, busca la frecuencia exacta de la roca y conviértete en ella.-<br />
 <br />
Mizuki obedeció. Avanzó con paso lento y medido, sintiendo sus rodillas aún ligeramente inestables, y pegó su frente magullada contra la superficie fría y áspera de la piedra. El simple contacto avivó el dolor punzante, pero lo ignoró con pura y bruta fuerza de voluntad. Inhaló profundamente, llenando sus inmensos pulmones atigrados. En lugar de tensarse para empujar con la cadera, intentó generar una vibración interna. Al principio, solo logró un temblor tosco, como el escalofrío de una fiebre repentina, pero bajo la mirada incisiva de Sira, ajustó el flujo de su respiración.<br />
 <br />
Poco a poco, un zumbido sordo comenzó a nacer en su garganta, viajando hacia la placa ósea de su cabeza. Los metales pulidos de sus muñecas empezaron a vibrar sutilmente, emitiendo un tintineo continuo y casi imperceptible, distinto al choque habitual.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha... sha... duele como los mil demonios de las profundidades, pero creo que lo estoy sintiendo, señorita Matcha! ¡Mi cabeza está zumbando como un enjambre de avispas enfurecidas!-</span></span> exclamó Mizuki a través de los afilados dientes apretados, manteniendo la frente pegada a la piedra, sudando copiosamente por el esfuerzo mental.<br />
 <br />
-¡Ahora empuja esa vibración hacia el interior! ¡Lento, dolorosamente lento! ¡Obliga a la piedra a temblar contigo!- exigió Sira, sus ojos oscuros ardiendo con anticipación.<br />
 <br />
Con un esfuerzo titánico, Mizuki aplicó una presión mínima contra el monolito, canalizando la frecuencia concentrada. No hubo un estruendo violento. En su lugar, un zumbido grave y penetrante resonó en el aire. La piedra sólida bajo su frente comenzó a emitir un gemido estructural agudo, y una fina capa de polvo y esquirlas se desprendió de la superficie, cayendo sobre el patio. No había destruido el objetivo, pero la energía no había rebotado hacia su cerebro; esta vez, había comenzado a penetrar en la roca.<br />
 <br />
Las horas se habían escurrido como arena entre los dedos escamados de la inmensa gyojin. El sol comenzaba a teñir el cielo de la ladera sur con tonos anaranjados y rojizos, un reflejo casi poético del estado en el que se encontraba la frente de Mizuki. La piel ocre entre sus agudos ojos azules estaba inflamada, magullada y cubierta por una fina capa de sudor mezclado con polvo de piedra. Había pasado las últimas cuatro horas sin despegarse del monolito, obligando a su masivo cuerpo de tiburón tigre a vibrar a voluntad, luchando internamente contra sus propios instintos de destrucción bruta para convertirlos en un zumbido milimétrico y controlado.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Siento que mi cerebro se ha convertido en una colmena de abejas furiosas... Cada maldito músculo de mi cuello arde como si estuviera masticando brasas ardientes. Pero la náusea se ha ido, y el rebote asesino ya no me nubla la vista. Esta pequeña tirana de sudadera rosa sabe exactamente cómo llevarme al borde del colapso sin dejar que me rompa del todo.-</span></span> pensó la mujer de escleróticas negras, respirando con una pesadez ronca mientras se separaba unos centímetros de la piedra, haciendo sonar los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas, los cuales aún conservaban un leve temblor residual.<br />
 <br />
Sira Matcha, que no se había sentado ni un solo instante durante toda la tortuosa sesión vespertina, la observaba con los brazos cruzados y esa sonrisa salvaje e impropia de su dulce rostro. La maestra pelirroja asintió, reconociendo que la forastera finalmente había asimilado el ritmo de la onda de choque en estado estático.<br />
 <br />
-Suficiente meditación vibratoria por hoy, gigantona.- sentenció la joven de la interminable trenza, su voz denotando una excitación marcial palpable -Ya lograste que la roca cante contigo sin reventarte los sesos. Pero un enemigo en el campo de batalla no se va a quedar quieto esperando a que le apoyes la frente suavemente. Es hora de convertir esa frecuencia estática en un proyectil penetrante. Retrocede tres pasos.-<br />
 <br />
Mizuki obedeció, separando sus fornidas piernas para anclar su centro de gravedad. Su pesada cola atigrada barrió el polvo del patio, preparándose para la embestida.<br />
 <br />
-Genera la vibración desde la planta de tus pies ahora mismo, antes de moverte. Mantenla girando en tu núcleo y envíala a tu cráneo.- instruyó Sira, levantando una mano enguantada en polvo -Cuando te lances hacia adelante, no busques empujar el pilar. Visualiza que tu cabeza atraviesa la piedra y estalla del otro lado. ¡Usa el verdadero Cabezazo Militar! ¡Ahora!-<br />
 <br />
Con un rugido gutural que hizo vibrar el aire pesado de la tarde, Mizuki se impulsó. Esta vez, su cuerpo entero emitía un zumbido sordo y aterrador. No era solo fuerza bruta; era una onda de choque viva y en movimiento. Su frente magullada impactó contra la superficie del monolito.<br />
 <br />
El sonido no fue un estallido sordo y hueco como la primera vez. Fue un crujido agudo y penetrante, seguido de un estruendo interno. La gruesa columna de piedra no se partió por el punto de impacto; en su lugar, la parte posterior del monolito estalló violentamente hacia afuera, arrojando pedazos de roca a varios metros de distancia, destrozada por completo desde sus propios cimientos internos.<br />
 <br />
La gyojin retrocedió un paso, mareada pero increíblemente consciente. Su frente ardía, pero su cerebro estaba intacto.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Por todos los mares, funcionó! ¡La maldita piedra explotó por la espalda!-</span></span> exclamó Mizuki, soltando una risa ruidosa y dentada mientras se llevaba una mano a la cabeza, eufórica por la devastación <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Es una sensación increíble, señorita Matcha! ¡Siento que podría derribar las puertas de un cuartel general solo con un estornudo bien vibrado!-</span></span><br />
 <br />
Patio del Dojo del Hasshoken. Ocaso.<br />
 <br />
El estruendo de la roca pulverizada y el eco sordo del impacto aún resonaban en la ladera sur, pero fueron rápidamente opacados por la euforia desmedida de la gigantesca mujer ocre. La adrenalina de haber dominado las vibraciones internas sin destrozarse el cráneo en el intento borró por completo el dolor punzante en su frente inflamada. Movida por un impulso puramente instintivo, efusivo y carente de cualquier sentido del espacio personal, Mizuki acortó la distancia con su diminuta maestra en un par de zancadas masivas. Antes de que Sira Matcha pudiera reaccionar, regañarla o adoptar una postura defensiva, las enormes manos atigradas de la gyojin la sujetaron firmemente por la cintura.<br />
 <br />
Con la misma facilidad con la que levantaría una pluma, Mizuki alzó en el aire a la joven de la sudadera rosa pastel, despegándola metro y medio del suelo polvoriento y apretándola en un abrazo de oso que hizo crujir levemente la espalda de la maestra. El tintineo frenético de los grilletes pulidos y sin cadenas acompañó la ruidosa y alocada celebración.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Es usted la mejor maestra de todos los mares, señorita Matcha! ¡Lo logramos en unas solas horas! ¡Le dije que mi cabeza era dura, pero usted la acaba de convertir en un cañón de asedio perfecto!-</span></span> exclamaba la oji-azul, girando sobre su propio eje con la pequeña mujer en brazos, riendo a mandíbula batiente con sus afilados colmillos expuestos al viento cálido del atardecer.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¡Por todos los mares, esta chica pesa menos que mi estuche de contrabajo! Pero la técnica letal que guarda en su interior vale por cien acorazados... ¡Siento que podría partir un buque de la Marina por la mitad ahora mismo y salir ilesa!-</span></span> pensaba la mujer tiburón tigre, rebosante de un orgullo y una excitación marcial que hacían temblar sus propios músculos.<br />
 <br />
Sira Matcha, suspendida en el aire con las piernas colgando y su interminable trenza ondeando por los rápidos giros, frunció el ceño. Su instinto asesino y competitivo parpadeó por un segundo ante la descarada invasión de su autoridad, pero al ver la genuina y bruta felicidad en el rostro magullado de su gigantesca alumna, se limitó a soltar un suspiro exasperado, golpeando suavemente el musculoso hombro atigrado con su puño pálido.<br />
 <br />
-Bájame ahora mismo de aquí, bestia escandalosa, o te haré vibrar los órganos internos hasta que supliques clemencia.- amenazó la pelirroja, aunque su tono carecía de su habitual hostilidad asesina.<br />
 <br />
Una vez que las deportivas blancas de Sira tocaron nuevamente la tierra batida, la maestra se arregló el flequillo con corte de sierra, se sacudió la sudadera y cruzó los brazos, recuperando de inmediato su aura de autoridad letal frente a la sonriente gyojin.<br />
 <br />
-Tu entusiasmo es francamente asfixiante, pero admito que tienes un talento monstruoso para asimilar el dolor físico. Has dominado el Cabezazo Militar estático y frontal.- reconoció Sira, levantando la mirada hacia la imponente mujer de más de dos metros treinta -Sin embargo, esto es solo la punta de la lanza. El impacto que acabas de lograr es devastador contra un blanco inerte, pero en el mundo real, los escudos se mueven, los enemigos esquivan y los espadachines contraatacan. Es hora de que conozcas la verdadera cúspide destructiva de esta técnica: el Cabezazo Militar Giratorio.-<br />
 <br />
Mizuki se frotó la frente inflamada con el dorso de la mano, prestando absoluta atención mientras sus agudos ojos de esclerótica negra se abrían con renovada y peligrosa fascinación.<br />
 <br />
-Al incorporar un movimiento rotatorio de alta velocidad a tu salto, combinas la frecuencia de tus vibraciones internas con la fuerza centrífuga de tu masivo peso corporal.- explicó la pequeña maestra, sus ojos oscuros volviendo a brillar con esa intensidad sádica y apasionada -El impacto resultante no solo ignora la resistencia, sino que desgarra la materia a nivel molecular por la torsión. Pero para aprenderlo, la piedra inerte ya no nos sirve. A partir de mañana, tendrás que ejecutarlo en el aire, girando sobre tu eje, y contra objetivos móviles que intentarán golpearte antes de que tú los alcances a ellos. Veremos si tu cerebro de pez soporta dar vueltas a gran velocidad mientras vibra sin que te desmayes.-<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Dar vueltas, vibrar y demoler cosas en pleno vuelo! ¡Suena como el mejor baile destructivo del mundo, señorita Matcha! ¡Estaré lista apenas salga el sol!-</span></span> respondió Mizuki, chocando sus puños ensangrentados con una determinación inquebrantable que prometía hacer temblar la montaña entera.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Día 35 de Verano, Año 17</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Localización: Isla Karate, Patio central del Dojo de Karate Gyojin. Mañana.</span></span></div>
 <br />
El frescor matutino envolvía el escarpado patio central del dojo, pero esta vez, la enorme mujer tiburón tigre no se encontraba sumergida en los estanques intentando dominar el agua, ni colgando torpemente de los bonsáis milenarios. Tras once días de un rigor físico absoluto que habría quebrado el espíritu y los huesos de cualquier pirata novato, Mizuki se erguía en el centro del recinto de piedra con su pesado equipaje nuevamente a cuestas. El gigantesco estuche de contrabajo descansaba cómodamente sobre su amplia espalda ocre, asegurado con gruesas correas de cuero, mientras los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas chocaban entre sí con un tintineo metálico y nostálgico. Había llegado el momento de partir y dejar atrás el agua para buscar nuevos horizontes.<br />
 <br />
Frente a ella, manteniendo su inquebrantable y rígida postura marcial de siempre, se encontraba Batch Kalão. El estricto maestro de piel verde cruzaba los brazos sobre su inmaculada ropa blanca, ajustando su alto turbante con el círculo dorado mientras escrutaba a su gigantona alumna por última vez, rehusándose a mostrar cualquier atisbo de tristeza por su partida.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! Ha sido una estadía absolutamente infernal y maravillosa a partes iguales, Gran Maestro Kalão. Mis nudillos, mi centro de gravedad y mi paciencia le estarán eternamente agradecidos por tanta disciplina.-</span></span> exclamó la oji-azul, realizando una reverencia profunda y respetuosa que hizo crujir levemente la madera de su equipaje <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Pero antes de seguir recorriendo esta montaña, quería pedirle un último consejo. El Karate Gyojin es increíble, pero mi cuerpo aún tiene mucha energía y quiero seguir afilando mis colmillos. ¿Conoce algún otro estilo en esta isla que complemente la fuerza destructiva de una bestia como yo?-</span></span><br />
 <br />
El orgullo del estoico instructor le impidió sonreír ante el halago directo, pero asintió lentamente, reconociendo el genuino deseo de superación de la forastera.<br />
 <br />
-Tu dominio inicial del Uchimizu y del Hyakumaigawara seiken te han otorgado cañones en los brazos, forastera, pero tu estilo sigue siendo demasiado frontal y dependiente de tus extremidades. Posees un cráneo ridículamente denso y una musculatura masiva de tiburón tigre... desperdicias tu propia cabeza en combate.- sentenció el hombrecillo verde con frialdad analítica -Debes dirigirte al dojo del Hasshoken, ubicado en la ladera sur. Allí enseñan el control absoluto de las vibraciones corporales.-<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¿Vibraciones corporales? Eso suena a que no importará qué tan gruesa sea la armadura del enemigo si el golpe hace temblar sus órganos. Definitivamente suena a mi tipo de fiesta...-</span></span> pensó Mizuki, abriendo sus agudos ojos de esclerótica negra con genuina curiosidad depredadora.<br />
 <br />
-El Hasshoken produce ondas de choque reverberantes que no pueden ser bloqueadas de forma tradicional.- continuó explicando Batch Kalão, adoptando un tono de advertencia -Con tu fuerza bruta base, aprender su Cabezazo Militar y, eventualmente, el Cabezazo Militar Giratorio, te permitirá usar esas vibraciones para ignorar por completo la resistencia física de escudos de metal o demoler la defensa de hombres muy fuertes desde adentro. Te convertirás en un ariete imparable, siempre y cuando logres soportar el entrenamiento de su peculiar maestra.-<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Un cabezazo que hace vibrar y destruye gruesos escudos desde adentro! ¡Es sencillamente la técnica perfecta para abrirle paso a nuestras causas!-</span></span> rió Mizuki a mandíbula batiente, acomodándose la mochila con renovada y explosiva energía <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Le prometo que no dejaré en vergüenza las enseñanzas de sus puños, maestro. ¡Me voy directo al sur a romperme un poco la cabeza! ¡Nos vemos!-</span></span><br />
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--Senderos hacia la ladera sur de la Gran Montaña Central.--<br />
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El descenso desde los rígidos dominios del maestro Batch Kalão resultó ser un bienvenido respiro para la imponente mujer tiburón tigre. A medida que Mizuki avanzaba por los sinuosos senderos de piedra que bordeaban la colosal montaña central, el paisaje comenzaba a transformarse lentamente. La densa humedad de las cascadas y estanques artificiales quedaba atrás, dando paso a una brisa mucho más seca y cálida que acariciaba agradablemente su piel ocre atigrada. A ambos lados del camino, los gigantescos bonsáis milenarios extendían sus retorcidas ramas como techos naturales, filtrando la intensa luz del sol veraniego y proyectando un mosaico de sombras danzantes sobre la roca tallada. Era un entorno de una belleza agreste y serena, un contraste absoluto con la violencia que se gestaba diariamente en aquellos picos.<br />
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Mizuki caminaba con un paso firme pero relajado, disfrutando de la quietud del trayecto. Cada movimiento de sus fornidas piernas y el balanceo de su pesada cola hacían eco de un dolor muscular sordo y profundo; sus hombros ardían levemente por el peso del inmenso estuche de contrabajo a su espalda, y sus nudillos aún conservaban el tono rojizo de las cientos de tejas pulverizadas. Sin embargo, no era un dolor paralizante, sino la satisfactoria quemazón del progreso, el recordatorio físico de que su cuerpo se había vuelto un arma más letal. El suave y constante tintineo de los pulidos grilletes sin cadenas en sus muñecas acompañaba su andar, arrullándola en una calma inusual mientras sus agudos ojos azules de esclerótica negra contemplaban el vasto horizonte del South Blue que se asomaba entre las nubes.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Qué vista tan magnífica... casi hace que uno se olvide de que el mundo allá abajo está lleno de tiranos de uniforme blanco y escoria con ínfulas de grandeza. Pero por mucho que disfrute este paseo escénico, el reloj no perdona. Salí de Baterilla la noche del día dieciocho y me prometí estar de regreso en menos de veinte días. Eso significa que el tiempo me está pisando los talones si quiero mantener mi fachada civil y volver a ver a la gente que dejé esperándome allá.-</span></span> pensó la enorme gyojin, frunciendo levemente el ceño mientras calculaba mentalmente los días de navegación que le tomaría el regreso.<br />
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Ajustó las gruesas correas de cuero de su equipaje, sintiendo la urgencia renovada en su pecho. No tenía semanas enteras para dedicarle a las posturas básicas en esta ocasión. Necesitaba absorber los fundamentos del Hasshoken y dominar el poder destructivo de las vibraciones en tiempo récord.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Solo espero que la famosa maestra de esta disciplina no sea tan terca y dada a los monólogos poéticos como el hombrecillo verde. Necesito a alguien que vaya directo al grano, o mejor dicho, directo al cráneo. Si voy a usar mi propia cabeza como ariete, más vale que empiece pronto.-</span></span> concluyó con una media sonrisa dentada, acelerando levemente su enorme tranco y levantando pequeñas nubes de polvo en el sendero.<br />
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Tras superar un pronunciado recodo en la montaña, la ladera sur se abrió ante ella en una amplia meseta natural. Allí, recortado contra el cielo despejado y rodeado por formaciones rocosas que extrañamente carecían de vegetación cercana, se alzaba por fin su destino. Desde la distancia, el dojo del Hasshoken parecía un recinto mucho más sobrio y rústico, pero el aire a su alrededor parecía distorsionarse ligeramente, como si la mismísima roca estuviera emitiendo un zumbido bajo y constante que Mizuki podía sentir resonando en las plantas de sus pies descalzos.<br />
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A medida que Mizuki se acercaba a la entrada del rústico dojo, la extraña sensación de zumbido bajo sus fornidos pies descalzos se hizo mucho más evidente. El aire mismo parecía poseer una densidad peculiar, y las formaciones rocosas que rodeaban el recinto mostraban un patrón de fisuras finas y antinaturales, como si hubieran sido sometidas a una presión sísmica constante desde adentro. Sin embargo, el aura innegablemente peligrosa e intimidante del lugar contrastaba radicalmente con la figura solitaria que se encontraba en el centro del patio de tierra batida.<br />
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Allí, realizando suaves estiramientos con una tranquilidad pasmosa, estaba una joven que apenas rozaba el metro sesenta y cinco de estatura y no debía pesar más de cincuenta kilos. Su tez clara brillaba ligeramente bajo el sol veraniego, resaltando sus grandes ojos oscuros y su llamativo cabello rojo fucsia. Llevaba un flequillo con un curioso corte de sierra y un par de mechones cayendo graciosamente sobre sus clavículas, mientras el resto de su abundante melena estaba recogida en una interminable trenza que casi rozaba su cadera. Vestía de forma sumamente casual y deportiva: una camiseta blanca bajo una sudadera rosa pastel, pantalones cortos oscuros y un par de deportivas blancas que evidenciaban su constante actividad física. Parecía la encarnación misma de la inocencia y la paz.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¿De verdad esta pequeña y adorable chica es la maestra de un estilo capaz de reventar escudos de metal y derrotar a hombres enormes desde adentro? Parece que un viento fuerte podría llevársela volando... pero en esta maldita montaña ya he aprendido a la mala que los monstruos más letales no siempre tienen escamas y miden más de dos metros.-</span></span> pensó la mujer tiburón tigre, acomodando el gigantesco estuche de contrabajo en su amplia espalda atigrada mientras una sonrisa genuinamente amistosa asomaba en su rostro.<br />
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Haciendo sonar alegremente los grilletes pulidos y sin cadenas de sus muñecas, la inmensa gyojin dio un paso al frente, agachando levemente la cabeza en una reverencia para no resultar demasiado abrumadora con sus más de dos metros treinta de altura.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Muy buenas tardes! ¡Sha sha sha! Disculpe la intromisión en su paz, mi nombre es Mizuki y vengo recomendada directamente desde el dojo del maestro Batch Kalão.-</span></span> se presentó a viva voz, con su característica energía inagotable <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Vengo buscando a la famosa Sira Matcha. Me han asegurado que aquí enseñan el formidable arte del Hasshoken, y yo estoy increíblemente interesada en aprender a usar mi propio cráneo como el arma definitiva.-</span></span><br />
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La joven pelirroja detuvo sus estiramientos, volteando a ver a la gigantona ocre con una expresión apacible, sumamente bondadosa y sin una sola pizca de miedo ante la intimidante dentadura de su interlocutora. Al ver esa reacción tan amable, Mizuki decidió ir directo al grano.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Asumiendo que usted es la maestra, señorita Matcha, debo ser completamente honesta desde el primer segundo.-</span></span> continuó la gyojin, apretando sus rojizos nudillos y adoptando un tono de determinación absoluta <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Tengo el tiempo peligrosamente en mi contra. Debo regresar a Baterilla muy pronto para cumplir con mi gente, pero estoy dispuesta a someter mi cuerpo y mi mente al límite máximo. Mi objetivo es aprender tanto el Cabezazo Militar como el Cabezazo Militar Giratorio, y le juro por todos los mares que daré cada gota de mi sudor, mi esfuerzo y mi sangre si es necesario para dominarlos en el tiempo que me queda. ¿Estaría dispuesta a aceptarme como su alumna de forma intensiva?-</span></span><br />
 <br />
La joven de cabello rojo fucsia parpadeó un par de veces con sus grandes y oscuros ojos, manteniendo una expresión de absoluta placidez mientras la inmensa mujer tiburón tigre soltaba su apasionado y apresurado discurso. A simple vista, Sira Matcha parecía la clase de persona que invitaría a la forastera a tomar un té de hierbas para calmar sus ansias, pero en cuanto las palabras "tiempo limitado", "esfuerzo máximo" y "dispuesta a ser explotada" abandonaron las fauces llenas de colmillos de la gyojin, algo en el ambiente cambió radicalmente. La dulzura inocente en el rostro de la pequeña maestra se evaporó en una fracción de segundo, dando paso a una sonrisa afilada, casi salvaje, y a un brillo febril en su mirada que contrastaba violentamente con su sudadera rosa pastel.<br />
 <br />
-¿Así que el estricto Batch Kalão te envió aquí porque tus puños ya no son suficientes y ahora quieres usar tu propio cráneo para demolerlo todo?- preguntó Sira, con una voz que había perdido su tono cantarino para volverse intensa y peligrosamente entusiasta -¿Y dices que estás dispuesta a que rompa tu cuerpo y lo lleve más allá del límite del agotamiento solo para aprender los fundamentos del Cabezazo Militar antes de zarpar? Oh, grandota, no tienes idea de lo feliz que me hace escuchar eso.-<br />
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La pequeña maestra dio un paso al frente, acortando la distancia con la mujer de más de dos metros treinta sin mostrar ni una gota de intimidación. Al contrario, la idea de tomar a un portento físico como Mizuki y moldearla a golpes en tiempo récord encendía sus instintos de lucha. Era el desafío pedagógico y marcial definitivo.<br />
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-Acepto tu reto, Mizuki.- sentenció la pelirroja de la interminable trenza, apretando sus pequeños puños con una fuerza que hizo crujir levemente sus nudillos -Si te entrego los secretos de las vibraciones en tan pocos días y logras aplicarlos allá afuera, el mundo entero sabrá que la supremacía destructiva del Hasshoken no tiene rival, ni siquiera frente a las rígidas tejas del Karate Gyojin. Pero te lo advierto, mi entrenamiento no entiende de piedad ni de descansos cuando mi sangre hierve.-<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¡Por todos los mares! Detrás de esa carita de muñeca de porcelana se esconde una auténtica bestia sedienta de guerra... ¡Sha sha sha! Esto va a ser cien veces más divertido y doloroso de lo que imaginé, y me encanta. Esta chica tiene exactamente el tipo de fuego que necesito para forjar mi cráneo.-</span></span> pensó la oji-azul, sintiendo una oleada de adrenalina pura recorrer su amplia espalda atigrada mientras dejaba caer su monumental estuche de contrabajo y su mochila en el suelo polvoriento, lista para recibir órdenes.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Mi cabeza y mi voluntad son todas suyas, señorita Matcha! ¡Dígame qué roca debo golpear primero o qué montaña debo mover!-</span></span> exclamó la gyojin, chocando los pulidos grilletes de sus muñecas en una clara declaración de intenciones.<br />
 <br />
-No golpearás absolutamente nada todavía, bestia marina.- la frenó Sira con un gesto seco y autoritario, caminando hacia uno de los extraños monolitos de piedra fisurada que adornaban el patio -El Hasshoken no es fuerza bruta, es la manipulación de la frecuencia. Si golpeas esto con tu cráneo denso ahora mismo, solo te darás una jaqueca. Primero, tienes que sentir la onda.-<br />
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La pequeña mujer colocó su pálida mano sobre la superficie de la roca. Sin hacer un solo movimiento brusco, los músculos de su brazo parecieron vibrar a una velocidad imperceptible. Un zumbido sordo y agudo llenó el aire, y la inmensa piedra comenzó a temblar desde sus cimientos, soltando pequeñas esquirlas de polvo.<br />
 <br />
-Acércate, pon tu mano aquí y siente cómo el poder nace desde adentro hacia afuera.- ordenó la maestra pelirroja, sus ojos oscuros brillando con intensidad competitiva -Vamos a despertar las vibraciones de tu cuerpo, cueste la sangre que cueste.-<br />
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--Patio del Dojo del Hasshoken.--<br />
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La determinación de Mizuki pesaba más que el gigantesco estuche de contrabajo que acababa de dejar en el suelo. Bajo la mirada intensa y competitiva de la señorita Matcha, la mujer tiburón tigre se cuadró frente a uno de los monolitos de piedra que adornaban el patio, un pilar que mostraba cicatrices de innumerables impactos vibratorios previos. La pequeña maestra pelirroja le había ordenado sentir la onda, pero la paciencia de la gyojin se evaporaba ante la presión del reloj que marcaba su inminente regreso a Baterilla. No había tiempo para sutilezas sensoriales; su cráneo era denso, sus músculos formidables y su voluntad inquebrantable. Con una exhalación profunda y gutural, Mizuki tensó su amplio cuello atigrado, ancló sus pesadas piernas en la tierra batida y lanzó su cabeza hacia adelante con la brutalidad ciega de un ariete de asedio desbocado.<br />
 <br />
El impacto no fue el siseo reverberante que Sira Matcha había demostrado minutos antes. Fue un estruendo seco, sordo y violento, como el choque frontal de dos buques de guerra a máxima potencia. La frente escamada de la gyojin colisionó de lleno contra la roca inamovible. ¡CRACK! Una fina grieta superficial apareció en la piedra, pero el verdadero daño, el efecto devastador de la física elemental rebotando contra un objeto sin la técnica adecuada, se desató instantáneamente dentro de la propia cabeza de la mujer ocre.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Ugh... Por todos los Reyes del Mar... ¿Quién apagó la luz del sol? Todo está... borroso... Sha... sha... ugh...-</span></span> pensó Mizuki, mientras sus fornidas piernas fallaban por primera vez en días, obligándola a dar varios pasos tambaleantes hacia atrás antes de caer pesadamente de rodillas, haciendo tintinear violentamente los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas.<br />
 <br />
El mundo, tal como lo conocía la gyojin de escleróticas negras, dejó de tener sentido en una fracción de segundo. Una punzada de dolor agudo, ardiente y eléctrico estalló exactamente entre sus agudos ojos azules, irradiándose hacia la base de su cráneo con la intensidad de un relámpago atrapado en su cerebro. Sus sentidos colapsaron en una cacofonía sensorial abrumadora. El zumbido constante que emanaba del dojo se transformó en un pitido agudo, ensordecedor y doloroso que anulaba cualquier otro sonido, ahogando incluso su propia respiración agitada.<br />
 <br />
La percepción visual de Mizuki se distorsionó por completo, envolviéndola en una neblina nauseabunda. El cielo veraniego, antes azul despejado, parecía sangrar tonos violetas y verdosos que se fundían con la tierra del patio en un remolino vertiginoso. El monolito de piedra que acababa de golpear ya no era una columna sólida; a sus ojos mareados, la roca parecía derretirse y vibrar violentamente, multiplicándose en tres imágenes fantasmales que danzaban burlonamente ante ella. Incluso la textura del mundo cambió de forma aterradora bajo sus dedos escamados; la tierra batida del patio, dura y seca, se sentía ahora esponjosa y viscosa, como si estuviera arrodillada sobre una ciénaga en descomposición. La náusea subió por su garganta, y un sabor metálico a cobre invadió sus fauces, mientras sentía cómo su cerebro chocaba rítmicamente contra las paredes internas de su propio cráneo denso con cada latido de su corazón desbocado.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Maldita sea... Esto no es dolor, es una puta lobotomía... Los colores me gritan... El suelo se mueve... Sha sha sha... no, eso no da risa... necesito... aire...-</span></span> gimió internamente la mujer tiburón tigre, cerrando sus ojos con fuerza para intentar detener el carrusel de náuseas y colores mareantes que amenazaba con hacerla perder el conocimiento por completo.<br />
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A través de la bruma del dolor y el zumbido ensordecedor en sus oídos, una figura nítida y desesperadamente estable comenzó a materializarse ante ella. Sira Matcha, la pequeña maestra pelirroja de la sudadera rosa pastel, se encontraba de pie a pocos centímetros de su rostro mareado. No había rastro de la dulzura inocente en su expresión; sus ojos oscuros brillaban con una intensidad febril y competitiva, observando el sufrimiento de su alumna con la frialdad analítica de una científica examinando una muestra interesante bajo el microscopio.<br />
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-Una demostración de estupidez verdaderamente monumental, bestia marina.- sentenció Sira, su voz cortando la neblina del mareo de Mizuki con una claridad hiriente y autoritaria, sin mostrar ni un ápice de compasión por el dolor evidente de la gyojin -Acabas de aprender, a la mala, la diferencia entre un cabezazo de taberna y el verdadero Hasshoken. Has usado tu cráneo como un simple martillo de hueso contra un yunque de piedra. Toda la energía cinética que generaste con tu inmensa fuerza base no atravesó el objetivo; rebotó directamente hacia tu cerebro porque no sabes manipular la frecuencia.-<br />
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La pelirroja de la interminable trenza se agachó levemente, obligando a Mizuki a fijar su mirada borrosa en ella.<br />
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-El Cabezazo Militar no se trata de la dureza de tu frente, aunque la tuya sea ridículamente densa, sino de la manipulación de las ondas de choque en el microsegundo exacto del impacto.- explicó Matcha, adoptando una postura rígidamente técnica, extendiendo una mano pálida para tocar suavemente la zona enrojecida e inflamada entre los ojos de la gyojin, haciéndola sisear de dolor -El secreto no es golpear para apartar la roca, sino generar internamente una vibración de alta frecuencia que resuene con la estructura molecular del objetivo. Tienes que concentrar tu energía respiratoria y hacerla vibrar en la punta de tu cráneo para que, al conectar, la onda penetre e ignore la resistencia física, destruyendo desde adentro hacia afuera. Si no aprendes a vibrar antes de golpear, solo terminarás con una conmoción cerebral fatal antes de que se acabe tu tiempo.-<br />
 <br />
El eco del pitido ensordecedor tardó largos y agónicos minutos en abandonar los oídos de la inmensa gyojin. Mizuki parpadeó pesadamente, obligando a sus agudos ojos azules de esclerótica negra a enfocar nuevamente la figura menuda y peligrosamente intensa de su nueva maestra. El dolor en el centro de su frente latía al compás de su corazón, un recordatorio constante y palpitante de que la terquedad bruta no era rival para la física destructiva del Hasshoken. Con un gruñido bajo que hizo vibrar su pecho ocre, la mujer tiburón tigre apoyó sus enormes manos en la tierra batida y se obligó a ponerse de pie, haciendo tintinear los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas mientras su masiva estatura de más de dos metros treinta volvía a proyectar una sombra sobre Sira Matcha.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Bien... mensaje recibido fuerte y claro por mi maldito cráneo. Si vuelvo a lanzarme como un Rey del Mar ciego, voy a terminar babeando en el suelo y olvidando mi propio nombre antes de que caiga el sol. Necesito que mi cabeza sea la onda, no la roca que choca contra el muro. Respirar... igualar la frecuencia... Si esa pequeña bestia pelirroja puede hacerlo, yo también puedo, solo tengo que silenciar el instinto de destruir a golpes y empezar a sentir el interior de las cosas.-</span></span> pensó la oji-azul, cerrando los ojos un instante para centrar su vertiginoso equilibrio y tragar saliva, calmando las náuseas que aún amenazaban su estómago.<br />
 <br />
Sira Matcha no retrocedió ni un milímetro, manteniendo esa sonrisa afilada que delataba su salvaje excitación competitiva. Cruzó sus pálidos brazos sobre la sudadera rosa pastel, asintiendo lentamente al ver que la gigante no se había rendido tras el monumental trauma craneal.<br />
 <br />
-Acércate de nuevo al monolito, bestia marina, pero esta vez no tomes impulso. Pega tu frente directamente a él.- ordenó la maestra, su voz desprovista de toda la dulzura inicial y cargada de una exigencia marcial absoluta -Quiero que respires profundo. Siente el zumbido natural de este dojo en las plantas de tus pies, deja que suba por tus masivas piernas, viaje por tu espina dorsal y se concentre justo en el punto de impacto. Haz que tus músculos tiemblen a voluntad, busca la frecuencia exacta de la roca y conviértete en ella.-<br />
 <br />
Mizuki obedeció. Avanzó con paso lento y medido, sintiendo sus rodillas aún ligeramente inestables, y pegó su frente magullada contra la superficie fría y áspera de la piedra. El simple contacto avivó el dolor punzante, pero lo ignoró con pura y bruta fuerza de voluntad. Inhaló profundamente, llenando sus inmensos pulmones atigrados. En lugar de tensarse para empujar con la cadera, intentó generar una vibración interna. Al principio, solo logró un temblor tosco, como el escalofrío de una fiebre repentina, pero bajo la mirada incisiva de Sira, ajustó el flujo de su respiración.<br />
 <br />
Poco a poco, un zumbido sordo comenzó a nacer en su garganta, viajando hacia la placa ósea de su cabeza. Los metales pulidos de sus muñecas empezaron a vibrar sutilmente, emitiendo un tintineo continuo y casi imperceptible, distinto al choque habitual.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha... sha... duele como los mil demonios de las profundidades, pero creo que lo estoy sintiendo, señorita Matcha! ¡Mi cabeza está zumbando como un enjambre de avispas enfurecidas!-</span></span> exclamó Mizuki a través de los afilados dientes apretados, manteniendo la frente pegada a la piedra, sudando copiosamente por el esfuerzo mental.<br />
 <br />
-¡Ahora empuja esa vibración hacia el interior! ¡Lento, dolorosamente lento! ¡Obliga a la piedra a temblar contigo!- exigió Sira, sus ojos oscuros ardiendo con anticipación.<br />
 <br />
Con un esfuerzo titánico, Mizuki aplicó una presión mínima contra el monolito, canalizando la frecuencia concentrada. No hubo un estruendo violento. En su lugar, un zumbido grave y penetrante resonó en el aire. La piedra sólida bajo su frente comenzó a emitir un gemido estructural agudo, y una fina capa de polvo y esquirlas se desprendió de la superficie, cayendo sobre el patio. No había destruido el objetivo, pero la energía no había rebotado hacia su cerebro; esta vez, había comenzado a penetrar en la roca.<br />
 <br />
Las horas se habían escurrido como arena entre los dedos escamados de la inmensa gyojin. El sol comenzaba a teñir el cielo de la ladera sur con tonos anaranjados y rojizos, un reflejo casi poético del estado en el que se encontraba la frente de Mizuki. La piel ocre entre sus agudos ojos azules estaba inflamada, magullada y cubierta por una fina capa de sudor mezclado con polvo de piedra. Había pasado las últimas cuatro horas sin despegarse del monolito, obligando a su masivo cuerpo de tiburón tigre a vibrar a voluntad, luchando internamente contra sus propios instintos de destrucción bruta para convertirlos en un zumbido milimétrico y controlado.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Siento que mi cerebro se ha convertido en una colmena de abejas furiosas... Cada maldito músculo de mi cuello arde como si estuviera masticando brasas ardientes. Pero la náusea se ha ido, y el rebote asesino ya no me nubla la vista. Esta pequeña tirana de sudadera rosa sabe exactamente cómo llevarme al borde del colapso sin dejar que me rompa del todo.-</span></span> pensó la mujer de escleróticas negras, respirando con una pesadez ronca mientras se separaba unos centímetros de la piedra, haciendo sonar los pulidos grilletes sin cadenas de sus muñecas, los cuales aún conservaban un leve temblor residual.<br />
 <br />
Sira Matcha, que no se había sentado ni un solo instante durante toda la tortuosa sesión vespertina, la observaba con los brazos cruzados y esa sonrisa salvaje e impropia de su dulce rostro. La maestra pelirroja asintió, reconociendo que la forastera finalmente había asimilado el ritmo de la onda de choque en estado estático.<br />
 <br />
-Suficiente meditación vibratoria por hoy, gigantona.- sentenció la joven de la interminable trenza, su voz denotando una excitación marcial palpable -Ya lograste que la roca cante contigo sin reventarte los sesos. Pero un enemigo en el campo de batalla no se va a quedar quieto esperando a que le apoyes la frente suavemente. Es hora de convertir esa frecuencia estática en un proyectil penetrante. Retrocede tres pasos.-<br />
 <br />
Mizuki obedeció, separando sus fornidas piernas para anclar su centro de gravedad. Su pesada cola atigrada barrió el polvo del patio, preparándose para la embestida.<br />
 <br />
-Genera la vibración desde la planta de tus pies ahora mismo, antes de moverte. Mantenla girando en tu núcleo y envíala a tu cráneo.- instruyó Sira, levantando una mano enguantada en polvo -Cuando te lances hacia adelante, no busques empujar el pilar. Visualiza que tu cabeza atraviesa la piedra y estalla del otro lado. ¡Usa el verdadero Cabezazo Militar! ¡Ahora!-<br />
 <br />
Con un rugido gutural que hizo vibrar el aire pesado de la tarde, Mizuki se impulsó. Esta vez, su cuerpo entero emitía un zumbido sordo y aterrador. No era solo fuerza bruta; era una onda de choque viva y en movimiento. Su frente magullada impactó contra la superficie del monolito.<br />
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El sonido no fue un estallido sordo y hueco como la primera vez. Fue un crujido agudo y penetrante, seguido de un estruendo interno. La gruesa columna de piedra no se partió por el punto de impacto; en su lugar, la parte posterior del monolito estalló violentamente hacia afuera, arrojando pedazos de roca a varios metros de distancia, destrozada por completo desde sus propios cimientos internos.<br />
 <br />
La gyojin retrocedió un paso, mareada pero increíblemente consciente. Su frente ardía, pero su cerebro estaba intacto.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Por todos los mares, funcionó! ¡La maldita piedra explotó por la espalda!-</span></span> exclamó Mizuki, soltando una risa ruidosa y dentada mientras se llevaba una mano a la cabeza, eufórica por la devastación <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Es una sensación increíble, señorita Matcha! ¡Siento que podría derribar las puertas de un cuartel general solo con un estornudo bien vibrado!-</span></span><br />
 <br />
Patio del Dojo del Hasshoken. Ocaso.<br />
 <br />
