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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Ciudad Chastushka]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 20:16:51 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[PEDALEA PIZZ KIITA PEDALEAAAAAAAAAA!!!! [FIC]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4268</link>
			<pubDate>Tue, 08 Sep 2026 00:32:22 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=777">Pizz Kiitta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4268</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><div class='custom-spoiler'>
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					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Nota de autor: Recomiendo leer con la musica puesta de fondo para ambientar pero tambien recomiendo esperar a que termine de reproducirse antes de pasar a la siguiente o en su defecto pausarla para mejor experiencia juejejejeje
				</div>
			</div><br />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">23 de Verano, Año 18<br />
6:58 AM</span></span></div>
</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/KGuzGWj193Y?si=p9RRQb9aWrwIsrrX" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
La mañana en el puerto más alejado de Chastushka era un auténtico dolor de cabeza. El viento soplaba desde el norte con una fuerza brutal, arrastrando ráfagas de nieve fina que se clavaban como agujas en la piel. Quizá para muchos el clima era solo un contratiempo, pero para un tontatta esto era un verdadero infierno. Montículos de nieve que superan tres veces mi tamaño, tablas de madera podridas y congeladas donde podría caerme en una zanjita, rafagas de viento que me sacarían volando, etc. Por suerte para mí, uno de mis compañeros de escuadrón se había dignado a llevarme en su hombro. <br />
<br />
Estaba asignado como soldado raso al pelotón del sargento Vane. Éramos seis marines en total, apostados detrás de una barricada improvisada con cajones de bacalao salado y redes de pesca congeladas. Según los informes que nos habían bajado desde el cuartel general antes del amanecer, un pequeño grupo de contrabandistas que viajaban desde la isla Centaurea iba a desembarcar mercancía ilegal en este muelle abandonado. <br />
<br />
El sargento Vane, un tipo enorme de casi dos metros con una barba poblada de escarcha, miraba hacia el horizonte con un catalejo. Yo estaba parado justo sobre una caja de madera a su lado, intentando mirar hacia el horizonte con la mira de mi rifle.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Sargento, la ventisca esta empeorando la visibilidad —</span> Dije en voz alta, tratando de sonar como un soldado disciplinado mientras el viento intentaba empujarme hacia atrás.<br />
<br />
Me llevé la mano enguantada a la cabeza y ajusté mi ushanka de la Marina, empujándola hacia arriba porque el tamaño excesivo de la prenda hacía que se me resbalara sobre los ojos cada vez que el viento soplaba de frente. El sargento apenas bajó la vista hacia la caja, me miró un segundo con cara de estar aguantándose un suspiro y volvió a mirar al mar.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Solo quédate en tu puesto y no te dejes pisar cuando empiece el movimiento, novato—</span> Gruñó Vane con su voz ronca.<br />
<br />
Apreté los dientes con indignación. Siempre lo mismo. Nadie me tomaba en serio, pero ya verían. Hoy iba a ser el día en que destacaría frente a mi sargento.<br />
<br />
A las ocho y cuarto de la mañana, un balandro viejo y sin bandera encalló en el borde del muelle. Tres hombres corpulentos, abrigados con pesados abrigos de piel de oso, bajaron por una rampa de madera cargando distintos cofres y cajas con productos varios de dudosa legalidad. Sin duda aquellos eran nuestro objetivo.<br />
<br />
El sargento Vane no esperó más. Salió de detrás de los cajones con su sable desenvainado y gritó con toda la fuerza de sus pulmones: <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">—¡Alto en nombre de la Marina! ¡Quedan arrestados por tráfico ileg…—</span></span><br />
<br />
Todo se fue al demonio en una fracción de segundo.<br />
<br />
Los contrabandistas no tenían ninguna intención de rendirse pacíficamente. Uno de ellos, un tipo calvo con una cicatriz que le cruzaba la mandíbula, soltó lo que tenía en las manos y sacó una escopeta de dos cañones de debajo de su abrigo y disparó directamente contra nuestra posición.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡BUM!</span></span></span></div>
<br />
