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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Ciudad Orchyd]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Tue, 06 Oct 2026 18:47:30 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Savageland | [Kasui & Heras]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3700</link>
			<pubDate>Thu, 14 May 2026 03:12:45 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=547">Heras</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3700</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Verano del año 10</span></span></span></div>
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Complicada situación, complicada isla. Un ambiente tan olvidado, tan antiguo, que solo obra en la memorias de un Heras que hace ya un tiempo olvidó lo que se siente sentirse humano. Cambiado de mano en mano, entre dueños, no necesariamente tiranos hasta ahora. ¿Quién qué hubiera sido libre se puede acostumbrar a ser un esclavo? La respuesta es tan sencilla como nadie, nadie en sano juicio de sus habilidades cognitivas. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Una isla cargada de selva y no solo eso, ruda, exigente, demandante a más no poder. No se guardaba nada, era difícil sobrevivir allí, imagina, el doble de difícil cuando no se tiene la mínima libertad de decisión. La dueña actual del joven Heras era una con negocios, con poder, decidía y tenía como financiarse sus asuntos. ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo lucía? No es relevante en este momento. Le había asignado ciertas tareas en esta Isla y no es como que no estuviera supervisado en esta ciudad selvática lleno de recursos. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">—Recuerda Heras, tienes que conseguir esas flores exóticas.. —</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Caminaba con tranquilidad, por la calle, observando con atención, una atención algo impaciente, aguda a los impulsos de sus sentidos, sobretodo de su vista, con la mirada centrada en aquella zona comercial llena de colores, olores, cargada de mercancías que sólo podrían verse en un lugar tan cargado de variedad. Pieles, infusiones, carne, especias en polvo, aceites, cremas, tejidos, velas, jabones, piezas de arte, tallados, ceramicas, pinturas. Todo un mar de elementos que solo podrías encontrarlos en un lugar tan cargado de vida como esta isla. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Iluso miraba con atención como personas vestidas como animales, y algunos ya de por si parecian animales, parecáin preparar una especie de acto, mientras los mercaderes ofrecen, otros tocan instrumentos y llenand de una energía. Una energía tribal. Tambores comienzan a sonar, primero uno, luego dos, un ritmo que hace que todos poco a poco bajen el jolgorio poco a poco se concentran en el acto de los artistas. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Parecía ser llamado las cuatro estaciones. </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Un poema que recitaba la vida de la isla. De la misma manera que otros artistas interpretaba de maneras alternativas, usando luces, sombras, colores y hasta algunos efectos como burbujas, polvos, humo y pirotecnia. Algo que hacía un poco ameno el movimiento, pero no puedes descuidarte ni un instante. Nunca puedes descuidarte, las ciudades están vivas y solo los que están más vivos pueden existir en ellas.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Verano del año 10</span></span></span></div>
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Complicada situación, complicada isla. Un ambiente tan olvidado, tan antiguo, que solo obra en la memorias de un Heras que hace ya un tiempo olvidó lo que se siente sentirse humano. Cambiado de mano en mano, entre dueños, no necesariamente tiranos hasta ahora. ¿Quién qué hubiera sido libre se puede acostumbrar a ser un esclavo? La respuesta es tan sencilla como nadie, nadie en sano juicio de sus habilidades cognitivas. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Una isla cargada de selva y no solo eso, ruda, exigente, demandante a más no poder. No se guardaba nada, era difícil sobrevivir allí, imagina, el doble de difícil cuando no se tiene la mínima libertad de decisión. La dueña actual del joven Heras era una con negocios, con poder, decidía y tenía como financiarse sus asuntos. ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo lucía? No es relevante en este momento. Le había asignado ciertas tareas en esta Isla y no es como que no estuviera supervisado en esta ciudad selvática lleno de recursos. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">—Recuerda Heras, tienes que conseguir esas flores exóticas.. —</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Caminaba con tranquilidad, por la calle, observando con atención, una atención algo impaciente, aguda a los impulsos de sus sentidos, sobretodo de su vista, con la mirada centrada en aquella zona comercial llena de colores, olores, cargada de mercancías que sólo podrían verse en un lugar tan cargado de variedad. Pieles, infusiones, carne, especias en polvo, aceites, cremas, tejidos, velas, jabones, piezas de arte, tallados, ceramicas, pinturas. Todo un mar de elementos que solo podrías encontrarlos en un lugar tan cargado de vida como esta isla. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Iluso miraba con atención como personas vestidas como animales, y algunos ya de por si parecian animales, parecáin preparar una especie de acto, mientras los mercaderes ofrecen, otros tocan instrumentos y llenand de una energía. Una energía tribal. Tambores comienzan a sonar, primero uno, luego dos, un ritmo que hace que todos poco a poco bajen el jolgorio poco a poco se concentran en el acto de los artistas. </span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Parecía ser llamado las cuatro estaciones. </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Un poema que recitaba la vida de la isla. De la misma manera que otros artistas interpretaba de maneras alternativas, usando luces, sombras, colores y hasta algunos efectos como burbujas, polvos, humo y pirotecnia. Algo que hacía un poco ameno el movimiento, pero no puedes descuidarte ni un instante. Nunca puedes descuidarte, las ciudades están vivas y solo los que están más vivos pueden existir en ellas.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Versiculo 1 - Vigilando tu Hogar [Fic personal]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2838</link>
			<pubDate>Sat, 27 Dec 2025 13:20:50 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=646">Daigo Stein</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2838</guid>
			<description><![CDATA[El viento húmedo de Centaurea acariciaba el pelaje de Daigo con un murmullo constante, cargado de aromas vivos, savia fresca, flores nocturnas que aún no se cerraban, el rastro lejano de alguna bestia moviéndose entre las raíces gigantes. Su olfato lo captaba todo sin esfuerzo, era casi molesto cómo el mundo insistía en hablarle incluso cuando él guardaba silencio. Daigo se encontraba en la cima de uno de los árboles más antiguos que rodeaban Orchyd. El tronco era tan ancho que, incluso para alguien de su tamaño, ofrecía una superficie firme donde afirmarse sin miedo. Las ramas superiores se abrían como brazos colosales sosteniendo plataformas de madera, viviendas elevadas y puentes colgantes que se extendían de árbol en árbol, formando una red viva y palpitante, como si la propia isla hubiese aprendido a caminar, desde allí arriba, todo parecía pequeño y frágil.<br />
<br />
Sostenía su escudo con una sola mano, apoyado contra el suelo natural que formaba la copa. El metal mostraba marcas de uso, golpes que no se borraban con el tiempo porque no debían hacerlo, cada muesca era un recuerdo, una decisión tomada, una vida defendida, sus dedos grandes, cubiertos de pelaje gris oscuro moteado de negro, se cerraban con fuerza alrededor del borde, no porque temiera caer, sino porque el hábito de estar listo nunca se iba, nunca y entonces bajó la mirada.<br />
<br />
Allá abajo, Orchyd despertaba lentamente. Podía ver a los habitantes desplazarse por los puentes colgantes con una naturalidad que solo nacía cuando el peligro dejaba de serlo. Minks, humanos, alguna que otra raza que había llegado atraída por la promesa del conocimiento o por la simple necesidad de empezar de nuevo, los investigadores del gremio ya estaban en movimiento, cargando cuadernos, instrumentos, frascos de cristal que brillaban con la luz filtrada del sol entre las hojas, la isla siempre había sido generosa y cruel con quienes olvidaban respetarla.<br />
<br />