El estruendo de la roca pulverizada y el eco sordo del impacto aún resonaban en la ladera sur, pero fueron rápidamente opacados por la euforia desmedida de la gigantesca mujer ocre. La adrenalina de haber dominado las vibraciones internas sin destrozarse el cráneo en el intento borró por completo el dolor punzante en su frente inflamada. Movida por un impulso puramente instintivo, efusivo y carente de cualquier sentido del espacio personal, Mizuki acortó la distancia con su diminuta maestra en un par de zancadas masivas. Antes de que Sira Matcha pudiera reaccionar, regañarla o adoptar una postura defensiva, las enormes manos atigradas de la gyojin la sujetaron firmemente por la cintura.<br />
 <br />
Con la misma facilidad con la que levantaría una pluma, Mizuki alzó en el aire a la joven de la sudadera rosa pastel, despegándola metro y medio del suelo polvoriento y apretándola en un abrazo de oso que hizo crujir levemente la espalda de la maestra. El tintineo frenético de los grilletes pulidos y sin cadenas acompañó la ruidosa y alocada celebración.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Es usted la mejor maestra de todos los mares, señorita Matcha! ¡Lo logramos en unas solas horas! ¡Le dije que mi cabeza era dura, pero usted la acaba de convertir en un cañón de asedio perfecto!-</span></span> exclamaba la oji-azul, girando sobre su propio eje con la pequeña mujer en brazos, riendo a mandíbula batiente con sus afilados colmillos expuestos al viento cálido del atardecer.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-¡Por todos los mares, esta chica pesa menos que mi estuche de contrabajo! Pero la técnica letal que guarda en su interior vale por cien acorazados... ¡Siento que podría partir un buque de la Marina por la mitad ahora mismo y salir ilesa!-</span></span> pensaba la mujer tiburón tigre, rebosante de un orgullo y una excitación marcial que hacían temblar sus propios músculos.<br />
 <br />
Sira Matcha, suspendida en el aire con las piernas colgando y su interminable trenza ondeando por los rápidos giros, frunció el ceño. Su instinto asesino y competitivo parpadeó por un segundo ante la descarada invasión de su autoridad, pero al ver la genuina y bruta felicidad en el rostro magullado de su gigantesca alumna, se limitó a soltar un suspiro exasperado, golpeando suavemente el musculoso hombro atigrado con su puño pálido.<br />
 <br />
-Bájame ahora mismo de aquí, bestia escandalosa, o te haré vibrar los órganos internos hasta que supliques clemencia.- amenazó la pelirroja, aunque su tono carecía de su habitual hostilidad asesina.<br />
 <br />
Una vez que las deportivas blancas de Sira tocaron nuevamente la tierra batida, la maestra se arregló el flequillo con corte de sierra, se sacudió la sudadera y cruzó los brazos, recuperando de inmediato su aura de autoridad letal frente a la sonriente gyojin.<br />
 <br />
-Tu entusiasmo es francamente asfixiante, pero admito que tienes un talento monstruoso para asimilar el dolor físico. Has dominado el Cabezazo Militar estático y frontal.- reconoció Sira, levantando la mirada hacia la imponente mujer de más de dos metros treinta -Sin embargo, esto es solo la punta de la lanza. El impacto que acabas de lograr es devastador contra un blanco inerte, pero en el mundo real, los escudos se mueven, los enemigos esquivan y los espadachines contraatacan. Es hora de que conozcas la verdadera cúspide destructiva de esta técnica: el Cabezazo Militar Giratorio.-<br />
 <br />
Mizuki se frotó la frente inflamada con el dorso de la mano, prestando absoluta atención mientras sus agudos ojos de esclerótica negra se abrían con renovada y peligrosa fascinación.<br />
 <br />
-Al incorporar un movimiento rotatorio de alta velocidad a tu salto, combinas la frecuencia de tus vibraciones internas con la fuerza centrífuga de tu masivo peso corporal.- explicó la pequeña maestra, sus ojos oscuros volviendo a brillar con esa intensidad sádica y apasionada -El impacto resultante no solo ignora la resistencia, sino que desgarra la materia a nivel molecular por la torsión. Pero para aprenderlo, la piedra inerte ya no nos sirve. A partir de mañana, tendrás que ejecutarlo en el aire, girando sobre tu eje, y contra objetivos móviles que intentarán golpearte antes de que tú los alcances a ellos. Veremos si tu cerebro de pez soporta dar vueltas a gran velocidad mientras vibra sin que te desmayes.-<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Sha sha sha! ¡Dar vueltas, vibrar y demoler cosas en pleno vuelo! ¡Suena como el mejor baile destructivo del mundo, señorita Matcha! ¡Estaré lista apenas salga el sol!-</span></span> respondió Mizuki, chocando sus puños ensangrentados con una determinación inquebrantable que prometía hacer temblar la montaña entera.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Estilo Canon] Buto, la primer victoria.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3341</link>
			<pubDate>Tue, 03 Mar 2026 23:29:54 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=589">Ryota Miyamoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3341</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dia 34 de Verano, Año 17</span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Los pasos lentos del castaño lo llevaron nuevamente hasta las puertas del Dojo Hasshoken. Adentro, los demás estudiantes se encontraban en el jardín entrenando sus habilidades, en la ya constante rutina para perfeccionar sus habilidades. <br />
<br />
El sabor amargo de la derrota compartía el interior de Ryota con el del chicle que estaba mascando, pues acababa de ser presa de una batalla inigualada en la que sus técnicas fueron destruidas por el enemigo. ¿Cuánto más quedaba por entrenar? ¿Cuánto más debía continuar regresando allí con más preguntas que respuestas? <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Mierda, claro que no.”</span></span> Resolvió molesto tras mover su cabeza de lado a lado. No le beneficiaba en absoluto sentir esas dudas en su cabeza, solo debía confiar en el proceso de su entrenamiento y tarde o temprano ver los frutos del mismo.  <br />
<br />
Sin interactuar con nadie, llego hasta la parte trasera del dojo, donde se encontraban los instrumentos de combate. Estatuas de madera con diferentes brazos que ayudaban al entrenamiento. <br />
<br />
El sonido de los golpes comenzó a resonar por el ambiente, a medida que avanzaba. Una vez llegué, observo como su maestra Sira, se enfrentaba con gran maestría contra las estatuas. Sus movimientos eran rápidos, certeros y ágiles. El epitome de lo que Ryota aspiraba. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Ah… volviste”</span></span> exclamó la mujer, deteniendo su entrenamiento, para luego desviarse en dirección a él y hacer un ademán con la diestra. La seña indicaba que le lanzara la toalla a un costado de donde se encontraba. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Sí, digamos que necesito más enseñanzas.”</span> </span>Respondió con descontento, tomando la toalla para acercarla a ella y ver cómo se secaba el sudor tras recibirla.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Apuesto a que te dieron una paliza…”</span></span> Sonrió burlona, recibiendo una expresión molesta por parte del castaño. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Tranquilo tigre, es normal. Aquí muchos son artistas marciales y tú apenas estás tocando una pequeña fracción de eso.”</span></span> Continúo divertida, terminando con su limpieza. “Entonces ¿viniste a continuar el entrenamiento donde lo abandonaste?” <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Abandonar? Claro que no, solo estaba dejando a mi cuerpo descansar, no es sano adentrarse en un enfrentamiento tras otro.”</span></span> Claro que mentía, si fuera por él no habría vuelto allí ni aunque le pagasen, pero la maldita idea de volver a ser apaleado era algo que simplemente no lo dejaba en paz.<br />
<br />
Con premura, la maestra Sira, caminó hasta Ryota, llevando sus manos a sus hombros, luego sus bíceps, deltoides, oblicuos, uno a uno los músculos del pirata fueron palmeados. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Espera, primero invítame a una cita.”</span></span> Reaccionó el castaño con un tono jocoso, sin poder evitar reírse ante las cosquillas generadas por las manos de su maestra. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Aunque seas un bueno para nada, has seguido entrenando lo básico, es perfecto. Te enseñaré una nueva técnica.”</span></span> Dijo la maestra tras su análisis, confiada en que el hombre frente a ella pudiera con la tarea que estaba por encomendarle. Una nueva técnica sacada de la imaginación de cualquier artista marcial, algo caótico y descabellado pero que llevada a la práctica podría hacer diferencia en el combate. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Una nueva técnica?” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Sí, es lo que dije, pero no te la pondré fácil.”</span></span> Elevo sus mejillas formando una amigable expresión. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Necesitarás hacerme un favor, así que primero ve a llevar esto.”</span></span> Se acercó a él, sacando de sus vestiduras un papiro enrollado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Necesito que lo lleves al dojo que está cruzando la montaña, allí pregunta por Yonoseke y di que vas en mi nombre. Ellos sabrán qué hacer.” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Espera, ¿qué? ¿Cómo que ellos sabrán qué hacer? ¿Qué es esa clase de código? No espera, ¡oye!”</span></span> Por más que peleó, la mujer lo dejó hablando solo mientras se alejaba a repartir clases a los demás estudiantes. <br />
<br />
Sin tener opción para negarse, Ryota terminó encaminándose hasta la salida del dojo, aunque allí fue abordado por su maestra. Quien, en un rápido movimiento, digno de los maestros shaolin más astutos, le colocó dos grilletes en los pies, que arrastraban dos esferas de acero. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Espera! ¿Qué put&#36;#W&#36; es esto?”</span></span> Agito los puños molesto tratando de agarrarla, sin poder siquiera llegar a rozarla por su increíble agilidad. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Estás entrenando, es para tu entrenamiento tonto haha, ¡esfuérzate y no vuelvas hasta completar lo que te pedí!”</span></span> Respondió ella actuando con severidad mientras le daba la espalda. Gesto que ocultaba la enorme sonrisa de burla a espaldas del aprendiz.<br />
<br />
Sin decir una palabra más, Ryota se vio obligado a arrastrar aquellos pesados grilletes durante todo el trayecto. Era una tarea ardua y extenuante; de no cargar con esas esferas de acero, probablemente habría llegado al dojo sin mayor dificultad. Sin embargo, el peso adicional transformaba cada paso en un esfuerzo, una carga que se hacía sentir en músculos y pulmones por igual. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“A este paso no llegaré nunca…”</span></span> Pensaba sin poder comenzar a correr. Aunque en ese momento tuvo una idea, en vez de tomar el camino largo y cómodo, lo mejor sería enfrentarse al bosque para ir de largo. De esa forma cortaría camino por el bosque, haciendo una recta hacia el dolo a donde su maestra lo envió. <br />
<br />
Y así fue como lo hizo, se adentró al bosque, cargando las dos esferas de acero con un diámetro de 80 centímetros sobre sus hombros. La cadena era lo suficientemente larga, así que hizo un poco más cómodo el recorrido. <br />
<br />
O por lo menos eso era lo que Ryota esperaba. Aunque apenas adentrarse unos cuantos metros en el bosque, pudo notar que estaba lleno de diferentes relieves, los cuales en ocasiones le ponían muy difícil poder avanzar. Aun así, persevero con la esperanza de que fuera la forma más fácil de recorrer el camino. Sintiendo cada paso como si fuera Atlas el titán que carga a su espalda el mundo. Quizás era una exageración, pero esa imagen mental le ayuda a continuar. <br />
<br />
Cuando por fin llegó a la cima de la montaña boscosa, se tomó un pequeño descanso para observar el paisaje. Estaba a mitad de camino, pero sin lugar a dudas fue una mejor idea que la de seguir el camino ortodoxo, ya que de esa manera hubiera tenido que recorrer el doble de distancia.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"> “Aunque fue realmente pesado traer estas cosas aquí.”</span></span> Se recostó sobre las esferas, dejando que la agradable brisa moviera sus cabellos. <br />
<br />
Tras un buen descanso, los pies de Ryota volvieron a ponerse en marcha. Esta vez descendía, y la caminata resultaba más llevadera, se dejaba deslizar por las pendientes cubiertas de pasto, utilizando los distintos árboles como freno improvisado. Así avanzó hasta alcanzar un terreno más llano, donde el impulso desapareció y tuvo que retomar un ritmo más pausado, lastrado nuevamente por el peso.<br />
<br />
Avanzados algunos metros por la espesura del bosque. Los sentidos del castaño consiguieron escuchar el rugido de una bestia. De inmediato, soltó las esferas de acero en sus hombros para que cayeran al suelo y colocarse en guardia. <br />
<br />
Ryota sabía que enfrentarse a un rey de la montaña arrastrando dos esferas de acero era una completa estupidez. No, aun si no estaba arrastrando ese peso, era una completa estupidez. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Mierda, porque a mí, no pensé en las…”</span></span> Se quejó en su interior, cuando a lo lejos, a unos seis metros de distancia vio el pelaje marrón de un oso de la montaña acercándose. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Las hermosas criaturas del bosque…”</span></span> Sus ojos brillaron ante lo bonito que era el animal. <br />
<br />
Claro que el oso en cuestión, no tuvo la misma imagen del castaño, de inmediato lo identifico como un peligro, lanzándose en dirección a él e iniciando el enfrentamiento. <br />
<br />
Ryota jamás agrediría a un lindo animalito del bosque. Ni siquiera si este intentaba matarlo, el cual era exactamente el caso. <br />
<br />
Las zarpas surcaron el aire con violencia, dirigidas directamente contra la integridad del joven de ojos ambarinos, quien respondió como pudo, eludiendo los ataques y arrastrando las esferas con el máximo esfuerzo para no perder el equilibrio. Debía pensar rápido, encontrar una forma en la cual poder ganar la pelea sin la necesidad de lastimar a la criatura. <br />
<br />
Fue en ese momento cuando recordó la forma en la que había detenido a su mejor amigo Honoy, otro oso marrón que conoció en esa misma isla varios meses atrás. En esa ocasión se enfrentó al animal que sobrepasaba su tamaño con música y en esta ocasión haría exactamente eso. <br />
<br />
Los labios de Ryota comenzaron a moverse mientras eludía y bloqueaba los golpes con esfuerzo. La canción escogida era la misma canción de cuna que le cantó a Honoy y con la que lo descolocó tanto que ganó tiempo para envolverlo en una cuerda. <br />
<br />
Una lástima que en ese preciso momento no tuviera una cuerda a la mano, pero al menos tenías las cadenas de sus grilletes. Con ellos, tras eludir uno de los zarpazos, rodeo al animal, saltando encima de él y envolviendo sus grilletes contra el animal para buscar drenar su energía poco a poco. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Kug!”</span></span> Se quejó cuando el oso, impactó su espalda contra uno de los árboles cercanos, llegando a darle un poderoso impacto. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Niño malo!”</span></span> Respondió iracundo, apretando aún con más fuerza su agarre. <br />
<br />
Poco a poco, el animal terminó por cansarse, hasta caer rendido en el suelo. Las agitadas respiraciones de Ryota no se hicieron esperar cuando por fin volvió a respirar, ya que mantuvo la respiración para no soltar su agarre y poder controlar a la criatura. Su cuerpo por fin cayó de encima de la bestia a un costado, respirando con dificultad ya tendido en el pasto.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Amigo, lo siento, pero fue la única forma para que no me mataras… solo un abrazo cariñoso.”</span></span> Comentó alegre, sabiendo que su compañero de sparring se encontraba vivo, pero lo bastante mareado para abandonar todas sus intenciones de lucha. <br />
<br />
Y de pronto, el bramido de otros dos osos retumbó en la montaña. De inmediato, el castaño reaccionó y se incorporó del suelo, girando hacia la dirección de donde provenía el sonido. Bastó una sola mirada para encontrarse con los oseznos más adorables, tiernos y rechonchos que alguien hubiera visto jamás. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Qué bonitoooosss!”</span></span> Gritó al mismo tiempo en que se lanzaba a por ellos, para abrazarlos y achucharlos. Los pequeños oseznos no tardaron en verlo como un compañero de juegos y comenzaron a mordisquearlo y subirse encima suyo para tumbarlo al suelo. <br />
<br />
Las intenciones de Ryota eran inofensivas, por lo que los pequeños animales no tardaron en darle su amistad. Obviando claro el estado de la madre, la cual gruñó un poco cuando reaccionó a lo que estaba ocurriendo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Entiendo… son tus hijos, solo tratabas de protegerlos… disculpa, no quería asustarte y menos lastimarte.”</span> </span>Tras darse cuenta de la situación, Ryota empujó a los pequeños osos hacia la madre, en un gesto para tranquilizarse y hacerle ver que no tenía malas intenciones con ellos. <br />
<br />
La osa resoplo, aparentemente indignada, pero sin mostrarse violenta. Razón por la cual Ryota sonrió y los pequeños cachorros que parecían entender poco o nada de la situación, continuaron mordisqueando al oji ambarino. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekekeke esperen, esperen, harán que su madre me mate kekekeke”</span></span> Sus propias risas le hicieron olvidar su misión en primera instancia, jugando un poco más con los cachorros hasta que por fin, la madre se levantó del todo y parecía emprender la retirada. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Bien, yo también debo seguir con lo mío.”</span></span> Se levantó del suelo, se sacudió el polvo de la ropa y tomó las dos esferas de acero para volver a colocárselas sobre los hombros.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">” Fue un placer, amigos, crezcan sanos y fuertes y nada de ir por allí matando humanos ¿eh?”</span></span> Rio con gran entusiasmo, viendo cómo sus compañeros de juego se apartaban a la distancia siguiendo torpemente los pasos de su madre. <br />
<br />
Tras un breve silencio, el joven de cabellos castaños continuó la marcha. Aún le quedaba terminar de descender la montaña y, si aquella zona era territorio de osos, debía procurar ocultar su presencia para que no lo percibieran como un cazador. <br />
<br />
Su misión era llegar hasta el dojo cruzando esa montaña y entregar el papiro que su maestra le dio. Sintiendo enorme curiosidad en ese momento por ver de qué se trataba. ¿Quizás Sira por fin se había hecho un novio? ¿Otro maestro de artes marciales para continuar la tradición? <br />
<br />
La mente de Ryota volaba en suposiciones, sin dejar de prestar atención a su entorno y recorrido. <br />
Con el paso del tiempo, las esferas de peso sobre sus hombros comenzaron a parecerle un poco más livianas. No era como si de la nada el peso se hubiera reducido, pareció más que sus músculos comenzaban a distribuir inconscientemente el peso, para permitirle una mejor manera de avance.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Bueno, por algo es una maestra… me imagino que supo que esto ocurriría.”</span></span> Con un paso más apurado, comenzando a deslizarse entre los árboles, sintiendo el fluir de sus movimientos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Al menos no me puso a pintar el Dojo como a algunos tontos…”</span></span> Recordó a los pobres cretinos que había convencido para que hicieran sus tareas del dojo, prometiéndoles que aprenderían una increíble técnica si levantaban y bajaban la brocha de pintura con el flujo preciso. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekeke, es su culpa por ser tan ingenuos.”</span></span> Las risas no tardaron en aparecer, sin que él supiera que, esta vez, era quien estaba siendo manipulado para que su entrenamiento se desarrollara de la mejor manera.<br />
<br />
De esa manera y manteniendo un paso más rápido, pudo alcanzar el final del bosque. Sus ojos se levantaron alegres al ver cómo la última hilera de árboles dejaba filtrar la luz del sol. <br />
<br />
Ryota entonces sintió que estaba un poco más cerca de su destino, por fin había atravesado el bosque, solo con ligeros contratiempos. De un impresionante salto, aun con las esferas sobre sus hombros, el castaño salió del bosque y llegó hasta el camino que abandonó una hora antes. <br />
<br />
En este, pudo ver más adelante su destino. Y en el camino, un riachuelo para los viajeros. Tomar un buen trago de agua fresca no sonaba mal. Por lo que se desplazó hacia el bebedero en donde se encontraban dos niños que tiraban de un buey con bultos de arroz. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Hey mini bros.”</span></span> Comentó con serenidad, tirando las bolas de acero al suelo para agacharse y tomar en sus manos agua del riachuelo natural. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Ahhhhhhh”</span></span> Disfruto la refrescante y fría sensación de descender por su garganta. Era increíble cómo los locales encontraron la manera de crear varios canales del río para tener agua en sus cultivos y caminos de la isla. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“Señor, ¿Por qué carga esas esferas? ¿es usted un convicto?” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“No bro, estoy entrenando.” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“Waos, ¿en serio son bolas de acero de verdad?”</span> </span><br />
<br />
El pequeño de cabellos despeinados, noragi negro y diferentes parches cocidos en su ropa, se acercó a la esfera para tratar de empujarla. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“Es muy pesada…”</span></span> Comento lo obvio, mientras su amigo, de vestiduras similares, trataba de ayudarlo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Es cierto, ¿cómo aprendió a cargar cosas tan pesadas?”</span></span> Preguntaron ambos, casi al unísono. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekeke niños, en algún momento necesitarán ser fuertes. Porque hay muchas hermosas señoritas con cuerpos voluminosos.”</span></span> Tomo las dos esferas y las levanto sobre sus hombros, con aparente facilidad <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(aunque le costó un chingo, pero lucho para verse cool ante los pequeños)</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Por eso, siempre que terminen de trabajar, dediquen sus cuerpos a entrenar, así algún día serán tan fuertes como yo.”</span></span> Y sin más, continuó su camino a un trote constante, sintiéndose un poco más honorable. <br />
<br />
Claro que solo les había dicho mentiras, pues jamás necesito levantar malditas esferas de acero sólido para salir con chicas, pero ¿quién era él para no actuar como un buen ejemplo frente a los niños?<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“La verdad, tu hermana gorda sí es linda Kintaro.”</span></span> Comento uno de los pequeños con sus mejillas sonrosadas. A partir de ahora iba a entrenar hasta poder levantarla en sus brazos.<br />
<br />
Ryota no tardó en llegar a la entrada del dojo. El lugar se alzaba imponente, resguardado por un enorme portón de doble hoja que, a simple vista, superaba los cinco metros de altura y alcanzaba casi seis de ancho. La madera, probablemente roble macizo, reforzaba aquella sensación de solidez ancestral. Sobre las puertas, dos demonios tallados en madera enmarcaban el kanji de cazadores, observando desde las alturas como silenciosos guardianes que quitaban el aliento a todos aquellos que osaban observarlos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Waw… estos Bros en serio se toman las primeras impresiones muy a pecho...”</span></span> Exclamó Ryota, tocando la puerta con su diestra, tras dejar las esferas de acero en el suelo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Hooola? ¿Hay alguien allí?”</span></span> Pregunto en voz alta, centrando su agudo sentido del oído para tratar de escuchar algo al otro lado de la puerta. <br />
<br />
Sin embargo, no escuchó respuesta alguna. La enorme puerta comenzó a abrirse hacia adentro, y el sonido metálico de las bisagras mal aceitadas vibró en el ambiente, rompiendo el silencio.<br />
<br />
Ante él se reveló un vasto patio interior y en el, una plataforma de aproximadamente cincuenta por cincuenta metros, cubierta de genuina piedra caliza, que separaba la entrada del imponente dojo de madera.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Hola?” </span></span>Preguntó Ryota, adentrándose con pasos lentos debido al peso extra, hasta que se subió sobre la superficie de piedra. El sonido de las esferas de acero contra la piedra, llenó el lugar, hasta que de repente diferentes hombres vestidos con karategis negros, salieron del interior del dojo, todos ellos con aspectos intimidantes, cicatrices, cortes de pelo estilo punks y una actitud que gritaba delincuentes por todas partes. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡¿Quién eres y qué quieres bakayaro?!” </span>Gritó quien parecía ser su líder. Un hombre de tez morena, mohicano de color rubio, músculos entrenados y una uwagi <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(chaqueta de karate) </span>sin mangas, que mostraba sus músculos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Hey bro, ammm, soy Ryota del dojo Hasshoken, me envía mi maestra y…” </span></span>Sin siquiera poder terminar sus palabras, unos veinte hombres saltaron hacia la arena desplazándose a gran velocidad sobre el hombre de cabellos castaños. Este apenas pudo ver a los diez primeros, pero el número lo sobrepasaba tanto, que sintió los golpes avanzando su defensa e impactando sobre su piel. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kiiikk… esperen… ¡¿Por qué me están atacando?!”</span></span> El recuerdo del gay de closet llegó a su cabeza antes de que el hombre moreno le respondiera. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Este es el Dojin Shin Kae Karate, somos cazadores de Dojos y el hecho de que vinieras hasta aquí por orden de tu maestra, significa que vienes por nuestro título.”</span> Respondió con autoridad. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Espera qué?”</span></span> Ryota no podía creerlo, la desgraciada de Sira le mintió para enviarlo allí a ¿tener un combate por el título de ese dojo? Sabía que era una mujer con un fuerte instinto para la batalla, pero jamás imaginó que lo engañara para… <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Vale, entiendo, esto es un maldito entrenamiento…”</span></span> Dedujo levantando su guardia y reponiéndose a los ataques anteriores. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Les advierto que esto les dolerá más a ustedes de lo que me dolerá a mí!”</span></span> Amenazó con ira en su mirada, mientras su cuerpo comenzó a mutar a una macabra forma alejada del camino natural. El pirata pasó de ser un ser humano normal, a convertirse en un híbrido completo entre hombre y arácnido. Un ente de 2,7 m de estatura, cuatro ojos, colmillos, seis brazos, abdomen arácnido en la zona del trasero y una espalda erguida que reflejaba su aumento de fuerza.<br />
<br />
Sin embargo, por alguna razón no podía parar de temblar, sus ahora cuatro ojos vibraban molestos, buscando valor donde no existía para hacer frente a los malditos bastardos que buscaban su cabeza. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Ataquen a ese usuario!”</span> Los veinte hombres gritaron, sin imaginar que, antes de que sus golpes alcanzaran a la bestia, esta se lanzaría de cabeza contra ellos mientras comenzaba a girar como si de un tornado se tratara, arrasando todo a su paso. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Buto Kaiten!”</span></span> Su cuerpo y las bolas de acero atadas a sus pies golpeaban sin distinción alguna, enviando a los enemigos por los aires, repelidos como simples insectos que pretendían herir a un animal descomunal.<br />
<br />
La diferencia de fuerzas fue demostrada cuando los miembros del Dojin Shin Kae Karate quedaron sobre el suelo, lamentando el dolor de sus cuerpos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡N…n..no! ¡E…e..es! ¡Mi..ii mi inten…cion pe…pelear!”</span></span> Su voz se hizo escuchar al finalizar la técnica del estilo Hasshoken. Luego se incorporó con firmeza, manteniendo la mirada fija en el artista marcial del mohicano.<br />
<br />
Aquel hombre desprendía un aura distinta a la de los demás. El castaño aún no tenía noción de lo que realmente era el Haki, ni entendía o conocía el concepto de un aura, pero su cuerpo sí lo comprendía, pues podía sentir cómo el instinto de miedo que florecía en su interior le pedía alejarse de ese sujeto.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Bien, bien, así que un usuario… No está mal, pero debo advertirte que no tendré misericordia alguna contigo.”</span> La amenaza no estaba mal fundamentada. Bastó con un salto, para que el artista marcial se posicionara a escasos cuatro metros en línea recta del arácnido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Iré con todo chico, pero antes de matarte, recuerda mi nombre,  Motumbo Yonoseke”</span> Al término de sus vocablos, Motumbo se disparó en línea recta impactando de lleno contra el estómago del hombre araña. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡KUG!”</span></span> El golpe fue tan fuerte, que la transformación del zoan se perdió en un instante, obligándolo a resentirse escasos segundos del golpe y dejar su guardia abierta para recibir un segundo impacto. Esta vez, un gancho de izquierda cortó el aire, impactando en su rostro y desviando su mirada con violencia.<br />
<br />
Los ojos de Ryota quedaron atónitos ante la velocidad del contrincante. Ya lo había tenido que tolerar cuando peleo contra Morrys, pero no volvería a sentir esa maldita impotencia al no ver venir los impactos de un enemigo.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"> “¡A darle átomos!”</span></span> El grito de la técnica no impidió que Yonoseke recibiera una repentina y violenta respuesta en forma de gancho sobre su rostro. <br />
<br />
El impacto, muy distinto al de cualquier otro ataque, quebró las defensas del moreno. La sangre brotó de su boca mientras su cuerpo se tambaleaba, y por primera vez fue él quien comenzó a debatirse entre la conciencia y la inconsciencia.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡¿Quieres bailar?!”</span></span> Sin darle un respiro, Ryota lanzó un segundo ataque. Otro golpe veloz, un jab de derecha que impactó de lleno en el rostro del enemigo. El sonoro choque le permitió al pirata tomar distancia, retrocediendo cinco metros hasta colocarse en una posición más segura, desde la cual pudiera reaccionar al siguiente movimiento de su contrincante.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“YIAYIAYIAYIAYIA ¡Eso es! ¡Esto sí es una pelea!”</span> La mirada de Yonoseke se emocionó al recuperar el conocimiento, el castigo pesaba en su cuerpo, pero su adrenalina lo mantenía de pie al igual que su fuerza.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Maldito bastardo… eres muy rudo Bro”</span></span> Elogió Ryota con otra sonrisa, limpiándose la sangre que le corría desde la nariz.<br />
<br />
Era el momento, todo o nada. Ambos arremetieron casi al mismo tiempo, enzarzándose en una sucesión brutal de ataques donde cada golpe recibido era devuelto con otro aún más feroz. Puño tras puño, sus cuerpos resistían y contraatacaban, atravesando las defensas del contrario. El intercambio no solo los sorprendía, sino también los alentaba en el fragor de la batalla, como si el dolor fuese combustible que sus cuerpos usaban para continuar.<br />
<br />
Al inicio, el combate se mantuvo igualado. Sin embargo, poco a poco la balanza comenzó a inclinarse a favor de Yonoseke. Su dominio técnico era evidente; poseía un repertorio más amplio y violento, mientras que Ryota, aunque versátil, resultaba más limitado en cuanto a su número de movimientos. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Mierda… si esto continua asi voy a perder…”</span></span> Penso el de ojos ambarinos, sin perder de vista a su oponente. Necesitaba a como de lugar, quitarse esos malditos grilletes… pero ¿Cómo? Fue entonces cuando recordó algo que lo hizo sentir estúpido. En ningún momento abrió el pergamino y fue su maestra quien le dijo que lo hiciera en el primer momento en que llegara a ese dojo. <br />
<br />
En un intento desesperado, Ryota decidió apostar el resultado del combate, de tener razón quizás ganaría y de no tenerla, solo aceleraría su derrota. Sin miedo, llevó la mano al bolsillo y sacó el pergamino. Lo abrió con torpeza, liberando no solo la llave, sino también las indicaciones de una técnica. Apenas alcanzó a echar un vistazo cuando el impacto de su oponente lo golpeó de lleno, lanzándolo dos metros en dirección contraria.<br />
<br />
Aun así, en ese breve instante, logró distinguir la silueta de los dibujos, la forma precisa del movimiento. Y lo entendió. Comprendió exactamente qué había querido su maestra al ponerle dos malditas esferas de acero encima.<br />
<br />
La llave fue usada y los pies del pirata al fin fueron liberados. <br />
<br />
Yonoseke arremetió nuevamente para tratar de alcanzarlo, sin embargo, la velocidad de Ryota sin los grilletes volvió a la normalidad y esquivó el impacto con un poderoso salto. <br />
<br />
La vista del cazador de dojos se elevó, viendo cómo Ryota giró en el aire para invertir su cuerpo y caer abruptamente en su dirección. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">“¡BUTO!”</span></span></span> Las dos cabezas impactaron y los ojos del rubio se tornaron blancos, el impacto consiguió restar lo último en el tanque de Motumbo y dejarlo en el suelo, vivo, pero inconsciente.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!”</span> </span></span></div>
<br />
Un grito feroz brotó desde lo más profundo de Ryota. Nunca antes había querido ganar con tanta intensidad; nunca antes se había esforzado de aquella manera. Había entrenado sin descanso, una y otra vez, enfrentándose a oponentes más fuertes que le recordaron, con brutal honestidad, que aún no era suficiente.<br />
Y ahora, por primera vez desde que llegó a la isla, sentía que había avanzado un paso más hacia su maldito destino. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Si carajooooooooo!”</span></span> Expreso con enorme felicidad, sintiendo que había sacado el número mayor en la ruleta. <br />
<br />
Su apuesta, aunque arriesgada, le permitió llevarse el combate. Quizás solo fue una técnica aún sin pulir, pero haber tenido los conocimientos del Hasshoken y el entrenamiento previo en el recorrido hasta allí. Le otorgaron la capacidad de entender una técnica tan simple como efectiva, aquella por la que comúnmente, todos los artistas marciales de ese estilo iniciaban. <br />
<br />
Sin cruzar palabra alguna con los miembros del Dojin Shin Kae Karate, el nacido en baterilla salió del dojo victorioso, llevando consigo el pergamino entregado por su maestra y caminando sin prisa alguna. <br />
Los niños lo vieron pasar lleno de moretones y heridas, sorprendidos por presenciar a un verdadero artista marcial que daba todo de sí para alcanzar la perfección. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Cuando sea grande, quiero ser como él”</span></span>, dijo el menor de los dos.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“¿Entonces si me dejaras levantar a tu hermana?”</span> </span>Comento el otro. <br />
<br />
Ryota llegó victorioso al dojo Hashokken, quizás orinaría rojo algunos días. Sin embargo, se paró victorioso frente a Sira entregándole el pergamino. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“¿Pudiste entenderlo? ¿Lo que necesitabas?”</span></span> La chica tomó de nuevo el pergamino para guardarlo en sus vestiduras. Ambos se encontraban adentro del dojo, sobre el suelo de madera, uno frente al otro. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Creo que sí. ¿Una pelea, no? Eso necesitaba.” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Exacto, tienes un gran potencial para hacerte más fuerte, Ryota, pero necesitas el hambre para llegar al lugar que anhelas. Quizás tu sueño sea vivir sin trabajar, pero en la vida, los únicos que realmente llegan a ser libres, son los seres fuertes. Y debes tener el hambre para convertirte en uno de ellos.”</span></span> Una genuina sonrisa se dibujó en los labios de la mujer de cabellos brillantes, para luego dar un pat pat sobre la cabeza del castaño. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Gracias, maestra.”</span> </span><br />
<br />
Ryota agachó su cabeza, posando ambas manos frente a él en señal de respeto. Quien se levantó tarde en cada sesión de entrenamiento, el que prefería evitar entrenar, ahora agradecía a su mentora, por haberle dado la oportunidad para alcanzar el secreto de los puños que rompen defensas.<br />
<br />
Las puertas del Dojo Hasshoken se cerraron a la espalda del castaño con un sonido seco y definitivo, dando fin a una aventura llena de artimañas, empeño, fatiga y la extraña satisfacción de haber obtenido una victoria honesta. Le gustaría decir que fue un combate contundente, sin embargo, el lánguido cuerpo se encarga de desmentirlo. <br />
<br />
Cada músculo dolorido le recuerda que no fue sencillo, que ha tenido que esforzarse, que el peso sobre su cuerpo no ha sido una broma, incluso la derrota pudo haberse cernido sobre él. Y, aún así, superó sus propias expectativas ejecutando movimientos que jamás creyó aprender y dominar, sobrepasando sus límites hasta el punto de sentirse ligero y en sintonía consigo mismo.<br />
<br />
El combate no fue fácil, pero logró sobreponerse y vencer. ¿Qué más queda además de la experiencia obtenida? El deseo de un merecido descanso que terminará por ser ínfimo al recordar que no puede descansar tanto como quiere o lo merece, no, allá afuera, en algún lugar del mar, un estridente grupo de cuatro personas se encuentra disfrutando de las bondades de un crucero con la finalidad de converger en una isla que, de solo pensar el nombre, le hace estremecer.<br />
<br />
Baterilla.<br />
<br />
¡Su tierra natal! Aquella paradisíaca isla pesquera que le hizo probar el trabajo duro por primera vez; en donde su madre, padre y hermanos le esperarían con una amplia sonrisa de no ser porque terminó escapando de las garras del matricidio. ¿Por qué arriesgarse? ¿Por qué no elegir otra isla en la que encontrarse? ¿Por qué no les dijo que navegasen hasta Isla Karate para disfrutar más tiempo del espléndido lugar que les hizo combatir osos y disfrutar festivales?<br />
<br />
Por qué Isla Karate no podría llevarlos a su verdadero objetivo: El Grand Line. <br />
<br />
Una sonrisa acaricia el rostro del navegante cuando se aleja completamente del dojo, cada paso es extenuante, aunque eso queda relegado en alguna parte irrelevante de sus sentidos cuando piensa en el Den Den Mushi que seguramente estará sonando en el lugar en el que se hospeda. <br />
<br />
¿Estarán desesperados por indicaciones? ¿Lo extrañarán tanto como para llorar su nombre? ¿Estarán listos para escuchar sus más alocadas aventuras? ¿Le pedirán que les enseñe su nuevo estilo de combate? ¿Sus nuevas habilidades? Una risa escapa imaginando a sus compañeros en escenarios de improbable realismo. <br />
<br />
Lleva una de sus manos al cabello y lo peina hacia atrás; con cada paso se siente más liviano. Sabe que debe partir pronto o tendrá problemas si llega tarde al encuentro predestinado.<br />
La mirada fría de un pelinegro que ataca antes de preguntar; la expresión molesta de una amazona que saluda primero con los puños y después con fuertes y cálidos abrazos; la aniñada sonrisa de un rubio de larga melena, siempre dispuesto a lanzarle un “¿me entiendes?”; y el gesto del último compañero que ha decidido unirse al estridente grupo que ahora porta el nombre de Hanu Mahana.<br />
<br />
Todos ellos lo esperan.<br />
<br />
Y Ryota los espera ver a todos y cada uno de ellos. No le pueden fallar, así como él no les puede fallar a ellos. Claro, después de un largo baño, su respectivo festejo y una buena siesta; al menos hasta que el den den mushi vuelva a sonar con gritos y palabras combinadas a través del pequeño caracol.<br />
<br />
La verdadera aventura, está a punto de comenzar. <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Entrenamiento Hasshoken</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto («Cabeza Militar»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>3</strong></div>
                        
                </div>

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                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
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                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 80 Fuerza</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>65 + 2,3xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>110 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario salta para después precipitarse inversamente y propinarle un gran cabezazo al enemigo.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='tecnica_code_container'>
                    <div
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                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho001</span></span>
                    </div>
                </div>
                
            </div><br />
<br />
+ 5000 palabras realizadas en el FIC. Y pido la última técnica que me falta de las 2 posibles.
