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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Iglesia Austro]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 09:09:57 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada T1] A thousand slowly dying sunsets]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2873</link>
			<pubDate>Thu, 01 Jan 2026 12:36:18 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=593">Runin D. Kitay</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2873</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=HY2y4UTsfNc" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">I guess the loneliness came knocking</a></span></div>
<br />
El dulce amanecer acaricia la frente de la fémina cuando sus pasos la direccionan hacia el lugar que provoca rememoranzas sobre el descanso, sueños y anécdotas de arrepentimiento y profundo amor que jamás termina de entender. ¿Debería atribuir eso a la juventud? ¿O a la carencia de empatía? Los ancianos hablan como si el fin del mundo se acercara pero, en general, es su final, no el de la humanidad. Todos dicen lo mismo, menos Nuvia. <br />
<br />
Nuvia solía utilizar sombreros hermosos, algunas veces sobrios y otras veces extravagantes. Hablaba de la palabra del señor con el cariño propio de quien relata anécdotas vividas con un familiar cercano. Cada domingo, religiosamente, se sentaba en el mismo lugar y a la misma hora en la butaca número 33. Los números ya no existen y Runin nunca los vió porque eso fue tallado cuando Nuvia aún jugaba con la mamila, en un tiempo donde las preocupaciones no existían en su vida.<br />
<br />
A las 8:00am las campanas empiezan a sonar de forma estrepitosa, constante y rítmica. ¿La misa se adelanta un par de días o se atrasa unos tantos? La sorpresa arrebata uno que otro gesto poco repetitivo, las amapolas en sus manos brillan y la fémina se siente satisfecha con la idea de haberlas comprado a los cultivadores locales, aquellos que las siembran y se esfuerzan, no a los que venden el producto en el sector norte, a esas personas seguramente hubiera intentado robarles.<br />
<br />
La premura de sus pasos la llevan a ancianos vestidos de negro, a silenciosas miradas y solitarias lágrimas. Un par de personas le observan de arriba hacia abajo como si de una paria se tratase, como si estuviera pisando suelo santo sin ningún tipo de respeto o estuviera escupiendo a los pies de alguien importante. Uno que otro anciano se abre paso hasta dar con la fémina de vestido floreado, parece contrastar con todo y todos. ¿Se equivocó de iglesia? No, es la única existente y esos rostros que logran reconocerla lo confirman.<br />
<br />
Cierta sonrisa desafiante se expande, lista para emitir ingeniosos sarcasmos y chistes que solo ellos entenderían; al final lo único que logra hacer es apretar con dureza los labios hasta formar una línea porque los orbes llenos de congoja, de palabras no dichas y lástima reverbera con apremio en su interior.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Todos van vestidos de negro. Todos sollozan. Todos piensan en el final de la vida.</div>
<br />
Ahí están Vicky, Trance, Josuke, Elsa, Dulce. La fémina cuenta mentalmente a los conocidos y desconocidos, hace memoria de tiempos pasados y un nudo empieza a formarse en la garganta. ¿Algunos se habrán marchado de la isla? ¿Habrán tenido la oportunidad de vivir en Sorbet Norte? ¿Estarán descansando en sus hogares aprovechando las primeras horas del día? ¿Habrán salido a ganarse el pan de cada día en los campos? La mirada chocolate observa el interior de la iglesia y el estómago se revuelve cuando nota cómo algunos sacan sombreros de todo tipo, se los colocan sobre la cabeza y tratan de enderezarse a modo de reconocimiento. Quien precede la misa está de pie a un costado y en el centro el humilde féretro hace acto de presencia.<br />
<br />
Las flores alrededor del ataúd son escasas y entiende la razón de ello; no pueden dar más de lo que tienen para ofrecer. Pétalos blancos, rosas y naranjas. No existe el rojo ni el rosa. Las amapolas en los brazos de Runin harán la diferencia, si tan solo pudiera dar un paso hacia el interior de la iglesia. Sus antiguos conocidos, ancianos que en algún momento irán por el mismo camino, le dan su espacio para que pueda saborear el amargo sabor de los años y la vida, para que logre reaccionar y volver al mundo real, y no al de los recuerdos.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/4qI5th8.png" width="150"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—¿Nuvia?</span></span></div>
<br />
El nombre suena lejano, incómodo, pastoso. ¿O es porque la garganta, de repente, se siente más seca? Runin baja la mirada hasta sus vestimentas. ¿No ha elegido un conjunto adecuado para reencontrarse con su amiga? Para ir a la iglesia y evitar recibir miradas recriminatorias, para hacerle entender a Nuvia que ha aprendido algo de su particular gusto por los vestidos largos y las flores, por el recato y la consideración hacia las creencias ajenas; aunque eso último solo pueda mostrarlo frente a sus seres queridos, a veces. <br />
<br />
Ahora lo único que puede pensar es que el color verde desentona con el azabache general, que sus piernas se sienten tan pesadas que no logra dar un paso hacia el frente, que jamás ha visto tantas personas reunidas en un funeral porque, en realidad, nunca ha asistido a uno de ese calibre. No. Cuando ella enterró a su hermano, lo hizo sola, sufrió sola, enloqueció sola y ni siquiera pudo vestirse de negro par la ocasión. <br />
<br />
Cuando lanzó el cuerpo de su madre hacía un agujero creado por la naturaleza, dejó de sentir, dejó de llorar, dejó de pensar; un ser vacío que vagaba por la tierra. Nadie dio santa sepultura, nadie dio palmadas sobre su hombro, nadie profirió un dulce abrazo hacia su persona. ¿A ese tipo de situaciones también se les podía llamar velorio? ¿Aunque existiera una única persona presente? ¿Envidia o sosiego? ¿Qué debería sentir?<br />
<br />
Una tenue sonrisa se apodera de los labios de la fémina cuando al fin decide ingresar a la sala. La comisura de los orbes arde y cuando al fin llega su turno para observar el féretro la ve. Realmente es Nuvia, con una expresión despreocupada, llena de dicha, con un vestido verde bosque con pétalos de tulipanes bordados en la parte inferior y en el chal rosado que acaricia sus brazos y pecho, por eso no existen flores de ese color, no hacen falta, ella provee el rosa como si hubiera nacido para eso o como si hubiera muerto para portarlo. <br />
<br />
Runin respira profundamente y las amapolas se posan sobre el pecho de la mujer que le hablaba de un dios del que la amazona sigue sin entender, que jamás le interesó ni le interesará pero que, cuando veía la radiante sonrisa de la mujer adulta, ella asentía y escuchaba con paciencia, al menos hasta quedarse dormida en el hombro de Nuvia o hasta que decidiera que era hora de tener alguna aventura improvisada por la ciudad. <br />
<br />
La misa empieza y con ello las dulces palabras en memoria de una mujer que abría sus manos a los desconocidos, que les hacía sentir en casa. La comunión no se hace esperar, los abrazos y las manos agarrándose unas con otras; siempre ha preferido mantenerse al margen pero esta vez acepta la amabilidad y costumbres ajenas. El féretro se cierra ante sus ojos y las personas comparten alimentos y bebidas. Acepta un pan con mantequilla pero niega ante el café, acepta la copa de vino servida en envases plásticos que tienden a volver a lavar y lo bebe con una lentitud que rememora su primera vez en Sorbet.<br />
<br />
Piden colaboración para cargar el ataúd y Runin levanta la mano aunque algunos niegan con vehemencia ante el gesto. Un anciano dice que él puede encargarse, que las mujeres tomen asiento y ella levanta la mano para detenerlo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—Solo por hoy no soy una mujer o una extranjera, no busco ganancias o perder el aburrimiento. Hoy no soy nadie más que alguien que ha perdido una amiga, cariño. Así que, por favor…</span></span> —Los labios se presionan antes de relamerlos por acto costumbre. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/TFQoHMP.png" width="150"><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—Permítanme cargar el féretro de mi amiga.</span></span></div>
<br />
El sinuoso camino es irrelevante, el peso del cuerpo en el interior de la caja de madera también. Cuando al fin el cuerpo es depositado en una tumba en el bosque, ella misma decide esforzarse en taparla con tierra húmeda y flores de los alrededores. Todos guardan silencio hasta que algunas personas cantan afables alabanzas que suenan a despedidas. La intranquilidad en el corazón de la fémina empieza a disminuir con cada palabra, en especial cuando el ruido de las palas desaparece por completo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“En memoria de Nuvia.<br />
<br />
Su alegría perdura en cada corazón que tocó.”</span></div>
<br />
El epitafio reza y con el pasar de los minutos las personas empiezan a retirarse. Una tras otra dan su último pésame porque las actividades diarias deben ser realizadas, porque el pan de cada día debe ser llevado a la mesa, porque tener un montón de personas llorando a su alrededor no es algo que Nuvia desearía. Todos lo entienden y aunque una parte de Runin lo haga, la realidad es que ella perdura en ese lugar aunque el sol primaveral golpee contra sí, aunque el deshielo comience y las nubes sean blancas y el cielo muy celeste. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1646AB;" class="mycode_color">—Mi niña.</span></span> —Una sola voz permanece junto a la fémina de mirada chocolate quien desvía la mirada en total desolación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1646AB;" class="mycode_color">—Nuvia dejó algo para cuando volvieras, dijo que regresarías porque se lo habías prometido.</span></span> —Algo se quiebra en el interior de Runin porque nuevamente ha llegado tarde a cumplir una promesa, porque Nuvia se ha ido sin verla por una última vez. La garganta se cierra y el aire colapsa en sus pulmones, no puede respirar, no quiere respirar. <br />
<br />
La imagen de una pequeña bolsita siendo depositada en sus manos provocan que un par de lágrimas más escapen, sus últimos ahorros. La amazona se agacha ante el siguiente regalo y un simple pero hermoso <a href="https://i.imgur.com/Y9RS7Xp.jpeg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">sombrero</a> bordado a mano es depositado sobre su cabello. Los labios de la fémina se aprietan entre ellos, muerde el inferior hasta hacerlo sangrar y los hombros se mueven cuando intenta contener el torrente de lágrimas. El sombrero oculta su rostro y el amable anciano le da un par de golpecitos en la espalda antes de alejarse y dejarla sola. <br />
<br />
El amanecer da paso a la tarde cuando al fin el alma de Runin logra reponerse, cuando el hinchado rostro se levanta para leer el epitafio una y otra vez, cuando seca las lágrimas y empieza a sonreír recordando las misas junto a la amable mujer. No ha comido y no ha bebido más que lo adquirido en la iglesia, pero no importa. Es lo de menos. El piar de un par de pajarillos llaman su atención y cuando un par de ardillas escapan de sus escondites, siente paz. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/ubZEaat.png" width="150"></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—No sé si fue suerte o el destino porque no sé si creo en esas cosas, pero te fuiste en tu época favorita. ¿No es así, cariño? La primavera te sienta bien.</span></span> —Aún se siente el frío del invierno que acaba de pasar, ella busca un árbol cercano que escalar, aún con el vestido, aún con los tacones, aún con lo resbaladizo del ambiente. <br />
<br />
Ese día y esa noche busca hacerle compañía a Nuvia. Así como en su momento lo hizo con su amado hermano, incluso con su odiada madre; porque es una costumbre personal, porque en el fondo no quiere que teman su primera velada después de haber fallecido, no hace falta dejarlos solos. Solo por ese día y esa noche, Nuvia se sentirá nuevamente acompañada. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://i.imgur.com/eZpbCeZ.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Vestimenta</a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=HY2y4UTsfNc" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">I guess the loneliness came knocking</a></span></div>
<br />
El dulce amanecer acaricia la frente de la fémina cuando sus pasos la direccionan hacia el lugar que provoca rememoranzas sobre el descanso, sueños y anécdotas de arrepentimiento y profundo amor que jamás termina de entender. ¿Debería atribuir eso a la juventud? ¿O a la carencia de empatía? Los ancianos hablan como si el fin del mundo se acercara pero, en general, es su final, no el de la humanidad. Todos dicen lo mismo, menos Nuvia. <br />
<br />
Nuvia solía utilizar sombreros hermosos, algunas veces sobrios y otras veces extravagantes. Hablaba de la palabra del señor con el cariño propio de quien relata anécdotas vividas con un familiar cercano. Cada domingo, religiosamente, se sentaba en el mismo lugar y a la misma hora en la butaca número 33. Los números ya no existen y Runin nunca los vió porque eso fue tallado cuando Nuvia aún jugaba con la mamila, en un tiempo donde las preocupaciones no existían en su vida.<br />
<br />
A las 8:00am las campanas empiezan a sonar de forma estrepitosa, constante y rítmica. ¿La misa se adelanta un par de días o se atrasa unos tantos? La sorpresa arrebata uno que otro gesto poco repetitivo, las amapolas en sus manos brillan y la fémina se siente satisfecha con la idea de haberlas comprado a los cultivadores locales, aquellos que las siembran y se esfuerzan, no a los que venden el producto en el sector norte, a esas personas seguramente hubiera intentado robarles.<br />
<br />
La premura de sus pasos la llevan a ancianos vestidos de negro, a silenciosas miradas y solitarias lágrimas. Un par de personas le observan de arriba hacia abajo como si de una paria se tratase, como si estuviera pisando suelo santo sin ningún tipo de respeto o estuviera escupiendo a los pies de alguien importante. Uno que otro anciano se abre paso hasta dar con la fémina de vestido floreado, parece contrastar con todo y todos. ¿Se equivocó de iglesia? No, es la única existente y esos rostros que logran reconocerla lo confirman.<br />
<br />
Cierta sonrisa desafiante se expande, lista para emitir ingeniosos sarcasmos y chistes que solo ellos entenderían; al final lo único que logra hacer es apretar con dureza los labios hasta formar una línea porque los orbes llenos de congoja, de palabras no dichas y lástima reverbera con apremio en su interior.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Todos van vestidos de negro. Todos sollozan. Todos piensan en el final de la vida.</div>
<br />
Ahí están Vicky, Trance, Josuke, Elsa, Dulce. La fémina cuenta mentalmente a los conocidos y desconocidos, hace memoria de tiempos pasados y un nudo empieza a formarse en la garganta. ¿Algunos se habrán marchado de la isla? ¿Habrán tenido la oportunidad de vivir en Sorbet Norte? ¿Estarán descansando en sus hogares aprovechando las primeras horas del día? ¿Habrán salido a ganarse el pan de cada día en los campos? La mirada chocolate observa el interior de la iglesia y el estómago se revuelve cuando nota cómo algunos sacan sombreros de todo tipo, se los colocan sobre la cabeza y tratan de enderezarse a modo de reconocimiento. Quien precede la misa está de pie a un costado y en el centro el humilde féretro hace acto de presencia.<br />
<br />
Las flores alrededor del ataúd son escasas y entiende la razón de ello; no pueden dar más de lo que tienen para ofrecer. Pétalos blancos, rosas y naranjas. No existe el rojo ni el rosa. Las amapolas en los brazos de Runin harán la diferencia, si tan solo pudiera dar un paso hacia el interior de la iglesia. Sus antiguos conocidos, ancianos que en algún momento irán por el mismo camino, le dan su espacio para que pueda saborear el amargo sabor de los años y la vida, para que logre reaccionar y volver al mundo real, y no al de los recuerdos.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/4qI5th8.png" width="150"><br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—¿Nuvia?</span></span></div>
<br />
El nombre suena lejano, incómodo, pastoso. ¿O es porque la garganta, de repente, se siente más seca? Runin baja la mirada hasta sus vestimentas. ¿No ha elegido un conjunto adecuado para reencontrarse con su amiga? Para ir a la iglesia y evitar recibir miradas recriminatorias, para hacerle entender a Nuvia que ha aprendido algo de su particular gusto por los vestidos largos y las flores, por el recato y la consideración hacia las creencias ajenas; aunque eso último solo pueda mostrarlo frente a sus seres queridos, a veces. <br />
<br />
Ahora lo único que puede pensar es que el color verde desentona con el azabache general, que sus piernas se sienten tan pesadas que no logra dar un paso hacia el frente, que jamás ha visto tantas personas reunidas en un funeral porque, en realidad, nunca ha asistido a uno de ese calibre. No. Cuando ella enterró a su hermano, lo hizo sola, sufrió sola, enloqueció sola y ni siquiera pudo vestirse de negro par la ocasión. <br />
<br />
Cuando lanzó el cuerpo de su madre hacía un agujero creado por la naturaleza, dejó de sentir, dejó de llorar, dejó de pensar; un ser vacío que vagaba por la tierra. Nadie dio santa sepultura, nadie dio palmadas sobre su hombro, nadie profirió un dulce abrazo hacia su persona. ¿A ese tipo de situaciones también se les podía llamar velorio? ¿Aunque existiera una única persona presente? ¿Envidia o sosiego? ¿Qué debería sentir?<br />
<br />
Una tenue sonrisa se apodera de los labios de la fémina cuando al fin decide ingresar a la sala. La comisura de los orbes arde y cuando al fin llega su turno para observar el féretro la ve. Realmente es Nuvia, con una expresión despreocupada, llena de dicha, con un vestido verde bosque con pétalos de tulipanes bordados en la parte inferior y en el chal rosado que acaricia sus brazos y pecho, por eso no existen flores de ese color, no hacen falta, ella provee el rosa como si hubiera nacido para eso o como si hubiera muerto para portarlo. <br />
<br />
Runin respira profundamente y las amapolas se posan sobre el pecho de la mujer que le hablaba de un dios del que la amazona sigue sin entender, que jamás le interesó ni le interesará pero que, cuando veía la radiante sonrisa de la mujer adulta, ella asentía y escuchaba con paciencia, al menos hasta quedarse dormida en el hombro de Nuvia o hasta que decidiera que era hora de tener alguna aventura improvisada por la ciudad. <br />
<br />
La misa empieza y con ello las dulces palabras en memoria de una mujer que abría sus manos a los desconocidos, que les hacía sentir en casa. La comunión no se hace esperar, los abrazos y las manos agarrándose unas con otras; siempre ha preferido mantenerse al margen pero esta vez acepta la amabilidad y costumbres ajenas. El féretro se cierra ante sus ojos y las personas comparten alimentos y bebidas. Acepta un pan con mantequilla pero niega ante el café, acepta la copa de vino servida en envases plásticos que tienden a volver a lavar y lo bebe con una lentitud que rememora su primera vez en Sorbet.<br />
<br />
Piden colaboración para cargar el ataúd y Runin levanta la mano aunque algunos niegan con vehemencia ante el gesto. Un anciano dice que él puede encargarse, que las mujeres tomen asiento y ella levanta la mano para detenerlo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—Solo por hoy no soy una mujer o una extranjera, no busco ganancias o perder el aburrimiento. Hoy no soy nadie más que alguien que ha perdido una amiga, cariño. Así que, por favor…</span></span> —Los labios se presionan antes de relamerlos por acto costumbre. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/TFQoHMP.png" width="150"><br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—Permítanme cargar el féretro de mi amiga.</span></span></div>
<br />
El sinuoso camino es irrelevante, el peso del cuerpo en el interior de la caja de madera también. Cuando al fin el cuerpo es depositado en una tumba en el bosque, ella misma decide esforzarse en taparla con tierra húmeda y flores de los alrededores. Todos guardan silencio hasta que algunas personas cantan afables alabanzas que suenan a despedidas. La intranquilidad en el corazón de la fémina empieza a disminuir con cada palabra, en especial cuando el ruido de las palas desaparece por completo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“En memoria de Nuvia.<br />
<br />
Su alegría perdura en cada corazón que tocó.”</span></div>
<br />
El epitafio reza y con el pasar de los minutos las personas empiezan a retirarse. Una tras otra dan su último pésame porque las actividades diarias deben ser realizadas, porque el pan de cada día debe ser llevado a la mesa, porque tener un montón de personas llorando a su alrededor no es algo que Nuvia desearía. Todos lo entienden y aunque una parte de Runin lo haga, la realidad es que ella perdura en ese lugar aunque el sol primaveral golpee contra sí, aunque el deshielo comience y las nubes sean blancas y el cielo muy celeste. <br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1646AB;" class="mycode_color">—Mi niña.</span></span> —Una sola voz permanece junto a la fémina de mirada chocolate quien desvía la mirada en total desolación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1646AB;" class="mycode_color">—Nuvia dejó algo para cuando volvieras, dijo que regresarías porque se lo habías prometido.</span></span> —Algo se quiebra en el interior de Runin porque nuevamente ha llegado tarde a cumplir una promesa, porque Nuvia se ha ido sin verla por una última vez. La garganta se cierra y el aire colapsa en sus pulmones, no puede respirar, no quiere respirar. <br />
<br />
La imagen de una pequeña bolsita siendo depositada en sus manos provocan que un par de lágrimas más escapen, sus últimos ahorros. La amazona se agacha ante el siguiente regalo y un simple pero hermoso <a href="https://i.imgur.com/Y9RS7Xp.jpeg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">sombrero</a> bordado a mano es depositado sobre su cabello. Los labios de la fémina se aprietan entre ellos, muerde el inferior hasta hacerlo sangrar y los hombros se mueven cuando intenta contener el torrente de lágrimas. El sombrero oculta su rostro y el amable anciano le da un par de golpecitos en la espalda antes de alejarse y dejarla sola. <br />
<br />
El amanecer da paso a la tarde cuando al fin el alma de Runin logra reponerse, cuando el hinchado rostro se levanta para leer el epitafio una y otra vez, cuando seca las lágrimas y empieza a sonreír recordando las misas junto a la amable mujer. No ha comido y no ha bebido más que lo adquirido en la iglesia, pero no importa. Es lo de menos. El piar de un par de pajarillos llaman su atención y cuando un par de ardillas escapan de sus escondites, siente paz. <br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/ubZEaat.png" width="150"></div>
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—No sé si fue suerte o el destino porque no sé si creo en esas cosas, pero te fuiste en tu época favorita. ¿No es así, cariño? La primavera te sienta bien.</span></span> —Aún se siente el frío del invierno que acaba de pasar, ella busca un árbol cercano que escalar, aún con el vestido, aún con los tacones, aún con lo resbaladizo del ambiente. <br />
<br />
