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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Centro de Danza de Samba]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Tue, 29 Sep 2026 14:55:56 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Mirando luces | Road Twel Dorado]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4389</link>
			<pubDate>Mon, 21 Sep 2026 20:06:15 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=614">Tezca Norova</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4389</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">4 de Verano año 16</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Samba</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Atardecer.</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Las letras rojas del letrero colorido eran directas, apareciendo frente a mi como obra del místico destino al preguntar “¿Qué haré hoy si ya terminé de trabajar?” Pues ahí estaba mi respuesta. La verdad es que no estaba tan cansado para llamarlo un día, aunque había perdido la cantidad de reuniones que había tenido ¿Cinco? ¿El tener que invitarle una bebida a ese sujeto contaba como una? Por lo que me había perdido entre las calles selváticas de Samba intentando notar alguna novedad por esta ya tan conocida tierra, creo que después de isla Karate y Torino este era el lugar que más solía visitar por negocios. <br />
 <br />
Leí una vez más el letrero frente a mi ¿Bailar? Recuerdo haber disfrutado ocasionalmente de alguno que otro baile aunque nunca me había interesado del todo aquella maestría, pero había otro texto que le había agradado a mi hambriento estomago: Buffet gratis y solo eso fue suficiente para decidir encaminarme al centro de danza. <br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/736x/89/af/ef/89afeff9feadda1d36b5d141370093a9.jpg" width="450"></div>
 <br />
En el lugar había más gente de la que esperaba, platicando en la pista mientras los que parecían ser los instructores terminaban por acomodar alrededor y del otro lado, casi llamativo, una extensa mesa con una fila de diversas frutas, comidas y botanas que por el momento parecía no accesible. Esperé, mirando desde cierta distancia al resto de locales y viajeros que se habían reunido a bailar, cuando la voz del maestro de ceremonias se hizo presente. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—¡BUENAS A TODOS! ¡GRACIAS POR ACOMPAÑARNOS EN ESTA TARDE A NUESTRA PRIMERA CLASE DE BAILE EN PAREJAS GRATUITA! ¡ESPEREMOS ESTA TARDE SEA DE SU AGRADO! ¡POR FAVOR, ENCUENTREN UNA PAREJA PARA INICIAR LA CLASE! —</span></span> Oh ¿En parejas? Parecía que había omitido eso por completo y sin embargo podría ser un problema para cualquiera menos para el gran Tezca Norova, me acerqué entre la multitud esperando a alguna linda chica a la que podría acercarme y sin embargo, todos parecían haber encontrado pareja de inmediato. <br />
 <br />
Era imposible ¿Me entiendes? Que no quedara ni una sola alma sin pareja y ahí estaba yo, vagando mientras miraba a ambos lado con calor y molestia, los instructores pasaban entre la gente para asegurarse que las parejas estuvieran formadas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—¡Si alguien todavía no tiene pareja ahora los juntamos, no se preocupen! —</span></span> Comentó muy oportunamente aquel maestro de ceremonias, chasqueé con cierta molestia, cruzándome de brazos hasta que uno de los instructores notó mi soledad, alzando el brazo mientras gritaba. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Aquí tengo uno sin pareja! ¿Quién falta? —</span><br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://i.pinimg.com/736x/fb/ec/2b/fbec2bfb89b516bc11941f97a2cc9b05.jpg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Vestimenta</a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">4 de Verano año 16</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Samba</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Atardecer.</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Las letras rojas del letrero colorido eran directas, apareciendo frente a mi como obra del místico destino al preguntar “¿Qué haré hoy si ya terminé de trabajar?” Pues ahí estaba mi respuesta. La verdad es que no estaba tan cansado para llamarlo un día, aunque había perdido la cantidad de reuniones que había tenido ¿Cinco? ¿El tener que invitarle una bebida a ese sujeto contaba como una? Por lo que me había perdido entre las calles selváticas de Samba intentando notar alguna novedad por esta ya tan conocida tierra, creo que después de isla Karate y Torino este era el lugar que más solía visitar por negocios. <br />
 <br />
Leí una vez más el letrero frente a mi ¿Bailar? Recuerdo haber disfrutado ocasionalmente de alguno que otro baile aunque nunca me había interesado del todo aquella maestría, pero había otro texto que le había agradado a mi hambriento estomago: Buffet gratis y solo eso fue suficiente para decidir encaminarme al centro de danza. <br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/736x/89/af/ef/89afeff9feadda1d36b5d141370093a9.jpg" width="450"></div>
 <br />
En el lugar había más gente de la que esperaba, platicando en la pista mientras los que parecían ser los instructores terminaban por acomodar alrededor y del otro lado, casi llamativo, una extensa mesa con una fila de diversas frutas, comidas y botanas que por el momento parecía no accesible. Esperé, mirando desde cierta distancia al resto de locales y viajeros que se habían reunido a bailar, cuando la voz del maestro de ceremonias se hizo presente. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—¡BUENAS A TODOS! ¡GRACIAS POR ACOMPAÑARNOS EN ESTA TARDE A NUESTRA PRIMERA CLASE DE BAILE EN PAREJAS GRATUITA! ¡ESPEREMOS ESTA TARDE SEA DE SU AGRADO! ¡POR FAVOR, ENCUENTREN UNA PAREJA PARA INICIAR LA CLASE! —</span></span> Oh ¿En parejas? Parecía que había omitido eso por completo y sin embargo podría ser un problema para cualquiera menos para el gran Tezca Norova, me acerqué entre la multitud esperando a alguna linda chica a la que podría acercarme y sin embargo, todos parecían haber encontrado pareja de inmediato. <br />
 <br />
Era imposible ¿Me entiendes? Que no quedara ni una sola alma sin pareja y ahí estaba yo, vagando mientras miraba a ambos lado con calor y molestia, los instructores pasaban entre la gente para asegurarse que las parejas estuvieran formadas. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—¡Si alguien todavía no tiene pareja ahora los juntamos, no se preocupen! —</span></span> Comentó muy oportunamente aquel maestro de ceremonias, chasqueé con cierta molestia, cruzándome de brazos hasta que uno de los instructores notó mi soledad, alzando el brazo mientras gritaba. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Aquí tengo uno sin pareja! ¿Quién falta? —</span><br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><a href="https://i.pinimg.com/736x/fb/ec/2b/fbec2bfb89b516bc11941f97a2cc9b05.jpg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Vestimenta</a></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Libre expresión. [Aventura T1 | Morana Von Stein]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3644</link>
			<pubDate>Sat, 02 May 2026 16:56:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=547">Heras</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3644</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=582" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Día 64 de Otoño, Año 17</span></a></div>
<br />
El otoño en samba, una tierra selvática cargada de humedad, si bien el calor es un elemento que molesta es más la sensación térmica por la humedad. Fomenta el sudor y los cuerpos bronceados se ven cargados de curvas y tonificaciones. Adornados con ropas con variedad de colores y pinturas que expresan lo que guardan en sus corazones. <br />
<br />
El centro de Danza de Samba. Un punto donde la pobreza viene a expresarse y para muchos es la frontera que los aleja de unas vidas miserables. Una zona respetada por la mayoría. Ningún pran, o cabecilla de banda, buscaba meterse y siempre se hacía el esfuerzo por resguardarlo. Para muchos era la salvación, casi como un culto donde había un tratado de paz. Los bailarines más reconocidos llegaban al punto de no ser molestados ni dentro ni fuera de aquel territorio lleno de la cultura de calle.<br />
<br />
Música sonaba con instrumentos, ritmos pegadizos que hacen que la cadera de cualquiera siga el compás. Acompañados de cuerpo que se mueven en coreografía, practicas al aire libre donde los grupos muestran lo que han venido practicando. Hombres bien tonificados, ágiles, con su torso expuesto enseñan acerca de la zona. Las mujeres con cuerpos diversos, unas más atléticas, otras más delicadas, pero todas con un extenso y habilidoso sentido del ritmo para aprovechar cada compás y cada silencio. <br />
<br />
Lugar donde las emociones sembradas por la pobreza se llevan a cabo y se expresan de maneras que no son melancólicas. Muchas veces incluso parecen llamar alegría a sus vidas. Un grupo de danzantes practican en uno de los múltiples lugares de danza exteriores,  lo hacían bastante bien ya que atraían a otros a ver, señoras y señores, ancianos y niños, todos podían admirar que tan buenos eran esos danzantes. <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Off</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Buenas Morana. Espero estes bien, agradecido con la oportunidad de Narrarte una aventura T1. Aquí te dejo algo de información acerca de la aventura. Lo haré sencillo y de la misma manera trataré de dejarte tips que te pueden servir en tus proximas aventuras. Lo primero la sinopsis de esta con la que fue solicitada:<br />
<br />
"<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> En los barrios de la isla de la Isla de samba existe multitudes de pqueñas bandas que amedrentan diferentes tipos de negocios y a civiles en la isla. Abusando con su fuerza sobre ellos y oprimiendolos a cumplir con sus exigencias. Se busca de gente que se encargue de aquellos maleantes que han extendidos sus practicas delictivas a las cercanicas de los barrios donde estan las academias de baile de la misma, ya que son de gran importancia de la cultura de isla.</span></span></span>"<br />
<br />
Lo siguiente son los tips para la parte más allá del rol. Es al final del mismo siempre tratar de colocar unos spoilers con informacion importante.<br />
<br />
Resumen de acciones y ubicación: Siempre sintetizado de una manera mucho mas corta la información relevante del post.<br />
Karmas: Como bien sabemos el foro va con un sistema de Karmas, aquí colocaras un resumen de los Karmas, solo por su nombre de los influyan en tu post con mayor prioridad.<br />
inventario: Cómo bien es importante dejar en claro que cosas llevas que sean visibles<br />
Belico: Esto ya va de la mano con el sistema de combate, tenicas, gastos, apartados de explicacion y etc, pero que mientras no se entre en combate no es necesario.<br />
<br />
Todo esto con la intención de que mas adelante las aventuras sean llevadas acorde al sistema del foro. Espero disfrutes.!<br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=582" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Día 64 de Otoño, Año 17</span></a></div>
<br />
El otoño en samba, una tierra selvática cargada de humedad, si bien el calor es un elemento que molesta es más la sensación térmica por la humedad. Fomenta el sudor y los cuerpos bronceados se ven cargados de curvas y tonificaciones. Adornados con ropas con variedad de colores y pinturas que expresan lo que guardan en sus corazones. <br />
<br />
El centro de Danza de Samba. Un punto donde la pobreza viene a expresarse y para muchos es la frontera que los aleja de unas vidas miserables. Una zona respetada por la mayoría. Ningún pran, o cabecilla de banda, buscaba meterse y siempre se hacía el esfuerzo por resguardarlo. Para muchos era la salvación, casi como un culto donde había un tratado de paz. Los bailarines más reconocidos llegaban al punto de no ser molestados ni dentro ni fuera de aquel territorio lleno de la cultura de calle.<br />
<br />
Música sonaba con instrumentos, ritmos pegadizos que hacen que la cadera de cualquiera siga el compás. Acompañados de cuerpo que se mueven en coreografía, practicas al aire libre donde los grupos muestran lo que han venido practicando. Hombres bien tonificados, ágiles, con su torso expuesto enseñan acerca de la zona. Las mujeres con cuerpos diversos, unas más atléticas, otras más delicadas, pero todas con un extenso y habilidoso sentido del ritmo para aprovechar cada compás y cada silencio. <br />
<br />
Lugar donde las emociones sembradas por la pobreza se llevan a cabo y se expresan de maneras que no son melancólicas. Muchas veces incluso parecen llamar alegría a sus vidas. Un grupo de danzantes practican en uno de los múltiples lugares de danza exteriores,  lo hacían bastante bien ya que atraían a otros a ver, señoras y señores, ancianos y niños, todos podían admirar que tan buenos eran esos danzantes. <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					</div>
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				</div>
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					Buenas Morana. Espero estes bien, agradecido con la oportunidad de Narrarte una aventura T1. Aquí te dejo algo de información acerca de la aventura. Lo haré sencillo y de la misma manera trataré de dejarte tips que te pueden servir en tus proximas aventuras. Lo primero la sinopsis de esta con la que fue solicitada:<br />
<br />
"<span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> En los barrios de la isla de la Isla de samba existe multitudes de pqueñas bandas que amedrentan diferentes tipos de negocios y a civiles en la isla. Abusando con su fuerza sobre ellos y oprimiendolos a cumplir con sus exigencias. Se busca de gente que se encargue de aquellos maleantes que han extendidos sus practicas delictivas a las cercanicas de los barrios donde estan las academias de baile de la misma, ya que son de gran importancia de la cultura de isla.</span></span></span>"<br />
<br />
Lo siguiente son los tips para la parte más allá del rol. Es al final del mismo siempre tratar de colocar unos spoilers con informacion importante.<br />
<br />
Resumen de acciones y ubicación: Siempre sintetizado de una manera mucho mas corta la información relevante del post.<br />
Karmas: Como bien sabemos el foro va con un sistema de Karmas, aquí colocaras un resumen de los Karmas, solo por su nombre de los influyan en tu post con mayor prioridad.<br />
