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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Sorbet Sur]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 02:11:13 +0000</pubDate>
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			<title><![CDATA[[Pasado] Hasta luego]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4360</link>
			<pubDate>Sat, 19 Sep 2026 09:34:41 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=873">Aria Áster</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4360</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">7 de invierno del año 12, noche.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Sorbet, Sorbet del sur, residencia Áster</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Un capítulo más —</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> S</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">uplicó mentalmente, con el libro abierto entre las manos y una pequeña lámpara alumbrando la página. Leyó por encima, pero se detuvo a sí misma con la poca fuerza de voluntad que pudo reunir. Había “escapado” de su casa para leer un poco, pues, si su padre encontrase alguno de esos libros en su habitación… Su hermano le había ayudado a ocultarlos antes de irse de viaje, después del gran regaño que recibió cuando su padre los encontró. Reen tendría que volver a irse en cuanto amaneciese, así que debía volver a su habitación, pretender haber estado dormida y fingir despertarse temprano para ir a despedirlo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Con el plan formulado en su cabeza y todo el pesar en su corazón por no poder leer un par de páginas más, escondió el libro de vuelta en su lugar, con sumo cuidado para no dañarlo. Volvió a casa con cuidado. Contaba con tiempo, por lo que esperaba a no estar en el radar de los sirvientes para colarse entre los pasillos. Llegó a su habitación con la misma facilidad de siempre, cerró la puerta tras de sí y caminó con especial sigilo hasta su cama. Fue mientras estaba sacando su pijama del escondite cuando la puerta de su habitación se abrió sin cuidado alguno. Dio un respingo del susto y sintió que la sangre se le congelaba del terror. Con una mano trató de alcanzar unos libros de texto que tenía apilados en su escritorio y, con la otra, devolver el pijama a su escondite, y todo eso mientras trataba de dar con una excusa con la que su padre no descubriese sus engaños. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Estaba estudiando, lo juro, lo siento. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Respondió apresuradamente. Escuchó cómo los libros se derrumbaban por sus torpes movimientos, sin siquiera permitirle agarrar uno para fingir. Su pijama estaba bajo su almohada, pero seguramente la habría visto esconderlo. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Reen? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Sus hombros se destensaron en cuanto identificó a la figura que había irrumpido en su habitación, no como su padre, sino como su hermano mayor. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Reen, qué haces aquí? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Preguntó, ahora un poco más tranquila.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Su hermano se acercó a ella, a la zona donde aún había una pequeña vela encendida y donde ella podía verle mejor. Tenía una gran sonrisa adornando sus labios, una que estaba segura de que nunca había visto en su rostro. En eso, ambos, su padre y su hermano, eran muy similares. Su hermano nunca había sonreído; siempre que lo veía, tenía esa expresión indescifrablemente sobria en su rostro. Y, en ese mismo instante, no solo estaba sonriendo, sus ojos estaban brillando de expectación, determinación y emoción.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Reen se puso de cuclillas junto a ella, incapaz de borrar su sonrisa y, para su sorpresa, la envolvió entre sus brazos. Se quedó sin palabras, pues en todo ese tiempo jamás había sido abrazada tan fuerte. Los pocos abrazos que alguna vez había recibido habían sido los suaves y dulces de su madrastra. Ese tipo de afecto tan… ¿explosivo, ansioso? Desconocía cómo describirlo y desconocía cómo reaccionar. Por lo que permaneció inmóvil. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Reen? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Tartamudeó esta vez.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Él finalmente se separó de ella, y Aria se arrepintió al instante de no haberle abrazado con la misma intensidad. No estaba segura de por qué, pero lo veía en sus ojos: ese iba a ser el último.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Ria, me voy. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Dijo él con una sonrisa.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿No te ibas al amanecer? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> No reconoció su voz, no una tan débil, tan asustada.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Él negó con la cabeza. Su sonrisa permaneció imborrable. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Me voy para siempre. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Aclaró.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Padre te lo ha ordenado? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Se asustó más cuando él volvió a negar. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Pero entonces él…</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Reen no le permitió terminar.</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"> —Voy a irme. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Sentenció sin dudar mientras acariciaba su cabeza. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Siento dejarte sola.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—Entonces no te vayas.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—No puedo quedarme.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Aria no siguió suplicando. Comprendía por qué su hermano estaba desesperado por irse. Ella también desearía irse, pero no podía. Quería gritarle que no lo hiciera, que podría morir, que su padre iba a matarlo. Pero eso él ya lo sabía. Lo veía en sus ojos. No importaba lo que dijera, Reen había tomado una decisión y no iba a echarse para atrás. </span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Llévame contigo. </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">— Sus palabras se quedaron atascadas en su garganta. Lo sabía. Era una cobarde. Ella no se atrevía a escapar. No podía. Sintió su vista nublada, pero se negó a aceptar que era por las lágrimas. </span></span><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Llévame contigo. —</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Volvió a querer suplicar, pero no logró decirlo. </span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Es un suicidio — </span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Decía una parte de sí misma. </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color">— No quiero quedarme sola... </span></span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Respondía la otra. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Su madrastra la había abandonado. Lo único que le quedaban eran las visitas de Reen cada estación, y ahora hasta eso iba a desaparecer. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Reen... ¿Reen la estaba abandonando?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Las manos de Reen envolvieron las suyas. La calidez de sus dedos contrastó con el frío que estaba sintiendo. Detestaba el frío. Sintió un peso en sus manos y vio que era el reloj dorado que él siempre había atesorado. Le miró a los ojos, confundida. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Ahora es tuyo. Conmigo podría correr peligro.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color">— Tú podrías correr peligro. —</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Lo pensó, p</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">ero no lo dijo. Se limitó a apretar con fuerza el reloj. Y las manos cálidas de Reen dejaron las suyas. Ya no podía ver qué cara estaba poniendo él. Su visión estaba demasiado nublada.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Lo siento, Ria. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Reen besó su frente y pudo vislumbrar cómo le sonreía. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Te prometo que esto no es una despedida, es solo un hasta luego. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Se levantó, con una pequeña bolsa colgada al hombro y una sonrisa que no supo descifrar. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Y desapareció.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Se fue por la puerta que él mismo había abierto.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Al amanecer, todo lo que quedaba de Reen era el reloj que había dejado atrás.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color">Pensamiento </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">|| </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Diálogo </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">|| Narración</span></span></div>
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Explicación</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					</span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El hermano de Aria huye de casa, pero no es para siempre, es solo un "hasta luego".</span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">7 de invierno del año 12, noche.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Sorbet, Sorbet del sur, residencia Áster</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Un capítulo más —</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> S</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">uplicó mentalmente, con el libro abierto entre las manos y una pequeña lámpara alumbrando la página. Leyó por encima, pero se detuvo a sí misma con la poca fuerza de voluntad que pudo reunir. Había “escapado” de su casa para leer un poco, pues, si su padre encontrase alguno de esos libros en su habitación… Su hermano le había ayudado a ocultarlos antes de irse de viaje, después del gran regaño que recibió cuando su padre los encontró. Reen tendría que volver a irse en cuanto amaneciese, así que debía volver a su habitación, pretender haber estado dormida y fingir despertarse temprano para ir a despedirlo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Con el plan formulado en su cabeza y todo el pesar en su corazón por no poder leer un par de páginas más, escondió el libro de vuelta en su lugar, con sumo cuidado para no dañarlo. Volvió a casa con cuidado. Contaba con tiempo, por lo que esperaba a no estar en el radar de los sirvientes para colarse entre los pasillos. Llegó a su habitación con la misma facilidad de siempre, cerró la puerta tras de sí y caminó con especial sigilo hasta su cama. Fue mientras estaba sacando su pijama del escondite cuando la puerta de su habitación se abrió sin cuidado alguno. Dio un respingo del susto y sintió que la sangre se le congelaba del terror. Con una mano trató de alcanzar unos libros de texto que tenía apilados en su escritorio y, con la otra, devolver el pijama a su escondite, y todo eso mientras trataba de dar con una excusa con la que su padre no descubriese sus engaños. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Estaba estudiando, lo juro, lo siento. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Respondió apresuradamente. Escuchó cómo los libros se derrumbaban por sus torpes movimientos, sin siquiera permitirle agarrar uno para fingir. Su pijama estaba bajo su almohada, pero seguramente la habría visto esconderlo. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Reen? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Sus hombros se destensaron en cuanto identificó a la figura que había irrumpido en su habitación, no como su padre, sino como su hermano mayor. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Reen, qué haces aquí? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Preguntó, ahora un poco más tranquila.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Su hermano se acercó a ella, a la zona donde aún había una pequeña vela encendida y donde ella podía verle mejor. Tenía una gran sonrisa adornando sus labios, una que estaba segura de que nunca había visto en su rostro. En eso, ambos, su padre y su hermano, eran muy similares. Su hermano nunca había sonreído; siempre que lo veía, tenía esa expresión indescifrablemente sobria en su rostro. Y, en ese mismo instante, no solo estaba sonriendo, sus ojos estaban brillando de expectación, determinación y emoción.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Reen se puso de cuclillas junto a ella, incapaz de borrar su sonrisa y, para su sorpresa, la envolvió entre sus brazos. Se quedó sin palabras, pues en todo ese tiempo jamás había sido abrazada tan fuerte. Los pocos abrazos que alguna vez había recibido habían sido los suaves y dulces de su madrastra. Ese tipo de afecto tan… ¿explosivo, ansioso? Desconocía cómo describirlo y desconocía cómo reaccionar. Por lo que permaneció inmóvil. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Reen? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Tartamudeó esta vez.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Él finalmente se separó de ella, y Aria se arrepintió al instante de no haberle abrazado con la misma intensidad. No estaba segura de por qué, pero lo veía en sus ojos: ese iba a ser el último.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Ria, me voy. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Dijo él con una sonrisa.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿No te ibas al amanecer? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> No reconoció su voz, no una tan débil, tan asustada.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Él negó con la cabeza. Su sonrisa permaneció imborrable. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Me voy para siempre. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Aclaró.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Padre te lo ha ordenado? —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Se asustó más cuando él volvió a negar. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Pero entonces él…</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Reen no le permitió terminar.</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"> —Voy a irme. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Sentenció sin dudar mientras acariciaba su cabeza. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Siento dejarte sola.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—Entonces no te vayas.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—No puedo quedarme.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Aria no siguió suplicando. Comprendía por qué su hermano estaba desesperado por irse. Ella también desearía irse, pero no podía. Quería gritarle que no lo hiciera, que podría morir, que su padre iba a matarlo. Pero eso él ya lo sabía. Lo veía en sus ojos. No importaba lo que dijera, Reen había tomado una decisión y no iba a echarse para atrás. </span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Llévame contigo. </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">— Sus palabras se quedaron atascadas en su garganta. Lo sabía. Era una cobarde. Ella no se atrevía a escapar. No podía. Sintió su vista nublada, pero se negó a aceptar que era por las lágrimas. </span></span><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Llévame contigo. —</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Volvió a querer suplicar, pero no logró decirlo. </span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Es un suicidio — </span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Decía una parte de sí misma. </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color">— No quiero quedarme sola... </span></span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Respondía la otra. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Su madrastra la había abandonado. Lo único que le quedaban eran las visitas de Reen cada estación, y ahora hasta eso iba a desaparecer. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Reen... ¿Reen la estaba abandonando?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Las manos de Reen envolvieron las suyas. La calidez de sus dedos contrastó con el frío que estaba sintiendo. Detestaba el frío. Sintió un peso en sus manos y vio que era el reloj dorado que él siempre había atesorado. Le miró a los ojos, confundida. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Ahora es tuyo. Conmigo podría correr peligro.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color">— Tú podrías correr peligro. —</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Lo pensó, p</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">ero no lo dijo. Se limitó a apretar con fuerza el reloj. Y las manos cálidas de Reen dejaron las suyas. Ya no podía ver qué cara estaba poniendo él. Su visión estaba demasiado nublada.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Lo siento, Ria. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Reen besó su frente y pudo vislumbrar cómo le sonreía. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Te prometo que esto no es una despedida, es solo un hasta luego. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Se levantó, con una pequeña bolsa colgada al hombro y una sonrisa que no supo descifrar. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Y desapareció.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Se fue por la puerta que él mismo había abierto.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Al amanecer, todo lo que quedaba de Reen era el reloj que había dejado atrás.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color">Pensamiento </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">|| </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Diálogo </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">|| Narración</span></span></div>
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span>Explicación</span>
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					</span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El hermano de Aria huye de casa, pero no es para siempre, es solo un "hasta luego".</span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[T1 - Autonarrada] Órale Tocho Morocho]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3275</link>
			<pubDate>Tue, 24 Feb 2026 15:38:52 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=719">Wyatt Goldstar</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3275</guid>
			<description><![CDATA[Entre sus pares, Wyatt siempre fue visto como un amante de la naturaleza. Y en particular de los equinos, con los cuáles parecía tener un vínculo fraterno muy especial, pues al llegar al establo, estos hasta agachaban la cabeza en señal de respeto. Desde sus 10 años, cuando montó un caballo por primera vez, jamás falló en domar a uno salvaje, y hasta los adultos más bravos cedían a su habilidad como jinete.<br />
<br />
Esto era bien sabido por su grupo, el cuál, desde muy pequeño, había confiado en él para la tarea de ser criador de caballos. O bueno, realmente los caballos lo habían elegido a él, pues abrazó la profesión desde muy temprano y se volvió todo un experto en estos joviales animales. Y es que no sólo proveía de ejemplares de lo más fuertes y rápidos para los jinetes de Sorbet Sur, sino que también aprendió mucho sobre medicina veterinaria, crianza de animales de carga, cuidado e higiene de los mismos, y hasta se adentró en el mundo de los caballos purasangre.<br />
<br />
Y es que la guerrilla en formación vio en el mercado de las carreras de caballo un negocio en ciernes, y Wyatt fue su punta de lanza para conseguir financiamiento por esa vía. Y bien exitoso que fue el Goldstar en ese ámbito: Timmy Tim, Roddy Rogers, Ms. Robinson, A/D/C, Boom Boom Horsey, y otra larga lista de equinos muy ganadores y reconocidos en las liguillas locales como auténticas estrellas de las carreras. Máquinas de hacer podio, y de dar lugar a grandes linajes de caballos. De hecho, Tocho Morocho, el caballo personal del rubio, era ni más ni menos que hijo de una yegua bastante exitosa en un circuito forestal de carreras de muy al sur de Sorbet, donde los campesinos apostaban lo que conseguían ahorrar con la venta de frutos exóticos.<br />
<br />
Ya habían pasado un largo tiempo desde que Wyatt había dejado su hogar para refugiarse en el norte de la isla, allí donde sus antiguos camaradas, que ahora eran para él una amenaza y su principal preocupación, no podían alcanzarlo con tanta facilidad. Él esperaba su momento de poder marcharse de Sorbet para hacer su propio camino, lejos de los problemas y la injusticia, para quizá así encontrar un noble propósito al que entregarse. Pero no podía hacerlo todavía, así que estaba esperando su oportunidad de oro.<br />
<br />
Lo que no esperaba era un llamado de Kenchi, el pequeño a quien había tomado como pupilo en el establo hacía unos años, y que ya tenía 15. El chico acudió a él en busca de ayuda, a través de mensajería postal. Era de las únicas personas de Sorbet Sur con quien conservaba un lazo, o al menos no había traicionado su confianza. Kenchi era noble, un tanto testarudo pero muy fiel, y sabía que las cosas en aquella pequeña organización no estaban muy bien. Wyatt le había encargado cuidar a los caballos, ya que él no podía quedarse, y se ofreció a prestarle una mano en cualquier situación de urgencia.<br />
<br />
El Goldstar no pensó que llegaría el día en que le pedirían ayuda y tuviese que volver. En una ansiosa carta manuscrita, su "chepibe" le explicaba que Miss Sarajevo, una de las yeguas a quien Wyatt había criado desde su nacimiento en el establo, había sido muy exitosa en el circuito de primavera pasado, y que, gracias a sus aptitudes, había levantado miradas de algunos pobladores de otras islas, donde las carreras de caballos eran más competitivas y el mercado era más amplio.<br />
<br />
El problema, es que no querían a Miss Sarajevo para correr, pues según estos hombres, sus años mozos estaban ya terminando, y no era una buena inversión. Lo que sí era negocio, era utilizar su linaje. Según ellos, en algún lugar de vaya-a-saber-uno-dónde, en el West Blue, un grupo de científicos estaban desarrollando equipos para clonar seres vivos, y la clonación de caballos era casi un hecho. Era un procedimiento muy experimental, y querían intentar experimentos con Miss Sarajevo, por lo que pagaban una jugosa cantidad de berries para llevársela. El único problema, claro, es que nunca regresaría, ni tendrían más noticias de su evolución, y que... bueno, no era una actividad muy legal. Era contrabando de un caballo, pues no tenían habilitación para ese tipo de actividades, y ciertamente parecía un grupo sospechoso. Kenchi ni siquiera estaba seguro de que no fueran estafadores, y Wyatt dudó por igual al leer la llamativa historia.<br />
<br />
El caso era que el grupo había decidido vender a Miss Sarajevo a estos tipos sin titubear, pues el ingreso era sin dudas una muy buena oportunidad, pero a Kenchi le parecía poco, y además bastante inmoral. Después de todo, era algo falto de ética, y el joven quería conservar a la yegua para seguir corriendo, además de porque la consideraba una de sus mejores ejemplares, y como a todos, le había agarrado un cariño particular. Era de su propiedad, de hecho, pues el rubio le había dejado todos los caballos a él como su guardián, pese a que antes pertenecieran en co-propiedad a la guerrilla.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 45 de Primavera, Año 17</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sorbet Sur, 0900 AM</span></div>
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Intenta no levantar la perdiz, amigo. Sé que el lugar te resulta familiar, pero sólo venimos de paso.</span></span> — comentó en un tono de voz bien sereno el jinete de rubia cabellera y gorro de estrellas, que flexionaba su torso hacia abajo para palmear a su oscuro corcel mientras llegaba al establo. Amarró detrás de este, junto a unos árboles, y caminó unos metros hasta rodear la caseta de madera que hacia de parte trasera del lugar.<br />
<br />
Wyatt recordaba perfectamente la rutina de sus compañeros, y Kenchi se había asegurado de decirle que nada había cambiado, así que bien seguro estaba de que era un tanto seguro estar allí a esas horas. Eso si ningún rezagado se chivaba de su presencia, claro. Se había asegurado de no ser visto ni seguido, y allí estaba, frente a su pequeño aprendiz —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Ey, espero no sea todo un desastre aquí. No veo este lugar desde que me fui.</span></span> — mencionó el Goldstar mientras se acercaba a Kenchi, y no pudo evitar sonreír al encontrarse con él y darle un abrazo.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">Wyatt, no tenemos mucho tiempo. ¡Amigo, te he echado de menos! Estoy seguro de que ellos pueden volver en cualquier momento, llegas justo el día indicado. Si no me equivoco, al mediodía vendrán estos tipos de... ¡NO SÉ NI DE DÓNDE SON!</span></span> — comenzó a exasperarse el joven de cabello negro ceniza. Colocando una mano en su hombro y sin perder los estribos, el rubio intentó serenarlo. Puso un dedo en sus propios labios y le pidió calma con la mano —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Escúchame, ya leí todo. Yo tampoco tengo ni puta idea de qué hay en el West Blue, pero dudo que las intenciones de estos tipos sean buenas. Después de todo, el trato es raro, y lo que ofrecen es una miseria para llevarse a uno de los nuestros.<br />
</span></span><br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Mira, no te meteré en líos, o no quiero hacerlo. ¿Dirás que asaltaron el establo? Creo que...</span></span> — dio un par de pasos en dirección al interior del recinto, y los caballos comenzaron a agachar la cabeza a su presencia. Pese a que habían pasado largos meses, todavía lo reconocían. ¿Sería su olor? ¿O su inconfundible voz? El caso es que él solo pudo chasquear la lengua y sonreír, orgulloso de la labor que había hecho durante toda su vida.<br />
Pero todo empezó a volverse caótico. Wyatt empezó a patear cajones, tirar abajo algunos postes y desordenar todo cuanto pudo —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">¡Ey, Wyatt! ¡¿Qué demonios haces?!</span></span> — Kenchi se apresuró a frenarlo, totalmente sorprendido. ¿Es que había enloquecido? ¿El norte había cambiado tanto a Wyatt?<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Piensa, Kenchi. ¿Qué dirán si los bandidos sólo se llevan a Miss Sarajevo y todo está impoluto? Nadie creerá esa estúpida historia, vamos. Dirás que ella escapó por el miedo, y así será un poco más convincente.</span></span> —. El pequeño respiró, y comenzó a ayudar al joven en su tarea. Pronto, pasaron los minutos y todo se veía bochornoso: un auténtico caos. El establo estaba puesto patas arriba, y lo único sin tocar eran los espacios personales de los animales. ¿De resto? Una miseria.<br />
<br />
El joven jinete exiliado sacó una bolsa de berries y la dejó en una mesilla, de lo poco que no volteó. Pese a que quería salvar a Miss Sarajevo, le costaría más de lo que ganaría, pues era más bien un favor. O bueno, el dinero volvería de alguna manera, porque la yegua seguiría ganando carreras y Kenchi le haría llegar alguna remesa por ello. Después de todo, seguía siendo su yegua, y el pelinegro, su amigo. Pero de mientras, ese dinero que dejó era para reponer provisiones y ordenar el establo una vez que concretaran su mentira de el "asalto".<br />
<br />
Pero se comenzó a escuchar sonido de caballos, antes de que siquiera el Goldstar pudiera relajarse y beber un café con su ex-compañero de trabajo. Ambos vieron en dirección al acceso principal —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">Deben ser ellos. Rápido, tu chica esta amarrada atrás, cerca de la arboleda que sale al camino embrujado.</span></span> — así era como solían llamar a la zona de árboles enredados que estaba cerca de su asentamiento, lugar que había recorrido Wyatt a caballo durante tantos años.<br />
Sin más, asintió y se dirigió corriendo a la parte trasera, donde encontró atada, muy mansa y omnipresente, la multi-campeona, la preciosa Miss Sarajevo, de pelaje marrón claro y patas blancas, brillante y ondeante al viento. Al rubio le brillaron los ojos, feliz de ver de nuevo a uno de sus animales —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Bingo, ahí estás, cariño.</span></span> — se acercó a ella, palmeándola cuando esta agachó la cabeza para recibirlo. Como todos, también respetaba y apreciaba mucho a Wyatt, y no lo había olvidado.<br />
<br />
Le quito las vueltas a la soga y la sacó de aquél establo, corriendo hacia la zona trasera. Una vez que se hubo montado de nuevo en Tocho Morocho, arriendo a la buena de Miss Sarajevo, Wyatt desenvainó su revolver S&W y, al oír el ruido de corceles que se había acercado ya hasta la finca, disparó dos veces al aire antes de echarse a correr, llevándose a la yegua del lugar. Reptó por los caminos y encrucijadas bastante laberínticos del "camino embrujado" hasta atravesar la arboleda, y luego echó a correr todo lo rápido que pudo hacia el Norte. Ya encontraría un alojamiento para ella, y debería ahora encargarse de cuidarla un tiempo y conseguirle un hogar, pero estaría viva y en Sorbet, y no en manos de unos malhechores de una tierra tan lejana y desconocida.<br />
<br />
Esperaba que los disparos dieran más credibilidad a su historia, y también persuadieran a los miembros de la guerrilla de perseguir a los supuestos bandidos, pues sabiendo que estaban armados, quizá no querrían arriesgar sus vidas por una yegua. Después de todo, eran avariciosos, pero también bastante cobardes.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ellos nunca tuvieron el coraje de disparar por una causa noble.</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><div class='custom-spoiler'>
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                    <img src='https://i.imgur.com/r59v4OH.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Smith & Wyatt Modelo 31 .357</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
                </div>

                <div class='objeto_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
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                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>5 FUE | 5 DES | 10 PRE</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>10</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,1 DES | 0,4 PRE</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>15</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>1</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>999999999</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Se trata de un revolver de la marca S&W (Smith & Wyatt) de calibre .357 Magnum, siendo la única herencia que Wyatt recibió de aquél padre que nunca conoció. Es un revolver de seis alveólos y diseño compacto para su agarre y guardado, siendo el mango de madera pulida, aunque es de cañón largo. Ideal para la caza, siempre luce en un estado impecable dado el buen mantenimiento que se le da.</i>
                </p>
                <hr/>
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                    >
                        <span style='font-family:monospace;'><strong>smitandwyatt001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Gran mascota.<br />
Empatía animal.<br />
Animalista.<br />
Valor sentimental (Revolver S&W).<br />
Protector.<br />
Honesto.<br />
Generoso.<br />
Muletilla (Bingo).
