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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Ciudad Pushkin]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sun, 27 Sep 2026 03:02:38 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Frio carmesí | Pasado | Nostariel]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4409</link>
			<pubDate>Wed, 23 Sep 2026 20:36:47 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=585">Dharma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4409</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las ventiscas constantes del Reino de Roshwan traían consigo un eco gélido que entumecía los sentidos de los hombres ordinarios, pero sobre el rostro tranquilo y siempre atento  de Dharma, el invierno no era más que otra circunstancia ordinaria del mapa.  Su clara resistencia a cualquier clima y su voluntad eran el abrigo perfecto. El espadachín de Wano avanzaba por las calles empedradas de la capital, Pushkin, manteniendo sus pasos perfectos, no tenia necesidad alguna de medirlos, pues su caminar era el de alguien con gran solemnidad, cada paso le permitía observar más y más de este lugar, que mostraba un cielo friolento, con poca iniciativa por parte del astro rey, la hora del día era cercana a la tarde o eso podía suponer sin mucha exactitud. Sus vestimentas negras casuales absorbían los pocos destellos de luz que lograban filtrarse a través de la nevada, y a los costados de su torso, sus espadas gemelas descansaban bajo sus sujeciones de cuero, siempre al alcance de sus manos, siempre alerta, pero con una postura confiada.<br />
<br />
Para alguien de su estirpe, la arquitectura extravagante de Pushkin resultaba un espectáculo un tanto singular. Los edificios de ladrillo rojizo se alzaban desafiando la lógica del clima con sus tejados de colores llamativos y geometrías esféricas que simulaban cúpulas suspendidas en el espacio, parecía una ciudad diferente, más bien parecía una ciudad a diferencia de muchas islas que son pequeñas y muestran claramente ser solo pueblos. Era una estética vistosa, pero que para el pelinegro no pasaba de ser un envoltorio trivial; el verdadero interés de Roshwan radicaba en la llanura helada de su tundra y en los secretos bélicos o sociales que este inmenso territorio del South Blue pudiera ocultar. La mirada de sus ojos verde oscuro ligeramente afilados, registraba cada calle de la plaza central y el sutil olor alcohol que escapaba de los residentes y de las tabernas locales. Los habitantes de este gélido país se volcaban al alcohol por una necesidad biológica de regular su temperatura corporal, un vicio que Dharma consideraba poco práctico para la aptitudes físicas y mentales, pero no le importaba si los demás lo consumían así como cualquier otra cosa dañina, dejaba que los demás pensaran e hicieran a su antojo.<br />
<br />
El místico y exmonje se dirigió de forma lineal hacia una banca, el color era indiferente pues en su mayoría estaba cubierta de una fina capa de nieve, cercana al centro de la plaza comercial, donde los copos de nieve acumulada comenzaba a blanquear los techos esféricos de los quioscos. Despejó la superficie con un sutil movimiento de su diestra y se sentó de forma tranquila, como casi un ritual, recostando su robusto cuerpo contra el frío material y estirando sus brazos a los costados, disfrutando de su propia libertad mientras observaba el transcurrir de los habitantes locales envueltos en gruesos abrigos de piel. Su anatomía imponente y bien trabajada por el rigor físico no respondía a un anhelo superficial de vanidad o belleza vana; para él, la simetría de sus músculos y su porte atlético eran la manifestación física de la eficiencia, la estética del poder puro hecha carne para servir a su voluntad en batalla. Exhaló de forma larga y pausada sintiéndose bastante tranquilo en ese lugar. <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">| Bro... Pensaría que hay mas caos en una ciudad grande... |</span> Decía para si mismo, mientras observaba la cotidianidad de los transeúntes. Dharma Sostenía una mueca lineal, una sutil sonrisa de desdén y absoluta confianza junto a la cicatriz en el lado derecho de su boca. No tenía la necesidad de hablar con nadie, ni solía buscar la interacción banal con la gente que atestaba el lugar; consideraba aquellas conversaciones triviales como un opio para la sociedad y un desperdicio de su tiempo.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">| Hmm... |</span><br />
<br />
Murmuró para sí mismo de forma sutil, regresando sus orbes esmeralda hacia el movimiento constante de la multitud. Para Dharma, las preocupaciones de esos seres mundanos que corrían a refugiarse en las tabernas eran banales; eran solo vasijas que contenían emociones innecesarias, cargadas de detalles inútiles que las volvían presas ante el destino. Sabía que en algún rincón de esta inmensa tundra o entre los callejones de Pushkin debían existir poderes y conocimientos útiles para su propia evolución hacia el poder absoluto, pero no tenía prisa por forzar las circunstancias. Dejaba que el ambiente inmersivo de la nevada fluyera, manteniendo sus espadas listas a su costado mientras seguia un poco pensativo, comenzando a estirar lentamente los musculos de su espalda aprovechando la tranquilidad.</div>
<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span> Off Rol</span>
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					 <br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span> Karmas</span>
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					<br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Adaptación ígnea</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-positivo'><strong>positivo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>2</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Esta habilidad otorga al personaje una capacidad excepcional para resistir el calor intenso. Este karma disminuye los efectos negativos del efecto Calor en un 50%.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Incompatible con Caluroso</span>]</strong>
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `adaptacionignea001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>adaptacionignea001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Sentidos aumentados</strong>
                        </div>
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                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-positivo'><strong>positivo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>2</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>En determinadas situaciones puedes percatarte de si alguien te está acechando.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Incompatible con Sentidos atenuados Oído</span>]</strong>
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Oído</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>saumentadosoido001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Sentidos aumentados</strong>
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                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>En temas sociales puedes percatarte de ciertas cosas con más facilidad.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Incompatible con Sentidos atenuados Vista</span>]</strong>
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Vista</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `saumentadosvista001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>saumentadosvista001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
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                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Salud de hierro</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-positivo'><strong>positivo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>2</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tu personaje no sufre enfermedades de forma natural.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `saluddehierro001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>saluddehierro001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Tono invariable</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>3</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tu personaje siempre habla al mismo tono y la misma intensidad, siéndole imposible alzarlo o rebajarlo más que como hace habitualmente.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
                    <div
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                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>tonoinvariable001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Tic</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>1</span><span> punto</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tu personaje tiene un tic recurrente.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Tendrás que mostrarlo una vez por tema</span>]</strong>
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Estirar la espalda</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
                    <div
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `ticdharma001`);'
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>ticdharma001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Muletilla</strong>
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                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
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                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>1</span><span> punto</span></strong></div>
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                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tu personaje tiene una palabra o expresión que repite con mucha frecuencia. Debe decirla al menos una vez en cada post donde el personaje hable.</em>
                    
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Bro</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>muletilladharma001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span> Estados</span>
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					 N/A
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			</div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las ventiscas constantes del Reino de Roshwan traían consigo un eco gélido que entumecía los sentidos de los hombres ordinarios, pero sobre el rostro tranquilo y siempre atento  de Dharma, el invierno no era más que otra circunstancia ordinaria del mapa.  Su clara resistencia a cualquier clima y su voluntad eran el abrigo perfecto. El espadachín de Wano avanzaba por las calles empedradas de la capital, Pushkin, manteniendo sus pasos perfectos, no tenia necesidad alguna de medirlos, pues su caminar era el de alguien con gran solemnidad, cada paso le permitía observar más y más de este lugar, que mostraba un cielo friolento, con poca iniciativa por parte del astro rey, la hora del día era cercana a la tarde o eso podía suponer sin mucha exactitud. Sus vestimentas negras casuales absorbían los pocos destellos de luz que lograban filtrarse a través de la nevada, y a los costados de su torso, sus espadas gemelas descansaban bajo sus sujeciones de cuero, siempre al alcance de sus manos, siempre alerta, pero con una postura confiada.<br />
<br />
Para alguien de su estirpe, la arquitectura extravagante de Pushkin resultaba un espectáculo un tanto singular. Los edificios de ladrillo rojizo se alzaban desafiando la lógica del clima con sus tejados de colores llamativos y geometrías esféricas que simulaban cúpulas suspendidas en el espacio, parecía una ciudad diferente, más bien parecía una ciudad a diferencia de muchas islas que son pequeñas y muestran claramente ser solo pueblos. Era una estética vistosa, pero que para el pelinegro no pasaba de ser un envoltorio trivial; el verdadero interés de Roshwan radicaba en la llanura helada de su tundra y en los secretos bélicos o sociales que este inmenso territorio del South Blue pudiera ocultar. La mirada de sus ojos verde oscuro ligeramente afilados, registraba cada calle de la plaza central y el sutil olor alcohol que escapaba de los residentes y de las tabernas locales. Los habitantes de este gélido país se volcaban al alcohol por una necesidad biológica de regular su temperatura corporal, un vicio que Dharma consideraba poco práctico para la aptitudes físicas y mentales, pero no le importaba si los demás lo consumían así como cualquier otra cosa dañina, dejaba que los demás pensaran e hicieran a su antojo.<br />
<br />
El místico y exmonje se dirigió de forma lineal hacia una banca, el color era indiferente pues en su mayoría estaba cubierta de una fina capa de nieve, cercana al centro de la plaza comercial, donde los copos de nieve acumulada comenzaba a blanquear los techos esféricos de los quioscos. Despejó la superficie con un sutil movimiento de su diestra y se sentó de forma tranquila, como casi un ritual, recostando su robusto cuerpo contra el frío material y estirando sus brazos a los costados, disfrutando de su propia libertad mientras observaba el transcurrir de los habitantes locales envueltos en gruesos abrigos de piel. Su anatomía imponente y bien trabajada por el rigor físico no respondía a un anhelo superficial de vanidad o belleza vana; para él, la simetría de sus músculos y su porte atlético eran la manifestación física de la eficiencia, la estética del poder puro hecha carne para servir a su voluntad en batalla. Exhaló de forma larga y pausada sintiéndose bastante tranquilo en ese lugar. <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">| Bro... Pensaría que hay mas caos en una ciudad grande... |</span> Decía para si mismo, mientras observaba la cotidianidad de los transeúntes. Dharma Sostenía una mueca lineal, una sutil sonrisa de desdén y absoluta confianza junto a la cicatriz en el lado derecho de su boca. No tenía la necesidad de hablar con nadie, ni solía buscar la interacción banal con la gente que atestaba el lugar; consideraba aquellas conversaciones triviales como un opio para la sociedad y un desperdicio de su tiempo.<br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">| Hmm... |</span><br />
<br />
Murmuró para sí mismo de forma sutil, regresando sus orbes esmeralda hacia el movimiento constante de la multitud. Para Dharma, las preocupaciones de esos seres mundanos que corrían a refugiarse en las tabernas eran banales; eran solo vasijas que contenían emociones innecesarias, cargadas de detalles inútiles que las volvían presas ante el destino. Sabía que en algún rincón de esta inmensa tundra o entre los callejones de Pushkin debían existir poderes y conocimientos útiles para su propia evolución hacia el poder absoluto, pero no tenía prisa por forzar las circunstancias. Dejaba que el ambiente inmersivo de la nevada fluyera, manteniendo sus espadas listas a su costado mientras seguia un poco pensativo, comenzando a estirar lentamente los musculos de su espalda aprovechando la tranquilidad.</div>
<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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						<span> Off Rol</span>
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					 <br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span> Karmas</span>
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Adaptación ígnea</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-positivo'><strong>positivo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>2</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Esta habilidad otorga al personaje una capacidad excepcional para resistir el calor intenso. Este karma disminuye los efectos negativos del efecto Calor en un 50%.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Incompatible con Caluroso</span>]</strong>
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `adaptacionignea001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>adaptacionignea001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Sentidos aumentados</strong>
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                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
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                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>En determinadas situaciones puedes percatarte de si alguien te está acechando.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Incompatible con Sentidos atenuados Oído</span>]</strong>
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Oído</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>saumentadosoido001</span></span>
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                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Sentidos aumentados</strong>
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                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>En temas sociales puedes percatarte de ciertas cosas con más facilidad.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Incompatible con Sentidos atenuados Vista</span>]</strong>
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Vista</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>saumentadosvista001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Salud de hierro</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-positivo'><strong>positivo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>2</span><span> puntos</span></strong></div>
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                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tu personaje no sufre enfermedades de forma natural.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>saluddehierro001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
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                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Tono invariable</strong>
                        </div>
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                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>3</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tu personaje siempre habla al mismo tono y la misma intensidad, siéndole imposible alzarlo o rebajarlo más que como hace habitualmente.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>tonoinvariable001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Tic</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>1</span><span> punto</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tu personaje tiene un tic recurrente.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Tendrás que mostrarlo una vez por tema</span>]</strong>
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Estirar la espalda</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `ticdharma001`);'
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>ticdharma001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div><br />
<div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
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                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Muletilla</strong>
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                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
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                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tu personaje tiene una palabra o expresión que repite con mucha frecuencia. Debe decirla al menos una vez en cada post donde el personaje hable.</em>
                    
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Bro</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>muletilladharma001</span></span>
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                </div>
            </div><br />

				</div>
			</div><br />
<br />
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			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada T1] Un deseo egoísta]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4304</link>
			<pubDate>Sat, 12 Sep 2026 10:52:03 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=873">Aria Áster</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4304</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">53 de Verano del año 18, tarde.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Roshwan. Capital, Ciudad Pushkin</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Había pasado buena parte de la tarde recorriendo la ciudad en busca de trabajo, aunque con poco éxito. Los lugareños no parecían especialmente interesados en contratar a una forastera, y mucho menos en darle la oportunidad de relacionarse con ellos. Tal vez llevaba demasiado poco tiempo en la ciudad, prácticamente acababa de llegar. Había buscado sobre todo empleos de cara al público, pues podían ser una buena fuente de información. </span></span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Y la información es poder, —</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> se repitió mentalmente. Una parte de sí misma odiaba la frase por lo que evocaba, pero no podía dejar de repetirla una y otra vez, pues era cierto, y cerrar muy fuerte los ojos a la verdad no la hacía menos cierta. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Entró en la primera taberna en la que había preguntado por trabajo y se sentó en la barra. Había decidido dejar la capital y viajar a alguna otra ciudad cercana, pero eso tendría que esperar a otro día; ya era demasiado tarde como para emprender algún viaje. Apoyó los brazos sobre la barra mientras esperaba a que la dueña la atendiera. La taberna no estaba muy llena y una suave música eclipsaba el sonido del viento del exterior.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Aria había visitado la taberna por primera vez por la mañana, momento en el que estaba un poco más llena. Fue en esa visita en la que había “conocido” al hijo de la dueña: un niño con gran energía, que iba y venía de un lado a otro, buscando atención en cada cliente. Incluso se había acercado a ella, pero su madre le había regañado por hablar con desconocidos. No parecían especialmente temerosos de ella, aunque no le extrañaba; su apariencia nunca había hecho que nadie la temiese. Su padre solía decir que parecía una mocosa y que debía crecer más, como si ella hubiera decidido dejar de crecer.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Qué idiota, — </span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">pensó mientras observaba la taberna en busca del niño.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Por un instante se regañó mentalmente por el insulto a su padre. De algún modo, él siempre sabía cuándo ella lo insultaba en su cabeza. Debía hacer algún gesto que la delataba. Recordó que estaba a kilómetros de distancia de él y se relajó en su asiento.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— Qué idiota. —</span></span><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Incluso se permitió repetir el insulto en un susurro. Una pequeña victoria para ella.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Borró la sonrisa cuando notó que el niño no estaba por ningún lado. Volvió a revisar el local, esta vez con más atención, pero no estaba por ninguna parte. Se volvió, esta vez hacia donde estaba la dueña. Ella la estaba ignorando magistralmente, decidiendo que los clientes que habían llegado más tarde que ella tenían prioridad. Aunque no le importó. Estaba agradecida por estar en el interior; el viento se había levantado afuera y hacía bastante frío.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Siguió observando a la mujer moverse tras la barra, con la misma soltura que tenía por la mañana. Sin embargo, parecía un poco más lenta, con la mente en otro lado, y cada dos por tres miraba hacia la puerta y después al gran reloj de la taberna.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Todo bien, Lena? — </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">P</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">reguntó uno de los clientes tras dar un largo sorbo a su jarra.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Ella asintió con una pequeña sonrisa.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Es mi hijo, no ha vuelto todavía desde que se fue a jugar.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— ¿Ese pequeño diablo? — </span></span><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">El cliente sonrió. Parecía que todos conocían al revoltoso mocoso, pues compartieron una mirada cómplice.</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Ya volverá, siempre vuelve.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La dueña le dio la razón al cliente, aunque no parecía menos preocupada. Parecía más bien que trataba de terminar la conversación.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Dudó un poco antes de hablar. Aria estaba dudando. Seguía olvidando que ya no era Aria, y que no lo sería en un largo tiempo. Se levantó del asiento sin siquiera tratar de ser silenciosa. Luna era así, ocupaba más espacio que ella, y sin duda alguna brillaba más que ella. Siempre le pareció irónico que la que tuviera relación con las estrellas fuera Aria, mientras era Luna, un satélite, la que brillaba más.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Se acercó a ambos lugareños con una gran sonrisa.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Yo iré a por él.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La mujer trató de negarse. Pero ella ya no la estaba escuchando. Se despidió con un “no te preocupes, yo lo traigo” y salió de la taberna. Lo último que había escuchado había sido a la mujer indicando la zona del bosque que el niño solía frecuentar cuando escapaba, con un tono un tanto resignado.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Comenzó a caminar. El silbido suave del viento de la mañana era ahora más fuerte. Esperaba que ninguna ventisca se levantara, pues eso podría ser bastante peligroso. Se sintió un poco culpable. No estaba ayudando a la dueña de la taberna por ninguna razón altruista ni nada por el estilo. Era el tipo de persona que se sentiría mal si había alguien cerca en peligro y no hacía nada. Así que, en cierto modo, lo estaba haciendo por sí misma, para no tener que cargar después con la culpa de no haber hecho nada. Al fin y al cabo, era tarea de los adultos cuidar a los niños. Y sin duda alguna no mejoraba la situación que, una parte de ella, esperase que la mujer se mostrase menos recelosa con ella si le traía al niño. Le hacía sentir que se estaba aprovechando de ella. A veces temía encontrar similitudes entre ella y su padre. Por nada del mundo deseaba siquiera asemejarse a ese hombre. Al fin y al cabo, a diferencia de lo que él pensaba, no todo era blanco o negro.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Llegó a la entrada del bosque cuando la noche se acercaba. Debía aprovechar las últimas horas de luz, pues, si entraba y se le hacía tarde, podría terminar perdida en medio de toda esa oscuridad. Palpó su ropa y se aseguró de que su pistola siguiese ahí. Sí, lo estaba. Eso le hacía sentir un poco más tranquila. Los primeros minutos caminando por el bosque fueron tranquilos, y los más difíciles, puesto que no tenía ningún tipo de rastro del niño. Entonces, mientras caminaba, encontró un rastro de huellas. Se agachó para examinarlas mejor. Notó que parecían de la suela de unas botas, pequeñas, coherentes con las de un niño. Sonrió con satisfacción y siguió caminando. Le recordó a las escapadas que había hecho con su hermano cuando ambos eran mucho más jóvenes. Podía contarlas con los dedos de una mano, pero las recordaba con mucho cariño.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">No se dio cuenta de cuando había sacado su reloj de bolsillo y lo había abierto para “mirar la hora”, aunque como de costumbre, ni siquiera había prestado atención. Por lo que, tras guardarlo, volvió a sacarlo, esta vez para notar que las agujas se habían detenido. </span></span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Qué tonta, —</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> pensó mientras volvía a guardarlo en el bolsillo. Era sencillo de arreglar, era un problema común, pero no se arriesgaría a abrirlo en mitad de la nieve, mucho menos cuando estaba en búsqueda de un niño perdido.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Sería problema para su yo del futuro.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">E</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">n algún punto, otras huellas se unieron a las del niño. Parecían las de un lobo y podía notar el rastro de algo que parecía sangre mezclado con la nieve. Los lobos solían desplazarse en manada, pero solo había encontrado las huellas de uno. ¿Se habría separado del resto? Apuró el paso, pero trató de no hacer ruido. No escuchaba nada, por lo que o el lobo todavía no había llegado hasta el niño o el niño ya estaba muerto. Comenzó a correr tras su último pensamiento. Esperaba no llegar tarde.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Se quedó inmovilizada cuando vio al niño sollozando, con un palo entre las manos, amenazando al lobo. La bestia, que parecía haber retrocedido al escucharla a ella, gruñía en dirección a ambos. No le costó notar que la sangre no provenía del niño, sino de una de las patas del lobo. No parecía extremadamente grave, pero debía ser lo bastante incapacitante como para mantenerlo acorralado. No le quitó los ojos de encima al animal y comenzó a avanzar, lenta y cuidadosamente. El niño seguía sollozando. Ella trató de no hacer ruidos que pudieran asustar al lobo, pues sabía que, si el animal se sentía amenazado o veía cortada su única vía de escape, podía reaccionar atacándolos. Llegó hasta donde estaba el niño y, con mucho cuidado, lo abrazó por la espalda. Este se asustó al instante y pegó un chillido que puso en alerta máxima al lobo. Aria casi dejó de respirar del susto. Afortunadamente, en cuanto el niño notó que no era otra bestia, se calmó un poco e incluso se refugió en su abrazo, tembloroso y llorando. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— Ya está, ya está. — </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Murmuró mientras acariciaba la espalda del niño.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Comenzó a retroceder con cuidado, sin darle la espalda a la bestia, e incorporándose poco a poco. El lobo no bajó la guardia, y ella tampoco. Seguramente el animal estaba tan asustado como ella. Eso la tranquilizaba un poco. </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Le habría gustado intentar acercarse para curarlo, pero tampoco era tonta. Un lobo salvaje no era un perro. Si ya sería difícil tratarlo estando sola, ni siquiera se lo planteaba con un niño llorando en brazos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">En cuanto el lobo consideró que ambos estaban lo suficientemente lejos, retrocedió también y echó a correr bosque adentro, dejando un suave rastro de sangre tras él.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Ya se ha ido, ¿ves?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El niño miró hacia donde ella señalaba. Solo después de ver que el lobo había desaparecido, hipó y volvió a ocultarse en el abrazo. Por lo menos había dejado de llorar.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Vamos, te llevaré con tu mamá.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Apegó un poco más al niño contra ella. Quería hacerle sentir mejor, pero no estaba segura de qué hacer. Afortunadamente, parecía que su presencia le tranquilizaba lo suficiente, pues se había pegado a ella como un koala.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¡Dennis! — </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Exclamó la dueña de la taberna en cuanto vio a su hijo abrazado a Aria.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El niño, Dennis, se bajó de sus brazos a la velocidad del rayo y se lanzó a los brazos de su madre. Comenzó a sollozar mientras le contaba cómo un gigante lobo lo había acorralado y cómo una chica genial (ella) lo había salvado.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La dueña le dio una rápida mirada de sorpresa. Cuando notó el alivio y el agradecimiento destellar en los ojos de la mujer que tantas malas miradas le había dado, no pudo evitar sentir que se le calentaba el corazón. ¿Sus mejillas también se habían calentado? ¿Por qué justo en ese momento se sentía avergonzada? No era como si fuera la primera vez que alguien le agradecía.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Oh. Tal vez sí lo era.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¡No ha sido nada! —</span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"> </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">R</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">espondió con una sonrisa y una falsa confianza cuando la madre comenzó a agradecerle con palabras y halagos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Seguramente, Luna estaba acostumbrada a esa clase de cosas, pero Aria no. Las palabras “gracias” eran tan raras de escuchar que parecían de otro idioma.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Déjame recompensarte. — </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">I</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">nsistió la madre. El niño ya se había quedado dormido en sus brazos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Aria rechazó nuevamente. </span></span><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Lo hice porque quería.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Ambas permanecieron en silencio. La dueña, con el ceño fruncido, la miraba con una expresión que parecía ofendida. Eso permitió a Aria calmarse un poco. Había dicho que quería que los lugareños fueran más receptivos, pero si comenzaban a tratarla demasiado bien, iba a darle un paro cardíaco. Sí, para ella una sutil indiferencia ya estaba bien. Mientras pudiera conseguir información sería suficiente.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—Dijiste estar buscando trabajo… —</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> La mujer sonrió en el mismo instante en el que Aria hizo evidente que estaba interesada. </span></span><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Espero que se te dé bien atender a clientes.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—No planeo permanecer mucho tiempo en la isla... — </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Advirtió Aria.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Mejor, así no tendré que soportarte por mucho tiempo. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Bromeó ella, dirigiéndose hacia la puerta tras la barra. Seguramente sería donde vivía. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Te espero mañana por la mañana.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color">Pensamiento </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">|| </span></span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Diálogo </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">|| Narración</span></span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
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<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Aria busca trabajo sin mucho éxito. Escucha que hay un niño perdido y decide ayudar. Termina salvándolo de un lobo y consiguiendo trabajo.</span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">
				</div>
			</div></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Reloj</span>
					</div>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><img src="https://imgur.com/sZFgy3U.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: sZFgy3U.jpg]" class="mycode_img" /></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karma</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					</span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Infiltrado</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-positivo'><strong>positivo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>2</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Te resulta más fácil realizar actos en sigilo.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Incompatible con Torpe</span>]</strong>
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
                    <div
                        class='code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `infiltrado001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>infiltrado001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Alter Ego</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-positivo'><strong>positivo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>5</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tienes un disfraz predeterminado y la capacidad de hacerte pasar por ese “alter-ego” que has inventado con soltura y credibilidad, a no ser que realices acciones que revelen de forma demasiado evidente quién eres. Si se revela que sois la misma persona, esta ventaja se pierde.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
                    <div
                        class='code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `alterego001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>alterego001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Tímido</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>2</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Te cuesta relacionarte con personas desconocidas. Para coger confianza con alguien tienes que rolear dos temas con esa persona.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
                    <div
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `timido001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>timido001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Protector</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>5</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Sientes la necesidad de proteger a los demás de los peligros, independientemente de la situación o de quién se trate.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
                    <div
                        class='code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `protector001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>protector001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Valor sentimental</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>6</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tienes un objeto de gran valor. En caso de perderlo sufres una penalización permanente de -20 a tu Voluntad.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Debes rolear que llevas siempre contigo ese objeto</span>]</strong>
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Reloj de oro de bolsillo</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
                    <div
                        class='code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `valorsentimentalaria001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>valorsentimentalaria001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">
				</div>
			</div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">
				</div>