La perdigonada destrozó la caja de bacalao donde yo estaba parado. La explosión de astillas me lanzó por los aires, haciéndome dar dos vueltas en el aire antes de aterrizar de espaldas sobre la nieve compacta del suelo del muelle. El impacto me dejó sin aire por un instante. Boquee con fuerza buscando llenar con oxígeno mis pulmones mientras veía estrellas dar vuelta sobre mi. Me incorporé como pude, buscando mi rifle a tientas que se había resbalado. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/1Ag_aMbgLS4?si=N7ITSEpydPg0Z02B" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
¿Y el muelle? Pues el muelle se convirtió en una zona de guerra caótica y ensordecedora. Los otros cuatro soldados de la Marina cargaron hacia adelante abriendo fuego con sus mosquetes, mientras los contrabandistas hacian lo mismo y se lanzaban al frente con sables y pistolas en alto.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡¡¡AYAYAYAYAY CUIDADO CUIDADO CUIDADO!!!—</span></span> Quise gritar, pero el estruendo de un disparo tapó mi voz por completo.<br />
<br />
El pie de uno de mis compañeros, revestido del grueso cuero de las botas militares pasó a tres centímetros de mi cabeza, hundiendo la madera podrida del muelle y levantando una nube de astillas y hielo mientras corría a los gritos. Tuve que rodar sobre mi costado izquierdo a toda velocidad, impulsándome con mis piernitas para no ser aplastado por el avance de mis propios compañeros de pelotón. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡¡¡ME VAN A  PISAR, MIREN DONDE PIS…!!!—</span></span> <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/Tqr8rMjx/Gemini-Generated-Image-glwbnglwbnglwbng.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Gemini-Generated-Image-glwbnglwbnglwbng.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Antes de que pudiera terminar de hablar o de ponerme de pie, un cartucho de dinamita encendido cayó rebotando justo en el medio del pasillo de tablas.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡¡¡¡GRANADAAAA!!!!—</span></span> Bramé presa del pánico, dando un salto desesperado hacia adelante.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">¡KABOOOOM!</span></span></span></div>
<br />
La onda expansiva reventó parte del muelle y mandó a volar por los aires tablones de madera, barriles, cajas con pescado, clavos y hasta parte de la mercancía por la cual había comenzado la pelea. De todo el desastre y caos de objetos volando, hubo un cofre en especial que salió perjudicado. Un cofre pequeño, con remaches de hierro, que había quedado en el centro del fuego cruzado, recibió el impacto directo de la explosión. Las bisagras de metal cedieron con un chillido agudo y la tapa salió disparada hacia el agua congelada. Y desde el interior del cofre humeante, envuelta en telas rasgadas, salió rodando un bulto extraño. <br />
<br />
Uno de los contrabandistas vio aquel bulto y gritó desesperado: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡La fruta! ¡Que alguien recupere la fruta, esa cosa vale una fortuna!—</span></span><br />
<br />
El hombre de la escopeta se abalanzó hacia adelante con sus zancadas pesadas para agarrarla, pero el sargento Vane se interpuso en su camino, trabando su sable contra el cañón del arma del criminal en un forcejeo violento de chispas y maldiciones. El choque entre los dos gigantes empujó accidentalmente la aparente fruta con la puntera de una bota.<br />
<br />
La fruta rodó con fuerza hacia el extremo este del muelle, justo donde la madera terminaba y comenzaba una colina empinada de nieve dura y hielo que descendía unos doscientos metros hacia una hondonada rocosa llena de piedras afiladas.<br />
<br />
Y yo, que estaba intentando esquivar el sable de otro contrabandista arrastrándome por el suelo, quedé exactamente en la trayectoria de la pendiente.<br />
<br />
La fruta me golpeó de lleno en la espalda como una roca rodante, empujándome hacia el borde del muelle. No tuve tiempo de agarrarme de ningún poste: el suelo bajo mis pies desapareció y sentí la caída libre hacia la ladera congelada.<br />
<br />
Por puro instinto de supervivencia, extendí los brazos y las piernas mientras caía y aterricé de panza sobre la parte superior de la fruta morada. Sin embargo, la colina tenía una inclinación pronunciadisima de puro hielo resbaladizo, y la esfera vegetal no tardó ni medio segundo en comenzar a rodar ladera abajo a una velocidad aterradora. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¡Estaba girando!</span></span></div>
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡AAAAAAAHHH! ¡OI OI OI OI! ¡DETÉNGASE EN NOMBRE DE LA LEY!—</span></span> Grité en un ataque absoluto de histeria mientras la fruta daba su primera vuelta completa.<br />