				</div>
			</div>
				</div>
			</div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Entre sus pares, Wyatt siempre fue visto como un amante de la naturaleza. Y en particular de los equinos, con los cuáles parecía tener un vínculo fraterno muy especial, pues al llegar al establo, estos hasta agachaban la cabeza en señal de respeto. Desde sus 10 años, cuando montó un caballo por primera vez, jamás falló en domar a uno salvaje, y hasta los adultos más bravos cedían a su habilidad como jinete.<br />
<br />
Esto era bien sabido por su grupo, el cuál, desde muy pequeño, había confiado en él para la tarea de ser criador de caballos. O bueno, realmente los caballos lo habían elegido a él, pues abrazó la profesión desde muy temprano y se volvió todo un experto en estos joviales animales. Y es que no sólo proveía de ejemplares de lo más fuertes y rápidos para los jinetes de Sorbet Sur, sino que también aprendió mucho sobre medicina veterinaria, crianza de animales de carga, cuidado e higiene de los mismos, y hasta se adentró en el mundo de los caballos purasangre.<br />
<br />
Y es que la guerrilla en formación vio en el mercado de las carreras de caballo un negocio en ciernes, y Wyatt fue su punta de lanza para conseguir financiamiento por esa vía. Y bien exitoso que fue el Goldstar en ese ámbito: Timmy Tim, Roddy Rogers, Ms. Robinson, A/D/C, Boom Boom Horsey, y otra larga lista de equinos muy ganadores y reconocidos en las liguillas locales como auténticas estrellas de las carreras. Máquinas de hacer podio, y de dar lugar a grandes linajes de caballos. De hecho, Tocho Morocho, el caballo personal del rubio, era ni más ni menos que hijo de una yegua bastante exitosa en un circuito forestal de carreras de muy al sur de Sorbet, donde los campesinos apostaban lo que conseguían ahorrar con la venta de frutos exóticos.<br />
<br />
Ya habían pasado un largo tiempo desde que Wyatt había dejado su hogar para refugiarse en el norte de la isla, allí donde sus antiguos camaradas, que ahora eran para él una amenaza y su principal preocupación, no podían alcanzarlo con tanta facilidad. Él esperaba su momento de poder marcharse de Sorbet para hacer su propio camino, lejos de los problemas y la injusticia, para quizá así encontrar un noble propósito al que entregarse. Pero no podía hacerlo todavía, así que estaba esperando su oportunidad de oro.<br />
<br />
Lo que no esperaba era un llamado de Kenchi, el pequeño a quien había tomado como pupilo en el establo hacía unos años, y que ya tenía 15. El chico acudió a él en busca de ayuda, a través de mensajería postal. Era de las únicas personas de Sorbet Sur con quien conservaba un lazo, o al menos no había traicionado su confianza. Kenchi era noble, un tanto testarudo pero muy fiel, y sabía que las cosas en aquella pequeña organización no estaban muy bien. Wyatt le había encargado cuidar a los caballos, ya que él no podía quedarse, y se ofreció a prestarle una mano en cualquier situación de urgencia.<br />
<br />
El Goldstar no pensó que llegaría el día en que le pedirían ayuda y tuviese que volver. En una ansiosa carta manuscrita, su "chepibe" le explicaba que Miss Sarajevo, una de las yeguas a quien Wyatt había criado desde su nacimiento en el establo, había sido muy exitosa en el circuito de primavera pasado, y que, gracias a sus aptitudes, había levantado miradas de algunos pobladores de otras islas, donde las carreras de caballos eran más competitivas y el mercado era más amplio.<br />
<br />
El problema, es que no querían a Miss Sarajevo para correr, pues según estos hombres, sus años mozos estaban ya terminando, y no era una buena inversión. Lo que sí era negocio, era utilizar su linaje. Según ellos, en algún lugar de vaya-a-saber-uno-dónde, en el West Blue, un grupo de científicos estaban desarrollando equipos para clonar seres vivos, y la clonación de caballos era casi un hecho. Era un procedimiento muy experimental, y querían intentar experimentos con Miss Sarajevo, por lo que pagaban una jugosa cantidad de berries para llevársela. El único problema, claro, es que nunca regresaría, ni tendrían más noticias de su evolución, y que... bueno, no era una actividad muy legal. Era contrabando de un caballo, pues no tenían habilitación para ese tipo de actividades, y ciertamente parecía un grupo sospechoso. Kenchi ni siquiera estaba seguro de que no fueran estafadores, y Wyatt dudó por igual al leer la llamativa historia.<br />
<br />
El caso era que el grupo había decidido vender a Miss Sarajevo a estos tipos sin titubear, pues el ingreso era sin dudas una muy buena oportunidad, pero a Kenchi le parecía poco, y además bastante inmoral. Después de todo, era algo falto de ética, y el joven quería conservar a la yegua para seguir corriendo, además de porque la consideraba una de sus mejores ejemplares, y como a todos, le había agarrado un cariño particular. Era de su propiedad, de hecho, pues el rubio le había dejado todos los caballos a él como su guardián, pese a que antes pertenecieran en co-propiedad a la guerrilla.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 45 de Primavera, Año 17</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sorbet Sur, 0900 AM</span></div>
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Intenta no levantar la perdiz, amigo. Sé que el lugar te resulta familiar, pero sólo venimos de paso.</span></span> — comentó en un tono de voz bien sereno el jinete de rubia cabellera y gorro de estrellas, que flexionaba su torso hacia abajo para palmear a su oscuro corcel mientras llegaba al establo. Amarró detrás de este, junto a unos árboles, y caminó unos metros hasta rodear la caseta de madera que hacia de parte trasera del lugar.<br />
<br />
Wyatt recordaba perfectamente la rutina de sus compañeros, y Kenchi se había asegurado de decirle que nada había cambiado, así que bien seguro estaba de que era un tanto seguro estar allí a esas horas. Eso si ningún rezagado se chivaba de su presencia, claro. Se había asegurado de no ser visto ni seguido, y allí estaba, frente a su pequeño aprendiz —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Ey, espero no sea todo un desastre aquí. No veo este lugar desde que me fui.</span></span> — mencionó el Goldstar mientras se acercaba a Kenchi, y no pudo evitar sonreír al encontrarse con él y darle un abrazo.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">Wyatt, no tenemos mucho tiempo. ¡Amigo, te he echado de menos! Estoy seguro de que ellos pueden volver en cualquier momento, llegas justo el día indicado. Si no me equivoco, al mediodía vendrán estos tipos de... ¡NO SÉ NI DE DÓNDE SON!</span></span> — comenzó a exasperarse el joven de cabello negro ceniza. Colocando una mano en su hombro y sin perder los estribos, el rubio intentó serenarlo. Puso un dedo en sus propios labios y le pidió calma con la mano —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Escúchame, ya leí todo. Yo tampoco tengo ni puta idea de qué hay en el West Blue, pero dudo que las intenciones de estos tipos sean buenas. Después de todo, el trato es raro, y lo que ofrecen es una miseria para llevarse a uno de los nuestros.<br />
</span></span><br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Mira, no te meteré en líos, o no quiero hacerlo. ¿Dirás que asaltaron el establo? Creo que...</span></span> — dio un par de pasos en dirección al interior del recinto, y los caballos comenzaron a agachar la cabeza a su presencia. Pese a que habían pasado largos meses, todavía lo reconocían. ¿Sería su olor? ¿O su inconfundible voz? El caso es que él solo pudo chasquear la lengua y sonreír, orgulloso de la labor que había hecho durante toda su vida.<br />
Pero todo empezó a volverse caótico. Wyatt empezó a patear cajones, tirar abajo algunos postes y desordenar todo cuanto pudo —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">¡Ey, Wyatt! ¡¿Qué demonios haces?!</span></span> — Kenchi se apresuró a frenarlo, totalmente sorprendido. ¿Es que había enloquecido? ¿El norte había cambiado tanto a Wyatt?<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Piensa, Kenchi. ¿Qué dirán si los bandidos sólo se llevan a Miss Sarajevo y todo está impoluto? Nadie creerá esa estúpida historia, vamos. Dirás que ella escapó por el miedo, y así será un poco más convincente.</span></span> —. El pequeño respiró, y comenzó a ayudar al joven en su tarea. Pronto, pasaron los minutos y todo se veía bochornoso: un auténtico caos. El establo estaba puesto patas arriba, y lo único sin tocar eran los espacios personales de los animales. ¿De resto? Una miseria.<br />
<br />
El joven jinete exiliado sacó una bolsa de berries y la dejó en una mesilla, de lo poco que no volteó. Pese a que quería salvar a Miss Sarajevo, le costaría más de lo que ganaría, pues era más bien un favor. O bueno, el dinero volvería de alguna manera, porque la yegua seguiría ganando carreras y Kenchi le haría llegar alguna remesa por ello. Después de todo, seguía siendo su yegua, y el pelinegro, su amigo. Pero de mientras, ese dinero que dejó era para reponer provisiones y ordenar el establo una vez que concretaran su mentira de el "asalto".<br />
<br />
Pero se comenzó a escuchar sonido de caballos, antes de que siquiera el Goldstar pudiera relajarse y beber un café con su ex-compañero de trabajo. Ambos vieron en dirección al acceso principal —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">Deben ser ellos. Rápido, tu chica esta amarrada atrás, cerca de la arboleda que sale al camino embrujado.</span></span> — así era como solían llamar a la zona de árboles enredados que estaba cerca de su asentamiento, lugar que había recorrido Wyatt a caballo durante tantos años.<br />
Sin más, asintió y se dirigió corriendo a la parte trasera, donde encontró atada, muy mansa y omnipresente, la multi-campeona, la preciosa Miss Sarajevo, de pelaje marrón claro y patas blancas, brillante y ondeante al viento. Al rubio le brillaron los ojos, feliz de ver de nuevo a uno de sus animales —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Bingo, ahí estás, cariño.</span></span> — se acercó a ella, palmeándola cuando esta agachó la cabeza para recibirlo. Como todos, también respetaba y apreciaba mucho a Wyatt, y no lo había olvidado.<br />
<br />
Le quito las vueltas a la soga y la sacó de aquél establo, corriendo hacia la zona trasera. Una vez que se hubo montado de nuevo en Tocho Morocho, arriendo a la buena de Miss Sarajevo, Wyatt desenvainó su revolver S&W y, al oír el ruido de corceles que se había acercado ya hasta la finca, disparó dos veces al aire antes de echarse a correr, llevándose a la yegua del lugar. Reptó por los caminos y encrucijadas bastante laberínticos del "camino embrujado" hasta atravesar la arboleda, y luego echó a correr todo lo rápido que pudo hacia el Norte. Ya encontraría un alojamiento para ella, y debería ahora encargarse de cuidarla un tiempo y conseguirle un hogar, pero estaría viva y en Sorbet, y no en manos de unos malhechores de una tierra tan lejana y desconocida.<br />
<br />
Esperaba que los disparos dieran más credibilidad a su historia, y también persuadieran a los miembros de la guerrilla de perseguir a los supuestos bandidos, pues sabiendo que estaban armados, quizá no querrían arriesgar sus vidas por una yegua. Después de todo, eran avariciosos, pero también bastante cobardes.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ellos nunca tuvieron el coraje de disparar por una causa noble.</span></div>
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                    <img src='https://i.imgur.com/r59v4OH.png' alt='Imagen arma'/>
                    <strong><h2>Smith & Wyatt Modelo 31 .357</h2></strong>
                </span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='objeto_tipo'><strong>Creaciones propias</strong></div>
                    <div class='objeto_calidad'><strong>1</strong></div>
                    
                </div>

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                <div class='objeto_spoiler_content' style='display: none;'>
                        <p><strong>Requisitos: </strong>5 FUE | 5 DES | 10 PRE</p>
                        <p><strong>Resistencia: </strong>500</p>
                        <p><strong>Daño: </strong>10</p>
                        <p><strong>Escalado: </strong>0,1 DES | 0,4 PRE</p>
                        <p><strong>Alcance: </strong>15</p>
                        <p><strong>Unidades de peso: </strong>1</p>
                        <p><strong>Berries: </strong>999999999</p>
                </div>

                <p>
                    Descripción: <i>Se trata de un revolver de la marca S&W (Smith & Wyatt) de calibre .357 Magnum, siendo la única herencia que Wyatt recibió de aquél padre que nunca conoció. Es un revolver de seis alveólos y diseño compacto para su agarre y guardado, siendo el mango de madera pulida, aunque es de cañón largo. Ideal para la caza, siempre luce en un estado impecable dado el buen mantenimiento que se le da.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='objeto_code_container'>
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                        <span style='font-family:monospace;'><strong>smitandwyatt001</strong></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
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					Gran mascota.<br />
Empatía animal.<br />
Animalista.<br />
Valor sentimental (Revolver S&W).<br />
Protector.<br />
Honesto.<br />
Generoso.<br />
Muletilla (Bingo).
				</div>
			</div>
				</div>
			</div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[P.Relativo] Alcohol, Cigarros y Colmillos]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3242</link>
			<pubDate>Thu, 19 Feb 2026 14:47:49 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=720">Mizuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3242</guid>
			<description><![CDATA[Era uno de los primeros días del verano y también uno de los últimos días que Mizuki tendría que pasar en Sorbet, no era que fuera un lugar desagradable ni nada por el estilo, pero estaba algo ansiosa por su próxima asignación, así que la mujer tiburón decidió salir para despejarse aquel día en el sur de Sorbet, la zona menos agraciada del reino pero también el lugar donde había más de las cosas que le gustaban a la Gyojin, peleas, borrachos, pocos marines y muchas oportunidades de robarse algo simplemente por vicio. <br />
 <br />
Aquel día la mujer de escamas color ocre caminaba bajo la luz veraniega que acariciaba su cuerpo y el armamento con el que deambulaba, portaba una camisa negra de tirantes que si la dejaba seguramente llegaría hasta sus muslos, pero era detenida por un cinturón simple de cuero donde llevaba varias armas pequeñas cual forajida lista para los problemas, por debajo del mismo llevaba solo unos pantaloncillos cortos ajustados hasta la mitad del muslo y una falda algo más corta.<br />
 <br />
En ambas muñecas la mujer de ojos azules y cabello castaño claro portaba un par de grilletes pulidos y sin cadenas, recuerdos de su pasado esclavizada pero también una promesa de vivir con libertad y un futuro brillante <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Oh, eso parece interesante sha sha sha-</span></span> la mujer de ojos azules y esclerosas negras no pudo evitar reírse al ver una taberna con una pared medio derrumbada desde done el dueño del lugar había puesto un par de mesas y atendía también a la gente que se quedaba "fuera" del establecimiento. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Primo, deme un barril de cerveza para pasarlo bien y venga a cobrarlo.-</span></span> dijo mientras hacía señas al dueño del dañado establecimiento que se acercó a la mujer de más de dos metros con la fatiga de quien ya ha visto cosas mucho más interesantes en su vida <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Eh, si alguno quiere compartir una ronda conmigo yo invito a cambio de que esté listo para contarme algo interesante o que nos demos unos buenos madrazos.-</span></span> afirmo.<br />
 <br />
La joven con rasgos de tiburón tigre se sentó en uno taburete mientras el dueño traía la bebida solicitada que inmediatamente la mujer pagó sin miramientos <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Déjeme un par de jarras para los que se sumen a divertirse conmigo este día tan bonito.-</span></span> agregó felizmente dándole una propina al dueño del lugar, una propina generosa pues aunque algunos dirían que era una tontería Mizuki consideraba que ayudar a que los negocios locales, especialmente en las zonas más desplazadas, pudieran prosperar o repararse era una buena causa en la que podía colaborar mientras lo pasaba bien.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era uno de los primeros días del verano y también uno de los últimos días que Mizuki tendría que pasar en Sorbet, no era que fuera un lugar desagradable ni nada por el estilo, pero estaba algo ansiosa por su próxima asignación, así que la mujer tiburón decidió salir para despejarse aquel día en el sur de Sorbet, la zona menos agraciada del reino pero también el lugar donde había más de las cosas que le gustaban a la Gyojin, peleas, borrachos, pocos marines y muchas oportunidades de robarse algo simplemente por vicio. <br />
 <br />
Aquel día la mujer de escamas color ocre caminaba bajo la luz veraniega que acariciaba su cuerpo y el armamento con el que deambulaba, portaba una camisa negra de tirantes que si la dejaba seguramente llegaría hasta sus muslos, pero era detenida por un cinturón simple de cuero donde llevaba varias armas pequeñas cual forajida lista para los problemas, por debajo del mismo llevaba solo unos pantaloncillos cortos ajustados hasta la mitad del muslo y una falda algo más corta.<br />
 <br />
En ambas muñecas la mujer de ojos azules y cabello castaño claro portaba un par de grilletes pulidos y sin cadenas, recuerdos de su pasado esclavizada pero también una promesa de vivir con libertad y un futuro brillante <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Oh, eso parece interesante sha sha sha-</span></span> la mujer de ojos azules y esclerosas negras no pudo evitar reírse al ver una taberna con una pared medio derrumbada desde done el dueño del lugar había puesto un par de mesas y atendía también a la gente que se quedaba "fuera" del establecimiento. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Primo, deme un barril de cerveza para pasarlo bien y venga a cobrarlo.-</span></span> dijo mientras hacía señas al dueño del dañado establecimiento que se acercó a la mujer de más de dos metros con la fatiga de quien ya ha visto cosas mucho más interesantes en su vida <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-¡Eh, si alguno quiere compartir una ronda conmigo yo invito a cambio de que esté listo para contarme algo interesante o que nos demos unos buenos madrazos.-</span></span> afirmo.<br />
 <br />
La joven con rasgos de tiburón tigre se sentó en uno taburete mientras el dueño traía la bebida solicitada que inmediatamente la mujer pagó sin miramientos <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: purple;" class="mycode_color">-Déjeme un par de jarras para los que se sumen a divertirse conmigo este día tan bonito.-</span></span> agregó felizmente dándole una propina al dueño del lugar, una propina generosa pues aunque algunos dirían que era una tontería Mizuki consideraba que ayudar a que los negocios locales, especialmente en las zonas más desplazadas, pudieran prosperar o repararse era una buena causa en la que podía colaborar mientras lo pasaba bien.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[ P.A| Aventura T3 ] Una historia sin importancia]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3208</link>
			<pubDate>Fri, 13 Feb 2026 17:39:56 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=589">Ryota Miyamoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3208</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Introduccion</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> Esta historia es una trama de anarquía, un grito desesperado que exalta las proezas de aquellos que no son escuchados; un impulso vehemente por hacer visible aquello que realmente vale la pena. Y los protagonistas son ustedes. Disfrutad, amigos míos, del mundo que se abre ante sus ojos y, sin importar las irregularidades, los problemas, las injusticias, los defectos o los infortunios que agobian sus pensamientos sobre dónde se encuentran, sed felices al encontrar aquí en este tema un lugar donde serán escuchados. <br />
<br />
Esta es una historia de randoms, de aparecidos, de don nadies, de la gente sin peso, de personajes de los blues… gocen y pásenlo bien.</span><br />

				</div>
			</div><br />
<a href="https://www.youtube.com/watch?v=mbMcv2c2ApI" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Ost</a><br />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/QOEZ9v2.jpeg" width="500"></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">88 de primavera – Año 17</span><br />
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">11:00AM – Mañana – Soleado</span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
La pequeña comuna Wasurerareru ubicada en el sur de Sorbet era como todas las demás de aquel sector. Una aldea empobrecida, que día a día veía lo positivo pese  a sus horribles gobernantes. Diario, sus habitantes se levantaban a tempranas horas de la mañana, solo para disfrutar lo poco que podían en una existencia tan oprimida que, si se detenían a pensar en ella, sentían que no podían hacer absolutamente nada con sus vidas. Sin embargo, lejos de llorar, se aferraban a la esperanza de que algún día sus situaciones pudieran cambiar y por eso, lo daban todo cada día. <br />
<br />
La ingenuidad más pura que todo ser humano llevaba en su corazón, más era la energía suficiente para que sus sueños se mantuvieran vigentes.<br />
<br />
Y como de sueños va la cosa, nos trasladamos al lugar en donde inicia esta historia. La cantina Ruffus, una pequeña, envejecida y agujereada cantina, con mesas de madera gastada, sillas viejas, copas de piedra y el mejor vino de uva de toda la isla.  <br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/JvzwTHY.jpeg" width="400"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">“¡Star! ¡Ya te dije que no molestes a los clientes!”</span></span></div>
<br />
Exclamó la alegre cantinera, que revoloteaba de un lado a otro por el lugar, llevando bebidas tanto a los clientes que buscaban escapar de sus problemas a través del alcohol, como a aquellos que, tras escuchar sobre la especialidad de la casa, habían llegado hasta allí para probarla.<br />
<br />
Entre este pequeño y reducido número de la población, se encontraban Runin Kitay y Barald Kane, dos miembros de una tripulación pirata bastante nueva con un horrible capitán. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“No los molesto maaaamá, solo les estoy hablando sobre la leyenda de Ruffus…”</span></span> <a href="https://i.imgur.com/wbYtXhq.jpeg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Contestó una pequeña de cabellos sonrosados (click aqui para verla)</a>. La cual, de forma descarada, se sentó  en la misma mesa en donde los dos piratas se encontraban degustando el vino más delicioso que hubieran probado en la isla. Su consistencia era suave, dulce y profunda, como si las uvas marcaran el camino de sus gargantas y dejaran una sensación agradable en su paladar. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¡Ruffus era el tesoro de mi tatarabuelo! ¡en su diario decía que no había mejor compañero y que jamás había perdido una sola pelea con el de su lado! ¡decía que uno solo de sus dientes te daba suerte para diez vidas! ¡una criatura que seguramente solo han escuchado en leyendas!”</span></span> Exclamaba emocionada, estirando las manos a los costados, ignorando, claro, las miradas acusatorias de su madre desde lejos para que dejara de molestar a los clientes. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Les contare un secreto.”</span></span> Menciono cubriendo su boca con la diestra después de ver sobre sus hombros que nadie los estuviera espiando. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Ruffus es el nombre de un dragón y mi ancestro fue el último domador de dragones”</span></span>. Al término de sus palabras una sonrisa iluminó el rostro mientras ella se levantaba sobre su asiento.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¡Y yo seré la próxima domadora de dragones! ¡Recuerden mi nombre porque seré la más famosa del mundo Shioshioshioshio! ¡Star Rivel la ama de dragones!”</span></span> Reía para sí misma con la confianza de quien cree decir la verdad. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">“Niña, por Dios…”</span> </span>La voz de su madre resonó detrás de ella, interrumpiendo sus carcajadas y luego la pequeña de no más de 6 años, fue tomada por debajo de sus axilas para bajarla de la silla donde se había levantado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">“Por favor, discúlpenla, desde que su padre murió no hace más que leer los libros que dejó, seguramente es algún libro de fantasía.”</span></span> Expreso con la dulzura de quien espera no incomodar a quienes tan amablemente dejaban dinero en sus arcas. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¡Claro que no! ¡La historia de Ruffus es real! ¡mi padre lo sabía! ¡y por eso me dejó el último diente de un dragón!”</span></span> Contesto ofuscada, sacando de los agujereados bolsillos de su vestido una piedra. Sí, una piedra con la forma de un colmillo, la cual puso sobre la mesa. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Ven? Un foking diente de dragón.”</span></span> <br />
<br />
La cantinera suspiro cubriendo el rostro con la derecha en una expresión de bochorno, pues ya sabía lo que estaba por ocurrir. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Y podría ser suyo por solo 100 mil berrys, Shioshioshioshio”</span></span> Reía descaradamente, como quien no sabe aún estafar a otros.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color"> “Seguro que en el norte la podrán vender por un millón de berrys  Shioshioshioshio”</span></span> Continuó riéndose de forma exagerada, al igual que un joven inocente que no puede sostener una mentira sin ser descubierto. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">“Disculpen, les daré otra botella de vino en compensación…”</span></span> La madre agachó la cabeza frente a los piratas. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Que? No, claro que no, ¡ellos tienen que darnos dinero, no al revés!”</span></span> Se molestó, viendo a su madre volver a la barra, para servir otros tragos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Chss… ¿entonces? ¿me compran la piedra o qué?”</span></span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Off Rol</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Bienvenidos a esta aventura t3, saben que por ser de la misma banda seré más severo, así que prepárense para reír, llorar y sufrir. <br />
<br />
En este primer turno son libres de describir cómo llegaron a la comuna y cada una de sus acciones repercutirá en el transcurso de la historia.<br />
<br />
Los NPC que narre con importancia tendrán un medidor de agrado del 1 al 6, el cual les permitirá desbloquear datos de interés vitalicio para la trama, así como ganarse su ayuda de necesitarla. <br />
<br />
Actualmente ustedes comienzan de la siguiente manera:<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Star – </span><br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Runin:</span> 1<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Barald:</span> 0 <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cantinera – </span><br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Runin:</span> 1 <br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Barald:</span> 0 <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(Lamentablemente Barald no cuenta no ningún Karma social dajskldasd así que F.)</span><br />
<br />
La cantina es una cantina promedio, 5 meses en una pequeña área rodeando la barra. Se sirve cerveza, alcohol y comida, porciones pequeñas y en vasija ornamental. Es una casa de dos pisos, cercana al Paseo de Roca que se ve en la imagen del inicio.  Son libres de describir más del entorno a su gusto o incluso, de la comuna, quien sabe, aprovechen para cuando inicie el belico. 