			</div></span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">53 de Verano del año 18, tarde.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Roshwan. Capital, Ciudad Pushkin</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Había pasado buena parte de la tarde recorriendo la ciudad en busca de trabajo, aunque con poco éxito. Los lugareños no parecían especialmente interesados en contratar a una forastera, y mucho menos en darle la oportunidad de relacionarse con ellos. Tal vez llevaba demasiado poco tiempo en la ciudad, prácticamente acababa de llegar. Había buscado sobre todo empleos de cara al público, pues podían ser una buena fuente de información. </span></span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Y la información es poder, —</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> se repitió mentalmente. Una parte de sí misma odiaba la frase por lo que evocaba, pero no podía dejar de repetirla una y otra vez, pues era cierto, y cerrar muy fuerte los ojos a la verdad no la hacía menos cierta. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Entró en la primera taberna en la que había preguntado por trabajo y se sentó en la barra. Había decidido dejar la capital y viajar a alguna otra ciudad cercana, pero eso tendría que esperar a otro día; ya era demasiado tarde como para emprender algún viaje. Apoyó los brazos sobre la barra mientras esperaba a que la dueña la atendiera. La taberna no estaba muy llena y una suave música eclipsaba el sonido del viento del exterior.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Aria había visitado la taberna por primera vez por la mañana, momento en el que estaba un poco más llena. Fue en esa visita en la que había “conocido” al hijo de la dueña: un niño con gran energía, que iba y venía de un lado a otro, buscando atención en cada cliente. Incluso se había acercado a ella, pero su madre le había regañado por hablar con desconocidos. No parecían especialmente temerosos de ella, aunque no le extrañaba; su apariencia nunca había hecho que nadie la temiese. Su padre solía decir que parecía una mocosa y que debía crecer más, como si ella hubiera decidido dejar de crecer.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Qué idiota, — </span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">pensó mientras observaba la taberna en busca del niño.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Por un instante se regañó mentalmente por el insulto a su padre. De algún modo, él siempre sabía cuándo ella lo insultaba en su cabeza. Debía hacer algún gesto que la delataba. Recordó que estaba a kilómetros de distancia de él y se relajó en su asiento.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— Qué idiota. —</span></span><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Incluso se permitió repetir el insulto en un susurro. Una pequeña victoria para ella.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Borró la sonrisa cuando notó que el niño no estaba por ningún lado. Volvió a revisar el local, esta vez con más atención, pero no estaba por ninguna parte. Se volvió, esta vez hacia donde estaba la dueña. Ella la estaba ignorando magistralmente, decidiendo que los clientes que habían llegado más tarde que ella tenían prioridad. Aunque no le importó. Estaba agradecida por estar en el interior; el viento se había levantado afuera y hacía bastante frío.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Siguió observando a la mujer moverse tras la barra, con la misma soltura que tenía por la mañana. Sin embargo, parecía un poco más lenta, con la mente en otro lado, y cada dos por tres miraba hacia la puerta y después al gran reloj de la taberna.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¿Todo bien, Lena? — </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">P</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">reguntó uno de los clientes tras dar un largo sorbo a su jarra.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Ella asintió con una pequeña sonrisa.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Es mi hijo, no ha vuelto todavía desde que se fue a jugar.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— ¿Ese pequeño diablo? — </span></span><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">El cliente sonrió. Parecía que todos conocían al revoltoso mocoso, pues compartieron una mirada cómplice.</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Ya volverá, siempre vuelve.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La dueña le dio la razón al cliente, aunque no parecía menos preocupada. Parecía más bien que trataba de terminar la conversación.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Dudó un poco antes de hablar. Aria estaba dudando. Seguía olvidando que ya no era Aria, y que no lo sería en un largo tiempo. Se levantó del asiento sin siquiera tratar de ser silenciosa. Luna era así, ocupaba más espacio que ella, y sin duda alguna brillaba más que ella. Siempre le pareció irónico que la que tuviera relación con las estrellas fuera Aria, mientras era Luna, un satélite, la que brillaba más.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Se acercó a ambos lugareños con una gran sonrisa.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Yo iré a por él.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La mujer trató de negarse. Pero ella ya no la estaba escuchando. Se despidió con un “no te preocupes, yo lo traigo” y salió de la taberna. Lo último que había escuchado había sido a la mujer indicando la zona del bosque que el niño solía frecuentar cuando escapaba, con un tono un tanto resignado.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Comenzó a caminar. El silbido suave del viento de la mañana era ahora más fuerte. Esperaba que ninguna ventisca se levantara, pues eso podría ser bastante peligroso. Se sintió un poco culpable. No estaba ayudando a la dueña de la taberna por ninguna razón altruista ni nada por el estilo. Era el tipo de persona que se sentiría mal si había alguien cerca en peligro y no hacía nada. Así que, en cierto modo, lo estaba haciendo por sí misma, para no tener que cargar después con la culpa de no haber hecho nada. Al fin y al cabo, era tarea de los adultos cuidar a los niños. Y sin duda alguna no mejoraba la situación que, una parte de ella, esperase que la mujer se mostrase menos recelosa con ella si le traía al niño. Le hacía sentir que se estaba aprovechando de ella. A veces temía encontrar similitudes entre ella y su padre. Por nada del mundo deseaba siquiera asemejarse a ese hombre. Al fin y al cabo, a diferencia de lo que él pensaba, no todo era blanco o negro.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Llegó a la entrada del bosque cuando la noche se acercaba. Debía aprovechar las últimas horas de luz, pues, si entraba y se le hacía tarde, podría terminar perdida en medio de toda esa oscuridad. Palpó su ropa y se aseguró de que su pistola siguiese ahí. Sí, lo estaba. Eso le hacía sentir un poco más tranquila. Los primeros minutos caminando por el bosque fueron tranquilos, y los más difíciles, puesto que no tenía ningún tipo de rastro del niño. Entonces, mientras caminaba, encontró un rastro de huellas. Se agachó para examinarlas mejor. Notó que parecían de la suela de unas botas, pequeñas, coherentes con las de un niño. Sonrió con satisfacción y siguió caminando. Le recordó a las escapadas que había hecho con su hermano cuando ambos eran mucho más jóvenes. Podía contarlas con los dedos de una mano, pero las recordaba con mucho cariño.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">No se dio cuenta de cuando había sacado su reloj de bolsillo y lo había abierto para “mirar la hora”, aunque como de costumbre, ni siquiera había prestado atención. Por lo que, tras guardarlo, volvió a sacarlo, esta vez para notar que las agujas se habían detenido. </span></span><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">— Qué tonta, —</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> pensó mientras volvía a guardarlo en el bolsillo. Era sencillo de arreglar, era un problema común, pero no se arriesgaría a abrirlo en mitad de la nieve, mucho menos cuando estaba en búsqueda de un niño perdido.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Sería problema para su yo del futuro.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">E</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">n algún punto, otras huellas se unieron a las del niño. Parecían las de un lobo y podía notar el rastro de algo que parecía sangre mezclado con la nieve. Los lobos solían desplazarse en manada, pero solo había encontrado las huellas de uno. ¿Se habría separado del resto? Apuró el paso, pero trató de no hacer ruido. No escuchaba nada, por lo que o el lobo todavía no había llegado hasta el niño o el niño ya estaba muerto. Comenzó a correr tras su último pensamiento. Esperaba no llegar tarde.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Se quedó inmovilizada cuando vio al niño sollozando, con un palo entre las manos, amenazando al lobo. La bestia, que parecía haber retrocedido al escucharla a ella, gruñía en dirección a ambos. No le costó notar que la sangre no provenía del niño, sino de una de las patas del lobo. No parecía extremadamente grave, pero debía ser lo bastante incapacitante como para mantenerlo acorralado. No le quitó los ojos de encima al animal y comenzó a avanzar, lenta y cuidadosamente. El niño seguía sollozando. Ella trató de no hacer ruidos que pudieran asustar al lobo, pues sabía que, si el animal se sentía amenazado o veía cortada su única vía de escape, podía reaccionar atacándolos. Llegó hasta donde estaba el niño y, con mucho cuidado, lo abrazó por la espalda. Este se asustó al instante y pegó un chillido que puso en alerta máxima al lobo. Aria casi dejó de respirar del susto. Afortunadamente, en cuanto el niño notó que no era otra bestia, se calmó un poco e incluso se refugió en su abrazo, tembloroso y llorando. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— Ya está, ya está. — </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Murmuró mientras acariciaba la espalda del niño.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Comenzó a retroceder con cuidado, sin darle la espalda a la bestia, e incorporándose poco a poco. El lobo no bajó la guardia, y ella tampoco. Seguramente el animal estaba tan asustado como ella. Eso la tranquilizaba un poco. </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Le habría gustado intentar acercarse para curarlo, pero tampoco era tonta. Un lobo salvaje no era un perro. Si ya sería difícil tratarlo estando sola, ni siquiera se lo planteaba con un niño llorando en brazos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">En cuanto el lobo consideró que ambos estaban lo suficientemente lejos, retrocedió también y echó a correr bosque adentro, dejando un suave rastro de sangre tras él.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Ya se ha ido, ¿ves?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El niño miró hacia donde ella señalaba. Solo después de ver que el lobo había desaparecido, hipó y volvió a ocultarse en el abrazo. Por lo menos había dejado de llorar.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Vamos, te llevaré con tu mamá.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Apegó un poco más al niño contra ella. Quería hacerle sentir mejor, pero no estaba segura de qué hacer. Afortunadamente, parecía que su presencia le tranquilizaba lo suficiente, pues se había pegado a ella como un koala.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><br></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¡Dennis! — </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Exclamó la dueña de la taberna en cuanto vio a su hijo abrazado a Aria.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El niño, Dennis, se bajó de sus brazos a la velocidad del rayo y se lanzó a los brazos de su madre. Comenzó a sollozar mientras le contaba cómo un gigante lobo lo había acorralado y cómo una chica genial (ella) lo había salvado.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La dueña le dio una rápida mirada de sorpresa. Cuando notó el alivio y el agradecimiento destellar en los ojos de la mujer que tantas malas miradas le había dado, no pudo evitar sentir que se le calentaba el corazón. ¿Sus mejillas también se habían calentado? ¿Por qué justo en ese momento se sentía avergonzada? No era como si fuera la primera vez que alguien le agradecía.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Oh. Tal vez sí lo era.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— ¡No ha sido nada! —</span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"> </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">R</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">espondió con una sonrisa y una falsa confianza cuando la madre comenzó a agradecerle con palabras y halagos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Seguramente, Luna estaba acostumbrada a esa clase de cosas, pero Aria no. Las palabras “gracias” eran tan raras de escuchar que parecían de otro idioma.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Déjame recompensarte. — </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">I</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">nsistió la madre. El niño ya se había quedado dormido en sus brazos.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Aria rechazó nuevamente. </span></span><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Lo hice porque quería.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Ambas permanecieron en silencio. La dueña, con el ceño fruncido, la miraba con una expresión que parecía ofendida. Eso permitió a Aria calmarse un poco. Había dicho que quería que los lugareños fueran más receptivos, pero si comenzaban a tratarla demasiado bien, iba a darle un paro cardíaco. Sí, para ella una sutil indiferencia ya estaba bien. Mientras pudiera conseguir información sería suficiente.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—Dijiste estar buscando trabajo… —</span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> La mujer sonrió en el mismo instante en el que Aria hizo evidente que estaba interesada. </span></span><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Espero que se te dé bien atender a clientes.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—No planeo permanecer mucho tiempo en la isla... — </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Advirtió Aria.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Mejor, así no tendré que soportarte por mucho tiempo. —</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> Bromeó ella, dirigiéndose hacia la puerta tras la barra. Seguramente sería donde vivía. </span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Te espero mañana por la mañana.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #cf2be7;" class="mycode_color">Pensamiento </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">|| </span></span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Diálogo </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">|| Narración</span></span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><br></span></span></div>
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Apariencia Alter-Ego</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<img src="https://imgur.com/80NtPOa.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: 80NtPOa.jpg]" class="mycode_img" /><br />

				</div>
			</div></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					</span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Explicación</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					</span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Aria busca trabajo sin mucho éxito. Escucha que hay un niño perdido y decide ayudar. Termina salvándolo de un lobo y consiguiendo trabajo.</span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">
				</div>
			</div></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Reloj</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><img src="https://imgur.com/sZFgy3U.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: sZFgy3U.jpg]" class="mycode_img" /></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">
				</div>
			</div></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karma</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					</span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Infiltrado</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-positivo'><strong>positivo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>2</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Te resulta más fácil realizar actos en sigilo.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Incompatible con Torpe</span>]</strong>
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
                    <div
                        class='code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `infiltrado001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>infiltrado001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-positivo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Alter Ego</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-positivo'><strong>positivo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>5</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tienes un disfraz predeterminado y la capacidad de hacerte pasar por ese “alter-ego” que has inventado con soltura y credibilidad, a no ser que realices acciones que revelen de forma demasiado evidente quién eres. Si se revela que sois la misma persona, esta ventaja se pierde.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
                <div class='code-container'>
                    <div
                        class='code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`karma`, `alterego001`);'
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>alterego001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Tímido</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>2</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Te cuesta relacionarte con personas desconocidas. Para coger confianza con alguien tienes que rolear dos temas con esa persona.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>timido001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Protector</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>5</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Sientes la necesidad de proteger a los demás de los peligros, independientemente de la situación o de quién se trate.</em>
                    
                    
                </p>
                <hr/>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>protector001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><div id='cardKarma' class='card-karma karma-negativo'>
                <div class='d-flex justify-content-between align-items-center'>
                    <div class='d-flex flex-column align-items-even gap-05 w-100 p-05'>
                        <div class='d-flex gap-1 align-items-center'>
                            <strong id='nombreKarma' class='fs-20'>Valor sentimental</strong>
                        </div>
                        <div class='d-flex justify-content-start align-items-center gap-2'>
                            <div class='categoria'><strong>Karmas</strong></div>
                            <div id='tipoKarma' class='tipo karma-negativo'><strong>negativo</strong></div>
                            <div class='puntos'><strong><span id='puntosKarma'>6</span><span> puntos</span></strong></div>
                        </div>
                    </div>
                </div>
                <p class='p-1'>
                    Descripción: <em id='descripcionKarma'>Tienes un objeto de gran valor. En caso de perderlo sufres una penalización permanente de -20 a tu Voluntad.</em>
                    <br /><strong>[<span id='requisitoKarma'>Debes rolear que llevas siempre contigo ese objeto</span>]</strong>
                    <br /><span>(<span id='infoExtraKarma'>Reloj de oro de bolsillo</span>)</span>
                </p>
                <hr/>
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                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoKarma'>valorsentimentalaria001</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">
				</div>
			</div></span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">
				</div>
			</div></span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Descansando tras el enorme incidente[Pasado Pizz]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4033</link>
			<pubDate>Fri, 31 Jul 2026 13:37:04 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=459">Bertram Gaufrid</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4033</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">16 Otoño, Año 16</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven arquero había estado envuelto en una situación cuanto menos delicada, pues en sus primeros días en la fría isla de Roshwan y de iniciar su propia división tras conocer a Stroud e Imai, un encuentro totalmente fortuito en la puerta del cuartel de la marina que sería su casa durante el tiempo que estuviera en la isla antes de avanzar bajo órdenes de sus superiores, tanto para actuar en otras islas como para ir hacia nuevas aguas, como cuando lo mandaron desde el West Blue hacia el South, justo tras su enfrentamiento contra el otro recluta por un ascenso al cargo de sargento, el cual contaba con el apoyo de su familia para ejercer presión en la base y que los demás reclutas tuvieran pánico de enfrentarlo o hacer cualquier cosa que pudiera provocar que el tal Guh Ripa se sintiera ofendido o atacado y usara el poder de su padre para hacer que el culpable pagara por ello. Durante esa misión, el joven arquero hizo uso de su capacidad de observación, su don de palabras y su forma natural de acercarse a la gente para calmar al gigante causante del destrozo en la panadería, pero no lo hacía por maldad, simplemente quería ayudar, pero no era consciente del destrozo que alguien de su tamaño hacía en una cocina normal, por lo que el joven pelirrojo se esforzó en encontrar un método de lograr sacarlo de allí de manera pacífica, y fue asegurando que le encontrarían su propia cocina donde podría trabajar tranquilamente y ayudar a la gente como quería.<br />
<br />
Durante esa misión uno de los miembros que iniciaron la división parecía haber sufrido una parálisis repentina encontrándose en el aire y cayendo al suelo. Bertram no pudo evitar el resultado de ese suceso, pero ya más adelante buscaría una forma de lidiar con la falta de Imai. Lo importante es que lograron resolver el problema sin bajas civiles y conteniendo el daño al mínimo teniendo en cuenta con que tuvieron que lidiar. Bertram se retiró a informar al capitán de que lograron solventar el problema con la menor cantidad de daños posibles y sin civiles heridos. Tras eso el joven decidió salir un poco por la isla, ir hacia una taberna o cafetería a tomar algo y entrar en calor, dejando los problemas para otro momento y relajar su cuerpo y su mente después de vivir una situación de lo más estresante. El joven caminaba con el arco a su espalda y sus ojos observando el entorno, buscando algún local que percibiera como tranquilo y calmado para poder relajarse tranquilamente y entrar en calor.<br />
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">16 Otoño, Año 16</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven arquero había estado envuelto en una situación cuanto menos delicada, pues en sus primeros días en la fría isla de Roshwan y de iniciar su propia división tras conocer a Stroud e Imai, un encuentro totalmente fortuito en la puerta del cuartel de la marina que sería su casa durante el tiempo que estuviera en la isla antes de avanzar bajo órdenes de sus superiores, tanto para actuar en otras islas como para ir hacia nuevas aguas, como cuando lo mandaron desde el West Blue hacia el South, justo tras su enfrentamiento contra el otro recluta por un ascenso al cargo de sargento, el cual contaba con el apoyo de su familia para ejercer presión en la base y que los demás reclutas tuvieran pánico de enfrentarlo o hacer cualquier cosa que pudiera provocar que el tal Guh Ripa se sintiera ofendido o atacado y usara el poder de su padre para hacer que el culpable pagara por ello. Durante esa misión, el joven arquero hizo uso de su capacidad de observación, su don de palabras y su forma natural de acercarse a la gente para calmar al gigante causante del destrozo en la panadería, pero no lo hacía por maldad, simplemente quería ayudar, pero no era consciente del destrozo que alguien de su tamaño hacía en una cocina normal, por lo que el joven pelirrojo se esforzó en encontrar un método de lograr sacarlo de allí de manera pacífica, y fue asegurando que le encontrarían su propia cocina donde podría trabajar tranquilamente y ayudar a la gente como quería.<br />
<br />
Durante esa misión uno de los miembros que iniciaron la división parecía haber sufrido una parálisis repentina encontrándose en el aire y cayendo al suelo. Bertram no pudo evitar el resultado de ese suceso, pero ya más adelante buscaría una forma de lidiar con la falta de Imai. Lo importante es que lograron resolver el problema sin bajas civiles y conteniendo el daño al mínimo teniendo en cuenta con que tuvieron que lidiar. Bertram se retiró a informar al capitán de que lograron solventar el problema con la menor cantidad de daños posibles y sin civiles heridos. Tras eso el joven decidió salir un poco por la isla, ir hacia una taberna o cafetería a tomar algo y entrar en calor, dejando los problemas para otro momento y relajar su cuerpo y su mente después de vivir una situación de lo más estresante. El joven caminaba con el arco a su espalda y sus ojos observando el entorno, buscando algún local que percibiera como tranquilo y calmado para poder relajarse tranquilamente y entrar en calor.<br />
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC - pasado] Crisis Caracolera - Ep1: Soldado Pizz Kiita al rescate!!!]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3762</link>
			<pubDate>Wed, 27 May 2026 23:16:34 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=777">Pizz Kiitta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3762</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">07:00 AM</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dia 12 de Invierno, Año 17.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Base de la Marina, Reino de Roshwan</span></span></div>
<br />
El viento helado aullaba a través de las rendijas de los pasillos de piedra, arrastrando una escarcha implacable que amenazaba con congelar los pulcros pisos de la base de la Marina. El viento traido de las tundras mas allá del Reino de Roshwan, donde el clima era mil veces mas frio, llego a la capital y fue contundente como un baldazo de agua. Probablemente iba a ser uno de los días mas fríos del año.<br />
<br />
Y tan de sorpresa había caído esta repentina ola de frio, que ni la base misma estaba preparada pese a todos los recaudos. Soldados estornudando en los pasillos tapados con pieles, oficiales que corrían de un lado a otro con informes congelados y el ala médica estaba completamente colapsada atendiendo casos de hipotermia y resfriados comunes. Ni hablemos de la cocina, colapsada de marines buscando raciones de sopa de pollo para sobrellevar la helada.<br />
<br />
Fue en medio de ese caos administrativo cuando el cabo de guardia, haciendo la ronda de asignación de tareas matutina, llego hasta los barracones. Y como era de esperar no habia nadie.... o casi nadie.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Aquí abajo, señor!—</span></div>
<br />
El pobre hombre miro hacia los costados buscando la procedencia de aquella voz finita. No fue hasta que golpee el suelo con el tacón de mi bota que se dio cuenta mi presencia. Clavó su mirada cansada en mis escasos quince centímetros de altura. Dio un suspiro de frustración pura y dio un vistazo a una tablita con hojas sostenida por un broche de latón.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—¿Usted es el soldado Pizz Kiita?...—<br />
</span></div>
Me acomodé la visera de mi ushanka de la Marina, la cual insistía en deslizarse hacia abajo debido a que me quedaba notablemente grande, y clavé los talones en el suelo con rigidez. Llevé mi mano enguantada a la frente en un saludo militar perfecto, manteniendo el ceño fruncido y los dientes apretados para proyectar el máximo nivel de profesionalismo posible.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡¡Si señor, soldado Pizz Kiita de servicio, a sus ordenes!!—</span><br />
<span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—¿Dónde esta el resto de tu grupo, Soldado Kiita?—</span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Plante aun mas mis pies y enderece aun mas mi espalda, sin quitar mi mano de la frente mientras hacia fuerza con el rostro fruncido para aparentar un look mas serio y agresivo.<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡¡Señor, la mitad del grupo esta en la enfermeria con un resfrio severo , señor!! ¡¡La otra mitad esta en las cocinas, tengo entendido que hay sopa de pollo, señor!!—<br />
</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Otro suspiro escapo de la boca del cabo, parece que tendría que relegar tareas al soldado mas pequeño de la base y no le generaba mucha confianza, pero dada la situación no parecía haber otra alternativa que confiar en el tontatta.<span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color"> —Bufff.. pues... muy bien. Soldado Kiita, dada la situación extraordinaria, te encargo la custodia temporal del equipo de comunicaciones de la base.— </span>Ordenó a toda prisa antes de salir corriendo hacia el despacho del comodoro.</div>
</div>
</div>
</div>
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Entendido, señor! ¡La unidad de comunicaciones estará a salvo bajo mi estricta supervisión! ¡No lo defraudare, señor!—</span>exclamé con voz firme, aunque el oficial ya se había perdido al doblar la esquina.<br />
No me importaba que me hubieran asignado una tarea que otros considerarían menor. Pocos entenderían la importancia de aquella tarea. Si las comunicaciones de la base caían por culpa del frío, los piratas podrían aprovechar la vulnerabilidad para atacar a los civiles de las isla o de islas cercanas.<br />
Y el soldado Pizz Kiita no lo iba a permitir.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">07:20 AM</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dia 12 de Invierno, Año 17.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Base de la Marina, Reino de Roshwan</span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Oi! Escuchen con atención, pelotón de comunicaciones, porque no voy a tolerar ninguna baja en mi guardia bajo ninguna circunstancia. —</span></div>
<br />
Con los brazos en jarra y postura erguida, gritaba al numeroso pero decaído pelotón de comunicaciones conformado por... <br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Una docena de den den mushis.<br />
</div>
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Soldados, los quiero en fila para el conteo, no quiero perder a ninguno en el traslado. Iremos a la biblioteca de la base, alli la temperatura es ideal para su recuperación. ¡¡Ennnn fila, soldados!!— </span>Utilizando un trozo de papel y un lápiz que debí sostener con ambas manos debido a su longitud, comencé a contar a los enfermos caracoles que constituían el pelotón. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">1.. 2... 4.. 8...</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> </span></span>Contaba mentalmente pero un estornudo proveniente del primer caracol en la fila me interrumpio la cuenta. Me acerqué al espécimen y utilicé un fragmento de tela limpia para limpiarle la nariz, o lo que fuera que tuviese en la base de las antenas, y apoye mi mano contra su piel rugosa para tomarle la temperatura. <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Humm... como lo sospechaba, un resfriado...— </span><br />
<br />
Mientras examinaba al primer Den Den Mushi, noté que otro de los caracoles me observaba fijamente con sus dos ojos saltones. El pequeño caracol estiró un poco el cuello, frunció lo que simulaba ser su ceño y apretó la comisura de sus labios, imitando de manera idéntica mi propia expresión seria y amargada.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Pipipipipipi...— </span>Una pequeña risa característica se me escapó del pecho antes de que pudiera contenerla, pero de inmediato recuperé la compostura. Me aclaré la garganta ruidosamente, me ajusté la gorra que se había ladeado de nuevo y golpeé suavemente el suelo con mi bota clara. <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Bien hecho, soldado. Mantén esa actitud firme y resistiremos el invierno..—</span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">07:30 AM</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dia 12 de Invierno, Año 17.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Base de la Marina, Reino de Roshwan</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Pelotón en línea! ¡Movilización general hacia la biblioteca! ¡Sigan mi paso y no dejen que sus mantas toquen el suelo helado!— </span></div>
<br />
Coloqué mi rifle perfectamente cruzado sobre mi hombro derecho, asegurando la correa con mi mano. Me paré al frente del pelotón y di un fuerte pisotón que resonó en el suelo de madera. <br />
<br />
Comencé a marchar. Con técnica estricta, y tan rígida y tan exageradamente sincronizada que parecía un pequeño robot de cuerda patrullando el suelo de la base. Mis rodillas se elevaban a noventa grados exactos con cada zancada, mis botas golpeaban la piedra con un ritmo milimétrico y mi cola esponjosa iba perfectamente alineada con mi columna para no perder el equilibrio.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Jap!—</span> Exclamé al dar el primer paso con el pie izquierdo. <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Jap!—</span> Repetí al asentar el pie derecho.<br />
<br />
Detrás de mí, para mi absoluta satisfacción militar, la hilera de Den Den Mushi comenzó a moverse. Envueltos en sus pequeñas mantitas de colores recortadas, avanzaban arrastrándose sobre la piedra fría, intentando seguir la línea recta que mis botas iban trazando. El caracol que me había imitado antes iba a la vanguardia del grupo, con las antenas erguidas y la mirada fija en mi espalda, liderando el lento pero constante avance del pelotón caracolero.<br />
<br />
Atravesamos el pasillo principal a paso de desfile. Varios soldados de infantería que regresaban de las patrullas exteriores se detuvieron en seco al vernos pasar. Eran gigantescos en comparación conmigo, auténticas torres de carne y hueso que nos miraban con los ojos muy abiertos y las bocas semiabiertas. Pero el aclamado Almirante Pizz Kiita no se deja intimidar facilmente.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Jap! ¡Jap! ¡Mantengan el ritmo, pelotón! ¡No miren a los costados, la distracción es el primer paso hacia la derrota!—</span> Bramé mientras descendíamos por la rampa que conducía hacia las profundidades de la base.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Jap! ¡Dos, tres, cuatro!—<br />
<br />
<img src="https://i.ibb.co/N29MJ5db/Gemini-Generated-Image-8whzae8whzae8whz.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: Gemini-Generated-Image-8whzae8whzae8whz.png]" class="mycode_img" /></span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">07:00 AM</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dia 12 de Invierno, Año 17.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Base de la Marina, Reino de Roshwan</span></span></div>
<br />
El viento helado aullaba a través de las rendijas de los pasillos de piedra, arrastrando una escarcha implacable que amenazaba con congelar los pulcros pisos de la base de la Marina. El viento traido de las tundras mas allá del Reino de Roshwan, donde el clima era mil veces mas frio, llego a la capital y fue contundente como un baldazo de agua. Probablemente iba a ser uno de los días mas fríos del año.<br />
<br />
Y tan de sorpresa había caído esta repentina ola de frio, que ni la base misma estaba preparada pese a todos los recaudos. Soldados estornudando en los pasillos tapados con pieles, oficiales que corrían de un lado a otro con informes congelados y el ala médica estaba completamente colapsada atendiendo casos de hipotermia y resfriados comunes. Ni hablemos de la cocina, colapsada de marines buscando raciones de sopa de pollo para sobrellevar la helada.<br />
<br />
Fue en medio de ese caos administrativo cuando el cabo de guardia, haciendo la ronda de asignación de tareas matutina, llego hasta los barracones. Y como era de esperar no habia nadie.... o casi nadie.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Aquí abajo, señor!—</span></div>
<br />
El pobre hombre miro hacia los costados buscando la procedencia de aquella voz finita. No fue hasta que golpee el suelo con el tacón de mi bota que se dio cuenta mi presencia. Clavó su mirada cansada en mis escasos quince centímetros de altura. Dio un suspiro de frustración pura y dio un vistazo a una tablita con hojas sostenida por un broche de latón.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—¿Usted es el soldado Pizz Kiita?...—<br />
</span></div>
Me acomodé la visera de mi ushanka de la Marina, la cual insistía en deslizarse hacia abajo debido a que me quedaba notablemente grande, y clavé los talones en el suelo con rigidez. Llevé mi mano enguantada a la frente en un saludo militar perfecto, manteniendo el ceño fruncido y los dientes apretados para proyectar el máximo nivel de profesionalismo posible.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡¡Si señor, soldado Pizz Kiita de servicio, a sus ordenes!!—</span><br />
<span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">—¿Dónde esta el resto de tu grupo, Soldado Kiita?—</span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Plante aun mas mis pies y enderece aun mas mi espalda, sin quitar mi mano de la frente mientras hacia fuerza con el rostro fruncido para aparentar un look mas serio y agresivo.<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡¡Señor, la mitad del grupo esta en la enfermeria con un resfrio severo , señor!! ¡¡La otra mitad esta en las cocinas, tengo entendido que hay sopa de pollo, señor!!—<br />
</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Otro suspiro escapo de la boca del cabo, parece que tendría que relegar tareas al soldado mas pequeño de la base y no le generaba mucha confianza, pero dada la situación no parecía haber otra alternativa que confiar en el tontatta.<span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color"> —Bufff.. pues... muy bien. Soldado Kiita, dada la situación extraordinaria, te encargo la custodia temporal del equipo de comunicaciones de la base.— </span>Ordenó a toda prisa antes de salir corriendo hacia el despacho del comodoro.</div>
</div>
</div>
</div>
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Entendido, señor! ¡La unidad de comunicaciones estará a salvo bajo mi estricta supervisión! ¡No lo defraudare, señor!—</span>exclamé con voz firme, aunque el oficial ya se había perdido al doblar la esquina.<br />
No me importaba que me hubieran asignado una tarea que otros considerarían menor. Pocos entenderían la importancia de aquella tarea. Si las comunicaciones de la base caían por culpa del frío, los piratas podrían aprovechar la vulnerabilidad para atacar a los civiles de las isla o de islas cercanas.<br />
Y el soldado Pizz Kiita no lo iba a permitir.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">07:20 AM</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dia 12 de Invierno, Año 17.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Base de la Marina, Reino de Roshwan</span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Oi! Escuchen con atención, pelotón de comunicaciones, porque no voy a tolerar ninguna baja en mi guardia bajo ninguna circunstancia. —</span></div>
<br />
Con los brazos en jarra y postura erguida, gritaba al numeroso pero decaído pelotón de comunicaciones conformado por... <br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Una docena de den den mushis.<br />
</div>
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Soldados, los quiero en fila para el conteo, no quiero perder a ninguno en el traslado. Iremos a la biblioteca de la base, alli la temperatura es ideal para su recuperación. ¡¡Ennnn fila, soldados!!— </span>Utilizando un trozo de papel y un lápiz que debí sostener con ambas manos debido a su longitud, comencé a contar a los enfermos caracoles que constituían el pelotón. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">1.. 2... 4.. 8...</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> </span></span>Contaba mentalmente pero un estornudo proveniente del primer caracol en la fila me interrumpio la cuenta. Me acerqué al espécimen y utilicé un fragmento de tela limpia para limpiarle la nariz, o lo que fuera que tuviese en la base de las antenas, y apoye mi mano contra su piel rugosa para tomarle la temperatura. <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— Humm... como lo sospechaba, un resfriado...— </span><br />
<br />
Mientras examinaba al primer Den Den Mushi, noté que otro de los caracoles me observaba fijamente con sus dos ojos saltones. El pequeño caracol estiró un poco el cuello, frunció lo que simulaba ser su ceño y apretó la comisura de sus labios, imitando de manera idéntica mi propia expresión seria y amargada.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Pipipipipipi...— </span>Una pequeña risa característica se me escapó del pecho antes de que pudiera contenerla, pero de inmediato recuperé la compostura. Me aclaré la garganta ruidosamente, me ajusté la gorra que se había ladeado de nuevo y golpeé suavemente el suelo con mi bota clara. <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Bien hecho, soldado. Mantén esa actitud firme y resistiremos el invierno..—</span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">07:30 AM</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dia 12 de Invierno, Año 17.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Base de la Marina, Reino de Roshwan</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Pelotón en línea! ¡Movilización general hacia la biblioteca! ¡Sigan mi paso y no dejen que sus mantas toquen el suelo helado!— </span></div>
<br />
Coloqué mi rifle perfectamente cruzado sobre mi hombro derecho, asegurando la correa con mi mano. Me paré al frente del pelotón y di un fuerte pisotón que resonó en el suelo de madera. <br />
<br />
Comencé a marchar. Con técnica estricta, y tan rígida y tan exageradamente sincronizada que parecía un pequeño robot de cuerda patrullando el suelo de la base. Mis rodillas se elevaban a noventa grados exactos con cada zancada, mis botas golpeaban la piedra con un ritmo milimétrico y mi cola esponjosa iba perfectamente alineada con mi columna para no perder el equilibrio.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Jap!—</span> Exclamé al dar el primer paso con el pie izquierdo. <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Jap!—</span> Repetí al asentar el pie derecho.<br />
<br />
Detrás de mí, para mi absoluta satisfacción militar, la hilera de Den Den Mushi comenzó a moverse. Envueltos en sus pequeñas mantitas de colores recortadas, avanzaban arrastrándose sobre la piedra fría, intentando seguir la línea recta que mis botas iban trazando. El caracol que me había imitado antes iba a la vanguardia del grupo, con las antenas erguidas y la mirada fija en mi espalda, liderando el lento pero constante avance del pelotón caracolero.<br />
<br />
Atravesamos el pasillo principal a paso de desfile. Varios soldados de infantería que regresaban de las patrullas exteriores se detuvieron en seco al vernos pasar. Eran gigantescos en comparación conmigo, auténticas torres de carne y hueso que nos miraban con los ojos muy abiertos y las bocas semiabiertas. Pero el aclamado Almirante Pizz Kiita no se deja intimidar facilmente.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Jap! ¡Jap! ¡Mantengan el ritmo, pelotón! ¡No miren a los costados, la distracción es el primer paso hacia la derrota!—</span> Bramé mientras descendíamos por la rampa que conducía hacia las profundidades de la base.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Jap! ¡Dos, tres, cuatro!—<br />
<br />
<img src="https://i.ibb.co/N29MJ5db/Gemini-Generated-Image-8whzae8whzae8whz.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: Gemini-Generated-Image-8whzae8whzae8whz.png]" class="mycode_img" /></span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Black suit [Pasado social|Barald Kane]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2745</link>
			<pubDate>Sun, 14 Dec 2025 20:56:50 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=614">Tezca Norova</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2745</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><a href="https://youtu.be/kRDJ5FnxZHg?si=KoEAmqmeU54ZaKCp" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Playing now: 60 minute mix of Caravan Palace</a></span><br />
<br />
 <br />
El edificio de ladrillo rojo se extendía frente a mí, llamativo e imponente ante el blanco paisaje contrastante, como una herida abierta en medio de la nieve. Sus muros parecían absorber la luz opaca del cielo, devolviéndola en un tono apagado y severo que imponía respeto incluso antes de cruzar el umbral. Debía ser discreto, o al menos eso habían comentado; una construcción que no llamara la atención, que pasara desapercibida entre la monotonía del entorno. Supongo que, para los estándares de este reino, esta estructura podía ser considerada como “discreta”, aunque a mis ojos destacaba demasiado, orgullosa de su presencia, negándose a fundirse con el paisaje.<br />
 <br />
El frío era igual de imponente, colándose entre la ropa y aferrándose a la piel con una crueldad paciente. Cada respiración se volvía visible, el humo escapando de mis labios al soltar un suspiro cansado, disolviéndose en el aire helado casi de inmediato. Mis dedos comenzaban a entumecerse y una ligera rigidez se apoderaba de mis extremidades, recordándome que permanecer allí fuera no era una opción sensata. Me congelaba, literal y figuradamente; el lugar no invitaba a la contemplación prolongada. Era mejor que entrara de una vez, antes de que el frío terminara por vencerme o de que mis dudas echaran raíces justo frente a esa puerta cerrada.<br />
 <br />