inventario: Cómo bien es importante dejar en claro que cosas llevas que sean visibles<br />
Belico: Esto ya va de la mano con el sistema de combate, tenicas, gastos, apartados de explicacion y etc, pero que mientras no se entre en combate no es necesario.<br />
<br />
Todo esto con la intención de que mas adelante las aventuras sean llevadas acorde al sistema del foro. Espero disfrutes.!<br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Danza en samba]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3227</link>
			<pubDate>Tue, 17 Feb 2026 00:50:16 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=663">Kazan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3227</guid>
			<description><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 40 de Verano, Año 16</div></span><br />
<br />
<br />
El suelo de madera cruje bajo cada paso como si la tierra protestara. Diez metros de piel azul cerúlea avanzan despacio por el barrio ribereño de Samba alli donde las casas parecen que se acurrucan unas con otras. Kazan lleva el kanaboo apoyado sobre el hombro izquierdo, el mango en vertical y la cabeza señalando al cielo. A su derecha a unos tres metros una hilera de fachadas de madera desgastada. A su izquierda el río ancho y lento distante quizás veinte metros río abajo por la calle que baja.<br />
<br />
El calor de Samba es asolador. Lleva cuatro días en la isla y es suficiente para entender la geometría de la desigualdad, cuanto más lejos del río más piedra en las paredes, simple ¿verdad?. Cuanto más cerca más madera y más bailarines descalzos usando los pies para decir lo que la boca no puede. Eso lo entiende Kazan sin que nadie se lo explique. Se detiene frente al Centro de Danza a solo cinco metros hasta la entrada. Las paredes exteriores vibran suavemente. Saca la pipa del fajón rojo, la carga con movimientos que sus dedos ya conocen de memoria, y la prende con el chisquero que guarda en la túnica amarilla. La primera calada sale despacio, el humo sube. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bailan porque no pueden gritar."</span></span> No es juicio. Es reconocimiento.<br />
<br />
Rodea el edificio lentamente, orientando el cuerpo hacia el sur, hacia el patio trasero donde el sonido es más nítido. Sus pasos mantienen un metro y medio de separación respecto a la pared para no derrumbar nada con el hombro sin querer. Los tablones del suelo dejan marcas profundas bajo sus pies, hendiduras circulares que seguirán ahí mañana. En el patio hay gente y Kazan se detiene a unos ocho metros del grupo más cercano, de espaldas a la pared del callejón que bordea el edificio por el este. Desde ahí puede ver la entrada al patio y el tramo de calle que viene del río. Hay un ritmo en este lugar que no tiene que ver con la música.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Por las profundidades... hace tiempo que no veía a gente moverse así.-</span></span><br />
<br />
No habla para nadie en particular. O quizás sí. Toca los cuernos con la mano libre, una sola vez, como uno golpea una campana antes de formular una pregunta importante. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Division."</span></span> La palabra lleva semanas revoloteando en algún lugar entre la garganta y el estómago, sin encontrar el momento exacto para aterrizar. Las misiones solitarias tienen un límite. Exhala humo. El olor dulzón del tabaco se mezcla con el aire húmedo del verano. Quien quiera notar a un gigante azul de diez metros fumando pipa en el patio trasero de un centro de danza tiene pocos motivos para no hacerlo.<br />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/TpuEsLg.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: TpuEsLg.jpeg]" class="mycode_img" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 40 de Verano, Año 16</div></span><br />
<br />
<br />
El suelo de madera cruje bajo cada paso como si la tierra protestara. Diez metros de piel azul cerúlea avanzan despacio por el barrio ribereño de Samba alli donde las casas parecen que se acurrucan unas con otras. Kazan lleva el kanaboo apoyado sobre el hombro izquierdo, el mango en vertical y la cabeza señalando al cielo. A su derecha a unos tres metros una hilera de fachadas de madera desgastada. A su izquierda el río ancho y lento distante quizás veinte metros río abajo por la calle que baja.<br />
<br />
El calor de Samba es asolador. Lleva cuatro días en la isla y es suficiente para entender la geometría de la desigualdad, cuanto más lejos del río más piedra en las paredes, simple ¿verdad?. Cuanto más cerca más madera y más bailarines descalzos usando los pies para decir lo que la boca no puede. Eso lo entiende Kazan sin que nadie se lo explique. Se detiene frente al Centro de Danza a solo cinco metros hasta la entrada. Las paredes exteriores vibran suavemente. Saca la pipa del fajón rojo, la carga con movimientos que sus dedos ya conocen de memoria, y la prende con el chisquero que guarda en la túnica amarilla. La primera calada sale despacio, el humo sube. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bailan porque no pueden gritar."</span></span> No es juicio. Es reconocimiento.<br />
<br />
Rodea el edificio lentamente, orientando el cuerpo hacia el sur, hacia el patio trasero donde el sonido es más nítido. Sus pasos mantienen un metro y medio de separación respecto a la pared para no derrumbar nada con el hombro sin querer. Los tablones del suelo dejan marcas profundas bajo sus pies, hendiduras circulares que seguirán ahí mañana. En el patio hay gente y Kazan se detiene a unos ocho metros del grupo más cercano, de espaldas a la pared del callejón que bordea el edificio por el este. Desde ahí puede ver la entrada al patio y el tramo de calle que viene del río. Hay un ritmo en este lugar que no tiene que ver con la música.<br />
<br />
<span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Por las profundidades... hace tiempo que no veía a gente moverse así.-</span></span><br />
<br />
No habla para nadie en particular. O quizás sí. Toca los cuernos con la mano libre, una sola vez, como uno golpea una campana antes de formular una pregunta importante. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Division."</span></span> La palabra lleva semanas revoloteando en algún lugar entre la garganta y el estómago, sin encontrar el momento exacto para aterrizar. Las misiones solitarias tienen un límite. Exhala humo. El olor dulzón del tabaco se mezcla con el aire húmedo del verano. Quien quiera notar a un gigante azul de diez metros fumando pipa en el patio trasero de un centro de danza tiene pocos motivos para no hacerlo.<br />
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<img src="https://i.imgur.com/TpuEsLg.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: TpuEsLg.jpeg]" class="mycode_img" />]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Baile inolvidable]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3226</link>
			<pubDate>Mon, 16 Feb 2026 18:55:32 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=675">Cill Blinton</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3226</guid>
			<description><![CDATA[<hr class="mycode_hr" />
<br />
<iframe width="740" height="110" src="https://www.youtube.com/embed/RHxibvUmbis?si=HFnuLgUKohDfmszG" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #888888;" class="mycode_color"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 10, Primavera Año 17</div></span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
El reino de Samba... Climas tropicales, ambientes de ensueño... La primavera, prematura aún, regalaba un momento especial para disfrutar el día de manera única. El atardecer era cálido, despejado, sin nubes tapando el cielo, dejando ver ese tono violáceo, permitiendo que el horizonte regalara el último momento de sol, ya débil en presencia, difuminándose en el firmamento como un fuego naranja que se resistía a desaparecer. La brisa, suave pero presente, daba ese alivio fresco a quienes se encontraban fuera disfrutando esa onírica postal. Las primeras estrellas se asomaban empezando a dar ese brillo como toque final al cuadro pintado en las alturas, como si de una obra de arte se tratara. <br />
<br />
Habían pasado ya unos pocos días de haber liberado a la joven esclava en venta en aquel almacén en el puerto. Todavía pensaba un poco en aquella situación, y le remontaba a su pasado, recordando un poco quizás sus raíces, la privación de la libertad de la gente, era un tema que le tocaba muy de cerca, y con lo cual podía ignorar o contenerse, la libertad no se negociaba, era lo único que estaba por encima de bandos, facciones, países, ideales... Nadie merecía dejar de ser un ser libre, lo sabía de primera mano... Mientras recorría las calles de Samba, absorto en sus pensamientos, que se encontraban en un desordenado vaivén de sensaciones casi melancólicas, sus cobrizos ojos se perdían en lo lejos, donde el cielo se mezcla con el paisaje, dibujando esa línea virtual que separa la tierra, mortal, finita, del cielo, inmenso, amplio, infinito... El frío del metal de la cruz en su pecho, le recordaba siempre porque ver el cielo le traía esa sensación de calma... Por momentos, pensaba en aquella joven y si en su fortuna ésta vez le sonreiría más adecuadamente... Una hilacha de humo desprendida de su cigarro iba marcando su trayecto caminado, con alguna otra nube espesa de humo salida directamente de su boca, exhalando luego de dar una buena pitada a éste. <br />
<br />
Una repentina calma y sosiego le inundó, fluyendo dentro de él como agua viva. Una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras su mente volvía a conectar poco a poco con su cuerpo, tomando más consciencia del aquí y ahora. Se sentía tranquilo, sabía donde estaba, le era familiar, no era su hogar, más allí vivía, y comenzaba a sentirse más ligero, como si toda aquella situación de repente dejó de ser un peso en sus espaldas. Las calles comenzaron a tomar más sentido, marquesinas a reconocerlas, lugares familiares... De pronto, el centro comercial de Samba, a medida que seguía caminando, se iba transformando poco a poco en negocios y edificios menos comerciales, tomando un tinte más cultural, más pintorezco, más vivo. El centro de danza estaba cerca... Los locales poco a poco se transformaban más y más en puestos improvisados, entre tablones, tarimas, y demás. Las calles podía progresivamente escucharse más vivas, con una música que acrecentaba cuanto más se adentraba... No podía negarlo, el pelinegro disfrutaba de aquella zona del reino que cada tanto visitaba para contagiarse de ésta, alejado quizás del humo y bullicio de las tabernas, y antros donde primaba el juego, el azar, caras peligrosas y siempre presente rencillas en donde ir a buscar emociones, dinero fácil... Aquí era diferente, y era algo que también le generaba gusto, la música, el color, el baile, no podía negarlo, era otra forma de sentirse vivo, una que realmente le gustaba.<br />
<br />
Lenta y paulatinamente el cigarro se fue consumiendo en sí mismo, cayendo poco a poco en ceniza, para finalmente quedar en la nada, y guardar sus manos en el bolsillo. Los ritmos de los tambores ya llenaban el ambiente, la gente cantando y danzando. Muchas otras personas, aún paseando entre los puestos, comprando artesanías, o simplemente conversando, disfrutando el despertar de aquella vivaz noche. <br />
<br />
Para su mala suerte, como si de una maldición se tratara, aquellas emociones y adrenalina que tanto solía buscar, incluso cuando no lo hacía le terminaban encontrando. Entre todo el ruido y ajetreo, logró discernir unas voces que le gritaban... Sabía muy bien quienes eran... Solo unas noches atrás había perdido bastante dinero con ellos, claramente nunca tuvo la intención de pagarles, de hecho, habían enviado un cobrador por él y luego de jugar un rato, solo le rompió la nariz al no dejarle en paz, pero, desgraciadamente la avaricia de algunos puede más que el olvido, o al menos así lo veía el. Lo que fueron gritos, pronto se tornaron en corridas... No había contado bien, solo pudo echar a reír de la situación a carcajadas mientras corría, pero podía aseverar que eran alrededor de unos siete u ocho tipos, que intentaban seguirle el ritmo como podían al ritmo de insultos y amenazas. <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">¡Mierda!... ¡Ya les voy a pagar les dije la última vez!</span></span>— les dijo mirando hacia atrás a la carrera esperando que dejaran de molestar. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">~A este paso no me los voy a quitar nunca de encima~</span></span> pensaba mientras no podía evitar la risa. De un salto, subió a uno de los techos de la fachada de una de las calles, y empezó a saltar de techo en techo, cortando camino por unos minutos. La risa era incontrolable, no podía más que rendirse ante las carcajadas. Sin dejar de correr, volteó a ver hacia atrás para definitivamente confirmar que los había perdido. Descuidado, improvisado, divertido siempre, casi de forma caricaturezca, al ver hacia delante se dió cuenta que se le terminó el camino, y se encontró cayendo desde ocho metros de altura de aquel techo a lo que parecía un puesto donde vendían joyas artesanales... La altura no era la gran cosa, incluso se reía desde el primerísimo momento que se dió cuenta que ya no podía frenar y caería irremediablemente... La caída fue una crónica anunciada...<br />
<br />
En el aire solo pudo intentar acrobáticamente acomodarse de frente mientras reía... No llegó a divisar bien, todo fué muy rápido, pero se dirigía a lo que parecía ¿Una gran mujer alada?...<br />
<br />
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><div style="text-align: center;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">¡¡CUIDADO AHí!!</span></span>—</div></span><br />
alcanzó a gritar entre risas mientras parecía inminente de frente contra aquella mujer]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<hr class="mycode_hr" />
<br />
<iframe width="740" height="110" src="https://www.youtube.com/embed/RHxibvUmbis?si=HFnuLgUKohDfmszG" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #888888;" class="mycode_color"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 10, Primavera Año 17</div></span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