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dia 34 de Verano, Año 17</span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Los pasos lentos del castaño lo llevaron nuevamente hasta las puertas del Dojo Hasshoken. Adentro, los demás estudiantes se encontraban en el jardín entrenando sus habilidades, en la ya constante rutina para perfeccionar sus habilidades. <br />
<br />
El sabor amargo de la derrota compartía el interior de Ryota con el del chicle que estaba mascando, pues acababa de ser presa de una batalla inigualada en la que sus técnicas fueron destruidas por el enemigo. ¿Cuánto más quedaba por entrenar? ¿Cuánto más debía continuar regresando allí con más preguntas que respuestas? <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Mierda, claro que no.”</span></span> Resolvió molesto tras mover su cabeza de lado a lado. No le beneficiaba en absoluto sentir esas dudas en su cabeza, solo debía confiar en el proceso de su entrenamiento y tarde o temprano ver los frutos del mismo.  <br />
<br />
Sin interactuar con nadie, llego hasta la parte trasera del dojo, donde se encontraban los instrumentos de combate. Estatuas de madera con diferentes brazos que ayudaban al entrenamiento. <br />
<br />
El sonido de los golpes comenzó a resonar por el ambiente, a medida que avanzaba. Una vez llegué, observo como su maestra Sira, se enfrentaba con gran maestría contra las estatuas. Sus movimientos eran rápidos, certeros y ágiles. El epitome de lo que Ryota aspiraba. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Ah… volviste”</span></span> exclamó la mujer, deteniendo su entrenamiento, para luego desviarse en dirección a él y hacer un ademán con la diestra. La seña indicaba que le lanzara la toalla a un costado de donde se encontraba. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Sí, digamos que necesito más enseñanzas.”</span> </span>Respondió con descontento, tomando la toalla para acercarla a ella y ver cómo se secaba el sudor tras recibirla.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Apuesto a que te dieron una paliza…”</span></span> Sonrió burlona, recibiendo una expresión molesta por parte del castaño. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Tranquilo tigre, es normal. Aquí muchos son artistas marciales y tú apenas estás tocando una pequeña fracción de eso.”</span></span> Continúo divertida, terminando con su limpieza. “Entonces ¿viniste a continuar el entrenamiento donde lo abandonaste?” <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Abandonar? Claro que no, solo estaba dejando a mi cuerpo descansar, no es sano adentrarse en un enfrentamiento tras otro.”</span></span> Claro que mentía, si fuera por él no habría vuelto allí ni aunque le pagasen, pero la maldita idea de volver a ser apaleado era algo que simplemente no lo dejaba en paz.<br />
<br />
Con premura, la maestra Sira, caminó hasta Ryota, llevando sus manos a sus hombros, luego sus bíceps, deltoides, oblicuos, uno a uno los músculos del pirata fueron palmeados. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Espera, primero invítame a una cita.”</span></span> Reaccionó el castaño con un tono jocoso, sin poder evitar reírse ante las cosquillas generadas por las manos de su maestra. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Aunque seas un bueno para nada, has seguido entrenando lo básico, es perfecto. Te enseñaré una nueva técnica.”</span></span> Dijo la maestra tras su análisis, confiada en que el hombre frente a ella pudiera con la tarea que estaba por encomendarle. Una nueva técnica sacada de la imaginación de cualquier artista marcial, algo caótico y descabellado pero que llevada a la práctica podría hacer diferencia en el combate. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Una nueva técnica?” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Sí, es lo que dije, pero no te la pondré fácil.”</span></span> Elevo sus mejillas formando una amigable expresión. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Necesitarás hacerme un favor, así que primero ve a llevar esto.”</span></span> Se acercó a él, sacando de sus vestiduras un papiro enrollado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Necesito que lo lleves al dojo que está cruzando la montaña, allí pregunta por Yonoseke y di que vas en mi nombre. Ellos sabrán qué hacer.” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Espera, ¿qué? ¿Cómo que ellos sabrán qué hacer? ¿Qué es esa clase de código? No espera, ¡oye!”</span></span> Por más que peleó, la mujer lo dejó hablando solo mientras se alejaba a repartir clases a los demás estudiantes. <br />
<br />
Sin tener opción para negarse, Ryota terminó encaminándose hasta la salida del dojo, aunque allí fue abordado por su maestra. Quien, en un rápido movimiento, digno de los maestros shaolin más astutos, le colocó dos grilletes en los pies, que arrastraban dos esferas de acero. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Espera! ¿Qué put&#36;#W&#36; es esto?”</span></span> Agito los puños molesto tratando de agarrarla, sin poder siquiera llegar a rozarla por su increíble agilidad. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Estás entrenando, es para tu entrenamiento tonto haha, ¡esfuérzate y no vuelvas hasta completar lo que te pedí!”</span></span> Respondió ella actuando con severidad mientras le daba la espalda. Gesto que ocultaba la enorme sonrisa de burla a espaldas del aprendiz.<br />
<br />
Sin decir una palabra más, Ryota se vio obligado a arrastrar aquellos pesados grilletes durante todo el trayecto. Era una tarea ardua y extenuante; de no cargar con esas esferas de acero, probablemente habría llegado al dojo sin mayor dificultad. Sin embargo, el peso adicional transformaba cada paso en un esfuerzo, una carga que se hacía sentir en músculos y pulmones por igual. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“A este paso no llegaré nunca…”</span></span> Pensaba sin poder comenzar a correr. Aunque en ese momento tuvo una idea, en vez de tomar el camino largo y cómodo, lo mejor sería enfrentarse al bosque para ir de largo. De esa forma cortaría camino por el bosque, haciendo una recta hacia el dolo a donde su maestra lo envió. <br />
<br />
Y así fue como lo hizo, se adentró al bosque, cargando las dos esferas de acero con un diámetro de 80 centímetros sobre sus hombros. La cadena era lo suficientemente larga, así que hizo un poco más cómodo el recorrido. <br />
<br />
O por lo menos eso era lo que Ryota esperaba. Aunque apenas adentrarse unos cuantos metros en el bosque, pudo notar que estaba lleno de diferentes relieves, los cuales en ocasiones le ponían muy difícil poder avanzar. Aun así, persevero con la esperanza de que fuera la forma más fácil de recorrer el camino. Sintiendo cada paso como si fuera Atlas el titán que carga a su espalda el mundo. Quizás era una exageración, pero esa imagen mental le ayuda a continuar. <br />
<br />
Cuando por fin llegó a la cima de la montaña boscosa, se tomó un pequeño descanso para observar el paisaje. Estaba a mitad de camino, pero sin lugar a dudas fue una mejor idea que la de seguir el camino ortodoxo, ya que de esa manera hubiera tenido que recorrer el doble de distancia.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"> “Aunque fue realmente pesado traer estas cosas aquí.”</span></span> Se recostó sobre las esferas, dejando que la agradable brisa moviera sus cabellos. <br />
<br />
Tras un buen descanso, los pies de Ryota volvieron a ponerse en marcha. Esta vez descendía, y la caminata resultaba más llevadera, se dejaba deslizar por las pendientes cubiertas de pasto, utilizando los distintos árboles como freno improvisado. Así avanzó hasta alcanzar un terreno más llano, donde el impulso desapareció y tuvo que retomar un ritmo más pausado, lastrado nuevamente por el peso.<br />
<br />
Avanzados algunos metros por la espesura del bosque. Los sentidos del castaño consiguieron escuchar el rugido de una bestia. De inmediato, soltó las esferas de acero en sus hombros para que cayeran al suelo y colocarse en guardia. <br />
<br />
Ryota sabía que enfrentarse a un rey de la montaña arrastrando dos esferas de acero era una completa estupidez. No, aun si no estaba arrastrando ese peso, era una completa estupidez. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Mierda, porque a mí, no pensé en las…”</span></span> Se quejó en su interior, cuando a lo lejos, a unos seis metros de distancia vio el pelaje marrón de un oso de la montaña acercándose. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Las hermosas criaturas del bosque…”</span></span> Sus ojos brillaron ante lo bonito que era el animal. <br />
<br />
Claro que el oso en cuestión, no tuvo la misma imagen del castaño, de inmediato lo identifico como un peligro, lanzándose en dirección a él e iniciando el enfrentamiento. <br />
<br />
Ryota jamás agrediría a un lindo animalito del bosque. Ni siquiera si este intentaba matarlo, el cual era exactamente el caso. <br />
<br />
Las zarpas surcaron el aire con violencia, dirigidas directamente contra la integridad del joven de ojos ambarinos, quien respondió como pudo, eludiendo los ataques y arrastrando las esferas con el máximo esfuerzo para no perder el equilibrio. Debía pensar rápido, encontrar una forma en la cual poder ganar la pelea sin la necesidad de lastimar a la criatura. <br />
<br />
Fue en ese momento cuando recordó la forma en la que había detenido a su mejor amigo Honoy, otro oso marrón que conoció en esa misma isla varios meses atrás. En esa ocasión se enfrentó al animal que sobrepasaba su tamaño con música y en esta ocasión haría exactamente eso. <br />
<br />
Los labios de Ryota comenzaron a moverse mientras eludía y bloqueaba los golpes con esfuerzo. La canción escogida era la misma canción de cuna que le cantó a Honoy y con la que lo descolocó tanto que ganó tiempo para envolverlo en una cuerda. <br />
<br />
Una lástima que en ese preciso momento no tuviera una cuerda a la mano, pero al menos tenías las cadenas de sus grilletes. Con ellos, tras eludir uno de los zarpazos, rodeo al animal, saltando encima de él y envolviendo sus grilletes contra el animal para buscar drenar su energía poco a poco. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Kug!”</span></span> Se quejó cuando el oso, impactó su espalda contra uno de los árboles cercanos, llegando a darle un poderoso impacto. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Niño malo!”</span></span> Respondió iracundo, apretando aún con más fuerza su agarre. <br />
<br />
Poco a poco, el animal terminó por cansarse, hasta caer rendido en el suelo. Las agitadas respiraciones de Ryota no se hicieron esperar cuando por fin volvió a respirar, ya que mantuvo la respiración para no soltar su agarre y poder controlar a la criatura. Su cuerpo por fin cayó de encima de la bestia a un costado, respirando con dificultad ya tendido en el pasto.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Amigo, lo siento, pero fue la única forma para que no me mataras… solo un abrazo cariñoso.”</span></span> Comentó alegre, sabiendo que su compañero de sparring se encontraba vivo, pero lo bastante mareado para abandonar todas sus intenciones de lucha. <br />
<br />
Y de pronto, el bramido de otros dos osos retumbó en la montaña. De inmediato, el castaño reaccionó y se incorporó del suelo, girando hacia la dirección de donde provenía el sonido. Bastó una sola mirada para encontrarse con los oseznos más adorables, tiernos y rechonchos que alguien hubiera visto jamás. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Qué bonitoooosss!”</span></span> Gritó al mismo tiempo en que se lanzaba a por ellos, para abrazarlos y achucharlos. Los pequeños oseznos no tardaron en verlo como un compañero de juegos y comenzaron a mordisquearlo y subirse encima suyo para tumbarlo al suelo. <br />
<br />
Las intenciones de Ryota eran inofensivas, por lo que los pequeños animales no tardaron en darle su amistad. Obviando claro el estado de la madre, la cual gruñó un poco cuando reaccionó a lo que estaba ocurriendo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Entiendo… son tus hijos, solo tratabas de protegerlos… disculpa, no quería asustarte y menos lastimarte.”</span> </span>Tras darse cuenta de la situación, Ryota empujó a los pequeños osos hacia la madre, en un gesto para tranquilizarse y hacerle ver que no tenía malas intenciones con ellos. <br />
<br />
La osa resoplo, aparentemente indignada, pero sin mostrarse violenta. Razón por la cual Ryota sonrió y los pequeños cachorros que parecían entender poco o nada de la situación, continuaron mordisqueando al oji ambarino. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekekeke esperen, esperen, harán que su madre me mate kekekeke”</span></span> Sus propias risas le hicieron olvidar su misión en primera instancia, jugando un poco más con los cachorros hasta que por fin, la madre se levantó del todo y parecía emprender la retirada. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Bien, yo también debo seguir con lo mío.”</span></span> Se levantó del suelo, se sacudió el polvo de la ropa y tomó las dos esferas de acero para volver a colocárselas sobre los hombros.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">” Fue un placer, amigos, crezcan sanos y fuertes y nada de ir por allí matando humanos ¿eh?”</span></span> Rio con gran entusiasmo, viendo cómo sus compañeros de juego se apartaban a la distancia siguiendo torpemente los pasos de su madre. <br />
<br />
Tras un breve silencio, el joven de cabellos castaños continuó la marcha. Aún le quedaba terminar de descender la montaña y, si aquella zona era territorio de osos, debía procurar ocultar su presencia para que no lo percibieran como un cazador. <br />
<br />
Su misión era llegar hasta el dojo cruzando esa montaña y entregar el papiro que su maestra le dio. Sintiendo enorme curiosidad en ese momento por ver de qué se trataba. ¿Quizás Sira por fin se había hecho un novio? ¿Otro maestro de artes marciales para continuar la tradición? <br />
<br />
La mente de Ryota volaba en suposiciones, sin dejar de prestar atención a su entorno y recorrido. <br />
Con el paso del tiempo, las esferas de peso sobre sus hombros comenzaron a parecerle un poco más livianas. No era como si de la nada el peso se hubiera reducido, pareció más que sus músculos comenzaban a distribuir inconscientemente el peso, para permitirle una mejor manera de avance.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Bueno, por algo es una maestra… me imagino que supo que esto ocurriría.”</span></span> Con un paso más apurado, comenzando a deslizarse entre los árboles, sintiendo el fluir de sus movimientos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Al menos no me puso a pintar el Dojo como a algunos tontos…”</span></span> Recordó a los pobres cretinos que había convencido para que hicieran sus tareas del dojo, prometiéndoles que aprenderían una increíble técnica si levantaban y bajaban la brocha de pintura con el flujo preciso. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekeke, es su culpa por ser tan ingenuos.”</span></span> Las risas no tardaron en aparecer, sin que él supiera que, esta vez, era quien estaba siendo manipulado para que su entrenamiento se desarrollara de la mejor manera.<br />
<br />
De esa manera y manteniendo un paso más rápido, pudo alcanzar el final del bosque. Sus ojos se levantaron alegres al ver cómo la última hilera de árboles dejaba filtrar la luz del sol. <br />
<br />
Ryota entonces sintió que estaba un poco más cerca de su destino, por fin había atravesado el bosque, solo con ligeros contratiempos. De un impresionante salto, aun con las esferas sobre sus hombros, el castaño salió del bosque y llegó hasta el camino que abandonó una hora antes. <br />
<br />
En este, pudo ver más adelante su destino. Y en el camino, un riachuelo para los viajeros. Tomar un buen trago de agua fresca no sonaba mal. Por lo que se desplazó hacia el bebedero en donde se encontraban dos niños que tiraban de un buey con bultos de arroz. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Hey mini bros.”</span></span> Comentó con serenidad, tirando las bolas de acero al suelo para agacharse y tomar en sus manos agua del riachuelo natural. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Ahhhhhhh”</span></span> Disfruto la refrescante y fría sensación de descender por su garganta. Era increíble cómo los locales encontraron la manera de crear varios canales del río para tener agua en sus cultivos y caminos de la isla. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“Señor, ¿Por qué carga esas esferas? ¿es usted un convicto?” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“No bro, estoy entrenando.” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“Waos, ¿en serio son bolas de acero de verdad?”</span> </span><br />
<br />
El pequeño de cabellos despeinados, noragi negro y diferentes parches cocidos en su ropa, se acercó a la esfera para tratar de empujarla. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“Es muy pesada…”</span></span> Comento lo obvio, mientras su amigo, de vestiduras similares, trataba de ayudarlo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Es cierto, ¿cómo aprendió a cargar cosas tan pesadas?”</span></span> Preguntaron ambos, casi al unísono. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekeke niños, en algún momento necesitarán ser fuertes. Porque hay muchas hermosas señoritas con cuerpos voluminosos.”</span></span> Tomo las dos esferas y las levanto sobre sus hombros, con aparente facilidad <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(aunque le costó un chingo, pero lucho para verse cool ante los pequeños)</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Por eso, siempre que terminen de trabajar, dediquen sus cuerpos a entrenar, así algún día serán tan fuertes como yo.”</span></span> Y sin más, continuó su camino a un trote constante, sintiéndose un poco más honorable. <br />
<br />
Claro que solo les había dicho mentiras, pues jamás necesito levantar malditas esferas de acero sólido para salir con chicas, pero ¿quién era él para no actuar como un buen ejemplo frente a los niños?<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“La verdad, tu hermana gorda sí es linda Kintaro.”</span></span> Comento uno de los pequeños con sus mejillas sonrosadas. A partir de ahora iba a entrenar hasta poder levantarla en sus brazos.<br />
<br />
Ryota no tardó en llegar a la entrada del dojo. El lugar se alzaba imponente, resguardado por un enorme portón de doble hoja que, a simple vista, superaba los cinco metros de altura y alcanzaba casi seis de ancho. La madera, probablemente roble macizo, reforzaba aquella sensación de solidez ancestral. Sobre las puertas, dos demonios tallados en madera enmarcaban el kanji de cazadores, observando desde las alturas como silenciosos guardianes que quitaban el aliento a todos aquellos que osaban observarlos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Waw… estos Bros en serio se toman las primeras impresiones muy a pecho...”</span></span> Exclamó Ryota, tocando la puerta con su diestra, tras dejar las esferas de acero en el suelo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Hooola? ¿Hay alguien allí?”</span></span> Pregunto en voz alta, centrando su agudo sentido del oído para tratar de escuchar algo al otro lado de la puerta. <br />
<br />
Sin embargo, no escuchó respuesta alguna. La enorme puerta comenzó a abrirse hacia adentro, y el sonido metálico de las bisagras mal aceitadas vibró en el ambiente, rompiendo el silencio.<br />
<br />
Ante él se reveló un vasto patio interior y en el, una plataforma de aproximadamente cincuenta por cincuenta metros, cubierta de genuina piedra caliza, que separaba la entrada del imponente dojo de madera.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Hola?” </span></span>Preguntó Ryota, adentrándose con pasos lentos debido al peso extra, hasta que se subió sobre la superficie de piedra. El sonido de las esferas de acero contra la piedra, llenó el lugar, hasta que de repente diferentes hombres vestidos con karategis negros, salieron del interior del dojo, todos ellos con aspectos intimidantes, cicatrices, cortes de pelo estilo punks y una actitud que gritaba delincuentes por todas partes. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡¿Quién eres y qué quieres bakayaro?!” </span>Gritó quien parecía ser su líder. Un hombre de tez morena, mohicano de color rubio, músculos entrenados y una uwagi <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(chaqueta de karate) </span>sin mangas, que mostraba sus músculos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Hey bro, ammm, soy Ryota del dojo Hasshoken, me envía mi maestra y…” </span></span>Sin siquiera poder terminar sus palabras, unos veinte hombres saltaron hacia la arena desplazándose a gran velocidad sobre el hombre de cabellos castaños. Este apenas pudo ver a los diez primeros, pero el número lo sobrepasaba tanto, que sintió los golpes avanzando su defensa e impactando sobre su piel. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kiiikk… esperen… ¡¿Por qué me están atacando?!”</span></span> El recuerdo del gay de closet llegó a su cabeza antes de que el hombre moreno le respondiera. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Este es el Dojin Shin Kae Karate, somos cazadores de Dojos y el hecho de que vinieras hasta aquí por orden de tu maestra, significa que vienes por nuestro título.”</span> Respondió con autoridad. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Espera qué?”</span></span> Ryota no podía creerlo, la desgraciada de Sira le mintió para enviarlo allí a ¿tener un combate por el título de ese dojo? Sabía que era una mujer con un fuerte instinto para la batalla, pero jamás imaginó que lo engañara para… <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Vale, entiendo, esto es un maldito entrenamiento…”</span></span> Dedujo levantando su guardia y reponiéndose a los ataques anteriores. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Les advierto que esto les dolerá más a ustedes de lo que me dolerá a mí!”</span></span> Amenazó con ira en su mirada, mientras su cuerpo comenzó a mutar a una macabra forma alejada del camino natural. El pirata pasó de ser un ser humano normal, a convertirse en un híbrido completo entre hombre y arácnido. Un ente de 2,7 m de estatura, cuatro ojos, colmillos, seis brazos, abdomen arácnido en la zona del trasero y una espalda erguida que reflejaba su aumento de fuerza.<br />
<br />
Sin embargo, por alguna razón no podía parar de temblar, sus ahora cuatro ojos vibraban molestos, buscando valor donde no existía para hacer frente a los malditos bastardos que buscaban su cabeza. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Ataquen a ese usuario!”</span> Los veinte hombres gritaron, sin imaginar que, antes de que sus golpes alcanzaran a la bestia, esta se lanzaría de cabeza contra ellos mientras comenzaba a girar como si de un tornado se tratara, arrasando todo a su paso. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Buto Kaiten!”</span></span> Su cuerpo y las bolas de acero atadas a sus pies golpeaban sin distinción alguna, enviando a los enemigos por los aires, repelidos como simples insectos que pretendían herir a un animal descomunal.<br />
<br />
La diferencia de fuerzas fue demostrada cuando los miembros del Dojin Shin Kae Karate quedaron sobre el suelo, lamentando el dolor de sus cuerpos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡N…n..no! ¡E…e..es! ¡Mi..ii mi inten…cion pe…pelear!”</span></span> Su voz se hizo escuchar al finalizar la técnica del estilo Hasshoken. Luego se incorporó con firmeza, manteniendo la mirada fija en el artista marcial del mohicano.<br />
<br />
Aquel hombre desprendía un aura distinta a la de los demás. El castaño aún no tenía noción de lo que realmente era el Haki, ni entendía o conocía el concepto de un aura, pero su cuerpo sí lo comprendía, pues podía sentir cómo el instinto de miedo que florecía en su interior le pedía alejarse de ese sujeto.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Bien, bien, así que un usuario… No está mal, pero debo advertirte que no tendré misericordia alguna contigo.”</span> La amenaza no estaba mal fundamentada. Bastó con un salto, para que el artista marcial se posicionara a escasos cuatro metros en línea recta del arácnido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Iré con todo chico, pero antes de matarte, recuerda mi nombre,  Motumbo Yonoseke”</span> Al término de sus vocablos, Motumbo se disparó en línea recta impactando de lleno contra el estómago del hombre araña. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡KUG!”</span></span> El golpe fue tan fuerte, que la transformación del zoan se perdió en un instante, obligándolo a resentirse escasos segundos del golpe y dejar su guardia abierta para recibir un segundo impacto. Esta vez, un gancho de izquierda cortó el aire, impactando en su rostro y desviando su mirada con violencia.<br />
<br />
Los ojos de Ryota quedaron atónitos ante la velocidad del contrincante. Ya lo había tenido que tolerar cuando peleo contra Morrys, pero no volvería a sentir esa maldita impotencia al no ver venir los impactos de un enemigo.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"> “¡A darle átomos!”</span></span> El grito de la técnica no impidió que Yonoseke recibiera una repentina y violenta respuesta en forma de gancho sobre su rostro. <br />
<br />
El impacto, muy distinto al de cualquier otro ataque, quebró las defensas del moreno. La sangre brotó de su boca mientras su cuerpo se tambaleaba, y por primera vez fue él quien comenzó a debatirse entre la conciencia y la inconsciencia.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡¿Quieres bailar?!”</span></span> Sin darle un respiro, Ryota lanzó un segundo ataque. Otro golpe veloz, un jab de derecha que impactó de lleno en el rostro del enemigo. El sonoro choque le permitió al pirata tomar distancia, retrocediendo cinco metros hasta colocarse en una posición más segura, desde la cual pudiera reaccionar al siguiente movimiento de su contrincante.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“YIAYIAYIAYIAYIA ¡Eso es! ¡Esto sí es una pelea!”</span> La mirada de Yonoseke se emocionó al recuperar el conocimiento, el castigo pesaba en su cuerpo, pero su adrenalina lo mantenía de pie al igual que su fuerza.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Maldito bastardo… eres muy rudo Bro”</span></span> Elogió Ryota con otra sonrisa, limpiándose la sangre que le corría desde la nariz.<br />
<br />
Era el momento, todo o nada. Ambos arremetieron casi al mismo tiempo, enzarzándose en una sucesión brutal de ataques donde cada golpe recibido era devuelto con otro aún más feroz. Puño tras puño, sus cuerpos resistían y contraatacaban, atravesando las defensas del contrario. El intercambio no solo los sorprendía, sino también los alentaba en el fragor de la batalla, como si el dolor fuese combustible que sus cuerpos usaban para continuar.<br />
<br />
Al inicio, el combate se mantuvo igualado. Sin embargo, poco a poco la balanza comenzó a inclinarse a favor de Yonoseke. Su dominio técnico era evidente; poseía un repertorio más amplio y violento, mientras que Ryota, aunque versátil, resultaba más limitado en cuanto a su número de movimientos. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Mierda… si esto continua asi voy a perder…”</span></span> Penso el de ojos ambarinos, sin perder de vista a su oponente. Necesitaba a como de lugar, quitarse esos malditos grilletes… pero ¿Cómo? Fue entonces cuando recordó algo que lo hizo sentir estúpido. En ningún momento abrió el pergamino y fue su maestra quien le dijo que lo hiciera en el primer momento en que llegara a ese dojo. <br />
<br />
En un intento desesperado, Ryota decidió apostar el resultado del combate, de tener razón quizás ganaría y de no tenerla, solo aceleraría su derrota. Sin miedo, llevó la mano al bolsillo y sacó el pergamino. Lo abrió con torpeza, liberando no solo la llave, sino también las indicaciones de una técnica. Apenas alcanzó a echar un vistazo cuando el impacto de su oponente lo golpeó de lleno, lanzándolo dos metros en dirección contraria.<br />
<br />
Aun así, en ese breve instante, logró distinguir la silueta de los dibujos, la forma precisa del movimiento. Y lo entendió. Comprendió exactamente qué había querido su maestra al ponerle dos malditas esferas de acero encima.<br />
<br />
La llave fue usada y los pies del pirata al fin fueron liberados. <br />
<br />
Yonoseke arremetió nuevamente para tratar de alcanzarlo, sin embargo, la velocidad de Ryota sin los grilletes volvió a la normalidad y esquivó el impacto con un poderoso salto. <br />
<br />
La vista del cazador de dojos se elevó, viendo cómo Ryota giró en el aire para invertir su cuerpo y caer abruptamente en su dirección. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">“¡BUTO!”</span></span></span> Las dos cabezas impactaron y los ojos del rubio se tornaron blancos, el impacto consiguió restar lo último en el tanque de Motumbo y dejarlo en el suelo, vivo, pero inconsciente.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!”</span> </span></span></div>
<br />
Un grito feroz brotó desde lo más profundo de Ryota. Nunca antes había querido ganar con tanta intensidad; nunca antes se había esforzado de aquella manera. Había entrenado sin descanso, una y otra vez, enfrentándose a oponentes más fuertes que le recordaron, con brutal honestidad, que aún no era suficiente.<br />
Y ahora, por primera vez desde que llegó a la isla, sentía que había avanzado un paso más hacia su maldito destino. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Si carajooooooooo!”</span></span> Expreso con enorme felicidad, sintiendo que había sacado el número mayor en la ruleta. <br />
<br />
Su apuesta, aunque arriesgada, le permitió llevarse el combate. Quizás solo fue una técnica aún sin pulir, pero haber tenido los conocimientos del Hasshoken y el entrenamiento previo en el recorrido hasta allí. Le otorgaron la capacidad de entender una técnica tan simple como efectiva, aquella por la que comúnmente, todos los artistas marciales de ese estilo iniciaban. <br />
<br />
Sin cruzar palabra alguna con los miembros del Dojin Shin Kae Karate, el nacido en baterilla salió del dojo victorioso, llevando consigo el pergamino entregado por su maestra y caminando sin prisa alguna. <br />
Los niños lo vieron pasar lleno de moretones y heridas, sorprendidos por presenciar a un verdadero artista marcial que daba todo de sí para alcanzar la perfección. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Cuando sea grande, quiero ser como él”</span></span>, dijo el menor de los dos.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #008E02;" class="mycode_color">“¿Entonces si me dejaras levantar a tu hermana?”</span> </span>Comento el otro. <br />
<br />
Ryota llegó victorioso al dojo Hashokken, quizás orinaría rojo algunos días. Sin embargo, se paró victorioso frente a Sira entregándole el pergamino. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“¿Pudiste entenderlo? ¿Lo que necesitabas?”</span></span> La chica tomó de nuevo el pergamino para guardarlo en sus vestiduras. Ambos se encontraban adentro del dojo, sobre el suelo de madera, uno frente al otro. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Creo que sí. ¿Una pelea, no? Eso necesitaba.” </span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">“Exacto, tienes un gran potencial para hacerte más fuerte, Ryota, pero necesitas el hambre para llegar al lugar que anhelas. Quizás tu sueño sea vivir sin trabajar, pero en la vida, los únicos que realmente llegan a ser libres, son los seres fuertes. Y debes tener el hambre para convertirte en uno de ellos.”</span></span> Una genuina sonrisa se dibujó en los labios de la mujer de cabellos brillantes, para luego dar un pat pat sobre la cabeza del castaño. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Gracias, maestra.”</span> </span><br />
<br />
Ryota agachó su cabeza, posando ambas manos frente a él en señal de respeto. Quien se levantó tarde en cada sesión de entrenamiento, el que prefería evitar entrenar, ahora agradecía a su mentora, por haberle dado la oportunidad para alcanzar el secreto de los puños que rompen defensas.<br />
<br />
Las puertas del Dojo Hasshoken se cerraron a la espalda del castaño con un sonido seco y definitivo, dando fin a una aventura llena de artimañas, empeño, fatiga y la extraña satisfacción de haber obtenido una victoria honesta. Le gustaría decir que fue un combate contundente, sin embargo, el lánguido cuerpo se encarga de desmentirlo. <br />
<br />
Cada músculo dolorido le recuerda que no fue sencillo, que ha tenido que esforzarse, que el peso sobre su cuerpo no ha sido una broma, incluso la derrota pudo haberse cernido sobre él. Y, aún así, superó sus propias expectativas ejecutando movimientos que jamás creyó aprender y dominar, sobrepasando sus límites hasta el punto de sentirse ligero y en sintonía consigo mismo.<br />
<br />
El combate no fue fácil, pero logró sobreponerse y vencer. ¿Qué más queda además de la experiencia obtenida? El deseo de un merecido descanso que terminará por ser ínfimo al recordar que no puede descansar tanto como quiere o lo merece, no, allá afuera, en algún lugar del mar, un estridente grupo de cuatro personas se encuentra disfrutando de las bondades de un crucero con la finalidad de converger en una isla que, de solo pensar el nombre, le hace estremecer.<br />
<br />
Baterilla.<br />
<br />
¡Su tierra natal! Aquella paradisíaca isla pesquera que le hizo probar el trabajo duro por primera vez; en donde su madre, padre y hermanos le esperarían con una amplia sonrisa de no ser porque terminó escapando de las garras del matricidio. ¿Por qué arriesgarse? ¿Por qué no elegir otra isla en la que encontrarse? ¿Por qué no les dijo que navegasen hasta Isla Karate para disfrutar más tiempo del espléndido lugar que les hizo combatir osos y disfrutar festivales?<br />
<br />
Por qué Isla Karate no podría llevarlos a su verdadero objetivo: El Grand Line. <br />
<br />
Una sonrisa acaricia el rostro del navegante cuando se aleja completamente del dojo, cada paso es extenuante, aunque eso queda relegado en alguna parte irrelevante de sus sentidos cuando piensa en el Den Den Mushi que seguramente estará sonando en el lugar en el que se hospeda. <br />
<br />
¿Estarán desesperados por indicaciones? ¿Lo extrañarán tanto como para llorar su nombre? ¿Estarán listos para escuchar sus más alocadas aventuras? ¿Le pedirán que les enseñe su nuevo estilo de combate? ¿Sus nuevas habilidades? Una risa escapa imaginando a sus compañeros en escenarios de improbable realismo. <br />
<br />
Lleva una de sus manos al cabello y lo peina hacia atrás; con cada paso se siente más liviano. Sabe que debe partir pronto o tendrá problemas si llega tarde al encuentro predestinado.<br />
La mirada fría de un pelinegro que ataca antes de preguntar; la expresión molesta de una amazona que saluda primero con los puños y después con fuertes y cálidos abrazos; la aniñada sonrisa de un rubio de larga melena, siempre dispuesto a lanzarle un “¿me entiendes?”; y el gesto del último compañero que ha decidido unirse al estridente grupo que ahora porta el nombre de Hanu Mahana.<br />
<br />
Todos ellos lo esperan.<br />
<br />
Y Ryota los espera ver a todos y cada uno de ellos. No le pueden fallar, así como él no les puede fallar a ellos. Claro, después de un largo baño, su respectivo festejo y una buena siesta; al menos hasta que el den den mushi vuelva a sonar con gritos y palabras combinadas a través del pequeño caracol.<br />
<br />
La verdadera aventura, está a punto de comenzar. <br />
<br />
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				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Entrenamiento Hasshoken</span>
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					<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto («Cabeza Militar»)</h2></strong></span>
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                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
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                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 80 Fuerza</span>
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                                <strong>Daño: </strong>
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                                <strong id='dañoTecnica'>65 + 2,3xFuerza</strong>
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                                <strong>Efecto: </strong>
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                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo.
                            </span>
                        </p>
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                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario salta para después precipitarse inversamente y propinarle un gran cabezazo al enemigo.</i>
                </p>
                <hr/>
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                </div>
                
            </div><br />
<br />
+ 5000 palabras realizadas en el FIC. Y pido la última técnica que me falta de las 2 posibles.
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic][Entrenamiento][Presente/Absoluto] El Buto Kaiten y la pista de un nuevo destino]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3315</link>
			<pubDate>Sun, 01 Mar 2026 07:34:04 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=447">Akira Raito</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3315</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 30 de Verano, Año 17</span></div>
 <br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El regreso de Akria al dojo del Hasshoken fue tranquilo y esperado por la maestra Matcha. No pasó ni un día y aún con un chichón en la frente, el joven marine se presentó. Su llegada era esperada, el aire olía a incienso y madera vieja y algo húmeda. Sira estaba esperándole, sentada en el centro del dojo, tomándose uno de esos tés que tanto le gustaban, mientras que el gordito seguía durmiendo. No era broma que la siesta le duraría un par de días, y probablemente para cuando el gordito Golosinas despertara, Akira ya habría partido de regreso a Baterilla junto con el resto de su división.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte I: El regreso al dojo de Sira Matcha</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El crujido de las tablas de madera bajo los pies de Akira resonaba como aquellos días atrás. Había pasado poco tiempo desde que el crujido de sus pies descalzos resonaba en el dojo principal, un lugar donde el tiempo parecía detenerse mientras el mundo exterior se aceleraba. Y al fondo, bajo el santuario en honor a los antiguos maestros, Sira lo esperaba. No hubo abrazos ni palabras de cortesía, solo una mirada que evaluaba a Akira como la primera vez que llegó al dojo.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Llegas tarde de nuevo, ¿no buscabas la perfección dentro de este estilo? Eres un tardón deberías de llevar un reloj o algo, ¿sabes?</span> —dijo Sira, ajustándose el cinturón negro desgastado con el que se sujetaba los pantalones cortos. Su voz era tranquila, pero cortante como el filo de una katana nueva.<br />
 <br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El camino de vuelta fue... algo cansado, por no decir largo, porque menuda caminata desde el puerto hasta que se llega hasta aquí </span></span>—respondió Akira, dejando sus mudas de cambio a un lado. Ya les explicó que tenía que reunirse con su amigo y poner en común sus avances dentro de los estilos que estaban aprendiendo en la isla. Pero sí que era cierto que tras tanto entrenamiento, el volver a subir a aquellas montañas para llegar al dojo le terminó de matar mentalmente, por lo que se lo tomó con total calma para llegar descansado y poder continuar con el entrenamiento como realmente debía. Esforzándose al máximo.<br />
 <br />
Sira no perdió el tiempo. Se colocó en el centro del tatami, señalando un punto exacto frente a ella—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has aprendido a golpear con la cabeza y tu estilo propio te ha servido para esquivar con fluidez. Pero hoy vamos a romper tu eje. Vamos a trabajar en el Buto Kaiten, o traducido, para que lo entiendas, Cabeza Militar Giratoria. No es solo una técnica de rotación, es una distorsión del espacio personal del enemigo. O algo así… Hoy te voy a convertir un tornado.</span><br />
 <br />
Sira le explicó que el Buto Kaiten no nace de la fuerza de los hombros, sino del sometimiento del cuerpo ante la gravedad para luego desafiarla—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tu punto de apoyo será de nuevo tu cabezón rubio. Tu coronilla debe ser el eje absoluto. Luego… la aerodinámica humana te va a permitir que, al juntar manos y piernas, se reduzca el momento de inercia, permitiéndote una velocidad de giro que el ojo humano apenas puede procesar. Y como ya sabes, la esencia propia del Hasshoken, la Ignorancia de la resistencia. Lo más letal de la técnica es que el tornado que vas a conseguir generar no golpea la armadura del oponente, la atraviesa, ignorando cualquier defensa pasiva o peso muerto.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte II: El primer descenso, sacrificar el equilibrio</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Planta la cabeza en el suelo, Akira. Ahora</span> —ordenó Sira.<br />
 <br />
Akira respiró hondo. Se inclinó, apoyando las palmas en el suelo antes de transferir todo su peso hacia la parte superior de su cráneo. El mundo se invirtió de nuevo. La sangre comenzó a bajarle a la cabeza, y el equilibrio, ese sentido que damos por sentado, empezó de nuevo a perderse impidiendo que pudiera tener una percepción clara de la profundidad.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Levántate!</span> —gritó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Usa el cuello como un pilar de acero. Si doblas las cervicales, el flujo de energía se corta. ¡Acuérdate!</span><br />
 <br />
Akira empujó y sus piernas se elevaron hacia el techo, oscilando peligrosamente. La sensación de vulnerabilidad era total. En esa posición, cualquier ataque sería fatal, pero el Buto Kaiten requería ese momento de entrega absoluta antes de la tormenta. Akira era un chico acostumbrado a hacer el pino, pero más de manera aeróbica que ofensiva. Y normalmente utilizaba las manos para apoyarse en el suelo, ¿pero la cabeza?<br />
 <br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Apuntes de la técnica Buto Kaiten: <ul class="mycode_list"><li>El mayor obstáculo del Buto Kaiten no es la fuerza física, sino el miedo instintivo a romperse el cuello (como con la anterior técnica, otra vez el miedo a romperse el cuello).<br />
</li>
<li>Para dominarlo, debo de confiar en que mi propia energía, en mi ki. Esto actuará como un rodamiento invisible entre la cabeza y el suelo (hay que girar, ser un fidget spinner).<br />
</li>
</ul>
</blockquote>
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Estás vibrando demasiado</span> —observó Sira, caminando alrededor de él como un animal acechando a su presa y a punto de atacar—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si no puedes mantener el eje en estático, el tornado te destrozará a ti antes que al enemigo. ¡Esfuérzate!</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte III: El inicio de la rotación</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Tras horas de mantener la verticalidad, Sira le permitió dar el siguiente paso—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Junta las extremidades. Conviértete en una lanza, aprovecha ese pelo que tienes e imagina que es una punta afilada, aunque se te chafe contra el suelo, piensa que lo estás clavando</span> —le guio señalándole con las manos mientras le observaba de cerca—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ahora, inicia el giro usando solo la torsión de tu cadera y el impulso de tus tobillos antes de cerrarlos.</span><br />
 <br />
Akira cerró los ojos. Pegó los brazos a los costados y unió las piernas. Inició un movimiento de torsión violento. Al principio, era un giro torpe, una peonza mal lanzada que amenazaba con derribarlo. Pero entonces, algo hizo click. La fricción contra el suelo generó un zumbido, y l aire a su alrededor empezó a agitarse.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Más rápido!</span> —Sira lanzó una piedra pequeña hacia él. El aire generado por el giro de Akira desvió el proyectil antes de que tocara su ropa—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Ese es el principio! La resistencia pasiva del aire ya no existe para ti. Ahora, muévete hacia mí. Tienes que intentar perseguirme</span><br />
 <br />
Akira, convertido en un cilindro humano de alta velocidad, intentó desplazar su centro de gravedad mientras giraba. Era como intentar dirigir un huracán con un hilo de seda. Bastante complicado sin utilizar el resto del cuerpo, tenía que dejar caer ligeramente su peso hacia el lugar al que quería dirigirse.-<br />
<br />
<br />
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Parte IV: El desplazamiento que termina en impacto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El objetivo final del Buto Kaiten es la expulsión. No busca herir con un corte, sino desplazar la masa del enemigo de una manera bastante violenta, sin importar cuán pesado o firme estuviera el oponente. No era un simple golpe, no era un simple tornado, era un empuje, un desplazamiento del adversario.<br />
<br />
Sira se preparó, bajando su centro de gravedad en una postura de jinete, dando la sensación de que sus músculos ahora eran músculos de hierro—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Golpéame!</span> —le desafió a Akira. Y el marine se lanzó como un tornado que se desplazaba por el dojo. Y menos mal que tenía un pelazo denso y bien cuidado, porque sino aquello le hubiera dejado marcas de quemaduras por la fricción con el tatami. <br />
<br />
Cuando hizo contacto con los brazos cruzados de Sira, no hubo un choque de huesos, hubo una transferencia de energía cinética pura. Y en ese mismo momento, la técnica ignoró la estabilidad de Sira, que a pesar de su técnica defensiva perfecta, fue arrastrada hacia atrás unos pocos metros. Sus pies surcaron la madera hasta que fue expulsada exactamente cuatro metros, deteniéndose justo en el borde del porche exterior. Akira cayó al suelo, mareado y con la visión borrosa, pero el silencio que siguió fue de asombro.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has ignorado mi resistencia</span> —dijo Sira, limpiándose el polvo de los hombros con una sonrisa orgullosa—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero todavía te falta control para no terminar vomitando después de cada ejecución y lanzarme mucho más lejos. De nuevo.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte V: Las visiones dentro del propio eje</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira volvió a su posición. La presión en su cráneo ya no era dolorosa, sino una pulsación rítmica que marcaba el compás de su respiración. Al cerrar los ojos y comenzar la rotación, el mundo físico, lo que era el dojo, el olor a pino, el sonido de los grillos fuera, todo, se desvaneció.<br />
<br />
En el centro del Buto Kaiten, el tiempo no fluíua de forma lineal. Mientras giraba a velocidades que desafiaban la biología humana, Akira empezó a experimentar el efecto horizonte. No veía el dojo, veía estelas de luz plateadas que representaban las líneas de fuerza de la habitación. En el centro exacto de su giro, había un punto de quietud absoluta, y Akira comprendió que para ignorar la resistencia del oponente, primero debía ignorar su propia masa. Por lo demás, las voces distorsionadas por el efecto del giro susurraban en sus oídos, como si escuchara fragmentos de combates pasados y futuros que se proyectaban en la parte interna de sus párpados. ¿Veía realmente vivencias de antiguos maestros del Hasshoken o estaba tan mareado que su mente le estaba jugando con él?<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No luches contra el mareo, Akira</span> —la voz de Sira llegaba como un trueno lejano—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Habita el centro del huracán! ¡Si tú eres el tornado, el tornado no puede marearte!</span><br />
 <br />
De repente, la visión de Akira se estabilizó a pesar de las revoluciones que estaba experimentando en ese momento. Ya no veía a Sira como una mujer, sino como un bloque de densidad inamovible. La técnica Buto Kaiten le permitía ver las grietas en esa densidad, los puntos donde la física del impacto podía ignorar la armadura. ¿Esas grietas eran reales o era su cabeza?<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VI: El desafío de los pilares de acero</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira dio una palmada y tres maniquíes de entrenamiento, pesadas figuras de madera reforzadas con placas de hierro y lastradas con plomo, se deslizaron mecánicamente desde las sombras del dojo, rodeando a Akira. Otros compañeros del estilo marcial las habían colocado estratégicamente en distintos puntos del dojo, para después regresar a sus respectivos tatamis a seguir con lo suyo. Cada autómata pesaba cerca de 200 kg. Eran objetos diseñados para no moverse, para ser muros infranqueables.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Buto Kaiten no es para mover hombres, Akira. Es para mover montañas</span> —sentenció Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Estos tres pilares bloquean tu salida. Si no aplicas la técnica correctamente, chocarás contra ellos y te partirás el cuello. Ya sabes, cosas del Hasshoken.</span><br />
 <br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cuánta gente ha muerto intentando aprender estas técnicas? Siempre con que me voy a partir el cuello... ¿Cuántos se lo han roto? </span></span>—respondió Akira con vacile, pero no dudó en iniciar el descenso. Su cabeza golpeó el tatami con un sonido seco, pero su voluntad amortiguó el impacto. Sus piernas y manos se sellaron contra su torso y el silbido del aire cortado se convirtió en un rugido. Se había convertido en un tornado humano que comenzó a desplazarse, no de forma errática, sino con la precisión de un proyectil guiado.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VII: Ignorando la masa, ahora llega el impacto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El primer maniquí que estaba en su trayectoria le hizo a Akira sentir la resistencia pasiva del hierro, una fuerza que debería haberlo detenido en seco. Sin embargo, al aplicar el principio del Buto Kaiten, su rotación creó una frecuencia vibratoria que anuló la inercia del objeto. <br />
<br />
El primer choque de sus giros impactó el centro del maniquí. La madera crujió, pero no se rompió, simplemente el objeto perdió su conexión con el suelo y salió despedido hacia atrás, recorriendo por fin los diez metros exactos que requería la técnica, hasta chocarse con la pared del fondo. Y sin detenerse, Akira usó el rebote para cambiar de ángulo y trayectoria.<br />