Al entrar, la luz amarilla del establecimiento me envolvió de inmediato, como si quisiera ofrecerme el calor que el exterior me había negado, suavizando el entumecimiento que aún se aferraba a mi cuerpo. El sonido incesante de la maquinaria aceleró mis sentidos, marcando un ritmo artificial que se colaba en mi pecho y me obligaba a avanzar. Era imposible no sentirse observado, no por miradas humanas, sino por la insistencia misma del lugar, por su pulso constante.<br />
 <br />
Me vi tentado por los numerosos juegos de azar activos a mi alrededor, luces intermitentes prometiendo fortuna inmediata, victorias fáciles, una felicidad comprada a plazos. El alcohol y el tabaco invadían mis fosas nasales, densos y dulzones, llamándome al disfrute despreocupado, a bajar la guardia. Cada aroma parecía diseñado para seducir, para empujarme un paso más allá de la razón. El lugar parecía emocionado de hacerme olvidar cada una de las cosas en mi mente, de disolver mis preocupaciones y arrastrarme, con una sonrisa luminosa y falsa, al pozo sin fondo del exceso y la deuda.<br />
 <br />
Pero no era la razón de encontrarme en este lugar.<br />
 <br />
De forma egoísta, aprovechando que me encontraba de vacaciones, habían llegado hasta mí murmullos y rumores sobre una joya excepcional: “<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Gyokko”</span> la llamaban. Se trataba de una jadeíta de origen incierto, famosa por un corte único y poco convencional, cuya subasta tendría lugar en aquel casino en cuestión de minutos. Al principio despertó mi curiosidad, como lo hacen todas las rarezas bien guardadas; pero tras conocer su verdadero valor en el mercado y el interés que había suscitado entre coleccionistas y casas privadas, mi atención se transformó en algo mucho más intenso.<br />
 <br />
Había “tomado prestadas” un par de fichas de forma discreta de una de las mesas, haciéndome pasar por un jugador hambriento más, mirando de reojo al escenario de la subasta donde la gente pujaría por la preciada gema. Por supuesto yo no haría eso, vamos, no tengo tanto dinero.<br />
 <br />
Lo que me interesaba no era mis “competidores” sino el sistema de seguridad y la cantidad de personas resguardando mi próximo accesorio, solo necesitaba una ligera entrada para poder tomarlo y mientras la encontraba… jugaría un poco para pasar desapercibido. Pasaba una de las fichas de mano en mano, mientras me acercaba a una de las mesas con una sonrisa arrogante, acomodando ligeramente mi abrigo blanco.<span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> —Díganme, díganme ¿Alguien gusta apostar un par de fichas? Podemos hacerlo fácil, un rápido juego de pescar cartas. Me siento con una mucha suerte hoy ¿Me entiendes? — </span>Sonreí, esperando que alguien se animara al juego. <br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://i.pinimg.com/736x/27/e3/2c/27e32c0de426e051b0746b1652ab370a.jpg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Vestimenta</a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><a href="https://youtu.be/kRDJ5FnxZHg?si=KoEAmqmeU54ZaKCp" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Playing now: 60 minute mix of Caravan Palace</a></span><br />
<br />
 <br />
El edificio de ladrillo rojo se extendía frente a mí, llamativo e imponente ante el blanco paisaje contrastante, como una herida abierta en medio de la nieve. Sus muros parecían absorber la luz opaca del cielo, devolviéndola en un tono apagado y severo que imponía respeto incluso antes de cruzar el umbral. Debía ser discreto, o al menos eso habían comentado; una construcción que no llamara la atención, que pasara desapercibida entre la monotonía del entorno. Supongo que, para los estándares de este reino, esta estructura podía ser considerada como “discreta”, aunque a mis ojos destacaba demasiado, orgullosa de su presencia, negándose a fundirse con el paisaje.<br />
 <br />
El frío era igual de imponente, colándose entre la ropa y aferrándose a la piel con una crueldad paciente. Cada respiración se volvía visible, el humo escapando de mis labios al soltar un suspiro cansado, disolviéndose en el aire helado casi de inmediato. Mis dedos comenzaban a entumecerse y una ligera rigidez se apoderaba de mis extremidades, recordándome que permanecer allí fuera no era una opción sensata. Me congelaba, literal y figuradamente; el lugar no invitaba a la contemplación prolongada. Era mejor que entrara de una vez, antes de que el frío terminara por vencerme o de que mis dudas echaran raíces justo frente a esa puerta cerrada.<br />
 <br />
Al entrar, la luz amarilla del establecimiento me envolvió de inmediato, como si quisiera ofrecerme el calor que el exterior me había negado, suavizando el entumecimiento que aún se aferraba a mi cuerpo. El sonido incesante de la maquinaria aceleró mis sentidos, marcando un ritmo artificial que se colaba en mi pecho y me obligaba a avanzar. Era imposible no sentirse observado, no por miradas humanas, sino por la insistencia misma del lugar, por su pulso constante.<br />
 <br />
Me vi tentado por los numerosos juegos de azar activos a mi alrededor, luces intermitentes prometiendo fortuna inmediata, victorias fáciles, una felicidad comprada a plazos. El alcohol y el tabaco invadían mis fosas nasales, densos y dulzones, llamándome al disfrute despreocupado, a bajar la guardia. Cada aroma parecía diseñado para seducir, para empujarme un paso más allá de la razón. El lugar parecía emocionado de hacerme olvidar cada una de las cosas en mi mente, de disolver mis preocupaciones y arrastrarme, con una sonrisa luminosa y falsa, al pozo sin fondo del exceso y la deuda.<br />
 <br />
Pero no era la razón de encontrarme en este lugar.<br />
 <br />
De forma egoísta, aprovechando que me encontraba de vacaciones, habían llegado hasta mí murmullos y rumores sobre una joya excepcional: “<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Gyokko”</span> la llamaban. Se trataba de una jadeíta de origen incierto, famosa por un corte único y poco convencional, cuya subasta tendría lugar en aquel casino en cuestión de minutos. Al principio despertó mi curiosidad, como lo hacen todas las rarezas bien guardadas; pero tras conocer su verdadero valor en el mercado y el interés que había suscitado entre coleccionistas y casas privadas, mi atención se transformó en algo mucho más intenso.<br />
 <br />
Había “tomado prestadas” un par de fichas de forma discreta de una de las mesas, haciéndome pasar por un jugador hambriento más, mirando de reojo al escenario de la subasta donde la gente pujaría por la preciada gema. Por supuesto yo no haría eso, vamos, no tengo tanto dinero.<br />
 <br />
Lo que me interesaba no era mis “competidores” sino el sistema de seguridad y la cantidad de personas resguardando mi próximo accesorio, solo necesitaba una ligera entrada para poder tomarlo y mientras la encontraba… jugaría un poco para pasar desapercibido. Pasaba una de las fichas de mano en mano, mientras me acercaba a una de las mesas con una sonrisa arrogante, acomodando ligeramente mi abrigo blanco.<span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> —Díganme, díganme ¿Alguien gusta apostar un par de fichas? Podemos hacerlo fácil, un rápido juego de pescar cartas. Me siento con una mucha suerte hoy ¿Me entiendes? — </span>Sonreí, esperando que alguien se animara al juego. <br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://i.pinimg.com/736x/27/e3/2c/27e32c0de426e051b0746b1652ab370a.jpg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Vestimenta</a></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC - Pasado] Segando el trigo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2596</link>
			<pubDate>Mon, 24 Nov 2025 18:52:49 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=572">Kibai</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2596</guid>
			<description><![CDATA[El día después de la Gran Carrera amaneció con un sol frío, pálido, como si también él estuviera descansando de los excesos de la noche anterior. La ciudad de Roshwan seguía oliendo a sake, nieve pisada y humo de chimenea; rastros de una celebración que, según los veteranos, siempre duraba unas cuantas horas más de lo razonable. Para Kibai, sin embargo, la mañana había sido tranquila. Una ducha caliente, un desayuno consistente, unos estiramientos para soltar las piernas doloridas por la caída en la montaña… y otra reprimenda del sargento de guardia por “conducta no reglamentaria en día festivo”. Nada grave o nada que él no esperase. Nada que arruinara la sonrisa que aún le hormigueaba tras haber compartido sake con sus nuevos… amigos.<br />
<br />
Para cuando cayó la tarde, el cielo se tornó de un naranja apagado que se filtraba entre las chimeneas y velas de los barcos. La nieve comenzaba a endurecerse con el frío a medida que el sol iniciaba su descenso. El mink se disponía a volver a sus barracones cuando recibió un mensaje de parte de uno de los cadetes: Le habían asignado una patrulla doble al distrito comercial, él y Joss.<br />
<br />
Joss llegó al punto de reunión con su habitual bufanda roja y una expresión alegre.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vaya, vaya…”</span> dijo al verlo.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Si este no es el héroe de anoche.”</span><br />
<br />
Kibai gruñó con suavidad.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No gané la carrera, ¿recuerdas?”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No hace falta. Viste a media ciudad más borracha que un gyojin pez globo y aun así te las arreglaste para caerles bien a todos. Créeme, eso tiene más mérito.”</span><br />
<br />
Kibai fingió estirarse para disimular que se le erizaba la cola.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Venga, vamos. Cuanto antes empecemos, antes acabaremos, no quisiera que la noche se nos echase encima de ser posible.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Creía que tú habías vivido de noche mucho tiempo.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Precisamente, no quiero que me de más nostalgia de la necesaria, y tu eres un topo en la oscuridad, no necesito hacerte de lazarillo.”</span><br />
<br />
La nieve crujió bajo sus pisadas mientras avanzaban por las calles principales, envueltas en una mezcla agradable de actividad vespertina. Los comerciantes guardaban sus productos, un montón de niños correteaba entre los montones de nieve apilados en cada esquina, y algunos transeúntes aún comentaban los acontecimientos. Y, para sorpresa del mink, lo reconocían.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Eh, el del salto de los tejados!” </span>le gritó un hombre con una risa franca.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Mira, mamá, es él! ¡El gato grande de la posada!”</span> apuntó una niña pequeña desde los brazos de su madre, señalándolo sin vergüenza.<br />
<br />
Otros simplemente sonreían, levantaban la mano o le ofrecían un “buen trabajo, muchacho”.<br />
<br />
Joss disfrutaba cada segundo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Lo ves?” </span>dijo inclinándose hacia él, entre divertido y satisfecho. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tardaste un poco, pero ya empiezas a encajar. La gente te mira como a uno de los nuestros.”</span><br />
<br />
Kibai agachó las orejas, aunque no pudo evitar mostrar una sonrisa pequeña, sincera.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Supongo que no está mal…”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿No está mal? ¡Anda ya! En Zou debíais de ser igual: cuando haces el tonto con otros, te vuelves parte del grupo.”</span><br />
<br />
La mención a su hogar le provocó a Kibai una ligera presión en el pecho, una mezcla de nostalgia y frío. Pero respiró, dejando que los rostros humanos que lo saludaban lo anclaran al presente.La patrulla continuó; cruzaron la zona residencial, luego la plaza sur, y finalmente llegaron a la parte viva de la tarde: el distrito comercial junto a los muelles. Tiendas pequeñas, puestos de comida, empaquetadores que preparaban mercancías que saldrían con la próxima marea... El olor a pescado fresco, madera mojada y alcohol fermentado se mezclaba con el bullicio de los estibadores.<br />
<br />
Pero algo distaba mucho de ser normal.<br />
<br />
Una alarma sonó en el extremo sur del distrito: un silbato agudo, repetido tres veces. Alguien gritó:<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Auxilio, guardias! ¡Los ladrones han atacado los puestos de recaudación!”</span><br />
<br />
Joss y Kibai intercambiaron una mirada que no necesitó de palabras antes de salir corriendo hacia la zona sur.<br />
 <br />
Los dos marines llegaron justo cuando los comerciantes se agrupaban frente a tres puestos levantados a medias, con mercancías tiradas por el suelo y cajas destrozadas. Las huellas en la nieve eran un caos reciente: varias figuras embozadas en ropas oscuras salían corriendo en dirección a los callejones.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Vamos!”</span> ordenó Joss, sin esperar confirmación.Kibai lo siguió, sacudiendo las orejas para concentrarse.<br />
<br />
Los ladrones conocían perfectamente el área. Tomaban cada giro antes de que los dos reclutas pudieran reaccionar. Se escurrían entre callejones, pasaban bajo cuerdas colgantes o trepaban escaleras improvisadas tratando por todos los medios de dejar atrás a sus perseguidores. Joss y Kibai hicieron lo posible: esquivaron barriles, saltaron cajas, se deslizaron entre puertas entreabiertas… pero al cabo de dos minutos, las huellas se dispersaron en distintas direcciones.Se habían desvanecido.<br />
<br />
Joss apoyó las manos en las rodillas, jadeando vapor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Maldita sea… otra vez no. Estos tipos… estos tipos siempre se escurren igual.”</span><br />
<br />
Kibai, sin embargo, permaneció muy quieto. Su nariz vibró al captar algo: un olor metálico y salado que conocía muy bien.<br />
<br />
Sangre. Fresca. Muy reciente.<br />
<br />
Giró la cabeza hacia una caja rota. Uno de los clavos sobresalía y la punta estaba teñida de color rojo oscuro, que iba goteando lentamente hacia el suelo, destacando notoriamente contra el blanco de la nieve.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Uno de ellos está herido”</span> dijo Kibai con un tono entre alerta y satisfacción. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Parece ser que no fueron tan cuidadosos como creían.”</span><br />
<br />
Joss levantó la mirada.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Y qué vamos a hacer, crees que puedes seguir el rastro solamente a partir de eso?</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Si es tan reciente como creo… sí.”</span><br />
<br />
Pero antes de marcharse, una voz suave los detuvo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No deberíais molestaros en hacer eso, solamente causaréis más problemas”.</span><br />
<br />
Una joven se les acercó. Tendría unos veinte años, vestía un grueso abrigo de lana, con el pelo recogido en un moño bajo y ojeras profundas de agotamiento. Kibai recordaba haberla visto en uno de los puestos asaltados. Sus dedos aún temblaban por el susto.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Mi nombre es Makino, soy la ayudante de uno de los comerciantes del puerto.”</span> dijo, inclinando ligeramente la cabeza. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Y antes de que corráis tras esos hombres… escuchadme. Lo ocurrido hoy no será la última vez que pase.”</span><br />
<br />
Joss frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Qué quieres decir?”</span><br />
<br />
Ella suspiró.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Que esto ha ocurrido porque mi jefe no ha podido pagar esta la “protección”. Igual que todos los demás. Cada mes uno tiene que comprar algunos suministros en la tienda de un hombre llamado Garruk el Triguero. Si no compras… pasan estas cosas. Y si compras, por muy caros que ponga los precios, tus ingresos y tu negocio estarán a salvo.”</span><br />
<br />
Kibai tensó la mandíbula.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“O sea, básicamente es un sistema de extorsión.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Llámalo como quieras”</span> respondió Makino con una mueca amarga.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Pero si preguntáis en la base, os dirán que no hay pruebas. Nadie puede acusarlo directamente. No usa matones con su insignia, ni deja mensajes. Solo “coincidencias”. Y si te atreves a señalarlo… bueno, tu tienda “sufre mala suerte”.”</span><br />
<br />
Joss se frotó la cara con frustración.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Esto es una locura… ¡No podemos permitir algo así en nuestra ciudad!”</span><br />
<br />
Kibai seguía examinando la mancha de sangre con los ojos brillantes.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Quizá hayan sido cuidadosos… pero alguien ha sangrado. Y ese olor no desaparece tan rápido.”</span><br />
<br />
Joss dio un paso hacia él.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Puedes seguirlo de verdad?”</span><br />
<br />
Kibai se enderezó.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Puedo intentarlo. Y será mejor que me sigas de cerca.”</span> Girándose hacia Makino, le dirigió una mirada tranquilizadora. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Esté tranquila, señorita, nos aseguraremos de que esto no vuelva a ocurrir.”</span><br />
 <br />
El rastro no era directo, ni mucho menos claro; estaba mezclado con nieve, huellas de botas, olor a pescado, aceite de máquinas… pero la sangre sobresalía como un hilo fino y persistente que serpenteaba entre los callejones.<br />
<br />
Kibai descendió por una rampa estrecha entre dos almacenes.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Están moviéndose hacia la zona industrial“</span> murmuró.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Hacia las destilerías?”</span> preguntó Joss, sorprendido. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No tiene sentido… ahí apenas vive gente.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Quizás por eso mismo se están dirigiendo hacia allí”</span> respondió el mink.<br />
<br />
Continuaron. Pasaron junto a varias de las fábricas, edificios de madera y piedra coronados con chimeneas humeantes, tuberías calientes cubiertas de escarcha y paredes ennegrecidas por el vapor. El olor al cereal fermentado se intensificó; la zona industrial estaba preparando la producción de cerveza para la siguiente temporada.<br />
El rastro los condujo hasta un callejón cerrado entre dos grandes plantas de procesado. El único edificio iluminado era un local de madera reforzada, con ventanas tapiadas y una puerta pesada. Y delante de la entrada, dos hombres robustos montaban guardia con los brazos cruzados, y bultos muy sospechosos bajo sus abrigos denotaban que iban armados. No llevaban distintivos, pero parecían profesionales.<br />
<br />
Joss tragó saliva.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Bueno… no sé tú compañero, pero esto no tiene pinta de ser precisamente un club de lectura.”</span><br />
<br />
Kibai entrecerró los ojos. Su cola bajó lentamente mientras se acuclillaba para captar mejor el olor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Aquí termina el rastro.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Entonces…” </span>Joss dejó la frase en el aire.<br />
<br />
Kibai no necesitaba más pruebas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Sí. Los ladrones han entrado ahí.”</span><br />
<br />
Los guardias los miraron fijamente, y sus manos se deslizaron lentamente hacia el interior de sus abrigos. El viento agitó la nieve a su alrededor. La luna, medio oculta entre nubes, comenzaba a emerger.<br />
<br />
Y justo antes de que cualquiera hablara, Kibai se giró con calma hacia su compañero.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Joss… avisa al cuartel. Esto es más grande de lo que pensábamos. Es factible que necesitemos refuerzos.”</span><br />
<br />
El joven se volvió hacia él.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Estás loco si piensas que voy a dejarte aquí solo.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Alguien tiene que ir al cuartel a avisar, y alguien tiene que quedarse. No nos han proporcionado un Den Den Mushi todavía así que dependemos de tus piernas. Si voy yo, el rastro podría enfriarse. Así que no te lo pienses más. Vete.”</span><br />
<br />
El humano abrió la boca para protestar, pero algo en la expresión del mink, esa mezcla de determinación y peligro, pareció acabar por converse.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Está bien. Solo…Ten cuidado, Kibai, ¿quieres?. No cometas ninguna estupidez.”</span><br />
<br />
Kibai asintió levemente, pero no apartó la vista de los dos hombres mientras su compañero emprendía el regreso a la carrera hacia la colina del cuartel.<br />
<br />
El aire olía a humo, a la cebada tostada y a la sal proveniente del mar, un aroma tan propio que ya lo reconocía como el olor de fondo de Roshwan. El mink permanecía inmóvil en la boca del estrecho callejón, mirando fijamente la puerta del almacén iluminado tenuemente por faroles colgados de cadenas. El rastro de sangre que había seguido, apenas perceptible para cualquier humano, se percibía tan claramente para él como una flecha en un mapa, señalando directamente a los tablones de madera.<br />
<br />
Kibai respiró hondo antes de comenzar a caminar hacia los dos hombres que custodiaban la entrada del almacén. Ambos individuos se tensaron, y uno de ellos se adelantó un par de pasos extrayendo la empuñadura de un puñal del interior de su grueso abrigo de fieltro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vaya, vaya…“ </span>dijo el hombre, mostrando una sonrisa torcida. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Mira lo que tenemos aquí. Otro de esos animales listos que se creen héroes del barrio.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Lo conozco, estaba en la carrera de ayer. Creo que te has perdido, chico.” </span>añadió el otro, ladeando la cabeza. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Aquí no hay puestos de sake ni chicas gritando tu nombre por la carrera. Será mucho mejor para ti que te vayas por donde has venido.”</span><br />
<br />
Kibai apretó levemente las mandíbulas, aunque se obligó a mantener un tono sereno.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Estoy persiguiendo a un ladrón que ha causado daños en el distrito del puerto</span>” dijo pasando la mirada de uno de los guardias al otro.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Un hombre herido ha entrado en este establecimiento. Necesito verlo.”</span><br />
<br />
Los dos matones se miraron durante un segundo y estallaron en carcajadas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Ladrón?”</span> se burló el de la derecha. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Aquí no hay más ladrones que los que vienen buscando bronca.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Última advertencia, recluta.”</span> añadió el otro, ya sacando el cuchillo del abrigo y apuntando con la hoja hacia Kibai. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Lárgate, si sabes lo que te conviene.”</span><br />
<br />
Kibai apoyó suavemente la mano sobre la empuñadura de Raimei.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Deponed las armas y apartaos a un lado. Nadie tiene por qué salir herido.”</span><br />
<br />
La sonrisa de ambos se volvió casi caricaturesca.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Míralo, hasta habla como un soldadito…”</span> susurró uno.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Creo que está claro que vamos a tener que enseñarte a no meter la nariz donde no te llaman”</span> añadió el que tenía el cuchillo desenvainado, lanzándose hacia él dirigiendo una puñalada contra el pecho de Kibai.<br />
<br />
Pero antes de que pudiese alcanzar a su objetivo, Raimei apareció entre medias con un sonoro clang. Kibai giró su muñeca, desviando el cuchillo hacia su derecha, y en el mismo movimiento golpeó con el pomo de la espada la sien del agresor. El hombre se desplomó en la nieve como un fardo, inconsciente incluso antes de tocar el suelo.<br />
El segundo matón dio un paso atrás, sacando el cuchillo a su vez, aunque su posición parecía más defensiva que animosa para atacar.<br />
<br />
Kibai apuntó la hoja de Raimei hacia él, .<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Dile a tu jefe que sus labores de protección se han terminado” ordenó con voz firme. “A partir de hoy, de eso se encarga la Marina.”</span><br />
<br />
El matón abrió la boca, cerró la boca, tragó saliva y retrocedió lentamente hasta tocar la puerta con la espalda.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“E-Espera aquí.</span>” balbuceó.<br />
<br />
Acto seguido, desapareció dentro del almacén, cerrando la puerta tras de sí.<br />
<br />
Kibai respiró hondo, aguardando pacientemente apartando de vez en cuando la nieve que continuaba cayendo sobre sus hombros, con el oído atento por si escuchaba alguna otra puerta abrirse que indicase alguna fuga.<br />
Segundos después, la puerta se abrió y el matón asomó la cabeza, ya más calmado.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“El Triguero quiere verte.”</span><br />
<br />
Kibai envainó la espada, y sin pensarlo dos veces, entró.<br />
<br />
El interior era una gran nave de la misma madera oscura del exterior, iluminada por antorchas y lucernas. Había enormes cubas de cerveza apiladas contra una pared, montones de sacos de trigo y maquinaria rudimentaria para mover los granos. Un almacén disfrazado de destilería. A ambos lados, alrededor de una docena de individuos de mal porte y peor pinta le clavaban los ojos.<br />
<br />
Y en el centro, justo delante de él, sentado en un enorme butacón subido a una tarima compuesta de cajas y tablones se encontraba un hombre gigantesco, con una panza prominente, barba espesa y manos como palas. Sus ojos eran pequeños y astutos. A su lado, apoyado sobre un lateral del asiento, descansaba un kanabō negro de hierro puro, lleno de puntas romas. Un arma diseñada para aplastar cuerpos hasta convertirlos en pulpas sangrantes.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Así que tú eres el gatito nuevo que está molestando a mis chicos” </span>dijo con voz profunda y ronca. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“El mismo que estuvo corriendo ayer como un idiota por los tejados de mi ciudad. Confieso que te reconocí por las orejas.”</span><br />
<br />
Kibai mantuvo la compostura, aunque la mano que se apoyaba en el pomo de Raimei se tensó, dejando ver un par de centímetros de las garras.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Estoy investigando un robo que ha ocurrido hoy en el mercado del puerto.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Robo?”</span> Garruk se rió con fuerza, sonando casi como un motor en marcha, haciendo que su vientre se bambolease arriba y abajo.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Aquí no ha habido ningún robo. Solo mala suerte de la gente que no sabe hacer negocios. Si no pagan… otros pagan por ellos.”</span><br />
<br />
Los hombres a su alrededor rieron a su vez. Kibai controló su posición a ambos lados, antes de aferrar la empuñadura de su espada.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Exigir pagos por protección es un delito.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Ah, sí? No me digas…”</span> El Triguero ladeó la cabeza, sonriendo con sorna.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “¿Y quién lo dice? ¿Tú? ¿Un recluta recién bajado del barco? ¿Tienes pruebas? ¿Testigos? ¿Documentos? ¿Alguien que vaya a declarar?”</span><br />
<br />
Kibai, sin alterar el tono, cerró los ojos para localizar la posición exacta de lo que estaba buscando y señaló hacia su derecha.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Le tengo a él”</span><br />
<br />
Uno de los rufianes, sentado en un banco con un trapo sucio en la mano, se levantó de un salto escondiendo la extremidad detrás de su espalda. El corte que el improvisado vendaje tapaba todavía sangraba, con la misma fragancia metálica que había guiado a Kibai hasta allí.<br />
<br />
El Triguero dejó de sonreír.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tu chico cometió un error” </span>dijo el mink. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Y ese error lo vincula directamente al hurto del mercado. Esta vez hay pruebas. Se te acabó el negocio, Garruk.”</span><br />
<br />
Los matones a su alrededor comenzaron a murmurar. Algunos apretaron los dientes. Otros miraron a su jefe, inseguros.<br />
El hombretón se levantó despacio, haciendo crujir las maderas de la tarima bajo su peso. Levantó él kanabō, apoyándolo en su hombro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Desde luego, eres valiente, mink… eso,o eres un tremendo idiota. No sé cuál de las dos. Pero una cosa sí sé: no pienso dejar que un extranjero peludo me diga cómo manejar mi ciudad. Esta base y estos oficiales son todos clientes míos. ¿O crees que estoy aquí porque sí?</span><br />
<br />
Pero entonces una voz irrumpió desde la entrada. Uno de los miembros llegó a la carrera, deteniéndose medio segundo a recuperar el aliento antes de dirigirse hacia Garruk.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Jefe! ¡Jefe! ¡La Marina está viniendo! ¡¡Alguien los ha avisado!! Las patrullas están rodeando la zona industrial… ¡y vienen hacia aquí!”</span><br />
<br />
El rostro del Triguero cambió de su mueca de sorna a una máscara de furia fría.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Matadlo”</span> ordenó, señalando a Kibai con el kanabō. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Partidle cada hueso del cuerpo, después incendiad esto y desapareced.”</span><br />
<br />
Luego se giró, pateó una mesa para abrirse paso, y huyó hacia una puerta trasera.<br />
<br />
Kibai intentó perseguirlo, pero tres de los matones se interpusieron, mientras el resto amenazaba con rodearlo por todos lados. Sabiendo que antes o después una daga se le colaría entre las costillas, Kibai desenvainó a Raimei y dio un gran salto, asestando dos cortes hacia los oponentes que tenía enfrente y usando al tercero como plataforma de apoyo para lanzarse contra una ventana del piso superior.<br />
<br />
El aire nocturno le recibió entre una marea de astillas y cristales rotos. Kibai usó ambos brazos para proteger su rostro, mientras giraba el cuerpo para amortiguar la caída con una voltereta. Mientras algunos fragmentos aún seguían cayendo, el mink observó la calle al otro lado del almacén, agradeciendo una vez más su vista nocturna. El Triguero ya corría calle abajo, de vuelta hacia los muelles. Su olor era inconfundible: una mezcla nauseabunda de cebada fermentada y sudor ácido que se dibujaba para Kibai como una gigantesca señal que apuntaba a su objetivo.<br />
<br />
Kibai agarró rápidamente un madero y atrancó la puerta por la que el hombretón acababa de salir para evitar que otros hombres lo persiguiesen, antes de iniciar a su vez una carrera frenética hacia los muelles. Aquel malnacido no iba a escapar a su destino.<br />
<br />
El muelle del extremo sur se extendía silencioso bajo la luz de la luna creciente. Desde su posición, Kibai podía oír el choque del oleaje contra los maderos de los cascos y el crujido de las cuadernas de las velas, como un murmullo constante y familiar. El olor a sal, brea y metal húmedo impregnaba cada rincón, envolviendo el aire en una mezcla punzante que se adhería al paladar.<br />
<br />
Kibai emergió del último callejón de la zona industrial. Su respiración escapaba en nubes blancas que se deshacían entre sus colmillos. <br />
<br />
El Triguero estaba de espaldas, hablando con uno de sus hombres junto a un amarre privado. El barco frente a ellos parecía estar listo para partir: un mercante pequeño, pero bien cargado; la madera crujía bajo el peso y el viento parecía ansioso por hinchar las velas, casi como si tuviera más prisa que su dueño.<br />
<br />
El hombretón se dio la vuelta apenas percibió la presencia del mink. La luz temblorosa de los farolillos dibujó su silueta y reflejó destello en el kanabō de hierro, cubierto de golpes, marcas y abolladuras. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Así que has venido hasta aquí…”</span> gruñó.<br />
<br />
Kibai avanzó sin dudar. La mano se deslizó hacia la empuñadura de Raimei y la hoja salió con un murmullo frío que se mezcló con la brisa marina. A través del frío, sentía cómo la madera de la empuñadura se calentaba por la tensión de su agarre. No pensaba dejar que aquel hombre se escapara, no después de todo lo que había visto en el distrito y de las amenazas que llevaba oyendo desde que lo había encontrado.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No vas a ir a ninguna parte.”</span> dijo, sin despegar la mirada del rival. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Garruk, por los delitos de crimen organizado, extorsión, robo y daños a la propiedad, quedas arrestado”</span><br />
<br />
El Triguero soltó una carcajada ronca, cargada de desprecio.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Tú? ¿Un recluta mojado? Niño, yo mando en estos muelles desde antes de que tus patas aprendieran a correr.”</span><br />
<br />
Kibai no contestó. Solo bajó el centro de gravedad, fijando sus pies con las garras en la madera del muelle, escuchando cómo esta respondía a su peso. Cada fibra de su cuerpo se tensó como un resorte preparado.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Pues se te ha acabado la legislatura.”</span><br />
<br />
El Triguero cargó primero.<br />
<br />
El rugido del kanabō al cortar el aire precedió al impacto. Kibai alzó a Raimei en un ángulo defensivo justo a tiempo. El choque fue brutal. Sintió un latigazo en todo el brazo y las vibraciones recorrieron su columna. El golpe lo desplazó varios metros hacia atrás; sus garras rasparon la madera dejando surcos hasta que logró detenerse. El corazón retumbaba dentro del pecho.<br />
<br />
El hombretón se rió, satisfecho.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Eso es! ¡Maúlla bien fuerte mientras te aplasto, gatito, que se enteren tus dueños de la base de lo que pasa con su mascota!”</span><br />
<br />
Kibai no se molestó en responder a las provocaciones de su rival. Inspiró hondo y se lanzó hacia adelante, movido por un instinto que rugía bajo la piel. Raimei describió un arco plateado buscando la muñeca del Triguero. El hombre giró el kanabō y desvió la hoja con habilidad sorprendente para su tamaño, retrocediendo solo medio paso. Pero ese pequeño retroceso era suficiente para él.<br />
<br />
Rodó a un lado y atacó con una patada lateral usando sus garras traseras. Sintió la resistencia al rozar el abrigo grueso del rival y luego la piel, arrancándole un jadeo y dibujando tres líneas sangrantes que se extendieron en su costado.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Maldita sea, vas a pagar por esa chaqueta, bastardo. Vale más que el sueldo de tu batallón entero!”</span> bufó el Triguero, irritado.<br />
<br />
Su respuesta llegó en forma de un golpe horizontal. Kibai sintió el aire desgarrarle la oreja cuando se inclinó hacia abajo para evitar que la cabeza le estallase como un melón. El arma impactó contra un poste del muelle, partiéndolo en dos. Las astillas volaron por todas partes, obligando al mink a cubrirse para evitar que alguna de las afiladas puntas de madera se le clavase en el rostro.<br />
<br />
No obstante, aquel golpetazo había desequilibrado al Triguero, así que Kibai lo aprovechó: contraatacó con un tajo ascendente que alcanzó el antebrazo de su adversario. La sangre brotó, y el hombre retrocedió con un siseo de dolor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vaya, parece que pegas más fuerte de lo que parece…”</span><br />
<br />
Sin darle tiempo a recomponerse, el Triguero cambió de estrategia. Embistió con todo su peso, como un buey desbocado. Kibai trató de interponer la espada, pero el impacto lo sacudió por entero. Salió despedido y rodó por el muelle hasta estrellarse contra unos barriles. La madera cedió y sintió un pinchazo en el costado. Sangría tibia bajaba por su camisa, tiñendo de rojo la tela y el cinturón. <br />
<br />
Apretando los dientes para no gritar, se sacudió la cabeza para despejar la visión.Su rival ya estaba encima de él, enarbolando el kanabo con ambas manos, listo para descargarlo sobre su cabeza.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Muere, maldito animal!”</span><br />
<br />
Kibai rodó a un lado justo cuando el arma descendió, aplastando los barriles. La cerveza salió disparada en un estallido que empapó el aire de aroma agrio. El mink aprovechó la apertura para impulsarse y saltar. Sus garras se clavaron en el brazo del rival y usó ese punto de apoyo para girar sobre sí mismo, cortando la parte trasera del hombro del Triguero de un nuevo tajo al caer.<br />
<br />
El hombre soltó un rugido ronco, entre dolor e ira, apoyandose en el kanabo para recuperar el aliento.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Impertinente… ¿Crees que vas a conseguir detenerme con estos arañazos?"</span><br />
<br />
Con los músculos hinchandose por el esfuerzo, el Triguero se giró , en un movimiento de barrido amplio, describiendo un arco devastador, y Kibai sintió el viento levantarse antes incluso de que el arma estuviera cerca. Clavó las manos en las tablas, flexionó las piernas y dio una voltereta hacia atrás. El kanabō pasó por debajo, tan cerca que casi sintió la vibración del hierro en su espalda y como su cola se elevaba casi por reflejo para no recibir el impacto. Aterrizó sobre sus pies, deslizándose un par de metros hacia atrás por la humedad del muelle. Su rival, ya erguido, lo miraba con una sonrisa que destilaba pura crueldad.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No entiendes cómo funciona esta isla.”</span> gruñó. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Cuando todo esto se calme, me aseguraré de que cada bastardo que se atrevió a darte una pista termine con las piernas rotas. Y las chicas del puerto…”</span> rió con los dientes manchados de sangre <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Ellas aprenderán a no abrir la boca. “Creo que las venderé como esclavas si hace falta. Los humanos se pagan bastante bien, y no suelen dar problemas”</span><br />
<br />
El estómago de Kibai se contrajo como si hubiera tragado hielo. Algo en su interior se encendió de golpe. Notó como las orejas se le plegaban hacia atrás sobre su cabeza y la cola se erizaba. Su respiración cambió a una exhalación profunda y pesada, con los colmillos sobresaliendo de las mandíbulas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tché…Que mala suerte has tenido, Triguero.”</span> bufó.<br />
<br />
El mink se arrancó la capa y la dejó caer sobre las tablas, sin apartar la mirada de su adversario. La luna creciente brillaba sobre el mar, inundando el muelle con tanta luz que para Kibai era como si fuese pleno mediodía. La hoja de Raimei destelleaba, teñida a medias con la sangre de aquel bruto.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Yo no soy humano”</span> susurró.<br />
<br />
Se acuclilló ligeramente, bajando su centro de gravedad. Con un gesto de la muñeca, giró a Raimei en un agarre invertido con la hoja apuntando hacia atrás. Era una postura hecha para aprovechar la agilidad de su cuerpo, no la fuerza bruta. La había practicado cientos de veces, pero nunca la había usado en combate real.<br />
<br />
El Triguero lo observaba, confundido.<br />
<br />
Kibai inspiró profundamente. Casi podía sentir cómo el aire frío le limpiaba la mente, cómo su pulso se estabilizaba pese a la adrenalina. Arqueó los pies sobre la madera del muelle, preparando cada tendón y cada músculo.<br />
<br />
Y entonces rugió con toda la fuerza de sus pulmones, como exigía su propio estilo:<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ffdc00;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡¡GEKKŌ NO ISSEN!!</span></span></span></span></div>
<br />
El grito lo impulsó hacia adelante. Se movió con toda la velocidad que su cuerpo le permitía, manteniendo los ojos fijos en su adversario. El Triguero intentó reaccionar. Levantó el kanabō, pero lo hizo un segundo tarde. Kibai se deslizó por debajo de su guardia, casi agachado a cuatro patas, giró la cintura y descargó un corte preciso y diagonal. Sintió la resistencia del abrigo, luego la piel, luego músculo. La sangre tiñó por completo el filo de Raimei, y el olor de la sangre inundó los pulmones del mink.<br />
<br />
El impacto hizo que el Triguero soltara un jadeo ronco. Su cuerpo quedó rígido durante un instante y luego cayó de rodillas, tambaleándose. La respiración del gigante se convirtió en un gemido húmedo mientras intentaba sostenerse. Finalmente, colapsó hacia adelante, golpeando las tablas con un crujido pesado.<br />
<br />
Kibai quedó detrás de él, estabilizando su respiración mientras apoyaba la punta de Raimei en el suelo. No tuvo ni que volver la vista hacia el cuerpo para estar seguro de que no volvería a levantarse.<br />
<br />
Solo entonces murmuró, con un cansancio profundo:<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Se acabó.”</span><br />
<br />
El eco de su voz se mezcló con el romper de las olas. Poco después, los gritos de Joss y de los marines llenaron el muelle. Su compañero llegó jadeando, se quedó boquiabierto ante la escena y apenas logró articular palabra antes de soltar una carcajada incrédula.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Kibai… ¡por todos los cielos! ¡Lo has hecho pedazos!”</span><br />
<br />
El mink se limitó a envainar a Raimei y limpió la sangre de su costado. Parecía que iba a necesitar unos cuantos puntos..<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tan solo hice mi trabajo”</span> respondió.<br />
<br />
Joss lo golpeó suavemente en el hombro, sonriendo con orgullo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No, compañero. Hoy has ayudado a medio distrito. Créeme, te lo van a agradecer más de lo que piensas.”</span><br />
<br />
Kibai alzó la vista hacia la luna, que seguía brillando tranquila como si nada hubiera ocurrido.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tché… Ni que yo fuese humano.”</span><br />
<br />
Pero Joss ya estaba riendo mientras lo acompañaba a la enfermería. Aquello sin duda sería algo digno de recordar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El día después de la Gran Carrera amaneció con un sol frío, pálido, como si también él estuviera descansando de los excesos de la noche anterior. La ciudad de Roshwan seguía oliendo a sake, nieve pisada y humo de chimenea; rastros de una celebración que, según los veteranos, siempre duraba unas cuantas horas más de lo razonable. Para Kibai, sin embargo, la mañana había sido tranquila. Una ducha caliente, un desayuno consistente, unos estiramientos para soltar las piernas doloridas por la caída en la montaña… y otra reprimenda del sargento de guardia por “conducta no reglamentaria en día festivo”. Nada grave o nada que él no esperase. Nada que arruinara la sonrisa que aún le hormigueaba tras haber compartido sake con sus nuevos… amigos.<br />