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Introduccion</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> Esta historia es una trama de anarquía, un grito desesperado que exalta las proezas de aquellos que no son escuchados; un impulso vehemente por hacer visible aquello que realmente vale la pena. Y los protagonistas son ustedes. Disfrutad, amigos míos, del mundo que se abre ante sus ojos y, sin importar las irregularidades, los problemas, las injusticias, los defectos o los infortunios que agobian sus pensamientos sobre dónde se encuentran, sed felices al encontrar aquí en este tema un lugar donde serán escuchados. <br />
<br />
Esta es una historia de randoms, de aparecidos, de don nadies, de la gente sin peso, de personajes de los blues… gocen y pásenlo bien.</span><br />

				</div>
			</div><br />
<a href="https://www.youtube.com/watch?v=mbMcv2c2ApI" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Ost</a><br />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/QOEZ9v2.jpeg" width="500"></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">88 de primavera – Año 17</span><br />
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">11:00AM – Mañana – Soleado</span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
La pequeña comuna Wasurerareru ubicada en el sur de Sorbet era como todas las demás de aquel sector. Una aldea empobrecida, que día a día veía lo positivo pese  a sus horribles gobernantes. Diario, sus habitantes se levantaban a tempranas horas de la mañana, solo para disfrutar lo poco que podían en una existencia tan oprimida que, si se detenían a pensar en ella, sentían que no podían hacer absolutamente nada con sus vidas. Sin embargo, lejos de llorar, se aferraban a la esperanza de que algún día sus situaciones pudieran cambiar y por eso, lo daban todo cada día. <br />
<br />
La ingenuidad más pura que todo ser humano llevaba en su corazón, más era la energía suficiente para que sus sueños se mantuvieran vigentes.<br />
<br />
Y como de sueños va la cosa, nos trasladamos al lugar en donde inicia esta historia. La cantina Ruffus, una pequeña, envejecida y agujereada cantina, con mesas de madera gastada, sillas viejas, copas de piedra y el mejor vino de uva de toda la isla.  <br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/JvzwTHY.jpeg" width="400"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">“¡Star! ¡Ya te dije que no molestes a los clientes!”</span></span></div>
<br />
Exclamó la alegre cantinera, que revoloteaba de un lado a otro por el lugar, llevando bebidas tanto a los clientes que buscaban escapar de sus problemas a través del alcohol, como a aquellos que, tras escuchar sobre la especialidad de la casa, habían llegado hasta allí para probarla.<br />
<br />
Entre este pequeño y reducido número de la población, se encontraban Runin Kitay y Barald Kane, dos miembros de una tripulación pirata bastante nueva con un horrible capitán. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“No los molesto maaaamá, solo les estoy hablando sobre la leyenda de Ruffus…”</span></span> <a href="https://i.imgur.com/wbYtXhq.jpeg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Contestó una pequeña de cabellos sonrosados (click aqui para verla)</a>. La cual, de forma descarada, se sentó  en la misma mesa en donde los dos piratas se encontraban degustando el vino más delicioso que hubieran probado en la isla. Su consistencia era suave, dulce y profunda, como si las uvas marcaran el camino de sus gargantas y dejaran una sensación agradable en su paladar. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¡Ruffus era el tesoro de mi tatarabuelo! ¡en su diario decía que no había mejor compañero y que jamás había perdido una sola pelea con el de su lado! ¡decía que uno solo de sus dientes te daba suerte para diez vidas! ¡una criatura que seguramente solo han escuchado en leyendas!”</span></span> Exclamaba emocionada, estirando las manos a los costados, ignorando, claro, las miradas acusatorias de su madre desde lejos para que dejara de molestar a los clientes. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Les contare un secreto.”</span></span> Menciono cubriendo su boca con la diestra después de ver sobre sus hombros que nadie los estuviera espiando. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Ruffus es el nombre de un dragón y mi ancestro fue el último domador de dragones”</span></span>. Al término de sus palabras una sonrisa iluminó el rostro mientras ella se levantaba sobre su asiento.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¡Y yo seré la próxima domadora de dragones! ¡Recuerden mi nombre porque seré la más famosa del mundo Shioshioshioshio! ¡Star Rivel la ama de dragones!”</span></span> Reía para sí misma con la confianza de quien cree decir la verdad. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">“Niña, por Dios…”</span> </span>La voz de su madre resonó detrás de ella, interrumpiendo sus carcajadas y luego la pequeña de no más de 6 años, fue tomada por debajo de sus axilas para bajarla de la silla donde se había levantado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">“Por favor, discúlpenla, desde que su padre murió no hace más que leer los libros que dejó, seguramente es algún libro de fantasía.”</span></span> Expreso con la dulzura de quien espera no incomodar a quienes tan amablemente dejaban dinero en sus arcas. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¡Claro que no! ¡La historia de Ruffus es real! ¡mi padre lo sabía! ¡y por eso me dejó el último diente de un dragón!”</span></span> Contesto ofuscada, sacando de los agujereados bolsillos de su vestido una piedra. Sí, una piedra con la forma de un colmillo, la cual puso sobre la mesa. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Ven? Un foking diente de dragón.”</span></span> <br />
<br />
La cantinera suspiro cubriendo el rostro con la derecha en una expresión de bochorno, pues ya sabía lo que estaba por ocurrir. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Y podría ser suyo por solo 100 mil berrys, Shioshioshioshio”</span></span> Reía descaradamente, como quien no sabe aún estafar a otros.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color"> “Seguro que en el norte la podrán vender por un millón de berrys  Shioshioshioshio”</span></span> Continuó riéndose de forma exagerada, al igual que un joven inocente que no puede sostener una mentira sin ser descubierto. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">“Disculpen, les daré otra botella de vino en compensación…”</span></span> La madre agachó la cabeza frente a los piratas. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“¿Que? No, claro que no, ¡ellos tienen que darnos dinero, no al revés!”</span></span> Se molestó, viendo a su madre volver a la barra, para servir otros tragos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #F012BE;" class="mycode_color">“Chss… ¿entonces? ¿me compran la piedra o qué?”</span></span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>Off Rol</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Bienvenidos a esta aventura t3, saben que por ser de la misma banda seré más severo, así que prepárense para reír, llorar y sufrir. <br />
<br />
En este primer turno son libres de describir cómo llegaron a la comuna y cada una de sus acciones repercutirá en el transcurso de la historia.<br />
<br />
Los NPC que narre con importancia tendrán un medidor de agrado del 1 al 6, el cual les permitirá desbloquear datos de interés vitalicio para la trama, así como ganarse su ayuda de necesitarla. <br />
<br />
Actualmente ustedes comienzan de la siguiente manera:<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Star – </span><br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Runin:</span> 1<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Barald:</span> 0 <br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cantinera – </span><br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Runin:</span> 1 <br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Barald:</span> 0 <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(Lamentablemente Barald no cuenta no ningún Karma social dajskldasd así que F.)</span><br />
<br />
La cantina es una cantina promedio, 5 meses en una pequeña área rodeando la barra. Se sirve cerveza, alcohol y comida, porciones pequeñas y en vasija ornamental. Es una casa de dos pisos, cercana al Paseo de Roca que se ve en la imagen del inicio.  Son libres de describir más del entorno a su gusto o incluso, de la comuna, quien sabe, aprovechen para cuando inicie el belico. 
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Las cronicas de Mizuki Pt.1 [Autonarración Tier 1]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3202</link>
			<pubDate>Fri, 13 Feb 2026 09:53:08 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=720">Mizuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3202</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 88 de Primavera, Año 17 . Localización: Sur del Reino Sorbet.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">[u]<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Posada "Almohada borracha" en la región Sur del Reino Sorbet.</span></span>[/u]</div>
<br />
Era una noche de primavera, una figura recogía sus cosas preparándose para dar fin a su estadía en aquella isla donde había pasado más tiempo del que hubiera deseado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-A veces esto de llevar una doble vida es realmente intenso, tiene sus ventajas e inconvenientes como todo en la vida, pero que los jefes me enviaran aquí a hacer recados durante tanto tiempo fue un tedio.-</span></span> pensó la gran figura que se encontraba entre las sombras de una habitación iluminada únicamente por una vela en una mesita de noche. <br />
 <br />
Un estuche para algún instrumento como un contrabajo de alrededor de dos metros de altura, el instrumento era solo una fachada para el fondo hueco y los compartimentos ocultos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Gracias querida armada Revolucionaria por ayudarme a conseguir una forma de llevar con disimulo mi disfraz a todas partes.-</span></span> pensó mientras guardaba una máscara de madera dentro de un compartimiento oculto, estuches con tintes y maquillaje así como otro implementos de disfraz.<br />
 <br />
En el fondo oculto del contrabajo la figura cubierta por las sombras comenzó a guardar metódicamente cada una de sus armas y herramientas que pudieran identificarla como "El Lagarto", la identidad alternativa que utilizaba para cometer sus crímenes personales y los que hacía a pedido del ejército revolucionario. Por un momento la mujer miró sus manos, eran las grandes manos de una gyojin, su gran boca se extendió en una sonrisa dentada mientras recordaba la adrenalina del último asalto que "El lagarto" había realizado. <br />
 <br />
El simple hecho de rememorar aquel combate la hacía sentirse viva, sin embargo no era lo único que recordaba, en sus muñecas llevaba ahora convertidos en accesorios los que anteriormente fueran sus últimos grilletes como esclava, eran un recordatorio más bien físico para que constantemente pudiera volver a ver aquello por lo que había pasado y sobrevivido, una memoria que en momentos de necesidad podía ayudarla a regresar a la realidad en lugar de dejarse llevar por los impulsos del momento.<br />
 <br />
Con una vez que los objetos que ocultarían su identidad ya estuvieron guardados de forma segura para evitar la posibilidad de que la asociaran con "El Lagarto", la mujer dejo salir un suspiro profundo antes de cerrar el estuche de contrabajo y empezar a guardar sus cosas en la mochila de forma más enérgica y despreocupada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Listo, con eso fuera de la agenda ya puedo dedicar los últimos días que me quedan en esta posada a ser una buena viajera.-</span></span> Pensó mientras sus músculos se relajaban. <br />
 <br />
Habiendo guardado todos los objetos importantes y de los que debía tener cuidado la joven de tan solo veinticinco años, una vez que terminó de empacar la mayor parte de las cosas dejando en la parte de arriba de la mochila, listas para ser usadas aquellas cosas durante los últimos días de estadía en Sorbet. Con eso listo la joven gyojin se sentó en la cama junto a la mesa ratona que tenía la vela que servía como única fuente de luz en aquel lugar durante aquellas horas de la noche.<br />
 <br />
La luz de la vela iluminaba con calidez la piel de Mizuki, un tono entre amarillo y marrón claro característico de los tiburones tigre, buena parte de su espalda, hombros, piernas y cola estaban cubiertos con aquellas marcas  que al resto de la gente podrían recordarle al tiburón tigre o al mamífero del cual se inspira su nombre, era también un recordatorio del hogar donde no había estado ya hacia casi una década cuando fuera convertida en esclava por culpa de su propia imprudencia. <br />
 <br />
Los ojos de esclerosa negra y pupilas azules se posaron en el libro que tenía junto a la vela que iluminaba el lugar, no era una erudita ni una amante de los estudios, pero durante su rutina como una buena ciudadana tenía que entretenerse de alguna forma cuando estaba sola y a esas horas no podía practicar con el contrabajo, podría hacer  ejercicio pero prefería usar las horas que le quedaban bajo la luz de la vela para aprender sobre la siguiente isla que sería el objetivo de su viaje, la Isla de Baterilla donde estaría de paso.<br />
 <br />
El silencio en la habitación era denso, solo interrumpido por el chisporroteo ocasional de la mecha consumiéndose y el suave siseo de la respiración de la gyojin. Mizuki pasó la yema de sus dedos por el lomo del libro, sintiendo la textura del cuero desgastado, mientras su mente, siempre un paso por delante de sus movimientos, comenzaba a procesar la logística del inminente traslado. Aunque su postura denotaba una relajación aparente tras el cierre del estuche del contrabajo, había una rigidez residual en sus hombros, una tensión muscular que no respondía al cansancio físico, sino a la naturaleza del próximo destino.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">—Baterilla... de todos los lugares posibles en el South Blue, tenía que ser precisamente ese nido de gaviotas.—</span></span> El pensamiento cruzó su mente con un matiz de amargura que ni siquiera la calidez de la vela lograba suavizar. Para alguien que operaba en las fisuras de la legalidad bajo la piel de "El Lagarto", la idea de aproximarse voluntariamente a una de las bases más activas de la Marina era, en el mejor de los casos, un ejercicio de audacia innecesaria.<br />
 <br />
Abrió el libro por la página marcada, dejando que la luz amarillenta revelara los detalles técnicos de la pequeña isla tropical. Según los mapas, Baterilla no era más que un fragmento de tierra de reducidas dimensiones que lograba albergar, de forma casi contradictoria, las cuatro estaciones convencionales bajo una atmósfera predominantemente tropical. Mizuki leyó sobre el pueblo de Baquella; una humilde comunidad costera que subsistía gracias a la pesca. Las ilustraciones mostraban edificios de paredes blancas y tejados naranjas, una estética uniforme que a sus ojos resultaba monótona, casi sospechosa en su pulcritud.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">—Paredes blancas y tejados naranjas... parece el escenario perfecto para que cualquier movimiento fuera de lo común destaque como una mancha de sangre en la nieve.—</span></span> Pensó con fastidio. Sus dedos recorrieron la descripción del Faro de Baquella, un símbolo de esperanza para los pescadores locales, y luego se detuvieron en la mención del volcán inactivo de 2000 metros de altura que dominaba el centro de la isla, rodeado de palmeras. Un gigante dormido que, a diferencia de ella, llevaba siglos sin causar problemas.<br />
 <br />
Sin embargo, lo que realmente tensó su mandíbula fue el dato sobre la afiliación y el desarrollo económico del lugar. Baterilla no era solo un puesto pesquero; era el hogar de una sede del Banco de Goldreich, un complejo que empleaba a más de 3350 trabajadores. Aquella mole de finanzas en una isla tan pequeña era una señal clara de por qué la Marina se empeñaba tanto en custodiarla. Donde había bancos de ese calibre, había intereses que proteger, y donde había intereses de Goldreich, la justicia solía ser más ciega de lo habitual para con los poderosos y más despiadada con los "intrusos".<br />
 <br />
Mizuki se recostó levemente contra el cabezal de la cama, dejando que su cola se acomodara en el espacio reducido. La eficiencia teórica de la Marina en la isla era algo que conocía bien; una vigilancia que se pretendía absoluta. Para ella, esa estructura no representaba orden, sino una arquitectura de opresión que le recordaba demasiado a los días en que el metal de sus muñecas no era un accesorio estético.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">—Estar rodeada de uniformes blancos y burócratas bancarios durante días... es como nadar en aguas demasiado poco profundas.—</span></span> Un gruñido sordo escapó de su garganta. Sabía que cada gesto, cada nota que hiciera vibrar en su fachada de contrabajista, tendría que ser medida para no despertar el letargo de los guardias que, aunque a menudo sumidos en la autocomplacencia, poseían un instinto animal para detectar lo que no encajaba en su paisaje cotidiano.<br />
 <br />
Cerró el libro con un golpe seco, apagando la vela de un soplo. En la oscuridad, la imagen de Baquella y su gran volcán inactivo permanecieron grabadas en su mente. Odiaba la isla, odiaba la base y, sobre todo, odiaba la vigilancia impuesta por Goldreich, pero si algo había aprendido, es que incluso en las aguas más vigiladas, siempre había una corriente profunda por la que una depredadora paciente podía deslizarse.<br />
 <br />
La luz de la vela comenzó a mermar, no sabía exactamente cuántas horas había pasado leyendo sobre Baterilla, sus lugares turísticos, su buena gente y lo que se podía encontrar en un libro como aquel, todo conocimiento bastante accesible y público, las aletas que sobresalían de sus codos se apoyaron en la cama mientras ella se acomodaba en la misma antes de extinguir la vela. La joven de ojos azules cerró los mismos y apoyó su cabeza en la almohada mientras exhalaba con irritación, demasiado tiempo estudiando la había dejado con un principió de dolor de cabeza aunque tal vez fuera algo auto inducido para simplemente dejar de pensar en su próxima localización, con suerte no pasaría demasiado tiempo allí, pero debía realizar algún deber allí antes de poder marcharse, con suerte su próximo objetivo sería algún lugar que le trajera menos dolores de cabeza y donde pudiera moverse más libremente.<br />
 <br />
La joven desarmó la cola de caballo en la que habitualmente llevaba su rubio cabello y empezó a alistarse para dormir, la cama era pequeña y sus pies caían fuera de la misma, pero estaba acostumbrada a aquella clase de cosa, después de todo mientras habitara lugares hechos para humanos era normal que todo estuviera construido para gente de tamaños más convencionales. Los humanos que fueran igual de grandes que ella o más grandes, pues los había visto de proporciones descomunales, probablemente tuvieran que mandarse a hacer camas a la medida de forma individual, un lujo que ella no podría darse a menos de que tuviera algún lugar fijo donde dormir y pasar tiempo libre. Al recordar la idea del tiempo libre la joven recordó que aún tenía entre sus asuntos pendientes ir a visitar la famosa Isla Karate, lamentablemente para ella, eso tendría que esperar hasta que cubriera una cierta cuota de trabajo para la armada revolucionaria.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 88 de Primavera, Año 17 . Localización: Sur del Reino Sorbet.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">[u]<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Posada "Almohada borracha" en la región Sur del Reino Sorbet.</span></span>[/u]</div>
<br />
Era una noche de primavera, una figura recogía sus cosas preparándose para dar fin a su estadía en aquella isla donde había pasado más tiempo del que hubiera deseado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-A veces esto de llevar una doble vida es realmente intenso, tiene sus ventajas e inconvenientes como todo en la vida, pero que los jefes me enviaran aquí a hacer recados durante tanto tiempo fue un tedio.-</span></span> pensó la gran figura que se encontraba entre las sombras de una habitación iluminada únicamente por una vela en una mesita de noche. <br />
 <br />
Un estuche para algún instrumento como un contrabajo de alrededor de dos metros de altura, el instrumento era solo una fachada para el fondo hueco y los compartimentos ocultos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Gracias querida armada Revolucionaria por ayudarme a conseguir una forma de llevar con disimulo mi disfraz a todas partes.-</span></span> pensó mientras guardaba una máscara de madera dentro de un compartimiento oculto, estuches con tintes y maquillaje así como otro implementos de disfraz.<br />
 <br />
En el fondo oculto del contrabajo la figura cubierta por las sombras comenzó a guardar metódicamente cada una de sus armas y herramientas que pudieran identificarla como "El Lagarto", la identidad alternativa que utilizaba para cometer sus crímenes personales y los que hacía a pedido del ejército revolucionario. Por un momento la mujer miró sus manos, eran las grandes manos de una gyojin, su gran boca se extendió en una sonrisa dentada mientras recordaba la adrenalina del último asalto que "El lagarto" había realizado. <br />
 <br />
El simple hecho de rememorar aquel combate la hacía sentirse viva, sin embargo no era lo único que recordaba, en sus muñecas llevaba ahora convertidos en accesorios los que anteriormente fueran sus últimos grilletes como esclava, eran un recordatorio más bien físico para que constantemente pudiera volver a ver aquello por lo que había pasado y sobrevivido, una memoria que en momentos de necesidad podía ayudarla a regresar a la realidad en lugar de dejarse llevar por los impulsos del momento.<br />
 <br />
Con una vez que los objetos que ocultarían su identidad ya estuvieron guardados de forma segura para evitar la posibilidad de que la asociaran con "El Lagarto", la mujer dejo salir un suspiro profundo antes de cerrar el estuche de contrabajo y empezar a guardar sus cosas en la mochila de forma más enérgica y despreocupada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">-Listo, con eso fuera de la agenda ya puedo dedicar los últimos días que me quedan en esta posada a ser una buena viajera.-</span></span> Pensó mientras sus músculos se relajaban. <br />
 <br />
Habiendo guardado todos los objetos importantes y de los que debía tener cuidado la joven de tan solo veinticinco años, una vez que terminó de empacar la mayor parte de las cosas dejando en la parte de arriba de la mochila, listas para ser usadas aquellas cosas durante los últimos días de estadía en Sorbet. Con eso listo la joven gyojin se sentó en la cama junto a la mesa ratona que tenía la vela que servía como única fuente de luz en aquel lugar durante aquellas horas de la noche.<br />
 <br />
La luz de la vela iluminaba con calidez la piel de Mizuki, un tono entre amarillo y marrón claro característico de los tiburones tigre, buena parte de su espalda, hombros, piernas y cola estaban cubiertos con aquellas marcas  que al resto de la gente podrían recordarle al tiburón tigre o al mamífero del cual se inspira su nombre, era también un recordatorio del hogar donde no había estado ya hacia casi una década cuando fuera convertida en esclava por culpa de su propia imprudencia. <br />
 <br />
Los ojos de esclerosa negra y pupilas azules se posaron en el libro que tenía junto a la vela que iluminaba el lugar, no era una erudita ni una amante de los estudios, pero durante su rutina como una buena ciudadana tenía que entretenerse de alguna forma cuando estaba sola y a esas horas no podía practicar con el contrabajo, podría hacer  ejercicio pero prefería usar las horas que le quedaban bajo la luz de la vela para aprender sobre la siguiente isla que sería el objetivo de su viaje, la Isla de Baterilla donde estaría de paso.<br />
 <br />
El silencio en la habitación era denso, solo interrumpido por el chisporroteo ocasional de la mecha consumiéndose y el suave siseo de la respiración de la gyojin. Mizuki pasó la yema de sus dedos por el lomo del libro, sintiendo la textura del cuero desgastado, mientras su mente, siempre un paso por delante de sus movimientos, comenzaba a procesar la logística del inminente traslado. Aunque su postura denotaba una relajación aparente tras el cierre del estuche del contrabajo, había una rigidez residual en sus hombros, una tensión muscular que no respondía al cansancio físico, sino a la naturaleza del próximo destino.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">—Baterilla... de todos los lugares posibles en el South Blue, tenía que ser precisamente ese nido de gaviotas.—</span></span> El pensamiento cruzó su mente con un matiz de amargura que ni siquiera la calidez de la vela lograba suavizar. Para alguien que operaba en las fisuras de la legalidad bajo la piel de "El Lagarto", la idea de aproximarse voluntariamente a una de las bases más activas de la Marina era, en el mejor de los casos, un ejercicio de audacia innecesaria.<br />
 <br />
Abrió el libro por la página marcada, dejando que la luz amarillenta revelara los detalles técnicos de la pequeña isla tropical. Según los mapas, Baterilla no era más que un fragmento de tierra de reducidas dimensiones que lograba albergar, de forma casi contradictoria, las cuatro estaciones convencionales bajo una atmósfera predominantemente tropical. Mizuki leyó sobre el pueblo de Baquella; una humilde comunidad costera que subsistía gracias a la pesca. Las ilustraciones mostraban edificios de paredes blancas y tejados naranjas, una estética uniforme que a sus ojos resultaba monótona, casi sospechosa en su pulcritud.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">—Paredes blancas y tejados naranjas... parece el escenario perfecto para que cualquier movimiento fuera de lo común destaque como una mancha de sangre en la nieve.—</span></span> Pensó con fastidio. Sus dedos recorrieron la descripción del Faro de Baquella, un símbolo de esperanza para los pescadores locales, y luego se detuvieron en la mención del volcán inactivo de 2000 metros de altura que dominaba el centro de la isla, rodeado de palmeras. Un gigante dormido que, a diferencia de ella, llevaba siglos sin causar problemas.<br />
 <br />
Sin embargo, lo que realmente tensó su mandíbula fue el dato sobre la afiliación y el desarrollo económico del lugar. Baterilla no era solo un puesto pesquero; era el hogar de una sede del Banco de Goldreich, un complejo que empleaba a más de 3350 trabajadores. Aquella mole de finanzas en una isla tan pequeña era una señal clara de por qué la Marina se empeñaba tanto en custodiarla. Donde había bancos de ese calibre, había intereses que proteger, y donde había intereses de Goldreich, la justicia solía ser más ciega de lo habitual para con los poderosos y más despiadada con los "intrusos".<br />
 <br />
Mizuki se recostó levemente contra el cabezal de la cama, dejando que su cola se acomodara en el espacio reducido. La eficiencia teórica de la Marina en la isla era algo que conocía bien; una vigilancia que se pretendía absoluta. Para ella, esa estructura no representaba orden, sino una arquitectura de opresión que le recordaba demasiado a los días en que el metal de sus muñecas no era un accesorio estético.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #38A0C2;" class="mycode_color">—Estar rodeada de uniformes blancos y burócratas bancarios durante días... es como nadar en aguas demasiado poco profundas.—</span></span> Un gruñido sordo escapó de su garganta. Sabía que cada gesto, cada nota que hiciera vibrar en su fachada de contrabajista, tendría que ser medida para no despertar el letargo de los guardias que, aunque a menudo sumidos en la autocomplacencia, poseían un instinto animal para detectar lo que no encajaba en su paisaje cotidiano.<br />
 <br />
Cerró el libro con un golpe seco, apagando la vela de un soplo. En la oscuridad, la imagen de Baquella y su gran volcán inactivo permanecieron grabadas en su mente. Odiaba la isla, odiaba la base y, sobre todo, odiaba la vigilancia impuesta por Goldreich, pero si algo había aprendido, es que incluso en las aguas más vigiladas, siempre había una corriente profunda por la que una depredadora paciente podía deslizarse.<br />
 <br />
La luz de la vela comenzó a mermar, no sabía exactamente cuántas horas había pasado leyendo sobre Baterilla, sus lugares turísticos, su buena gente y lo que se podía encontrar en un libro como aquel, todo conocimiento bastante accesible y público, las aletas que sobresalían de sus codos se apoyaron en la cama mientras ella se acomodaba en la misma antes de extinguir la vela. La joven de ojos azules cerró los mismos y apoyó su cabeza en la almohada mientras exhalaba con irritación, demasiado tiempo estudiando la había dejado con un principió de dolor de cabeza aunque tal vez fuera algo auto inducido para simplemente dejar de pensar en su próxima localización, con suerte no pasaría demasiado tiempo allí, pero debía realizar algún deber allí antes de poder marcharse, con suerte su próximo objetivo sería algún lugar que le trajera menos dolores de cabeza y donde pudiera moverse más libremente.<br />
 <br />
