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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Punk Hazard]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Mon, 05 Oct 2026 01:26:27 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - Ego de superestrellas]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4162</link>
			<pubDate>Wed, 26 Aug 2026 12:05:32 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=31">Garnet D. Matlock</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4162</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 45 del año 18, Primavera - 17:32 a.m.<br />
Punk Hazard. Solar Karma.</span></div>
<br />
Aún no se podían creer que Yojimbo y Aspros hubieran regresado después de estar más de tres años separados de los Alas Negras. Aquellos cuarenta y tantos días que habían vivido seguramente habían sido los más felices y salvajes de todas sus vidas, no parando prácticamente de celebrar de la manera más grande que podían el aclamado regreso de sus dos amigos. Y desde luego, que junto al capitán y navegante mocatriz de los Alas Negras, hubieran llegado más de medio millar de bocas que alimentar, no ayudaba a descansar de la buena vida festera.<br />
<br />
De manera extraña e incomprensible, Garnet había encontrado un pequeño momento de paz y para sí mismo en el Solar Karma. Los expresidiarios debían estar al pie de la isla, haciendo lo propio de un expresidiario - seguramente no hacer nada -, mientras que el resto de sus compañeros parecían estar cada uno a lo suyo. El pelirrojo, que llevaba un tanga con estampado de cebra, estaba en ese momento en su camarote, observando fijamente a su instrumento, Sabertones. Esbozó una sonrisa ladeada.- <span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Al menda le apetece tocar algo de música tranquilito, ¿es o no es?</span></span> - comentó a la nada, agarrando a su mayor tesoro, para colgárselo acto seguido a la espalda, comenzando a salir de su habitación. Comenzó a caminar hasta la cubierta la cuál, para su sorpresa y fortuna, parecía estar completamente vacía.- <span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Algo de paz... Que Garnet Matlock diga esto... Pueje.</span></span> - expresó el músico ante la calma que se respiraba en el galeón después de tanto día movidito, continuando su paso hasta llegar al escenario, el que era su santuario dentro del propio barco. <br />
<br />
Una vez allí, pegó un saltó, que le hizo subirse al borde del escenario para, a continuación, sentarse en él. Se quitó su guitarra eléctrica de sus espaldas, para posicionarla frente a su torso, agarrando el mástil del instrumento con su zurda, mientras que el cuerpo lo tenía sujeto con su diestra. Antes de tocar, el skypiean alzó su cabeza, observando con anhelo el cielo. Hacía un día increíble de primavera, un cielo completamente despejado, con un radiante color azul que invitaba a salir al exterior. El astro rey, por su parte, se encontraba algo alejado de su punto cénit, acercándose cada vez al horizonte por el oeste, pero aún brindando de una luz natural y calor que resultaba reconfortante, no sólo por el propio clima tropical de la isla, sino también por la época en la que se encontraban. La suave y fresca brisa del mar era el culmen de la satisfacción, sintiendo como el vello de Garnet se erizaba con cada soplo de viento que su cuerpo recibía encantado. Ante todo este estímulo de sensaciones positivas, el pelirrojo suspiró. - <span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esto es vida...</span></span> - expresó, bajando su mirada, ahora sí, a Sabertones, y comenzando a tocar una serie de acordes, componiendo lo que quizás podría ser un futuro tema de su carrera musical.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 45 del año 18, Primavera - 17:32 a.m.<br />
Punk Hazard. Solar Karma.</span></div>
<br />
Aún no se podían creer que Yojimbo y Aspros hubieran regresado después de estar más de tres años separados de los Alas Negras. Aquellos cuarenta y tantos días que habían vivido seguramente habían sido los más felices y salvajes de todas sus vidas, no parando prácticamente de celebrar de la manera más grande que podían el aclamado regreso de sus dos amigos. Y desde luego, que junto al capitán y navegante mocatriz de los Alas Negras, hubieran llegado más de medio millar de bocas que alimentar, no ayudaba a descansar de la buena vida festera.<br />
<br />
De manera extraña e incomprensible, Garnet había encontrado un pequeño momento de paz y para sí mismo en el Solar Karma. Los expresidiarios debían estar al pie de la isla, haciendo lo propio de un expresidiario - seguramente no hacer nada -, mientras que el resto de sus compañeros parecían estar cada uno a lo suyo. El pelirrojo, que llevaba un tanga con estampado de cebra, estaba en ese momento en su camarote, observando fijamente a su instrumento, Sabertones. Esbozó una sonrisa ladeada.- <span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Al menda le apetece tocar algo de música tranquilito, ¿es o no es?</span></span> - comentó a la nada, agarrando a su mayor tesoro, para colgárselo acto seguido a la espalda, comenzando a salir de su habitación. Comenzó a caminar hasta la cubierta la cuál, para su sorpresa y fortuna, parecía estar completamente vacía.- <span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Algo de paz... Que Garnet Matlock diga esto... Pueje.</span></span> - expresó el músico ante la calma que se respiraba en el galeón después de tanto día movidito, continuando su paso hasta llegar al escenario, el que era su santuario dentro del propio barco. <br />
<br />
Una vez allí, pegó un saltó, que le hizo subirse al borde del escenario para, a continuación, sentarse en él. Se quitó su guitarra eléctrica de sus espaldas, para posicionarla frente a su torso, agarrando el mástil del instrumento con su zurda, mientras que el cuerpo lo tenía sujeto con su diestra. Antes de tocar, el skypiean alzó su cabeza, observando con anhelo el cielo. Hacía un día increíble de primavera, un cielo completamente despejado, con un radiante color azul que invitaba a salir al exterior. El astro rey, por su parte, se encontraba algo alejado de su punto cénit, acercándose cada vez al horizonte por el oeste, pero aún brindando de una luz natural y calor que resultaba reconfortante, no sólo por el propio clima tropical de la isla, sino también por la época en la que se encontraban. La suave y fresca brisa del mar era el culmen de la satisfacción, sintiendo como el vello de Garnet se erizaba con cada soplo de viento que su cuerpo recibía encantado. Ante todo este estímulo de sensaciones positivas, el pelirrojo suspiró. - <span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esto es vida...</span></span> - expresó, bajando su mirada, ahora sí, a Sabertones, y comenzando a tocar una serie de acordes, componiendo lo que quizás podría ser un futuro tema de su carrera musical.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4121</link>
			<pubDate>Fri, 21 Aug 2026 04:02:44 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=32">Yojimbo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4121</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">1 de Primavera del año 18</span></div>
<br />
<br />
Mi mano avanzó con rapidez, arrebatando de las garras de un indeseable un pequeño saco de pimientos que tanto ansiaba. Aquel pirata forcejeó durante unos instantes conmigo, pero lo dejé dormidito de un cabezazo, la victoria era mía y el contenido del saco desapareció de la vista de todos.<br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡¡EGHZ MÍO!!</span></span> -grité con la boca llena justo antes de tragar con esfuerzo un kilo y medio de pimientos.<br />
<br />
Los piratas gritaban, saltaban, celebraban y, embriagados por el alcohol, se peleaban por cualquier cosa. Agarré con una mano un barril de cerveza, abrí la tapa superior y le di un trago mientras dejaba a la marabunta de expresidiarios festivos atrás y me disponía a buscar a Aspros. Caminé por la cubierta de aquel gigantesco barco, viendo de pasada a los miembros supervivientes del Equipo Hormiga, menos a la niña repelente, y a mi padre, que, como siempre, era el alma de la fiesta. En cuanto hice contacto visual con Aspros, me acerqué a él y me senté en el suelo a su lado.<br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡A la salud del mejor navegante que conozco, del pirata más fiero de los siete mares, de la Reina de los Okamas y del mejor amigo que se puede tener! ¡A tu salud!</span> </span>-Brindé al aire, dejando caer un poco del contenido del barril al suelo y pegué otro trago.<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> -Consigues todo lo que te propones, ¿eh?</span></span> -le dije contento mientras empujaba levemente su hombro derecho con mi puño.<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No hemos podido hablar con tranquilidad, ha sido todo demasiado… frenético. En fin, quería agradecerte todo esto, ha sido una auténtica temeridad por tu parte, ¡¡KIKIKIKIKI!! </span></span><br />
<br />
Aspros iba a venir sólo a rescatarme, este tío que tenía delante era la persona más valiente que conocía. Se fue de la tripulación para perseguir un sueño, y dejó una vida ideal para adentrarse en el mismísimo infierno en la tierra e intentar rescatar, sin garantías, a un amigo. Le debía literalmente la vida. <br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-aSpRoSs…</span></span> -lloriqueé. <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Te… snif te quiero tantísimo… ¡AMIGO! </span></span>-grité mientras los mocos salían largos como espárragos por mi nariz. Estiré mi brazo derecho y agarré por la cabeza a un pobre desgraciado que paseaba cerca de nosotros, lo acerqué a mi cara y usé su cabeza para limpiarme las lágrimas y los mocos y, finalmente, lo lancé por ahí. <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Bueno, ya está bien, ¿qué has estado haciendo todo este tiempo? Ponme al día, si quiero ser Rey de los Piratas tengo que aprender mucho de una auténtica Reina.</span></span><br />
<br />
Y así estuvimos hablando largo y tendido, hacía muchísimo tiempo que no hablaba con Aspros y cada minuto que pasaba con él era alegría en estado puro.<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">-UNOS DÍAS MÁS TARDE-</span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="215" src="https://www.youtube.com/embed/nUBWp89ATE8?si=QD_FgVd66bb4Ics4" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-¡¡TIERRA A LA VISTA!!</span></span> -gritó uno de los marineros de abordo, a los pocos segundos todos comenzaron a gritar y a prepararse para tocar tierra.<br />
<br />
Posé mi pierna derecha en una de las barandas del barco y puse mi mano izquierda sobre mis cejas para cubrirme del sol mientras en el horizonte se veía nuestro destino: Punk Hazard. Ya me habían estado contando las aventuras de los Alas Negras en ese lugar. Llegaron, derrotaron al infame Doctor Utakata, miembro de la Ouka Shichibukai, y reclamaron la isla como su territorio. ¡Estaban completamente locos! ¡Teníamos una isla propia! Y es que era una auténtica locura y daba verdadero vértigo si echábamos la vista atrás. Todo lo que habíamos conseguido era increíble. Y yo era el orgulloso capitán de todos estos valientes marineros.<br />
<br />
A los pocos minutos logramos amarrar en el muelle de la isla y lo primero que vi fue una bandera de los Alas Negras ondeando sin descanso. Hacía muchísimo que no veía nuestra bandera. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/mYB8kby.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: mYB8kby.png]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Giré la cabeza y miré a Aspros mientras apoyaba mi mano derecha sobre su hombro izquierdo. <br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Estamos en casa, amigo. </span></span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="215" src="https://www.youtube.com/embed/eWoJ4XwHREw?si=McxiX4BJif0Vh-rn" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
Aquí el grupo se dividía, los viejos maestros se iban en el navío con el que habíamos llegado y mi padre junto a un grupo enorme de expresidiarios cogían otro barco que había venido a recogerlos. Tras una serie de consejos vitales me despedí de mi padre haciéndole el famoso saludo de la revolución, a mí me parecía ridículo, pero parecía que a él le hacía muchísima ilusión que lo hiciera. Y una vez se fueron quedamos 700 piratas supervivientes que entraban a formar parte de la gran flota de los Alas Negras, todos vestidos aún con eluniforme de la prisión, Aspros y yo. Los piratas fueron entrando a la isla, que ahora era su nuevo hogar, y al fondo del todo quedamos Aspros y yo. Recogí todo el aire que pude mientras generaba catorce bocas distanciadas entre si y grité todo lo fuerte que pude:<br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡¡¡¿¿¿NOS ECHABAIS DE MENOS???!!! </span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/driyOdY.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: driyOdY.jpeg]" class="mycode_img" /></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">1 de Primavera del año 18</span></div>
<br />
<br />
Mi mano avanzó con rapidez, arrebatando de las garras de un indeseable un pequeño saco de pimientos que tanto ansiaba. Aquel pirata forcejeó durante unos instantes conmigo, pero lo dejé dormidito de un cabezazo, la victoria era mía y el contenido del saco desapareció de la vista de todos.<br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡¡EGHZ MÍO!!</span></span> -grité con la boca llena justo antes de tragar con esfuerzo un kilo y medio de pimientos.<br />
<br />
Los piratas gritaban, saltaban, celebraban y, embriagados por el alcohol, se peleaban por cualquier cosa. Agarré con una mano un barril de cerveza, abrí la tapa superior y le di un trago mientras dejaba a la marabunta de expresidiarios festivos atrás y me disponía a buscar a Aspros. Caminé por la cubierta de aquel gigantesco barco, viendo de pasada a los miembros supervivientes del Equipo Hormiga, menos a la niña repelente, y a mi padre, que, como siempre, era el alma de la fiesta. En cuanto hice contacto visual con Aspros, me acerqué a él y me senté en el suelo a su lado.<br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡A la salud del mejor navegante que conozco, del pirata más fiero de los siete mares, de la Reina de los Okamas y del mejor amigo que se puede tener! ¡A tu salud!</span> </span>-Brindé al aire, dejando caer un poco del contenido del barril al suelo y pegué otro trago.<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> -Consigues todo lo que te propones, ¿eh?</span></span> -le dije contento mientras empujaba levemente su hombro derecho con mi puño.<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-No hemos podido hablar con tranquilidad, ha sido todo demasiado… frenético. En fin, quería agradecerte todo esto, ha sido una auténtica temeridad por tu parte, ¡¡KIKIKIKIKI!! </span></span><br />
<br />
Aspros iba a venir sólo a rescatarme, este tío que tenía delante era la persona más valiente que conocía. Se fue de la tripulación para perseguir un sueño, y dejó una vida ideal para adentrarse en el mismísimo infierno en la tierra e intentar rescatar, sin garantías, a un amigo. Le debía literalmente la vida. <br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-aSpRoSs…</span></span> -lloriqueé. <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Te… snif te quiero tantísimo… ¡AMIGO! </span></span>-grité mientras los mocos salían largos como espárragos por mi nariz. Estiré mi brazo derecho y agarré por la cabeza a un pobre desgraciado que paseaba cerca de nosotros, lo acerqué a mi cara y usé su cabeza para limpiarme las lágrimas y los mocos y, finalmente, lo lancé por ahí. <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Bueno, ya está bien, ¿qué has estado haciendo todo este tiempo? Ponme al día, si quiero ser Rey de los Piratas tengo que aprender mucho de una auténtica Reina.</span></span><br />
<br />
Y así estuvimos hablando largo y tendido, hacía muchísimo tiempo que no hablaba con Aspros y cada minuto que pasaba con él era alegría en estado puro.<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">-UNOS DÍAS MÁS TARDE-</span></span></div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="215" src="https://www.youtube.com/embed/nUBWp89ATE8?si=QD_FgVd66bb4Ics4" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-¡¡TIERRA A LA VISTA!!</span></span> -gritó uno de los marineros de abordo, a los pocos segundos todos comenzaron a gritar y a prepararse para tocar tierra.<br />
<br />
Posé mi pierna derecha en una de las barandas del barco y puse mi mano izquierda sobre mis cejas para cubrirme del sol mientras en el horizonte se veía nuestro destino: Punk Hazard. Ya me habían estado contando las aventuras de los Alas Negras en ese lugar. Llegaron, derrotaron al infame Doctor Utakata, miembro de la Ouka Shichibukai, y reclamaron la isla como su territorio. ¡Estaban completamente locos! ¡Teníamos una isla propia! Y es que era una auténtica locura y daba verdadero vértigo si echábamos la vista atrás. Todo lo que habíamos conseguido era increíble. Y yo era el orgulloso capitán de todos estos valientes marineros.<br />
<br />
A los pocos minutos logramos amarrar en el muelle de la isla y lo primero que vi fue una bandera de los Alas Negras ondeando sin descanso. Hacía muchísimo que no veía nuestra bandera. <br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/mYB8kby.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: mYB8kby.png]" class="mycode_img" /></div>
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Giré la cabeza y miré a Aspros mientras apoyaba mi mano derecha sobre su hombro izquierdo. <br />
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<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Estamos en casa, amigo. </span></span><br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="560" height="215" src="https://www.youtube.com/embed/eWoJ4XwHREw?si=McxiX4BJif0Vh-rn" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
Aquí el grupo se dividía, los viejos maestros se iban en el navío con el que habíamos llegado y mi padre junto a un grupo enorme de expresidiarios cogían otro barco que había venido a recogerlos. Tras una serie de consejos vitales me despedí de mi padre haciéndole el famoso saludo de la revolución, a mí me parecía ridículo, pero parecía que a él le hacía muchísima ilusión que lo hiciera. Y una vez se fueron quedamos 700 piratas supervivientes que entraban a formar parte de la gran flota de los Alas Negras, todos vestidos aún con eluniforme de la prisión, Aspros y yo. Los piratas fueron entrando a la isla, que ahora era su nuevo hogar, y al fondo del todo quedamos Aspros y yo. Recogí todo el aire que pude mientras generaba catorce bocas distanciadas entre si y grité todo lo fuerte que pude:<br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-¡¡¡¿¿¿NOS ECHABAIS DE MENOS???!!! </span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/driyOdY.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: driyOdY.jpeg]" class="mycode_img" /></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - ¿Quién es quién?]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4045</link>
			<pubDate>Sat, 08 Aug 2026 18:28:08 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=31">Garnet D. Matlock</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4045</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 2 de Invierno, Año 17, 00:42<br />
Solar Karma, Camarote de Garnet</span></div>
<br />
Varias horas habían transcurrido desde que las nuevas noticias descendido, literalmente, sobre el Solar Karma. Noticias que, entre muchas otras, databan sobre, no sólo la peligrosidad de su banda pirata, sino también sobre la ejecución de su capitán debido a las recientes acciones de los Alas Negras. Sin lugar a dudas, atacar a un Shichibukai y acabar conquistando su residencia, no les había hecho ni pizca de gracia. No obstante, lejos de ser algo preocupante, aquella sesión le había brindado unas esperanzas iluminadoras gracias a cierta llamada que, sin lugar a dudas, no se habían esperado en absoluto. Su fiel nakama, Aspros, la reina de Kamabakka, estaba de vuelta en el ruedo, y dispuestos a salir de aquella prisión que se conocía como inexpugnable. Y, aún así, todos y cada uno de ellos estaban completamente tranquilos.<br />
<br />
Sin embargo, debido a la euforia y emoción del momento, Garnet se había perdido echar a un vistazo a algo que le gustaba hacer: ver los nuevos carteles de recompensas y poder quedarse con alguno que pudiera ver de alguna mujer que le pareciera guapa o atractiva pues era un hobbie que tenía. Nunca se sabía cuándo uno podía conocer a una de sus ídolas para que le pisaran. El caso es que, antes de que se fueran cada uno a sus respectivos camarotes a dormir, el pelirrojo había pedido que le concedieran el honor de poder llevarse con él todos los Wanteds que venían en aquella edición del periódico y, de esta manera, así fue. Sentado en una silla de madera frente al escritorio dónde la magia surgía para componer sus canciones, tenía frente a él una pila amontonada de papel que componía su objeto de estudio.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muy bien... Vamos a ver cómo está el mercado, ¿es o no es?</span></span> - Entrelazó los dedos de ambas manos, pasando a crujírselos para, en ese momento, comenzar con la lectura de los posters. <br />
<br />
Como no podía ser de otra forma, quién encabezaba la lista, era su capitana en funciones, Triana Tempesta, quién salía con una mirada ardiente, una con la que imponía y emanaba un poder abrasador y apabullante.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Puejeje, la capi sale de locura, ¡esos 950 millones de berries le vienen ni que pintados! ¿Es o no es?</span></span> - exclamaba Garnet, preso de su fanatismo que envolvía a la mujer de cicatrices y cabellos dorados. Una vez que leyó el poster, lo retiró de la pila y lo dejó a su derecha y bocabajo, encontrándose de bruces con una persona que conocía a la perfección.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Pero anda la banda! ¡Si es mi colegui Kisuke! ¡Y vaya dineral ofrecen por él! PUAJAJAJAJAJA</span></span> - Soltó una carcajada ante la suma de dinero que daban por su cabeza.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cómo de fuerte te has vuelto, gorila calvo?</span></span> - se preguntaba, con una sonrisa picarona, agarrando el wanted de su amigo de la revolución y depositándolo junto al cartel de Triana.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PANDA! ¡PUAJAJAJAJAJ!</span></span> - gritó, eufórico, al encontrarse la cara de su hermano de otra madre, con una desorbitada recompensa de 840 millones de berries. Sin lugar a dudas, la noticia sobre la asamblea revolucionaria que habían leído, debió haber influido en el aumento de la recompensa.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El menda no puede esperar a volver a combatir de nuevo, ¿es o no es?</span></span> - No podía esperar para ver lo fuerte que se había vuelto su peludo amigo, siguiendo el procedimiento y dejando el poster, ahora, sobre el de su jefe de la revolución. Allí se encontró el rostro de su otro hermano de otra madre, sonriente y mirando fijamente a Garnet. Para su desgracia, tanto Tobías, como Kenzo y Jolyne le habían spoileado sus propias recompensas, además de la suya propia, por lo que las pasó rápidamente, sin evitar pensar en lo mucho que le molaba el hecho de que los berries que ofrecían por la cabeza de Tobías y el músico de los Alas Negras valiera lo mismo.<br />
<br />
A partir de ese punto, las caras que iban apareciendo o no las conocía, o no le sonaban en lo más mínimo. Había escuchado ciertas noticias de un tal Uker, 'El Marcado', así como de su capitán Eros Focalor.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Huh? ¿El capitán tiene menos recompensa que uno de sus nakamas? O ese tal Uker es la repanocha...</span></span> - comenzó a divagar, fijándose primero en el cártel del apuesto hombre del mechón blanco para, seguidamente, deslizar su mirada, hacia el peliazul de ojos ambarinos.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">O a este tronco no le va demasiado la marcha ni liarla parda, ¿es o no es?</span></span> - conjeturó el pelirrojo, intentando encontrar una explicación a esa diferencia de recompensa. Aunque lo cierto es que le daba igual en el fondo.<br />
<br />
Los siguientes wanteds correspondían a todas unas bellezas. En primer lugar, una mink ¿loba?, llamada "Berry Berry", que ofrecían una recompensa de 210 millones por ella.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Al menda no le importaría que le hincara el diente pueje pueje.</span></span> - Comenzó a babear, con sus ojos en forma de corazón, mientras desviaba sus ojos hacia el siguiente cartel, perteneciendo esta al de una tal Mizuki, una gyojin de cabello anaranjado y ojos azules que habían hecho que la saliva del skypiean aumentara caudalosamente.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡VAYA PIVÓN!</span></span> - exclamó, no pudiendo evitar que su vista se centrara en la parte más inferior de la imagen del wanted.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Qué mogambos... Pueje pueje pueje...</span></span> - Siguió babeando, con los ojos en forma de corazón. Vaya marrano estás hecho Garnet. Al apartar el poster de Mizuki, se dio de bruces con la imagen de Maki D. Zenin, alguien con nombre que le había sonado haberla visto en algún otra edición del periódico.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esas cicatrices y ese maquillaje... ¡Ponen al menda a 100! ¡Puajá!</span></span> - dijo con cierta intensidad, abrazándose a él mismo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y ese pelo le hace parecer linda...</span></span> - añadió, pasándose a mirar su nombre.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ahora bien... ¿Esa "D." qué cojones es?</span></span> - Se descruzó sus brazos y se llevó su diestra a su barbilla.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tanto Pandita como Kenzo también la tienen... ¿Serán primos?</span></span> - Se quedó absorto durante un par de segundos, hasta que desistió y se encogió de hombros.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bah, me la pela PUAJAJAJAJA</span></span> -<br />
<br />
Los siguientes dos wanteds tenían la particularidad de compartir tanto misma recompensa, como mismo color de cabello y, honestamente, las dos personas eran una absoluta belleza. No obstante, quién más le llamó la atención fue la de Hyakinthos, una persona andrógina con gafas y facciones afiladas que encontraba ciertamente atractiva.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No sé si es un hombre o una mujer...</span></span> - Se mordió el labio inferior de su boca.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero al menda no le importaría tener que descrubrirlo, ¿es o no es?</span></span> - Arqueaba las cejas, con cierta sugerencia. Lo que si le derretiría el corazón, sería el siguiente póster, el correspondiente a María Merlot. Una mujer de cabellos azulados que le evocaba a una visión celestial, propia del reino de Shandora.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esa risa...  Es un ángel, ¿es o no es?</span></span> - Simplemente, para Garnet le había parecido un ser divino y de otro mundo, como si fuera una diosa. Una diosa por la que pedían 123 millones por su cabeza, todo fuera dicho. <br />
<br />
Un tal Kiyoshi Maeda y un Dean serían los que encabezarían la siguiente tanda, superando el primero de los dos por poco los 100 millones de berries y quedándose el segundo con una cifra de 70 millones. A Garnet le hizo gracia que el moreno de pelo ondulado tuviera cara de pocos amigos y una mascarilla en su boca. No les sonaba haberlos visto antes, así que no tenía mucho comentario que aportar al respecto - además que este narrador está ya cansado de reaccionar a Wanteds -.<br />
<br />
Y otras dos bellezas harían aparición en el listado de carteles. La primera de ellas, Yuuki, una mujer de melena fucsia, ojos azules y una cicatriz que recorría su rostro, con un precio de 62 millones de berries.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Qué tendrán las cicatrices en las chatis que me encienden tanto? ¿Huh?</span></span> -<br />
Ciertamente, el aura de poder y lo que podía imponer una mujer con una herida de guerra, era algo que volvía loco a Garnet. No llegaba al nivel de un buen uniforme de la marine ajustado, pero estaba ahí ahí. Y por otro lado, estaba el de la otra guapura y hermosura. Una mujer de facciones dulces, cabello sedoso rubio y unos ojos cálidos de color azul grisáceo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Shirohime, ¿huh? ¡Vaya bombón estás hecho pueje pueje!</span></span> - Exclamó, con su risa de marrano, mientras se quedaba con la imagen de la mujer de 55 millones de berries.<br />
<br />
Después de otra tanda de dos minks y un niño de casi mismo precio por su cabeza, llegó al último de todos los Wanteds que había reunido. Ciertamente, al verla, sintió una sensación parecida que tuvo al ver el cartel de recompensa de María Merlot, pero de una forma distinta.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mayuri Hoshino...</span></span> - musitó, dándose cuenta al momento que había leído mal el nombre sin querer.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Perdón, Miyori, cojones, Miyori Hoshino.</span></span> - Se corrigió a si mismo, negando con la cabeza. La imagen de aquella joven y, ante todo, su mirada le transmitía pureza y bondad. ¿Cómo alguien así podía tener una recompensa por su cabeza? - <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La marina está llena de inútiles, ¿es o no es?</span></span> - concluyó, sin más, el skypiean mientras se cruzaba de brazos.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero es preciosa... Al menda le gusta mucho el color de su pelo.</span></span> - añadió. Por alguna razón, pensó en la posibilidad de que, si tuviera el pelo de color rojo o poseyera antenas como la raza a la que pertenecía, podrían ser familiares.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nanai, ¡imposible! ¿Qué sería lo siguiente? ¿Ser su yayo? Puajajaja.</span></span> - rio, terminando de ver todos los carteles de recompensas. Con toda la información que había adquirido en esa exhaustiva ojeada, era hora de dormir.<br />
<br />
<br />
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<br />
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<br />
- -]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 2 de Invierno, Año 17, 00:42<br />
Solar Karma, Camarote de Garnet</span></div>
<br />
Varias horas habían transcurrido desde que las nuevas noticias descendido, literalmente, sobre el Solar Karma. Noticias que, entre muchas otras, databan sobre, no sólo la peligrosidad de su banda pirata, sino también sobre la ejecución de su capitán debido a las recientes acciones de los Alas Negras. Sin lugar a dudas, atacar a un Shichibukai y acabar conquistando su residencia, no les había hecho ni pizca de gracia. No obstante, lejos de ser algo preocupante, aquella sesión le había brindado unas esperanzas iluminadoras gracias a cierta llamada que, sin lugar a dudas, no se habían esperado en absoluto. Su fiel nakama, Aspros, la reina de Kamabakka, estaba de vuelta en el ruedo, y dispuestos a salir de aquella prisión que se conocía como inexpugnable. Y, aún así, todos y cada uno de ellos estaban completamente tranquilos.<br />
<br />
Sin embargo, debido a la euforia y emoción del momento, Garnet se había perdido echar a un vistazo a algo que le gustaba hacer: ver los nuevos carteles de recompensas y poder quedarse con alguno que pudiera ver de alguna mujer que le pareciera guapa o atractiva pues era un hobbie que tenía. Nunca se sabía cuándo uno podía conocer a una de sus ídolas para que le pisaran. El caso es que, antes de que se fueran cada uno a sus respectivos camarotes a dormir, el pelirrojo había pedido que le concedieran el honor de poder llevarse con él todos los Wanteds que venían en aquella edición del periódico y, de esta manera, así fue. Sentado en una silla de madera frente al escritorio dónde la magia surgía para componer sus canciones, tenía frente a él una pila amontonada de papel que componía su objeto de estudio.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Muy bien... Vamos a ver cómo está el mercado, ¿es o no es?</span></span> - Entrelazó los dedos de ambas manos, pasando a crujírselos para, en ese momento, comenzar con la lectura de los posters. <br />
<br />
Como no podía ser de otra forma, quién encabezaba la lista, era su capitana en funciones, Triana Tempesta, quién salía con una mirada ardiente, una con la que imponía y emanaba un poder abrasador y apabullante.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Puejeje, la capi sale de locura, ¡esos 950 millones de berries le vienen ni que pintados! ¿Es o no es?</span></span> - exclamaba Garnet, preso de su fanatismo que envolvía a la mujer de cicatrices y cabellos dorados. Una vez que leyó el poster, lo retiró de la pila y lo dejó a su derecha y bocabajo, encontrándose de bruces con una persona que conocía a la perfección.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Pero anda la banda! ¡Si es mi colegui Kisuke! ¡Y vaya dineral ofrecen por él! PUAJAJAJAJAJA</span></span> - Soltó una carcajada ante la suma de dinero que daban por su cabeza.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Cómo de fuerte te has vuelto, gorila calvo?</span></span> - se preguntaba, con una sonrisa picarona, agarrando el wanted de su amigo de la revolución y depositándolo junto al cartel de Triana.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PANDA! ¡PUAJAJAJAJAJ!</span></span> - gritó, eufórico, al encontrarse la cara de su hermano de otra madre, con una desorbitada recompensa de 840 millones de berries. Sin lugar a dudas, la noticia sobre la asamblea revolucionaria que habían leído, debió haber influido en el aumento de la recompensa.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El menda no puede esperar a volver a combatir de nuevo, ¿es o no es?</span></span> - No podía esperar para ver lo fuerte que se había vuelto su peludo amigo, siguiendo el procedimiento y dejando el poster, ahora, sobre el de su jefe de la revolución. Allí se encontró el rostro de su otro hermano de otra madre, sonriente y mirando fijamente a Garnet. Para su desgracia, tanto Tobías, como Kenzo y Jolyne le habían spoileado sus propias recompensas, además de la suya propia, por lo que las pasó rápidamente, sin evitar pensar en lo mucho que le molaba el hecho de que los berries que ofrecían por la cabeza de Tobías y el músico de los Alas Negras valiera lo mismo.<br />
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A partir de ese punto, las caras que iban apareciendo o no las conocía, o no le sonaban en lo más mínimo. Había escuchado ciertas noticias de un tal Uker, 'El Marcado', así como de su capitán Eros Focalor.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Huh? ¿El capitán tiene menos recompensa que uno de sus nakamas? O ese tal Uker es la repanocha...</span></span> - comenzó a divagar, fijándose primero en el cártel del apuesto hombre del mechón blanco para, seguidamente, deslizar su mirada, hacia el peliazul de ojos ambarinos.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">O a este tronco no le va demasiado la marcha ni liarla parda, ¿es o no es?</span></span> - conjeturó el pelirrojo, intentando encontrar una explicación a esa diferencia de recompensa. Aunque lo cierto es que le daba igual en el fondo.<br />
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Los siguientes wanteds correspondían a todas unas bellezas. En primer lugar, una mink ¿loba?, llamada "Berry Berry", que ofrecían una recompensa de 210 millones por ella.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Al menda no le importaría que le hincara el diente pueje pueje.</span></span> - Comenzó a babear, con sus ojos en forma de corazón, mientras desviaba sus ojos hacia el siguiente cartel, perteneciendo esta al de una tal Mizuki, una gyojin de cabello anaranjado y ojos azules que habían hecho que la saliva del skypiean aumentara caudalosamente.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡VAYA PIVÓN!</span></span> - exclamó, no pudiendo evitar que su vista se centrara en la parte más inferior de la imagen del wanted.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Qué mogambos... Pueje pueje pueje...</span></span> - Siguió babeando, con los ojos en forma de corazón. Vaya marrano estás hecho Garnet. Al apartar el poster de Mizuki, se dio de bruces con la imagen de Maki D. Zenin, alguien con nombre que le había sonado haberla visto en algún otra edición del periódico.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esas cicatrices y ese maquillaje... ¡Ponen al menda a 100! ¡Puajá!</span></span> - dijo con cierta intensidad, abrazándose a él mismo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y ese pelo le hace parecer linda...</span></span> - añadió, pasándose a mirar su nombre.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ahora bien... ¿Esa "D." qué cojones es?</span></span> - Se descruzó sus brazos y se llevó su diestra a su barbilla.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tanto Pandita como Kenzo también la tienen... ¿Serán primos?</span></span> - Se quedó absorto durante un par de segundos, hasta que desistió y se encogió de hombros.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bah, me la pela PUAJAJAJAJA</span></span> -<br />
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Los siguientes dos wanteds tenían la particularidad de compartir tanto misma recompensa, como mismo color de cabello y, honestamente, las dos personas eran una absoluta belleza. No obstante, quién más le llamó la atención fue la de Hyakinthos, una persona andrógina con gafas y facciones afiladas que encontraba ciertamente atractiva.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No sé si es un hombre o una mujer...</span></span> - Se mordió el labio inferior de su boca.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero al menda no le importaría tener que descrubrirlo, ¿es o no es?</span></span> - Arqueaba las cejas, con cierta sugerencia. Lo que si le derretiría el corazón, sería el siguiente póster, el correspondiente a María Merlot. Una mujer de cabellos azulados que le evocaba a una visión celestial, propia del reino de Shandora.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esa risa...  Es un ángel, ¿es o no es?</span></span> - Simplemente, para Garnet le había parecido un ser divino y de otro mundo, como si fuera una diosa. Una diosa por la que pedían 123 millones por su cabeza, todo fuera dicho. <br />
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Un tal Kiyoshi Maeda y un Dean serían los que encabezarían la siguiente tanda, superando el primero de los dos por poco los 100 millones de berries y quedándose el segundo con una cifra de 70 millones. A Garnet le hizo gracia que el moreno de pelo ondulado tuviera cara de pocos amigos y una mascarilla en su boca. No les sonaba haberlos visto antes, así que no tenía mucho comentario que aportar al respecto - además que este narrador está ya cansado de reaccionar a Wanteds -.<br />
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Y otras dos bellezas harían aparición en el listado de carteles. La primera de ellas, Yuuki, una mujer de melena fucsia, ojos azules y una cicatriz que recorría su rostro, con un precio de 62 millones de berries.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Qué tendrán las cicatrices en las chatis que me encienden tanto? ¿Huh?</span></span> -<br />
Ciertamente, el aura de poder y lo que podía imponer una mujer con una herida de guerra, era algo que volvía loco a Garnet. No llegaba al nivel de un buen uniforme de la marine ajustado, pero estaba ahí ahí. Y por otro lado, estaba el de la otra guapura y hermosura. Una mujer de facciones dulces, cabello sedoso rubio y unos ojos cálidos de color azul grisáceo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Shirohime, ¿huh? ¡Vaya bombón estás hecho pueje pueje!</span></span> - Exclamó, con su risa de marrano, mientras se quedaba con la imagen de la mujer de 55 millones de berries.<br />
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Después de otra tanda de dos minks y un niño de casi mismo precio por su cabeza, llegó al último de todos los Wanteds que había reunido. Ciertamente, al verla, sintió una sensación parecida que tuvo al ver el cartel de recompensa de María Merlot, pero de una forma distinta.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mayuri Hoshino...</span></span> - musitó, dándose cuenta al momento que había leído mal el nombre sin querer.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Perdón, Miyori, cojones, Miyori Hoshino.</span></span> - Se corrigió a si mismo, negando con la cabeza. La imagen de aquella joven y, ante todo, su mirada le transmitía pureza y bondad. ¿Cómo alguien así podía tener una recompensa por su cabeza? - <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La marina está llena de inútiles, ¿es o no es?</span></span> - concluyó, sin más, el skypiean mientras se cruzaba de brazos.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero es preciosa... Al menda le gusta mucho el color de su pelo.</span></span> - añadió. Por alguna razón, pensó en la posibilidad de que, si tuviera el pelo de color rojo o poseyera antenas como la raza a la que pertenecía, podrían ser familiares.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nanai, ¡imposible! ¿Qué sería lo siguiente? ¿Ser su yayo? Puajajaja.</span></span> - rio, terminando de ver todos los carteles de recompensas. Con toda la información que había adquirido en esa exhaustiva ojeada, era hora de dormir.<br />
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		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado]  Acero y garras]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4030</link>
			<pubDate>Fri, 31 Jul 2026 03:38:52 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=34">Triana Tempesta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4030</guid>
			<description><![CDATA[Aquella mañana me desperté temprano, como siempre, para adentrarme en la isla. Cogí mis katanas, mi bolso, y comencé a caminar. Sabía perfectamente hacia dónde quería ir. No había caminos demasiado definidos, pero ya nos habíamos encargado de caminar por esta zona y ya comenzaba a vislumbrarse un camino natural creado por nuestros propios pasos. Tuve que esquivar las ramas de algunos árboles, era molesto y cuando pudiese pensaba cortarlos para ser la zona más accesible y cómoda. Tras diez minutos caminando llegué hasta un claro. Me senté en el suelo de aquel lugar y apoyé mi espalda contra el tronco de un árbol. Cada vez sentía aquella isla más familiar. Ya la había recorrido innumerables veces, tantas que comenzaba a cogerle algo de cariño. Nuestra llegada no había sido la mejor, y los días siguientes tan solo habían empeorado la experiencia. Las primeras semanas habían sido duras, muchas heridas que sanar y una gran incertidumbre. Me había pasado varias noches deseando poner rumbo a Impel Down y hacer lo posible por nuestro capitán, pero solo podíamos quedarnos de brazos cruzados y esperar. No llegaríamos a tiempo, era imposible. Por suerte, teníamos la esperanza de volver a verle pronto gracias a Aspros. Cada día esperaba noticias que no llegaban. Por lo que a mí respectaba, Yamamura podría estar muerto o estar de camino para reencontrarse con nosotros. De cualquier manera, esta jugada le iba a salir cara al Gobierno Mundial. No sabía cómo ni cuándo, pero pensaba hacer lo que fuese necesario para desestabilizarlos. Sonreí inconscientemente. A saber cuántos habían pensado lo mismo y ahora se encontraban bajo tierra o eran pasto de los peces.<br />
<br />
Desenvainé una de mis katanas y saqué un trapo limpio y una pequeña botella de alcohol de mi bolso. Apoyé la katana en mis piernas y humedecí el paño con un poco de alcohol. Me gustaría tener muchos más recursos para poder encargarme de mis armas y cuidarlas como era debido, pero me tendría que conformar con limpiarlas un poco de vez en cuando. Volví a coger la katana y deslicé el trapo por su hoja desde la base hasta la punta. Repetí el movimiento varias veces. Aquel gesto me ayudaba a tranquilizarme. Lo había hecho tantas veces que me resultaba extremadamente familiar. Eso, y leer revistas del corazón en mi camarote mientras me tomaba una Copa y me fumaba un puro, pero en esta isla iba a ser complicado conseguir revistas de actualidad. El retiro en la naturaleza no estaba nada mal, pero echaba de menos la civilización. Incluso me conformaría con un pueblucho como el de Joline. Bueno, realmente no. Así que prefería quedarme atrapada en una isla desierta yo sola.<br />
<br />
Cuando terminé de limpiar la katana por ambos lados la guardé para sacar la otra y realizar el mismo movimiento. Aquellas dos armas me habían acompañado en todo mi viaje y el tiempo y las batallas ya habían hecho mella en ellas. Las marcas eran cada vez más evidentes, pero eso no me desagradaba. Era un recordatorio de todo por lo que habíamos pasado. No sabía el motivo, porque de entre todos los enfrentamientos se me vino a la mente el del pelirrosa. Sohem. En aquel momento creí que me volvería a encontrar con él con mucho antes, pero el mundo era demasiado grande. Me quedé absorta en mis pensamientos, recordando aquel momento y evocando diferentes preguntas. ¿Qué sería de aquel tipo? ¿Me recordaría? ¿Volveríamos a encontrarnos? Pensar en ello me servía para distraerme y dejar de pensar en Yamamura.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Aquella mañana me desperté temprano, como siempre, para adentrarme en la isla. Cogí mis katanas, mi bolso, y comencé a caminar. Sabía perfectamente hacia dónde quería ir. No había caminos demasiado definidos, pero ya nos habíamos encargado de caminar por esta zona y ya comenzaba a vislumbrarse un camino natural creado por nuestros propios pasos. Tuve que esquivar las ramas de algunos árboles, era molesto y cuando pudiese pensaba cortarlos para ser la zona más accesible y cómoda. Tras diez minutos caminando llegué hasta un claro. Me senté en el suelo de aquel lugar y apoyé mi espalda contra el tronco de un árbol. Cada vez sentía aquella isla más familiar. Ya la había recorrido innumerables veces, tantas que comenzaba a cogerle algo de cariño. Nuestra llegada no había sido la mejor, y los días siguientes tan solo habían empeorado la experiencia. Las primeras semanas habían sido duras, muchas heridas que sanar y una gran incertidumbre. Me había pasado varias noches deseando poner rumbo a Impel Down y hacer lo posible por nuestro capitán, pero solo podíamos quedarnos de brazos cruzados y esperar. No llegaríamos a tiempo, era imposible. Por suerte, teníamos la esperanza de volver a verle pronto gracias a Aspros. Cada día esperaba noticias que no llegaban. Por lo que a mí respectaba, Yamamura podría estar muerto o estar de camino para reencontrarse con nosotros. De cualquier manera, esta jugada le iba a salir cara al Gobierno Mundial. No sabía cómo ni cuándo, pero pensaba hacer lo que fuese necesario para desestabilizarlos. Sonreí inconscientemente. A saber cuántos habían pensado lo mismo y ahora se encontraban bajo tierra o eran pasto de los peces.<br />
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Desenvainé una de mis katanas y saqué un trapo limpio y una pequeña botella de alcohol de mi bolso. Apoyé la katana en mis piernas y humedecí el paño con un poco de alcohol. Me gustaría tener muchos más recursos para poder encargarme de mis armas y cuidarlas como era debido, pero me tendría que conformar con limpiarlas un poco de vez en cuando. Volví a coger la katana y deslicé el trapo por su hoja desde la base hasta la punta. Repetí el movimiento varias veces. Aquel gesto me ayudaba a tranquilizarme. Lo había hecho tantas veces que me resultaba extremadamente familiar. Eso, y leer revistas del corazón en mi camarote mientras me tomaba una Copa y me fumaba un puro, pero en esta isla iba a ser complicado conseguir revistas de actualidad. El retiro en la naturaleza no estaba nada mal, pero echaba de menos la civilización. Incluso me conformaría con un pueblucho como el de Joline. Bueno, realmente no. Así que prefería quedarme atrapada en una isla desierta yo sola.<br />
<br />
Cuando terminé de limpiar la katana por ambos lados la guardé para sacar la otra y realizar el mismo movimiento. Aquellas dos armas me habían acompañado en todo mi viaje y el tiempo y las batallas ya habían hecho mella en ellas. Las marcas eran cada vez más evidentes, pero eso no me desagradaba. Era un recordatorio de todo por lo que habíamos pasado. No sabía el motivo, porque de entre todos los enfrentamientos se me vino a la mente el del pelirrosa. Sohem. En aquel momento creí que me volvería a encontrar con él con mucho antes, pero el mundo era demasiado grande. Me quedé absorta en mis pensamientos, recordando aquel momento y evocando diferentes preguntas. ¿Qué sería de aquel tipo? ¿Me recordaría? ¿Volveríamos a encontrarnos? Pensar en ello me servía para distraerme y dejar de pensar en Yamamura.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado - FIC] - Hasta más oler]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3979</link>
			<pubDate>Sat, 11 Jul 2026 18:10:20 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=31">Garnet D. Matlock</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3979</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 70 de Otoño, Año 17, 11:39<br />
Solar Karma, Camarote de Garnet</span></div>
<br />
A veces, la vida del artista, y del músico, era una llena de ironías y sarcasmos. Cuando más necesitabas sacar inspiración para sacar adelante una pieza musical o cualquier obra de arte, era cuando las musas decidían abandonarte más que nunca. Y por el cambio, cuando más inspirado podía estar uno, era cuando el dolor arraigado era tan notorio, que la única manera de sacarlo y extraerlo de tu alma era haciendo que esta rugiera y resonara a una misma frecuencia. Por tanto, no era equívoco decir que, la vida de un buen artista, era una que estaría llena de lamentos en su mayoría. Y para alguien como Garnet... No era distinto, más allá de su fachada simplista y despreocupada.<br />
<br />
Aquel día, el pelirrojo se hallaba tumbado en su cama, mirando a las musarañas del techo con un sólo propósito. Debía continuar su vía del músico. Con su entrada en el Nuevo Mundo, y con todas las posibilidades que aquello podía ofrecerle, sentía que su objetivo por ser la mayor superestrella del mundo no había hecho más que empezar. Pero entonces, ¿qué le faltaba al pelirrojo con delirios de grandeza? - <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El menda necesita más temitas para tocar... No puedo tocar siempre la misma canción, ¿es o no es?</span></span> - Musitó el skypiean y es que, a fin de cuentas, una estrella de verdad, debía tener un gran repertorio musical si es que quería ser reconocido por las masas. Por ahora, su objetivamente mejor pieza, era la que llamó como <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1737" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">la estrella que más brilla</a>, la canción que dedicó al épico enfrentamiento que disputó con su hermano de otro bando, Seandass, bajo la promesa de que no dejaría que nadie olvidara ni su memoria, ni su determinación, ni su sueño. Y si bien el músico tenía varias ideas de canciones pensadas, para muchas de ellas sentía que no tenía la inspiración suficiente como para trabajar en ellas. Quería dedicar una canción a cada uno de sus amigos, una para todos los Shogun Gari que murieron e incluso una para Pretty. Pero por más que le daba vueltas, no conseguía con la tecla. No hasta que recordó, en lo más profundo de su corazón, un dolor que, si bien había superado, todavía quedaban residuos de lo que fue un amor frustrado. Un amor que se quiso acercar tanto al sol que acabó reduciéndose a ceniza.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ikirami...</span></span> - Pronunció, entrecerrando los ojos con pena para, acto seguido, rechinar sus dientes de frustración y rabia. <br />
<br />
Era un tema que había intentado abordar un sinfín de veces pero que, siempre que pudo, terminó por rendirse, al avivar la llama de ese dolor que tenía guardado en su ser. Por más que lo tuviera superado, la intensidad con la que vivió ese romance por aquella marine de la que estuvo perdidamente enamorado, hacía que el mero hecho de pensar en ella le escociera y le pellizcara la boca del estómago. No obstante, con la llegada al Nuevo Mundo, Garnet era también un nuevo hombre. Alguien que podía luchar y tirar hacia delante, sin miedo a las consecuencias.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deja de dar tanta pena o qué, ¿eh?</span></span> - Se dijo a si mismo, levantándose de la cama de un salto para ir directo hacia su escritorio, sentándose así en la silla y sacando un trozo de papel y pluma que, posteriormente dejaría sobre la mesa. Era hora de escribir y componer su próxima letra musical pero, enfrentarse al papel en blanco en ocasiones era aterrador.<br />
<br />
- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Y qué coño quiere el menda contar?</span></span> - Se preguntaba mientras daba toques con su pluma sin tintar sobre el folio inmaculado.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Sobre la historia de nuestro amor?</span></span> - Propuso en primera instancia, recordando su idílico primer encuentro en la isla de Skypiea. No tardó en obtener su primera negación.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nanai, demasiado cursilón...</span></span> - Primera idea desechada.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Y qué me dices del sexo?</span></span> - Sugirió seguidamente, recordando así todas las veces que fornicaron los dos pelirrojos en celo, siendo una de las mejores cosas que vivió durante aquella relación debido a lo pervertidos que eran ambos.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pueje pueje...</span></span> - Soltó una carcajada, mientras sentía como su entrepierna empezaba a sufrir una perturbación en la fuerza, que no llegó a más debido a que ese sentimiento fue eclipsado por el abandono que sufrió por parte de la sensual marine.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PUÑETAAAAAS!</span></span> - Alzó sus brazos en alto, gritando a los cuatro vientos hacia el techo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿¡Por qué me abandonaste Iki!? ¿¡Por qué!?</span></span> - Cuestionaba a un ente invisible, mientras la cabeza de Garnet se hundía de lleno en la mesa. Y en ese momento, tuvo un clic en su cabeza.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El abandono...</span></span> - Expresó el pelirrojo, volviendo a levantar su cabeza de la mesa, mirando al trozo de papel con incredulidad. Sin lugar a dudas, era lo que más le dolía y le pesaba de todo lo acontecido y, por tanto, de lo que más podría expresar. ¿Pero sería capaz? - <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Claro que sí! La palabra incapaz no existe en el diccionario del menda, es decir, el gran Garnet, ¿es o no es?</span></span> - Declaró sus intenciones, mojando su pluma en el tintero, comenzando a escribir y componer como un loco la letra de esa canción.<br />
<br />
Después de varios minutos que se tornaron en horas, la obra de Garnet estaba lista, tanto las letras como a nivel musical e instrumental. El pelirrojo, al ver tanto su partitura improvisada como la letra de la canción, fue directo a agarrar a Sabertones, colocándoselo directo para tocarla.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bien...</span></span> - Tocó el primer acorde, dejando que la nota vibrara hasta diluirse en el ambiente.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te vas a enterar, Ikirami.</span></span> - Sonrió, comenzando así, la nueva pieza musical que le permitiría a Garnet sacar todo el dolor que le afligía.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="500" height="150" src="https://www.youtube.com/embed/FMGe7inuiPs?si=DxJtm6jXjCkptvdl" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Queda alguien allí?<br />
¿O me estoy volviendo loco?<br />
Después de irme herido de Momoiro<br />
Mi corazón se partió<br />
<br />
Tal vez, todas las veces que sangré<br />
Por promesas y sueños sin cumplir<br />
Esperando que llegara el amanecer<br />
Bicheando al sol huir<br />
Tal como tú</div></span></span><br />
<br />
En aquel solo de guitarra, Garnet pudo volcar todos sus recuerdos más dolorosos, y así como los más bonitos, en lo que duró su relación con Ikirami, reproduciéndose en su mente como si fuera una película puesta al triple de velocidad. Cada nota era un "te quiero" roto, o una promesa que jamás se cumplió. Planes de futuro tirados a la basura cuando la marine de pelo rojizo decidió hacer caso omiso de las llamadas de Garnet, pretendiendo que nunca existió. Pretendiendo que nunca iba a regresar. <br />
<br />
<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Cuánto te va a tomar?<br />
A mi cama regresar<br />
Nuestra vida en rosa<br />
Se esfumó, hasta más oler (hasta más oler)<br />
Hasta más oler (hasta más oler)<br />
<br />
Eternamente, lejos de ti<br />
Y de todo nuestro amor<br />
Darme al alcohol es lo mejor<br />
Que puedo hacer por mi<br />
<br />
¿Cuánto te va a tomar?<br />
A mi cama regresar<br />
Nuestra vida en rosa<br />
Se esfumó, hasta más oler<br />
Hasta más oler (hasta más oler)<br />
<br />
Sabes que es tarde ya<br />
Ella no va a regresar<br />
Rezaré por su calor, una vez y otra vez<br />
Hasta más oler<br />
Hasta más oler<br />
</div></span></span><br />
<br />
Una vez terminó el tema, el pelirrojo quedó exhausto, jadeando forzosamente ante el esfuerzo físico y, sobre todo, mental, que había realizado el pelirrojo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo hice...</span></span> - Expresó, anonadado e incrédulo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡JODER! ¡VAYA SI LO HICE PUAJAJAJAJA!</span></span> - Finalmente, Garnet lo había conseguido, había conseguido algo que necesitaba todo artista para ser considerado una superestrella. Tener una canción de puro despecho hacia tu ex.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 70 de Otoño, Año 17, 11:39<br />
Solar Karma, Camarote de Garnet</span></div>
<br />
A veces, la vida del artista, y del músico, era una llena de ironías y sarcasmos. Cuando más necesitabas sacar inspiración para sacar adelante una pieza musical o cualquier obra de arte, era cuando las musas decidían abandonarte más que nunca. Y por el cambio, cuando más inspirado podía estar uno, era cuando el dolor arraigado era tan notorio, que la única manera de sacarlo y extraerlo de tu alma era haciendo que esta rugiera y resonara a una misma frecuencia. Por tanto, no era equívoco decir que, la vida de un buen artista, era una que estaría llena de lamentos en su mayoría. Y para alguien como Garnet... No era distinto, más allá de su fachada simplista y despreocupada.<br />
<br />
Aquel día, el pelirrojo se hallaba tumbado en su cama, mirando a las musarañas del techo con un sólo propósito. Debía continuar su vía del músico. Con su entrada en el Nuevo Mundo, y con todas las posibilidades que aquello podía ofrecerle, sentía que su objetivo por ser la mayor superestrella del mundo no había hecho más que empezar. Pero entonces, ¿qué le faltaba al pelirrojo con delirios de grandeza? - <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El menda necesita más temitas para tocar... No puedo tocar siempre la misma canción, ¿es o no es?</span></span> - Musitó el skypiean y es que, a fin de cuentas, una estrella de verdad, debía tener un gran repertorio musical si es que quería ser reconocido por las masas. Por ahora, su objetivamente mejor pieza, era la que llamó como <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1737" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">la estrella que más brilla</a>, la canción que dedicó al épico enfrentamiento que disputó con su hermano de otro bando, Seandass, bajo la promesa de que no dejaría que nadie olvidara ni su memoria, ni su determinación, ni su sueño. Y si bien el músico tenía varias ideas de canciones pensadas, para muchas de ellas sentía que no tenía la inspiración suficiente como para trabajar en ellas. Quería dedicar una canción a cada uno de sus amigos, una para todos los Shogun Gari que murieron e incluso una para Pretty. Pero por más que le daba vueltas, no conseguía con la tecla. No hasta que recordó, en lo más profundo de su corazón, un dolor que, si bien había superado, todavía quedaban residuos de lo que fue un amor frustrado. Un amor que se quiso acercar tanto al sol que acabó reduciéndose a ceniza.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ikirami...</span></span> - Pronunció, entrecerrando los ojos con pena para, acto seguido, rechinar sus dientes de frustración y rabia. <br />
<br />
Era un tema que había intentado abordar un sinfín de veces pero que, siempre que pudo, terminó por rendirse, al avivar la llama de ese dolor que tenía guardado en su ser. Por más que lo tuviera superado, la intensidad con la que vivió ese romance por aquella marine de la que estuvo perdidamente enamorado, hacía que el mero hecho de pensar en ella le escociera y le pellizcara la boca del estómago. No obstante, con la llegada al Nuevo Mundo, Garnet era también un nuevo hombre. Alguien que podía luchar y tirar hacia delante, sin miedo a las consecuencias.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deja de dar tanta pena o qué, ¿eh?</span></span> - Se dijo a si mismo, levantándose de la cama de un salto para ir directo hacia su escritorio, sentándose así en la silla y sacando un trozo de papel y pluma que, posteriormente dejaría sobre la mesa. Era hora de escribir y componer su próxima letra musical pero, enfrentarse al papel en blanco en ocasiones era aterrador.<br />
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- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Y qué coño quiere el menda contar?</span></span> - Se preguntaba mientras daba toques con su pluma sin tintar sobre el folio inmaculado.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Sobre la historia de nuestro amor?</span></span> - Propuso en primera instancia, recordando su idílico primer encuentro en la isla de Skypiea. No tardó en obtener su primera negación.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nanai, demasiado cursilón...</span></span> - Primera idea desechada.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Y qué me dices del sexo?</span></span> - Sugirió seguidamente, recordando así todas las veces que fornicaron los dos pelirrojos en celo, siendo una de las mejores cosas que vivió durante aquella relación debido a lo pervertidos que eran ambos.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pueje pueje...</span></span> - Soltó una carcajada, mientras sentía como su entrepierna empezaba a sufrir una perturbación en la fuerza, que no llegó a más debido a que ese sentimiento fue eclipsado por el abandono que sufrió por parte de la sensual marine.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PUÑETAAAAAS!</span></span> - Alzó sus brazos en alto, gritando a los cuatro vientos hacia el techo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿¡Por qué me abandonaste Iki!? ¿¡Por qué!?</span></span> - Cuestionaba a un ente invisible, mientras la cabeza de Garnet se hundía de lleno en la mesa. Y en ese momento, tuvo un clic en su cabeza.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El abandono...</span></span> - Expresó el pelirrojo, volviendo a levantar su cabeza de la mesa, mirando al trozo de papel con incredulidad. Sin lugar a dudas, era lo que más le dolía y le pesaba de todo lo acontecido y, por tanto, de lo que más podría expresar. ¿Pero sería capaz? - <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Claro que sí! La palabra incapaz no existe en el diccionario del menda, es decir, el gran Garnet, ¿es o no es?</span></span> - Declaró sus intenciones, mojando su pluma en el tintero, comenzando a escribir y componer como un loco la letra de esa canción.<br />
<br />
Después de varios minutos que se tornaron en horas, la obra de Garnet estaba lista, tanto las letras como a nivel musical e instrumental. El pelirrojo, al ver tanto su partitura improvisada como la letra de la canción, fue directo a agarrar a Sabertones, colocándoselo directo para tocarla.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bien...</span></span> - Tocó el primer acorde, dejando que la nota vibrara hasta diluirse en el ambiente.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te vas a enterar, Ikirami.</span></span> - Sonrió, comenzando así, la nueva pieza musical que le permitiría a Garnet sacar todo el dolor que le afligía.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="500" height="150" src="https://www.youtube.com/embed/FMGe7inuiPs?si=DxJtm6jXjCkptvdl" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
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<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Queda alguien allí?<br />
¿O me estoy volviendo loco?<br />
Después de irme herido de Momoiro<br />
Mi corazón se partió<br />
<br />
Tal vez, todas las veces que sangré<br />
Por promesas y sueños sin cumplir<br />
Esperando que llegara el amanecer<br />
Bicheando al sol huir<br />
Tal como tú</div></span></span><br />
<br />
En aquel solo de guitarra, Garnet pudo volcar todos sus recuerdos más dolorosos, y así como los más bonitos, en lo que duró su relación con Ikirami, reproduciéndose en su mente como si fuera una película puesta al triple de velocidad. Cada nota era un "te quiero" roto, o una promesa que jamás se cumplió. Planes de futuro tirados a la basura cuando la marine de pelo rojizo decidió hacer caso omiso de las llamadas de Garnet, pretendiendo que nunca existió. Pretendiendo que nunca iba a regresar. <br />
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<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div style="text-align: center;" class="mycode_align">¿Cuánto te va a tomar?<br />
A mi cama regresar<br />
Nuestra vida en rosa<br />
Se esfumó, hasta más oler (hasta más oler)<br />
Hasta más oler (hasta más oler)<br />
<br />
Eternamente, lejos de ti<br />
Y de todo nuestro amor<br />
Darme al alcohol es lo mejor<br />
Que puedo hacer por mi<br />
<br />
¿Cuánto te va a tomar?<br />
A mi cama regresar<br />
Nuestra vida en rosa<br />
Se esfumó, hasta más oler<br />
Hasta más oler (hasta más oler)<br />
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Sabes que es tarde ya<br />
Ella no va a regresar<br />
Rezaré por su calor, una vez y otra vez<br />
Hasta más oler<br />
Hasta más oler<br />
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Una vez terminó el tema, el pelirrojo quedó exhausto, jadeando forzosamente ante el esfuerzo físico y, sobre todo, mental, que había realizado el pelirrojo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo hice...</span></span> - Expresó, anonadado e incrédulo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡JODER! ¡VAYA SI LO HICE PUAJAJAJAJA!</span></span> - Finalmente, Garnet lo había conseguido, había conseguido algo que necesitaba todo artista para ser considerado una superestrella. Tener una canción de puro despecho hacia tu ex.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado - FIC] - Pretty Young Thing]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3951</link>
			<pubDate>Sun, 05 Jul 2026 05:14:32 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=31">Garnet D. Matlock</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3951</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 65 de Otoño, Año 17, 23:57<br />
Solar Karma, Cofia del Barco</span></div>
<br />
Una suave brisa abanicaba la el velo estrellado que componía la misma noche. La Luna, en lo más alto de la bóveda celestial, brillaba y dotaba de luz a al galeón de la libertad, el Solar Karma, que se encontraba anclado en las costas de la casi recién adquirida isla de los Alas Negras, Punk Hazard. Toda la tripulación se había ido a dormir, acostarse o simplemente descansar tras un extenuante día de limpieza de escombros y reorganización de la isla. Sólo Garnet se hallaba ese día fuera de su camarote, en medio de la quietud y la solitaria noche, observando las deslumbrantes estrellas mientras se encontraba tumbado en la cofia del barco. Desde que comenzó a navegar, en el principio de su aventura con los Shogun Gari, siempre que algo le carcomía por dentro, o necesitaba reflexionar sobre algo, o incluso encontrar inspiración para alguna de sus canciones, al músico de los Alas Negras le gustaba darle vueltas a sus pensamientos e inquietudes mientras sentía la inmensidad del universo encima suya.<br />
<br />
Esa ocasión no era distinta que la anterior pues, en ese caso, la cabeza de Garnet daba vueltas a un tema pendiente que llevaba arrastrando varios días, desde que llegaron a Punk Hazard. Y ese tema era, nada más y nada menos, que todo lo acontecido con Pretty. Y no, lo que le rondaba no estaba relacionado con la muerte de la gorila que era capaz de amar, sino que era otro tipo de tema el que no le dejaba conciliar el sueño.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Qué debe hacer el menda para tener un mejor aguante con pibitas como ella, huh?</span></span> - musitó, a la nada, exhalando un suspiro tras aquella pregunta. Garnet se había dado de bruces con la realidad y es que, en definitiva, aún le quedaba mucho camino que recorrer en su camino del gigoló. Y es que, las mujeres del Nuevo Mundo, daban auténtico pánico.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Esa vieja…</span></span> - Recordó a Ting Lao, la mujer de avanzada de edad a la que salvó y le permitió adentrarse en el abismo que suponía el Distrito del Placer.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Tenía razón, el menda aún está muy verde, ¿es o no es?</span></span> - añadió, chasqueando la lengua con algo de frustración, hasta que su expresión se iluminó al recordar la existencia de esa vieja sabrosa. Había tenido una idea.<br />
<br />
Garnet se introdujo su mano derecha en su tanga, rebuscando y palpando con su diestra todo lo que podía haber en el interior de la prenda - y no, no se estaba masturbando, guarrindongos -. Unos segundos después, dio con lo que estaba buscando, retirando la mano del tanga con algo entre sus dedos- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Eso es!</span></span> -exclamó, observando el Den Den Mushi que portaba y que, por alguna extraña e inexplicable razón, cabía por completo en su tanga.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Si lo que le falta al menda es experiencia…</span></span> - Tragó saliva, depositando el Den Den Mushi sobre su abdomen, y descolgando el receptor con su siniestra, mientras marcaba el número de la persona a la que pensaba llamar con el índice de su mano derecha.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Sólo tengo que hablar con alguien con experiencia, ¿es o no es?</span></span> - añadió, terminando el proceso de llamado y comenzando a comunicar el caracolófono.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">- <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Puru puru puru…. Puru puru puru… Puru puru puru…</span> -</div>
<br />
Sonó durante unos varios segundos hasta que sonó el característico <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">gotcha</span>, indicando así el inicio de la llamada.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">¡Habrase visto! ¿Quién llama a estas horas?</span></span> - La voz al otro lado de la llamada sonaba como quién se acababa de levantar de una siesta. Una voz arrugada y aguda, que cargaba con varios años a sus espaldas pero que, aún así, no perdía el toque sensual que pudo tener en su época.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Yikepa, vieja bruja! Soy yo, ¡Garnet! La que será la mejor superestrella del mundo. Recuerdas al menda, ¿es o no es?</span></span> - exclamó con alegría al ver que la señora Lao le había respondido a la llamada. El otro lado de la línea no tenía pinta de estar muy contenta, en cambio.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">¿¡Me llamas mientras estoy durmiendo y encima me llamas vieja bruja!? ¿¡Pero quién te ha enseñado a ti modales!?</span></span> - soltó una buena reprimenda al músico, para después exhalar un suspiro y calmarse.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Sí, recuerdo quién eres, el polvo 5 sobre 10 con potencial.</span></span> - dijo sin tapujos, causando que Garnet se desencajara, poniendo los ojos en blanco ante tal afirmación.- <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿HUUUUH? ¿¿5 sobre 10??</span></span> - Su cabeza resonó con la dura verdad tras las palabras de Ting Lao.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Dime, ¿para qué me has llamado?</span></span> - Fue directa al grano. Al otro lado de la llamada, se podía escuchar como se encendía una especie de fuego o mecha para, acto seguido, apreciar el sonido del humo atravesar el receptor del Den Den Mushi. Debía estar fumando. Garnet decidió que quizás debía ir al grano lo antes posible.<br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Verás así como resumen… El otro día tuve un encuentro sexual, ¿es o no es?</span></span> - comenzó a explicar. La antigua cortesana se dedicó a permanecer en silencio, escuchando cada palabra del pelirrojo.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Ah sí, claro, la pibita a la que me trajiné era una gorila de metal de unas 20 toneladas.</span></span> - especificó quizás el asunto más importante tras sus palabras, causando que Ting Lao se sorprendiera.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">WI HI HI HI, ¡eras tú! Estos días he escuchado rumores sobre una grabación circulando de alguien teniendo relaciones con una especie de gorila robot con un lazo rosa…</span></span> - explicó meditadamente.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Grabación? ¡Y una polla! PUAJAJAJAJAJAJA</span></span> - Al skypiean le hizo gracia saber que podía haber un vídeo suyo, manteniendo relaciones sexuales, circulando por el Grand Line.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Habrase visto… Lo cierto es que te pega haber sido partícipe de ese vídeo… Bueno, ¿y qué pasó?</span></span> - Se interesó la cortesana retirada por el motivo de la llamada de Garnet.<br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Ahí está la cosa vi…</span></span> - Se resignó a llamar vieja a Ting Lao.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Maestra...</span></span> - rectificó, recibiendo el asentimiento de la cortesana.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Esa mujer tenía una fuerza que te cagabas, además de que estaba dura como pan de ayer…</span></span> - Suspiró, recordando la brutalidad con la que le apresaba Pretty, hasta el punto de que tenía que estar derrochando continuamente su energía espiritual hasta quedarse seco.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Por no hablar del apetito sexual que tenía… Ahí el menda se dio cuenta de que no hay nada que dé más miedo que...</span></span> -<br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Una mujer dominante ardiente de pasión.</span></span> -<br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Una mujer dominante ardiente de pasión.</span></span> -<br />
<br />
Dijeron tanto el discípulo como su maestra al unísono, causando que Garnet se extrañara al ver que Ting Lao le había leído el pensamiento a la perfección.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Sabía que sería eso lo que te preocuparía, muchacho WI HI HI.</span></span> - Esbozó una pícara sonrisa al otro lado de la línea.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">La cuestión es, ¿llegó a terminar? ¿Pudiste satisfacerla?</span></span> - preguntó, interesándose por Garnet.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Diría que sí… Gritó a los cuatro vientos hasta el nombre del todo cuando llegamos al clímax… Pero acabé reventado, perdiendo el conocimiento y sin poder mover un músculo… ¿Es o no es?</span></span> - Siguió explicando recordando como, si quizás hubiera tenido más fuerza o resistencia, podría haber impedido la muerte de Pretty.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Hay… Alguna manera de poder aumentar mi resistencia y duración en estos casos?</span></span> - comenzó a preguntar, dejando una pequeña pausa de algo más de un segundo.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Con esta gorila, descubrí que hay pibitas, reprimidas y con ganas de sentir, que no conocen el calor del amor y la pasión.</span></span> - Su voz, que antes podía sonar melancólica, ahora irradiaba la más pura de las determinaciones.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Yo haré que todas ellas encuentren un lugar en el que sentirse saciadas y amadas</span></span> - No había ni un ápice de duda en su voz.<br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Interesante… Me gusta tu ambición, muchacho.</span></span> - Aplaudió el coraje del pelirrojo.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Si lo que quieres duración, te voy a dar la clave, muchacho… Pero deberás entrenar y practicar mucho.</span></span> - expresó la anciana.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡El menda está dispuesto a hacer lo que sea! ¡Dime maestra! ¿Cómo mejoro mi duración?</span></span> - El interés de Garnet no hacía más que crecer y crecer. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Cuando un hombre sufre una erección y está en pleno acto sexual, toda su energía, tanto física como espiritual, circula hacia su miembro viril.</span></span> - Empezó a explicar con su suma sabiduría y experiencia en el campo.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Si consigues repartir esa energía por todo tu cuerpo, en vez de que se concentre en ese punto, puedes conseguir una mayor duración y resistencia en cada uno de los músculos de tu cuerpo, ¿no crees?</span></span> -<br />
<br />
Ante aquella explicación, Garnet se llevó su mano izquierda hacia su mentón, reflexionando sobre las palabras de la cortesana.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Sí… Puede ser que tenga sentido…</span></span> - No entendía demasiado, pero confiaba en las palabras de su maestra.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Qué tiene que hacer entonces el menda para conseguir eso, huh?</span></span> - Preguntó por el kit de la cuestión.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Tendrás que masturbarte, como mínimo una vez al día…</span></span> -<br />
<br />
- <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Hecho</span></span> - Afirmó Garnet en su cabeza nada más escuchar las palabras de su maestra, ante la facilidad de dicha tarea.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Y en el momento previo a la eyaculación, deberás contener toda la energía de tu pene, y repartirla por todo cuerpo. Así aumentas tu resistencia corporal, además de la duración del acto, ¿está claro?</span></span> - Preguntó Ting Lao, pudiéndose escuchar como le daba una calada a su pipa.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Al loro con todo! ¡Muchas gracias por la llamada, maestra!</span></span> - Agradeció Garnet a la anciana, haciendo que la mujer riera nasalmente.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">No las des mocoso, entrena y más adelante, iré a ver de primera mano si has conseguido mejorar algo. A ver si pasas del cinco raspado.</span></span> - Sentenció, produciendo que el músico comenzará a sudar la gota gorda.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Antes de irme, dime joven, ¿en qué clase de cortesano quieres convertirte?</span></span> - Se interesó profundamente en él pelirrojo, tal vez por su decisión por complacer a las mujeres que más lo necesitaran.<br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Qué qué cortesano quiere ser el menda?</span></span> - Preguntó retóricamente, esbozando una amplia y genuina sonrisa.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Gusto, olfato, oído, vista y tacto…</span></span> - Enumeró los cinco sentidos, haciendo alusión a su habilidad gastronómica, su talento musical, su belleza sin parangón y, por supuesto, a su futuro rendimiento sexual.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Quiero ser uno que pueda satisfacer todos los sentidos de cualquier mujer que se preste, ¿es o no es?!</span></span> - Rebosaba completa emoción y sinceridad en sus palabras.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Es un camino ambicioso joven, no todas las mujeres comparten los mismos gustos, cada una es un mundo distinto. Te deseo la mejor de las suertes WI HI HI HI</span></span> - Soltó una carcajada y, acto seguido, colgó, dejando a Garnet con la palabra en la boca.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Pero será…</span></span> - refunfuñó, poniéndole cara de pocos amigos a su Den Den Mushi. No obstante, ante las respuestas que había tenido fruto de aquella conversación, el pelirrojo se sintió más aliviado que nunca. Ahora sabía cuál debía ser su camino. Su camino para, además de ser la mayor superestrella, convertirse en el mejor gigoló del mundo entero. Que el mundo se preparara, porque allí iba Garnet Matlock.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 65 de Otoño, Año 17, 23:57<br />
Solar Karma, Cofia del Barco</span></div>
<br />
Una suave brisa abanicaba la el velo estrellado que componía la misma noche. La Luna, en lo más alto de la bóveda celestial, brillaba y dotaba de luz a al galeón de la libertad, el Solar Karma, que se encontraba anclado en las costas de la casi recién adquirida isla de los Alas Negras, Punk Hazard. Toda la tripulación se había ido a dormir, acostarse o simplemente descansar tras un extenuante día de limpieza de escombros y reorganización de la isla. Sólo Garnet se hallaba ese día fuera de su camarote, en medio de la quietud y la solitaria noche, observando las deslumbrantes estrellas mientras se encontraba tumbado en la cofia del barco. Desde que comenzó a navegar, en el principio de su aventura con los Shogun Gari, siempre que algo le carcomía por dentro, o necesitaba reflexionar sobre algo, o incluso encontrar inspiración para alguna de sus canciones, al músico de los Alas Negras le gustaba darle vueltas a sus pensamientos e inquietudes mientras sentía la inmensidad del universo encima suya.<br />
<br />
Esa ocasión no era distinta que la anterior pues, en ese caso, la cabeza de Garnet daba vueltas a un tema pendiente que llevaba arrastrando varios días, desde que llegaron a Punk Hazard. Y ese tema era, nada más y nada menos, que todo lo acontecido con Pretty. Y no, lo que le rondaba no estaba relacionado con la muerte de la gorila que era capaz de amar, sino que era otro tipo de tema el que no le dejaba conciliar el sueño.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Qué debe hacer el menda para tener un mejor aguante con pibitas como ella, huh?</span></span> - musitó, a la nada, exhalando un suspiro tras aquella pregunta. Garnet se había dado de bruces con la realidad y es que, en definitiva, aún le quedaba mucho camino que recorrer en su camino del gigoló. Y es que, las mujeres del Nuevo Mundo, daban auténtico pánico.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Esa vieja…</span></span> - Recordó a Ting Lao, la mujer de avanzada de edad a la que salvó y le permitió adentrarse en el abismo que suponía el Distrito del Placer.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Tenía razón, el menda aún está muy verde, ¿es o no es?</span></span> - añadió, chasqueando la lengua con algo de frustración, hasta que su expresión se iluminó al recordar la existencia de esa vieja sabrosa. Había tenido una idea.<br />
<br />
Garnet se introdujo su mano derecha en su tanga, rebuscando y palpando con su diestra todo lo que podía haber en el interior de la prenda - y no, no se estaba masturbando, guarrindongos -. Unos segundos después, dio con lo que estaba buscando, retirando la mano del tanga con algo entre sus dedos- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Eso es!</span></span> -exclamó, observando el Den Den Mushi que portaba y que, por alguna extraña e inexplicable razón, cabía por completo en su tanga.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Si lo que le falta al menda es experiencia…</span></span> - Tragó saliva, depositando el Den Den Mushi sobre su abdomen, y descolgando el receptor con su siniestra, mientras marcaba el número de la persona a la que pensaba llamar con el índice de su mano derecha.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Sólo tengo que hablar con alguien con experiencia, ¿es o no es?</span></span> - añadió, terminando el proceso de llamado y comenzando a comunicar el caracolófono.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">- <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Puru puru puru…. Puru puru puru… Puru puru puru…</span> -</div>
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Sonó durante unos varios segundos hasta que sonó el característico <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">gotcha</span>, indicando así el inicio de la llamada.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">¡Habrase visto! ¿Quién llama a estas horas?</span></span> - La voz al otro lado de la llamada sonaba como quién se acababa de levantar de una siesta. Una voz arrugada y aguda, que cargaba con varios años a sus espaldas pero que, aún así, no perdía el toque sensual que pudo tener en su época.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Yikepa, vieja bruja! Soy yo, ¡Garnet! La que será la mejor superestrella del mundo. Recuerdas al menda, ¿es o no es?</span></span> - exclamó con alegría al ver que la señora Lao le había respondido a la llamada. El otro lado de la línea no tenía pinta de estar muy contenta, en cambio.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">¿¡Me llamas mientras estoy durmiendo y encima me llamas vieja bruja!? ¿¡Pero quién te ha enseñado a ti modales!?</span></span> - soltó una buena reprimenda al músico, para después exhalar un suspiro y calmarse.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Sí, recuerdo quién eres, el polvo 5 sobre 10 con potencial.</span></span> - dijo sin tapujos, causando que Garnet se desencajara, poniendo los ojos en blanco ante tal afirmación.- <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿HUUUUH? ¿¿5 sobre 10??</span></span> - Su cabeza resonó con la dura verdad tras las palabras de Ting Lao.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Dime, ¿para qué me has llamado?</span></span> - Fue directa al grano. Al otro lado de la llamada, se podía escuchar como se encendía una especie de fuego o mecha para, acto seguido, apreciar el sonido del humo atravesar el receptor del Den Den Mushi. Debía estar fumando. Garnet decidió que quizás debía ir al grano lo antes posible.<br />
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- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Verás así como resumen… El otro día tuve un encuentro sexual, ¿es o no es?</span></span> - comenzó a explicar. La antigua cortesana se dedicó a permanecer en silencio, escuchando cada palabra del pelirrojo.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Ah sí, claro, la pibita a la que me trajiné era una gorila de metal de unas 20 toneladas.</span></span> - especificó quizás el asunto más importante tras sus palabras, causando que Ting Lao se sorprendiera.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">WI HI HI HI, ¡eras tú! Estos días he escuchado rumores sobre una grabación circulando de alguien teniendo relaciones con una especie de gorila robot con un lazo rosa…</span></span> - explicó meditadamente.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Grabación? ¡Y una polla! PUAJAJAJAJAJAJA</span></span> - Al skypiean le hizo gracia saber que podía haber un vídeo suyo, manteniendo relaciones sexuales, circulando por el Grand Line.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Habrase visto… Lo cierto es que te pega haber sido partícipe de ese vídeo… Bueno, ¿y qué pasó?</span></span> - Se interesó la cortesana retirada por el motivo de la llamada de Garnet.<br />
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- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Ahí está la cosa vi…</span></span> - Se resignó a llamar vieja a Ting Lao.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Maestra...</span></span> - rectificó, recibiendo el asentimiento de la cortesana.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Esa mujer tenía una fuerza que te cagabas, además de que estaba dura como pan de ayer…</span></span> - Suspiró, recordando la brutalidad con la que le apresaba Pretty, hasta el punto de que tenía que estar derrochando continuamente su energía espiritual hasta quedarse seco.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Por no hablar del apetito sexual que tenía… Ahí el menda se dio cuenta de que no hay nada que dé más miedo que...</span></span> -<br />
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- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Una mujer dominante ardiente de pasión.</span></span> -<br />
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Dijeron tanto el discípulo como su maestra al unísono, causando que Garnet se extrañara al ver que Ting Lao le había leído el pensamiento a la perfección.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Sabía que sería eso lo que te preocuparía, muchacho WI HI HI.</span></span> - Esbozó una pícara sonrisa al otro lado de la línea.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">La cuestión es, ¿llegó a terminar? ¿Pudiste satisfacerla?</span></span> - preguntó, interesándose por Garnet.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Diría que sí… Gritó a los cuatro vientos hasta el nombre del todo cuando llegamos al clímax… Pero acabé reventado, perdiendo el conocimiento y sin poder mover un músculo… ¿Es o no es?</span></span> - Siguió explicando recordando como, si quizás hubiera tenido más fuerza o resistencia, podría haber impedido la muerte de Pretty.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Hay… Alguna manera de poder aumentar mi resistencia y duración en estos casos?</span></span> - comenzó a preguntar, dejando una pequeña pausa de algo más de un segundo.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Con esta gorila, descubrí que hay pibitas, reprimidas y con ganas de sentir, que no conocen el calor del amor y la pasión.</span></span> - Su voz, que antes podía sonar melancólica, ahora irradiaba la más pura de las determinaciones.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Yo haré que todas ellas encuentren un lugar en el que sentirse saciadas y amadas</span></span> - No había ni un ápice de duda en su voz.<br />
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- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Interesante… Me gusta tu ambición, muchacho.</span></span> - Aplaudió el coraje del pelirrojo.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Si lo que quieres duración, te voy a dar la clave, muchacho… Pero deberás entrenar y practicar mucho.</span></span> - expresó la anciana.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡El menda está dispuesto a hacer lo que sea! ¡Dime maestra! ¿Cómo mejoro mi duración?</span></span> - El interés de Garnet no hacía más que crecer y crecer. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Cuando un hombre sufre una erección y está en pleno acto sexual, toda su energía, tanto física como espiritual, circula hacia su miembro viril.</span></span> - Empezó a explicar con su suma sabiduría y experiencia en el campo.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Si consigues repartir esa energía por todo tu cuerpo, en vez de que se concentre en ese punto, puedes conseguir una mayor duración y resistencia en cada uno de los músculos de tu cuerpo, ¿no crees?</span></span> -<br />
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Ante aquella explicación, Garnet se llevó su mano izquierda hacia su mentón, reflexionando sobre las palabras de la cortesana.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Sí… Puede ser que tenga sentido…</span></span> - No entendía demasiado, pero confiaba en las palabras de su maestra.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Qué tiene que hacer entonces el menda para conseguir eso, huh?</span></span> - Preguntó por el kit de la cuestión.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Tendrás que masturbarte, como mínimo una vez al día…</span></span> -<br />
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- <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Hecho</span></span> - Afirmó Garnet en su cabeza nada más escuchar las palabras de su maestra, ante la facilidad de dicha tarea.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Y en el momento previo a la eyaculación, deberás contener toda la energía de tu pene, y repartirla por todo cuerpo. Así aumentas tu resistencia corporal, además de la duración del acto, ¿está claro?</span></span> - Preguntó Ting Lao, pudiéndose escuchar como le daba una calada a su pipa.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Al loro con todo! ¡Muchas gracias por la llamada, maestra!</span></span> - Agradeció Garnet a la anciana, haciendo que la mujer riera nasalmente.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">No las des mocoso, entrena y más adelante, iré a ver de primera mano si has conseguido mejorar algo. A ver si pasas del cinco raspado.</span></span> - Sentenció, produciendo que el músico comenzará a sudar la gota gorda.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Antes de irme, dime joven, ¿en qué clase de cortesano quieres convertirte?</span></span> - Se interesó profundamente en él pelirrojo, tal vez por su decisión por complacer a las mujeres que más lo necesitaran.<br />
<br />
- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¿Qué qué cortesano quiere ser el menda?</span></span> - Preguntó retóricamente, esbozando una amplia y genuina sonrisa.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Gusto, olfato, oído, vista y tacto…</span></span> - Enumeró los cinco sentidos, haciendo alusión a su habilidad gastronómica, su talento musical, su belleza sin parangón y, por supuesto, a su futuro rendimiento sexual.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Quiero ser uno que pueda satisfacer todos los sentidos de cualquier mujer que se preste, ¿es o no es?!</span></span> - Rebosaba completa emoción y sinceridad en sus palabras.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C19E00;" class="mycode_color">Es un camino ambicioso joven, no todas las mujeres comparten los mismos gustos, cada una es un mundo distinto. Te deseo la mejor de las suertes WI HI HI HI</span></span> - Soltó una carcajada y, acto seguido, colgó, dejando a Garnet con la palabra en la boca.- <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">Pero será…</span></span> - refunfuñó, poniéndole cara de pocos amigos a su Den Den Mushi. No obstante, ante las respuestas que había tenido fruto de aquella conversación, el pelirrojo se sintió más aliviado que nunca. Ahora sabía cuál debía ser su camino. Su camino para, además de ser la mayor superestrella, convertirse en el mejor gigoló del mundo entero. Que el mundo se preparara, porque allí iba Garnet Matlock.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Día de revelaciones]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3848</link>
			<pubDate>Tue, 16 Jun 2026 08:32:03 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=34">Triana Tempesta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3848</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 1 del año 17, Invierno - 07:27 p.m.</span></div>
<br />
<br />
Ya había pasado un tiempo prudencial desde que habíamos destrozado el laboratorio del shichibukai, mejor dicho, desde que él mismo había decidido autodestruirlo para que no nos quedásemos con nada. Pero lo que más me preocupaba era su amenaza. Cada día esperaba el periódico con ansia, deseando que aclarase alguna información sobre el tema. Tal vez decidiesen no hablar de ello, pero el Gobierno no iba a perder la oportunidad de pavonearse si iba a llevar a cabo un acto como aquel y que sirviese de lección para todos los piratas. Lo único que quería era coger el timón y poner rumbo a Impel Down, costara lo que nos costase. Todos estábamos de acuerdo en ello, pero también sabíamos que no llegaríamos a tiempo. Era imposible llegar en unos días, y más imposible sería colarnos allí, aunque eso estaba dispuesta a intentarlo. Ahora solo podíamos esperar para ver si la amenaza de aquel robot se cumpliría o solo era palabrería. <br />
<br />
Me apoyé en la barandilla de la cubierta. El barco anclado apenas se movía. No había demasiado viento. No podía despegar la vista del horizonte, intentando vislumbrar si se aproximaba alguna gaviota. La espera era lo peor. Ya me había planteado cualquier escenario posible, incluso tenía pensadas algunas soluciones. Si veía en el periódico que pretendían ejecutar a Yamamura, haría todo lo que estuviese en mi mano por impedirlo. No podíamos llegar a tiempo, pero incluso me había replanteado la oferta que me llegó hacía unos días para ser shichibukai. Sentía total repugnancia por aquel cargo, aún así, si tenía que aceptarlo, incluso encontrarme con mi madre, para evitar que matasen a Yamamura, estaba dispuesta. Eso sí, cuando consiguiese mi objetivo ya podían echarse todos a correr, porque no pensaba quedarme parada y convertirme en su marioneta. <br />
<br />
Estaba tan desesperada que ni siquiera estaba pensando en fumar. Mientras pensaba en qué hacer frente al peor de los escenarios, escuché un sonido que hizo que el corazón me diese un vuelco. Era el graznido de una gaviota. Ya me había confundido más de una vez y no quería hacerme ilusiones, así que esperé hasta ver más claramente que se trataba de una de las gaviotas mensajeras. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡Chicos! ¡Venid aquí!</span></span> —grité para que viniesen todos. Teníamos que ser conscientes de la situación y pensar inmediatamente en un plan de acción. Lo que estaba claro era que no nos íbamos a quedar de brazos cruzados en aquella isla y quería contar con la opinión de cada uno de ellos. La gaviota se aproximó para dejarnos el periódico y no tardé en cogerlo con todas mis fuerzas, como si se fuese a escapar volando. No quería ver nada hasta que los demás llegasen.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 1 del año 17, Invierno - 07:27 p.m.</span></div>
<br />
<br />
Ya había pasado un tiempo prudencial desde que habíamos destrozado el laboratorio del shichibukai, mejor dicho, desde que él mismo había decidido autodestruirlo para que no nos quedásemos con nada. Pero lo que más me preocupaba era su amenaza. Cada día esperaba el periódico con ansia, deseando que aclarase alguna información sobre el tema. Tal vez decidiesen no hablar de ello, pero el Gobierno no iba a perder la oportunidad de pavonearse si iba a llevar a cabo un acto como aquel y que sirviese de lección para todos los piratas. Lo único que quería era coger el timón y poner rumbo a Impel Down, costara lo que nos costase. Todos estábamos de acuerdo en ello, pero también sabíamos que no llegaríamos a tiempo. Era imposible llegar en unos días, y más imposible sería colarnos allí, aunque eso estaba dispuesta a intentarlo. Ahora solo podíamos esperar para ver si la amenaza de aquel robot se cumpliría o solo era palabrería. <br />
<br />
Me apoyé en la barandilla de la cubierta. El barco anclado apenas se movía. No había demasiado viento. No podía despegar la vista del horizonte, intentando vislumbrar si se aproximaba alguna gaviota. La espera era lo peor. Ya me había planteado cualquier escenario posible, incluso tenía pensadas algunas soluciones. Si veía en el periódico que pretendían ejecutar a Yamamura, haría todo lo que estuviese en mi mano por impedirlo. No podíamos llegar a tiempo, pero incluso me había replanteado la oferta que me llegó hacía unos días para ser shichibukai. Sentía total repugnancia por aquel cargo, aún así, si tenía que aceptarlo, incluso encontrarme con mi madre, para evitar que matasen a Yamamura, estaba dispuesta. Eso sí, cuando consiguiese mi objetivo ya podían echarse todos a correr, porque no pensaba quedarme parada y convertirme en su marioneta. <br />
<br />
Estaba tan desesperada que ni siquiera estaba pensando en fumar. Mientras pensaba en qué hacer frente al peor de los escenarios, escuché un sonido que hizo que el corazón me diese un vuelco. Era el graznido de una gaviota. Ya me había confundido más de una vez y no quería hacerme ilusiones, así que esperé hasta ver más claramente que se trataba de una de las gaviotas mensajeras. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡Chicos! ¡Venid aquí!</span></span> —grité para que viniesen todos. Teníamos que ser conscientes de la situación y pensar inmediatamente en un plan de acción. Lo que estaba claro era que no nos íbamos a quedar de brazos cruzados en aquella isla y quería contar con la opinión de cada uno de ellos. La gaviota se aproximó para dejarnos el periódico y no tardé en cogerlo con todas mis fuerzas, como si se fuese a escapar volando. No quería ver nada hasta que los demás llegasen.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - ¿Es ese Kisuke? Bueno, la broma ya tuvo su gracia]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3839</link>
			<pubDate>Sun, 14 Jun 2026 11:46:48 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=31">Garnet D. Matlock</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3839</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 29 de Invierno del año 17, Otoño - 18:31 a.m.<br />
Solar Karma. Habitación de Garnet[/url].</span></div>
<br />
Las noticias que databa sobre el triunfo de los Alas Negras sobre la conquista de Punk Hazard, habían llegado a los ojos y oídos de Garnet y de sus amigos. Asimismo, también tenían constancia sobre la amenaza de muerte y peligro que suponía la ejecución de Yojimbo y, sin embargo, estaban muy tranquilos respecto a ese tema, ¿por qué? Porque tenían de sobra a gente en la que confiar al respecto. Una llamada que recibiría Triana al poco de que leyeran la noticia, hizo saber a todos los Alas Negras que, Yojimbo, estaba en la mejor manos posibles por lo que, en el estado actual en el que se encontraban la tripulación pirata, no les quedaba otra que esperar y confiar en que, una vez más, serían capaces de lograr lo imposible.<br />
<br />
Por otro lado, algo que le alegró muchísimo ver fue el estado en el que se encontraba la revolución... ¡Y vaya estado! Con una líder así, cualquiera se alistaba. Pero, más allá de eso, lo que más hizo sonreír al skypiean fue el ver, como su otro hermano de otra madre, había visto su recompensa aumentada, ¡hasta el punto de que le había superado! Pero eso sólo quería decir que Panda estaba haciendo verdaderas locuras como revolucionario. Las cosas les tenían que estar yendo de fábula y, la verdad, que necesitaba saber de él. <br />
<br />
Ya habían transcurrido semanas desde que se habían hecho con Punk Hazard y, desde luego, con todo lo que había ocasionado aquel loco de Utakata, había mucho por hacer. Sin embargo, Garnet en ese momento se encontraba tirado a la bartola en su habitación, más concretamente espatarrado en su cama, mirando fijamente el wanted de Max D. Bambú que tenía agarrado con su zurda. En su diestra, en cambio, tenía un Den Den Mushi Blanco, con el número del mink que se agenció cuando se volvieron a encontrar en Sabaody. Menuda borrachera se pegaron los dos aquel día. Juraría hasta que desde ese día tenía un pelo testicular menos. Que cosas.<br />
<br />
Garnet se irguió, quedando aún sentado en su cama pero con su espalda ya levantada, soltando el wanted de su buen amigo sobre la cama, y agarrando el receptor de la llamada con su mano izquierda, descolgándolo del Den Den Mushi, comenzando este a sonar.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vamos colegui, cógelo...</span></span> - Murmuró el pelirrojo, impaciente por poder escuchar la voz de Panda, momento en el que sus ojos se iluminaron, a la par que su sonrisa se amplificaba.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PANDA, COLEGUI! ¡CUÁNTO TIEMPO! PUAJAJAJAJAJAJA ¿ES O NO ES?</span></span> - Gritó, lleno de júbilo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El menda ha podido bichear que habéis hecho cosas molonas, ¿es o no es?</span></span> - Dijo, con un tono más calmado, pero no por ello lleno de emoción.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero bueno, ¿cómo has estado? ¿Qué ha sido de ti durante este tiempo, hermano?</span></span> - <br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>INFO</span>
					</div>
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					<br />
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						<span>RESUMEN</span>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Me deleito haciéndole una mamada a Don Bambú... <span style="font-size: xx-small;" class="mycode_size">Es posible que haya escrito mal alguna palabra, pero jamás sabréis cual.</span><br />