Ese día y esa noche busca hacerle compañía a Nuvia. Así como en su momento lo hizo con su amado hermano, incluso con su odiada madre; porque es una costumbre personal, porque en el fondo no quiere que teman su primera velada después de haber fallecido, no hace falta dejarlos solos. Solo por ese día y esa noche, Nuvia se sentirá nuevamente acompañada. <br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://i.imgur.com/eZpbCeZ.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Vestimenta</a></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[SOCIAL :  +18  / Pasado  ︵ ⃰  ᅠFides et ratio.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2822</link>
			<pubDate>Thu, 25 Dec 2025 08:51:56 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=673">Zalik Blutrichter</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2822</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Día 35 de Invierno, Año 16.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><hr class="mycode_hr" />
</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><iframe width="500" height="75" src="https://www.youtube.com/embed/W3SWV8tvu18?si=s1MVcs19H8IMuBL9" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><hr class="mycode_hr" />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Venerables <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hermanos</span> y quienes dicen también ser <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Padres</span>. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Salud</span> y <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bendición</span> Apostólica.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu del ser vivo se eleva hacia la contemplación de la verdad, pues Dios ha puesto en el corazón del vivo el deseo de conocerla y, en definitiva, de conocerle a Él, para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo. Ahora bien, el ser que piensa dispone de múltiples medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que puede hacer cada vez más reflexiva su propia existencia; así, la capacidad especulativa, propia de la inteligencia, conduce a elaborar, mediante la actividad filosófica, una forma de pensamiento riguroso y a construir, con la coherencia lógica de las afirmaciones y el carácter orgánico de los contenidos, un saber sistemático que ordena y da sentido al vivir. Cabe entonces preguntarse<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> si son carentes de razón aquellos seres no pensantes</span>, arrojados al naufragio de la alta mar, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">que se autoproclaman "piratas"</span> sin concebir el lugar en el que se hallan, pues, en su insuficiencia, no <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">son</span> sino <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">criminales</span>. Un criminal no mata en aras de salvaguardar una ética, ya que carece de ella, puesto que aquello que denomina ética actúa únicamente en su propio beneficio y en el de quienes se sitúan tras él por compartir su misma condición. Los criminales no tienen ética; tienen un plan de actuación, ya sea premeditado o no. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Los piratas, por tanto, no merecen llegar a Dios ni a su verdad.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Las palmas de Zalik se hallan juntas en rezo, orientadas hacia una figura de mármol detallada, mientras los primeros rayos del sol comienzan a hacer mella en el ventanal, tan colorido y propio de las iglesias de carácter monoteísta. El tiempo, pese a ser invierno, no presenta un frío riguroso, sino templanza, quizá apta para prendas algo más ligeras de lo convencional en dicha estación. Hay pocas personas dentro de la iglesia; en su mayoría, individuos de avanzada edad que rezan con la esperanza de obtener algún beneficio ante la cercanía de la muerte, mientras Zalik, en cambio, muestra una actitud penitenciaria. Destaca por no ser aún nadie, tanto por su juventud como por sus vestimentas, asemejándose, si tal concepto pudiera existir, al Arcángel de la Guerra, al mismísimo <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Miguel</span>, cuyo papel es ser el jefe de los ejércitos de Dios.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Tal es la encomienda que Zalik anhela para sí; ser quien porte la lanza y arrebate los sentidos al mal encarnado, ya se le nombre Satán, Lucifer o, sin que el nombre altere el significado último, piratas. El símil resulta adecuado, pues Miguel perdió la capacidad de volar al descender sin rechistar contra el mal, y le fueron arrebatadas las alas para que conociera el peso de las cadenas de una maldad que, bajo la <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">justicia</span> actual, parece irremediable.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">El olor del incienso de canela se hace presente y se intensifica a medida que alguien pudiera acercarse a él, ya que ha prendido una varilla del mismo aroma junto a su persona. En su boca mastica un chicle de menta, y entre ambas muñecas se repite un rascar inevitable, mecánicamente en su paranoia, mientras articula su pensar en una lengua apropiada para el entorno. Reza para limpiar karma y alma, para que el sentimiento de venganza no lo carcoma vivo; hay ira en él y sabe que una persona intelectual ha de mantener la sangre fría para preservar el orden que dice servir. </span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">El rezo le calma el pulso, aunque esa calma no será duradera una vez decida ejecutar su primer corte y, lo peor de todo, es que lo sabe con absoluta certeza. Por ello permanece de rodillas, con las manos al frente y los ojos cerrados, orientados hacia la figura que representa la justicia y una profunda sed de comprensión.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">⸻<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Deus ultionum Dominus; Deus ultionum libere egit. Exaltare, qui iudicas terram; redde retributionem superbis</span>⸻abre los ojos, negros, casi desprovistos de brillo. Separa las palmas y cruza en cada mano los dedos índice y corazón; en una de ellas posa los dedos sobre sus labios y sonríe, mientras la otra desciende, señalando la tierra.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">⸻<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Constitue <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">peccatorem</span></span> super eum, et <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">diabolus</span></span> stet a dextris eius. Fiant filii eius orphani, et uxor eius vidua.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">.</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/30ZfWdv.jpeg" loading="lazy"  width="100" height="100" alt="[Imagen: 30ZfWdv.jpeg]" class="mycode_img" /></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Día 35 de Invierno, Año 16.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><hr class="mycode_hr" />
</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><iframe width="500" height="75" src="https://www.youtube.com/embed/W3SWV8tvu18?si=s1MVcs19H8IMuBL9" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><hr class="mycode_hr" />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Venerables <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hermanos</span> y quienes dicen también ser <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Padres</span>. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Salud</span> y <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bendición</span> Apostólica.</span></span></div>
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<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu del ser vivo se eleva hacia la contemplación de la verdad, pues Dios ha puesto en el corazón del vivo el deseo de conocerla y, en definitiva, de conocerle a Él, para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo. Ahora bien, el ser que piensa dispone de múltiples medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que puede hacer cada vez más reflexiva su propia existencia; así, la capacidad especulativa, propia de la inteligencia, conduce a elaborar, mediante la actividad filosófica, una forma de pensamiento riguroso y a construir, con la coherencia lógica de las afirmaciones y el carácter orgánico de los contenidos, un saber sistemático que ordena y da sentido al vivir. Cabe entonces preguntarse<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> si son carentes de razón aquellos seres no pensantes</span>, arrojados al naufragio de la alta mar, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">que se autoproclaman "piratas"</span> sin concebir el lugar en el que se hallan, pues, en su insuficiencia, no <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">son</span> sino <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">criminales</span>. Un criminal no mata en aras de salvaguardar una ética, ya que carece de ella, puesto que aquello que denomina ética actúa únicamente en su propio beneficio y en el de quienes se sitúan tras él por compartir su misma condición. Los criminales no tienen ética; tienen un plan de actuación, ya sea premeditado o no. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Los piratas, por tanto, no merecen llegar a Dios ni a su verdad.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Las palmas de Zalik se hallan juntas en rezo, orientadas hacia una figura de mármol detallada, mientras los primeros rayos del sol comienzan a hacer mella en el ventanal, tan colorido y propio de las iglesias de carácter monoteísta. El tiempo, pese a ser invierno, no presenta un frío riguroso, sino templanza, quizá apta para prendas algo más ligeras de lo convencional en dicha estación. Hay pocas personas dentro de la iglesia; en su mayoría, individuos de avanzada edad que rezan con la esperanza de obtener algún beneficio ante la cercanía de la muerte, mientras Zalik, en cambio, muestra una actitud penitenciaria. Destaca por no ser aún nadie, tanto por su juventud como por sus vestimentas, asemejándose, si tal concepto pudiera existir, al Arcángel de la Guerra, al mismísimo <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Miguel</span>, cuyo papel es ser el jefe de los ejércitos de Dios.</span></span><br />
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<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Tal es la encomienda que Zalik anhela para sí; ser quien porte la lanza y arrebate los sentidos al mal encarnado, ya se le nombre Satán, Lucifer o, sin que el nombre altere el significado último, piratas. El símil resulta adecuado, pues Miguel perdió la capacidad de volar al descender sin rechistar contra el mal, y le fueron arrebatadas las alas para que conociera el peso de las cadenas de una maldad que, bajo la <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">justicia</span> actual, parece irremediable.</span></span><br />
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<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">El olor del incienso de canela se hace presente y se intensifica a medida que alguien pudiera acercarse a él, ya que ha prendido una varilla del mismo aroma junto a su persona. En su boca mastica un chicle de menta, y entre ambas muñecas se repite un rascar inevitable, mecánicamente en su paranoia, mientras articula su pensar en una lengua apropiada para el entorno. Reza para limpiar karma y alma, para que el sentimiento de venganza no lo carcoma vivo; hay ira en él y sabe que una persona intelectual ha de mantener la sangre fría para preservar el orden que dice servir. </span></span><br />
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<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">El rezo le calma el pulso, aunque esa calma no será duradera una vez decida ejecutar su primer corte y, lo peor de todo, es que lo sabe con absoluta certeza. Por ello permanece de rodillas, con las manos al frente y los ojos cerrados, orientados hacia la figura que representa la justicia y una profunda sed de comprensión.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">⸻<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Deus ultionum Dominus; Deus ultionum libere egit. Exaltare, qui iudicas terram; redde retributionem superbis</span>⸻abre los ojos, negros, casi desprovistos de brillo. Separa las palmas y cruza en cada mano los dedos índice y corazón; en una de ellas posa los dedos sobre sus labios y sonríe, mientras la otra desciende, señalando la tierra.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">⸻<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Constitue <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">peccatorem</span></span> super eum, et <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">diabolus</span></span> stet a dextris eius. Fiant filii eius orphani, et uxor eius vidua.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">.</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/30ZfWdv.jpeg" loading="lazy"  width="100" height="100" alt="[Imagen: 30ZfWdv.jpeg]" class="mycode_img" /></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada t1] Noche de confesiones y recuerdos agrios]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2666</link>
			<pubDate>Thu, 04 Dec 2025 15:35:49 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=625">Ryan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2666</guid>
			<description><![CDATA[Era de madrugada en la isla de Sorbet, estaba acostado con mi bufanda azulada intentando dormir en un hostal, en el cual cobraban la nada misma, solo un par de berrys que podrías conseguir quitando percebes de un barco, pero eso era solo si… Tenías un trabajo, trabajo que muchas veces se me era negado por tener la edad que llevaba encima, siendo si no fuese porque había robado aquí ya con el grupo que ahora formaba parte de piratas (Sumado mis robos de islas atrás), no habría podido tener la habitación solitaria de la que ahora gozaba, la cual como siempre se sentía extraña, poco habitual… Fría… Un lugar el cual si fuese por mí me habría gustado no estar, acostumbraba habitualmente a tener miles de desconocidos en mí misma habitación durmiendo como podíamos, pero… Ahora que era libre tanto de aquella tripulación, como de la misma esclavitud que me había mantenido atado tan pocos años… Y que me seguía atormentando hasta el día de hoy, recordándome, que en cualquier momento me podrían volver a encerrar, haciéndome ver este lujo como un tesoro que no podía dejar ir, de la misma forma también que este tesoro resultaba doloroso, como para quien toma una fría espada desde la hoja.<br />
 <br />
No faltaba decir que el lugar no era mas caro, pero es que tampoco me importaría irme y dormir en un lugar de mala muerte, era simplemente cosa de costumbre, no poder dormir como a uno le plazca, era cosa que pocos podían decir sufrían como lo hacía yo. Así pues, viendo las horas pasar seria que lograría cerrar los ojos, hasta quedar dormido mas por cansancio que por deseo de descansar, vería mis primeros sueños e ilusiones como siempre rotos en la extraña bifurcación que eran las pesadillas que todos decían seria temporales, pero que a mí me vivían molestando desde mis primeros días de existencia, recuerdos ya vagos de lo que sufría en la nieve, lo que comía, lo que veía… Era como ser la mascota comestible de un grupo de búhos esperando mi turno de ser cazado, la ansiedad de correr de aquella bestia era como el quedarse sin aire bajo el mar, asfixiante. Pero, que por alguna razón ya veía como mi único camino, correr, correr de lo que me asustaba y me dañaba, siendo finalmente atrapado, pero no por un búho, sino otro tipo de ave, más específicamente un cuervo, el cuervo que yo mismo mate y que ahora buscaba venganza por sobre mi cadáver, cadáver del cual no dejaría nada. <br />
 <br />
Entonces despertaría de un grito en la cama, o eso me haría pensar aquella habitación, estábamos en movimiento con una brisa cálida que resultaba casi nostálgica, mi cuerpo parecía mayor y entonces la vería… Una sombra de lo que pudo ser mi vida, una bella y hermosa plantación de lo que irónicamente para ella era una simple molestia, así como yo lo era para ella. Pues, era aquella granja de naranjas que le dije quería tener, pero… No eran naranjas… Eran… Otras… Plantas.<br />
 <br />
Así pues, el sueño iría volviéndose borroso, pero antes de finalizar, sería que la puerta se abriría y yo girándome gritaría - ¡¿Tomate eres tú?!- mientras un disparo cegaba mi horrible pesar… Por fin, pudiendo tomar un respiro de aquella horrible pesadilla, viendo la hora con una respiración entre cortada y tomándome la cara donde según yo me habría pegado el tiro a plena noche… Tiro, que no habría recibido después de todo… -Era un sueño... – Reiría levemente sin saber que decir, mi mente seguía perdida en aquella chica que me había hecho tan feliz, al mismo tiempo que tan triste. <br />
 <br />
Chica que traicioné por completo, al igual que lo hice con aquella tripulación de los cuervos, pasado que ahora cargo como lo hacía con aquella capa.<br />
 <br />
-Tuvieron… - Respiraría fuertemente sintiéndome congelado a pesar de que iba viendo el calor que hacia adentro de la habitación y que yo estaba sudando por ello -Tuvieron la culpa… Verdad. – Diría asintiendo fuertemente intentando auto convencerme de lo que hice era lo correcto, traicionar a aquellos que había ya acostumbrado a ver, pero que en el fondo les tenia jurado algo mas que la vida… A pesar de que me habían dado un hogar, una vida… Una familia. Esos pensamientos me estaban destruyendo por dentro, por lo cual necesitaba salir a respirar aire, si es que quería poder dormir… Si… Eso era lo que necesitaba. <br />
 <br />
Tome entonces mi preciada bufanda azulada y mi capucha cuyo nombre aun me resonaba en mis pensamientos mas profundos, viendo ambas cosas con dolor indescriptible -Filo de la noche eh… - Era extraño, pensar que sería durante el día que su anterior portador moriría bajo la guillotina. Me levantaría entonces, de la cama y tomaría mis llaves, retirándome visiblemente incomodo a dar un paseo durante la madrugada, la luna aún estaba lívidamente visible en el cielo, las calles vacías sin ningún alma caminando sobre ellas, exceptuando por mis propios pies, mi mente iba mas calmada de lo que podía pensar estaría, simplemente había un mal que me asolaba y que no era primera vez llegaba a tocarme la puerta, por lo cual creía tener todo bajo control.<br />
 <br />
Seria en esa caminata, que simplemente me posaría en una esquina con lagrimas en los ojos, dejándome liberar mis demonios internos y exteriorizarlos por fuerte que fuesen, lejos de la tripulación que ahora debía mostrarme como un hombre fuerte, a pesar de simplemente ser lo que era… Un esclavo, un idiota… Un niño. Llamando la atención tanto de las sombras que había por el bosque de casas montadas que era el sur de esta isla, como también de una luz que guiaba el camino de muchos del lugar… Una luz que se me acercaría y me pondría la mano en el hombro que tanta carga llevaba, viendo entonces a un joven rostro, vestido con ropas de lo que parecía ser un clero, cabello corto y café, junto a una cara tan amigable como lo sería un abuelo, a pesar de que seguía siendo muy joven. Este abriría la boca entonces y en un tono calmado diría -Que hace un chiquillo aquí perdido de la mano de dios en plena noche. – Lo cual me haría desde primera instancia sacarme su mano y mirarlo desconfiando, haciendo que el simplemente siguiera sonriendo.<br />
 <br />
-Caaaalma… Hihiho… Solo quería ver si necesitabas ayuda… Es raro ver a alguien de tu edad a estas horas. – Comentaría poniéndose en una posición despreocupada apuntado a la nada con aquel farol que llevaba encima, haciendo que se me bajase levemente esa desconfianza instintiva que tanto llevaba, limpiándome las lágrimas con la manga mientras el me examinaba fuertemente -Vale… Andaba mal ye… - Le diría mientras al parecer este solo me llevaba sonriendo como idiota unos minutos asiéndome sentir algo asqueado por unos segundos, después de todo, no estaba acostumbrado a que me tratasen bien – Bueno, que bien que ahora estes mejor ¿Tienes dónde dormir si quiera? ¿Quieres venir conmigo a la iglesia? Hay un hostal ahí para la gente que no tiene donde quedarse… Y quien sabe, tal vez podrías confesarte. – Me diría como quien dicta una especie de venta más que alguna ayuda desinteresada, por lo cual aun sospechando lo pensaría unos minutos… Para simplemente asentirle y empezar a caminar con él hacia lo que era la Iglesia Austro, mientras el me cuestionaba toda clase de preguntas obvias que yo me negaba a responder.<br />
 <br />
 <br />
Entonces por fin llegue a aquella estructura santa, de la cual poco y nada conocía, era bella como ella sola, pero al mismo tiempo me producía desconfianza, jamás había creído en un dios, aunque en aquellos tiempos me habría gustado tenerlo, jamás llego a acompañarme y por ende, jamás pude dedicarle una oración, pues tampoco es que conociese del mundo en aquella época.<br />
 <br />
-Ven entremos amigo. – Me diría el clérigo del cual aun no escuchaba el nombre, siguiéndole hasta después de aquel hermoso arco que era la puerta de la entrada, en donde seguiría con un -Dado, que no te quisiste presentar, supondré entonces que queras confesarte verdad… - Asentiría al verme atrapado en mi propia red de misterios -Bueno si es así, te dejare con mi maestro, el clérigo san mentón. – me explicaría aquel joven que creía tener una nueva oveja en su rebaño, metiéndome directo al confesionario a pesar de ser un pirata sin dudar ni un segundo de mi... Ahí pues o vería, un viejo con un mentón impresionante y una barba aún más larga que aquella deformidad, se presentaría conmigo en aquella habitación tapando parte de su rostro, invitándome a hablar con un dicho que parecía ser de lo más seguro.<br />
 <br />
-Ven chiquillo cuéntame de ti, que te atormenta. – Acertándole tan fuerte al punto que me heria que simplemente en ese momento cedi… Y quise decirle todo, a pesar de que me había mantenido varios minutos en silencio sepulcral, el cual rompería con un... -Mate a un viejo compañero de tripulación. – dejando que unos segundos de silencio trascurrieran, seria en los que el viejo pudiese digerir aquella información -Muchos han pecado, pero pocos se redimen de ello como tú, cuéntame más chiquillo. – Me hablaría demostrando porque era visto por aquel chiquillo como alguien muy querido o una santidad, o algo así.<br />
 <br />
-Él le… Le hizo cosas imperdonables a mi madre... Jamás pensé en que lo lograría, pero con el tiempo se hizo casi una familia aquella tripulación, en donde él no era solamente el navegante, sino también el padre de una vieja amiga…  - Diría tocándome aquella marca en mi cuello que tanto tocaba cuando estaba incomodo, el sujeto meditaría entonces -Y bueno… se lo habrás informado a tus superiores entonces en la marina. – Asentiria un par de veces el señor del mentón, haciéndome suspirar.<br />
 <br />
-No. – rondaría aquel silencio -Tampoco es que estuviese en la marina… Señor… Yo soy un pirata. – Le explicaría haciéndolo poner una leve mueca detrás de la puerta que poco y nada mostraba mas que esos rasgos físicos, siguiendo mi charla con un llanto con el que diría… - Desde que tengo uso de decisión lo soy, mas no… No de razón. – Intentaria encontrar las mejores palabras para describir mis pesares, pero este simplemente callaría unos segundos en los cual lloraría, para preguntarme algo asustado.<br />
 <br />
- ¿De qué piratas formaste parte…? ¿Eh niño? – Preguntaría con una voz entrecortadas, que dilataría todo lo que habría dicho hasta un punto muerto, pareciendo bastante sorprendido… pero aún más… Rabioso… Lo cual me haría dudar que decir -Eh… Ehm… - Balbucearía mientras en un desliz pondría mi mano en aquella puerta intentando largarme, para que el me la tomase en un agarré por una rendija… Que me iría asustando en gran medida para agregarme -Cual… Mocoso… - Lo que encendería mis alertas, mirándolo de reojo acercando una daga de las que tenía ocultas en mi capucha a su mano -Soy ex miembro de la tripulación cuervo… Es eso un problema. – reafirmando mi posición ahora como pirata… En lo cual en el lugar hermético me aclararía ahora si con su verdadero yo mirándome detrás de esa madera.<br />