La joven desarmó la cola de caballo en la que habitualmente llevaba su rubio cabello y empezó a alistarse para dormir, la cama era pequeña y sus pies caían fuera de la misma, pero estaba acostumbrada a aquella clase de cosa, después de todo mientras habitara lugares hechos para humanos era normal que todo estuviera construido para gente de tamaños más convencionales. Los humanos que fueran igual de grandes que ella o más grandes, pues los había visto de proporciones descomunales, probablemente tuvieran que mandarse a hacer camas a la medida de forma individual, un lujo que ella no podría darse a menos de que tuviera algún lugar fijo donde dormir y pasar tiempo libre. Al recordar la idea del tiempo libre la joven recordó que aún tenía entre sus asuntos pendientes ir a visitar la famosa Isla Karate, lamentablemente para ella, eso tendría que esperar hasta que cubriera una cierta cuota de trabajo para la armada revolucionaria.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[P. Absoluto|T1] Ecos del Pasado]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3182</link>
			<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 06:30:52 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=663">Kazan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3182</guid>
			<description><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">85 de Primavera - 17</div></span><br />
<br />
La región sur del Reino de Sorbet es distinta, y huele diferente a la opulencia y lujo del norte. Aquí, entre las construcciones de madera endeble y algo precarias, y los campos de frutos tropicales que se extienden hacia el horizonte y que dan dinero a las pobres almas que viven aqui, el aroma es a tierra y estiércol de ganado. El sol tropical cae con fuerza incluso en esta tarde que amenaza tormenta o eso dicen las señoras. Este puerto se aferra a la costa sur como una colección de casas desiguales, algunas construidas con cuatro palos y un techo mal puesto. Las calles son tierra compactada con surcos de carretas, sin los adoquines que adornan las avenidas del norte, las piedras en el suelo para andar mejor es el lujo de los ricos. Gallinas picotean entre los charcos y un perro callejero dormita bajo la sombra de un arbol en aquel lugar.<br />
<br />
La calle principal conduce a una plaza del mercado y al otro lado de esa plaza, a unos cuarenta metros, se alza <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Hamaca Dormida</span> una posada de madera de tres pisos. En el marco de la puerta, tallada con discreción, hay una pequeña flor de seis pétalos. Pero la plaza no está vacía. Tres hombres que no pertenecen aquí ocupan posiciones estratégicas, se nota a la legua.<br />
<br />
El primero de ellos y el que llamas mas la atención está apoyado contra un poste de madera que sostiene el toldo de un puesto de frutas abandonado. Es corpulento, con brazos como troncos y cicatrices que cruzan su piel. Viste camisa sin mangas y pantalones de cuero. Una funda larga cuelga de su cinturón. No compra nada. No habla con nadie. El segundo camina muy despacio por el lugar fingiendo interés por la fruta. Es delgado con pelo negro recogido en una coleta baja. Tiene las manos en los bolsillos pero parece que no se quedan quietas ahí dentro. El tercero está sentado en un banco de madera bajo un árbol, leyendo un periódico. Usa lentes redondos y ropa que resulta muy limpia para este lugar. El periódico es de hace tres días y no ha pasado la página en los últimos cinco minutos.<br />
<br />
En el puesto más cercano a la entrada de la plaza una mujer se encuentra cortando fruta. Lleva un pañuelo amarillo anudado en la cabeza y un delantal manchado por la fruta. Sus manos trabajan con ritmo constante, pero sus ojos vigilan la plaza con atención. Una niña pequeña sale corriendo de una casa cercana, pero su madre la detiene con suavidad al ver en primera instancia al gigante individuo que tiene en frente.<br />
<br />
A la derecha, cerca del borde de la plaza, hay un pozo y dos mujeres sacan agua con cubos de madera, conversando en voz baja y mirando a todos. Una de ellas y la más joven lleva un brazalete de tela con una flor bordada. Su compañera es una mujer mayor con pelo gris recogido. Detrás a unos veinte metros del inicio de la calle principal, hay lo que parece ser una Iglesia. Desde dentro llega el murmullo suave de una oración y se puede ver una túnica marrón dentro.<br />
<br />
<span style="color: #DC143C;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Nada todavía.-</span></span> murmura el hombre del periódico, tan bajo que apenas se escucha, solamente lo escuchó quien lo tenia que escuchar. El delgado se detiene frente al puesto de sandías. El vendedor le ofrece una con actitud temerosa. <span style="color: #DC143C;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No.-</span></span> responde el delgado sin mirarlo. El corpulento se rasca la barbilla con tranquilidad holgazaneando, pero su otra mano descansa sobre la funda de su cinturón.<br />
<br />
Cuarenta metros separan la entrada de la plaza de la puerta de La Hamaca Dormida. Cuarenta metros completamente expuestos.<br />
<br />
<br />
<br />
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					<br />
Resumen: La plaza del mercado en el puerto está bajo vigilancia de tres cazadores del norte. El punto de encuentro revolucionario está al otro lado, a 40 metros de distancia completamente expuestos.<br />

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			</div><br />
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¿Lista para decidir tu primer movimiento?<br />

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			</div><br />
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<img src="https://i.imgur.com/mvSYlVq.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: mvSYlVq.jpeg]" class="mycode_img" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">85 de Primavera - 17</div></span><br />
<br />
La región sur del Reino de Sorbet es distinta, y huele diferente a la opulencia y lujo del norte. Aquí, entre las construcciones de madera endeble y algo precarias, y los campos de frutos tropicales que se extienden hacia el horizonte y que dan dinero a las pobres almas que viven aqui, el aroma es a tierra y estiércol de ganado. El sol tropical cae con fuerza incluso en esta tarde que amenaza tormenta o eso dicen las señoras. Este puerto se aferra a la costa sur como una colección de casas desiguales, algunas construidas con cuatro palos y un techo mal puesto. Las calles son tierra compactada con surcos de carretas, sin los adoquines que adornan las avenidas del norte, las piedras en el suelo para andar mejor es el lujo de los ricos. Gallinas picotean entre los charcos y un perro callejero dormita bajo la sombra de un arbol en aquel lugar.<br />
<br />
La calle principal conduce a una plaza del mercado y al otro lado de esa plaza, a unos cuarenta metros, se alza <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Hamaca Dormida</span> una posada de madera de tres pisos. En el marco de la puerta, tallada con discreción, hay una pequeña flor de seis pétalos. Pero la plaza no está vacía. Tres hombres que no pertenecen aquí ocupan posiciones estratégicas, se nota a la legua.<br />
<br />
El primero de ellos y el que llamas mas la atención está apoyado contra un poste de madera que sostiene el toldo de un puesto de frutas abandonado. Es corpulento, con brazos como troncos y cicatrices que cruzan su piel. Viste camisa sin mangas y pantalones de cuero. Una funda larga cuelga de su cinturón. No compra nada. No habla con nadie. El segundo camina muy despacio por el lugar fingiendo interés por la fruta. Es delgado con pelo negro recogido en una coleta baja. Tiene las manos en los bolsillos pero parece que no se quedan quietas ahí dentro. El tercero está sentado en un banco de madera bajo un árbol, leyendo un periódico. Usa lentes redondos y ropa que resulta muy limpia para este lugar. El periódico es de hace tres días y no ha pasado la página en los últimos cinco minutos.<br />
<br />
En el puesto más cercano a la entrada de la plaza una mujer se encuentra cortando fruta. Lleva un pañuelo amarillo anudado en la cabeza y un delantal manchado por la fruta. Sus manos trabajan con ritmo constante, pero sus ojos vigilan la plaza con atención. Una niña pequeña sale corriendo de una casa cercana, pero su madre la detiene con suavidad al ver en primera instancia al gigante individuo que tiene en frente.<br />
<br />
A la derecha, cerca del borde de la plaza, hay un pozo y dos mujeres sacan agua con cubos de madera, conversando en voz baja y mirando a todos. Una de ellas y la más joven lleva un brazalete de tela con una flor bordada. Su compañera es una mujer mayor con pelo gris recogido. Detrás a unos veinte metros del inicio de la calle principal, hay lo que parece ser una Iglesia. Desde dentro llega el murmullo suave de una oración y se puede ver una túnica marrón dentro.<br />
<br />
<span style="color: #DC143C;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Nada todavía.-</span></span> murmura el hombre del periódico, tan bajo que apenas se escucha, solamente lo escuchó quien lo tenia que escuchar. El delgado se detiene frente al puesto de sandías. El vendedor le ofrece una con actitud temerosa. <span style="color: #DC143C;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No.-</span></span> responde el delgado sin mirarlo. El corpulento se rasca la barbilla con tranquilidad holgazaneando, pero su otra mano descansa sobre la funda de su cinturón.<br />
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Cuarenta metros separan la entrada de la plaza de la puerta de La Hamaca Dormida. Cuarenta metros completamente expuestos.<br />
<br />
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Resumen: La plaza del mercado en el puerto está bajo vigilancia de tres cazadores del norte. El punto de encuentro revolucionario está al otro lado, a 40 metros de distancia completamente expuestos.<br />

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		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Monstruo [Priv. Seirin] [Pasado]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3115</link>
			<pubDate>Mon, 02 Feb 2026 17:04:42 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=530">Hyákinthos</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3115</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 45 de otoño, año 14</span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Los monstruos son reales.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Criaturas horrorosas sacadas de pesadillas.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Garras grandes, dientes afilados, ojos que brillan en la oscuridad.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Los malos sueños de muchos niños y ¿por qué no? También de algunos adultos.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Pero ¿En verdad esos son los monstruos a los que hay que temer?</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Hyákinthos, un hombre sin apellido, sin infancia, alguien con recuerdos rotos, sabe que, a pesar de su mala memoria, algo es muy claro: Los monstruos más peligrosos son los que se ven más inofensivos. A esos hay que temer.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En quince años, sus únicos recuerdos han sido en el mar. No hay un pasado antes. Es esa vida de viajero de los océanos lo que lo ha hecho darse cuenta de la realidad, de lo cruento que es el mundo. Si no eres el cazador, te conviertes en la presa.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Por eso no teme a los monstruos que se ven como tal, porque a esos es fácil diferenciarlos, sabe que atacarán en algún momento, sabe que puede esperar de ellos. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Caso contrario con los que le sonríen con una hilera de perfectos dientes blancos y brillantes, que le regalan una mirada discreta que parece amable y que le estrechan la mano con delicadeza, como midiéndolo disimuladamente. Esos le aterran, lo hacen retroceder, porque con ellos es más difícil jugar. Una conversación puede ser un interrogatorio mesurado y un gesto inocente puede tener más de un significado.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No le gusta tratar con ellos y; sin embargo, esta rodeado de monstruos así, tanto que, él mismo se vio obligado a convertirse en uno.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Nada tiene que ver con los monstruos pesadillescos.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sus uñas están bien cuidadas, sus dientes regalan una sonrisa agradable y sus ojos, brillantes, buscan más seducir que infundir terror.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tal vez, el único parecido que tiene con los monstruos de las historias es que suele atacar en la noche, cuando el barullo del día disminuye, cuando los ojos de otros humanos se relajan y dejan de curiosear, cuando pocos se atreven a caminar por las calles. Sí, la noche es de él.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Y hoy no es la excepción.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No hay necesidad de ser discreto cuando sabe por que lugares moverse sin que lo vayan a atacar, por eso sus ropas no buscan camuflarlo ni mucho menos ocultar su natural atractivo andrógino, algo que llama la atención tanto de hombres como mujeres por igual, aunque él solo le haga caso a uno solo de esos dos géneros. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su largo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kimono</span> de tonos claros y decoraciones florales, junto con el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">haori</span> celeste con motivos de aves, además de su largo cabello rosa recogido en una coleta baja, son suficientes para mostrar la peculiar belleza del hombre que, casi a medianoche, camina en las orillas de un viejo puerto casi olvidado por el mundo en la zona más pobre del reino de Sorbet. El sonido de sus zapatos es lo único que rompe el silencio al chocar con la madera vieja del muelle, si no se cuenta el murmullo del viento y el ir y venir de las olas.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De camino ha atraído hacia él más de una mirada, pero ahora, en la soledad del puerto, los único que lo miran, no con deseo ni lujuria, si no con expectación, son los hombres que están recostados en el barandal de una goleta maltrecha que se ve al final del camino. Sus clientes…No, sus socios.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">—Te tardaste, médico.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La voz de un hombre de cabellos rubios y porte elegante se dejó escuchar cuando el pelirrosa se acercó lo suficiente a la rampa de madera que lo ayudaría a subir al barco.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Lo bueno tarda en llegar, Rafael —</span>. Su respuesta corta no fue sinónimo de grosería, si no de una confianza en sí mismo que de vez en cuando salía a relucir por medio de comentarios casuales. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Como sea ¿Qué tienes para mi esta noche? Espero que se algo bueno, lo suficiente para haberme hecho salir de la comodidad de mi apartamento.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El llamado Rafael sonrió de lado a lado, mostrando la misma confianza en sí mismo que el pelirrosa también mostraba y, simplemente, en lugar de hablar, lo invitó a pasar al barco, todo con un gesto de su brazo que se movió hacia un lado para dejar que el médico pudiera entrar a la cubierta de la goleta.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con gracia y sin apuro se dejó caer dentro del barco. Sus zapatos de madera volvían a golpear el suelo cada vez que caminaba. No hubo más palabras entre el rubio y él, después de todo, su anfitrión se dedicó a guiarlo de la mano hacia una de las habitaciones interiores del barco, una en donde la luz de la luna apenas se atrevía a colarse y, en donde, unas lámparas de aceite eran las encargadas de iluminar, con pálida luz amarillenta, el espacio pequeño en el que brillaban los barrotes de una celda.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ffa339;" class="mycode_color">—Acércate —</span>. La voz del rubio sugirió con ligereza, mientras que, él pelirrosa, con una cautela que podría confundirse con timidez, obedeció sin dudar para mirar el interior de aquella prisión destinada para los desafortunados que caían en sus manos.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Fue entonces que la vio por primera vez.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Alas negras como un cielo sin estrellas, cabello blanco como las nubes de un día de verano.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ella no es un monstruo. No como ellos. Es una excentricidad, alguien por quien, las personas con poder pagarían lo suficiente para tenerla entre su colección.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">—Lo órganos de los lunarian son más grandes. Hay gente de su raza con mucho dinero e influencia, los órganos que vendemos no suelen ser compatibles con los de su especie, pero hoy pudimos capturarla a ella —</span>. Rafael volvió a sonreír, esa misma sonrisa de amabilidad que él conocía de los monstruos que no parecían serlo. <span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">—¿Qué te parece?</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Primero el médico frunció el ceño, luego cruzó los brazos y terminó por morderse con fuerza el labio inferior. Meditó una respuesta a aquella pregunta.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">En términos simples podía decir que le parecía un espécimen fabuloso, pero también, único.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Cuántas veces se había encontrado con un Lunarian? Pocas.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Rafael tenía razón, muchos de los órganos que vendían no eran compatibles con los de su especie, si un cliente de su raza llegaba, no tendrían algo que ofrecerle y, ahora, una oportunidad se presentaba para tener en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">stock </span>mercancía útil para ellos, pero ¿Era lo que realmente quería?</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Es maravillosa —</span>. Finalmente respondió mientras se agachaba para contemplar el cuerpo adormilado de la enorme mujer. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¿Hace cuánto esta dormida? Si le administraron una buena dosis y lleva horas aquí, supongo que pronto empezará a despertar ¿O me equivoco?</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El rubio asintió y el médico volvió su vista a las alas negras que adornaban la espalda de la lunarian, para luego fijarse en el pecho que subía y bajaba con pasividad, símbolo inequívoco de que seguía dormida. Un espécimen único, una oportunidad para estudiarla.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No podía venderla por partes, pero… ¿Cómo podría hacerle entender a Rafael, un simple comerciante, el motivo científico tras esas ansias de mantenerla con vida y libre para un propósito distinto?</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¿Puedes dejarme a solas con ella? —</span>La pregunta del médico hizo que el rubio abriera la boca para protestar, pero, en cuestión de un segundo, volvió a cerrarla y solo asintió, respetando el deseo del encargado de extraer la valiosa mercancía que vendían en esos mares.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La puerta de la habitación se cerró tras el pelirrosa cuando Rafael salió del cuarto sin decir una palabra y, por fin, a solas con la chica, se atrevió a meter la mano en la celda para tocar uno de sus hombros. Quizá el sedante aún actuaba a fondo y ella no despertaría hasta minutos después o, quizá, tendría suerte y los leves toquecitos en su hombro serían suficiente para que volviera de la ensoñación.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Qué vería ella si despertaba?</div>
<br />
A nadie más que a un ser de apariencia casi inocente, a alguien que le dedicaría una sonrisa amigable y la miraría como si fuera la única persona en la tierra. Vería a alguien de apariencia de ángel, aunque su mente fuera la de un demonio, pero… ¿Cómo podría sospechar que frente a ella había un monstruo?<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Vestimenta de Hyak</span>
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				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>NPC-Rafael</span>
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				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 45 de otoño, año 14</span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Los monstruos son reales.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Criaturas horrorosas sacadas de pesadillas.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Garras grandes, dientes afilados, ojos que brillan en la oscuridad.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Los malos sueños de muchos niños y ¿por qué no? También de algunos adultos.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Pero ¿En verdad esos son los monstruos a los que hay que temer?</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Hyákinthos, un hombre sin apellido, sin infancia, alguien con recuerdos rotos, sabe que, a pesar de su mala memoria, algo es muy claro: Los monstruos más peligrosos son los que se ven más inofensivos. A esos hay que temer.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En quince años, sus únicos recuerdos han sido en el mar. No hay un pasado antes. Es esa vida de viajero de los océanos lo que lo ha hecho darse cuenta de la realidad, de lo cruento que es el mundo. Si no eres el cazador, te conviertes en la presa.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Por eso no teme a los monstruos que se ven como tal, porque a esos es fácil diferenciarlos, sabe que atacarán en algún momento, sabe que puede esperar de ellos. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Caso contrario con los que le sonríen con una hilera de perfectos dientes blancos y brillantes, que le regalan una mirada discreta que parece amable y que le estrechan la mano con delicadeza, como midiéndolo disimuladamente. Esos le aterran, lo hacen retroceder, porque con ellos es más difícil jugar. Una conversación puede ser un interrogatorio mesurado y un gesto inocente puede tener más de un significado.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No le gusta tratar con ellos y; sin embargo, esta rodeado de monstruos así, tanto que, él mismo se vio obligado a convertirse en uno.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Nada tiene que ver con los monstruos pesadillescos.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sus uñas están bien cuidadas, sus dientes regalan una sonrisa agradable y sus ojos, brillantes, buscan más seducir que infundir terror.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tal vez, el único parecido que tiene con los monstruos de las historias es que suele atacar en la noche, cuando el barullo del día disminuye, cuando los ojos de otros humanos se relajan y dejan de curiosear, cuando pocos se atreven a caminar por las calles. Sí, la noche es de él.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Y hoy no es la excepción.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No hay necesidad de ser discreto cuando sabe por que lugares moverse sin que lo vayan a atacar, por eso sus ropas no buscan camuflarlo ni mucho menos ocultar su natural atractivo andrógino, algo que llama la atención tanto de hombres como mujeres por igual, aunque él solo le haga caso a uno solo de esos dos géneros. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su largo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kimono</span> de tonos claros y decoraciones florales, junto con el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">haori</span> celeste con motivos de aves, además de su largo cabello rosa recogido en una coleta baja, son suficientes para mostrar la peculiar belleza del hombre que, casi a medianoche, camina en las orillas de un viejo puerto casi olvidado por el mundo en la zona más pobre del reino de Sorbet. El sonido de sus zapatos es lo único que rompe el silencio al chocar con la madera vieja del muelle, si no se cuenta el murmullo del viento y el ir y venir de las olas.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De camino ha atraído hacia él más de una mirada, pero ahora, en la soledad del puerto, los único que lo miran, no con deseo ni lujuria, si no con expectación, son los hombres que están recostados en el barandal de una goleta maltrecha que se ve al final del camino. Sus clientes…No, sus socios.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">—Te tardaste, médico.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La voz de un hombre de cabellos rubios y porte elegante se dejó escuchar cuando el pelirrosa se acercó lo suficiente a la rampa de madera que lo ayudaría a subir al barco.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Lo bueno tarda en llegar, Rafael —</span>. Su respuesta corta no fue sinónimo de grosería, si no de una confianza en sí mismo que de vez en cuando salía a relucir por medio de comentarios casuales. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Como sea ¿Qué tienes para mi esta noche? Espero que se algo bueno, lo suficiente para haberme hecho salir de la comodidad de mi apartamento.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El llamado Rafael sonrió de lado a lado, mostrando la misma confianza en sí mismo que el pelirrosa también mostraba y, simplemente, en lugar de hablar, lo invitó a pasar al barco, todo con un gesto de su brazo que se movió hacia un lado para dejar que el médico pudiera entrar a la cubierta de la goleta.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con gracia y sin apuro se dejó caer dentro del barco. Sus zapatos de madera volvían a golpear el suelo cada vez que caminaba. No hubo más palabras entre el rubio y él, después de todo, su anfitrión se dedicó a guiarlo de la mano hacia una de las habitaciones interiores del barco, una en donde la luz de la luna apenas se atrevía a colarse y, en donde, unas lámparas de aceite eran las encargadas de iluminar, con pálida luz amarillenta, el espacio pequeño en el que brillaban los barrotes de una celda.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ffa339;" class="mycode_color">—Acércate —</span>. La voz del rubio sugirió con ligereza, mientras que, él pelirrosa, con una cautela que podría confundirse con timidez, obedeció sin dudar para mirar el interior de aquella prisión destinada para los desafortunados que caían en sus manos.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Fue entonces que la vio por primera vez.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Alas negras como un cielo sin estrellas, cabello blanco como las nubes de un día de verano.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ella no es un monstruo. No como ellos. Es una excentricidad, alguien por quien, las personas con poder pagarían lo suficiente para tenerla entre su colección.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">—Lo órganos de los lunarian son más grandes. Hay gente de su raza con mucho dinero e influencia, los órganos que vendemos no suelen ser compatibles con los de su especie, pero hoy pudimos capturarla a ella —</span>. Rafael volvió a sonreír, esa misma sonrisa de amabilidad que él conocía de los monstruos que no parecían serlo. <span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">—¿Qué te parece?</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Primero el médico frunció el ceño, luego cruzó los brazos y terminó por morderse con fuerza el labio inferior. Meditó una respuesta a aquella pregunta.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">En términos simples podía decir que le parecía un espécimen fabuloso, pero también, único.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Cuántas veces se había encontrado con un Lunarian? Pocas.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Rafael tenía razón, muchos de los órganos que vendían no eran compatibles con los de su especie, si un cliente de su raza llegaba, no tendrían algo que ofrecerle y, ahora, una oportunidad se presentaba para tener en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">stock </span>mercancía útil para ellos, pero ¿Era lo que realmente quería?</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Es maravillosa —</span>. Finalmente respondió mientras se agachaba para contemplar el cuerpo adormilado de la enorme mujer. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¿Hace cuánto esta dormida? Si le administraron una buena dosis y lleva horas aquí, supongo que pronto empezará a despertar ¿O me equivoco?</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El rubio asintió y el médico volvió su vista a las alas negras que adornaban la espalda de la lunarian, para luego fijarse en el pecho que subía y bajaba con pasividad, símbolo inequívoco de que seguía dormida. Un espécimen único, una oportunidad para estudiarla.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No podía venderla por partes, pero… ¿Cómo podría hacerle entender a Rafael, un simple comerciante, el motivo científico tras esas ansias de mantenerla con vida y libre para un propósito distinto?</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¿Puedes dejarme a solas con ella? —</span>La pregunta del médico hizo que el rubio abriera la boca para protestar, pero, en cuestión de un segundo, volvió a cerrarla y solo asintió, respetando el deseo del encargado de extraer la valiosa mercancía que vendían en esos mares.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La puerta de la habitación se cerró tras el pelirrosa cuando Rafael salió del cuarto sin decir una palabra y, por fin, a solas con la chica, se atrevió a meter la mano en la celda para tocar uno de sus hombros. Quizá el sedante aún actuaba a fondo y ella no despertaría hasta minutos después o, quizá, tendría suerte y los leves toquecitos en su hombro serían suficiente para que volviera de la ensoñación.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Qué vería ella si despertaba?</div>