				</div>
			</div><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>ACLARACIONES</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Esto es una conversación vía Den Den Mushi Blanco. Tal y como se puede ver en mi agenda, tenemos nuestros números desde este <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1533" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">tema</a>.<br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 29 de Invierno del año 17, Otoño - 18:31 a.m.<br />
Solar Karma. Habitación de Garnet[/url].</span></div>
<br />
Las noticias que databa sobre el triunfo de los Alas Negras sobre la conquista de Punk Hazard, habían llegado a los ojos y oídos de Garnet y de sus amigos. Asimismo, también tenían constancia sobre la amenaza de muerte y peligro que suponía la ejecución de Yojimbo y, sin embargo, estaban muy tranquilos respecto a ese tema, ¿por qué? Porque tenían de sobra a gente en la que confiar al respecto. Una llamada que recibiría Triana al poco de que leyeran la noticia, hizo saber a todos los Alas Negras que, Yojimbo, estaba en la mejor manos posibles por lo que, en el estado actual en el que se encontraban la tripulación pirata, no les quedaba otra que esperar y confiar en que, una vez más, serían capaces de lograr lo imposible.<br />
<br />
Por otro lado, algo que le alegró muchísimo ver fue el estado en el que se encontraba la revolución... ¡Y vaya estado! Con una líder así, cualquiera se alistaba. Pero, más allá de eso, lo que más hizo sonreír al skypiean fue el ver, como su otro hermano de otra madre, había visto su recompensa aumentada, ¡hasta el punto de que le había superado! Pero eso sólo quería decir que Panda estaba haciendo verdaderas locuras como revolucionario. Las cosas les tenían que estar yendo de fábula y, la verdad, que necesitaba saber de él. <br />
<br />
Ya habían transcurrido semanas desde que se habían hecho con Punk Hazard y, desde luego, con todo lo que había ocasionado aquel loco de Utakata, había mucho por hacer. Sin embargo, Garnet en ese momento se encontraba tirado a la bartola en su habitación, más concretamente espatarrado en su cama, mirando fijamente el wanted de Max D. Bambú que tenía agarrado con su zurda. En su diestra, en cambio, tenía un Den Den Mushi Blanco, con el número del mink que se agenció cuando se volvieron a encontrar en Sabaody. Menuda borrachera se pegaron los dos aquel día. Juraría hasta que desde ese día tenía un pelo testicular menos. Que cosas.<br />
<br />
Garnet se irguió, quedando aún sentado en su cama pero con su espalda ya levantada, soltando el wanted de su buen amigo sobre la cama, y agarrando el receptor de la llamada con su mano izquierda, descolgándolo del Den Den Mushi, comenzando este a sonar.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vamos colegui, cógelo...</span></span> - Murmuró el pelirrojo, impaciente por poder escuchar la voz de Panda, momento en el que sus ojos se iluminaron, a la par que su sonrisa se amplificaba.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PANDA, COLEGUI! ¡CUÁNTO TIEMPO! PUAJAJAJAJAJAJA ¿ES O NO ES?</span></span> - Gritó, lleno de júbilo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El menda ha podido bichear que habéis hecho cosas molonas, ¿es o no es?</span></span> - Dijo, con un tono más calmado, pero no por ello lleno de emoción.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pero bueno, ¿cómo has estado? ¿Qué ha sido de ti durante este tiempo, hermano?</span></span> - <br />
<br />
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					<br />
Me deleito haciéndole una mamada a Don Bambú... <span style="font-size: xx-small;" class="mycode_size">Es posible que haya escrito mal alguna palabra, pero jamás sabréis cual.</span><br />

