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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Terminal Grey]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 19:51:53 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - El precio del acero.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2463</link>
			<pubDate>Sun, 02 Nov 2025 14:49:55 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=538">KuroVongola</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2463</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Hace 1 año, </span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Año 15</span></span></span></div>
El aire de Terminal Grey era denso, casi sólido. Olía a hierro, aceite y podredumbre. Las fábricas seguían rugiendo aunque el sol ya se había ocultado tras la bruma, dejando el cielo teñido de un naranja sucio. Caminaba con cuidado entre los callejones húmedos, con la capa echada sobre los hombros y el rostro cubierto por una bufanda. Tenía un objetivo: conseguir la pieza que necesitaba para reparar el generador de presión del dojo. Sin esa pieza, el sistema hidráulico del área de entrenamiento quedaría inutilizable por semanas, y no podía permitírselo.<br />
<br />
Preguntando entre los chatarreros y mecánicos del mercado negro, el nombre de un solo hombre aparecía una y otra vez: <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Rugor</span>, el matón más conocido de Terminal Grey. Nadie lo miraba a los ojos, y los que lo hacían no duraban mucho. Golpeaba, robaba, extorsionaba y mataba con una facilidad que lo había convertido en una sombra temida. Si alguien tenía una pieza extraña, valiosa o difícil de encontrar, era él.<br />
<br />
Lo encontré en un taller improvisado cerca del límite del distrito sur. El lugar era un caos de metal retorcido y bidones oxidados. Había dos hombres vigilando la entrada, ambos armados, con chaquetas de cuero desgastadas y miradas vacías. Me miraron con recelo, pero me dejaron pasar cuando Rugor levantó una mano desde su asiento.<br />
<br />
Era enorme. Tenía la cabeza rapada, la mandíbula cuadrada y una cicatriz que cruzaba desde su ceja hasta el cuello. Fumaba un cigarro grueso, dejando que la brasa iluminara su rostro cada vez que inhalaba.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Dicen que buscas una válvula de triple flujo —</span>gruñó, sin levantarse.<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— No son comunes por aquí. —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—La necesito para una máquina —</span>respondí, manteniendo la voz baja.<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— Dicen que tú tienes una. —</span><br />
<br />
Rugor soltó una carcajada ronca.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Tengo muchas cosas. Pero todo tiene un precio. —</span><br />
<br />
Se levantó y caminó hasta un estante de metal. Rebuscó entre cajas, latas y engranajes, hasta sacar una pieza plateada, perfectamente limpia, como si nunca hubiera estado en contacto con el polvo de la ciudad. La colocó sobre la mesa con un golpe seco.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Aquí está. Funciona, lo comprobé yo mismo. Pero no será barata. —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Cuánto? —</span><br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Veinte mil berries. —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Eso es demasiado. No vale ni la mitad. —</span><br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Lo vale si la tengo yo. —</span>Dijo, con una sonrisa torcida.<br />
<br />
Sabía que discutir no serviría de nada. Fingí dudar, revisando mis bolsillos, hasta que solté un suspiro.<br />
<br />
—<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Está bien. Déjame sacar el dinero. —</span>Me agaché para buscar la bolsa de monedas, y en ese instante, dejé caer una pequeña tuerca al suelo. Me incliné para recogerla, y mientras su mirada se desviaba por un segundo, mi mano libre se movió como un reflejo. La pieza desapareció de la mesa, oculta bajo mi capa.<br />
<br />
Me levanté con calma.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Quizás vuelva más tarde, necesito revisar el precio con mi maestro. —</span>Dije.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Haz lo que quieras, chico. —</span>Rugor se giró hacia sus hombres, sin sospechar nada todavía.<br />
<br />
Salí del taller sin mirar atrás, pero no había avanzado ni tres calles cuando escuché el rugido.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Ese maldito me robó! ¡CIÉRRENLE EL PASO! —</span><br />
<br />
Mi corazón se disparó. Corrí entre montones de chatarra, saltando sobre tuberías oxidadas y escombros. Las calles de Terminal Grey se enredaban como un laberinto, y aunque las conocía, Rugor las dominaba mejor. Lo escuchaba detrás, gritando, pisando fuerte, con una rabia que resonaba en el metal.<br />
<br />
Salté sobre un viejo contenedor y trepé por una montaña de basura mecánica. Desde arriba vi su sombra subir tras de mí, pesada, brutal. Antes de que alcanzara la cima, giré y desenvainé mi daga. Cuando su mano se asomó para atraparme, clavé el filo con toda mi fuerza.<br />
<br />
El grito fue desgarrador. Cayó hacia atrás, golpeando contra el suelo con un estruendo de chatarra. Aproveché esos segundos para escapar, pero su rabia fue más rápida que el dolor. Se levantó con la mano sangrando y sacó una pistola de su cinturón.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Te voy a hacer pedazos, desgraciado! —</span>gritó, disparando.<br />
<br />
El primer disparo rebotó en un tubo. El segundo me pasó rozando la oreja. Corrí por la pendiente del basurero, deslizándome entre cables y piezas rotas hasta alcanzar una calle lateral que llevaba al borde del bosque. Pero al final del camino, dos hombres bloqueaban la salida: sus subordinados.<br />
<br />
<span style="color: #ffdc00;" class="mycode_color">—Ahí está —</span>dijo uno, levantando una barra de hierro.<br />
<br />