<br />
A nadie más que a un ser de apariencia casi inocente, a alguien que le dedicaría una sonrisa amigable y la miraría como si fuera la única persona en la tierra. Vería a alguien de apariencia de ángel, aunque su mente fuera la de un demonio, pero… ¿Cómo podría sospechar que frente a ella había un monstruo?<br />
<br />
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						<span>Vestimenta de Hyak</span>
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			</div><br />
<br />
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						<span>NPC-Rafael</span>
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				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Intercambiando el orden]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3053</link>
			<pubDate>Fri, 23 Jan 2026 16:31:31 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=704">Kael Omuyaga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3053</guid>
			<description><![CDATA[Si no todos, la gran mayoría de los marines de toda la flota empiezan de la misma manera. Los más inexpertos son apenas algo más que unos despojos, pequeños agentes sin fuerza alguna que se dedican a mantener el orden tanto como pueden. Kael, por supuesto, sabe que en sus primeras semanas no le espera nada emocionante, pero que tampoco le dará ninguna experiencia. <br />
<br />
En apenas un cuarto con mala iluminación, la puerta de madera entornada permite vislumbrar desde el exterior la cocina en la que el de cabello oscuro se encuentra, poco a poco, utilizando un cuchillo de cocina para pelar patatas. Lleva tras de sí una cantidad algo generosa, pero lo que no todos pueden apreciar sino prestan un mínimo de atención es el tamaño de las mismas. Son mucho más pequeñas que aquellas que se encuentra pelando, fruto de su inexperiencia con aquel utensilio, y del estropicio que se encuentra, desperdiciando parte del alimento con cada corte. Él no maldice, no pierde el tiempo quejándose a viva voz, tan solo continua, con el pelo recogido en una esterilla negra mientras mira con apatía el tubérculo en sus manos, intentando a cada intento destrozar un poco menos ese alimento. <br />
<br />
¿Vivir aventuras en los mares? ¿Capitanear grupos de soldados hacia la batalla? ¿Infiltrarse en territorio enemigo e informar de las actividades de los enemigos? Eso parece que le queda muy grande a alguien como él. Sus únicas misiones son patrullar, ordenar, recoger recursos, limpiar, y por supuesto, dar de comer a aquellos que, cómo él, hacen ese tipo de tareas sencillas a la par que necesarias. <br />
<br />
Calienta la gran cacerola de barracón con agua, llegando a pesar alrededor de los veinte kilos, teniendo que además introducir las verduras para el potaje, algo que no costase demasiado, y pudiese alimentar a todo el regimiento. Pero...¿por qué estaba haciéndolo todo él sólo? Sencillo, su compañero había enfermado en el último minuto, y parece que nadie podría sustituirlo en su tarea, por lo que tiene entre manos el trabajo de dos personas. Él no se queja, solo asiente y obedece, buscando complacer a los de arriba hasta que, tarde o temprano, pueda demostrar su valía, al menos, cuando haya entrenado lo suficiente. <br />
<br />
El silencio es algo bastante presente, interrumpido por el lejano eco de las espadas chocando en el campo de entrenamiento, y de algún pequeño graznido de un ave que surca los cielos de aquí para allá. En los rincones cercanos, sin embargo, no parece haber nadie cerca...o eso creía él. Escucha de fondo un pequeño sonido, pasos muy suaves en el suelo, pero son algo extraños, confusos. Esa persona no parece estar directamente andando hasta aquí. ¿Qué podría estar haciendo? Él tan solo piensa, mira de reojo conforme nota que el sonido se acerca, curioso por necesidad de matar el aburrimiento, hasta que al final termina pudiéndole la incomodidad.<br />
<br />
Con genuina tranquilidad, se asoma hasta el pasillo, observando cómo, tal y cómo creía, una cadete se encontraba en el lugar, cometiendo un atentado contra la fregona que usaba para intentar limpiar los suelos. A su forma de ver, ni siquiera era gracioso, y precisamente por eso no se molestó en quejarse. En lugar de realizar algo tan inútil, se acercó en silencio, sin expresar ni una sola palabra hasta el cuarto de limpieza. Cuando llegó, tomó del interior una fregona de las que se guardaban como repuesto, y se acercó hasta la chica lo suficiente como para que pudiese prestar algo de atención si así lo veía oportuno. <br />
<br />
En apenas un par de movimientos, comenzó a limpiar el suelo con amplitud, dejándolo bastante limpio con apenas un par de repeticiones. Así, cómo si se tratase de una demostración, se detuvo para observar las perlas aguamarina en el rostro de la rubia.<br />
<br />
—<span style="color: #000080;" class="mycode_color">Prueba a agarrar desde el medio y desde arriba, con las dos manos desde el lateral. Así harás menos esfuerzo y podrás deslizar mejor.</span>—A pesar de la seriedad de su rostro, el tono del joven, tal y como había sido siempre, es calmado y pacífico, sin un solo ápice de molestia, y mucho menos enfado o malestar. Aquel estaba siendo un acto sencillo, y las razones por las que lo hacían eran más sencillas de lo que uno puede llegar a pensar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Si no todos, la gran mayoría de los marines de toda la flota empiezan de la misma manera. Los más inexpertos son apenas algo más que unos despojos, pequeños agentes sin fuerza alguna que se dedican a mantener el orden tanto como pueden. Kael, por supuesto, sabe que en sus primeras semanas no le espera nada emocionante, pero que tampoco le dará ninguna experiencia. <br />
<br />
En apenas un cuarto con mala iluminación, la puerta de madera entornada permite vislumbrar desde el exterior la cocina en la que el de cabello oscuro se encuentra, poco a poco, utilizando un cuchillo de cocina para pelar patatas. Lleva tras de sí una cantidad algo generosa, pero lo que no todos pueden apreciar sino prestan un mínimo de atención es el tamaño de las mismas. Son mucho más pequeñas que aquellas que se encuentra pelando, fruto de su inexperiencia con aquel utensilio, y del estropicio que se encuentra, desperdiciando parte del alimento con cada corte. Él no maldice, no pierde el tiempo quejándose a viva voz, tan solo continua, con el pelo recogido en una esterilla negra mientras mira con apatía el tubérculo en sus manos, intentando a cada intento destrozar un poco menos ese alimento. <br />
<br />
¿Vivir aventuras en los mares? ¿Capitanear grupos de soldados hacia la batalla? ¿Infiltrarse en territorio enemigo e informar de las actividades de los enemigos? Eso parece que le queda muy grande a alguien como él. Sus únicas misiones son patrullar, ordenar, recoger recursos, limpiar, y por supuesto, dar de comer a aquellos que, cómo él, hacen ese tipo de tareas sencillas a la par que necesarias. <br />
<br />
Calienta la gran cacerola de barracón con agua, llegando a pesar alrededor de los veinte kilos, teniendo que además introducir las verduras para el potaje, algo que no costase demasiado, y pudiese alimentar a todo el regimiento. Pero...¿por qué estaba haciéndolo todo él sólo? Sencillo, su compañero había enfermado en el último minuto, y parece que nadie podría sustituirlo en su tarea, por lo que tiene entre manos el trabajo de dos personas. Él no se queja, solo asiente y obedece, buscando complacer a los de arriba hasta que, tarde o temprano, pueda demostrar su valía, al menos, cuando haya entrenado lo suficiente. <br />
<br />
El silencio es algo bastante presente, interrumpido por el lejano eco de las espadas chocando en el campo de entrenamiento, y de algún pequeño graznido de un ave que surca los cielos de aquí para allá. En los rincones cercanos, sin embargo, no parece haber nadie cerca...o eso creía él. Escucha de fondo un pequeño sonido, pasos muy suaves en el suelo, pero son algo extraños, confusos. Esa persona no parece estar directamente andando hasta aquí. ¿Qué podría estar haciendo? Él tan solo piensa, mira de reojo conforme nota que el sonido se acerca, curioso por necesidad de matar el aburrimiento, hasta que al final termina pudiéndole la incomodidad.<br />
<br />
Con genuina tranquilidad, se asoma hasta el pasillo, observando cómo, tal y cómo creía, una cadete se encontraba en el lugar, cometiendo un atentado contra la fregona que usaba para intentar limpiar los suelos. A su forma de ver, ni siquiera era gracioso, y precisamente por eso no se molestó en quejarse. En lugar de realizar algo tan inútil, se acercó en silencio, sin expresar ni una sola palabra hasta el cuarto de limpieza. Cuando llegó, tomó del interior una fregona de las que se guardaban como repuesto, y se acercó hasta la chica lo suficiente como para que pudiese prestar algo de atención si así lo veía oportuno. <br />
<br />
En apenas un par de movimientos, comenzó a limpiar el suelo con amplitud, dejándolo bastante limpio con apenas un par de repeticiones. Así, cómo si se tratase de una demostración, se detuvo para observar las perlas aguamarina en el rostro de la rubia.<br />
<br />
—<span style="color: #000080;" class="mycode_color">Prueba a agarrar desde el medio y desde arriba, con las dos manos desde el lateral. Así harás menos esfuerzo y podrás deslizar mejor.</span>—A pesar de la seriedad de su rostro, el tono del joven, tal y como había sido siempre, es calmado y pacífico, sin un solo ápice de molestia, y mucho menos enfado o malestar. Aquel estaba siendo un acto sencillo, y las razones por las que lo hacían eran más sencillas de lo que uno puede llegar a pensar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Aventura T2 - P. Relativo] - Nadie piensa en los niños.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2909</link>
			<pubDate>Mon, 05 Jan 2026 21:11:41 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=589">Ryota Miyamoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2909</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">85, Invierno, año 16</span><br />
Reino de Sorbet<br />
South Blue</span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=blo00a0ZLcg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">- Ost -</a></div>
<br />
Te encuentras a las puertas del territorio enemigo. Frente a ti, a unos siete metros de distancia, un grupo de al menos veinte hombres descansa sin prestarte demasiada atención. No te conocen, pero tú sabes perfectamente quiénes son.<br />
<br />
Esos bastardos que charlan entre risas, intercambiando comentarios banales y chistes sin sentido, simplemente matando el tiempo, forman parte del grupo de vándalos que se atrevió a robar los suministros destinados al sustento de la iglesia Austro.<br />
<br />
De una forma u otra te has enterado de que ellos fueron los responsables del robo. No fue difícil: en Sorber Sur todos saben lo que ocurre, y bastó con hacer la pregunta correcta al borracho adecuado para que incluso algo así se convirtiera en comidilla del voz a voz. Pero no se limitaron a cometer aquella fechoría; también apalearon a los pobres ancianos que, tras enterarse de que eran los culpables y con enorme esfuerzo, reunieron el valor necesario para encararlos en su propio territorio y pedirles apenas la mitad de lo hurtado.<br />
Lejos de mostrar compasión, los recibieron a golpes, obligándolos a regresar a su iglesia con el rabo entre las patas.<br />
<br />
Excesivo, quizá. Motivos más que suficientes para que alguien como tú decidiera hacer algo por quienes tanto te dieron en el pasado. Pero no eran las únicas razones.<br />
<br />
Los propios niños de la iglesia, los huérfanos que se enteraron de lo ocurrido por boca de los ancianos, también reunieron valor. La anterior noche se escabulleron con la esperanza de recuperar, aunque fuera una misera parte de lo que les correspondía. Un queso, vino, o incluso una rodaja de pan. <br />
<br />
Lamentablemente, fueron descubiertos. Los golpearon sin piedad y los devolvieron a la iglesia cubiertos de moratones y claros signos de maltrato.<br />
<br />
La pandilla responsable de todo aquello se hacía llamar los Royal Salty Black, un grupo recién formado que buscaba hacerse un nombre entre las demás bandas criminales. Su líder, un sujeto tan avaro como egocéntrico, había roto una de las reglas más claras de Sorber Sur, no meterse con la iglesia.<br />
¿La razón? Nadie la conocía. Tal vez simple malicia, quizá desprecio… o incluso podría tratarse de un encargo de alguien más. <br />
<br />
Aunque no venías a buscar razones, ¿o sí? <br />
<br />
Uno de los hombres a la distancia se percató de tu presencia en ese momento. Su silbido, cargado de sorpresa y descaro, rompió el aire.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Wow, chicos… miren ese bombón,”</span> dijo de forma lasciva, recorriéndote de arriba abajo sin el menor intento de disimular su libidinoso interés.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/lvrWJgi.jpeg" width="400"></div>
<br />
Los demás, vestidos con ropas similares, claramente sacadas del pequeño depósito de chatarra en el que se encontraban, te observaron del mismo modo. Poco a poco, uno tras otro, comenzaron a levantarse del suelo.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Hey encanto, ¿quieres algo de acción con un hombre de verdad?”</span> Gritó otro, moviendo las caderas de atrás hacia adelante repetidas veces en un gesto vulgar, uno que quizá solo imitaba porque su razonamiento era tan escaso que realmente creía que algo así podría agradarte.<br />
<br />
El lugar es un depósito de chatarra. Frente a ti, el único camino posible es un amplio sendero de unos catorce metros de largo que conduce hasta otro portón, cercado por una pared. Los hombres sucios reunidos frente a él te bloquean la vista, pero más allá parece haber un almacén.<br />
<br />
A tu derecha e izquierda se extiende un terreno de unos veintiún metros de ancho, que llegan hasta grandes montañas de chatarra. Es un espacio amplio que no parece ser más que la entrada a aquella base de cuarta categoría o el lugar donde reúnen lo que parece servir.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¿No quieres pasar un rato con nosotros, mamasita? ¡Apuesto que jamás tendrías una experiencia así de buena!”</span> Dijo otro de los tipejos, todos comenzando a chiflar, piropear y alabar tu porte, elegancia y belleza. Aunque de forma que no serían sinónimos de agrado para nadie. <br />
<br />
<br />
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					  Te encuentras en la base de los ladrones que han robado a la iglesia autro su cargamento de sustento del mes, aquel que es un regalo por parte de algunos amigos del pastor, eres libre de rolear como llegaste allí, quien te dijo que y si sabes lo que te he contado. Incluso si fuiste a la iglesia y viste a los viejos y los niños golpeados. <br />
<br />
Los esbirros reaccionan a tu llegada con los modales que poseen y te piden acompañarlos. Eres libre de hacer lo que quieres.
				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>MAPA - LOCALIZACION</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src=" https://i.imgur.com/okIsfzR.png" width="700"><br />
<br />
Cada cuadro equivale a un metro de distancia.</div>

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Bélico</span>
					</div>
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				</div>
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					 <div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Bélico Defensivo</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					 Nada de momento. 
				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Bélico Ofensivo</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Horda Rango 2</span><br />
• Formada por 20 personas.<br />
• Tienen 200 PV (10PV cada miembro). Si llega a 0 PV serán derrotados.<br />
• Dañan el 50% de su PV total por turno. Su velocidad de movimiento/ataque es 20 puntos.<br />
• Se pueden derrotar de una sola vez a cambio de 200 energía. 
				</div>
			</div>
				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>GASTOS</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					 Nada. 
				</div>
			</div>  <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Off Rol</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Primer Turno, el sistema de hordas es sencillo, pese a ser 20 personas cuentan como 1 solo individuo en términos del sistema, así que si atacas los mandarias a volar o los dejarías KO como las peleas de One piece donde Sanji, Luffy o Soro se cargaban a varios de un solo golpe. Eres libre de avanzar, golpear, avanzar y de hacer ver la justicia. 
				</div>
			</div> <br />
<br />
Ronda 1/6 
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">85, Invierno, año 16</span><br />
Reino de Sorbet<br />
South Blue</span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=blo00a0ZLcg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">- Ost -</a></div>
<br />
Te encuentras a las puertas del territorio enemigo. Frente a ti, a unos siete metros de distancia, un grupo de al menos veinte hombres descansa sin prestarte demasiada atención. No te conocen, pero tú sabes perfectamente quiénes son.<br />
<br />
Esos bastardos que charlan entre risas, intercambiando comentarios banales y chistes sin sentido, simplemente matando el tiempo, forman parte del grupo de vándalos que se atrevió a robar los suministros destinados al sustento de la iglesia Austro.<br />
<br />
De una forma u otra te has enterado de que ellos fueron los responsables del robo. No fue difícil: en Sorber Sur todos saben lo que ocurre, y bastó con hacer la pregunta correcta al borracho adecuado para que incluso algo así se convirtiera en comidilla del voz a voz. Pero no se limitaron a cometer aquella fechoría; también apalearon a los pobres ancianos que, tras enterarse de que eran los culpables y con enorme esfuerzo, reunieron el valor necesario para encararlos en su propio territorio y pedirles apenas la mitad de lo hurtado.<br />
Lejos de mostrar compasión, los recibieron a golpes, obligándolos a regresar a su iglesia con el rabo entre las patas.<br />
<br />
Excesivo, quizá. Motivos más que suficientes para que alguien como tú decidiera hacer algo por quienes tanto te dieron en el pasado. Pero no eran las únicas razones.<br />
<br />
Los propios niños de la iglesia, los huérfanos que se enteraron de lo ocurrido por boca de los ancianos, también reunieron valor. La anterior noche se escabulleron con la esperanza de recuperar, aunque fuera una misera parte de lo que les correspondía. Un queso, vino, o incluso una rodaja de pan. <br />
<br />
Lamentablemente, fueron descubiertos. Los golpearon sin piedad y los devolvieron a la iglesia cubiertos de moratones y claros signos de maltrato.<br />
<br />
La pandilla responsable de todo aquello se hacía llamar los Royal Salty Black, un grupo recién formado que buscaba hacerse un nombre entre las demás bandas criminales. Su líder, un sujeto tan avaro como egocéntrico, había roto una de las reglas más claras de Sorber Sur, no meterse con la iglesia.<br />
¿La razón? Nadie la conocía. Tal vez simple malicia, quizá desprecio… o incluso podría tratarse de un encargo de alguien más. <br />
<br />
Aunque no venías a buscar razones, ¿o sí? <br />
<br />
Uno de los hombres a la distancia se percató de tu presencia en ese momento. Su silbido, cargado de sorpresa y descaro, rompió el aire.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Wow, chicos… miren ese bombón,”</span> dijo de forma lasciva, recorriéndote de arriba abajo sin el menor intento de disimular su libidinoso interés.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/lvrWJgi.jpeg" width="400"></div>
<br />
Los demás, vestidos con ropas similares, claramente sacadas del pequeño depósito de chatarra en el que se encontraban, te observaron del mismo modo. Poco a poco, uno tras otro, comenzaron a levantarse del suelo.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Hey encanto, ¿quieres algo de acción con un hombre de verdad?”</span> Gritó otro, moviendo las caderas de atrás hacia adelante repetidas veces en un gesto vulgar, uno que quizá solo imitaba porque su razonamiento era tan escaso que realmente creía que algo así podría agradarte.<br />
<br />
El lugar es un depósito de chatarra. Frente a ti, el único camino posible es un amplio sendero de unos catorce metros de largo que conduce hasta otro portón, cercado por una pared. Los hombres sucios reunidos frente a él te bloquean la vista, pero más allá parece haber un almacén.<br />
<br />
A tu derecha e izquierda se extiende un terreno de unos veintiún metros de ancho, que llegan hasta grandes montañas de chatarra. Es un espacio amplio que no parece ser más que la entrada a aquella base de cuarta categoría o el lugar donde reúnen lo que parece servir.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¿No quieres pasar un rato con nosotros, mamasita? ¡Apuesto que jamás tendrías una experiencia así de buena!”</span> Dijo otro de los tipejos, todos comenzando a chiflar, piropear y alabar tu porte, elegancia y belleza. Aunque de forma que no serían sinónimos de agrado para nadie. <br />
<br />
<br />
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>INFO</span>
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					 <div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
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					  Te encuentras en la base de los ladrones que han robado a la iglesia autro su cargamento de sustento del mes, aquel que es un regalo por parte de algunos amigos del pastor, eres libre de rolear como llegaste allí, quien te dijo que y si sabes lo que te he contado. Incluso si fuiste a la iglesia y viste a los viejos y los niños golpeados. <br />
<br />
Los esbirros reaccionan a tu llegada con los modales que poseen y te piden acompañarlos. Eres libre de hacer lo que quieres.
				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>MAPA - LOCALIZACION</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src=" https://i.imgur.com/okIsfzR.png" width="700"><br />
<br />
Cada cuadro equivale a un metro de distancia.</div>

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Bélico</span>
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						<span>Bélico Defensivo</span>
					</div>
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				</div>
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					 Nada de momento. 
				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Bélico Ofensivo</span>
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Horda Rango 2</span><br />
• Formada por 20 personas.<br />
• Tienen 200 PV (10PV cada miembro). Si llega a 0 PV serán derrotados.<br />
• Dañan el 50% de su PV total por turno. Su velocidad de movimiento/ataque es 20 puntos.<br />
• Se pueden derrotar de una sola vez a cambio de 200 energía. 
				</div>
			</div>
				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>GASTOS</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					 Nada. 
				</div>
			</div>  <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Off Rol</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Primer Turno, el sistema de hordas es sencillo, pese a ser 20 personas cuentan como 1 solo individuo en términos del sistema, así que si atacas los mandarias a volar o los dejarías KO como las peleas de One piece donde Sanji, Luffy o Soro se cargaban a varios de un solo golpe. Eres libre de avanzar, golpear, avanzar y de hacer ver la justicia. 
				</div>
			</div> <br />
<br />
Ronda 1/6 
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Aventura T2]¿Recuperación o robo? Las grises áreas de la verdad]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2907</link>
			<pubDate>Mon, 05 Jan 2026 19:07:34 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=459">Bertram Gaufrid</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2907</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Reino Sobert, Zona Sur.<br />
Día 11 de Primavera, Año 17 11:00am</span></div>
<br />
El reino de Sobert, una isla con dos partes totalmente diferentes y con aspectos tan opuestos que uno podría pensar que estaba pasando entre diferentes países en lugar de entre dos zonas del mismo reino. En la zona norte de la isla, donde habitan las familias más acaudaladas junto a la realeza y la nobleza de la isla, un lugar arquitectónicamente diverso, con grandes edificios construidos de diferentes tipos de rocas, geometrías que muchos consideran imposibles de llevar a cabo en viviendas y grandes ventanales, calles cubiertas de paralelepípedos, algunas uniformes, otras con diseños diversos. Algunas calles eran totalmente lisas, pero no de tierra, sino de piedra lisa y bien cuidada, algo apropiado para los ricos y acaudalados. Múltiples vitrinas daban a las calles dejando ver restaurantes, tiendas y todo tipo de lujos normales y cotidianos en la vida de esa zona de la isla. Mientras tanto, en la zona sur, todo es diametralmente diferente y es visible directamente desde que llegas, siendo una zona agraria, carente de lujos con casas más humildes y sencillas, hechas de madera, siendo que básicamente cumple lo mínimo que uno puede pedir de una casa, cobijo frente al clima y poder tener algo de privacidad. La zona sur se dedica a la agricultura, el ganado y a cuidar de los cultivos que, irónicamente, son la principal fuente de ingresos de la isla por su comercio de frutos exóticos y tropicales a las islas cercanas, junto a la carne de su ganado.<br />
 <br />
La mayoría de habitantes de la zona sur son humildes trabajadores que se ganan el pan con esfuerzo, sudor y, en ocasiones, sangre, para que luego otros se beneficien del dinero. A pesar de ello, todos siguen esforzándose y trabajando duro, algunos por que les apasiona su trabajo, otros por el simple hecho de poder seguir manteniendo a sus familias, y algunos porque no les queda de otra que trabajar para subsistir. A pesar de ser una zona mayormente agraria y de campos, también tiene una pequeña ciudad, humilde, discreta y ni se acerca a la enorme ciudad de la zona norte, pero tiene todo lo necesario para que las familias humildes y trabajadoras puedan abastecerse y vivir más allá de simplemente trabajar. Es mediodía y en la ciudad de la zona sur la gente se mueve con naturalidad y una calma proveniente de repetir el mismo camino y la misma rutina día tras día sin cambios, sin prisas, solo las personas viviendo y descansando de su trabajo o yendo al mismo, mientras que los niños corren por las calles, algunos juegan en callejuelas secundarias y otros en plena calle principal, a un costado para no estorbar el paso. El flujo de personas, a pesar de la poca riqueza de la zona, es mayor que en la zona norte, siendo que no tienen el lujo de poder almacenar las cosas por días en sus propias casas, por lo que salen a comprar con más frecuencia, además su único entretenimiento es reunirse con la gente en la ciudad, por lo que es natural que la zona esté tan llena, siendo que el único lugar que quizás es igual de frecuentado es la iglesia Austro, donde el pastor ayuda a quién lo necesite.<br />
 <br />
Pese a un ambiente cálido y aparentemente inofensivo, hay zonas de la ciudad que no son muy frecuentadas, algunos rumores dicen que una banda de ladrones se apoderó de la zona, otros comentan que quien se adentra en esa zona no regresa, sea como sea la mayoría de personas lo evitan, los niños son castigados si tratan de ir, y siempre que preguntan por esa zona nadie dice nada, solo evaden la pregunta y tratan de enviar a quien pregunte a otro lado, mayormente a la iglesia para que busque guía divina. Los callejones evitados son algo más sombríos, no se sabe el motivo, pero el ambiente en el lugar es algo distinto, sin embargo, una figura se adentra en la zona, encapuchada y sin que nadie pueda ver nada, y en ese mismo lugar deja un pequeño cartel, colgado de una pared antes de irse, un cartel con un simple trabajo, recuperar un objeto que fue arrebatado a su legítimo dueño, en el mismo se encuentran todos los detalles necesarios, siendo que el objetivo se encuentra de camino a la zona norte, ya fuera de la zona sur propiamente dicha, pero sin llegar a entrar a la zona norte, siendo los almacenes de las tiendas que se mantienen a las afueras por comodidad. El objeto a recuperar es un medallón, pero en el cartel advierte, el culpable es peligroso y muy hábil, sabe pasar desapercibido ante los soldados, de forma que ante la ley es alguien honrado que no cometió crimen alguno. La recompensa es alta, pero no se sabe qué tan cierto es lo que dice, solo se ve el diseño del medallón y la ubicación donde se cree lo esconden.<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Off</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Buenas tardes, noches don Ryota. Aquí tienes tu aventura, este post es una pequeña introducción, está hecho para que puedas directamente ir a la zona donde está la acción principal si así lo deseas, o puedes investigar, a tu gusto, una vez avance la historia pondré los datos pertinentes. Espero disfrutes la aventura y cualquier duda estoy a un privado de distancia.