 <br />
-Mi hija murió por tu puta tripulación hace mucho… Por ella me volví monje. – intentando forcejearme de entre mi amarre que para él podría ser como pasarle la mano a una enredadera con espinas… La cual cortaba muy bien… -Venir aquí fue un error… Y no seré yo quien page por él. – Le diría en un corte súbito que daría por la rendija rompiendo aquella puerta, matándolo en un solo tajo mortal.<br />
 <br />
Así pues, me iria decepcionado del lugar, sin que nadie me presenciara salir… Total… Ya habrían visto de lo que es capas alguien cuyo tormento pesa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era de madrugada en la isla de Sorbet, estaba acostado con mi bufanda azulada intentando dormir en un hostal, en el cual cobraban la nada misma, solo un par de berrys que podrías conseguir quitando percebes de un barco, pero eso era solo si… Tenías un trabajo, trabajo que muchas veces se me era negado por tener la edad que llevaba encima, siendo si no fuese porque había robado aquí ya con el grupo que ahora formaba parte de piratas (Sumado mis robos de islas atrás), no habría podido tener la habitación solitaria de la que ahora gozaba, la cual como siempre se sentía extraña, poco habitual… Fría… Un lugar el cual si fuese por mí me habría gustado no estar, acostumbraba habitualmente a tener miles de desconocidos en mí misma habitación durmiendo como podíamos, pero… Ahora que era libre tanto de aquella tripulación, como de la misma esclavitud que me había mantenido atado tan pocos años… Y que me seguía atormentando hasta el día de hoy, recordándome, que en cualquier momento me podrían volver a encerrar, haciéndome ver este lujo como un tesoro que no podía dejar ir, de la misma forma también que este tesoro resultaba doloroso, como para quien toma una fría espada desde la hoja.<br />
 <br />
No faltaba decir que el lugar no era mas caro, pero es que tampoco me importaría irme y dormir en un lugar de mala muerte, era simplemente cosa de costumbre, no poder dormir como a uno le plazca, era cosa que pocos podían decir sufrían como lo hacía yo. Así pues, viendo las horas pasar seria que lograría cerrar los ojos, hasta quedar dormido mas por cansancio que por deseo de descansar, vería mis primeros sueños e ilusiones como siempre rotos en la extraña bifurcación que eran las pesadillas que todos decían seria temporales, pero que a mí me vivían molestando desde mis primeros días de existencia, recuerdos ya vagos de lo que sufría en la nieve, lo que comía, lo que veía… Era como ser la mascota comestible de un grupo de búhos esperando mi turno de ser cazado, la ansiedad de correr de aquella bestia era como el quedarse sin aire bajo el mar, asfixiante. Pero, que por alguna razón ya veía como mi único camino, correr, correr de lo que me asustaba y me dañaba, siendo finalmente atrapado, pero no por un búho, sino otro tipo de ave, más específicamente un cuervo, el cuervo que yo mismo mate y que ahora buscaba venganza por sobre mi cadáver, cadáver del cual no dejaría nada. <br />
 <br />
Entonces despertaría de un grito en la cama, o eso me haría pensar aquella habitación, estábamos en movimiento con una brisa cálida que resultaba casi nostálgica, mi cuerpo parecía mayor y entonces la vería… Una sombra de lo que pudo ser mi vida, una bella y hermosa plantación de lo que irónicamente para ella era una simple molestia, así como yo lo era para ella. Pues, era aquella granja de naranjas que le dije quería tener, pero… No eran naranjas… Eran… Otras… Plantas.<br />
 <br />
Así pues, el sueño iría volviéndose borroso, pero antes de finalizar, sería que la puerta se abriría y yo girándome gritaría - ¡¿Tomate eres tú?!- mientras un disparo cegaba mi horrible pesar… Por fin, pudiendo tomar un respiro de aquella horrible pesadilla, viendo la hora con una respiración entre cortada y tomándome la cara donde según yo me habría pegado el tiro a plena noche… Tiro, que no habría recibido después de todo… -Era un sueño... – Reiría levemente sin saber que decir, mi mente seguía perdida en aquella chica que me había hecho tan feliz, al mismo tiempo que tan triste. <br />
 <br />
Chica que traicioné por completo, al igual que lo hice con aquella tripulación de los cuervos, pasado que ahora cargo como lo hacía con aquella capa.<br />
 <br />
-Tuvieron… - Respiraría fuertemente sintiéndome congelado a pesar de que iba viendo el calor que hacia adentro de la habitación y que yo estaba sudando por ello -Tuvieron la culpa… Verdad. – Diría asintiendo fuertemente intentando auto convencerme de lo que hice era lo correcto, traicionar a aquellos que había ya acostumbrado a ver, pero que en el fondo les tenia jurado algo mas que la vida… A pesar de que me habían dado un hogar, una vida… Una familia. Esos pensamientos me estaban destruyendo por dentro, por lo cual necesitaba salir a respirar aire, si es que quería poder dormir… Si… Eso era lo que necesitaba. <br />
 <br />
Tome entonces mi preciada bufanda azulada y mi capucha cuyo nombre aun me resonaba en mis pensamientos mas profundos, viendo ambas cosas con dolor indescriptible -Filo de la noche eh… - Era extraño, pensar que sería durante el día que su anterior portador moriría bajo la guillotina. Me levantaría entonces, de la cama y tomaría mis llaves, retirándome visiblemente incomodo a dar un paseo durante la madrugada, la luna aún estaba lívidamente visible en el cielo, las calles vacías sin ningún alma caminando sobre ellas, exceptuando por mis propios pies, mi mente iba mas calmada de lo que podía pensar estaría, simplemente había un mal que me asolaba y que no era primera vez llegaba a tocarme la puerta, por lo cual creía tener todo bajo control.<br />
 <br />
Seria en esa caminata, que simplemente me posaría en una esquina con lagrimas en los ojos, dejándome liberar mis demonios internos y exteriorizarlos por fuerte que fuesen, lejos de la tripulación que ahora debía mostrarme como un hombre fuerte, a pesar de simplemente ser lo que era… Un esclavo, un idiota… Un niño. Llamando la atención tanto de las sombras que había por el bosque de casas montadas que era el sur de esta isla, como también de una luz que guiaba el camino de muchos del lugar… Una luz que se me acercaría y me pondría la mano en el hombro que tanta carga llevaba, viendo entonces a un joven rostro, vestido con ropas de lo que parecía ser un clero, cabello corto y café, junto a una cara tan amigable como lo sería un abuelo, a pesar de que seguía siendo muy joven. Este abriría la boca entonces y en un tono calmado diría -Que hace un chiquillo aquí perdido de la mano de dios en plena noche. – Lo cual me haría desde primera instancia sacarme su mano y mirarlo desconfiando, haciendo que el simplemente siguiera sonriendo.<br />
 <br />
-Caaaalma… Hihiho… Solo quería ver si necesitabas ayuda… Es raro ver a alguien de tu edad a estas horas. – Comentaría poniéndose en una posición despreocupada apuntado a la nada con aquel farol que llevaba encima, haciendo que se me bajase levemente esa desconfianza instintiva que tanto llevaba, limpiándome las lágrimas con la manga mientras el me examinaba fuertemente -Vale… Andaba mal ye… - Le diría mientras al parecer este solo me llevaba sonriendo como idiota unos minutos asiéndome sentir algo asqueado por unos segundos, después de todo, no estaba acostumbrado a que me tratasen bien – Bueno, que bien que ahora estes mejor ¿Tienes dónde dormir si quiera? ¿Quieres venir conmigo a la iglesia? Hay un hostal ahí para la gente que no tiene donde quedarse… Y quien sabe, tal vez podrías confesarte. – Me diría como quien dicta una especie de venta más que alguna ayuda desinteresada, por lo cual aun sospechando lo pensaría unos minutos… Para simplemente asentirle y empezar a caminar con él hacia lo que era la Iglesia Austro, mientras el me cuestionaba toda clase de preguntas obvias que yo me negaba a responder.<br />
 <br />
 <br />
Entonces por fin llegue a aquella estructura santa, de la cual poco y nada conocía, era bella como ella sola, pero al mismo tiempo me producía desconfianza, jamás había creído en un dios, aunque en aquellos tiempos me habría gustado tenerlo, jamás llego a acompañarme y por ende, jamás pude dedicarle una oración, pues tampoco es que conociese del mundo en aquella época.<br />
 <br />
-Ven entremos amigo. – Me diría el clérigo del cual aun no escuchaba el nombre, siguiéndole hasta después de aquel hermoso arco que era la puerta de la entrada, en donde seguiría con un -Dado, que no te quisiste presentar, supondré entonces que queras confesarte verdad… - Asentiría al verme atrapado en mi propia red de misterios -Bueno si es así, te dejare con mi maestro, el clérigo san mentón. – me explicaría aquel joven que creía tener una nueva oveja en su rebaño, metiéndome directo al confesionario a pesar de ser un pirata sin dudar ni un segundo de mi... Ahí pues o vería, un viejo con un mentón impresionante y una barba aún más larga que aquella deformidad, se presentaría conmigo en aquella habitación tapando parte de su rostro, invitándome a hablar con un dicho que parecía ser de lo más seguro.<br />
 <br />
-Ven chiquillo cuéntame de ti, que te atormenta. – Acertándole tan fuerte al punto que me heria que simplemente en ese momento cedi… Y quise decirle todo, a pesar de que me había mantenido varios minutos en silencio sepulcral, el cual rompería con un... -Mate a un viejo compañero de tripulación. – dejando que unos segundos de silencio trascurrieran, seria en los que el viejo pudiese digerir aquella información -Muchos han pecado, pero pocos se redimen de ello como tú, cuéntame más chiquillo. – Me hablaría demostrando porque era visto por aquel chiquillo como alguien muy querido o una santidad, o algo así.<br />
 <br />
-Él le… Le hizo cosas imperdonables a mi madre... Jamás pensé en que lo lograría, pero con el tiempo se hizo casi una familia aquella tripulación, en donde él no era solamente el navegante, sino también el padre de una vieja amiga…  - Diría tocándome aquella marca en mi cuello que tanto tocaba cuando estaba incomodo, el sujeto meditaría entonces -Y bueno… se lo habrás informado a tus superiores entonces en la marina. – Asentiria un par de veces el señor del mentón, haciéndome suspirar.<br />
 <br />
-No. – rondaría aquel silencio -Tampoco es que estuviese en la marina… Señor… Yo soy un pirata. – Le explicaría haciéndolo poner una leve mueca detrás de la puerta que poco y nada mostraba mas que esos rasgos físicos, siguiendo mi charla con un llanto con el que diría… - Desde que tengo uso de decisión lo soy, mas no… No de razón. – Intentaria encontrar las mejores palabras para describir mis pesares, pero este simplemente callaría unos segundos en los cual lloraría, para preguntarme algo asustado.<br />
 <br />
- ¿De qué piratas formaste parte…? ¿Eh niño? – Preguntaría con una voz entrecortadas, que dilataría todo lo que habría dicho hasta un punto muerto, pareciendo bastante sorprendido… pero aún más… Rabioso… Lo cual me haría dudar que decir -Eh… Ehm… - Balbucearía mientras en un desliz pondría mi mano en aquella puerta intentando largarme, para que el me la tomase en un agarré por una rendija… Que me iría asustando en gran medida para agregarme -Cual… Mocoso… - Lo que encendería mis alertas, mirándolo de reojo acercando una daga de las que tenía ocultas en mi capucha a su mano -Soy ex miembro de la tripulación cuervo… Es eso un problema. – reafirmando mi posición ahora como pirata… En lo cual en el lugar hermético me aclararía ahora si con su verdadero yo mirándome detrás de esa madera.<br />
 <br />
-Mi hija murió por tu puta tripulación hace mucho… Por ella me volví monje. – intentando forcejearme de entre mi amarre que para él podría ser como pasarle la mano a una enredadera con espinas… La cual cortaba muy bien… -Venir aquí fue un error… Y no seré yo quien page por él. – Le diría en un corte súbito que daría por la rendija rompiendo aquella puerta, matándolo en un solo tajo mortal.<br />
 <br />
Así pues, me iria decepcionado del lugar, sin que nadie me presenciara salir… Total… Ya habrían visto de lo que es capas alguien cuyo tormento pesa.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] People help the people | Uker - Social]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2314</link>
			<pubDate>Thu, 23 Oct 2025 18:15:28 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=593">Runin D. Kitay</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2314</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=OmLNs6zQIHo" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">OST!</a></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Siempre a la misma hora, siempre en el mismo lugar, siempre tomados de la mano agradeciendo una vida que parecía tan complicada como dolorosa. ¿A qué se aferraban? ¿Por qué sonreían a pesar de las cosechas infructíferas o de los impuestos que crecían como espuma de mar? El aburrimiento ante la cotidianidad se convirtió en críticas personales que derivaron en escepticismo sazonado con insana curiosidad. Se dió cuenta de ello la primera vez que decidió dejar de explorar la zona para seguir el sonido de las campanadas que anunciaban la siguiente misa.<br />
<br />
La alegría desbordante, las rodillas contra la madera y esas miradas llenas de esperanza provocaron incomodidad en la mujer de tez morena que hacía mucho no tenía nada a lo que aferrarse. Cuando alguien le tocó el hombro para hacerla reaccionar, los ancianos se abrazaban unos a otros, una señora parecía esperar el mismo gesto en retribución a algo que Runin seguía sin comprender así que, desconfiada, se levantó y se retiró. ¿De dónde había nacido esa actitud de buenos samaritanos que ayudaban al prójimo? Asqueroso.<br />
<br />
La siguiente semana la campana volvió a escucharse y ella volvió a acudir. Esa vez pareció menos interesada en las personas y más atenta a las palabras. ¿Qué significaba tener un dios? ¿Para qué servía creer en uno? ¿Hacía que las personas fueran mejores? Alguna vez su padre, en medio de una borrachera, le dijo que “Los ancianos no se redimen porque sienten que deben cambiar, lo hacen porque ya no tienen fuerza para seguir haciendo maldades” ¿Alguno de los ancianos en la sala habría hecho maldados de joven y esperaba la absolución de su creador?<br />
<br />
Ese día Runin no dió abrazos pero miró a la misma anciana, asintió y le tocó la mano, muy por encima. <br />
<br />
La próxima vez no escuchó las campanadas, no, fue en medio de la semana porque decían que iba a haber una pequeña liturgia. Llegó tarde como para escuchar a varias personas cantar canciones en comunión o para beber del vino prometido, pero temprano para que el lugar se mantuviera abierto y sereno. Repentinamente sintió calma. Un par de personas rezaban en silencio o susurrando, ella pretendió sentarse sin hacer ruido aunque le fue imposible así que ignoró las miradas ajenas, cerrando los ojos, respirando con comodidad hasta casi quedarse dormida.<br />
<br />
Ese día descubrió que la iglesia del pueblo era increíble para recuperar las horas de sueño perdidas, la calma realmente era algo que apreciaba.<br />
<br />
El domingo llegó y la nueva misa también, esta vez llegó demasiado temprano como para que iniciara pero muy tarde como para dormir un poco sin llamar la atención. Cruzó sus piernas sin importarle ir de acuerdo a algún código de vestimenta establecido, miró alrededor a ver si la anciana ya estaba pero no, ella no había llegado y estaba segura que, de hacerlo, volvería a sentarse a su lado. Adelante estaban un par de personas ensayando alguna canción.<br />
<br />
Runin no debería estar ahí pero tampoco es como si tuviera un lugar específico al que pertenecer así que hizo lo que mejor hacía: Mirar y, a veces, juzgar. Un rostro constante apareció frente a sus ojos, lo había visto en cada ocasión que había llegado a la iglesia Austro, aunque no había tenido el interés de conversar sobre la nueva buena. Relamiendo los labios en un movimiento lento y suave, se inclinó hacia adelante en su asiento, haciendo que la madera emitiera sonidos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—Hey, cariño.</span></span> —Trató de llamar la atención del hombre. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—Cariño~</span></span> —Volvió a repetir mientras agitaba su cabello hacia un costado. Volvió a humedecer sus labios. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—¿No es hora de la reunión semanal? Si no estoy mal ya debería haber llegado la gente, pero no veo casi a nadie.</span></span> —La voz escapó con un deje de desinterés, como si quisiera restarle importancia al detalle</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/vEnJXv0.png" loading="lazy"  width="150" height="154" alt="[Imagen: vEnJXv0.png]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—¿Hoy nos perderemos el sorbo de vino dominguero?</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Bromeó. Viéndolo bien, era atractivo, así qué, descaradamente, sacó pecho, sentándose correctamente contra la madera, sonriendo y, quizá, tarareando la melodía que entonaban los coristas en sus prácticas.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://ibb.co/HfG6PZxF" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Vestimenta</a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=OmLNs6zQIHo" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">OST!</a></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Siempre a la misma hora, siempre en el mismo lugar, siempre tomados de la mano agradeciendo una vida que parecía tan complicada como dolorosa. ¿A qué se aferraban? ¿Por qué sonreían a pesar de las cosechas infructíferas o de los impuestos que crecían como espuma de mar? El aburrimiento ante la cotidianidad se convirtió en críticas personales que derivaron en escepticismo sazonado con insana curiosidad. Se dió cuenta de ello la primera vez que decidió dejar de explorar la zona para seguir el sonido de las campanadas que anunciaban la siguiente misa.<br />
<br />
La alegría desbordante, las rodillas contra la madera y esas miradas llenas de esperanza provocaron incomodidad en la mujer de tez morena que hacía mucho no tenía nada a lo que aferrarse. Cuando alguien le tocó el hombro para hacerla reaccionar, los ancianos se abrazaban unos a otros, una señora parecía esperar el mismo gesto en retribución a algo que Runin seguía sin comprender así que, desconfiada, se levantó y se retiró. ¿De dónde había nacido esa actitud de buenos samaritanos que ayudaban al prójimo? Asqueroso.<br />
<br />
La siguiente semana la campana volvió a escucharse y ella volvió a acudir. Esa vez pareció menos interesada en las personas y más atenta a las palabras. ¿Qué significaba tener un dios? ¿Para qué servía creer en uno? ¿Hacía que las personas fueran mejores? Alguna vez su padre, en medio de una borrachera, le dijo que “Los ancianos no se redimen porque sienten que deben cambiar, lo hacen porque ya no tienen fuerza para seguir haciendo maldades” ¿Alguno de los ancianos en la sala habría hecho maldados de joven y esperaba la absolución de su creador?<br />
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Ese día Runin no dió abrazos pero miró a la misma anciana, asintió y le tocó la mano, muy por encima. <br />
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La próxima vez no escuchó las campanadas, no, fue en medio de la semana porque decían que iba a haber una pequeña liturgia. Llegó tarde como para escuchar a varias personas cantar canciones en comunión o para beber del vino prometido, pero temprano para que el lugar se mantuviera abierto y sereno. Repentinamente sintió calma. Un par de personas rezaban en silencio o susurrando, ella pretendió sentarse sin hacer ruido aunque le fue imposible así que ignoró las miradas ajenas, cerrando los ojos, respirando con comodidad hasta casi quedarse dormida.<br />
<br />
Ese día descubrió que la iglesia del pueblo era increíble para recuperar las horas de sueño perdidas, la calma realmente era algo que apreciaba.<br />
<br />
El domingo llegó y la nueva misa también, esta vez llegó demasiado temprano como para que iniciara pero muy tarde como para dormir un poco sin llamar la atención. Cruzó sus piernas sin importarle ir de acuerdo a algún código de vestimenta establecido, miró alrededor a ver si la anciana ya estaba pero no, ella no había llegado y estaba segura que, de hacerlo, volvería a sentarse a su lado. Adelante estaban un par de personas ensayando alguna canción.<br />
<br />
Runin no debería estar ahí pero tampoco es como si tuviera un lugar específico al que pertenecer así que hizo lo que mejor hacía: Mirar y, a veces, juzgar. Un rostro constante apareció frente a sus ojos, lo había visto en cada ocasión que había llegado a la iglesia Austro, aunque no había tenido el interés de conversar sobre la nueva buena. Relamiendo los labios en un movimiento lento y suave, se inclinó hacia adelante en su asiento, haciendo que la madera emitiera sonidos.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—Hey, cariño.</span></span> —Trató de llamar la atención del hombre. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—Cariño~</span></span> —Volvió a repetir mientras agitaba su cabello hacia un costado. Volvió a humedecer sus labios. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—¿No es hora de la reunión semanal? Si no estoy mal ya debería haber llegado la gente, pero no veo casi a nadie.</span></span> —La voz escapó con un deje de desinterés, como si quisiera restarle importancia al detalle</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/vEnJXv0.png" loading="lazy"  width="150" height="154" alt="[Imagen: vEnJXv0.png]" class="mycode_img" /><br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0E966C;" class="mycode_color">—¿Hoy nos perderemos el sorbo de vino dominguero?</span></span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Bromeó. Viéndolo bien, era atractivo, así qué, descaradamente, sacó pecho, sentándose correctamente contra la madera, sonriendo y, quizá, tarareando la melodía que entonaban los coristas en sus prácticas.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://ibb.co/HfG6PZxF" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Vestimenta</a></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Donde el techo llora]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2206</link>