<br />
Si no quería terminar convertido en papilla contra los peñascos o ser triturado por el peso de aquella fruta, no me quedaba otra opción que incorporarme. Me puse de pie sobre la superficie rugosa y empecé a pedalear con mis piernitas, corriendo a una velocidad de locura para mantener el equilibrio, tan rápido como mis piernas me lo permitían, moviéndome como un acróbata de circo sobre una pelota gigante en movimiento.<br />
<br />
Mis pies eran un borrón de movimiento. Si corría demasiado despacio, la superficie curva me arrastraba hacia atrás y me mandaba debajo del peso de la fruta; si corría demasiado rápido, me tropezaba y salía volando de cabeza contra la nieve congelada.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">—¡Jap! ¡Jap! ¡Jap!—</span></span> Empecé a jadear a cada paso, intentando mantener un ritmo constante pero era muy difícil, el terror me tenía con los ojos abiertos como platos y el corazón latiendome en la garganta.<br />
<br />
El viento me daba directo en la cara con la fuerza de un cañonazo y el ushanka en mi cabeza se me bajó por completo, tapándome la visión.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡¡MIERDA MIERDA NO VEOOOOO!!—</span></span> Chillé con voz aguda mientras que con una mano intentaba empujar la visera hacia arriba que no paraba de deslizarse devuelta hacia adelante.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/G32MRRN0/Chat-GPT-Image-8-sept-2026-03-00-06-a-m.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: Chat-GPT-Image-8-sept-2026-03-00-06-a-m.png]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Al recuperar la vista, me di cuenta de que íbamos a toda máquina directo hacia un banco de pinos congelados. La fruta rebotó contra un montículo de nieve endurecida, elevándose medio metro en el aire. Sentí la ingravidez en el estómago durante un segundo eterno; mi enorme cola esponjosa se abrió en abanico detrás de mí para intentar estabilizar mi cuerpo en el aire, y cuando la fruta volvió a impactar contra el suelo blanco, caí de rodillas sobre la cáscara rugosa, aferrándome a los espirales de la piel como si me fuera la vida en ello.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Pipipipipipi!—</span></span> Solté una risita nerviosa y entrecortada provocada por el pánico puro, con los dientes apretados tan fuerte que me dolía la mandíbula, mientras intentaba pararme y seguir moviendo mis patitas como leñador sobre tronco.<br />
<br />
La fruta siguió acelerando por la pendiente, esquivando un árbol por escasos centímetros y levantando una estela de nieve en polvo a sus espaldas. Al fondo de la colina, al final de la bajada, me esperaba una gran pared de roca sólida de granito, cubierta por una capa gruesa de carámbanos de hielo afilados.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¡¡¡Iba a chocar a toda velocidad!!!</span></span></div>
<br />
Intenté frenar clavando los talones de mis botas en la superficie de la fruta, pero el material era duro y resbaladizo, Mire nervioso a mi alrededor, braceando desesperadamente para intentar saltar hacia un costado antes del impacto final.<br />
<br />
Veinte metros… quince metros… diez metros…<br />
<br />
Para buena o mala suerte, una piedra apareció en mi camino a la pared de picas e hizo que la fruta impactará primero con ella y saliera volando hacia arriba. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">¡CRASH!</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/eOAMaWoBQwo?si=yK232y0AVvN0B_Ha" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
La fruta esférica se estrelló de lleno contra la piedra a una velocidad destructiva. El impacto fue tan violento que la fruta reventó como sapo con el culo lleno de petardos. La cáscara se partió en docenas de fragmentos irregulares y la pulpa, de una textura pegajosa, húmeda y de un color violeta brillante, explotó en todas direcciones como si fuera metralla.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">—¡¡¡¡AYYYYY MAMIIIII!!!—</span></span></div>
<br />
Yo salí disparado hacia adelante por la fuerza de la inercia, atravesando la nube de restos vegetales con la boca completamente abierta por el grito que estaba pegando. Un trozo enorme de pulpa carnosa, voló en trayectoria directa hacia mi rostro e ingresó limpio en mi boca abierta.<br />
<br />