Su vista entrenada captaba detalles que otros pasarían por alto, una tabla mal ajustada en un puente secundario, el gesto nervioso de un joven que miraba demasiado hacia la selva, el rastro casi invisible de algo grande que se había movido durante la noche cerca de las raíces, todo se le quedaba grabado, no porque quisiera, sino porque así era. La memoria no preguntaba si deseaba recordar. Treinta años no eran nada para una isla así. Treinta años no eran nada para árboles que habían visto generaciones enteras nacer, luchar y desaparecer, pero para Daigo habían sido suficientes para entender que la belleza siempre venía acompañada de colmillos. Lo había aprendido desde cachorro, cuando prefería estar solo, cuando su rostro ya parecía enfadado incluso antes de saber por qué, ahora, allí arriba, con casi tres metros de altura y una presencia que hacía temblar tablones y voluntades por igual, seguía siendo el mismo en el fondo, solo que ahora sabía exactamente a quién dirigir los dientes.<br />
<br />
Un sonido lejano, metal contra madera lo sacó del hilo de pensamientos. Un entrenamiento matutino, probablemente, aprendices probando armas que aún no entendían del todo. Apretó la mandíbula, porque si se les iba la mano, alguien saldría herido, aunque si no se les iba también, siempre es igual. Se incorporó un poco más, dejando que su silueta se recortara contra la luz. Desde abajo, cualquiera que alzara la vista vería una figura enorme, inmóvil, casi intimidante, un lince gigante observando en silencio, escudo en mano, como un guardián antiguo. No le importaba si le temían un poco, mejor. El miedo mantenía a la gente alerta y la gente alerta vivía más tiempo.<br />
<br />
Una risa grave y breve escapó de su garganta sin que lo planeara. —Gabababa —resonó baja, áspera, llevándose el eco entre las hojas. Qué ironía. Una isla que parecía un paraíso y, aun así, necesitaba vigilancia constante, bestias, marines curiosos, exploradores imprudentes, rumores de movimiento en rutas que no deberían usarse. La libertad nunca era algo que se consiguiera una vez y ya está, era algo que se defendía todos los días, incluso cuando nadie lo pedía.<br />
<br />
Recordó por qué se había unido a la Revolución. No había sido un discurso grandilocuente ni una promesa heroica. Había sido esa sensación, la de mirar hacia abajo y saber que, si algo caía, si algo ardía, si alguien gritaba él estaría allí. Aunque gruñera, aunque intimidara, aunque nadie se atreviera a sentarse a comer con él. Como si el pensamiento lo invocara, su estómago rugió bajo, yakisoba sonaría bien ahora, con arroz, siempre con arroz, pero tal vez más tarde, porque primero es el deber, siempre el deber.<br />
<br />
Dio un paso hacia el borde de la copa, el peso de su cuerpo haciendo crujir la madera viva bajo sus pies, no era una amenaza, era una promesa. Si algo intentaba cruzar esa selva con intenciones equivocadas, tendría que pasar por él, por su escudo, por su voluntad. Miró una última vez la ciudad suspendida entre árboles, la selva infinita más allá, y dejó escapar un suspiro lento. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mientras yo esté aquí, nadie toca este lugar —</span>murmuró con voz grave, intimidante, absoluta y simplemente siguió vigilando.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El viento húmedo de Centaurea acariciaba el pelaje de Daigo con un murmullo constante, cargado de aromas vivos, savia fresca, flores nocturnas que aún no se cerraban, el rastro lejano de alguna bestia moviéndose entre las raíces gigantes. Su olfato lo captaba todo sin esfuerzo, era casi molesto cómo el mundo insistía en hablarle incluso cuando él guardaba silencio. Daigo se encontraba en la cima de uno de los árboles más antiguos que rodeaban Orchyd. El tronco era tan ancho que, incluso para alguien de su tamaño, ofrecía una superficie firme donde afirmarse sin miedo. Las ramas superiores se abrían como brazos colosales sosteniendo plataformas de madera, viviendas elevadas y puentes colgantes que se extendían de árbol en árbol, formando una red viva y palpitante, como si la propia isla hubiese aprendido a caminar, desde allí arriba, todo parecía pequeño y frágil.<br />
<br />
Sostenía su escudo con una sola mano, apoyado contra el suelo natural que formaba la copa. El metal mostraba marcas de uso, golpes que no se borraban con el tiempo porque no debían hacerlo, cada muesca era un recuerdo, una decisión tomada, una vida defendida, sus dedos grandes, cubiertos de pelaje gris oscuro moteado de negro, se cerraban con fuerza alrededor del borde, no porque temiera caer, sino porque el hábito de estar listo nunca se iba, nunca y entonces bajó la mirada.<br />