<br />
Para cuando cayó la tarde, el cielo se tornó de un naranja apagado que se filtraba entre las chimeneas y velas de los barcos. La nieve comenzaba a endurecerse con el frío a medida que el sol iniciaba su descenso. El mink se disponía a volver a sus barracones cuando recibió un mensaje de parte de uno de los cadetes: Le habían asignado una patrulla doble al distrito comercial, él y Joss.<br />
<br />
Joss llegó al punto de reunión con su habitual bufanda roja y una expresión alegre.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vaya, vaya…”</span> dijo al verlo.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Si este no es el héroe de anoche.”</span><br />
<br />
Kibai gruñó con suavidad.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No gané la carrera, ¿recuerdas?”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No hace falta. Viste a media ciudad más borracha que un gyojin pez globo y aun así te las arreglaste para caerles bien a todos. Créeme, eso tiene más mérito.”</span><br />
<br />
Kibai fingió estirarse para disimular que se le erizaba la cola.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Venga, vamos. Cuanto antes empecemos, antes acabaremos, no quisiera que la noche se nos echase encima de ser posible.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Creía que tú habías vivido de noche mucho tiempo.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Precisamente, no quiero que me de más nostalgia de la necesaria, y tu eres un topo en la oscuridad, no necesito hacerte de lazarillo.”</span><br />
<br />
La nieve crujió bajo sus pisadas mientras avanzaban por las calles principales, envueltas en una mezcla agradable de actividad vespertina. Los comerciantes guardaban sus productos, un montón de niños correteaba entre los montones de nieve apilados en cada esquina, y algunos transeúntes aún comentaban los acontecimientos. Y, para sorpresa del mink, lo reconocían.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Eh, el del salto de los tejados!” </span>le gritó un hombre con una risa franca.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Mira, mamá, es él! ¡El gato grande de la posada!”</span> apuntó una niña pequeña desde los brazos de su madre, señalándolo sin vergüenza.<br />
<br />
Otros simplemente sonreían, levantaban la mano o le ofrecían un “buen trabajo, muchacho”.<br />
<br />
Joss disfrutaba cada segundo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Lo ves?” </span>dijo inclinándose hacia él, entre divertido y satisfecho. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tardaste un poco, pero ya empiezas a encajar. La gente te mira como a uno de los nuestros.”</span><br />
<br />
Kibai agachó las orejas, aunque no pudo evitar mostrar una sonrisa pequeña, sincera.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Supongo que no está mal…”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿No está mal? ¡Anda ya! En Zou debíais de ser igual: cuando haces el tonto con otros, te vuelves parte del grupo.”</span><br />
<br />
La mención a su hogar le provocó a Kibai una ligera presión en el pecho, una mezcla de nostalgia y frío. Pero respiró, dejando que los rostros humanos que lo saludaban lo anclaran al presente.La patrulla continuó; cruzaron la zona residencial, luego la plaza sur, y finalmente llegaron a la parte viva de la tarde: el distrito comercial junto a los muelles. Tiendas pequeñas, puestos de comida, empaquetadores que preparaban mercancías que saldrían con la próxima marea... El olor a pescado fresco, madera mojada y alcohol fermentado se mezclaba con el bullicio de los estibadores.<br />
<br />
Pero algo distaba mucho de ser normal.<br />
<br />
Una alarma sonó en el extremo sur del distrito: un silbato agudo, repetido tres veces. Alguien gritó:<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Auxilio, guardias! ¡Los ladrones han atacado los puestos de recaudación!”</span><br />
<br />
Joss y Kibai intercambiaron una mirada que no necesitó de palabras antes de salir corriendo hacia la zona sur.<br />
 <br />
Los dos marines llegaron justo cuando los comerciantes se agrupaban frente a tres puestos levantados a medias, con mercancías tiradas por el suelo y cajas destrozadas. Las huellas en la nieve eran un caos reciente: varias figuras embozadas en ropas oscuras salían corriendo en dirección a los callejones.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Vamos!”</span> ordenó Joss, sin esperar confirmación.Kibai lo siguió, sacudiendo las orejas para concentrarse.<br />
<br />
Los ladrones conocían perfectamente el área. Tomaban cada giro antes de que los dos reclutas pudieran reaccionar. Se escurrían entre callejones, pasaban bajo cuerdas colgantes o trepaban escaleras improvisadas tratando por todos los medios de dejar atrás a sus perseguidores. Joss y Kibai hicieron lo posible: esquivaron barriles, saltaron cajas, se deslizaron entre puertas entreabiertas… pero al cabo de dos minutos, las huellas se dispersaron en distintas direcciones.Se habían desvanecido.<br />
<br />
Joss apoyó las manos en las rodillas, jadeando vapor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Maldita sea… otra vez no. Estos tipos… estos tipos siempre se escurren igual.”</span><br />
<br />
Kibai, sin embargo, permaneció muy quieto. Su nariz vibró al captar algo: un olor metálico y salado que conocía muy bien.<br />
<br />
Sangre. Fresca. Muy reciente.<br />
<br />
Giró la cabeza hacia una caja rota. Uno de los clavos sobresalía y la punta estaba teñida de color rojo oscuro, que iba goteando lentamente hacia el suelo, destacando notoriamente contra el blanco de la nieve.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Uno de ellos está herido”</span> dijo Kibai con un tono entre alerta y satisfacción. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Parece ser que no fueron tan cuidadosos como creían.”</span><br />
<br />
Joss levantó la mirada.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Y qué vamos a hacer, crees que puedes seguir el rastro solamente a partir de eso?</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Si es tan reciente como creo… sí.”</span><br />
<br />
Pero antes de marcharse, una voz suave los detuvo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No deberíais molestaros en hacer eso, solamente causaréis más problemas”.</span><br />
<br />
Una joven se les acercó. Tendría unos veinte años, vestía un grueso abrigo de lana, con el pelo recogido en un moño bajo y ojeras profundas de agotamiento. Kibai recordaba haberla visto en uno de los puestos asaltados. Sus dedos aún temblaban por el susto.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Mi nombre es Makino, soy la ayudante de uno de los comerciantes del puerto.”</span> dijo, inclinando ligeramente la cabeza. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Y antes de que corráis tras esos hombres… escuchadme. Lo ocurrido hoy no será la última vez que pase.”</span><br />
<br />
Joss frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Qué quieres decir?”</span><br />
<br />
Ella suspiró.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Que esto ha ocurrido porque mi jefe no ha podido pagar esta la “protección”. Igual que todos los demás. Cada mes uno tiene que comprar algunos suministros en la tienda de un hombre llamado Garruk el Triguero. Si no compras… pasan estas cosas. Y si compras, por muy caros que ponga los precios, tus ingresos y tu negocio estarán a salvo.”</span><br />
<br />
Kibai tensó la mandíbula.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“O sea, básicamente es un sistema de extorsión.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Llámalo como quieras”</span> respondió Makino con una mueca amarga.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Pero si preguntáis en la base, os dirán que no hay pruebas. Nadie puede acusarlo directamente. No usa matones con su insignia, ni deja mensajes. Solo “coincidencias”. Y si te atreves a señalarlo… bueno, tu tienda “sufre mala suerte”.”</span><br />
<br />
Joss se frotó la cara con frustración.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Esto es una locura… ¡No podemos permitir algo así en nuestra ciudad!”</span><br />
<br />
Kibai seguía examinando la mancha de sangre con los ojos brillantes.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Quizá hayan sido cuidadosos… pero alguien ha sangrado. Y ese olor no desaparece tan rápido.”</span><br />
<br />
Joss dio un paso hacia él.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Puedes seguirlo de verdad?”</span><br />
<br />
Kibai se enderezó.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Puedo intentarlo. Y será mejor que me sigas de cerca.”</span> Girándose hacia Makino, le dirigió una mirada tranquilizadora. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Esté tranquila, señorita, nos aseguraremos de que esto no vuelva a ocurrir.”</span><br />
 <br />
El rastro no era directo, ni mucho menos claro; estaba mezclado con nieve, huellas de botas, olor a pescado, aceite de máquinas… pero la sangre sobresalía como un hilo fino y persistente que serpenteaba entre los callejones.<br />
<br />
Kibai descendió por una rampa estrecha entre dos almacenes.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Están moviéndose hacia la zona industrial“</span> murmuró.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Hacia las destilerías?”</span> preguntó Joss, sorprendido. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No tiene sentido… ahí apenas vive gente.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Quizás por eso mismo se están dirigiendo hacia allí”</span> respondió el mink.<br />
<br />
Continuaron. Pasaron junto a varias de las fábricas, edificios de madera y piedra coronados con chimeneas humeantes, tuberías calientes cubiertas de escarcha y paredes ennegrecidas por el vapor. El olor al cereal fermentado se intensificó; la zona industrial estaba preparando la producción de cerveza para la siguiente temporada.<br />
El rastro los condujo hasta un callejón cerrado entre dos grandes plantas de procesado. El único edificio iluminado era un local de madera reforzada, con ventanas tapiadas y una puerta pesada. Y delante de la entrada, dos hombres robustos montaban guardia con los brazos cruzados, y bultos muy sospechosos bajo sus abrigos denotaban que iban armados. No llevaban distintivos, pero parecían profesionales.<br />
<br />
Joss tragó saliva.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Bueno… no sé tú compañero, pero esto no tiene pinta de ser precisamente un club de lectura.”</span><br />
<br />
Kibai entrecerró los ojos. Su cola bajó lentamente mientras se acuclillaba para captar mejor el olor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Aquí termina el rastro.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Entonces…” </span>Joss dejó la frase en el aire.<br />
<br />
Kibai no necesitaba más pruebas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Sí. Los ladrones han entrado ahí.”</span><br />
<br />
Los guardias los miraron fijamente, y sus manos se deslizaron lentamente hacia el interior de sus abrigos. El viento agitó la nieve a su alrededor. La luna, medio oculta entre nubes, comenzaba a emerger.<br />
<br />
Y justo antes de que cualquiera hablara, Kibai se giró con calma hacia su compañero.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Joss… avisa al cuartel. Esto es más grande de lo que pensábamos. Es factible que necesitemos refuerzos.”</span><br />
<br />
El joven se volvió hacia él.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Estás loco si piensas que voy a dejarte aquí solo.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Alguien tiene que ir al cuartel a avisar, y alguien tiene que quedarse. No nos han proporcionado un Den Den Mushi todavía así que dependemos de tus piernas. Si voy yo, el rastro podría enfriarse. Así que no te lo pienses más. Vete.”</span><br />
<br />
El humano abrió la boca para protestar, pero algo en la expresión del mink, esa mezcla de determinación y peligro, pareció acabar por converse.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Está bien. Solo…Ten cuidado, Kibai, ¿quieres?. No cometas ninguna estupidez.”</span><br />
<br />
Kibai asintió levemente, pero no apartó la vista de los dos hombres mientras su compañero emprendía el regreso a la carrera hacia la colina del cuartel.<br />
<br />
El aire olía a humo, a la cebada tostada y a la sal proveniente del mar, un aroma tan propio que ya lo reconocía como el olor de fondo de Roshwan. El mink permanecía inmóvil en la boca del estrecho callejón, mirando fijamente la puerta del almacén iluminado tenuemente por faroles colgados de cadenas. El rastro de sangre que había seguido, apenas perceptible para cualquier humano, se percibía tan claramente para él como una flecha en un mapa, señalando directamente a los tablones de madera.<br />
<br />
Kibai respiró hondo antes de comenzar a caminar hacia los dos hombres que custodiaban la entrada del almacén. Ambos individuos se tensaron, y uno de ellos se adelantó un par de pasos extrayendo la empuñadura de un puñal del interior de su grueso abrigo de fieltro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vaya, vaya…“ </span>dijo el hombre, mostrando una sonrisa torcida. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Mira lo que tenemos aquí. Otro de esos animales listos que se creen héroes del barrio.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Lo conozco, estaba en la carrera de ayer. Creo que te has perdido, chico.” </span>añadió el otro, ladeando la cabeza. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Aquí no hay puestos de sake ni chicas gritando tu nombre por la carrera. Será mucho mejor para ti que te vayas por donde has venido.”</span><br />
<br />
Kibai apretó levemente las mandíbulas, aunque se obligó a mantener un tono sereno.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Estoy persiguiendo a un ladrón que ha causado daños en el distrito del puerto</span>” dijo pasando la mirada de uno de los guardias al otro.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Un hombre herido ha entrado en este establecimiento. Necesito verlo.”</span><br />
<br />
Los dos matones se miraron durante un segundo y estallaron en carcajadas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Ladrón?”</span> se burló el de la derecha. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Aquí no hay más ladrones que los que vienen buscando bronca.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Última advertencia, recluta.”</span> añadió el otro, ya sacando el cuchillo del abrigo y apuntando con la hoja hacia Kibai. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Lárgate, si sabes lo que te conviene.”</span><br />
<br />
Kibai apoyó suavemente la mano sobre la empuñadura de Raimei.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Deponed las armas y apartaos a un lado. Nadie tiene por qué salir herido.”</span><br />
<br />
La sonrisa de ambos se volvió casi caricaturesca.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Míralo, hasta habla como un soldadito…”</span> susurró uno.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Creo que está claro que vamos a tener que enseñarte a no meter la nariz donde no te llaman”</span> añadió el que tenía el cuchillo desenvainado, lanzándose hacia él dirigiendo una puñalada contra el pecho de Kibai.<br />
<br />
Pero antes de que pudiese alcanzar a su objetivo, Raimei apareció entre medias con un sonoro clang. Kibai giró su muñeca, desviando el cuchillo hacia su derecha, y en el mismo movimiento golpeó con el pomo de la espada la sien del agresor. El hombre se desplomó en la nieve como un fardo, inconsciente incluso antes de tocar el suelo.<br />
El segundo matón dio un paso atrás, sacando el cuchillo a su vez, aunque su posición parecía más defensiva que animosa para atacar.<br />
<br />
Kibai apuntó la hoja de Raimei hacia él, .<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Dile a tu jefe que sus labores de protección se han terminado” ordenó con voz firme. “A partir de hoy, de eso se encarga la Marina.”</span><br />
<br />
El matón abrió la boca, cerró la boca, tragó saliva y retrocedió lentamente hasta tocar la puerta con la espalda.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“E-Espera aquí.</span>” balbuceó.<br />
<br />
Acto seguido, desapareció dentro del almacén, cerrando la puerta tras de sí.<br />
<br />
Kibai respiró hondo, aguardando pacientemente apartando de vez en cuando la nieve que continuaba cayendo sobre sus hombros, con el oído atento por si escuchaba alguna otra puerta abrirse que indicase alguna fuga.<br />
Segundos después, la puerta se abrió y el matón asomó la cabeza, ya más calmado.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“El Triguero quiere verte.”</span><br />
<br />
Kibai envainó la espada, y sin pensarlo dos veces, entró.<br />
<br />
El interior era una gran nave de la misma madera oscura del exterior, iluminada por antorchas y lucernas. Había enormes cubas de cerveza apiladas contra una pared, montones de sacos de trigo y maquinaria rudimentaria para mover los granos. Un almacén disfrazado de destilería. A ambos lados, alrededor de una docena de individuos de mal porte y peor pinta le clavaban los ojos.<br />
<br />
Y en el centro, justo delante de él, sentado en un enorme butacón subido a una tarima compuesta de cajas y tablones se encontraba un hombre gigantesco, con una panza prominente, barba espesa y manos como palas. Sus ojos eran pequeños y astutos. A su lado, apoyado sobre un lateral del asiento, descansaba un kanabō negro de hierro puro, lleno de puntas romas. Un arma diseñada para aplastar cuerpos hasta convertirlos en pulpas sangrantes.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Así que tú eres el gatito nuevo que está molestando a mis chicos” </span>dijo con voz profunda y ronca. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“El mismo que estuvo corriendo ayer como un idiota por los tejados de mi ciudad. Confieso que te reconocí por las orejas.”</span><br />
<br />
Kibai mantuvo la compostura, aunque la mano que se apoyaba en el pomo de Raimei se tensó, dejando ver un par de centímetros de las garras.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Estoy investigando un robo que ha ocurrido hoy en el mercado del puerto.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Robo?”</span> Garruk se rió con fuerza, sonando casi como un motor en marcha, haciendo que su vientre se bambolease arriba y abajo.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Aquí no ha habido ningún robo. Solo mala suerte de la gente que no sabe hacer negocios. Si no pagan… otros pagan por ellos.”</span><br />
<br />
Los hombres a su alrededor rieron a su vez. Kibai controló su posición a ambos lados, antes de aferrar la empuñadura de su espada.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Exigir pagos por protección es un delito.”</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Ah, sí? No me digas…”</span> El Triguero ladeó la cabeza, sonriendo con sorna.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “¿Y quién lo dice? ¿Tú? ¿Un recluta recién bajado del barco? ¿Tienes pruebas? ¿Testigos? ¿Documentos? ¿Alguien que vaya a declarar?”</span><br />
<br />
Kibai, sin alterar el tono, cerró los ojos para localizar la posición exacta de lo que estaba buscando y señaló hacia su derecha.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Le tengo a él”</span><br />
<br />
Uno de los rufianes, sentado en un banco con un trapo sucio en la mano, se levantó de un salto escondiendo la extremidad detrás de su espalda. El corte que el improvisado vendaje tapaba todavía sangraba, con la misma fragancia metálica que había guiado a Kibai hasta allí.<br />
<br />
El Triguero dejó de sonreír.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tu chico cometió un error” </span>dijo el mink. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Y ese error lo vincula directamente al hurto del mercado. Esta vez hay pruebas. Se te acabó el negocio, Garruk.”</span><br />
<br />
Los matones a su alrededor comenzaron a murmurar. Algunos apretaron los dientes. Otros miraron a su jefe, inseguros.<br />
El hombretón se levantó despacio, haciendo crujir las maderas de la tarima bajo su peso. Levantó él kanabō, apoyándolo en su hombro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Desde luego, eres valiente, mink… eso,o eres un tremendo idiota. No sé cuál de las dos. Pero una cosa sí sé: no pienso dejar que un extranjero peludo me diga cómo manejar mi ciudad. Esta base y estos oficiales son todos clientes míos. ¿O crees que estoy aquí porque sí?</span><br />
<br />
Pero entonces una voz irrumpió desde la entrada. Uno de los miembros llegó a la carrera, deteniéndose medio segundo a recuperar el aliento antes de dirigirse hacia Garruk.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Jefe! ¡Jefe! ¡La Marina está viniendo! ¡¡Alguien los ha avisado!! Las patrullas están rodeando la zona industrial… ¡y vienen hacia aquí!”</span><br />
<br />
El rostro del Triguero cambió de su mueca de sorna a una máscara de furia fría.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Matadlo”</span> ordenó, señalando a Kibai con el kanabō. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Partidle cada hueso del cuerpo, después incendiad esto y desapareced.”</span><br />
<br />
Luego se giró, pateó una mesa para abrirse paso, y huyó hacia una puerta trasera.<br />
<br />
Kibai intentó perseguirlo, pero tres de los matones se interpusieron, mientras el resto amenazaba con rodearlo por todos lados. Sabiendo que antes o después una daga se le colaría entre las costillas, Kibai desenvainó a Raimei y dio un gran salto, asestando dos cortes hacia los oponentes que tenía enfrente y usando al tercero como plataforma de apoyo para lanzarse contra una ventana del piso superior.<br />
<br />
El aire nocturno le recibió entre una marea de astillas y cristales rotos. Kibai usó ambos brazos para proteger su rostro, mientras giraba el cuerpo para amortiguar la caída con una voltereta. Mientras algunos fragmentos aún seguían cayendo, el mink observó la calle al otro lado del almacén, agradeciendo una vez más su vista nocturna. El Triguero ya corría calle abajo, de vuelta hacia los muelles. Su olor era inconfundible: una mezcla nauseabunda de cebada fermentada y sudor ácido que se dibujaba para Kibai como una gigantesca señal que apuntaba a su objetivo.<br />
<br />
Kibai agarró rápidamente un madero y atrancó la puerta por la que el hombretón acababa de salir para evitar que otros hombres lo persiguiesen, antes de iniciar a su vez una carrera frenética hacia los muelles. Aquel malnacido no iba a escapar a su destino.<br />
<br />
El muelle del extremo sur se extendía silencioso bajo la luz de la luna creciente. Desde su posición, Kibai podía oír el choque del oleaje contra los maderos de los cascos y el crujido de las cuadernas de las velas, como un murmullo constante y familiar. El olor a sal, brea y metal húmedo impregnaba cada rincón, envolviendo el aire en una mezcla punzante que se adhería al paladar.<br />
<br />
Kibai emergió del último callejón de la zona industrial. Su respiración escapaba en nubes blancas que se deshacían entre sus colmillos. <br />
<br />
El Triguero estaba de espaldas, hablando con uno de sus hombres junto a un amarre privado. El barco frente a ellos parecía estar listo para partir: un mercante pequeño, pero bien cargado; la madera crujía bajo el peso y el viento parecía ansioso por hinchar las velas, casi como si tuviera más prisa que su dueño.<br />
<br />
El hombretón se dio la vuelta apenas percibió la presencia del mink. La luz temblorosa de los farolillos dibujó su silueta y reflejó destello en el kanabō de hierro, cubierto de golpes, marcas y abolladuras. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Así que has venido hasta aquí…”</span> gruñó.<br />
<br />
Kibai avanzó sin dudar. La mano se deslizó hacia la empuñadura de Raimei y la hoja salió con un murmullo frío que se mezcló con la brisa marina. A través del frío, sentía cómo la madera de la empuñadura se calentaba por la tensión de su agarre. No pensaba dejar que aquel hombre se escapara, no después de todo lo que había visto en el distrito y de las amenazas que llevaba oyendo desde que lo había encontrado.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No vas a ir a ninguna parte.”</span> dijo, sin despegar la mirada del rival. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Garruk, por los delitos de crimen organizado, extorsión, robo y daños a la propiedad, quedas arrestado”</span><br />
<br />
El Triguero soltó una carcajada ronca, cargada de desprecio.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Tú? ¿Un recluta mojado? Niño, yo mando en estos muelles desde antes de que tus patas aprendieran a correr.”</span><br />
<br />
Kibai no contestó. Solo bajó el centro de gravedad, fijando sus pies con las garras en la madera del muelle, escuchando cómo esta respondía a su peso. Cada fibra de su cuerpo se tensó como un resorte preparado.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Pues se te ha acabado la legislatura.”</span><br />
<br />
El Triguero cargó primero.<br />
<br />
El rugido del kanabō al cortar el aire precedió al impacto. Kibai alzó a Raimei en un ángulo defensivo justo a tiempo. El choque fue brutal. Sintió un latigazo en todo el brazo y las vibraciones recorrieron su columna. El golpe lo desplazó varios metros hacia atrás; sus garras rasparon la madera dejando surcos hasta que logró detenerse. El corazón retumbaba dentro del pecho.<br />
<br />
El hombretón se rió, satisfecho.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Eso es! ¡Maúlla bien fuerte mientras te aplasto, gatito, que se enteren tus dueños de la base de lo que pasa con su mascota!”</span><br />
<br />
Kibai no se molestó en responder a las provocaciones de su rival. Inspiró hondo y se lanzó hacia adelante, movido por un instinto que rugía bajo la piel. Raimei describió un arco plateado buscando la muñeca del Triguero. El hombre giró el kanabō y desvió la hoja con habilidad sorprendente para su tamaño, retrocediendo solo medio paso. Pero ese pequeño retroceso era suficiente para él.<br />
<br />
Rodó a un lado y atacó con una patada lateral usando sus garras traseras. Sintió la resistencia al rozar el abrigo grueso del rival y luego la piel, arrancándole un jadeo y dibujando tres líneas sangrantes que se extendieron en su costado.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Maldita sea, vas a pagar por esa chaqueta, bastardo. Vale más que el sueldo de tu batallón entero!”</span> bufó el Triguero, irritado.<br />
<br />
Su respuesta llegó en forma de un golpe horizontal. Kibai sintió el aire desgarrarle la oreja cuando se inclinó hacia abajo para evitar que la cabeza le estallase como un melón. El arma impactó contra un poste del muelle, partiéndolo en dos. Las astillas volaron por todas partes, obligando al mink a cubrirse para evitar que alguna de las afiladas puntas de madera se le clavase en el rostro.<br />
<br />
No obstante, aquel golpetazo había desequilibrado al Triguero, así que Kibai lo aprovechó: contraatacó con un tajo ascendente que alcanzó el antebrazo de su adversario. La sangre brotó, y el hombre retrocedió con un siseo de dolor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vaya, parece que pegas más fuerte de lo que parece…”</span><br />
<br />
Sin darle tiempo a recomponerse, el Triguero cambió de estrategia. Embistió con todo su peso, como un buey desbocado. Kibai trató de interponer la espada, pero el impacto lo sacudió por entero. Salió despedido y rodó por el muelle hasta estrellarse contra unos barriles. La madera cedió y sintió un pinchazo en el costado. Sangría tibia bajaba por su camisa, tiñendo de rojo la tela y el cinturón. <br />
<br />
Apretando los dientes para no gritar, se sacudió la cabeza para despejar la visión.Su rival ya estaba encima de él, enarbolando el kanabo con ambas manos, listo para descargarlo sobre su cabeza.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Muere, maldito animal!”</span><br />
<br />
Kibai rodó a un lado justo cuando el arma descendió, aplastando los barriles. La cerveza salió disparada en un estallido que empapó el aire de aroma agrio. El mink aprovechó la apertura para impulsarse y saltar. Sus garras se clavaron en el brazo del rival y usó ese punto de apoyo para girar sobre sí mismo, cortando la parte trasera del hombro del Triguero de un nuevo tajo al caer.<br />
<br />
El hombre soltó un rugido ronco, entre dolor e ira, apoyandose en el kanabo para recuperar el aliento.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Impertinente… ¿Crees que vas a conseguir detenerme con estos arañazos?"</span><br />
<br />
Con los músculos hinchandose por el esfuerzo, el Triguero se giró , en un movimiento de barrido amplio, describiendo un arco devastador, y Kibai sintió el viento levantarse antes incluso de que el arma estuviera cerca. Clavó las manos en las tablas, flexionó las piernas y dio una voltereta hacia atrás. El kanabō pasó por debajo, tan cerca que casi sintió la vibración del hierro en su espalda y como su cola se elevaba casi por reflejo para no recibir el impacto. Aterrizó sobre sus pies, deslizándose un par de metros hacia atrás por la humedad del muelle. Su rival, ya erguido, lo miraba con una sonrisa que destilaba pura crueldad.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No entiendes cómo funciona esta isla.”</span> gruñó. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Cuando todo esto se calme, me aseguraré de que cada bastardo que se atrevió a darte una pista termine con las piernas rotas. Y las chicas del puerto…”</span> rió con los dientes manchados de sangre <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Ellas aprenderán a no abrir la boca. “Creo que las venderé como esclavas si hace falta. Los humanos se pagan bastante bien, y no suelen dar problemas”</span><br />
<br />
El estómago de Kibai se contrajo como si hubiera tragado hielo. Algo en su interior se encendió de golpe. Notó como las orejas se le plegaban hacia atrás sobre su cabeza y la cola se erizaba. Su respiración cambió a una exhalación profunda y pesada, con los colmillos sobresaliendo de las mandíbulas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tché…Que mala suerte has tenido, Triguero.”</span> bufó.<br />
<br />
El mink se arrancó la capa y la dejó caer sobre las tablas, sin apartar la mirada de su adversario. La luna creciente brillaba sobre el mar, inundando el muelle con tanta luz que para Kibai era como si fuese pleno mediodía. La hoja de Raimei destelleaba, teñida a medias con la sangre de aquel bruto.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Yo no soy humano”</span> susurró.<br />
<br />
Se acuclilló ligeramente, bajando su centro de gravedad. Con un gesto de la muñeca, giró a Raimei en un agarre invertido con la hoja apuntando hacia atrás. Era una postura hecha para aprovechar la agilidad de su cuerpo, no la fuerza bruta. La había practicado cientos de veces, pero nunca la había usado en combate real.<br />
<br />
El Triguero lo observaba, confundido.<br />
<br />
Kibai inspiró profundamente. Casi podía sentir cómo el aire frío le limpiaba la mente, cómo su pulso se estabilizaba pese a la adrenalina. Arqueó los pies sobre la madera del muelle, preparando cada tendón y cada músculo.<br />
<br />
Y entonces rugió con toda la fuerza de sus pulmones, como exigía su propio estilo:<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ffdc00;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡¡GEKKŌ NO ISSEN!!</span></span></span></span></div>
<br />
El grito lo impulsó hacia adelante. Se movió con toda la velocidad que su cuerpo le permitía, manteniendo los ojos fijos en su adversario. El Triguero intentó reaccionar. Levantó el kanabō, pero lo hizo un segundo tarde. Kibai se deslizó por debajo de su guardia, casi agachado a cuatro patas, giró la cintura y descargó un corte preciso y diagonal. Sintió la resistencia del abrigo, luego la piel, luego músculo. La sangre tiñó por completo el filo de Raimei, y el olor de la sangre inundó los pulmones del mink.<br />
<br />
El impacto hizo que el Triguero soltara un jadeo ronco. Su cuerpo quedó rígido durante un instante y luego cayó de rodillas, tambaleándose. La respiración del gigante se convirtió en un gemido húmedo mientras intentaba sostenerse. Finalmente, colapsó hacia adelante, golpeando las tablas con un crujido pesado.<br />
<br />
Kibai quedó detrás de él, estabilizando su respiración mientras apoyaba la punta de Raimei en el suelo. No tuvo ni que volver la vista hacia el cuerpo para estar seguro de que no volvería a levantarse.<br />
<br />
Solo entonces murmuró, con un cansancio profundo:<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Se acabó.”</span><br />
<br />
El eco de su voz se mezcló con el romper de las olas. Poco después, los gritos de Joss y de los marines llenaron el muelle. Su compañero llegó jadeando, se quedó boquiabierto ante la escena y apenas logró articular palabra antes de soltar una carcajada incrédula.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Kibai… ¡por todos los cielos! ¡Lo has hecho pedazos!”</span><br />
<br />
El mink se limitó a envainar a Raimei y limpió la sangre de su costado. Parecía que iba a necesitar unos cuantos puntos..<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tan solo hice mi trabajo”</span> respondió.<br />
<br />
Joss lo golpeó suavemente en el hombro, sonriendo con orgullo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“No, compañero. Hoy has ayudado a medio distrito. Créeme, te lo van a agradecer más de lo que piensas.”</span><br />
<br />
Kibai alzó la vista hacia la luna, que seguía brillando tranquila como si nada hubiera ocurrido.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tché… Ni que yo fuese humano.”</span><br />
<br />
Pero Joss ya estaba riendo mientras lo acompañaba a la enfermería. Aquello sin duda sería algo digno de recordar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Aventura T1] O’Malley y sus hombres]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2428</link>
			<pubDate>Mon, 27 Oct 2025 18:36:39 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=589">Ryota Miyamoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2428</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=iR5e7kyhLtM&amp;list=PLqUyxp1bqk9zVr6IzfcIZ6x7RPYUw50gr" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">-Ost-</a></div>
<br />
La ciudad de Pushkin, orgullo del reino de Roshawn y estandarte indiscutible de las bebidas fermentadas en todo el South Blue, despertaba cada mañana envuelta en bullicio. Sus calles vibraban desde temprano con el trotar de las carrozas, el murmullo de las conversaciones, las risas de los niños y el ir y venir propio de una capital que jamás dormía del todo.<br />
<br />
Aquel día 54 de Otoño, la tenue luz que lograba filtrarse entre las densas nubes invernales acariciaba con suavidad las afueras de la ciudad. Allí, entre la escarcha y el humo de las chimeneas, se alzaba “La Madriguera del Ornitoperro”, una posada modesta pero firme, habituada a resistir las fuertes temperaturas.<br />
Su dueña era una mujer corpulenta, de trenzas canosas y sonrisa cálida, bien conocida por los vecinos. Siempre tenía lista una taza de té para los viajeros cansados… y, por supuesto, hidromiel o cerveza para aquellos que preferían algo más fuerte.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/736x/fa/b1/85/fab185174be1fc6d2ae3d0647c0a18fd.jpg" loading="lazy"  width="400" height="250" alt="[Imagen: fab185174be1fc6d2ae3d0647c0a18fd.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
En ese momento de la mañana, la señora Maggy MacMuphings <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(como todos la conocían)</span> barría con calma el suelo del pequeño bar que atendía junto a su posada. El repentino golpe de la puerta al abrirse de golpe la alertó. Dos hombres con rostros familiares para ella irrumpieron con semblantes tensos y voces entrecortadas, portando en sus expresiones la sombra de una tragedia anunciada. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Maggy es una emergencia!”</span> Exclamó Vlad con aparente urgencia. <br />
<br />
Él era el zapatero de la calle y visitaba frecuentemente el bar de la posada junto a sus amigos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Mi hija Charlotte fue raptada por la banda de O’Malley! ¡Necesito que me prestes tu antigua escopeta!”</span> Apresuro a decir deteniéndose frente a la mujer.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color">“Válgame Dios…”</span></span> Fue la reacción más natural que Maggy encontró ante semejante noticia, llevando su diestra al pecho en muestra de preocupación, mientras el color se le escapaba del rostro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color">“Pero Vlad, hijo, ¿estás seguro de que la banda de O’Malley la rapto? Esa es una acusación muy grave”</span></span>, indicó la mujer, conocida por su sensatez y cabeza fría, dadas únicamente por la experiencia de la edad.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Maggy estoy seguro…”</span> Vald bajó la cabeza, con el ceño fruncido y los puños cerrados en un gesto de frustración. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Ese bastardo de O’Malley me dijo que le debía una y mi hija salió esta mañana desde temprano y no ha vuelto.”</span> Una mezcla de pena e ira se escuchó en su tono. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Pregunté a algunos vecinos en la calle y me dijeron que la vieron caminar con algunos hombres de O’Maelly, por eso… ¡estoy seguro de que ese bastardo la tiene!”</span>  Gritó con furia, una emoción nacida únicamente de su preocupación por su ser amado pero que podría llevarlo a tomar decisiones estúpidas. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color">“¡Vlad Cálmate!”</span></span> Alertó Maggy mostrándose seria y sorprendiendo a los dos hombres.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color"> “¡Esa no es forma de hablarle a una mujer mayor!, ¡y además!, ¡Debe existir una mejor solución que agarrarse a tiros!”</span></span> La voz de la razón dada por Maggy parecía calar hondo en los corazones de la pareja, pero casi de inmediato Vlad negó con su cabeza como si, estuviera perdiendo de foco lo realmente importante. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Maggy! ¡¿Entonces qué hacemos?!, ¡Si voy sin un arma!, ¡¿Cómo recuperaré a mi Charly?!”</span> Vocifero molesto, aunque entendía y apreciaba la sabiduría de la mujer, su deber era primero con su hija antes que, con su sentido común, no iba a dejar que ningún maleante le pusiera las manos encima. <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color">“Quizás… quizás ella puede ayudarnos…”</span></span> Opinó Maggy, recordando a la huésped que había llegado a la posada el día anterior: una mujer de presencia firme y mirada decidida, que tal vez podría ayudarlos sin recurrir a armas letales.<br />
<br />
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Bienvenido a tu primera aventura y mi primera narración, esperemos que sea algo chill, y ameno. Tiene un aire de misterio que deveras ir desentrañando y recuerda que las T1 son de 4 post, así que mucha suerte, haz las preguntas y deducciones importantes, eres libre de hacer lo que quieras con lo que tienes. Me tome el atrevimiento de leer tu fic y continuar a partir de allí. <br />
<br />
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Los hombres de O’Malley solo ayudaron a Charlotte, indicándole a donde estaba el camino a la panadería. <br />
<br />
Charlotte se encuentra repartiendo el pan a los patos en la fuente en el norte de la ciudad, por eso no llega aun a casa. <br />
<br />
O’Malley sí amenazó a Vlad y sí es un criminal, pero nunca tocaría niños.  <br />
<br />
El padre de Charlotte, tiene el karma mentiroso y Cobarde. <br />
<br />
O’Malley tiene el karma obsesionado por la venganza, si ve a Vlad lo querrá matar, porque él le quitó al amor de su vida, la madre de Charlotte. <br />

				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=iR5e7kyhLtM&amp;list=PLqUyxp1bqk9zVr6IzfcIZ6x7RPYUw50gr" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">-Ost-</a></div>
<br />
La ciudad de Pushkin, orgullo del reino de Roshawn y estandarte indiscutible de las bebidas fermentadas en todo el South Blue, despertaba cada mañana envuelta en bullicio. Sus calles vibraban desde temprano con el trotar de las carrozas, el murmullo de las conversaciones, las risas de los niños y el ir y venir propio de una capital que jamás dormía del todo.<br />
<br />
Aquel día 54 de Otoño, la tenue luz que lograba filtrarse entre las densas nubes invernales acariciaba con suavidad las afueras de la ciudad. Allí, entre la escarcha y el humo de las chimeneas, se alzaba “La Madriguera del Ornitoperro”, una posada modesta pero firme, habituada a resistir las fuertes temperaturas.<br />
Su dueña era una mujer corpulenta, de trenzas canosas y sonrisa cálida, bien conocida por los vecinos. Siempre tenía lista una taza de té para los viajeros cansados… y, por supuesto, hidromiel o cerveza para aquellos que preferían algo más fuerte.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/736x/fa/b1/85/fab185174be1fc6d2ae3d0647c0a18fd.jpg" loading="lazy"  width="400" height="250" alt="[Imagen: fab185174be1fc6d2ae3d0647c0a18fd.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
En ese momento de la mañana, la señora Maggy MacMuphings <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">(como todos la conocían)</span> barría con calma el suelo del pequeño bar que atendía junto a su posada. El repentino golpe de la puerta al abrirse de golpe la alertó. Dos hombres con rostros familiares para ella irrumpieron con semblantes tensos y voces entrecortadas, portando en sus expresiones la sombra de una tragedia anunciada. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Maggy es una emergencia!”</span> Exclamó Vlad con aparente urgencia. <br />
<br />