El pedazo era tan grande y venía con tanta fuerza que me obligó a tragarlo entero por puro reflejo de asfixia. Bajó por mi garganta como una piedra caliente y viscosa, inundandome la boca de un sabor horrible, tan amargo, rancio y repulsivo que casi vomitaba en el aire. Sabía a calcetín podrido sumergido en aceite quemado de cañón, mezclado con barro podrido de pantano, azufre y cera de vela rancia.<br />
<br />
Mi cuerpo cayó pesadamente sobre un montón de nieve blanda, y conmigo, el resto de la pulpa destrozada de la fruta cayó sobre mí como una lluvia densa, cubriéndome todo el uniforme con una capa espesa de baba amarillenta y pedazos de cáscara.<br />
<br />
Mis ojos se pusieron en blanco, solté un último quejido ahogado y quede completamente desmayado tendido sobre la nieve, en medio del silencio del bosque.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">***</span></span></div>
Un tiempo después, en el muelle superior, el sargento Vane y los soldados de la Marina terminaban de colocarle las esposas de hierro a los tres contrabandistas, completamente sometidos y desarmados sobre los tablones rotos.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Buen trabajo, hombres—</span> dijo Vane, limpiando la sangre de su sable con un trapo. —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Registren el perímetro. Tenemos que catalogar toda la mercancía para trasladarla a la base. Y encuentran la supuesta fruta del diablo, debemos notificar lo antes posible al Gobierno Mundial para que la resguarden—</span><br />
<br />
Un soldado raso se acercó corriendo desde el borde del muelle, rascándose la nuca con preocupación.<br />
<br />
<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Sargento… La fruta que traían no está por ningún lado. Y tampoco encontramos al recluta Pizz Kiita.—</span><br />
<br />
Vane frunció el ceño con pesadez. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Maldita sea... ¿dónde se metió ese mocoso? Les dije que no lo pisaran…—</span> Dijo el hombre, observando los alrededores en busca de algun indicio del pequeño soldado.<br />
<br />
<span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—¡Ey aquí hay algo, sargento!—</span> La voz de otro de los soldados se hizo oír junto.<br />
<br />
El grupo de marines se asomó con cautela al extremo este del puerto, encontrándose una enorme y profunda zanja que cortaba la nieve de forma violenta. El surco descendía por toda la ladera como si una bala de cañón de proporciones épicas hubiera rodado sin control hasta perderse en el fondo de aquella hondonada rocosa.<br />
<br />
Guiados por el rastro de ramas astilladas y la nieve revuelta, el sargento Vane y otros dos soldados iniciaron el peligroso descenso por la pendiente de hielo. Al alcanzar finalmente la imponente pared de granito sólido, el escenario que se desplegó ante sus ojos los dejó en un silencio absoluto, completamente mudos por la sorpresa.<br />
<br />
La nieve estaba pintada de arriba abajo con una sustancia viscosa de color amarillento, con trozos de cáscara con extraños patrones en espiral esparcidos por todas partes. Y en el centro de todo ese pegote, enterrado entre nieve y fruta, yacía el pequeño Pizz Kiita.<br />
Estaba completamente inconsciente, ojos en blanco y boca abierta con un hilo de baba colgando. De la comisura de su boca también se veían pedazos de pulpa de la fruta.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/XZTp0nm1/Gemini-Generated-Image-p1a1c0p1a1c0p1a1.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Gemini-Generated-Image-p1a1c0p1a1c0p1a1.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
El sargento Vane se agachó con pesadez en la nieve, clavó sus ojos en el rastro, luego en los restos de la fruta y finalmente en la cara manchada del diminuto soldado. Se quedó en silencio durante diez segundos enteros, asimilando la ridícula escena. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—No me jodas..—</span> Murmuró Vane con una mezcla de incredulidad y resignación. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—El novato se comió la fruta.—</span><br />
<br />
El sargento extendió su enorme mano enguantada, agarró a Pizz por la parte trasera de su pequeña camisa mojada como si fuera un gatito indefenso y lo levantó en el aire. El pequeño tontatta ni siquiera se despertó; solo frunció levemente el ceño en sueños, como si todavía estuviera intentando mantener las apariencias incluso estando cubierto de jugo apestoso de pies a cabeza.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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				</div>
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					Fic hecho para reclamar la fruta tier 2: Moa Moa no mi.<br />
<br />
A quien lea esto, espero que le haya gustado!!!