			<pubDate>Sat, 04 Oct 2025 04:49:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=504">Alana Sahiba</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2206</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El calor del trópico me golpeó en cuanto puse pie en Sorbet Sur. El aire estaba cargado de frutas maduras, sudor y un murmullo constante de voces que llenaba el mercado improvisado de la plaza. Cestos de mangos, piñas y frutos que ni siquiera sabía nombrar se apilaban a un lado, mientras cabras y ovejas mordisqueaban cualquier hoja que se les cruzara. Todo era caótico, vivo y desordenado, pero también… auténtico.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Avancé entre la gente esquivando piernas y canastos, escuchando las discusiones por un par de monedas y las carcajadas de niños descalzos que corrían tras un perro flaco. En algún momento, pasé frente a un puesto donde vendían leche fresca; la mujer que lo atendía cantaba para atraer clientes, su voz se mezclaba con el tintineo de las campanas de la Iglesia Austro, que no quedaba muy lejos.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El contraste era brutal: en el horizonte, al norte, se alzaban las murallas de piedra blanca y los techos perfectos de Sorbet Norte, brillando al sol como si fueran de otro mundo. Aquí, en cambio, las casas de madera se sostenían a duras penas, los tablones viejos crujían bajo los pasos, y aun así, todos parecían llevar su vida con una alegría que no se encontraba tras los muros del palacio.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Me detuve frente a la iglesia, un lugar imponente, digno lugar de oración y refugio comunitario. Ya podía imaginar en su interior a los feligreses sentados en los bancos, otros durmiendo y algunos niños jugando, mientras el pastor observa y no echa a nadie, tal vez un fe creyente en la muestra de hospitalidad. O tal vez mi imaginación volaba demasiado alto.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El repicar de la campana pequeña de la Iglesia Austro rompía la calma en Sorbet Sur. El sonido era un poco irregular, como si la cuerda que la sostenía se enganchara en cada vaivén, pero aun así se escuchaba hasta el último rincón del pueblo. Frente al portón de madera, abierto de par en par, varias mujeres habían dejado cestas con frutas exóticas como ofrenda, y los niños se peleaban por la más madura antes de que alguien los espantara. Mientras, un par de campesinos entraban cargando sacos con ofrendas. El pastor, un hombre mayor de sonrisa serena, recibía a cada uno con palabras cálidas. Me pregunté si debería entrar también. ¿Buscar refugio? ¿O tal vez respuestas?</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Dentro, el ambiente era más fresco. Un rayo de luz atravesaba las rendijas del techo parchado, iluminando partículas de polvo que parecían bailar en el aire. El pastor Austro hablaba en voz baja con un anciano, pero su tono se perdía entre los murmullos de los feligreses. En uno de los bancos, una mujer joven intentaba calmar a su bebé, y cerca del altar unos campesinos acomodaban flores recién cortadas que llenaban el lugar de color y aroma.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">De repente, un ruido seco hizo que varios girasen la cabeza: en la pared lateral, justo donde colgaban los exvotos, una de las vigas del techo había crujido peligrosamente. El agua de la lluvia pasada había hinchado la madera, y una gota insistente caía desde lo alto, golpeando un banco con un ritmo constante. Nadie parecía alarmado: en la Iglesia Austro estaban acostumbrados a que la precariedad se colara en cada rincón. Sin embargo, esa mezcla de voces, flores, niños y tensión leve del crujido hacía del momento algo único, como si cualquier cosa pudiera suceder en cuestión de segundos.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Yo, encaramada sobre el respaldo de ese mismo banco, fruncí el ceño. Me llevé las manos a la cintura y solté un bufido, observando cómo el agua caía, gota tras gota, desperdiciándose en el suelo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">— </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tch… con lo útil que sería para preparar medicinas</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> —murmuré, bajando del banco de un salto. Me puse a buscar con prisa entre las cestas, entre cálices olvidados y hasta debajo de los bancos, algo que pudiera servirle para recoger aquella agua. Una jarra, un cuenco, lo que fuera. La gotera seguía marcando su compás.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El calor del trópico me golpeó en cuanto puse pie en Sorbet Sur. El aire estaba cargado de frutas maduras, sudor y un murmullo constante de voces que llenaba el mercado improvisado de la plaza. Cestos de mangos, piñas y frutos que ni siquiera sabía nombrar se apilaban a un lado, mientras cabras y ovejas mordisqueaban cualquier hoja que se les cruzara. Todo era caótico, vivo y desordenado, pero también… auténtico.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Avancé entre la gente esquivando piernas y canastos, escuchando las discusiones por un par de monedas y las carcajadas de niños descalzos que corrían tras un perro flaco. En algún momento, pasé frente a un puesto donde vendían leche fresca; la mujer que lo atendía cantaba para atraer clientes, su voz se mezclaba con el tintineo de las campanas de la Iglesia Austro, que no quedaba muy lejos.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El contraste era brutal: en el horizonte, al norte, se alzaban las murallas de piedra blanca y los techos perfectos de Sorbet Norte, brillando al sol como si fueran de otro mundo. Aquí, en cambio, las casas de madera se sostenían a duras penas, los tablones viejos crujían bajo los pasos, y aun así, todos parecían llevar su vida con una alegría que no se encontraba tras los muros del palacio.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Me detuve frente a la iglesia, un lugar imponente, digno lugar de oración y refugio comunitario. Ya podía imaginar en su interior a los feligreses sentados en los bancos, otros durmiendo y algunos niños jugando, mientras el pastor observa y no echa a nadie, tal vez un fe creyente en la muestra de hospitalidad. O tal vez mi imaginación volaba demasiado alto.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El repicar de la campana pequeña de la Iglesia Austro rompía la calma en Sorbet Sur. El sonido era un poco irregular, como si la cuerda que la sostenía se enganchara en cada vaivén, pero aun así se escuchaba hasta el último rincón del pueblo. Frente al portón de madera, abierto de par en par, varias mujeres habían dejado cestas con frutas exóticas como ofrenda, y los niños se peleaban por la más madura antes de que alguien los espantara. Mientras, un par de campesinos entraban cargando sacos con ofrendas. El pastor, un hombre mayor de sonrisa serena, recibía a cada uno con palabras cálidas. Me pregunté si debería entrar también. ¿Buscar refugio? ¿O tal vez respuestas?</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Dentro, el ambiente era más fresco. Un rayo de luz atravesaba las rendijas del techo parchado, iluminando partículas de polvo que parecían bailar en el aire. El pastor Austro hablaba en voz baja con un anciano, pero su tono se perdía entre los murmullos de los feligreses. En uno de los bancos, una mujer joven intentaba calmar a su bebé, y cerca del altar unos campesinos acomodaban flores recién cortadas que llenaban el lugar de color y aroma.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">De repente, un ruido seco hizo que varios girasen la cabeza: en la pared lateral, justo donde colgaban los exvotos, una de las vigas del techo había crujido peligrosamente. El agua de la lluvia pasada había hinchado la madera, y una gota insistente caía desde lo alto, golpeando un banco con un ritmo constante. Nadie parecía alarmado: en la Iglesia Austro estaban acostumbrados a que la precariedad se colara en cada rincón. Sin embargo, esa mezcla de voces, flores, niños y tensión leve del crujido hacía del momento algo único, como si cualquier cosa pudiera suceder en cuestión de segundos.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Yo, encaramada sobre el respaldo de ese mismo banco, fruncí el ceño. Me llevé las manos a la cintura y solté un bufido, observando cómo el agua caía, gota tras gota, desperdiciándose en el suelo.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">— </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tch… con lo útil que sería para preparar medicinas</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> —murmuré, bajando del banco de un salto. Me puse a buscar con prisa entre las cestas, entre cálices olvidados y hasta debajo de los bancos, algo que pudiera servirle para recoger aquella agua. Una jarra, un cuenco, lo que fuera. La gotera seguía marcando su compás.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Let's cleanse my sins [Pasado-Privado]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2188</link>
			<pubDate>Tue, 30 Sep 2025 12:19:06 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=522">Rosse Bellecour</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2188</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Sorbet</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Iglesia Austro</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano del año 16</span></span></div>
<br />
Ay, cariño mío qué lugar tan peculiar me recibió esta vez. La isla de Sorbet en el south Blue, tropical, perfumada por frutas dulces y por sudor de campesino. Un contraste tan evidente que casi me dieron ganas de aplaudir cuando puse un pie en el puerto, al norte, torres pétreas que parecen querer rozar el cielo, orgullosas y frías como amantes que nunca te devuelven una caricia y al sur oh, el sur, mi darling. Maderas raídas, casitas endebles que parecen sostenerse sólo porque el viento todavía no decidió derribarlas. Allí, entre el aroma a ganado y mangos recién cortados, late el corazón de los humildes.<br />
 <br />
Y yo, honey, me movía con pasitos ligeros, mis botas resonando contra la tierra como si cada sonido fuera parte de una canción invisible, un saltito aquí, una palmada allá, y claro siempre la sonrisa lista, porque un escenario nuevo exige espectáculo, ¿no?, pero no había venido sólo a jugar entre frutas exóticas y campesinos devotos, no, cariño, esta vez, mis pies me arrastraban hacia algo mucho más, íntimo. Algo que ni siquiera el mejor maquillaje podría ocultar, un pecado, mi pecado.<br />
 <br />
La Iglesia Austro se alzaba al final de una calle polvorienta, como una reliquia olvidada, Sus paredes blancas estaban ajadas, llenas de grietas que parecían cicatrices en una piel antigua. El campanario, torcido, sonaba con un repiqueteo cansado, como un viejo cantante que insiste en dar su función, aunque la voz ya no le acompañe, aun así, había belleza en la decadencia, oh, sí, honey, una belleza tan frágil que me erizó la piel.<br />
 <br />
Entré. Y el olor… oh, el olor. Cera derretida, incienso barato, y algo más, fe, una fe espesa, densa, que casi podía masticarse, caminé por el pasillo central, mis dedos deslizándose sobre los bancos de madera, dejando huellas invisibles, cada paso resonaba, y mi reflejo en los vitrales teñidos me miraba con esos ojitos carmesí traviesos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Forgive me, father, for I have sinned… —</span></span></span>susurré en voz baja, dejando que las palabras flotaran como un eco aprendido de memoria.<br />
 <br />
Me detuve frente al confesionario, esa cajita oscura con olor a polvo y secretos. Ay, cariño, mi cuerpo tembló. Sí, tembló, porque la sola idea de encerrarme otra vez, aunque fuera por unos minutos, me arrancaba recuerdos como cuchillos, aquella oscuridad, aquellos golpes, esa puerta que tardó demasiado en abrirse, por un instante, sentí el sótano otra vez, húmedo, frío, cruel.<br />
 <br />
Tragué saliva, me arreglé un mechón de pelo inexistente, y sonreí. Porque, aunque el trauma me susurrara al oído, yo no iba a perder la función. Me postré frente al confesionario, entonces sentí que la penumbra me abrazó como una vieja amante rencorosa, respiré hondo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">— Inhala, darling, que la miel y la sangre saben mejor cuando se mezclan. —</span></span></span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Padre —</span></span></span>dije, y mi voz salió dulce, cantarina, como si estuviera empezando un bolero <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">— Vengo a confesar un pecado. Un pecado hermoso, brillante, rojo como un telón cuando cae al final del acto. —</span></span></span> Del otro lado, el pastor guardó silencio. Seguro pensaba que era uno de esos campesinos tímidos que habían robado un mango de más, pobrecito, no sabía que frente a él estaba yo, la estrella de mi propio cabaret sangriento.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Yo maté a mis padres. —</span> </span></span>Lo dije con la misma delicadeza con la que uno confiesa haber robado un beso, dejé que las palabras se deslizaran, lentas, teatrales y cuando el silencio se estiró demasiado, reí.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> </span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Jususususu. Oh, padre, no ponga esa cara invisible, fue rápido, elegante, casi un ballet improvisado. They deserved it, honey, si hubieras visto cómo cayeron ¡ah, una ovación de pie hubiese arrancado! —</span> </span></span>Apreté mi pequeño espejo de bolsillo, miré mi reflejo y me besé los labios.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Pero dime, padre… ¿eso es pecado? ¿O acaso fue simplemente justicia con tacones? —</span></span></span> Silencio otra vez. Y yo, oh, yo me acomodé como una diva cansada después de su mejor función, porque al final, cariño, no había venido a buscar perdón, había venido a recordar, a recordarme que incluso en la casa de Dios, yo sigo siendo un espectáculo imposible de ignorar.<br />
<br />
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				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Sorbet</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Iglesia Austro</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano del año 16</span></span></div>
<br />
Ay, cariño mío qué lugar tan peculiar me recibió esta vez. La isla de Sorbet en el south Blue, tropical, perfumada por frutas dulces y por sudor de campesino. Un contraste tan evidente que casi me dieron ganas de aplaudir cuando puse un pie en el puerto, al norte, torres pétreas que parecen querer rozar el cielo, orgullosas y frías como amantes que nunca te devuelven una caricia y al sur oh, el sur, mi darling. Maderas raídas, casitas endebles que parecen sostenerse sólo porque el viento todavía no decidió derribarlas. Allí, entre el aroma a ganado y mangos recién cortados, late el corazón de los humildes.<br />
 <br />
Y yo, honey, me movía con pasitos ligeros, mis botas resonando contra la tierra como si cada sonido fuera parte de una canción invisible, un saltito aquí, una palmada allá, y claro siempre la sonrisa lista, porque un escenario nuevo exige espectáculo, ¿no?, pero no había venido sólo a jugar entre frutas exóticas y campesinos devotos, no, cariño, esta vez, mis pies me arrastraban hacia algo mucho más, íntimo. Algo que ni siquiera el mejor maquillaje podría ocultar, un pecado, mi pecado.<br />
 <br />
La Iglesia Austro se alzaba al final de una calle polvorienta, como una reliquia olvidada, Sus paredes blancas estaban ajadas, llenas de grietas que parecían cicatrices en una piel antigua. El campanario, torcido, sonaba con un repiqueteo cansado, como un viejo cantante que insiste en dar su función, aunque la voz ya no le acompañe, aun así, había belleza en la decadencia, oh, sí, honey, una belleza tan frágil que me erizó la piel.<br />
 <br />
Entré. Y el olor… oh, el olor. Cera derretida, incienso barato, y algo más, fe, una fe espesa, densa, que casi podía masticarse, caminé por el pasillo central, mis dedos deslizándose sobre los bancos de madera, dejando huellas invisibles, cada paso resonaba, y mi reflejo en los vitrales teñidos me miraba con esos ojitos carmesí traviesos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Forgive me, father, for I have sinned… —</span></span></span>susurré en voz baja, dejando que las palabras flotaran como un eco aprendido de memoria.<br />
 <br />
Me detuve frente al confesionario, esa cajita oscura con olor a polvo y secretos. Ay, cariño, mi cuerpo tembló. Sí, tembló, porque la sola idea de encerrarme otra vez, aunque fuera por unos minutos, me arrancaba recuerdos como cuchillos, aquella oscuridad, aquellos golpes, esa puerta que tardó demasiado en abrirse, por un instante, sentí el sótano otra vez, húmedo, frío, cruel.<br />
 <br />
Tragué saliva, me arreglé un mechón de pelo inexistente, y sonreí. Porque, aunque el trauma me susurrara al oído, yo no iba a perder la función. Me postré frente al confesionario, entonces sentí que la penumbra me abrazó como una vieja amante rencorosa, respiré hondo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">— Inhala, darling, que la miel y la sangre saben mejor cuando se mezclan. —</span></span></span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Padre —</span></span></span>dije, y mi voz salió dulce, cantarina, como si estuviera empezando un bolero <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">— Vengo a confesar un pecado. Un pecado hermoso, brillante, rojo como un telón cuando cae al final del acto. —</span></span></span> Del otro lado, el pastor guardó silencio. Seguro pensaba que era uno de esos campesinos tímidos que habían robado un mango de más, pobrecito, no sabía que frente a él estaba yo, la estrella de mi propio cabaret sangriento.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Yo maté a mis padres. —</span> </span></span>Lo dije con la misma delicadeza con la que uno confiesa haber robado un beso, dejé que las palabras se deslizaran, lentas, teatrales y cuando el silencio se estiró demasiado, reí.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> </span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Jususususu. Oh, padre, no ponga esa cara invisible, fue rápido, elegante, casi un ballet improvisado. They deserved it, honey, si hubieras visto cómo cayeron ¡ah, una ovación de pie hubiese arrancado! —</span> </span></span>Apreté mi pequeño espejo de bolsillo, miré mi reflejo y me besé los labios.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—Pero dime, padre… ¿eso es pecado? ¿O acaso fue simplemente justicia con tacones? —</span></span></span> Silencio otra vez. Y yo, oh, yo me acomodé como una diva cansada después de su mejor función, porque al final, cariño, no había venido a buscar perdón, había venido a recordar, a recordarme que incluso en la casa de Dios, yo sigo siendo un espectáculo imposible de ignorar.<br />
<br />
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			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Comedy - Pasado Social]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2184</link>
			<pubDate>Mon, 29 Sep 2025 11:59:45 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=569">Gwendolyn</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2184</guid>
			<description><![CDATA[Ha acudido a la iglesia luego de llegar, no necesitó nada más que pisar la isla para saber a donde quiere ir, porque le han contado que existe, por lo tanto se preguntó si debe presentarse ahí o no. Podría llegarle un mensaje divino, una guía para volver a su hogar, una solución para un problema… o podría seguir viajando libre de sus responsabilidades con los demás.<br />
<br />
Es un egoísmo que hasta ahora jamás había sentido. <br />
<br />
Cantó en la iglesia junto al coro, siguiendo el ritmo de los demás, hasta que finalmente la canción se acaba. No hay aplausos a pesar del espectáculo, pero nunca los hay, es una solemnidad extraña que no le gusta, pero al menos ahora se encontró acompañada de otros.<br />
<br />
—¿Te quedarás a la misa, Gwendolyn? <br />
<br />
—<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">Sí, debería.</span> — respondió a una señora amable que ha escuchado su historia y por pena ha decidido ayudarle. Un poco de dinero, ropas, un bolso y una comida caliente. Se sintió agradecida por poco, sintiendo que es mucho ¡Demasiado! Porque ella no podrá regresárselo nunca, a menos que una plegaria sea suficiente. <br />
<br />
Se sentó junto a alguien más en toda la misa, ha elegido no estar sola porque los sitios se sienten enormes cuando está en el medio de la nada. El ritual le pareció parecido al de su hogar, pero al menos puede estar en las sillas de atrás. <br />
<br />
El cansancio la atacó, su cabeza pesó lo suficiente como para que la misma se balancee, hasta que finalmente cedió, reposando en el hombro de alguien más. Nunca se ha dormido por la presión sobre ella, pero ésta vez sí ocurrió. Se sintió tan tranquila que incluso una de sus comisuras de los labios amenazó con mojarse con su saliva, indicando que el sueño es profundo.<br />
<br />
Al menos no hay ronquidos o eso si la delataría. <br />
<br />
Es un sonido cercano de alguien levantándose lo que la sacó de su sueño, dando un resalto primero y limpiándose la boca en segunda opción —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> AH. Lo lamento </span>— ya no se escucha al emisario de Dios decir palabras, debe haber terminado, pero no hace mucho —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> ¿Quién está ahí? ¿Es Lana? </span>— la señora que se ha ofrecido a ayudarle, esa amable persona que le dió unos días más para sobrevivir.<br />
<br />
Sus manos tocaron el rostro ajeno, pero no es ella, incluso hay algo extraño. No se parecen siquiera — <span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">Uh, ¿Quién es usted?</span>  — sus dedos terminaron en la nariz de alguien más, dándose cuenta que en realidad se ha pasado de la cuenta —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> Lo lamento. </span><br />
<br />
Se alejó, moviendo su cuerpo para un lado, alejándose en la banca —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> Ay Dios </span>— un comentario muy acorde en donde se encuentran —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> Lamento las molestias. Debería irme, sí </span>— se levantó, chocando con la banca de adelante y a pesar de que golpeó, intentó esconder el problema.<br />
<br />
—<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">Solo necesito encontrar mis cosas.</span><br />
<br />
Pero no están cerca de donde las ha dejado. Sino que se las han llevado unos metros más allá, en donde no estorben el avance de nadie.<br />
<br />
—<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">No creo que me hayan robado en la casa del señor </span><br />
<br />
¿Entonces en dónde está? ¿Por qué no lo puede encontrar?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Ha acudido a la iglesia luego de llegar, no necesitó nada más que pisar la isla para saber a donde quiere ir, porque le han contado que existe, por lo tanto se preguntó si debe presentarse ahí o no. Podría llegarle un mensaje divino, una guía para volver a su hogar, una solución para un problema… o podría seguir viajando libre de sus responsabilidades con los demás.<br />
<br />
Es un egoísmo que hasta ahora jamás había sentido. <br />
<br />
Cantó en la iglesia junto al coro, siguiendo el ritmo de los demás, hasta que finalmente la canción se acaba. No hay aplausos a pesar del espectáculo, pero nunca los hay, es una solemnidad extraña que no le gusta, pero al menos ahora se encontró acompañada de otros.<br />
<br />
—¿Te quedarás a la misa, Gwendolyn? <br />
<br />
—<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">Sí, debería.</span> — respondió a una señora amable que ha escuchado su historia y por pena ha decidido ayudarle. Un poco de dinero, ropas, un bolso y una comida caliente. Se sintió agradecida por poco, sintiendo que es mucho ¡Demasiado! Porque ella no podrá regresárselo nunca, a menos que una plegaria sea suficiente. <br />
<br />
Se sentó junto a alguien más en toda la misa, ha elegido no estar sola porque los sitios se sienten enormes cuando está en el medio de la nada. El ritual le pareció parecido al de su hogar, pero al menos puede estar en las sillas de atrás. <br />
<br />
El cansancio la atacó, su cabeza pesó lo suficiente como para que la misma se balancee, hasta que finalmente cedió, reposando en el hombro de alguien más. Nunca se ha dormido por la presión sobre ella, pero ésta vez sí ocurrió. Se sintió tan tranquila que incluso una de sus comisuras de los labios amenazó con mojarse con su saliva, indicando que el sueño es profundo.<br />
<br />
Al menos no hay ronquidos o eso si la delataría. <br />
<br />
Es un sonido cercano de alguien levantándose lo que la sacó de su sueño, dando un resalto primero y limpiándose la boca en segunda opción —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> AH. Lo lamento </span>— ya no se escucha al emisario de Dios decir palabras, debe haber terminado, pero no hace mucho —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> ¿Quién está ahí? ¿Es Lana? </span>— la señora que se ha ofrecido a ayudarle, esa amable persona que le dió unos días más para sobrevivir.<br />