El reino de Samba... Climas tropicales, ambientes de ensueño... La primavera, prematura aún, regalaba un momento especial para disfrutar el día de manera única. El atardecer era cálido, despejado, sin nubes tapando el cielo, dejando ver ese tono violáceo, permitiendo que el horizonte regalara el último momento de sol, ya débil en presencia, difuminándose en el firmamento como un fuego naranja que se resistía a desaparecer. La brisa, suave pero presente, daba ese alivio fresco a quienes se encontraban fuera disfrutando esa onírica postal. Las primeras estrellas se asomaban empezando a dar ese brillo como toque final al cuadro pintado en las alturas, como si de una obra de arte se tratara. <br />
<br />
Habían pasado ya unos pocos días de haber liberado a la joven esclava en venta en aquel almacén en el puerto. Todavía pensaba un poco en aquella situación, y le remontaba a su pasado, recordando un poco quizás sus raíces, la privación de la libertad de la gente, era un tema que le tocaba muy de cerca, y con lo cual podía ignorar o contenerse, la libertad no se negociaba, era lo único que estaba por encima de bandos, facciones, países, ideales... Nadie merecía dejar de ser un ser libre, lo sabía de primera mano... Mientras recorría las calles de Samba, absorto en sus pensamientos, que se encontraban en un desordenado vaivén de sensaciones casi melancólicas, sus cobrizos ojos se perdían en lo lejos, donde el cielo se mezcla con el paisaje, dibujando esa línea virtual que separa la tierra, mortal, finita, del cielo, inmenso, amplio, infinito... El frío del metal de la cruz en su pecho, le recordaba siempre porque ver el cielo le traía esa sensación de calma... Por momentos, pensaba en aquella joven y si en su fortuna ésta vez le sonreiría más adecuadamente... Una hilacha de humo desprendida de su cigarro iba marcando su trayecto caminado, con alguna otra nube espesa de humo salida directamente de su boca, exhalando luego de dar una buena pitada a éste. <br />
<br />
Una repentina calma y sosiego le inundó, fluyendo dentro de él como agua viva. Una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras su mente volvía a conectar poco a poco con su cuerpo, tomando más consciencia del aquí y ahora. Se sentía tranquilo, sabía donde estaba, le era familiar, no era su hogar, más allí vivía, y comenzaba a sentirse más ligero, como si toda aquella situación de repente dejó de ser un peso en sus espaldas. Las calles comenzaron a tomar más sentido, marquesinas a reconocerlas, lugares familiares... De pronto, el centro comercial de Samba, a medida que seguía caminando, se iba transformando poco a poco en negocios y edificios menos comerciales, tomando un tinte más cultural, más pintorezco, más vivo. El centro de danza estaba cerca... Los locales poco a poco se transformaban más y más en puestos improvisados, entre tablones, tarimas, y demás. Las calles podía progresivamente escucharse más vivas, con una música que acrecentaba cuanto más se adentraba... No podía negarlo, el pelinegro disfrutaba de aquella zona del reino que cada tanto visitaba para contagiarse de ésta, alejado quizás del humo y bullicio de las tabernas, y antros donde primaba el juego, el azar, caras peligrosas y siempre presente rencillas en donde ir a buscar emociones, dinero fácil... Aquí era diferente, y era algo que también le generaba gusto, la música, el color, el baile, no podía negarlo, era otra forma de sentirse vivo, una que realmente le gustaba.<br />
<br />
Lenta y paulatinamente el cigarro se fue consumiendo en sí mismo, cayendo poco a poco en ceniza, para finalmente quedar en la nada, y guardar sus manos en el bolsillo. Los ritmos de los tambores ya llenaban el ambiente, la gente cantando y danzando. Muchas otras personas, aún paseando entre los puestos, comprando artesanías, o simplemente conversando, disfrutando el despertar de aquella vivaz noche. <br />
<br />
Para su mala suerte, como si de una maldición se tratara, aquellas emociones y adrenalina que tanto solía buscar, incluso cuando no lo hacía le terminaban encontrando. Entre todo el ruido y ajetreo, logró discernir unas voces que le gritaban... Sabía muy bien quienes eran... Solo unas noches atrás había perdido bastante dinero con ellos, claramente nunca tuvo la intención de pagarles, de hecho, habían enviado un cobrador por él y luego de jugar un rato, solo le rompió la nariz al no dejarle en paz, pero, desgraciadamente la avaricia de algunos puede más que el olvido, o al menos así lo veía el. Lo que fueron gritos, pronto se tornaron en corridas... No había contado bien, solo pudo echar a reír de la situación a carcajadas mientras corría, pero podía aseverar que eran alrededor de unos siete u ocho tipos, que intentaban seguirle el ritmo como podían al ritmo de insultos y amenazas. <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">¡Mierda!... ¡Ya les voy a pagar les dije la última vez!</span></span>— les dijo mirando hacia atrás a la carrera esperando que dejaran de molestar. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">~A este paso no me los voy a quitar nunca de encima~</span></span> pensaba mientras no podía evitar la risa. De un salto, subió a uno de los techos de la fachada de una de las calles, y empezó a saltar de techo en techo, cortando camino por unos minutos. La risa era incontrolable, no podía más que rendirse ante las carcajadas. Sin dejar de correr, volteó a ver hacia atrás para definitivamente confirmar que los había perdido. Descuidado, improvisado, divertido siempre, casi de forma caricaturezca, al ver hacia delante se dió cuenta que se le terminó el camino, y se encontró cayendo desde ocho metros de altura de aquel techo a lo que parecía un puesto donde vendían joyas artesanales... La altura no era la gran cosa, incluso se reía desde el primerísimo momento que se dió cuenta que ya no podía frenar y caería irremediablemente... La caída fue una crónica anunciada...<br />
<br />
En el aire solo pudo intentar acrobáticamente acomodarse de frente mientras reía... No llegó a divisar bien, todo fué muy rápido, pero se dirigía a lo que parecía ¿Una gran mujer alada?...<br />
<br />
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><div style="text-align: center;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">¡¡CUIDADO AHí!!</span></span>—</div></span><br />
alcanzó a gritar entre risas mientras parecía inminente de frente contra aquella mujer]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Entregando ando [Presente Absoluto]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3043</link>
			<pubDate>Thu, 22 Jan 2026 09:26:06 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=588">Tensui Marlin</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3043</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">South Blue | Reino de Samba | Centro de Danza de Samba</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Día 44 de Primavera, año 17</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">No había podido verme con el tontatta durante varios días. Nuestros horarios nunca coincidían, o quizá el destino simplemente se estaba tomando su tiempo conmigo, como suele hacerlo. Aun así, logramos contactarnos y fijar el encuentro para hoy. No podía negar que me aliviaba, aquel encargo me había exigido más de lo habitual, no sólo por los materiales o el trabajo físico, sino por la precisión que requería forjar un arma pensada para manos tan pequeñas y, al mismo tiempo, tan orgullosas.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Cargaba el hacha envuelta con cuidado, como si se tratara de algo frágil, aunque ambos sabíamos que no lo era en absoluto. Cada paso hacia el punto de encuentro me recordaba las horas invertidas bajo el fuego de la forja, el peso del acero aún rojo, el olor del cuero recién curtido y el silencio que me acompañó durante aquellas noches interminables. No era sólo una entrega más, era el cierre de un proceso que me había mantenido ocupado, firme, lejos de recuerdos que todavía muerden. Esperaba que Lazaro estuviera satisfecho. No por orgullo, sino porque cuando uno crea algo con las manos, deja inevitablemente una parte de sí mismo atrapada en el metal y ese fragmento merece, al menos, terminar en manos de alguien que sepa blandirlo.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Llegué al centro de danza donde nos veríamos. Según él, estaba rastreando a algún delincuente, no recuerdo bien qué había hecho el sujeto ni me importaba demasiado, pero al parecer ese era su motivo para elegir un lugar tan concurrido. El tipo, aunque diminuto, decía ser cazarrecompensas, y todavía me resultaba extraño pensarlo sin soltar una mueca. Aun así, no podía negarle nada a alguien que, con ese tamaño, se atrevía a perseguir criminales de isla en isla. El lugar estaba vivo de ruido y movimiento, música golpeando el suelo, pasos marcados, risas, sudor y luces girando sin descanso. </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Demasiado escándalo para mi gusto, me quedé a un costado, con los brazos cruzados y el arma envuelta colgando a mi espalda, observando a la gente como si todos fueran potenciales problemas. Algunos me miraban de reojo, otros, directamente apartaban la vista, era mucho mejor así. Si el tontatta aparecía pronto, perfecto. Si no, tendría que esperar y cuando espero demasiado, suelo perder la paciencia y alguien termina pagando por ello.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">South Blue | Reino de Samba | Centro de Danza de Samba</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Día 44 de Primavera, año 17</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">No había podido verme con el tontatta durante varios días. Nuestros horarios nunca coincidían, o quizá el destino simplemente se estaba tomando su tiempo conmigo, como suele hacerlo. Aun así, logramos contactarnos y fijar el encuentro para hoy. No podía negar que me aliviaba, aquel encargo me había exigido más de lo habitual, no sólo por los materiales o el trabajo físico, sino por la precisión que requería forjar un arma pensada para manos tan pequeñas y, al mismo tiempo, tan orgullosas.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Cargaba el hacha envuelta con cuidado, como si se tratara de algo frágil, aunque ambos sabíamos que no lo era en absoluto. Cada paso hacia el punto de encuentro me recordaba las horas invertidas bajo el fuego de la forja, el peso del acero aún rojo, el olor del cuero recién curtido y el silencio que me acompañó durante aquellas noches interminables. No era sólo una entrega más, era el cierre de un proceso que me había mantenido ocupado, firme, lejos de recuerdos que todavía muerden. Esperaba que Lazaro estuviera satisfecho. No por orgullo, sino porque cuando uno crea algo con las manos, deja inevitablemente una parte de sí mismo atrapada en el metal y ese fragmento merece, al menos, terminar en manos de alguien que sepa blandirlo.</span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Llegué al centro de danza donde nos veríamos. Según él, estaba rastreando a algún delincuente, no recuerdo bien qué había hecho el sujeto ni me importaba demasiado, pero al parecer ese era su motivo para elegir un lugar tan concurrido. El tipo, aunque diminuto, decía ser cazarrecompensas, y todavía me resultaba extraño pensarlo sin soltar una mueca. Aun así, no podía negarle nada a alguien que, con ese tamaño, se atrevía a perseguir criminales de isla en isla. El lugar estaba vivo de ruido y movimiento, música golpeando el suelo, pasos marcados, risas, sudor y luces girando sin descanso. </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Demasiado escándalo para mi gusto, me quedé a un costado, con los brazos cruzados y el arma envuelta colgando a mi espalda, observando a la gente como si todos fueran potenciales problemas. Algunos me miraban de reojo, otros, directamente apartaban la vista, era mucho mejor así. Si el tontatta aparecía pronto, perfecto. Si no, tendría que esperar y cuando espero demasiado, suelo perder la paciencia y alguien termina pagando por ello.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Relativo]  Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2812</link>
			<pubDate>Wed, 24 Dec 2025 00:32:57 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=638">Asherah Bel-Nadin</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2812</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">》Día 77 de Invierno, Año 16</span></div>
<br />
<br />
Llegué al Centro de Danza cuando el día todavía estaba tibio, como si el sol no se hubiera decidido del todo a irse y prefiriera quedarse mirando. Entré descalza, con la planta del pie cargada de arena y calle caliente, ese polvo fino que se mete en la piel y después no se va. El piso de madera respondió con un crujido conocido, casi íntimo. Este lugar me reconoce antes de que yo diga quién soy.<br />
<br />
El Centro es grande, pero no intimida. El gran salón y principal es ancho, abierto, imperfecto. Maderas marcadas por años de pasos, telas colgando a los costados —ex cortinas, ahora frontera blanda— y ventanas abiertas sin pedir permiso, dejando que el aire circule como quiere. Acá el calor no se pelea: se baila.<br />
<br />
Dejé el bolsito en el rincón de siempre, ese que nadie ocupa porque, sin decirlo, quedó entendido. Me até el cabello con los dedos, sin espejo ni ceremonia. No vine a verme linda, vine a moverme. Saludé a algunos con una inclinación de cabeza, a otros con una sonrisa ladeada, de esas que no interrumpen nada. Aquí se funciona mejor cuando nadie siente que tiene que cortar su propio ritmo.<br />
<br />
Antes de que arranque la música, ayudé un poco. Barrí el borde del salón, corrí bancos hacia la pared, acomodé botellas de agua y fruta sobre la gran mesa de madera que siempre está ahí, como un corazón quieto esperando latidos. Alrededor flotaban voces mezcladas: risas, comentarios sueltos, historias que se repiten porque siempre hay alguien nuevo escuchando.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>AMBIENTACIÓN</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/JC31_4VyAPE" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe>
				</div>
			</div></div>
<br />
La primera trompeta entró baja, casi tímida. Una nota larga, arrastrada, y después otra que se le montó encima. El cuerpo respondió solo. Aflojé los hombros, dejé que el peso caiga, que las rodillas se doblen apenas. El movimiento nació en la cadera, lento, circular, como si estuviera siguiendo una línea invisible que la melodía iba marcando en el aire.<br />
<br />
Bailar acá no es marcar una coreografía cerrada. Es proponer. Es decir “por acá podría ser” y ver qué pasa. Avancé un paso, retrocedí dos, giré suave y dejé que el pie arrastre apenas sobre la madera. El roce hizo ruido. Me gusta ese sonido: es prueba de presencia.<br />
<br />