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><div class='custom-spoiler'>
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					Nota de autor: Recomiendo leer con la musica puesta de fondo para ambientar pero tambien recomiendo esperar a que termine de reproducirse antes de pasar a la siguiente o en su defecto pausarla para mejor experiencia juejejejeje
				</div>
			</div><br />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">23 de Verano, Año 18<br />
6:58 AM</span></span></div>
</div>
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<br />
La mañana en el puerto más alejado de Chastushka era un auténtico dolor de cabeza. El viento soplaba desde el norte con una fuerza brutal, arrastrando ráfagas de nieve fina que se clavaban como agujas en la piel. Quizá para muchos el clima era solo un contratiempo, pero para un tontatta esto era un verdadero infierno. Montículos de nieve que superan tres veces mi tamaño, tablas de madera podridas y congeladas donde podría caerme en una zanjita, rafagas de viento que me sacarían volando, etc. Por suerte para mí, uno de mis compañeros de escuadrón se había dignado a llevarme en su hombro. <br />
<br />
Estaba asignado como soldado raso al pelotón del sargento Vane. Éramos seis marines en total, apostados detrás de una barricada improvisada con cajones de bacalao salado y redes de pesca congeladas. Según los informes que nos habían bajado desde el cuartel general antes del amanecer, un pequeño grupo de contrabandistas que viajaban desde la isla Centaurea iba a desembarcar mercancía ilegal en este muelle abandonado. <br />
<br />
El sargento Vane, un tipo enorme de casi dos metros con una barba poblada de escarcha, miraba hacia el horizonte con un catalejo. Yo estaba parado justo sobre una caja de madera a su lado, intentando mirar hacia el horizonte con la mira de mi rifle.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Sargento, la ventisca esta empeorando la visibilidad —</span> Dije en voz alta, tratando de sonar como un soldado disciplinado mientras el viento intentaba empujarme hacia atrás.<br />
<br />
Me llevé la mano enguantada a la cabeza y ajusté mi ushanka de la Marina, empujándola hacia arriba porque el tamaño excesivo de la prenda hacía que se me resbalara sobre los ojos cada vez que el viento soplaba de frente. El sargento apenas bajó la vista hacia la caja, me miró un segundo con cara de estar aguantándose un suspiro y volvió a mirar al mar.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Solo quédate en tu puesto y no te dejes pisar cuando empiece el movimiento, novato—</span> Gruñó Vane con su voz ronca.<br />
<br />
Apreté los dientes con indignación. Siempre lo mismo. Nadie me tomaba en serio, pero ya verían. Hoy iba a ser el día en que destacaría frente a mi sargento.<br />
<br />
A las ocho y cuarto de la mañana, un balandro viejo y sin bandera encalló en el borde del muelle. Tres hombres corpulentos, abrigados con pesados abrigos de piel de oso, bajaron por una rampa de madera cargando distintos cofres y cajas con productos varios de dudosa legalidad. Sin duda aquellos eran nuestro objetivo.<br />
<br />
El sargento Vane no esperó más. Salió de detrás de los cajones con su sable desenvainado y gritó con toda la fuerza de sus pulmones: <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">—¡Alto en nombre de la Marina! ¡Quedan arrestados por tráfico ileg…—</span></span><br />
<br />
Todo se fue al demonio en una fracción de segundo.<br />
<br />
Los contrabandistas no tenían ninguna intención de rendirse pacíficamente. Uno de ellos, un tipo calvo con una cicatriz que le cruzaba la mandíbula, soltó lo que tenía en las manos y sacó una escopeta de dos cañones de debajo de su abrigo y disparó directamente contra nuestra posición.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡BUM!</span></span></span></div>
<br />
La perdigonada destrozó la caja de bacalao donde yo estaba parado. La explosión de astillas me lanzó por los aires, haciéndome dar dos vueltas en el aire antes de aterrizar de espaldas sobre la nieve compacta del suelo del muelle. El impacto me dejó sin aire por un instante. Boquee con fuerza buscando llenar con oxígeno mis pulmones mientras veía estrellas dar vuelta sobre mi. Me incorporé como pude, buscando mi rifle a tientas que se había resbalado. <br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/1Ag_aMbgLS4?si=N7ITSEpydPg0Z02B" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