Él era el zapatero de la calle y visitaba frecuentemente el bar de la posada junto a sus amigos. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Mi hija Charlotte fue raptada por la banda de O’Malley! ¡Necesito que me prestes tu antigua escopeta!”</span> Apresuro a decir deteniéndose frente a la mujer.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color">“Válgame Dios…”</span></span> Fue la reacción más natural que Maggy encontró ante semejante noticia, llevando su diestra al pecho en muestra de preocupación, mientras el color se le escapaba del rostro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color">“Pero Vlad, hijo, ¿estás seguro de que la banda de O’Malley la rapto? Esa es una acusación muy grave”</span></span>, indicó la mujer, conocida por su sensatez y cabeza fría, dadas únicamente por la experiencia de la edad.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Maggy estoy seguro…”</span> Vald bajó la cabeza, con el ceño fruncido y los puños cerrados en un gesto de frustración. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Ese bastardo de O’Malley me dijo que le debía una y mi hija salió esta mañana desde temprano y no ha vuelto.”</span> Una mezcla de pena e ira se escuchó en su tono. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“Pregunté a algunos vecinos en la calle y me dijeron que la vieron caminar con algunos hombres de O’Maelly, por eso… ¡estoy seguro de que ese bastardo la tiene!”</span>  Gritó con furia, una emoción nacida únicamente de su preocupación por su ser amado pero que podría llevarlo a tomar decisiones estúpidas. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color">“¡Vlad Cálmate!”</span></span> Alertó Maggy mostrándose seria y sorprendiendo a los dos hombres.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color"> “¡Esa no es forma de hablarle a una mujer mayor!, ¡y además!, ¡Debe existir una mejor solución que agarrarse a tiros!”</span></span> La voz de la razón dada por Maggy parecía calar hondo en los corazones de la pareja, pero casi de inmediato Vlad negó con su cabeza como si, estuviera perdiendo de foco lo realmente importante. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">“¡Maggy! ¡¿Entonces qué hacemos?!, ¡Si voy sin un arma!, ¡¿Cómo recuperaré a mi Charly?!”</span> Vocifero molesto, aunque entendía y apreciaba la sabiduría de la mujer, su deber era primero con su hija antes que, con su sentido común, no iba a dejar que ningún maleante le pusiera las manos encima. <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #B20080;" class="mycode_color">“Quizás… quizás ella puede ayudarnos…”</span></span> Opinó Maggy, recordando a la huésped que había llegado a la posada el día anterior: una mujer de presencia firme y mirada decidida, que tal vez podría ayudarlos sin recurrir a armas letales.<br />
<br />
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<br />
Charlotte se encuentra repartiendo el pan a los patos en la fuente en el norte de la ciudad, por eso no llega aun a casa. <br />
<br />
O’Malley sí amenazó a Vlad y sí es un criminal, pero nunca tocaría niños.  <br />
<br />
El padre de Charlotte, tiene el karma mentiroso y Cobarde. <br />
<br />
O’Malley tiene el karma obsesionado por la venganza, si ve a Vlad lo querrá matar, porque él le quitó al amor de su vida, la madre de Charlotte. <br />

				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[T1 Autonarrada] ayudando a los locales]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2417</link>
			<pubDate>Sun, 26 Oct 2025 16:15:56 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=501">Ravenna Grimm</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2417</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">[Ciudad Pushkin, Reino de Roshawn | Tarde gris]</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 52 de Otoño, Año 16 - 4pm</span><br />
<br />
El viento soplaba desde el norte con una fuerza que parecía querer borrar los contornos del mundo. En la vasta extensión blanca del Reino de Roshawn, incluso el sonido tenía un peso distinto: los crujidos de la nieve, el golpeteo de las ventiscas contra las persianas, el canto lejano de los trineos que pasaban dejando tras de sí un eco breve y fantasmal. Pushkin, la capital, se alzaba entre ese manto incesante de invierno con una dignidad áspera, como una ciudad que había aprendido a sobrevivir al frío a fuerza de costumbre. Las chimeneas exhalaban columnas delgadas de humo gris, y entre las calles estrechas y empedradas se movían figuras cubiertas con abrigos pesados y bufandas que apenas dejaban ver sus rostros.<br />
<br />
En medio de aquella monotonía blanca, Ravenna destacaba como una Brasa de carbon en medio de la tundra. Su altura, una silueta imponente que superaba con holgura a cualquier habitante del lugar, atraía las miradas aún antes de que el batir ocasional de sus alas las fijara por completo. Las plumas oscuras, cubiertas a medias por el abrigo largo que llevaba sobre los hombros, apenas cubriendo su brassier expuesto, contrastaban con el entorno y con la piel oscura que la caracterizaba. Había aprendido a mantenerlas plegadas, casi inmóviles, para evitar llamar más atención de la necesaria, aunque de poco servía. Los lugareños, aún sin palabras, la observaban con la misma mezcla de recelo y fascinación que se reserva a los presagios.<br />
<br />
Llevaba apenas unos días instalada en la ciudad, hospedada en una vieja posada que había resistido más inviernos de los que sus cimientos podían recordar. No se había molestado en personalizar la habitación, bastaba con tener un lugar donde el fuego no se apagara y las ventanas no crujieran con cada ráfaga. Esa mañana había despertado antes del amanecer, con el leve zumbido del viento colándose entre los muros y el aroma de leña húmeda llenando el aire. Durante horas permaneció sentada frente a la ventana, observando cómo la luz pálida del sol apenas conseguía teñir de gris los tejados nevados. Era un día como tantos otros, sin promesas ni sobresaltos, y aun así, algo en su interior le decía que debía salir.<br />
<br />
No lo hacía por curiosidad. En lugares como Pushkin, la curiosidad era un lujo, la movía, más bien, el deseo de entender cómo sobrevivía la gente a la hostilidad constante del clima, cómo encontraban sentido en medio de tanto silencio congelado.<br />
<br />
Tomó su abrigo, ajustó los guantes de cuero y salió.<br />
<br />
Las calles estaban medio cubiertas de hielo, con montículos de nieve apilados contra las paredes y algunos charcos de agua helada donde los niños, con mejillas rojas y narices entumecidas, intentaban improvisar juegos. Cuando Ravenna pasó, se detuvieron en seco. No corrieron, pero tampoco la saludaron. Simplemente la siguieron con la mirada, con esa inocencia cautelosa que solo los pueblos aislados conservan ante lo desconocido.<br />
<br />
En el mercado, las voces se mezclaban con el sonido del viento. Había puestos improvisados con mantas, tablas y antorchas encendidas para mantener el calor. La variedad era escasa: raíces, granos secos, carne salada, pescado congelado. Ravenna recorrió el lugar en silencio, el sonido de sus pasos amortiguado por la nieve. Al llegar frente a un puesto de verduras conservadas, la vendedora, una mujer menuda, con el rostro curtido y un gorro de lana que parecía más grande que su cabeza, la observó de reojo.<br />
<br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Qué busca, señorita?</span>— preguntó sin acercarse demasiado. Ravenna bajó un poco la cabeza para no parecer tan amenazante. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Algo simple. Verduras, pan, lo que se mantenga unos días.</span>—<br />
<br />
La mujer asintió, sus manos temblaban un poco al preparar una pequeña bolsa. —<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No muchos vienen de fuera en esta época. El frío mata más rápido a los forasteros que a los lobos.</span>— Ravenna esbozó una sonrisa leve. Lo que para muchos sonaría como una amenaza o discriminación, para Ravenna sonaba como una sabia advertencia. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">He sobrevivido a lugares peores. No tiene de que preocuparse</span>—<br />
<br />
La mujer no respondió, pero dejó el cambio sobre la mesa, evitando el contacto directo. Ravenna lo recogió con cuidado, sin molestarse. Estaba acostumbrada. En casi todas las islas del South Blue había sentido ese mismo tipo de temor disfrazado de prudencia: el miedo a lo que no se entiende, a lo que se ve demasiado grande, demasiado distinto, demasiado cerca del cielo.<br />
<br />
Salió del mercado con la bolsa en una mano. La nieve comenzaba a caer de nuevo, fina, silenciosa. El viento se colaba entre los edificios con un silbido que se asemejaba a un lamento. A lo lejos, en una de las calles laterales, se escuchó un sonido distinto: un golpe metálico, un grito ahogado, luego silencio. Ravenna se detuvo, girando la cabeza con atención.<br />
<br />
Podía ignorarlo. Nadie esperaría que una forastera, menos aún alguien como ella, se involucrara en los asuntos de un pueblo que apenas la toleraba. Pero algo en el tono del grito, en la fragilidad que contenía, la obligó a moverse.<br />
<br />
Avanzó por la callejuela estrecha, siguiendo el ruido hasta que el terreno comenzó a inclinarse hacia una zona de almacenes y establos. Allí, junto a un trineo volcado, un hombre intentaba liberar a su caballo, cuyo arnés se había enredado con las sogas y el eje roto del vehículo. El animal respiraba con dificultad, presa del pánico, y el hombre, de edad avanzada, con la barba cubierta de escarcha, forcejeaba inútilmente.<br />
<br />
—<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Vamos, maldita sea!</span>— gruñó, tirando con ambas manos.<br />
<br />
Ravenna se acercó despacio. A sabiendas de que cualquier movimiento bruzco no solo podría asustar aún más al caballo, sino que podría sobresaltar al anciano. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Déjeme ver.</span>— Dijo con su tono de voz fuerte usual, no podía evitarlo.<br />
<br />
El hombre se giró con sobresalto. Por un instante pareció dispuesto a empuñar algo, pero al verla entera , la sombra gigantesca que cubría el suelo y las alas plegadas tras su espalda, se quedó inmóvil, con el rostro tenso. —<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Yo...no necesito ayuda de una forastera</span>—<br />
<br />
—<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Lo sé, no pretendo ser una molestia para usted</span>— respondió ella con calma, acercándose un paso más —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Pero el si la aceptará</span>— Dijo señalando al caballo desesperado.<br />
<br />
El caballo relinchó, intentando zafarse. Ravenna soltó la bolsa de víveres y se agachó, evaluando el daño. El eje del trineo se había quebrado bajo el peso y una parte del arnés estaba trabada entre las maderas y la nieve congelada. Con un solo movimiento de su brazo, apartó los tablones rotos, como si fueran ramas secas. <br />
<br />
El hombre la miró boquiabierto. —<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Por todos los cielos...</span>—<br />
<br />
—<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Sujete la cuerda</span>— indicó ella.<br />
<br />
Él obedeció sin decir nada. Ravenna tomó el arnés con ambas manos, y tiró con fuerza. El crujido del cuero resonó junto con el chasquido del hielo que cedía, y en un instante el caballo quedó libre, tropezando hacia atrás pero ileso. Ella lo sostuvo suavemente del cuello hasta que el animal se calmó. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Ya está</span>— dijo la joven, apartándose.<br />
<br />
El anciano miró el trineo destruido, luego a ella. —<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">No sé cómo agradecerle señorita. Eso habría tardado horas...Por no decir que mi caballo podría haber muerto...</span>—<br />
<br />
Ravenna recogió su bolsa y se encogió de hombros. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No hace falta, es mi deber ayudar cuando alguien me permite vivir en sus tierras.</span>—<br />
<br />
El hombre vaciló. —<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Usted es… una de esas… de los cielos, ¿verdad?</span>— Las historias sobre los lunarians eran variadas, algunas eran un sinsentido, otras ocultaban algo de verdad, sin embargo, la mayoría eran puras leyendas. Ella lo miró a los ojos. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Eso dicen, sin embargo no soy mas que una simple persona más viviendo su vida como usted</span>—<br />
<br />
Hubo un silencio prolongado. Solo el viento se atrevía a interrumpirlo. Finalmente, el anciano sonrió con cierta timidez.<br />
—<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Bueno...los cielos también deben tener buen corazón, entonces.</span>—<br />
<br />
Ravenna no respondió. Solo inclinó la cabeza y dio media vuelta, dejando atrás el trineo destrozado y el caballo que empezaba a beber nieve del suelo. Mientras se alejaba, sintió que el anciano la observaba, pero no con miedo, sino con una suerte de respeto silencioso.<br />
<br />
El camino de regreso al centro era cuesta arriba, y el viento se hacía más fuerte a medida que avanzaba. La ciudad parecía un laberinto de humo y hielo, pero Ravenna caminaba con paso firme, su sombra alargándose sobre la nieve azulada. En su mente resonaban las palabras del hombre, simples pero honestas. Era extraño cómo, incluso en los lugares más inhóspitos, la bondad podía manifestarse en forma de reconocimiento mutuo, breve pero suficiente.<br />
<br />
Al llegar a una plaza, se detuvo junto a una fuente congelada. El agua, atrapada en el hielo, formaba figuras extrañas, casi escultóricas. Ravenna dejó la bolsa sobre el borde y observó su reflejo difuso en la superficie helada. A veces olvidaba cuán diferente se veía. En los mares del sur, la gente la había llamado “ángel caído”, “maldición del sol”, “la de las alas negras”. Aquí, en Pushkin, tal vez sería solo una sombra que pasaba.<br />
<br />
Cerró los ojos y respiró hondo. El aire era puro, frío, cortante. Cada inhalación parecía limpiar una parte de la ansiedad que traía consigo desde otras islas. Tal vez ese era el encanto del invierno: te obligaba a concentrarte en lo esencial, en el calor que aún conservabas por dentro.<br />
<br />
Cuando volvió a abrir los ojos, una niña la observaba desde el otro lado de la plaza. Tendría no más de ocho años, envuelta en un abrigo rojo que le quedaba grande. En sus manos sostenía una pequeña linterna apagada.<br />
<br />
—<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">¿Por qué tiene alas?</span>— preguntó sin miedo, apenas elevando la voz. Ravenna se quedó quieta, sorprendida por la naturalidad de la pregunta. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Porque nací con ellas.</span>—<br />
<br />
—<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">¿Y puede volar?</span>— Respondió la niña, aún sin mostrar un ápice de miedo. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">A veces</span>— respondió con una leve sonrisa —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">pero no cuando hace tanto frío.</span>—<br />
<br />
La niña pareció satisfecha con la respuesta y asintió, antes de correr de vuelta hacia una mujer que la esperaba al final de la calle. Esta, al ver a Ravenna, se tensó por un momento, pero no dijo nada; solo tomó la mano de la niña y se marchó.<br />
<br />
Ravenna permaneció allí un rato más, contemplando la escena, hasta que la luz del día empezó a desvanecerse detrás de las montañas. Pushkin se transformaba con el anochecer: las lámparas de aceite encendidas, el humo de las chimeneas dibujando espirales contra el cielo gris, las sombras largas estirándose sobre la nieve. Todo parecía más silencioso, más humano.<br />
<br />
De regreso a la posada, pasó nuevamente por la calle del mercado. Algunos comerciantes ya cerraban sus puestos, y por primera vez, uno de ellos, un joven de rostro amable, la saludó con un gesto de la cabeza. No hubo palabras, pero el gesto fue suficiente. Quizás el anciano del trineo había contado lo ocurrido. Quizás solo era cuestión de tiempo para que la gente entendiera que no todos los monstruos del cielo venían a destruir.<br />
<br />
El viento era cada vez más helado cuando finalmente divisó la fachada oscura de su hospedaje. Las ventanas destellaban con el reflejo anaranjado del fuego interior, y un cartel de madera, cubierto por escarcha, se balanceaba suavemente sobre la puerta. Empujó la entrada con cuidado, inclinándose para no golpear el marco con las alas.<br />
<br />
El calor del hogar la envolvió de inmediato. El interior olía a pan recién horneado, a madera vieja y a leña húmeda. Detrás del mostrador, la dueña, una mujer corpulenta de rostro amable y trenzas canosas, levantó la vista. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Ha vuelto antes de que oscurezca. Buen signo</span>— dijo, secándose las manos con un trapo.<br />
<br />
Ravenna asintió, dejando la bolsa sobre una mesa cercana. —<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Las calles son difíciles de recorrer cuando la nieve empieza a endurecerse.-jmm</span>— La mujer sonrió con un dejo de picardía. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Difíciles para nosotros, quizás. Para alguien de su tamaño, el hielo debe parecer una alfombra más.</span>—<br />
<br />
Ravenna soltó una risa breve, contenida. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No tanto como imagina.</span>— La mujer se acercó con una jarra humeante. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Tome. Té de corteza dulce. Calienta rápido.</span>—<br />
<br />
Ravenna aceptó el cuenco con una inclinación leve de cabeza. El vapor le rozó el rostro, y por primera vez en el día, sintió el calor filtrarse hasta los huesos. Se sentó junto a la chimenea, donde las llamas danzaban proyectando sombras anchas sobre las paredes.<br />
<br />
El crepitar del fuego era un sonido reconfortante. En su vida, pocas veces había tenido momentos de calma tan simples, tan desprovistos de propósito. Bebió un sorbo lento, y el dulzor del té se mezcló con el sabor tenue del humo.<br />
<br />
—<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Dicen que ayudó a Olaf, el de los establos</span>— comentó la posadera, sentándose frente a ella —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">No todos lo harían, menos alguien de fuera.</span>— Ravenna no respondió de inmediato. Observó cómo una chispa se elevaba en el aire antes de morir. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No me gusta ver sufrir a nadie. Aunque no me vean como una forastera peligrosa.</span>—<br />
<br />
—<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Con el tiempo verán que eres una buena persona</span>— dijo la mujer, encogiéndose de hombros —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Aquí la gente tarda en confiar, pero nunca olvida un acto de bondad.</span>—<br />
<br />
Ravenna asintió en silencio. Miró hacia la ventana: la ventisca seguía cayendo, cubriendo el pueblo con una capa nueva de nieve brillante. El mundo parecía limpio, purificado por el frío. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No me importa que tarden</span>— dijo finalmente —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">He vivido suficiente para saber que algunas cosas valen más si llegan despacio</span>.—<br />
<br />
La mujer la observó un instante, luego se levantó. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Descanse. Mañana el clima será peor, pero si el cielo se aclara, podrá ver el faro desde su ventana. A los locales les gusta pensar que trae suerte. Quizás a usted también.</span>—<br />
<br />
Ravenna sonrió apenas y asintió mientras acomodaba su gorro.<br />
<br />
La mujer se retiró, dejando la estancia en silencio. Ravenna apoyó la espalda contra el sillón y cerró los ojos. Afuera, el viento seguía rugiendo, pero dentro, el calor y el sonido del fuego bastaban para mantenerlo a raya. Las alas se relajaron lentamente, extendiéndose lo justo para rozar la madera del suelo.<br />
<br />
Por primera vez desde su llegada, se permitió sentir algo parecido a pertenecer, aunque fuera momentáneo. La ciudad aún no la aceptaba del todo, pero había empezado a mirarla sin miedo. Y eso, en un lugar donde la vida misma luchaba por no congelarse, ya era un comienzo.<br />
<br />
El fuego chispeó una última vez, iluminando su rostro antes de que el cansancio la venciera. Ravenna se quedó dormida allí mismo, con el cuenco aún tibio entre las manos y el murmullo lejano del invierno arrullándola como una vieja canción sin letra.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">[Ciudad Pushkin, Reino de Roshawn | Tarde gris]</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 52 de Otoño, Año 16 - 4pm</span><br />
<br />
El viento soplaba desde el norte con una fuerza que parecía querer borrar los contornos del mundo. En la vasta extensión blanca del Reino de Roshawn, incluso el sonido tenía un peso distinto: los crujidos de la nieve, el golpeteo de las ventiscas contra las persianas, el canto lejano de los trineos que pasaban dejando tras de sí un eco breve y fantasmal. Pushkin, la capital, se alzaba entre ese manto incesante de invierno con una dignidad áspera, como una ciudad que había aprendido a sobrevivir al frío a fuerza de costumbre. Las chimeneas exhalaban columnas delgadas de humo gris, y entre las calles estrechas y empedradas se movían figuras cubiertas con abrigos pesados y bufandas que apenas dejaban ver sus rostros.<br />
<br />
En medio de aquella monotonía blanca, Ravenna destacaba como una Brasa de carbon en medio de la tundra. Su altura, una silueta imponente que superaba con holgura a cualquier habitante del lugar, atraía las miradas aún antes de que el batir ocasional de sus alas las fijara por completo. Las plumas oscuras, cubiertas a medias por el abrigo largo que llevaba sobre los hombros, apenas cubriendo su brassier expuesto, contrastaban con el entorno y con la piel oscura que la caracterizaba. Había aprendido a mantenerlas plegadas, casi inmóviles, para evitar llamar más atención de la necesaria, aunque de poco servía. Los lugareños, aún sin palabras, la observaban con la misma mezcla de recelo y fascinación que se reserva a los presagios.<br />
<br />
Llevaba apenas unos días instalada en la ciudad, hospedada en una vieja posada que había resistido más inviernos de los que sus cimientos podían recordar. No se había molestado en personalizar la habitación, bastaba con tener un lugar donde el fuego no se apagara y las ventanas no crujieran con cada ráfaga. Esa mañana había despertado antes del amanecer, con el leve zumbido del viento colándose entre los muros y el aroma de leña húmeda llenando el aire. Durante horas permaneció sentada frente a la ventana, observando cómo la luz pálida del sol apenas conseguía teñir de gris los tejados nevados. Era un día como tantos otros, sin promesas ni sobresaltos, y aun así, algo en su interior le decía que debía salir.<br />
<br />
No lo hacía por curiosidad. En lugares como Pushkin, la curiosidad era un lujo, la movía, más bien, el deseo de entender cómo sobrevivía la gente a la hostilidad constante del clima, cómo encontraban sentido en medio de tanto silencio congelado.<br />
<br />
Tomó su abrigo, ajustó los guantes de cuero y salió.<br />
<br />
Las calles estaban medio cubiertas de hielo, con montículos de nieve apilados contra las paredes y algunos charcos de agua helada donde los niños, con mejillas rojas y narices entumecidas, intentaban improvisar juegos. Cuando Ravenna pasó, se detuvieron en seco. No corrieron, pero tampoco la saludaron. Simplemente la siguieron con la mirada, con esa inocencia cautelosa que solo los pueblos aislados conservan ante lo desconocido.<br />
<br />
En el mercado, las voces se mezclaban con el sonido del viento. Había puestos improvisados con mantas, tablas y antorchas encendidas para mantener el calor. La variedad era escasa: raíces, granos secos, carne salada, pescado congelado. Ravenna recorrió el lugar en silencio, el sonido de sus pasos amortiguado por la nieve. Al llegar frente a un puesto de verduras conservadas, la vendedora, una mujer menuda, con el rostro curtido y un gorro de lana que parecía más grande que su cabeza, la observó de reojo.<br />
<br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Qué busca, señorita?</span>— preguntó sin acercarse demasiado. Ravenna bajó un poco la cabeza para no parecer tan amenazante. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Algo simple. Verduras, pan, lo que se mantenga unos días.</span>—<br />
<br />
La mujer asintió, sus manos temblaban un poco al preparar una pequeña bolsa. —<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No muchos vienen de fuera en esta época. El frío mata más rápido a los forasteros que a los lobos.</span>— Ravenna esbozó una sonrisa leve. Lo que para muchos sonaría como una amenaza o discriminación, para Ravenna sonaba como una sabia advertencia. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">He sobrevivido a lugares peores. No tiene de que preocuparse</span>—<br />
<br />
La mujer no respondió, pero dejó el cambio sobre la mesa, evitando el contacto directo. Ravenna lo recogió con cuidado, sin molestarse. Estaba acostumbrada. En casi todas las islas del South Blue había sentido ese mismo tipo de temor disfrazado de prudencia: el miedo a lo que no se entiende, a lo que se ve demasiado grande, demasiado distinto, demasiado cerca del cielo.<br />
<br />
Salió del mercado con la bolsa en una mano. La nieve comenzaba a caer de nuevo, fina, silenciosa. El viento se colaba entre los edificios con un silbido que se asemejaba a un lamento. A lo lejos, en una de las calles laterales, se escuchó un sonido distinto: un golpe metálico, un grito ahogado, luego silencio. Ravenna se detuvo, girando la cabeza con atención.<br />
<br />
Podía ignorarlo. Nadie esperaría que una forastera, menos aún alguien como ella, se involucrara en los asuntos de un pueblo que apenas la toleraba. Pero algo en el tono del grito, en la fragilidad que contenía, la obligó a moverse.<br />
<br />
Avanzó por la callejuela estrecha, siguiendo el ruido hasta que el terreno comenzó a inclinarse hacia una zona de almacenes y establos. Allí, junto a un trineo volcado, un hombre intentaba liberar a su caballo, cuyo arnés se había enredado con las sogas y el eje roto del vehículo. El animal respiraba con dificultad, presa del pánico, y el hombre, de edad avanzada, con la barba cubierta de escarcha, forcejeaba inútilmente.<br />
<br />
—<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Vamos, maldita sea!</span>— gruñó, tirando con ambas manos.<br />
<br />
Ravenna se acercó despacio. A sabiendas de que cualquier movimiento bruzco no solo podría asustar aún más al caballo, sino que podría sobresaltar al anciano. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Déjeme ver.</span>— Dijo con su tono de voz fuerte usual, no podía evitarlo.<br />
<br />
El hombre se giró con sobresalto. Por un instante pareció dispuesto a empuñar algo, pero al verla entera , la sombra gigantesca que cubría el suelo y las alas plegadas tras su espalda, se quedó inmóvil, con el rostro tenso. —<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Yo...no necesito ayuda de una forastera</span>—<br />
<br />
—<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Lo sé, no pretendo ser una molestia para usted</span>— respondió ella con calma, acercándose un paso más —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Pero el si la aceptará</span>— Dijo señalando al caballo desesperado.<br />
<br />
El caballo relinchó, intentando zafarse. Ravenna soltó la bolsa de víveres y se agachó, evaluando el daño. El eje del trineo se había quebrado bajo el peso y una parte del arnés estaba trabada entre las maderas y la nieve congelada. Con un solo movimiento de su brazo, apartó los tablones rotos, como si fueran ramas secas. <br />
<br />
El hombre la miró boquiabierto. —<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Por todos los cielos...</span>—<br />
<br />
—<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Sujete la cuerda</span>— indicó ella.<br />
<br />
Él obedeció sin decir nada. Ravenna tomó el arnés con ambas manos, y tiró con fuerza. El crujido del cuero resonó junto con el chasquido del hielo que cedía, y en un instante el caballo quedó libre, tropezando hacia atrás pero ileso. Ella lo sostuvo suavemente del cuello hasta que el animal se calmó. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Ya está</span>— dijo la joven, apartándose.<br />
<br />
El anciano miró el trineo destruido, luego a ella. —<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">No sé cómo agradecerle señorita. Eso habría tardado horas...Por no decir que mi caballo podría haber muerto...</span>—<br />
<br />
Ravenna recogió su bolsa y se encogió de hombros. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No hace falta, es mi deber ayudar cuando alguien me permite vivir en sus tierras.</span>—<br />
<br />
El hombre vaciló. —<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Usted es… una de esas… de los cielos, ¿verdad?</span>— Las historias sobre los lunarians eran variadas, algunas eran un sinsentido, otras ocultaban algo de verdad, sin embargo, la mayoría eran puras leyendas. Ella lo miró a los ojos. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Eso dicen, sin embargo no soy mas que una simple persona más viviendo su vida como usted</span>—<br />
<br />
Hubo un silencio prolongado. Solo el viento se atrevía a interrumpirlo. Finalmente, el anciano sonrió con cierta timidez.<br />
—<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Bueno...los cielos también deben tener buen corazón, entonces.</span>—<br />
<br />
Ravenna no respondió. Solo inclinó la cabeza y dio media vuelta, dejando atrás el trineo destrozado y el caballo que empezaba a beber nieve del suelo. Mientras se alejaba, sintió que el anciano la observaba, pero no con miedo, sino con una suerte de respeto silencioso.<br />
<br />
El camino de regreso al centro era cuesta arriba, y el viento se hacía más fuerte a medida que avanzaba. La ciudad parecía un laberinto de humo y hielo, pero Ravenna caminaba con paso firme, su sombra alargándose sobre la nieve azulada. En su mente resonaban las palabras del hombre, simples pero honestas. Era extraño cómo, incluso en los lugares más inhóspitos, la bondad podía manifestarse en forma de reconocimiento mutuo, breve pero suficiente.<br />
<br />
Al llegar a una plaza, se detuvo junto a una fuente congelada. El agua, atrapada en el hielo, formaba figuras extrañas, casi escultóricas. Ravenna dejó la bolsa sobre el borde y observó su reflejo difuso en la superficie helada. A veces olvidaba cuán diferente se veía. En los mares del sur, la gente la había llamado “ángel caído”, “maldición del sol”, “la de las alas negras”. Aquí, en Pushkin, tal vez sería solo una sombra que pasaba.<br />
<br />
Cerró los ojos y respiró hondo. El aire era puro, frío, cortante. Cada inhalación parecía limpiar una parte de la ansiedad que traía consigo desde otras islas. Tal vez ese era el encanto del invierno: te obligaba a concentrarte en lo esencial, en el calor que aún conservabas por dentro.<br />
<br />
Cuando volvió a abrir los ojos, una niña la observaba desde el otro lado de la plaza. Tendría no más de ocho años, envuelta en un abrigo rojo que le quedaba grande. En sus manos sostenía una pequeña linterna apagada.<br />
<br />
—<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">¿Por qué tiene alas?</span>— preguntó sin miedo, apenas elevando la voz. Ravenna se quedó quieta, sorprendida por la naturalidad de la pregunta. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Porque nací con ellas.</span>—<br />
<br />
—<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">¿Y puede volar?</span>— Respondió la niña, aún sin mostrar un ápice de miedo. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">A veces</span>— respondió con una leve sonrisa —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">pero no cuando hace tanto frío.</span>—<br />
<br />
La niña pareció satisfecha con la respuesta y asintió, antes de correr de vuelta hacia una mujer que la esperaba al final de la calle. Esta, al ver a Ravenna, se tensó por un momento, pero no dijo nada; solo tomó la mano de la niña y se marchó.<br />
<br />
Ravenna permaneció allí un rato más, contemplando la escena, hasta que la luz del día empezó a desvanecerse detrás de las montañas. Pushkin se transformaba con el anochecer: las lámparas de aceite encendidas, el humo de las chimeneas dibujando espirales contra el cielo gris, las sombras largas estirándose sobre la nieve. Todo parecía más silencioso, más humano.<br />
<br />
De regreso a la posada, pasó nuevamente por la calle del mercado. Algunos comerciantes ya cerraban sus puestos, y por primera vez, uno de ellos, un joven de rostro amable, la saludó con un gesto de la cabeza. No hubo palabras, pero el gesto fue suficiente. Quizás el anciano del trineo había contado lo ocurrido. Quizás solo era cuestión de tiempo para que la gente entendiera que no todos los monstruos del cielo venían a destruir.<br />
<br />
El viento era cada vez más helado cuando finalmente divisó la fachada oscura de su hospedaje. Las ventanas destellaban con el reflejo anaranjado del fuego interior, y un cartel de madera, cubierto por escarcha, se balanceaba suavemente sobre la puerta. Empujó la entrada con cuidado, inclinándose para no golpear el marco con las alas.<br />
<br />
El calor del hogar la envolvió de inmediato. El interior olía a pan recién horneado, a madera vieja y a leña húmeda. Detrás del mostrador, la dueña, una mujer corpulenta de rostro amable y trenzas canosas, levantó la vista. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Ha vuelto antes de que oscurezca. Buen signo</span>— dijo, secándose las manos con un trapo.<br />
<br />
Ravenna asintió, dejando la bolsa sobre una mesa cercana. —<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Las calles son difíciles de recorrer cuando la nieve empieza a endurecerse.-jmm</span>— La mujer sonrió con un dejo de picardía. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Difíciles para nosotros, quizás. Para alguien de su tamaño, el hielo debe parecer una alfombra más.</span>—<br />
<br />
Ravenna soltó una risa breve, contenida. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No tanto como imagina.</span>— La mujer se acercó con una jarra humeante. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Tome. Té de corteza dulce. Calienta rápido.</span>—<br />
<br />
Ravenna aceptó el cuenco con una inclinación leve de cabeza. El vapor le rozó el rostro, y por primera vez en el día, sintió el calor filtrarse hasta los huesos. Se sentó junto a la chimenea, donde las llamas danzaban proyectando sombras anchas sobre las paredes.<br />
<br />
El crepitar del fuego era un sonido reconfortante. En su vida, pocas veces había tenido momentos de calma tan simples, tan desprovistos de propósito. Bebió un sorbo lento, y el dulzor del té se mezcló con el sabor tenue del humo.<br />
<br />
—<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Dicen que ayudó a Olaf, el de los establos</span>— comentó la posadera, sentándose frente a ella —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">No todos lo harían, menos alguien de fuera.</span>— Ravenna no respondió de inmediato. Observó cómo una chispa se elevaba en el aire antes de morir. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No me gusta ver sufrir a nadie. Aunque no me vean como una forastera peligrosa.</span>—<br />
<br />
—<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Con el tiempo verán que eres una buena persona</span>— dijo la mujer, encogiéndose de hombros —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Aquí la gente tarda en confiar, pero nunca olvida un acto de bondad.</span>—<br />
<br />
Ravenna asintió en silencio. Miró hacia la ventana: la ventisca seguía cayendo, cubriendo el pueblo con una capa nueva de nieve brillante. El mundo parecía limpio, purificado por el frío. —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No me importa que tarden</span>— dijo finalmente —<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">He vivido suficiente para saber que algunas cosas valen más si llegan despacio</span>.—<br />
<br />
La mujer la observó un instante, luego se levantó. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Descanse. Mañana el clima será peor, pero si el cielo se aclara, podrá ver el faro desde su ventana. A los locales les gusta pensar que trae suerte. Quizás a usted también.</span>—<br />
<br />
Ravenna sonrió apenas y asintió mientras acomodaba su gorro.<br />
<br />
La mujer se retiró, dejando la estancia en silencio. Ravenna apoyó la espalda contra el sillón y cerró los ojos. Afuera, el viento seguía rugiendo, pero dentro, el calor y el sonido del fuego bastaban para mantenerlo a raya. Las alas se relajaron lentamente, extendiéndose lo justo para rozar la madera del suelo.<br />
<br />
Por primera vez desde su llegada, se permitió sentir algo parecido a pertenecer, aunque fuera momentáneo. La ciudad aún no la aceptaba del todo, pero había empezado a mirarla sin miedo. Y eso, en un lugar donde la vida misma luchaba por no congelarse, ya era un comienzo.<br />
<br />
El fuego chispeó una última vez, iluminando su rostro antes de que el cansancio la venciera. Ravenna se quedó dormida allí mismo, con el cuenco aún tibio entre las manos y el murmullo lejano del invierno arrullándola como una vieja canción sin letra.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC - Pasado] La carrera al Santuario]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2304</link>