				</div>
			</div><br />
<br />
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						<span>ACLARACIONES</span>
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					<br />
Esto es una conversación vía Den Den Mushi Blanco. Tal y como se puede ver en mi agenda, tenemos nuestros números desde este <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1533" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">tema</a>.<br />

				</div>
			</div><br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - La calma después de la Tempesta]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3817</link>
			<pubDate>Thu, 11 Jun 2026 12:12:58 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=31">Garnet D. Matlock</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3817</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 61 del año 17, Otoño - 13:24 a.m.<br />
Solar Karma. Un día después de este <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3646" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">temardo</a>.</span></div>
<br />
- <span style="color: #FFC95F;" class="mycode_color">]<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Garunetu-kuuuuuun</span></span></span> - Aclamaba una Pretty animada y coqueta el nombre del protagonista de este post.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Pureti-chwaaaaaaan!</span> - Respondía Garnet al llamado de la gorila biónica, con los ojos en forma de corazón y babeando como un gorrino. Ambos se encontraban jugando al pilla-pilla, en una especie de prado idílico, los dos solos y sin que nadie los molestara. En esta ocasión, era Garnet el que corría detrás de Pretty, dejando ambos una estela de pétalos de diversas flores y polen a su estela. Era todo armonioso hasta que, de forma abrupta.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="500" height="80" src="https://www.youtube.com/embed/76d_jdpf3kM?si=CdXBITtLJPd0Y5oq" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
La figura de Pretty implosionó, sin previo aviso y de la nada, no dejando ni rastro de la gorila, mientras Garnet observaba anonadado aquella bizarra - en el sentido anglosajón de la palabra - escena.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Pureti-chwan?</span></span> - Se preguntó angustiado, mirando a su alrededor. No había quedado nada de su presencia. El skypiean, alarmado, comenzó a coger aire por su nariz, hinchando sus pulmones a su máxima capacidad momento en el cuál, gritó.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡PURETI-CHWAAAAAAAAN!!</span> - </span></span></div>
<br />
Y, cuando se quiso dar cuenta, Garnet ya no estaba en ese campo onírico de flores, sino que se hallaba en un lugar completamente distinto.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">...¿Huh?</span></span> - Pronunció, tras quedarse un par de segundos pensativo, admirando el lugar en el que se encontraba, empezando a mirar primero hacia los lados para, seguidamente, hacia arriba y hacia abajo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Estoy en mi cuarto... Más bien en mi cama... ¿Es o no es?</span></span> - Concluyó, manteniendo la mitad superior de su cuerpo erguida.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Ha sido todo un sueño?</span></span> - Se rascó la cabeza, notando como sentía algo de dolor, agujetas y magulladuras en su brazo derecho.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tch...</span></span> - Se quejó, pasando a admirar su increíble y tonificado cuerpo, cubierto de vendas en sendas partes debido a las heridas que había acumulado durante la batalla.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nanai... Todo lo de Utakata, pasó, ¿es o no es?</span></span> - Dedujo, cayendo en la cuenta de todo lo que ocurrió, y como quedó inconsciente tras el suicidio de Pretty. Garnet exhaló un suspiro algo incómodo. Ella no se merecía aquello.<br />
<br />
Sin embargo, no todo eran malas noticias y es que, tras darse cuenta de que estaba en su cuarto, sano y salvo, esbozó una amplia sonrisa.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PUAJAJA! ¡Lo hicieron! ¡Derrotaron al Utakata! ¿Es o no es?</span></span> - Exclamó alegre, aún en su habitación, saltando de la cama y dispuesto a salir de la habitación para ver a sus amigos. Por fortuna para ellos, alguien se había asegurado de vestir a Garnet con un tanga de color traslúcido, su tercer color favorito.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PEÑUQUI TOSTADAAAAA!</span></span> - Comenzó a gritar como un poseso, buscando que el resto de la banda respondiera a su llamado, hasta que salió a la cubierta, parándose bajo el palo mayor del Solar Karma.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡EL MENDA YA ESTÁ DESPIERTOOO! ¡NECESITO VEROOS, VAMOS VENID!</span></span> - Siguió vociferando, esperando que salieran de dónde quisiera que estuvieran.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Me despierto un día después del evento, me levanto de la cama y me dirijo hacia la cubierta para que podamos hablar<br />

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 61 del año 17, Otoño - 13:24 a.m.<br />
Solar Karma. Un día después de este <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3646" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">temardo</a>.</span></div>
<br />
- <span style="color: #FFC95F;" class="mycode_color">]<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Garunetu-kuuuuuun</span></span></span> - Aclamaba una Pretty animada y coqueta el nombre del protagonista de este post.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡Pureti-chwaaaaaaan!</span> - Respondía Garnet al llamado de la gorila biónica, con los ojos en forma de corazón y babeando como un gorrino. Ambos se encontraban jugando al pilla-pilla, en una especie de prado idílico, los dos solos y sin que nadie los molestara. En esta ocasión, era Garnet el que corría detrás de Pretty, dejando ambos una estela de pétalos de diversas flores y polen a su estela. Era todo armonioso hasta que, de forma abrupta.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="500" height="80" src="https://www.youtube.com/embed/76d_jdpf3kM?si=CdXBITtLJPd0Y5oq" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
La figura de Pretty implosionó, sin previo aviso y de la nada, no dejando ni rastro de la gorila, mientras Garnet observaba anonadado aquella bizarra - en el sentido anglosajón de la palabra - escena.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Pureti-chwan?</span></span> - Se preguntó angustiado, mirando a su alrededor. No había quedado nada de su presencia. El skypiean, alarmado, comenzó a coger aire por su nariz, hinchando sus pulmones a su máxima capacidad momento en el cuál, gritó.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color">¡PURETI-CHWAAAAAAAAN!!</span> - </span></span></div>
<br />
Y, cuando se quiso dar cuenta, Garnet ya no estaba en ese campo onírico de flores, sino que se hallaba en un lugar completamente distinto.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">...¿Huh?</span></span> - Pronunció, tras quedarse un par de segundos pensativo, admirando el lugar en el que se encontraba, empezando a mirar primero hacia los lados para, seguidamente, hacia arriba y hacia abajo.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Estoy en mi cuarto... Más bien en mi cama... ¿Es o no es?</span></span> - Concluyó, manteniendo la mitad superior de su cuerpo erguida.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Ha sido todo un sueño?</span></span> - Se rascó la cabeza, notando como sentía algo de dolor, agujetas y magulladuras en su brazo derecho.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tch...</span></span> - Se quejó, pasando a admirar su increíble y tonificado cuerpo, cubierto de vendas en sendas partes debido a las heridas que había acumulado durante la batalla.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nanai... Todo lo de Utakata, pasó, ¿es o no es?</span></span> - Dedujo, cayendo en la cuenta de todo lo que ocurrió, y como quedó inconsciente tras el suicidio de Pretty. Garnet exhaló un suspiro algo incómodo. Ella no se merecía aquello.<br />
<br />
Sin embargo, no todo eran malas noticias y es que, tras darse cuenta de que estaba en su cuarto, sano y salvo, esbozó una amplia sonrisa.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PUAJAJA! ¡Lo hicieron! ¡Derrotaron al Utakata! ¿Es o no es?</span></span> - Exclamó alegre, aún en su habitación, saltando de la cama y dispuesto a salir de la habitación para ver a sus amigos. Por fortuna para ellos, alguien se había asegurado de vestir a Garnet con un tanga de color traslúcido, su tercer color favorito.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PEÑUQUI TOSTADAAAAA!</span></span> - Comenzó a gritar como un poseso, buscando que el resto de la banda respondiera a su llamado, hasta que salió a la cubierta, parándose bajo el palo mayor del Solar Karma.- <span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡EL MENDA YA ESTÁ DESPIERTOOO! ¡NECESITO VEROOS, VAMOS VENID!</span></span> - Siguió vociferando, esperando que salieran de dónde quisiera que estuvieran.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>RESUMEN</span>
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Me despierto un día después del evento, me levanto de la cama y me dirijo hacia la cubierta para que podamos hablar<br />

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Una nueva amiga.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2098</link>
			<pubDate>Mon, 08 Sep 2025 16:02:40 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=43">Tobias Murray</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2098</guid>
			<description><![CDATA[Tobías amaneció más temprano de lo normal el día previo a la incursión prevista por los Alas Negras a las instalaciones con las que se habían topado en Punk Hazard. Se sentó en su mesa y se encendió un cigarro antes de ir a desayunar. Quería repasar unos detalles del diseño del proyecto que llevaba entre manos. La noche anterior había dejado su fabricación en un punto crítico y tenía dudas de como afrontar la construcción de un componente esencial. Se fumó el cigarro con calma mientras repasaba los detalles, hasta que cayó en la cuenta de cual sería la mejor manera para llevarlo a cabo sin riesgo a que fuera una debilidad del arma. Además, ahora tenía esa reliquia que encontró en el mercado de artesanos como inspiración y base. La había sacado por cuatro berries, solo por su deplorable estado. Cuando terminó de restaurarla, tras esa capa de óxido y suciedad, había aparecido un tesoro. Ese tipo de revólver era verdaderamente raro, el pistolero jamás lo había visto antes. Con un tambor con capacidad para tres proyectiles, pero de un calibre desmesurado, pues eran para cartuchos. Era un revólver escopeta de cañón corto, muy bien acabado y con detalles que solo sería capaz de plasmar un verdadero artesano de calidad. Como tenía una inscripción grabada en la empuñadura con el nombre "GÜNTHER", Tobías le grabó la palabra "SHOT" al inicio para rebautizarla como "Shotgünther". Dejó su diseño para después de desayunar, pues su estómago rugía sin control. <br />
<br />
Tras una taza de café y un trozo del delicioso bizcocho que había hecho Garnet, decidió ir a por un par de tarros de cristal, cambiando su plan inicial debido al fenomenal día que hacía y que las reservas de insectos para Pascal y para Jimba estaban disminuyendo a grandes zancadas. El pistolero desembarcó del Solar Karma y tomó el primer sendero que vio que se dirigiera al interior de la selva. Aquel ecosistema era increíble, lleno de flora extraña y fauna desconocida para él. Había todo tipo de flores, de diversos tamaños, pero con una tendencia a ser más grandes de lo que estaba habituado a ver el joven barba naranja. Le habían llamado la atención unas flores de color turquesa similares a las que la cocinera de la familia le llevaba a su madre en sus últimos meses de vida, con la diferencia en el tamaño, pues estas eran tan grandes como su cabeza. Los insectos también eran más grandes de lo normal, llegó a ver una mariquita del tamaño de un melocotón maduro. Su expedición era de reconocimiento y de acopio de reservas alimenticias para sus pequeñas mascotas, pero esa incontrolada diversidad de plantas lo estaba despistando. Quería más vegetación en su habitación, y que mejor lugar que ese para recolectarla. Así pues, Tobías realizó varios viajes desde la selva hasta el Solar Karma y viceversa, con las manos llenas de tierra, raíces, plantas y semillas. Fue una mañana bastante agotadora, hasta el punto que decidió pararse a relajarse en un riachuelo que había marcado como punto de interés en sus diversos recorridos. El vaquero se sentó en un tocón, se quitó el sombrero para refrescar su cogote con el agua del río y se encendió un cigarro. Pocas caladas después se le comenzaban a cerrar los ojos, tanto que tras uno de los parpadeos no había manera de volver a ver la luz del sol, ni podía respirar, solo notaba una húmeda presión sobre su cabeza. ¿Qué acababa de suceder?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Tobías amaneció más temprano de lo normal el día previo a la incursión prevista por los Alas Negras a las instalaciones con las que se habían topado en Punk Hazard. Se sentó en su mesa y se encendió un cigarro antes de ir a desayunar. Quería repasar unos detalles del diseño del proyecto que llevaba entre manos. La noche anterior había dejado su fabricación en un punto crítico y tenía dudas de como afrontar la construcción de un componente esencial. Se fumó el cigarro con calma mientras repasaba los detalles, hasta que cayó en la cuenta de cual sería la mejor manera para llevarlo a cabo sin riesgo a que fuera una debilidad del arma. Además, ahora tenía esa reliquia que encontró en el mercado de artesanos como inspiración y base. La había sacado por cuatro berries, solo por su deplorable estado. Cuando terminó de restaurarla, tras esa capa de óxido y suciedad, había aparecido un tesoro. Ese tipo de revólver era verdaderamente raro, el pistolero jamás lo había visto antes. Con un tambor con capacidad para tres proyectiles, pero de un calibre desmesurado, pues eran para cartuchos. Era un revólver escopeta de cañón corto, muy bien acabado y con detalles que solo sería capaz de plasmar un verdadero artesano de calidad. Como tenía una inscripción grabada en la empuñadura con el nombre "GÜNTHER", Tobías le grabó la palabra "SHOT" al inicio para rebautizarla como "Shotgünther". Dejó su diseño para después de desayunar, pues su estómago rugía sin control. <br />
<br />
Tras una taza de café y un trozo del delicioso bizcocho que había hecho Garnet, decidió ir a por un par de tarros de cristal, cambiando su plan inicial debido al fenomenal día que hacía y que las reservas de insectos para Pascal y para Jimba estaban disminuyendo a grandes zancadas. El pistolero desembarcó del Solar Karma y tomó el primer sendero que vio que se dirigiera al interior de la selva. Aquel ecosistema era increíble, lleno de flora extraña y fauna desconocida para él. Había todo tipo de flores, de diversos tamaños, pero con una tendencia a ser más grandes de lo que estaba habituado a ver el joven barba naranja. Le habían llamado la atención unas flores de color turquesa similares a las que la cocinera de la familia le llevaba a su madre en sus últimos meses de vida, con la diferencia en el tamaño, pues estas eran tan grandes como su cabeza. Los insectos también eran más grandes de lo normal, llegó a ver una mariquita del tamaño de un melocotón maduro. Su expedición era de reconocimiento y de acopio de reservas alimenticias para sus pequeñas mascotas, pero esa incontrolada diversidad de plantas lo estaba despistando. Quería más vegetación en su habitación, y que mejor lugar que ese para recolectarla. Así pues, Tobías realizó varios viajes desde la selva hasta el Solar Karma y viceversa, con las manos llenas de tierra, raíces, plantas y semillas. Fue una mañana bastante agotadora, hasta el punto que decidió pararse a relajarse en un riachuelo que había marcado como punto de interés en sus diversos recorridos. El vaquero se sentó en un tocón, se quitó el sombrero para refrescar su cogote con el agua del río y se encendió un cigarro. Pocas caladas después se le comenzaban a cerrar los ojos, tanto que tras uno de los parpadeos no había manera de volver a ver la luz del sol, ni podía respirar, solo notaba una húmeda presión sobre su cabeza. ¿Qué acababa de suceder?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC – Salto temporal] Tiradora de secano, no de regadío.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1903</link>
			<pubDate>Sun, 03 Aug 2025 15:34:32 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=68">Jolyne Jones</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1903</guid>
			<description><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">EL ARADO</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Para variar, no había nada nuevo en el distrito del olor a pescado, y una tenía que ingeniárselas para sobrevivir en un entorno hostil en el que no eran necesarios los espantapájaros. El inconveniente que teníamos en aquel reino submarino era que tan solo se nos permitía estar en una zona concreta bastante humilde. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Lo primero era averiguar si seguirían la lógica de los pescados o si tendrían sus propias normas civilizadas. ¿Estas criaturas comerían gallinas, se comerían entre ellos, o simplemente comerían algas? Me las arreglé para soltar a Jimba entre sus calles para ver la reacción de las criaturas submarinas. Solo una de ellas se acercó a ella con intenciones dudosas, pero en seguida salí de mi escondite para protegerla. – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¡ALTO AHÍ! ESA GALLINA ES DE MI PROPIEDAD</span></span> – increpé al pez salmón. El muy astuto se hizo el asustado y empezó a rebuscar en los bolsillos, así que por si acaso, llevé la mano a la cartuchera, lista para lo que fuera. Pero en vez de sacar algún arma o cualquier artimaña, el gyojin me lanzó una moneda y se fue corriendo como un gorrino en día de matanza. La examiné desconfiada y me la puse entre los dientes para comprobar su dureza. No estaba nada mal, y parecía bastante resistente como para utilizarla en mis prácticas de tiro a la moneda. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al cabo de un par de días, me coloqué en una de las calles para entrenar con Jimba. Encontré una tela usada tirada por ahí, la sacudí y la extendí en el suelo para sentarnos. Después de cruzarme de piernas, le di indicaciones a Jimba de correr en círculos cada vez que me oyera dar palmadas. No me hacía caso la mayor parte del tiempo, y se desviaba de su ruta para picotear entre la arena, pero la encaminaba nuevamente usando un palo al que había atado un gusano en la punta. Por algún motivo, los gyojin entendieron que se trataba de un espectáculo, y me empezaron a lanzar monedas cuando pasaban por nuestro lado. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La gastronomía del lugar tampoco estaba nada mal. Aunque Garnet se esmeraba en cocinar para todos, mi auténtica debilidad eran los cangrejos. Sobre todo por ese toque crujiente que les daba su recubrimiento. Además, te los podías encontrar en cualquier lado, por lo que se convirtieron en mi principal fuente de alimento. Con el tiempo, podría decirse que empecé a acostumbrarme a vivir en aquel infierno submarino. Y como todo apuntaba a que íbamos a quedarnos una buena temporada, no me quedaba otra que apañármelas para no perder la cabeza y sacarle algo de provecho a la estancia.</div>
 <br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para: Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. ¿Sabías que a la gente submarina como Peixe se les llama gyojin y no Peixes? ¿Y sabías que no todos son familia ni se conocen entre ellos? Yo tampoco.</div>
 <br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LA SIEMBRA</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ya había asimilado que tendríamos que quedarnos más tiempo el tiempo en aquel sombrío, húmedo y salado sitio, así que decidí ponerme manos a la obra entrenando mis habilidades secretas. El primer paso sería integrarme con los lugareños, ya que me había dado cuenta de la brecha tan grande de vivencias que nos separaba. ¿Quién iba a pensar que verían a Jimba como un pato? Por eso me alegré tanto al escuchar un rumor acerca de un caballo de mar en la zona. Después de pasarme el día preguntando dónde encontrarlo, me decepcioné al ver que se solo se trataba de un tipo que vendía un remedio natural con base de alga marina de las profundidades.  </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pasando a una segunda fase del plan, aprendería a sentar las bases para aprender a manejar el Haki con Triana. Según me había dicho recientemente, no solo servía para sentir aquello que no puedes ver. El Haki tenía otras vertientes de la que ya conocía, y también tenía otros usos como el de poder tocar determinados usuarios y alteraciones causadas por las frutas endiabladas. En ese aspecto, no se me ocurría alguien mejor que Triana para poder enseñarme los secretos de este poder. En ese sentido, el entrenamiento del Haki de Armamento comenzó de una forma aparentemente sencilla. Tan solo tenía que tocar a la espadachina sin morir en el intento. Fácil, ¿verdad? Pues me equivocaba completamente. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me pasé semanas acercándole la mano con la misma rapidez con la que acariciaría un erizo. Para ella era fácil. Simplemente se quedaba sentada hojeando una revista, fumándose un puro y soltándome frases motivadoras como "ahora sin gritar, que me distraes mientras leo el horóscopo". Por suerte tenía la retaguardia asegurada. Durante mis entrenamientos, le di órdenes explícitas a Jimba de darle con el pico al dial de agua si la cosa se ponía fea. Allá donde quiera que estuviera durante mis entrenamientos, seguro que estaba preparada para salvarme. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">A los días, descubrí que no hacía falta estar pegando manotazos para tocar lo intangible y que la clave volvía a estar, cómo no, en la concentración. Para entenderlo mejor, la sutil diferencia entre ambos era que el Haki de Observación había que exteriorizarlo hacia afuera, y el Haki de Armamento había que comprimirlo hacia dentro. Respiré hondo y me concentré únicamente en proteger mi mano izquierda. Cerré los ojos y acerqué mi mano al hombro de la espadachina. Estaba calmada, además de concentrada en el recubrimiento mágico de mi mano y, cuando me quise dar cuenta, había hecho contacto con ella después de mucho tiempo. Comedió su euforia con un simple "felicidades" sin separar la vista de su revista, pero ese sería solo el principio de un largo y duro entrenamiento. Al menos, ya había sentado los primeros cimientos. </div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. ¿Sabías que los Gyojin tienen su propia especie de caballos de mar? ¿Y sabías que es considerado ofensivo subirte a su chepa sin preguntar?</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hoy Jimba puso huevo.</div>
 <br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LOS PRIMEROS BROTES</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ya habiendo iniciado el primer contacto con el llamado Haki de Armamento, Triana decidió subir el nivel del entrenamiento, seguramente porque se percatara de mis altas capacidades de aprendizaje. Según me contó, con el Haki de Armamento en su nivel más avanzado, podría imbuir partes del cuerpo para hacerlas más fuertes, o, como a mí más me entusiasmó, imbuir mis balas para conseguir ese mismo efecto. Esta vez, Triana se tomó la molestia de llevarme a una zona aislada en la que poder practicar en combate. Con toda la atención que podía tener de Jimba como espectadora, el primer paso fue imbuir mi bala con ese recubrimiento denso. Probé retorciendo la bala entre mis dedos, aplastándola con mis palmas, apretándola entre mis muelas... pero nada servía para endurecer ese cacho de metal. Jimba me miraba seriamente, dando a entender que sabía más cosas de las que mostraba. Su mirada siempre estaba en calma, por muchos piojos o moscas que la rodearan. Lo único por lo que movía el pico eran por gusanos o por maíz. —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¡Eso es!</span></span> Ahí di con la clave. El Haki era mi gusano, mi maíz particular.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con un profundo respiro, deje fluir toda mi energía hacia mi palma, esforzándome por concentrarla y no esparcirla. Para pasarla a la bala, pensé en el metal como una extensión de mí misma. En lugar de usar mi cuerpo, las balas eran mi forma particular de llegar a mi objetivo. Tras algunos intentos, comencé a ver el recubrimiento en bala, cosa a entusiasmó a Triana ligeramente, quien no entendió muy bien el concepto de "ir a por mi gusano". Sin alegrarme mucho todavía, el siguiente paso era meter la bala en el cargador. Ya no haría contacto con el metal, por lo que no sabía si aguantaría imbuida. Con un rápido movimiento de dedos, metí la bala en la bala en la recamara y observé cómo parecía que el recubrimiento se perdía. Me froté la cabeza de la desesperación y me acerqué a Jimba para pedirle en voz baja que me diera otro de sus trucos mágicos. Claro que Triana era mi maestra del Haki, pero quería seguir manteniendo mi imagen de prodigio intelectual que tenía de mí. Miré a Jimba desesperada y Jimba me devolvió la mirada durante unos segundos. Parecía que tenía algo que decirme. Movía su cuello hasta aleteaba moviendo su cabeza hacia adelante. Me acerqué más a ella para escucharla, pero, en lugar de palabras, Jimba emitió un sonido hueco y húmedo. Había regurgitado una especie de larva blanca de dudosa procedencia. Miré atónita a Jimba. ¿Y si era el hijo de alguien? En aquel mundo, no sería algo tan extraño. Antes de que pudieran pillarnos con las manos en la masa, la agarré entre mis palmas y la lancé lo más lejos que pude para encubrir las huellas de nuestro delito. Miré hacia los lados y respiré tranquila al comprobar que solamente Triana se asomaba pensativa para preguntar por nuestro entrenamiento y volví a mi posición con la segunda lección de Jimba aprendida. Disparar mi bala es como regurgitar una larva. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En el siguiente intento volví a concentrar el endurecimiento en mi mano, de la mano lo transferí la bala y, finalmente, de la bala a la recámara. Ahora era la pistola la que formaba parte de mí, y no solo dependía de una simple bala. Levanté el brazo derecho y Triana se puso en posición de defensa preparándose para recibir mi disparo y, aunque apreté el gatillo imaginándome una larva saliendo por mi garganta, el primer golpe no tuvo el impacto que me esperaba. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">Supongo que un polluelo no aprende a volar el primer día. </span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fueron días, semanas e incluso meses los que me pasé desenfundando, disparando y recargando con movimientos cada vez más rápidos y certeros. Mis entrenamientos con el Haki también fueron prosperando, y pasé de no poder disparar una simple bala, a vaciar un cartucho entero completamente imbuido. Triana estaba tan sorprendida que cualquiera diría que tenía plena confianza en mis habilidades desde un principio.</div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para: Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. Hoy derroté a cinco tiburones karatekas. ¿Sabías que decirles a los Gyojin que podrían meter a sus hijos en peceras para que no se pierdan no lo consideran un buen consejo? Yo solo intentaba ayudar.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hoy Jimba no puso huevo. Será el clima.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LA FLORACIÓN</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Había conseguido entablar más comunicación con los habitantes de la tierra submarina, pero no me llegaba a sentir del todo integrada en su pequeña comunidad. Alguno seguía un poco receloso de las forasteras como yo. De hecho, teníamos el paso cortado y no podíamos ir más allá del distrito, lo que hacía que me sintiera aún más encerrada. Vale que solo éramos unos simples invitados en sus tierras, pero por simple curiosidad me habría gustado ver lo que tenían en el interior de su reino.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Mientras estaba liada en el barco, poniéndole escamas de pez entre las plumas a Jimba para hacerle un disfraz de Gyojin, apareció Triana con una de sus katanas en la mano. Eso solo podía significar una cosa: había descubierto que le presté su maquillaje a Jimba para que pintara un cuadro – muy feo, por cierto –. Me levanté de un salto, lista para dar explicaciones, pero con una cara de resignación, me soltó que tocaba seguir entrenando el Haki y que me diera prisa en salir. Cuando creía que había conseguido dominar algo relacionado con el Haki, Triana venía con otro entrenamiento más difícil todavía. Estaba claro que su fuerza y sus habilidades estaban a otro nivel, y esperaba que algún día pudiera estar a su altura. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Seguí a Triana hacia nuestro lugar de entrenamiento, que era el mismo que habíamos estado utilizado hasta ahora. Tampoco es que tuviéramos mucho más donde elegir, ya que estos Gyojin no se estiraban ni un poquito. Dejé a Jimba sobre la arena y comencé con unos estiramientos básicos mientras ella me picoteaba las piernas en busca de algo que llevarse al pico. Esta vez, Triana tenía para mí un entrenamiento para perfeccionar mi Haki de Observación. — <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¿Más todavía?</span></span> — pensé algo escéptica. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Triana mantuvo envainada su katana, y me indicó que el objetivo de nuestro entrenamiento sería predecir sus golpes antes de que los diera. Mis ojos brillaron como herraduras a la luz de la luna. ¿Había oído bien? ¿Predecir? Creo que Triana no era consciente de la cantidad de concursos que se podrían ganar utilizando esa habilidad. Imaginé lo poderosa que podría llegar ser una persona si pudiera adelantarse a los lanzamientos en el tiro al huevo, si pudiera vislumbrar en qué madriguera se esconderá la alimaña, o cuántos pasos daría el rival dentro de su saco antes de adelantarle en plena carrera. Recobré de inmediato la compostura y le pregunté seriamente cómo podría hacerlo. Triana se encogió de hombros y me respondió que yo solita lo aprendería en cuanto recibiera los primeros golpes.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de que me diera tiempo a dudar de sus métodos, la vaina de su katana ya había impactado en mi brazo, lo que me hizo soltar un pequeño grito. Aunque no estaba utilizando todas sus capacidades, su velocidad de ataque era increíble. Entre golpes, intenté ganar algo de tiempo para pensar dónde cuál sería su próximo movimiento, pero la espadachina no paraba de repetirme que no servía de nada la vista, y que tenía que confiar en mis sentidos. Yo era conocida en todo mi pueblo por mi vista de lince ¿Cómo se suponía que iba a ver sin utilizar mis ojos? Hacerlo era igual de imposible que ordeñar un faisán. –<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¡Espera, espera, espera! Necesito un momento para descansar y lo retomamos</span></span> – dije entre jadeos. Triana se encendió un puro, y yo me senté sobre la arena a recobrar el aliento. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Una granja no se empieza a construir por el tejado —o<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> </span>al menos eso creo—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">. </span>Si quería notar los movimientos, primero debía usar el Haki para sentir las presencias. Cerré los ojos y dejé fluir la energía a mi alrededor para sentir la presencia de Triana: estaba en calma a unos pocos metros de mí. Volví a levantarme y le respondí que estaba lista para continuar con mi entrenamiento. Con el puro todavía en la boca, se acercó para golpearme de nuevo. Esta vez solo la sentí acercarse, pero al menos lo hice sin utilizar la vista.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Era extraño, porque con los ojos cerrados no podía ver a la espadachina moverse. Sin embargo, podía sentir dónde estaba en cada momento. Los golpes empezaban a picar, y era bastante frustrante recibirlos sin poder hacer nada para pararlo. No debí llamar “viejo loco” al ciego del pueblo, solo porque tenía la capacidad de preceder la lluvia antes de que cayeran las primeras gotas sobre los cultivos. Ahora entendía que no solo existían los ojos para poder ver. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al principio solo era una leve intuición: un “por aquí” o “por allá” lejano que venía seguido de un golpe de vaina. Pero, poco a poco, ese leve susurro se fue convirtiendo en una sensación más clara, hasta que, pasados unos cuantos días, levanté mi mano en la dirección de la vaina. Tras felicitarme levemente, repetimos el ejercicio unas cuantas veces más durante mucho tiempo. Cuando la espadachina se aseguró de que no lo hacía por pura suerte, pasamos a practicar con un entrenamiento real.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con los ojos completamente tapados con una cinta, desenfundé mi pistola y apunté hacia Triana. Ella se mantenía a unos cuantos metros, con las katanas completamente desenvainadas. Jimba se encontraba a mi espalda corriendo en círculos, seguramente porque habría encontrado algo de su interés y no sabía por dónde agarrarlo. Con el Haki extendido a mi alrededor, Triana se acercaría por algún flanco, y yo tendría que disparar antes de que pudiera efectuar su ataque. Parar una vaina era relativamente fácil, pero atinarle a un objetivo con una bala minúscula, era otra cosa. Por suerte podía seguir confiando en mis habilidades de disparo, y no solo eso. El Haki me había dado la capacidad de mejorar la habilidad en las manos sin tener que estar visualizando a mi objetivo. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con los ojos todavía cerrados, pude agarrar a Jimba del cuello antes de que pudiera siquiera coger el impulso para picotearme la pierna. Sabía de buena mano que a Triana le molestaba que utilizara el Haki para estas cosas, pero a mí me resultaba la mar de práctico. De hecho, era la mayor utilidad que le había dado hasta ahora. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Volviendo de mi entrenamiento, hice mi parada habitual para charlar con algunos lugareños. Me gustaba saludarles y despedirme cada vez que me los cruzaba. Al parecer, entre ellos tenían sus propias diferencias y no me había fijado hasta ahora. Tal vez por el instinto camaleónico que corría por mis venas, o tal vez por simple curiosidad, me gustaba conocer la vida de los lugareños en cada sitio que visitaba. ¿Cómo sería ser uno de ellos? ¿Qué ropa debería ponerme? ¿Qué cultivan en su tiempo libre? ¿Vacían las latas antes de escupir en ellas? Todas esas preguntas rondaban en mi mente mientras los veía hablando y riendo entre ellos. Yo también quería formar parte de ello. </div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para: Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. Hoy me infiltré entre los habitantes submarinos y logré reconocer hasta siete tipos de Gyojin distintos. ¿Sabías que se considera ofensivo llamarles “bacalao” a todos, aunque parezcan todos iguales? Yo creía que despedirse con un “chao, bacalao” estaría de moda entre los habitantes marinos.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">PD. Jimba se perdió, no sé si puso huevo</div>
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LA PLAGA</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con el tiempo transcurrido, había tenido tiempo de sobra para observar cuáles eran los hábitos y las formas para relacionarse que tenía la comunidad submarina. Un día cualquiera, me levanté en el barco y me miré en uno de los espejos. Observé mi pelo rosa y las dos antenas que me salían de la cabeza. Quitando un par de pequeñas sutilezas, podría decirse que mi aspecto era bastante humano, cosa que cantaba demasiado en un lugar como este. Ya me había rondado por la cabeza un par de veces la forma en la que podría pasar desapercibida entre los Gyojin, y decidí que ese sería el día en el que lo pondría en práctica. Delante del espejo, vi como mi piel se volvía escamosa y de un color verduzco, al mismo tiempo que mis ojos se tornaban redondos en cada lado de mi cabeza. Mis dedos se juntaron dejando únicamente unas pinzas en las manos, y una cola empezó a brotarme desde la columna. Miré satisfecha el reflejo del espejo; así seguro que nadie podía sospechar de mí. Bajé del barco ya habiendo adoptado mi forma híbrida, y fui directa a una de las calles principales para charlar con algunos de los Gyojin del lugar. Al principio eran conversaciones mundanas y casuales, pero como nadie sospechaba de mi apariencia ni de mis andares, con el tiempo fui integrándome más en sus diferentes grupos. Pasé tantos días utilizando esa forma, que ya casi se me había olvidado cuál era mi rostro real.  </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Uno de los días, charlaba alegremente con un pez espada cuando, de la nada me hizo una pregunta. – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Por cierto…</span></span> – insinuó aquel Gyojin. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Tú qué pez has dicho que eras?</span></span> Le miré pensativa solo unos segundos. Realmente nunca había pensado en ello. Creía que bastaba con tener una apariencia escamosa para que te tomaran por uno de los suyos. La respuesta salió casi de forma inmediata por mi boca. Antes siquiera de que pudiera pensar en la respuesta. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¿Yo? Yo soy un pez gato camaleón. ¿No lo ves?</span> </span>Aquel Gyojin se me quedó mirando de una forma extraña. – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No me suena ese tipo</span></span> – contestó el Gyojin. Para hacer más verosímil mi relato, proseguí con la mentira de la forma más natural que pude: dando muchas explicaciones. – <span style="color: #E8769B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pues así es. Mi padre era pez gato, y mi madre era un tipo de anguila camaleón. Muy típico por estas aguas</span> </span>– dije, señalando todo mi entorno. Se quedó un poco dubitativo con mi respuesta y frunció el ceño.  —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Ya veo…</span></span> - es lo único que respondió. Airosa por haber esquivado esa bala, me marché del lugar despidiéndome de todos como siempre. Mañana sería un nuevo día.</div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mientras tanto, bajo los ojos de un humilde Gyojin…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¡Y un cuerno pez gato camaleón!</span></span> Esa extraña tenía algo que no me gustaba ni una escama. Me dirigí al bar como de costumbre, donde el tabernero Gunkan “el Pargo Rojo”, servía los mejores tragos del distrito. Allí me reencontré con mis colegas de juega; Octis y Tuna. Antes de que pudiera decir nada, Tuna, que m<span style="color: #000000;" class="mycode_color">e conocía mejor que nadie, me preguntó.</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> —</span><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Qué te pasa hoy, Beni? ¡Con la cara que traes pareces un caracol espiral!</span></span> Todos reían mientras yo daba un sorbo a mi burbuja. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Sabes qué me pasa? Se trata de esa forastera nueva… Dice que es hija de un pez gato y de una anguila camaleón, ¿y hace cuánto no habéis visto una anguila camaleón por aquí?</span></span> Todos me dieron la razón al instante. Ni siquiera Gunkan, el más viejo de todos nosotros, se acordaba de haber visto semejante especie por el distrito. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Y vosotros creéis han podido dar a luz a una criatura extraña como esa? Aquí hay cangrejo encerrado… Y me encargaré personalmente de averiguarlo.</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pasaron los días y yo continuaba con mi rutina habitual, sin cambiar ni un momento mi forma híbrida. Por suerte, nadie de mi tripulación me hizo me hizo ninguna pregunta de por qué me mantenía con este aspecto, aunque yo ya había ensayado mi respuesta varias veces. Tan solo tenía que decir que estaba entrenando cosas mías. Realmente eso no era ninguna mentira. Había aprendido a controlar mi transformación a niveles bastante más avanzados y, prácticamente, estaba más acostumbrada a salir con esa apariencia que con mi forma original. Saludé a todos los gyojin del lugar, pero me extrañó que esta vez no me respondieran como de costumbre. Algunos me contestaban en seco, otros susurraban al verme, y más de uno me esquivaba la mirada. Se hizo tan evidente, que empecé a escuchar lo que se murmuraba en los alrededores del distrito. Poniendo un poco más la oreja, se escuchabas cosas como: “Nunca he visto un pez gato camaleón” o “no sé qué se estará inventando esa extraña”. Me empecé a poner nerviosa, y ni siquiera atrapar cangrejos con la lengua o meterme entre los corales a rebozarme hacía que dejaran de estar tan raros conmigo. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Para mi sorpresa, a los pocos días, un gyojin carpa me comentó que en la plaza principal se estaría celebrando el concurso anual de la caza de cangrejos, así que me dirigí allí de inmediato. Me pareció extraño no haber visto ningún cartel o propaganda por ningún lado, pero me imaginé que sería una festividad privada a la que solo se puede acceder con invitación personal. Cuando llegué al lugar no había ni decoración, ni pancartas, ni cangrejos. Solo un grupo de gyojin con rastrillos en la mano que se acercaron a mí rodeándome. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¿¡Quién eres y por qué estás aquí infiltrada!? </span></span>Dijo una voz entre el tumulto. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">¿Acaso quieres los secretos de la revolución? ¡Tú no eres un Gyojin!</span></span> Sonó otra voz, esta vez más cerca. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ehhh…</span> Me quedé quieta durante unos segundos. Aunque no diría que no a conocer esos secretos, no me interesaba lo más mínimo morir por ellos. Me había metido en problemas sin comerlo ni beberlo. Si hubiese tenido piel en vez de escamas, habría empezado a sudar como un pollo en la cazuela. Pensé fuertemente en que solo quería desaparecer, y desaparecer de verdad. Cogí una bocanada de aire e hice lo que mejor podía hacer en ese momento: esconderme y huir. Me agaché al suelo y empecé a reptar entre los gyojin del lugar. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">¿¡Dónde se ha metido!? ¡Ha desaparecido!</span></span> Gritaban atónitos. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">¡Brujería!</span></span> Se podía escuchar de fondo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Movían sus rastrillos al aire inútilmente, pues yo ya estaba gateando entre aletas, colas y medias piernas escamosas sin respirar y en completo silencio. Finalmente, conseguí salir de aquella masa sin que me detectaran. En un lugar en el que nadie pudiera verme, volví a mi forma original y me dirigí al barco como si nada hubiera sucedido. A mi llegada al barco saludé a todos mis compañeros, y me retiré a descansar hasta el día siguiente. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Había mantenido durante tanto tiempo mi forma híbrida, que volver a ser yo misma se me hacía extraño. Sentí un frío extraño en mi cuerpo y de vez en cuando hacía el amago de utilizar mi cola en lugar de mis manos. Por desgracia, no quería jugármela volviendo a salir por ahí con el aspecto animal. Muy a mi pesar, bajé del barco con mi apariencia natural. Me había quedado con ganas de husmear por el distrito y ver lo que se cocía por allí después de la que se había liado. Tenía la esperanza de que fuera agua pasada y que todos se hubieran olvidado ya de lo sucedido. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pisé una especie de cartel en el suelo. ¿Sería el anuncio de una nueva festividad del lugar? En su lugar, había un dibujo mal hecho de un monstruo verde con el pelo rosa, seguido de las palabras: ¿La has visto? Se busca.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tragué saliva y miré a mi alrededor. Todos seguían con sus quehaceres sin reparar en mi presencia. Aunque había aprendido bastante bien a controlar mi habilidad especial, el hocico me decía que no podría volver a mostrar nunca más mi forma híbrida delante de esa gente. Como parecía que con mi aspecto humano podía pasar desapercibida, seguí mi camino por otro lado. Por suerte, no nos quedaba mucho más tiempo bajo el mar. </div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo<br />
</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para Yojimbo. </div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Celda en Impel Down</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. ¿Sabías que está mal visto decirle a los Gyojin que comerse entre ellos no se consideraría canibalismo porque su raza no los hace iguales? Yo solo intentaba explicar que, si esto sucediera entre animales de granja de una misma especie, sería un verdadero peligro. Creo que no entendieron el punto de mi pregunta.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">P.D.: Encontré a Jimba usando mi Haki. Es un método bastante práctico, aunque Triana me sugirió que no lo usara para estas cosas. Se pasó el día picoteando una roca con percebes. Me refiero a Jimba, no a Triana. Triana no sé lo que hizo</div>
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LA COSECHA</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Después de tanto tiempo encerrada en la prisión azul, podría decir que dediqué la mayor parte de mis días a perfeccionar el tiro subacuático, usando como blanco el centro de las espirales de caracolas vacías. Las estrellas de mar no resultaban del todo confiables. Al principio parecía que se iban a quedar quietas, pero resultaron ser mucho más astutas de lo que yo imaginaba. De hecho, alguna se molestó por estar apuntándola con la pistola. ¿Cómo iba a saber que era una criatura inteligente si ni siquiera tenía ombligo? Era todo demasiado confuso. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Después de tantos entrenamientos, me di cuenta de que estar tan concentrada desenfundando, recargando y moviendo mis manos en combate, había hecho que perdiera mis habilidades para mantener la vista puesta en el objetivo. Como al mismo tiempo había practicado tanto con el Haki, tan solo tenía que preocuparme por sentir a mis objetivos en lugar de mantenerlos con la mirada. Por otro lado, al pasar tanto tiempo concentrada en perfeccionar mis muchas nuevas habilidades, me di cuenta de que mi cabeza había empezado a olvidar viejos hábitos y técnicas del pasado, que eran útiles en su momento, pero que hoy resultaban casi inservibles. No es que hubiese cambiado mi estilo de pelea; es que éste había mutado. Como mi piel cuando me transformo en uno con la naturaleza.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En cuanto a mis relaciones con los lugareños, se podría decir que había acabado prácticamente integrada (aunque no pudiera mostrar mi aspecto híbrido, pero solo eran minucias). Y, aunque aquel mundo acuático no fuera algo para un ser de tierra campestre como yo, salía preparada para todos los peligros que nos pudiera deparar el Nuevo Mundo. Y yo no era la única que había estado entrenando. Todos los Alas Negras habían aprovechado muy bien su tiempo en las profundidades. Los que más habían cambiado eran Kenzo y Sasha, que estaban irreconocibles. Supongo que era lo propio, ya que cuando empezamos la aventura eran tan solo unos muchachos. Aun así, había visto el progreso de Kenzo y cómo se mataba a entrenar día tras día para luego pasar el resto del tiempo con el hocico metido en su cuaderno. Garnet también había mejorado bastante su forma física, y Triana había estado entrenando para sacarle juego a sus nuevas habilidades. Por otro lado, gracias a Sasha habíamos conseguido un buen precio para mejorar nuestro barco, y por fin teníamos una cocina a bordo para comer unas buenas gachas en condiciones. Tobías estuvo al frente de las reparaciones del barco, pero si no fuera por el excelente trabajo de supervisión que realizamos Jimba y yo, la reforma no habría podido salir adelante y, finalmente, conseguimos un galeón perfecto para navegar por el Nuevo Mundo. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El día de nuestra partida no pude ocultar mi alegría. Al fin volvería a sentir la brisa del mar, el calor del sol sobre la piel y el inconfundible canto de las aves que rondan esperando nuestra muerte. Con algo de suerte, pronto daríamos con tierra firme, y entonces podría tumbarme a respirar aire fresco mientras Jimba correteaba y escarbaba entre la hierba. Tal vez así volviera a su puesta de huevos habitual, dejando de lado el descontrol de este último año.</div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cartas <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a Yojim</span>bo</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. ¿Sabías que algunos Gyojin tienen ombligo y otros no? No termino de entender cómo se multiplican. Ah, y también vi una piedra que se parecía a Jimba. Me confundí tres veces.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hoy no puso huevo. Estará estresada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LISTA PARA EL NUEVO MUNDO</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con todo preparado y sin ninguna tarea pendiente por hacer en aquella isla submarina, ascendimos a la superficie después de tanto tiempo. Para ello, se volvió a recubrir nuestro barco, ahora mejorado, con la capa de burbuja que nos permitía no morir ahogados. Como siempre, llevé a Jimba agarrada por las patas durante el trayecto, no fuera a ser que le entrara la curiosidad científica de ver cuántos picotazos aguantaba la burbuja antes de reventar. Cuando rompimos por fin la superficie del agua, extendí los brazos para recibir el buen clima de la superficie. Esa posición me duró poco, porque me tuve que tapar los ojos la mayor parte del tiempo hasta que me acostumbré a tener tanta luz a mi alrededor. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No sé ni cómo sucedió, pero el clima soleado se transformó rápidamente en una tormenta y de las peligrosas. No había visto una tormenta así desde aquella noche de primavera en la que desapareció mi vaca Betty y, si el clima me la quitó, podría devolvérmela en cualquier momento. Mientras el viento rugía, agitando el mar y nuestras olas, yo me paseaba por la cubierta con la vista al cielo, por si acaso veía una vaca flotando entre los rayos. Si no fuera por Tobías que estaba pendiente de que no saliera volando, ya habría caído al mar, engatusada por cantos de vaca falsos que juraría haber oído entre las olas. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Por la noche me acostumbré a dormir agarrada a Jimba, aunque no parara de revolverse y de picotear mi pelo en busca de unos piojos que ya se había comido. Intentando pillar el sueño, una noche me pareció oír a Garnet decir que se marchaba, pero yo tenía problemas mayores intentando mantener una gallina a raya. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Después de días navegando, llegamos por fin a tierra firme. Apenas pisé el suelo, me lancé de cabeza a revolcarme en la tierra gritando de alegría. Llevábamos ya un tiempo dándole vueltas a la idea de establecer una base secreta, y esa isla, aparentemente desierta, pintaba bastante bien para el plan. Estaba cubierta de vegetación espesa, por lo que era bastante probable que encontráramos algún animal extraño nunca antes visto. Me froté las manos y mandé a Jimba de vuelta al barco para cuidar de nuestras cosas. Decidimos investigar un poco los alrededores, y salvo un puñado de bichos, de matojos y de árboles, no encontré mucho más que fuera de interés. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al día siguiente de nuestra llegada, decidimos meternos un poco más a través de la selva. Me quedé cubriendo la retaguardia del grupo por si aparecía algún animal salvaje dispuesto a embestirnos, pero después de una larga caminata apartando plantas y bichos, nos topamos con una zona menos frondosa y con signos de edificación. No parecía ser una ciudad ni tener habitantes a su alrededor, así que era probable que fuera una isla abandonada. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En todas las puertas de las instalaciones había carteles en los que ponía: “Peligro, no pasar”, cosa que no sentó muy bien a Sasha. Después de hablarlo, decidimos regresar al día siguiente para investigar la zona en profundidad. Si el nuevo mundo era tan peligroso como decían, era mejor andarse con cuidado y ser precavidos. Ese día regresamos todos al barco y, tras elaborar un buen plan —aunque mis ideas no se tomaran demasiado en consideración—, hice una minuciosa selección de qué artilugios llevarme para la misión.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras una noche bastante inquieta, llegó el día en el que intentaríamos desafiar las palabras del cartel. Después de darle la orden a Jimba para que cuidara de Sasha y del barco, me coloqué la pistola en la cartuchera de la cadera, el rifle al hombro y parte de mi arsenal privado de balas. Y, como par de diales tampoco venían mal, puse uno en cada bolsillo del pantalón. Tras ajustarme la gorra y despedirme de la semioni, miré a la gallina. – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">No nos pasará nada, Jimba… ¿O crees que tú lo harías mejor?</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El terreno de aquella isla parecía más que fértil, y aunque el clima era cálido y húmedo, resultaba ideal para criar gallinas y establecer mis propios huertos en cuanto pudiera. Estaba decidido: teníamos que tomar esa isla en nuestro nombre, y protegería los terrenos con las balas que hiciesen falta. Cuando me quise dar cuenta, ya nos encontrábamos ante la gran puerta que nos separaba del interior de las instalaciones. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">Igual es un poco tarde para decir esto, pero en mi pueblo también había un cartel de “Peligro, no entrar” al lado de una charca. Resultó que era porque un mapache se nos murió dentro y el agua quedó tan podrida que el que se metía salía con tres brazos.</span></span></div>
<br />
<div class='custom-spoiler'>
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Durante parte del salto temporal he usado la tranformación de mi akuma no mi.<br />
<div class='akuma_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreAkuma'>Sara Sara No Mi: Modelo Camaleon</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='akuma_tipo'><strong id='tipoAkuma'>Zoan</strong></div>
                    <div class='akuma_rango'><strong id='rangoAkuma'>1</strong></div>
                </div>
                <p><i id='descripcionAkuma'>Permite al usuario convertirse en un camaleón y en la forma híbrida de esta.</i></p>
                <div class='akuma_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button type='button' id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='akuma_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div>
                        <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                            <p><span><i id='especificacionesAkuma'>El camaleón en su forma completa mide treinta centímetros de largo, contando de cabeza a cola, la cual lleva enrollada y llega a medir otros veinte centímetros más, y pesa un cincuenta gramos. En forma híbrida el usuario camina a dos patas, ve incrementada su altura en +1/2 de la que posea y doblará su peso. La parte superior de su cabeza, hasta la nariz incluida, será sustituida por la forma del animal, cambiando su morfología y sustituyendo su piel por una de escamas de un camaleón con las peculiaridades de este, a excepción de la mandíbula y la boca, el pecho y el vientre, conservando el pelo. Sus ojos adoptan la extraña apariencia y forma de los de un camaleón. Sus pies y manos se adaptarán uniéndose todos los dedos excepto el pulgar en uno solo, pudiendo así hacer una pinza. Le brotará una gran cola con una longitud igual a 3/4 de la altura total del usuario y adquirirá una lengua retráctil de la misma longitud, pudiendo usar ambas como armas flexibles.<br/>
<br/>Se tarda un turno completo en cambiar de una forma a otra, a menos que se tenga <strong>80 puntos en CA</strong>, cuando se puede realizar una transformación inmediata. Nunca se puede usar la transformación para esquivar un ataque de forma pasiva solo por haber cambiado de tamaño. Para la transformación híbrida se necesitan <strong>20 CA</strong> y para la completa <strong>50 CA</strong>. La transformación cuesta <strong><font color="orange">30 puntos de energía</font></strong> y, después, <strong><font color="orange">10 de energía</font></strong> por turno.</i></span></p>
                        </div>
                    </div>
                </div>