<br />
Sus manos tocaron el rostro ajeno, pero no es ella, incluso hay algo extraño. No se parecen siquiera — <span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">Uh, ¿Quién es usted?</span>  — sus dedos terminaron en la nariz de alguien más, dándose cuenta que en realidad se ha pasado de la cuenta —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> Lo lamento. </span><br />
<br />
Se alejó, moviendo su cuerpo para un lado, alejándose en la banca —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> Ay Dios </span>— un comentario muy acorde en donde se encuentran —<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color"> Lamento las molestias. Debería irme, sí </span>— se levantó, chocando con la banca de adelante y a pesar de que golpeó, intentó esconder el problema.<br />
<br />
—<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">Solo necesito encontrar mis cosas.</span><br />
<br />
Pero no están cerca de donde las ha dejado. Sino que se las han llevado unos metros más allá, en donde no estorben el avance de nadie.<br />
<br />
—<span style="color: #D900A7;" class="mycode_color">No creo que me hayan robado en la casa del señor </span><br />
<br />
¿Entonces en dónde está? ¿Por qué no lo puede encontrar?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[It's not gonna happen (Pasado-Social)]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2164</link>
			<pubDate>Mon, 22 Sep 2025 19:17:32 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=566">Kayseira Ashter</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2164</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 30 de Primavera, Año 16</span><br />
<br />
Siempre se ha dicho esa mierda de que las apariencias engañan, de que no te tienes que dejar llevar por la portada de un libro. Un montón de referencias y cosas que dejan en claro que una persona con dos dedos de frente, debería de pensar antes de hablar.<br />
<br />
Desgraciadamente, gente que piensa, hay poca.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Padre por el amor de Dios, deténganse.</span></span>-Y así es como hemos terminado, yo le suelto un comentario inocente a una bonita monja de ojos verdes y el cura me quiere hacer un exorcismo.<br />
<br />
Vale que pueda tener pinta de demonio, pero que el señor lleva media hora tirándome agua bendita a la cara con un rociador mientras me grita cosas en latín.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Padre, que no está usted en edad para un exorcismo, que con lo potente que es el demonio que reside en mí, seguro que le da un infarto como salga.</span></span>-Le aviso de forma amable, tranquila, aunque la sonrisa ladeada de mis labios indica que disfruto demasiado aquella situación.<br />
<br />
Es divertida, no podemos negarla, el hombre se pone cada vez más rojo de la rabia, y entre lo calvo y gordo que está y lo que le aprieta la túnica, como siga gritando se nos ahoga. Además que debe de pasar los setenta años fácilmente, y hay un límite de cuanto puedes llegar a torturar a tus mayores.<br />
<br />
A veces se me olvida la visión de la iglesia para estas cosas.<br />
<br />
Niego de forma suave, ya en la entrada de la iglesia, fumándome un cigarro con calma, mirando al cielo con algo de cansancio.<br />
<br />
Como si hubiera alguien arriba o abajo.<br />
<br />
Me colocó el mechero en el bolsillo del pecho de mi chaqueta, mientras oigo al cura seguir discutiendo con la pobre monja. Es verdad que quizás debería de haberme ahorrado el comentario, pero me cuesta no decirle algo a una bonita novicia.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡HEREJES, SODOMITAS, TODOS ARDEREIS EN EL INFIERNO!</span><br />
<br />
Alzo ambas cejas ante semejante grito, y veo al cura tirar directo para una mujer que está pasando por la calle…Una que tiene pinta de gustarle entre cero y menos quince que la molesten. Así que me toca dar un salto, agarrar al cura de la túnica, pararlo a mitad de camino, mientras él sigue despotricando como si yo fuera Satán en persona.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Perdónale, se le ha subido el vino a la cabeza.</span></span>-El hombre me mira indignado y yo me encojo de hombros, vamos que algo de razón tengo. Lo suelto para que se vuelva indignado a la iglesia y soy yo la que quiera rezar.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Como vuelva a rociarme con agua bendita voy a empezar a arder, pero de verdad.</span></span>-Me sobo el puente de la nariz con algo de queja, negando para soltar el aire de cigarro que llevo un rato conteniendo. <br />
<br />
¿Por qué estas cosas siempre me pasan a mi?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 30 de Primavera, Año 16</span><br />
<br />
Siempre se ha dicho esa mierda de que las apariencias engañan, de que no te tienes que dejar llevar por la portada de un libro. Un montón de referencias y cosas que dejan en claro que una persona con dos dedos de frente, debería de pensar antes de hablar.<br />
<br />
Desgraciadamente, gente que piensa, hay poca.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Padre por el amor de Dios, deténganse.</span></span>-Y así es como hemos terminado, yo le suelto un comentario inocente a una bonita monja de ojos verdes y el cura me quiere hacer un exorcismo.<br />
<br />
Vale que pueda tener pinta de demonio, pero que el señor lleva media hora tirándome agua bendita a la cara con un rociador mientras me grita cosas en latín.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Padre, que no está usted en edad para un exorcismo, que con lo potente que es el demonio que reside en mí, seguro que le da un infarto como salga.</span></span>-Le aviso de forma amable, tranquila, aunque la sonrisa ladeada de mis labios indica que disfruto demasiado aquella situación.<br />
<br />
Es divertida, no podemos negarla, el hombre se pone cada vez más rojo de la rabia, y entre lo calvo y gordo que está y lo que le aprieta la túnica, como siga gritando se nos ahoga. Además que debe de pasar los setenta años fácilmente, y hay un límite de cuanto puedes llegar a torturar a tus mayores.<br />
<br />
A veces se me olvida la visión de la iglesia para estas cosas.<br />
<br />
Niego de forma suave, ya en la entrada de la iglesia, fumándome un cigarro con calma, mirando al cielo con algo de cansancio.<br />
<br />
Como si hubiera alguien arriba o abajo.<br />
<br />
Me colocó el mechero en el bolsillo del pecho de mi chaqueta, mientras oigo al cura seguir discutiendo con la pobre monja. Es verdad que quizás debería de haberme ahorrado el comentario, pero me cuesta no decirle algo a una bonita novicia.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡HEREJES, SODOMITAS, TODOS ARDEREIS EN EL INFIERNO!</span><br />
<br />
Alzo ambas cejas ante semejante grito, y veo al cura tirar directo para una mujer que está pasando por la calle…Una que tiene pinta de gustarle entre cero y menos quince que la molesten. Así que me toca dar un salto, agarrar al cura de la túnica, pararlo a mitad de camino, mientras él sigue despotricando como si yo fuera Satán en persona.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Perdónale, se le ha subido el vino a la cabeza.</span></span>-El hombre me mira indignado y yo me encojo de hombros, vamos que algo de razón tengo. Lo suelto para que se vuelva indignado a la iglesia y soy yo la que quiera rezar.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Como vuelva a rociarme con agua bendita voy a empezar a arder, pero de verdad.</span></span>-Me sobo el puente de la nariz con algo de queja, negando para soltar el aire de cigarro que llevo un rato conteniendo. <br />
<br />
¿Por qué estas cosas siempre me pasan a mi?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Fiesta del té [pasado con la mano vacía]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2088</link>
			<pubDate>Sun, 07 Sep 2025 01:52:05 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=493">Cao Guojiu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2088</guid>
			<description><![CDATA[Día 90 de primavera<br />
<br />
Las brasas avisaban de su estado con un crepitar constante, Cao las revisó colocando las teteras sobre el hierro encima de las brasas para así tener el agua en la temperatura adecuada para poder tomar el té, cada una de las teteras tenía un compartimento interior donde había depositado el té en cuestión, siendo que cada tetera tenía un versión diferente, los niños de la iglesia ayudaban, la parte de atrás de la misma había sido adaptada , en un pequeño jardín que ahora tenía un gran mesa con todo tipo de repostería, así como pan con todo tipo de ingredientes, salmón, jamón, queso fresco, los niños tenían en el interior su propia fiesta con comida para poder mantener una conversación en paz llegado el momento pero ahora ayudaban a terminar los retoques.<br />
<br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">Bien , bien muchachos, os lo agradezco, traed también las piezas de fruta, muchas gracias... </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Decía mientras colocaba con tranquilidad servilletas en la mesa , cubiertos por como cuchillos para poder untar el queso, y decoración como flores , pequeños detalles quizás excesivos para algunos, pero tremendamente tranquilizador para Cao, no pretendía parecer pretencioso ni mucho menos aquello era una muestra simplemente de que cuando Cao hacia algo le gustaba hacerlo bien, con detalle y disfrutando el proceso, y era lo que había hecho, sin prisa, tomándose su tiempo al fin y al cabo si todo salía bien aquellos reunidos hoy serían aliados en el futuro </span><br />
<br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">Muchas gracias chicos, espero que disfruten su propia fiesta os la preparé para que puedan divertirse, corred chicos... </span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Ya solo faltaba una cosa, esperar a que hubiesen recibido sus invitaciones y que llegasen hasta el lugar, como era habitual Cao saco su pipa con tranquilidad y paz mientras encendida las hierbas y daba una calada con tranquilidad, exhalando el humo mientras miraba el cielo abierto, lo cierto es que el lugar le transmitía una paz brutal, solo por ello el ex noble creía que había logrado como poco un ambiente agradable para charlar que al final era lo que buscaba con esa fiesta y ese grupo, pues estos individualmente tenían mentes únicas.</span><br />
<br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">Anhelo vuestra llegada mis posibles aliados , me muero de curiosidad por saber qué tipo de cosas podréis enseñarme... </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Diría dando otra calada meciéndose en una de las sillas y expulsando nuevamente el humo.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Día 90 de primavera<br />
<br />
Las brasas avisaban de su estado con un crepitar constante, Cao las revisó colocando las teteras sobre el hierro encima de las brasas para así tener el agua en la temperatura adecuada para poder tomar el té, cada una de las teteras tenía un compartimento interior donde había depositado el té en cuestión, siendo que cada tetera tenía un versión diferente, los niños de la iglesia ayudaban, la parte de atrás de la misma había sido adaptada , en un pequeño jardín que ahora tenía un gran mesa con todo tipo de repostería, así como pan con todo tipo de ingredientes, salmón, jamón, queso fresco, los niños tenían en el interior su propia fiesta con comida para poder mantener una conversación en paz llegado el momento pero ahora ayudaban a terminar los retoques.<br />
<br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">Bien , bien muchachos, os lo agradezco, traed también las piezas de fruta, muchas gracias... </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Decía mientras colocaba con tranquilidad servilletas en la mesa , cubiertos por como cuchillos para poder untar el queso, y decoración como flores , pequeños detalles quizás excesivos para algunos, pero tremendamente tranquilizador para Cao, no pretendía parecer pretencioso ni mucho menos aquello era una muestra simplemente de que cuando Cao hacia algo le gustaba hacerlo bien, con detalle y disfrutando el proceso, y era lo que había hecho, sin prisa, tomándose su tiempo al fin y al cabo si todo salía bien aquellos reunidos hoy serían aliados en el futuro </span><br />
<br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">Muchas gracias chicos, espero que disfruten su propia fiesta os la preparé para que puedan divertirse, corred chicos... </span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Ya solo faltaba una cosa, esperar a que hubiesen recibido sus invitaciones y que llegasen hasta el lugar, como era habitual Cao saco su pipa con tranquilidad y paz mientras encendida las hierbas y daba una calada con tranquilidad, exhalando el humo mientras miraba el cielo abierto, lo cierto es que el lugar le transmitía una paz brutal, solo por ello el ex noble creía que había logrado como poco un ambiente agradable para charlar que al final era lo que buscaba con esa fiesta y ese grupo, pues estos individualmente tenían mentes únicas.</span><br />
<br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">Anhelo vuestra llegada mis posibles aliados , me muero de curiosidad por saber qué tipo de cosas podréis enseñarme... </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Diría dando otra calada meciéndose en una de las sillas y expulsando nuevamente el humo.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Murmullo de las Nubes [Pasado/Odeth]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2084</link>
			<pubDate>Sat, 06 Sep 2025 17:19:01 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=503">Dongryong Lu Yan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2084</guid>
			<description><![CDATA[<style>:root {--main-color: #9c1c42;--npc1:red;--npc2:blue;--npc3:pink;--npc4:purple}</style><div class="Diego"><div class="DiegT"><tt>El murmullo de las nubes</tt><br />
<dd>Iglesia Austro, Dia 25 de Verano, año 16.</dd></div>
<div class="DieTxt">
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/C6kX3Y6.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: C6kX3Y6.png]" class="mycode_img" /><br />
<object width="400" height="25" type="application/x-shockwave-flash" data="https://www.youtube.com/v/c2jmFFsGCYs?si&autoplay=1&loop=1 "></object></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
Era medianoche, sin luna ni nubes, solo y bajo la única compañía de las farolas alrededor de la iglesia merodeaba como figura misteriosa sobre la estructura inclinada, pisando sin cuidado tejas de arcilla, observando desde lo alto; un sutil y enternecido remecer de la brisa sobre arboles, habiendo llegado hace apenas un instante tras un corto vuelo que había iniciado en las playas hasta alcanzar la ciudad, desprendería inconsciente desde mi cuerpo una fragancia a sal propia de la costa mientras miraba tal vez de manera inevitable el brillo metálico de la campana principal que desde arriba me atraería.<br />
<br />
Buscando en un principio de este a oeste.<br />
Esperando reconocer a veredas cercanas,<br />
Pensando: ¿cuan lejos sigo de la posada?<br />
Y exhalando una brisa gélida como queja.<br />
<br />
Igual a ser honesto no tenia menor prisa. Pues, había vendido los mapas cartográficos que me había encomendado un pequeño grupo novicio de piratas emocionados por embarcar hacia la isla karate, nada que me costara más que una noche en vela en la biblioteca de la ciudad para rectificar de todo tipo de mediciones y acotar todo tipo de aclaraciones para brutos que nunca antes habían viajado, ¿honestamente? les deseaba llegar a salvo, y esperaba que alguno de ellos aprendiera algo y tal vez en unos meses me los encontrase comentándome en una taberna con una copa, no me preocupaba.<br />
<br />
Después de todo ¿quien no quisiera ir?:<br />
Isla Karate era un lugar con reputación, <br />
un epicentro reconocido para entrenar,<br />
donde encontrarías de grandes artistas.<br />
<br />
¡E incluso! la ultima vez que había ido, me había encontrado mi arma más valiosa, por lo qué pensé inspirado bajo la romántica idea de convertirme en alguien más fuerte que debía entrenar también, ¿que importaba al final? aquí o allá, fuera de la iglesia o encima, iba a ser respetuoso sin importar realmente el lugar o sí todavía no había decidido embarcarme de regreso a la karate para aprender, de esta manera coloque mi mano en mi espalda para sacar en medio de mis alas de un arma de asta cubierta por una funda de tela oscura, no iba a desenfundarla, lo sentí agresivo, así que no lo haría.<br />
<br />
En cambio extendería ambas piernas.<br />
Buscando una postura tanto cómoda,<br />
¿cuan podía ser? casi nada la verdad,<br />
a fin de cuentas estaba sobre las tejas.<br />
<br />
Pero, a pesar de ello, intentaba con torpeza imitar un baile que de por sí era torpe buscando que aquella arma se acostumbrara a mi cuerpo o que mi cuerpo encontrara la manera de acostumbrarse. Entrenando en el techo de la gran iglesia principal de sorbet.<br />
</div>
<br />
</div>
<br />
<div class="DieFn">➶ — Frases por aquí, también pueden ser <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Datos</span> <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">separados</span> <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">así</span></div></div>
<link rel="stylesheet" type="text/css" href="https://static.staticsave.com/tables/fonts.css"/><link rel="stylesheet" type="text/css" href="https://static.staticsave.com/tables/diego2.css"/>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<style>:root {--main-color: #9c1c42;--npc1:red;--npc2:blue;--npc3:pink;--npc4:purple}</style><div class="Diego"><div class="DiegT"><tt>El murmullo de las nubes</tt><br />
<dd>Iglesia Austro, Dia 25 de Verano, año 16.</dd></div>
<div class="DieTxt">
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/C6kX3Y6.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: C6kX3Y6.png]" class="mycode_img" /><br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
Era medianoche, sin luna ni nubes, solo y bajo la única compañía de las farolas alrededor de la iglesia merodeaba como figura misteriosa sobre la estructura inclinada, pisando sin cuidado tejas de arcilla, observando desde lo alto; un sutil y enternecido remecer de la brisa sobre arboles, habiendo llegado hace apenas un instante tras un corto vuelo que había iniciado en las playas hasta alcanzar la ciudad, desprendería inconsciente desde mi cuerpo una fragancia a sal propia de la costa mientras miraba tal vez de manera inevitable el brillo metálico de la campana principal que desde arriba me atraería.<br />
<br />
Buscando en un principio de este a oeste.<br />
Esperando reconocer a veredas cercanas,<br />
Pensando: ¿cuan lejos sigo de la posada?<br />
Y exhalando una brisa gélida como queja.<br />
<br />
Igual a ser honesto no tenia menor prisa. Pues, había vendido los mapas cartográficos que me había encomendado un pequeño grupo novicio de piratas emocionados por embarcar hacia la isla karate, nada que me costara más que una noche en vela en la biblioteca de la ciudad para rectificar de todo tipo de mediciones y acotar todo tipo de aclaraciones para brutos que nunca antes habían viajado, ¿honestamente? les deseaba llegar a salvo, y esperaba que alguno de ellos aprendiera algo y tal vez en unos meses me los encontrase comentándome en una taberna con una copa, no me preocupaba.<br />
<br />
Después de todo ¿quien no quisiera ir?:<br />
Isla Karate era un lugar con reputación, <br />
un epicentro reconocido para entrenar,<br />
donde encontrarías de grandes artistas.<br />
<br />
¡E incluso! la ultima vez que había ido, me había encontrado mi arma más valiosa, por lo qué pensé inspirado bajo la romántica idea de convertirme en alguien más fuerte que debía entrenar también, ¿que importaba al final? aquí o allá, fuera de la iglesia o encima, iba a ser respetuoso sin importar realmente el lugar o sí todavía no había decidido embarcarme de regreso a la karate para aprender, de esta manera coloque mi mano en mi espalda para sacar en medio de mis alas de un arma de asta cubierta por una funda de tela oscura, no iba a desenfundarla, lo sentí agresivo, así que no lo haría.<br />
<br />
En cambio extendería ambas piernas.<br />
Buscando una postura tanto cómoda,<br />
¿cuan podía ser? casi nada la verdad,<br />
a fin de cuentas estaba sobre las tejas.<br />
<br />
Pero, a pesar de ello, intentaba con torpeza imitar un baile que de por sí era torpe buscando que aquella arma se acostumbrara a mi cuerpo o que mi cuerpo encontrara la manera de acostumbrarse. Entrenando en el techo de la gran iglesia principal de sorbet.<br />
</div>
<br />
</div>
<br />
<div class="DieFn">➶ — Frases por aquí, también pueden ser <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Datos</span> <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">separados</span> <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">así</span></div></div>
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		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Aventura T2] Calderos Fuera]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2074</link>
			<pubDate>Thu, 04 Sep 2025 21:47:45 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=302">Fuguwu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2074</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 41 de Verano, Año 16,</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">South Blue, Reino de Sorbet, </span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Iglesia Austro – 09:00 p.m.</span></span></div>
 <br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="400" height="150" src="https://www.youtube.com/embed/B3_vNDXZHfc?si=E8fZzLVGJKBhKwQ2" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<hr class="mycode_hr" />
 <br />
La luna llena se alza majestuosa sobre las colinas del sur del Reino de Sorbet, su luz plateada filtrándose a través de la densa vegetación tropical que abraza la Iglesia Austro como un manto viviente de sombras danzantes y destellos misteriosos. La brisa nocturna arrastra consigo el aroma dulce de las flores que solo abren sus pétalos bajo la oscuridad, mezclándose con el perfume embriagador de las frutas maduras que cuelgan pesadas en las ramas y el incienso que se escapa en volutas fantasmales desde el interior del templo. El coro nocturno de grillos y ranas tropicales crea una sinfonía constante que abraza el aire húmedo, mientras que ocasionales graznidos de aves nocturnas añaden notas dramáticas a la composición natural que envuelve el sagrado recinto. Las nueve de la noche han transformado la Iglesia Austro en un espectáculo de luces y sombras que parece sacado de un cuento de hadas gótico, su estructura de madera noble de veintitrés metros de ancho por treinta y cinco de profundidad proyectando una silueta imponente contra el cielo estrellado del South Blue. Los tablones envejecidos, tallados a mano por generaciones de carpinteros locales, brillan con un lustre plateado bajo la luz lunar, cada veta y nudillo de la madera contando historias silenciosas que cobran vida bajo la oscuridad protectora de la noche. La torre campanario, alzándose dieciocho metros hacia las estrellas, se recorta contra el firmamento como una lanza de madera que desafía a los cielos, mientras que la campana de bronce verdoso permanece silenciosa, guardando su voz melodiosa para el momento perfecto. Antorchas se alzan como centinelas luminosos alrededor del patio de cuarenta y dos metros de diámetro, sus llamas naranjas bailando hipnóticamente al ritmo de la brisa nocturna y creando círculos de luz cálida que se extienden como charcos dorados sobre el suelo de tierra compactada. Las palmeras de coco, convertidas en gigantes sombríos bajo la luna, proyectan sombras intrincadas que se mueven como dedos esqueléticos sobre el área de competencia, mientras que los árboles frutales del perímetro posterior susurran secretos nocturnos con cada movimiento de sus ramas cargadas de tesoros comestibles. <br />