			<pubDate>Tue, 21 Oct 2025 15:24:40 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=572">Kibai</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2304</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dia 10 de Otoño, año 16</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ciudad de Pushkin, Reino de Roshwan.</span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La Taberna “Golden Lion” era uno de los establecimientos más grandes de toda la ciudad, un enorme complejo que olía a salitre, cera de velas y humo, compuesto de tres plantas circulares organizadas en galerías alrededor de un patio central, el cual servía las veces de escenario para la banda de música que inundaba el local con sus alegres melodías. </div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Al menos estos tienen los instrumentos afinados…”</span> pensó Kibai mientras subía por las viejas escaleras en dirección al segundo piso, escuchando el crujir de las viejas paredes oscurecidas por el humo con cada ráfaga de viento que venía del puerto y azotaba la puerta como si también quisiese entrar. Dentro del local, sin embargo, el ambiente era cálido y acogedor, y numerosos trabajadores, marineros y reclutas de la base compartían alegremente el poco tiempo de ocio que les permitía la dura vida de Roshwan.</div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El mink avanzó entre las mesas hasta sentarse en un lugar cerca de una de las lumbres repartidas a lo largo de las paredes, dejándose caer en una silla algo desvencijada con los pies estirados. Dando un trago a su propia jarra, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Tras una semana de instrucción, trabajos de limpieza y recados varios, amén de soportar los gritos de los oficiales, por fin podía sentarse a escuchar música sin pensar en órdenes ni maniobras.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Oye, Kibai, ¿cómo no te animas a bailar?“</span> gritó una voz desde su derecha.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Alzando una oreja, Kibai observó de reojo hacia aquella dirección. En una mesa cercana su compañero Jeren, un recluta de la marina con el pelo de color del heno sobre el respaldo de la silla con una jarra en la mano.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tché, ni que fuese humano…“</span> respondió Kibai volviendo a cerrar los ojos, moviendo un pie al ritmo de la música.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El momento se rompió cuando la puerta se abrió de golpe, dejando entrar un torbellino de nieve. Un hombre gordo, vestido con un atuendo de color azul oscuo y bastón coronado en un pequeño farolillo entró al local con paso decidido. Tras hablar con el cantinero, hizo un gesto a la banda de música para que hiciese una breve pausa, y tras el aluvión de silbidos, quejas y amenazas que aquel acto ocasionó, subió al escenario para dirigirse a todos los presentes.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Atención, atención! ¡Os recordamos que mañana al amanecer da inicio la Gran Carrera Anual del Fin de la Cosecha!”</span> bramó mientras giraba sobre sus talones para mirar hacia todas las galerías del local. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡El registro para participar se cierra en una hora! ¡Es vuestra última oportunidad para participar y llevar la ofrenda al altar de la montaña! ¡El honor de la victoria y el éxito de la nueva añada dependen de ello!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La taberna estalló en murmullos y risas. Algunos ciudadanos se levantaron de inmediato para apuntarse. Otros brindaban y gritaban, alentando a sus propios barrios o a compañeros de trabajo, que se levantaron de sus sillas para recibir los vítores con una sonrisa de orgullo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai levantó una oreja.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “¿Gran Carrera Anual?”</span> murmuró.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Jeren se giró de nuevo hacia el mink con una sonrisa.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Oh, es una tradición. Los corredores llevan una botella del primer sake que se fermenta del año a un altar en la montaña, para pedir suerte en la próxima cosecha."</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Y el premio?”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Nada, salvo bebida gratis y fama por una semana.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Otro recluta, Rolf, un tipo enorme y de piel oscura, soltó una carcajada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Y el derecho de fanfarronear hasta el año siguiente.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai sonrió con una mueca.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Suena… interesante.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El mink, se quedó en silencio, frotándose la barbilla. Era nuevo en la isla y, aunque lo trataban bien en el cuartel, seguía sintiéndose forastero. Tal vez participar en una tradición local le haría ganarse un poco de respeto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vale, lo he decidido”</span> dijo al fin, levantándose. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Pero si nos echan la bronca en el cuartel, la culpa será vuestra.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los tres cruzaron la taberna hasta la mesa del alguacil. Pagaron la cuota, firmaron sus nombres, y el hombre les entregó una botella sellada con cera roja.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Cuidadla bien, muchacho”</span> le dijo el alguacil a Kibai. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Si se rompe, quedas fuera.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El mink observó la botella a contraluz: el sake era transparente y reflejaba la luz de las velas. Sonriendo, hizo un gesto de </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">agradecimiento con la cabeza y se retiró de vuelta a su asiento.</div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Horas más tarde…</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El amanecer llegó a la ciudad de Pushin con un cielo pálido y un viento helado que barría la plaza central de la ciudad. Alrededor de medio centenar de corredores se habían reunido frente al arco de salida. Algunos eran ciudadanos venidos de todo Roshwan; otros, viajeros o comerciantes. Kibai, sin su capa por una vez para poder correr más cómodamente, ajustó la red de cuerda en la que llevaba su botella. Sus dos compañeros reclutas, equipados igualmente con las mismas redes a la espalda, hacían ejercicios de calentamiento a unos metros de él.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De repente, el mink captó un movimiento extraño por el rabillo del ojo y miró hacia abajo, sorprendido. Le había parecido ver una botella moviéndose sola… hasta que distinguió a un ser de apenas un palmo de altura: un tontatta. El hombrecillo llevaba un abrigo en miniatura con una abertura para dejar salir su cola y un gorro con una pluma azul.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vaya, vas a poder correr con eso?”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tontatta se giró hacia él, ajustando mejor la botella a su espalda.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tranquilo, estoy acostumbrado. Me llamo Fillo, y este año voy a ganar.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Con ese tamaño?”</span> preguntó Kibai, divertido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Con este tamaño no tengo que esquivar piernas”</span> replicó el tontatta, hinchando el pecho con orgullo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de que siguieran, una voz joven gritó:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Eh, cuidado! ¡No lo vayas a pisar!"</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Era un chico humano, de unos dieciséis años, con bufanda roja al cuello y sonrisa confiada. Llevaba su botella bien envuelta en tela y se cubría con la gorra habitual de los estibadores del puerto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Me llamo Joss”</span> dijo, saludando con la mano a Kibai. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Este año los del puerto vamos a ganar, lo juro.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Todos parecéis muy seguros. Ya veremos que pasa…” </span>respondió el mink, crujiéndose los nudillos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Un rugido grave los interrumpió.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “No me hagáis reír… NInguno de vosotros tiene ninguna oportunidad.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Era un gyojin, enorme, de piel rosada y dientes afilados. A cada respiración soltaba una nube de vapor.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Aún en tierra, soy mucho más rápido que cualquier humano”</span> dijo, golpeándose el pecho. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Os habré dejado atrás antes del primer kilómetro.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Perfecto”</span> replicó Kibai, afilando la sonrisa. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Me encanta el pescado con sake…”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de que el gyojin pudiese replicar, el alguacil subió a su barril y levantó una trompeta.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “¡Recordad, competidores, hay una sola regla! ¡Quien pierda o rompa su botella, queda fuera! ¡A sus marcas… listos… ya!"</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tronar de la trompeta desató el caos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las calles de Roshwan se llenaron de gritos y carreras. Los corredores salieron disparados por las avenidas cubiertas de nieve, chocando, resbalando y gritando. Algunos tropezaron antes del primer giro; otros ya rodaban sobre los adoquines tratando de proteger las delicadas botellas con sus propios cuerpos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai avanzaba con pasos largos y precisos, esquivando barriles y saltando sobre charcos helados. Detrás de él, Joss lo seguía riendo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Vaya, eres rápido!"</span> gritó.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Deja de hablar o vas a quedarte muy rezagado!”</span> respondió Kibai sin mirar atrás.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tontatta Fillo, mientras tanto, se deslizaba entre botas y faldones, aprovechando su tamaño para avanzar sin ser visto. A ratos se enganchaba en la ropa de los demás y salía volando como un proyectil. Por el rabillo del ojo captó cómo el gyojin, fiel a su palabra, iba arrollando a quien se cruzara, mientras los espectadores vitoreaban y animaban a sus favoritos. Los corredores cruzaron la plaza del mercado, donde los comerciantes madrugadores gritaban y apartaban cajas de pescado. Uno de ellos tropezó con un puesto de manzanas y estuvo a punto de perder su botella.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Cuidado con el puesto, idiota!”</span> rugió una mujer mientras las frutas rodaban por la calle.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai, sin detenerse, saltó sobre el mostrador, pasó corriendo por el tejado de una carreta y siguió sin perder ritmo. A su derecha, su compañero Rolf que había conseguido ganar puestos trató de imitarlo, aunque cayó aparatosamente al aterrizar y un agudo sonido de cristal indicó que su participación en la carrera había terminado.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De pronto, una voz chillona le hizo alzar la mirada:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Os veo en el altar, lentorros!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fillo, el tontatta, corría por los tejados a su izquierda, saltando de uno a otro como si fuese una pluma llevada por el viento.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai fijó la vista en los edificos de su izquierda y soltó un gruñido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Ah, sí?”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Flexionando las piernas, saltó hacia una fachada, usando garras de manos y pies para llegar rápidamente al tejado, aterrizando sobre un techo cubierto de escarcha antes de seguir corriendo. Los espectadores aplaudieron al verlos correr uno al lado del otro, el minúsculo tontatta y el ágil mink, saltando de edificio en edificio. Fillo gritaba y reía mientras le dirigía pequeñas burlas en cada salto al siguiente tejado, que sólo hacian apretar el paso a Kibai.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En un momento, el tontatta le lanzó una bola de nieve al rostro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“EH! ¡Eso es trampa!”</span> gruñó Kibai, limpiándose el hocico.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Todo vale mientras la botella siga entera!”</span> le respondió Fillo entre carcajadas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Más abajo, Joss corría por las calles, aprovechando los callejones estrechos para ganar terreno. Un grupo de niños vestidos con harapos le abrió paso vitoreando.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Vamos, Joss! ¡Enséñales cómo se corre en el muelle!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tramo urbano llegó de repente a su fin. Kibai y Fillo saltaron del último tejado de las afueras de la ciudad, enfilando el camino que se dirigía hacia el bosque.Echando la vista atrás, el mink calculó que a esas alturas, más de dos docenas de competidores habían quedado eliminados, ya fuese por botellas rotas, caídas, o simple agotamiento.</div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El bosque de Roshwan era un laberinto blanco y marrón. Los árboles estaban cubiertos de hielo y el suelo crujía bajo sus pies a medida que los corredores se internaban en el camino hacia la montaña..</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai respiraba con calma, adaptando el paso al terreno. Su cuerpo felino le daba ventaja para saltar entre raíces y troncos. Jeren, que había conseguido alcanzarle tras salir algo rezagado del tramo de ciudad, lo seguía de cerca, resbalando de vez en cuando.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Maldita sea. ¿Cómo puedes moverte tan rápido en este frío?”</span> preguntó mientras esquivaba por poco una rama.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“!Todo mink que se precie se maneja bien en el bosque!”</span> le gritó Kibai.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y no mentía, aquella carrera le recordaba demasiado a su niñez, con el resto de minks de su generación en Zou. Usando a veces tanto garras como pies, se movía con presteza entre la vegetación, observando por encima del hombro de vez en cuando a los participantes que venían más atrás.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El gyojin venía unos cuantos metros por detrás, abriéndose paso a empujones y levantando montones de nieve con cada zancada. Cuando alcanzó a un grupo de aldeanos, los mandó a rodar cuesta abajo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Fuera de mi camino, humanos!”</span>  bramó.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sin embargo, una rama apareció de repente en su camino, haciéndole tropezar y dando con sus huesos en tierra. Y apoyándose sobre su espalda para pegar un salto, Joss saltó riendo a carcajadas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Deberías volver al mar, amigo, ¡este es mi terreno!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El bosque se abrió dando paso a una ladera. Más arriba se divisaba la montaña, envuelta en nubes. La nieve era más espesa y el viento rugía con fuerza. Kibai echó la mirada atrás para ver a sus perseguidores. Fillo, que había cambiado las copas de los árboles por el suelo, corría ahora por la nieve, deslizándose a toda velocidad apenas a un par de palmos detrás de él. Joss y Jeren pugnaban uno al lado del otro, sin que ninguno cediese ni un segundo en su esfuerzo. A Kibai se le escapó una sonrisa salvaje, aquello ya no se trataba solo de ganar; había orgullo en juego.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El ascenso era brutal. La pendiente se volvía resbaladiza, y cada paso costaba el doble. Las rocas estaban cubiertas de hielo. Por encima de ellos, se escuchaban los tintineos de las campanas que adornaban el altar que aguardaba en la cima.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Llegados a un punto, el camino se terminó, y debían detener su carrera para escalar algunos metros de roca, buscando la mejor ruta para ascender. Kibai avanzaba con decisión, clavando las garras en las grietas de la roca para impulsarse poco a poco hacía arriba. A un par de metros a su derecha, Fillo se sujetaba con uñas y dientes a las grietas, mientras que Joss, quien había conseguido dejar atrás a Jeren en la subida, jadeaba por el esfuerzo pero no se rendía.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">A varios metros más abajo, el enorme gyojin, que a fuerza de quitarse competidores de delante estaba a punto de alcanzarlos, seguía subiendo, furioso, con la mirada fija en ellos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Ya sois míos, no escaparéis!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Intentó acelerar la escalada, pero el hielo volvió a traicionarlo. Resbaló, rodó unos metros y desapareció entre la nieve con un estruendo. No se lo volvió a ver.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los tres restantes seguían escalando con el máximo esfuerzo, con el altar cada vez más cerca.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Ahí está!”</span> gritó Joss, señalando la plataforma de piedra que cubría la cima de la montaña...</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pero el destino tenía otros planes. La caída del gyojin había debilitado la pared de roca por la que escalaban. Un crujido profundo resonó bajo sus pies y el suelo helado se quebró como si fuese vidrio, haciendo que los tres cayeran por un terraplén cubierto de nieve, rodando entre ramas, piedras y hielo hasta quedar tendidos en un claro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai luchó por recuperar el aire de sus pulmones, antes de incorporarse con un gemido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Estáis todos vivos?”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Ouch… Creo…creo que sí…” </span>dijo Joss, sacudiéndose unas cuantas hojas del rostro. A su lado, Fillo emergió cómicamente de un montón de nieve, tambaleándose.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Au… Eso ha dolido. ¿Y las botellas?”</span> preguntó el tontatta con voz tensa.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los tres buscaron alrededor. Entre la nieve, una sola botella seguía intacta, reluciente bajo la luz gris. Los ojos Kibai se estrecharon a medida que se agazapaba sobre el suelo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Debe ser la mía.”</span> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Ni hablar! La mía también tenía cuerda roja”</span> replicó Joss.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Podría ser la mía, el color se ve igual desde aquí”</span> añadió Fillo, dando un paso al frente.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Durante unos segundos, se quedaron mirándose, inmóviles, como depredadores frente a una presa, antes de abalanzarse a la vez sobre la botella. Rodaron por la nieve, forcejeando y maldiciendo. Joss tiraba del cuello de Kibai, mientras intentaba quitarse a manotazos a Fillo que se habia colgado de la gorra del humano y le mordía la oreja. La botella rodaba de mano en mano, a punto de romperse varias veces.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Suelta, maldito gato!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡No es tuya, quitateme de encima!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¡Fillo la vio primero!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El forcejeo terminó cuando un sonido lejano llegó desde la montaña: un estallido de vítores y campanas. Los tres se detuvieron, respirando con dificultad. Cruzaron las miradas, comprendiendo al instante.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Alguien ya ha llegado a la cima”</span> murmuró Kibai.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Durante unos segundos, ninguno dijo nada. Luego, el mink soltó un suspiro, tomó la botella y la sostuvo frente a sí.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Supongo que ya da igual de quién sea.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Rompió el sello con una garra y bebió un trago. El líquido cálido le recorrió la garganta, calentando su pecho de un modo agradable. Limpiándose la boca con el dorso, se la lanzó a Joss.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Lo reconozco, está bueno.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Joss sonrió débilmente y bebió también, relamiendose.<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Vaya que si!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fillo extendió las manos hacia la botella.<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Eh, no os olvidéis de mí.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Joss se agachó y le alargó la botella. El tontatta la agarró con ambas manos y bebió, soltando un eructo y una risa eufórica.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Durante un rato, los tres permanecieron allí, riendo de su mala suerte, comentando la carrera y las caídas. Joss contó que se había inscrito solo para impresionar a una chica del puerto. Fillo confesó que su clan le había apostado que no llegaría ni a la primera curva. Kibai los escuchaba con una sonrisa, sintiendo que, pese a todo, había valido la pena.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viento trajo de nuevo los sonidos de la celebración desde la cima: tambores, risas, campanas. Joss se levantó tambaleándose un poco por la bebida.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Bueno, ya que hemos perdido… ¿vamos a la taberna? Seguro que hay más sake. Y comida caliente.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai asintió, riendo.<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Eso suena mucho mejor que seguir congelándonos aquí.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fillo subió al hombro del mink y alzó el puño diminuto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
 <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Al Golden Lion! ¡La segunda ronda nos espera!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai echó a andar, mirando una última vez hacia arriba. Entre la neblina, la estatua del altar apenas se distinguía, pero el brillo dorado del sol de mediodía parecía bendecir toda la montaña.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Supongo que las cosechas ya están aseguradas”</span> murmuró.</div>
<br />
Los tres abandonaron el bosque a paso relajado, y los ecos de sus risas se perdieron entre la nieve.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dia 10 de Otoño, año 16</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ciudad de Pushkin, Reino de Roshwan.</span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La Taberna “Golden Lion” era uno de los establecimientos más grandes de toda la ciudad, un enorme complejo que olía a salitre, cera de velas y humo, compuesto de tres plantas circulares organizadas en galerías alrededor de un patio central, el cual servía las veces de escenario para la banda de música que inundaba el local con sus alegres melodías. </div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Al menos estos tienen los instrumentos afinados…”</span> pensó Kibai mientras subía por las viejas escaleras en dirección al segundo piso, escuchando el crujir de las viejas paredes oscurecidas por el humo con cada ráfaga de viento que venía del puerto y azotaba la puerta como si también quisiese entrar. Dentro del local, sin embargo, el ambiente era cálido y acogedor, y numerosos trabajadores, marineros y reclutas de la base compartían alegremente el poco tiempo de ocio que les permitía la dura vida de Roshwan.</div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El mink avanzó entre las mesas hasta sentarse en un lugar cerca de una de las lumbres repartidas a lo largo de las paredes, dejándose caer en una silla algo desvencijada con los pies estirados. Dando un trago a su propia jarra, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Tras una semana de instrucción, trabajos de limpieza y recados varios, amén de soportar los gritos de los oficiales, por fin podía sentarse a escuchar música sin pensar en órdenes ni maniobras.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Oye, Kibai, ¿cómo no te animas a bailar?“</span> gritó una voz desde su derecha.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Alzando una oreja, Kibai observó de reojo hacia aquella dirección. En una mesa cercana su compañero Jeren, un recluta de la marina con el pelo de color del heno sobre el respaldo de la silla con una jarra en la mano.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tché, ni que fuese humano…“</span> respondió Kibai volviendo a cerrar los ojos, moviendo un pie al ritmo de la música.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El momento se rompió cuando la puerta se abrió de golpe, dejando entrar un torbellino de nieve. Un hombre gordo, vestido con un atuendo de color azul oscuo y bastón coronado en un pequeño farolillo entró al local con paso decidido. Tras hablar con el cantinero, hizo un gesto a la banda de música para que hiciese una breve pausa, y tras el aluvión de silbidos, quejas y amenazas que aquel acto ocasionó, subió al escenario para dirigirse a todos los presentes.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Atención, atención! ¡Os recordamos que mañana al amanecer da inicio la Gran Carrera Anual del Fin de la Cosecha!”</span> bramó mientras giraba sobre sus talones para mirar hacia todas las galerías del local. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡El registro para participar se cierra en una hora! ¡Es vuestra última oportunidad para participar y llevar la ofrenda al altar de la montaña! ¡El honor de la victoria y el éxito de la nueva añada dependen de ello!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La taberna estalló en murmullos y risas. Algunos ciudadanos se levantaron de inmediato para apuntarse. Otros brindaban y gritaban, alentando a sus propios barrios o a compañeros de trabajo, que se levantaron de sus sillas para recibir los vítores con una sonrisa de orgullo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai levantó una oreja.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “¿Gran Carrera Anual?”</span> murmuró.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Jeren se giró de nuevo hacia el mink con una sonrisa.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “Oh, es una tradición. Los corredores llevan una botella del primer sake que se fermenta del año a un altar en la montaña, para pedir suerte en la próxima cosecha."</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Y el premio?”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Nada, salvo bebida gratis y fama por una semana.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Otro recluta, Rolf, un tipo enorme y de piel oscura, soltó una carcajada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Y el derecho de fanfarronear hasta el año siguiente.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai sonrió con una mueca.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Suena… interesante.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El mink, se quedó en silencio, frotándose la barbilla. Era nuevo en la isla y, aunque lo trataban bien en el cuartel, seguía sintiéndose forastero. Tal vez participar en una tradición local le haría ganarse un poco de respeto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vale, lo he decidido”</span> dijo al fin, levantándose. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Pero si nos echan la bronca en el cuartel, la culpa será vuestra.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los tres cruzaron la taberna hasta la mesa del alguacil. Pagaron la cuota, firmaron sus nombres, y el hombre les entregó una botella sellada con cera roja.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Cuidadla bien, muchacho”</span> le dijo el alguacil a Kibai. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Si se rompe, quedas fuera.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El mink observó la botella a contraluz: el sake era transparente y reflejaba la luz de las velas. Sonriendo, hizo un gesto de </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">agradecimiento con la cabeza y se retiró de vuelta a su asiento.</div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Horas más tarde…</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El amanecer llegó a la ciudad de Pushin con un cielo pálido y un viento helado que barría la plaza central de la ciudad. Alrededor de medio centenar de corredores se habían reunido frente al arco de salida. Algunos eran ciudadanos venidos de todo Roshwan; otros, viajeros o comerciantes. Kibai, sin su capa por una vez para poder correr más cómodamente, ajustó la red de cuerda en la que llevaba su botella. Sus dos compañeros reclutas, equipados igualmente con las mismas redes a la espalda, hacían ejercicios de calentamiento a unos metros de él.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De repente, el mink captó un movimiento extraño por el rabillo del ojo y miró hacia abajo, sorprendido. Le había parecido ver una botella moviéndose sola… hasta que distinguió a un ser de apenas un palmo de altura: un tontatta. El hombrecillo llevaba un abrigo en miniatura con una abertura para dejar salir su cola y un gorro con una pluma azul.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Vaya, vas a poder correr con eso?”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tontatta se giró hacia él, ajustando mejor la botella a su espalda.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Tranquilo, estoy acostumbrado. Me llamo Fillo, y este año voy a ganar.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Con ese tamaño?”</span> preguntó Kibai, divertido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Con este tamaño no tengo que esquivar piernas”</span> replicó el tontatta, hinchando el pecho con orgullo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de que siguieran, una voz joven gritó:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Eh, cuidado! ¡No lo vayas a pisar!"</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Era un chico humano, de unos dieciséis años, con bufanda roja al cuello y sonrisa confiada. Llevaba su botella bien envuelta en tela y se cubría con la gorra habitual de los estibadores del puerto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Me llamo Joss”</span> dijo, saludando con la mano a Kibai. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Este año los del puerto vamos a ganar, lo juro.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Todos parecéis muy seguros. Ya veremos que pasa…” </span>respondió el mink, crujiéndose los nudillos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Un rugido grave los interrumpió.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “No me hagáis reír… NInguno de vosotros tiene ninguna oportunidad.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Era un gyojin, enorme, de piel rosada y dientes afilados. A cada respiración soltaba una nube de vapor.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Aún en tierra, soy mucho más rápido que cualquier humano”</span> dijo, golpeándose el pecho. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Os habré dejado atrás antes del primer kilómetro.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Perfecto”</span> replicó Kibai, afilando la sonrisa. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Me encanta el pescado con sake…”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de que el gyojin pudiese replicar, el alguacil subió a su barril y levantó una trompeta.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> “¡Recordad, competidores, hay una sola regla! ¡Quien pierda o rompa su botella, queda fuera! ¡A sus marcas… listos… ya!"</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tronar de la trompeta desató el caos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las calles de Roshwan se llenaron de gritos y carreras. Los corredores salieron disparados por las avenidas cubiertas de nieve, chocando, resbalando y gritando. Algunos tropezaron antes del primer giro; otros ya rodaban sobre los adoquines tratando de proteger las delicadas botellas con sus propios cuerpos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai avanzaba con pasos largos y precisos, esquivando barriles y saltando sobre charcos helados. Detrás de él, Joss lo seguía riendo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Vaya, eres rápido!"</span> gritó.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Deja de hablar o vas a quedarte muy rezagado!”</span> respondió Kibai sin mirar atrás.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tontatta Fillo, mientras tanto, se deslizaba entre botas y faldones, aprovechando su tamaño para avanzar sin ser visto. A ratos se enganchaba en la ropa de los demás y salía volando como un proyectil. Por el rabillo del ojo captó cómo el gyojin, fiel a su palabra, iba arrollando a quien se cruzara, mientras los espectadores vitoreaban y animaban a sus favoritos. Los corredores cruzaron la plaza del mercado, donde los comerciantes madrugadores gritaban y apartaban cajas de pescado. Uno de ellos tropezó con un puesto de manzanas y estuvo a punto de perder su botella.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Cuidado con el puesto, idiota!”</span> rugió una mujer mientras las frutas rodaban por la calle.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai, sin detenerse, saltó sobre el mostrador, pasó corriendo por el tejado de una carreta y siguió sin perder ritmo. A su derecha, su compañero Rolf que había conseguido ganar puestos trató de imitarlo, aunque cayó aparatosamente al aterrizar y un agudo sonido de cristal indicó que su participación en la carrera había terminado.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De pronto, una voz chillona le hizo alzar la mirada:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Os veo en el altar, lentorros!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fillo, el tontatta, corría por los tejados a su izquierda, saltando de uno a otro como si fuese una pluma llevada por el viento.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai fijó la vista en los edificos de su izquierda y soltó un gruñido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Ah, sí?”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Flexionando las piernas, saltó hacia una fachada, usando garras de manos y pies para llegar rápidamente al tejado, aterrizando sobre un techo cubierto de escarcha antes de seguir corriendo. Los espectadores aplaudieron al verlos correr uno al lado del otro, el minúsculo tontatta y el ágil mink, saltando de edificio en edificio. Fillo gritaba y reía mientras le dirigía pequeñas burlas en cada salto al siguiente tejado, que sólo hacian apretar el paso a Kibai.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En un momento, el tontatta le lanzó una bola de nieve al rostro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“EH! ¡Eso es trampa!”</span> gruñó Kibai, limpiándose el hocico.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Todo vale mientras la botella siga entera!”</span> le respondió Fillo entre carcajadas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Más abajo, Joss corría por las calles, aprovechando los callejones estrechos para ganar terreno. Un grupo de niños vestidos con harapos le abrió paso vitoreando.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Vamos, Joss! ¡Enséñales cómo se corre en el muelle!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tramo urbano llegó de repente a su fin. Kibai y Fillo saltaron del último tejado de las afueras de la ciudad, enfilando el camino que se dirigía hacia el bosque.Echando la vista atrás, el mink calculó que a esas alturas, más de dos docenas de competidores habían quedado eliminados, ya fuese por botellas rotas, caídas, o simple agotamiento.</div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El bosque de Roshwan era un laberinto blanco y marrón. Los árboles estaban cubiertos de hielo y el suelo crujía bajo sus pies a medida que los corredores se internaban en el camino hacia la montaña..</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai respiraba con calma, adaptando el paso al terreno. Su cuerpo felino le daba ventaja para saltar entre raíces y troncos. Jeren, que había conseguido alcanzarle tras salir algo rezagado del tramo de ciudad, lo seguía de cerca, resbalando de vez en cuando.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Maldita sea. ¿Cómo puedes moverte tan rápido en este frío?”</span> preguntó mientras esquivaba por poco una rama.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“!Todo mink que se precie se maneja bien en el bosque!”</span> le gritó Kibai.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y no mentía, aquella carrera le recordaba demasiado a su niñez, con el resto de minks de su generación en Zou. Usando a veces tanto garras como pies, se movía con presteza entre la vegetación, observando por encima del hombro de vez en cuando a los participantes que venían más atrás.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El gyojin venía unos cuantos metros por detrás, abriéndose paso a empujones y levantando montones de nieve con cada zancada. Cuando alcanzó a un grupo de aldeanos, los mandó a rodar cuesta abajo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Fuera de mi camino, humanos!”</span>  bramó.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sin embargo, una rama apareció de repente en su camino, haciéndole tropezar y dando con sus huesos en tierra. Y apoyándose sobre su espalda para pegar un salto, Joss saltó riendo a carcajadas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Deberías volver al mar, amigo, ¡este es mi terreno!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El bosque se abrió dando paso a una ladera. Más arriba se divisaba la montaña, envuelta en nubes. La nieve era más espesa y el viento rugía con fuerza. Kibai echó la mirada atrás para ver a sus perseguidores. Fillo, que había cambiado las copas de los árboles por el suelo, corría ahora por la nieve, deslizándose a toda velocidad apenas a un par de palmos detrás de él. Joss y Jeren pugnaban uno al lado del otro, sin que ninguno cediese ni un segundo en su esfuerzo. A Kibai se le escapó una sonrisa salvaje, aquello ya no se trataba solo de ganar; había orgullo en juego.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El ascenso era brutal. La pendiente se volvía resbaladiza, y cada paso costaba el doble. Las rocas estaban cubiertas de hielo. Por encima de ellos, se escuchaban los tintineos de las campanas que adornaban el altar que aguardaba en la cima.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Llegados a un punto, el camino se terminó, y debían detener su carrera para escalar algunos metros de roca, buscando la mejor ruta para ascender. Kibai avanzaba con decisión, clavando las garras en las grietas de la roca para impulsarse poco a poco hacía arriba. A un par de metros a su derecha, Fillo se sujetaba con uñas y dientes a las grietas, mientras que Joss, quien había conseguido dejar atrás a Jeren en la subida, jadeaba por el esfuerzo pero no se rendía.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">A varios metros más abajo, el enorme gyojin, que a fuerza de quitarse competidores de delante estaba a punto de alcanzarlos, seguía subiendo, furioso, con la mirada fija en ellos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Ya sois míos, no escaparéis!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Intentó acelerar la escalada, pero el hielo volvió a traicionarlo. Resbaló, rodó unos metros y desapareció entre la nieve con un estruendo. No se lo volvió a ver.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los tres restantes seguían escalando con el máximo esfuerzo, con el altar cada vez más cerca.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Ahí está!”</span> gritó Joss, señalando la plataforma de piedra que cubría la cima de la montaña...</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pero el destino tenía otros planes. La caída del gyojin había debilitado la pared de roca por la que escalaban. Un crujido profundo resonó bajo sus pies y el suelo helado se quebró como si fuese vidrio, haciendo que los tres cayeran por un terraplén cubierto de nieve, rodando entre ramas, piedras y hielo hasta quedar tendidos en un claro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai luchó por recuperar el aire de sus pulmones, antes de incorporarse con un gemido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¿Estáis todos vivos?”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Ouch… Creo…creo que sí…” </span>dijo Joss, sacudiéndose unas cuantas hojas del rostro. A su lado, Fillo emergió cómicamente de un montón de nieve, tambaleándose.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Au… Eso ha dolido. ¿Y las botellas?”</span> preguntó el tontatta con voz tensa.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los tres buscaron alrededor. Entre la nieve, una sola botella seguía intacta, reluciente bajo la luz gris. Los ojos Kibai se estrecharon a medida que se agazapaba sobre el suelo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Debe ser la mía.”</span> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Ni hablar! La mía también tenía cuerda roja”</span> replicó Joss.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Podría ser la mía, el color se ve igual desde aquí”</span> añadió Fillo, dando un paso al frente.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Durante unos segundos, se quedaron mirándose, inmóviles, como depredadores frente a una presa, antes de abalanzarse a la vez sobre la botella. Rodaron por la nieve, forcejeando y maldiciendo. Joss tiraba del cuello de Kibai, mientras intentaba quitarse a manotazos a Fillo que se habia colgado de la gorra del humano y le mordía la oreja. La botella rodaba de mano en mano, a punto de romperse varias veces.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Suelta, maldito gato!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡No es tuya, quitateme de encima!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¡Fillo la vio primero!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El forcejeo terminó cuando un sonido lejano llegó desde la montaña: un estallido de vítores y campanas. Los tres se detuvieron, respirando con dificultad. Cruzaron las miradas, comprendiendo al instante.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Alguien ya ha llegado a la cima”</span> murmuró Kibai.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Durante unos segundos, ninguno dijo nada. Luego, el mink soltó un suspiro, tomó la botella y la sostuvo frente a sí.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Supongo que ya da igual de quién sea.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Rompió el sello con una garra y bebió un trago. El líquido cálido le recorrió la garganta, calentando su pecho de un modo agradable. Limpiándose la boca con el dorso, se la lanzó a Joss.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Lo reconozco, está bueno.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Joss sonrió débilmente y bebió también, relamiendose.<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Vaya que si!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fillo extendió las manos hacia la botella.<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Eh, no os olvidéis de mí.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Joss se agachó y le alargó la botella. El tontatta la agarró con ambas manos y bebió, soltando un eructo y una risa eufórica.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Durante un rato, los tres permanecieron allí, riendo de su mala suerte, comentando la carrera y las caídas. Joss contó que se había inscrito solo para impresionar a una chica del puerto. Fillo confesó que su clan le había apostado que no llegaría ni a la primera curva. Kibai los escuchaba con una sonrisa, sintiendo que, pese a todo, había valido la pena.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viento trajo de nuevo los sonidos de la celebración desde la cima: tambores, risas, campanas. Joss se levantó tambaleándose un poco por la bebida.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Bueno, ya que hemos perdido… ¿vamos a la taberna? Seguro que hay más sake. Y comida caliente.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai asintió, riendo.<br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Eso suena mucho mejor que seguir congelándonos aquí.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fillo subió al hombro del mink y alzó el puño diminuto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
 <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“¡Al Golden Lion! ¡La segunda ronda nos espera!”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kibai echó a andar, mirando una última vez hacia arriba. Entre la neblina, la estatua del altar apenas se distinguía, pero el brillo dorado del sol de mediodía parecía bendecir toda la montaña.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Supongo que las cosechas ya están aseguradas”</span> murmuró.</div>
<br />
Los tres abandonaron el bosque a paso relajado, y los ecos de sus risas se perdieron entre la nieve.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC - Pasado] Lavado de cara]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2298</link>
			<pubDate>Sun, 19 Oct 2025 06:46:21 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=519">Stroud Nanashi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2298</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">[Ciudad Pushkin,</span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">día 2 de otoño,</span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">año 16]</span></span></span></div>