                <p><strong>Control de Akuma: </strong><span id='controlAkuma'>20 CA: Híbrida | 50 CA: Completa | 80 CA: Transformación inmediata</span></p>
                <p><strong>Ventajas: </strong><span id='ventajasAkuma'>Te otorga 2 habilidades raciales y un bono mientras estés en forma híbrida de +40 a la precisión.</span></p>
                <p><strong>Debilidades: </strong><span id='debilidadesAkuma'>Las habituales en las Akuma no mi.</span></p>

                <hr/>
                <div class='akuma_code_container'>
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                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`akuma`, `Camaleon`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoAkuma'>Camaleon</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">EL ARADO</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Para variar, no había nada nuevo en el distrito del olor a pescado, y una tenía que ingeniárselas para sobrevivir en un entorno hostil en el que no eran necesarios los espantapájaros. El inconveniente que teníamos en aquel reino submarino era que tan solo se nos permitía estar en una zona concreta bastante humilde. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Lo primero era averiguar si seguirían la lógica de los pescados o si tendrían sus propias normas civilizadas. ¿Estas criaturas comerían gallinas, se comerían entre ellos, o simplemente comerían algas? Me las arreglé para soltar a Jimba entre sus calles para ver la reacción de las criaturas submarinas. Solo una de ellas se acercó a ella con intenciones dudosas, pero en seguida salí de mi escondite para protegerla. – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¡ALTO AHÍ! ESA GALLINA ES DE MI PROPIEDAD</span></span> – increpé al pez salmón. El muy astuto se hizo el asustado y empezó a rebuscar en los bolsillos, así que por si acaso, llevé la mano a la cartuchera, lista para lo que fuera. Pero en vez de sacar algún arma o cualquier artimaña, el gyojin me lanzó una moneda y se fue corriendo como un gorrino en día de matanza. La examiné desconfiada y me la puse entre los dientes para comprobar su dureza. No estaba nada mal, y parecía bastante resistente como para utilizarla en mis prácticas de tiro a la moneda. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al cabo de un par de días, me coloqué en una de las calles para entrenar con Jimba. Encontré una tela usada tirada por ahí, la sacudí y la extendí en el suelo para sentarnos. Después de cruzarme de piernas, le di indicaciones a Jimba de correr en círculos cada vez que me oyera dar palmadas. No me hacía caso la mayor parte del tiempo, y se desviaba de su ruta para picotear entre la arena, pero la encaminaba nuevamente usando un palo al que había atado un gusano en la punta. Por algún motivo, los gyojin entendieron que se trataba de un espectáculo, y me empezaron a lanzar monedas cuando pasaban por nuestro lado. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La gastronomía del lugar tampoco estaba nada mal. Aunque Garnet se esmeraba en cocinar para todos, mi auténtica debilidad eran los cangrejos. Sobre todo por ese toque crujiente que les daba su recubrimiento. Además, te los podías encontrar en cualquier lado, por lo que se convirtieron en mi principal fuente de alimento. Con el tiempo, podría decirse que empecé a acostumbrarme a vivir en aquel infierno submarino. Y como todo apuntaba a que íbamos a quedarnos una buena temporada, no me quedaba otra que apañármelas para no perder la cabeza y sacarle algo de provecho a la estancia.</div>
 <br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para: Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. ¿Sabías que a la gente submarina como Peixe se les llama gyojin y no Peixes? ¿Y sabías que no todos son familia ni se conocen entre ellos? Yo tampoco.</div>
 <br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LA SIEMBRA</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ya había asimilado que tendríamos que quedarnos más tiempo el tiempo en aquel sombrío, húmedo y salado sitio, así que decidí ponerme manos a la obra entrenando mis habilidades secretas. El primer paso sería integrarme con los lugareños, ya que me había dado cuenta de la brecha tan grande de vivencias que nos separaba. ¿Quién iba a pensar que verían a Jimba como un pato? Por eso me alegré tanto al escuchar un rumor acerca de un caballo de mar en la zona. Después de pasarme el día preguntando dónde encontrarlo, me decepcioné al ver que se solo se trataba de un tipo que vendía un remedio natural con base de alga marina de las profundidades.  </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pasando a una segunda fase del plan, aprendería a sentar las bases para aprender a manejar el Haki con Triana. Según me había dicho recientemente, no solo servía para sentir aquello que no puedes ver. El Haki tenía otras vertientes de la que ya conocía, y también tenía otros usos como el de poder tocar determinados usuarios y alteraciones causadas por las frutas endiabladas. En ese aspecto, no se me ocurría alguien mejor que Triana para poder enseñarme los secretos de este poder. En ese sentido, el entrenamiento del Haki de Armamento comenzó de una forma aparentemente sencilla. Tan solo tenía que tocar a la espadachina sin morir en el intento. Fácil, ¿verdad? Pues me equivocaba completamente. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me pasé semanas acercándole la mano con la misma rapidez con la que acariciaría un erizo. Para ella era fácil. Simplemente se quedaba sentada hojeando una revista, fumándose un puro y soltándome frases motivadoras como "ahora sin gritar, que me distraes mientras leo el horóscopo". Por suerte tenía la retaguardia asegurada. Durante mis entrenamientos, le di órdenes explícitas a Jimba de darle con el pico al dial de agua si la cosa se ponía fea. Allá donde quiera que estuviera durante mis entrenamientos, seguro que estaba preparada para salvarme. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">A los días, descubrí que no hacía falta estar pegando manotazos para tocar lo intangible y que la clave volvía a estar, cómo no, en la concentración. Para entenderlo mejor, la sutil diferencia entre ambos era que el Haki de Observación había que exteriorizarlo hacia afuera, y el Haki de Armamento había que comprimirlo hacia dentro. Respiré hondo y me concentré únicamente en proteger mi mano izquierda. Cerré los ojos y acerqué mi mano al hombro de la espadachina. Estaba calmada, además de concentrada en el recubrimiento mágico de mi mano y, cuando me quise dar cuenta, había hecho contacto con ella después de mucho tiempo. Comedió su euforia con un simple "felicidades" sin separar la vista de su revista, pero ese sería solo el principio de un largo y duro entrenamiento. Al menos, ya había sentado los primeros cimientos. </div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. ¿Sabías que los Gyojin tienen su propia especie de caballos de mar? ¿Y sabías que es considerado ofensivo subirte a su chepa sin preguntar?</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hoy Jimba puso huevo.</div>
 <br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LOS PRIMEROS BROTES</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ya habiendo iniciado el primer contacto con el llamado Haki de Armamento, Triana decidió subir el nivel del entrenamiento, seguramente porque se percatara de mis altas capacidades de aprendizaje. Según me contó, con el Haki de Armamento en su nivel más avanzado, podría imbuir partes del cuerpo para hacerlas más fuertes, o, como a mí más me entusiasmó, imbuir mis balas para conseguir ese mismo efecto. Esta vez, Triana se tomó la molestia de llevarme a una zona aislada en la que poder practicar en combate. Con toda la atención que podía tener de Jimba como espectadora, el primer paso fue imbuir mi bala con ese recubrimiento denso. Probé retorciendo la bala entre mis dedos, aplastándola con mis palmas, apretándola entre mis muelas... pero nada servía para endurecer ese cacho de metal. Jimba me miraba seriamente, dando a entender que sabía más cosas de las que mostraba. Su mirada siempre estaba en calma, por muchos piojos o moscas que la rodearan. Lo único por lo que movía el pico eran por gusanos o por maíz. —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¡Eso es!</span></span> Ahí di con la clave. El Haki era mi gusano, mi maíz particular.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con un profundo respiro, deje fluir toda mi energía hacia mi palma, esforzándome por concentrarla y no esparcirla. Para pasarla a la bala, pensé en el metal como una extensión de mí misma. En lugar de usar mi cuerpo, las balas eran mi forma particular de llegar a mi objetivo. Tras algunos intentos, comencé a ver el recubrimiento en bala, cosa a entusiasmó a Triana ligeramente, quien no entendió muy bien el concepto de "ir a por mi gusano". Sin alegrarme mucho todavía, el siguiente paso era meter la bala en el cargador. Ya no haría contacto con el metal, por lo que no sabía si aguantaría imbuida. Con un rápido movimiento de dedos, metí la bala en la bala en la recamara y observé cómo parecía que el recubrimiento se perdía. Me froté la cabeza de la desesperación y me acerqué a Jimba para pedirle en voz baja que me diera otro de sus trucos mágicos. Claro que Triana era mi maestra del Haki, pero quería seguir manteniendo mi imagen de prodigio intelectual que tenía de mí. Miré a Jimba desesperada y Jimba me devolvió la mirada durante unos segundos. Parecía que tenía algo que decirme. Movía su cuello hasta aleteaba moviendo su cabeza hacia adelante. Me acerqué más a ella para escucharla, pero, en lugar de palabras, Jimba emitió un sonido hueco y húmedo. Había regurgitado una especie de larva blanca de dudosa procedencia. Miré atónita a Jimba. ¿Y si era el hijo de alguien? En aquel mundo, no sería algo tan extraño. Antes de que pudieran pillarnos con las manos en la masa, la agarré entre mis palmas y la lancé lo más lejos que pude para encubrir las huellas de nuestro delito. Miré hacia los lados y respiré tranquila al comprobar que solamente Triana se asomaba pensativa para preguntar por nuestro entrenamiento y volví a mi posición con la segunda lección de Jimba aprendida. Disparar mi bala es como regurgitar una larva. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En el siguiente intento volví a concentrar el endurecimiento en mi mano, de la mano lo transferí la bala y, finalmente, de la bala a la recámara. Ahora era la pistola la que formaba parte de mí, y no solo dependía de una simple bala. Levanté el brazo derecho y Triana se puso en posición de defensa preparándose para recibir mi disparo y, aunque apreté el gatillo imaginándome una larva saliendo por mi garganta, el primer golpe no tuvo el impacto que me esperaba. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">Supongo que un polluelo no aprende a volar el primer día. </span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fueron días, semanas e incluso meses los que me pasé desenfundando, disparando y recargando con movimientos cada vez más rápidos y certeros. Mis entrenamientos con el Haki también fueron prosperando, y pasé de no poder disparar una simple bala, a vaciar un cartucho entero completamente imbuido. Triana estaba tan sorprendida que cualquiera diría que tenía plena confianza en mis habilidades desde un principio.</div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para: Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. Hoy derroté a cinco tiburones karatekas. ¿Sabías que decirles a los Gyojin que podrían meter a sus hijos en peceras para que no se pierdan no lo consideran un buen consejo? Yo solo intentaba ayudar.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hoy Jimba no puso huevo. Será el clima.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LA FLORACIÓN</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Había conseguido entablar más comunicación con los habitantes de la tierra submarina, pero no me llegaba a sentir del todo integrada en su pequeña comunidad. Alguno seguía un poco receloso de las forasteras como yo. De hecho, teníamos el paso cortado y no podíamos ir más allá del distrito, lo que hacía que me sintiera aún más encerrada. Vale que solo éramos unos simples invitados en sus tierras, pero por simple curiosidad me habría gustado ver lo que tenían en el interior de su reino.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Mientras estaba liada en el barco, poniéndole escamas de pez entre las plumas a Jimba para hacerle un disfraz de Gyojin, apareció Triana con una de sus katanas en la mano. Eso solo podía significar una cosa: había descubierto que le presté su maquillaje a Jimba para que pintara un cuadro – muy feo, por cierto –. Me levanté de un salto, lista para dar explicaciones, pero con una cara de resignación, me soltó que tocaba seguir entrenando el Haki y que me diera prisa en salir. Cuando creía que había conseguido dominar algo relacionado con el Haki, Triana venía con otro entrenamiento más difícil todavía. Estaba claro que su fuerza y sus habilidades estaban a otro nivel, y esperaba que algún día pudiera estar a su altura. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Seguí a Triana hacia nuestro lugar de entrenamiento, que era el mismo que habíamos estado utilizado hasta ahora. Tampoco es que tuviéramos mucho más donde elegir, ya que estos Gyojin no se estiraban ni un poquito. Dejé a Jimba sobre la arena y comencé con unos estiramientos básicos mientras ella me picoteaba las piernas en busca de algo que llevarse al pico. Esta vez, Triana tenía para mí un entrenamiento para perfeccionar mi Haki de Observación. — <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¿Más todavía?</span></span> — pensé algo escéptica. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Triana mantuvo envainada su katana, y me indicó que el objetivo de nuestro entrenamiento sería predecir sus golpes antes de que los diera. Mis ojos brillaron como herraduras a la luz de la luna. ¿Había oído bien? ¿Predecir? Creo que Triana no era consciente de la cantidad de concursos que se podrían ganar utilizando esa habilidad. Imaginé lo poderosa que podría llegar ser una persona si pudiera adelantarse a los lanzamientos en el tiro al huevo, si pudiera vislumbrar en qué madriguera se esconderá la alimaña, o cuántos pasos daría el rival dentro de su saco antes de adelantarle en plena carrera. Recobré de inmediato la compostura y le pregunté seriamente cómo podría hacerlo. Triana se encogió de hombros y me respondió que yo solita lo aprendería en cuanto recibiera los primeros golpes.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de que me diera tiempo a dudar de sus métodos, la vaina de su katana ya había impactado en mi brazo, lo que me hizo soltar un pequeño grito. Aunque no estaba utilizando todas sus capacidades, su velocidad de ataque era increíble. Entre golpes, intenté ganar algo de tiempo para pensar dónde cuál sería su próximo movimiento, pero la espadachina no paraba de repetirme que no servía de nada la vista, y que tenía que confiar en mis sentidos. Yo era conocida en todo mi pueblo por mi vista de lince ¿Cómo se suponía que iba a ver sin utilizar mis ojos? Hacerlo era igual de imposible que ordeñar un faisán. –<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¡Espera, espera, espera! Necesito un momento para descansar y lo retomamos</span></span> – dije entre jadeos. Triana se encendió un puro, y yo me senté sobre la arena a recobrar el aliento. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Una granja no se empieza a construir por el tejado —o<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> </span>al menos eso creo—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">. </span>Si quería notar los movimientos, primero debía usar el Haki para sentir las presencias. Cerré los ojos y dejé fluir la energía a mi alrededor para sentir la presencia de Triana: estaba en calma a unos pocos metros de mí. Volví a levantarme y le respondí que estaba lista para continuar con mi entrenamiento. Con el puro todavía en la boca, se acercó para golpearme de nuevo. Esta vez solo la sentí acercarse, pero al menos lo hice sin utilizar la vista.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Era extraño, porque con los ojos cerrados no podía ver a la espadachina moverse. Sin embargo, podía sentir dónde estaba en cada momento. Los golpes empezaban a picar, y era bastante frustrante recibirlos sin poder hacer nada para pararlo. No debí llamar “viejo loco” al ciego del pueblo, solo porque tenía la capacidad de preceder la lluvia antes de que cayeran las primeras gotas sobre los cultivos. Ahora entendía que no solo existían los ojos para poder ver. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al principio solo era una leve intuición: un “por aquí” o “por allá” lejano que venía seguido de un golpe de vaina. Pero, poco a poco, ese leve susurro se fue convirtiendo en una sensación más clara, hasta que, pasados unos cuantos días, levanté mi mano en la dirección de la vaina. Tras felicitarme levemente, repetimos el ejercicio unas cuantas veces más durante mucho tiempo. Cuando la espadachina se aseguró de que no lo hacía por pura suerte, pasamos a practicar con un entrenamiento real.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con los ojos completamente tapados con una cinta, desenfundé mi pistola y apunté hacia Triana. Ella se mantenía a unos cuantos metros, con las katanas completamente desenvainadas. Jimba se encontraba a mi espalda corriendo en círculos, seguramente porque habría encontrado algo de su interés y no sabía por dónde agarrarlo. Con el Haki extendido a mi alrededor, Triana se acercaría por algún flanco, y yo tendría que disparar antes de que pudiera efectuar su ataque. Parar una vaina era relativamente fácil, pero atinarle a un objetivo con una bala minúscula, era otra cosa. Por suerte podía seguir confiando en mis habilidades de disparo, y no solo eso. El Haki me había dado la capacidad de mejorar la habilidad en las manos sin tener que estar visualizando a mi objetivo. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con los ojos todavía cerrados, pude agarrar a Jimba del cuello antes de que pudiera siquiera coger el impulso para picotearme la pierna. Sabía de buena mano que a Triana le molestaba que utilizara el Haki para estas cosas, pero a mí me resultaba la mar de práctico. De hecho, era la mayor utilidad que le había dado hasta ahora. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Volviendo de mi entrenamiento, hice mi parada habitual para charlar con algunos lugareños. Me gustaba saludarles y despedirme cada vez que me los cruzaba. Al parecer, entre ellos tenían sus propias diferencias y no me había fijado hasta ahora. Tal vez por el instinto camaleónico que corría por mis venas, o tal vez por simple curiosidad, me gustaba conocer la vida de los lugareños en cada sitio que visitaba. ¿Cómo sería ser uno de ellos? ¿Qué ropa debería ponerme? ¿Qué cultivan en su tiempo libre? ¿Vacían las latas antes de escupir en ellas? Todas esas preguntas rondaban en mi mente mientras los veía hablando y riendo entre ellos. Yo también quería formar parte de ello. </div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para: Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. Hoy me infiltré entre los habitantes submarinos y logré reconocer hasta siete tipos de Gyojin distintos. ¿Sabías que se considera ofensivo llamarles “bacalao” a todos, aunque parezcan todos iguales? Yo creía que despedirse con un “chao, bacalao” estaría de moda entre los habitantes marinos.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">PD. Jimba se perdió, no sé si puso huevo</div>
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LA PLAGA</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con el tiempo transcurrido, había tenido tiempo de sobra para observar cuáles eran los hábitos y las formas para relacionarse que tenía la comunidad submarina. Un día cualquiera, me levanté en el barco y me miré en uno de los espejos. Observé mi pelo rosa y las dos antenas que me salían de la cabeza. Quitando un par de pequeñas sutilezas, podría decirse que mi aspecto era bastante humano, cosa que cantaba demasiado en un lugar como este. Ya me había rondado por la cabeza un par de veces la forma en la que podría pasar desapercibida entre los Gyojin, y decidí que ese sería el día en el que lo pondría en práctica. Delante del espejo, vi como mi piel se volvía escamosa y de un color verduzco, al mismo tiempo que mis ojos se tornaban redondos en cada lado de mi cabeza. Mis dedos se juntaron dejando únicamente unas pinzas en las manos, y una cola empezó a brotarme desde la columna. Miré satisfecha el reflejo del espejo; así seguro que nadie podía sospechar de mí. Bajé del barco ya habiendo adoptado mi forma híbrida, y fui directa a una de las calles principales para charlar con algunos de los Gyojin del lugar. Al principio eran conversaciones mundanas y casuales, pero como nadie sospechaba de mi apariencia ni de mis andares, con el tiempo fui integrándome más en sus diferentes grupos. Pasé tantos días utilizando esa forma, que ya casi se me había olvidado cuál era mi rostro real.  </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Uno de los días, charlaba alegremente con un pez espada cuando, de la nada me hizo una pregunta. – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Por cierto…</span></span> – insinuó aquel Gyojin. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Tú qué pez has dicho que eras?</span></span> Le miré pensativa solo unos segundos. Realmente nunca había pensado en ello. Creía que bastaba con tener una apariencia escamosa para que te tomaran por uno de los suyos. La respuesta salió casi de forma inmediata por mi boca. Antes siquiera de que pudiera pensar en la respuesta. - <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">¿Yo? Yo soy un pez gato camaleón. ¿No lo ves?</span> </span>Aquel Gyojin se me quedó mirando de una forma extraña. – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">No me suena ese tipo</span></span> – contestó el Gyojin. Para hacer más verosímil mi relato, proseguí con la mentira de la forma más natural que pude: dando muchas explicaciones. – <span style="color: #E8769B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pues así es. Mi padre era pez gato, y mi madre era un tipo de anguila camaleón. Muy típico por estas aguas</span> </span>– dije, señalando todo mi entorno. Se quedó un poco dubitativo con mi respuesta y frunció el ceño.  —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Ya veo…</span></span> - es lo único que respondió. Airosa por haber esquivado esa bala, me marché del lugar despidiéndome de todos como siempre. Mañana sería un nuevo día.</div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mientras tanto, bajo los ojos de un humilde Gyojin…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¡Y un cuerno pez gato camaleón!</span></span> Esa extraña tenía algo que no me gustaba ni una escama. Me dirigí al bar como de costumbre, donde el tabernero Gunkan “el Pargo Rojo”, servía los mejores tragos del distrito. Allí me reencontré con mis colegas de juega; Octis y Tuna. Antes de que pudiera decir nada, Tuna, que m<span style="color: #000000;" class="mycode_color">e conocía mejor que nadie, me preguntó.</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"> —</span><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"> ¿Qué te pasa hoy, Beni? ¡Con la cara que traes pareces un caracol espiral!</span></span> Todos reían mientras yo daba un sorbo a mi burbuja. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Sabes qué me pasa? Se trata de esa forastera nueva… Dice que es hija de un pez gato y de una anguila camaleón, ¿y hace cuánto no habéis visto una anguila camaleón por aquí?</span></span> Todos me dieron la razón al instante. Ni siquiera Gunkan, el más viejo de todos nosotros, se acordaba de haber visto semejante especie por el distrito. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Y vosotros creéis han podido dar a luz a una criatura extraña como esa? Aquí hay cangrejo encerrado… Y me encargaré personalmente de averiguarlo.</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pasaron los días y yo continuaba con mi rutina habitual, sin cambiar ni un momento mi forma híbrida. Por suerte, nadie de mi tripulación me hizo me hizo ninguna pregunta de por qué me mantenía con este aspecto, aunque yo ya había ensayado mi respuesta varias veces. Tan solo tenía que decir que estaba entrenando cosas mías. Realmente eso no era ninguna mentira. Había aprendido a controlar mi transformación a niveles bastante más avanzados y, prácticamente, estaba más acostumbrada a salir con esa apariencia que con mi forma original. Saludé a todos los gyojin del lugar, pero me extrañó que esta vez no me respondieran como de costumbre. Algunos me contestaban en seco, otros susurraban al verme, y más de uno me esquivaba la mirada. Se hizo tan evidente, que empecé a escuchar lo que se murmuraba en los alrededores del distrito. Poniendo un poco más la oreja, se escuchabas cosas como: “Nunca he visto un pez gato camaleón” o “no sé qué se estará inventando esa extraña”. Me empecé a poner nerviosa, y ni siquiera atrapar cangrejos con la lengua o meterme entre los corales a rebozarme hacía que dejaran de estar tan raros conmigo. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Para mi sorpresa, a los pocos días, un gyojin carpa me comentó que en la plaza principal se estaría celebrando el concurso anual de la caza de cangrejos, así que me dirigí allí de inmediato. Me pareció extraño no haber visto ningún cartel o propaganda por ningún lado, pero me imaginé que sería una festividad privada a la que solo se puede acceder con invitación personal. Cuando llegué al lugar no había ni decoración, ni pancartas, ni cangrejos. Solo un grupo de gyojin con rastrillos en la mano que se acercaron a mí rodeándome. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¿¡Quién eres y por qué estás aquí infiltrada!? </span></span>Dijo una voz entre el tumulto. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">¿Acaso quieres los secretos de la revolución? ¡Tú no eres un Gyojin!</span></span> Sonó otra voz, esta vez más cerca. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ehhh…</span> Me quedé quieta durante unos segundos. Aunque no diría que no a conocer esos secretos, no me interesaba lo más mínimo morir por ellos. Me había metido en problemas sin comerlo ni beberlo. Si hubiese tenido piel en vez de escamas, habría empezado a sudar como un pollo en la cazuela. Pensé fuertemente en que solo quería desaparecer, y desaparecer de verdad. Cogí una bocanada de aire e hice lo que mejor podía hacer en ese momento: esconderme y huir. Me agaché al suelo y empecé a reptar entre los gyojin del lugar. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">¿¡Dónde se ha metido!? ¡Ha desaparecido!</span></span> Gritaban atónitos. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">¡Brujería!</span></span> Se podía escuchar de fondo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Movían sus rastrillos al aire inútilmente, pues yo ya estaba gateando entre aletas, colas y medias piernas escamosas sin respirar y en completo silencio. Finalmente, conseguí salir de aquella masa sin que me detectaran. En un lugar en el que nadie pudiera verme, volví a mi forma original y me dirigí al barco como si nada hubiera sucedido. A mi llegada al barco saludé a todos mis compañeros, y me retiré a descansar hasta el día siguiente. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Había mantenido durante tanto tiempo mi forma híbrida, que volver a ser yo misma se me hacía extraño. Sentí un frío extraño en mi cuerpo y de vez en cuando hacía el amago de utilizar mi cola en lugar de mis manos. Por desgracia, no quería jugármela volviendo a salir por ahí con el aspecto animal. Muy a mi pesar, bajé del barco con mi apariencia natural. Me había quedado con ganas de husmear por el distrito y ver lo que se cocía por allí después de la que se había liado. Tenía la esperanza de que fuera agua pasada y que todos se hubieran olvidado ya de lo sucedido. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pisé una especie de cartel en el suelo. ¿Sería el anuncio de una nueva festividad del lugar? En su lugar, había un dibujo mal hecho de un monstruo verde con el pelo rosa, seguido de las palabras: ¿La has visto? Se busca.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tragué saliva y miré a mi alrededor. Todos seguían con sus quehaceres sin reparar en mi presencia. Aunque había aprendido bastante bien a controlar mi habilidad especial, el hocico me decía que no podría volver a mostrar nunca más mi forma híbrida delante de esa gente. Como parecía que con mi aspecto humano podía pasar desapercibida, seguí mi camino por otro lado. Por suerte, no nos quedaba mucho más tiempo bajo el mar. </div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cartas a Yojimbo<br />
</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para Yojimbo. </div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Celda en Impel Down</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. ¿Sabías que está mal visto decirle a los Gyojin que comerse entre ellos no se consideraría canibalismo porque su raza no los hace iguales? Yo solo intentaba explicar que, si esto sucediera entre animales de granja de una misma especie, sería un verdadero peligro. Creo que no entendieron el punto de mi pregunta.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">P.D.: Encontré a Jimba usando mi Haki. Es un método bastante práctico, aunque Triana me sugirió que no lo usara para estas cosas. Se pasó el día picoteando una roca con percebes. Me refiero a Jimba, no a Triana. Triana no sé lo que hizo</div>
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LA COSECHA</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Después de tanto tiempo encerrada en la prisión azul, podría decir que dediqué la mayor parte de mis días a perfeccionar el tiro subacuático, usando como blanco el centro de las espirales de caracolas vacías. Las estrellas de mar no resultaban del todo confiables. Al principio parecía que se iban a quedar quietas, pero resultaron ser mucho más astutas de lo que yo imaginaba. De hecho, alguna se molestó por estar apuntándola con la pistola. ¿Cómo iba a saber que era una criatura inteligente si ni siquiera tenía ombligo? Era todo demasiado confuso. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Después de tantos entrenamientos, me di cuenta de que estar tan concentrada desenfundando, recargando y moviendo mis manos en combate, había hecho que perdiera mis habilidades para mantener la vista puesta en el objetivo. Como al mismo tiempo había practicado tanto con el Haki, tan solo tenía que preocuparme por sentir a mis objetivos en lugar de mantenerlos con la mirada. Por otro lado, al pasar tanto tiempo concentrada en perfeccionar mis muchas nuevas habilidades, me di cuenta de que mi cabeza había empezado a olvidar viejos hábitos y técnicas del pasado, que eran útiles en su momento, pero que hoy resultaban casi inservibles. No es que hubiese cambiado mi estilo de pelea; es que éste había mutado. Como mi piel cuando me transformo en uno con la naturaleza.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En cuanto a mis relaciones con los lugareños, se podría decir que había acabado prácticamente integrada (aunque no pudiera mostrar mi aspecto híbrido, pero solo eran minucias). Y, aunque aquel mundo acuático no fuera algo para un ser de tierra campestre como yo, salía preparada para todos los peligros que nos pudiera deparar el Nuevo Mundo. Y yo no era la única que había estado entrenando. Todos los Alas Negras habían aprovechado muy bien su tiempo en las profundidades. Los que más habían cambiado eran Kenzo y Sasha, que estaban irreconocibles. Supongo que era lo propio, ya que cuando empezamos la aventura eran tan solo unos muchachos. Aun así, había visto el progreso de Kenzo y cómo se mataba a entrenar día tras día para luego pasar el resto del tiempo con el hocico metido en su cuaderno. Garnet también había mejorado bastante su forma física, y Triana había estado entrenando para sacarle juego a sus nuevas habilidades. Por otro lado, gracias a Sasha habíamos conseguido un buen precio para mejorar nuestro barco, y por fin teníamos una cocina a bordo para comer unas buenas gachas en condiciones. Tobías estuvo al frente de las reparaciones del barco, pero si no fuera por el excelente trabajo de supervisión que realizamos Jimba y yo, la reforma no habría podido salir adelante y, finalmente, conseguimos un galeón perfecto para navegar por el Nuevo Mundo. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El día de nuestra partida no pude ocultar mi alegría. Al fin volvería a sentir la brisa del mar, el calor del sol sobre la piel y el inconfundible canto de las aves que rondan esperando nuestra muerte. Con algo de suerte, pronto daríamos con tierra firme, y entonces podría tumbarme a respirar aire fresco mientras Jimba correteaba y escarbaba entre la hierba. Tal vez así volviera a su puesta de huevos habitual, dejando de lado el descontrol de este último año.</div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cartas <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a Yojim</span>bo</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Para Yojimbo</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Impel Down</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hola Capitán. ¿Sabías que algunos Gyojin tienen ombligo y otros no? No termino de entender cómo se multiplican. Ah, y también vi una piedra que se parecía a Jimba. Me confundí tres veces.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hoy no puso huevo. Estará estresada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">LISTA PARA EL NUEVO MUNDO</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Con todo preparado y sin ninguna tarea pendiente por hacer en aquella isla submarina, ascendimos a la superficie después de tanto tiempo. Para ello, se volvió a recubrir nuestro barco, ahora mejorado, con la capa de burbuja que nos permitía no morir ahogados. Como siempre, llevé a Jimba agarrada por las patas durante el trayecto, no fuera a ser que le entrara la curiosidad científica de ver cuántos picotazos aguantaba la burbuja antes de reventar. Cuando rompimos por fin la superficie del agua, extendí los brazos para recibir el buen clima de la superficie. Esa posición me duró poco, porque me tuve que tapar los ojos la mayor parte del tiempo hasta que me acostumbré a tener tanta luz a mi alrededor. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No sé ni cómo sucedió, pero el clima soleado se transformó rápidamente en una tormenta y de las peligrosas. No había visto una tormenta así desde aquella noche de primavera en la que desapareció mi vaca Betty y, si el clima me la quitó, podría devolvérmela en cualquier momento. Mientras el viento rugía, agitando el mar y nuestras olas, yo me paseaba por la cubierta con la vista al cielo, por si acaso veía una vaca flotando entre los rayos. Si no fuera por Tobías que estaba pendiente de que no saliera volando, ya habría caído al mar, engatusada por cantos de vaca falsos que juraría haber oído entre las olas. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Por la noche me acostumbré a dormir agarrada a Jimba, aunque no parara de revolverse y de picotear mi pelo en busca de unos piojos que ya se había comido. Intentando pillar el sueño, una noche me pareció oír a Garnet decir que se marchaba, pero yo tenía problemas mayores intentando mantener una gallina a raya. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Después de días navegando, llegamos por fin a tierra firme. Apenas pisé el suelo, me lancé de cabeza a revolcarme en la tierra gritando de alegría. Llevábamos ya un tiempo dándole vueltas a la idea de establecer una base secreta, y esa isla, aparentemente desierta, pintaba bastante bien para el plan. Estaba cubierta de vegetación espesa, por lo que era bastante probable que encontráramos algún animal extraño nunca antes visto. Me froté las manos y mandé a Jimba de vuelta al barco para cuidar de nuestras cosas. Decidimos investigar un poco los alrededores, y salvo un puñado de bichos, de matojos y de árboles, no encontré mucho más que fuera de interés. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al día siguiente de nuestra llegada, decidimos meternos un poco más a través de la selva. Me quedé cubriendo la retaguardia del grupo por si aparecía algún animal salvaje dispuesto a embestirnos, pero después de una larga caminata apartando plantas y bichos, nos topamos con una zona menos frondosa y con signos de edificación. No parecía ser una ciudad ni tener habitantes a su alrededor, así que era probable que fuera una isla abandonada. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">En todas las puertas de las instalaciones había carteles en los que ponía: “Peligro, no pasar”, cosa que no sentó muy bien a Sasha. Después de hablarlo, decidimos regresar al día siguiente para investigar la zona en profundidad. Si el nuevo mundo era tan peligroso como decían, era mejor andarse con cuidado y ser precavidos. Ese día regresamos todos al barco y, tras elaborar un buen plan —aunque mis ideas no se tomaran demasiado en consideración—, hice una minuciosa selección de qué artilugios llevarme para la misión.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras una noche bastante inquieta, llegó el día en el que intentaríamos desafiar las palabras del cartel. Después de darle la orden a Jimba para que cuidara de Sasha y del barco, me coloqué la pistola en la cartuchera de la cadera, el rifle al hombro y parte de mi arsenal privado de balas. Y, como par de diales tampoco venían mal, puse uno en cada bolsillo del pantalón. Tras ajustarme la gorra y despedirme de la semioni, miré a la gallina. – <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">No nos pasará nada, Jimba… ¿O crees que tú lo harías mejor?</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El terreno de aquella isla parecía más que fértil, y aunque el clima era cálido y húmedo, resultaba ideal para criar gallinas y establecer mis propios huertos en cuanto pudiera. Estaba decidido: teníamos que tomar esa isla en nuestro nombre, y protegería los terrenos con las balas que hiciesen falta. Cuando me quise dar cuenta, ya nos encontrábamos ante la gran puerta que nos separaba del interior de las instalaciones. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #E8769B;" class="mycode_color">Igual es un poco tarde para decir esto, pero en mi pueblo también había un cartel de “Peligro, no entrar” al lado de una charca. Resultó que era porque un mapache se nos murió dentro y el agua quedó tan podrida que el que se metía salía con tres brazos.</span></span></div>
<br />
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					Durante parte del salto temporal he usado la tranformación de mi akuma no mi.<br />
<div class='akuma_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreAkuma'>Sara Sara No Mi: Modelo Camaleon</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                    <div class='akuma_tipo'><strong id='tipoAkuma'>Zoan</strong></div>
                    <div class='akuma_rango'><strong id='rangoAkuma'>1</strong></div>
                </div>
                <p><i id='descripcionAkuma'>Permite al usuario convertirse en un camaleón y en la forma híbrida de esta.</i></p>
                <div class='akuma_spoiler' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`akuma_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
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                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Especificaciones</strong></span> <button type='button' id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

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                    <div>
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                            <p><span><i id='especificacionesAkuma'>El camaleón en su forma completa mide treinta centímetros de largo, contando de cabeza a cola, la cual lleva enrollada y llega a medir otros veinte centímetros más, y pesa un cincuenta gramos. En forma híbrida el usuario camina a dos patas, ve incrementada su altura en +1/2 de la que posea y doblará su peso. La parte superior de su cabeza, hasta la nariz incluida, será sustituida por la forma del animal, cambiando su morfología y sustituyendo su piel por una de escamas de un camaleón con las peculiaridades de este, a excepción de la mandíbula y la boca, el pecho y el vientre, conservando el pelo. Sus ojos adoptan la extraña apariencia y forma de los de un camaleón. Sus pies y manos se adaptarán uniéndose todos los dedos excepto el pulgar en uno solo, pudiendo así hacer una pinza. Le brotará una gran cola con una longitud igual a 3/4 de la altura total del usuario y adquirirá una lengua retráctil de la misma longitud, pudiendo usar ambas como armas flexibles.<br/>
<br/>Se tarda un turno completo en cambiar de una forma a otra, a menos que se tenga <strong>80 puntos en CA</strong>, cuando se puede realizar una transformación inmediata. Nunca se puede usar la transformación para esquivar un ataque de forma pasiva solo por haber cambiado de tamaño. Para la transformación híbrida se necesitan <strong>20 CA</strong> y para la completa <strong>50 CA</strong>. La transformación cuesta <strong><font color="orange">30 puntos de energía</font></strong> y, después, <strong><font color="orange">10 de energía</font></strong> por turno.</i></span></p>
                        </div>
                    </div>
                </div>

                <p><strong>Control de Akuma: </strong><span id='controlAkuma'>20 CA: Híbrida | 50 CA: Completa | 80 CA: Transformación inmediata</span></p>
                <p><strong>Ventajas: </strong><span id='ventajasAkuma'>Te otorga 2 habilidades raciales y un bono mientras estés en forma híbrida de +40 a la precisión.</span></p>
                <p><strong>Debilidades: </strong><span id='debilidadesAkuma'>Las habituales en las Akuma no mi.</span></p>