				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>medallón</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<img src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRc9My_X_1ylkg66WFgNtB4JBSSb03_KrYrfQ&amp;s" loading="lazy"  alt="[Imagen: images?q=tbn:ANd9GcRc9My_X_1ylkg66WFgNtB...3_KrYrfQ&amp;s]" class="mycode_img" />
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Reino Sobert, Zona Sur.<br />
Día 11 de Primavera, Año 17 11:00am</span></div>
<br />
El reino de Sobert, una isla con dos partes totalmente diferentes y con aspectos tan opuestos que uno podría pensar que estaba pasando entre diferentes países en lugar de entre dos zonas del mismo reino. En la zona norte de la isla, donde habitan las familias más acaudaladas junto a la realeza y la nobleza de la isla, un lugar arquitectónicamente diverso, con grandes edificios construidos de diferentes tipos de rocas, geometrías que muchos consideran imposibles de llevar a cabo en viviendas y grandes ventanales, calles cubiertas de paralelepípedos, algunas uniformes, otras con diseños diversos. Algunas calles eran totalmente lisas, pero no de tierra, sino de piedra lisa y bien cuidada, algo apropiado para los ricos y acaudalados. Múltiples vitrinas daban a las calles dejando ver restaurantes, tiendas y todo tipo de lujos normales y cotidianos en la vida de esa zona de la isla. Mientras tanto, en la zona sur, todo es diametralmente diferente y es visible directamente desde que llegas, siendo una zona agraria, carente de lujos con casas más humildes y sencillas, hechas de madera, siendo que básicamente cumple lo mínimo que uno puede pedir de una casa, cobijo frente al clima y poder tener algo de privacidad. La zona sur se dedica a la agricultura, el ganado y a cuidar de los cultivos que, irónicamente, son la principal fuente de ingresos de la isla por su comercio de frutos exóticos y tropicales a las islas cercanas, junto a la carne de su ganado.<br />
 <br />
La mayoría de habitantes de la zona sur son humildes trabajadores que se ganan el pan con esfuerzo, sudor y, en ocasiones, sangre, para que luego otros se beneficien del dinero. A pesar de ello, todos siguen esforzándose y trabajando duro, algunos por que les apasiona su trabajo, otros por el simple hecho de poder seguir manteniendo a sus familias, y algunos porque no les queda de otra que trabajar para subsistir. A pesar de ser una zona mayormente agraria y de campos, también tiene una pequeña ciudad, humilde, discreta y ni se acerca a la enorme ciudad de la zona norte, pero tiene todo lo necesario para que las familias humildes y trabajadoras puedan abastecerse y vivir más allá de simplemente trabajar. Es mediodía y en la ciudad de la zona sur la gente se mueve con naturalidad y una calma proveniente de repetir el mismo camino y la misma rutina día tras día sin cambios, sin prisas, solo las personas viviendo y descansando de su trabajo o yendo al mismo, mientras que los niños corren por las calles, algunos juegan en callejuelas secundarias y otros en plena calle principal, a un costado para no estorbar el paso. El flujo de personas, a pesar de la poca riqueza de la zona, es mayor que en la zona norte, siendo que no tienen el lujo de poder almacenar las cosas por días en sus propias casas, por lo que salen a comprar con más frecuencia, además su único entretenimiento es reunirse con la gente en la ciudad, por lo que es natural que la zona esté tan llena, siendo que el único lugar que quizás es igual de frecuentado es la iglesia Austro, donde el pastor ayuda a quién lo necesite.<br />
 <br />
Pese a un ambiente cálido y aparentemente inofensivo, hay zonas de la ciudad que no son muy frecuentadas, algunos rumores dicen que una banda de ladrones se apoderó de la zona, otros comentan que quien se adentra en esa zona no regresa, sea como sea la mayoría de personas lo evitan, los niños son castigados si tratan de ir, y siempre que preguntan por esa zona nadie dice nada, solo evaden la pregunta y tratan de enviar a quien pregunte a otro lado, mayormente a la iglesia para que busque guía divina. Los callejones evitados son algo más sombríos, no se sabe el motivo, pero el ambiente en el lugar es algo distinto, sin embargo, una figura se adentra en la zona, encapuchada y sin que nadie pueda ver nada, y en ese mismo lugar deja un pequeño cartel, colgado de una pared antes de irse, un cartel con un simple trabajo, recuperar un objeto que fue arrebatado a su legítimo dueño, en el mismo se encuentran todos los detalles necesarios, siendo que el objetivo se encuentra de camino a la zona norte, ya fuera de la zona sur propiamente dicha, pero sin llegar a entrar a la zona norte, siendo los almacenes de las tiendas que se mantienen a las afueras por comodidad. El objeto a recuperar es un medallón, pero en el cartel advierte, el culpable es peligroso y muy hábil, sabe pasar desapercibido ante los soldados, de forma que ante la ley es alguien honrado que no cometió crimen alguno. La recompensa es alta, pero no se sabe qué tan cierto es lo que dice, solo se ve el diseño del medallón y la ubicación donde se cree lo esconden.<br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>Off</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Buenas tardes, noches don Ryota. Aquí tienes tu aventura, este post es una pequeña introducción, está hecho para que puedas directamente ir a la zona donde está la acción principal si así lo deseas, o puedes investigar, a tu gusto, una vez avance la historia pondré los datos pertinentes. Espero disfrutes la aventura y cualquier duda estoy a un privado de distancia.
				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span>medallón</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
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				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Mini guerras [Pasado] [Cill] +18]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2897</link>
			<pubDate>Sun, 04 Jan 2026 16:58:50 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=525">Maki D. Zen'in</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2897</guid>
			<description><![CDATA[La gente llega a ser cruel… tremendamente cruel. Sobre todo, aquellos que piensan que merecen premios o algún tipo de regalía solo por tener algún tipo de deformidad. Ahí estaban. Un montón de gente de tamaño menor. Enanos. Gente pequeña minks de diversos animales menores. Entre ovejas, roedores, cabras y otro tipo de gatos y perros menores. Todos ellos se reunían una vez al mes con capuchas blancas y gorros puntiagudos cantando maldiciones contra un tipo de personas que pocos creerían La iglesia de la sagrada rosa de hierro. Esta banda de enanos tenia un negocio, la forja de armas inútiles y ganaban con la reparación de estas cada día con cada arma rota se hacían mas y mas ricos. Pero había otra banda que hacia armas mas baratas… <br />
 <br />
Los señores de la sagrada de rosa de Hierro contaba con una gran administración de señores del acero, o mas bien vendedores de armas que se valían de gran mano de obra, es decir niños huérfanos para crear armas las cuales vendían. Tal <img src="https://i.ibb.co/dsKMW2qz/Ducha-Maki.jpg" style="width: 200px; height: 172px; float: right; border-radius: 10px; margin: 10px 10px 10px;" />era la crueldad de estos dos bandos por controlar el comercio emergente de la ciudad que cada semana moría uno o dos niños. Y eso causaba muchos problemas sobre todo en las repentinas luchas de enanos contra niños… era terrible. Pues los enanos eran hábiles en la guerra utilizando cosas extrañas como insectos amaestrados, los que consideraban sus iguales con algún tipo de droga, el secreto de su guerra. Un misterio. Pero solo era un truco, usaban una neblina esparcida con unas armas que lanzaban agua, en ella mezclaban una especie de toxina que atraía a los insectos, principalmente langostas y estas se comían la ropa de todos los enemigos. Dejándolos desnudos y vulnerables. Los huérfanos eran muchos más y con armas de largo alcance. Y practicaban mucho. <br />
 <br />
<img src="https://i.ibb.co/CpCwm3X6/MAki-Apple.jpg" style="width: 200px; height: 287px; float: left; border-radius: 10px; margin: 10px 10px 10px 10px;" />Maki se encontraba en la ciudad… recientemente se había levantado y se disponía a su rutina… una serie de ejercicios para fortalecerse, casi treinta minutos de ejercicios de abdomen, de brazos, de piernas y de flexibilidad… sudaba profusamente en su cuarto mientras sopesaba algún tipo de plan para acabar con esta guerra. La furia, la ira… la maldad comenzaba a hacer ebullición en su mente, en su corazón, ennegreciéndose cada vez más y más. Hasta que finalmente termino su rutina… tomo una simple toalla que apenas cubría su cuerpo para finalmente tomar una ducha… el agua fría deliciosa, su cuerpo caliente se sentía genial ahora. Entonces salió de la casa de hospedaje… su mirada sombría oscura… vigilaba una de las forjas de los minks enanos, esperaba un contacto, un señor de la noche eterna, un vil vagabundo que le diría donde escondían todos sus trucos estos estúpidos sectarios. Maki comía una manzana, una roja suculenta. También esperaba a otro. Uno que se decía podría ayudarle un pirata tonto que seguro estaba en ascenso, y necesitaba el dinero de la recompensa. O simplemente la reputación quien sabe. Ahí sentada con una pierna sobre un tocón de árbol… esperaba. Oscura y con la vista aguda. Llegaría aquel principiante para ayudarla o para entorpecerla?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La gente llega a ser cruel… tremendamente cruel. Sobre todo, aquellos que piensan que merecen premios o algún tipo de regalía solo por tener algún tipo de deformidad. Ahí estaban. Un montón de gente de tamaño menor. Enanos. Gente pequeña minks de diversos animales menores. Entre ovejas, roedores, cabras y otro tipo de gatos y perros menores. Todos ellos se reunían una vez al mes con capuchas blancas y gorros puntiagudos cantando maldiciones contra un tipo de personas que pocos creerían La iglesia de la sagrada rosa de hierro. Esta banda de enanos tenia un negocio, la forja de armas inútiles y ganaban con la reparación de estas cada día con cada arma rota se hacían mas y mas ricos. Pero había otra banda que hacia armas mas baratas… <br />
 <br />
Los señores de la sagrada de rosa de Hierro contaba con una gran administración de señores del acero, o mas bien vendedores de armas que se valían de gran mano de obra, es decir niños huérfanos para crear armas las cuales vendían. Tal <img src="https://i.ibb.co/dsKMW2qz/Ducha-Maki.jpg" style="width: 200px; height: 172px; float: right; border-radius: 10px; margin: 10px 10px 10px;" />era la crueldad de estos dos bandos por controlar el comercio emergente de la ciudad que cada semana moría uno o dos niños. Y eso causaba muchos problemas sobre todo en las repentinas luchas de enanos contra niños… era terrible. Pues los enanos eran hábiles en la guerra utilizando cosas extrañas como insectos amaestrados, los que consideraban sus iguales con algún tipo de droga, el secreto de su guerra. Un misterio. Pero solo era un truco, usaban una neblina esparcida con unas armas que lanzaban agua, en ella mezclaban una especie de toxina que atraía a los insectos, principalmente langostas y estas se comían la ropa de todos los enemigos. Dejándolos desnudos y vulnerables. Los huérfanos eran muchos más y con armas de largo alcance. Y practicaban mucho. <br />
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<img src="https://i.ibb.co/CpCwm3X6/MAki-Apple.jpg" style="width: 200px; height: 287px; float: left; border-radius: 10px; margin: 10px 10px 10px 10px;" />Maki se encontraba en la ciudad… recientemente se había levantado y se disponía a su rutina… una serie de ejercicios para fortalecerse, casi treinta minutos de ejercicios de abdomen, de brazos, de piernas y de flexibilidad… sudaba profusamente en su cuarto mientras sopesaba algún tipo de plan para acabar con esta guerra. La furia, la ira… la maldad comenzaba a hacer ebullición en su mente, en su corazón, ennegreciéndose cada vez más y más. Hasta que finalmente termino su rutina… tomo una simple toalla que apenas cubría su cuerpo para finalmente tomar una ducha… el agua fría deliciosa, su cuerpo caliente se sentía genial ahora. Entonces salió de la casa de hospedaje… su mirada sombría oscura… vigilaba una de las forjas de los minks enanos, esperaba un contacto, un señor de la noche eterna, un vil vagabundo que le diría donde escondían todos sus trucos estos estúpidos sectarios. Maki comía una manzana, una roja suculenta. También esperaba a otro. Uno que se decía podría ayudarle un pirata tonto que seguro estaba en ascenso, y necesitaba el dinero de la recompensa. O simplemente la reputación quien sabe. Ahí sentada con una pierna sobre un tocón de árbol… esperaba. Oscura y con la vista aguda. Llegaría aquel principiante para ayudarla o para entorpecerla?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El murmullo de los ignorados [Presente Relativo - T1] [Priv. Barald]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2889</link>
			<pubDate>Sat, 03 Jan 2026 22:46:36 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=530">Hyákinthos</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2889</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sorbet Sur </span></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 6 de primavera, año 17</span></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6:00 p.m.</span></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">"No había un desorden que abriera puertas al rescate, había solo suciedad y miseria."**</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los primeros días de primavera aún arrastran el viento frío del pasado invierno y, esta tarde, sobre el Reino de Sorbet, en la región más al Sur, el cielo triste, encapotado de nubes ansiosas por soltar su llanto sobre el reino, refleja el descontento de las pobres almas que tienen la desdicha de habitar en esa zona.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Lo que en un inicio comenzó con una pequeña incomodidad, con un par de aprovechados que asaltaban aquí y allá, valiéndose de la oscuridad de los callejones, evolucionó hasta alcanzar el ambiente hostil en el que ahora cada persona, desde el más joven hasta el más viejo, se veía atrapado, pero… ¿A quién le importaba? Solo eran una zona ignorada por esta isla, por el mundo. No hay justicia para los que viven en las sombras.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Todos los días era lo mismo desde hacía meses. La extorsión de convirtió en la normalidad.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Por qué?</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Dijeron que fue por una buena causa.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">A un par de chicos se les ocurrió impartir justicia a su manera, si nadie los salvaba, ellos salvarían al resto. No dejarían que pandilleros de otras zonas asaltaran a su gente. Claro, el resto les agradeció ¿Cómo no hacerlo? Por fin alguien los defendía. Su propia gente.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Fue solo un par de veces en las que varios residentes de la zona decidieron recompensar a los chicos por su coraje.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los berries recolectados entre varios vecinos llegaron en bolsas que les fueron entregadas directamente a ambos. Nunca habían visto tanto dinero junto, fue más de lo podían manejar y, como suele ocurrir con aquellos que no saben manejar el poder, quisieron más.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Un buen día los chicos ya no fueron un par, el grupo fue de tres, luego de cuatro y, finalmente, los pobladores dejaron de contar a los chicos que se habían anexado a aquella banda que, en un inicio los protegía de amenazas externas, pero que, a medida que crecieron en número, aunque seguían pregonando lo mismo, ellos eran quienes se habían convertido en un peligro.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Todos los días era lo mismo, el recordatorio de que debían pagar tributo a quienes los protegían de pandilleros de otras zonas y; sin embargo, entre los rostros de “Los Buitres”, como empezaron a ser llamados, se podían ver las caras de algunos de los que antaño los atormentaron.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Nadie se atrevía a hacerles frente ¿Para qué? Si en estacas de madera al inicio de la calle principal de la zona estaban insertados los cráneos de los que se opusieron al “régimen” en un inicio...Habían dicho que fueron bandas rivales, que esos hombres murieron porque no contaban con la protección de Los Buitres. Nadie lo creyó, pero tampoco nadie se atrevió a contradecir la historia. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Desde ese entonces, esas cabezas se convirtieron en el recordatorio de la barbarie que alcanzaban esos chicos por un par de monedas.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Ahora es una rutina.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las calles están vacías, todos prefieren permanecer en sus casas, incluso los niños, excepto por los desafortunados que deben salir de la seguridad de sus cuatro paredes para ganarse el pan de cada día y, son ellos quienes ahora van llegando poco a poco. La tarde trae consigo el éxodo de trabajadores desde las zonas más prosperas de la isla.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Agachan la cabeza cuando llegan al inicio de la calle en la que, en una esquina, hay una mesa en la que dos chicos están sentados como si fueran los guardias de seguridad de un edificio, uno de ellos anota nombres en una lista y otro cuenta las monedas acumuladas en un pequeño cofre de madera, mientras que otros dos muchachos están de pie a los lados de esa misma mesa. Los cuatro llevan dos pistolas en su cinturón, según ellos, por simple precaución, lo cierto es que es una amenaza silenciosa para todo aquel que quiera pasarse de listo y correr a su casa sin pagar el tributo diario.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pero esos cuatro no son los únicos, dos más están a los lados de la entrada de la calle, deteniendo a todo el desdichado que llegue de su jornada. ¿Su trabajo? Enviarlos con los de la mesa para que paguen su cuota diaria y, a su vez, otros cuatro están sentados sobre cajas dispuestas a los lados de la calle, ellos simplemente existen, vigilan, informan, se encargan de que todo esté en orden y, de vez en cuando, acompañan a alguno que otro ciudadano hasta sus casas, según ellos para demostrar que el objetivo inicial no se ha perdido, es su forma de decir que aún los “cuidan”. Gran mentira.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Una mujer pasó con la cabeza agachada, sus 50 berries diarios fueron depositados en el cofre y, los que le seguían en la fila la miraron con lástima, sabían que acababa de tener a su primer hijo, sabían que ese dinero le servía más a ella que a ellos, pero nadie debía intervenir… ¿no es así?</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">No. La paciencia tiene un límite.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Acaso no les da vergüenza? —</span>Un hombre de mediana edad pasó al frente, sosteniendo en sus manos un cuchillo viejo y gritándole de frente a uno de los hombres que estaba parado en la entrada de la calle.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Tú —</span>. Señaló al que estaba en la mesa contando el dinero. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—La conoces desde que son niños, fueron a la escuela juntos ¿No es verdad? —</span>Se giró de nuevo para ver al chico frente a él directamente a los ojos <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Hasta cuando seguirán con esto? No nos están protegiendo de nada…ustedes…</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La frase no acabó, un puñetazo fue a parar directo a la cara del hombre. No fue de parte del que estaba frente a él, si no del que estaba a un lado, quien se había mantenido mirando sin intervenir hasta ahora, pero… ¿Si los seguían insultando no sería una muestra de debilidad?</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #b10dc9;" class="mycode_color">—¡Ya cállate, viejo! ¿Quieres que te recordemos que les pasa a aquellos que pierden nuestra protección? —</span>El chico señaló los cráneos en las estacas, creyó que sería suficiente para apaciguar al hombre, pero el viejo se levantó más rápido de lo que el chico pudo reaccionar para evitar por completo el cuchillo que rozó su mejilla, provocando que un hilo de sangre saliera de la nueva herida.</div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Dentro de uno de los edificios a inicio de la calle, uno que en un inicio parecía abandonado, un hombre se sobresaltó al ver a su “hermano” en peligro, de un respingo saltó hasta alcanzar la ventana que estaba dispuesto a abrir para salir del edificio y unirse a la paliza que estaba a punto de empezar afuera; sin embargo, dos hombres más lo sujetaron con fuerza para mantenerlo en el lugar.<br />
<br />
[align=justify]<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Qué te pasa? No debemos llamar la atención con estas cosas, eso es lo que nos ha mantenido fuera del foco de las autoridades…Los de afuera seguro se encargan sin hacer mucho escándalo, como siempre ¿O no confías lo suficiente en la fuerza de tu hermano? —</span>dijo uno de los 10 chicos en la habitación del edificio que les servía como “base”, mientras que, por la ventana de vidrios oscuros, que permitía ver el exterior pero que impedía que se viera hacia el interior, observó la interacción que ocurría con el que se había atrevido a alzarle la voz a los suyos. <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—De todos modos…estemos atentos por si algo se sale de control.</span>
				</div>
			</div><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #b10dc9;" class="mycode_color">—Pero… ¿Qué mierda? —</span>El chico tardó en limpiarse la sangre la misma cantidad de tiempo que dos de sus compañeros, de los que estaban sentados sobre las cajas, tardaron en llegar a un lado del hombre que se atrevía a desafiarlos. Lo tomaron de los brazos con fuerza y el de la herida en la cara le pateó la mano para quitarle el cuchillo. <span style="color: #b10dc9;" class="mycode_color">—¿Acaso quieres terminar como tus amigos de las estacas? Sabes que si pierdes nuestra protección eso es lo que te pasará.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El de la herida lo tomó del cabello, no esperaba una respuesta, solo quería que la amenaza quedara implícita, pero, en ese instante, la mujer a la que el sujeto antes había defendido decidió ponerse los pantalones también.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su bolso terminó golpeando la cabeza del que sostenía el cabello del hombre…tal vez creyó que nada le ocurriría, pero un golpe de otro de los hombres llegó directo a la boca de su estómago justo antes de que él que estaba en la mesa, el que escribía los nombres, se levantara de su silla para poner orden.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—¿Acaso no aprenden? ¿Por qué llegan a estos extremos? ¡Piénsenlo! El dinero de su contribución los mantiene seguros ¿Alguien más piensa en abandonar esa protección cómo han hecho estos dos? —</span>En ese momento se quitó una de las pistolas de su cinturón y apuntó hacia el hombre que primero les había levantado la voz. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Porque hoy no tengo la paciencia para dejar pasar este tipo de cosas.</span></div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Léeme, por favor, yo importo</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
**: La frase inicial no es mía, evidentemente, es del libro de Rayuela de Julio Cortázar. <br />
<br />
¡Bienvenido a la aventura, joven Kane!<br />
<br />
Un par de cosas antes de empezar:<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Primero, esta es una aventura T1, por lo que constará de 4 post de cada uno, así que todo escalará bastante rápido desde el inicio.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Segundo, esta es una aventura simple, pero bélica, por lo que no olvides equiparte tus armas para poder defenderte de los npcs de turno.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tercero, tus karmas pueden ser usados a favor durante la aventura, tenlo en cuenta.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuarto, en el foro, al momento del bélico, no posteas en base a suposiciones, deja acciones cerradas en tu post, ya si sucede o no lo que narras depende de la respuesta del oponente, aunque si tienes en cuenta las estadísticas hay cosas que desde un inicio se pueden saber si serán o no de alguna forma en específica.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Quinto, gracias por aceptarme como narrador, es la primera aventura que narro, así que tenme paciencia, por favor, que apenas estoy aprendiendo~</div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Unos pandilleros extorsionan a diario a personas de una zona pobre de Sorbet Sur y, cuando un hombre y una chica buscan oponérseles, estos les responden con golpes y amenazas.</div>

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Bélico</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Bien, este es tu primer turno y tu enemigo es una horda de 10 hombres, tres que tienen sujeto al hombre, uno que golpeó a la chica, el que se levanta a “poner orden” y otros cinco que, por ahora, solo están observando: uno sigue sentado en la mesa, otros dos están parados a los lados de la mesa y los dos últimos están a un lado de la calle.</div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Estadísticas de una hora de rango 1:</span><br />
Formada por 10 personas.<br />
Tienen <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">100 PV</span> (<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">10PV</span> cada miembro). Si llega a 0PV serán derrotados.<br />
Dañan el 50% de su PV total por turno. Su velocidad de movimiento/ataque es 10 puntos.<br />
Se pueden derrotar de una sola vez a cambio de <span style="color: #ffa339;" class="mycode_color">100 energía</span>.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Si decides acabar con la primera horda en el turno 1, se revelará la horda 2 que está escondida en el edificio que los pandilleros usan como base, las estadísticas son las mismas que las de la primera horda.