<br />
Allá abajo, Orchyd despertaba lentamente. Podía ver a los habitantes desplazarse por los puentes colgantes con una naturalidad que solo nacía cuando el peligro dejaba de serlo. Minks, humanos, alguna que otra raza que había llegado atraída por la promesa del conocimiento o por la simple necesidad de empezar de nuevo, los investigadores del gremio ya estaban en movimiento, cargando cuadernos, instrumentos, frascos de cristal que brillaban con la luz filtrada del sol entre las hojas, la isla siempre había sido generosa y cruel con quienes olvidaban respetarla.<br />
<br />
Su vista entrenada captaba detalles que otros pasarían por alto, una tabla mal ajustada en un puente secundario, el gesto nervioso de un joven que miraba demasiado hacia la selva, el rastro casi invisible de algo grande que se había movido durante la noche cerca de las raíces, todo se le quedaba grabado, no porque quisiera, sino porque así era. La memoria no preguntaba si deseaba recordar. Treinta años no eran nada para una isla así. Treinta años no eran nada para árboles que habían visto generaciones enteras nacer, luchar y desaparecer, pero para Daigo habían sido suficientes para entender que la belleza siempre venía acompañada de colmillos. Lo había aprendido desde cachorro, cuando prefería estar solo, cuando su rostro ya parecía enfadado incluso antes de saber por qué, ahora, allí arriba, con casi tres metros de altura y una presencia que hacía temblar tablones y voluntades por igual, seguía siendo el mismo en el fondo, solo que ahora sabía exactamente a quién dirigir los dientes.<br />
<br />
Un sonido lejano, metal contra madera lo sacó del hilo de pensamientos. Un entrenamiento matutino, probablemente, aprendices probando armas que aún no entendían del todo. Apretó la mandíbula, porque si se les iba la mano, alguien saldría herido, aunque si no se les iba también, siempre es igual. Se incorporó un poco más, dejando que su silueta se recortara contra la luz. Desde abajo, cualquiera que alzara la vista vería una figura enorme, inmóvil, casi intimidante, un lince gigante observando en silencio, escudo en mano, como un guardián antiguo. No le importaba si le temían un poco, mejor. El miedo mantenía a la gente alerta y la gente alerta vivía más tiempo.<br />
<br />
Una risa grave y breve escapó de su garganta sin que lo planeara. —Gabababa —resonó baja, áspera, llevándose el eco entre las hojas. Qué ironía. Una isla que parecía un paraíso y, aun así, necesitaba vigilancia constante, bestias, marines curiosos, exploradores imprudentes, rumores de movimiento en rutas que no deberían usarse. La libertad nunca era algo que se consiguiera una vez y ya está, era algo que se defendía todos los días, incluso cuando nadie lo pedía.<br />
<br />
Recordó por qué se había unido a la Revolución. No había sido un discurso grandilocuente ni una promesa heroica. Había sido esa sensación, la de mirar hacia abajo y saber que, si algo caía, si algo ardía, si alguien gritaba él estaría allí. Aunque gruñera, aunque intimidara, aunque nadie se atreviera a sentarse a comer con él. Como si el pensamiento lo invocara, su estómago rugió bajo, yakisoba sonaría bien ahora, con arroz, siempre con arroz, pero tal vez más tarde, porque primero es el deber, siempre el deber.<br />
<br />
Dio un paso hacia el borde de la copa, el peso de su cuerpo haciendo crujir la madera viva bajo sus pies, no era una amenaza, era una promesa. Si algo intentaba cruzar esa selva con intenciones equivocadas, tendría que pasar por él, por su escudo, por su voluntad. Miró una última vez la ciudad suspendida entre árboles, la selva infinita más allá, y dejó escapar un suspiro lento. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mientras yo esté aquí, nadie toca este lugar —</span>murmuró con voz grave, intimidante, absoluta y simplemente siguió vigilando.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Capitulo 17] Agua Onírica (pasado con Dharma)]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2454</link>