                <hr/>
                <div class='akuma_code_container'>
                    <div
                        class='akuma_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`akuma`, `Camaleon`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoAkuma'>Camaleon</span></span>
                    </div>
                </div>
            </div>
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FIC - Salto temporal] A fuego lento]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1897</link>
			<pubDate>Sun, 03 Aug 2025 11:50:54 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=34">Triana Tempesta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1897</guid>
			<description><![CDATA[Todavía recordaba nuestra huida apresurada de Sabaody y nuestra llegada a la isla Gyojin. El viaje se me hizo largo, aunque tal vez fuese la sensación asfixiante de desplazarnos por debajo del mar. Lo que más me gustaba de ir en barco era la libertad, sentir el viento en todo el cuerpo, despeinando mis cabellos y haciendo bailar mi ropa al son de nuestra bandera, las gotas de agua que saltaban de las olas hacia la cubierta del barco al chocar contra el casco, el graznido de las aves que nos adelantaban surcando el cielo. Sin embargo, en ese momento recordaba perfectamente que todo era oscuridad y silencio. Una calma siniestra que solo se veía perturbada cuando algún animal marino pasaba por nuestro lado rozando la burbuja que impedía que todos muriésemos ahogados. No iba a mentir, nunca llegué a confiar en esa burbuja, por mucho que Tobías certificase que era confiable. Mi mente trató de ser racional y sabía que era lo suficientemente resistente como para llevarnos a nuestro destino, pero la parte más irracional de mi cerebro sentía que, en cualquier momento, la burbuja iba a picharse con el más mínimo roce y nos iba a dejar a todos expuestos a las profundidades del mar, hundiéndonos sin remedio en aquel infierno húmedo y frío. Solo tenía que cerrar los ojos para recordar la sensación desagradable al ver dónde nos encontrábamos, Durante ese tiempo, preferí encerrarme en mi habitación, aunque detestaba tener que ocultarme como un caracol. Cada vez que respiraba profundamente, recordaba otra de mis preocupaciones, que se nos acabase el oxígeno. En todo ese tiempo, no llegué a comprender del todo cómo funcionaba la burbuja y nadie había planteado que esto pudiese ser un problema. Sabía que tripulaciones mucho más numerosas habían realizado el mismo camino que nosotros envueltos de la misma manera y no se habían muerto asfixiados, pero no podía dejar de pensar en cómo la burbuja era capaz de proporcionarnos el oxígeno suficiente. Todo era un asco y solo quería llegar ya a donde fuese. <br />
<br />
Cuando por fin llegamos a nuestro destino, la situación no mejoró. Algo había escuchado sobre el reino donde vivían los gyojin, sirenas y tritones, que se encontraba bajo el mar. A medida que nos aproximábamos, no solo quedaba en evidencia que aquel lugar escapaba a todas las leyes físicas que conocía, sino también su belleza. Por desgracia, no pudimos adentrarnos en su reino, aunque sí permanecer en el barco y en las afueras. La situación política era complicada, y más complicada aún era nuestra propia situación: sin capitán y recién huidos de un conflicto de cuya magnitud tampoco éramos conscientes en ese momento. Seguramente los marines ahora más que nunca Pusiesen todo su empeño en atraparnos, aunque primero tendrían que solucionar la que se había liado en Sabaody con la tremenda explosión que había hecho huir del combate al mismísimo almirante Yugu. Tampoco sabía cómo íbamos a enterarnos de las últimas noticias ahí abajo, aunque imaginaba que alguna forma habría, ya que los gyojin no vivían en la ignorancia y eran perfectamente conscientes de todo lo que ocurría en la superficie. En ese momento decidí no preocuparme por ello y centrarnos en planificar el futuro que nos esperaba. Por el momento no era nada inteligente Tomar decisiones precipitadas y tratar de continuar nuestro camino como si nada. Había muchas cosas sobre las que reflexionar, otras tantas que planificar y un largo camino por delante para mejorar nuestras habilidades antes de adentrarnos en un mundo, si cabía, más extraño y desconocido para nosotros. <br />
<br />
Tal y como imaginé, nuestro viaje se convirtió en una odisea a partir de aquel momento. Fueron muchos los momentos de charlas, entrenamientos, reflexiones y, sobre todo, crecimiento personal. Tal vez a los que más se notase este crecimiento fue a Sasha y a Kenzo, los más jóvenes de la banda. En un principio no planeamos la fecha de salida de aquel lugar, simplemente fuimos cumpliendo pequeñas metas y dejando que el tiempo transcurriese. Pasé los días entrenando, tal y como estaba acostumbrada, pero también dediqué el tiempo a diversas tareas que requerían mi atención. En primer lugar, Jolyne había mostrado un inusitado interés por el haki en todas sus vertientes. Por su habilidad con las armas de fuego podría decirse que el haki de observación era el que más podría llamar su atención, pero también parecía querer aprender sobre el haki de armamento. No iba a ser yo quien pusiese límites a sus repentinas ganas de adentrarse en el mundo del haki. Es más, me parecía perfecto que alguien como ella, tan diestra en combate, pero tan poco belicosa, Quisiera aprender nuevas formas de mejorar sus habilidades. Estaba segura de que ambos tipos de haki le serían de mucha utilidad, así que acepté sin dudar ser su mentora. Ya lo había hecho antes en Sabaody, donde le enseñé a despertar el haki de observación. Había sido una alumna peculiar, pero su esfuerzo había dado sus frutos, así que razón de más para continuar con su entrenamiento donde lo dejamos e instruirle en nuevos tipos de haki. Tal y como imaginé las sesiones de entrenamiento fueron un éxito. Jolyne se esforzaba cada día por aprender y, aunque en ocasiones me sacaba de mis casillas, obtenía buenos resultados. No considero que fuese extremadamente estricta, aunque tampoco muy original. Simplemente le pedí hacer lo primero que si me pasase por la cabeza y que creía que podía ser de ayuda para su entrenamiento. Afortunadamente, funcionó.<br />
<br />
En segundo lugar, dediqué mi tiempo libre a pasear, observar y relacionarme con la gente del lugar. Me fastidiaba no poder entrar al reino de Ryugu ya que nos había costado tanto llegar hasta allí, pero aprendí a conformarme y a tratar de disfrutar y, sobre todo, de aprender todo lo posible dentro de los límites que nos establecieron. Pensándolo bien, podría haber sido mucho peor. Podríamos no haber ni llegado a salir de Sabaody y haber acabado como Yamamura. No quería que algo así sucediera y, para ello, sabía que tenía que estar informada, al menos todo lo que pudiese estando bajo el mar. No podíamos recluirnos y pretender que éramos los únicos en el mundo, teníamos que comprender más de nuestra realidad, ser conscientes de lo que nos rodeaba, así que, sería una buena inversión de tiempo si me dedicaba a escuchar a otras personas para tratar de aprender de ellas. En ocasiones resultaba tedioso e infructuoso, pero otras veces podía llegar a ser interesante, y más aún en un lugar tan particular como en el que nos encontrábamos. Aquellos momentos me recordaron inevitablemente a mis años de camarera en el bar antes de unirme a Yamamura. Odiaba la parte de tener que aguantar borrachos, pero me gustaba la de escuchar los problemas de la gente, sus inquietudes, situaciones, aficiones… Por lo menos ahora que nadie me pagaba podía decidir a quién soportar y a quién no, aunque no es que en mi trabajo me caracterizase por ser demasiado paciente. Ahora que lo pensaba, no sabía cómo no me habían despedido. Tal vez fuese por mi gran profesionalidad o, tal vez, por mis camisas escotadas que atraían las miradas de los clientes. Quién sabía. No echaba de menos trabajar y me alegraba de poder obtener dinero de casi cualquier forma. <br />
<br />
Ese era otro de los problemas a los que tuve que dedicar algo de tiempo. Los días y las semanas pasaban, y la comida comenzó a escasear. Para colmo, ya no nos conformábamos con cualquier col cruda, como en los tiempos en los que Yamamura estaba al cargo. Ahora, gracias, o por culpa, de la habilidad culinaria de Garnet, nuestros paladares se habían acostumbrado a comidas más elaboradas y, por supuesto, sabrosas. Teníamos bastante dinero guardado en el barco, como en cualquier barco pirata que se preciase, pero no podíamos malgastarlo a lo loco y esperar que no se desvaneciera. Sasha era la que solía preocuparse más por el dinero, ya que era ella la encargada de cerrar los tratos con los comerciantes, pero no quería quedarme al margen y despreocuparme de nuestra situación económica, que era clave. Me interesé, pregunté y traté de fomentar que cada uno adquiriese su propio dinero para costear sus caprichos. Con Jolyne no era un problema, no se compraba ropa desde que tenía diez años y ni siquiera eso, parecía que vestía con la ropa de su padre o de su primo del pueblo. Por suerte los demás tampoco eran excesivamente derrochadores, así que no tuvimos demasiados problemas en ese aspecto. Para ahorrar un poco y poder comprar alimentos de calidad sin tener que gastar de nuestras arcas, solía jugar a las cartas en los bares y apostar algo de dinero. Solo lo hacía cuando sabía que la apuesta era casi segura. Me gustaba el juego, pero no regalar mi dinero. No me fue mal y esta práctica se volvió habitual. Además, también solía participar en torneos de pulsos organizados por mí misma. Con mi altura y mi aspecto era más complicado simular ser una jovencita inocente, pero siempre había algún imbécil dispuesto a ser desplumado con tal de demostrar que era el gallo más macho del corral. Odiaba pensar ya como Jolyne y utilizar sus metáforas, pero era lo que tenía pasar tanto tiempo con ella. Por lo general y gracias a nuestros hábitos poco consumistas, nuestra situación económica no fue un desastre a pesar del paso del tiempo, aunque tampoco era para echar cohetes. Visto lo visto y lo que había ocurrido en Sabaody, no se sabía nunca cuándo podríamos necesitar unos cuantos millones, así que no estaba de más tenerlos guardados por si las moscas. <br />
<br />
No tardé demasiado tiempo en confirmar esta hipótesis. Nuestro barco era espectacular, pero siempre había algún aspecto que se podía mejorar. Sasha y Tobías eran los más cualificados para valorar qué era lo que necesitaríamos del barco en nuestro viaje y lo hicieron estupendamente. Con nuestro barco podríamos llegar hasta el Nuevo Mundo, aunque debíamos minimizar los riesgos. Con el paso del tiempo nos percatamos de que a Garnet se le quedaba pequeña la cocina, si es que a lo que teníamos se le podía llamar cocina. Consistía en una encimera, un fregadero y un hornillo. Pero no solo era eso. Sasha y Tobías valoraron que Con el dinero que teníamos ahorrado podríamos mejorar más partes del barco, como el mástil, la cubierta, la proa, la popa y el casco. No tenía mucha idea de qué suponían estas mejoras, pero confiaba en su criterio, así que di el visto bueno de inmediato para realizar las reformas que mejorarían nuestro barco. Tal y como esperaba, el resultado fue satisfactorio, aunque el dinero que nos habíamos tenido que gastar era considerable. Por lo menos, estaba convencida de que valdría la pena. Todos acabaron contentos en general, especialmente Garnet, incluso si eso significaba tener que vigilar más atentamente el dinero que gastábamos. Cuando vi la cocina del barco, nada de eso me importó. Solo podía pensar en cuántos platos deliciosos podría cocinar Garnet al día para nosotros entre el desayuno, el almuerzo, la comida, la merienda y la cena, además de los postres y cócteles.<br />
<br />
Antes de que me diese cuenta, ya habían pasado varios meses en los cuales el tiempo se nos fue de las manos. Todo ocurrió demasiado rápido, de forma confusa y, a la vez, tan esclarecedora, entre cosas que no parecían importantes y otras que lo fueron sin que apenas lo percibiésemos. Uno de esos días en los que el tedio me asaltó de improviso, me dirigí a uno de los camarotes vacíos en los que guardábamos toda clase de trastos que no sabíamos dónde meter ni qué hacer con ellos. Ente estos, se encontraban algunas de las pertenencias de Aspros que dejó atrás cuando se marchó para continuar su propio camino en Momoiro. No eran gran cosa, alguna prenda de ropa, mascarillas faciales, revistas antiguas, zapatos de tacón desgastados, maquillaje usado, pinturas, folios y algunos libros. Ya lo había revisado con anterioridad para asegurarme de que no había nada de valor que pudiésemos vender, pero el muy rata no nos había dejado ni una sola pieza de joyería, tan solo bártulos que podrían pertenecer perfectamente a los años dorados de una vieja diva olvidada. No esperaba encontrar nada diferente, pero el aburrimiento y las pocas ganas de salir aquel día hicieron que me sumergiese de lleno entre las boas de plumas polvorientas en busca de algo con lo que matar el tiempo que quedaba hasta la cena. Las revistas eran curiosas, pero no eran lo suficientemente antiguas como para llamar mi atención. Eran de hacía tan solo unos años y me sonaba a haberlas leído en su momento. Los dramas que mencionaban en los titulares de la portada me eran indiferentes, pasados de moda. Lo que sí despertó mi interés fue uno de sus libros: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Manual del navegante solitario</span>. Era evidente que estaba demasiado aburrida. Me lo llevé a mi camarote y comencé a leer hasta que, sin darme cuenta, llegó la hora de cenar. Ni siquiera el olor de la comida me distrajo de la ávida lectura. No podía evitar pensar en cómo la información que leía nos podía ser de utilidad, aunque Sasha ya sería conocedora de todos esos fundamentos. Para mí se trataba de un mundo nuevo de posibilidades. Siempre había confiado en Sasha, y seguiría haciéndolo, pero no podía vitar pensar en qué pasaría si, por algún motivo nos veíamos obligados a separarnos, tal y como había ocurrido en Sabaody. Aquella experiencia me había marcado bastante. Por suerte, en ese momento pudimos reencontrarnos y seguir con nuestro camino, pero no hubiésemos sido tan afortunados me habría tocado apañarme en solitario. No me importaba, estaba segura de que podía afrontar cualquier desafío que se interpusiese en mi objetivo, pero no estaba de más tener aquel conocimiento. <br />
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Tras terminarme aquel libro no pude evitar volver aquel camarote de los desastres en busca de nuevas lecturas. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Corrientes, mareas y deriva: Control y predicción</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hidrografía práctica para navegantes</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Corrientes impredecibles y vientos del Grand Line</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Trazado de rumbos con Log Pose y Eternal Pose</span>… Todos y cada uno de los libros fueron pasando por mis manos uno a uno. Incluso busqué un hueco en mi camarote en la estantería de mis libros de medicina para guardarlos. Fue tal mi interés que un día me encontré visitando una librería y ojeando más libros nuevos de navegación. El tema me llamaba cada vez más la atención, pero el problema era que había demasiados conceptos que no comprendía del todo. Algunas ideas se me escapaban y no llegaba a comprenderlas del todo. Eso era por culpa de que los libros de Aspros eran demasiado especializados, al menos para una iniciada como yo.  Pensé que era una lástima no tenerte cerca para poder preguntarle y charlar sobre navegación hasta que me vino de inmediato Sasha a la cabeza. Hola no sabía cómo había sido tan estúpida para no caer en la cuenta de que tenía la respuesta a todas mis preguntas al alcance. Compré un par de libros más escogidos con cuidado, aquellos que creía que podía entender con más facilidad y que podrían instruirme sobre términos nuevos para no malgastar ni un solo berrie, y corrí de vuelta al barco para hablar con Sasha. A pesar de su edad, era admirable cómo había conseguido dominar el arte de la navegación. A veces podía ser bastante bruta y muchas otras veces era evidente que se trataba solo de una chica que estaba dejando atrás su adolescencia, pero, a pesar de ello, se había preocupado por cultivar su mente lo suficiente como para dominar un conocimiento tan complejo, al que había que sumarle el de su habilidad con las finanzas. Cada vez que pensaba en ella, en todos los miembros de la banda en general, me daba cuenta de que, aunque tenían sus peculiaridades, eran unos verdaderos portentos en lo suyo. <br />
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Aquellas charlas con Sasha y tardes de lectura supusieron un nuevo entretenimiento que se sumó a todas mis otras aficiones y tareas y contribuyeron a que el tiempo pasase mucho más rápido todavía. Aquella estancia temporal comenzó a alargarse de forma inesperada, lo cual nos permitió, además de continuar formándonos y entrenando, creciendo como personas y como grupo, relacionarnos entre nosotros y conocernos mucho más aún. Pasaba los días entrenando a Jolyne, leyendo libros de navegación y hablando con Sasha sobre ello, comiendo los nuevos platos que se le ocurrían a Garnet, jugando a las cartas en los bares y, como no, fijándome también en el cambio de Kenzo, el más joven de la banda. Cuando Yamamura desapareció me preocupé bastante por él. Era evidente que había sido el más afectado por su encarcelamiento y no quería que hiciese ninguna tontería. Eso habría sido algo propio del Kenzo infantil e impredecible que se unió a nosotros con la fuerza de un huracán, arrasando con todo. Pero el Kenzo que acabé teniendo ante mis ojos era muy distinto. No sé cómo ocurrió. No fue de un día para otro, pero sí que hubo un punto de inflexión en el que me fijé en él, en cómo entrenaba y se esforzaba, pero también en cómo cultivaba su mente, maduraba y, con él, también su cuerpo. Había pasado de ser un enano caza bichos hace casi un hombre hecho y derecho. Todavía le quedaba un poco más por crecer (Esperaba que no físicamente, sino mentalmente), pero su evolución era más que notable. Ahora parecía que tenía un objetivo mucho más claro en mente. Solo esperaba que todo el tiempo que pasaba con Garnet no le pasase factura y se convirtiese en una especie de baboso pervertido. Habíamos conseguido que no se convirtiese en un vengador inconsciente y suicida, así que solo quedaba esperar que la mala influencia de Garnet también se hubiese visto reducida. <br />
<br />
Por si todo aquel entretenimiento no fuese suficiente, también encontré hueco para disfrutar de pequeñas charlas con el antiguo capitán Tobías. Era el menos ruidoso, pero también el más apañado. Parecía que siempre tenía una respuesta para todo y sabía cómo actuar en cada momento. De lo que más hablábamos en el principio era del barco, quería saberlo todo sobre nuestro medio de transporte y sobre todo después de haberme he estado informando sobre navegación. Pero otro tema interesante que surgió fue el de su brazo perdido. En todo este tiempo no había necesitado su brazo de forma urgente, sabía cómo utilizar su único brazo y ser letal con él. Su habilidad con las armas de fuego y el control de su fruta le convertían en un tirador excepcional. Aun así, era una pena Desperdiciar la oportunidad de contar con una extremidad más. Eso me llevó a leer también un poco sobre cirugía. Ya lo había hecho con anterioridad, conocía algunos procedimientos y me sentía capaz de llevarlos a cabo con éxito, aunque todavía no había tenido la oportunidad. No quería experimentar con él como si fuese una cobaya humana, pero no me he paraban de rondar la mente diferentes ideas sobre las posibilidades que ofrecía ese brazo amputado. Si más adelante se daba la oportunidad, no pensaba desperdiciarla. Total, tampoco podía quedar peor de lo que estaba. Hablar con él era un gran descanso después de tener que relacionarme con algunas otras personas, como Jolyne, que podían llegar a absorber toda mi energía. <br />
<br />
De esta forma, los meses transcurrieron en un suspiro. Todo ese tiempo fue el necesario para reflexionar sobre nuestra situación y nuestros siguientes pasos. No sabía cómo, pero teníamos que ir a por Yamamura. Quería pensar que el mismo sería capaz de huir y venir a buscarnos, pero debía ser realista. Nadie escapaba de aquella prisión, así que seríamos nosotros los que derribaríamos sus paredes para rescatar a nuestro capitán. El problema era que para regresar tendríamos que continuar nuestro camino y dar la vuelta completa. Eso nos llevaría tiempo, pero no teníamos prisa. De momento, continuaríamos haciéndonos un nombre y ensalzando nuestra bandera para dejar claras nuestras intenciones de manera que, cuando nos viesen aproximarnos a Impel Down, el gobierno tendría que movilizar a todas sus tropas posibles, porque nada podría pararnos. El camino sería largo, pero no en vano. Cuando completamos nuestro entrenamiento, nuestra formación, mejoramos nuestro barco y pasó un tiempo prudencial, decidimos continuar sin mirar atrás. <br />
<br />
Nos habíamos acomodado demasiado tiempo en aquel lugar y no había sido una experiencia para nada negativa, todo lo contrario, consideraba que nos había venido bien a todos. Precisamente por ello nos costó un poco comenzar a movernos para marcharnos, pero nuestro camino debía continuar. Se lo comuniqué a los demás con tiempo para que pudiesen finalizar los asuntos que tuviesen pendientes y puse una fecha límite para emprender el rumbo hacia el Nuevo Mundo. Sasha estaba completamente preparada. Ahora sabía lo complejo que podía llegar a ser dirigir un barco como el que teníamos y más todavía en unas aguas tan intempestivas e imprevisibles. Tobías terminó de revisar el barco y todos los demás nos pusimos manos a la obra para llevar a cabo los preparativos. Una vez estuvimos de nuevo sobre el mar navegando, casi no me lo podía creer. Me resultaba incluso extraño y volví a recordar lo que se sentía dirigiéndonos rumbo a lo desconocido.<br />
<br />
En el barco intenté mantener la rutina de entrenamiento y seguir manteniendo la vida que había llevado este último año. Imaginé que durante un tiempo nuestras rutinas serían tranquilas y sin demasiados cambios, pero Garnet no tenía los mismos planes. No sé ni cómo lo hizo, fue en un abrir y cerrar de ojos, me parecía imposible que hubiese dado tiempo a nada, pero nos comunicó que iba a trabajar en algo llamado "distrito del placer". No tenía ni idea de qué era eso ni cómo o por qué había tomado la decisión, pero el nombre de ese distrito sonaba fatal. Daba la impresión de que iba a ser una especie de chulo entregando a mujeres para que diesen placer a viejos verdes. O peor, él sería el chapero que ofreciese su cuerpo a cambio de berries. Realmente no me importaba demasiado. Si le hacía ilusión, allá él. Compartía el mismo pensamiento que Yamamura, éramos libres de decidir nuestro destino, así que no le prohibiría nada a nadie. Quién sabía, incluso, tal vez, esa nueva idea que se le había metido en la cabeza a Garnet nos pudiese favorecer en algún momento. Me conformaba con que le sirviese para traer algo de dinero. Ya le preguntaría más adelante sobre el tema para asegurarme de que no hiciese una tontería que nos expusiera a todos, como la de enamorarse y mantener una relación sentimental con una marine.<br />
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No tardamos demasiado en llegar a una isla. Hacía demasiado que no nos encontrábamos en esa situación. Tras ocultar el barco en la medida de lo que era posible, pisamos por fin tierra firme. Un aspecto positivo era que parecía no haber civilización, al menos no una ciudad grande, ni siquiera un pueblo mediano. Todo lo que se veía era vegetación y lo único que se oía eran los animales salvajes y el sonido de las olas rompiendo sin demasiada fuerza. En aquel lugar, el agua del mar era especialmente claro, de color turquesa, y permitía ver con claridad algunos pequeños peces y conchas de colores. Traté de buscar algún camino marcado, pero la vegetación crecía a su ritmo, sin que pareciese perturbada por la huella humana. Eso reforzó mi idea sobre la escasez de población. Más allá de la arena, tan solo había plantas de tamaño considerable, arbustos densos, lianas enredadas, y palmeras altas. Algunas raíces sobresalían del suelo y formaban desniveles, obligándonos a caminar con cuidado. Entre los troncos, se escuchaban sonidos de animales: pájaros, insectos, quizá algún reptil pequeño moviéndose entre la maleza. Al Kenzo de hacía unos años le habría encantado y tendría entretenimiento de sobra cazando insectos pintorescos. El clima era cálido y húmedo, lo cual favorecía el crecimiento de ese tipo de plantas que nos envolvían. En el aire se podía oler la tierra mojada y la sal del mar. Pero no todo era un camino repleto de obstáculos vegetales, también había claros en los que penetraban los rayos del sol con fuerza. Garnet no tardó en decidir que sería fundamental adentrarse un poco más en busca de comida. Cada uno decidió investigar un poco por su cuenta y no me pareció mala idea. Así estaríamos entretenidos y, de paso, conoceríamos un poco más sobre aquel lugar. Por lo menos, parecía que la fauna no era peligrosa ni de gran tamaño, pero sí era abundante. Seguramente estuviésemos rodeados por miles de bichos y de alimañas.  Otra cosa que llamaba mi atención era la gran cantidad de flores de todos los colores que había por doquier. La isla era hermosa y con un halo de misterio indescriptible. Sin embargo, aquella belleza y tranquilidad parecía ocultar algo. Era  una sensación difícil de explicar, una tensión sutil tras la paz que transmitían los elementos y el mundo vegetal y animal. <br />
<br />
Tras comprobar que el sitio no parecía estar habitado y no suponía ninguna amenaza para nosotros, pasamos la noche allí antes de continuar investigando un poco más.  Durante aquella noche creí que había sido una suerte no habernos topado con una isla bajo la vigilancia del gobierno ni en la que Todo intentase matarnos, pero todavía quedaba mucho de aquel lugar por conocer. A la mañana siguiente, continuamos explorando. Quería avanzar lo más rápido posible, pero ese no era un mal Sitio para aprovisionarnos de manera gratuita de comida. Por el momento, sabíamos que había peces y frutas, Si continuamos avanzando estaba convencida de que encontraríamos algo de carne. Nos adentramos en lo más profundo de la selva con la mente abierta encontrar cualquier cosa, por lo menos yo, pero no me esperaba que en medio de aquel paraíso tropical hubiese unas instalaciones que no tenían pinta de hogar de los lugareños rodeadas por una valla metálica y repletas de carteles de advertencia en los que se podía leer “peligro no pasar”. Al verlo, suspiré. Por una parte, ya me veía extendiendo mis vacaciones un poco más. Por otra, ya estaba deseando un poco de acción. Sobre todo, me moría de ganas por saber qué era aquello. Si estaba en una isla como esta me jugaba lo que fuese a que no era legal y solo quedaban dos opciones, que fuese cosa del gobierno o de algún pirado con planes al margen del gobierno. Fuera lo que fuese, me interesaba. ¿De Verdad al responsable se le había ocurrido poner esos carteles? ¿Quién llegaba a una isla abandonada, se encontraba con unas instalaciones misteriosas y las ignoraba tan tranquilamente solo por un cartel?  Lo que estaba claro era que teníamos que prepararnos antes de actuar. Daba por hecho que todos sabíamos que íbamos a entrar ahí, lo único que teníamos que planificar era cómo y qué podíamos esperarnos para poder hacerle frente. Regresamos al barco para coger todo lo necesario. Guardé todos mis botiquines, mis armas y mis objetos personales. Todos los demás parecían tener la misma curiosidad y no se negaron a investigar las instalaciones. No podíamos dejar nuestro barco solo si queríamos salir de allí en algún momento, así que Sasha se ofreció a cuidarlo mientras nosotros poníamos en marcha nuestro plan. Era bastante sencillo ya simple, ya que no sabíamos a qué nos enfrentábamos. El sigilo no era lo nuestro y tampoco iba a ser muy posible si lo que debíamos hacer para entrar era derribar una puerta metálica. Una vez dentro, Nos tocaría revalorar la situación de forma rápida dependiendo de lo que nos encontrásemos. ¿Habría Gente dentro trabajando? ¿Cuántas personas?  ¿Se trataría de una instalación abandonada? ¿Sería una sala amplia o con pasillos que nos hiciesen dividirnos? Ya solo de pensar en todo ello notaba que me hervía la sangre de la emoción. Era una pena que Sasha no hubiese venido, podría haber derribado la puerta en su forma de dinosaurio y sería la más emocionada de todos, pero vigilar el barco también era una tarea importante y con sus riesgos especialmente si se hacía en solitario. <br />
<br />
Una vez nos encontramos todos delante de lo que parecía una de las puertas de las instalaciones, les miré para asegurarme de que estuviesen listos. Todos estábamos decididos, especialmente Garnet y Kenzo. Sus ojos brillaban de determinación. Sabía que ellos dos eran los que más se habían esforzado con sus entrenamientos, especialmente Kenzo. Los frutos de su esfuerzo eran evidentes, y Garnet había participado activamente en ello.  Se habían vuelto uña y carne en este último año. ¿Qué mejor momento que este para mostrar sus habilidades y su compenetración? —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Vamos allá. Garnet, Kenzo, haced los honores</span></span> —dije señalándoles la puerta con la barbilla. Eso bastaría para que supieran qué tenían que hacer con aquella puerta, el obstáculo que se interponía entre nosotros y nuestro destino.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Todavía recordaba nuestra huida apresurada de Sabaody y nuestra llegada a la isla Gyojin. El viaje se me hizo largo, aunque tal vez fuese la sensación asfixiante de desplazarnos por debajo del mar. Lo que más me gustaba de ir en barco era la libertad, sentir el viento en todo el cuerpo, despeinando mis cabellos y haciendo bailar mi ropa al son de nuestra bandera, las gotas de agua que saltaban de las olas hacia la cubierta del barco al chocar contra el casco, el graznido de las aves que nos adelantaban surcando el cielo. Sin embargo, en ese momento recordaba perfectamente que todo era oscuridad y silencio. Una calma siniestra que solo se veía perturbada cuando algún animal marino pasaba por nuestro lado rozando la burbuja que impedía que todos muriésemos ahogados. No iba a mentir, nunca llegué a confiar en esa burbuja, por mucho que Tobías certificase que era confiable. Mi mente trató de ser racional y sabía que era lo suficientemente resistente como para llevarnos a nuestro destino, pero la parte más irracional de mi cerebro sentía que, en cualquier momento, la burbuja iba a picharse con el más mínimo roce y nos iba a dejar a todos expuestos a las profundidades del mar, hundiéndonos sin remedio en aquel infierno húmedo y frío. Solo tenía que cerrar los ojos para recordar la sensación desagradable al ver dónde nos encontrábamos, Durante ese tiempo, preferí encerrarme en mi habitación, aunque detestaba tener que ocultarme como un caracol. Cada vez que respiraba profundamente, recordaba otra de mis preocupaciones, que se nos acabase el oxígeno. En todo ese tiempo, no llegué a comprender del todo cómo funcionaba la burbuja y nadie había planteado que esto pudiese ser un problema. Sabía que tripulaciones mucho más numerosas habían realizado el mismo camino que nosotros envueltos de la misma manera y no se habían muerto asfixiados, pero no podía dejar de pensar en cómo la burbuja era capaz de proporcionarnos el oxígeno suficiente. Todo era un asco y solo quería llegar ya a donde fuese. <br />
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Cuando por fin llegamos a nuestro destino, la situación no mejoró. Algo había escuchado sobre el reino donde vivían los gyojin, sirenas y tritones, que se encontraba bajo el mar. A medida que nos aproximábamos, no solo quedaba en evidencia que aquel lugar escapaba a todas las leyes físicas que conocía, sino también su belleza. Por desgracia, no pudimos adentrarnos en su reino, aunque sí permanecer en el barco y en las afueras. La situación política era complicada, y más complicada aún era nuestra propia situación: sin capitán y recién huidos de un conflicto de cuya magnitud tampoco éramos conscientes en ese momento. Seguramente los marines ahora más que nunca Pusiesen todo su empeño en atraparnos, aunque primero tendrían que solucionar la que se había liado en Sabaody con la tremenda explosión que había hecho huir del combate al mismísimo almirante Yugu. Tampoco sabía cómo íbamos a enterarnos de las últimas noticias ahí abajo, aunque imaginaba que alguna forma habría, ya que los gyojin no vivían en la ignorancia y eran perfectamente conscientes de todo lo que ocurría en la superficie. En ese momento decidí no preocuparme por ello y centrarnos en planificar el futuro que nos esperaba. Por el momento no era nada inteligente Tomar decisiones precipitadas y tratar de continuar nuestro camino como si nada. Había muchas cosas sobre las que reflexionar, otras tantas que planificar y un largo camino por delante para mejorar nuestras habilidades antes de adentrarnos en un mundo, si cabía, más extraño y desconocido para nosotros. <br />
<br />
Tal y como imaginé, nuestro viaje se convirtió en una odisea a partir de aquel momento. Fueron muchos los momentos de charlas, entrenamientos, reflexiones y, sobre todo, crecimiento personal. Tal vez a los que más se notase este crecimiento fue a Sasha y a Kenzo, los más jóvenes de la banda. En un principio no planeamos la fecha de salida de aquel lugar, simplemente fuimos cumpliendo pequeñas metas y dejando que el tiempo transcurriese. Pasé los días entrenando, tal y como estaba acostumbrada, pero también dediqué el tiempo a diversas tareas que requerían mi atención. En primer lugar, Jolyne había mostrado un inusitado interés por el haki en todas sus vertientes. Por su habilidad con las armas de fuego podría decirse que el haki de observación era el que más podría llamar su atención, pero también parecía querer aprender sobre el haki de armamento. No iba a ser yo quien pusiese límites a sus repentinas ganas de adentrarse en el mundo del haki. Es más, me parecía perfecto que alguien como ella, tan diestra en combate, pero tan poco belicosa, Quisiera aprender nuevas formas de mejorar sus habilidades. Estaba segura de que ambos tipos de haki le serían de mucha utilidad, así que acepté sin dudar ser su mentora. Ya lo había hecho antes en Sabaody, donde le enseñé a despertar el haki de observación. Había sido una alumna peculiar, pero su esfuerzo había dado sus frutos, así que razón de más para continuar con su entrenamiento donde lo dejamos e instruirle en nuevos tipos de haki. Tal y como imaginé las sesiones de entrenamiento fueron un éxito. Jolyne se esforzaba cada día por aprender y, aunque en ocasiones me sacaba de mis casillas, obtenía buenos resultados. No considero que fuese extremadamente estricta, aunque tampoco muy original. Simplemente le pedí hacer lo primero que si me pasase por la cabeza y que creía que podía ser de ayuda para su entrenamiento. Afortunadamente, funcionó.<br />
<br />
En segundo lugar, dediqué mi tiempo libre a pasear, observar y relacionarme con la gente del lugar. Me fastidiaba no poder entrar al reino de Ryugu ya que nos había costado tanto llegar hasta allí, pero aprendí a conformarme y a tratar de disfrutar y, sobre todo, de aprender todo lo posible dentro de los límites que nos establecieron. Pensándolo bien, podría haber sido mucho peor. Podríamos no haber ni llegado a salir de Sabaody y haber acabado como Yamamura. No quería que algo así sucediera y, para ello, sabía que tenía que estar informada, al menos todo lo que pudiese estando bajo el mar. No podíamos recluirnos y pretender que éramos los únicos en el mundo, teníamos que comprender más de nuestra realidad, ser conscientes de lo que nos rodeaba, así que, sería una buena inversión de tiempo si me dedicaba a escuchar a otras personas para tratar de aprender de ellas. En ocasiones resultaba tedioso e infructuoso, pero otras veces podía llegar a ser interesante, y más aún en un lugar tan particular como en el que nos encontrábamos. Aquellos momentos me recordaron inevitablemente a mis años de camarera en el bar antes de unirme a Yamamura. Odiaba la parte de tener que aguantar borrachos, pero me gustaba la de escuchar los problemas de la gente, sus inquietudes, situaciones, aficiones… Por lo menos ahora que nadie me pagaba podía decidir a quién soportar y a quién no, aunque no es que en mi trabajo me caracterizase por ser demasiado paciente. Ahora que lo pensaba, no sabía cómo no me habían despedido. Tal vez fuese por mi gran profesionalidad o, tal vez, por mis camisas escotadas que atraían las miradas de los clientes. Quién sabía. No echaba de menos trabajar y me alegraba de poder obtener dinero de casi cualquier forma. <br />
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Ese era otro de los problemas a los que tuve que dedicar algo de tiempo. Los días y las semanas pasaban, y la comida comenzó a escasear. Para colmo, ya no nos conformábamos con cualquier col cruda, como en los tiempos en los que Yamamura estaba al cargo. Ahora, gracias, o por culpa, de la habilidad culinaria de Garnet, nuestros paladares se habían acostumbrado a comidas más elaboradas y, por supuesto, sabrosas. Teníamos bastante dinero guardado en el barco, como en cualquier barco pirata que se preciase, pero no podíamos malgastarlo a lo loco y esperar que no se desvaneciera. Sasha era la que solía preocuparse más por el dinero, ya que era ella la encargada de cerrar los tratos con los comerciantes, pero no quería quedarme al margen y despreocuparme de nuestra situación económica, que era clave. Me interesé, pregunté y traté de fomentar que cada uno adquiriese su propio dinero para costear sus caprichos. Con Jolyne no era un problema, no se compraba ropa desde que tenía diez años y ni siquiera eso, parecía que vestía con la ropa de su padre o de su primo del pueblo. Por suerte los demás tampoco eran excesivamente derrochadores, así que no tuvimos demasiados problemas en ese aspecto. Para ahorrar un poco y poder comprar alimentos de calidad sin tener que gastar de nuestras arcas, solía jugar a las cartas en los bares y apostar algo de dinero. Solo lo hacía cuando sabía que la apuesta era casi segura. Me gustaba el juego, pero no regalar mi dinero. No me fue mal y esta práctica se volvió habitual. Además, también solía participar en torneos de pulsos organizados por mí misma. Con mi altura y mi aspecto era más complicado simular ser una jovencita inocente, pero siempre había algún imbécil dispuesto a ser desplumado con tal de demostrar que era el gallo más macho del corral. Odiaba pensar ya como Jolyne y utilizar sus metáforas, pero era lo que tenía pasar tanto tiempo con ella. Por lo general y gracias a nuestros hábitos poco consumistas, nuestra situación económica no fue un desastre a pesar del paso del tiempo, aunque tampoco era para echar cohetes. Visto lo visto y lo que había ocurrido en Sabaody, no se sabía nunca cuándo podríamos necesitar unos cuantos millones, así que no estaba de más tenerlos guardados por si las moscas. <br />
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No tardé demasiado tiempo en confirmar esta hipótesis. Nuestro barco era espectacular, pero siempre había algún aspecto que se podía mejorar. Sasha y Tobías eran los más cualificados para valorar qué era lo que necesitaríamos del barco en nuestro viaje y lo hicieron estupendamente. Con nuestro barco podríamos llegar hasta el Nuevo Mundo, aunque debíamos minimizar los riesgos. Con el paso del tiempo nos percatamos de que a Garnet se le quedaba pequeña la cocina, si es que a lo que teníamos se le podía llamar cocina. Consistía en una encimera, un fregadero y un hornillo. Pero no solo era eso. Sasha y Tobías valoraron que Con el dinero que teníamos ahorrado podríamos mejorar más partes del barco, como el mástil, la cubierta, la proa, la popa y el casco. No tenía mucha idea de qué suponían estas mejoras, pero confiaba en su criterio, así que di el visto bueno de inmediato para realizar las reformas que mejorarían nuestro barco. Tal y como esperaba, el resultado fue satisfactorio, aunque el dinero que nos habíamos tenido que gastar era considerable. Por lo menos, estaba convencida de que valdría la pena. Todos acabaron contentos en general, especialmente Garnet, incluso si eso significaba tener que vigilar más atentamente el dinero que gastábamos. Cuando vi la cocina del barco, nada de eso me importó. Solo podía pensar en cuántos platos deliciosos podría cocinar Garnet al día para nosotros entre el desayuno, el almuerzo, la comida, la merienda y la cena, además de los postres y cócteles.<br />
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Antes de que me diese cuenta, ya habían pasado varios meses en los cuales el tiempo se nos fue de las manos. Todo ocurrió demasiado rápido, de forma confusa y, a la vez, tan esclarecedora, entre cosas que no parecían importantes y otras que lo fueron sin que apenas lo percibiésemos. Uno de esos días en los que el tedio me asaltó de improviso, me dirigí a uno de los camarotes vacíos en los que guardábamos toda clase de trastos que no sabíamos dónde meter ni qué hacer con ellos. Ente estos, se encontraban algunas de las pertenencias de Aspros que dejó atrás cuando se marchó para continuar su propio camino en Momoiro. No eran gran cosa, alguna prenda de ropa, mascarillas faciales, revistas antiguas, zapatos de tacón desgastados, maquillaje usado, pinturas, folios y algunos libros. Ya lo había revisado con anterioridad para asegurarme de que no había nada de valor que pudiésemos vender, pero el muy rata no nos había dejado ni una sola pieza de joyería, tan solo bártulos que podrían pertenecer perfectamente a los años dorados de una vieja diva olvidada. No esperaba encontrar nada diferente, pero el aburrimiento y las pocas ganas de salir aquel día hicieron que me sumergiese de lleno entre las boas de plumas polvorientas en busca de algo con lo que matar el tiempo que quedaba hasta la cena. Las revistas eran curiosas, pero no eran lo suficientemente antiguas como para llamar mi atención. Eran de hacía tan solo unos años y me sonaba a haberlas leído en su momento. Los dramas que mencionaban en los titulares de la portada me eran indiferentes, pasados de moda. Lo que sí despertó mi interés fue uno de sus libros: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Manual del navegante solitario</span>. Era evidente que estaba demasiado aburrida. Me lo llevé a mi camarote y comencé a leer hasta que, sin darme cuenta, llegó la hora de cenar. Ni siquiera el olor de la comida me distrajo de la ávida lectura. No podía evitar pensar en cómo la información que leía nos podía ser de utilidad, aunque Sasha ya sería conocedora de todos esos fundamentos. Para mí se trataba de un mundo nuevo de posibilidades. Siempre había confiado en Sasha, y seguiría haciéndolo, pero no podía vitar pensar en qué pasaría si, por algún motivo nos veíamos obligados a separarnos, tal y como había ocurrido en Sabaody. Aquella experiencia me había marcado bastante. Por suerte, en ese momento pudimos reencontrarnos y seguir con nuestro camino, pero no hubiésemos sido tan afortunados me habría tocado apañarme en solitario. No me importaba, estaba segura de que podía afrontar cualquier desafío que se interpusiese en mi objetivo, pero no estaba de más tener aquel conocimiento. <br />
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Tras terminarme aquel libro no pude evitar volver aquel camarote de los desastres en busca de nuevas lecturas. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Corrientes, mareas y deriva: Control y predicción</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hidrografía práctica para navegantes</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Corrientes impredecibles y vientos del Grand Line</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Trazado de rumbos con Log Pose y Eternal Pose</span>… Todos y cada uno de los libros fueron pasando por mis manos uno a uno. Incluso busqué un hueco en mi camarote en la estantería de mis libros de medicina para guardarlos. Fue tal mi interés que un día me encontré visitando una librería y ojeando más libros nuevos de navegación. El tema me llamaba cada vez más la atención, pero el problema era que había demasiados conceptos que no comprendía del todo. Algunas ideas se me escapaban y no llegaba a comprenderlas del todo. Eso era por culpa de que los libros de Aspros eran demasiado especializados, al menos para una iniciada como yo.  Pensé que era una lástima no tenerte cerca para poder preguntarle y charlar sobre navegación hasta que me vino de inmediato Sasha a la cabeza. Hola no sabía cómo había sido tan estúpida para no caer en la cuenta de que tenía la respuesta a todas mis preguntas al alcance. Compré un par de libros más escogidos con cuidado, aquellos que creía que podía entender con más facilidad y que podrían instruirme sobre términos nuevos para no malgastar ni un solo berrie, y corrí de vuelta al barco para hablar con Sasha. A pesar de su edad, era admirable cómo había conseguido dominar el arte de la navegación. A veces podía ser bastante bruta y muchas otras veces era evidente que se trataba solo de una chica que estaba dejando atrás su adolescencia, pero, a pesar de ello, se había preocupado por cultivar su mente lo suficiente como para dominar un conocimiento tan complejo, al que había que sumarle el de su habilidad con las finanzas. Cada vez que pensaba en ella, en todos los miembros de la banda en general, me daba cuenta de que, aunque tenían sus peculiaridades, eran unos verdaderos portentos en lo suyo. <br />
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Aquellas charlas con Sasha y tardes de lectura supusieron un nuevo entretenimiento que se sumó a todas mis otras aficiones y tareas y contribuyeron a que el tiempo pasase mucho más rápido todavía. Aquella estancia temporal comenzó a alargarse de forma inesperada, lo cual nos permitió, además de continuar formándonos y entrenando, creciendo como personas y como grupo, relacionarnos entre nosotros y conocernos mucho más aún. Pasaba los días entrenando a Jolyne, leyendo libros de navegación y hablando con Sasha sobre ello, comiendo los nuevos platos que se le ocurrían a Garnet, jugando a las cartas en los bares y, como no, fijándome también en el cambio de Kenzo, el más joven de la banda. Cuando Yamamura desapareció me preocupé bastante por él. Era evidente que había sido el más afectado por su encarcelamiento y no quería que hiciese ninguna tontería. Eso habría sido algo propio del Kenzo infantil e impredecible que se unió a nosotros con la fuerza de un huracán, arrasando con todo. Pero el Kenzo que acabé teniendo ante mis ojos era muy distinto. No sé cómo ocurrió. No fue de un día para otro, pero sí que hubo un punto de inflexión en el que me fijé en él, en cómo entrenaba y se esforzaba, pero también en cómo cultivaba su mente, maduraba y, con él, también su cuerpo. Había pasado de ser un enano caza bichos hace casi un hombre hecho y derecho. Todavía le quedaba un poco más por crecer (Esperaba que no físicamente, sino mentalmente), pero su evolución era más que notable. Ahora parecía que tenía un objetivo mucho más claro en mente. Solo esperaba que todo el tiempo que pasaba con Garnet no le pasase factura y se convirtiese en una especie de baboso pervertido. Habíamos conseguido que no se convirtiese en un vengador inconsciente y suicida, así que solo quedaba esperar que la mala influencia de Garnet también se hubiese visto reducida. <br />
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Por si todo aquel entretenimiento no fuese suficiente, también encontré hueco para disfrutar de pequeñas charlas con el antiguo capitán Tobías. Era el menos ruidoso, pero también el más apañado. Parecía que siempre tenía una respuesta para todo y sabía cómo actuar en cada momento. De lo que más hablábamos en el principio era del barco, quería saberlo todo sobre nuestro medio de transporte y sobre todo después de haberme he estado informando sobre navegación. Pero otro tema interesante que surgió fue el de su brazo perdido. En todo este tiempo no había necesitado su brazo de forma urgente, sabía cómo utilizar su único brazo y ser letal con él. Su habilidad con las armas de fuego y el control de su fruta le convertían en un tirador excepcional. Aun así, era una pena Desperdiciar la oportunidad de contar con una extremidad más. Eso me llevó a leer también un poco sobre cirugía. Ya lo había hecho con anterioridad, conocía algunos procedimientos y me sentía capaz de llevarlos a cabo con éxito, aunque todavía no había tenido la oportunidad. No quería experimentar con él como si fuese una cobaya humana, pero no me he paraban de rondar la mente diferentes ideas sobre las posibilidades que ofrecía ese brazo amputado. Si más adelante se daba la oportunidad, no pensaba desperdiciarla. Total, tampoco podía quedar peor de lo que estaba. Hablar con él era un gran descanso después de tener que relacionarme con algunas otras personas, como Jolyne, que podían llegar a absorber toda mi energía. <br />
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De esta forma, los meses transcurrieron en un suspiro. Todo ese tiempo fue el necesario para reflexionar sobre nuestra situación y nuestros siguientes pasos. No sabía cómo, pero teníamos que ir a por Yamamura. Quería pensar que el mismo sería capaz de huir y venir a buscarnos, pero debía ser realista. Nadie escapaba de aquella prisión, así que seríamos nosotros los que derribaríamos sus paredes para rescatar a nuestro capitán. El problema era que para regresar tendríamos que continuar nuestro camino y dar la vuelta completa. Eso nos llevaría tiempo, pero no teníamos prisa. De momento, continuaríamos haciéndonos un nombre y ensalzando nuestra bandera para dejar claras nuestras intenciones de manera que, cuando nos viesen aproximarnos a Impel Down, el gobierno tendría que movilizar a todas sus tropas posibles, porque nada podría pararnos. El camino sería largo, pero no en vano. Cuando completamos nuestro entrenamiento, nuestra formación, mejoramos nuestro barco y pasó un tiempo prudencial, decidimos continuar sin mirar atrás. <br />
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Nos habíamos acomodado demasiado tiempo en aquel lugar y no había sido una experiencia para nada negativa, todo lo contrario, consideraba que nos había venido bien a todos. Precisamente por ello nos costó un poco comenzar a movernos para marcharnos, pero nuestro camino debía continuar. Se lo comuniqué a los demás con tiempo para que pudiesen finalizar los asuntos que tuviesen pendientes y puse una fecha límite para emprender el rumbo hacia el Nuevo Mundo. Sasha estaba completamente preparada. Ahora sabía lo complejo que podía llegar a ser dirigir un barco como el que teníamos y más todavía en unas aguas tan intempestivas e imprevisibles. Tobías terminó de revisar el barco y todos los demás nos pusimos manos a la obra para llevar a cabo los preparativos. Una vez estuvimos de nuevo sobre el mar navegando, casi no me lo podía creer. Me resultaba incluso extraño y volví a recordar lo que se sentía dirigiéndonos rumbo a lo desconocido.<br />
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En el barco intenté mantener la rutina de entrenamiento y seguir manteniendo la vida que había llevado este último año. Imaginé que durante un tiempo nuestras rutinas serían tranquilas y sin demasiados cambios, pero Garnet no tenía los mismos planes. No sé ni cómo lo hizo, fue en un abrir y cerrar de ojos, me parecía imposible que hubiese dado tiempo a nada, pero nos comunicó que iba a trabajar en algo llamado "distrito del placer". No tenía ni idea de qué era eso ni cómo o por qué había tomado la decisión, pero el nombre de ese distrito sonaba fatal. Daba la impresión de que iba a ser una especie de chulo entregando a mujeres para que diesen placer a viejos verdes. O peor, él sería el chapero que ofreciese su cuerpo a cambio de berries. Realmente no me importaba demasiado. Si le hacía ilusión, allá él. Compartía el mismo pensamiento que Yamamura, éramos libres de decidir nuestro destino, así que no le prohibiría nada a nadie. Quién sabía, incluso, tal vez, esa nueva idea que se le había metido en la cabeza a Garnet nos pudiese favorecer en algún momento. Me conformaba con que le sirviese para traer algo de dinero. Ya le preguntaría más adelante sobre el tema para asegurarme de que no hiciese una tontería que nos expusiera a todos, como la de enamorarse y mantener una relación sentimental con una marine.<br />
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No tardamos demasiado en llegar a una isla. Hacía demasiado que no nos encontrábamos en esa situación. Tras ocultar el barco en la medida de lo que era posible, pisamos por fin tierra firme. Un aspecto positivo era que parecía no haber civilización, al menos no una ciudad grande, ni siquiera un pueblo mediano. Todo lo que se veía era vegetación y lo único que se oía eran los animales salvajes y el sonido de las olas rompiendo sin demasiada fuerza. En aquel lugar, el agua del mar era especialmente claro, de color turquesa, y permitía ver con claridad algunos pequeños peces y conchas de colores. Traté de buscar algún camino marcado, pero la vegetación crecía a su ritmo, sin que pareciese perturbada por la huella humana. Eso reforzó mi idea sobre la escasez de población. Más allá de la arena, tan solo había plantas de tamaño considerable, arbustos densos, lianas enredadas, y palmeras altas. Algunas raíces sobresalían del suelo y formaban desniveles, obligándonos a caminar con cuidado. Entre los troncos, se escuchaban sonidos de animales: pájaros, insectos, quizá algún reptil pequeño moviéndose entre la maleza. Al Kenzo de hacía unos años le habría encantado y tendría entretenimiento de sobra cazando insectos pintorescos. El clima era cálido y húmedo, lo cual favorecía el crecimiento de ese tipo de plantas que nos envolvían. En el aire se podía oler la tierra mojada y la sal del mar. Pero no todo era un camino repleto de obstáculos vegetales, también había claros en los que penetraban los rayos del sol con fuerza. Garnet no tardó en decidir que sería fundamental adentrarse un poco más en busca de comida. Cada uno decidió investigar un poco por su cuenta y no me pareció mala idea. Así estaríamos entretenidos y, de paso, conoceríamos un poco más sobre aquel lugar. Por lo menos, parecía que la fauna no era peligrosa ni de gran tamaño, pero sí era abundante. Seguramente estuviésemos rodeados por miles de bichos y de alimañas.  Otra cosa que llamaba mi atención era la gran cantidad de flores de todos los colores que había por doquier. La isla era hermosa y con un halo de misterio indescriptible. Sin embargo, aquella belleza y tranquilidad parecía ocultar algo. Era  una sensación difícil de explicar, una tensión sutil tras la paz que transmitían los elementos y el mundo vegetal y animal. <br />
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Tras comprobar que el sitio no parecía estar habitado y no suponía ninguna amenaza para nosotros, pasamos la noche allí antes de continuar investigando un poco más.  Durante aquella noche creí que había sido una suerte no habernos topado con una isla bajo la vigilancia del gobierno ni en la que Todo intentase matarnos, pero todavía quedaba mucho de aquel lugar por conocer. A la mañana siguiente, continuamos explorando. Quería avanzar lo más rápido posible, pero ese no era un mal Sitio para aprovisionarnos de manera gratuita de comida. Por el momento, sabíamos que había peces y frutas, Si continuamos avanzando estaba convencida de que encontraríamos algo de carne. Nos adentramos en lo más profundo de la selva con la mente abierta encontrar cualquier cosa, por lo menos yo, pero no me esperaba que en medio de aquel paraíso tropical hubiese unas instalaciones que no tenían pinta de hogar de los lugareños rodeadas por una valla metálica y repletas de carteles de advertencia en los que se podía leer “peligro no pasar”. Al verlo, suspiré. Por una parte, ya me veía extendiendo mis vacaciones un poco más. Por otra, ya estaba deseando un poco de acción. Sobre todo, me moría de ganas por saber qué era aquello. Si estaba en una isla como esta me jugaba lo que fuese a que no era legal y solo quedaban dos opciones, que fuese cosa del gobierno o de algún pirado con planes al margen del gobierno. Fuera lo que fuese, me interesaba. ¿De Verdad al responsable se le había ocurrido poner esos carteles? ¿Quién llegaba a una isla abandonada, se encontraba con unas instalaciones misteriosas y las ignoraba tan tranquilamente solo por un cartel?  Lo que estaba claro era que teníamos que prepararnos antes de actuar. Daba por hecho que todos sabíamos que íbamos a entrar ahí, lo único que teníamos que planificar era cómo y qué podíamos esperarnos para poder hacerle frente. Regresamos al barco para coger todo lo necesario. Guardé todos mis botiquines, mis armas y mis objetos personales. Todos los demás parecían tener la misma curiosidad y no se negaron a investigar las instalaciones. No podíamos dejar nuestro barco solo si queríamos salir de allí en algún momento, así que Sasha se ofreció a cuidarlo mientras nosotros poníamos en marcha nuestro plan. Era bastante sencillo ya simple, ya que no sabíamos a qué nos enfrentábamos. El sigilo no era lo nuestro y tampoco iba a ser muy posible si lo que debíamos hacer para entrar era derribar una puerta metálica. Una vez dentro, Nos tocaría revalorar la situación de forma rápida dependiendo de lo que nos encontrásemos. ¿Habría Gente dentro trabajando? ¿Cuántas personas?  ¿Se trataría de una instalación abandonada? ¿Sería una sala amplia o con pasillos que nos hiciesen dividirnos? Ya solo de pensar en todo ello notaba que me hervía la sangre de la emoción. Era una pena que Sasha no hubiese venido, podría haber derribado la puerta en su forma de dinosaurio y sería la más emocionada de todos, pero vigilar el barco también era una tarea importante y con sus riesgos especialmente si se hacía en solitario. <br />
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Una vez nos encontramos todos delante de lo que parecía una de las puertas de las instalaciones, les miré para asegurarme de que estuviesen listos. Todos estábamos decididos, especialmente Garnet y Kenzo. Sus ojos brillaban de determinación. Sabía que ellos dos eran los que más se habían esforzado con sus entrenamientos, especialmente Kenzo. Los frutos de su esfuerzo eran evidentes, y Garnet había participado activamente en ello.  Se habían vuelto uña y carne en este último año. ¿Qué mejor momento que este para mostrar sus habilidades y su compenetración? —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Vamos allá. Garnet, Kenzo, haced los honores</span></span> —dije señalándoles la puerta con la barbilla. Eso bastaría para que supieran qué tenían que hacer con aquella puerta, el obstáculo que se interponía entre nosotros y nuestro destino.]]></content:encoded>
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			<title><![CDATA[[FIC - Salto temporal] La calma que precede a la tormenta.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1896</link>
			<pubDate>Sun, 03 Aug 2025 10:57:34 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=43">Tobias Murray</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="600" height="80" src="https://www.youtube.com/embed/7ACFtqqKc-s?si=tRZx6kvXi5ygbPN-" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
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A todos los miembros de los Alas Negras les convenía un merecido descanso tras la intensa aventura en el archipiélago Sabaody. Tras una larga estancia, decidieron permanecer un tiempo indefinido, pues tenía diversos quehaceres, el más común, hacerse más fuertes. Tobías estaba de acuerdo con aquellas “vacaciones” casi obligatorias, todos habían sufrido lo suyo y estaban deseando asimilar la experiencia ganada. Por su parte, el vaquero se aisló bastante en sus dominios, tenía una misión que ansiaba enfrentar. Tras la entrada triunfal al archipiélago Sabaody, con el Tango de la Sultana haciendo aguas, Tobías tenía la obligación de reforzar y asegurar la integridad de su actual navío. Las aguas del Grand Line cada vez eran más bravas e impredecibles, todo refuerzo y mejora sería más que necesario para seguir navegando con tranquilidad. Su rutina tenía pocas localizaciones, su habitación, que hacía la función de estudio, y tres establecimientos de la isla submarina, una serrería, el mercado de artesanos y la granja de seabrays. Cada mañana salía temprano hacia el distrito Gyiojin, Primera parada en la granja para sacar a pasear a Perdigón, un seabray al que el pistolero había cogido cariño desde su primera visita al lugar. Los seabrays eran unos caballitos, más bien burritos, de mar, de unos tres metros y medio de largo o alto, según se vea. Los lugareños los utilizaban como montura o como bestias de carga, atando carros a su espalda. El carpintero solía ir a darles de comer y le daba unas monedas a la propietaria de la granja, Belma, una gyojin pez luna encantadora, a cambio de prestarle a Perdigón y un carro para transportar la ingente cantidad de tablones que necesitaba para trabajar en el galeón. Podría haberse ayudado de su poder para transportar todo, pero no quería llamar la atención, lo mejor era pasar desapercibido. Poco a poco, día a día, Tobías reunió la madera necesaria y dejó de atarle el carro a Perdigón para montar en él y visitar el mercado de artesanos, donde solía encontrar gran variedad de herramientas, materiales raros y algún que otro tesorillo. Cada día, aquella plaza era un mundo nuevo, a muchos de los mercaderes solo los vio una vez a lo largo de toda su estancia en la isla. <br />
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						<span>Perdigón</span>
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			</div><br />
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Entre viajes al distrito Gyojin, Tobías comenzó reforzando los tres mástiles con láminas de la madera más dura que había en la única serrería del lugar. Al tener el monopolio, sus precios eran bastante elevados, pero solo hizo falta una visita de Sasha para ajustar el precio de por vida. Si alguna vez trataban de aumentar el valor, el vaquero solo tenía que amenazarlos con llamar a su sobrina para que entraran en razón sin rechistar. Esa tarea fue la más ágil y sencilla, montado en su andamio (una tabla flotante), armado con su fiel martillo y un porrón de clavos, fue rodeando de abajo a arriba toda la superficie de los tres palos ajustando cada uno de los tablones adaptados a la curvatura. La cubierta, en cambio, le tomó bastante más tiempo por su basta extensión. Aprovechó para añadir unas cuantas luces más al escenario de Garnet y también un cañón de llamas y humo. Muchas horas cortando, puliendo, hidratando y barnizando madera, esa rutina sería tediosa para cualquiera menos para Tobías. Su perfeccionismo y su incapacidad para aplaudir, resultaba en tiempo de más para el proceso, pero le encantaba lo que hacía y se pegó casi dos meses para terminar de reforzar la cubierta, pero había merecido la pena el esfuerzo. Le quedaba robustecer proa, popa y casco. Eso sí que iba a tomar tiempo, además de requerir, obligatoriamente, sacar el galeón del mar y llevarlo a marina seca para poder trabajar. Eso también costó un pico, que hubiera sido mucho más sin la intervención de su sobrina. Tres meses largos, pero necesarios, para rematar el trabajo. Dar la curva perfecta a los tablones, aislar bien, puzzles complejos y mucha paciencia, pues era la primera vez que hacía algo así. No solo recubrió con una delgada capa de sura madera el casco por fuera, por dentro si que se permitió el lujo de usar un grosor mayor, pues no interferiría con la línea original exterior, la cual era crucial para reducir la fricción con el agua. La quilla era el alma del navío, así que se esmeró de más para que quedara protegida sin desdibujar su silueta original. Tras el fino trabajo, el Solar Karma regresó a su medio natural, mostrando, con orgullo, que su estabilidad y flotabilidad no habían empeorado ni un ápice, al revés, parecía más estable que nunca. Todo un reto que inundó, irónicamente, las mejillas del carpintero con dulces lágrimas. El viaje de vuelta a la bahía donde atracaban el galeón, confirmó que éste estaba en su mejor momento. <br />