<br />
El segundo y tercer pilar de hierro fueron barridos como si fueran de papel. La sus pesos y la fricción fueron totalmente ignorados por el vórtice de Akira. El dojo tembló, y los tres pesados bloques de entrenamiento estaban ahora apilados contra el muro exterior, a diez metros de su posición original. Lo había conseguido.<br />
<br />
<br />
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Parte VIII: El precio de la técnica</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Cuando Akira finalmente detuvo su rotación y aterrizó sobre sus pies, el suelo bajo él estaba marcado por un círculo de madera pulida por la fricción. Su rostro estaba pálido y un fino hilo de sangre corría por su nariz. El esfuerzo de procesar las visiones del eje y de mantener unos golpes físicos contra objetos tan densos había llevado a su cuerpo al límite.<br />
 <br />
Sira se acercó, examinando los daños en los maniquíes—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has entendido la esencia, ¡muy bien!</span> —le dijo con una amplia sonrisa y un tono que se suavizó ligeramente—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has dejado de empujar con los músculos para empujar con la intención. El enemigo puede tener una armadura de diamante o la piel de un rinoceronte, pero para la Cabeza Militar Giratoria, solo es un estorbo que debe ser desplazado diez metros fuera de tu camino.</span><br />
 <br />
Akira respiró hondo, sintiendo cómo el dojo dejaba de dar vueltas—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Todavía puedo sentir el giro en mis huesos... Cuanta presión...</span></span><br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eso es porque ahora el tornado ahora vive en ti, como esa cancioncita del rey león</span> —respondió Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Venga, bebe un poco de agua, pero no mucha no vaya a ser que vomites. Descansa un poco y vamos a intentar hacerlo mientras yo te lanzo cuchillos reales, ¿vale? Tómate tu tiempo, mentalízate.</span><br />
 <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte IX: ¿Sira quiere matarme? Cuchillos y viento</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El resto del día en el dojo trajo un frío poco habitual para ser verano. Sira ya no esperaba con palabras, sino con un fardo de cuero abierto sobre el tatami. En su interior, doce dagas de entrenamiento, de hoja roma pero peso real, que brillaban bajo la poca luz que entraba por los ventanales.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Un tornado no solo expulsa lo que toca, Akira</span> —dijo Sira, sujetando y haciendo filigranas con una de las dagas entre sus dedos—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Un tornado crea una barrera de presión negativa. Que expulsa. Si tu rotación es perfecta, nada puede atravesar el muro de aire que generas. Si fallas... bueno, espero que tus reflejos sean mejores que hace un rato.</span><br />
 <br />
Akira se colocó en el centro. Sus músculos todavía cansados por el esfuerzo anterior, pero el eje ya se sentía como una extensión de su columna vertebral. Y el concepto del escudo cinético le llamó bastante la atención, más por el nombre que por lo que significaba. Y entonces Sira le explicó la física detrás de esta curiosa defensa que funcionaba como ataque.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El aire pegado a tu cuerpo, Akira debe girar a la misma velocidad que tú. No quiero que busques detener el cuchillo, sino cambiar su trayectoria mediante la fuerza centrífuga antes de que toque tu piel. Al alcanzar las revoluciones necesarias, se crea una zona de alta presión que actuará como un escudo bastante sólido, a pesar de ser aire y fricción. ¿Preparado?</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte X: Duelo a muerte... ¿con cuchillos?</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Abajo!</span> —ordenó Sira.<br />
 <br />
Akira plantó la cabeza. El mundo se invirtió y el zumbido comenzó. Esta vez, el giro fue más fluido, casi instantáneo. Y cerró sus manos y sus piernas, convirtiéndose en ese cilindro compacto de energía.<br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡ZAS!</span></span></div>
 <br />
El primer cuchillo voló desde la mano de Sira. No iba al pecho, sino directamente hacia sus piernas expuestas. Akira sintió el silbido del metal acercándose. En su visión del eje, el cuchillo no era un objeto, sino una interrupción en el flujo de su tornado. El impacto del cuchillo golpeó la corriente de aire generada por aquella maravillosa técnica, la Cabeza Militar Giratoria. El resultado fue que, en lugar de penetrar, el metal fue succionado por la rotación y escupido hacia afuera, saliendo disparado contra una columna de madera con un golpe seco.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Uno no es nada</span> —dijo Sira mientras sus manos se empezaban a mover como sombras.<br />
 <br />
Tres, cuatro, cinco cuchillos volaron rápidamente hacia Akira desde diferentes ángulos. El marine incrementó la velocidad y el ruido en el dojo ahora era ensordecedor, el aire rugía como una turbina.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XI: El Vórtice Impenetrable</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira estaba experimentando una saturación en todos sus sentidos. Cada cuchillo que golpeaba su escudo de aire invisible enviaba una vibración a través de su punto de apoyo en el suelo. Era como si estuviera siendo golpeado por gotas de lluvia de plomo, pero ninguna lograba tocar su cuerpo.<br />
 <br />
El polvo del tatami se elevó, formando un cilindro grisáceo alrededor de Akira, y dentro de ese cilindro, las dagas de Sira rebotaban erráticamente, incapaces de romper la barrera de presión.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Ahora, avanza mientras te defiendes!</span> —gritó Sira, lanzando las últimas tres dagas simultáneamente.<br />
 <br />
Akira, manteniendo su curiosa defensa de aire, comenzó a desplazarse hacia ella. Era una imagen aterradora: un tornado de polvo y aire que desviaba proyectiles mientras se abalanzaba sobre su objetivo. Las últimas dagas golpearon el vórtice y fueron desviadas con tal violencia que se clavaron en el techo del dojo. Pero Akira no se detuvo, el escudo defensivo ahora se acababa de transfor en un potente ataque.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XII: La expulsión final, el empuje</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira se quedó quieta, esperando el impacto del marine hiperactivo. Cuando Akira llegó a su posición, el aire comprimido a su alrededor golpeó a la maestra antes de que el cuerpo de Akira lo hiciera. La fuerza de empuje de la técnica se volvió a manifestar su propiedad fundamental: ignorar la resistencia pasiva del objetivo.<br />
 <br />
El desplazamiento de Sira, a pesar de haber clavado sus talones en el suelo, se sintió cómo si la presión del aire la levantara ligeramente. Fue empujada hacia atrás con una fuerza constante y masiva. Diez metros exactos. Sira terminó de espaldas contra la puerta principal del dojo, la cual se abrió de golpe por la presión, dejándola bajo la luz que el sol podía dejar ver entre las nubes.<br />
 <br />
Akira detuvo el giro y se puso en pie, tambaleándose solo un poco, sus palmas ardían y su dogi estaba cubierto de polvo y en los brazos descubiertos tenía marcas de quemaduras por el roce del aire y el polvo.<br />
 <br />
Sira se levantó, sacudiéndose el polvo de la chaqueta y ajustándose la goma con la que se había hecho la trenza, y con una mirada de aprobación que Akira rara vez veía, le sonrío—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El tornado y el empuje son sólidos. Has aprendido a no ser el objetivo, sino el centro del mundo. ¡¡ENHORABUENA MARINE!!</span><br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIII: ¡Oye, que se ha colado un intruso!</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Y de pronto, un chasquido, un ruido de algo moviéndose, eran las vasijas donde Sira guardaba el té matcha, y no era un animal, era un hombre. Vestía una armadura pesada, una mezcla de placas de cerámica y malla reforzada con placas de plomo. Llevaba una maza de guerra encadenada a su muñeca, un arma diseñada para aplastar huesos a través de cualquier defensa.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Quién eres y qué quieres?</span> —susurró Sira, con un tono de voz cargada que Akira nunca había escuchado—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No me digas que te envía de nuevo la Federación.</span><br />
 <br />
Pero no respondió con palabras. Su sola presencia irradiaba una resistencia abrumadora. Era un hombre de casi dos metros de altura y 150 kilos de peso muerto, potenciado por su armadura, que caminaba con la confianza de quien sabe que ningún golpe convencional puede moverlo.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">He venido por las técnicas de rotación, señorita Sira</span> —dijo con una voz que parecía el rugido de un desprendimiento de rocas—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muéstrame a tus pupilos o te aplastaré contra tus propias tablas.</span><br />
 <br />
Sira miró a Akira. Estaba agotado, pero sus ojos aún brillaban con el residuo de aquella técnica que acababa de aprender—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Akira...</span> —dijo Sira en voz baja—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Las técnicas convencionales rebotarán en él como piedras contra una montaña. Este hombre es la personificación de la inercia. Solo el Buto Kaiten puede desplazar esa enorme masa de grasa y acero. Es un pesado de la organización del torneo, siempre vienen así vestidos y les gusta molestar. Estamos en los tres dojos un poco hartos de que vengan sin avisar, si te digo la verdad.</span><br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIV: El giro de la supervivencia marcial</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El hombre de la federación rugió y lanzó su maza. El arma atravesó el aire con una fuerza destructiva, rompiendo el suelo del dojo donde Akira se encontraba hacía apenas un segundo, obligando al joven marine a rodar por el suelo para esquivarlo. Sabía que no podía intercambiar golpes, si intentaba un bloqueo normal, sus brazos se quebrarían. Tenía que entrar en el estado de rotación, ahora sí, bajo fuego enemigo. Este hombre no era su maestro, sino un pesado encargado de fastidiar a los que querían presentarse al torneo bajo el pretexto de que "no estaban preparados".<br />
 <br />
Por un momento le recordó al gordito golosinas, otro obeso mórbido al que le encantaba dar golpes secos a la gente. Y con sus pesados pasos se acercó, recuperó su maza, y la lanzó de nuevo, esta vez en un barrido horizontal que Akira tuvo que esquivar saltando y aterrizando directamente sobre su cabeza en medio del movimiento.<br />
 <br />
Por un segundo, Akira estuvo invertido, expuesto. Y entonces, el trabajador de la federación de artes marciales de la Isla del Karate vio la oportunidad y levantó su bota blindada para aplastar el cráneo de Akira contra el tatami. Pero justo antes del impacto, Akira cerró sus extremidades—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cómo cojones funcionáis en esta isla? ¿Si no te partes el cuello te lo intentan aplastar? ¿De qué va esto? ¡¡BUTO KAITEN!!</span></span> —el giro comenzó con una violencia nunca antes vista y el roce de la bota del tipejo contra el hombro de Akira en rotación generó chispas.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XV: El tornado contra la mole</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El sonido en el dojo cambió. Ya no era el silbido del entrenamiento, era el rugido de una turbina de avión. Akira se convirtió en un borrón de movimiento plateado y marrón.<br />
 <br />
El de la federación, confundido por la técnica, intentó abrazar el tornado para detenerlo con su peso bruto. Fue su mayor error. En el momento en que sus manos blindadas tocaron el perímetro del Buto Kaiten, la propiedad de ignorar la resistencia pasiva se activó. Para aquel hombre, fue como si la gravedad hubiera dejado de existir. Sus 150 kilos de peso y su armadura reforzada no sirvieron de nada. La energía cinética de Akira se filtró a través de las placas de plomo, atacando directamente su centro de gravedad.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Imposible!</span> —rugió mientras sus pies se despegaban del suelo.<br />
<br />
Y Akira, manteniendo el eje absoluto, dirigió su trayectoria. El tornado humano impactó de lleno en su pecho y el impacto no sonó como un golpe, sino como una explosión controlada. Fue levantado por la corriente de aire y la rotación física. A pesar de sus intentos por anclarse, la técnica lo arrastró. Atravesó el dojo, pasó por encima de Sira y, con un estruendo de madera rota y metal retorcido, fue expulsado hacia el exterior. El tipo voló los diez metros reglamentarios de la técnica, atravesando la pared de papel y madera del dojo y aterrizando pesadamente en el patio de piedra, donde su armadura finalmente cedió bajo su propio peso. <br />
<br />
Akira detuvo su rotación. Esta vez no cayó. Se mantuvo de pie, aunque sus pulmones ardían y el mundo seguía girando levemente. Sira miró el agujero en la pared y luego a su discípulo. Mientras tanto, el hombre intentaba levantarse fuera, pero su equilibrio interno estaba destrozado por la vibración del Buto Kaiten. No volvería a pelear ese día.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has defendido el dojo, Akira, y encima le has dado una lección a estos pesados con libreta</span> —dijo Sira, caminando hacia el intruso caído para asegurarse de que no se moviera—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero mira tus manos.</span><br />
<br />
—<span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno, esto cura rápido, no me preocupan... Me preocupa más él</span></span> —Akira se miró las palmas. Estaban rojas, casi en carne viva por la fricción, pero sentía una fuerza nueva. El tornado no solo estaba en su cuerpo, estaba en su espíritu.<br />
 <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XVII: El honor del acero roto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Con la armadura destrozada y la libreta a saber donde, el tipo de la federación yacía en el patio de piedra y bonsáis, rodeado de fragmentos de madera del dojo y trozos de su propia armadura de cerámica que se habían desprendido por la vibración. No estaba muerto, pero su sistema nervioso le estaba enviando señales de auxilio. Para él, el cielo y el suelo seguían intercambiando lugares cada dos segundos.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Maldita sea...</span> —gruñó, intentando apoyarse en su maza de guerra, que ahora parecía un juguete inútil—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese movimiento... no está aprobado para los nuevos discípulos del dojo... Hace una semana no estabas aquí, ¡cuándo te has apuntado! ¡No apareces en los registros del torneo!</span><br />
 <br />
Sira caminó hacia él con una parsimonia insultante. Se detuvo justo en el borde de los diez metros donde Akira lo había proyectado—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por supuesto que no está en tus registros, pedazo de inútil</span> —dijo Sira, cruzándose de brazos—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es un marine y no le hace falta inscribirse en el maldito torneo para aprender las técnicas que a mi me de la gana enseñarle. Has venido a robar secretos del dojo para vuestras estúpidas reglas del torneo, ¿verdad? Estamos al tanto en los tres dojos de esto... ¡Y ESTAMOS HARTOS DE VUESTRO ESTÚPIDO REGLAMENTO!</span><br />
 <br />
El hombre de la federación escupió un poco de polvo y asintió a regañadientes—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me dijeron que en el dojo de Sira se guardaba una técnica que ignoraba la masa. Pensé que era un mito... una exageración de los viejos. Pero ese chico...</span> —miró a Akira con una mezcla de miedo y respeto— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">...me movió como si fuera una pluma.</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Eres nuevo?</span> —respondió Sira entre risas. Sin duda acababan de contratarlo y desconocía tanto el Hasshoken como el sentido del estilo marcial.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XVIII: La lección del Buto Kaiten</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira se acercó, regulando su respiración. Sus manos todavía temblaban, pero la sensación permanecía sólida en su pecho—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yo no se a qué os dedicáis, pero podría haber pensado que eras un intruso o un criminal. El dojo no busca sangre, sino disciplina, y si siempre venís a molestar es normal que estén hartos en los tres... No creo que ningún dojo quiera un reglamento estricto para el torneo, dejad que cada uno luche como quiera y pueda, si con no herir de gravedad ni matar o amputar miembros o algo así, ya estaría </span></span>—dijo Akira. Su voz sonaba extrañamente calmada a pesar del agotamiento—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aunque si eres uno de esos espías que no tiene ni idea de anda e intantas usar lo que acabas de ver en el torneo, sin práctica, fracasarás.</span></span><br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Por qué? He visto cómo lo haces. El apoyo en la cabeza, el giro, la compactación... Y tampoco llevas aquí mucho tiempo...</span><br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Porque el Buto Kaiten no se copia con los ojos</span> —interrumpió Sira, señalando el centro del tatami, que estaba destrozado—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Se siente en la rendición del ego. Tú viniste aquí confiando en tu peso y en tu armadura. Akira te derrotó porque se convirtió en nada para poder moverlo todo.</span><br />
 <br />
Sira le hizo una seña a Akira para que ayudara al intruso a levantarse. Akira extendió una mano. Y el hombre, tras un momento de duda, la aceptó. La diferencia de tamaño era cómica, pero el respeto era mutuo.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIX: El pacto de silencio</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vuelve con tu maestro, aunque no creo ni que seas de esta isla</span> —ordenó Sira mientras el tipo se sacudía los restos de su equipo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dile que el dojo del Hasshoken sigue con lo suyo. Y dile también que si envía a otro espía o alguien de la federación, no lo lanzaremos diez metros hacia el patio, sino diez metros hacia el abismo de los acantilados. Pesados, que sois muy pesados...</span><br />
 <br />
Y el hombre hizo una reverencia profunda, algo torpe debido al mareo residual—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entendido. Guardaré silencio... no por lealtad a ustedes, sino porque nadie me creería si digo que un muchacho me lanzó por los aires usando su cabeza como eje. O bueno si... Aquí sois bastante famosos... Pero me gustaría aprender estas técnicas... No diré nada para que no os fastidien con el reglamento... Pero volveré... Como aprendiz... Si me lo permitís...</span><br />
 <br />
El torpe de la federación se retiró cojeando, dejando tras de sí un rastro de piezas de armadura y una lección aprendida. El silencio regresó al dojo, solo interrumpido por el sonido del viento filtrándose por el agujero que aquel enorme animal había dejado en la pared.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XX: El descanso del guerrero</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira se dejó caer sentado en el suelo, finalmente permitiendo que el cansancio lo invadiera. Sira se sentó a su lado, contemplando el daño en su templo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tendrás que ayudarme a arreglar esa pared, Akira</span> —dijo con un rastro de humor en su voz—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La Cabeza Militar Giratoria tiene un coste colateral bastante alto en carpintería.</span><br />
 <br />
—<span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Suerte que soy carpintero</span></span> —respondió Akira entre risas, mirando sus manos, que empezaban a sanar bajo el flujo de su propia energía—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me siento mucho más ligero, como si el mundo ya no fuera tan pesado como antes.</span></span><br />
 <br />
Sira asintió. Había completado su entrenamiento. El Buto Kaiten ya no era una técnica en un pergamino, era parte de la esencia de Akira. Había aprendido a ignorar la resistencia, tanto la del enemigo como la de sus propios límites físicos.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si quieres, podemos empezar con la meditación de reconstrucción</span> —concluyó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero ahora mismo... Te has ganado el derecho a comer y descansar sin que el mundo dé vueltas. Ahora te traigo algo para que llenes el estómago.</span><br />
 <br />
El sol comenzó a ocultarse tras las montañas, tiñendo el dojo de un naranja profundo que hacía que las virutas de madera en el suelo parecieran chispas de oro. Akira permanecía en silencio, contemplando el vacío dejado por su empuje en direcicón a la pared. No sentía la euforia de la victoria, sino una extraña y vibrante paz. Y mientras tanto, Sira se levantó y caminó hacia el edificio próximo al dojo, donde tenían las camas y el comedor, para empezar a preparar la cena y coger los materiales necesarios para arreglar la pared.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XXI: El ancla en el tornado</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La técnica del Buto Kaiten tiene un secreto que no te dije antes</span> —comenzó Sira, mientras le entregaba una bandeja con varios platos de comida, con arroz, pollo, verduras, sopa... Un menú bastante completo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muchos creen que el poder está en el giro, pero el verdadero poder está en el momento en que decides detenerte.</span><br />
 <br />
Akira tomó la bandeja con gusto y empezó a comer mientras la escuchaba. Entendió que el tornado es caos, pero el artista marcial es el orden que lo contiene. El entrenamiento no solo le había dado un arma devastadora capaz de ignorar cualquier escudo físico, sino que también le había dado la capacidad de ser el centro firme en un mundo que siempre está rotando. El cuerpo de Akira ahora poseía la densidad del acero y la fluidez del viento. Las visiones de su propio eje le permitían ver el mundo no como obstáculos, sino como flujos de energía que podían ser redirigidos. Y la posibilidad de lanzar a un enemigo a una distancia de diez metros es fácil, pero saber cuándo no hacerlo es la verdadera maestría.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XXII: Descanso bajo las estrellas</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Esa noche, Akira no se durmió de inmediato, se quedó en el patio, bajo la inmensidad del cielo nocturno, observando las estrellas y, por primera vez, no las vio como puntos distantes, sino como gigantescos cuerpos en rotación perpetua. El universo mismo era un Buto Kaiten masivo, un baile de fuerzas que ignoraban la resistencia del vacío.<br />
 <br />
Se llevó la mano a la cabeza, al cogotillo, sintiendo la dureza de su nuevo punto de apoyo. Había regresado al dojo buscando fuerza, y se marchaba siendo parte de algo mucho más grande. Sira lo observaba desde la sombra del porche, con una pequeña sonrisa de orgullo que el joven no pudo ver.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El camino es largo, Akira</span> —susurró ella para sí misma—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Pero hoy, has aprendido a caminar sobre tu propia cabeza para alcanzar ese cielo que estas mirando.</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por cierto... Tu no has llegado aquí de casualidad, ¿verdad? ¿A quién buscabais tu y tu amigo?</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4169e1;" class="mycode_color">Con sinceridad, maestra, a un tipo llamado Diosdado, parece ser un terrorista del South Blue... ¿Sabes algo?</span></span> <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me quiere sonar... ¿Un tipo calvo?</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4169e1;" class="mycode_color">¡Justo! Es calvo, algo rechonchete, habla con mala gana y le da igual vender a los suyos.</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me llegaron noticias de antiguos alumnos, pero... ¿No había marchado hacia el Grand Line?</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4169e1;" class="mycode_color">La última vez que supe de él me dijeron que vendría a esta isla...</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y estuvo... Pero de paso... Creo que no llegó a pisar Karate... Mandó la Marina una alerta para que los maestros vigilásemos los puertos... Terminaron enviando una flota tras una especie de lancha rápida y le perdieron la pista en los Cabos Gemelos... Al menos, esa es la última información que nos llegó sobre él.</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4169e1;" class="mycode_color">¡SIRA, TE QUIERO!</span></span> —y velozmente Akira se puso en pie y le cogió de la cara para darle un beso en la cabeza, tras eso, le hizo una profunda reverencia—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Muchísimas gracias por todo!</span></span> —y después hizo otra hacia el altar de los maestros y luego hacia el agujero en la pared que él mismo repararía al amanecer. El entrenamiento había terminado, pero su leyenda acababa de empezar a girar. Una vez dejara todo a punto, estaba dispuesto para regresar a Baterilla y encontrarse con su división. Próxima parada: el GRAND LINE.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
 <br />
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Entrenamiento de la segunda técnica del Hasshoken: Buto Kaiten.<br />
El Fic cuenta con un total de 5.567 palabras.<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto kaiten («Cabeza Militar Giratoria»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>4</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`tecnica_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 100 Fuerza | Conocer Buto</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>95 + 2,6xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>150 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo. Empuja al objetivo 10 metros.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario planta su cabeza en el suelo y se levanta usándola como punto de apoyo. Ahí junta las manos y las piernas y empieza a girar. Luego se mueve hacia su oponente como un tornado.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='tecnica_code_container'>
                    <div
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            </div><br />

				</div>
			</div>
				</div>
			</div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 30 de Verano, Año 17</span></div>
 <br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El regreso de Akria al dojo del Hasshoken fue tranquilo y esperado por la maestra Matcha. No pasó ni un día y aún con un chichón en la frente, el joven marine se presentó. Su llegada era esperada, el aire olía a incienso y madera vieja y algo húmeda. Sira estaba esperándole, sentada en el centro del dojo, tomándose uno de esos tés que tanto le gustaban, mientras que el gordito seguía durmiendo. No era broma que la siesta le duraría un par de días, y probablemente para cuando el gordito Golosinas despertara, Akira ya habría partido de regreso a Baterilla junto con el resto de su división.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte I: El regreso al dojo de Sira Matcha</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El crujido de las tablas de madera bajo los pies de Akira resonaba como aquellos días atrás. Había pasado poco tiempo desde que el crujido de sus pies descalzos resonaba en el dojo principal, un lugar donde el tiempo parecía detenerse mientras el mundo exterior se aceleraba. Y al fondo, bajo el santuario en honor a los antiguos maestros, Sira lo esperaba. No hubo abrazos ni palabras de cortesía, solo una mirada que evaluaba a Akira como la primera vez que llegó al dojo.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Llegas tarde de nuevo, ¿no buscabas la perfección dentro de este estilo? Eres un tardón deberías de llevar un reloj o algo, ¿sabes?</span> —dijo Sira, ajustándose el cinturón negro desgastado con el que se sujetaba los pantalones cortos. Su voz era tranquila, pero cortante como el filo de una katana nueva.<br />
 <br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El camino de vuelta fue... algo cansado, por no decir largo, porque menuda caminata desde el puerto hasta que se llega hasta aquí </span></span>—respondió Akira, dejando sus mudas de cambio a un lado. Ya les explicó que tenía que reunirse con su amigo y poner en común sus avances dentro de los estilos que estaban aprendiendo en la isla. Pero sí que era cierto que tras tanto entrenamiento, el volver a subir a aquellas montañas para llegar al dojo le terminó de matar mentalmente, por lo que se lo tomó con total calma para llegar descansado y poder continuar con el entrenamiento como realmente debía. Esforzándose al máximo.<br />
 <br />
Sira no perdió el tiempo. Se colocó en el centro del tatami, señalando un punto exacto frente a ella—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has aprendido a golpear con la cabeza y tu estilo propio te ha servido para esquivar con fluidez. Pero hoy vamos a romper tu eje. Vamos a trabajar en el Buto Kaiten, o traducido, para que lo entiendas, Cabeza Militar Giratoria. No es solo una técnica de rotación, es una distorsión del espacio personal del enemigo. O algo así… Hoy te voy a convertir un tornado.</span><br />
 <br />
Sira le explicó que el Buto Kaiten no nace de la fuerza de los hombros, sino del sometimiento del cuerpo ante la gravedad para luego desafiarla—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tu punto de apoyo será de nuevo tu cabezón rubio. Tu coronilla debe ser el eje absoluto. Luego… la aerodinámica humana te va a permitir que, al juntar manos y piernas, se reduzca el momento de inercia, permitiéndote una velocidad de giro que el ojo humano apenas puede procesar. Y como ya sabes, la esencia propia del Hasshoken, la Ignorancia de la resistencia. Lo más letal de la técnica es que el tornado que vas a conseguir generar no golpea la armadura del oponente, la atraviesa, ignorando cualquier defensa pasiva o peso muerto.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte II: El primer descenso, sacrificar el equilibrio</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Planta la cabeza en el suelo, Akira. Ahora</span> —ordenó Sira.<br />
 <br />
Akira respiró hondo. Se inclinó, apoyando las palmas en el suelo antes de transferir todo su peso hacia la parte superior de su cráneo. El mundo se invirtió de nuevo. La sangre comenzó a bajarle a la cabeza, y el equilibrio, ese sentido que damos por sentado, empezó de nuevo a perderse impidiendo que pudiera tener una percepción clara de la profundidad.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Levántate!</span> —gritó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Usa el cuello como un pilar de acero. Si doblas las cervicales, el flujo de energía se corta. ¡Acuérdate!</span><br />
 <br />
Akira empujó y sus piernas se elevaron hacia el techo, oscilando peligrosamente. La sensación de vulnerabilidad era total. En esa posición, cualquier ataque sería fatal, pero el Buto Kaiten requería ese momento de entrega absoluta antes de la tormenta. Akira era un chico acostumbrado a hacer el pino, pero más de manera aeróbica que ofensiva. Y normalmente utilizaba las manos para apoyarse en el suelo, ¿pero la cabeza?<br />
 <br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Apuntes de la técnica Buto Kaiten: <ul class="mycode_list"><li>El mayor obstáculo del Buto Kaiten no es la fuerza física, sino el miedo instintivo a romperse el cuello (como con la anterior técnica, otra vez el miedo a romperse el cuello).<br />
</li>
<li>Para dominarlo, debo de confiar en que mi propia energía, en mi ki. Esto actuará como un rodamiento invisible entre la cabeza y el suelo (hay que girar, ser un fidget spinner).<br />
</li>
</ul>
</blockquote>
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Estás vibrando demasiado</span> —observó Sira, caminando alrededor de él como un animal acechando a su presa y a punto de atacar—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si no puedes mantener el eje en estático, el tornado te destrozará a ti antes que al enemigo. ¡Esfuérzate!</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte III: El inicio de la rotación</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Tras horas de mantener la verticalidad, Sira le permitió dar el siguiente paso—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Junta las extremidades. Conviértete en una lanza, aprovecha ese pelo que tienes e imagina que es una punta afilada, aunque se te chafe contra el suelo, piensa que lo estás clavando</span> —le guio señalándole con las manos mientras le observaba de cerca—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ahora, inicia el giro usando solo la torsión de tu cadera y el impulso de tus tobillos antes de cerrarlos.</span><br />
 <br />
Akira cerró los ojos. Pegó los brazos a los costados y unió las piernas. Inició un movimiento de torsión violento. Al principio, era un giro torpe, una peonza mal lanzada que amenazaba con derribarlo. Pero entonces, algo hizo click. La fricción contra el suelo generó un zumbido, y l aire a su alrededor empezó a agitarse.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Más rápido!</span> —Sira lanzó una piedra pequeña hacia él. El aire generado por el giro de Akira desvió el proyectil antes de que tocara su ropa—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Ese es el principio! La resistencia pasiva del aire ya no existe para ti. Ahora, muévete hacia mí. Tienes que intentar perseguirme</span><br />
 <br />
Akira, convertido en un cilindro humano de alta velocidad, intentó desplazar su centro de gravedad mientras giraba. Era como intentar dirigir un huracán con un hilo de seda. Bastante complicado sin utilizar el resto del cuerpo, tenía que dejar caer ligeramente su peso hacia el lugar al que quería dirigirse.-<br />
<br />
<br />
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Parte IV: El desplazamiento que termina en impacto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El objetivo final del Buto Kaiten es la expulsión. No busca herir con un corte, sino desplazar la masa del enemigo de una manera bastante violenta, sin importar cuán pesado o firme estuviera el oponente. No era un simple golpe, no era un simple tornado, era un empuje, un desplazamiento del adversario.<br />
<br />
Sira se preparó, bajando su centro de gravedad en una postura de jinete, dando la sensación de que sus músculos ahora eran músculos de hierro—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Golpéame!</span> —le desafió a Akira. Y el marine se lanzó como un tornado que se desplazaba por el dojo. Y menos mal que tenía un pelazo denso y bien cuidado, porque sino aquello le hubiera dejado marcas de quemaduras por la fricción con el tatami. <br />
<br />
Cuando hizo contacto con los brazos cruzados de Sira, no hubo un choque de huesos, hubo una transferencia de energía cinética pura. Y en ese mismo momento, la técnica ignoró la estabilidad de Sira, que a pesar de su técnica defensiva perfecta, fue arrastrada hacia atrás unos pocos metros. Sus pies surcaron la madera hasta que fue expulsada exactamente cuatro metros, deteniéndose justo en el borde del porche exterior. Akira cayó al suelo, mareado y con la visión borrosa, pero el silencio que siguió fue de asombro.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has ignorado mi resistencia</span> —dijo Sira, limpiándose el polvo de los hombros con una sonrisa orgullosa—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero todavía te falta control para no terminar vomitando después de cada ejecución y lanzarme mucho más lejos. De nuevo.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte V: Las visiones dentro del propio eje</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira volvió a su posición. La presión en su cráneo ya no era dolorosa, sino una pulsación rítmica que marcaba el compás de su respiración. Al cerrar los ojos y comenzar la rotación, el mundo físico, lo que era el dojo, el olor a pino, el sonido de los grillos fuera, todo, se desvaneció.<br />
<br />
En el centro del Buto Kaiten, el tiempo no fluíua de forma lineal. Mientras giraba a velocidades que desafiaban la biología humana, Akira empezó a experimentar el efecto horizonte. No veía el dojo, veía estelas de luz plateadas que representaban las líneas de fuerza de la habitación. En el centro exacto de su giro, había un punto de quietud absoluta, y Akira comprendió que para ignorar la resistencia del oponente, primero debía ignorar su propia masa. Por lo demás, las voces distorsionadas por el efecto del giro susurraban en sus oídos, como si escuchara fragmentos de combates pasados y futuros que se proyectaban en la parte interna de sus párpados. ¿Veía realmente vivencias de antiguos maestros del Hasshoken o estaba tan mareado que su mente le estaba jugando con él?<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No luches contra el mareo, Akira</span> —la voz de Sira llegaba como un trueno lejano—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Habita el centro del huracán! ¡Si tú eres el tornado, el tornado no puede marearte!</span><br />
 <br />
De repente, la visión de Akira se estabilizó a pesar de las revoluciones que estaba experimentando en ese momento. Ya no veía a Sira como una mujer, sino como un bloque de densidad inamovible. La técnica Buto Kaiten le permitía ver las grietas en esa densidad, los puntos donde la física del impacto podía ignorar la armadura. ¿Esas grietas eran reales o era su cabeza?<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VI: El desafío de los pilares de acero</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira dio una palmada y tres maniquíes de entrenamiento, pesadas figuras de madera reforzadas con placas de hierro y lastradas con plomo, se deslizaron mecánicamente desde las sombras del dojo, rodeando a Akira. Otros compañeros del estilo marcial las habían colocado estratégicamente en distintos puntos del dojo, para después regresar a sus respectivos tatamis a seguir con lo suyo. Cada autómata pesaba cerca de 200 kg. Eran objetos diseñados para no moverse, para ser muros infranqueables.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Buto Kaiten no es para mover hombres, Akira. Es para mover montañas</span> —sentenció Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Estos tres pilares bloquean tu salida. Si no aplicas la técnica correctamente, chocarás contra ellos y te partirás el cuello. Ya sabes, cosas del Hasshoken.</span><br />
 <br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cuánta gente ha muerto intentando aprender estas técnicas? Siempre con que me voy a partir el cuello... ¿Cuántos se lo han roto? </span></span>—respondió Akira con vacile, pero no dudó en iniciar el descenso. Su cabeza golpeó el tatami con un sonido seco, pero su voluntad amortiguó el impacto. Sus piernas y manos se sellaron contra su torso y el silbido del aire cortado se convirtió en un rugido. Se había convertido en un tornado humano que comenzó a desplazarse, no de forma errática, sino con la precisión de un proyectil guiado.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VII: Ignorando la masa, ahora llega el impacto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El primer maniquí que estaba en su trayectoria le hizo a Akira sentir la resistencia pasiva del hierro, una fuerza que debería haberlo detenido en seco. Sin embargo, al aplicar el principio del Buto Kaiten, su rotación creó una frecuencia vibratoria que anuló la inercia del objeto. <br />
<br />
El primer choque de sus giros impactó el centro del maniquí. La madera crujió, pero no se rompió, simplemente el objeto perdió su conexión con el suelo y salió despedido hacia atrás, recorriendo por fin los diez metros exactos que requería la técnica, hasta chocarse con la pared del fondo. Y sin detenerse, Akira usó el rebote para cambiar de ángulo y trayectoria.<br />
<br />
El segundo y tercer pilar de hierro fueron barridos como si fueran de papel. La sus pesos y la fricción fueron totalmente ignorados por el vórtice de Akira. El dojo tembló, y los tres pesados bloques de entrenamiento estaban ahora apilados contra el muro exterior, a diez metros de su posición original. Lo había conseguido.<br />
<br />
<br />
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Parte VIII: El precio de la técnica</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Cuando Akira finalmente detuvo su rotación y aterrizó sobre sus pies, el suelo bajo él estaba marcado por un círculo de madera pulida por la fricción. Su rostro estaba pálido y un fino hilo de sangre corría por su nariz. El esfuerzo de procesar las visiones del eje y de mantener unos golpes físicos contra objetos tan densos había llevado a su cuerpo al límite.<br />
 <br />
Sira se acercó, examinando los daños en los maniquíes—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has entendido la esencia, ¡muy bien!</span> —le dijo con una amplia sonrisa y un tono que se suavizó ligeramente—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has dejado de empujar con los músculos para empujar con la intención. El enemigo puede tener una armadura de diamante o la piel de un rinoceronte, pero para la Cabeza Militar Giratoria, solo es un estorbo que debe ser desplazado diez metros fuera de tu camino.</span><br />
 <br />
Akira respiró hondo, sintiendo cómo el dojo dejaba de dar vueltas—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Todavía puedo sentir el giro en mis huesos... Cuanta presión...</span></span><br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eso es porque ahora el tornado ahora vive en ti, como esa cancioncita del rey león</span> —respondió Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Venga, bebe un poco de agua, pero no mucha no vaya a ser que vomites. Descansa un poco y vamos a intentar hacerlo mientras yo te lanzo cuchillos reales, ¿vale? Tómate tu tiempo, mentalízate.</span><br />
 <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte IX: ¿Sira quiere matarme? Cuchillos y viento</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El resto del día en el dojo trajo un frío poco habitual para ser verano. Sira ya no esperaba con palabras, sino con un fardo de cuero abierto sobre el tatami. En su interior, doce dagas de entrenamiento, de hoja roma pero peso real, que brillaban bajo la poca luz que entraba por los ventanales.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Un tornado no solo expulsa lo que toca, Akira</span> —dijo Sira, sujetando y haciendo filigranas con una de las dagas entre sus dedos—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Un tornado crea una barrera de presión negativa. Que expulsa. Si tu rotación es perfecta, nada puede atravesar el muro de aire que generas. Si fallas... bueno, espero que tus reflejos sean mejores que hace un rato.</span><br />
 <br />
Akira se colocó en el centro. Sus músculos todavía cansados por el esfuerzo anterior, pero el eje ya se sentía como una extensión de su columna vertebral. Y el concepto del escudo cinético le llamó bastante la atención, más por el nombre que por lo que significaba. Y entonces Sira le explicó la física detrás de esta curiosa defensa que funcionaba como ataque.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El aire pegado a tu cuerpo, Akira debe girar a la misma velocidad que tú. No quiero que busques detener el cuchillo, sino cambiar su trayectoria mediante la fuerza centrífuga antes de que toque tu piel. Al alcanzar las revoluciones necesarias, se crea una zona de alta presión que actuará como un escudo bastante sólido, a pesar de ser aire y fricción. ¿Preparado?</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte X: Duelo a muerte... ¿con cuchillos?</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Abajo!</span> —ordenó Sira.<br />
 <br />
Akira plantó la cabeza. El mundo se invirtió y el zumbido comenzó. Esta vez, el giro fue más fluido, casi instantáneo. Y cerró sus manos y sus piernas, convirtiéndose en ese cilindro compacto de energía.<br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡ZAS!</span></span></div>
 <br />
El primer cuchillo voló desde la mano de Sira. No iba al pecho, sino directamente hacia sus piernas expuestas. Akira sintió el silbido del metal acercándose. En su visión del eje, el cuchillo no era un objeto, sino una interrupción en el flujo de su tornado. El impacto del cuchillo golpeó la corriente de aire generada por aquella maravillosa técnica, la Cabeza Militar Giratoria. El resultado fue que, en lugar de penetrar, el metal fue succionado por la rotación y escupido hacia afuera, saliendo disparado contra una columna de madera con un golpe seco.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Uno no es nada</span> —dijo Sira mientras sus manos se empezaban a mover como sombras.<br />
 <br />
Tres, cuatro, cinco cuchillos volaron rápidamente hacia Akira desde diferentes ángulos. El marine incrementó la velocidad y el ruido en el dojo ahora era ensordecedor, el aire rugía como una turbina.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XI: El Vórtice Impenetrable</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira estaba experimentando una saturación en todos sus sentidos. Cada cuchillo que golpeaba su escudo de aire invisible enviaba una vibración a través de su punto de apoyo en el suelo. Era como si estuviera siendo golpeado por gotas de lluvia de plomo, pero ninguna lograba tocar su cuerpo.<br />
 <br />
El polvo del tatami se elevó, formando un cilindro grisáceo alrededor de Akira, y dentro de ese cilindro, las dagas de Sira rebotaban erráticamente, incapaces de romper la barrera de presión.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Ahora, avanza mientras te defiendes!</span> —gritó Sira, lanzando las últimas tres dagas simultáneamente.<br />
 <br />
Akira, manteniendo su curiosa defensa de aire, comenzó a desplazarse hacia ella. Era una imagen aterradora: un tornado de polvo y aire que desviaba proyectiles mientras se abalanzaba sobre su objetivo. Las últimas dagas golpearon el vórtice y fueron desviadas con tal violencia que se clavaron en el techo del dojo. Pero Akira no se detuvo, el escudo defensivo ahora se acababa de transfor en un potente ataque.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XII: La expulsión final, el empuje</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira se quedó quieta, esperando el impacto del marine hiperactivo. Cuando Akira llegó a su posición, el aire comprimido a su alrededor golpeó a la maestra antes de que el cuerpo de Akira lo hiciera. La fuerza de empuje de la técnica se volvió a manifestar su propiedad fundamental: ignorar la resistencia pasiva del objetivo.<br />
 <br />
El desplazamiento de Sira, a pesar de haber clavado sus talones en el suelo, se sintió cómo si la presión del aire la levantara ligeramente. Fue empujada hacia atrás con una fuerza constante y masiva. Diez metros exactos. Sira terminó de espaldas contra la puerta principal del dojo, la cual se abrió de golpe por la presión, dejándola bajo la luz que el sol podía dejar ver entre las nubes.<br />
 <br />
Akira detuvo el giro y se puso en pie, tambaleándose solo un poco, sus palmas ardían y su dogi estaba cubierto de polvo y en los brazos descubiertos tenía marcas de quemaduras por el roce del aire y el polvo.<br />
 <br />
Sira se levantó, sacudiéndose el polvo de la chaqueta y ajustándose la goma con la que se había hecho la trenza, y con una mirada de aprobación que Akira rara vez veía, le sonrío—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El tornado y el empuje son sólidos. Has aprendido a no ser el objetivo, sino el centro del mundo. ¡¡ENHORABUENA MARINE!!</span><br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIII: ¡Oye, que se ha colado un intruso!</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Y de pronto, un chasquido, un ruido de algo moviéndose, eran las vasijas donde Sira guardaba el té matcha, y no era un animal, era un hombre. Vestía una armadura pesada, una mezcla de placas de cerámica y malla reforzada con placas de plomo. Llevaba una maza de guerra encadenada a su muñeca, un arma diseñada para aplastar huesos a través de cualquier defensa.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Quién eres y qué quieres?</span> —susurró Sira, con un tono de voz cargada que Akira nunca había escuchado—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No me digas que te envía de nuevo la Federación.</span><br />
 <br />
Pero no respondió con palabras. Su sola presencia irradiaba una resistencia abrumadora. Era un hombre de casi dos metros de altura y 150 kilos de peso muerto, potenciado por su armadura, que caminaba con la confianza de quien sabe que ningún golpe convencional puede moverlo.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">He venido por las técnicas de rotación, señorita Sira</span> —dijo con una voz que parecía el rugido de un desprendimiento de rocas—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muéstrame a tus pupilos o te aplastaré contra tus propias tablas.</span><br />
 <br />
Sira miró a Akira. Estaba agotado, pero sus ojos aún brillaban con el residuo de aquella técnica que acababa de aprender—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Akira...</span> —dijo Sira en voz baja—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Las técnicas convencionales rebotarán en él como piedras contra una montaña. Este hombre es la personificación de la inercia. Solo el Buto Kaiten puede desplazar esa enorme masa de grasa y acero. Es un pesado de la organización del torneo, siempre vienen así vestidos y les gusta molestar. Estamos en los tres dojos un poco hartos de que vengan sin avisar, si te digo la verdad.</span><br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIV: El giro de la supervivencia marcial</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El hombre de la federación rugió y lanzó su maza. El arma atravesó el aire con una fuerza destructiva, rompiendo el suelo del dojo donde Akira se encontraba hacía apenas un segundo, obligando al joven marine a rodar por el suelo para esquivarlo. Sabía que no podía intercambiar golpes, si intentaba un bloqueo normal, sus brazos se quebrarían. Tenía que entrar en el estado de rotación, ahora sí, bajo fuego enemigo. Este hombre no era su maestro, sino un pesado encargado de fastidiar a los que querían presentarse al torneo bajo el pretexto de que "no estaban preparados".<br />
 <br />