			<pubDate>Sat, 01 Nov 2025 14:31:26 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=620">Elemir B. Faiven</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2454</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Una habitación blanca brillante cubría la zona, era un lugar perfectamente iluminado pese a que no se veía ni focos ni luces, era un sitio distópico, dentro de la propia mente del ciego, era por así decirlo su propio palacio mental, estaba ahí en su centro sentado sobre lo que parecía un tronco de un árbol serrado, ese árbol se propagaba hacia abajo, un claro comportamiento nada natural, sus ramas grandes carecían de flores y se elevaban había lo que parecía una puerta del mismo material,una cortina se flores rojas cobrizas tapaban el tapiz de la puerta dejando asomar solo su silueta, en el suelo pétalos secos de éstas mismas flores dejaban un camino para caminar, el hombre solo estaba ahí sentado con sus piernas cruzadas casi como si esperara algo pero ¿El que?, no sabía decir decirlo pero...<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">-Disculpa, ¿Quiere o no quiere la copa?</span></span>, comentó un hombre hediondo detrás de la barra, ¿Estaba en una taberna?, si llevaba algún tiempo sentado en un taburete a la espera de que le pusieran su bebida, estaba más que claro que el ciego quedó atrapado en sus propios pensamientos, un movimiento más que claro para evitar el ajetreo de la zona, quedar pensando en sus propias cosas en ese sitio, bastante raro era ya ver un ciego en aquella pocilga que encima tuviera que tratar con esas personas, algunos eran maleantes o criminales, otros bueno, solo estaban haciendo sus quehaceres, eres normal a veces las personas tenían que estar donde no querían, ¿Era este el caso de Faivens?<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">-Si, por favor y gracias</span></span>, comentó  el hombre dejando sus codos apoyados en la barra, solo tenía que esperar a que lo atendieran, estaba en paz escuchando toda clase de conversaciones triviales sobre la isla o las vivencias de las personas, tenía que coger un barco para marcharse aunque sería por la noche de ese mismo día, tenía todo el tiempo del mundo para hacer sus quehaceres, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">-Aqui tiene amigo</span></span>, exclamó ese hombre a lo que, el ciego respondió con una ligera reverencia con su cabeza, a veces simplemente se dignaba a pasar sus dedos por la barra, notando el tacto de la madera en sus temas.<br />
<br />
Movió con calma si diestra hasta encontrar el vaso, haciendo un pequeño ruido al resonar los hielos en su interior con el líquido, era gracioso como algo así le ayudaba a concentrarse pero, por favor aquel hombre no sufría de ningún problema de alcoholismo solo bueno, de vez en cuanto se tomaba ciertas libertades en sitios de mala muerte. Despacio dio un ligero sorbo acompañado de un suspiro mientras notaba cómo aquel líquido caía por su garganta, calentado su pecho y dejando que el alcohol hiciera su efecto.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">"¿Cuanto tiempo llevaré aquí?", </span></span></span>pensó para sus adentros mientras quedaba ahí, divagando ante lo que podría depararle ese mismo día, ¿Sería un día como otro más o pasaría algo de su interés?, solo tenía que dejarse guiar y descubrirlo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">-Cobrame cuando puedas seño</span></span></span>r, solicitó el hombre posando si diestra en el bastón que le servía de guía mientras que dejaba una cantidad de berries encima de la mesa, ya previamente conocía el valor de sus monedas y cuánto debía pagar, estaba más que claro que no era ni la primera ni la última copa que se tomaba y era, precisamente por esto por lo que conocía el precio de las mismas. Una vez el tendero le comunicara que todo estaba bien podría salir del sitio en busca de nuevas aventuras, sería muy divertido pensar que su propia torpeza sería lo que le daría cuartada para ir tan sobrio por la calle, borracho y ciego si es que lo tenía todo.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Una habitación blanca brillante cubría la zona, era un lugar perfectamente iluminado pese a que no se veía ni focos ni luces, era un sitio distópico, dentro de la propia mente del ciego, era por así decirlo su propio palacio mental, estaba ahí en su centro sentado sobre lo que parecía un tronco de un árbol serrado, ese árbol se propagaba hacia abajo, un claro comportamiento nada natural, sus ramas grandes carecían de flores y se elevaban había lo que parecía una puerta del mismo material,una cortina se flores rojas cobrizas tapaban el tapiz de la puerta dejando asomar solo su silueta, en el suelo pétalos secos de éstas mismas flores dejaban un camino para caminar, el hombre solo estaba ahí sentado con sus piernas cruzadas casi como si esperara algo pero ¿El que?, no sabía decir decirlo pero...