				</div>
			</div><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Eres libre de rolear tus acciones como desees, ya sea que quieras sacar beneficio de lo que está sucediendo, defender a las pobres víctimas o empeorar las cosas.</div>
<br />
Rolea con libertad~
				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sorbet Sur </span></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 6 de primavera, año 17</span></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6:00 p.m.</span></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">"No había un desorden que abriera puertas al rescate, había solo suciedad y miseria."**</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los primeros días de primavera aún arrastran el viento frío del pasado invierno y, esta tarde, sobre el Reino de Sorbet, en la región más al Sur, el cielo triste, encapotado de nubes ansiosas por soltar su llanto sobre el reino, refleja el descontento de las pobres almas que tienen la desdicha de habitar en esa zona.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Lo que en un inicio comenzó con una pequeña incomodidad, con un par de aprovechados que asaltaban aquí y allá, valiéndose de la oscuridad de los callejones, evolucionó hasta alcanzar el ambiente hostil en el que ahora cada persona, desde el más joven hasta el más viejo, se veía atrapado, pero… ¿A quién le importaba? Solo eran una zona ignorada por esta isla, por el mundo. No hay justicia para los que viven en las sombras.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Todos los días era lo mismo desde hacía meses. La extorsión de convirtió en la normalidad.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Por qué?</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Dijeron que fue por una buena causa.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">A un par de chicos se les ocurrió impartir justicia a su manera, si nadie los salvaba, ellos salvarían al resto. No dejarían que pandilleros de otras zonas asaltaran a su gente. Claro, el resto les agradeció ¿Cómo no hacerlo? Por fin alguien los defendía. Su propia gente.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Fue solo un par de veces en las que varios residentes de la zona decidieron recompensar a los chicos por su coraje.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los berries recolectados entre varios vecinos llegaron en bolsas que les fueron entregadas directamente a ambos. Nunca habían visto tanto dinero junto, fue más de lo podían manejar y, como suele ocurrir con aquellos que no saben manejar el poder, quisieron más.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Un buen día los chicos ya no fueron un par, el grupo fue de tres, luego de cuatro y, finalmente, los pobladores dejaron de contar a los chicos que se habían anexado a aquella banda que, en un inicio los protegía de amenazas externas, pero que, a medida que crecieron en número, aunque seguían pregonando lo mismo, ellos eran quienes se habían convertido en un peligro.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Todos los días era lo mismo, el recordatorio de que debían pagar tributo a quienes los protegían de pandilleros de otras zonas y; sin embargo, entre los rostros de “Los Buitres”, como empezaron a ser llamados, se podían ver las caras de algunos de los que antaño los atormentaron.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Nadie se atrevía a hacerles frente ¿Para qué? Si en estacas de madera al inicio de la calle principal de la zona estaban insertados los cráneos de los que se opusieron al “régimen” en un inicio...Habían dicho que fueron bandas rivales, que esos hombres murieron porque no contaban con la protección de Los Buitres. Nadie lo creyó, pero tampoco nadie se atrevió a contradecir la historia. </div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Desde ese entonces, esas cabezas se convirtieron en el recordatorio de la barbarie que alcanzaban esos chicos por un par de monedas.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Ahora es una rutina.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las calles están vacías, todos prefieren permanecer en sus casas, incluso los niños, excepto por los desafortunados que deben salir de la seguridad de sus cuatro paredes para ganarse el pan de cada día y, son ellos quienes ahora van llegando poco a poco. La tarde trae consigo el éxodo de trabajadores desde las zonas más prosperas de la isla.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Agachan la cabeza cuando llegan al inicio de la calle en la que, en una esquina, hay una mesa en la que dos chicos están sentados como si fueran los guardias de seguridad de un edificio, uno de ellos anota nombres en una lista y otro cuenta las monedas acumuladas en un pequeño cofre de madera, mientras que otros dos muchachos están de pie a los lados de esa misma mesa. Los cuatro llevan dos pistolas en su cinturón, según ellos, por simple precaución, lo cierto es que es una amenaza silenciosa para todo aquel que quiera pasarse de listo y correr a su casa sin pagar el tributo diario.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pero esos cuatro no son los únicos, dos más están a los lados de la entrada de la calle, deteniendo a todo el desdichado que llegue de su jornada. ¿Su trabajo? Enviarlos con los de la mesa para que paguen su cuota diaria y, a su vez, otros cuatro están sentados sobre cajas dispuestas a los lados de la calle, ellos simplemente existen, vigilan, informan, se encargan de que todo esté en orden y, de vez en cuando, acompañan a alguno que otro ciudadano hasta sus casas, según ellos para demostrar que el objetivo inicial no se ha perdido, es su forma de decir que aún los “cuidan”. Gran mentira.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Una mujer pasó con la cabeza agachada, sus 50 berries diarios fueron depositados en el cofre y, los que le seguían en la fila la miraron con lástima, sabían que acababa de tener a su primer hijo, sabían que ese dinero le servía más a ella que a ellos, pero nadie debía intervenir… ¿no es así?</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align">No. La paciencia tiene un límite.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Acaso no les da vergüenza? —</span>Un hombre de mediana edad pasó al frente, sosteniendo en sus manos un cuchillo viejo y gritándole de frente a uno de los hombres que estaba parado en la entrada de la calle.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Tú —</span>. Señaló al que estaba en la mesa contando el dinero. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—La conoces desde que son niños, fueron a la escuela juntos ¿No es verdad? —</span>Se giró de nuevo para ver al chico frente a él directamente a los ojos <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Hasta cuando seguirán con esto? No nos están protegiendo de nada…ustedes…</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La frase no acabó, un puñetazo fue a parar directo a la cara del hombre. No fue de parte del que estaba frente a él, si no del que estaba a un lado, quien se había mantenido mirando sin intervenir hasta ahora, pero… ¿Si los seguían insultando no sería una muestra de debilidad?</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #b10dc9;" class="mycode_color">—¡Ya cállate, viejo! ¿Quieres que te recordemos que les pasa a aquellos que pierden nuestra protección? —</span>El chico señaló los cráneos en las estacas, creyó que sería suficiente para apaciguar al hombre, pero el viejo se levantó más rápido de lo que el chico pudo reaccionar para evitar por completo el cuchillo que rozó su mejilla, provocando que un hilo de sangre saliera de la nueva herida.</div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Dentro de uno de los edificios a inicio de la calle, uno que en un inicio parecía abandonado, un hombre se sobresaltó al ver a su “hermano” en peligro, de un respingo saltó hasta alcanzar la ventana que estaba dispuesto a abrir para salir del edificio y unirse a la paliza que estaba a punto de empezar afuera; sin embargo, dos hombres más lo sujetaron con fuerza para mantenerlo en el lugar.<br />
<br />
[align=justify]<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—¿Qué te pasa? No debemos llamar la atención con estas cosas, eso es lo que nos ha mantenido fuera del foco de las autoridades…Los de afuera seguro se encargan sin hacer mucho escándalo, como siempre ¿O no confías lo suficiente en la fuerza de tu hermano? —</span>dijo uno de los 10 chicos en la habitación del edificio que les servía como “base”, mientras que, por la ventana de vidrios oscuros, que permitía ver el exterior pero que impedía que se viera hacia el interior, observó la interacción que ocurría con el que se había atrevido a alzarle la voz a los suyos. <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">—De todos modos…estemos atentos por si algo se sale de control.</span>
				</div>
			</div><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #b10dc9;" class="mycode_color">—Pero… ¿Qué mierda? —</span>El chico tardó en limpiarse la sangre la misma cantidad de tiempo que dos de sus compañeros, de los que estaban sentados sobre las cajas, tardaron en llegar a un lado del hombre que se atrevía a desafiarlos. Lo tomaron de los brazos con fuerza y el de la herida en la cara le pateó la mano para quitarle el cuchillo. <span style="color: #b10dc9;" class="mycode_color">—¿Acaso quieres terminar como tus amigos de las estacas? Sabes que si pierdes nuestra protección eso es lo que te pasará.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El de la herida lo tomó del cabello, no esperaba una respuesta, solo quería que la amenaza quedara implícita, pero, en ese instante, la mujer a la que el sujeto antes había defendido decidió ponerse los pantalones también.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su bolso terminó golpeando la cabeza del que sostenía el cabello del hombre…tal vez creyó que nada le ocurriría, pero un golpe de otro de los hombres llegó directo a la boca de su estómago justo antes de que él que estaba en la mesa, el que escribía los nombres, se levantara de su silla para poner orden.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—¿Acaso no aprenden? ¿Por qué llegan a estos extremos? ¡Piénsenlo! El dinero de su contribución los mantiene seguros ¿Alguien más piensa en abandonar esa protección cómo han hecho estos dos? —</span>En ese momento se quitó una de las pistolas de su cinturón y apuntó hacia el hombre que primero les había levantado la voz. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Porque hoy no tengo la paciencia para dejar pasar este tipo de cosas.</span></div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Léeme, por favor, yo importo</span>
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					<br />
**: La frase inicial no es mía, evidentemente, es del libro de Rayuela de Julio Cortázar. <br />
<br />
¡Bienvenido a la aventura, joven Kane!<br />
<br />
Un par de cosas antes de empezar:<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Primero, esta es una aventura T1, por lo que constará de 4 post de cada uno, así que todo escalará bastante rápido desde el inicio.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Segundo, esta es una aventura simple, pero bélica, por lo que no olvides equiparte tus armas para poder defenderte de los npcs de turno.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tercero, tus karmas pueden ser usados a favor durante la aventura, tenlo en cuenta.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuarto, en el foro, al momento del bélico, no posteas en base a suposiciones, deja acciones cerradas en tu post, ya si sucede o no lo que narras depende de la respuesta del oponente, aunque si tienes en cuenta las estadísticas hay cosas que desde un inicio se pueden saber si serán o no de alguna forma en específica.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Quinto, gracias por aceptarme como narrador, es la primera aventura que narro, así que tenme paciencia, por favor, que apenas estoy aprendiendo~</div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Unos pandilleros extorsionan a diario a personas de una zona pobre de Sorbet Sur y, cuando un hombre y una chica buscan oponérseles, estos les responden con golpes y amenazas.</div>

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Bélico</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Bien, este es tu primer turno y tu enemigo es una horda de 10 hombres, tres que tienen sujeto al hombre, uno que golpeó a la chica, el que se levanta a “poner orden” y otros cinco que, por ahora, solo están observando: uno sigue sentado en la mesa, otros dos están parados a los lados de la mesa y los dos últimos están a un lado de la calle.</div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Estadísticas de una hora de rango 1:</span><br />
Formada por 10 personas.<br />
Tienen <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">100 PV</span> (<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">10PV</span> cada miembro). Si llega a 0PV serán derrotados.<br />
Dañan el 50% de su PV total por turno. Su velocidad de movimiento/ataque es 10 puntos.<br />
Se pueden derrotar de una sola vez a cambio de <span style="color: #ffa339;" class="mycode_color">100 energía</span>.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Si decides acabar con la primera horda en el turno 1, se revelará la horda 2 que está escondida en el edificio que los pandilleros usan como base, las estadísticas son las mismas que las de la primera horda.
				</div>
			</div><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Eres libre de rolear tus acciones como desees, ya sea que quieras sacar beneficio de lo que está sucediendo, defender a las pobres víctimas o empeorar las cosas.</div>
<br />
Rolea con libertad~
				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Lazos encontrados [Pasado Privado]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2842</link>
			<pubDate>Sun, 28 Dec 2025 06:46:00 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=561">Moja</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2842</guid>
			<description><![CDATA[El barco avanzaba con lentitud mientras cortaba las aguas tranquilas del South Blue, y ante la proa comenzaba a dibujarse la silueta del Reino de Sorbet, una extensión de tierra que emergía del horizonte con colinas suaves, tejados desgastados por el salitre y una costa irregular que hablaba de siglos de comercio modesto y supervivencia obstinada. Moja permanecía de pie en cubierta, inmóvil como una estatua, con el uniforme de la Marina impecable pese a los días de travesía, observando en silencio cómo la luz del sol se reflejaba sobre el agua y cómo el viento agitaba apenas el pañuelo azul anudado a su cuello. No era la capital del reino lo que atraía a los barcos de paso, sino los pequeños puertos del sur, zonas olvidadas por la nobleza, pero indispensables para quienes navegaban sin escolta ni privilegios. <br />
<br />
El puerto al que arribaron no tenía murallas ni grandes faros de piedra, solo un muelle de madera envejecida que crujía con cada golpe suave de las olas, sostenido por pilares torcidos y remendados una y otra vez. Las casas que lo rodeaban eran bajas, construidas con tablones desiguales y techos de metal oxidado, y desde las ventanas colgaban cuerdas con ropa secándose al sol. El olor a sal se mezclaba con el de pescado ahumado, aceite viejo y frutas maduras, creando una atmósfera densa y viva que contrastaba con el orden rígido de las bases navales a las que Moja estaba acostumbrado. Cuando el barco amarró, no hubo ceremonias ni saludos oficiales, solo miradas curiosas y desconfiadas de los habitantes del puerto, acostumbrados a ver marines solo cuando algo iba mal. <br />
<br />
Moja descendió por la pasarela con paso firme, sintiendo bajo sus botas la madera húmeda del muelle, consciente de las miradas que se posaban sobre él sin disimulo alguno. Su figura destacaba inevitablemente entre la multitud: un mink de pelaje negro como la noche, alto, robusto, con una presencia silenciosa que imponía respeto incluso sin intención. Algunos niños se detenían a observarlo desde la distancia, aferrados a las faldas de sus madres, mientras pescadores de manos curtidas lo seguían con la mirada, evaluando si aquel marine representaba una amenaza o simplemente un viajero más en busca de provisiones. Moja no respondió a ninguna de esas miradas; su expresión permaneció serena, contenida, y avanzó sin prisa hacia el interior del puerto. <br />
<br />
El mercado se extendía a pocas calles del muelle, ocupando una plaza irregular donde los puestos se apiñaban unos contra otros como si se protegieran del abandono del resto del reino. No había toldos nuevos ni estructuras sólidas, solo telas remendadas, mesas de madera gastada y cajas reutilizadas una y otra vez. Sin embargo, la vida fluía con fuerza allí: comerciantes pregonaban sus mercancías con voces ásperas, mujeres regateaban con una energía casi ritual y el aire estaba cargado de aromas intensos, desde el dulzor de frutas tropicales hasta el picante de especias molidas a mano. Moja caminaba entre los puestos con atención, observando cada detalle, no por desconfianza, sino por costumbre; su mente analizaba el entorno como un mapa vivo, identificando salidas, concentraciones de gente y posibles focos de conflicto, aun cuando todo parecía transcurrir en calma. <br />
<br />
Se detuvo frente a un puesto de frutas, donde montones de cítricos, raíces y bayas de colores apagados se apilaban en cestas de mimbre. El vendedor, un hombre mayor de espalda encorvada y manos temblorosas, lo miró con una mezcla de sorpresa y cautela, pero no apartó la vista ni retrocedió. Moja señaló lo que necesitaba con un gesto breve, y el intercambio se realizó sin palabras innecesarias, acompañado solo por el sonido de las monedas y el roce de la fruta al caer en una bolsa de tela. A lo largo del mercado, repitió el mismo patrón, adquiriendo agua, provisiones secas y algunos utensilios básicos, siempre en silencio, siempre con esa presencia controlada que hacía que incluso los más ruidosos bajaran la voz cuando él pasaba. <br />
<br />
Mientras avanzaba, no pudo evitar notar las señales de pobreza que marcaban cada rincón del sur de Sorbet: rostros cansados, ropa gastada, edificios que parecían sostenerse más por costumbre que por solidez. Aun así, había una dignidad innegable en la forma en que la gente se movía, en cómo defendían su pequeño espacio en el mundo sin esperar ayuda de nadie. Moja observó todo aquello sin juicio, sintiendo una familiaridad incómoda con esa resistencia silenciosa, con esa manera de seguir adelante a pesar de un sistema que miraba hacia otro lado. Por un momento, mientras el sol comenzaba a descender y teñía el mercado de tonos anaranjados, el mink sintió que aquel lugar, humilde y olvidado, hablaba un idioma que él entendía demasiado bien.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El barco avanzaba con lentitud mientras cortaba las aguas tranquilas del South Blue, y ante la proa comenzaba a dibujarse la silueta del Reino de Sorbet, una extensión de tierra que emergía del horizonte con colinas suaves, tejados desgastados por el salitre y una costa irregular que hablaba de siglos de comercio modesto y supervivencia obstinada. Moja permanecía de pie en cubierta, inmóvil como una estatua, con el uniforme de la Marina impecable pese a los días de travesía, observando en silencio cómo la luz del sol se reflejaba sobre el agua y cómo el viento agitaba apenas el pañuelo azul anudado a su cuello. No era la capital del reino lo que atraía a los barcos de paso, sino los pequeños puertos del sur, zonas olvidadas por la nobleza, pero indispensables para quienes navegaban sin escolta ni privilegios. <br />
<br />
El puerto al que arribaron no tenía murallas ni grandes faros de piedra, solo un muelle de madera envejecida que crujía con cada golpe suave de las olas, sostenido por pilares torcidos y remendados una y otra vez. Las casas que lo rodeaban eran bajas, construidas con tablones desiguales y techos de metal oxidado, y desde las ventanas colgaban cuerdas con ropa secándose al sol. El olor a sal se mezclaba con el de pescado ahumado, aceite viejo y frutas maduras, creando una atmósfera densa y viva que contrastaba con el orden rígido de las bases navales a las que Moja estaba acostumbrado. Cuando el barco amarró, no hubo ceremonias ni saludos oficiales, solo miradas curiosas y desconfiadas de los habitantes del puerto, acostumbrados a ver marines solo cuando algo iba mal. <br />
<br />
Moja descendió por la pasarela con paso firme, sintiendo bajo sus botas la madera húmeda del muelle, consciente de las miradas que se posaban sobre él sin disimulo alguno. Su figura destacaba inevitablemente entre la multitud: un mink de pelaje negro como la noche, alto, robusto, con una presencia silenciosa que imponía respeto incluso sin intención. Algunos niños se detenían a observarlo desde la distancia, aferrados a las faldas de sus madres, mientras pescadores de manos curtidas lo seguían con la mirada, evaluando si aquel marine representaba una amenaza o simplemente un viajero más en busca de provisiones. Moja no respondió a ninguna de esas miradas; su expresión permaneció serena, contenida, y avanzó sin prisa hacia el interior del puerto. <br />
<br />
El mercado se extendía a pocas calles del muelle, ocupando una plaza irregular donde los puestos se apiñaban unos contra otros como si se protegieran del abandono del resto del reino. No había toldos nuevos ni estructuras sólidas, solo telas remendadas, mesas de madera gastada y cajas reutilizadas una y otra vez. Sin embargo, la vida fluía con fuerza allí: comerciantes pregonaban sus mercancías con voces ásperas, mujeres regateaban con una energía casi ritual y el aire estaba cargado de aromas intensos, desde el dulzor de frutas tropicales hasta el picante de especias molidas a mano. Moja caminaba entre los puestos con atención, observando cada detalle, no por desconfianza, sino por costumbre; su mente analizaba el entorno como un mapa vivo, identificando salidas, concentraciones de gente y posibles focos de conflicto, aun cuando todo parecía transcurrir en calma. <br />
<br />
Se detuvo frente a un puesto de frutas, donde montones de cítricos, raíces y bayas de colores apagados se apilaban en cestas de mimbre. El vendedor, un hombre mayor de espalda encorvada y manos temblorosas, lo miró con una mezcla de sorpresa y cautela, pero no apartó la vista ni retrocedió. Moja señaló lo que necesitaba con un gesto breve, y el intercambio se realizó sin palabras innecesarias, acompañado solo por el sonido de las monedas y el roce de la fruta al caer en una bolsa de tela. A lo largo del mercado, repitió el mismo patrón, adquiriendo agua, provisiones secas y algunos utensilios básicos, siempre en silencio, siempre con esa presencia controlada que hacía que incluso los más ruidosos bajaran la voz cuando él pasaba. <br />
<br />
Mientras avanzaba, no pudo evitar notar las señales de pobreza que marcaban cada rincón del sur de Sorbet: rostros cansados, ropa gastada, edificios que parecían sostenerse más por costumbre que por solidez. Aun así, había una dignidad innegable en la forma en que la gente se movía, en cómo defendían su pequeño espacio en el mundo sin esperar ayuda de nadie. Moja observó todo aquello sin juicio, sintiendo una familiaridad incómoda con esa resistencia silenciosa, con esa manera de seguir adelante a pesar de un sistema que miraba hacia otro lado. Por un momento, mientras el sol comenzaba a descender y teñía el mercado de tonos anaranjados, el mink sintió que aquel lugar, humilde y olvidado, hablaba un idioma que él entendía demasiado bien.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Influencia en el más allá [Priv. Dr. Bones] [Pasado]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2781</link>
			<pubDate>Sat, 20 Dec 2025 17:33:03 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=530">Hyákinthos</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2781</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://i.imgur.com/FZrFuQH.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">~VESTIMENTA~</a></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 53 de invierno, año 13</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Verás, sé que mi apariencia puede no ser la más intimidante, pero, eso no quiere decir que me gusta que me tomen por idiota —</span>. La voz que resonó en la oficina sonaba demasiado tranquila, incluso algo aburrida, estaba lejos de buscar atemorizar, pero tampoco es que lo necesitara. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La sonrisa en el rostro del hombre de cabellos rosados se ensanchó, mientras se sentaba mejor sobre el escritorio del hombre que permanecía quieto, bastante quieto, sobre la silla giratoria que estaba detrás de esa misma mesa y quién, ahora, miraba con irises temblorosas a su interlocutor al mismo tiempo que sus ojos se empañaban por culpa de las lágrimas que empezaron a brotar en algún momento.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Miedo.<br />
<br />
Le gustaba eso, eso significaba que tenía el control.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esa sola visión hizo que el médico mirara con agrado al sujeto, una expresión que contrastaba con el ambiente y con sus propias palabras, claro, si no se prestaba atención al brillo malicioso que escondía su mirada ambarina, tal vez lo único que podía delatar la rabia acumulada y que, a su modo, dejaba salir con un cuentagotas, todo por haberse sentido estafado.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Lo dicho antes, no le gustaban los juegos cuando de trabajo se trataba.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Cuando te dije que era “nuevo” en el “negocio” no me refería a que fuera un novato, me refería a que soy nuevo en este lugar… ¿Crees que habría sido tan idiota para entrar en este mundillo por mi cuenta sin haber conocido antes las consecuencias? —</span>Soltó un bufido al mismo tiempo que movía una jeringuilla entre sus dedos de la que se podía ver aun una gota de un líquido amarillento asomándose de la punta de la aguja, aunque el tubo de la inyección estuviera vacío, una simple muestra de que la solución que una vez estuvo dentro ya había sido utilizada. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Y tu deberías conocerlas también… ¿No dijiste que conseguir buenos contactos era tu especialidad? ¿Cómo es que nadie te había dado una lección cuándo das tan malas recomendaciones? </span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su rostro se acercó al del sujeto inmóvil en la silla solo para poder ver mejor sus ojos, lo único de su cuerpo que podía moverse con relativa facilidad ahora que los efectos de la “droga” empezaban a ser más notables.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Jmmm, ni siquiera entiendo porque me miras con tanto shock ¿Acaso no sabías que tu contacto era un estafador? Sí, en pasado, porque me encargué de que no siguiera enredando en sus hilos a más pobres clientes como yo —</span>. Alzó su mirada cuando escuchó que la respiración del hombre frente a él empezaba a agitarse. Eso lo hizo fruncir el ceño, ya conocía ese síntoma en aquellos a los que le aplicó antes la “droga”, sabía lo que seguiría después. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¡Ah! Espera, no te vayas aún…tsk…creí que había calculado bien el tiempo en que funcionaba esta cosa —</span>. Jugueteó de nuevo con la jeringuilla que tenía entre sus dedos y se alejó del hombre en la silla justo antes de que este empezara a toser, una tos que venía acompañada de sangre que terminó ensuciando el escritorio.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Eso…justo eso hacen los “sedantes” que me vendió ¿Te das cuenta? —</span>Frunció el ceño mientras daba un par de pasos hacia atrás hasta que la pared a su espalda lo recibió, lo que el médico aprovechó para recostarse y cruzarse de brazos. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Dudo mucho que fuera un simple error como dijo ese estafador, simplemente no tenía el producto correcto y me vendió lo que fuera para salir del paso ¿No es así? Y algo me dice que tu sabías que él no era el mejor y aún así me enviaste con él cuando te dije que buscaba a un profesional real —</span>. Podía entender al tipo, tal vez creyó que un “novato”, como él mismo se “presentó” en un inicio, sería una presa fácil a la cual sacarle dinero. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Yo pedí sedantes…si quisiera venenos para matar casi de inmediato, lo pediría directamente, pero, esto no me sirve en mi línea de trabajo —</span>. No mentía, para sus operaciones necesitaba que sus víctimas estuvieran frescas, debía sacar el “producto” lo más “vivo” posible y, preferiblemente, sin rastros de sustancias que pudieran disminuir su valor. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Por eso decidí que probaras en tu propia piel el producto que me vendió tu “botánico”. ¿Te gusta? Como te mata tan rápido y tan lento al mismo tiempo —</span>. Dejó escapar un suspiro pesado antes de tirar la jeringuilla a un bote de basura cercano, daba igual dejar una prueba, no es que fuera él único con acceso a inyecciones y, además, ni siquiera tendría sus huellas, por algo usaba guantes la mayoría del tiempo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Como sea, a pesar de tu ineptitud, debo agradecerte porque gracias a tu desliz alguien más me dio otro contacto, me dijo que tendrías su tarjeta —</span>. Metió una de sus manos en su bolsillo y de este sacó una tarjeta marcada con elegantes letras que se leían como “Dr. Bones”, además de una dirección en los barrios bajos de Sorbet…Ese detalle le molestaba, Sorbet Sur no era un sitio que le agradara visitar, pero si valía la pena, podía hacer el intento, tampoco es que fuera un ser indefenso. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Y cuánta razón tuvo… ¿Por qué no me hablaste de él en un inicio? ¿Acaso arruinaría tu negocio con el estafador? Bueno, no es que importe ahora—. </span>Levantó la cabeza al escuchar un par de toses más fuertes que las otras y justo en ese instante vio como el cuerpo en la silla se estremeció por un par de segundos una última vez antes de dejar de moverse del todo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Jmmm, supongo que ya no podrás escucharme, bueno…esta bien, eso mismo le pasó a mi último “producto”, era justo que lo vivieras en carne propia también —</span>dijo con esa misma voz tranquila que había usado durante toda la “charla”. —<span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">Te diría que descanses en paz, pero dudo que tu alma pueda aspirar a eso.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Miró, por última vez, el cuerpo de quien fue su “socio” por menos de una semana y se encogió de hombros antes de salir con pasos apresurados, pero con una actitud relajada al estar seguro de que nadie descubriría lo que pasó, además, mejor irse de la “oficina” lo antes posible, tenía que encontrar una dirección y debía admitir que orientarse no era su fuerte.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Estuvo una buena cantidad de tiempo recorriendo las calles de Sorbet Sur con la seguridad de alguien que conocía bien las calles, como si fuera un lugareño más, aunque, más de una vez, se detuvo para preguntar por la dirección en la tarjeta y, así mismo, aunque las personas le hablaran con paciencia y le explicaran con manzanitas, terminaba perdiéndose.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Ah…tal vez debí deshacerme de ese sujeto luego de que me trajera de la mano hasta aquí —</span>. Chasqueó la lengua y se cruzó de brazos, molesto por no poder dar con el sitio descrito en la tarjeta. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¿Por qué todos tienen direcciones tan complicadas? —</span>Por supuesto que la dirección no era la gran cosa para cualquier con tres dedos de frente y él lo sabía, sabía que no encontrar el lugar era su culpa, pero no iba a aceptarlo, prefería culpar a los demás, como siempre.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ya se había decidido por proponerle a la próxima persona que encontrara que lo guiara hasta el lugar, por más que eso pudiera resultar una molestia para él mismo, menos mal que, al girar en una esquina y alzar la cabeza, notó que eso no sería necesario.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Leyó los números inscritos en una placa de metal a un lado de una puerta de madera y luego pasó su mirada por el letrero sobre la misma antes de releer lo que decía la tarjeta. El nombre coincidía. —Je…bingo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las últimas luces del día lo acompañaron hasta el momento en que golpeó la puerta tres veces, lo suficientemente fuerte para hacerse notar, aunque no le molestaría esperar un poco si era necesario, no con las buenas referencias que escuchó de parte de su otro contacto…no, no al que envenenó antes de venir, si no al que le pasó el dato luego de escuchar su decepción con el otro “vendedor” de plantas, medicinas y demás “remedios”.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando la puerta se abrió por fin, una sonrisa amable se asomó en el rostro del hombre de cabellos rosas, quien no tardó en hablar, por supuesto, siempre de manera cortés, detestaría crear una mala impresión negativa en alguien con quien pensaba trabajar si todo salía bien.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Buenas noches, Dr. Bones ¿Cierto? —</span>No hizo la pregunta con la intención de obtener una respuesta inmediata, así que siguió hablando con naturalidad. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Espero haber llegado a tiempo para una pequeña consulta. Verá usted, alguien me dio su tarjeta —</span>. Sostuvo el pedazo de cartón a la altura de su rostro por un momento antes de bajar su mano enguantada. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Y me dijo que usted era con quien debía hablar si estaba en búsqueda de “medicinas” únicas ¿Es eso cierto?</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Siguió mirando al hombre con la misma expresión tranquila y educada que había mostrado hasta ahora, notando que parecía un chico bastante joven. No era lo que esperaba en un inicio, pero bien sabía que en estos negocios no se podía subestimar a nadie, él mismo empezó bastante joven con su propia “empresa” <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—. Porque de ser el caso, tal vez me interese hacer unas cuantas compras ahora y, si resultan ser buenos productos, también lo haría en un futuro —</span>. Mejor dejar las cosas claras desde un inicio y hacer notar que no era una consulta para ver su estado de salud, si no para cerrar posibles tratos. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¿Puedo pasar? —</span>Inclinó la cabeza hacia a un lado, sonriendo casi inocentemente, mientras esperaba paciente por la respuesta del otro hombre.</div>
<br />
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Negativos:<br />
- Sin orientación.