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Después de ese casi medio año, la inercia que llevaba el vaquero, le impulsó a seguir con sus labores de carpintero. Hacía tiempo que quería agradecer a su hermano pelirrojo todo el tiempo que le había dedicado para enseñarle a controlar su haki, y más, todos los deliciosos platos que preparaba día tras día. Se merecía una cocina en condiciones, y no solo lo agradecería el cocinero, también todos los comensales. Tenía la habitación perfecta para montar la estancia, una amplia sala con tres portillos que otorgaban vistas a la idílica superficie del mar. Un par de viajes a la serrería junto a Perdigón y tres más al mercado de artesanos para adquirir todo lo necesario. En el primero es obvio y en el segundo pudo hacerse con una gran variedad de menaje y útiles varios para la cocina. Con los planos definitivos, armó una larga encimera con sus fogones, un horno de leña, agua corriente y varias alacenas en la pared, además de cajones. Otra encimera en isla, cargada de espacio de almacenaje, separada un metro y paralela a la otra. En el voladizo de la isla montó varios taburetes y dejó un par de cojines para que los más altos pudieran sentarse cómodamente en el suelo para disfrutar del desayuno en aquella superficie. Una gran mesa pegada a la pared exterior, que permitía comer con vistas al mar, completaba la estancia. Había quedado realmente acogedora y práctica, era una gran y necesaria  mejora para el Solar Karma. <br />
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Otra cosa que se había perdido en el Frog Guild, era la estrellada escena que Tobías había montado en el techo de la habitación de Sasha. Tenía que volver a hacerlo, su sobrina lo necesitaba más que nunca. Había adquirido un mapa estelar de un vendedor ambulante en el mercado de los artesanos, el cual iba a utilizar para hacerlo lo más fiel posible al cielo real. Como era imposible plasmar el mapa al completo, escogió una sección, en la cual se hallaba la constelación del Gran Oni, entre muchas varias. Fue un trabajo preciso y minucioso, esta vez dándole tridimensionalidad al colgar las bombillas que representaban a las estrellas más brillantes, para que visto desde abajo parecieran más grandes. Metros de cable, cientos de agujeros y horas de empalmes después, el vaquero se quedó tumbado en el suelo una buena hora tras terminar, admirando el resultado y esperando que le gustara a su sobrina tanto como a él. <br />
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La escena celeste de la habitación de Sasha le animó a personalizar la suya, que también era de Pascal y se merecía un terrario más grande, tanto que decidió que ocuparía la habitación entera. Su idea era, respetando su cama y su escritorio, llenar de ramas y demás vegetación la estancia, para que el pequeño reptil campara a sus anchas por toda la habitación. El manitas tardó un par de días en tomar las medidas de su habitación y diseñar el hábitat ideal para su pequeño amiguito reptil. Se inspiró en el terreno donde lo encontró en la isla Toko sumándole algo más de verde, recordando la espesa selva de la isla del cielo. La flora de la isla de los tritones estaba compuesta fundamentalmente por algas. Lo que parecían arbustos y árboles, eran en realidad estructuras de coral, esas colonias de organismos microscópicos tan complejas y coloridas, por tanto no podían clasificarse como plantas. Eso iba a resultar un problema a la hora de matizar ese aspecto de jungla que buscaba. Por suerte, en una de las visitas al mercado de artesanos junto a Perdigón, se cruzó con un puesto en el que un mink dromedario vendía plantas, brotes de árboles y gran variedad de semillas de la superficie. Tobías se hizo con varios helechos, una planta enredadera de blancas flores aromáticas y diversas semillas y tiestos. Las algas de la costa servirían de abono y sustrato. Le hubiera gustado tener un árbol ya crecido y bien ramificado para que Pascal pudiera recorrer la habitación sin pisar el suelo, pero tendría que conformarse con hacer una “escultura” de un árbol, perfilando rama a rama y unirlas armoniosamente al tronco, también tallado. Con el tiempo, la enredadera cubriría todas las ramas creando la sensación de que la estatua pareciera un árbol vivo. <br />
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El falso árbol había quedado genial y Pascal se había enamorado a primera vista. Desde que lo instaló en la habitación, el pequeño camaleón no se había bajado de sus ramas. Sin molestar al reptil, el carpintero colgó las tres macetas de tres ramas diferentes. La instalación eléctrica venía inspirada por el diseño que había hecho en el camarote de su sobrina. Pegados al techo colocó cuatro focos pequeños que emitían rayos UVA, además de luz. Aportarían vitalidad a las plantas y el calorcito que tanto le gustaba a Pascal. A parte, colocó varias bombillas normales, colgadas del techo a diferentes alturas. La estancia estaba quedando de lo más acogedora. Con todo el tiempo libre que se presentaba delante, tocaba estrenarla, pues muchos proyectos se le estaban acumulando por falta de inspiración, la cual esperaba que llegara junto a esa nueva estampa. <br />
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						<span>Camarote de Tobías y Pascal</span>
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Tobías iba a pasar muchísimas horas sentado en su silla, frente a sus proyectos, con la compañía de Pascal y los diversos insectos que iba liberando para que el pequeñín se diera sus atracones. Al joven barba naranja le fascinaba ver la gran habilidad que tenía el camaleón para capturar a sus presas. Tobías pensaba que sus reflejos eran más lentos que los de su amiguito, pues éste siempre se adelantaba a los movimientos de sus almuerzos. En más de una ocasión, perdía la concentración en su trabajo por verlo cazar y llegar a comprender cómo lograba semejante hazaña. Al pistolero le vendrían genial semejantes reflejos, con la capacidad de intuir hacia dónde se movería su contrincante, no habría tantas balas perdidas. Para poder avanzar con sus movidas, el joven barba naranja decidió hacer uso de su haki de observación para estar pendiente de Pascal y sus presas mientras el seguía con sus garabatos.Mientras su zurda iba recorriendo erráticamente la superficie del papel sosteniendo la negra pluma, no dejaba de tener controlado al camaleón. Al fin y al cabo era algo similar a lo que hacía el chiquitín con sus ojos, los cuales se movían independientemente el uno del otro, sumado al alto rango de giro que tenían. Tenía que ser como Pascal, y como Jolyne, tenía que poder tener controlados todos los puntos y seres que compartían espacio en el campo de batalla. Pero es que el puñetero reptil era capaz no solo de ver a más de una presa a la vez, el enano podía ver perfectamente hacia donde iban a saltar los saltamontes. Eso seguía quitándole el sueño al vaquero, quería poder hacer lo mismo, así que en los descansos intensificaba su atención en Pascal, tanto espiritual como visual. Y fue en uno de estos descansos cuando vio algo que le había pasado desapercibido o que simplemente antes no había sido capaz de ver. Tantas horas, días y semanas con su haki activo habían mejorado su capacidad de control y de percibir más cosas.El aura de Pascal emitía un ligero destello, como si se intensificara fugazmente, durante una milésima de segundo, como un flash en la lejanía, muy tenue, pero no sucedía en el momento en que disparaba su lengua hacia el insecto de turno. Ese imperceptible destello, emergía hasta un par de segundos antes del ataque y solo aparecía en las ocasiones en las que el susodicho insecto realizaba un movimiento evasivo, como si el camaleón fuera capaz de ver el futuro, solo si le fuera a ser de utilidad la información. Si la mosca permanecía estática hasta el momento de ser atrapada, él lo sabía de antemano y disparaba su lengua donde se hallaba sin perturbar su aura, pero si ésta emitía ese destello, era seguro que la mosca iba a salir volando y por ende, la lengua iba a parar a su posición en el aire. <br />
<br />
Pasaron los meses y la capacidad de control sobre el haki de observación del vaquero iba en aumento constante. Había puesto en práctica un entrenamiento diario, que constaba básicamente de tener activado constantemente su haki, siendo consciente de todo en su radio máximo a su alrededor. Le supuso un sobre esfuerzo las primeras semanas, pero terminó siendo una rutina automática. Mientras cenaba con sus compañeros seguía atento a Pascal y su cena. Se había tornado una obsesión. Cada vez que veía el indicio sobre el camaleón que indicaba que su presa iba a realizar un movimiento, pretendía con toda su alma acertar hacia donde iba a desplazarse, pero solo acertaba un bajo porcentaje de veces y solo por estadística. No era capaz de prever esos movimientos, el aura de los insectos no le daba ninguna pista, de momento. Solo era cuestión de tiempo entrenando, pues llegó el día en que ese destello surgió de ese saltamontes. Veinte veces más leve que el que emitía Pascal, igual por su reducido tamaño era más complicado de identificar. Lo había visto, pero en ningún momento fue capaz de descifrar las intenciones del artrópodo. Saltó hacia delante como era de esperar, podría haber girado antes y cambiado la dirección, pero no fue el caso. La cuestión es que Tobías no fue capaz de leer esa intención, pero tampoco podía prever los movimientos de Pascal, así que no era una cuestión de tamaño, o quizás sí y el reptil también era demasiado pequeño para poder ver con claridad. <br />
<br />
El vaquero se estaba volviendo loco con ese tema, cabía la posibilidad que sus teorías fueran solo fruto de su imaginación y el joven camaleón simplemente tenía un desmesurado instinto natural comparado con el de un simple humano que se ha desvinculado de su lado más primitivo y de la cruda naturaleza. Se lo planteó seriamente, pero no dejó de tener activado su haki, le estaba sentando bien ese entrenamiento y quería seguir mejorando. Siguió también estudiando a su pequeño compañero de habitación, diseñando prototipos y atendiendo a todos los que se hallaban en el barco. Su capacidad para atender varias acciones a la vez se vio incrementada notoriamente. Así pasaron las siguientes semanas, trabajando en sus proyectos, observando a Pascal y visitando esporádicamente el distrito Gyojin. En cada paseo por las calles probaba a leer los movimientos de los transeúntes, de uno en uno obviamente, pero ni un atisbo de predicción. Pero rendirse no estaba escrito en la psique del carpintero. <br />
<br />
Una tarde pilló a Garnet improvisando con la guitarra eléctrica sobre el escenario de cubierta. Como de costumbre, el vaquero se quedó escuchando desde la distancia para disfrutar de la música sin molestar con el humo de su cigarro. La melodía que surgía del punteo, comenzó a dibujar una historia que no paraba de sorprender a Tobías. Cada nota nueva que iba apareciendo era un soplo de aire fresco, un pedacito del aura del pelirrojo, que danzaba como fuego y agua al mismo tiempo, coexistiendo sin molestarse el uno a la otra. Aquella imagen embaucó al joven barba naranja, el cual cada vez estaba más inmerso en la canción. Sin previo aviso, la siguiente nota que sonó le produjo una extraña sensación, pero al haber tan poco margen de tiempo entre los cambios no pudo apreciar bien que había sentido con aquella vibración en concreto. Poco a poco, se fueron sumando varios episodios similares con notas aleatorias, hasta que le ocurrió con tres seguidas en las que el músico ralentizó el tempo para dar expresión al fragmento del tema. Tobías vio claro que estaba sintiendo, ya no le sorprendían tanto las notas, le seguían gustando claramente, pero estaba comenzando a prever cuales iban a sonar, como si simplemente debieran hacerlo, sin margen de opción. Estaba leyendo el alma de Garnet, bueno, más bien el músico se la estaba ofreciendo y él estaba aprendiendo a interpretar el mensaje. Se terminó el cigarro disfrutando de esa nueva experiencia. Ese episodio fue una de las piedras angulares de lo que acabaría dominando algún mes más adelante. El capitán protege y Garnet enseña, en todos los sentidos.<br />
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Tobías había vuelto a su escritorio con una taza de té recién hecho, que tardó bien poco en tragar. Tenía una idea interesante en mente y quería plasmarla cuanto antes, impaciente de él. Unas horas atrás,había soltado un par de grillos por las ramas de la habitación, los cuales frotaban sus patas traseras produciendo su característico sonido. Pascal despertó de una larga y reparadora siesta, por lo visto bastante hambriento, pues rápido se desplazó hasta tener a tiro a uno de los pequeños insectos. Tobías no perdía de vista la hoja con el diseño de un sistema de propulsión nuevo, a su vez no dejaba de vigilar lo que hacía el camaleón sin necesidad de verlo. Estaba tan metido en el dibujo que dejó pasar la ocasión de mirar directamente como cazaba su compañero, pero lo sintió con su Haki de observación. Fue a mirar como lo engullía cuando se presentó una escena que impactó en gran medida al carpintero. Pascal se hallaba frente al grillo, abriendo su boca para lanzar su pegajosa lengua para atrapar a su almuerzo. Lo vio claramente, la escena era idéntica a la que había percibido con su Haki. Preguntándose si era eso lo que veía Pascal antes de que su presa se moviera, el vaquero se levantó de su silla y maldijo tener que esperar hasta que su pequeño compañero de habitación volviera a tener hambre para corroborar lo que acababa de sentir. Por suerte, el chirrido del otro grillo llamó la atención del camaleón, iba a poder tratar de ver algo similar en lo que tardara el reptil en llegar hasta su postre. Ese par de minutos se le hicieron un mes al carpintero, pero finalmente tenía la escena que esperaba frente a sus ojos. Esta vez quería ver si realmente había visto un desfase en el tiempo entre el aura y el cuerpo de Pascal o que cojones había sido eso. Esta vez percibió ese destello previo al ataque del camaleón, y a su vez notó como el grillo parecía alertado de la presencia de su cazador y se disponía a saltar, girando sobre su eje levemente a su derecha para dirigir su huída. Como siempre, Pascal lanzó su lengua hacia esa dirección, interceptando al grillo en pleno salto, pero todavía no había sucedido, tardó poco más de un segundo en ocurrir. Tobías comenzaba a ser capaz de percibir los movimientos con antelación, era como una visión, algo difícil de entender si no lo has vivido, como ser padre.<br />
<br />
El vaquero tardó unas semanas en dominar esa nueva habilidad, sin apenas salir de su habitación, más que para comer, cagar, ducharse e ir cazar insectos para Pascal. Entre dibujos y proyectos, sumado a su entrenamiento constante con el Haki de observación, Tobías aprovechó esas escasas semanas que quedaban para partir meditando. Reordenar sus ideas y capacidades iba a ser fundamental para seguir forjando al guerrero de mar que estaba hecho. Y esa fue su rutina hasta la semana antes de partir, la cual ocupó consiguiendo la resina suficiente para recubrir de nuevo el Solar Karma, despidiéndose de Perdigón y Belma, y recubriendo el Galeón para poder salir a las profundidades del océano y ascender de nuevo hasta la superficie. La semana pasó volando, todos ardían en deseos de proseguir con su viaje y demostrar al mundo que los Alas Negras estaban en su mejor momento. <br />
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<br />
Había llegado el día, iban a dejar atrás aquella isla submarina. Todos estaban en sus puestos, así que Tobías activó el artilugio que le habían dado los carpinteros del archipiélago Sabaody y la burbuja comenzó a aumentar su volumen hasta crear la cúpula perfecta. El navío, dirigido por la timonel y navegante Sasha, atravesó la cúpula que delimitaba la isla Gyojin, adentrándose en las profundas aguas del Grand Line. El ascenso fue ameno, un solo día de paseo por el escenario marino más espectacular que habían visto jamás. La luz del sol cada vez era más intensa, pronto tomarían contacto con el aire, aire que jamás habían aspirado antes, el del Nuevo Mundo. Ese nombre traía alegría a pocos y desgracia a muchos. El riesgo era cada vez mayor, por esa razón se habían preparado, para poder ser como aquellos que acumulan aventuras legendarias y disfrutar del vibrante viaje hasta el final. <br />
<br />
Los días en alta mar fueron transcurriendo sin demasiados percances, más allá de tres rescates de emergencia en los que Jolyne había perdido el equilibrio por el vaivén de las agresivas olas del embravecido mar en tormenta y casi se precipita a las oscuras aguas. Por suerte Tobías siempre estaba cerca, ayudando con las velas en las maniobras de Sasha para cruzar la tormenta. Con su Overdrive, traía de vuelta a la alocada tiradora de los Alas Negras. No hubo un cuarto susto, porque el vaquero previó que la pelirrosa iba a salir volando una vez más y creó un campo para pegarle los descalzos pies al suelo de cubierta. No usó si Haki de observación para verlo, sino la experiencia.<br />
<br />
Una noche más tranquila, en la que estaba Tobías dando vueltas al diseño de su brazo, escuchó desde su camarote como Garnet gritaba que se iba por no se que de un deber. Olía a damisela en apuros a la legua, así que el vaquero no le dió más importancia y siguió con lo suyo. No fue hasta unas horas después que el carpintero salió a cubierta a tomar un té y fumarse un cigarro. Se había pasado la noche en vela y quería ver el amanecer antes de acostarse, últimamente tenía trastocados los ciclos circadianos. Ya había salido el sol y Tobías le daba el último sorbo a su infusión cuando el músico regresó de sopetón. Le contó que había estado haciendo y la decisión que había tomado. - <span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">En menudos tinglaos te metes nene, jish jish jish. Disfrútalo y aprovéchalo al máximo, ¿qué te voy a decir?</span> - Tobías creía que su hermano estaba un poco obsesionado con el tema del sexo, pero cada uno se obsesiona con lo que quiere. <br />
<br />
Al fin se vio tierra a lo lejos, en menos de un día alcanzarían esa masa de rocas. Todos ansiaban pisar tierra firme tras esos días rodeados de molestas tormentas. Una breve playa separaba el mar de una espesa jungla. Aquella isla iba a estar llena de jugosos insectos para Pascal. Además de parecer muy fértil y cargada de recursos. Fue unánime la decisión de establecer una base allí, no estaría mal tener un pedazo de tierra sólida en el que poder tener algó más que un hogar flotante. Garnet y Kenzo se adentraron en la espesa vegetación para inspeccionar la zona, Tobías en cambio se quedó por los alrededores, observando la vegetación y fauna que pudiera haber cerca de la orilla. Pascal se estaba quedando sin merienda, así que el joven barba naranja cogió un par de botes de cristal para, con suerte, llenarlos para su compi. Los chicos regresaron con información nueva, la isla no estaba deshabitada como habían creído en un principio, un área estaba delimitada con una valla y carteles de “prohibido el paso”. Un poco de emoción siempre viene bien, y esa incertidumbre de conocer quien habitaba en esa isla y que escondía tras esa berja, inundaron el corazón de Tobías con litros de emoción. Si era un grupo de personas razonables y dadas al bien, podrían negociar un pedacito de esa isla que poder ocupar, sino pues pondrían a prueba todo lo aprendido. <br />
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Tras una noche de reflexión y descanso, cinco miembros de la tripulación bajaron del Solar Karma con la intención de cruzar esa puerta metálica y desvelar el secreto que protegía. Solo Sasha se quedó en el galeón, para vigilarlo y seguir entrenando, no parecía haberle llamado la atención que había oculto en aquella jungla. Garnet, Kenzo, Triana, Jolyne y Tobías iban paso firme a través de la basta vegetación en dirección al centro de aquella frondosa selva. No tardaron mucho en alcanzar la valla y posicionarse frente a la gran puerta metálica. El carpintero inspeccionó los alrededores en busca de algún indicio de quien o quienes podrían estar tras el muro, no sentía nada con su Haki, igual si que estaba deshabitada la isla, y aquello eran simples ruinas abandonadas, pero algo llamaba al carpintero desde detrás de esas chapas de acero, un susurro entre las hojas y el metal que atraía al joven barba naranja como la miel a las moscas. Sí que había óxido en aquellas estructuras, pero también una gran humedad en el ambiente, eso no significaba que no hubiera nadie detrás. Se veían edificios, en la lejanía pero ni rastro de vida. Solo faltaba esperar a que Triana diera la orden para avanzar y derribar esa puerta de una vez.]]></description>
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A todos los miembros de los Alas Negras les convenía un merecido descanso tras la intensa aventura en el archipiélago Sabaody. Tras una larga estancia, decidieron permanecer un tiempo indefinido, pues tenía diversos quehaceres, el más común, hacerse más fuertes. Tobías estaba de acuerdo con aquellas “vacaciones” casi obligatorias, todos habían sufrido lo suyo y estaban deseando asimilar la experiencia ganada. Por su parte, el vaquero se aisló bastante en sus dominios, tenía una misión que ansiaba enfrentar. Tras la entrada triunfal al archipiélago Sabaody, con el Tango de la Sultana haciendo aguas, Tobías tenía la obligación de reforzar y asegurar la integridad de su actual navío. Las aguas del Grand Line cada vez eran más bravas e impredecibles, todo refuerzo y mejora sería más que necesario para seguir navegando con tranquilidad. Su rutina tenía pocas localizaciones, su habitación, que hacía la función de estudio, y tres establecimientos de la isla submarina, una serrería, el mercado de artesanos y la granja de seabrays. Cada mañana salía temprano hacia el distrito Gyiojin, Primera parada en la granja para sacar a pasear a Perdigón, un seabray al que el pistolero había cogido cariño desde su primera visita al lugar. Los seabrays eran unos caballitos, más bien burritos, de mar, de unos tres metros y medio de largo o alto, según se vea. Los lugareños los utilizaban como montura o como bestias de carga, atando carros a su espalda. El carpintero solía ir a darles de comer y le daba unas monedas a la propietaria de la granja, Belma, una gyojin pez luna encantadora, a cambio de prestarle a Perdigón y un carro para transportar la ingente cantidad de tablones que necesitaba para trabajar en el galeón. Podría haberse ayudado de su poder para transportar todo, pero no quería llamar la atención, lo mejor era pasar desapercibido. Poco a poco, día a día, Tobías reunió la madera necesaria y dejó de atarle el carro a Perdigón para montar en él y visitar el mercado de artesanos, donde solía encontrar gran variedad de herramientas, materiales raros y algún que otro tesorillo. Cada día, aquella plaza era un mundo nuevo, a muchos de los mercaderes solo los vio una vez a lo largo de toda su estancia en la isla. <br />
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<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Perdigón</span>
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						Mostrar
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			</div><br />
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Entre viajes al distrito Gyojin, Tobías comenzó reforzando los tres mástiles con láminas de la madera más dura que había en la única serrería del lugar. Al tener el monopolio, sus precios eran bastante elevados, pero solo hizo falta una visita de Sasha para ajustar el precio de por vida. Si alguna vez trataban de aumentar el valor, el vaquero solo tenía que amenazarlos con llamar a su sobrina para que entraran en razón sin rechistar. Esa tarea fue la más ágil y sencilla, montado en su andamio (una tabla flotante), armado con su fiel martillo y un porrón de clavos, fue rodeando de abajo a arriba toda la superficie de los tres palos ajustando cada uno de los tablones adaptados a la curvatura. La cubierta, en cambio, le tomó bastante más tiempo por su basta extensión. Aprovechó para añadir unas cuantas luces más al escenario de Garnet y también un cañón de llamas y humo. Muchas horas cortando, puliendo, hidratando y barnizando madera, esa rutina sería tediosa para cualquiera menos para Tobías. Su perfeccionismo y su incapacidad para aplaudir, resultaba en tiempo de más para el proceso, pero le encantaba lo que hacía y se pegó casi dos meses para terminar de reforzar la cubierta, pero había merecido la pena el esfuerzo. Le quedaba robustecer proa, popa y casco. Eso sí que iba a tomar tiempo, además de requerir, obligatoriamente, sacar el galeón del mar y llevarlo a marina seca para poder trabajar. Eso también costó un pico, que hubiera sido mucho más sin la intervención de su sobrina. Tres meses largos, pero necesarios, para rematar el trabajo. Dar la curva perfecta a los tablones, aislar bien, puzzles complejos y mucha paciencia, pues era la primera vez que hacía algo así. No solo recubrió con una delgada capa de sura madera el casco por fuera, por dentro si que se permitió el lujo de usar un grosor mayor, pues no interferiría con la línea original exterior, la cual era crucial para reducir la fricción con el agua. La quilla era el alma del navío, así que se esmeró de más para que quedara protegida sin desdibujar su silueta original. Tras el fino trabajo, el Solar Karma regresó a su medio natural, mostrando, con orgullo, que su estabilidad y flotabilidad no habían empeorado ni un ápice, al revés, parecía más estable que nunca. Todo un reto que inundó, irónicamente, las mejillas del carpintero con dulces lágrimas. El viaje de vuelta a la bahía donde atracaban el galeón, confirmó que éste estaba en su mejor momento. <br />
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Después de ese casi medio año, la inercia que llevaba el vaquero, le impulsó a seguir con sus labores de carpintero. Hacía tiempo que quería agradecer a su hermano pelirrojo todo el tiempo que le había dedicado para enseñarle a controlar su haki, y más, todos los deliciosos platos que preparaba día tras día. Se merecía una cocina en condiciones, y no solo lo agradecería el cocinero, también todos los comensales. Tenía la habitación perfecta para montar la estancia, una amplia sala con tres portillos que otorgaban vistas a la idílica superficie del mar. Un par de viajes a la serrería junto a Perdigón y tres más al mercado de artesanos para adquirir todo lo necesario. En el primero es obvio y en el segundo pudo hacerse con una gran variedad de menaje y útiles varios para la cocina. Con los planos definitivos, armó una larga encimera con sus fogones, un horno de leña, agua corriente y varias alacenas en la pared, además de cajones. Otra encimera en isla, cargada de espacio de almacenaje, separada un metro y paralela a la otra. En el voladizo de la isla montó varios taburetes y dejó un par de cojines para que los más altos pudieran sentarse cómodamente en el suelo para disfrutar del desayuno en aquella superficie. Una gran mesa pegada a la pared exterior, que permitía comer con vistas al mar, completaba la estancia. Había quedado realmente acogedora y práctica, era una gran y necesaria  mejora para el Solar Karma. <br />
<br />
Otra cosa que se había perdido en el Frog Guild, era la estrellada escena que Tobías había montado en el techo de la habitación de Sasha. Tenía que volver a hacerlo, su sobrina lo necesitaba más que nunca. Había adquirido un mapa estelar de un vendedor ambulante en el mercado de los artesanos, el cual iba a utilizar para hacerlo lo más fiel posible al cielo real. Como era imposible plasmar el mapa al completo, escogió una sección, en la cual se hallaba la constelación del Gran Oni, entre muchas varias. Fue un trabajo preciso y minucioso, esta vez dándole tridimensionalidad al colgar las bombillas que representaban a las estrellas más brillantes, para que visto desde abajo parecieran más grandes. Metros de cable, cientos de agujeros y horas de empalmes después, el vaquero se quedó tumbado en el suelo una buena hora tras terminar, admirando el resultado y esperando que le gustara a su sobrina tanto como a él. <br />
<br />
La escena celeste de la habitación de Sasha le animó a personalizar la suya, que también era de Pascal y se merecía un terrario más grande, tanto que decidió que ocuparía la habitación entera. Su idea era, respetando su cama y su escritorio, llenar de ramas y demás vegetación la estancia, para que el pequeño reptil campara a sus anchas por toda la habitación. El manitas tardó un par de días en tomar las medidas de su habitación y diseñar el hábitat ideal para su pequeño amiguito reptil. Se inspiró en el terreno donde lo encontró en la isla Toko sumándole algo más de verde, recordando la espesa selva de la isla del cielo. La flora de la isla de los tritones estaba compuesta fundamentalmente por algas. Lo que parecían arbustos y árboles, eran en realidad estructuras de coral, esas colonias de organismos microscópicos tan complejas y coloridas, por tanto no podían clasificarse como plantas. Eso iba a resultar un problema a la hora de matizar ese aspecto de jungla que buscaba. Por suerte, en una de las visitas al mercado de artesanos junto a Perdigón, se cruzó con un puesto en el que un mink dromedario vendía plantas, brotes de árboles y gran variedad de semillas de la superficie. Tobías se hizo con varios helechos, una planta enredadera de blancas flores aromáticas y diversas semillas y tiestos. Las algas de la costa servirían de abono y sustrato. Le hubiera gustado tener un árbol ya crecido y bien ramificado para que Pascal pudiera recorrer la habitación sin pisar el suelo, pero tendría que conformarse con hacer una “escultura” de un árbol, perfilando rama a rama y unirlas armoniosamente al tronco, también tallado. Con el tiempo, la enredadera cubriría todas las ramas creando la sensación de que la estatua pareciera un árbol vivo. <br />
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<br />
El falso árbol había quedado genial y Pascal se había enamorado a primera vista. Desde que lo instaló en la habitación, el pequeño camaleón no se había bajado de sus ramas. Sin molestar al reptil, el carpintero colgó las tres macetas de tres ramas diferentes. La instalación eléctrica venía inspirada por el diseño que había hecho en el camarote de su sobrina. Pegados al techo colocó cuatro focos pequeños que emitían rayos UVA, además de luz. Aportarían vitalidad a las plantas y el calorcito que tanto le gustaba a Pascal. A parte, colocó varias bombillas normales, colgadas del techo a diferentes alturas. La estancia estaba quedando de lo más acogedora. Con todo el tiempo libre que se presentaba delante, tocaba estrenarla, pues muchos proyectos se le estaban acumulando por falta de inspiración, la cual esperaba que llegara junto a esa nueva estampa. <br />
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					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Camarote de Tobías y Pascal</span>
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						Mostrar
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Tobías iba a pasar muchísimas horas sentado en su silla, frente a sus proyectos, con la compañía de Pascal y los diversos insectos que iba liberando para que el pequeñín se diera sus atracones. Al joven barba naranja le fascinaba ver la gran habilidad que tenía el camaleón para capturar a sus presas. Tobías pensaba que sus reflejos eran más lentos que los de su amiguito, pues éste siempre se adelantaba a los movimientos de sus almuerzos. En más de una ocasión, perdía la concentración en su trabajo por verlo cazar y llegar a comprender cómo lograba semejante hazaña. Al pistolero le vendrían genial semejantes reflejos, con la capacidad de intuir hacia dónde se movería su contrincante, no habría tantas balas perdidas. Para poder avanzar con sus movidas, el joven barba naranja decidió hacer uso de su haki de observación para estar pendiente de Pascal y sus presas mientras el seguía con sus garabatos.Mientras su zurda iba recorriendo erráticamente la superficie del papel sosteniendo la negra pluma, no dejaba de tener controlado al camaleón. Al fin y al cabo era algo similar a lo que hacía el chiquitín con sus ojos, los cuales se movían independientemente el uno del otro, sumado al alto rango de giro que tenían. Tenía que ser como Pascal, y como Jolyne, tenía que poder tener controlados todos los puntos y seres que compartían espacio en el campo de batalla. Pero es que el puñetero reptil era capaz no solo de ver a más de una presa a la vez, el enano podía ver perfectamente hacia donde iban a saltar los saltamontes. Eso seguía quitándole el sueño al vaquero, quería poder hacer lo mismo, así que en los descansos intensificaba su atención en Pascal, tanto espiritual como visual. Y fue en uno de estos descansos cuando vio algo que le había pasado desapercibido o que simplemente antes no había sido capaz de ver. Tantas horas, días y semanas con su haki activo habían mejorado su capacidad de control y de percibir más cosas.El aura de Pascal emitía un ligero destello, como si se intensificara fugazmente, durante una milésima de segundo, como un flash en la lejanía, muy tenue, pero no sucedía en el momento en que disparaba su lengua hacia el insecto de turno. Ese imperceptible destello, emergía hasta un par de segundos antes del ataque y solo aparecía en las ocasiones en las que el susodicho insecto realizaba un movimiento evasivo, como si el camaleón fuera capaz de ver el futuro, solo si le fuera a ser de utilidad la información. Si la mosca permanecía estática hasta el momento de ser atrapada, él lo sabía de antemano y disparaba su lengua donde se hallaba sin perturbar su aura, pero si ésta emitía ese destello, era seguro que la mosca iba a salir volando y por ende, la lengua iba a parar a su posición en el aire. <br />
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Pasaron los meses y la capacidad de control sobre el haki de observación del vaquero iba en aumento constante. Había puesto en práctica un entrenamiento diario, que constaba básicamente de tener activado constantemente su haki, siendo consciente de todo en su radio máximo a su alrededor. Le supuso un sobre esfuerzo las primeras semanas, pero terminó siendo una rutina automática. Mientras cenaba con sus compañeros seguía atento a Pascal y su cena. Se había tornado una obsesión. Cada vez que veía el indicio sobre el camaleón que indicaba que su presa iba a realizar un movimiento, pretendía con toda su alma acertar hacia donde iba a desplazarse, pero solo acertaba un bajo porcentaje de veces y solo por estadística. No era capaz de prever esos movimientos, el aura de los insectos no le daba ninguna pista, de momento. Solo era cuestión de tiempo entrenando, pues llegó el día en que ese destello surgió de ese saltamontes. Veinte veces más leve que el que emitía Pascal, igual por su reducido tamaño era más complicado de identificar. Lo había visto, pero en ningún momento fue capaz de descifrar las intenciones del artrópodo. Saltó hacia delante como era de esperar, podría haber girado antes y cambiado la dirección, pero no fue el caso. La cuestión es que Tobías no fue capaz de leer esa intención, pero tampoco podía prever los movimientos de Pascal, así que no era una cuestión de tamaño, o quizás sí y el reptil también era demasiado pequeño para poder ver con claridad. <br />
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El vaquero se estaba volviendo loco con ese tema, cabía la posibilidad que sus teorías fueran solo fruto de su imaginación y el joven camaleón simplemente tenía un desmesurado instinto natural comparado con el de un simple humano que se ha desvinculado de su lado más primitivo y de la cruda naturaleza. Se lo planteó seriamente, pero no dejó de tener activado su haki, le estaba sentando bien ese entrenamiento y quería seguir mejorando. Siguió también estudiando a su pequeño compañero de habitación, diseñando prototipos y atendiendo a todos los que se hallaban en el barco. Su capacidad para atender varias acciones a la vez se vio incrementada notoriamente. Así pasaron las siguientes semanas, trabajando en sus proyectos, observando a Pascal y visitando esporádicamente el distrito Gyojin. En cada paseo por las calles probaba a leer los movimientos de los transeúntes, de uno en uno obviamente, pero ni un atisbo de predicción. Pero rendirse no estaba escrito en la psique del carpintero. <br />
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Una tarde pilló a Garnet improvisando con la guitarra eléctrica sobre el escenario de cubierta. Como de costumbre, el vaquero se quedó escuchando desde la distancia para disfrutar de la música sin molestar con el humo de su cigarro. La melodía que surgía del punteo, comenzó a dibujar una historia que no paraba de sorprender a Tobías. Cada nota nueva que iba apareciendo era un soplo de aire fresco, un pedacito del aura del pelirrojo, que danzaba como fuego y agua al mismo tiempo, coexistiendo sin molestarse el uno a la otra. Aquella imagen embaucó al joven barba naranja, el cual cada vez estaba más inmerso en la canción. Sin previo aviso, la siguiente nota que sonó le produjo una extraña sensación, pero al haber tan poco margen de tiempo entre los cambios no pudo apreciar bien que había sentido con aquella vibración en concreto. Poco a poco, se fueron sumando varios episodios similares con notas aleatorias, hasta que le ocurrió con tres seguidas en las que el músico ralentizó el tempo para dar expresión al fragmento del tema. Tobías vio claro que estaba sintiendo, ya no le sorprendían tanto las notas, le seguían gustando claramente, pero estaba comenzando a prever cuales iban a sonar, como si simplemente debieran hacerlo, sin margen de opción. Estaba leyendo el alma de Garnet, bueno, más bien el músico se la estaba ofreciendo y él estaba aprendiendo a interpretar el mensaje. Se terminó el cigarro disfrutando de esa nueva experiencia. Ese episodio fue una de las piedras angulares de lo que acabaría dominando algún mes más adelante. El capitán protege y Garnet enseña, en todos los sentidos.<br />
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Tobías había vuelto a su escritorio con una taza de té recién hecho, que tardó bien poco en tragar. Tenía una idea interesante en mente y quería plasmarla cuanto antes, impaciente de él. Unas horas atrás,había soltado un par de grillos por las ramas de la habitación, los cuales frotaban sus patas traseras produciendo su característico sonido. Pascal despertó de una larga y reparadora siesta, por lo visto bastante hambriento, pues rápido se desplazó hasta tener a tiro a uno de los pequeños insectos. Tobías no perdía de vista la hoja con el diseño de un sistema de propulsión nuevo, a su vez no dejaba de vigilar lo que hacía el camaleón sin necesidad de verlo. Estaba tan metido en el dibujo que dejó pasar la ocasión de mirar directamente como cazaba su compañero, pero lo sintió con su Haki de observación. Fue a mirar como lo engullía cuando se presentó una escena que impactó en gran medida al carpintero. Pascal se hallaba frente al grillo, abriendo su boca para lanzar su pegajosa lengua para atrapar a su almuerzo. Lo vio claramente, la escena era idéntica a la que había percibido con su Haki. Preguntándose si era eso lo que veía Pascal antes de que su presa se moviera, el vaquero se levantó de su silla y maldijo tener que esperar hasta que su pequeño compañero de habitación volviera a tener hambre para corroborar lo que acababa de sentir. Por suerte, el chirrido del otro grillo llamó la atención del camaleón, iba a poder tratar de ver algo similar en lo que tardara el reptil en llegar hasta su postre. Ese par de minutos se le hicieron un mes al carpintero, pero finalmente tenía la escena que esperaba frente a sus ojos. Esta vez quería ver si realmente había visto un desfase en el tiempo entre el aura y el cuerpo de Pascal o que cojones había sido eso. Esta vez percibió ese destello previo al ataque del camaleón, y a su vez notó como el grillo parecía alertado de la presencia de su cazador y se disponía a saltar, girando sobre su eje levemente a su derecha para dirigir su huída. Como siempre, Pascal lanzó su lengua hacia esa dirección, interceptando al grillo en pleno salto, pero todavía no había sucedido, tardó poco más de un segundo en ocurrir. Tobías comenzaba a ser capaz de percibir los movimientos con antelación, era como una visión, algo difícil de entender si no lo has vivido, como ser padre.<br />
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El vaquero tardó unas semanas en dominar esa nueva habilidad, sin apenas salir de su habitación, más que para comer, cagar, ducharse e ir cazar insectos para Pascal. Entre dibujos y proyectos, sumado a su entrenamiento constante con el Haki de observación, Tobías aprovechó esas escasas semanas que quedaban para partir meditando. Reordenar sus ideas y capacidades iba a ser fundamental para seguir forjando al guerrero de mar que estaba hecho. Y esa fue su rutina hasta la semana antes de partir, la cual ocupó consiguiendo la resina suficiente para recubrir de nuevo el Solar Karma, despidiéndose de Perdigón y Belma, y recubriendo el Galeón para poder salir a las profundidades del océano y ascender de nuevo hasta la superficie. La semana pasó volando, todos ardían en deseos de proseguir con su viaje y demostrar al mundo que los Alas Negras estaban en su mejor momento. <br />
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Había llegado el día, iban a dejar atrás aquella isla submarina. Todos estaban en sus puestos, así que Tobías activó el artilugio que le habían dado los carpinteros del archipiélago Sabaody y la burbuja comenzó a aumentar su volumen hasta crear la cúpula perfecta. El navío, dirigido por la timonel y navegante Sasha, atravesó la cúpula que delimitaba la isla Gyojin, adentrándose en las profundas aguas del Grand Line. El ascenso fue ameno, un solo día de paseo por el escenario marino más espectacular que habían visto jamás. La luz del sol cada vez era más intensa, pronto tomarían contacto con el aire, aire que jamás habían aspirado antes, el del Nuevo Mundo. Ese nombre traía alegría a pocos y desgracia a muchos. El riesgo era cada vez mayor, por esa razón se habían preparado, para poder ser como aquellos que acumulan aventuras legendarias y disfrutar del vibrante viaje hasta el final. <br />
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Los días en alta mar fueron transcurriendo sin demasiados percances, más allá de tres rescates de emergencia en los que Jolyne había perdido el equilibrio por el vaivén de las agresivas olas del embravecido mar en tormenta y casi se precipita a las oscuras aguas. Por suerte Tobías siempre estaba cerca, ayudando con las velas en las maniobras de Sasha para cruzar la tormenta. Con su Overdrive, traía de vuelta a la alocada tiradora de los Alas Negras. No hubo un cuarto susto, porque el vaquero previó que la pelirrosa iba a salir volando una vez más y creó un campo para pegarle los descalzos pies al suelo de cubierta. No usó si Haki de observación para verlo, sino la experiencia.<br />
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Una noche más tranquila, en la que estaba Tobías dando vueltas al diseño de su brazo, escuchó desde su camarote como Garnet gritaba que se iba por no se que de un deber. Olía a damisela en apuros a la legua, así que el vaquero no le dió más importancia y siguió con lo suyo. No fue hasta unas horas después que el carpintero salió a cubierta a tomar un té y fumarse un cigarro. Se había pasado la noche en vela y quería ver el amanecer antes de acostarse, últimamente tenía trastocados los ciclos circadianos. Ya había salido el sol y Tobías le daba el último sorbo a su infusión cuando el músico regresó de sopetón. Le contó que había estado haciendo y la decisión que había tomado. - <span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">En menudos tinglaos te metes nene, jish jish jish. Disfrútalo y aprovéchalo al máximo, ¿qué te voy a decir?</span> - Tobías creía que su hermano estaba un poco obsesionado con el tema del sexo, pero cada uno se obsesiona con lo que quiere. <br />
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Al fin se vio tierra a lo lejos, en menos de un día alcanzarían esa masa de rocas. Todos ansiaban pisar tierra firme tras esos días rodeados de molestas tormentas. Una breve playa separaba el mar de una espesa jungla. Aquella isla iba a estar llena de jugosos insectos para Pascal. Además de parecer muy fértil y cargada de recursos. Fue unánime la decisión de establecer una base allí, no estaría mal tener un pedazo de tierra sólida en el que poder tener algó más que un hogar flotante. Garnet y Kenzo se adentraron en la espesa vegetación para inspeccionar la zona, Tobías en cambio se quedó por los alrededores, observando la vegetación y fauna que pudiera haber cerca de la orilla. Pascal se estaba quedando sin merienda, así que el joven barba naranja cogió un par de botes de cristal para, con suerte, llenarlos para su compi. Los chicos regresaron con información nueva, la isla no estaba deshabitada como habían creído en un principio, un área estaba delimitada con una valla y carteles de “prohibido el paso”. Un poco de emoción siempre viene bien, y esa incertidumbre de conocer quien habitaba en esa isla y que escondía tras esa berja, inundaron el corazón de Tobías con litros de emoción. Si era un grupo de personas razonables y dadas al bien, podrían negociar un pedacito de esa isla que poder ocupar, sino pues pondrían a prueba todo lo aprendido. <br />
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Tras una noche de reflexión y descanso, cinco miembros de la tripulación bajaron del Solar Karma con la intención de cruzar esa puerta metálica y desvelar el secreto que protegía. Solo Sasha se quedó en el galeón, para vigilarlo y seguir entrenando, no parecía haberle llamado la atención que había oculto en aquella jungla. Garnet, Kenzo, Triana, Jolyne y Tobías iban paso firme a través de la basta vegetación en dirección al centro de aquella frondosa selva. No tardaron mucho en alcanzar la valla y posicionarse frente a la gran puerta metálica. El carpintero inspeccionó los alrededores en busca de algún indicio de quien o quienes podrían estar tras el muro, no sentía nada con su Haki, igual si que estaba deshabitada la isla, y aquello eran simples ruinas abandonadas, pero algo llamaba al carpintero desde detrás de esas chapas de acero, un susurro entre las hojas y el metal que atraía al joven barba naranja como la miel a las moscas. Sí que había óxido en aquellas estructuras, pero también una gran humedad en el ambiente, eso no significaba que no hubiera nadie detrás. Se veían edificios, en la lejanía pero ni rastro de vida. Solo faltaba esperar a que Triana diera la orden para avanzar y derribar esa puerta de una vez.]]></content:encoded>
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			<title><![CDATA[[FIC - Salto temporal] Crecimiento]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1869</link>
			<pubDate>Wed, 30 Jul 2025 18:29:32 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=169">Kenzo D. Fujiwara</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1869</guid>
			<description><![CDATA[Me sentía bastante cansado de los entrenamientos que tenía con Garnet. No era ese tipo de cansancio perezoso, que te hace bostezar entre sesiones y mirar el horizonte con desdén. No. Era un agotamiento visceral, que se metía bajo la piel y me dejaba los músculos latiendo como tambores de guerra después de cada jornada. Garnet no se andaba con juegos. A veces, parecía que su intención no era entrenarme, sino destrozarme. Golpes directos al torso, barridos que me dejaban mordiendo el suelo, cortes limpios en los brazos para enseñarme que una guardia floja puede costarte la vida… salía completamente reventado. Cada parte de mí estaba cubierta de magulladuras; algunas se tornaban de un morado casi negro, otras sangraban apenas, dejando rastros por el suelo de tierra batida del lugar donde entrenábamos. El sudor me empapaba como si hubiese estado nadando con la ropa puesta, y mi ropa terminaba todos los días más roto que las prendas que llevaba el día anterior. Pero, pese a todo, no podía negar lo evidente: mejoraba. Y no poco. Mis reflejos se afinaban. Mis movimientos, antes torpes y desordenados, empezaban a adquirir una especie de fluidez feroz, como si algo salvaje dentro de mí despertara con cada sesión. Garnet, con sus ojos divertidos y su voz siempre musical, nunca alababa mis progresos, pero lo veía. Se le escapaba a veces un asentimiento, un destello de respeto en su mirada cuando lograba esquivar uno de sus ataques o responder con un golpe bien dado. Sentía que ese potencial del que todos hablaban, esa chispa que yo mismo apenas empezaba a comprender, estaba creciendo dentro de mí como una llama voraz. Sin embargo, algo faltaba. Lo sentía en los huesos, en el alma. No podía depender solo de la fuerza bruta, de técnicas o de la akuma no mi que había consumido muchisimo tiempo atrás. No bastaba con ser rápido, ágil, resistente. Tenía que ir más allá. Tenía que aprender a leer el campo de batalla sin usar los ojos. A golpear con tanta fuerza que el rival no tuviera opción a levantarse tras haberlo tumbado. Tenía que mejorar mis habilidades con el haki. No solo como un recurso útil. Lo necesitaba como parte de mí. Como una extensión de mis sentidos. Si quería sobrevivir en este mundo lleno de monstruos, tenía que llevar mi entrenamiento a otro nivel. Y lo sabía. Lo sabía con una certeza que me ardía en el pecho.<br />
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Tomé una decisión clara, firme, como el crujir de mis nudillos antes de una pelea: el Haki que más desarrollado tenía era el de armamento. Lo había sentido en más de una ocasión, ese hormigueo denso en los brazos cuando me concentraba demasiado, esa presión interna que me recorría los huesos cuando bloqueaba un golpe que debería haberme roto en dos. Era como si una segunda piel, invisible pero sólida, me envolviera durante fracciones de segundo. No duraba mucho, a veces se activaba sin querer, otras lo forzaba y no salía nada. Pero estaba ahí. Latente. Vivo. Como una bestia dormida en mis entrañas. Fue entonces cuando decidí que no podía dejar que eso siguiera siendo un accidente. Iba a dominar el Haki de Armamento. Iba a forjarlo a fuego lento, hacerlo mío, pulirlo hasta convertirlo en una extensión natural de mi cuerpo. Quería que mis golpes fueran como martillazos de hierro fundido, que mis defensas no cedieran ante ningún enemigo, sin importar qué tan fuerte fuera. Ese sería mi camino. Ese sería el poder que me pondría a la altura de los más grandes. Comencé a entrenar por mi cuenta, con una intensidad casi enfermiza. Golpeaba rocas con los puños desnudos, una y otra vez, hasta que los nudillos se me pelaban y sangraban. Apretaba los dientes y no detenía mis brazos hasta que los dedos dejaban de responder. Imaginaba enemigos frente a mí, figuras hechas de sombra que trataban de herirme, y yo respondía con todo lo que tenía, empapado en sudor, jadeando como una bestia al borde del colapso. Pero por más que lo intentaba… no lo sabía. No sabía si estaba mejorando o si estaba simplemente repitiendo los mismos errores. No tenía con quién comparar. No podía medir lo invisible. Y esa duda… esa duda me carcomía por dentro. No soportaba la idea de estar perdiendo el tiempo. Así que, con los brazos vendados, la mandíbula tensa y el orgullo tragado como un trago amargo de mi propio licor, fui a buscar a Garnet una vez más. No me hacía falta hablar mucho. Me miró, alzó una ceja, y antes de que yo pudiera abrir la boca, ya estaba dispuesto a ayudarme a mejorar. Era la clase de persona que sin dudarlo un segundo, estaba dispuesto ayudar a sus amigos. Sabía que si quería convertirme en un verdadero maestro del Haki, no podía hacerlo solo. Necesitaba guía. Necesitaba dirección. Y, sobre todo, necesitaba a alguien que no se conformara con lo que ya era, sino que viera en mí lo que aún podía llegar a ser.<br />
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Garnet aceptó encantado. No solo con una sonrisa amplia y llena de orgullo, sino con un brillo en los ojos que solo los guerreros de verdad tienen cuando ven una chispa prometedora encenderse frente a ellos. Asintió con lentitud, cruzando los brazos sobre el pecho, y dejó que el silencio hablara por unos segundos, como si estuviera asegurándose de que no me estaba echando atrás. Luego, con voz grave y directa, me avisó que no sería un entrenamiento suave, ni facil. Y que si en algún momento pensaba que era fácil, es que lo estaba haciendo mal. Tragué saliva, pero no retrocedí. Tenía claro lo que quería. Lo deseaba con una fuerza que me ardía en el pecho. Él lo notó. Me estudió unos segundos, y me dijo que si cumplia con el objetivo iba a mejorar de una manera increible, que no sólo yo iba a notar, sino absolutamente todos. Aquellas palabras fueron como encender una mecha en mi interior. Me llené de una motivación que se sentía casi eléctrica, vibrando en mis venas. Tenía ganas. Ganas de aprender, de crecer, de romperme si hacía falta, con tal de convertirme en ese monstruo que sabía que podía ser. No era una cuestión de orgullo ni de poder… era una promesa. A mí mismo. A Kumatetsu, que me crio. A mis nakamas, que me creyeron capaz incluso cuando yo dudaba. A Yojimbo, que me acogió cuando me encontró medio perdido en la isla de Momoiro. Garnet me explicó entonces que el entrenamiento se dividiría en tres fases, y cada una atacaría un pilar esencial del Haki de Armamento.  La primera sería la de la expansión del haki por todo el cuerpo. La segunda sería la resistencia, y la tercera, sería la potencia para golpear y destruir todo lo que se me cruzara en el camino. Me puse en posición, el pecho erguido, los ojos fijos en él, y por dentro, una voz gritaba: Estoy listo. Aunque, en el fondo, sabía que no tenía idea de lo que me esperaba. Pero eso no importaba. Porque ya había dado el primer paso, y no pensaba dar marcha atrás. Dar marcha atrás no iba conmigo, y por supuesto no iba con Garnet. Aunque muriera en el intento, iba a darlo todo.<br />
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Para poder expandir el haki por todo mi cuerpo, Garnet me explicó que debía visualizarlo de una forma tan clara y tan vívida que mi mente no dejara espacio para la duda. Según él, debía imaginar cómo aquel poder nacía en lo más profundo de mí, cómo se filtraba por cada rincón de mi ser del mismo modo en que el mar cala lentamente la arena de una playa, llenando cada pequeño hueco hasta saturarlo. Esa imagen se convirtió en mi obsesión durante el entrenamiento. Cerraba los ojos y trataba de sentir el latido de mi propio corazón como si fuera el centro de un océano interno, empujando esa fuerza invisible a través de mis músculos, de mis huesos, de cada fibra que me sostenía. Cada intento era agotador, como si algo en mi interior se negara a expandirse, pero me repetía una y otra vez que debía salir desde dentro y recubrirme por completo, como una segunda piel impenetrable. Cada fracaso se sentía como un jarro de agua helada, pero también como una llamada a intentarlo con más fuerza. Las horas pasaban y mi cuerpo se resentía; las piernas me temblaban, los brazos me pesaban, y el sudor me caía en gotas que me cegaban los ojos. Aun así, no me permitía detenerme. Sabía que esa era la base de todo, el primer cimiento sobre el que se construiría el resto de mi haki. Al caer la tarde, tras un día que se sintió eterno y demoledor, sentí algo diferente. Era como un cosquilleo ardiente que nacía en mi pecho y se desbordaba hacia afuera. Una calidez poderosa se extendió por mis extremidades, cubriéndome por completo. Supe en ese instante que lo había logrado. No necesité que nadie me lo confirmara. Mi respiración era irregular, mi cuerpo estaba al borde del colapso, pero había conseguido recubrirme totalmente con mi haki. Garnet asintió con una expresión que delataba cierta satisfacción contenida, aunque dejó claro que esta era apenas la fase más sencilla del entrenamiento. Me advirtió que lo que venía a continuación sería infinitamente más exigente, pues ahora llegaban las fases que de verdad pondrían a prueba mi resistencia y mi fuerza. Sentí un estremecimiento en el estómago, consciente de que lo peor estaba por venir, pero también una chispa de emoción por seguir avanzando.<br />
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Al día siguiente, Garnet apareció sin previo aviso mientras yo estiraba los brazos bajo el cielo grisáceo del amanecer. En su mano llevaba una barra de metal, larga y gruesa como el mástil de un pequeño navío, con el brillo apagado del acero que ha sido usado muchas veces. Su expresión era imperturbable, dura como una roca. Sin rodeos, me explicó que me golpearía con aquella barra hasta que no me doliera. Ni un solo músculo se me movió en la cara al oírlo, pero por dentro, algo se encogió ligeramente. Lo miré con cierta incredulidad, incapaz de ignorar lo brutal que sonaba aquello. Aun así, yo no era de los que cuestionaban a su maestro, y mucho menos después de haber visto lo lejos que me había traído su método. Me quité la camisa, dejándola a un lado mientras el aire de la mañana acariciaba mi torso cubierto de moretones, cicatrices y sangre seca del día anterior. Respiré hondo, me concentré, y comencé a recubrir completamente mi cuerpo con el Haki de Armamento, sintiendo esa energía oscura deslizarse por mis brazos, mis costillas, mis piernas, hasta envolverme por completo. Cuando Garnet dio el primer golpe, sentí como si me hubieran arrojado un rayo directo al estómago. El impacto resonó por todo mi cuerpo, haciendo vibrar mis huesos y arrancándome el aire de los pulmones. El dolor era tan punzante, tan absoluto, que estuve a punto de caer de rodillas. Pero aguanté. Apreté los dientes, apreté los puños, y me obligué a mantenerme firme. Durante las siguientes horas, el entrenamiento se convirtió en una tortura despiadada. Cada golpe era un martillazo brutal, cada segundo una prueba de mi capacidad de resistir sin gritar. Garnet no aflojaba, no dudaba, solo golpeaba con precisión mecánica, como si su única misión fuese quebrarme… o forjarme. Con el tiempo, comencé a notar un cambio. A medida que las horas se arrastraban, el dolor fue menguando. Lo que antes era un ardor insoportable, se volvió una presión tolerable. Y después de unas tres horas más, llegó un momento en que ya no sentía nada. Ni quemazón, ni punzadas, ni sacudidas. Solo un peso leve, como si el mundo se hiciera más liviano. Eso, según Garnet, significaba que había conseguido endurecerme lo suficiente, que mi Haki ya no era solo una capa, sino una coraza viva. Así, tras resistir lo impensable, llegábamos a la última fase: la potencia para golpear. Y aunque sabía que lo peor estaba por venir, algo en mi pecho se infló de orgullo. Había sobrevivido. Había soportado. Ahora me tocaba aprender a aplastar.<br />
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La última fase del entrenamiento comenzó de forma enigmática, como si Garnet quisiera que cada paso de esta etapa tuviese un peso simbólico. Me condujo a una pequeña explanada donde había dispuesto, con precisión casi ceremonial, tres objetos que me miraban como desafíos vivos: un trozo curvado de madera ennegrecida, un monolito de piedra de más de dos metros de alto, y un bloque sólido de acero del tamaño de un tonel. Me explicó, con ese tono seco y firme al que ya me estaba acostumbrando, que mi tarea era romper cada uno de esos materiales usando únicamente el Haki de Armamento. Ni un gramo de fuerza muscular, ni un solo impulso más allá del necesario para dirigir la palma de mi mano. La técnica, según sus palabras, no era de brutalidad sino de pura precisión. Como un luchador de sumo, debía golpear con la palma abierta, sin permitir que mi energía se dispersara. El impacto debía ser limpio, contundente y profundamente certero. Todo debía venir del haki. Nada más. Me puse frente al primer objeto: el trozo de mástil. Según Garnet, provenía de un barco hundido cerca de la Isla Gyojin, un naufragio olvidado por el mundo, donde la presión del mar y la sal habían transformado la madera en algo más denso y resistente. Pero a simple vista, la verdad, no me pareció gran cosa. Tal vez estaba podrido, tal vez no, pero lo cierto es que no me costó demasiado. Canalicé el haki por mis brazos, concentré toda la energía en el centro de mi palma y di el golpe. La madera crujió como una carcajada rota y se partió por la mitad, seca y sin resistencia. No celebré. Aún no había empezado lo difícil. Pasé al monolito de piedra. Su textura era rugosa, cortante al tacto, y el simple hecho de posicionarme frente a él me impuso cierto respeto. Golpeé una vez, y apenas se astilló. Golpeé de nuevo, y esta vez se abrió una pequeña grieta en el centro. Me tomó algo más de tiempo, pero no fue un obstáculo infranqueable. Poco a poco, fui refinando el punto exacto de presión, canalizando mejor el flujo del haki. Cuando finalmente se partió en dos con un chasquido limpio y seco, supe que estaba dominando la idea, pero aún no el verdadero desafío. El bloque de acero me esperaba como el último guardián. Solo su presencia imponía. Golpearlo era como enfrentar un muro que no devolvía ningún eco, que absorbía la energía sin rechistar. Intento tras intento, mis manos se enrojecían y los latidos se intensificaban en mis oídos. Pero no me detuve. Me obsesioné con encontrar ese punto exacto donde el Haki no se disipara, donde pudiera concentrar toda mi voluntad en un solo impacto. Y, tras incontables repeticiones, lo logré. Un golpe seco, directo, con la palma abierta y la mente vacía, atravesó el acero desde dentro. No lo rompí con fuerza. Lo abrí con convicción. Y supe, en ese instante, que mi potencia ya no dependía de mis músculos. Había alcanzado algo más profundo. Más peligroso. Más real.<br />
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Finalmente, tras todo el esfuerzo, el dolor y la disciplina que había vertido en cada gota de sudor, logré desarrollar un nuevo nivel con mi Haki de Armadura. No era algo que se sintiera como una explosión, ni como un relámpago de poder. Fue más bien una certeza silenciosa, como una verdad que se instala en los huesos y no necesita ser dicha. Cada movimiento, cada golpe, cada respiración… ahora venía acompañado de una sensación de control absoluto. Mi cuerpo ya no temblaba ante el impacto, y mis manos habían aprendido a canalizar la fuerza del Haki como si fuera una extensión de mi voluntad. Garnet, al verme romper aquel bloque de acero sin vacilar, supo que había cumplido mi objetivo. Me lo dijo con esa neutralidad suya, sin emoción aparente, pero con un leve gesto que bastó para entender que mi tiempo bajo su guía había terminado. Había llegado a ese punto en el que un maestro no puede enseñarte más. Ahora me tocaba continuar solo, y aunque había orgullo en mí, también había un vacío inesperado. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Cómo seguir mejorando si ya no había quien me guiara? Durante días, estuve perdido en mis pensamientos. Me sentía fuerte, sí, pero también estancado. El cuerpo podía endurecerse, los músculos podían crecer, pero… ¿y lo demás? Fue en medio de esa duda que me encontré con un viejo libro, cubierto de polvo y telarañas en una esquina olvidada del camarote de uno de mis nakamas. Se llamaba "El libro del guerrero". Su portada era austera, apenas unas letras grabadas en una tapa de cuero desgastado. Lo abrí con desconfianza al principio, pero bastaron unas pocas páginas para captar toda mi atención. En él se hablaba de una verdad que me sacudió por dentro: que un guerrero completo no solo debía entrenar su cuerpo y su técnica, sino también su alma y su mente. Aquellas palabras me atravesaron como una lanza. No importaba cuánto endureciera mis brazos, cuántas piedras partiera o cuántas batallas ganara si mi interior seguía sin estar preparado. El guerrero que quiere llegar lejos debe conocerse, debe templarse por dentro tanto como por fuera. Fue entonces cuando lo entendí, como si una neblina se disipara de golpe. Decidí que no iba a buscar solo más fuerza física. Iba a entrenar mi mente. Iba a entrenar mi espíritu. Porque si quería convertirme en un verdadero monstruo, uno que protegiera a los suyos y desafiara al mundo, tenía que empezar desde lo más profundo. Y ya sabía cómo iba a hacerlo.<br />