<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">-Disculpa, ¿Quiere o no quiere la copa?</span></span>, comentó un hombre hediondo detrás de la barra, ¿Estaba en una taberna?, si llevaba algún tiempo sentado en un taburete a la espera de que le pusieran su bebida, estaba más que claro que el ciego quedó atrapado en sus propios pensamientos, un movimiento más que claro para evitar el ajetreo de la zona, quedar pensando en sus propias cosas en ese sitio, bastante raro era ya ver un ciego en aquella pocilga que encima tuviera que tratar con esas personas, algunos eran maleantes o criminales, otros bueno, solo estaban haciendo sus quehaceres, eres normal a veces las personas tenían que estar donde no querían, ¿Era este el caso de Faivens?<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">-Si, por favor y gracias</span></span>, comentó  el hombre dejando sus codos apoyados en la barra, solo tenía que esperar a que lo atendieran, estaba en paz escuchando toda clase de conversaciones triviales sobre la isla o las vivencias de las personas, tenía que coger un barco para marcharse aunque sería por la noche de ese mismo día, tenía todo el tiempo del mundo para hacer sus quehaceres, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">-Aqui tiene amigo</span></span>, exclamó ese hombre a lo que, el ciego respondió con una ligera reverencia con su cabeza, a veces simplemente se dignaba a pasar sus dedos por la barra, notando el tacto de la madera en sus temas.<br />
<br />
Movió con calma si diestra hasta encontrar el vaso, haciendo un pequeño ruido al resonar los hielos en su interior con el líquido, era gracioso como algo así le ayudaba a concentrarse pero, por favor aquel hombre no sufría de ningún problema de alcoholismo solo bueno, de vez en cuanto se tomaba ciertas libertades en sitios de mala muerte. Despacio dio un ligero sorbo acompañado de un suspiro mientras notaba cómo aquel líquido caía por su garganta, calentado su pecho y dejando que el alcohol hiciera su efecto.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">"¿Cuanto tiempo llevaré aquí?", </span></span></span>pensó para sus adentros mientras quedaba ahí, divagando ante lo que podría depararle ese mismo día, ¿Sería un día como otro más o pasaría algo de su interés?, solo tenía que dejarse guiar y descubrirlo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">-Cobrame cuando puedas seño</span></span></span>r, solicitó el hombre posando si diestra en el bastón que le servía de guía mientras que dejaba una cantidad de berries encima de la mesa, ya previamente conocía el valor de sus monedas y cuánto debía pagar, estaba más que claro que no era ni la primera ni la última copa que se tomaba y era, precisamente por esto por lo que conocía el precio de las mismas. Una vez el tendero le comunicara que todo estaba bien podría salir del sitio en busca de nuevas aventuras, sería muy divertido pensar que su propia torpeza sería lo que le daría cuartada para ir tan sobrio por la calle, borracho y ciego si es que lo tenía todo.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(Pasado) una Ambición naciente]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1881</link>
			<pubDate>Fri, 01 Aug 2025 22:11:52 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=498">Zack Gremory</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1881</guid>
			<description><![CDATA[Hace 8 Años, Verano.<br />
<br />
Zack llevaba ya varios meses dando vueltas por el south blue, desde que había tenido que escapar de sus pesadillas buscando de esa manera no ser reconocido ni tampoco que nadie lo ligera con su apellido rara vez lo citaba siempre se presentaba solamente con su nombre y en la isla que acaba de llegar no seria diferente estando en el puerto se acomodo sus googles tranquilamente ya que un detalle que no le gustaba dejar ver eran sus ojos llamativos de color celeste cielo que llamaban siempre la atención de todos los que le rodeaban.<br />
<br />