 <br />
La transformación del espacio sagrado en arena culinaria nocturna ha creado una atmósfera mágica donde al menos cincuenta lugareños se mueven como sombras danzantes entre las estaciones de cocina, sus rostros iluminados intermitentemente por el resplandor de los braseros que arden con intensidad renovada bajo el manto estrellado. Diez puestos de cocina se distribuyen estratégicamente alrededor del patio listos para recibir a los diez cocineros que participaran en la contienda, cada uno iluminado por una combinación de antorchas laterales y el fuego central de sus braseros de hierro forjado, creando islas de actividad luminosa que parecen flotar en un mar de oscuridad tropical. Las lonas que los techaban durante el día han sido retiradas para permitir que la luz lunar bendiga directamente los alimentos que se preparan, mientras que faroles de papel cuelgan de postes improvisados, añadiendo toques de color suave a la paleta nocturna dominada por dorados, naranjas y plateados. Los braseros arden con llamas azuladas y naranjas que lamen el aire nocturno como lenguas hambrientas, su calor creando ondas invisibles que distorsionan ligeramente la vista y añaden un elemento hipnótico a cada movimiento de los cocineros. El humo aromático se eleva en espirales perfectas que se disuelven en la oscuridad estrellada, llevando consigo promesas de sabores exóticos y especias misteriosas que hacen que los estómagos rujan en anticipación y que las bocas se llenen de saliva involuntaria. Ollas de barro de todos los tamaños imaginables brillan como joyas de terracota bajo la luz vacilante de las llamas, algunas tan pequeñas que parecen recipientes para pociones mágicas, otras tan grandes que sus sombras proyectadas sobre las paredes de la iglesia parecen gigantes dormidos. Los utensilios de cocina destellan como armas encantadas cada vez que la luz de las antorchas los alcanza, desde cuchillos de acero forjado que brillan con filo letal hasta cucharones de madera cuyas superficies pulidas reflejan las llamas como espejos curvos. Cestas tejidas rebosan de ingredientes que parecen haber sido tocados por la magia de la noche: tubérculos que brillan con humedad nocturna, frutas cuyos colores se intensifican bajo la luz de las antorchas hasta parecer gemas comestibles, hierbas aromáticas que liberan sus esencias más potentes bajo la frescura nocturna y especias molidas que desprenden aromas tan intensos que parecen materializarse como pequeñas nubes visibles en el aire.<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Los 50 espectadores y los 10 cocineros que participaran forman dos hordas, una rango 5 y otra rango 1 como se plantea en la <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=469" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">guía de sistemas de hordas</a>. En caso de que Sam sea hostil a ellos es muy probable que ellos ataquen pues ya están borrachos como para tomarse a bien cualquier hostilidad.<br />

				</div>
			</div><br />
Desde el interior de la iglesia, donde velas crean un ambiente de catedral gótica que contrasta dramáticamente con la festividad exterior, emerge una figura que parece haber sido diseñada específicamente para ser el maestro de ceremonias de este aquelarre culinario nocturno. Sprite, el aprendiz del pastor, camina con pasos que han ganado confianza adicional gracias a las sombras protectoras de la noche, su túnica marrón ondeando como el hábito de un monje medieval mientras que su cabello revuelto y sus mejillas permanentemente sonrosadas lo delatan como el responsable de las actividades clandestinas que han precedido a este evento. En sus manos sostiene una bandeja de madera tallada que bajo la luz de las antorchas revela intrincados diseños florales que parecen cobrar vida con cada movimiento de las llamas, sobre la cual reposan al menos veinticinco vasos de vidrio soplado a mano que contienen un líquido cristalino que destella como mercurio líquido bajo los destellos dorados de la iluminación nocturna.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“¡Bendita sea esta noche sagrada, devotos cocineros y hambrientos espíritus!”</span></span> – grita Sprite con una voz que resuena por todo el patio y se mezcla con el coro de insectos nocturnos, su tono alegre adquiriendo matices místicos bajo la luz de la luna llena – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“He preparado agua bendita especialmente consagrada bajo la luz purificadora de nuestro satélite celestial, para que vuestras almas se eleven hacia las estrellas antes de que os embarquéis en esta noble competencia culinaria nocturna.”</span></span> – se aproxima al primer puesto con pasos que intentan mantener la solemnidad clerical pero que no pueden ocultar completamente el bamboleo característico de quien está esperando con ansias las festividades nocturnas desde horas antes al evento, extendiendo la bandeja hacia un hombre corpulento cuyas manos callosas brillan con sudor nervioso bajo la luz vacilante de las antorchas.<br />
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						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Los vasos que lleva Sprite y que estará repartiendo toda la noche contienen un alcohol que es muy dulce al gusto, pero extremadamente poderoso para emborrachar a cualquiera en la mitad del tiempo requerido. En caso de que Sam llegue a probar la bebida durante 2 turnos, entrara en el estado Ebrio, sufriendo una pérdida de 20 puntos en todos sus atributos, como indica la <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=24" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">guía bélica avanzada</a>. <br />

				</div>
			</div><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“Una sola gota de esta bendición lunar y sentiréis como los espíritus de todos los grandes chefs que han cocinado bajo las estrellas descienden sobre vuestras recetas, transformando ingredientes terrestres en manjares dignos de los dioses nocturnos que gobiernan los cielos”</span></span> – continúa Sprite mientras el hombre acepta el vaso con reverencia genuina, llevándoselo a los labios mientras las sombras danzantes ocultan la sonrisa traviesa que se extiende por el rostro del aprendiz. El líquido desaparece en un trago, y Sprite continúa su recorrido sagrado como un druida moderno distribuyendo los vasos entre los comensales, deteniéndose en cada puesto para repetir su ritual de bendición nocturna con variaciones creativas que incluyen referencias a constelaciones culinarias inexistentes y milagros gastronómicos que habrían hecho que la mismísima luna se sonrojara – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“Recordad, queridos hermanos y hermanas en la fe gastronómica nocturna que cocinar bajo las estrellas no es simplemente mezclar ingredientes terrenales, sino comunión directa con las fuerzas cósmicas que gobiernan el universo culinario, y qué mejor manera de alcanzar la iluminación celestial que con un pequeño... eh... impulso espiritual que os conecte directamente con la sabiduría ancestral de los cocineros estelares.”</span></span><br />
 <br />
El murmullo de conversaciones nocturnas se intensifica gradualmente conforme más lugareños emergen de la oscuridad circundante, sus voces mezclándose en una sinfonía de dialectos locales salpicados de risas que suenan más libres y espontáneas bajo el manto protector de la noche. Madres que han dejado a sus hijos bajo el cuidado de abuelas comprensivas llegan cargadas con canastas cubiertas por telas blancas que brillan espectralmente bajo la luz lunar, saludando a pescadores nocturnos cuyas manos aún huelen a sal marina y a trabajadores de plantaciones que han cambiado sus ropas de trabajo por vestimentas más limpias que reflejan la seriedad con la que toman esta competencia culinaria nocturna. Adolescentes que normalmente estarían durmiendo a esta hora corren entre los adultos como pequeños duendes nocturnos, sus susurros emocionados añadiendo una nota de misterio juvenil a la atmósfera festiva, mientras que los ancianos del pueblo se han situado estratégicamente cerca de las antorchas más grandes, sus rostros arrugados por décadas de sabiduría iluminándose intermitentemente como máscaras ancestrales cada vez que las llamas se avivan con la brisa nocturna. Los efectos de la alegría colectiva manifestarse gradualmente en forma de sonrisas más amplias que brillan como medias lunas humanas bajo la luz de las antorchas, movimientos ligeramente menos coordinados que añaden un elemento de comedia física involuntaria a los preparativos culinarios, y conversaciones que fluyen con una libertad que solo la noche y ciertos líquidos misteriosos pueden proporcionar. Algunas risas espontáneas estallan como fuegos artificiales de alegría pura, mientras que otros participantes comienzan a canturrear melodías tradicionales que se mezclan armoniosamente con la sinfonía natural de la noche tropical. La luz de la luna llena, que había comenzado su reinado nocturno con timidez plateada, ahora se derrama generosamente sobre la escena como pintura luminosa, bañando la madera envejecida de la iglesia con un resplandor que la hace parecer construida con plata pura y transformando cada superficie en un espejo suave que refleja la luz celestial. Las sombras se alargan dramáticamente, creando un teatro de siluetas que danzan y se entrelazan con cada movimiento de los participantes, mientras que los contrastes entre las zonas iluminadas por las antorchas, donde los colores parecen más vibrantes e intensos que durante el día, y los rincones bañados únicamente por luz lunar, donde todo adquiere tonalidades azuladas y místicas, crean una atmósfera que parece sacada de una pintura romántica.<br />
 <br />
Es en este momento de perfecta armonía entre lo sagrado y lo festivo, cuando el evento ha encontrado su ritmo natural nocturno y los efectos de las bendiciones líquidas de Sprite han creado una atmósfera de camaradería universal que solo las noches especiales pueden generar, que todas las miradas convergen hacia el sendero principal que serpentea desde el pueblo hacia la iglesia. Una figura se aproxima caminando entre las sombras alargadas de los árboles tropicales, su silueta recortándose contra el fondo estrellado como una aparición salida de las leyendas que las abuelas susurran a los niños durante las noches sin luna. Sam Bernard avanza por el sendero de tierra que bajo la luz lunar parece un río de plata líquida, con pasos despreocupados que crean un ritmo hipnótico que contrasta dramáticamente con la energía desbordante pero relajada del patio iluminado. Su kimono verde esmeralda ha adquirido tonalidades más profundas y misteriosas bajo la noche, la tela de calidad superior absorbiendo y reflejando la luz de manera que parece cambiar de color con cada paso, creando un efecto caleidoscópico que hipnotiza a quienes observan su aproximación. Las mangas acampanadas capturan la brisa nocturna y la transforman en pequeñas danzas de tela que parecen tener vida propia, mientras que los detalles dorados y rojizos en los extremos brillan como constelaciones en miniatura cada vez que los rayos lunares los alcanzan directamente. Su melena anaranjada se ha transformado bajo la noche en una cascada de fuego líquido que parece brillar con luz propia, cada mechón moviéndose con un ritmo hipnótico que no sigue completamente los patrones del viento nocturno, como si respondiera a fuerzas místicas que solo él puede percibir. La masa de cabello crea un velo misterioso que oculta parcialmente su rostro mink, añadiendo un aura de enigma que resulta casi magnética para los presentes, quienes se encuentran incapaces de apartar la mirada de esta figura que parece caminar entre dos mundos. La katana que cuelga a su costado ha adquirido bajo la luz de las antorchas un brillo siniestro que hace que las marcas en su hoja desgastada parezcan más pronunciadas y amenazadoras, como si la oscuridad hubiera despertado la memoria de todas las batallas que ha presenciado. El arma se balancea sutilmente con cada paso, su presencia añadiendo una nota de peligro contenido que contrasta perfectamente con la atmósfera festiva pero que no la contradice, sino que la complementa con la promesa silenciosa de que este mink puede ser tanto protector como destructor según las circunstancias lo requieran. El collar de pelaje espeso que rodea su cuello y cubre parte de su pecho superior brilla como plata pura bajo la luz lunar, cada hebra individual captando y reflejando la iluminación celestial de manera que todo el accesorio natural parece vibrar con energía contenida. Sus orejas caídas, características de su naturaleza de Saint Bernard, se mueven sutilmente captando no solo los sonidos audibles de la celebración, sino también las frecuencias más bajas que revelan el estado emocional de los presentes, mientras que su hocico, parcialmente visible bajo la cascada de cabello anaranjado que se mece como llamas líquidas, muestra una expresión serena que no revela nada de sus pensamientos internos pero que sugiere una comprensión profunda de todo lo que está ocurriendo a su alrededor.<br />
 <br />
El murmullo de reconocimiento que se extiende por el patio como ondas en un lago nocturno confirma que su reputación ha viajado más rápido que él mismo hasta este rincón aparentemente olvidado del Reino de Sorbet. Voces susurran su nombre con una mezcla de respeto reverencial y curiosidad apenas contenida, mientras que algunos de los presentes intercambian miradas significativas que brillan como secretos compartidos bajo la luz vacilante de las antorchas, hablando sin palabras de historias que han comenzado a forjar la leyenda de este mink misterioso cuyas hazañas recientes han empezado a tejer una reputación que precede su presencia física como una ola invisible pero poderosa. Sprite, que había estado concentrado en su labor de animar a los asistentes y organizar el evento, se detiene abruptamente al percibir el cambio sutil pero inconfundible en la atmósfera del patio. Su bandeja llena de bebidas tiembla ligeramente en sus manos como una hoja al viento mientras sus ojos se fijan en la figura que emerge de las sombras danzantes del sendero, y una sonrisa aún más amplia que todas las anteriores se extiende por su rostro sonrojado como la aurora boreal de la alegría pura – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“¡Por todos los santos nocturnos y sus recetas secretas bañadas en luz de luna!”</span></span> – exclama con voz que mezcla admiración genuina con el entusiasmo ligeramente alterado de su estado actual – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“¡El mismísimo Sam Bernard ha venido a bendecirnos con su presencia bajo las estrellas! Esto sí que es un milagro culinario nocturno en proceso, una señal de que los dioses de la gastronomía han decidido favorecer nuestro humilde concurso con la presencia de una leyenda viviente.”</span></span><br />
 <br />
Sprite se acerca a Sam y le extiende un vaso de la bandeja que lleva consigo invitandole de esta forma a tomar parte de las celebraciones de la iglesia esta noche tranquila.<br />
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						<span>Datos de la Aventura</span>
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					<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ubicación:</span> Iglesia Austro, Reino de Sorbet.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tiempo:</span> Templado, es una noche de verano, despejado, son las 09:00pm. <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Datos importantes: </span><br />
-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">          </span></span>Se plantea el escenario de la aventura, el patio de la iglesia con 50 espectadores y 10 cocineros que se han apuntado al evento de cocina.<br />
-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">          </span></span>Sam, siéntete libre de interactuar como mejor veas conveniente, puedes participar en el concurso (veo que tienes de oficio cocinero), o puedes ofrecerte de juez como se plantea inicialmente, puedes pasar de largo de esta gente, aunque quizás hieras su orgullo jaja, o puedes ir con calma e interactuar con ellos a ver si tienen algo que decir, pues en realidad no te han invitado a nada, solo te han reconocido de momento. En fin, que eres libre básicamente.<br />
-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">          </span></span>El tema de que te reconozcan no es random, la razón es la siguiente: como puedes ven en la <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=18" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">guía de facciones, jerarquías y reputación</a> al tener 370 puntos de reputación se te considera un Novato, por lo que ya se empieza a hablar de ti en Sorbet donde haz hecho una aventura anteriormente.<br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', sans-serif;" class="mycode_font">Novato (301~600): Se habla de ti, algunos te tienen en cuenta si andas cerca.</span></span></blockquote>
</div>

				</div>
			</div><br />
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				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Sprite</span>
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					<br />
<img src="https://i.postimg.cc/ZYcxgLJS/Sein-Frieren.webp" loading="lazy"  alt="[Imagen: Sein-Frieren.webp]" class="mycode_img" /><br />

				</div>
			</div><br />
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					<br />
Bienvenido a esta aventura T2, Sam, espero la disfrutes, a ver que sacamos entre los dos jajaja.<br />
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Respecto al orden de posteo propongo 48 horas entre cada post, pero si por alguna razón necesitas más tiempo házmelo saber y lo ajustamos. <br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 41 de Verano, Año 16,</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">South Blue, Reino de Sorbet, </span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Iglesia Austro – 09:00 p.m.</span></span></div>
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<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="400" height="150" src="https://www.youtube.com/embed/B3_vNDXZHfc?si=E8fZzLVGJKBhKwQ2" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<hr class="mycode_hr" />
 <br />
La luna llena se alza majestuosa sobre las colinas del sur del Reino de Sorbet, su luz plateada filtrándose a través de la densa vegetación tropical que abraza la Iglesia Austro como un manto viviente de sombras danzantes y destellos misteriosos. La brisa nocturna arrastra consigo el aroma dulce de las flores que solo abren sus pétalos bajo la oscuridad, mezclándose con el perfume embriagador de las frutas maduras que cuelgan pesadas en las ramas y el incienso que se escapa en volutas fantasmales desde el interior del templo. El coro nocturno de grillos y ranas tropicales crea una sinfonía constante que abraza el aire húmedo, mientras que ocasionales graznidos de aves nocturnas añaden notas dramáticas a la composición natural que envuelve el sagrado recinto. Las nueve de la noche han transformado la Iglesia Austro en un espectáculo de luces y sombras que parece sacado de un cuento de hadas gótico, su estructura de madera noble de veintitrés metros de ancho por treinta y cinco de profundidad proyectando una silueta imponente contra el cielo estrellado del South Blue. Los tablones envejecidos, tallados a mano por generaciones de carpinteros locales, brillan con un lustre plateado bajo la luz lunar, cada veta y nudillo de la madera contando historias silenciosas que cobran vida bajo la oscuridad protectora de la noche. La torre campanario, alzándose dieciocho metros hacia las estrellas, se recorta contra el firmamento como una lanza de madera que desafía a los cielos, mientras que la campana de bronce verdoso permanece silenciosa, guardando su voz melodiosa para el momento perfecto. Antorchas se alzan como centinelas luminosos alrededor del patio de cuarenta y dos metros de diámetro, sus llamas naranjas bailando hipnóticamente al ritmo de la brisa nocturna y creando círculos de luz cálida que se extienden como charcos dorados sobre el suelo de tierra compactada. Las palmeras de coco, convertidas en gigantes sombríos bajo la luna, proyectan sombras intrincadas que se mueven como dedos esqueléticos sobre el área de competencia, mientras que los árboles frutales del perímetro posterior susurran secretos nocturnos con cada movimiento de sus ramas cargadas de tesoros comestibles. <br />
 <br />
La transformación del espacio sagrado en arena culinaria nocturna ha creado una atmósfera mágica donde al menos cincuenta lugareños se mueven como sombras danzantes entre las estaciones de cocina, sus rostros iluminados intermitentemente por el resplandor de los braseros que arden con intensidad renovada bajo el manto estrellado. Diez puestos de cocina se distribuyen estratégicamente alrededor del patio listos para recibir a los diez cocineros que participaran en la contienda, cada uno iluminado por una combinación de antorchas laterales y el fuego central de sus braseros de hierro forjado, creando islas de actividad luminosa que parecen flotar en un mar de oscuridad tropical. Las lonas que los techaban durante el día han sido retiradas para permitir que la luz lunar bendiga directamente los alimentos que se preparan, mientras que faroles de papel cuelgan de postes improvisados, añadiendo toques de color suave a la paleta nocturna dominada por dorados, naranjas y plateados. Los braseros arden con llamas azuladas y naranjas que lamen el aire nocturno como lenguas hambrientas, su calor creando ondas invisibles que distorsionan ligeramente la vista y añaden un elemento hipnótico a cada movimiento de los cocineros. El humo aromático se eleva en espirales perfectas que se disuelven en la oscuridad estrellada, llevando consigo promesas de sabores exóticos y especias misteriosas que hacen que los estómagos rujan en anticipación y que las bocas se llenen de saliva involuntaria. Ollas de barro de todos los tamaños imaginables brillan como joyas de terracota bajo la luz vacilante de las llamas, algunas tan pequeñas que parecen recipientes para pociones mágicas, otras tan grandes que sus sombras proyectadas sobre las paredes de la iglesia parecen gigantes dormidos. Los utensilios de cocina destellan como armas encantadas cada vez que la luz de las antorchas los alcanza, desde cuchillos de acero forjado que brillan con filo letal hasta cucharones de madera cuyas superficies pulidas reflejan las llamas como espejos curvos. Cestas tejidas rebosan de ingredientes que parecen haber sido tocados por la magia de la noche: tubérculos que brillan con humedad nocturna, frutas cuyos colores se intensifican bajo la luz de las antorchas hasta parecer gemas comestibles, hierbas aromáticas que liberan sus esencias más potentes bajo la frescura nocturna y especias molidas que desprenden aromas tan intensos que parecen materializarse como pequeñas nubes visibles en el aire.<br />
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						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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					<br />
Los 50 espectadores y los 10 cocineros que participaran forman dos hordas, una rango 5 y otra rango 1 como se plantea en la <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=469" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">guía de sistemas de hordas</a>. En caso de que Sam sea hostil a ellos es muy probable que ellos ataquen pues ya están borrachos como para tomarse a bien cualquier hostilidad.<br />

				</div>
			</div><br />