¿Y el muelle? Pues el muelle se convirtió en una zona de guerra caótica y ensordecedora. Los otros cuatro soldados de la Marina cargaron hacia adelante abriendo fuego con sus mosquetes, mientras los contrabandistas hacian lo mismo y se lanzaban al frente con sables y pistolas en alto.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡¡¡AYAYAYAYAY CUIDADO CUIDADO CUIDADO!!!—</span></span> Quise gritar, pero el estruendo de un disparo tapó mi voz por completo.<br />
<br />
El pie de uno de mis compañeros, revestido del grueso cuero de las botas militares pasó a tres centímetros de mi cabeza, hundiendo la madera podrida del muelle y levantando una nube de astillas y hielo mientras corría a los gritos. Tuve que rodar sobre mi costado izquierdo a toda velocidad, impulsándome con mis piernitas para no ser aplastado por el avance de mis propios compañeros de pelotón. <span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡¡¡ME VAN A  PISAR, MIREN DONDE PIS…!!!—</span></span> <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/Tqr8rMjx/Gemini-Generated-Image-glwbnglwbnglwbng.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Gemini-Generated-Image-glwbnglwbnglwbng.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Antes de que pudiera terminar de hablar o de ponerme de pie, un cartucho de dinamita encendido cayó rebotando justo en el medio del pasillo de tablas.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡¡¡¡GRANADAAAA!!!!—</span></span> Bramé presa del pánico, dando un salto desesperado hacia adelante.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">¡KABOOOOM!</span></span></span></div>
<br />
La onda expansiva reventó parte del muelle y mandó a volar por los aires tablones de madera, barriles, cajas con pescado, clavos y hasta parte de la mercancía por la cual había comenzado la pelea. De todo el desastre y caos de objetos volando, hubo un cofre en especial que salió perjudicado. Un cofre pequeño, con remaches de hierro, que había quedado en el centro del fuego cruzado, recibió el impacto directo de la explosión. Las bisagras de metal cedieron con un chillido agudo y la tapa salió disparada hacia el agua congelada. Y desde el interior del cofre humeante, envuelta en telas rasgadas, salió rodando un bulto extraño. <br />
<br />
Uno de los contrabandistas vio aquel bulto y gritó desesperado: <span style="color: #008e02;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡La fruta! ¡Que alguien recupere la fruta, esa cosa vale una fortuna!—</span></span><br />
<br />
El hombre de la escopeta se abalanzó hacia adelante con sus zancadas pesadas para agarrarla, pero el sargento Vane se interpuso en su camino, trabando su sable contra el cañón del arma del criminal en un forcejeo violento de chispas y maldiciones. El choque entre los dos gigantes empujó accidentalmente la aparente fruta con la puntera de una bota.<br />
<br />
La fruta rodó con fuerza hacia el extremo este del muelle, justo donde la madera terminaba y comenzaba una colina empinada de nieve dura y hielo que descendía unos doscientos metros hacia una hondonada rocosa llena de piedras afiladas.<br />
<br />
Y yo, que estaba intentando esquivar el sable de otro contrabandista arrastrándome por el suelo, quedé exactamente en la trayectoria de la pendiente.<br />
<br />
La fruta me golpeó de lleno en la espalda como una roca rodante, empujándome hacia el borde del muelle. No tuve tiempo de agarrarme de ningún poste: el suelo bajo mis pies desapareció y sentí la caída libre hacia la ladera congelada.<br />
<br />
Por puro instinto de supervivencia, extendí los brazos y las piernas mientras caía y aterricé de panza sobre la parte superior de la fruta morada. Sin embargo, la colina tenía una inclinación pronunciadisima de puro hielo resbaladizo, y la esfera vegetal no tardó ni medio segundo en comenzar a rodar ladera abajo a una velocidad aterradora. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¡Estaba girando!</span></span></div>
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡AAAAAAAHHH! ¡OI OI OI OI! ¡DETÉNGASE EN NOMBRE DE LA LEY!—</span></span> Grité en un ataque absoluto de histeria mientras la fruta daba su primera vuelta completa.<br />
<br />