Los metales fueron creciendo de a poco. Una segunda trompeta, un bronce más grave sosteniendo el fondo, una voz que se coló entre las notas sin pedir permiso. Mi espalda se arqueó apenas, haciendo bramar las alas que pronto se plegaron para no incomodar, un poco por exhibición, no lo he de negar. El pecho se elevó, los brazos se soltaron, describiendo curvas amplias, generosas. El sudor empezó a aparecer en la nuca, bajando lento por la espalda. No lo sequé. Acá el brillo no se esconde.<br />
<br />
Vi caras nuevas en el borde del salón. Siempre las hay. Gente con el cuerpo rígido, con ganas contenidas. Me acerqué lo justo para que se sientan vistos, no tanto como para incomodarlos. Cambié el ritmo, marqué algo simple, repetible, siguiendo el fraseo de la trompeta. Una invitación sin empujar.<br />
<br />
Giré rápido, bajé el centro de gravedad, sacudí las caderas en un pulso corto y juguetón. Escuché alguna risa, sentí miradas que se quedaban un segundo de más. No las esquivé ni las busqué: seguí bailando. El cuerpo trabajando es un cuerpo sincero.<br />
<br />
Alguien se animó a entrar. Pasos torpes, entusiasmo auténtico. Exageré un movimiento para que pudiera copiarlo si quería. Erró el tiempo, se rió, siguió igual. Perfecto. La música no castiga.<br />
<br />
Me moví usando todo el ancho del salón. Los pies marcaban el pulso, el torso iba por otro lado, respondiendo a los quiebres de la melodía, creando esa tensión rica que hace que el baile respire. Los brazos subían y bajaban como olas. No bailaba para alguien en particular, pero tampoco me sentía sola.<br />
<br />
El ambiente se fue espesando. Más cuerpos, más calor, más respiraciones mezcladas. El piso vibraba con cada entrada de los metales. Sentí una mirada sostenida en algún punto y la dejé estar. A veces sostener la propia danza también es una forma de diálogo.<br />
<br />
Hubo quienes hicieron saltos cortos, giros breves, desplazamientos diagonales, dejándose llevar por los cortes filosos de la trompeta. Se veían livianos, como elásticos, casi descalabrados. Reí cuando casi chocamos con alguien y nos esquivamos en el último segundo, como si lo hubiéramos ensayado. Esas sincronías hacen que el lugar se sienta vivo.<br />
<br />
Escuché bromas, elogios, desafíos lanzados al aire. Alguien dijo que quería aprender “eso que hiciste recién” y yo respondí con un gesto vago, como diciendo que no tiene nombre, que se aprende estando.<br />
<br />
El calor apretaba, pero nadie parecía querer irse. Alguien abrió más una ventana, otro alcanzó vasos. El Centro se regula solo, como un cuerpo grande que sabe cuidarse.<br />
<br />
Después de un rato largo —el tiempo acá no se mide igual— aflojé. Dejé que los movimientos se vuelvan chicos, casi reflejos, y me escurrí hacia un costado sin romper el flujo. Me senté en uno de los bancos junto a la gran mesa de madera, todavía con el pulso marcado en las piernas.<br />
<br />
Tomé una botella y bebí despacio, dejando que el agua fría haga su trabajo. El cabello húmedo se me pegaba a la piel, la respiración se acomodaba de a poco.<br />
<br />
La mesa estaba viva: fruta a medio cortar, vasos que iban y venían, manos apoyándose un segundo de más, risas sin contexto fijo. Desde ahí se ve todo sin invadir: la pista encendida, las caras nuevas dudando en el borde, los cuerpos ya sueltos. Yo me quedé ahí, escuchando, observando, con el cuerpo todavía caliente y abierto.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Vestimenta</span>
					</div>
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				</div>
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					<img src="https://i.imgur.com/aplQEB1.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: aplQEB1.png]" class="mycode_img" />
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">》Día 77 de Invierno, Año 16</span></div>
<br />
<br />
Llegué al Centro de Danza cuando el día todavía estaba tibio, como si el sol no se hubiera decidido del todo a irse y prefiriera quedarse mirando. Entré descalza, con la planta del pie cargada de arena y calle caliente, ese polvo fino que se mete en la piel y después no se va. El piso de madera respondió con un crujido conocido, casi íntimo. Este lugar me reconoce antes de que yo diga quién soy.<br />
<br />
El Centro es grande, pero no intimida. El gran salón y principal es ancho, abierto, imperfecto. Maderas marcadas por años de pasos, telas colgando a los costados —ex cortinas, ahora frontera blanda— y ventanas abiertas sin pedir permiso, dejando que el aire circule como quiere. Acá el calor no se pelea: se baila.<br />
<br />
Dejé el bolsito en el rincón de siempre, ese que nadie ocupa porque, sin decirlo, quedó entendido. Me até el cabello con los dedos, sin espejo ni ceremonia. No vine a verme linda, vine a moverme. Saludé a algunos con una inclinación de cabeza, a otros con una sonrisa ladeada, de esas que no interrumpen nada. Aquí se funciona mejor cuando nadie siente que tiene que cortar su propio ritmo.<br />
<br />
Antes de que arranque la música, ayudé un poco. Barrí el borde del salón, corrí bancos hacia la pared, acomodé botellas de agua y fruta sobre la gran mesa de madera que siempre está ahí, como un corazón quieto esperando latidos. Alrededor flotaban voces mezcladas: risas, comentarios sueltos, historias que se repiten porque siempre hay alguien nuevo escuchando.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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						<span>AMBIENTACIÓN</span>
					</div>
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			</div></div>
<br />
La primera trompeta entró baja, casi tímida. Una nota larga, arrastrada, y después otra que se le montó encima. El cuerpo respondió solo. Aflojé los hombros, dejé que el peso caiga, que las rodillas se doblen apenas. El movimiento nació en la cadera, lento, circular, como si estuviera siguiendo una línea invisible que la melodía iba marcando en el aire.<br />
<br />
Bailar acá no es marcar una coreografía cerrada. Es proponer. Es decir “por acá podría ser” y ver qué pasa. Avancé un paso, retrocedí dos, giré suave y dejé que el pie arrastre apenas sobre la madera. El roce hizo ruido. Me gusta ese sonido: es prueba de presencia.<br />
<br />
Los metales fueron creciendo de a poco. Una segunda trompeta, un bronce más grave sosteniendo el fondo, una voz que se coló entre las notas sin pedir permiso. Mi espalda se arqueó apenas, haciendo bramar las alas que pronto se plegaron para no incomodar, un poco por exhibición, no lo he de negar. El pecho se elevó, los brazos se soltaron, describiendo curvas amplias, generosas. El sudor empezó a aparecer en la nuca, bajando lento por la espalda. No lo sequé. Acá el brillo no se esconde.<br />
<br />
Vi caras nuevas en el borde del salón. Siempre las hay. Gente con el cuerpo rígido, con ganas contenidas. Me acerqué lo justo para que se sientan vistos, no tanto como para incomodarlos. Cambié el ritmo, marqué algo simple, repetible, siguiendo el fraseo de la trompeta. Una invitación sin empujar.<br />
<br />
Giré rápido, bajé el centro de gravedad, sacudí las caderas en un pulso corto y juguetón. Escuché alguna risa, sentí miradas que se quedaban un segundo de más. No las esquivé ni las busqué: seguí bailando. El cuerpo trabajando es un cuerpo sincero.<br />
<br />
Alguien se animó a entrar. Pasos torpes, entusiasmo auténtico. Exageré un movimiento para que pudiera copiarlo si quería. Erró el tiempo, se rió, siguió igual. Perfecto. La música no castiga.<br />
<br />
Me moví usando todo el ancho del salón. Los pies marcaban el pulso, el torso iba por otro lado, respondiendo a los quiebres de la melodía, creando esa tensión rica que hace que el baile respire. Los brazos subían y bajaban como olas. No bailaba para alguien en particular, pero tampoco me sentía sola.<br />
<br />
El ambiente se fue espesando. Más cuerpos, más calor, más respiraciones mezcladas. El piso vibraba con cada entrada de los metales. Sentí una mirada sostenida en algún punto y la dejé estar. A veces sostener la propia danza también es una forma de diálogo.<br />
<br />
Hubo quienes hicieron saltos cortos, giros breves, desplazamientos diagonales, dejándose llevar por los cortes filosos de la trompeta. Se veían livianos, como elásticos, casi descalabrados. Reí cuando casi chocamos con alguien y nos esquivamos en el último segundo, como si lo hubiéramos ensayado. Esas sincronías hacen que el lugar se sienta vivo.<br />
<br />
Escuché bromas, elogios, desafíos lanzados al aire. Alguien dijo que quería aprender “eso que hiciste recién” y yo respondí con un gesto vago, como diciendo que no tiene nombre, que se aprende estando.<br />
<br />
El calor apretaba, pero nadie parecía querer irse. Alguien abrió más una ventana, otro alcanzó vasos. El Centro se regula solo, como un cuerpo grande que sabe cuidarse.<br />
<br />
Después de un rato largo —el tiempo acá no se mide igual— aflojé. Dejé que los movimientos se vuelvan chicos, casi reflejos, y me escurrí hacia un costado sin romper el flujo. Me senté en uno de los bancos junto a la gran mesa de madera, todavía con el pulso marcado en las piernas.<br />
<br />
Tomé una botella y bebí despacio, dejando que el agua fría haga su trabajo. El cabello húmedo se me pegaba a la piel, la respiración se acomodaba de a poco.<br />
<br />
La mesa estaba viva: fruta a medio cortar, vasos que iban y venían, manos apoyándose un segundo de más, risas sin contexto fijo. Desde ahí se ve todo sin invadir: la pista encendida, las caras nuevas dudando en el borde, los cuerpos ya sueltos. Yo me quedé ahí, escuchando, observando, con el cuerpo todavía caliente y abierto.<br />
<br />
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			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC][Pasado] La samba del cangrejo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2775</link>
			<pubDate>Sat, 20 Dec 2025 04:36:20 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=586">Juan Sebastian</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2775</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hace dos años, Reino de Samba</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
El verano tropical había llegado por fin, era la estación favorita de Juan. Un calor agradable combinado con un baño en el mar era el plan ideal pero, había un problema, la gente de la costa se asustaba al verle en la playa, casi parecía un monstruo marino. Este fue un problema que empezó cuando terminó de crecer, para todo el mundo es adorable un joven hombre cangrejo de 1,3 metros de altura, pero pasados los 3 metros... Era distinto. <br />
<br />
Cada verano iba probando ideas nuevas para agradar a la gente como inhalar helio para hacer graciosa su voz, u ofrecerse a llevar a los niños en su espalda por el agua como si fuese un barco, pero nada funcionaba, la gente seguía asustada al verle por allí. Esto empezaba a ser un problema, quería ser un héroe, pero ¿Cómo iba a lograrlo si asustaba a todos los que le veían? <br />
<br />
Esto no iba a desanimar al joven crustáceo, cuando el plan A no sale bien, pasa al plan B, y cuando el plan B no sale bien, pasa al plan C y cuando... Y así hasta dar con la tecla correcta. El plan de este año era sencillo pero tenía grandes posibilidades de éxito, Juan no tenía idea de como no se le había ocurrido antes ¡¡Samba!! A la gente de la isla le apasionaba el baile, si lograba aprender seguro que podría integrarse fácilmente entre la gente.<br />
<br />
En el Centro de Danza fue bien recibido, a pesar de ser más pobres que en la zona más acomodada del reino, eran gente alegre y deseosa de ayudar. Además, por como reaccionaron a él, estaba claro que habían visto a personas de todo tipo por allí. Tras unas semanas Juan empezaba a acostumbrarse al baile, aunque no se libraba de algunas broncas de su maestro <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">— </span></span></span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡La cadera... Un, dos... Juan... Tres, cuatro... mueve esa cadera... Cinco, Seis! ¡VAMOS VAMOS!—  </span></span></span>Era fácil decirlo para alguien que no pesaba más de 400 kilos... La verdad es que era increíble su habilidad para regañar al ritmo de la música.<br />
<br />
Luego de mes y medio de preparación Juan se sentía listo para comerse el mundo, ahora ir a la playa sin preocuparse de la gente. Aunque le faltó pensar en algo... ¿En que momento debía ponerse a bailar en la playa? Además sin música... No tenía sentido dudar ahora, así que una vez en la playa, al ver que la gente se alejaba usó los pasos que había aprendido, lo cual si que tuvo un gran efecto sobre la gente, que pasó de tomar distancia con él a dejar la playa casi vacía, pensando que era un loco peligroso. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hmmm, el plan "U" ha fracasado, tocará pensar en otra cosa— </span></span>Dijo mientras aprovechaba que estaba la playa desierta para darse un baño privado.<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Juan bailando</span>
					</div>
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				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hace dos años, Reino de Samba</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
El verano tropical había llegado por fin, era la estación favorita de Juan. Un calor agradable combinado con un baño en el mar era el plan ideal pero, había un problema, la gente de la costa se asustaba al verle en la playa, casi parecía un monstruo marino. Este fue un problema que empezó cuando terminó de crecer, para todo el mundo es adorable un joven hombre cangrejo de 1,3 metros de altura, pero pasados los 3 metros... Era distinto. <br />
<br />
Cada verano iba probando ideas nuevas para agradar a la gente como inhalar helio para hacer graciosa su voz, u ofrecerse a llevar a los niños en su espalda por el agua como si fuese un barco, pero nada funcionaba, la gente seguía asustada al verle por allí. Esto empezaba a ser un problema, quería ser un héroe, pero ¿Cómo iba a lograrlo si asustaba a todos los que le veían? <br />
<br />
Esto no iba a desanimar al joven crustáceo, cuando el plan A no sale bien, pasa al plan B, y cuando el plan B no sale bien, pasa al plan C y cuando... Y así hasta dar con la tecla correcta. El plan de este año era sencillo pero tenía grandes posibilidades de éxito, Juan no tenía idea de como no se le había ocurrido antes ¡¡Samba!! A la gente de la isla le apasionaba el baile, si lograba aprender seguro que podría integrarse fácilmente entre la gente.<br />
<br />