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La nube de polvo que se había levantado empezó a desvanecerse. En el suelo, Stroud Redgrave se levantaba de lo que, si no era un cadáver, estaba cerca de serlo, irreconocible bajo el color rojo. Stroud se frotó los nudillos, hinchados y llenos de sangre, cuyas salpicaduras alcanzaban hasta su antebrazo. Jadeaba. Se reajustó la gorra con naturalidad, bajo la cual goterones de sudor recorrían su frente. En el suelo yacía uno de los varios miembros de una pequeña organización que habían cazado acumulando grandes cantidades de armamento. Ellos alegaban que eran meros comerciantes preparándose para defenderse de una banda criminal que llevaba "años haciéndoles la vida imposible". <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, claro. Qué conveniente</span>. El cuerpo del suelo hizo un ligero movimiento de brazos, ante lo cual Stroud le propinó una fuerte patada en el costado. Detrás de él, una columna de humo se alzaba hacia el cielo. Otro Marine salió del almacén, indicando que habían encontrado las armas: cuatro fusiles, dos pistolas y dos espadas, ni más ni menos. Stroud inspiró con cierta satisfacción por el trabajo bien hecho: ¿quién sabe qué hubieran podido hacer aquellos tipos si no los hubieran pillado? Con el estado de Roshwan, no hubiera sido extraño que se hubiesen alzado y hubiesen intentado tomar el control de la ciudad por la fuerza, o que se hubieran convertido en piratas.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La situación estaba bajo control. Stroud extrajo un pequeño pañuelo de tela de su bolsillo, limpiándose mecánicamente los restos de sangre sobre su piel, mientras recuperaba la compostura tras el enfrentamiento. Por suerte, su camisa continuaba impoluta, salvo algo de polvo y serrín. Guardando el pañuelo, observó a su alrededor, sus oscuros ojos examinando la pequeña muchedumbre que se había arremolinado frente al almacén al ver actividad de la Marina. En ocasiones como la del gigante, había recibido agradecimiento, pero en aquella ocasión, el público parecía más bien espantado ante la actuación. Ocurría demasiado a menudo: la mala prensa de la Marina en algunos lugares era evidente. La gente parecía creerse una historia que lo justificase todo con demasiada facilidad. Algunos habían abandonado el lugar en silencio tras maldecir entre dientes. Otros permanecían allí, negando con la cabeza en silencio ante lo que habían presenciado. Ingratitud. Stroud apretó los labios con cierta frustración; no lo entendían. Estaba acostumbrado ya, pero no dejaba de resultar frustrante.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Una vez hubo escrito y entregado el informe de aquella misión en las oficinas, se dirigió de vuelta al cuartel. Inmerso en sus pensamientos, se preguntaba qué había ocurrido para que la Marina, la encargada de traer Justicia y equilibrio al mundo, gozase de tan mala imagen entre aquellos a quienes protegía. Y claro, aquella mala imagen no solo se traducía en impopularidad en ciertos lugares, sino también en menores índices de reclutamiento. Mientras reflexionaba, sus ojos grises se paseaban por los innumerables carteles publicitarios, flyers y propaganda en general que poblaban las calles de la ciudad: talleres de reparación de barcos, vendedores de madera para leña, simpatizantes de la revolución exigiendo la salida de Roshwan del Gobierno Mundial, conciertos, fruterías a domicilio, tripulaciones que buscaban nuevos miembros... Absolutamente nada de la Marina. Stroud era el tipo de hombre que prefería dejar que los hechos hablasen por sí mismos, pero era evidente que el cuerpo necesitaba empezar a trabajar en la percepción del público, o aquella batalla se les podría hacer muy cuesta arriba, más de lo que ya era. Tal vez él mismo pudiese ayudar. La Justicia debía ser <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">vista</span>, no solo cumplida.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Al llegar a su habitación, empezó a buscar materiales de donde fuese. Su mente había empezado a maquinar una idea. Poco a poco, fue acumulando un montón de cachivaches y baratijas de todo tipo sobre el edredón de su cama: trozos de papel de viejos cuadernos de bitácora, tinta, pedazos de madera... Se sentó al borde de la cama, empezó a tomar los pedacitos de madera y, con parsimonia, fue tallándolos uno a uno en forma de letras. Era un proceso tedioso, pero sus manos eran hábiles con la madera, que tallaba en sus momentos de aburrimiento. Al cabo de las horas, su habitación se había transformado en un minúsculo taller de imprenta casera, con tipos de madera burdamente tallados, la poca tinta que tenía para escribir sus informes, algo de papel, todo tipo de cuerdas y plantillas improvisadas con tapas metálicas. Diseñado el primer cartel, Stroud se puso manos a la obra.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Al día siguiente, las principales calles de Pushkin amanecían repletas de un nuevo cartel, que, por una vez, llevaba el símbolo de la Marina bien en grande. El cartel de Stroud colgaba ahora de los tablones de las posadas, en el puerto, en las avenidas más transitadas. Con un poco de suerte, las cosas empezarían a cambiar.</span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/0hQPMZr.jpeg" loading="lazy"  width="620" height="877" alt="[Imagen: 0hQPMZr.jpeg]" class="mycode_img" /></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">[Ciudad Pushkin,</span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">día 2 de otoño,</span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">año 16]</span></span></span></div>
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<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La nube de polvo que se había levantado empezó a desvanecerse. En el suelo, Stroud Redgrave se levantaba de lo que, si no era un cadáver, estaba cerca de serlo, irreconocible bajo el color rojo. Stroud se frotó los nudillos, hinchados y llenos de sangre, cuyas salpicaduras alcanzaban hasta su antebrazo. Jadeaba. Se reajustó la gorra con naturalidad, bajo la cual goterones de sudor recorrían su frente. En el suelo yacía uno de los varios miembros de una pequeña organización que habían cazado acumulando grandes cantidades de armamento. Ellos alegaban que eran meros comerciantes preparándose para defenderse de una banda criminal que llevaba "años haciéndoles la vida imposible". <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, claro. Qué conveniente</span>. El cuerpo del suelo hizo un ligero movimiento de brazos, ante lo cual Stroud le propinó una fuerte patada en el costado. Detrás de él, una columna de humo se alzaba hacia el cielo. Otro Marine salió del almacén, indicando que habían encontrado las armas: cuatro fusiles, dos pistolas y dos espadas, ni más ni menos. Stroud inspiró con cierta satisfacción por el trabajo bien hecho: ¿quién sabe qué hubieran podido hacer aquellos tipos si no los hubieran pillado? Con el estado de Roshwan, no hubiera sido extraño que se hubiesen alzado y hubiesen intentado tomar el control de la ciudad por la fuerza, o que se hubieran convertido en piratas.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La situación estaba bajo control. Stroud extrajo un pequeño pañuelo de tela de su bolsillo, limpiándose mecánicamente los restos de sangre sobre su piel, mientras recuperaba la compostura tras el enfrentamiento. Por suerte, su camisa continuaba impoluta, salvo algo de polvo y serrín. Guardando el pañuelo, observó a su alrededor, sus oscuros ojos examinando la pequeña muchedumbre que se había arremolinado frente al almacén al ver actividad de la Marina. En ocasiones como la del gigante, había recibido agradecimiento, pero en aquella ocasión, el público parecía más bien espantado ante la actuación. Ocurría demasiado a menudo: la mala prensa de la Marina en algunos lugares era evidente. La gente parecía creerse una historia que lo justificase todo con demasiada facilidad. Algunos habían abandonado el lugar en silencio tras maldecir entre dientes. Otros permanecían allí, negando con la cabeza en silencio ante lo que habían presenciado. Ingratitud. Stroud apretó los labios con cierta frustración; no lo entendían. Estaba acostumbrado ya, pero no dejaba de resultar frustrante.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Una vez hubo escrito y entregado el informe de aquella misión en las oficinas, se dirigió de vuelta al cuartel. Inmerso en sus pensamientos, se preguntaba qué había ocurrido para que la Marina, la encargada de traer Justicia y equilibrio al mundo, gozase de tan mala imagen entre aquellos a quienes protegía. Y claro, aquella mala imagen no solo se traducía en impopularidad en ciertos lugares, sino también en menores índices de reclutamiento. Mientras reflexionaba, sus ojos grises se paseaban por los innumerables carteles publicitarios, flyers y propaganda en general que poblaban las calles de la ciudad: talleres de reparación de barcos, vendedores de madera para leña, simpatizantes de la revolución exigiendo la salida de Roshwan del Gobierno Mundial, conciertos, fruterías a domicilio, tripulaciones que buscaban nuevos miembros... Absolutamente nada de la Marina. Stroud era el tipo de hombre que prefería dejar que los hechos hablasen por sí mismos, pero era evidente que el cuerpo necesitaba empezar a trabajar en la percepción del público, o aquella batalla se les podría hacer muy cuesta arriba, más de lo que ya era. Tal vez él mismo pudiese ayudar. La Justicia debía ser <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">vista</span>, no solo cumplida.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Al llegar a su habitación, empezó a buscar materiales de donde fuese. Su mente había empezado a maquinar una idea. Poco a poco, fue acumulando un montón de cachivaches y baratijas de todo tipo sobre el edredón de su cama: trozos de papel de viejos cuadernos de bitácora, tinta, pedazos de madera... Se sentó al borde de la cama, empezó a tomar los pedacitos de madera y, con parsimonia, fue tallándolos uno a uno en forma de letras. Era un proceso tedioso, pero sus manos eran hábiles con la madera, que tallaba en sus momentos de aburrimiento. Al cabo de las horas, su habitación se había transformado en un minúsculo taller de imprenta casera, con tipos de madera burdamente tallados, la poca tinta que tenía para escribir sus informes, algo de papel, todo tipo de cuerdas y plantillas improvisadas con tapas metálicas. Diseñado el primer cartel, Stroud se puso manos a la obra.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Al día siguiente, las principales calles de Pushkin amanecían repletas de un nuevo cartel, que, por una vez, llevaba el símbolo de la Marina bien en grande. El cartel de Stroud colgaba ahora de los tablones de las posadas, en el puerto, en las avenidas más transitadas. Con un poco de suerte, las cosas empezarían a cambiar.</span><br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/0hQPMZr.jpeg" loading="lazy"  width="620" height="877" alt="[Imagen: 0hQPMZr.jpeg]" class="mycode_img" /></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Social, Presente Relativo] Acero y sudor.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2225</link>
			<pubDate>Mon, 06 Oct 2025 16:01:29 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=572">Kibai</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2225</guid>
			<description><![CDATA[Kibai dio la enésima vuelta en su jergón antes de desistir y quedarse mirando al techo de su barracón. A pesar de que hacía ya mucho tiempo que habia abandonado Zou, los viejos hábitos parecían no abandonarlo, y le resultaba muy complicado dormir con la luna brillando en el cielo.<br />
<br />
Mirando a sus nuevos compañeros de División, se rascó la oreja suavemente con una de las garras. Stroud le había hablado de los rumores acerca de volver al Grand Line. Aquello no era precisamente moco de pavo. Siempre lo había considerado su hogar, pero las caras que ponían algunos marineros del puerto cuando se mencionaba aquella región no auguraban nada bueno. Por otro lado, si quería llegar a ser alguien dentro de la Marina, no le quedaba otra que ir, de lo contrario se quedaría estancado en Roshwan por a saber cuanto tiempo...<br />
<br />
Echando una mano hacia la esquina de su cama, tanteó hacia atrás un par de veces antes de dar con la vaina de Raimei. Sujetándola con una mano, llevó la otra hacia la empuñadura para tirar levemente de ella y descubrir unos cuantos centímetros del filo. El leve tinte azulado del acero captaba los brillos que la Luna colaba a través de la ventana enrejada del barracón, arrancando pequellos destellos de luz plateada. Kibai suspiró antes de encerrar de nuevo dentro de su vaina. Aún no había empleado el arma, salvo para dejar inconsciente a aquel desgraciado en el bosque. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Pues ya va siendo hora"</span> se dijo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"El capitán me dio esta espada por una razón. Ya va siendo hora de hacerle justicia."</span><br />
<br />
Con un movimiento fluido, Kibai rodó para dejarse caer del jergón aterrizando suavemente sobre su mano libre y las patas traseras. Procurando no armar mucho escándalo, salió del barracón en dirección al patio de entrenamiento.<br />
<br />
Tras hacer unos estiramentos básicos, el mink exhaló una nube de aliento condensado vez antes de desenvainar a Raimei. La espada misma pareció vibrar de alegría cuando cortó el aire helado por primera vez, tanteando su equilibrio y peso. Era sorpendentemente sencilla de mover, y parecía adaptarse bien a sus gestos.<br />
<br />
Deshaciéndose de su capa, Kibai se colocó en el medio de varios rollos de paja (ya que golpear un muñeco de madera sería demasiado sonoro) y comenzó a practicar sus golpes, alternando entre uno y otro. A pesar de todo, había algo que no cuadraba. No sabía exactamente lo que era, pero algo parecía fuera de lugar. Lo golpes se sentían excesivamente rígidos, él mismo no se sentía demasiado suelto.<br />
<br />
Con un gruñido de frustración, terminó la última secuencia de golpes y se quedó en medio de los rollos, respirando el gélido aire nocturno. Maldita sea, cuando se había enfrentado a los tres hombres, todo había sido mucho más sencillo, casi como por...<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Instinto</span>" La ultima palabra le surgió en voz alta. Por supuesto. Con una carcajada, Kibai se pellizcó el puente de la nariz. Había estado obviando los más evidente. Retrocediendo varios pasos desde los rollos, el mink miró con una sonrisa a Raimei, antes de deslizar el pie hacia atrás, bajando su centro de gravedad hasta casi poder apoyar la mano libre en el suelo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Vale, amiga mía. Veamos qué tan buena compañera de caza eres..."</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Kibai dio la enésima vuelta en su jergón antes de desistir y quedarse mirando al techo de su barracón. A pesar de que hacía ya mucho tiempo que habia abandonado Zou, los viejos hábitos parecían no abandonarlo, y le resultaba muy complicado dormir con la luna brillando en el cielo.<br />
<br />
Mirando a sus nuevos compañeros de División, se rascó la oreja suavemente con una de las garras. Stroud le había hablado de los rumores acerca de volver al Grand Line. Aquello no era precisamente moco de pavo. Siempre lo había considerado su hogar, pero las caras que ponían algunos marineros del puerto cuando se mencionaba aquella región no auguraban nada bueno. Por otro lado, si quería llegar a ser alguien dentro de la Marina, no le quedaba otra que ir, de lo contrario se quedaría estancado en Roshwan por a saber cuanto tiempo...<br />
<br />
Echando una mano hacia la esquina de su cama, tanteó hacia atrás un par de veces antes de dar con la vaina de Raimei. Sujetándola con una mano, llevó la otra hacia la empuñadura para tirar levemente de ella y descubrir unos cuantos centímetros del filo. El leve tinte azulado del acero captaba los brillos que la Luna colaba a través de la ventana enrejada del barracón, arrancando pequellos destellos de luz plateada. Kibai suspiró antes de encerrar de nuevo dentro de su vaina. Aún no había empleado el arma, salvo para dejar inconsciente a aquel desgraciado en el bosque. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Pues ya va siendo hora"</span> se dijo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"El capitán me dio esta espada por una razón. Ya va siendo hora de hacerle justicia."</span><br />
<br />
Con un movimiento fluido, Kibai rodó para dejarse caer del jergón aterrizando suavemente sobre su mano libre y las patas traseras. Procurando no armar mucho escándalo, salió del barracón en dirección al patio de entrenamiento.<br />
<br />
Tras hacer unos estiramentos básicos, el mink exhaló una nube de aliento condensado vez antes de desenvainar a Raimei. La espada misma pareció vibrar de alegría cuando cortó el aire helado por primera vez, tanteando su equilibrio y peso. Era sorpendentemente sencilla de mover, y parecía adaptarse bien a sus gestos.<br />
<br />
Deshaciéndose de su capa, Kibai se colocó en el medio de varios rollos de paja (ya que golpear un muñeco de madera sería demasiado sonoro) y comenzó a practicar sus golpes, alternando entre uno y otro. A pesar de todo, había algo que no cuadraba. No sabía exactamente lo que era, pero algo parecía fuera de lugar. Lo golpes se sentían excesivamente rígidos, él mismo no se sentía demasiado suelto.<br />
<br />
Con un gruñido de frustración, terminó la última secuencia de golpes y se quedó en medio de los rollos, respirando el gélido aire nocturno. Maldita sea, cuando se había enfrentado a los tres hombres, todo había sido mucho más sencillo, casi como por...<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Instinto</span>" La ultima palabra le surgió en voz alta. Por supuesto. Con una carcajada, Kibai se pellizcó el puente de la nariz. Había estado obviando los más evidente. Retrocediendo varios pasos desde los rollos, el mink miró con una sonrisa a Raimei, antes de deslizar el pie hacia atrás, bajando su centro de gravedad hasta casi poder apoyar la mano libre en el suelo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Vale, amiga mía. Veamos qué tan buena compañera de caza eres..."</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[T1, Autonarrada] Aullidos en el viento]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2204</link>
			<pubDate>Fri, 03 Oct 2025 14:31:01 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=572">Kibai</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2204</guid>
			<description><![CDATA[Dia 5 de Otoño, año 16<br />
<br />
<br />
<br />
Desde luego, Roshwan no era el destino que uno escogería para pasar las vacaciones, se dijo Kibai mientras dejaba caer su macuto para limpiarse la nieve de la gorra y los hombros. Frotándose las manos vigorosamente, cargó de nuevo la bolsa, ajustándola sobre los hombros. Unos de los oficiales de la base le había pedido ir a recoger un cargamento de clavos, tuercas y demás utilería a un comerciante local, cosa que al mink no le molestaba, al fin y al cabo era un recluta recién llegado a la base, aunque hubiese preferido algo que no le hicese parecer un sonajero a cada paso que daba. El comerciante no era lo que se dijese muy formal, y la mayoría de los bienes iban envueltos descuidadamente en papel, lo que provocaba que entrechocasen a cada paso que daba. Por añadidura, algunas de las cosas ni siquiera estaban listas para recoger, de modo que Kibai, que había salido pasada la media tarde del cuartel, calculaba que llegaría de vuelta tras la puesta de sol. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Por suerte esta noche no hay luna llena" </span>pensó Kibai.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> "No me gustaría que esa fuese la primera impresión que tuviesen los mandos de mi, aún no al menos"</span><br />
<br />
Al poco rato de salir del establecimiento del artesano, mientras caminaba al lado de un campo de cultivo cercado por una valla de madera, Kibai escuchó unos gritos procedentes de uno de los edificios anexos al mismo, una gran estructura de madera que aquellos humanos llamaban graneros. Mirando a ambos lados y sin ver a nadie más, Kibai se ajustó mejor la bolsa, superó la valla de un salto y se dirigió a paso ligero hacia el edificio.<br />
<br />
Nada más llegar, un intenso olor a sangre animal le asaltó. En el interior, al menos media docena de ovejas yacían muertas en el suelo, con marcas de garras y mordiscos en el cuerpo. Junto a los cadáveres, una mujer humana de edad avanzada se lamentaba en alto, siendo abrazada por una joven de pelo castaño que lloraba amargamente a su vez, mientras un hombre con uniforme de alguacil procuraba calmarlas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"La tercera vez este mes, ¡maldita sea! ¿Como voy a arreglármelas ahora?"</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Abuela, no nos queda otra, he ahorrado algo de dinero este último año" </span>le contestó la joven frotándose la nariz con el dorso de la mano<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">. "Esos dos hombres que se anuncian en el mercado han cazado a esas fieras antes, sus precios son caros, si, pero se asegurarán que esto no vuelva a pasar."</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Es lo mejor que puede hacer, señora" </span>corroboró el alguacil<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">. "La noche está cayendo y el frío aumenta, es inútil intentar una búsqueda ahora, tendrá que confiar en ellos."</span><br />
<br />
Kibai, paralizado en la puerta, no quitaba los ojos de los cadáveres del ganado. Aunque había aprendido a tolerar que los humanos consumiesen animales con pelaje, eso y verlos muertos delante de él eran dos cosas muy distintas. Tratando de calmarse, golpeó con los nudillos tres veces en una de las columnas del granero. Los tres humanos del interior soltaron un respingo y se volvieron casi al unísono.<br />
<br />
El mink levantó ambas manos en un gesto pacífico.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Lo siento, no pretendía asustarles" </span><br />
<br />
Acto seguido, recordando el protocolo, dejó caer el macuto con un sonoro tintineo metálico a un lado y se estiró, haciendo un cortés saludo militar.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Soldado Kibai, de la Marina ¿necesitan ayuda?"</span><br />
<br />
El aguacil se acercó, con más curiosidad que impresión.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No, tranquilo, solamente otro ataque de lobos al ganado. Ultimamente se han multiplicado, pero es algo que pasa todos los años. Esas bestias están hambrientas y el ganado es un bocado demasiado apetecible, me temo."</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿No han probado a que alguien vigile a los animales?" </span>preguntó Kibai. Para su sorpesa aquella pregunta desencadenó una nueva oleadad de lágrimas por parte de la joven. El alguacil la miró con lástima, antes de girarse de nuevo hacia el mink.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"El hermano de la chica se ofreció a dormir con el ganado, por si acaso. Ha desaparecido y hay sangre en el montón de paja donde se había tumbado" </span>susurró el hombre.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> "Creo que es posible que se lo hayan llevado los lobos, a veces arrastran con ellos  presas para dar de comer a sus cachorros. Formaría una patrulla para ir a buscarlo pero, honestamente creo que es inútil y entre la oscuridad y el frío estaríamos dando palos de ciego."</span><br />
<br />
Kibai notó como el pelaje se le erizaba y las garras amenazaban con salir.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Da aviso al cuartel de la Marina. Creo que puedo moverme en la oscuridad algo mejor que vosotros. Si me dejáis examinar donde durmió puede que consiga rastrearlo. Pero lleva antes a esta gente a casa, no quiero que vean como huelo la sangre de su hermano"</span><br />
<br />
El alguacil asintió y tras hablar brevemente con las dos mujeres, ambas parecieron asentir y se dirigieron hacia una de las casas cercanas. La joven no dijo nada, pero Kibai notó sus ojos en su espalda mientras se quedaba solo en el granero.<br />
Una vez escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, entró rapidamente al interior del granero. No se le habia escapado que aunque las ovejas estaban muertas por obra de un animal, ninguna estaba muy mordisqueada, no faltaban patas, ni habían arrancado mucha carne. Casi como si solamente quisiesen matarlas...<br />
<br />
La zona donde había estado acostado el muchacho era un montón de paja que aún guardaba la forma. Una pequeña mancha de sangre machaba el suelo, al lado de una manta de lana gruesa que el chico habría usado a buen seguro para taparse. Kibai dio gracias, pues la lana retenía excelentemente el olor del chico, y la sangre también. Con ello en mente, salió de nuevo al exterior, dónde localizó un rastro de huellas, casi totalmente borradas a causa de la nieve que seguía cayendo, las cuales partían hacia el bosque. Le extrañó ver en un primer lugar marcas de huellas humanas entre ellas, pero lo achacó a una primera inspección del alguacil. Calándose mejor la gorra sobre los ojos, emprendió la marcha hacia la línea de árboles que cerraba el horizonte.<br />
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Tras aproximadamente una hora de marcha, con el sol ya totalmente oculto, Kibai empezó a perder la esperanza. La nieve seguía cayendo y hacía rato que las huellas se habían esfumado. El olor del chico no era facil de distinguir, cosa que no le cuadraba para nada, pues lo normal es que se hubiese resistido más, lo que habría dejado ramas rotas, sangre de heridas u otro rastro que seguir. Pero no había nada, como si se lo hubiese tragado la tierra.<br />
<br />
Mientras se disponía a volver por donde había venido y a presentar sus disculpas a la familia del muchacho, sus orejas se alzaron cuando un aullido lastimero llegó transportado por el viento hasta donde estaba. Kibai lo ditinguió perfectamente, era un lobo, aunque no sonaba precisamente bien. Era un aullido propio de un animal herido o asustado. Con presteza, giró sobre sus talones y se internó de nuevo en el bosque.<br />
<br />
Tras unos minutos, un olor nuevo llegó a su nariz, humo, a todas luces procedente de una hoguera, así como el aroma de algo cocinándose a la brasa. Frunciendo el ceño, Kibai aguzó el oído, poniendo atención en no pisar ninguna rama ni hojas caídas para avanzar más discretamente en aquella dirección. Al poco rato, un leve sonido de risas comenzó a llegar hasta él, y leves destello de luz se reflejaban en los árboles cercanos. Todos los indicios conducían a un pequeño claro en el centro de un círculo de grandes pinos. El mink se agachó, avanzando casi apoyando garras y pies para parapetarse detrás de unos arbustos, en una posición que le permitió observar la escena.<br />
<br />
Dos hombres parecían discutir con ellos en el claro, mientras que un tercero vigilaba un trozo de carne que estaba sobre la hoguera, dandole la vuelta de vez en cuando para evitar que se quemase. Al otro lado, una jaula contenía a un lobo, bastante joven, que se agazapaba contra el extremo más alejado de la portezuela. Y apoyado la pared de la jaula estaba un joven humano de no más de doce años, con las manos atadas a la espalda y una mordaza en la boca.<br />
<br />
Apretando los dientes, Kibai se disponía a saltar al claro, pero se obligó a esperar, escuchando la conversación.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Te aseguro que el chico puede ser útil, si conseguimos que colabore, ganaremos el doble en futuros negocios, entre cobrar por protección del ganado, y por entregar al lobo"</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Mira, ya te he dicho que no me fío, nos ha visto la cara. Yo digo que lo quitemos de en medio, y aquí no ha pasado nada"</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Chicos, chicos... No tenéis visión de futuro." </span>intervino el que estaba en la hoguera mientras daba la vuelta al trozo de carne.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> "Es más sencillo aceptar encontrar a las fieras, les entregamos al cachorro, y de paso que tendremos que caputar a otro para el siguiente asalto, usamos al chico como cebo para los lobos. Así el cuerpo estará medio devorado, y nosotros habremos hecho lo posible."</span><br />
<br />
Los ojos del niño comenzaban a llenarse de lágrimas y pugnaba por soltarse. A su lado, el joven lobo hizo un intento de empujar la jaula, pero fue recibido con un trozo de brasa ardiente que el hombre de la hoguera le arrojó de una patada.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Tranquila, bestia, ya te llegará tu turno."</span><br />
<br />
Kibai no pudo soportarlo más. Respirando hondo, agarró el pomo de Raimei y se adentró en el claro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Creo que ya habéis hecho bastante mal por esta noche, panda de malnacidos."</span><br />
<br />
Los tres hombres se volvieron de un salto hacia él. Kibi observó como sus ojos iban rapidamente de su uniforme antes de mirarse entre ellos. Sin embargo, al ver que no aparecía nadie más, uno de ellos se echó a reír.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ja, mira por donde, tenemos que entregar un lobo muerto, y ya ni tenemos que buscar a otro para llevarlo a la siguiente granja."</span><br />
<br />
Otro echó mano a un grueso garrote de madera, a la vez que sonreía malévolamente mientras apuntaba a Kibai con él.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Si, aunque tendremos que domesticarlo primero, parece que le gusta faltar al respeto demasiado a la ligera"</span><br />
<br />
Kibai mantuvo el semblante impasible, mientras recorría lentamente la distancia que le separaba de los tres rufianes, describiendo un leve círculo para situar la hoguera entre el grupo y él. El mink señaló a un batuburrillo de objetos, entre los que asomaba un rolo de cuerda.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ahí tenéis suficiente cuerda para los tres. Deponed las armas y ataos los pies unos a los otros. Nadie tiene por qué salir herido. Ya se ha derramado suficiente sangre por esta noche."</span><br />
<br />
El hombre que había estado sentado en la hoguera le dirigió una mirada perpleja. Acto seguido, desclavó el espetón de hierro del trozo de carne que había estado asando y contempló la afilada punta de hierro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Y por qué exactamente deberíamos hacerlo, Marine?. Está claro que estás aquí solo, asi que lo único que tenemos que hacer es darte una paliza de muerte, y después dejar que las bestias del bosque te devoren. No me suenas de nada, ni llevas ningún galón de rango, así que serás uno de esos aspirante a adalid de la justicia que vienen y se van antes de que nadie los guarde en su memoria. En una semana, nadie te se acordará de ti, y podremos seguir con nuestra prolífica labor."</span><br />
<br />
Con un suave gesto, Kibai extendió las garras.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Os lo he avisado. En nombre de la Marina, quedáis arrestados por estafa, asalto, y secuestro."</span><br />
<br />
Uno de los hombres dio un paso atrás al ver las garras del mink, pero rapidamente se recompuso, y los tres comenzaron a moverse para rodear la hoguera.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Somos tres contra uno, bestia. No tienes nada que hacer."</span><br />
<br />
Kibai notó como una sonrisa se le escapaba entre los labios, mientras soltaba los enganches de su capa.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Si, tienes toda la razón, sois tres. Pero estamos en el bosque, hay una tormenta de nieve... y la noche puede ser muy oscura."</span><br />
<br />
Con un movimiento rápido, Kibai sujetó la capa con ambas manos y pateó un montón de nieve hacia la hoguera, convirtiendo las llamas en un montón de brasas siseantes. Acto seguido se lanzó hacia delante cubriendo las brasas con su capa para sofocarlas de todo antes de pegar un salto hacia dónde los hombres habían estado antes de comenzar a moverse.<br />
<br />
Con satisfacción, escuchó una sarta de maldiciones de los tres rufianes, que intentaban a tientas orientarse. En apenas unos segundos, los ojos de Kibai se habían adaptado lo suficiente para ver en la noche. Lanzándose hacia delante, golpeó con la base metálica de la vaina de Raimei a uno de los hombres en la nuca, el cual se desplomó con un quejido. Al oírlo , los otro dos movieron sus armas hacia su dirección, no acertando en Kibai por centímetros. El mink recogió el garrote de madera y golpeó con el a otro de los hombres, pero su víctima se dobló sin llegar a caer, y el tercero aprovechó para lanzar una estocada con el espetón, dejando un largo arañazo en su muslo derecho. <br />
<br />
Pocas veces había olido su propia sangre, y aunque el dolor le asaltó momentaneamente, un torrente de adrenalina lo sustituyó con rapidez. Kibai clavó las garras en el pecho del segundo atacante y lo elevó en el aire antes de estrellarle contra el suelo. El hombre soltó un quejido y no se movió más.<br />
<br />
El último de sus rivales, empuñando el espetón de hierro lo movia a ambos lados, tratando de ubicarse mientras se dirigía hacia el sonido de las brasas, seguramente con intención de reavivarlas para obtener un mínimo de luz. Sin embargo Kibai no pensaba permitírselo. Cuando finalmente llegó hasta la hoguera y sacó la capa de las brasas para alumbrar la escena, el mink ya estaba encima de él. Con un firme golpe envió el espetón volando fuera del alcance de su adversario, que se quedó mirandole de frente, súbitamente consciente de su situación.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Tú... Pero... ¿Cómo...?"</span><br />
<br />
Kibai le clavó la mirada con una sonrisa cansada antes de estrellar el garrote contra su sien izquierda, dejándolo sin sentido. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ni que fuese humano."</span><br />
<br />
Una vez hubo atado a los tres rufianes de pies y manos, Kibai reavivó el fuego y desató al chico, que cayó de rodillas llorando a lágrima tendida. Tras abrigarlo con una de las capas del botín de aquellos hombres, Kibai le ordenó que esperase un momento, antes de abrir la jaula del lobo, que, tras despedirse con un extraño movimiento de cabeza que parecía de agradecimiento, se perdió en la noche.<br />
<br />
Kibai agarró el extremo de la cuerda que ataba a los tres hombres y sonrió al chico.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bueno, creo que es hora de que los dos volvamos a tu casa. Tu hermana estaba muy preocupada, y yo tengo unos clavos que entregar que llegan muy, muy tarde."</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Dia 5 de Otoño, año 16<br />
<br />
<br />
<br />
Desde luego, Roshwan no era el destino que uno escogería para pasar las vacaciones, se dijo Kibai mientras dejaba caer su macuto para limpiarse la nieve de la gorra y los hombros. Frotándose las manos vigorosamente, cargó de nuevo la bolsa, ajustándola sobre los hombros. Unos de los oficiales de la base le había pedido ir a recoger un cargamento de clavos, tuercas y demás utilería a un comerciante local, cosa que al mink no le molestaba, al fin y al cabo era un recluta recién llegado a la base, aunque hubiese preferido algo que no le hicese parecer un sonajero a cada paso que daba. El comerciante no era lo que se dijese muy formal, y la mayoría de los bienes iban envueltos descuidadamente en papel, lo que provocaba que entrechocasen a cada paso que daba. Por añadidura, algunas de las cosas ni siquiera estaban listas para recoger, de modo que Kibai, que había salido pasada la media tarde del cuartel, calculaba que llegaría de vuelta tras la puesta de sol. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Por suerte esta noche no hay luna llena" </span>pensó Kibai.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> "No me gustaría que esa fuese la primera impresión que tuviesen los mandos de mi, aún no al menos"</span><br />
<br />
Al poco rato de salir del establecimiento del artesano, mientras caminaba al lado de un campo de cultivo cercado por una valla de madera, Kibai escuchó unos gritos procedentes de uno de los edificios anexos al mismo, una gran estructura de madera que aquellos humanos llamaban graneros. Mirando a ambos lados y sin ver a nadie más, Kibai se ajustó mejor la bolsa, superó la valla de un salto y se dirigió a paso ligero hacia el edificio.<br />
<br />
Nada más llegar, un intenso olor a sangre animal le asaltó. En el interior, al menos media docena de ovejas yacían muertas en el suelo, con marcas de garras y mordiscos en el cuerpo. Junto a los cadáveres, una mujer humana de edad avanzada se lamentaba en alto, siendo abrazada por una joven de pelo castaño que lloraba amargamente a su vez, mientras un hombre con uniforme de alguacil procuraba calmarlas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"La tercera vez este mes, ¡maldita sea! ¿Como voy a arreglármelas ahora?"</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Abuela, no nos queda otra, he ahorrado algo de dinero este último año" </span>le contestó la joven frotándose la nariz con el dorso de la mano<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">. "Esos dos hombres que se anuncian en el mercado han cazado a esas fieras antes, sus precios son caros, si, pero se asegurarán que esto no vuelva a pasar."</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Es lo mejor que puede hacer, señora" </span>corroboró el alguacil<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">. "La noche está cayendo y el frío aumenta, es inútil intentar una búsqueda ahora, tendrá que confiar en ellos."</span><br />
<br />
Kibai, paralizado en la puerta, no quitaba los ojos de los cadáveres del ganado. Aunque había aprendido a tolerar que los humanos consumiesen animales con pelaje, eso y verlos muertos delante de él eran dos cosas muy distintas. Tratando de calmarse, golpeó con los nudillos tres veces en una de las columnas del granero. Los tres humanos del interior soltaron un respingo y se volvieron casi al unísono.<br />
<br />
El mink levantó ambas manos en un gesto pacífico.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Lo siento, no pretendía asustarles" </span><br />
<br />
Acto seguido, recordando el protocolo, dejó caer el macuto con un sonoro tintineo metálico a un lado y se estiró, haciendo un cortés saludo militar.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Soldado Kibai, de la Marina ¿necesitan ayuda?"</span><br />
<br />
El aguacil se acercó, con más curiosidad que impresión.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No, tranquilo, solamente otro ataque de lobos al ganado. Ultimamente se han multiplicado, pero es algo que pasa todos los años. Esas bestias están hambrientas y el ganado es un bocado demasiado apetecible, me temo."</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿No han probado a que alguien vigile a los animales?" </span>preguntó Kibai. Para su sorpesa aquella pregunta desencadenó una nueva oleadad de lágrimas por parte de la joven. El alguacil la miró con lástima, antes de girarse de nuevo hacia el mink.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"El hermano de la chica se ofreció a dormir con el ganado, por si acaso. Ha desaparecido y hay sangre en el montón de paja donde se había tumbado" </span>susurró el hombre.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> "Creo que es posible que se lo hayan llevado los lobos, a veces arrastran con ellos  presas para dar de comer a sus cachorros. Formaría una patrulla para ir a buscarlo pero, honestamente creo que es inútil y entre la oscuridad y el frío estaríamos dando palos de ciego."</span><br />
<br />
Kibai notó como el pelaje se le erizaba y las garras amenazaban con salir.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Da aviso al cuartel de la Marina. Creo que puedo moverme en la oscuridad algo mejor que vosotros. Si me dejáis examinar donde durmió puede que consiga rastrearlo. Pero lleva antes a esta gente a casa, no quiero que vean como huelo la sangre de su hermano"</span><br />
<br />
El alguacil asintió y tras hablar brevemente con las dos mujeres, ambas parecieron asentir y se dirigieron hacia una de las casas cercanas. La joven no dijo nada, pero Kibai notó sus ojos en su espalda mientras se quedaba solo en el granero.<br />
Una vez escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, entró rapidamente al interior del granero. No se le habia escapado que aunque las ovejas estaban muertas por obra de un animal, ninguna estaba muy mordisqueada, no faltaban patas, ni habían arrancado mucha carne. Casi como si solamente quisiesen matarlas...<br />
<br />
La zona donde había estado acostado el muchacho era un montón de paja que aún guardaba la forma. Una pequeña mancha de sangre machaba el suelo, al lado de una manta de lana gruesa que el chico habría usado a buen seguro para taparse. Kibai dio gracias, pues la lana retenía excelentemente el olor del chico, y la sangre también. Con ello en mente, salió de nuevo al exterior, dónde localizó un rastro de huellas, casi totalmente borradas a causa de la nieve que seguía cayendo, las cuales partían hacia el bosque. Le extrañó ver en un primer lugar marcas de huellas humanas entre ellas, pero lo achacó a una primera inspección del alguacil. Calándose mejor la gorra sobre los ojos, emprendió la marcha hacia la línea de árboles que cerraba el horizonte.<br />
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Tras aproximadamente una hora de marcha, con el sol ya totalmente oculto, Kibai empezó a perder la esperanza. La nieve seguía cayendo y hacía rato que las huellas se habían esfumado. El olor del chico no era facil de distinguir, cosa que no le cuadraba para nada, pues lo normal es que se hubiese resistido más, lo que habría dejado ramas rotas, sangre de heridas u otro rastro que seguir. Pero no había nada, como si se lo hubiese tragado la tierra.<br />
<br />
Mientras se disponía a volver por donde había venido y a presentar sus disculpas a la familia del muchacho, sus orejas se alzaron cuando un aullido lastimero llegó transportado por el viento hasta donde estaba. Kibai lo ditinguió perfectamente, era un lobo, aunque no sonaba precisamente bien. Era un aullido propio de un animal herido o asustado. Con presteza, giró sobre sus talones y se internó de nuevo en el bosque.<br />
<br />
Tras unos minutos, un olor nuevo llegó a su nariz, humo, a todas luces procedente de una hoguera, así como el aroma de algo cocinándose a la brasa. Frunciendo el ceño, Kibai aguzó el oído, poniendo atención en no pisar ninguna rama ni hojas caídas para avanzar más discretamente en aquella dirección. Al poco rato, un leve sonido de risas comenzó a llegar hasta él, y leves destello de luz se reflejaban en los árboles cercanos. Todos los indicios conducían a un pequeño claro en el centro de un círculo de grandes pinos. El mink se agachó, avanzando casi apoyando garras y pies para parapetarse detrás de unos arbustos, en una posición que le permitió observar la escena.<br />
<br />
Dos hombres parecían discutir con ellos en el claro, mientras que un tercero vigilaba un trozo de carne que estaba sobre la hoguera, dandole la vuelta de vez en cuando para evitar que se quemase. Al otro lado, una jaula contenía a un lobo, bastante joven, que se agazapaba contra el extremo más alejado de la portezuela. Y apoyado la pared de la jaula estaba un joven humano de no más de doce años, con las manos atadas a la espalda y una mordaza en la boca.<br />
<br />
Apretando los dientes, Kibai se disponía a saltar al claro, pero se obligó a esperar, escuchando la conversación.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Te aseguro que el chico puede ser útil, si conseguimos que colabore, ganaremos el doble en futuros negocios, entre cobrar por protección del ganado, y por entregar al lobo"</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Mira, ya te he dicho que no me fío, nos ha visto la cara. Yo digo que lo quitemos de en medio, y aquí no ha pasado nada"</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Chicos, chicos... No tenéis visión de futuro." </span>intervino el que estaba en la hoguera mientras daba la vuelta al trozo de carne.<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> "Es más sencillo aceptar encontrar a las fieras, les entregamos al cachorro, y de paso que tendremos que caputar a otro para el siguiente asalto, usamos al chico como cebo para los lobos. Así el cuerpo estará medio devorado, y nosotros habremos hecho lo posible."</span><br />
<br />
Los ojos del niño comenzaban a llenarse de lágrimas y pugnaba por soltarse. A su lado, el joven lobo hizo un intento de empujar la jaula, pero fue recibido con un trozo de brasa ardiente que el hombre de la hoguera le arrojó de una patada.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Tranquila, bestia, ya te llegará tu turno."</span><br />
<br />
Kibai no pudo soportarlo más. Respirando hondo, agarró el pomo de Raimei y se adentró en el claro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Creo que ya habéis hecho bastante mal por esta noche, panda de malnacidos."</span><br />