Apenas llego su primer paso fue recorrer la ciudad tranquilamente ya que le generaba curiosidad de conocer mas de la ciudad y saber en que se estaba metiendo, caminando tranquilamente con las manos en los bolsillos observando tranquilamente lo que pasaba, se acercaría a una de las panaderías para comprar algunos bocadillos con tranquilidad y aprovechando para entablar una conversación con la joven que estaba allí atendiendo.<br />
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-<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Hermoso día verdad, soy nuevo por la isla y me gustaria conocer un poco mas de la isla que seria lo mas interesante de poder conocer en este lugar??</span><br />
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Preguntaría con una leve sonrisa en los labios mirándola de reojo mientras probaba la comida que la joven le estaba trayendo la misma se encontraba fascinada por el albino que tenia en frente y este no desaprovechaba el hecho de que el tenia esa facilidad de llevarse bien con la gente  y mas aun si era mujer. Dio un suave mordisco a su comida cuando escucho como la joven le contaba de las atracciones que tenia la isla, pero sobre todo la gran selva que predominaba en la isla, desde una ventana Zack se asomo para mirar que realmente tenia una gran extensión de tierra por delante, observo por un momento toda la tienda y realmente se veía de lo mas agradable todo hecho en madera, se podía notar que el fuerte era justamente ese tipo de material, seguramente la isla contaba con carpinteros no sabia que tan buenos, pero se imaginaba que se podrían defender. Giro hacia la puerta ya que escucho alguien mas entrando a la tienda, se imaginaba que no seria raro que mas personas vinieran a comprar su desayuno ya que era temprano aun en la mañana.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Hace 8 Años, Verano.<br />
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Zack llevaba ya varios meses dando vueltas por el south blue, desde que había tenido que escapar de sus pesadillas buscando de esa manera no ser reconocido ni tampoco que nadie lo ligera con su apellido rara vez lo citaba siempre se presentaba solamente con su nombre y en la isla que acaba de llegar no seria diferente estando en el puerto se acomodo sus googles tranquilamente ya que un detalle que no le gustaba dejar ver eran sus ojos llamativos de color celeste cielo que llamaban siempre la atención de todos los que le rodeaban.<br />
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Apenas llego su primer paso fue recorrer la ciudad tranquilamente ya que le generaba curiosidad de conocer mas de la ciudad y saber en que se estaba metiendo, caminando tranquilamente con las manos en los bolsillos observando tranquilamente lo que pasaba, se acercaría a una de las panaderías para comprar algunos bocadillos con tranquilidad y aprovechando para entablar una conversación con la joven que estaba allí atendiendo.<br />
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-<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Hermoso día verdad, soy nuevo por la isla y me gustaria conocer un poco mas de la isla que seria lo mas interesante de poder conocer en este lugar??</span><br />
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Preguntaría con una leve sonrisa en los labios mirándola de reojo mientras probaba la comida que la joven le estaba trayendo la misma se encontraba fascinada por el albino que tenia en frente y este no desaprovechaba el hecho de que el tenia esa facilidad de llevarse bien con la gente  y mas aun si era mujer. Dio un suave mordisco a su comida cuando escucho como la joven le contaba de las atracciones que tenia la isla, pero sobre todo la gran selva que predominaba en la isla, desde una ventana Zack se asomo para mirar que realmente tenia una gran extensión de tierra por delante, observo por un momento toda la tienda y realmente se veía de lo mas agradable todo hecho en madera, se podía notar que el fuerte era justamente ese tipo de material, seguramente la isla contaba con carpinteros no sabia que tan buenos, pero se imaginaba que se podrían defender. Giro hacia la puerta ya que escucho alguien mas entrando a la tienda, se imaginaba que no seria raro que mas personas vinieran a comprar su desayuno ya que era temprano aun en la mañana.]]></content:encoded>
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