En el Centro de Danza fue bien recibido, a pesar de ser más pobres que en la zona más acomodada del reino, eran gente alegre y deseosa de ayudar. Además, por como reaccionaron a él, estaba claro que habían visto a personas de todo tipo por allí. Tras unas semanas Juan empezaba a acostumbrarse al baile, aunque no se libraba de algunas broncas de su maestro <span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">— </span></span></span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡La cadera... Un, dos... Juan... Tres, cuatro... mueve esa cadera... Cinco, Seis! ¡VAMOS VAMOS!—  </span></span></span>Era fácil decirlo para alguien que no pesaba más de 400 kilos... La verdad es que era increíble su habilidad para regañar al ritmo de la música.<br />
<br />
Luego de mes y medio de preparación Juan se sentía listo para comerse el mundo, ahora ir a la playa sin preocuparse de la gente. Aunque le faltó pensar en algo... ¿En que momento debía ponerse a bailar en la playa? Además sin música... No tenía sentido dudar ahora, así que una vez en la playa, al ver que la gente se alejaba usó los pasos que había aprendido, lo cual si que tuvo un gran efecto sobre la gente, que pasó de tomar distancia con él a dejar la playa casi vacía, pensando que era un loco peligroso. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hmmm, el plan "U" ha fracasado, tocará pensar en otra cosa— </span></span>Dijo mientras aprovechaba que estaba la playa desierta para darse un baño privado.<br />
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						<span>Juan bailando</span>
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				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Danza-Samba [Autonarrada de tier 1] [Presente relativo]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2701</link>
			<pubDate>Mon, 08 Dec 2025 13:07:11 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=626">Trixxie Pappitson</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2701</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 46 de Invierno, año 16</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Samba, Centro de Danza</span></span><br />
<br />
Haber pasado por aquella escena en el cañaveral de Samba me dejó un sabor de boca tan amargo que ni toda la música de la isla pudo endulzarme el ánimo. La marina qué decepción tan predecible. Siempre había escuchado historias, rumores, comentarios al aire, pero vivirlo en carne propia fue otra cosa. Descubrí que su “justicia” no es más que una versión torcida, diseñada para gente mediocre que necesita sentirse superior a alguien más para recordar quiénes son. Y lo peor es que muchos lo aceptan como si fuese lo correcto.<br />
 <br />
Salí del cañaveral casi con el impulso de sacudirme la piel, de borrar cualquier rastro de aquel tipo y sus garras. Sí, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">garras</span>. Esa sola palabra me revolvía el estómago. Jamás he podido con los minks que las exhiben como si fueran algo digno, como si no representaran la suciedad y lo salvaje en su peor forma. Después de ese encuentro desagradable, me juré a mí misma que, si quería disfrutar Samba de verdad, lo haría lejos, muy lejos, de cualquier otro marino y, sobre todo, lejos de cualquier criatura con esas malditas extremidades que me ponen la piel de gallina<br />
 <br />
Pero Samba es inmensa, un laberinto vivo de ritmo y colores, y caminar para mí nunca ha sido un problema. Al contrario, estoy demasiado acostumbrada, mis pies pueden llevarme horas sin que yo sienta más que el placer de descubrir algo nuevo y así, dejando atrás el cañaveral y ese mal recuerdo que prefería enterrar de inmediato, seguí avanzando hasta que el camino me regaló una maravilla inesperada. Frente a mí se levantaba un enorme cartel, pintado con colores vibrantes que parecían bailar incluso sin música, Centro de Danza de Samba, ahí sí que mi corazón dio un pequeño brinco.<br />
 <br />
Porque si hay algo que las Kuja sabemos hacer, además de luchar, mandar y intimidar a quien se lo merece, es bailar. Somos buenísimas para eso, buenísimas, y todo el mundo lo sabe. Tenemos el cuerpo, la postura, la flexibilidad, la cadencia, el fuego interno y, por supuesto, el sazón necesario para movernos como si hubiéramos nacido del propio ritmo. Eso, también, todo el mundo lo sabe. Así que encontrar ese lugar se sintió como un pequeño regalo del destino, como si la isla misma quisiera disculparse por haberme cruzado primero con lo peor de ella. Aquí, frente a este centro de danza, ya podía sentir cómo la energía volvía a subir por mis piernas, invitándome a entrar y dejar que el ritmo hiciera el resto.<br />
<br />
No esperé demasiado y entré al sitio, porque, aunque me había inventado todo lo anterior, tenía mucha curiosidad por ver a la gente de esta isla bailando al son de la música. En los cuatro días que he estado aquí no he parado de sorprenderme por la cultura de esta gente, apenas crucé la puerta, una oleada de melodías vibrantes me envolvió. El ritmo era distinto. No era música común, cada instrumento parecía tener vida propia, como si el sonido mismo fuera parte de la esencia de la isla. Las personas no solo bailaban, flotaban, giraban, se deslizaban como si el aire fuese más liviano para ellos.<br />
 <br />
Un anciano con una máscara colorida se acercó a mí con una sonrisa pintada en el rostro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Primera vez en una <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sala de Ritmos</span>, ¿eh? —</span></span>dijo y pude ver sus ojos brillando bajo la máscara y simplemente sentí, incapaz de disimular mi asombro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No te preocupes —</span></span>me volvió hablar mientras me daba una suave palmada en el hombro <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Aquí el cuerpo aprende solo. La música te guía. —</span></span> y creo que tenía razón. El suelo vibraba con cada compás, como si quisiera invitarme a moverme, poco a poco, mis pies comenzaron a seguir el ritmo sin que yo tuviera que pensarlo, la energía del lugar era contagiosa, casi mágica<br />
 <br />
Me sentía parte de algo místico. Bailar era realmente liberador, y mucho más después de haber pasado por un momento tan feo. Estar aquí ahora me ayudaba demasiado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—¿Cómo es su nombre, abuelo? —</span></span>pregunté mientras mi cuerpo seguía moviéndose casi por instinto, nada coordinado, claro, una mezcla de pasos caóticos pero guiados por el ritmo que la música me regalaba. Varias personas volteaban a mirarme de vez en cuando; supuse que por mis movimientos torpes, o porque era evidente que no era de la isla, aun así, nadie parecía burlarse. Más bien, había sonrisas curiosas, como si mi presencia añadiera un toque nuevo a la danza colectiva. <br />
 <br />
El anciano rió con suavidad, una risa profunda que parecía tener siglos de historia<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">. <span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Puedes llamarme Yareu —</span></span>respondió, inclinando ligeramente la cabeza <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Soy uno de los maestros de baile de esta isla, al menos eso dicen los jóvenes para hacerme sentir importante. —</span></span> Se movía con sorprendente ligereza para alguien de su edad, como si sus articulaciones fuesen parte del propio compás, entonces me hizo un gesto para que lo siguiera.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Relaja los hombros. Aquí no se baila bien o mal, se baila con el alma </span>—</span>explicó mientras trazaba un movimiento circular con los pies, simple pero elegante, yo intenté imitarlo, y aunque mi versión era un desastre, la música parecía aceptarme tal como era, una Kuja, una supuesta guerrera del mar, bailando como si no hubiera un mañana en una isla que ni siquiera era mía, quizás era una falta de respeto a todo lo que yo misma represento, pero en resumidas cuentas, yo quiero explorar el mundo y sus culturas y ayudar a todos en el camino si es posible. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Oiga, abuelo… ¿hay algún lugar donde pueda rentar una habitación aquí? —</span></span>pregunté mientras trataba de acompañar sus pasos, aunque los míos seguían siendo un caos simpático, necesitaba saber dónde podría pasar los próximos días. No tenía barco al cual regresar y, claramente, dormir en la calle no era una opción. Yareu dejó de bailar por un momento, apoyando ambas manos en su bastón adornado con cintas de colores. Sus ojos, llenos de vida pese a su edad, me observaron con atención, como si estuviera analizándome más allá de mis palabras.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Ah, así que no solo bailas perdida —</span></span>dijo con una sonrisa cálida <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—También andas sin techo. Eso cambia las cosas. —</span></span>Se rió suavemente y me indicó que lo siguiera hacia una zona menos concurrida de la sala. Las luces de colores se reflejaban en las paredes como si fueran destellos atrapados en cristal. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—En esta parte de la isla nadie duerme a la intemperie si no quiere —</span></span> me explicó con un tono casi orgulloso <span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hay una posada cerca del muelle, La Casa de las Olas. Es sencilla, pero muy acogedora y la dueña es una mujer amable, de esas que adoptan viajeros sin hacer preguntas. —</span></span>Mientras caminábamos hacia la salida, seguía sintiendo la vibración de la música en el pecho, como si aún quisiera guiar mis pasos.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—¿Está lejos? —</span></span> le pregunté con curiosidad, porque podía quedarme un poco más a bailar, pero también tenía que buscar un lugar en donde dejar mis cosas para seguir explorando la isla. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No mucho. —</span></span>Yareu me señaló con el bastón hacia el exterior <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Dos calles bajando, siguiendo el farol azul. No puedes perderte, incluso si tus pies bailan solos, RIGIGIGI RIGIGIGI —</span></span> añadió riendo y me contagió su risa sin querer, yo en verdad no tengo problemas por estar en ninguna isla, me gusta viajar y ayudar, pero cuando uno se siente aceptado las cosas hacen que las despedidas sean feas.<br />
 <br />
Me despedí del anciano con una pequeña reverencia, delicada pero sincera, como agradeciendo no solo su calma sino el simple hecho de haberme ayudado. Luego, con el ánimo un poco más ligero, emprendí mi camino casi danzando, como si cada paso quisiera acomodarse al ritmo que aún vibraba desde algún rincón de Samba. No tenía cómo perderme, él me lo había explicado con esa claridad que solo la gente mayor posee cuando conoce cada piedra de su tierra.<br />
 <br />
Dos calles hacia abajo, seguir el farol azul, y justo allí debía encontrar la posada, era demasiado fácil, directo, sin misterios y eso, por supuesto, todo el mundo lo sabe, así que avancé, dejando que mis caderas marcaran un compás suave, dejándome llevar por el ambiente, por la música, por la sensación de que, al fin, estaba encaminándome hacia un sitio donde podría descansar y, quizá, disfrutar la isla como realmente se debe. No caminé demasiado, aunque para mi nunca es demasiado y llegué al sitio, desde afuera no parecía la gran cosa, una posada como muchas que he visitado a lo largo del tiempo que llevo yendo de isla en isla.<br />
 <br />
Me tomé mi tiempo para ver la fachada del lugar, como se veía por fuera, le di la vuelta, lo miré por todas partes, sabía que podía romper y que no según lo que hiciera, porque es evidente que alguien como yo suele causar un poco de desastre en cuanto llega a un sitio, y aun tenia dos cosas importantes que hacer en Samba, encontrar historia y esperar al chico que la revolución enviaría para protegerme, aunque no es como que lo necesite demasiado. <br />
 <br />
Por fin volví a estar en frente de la puerta y me disponía a entrar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 46 de Invierno, año 16</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reino de Samba, Centro de Danza</span></span><br />
<br />
Haber pasado por aquella escena en el cañaveral de Samba me dejó un sabor de boca tan amargo que ni toda la música de la isla pudo endulzarme el ánimo. La marina qué decepción tan predecible. Siempre había escuchado historias, rumores, comentarios al aire, pero vivirlo en carne propia fue otra cosa. Descubrí que su “justicia” no es más que una versión torcida, diseñada para gente mediocre que necesita sentirse superior a alguien más para recordar quiénes son. Y lo peor es que muchos lo aceptan como si fuese lo correcto.<br />
 <br />
Salí del cañaveral casi con el impulso de sacudirme la piel, de borrar cualquier rastro de aquel tipo y sus garras. Sí, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">garras</span>. Esa sola palabra me revolvía el estómago. Jamás he podido con los minks que las exhiben como si fueran algo digno, como si no representaran la suciedad y lo salvaje en su peor forma. Después de ese encuentro desagradable, me juré a mí misma que, si quería disfrutar Samba de verdad, lo haría lejos, muy lejos, de cualquier otro marino y, sobre todo, lejos de cualquier criatura con esas malditas extremidades que me ponen la piel de gallina<br />
 <br />
Pero Samba es inmensa, un laberinto vivo de ritmo y colores, y caminar para mí nunca ha sido un problema. Al contrario, estoy demasiado acostumbrada, mis pies pueden llevarme horas sin que yo sienta más que el placer de descubrir algo nuevo y así, dejando atrás el cañaveral y ese mal recuerdo que prefería enterrar de inmediato, seguí avanzando hasta que el camino me regaló una maravilla inesperada. Frente a mí se levantaba un enorme cartel, pintado con colores vibrantes que parecían bailar incluso sin música, Centro de Danza de Samba, ahí sí que mi corazón dio un pequeño brinco.<br />
 <br />
Porque si hay algo que las Kuja sabemos hacer, además de luchar, mandar y intimidar a quien se lo merece, es bailar. Somos buenísimas para eso, buenísimas, y todo el mundo lo sabe. Tenemos el cuerpo, la postura, la flexibilidad, la cadencia, el fuego interno y, por supuesto, el sazón necesario para movernos como si hubiéramos nacido del propio ritmo. Eso, también, todo el mundo lo sabe. Así que encontrar ese lugar se sintió como un pequeño regalo del destino, como si la isla misma quisiera disculparse por haberme cruzado primero con lo peor de ella. Aquí, frente a este centro de danza, ya podía sentir cómo la energía volvía a subir por mis piernas, invitándome a entrar y dejar que el ritmo hiciera el resto.<br />