<br />
Los tres hombres se volvieron de un salto hacia él. Kibi observó como sus ojos iban rapidamente de su uniforme antes de mirarse entre ellos. Sin embargo, al ver que no aparecía nadie más, uno de ellos se echó a reír.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ja, mira por donde, tenemos que entregar un lobo muerto, y ya ni tenemos que buscar a otro para llevarlo a la siguiente granja."</span><br />
<br />
Otro echó mano a un grueso garrote de madera, a la vez que sonreía malévolamente mientras apuntaba a Kibai con él.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Si, aunque tendremos que domesticarlo primero, parece que le gusta faltar al respeto demasiado a la ligera"</span><br />
<br />
Kibai mantuvo el semblante impasible, mientras recorría lentamente la distancia que le separaba de los tres rufianes, describiendo un leve círculo para situar la hoguera entre el grupo y él. El mink señaló a un batuburrillo de objetos, entre los que asomaba un rolo de cuerda.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ahí tenéis suficiente cuerda para los tres. Deponed las armas y ataos los pies unos a los otros. Nadie tiene por qué salir herido. Ya se ha derramado suficiente sangre por esta noche."</span><br />
<br />
El hombre que había estado sentado en la hoguera le dirigió una mirada perpleja. Acto seguido, desclavó el espetón de hierro del trozo de carne que había estado asando y contempló la afilada punta de hierro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Y por qué exactamente deberíamos hacerlo, Marine?. Está claro que estás aquí solo, asi que lo único que tenemos que hacer es darte una paliza de muerte, y después dejar que las bestias del bosque te devoren. No me suenas de nada, ni llevas ningún galón de rango, así que serás uno de esos aspirante a adalid de la justicia que vienen y se van antes de que nadie los guarde en su memoria. En una semana, nadie te se acordará de ti, y podremos seguir con nuestra prolífica labor."</span><br />
<br />
Con un suave gesto, Kibai extendió las garras.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Os lo he avisado. En nombre de la Marina, quedáis arrestados por estafa, asalto, y secuestro."</span><br />
<br />
Uno de los hombres dio un paso atrás al ver las garras del mink, pero rapidamente se recompuso, y los tres comenzaron a moverse para rodear la hoguera.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Somos tres contra uno, bestia. No tienes nada que hacer."</span><br />
<br />
Kibai notó como una sonrisa se le escapaba entre los labios, mientras soltaba los enganches de su capa.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Si, tienes toda la razón, sois tres. Pero estamos en el bosque, hay una tormenta de nieve... y la noche puede ser muy oscura."</span><br />
<br />
Con un movimiento rápido, Kibai sujetó la capa con ambas manos y pateó un montón de nieve hacia la hoguera, convirtiendo las llamas en un montón de brasas siseantes. Acto seguido se lanzó hacia delante cubriendo las brasas con su capa para sofocarlas de todo antes de pegar un salto hacia dónde los hombres habían estado antes de comenzar a moverse.<br />
<br />
Con satisfacción, escuchó una sarta de maldiciones de los tres rufianes, que intentaban a tientas orientarse. En apenas unos segundos, los ojos de Kibai se habían adaptado lo suficiente para ver en la noche. Lanzándose hacia delante, golpeó con la base metálica de la vaina de Raimei a uno de los hombres en la nuca, el cual se desplomó con un quejido. Al oírlo , los otro dos movieron sus armas hacia su dirección, no acertando en Kibai por centímetros. El mink recogió el garrote de madera y golpeó con el a otro de los hombres, pero su víctima se dobló sin llegar a caer, y el tercero aprovechó para lanzar una estocada con el espetón, dejando un largo arañazo en su muslo derecho. <br />
<br />
Pocas veces había olido su propia sangre, y aunque el dolor le asaltó momentaneamente, un torrente de adrenalina lo sustituyó con rapidez. Kibai clavó las garras en el pecho del segundo atacante y lo elevó en el aire antes de estrellarle contra el suelo. El hombre soltó un quejido y no se movió más.<br />
<br />
El último de sus rivales, empuñando el espetón de hierro lo movia a ambos lados, tratando de ubicarse mientras se dirigía hacia el sonido de las brasas, seguramente con intención de reavivarlas para obtener un mínimo de luz. Sin embargo Kibai no pensaba permitírselo. Cuando finalmente llegó hasta la hoguera y sacó la capa de las brasas para alumbrar la escena, el mink ya estaba encima de él. Con un firme golpe envió el espetón volando fuera del alcance de su adversario, que se quedó mirandole de frente, súbitamente consciente de su situación.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Tú... Pero... ¿Cómo...?"</span><br />
<br />
Kibai le clavó la mirada con una sonrisa cansada antes de estrellar el garrote contra su sien izquierda, dejándolo sin sentido. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ni que fuese humano."</span><br />
<br />
Una vez hubo atado a los tres rufianes de pies y manos, Kibai reavivó el fuego y desató al chico, que cayó de rodillas llorando a lágrima tendida. Tras abrigarlo con una de las capas del botín de aquellos hombres, Kibai le ordenó que esperase un momento, antes de abrir la jaula del lobo, que, tras despedirse con un extraño movimiento de cabeza que parecía de agradecimiento, se perdió en la noche.<br />
<br />
Kibai agarró el extremo de la cuerda que ataba a los tres hombres y sonrió al chico.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bueno, creo que es hora de que los dos volvamos a tu casa. Tu hermana estaba muy preocupada, y yo tengo unos clavos que entregar que llegan muy, muy tarde."</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Social, pasado] Un nuevo comienzo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2193</link>
			<pubDate>Wed, 01 Oct 2025 11:44:42 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=572">Kibai</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2193</guid>
			<description><![CDATA[Las aguas del South Blue eran sin duda mucho más tranquilas que las del Grand Line, se dijo a sí mismo Kibai mientras reposaba perezosamente encima del bauprés del barco. Desde luego, era agradable poder echarse la siesta tranquilamente sin estar ojo avizor para anomalías climáticas o avistamientos hostiles. Aunque el paso hacia el South Blue no había sido algo precisamente de risa, una vez superado ese escollo, el resto de la travesía en si les había bendecido con un mar prácticamente en calma total. Calma que por otro lado, había comenzado a romperse a medida que un viento gélido había azotado la embarcación de vez en cuando según se iban acercando a tierra.<br />
<br />
A lo lejos, el trasiego de varios marineros le distrajo de sus pensamientos. El oficial de cubierta Darret, un hombre de pequeña estatura y voz autoritaria, se hallaba subido encima de un barril, dirigiendo las maniobras necesarias para comenzar las maniobras de aproximación al puerto del Reino de Roshwan, lugar al cual el barco correo traía mensajes oficiales para la base local, así como correspondencia desde el Grand Line a las familias de los Marines que allí residían.<br />
<br />
Desperezándose, Kibai se incorporó y caminó cuidadosamente por el bauprés hasta alcanzar la punta, donde, bien agarrado al cabo que unía el palo al foque, contempló el paraje nevado de Roshwan. La línea de costa se extendía a ambos lados del horizonte y se ampliaba cada vez más, dibujando una ininterrumpida línea blanca, rota solamente por formaciones de un vivo color rojo, que, aunque en un principio el Mink las confundió con rocas, tras una observación más detallada resultaron ser edificios, contruídos en ladrillo rojo que destacaba vívidamente contra la blancura impoluta de la nieve. <br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kibai, maldito holgazán, haz el favor de bajar de ahí de una vez!"</span><br />
<br />
La voz del oficial de cubierta le sacó de su ensimismamiento. Procurando mantener el equilibrio, Kibai caminó de vuelta por el bauprés hasta aterrizar con un salto en la cubierta del barco, justo delante del pequeño hombrecillo.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Venga, el capitán Seijuru te espera en su camarote. Creo que tiene algo que decirte. Y después seguro que tendré tareas para ti. Estamos a punto de atracar, y todas las manos son bien recibidas. O garras, en tu caso."</span><br />
<br />
Kibai hizo caso omiso a la chanza. Hacía tiempo que se había acostumbrado a que los tripulantes hiciesen alguna referencia que otra a su condición como Mink. Aunque al principio lo interpretó como una remarcación constante de que era diferente a la mayoría, con el tiempo entendió que solamente era su manera de hacerle ver que lo apreciaban como a uno más.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Está bien, gracias, señor, da gusto recibir órdenes de un oficial de tan <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">altas</span> miras."</span><br />
<br />
La respuesta fue recibida por algunas risas ahogadas entre los marinos cercanos, y Kibai tuvo que acelerar su paso hacia el camarote del capitán hasta convertirlo en una carrera, pues el oficial, entre las ya descaradas risas de parte de la tripulación, amenazaba con hacerse una nueva chaqueta con su pellejo.<br />
<br />
Una vez hubo accedido a la segunda cubierta, Kibai se detuvo un momento para alisarse la ropa antes de tocar tres veces en la puerta con el símbolo de la Marina grabado que daba paso al camarote del capitán.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Adelante Kibai."</span><br />
<br />
Una vez más, Kibai se asombró de que el capitán Seijuru supiese siempre que era él quien estaba al otro lado de la puerta. Girando el picaporte, entró a la estancia.<br />
<br />
El capitán Seijuru era un hombre de unos cuarenta años, de constitución robusta y cara afable, pero perfectamente capaz de liderar y dirigir a sus hombres en caso de darse un combate, como Kibai ya había tenido ocasión de contemplar una vez, cuando el propio capitán se había encargado de lidiar con un pequeño grupo de rufianes en una de las islas en las que se habían detenido a hacer repostaje de víveres. Una vez Kibai hubo cerrado la puerta tras de sí, le indicó con un gesto que tomase asiento delante de su mesa.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bien Kibai, en un par de horas a lo sumo, si esta maldita ventisca helada nos lo permite, llegaremos a tierra. Así que te lo pregunto una vez más, ¿estás dispuesto a hacer lo que me comentaste? En un par de días volveremos a partir de nuevo hacia el Grand Line, y no sería demasiado complicado encontrar la manera de que regresases a Zou."</span><br />
<br />
Kibai tomó asiento y respiró hondo antes de responder.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Si señor, estoy seguro. Este tiempo viajando entre sus hombres me ha hecho plantearme muchas cosas, y quiero que la próxima vez que mi gente me vea, se sientan orgullosos de mi."</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bien, sea pues. En Roshwan hay una base de reclutamiento de la Marina, daré aviso para que te reciban y puedas realizar el registro como recluta."</span><br />
<br />
Seijuru clavó sus ojos en Kibai con una expresión seria.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No esperes ningún trato de favor por ello, y por supuesto espero que me dejes quedar en buen lugar."</span><br />
<br />
El joven Mink se levantó de un salto, componiendo una posición de firmes.<br />
<br />
"¡<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Le prometo que usted se sentirá más orgulloso de mi que nadie, capitán!"</span><br />
<br />
Las carcajadas de Seijuru llenaron el camarote.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Seihahahaha. Está bien, está bien te creo. Ve a ayudar con el atraque, seguro que Darret tiene algo especial para ti tras tu </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">pequeña </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">burla"</span><br />
<br />
Y el capitán no se equivocaba. Kibai se pasó el resto del tiempo cargando enormes madejos de cabos empapados en agua helada a medida que Darret el iba ordenando recoger las ristras de los cuatro costados del buque. Para cuando tocaron tierra en Roshwan, la combinación del agua helada y el fuerte viento que arrastraba nieve había calado a Kibai hasta los huesos aunque su piel le ayudaba a aguantar bastante decentemente el tipo.<br />
<br />
Cuando hubo recogido sus muy escasas pertenencias y se despedía de los miembros de la tripulación, se sorpendió al ver a Seijuru de pie al lado de la pasarela, con una caja alargada de madera entre sus manos. Al acercarse Kibai, el capitán le dijo que la abriese.<br />
<br />
Tras accionar los goznes metálicos, la caja reveló una elegante espada de empuñadura dorada y negra, con la hoja cubierta por una vaina de color verde.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se llama Raimei. La adquirí hace un tiempo en el Grand Line, apenas un par de días después de encontrarte flotando a la deriva. Y no sé, desde que la vi, tuve la sensación de que te quedaría bastante bien. Así al menos llegarás al cuartel con algo más que un saco encima del hombro."</span><br />
<br />
Kibai sujetó la espada por la vaina con ambas manos, antes de hacer un último gesto de agradecimiento hacia Seijuru. Éste  le apretó el hombro antes de hacerle un gesto hacia tierra firme.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y ahora ve, y hazme sentir orgulloso."</span><br />
<br />
El Mink respiró hondo y, con su nuva espada en una mano y el macuto al hombro, descendió las tablas de madera y se aventuró en el muelle, a la procura de su nuevo destino.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Las aguas del South Blue eran sin duda mucho más tranquilas que las del Grand Line, se dijo a sí mismo Kibai mientras reposaba perezosamente encima del bauprés del barco. Desde luego, era agradable poder echarse la siesta tranquilamente sin estar ojo avizor para anomalías climáticas o avistamientos hostiles. Aunque el paso hacia el South Blue no había sido algo precisamente de risa, una vez superado ese escollo, el resto de la travesía en si les había bendecido con un mar prácticamente en calma total. Calma que por otro lado, había comenzado a romperse a medida que un viento gélido había azotado la embarcación de vez en cuando según se iban acercando a tierra.<br />
<br />
A lo lejos, el trasiego de varios marineros le distrajo de sus pensamientos. El oficial de cubierta Darret, un hombre de pequeña estatura y voz autoritaria, se hallaba subido encima de un barril, dirigiendo las maniobras necesarias para comenzar las maniobras de aproximación al puerto del Reino de Roshwan, lugar al cual el barco correo traía mensajes oficiales para la base local, así como correspondencia desde el Grand Line a las familias de los Marines que allí residían.<br />
<br />
Desperezándose, Kibai se incorporó y caminó cuidadosamente por el bauprés hasta alcanzar la punta, donde, bien agarrado al cabo que unía el palo al foque, contempló el paraje nevado de Roshwan. La línea de costa se extendía a ambos lados del horizonte y se ampliaba cada vez más, dibujando una ininterrumpida línea blanca, rota solamente por formaciones de un vivo color rojo, que, aunque en un principio el Mink las confundió con rocas, tras una observación más detallada resultaron ser edificios, contruídos en ladrillo rojo que destacaba vívidamente contra la blancura impoluta de la nieve. <br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kibai, maldito holgazán, haz el favor de bajar de ahí de una vez!"</span><br />
<br />
La voz del oficial de cubierta le sacó de su ensimismamiento. Procurando mantener el equilibrio, Kibai caminó de vuelta por el bauprés hasta aterrizar con un salto en la cubierta del barco, justo delante del pequeño hombrecillo.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Venga, el capitán Seijuru te espera en su camarote. Creo que tiene algo que decirte. Y después seguro que tendré tareas para ti. Estamos a punto de atracar, y todas las manos son bien recibidas. O garras, en tu caso."</span><br />
<br />
Kibai hizo caso omiso a la chanza. Hacía tiempo que se había acostumbrado a que los tripulantes hiciesen alguna referencia que otra a su condición como Mink. Aunque al principio lo interpretó como una remarcación constante de que era diferente a la mayoría, con el tiempo entendió que solamente era su manera de hacerle ver que lo apreciaban como a uno más.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Está bien, gracias, señor, da gusto recibir órdenes de un oficial de tan <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">altas</span> miras."</span><br />
<br />
La respuesta fue recibida por algunas risas ahogadas entre los marinos cercanos, y Kibai tuvo que acelerar su paso hacia el camarote del capitán hasta convertirlo en una carrera, pues el oficial, entre las ya descaradas risas de parte de la tripulación, amenazaba con hacerse una nueva chaqueta con su pellejo.<br />
<br />
Una vez hubo accedido a la segunda cubierta, Kibai se detuvo un momento para alisarse la ropa antes de tocar tres veces en la puerta con el símbolo de la Marina grabado que daba paso al camarote del capitán.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Adelante Kibai."</span><br />
<br />
Una vez más, Kibai se asombró de que el capitán Seijuru supiese siempre que era él quien estaba al otro lado de la puerta. Girando el picaporte, entró a la estancia.<br />
<br />
El capitán Seijuru era un hombre de unos cuarenta años, de constitución robusta y cara afable, pero perfectamente capaz de liderar y dirigir a sus hombres en caso de darse un combate, como Kibai ya había tenido ocasión de contemplar una vez, cuando el propio capitán se había encargado de lidiar con un pequeño grupo de rufianes en una de las islas en las que se habían detenido a hacer repostaje de víveres. Una vez Kibai hubo cerrado la puerta tras de sí, le indicó con un gesto que tomase asiento delante de su mesa.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bien Kibai, en un par de horas a lo sumo, si esta maldita ventisca helada nos lo permite, llegaremos a tierra. Así que te lo pregunto una vez más, ¿estás dispuesto a hacer lo que me comentaste? En un par de días volveremos a partir de nuevo hacia el Grand Line, y no sería demasiado complicado encontrar la manera de que regresases a Zou."</span><br />
<br />
Kibai tomó asiento y respiró hondo antes de responder.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Si señor, estoy seguro. Este tiempo viajando entre sus hombres me ha hecho plantearme muchas cosas, y quiero que la próxima vez que mi gente me vea, se sientan orgullosos de mi."</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bien, sea pues. En Roshwan hay una base de reclutamiento de la Marina, daré aviso para que te reciban y puedas realizar el registro como recluta."</span><br />
<br />
Seijuru clavó sus ojos en Kibai con una expresión seria.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No esperes ningún trato de favor por ello, y por supuesto espero que me dejes quedar en buen lugar."</span><br />
<br />
El joven Mink se levantó de un salto, componiendo una posición de firmes.<br />
<br />
"¡<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Le prometo que usted se sentirá más orgulloso de mi que nadie, capitán!"</span><br />
<br />
Las carcajadas de Seijuru llenaron el camarote.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Seihahahaha. Está bien, está bien te creo. Ve a ayudar con el atraque, seguro que Darret tiene algo especial para ti tras tu </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">pequeña </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">burla"</span><br />
<br />
Y el capitán no se equivocaba. Kibai se pasó el resto del tiempo cargando enormes madejos de cabos empapados en agua helada a medida que Darret el iba ordenando recoger las ristras de los cuatro costados del buque. Para cuando tocaron tierra en Roshwan, la combinación del agua helada y el fuerte viento que arrastraba nieve había calado a Kibai hasta los huesos aunque su piel le ayudaba a aguantar bastante decentemente el tipo.<br />
<br />
Cuando hubo recogido sus muy escasas pertenencias y se despedía de los miembros de la tripulación, se sorpendió al ver a Seijuru de pie al lado de la pasarela, con una caja alargada de madera entre sus manos. Al acercarse Kibai, el capitán le dijo que la abriese.<br />
<br />
Tras accionar los goznes metálicos, la caja reveló una elegante espada de empuñadura dorada y negra, con la hoja cubierta por una vaina de color verde.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Se llama Raimei. La adquirí hace un tiempo en el Grand Line, apenas un par de días después de encontrarte flotando a la deriva. Y no sé, desde que la vi, tuve la sensación de que te quedaría bastante bien. Así al menos llegarás al cuartel con algo más que un saco encima del hombro."</span><br />
<br />
Kibai sujetó la espada por la vaina con ambas manos, antes de hacer un último gesto de agradecimiento hacia Seijuru. Éste  le apretó el hombro antes de hacerle un gesto hacia tierra firme.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y ahora ve, y hazme sentir orgulloso."</span><br />
<br />
El Mink respiró hondo y, con su nuva espada en una mano y el macuto al hombro, descendió las tablas de madera y se aventuró en el muelle, a la procura de su nuevo destino.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Social, pasado] Una jornada más]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2186</link>
			<pubDate>Mon, 29 Sep 2025 13:36:56 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=519">Stroud Nanashi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2186</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La puerta de la taberna se abrió de sopetón, una súbita corriente de aire frío abriéndose camino en la estancia. Una enorme figura entró en el lugar, la madera oscura y gastada crujiendo bajo sus botas, que traían consigo un poco de nieve del exterior. El Marine que acababa de entrar parecía llegado de una playa tropical, carente de cualquier ropa de abrigo, ataviado como únicamente se podía en los días más cálidos del verano. Escasamente iluminado por las lámparas de aceite, que generaban un haz amarillento y sombras largas, Stroud Redgrave se retiró la gorra, por una cuestión de educación, y exhaló algo de vaho. El lugar no estaba mal, para ser Pushkin; era mejor que la mayoría de tugurios de aquella ciudad.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Algunas caras se giraron, examinando al joven, pero no demasiadas; no había demasiada clientela, y, para la poca que había, no era demasiado raro ver entrar a un Marine. Un par de pescadores discutían en voz alta sobre el precio del bacalao en el mercado, y el robusto tabernero limpiaba vasos con un paño. En una esquina, un músico solitario rasgaba suavemente un acordeón, llenando los silencios incómodos (o molestando, según se viese). <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Crunch Anchor</span> no era ningún local de mala muerte para maleantes y criminales, o, al menos, no más que otros lugares. Más bien, era un negocio humilde, de un par de décadas de vida, que se había convertido en una pequeña institución para los trabajadores de aquella zona de la ciudad. Dada su distancia del cuartel, además, no resultaba extraño que algunos Marines parasen por allí de vez en cuando a calentarse en el frío invernal.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">El humo del tabaco barato creaba una neblina tenue, iluminada por el fuego que crepitaba en la enorme chimenea central, constantemente alimentada con madera nueva; si en algo no escatimaban en Roshwan, era en mantener los lugares calientes. Stroud pidió al tabernero una jarra de hidromiel, y se sentó a la distancia justa como para que el calor del hogar no lo abrumase, en una pequeña mesa pegada a la pared. Sus agudos ojos oscuros recorrieron en lugar a un ritmo más calmado del habitual, analizando a los presentes con la tranquilidad de quien intuye que no hay nada que temer. Se detuvieron brevemente en el tablón de anuncios que descansaba tras la barra, sobre el que se agolpaban carteles, papeles y "se buscas" de todo tipo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La camarera, de un carácter marcadamente seco y distante, no tardó en traerle una jarra escarchada de hidromiel fría que hizo retumbar la mesa. Stroud musitó un "gracias" y dio un trago, acomodándose en el taburete, por supuesto, ligeramente cojo. Reflexionó, inmerso en sus pensamientos, sobre cómo los compañeros iban y venían en aquel oficio. Por mucho que todos se conociesen en el cuartel, y más en uno tan relativamente pequeño como el de Roshwan, siempre había una porción de reclutas que iban, y otros que venían. Cada mes, una o dos habitaciones se vaciaban y volvían a llenar con reclutas frescos. Soldados que eran destinados a otras islas, o que morían, o incluso que abandonaban el cuerpo tras un período frío y exigente en Roshwan.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La puerta de la taberna se abrió de sopetón, una súbita corriente de aire frío abriéndose camino en la estancia. Una enorme figura entró en el lugar, la madera oscura y gastada crujiendo bajo sus botas, que traían consigo un poco de nieve del exterior. El Marine que acababa de entrar parecía llegado de una playa tropical, carente de cualquier ropa de abrigo, ataviado como únicamente se podía en los días más cálidos del verano. Escasamente iluminado por las lámparas de aceite, que generaban un haz amarillento y sombras largas, Stroud Redgrave se retiró la gorra, por una cuestión de educación, y exhaló algo de vaho. El lugar no estaba mal, para ser Pushkin; era mejor que la mayoría de tugurios de aquella ciudad.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Algunas caras se giraron, examinando al joven, pero no demasiadas; no había demasiada clientela, y, para la poca que había, no era demasiado raro ver entrar a un Marine. Un par de pescadores discutían en voz alta sobre el precio del bacalao en el mercado, y el robusto tabernero limpiaba vasos con un paño. En una esquina, un músico solitario rasgaba suavemente un acordeón, llenando los silencios incómodos (o molestando, según se viese). <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Crunch Anchor</span> no era ningún local de mala muerte para maleantes y criminales, o, al menos, no más que otros lugares. Más bien, era un negocio humilde, de un par de décadas de vida, que se había convertido en una pequeña institución para los trabajadores de aquella zona de la ciudad. Dada su distancia del cuartel, además, no resultaba extraño que algunos Marines parasen por allí de vez en cuando a calentarse en el frío invernal.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">El humo del tabaco barato creaba una neblina tenue, iluminada por el fuego que crepitaba en la enorme chimenea central, constantemente alimentada con madera nueva; si en algo no escatimaban en Roshwan, era en mantener los lugares calientes. Stroud pidió al tabernero una jarra de hidromiel, y se sentó a la distancia justa como para que el calor del hogar no lo abrumase, en una pequeña mesa pegada a la pared. Sus agudos ojos oscuros recorrieron en lugar a un ritmo más calmado del habitual, analizando a los presentes con la tranquilidad de quien intuye que no hay nada que temer. Se detuvieron brevemente en el tablón de anuncios que descansaba tras la barra, sobre el que se agolpaban carteles, papeles y "se buscas" de todo tipo.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La camarera, de un carácter marcadamente seco y distante, no tardó en traerle una jarra escarchada de hidromiel fría que hizo retumbar la mesa. Stroud musitó un "gracias" y dio un trago, acomodándose en el taburete, por supuesto, ligeramente cojo. Reflexionó, inmerso en sus pensamientos, sobre cómo los compañeros iban y venían en aquel oficio. Por mucho que todos se conociesen en el cuartel, y más en uno tan relativamente pequeño como el de Roshwan, siempre había una porción de reclutas que iban, y otros que venían. Cada mes, una o dos habitaciones se vaciaban y volvían a llenar con reclutas frescos. Soldados que eran destinados a otras islas, o que morían, o incluso que abandonaban el cuerpo tras un período frío y exigente en Roshwan.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[T2] ¿Por qué hay un gigante en mi cocina?]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2096</link>
			<pubDate>Mon, 08 Sep 2025 10:45:58 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=516">Sam Bernard</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2096</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dia 48, Verano, Año 16</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Roshwan, Ciudad Pushkin</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">09:00 A.M.</span></span></div>
<br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">La nieve caía con la monotonía de un metrónomo sobre la ciudad de Pushkin, capital del Reino de Roshwan. Los copos se arremolinaban en el aire, chocando contra las fachadas de ladrillo rojizo que caracterizaban la urbe, resbalando sobre los tejados esféricos pintados en tonos verdes, dorados y azules. Era temprano en la mañana, y a pesar del frío que calaba hasta los huesos, la ciudad bullía de actividad, comerciantes descargando barriles de vodka en la Plaza, costureras cargando telas desde las fábricas, niños correteando con bufandas demasiado largas.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Pero en una de las calles menos transitadas, donde el olor a levadura y sopa de pescado solía ser lo único que atraía a los vecinos, reinaba el caos. La casa de la familia Korolev, artesanos conocidos por elaborar tazas y jarras de cerámica para las tabernas, estaba siendo sacudida como si un terremoto la hubiera tomado por asalto, los gritos resonaban entre las paredes cubiertas de escarcha.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—¡Sáquenlo de aquí! ¡Por amor a Nika, sáquenlo de mi cocina! —</span></span></span>chillaba la madre, con el cabello cubierto de harina y las manos alzadas al cielo.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">El motivo de la conmoción era evidente, un gigante se había colado dentro, no uno de esos colosos guerreros que aparecen en los relatos de marinos veteranos, sino un sujeto corpulento, de sonrisa ingenua y mirada perdida, que parecía creer con firmeza que estaba haciendo un bien. Pixie, así lo llamaban en el puerto, un bonachón con más fuerza que sentido común.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">La cocina, que hasta esa mañana había sido el orgullo de los Korolev, estaba destrozada. Las vigas del techo crujían bajo el peso del torso del gigante; sus piernas, dobladas de forma incómoda, habían perforado el suelo, hundiéndose hasta el sótano donde guardaban barriles de aguardiente, cada vez que intentaba moverse, lo hacía con torpeza, un codo derribaba una repisa de especias, una rodilla hundía un horno de hierro, su enorme mano convertía las delicadas tazas en polvo.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¡Pero yo ayudo, yo cocino! —</span></span></span>exclamaba Pixie con voz grave, mientras intentaba batir en un diminuto cuenco lo que quedaba de huevos y leche, el cuenco, evidentemente, no resistió y estalló en fragmentos cerámicos, y la mezcla chorreó por su enorme palma como si fuera sopa aguada.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—¡¿Eso te parece ayudar?! ¡Nos vas a arruinar! — </span></span></span>gritó el padre, tratando de rescatar lo poco que quedaba de harina antes de que el gigante la usara como si fuera nieve para lanzarla al aire.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Los niños de la casa, dos pequeños de mejillas rojas por el frío, lloraban a moco tendido desde una esquina, observando cómo su desayuno se transformaba en un campo de batalla, el olor a pan quemado, mezclado con madera rota y alcohol derramado del sótano, impregnaba el ambiente.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Los vecinos ya se habían agolpado en la entrada, cubiertos con abrigos gruesos y gorros de lana, murmurando entre ellos mientras algunos lanzaban advertencias.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Ese grandulón va a tumbar toda la casa si no lo detienen. —</span><br />
<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color"> —Llamen a la Marina, ¡esto es territorio del Gobierno! —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color"> —¡No, no, no! Si llegan los soldados y lo hieren, ¿quién va a pagar los daños? —</span></span></span></span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> </span></span></span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">El dilema estaba servido, Pixie no tenía malas intenciones, eso era evidente en su mirada torpe y en las frases que repetía como un niño intentando complacer a sus padres. Pero su “ayuda” estaba causando estragos irreparables, una viga cedió con un crujido ensordecedor, y un pedazo del techo cayó sobre una mesa, partiéndola en dos.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">En la calle, algunos ya corrían hacia el cuartel de la Marina en Pushkin, donde un Capitán, un Comandante y decenas de soldados estaban listos para responder a cualquier altercado. La cuestión era, ¿qué pasaría si la fuerza del gigante se encontraba con la disciplina de la Marina? ¿Sería posible detenerlo sin provocar una tragedia mayor?</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">El frío invernal no daba tregua, y la nevada comenzaba a cubrir los escombros que caían al exterior, la familia suplicaba ayuda a gritos, los vecinos observaban con una mezcla de miedo y morbo, y Pixie, ajeno al desastre, sonreía mientras intentaba, con las yemas de sus dedos enormes, dar forma a un panecillo que se deshacía en migas.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">La misión estaba clara, alguien debía intervenir antes de que la cocina se convirtiera en ruinas, la casa colapsara por completo y la paciencia de los altos mandos de la Marina se agotara.</span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span> Pixie</span>
					</div>
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				</div>
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					 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/ePnPZ9C.png" loading="lazy"  width="550" height="550" alt="[Imagen: ePnPZ9C.png]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nombre: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Pixie</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Raza: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Gigante</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Edad: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">97 años</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Facción: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Civil</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">FUE:??|RES:??|DES:??|PREC:??|AGI:??|REF:??|INT:??|VOL:??|</span></span></div>
<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Bienvenidos a esta hermosa aventura/misión, todos estan en el cuartel de la marina escuchando la información que han llevado los vecinos, tiene la opción de decidir ofrecerse para ir o simplemente esperar a que el desastre sea mayor y seran enviando junto a otras divisiones NPCs para intentar controlar al gigante. Diviertanse muchachos. <br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dia 48, Verano, Año 16</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Roshwan, Ciudad Pushkin</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">09:00 A.M.</span></span></div>
<br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">La nieve caía con la monotonía de un metrónomo sobre la ciudad de Pushkin, capital del Reino de Roshwan. Los copos se arremolinaban en el aire, chocando contra las fachadas de ladrillo rojizo que caracterizaban la urbe, resbalando sobre los tejados esféricos pintados en tonos verdes, dorados y azules. Era temprano en la mañana, y a pesar del frío que calaba hasta los huesos, la ciudad bullía de actividad, comerciantes descargando barriles de vodka en la Plaza, costureras cargando telas desde las fábricas, niños correteando con bufandas demasiado largas.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Pero en una de las calles menos transitadas, donde el olor a levadura y sopa de pescado solía ser lo único que atraía a los vecinos, reinaba el caos. La casa de la familia Korolev, artesanos conocidos por elaborar tazas y jarras de cerámica para las tabernas, estaba siendo sacudida como si un terremoto la hubiera tomado por asalto, los gritos resonaban entre las paredes cubiertas de escarcha.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—¡Sáquenlo de aquí! ¡Por amor a Nika, sáquenlo de mi cocina! —</span></span></span>chillaba la madre, con el cabello cubierto de harina y las manos alzadas al cielo.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">El motivo de la conmoción era evidente, un gigante se había colado dentro, no uno de esos colosos guerreros que aparecen en los relatos de marinos veteranos, sino un sujeto corpulento, de sonrisa ingenua y mirada perdida, que parecía creer con firmeza que estaba haciendo un bien. Pixie, así lo llamaban en el puerto, un bonachón con más fuerza que sentido común.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">La cocina, que hasta esa mañana había sido el orgullo de los Korolev, estaba destrozada. Las vigas del techo crujían bajo el peso del torso del gigante; sus piernas, dobladas de forma incómoda, habían perforado el suelo, hundiéndose hasta el sótano donde guardaban barriles de aguardiente, cada vez que intentaba moverse, lo hacía con torpeza, un codo derribaba una repisa de especias, una rodilla hundía un horno de hierro, su enorme mano convertía las delicadas tazas en polvo.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">—¡Pero yo ayudo, yo cocino! —</span></span></span>exclamaba Pixie con voz grave, mientras intentaba batir en un diminuto cuenco lo que quedaba de huevos y leche, el cuenco, evidentemente, no resistió y estalló en fragmentos cerámicos, y la mezcla chorreó por su enorme palma como si fuera sopa aguada.</span><br />
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<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—¡¿Eso te parece ayudar?! ¡Nos vas a arruinar! — </span></span></span>gritó el padre, tratando de rescatar lo poco que quedaba de harina antes de que el gigante la usara como si fuera nieve para lanzarla al aire.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Los niños de la casa, dos pequeños de mejillas rojas por el frío, lloraban a moco tendido desde una esquina, observando cómo su desayuno se transformaba en un campo de batalla, el olor a pan quemado, mezclado con madera rota y alcohol derramado del sótano, impregnaba el ambiente.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Los vecinos ya se habían agolpado en la entrada, cubiertos con abrigos gruesos y gorros de lana, murmurando entre ellos mientras algunos lanzaban advertencias.</span><br />
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<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Ese grandulón va a tumbar toda la casa si no lo detienen. —</span><br />
<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color"> —Llamen a la Marina, ¡esto es territorio del Gobierno! —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color"> —¡No, no, no! Si llegan los soldados y lo hieren, ¿quién va a pagar los daños? —</span></span></span></span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> </span></span></span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">El dilema estaba servido, Pixie no tenía malas intenciones, eso era evidente en su mirada torpe y en las frases que repetía como un niño intentando complacer a sus padres. Pero su “ayuda” estaba causando estragos irreparables, una viga cedió con un crujido ensordecedor, y un pedazo del techo cayó sobre una mesa, partiéndola en dos.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">En la calle, algunos ya corrían hacia el cuartel de la Marina en Pushkin, donde un Capitán, un Comandante y decenas de soldados estaban listos para responder a cualquier altercado. La cuestión era, ¿qué pasaría si la fuerza del gigante se encontraba con la disciplina de la Marina? ¿Sería posible detenerlo sin provocar una tragedia mayor?</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">El frío invernal no daba tregua, y la nevada comenzaba a cubrir los escombros que caían al exterior, la familia suplicaba ayuda a gritos, los vecinos observaban con una mezcla de miedo y morbo, y Pixie, ajeno al desastre, sonreía mientras intentaba, con las yemas de sus dedos enormes, dar forma a un panecillo que se deshacía en migas.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">La misión estaba clara, alguien debía intervenir antes de que la cocina se convirtiera en ruinas, la casa colapsara por completo y la paciencia de los altos mandos de la Marina se agotara.</span><br />
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						<span> Pixie</span>
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					 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/ePnPZ9C.png" loading="lazy"  width="550" height="550" alt="[Imagen: ePnPZ9C.png]" class="mycode_img" /></div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nombre: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Pixie</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Raza: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Gigante</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Edad: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">97 años</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Facción: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Civil</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">FUE:??|RES:??|DES:??|PREC:??|AGI:??|REF:??|INT:??|VOL:??|</span></span></div>
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				</div>
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						<span>Leeme</span>
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					<br />
Bienvenidos a esta hermosa aventura/misión, todos estan en el cuartel de la marina escuchando la información que han llevado los vecinos, tiene la opción de decidir ofrecerse para ir o simplemente esperar a que el desastre sea mayor y seran enviando junto a otras divisiones NPCs para intentar controlar al gigante. Diviertanse muchachos. <br />

				</div>
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