Si no quería terminar convertido en papilla contra los peñascos o ser triturado por el peso de aquella fruta, no me quedaba otra opción que incorporarme. Me puse de pie sobre la superficie rugosa y empecé a pedalear con mis piernitas, corriendo a una velocidad de locura para mantener el equilibrio, tan rápido como mis piernas me lo permitían, moviéndome como un acróbata de circo sobre una pelota gigante en movimiento.<br />
<br />
Mis pies eran un borrón de movimiento. Si corría demasiado despacio, la superficie curva me arrastraba hacia atrás y me mandaba debajo del peso de la fruta; si corría demasiado rápido, me tropezaba y salía volando de cabeza contra la nieve congelada.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">—¡Jap! ¡Jap! ¡Jap!—</span></span> Empecé a jadear a cada paso, intentando mantener un ritmo constante pero era muy difícil, el terror me tenía con los ojos abiertos como platos y el corazón latiendome en la garganta.<br />
<br />
El viento me daba directo en la cara con la fuerza de un cañonazo y el ushanka en mi cabeza se me bajó por completo, tapándome la visión.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">—¡¡MIERDA MIERDA NO VEOOOOO!!—</span></span> Chillé con voz aguda mientras que con una mano intentaba empujar la visera hacia arriba que no paraba de deslizarse devuelta hacia adelante.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/G32MRRN0/Chat-GPT-Image-8-sept-2026-03-00-06-a-m.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: Chat-GPT-Image-8-sept-2026-03-00-06-a-m.png]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Al recuperar la vista, me di cuenta de que íbamos a toda máquina directo hacia un banco de pinos congelados. La fruta rebotó contra un montículo de nieve endurecida, elevándose medio metro en el aire. Sentí la ingravidez en el estómago durante un segundo eterno; mi enorme cola esponjosa se abrió en abanico detrás de mí para intentar estabilizar mi cuerpo en el aire, y cuando la fruta volvió a impactar contra el suelo blanco, caí de rodillas sobre la cáscara rugosa, aferrándome a los espirales de la piel como si me fuera la vida en ello.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Pipipipipipi!—</span></span> Solté una risita nerviosa y entrecortada provocada por el pánico puro, con los dientes apretados tan fuerte que me dolía la mandíbula, mientras intentaba pararme y seguir moviendo mis patitas como leñador sobre tronco.<br />
<br />
La fruta siguió acelerando por la pendiente, esquivando un árbol por escasos centímetros y levantando una estela de nieve en polvo a sus espaldas. Al fondo de la colina, al final de la bajada, me esperaba una gran pared de roca sólida de granito, cubierta por una capa gruesa de carámbanos de hielo afilados.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¡¡¡Iba a chocar a toda velocidad!!!</span></span></div>
<br />
Intenté frenar clavando los talones de mis botas en la superficie de la fruta, pero el material era duro y resbaladizo, Mire nervioso a mi alrededor, braceando desesperadamente para intentar saltar hacia un costado antes del impacto final.<br />
<br />
Veinte metros… quince metros… diez metros…<br />
<br />
Para buena o mala suerte, una piedra apareció en mi camino a la pared de picas e hizo que la fruta impactará primero con ella y saliera volando hacia arriba. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">¡CRASH!</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/eOAMaWoBQwo?si=yK232y0AVvN0B_Ha" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
La fruta esférica se estrelló de lleno contra la piedra a una velocidad destructiva. El impacto fue tan violento que la fruta reventó como sapo con el culo lleno de petardos. La cáscara se partió en docenas de fragmentos irregulares y la pulpa, de una textura pegajosa, húmeda y de un color violeta brillante, explotó en todas direcciones como si fuera metralla.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">—¡¡¡¡AYYYYY MAMIIIII!!!—</span></span></div>
<br />
Yo salí disparado hacia adelante por la fuerza de la inercia, atravesando la nube de restos vegetales con la boca completamente abierta por el grito que estaba pegando. Un trozo enorme de pulpa carnosa, voló en trayectoria directa hacia mi rostro e ingresó limpio en mi boca abierta.<br />
<br />
El pedazo era tan grande y venía con tanta fuerza que me obligó a tragarlo entero por puro reflejo de asfixia. Bajó por mi garganta como una piedra caliente y viscosa, inundandome la boca de un sabor horrible, tan amargo, rancio y repulsivo que casi vomitaba en el aire. Sabía a calcetín podrido sumergido en aceite quemado de cañón, mezclado con barro podrido de pantano, azufre y cera de vela rancia.<br />