<br />
No esperé demasiado y entré al sitio, porque, aunque me había inventado todo lo anterior, tenía mucha curiosidad por ver a la gente de esta isla bailando al son de la música. En los cuatro días que he estado aquí no he parado de sorprenderme por la cultura de esta gente, apenas crucé la puerta, una oleada de melodías vibrantes me envolvió. El ritmo era distinto. No era música común, cada instrumento parecía tener vida propia, como si el sonido mismo fuera parte de la esencia de la isla. Las personas no solo bailaban, flotaban, giraban, se deslizaban como si el aire fuese más liviano para ellos.<br />
 <br />
Un anciano con una máscara colorida se acercó a mí con una sonrisa pintada en el rostro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Primera vez en una <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sala de Ritmos</span>, ¿eh? —</span></span>dijo y pude ver sus ojos brillando bajo la máscara y simplemente sentí, incapaz de disimular mi asombro. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No te preocupes —</span></span>me volvió hablar mientras me daba una suave palmada en el hombro <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Aquí el cuerpo aprende solo. La música te guía. —</span></span> y creo que tenía razón. El suelo vibraba con cada compás, como si quisiera invitarme a moverme, poco a poco, mis pies comenzaron a seguir el ritmo sin que yo tuviera que pensarlo, la energía del lugar era contagiosa, casi mágica<br />
 <br />
Me sentía parte de algo místico. Bailar era realmente liberador, y mucho más después de haber pasado por un momento tan feo. Estar aquí ahora me ayudaba demasiado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—¿Cómo es su nombre, abuelo? —</span></span>pregunté mientras mi cuerpo seguía moviéndose casi por instinto, nada coordinado, claro, una mezcla de pasos caóticos pero guiados por el ritmo que la música me regalaba. Varias personas volteaban a mirarme de vez en cuando; supuse que por mis movimientos torpes, o porque era evidente que no era de la isla, aun así, nadie parecía burlarse. Más bien, había sonrisas curiosas, como si mi presencia añadiera un toque nuevo a la danza colectiva. <br />
 <br />
El anciano rió con suavidad, una risa profunda que parecía tener siglos de historia<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">. <span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Puedes llamarme Yareu —</span></span>respondió, inclinando ligeramente la cabeza <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Soy uno de los maestros de baile de esta isla, al menos eso dicen los jóvenes para hacerme sentir importante. —</span></span> Se movía con sorprendente ligereza para alguien de su edad, como si sus articulaciones fuesen parte del propio compás, entonces me hizo un gesto para que lo siguiera.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Relaja los hombros. Aquí no se baila bien o mal, se baila con el alma </span>—</span>explicó mientras trazaba un movimiento circular con los pies, simple pero elegante, yo intenté imitarlo, y aunque mi versión era un desastre, la música parecía aceptarme tal como era, una Kuja, una supuesta guerrera del mar, bailando como si no hubiera un mañana en una isla que ni siquiera era mía, quizás era una falta de respeto a todo lo que yo misma represento, pero en resumidas cuentas, yo quiero explorar el mundo y sus culturas y ayudar a todos en el camino si es posible. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Oiga, abuelo… ¿hay algún lugar donde pueda rentar una habitación aquí? —</span></span>pregunté mientras trataba de acompañar sus pasos, aunque los míos seguían siendo un caos simpático, necesitaba saber dónde podría pasar los próximos días. No tenía barco al cual regresar y, claramente, dormir en la calle no era una opción. Yareu dejó de bailar por un momento, apoyando ambas manos en su bastón adornado con cintas de colores. Sus ojos, llenos de vida pese a su edad, me observaron con atención, como si estuviera analizándome más allá de mis palabras.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Ah, así que no solo bailas perdida —</span></span>dijo con una sonrisa cálida <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—También andas sin techo. Eso cambia las cosas. —</span></span>Se rió suavemente y me indicó que lo siguiera hacia una zona menos concurrida de la sala. Las luces de colores se reflejaban en las paredes como si fueran destellos atrapados en cristal. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—En esta parte de la isla nadie duerme a la intemperie si no quiere —</span></span> me explicó con un tono casi orgulloso <span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hay una posada cerca del muelle, La Casa de las Olas. Es sencilla, pero muy acogedora y la dueña es una mujer amable, de esas que adoptan viajeros sin hacer preguntas. —</span></span>Mientras caminábamos hacia la salida, seguía sintiendo la vibración de la música en el pecho, como si aún quisiera guiar mis pasos.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—¿Está lejos? —</span></span> le pregunté con curiosidad, porque podía quedarme un poco más a bailar, pero también tenía que buscar un lugar en donde dejar mis cosas para seguir explorando la isla. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No mucho. —</span></span>Yareu me señaló con el bastón hacia el exterior <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Dos calles bajando, siguiendo el farol azul. No puedes perderte, incluso si tus pies bailan solos, RIGIGIGI RIGIGIGI —</span></span> añadió riendo y me contagió su risa sin querer, yo en verdad no tengo problemas por estar en ninguna isla, me gusta viajar y ayudar, pero cuando uno se siente aceptado las cosas hacen que las despedidas sean feas.<br />
 <br />
Me despedí del anciano con una pequeña reverencia, delicada pero sincera, como agradeciendo no solo su calma sino el simple hecho de haberme ayudado. Luego, con el ánimo un poco más ligero, emprendí mi camino casi danzando, como si cada paso quisiera acomodarse al ritmo que aún vibraba desde algún rincón de Samba. No tenía cómo perderme, él me lo había explicado con esa claridad que solo la gente mayor posee cuando conoce cada piedra de su tierra.<br />
 <br />
Dos calles hacia abajo, seguir el farol azul, y justo allí debía encontrar la posada, era demasiado fácil, directo, sin misterios y eso, por supuesto, todo el mundo lo sabe, así que avancé, dejando que mis caderas marcaran un compás suave, dejándome llevar por el ambiente, por la música, por la sensación de que, al fin, estaba encaminándome hacia un sitio donde podría descansar y, quizá, disfrutar la isla como realmente se debe. No caminé demasiado, aunque para mi nunca es demasiado y llegué al sitio, desde afuera no parecía la gran cosa, una posada como muchas que he visitado a lo largo del tiempo que llevo yendo de isla en isla.<br />
 <br />
Me tomé mi tiempo para ver la fachada del lugar, como se veía por fuera, le di la vuelta, lo miré por todas partes, sabía que podía romper y que no según lo que hiciera, porque es evidente que alguien como yo suele causar un poco de desastre en cuanto llega a un sitio, y aun tenia dos cosas importantes que hacer en Samba, encontrar historia y esperar al chico que la revolución enviaría para protegerme, aunque no es como que lo necesite demasiado. <br />
 <br />
Por fin volví a estar en frente de la puerta y me disponía a entrar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Social] It takes two to tango (+18) [Presente Relativo]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2665</link>
			<pubDate>Thu, 04 Dec 2025 14:22:55 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=616">Iggy Rock</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2665</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dia 38 de invierno/ Año 16<br />
Centro de danza de Samba</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Era una mañana cálida de invierno, el sol incidía en mi piel quemándome hasta los huesos. Era un clima perfecto para seducir y timar a viejecitas ricas. Por lo que me dirigí con un plan a donde las ancianas eran más sugestionables. El centro de danza de samba, no lo había pisado aún en toda mi estancia en la isla pues consideraba que el verdadero arte de la danza se aprendía en las tabernas, la música, la sientes o no la sientes, enseñar a una persona sin ritmo a bailar era como pretender que un simio aprenda matemáticas complejas. <br />
<br />
No obstante no venía a cuestionar los métodos, que cada uno se gastara el dinero donde quisiera. Por lo que vestido para la ocasión, con una camisa negra, entreabierta y con volantes. Pantalones de campana del mismo color com flecos, y unos zapatos con cuña marrones y el pelo, peinado hacia atrás, recogiéndomelo en una coleta, me dirigí hacia aquel edificio tan importante para la ciudad.<br />
<br />
Salté los escalones de dos en dos hasta llegar a la puerta. Saqué pecho y estiré la espalda, entrando con porte y elegancia, o al menos pretendiendo tenerla. Fui directo a la recepción, donde unas cuantas personas se hallaban organizando papeles y horarios. Entre todas ellas me dirigí a una chico joven, con la frente sudorosa y cara de preocupación. Desde luego era el más fácil de engañar de los presentes.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Che pibe, mi nombre es Ernesto Guzmán Del Valle. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Solté decidido con el mejor acento argentino que pude imitar. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Me llamaron porque el profesor Valentino Rivera se encontrá indispuesto y me rogaron a mí, la estrella, el inigualable genio de la danza que lo sustituyera. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Me miró con extrañeza, arqueando una ceja. </span><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-No… no tenía idea que Valentino estaba indispuesto. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Comentó acercándose al den den mushi justo a su lado probablemente para llamarle.</span><br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-No necesitás llamarle, tiene un catarro brutal y es probable que no pueda hablar. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Por poder no podía pronunciar ni una sola palabra, pues si, aquel hombre existía. Estuve hablando con él la noche anterior</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> en una taberna de mala muerte, aguanté chapas y chapas sobre su vida y tecnicismos sobre pasos de baile, pero finalmente, cargando de más sus copas hice que cayera al suelo inconsciente. Lo llevé a un callejón solitario, y tras robarle la cartera, atarle y amordazarle le tiré a un contenedor de basura. Aunque con el pedo que llevaba es probable que no se despierte hasta media tarde. </span><br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Tan solo déjame pasar. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Me apoyé sobre el mostrador y me incliné para hablarle más de cerca. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Se qué sos nuevo, pero se te buen pibe, si me dejás pasar te prometo que yo arreglaré todo el papeleo de la sustitución, vos no te preocupés por nada. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Le susurré en un tono gentil y condescendiente apoyando mi mano en su hombro como gesto de confianza. </span><br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-Está bien… </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Soltó algo nervioso. </span><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-Su clase es el aula C3, los alumnos ya están allí. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Asentí confiado, casi haciendo un gesto de victoria y euforia que pude contener por poco. Me di la vuelta dispuesto a buscar el aula correspondiente. Por los pasillos me encontré  personas muy variopintas y razas de todo tipo, pero lo más importante es que las mujeres aquí eran preciosas, no podía evitar seguirles con la mirada según pasaban por mi lado. Pero tenía que centrarme. Había venido aquí a por una viejecita rica, no a por una morenaza, con las tetas más grandes que mi cabeza… </span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Una vez abrí la puerta de la C3 mi plan dio un giro de ciento ochenta grados. Entre las alumnos había una mujer de piel morena, alas negras y un imponente tamaño, probablemente doblándome la altura. Parecía un ángel, un ángel que ha descendido al mundo para bendecir la vista de simples mortales cómo yo. “A tomar por culo el plan de timar a una vieja, yo quiero que esta mujer se siente en mi cara hasta me deje sin respiración”. Fue lo que pensé nada más crucé la puerta, caminando con un paso lento y elegante hasta llegar al centro de la sala. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Señoritas… Mi nombre es Ernesto Guzmán Del Valle. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Comencé, a hablar, aún fingiendo el acento argentino con el que estaba interpretando a mi personaje. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Soy vuestro profesor sustituto, pues Valentino se encontrá indispuesto. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-aplaudí un par de veces para que me prestaran atención. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Lo primero que haremos será estirar un poco para calentar. Así que primero traten de tocar sus pies con las manos sin doblar las rodillas. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Volví a dar dos palmadas para que comenzaran el ejercicio, y me dirigí a la zona donde estaban los alumnos para tenerlos más cerca. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Si necesitán ayuda estoy aquí para cualquiera de ustedes… </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Solté finalmente, aunque mi mirada estaba fija en aquella diosa alada que aceleraba mi ritmo cardiaco cada vez que mis ojos decidían se detenían a contemplarla. </span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karmas</span>
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				</div>
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					</span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Charlatán </span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Pico de oro</span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Mentiroso compulsivo</span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Hipersexualizado. 