Desde el interior de la iglesia, donde velas crean un ambiente de catedral gótica que contrasta dramáticamente con la festividad exterior, emerge una figura que parece haber sido diseñada específicamente para ser el maestro de ceremonias de este aquelarre culinario nocturno. Sprite, el aprendiz del pastor, camina con pasos que han ganado confianza adicional gracias a las sombras protectoras de la noche, su túnica marrón ondeando como el hábito de un monje medieval mientras que su cabello revuelto y sus mejillas permanentemente sonrosadas lo delatan como el responsable de las actividades clandestinas que han precedido a este evento. En sus manos sostiene una bandeja de madera tallada que bajo la luz de las antorchas revela intrincados diseños florales que parecen cobrar vida con cada movimiento de las llamas, sobre la cual reposan al menos veinticinco vasos de vidrio soplado a mano que contienen un líquido cristalino que destella como mercurio líquido bajo los destellos dorados de la iluminación nocturna.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“¡Bendita sea esta noche sagrada, devotos cocineros y hambrientos espíritus!”</span></span> – grita Sprite con una voz que resuena por todo el patio y se mezcla con el coro de insectos nocturnos, su tono alegre adquiriendo matices místicos bajo la luz de la luna llena – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“He preparado agua bendita especialmente consagrada bajo la luz purificadora de nuestro satélite celestial, para que vuestras almas se eleven hacia las estrellas antes de que os embarquéis en esta noble competencia culinaria nocturna.”</span></span> – se aproxima al primer puesto con pasos que intentan mantener la solemnidad clerical pero que no pueden ocultar completamente el bamboleo característico de quien está esperando con ansias las festividades nocturnas desde horas antes al evento, extendiendo la bandeja hacia un hombre corpulento cuyas manos callosas brillan con sudor nervioso bajo la luz vacilante de las antorchas.<br />
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						<span>Contenido Oculto</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Los vasos que lleva Sprite y que estará repartiendo toda la noche contienen un alcohol que es muy dulce al gusto, pero extremadamente poderoso para emborrachar a cualquiera en la mitad del tiempo requerido. En caso de que Sam llegue a probar la bebida durante 2 turnos, entrara en el estado Ebrio, sufriendo una pérdida de 20 puntos en todos sus atributos, como indica la <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=24" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">guía bélica avanzada</a>. <br />

				</div>
			</div><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“Una sola gota de esta bendición lunar y sentiréis como los espíritus de todos los grandes chefs que han cocinado bajo las estrellas descienden sobre vuestras recetas, transformando ingredientes terrestres en manjares dignos de los dioses nocturnos que gobiernan los cielos”</span></span> – continúa Sprite mientras el hombre acepta el vaso con reverencia genuina, llevándoselo a los labios mientras las sombras danzantes ocultan la sonrisa traviesa que se extiende por el rostro del aprendiz. El líquido desaparece en un trago, y Sprite continúa su recorrido sagrado como un druida moderno distribuyendo los vasos entre los comensales, deteniéndose en cada puesto para repetir su ritual de bendición nocturna con variaciones creativas que incluyen referencias a constelaciones culinarias inexistentes y milagros gastronómicos que habrían hecho que la mismísima luna se sonrojara – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“Recordad, queridos hermanos y hermanas en la fe gastronómica nocturna que cocinar bajo las estrellas no es simplemente mezclar ingredientes terrenales, sino comunión directa con las fuerzas cósmicas que gobiernan el universo culinario, y qué mejor manera de alcanzar la iluminación celestial que con un pequeño... eh... impulso espiritual que os conecte directamente con la sabiduría ancestral de los cocineros estelares.”</span></span><br />
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El murmullo de conversaciones nocturnas se intensifica gradualmente conforme más lugareños emergen de la oscuridad circundante, sus voces mezclándose en una sinfonía de dialectos locales salpicados de risas que suenan más libres y espontáneas bajo el manto protector de la noche. Madres que han dejado a sus hijos bajo el cuidado de abuelas comprensivas llegan cargadas con canastas cubiertas por telas blancas que brillan espectralmente bajo la luz lunar, saludando a pescadores nocturnos cuyas manos aún huelen a sal marina y a trabajadores de plantaciones que han cambiado sus ropas de trabajo por vestimentas más limpias que reflejan la seriedad con la que toman esta competencia culinaria nocturna. Adolescentes que normalmente estarían durmiendo a esta hora corren entre los adultos como pequeños duendes nocturnos, sus susurros emocionados añadiendo una nota de misterio juvenil a la atmósfera festiva, mientras que los ancianos del pueblo se han situado estratégicamente cerca de las antorchas más grandes, sus rostros arrugados por décadas de sabiduría iluminándose intermitentemente como máscaras ancestrales cada vez que las llamas se avivan con la brisa nocturna. Los efectos de la alegría colectiva manifestarse gradualmente en forma de sonrisas más amplias que brillan como medias lunas humanas bajo la luz de las antorchas, movimientos ligeramente menos coordinados que añaden un elemento de comedia física involuntaria a los preparativos culinarios, y conversaciones que fluyen con una libertad que solo la noche y ciertos líquidos misteriosos pueden proporcionar. Algunas risas espontáneas estallan como fuegos artificiales de alegría pura, mientras que otros participantes comienzan a canturrear melodías tradicionales que se mezclan armoniosamente con la sinfonía natural de la noche tropical. La luz de la luna llena, que había comenzado su reinado nocturno con timidez plateada, ahora se derrama generosamente sobre la escena como pintura luminosa, bañando la madera envejecida de la iglesia con un resplandor que la hace parecer construida con plata pura y transformando cada superficie en un espejo suave que refleja la luz celestial. Las sombras se alargan dramáticamente, creando un teatro de siluetas que danzan y se entrelazan con cada movimiento de los participantes, mientras que los contrastes entre las zonas iluminadas por las antorchas, donde los colores parecen más vibrantes e intensos que durante el día, y los rincones bañados únicamente por luz lunar, donde todo adquiere tonalidades azuladas y místicas, crean una atmósfera que parece sacada de una pintura romántica.<br />
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Es en este momento de perfecta armonía entre lo sagrado y lo festivo, cuando el evento ha encontrado su ritmo natural nocturno y los efectos de las bendiciones líquidas de Sprite han creado una atmósfera de camaradería universal que solo las noches especiales pueden generar, que todas las miradas convergen hacia el sendero principal que serpentea desde el pueblo hacia la iglesia. Una figura se aproxima caminando entre las sombras alargadas de los árboles tropicales, su silueta recortándose contra el fondo estrellado como una aparición salida de las leyendas que las abuelas susurran a los niños durante las noches sin luna. Sam Bernard avanza por el sendero de tierra que bajo la luz lunar parece un río de plata líquida, con pasos despreocupados que crean un ritmo hipnótico que contrasta dramáticamente con la energía desbordante pero relajada del patio iluminado. Su kimono verde esmeralda ha adquirido tonalidades más profundas y misteriosas bajo la noche, la tela de calidad superior absorbiendo y reflejando la luz de manera que parece cambiar de color con cada paso, creando un efecto caleidoscópico que hipnotiza a quienes observan su aproximación. Las mangas acampanadas capturan la brisa nocturna y la transforman en pequeñas danzas de tela que parecen tener vida propia, mientras que los detalles dorados y rojizos en los extremos brillan como constelaciones en miniatura cada vez que los rayos lunares los alcanzan directamente. Su melena anaranjada se ha transformado bajo la noche en una cascada de fuego líquido que parece brillar con luz propia, cada mechón moviéndose con un ritmo hipnótico que no sigue completamente los patrones del viento nocturno, como si respondiera a fuerzas místicas que solo él puede percibir. La masa de cabello crea un velo misterioso que oculta parcialmente su rostro mink, añadiendo un aura de enigma que resulta casi magnética para los presentes, quienes se encuentran incapaces de apartar la mirada de esta figura que parece caminar entre dos mundos. La katana que cuelga a su costado ha adquirido bajo la luz de las antorchas un brillo siniestro que hace que las marcas en su hoja desgastada parezcan más pronunciadas y amenazadoras, como si la oscuridad hubiera despertado la memoria de todas las batallas que ha presenciado. El arma se balancea sutilmente con cada paso, su presencia añadiendo una nota de peligro contenido que contrasta perfectamente con la atmósfera festiva pero que no la contradice, sino que la complementa con la promesa silenciosa de que este mink puede ser tanto protector como destructor según las circunstancias lo requieran. El collar de pelaje espeso que rodea su cuello y cubre parte de su pecho superior brilla como plata pura bajo la luz lunar, cada hebra individual captando y reflejando la iluminación celestial de manera que todo el accesorio natural parece vibrar con energía contenida. Sus orejas caídas, características de su naturaleza de Saint Bernard, se mueven sutilmente captando no solo los sonidos audibles de la celebración, sino también las frecuencias más bajas que revelan el estado emocional de los presentes, mientras que su hocico, parcialmente visible bajo la cascada de cabello anaranjado que se mece como llamas líquidas, muestra una expresión serena que no revela nada de sus pensamientos internos pero que sugiere una comprensión profunda de todo lo que está ocurriendo a su alrededor.<br />
 <br />
El murmullo de reconocimiento que se extiende por el patio como ondas en un lago nocturno confirma que su reputación ha viajado más rápido que él mismo hasta este rincón aparentemente olvidado del Reino de Sorbet. Voces susurran su nombre con una mezcla de respeto reverencial y curiosidad apenas contenida, mientras que algunos de los presentes intercambian miradas significativas que brillan como secretos compartidos bajo la luz vacilante de las antorchas, hablando sin palabras de historias que han comenzado a forjar la leyenda de este mink misterioso cuyas hazañas recientes han empezado a tejer una reputación que precede su presencia física como una ola invisible pero poderosa. Sprite, que había estado concentrado en su labor de animar a los asistentes y organizar el evento, se detiene abruptamente al percibir el cambio sutil pero inconfundible en la atmósfera del patio. Su bandeja llena de bebidas tiembla ligeramente en sus manos como una hoja al viento mientras sus ojos se fijan en la figura que emerge de las sombras danzantes del sendero, y una sonrisa aún más amplia que todas las anteriores se extiende por su rostro sonrojado como la aurora boreal de la alegría pura – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“¡Por todos los santos nocturnos y sus recetas secretas bañadas en luz de luna!”</span></span> – exclama con voz que mezcla admiración genuina con el entusiasmo ligeramente alterado de su estado actual – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e97132;" class="mycode_color">“¡El mismísimo Sam Bernard ha venido a bendecirnos con su presencia bajo las estrellas! Esto sí que es un milagro culinario nocturno en proceso, una señal de que los dioses de la gastronomía han decidido favorecer nuestro humilde concurso con la presencia de una leyenda viviente.”</span></span><br />
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Sprite se acerca a Sam y le extiende un vaso de la bandeja que lleva consigo invitandole de esta forma a tomar parte de las celebraciones de la iglesia esta noche tranquila.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ubicación:</span> Iglesia Austro, Reino de Sorbet.<br />
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-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">          </span></span>El tema de que te reconozcan no es random, la razón es la siguiente: como puedes ven en la <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=18" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">guía de facciones, jerarquías y reputación</a> al tener 370 puntos de reputación se te considera un Novato, por lo que ya se empieza a hablar de ti en Sorbet donde haz hecho una aventura anteriormente.<br />
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					<br />
Bienvenido a esta aventura T2, Sam, espero la disfrutes, a ver que sacamos entre los dos jajaja.<br />
 <br />
Respecto al orden de posteo propongo 48 horas entre cada post, pero si por alguna razón necesitas más tiempo házmelo saber y lo ajustamos. <br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada T1] En contra de los matones]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1936</link>
			<pubDate>Sun, 10 Aug 2025 16:21:40 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=512">Li Yuan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1936</guid>
			<description><![CDATA[Dentro del south blue, mar de criaturas extraordinarias, es la más conocida la isla Karate, y su basto conocimiento en artes marciales y el fortalecimiento de sus disciplinas, pero hay otras islas que merecen tu atención, por ejemplo la isla de Sorbet, una fantástica isla tropical de hermosos paisajes, y buenas gente, aunque divididas según el estrato social, Por un lado, la zona más ubicada al norte es dónde se encuentran los residentes más acaudalados, abundando enormes y rígidos edificios de extrañas y difusas geometrías. Por otro lado, en la región sur, la más calurosa y menos lluviosa, es dónde viven los habitantes más humildes, dedicándose por completo a la agricultura de frutos de consumo comercial y al ganado que los mantiene, en resumen eran gente sencilla y tradicional.<br />
Pero indiferente de qué lugar te gustase más, en cada uno había un lugar en el que destacaban por su gran personalidad, en la zona norte, reinaba el propio Palacio Real, un edificio enorme de rica y exquisita arquitectura. Mientras al sur, destaca la Iglesia Austro, un edificio sencillo, un lugar regentado por un confiable pastor, que busca ayudar siempre a los más devotos y desdichados, un lugar de paz y calma, donde los hambrientos son alimentados y los sin techo son regocijados en un refugio cálido, un lugar donde siempre son bienvenidos los ciudadanos de cualquier nivel económico.<br />
<br />
Pero se podría decir que no llovía bien para todos, no todos veían este lugar como lo que era, un lugar de fé y armonía, donde la gente podía ver sus pobres penas paliadas aunque fuera unos días, ocultando el gruñido de sus estómagos unas horas. Ese día el ambiente en la iglesia era diferente: una corriente en el aire presagiaba un asalto inminente. Algunos desalmados veían la iglesia como un blanco fácil de donde sacar provisiones robándoles a los pobres creyentes que solo pretendían hacer un bien en este mundo lleno de desgracias. <br />
<br />
Los criminales, enemigos jurados de la esperanza y la bondad, habían escuchado rumores sobre la generosa caridad de las gentes de fe, basto con investigar un poco más para enterarse de las generosas provisiones almacenadas en la iglesia gracias a las donaciones de los feligreses. Estos malhechores estaban liderados por un hombre conocido como Gorram, cuya gran estatura y voz profunda imponían respeto solo con verlo y oírlo, y ademas, no era tonto, pues había trazado un plan para hacerse con el botín, eligiendo atacar despues de la misa del domingo, cuando la bolsa de donaciones estuviera mas llena. Los cómplices de Gorram, no eran más que hombres desesperados, de rostros endurecidos por el sufrimiento, que aun sintiendo el pinchazo del mal camino, asintieron, sus corazones latiendo al unísono con el deseo de poder y la desesperación brillando en sus ojos. <br />
<br />
La sombra del mal se cernía sobre la comunidad de la isla de Sorbet. Pero dichos criminales tuvieron la mala suerte de que en esta ocasión había alguien entre los pobres que podía hacerles frente.<br />
<br />
Li Yuan, aunque joven, era un extraño y misterioso sabio, se describe a sí mismo como: un cazador de secretos en las profundidades del alma. Había llegado a la Iglesia Austro tras años de viajero errante por los mares, buscando un lugar donde su conocimiento pudiera florecer y compartir la luz con aquellos desesperados por encontrarla.<br />
Vestía hábitos sencillos y humildes, pero gruesos que ocultaban bastante de su aspecto, como su figura delgada, pero aun así era visible su mirada serena, la cual irradiaba una calma mística en quienes lo habían conocido. Incluso algunas personas de campo le acudían en busca de consejo, y su sabiduría era conocida en esta isla, mientras que su generosidad y su dedicación a la carpintería habían devuelto el color a la Iglesia Austro.<br />
<br />
Con Las fuerzas presentadas, es hora de narrar este misterioso encuentro.<br />
<br />
El sol apenas estaba empezando a ocultarse el domingo, alargando las sombras, cuando la banda de Gorram llegó a las puertas de la iglesia, aferrándose a sus armas afiladas y sus herramientas de ladrón. En el interior, el aroma de pan recién horneado se mezclaba con el incienso, creando un ambiente sagrado pero también hogareño. Li Yuan estaba en meditación profunda, sintiendo la energía vital del mundo fluir a través de él, cuando de pronto percibió una alteración.<br />
Un escalofrío recorrió sus branquias y aletas, alertando de que algo oscuro se acercaba. Con un movimiento ágil, se levantó y se dirigió a la puerta. No tenía armas, y su única defensa era la inteligencia y la sabiduría acumulada de sus años de reflexión, algún conocimiento de las artes marciales y del karate que aprendió de su niñez.<br />
Aquel día, el destino de muchos estaba pendiente de sus acciones, y él debía actuar.<br />
<br />
Li Yuan avanzó por la iglesia confiado, y al abrir la puerta, se encontró de frente con Gorram y su grupo. Los criminales, sorprendidos por la aparición del monje, vacilaron por un instante. Sus miradas se cruzaron y Li Yuan sintió la tensión palpable en el aire pero por timidez no respondió, sino que esperó a que ellos fueran los primeros en hablar, dándose a sí mismo un aire misterioso y extraño. Gorram, confiado en su superioridad numérica, se adelantó y exclamó con pretensión.<br />
 —¡APARTA ENANO!  — Pero al ver que el pequeño monje no se apartaba decidio con una sonrisa dar el motivo de su llegada —Venimos por la caridad de la que hemos oído hablar. <br />
Como claramente Gorram se dirige a él, Li Yuan finalmente respondió.<br />
—¿Qué buscan en este lugar sagrado? —preguntó, su voz suave como el murmullo de un arroyo, pero al mismo tiempo firme como el acero —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> ¿acaso no ves que cuanto más tomas… ¿Qué menos tienes?</span><br />
—Tú y tu iglesia han acaparado lo que debiera ser de todos. Así que. Las provisiones estarán en nuestras manos ¿no crees?<br />
<br />
Li Yuan examinó a Gorram pero también a quienes lo seguían, harapientos y desesperados. sonrió, no por burla, sino por la comprensión de que el miedo había llevado a esos hombres a cruzar límites éticos. Con voz calmada, dijo:<br />
<br />
—Las provisiones de la iglesia son para aquellos que en verdad las necesitan. Tu corazón está atrapado en la sombra de la avaricia, Gorram. ¿Qué valor tiene un festín si al final te deja vacío?<br />
<br />
El rostro del líder se torció por la rabia, y levantó su espada con furia. Sin embargo, en un acto inesperado, Li Yuan cerró los ojos, y un líquido extraño comenzó a concentrarse, este parecía emanar de su ser, llenando el espacio con agua, que hizo tambalear a los asaltantes. Era como si el verdadero espíritu de la compasión tomara forma, desnudando las almas de los hombres frente a él en forma de la más básicas de las necesidades, la sed.<br />
<br />
Los criminales, incapaces de resistir el empuje de ese torrente, fueron empujados y acabaron retrocediendo por su propio pie, sus corazones comenzando a cuestionar sus acciones.<br />
<br />
Gorram estaba sorprendido pero pensaba que se trataba de alguna clase de truco.<br />
—¡Maldito! ¡¿nos atacas con un arma oculta?! ¡desgraciado!<br />
Nuevamente sintiéndose preguntado Li Yuan respondió con palabras obvias.<br />
—No tengo armas —continuó Li Yuan, abriendo los ojos y mostrando una paz inquebrantable—. Solo tengo la fuerza de la verdad. ¿Realmente desean seguir este camino?<br />
Gorram, sintiéndose expuesto, titubeó. Los demás hombres comenzaron a murmurar, sembrando la duda en sus corazones. ¿Era correcto robar a quienes ofrecían tantas dádivas? La tentación del oro y el poder se enfrentaba ahora con el eco de sus propias conciencias.<br />
Finalmente, una voz entre ellos se alzó:<br />
<br />
—¿Es justo robar a quienes no tienen nada? —dijo uno de los cómplices, cuestionando la decisión del grupo.— podríamos ir a otro lado… <br />
<br />
Li Yuan vio en sus ojos una chispa de esperanza, pues sólo hacía falta una voz en la oscuridad para ver la luz, por lo que el monje continuó:<br />
<br />
—La verdadera fortaleza no reside en lo que podemos tomar, sino en lo que podemos dar. La bondad es una moneda que nunca pierde su valor.<br />
<br />
Gorram, furioso y confuso, se dio cuenta de que había perdido el control de la situación. Su mirada nublada se cambió por una de impotencia. Con un grito de rabia, se dio la vuelta y huyó hacia el bosque, seguido por los demás, quienes tendrán la rara oportunidad en la vida, la opción de comprender que podrían haber tomado otro camino. Y aún no era tarde para elegirlo.<br />
<br />
Li Yuan permaneció ante la puerta, observando cómo se alejaban sin intención de perseguirlos, sintiendo que había salvado no solo las provisiones, sino también las almas de aquellos hombres. Esa semana, las ofrendas no fueron saqueadas, y las provisiones se mantuvieron, la Iglesia Austro no solo había proporcionado alimento a los pobres, sino que había ofrecido la oportunidad de redención a aquellos que estuvieran dispuestos a ver el camino.<br />
<br />
Esta historia es un recordatorio para todos, que incluso en los corazones más oscuros, existe un atisbo de luz esperando ser despertado, solo hace falta valor para poder cambiar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Dentro del south blue, mar de criaturas extraordinarias, es la más conocida la isla Karate, y su basto conocimiento en artes marciales y el fortalecimiento de sus disciplinas, pero hay otras islas que merecen tu atención, por ejemplo la isla de Sorbet, una fantástica isla tropical de hermosos paisajes, y buenas gente, aunque divididas según el estrato social, Por un lado, la zona más ubicada al norte es dónde se encuentran los residentes más acaudalados, abundando enormes y rígidos edificios de extrañas y difusas geometrías. Por otro lado, en la región sur, la más calurosa y menos lluviosa, es dónde viven los habitantes más humildes, dedicándose por completo a la agricultura de frutos de consumo comercial y al ganado que los mantiene, en resumen eran gente sencilla y tradicional.<br />