Por un momento le recordó al gordito golosinas, otro obeso mórbido al que le encantaba dar golpes secos a la gente. Y con sus pesados pasos se acercó, recuperó su maza, y la lanzó de nuevo, esta vez en un barrido horizontal que Akira tuvo que esquivar saltando y aterrizando directamente sobre su cabeza en medio del movimiento.<br />
 <br />
Por un segundo, Akira estuvo invertido, expuesto. Y entonces, el trabajador de la federación de artes marciales de la Isla del Karate vio la oportunidad y levantó su bota blindada para aplastar el cráneo de Akira contra el tatami. Pero justo antes del impacto, Akira cerró sus extremidades—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cómo cojones funcionáis en esta isla? ¿Si no te partes el cuello te lo intentan aplastar? ¿De qué va esto? ¡¡BUTO KAITEN!!</span></span> —el giro comenzó con una violencia nunca antes vista y el roce de la bota del tipejo contra el hombro de Akira en rotación generó chispas.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XV: El tornado contra la mole</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El sonido en el dojo cambió. Ya no era el silbido del entrenamiento, era el rugido de una turbina de avión. Akira se convirtió en un borrón de movimiento plateado y marrón.<br />
 <br />
El de la federación, confundido por la técnica, intentó abrazar el tornado para detenerlo con su peso bruto. Fue su mayor error. En el momento en que sus manos blindadas tocaron el perímetro del Buto Kaiten, la propiedad de ignorar la resistencia pasiva se activó. Para aquel hombre, fue como si la gravedad hubiera dejado de existir. Sus 150 kilos de peso y su armadura reforzada no sirvieron de nada. La energía cinética de Akira se filtró a través de las placas de plomo, atacando directamente su centro de gravedad.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Imposible!</span> —rugió mientras sus pies se despegaban del suelo.<br />
<br />
Y Akira, manteniendo el eje absoluto, dirigió su trayectoria. El tornado humano impactó de lleno en su pecho y el impacto no sonó como un golpe, sino como una explosión controlada. Fue levantado por la corriente de aire y la rotación física. A pesar de sus intentos por anclarse, la técnica lo arrastró. Atravesó el dojo, pasó por encima de Sira y, con un estruendo de madera rota y metal retorcido, fue expulsado hacia el exterior. El tipo voló los diez metros reglamentarios de la técnica, atravesando la pared de papel y madera del dojo y aterrizando pesadamente en el patio de piedra, donde su armadura finalmente cedió bajo su propio peso. <br />
<br />
Akira detuvo su rotación. Esta vez no cayó. Se mantuvo de pie, aunque sus pulmones ardían y el mundo seguía girando levemente. Sira miró el agujero en la pared y luego a su discípulo. Mientras tanto, el hombre intentaba levantarse fuera, pero su equilibrio interno estaba destrozado por la vibración del Buto Kaiten. No volvería a pelear ese día.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has defendido el dojo, Akira, y encima le has dado una lección a estos pesados con libreta</span> —dijo Sira, caminando hacia el intruso caído para asegurarse de que no se moviera—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero mira tus manos.</span><br />
<br />
—<span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno, esto cura rápido, no me preocupan... Me preocupa más él</span></span> —Akira se miró las palmas. Estaban rojas, casi en carne viva por la fricción, pero sentía una fuerza nueva. El tornado no solo estaba en su cuerpo, estaba en su espíritu.<br />
 <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XVII: El honor del acero roto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Con la armadura destrozada y la libreta a saber donde, el tipo de la federación yacía en el patio de piedra y bonsáis, rodeado de fragmentos de madera del dojo y trozos de su propia armadura de cerámica que se habían desprendido por la vibración. No estaba muerto, pero su sistema nervioso le estaba enviando señales de auxilio. Para él, el cielo y el suelo seguían intercambiando lugares cada dos segundos.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Maldita sea...</span> —gruñó, intentando apoyarse en su maza de guerra, que ahora parecía un juguete inútil—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese movimiento... no está aprobado para los nuevos discípulos del dojo... Hace una semana no estabas aquí, ¡cuándo te has apuntado! ¡No apareces en los registros del torneo!</span><br />
 <br />
Sira caminó hacia él con una parsimonia insultante. Se detuvo justo en el borde de los diez metros donde Akira lo había proyectado—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por supuesto que no está en tus registros, pedazo de inútil</span> —dijo Sira, cruzándose de brazos—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es un marine y no le hace falta inscribirse en el maldito torneo para aprender las técnicas que a mi me de la gana enseñarle. Has venido a robar secretos del dojo para vuestras estúpidas reglas del torneo, ¿verdad? Estamos al tanto en los tres dojos de esto... ¡Y ESTAMOS HARTOS DE VUESTRO ESTÚPIDO REGLAMENTO!</span><br />
 <br />
El hombre de la federación escupió un poco de polvo y asintió a regañadientes—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me dijeron que en el dojo de Sira se guardaba una técnica que ignoraba la masa. Pensé que era un mito... una exageración de los viejos. Pero ese chico...</span> —miró a Akira con una mezcla de miedo y respeto— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">...me movió como si fuera una pluma.</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Eres nuevo?</span> —respondió Sira entre risas. Sin duda acababan de contratarlo y desconocía tanto el Hasshoken como el sentido del estilo marcial.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XVIII: La lección del Buto Kaiten</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira se acercó, regulando su respiración. Sus manos todavía temblaban, pero la sensación permanecía sólida en su pecho—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yo no se a qué os dedicáis, pero podría haber pensado que eras un intruso o un criminal. El dojo no busca sangre, sino disciplina, y si siempre venís a molestar es normal que estén hartos en los tres... No creo que ningún dojo quiera un reglamento estricto para el torneo, dejad que cada uno luche como quiera y pueda, si con no herir de gravedad ni matar o amputar miembros o algo así, ya estaría </span></span>—dijo Akira. Su voz sonaba extrañamente calmada a pesar del agotamiento—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aunque si eres uno de esos espías que no tiene ni idea de anda e intantas usar lo que acabas de ver en el torneo, sin práctica, fracasarás.</span></span><br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Por qué? He visto cómo lo haces. El apoyo en la cabeza, el giro, la compactación... Y tampoco llevas aquí mucho tiempo...</span><br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Porque el Buto Kaiten no se copia con los ojos</span> —interrumpió Sira, señalando el centro del tatami, que estaba destrozado—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Se siente en la rendición del ego. Tú viniste aquí confiando en tu peso y en tu armadura. Akira te derrotó porque se convirtió en nada para poder moverlo todo.</span><br />
 <br />
Sira le hizo una seña a Akira para que ayudara al intruso a levantarse. Akira extendió una mano. Y el hombre, tras un momento de duda, la aceptó. La diferencia de tamaño era cómica, pero el respeto era mutuo.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIX: El pacto de silencio</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vuelve con tu maestro, aunque no creo ni que seas de esta isla</span> —ordenó Sira mientras el tipo se sacudía los restos de su equipo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dile que el dojo del Hasshoken sigue con lo suyo. Y dile también que si envía a otro espía o alguien de la federación, no lo lanzaremos diez metros hacia el patio, sino diez metros hacia el abismo de los acantilados. Pesados, que sois muy pesados...</span><br />
 <br />
Y el hombre hizo una reverencia profunda, algo torpe debido al mareo residual—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entendido. Guardaré silencio... no por lealtad a ustedes, sino porque nadie me creería si digo que un muchacho me lanzó por los aires usando su cabeza como eje. O bueno si... Aquí sois bastante famosos... Pero me gustaría aprender estas técnicas... No diré nada para que no os fastidien con el reglamento... Pero volveré... Como aprendiz... Si me lo permitís...</span><br />
 <br />
El torpe de la federación se retiró cojeando, dejando tras de sí un rastro de piezas de armadura y una lección aprendida. El silencio regresó al dojo, solo interrumpido por el sonido del viento filtrándose por el agujero que aquel enorme animal había dejado en la pared.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XX: El descanso del guerrero</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira se dejó caer sentado en el suelo, finalmente permitiendo que el cansancio lo invadiera. Sira se sentó a su lado, contemplando el daño en su templo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tendrás que ayudarme a arreglar esa pared, Akira</span> —dijo con un rastro de humor en su voz—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La Cabeza Militar Giratoria tiene un coste colateral bastante alto en carpintería.</span><br />
 <br />
—<span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Suerte que soy carpintero</span></span> —respondió Akira entre risas, mirando sus manos, que empezaban a sanar bajo el flujo de su propia energía—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me siento mucho más ligero, como si el mundo ya no fuera tan pesado como antes.</span></span><br />
 <br />
Sira asintió. Había completado su entrenamiento. El Buto Kaiten ya no era una técnica en un pergamino, era parte de la esencia de Akira. Había aprendido a ignorar la resistencia, tanto la del enemigo como la de sus propios límites físicos.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si quieres, podemos empezar con la meditación de reconstrucción</span> —concluyó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero ahora mismo... Te has ganado el derecho a comer y descansar sin que el mundo dé vueltas. Ahora te traigo algo para que llenes el estómago.</span><br />
 <br />
El sol comenzó a ocultarse tras las montañas, tiñendo el dojo de un naranja profundo que hacía que las virutas de madera en el suelo parecieran chispas de oro. Akira permanecía en silencio, contemplando el vacío dejado por su empuje en direcicón a la pared. No sentía la euforia de la victoria, sino una extraña y vibrante paz. Y mientras tanto, Sira se levantó y caminó hacia el edificio próximo al dojo, donde tenían las camas y el comedor, para empezar a preparar la cena y coger los materiales necesarios para arreglar la pared.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XXI: El ancla en el tornado</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La técnica del Buto Kaiten tiene un secreto que no te dije antes</span> —comenzó Sira, mientras le entregaba una bandeja con varios platos de comida, con arroz, pollo, verduras, sopa... Un menú bastante completo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muchos creen que el poder está en el giro, pero el verdadero poder está en el momento en que decides detenerte.</span><br />
 <br />
Akira tomó la bandeja con gusto y empezó a comer mientras la escuchaba. Entendió que el tornado es caos, pero el artista marcial es el orden que lo contiene. El entrenamiento no solo le había dado un arma devastadora capaz de ignorar cualquier escudo físico, sino que también le había dado la capacidad de ser el centro firme en un mundo que siempre está rotando. El cuerpo de Akira ahora poseía la densidad del acero y la fluidez del viento. Las visiones de su propio eje le permitían ver el mundo no como obstáculos, sino como flujos de energía que podían ser redirigidos. Y la posibilidad de lanzar a un enemigo a una distancia de diez metros es fácil, pero saber cuándo no hacerlo es la verdadera maestría.<br />
 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XXII: Descanso bajo las estrellas</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Esa noche, Akira no se durmió de inmediato, se quedó en el patio, bajo la inmensidad del cielo nocturno, observando las estrellas y, por primera vez, no las vio como puntos distantes, sino como gigantescos cuerpos en rotación perpetua. El universo mismo era un Buto Kaiten masivo, un baile de fuerzas que ignoraban la resistencia del vacío.<br />
 <br />
Se llevó la mano a la cabeza, al cogotillo, sintiendo la dureza de su nuevo punto de apoyo. Había regresado al dojo buscando fuerza, y se marchaba siendo parte de algo mucho más grande. Sira lo observaba desde la sombra del porche, con una pequeña sonrisa de orgullo que el joven no pudo ver.<br />
 <br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El camino es largo, Akira</span> —susurró ella para sí misma—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Pero hoy, has aprendido a caminar sobre tu propia cabeza para alcanzar ese cielo que estas mirando.</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por cierto... Tu no has llegado aquí de casualidad, ¿verdad? ¿A quién buscabais tu y tu amigo?</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4169e1;" class="mycode_color">Con sinceridad, maestra, a un tipo llamado Diosdado, parece ser un terrorista del South Blue... ¿Sabes algo?</span></span> <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me quiere sonar... ¿Un tipo calvo?</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4169e1;" class="mycode_color">¡Justo! Es calvo, algo rechonchete, habla con mala gana y le da igual vender a los suyos.</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me llegaron noticias de antiguos alumnos, pero... ¿No había marchado hacia el Grand Line?</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4169e1;" class="mycode_color">La última vez que supe de él me dijeron que vendría a esta isla...</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y estuvo... Pero de paso... Creo que no llegó a pisar Karate... Mandó la Marina una alerta para que los maestros vigilásemos los puertos... Terminaron enviando una flota tras una especie de lancha rápida y le perdieron la pista en los Cabos Gemelos... Al menos, esa es la última información que nos llegó sobre él.</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4169e1;" class="mycode_color">¡SIRA, TE QUIERO!</span></span> —y velozmente Akira se puso en pie y le cogió de la cara para darle un beso en la cabeza, tras eso, le hizo una profunda reverencia—. <span style="color: #4169e1;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Muchísimas gracias por todo!</span></span> —y después hizo otra hacia el altar de los maestros y luego hacia el agujero en la pared que él mismo repararía al amanecer. El entrenamiento había terminado, pero su leyenda acababa de empezar a girar. Una vez dejara todo a punto, estaba dispuesto para regresar a Baterilla y encontrarse con su división. Próxima parada: el GRAND LINE.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
 <br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>Resumen</span>
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					Entrenamiento de la segunda técnica del Hasshoken: Buto Kaiten.<br />
El Fic cuenta con un total de 5.567 palabras.<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto kaiten («Cabeza Militar Giratoria»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>4</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
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                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 100 Fuerza | Conocer Buto</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>95 + 2,6xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>150 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo. Empuja al objetivo 10 metros.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario planta su cabeza en el suelo y se levanta usándola como punto de apoyo. Ahí junta las manos y las piernas y empieza a girar. Luego se mueve hacia su oponente como un tornado.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='tecnica_code_container'>
                    <div
                        class='tecnica_code'
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                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho002</span></span>
                    </div>
                </div>
                
            </div><br />

				</div>
			</div>
				</div>
			</div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic][Entrenamiento][Presente/Absoluto] El despertar del Hasshoken]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3300</link>
			<pubDate>Fri, 27 Feb 2026 11:30:41 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=447">Akira Raito</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3300</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 26 de Verano, Año 17</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La llegada a la isla fue tranquila, solo un par de tablas quedaron un poco quebradas por aquella tontería de nadar entre rocas, pero por lo demás fue un viaje tranquilo. Akira hasta llegó más pronto de lo esperado. Y una vez allí, y reunido con su amigo Juan, con el que acordó verse nada más llegar a puerto, acordaron que lo mejor sería separarse para iniciar la búsqueda en aquella nueva isla. <br />
<br />
Pero el desconocimiento del lugar y la duda sobre su fuerza y las unidades aliadas que tal vez pudiera tener en la zona, provocaron un extraño miedo en los dos marines. Un miedo que no estaban dispuestos a volver a sufrir, por lo que cada uno inició su entrenamiento por separado, prometiéndose reencontrarse en unos días, más fuertes y más decididos de acabar de una vez por todas con aquel terrorista.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte I: Aroma a sal y azúcar</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
La isla, por lo general, desprendía un olor a sudor, madera de roble e incienso. Akira no vestía el uniforme reglamentario completo, llevaba su dogi, si no estaba de servicio prefería la libertad de movimiento, un dogi azul acompañado de una camiseta naranja y sus botas y guantes característicos de color blanco. Y en su bolsillo, una nota pringosa de caramelo de limón. <br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Acuérdate lo que te dije en mi fábrica de chuches Akira: Sira Matcha te quitará las pulgas y te pondrá un martillo en la frente. <br />
<br />
Y no hablo metafóricamente, bueno sí, pero lo que quiero decir es que hará de tu frente un martillo, no que te pondrá un martillo en la frende de manera literal. <br />
<br />
Bueno, tú háblale de mi. O igual te habla ella primero. Cuando empieces a entrenar seguramente me presente a ver cómo avanzas. <br />
<br />
Los que somos de Baterilla tenemos un don para esto, ya verás.<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">—Golosinas</div></blockquote>
<br />
La firma, un garabato circular, pertenecía “Gordito Golosinas”, un hombre cuya barriga desafiaba las leyes de la física pero cuyo ojo para el talento era infalible. Akira suspiró. Caminaba con un paso rítmico, casi saltarín. Su estilo le obligaba a mantener el centro de gravedad siempre en peligro, sus ojos se movían rápido, analizando los tejados, las ramas de los cerezos, cualquier saliente que pudiera servir para un escape o un ataque sorpresa.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Sira Matcha?</span></span> —preguntó a una pescadora que vendía carpas y bacalaos. La mujer ni siquiera levantó la mirada. Señaló con un dedo calloso hacia la montaña más alta, donde una estructura de madera oscura parecía desafiar la gravedad en el borde de un acantilado.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si no tienes una invitación mejor quédate en la playa, muchacho. A la maestra Matcha no le gustan las visitas que huelen a Gobierno Mundial</span> —Akira sonrió enseñando los dientes—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Suerte que me encanta meterme donde no me llaman, tchakikikikiyah.</span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte II: La mujer del té verde</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El ascenso al dojo fue una prueba en sí misma. El camino estaba plagado de trampas naturales: raíces resbaladizas, tramos de escaleras tan empinados que requerían el uso de las manos, y un aire que se volvía más disperso con cada metro en ascenso. Cuando Akira finalmente llegó a la entrada del dojo, estaba sudando, pero sus ojos brillaban con la pasión del desafío.<br />
<br />
El dojo era sencillo, sin adornos, sin banderas de gloria. Solo madera gastada por pies descalzos y el sonido de una tetera. Sira Matcha estaba sentada en seiza en el centro del tatami. Tenía el cabello rojo fucsia recogido en una larga trenza tan tensa que parecía estirar sus rasgos faciales, dándole una expresión de vigilancia. Sus manos, apoyadas en sus muslos, eran pequeñas pero llenas de cicatrices de impacto.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Llegas tarda para ser tan "rápido"…</span> <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El caminito tampoco lo pone fácil</span></span> —respondió Akira entrando al dojo con confianza, realizando una reverencia justo antes de pisar el interior—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Soy Aki…</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sé quién eres. El Golosinas me avisó, me mandó un mensaje por gaviota. Dice que eres como una especie de mono hiperactivo, un saltimbanqui que sabe dar guantazos.</span> <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mi estilo llama bastante la atención sí… Aparezco, desaparezco, la velocidad es poder</span></span> —dijo mientras hacía una especie de baile cruzando rápidamente las piernas y enseñaba los bíceps, para terminar con las rodillas flexionadas, una mano cerca de la oreja y la otra extendida en forma de garra.<br />
<br />
Sira se puso de pie con un solo movimiento, fluido, como si no tuviera huesos sino resortes—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La velocidad sin masa es solo viento y eso molesta. ¿Has leído de qué es este dojo? Hasshoken. No es un simple estilo de lucha, es un arte de aniquilación. Tu saltas para esquivar o confundir. Aquí vas a aprender a que si saltas, caes como un mazo de ocho mil toneladas.</span> <br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte III: Primera lección, dolor</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira no perdió tiempo en formalidades y empezó lanzando un pesado saco de arena hacia Akira, que esquivó con una pirueta lateral, burlándose.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Demasiado lenta, guapa!</span></span> —gritó Akira.<br />
<br />
Pero Sira no estaba mirando el saco, estaba mirando los pies del marine—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese es tu problema. Todo tu cuerpo busca subir. El Hasshoken requiere que tu cuerpo quiera bajar.</span><br />
<br />
La muchacha caminó hacia el centro del dojo, donde había un poste de hierro cubierto por una fina capa de cuero, era un objeto de entrenamiento—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El cráneo humano es una de las estructuras más resistentes de la naturaleza, si se usa el ángulo correcto. La mayoría lo usa como un escudo, pero con el Buto, el cráneo es un martillo.</span><br />
<br />
Sira se alejó unos pasos y sin previo aviso, realizó un salto vertical asombroso. No fue un salto de gimnasia, fue una explosión. En el aire, a unos cuatro metros de altura, su cuerpo pareció congelarse un instante, y mediante una contracción violenta de su abdomen, giró 180 grados. Sus pies quedaron apuntando al cielo y su cabeza al suelo.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Buto o Cabeza Militar, cómo lo quieras llamar!</span><br />
<br />
Se precipitó inversamente. No cayó por gravedad, se lanzó usando el impulso de sus piernas contra el aire invisible y su frente impactó contra el poste de hierro. El sonido fue como un disparo de cañón de gran calibre. El poste se dobló en un ángulo de cuarenta y cinco grados. Akira se quedó mudo. La vibración del golpe se sintió en la planta de sus pies. Sira aterrizó suavemente sobre sus manos, hizo un rápido cambio a sus pies y se limpió una mota de polvo inexistente del hombro.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eso es un impacto. Ahora, marine, pon la frente dura. Vas a aprender a caer antes que aprender a volar.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte IV: Acondicionamiento craneal</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El entrenamiento de Akira comenzó con lo que Sira llamaba: “La víctima de la gravedad”. Durante las primeras seis horas, Akira tuvo que permanecer de cabeza, apoyado solo en la coronilla, sobre una superficie de piedra rugosa.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si no puedes aguantar el peso de tu propio cuerpo en tu cuello, ¿cómo esperas aguantar la fuerza de un impacto de tres toneladas?</span> —le increpaba Sira mientras caminaba a su alrededor, golpeando sus costillas con una vara de bambú para corregir su alineación.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Mi cuello... se va a romper!</span></span> —gruñó Akira, con las venas de la frente hinchadas como cables.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entonces muérete ahora. El Buto es la técnica de la “Cabeza Militar” porque requiere la disciplina de un ejército y la falta de miedo de un mártir</span> —Sira le explicó la física detrás de la técnica mientras él sufría.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cuando te lanzas usando el Hasshoken, la fuerza de impacto se calcula mediante la fórmula de la energía cinética. Tu velocidad de caída es el factor clave. Pero si tu cuello está blando, esa energía regresa a tu columna y te mata. Debes convertir tus vértebras en acero.</span> <br />
<br />
Pasaron las horas. El sol comenzó a descender, tiñendo el dojo de un naranja atardecer que iluminaba a todos con tonalidades doradas. Akira sentía que su cerebro flotaba en fuego. Cada vez que intentaba usar sus manos para equilibrarse, Sira le golpeaba los dedos—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Solo la cabeza! ¡Confía en tu eje!</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte V: Progreso e instinto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira ya no podía mover el cuello, pero Sira no tuvo piedad y lo llevó al borde del acantilado—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tu estilo acrobático te da una ventaja, no tienes miedo a las alturas. Pero tienes un instinto de protección demasiado fuerte. Para usar el Hasshoken, debes engañar a tu cerebro. Tu cerebro quiere proteger tu cabeza. Debes enseñarle que la cabeza es el arma más segura.</span><br />
<br />
Sira le ordenó saltar hacia atrás desde una roca de tres metros, pero con una condición: debía intentar rotar en el aire para que su cabeza fuera lo primero que rozara una red de pesca colocada estratégicamente abajo. Akira saltó. Su cuerpo, acostumbrado a las acrobacias y a los movimientos aéreos, intentó girar para caer de pie automáticamente. Es un instinto animal.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡No!</span> —gritó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡No busques el suelo con los pies! ¡Busca el objetivo con la mirada!</span><br />
<br />
Akira falló una, diez, cincuenta veces. Terminaba enredado en la red, con la espalda dolorida y el orgullo por los suelos.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El gordito me dijo que eras tenías potencial para esto</span> —provocó Sira, tomando un sorbo de té—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Veo que solo eres un mono de circo que solo sabe hacer monerías. Tal vez el Buto es demasiado para la Marina.</span><br />
<br />
Esas palabras fueron como una descarga eléctrica para Akira. Se puso de pie, escupiendo un poco de sangre. Y sus ojos, antes vacilones, se volvieron fríos.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Otra vez</span></span> —dijo con una voz que Sira no había escuchado antes.<br />
<br />
En el siguiente salto, Akira no pensó en la caída. Pensó en el impacto. En el aire, sintió ese momento sin gravedad, y enn lugar de extender las manos, las pegó a sus costados. Usó sus cuádriceps para dar una patada y un latigazo hacia arriba, forzando a su torso a rotar violentamente. Por una fracción de segundo, vio el mundo del revés. El cielo estaba abajo, el suelo arriba. Y por primera vez, no sintió vértigo. Se sintió un proyectil.<br />
<br />
Rozó la red de paja perfectamente con la parte superior de su cráneo y Sira sonrió imperceptiblemente—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bien. Vamos a empezar a romper cosas.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VI: Las piedras también se rompen a cabezazos</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
La Isla del Karate amaneció con una niebla tan densa que el dojo de Sira Matcha parecía flotar sobre un mar de nubes. Akira se despertó en el suelo de madera, con el cuello rígido como un tronco de roble. Cada movimiento le arrancaba un quejido sordo. <br />
<br />
Sira apareció con un cuenco de arroz al vapor y un té verde tan amargo que hacía retroceder las encías—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hoy dejas de jugar con redes de paja, marine</span> —dijo dejando el cuenco en el suelo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Hasshoken se llama así por los “Ocho Impactos”. No es un solo golpe; es una onda de choque que debe resonar a través de ocho puntos de presión en el cuerpo del enemigo, partiendo desde el contacto con el cráneo.</span><br />
<br />
Akira se levantó, estirando los hombros. Su agilidad parecía que estaba volviendo, pero ahora tenía una base más sólida—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">He estado pensando en la rotación, Maestra Matcha. Si uso el impulso de mis brazos para iniciar el giro justo antes de la altura máxima de mis saltos…</span></span><br />
<br />
Sira asintió levemente—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eres listo. Pero la torsión del cuerpo no es nada sin la alineación. Si tu columna se curva un solo grado al impactar, la fuerza se dispersará y tus vértebras estallarán como cristales.</span> —y llevó a Akira a un llano repleto de pilares. Era una hilera de piedras de basalto, cada una del grosor de un torso humano, clavadas profundamente en la tierra—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rompe una</span> —ordenó Sira.<br />
<br />
Akira tragó saliva, se alejó diez metros y corrió con esas zancadas erráticas que caracterizaban su movimiento ligero y ágil, cambiando de ritmo para confundir a un enemigo imaginario. Dio un salto lateral sobre una roca y luego se impulsó hacia el cielo, y a cuatro metros de altura, ejecutó la maniobra. Encogió el pecho, lanzó las piernas hacia arriba y giró. El mundo dio un vuelco. Vio la cima del pilar de basalto. Se lanzó.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡CLACK!</span></span></div>
<br />
Akira rebotó y cayó de espaldas, rodando por el suelo. El pilar ni siquiera se había movido. Una brecha de sangre comenzó a brotar de su frente.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Error!</span> —gritó Sira, caminando hacia él—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has golpeado con la frente, con la zona de las cejas. Eso es para cuando te pelees con tu cuñado Paco en el bar. El Hasshoken utiliza el vertex, la coronilla, el punto más alto del cráneo. Es donde los huesos parietales se unen. Ahí es donde la estructura es invencible… Aunque tal vez te venga bien usar la frente… Parece que has resistido bien el golpe, marine.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VII: La meditación del meteorito</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Durante las siguientes ocho horas, Sira no dejó que Akira volviera a saltar. Lo obligó a sentarse frente al pilar de piedra, tocándolo solo con la punta de su cabeza, empujando con todas sus fuerzas sin separar el contacto.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Siente la densidad de la piedra</span> —susurró Sira al oído de Akira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La piedra no tiene miedo. La piedra no duda. Para romper el basalto, tu cabeza debe convencer a la piedra de que tú eres más denso que ella. La técnica no es el movimiento, es la transferencia de voluntad a través de la materia. Con eso liberarás el impacto.</span> <br />
<br />
Akira cerró los ojos y empezó a visualizar su esqueleto. En su mente, sus huesos ya no eran calcio y poros; eran algo mucho más duro, eran diamante. Visualizó la energía subiendo desde sus talones, recorriendo su espalda, endureciendo su cuello y concentrándose en un punto minúsculo de la parte superior de su cabeza.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¡Ahora!!</span> —dijo Sira.<br />
<br />
Akira se separó un centímetro del pilar y dio un golpe seco con la cabeza. Un toque técnico. Pim. Y una fisura minúscula, fina como un cabello, apareció en el basalto. Akira sonrió.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No sonrías</span> —le soltó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Un marine no sonríe ante una grieta. Un marine solo descansa cuando el enemigo es polvo.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VIII: Las acrobacias se encuentran con el Buto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Avanzaban las horas del día y la fatiga de Akira era extrema, pero su conexión con su propio cuerpo había alcanzado un nivel casi místico, por lo que Sira decidió que era hora de integrar el Buto a su estilo original.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tu estilo tan rápido y acrobático es excelente para el posicionamiento</span> —admitió ella mientras practicaban combate de sombras—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Úsalo para llegar a lugares donde el enemigo no puede cubrir su cabeza... O cubrirse de la tuya. Un oponente siempre espera un puñetazo o una patada. Nadie espera que un hombre se convierta en un martillo que caerá desde el cielo con un cabezazo.</span><br />
<br />
Y entonces Sira atacó. Se movía con una lanza de madera, lanzando estocadas rápidas. Akira esquivaba con agilidad, como si se tratase de un primate. Saltaba sobre la lanza, caminaba por las paredes del dojo, se colgaba de las vigas.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Ataca, ¿qué haces?!</span> —desafió Sira.<br />
<br />
Akira vio el hueco. Sira había extendido demasiado la lanza. Él no fue a por un puñetazo. Se impulsó desde una viga del techo, proyectándose horizontalmente. A mitad de camino, cambió su trayectoria usando un giro de cadera violento, transformando su vuelo horizontal en una caída vertical inversa. Era el Buto, era el Hasshoken.<br />
<br />
Sira tuvo que soltar la lanza y rodar hacia atrás para evitar el impacto. La cabeza de Akira golpeó el suelo de madera del dojo, atravesándolo por completo y quedando enterrado hasta los hombros en la tierra debajo de las tablas. Silencio absoluto.<br />
<br />
Akira sacó la cabeza del agujero, escupiendo astillas y tierra. Tenía una mirada salvaje—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Esto ha sido lo suficientemente militar para ti? Me sorprende que no tengas chichones en la frente… Me va a salir un huevo.</span></span><br />
<br />
Sira observó el boquete en su suelo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has destruido mi propiedad. Eso es un avance. Pero te falta el grito de presión.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte IX: ¡El grito definitivo del Buto!</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El resto del día fue dedicado al grito específico del Buto, al kiai. No era un grito de garganta, sino un estallido de aire desde el diafragma que servía para estabilizar la presión interna del cráneo en el momento del choque.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si no gritas, la presión del impacto hará que tus oídos sangren</span> —explicó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El aire debe salir justo cuando el hueso toca el objetivo.</span><br />
<br />
Practicaron bajo una cascada cercana. Akira debía saltar desde las rocas altas hacia el agua, intentando romper la tensión superficial con la coronilla, sin perder el conocimiento. El agua, a esa velocidad, era tan dura como el hormigón.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡BUTO!</span></span> —el grito de Akira se fundía con el rugido del agua. Cada caída era una lección de física aplicada. Y entonces el joven marine empezó a entender que el secreto no estaba en la fuerza bruta, sino en la aceleración final. Justo un milisegundo antes del impacto, debía dar un último impulso con el cuello, un movimiento de látigo que duplicaba la fuerza.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte X: ¿Clase de anatomía?</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Para que Akira comprendiera la magnitud de lo que estaba aprendiendo, Sira le hizo dibujar en la arena el diagrama de fuerzas de la técnica. <br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Diagrama del Buto: <ul class="mycode_list"><li>Vértice de propulsión: El punto máximo de altura donde la energía potencial es máxima.<br />
</li>
<li>Eje de rotación: El centro de gravedad, el ombligo, alrededor del cual el cuerpo gira como un aspa.<br />
</li>
<li>Vector de caída: La línea recta imaginaria que une la cabeza con el punto vital del enemigo.<br />
</li>
<li>Punto de Impacto: El área de contacto en el cráneo.<br />
</li>
</ul>
<br />
Si el vértice de propulsión, el eje de rotación y el vector de caída no están alineados en el momento del impacto, el resultado es la parálisis.</blockquote>
<br />
Akira miraba el dibujo—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es un suicidio controlado</span></span> —murmuró.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Toda victoria militar es un suicidio evitado por la técnica</span> —respondió Sira con frialdad—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">En unas horas vendrá el Gordito Golosinas a verte. Si no rompes el gran monolito del patio, volverás a la Marina a limpiar cubiertas por el resto de tu vida.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XI: La calma antes de la tormenta</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El siguiente entrenamiento comenzó de una manera algo más extraña. No hubo gritos, ni varas de bambú, ni ejercicios de tortura. Sira estaba sentada en el porche del dojo, balanceando sus piernas con las deportivas blancas impecables. Su trenza de color fucsia, que parecía tener vida propia por su longitud, descansaba pacíficamente sobre la madera.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Akira, ven a sentarte</span> —dijo con una voz suave, casi angelical. Su mirada oscura, antes afilada como un bisturí, ahora irradiaba una inocencia que desconcertaba al marine.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Señorita Matcha? ¿No hay entrenamiento de impacto hoy</span></span> —Akira se acercó con cautela, frotándose la nuca, que aún conservaba los restos del esfuerzo de ayer.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El diálogo es la mejor forma de fortalecer el espíritu</span> —respondió Sira con una sonrisa bondadosa—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cuéntame, ¿por qué quieres aprender el Buto? ¿Es para ascender en la Marina? ¿O para proteger a los que no tienen voz?</span><br />
<br />
Akira se quedó perplejo. La mujer que ayer lo obligaba a perforar madera con la cabeza ahora parecía una estudiante preocupada por la ética—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yo... bueno, tengo un estilo de lucha bastante libre, pero a veces me siento impotente cuando la velocidad no basta para detener a un enemigo resistente. Quiero ser un arma para impartir la justicia, el más rápido, pero también quiero saber golpear.</span></span><br />
<br />
Sira asintió, conmovida—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es un motivo interesante. Aunque la violencia debería ser siempre el último recurso, ¿no crees?</span><br />
<br />
En ese momento, un ruido de envoltorios de plástico rompió el silencio. Por el sendero del dojo apareció una figura redonda y familiar: el Gordito Golosinas. Llevaba una bolsa gigante de nubes de azúcar y un traje blanco de chocolatero que parecía estar a punto de rendirse ante la presión de su abdomen.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Sira! ¡Mi niña fucsia preferida!</span> —exclamó el gordito, metiéndose tres gominolas en la boca—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Veo que no has matado al chico todavía.</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Golosinas!</span> —Sira se levantó de un salto, con los ojos brillando de alegría—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Qué alegría verte viejo godinflón! ¿Ha traído los caramelos de menta que me gustan?</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XII: El despertar de la bestia</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El ambiente cambió en un latido. El Gordito Golosinas dejó de masticar y señaló el gran monolito de obsidiana en el centro del patio—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Basta de charlas, Sira. He venido a ver si el dinero de los participantes ha servido para que este mono aprenda a usar el melón. ¡Akira, muéstrame el Hasshoken!</span><br />
<br />
Akira se puso en posición. La presión era inmensa. Miró a Sira buscando apoyo, pero la chica de la sudadera rosa pastel simplemente le dio ánimos con un gesto dulce. El marine corrió y ejecutó el salto perfecto. Giró en el aire, alineó su columna y se precipitó como un rayo invertido. Su cabeza impactó contra la obsidiana con un estruendo que espantó a los pájaros a kilómetros a la redonda.<br />
<br />
El monolito se agrietó, pero no se rompió. Y Akira cayó al suelo, aturdido, con sangre corriendo por su rostro—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mmm... decepcionante</span> —dijo el gordito, sacudiendo su bolsa de dulces—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Le falta rabia. Le falta... instinto. Sira, querida, ¿podrías recordarle cómo se hace?</span><br />
<br />
La temperatura del dojo pareció bajar diez grados. Sira Matcha, la chica apacible que hace un momento hablaba de diálogo, bajó la cabeza. El flequillo con corte de sierra ensombreció sus ojos. Su respiración cambió: de ser rítmica y pausada a un bufido animal, bajo y gutural.<br />
<br />
Se quitó la sudadera rosa pastel, dejándola caer al suelo, revelando sus brazos tonificados bajo la camiseta blanca y sus dedos se curvaron como garras. Cuando levantó la vista, ya no era Sira la bondadosa; era una bestia del Hasshoken.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Akira</span> —su voz ya no era dulce, era un crujido metálico—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mira bien. Si no rompes la piedra, te romperé yo a ti.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIII: El Hasshoken de la verdadera Sira</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira, al contrario que Akria no necesitó carrera. Desde una posición estática, sus piernas explotaron. No fue un salto, fue un despegue balístico. Su trenza fucsia azotó el aire como un látigo mientras subía seis metros en un parpadeo. En el aire, no solo giró, se contrajo como un muelle antes de soltarse, y su cuerpo se volvió un borrón de color rosa y fucsia.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡HASSHOKEN: CABEZA MILITAR!</span><br />
<br />
El impacto no sonó a choque. Sonó a demolición controlada. La obsidiana, una de las piedras más duras del mundo, no se agrietó: se pulverizó. Los fragmentos salieron disparados como metralla, cortando las hojas de los árboles cercanos. Sira aterrizó en una pose de combate agresiva, con una mano apoyada en el suelo y la otra lista para desgarrar. Sus ojos oscuros estaban inyectados en sangre, fijos en Akira como si fuera su próxima presa.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Eso es! ¡Esa es mi chica!</span> —celebró el Gordito Golosinas, aplaudiendo con sus dedos pegajosos—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Esa es la intensidad que nos gusta en este dojo!</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIV: El duelo final</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira no se detuvo tras romper la piedra. Sus instintos de lucha habían tomado el control absoluto. Se lanzó contra Akira antes de que este pudiera recuperarse—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Defiéndete o muere, marine!</span> —rugió ella.<br />
<br />
Akira tuvo que usar todo su repertorio de movimientos similares a los del kung fu solo para sobrevivir. Se movía entre las vigas, usaba sus brazos y piernas para balancearse y tomar impulso, pero Sira era implacable. Ella usaba su cabeza no solo para el Hasshoken, sino como una quinta extremidad para golpear de cerca, aprovechando la fuerza de su cuello para propinar cabezazos cortos y devastadores en el pecho de Akira.<br />
<br />
Y en fue tras ese breve instante en el que el ratón escapaba del gato, cuando se giró de golpe. Entonces fue cuando el choque de sus cabezas produjo una onda expansiva que levantó el polvo del patio. Akira sintió que sus dientes castañeaban, pero aguantó. La locura de Sira era contagiosa, el marine empezó a dejar de pensar en la técnica y empezó a sentir el hambre de la victoria.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡SÍ! ¡VAMOS! ¡DAME MÁS! ¡APRIETA! ¡PRIMERA TÉCNICA DEL HASSHOKEN, CABEZA MILITAR! ¡¡¡BUTOOOO!!!</span></span> —gritó Akira, saltando hacia la pared del dojo y rebotando hacia Sira. Los dos se elevaron simultáneamente como lo que eran: dos proyectiles humanos. Uno fucsia y rosa, el otro azul y amarillo. Y el resto del mundo se detuvo mientras ambos realizaban la inversión en el aire.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XV: La promesa</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
En la segunda vez, sus cráneos no chocaron. Akira, usando su agilidad de mono en el último segundo, ajustó su trayectoria para pasar por debajo del ataque de Sira y golpear el suelo justo a sus pies, creando un cráter que la desestabilizó. <br />
<br />
Sira cayó de pie, jadeando. El sudor empapaba su flequillo de sierra, un flequillo digno de una mujer vasca. Y poco a poco, el brillo salvaje de sus ojos se fue apagando. Sus hombros se relajaron, miró a su alrededor, vio el desastre, las piedras rotas y a Akira sangrando pero sonriente.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ay madre...</span> —dijo Sira, recuperando su voz dulce y bondadosa—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">He vuelto a hacer un desastre… Maldita sea… Akira, lo siento muchísimo, ¿estás bien? ¿Te duele mucho la cabeza? Déjame ayudarte...</span> —y se acercó corriendo, buscando un pañuelo en sus pantalones cortos y oscuros, con una expresión de preocupación genuina e inocente.<br />
<br />
El Gordito Golosinas se acercó a ambos, terminándose su bolsa de dulces—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Buen trabajo, ambos. Sira, espectacular, como siempre. Akira, ya tienes el impacto. Sira, gracias por el estímulo. Mañana este chico debería volver si no le reclama la Marina, le veo potencial sísmico, ya me entendéis jejeje.</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ha sido impresionante, lo he sufrido, pero ha merecido la pena. A veces había dado algún cabezazo, pero no de esta manera… ¡Es brutal! Solo espero que no se me estropee demasiado el pelo si empiezo a utilizar esta técnica muy a menudo</span></span> —y los tres se rieron a carcajadas, agotados, dos de cansancio físico y el tercero de tanto comer.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Debo regresar al puerto, mi amigo me está esperando. Tenemos que actualizarnos cómo nos ha estado yendo el entrenamiento, el venía por el karate gyojin y bueno… Tal vez regrese mañana, si no se me echa el tiempo encima, tendría que volver a Baterilla cuanto antes</span></span> —explicó Akira tanto a Sira como al gordito.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tú no te preocupes, estaremos aquí por si decides volver. Entiendo que tengas responsabilidades, a fin de cuentas, ese uniforme no es un regalo de cumpleaños. Aunque ya sabes, si vienes, a poder ser a la misma hora, así aprovechamos bien el tiempo</span> —respondió Sira con entusiasmo mientras el gordito se metía en una de las habitaciones del dojo para echarse una larga siesta que le duraría un par de días.<br />
<br />
Akira se despidió de ambos y del dojo por el momento, con una cicatriz en la frente que llevaría con orgullo. Había llegado como un chico curioso, buscando ser más fuerte para derrotar a Diosdado, y se iba como una unidad militar de élite. Sira Matcha lo despidió desde la entrada, haciendo un gesto en su muñeca como si llevara puesto un reloj y le esperara mañana, a la misma hora, para después agitar su mano con timidez y dulzura. Aunque ambos sabían que, si alguna vez se volvían a cruzar en un campo de batalla, la bestia fucsia volvería a despertar… Y probablemente a Akira, le tocaría volver a sufrir para aprender la siguiente técnica de aquel maravilloso estilo de lucha.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XVI: Noticias frescas, los frutos del entrenamiento</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira recibió en la orilla a su amigo Juan con una pose que no le habías visto antes. Ya no era la inquietud nerviosa de un marine que no sabe dónde poner las manos; ahora, sus pies se hundían en la arena con una firmeza calculada, como si cada centímetro de su cuerpo estuviera conectado a un resorte invisible.<br />
<br />
Al escucharle hablar sobre el riesgo de ir a ciegas y su deseo de proteger a los demás mediante el dominio del karate gyojin, Akira dejó de mirar el horizonte y le clavó una mirada cargada de una seriedad nueva, forjada bajo los gritos y los impactos de Sira Matcha. <br />
<br />
Dio un paso al frente. Y esta vez no hubo bromas sobre ni quejas. Se el dogi, que ahora parecía quedarle estrecha en los hombros debido a la nueva rigidez de su postura, y se apretó el cinturón.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entiendo ese fuego, compañero… O mejor dicho, agua</span></span> —dijo Akira, y su voz tenía un peso metálico que antes no existía—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yo también sentía que mis acrobacias eran solo humo. Pero la Maestra Matcha me enseñó algo: la bondad sin fuerza es un deseo, pero la bondad con poder es una orden.</span></span><br />
<br />