				</div>
			</div></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Dia 38 de invierno/ Año 16<br />
Centro de danza de Samba</span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Era una mañana cálida de invierno, el sol incidía en mi piel quemándome hasta los huesos. Era un clima perfecto para seducir y timar a viejecitas ricas. Por lo que me dirigí con un plan a donde las ancianas eran más sugestionables. El centro de danza de samba, no lo había pisado aún en toda mi estancia en la isla pues consideraba que el verdadero arte de la danza se aprendía en las tabernas, la música, la sientes o no la sientes, enseñar a una persona sin ritmo a bailar era como pretender que un simio aprenda matemáticas complejas. <br />
<br />
No obstante no venía a cuestionar los métodos, que cada uno se gastara el dinero donde quisiera. Por lo que vestido para la ocasión, con una camisa negra, entreabierta y con volantes. Pantalones de campana del mismo color com flecos, y unos zapatos con cuña marrones y el pelo, peinado hacia atrás, recogiéndomelo en una coleta, me dirigí hacia aquel edificio tan importante para la ciudad.<br />
<br />
Salté los escalones de dos en dos hasta llegar a la puerta. Saqué pecho y estiré la espalda, entrando con porte y elegancia, o al menos pretendiendo tenerla. Fui directo a la recepción, donde unas cuantas personas se hallaban organizando papeles y horarios. Entre todas ellas me dirigí a una chico joven, con la frente sudorosa y cara de preocupación. Desde luego era el más fácil de engañar de los presentes.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Che pibe, mi nombre es Ernesto Guzmán Del Valle. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Solté decidido con el mejor acento argentino que pude imitar. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Me llamaron porque el profesor Valentino Rivera se encontrá indispuesto y me rogaron a mí, la estrella, el inigualable genio de la danza que lo sustituyera. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Me miró con extrañeza, arqueando una ceja. </span><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-No… no tenía idea que Valentino estaba indispuesto. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Comentó acercándose al den den mushi justo a su lado probablemente para llamarle.</span><br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-No necesitás llamarle, tiene un catarro brutal y es probable que no pueda hablar. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Por poder no podía pronunciar ni una sola palabra, pues si, aquel hombre existía. Estuve hablando con él la noche anterior</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> en una taberna de mala muerte, aguanté chapas y chapas sobre su vida y tecnicismos sobre pasos de baile, pero finalmente, cargando de más sus copas hice que cayera al suelo inconsciente. Lo llevé a un callejón solitario, y tras robarle la cartera, atarle y amordazarle le tiré a un contenedor de basura. Aunque con el pedo que llevaba es probable que no se despierte hasta media tarde. </span><br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Tan solo déjame pasar. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Me apoyé sobre el mostrador y me incliné para hablarle más de cerca. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Se qué sos nuevo, pero se te buen pibe, si me dejás pasar te prometo que yo arreglaré todo el papeleo de la sustitución, vos no te preocupés por nada. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Le susurré en un tono gentil y condescendiente apoyando mi mano en su hombro como gesto de confianza. </span><br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-Está bien… </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Soltó algo nervioso. </span><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-Su clase es el aula C3, los alumnos ya están allí. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Asentí confiado, casi haciendo un gesto de victoria y euforia que pude contener por poco. Me di la vuelta dispuesto a buscar el aula correspondiente. Por los pasillos me encontré  personas muy variopintas y razas de todo tipo, pero lo más importante es que las mujeres aquí eran preciosas, no podía evitar seguirles con la mirada según pasaban por mi lado. Pero tenía que centrarme. Había venido aquí a por una viejecita rica, no a por una morenaza, con las tetas más grandes que mi cabeza… </span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">Una vez abrí la puerta de la C3 mi plan dio un giro de ciento ochenta grados. Entre las alumnos había una mujer de piel morena, alas negras y un imponente tamaño, probablemente doblándome la altura. Parecía un ángel, un ángel que ha descendido al mundo para bendecir la vista de simples mortales cómo yo. “A tomar por culo el plan de timar a una vieja, yo quiero que esta mujer se siente en mi cara hasta me deje sin respiración”. Fue lo que pensé nada más crucé la puerta, caminando con un paso lento y elegante hasta llegar al centro de la sala. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Señoritas… Mi nombre es Ernesto Guzmán Del Valle. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Comencé, a hablar, aún fingiendo el acento argentino con el que estaba interpretando a mi personaje. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Soy vuestro profesor sustituto, pues Valentino se encontrá indispuesto. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-aplaudí un par de veces para que me prestaran atención. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Lo primero que haremos será estirar un poco para calentar. Así que primero traten de tocar sus pies con las manos sin doblar las rodillas. </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Volví a dar dos palmadas para que comenzaran el ejercicio, y me dirigí a la zona donde estaban los alumnos para tenerlos más cerca. </span><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">-Si necesitán ayuda estoy aquí para cualquiera de ustedes… </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Solté finalmente, aunque mi mirada estaba fija en aquella diosa alada que aceleraba mi ritmo cardiaco cada vez que mis ojos decidían se detenían a contemplarla. </span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Charlatán </span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Pico de oro</span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Mentiroso compulsivo</span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color">-Hipersexualizado. 
				</div>
			</div></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] El carnaval de la samba  | Libre, Social]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2238</link>
			<pubDate>Thu, 09 Oct 2025 00:11:12 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=589">Ryota Miyamoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2238</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Riqueza</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Fama</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Poder</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Voi D. Rowned</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">El Rey de los piratas conquistó todo lo que el mundo pudiera ofrecer.</div>
<br />
¡Sus últimas palabras antes de resguardarse hicieron que la gente corriera hacia el océano! <br />
<br />
De inmediato los piratas de todas las clases se dirigieron hacia la gran ruta marítima para cumplir sus sueños, y así comenzó ¡la gran era de la piratería!  <br />
<br />
No existía ningún pirata que no tuviera entre sus ambiciones llegar a ser el mejor, convertirse en una leyenda o siquiera alguna vez en su vida tratar de obtener el conocimiento conseguido por el más grande de todos los piratas… o bueno, quizás sí existieran algunos. <br />
<br />
Piratas movidos por algo más allá de la ambición por fama, gloria o poder, almas libres de cadenas que veían en las experiencias el verdadero fruto de sus vidas. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">______________<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Primavera - Dia 23 - Hace 2 años</span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=hr5guXW7V9g" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">- Ost -</a><br />
</span><br />
<img src="https://i.imgur.com/AyTDazA.png" loading="lazy"  width="400" height="250" alt="[Imagen: AyTDazA.png]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Noche – 08:00 PM</span></div>
<br />
Los sonidos de los tambores se escuchaban por todo el centro de la isla, junto a un ritmo jovial que haría mover los hombros a cualquiera que lo escuchara. <br />
<br />
Las luces de antorchas y algunas lámparas mushi iluminaban justo en medio del área más afectada por la pobreza en el reino de la samba. Un lugar custodiado por la danza, la música y sus habitantes, los cuales expresaban por medio de la celebración su descontento con la situación actual sobre sus pesares.<br />
<br />
Era un ejercicio de catarsis digno de verse, pero sobre todo experimentarse, el festejar como medio para solventar las penas era un mecanismo que aliviaba los corazones de todos y que funcionaba también como un aliciente para que los turistas de muchas otras islas disfrutaran del baile, la música y el desahogo.<br />
Una escena especial, casi religiosa, llena de felicidad, belleza, arte y… <br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/PFl8Xjh.jpeg" loading="lazy"  width="150" height="155" alt="[Imagen: PFl8Xjh.jpeg]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Realmente es así como se hace? Kekeke eres una maestra increíble Tainara. –</span></span> </div>
<br />
La risa de un chico de cabellos castaños, ojos ambarinos y sonrisa contagiosa se escuchó en medio de la multitud de personas que danzaban. Frente a él, una mujer originaria de la isla, con hermosos cabellos oscuros, piel morena, ojos azules y vestido amarillo sonreía ante su amabilidad.  <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Qué mentiroso Ryota, bailas como si ya lo hubieras hecho. –</span> Contestó Tainara sonriente, apreciando los pies del contrario que se movían al ritmo de la música como si ya hubiera maestrizado un baile que decía realizar por primera vez. <br />
<br />
La mentira era obvia, pero eso lo hacía más divertido, porque ambos estaban disfrutando de la mediocre e inventada excusa del chico por ser el motivo para que disfrutaran juntos dicho momento.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">-Kekeke ¿yo? ¿mentirte? Claro que no, jamás lo haría. –</span> </span>Sonrió con ironía en medio del baile tomando con sus manos las de Tainara y dirigir una serie de giros por la pista que acercaría sus rostros uno frente al otro en un momento íntimo de…<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> - Hey, hey, espera. –</span> Expresó Tainara alejándose un poco en medio del baile totalmente risueña. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">– ¿Ni creas que te será tan fácil, no soy como las demás, eh? –</span><br />
<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Jamás pensaría algo así, keke, eres única. —</span></span>(Todas son únicas) quiso decir, pero guardó silencio. Una vez la canción terminó, Tainara pidió al joven que fuera por unas bebidas y se reuniera en un lugar más tranquilo fuera de la fiesta para conocerse mejor. <br />
<br />
De forma animada, el chico aceptó, postergando su encuentro para ir por las bebidas hasta los exteriores del centro de danza para buscar un quiosco que vendiera bebidas. No tardó en encontrar uno acercándose a la barra para levantar la mano. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">-Bro, dame dos piñas Samba por favor… -</span></span> Pidió para luego desviar su mirada y ver una escena de lo más particular. <br />
<br />
Dos hombres se estaban golpeando por alguna razón a unos cuantos pies del quiosco, algunos locales prefirieron alejarse un poco permitiendo ver la grotesca escena.<br />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><a href="https://i.imgur.com/OdsCAWe.jpeg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Outfit</a></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Riqueza</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Fama</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Poder</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Voi D. Rowned</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">El Rey de los piratas conquistó todo lo que el mundo pudiera ofrecer.</div>
<br />
¡Sus últimas palabras antes de resguardarse hicieron que la gente corriera hacia el océano! <br />
<br />
De inmediato los piratas de todas las clases se dirigieron hacia la gran ruta marítima para cumplir sus sueños, y así comenzó ¡la gran era de la piratería!  <br />
<br />
No existía ningún pirata que no tuviera entre sus ambiciones llegar a ser el mejor, convertirse en una leyenda o siquiera alguna vez en su vida tratar de obtener el conocimiento conseguido por el más grande de todos los piratas… o bueno, quizás sí existieran algunos. <br />
<br />