<br />
Mi cuerpo cayó pesadamente sobre un montón de nieve blanda, y conmigo, el resto de la pulpa destrozada de la fruta cayó sobre mí como una lluvia densa, cubriéndome todo el uniforme con una capa espesa de baba amarillenta y pedazos de cáscara.<br />
<br />
Mis ojos se pusieron en blanco, solté un último quejido ahogado y quede completamente desmayado tendido sobre la nieve, en medio del silencio del bosque.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">***</span></span></div>
Un tiempo después, en el muelle superior, el sargento Vane y los soldados de la Marina terminaban de colocarle las esposas de hierro a los tres contrabandistas, completamente sometidos y desarmados sobre los tablones rotos.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Buen trabajo, hombres—</span> dijo Vane, limpiando la sangre de su sable con un trapo. —<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Registren el perímetro. Tenemos que catalogar toda la mercancía para trasladarla a la base. Y encuentran la supuesta fruta del diablo, debemos notificar lo antes posible al Gobierno Mundial para que la resguarden—</span><br />
<br />
Un soldado raso se acercó corriendo desde el borde del muelle, rascándose la nuca con preocupación.<br />
<br />
<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Sargento… La fruta que traían no está por ningún lado. Y tampoco encontramos al recluta Pizz Kiita.—</span><br />
<br />
Vane frunció el ceño con pesadez. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Maldita sea... ¿dónde se metió ese mocoso? Les dije que no lo pisaran…—</span> Dijo el hombre, observando los alrededores en busca de algun indicio del pequeño soldado.<br />
<br />
<span style="color: #b20080;" class="mycode_color">—¡Ey aquí hay algo, sargento!—</span> La voz de otro de los soldados se hizo oír junto.<br />
<br />
El grupo de marines se asomó con cautela al extremo este del puerto, encontrándose una enorme y profunda zanja que cortaba la nieve de forma violenta. El surco descendía por toda la ladera como si una bala de cañón de proporciones épicas hubiera rodado sin control hasta perderse en el fondo de aquella hondonada rocosa.<br />
<br />
Guiados por el rastro de ramas astilladas y la nieve revuelta, el sargento Vane y otros dos soldados iniciaron el peligroso descenso por la pendiente de hielo. Al alcanzar finalmente la imponente pared de granito sólido, el escenario que se desplegó ante sus ojos los dejó en un silencio absoluto, completamente mudos por la sorpresa.<br />
<br />
La nieve estaba pintada de arriba abajo con una sustancia viscosa de color amarillento, con trozos de cáscara con extraños patrones en espiral esparcidos por todas partes. Y en el centro de todo ese pegote, enterrado entre nieve y fruta, yacía el pequeño Pizz Kiita.<br />
Estaba completamente inconsciente, ojos en blanco y boca abierta con un hilo de baba colgando. De la comisura de su boca también se veían pedazos de pulpa de la fruta.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/XZTp0nm1/Gemini-Generated-Image-p1a1c0p1a1c0p1a1.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Gemini-Generated-Image-p1a1c0p1a1c0p1a1.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
El sargento Vane se agachó con pesadez en la nieve, clavó sus ojos en el rastro, luego en los restos de la fruta y finalmente en la cara manchada del diminuto soldado. Se quedó en silencio durante diez segundos enteros, asimilando la ridícula escena. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—No me jodas..—</span> Murmuró Vane con una mezcla de incredulidad y resignación. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—El novato se comió la fruta.—</span><br />
<br />
El sargento extendió su enorme mano enguantada, agarró a Pizz por la parte trasera de su pequeña camisa mojada como si fuera un gatito indefenso y lo levantó en el aire. El pequeño tontatta ni siquiera se despertó; solo frunció levemente el ceño en sueños, como si todavía estuviera intentando mantener las apariencias incluso estando cubierto de jugo apestoso de pies a cabeza.<br />
<br />
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					Fic hecho para reclamar la fruta tier 2: Moa Moa no mi.<br />
<br />
A quien lea esto, espero que le haya gustado!!!
				</div>
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