Dio un salto repentino, no para huir, sino para posicionarse sobre una roca cercana. Se quedó en cuclillas, observándote desde arriba con una intensidad animal.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si vamos buscando a Diosdado a ciegas, no iremos como presas. Iremos como el martillo que golpea el yunque. Como la justicia que nunca debe fallar. He aprendido la primera técnica del hasshoken y está lista para abrir cualquier puerta que se nos cierre a cabezazos, literalmente. Y tu karate gyojin seguro que es capaz de perforar la piedra con una gota de agua si tiene la presión correcta. Ahora tú pones la presión, yo pondré el impacto final. Vamos a hacer que se arrepienta.</span></span> —y cerró un puño para chocarlo con fuerza contra la palma de su otra mano.<br />
<br />
Akira bajó de la roca con un giro invertido tan rápido que apenas podía seguirse con la mirada. Al aterrizar, no hubo ruido, solo el desplazamiento del aire. Y le extendió la mano a su amigo, pero no para un saludo formal, sino con el puño cerrado, invitándote a chocar nudillos.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Futuro maestro del karate gyojin</span></span> —dijo Akira, asintiendo hacia Juan Sebastián—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No perdamos más tiempo. El mono tiene hambre de demostrar que ya no solo sabe trepar árboles. Si el karate gyojin es el arte de golpear a través del agua, mi hasshoken será el arte de golpear a través de cualquier defensa. ¡¡¡Sigamos entrenando!!!</span></span><br />
<br />
Akira se dio la vuelta y empezó a caminar hacia de nuevo en dirección al dojo. Cada paso que daba era elástico, listo para convertirse en un salto mortal inverso en cualquier milisegundo. En ese momento lo tenía bastante claro, Akira ya no temía a la oscuridad de la misión porque ahora él llevaba su propio rayo de luz en la frente. Como un minero que lleva una linterna, pero esta golpeaba fuerte, ignorando las resistencias pasivas de sus objetivos.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
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					Entrenamiento de la primera técnica del Hasshoken: Buto.<br />
El Fic cuenta con un total de 5.050 palabras, ¡corre, pide un deseo!<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto («Cabeza Militar»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>3</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
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                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 80 Fuerza</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>65 + 2,3xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>110 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario salta para después precipitarse inversamente y propinarle un gran cabezazo al enemigo.</i>
                </p>
                <hr/>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho001</span></span>
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            </div>
				</div>
			</div>
				</div>
			</div><br />
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 26 de Verano, Año 17</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La llegada a la isla fue tranquila, solo un par de tablas quedaron un poco quebradas por aquella tontería de nadar entre rocas, pero por lo demás fue un viaje tranquilo. Akira hasta llegó más pronto de lo esperado. Y una vez allí, y reunido con su amigo Juan, con el que acordó verse nada más llegar a puerto, acordaron que lo mejor sería separarse para iniciar la búsqueda en aquella nueva isla. <br />
<br />
Pero el desconocimiento del lugar y la duda sobre su fuerza y las unidades aliadas que tal vez pudiera tener en la zona, provocaron un extraño miedo en los dos marines. Un miedo que no estaban dispuestos a volver a sufrir, por lo que cada uno inició su entrenamiento por separado, prometiéndose reencontrarse en unos días, más fuertes y más decididos de acabar de una vez por todas con aquel terrorista.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte I: Aroma a sal y azúcar</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
La isla, por lo general, desprendía un olor a sudor, madera de roble e incienso. Akira no vestía el uniforme reglamentario completo, llevaba su dogi, si no estaba de servicio prefería la libertad de movimiento, un dogi azul acompañado de una camiseta naranja y sus botas y guantes característicos de color blanco. Y en su bolsillo, una nota pringosa de caramelo de limón. <br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Acuérdate lo que te dije en mi fábrica de chuches Akira: Sira Matcha te quitará las pulgas y te pondrá un martillo en la frente. <br />
<br />
Y no hablo metafóricamente, bueno sí, pero lo que quiero decir es que hará de tu frente un martillo, no que te pondrá un martillo en la frende de manera literal. <br />
<br />
Bueno, tú háblale de mi. O igual te habla ella primero. Cuando empieces a entrenar seguramente me presente a ver cómo avanzas. <br />
<br />
Los que somos de Baterilla tenemos un don para esto, ya verás.<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">—Golosinas</div></blockquote>
<br />
La firma, un garabato circular, pertenecía “Gordito Golosinas”, un hombre cuya barriga desafiaba las leyes de la física pero cuyo ojo para el talento era infalible. Akira suspiró. Caminaba con un paso rítmico, casi saltarín. Su estilo le obligaba a mantener el centro de gravedad siempre en peligro, sus ojos se movían rápido, analizando los tejados, las ramas de los cerezos, cualquier saliente que pudiera servir para un escape o un ataque sorpresa.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Sira Matcha?</span></span> —preguntó a una pescadora que vendía carpas y bacalaos. La mujer ni siquiera levantó la mirada. Señaló con un dedo calloso hacia la montaña más alta, donde una estructura de madera oscura parecía desafiar la gravedad en el borde de un acantilado.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si no tienes una invitación mejor quédate en la playa, muchacho. A la maestra Matcha no le gustan las visitas que huelen a Gobierno Mundial</span> —Akira sonrió enseñando los dientes—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Suerte que me encanta meterme donde no me llaman, tchakikikikiyah.</span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte II: La mujer del té verde</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El ascenso al dojo fue una prueba en sí misma. El camino estaba plagado de trampas naturales: raíces resbaladizas, tramos de escaleras tan empinados que requerían el uso de las manos, y un aire que se volvía más disperso con cada metro en ascenso. Cuando Akira finalmente llegó a la entrada del dojo, estaba sudando, pero sus ojos brillaban con la pasión del desafío.<br />
<br />
El dojo era sencillo, sin adornos, sin banderas de gloria. Solo madera gastada por pies descalzos y el sonido de una tetera. Sira Matcha estaba sentada en seiza en el centro del tatami. Tenía el cabello rojo fucsia recogido en una larga trenza tan tensa que parecía estirar sus rasgos faciales, dándole una expresión de vigilancia. Sus manos, apoyadas en sus muslos, eran pequeñas pero llenas de cicatrices de impacto.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Llegas tarda para ser tan "rápido"…</span> <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El caminito tampoco lo pone fácil</span></span> —respondió Akira entrando al dojo con confianza, realizando una reverencia justo antes de pisar el interior—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Soy Aki…</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sé quién eres. El Golosinas me avisó, me mandó un mensaje por gaviota. Dice que eres como una especie de mono hiperactivo, un saltimbanqui que sabe dar guantazos.</span> <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mi estilo llama bastante la atención sí… Aparezco, desaparezco, la velocidad es poder</span></span> —dijo mientras hacía una especie de baile cruzando rápidamente las piernas y enseñaba los bíceps, para terminar con las rodillas flexionadas, una mano cerca de la oreja y la otra extendida en forma de garra.<br />
<br />
Sira se puso de pie con un solo movimiento, fluido, como si no tuviera huesos sino resortes—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La velocidad sin masa es solo viento y eso molesta. ¿Has leído de qué es este dojo? Hasshoken. No es un simple estilo de lucha, es un arte de aniquilación. Tu saltas para esquivar o confundir. Aquí vas a aprender a que si saltas, caes como un mazo de ocho mil toneladas.</span> <br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte III: Primera lección, dolor</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira no perdió tiempo en formalidades y empezó lanzando un pesado saco de arena hacia Akira, que esquivó con una pirueta lateral, burlándose.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Demasiado lenta, guapa!</span></span> —gritó Akira.<br />
<br />
Pero Sira no estaba mirando el saco, estaba mirando los pies del marine—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ese es tu problema. Todo tu cuerpo busca subir. El Hasshoken requiere que tu cuerpo quiera bajar.</span><br />
<br />
La muchacha caminó hacia el centro del dojo, donde había un poste de hierro cubierto por una fina capa de cuero, era un objeto de entrenamiento—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El cráneo humano es una de las estructuras más resistentes de la naturaleza, si se usa el ángulo correcto. La mayoría lo usa como un escudo, pero con el Buto, el cráneo es un martillo.</span><br />
<br />
Sira se alejó unos pasos y sin previo aviso, realizó un salto vertical asombroso. No fue un salto de gimnasia, fue una explosión. En el aire, a unos cuatro metros de altura, su cuerpo pareció congelarse un instante, y mediante una contracción violenta de su abdomen, giró 180 grados. Sus pies quedaron apuntando al cielo y su cabeza al suelo.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Buto o Cabeza Militar, cómo lo quieras llamar!</span><br />
<br />
Se precipitó inversamente. No cayó por gravedad, se lanzó usando el impulso de sus piernas contra el aire invisible y su frente impactó contra el poste de hierro. El sonido fue como un disparo de cañón de gran calibre. El poste se dobló en un ángulo de cuarenta y cinco grados. Akira se quedó mudo. La vibración del golpe se sintió en la planta de sus pies. Sira aterrizó suavemente sobre sus manos, hizo un rápido cambio a sus pies y se limpió una mota de polvo inexistente del hombro.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eso es un impacto. Ahora, marine, pon la frente dura. Vas a aprender a caer antes que aprender a volar.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte IV: Acondicionamiento craneal</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El entrenamiento de Akira comenzó con lo que Sira llamaba: “La víctima de la gravedad”. Durante las primeras seis horas, Akira tuvo que permanecer de cabeza, apoyado solo en la coronilla, sobre una superficie de piedra rugosa.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si no puedes aguantar el peso de tu propio cuerpo en tu cuello, ¿cómo esperas aguantar la fuerza de un impacto de tres toneladas?</span> —le increpaba Sira mientras caminaba a su alrededor, golpeando sus costillas con una vara de bambú para corregir su alineación.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Mi cuello... se va a romper!</span></span> —gruñó Akira, con las venas de la frente hinchadas como cables.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entonces muérete ahora. El Buto es la técnica de la “Cabeza Militar” porque requiere la disciplina de un ejército y la falta de miedo de un mártir</span> —Sira le explicó la física detrás de la técnica mientras él sufría.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cuando te lanzas usando el Hasshoken, la fuerza de impacto se calcula mediante la fórmula de la energía cinética. Tu velocidad de caída es el factor clave. Pero si tu cuello está blando, esa energía regresa a tu columna y te mata. Debes convertir tus vértebras en acero.</span> <br />
<br />
Pasaron las horas. El sol comenzó a descender, tiñendo el dojo de un naranja atardecer que iluminaba a todos con tonalidades doradas. Akira sentía que su cerebro flotaba en fuego. Cada vez que intentaba usar sus manos para equilibrarse, Sira le golpeaba los dedos—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Solo la cabeza! ¡Confía en tu eje!</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte V: Progreso e instinto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira ya no podía mover el cuello, pero Sira no tuvo piedad y lo llevó al borde del acantilado—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tu estilo acrobático te da una ventaja, no tienes miedo a las alturas. Pero tienes un instinto de protección demasiado fuerte. Para usar el Hasshoken, debes engañar a tu cerebro. Tu cerebro quiere proteger tu cabeza. Debes enseñarle que la cabeza es el arma más segura.</span><br />
<br />
Sira le ordenó saltar hacia atrás desde una roca de tres metros, pero con una condición: debía intentar rotar en el aire para que su cabeza fuera lo primero que rozara una red de pesca colocada estratégicamente abajo. Akira saltó. Su cuerpo, acostumbrado a las acrobacias y a los movimientos aéreos, intentó girar para caer de pie automáticamente. Es un instinto animal.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡No!</span> —gritó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡No busques el suelo con los pies! ¡Busca el objetivo con la mirada!</span><br />
<br />
Akira falló una, diez, cincuenta veces. Terminaba enredado en la red, con la espalda dolorida y el orgullo por los suelos.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El gordito me dijo que eras tenías potencial para esto</span> —provocó Sira, tomando un sorbo de té—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Veo que solo eres un mono de circo que solo sabe hacer monerías. Tal vez el Buto es demasiado para la Marina.</span><br />
<br />
Esas palabras fueron como una descarga eléctrica para Akira. Se puso de pie, escupiendo un poco de sangre. Y sus ojos, antes vacilones, se volvieron fríos.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Otra vez</span></span> —dijo con una voz que Sira no había escuchado antes.<br />
<br />
En el siguiente salto, Akira no pensó en la caída. Pensó en el impacto. En el aire, sintió ese momento sin gravedad, y enn lugar de extender las manos, las pegó a sus costados. Usó sus cuádriceps para dar una patada y un latigazo hacia arriba, forzando a su torso a rotar violentamente. Por una fracción de segundo, vio el mundo del revés. El cielo estaba abajo, el suelo arriba. Y por primera vez, no sintió vértigo. Se sintió un proyectil.<br />
<br />
Rozó la red de paja perfectamente con la parte superior de su cráneo y Sira sonrió imperceptiblemente—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bien. Vamos a empezar a romper cosas.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VI: Las piedras también se rompen a cabezazos</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
La Isla del Karate amaneció con una niebla tan densa que el dojo de Sira Matcha parecía flotar sobre un mar de nubes. Akira se despertó en el suelo de madera, con el cuello rígido como un tronco de roble. Cada movimiento le arrancaba un quejido sordo. <br />
<br />
Sira apareció con un cuenco de arroz al vapor y un té verde tan amargo que hacía retroceder las encías—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hoy dejas de jugar con redes de paja, marine</span> —dijo dejando el cuenco en el suelo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El Hasshoken se llama así por los “Ocho Impactos”. No es un solo golpe; es una onda de choque que debe resonar a través de ocho puntos de presión en el cuerpo del enemigo, partiendo desde el contacto con el cráneo.</span><br />
<br />
Akira se levantó, estirando los hombros. Su agilidad parecía que estaba volviendo, pero ahora tenía una base más sólida—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">He estado pensando en la rotación, Maestra Matcha. Si uso el impulso de mis brazos para iniciar el giro justo antes de la altura máxima de mis saltos…</span></span><br />
<br />
Sira asintió levemente—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Eres listo. Pero la torsión del cuerpo no es nada sin la alineación. Si tu columna se curva un solo grado al impactar, la fuerza se dispersará y tus vértebras estallarán como cristales.</span> —y llevó a Akira a un llano repleto de pilares. Era una hilera de piedras de basalto, cada una del grosor de un torso humano, clavadas profundamente en la tierra—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rompe una</span> —ordenó Sira.<br />
<br />
Akira tragó saliva, se alejó diez metros y corrió con esas zancadas erráticas que caracterizaban su movimiento ligero y ágil, cambiando de ritmo para confundir a un enemigo imaginario. Dio un salto lateral sobre una roca y luego se impulsó hacia el cielo, y a cuatro metros de altura, ejecutó la maniobra. Encogió el pecho, lanzó las piernas hacia arriba y giró. El mundo dio un vuelco. Vio la cima del pilar de basalto. Se lanzó.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡CLACK!</span></span></div>
<br />
Akira rebotó y cayó de espaldas, rodando por el suelo. El pilar ni siquiera se había movido. Una brecha de sangre comenzó a brotar de su frente.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Error!</span> —gritó Sira, caminando hacia él—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has golpeado con la frente, con la zona de las cejas. Eso es para cuando te pelees con tu cuñado Paco en el bar. El Hasshoken utiliza el vertex, la coronilla, el punto más alto del cráneo. Es donde los huesos parietales se unen. Ahí es donde la estructura es invencible… Aunque tal vez te venga bien usar la frente… Parece que has resistido bien el golpe, marine.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VII: La meditación del meteorito</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Durante las siguientes ocho horas, Sira no dejó que Akira volviera a saltar. Lo obligó a sentarse frente al pilar de piedra, tocándolo solo con la punta de su cabeza, empujando con todas sus fuerzas sin separar el contacto.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Siente la densidad de la piedra</span> —susurró Sira al oído de Akira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La piedra no tiene miedo. La piedra no duda. Para romper el basalto, tu cabeza debe convencer a la piedra de que tú eres más denso que ella. La técnica no es el movimiento, es la transferencia de voluntad a través de la materia. Con eso liberarás el impacto.</span> <br />
<br />
Akira cerró los ojos y empezó a visualizar su esqueleto. En su mente, sus huesos ya no eran calcio y poros; eran algo mucho más duro, eran diamante. Visualizó la energía subiendo desde sus talones, recorriendo su espalda, endureciendo su cuello y concentrándose en un punto minúsculo de la parte superior de su cabeza.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¡Ahora!!</span> —dijo Sira.<br />
<br />
Akira se separó un centímetro del pilar y dio un golpe seco con la cabeza. Un toque técnico. Pim. Y una fisura minúscula, fina como un cabello, apareció en el basalto. Akira sonrió.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No sonrías</span> —le soltó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Un marine no sonríe ante una grieta. Un marine solo descansa cuando el enemigo es polvo.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte VIII: Las acrobacias se encuentran con el Buto</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Avanzaban las horas del día y la fatiga de Akira era extrema, pero su conexión con su propio cuerpo había alcanzado un nivel casi místico, por lo que Sira decidió que era hora de integrar el Buto a su estilo original.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tu estilo tan rápido y acrobático es excelente para el posicionamiento</span> —admitió ella mientras practicaban combate de sombras—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Úsalo para llegar a lugares donde el enemigo no puede cubrir su cabeza... O cubrirse de la tuya. Un oponente siempre espera un puñetazo o una patada. Nadie espera que un hombre se convierta en un martillo que caerá desde el cielo con un cabezazo.</span><br />
<br />
Y entonces Sira atacó. Se movía con una lanza de madera, lanzando estocadas rápidas. Akira esquivaba con agilidad, como si se tratase de un primate. Saltaba sobre la lanza, caminaba por las paredes del dojo, se colgaba de las vigas.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Ataca, ¿qué haces?!</span> —desafió Sira.<br />
<br />
Akira vio el hueco. Sira había extendido demasiado la lanza. Él no fue a por un puñetazo. Se impulsó desde una viga del techo, proyectándose horizontalmente. A mitad de camino, cambió su trayectoria usando un giro de cadera violento, transformando su vuelo horizontal en una caída vertical inversa. Era el Buto, era el Hasshoken.<br />
<br />
Sira tuvo que soltar la lanza y rodar hacia atrás para evitar el impacto. La cabeza de Akira golpeó el suelo de madera del dojo, atravesándolo por completo y quedando enterrado hasta los hombros en la tierra debajo de las tablas. Silencio absoluto.<br />
<br />
Akira sacó la cabeza del agujero, escupiendo astillas y tierra. Tenía una mirada salvaje—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Esto ha sido lo suficientemente militar para ti? Me sorprende que no tengas chichones en la frente… Me va a salir un huevo.</span></span><br />
<br />
Sira observó el boquete en su suelo—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Has destruido mi propiedad. Eso es un avance. Pero te falta el grito de presión.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte IX: ¡El grito definitivo del Buto!</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El resto del día fue dedicado al grito específico del Buto, al kiai. No era un grito de garganta, sino un estallido de aire desde el diafragma que servía para estabilizar la presión interna del cráneo en el momento del choque.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si no gritas, la presión del impacto hará que tus oídos sangren</span> —explicó Sira—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El aire debe salir justo cuando el hueso toca el objetivo.</span><br />
<br />
Practicaron bajo una cascada cercana. Akira debía saltar desde las rocas altas hacia el agua, intentando romper la tensión superficial con la coronilla, sin perder el conocimiento. El agua, a esa velocidad, era tan dura como el hormigón.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡BUTO!</span></span> —el grito de Akira se fundía con el rugido del agua. Cada caída era una lección de física aplicada. Y entonces el joven marine empezó a entender que el secreto no estaba en la fuerza bruta, sino en la aceleración final. Justo un milisegundo antes del impacto, debía dar un último impulso con el cuello, un movimiento de látigo que duplicaba la fuerza.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte X: ¿Clase de anatomía?</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Para que Akira comprendiera la magnitud de lo que estaba aprendiendo, Sira le hizo dibujar en la arena el diagrama de fuerzas de la técnica. <br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Diagrama del Buto: <ul class="mycode_list"><li>Vértice de propulsión: El punto máximo de altura donde la energía potencial es máxima.<br />
</li>
<li>Eje de rotación: El centro de gravedad, el ombligo, alrededor del cual el cuerpo gira como un aspa.<br />
</li>
<li>Vector de caída: La línea recta imaginaria que une la cabeza con el punto vital del enemigo.<br />
</li>
<li>Punto de Impacto: El área de contacto en el cráneo.<br />
</li>
</ul>
<br />
Si el vértice de propulsión, el eje de rotación y el vector de caída no están alineados en el momento del impacto, el resultado es la parálisis.</blockquote>
<br />
Akira miraba el dibujo—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es un suicidio controlado</span></span> —murmuró.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Toda victoria militar es un suicidio evitado por la técnica</span> —respondió Sira con frialdad—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">En unas horas vendrá el Gordito Golosinas a verte. Si no rompes el gran monolito del patio, volverás a la Marina a limpiar cubiertas por el resto de tu vida.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XI: La calma antes de la tormenta</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El siguiente entrenamiento comenzó de una manera algo más extraña. No hubo gritos, ni varas de bambú, ni ejercicios de tortura. Sira estaba sentada en el porche del dojo, balanceando sus piernas con las deportivas blancas impecables. Su trenza de color fucsia, que parecía tener vida propia por su longitud, descansaba pacíficamente sobre la madera.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Akira, ven a sentarte</span> —dijo con una voz suave, casi angelical. Su mirada oscura, antes afilada como un bisturí, ahora irradiaba una inocencia que desconcertaba al marine.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Señorita Matcha? ¿No hay entrenamiento de impacto hoy</span></span> —Akira se acercó con cautela, frotándose la nuca, que aún conservaba los restos del esfuerzo de ayer.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El diálogo es la mejor forma de fortalecer el espíritu</span> —respondió Sira con una sonrisa bondadosa—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cuéntame, ¿por qué quieres aprender el Buto? ¿Es para ascender en la Marina? ¿O para proteger a los que no tienen voz?</span><br />
<br />
Akira se quedó perplejo. La mujer que ayer lo obligaba a perforar madera con la cabeza ahora parecía una estudiante preocupada por la ética—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yo... bueno, tengo un estilo de lucha bastante libre, pero a veces me siento impotente cuando la velocidad no basta para detener a un enemigo resistente. Quiero ser un arma para impartir la justicia, el más rápido, pero también quiero saber golpear.</span></span><br />
<br />
Sira asintió, conmovida—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Es un motivo interesante. Aunque la violencia debería ser siempre el último recurso, ¿no crees?</span><br />
<br />
En ese momento, un ruido de envoltorios de plástico rompió el silencio. Por el sendero del dojo apareció una figura redonda y familiar: el Gordito Golosinas. Llevaba una bolsa gigante de nubes de azúcar y un traje blanco de chocolatero que parecía estar a punto de rendirse ante la presión de su abdomen.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Sira! ¡Mi niña fucsia preferida!</span> —exclamó el gordito, metiéndose tres gominolas en la boca—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Veo que no has matado al chico todavía.</span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Golosinas!</span> —Sira se levantó de un salto, con los ojos brillando de alegría—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Qué alegría verte viejo godinflón! ¿Ha traído los caramelos de menta que me gustan?</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XII: El despertar de la bestia</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El ambiente cambió en un latido. El Gordito Golosinas dejó de masticar y señaló el gran monolito de obsidiana en el centro del patio—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Basta de charlas, Sira. He venido a ver si el dinero de los participantes ha servido para que este mono aprenda a usar el melón. ¡Akira, muéstrame el Hasshoken!</span><br />
<br />
Akira se puso en posición. La presión era inmensa. Miró a Sira buscando apoyo, pero la chica de la sudadera rosa pastel simplemente le dio ánimos con un gesto dulce. El marine corrió y ejecutó el salto perfecto. Giró en el aire, alineó su columna y se precipitó como un rayo invertido. Su cabeza impactó contra la obsidiana con un estruendo que espantó a los pájaros a kilómetros a la redonda.<br />
<br />
El monolito se agrietó, pero no se rompió. Y Akira cayó al suelo, aturdido, con sangre corriendo por su rostro—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mmm... decepcionante</span> —dijo el gordito, sacudiendo su bolsa de dulces—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Le falta rabia. Le falta... instinto. Sira, querida, ¿podrías recordarle cómo se hace?</span><br />
<br />
La temperatura del dojo pareció bajar diez grados. Sira Matcha, la chica apacible que hace un momento hablaba de diálogo, bajó la cabeza. El flequillo con corte de sierra ensombreció sus ojos. Su respiración cambió: de ser rítmica y pausada a un bufido animal, bajo y gutural.<br />
<br />
Se quitó la sudadera rosa pastel, dejándola caer al suelo, revelando sus brazos tonificados bajo la camiseta blanca y sus dedos se curvaron como garras. Cuando levantó la vista, ya no era Sira la bondadosa; era una bestia del Hasshoken.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Akira</span> —su voz ya no era dulce, era un crujido metálico—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mira bien. Si no rompes la piedra, te romperé yo a ti.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIII: El Hasshoken de la verdadera Sira</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira, al contrario que Akria no necesitó carrera. Desde una posición estática, sus piernas explotaron. No fue un salto, fue un despegue balístico. Su trenza fucsia azotó el aire como un látigo mientras subía seis metros en un parpadeo. En el aire, no solo giró, se contrajo como un muelle antes de soltarse, y su cuerpo se volvió un borrón de color rosa y fucsia.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡HASSHOKEN: CABEZA MILITAR!</span><br />
<br />
El impacto no sonó a choque. Sonó a demolición controlada. La obsidiana, una de las piedras más duras del mundo, no se agrietó: se pulverizó. Los fragmentos salieron disparados como metralla, cortando las hojas de los árboles cercanos. Sira aterrizó en una pose de combate agresiva, con una mano apoyada en el suelo y la otra lista para desgarrar. Sus ojos oscuros estaban inyectados en sangre, fijos en Akira como si fuera su próxima presa.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Eso es! ¡Esa es mi chica!</span> —celebró el Gordito Golosinas, aplaudiendo con sus dedos pegajosos—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Esa es la intensidad que nos gusta en este dojo!</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XIV: El duelo final</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Sira no se detuvo tras romper la piedra. Sus instintos de lucha habían tomado el control absoluto. Se lanzó contra Akira antes de que este pudiera recuperarse—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Defiéndete o muere, marine!</span> —rugió ella.<br />
<br />
Akira tuvo que usar todo su repertorio de movimientos similares a los del kung fu solo para sobrevivir. Se movía entre las vigas, usaba sus brazos y piernas para balancearse y tomar impulso, pero Sira era implacable. Ella usaba su cabeza no solo para el Hasshoken, sino como una quinta extremidad para golpear de cerca, aprovechando la fuerza de su cuello para propinar cabezazos cortos y devastadores en el pecho de Akira.<br />
<br />
Y en fue tras ese breve instante en el que el ratón escapaba del gato, cuando se giró de golpe. Entonces fue cuando el choque de sus cabezas produjo una onda expansiva que levantó el polvo del patio. Akira sintió que sus dientes castañeaban, pero aguantó. La locura de Sira era contagiosa, el marine empezó a dejar de pensar en la técnica y empezó a sentir el hambre de la victoria.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡SÍ! ¡VAMOS! ¡DAME MÁS! ¡APRIETA! ¡PRIMERA TÉCNICA DEL HASSHOKEN, CABEZA MILITAR! ¡¡¡BUTOOOO!!!</span></span> —gritó Akira, saltando hacia la pared del dojo y rebotando hacia Sira. Los dos se elevaron simultáneamente como lo que eran: dos proyectiles humanos. Uno fucsia y rosa, el otro azul y amarillo. Y el resto del mundo se detuvo mientras ambos realizaban la inversión en el aire.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XV: La promesa</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
En la segunda vez, sus cráneos no chocaron. Akira, usando su agilidad de mono en el último segundo, ajustó su trayectoria para pasar por debajo del ataque de Sira y golpear el suelo justo a sus pies, creando un cráter que la desestabilizó. <br />
<br />
Sira cayó de pie, jadeando. El sudor empapaba su flequillo de sierra, un flequillo digno de una mujer vasca. Y poco a poco, el brillo salvaje de sus ojos se fue apagando. Sus hombros se relajaron, miró a su alrededor, vio el desastre, las piedras rotas y a Akira sangrando pero sonriente.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ay madre...</span> —dijo Sira, recuperando su voz dulce y bondadosa—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">He vuelto a hacer un desastre… Maldita sea… Akira, lo siento muchísimo, ¿estás bien? ¿Te duele mucho la cabeza? Déjame ayudarte...</span> —y se acercó corriendo, buscando un pañuelo en sus pantalones cortos y oscuros, con una expresión de preocupación genuina e inocente.<br />
<br />
El Gordito Golosinas se acercó a ambos, terminándose su bolsa de dulces—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Buen trabajo, ambos. Sira, espectacular, como siempre. Akira, ya tienes el impacto. Sira, gracias por el estímulo. Mañana este chico debería volver si no le reclama la Marina, le veo potencial sísmico, ya me entendéis jejeje.</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ha sido impresionante, lo he sufrido, pero ha merecido la pena. A veces había dado algún cabezazo, pero no de esta manera… ¡Es brutal! Solo espero que no se me estropee demasiado el pelo si empiezo a utilizar esta técnica muy a menudo</span></span> —y los tres se rieron a carcajadas, agotados, dos de cansancio físico y el tercero de tanto comer.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Debo regresar al puerto, mi amigo me está esperando. Tenemos que actualizarnos cómo nos ha estado yendo el entrenamiento, el venía por el karate gyojin y bueno… Tal vez regrese mañana, si no se me echa el tiempo encima, tendría que volver a Baterilla cuanto antes</span></span> —explicó Akira tanto a Sira como al gordito.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tú no te preocupes, estaremos aquí por si decides volver. Entiendo que tengas responsabilidades, a fin de cuentas, ese uniforme no es un regalo de cumpleaños. Aunque ya sabes, si vienes, a poder ser a la misma hora, así aprovechamos bien el tiempo</span> —respondió Sira con entusiasmo mientras el gordito se metía en una de las habitaciones del dojo para echarse una larga siesta que le duraría un par de días.<br />
<br />
Akira se despidió de ambos y del dojo por el momento, con una cicatriz en la frente que llevaría con orgullo. Había llegado como un chico curioso, buscando ser más fuerte para derrotar a Diosdado, y se iba como una unidad militar de élite. Sira Matcha lo despidió desde la entrada, haciendo un gesto en su muñeca como si llevara puesto un reloj y le esperara mañana, a la misma hora, para después agitar su mano con timidez y dulzura. Aunque ambos sabían que, si alguna vez se volvían a cruzar en un campo de batalla, la bestia fucsia volvería a despertar… Y probablemente a Akira, le tocaría volver a sufrir para aprender la siguiente técnica de aquel maravilloso estilo de lucha.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Parte XVI: Noticias frescas, los frutos del entrenamiento</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
Akira recibió en la orilla a su amigo Juan con una pose que no le habías visto antes. Ya no era la inquietud nerviosa de un marine que no sabe dónde poner las manos; ahora, sus pies se hundían en la arena con una firmeza calculada, como si cada centímetro de su cuerpo estuviera conectado a un resorte invisible.<br />
<br />
Al escucharle hablar sobre el riesgo de ir a ciegas y su deseo de proteger a los demás mediante el dominio del karate gyojin, Akira dejó de mirar el horizonte y le clavó una mirada cargada de una seriedad nueva, forjada bajo los gritos y los impactos de Sira Matcha. <br />
<br />
Dio un paso al frente. Y esta vez no hubo bromas sobre ni quejas. Se el dogi, que ahora parecía quedarle estrecha en los hombros debido a la nueva rigidez de su postura, y se apretó el cinturón.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entiendo ese fuego, compañero… O mejor dicho, agua</span></span> —dijo Akira, y su voz tenía un peso metálico que antes no existía—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yo también sentía que mis acrobacias eran solo humo. Pero la Maestra Matcha me enseñó algo: la bondad sin fuerza es un deseo, pero la bondad con poder es una orden.</span></span><br />
<br />
Dio un salto repentino, no para huir, sino para posicionarse sobre una roca cercana. Se quedó en cuclillas, observándote desde arriba con una intensidad animal.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si vamos buscando a Diosdado a ciegas, no iremos como presas. Iremos como el martillo que golpea el yunque. Como la justicia que nunca debe fallar. He aprendido la primera técnica del hasshoken y está lista para abrir cualquier puerta que se nos cierre a cabezazos, literalmente. Y tu karate gyojin seguro que es capaz de perforar la piedra con una gota de agua si tiene la presión correcta. Ahora tú pones la presión, yo pondré el impacto final. Vamos a hacer que se arrepienta.</span></span> —y cerró un puño para chocarlo con fuerza contra la palma de su otra mano.<br />
<br />
Akira bajó de la roca con un giro invertido tan rápido que apenas podía seguirse con la mirada. Al aterrizar, no hubo ruido, solo el desplazamiento del aire. Y le extendió la mano a su amigo, pero no para un saludo formal, sino con el puño cerrado, invitándote a chocar nudillos.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Futuro maestro del karate gyojin</span></span> —dijo Akira, asintiendo hacia Juan Sebastián—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No perdamos más tiempo. El mono tiene hambre de demostrar que ya no solo sabe trepar árboles. Si el karate gyojin es el arte de golpear a través del agua, mi hasshoken será el arte de golpear a través de cualquier defensa. ¡¡¡Sigamos entrenando!!!</span></span><br />
<br />
Akira se dio la vuelta y empezó a caminar hacia de nuevo en dirección al dojo. Cada paso que daba era elástico, listo para convertirse en un salto mortal inverso en cualquier milisegundo. En ese momento lo tenía bastante claro, Akira ya no temía a la oscuridad de la misión porque ahora él llevaba su propio rayo de luz en la frente. Como un minero que lleva una linterna, pero esta golpeaba fuerte, ignorando las resistencias pasivas de sus objetivos.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
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				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Info.</span>
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						<span>Resumen</span>
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Entrenamiento de la primera técnica del Hasshoken: Buto.<br />
El Fic cuenta con un total de 5.050 palabras, ¡corre, pide un deseo!<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto («Cabeza Militar»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>3</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
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                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='tecnica_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 80 Fuerza</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>65 + 2,3xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>110 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario salta para después precipitarse inversamente y propinarle un gran cabezazo al enemigo.</i>
                </p>
                <hr/>
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			</div>
				</div>
			</div><br />
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Estilo Canon]  Los principios del Hashokken]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3167</link>
			<pubDate>Mon, 09 Feb 2026 00:40:05 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=589">Ryota Miyamoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3167</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Isla Karate 10:00AM</span> <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Fic de entrenamiento que narra los días 63 al 79 de Primavera. </span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=-rcr9tZbWHw" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Ost</a><br />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/JIeddpG.jpeg" width="500"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡ICHI! ¡NI! ¡SAN! ¡CHI! ¡GO!”</span></div>
<br />
El retumbar del imponente conteo de decenas de hombres quebraba el pacífico silencio en la montaña más alta de la isla Karate. Todos ellos eran estudiantes reunidos con un solo propósito, llegar al pináculo de su arte, un estilo marcial tan milenario como impresionante que despertaba pasiones y envidia por igual.<br />
<br />
En los determinados rostros de aquellos guerreros no existía espacio para ninguna duda, la excelencia era el único final que buscaban y sin importar que sus estómagos murieran de hambre o sus cuerpos lloraran con sudor, no se detendrían hasta que la figura de autoridad les diera el permiso de hacerlo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡¿A eso le llaman golpes?! ¡Mi abuelita golpea el aire con más ímpetu a sus 120 años! ¡Más fuerza!”</span></span> Gritó un hombre de aspecto imponente, barba larga y blanca que desciende hacia las finas telas de su vestuario ornamental y se ubicaba frente a los estudiantes, viendo con atención cada uno de sus movimientos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡Recuerden! ¡la disciplina es el único camino para la excelencia! ¡Confíen en esta y ni siquiera los dioses serán un límite para ustedes!”</span> </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡HAI!”</span> Respondieron todos al unísono, dando un poderoso golpe al mismo tiempo que movieron los cabellos del anciano entrenador. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Eso está mejor, Junjunjun”</span></span> Rio con regocijo, sintiendo que tenía una buena camada para presentar ese año. <br />
<br />
Fue entonces cuando lo vio. <br />
<br />
Un estudiante con una técnica tan majestuosa que lo dejó sin habla, su distribución del peso, apoyo en las rodillas y forma de adelantar el hombro al golpear, lo hacían pensar que el mismísimo dios de las artes marciales había reencarnado en un hombre. Ese estudiante poseía un talento que se veía solo una vez por generación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Impresionante, simplemente impresionante…”</span></span> Dijo a sus adentros, mientras caminaba por entre las filas que formaban sus alumnos hasta llegar a él.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡Chico! ¡por favor dime tu nombre!”</span></span> Imploro el maestro, feliz por encontrar un diamante en bruto, uno que sin lugar a dudas elevaría el nombre de su arte marcial a lo más alto y lo catapultaría al escenario mundial, otorgándole muchos más años de vigor. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Mi nombre…”</span> Respondió el alumno de cabellos castaños, mirada tranquila y sonrisa coqueta. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Mi nombre es…”</span> Continuó abandonando su posición de golpeo para mirar los ojos de quien sería su maestro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Me llamo Kagasawa Rentaro.”</span> Termino de hablar. Era un chico de cabello largo, traje tradicional blanco y una paz absoluta. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Rentaro…”</span></span> Repitió el maestro como si se tratara de alguien que acababa de ver por primera vez el oro, tanto que olvidó por completo lo más importante de aquel nombre…  <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekekekeke, se llama Kagawasa Kekekekekekeke”</span></span>  Una sonora carcajada invadió el escenario desde la puerta principal del dojo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekeke perdona bro, en serio lo siento”</span></span> Trato de disculparse, al tiempo que todos los presentes detenían su entrenamiento para ver hacia su dirección. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Pero kekeke vaya cagada ese apellido.”</span></span> Continuó riendo, encontrando en sus palabras un motivo aún más grande para no detenerse. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekekekeke, vamos, vamos, ay… ay… es muy temprano para reirse asi… carajo… me atraparon con las guardia baja… me disculpo.”</span></span> Seco sus lágrimas, inclinando el abdomen en reverencia ya habiendo molestado a todos los presentes. Algunos de ellos se veían lo bastante molestos como para echarlo por la fuerza. <br />
<br />
El recién llegado no era otro que Ryota Miyamoto, un rumoreado pirata del que los presentes no tendrían la más mínima idea de su existencia. <a href="https://i.imgur.com/RGyR76e.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Sus vestiduras, ropas de confección local que apoyaban al aprendizaje de artes marciales, adornaban su cuerpo bien entrenado al igual que algunas vendas en sus puños</a>, una bomba de chicle en boca que reventaba para mascar y en su espalda cargaba un pequeño morral en forma de bolsa sobre su hombro.  <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Eso fue muy descortés.”</span></span> Resalto al maestro con aparente malestar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¿Quién te crees para venir aquí a insultar a uno de mis estudiantes de esa manera?”</span></span> Busco defender a su estudiante, en parte para ganarse el favor del novato prodigioso que acababa de encontrar, al igual que el respeto impoluto de todos los demás. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Oh, bueno, me llamo Ryota, es un placer, vine a aprender a golpear.”</span></span> Ya habiendo abandonado la risa, se erigió por completo con una sonrisa inocente, como si aquello que pedía pudiera complacerse en un par de horas. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡Insensato!, ¡son las 10 de la mañana, los novicios fueron citados a las 5! ¡esto es una falta de respeto para con el dojo!”</span></span> Una vena de furia brotó en la frente del apacible maestro, arruinando su aire inquebrantable. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/y1Wmx3N.jpeg" width="150"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Waos, ¿a las 5?”</span> </span></div>
<br />
Respondió genuinamente sorprendido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Creí que era una broma cuando lo escuché en el pueblo. Es decir, ¿quién se levanta a las cinco? eso es demasiado… ¿podríamos programar mis sesiones para las diez?”</span></span> Concluyo creyendo que era la mejor forma para su desarrollo como artista marcial. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡Maldita escoria perezoza! ¡antes muerto que enseñarte algo! ¡gente como tú representa todo lo que está mal! ¡voy a darte tu merecido!”</span></span> La inmaculada posición del maestro se desarrolló, pero antes de lanzarse a por quien veía como su oponente, la mano de Kagasawa lo detuvo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Maestro! Discúlpeme, pero este sujeto no es digno de su fuerza, ¡por favor permítame ponerlo en su lugar!”</span> Rentaro inclinó su cabeza al realizar su petición, juntando sus dos manos frente a él en señal de súplica.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> “Además, fue a mí a quien ofendió, por lo tanto, debo hacerlo pagar por el honor de mi apellido.” </span>La determinación del alumno agradó al maestro, quien recobró la compostura al ver cómo un digno aprendiz florencia ante sus ojos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Tienes razón, Rentaro, enseñale a este tonto lo que se necesita para siquiera ser un estudiante de este dojo.”</span></span> La confianza se marcó en el rostro del maestro. Este último no veía al talento personificado de Rentaro perdiendo frente a un don nadie que ni siquiera era capaz de una tarea tan sencilla como llegar a tiempo. Además, previamente confesó ir hasta allí para aprender a golpear, por tal razón debía tratarse de un novicio de las peleas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Junjunjun Rentaro te enseñara modales maldito punk.”</span></span> Penso con cierto cinismo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Que? No, esperen, no tengo intenciones de combatir, solo me tomo por sorpresa, vamos…”</span></span> Ryota miró a Rentaro que caminaba en dirección a él, para luego buscar la mirada del maestro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Vamos, no sean tan exagerados, es como si escucharan que alguien se llamaba Benito Camelas, Debora Melo, Aitor Tilla, Rosa Mesta, no hay necesidad de pelear por eso, bros.”</span></span> Forzó una sonrisa para tratar de apaciguar las aguas, pero lo que pudo ver en los rostros de los demás fue que no lo dejarían ir así como así. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Irrespetaste al dojo llegando tarde, irrespetaste a mi estudiante con su apellido y francamente no tienes lo necesario para dominar el arte que impartimos, pero no podemos dejarte ir solo con palabras, sería maleducado no enseñarte una lección, ¡así que te enseñaremos modales! ¡Rentaro si lo eliminas te haré mi pupilo estrella!”</span> </span><br />
<br />
Tras el discurso y la orden de su maestro, Rentaro se disparó con violencia en dirección a Ryota. <br />
<br />
Los escasos siete metros que los separaban fueron recorridos en un instante por el aprendiz, que realizó una patada circular perfecta a la altura del rostro, buscando el impacto en el flanco derecho. El furioso sonido del choque resonó en la montaña sorprendiendo a todos por la forma en la que Rentaro ejecutó su movimiento, para quienes lo vieron fue como si la brisa misma lo hubiera levantado y articulado su cuerpo para igualar la perfección. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Hey bro, en serio no vine a pelear, solo quiero aprender a golpear más fuerte.”</span> </span>La voz de Ryota quebró el asombro de los estudiantes y el maestro, pues se encontraba sin ningún daño al haber bloqueado el ataque con su diestra, la cual sostenía la cuerda que mantenía su morral en su espalda sin caer al suelo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Vamos, Rentaro, acaba con él!”</span> La presión de sus compañeros cayó sobre la espalda de Rentaro, impulsándolo a continuar con el castigo. Un golpe de palma al pecho, seguido por un impacto de codo directo al rostro, y finalmente un giro perfecto de 360° con el que engancharía su pierna derecha a la cabeza de Ryota, estrellándolo contra el suelo.<br />