Piratas movidos por algo más allá de la ambición por fama, gloria o poder, almas libres de cadenas que veían en las experiencias el verdadero fruto de sus vidas. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">______________<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Primavera - Dia 23 - Hace 2 años</span></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=hr5guXW7V9g" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">- Ost -</a><br />
</span><br />
<img src="https://i.imgur.com/AyTDazA.png" loading="lazy"  width="400" height="250" alt="[Imagen: AyTDazA.png]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Noche – 08:00 PM</span></div>
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Los sonidos de los tambores se escuchaban por todo el centro de la isla, junto a un ritmo jovial que haría mover los hombros a cualquiera que lo escuchara. <br />
<br />
Las luces de antorchas y algunas lámparas mushi iluminaban justo en medio del área más afectada por la pobreza en el reino de la samba. Un lugar custodiado por la danza, la música y sus habitantes, los cuales expresaban por medio de la celebración su descontento con la situación actual sobre sus pesares.<br />
<br />
Era un ejercicio de catarsis digno de verse, pero sobre todo experimentarse, el festejar como medio para solventar las penas era un mecanismo que aliviaba los corazones de todos y que funcionaba también como un aliciente para que los turistas de muchas otras islas disfrutaran del baile, la música y el desahogo.<br />
Una escena especial, casi religiosa, llena de felicidad, belleza, arte y… <br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/PFl8Xjh.jpeg" loading="lazy"  width="150" height="155" alt="[Imagen: PFl8Xjh.jpeg]" class="mycode_img" /><br />
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<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¿Realmente es así como se hace? Kekeke eres una maestra increíble Tainara. –</span></span> </div>
<br />
La risa de un chico de cabellos castaños, ojos ambarinos y sonrisa contagiosa se escuchó en medio de la multitud de personas que danzaban. Frente a él, una mujer originaria de la isla, con hermosos cabellos oscuros, piel morena, ojos azules y vestido amarillo sonreía ante su amabilidad.  <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Qué mentiroso Ryota, bailas como si ya lo hubieras hecho. –</span> Contestó Tainara sonriente, apreciando los pies del contrario que se movían al ritmo de la música como si ya hubiera maestrizado un baile que decía realizar por primera vez. <br />
<br />
La mentira era obvia, pero eso lo hacía más divertido, porque ambos estaban disfrutando de la mediocre e inventada excusa del chico por ser el motivo para que disfrutaran juntos dicho momento.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">-Kekeke ¿yo? ¿mentirte? Claro que no, jamás lo haría. –</span> </span>Sonrió con ironía en medio del baile tomando con sus manos las de Tainara y dirigir una serie de giros por la pista que acercaría sus rostros uno frente al otro en un momento íntimo de…<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> - Hey, hey, espera. –</span> Expresó Tainara alejándose un poco en medio del baile totalmente risueña. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">– ¿Ni creas que te será tan fácil, no soy como las demás, eh? –</span><br />
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<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Jamás pensaría algo así, keke, eres única. —</span></span>(Todas son únicas) quiso decir, pero guardó silencio. Una vez la canción terminó, Tainara pidió al joven que fuera por unas bebidas y se reuniera en un lugar más tranquilo fuera de la fiesta para conocerse mejor. <br />
<br />
De forma animada, el chico aceptó, postergando su encuentro para ir por las bebidas hasta los exteriores del centro de danza para buscar un quiosco que vendiera bebidas. No tardó en encontrar uno acercándose a la barra para levantar la mano. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">-Bro, dame dos piñas Samba por favor… -</span></span> Pidió para luego desviar su mirada y ver una escena de lo más particular. <br />
<br />
Dos hombres se estaban golpeando por alguna razón a unos cuantos pies del quiosco, algunos locales prefirieron alejarse un poco permitiendo ver la grotesca escena.<br />
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<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><a href="https://i.imgur.com/OdsCAWe.jpeg" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Outfit</a></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Cien ritmos de soledad]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2223</link>
			<pubDate>Mon, 06 Oct 2025 03:00:03 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=504">Alana Sahiba</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2223</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">Día 5 de verano, Año 16</span></span></div>
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Me había acostumbrado al clima de Samba. El calor ya no me golpeaba como el primer día que llegué. A menos, claro, que nos remontemos a la selva Anozama, ese lugar tenía su propio sol y su propio infierno húmedo. Quitando eso, el aire de Samba era distinto: lleno de vida, de risas y de música que obligaba al cuerpo a moverse aunque uno no quisiera. Era como si el mismo reino latiera al compás de un tambor invisible. No existía el silencio allí. En todo el tiempo que llevaba, no recordaba un solo segundo de calma. Todo era caótico, vivo, desordenado… y, pese a todo, increíblemente hermoso. Podría haberme quedado a vivir si no fuera porque la quietud también tiene su encanto.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Avancé entre las piernas de la multitud, esquivando tobillos como si fueran pilares de un templo que solo yo podía ver. No era fácil: cada paso torpe era un riesgo, cada salto una aventura. Las risas estridentes de los niños se mezclaban con los acordes de guitarras y tambores, con las voces de vendedores que intentaban imponerse al bullicio. Olía a fruta madura, a cuero, a sudor, a azúcar. A vida. </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Entre aquel </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">mare magnum</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"> de colores y sonidos, un olor familiar me hizo detenerme: naranjas. «Legalmente» podría haber comprado una, pero lo cierto es que era mucho más divertido aprovechar mis dotes enanas. Me escabullí entre la gente y los puestos, y tomé la más pequeña de todas, brillante como un sol en miniatura. La hice rodar con los pies, como si estuviera en un número de circo, hasta que cayó al suelo. Se había chafado un poco por un lado, pero aún servía. Me refugié bajo un tenderete y la pelé con cuidado.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El sabor ácido me hizo fruncir la nariz, pero no pude evitar sonreír. Me encantaba el gusto de la naranja… aunque detestaba cómo el jugo se empeñaba en pegarse a las manos. Mientras comía, escuchaba el murmullo constante del mercado, los gritos, las canciones, las conversaciones entremezcladas en un idioma que era casi ritmo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Cuando terminé, me limpié las manos en un trozo de tela vieja y seguí mi camino hasta toparme con el Centro de Danza de Samba. Era un edificio colorido, lleno de cintas, flores y adornos, con un aire de fiesta permanente. Desde fuera ya se oían risas, pasos y palmadas al compás de la música. Pude imaginar las danzas que ocurrían dentro: cuerpos que giraban, pies que golpeaban el suelo con precisión y alegría.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Entré, movida por la curiosidad. El aire olía a humanidad (así lo llamaba yo): una mezcla de sudor, perfume y movimiento. Tuve que esquivar a varios niños que corrían de un lado a otro como si su objetivo fuera atropellarme. Nunca había sentido la muerte tan cerca. Un sonido agudo y desafinado cortó de pronto el ambiente, haciéndome fruncir el ceño. Seguí el ruido hasta llegar a una sala lateral donde una mujer trataba de tocar la flauta. </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Tratar</span></span></span><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> era la palabra clave. Aquello debía de rozar la tortura auditiva— </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Válgame Dios…</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> —murmuré, horrorizada.</span></span></span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Decidí seguir explorando, buscando algo que mereciera más la pena. Y entonces la encontré: una danza distinta, más elegante, más contenida. Desde el umbral, observé a las parejas girando, con pasos que eran un equilibrio entre la fuerza y la delicadeza. Algunos tropezaban, otros parecían volar. Me quedé allí, fascinada. El ruido del mundo desapareció un poco, y por primera vez desde que llegué a Samba, tuve la sensación de que el caos podía tener ritmo.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">Día 5 de verano, Año 16</span></span></div>
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Me había acostumbrado al clima de Samba. El calor ya no me golpeaba como el primer día que llegué. A menos, claro, que nos remontemos a la selva Anozama, ese lugar tenía su propio sol y su propio infierno húmedo. Quitando eso, el aire de Samba era distinto: lleno de vida, de risas y de música que obligaba al cuerpo a moverse aunque uno no quisiera. Era como si el mismo reino latiera al compás de un tambor invisible. No existía el silencio allí. En todo el tiempo que llevaba, no recordaba un solo segundo de calma. Todo era caótico, vivo, desordenado… y, pese a todo, increíblemente hermoso. Podría haberme quedado a vivir si no fuera porque la quietud también tiene su encanto.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Avancé entre las piernas de la multitud, esquivando tobillos como si fueran pilares de un templo que solo yo podía ver. No era fácil: cada paso torpe era un riesgo, cada salto una aventura. Las risas estridentes de los niños se mezclaban con los acordes de guitarras y tambores, con las voces de vendedores que intentaban imponerse al bullicio. Olía a fruta madura, a cuero, a sudor, a azúcar. A vida. </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Entre aquel </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">mare magnum</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"> de colores y sonidos, un olor familiar me hizo detenerme: naranjas. «Legalmente» podría haber comprado una, pero lo cierto es que era mucho más divertido aprovechar mis dotes enanas. Me escabullí entre la gente y los puestos, y tomé la más pequeña de todas, brillante como un sol en miniatura. La hice rodar con los pies, como si estuviera en un número de circo, hasta que cayó al suelo. Se había chafado un poco por un lado, pero aún servía. Me refugié bajo un tenderete y la pelé con cuidado.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El sabor ácido me hizo fruncir la nariz, pero no pude evitar sonreír. Me encantaba el gusto de la naranja… aunque detestaba cómo el jugo se empeñaba en pegarse a las manos. Mientras comía, escuchaba el murmullo constante del mercado, los gritos, las canciones, las conversaciones entremezcladas en un idioma que era casi ritmo.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Cuando terminé, me limpié las manos en un trozo de tela vieja y seguí mi camino hasta toparme con el Centro de Danza de Samba. Era un edificio colorido, lleno de cintas, flores y adornos, con un aire de fiesta permanente. Desde fuera ya se oían risas, pasos y palmadas al compás de la música. Pude imaginar las danzas que ocurrían dentro: cuerpos que giraban, pies que golpeaban el suelo con precisión y alegría.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Entré, movida por la curiosidad. El aire olía a humanidad (así lo llamaba yo): una mezcla de sudor, perfume y movimiento. Tuve que esquivar a varios niños que corrían de un lado a otro como si su objetivo fuera atropellarme. Nunca había sentido la muerte tan cerca. Un sonido agudo y desafinado cortó de pronto el ambiente, haciéndome fruncir el ceño. Seguí el ruido hasta llegar a una sala lateral donde una mujer trataba de tocar la flauta. </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Tratar</span></span></span><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> era la palabra clave. Aquello debía de rozar la tortura auditiva— </span><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Válgame Dios…</span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> —murmuré, horrorizada.</span></span></span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Decidí seguir explorando, buscando algo que mereciera más la pena. Y entonces la encontré: una danza distinta, más elegante, más contenida. Desde el umbral, observé a las parejas girando, con pasos que eran un equilibrio entre la fuerza y la delicadeza. Algunos tropezaban, otros parecían volar. Me quedé allí, fascinada. El ruido del mundo desapareció un poco, y por primera vez desde que llegué a Samba, tuve la sensación de que el caos podía tener ritmo.</span></span></span>]]></content:encoded>
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