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Decidí que, para comenzar a entrenar mi mente y mi espíritu, debía fortalecer mi voluntad a través de la meditación. No fue una decisión al azar ni una ocurrencia pasajera; algo en lo profundo de mi instinto me decía que, si lograba dominar mi voluntad, también sería capaz de controlar ese aura extraña que, desde que había llegado a la Isla Gyojin y comenzado mi entrenamiento con Garnet, se había estado manifestando de manera errática. Era una presencia misteriosa que brotaba de mí cuando estaba al límite, un latido que no pertenecía al cuerpo, sino al alma. A veces lo sentía como una presión sutil que alteraba el aire a mi alrededor, otras como un murmullo ahogado dentro de mi pecho. No sabía exactamente qué era, pero intuía que tenía que ver con mi fuerza de voluntad. Si eso era real dentro de mí, no podía permitir que se desbordara sin control. Tenía que encontrar la manera de calmarlo, de conocerlo, de moldearlo. Así que comencé. Busqué un rincón tranquilo, lejos del entrenamiento de otros, un lugar donde pudiera sentarme sin interrupciones. Me crucé de piernas sobre una superficie rocosa, cerré los ojos y empecé a respirar, lento, profundo, intentando que cada exhalación barriera los pensamientos dispersos que revoloteaban como insectos en mi cabeza. Y, por supuesto, fue un desastre. Siempre había tenido problemas para concentrarme. Mi mente brincaba de un recuerdo a otro, de una idea tonta a una preocupación seria. Pensaba en comida, en batallas pasadas, en bichos raros que me gustaría atrapar, en las voces de mis nakamas… Era como intentar calmar una tormenta con una hoja de papel. Pero no me rendí. Cada vez que me distraía, volvía. Una y otra vez. Insistía. Me obligaba a regresar al presente, a ese punto silencioso donde solo existía mi respiración y el latido sereno de mi pecho. Y poco a poco, algo comenzó a cambiar. Cuando lograba entrar en ese estado —breve, frágil, pero real—, sentía que mis pensamientos se alejaban, como si los viera desde fuera, flotando a lo lejos, sin poder tocarme. La tranquilidad que eso me daba no se parecía a nada que hubiese sentido antes. No era solo paz, era claridad. Como si, por fin, pudiera escuchar mi propia alma hablar en voz baja. Y supe que, si continuaba por ese camino, podría dominar aquello que aún no entendía. Podría convertirme en el guerrero completo que soñaba ser.<br />
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Cuando meditaba, especialmente tras varios días de constancia, comenzaba a entrar en un estado que era difícil de explicar con palabras. No se trataba simplemente de estar en calma o de despejar la mente. Era algo más profundo, más primitivo, como si en esos momentos estuviera entrando en contacto con una parte de mí que no pertenecía ni al cuerpo ni a los pensamientos cotidianos. Era una presencia que despertaba desde el centro de mi pecho y se extendía como una ola, primero dentro de mí, y luego hacia el mundo exterior. En ese estado, me sentía poderoso. No físicamente, no como cuando entrenaba el Haki de Armadura y rompía piedras o acero. Era otro tipo de poder. Uno que no necesitaba golpes. Uno que, sin mover un solo músculo, podía dominar una habitación entera con solo estar presente. Era como si mi voluntad se volviera tangible, como si cada latido del corazón enviara pulsos invisibles a mi alrededor, haciendo temblar el aire. Lo más extraño es que, cuando sentía esa energía, los demás también lo percibían. Aunque estuviera solo, aunque no hubiera testigos, lo sabía. Era el tipo de fuerza que podía aplastar la intención de atacar de alguien sin necesidad de tocarlo. Una presión intangible que salía de mí como una niebla caliente, cargada de algo que no era ni odio, ni rabia, ni siquiera agresividad. Era dominio puro. Como si el mundo entendiera, por instinto, que estaba frente a alguien que no iba a retroceder. Con la práctica, comencé a controlarlo. A manejar su intensidad, a decidir cuándo y cómo dejarlo salir. Ya no era algo que se escapaba por accidente en medio de un arrebato. Ahora podía convocarlo con la mente clara, dirigirlo como una corriente y apagarlo si lo deseaba. Esa sensación de control era embriagadora. No porque me hiciera sentir superior, sino porque, por fin, entendía que estaba alcanzando un nuevo nivel. Algo que muchos, quizás, nunca descubrirían. Lo curioso, lo que realmente me sorprendía, era que Garnet —a pesar de todo su conocimiento, su experiencia, y su sabiduría en combate— no supiera qué era exactamente esa energía. Me observaba con atención cuando la liberaba, con cierta inquietud, casi con respeto, pero no tenía respuestas claras. Me decía que era un tipo de fuerza poco común, algo que él mismo no había visto muchas veces. Eso me hizo pensar. ¿Era algo más allá del entrenamiento? ¿Algo que había nacido conmigo? ¿Un tipo de haki especial? No lo sabía con certeza, pero lo que sí tenía claro era que ese poder era mío, y que ahora era capaz de usarlo con intención. Y eso… eso lo cambiaba todo.<br />
<br />
Después de desarrollar mis nuevas técnicas y sentir por fin un dominio real sobre aquel poder que brotaba de mi interior, comenzamos nuestro ascenso hacia el temido y legendario Nuevo Mundo. El nombre por sí solo tenía un peso distinto; no era simplemente otra parte del mar, era un territorio casi mítico, una tierra donde las reglas parecían doblarse y la muerte se convertía en una sombra constante. Mientras el barco cortaba las olas con la proa apuntando al horizonte, una mezcla espesa de emociones se agolpaba en mi pecho. Nervios, sí. Pero no como los de antes. Ya no eran nervios infantiles, de un niño temeroso de lo desconocido, sino los de un guerrero consciente del peligro, expectante por el desafío, pero también cauto ante lo que pudiera venir. Sabía, con una certeza cruel y lúcida, que si la primera mitad del Grand Line ya me había empujado hasta el límite de mis capacidades físicas y mentales, lo que nos esperaba al otro lado de la Red Line no tendría compasión alguna. Allí, no bastaba con ser fuerte; había que ser despiadadamente tenaz, astuto, adaptable. Era el territorio donde los emperadores del mar dominaban sin piedad, donde los nombres grabados en los carteles de "Se Busca" no eran solo cifras, sino verdaderos monumentos a la amenaza. Y aun así, allí íbamos nosotros. A buscar gloria. A buscar libertad. A desafiar a los mismos monstruos que muchos preferían evitar. Pero yo… yo ya no era un niño. No era ese chiquillo que apenas podía sostenerse en pie, que miraba a los piratas con una mezcla de miedo y admiración. Había cambiado. Mi cuerpo ahora era una herramienta afilada, pulida por incontables batallas, cicatrices, y entrenamientos brutales. Mi mente, aunque todavía con dudas y errores, era más firme, más despierta, más decidida. Mi voluntad, aquella fuerza que aprendí a moldear en la quietud de la meditación, era ahora un escudo invisible que me protegía y, al mismo tiempo, una lanza que podía quebrar la moral de otros. Sentía el peso de la responsabilidad, no solo por mí, sino por aquellos que navegaban conmigo. Pero también sentía hambre. Hambre de más. De saber qué tan lejos podíamos llegar. Qué tan alto podía ascender. De enfrentarme a lo desconocido y salir victorioso. El Nuevo Mundo no iba a regalarnos nada. Lo sabía. Pero nosotros tampoco íbamos a pedir permiso. Íbamos a irrumpir. A pelear. A escribir nuestro nombre con fuego y acero. Aunque me temblaran las manos por dentro, mis pasos se mantenían firmes. Porque el miedo, esa vez, no era un obstáculo… era el combustible.<br />
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Finalmente, tras una ascensión que se me antojó interminable —una subida que comenzó en las profundidades más oscuras del mar, donde la Isla Gyojin reposa como un tesoro escondido entre las sombras oceánicas—, emergimos a la superficie. El cambio fue abrumador. Desde la presión sofocante del fondo marino hasta el aire denso y pesado del Nuevo Mundo, todo tenía un matiz diferente, como si hubiésemos traspasado un umbral invisible entre lo imposible y lo impensable. Cuando el barco rompió finalmente la superficie, una oleada de luz nos recibió como un bautismo, un estallido cálido sobre la piel que, por un instante, pareció purgar el salitre acumulado en el alma. Pero esa luz no traía paz, no… Era una promesa de peligro. Los días siguientes fueron, para mí, una bruma indeterminada de tiempo y pensamientos. La tripulación seguía con su rutina, manteniendo el barco en curso, ajustando velas, vigilando el cielo y el mar como si ambos fueran enemigos potenciales. Yo, en cambio, me refugié en mi camarote. No por cobardía, sino porque sentía que aún no estaba listo para enfrentar aquel mundo con la ligereza que otros mostraban. Me sumergí en la lectura de los viejos cuadernos que había recopilado con los años: anotaciones sobre técnicas de combate, bocetos de enemigos que había enfrentado, registros de errores cometidos y lecciones aprendidas. Entre páginas ajadas y tinta corrida, encontraba pequeñas piezas de mí mismo. A ratos entrenaba, haciendo repeticiones hasta el fallo, puliendo mis movimientos, intentando forzar a mi cuerpo a recordar que debía ser una máquina precisa, no una bestia torpe y sobreentrenada. A veces, simplemente me tumbaba, dejando que el vaivén del barco me meciera, escuchando los crujidos de la madera, el zumbido de las olas, y el murmullo lejano de los pasos sobre cubierta. Y entonces, ocurrió. Un grito desde arriba donde se anunciaba lo que todos esperábamos, y lo que, en secreto, me hacía temblar: tierra a la vista. El corazón me dio un vuelco tan brusco que sentí un vacío helado en el estómago. Era como si mi cuerpo supiera que, al pisar esa isla, todo iba a cambiar. Me vestí con torpeza, las manos sudorosas resbalando al abotonar mi chaqueta, el nudo en la garganta apretando con más fuerza que cualquier enemigo. Al salir al exterior y ver aquella masa de tierra alzándose entre la bruma, sentí que los nervios se apoderaban de mí. No era miedo como tal, sino una tensión acumulada, una especie de presentimiento punzante que me advertía: aquello no era solo una nueva etapa… era el verdadero comienzo.<br />
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Ni siquiera presté atención al nombre de la isla. Cuando alguien lo mencionó, probablemente un miembro de la tripulación señalando el mapa con gesto confiado, mi mente estaba ya muy lejos, hipnotizada por el espectáculo que se alzaba ante mis ojos. La costa se desplegaba como una pintura viva, trazada con pinceladas gruesas de un verde salvaje, profundo, que parecía comerse el horizonte. El sol se filtraba por las copas de los árboles como si la selva respirara luz, exhalándola con lentitud desde lo más profundo de su vientre. Era un lugar impenetrable a simple vista, donde las sombras no eran solo oscuridad, sino promesas: de descubrimientos, de peligros… y, sobre todo, de bichos. Bichos como los que siempre había soñado encontrar. Sentí una emoción punzante en el pecho, un cosquilleo que subía por los brazos y me hacía apretar los puños con fuerza. Mi imaginación ya volaba, desbocada, visualizando colosos de quitina, escarabajos con caparazones iridiscentes, ciempiés con patas como agujas, y mariposas tan grandes que podrían cubrirme la cara con un solo batir de alas. Era exactamente el tipo de ecosistema donde podría encontrar ejemplares únicos, criaturas nunca antes vistas, insectos capaces de contar historias con su sola presencia. Un paraíso, al menos para mí, aunque probablemente una pesadilla para cualquier otro. Sonreí al pensarlo. Saqué de mi chaqueta la libreta de tapas gruesas donde había comenzado a esbozar mi proyecto más ambicioso: una enciclopedia de insectos. No solo con dibujos detallados y observaciones biológicas, sino también con datos extravagantes, cosas como qué sonido hacían al morir, si sabían a algo cuando accidentalmente se metían en la boca (o si valía la pena probarlos), cuántas patas podían perder sin dejar de caminar, cómo reaccionaban al calor, al miedo, a la música. Siempre me imaginé que sería algo como una enciclopedia, pero viva, orgánica, caótica… como los propios bichos. La idea me entusiasmaba más que ninguna batalla. Sentí que mi corazón latía no por la posibilidad de pelea, sino por el descubrimiento, por la recolección, por la investigación. Estaba tan embobado con la visión de la jungla y el crujir de la vegetación golpeando con la brisa que apenas noté que ya estábamos cerca de desembarcar. Mi mente revoloteaba, tan agitada como los insectos que me imaginaba zumbando entre los árboles, y comprendí que esa isla era más que una parada. Era una promesa. Un territorio virgen en mi misión de convertir cada rincón del mundo en parte de mi colección personal. No sabía si allí nos esperaba un enemigo, un aliado o simplemente una trampa del destino… pero yo solo podía pensar en bichos. Y en mi enciclopedia.<br />
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Finalmente, tras un breve intercambio de opiniones entre los miembros de la tripulación y una votación rápida que apenas escuché, decidimos internarnos en aquel bosque espeso, donde el verde se cerraba sobre sí mismo como un puño gigantesco, ocultando el cielo y sumergiéndonos en un mundo completamente ajeno a la lógica del mar abierto. Dimos nuestros primeros pasos entre raíces retorcidas, hojarasca húmeda y un silencio espeso, roto únicamente por el crujido de nuestras pisadas y los lejanos sonidos de la vida salvaje. Yo iba totalmente equipado, más por previsión que por confianza, sabiendo que en un lugar como ese cualquier cosa podía suceder. Llevaba puestos mis guantes, reforzados y ajustados con firmeza por si había que hacer frente a algo hostil sin perder tiempo. Mis espinilleras de cuero duro acompañaban mis piernas, protegiéndolas sin obstaculizar el movimiento, ideales para asestar una buena patada sin romperme los huesos ni lastimarme en un terreno irregular como aquel.  El aire olía a tierra mojada, a savia fresca y a cosas más difíciles de describir: una mezcla entre lo dulzón y lo putrefacto, como si la vida y la muerte estuvieran en un constante intercambio de turnos bajo la corteza de los árboles. No tardé en notar las primeras señales de lo que había venido a buscar. Un escarabajo del tamaño de mi pulgar izquierdo, con un caparazón que brillaba como si le hubieran derramado aceite, se movía lentamente por el tronco de un árbol. Me detuve con cuidado, casi sin respirar, y saqué de mi bolsillo trasero mi pequeña libreta. Era vieja, con las esquinas dobladas y algunas manchas que le daban carácter, pero cada página era un testimonio de mi pasión. Con el lápiz sujeto entre los dedos, comencé a garabatear la forma del insecto, detallando sus antenas, la curvatura de sus élitros y el movimiento lento de sus patas. Añadí anotaciones rápidas: color, tamaño, textura, comportamiento. Aquello me hacía sentir como un verdadero explorador, como alguien que no solo camina por la historia, sino que la escribe en sus márgenes. El bosque no era solo frondoso, era profundo. Las capas de vegetación se superponían unas sobre otras como un laberinto natural, y cada paso más dentro era un paso más lejos del mundo civilizado. Me sentía vivo, atento, expectante. Había algo salvaje en mí que se activaba al adentrarme en lo desconocido. No era solo un pirata con ganas de aventuras, era un niño con sed de descubrimiento. Cada rama que se movía podía esconder una maravilla o una amenaza. Pero yo estaba listo para ambas.<br />
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Por desgracia para mí, el bosque no resultó ser el festín entomológico que había imaginado al primer vistazo desde la costa. No me malinterpreto: estaba vivo, vibrante, lleno de sonidos que hablaban de insectos invisibles y criaturas escondidas entre las ramas, pero ninguno de los ejemplares que fui encontrando se salía demasiado de lo que ya conocía o había registrado en otras islas. Había escarabajos, sí, pero nada que tuviera el tamaño de mi antebrazo o que brillara como metal fundido bajo el sol. Había orugas, pero no aquellas que parecían hechas de seda ardiente o con púas venenosas que segregaban niebla. Me frustraba un poco, aunque intentaba ocultarlo tras la emoción de anotar lo poco nuevo que encontraba. Mis expectativas habían volado muy alto, lo suficiente como para que la realidad —al menos al inicio— no pudiera seguirles el ritmo. Aun así, seguía con la mirada encendida, con los sentidos despiertos, porque sabía que en cualquier momento algo podía romper con la rutina de los árboles y los cantos lejanos. Y entonces sucedió. El bosque se abrió de repente como si el mismo suelo hubiera sido arrancado por una garra invisible. Nos topamos con una zona vallada, una instalación con edificios, rodeada por alambres oxidados y vegetación que luchaba por tragarse el metal. Los carteles colgaban como advertencias olvidadas, moviéndose ligeramente con el viento. “Peligro”. “No pasar”. “Zona restringida”. Letras grandes, descoloridas por el sol, pero aún legibles, como si el tiempo hubiera sido incapaz de borrar del todo el eco de lo que alguna vez fue prohibido. La estructura en sí era poco visible desde nuestra posición, pero se intuía tras el vallado, escondida tras árboles más altos, tal vez camuflada a propósito. No pude evitarlo: algo se agitó en mí, una mezcla explosiva de curiosidad y adrenalina. Mis pasos se detuvieron, pero mi corazón se aceleró. No leía los rostros de mis compañeros, quizás por la tensión o por estar demasiado absorto en lo mío, pero internamente ya me encontraba dentro de esa instalación. Ahí, lo sabía, era donde se escondían los verdaderos secretos. Ahí sí habría bichos raros, criaturas mutadas, quizás experimentos fallidos o especies nunca clasificadas por nadie. También pensé en los posibles peligros, claro, pero el deseo de descubrir, de explorar lo que otros habían sellado con advertencias, era más fuerte. Era como si algo dentro de mí murmurara que ese era el lugar donde debía estar.<br />
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El día siguiente amaneció con una calma casi insultante, como si la propia naturaleza quisiera disimular lo que ocultaba tras aquellas vallas oxidadas. Tras discutir durante un rato qué camino tomar, tomamos la decisión que, en el fondo, ya llevaba escrita desde que pusimos los ojos en esa estructura prohibida. Íbamos a explorarla. Lo sabíamos todos, aunque ninguno lo dijera en voz alta con todas las letras. En lo personal, sentía un cosquilleo en el estómago que no era miedo, sino una versión acelerada del entusiasmo. Esa clase de nervios que se apoderan de uno cuando está a punto de hacer algo importante, algo grande, algo que quizás no tenga marcha atrás. Me latía el pecho con fuerza, y no era por el ejercicio. Era por la promesa de lo desconocido. La clase de emoción que solo un verdadero aventurero, o un idiota curioso como yo, sabría entender. Con el camino aprendido del día anterior, apenas tardamos en llegar. Cada paso entre los árboles tenía ahora un ritmo distinto, una especie de energía eléctrica en el aire que nos envolvía con más intensidad que cualquier humedad del bosque. Las aves se ocultaban, o eso me parecía, como si supieran que nos dirigíamos hacia un lugar que no debía ser perturbado. Cuando la silueta de los edificios aparecieron entre los troncos, la reconocí de inmediato: misma valla carcomida, mismos carteles de advertencia colgando como amenazas olvidadas. Nos detuvimos frente a la puerta principal, una mole metálica apenas encajada entre lo que quedaba de concreto y raíces. La vegetación se aferraba a ella como si tratara de evitar que la abriéramos, como si la isla misma no quisiera revelar sus secretos. Miré a Garnet. Aún sin palabras, lo entendí todo en sus ojos: estaba listo. Lo estábamos todos. Me golpeé el puño con la palma abierta, un gesto reflejo que ya formaba parte de mí desde que era crío, una forma de empujarme hacia adelante cuando la mente aún dudaba un poco. Me lo repetí por dentro, como un mantra: Veamos qué nos encontramos. Y entonces avancé. Un paso tras otro, firme, determinado, con los músculos tensos y los sentidos despiertos. Cada zancada me acercaba al misterio. Cada respiración era más profunda. Y aunque no lo sabía aún, esa puerta no solo iba a llevarme al interior del edificio, sino mucho más allá.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Me sentía bastante cansado de los entrenamientos que tenía con Garnet. No era ese tipo de cansancio perezoso, que te hace bostezar entre sesiones y mirar el horizonte con desdén. No. Era un agotamiento visceral, que se metía bajo la piel y me dejaba los músculos latiendo como tambores de guerra después de cada jornada. Garnet no se andaba con juegos. A veces, parecía que su intención no era entrenarme, sino destrozarme. Golpes directos al torso, barridos que me dejaban mordiendo el suelo, cortes limpios en los brazos para enseñarme que una guardia floja puede costarte la vida… salía completamente reventado. Cada parte de mí estaba cubierta de magulladuras; algunas se tornaban de un morado casi negro, otras sangraban apenas, dejando rastros por el suelo de tierra batida del lugar donde entrenábamos. El sudor me empapaba como si hubiese estado nadando con la ropa puesta, y mi ropa terminaba todos los días más roto que las prendas que llevaba el día anterior. Pero, pese a todo, no podía negar lo evidente: mejoraba. Y no poco. Mis reflejos se afinaban. Mis movimientos, antes torpes y desordenados, empezaban a adquirir una especie de fluidez feroz, como si algo salvaje dentro de mí despertara con cada sesión. Garnet, con sus ojos divertidos y su voz siempre musical, nunca alababa mis progresos, pero lo veía. Se le escapaba a veces un asentimiento, un destello de respeto en su mirada cuando lograba esquivar uno de sus ataques o responder con un golpe bien dado. Sentía que ese potencial del que todos hablaban, esa chispa que yo mismo apenas empezaba a comprender, estaba creciendo dentro de mí como una llama voraz. Sin embargo, algo faltaba. Lo sentía en los huesos, en el alma. No podía depender solo de la fuerza bruta, de técnicas o de la akuma no mi que había consumido muchisimo tiempo atrás. No bastaba con ser rápido, ágil, resistente. Tenía que ir más allá. Tenía que aprender a leer el campo de batalla sin usar los ojos. A golpear con tanta fuerza que el rival no tuviera opción a levantarse tras haberlo tumbado. Tenía que mejorar mis habilidades con el haki. No solo como un recurso útil. Lo necesitaba como parte de mí. Como una extensión de mis sentidos. Si quería sobrevivir en este mundo lleno de monstruos, tenía que llevar mi entrenamiento a otro nivel. Y lo sabía. Lo sabía con una certeza que me ardía en el pecho.<br />
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Tomé una decisión clara, firme, como el crujir de mis nudillos antes de una pelea: el Haki que más desarrollado tenía era el de armamento. Lo había sentido en más de una ocasión, ese hormigueo denso en los brazos cuando me concentraba demasiado, esa presión interna que me recorría los huesos cuando bloqueaba un golpe que debería haberme roto en dos. Era como si una segunda piel, invisible pero sólida, me envolviera durante fracciones de segundo. No duraba mucho, a veces se activaba sin querer, otras lo forzaba y no salía nada. Pero estaba ahí. Latente. Vivo. Como una bestia dormida en mis entrañas. Fue entonces cuando decidí que no podía dejar que eso siguiera siendo un accidente. Iba a dominar el Haki de Armamento. Iba a forjarlo a fuego lento, hacerlo mío, pulirlo hasta convertirlo en una extensión natural de mi cuerpo. Quería que mis golpes fueran como martillazos de hierro fundido, que mis defensas no cedieran ante ningún enemigo, sin importar qué tan fuerte fuera. Ese sería mi camino. Ese sería el poder que me pondría a la altura de los más grandes. Comencé a entrenar por mi cuenta, con una intensidad casi enfermiza. Golpeaba rocas con los puños desnudos, una y otra vez, hasta que los nudillos se me pelaban y sangraban. Apretaba los dientes y no detenía mis brazos hasta que los dedos dejaban de responder. Imaginaba enemigos frente a mí, figuras hechas de sombra que trataban de herirme, y yo respondía con todo lo que tenía, empapado en sudor, jadeando como una bestia al borde del colapso. Pero por más que lo intentaba… no lo sabía. No sabía si estaba mejorando o si estaba simplemente repitiendo los mismos errores. No tenía con quién comparar. No podía medir lo invisible. Y esa duda… esa duda me carcomía por dentro. No soportaba la idea de estar perdiendo el tiempo. Así que, con los brazos vendados, la mandíbula tensa y el orgullo tragado como un trago amargo de mi propio licor, fui a buscar a Garnet una vez más. No me hacía falta hablar mucho. Me miró, alzó una ceja, y antes de que yo pudiera abrir la boca, ya estaba dispuesto a ayudarme a mejorar. Era la clase de persona que sin dudarlo un segundo, estaba dispuesto ayudar a sus amigos. Sabía que si quería convertirme en un verdadero maestro del Haki, no podía hacerlo solo. Necesitaba guía. Necesitaba dirección. Y, sobre todo, necesitaba a alguien que no se conformara con lo que ya era, sino que viera en mí lo que aún podía llegar a ser.<br />
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Garnet aceptó encantado. No solo con una sonrisa amplia y llena de orgullo, sino con un brillo en los ojos que solo los guerreros de verdad tienen cuando ven una chispa prometedora encenderse frente a ellos. Asintió con lentitud, cruzando los brazos sobre el pecho, y dejó que el silencio hablara por unos segundos, como si estuviera asegurándose de que no me estaba echando atrás. Luego, con voz grave y directa, me avisó que no sería un entrenamiento suave, ni facil. Y que si en algún momento pensaba que era fácil, es que lo estaba haciendo mal. Tragué saliva, pero no retrocedí. Tenía claro lo que quería. Lo deseaba con una fuerza que me ardía en el pecho. Él lo notó. Me estudió unos segundos, y me dijo que si cumplia con el objetivo iba a mejorar de una manera increible, que no sólo yo iba a notar, sino absolutamente todos. Aquellas palabras fueron como encender una mecha en mi interior. Me llené de una motivación que se sentía casi eléctrica, vibrando en mis venas. Tenía ganas. Ganas de aprender, de crecer, de romperme si hacía falta, con tal de convertirme en ese monstruo que sabía que podía ser. No era una cuestión de orgullo ni de poder… era una promesa. A mí mismo. A Kumatetsu, que me crio. A mis nakamas, que me creyeron capaz incluso cuando yo dudaba. A Yojimbo, que me acogió cuando me encontró medio perdido en la isla de Momoiro. Garnet me explicó entonces que el entrenamiento se dividiría en tres fases, y cada una atacaría un pilar esencial del Haki de Armamento.  La primera sería la de la expansión del haki por todo el cuerpo. La segunda sería la resistencia, y la tercera, sería la potencia para golpear y destruir todo lo que se me cruzara en el camino. Me puse en posición, el pecho erguido, los ojos fijos en él, y por dentro, una voz gritaba: Estoy listo. Aunque, en el fondo, sabía que no tenía idea de lo que me esperaba. Pero eso no importaba. Porque ya había dado el primer paso, y no pensaba dar marcha atrás. Dar marcha atrás no iba conmigo, y por supuesto no iba con Garnet. Aunque muriera en el intento, iba a darlo todo.<br />
<br />
Para poder expandir el haki por todo mi cuerpo, Garnet me explicó que debía visualizarlo de una forma tan clara y tan vívida que mi mente no dejara espacio para la duda. Según él, debía imaginar cómo aquel poder nacía en lo más profundo de mí, cómo se filtraba por cada rincón de mi ser del mismo modo en que el mar cala lentamente la arena de una playa, llenando cada pequeño hueco hasta saturarlo. Esa imagen se convirtió en mi obsesión durante el entrenamiento. Cerraba los ojos y trataba de sentir el latido de mi propio corazón como si fuera el centro de un océano interno, empujando esa fuerza invisible a través de mis músculos, de mis huesos, de cada fibra que me sostenía. Cada intento era agotador, como si algo en mi interior se negara a expandirse, pero me repetía una y otra vez que debía salir desde dentro y recubrirme por completo, como una segunda piel impenetrable. Cada fracaso se sentía como un jarro de agua helada, pero también como una llamada a intentarlo con más fuerza. Las horas pasaban y mi cuerpo se resentía; las piernas me temblaban, los brazos me pesaban, y el sudor me caía en gotas que me cegaban los ojos. Aun así, no me permitía detenerme. Sabía que esa era la base de todo, el primer cimiento sobre el que se construiría el resto de mi haki. Al caer la tarde, tras un día que se sintió eterno y demoledor, sentí algo diferente. Era como un cosquilleo ardiente que nacía en mi pecho y se desbordaba hacia afuera. Una calidez poderosa se extendió por mis extremidades, cubriéndome por completo. Supe en ese instante que lo había logrado. No necesité que nadie me lo confirmara. Mi respiración era irregular, mi cuerpo estaba al borde del colapso, pero había conseguido recubrirme totalmente con mi haki. Garnet asintió con una expresión que delataba cierta satisfacción contenida, aunque dejó claro que esta era apenas la fase más sencilla del entrenamiento. Me advirtió que lo que venía a continuación sería infinitamente más exigente, pues ahora llegaban las fases que de verdad pondrían a prueba mi resistencia y mi fuerza. Sentí un estremecimiento en el estómago, consciente de que lo peor estaba por venir, pero también una chispa de emoción por seguir avanzando.<br />
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Al día siguiente, Garnet apareció sin previo aviso mientras yo estiraba los brazos bajo el cielo grisáceo del amanecer. En su mano llevaba una barra de metal, larga y gruesa como el mástil de un pequeño navío, con el brillo apagado del acero que ha sido usado muchas veces. Su expresión era imperturbable, dura como una roca. Sin rodeos, me explicó que me golpearía con aquella barra hasta que no me doliera. Ni un solo músculo se me movió en la cara al oírlo, pero por dentro, algo se encogió ligeramente. Lo miré con cierta incredulidad, incapaz de ignorar lo brutal que sonaba aquello. Aun así, yo no era de los que cuestionaban a su maestro, y mucho menos después de haber visto lo lejos que me había traído su método. Me quité la camisa, dejándola a un lado mientras el aire de la mañana acariciaba mi torso cubierto de moretones, cicatrices y sangre seca del día anterior. Respiré hondo, me concentré, y comencé a recubrir completamente mi cuerpo con el Haki de Armamento, sintiendo esa energía oscura deslizarse por mis brazos, mis costillas, mis piernas, hasta envolverme por completo. Cuando Garnet dio el primer golpe, sentí como si me hubieran arrojado un rayo directo al estómago. El impacto resonó por todo mi cuerpo, haciendo vibrar mis huesos y arrancándome el aire de los pulmones. El dolor era tan punzante, tan absoluto, que estuve a punto de caer de rodillas. Pero aguanté. Apreté los dientes, apreté los puños, y me obligué a mantenerme firme. Durante las siguientes horas, el entrenamiento se convirtió en una tortura despiadada. Cada golpe era un martillazo brutal, cada segundo una prueba de mi capacidad de resistir sin gritar. Garnet no aflojaba, no dudaba, solo golpeaba con precisión mecánica, como si su única misión fuese quebrarme… o forjarme. Con el tiempo, comencé a notar un cambio. A medida que las horas se arrastraban, el dolor fue menguando. Lo que antes era un ardor insoportable, se volvió una presión tolerable. Y después de unas tres horas más, llegó un momento en que ya no sentía nada. Ni quemazón, ni punzadas, ni sacudidas. Solo un peso leve, como si el mundo se hiciera más liviano. Eso, según Garnet, significaba que había conseguido endurecerme lo suficiente, que mi Haki ya no era solo una capa, sino una coraza viva. Así, tras resistir lo impensable, llegábamos a la última fase: la potencia para golpear. Y aunque sabía que lo peor estaba por venir, algo en mi pecho se infló de orgullo. Había sobrevivido. Había soportado. Ahora me tocaba aprender a aplastar.<br />
<br />
La última fase del entrenamiento comenzó de forma enigmática, como si Garnet quisiera que cada paso de esta etapa tuviese un peso simbólico. Me condujo a una pequeña explanada donde había dispuesto, con precisión casi ceremonial, tres objetos que me miraban como desafíos vivos: un trozo curvado de madera ennegrecida, un monolito de piedra de más de dos metros de alto, y un bloque sólido de acero del tamaño de un tonel. Me explicó, con ese tono seco y firme al que ya me estaba acostumbrando, que mi tarea era romper cada uno de esos materiales usando únicamente el Haki de Armamento. Ni un gramo de fuerza muscular, ni un solo impulso más allá del necesario para dirigir la palma de mi mano. La técnica, según sus palabras, no era de brutalidad sino de pura precisión. Como un luchador de sumo, debía golpear con la palma abierta, sin permitir que mi energía se dispersara. El impacto debía ser limpio, contundente y profundamente certero. Todo debía venir del haki. Nada más. Me puse frente al primer objeto: el trozo de mástil. Según Garnet, provenía de un barco hundido cerca de la Isla Gyojin, un naufragio olvidado por el mundo, donde la presión del mar y la sal habían transformado la madera en algo más denso y resistente. Pero a simple vista, la verdad, no me pareció gran cosa. Tal vez estaba podrido, tal vez no, pero lo cierto es que no me costó demasiado. Canalicé el haki por mis brazos, concentré toda la energía en el centro de mi palma y di el golpe. La madera crujió como una carcajada rota y se partió por la mitad, seca y sin resistencia. No celebré. Aún no había empezado lo difícil. Pasé al monolito de piedra. Su textura era rugosa, cortante al tacto, y el simple hecho de posicionarme frente a él me impuso cierto respeto. Golpeé una vez, y apenas se astilló. Golpeé de nuevo, y esta vez se abrió una pequeña grieta en el centro. Me tomó algo más de tiempo, pero no fue un obstáculo infranqueable. Poco a poco, fui refinando el punto exacto de presión, canalizando mejor el flujo del haki. Cuando finalmente se partió en dos con un chasquido limpio y seco, supe que estaba dominando la idea, pero aún no el verdadero desafío. El bloque de acero me esperaba como el último guardián. Solo su presencia imponía. Golpearlo era como enfrentar un muro que no devolvía ningún eco, que absorbía la energía sin rechistar. Intento tras intento, mis manos se enrojecían y los latidos se intensificaban en mis oídos. Pero no me detuve. Me obsesioné con encontrar ese punto exacto donde el Haki no se disipara, donde pudiera concentrar toda mi voluntad en un solo impacto. Y, tras incontables repeticiones, lo logré. Un golpe seco, directo, con la palma abierta y la mente vacía, atravesó el acero desde dentro. No lo rompí con fuerza. Lo abrí con convicción. Y supe, en ese instante, que mi potencia ya no dependía de mis músculos. Había alcanzado algo más profundo. Más peligroso. Más real.<br />
<br />
Finalmente, tras todo el esfuerzo, el dolor y la disciplina que había vertido en cada gota de sudor, logré desarrollar un nuevo nivel con mi Haki de Armadura. No era algo que se sintiera como una explosión, ni como un relámpago de poder. Fue más bien una certeza silenciosa, como una verdad que se instala en los huesos y no necesita ser dicha. Cada movimiento, cada golpe, cada respiración… ahora venía acompañado de una sensación de control absoluto. Mi cuerpo ya no temblaba ante el impacto, y mis manos habían aprendido a canalizar la fuerza del Haki como si fuera una extensión de mi voluntad. Garnet, al verme romper aquel bloque de acero sin vacilar, supo que había cumplido mi objetivo. Me lo dijo con esa neutralidad suya, sin emoción aparente, pero con un leve gesto que bastó para entender que mi tiempo bajo su guía había terminado. Había llegado a ese punto en el que un maestro no puede enseñarte más. Ahora me tocaba continuar solo, y aunque había orgullo en mí, también había un vacío inesperado. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Cómo seguir mejorando si ya no había quien me guiara? Durante días, estuve perdido en mis pensamientos. Me sentía fuerte, sí, pero también estancado. El cuerpo podía endurecerse, los músculos podían crecer, pero… ¿y lo demás? Fue en medio de esa duda que me encontré con un viejo libro, cubierto de polvo y telarañas en una esquina olvidada del camarote de uno de mis nakamas. Se llamaba "El libro del guerrero". Su portada era austera, apenas unas letras grabadas en una tapa de cuero desgastado. Lo abrí con desconfianza al principio, pero bastaron unas pocas páginas para captar toda mi atención. En él se hablaba de una verdad que me sacudió por dentro: que un guerrero completo no solo debía entrenar su cuerpo y su técnica, sino también su alma y su mente. Aquellas palabras me atravesaron como una lanza. No importaba cuánto endureciera mis brazos, cuántas piedras partiera o cuántas batallas ganara si mi interior seguía sin estar preparado. El guerrero que quiere llegar lejos debe conocerse, debe templarse por dentro tanto como por fuera. Fue entonces cuando lo entendí, como si una neblina se disipara de golpe. Decidí que no iba a buscar solo más fuerza física. Iba a entrenar mi mente. Iba a entrenar mi espíritu. Porque si quería convertirme en un verdadero monstruo, uno que protegiera a los suyos y desafiara al mundo, tenía que empezar desde lo más profundo. Y ya sabía cómo iba a hacerlo.<br />
<br />
Decidí que, para comenzar a entrenar mi mente y mi espíritu, debía fortalecer mi voluntad a través de la meditación. No fue una decisión al azar ni una ocurrencia pasajera; algo en lo profundo de mi instinto me decía que, si lograba dominar mi voluntad, también sería capaz de controlar ese aura extraña que, desde que había llegado a la Isla Gyojin y comenzado mi entrenamiento con Garnet, se había estado manifestando de manera errática. Era una presencia misteriosa que brotaba de mí cuando estaba al límite, un latido que no pertenecía al cuerpo, sino al alma. A veces lo sentía como una presión sutil que alteraba el aire a mi alrededor, otras como un murmullo ahogado dentro de mi pecho. No sabía exactamente qué era, pero intuía que tenía que ver con mi fuerza de voluntad. Si eso era real dentro de mí, no podía permitir que se desbordara sin control. Tenía que encontrar la manera de calmarlo, de conocerlo, de moldearlo. Así que comencé. Busqué un rincón tranquilo, lejos del entrenamiento de otros, un lugar donde pudiera sentarme sin interrupciones. Me crucé de piernas sobre una superficie rocosa, cerré los ojos y empecé a respirar, lento, profundo, intentando que cada exhalación barriera los pensamientos dispersos que revoloteaban como insectos en mi cabeza. Y, por supuesto, fue un desastre. Siempre había tenido problemas para concentrarme. Mi mente brincaba de un recuerdo a otro, de una idea tonta a una preocupación seria. Pensaba en comida, en batallas pasadas, en bichos raros que me gustaría atrapar, en las voces de mis nakamas… Era como intentar calmar una tormenta con una hoja de papel. Pero no me rendí. Cada vez que me distraía, volvía. Una y otra vez. Insistía. Me obligaba a regresar al presente, a ese punto silencioso donde solo existía mi respiración y el latido sereno de mi pecho. Y poco a poco, algo comenzó a cambiar. Cuando lograba entrar en ese estado —breve, frágil, pero real—, sentía que mis pensamientos se alejaban, como si los viera desde fuera, flotando a lo lejos, sin poder tocarme. La tranquilidad que eso me daba no se parecía a nada que hubiese sentido antes. No era solo paz, era claridad. Como si, por fin, pudiera escuchar mi propia alma hablar en voz baja. Y supe que, si continuaba por ese camino, podría dominar aquello que aún no entendía. Podría convertirme en el guerrero completo que soñaba ser.<br />
<br />
Cuando meditaba, especialmente tras varios días de constancia, comenzaba a entrar en un estado que era difícil de explicar con palabras. No se trataba simplemente de estar en calma o de despejar la mente. Era algo más profundo, más primitivo, como si en esos momentos estuviera entrando en contacto con una parte de mí que no pertenecía ni al cuerpo ni a los pensamientos cotidianos. Era una presencia que despertaba desde el centro de mi pecho y se extendía como una ola, primero dentro de mí, y luego hacia el mundo exterior. En ese estado, me sentía poderoso. No físicamente, no como cuando entrenaba el Haki de Armadura y rompía piedras o acero. Era otro tipo de poder. Uno que no necesitaba golpes. Uno que, sin mover un solo músculo, podía dominar una habitación entera con solo estar presente. Era como si mi voluntad se volviera tangible, como si cada latido del corazón enviara pulsos invisibles a mi alrededor, haciendo temblar el aire. Lo más extraño es que, cuando sentía esa energía, los demás también lo percibían. Aunque estuviera solo, aunque no hubiera testigos, lo sabía. Era el tipo de fuerza que podía aplastar la intención de atacar de alguien sin necesidad de tocarlo. Una presión intangible que salía de mí como una niebla caliente, cargada de algo que no era ni odio, ni rabia, ni siquiera agresividad. Era dominio puro. Como si el mundo entendiera, por instinto, que estaba frente a alguien que no iba a retroceder. Con la práctica, comencé a controlarlo. A manejar su intensidad, a decidir cuándo y cómo dejarlo salir. Ya no era algo que se escapaba por accidente en medio de un arrebato. Ahora podía convocarlo con la mente clara, dirigirlo como una corriente y apagarlo si lo deseaba. Esa sensación de control era embriagadora. No porque me hiciera sentir superior, sino porque, por fin, entendía que estaba alcanzando un nuevo nivel. Algo que muchos, quizás, nunca descubrirían. Lo curioso, lo que realmente me sorprendía, era que Garnet —a pesar de todo su conocimiento, su experiencia, y su sabiduría en combate— no supiera qué era exactamente esa energía. Me observaba con atención cuando la liberaba, con cierta inquietud, casi con respeto, pero no tenía respuestas claras. Me decía que era un tipo de fuerza poco común, algo que él mismo no había visto muchas veces. Eso me hizo pensar. ¿Era algo más allá del entrenamiento? ¿Algo que había nacido conmigo? ¿Un tipo de haki especial? No lo sabía con certeza, pero lo que sí tenía claro era que ese poder era mío, y que ahora era capaz de usarlo con intención. Y eso… eso lo cambiaba todo.<br />
<br />
Después de desarrollar mis nuevas técnicas y sentir por fin un dominio real sobre aquel poder que brotaba de mi interior, comenzamos nuestro ascenso hacia el temido y legendario Nuevo Mundo. El nombre por sí solo tenía un peso distinto; no era simplemente otra parte del mar, era un territorio casi mítico, una tierra donde las reglas parecían doblarse y la muerte se convertía en una sombra constante. Mientras el barco cortaba las olas con la proa apuntando al horizonte, una mezcla espesa de emociones se agolpaba en mi pecho. Nervios, sí. Pero no como los de antes. Ya no eran nervios infantiles, de un niño temeroso de lo desconocido, sino los de un guerrero consciente del peligro, expectante por el desafío, pero también cauto ante lo que pudiera venir. Sabía, con una certeza cruel y lúcida, que si la primera mitad del Grand Line ya me había empujado hasta el límite de mis capacidades físicas y mentales, lo que nos esperaba al otro lado de la Red Line no tendría compasión alguna. Allí, no bastaba con ser fuerte; había que ser despiadadamente tenaz, astuto, adaptable. Era el territorio donde los emperadores del mar dominaban sin piedad, donde los nombres grabados en los carteles de "Se Busca" no eran solo cifras, sino verdaderos monumentos a la amenaza. Y aun así, allí íbamos nosotros. A buscar gloria. A buscar libertad. A desafiar a los mismos monstruos que muchos preferían evitar. Pero yo… yo ya no era un niño. No era ese chiquillo que apenas podía sostenerse en pie, que miraba a los piratas con una mezcla de miedo y admiración. Había cambiado. Mi cuerpo ahora era una herramienta afilada, pulida por incontables batallas, cicatrices, y entrenamientos brutales. Mi mente, aunque todavía con dudas y errores, era más firme, más despierta, más decidida. Mi voluntad, aquella fuerza que aprendí a moldear en la quietud de la meditación, era ahora un escudo invisible que me protegía y, al mismo tiempo, una lanza que podía quebrar la moral de otros. Sentía el peso de la responsabilidad, no solo por mí, sino por aquellos que navegaban conmigo. Pero también sentía hambre. Hambre de más. De saber qué tan lejos podíamos llegar. Qué tan alto podía ascender. De enfrentarme a lo desconocido y salir victorioso. El Nuevo Mundo no iba a regalarnos nada. Lo sabía. Pero nosotros tampoco íbamos a pedir permiso. Íbamos a irrumpir. A pelear. A escribir nuestro nombre con fuego y acero. Aunque me temblaran las manos por dentro, mis pasos se mantenían firmes. Porque el miedo, esa vez, no era un obstáculo… era el combustible.<br />
<br />
Finalmente, tras una ascensión que se me antojó interminable —una subida que comenzó en las profundidades más oscuras del mar, donde la Isla Gyojin reposa como un tesoro escondido entre las sombras oceánicas—, emergimos a la superficie. El cambio fue abrumador. Desde la presión sofocante del fondo marino hasta el aire denso y pesado del Nuevo Mundo, todo tenía un matiz diferente, como si hubiésemos traspasado un umbral invisible entre lo imposible y lo impensable. Cuando el barco rompió finalmente la superficie, una oleada de luz nos recibió como un bautismo, un estallido cálido sobre la piel que, por un instante, pareció purgar el salitre acumulado en el alma. Pero esa luz no traía paz, no… Era una promesa de peligro. Los días siguientes fueron, para mí, una bruma indeterminada de tiempo y pensamientos. La tripulación seguía con su rutina, manteniendo el barco en curso, ajustando velas, vigilando el cielo y el mar como si ambos fueran enemigos potenciales. Yo, en cambio, me refugié en mi camarote. No por cobardía, sino porque sentía que aún no estaba listo para enfrentar aquel mundo con la ligereza que otros mostraban. Me sumergí en la lectura de los viejos cuadernos que había recopilado con los años: anotaciones sobre técnicas de combate, bocetos de enemigos que había enfrentado, registros de errores cometidos y lecciones aprendidas. Entre páginas ajadas y tinta corrida, encontraba pequeñas piezas de mí mismo. A ratos entrenaba, haciendo repeticiones hasta el fallo, puliendo mis movimientos, intentando forzar a mi cuerpo a recordar que debía ser una máquina precisa, no una bestia torpe y sobreentrenada. A veces, simplemente me tumbaba, dejando que el vaivén del barco me meciera, escuchando los crujidos de la madera, el zumbido de las olas, y el murmullo lejano de los pasos sobre cubierta. Y entonces, ocurrió. Un grito desde arriba donde se anunciaba lo que todos esperábamos, y lo que, en secreto, me hacía temblar: tierra a la vista. El corazón me dio un vuelco tan brusco que sentí un vacío helado en el estómago. Era como si mi cuerpo supiera que, al pisar esa isla, todo iba a cambiar. Me vestí con torpeza, las manos sudorosas resbalando al abotonar mi chaqueta, el nudo en la garganta apretando con más fuerza que cualquier enemigo. Al salir al exterior y ver aquella masa de tierra alzándose entre la bruma, sentí que los nervios se apoderaban de mí. No era miedo como tal, sino una tensión acumulada, una especie de presentimiento punzante que me advertía: aquello no era solo una nueva etapa… era el verdadero comienzo.<br />
<br />
Ni siquiera presté atención al nombre de la isla. Cuando alguien lo mencionó, probablemente un miembro de la tripulación señalando el mapa con gesto confiado, mi mente estaba ya muy lejos, hipnotizada por el espectáculo que se alzaba ante mis ojos. La costa se desplegaba como una pintura viva, trazada con pinceladas gruesas de un verde salvaje, profundo, que parecía comerse el horizonte. El sol se filtraba por las copas de los árboles como si la selva respirara luz, exhalándola con lentitud desde lo más profundo de su vientre. Era un lugar impenetrable a simple vista, donde las sombras no eran solo oscuridad, sino promesas: de descubrimientos, de peligros… y, sobre todo, de bichos. Bichos como los que siempre había soñado encontrar. Sentí una emoción punzante en el pecho, un cosquilleo que subía por los brazos y me hacía apretar los puños con fuerza. Mi imaginación ya volaba, desbocada, visualizando colosos de quitina, escarabajos con caparazones iridiscentes, ciempiés con patas como agujas, y mariposas tan grandes que podrían cubrirme la cara con un solo batir de alas. Era exactamente el tipo de ecosistema donde podría encontrar ejemplares únicos, criaturas nunca antes vistas, insectos capaces de contar historias con su sola presencia. Un paraíso, al menos para mí, aunque probablemente una pesadilla para cualquier otro. Sonreí al pensarlo. Saqué de mi chaqueta la libreta de tapas gruesas donde había comenzado a esbozar mi proyecto más ambicioso: una enciclopedia de insectos. No solo con dibujos detallados y observaciones biológicas, sino también con datos extravagantes, cosas como qué sonido hacían al morir, si sabían a algo cuando accidentalmente se metían en la boca (o si valía la pena probarlos), cuántas patas podían perder sin dejar de caminar, cómo reaccionaban al calor, al miedo, a la música. Siempre me imaginé que sería algo como una enciclopedia, pero viva, orgánica, caótica… como los propios bichos. La idea me entusiasmaba más que ninguna batalla. Sentí que mi corazón latía no por la posibilidad de pelea, sino por el descubrimiento, por la recolección, por la investigación. Estaba tan embobado con la visión de la jungla y el crujir de la vegetación golpeando con la brisa que apenas noté que ya estábamos cerca de desembarcar. Mi mente revoloteaba, tan agitada como los insectos que me imaginaba zumbando entre los árboles, y comprendí que esa isla era más que una parada. Era una promesa. Un territorio virgen en mi misión de convertir cada rincón del mundo en parte de mi colección personal. No sabía si allí nos esperaba un enemigo, un aliado o simplemente una trampa del destino… pero yo solo podía pensar en bichos. Y en mi enciclopedia.<br />
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<br />
Finalmente, tras un breve intercambio de opiniones entre los miembros de la tripulación y una votación rápida que apenas escuché, decidimos internarnos en aquel bosque espeso, donde el verde se cerraba sobre sí mismo como un puño gigantesco, ocultando el cielo y sumergiéndonos en un mundo completamente ajeno a la lógica del mar abierto. Dimos nuestros primeros pasos entre raíces retorcidas, hojarasca húmeda y un silencio espeso, roto únicamente por el crujido de nuestras pisadas y los lejanos sonidos de la vida salvaje. Yo iba totalmente equipado, más por previsión que por confianza, sabiendo que en un lugar como ese cualquier cosa podía suceder. Llevaba puestos mis guantes, reforzados y ajustados con firmeza por si había que hacer frente a algo hostil sin perder tiempo. Mis espinilleras de cuero duro acompañaban mis piernas, protegiéndolas sin obstaculizar el movimiento, ideales para asestar una buena patada sin romperme los huesos ni lastimarme en un terreno irregular como aquel.  El aire olía a tierra mojada, a savia fresca y a cosas más difíciles de describir: una mezcla entre lo dulzón y lo putrefacto, como si la vida y la muerte estuvieran en un constante intercambio de turnos bajo la corteza de los árboles. No tardé en notar las primeras señales de lo que había venido a buscar. Un escarabajo del tamaño de mi pulgar izquierdo, con un caparazón que brillaba como si le hubieran derramado aceite, se movía lentamente por el tronco de un árbol. Me detuve con cuidado, casi sin respirar, y saqué de mi bolsillo trasero mi pequeña libreta. Era vieja, con las esquinas dobladas y algunas manchas que le daban carácter, pero cada página era un testimonio de mi pasión. Con el lápiz sujeto entre los dedos, comencé a garabatear la forma del insecto, detallando sus antenas, la curvatura de sus élitros y el movimiento lento de sus patas. Añadí anotaciones rápidas: color, tamaño, textura, comportamiento. Aquello me hacía sentir como un verdadero explorador, como alguien que no solo camina por la historia, sino que la escribe en sus márgenes. El bosque no era solo frondoso, era profundo. Las capas de vegetación se superponían unas sobre otras como un laberinto natural, y cada paso más dentro era un paso más lejos del mundo civilizado. Me sentía vivo, atento, expectante. Había algo salvaje en mí que se activaba al adentrarme en lo desconocido. No era solo un pirata con ganas de aventuras, era un niño con sed de descubrimiento. Cada rama que se movía podía esconder una maravilla o una amenaza. Pero yo estaba listo para ambas.<br />
<br />
Por desgracia para mí, el bosque no resultó ser el festín entomológico que había imaginado al primer vistazo desde la costa. No me malinterpreto: estaba vivo, vibrante, lleno de sonidos que hablaban de insectos invisibles y criaturas escondidas entre las ramas, pero ninguno de los ejemplares que fui encontrando se salía demasiado de lo que ya conocía o había registrado en otras islas. Había escarabajos, sí, pero nada que tuviera el tamaño de mi antebrazo o que brillara como metal fundido bajo el sol. Había orugas, pero no aquellas que parecían hechas de seda ardiente o con púas venenosas que segregaban niebla. Me frustraba un poco, aunque intentaba ocultarlo tras la emoción de anotar lo poco nuevo que encontraba. Mis expectativas habían volado muy alto, lo suficiente como para que la realidad —al menos al inicio— no pudiera seguirles el ritmo. Aun así, seguía con la mirada encendida, con los sentidos despiertos, porque sabía que en cualquier momento algo podía romper con la rutina de los árboles y los cantos lejanos. Y entonces sucedió. El bosque se abrió de repente como si el mismo suelo hubiera sido arrancado por una garra invisible. Nos topamos con una zona vallada, una instalación con edificios, rodeada por alambres oxidados y vegetación que luchaba por tragarse el metal. Los carteles colgaban como advertencias olvidadas, moviéndose ligeramente con el viento. “Peligro”. “No pasar”. “Zona restringida”. Letras grandes, descoloridas por el sol, pero aún legibles, como si el tiempo hubiera sido incapaz de borrar del todo el eco de lo que alguna vez fue prohibido. La estructura en sí era poco visible desde nuestra posición, pero se intuía tras el vallado, escondida tras árboles más altos, tal vez camuflada a propósito. No pude evitarlo: algo se agitó en mí, una mezcla explosiva de curiosidad y adrenalina. Mis pasos se detuvieron, pero mi corazón se aceleró. No leía los rostros de mis compañeros, quizás por la tensión o por estar demasiado absorto en lo mío, pero internamente ya me encontraba dentro de esa instalación. Ahí, lo sabía, era donde se escondían los verdaderos secretos. Ahí sí habría bichos raros, criaturas mutadas, quizás experimentos fallidos o especies nunca clasificadas por nadie. También pensé en los posibles peligros, claro, pero el deseo de descubrir, de explorar lo que otros habían sellado con advertencias, era más fuerte. Era como si algo dentro de mí murmurara que ese era el lugar donde debía estar.<br />
<br />
El día siguiente amaneció con una calma casi insultante, como si la propia naturaleza quisiera disimular lo que ocultaba tras aquellas vallas oxidadas. Tras discutir durante un rato qué camino tomar, tomamos la decisión que, en el fondo, ya llevaba escrita desde que pusimos los ojos en esa estructura prohibida. Íbamos a explorarla. Lo sabíamos todos, aunque ninguno lo dijera en voz alta con todas las letras. En lo personal, sentía un cosquilleo en el estómago que no era miedo, sino una versión acelerada del entusiasmo. Esa clase de nervios que se apoderan de uno cuando está a punto de hacer algo importante, algo grande, algo que quizás no tenga marcha atrás. Me latía el pecho con fuerza, y no era por el ejercicio. Era por la promesa de lo desconocido. La clase de emoción que solo un verdadero aventurero, o un idiota curioso como yo, sabría entender. Con el camino aprendido del día anterior, apenas tardamos en llegar. Cada paso entre los árboles tenía ahora un ritmo distinto, una especie de energía eléctrica en el aire que nos envolvía con más intensidad que cualquier humedad del bosque. Las aves se ocultaban, o eso me parecía, como si supieran que nos dirigíamos hacia un lugar que no debía ser perturbado. Cuando la silueta de los edificios aparecieron entre los troncos, la reconocí de inmediato: misma valla carcomida, mismos carteles de advertencia colgando como amenazas olvidadas. Nos detuvimos frente a la puerta principal, una mole metálica apenas encajada entre lo que quedaba de concreto y raíces. La vegetación se aferraba a ella como si tratara de evitar que la abriéramos, como si la isla misma no quisiera revelar sus secretos. Miré a Garnet. Aún sin palabras, lo entendí todo en sus ojos: estaba listo. Lo estábamos todos. Me golpeé el puño con la palma abierta, un gesto reflejo que ya formaba parte de mí desde que era crío, una forma de empujarme hacia adelante cuando la mente aún dudaba un poco. Me lo repetí por dentro, como un mantra: Veamos qué nos encontramos. Y entonces avancé. Un paso tras otro, firme, determinado, con los músculos tensos y los sentidos despiertos. Cada zancada me acercaba al misterio. Cada respiración era más profunda. Y aunque no lo sabía aún, esa puerta no solo iba a llevarme al interior del edificio, sino mucho más allá.]]></content:encoded>
		</item>
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			<title><![CDATA[[FIC - Salto temporal] Cambios]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1858</link>
			<pubDate>Mon, 28 Jul 2025 18:54:41 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=78">Sasha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1858</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La estancia en la isla Gyojin había sido curiosa para Sasha, se había planteado muchas cosas y pensado cómo hacer otras. Pero no pudo evitar empezar la mañana como más de una vez había hecho: quedándose estirada en su cama mirando el techo mientras pensaba, el tiempo estaba pasando volando y había cosas que quería hacer y no había puesto en práctica todavía, así que la semioni levantó la mano y tras moverla para verla por la palma y el reverso susurró — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Neutron Stars Out</span></span> — automáticamente su mano se quedó quieta junto a todo su cuerpo, no puedo evitar el chasquido mal hecho que salió de su boca. Aquello iba a costar mucho. La rubia intentó mover su mano sin éxito, por lo que cambió a centrarse en sus dedos que tampoco se movieron. La joven bajó la mano destensando su cuerpo y pudiendo moverlo con naturalidad. Entonces empezó a pensar en todas las técnicas que había aprendido hasta ahora – algunas más útiles que otras – hasta que recordó las tres primeras técnicas que aprendió cuando era joven, no las había usado nunca y ya las veía un juego de niños ahora que estaban en el nuevo mundo ¿Pero cómo las podría olvidar? Sasha miró su nuevo kanabo ¿No creía, no? Enseguida desechó la idea, solo era tan fácil como darse cuenta que desde hacía tanto tiempo no las usaba que prácticamente las había olvidado e incorporado en otras técnicas, así que sin preocuparse más del tema por fin se levantó poniéndose sus gafas molonas y buscando algo nuevo que hacer ese día.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tiempo había pasado rápido y tras dos años, por fin se marchaban de la isla gyojin, con un barco mejorado y un nuevo estilo para la semioni, ahora con el pelo corto y la coleta a un lado . Regatear por la cocina de Garnet había sido fácil y el pelirrojo se merecía tenerla tras todo lo que había hecho por ella. Así que con las manos en el timón y una nueva burbuja que recubría el barco subieron hasta llegar al otro lado de la Red Line. Había sido un caos, pero gracias al nuevo log pose y a las paradas para poder llenar la despensa habían conseguido llegar a Punk Hazard, donde parecía que algún graciosillo no les quería dejar pasar. La rubia infló los mofletes y pisó el cartel de prohibido el paso — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¿Qué no se puede pasar? ¡A mí solo me mandan Triana y Tobías! Y a veces Garnet. Seguro que es un farol y en realidad no hay nada</span></span> — fue lo único que comentó la joven antes de volver al barco. Los demás Alas Negras parecía que sí que querían ir así que ella los dejó hacer, no veía el sitio tan peligroso y ella prefería quedarse para seguir entrenando aquello que había empezado en la isla Gyojin.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><div class='custom-spoiler'>
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				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Este fic es para las proezas y como justificación del salto temporal, tengo que hacer 300 palabras.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>técnicas</span>
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					<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Neutron Stars Out</h2></strong></span>
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                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Propio</strong></div>
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                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>140 Resistencia | 120 Control de Akuma</span>
                        </p>
                        <p>
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                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>No tiene</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>294 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                Bloquea 3,3xResistencia
                            </span>
                        </p>
                            </span>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
                            <span id='enfriamientoTecnica'>
                                Dos turnos
                            </span>
                        </p>
                    </div>
                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>Sasha, en forma híbrida, se queda quieta mientras endurece el cuerpo bloqueando el ataque de su adversario gracias a su resistente piel.</i>
                </p>
                <hr/>
                <div class='tecnica_code_container'>
                    <div
                        class='tecnica_code'
                        onclick='CodeHelper.copyCodeToClipboard(`tecnica`, `neutron001`);'
                    >
                        <span><strong>Código: </strong><span id='codigoTecnica'>neutron001</span></span>
                    </div>
                </div>
                