Pero indiferente de qué lugar te gustase más, en cada uno había un lugar en el que destacaban por su gran personalidad, en la zona norte, reinaba el propio Palacio Real, un edificio enorme de rica y exquisita arquitectura. Mientras al sur, destaca la Iglesia Austro, un edificio sencillo, un lugar regentado por un confiable pastor, que busca ayudar siempre a los más devotos y desdichados, un lugar de paz y calma, donde los hambrientos son alimentados y los sin techo son regocijados en un refugio cálido, un lugar donde siempre son bienvenidos los ciudadanos de cualquier nivel económico.<br />
<br />
Pero se podría decir que no llovía bien para todos, no todos veían este lugar como lo que era, un lugar de fé y armonía, donde la gente podía ver sus pobres penas paliadas aunque fuera unos días, ocultando el gruñido de sus estómagos unas horas. Ese día el ambiente en la iglesia era diferente: una corriente en el aire presagiaba un asalto inminente. Algunos desalmados veían la iglesia como un blanco fácil de donde sacar provisiones robándoles a los pobres creyentes que solo pretendían hacer un bien en este mundo lleno de desgracias. <br />
<br />
Los criminales, enemigos jurados de la esperanza y la bondad, habían escuchado rumores sobre la generosa caridad de las gentes de fe, basto con investigar un poco más para enterarse de las generosas provisiones almacenadas en la iglesia gracias a las donaciones de los feligreses. Estos malhechores estaban liderados por un hombre conocido como Gorram, cuya gran estatura y voz profunda imponían respeto solo con verlo y oírlo, y ademas, no era tonto, pues había trazado un plan para hacerse con el botín, eligiendo atacar despues de la misa del domingo, cuando la bolsa de donaciones estuviera mas llena. Los cómplices de Gorram, no eran más que hombres desesperados, de rostros endurecidos por el sufrimiento, que aun sintiendo el pinchazo del mal camino, asintieron, sus corazones latiendo al unísono con el deseo de poder y la desesperación brillando en sus ojos. <br />
<br />
La sombra del mal se cernía sobre la comunidad de la isla de Sorbet. Pero dichos criminales tuvieron la mala suerte de que en esta ocasión había alguien entre los pobres que podía hacerles frente.<br />
<br />
Li Yuan, aunque joven, era un extraño y misterioso sabio, se describe a sí mismo como: un cazador de secretos en las profundidades del alma. Había llegado a la Iglesia Austro tras años de viajero errante por los mares, buscando un lugar donde su conocimiento pudiera florecer y compartir la luz con aquellos desesperados por encontrarla.<br />
Vestía hábitos sencillos y humildes, pero gruesos que ocultaban bastante de su aspecto, como su figura delgada, pero aun así era visible su mirada serena, la cual irradiaba una calma mística en quienes lo habían conocido. Incluso algunas personas de campo le acudían en busca de consejo, y su sabiduría era conocida en esta isla, mientras que su generosidad y su dedicación a la carpintería habían devuelto el color a la Iglesia Austro.<br />
<br />
Con Las fuerzas presentadas, es hora de narrar este misterioso encuentro.<br />
<br />
El sol apenas estaba empezando a ocultarse el domingo, alargando las sombras, cuando la banda de Gorram llegó a las puertas de la iglesia, aferrándose a sus armas afiladas y sus herramientas de ladrón. En el interior, el aroma de pan recién horneado se mezclaba con el incienso, creando un ambiente sagrado pero también hogareño. Li Yuan estaba en meditación profunda, sintiendo la energía vital del mundo fluir a través de él, cuando de pronto percibió una alteración.<br />
Un escalofrío recorrió sus branquias y aletas, alertando de que algo oscuro se acercaba. Con un movimiento ágil, se levantó y se dirigió a la puerta. No tenía armas, y su única defensa era la inteligencia y la sabiduría acumulada de sus años de reflexión, algún conocimiento de las artes marciales y del karate que aprendió de su niñez.<br />
Aquel día, el destino de muchos estaba pendiente de sus acciones, y él debía actuar.<br />
<br />
Li Yuan avanzó por la iglesia confiado, y al abrir la puerta, se encontró de frente con Gorram y su grupo. Los criminales, sorprendidos por la aparición del monje, vacilaron por un instante. Sus miradas se cruzaron y Li Yuan sintió la tensión palpable en el aire pero por timidez no respondió, sino que esperó a que ellos fueran los primeros en hablar, dándose a sí mismo un aire misterioso y extraño. Gorram, confiado en su superioridad numérica, se adelantó y exclamó con pretensión.<br />
 —¡APARTA ENANO!  — Pero al ver que el pequeño monje no se apartaba decidio con una sonrisa dar el motivo de su llegada —Venimos por la caridad de la que hemos oído hablar. <br />
Como claramente Gorram se dirige a él, Li Yuan finalmente respondió.<br />
—¿Qué buscan en este lugar sagrado? —preguntó, su voz suave como el murmullo de un arroyo, pero al mismo tiempo firme como el acero —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> ¿acaso no ves que cuanto más tomas… ¿Qué menos tienes?</span><br />
—Tú y tu iglesia han acaparado lo que debiera ser de todos. Así que. Las provisiones estarán en nuestras manos ¿no crees?<br />
<br />
Li Yuan examinó a Gorram pero también a quienes lo seguían, harapientos y desesperados. sonrió, no por burla, sino por la comprensión de que el miedo había llevado a esos hombres a cruzar límites éticos. Con voz calmada, dijo:<br />
<br />
—Las provisiones de la iglesia son para aquellos que en verdad las necesitan. Tu corazón está atrapado en la sombra de la avaricia, Gorram. ¿Qué valor tiene un festín si al final te deja vacío?<br />
<br />
El rostro del líder se torció por la rabia, y levantó su espada con furia. Sin embargo, en un acto inesperado, Li Yuan cerró los ojos, y un líquido extraño comenzó a concentrarse, este parecía emanar de su ser, llenando el espacio con agua, que hizo tambalear a los asaltantes. Era como si el verdadero espíritu de la compasión tomara forma, desnudando las almas de los hombres frente a él en forma de la más básicas de las necesidades, la sed.<br />
<br />
Los criminales, incapaces de resistir el empuje de ese torrente, fueron empujados y acabaron retrocediendo por su propio pie, sus corazones comenzando a cuestionar sus acciones.<br />
<br />
Gorram estaba sorprendido pero pensaba que se trataba de alguna clase de truco.<br />
—¡Maldito! ¡¿nos atacas con un arma oculta?! ¡desgraciado!<br />
Nuevamente sintiéndose preguntado Li Yuan respondió con palabras obvias.<br />
—No tengo armas —continuó Li Yuan, abriendo los ojos y mostrando una paz inquebrantable—. Solo tengo la fuerza de la verdad. ¿Realmente desean seguir este camino?<br />
Gorram, sintiéndose expuesto, titubeó. Los demás hombres comenzaron a murmurar, sembrando la duda en sus corazones. ¿Era correcto robar a quienes ofrecían tantas dádivas? La tentación del oro y el poder se enfrentaba ahora con el eco de sus propias conciencias.<br />
Finalmente, una voz entre ellos se alzó:<br />
<br />
—¿Es justo robar a quienes no tienen nada? —dijo uno de los cómplices, cuestionando la decisión del grupo.— podríamos ir a otro lado… <br />
<br />
Li Yuan vio en sus ojos una chispa de esperanza, pues sólo hacía falta una voz en la oscuridad para ver la luz, por lo que el monje continuó:<br />
<br />
—La verdadera fortaleza no reside en lo que podemos tomar, sino en lo que podemos dar. La bondad es una moneda que nunca pierde su valor.<br />
<br />
Gorram, furioso y confuso, se dio cuenta de que había perdido el control de la situación. Su mirada nublada se cambió por una de impotencia. Con un grito de rabia, se dio la vuelta y huyó hacia el bosque, seguido por los demás, quienes tendrán la rara oportunidad en la vida, la opción de comprender que podrían haber tomado otro camino. Y aún no era tarde para elegirlo.<br />
<br />
Li Yuan permaneció ante la puerta, observando cómo se alejaban sin intención de perseguirlos, sintiendo que había salvado no solo las provisiones, sino también las almas de aquellos hombres. Esa semana, las ofrendas no fueron saqueadas, y las provisiones se mantuvieron, la Iglesia Austro no solo había proporcionado alimento a los pobres, sino que había ofrecido la oportunidad de redención a aquellos que estuvieran dispuestos a ver el camino.<br />
<br />
Esta historia es un recordatorio para todos, que incluso en los corazones más oscuros, existe un atisbo de luz esperando ser despertado, solo hace falta valor para poder cambiar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Murmullos del destino [Pasado]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1926</link>
			<pubDate>Thu, 07 Aug 2025 16:38:18 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=506">Zhang Guolao</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1926</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las campanas resonaban tras cada paso que daba, y como siempre, Zhang caminaba lentamente bajo los rayos matutinos del sol, y la brisa traía consigo el canto lejano de unas aves. Eran, tal vez, las 11:00 a.m., aunque para Zhang eso no significaba mucho. El tiempo se medía en pasos, no en relojes. Sorbet lucía tranquila esa mañana, y no era la primera vez que venía a aquella iglesia a rezar… o simplemente a sentarse en silencio o con silencio, no estaba seguro. Total, no había mucho que hacer a esa edad más que conversar con los dioses… y con uno mismo.<br />
<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se encontraba justo al lado del templo, apoyado en su bastón, observando el paso del tiempo frente a sus ojos, cuando un alboroto repentino comenzó a crecer entre la gente. Zhang reaccionó con un leve resoplido, casi instintivo, y le dedicó unos minutos de su vida a las sorpresas del destino. Un grupo de personas se agolpaba frente a la iglesia, cuchicheando, apuntando, con caras confundidas. Zhang frunció el ceño y golpeó el suelo con su pezuña. Las palabras ajenas eran una de las debilidades de aquel anciano Mink, no por chismoso (o si), sino porque creía que de los murmullos a veces brotaba la verdad. Y aquella verdad parecía jugosa.<br />
<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Afinó su oído, que no era tan joven como antes pero aún servía, alcanzó a distinguir una palabra<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">. - Un huevo - </span></span>repitió en voz baja<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color"> -Hmmm... Silencio, no - </span></span>murmuró con ternura, rascándose la oreja mientras alzaba con cuidado entre sus pezuñas al pequeño mono, que se removía inquieto dentro de su túnica. El animal lanzó un chillido breve y curioso, como si adivinara que aquello traería problemas... o aventura.<br />
<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Zhang levantó su ceja buena y permitió que la curiosidad le invadiera el cuerpo entero. ¿Qué clase de huevo podía causar semejante revuelo?  -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color"> Hmmm... sólo hay una forma de saberlo.-</span></span> Fue entonces que Zhang comenzó a desvanecerse, como un fantasma. En ocasiones, su habilidad traía ciertas ventajas. El frío invadió su cuerpo, pero lo toleró con una mueca. Se acercó al grupo, elevándose unos metros para observar desde el cielo lo que sucedía. Silencio, desde su pecho, asomó la cabeza con los ojos bien abiertos. El espectáculo apenas comenzaba. </div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las campanas resonaban tras cada paso que daba, y como siempre, Zhang caminaba lentamente bajo los rayos matutinos del sol, y la brisa traía consigo el canto lejano de unas aves. Eran, tal vez, las 11:00 a.m., aunque para Zhang eso no significaba mucho. El tiempo se medía en pasos, no en relojes. Sorbet lucía tranquila esa mañana, y no era la primera vez que venía a aquella iglesia a rezar… o simplemente a sentarse en silencio o con silencio, no estaba seguro. Total, no había mucho que hacer a esa edad más que conversar con los dioses… y con uno mismo.<br />
<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se encontraba justo al lado del templo, apoyado en su bastón, observando el paso del tiempo frente a sus ojos, cuando un alboroto repentino comenzó a crecer entre la gente. Zhang reaccionó con un leve resoplido, casi instintivo, y le dedicó unos minutos de su vida a las sorpresas del destino. Un grupo de personas se agolpaba frente a la iglesia, cuchicheando, apuntando, con caras confundidas. Zhang frunció el ceño y golpeó el suelo con su pezuña. Las palabras ajenas eran una de las debilidades de aquel anciano Mink, no por chismoso (o si), sino porque creía que de los murmullos a veces brotaba la verdad. Y aquella verdad parecía jugosa.<br />
<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Afinó su oído, que no era tan joven como antes pero aún servía, alcanzó a distinguir una palabra<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">. - Un huevo - </span></span>repitió en voz baja<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color"> -Hmmm... Silencio, no - </span></span>murmuró con ternura, rascándose la oreja mientras alzaba con cuidado entre sus pezuñas al pequeño mono, que se removía inquieto dentro de su túnica. El animal lanzó un chillido breve y curioso, como si adivinara que aquello traería problemas... o aventura.<br />
<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Zhang levantó su ceja buena y permitió que la curiosidad le invadiera el cuerpo entero. ¿Qué clase de huevo podía causar semejante revuelo?  -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color"> Hmmm... sólo hay una forma de saberlo.-</span></span> Fue entonces que Zhang comenzó a desvanecerse, como un fantasma. En ocasiones, su habilidad traía ciertas ventajas. El frío invadió su cuerpo, pero lo toleró con una mueca. Se acercó al grupo, elevándose unos metros para observar desde el cielo lo que sucedía. Silencio, desde su pecho, asomó la cabeza con los ojos bien abiertos. El espectáculo apenas comenzaba. </div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Reunión de monjes en una iglesia [libre]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1925</link>
			<pubDate>Thu, 07 Aug 2025 16:21:32 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=512">Li Yuan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1925</guid>
			<description><![CDATA[Día 70 de primavera, año 16<br />
En la serenidad del amanecer, cuando el sol comienza su ascenso, alejando lentamente a la oscuridad mientras ilumina con sus suaves destellos dorados este inmenso mundo, Li Yuan, el pequeño monje Gyojin, se sienta a reflexionar sobre la esencia misma de la vida. Con la quietud de aquella pequeña ermita, rodeado por la majestuosa naturaleza, su simple meditación introspectiva se convierte en un espejo donde sus pensamientos adquieren forma y profundidad, mientras los pequeños recuerdos del sueño desaparecen con el amanecer.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Comic Sans MS;" class="mycode_font">Cada día es el comienzo de un nuevo capítulo, cada instante una nueva lección que invita a la contemplación.</span></span><br />
<br />
Gracias a la amabilidad del Pastor en la pequeña iglesia de la isla de Sorbet, Li Yuan se había podido quedar unos días a descansar del viaje y a esconderse de algunos marines, naturalmente no se estaba quedando de gratis, y había ofrecido sus servicios como carpintero, actualmente la iglesia esta restaurada y lucia como si el edificio estuviera nuevo gracias a sus trabajos y cuidados, aunque podría estar mucho mejor si tuviera mejores habilidades.<br />
Por eso hoy, Li Yuan estaba descansando, y se permitía considerar sus opciones, pensando en las palabras que había tenido el otro día con aquel extraño individuo, mientras por otro lado consideraba que hacer a partir de ahora, quería seguir peleando y luchando por la liberación de los esclavos del mundo, pero aun no tenia ni la fuerza ni la habilidad de seguir ese propósito de momento. Entonces por obviedad su destino deberia empezar por mejorar su estilo de pelea, pero...  ¿Cómo se supone que debería hacer eso? ¿se metía a un dojo a entrenar bajo las ordenes de un sensei? no le gustaba denegar su propia libertad para que otro lo gobernase para instaurar reglas y doctrinas de entrenamiento en su mente, pero tampoco se creía lo bastante disciplinado para evolucionar su Karate Gyojin sin cierta orientación.<br />
<br />
Pero, la fuerza no es la única manera de hacerse fuerte, los amigos, los aliados, la fuerza de un equipo podría multiplicar sus fuerzas exponencialmente, no todo se basaba meramente en lo físico, a veces bastaba con poder compartir.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Día 70 de primavera, año 16<br />
En la serenidad del amanecer, cuando el sol comienza su ascenso, alejando lentamente a la oscuridad mientras ilumina con sus suaves destellos dorados este inmenso mundo, Li Yuan, el pequeño monje Gyojin, se sienta a reflexionar sobre la esencia misma de la vida. Con la quietud de aquella pequeña ermita, rodeado por la majestuosa naturaleza, su simple meditación introspectiva se convierte en un espejo donde sus pensamientos adquieren forma y profundidad, mientras los pequeños recuerdos del sueño desaparecen con el amanecer.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Comic Sans MS;" class="mycode_font">Cada día es el comienzo de un nuevo capítulo, cada instante una nueva lección que invita a la contemplación.</span></span><br />
<br />
Gracias a la amabilidad del Pastor en la pequeña iglesia de la isla de Sorbet, Li Yuan se había podido quedar unos días a descansar del viaje y a esconderse de algunos marines, naturalmente no se estaba quedando de gratis, y había ofrecido sus servicios como carpintero, actualmente la iglesia esta restaurada y lucia como si el edificio estuviera nuevo gracias a sus trabajos y cuidados, aunque podría estar mucho mejor si tuviera mejores habilidades.<br />
Por eso hoy, Li Yuan estaba descansando, y se permitía considerar sus opciones, pensando en las palabras que había tenido el otro día con aquel extraño individuo, mientras por otro lado consideraba que hacer a partir de ahora, quería seguir peleando y luchando por la liberación de los esclavos del mundo, pero aun no tenia ni la fuerza ni la habilidad de seguir ese propósito de momento. Entonces por obviedad su destino deberia empezar por mejorar su estilo de pelea, pero...  ¿Cómo se supone que debería hacer eso? ¿se metía a un dojo a entrenar bajo las ordenes de un sensei? no le gustaba denegar su propia libertad para que otro lo gobernase para instaurar reglas y doctrinas de entrenamiento en su mente, pero tampoco se creía lo bastante disciplinado para evolucionar su Karate Gyojin sin cierta orientación.<br />
<br />
Pero, la fuerza no es la única manera de hacerse fuerte, los amigos, los aliados, la fuerza de un equipo podría multiplicar sus fuerzas exponencialmente, no todo se basaba meramente en lo físico, a veces bastaba con poder compartir.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[pasado] En la casa del pastor]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1922</link>
			<pubDate>Thu, 07 Aug 2025 10:38:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=512">Li Yuan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1922</guid>
			<description><![CDATA[Día 68 de primavera, Año 16<br />
Sorbet era una isla dividida desde su misma base de población, por un lado, su ambiente tropical y hermosas playas atrae un flujo constante de turismo, riquezas comerciales y establecimientos de gastronomía y hoteles, que buscan explotar la riqueza y el hermoso paisaje de esta isla, en un ambiente tropical y exótico pico visto en el south blue.<br />
Por otro lado, personas humildes y trabajadoras que solo buscan ganarse la vida mediante el cultivo de frutas y plantas exóticas tropicales para la venta o la propia supervivencia de su estilo de vida. Personas no necesariamente pobres, pero si de estilo de vida sencillo y simple para los más civilizados, un poblado indígena.<br />
<br />
En esta última zona había una pequeña iglesia, dirigida por un honrado pastor que se molestaba siempre en ayudar a lo menos necesitados, aquellos que necesitaban ayuda, incluso si eran completos desconocidos, como aquel misterioso monje extranjero que se había acercado a apoyar a las labores del pastor a cambio de tener un techo bajo el cual quedarse unos días.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Li Yuan, </span>no estaba de gratis, trabajaba en la iglesia, realizando mantenimiento de carpintería en el edificio de madera, siendo esa su forma de pagar al generoso pastor que le había permitido quedarse unos días bajo su techo desgastado. Por eso estaba ahí, en el tejado de la iglesia, donde Lijaba con herramientas de carpinteria las superficies ásperas de las placas del tejado, lijar hasta conseguir una superficie recta y suave, para que el agua de la lluvia no se metiera en rendijas y recovecos, y simplemente fluye abajo como naturalmente debía ser. <br />
Tras terminar de lijar, tomaba resina y barniz, para proteger la superficie de la acción directa del sol, viento y agua.<br />
<br />
La gente había empezado a mirarlo como alguna especie de atracción turística, por qué se veía extraño, allí arriba con su extraño cascarón en la cabeza, y se circulaban rumores de que si le hablas directamente, te regalaba un poco de su sabiduría, aunque pocos lo veían como algo interesante más allá de ser una anécdota puntual, y solo unos pocos les parecía amenazante esa figura misteriosa y silenciosa que no parecía querer relacionarse con nadie.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Día 68 de primavera, Año 16<br />
Sorbet era una isla dividida desde su misma base de población, por un lado, su ambiente tropical y hermosas playas atrae un flujo constante de turismo, riquezas comerciales y establecimientos de gastronomía y hoteles, que buscan explotar la riqueza y el hermoso paisaje de esta isla, en un ambiente tropical y exótico pico visto en el south blue.<br />
Por otro lado, personas humildes y trabajadoras que solo buscan ganarse la vida mediante el cultivo de frutas y plantas exóticas tropicales para la venta o la propia supervivencia de su estilo de vida. Personas no necesariamente pobres, pero si de estilo de vida sencillo y simple para los más civilizados, un poblado indígena.<br />
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En esta última zona había una pequeña iglesia, dirigida por un honrado pastor que se molestaba siempre en ayudar a lo menos necesitados, aquellos que necesitaban ayuda, incluso si eran completos desconocidos, como aquel misterioso monje extranjero que se había acercado a apoyar a las labores del pastor a cambio de tener un techo bajo el cual quedarse unos días.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Li Yuan, </span>no estaba de gratis, trabajaba en la iglesia, realizando mantenimiento de carpintería en el edificio de madera, siendo esa su forma de pagar al generoso pastor que le había permitido quedarse unos días bajo su techo desgastado. Por eso estaba ahí, en el tejado de la iglesia, donde Lijaba con herramientas de carpinteria las superficies ásperas de las placas del tejado, lijar hasta conseguir una superficie recta y suave, para que el agua de la lluvia no se metiera en rendijas y recovecos, y simplemente fluye abajo como naturalmente debía ser. <br />
Tras terminar de lijar, tomaba resina y barniz, para proteger la superficie de la acción directa del sol, viento y agua.<br />
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La gente había empezado a mirarlo como alguna especie de atracción turística, por qué se veía extraño, allí arriba con su extraño cascarón en la cabeza, y se circulaban rumores de que si le hablas directamente, te regalaba un poco de su sabiduría, aunque pocos lo veían como algo interesante más allá de ser una anécdota puntual, y solo unos pocos les parecía amenazante esa figura misteriosa y silenciosa que no parecía querer relacionarse con nadie.]]></content:encoded>
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