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://i.imgur.com/FZrFuQH.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">~VESTIMENTA~</a></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 53 de invierno, año 13</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Verás, sé que mi apariencia puede no ser la más intimidante, pero, eso no quiere decir que me gusta que me tomen por idiota —</span>. La voz que resonó en la oficina sonaba demasiado tranquila, incluso algo aburrida, estaba lejos de buscar atemorizar, pero tampoco es que lo necesitara. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La sonrisa en el rostro del hombre de cabellos rosados se ensanchó, mientras se sentaba mejor sobre el escritorio del hombre que permanecía quieto, bastante quieto, sobre la silla giratoria que estaba detrás de esa misma mesa y quién, ahora, miraba con irises temblorosas a su interlocutor al mismo tiempo que sus ojos se empañaban por culpa de las lágrimas que empezaron a brotar en algún momento.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Miedo.<br />
<br />
Le gustaba eso, eso significaba que tenía el control.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esa sola visión hizo que el médico mirara con agrado al sujeto, una expresión que contrastaba con el ambiente y con sus propias palabras, claro, si no se prestaba atención al brillo malicioso que escondía su mirada ambarina, tal vez lo único que podía delatar la rabia acumulada y que, a su modo, dejaba salir con un cuentagotas, todo por haberse sentido estafado.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Lo dicho antes, no le gustaban los juegos cuando de trabajo se trataba.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Cuando te dije que era “nuevo” en el “negocio” no me refería a que fuera un novato, me refería a que soy nuevo en este lugar… ¿Crees que habría sido tan idiota para entrar en este mundillo por mi cuenta sin haber conocido antes las consecuencias? —</span>Soltó un bufido al mismo tiempo que movía una jeringuilla entre sus dedos de la que se podía ver aun una gota de un líquido amarillento asomándose de la punta de la aguja, aunque el tubo de la inyección estuviera vacío, una simple muestra de que la solución que una vez estuvo dentro ya había sido utilizada. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Y tu deberías conocerlas también… ¿No dijiste que conseguir buenos contactos era tu especialidad? ¿Cómo es que nadie te había dado una lección cuándo das tan malas recomendaciones? </span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su rostro se acercó al del sujeto inmóvil en la silla solo para poder ver mejor sus ojos, lo único de su cuerpo que podía moverse con relativa facilidad ahora que los efectos de la “droga” empezaban a ser más notables.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Jmmm, ni siquiera entiendo porque me miras con tanto shock ¿Acaso no sabías que tu contacto era un estafador? Sí, en pasado, porque me encargué de que no siguiera enredando en sus hilos a más pobres clientes como yo —</span>. Alzó su mirada cuando escuchó que la respiración del hombre frente a él empezaba a agitarse. Eso lo hizo fruncir el ceño, ya conocía ese síntoma en aquellos a los que le aplicó antes la “droga”, sabía lo que seguiría después. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¡Ah! Espera, no te vayas aún…tsk…creí que había calculado bien el tiempo en que funcionaba esta cosa —</span>. Jugueteó de nuevo con la jeringuilla que tenía entre sus dedos y se alejó del hombre en la silla justo antes de que este empezara a toser, una tos que venía acompañada de sangre que terminó ensuciando el escritorio.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Eso…justo eso hacen los “sedantes” que me vendió ¿Te das cuenta? —</span>Frunció el ceño mientras daba un par de pasos hacia atrás hasta que la pared a su espalda lo recibió, lo que el médico aprovechó para recostarse y cruzarse de brazos. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Dudo mucho que fuera un simple error como dijo ese estafador, simplemente no tenía el producto correcto y me vendió lo que fuera para salir del paso ¿No es así? Y algo me dice que tu sabías que él no era el mejor y aún así me enviaste con él cuando te dije que buscaba a un profesional real —</span>. Podía entender al tipo, tal vez creyó que un “novato”, como él mismo se “presentó” en un inicio, sería una presa fácil a la cual sacarle dinero. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Yo pedí sedantes…si quisiera venenos para matar casi de inmediato, lo pediría directamente, pero, esto no me sirve en mi línea de trabajo —</span>. No mentía, para sus operaciones necesitaba que sus víctimas estuvieran frescas, debía sacar el “producto” lo más “vivo” posible y, preferiblemente, sin rastros de sustancias que pudieran disminuir su valor. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Por eso decidí que probaras en tu propia piel el producto que me vendió tu “botánico”. ¿Te gusta? Como te mata tan rápido y tan lento al mismo tiempo —</span>. Dejó escapar un suspiro pesado antes de tirar la jeringuilla a un bote de basura cercano, daba igual dejar una prueba, no es que fuera él único con acceso a inyecciones y, además, ni siquiera tendría sus huellas, por algo usaba guantes la mayoría del tiempo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Como sea, a pesar de tu ineptitud, debo agradecerte porque gracias a tu desliz alguien más me dio otro contacto, me dijo que tendrías su tarjeta —</span>. Metió una de sus manos en su bolsillo y de este sacó una tarjeta marcada con elegantes letras que se leían como “Dr. Bones”, además de una dirección en los barrios bajos de Sorbet…Ese detalle le molestaba, Sorbet Sur no era un sitio que le agradara visitar, pero si valía la pena, podía hacer el intento, tampoco es que fuera un ser indefenso. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Y cuánta razón tuvo… ¿Por qué no me hablaste de él en un inicio? ¿Acaso arruinaría tu negocio con el estafador? Bueno, no es que importe ahora—. </span>Levantó la cabeza al escuchar un par de toses más fuertes que las otras y justo en ese instante vio como el cuerpo en la silla se estremeció por un par de segundos una última vez antes de dejar de moverse del todo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Jmmm, supongo que ya no podrás escucharme, bueno…esta bien, eso mismo le pasó a mi último “producto”, era justo que lo vivieras en carne propia también —</span>dijo con esa misma voz tranquila que había usado durante toda la “charla”. —<span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">Te diría que descanses en paz, pero dudo que tu alma pueda aspirar a eso.</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Miró, por última vez, el cuerpo de quien fue su “socio” por menos de una semana y se encogió de hombros antes de salir con pasos apresurados, pero con una actitud relajada al estar seguro de que nadie descubriría lo que pasó, además, mejor irse de la “oficina” lo antes posible, tenía que encontrar una dirección y debía admitir que orientarse no era su fuerte.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Estuvo una buena cantidad de tiempo recorriendo las calles de Sorbet Sur con la seguridad de alguien que conocía bien las calles, como si fuera un lugareño más, aunque, más de una vez, se detuvo para preguntar por la dirección en la tarjeta y, así mismo, aunque las personas le hablaran con paciencia y le explicaran con manzanitas, terminaba perdiéndose.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Ah…tal vez debí deshacerme de ese sujeto luego de que me trajera de la mano hasta aquí —</span>. Chasqueó la lengua y se cruzó de brazos, molesto por no poder dar con el sitio descrito en la tarjeta. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¿Por qué todos tienen direcciones tan complicadas? —</span>Por supuesto que la dirección no era la gran cosa para cualquier con tres dedos de frente y él lo sabía, sabía que no encontrar el lugar era su culpa, pero no iba a aceptarlo, prefería culpar a los demás, como siempre.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ya se había decidido por proponerle a la próxima persona que encontrara que lo guiara hasta el lugar, por más que eso pudiera resultar una molestia para él mismo, menos mal que, al girar en una esquina y alzar la cabeza, notó que eso no sería necesario.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Leyó los números inscritos en una placa de metal a un lado de una puerta de madera y luego pasó su mirada por el letrero sobre la misma antes de releer lo que decía la tarjeta. El nombre coincidía. —Je…bingo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las últimas luces del día lo acompañaron hasta el momento en que golpeó la puerta tres veces, lo suficientemente fuerte para hacerse notar, aunque no le molestaría esperar un poco si era necesario, no con las buenas referencias que escuchó de parte de su otro contacto…no, no al que envenenó antes de venir, si no al que le pasó el dato luego de escuchar su decepción con el otro “vendedor” de plantas, medicinas y demás “remedios”.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando la puerta se abrió por fin, una sonrisa amable se asomó en el rostro del hombre de cabellos rosas, quien no tardó en hablar, por supuesto, siempre de manera cortés, detestaría crear una mala impresión negativa en alguien con quien pensaba trabajar si todo salía bien.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Buenas noches, Dr. Bones ¿Cierto? —</span>No hizo la pregunta con la intención de obtener una respuesta inmediata, así que siguió hablando con naturalidad. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Espero haber llegado a tiempo para una pequeña consulta. Verá usted, alguien me dio su tarjeta —</span>. Sostuvo el pedazo de cartón a la altura de su rostro por un momento antes de bajar su mano enguantada. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—Y me dijo que usted era con quien debía hablar si estaba en búsqueda de “medicinas” únicas ¿Es eso cierto?</span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Siguió mirando al hombre con la misma expresión tranquila y educada que había mostrado hasta ahora, notando que parecía un chico bastante joven. No era lo que esperaba en un inicio, pero bien sabía que en estos negocios no se podía subestimar a nadie, él mismo empezó bastante joven con su propia “empresa” <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—. Porque de ser el caso, tal vez me interese hacer unas cuantas compras ahora y, si resultan ser buenos productos, también lo haría en un futuro —</span>. Mejor dejar las cosas claras desde un inicio y hacer notar que no era una consulta para ver su estado de salud, si no para cerrar posibles tratos. <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color">—¿Puedo pasar? —</span>Inclinó la cabeza hacia a un lado, sonriendo casi inocentemente, mientras esperaba paciente por la respuesta del otro hombre.</div>
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		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Fic | Fragmento de memoria 5.0]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2744</link>
			<pubDate>Sun, 14 Dec 2025 20:47:33 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=585">Dharma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2744</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ser empáticos, muchas veces, no resulta algo bastante fácil. Los Piratas, no son una especie de bando justiciero que va buscando salvar a las personas, pero tampoco son de esos bandos que puedan ignorar esa situación. Su problema, de alguna manera, podría decir que pasa por cambiar las bases de la justicia que los tiempos modernos usan; pero también por reducir la cantidad de basura que se acumula alrededor de la estructura. La marina nunca llegaría a tal sitio y mucho menos para ayudar a esas familias ¿Qué les quedaba? A estos amables piratas, por decirlo de alguna forma, salvo algún tipo de presa apetecible pise esas tierras no intervendría y así muchas otras facciones. Claro, hay bandas de todo tipo, después de todo, ellos son una de esas poco peculiares para ser piratas.<br />
<br />
La sinceridad es buena, pero existen mil y un formas de transmitir lo mismo, hablando distinto. Su primo sonreía mientras caminaba al escuchar que Kyo buscaba una forma de pago para que los ayudasen. La risa es causada por el hecho de que, si esa era una excusa para ayudarlos, le funcionaba al Zar, y sí, un poco de dinero no le viene mal a nadie. Son piratas, tienen que actuar muchas veces de esa forma y hasta ahora ha funcionado. El más egocéntrico de todos, se autoproclamaba un dios generoso frente a esas personas, podría serlo si de alguna forma los liberasen de su martirio <span style="color: #00369B;" class="mycode_color">|Somos piratas, les robaremos a quienes los acosan porque seguro tienen algún botín interesante |</span>Mencionaba el Zar para que no luzcan muy bondadosos y formar una reputación en base a eso <span style="color: #008E02;" class="mycode_color">|Si se benefician como parte de, bien por ustedes |</span>Quizás si los pobladores lo ven de esa forma, como si estuvieran intercambiando un favor por otro, no tendrían muchas dudas respecto al hecho de porque los ayudaban.<br />
<br />
Caminaron hasta ubicarse en un punto más sucio, con montículos de desperdicios por doquier que formaban un semicírculo y entre ellos casas improvisadas<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"> |Es aquí donde vivimos, como verán son materiales de fácil combustión por lo que es muy fácil para ellos amenazarnos con una pequeña antorcha |</span>Dijo el viejo que iba con un paso más lerdo<span style="color: #008E02;" class="mycode_color">| Entre ese sentimiento de perder lo poco que tenemos y, sobre todo, a nuestras familias es porque les damos nuestro dinero|</span> Suspiraba y cambiaba levemente el tono de sus palabras <span style="color: #008E02;" class="mycode_color">|Alguna vez luchamos, perdimos a muchos, por eso nos cansamos de hacerlo |</span>Con esto los rostros se marcaban más en los sentimientos de pena y agobio. Frente a estor Su primo no se inmutaba, es cierto que es una situación crítica, pero simpatizar demasiado tampoco es sano. Era momento, una vez más, que interviniera Kyo. Partirían en base a lo que tengan para ofrecer como: dinero, información, etc.<br />
<br />
Conforme avanzaban el escenario se pintaba de decadencia y podredumbre, era algo que se veía venir, el sitio donde estaban era la famosa y olvidada parte Sur.  La gente a veces parecía acostumbrarse a su miseria y ese lugar era la imagen ideal para esa metáfora. Pelinegro seguía el grupo que se conformaba por sus compañeros de este grupo pirata y algunos lugareños, en realidad el pelinegro de cabellos largos no tenía mucha noción de por qué estaban entrometiéndose en cosas que no eran de su interés y menos para un grupo de piratas, pero, ya estaban ahí y ahora tenían que resolver ese lio en el que estaban, aunque claro algo a cambio recibirían, por lo menos eso era lo más positivo que veía el oriundo del Reino de Sorbet. Con un pensamiento muy drástico sobre estas situaciones, pero aun así permitirá que sucediera, quizá se encontraban algo interesante o algún enemigo de valor.<br />
<br />
Los pasos se hacían más lentos, porque el espacio igual se veía reducido y  un aroma nada agradable se esparcía por todo el lugar, Pelinegro miraba con un poco de desprecio, pero sin fruncir su rostro de ninguna forma, el olor no era agradable, pero no era el más incómodo que había apreciado a lo largo de su vida. Sabía que conforme se acercaran a sus hogares eso podría suceder, entre ruidos de gente buscando con que sobrevivir y algunos alegatos comunes en este sitio olvidado por todos. Así era el basurero del Reino de Sorbet gente buscando en los escombros, entre hombres y mujeres, algunos niños con la edad suficiente para apenas poder valerse por sí mismos, era un lugar deplorable, pero realmente el espadachín no podía involucrarse, porque no sentía ningún tipo de emoción, solo un poco de desprecio y molestia por permitirse vivir así.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color">|...|</span><br />
<br />
Pelinegro se limitaba a escuchar y observar lo que hacían y decían sus compañeros, incluida Evie que parecía algo retraída, era bien sabido que era un tipo de persona más sensible o humana, sería el termino correcto a diferencia de los otros tres piratas. No había nada más que aportar a la situación el mayor de los Zar se mantenía alerta, mientras escuchaba las palabras de Su primo y Kyo, así como las del sujeto que hace unos minutos había salvado su vida. Pero todo pintaba a que sería una pequeña guerrilla la que sucedería en estos lares, gente inocente y despreciada por la vida y quizá por sus propios errores, contra unos corruptos y abusivos seres que según defendían la justicia, pero al parecer solo cuando fuera conveniente, mientras tanto sacan provecho de los más desdichados. Atento a lo que pudiera surgir, el de la capa carmesí, se mantendría tranquilo.<br />
<br />
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ser empáticos, muchas veces, no resulta algo bastante fácil. Los Piratas, no son una especie de bando justiciero que va buscando salvar a las personas, pero tampoco son de esos bandos que puedan ignorar esa situación. Su problema, de alguna manera, podría decir que pasa por cambiar las bases de la justicia que los tiempos modernos usan; pero también por reducir la cantidad de basura que se acumula alrededor de la estructura. La marina nunca llegaría a tal sitio y mucho menos para ayudar a esas familias ¿Qué les quedaba? A estos amables piratas, por decirlo de alguna forma, salvo algún tipo de presa apetecible pise esas tierras no intervendría y así muchas otras facciones. Claro, hay bandas de todo tipo, después de todo, ellos son una de esas poco peculiares para ser piratas.<br />
<br />
La sinceridad es buena, pero existen mil y un formas de transmitir lo mismo, hablando distinto. Su primo sonreía mientras caminaba al escuchar que Kyo buscaba una forma de pago para que los ayudasen. La risa es causada por el hecho de que, si esa era una excusa para ayudarlos, le funcionaba al Zar, y sí, un poco de dinero no le viene mal a nadie. Son piratas, tienen que actuar muchas veces de esa forma y hasta ahora ha funcionado. El más egocéntrico de todos, se autoproclamaba un dios generoso frente a esas personas, podría serlo si de alguna forma los liberasen de su martirio <span style="color: #00369B;" class="mycode_color">|Somos piratas, les robaremos a quienes los acosan porque seguro tienen algún botín interesante |</span>Mencionaba el Zar para que no luzcan muy bondadosos y formar una reputación en base a eso <span style="color: #008E02;" class="mycode_color">|Si se benefician como parte de, bien por ustedes |</span>Quizás si los pobladores lo ven de esa forma, como si estuvieran intercambiando un favor por otro, no tendrían muchas dudas respecto al hecho de porque los ayudaban.<br />
<br />
Caminaron hasta ubicarse en un punto más sucio, con montículos de desperdicios por doquier que formaban un semicírculo y entre ellos casas improvisadas<span style="color: #008E02;" class="mycode_color"> |Es aquí donde vivimos, como verán son materiales de fácil combustión por lo que es muy fácil para ellos amenazarnos con una pequeña antorcha |</span>Dijo el viejo que iba con un paso más lerdo<span style="color: #008E02;" class="mycode_color">| Entre ese sentimiento de perder lo poco que tenemos y, sobre todo, a nuestras familias es porque les damos nuestro dinero|</span> Suspiraba y cambiaba levemente el tono de sus palabras <span style="color: #008E02;" class="mycode_color">|Alguna vez luchamos, perdimos a muchos, por eso nos cansamos de hacerlo |</span>Con esto los rostros se marcaban más en los sentimientos de pena y agobio. Frente a estor Su primo no se inmutaba, es cierto que es una situación crítica, pero simpatizar demasiado tampoco es sano. Era momento, una vez más, que interviniera Kyo. Partirían en base a lo que tengan para ofrecer como: dinero, información, etc.<br />
<br />
Conforme avanzaban el escenario se pintaba de decadencia y podredumbre, era algo que se veía venir, el sitio donde estaban era la famosa y olvidada parte Sur.  La gente a veces parecía acostumbrarse a su miseria y ese lugar era la imagen ideal para esa metáfora. Pelinegro seguía el grupo que se conformaba por sus compañeros de este grupo pirata y algunos lugareños, en realidad el pelinegro de cabellos largos no tenía mucha noción de por qué estaban entrometiéndose en cosas que no eran de su interés y menos para un grupo de piratas, pero, ya estaban ahí y ahora tenían que resolver ese lio en el que estaban, aunque claro algo a cambio recibirían, por lo menos eso era lo más positivo que veía el oriundo del Reino de Sorbet. Con un pensamiento muy drástico sobre estas situaciones, pero aun así permitirá que sucediera, quizá se encontraban algo interesante o algún enemigo de valor.<br />
<br />
Los pasos se hacían más lentos, porque el espacio igual se veía reducido y  un aroma nada agradable se esparcía por todo el lugar, Pelinegro miraba con un poco de desprecio, pero sin fruncir su rostro de ninguna forma, el olor no era agradable, pero no era el más incómodo que había apreciado a lo largo de su vida. Sabía que conforme se acercaran a sus hogares eso podría suceder, entre ruidos de gente buscando con que sobrevivir y algunos alegatos comunes en este sitio olvidado por todos. Así era el basurero del Reino de Sorbet gente buscando en los escombros, entre hombres y mujeres, algunos niños con la edad suficiente para apenas poder valerse por sí mismos, era un lugar deplorable, pero realmente el espadachín no podía involucrarse, porque no sentía ningún tipo de emoción, solo un poco de desprecio y molestia por permitirse vivir así.<br />
<br />
<span style="color: #C10300;" class="mycode_color">|...|</span><br />
<br />
Pelinegro se limitaba a escuchar y observar lo que hacían y decían sus compañeros, incluida Evie que parecía algo retraída, era bien sabido que era un tipo de persona más sensible o humana, sería el termino correcto a diferencia de los otros tres piratas. No había nada más que aportar a la situación el mayor de los Zar se mantenía alerta, mientras escuchaba las palabras de Su primo y Kyo, así como las del sujeto que hace unos minutos había salvado su vida. Pero todo pintaba a que sería una pequeña guerrilla la que sucedería en estos lares, gente inocente y despreciada por la vida y quizá por sus propios errores, contra unos corruptos y abusivos seres que según defendían la justicia, pero al parecer solo cuando fuera conveniente, mientras tanto sacan provecho de los más desdichados. Atento a lo que pudiera surgir, el de la capa carmesí, se mantendría tranquilo.<br />
<br />
</div>]]></content:encoded>
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