<br />
Sin embargo, ninguno de sus ataques conectó. El golpe al pecho fue bloqueado por la mano izquierda de Ryota; el codazo fue esquivado al mover el torso hacia un costado y, finalmente, la patada giratoria fue evitada al flexionar las piernas y dar un salto hacia atrás. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“En serio, Rentaro, ¡no vine a luchar!, ¡solo quiero aprender!”</span></span> Sus palabras parecieron sorprender al aprendiz… pero no fue así. Lo que realmente lo desconcertó fue que, por primera vez, sus ataques habían sido evadidos con tanta facilidad. En sus dieciocho años de existencia, ningún otro luchador de su pequeña aldea había logrado siquiera igualarlo. Y ahora, un extranjero imbécil demostraba una velocidad que no solo se equiparaba a la suya, sino que parecía superarla.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡¿Qué crees que haces, Rentaro?! ¡Termina con él!”</span></span> Ordenó el maestro de manera iracunda, instando a su estudiante a lanzar un grito embravecido y buscar, a como de lugar, derribar a su oponente.  <br />
<br />
Sin embargo, tal intención jamás llegaría a darse, en un abrir y cerrar de ojos, una sombra aparecería en medio de los dos, girando como si de un torbellino se tratase, expulsando a ambos combatientes a lugares opuestos, a una distancia de diez metros. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Pero qué?”</span></span> Fue el pensamiento fugaz de Ryota antes de sentir el duro impacto de su espalda contra el suelo.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Bro… ¿qué carajos fue eso?”</span></span> Levanto la mirada en una mezcla de molestia y asombro a partes iguales, ni siquiera había podido ver una imagen clara de aquello que lo acababa de atacar. <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Sira Matcha//Maestra del Estilo Hashokken</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<img src="https://i.imgur.com/rhXeHml.png" width="400">
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			</div><br />
<br />
Frente a él, una joven y hermosa dama de cabellos fucsia permanecía de pie, rodeada por pequeños remolinos de viento que aún persistían tras la extraña técnica que acababa de ejecutar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Quién, quién eres tú?”</span></span> Preguntó el castaño con aparente asombro al ver que una joven de apariencia tan frágil tuvo la fuerza para lanzarlo junto con Rentaron a tal distancia. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Sira Matcha, la maestra de este dojo.”</span></span> Respondió con agrado y gentileza. <br />
<br />
De inmediato, todos los aprendices, el anciano que actuaba como maestro e incluso el mismo Rentaro, inclinaron sus cabezas ofreciendo su respeto a la mujer. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Maestra!”</span> Dijeron todos al unísono en un verdadero anuncio de respeto.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Maestra Matcha, no la esperábamos el día de hoy en el dojo, por favor, no pierda su tiempo con esta pequeña discusión, este hombre mancilló el honor del dojo y tan solo queríamos…” </span></span></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Darle una lección?”</span></span> Sira terminó las palabras del anciano con una expresión seria. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Chico”</span></span> se refirió a Rentaro, desviando su mirada hacia la dirección en donde este apenas se reincorporaba del golpe anterior. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Crees que estabas dándole una lección?”</span></span> Pregunto sin muestra de emoción en su rostro. <br />
<br />
Rentaro se sintió avergonzado, su pelea reflejó una verdad que no podía aceptar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Yo, ¡yo estuve a punto de…!”</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Silencio.”</span></span> La orden hizo que Rentaro cerrara la boca y se parara firme. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Sin importar sus modales, él fue claro en su petición, no quería luchar contigo.”</span></span> Suspiró, elevando los hombros en un gesto de desilusión. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“No hay nada peor que enfrentar a alguien que no quiere combatir, así que por eso intervine. Una pelea solo es divertida cuando ambas partes dan todo de sí. De lo contrario, se convierte en abuso.”</span></span> Remarco el hecho con pesar, como si en realidad hubiera querido ver que la pelea se llevara a cabo con ambos peleando al ciento por ciento. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Maestra… le ruego me disculpe.”</span> Rentaro inclinó su cabeza de nuevo en una reverencia que todos los demás miembros del dojo imitaron en dirección a la joven mujer que parecía ser una figura de respeto que estaba muy por encima del viejito que entrenaba a los reclutas. <br />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/hpbufMx.png" width="150"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Si… bueno, ¿entonces estamos bien? ”</span></span> <br />
<br />
Preguntó Ryota algo confundido, después de haberse acercado lo suficiente del lugar en donde lo había lanzado el golpe. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Uhm, sí, cuida tus palabras a partir de ahora, extranjero.”</span> Respondió Rentaro de mala manera, para desviar su rostro y darle la espalda al castaño, quien simplemente suspiro mientras lo veía alejarse. En realidad no había querido que lo tomaran de esa forma, pero entendía el disgusto del aprendiz.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“En ese caso…”</span></span> Ryota vio a la Maestra del dojo, sin saber cómo llamarla en un principio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Maestra.”</span></span> Eligió lo que creyó oportuno. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Podría enseñarme a golpear? Escuche en el puerto que el estilo Hasshoken tiene la mejor ofensiva de la isla.”</span></span> Trato de imitar la reverencia de los presentes, juntando sus manos e inclinando su cabeza. La mujer en respuesta sonrió con un gesto malicioso, bastante pequeño como para ser notado, pero los estudiantes se sorprendieron y algunos de ellos sintieron una victoria al final de todo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿En serio quieres aprender de mí? ¿No preferirías estudiar con el viejo Manamu?”</span></span> Respondió Sira observándolo con detenimiento. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Ah, claro, es decir, creo que el viejo sería bastante riguroso y usted parece alguien más amable, además de bonita.”</span></span> Sus palabras fueron coquetas y amables, pero a ojos de los aprendices y el maestro de mayor edad, fue como si el mismo extranjero acabase de ponerse una soga al cuello por sí mismo. Estaban todos aguantando la risa de lo que estaba sucediendo, mientras Sira de manera recatada y amable sonrió.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“No se acostumbra enseñarle a los extranjeros, así que primero, entrena conmigo por una semana y después de eso, si aún quieres. Prometo que te enseñaré a que tus golpes destruyan a tu oponente.”</span></span> A oídos de Ryota la respuesta de la mujer es perfecta, pero quienes la conocían, sintieron pena por el pobre extranjero, ya que, lo que le corría pierna arriba era una semana en donde morir se sentiría como un premio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekeke, de acuerdo, seguro será algo tranqui ¿no?”</span></span> <br />
<br />
Después de eso, Sira Matcha comenzó a entrenar junto con Ryota y tan solo al primer día, el hombre de cabellos castaños había quedado con más hinchazones, agujetas, moretones y dolor de los que había sentido en toda su vida.<br />
<br />
Fue así que con la cara llena de bultos ante los innumerables golpes de la mujer de hebras fucsias. Cuando la noche arropó la montaña y sin pensárselo dos veces, se escaparía de la habitación que le habían dado con la intención de nunca más regresar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Y una mierda, no necesito aprender a golpear fuerte si me voy a morir. Solo unos estúpidos entrenarían de esta forma una semana. Lo unico que ganare sera morir, no mamen, ni ganas de quedarme, podra estar muy buena y todo, pero no estoy tan pendejo.”</span></span> Refunfuñaba al mismo tiempo que se escurría por los patios del dojo para llegar hasta la puerta de salida. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=KtMnDmuhKQs" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Ost</a></div>
<br />
Sin embargo, en la puerta se encontraba Sira, sentada en posición de loto, como si ya hubiera sabido que él fuera a hacer eso. <br />
<br />
Ryota se detuvo frente a ella con la cara y el cuerpo magullados, sin decir palabra alguna. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Ya abandonas?”</span></span> Pregunto a ella con solemnidad. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Si wey, no mames, ¿no ves como tengo la cara? no estoy tan pendejo para durar asi una semana, tengo amor propio.”</span></span> Respondió en el acto, aparentemente molesto por la situación en que el mismo se había metido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Voy a pasar por un ladito si no es molestia… y como dijo monchito, yo me voy a mi ranchi…”</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Espera.”</span></span> Interrumpió, Sira. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Antes de que te marches, quiero preguntarte algo.”</span></span> Levanto la mirada desde el suelo hacia Ryota quien se detuvo antes de pasar junto a ella para irse. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Por qué quieres dar puños más fuertes?”</span></span> Pregunto con genuino interés. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“No eres del tipo que entrena, ¿no? Vi tu pelea contra Rentaro, tienes unos reflejos y velocidad dignos de un novato aprendiz, pero no los adquiriste con esfuerzo, tan solo los tienes, ¿verdad? mi pregunta es, ¿por qué interesarte en venir hasta aquí para conseguirlo? ¿no eres del tipo perezoso que espera salirse con la suya al final?”</span></span> La pregunta alcanzó al de orbes de color miel. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Si, soy de ese tipo y por eso me largo.”</span></span> Indicó ofuscado, pero Sira volvió a detenerlo. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Quieres hacerte más fuerte porque dudas de que tu suerte sea suficiente, no?” </span> </span></div>
<br />
Ryota se detuvo en ese momento, frente a quien por un día fue su maestra. ¿Ella tenía razón? ¿realmente era eso lo que quería? <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Te equivocas, no tengo ninguna duda al respecto, solo no quiero depender de otros para llegar a donde quiera.”</span></span> Respondió tajante, sintiéndose acorralado por las palabras de alguien que no podía conocerlo tan bien. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Qué gracioso, ¿no estás acostumbrado a experimentar la duda no es así? pareces un niño caprichoso que no quiere admitir una verdad irrefutable y de la que hoy te has dado cuenta.”</span></span> Sira lo miró afilando la mirada, directo al rostro contrario.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color"> “Eres débil y por lo tanto, ya no puedes verte llegando a donde ahnelas. Es más, al saber que eres tan débil, incluso temes que aquellos que te rodean carguen contigo. Pues, si no quieres depender de otros, significa que hay otros.”</span></span> Las palabras de la maestra pusieron en Haque al chico de hebras castañas. <br />
<br />
Por más que le frustrase admitirlo, ella tenía razón. El shock de haber sido apaleado de esa manera no le agradaba en absoluto. Ni tampoco el haber tenido que utilizar esa maldita transformación en la arena para no ser un completo estorbo. Si seguía de esa forma, jamás podría tener lo que deseaba, jamás iría a donde deseaba. Ryota sentía como una gran muralla que aparecía frente a él y no poseía ninguna herramienta para sobrepasarla. <br />
<br />
En ese momento, ante la verdad irrefutable, solo pudo cerrar la boca y sentir la amargura de su propio temor.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Si quieres irte no te detendré, pero tampoco deseo entrenar a alguien que no sepa en qué punto está. Esquivar y tener velocidad te trajeron hasta aquí, pero si decides tolerar esta semana, te daré la herramienta perfecta para derrumbar esa muralla que está frente a ti.”</span></span> Sin cruzar otra palabra, Sira avanzó, pasándole a un lado y marchándose. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Te veo mañana si decides quedarte y seré aun más severa que hoy.”</span></span> Terminó con un tono cantarín, mientras los ojos de Ryota se enfocaban en la salida, pero completamente inmovil para tomar una decisión. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Espera.”</span></span> Ahora fue Ryota quien detuvo el andar de ella, sin girarse para verla. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Realmente, en realidad existe esa herramienta?”</span></span> Tenía dudas, pero algo dentro de él anhelaba escuchar que era verdad.<br />
<br />
Una herramienta para derrumbar esa muralla, la idea de poseerla hacía hervir su cuerpo, por más dolor que sintiera. Nunca le importó ser el más fuerte, jamás le interesó estar por encima de otros, pero ahora que ese tipo de sujetos comenzaban a aparecer uno detrás de otro atentando contra sus propios deseos, no podía quedarse de brazos cruzados.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Sabía que eras de los buenos, sí, estoy segura, que descanses.”</span></span> Respondió la maestra alejándose del todo y dejándolo allí solo. Por alguna razón, ella decidió creer en él, tenía potencial para convertirse en alguien a quien poder enfrentar en algún futuro y eso por extraño que fuese, le agradaba.   <br />
<br />
Tras un largo suspiro, Ryota peinó sus cabellos hacia atrás y volvió de regreso a su dormitorio. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=Vd6MA5KGXIA" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">- Ost - </a></div>
<br />
Después de ello, vivió una semana de innumerables golpes, cabezazos al suelo, ejercicios de equilibrio sobre la cabeza, tratamientos de primeros auxilios, entrenamientos infernales y meditaciones en riscos de la isla. En los cuales demostró ser digno de ganarse la oportunidad para aprender el arte milenario que dominaba Sira Matcha.  <br />
<br />
Lo había logrado, sobrevivió a la semana del demonio con la maestra del estilo. Solo para recibir el secreto que destruiría todas las murallas que conforme el tiempo pasara, comenzaron a mostrarse en frente suyo. <br />
<br />
Fue entonces que, al día siguiente, pasados los 7 días, Sira pidió a Ryota que la acompañara al lugar donde ella solía entrenar, un espacio apartado de los principiantes para no entorpecer su crecimiento. De esa forma, la pareja llegó hasta la orilla de un hermoso y cristalino estanque, cuyos extremos estaban adornados por un camino de pequeñas piedras que se extendía cinco metros a la distancia.<br />
<br />
Sira se ubicó a escasos centímetros del estanque, quitándose los zapatos y adentrándose un par de pasos hasta dejar solo sus pies sumergidos.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Ven.”</span></span> Le indico a Ryota, quien no tardó en imitarla, colocándose junto a ella con vista hacia el río. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Presta atención, este es el primer ejercicio con el que dominarás uno de los principios fundamentales. Tendrás que repetir hasta el hartazgo esto, hasta que lo domines.”</span></span> Sira sonrió, extendiendo sus piernas a sus costados e incliéndolas, tomando una posición agachada, luego llevó sus puños a ambos lados de su cintura. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“El arte marcial de los ocho impactos basa su fuerza en aprovechar las vibraciones que rodean el cuerpo del usuario para alcanzar un poder descomunal, pero estas no salen de la nada… debes aprender a dominarlas.”</span></span> Tras sus palabras, suspiró ligeramente, manteniendo su diafragma inflado de aire y luego, como si se tratase de un rayo impactando contra la superficie del agua, su siniestra se movió a una velocidad que Ryota no pudo percibir. Apenas notó cuando el puño se detuvo adentro del agua, sin generar la más mínima ondulación en su superficie. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Cómo…? ¿Cómo lo hizo…?” </span></span>Pregunto estupefacto a lo que acababa de ver, pues tal velocidad sería suficiente para generar un impacto atronador que salpicara el agua según la física lo tratase. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Las vibraciones que usamos en nuestros ataques se originan en tus músculos, por lo tanto, tienes el dominio de ellas, usa tu cabeza para pensar y cuando seas capaz de impactar el agua sin generar la más mínima vibración en ella, estarás listo para continuar.”</span> </span></div>
<br />
Tras su enseñanza, Sira regresó a la orilla, tomando un libro y sentándose sobre las piedras observando a Ryota de vez en cuando. Este último lo intentó cuantas veces pudo durante toda la mañana, pero no lo lograba. Su cabeza no podía creer cómo su mano, aunque fuera con toda su velocidad, pudiera adentrarse en el agua sin generar vibraciones. ¿Era siquiera posible? Llego a pensar. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
No obstante, el castaño no se rindió, continuó con el pasar de los días, incluso después de que el sol se posara sobre el ocaso, seguía intentándolo hasta que las estrellas adornaran el firmamento. Sentía que no mejoraba con el pasar del tiempo, pero no había decidido ir con todo para rendirse cuando apenas estaba aprendiendo. Además, comparado con el entrenamiento de la semana previa, eso era nada. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Espera… esto no es nada…”</span></span> Se sorprendió a sí mismo al pensar en ello tras pasar tres días de intentarlo, Ryota estuvo chapoteando en el agua durante ese tiempo hasta altas horas de la noche, pero no se sentía cansado. Pese a que su cuerpo estaba caliente, bajo la luz del sol matutino y la transpiración se escurría por su espalda, no era para nada una sensación de agotamiento a la que solía sentir. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Entiendo… preparo mis músculos durante toda esa semana de intenso entrenamiento…”</span></span> Dedujo con una sonrisa agradecida en la misma posición que Sira le enseñó días antes. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Quizás no solo preparo mis músculos… tal vez me dio los secretos para dominar esto… que hice esa semana… piensa…”</span></span> Cerró los ojos tratando de recordar algún consejo, algún indicio, lo que fuera que pudiera ayudarlo.<br />
<br />
Entonces fue que lo recordó, algo que escuchó de Sira cuando estaba en una de sus sesiones de balance sobre la cabeza. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“El equilibrio es fundamental para nuestro estilo, toda la fuerza que se distribuye por el cuerpo lo hace gracias a tu balance corporal. Por ello, cada aprendiz debe dominar ese balance, para que la energía fluya por tus músculos. No eres una roca o algo duro, eres loable, versátil, flexible, aunque tus extremidades tiemblen, imagínate como un estanque de agua en perfecto equilibrio… sereno, apacible e imperturbable.”</span></span></div>
<br />
Los ojos de Ryota se abrieron. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Blance…”</span></span> Pensó como si hubiera encontrado la respuesta a sus problemas. Todos sus impactos anteriores, pese a mantener una buena postura, no contaban con un flujo que mantuviera ese balance; pues siempre distribuía toda la fuerza con su puño en vez de hacerla fluir por su cuerpo.  <br />
<br />
Fue allí cuando decidió serenar su mente, relajar los músculos de su espalda, y tensar ligeramente los de las piernas. <br />
<br />
La mirada de Sira se elevó del libro, sonriendo con agrado. <br />
<br />
Ryota luego disparó un rápido golpe  a la superficie del agua distribuyendo la fuerza con fluidez gracias a su movimiento muscular. En esta ocasión, en vez de centrarse solo en su puño, se centró en todos sus músculos, distribuyéndolos para mantener un balance perfecto, si su brazo se adelantaba, el otro se retraía para no perderlo, si su torso se movía, su hombro hacía peso en el otro extremo. <br />
<br />
Ningún sonido se escuchó, el agua ni siquiera se movió y el puño de Ryota, ahora se encontraba sumergido en el agua. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡SIRA! ¡MAESTRA! ¡LO HICE!”</span> </span>Gritó emocionado al haberlo conseguido, corriendo en dirección a su maestra para alardear de sus avances. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Lo logre! ¡por fin conseguí no generar ninguna onda en el agua! ¡soy lo máximo!”</span></span> Bromeo agradecido por las enseñanzas de la joven de cabellos fucsias. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Hahahaha felicitaciones aprendiz, ahora entiendes que para manipular las ondas de tus músculos, el balance es una clave importante. Ahora… pasaremos al siguiente nivel.”</span></span> Indico la maestra con agrado. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Noo claro que no hahaha, ¡vamos a ir a celebrar! ¡esto amerita una copa!”</span></span> Trató de convencer a la joven maestra levantándola en sus hombros para llevarla consigo, pero solo consiguió que lo lanzaran de regreso al agua para que se enfrerara. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Aprovecharemos la luz del día para la siguiente lección.”</span></span> De esa forma Sira lideró el camino hasta la montaña, en donde se ubicarán en uno de los tantos peñascos de la edificación natural. Era un terreno amplio de roca que daba a una caída de varios cientos de metros. Allí, el viento soplaba fuertemente contra el cuerpo de ambos, empujándolos con fuerza. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Que? ¿Qué es este lugar?”</span></span> Pregunto el castaño luchando contra la fuerza natural que lo empujaba de regreso hacia los árboles de la montaña.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Aquí deberás aprender el segundo principio para dominar el puño de los ocho impactos.”</span></span> Comentó con fuerza para que el viento no silenciara sus palabras. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Ya dominas el secreto del balance, el flujo mismo de la fuerza que recorre tus músculos.”</span></span> Camino dos pasos hacia adelante, de cara al precipicio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Ahora, deberás llevar ese flujo mientras añades la fuerza de rotación a cada uno de tus golpes.”</span> </span><br />
<br />
Al terminar de hablar, la maestra cerro sus ojos, adoptando una figura relajada con un pie adelante y otro atras para tener un puto de apoyo. El risco sobre el que se encontraban poseía unas medidas de veinte metros de largo por nueve de ancho y finalizaba en una punta de lanza hacia una caída mortal.  <br />
<br />
Ambos se encontraban justo en la mitad, cuando la maestra comenzó a moverse con fluidez pese al viento. Se trataba de una kata marcial en el que Sira se movía con soltura, ofreciendo diferentes giros con cada una de sus extremidades mientras avanzaba como si el viento no estuviese empujándola. Ryota quedó sorprendido por lo que veía, la fuerza de rotación de sus caderas, torso, hombros, brazos y piernas, contrarrestaba el poderoso viento que la empujaba y la hacía ver como si realmente estuviera danzando pacíficamente. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Qué esperas, Ryota? ¡Trata de imitarme para vencer al viento!”</span> </span></div>
<br />
La voz de Sira animó al castaño, quien de inmediato trató de imitar los movimientos que observaba, aunque en su primer giro erro su movimiento de caderas y perdió el equilibrio hacia el suelo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Bro...”</span></span> No pudo creer lo difícil que era, pero de inmediato se levantó para continuar tratando de imitar los movimientos de Sira. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Esta etapa del entrenamiento les costaría otros tres días, hasta que por fin Ryota fue capaz de imitar los movimientos de su maestra a la perfección. Cada giro lo hacía con fluidez, con la fuerza de rotación suficiente para que el viento no fuese un problema. <br />
<br />
Se acostumbró inconscientemente a distribuir la fuerza de su cuerpo con un balance perfecto mientras añadia poder y control con la rotación de su cuerpo, era una habilidad asombrosa pero aún no era suficiente para emocionarse y eso lo entendió cuando el último lugar de entrenamiento fue en el claro de pequeño un bosque de bambú cercano al dojo. <br />
<br />
Ambos individuos se ubicaban frente a frente en el centro de un área verde con un diámetro de 20 metros. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Hasta aquí, ya eres capaz de controlar a la perfección el balance de tus movimientos y has aprendido a hacerlos más fuertes gracias a tu poder de rotación. Sin embargo, aún no aplicas esos secretos en una técnica compleja para generar las vibraciones de las que tanto te he hablado.”</span></span> La sonrisa en los labios de Sira demostraba su agrado por el chico. Quien se quejó el primer día de su estadia allí había desaparecido y ahora tenía frente a ella a un verdadero artista marcial, enfocado en un propósito. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Te has ganado el derecho a aprender la primera técnica del estilo Hashokken Ryota Miyamoto, así que espero que la observes bien y graves en tu cuerpo la sensación para que puedas reproducirla.”</span></span> Terminó sus palabras, colocándose en guardia frente a quien era su oponente. <br />
<br />
Ryota no tardó en imitarla, abriendo sus ojos para no perderse nada de lo que estaría por suceder. Apenas fue un impacto, un destello breve que los disparó por los aires rompiendo todas sus defensas y lanzándolos hacia el otro extremo. Su cuerpo cayó de espaldas contra el suelo y sus ojos apenas pudieron reaccionar a lo ocurrido; la fuerza de un tornado acababa de impactarlo sin misericordia. No podía respirar del todo bien por el dolor, pero había conseguido entender lo importante, el cómo las ondas del ataque rompieron cualquier defensa imaginable e impactaron su interior sin problema alguno. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Cof.. cof… esto… esto es lo que vine a buscar…”</span></span> Dijo emocionado, mientras se arqueaba adolorido en el suelo. Pese a su sufrimiento pudo sentir cómo tocaba lo que había ido a buscar, el secreto para que sus golpes tuvieran mayor peso, la forma en la que aunque no tuviera la fuerza de Runin o la destreza de Barald, sus ataques penetraran en sus oponentes.<br />
<br />
De allí en adelante, Ryota entrenó todo el día para dominar aquella técnica, combinando el flujo del balance, la fuerza de rotación y finalmente el secreto para generar en su impacto vibraciones capaces de atravesar las defensas de su oponente. Sira observó orgullosa como el extranjero que había tomado como aprendiz, dominaba con el tiempo su técnica y le ocasionaba un golpe que, si bien no fue la gran cosa, la disparó por los cielos. <br />
<br />
Ryota al fin lo había conseguido tras tanto esfuerzo, la herramienta que necesitaba para derrumbar las murallas que se alzaban frente a él. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“De ahora en adelante, sigues la senda del artista marcial, tu fuerza es equiparable a tu habilidad y como mi estudiante, deberás cumplir un requisito. No pierdas, vence la adversidad y avanza en el camino que elijas, lleva el nombre de este estilo marcial al límite y conviértete en un maestro.”</span></span></div>
<br />
Fueron las ultimas palabras que Sira le dijo una vez dominada la técnica, pues no poseía nada mas para enseñarle, ahora dependía de Ryota, la fuerza que había adquirido debía perfeccionarla y avanzar en su sendero del guerrero para que su ambición, jamás volviera a ser obstruida. <br />
<br />
Sin lugar a dudas, lo primero que haría al bajar de la ladera montañosa en donde los dojos se ubicaban. Sería… apostar en el casino y lanzar a todos por los aires con el <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Buto kaiten!”</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Off Rol</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Palabras del entrenamiento:</span> +5000 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tecnica a aprender: </span> <br />
<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto kaiten («Cabeza Militar Giratoria»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>4</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`tecnica_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                        }'
                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='tecnica_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 100 Fuerza | Conocer Buto</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>95 + 2,6xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>150 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo. Empuja al objetivo 10 metros.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario planta su cabeza en el suelo y se levanta usándola como punto de apoyo. Ahí junta las manos y las piernas y empieza a girar. Luego se mueve hacia su oponente como un tornado.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='tecnica_code_container'>
                    <div
                        class='tecnica_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`tecnica`, `hassho002`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho002</span></span>
                    </div>
                </div>
                
            </div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Isla Karate 10:00AM</span> <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Fic de entrenamiento que narra los días 63 al 79 de Primavera. </span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=-rcr9tZbWHw" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Ost</a><br />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/JIeddpG.jpeg" width="500"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡ICHI! ¡NI! ¡SAN! ¡CHI! ¡GO!”</span></div>
<br />
El retumbar del imponente conteo de decenas de hombres quebraba el pacífico silencio en la montaña más alta de la isla Karate. Todos ellos eran estudiantes reunidos con un solo propósito, llegar al pináculo de su arte, un estilo marcial tan milenario como impresionante que despertaba pasiones y envidia por igual.<br />
<br />
En los determinados rostros de aquellos guerreros no existía espacio para ninguna duda, la excelencia era el único final que buscaban y sin importar que sus estómagos murieran de hambre o sus cuerpos lloraran con sudor, no se detendrían hasta que la figura de autoridad les diera el permiso de hacerlo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡¿A eso le llaman golpes?! ¡Mi abuelita golpea el aire con más ímpetu a sus 120 años! ¡Más fuerza!”</span></span> Gritó un hombre de aspecto imponente, barba larga y blanca que desciende hacia las finas telas de su vestuario ornamental y se ubicaba frente a los estudiantes, viendo con atención cada uno de sus movimientos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡Recuerden! ¡la disciplina es el único camino para la excelencia! ¡Confíen en esta y ni siquiera los dioses serán un límite para ustedes!”</span> </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡HAI!”</span> Respondieron todos al unísono, dando un poderoso golpe al mismo tiempo que movieron los cabellos del anciano entrenador. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Eso está mejor, Junjunjun”</span></span> Rio con regocijo, sintiendo que tenía una buena camada para presentar ese año. <br />
<br />
Fue entonces cuando lo vio. <br />
<br />
Un estudiante con una técnica tan majestuosa que lo dejó sin habla, su distribución del peso, apoyo en las rodillas y forma de adelantar el hombro al golpear, lo hacían pensar que el mismísimo dios de las artes marciales había reencarnado en un hombre. Ese estudiante poseía un talento que se veía solo una vez por generación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Impresionante, simplemente impresionante…”</span></span> Dijo a sus adentros, mientras caminaba por entre las filas que formaban sus alumnos hasta llegar a él.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡Chico! ¡por favor dime tu nombre!”</span></span> Imploro el maestro, feliz por encontrar un diamante en bruto, uno que sin lugar a dudas elevaría el nombre de su arte marcial a lo más alto y lo catapultaría al escenario mundial, otorgándole muchos más años de vigor. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Mi nombre…”</span> Respondió el alumno de cabellos castaños, mirada tranquila y sonrisa coqueta. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Mi nombre es…”</span> Continuó abandonando su posición de golpeo para mirar los ojos de quien sería su maestro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Me llamo Kagasawa Rentaro.”</span> Termino de hablar. Era un chico de cabello largo, traje tradicional blanco y una paz absoluta. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Rentaro…”</span></span> Repitió el maestro como si se tratara de alguien que acababa de ver por primera vez el oro, tanto que olvidó por completo lo más importante de aquel nombre…  <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekekekeke, se llama Kagawasa Kekekekekekeke”</span></span>  Una sonora carcajada invadió el escenario desde la puerta principal del dojo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekeke perdona bro, en serio lo siento”</span></span> Trato de disculparse, al tiempo que todos los presentes detenían su entrenamiento para ver hacia su dirección. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Pero kekeke vaya cagada ese apellido.”</span></span> Continuó riendo, encontrando en sus palabras un motivo aún más grande para no detenerse. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekekekeke, vamos, vamos, ay… ay… es muy temprano para reirse asi… carajo… me atraparon con las guardia baja… me disculpo.”</span></span> Seco sus lágrimas, inclinando el abdomen en reverencia ya habiendo molestado a todos los presentes. Algunos de ellos se veían lo bastante molestos como para echarlo por la fuerza. <br />
<br />
El recién llegado no era otro que Ryota Miyamoto, un rumoreado pirata del que los presentes no tendrían la más mínima idea de su existencia. <a href="https://i.imgur.com/RGyR76e.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Sus vestiduras, ropas de confección local que apoyaban al aprendizaje de artes marciales, adornaban su cuerpo bien entrenado al igual que algunas vendas en sus puños</a>, una bomba de chicle en boca que reventaba para mascar y en su espalda cargaba un pequeño morral en forma de bolsa sobre su hombro.  <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Eso fue muy descortés.”</span></span> Resalto al maestro con aparente malestar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¿Quién te crees para venir aquí a insultar a uno de mis estudiantes de esa manera?”</span></span> Busco defender a su estudiante, en parte para ganarse el favor del novato prodigioso que acababa de encontrar, al igual que el respeto impoluto de todos los demás. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Oh, bueno, me llamo Ryota, es un placer, vine a aprender a golpear.”</span></span> Ya habiendo abandonado la risa, se erigió por completo con una sonrisa inocente, como si aquello que pedía pudiera complacerse en un par de horas. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡Insensato!, ¡son las 10 de la mañana, los novicios fueron citados a las 5! ¡esto es una falta de respeto para con el dojo!”</span></span> Una vena de furia brotó en la frente del apacible maestro, arruinando su aire inquebrantable. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/y1Wmx3N.jpeg" width="150"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Waos, ¿a las 5?”</span> </span></div>
<br />
Respondió genuinamente sorprendido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Creí que era una broma cuando lo escuché en el pueblo. Es decir, ¿quién se levanta a las cinco? eso es demasiado… ¿podríamos programar mis sesiones para las diez?”</span></span> Concluyo creyendo que era la mejor forma para su desarrollo como artista marcial. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡Maldita escoria perezoza! ¡antes muerto que enseñarte algo! ¡gente como tú representa todo lo que está mal! ¡voy a darte tu merecido!”</span></span> La inmaculada posición del maestro se desarrolló, pero antes de lanzarse a por quien veía como su oponente, la mano de Kagasawa lo detuvo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Maestro! Discúlpeme, pero este sujeto no es digno de su fuerza, ¡por favor permítame ponerlo en su lugar!”</span> Rentaro inclinó su cabeza al realizar su petición, juntando sus dos manos frente a él en señal de súplica.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> “Además, fue a mí a quien ofendió, por lo tanto, debo hacerlo pagar por el honor de mi apellido.” </span>La determinación del alumno agradó al maestro, quien recobró la compostura al ver cómo un digno aprendiz florencia ante sus ojos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Tienes razón, Rentaro, enseñale a este tonto lo que se necesita para siquiera ser un estudiante de este dojo.”</span></span> La confianza se marcó en el rostro del maestro. Este último no veía al talento personificado de Rentaro perdiendo frente a un don nadie que ni siquiera era capaz de una tarea tan sencilla como llegar a tiempo. Además, previamente confesó ir hasta allí para aprender a golpear, por tal razón debía tratarse de un novicio de las peleas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Junjunjun Rentaro te enseñara modales maldito punk.”</span></span> Penso con cierto cinismo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Que? No, esperen, no tengo intenciones de combatir, solo me tomo por sorpresa, vamos…”</span></span> Ryota miró a Rentaro que caminaba en dirección a él, para luego buscar la mirada del maestro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Vamos, no sean tan exagerados, es como si escucharan que alguien se llamaba Benito Camelas, Debora Melo, Aitor Tilla, Rosa Mesta, no hay necesidad de pelear por eso, bros.”</span></span> Forzó una sonrisa para tratar de apaciguar las aguas, pero lo que pudo ver en los rostros de los demás fue que no lo dejarían ir así como así. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Irrespetaste al dojo llegando tarde, irrespetaste a mi estudiante con su apellido y francamente no tienes lo necesario para dominar el arte que impartimos, pero no podemos dejarte ir solo con palabras, sería maleducado no enseñarte una lección, ¡así que te enseñaremos modales! ¡Rentaro si lo eliminas te haré mi pupilo estrella!”</span> </span><br />
<br />
Tras el discurso y la orden de su maestro, Rentaro se disparó con violencia en dirección a Ryota. <br />
<br />
Los escasos siete metros que los separaban fueron recorridos en un instante por el aprendiz, que realizó una patada circular perfecta a la altura del rostro, buscando el impacto en el flanco derecho. El furioso sonido del choque resonó en la montaña sorprendiendo a todos por la forma en la que Rentaro ejecutó su movimiento, para quienes lo vieron fue como si la brisa misma lo hubiera levantado y articulado su cuerpo para igualar la perfección. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Hey bro, en serio no vine a pelear, solo quiero aprender a golpear más fuerte.”</span> </span>La voz de Ryota quebró el asombro de los estudiantes y el maestro, pues se encontraba sin ningún daño al haber bloqueado el ataque con su diestra, la cual sostenía la cuerda que mantenía su morral en su espalda sin caer al suelo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Vamos, Rentaro, acaba con él!”</span> La presión de sus compañeros cayó sobre la espalda de Rentaro, impulsándolo a continuar con el castigo. Un golpe de palma al pecho, seguido por un impacto de codo directo al rostro, y finalmente un giro perfecto de 360° con el que engancharía su pierna derecha a la cabeza de Ryota, estrellándolo contra el suelo.<br />
<br />
Sin embargo, ninguno de sus ataques conectó. El golpe al pecho fue bloqueado por la mano izquierda de Ryota; el codazo fue esquivado al mover el torso hacia un costado y, finalmente, la patada giratoria fue evitada al flexionar las piernas y dar un salto hacia atrás. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“En serio, Rentaro, ¡no vine a luchar!, ¡solo quiero aprender!”</span></span> Sus palabras parecieron sorprender al aprendiz… pero no fue así. Lo que realmente lo desconcertó fue que, por primera vez, sus ataques habían sido evadidos con tanta facilidad. En sus dieciocho años de existencia, ningún otro luchador de su pequeña aldea había logrado siquiera igualarlo. Y ahora, un extranjero imbécil demostraba una velocidad que no solo se equiparaba a la suya, sino que parecía superarla.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“¡¿Qué crees que haces, Rentaro?! ¡Termina con él!”</span></span> Ordenó el maestro de manera iracunda, instando a su estudiante a lanzar un grito embravecido y buscar, a como de lugar, derribar a su oponente.  <br />
<br />
Sin embargo, tal intención jamás llegaría a darse, en un abrir y cerrar de ojos, una sombra aparecería en medio de los dos, girando como si de un torbellino se tratase, expulsando a ambos combatientes a lugares opuestos, a una distancia de diez metros. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Pero qué?”</span></span> Fue el pensamiento fugaz de Ryota antes de sentir el duro impacto de su espalda contra el suelo.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Bro… ¿qué carajos fue eso?”</span></span> Levanto la mirada en una mezcla de molestia y asombro a partes iguales, ni siquiera había podido ver una imagen clara de aquello que lo acababa de atacar. <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Sira Matcha//Maestra del Estilo Hashokken</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<img src="https://i.imgur.com/rhXeHml.png" width="400">
				</div>
			</div><br />
<br />
Frente a él, una joven y hermosa dama de cabellos fucsia permanecía de pie, rodeada por pequeños remolinos de viento que aún persistían tras la extraña técnica que acababa de ejecutar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Quién, quién eres tú?”</span></span> Preguntó el castaño con aparente asombro al ver que una joven de apariencia tan frágil tuvo la fuerza para lanzarlo junto con Rentaron a tal distancia. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Sira Matcha, la maestra de este dojo.”</span></span> Respondió con agrado y gentileza. <br />
<br />
De inmediato, todos los aprendices, el anciano que actuaba como maestro e incluso el mismo Rentaro, inclinaron sus cabezas ofreciendo su respeto a la mujer. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Maestra!”</span> Dijeron todos al unísono en un verdadero anuncio de respeto.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">“Maestra Matcha, no la esperábamos el día de hoy en el dojo, por favor, no pierda su tiempo con esta pequeña discusión, este hombre mancilló el honor del dojo y tan solo queríamos…” </span></span></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Darle una lección?”</span></span> Sira terminó las palabras del anciano con una expresión seria. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Chico”</span></span> se refirió a Rentaro, desviando su mirada hacia la dirección en donde este apenas se reincorporaba del golpe anterior. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Crees que estabas dándole una lección?”</span></span> Pregunto sin muestra de emoción en su rostro. <br />
<br />
Rentaro se sintió avergonzado, su pelea reflejó una verdad que no podía aceptar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Yo, ¡yo estuve a punto de…!”</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Silencio.”</span></span> La orden hizo que Rentaro cerrara la boca y se parara firme. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Sin importar sus modales, él fue claro en su petición, no quería luchar contigo.”</span></span> Suspiró, elevando los hombros en un gesto de desilusión. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“No hay nada peor que enfrentar a alguien que no quiere combatir, así que por eso intervine. Una pelea solo es divertida cuando ambas partes dan todo de sí. De lo contrario, se convierte en abuso.”</span></span> Remarco el hecho con pesar, como si en realidad hubiera querido ver que la pelea se llevara a cabo con ambos peleando al ciento por ciento. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Maestra… le ruego me disculpe.”</span> Rentaro inclinó su cabeza de nuevo en una reverencia que todos los demás miembros del dojo imitaron en dirección a la joven mujer que parecía ser una figura de respeto que estaba muy por encima del viejito que entrenaba a los reclutas. <br />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/hpbufMx.png" width="150"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Si… bueno, ¿entonces estamos bien? ”</span></span> <br />
<br />
Preguntó Ryota algo confundido, después de haberse acercado lo suficiente del lugar en donde lo había lanzado el golpe. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Uhm, sí, cuida tus palabras a partir de ahora, extranjero.”</span> Respondió Rentaro de mala manera, para desviar su rostro y darle la espalda al castaño, quien simplemente suspiro mientras lo veía alejarse. En realidad no había querido que lo tomaran de esa forma, pero entendía el disgusto del aprendiz.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“En ese caso…”</span></span> Ryota vio a la Maestra del dojo, sin saber cómo llamarla en un principio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Maestra.”</span></span> Eligió lo que creyó oportuno. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Podría enseñarme a golpear? Escuche en el puerto que el estilo Hasshoken tiene la mejor ofensiva de la isla.”</span></span> Trato de imitar la reverencia de los presentes, juntando sus manos e inclinando su cabeza. La mujer en respuesta sonrió con un gesto malicioso, bastante pequeño como para ser notado, pero los estudiantes se sorprendieron y algunos de ellos sintieron una victoria al final de todo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿En serio quieres aprender de mí? ¿No preferirías estudiar con el viejo Manamu?”</span></span> Respondió Sira observándolo con detenimiento. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Ah, claro, es decir, creo que el viejo sería bastante riguroso y usted parece alguien más amable, además de bonita.”</span></span> Sus palabras fueron coquetas y amables, pero a ojos de los aprendices y el maestro de mayor edad, fue como si el mismo extranjero acabase de ponerse una soga al cuello por sí mismo. Estaban todos aguantando la risa de lo que estaba sucediendo, mientras Sira de manera recatada y amable sonrió.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“No se acostumbra enseñarle a los extranjeros, así que primero, entrena conmigo por una semana y después de eso, si aún quieres. Prometo que te enseñaré a que tus golpes destruyan a tu oponente.”</span></span> A oídos de Ryota la respuesta de la mujer es perfecta, pero quienes la conocían, sintieron pena por el pobre extranjero, ya que, lo que le corría pierna arriba era una semana en donde morir se sentiría como un premio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Kekeke, de acuerdo, seguro será algo tranqui ¿no?”</span></span> <br />
<br />
Después de eso, Sira Matcha comenzó a entrenar junto con Ryota y tan solo al primer día, el hombre de cabellos castaños había quedado con más hinchazones, agujetas, moretones y dolor de los que había sentido en toda su vida.<br />
<br />
Fue así que con la cara llena de bultos ante los innumerables golpes de la mujer de hebras fucsias. Cuando la noche arropó la montaña y sin pensárselo dos veces, se escaparía de la habitación que le habían dado con la intención de nunca más regresar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Y una mierda, no necesito aprender a golpear fuerte si me voy a morir. Solo unos estúpidos entrenarían de esta forma una semana. Lo unico que ganare sera morir, no mamen, ni ganas de quedarme, podra estar muy buena y todo, pero no estoy tan pendejo.”</span></span> Refunfuñaba al mismo tiempo que se escurría por los patios del dojo para llegar hasta la puerta de salida. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=KtMnDmuhKQs" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Ost</a></div>
<br />
Sin embargo, en la puerta se encontraba Sira, sentada en posición de loto, como si ya hubiera sabido que él fuera a hacer eso. <br />
<br />
Ryota se detuvo frente a ella con la cara y el cuerpo magullados, sin decir palabra alguna. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Ya abandonas?”</span></span> Pregunto a ella con solemnidad. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Si wey, no mames, ¿no ves como tengo la cara? no estoy tan pendejo para durar asi una semana, tengo amor propio.”</span></span> Respondió en el acto, aparentemente molesto por la situación en que el mismo se había metido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Voy a pasar por un ladito si no es molestia… y como dijo monchito, yo me voy a mi ranchi…”</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Espera.”</span></span> Interrumpió, Sira. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Antes de que te marches, quiero preguntarte algo.”</span></span> Levanto la mirada desde el suelo hacia Ryota quien se detuvo antes de pasar junto a ella para irse. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Por qué quieres dar puños más fuertes?”</span></span> Pregunto con genuino interés. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“No eres del tipo que entrena, ¿no? Vi tu pelea contra Rentaro, tienes unos reflejos y velocidad dignos de un novato aprendiz, pero no los adquiriste con esfuerzo, tan solo los tienes, ¿verdad? mi pregunta es, ¿por qué interesarte en venir hasta aquí para conseguirlo? ¿no eres del tipo perezoso que espera salirse con la suya al final?”</span></span> La pregunta alcanzó al de orbes de color miel. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Si, soy de ese tipo y por eso me largo.”</span></span> Indicó ofuscado, pero Sira volvió a detenerlo. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Quieres hacerte más fuerte porque dudas de que tu suerte sea suficiente, no?” </span> </span></div>