            </div><br />

				</div>
			</div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La estancia en la isla Gyojin había sido curiosa para Sasha, se había planteado muchas cosas y pensado cómo hacer otras. Pero no pudo evitar empezar la mañana como más de una vez había hecho: quedándose estirada en su cama mirando el techo mientras pensaba, el tiempo estaba pasando volando y había cosas que quería hacer y no había puesto en práctica todavía, así que la semioni levantó la mano y tras moverla para verla por la palma y el reverso susurró — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Neutron Stars Out</span></span> — automáticamente su mano se quedó quieta junto a todo su cuerpo, no puedo evitar el chasquido mal hecho que salió de su boca. Aquello iba a costar mucho. La rubia intentó mover su mano sin éxito, por lo que cambió a centrarse en sus dedos que tampoco se movieron. La joven bajó la mano destensando su cuerpo y pudiendo moverlo con naturalidad. Entonces empezó a pensar en todas las técnicas que había aprendido hasta ahora – algunas más útiles que otras – hasta que recordó las tres primeras técnicas que aprendió cuando era joven, no las había usado nunca y ya las veía un juego de niños ahora que estaban en el nuevo mundo ¿Pero cómo las podría olvidar? Sasha miró su nuevo kanabo ¿No creía, no? Enseguida desechó la idea, solo era tan fácil como darse cuenta que desde hacía tanto tiempo no las usaba que prácticamente las había olvidado e incorporado en otras técnicas, así que sin preocuparse más del tema por fin se levantó poniéndose sus gafas molonas y buscando algo nuevo que hacer ese día.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tiempo había pasado rápido y tras dos años, por fin se marchaban de la isla gyojin, con un barco mejorado y un nuevo estilo para la semioni, ahora con el pelo corto y la coleta a un lado . Regatear por la cocina de Garnet había sido fácil y el pelirrojo se merecía tenerla tras todo lo que había hecho por ella. Así que con las manos en el timón y una nueva burbuja que recubría el barco subieron hasta llegar al otro lado de la Red Line. Había sido un caos, pero gracias al nuevo log pose y a las paradas para poder llenar la despensa habían conseguido llegar a Punk Hazard, donde parecía que algún graciosillo no les quería dejar pasar. La rubia infló los mofletes y pisó el cartel de prohibido el paso — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¿Qué no se puede pasar? ¡A mí solo me mandan Triana y Tobías! Y a veces Garnet. Seguro que es un farol y en realidad no hay nada</span></span> — fue lo único que comentó la joven antes de volver al barco. Los demás Alas Negras parecía que sí que querían ir así que ella los dejó hacer, no veía el sitio tan peligroso y ella prefería quedarse para seguir entrenando aquello que había empezado en la isla Gyojin.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Este fic es para las proezas y como justificación del salto temporal, tengo que hacer 300 palabras.<br />

				</div>
			</div><br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>técnicas</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Neutron Stars Out</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Propio</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>6</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
                    onclick='javascript: if(parentNode.getElementsByClassName(`tecnica_spoiler_content`)[0].style.display == `block`){
                            parentNode.getElementsByClassName(`tecnica_spoiler_content`)[0].style.display = `none`;
                        } else {
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                >
                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
                </div>

                <div class='tecnica_spoiler_content' style='display: none;'>
                    <div style='display: flex;flex-direction: column;'>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>140 Resistencia | 120 Control de Akuma</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>No tiene</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>294 de energía</strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
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                            </span>
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                        <p>
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                                <strong>Enfriamiento: </strong>
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                    <i id='descripcionTecnica'>Sasha, en forma híbrida, se queda quieta mientras endurece el cuerpo bloqueando el ataque de su adversario gracias a su resistente piel.</i>
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            </div><br />

				</div>
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