<br />
Ryota se detuvo en ese momento, frente a quien por un día fue su maestra. ¿Ella tenía razón? ¿realmente era eso lo que quería? <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Te equivocas, no tengo ninguna duda al respecto, solo no quiero depender de otros para llegar a donde quiera.”</span></span> Respondió tajante, sintiéndose acorralado por las palabras de alguien que no podía conocerlo tan bien. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Qué gracioso, ¿no estás acostumbrado a experimentar la duda no es así? pareces un niño caprichoso que no quiere admitir una verdad irrefutable y de la que hoy te has dado cuenta.”</span></span> Sira lo miró afilando la mirada, directo al rostro contrario.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color"> “Eres débil y por lo tanto, ya no puedes verte llegando a donde ahnelas. Es más, al saber que eres tan débil, incluso temes que aquellos que te rodean carguen contigo. Pues, si no quieres depender de otros, significa que hay otros.”</span></span> Las palabras de la maestra pusieron en Haque al chico de hebras castañas. <br />
<br />
Por más que le frustrase admitirlo, ella tenía razón. El shock de haber sido apaleado de esa manera no le agradaba en absoluto. Ni tampoco el haber tenido que utilizar esa maldita transformación en la arena para no ser un completo estorbo. Si seguía de esa forma, jamás podría tener lo que deseaba, jamás iría a donde deseaba. Ryota sentía como una gran muralla que aparecía frente a él y no poseía ninguna herramienta para sobrepasarla. <br />
<br />
En ese momento, ante la verdad irrefutable, solo pudo cerrar la boca y sentir la amargura de su propio temor.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Si quieres irte no te detendré, pero tampoco deseo entrenar a alguien que no sepa en qué punto está. Esquivar y tener velocidad te trajeron hasta aquí, pero si decides tolerar esta semana, te daré la herramienta perfecta para derrumbar esa muralla que está frente a ti.”</span></span> Sin cruzar otra palabra, Sira avanzó, pasándole a un lado y marchándose. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Te veo mañana si decides quedarte y seré aun más severa que hoy.”</span></span> Terminó con un tono cantarín, mientras los ojos de Ryota se enfocaban en la salida, pero completamente inmovil para tomar una decisión. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Espera.”</span></span> Ahora fue Ryota quien detuvo el andar de ella, sin girarse para verla. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Realmente, en realidad existe esa herramienta?”</span></span> Tenía dudas, pero algo dentro de él anhelaba escuchar que era verdad.<br />
<br />
Una herramienta para derrumbar esa muralla, la idea de poseerla hacía hervir su cuerpo, por más dolor que sintiera. Nunca le importó ser el más fuerte, jamás le interesó estar por encima de otros, pero ahora que ese tipo de sujetos comenzaban a aparecer uno detrás de otro atentando contra sus propios deseos, no podía quedarse de brazos cruzados.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Sabía que eras de los buenos, sí, estoy segura, que descanses.”</span></span> Respondió la maestra alejándose del todo y dejándolo allí solo. Por alguna razón, ella decidió creer en él, tenía potencial para convertirse en alguien a quien poder enfrentar en algún futuro y eso por extraño que fuese, le agradaba.   <br />
<br />
Tras un largo suspiro, Ryota peinó sus cabellos hacia atrás y volvió de regreso a su dormitorio. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=Vd6MA5KGXIA" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">- Ost - </a></div>
<br />
Después de ello, vivió una semana de innumerables golpes, cabezazos al suelo, ejercicios de equilibrio sobre la cabeza, tratamientos de primeros auxilios, entrenamientos infernales y meditaciones en riscos de la isla. En los cuales demostró ser digno de ganarse la oportunidad para aprender el arte milenario que dominaba Sira Matcha.  <br />
<br />
Lo había logrado, sobrevivió a la semana del demonio con la maestra del estilo. Solo para recibir el secreto que destruiría todas las murallas que conforme el tiempo pasara, comenzaron a mostrarse en frente suyo. <br />
<br />
Fue entonces que, al día siguiente, pasados los 7 días, Sira pidió a Ryota que la acompañara al lugar donde ella solía entrenar, un espacio apartado de los principiantes para no entorpecer su crecimiento. De esa forma, la pareja llegó hasta la orilla de un hermoso y cristalino estanque, cuyos extremos estaban adornados por un camino de pequeñas piedras que se extendía cinco metros a la distancia.<br />
<br />
Sira se ubicó a escasos centímetros del estanque, quitándose los zapatos y adentrándose un par de pasos hasta dejar solo sus pies sumergidos.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Ven.”</span></span> Le indico a Ryota, quien no tardó en imitarla, colocándose junto a ella con vista hacia el río. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Presta atención, este es el primer ejercicio con el que dominarás uno de los principios fundamentales. Tendrás que repetir hasta el hartazgo esto, hasta que lo domines.”</span></span> Sira sonrió, extendiendo sus piernas a sus costados e incliéndolas, tomando una posición agachada, luego llevó sus puños a ambos lados de su cintura. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“El arte marcial de los ocho impactos basa su fuerza en aprovechar las vibraciones que rodean el cuerpo del usuario para alcanzar un poder descomunal, pero estas no salen de la nada… debes aprender a dominarlas.”</span></span> Tras sus palabras, suspiró ligeramente, manteniendo su diafragma inflado de aire y luego, como si se tratase de un rayo impactando contra la superficie del agua, su siniestra se movió a una velocidad que Ryota no pudo percibir. Apenas notó cuando el puño se detuvo adentro del agua, sin generar la más mínima ondulación en su superficie. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Cómo…? ¿Cómo lo hizo…?” </span></span>Pregunto estupefacto a lo que acababa de ver, pues tal velocidad sería suficiente para generar un impacto atronador que salpicara el agua según la física lo tratase. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Las vibraciones que usamos en nuestros ataques se originan en tus músculos, por lo tanto, tienes el dominio de ellas, usa tu cabeza para pensar y cuando seas capaz de impactar el agua sin generar la más mínima vibración en ella, estarás listo para continuar.”</span> </span></div>
<br />
Tras su enseñanza, Sira regresó a la orilla, tomando un libro y sentándose sobre las piedras observando a Ryota de vez en cuando. Este último lo intentó cuantas veces pudo durante toda la mañana, pero no lo lograba. Su cabeza no podía creer cómo su mano, aunque fuera con toda su velocidad, pudiera adentrarse en el agua sin generar vibraciones. ¿Era siquiera posible? Llego a pensar. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
No obstante, el castaño no se rindió, continuó con el pasar de los días, incluso después de que el sol se posara sobre el ocaso, seguía intentándolo hasta que las estrellas adornaran el firmamento. Sentía que no mejoraba con el pasar del tiempo, pero no había decidido ir con todo para rendirse cuando apenas estaba aprendiendo. Además, comparado con el entrenamiento de la semana previa, eso era nada. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Espera… esto no es nada…”</span></span> Se sorprendió a sí mismo al pensar en ello tras pasar tres días de intentarlo, Ryota estuvo chapoteando en el agua durante ese tiempo hasta altas horas de la noche, pero no se sentía cansado. Pese a que su cuerpo estaba caliente, bajo la luz del sol matutino y la transpiración se escurría por su espalda, no era para nada una sensación de agotamiento a la que solía sentir. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Entiendo… preparo mis músculos durante toda esa semana de intenso entrenamiento…”</span></span> Dedujo con una sonrisa agradecida en la misma posición que Sira le enseñó días antes. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Quizás no solo preparo mis músculos… tal vez me dio los secretos para dominar esto… que hice esa semana… piensa…”</span></span> Cerró los ojos tratando de recordar algún consejo, algún indicio, lo que fuera que pudiera ayudarlo.<br />
<br />
Entonces fue que lo recordó, algo que escuchó de Sira cuando estaba en una de sus sesiones de balance sobre la cabeza. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“El equilibrio es fundamental para nuestro estilo, toda la fuerza que se distribuye por el cuerpo lo hace gracias a tu balance corporal. Por ello, cada aprendiz debe dominar ese balance, para que la energía fluya por tus músculos. No eres una roca o algo duro, eres loable, versátil, flexible, aunque tus extremidades tiemblen, imagínate como un estanque de agua en perfecto equilibrio… sereno, apacible e imperturbable.”</span></span></div>
<br />
Los ojos de Ryota se abrieron. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Blance…”</span></span> Pensó como si hubiera encontrado la respuesta a sus problemas. Todos sus impactos anteriores, pese a mantener una buena postura, no contaban con un flujo que mantuviera ese balance; pues siempre distribuía toda la fuerza con su puño en vez de hacerla fluir por su cuerpo.  <br />
<br />
Fue allí cuando decidió serenar su mente, relajar los músculos de su espalda, y tensar ligeramente los de las piernas. <br />
<br />
La mirada de Sira se elevó del libro, sonriendo con agrado. <br />
<br />
Ryota luego disparó un rápido golpe  a la superficie del agua distribuyendo la fuerza con fluidez gracias a su movimiento muscular. En esta ocasión, en vez de centrarse solo en su puño, se centró en todos sus músculos, distribuyéndolos para mantener un balance perfecto, si su brazo se adelantaba, el otro se retraía para no perderlo, si su torso se movía, su hombro hacía peso en el otro extremo. <br />
<br />
Ningún sonido se escuchó, el agua ni siquiera se movió y el puño de Ryota, ahora se encontraba sumergido en el agua. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡SIRA! ¡MAESTRA! ¡LO HICE!”</span> </span>Gritó emocionado al haberlo conseguido, corriendo en dirección a su maestra para alardear de sus avances. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Lo logre! ¡por fin conseguí no generar ninguna onda en el agua! ¡soy lo máximo!”</span></span> Bromeo agradecido por las enseñanzas de la joven de cabellos fucsias. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Hahahaha felicitaciones aprendiz, ahora entiendes que para manipular las ondas de tus músculos, el balance es una clave importante. Ahora… pasaremos al siguiente nivel.”</span></span> Indico la maestra con agrado. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Noo claro que no hahaha, ¡vamos a ir a celebrar! ¡esto amerita una copa!”</span></span> Trató de convencer a la joven maestra levantándola en sus hombros para llevarla consigo, pero solo consiguió que lo lanzaran de regreso al agua para que se enfrerara. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Aprovecharemos la luz del día para la siguiente lección.”</span></span> De esa forma Sira lideró el camino hasta la montaña, en donde se ubicarán en uno de los tantos peñascos de la edificación natural. Era un terreno amplio de roca que daba a una caída de varios cientos de metros. Allí, el viento soplaba fuertemente contra el cuerpo de ambos, empujándolos con fuerza. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¿Que? ¿Qué es este lugar?”</span></span> Pregunto el castaño luchando contra la fuerza natural que lo empujaba de regreso hacia los árboles de la montaña.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Aquí deberás aprender el segundo principio para dominar el puño de los ocho impactos.”</span></span> Comentó con fuerza para que el viento no silenciara sus palabras. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Ya dominas el secreto del balance, el flujo mismo de la fuerza que recorre tus músculos.”</span></span> Camino dos pasos hacia adelante, de cara al precipicio. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Ahora, deberás llevar ese flujo mientras añades la fuerza de rotación a cada uno de tus golpes.”</span> </span><br />
<br />
Al terminar de hablar, la maestra cerro sus ojos, adoptando una figura relajada con un pie adelante y otro atras para tener un puto de apoyo. El risco sobre el que se encontraban poseía unas medidas de veinte metros de largo por nueve de ancho y finalizaba en una punta de lanza hacia una caída mortal.  <br />
<br />
Ambos se encontraban justo en la mitad, cuando la maestra comenzó a moverse con fluidez pese al viento. Se trataba de una kata marcial en el que Sira se movía con soltura, ofreciendo diferentes giros con cada una de sus extremidades mientras avanzaba como si el viento no estuviese empujándola. Ryota quedó sorprendido por lo que veía, la fuerza de rotación de sus caderas, torso, hombros, brazos y piernas, contrarrestaba el poderoso viento que la empujaba y la hacía ver como si realmente estuviera danzando pacíficamente. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Qué esperas, Ryota? ¡Trata de imitarme para vencer al viento!”</span> </span></div>
<br />
La voz de Sira animó al castaño, quien de inmediato trató de imitar los movimientos que observaba, aunque en su primer giro erro su movimiento de caderas y perdió el equilibrio hacia el suelo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Bro...”</span></span> No pudo creer lo difícil que era, pero de inmediato se levantó para continuar tratando de imitar los movimientos de Sira. <br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Esta etapa del entrenamiento les costaría otros tres días, hasta que por fin Ryota fue capaz de imitar los movimientos de su maestra a la perfección. Cada giro lo hacía con fluidez, con la fuerza de rotación suficiente para que el viento no fuese un problema. <br />
<br />
Se acostumbró inconscientemente a distribuir la fuerza de su cuerpo con un balance perfecto mientras añadia poder y control con la rotación de su cuerpo, era una habilidad asombrosa pero aún no era suficiente para emocionarse y eso lo entendió cuando el último lugar de entrenamiento fue en el claro de pequeño un bosque de bambú cercano al dojo. <br />
<br />
Ambos individuos se ubicaban frente a frente en el centro de un área verde con un diámetro de 20 metros. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Hasta aquí, ya eres capaz de controlar a la perfección el balance de tus movimientos y has aprendido a hacerlos más fuertes gracias a tu poder de rotación. Sin embargo, aún no aplicas esos secretos en una técnica compleja para generar las vibraciones de las que tanto te he hablado.”</span></span> La sonrisa en los labios de Sira demostraba su agrado por el chico. Quien se quejó el primer día de su estadia allí había desaparecido y ahora tenía frente a ella a un verdadero artista marcial, enfocado en un propósito. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Te has ganado el derecho a aprender la primera técnica del estilo Hashokken Ryota Miyamoto, así que espero que la observes bien y graves en tu cuerpo la sensación para que puedas reproducirla.”</span></span> Terminó sus palabras, colocándose en guardia frente a quien era su oponente. <br />
<br />
Ryota no tardó en imitarla, abriendo sus ojos para no perderse nada de lo que estaría por suceder. Apenas fue un impacto, un destello breve que los disparó por los aires rompiendo todas sus defensas y lanzándolos hacia el otro extremo. Su cuerpo cayó de espaldas contra el suelo y sus ojos apenas pudieron reaccionar a lo ocurrido; la fuerza de un tornado acababa de impactarlo sin misericordia. No podía respirar del todo bien por el dolor, pero había conseguido entender lo importante, el cómo las ondas del ataque rompieron cualquier defensa imaginable e impactaron su interior sin problema alguno. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“Cof.. cof… esto… esto es lo que vine a buscar…”</span></span> Dijo emocionado, mientras se arqueaba adolorido en el suelo. Pese a su sufrimiento pudo sentir cómo tocaba lo que había ido a buscar, el secreto para que sus golpes tuvieran mayor peso, la forma en la que aunque no tuviera la fuerza de Runin o la destreza de Barald, sus ataques penetraran en sus oponentes.<br />
<br />
De allí en adelante, Ryota entrenó todo el día para dominar aquella técnica, combinando el flujo del balance, la fuerza de rotación y finalmente el secreto para generar en su impacto vibraciones capaces de atravesar las defensas de su oponente. Sira observó orgullosa como el extranjero que había tomado como aprendiz, dominaba con el tiempo su técnica y le ocasionaba un golpe que, si bien no fue la gran cosa, la disparó por los cielos. <br />
<br />
Ryota al fin lo había conseguido tras tanto esfuerzo, la herramienta que necesitaba para derrumbar las murallas que se alzaban frente a él. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“De ahora en adelante, sigues la senda del artista marcial, tu fuerza es equiparable a tu habilidad y como mi estudiante, deberás cumplir un requisito. No pierdas, vence la adversidad y avanza en el camino que elijas, lleva el nombre de este estilo marcial al límite y conviértete en un maestro.”</span></span></div>
<br />
Fueron las ultimas palabras que Sira le dijo una vez dominada la técnica, pues no poseía nada mas para enseñarle, ahora dependía de Ryota, la fuerza que había adquirido debía perfeccionarla y avanzar en su sendero del guerrero para que su ambición, jamás volviera a ser obstruida. <br />
<br />
Sin lugar a dudas, lo primero que haría al bajar de la ladera montañosa en donde los dojos se ubicaban. Sería… apostar en el casino y lanzar a todos por los aires con el <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">“¡Buto kaiten!”</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Off Rol</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Palabras del entrenamiento:</span> +5000 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tecnica a aprender: </span> <br />
<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Buto kaiten («Cabeza Militar Giratoria»)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Hasshoken</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>4</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`tecnica_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='tecnica_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Nivel 8 | 100 Fuerza | Conocer Buto</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>95 + 2,6xFuerza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>150 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Ignora la resistencia pasiva del objetivo. Empuja al objetivo 10 metros.
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Un turno.
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>El usuario planta su cabeza en el suelo y se levanta usándola como punto de apoyo. Ahí junta las manos y las piernas y empieza a girar. Luego se mueve hacia su oponente como un tornado.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='tecnica_code_container'>
                    <div
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                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>hassho002</span></span>
                    </div>
                </div>
                
            </div>
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Be big boy | Autonarrada T2 | Presente Relativo.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2722</link>
			<pubDate>Tue, 09 Dec 2025 22:10:15 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=547">Heras</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2722</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font"><a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=582" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url"><span style="color: #3c699c;" class="mycode_color"><span style="font-family: Lemon Milk;" class="mycode_font">Día 49 de Invierno, Año 16</span></span></a></span></span></span></div>
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font"><br />
Las cosas no podían ir mejor desde que me había unido al Dojo Hasshoken y aunque no había tenido mucha oportunidad de aprender muchas técnicas la verdad mi experiencia ha sido un regalo muy grande. Pues ahora que he tenido un intenso entrenamiento tengo que estar muy agradecido de poder defenderme, aunque sea de esta manera tan peculiar. Mis días recientes se condensaba en venir al Dojo y darme la oportunidad de aprender de todos y cada uno de ellos. Soy el estudiante más nuevo y ahora que puedo ir llegando poco a poco a cada uno de ellos veo que me enseñan sin juzgarme. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">El sol aparece de nuevo en la isla Karate y en su cielo un ser alado lo cruza alegre. Bien que es invierno y lo detesto, es demasiado frío, pero tengo que hacerme un lado ese disgusto para poder llegar a su ubicación lo más pronto posible. Aprovechar de llegar y saber que no seré atacado, ellos ya me conocen y me han concedido el permiso de surcar el cielo hasta las cercanías del Dojo. Sin embargo siempre me pidieron entrar por la puerta, el hecho de tener las alas no me obligaba a pasar por alto las reglas del lugar. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Mi entrada silenciosa, acompañada de reverencias a aquellos alumnos que portan cinturones de distintos colores. No todos portan un karategui tradicional, algunos usan esta indumentaria pero en diferentes colores. Cuando la misma maestra no se limitaba a llevarlo muchas veces ya que llamaría demasiado la atención. Algunos practican rompiendo tablas de madera, otros golpean el saco en parejas. Los más experimentados están cocinando unos bloques de ladrillo ya que cada cierto tiempo sienten que entrenan partiendo estos. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Los entrenamientos pueden verse de una manera muy sencilla, muy similar a otras academias de formación marcial. Pronto se escucha la diferencia. </span></span><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—HAAAAAAA HYA—</span></span> <span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Se escuchó el grito, luego de un fuerte golpe contra una columna de diez ladrillos perfectamente apilada. Se quebró en medio todos y cada uno de los refractarios hasta llegar al último que se quebró un poco menos. Todos aplauden, el alumno Dan había dado una excelente demostración del arte del Hasshoken. Cual era la excelente técnica de usar la cabeza y de una manera muy física para liberar un excelente uso del poder. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Su frente golpeó con tanta fuerza yo que apenas saludaba a todos volteaba a ver como los escombros eran retirados. Lo único malo era que los ladrillos solo se podían usar una única vez. ya luego ni para construir sirven. Lo bueno es que no todos son capaces de hacer tal demostración inspiradora que nos llena el espíritu para el entrenamiento de un arte de combate tan hermoso como este. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me acerqué de inmediato a él. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Maestro Dan.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Una pausa sabiendo que a él no le gusta que lo llamen de esa manera ya que implica que ha alcanzado un rango que desea mucho.  </span></span><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Sabes que no me gusta que me digas maestro ya que aun no soy digno de ese rango en Hasshoken.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Asentí al escuchar el discurso que siempre repite una y otra vez. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Ya tu eres un tipo expertos. No intentes ocultarlo. ¿Por qué no mejor no me dices cual es el secreto para ser tan espectacularmente bueno con el Hasshoken?—</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">El hombre lo pensó durante unos segundos ya que no tenía una respuesta inmediata. Me dio todo un segundo de tensión en la eterna espera de lo que sería la respuesta menos esperada.  </span></span><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Aunque no lo parezca, el comer frutas y verduras y no a las mujeres casadas. — </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Eso me hizo caer hacia atrás cómo lo hace condorito. Yo no me imaginaba una respuesta de ese calibre siendo algo tan serio. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Qué tienen que ver las mujeres casadas con el entrenamiento?— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Yo la verdad quedé confundido. Seguro sería esa la razón por la que no soy tan bueno en las artes marciales y si en las artes amatorias. Más allá de eso me puse de pie y acepté un consejo que sería vital en mi vida de ahora en adelante. Lo acepté con humildad luego de pasar el momento para detenerme y hacer mi correcto entrenamiento del día. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Horas pasaron, golpeé el saco, practiqué los movimientos de asedio. Practiqué las patadas para acercarme a enemigos de mi estatura o más altos. Patadas fuertes, una tras otra, circulares, me llegó a doler el empeine de cada pie y la espinillera de cada pierna de tanto patear al muñeco de práctica. No pude más. Un dolor tan fuerte como un calambre que me derribó luego de tanto patear. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Luego de caer al suelo me di cuenta que había entrenado por tantas horas que los demás aprendices del Dojo se habían ido. Me quedé totalmente sorprendido y en ese momento pude sentir como el hambre se apoderaba de mi. Me di cuenta que el sol ya no era el de la mañana si no el del medio día. Tengo que salir de la academia. No pedí permiso, pero respeté las reglas para salir por la puerta principal y luego volar sobre los alrededores. Nadie podría caminar luego de cientos de patadas. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Pasaría por varios lugares buscando algo para comer, algo con lo que pudiera alimentarme y en eso vería una hermosa frutería. Era un carrito de madera llevado por un anciano que llevaba todo tipo de frutas exóticas. Aterricé suavemente, cerca de él para detener su camino. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Buenas buenas.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me acerqué y con un gesto amigable para ver que había apetecible que pudiera costear.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #9900ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Buenas muchacho dígame para qué soy bueno.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Detuvo su carro para poder señalarme las frutas. Con un abanico ahuyentaba un poco para que no se acercaran moscas de fruta. Había de todos los colores, amarillas, anaranjadas, verdes, naranjas, aguacates, cambures, manzanas, cocos. Fuí seguro mire cada una de ellas y note algunas que son de peculiare y vi una de color purpura que tenía un tallo verde que le sobresalía. Era grande como una sandía pero parecía como si fueran dos bolas unidas. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Cuanto por la fruta azul, se ve buena.—</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #9900ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Ah quieres esta fruta especial, la tengo en una ganga para quien se la quiera llevar. —</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Tiene que estarme tomando el pelo, luego de todo el día entrenando me pone una fruta en oferta, demela.— </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">El señor me pareció muy majo una personalidad agradable. No dude en darle las monedas que tengo encima por la fruta y el me la dió con una sonrisa que va de oreja a oreja, como un piano pues solo le quedaban algunas teclas blancas y algunas teclas negras. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me quité de su camino y busqué donde pudiera darme una delicia de merienda. Pero mi paladar me dijo que esto fue realmente horrible. Era como comer una fruta con sabor a tamarindo ligado con limón, pero era tan amarga al tragar que era muy difícil de procesar. De textura dura, como una carne se pasó de cocción, por dentro fuccisa con muchas manchas negras que no se si son semillas o parte de la carnosidad. Lo que más se me hizo difícil es que no podía parar de comerla. Necesitaba acabarla conforme más comía, como saborear un caramelo ácido. No quiero dejar de comerla, tiene mucho jugo y con lo cansado que estoy para dejarla pasar. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me degusté toda la fruta. Fue horrible, lo detestas cada maldito segundo. No pude dejarla, fue una adicción pero ahora me estaba arrepintiendo. Tuve una sensación de llenura única. Sentí que iba a explotar, sentí que iba a morir de lo lleno que estoy. Me siento inflado cómo un globo. Cerré mis ojos con mucho dolor de estómago. Duele demasiado. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Chignado viejo esta fruta que me dió parece que me va a abrir de adentro hacia afuerta.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">No tenía ni la más minima idea de lo que estaba por pasarme ya que solo deseaba que el dolor se fuera. Solo puedo imaginarme mucho más grande por el dolor y la sensación de estar mal del estómago. Me tiré al suelo retorciéndose hasta que por un instante sentí que el suelo comenzaba a doler. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Sin darme cuenta el suelo me arrastraba por la tierra hasta que el dolor punzante se fue. Me agotó, me hizo sudar, me hizo sentir que se me iban a salir la tripas. Entonces es cuando noté que el camino era mucho más estrecho, que las cosas a mi alrededor eran muy pequeñas la gente que caminaba a mi alrededor. Las personas con pequeñas, pero es que ahora eran mucho más pequeñas. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Pero que carajo?— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Incomprensible, indescriptible. Cómo es que las personas ahora son más pequeñas. Las personas me miran cómo si yo fuera una estatua gigantesca. Un ser monumental, un coloso, un titán. Hice el esfuerzo de ponerme de pie aunque todo me dio vueltas. Entonces cuando me puse de rodillas vi el pequeño tamaño de las tiendas y al ponerme de pie el tamaño de mi sombra. Puedo hacerle sombra a un árbol y eso es ya una locura, debo estar midiendo unos seis metros.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Por un diablo, que me está pasando?—</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font"> Mi tamaño es una cosa imponente, tanto que me aterra a mi mismo. No estoy comprendiendo del todo. La fruta debe ser ese secreto que me habló el maestro Dan. Quise volver al Dojo pero no estaba seguro de si necesitaba volar para ir al Dojo ya que no estoy del todo acostumbrado a las nuevas dimensiones. Corrí, y mis pasos eran gigantescos y me hicieron llegar al Dojo que estaba a unos cuantos. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me arrodille y toqué la puerta repetidas veces esperando que me atendieran. El maestro Dan se tomó su tiempo para hacerse presente frente de mi y yo me dí cuenta. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Maestro, maestro, creo que estoy en un problema.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Mi preocupación es tanta como mis nuevas dimensiones. </span></span><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Muchacho pero ¿qué es lo que te ha pasado?— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Abrió la puerta de par en par para que los demás pudieran ver en lo que me he convertido. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Qué hiciste para crecer tanto en tan poco tiempo?— </span></span><span style="color: #434343;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Ahora es cuando él se fue para atrás como condorito junto con todos los estudiantes. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Yo seguí su consejo maestro, pero, creo que la fruta que me comí tenía algo extraño. Ahora soy demasiado grande. —</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—No es a lo que me refería muchacho, pero pasa, aquí veremos cómo podemos ayudarte, pero por esta vez trata de pasar usando tus alas por que para pasar por la puerta de seguro tendras problemas.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Esta vez tuve que usar mis alas y aletear con fuerza para despegarme del suelo, levantó mucho polvo, las tejas, los árboles temblaron y las personas que no estaban preparadas rodaron por el suelo. Un ser tan majestuoso se levantó del suelo dando una imagen gloriosa de un hombre con el cabello color plateado y la piel como la noche. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Dentro del Dojo me tuve que acostar en el suelo, por alguna extraña razón mover un cuerpo tan grande no era tan agotador, pero se sentía fuera de lo natural, podía percibir la realidad de manera correcta que ahora todos habían tenido un cambio súbito en un enanismo que no esperaba en absoluto. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">No quería perder la calma, pero, ahora mismo, estoy tratando de procesar y aunque todos me hablan solo puedo pensar que querer acostarse en todo el medio de la sala de entrenamientos con la única intención de descansar un pequeño rato ya que todo esto de ser gigantesco me cansaba un poco. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Las horas pasaron y no dí atención a las diferentes personas que me hablaban diciendo cosas para ayudarme. Solo pude dormir hasta despertarme nuevamente ahora mucho más relajados y videos las caras de todos que están sobre mí sin entender del todo. Había vuelto a mis dimensiones usuales. pero aún estoy muy seguro de todo lo que ocurrió. Claramente cuando me bombardearon de preguntas una tras otra. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">No tuve respuesta para ninguna de ellas y me dejaron en observación durante varias horas diciendo que lo mejor era que me viera una especie de Médico. Me quería rehusar pero no iban a estar tranquilos si alguien fuera un experto de confianza viera si yo estoy bien. </span></span></span><br />
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<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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Basado en al guía de obtención de Akuma no mi:<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Akuma No Mi de dificultad 2</span></span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Tienes que realizar un mono-tema (fic) de mínimo 2000 palabras en el que tú mismo narres y expliques cómo te encuentras la fruta, cómo la consumes y como manifiestas por primera vez sus poderes. Este tema debe ser consistente y no atentar contra la lógica y el lore establecido del mundo del foro.<br />
</span></span><ul class="mycode_list"><li><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deka Deka:</span> El usuario puede agrandar su cuerpo.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dificultad:</span> 2<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Libre</span></span></span></span></span><br />
</li>
</ul>
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				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font"><a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=582" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url"><span style="color: #3c699c;" class="mycode_color"><span style="font-family: Lemon Milk;" class="mycode_font">Día 49 de Invierno, Año 16</span></span></a></span></span></span></div>
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font"><br />
Las cosas no podían ir mejor desde que me había unido al Dojo Hasshoken y aunque no había tenido mucha oportunidad de aprender muchas técnicas la verdad mi experiencia ha sido un regalo muy grande. Pues ahora que he tenido un intenso entrenamiento tengo que estar muy agradecido de poder defenderme, aunque sea de esta manera tan peculiar. Mis días recientes se condensaba en venir al Dojo y darme la oportunidad de aprender de todos y cada uno de ellos. Soy el estudiante más nuevo y ahora que puedo ir llegando poco a poco a cada uno de ellos veo que me enseñan sin juzgarme. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">El sol aparece de nuevo en la isla Karate y en su cielo un ser alado lo cruza alegre. Bien que es invierno y lo detesto, es demasiado frío, pero tengo que hacerme un lado ese disgusto para poder llegar a su ubicación lo más pronto posible. Aprovechar de llegar y saber que no seré atacado, ellos ya me conocen y me han concedido el permiso de surcar el cielo hasta las cercanías del Dojo. Sin embargo siempre me pidieron entrar por la puerta, el hecho de tener las alas no me obligaba a pasar por alto las reglas del lugar. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Mi entrada silenciosa, acompañada de reverencias a aquellos alumnos que portan cinturones de distintos colores. No todos portan un karategui tradicional, algunos usan esta indumentaria pero en diferentes colores. Cuando la misma maestra no se limitaba a llevarlo muchas veces ya que llamaría demasiado la atención. Algunos practican rompiendo tablas de madera, otros golpean el saco en parejas. Los más experimentados están cocinando unos bloques de ladrillo ya que cada cierto tiempo sienten que entrenan partiendo estos. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Los entrenamientos pueden verse de una manera muy sencilla, muy similar a otras academias de formación marcial. Pronto se escucha la diferencia. </span></span><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—HAAAAAAA HYA—</span></span> <span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Se escuchó el grito, luego de un fuerte golpe contra una columna de diez ladrillos perfectamente apilada. Se quebró en medio todos y cada uno de los refractarios hasta llegar al último que se quebró un poco menos. Todos aplauden, el alumno Dan había dado una excelente demostración del arte del Hasshoken. Cual era la excelente técnica de usar la cabeza y de una manera muy física para liberar un excelente uso del poder. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Su frente golpeó con tanta fuerza yo que apenas saludaba a todos volteaba a ver como los escombros eran retirados. Lo único malo era que los ladrillos solo se podían usar una única vez. ya luego ni para construir sirven. Lo bueno es que no todos son capaces de hacer tal demostración inspiradora que nos llena el espíritu para el entrenamiento de un arte de combate tan hermoso como este. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me acerqué de inmediato a él. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Maestro Dan.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Una pausa sabiendo que a él no le gusta que lo llamen de esa manera ya que implica que ha alcanzado un rango que desea mucho.  </span></span><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Sabes que no me gusta que me digas maestro ya que aun no soy digno de ese rango en Hasshoken.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Asentí al escuchar el discurso que siempre repite una y otra vez. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Ya tu eres un tipo expertos. No intentes ocultarlo. ¿Por qué no mejor no me dices cual es el secreto para ser tan espectacularmente bueno con el Hasshoken?—</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">El hombre lo pensó durante unos segundos ya que no tenía una respuesta inmediata. Me dio todo un segundo de tensión en la eterna espera de lo que sería la respuesta menos esperada.  </span></span><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Aunque no lo parezca, el comer frutas y verduras y no a las mujeres casadas. — </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Eso me hizo caer hacia atrás cómo lo hace condorito. Yo no me imaginaba una respuesta de ese calibre siendo algo tan serio. </span></span></span><br />
<br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Qué tienen que ver las mujeres casadas con el entrenamiento?— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Yo la verdad quedé confundido. Seguro sería esa la razón por la que no soy tan bueno en las artes marciales y si en las artes amatorias. Más allá de eso me puse de pie y acepté un consejo que sería vital en mi vida de ahora en adelante. Lo acepté con humildad luego de pasar el momento para detenerme y hacer mi correcto entrenamiento del día. </span></span></span><br />
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<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Horas pasaron, golpeé el saco, practiqué los movimientos de asedio. Practiqué las patadas para acercarme a enemigos de mi estatura o más altos. Patadas fuertes, una tras otra, circulares, me llegó a doler el empeine de cada pie y la espinillera de cada pierna de tanto patear al muñeco de práctica. No pude más. Un dolor tan fuerte como un calambre que me derribó luego de tanto patear. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Luego de caer al suelo me di cuenta que había entrenado por tantas horas que los demás aprendices del Dojo se habían ido. Me quedé totalmente sorprendido y en ese momento pude sentir como el hambre se apoderaba de mi. Me di cuenta que el sol ya no era el de la mañana si no el del medio día. Tengo que salir de la academia. No pedí permiso, pero respeté las reglas para salir por la puerta principal y luego volar sobre los alrededores. Nadie podría caminar luego de cientos de patadas. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Pasaría por varios lugares buscando algo para comer, algo con lo que pudiera alimentarme y en eso vería una hermosa frutería. Era un carrito de madera llevado por un anciano que llevaba todo tipo de frutas exóticas. Aterricé suavemente, cerca de él para detener su camino. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Buenas buenas.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me acerqué y con un gesto amigable para ver que había apetecible que pudiera costear.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #9900ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Buenas muchacho dígame para qué soy bueno.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Detuvo su carro para poder señalarme las frutas. Con un abanico ahuyentaba un poco para que no se acercaran moscas de fruta. Había de todos los colores, amarillas, anaranjadas, verdes, naranjas, aguacates, cambures, manzanas, cocos. Fuí seguro mire cada una de ellas y note algunas que son de peculiare y vi una de color purpura que tenía un tallo verde que le sobresalía. Era grande como una sandía pero parecía como si fueran dos bolas unidas. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Cuanto por la fruta azul, se ve buena.—</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #9900ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Ah quieres esta fruta especial, la tengo en una ganga para quien se la quiera llevar. —</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Tiene que estarme tomando el pelo, luego de todo el día entrenando me pone una fruta en oferta, demela.— </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">El señor me pareció muy majo una personalidad agradable. No dude en darle las monedas que tengo encima por la fruta y el me la dió con una sonrisa que va de oreja a oreja, como un piano pues solo le quedaban algunas teclas blancas y algunas teclas negras. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me quité de su camino y busqué donde pudiera darme una delicia de merienda. Pero mi paladar me dijo que esto fue realmente horrible. Era como comer una fruta con sabor a tamarindo ligado con limón, pero era tan amarga al tragar que era muy difícil de procesar. De textura dura, como una carne se pasó de cocción, por dentro fuccisa con muchas manchas negras que no se si son semillas o parte de la carnosidad. Lo que más se me hizo difícil es que no podía parar de comerla. Necesitaba acabarla conforme más comía, como saborear un caramelo ácido. No quiero dejar de comerla, tiene mucho jugo y con lo cansado que estoy para dejarla pasar. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me degusté toda la fruta. Fue horrible, lo detestas cada maldito segundo. No pude dejarla, fue una adicción pero ahora me estaba arrepintiendo. Tuve una sensación de llenura única. Sentí que iba a explotar, sentí que iba a morir de lo lleno que estoy. Me siento inflado cómo un globo. Cerré mis ojos con mucho dolor de estómago. Duele demasiado. </span></span></span><br />
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<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Chignado viejo esta fruta que me dió parece que me va a abrir de adentro hacia afuerta.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">No tenía ni la más minima idea de lo que estaba por pasarme ya que solo deseaba que el dolor se fuera. Solo puedo imaginarme mucho más grande por el dolor y la sensación de estar mal del estómago. Me tiré al suelo retorciéndose hasta que por un instante sentí que el suelo comenzaba a doler. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Sin darme cuenta el suelo me arrastraba por la tierra hasta que el dolor punzante se fue. Me agotó, me hizo sudar, me hizo sentir que se me iban a salir la tripas. Entonces es cuando noté que el camino era mucho más estrecho, que las cosas a mi alrededor eran muy pequeñas la gente que caminaba a mi alrededor. Las personas con pequeñas, pero es que ahora eran mucho más pequeñas. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Pero que carajo?— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Incomprensible, indescriptible. Cómo es que las personas ahora son más pequeñas. Las personas me miran cómo si yo fuera una estatua gigantesca. Un ser monumental, un coloso, un titán. Hice el esfuerzo de ponerme de pie aunque todo me dio vueltas. Entonces cuando me puse de rodillas vi el pequeño tamaño de las tiendas y al ponerme de pie el tamaño de mi sombra. Puedo hacerle sombra a un árbol y eso es ya una locura, debo estar midiendo unos seis metros.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Por un diablo, que me está pasando?—</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font"> Mi tamaño es una cosa imponente, tanto que me aterra a mi mismo. No estoy comprendiendo del todo. La fruta debe ser ese secreto que me habló el maestro Dan. Quise volver al Dojo pero no estaba seguro de si necesitaba volar para ir al Dojo ya que no estoy del todo acostumbrado a las nuevas dimensiones. Corrí, y mis pasos eran gigantescos y me hicieron llegar al Dojo que estaba a unos cuantos. </span></span></span><br />
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<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Me arrodille y toqué la puerta repetidas veces esperando que me atendieran. El maestro Dan se tomó su tiempo para hacerse presente frente de mi y yo me dí cuenta. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Maestro, maestro, creo que estoy en un problema.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Mi preocupación es tanta como mis nuevas dimensiones. </span></span><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Muchacho pero ¿qué es lo que te ha pasado?— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Abrió la puerta de par en par para que los demás pudieran ver en lo que me he convertido. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Qué hiciste para crecer tanto en tan poco tiempo?— </span></span><span style="color: #434343;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Ahora es cuando él se fue para atrás como condorito junto con todos los estudiantes. </span></span><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—Yo seguí su consejo maestro, pero, creo que la fruta que me comí tenía algo extraño. Ahora soy demasiado grande. —</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #ff99ff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">—No es a lo que me refería muchacho, pero pasa, aquí veremos cómo podemos ayudarte, pero por esta vez trata de pasar usando tus alas por que para pasar por la puerta de seguro tendras problemas.— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Esta vez tuve que usar mis alas y aletear con fuerza para despegarme del suelo, levantó mucho polvo, las tejas, los árboles temblaron y las personas que no estaban preparadas rodaron por el suelo. Un ser tan majestuoso se levantó del suelo dando una imagen gloriosa de un hombre con el cabello color plateado y la piel como la noche. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Dentro del Dojo me tuve que acostar en el suelo, por alguna extraña razón mover un cuerpo tan grande no era tan agotador, pero se sentía fuera de lo natural, podía percibir la realidad de manera correcta que ahora todos habían tenido un cambio súbito en un enanismo que no esperaba en absoluto. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">No quería perder la calma, pero, ahora mismo, estoy tratando de procesar y aunque todos me hablan solo puedo pensar que querer acostarse en todo el medio de la sala de entrenamientos con la única intención de descansar un pequeño rato ya que todo esto de ser gigantesco me cansaba un poco. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">Las horas pasaron y no dí atención a las diferentes personas que me hablaban diciendo cosas para ayudarme. Solo pude dormir hasta despertarme nuevamente ahora mucho más relajados y videos las caras de todos que están sobre mí sin entender del todo. Había vuelto a mis dimensiones usuales. pero aún estoy muy seguro de todo lo que ocurrió. Claramente cuando me bombardearon de preguntas una tras otra. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana, sans-serif;" class="mycode_font">No tuve respuesta para ninguna de ellas y me dejaron en observación durante varias horas diciendo que lo mejor era que me viera una especie de Médico. Me quería rehusar pero no iban a estar tranquilos si alguien fuera un experto de confianza viera si yo estoy bien. </span></span></span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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Basado en al guía de obtención de Akuma no mi:<br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Akuma No Mi de dificultad 2</span></span></span><br />
<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Tienes que realizar un mono-tema (fic) de mínimo 2000 palabras en el que tú mismo narres y expliques cómo te encuentras la fruta, cómo la consumes y como manifiestas por primera vez sus poderes. Este tema debe ser consistente y no atentar contra la lógica y el lore establecido del mundo del foro.<br />
</span></span><ul class="mycode_list"><li><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deka Deka:</span> El usuario puede agrandar su cuerpo.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dificultad:</span> 2<br />
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</li>
</ul>
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				</div>
			</div>]]></content:encoded>
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