Ambos se lanzaron a la vez. Esquivé el primer golpe, agachándome, y respondí con una patada en la rodilla del segundo. El hueso crujió y cayó de inmediato. El otro intentó golpearme por la espalda, pero giré rápido y desenvainé mi espada. Un tajo diagonal bastó para cortarle el antebrazo y hacerlo caer de rodillas. Gritaban, retorciéndose en el suelo, mientras yo saltaba sobre ellos y salía por fin del distrito.<br />
<br />
El aire cambió en cuanto crucé la línea que separaba Terminal Grey del bosque. El olor a metal se convirtió en el aroma húmedo de la tierra viva. Corrí entre los árboles, pero pronto tuve que detenerme para recuperar el aliento. Pensé que ya estaba a salvo… hasta que una bala silbó a pocos centímetros de mi cabeza y se incrustó en un tronco frente a mí.<br />
<br />
Rugor no había desistido.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Sal de ahí, cobarde! ¡Voy a colgarte del cuello! —</span>gritaba entre los disparos.<br />
<br />
Lo escuchaba romper ramas, cada vez más cerca. Pero aquí, el terreno ya no era suyo.<br />
<br />
Respiré hondo, bajé el cuerpo y empecé a moverme entre los árboles con sigilo. Cada disparo que sonaba me decía dónde estaba. Me desplacé en silencio, usando los troncos como escudos, avanzando en círculos hasta rodearlo. Rugor seguía disparando al vacío, maldiciendo, hasta que el sonido de su pistola quedó a unos pocos pasos.<br />
<br />
Cuando lo vi, estaba jadeando, con el sudor cubriéndole la frente y la mano herida goteando sangre.<br />
<br />
Desenvainé ambas armas, espada y daga. Me deslicé fuera de las sombras y, antes de que pudiera apuntarme, avancé con un salto rápido. Dos cortes precisos: uno en el antebrazo derecho, otro en el izquierdo.<br />
<br />
Rugor soltó un grito ronco. Las armas cayeron de sus manos. Se miró los brazos temblando; los nervios cortados le habían quitado toda fuerza.<br />
<br />
Apoyé la punta de mi espada contra su cuello.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—No vuelvas a aparecer delante de mí. Si lo haces, esta vez no fallaré. —</span><br />
<br />
Lo miré a los ojos. Por primera vez en su vida, tenía miedo.<br />
<br />
Retrocedió tambaleante, sin atreverse a hablar. Luego giró y huyó entre los árboles, desapareciendo en la espesura.<br />
<br />
Me quedé quieto unos segundos, respirando despacio. Guardé las armas, limpiando el filo en la manga. El viento soplaba entre las ramas, trayendo el eco distante de los disparos que ya se apagaban.<br />
<br />
Volví al camino con la pieza aún segura dentro de mi capa. El bosque estaba tranquilo otra vez, y solo se escuchaban los pasos lentos del regreso.<br />
<br />
Cuando llegué al borde del sendero, el cielo ya estaba cubierto de nubes grises. Caminé un rato más, hasta que el ruido de las fábricas de Terminal Grey se desvaneció completamente. Entonces me senté bajo un árbol, saqué la válvula de triple flujo y la observé a contraluz. Luego suspiré, cerré la mano alrededor de la pieza y la guardé antes de irme.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Hace 1 año, </span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Año 15</span></span></span></div>
El aire de Terminal Grey era denso, casi sólido. Olía a hierro, aceite y podredumbre. Las fábricas seguían rugiendo aunque el sol ya se había ocultado tras la bruma, dejando el cielo teñido de un naranja sucio. Caminaba con cuidado entre los callejones húmedos, con la capa echada sobre los hombros y el rostro cubierto por una bufanda. Tenía un objetivo: conseguir la pieza que necesitaba para reparar el generador de presión del dojo. Sin esa pieza, el sistema hidráulico del área de entrenamiento quedaría inutilizable por semanas, y no podía permitírselo.<br />
<br />
Preguntando entre los chatarreros y mecánicos del mercado negro, el nombre de un solo hombre aparecía una y otra vez: <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Rugor</span>, el matón más conocido de Terminal Grey. Nadie lo miraba a los ojos, y los que lo hacían no duraban mucho. Golpeaba, robaba, extorsionaba y mataba con una facilidad que lo había convertido en una sombra temida. Si alguien tenía una pieza extraña, valiosa o difícil de encontrar, era él.<br />
<br />
Lo encontré en un taller improvisado cerca del límite del distrito sur. El lugar era un caos de metal retorcido y bidones oxidados. Había dos hombres vigilando la entrada, ambos armados, con chaquetas de cuero desgastadas y miradas vacías. Me miraron con recelo, pero me dejaron pasar cuando Rugor levantó una mano desde su asiento.<br />
<br />
Era enorme. Tenía la cabeza rapada, la mandíbula cuadrada y una cicatriz que cruzaba desde su ceja hasta el cuello. Fumaba un cigarro grueso, dejando que la brasa iluminara su rostro cada vez que inhalaba.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Dicen que buscas una válvula de triple flujo —</span>gruñó, sin levantarse.<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">— No son comunes por aquí. —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—La necesito para una máquina —</span>respondí, manteniendo la voz baja.<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— Dicen que tú tienes una. —</span><br />
<br />
Rugor soltó una carcajada ronca.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Tengo muchas cosas. Pero todo tiene un precio. —</span><br />
<br />
Se levantó y caminó hasta un estante de metal. Rebuscó entre cajas, latas y engranajes, hasta sacar una pieza plateada, perfectamente limpia, como si nunca hubiera estado en contacto con el polvo de la ciudad. La colocó sobre la mesa con un golpe seco.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Aquí está. Funciona, lo comprobé yo mismo. Pero no será barata. —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Cuánto? —</span><br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Veinte mil berries. —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Eso es demasiado. No vale ni la mitad. —</span><br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Lo vale si la tengo yo. —</span>Dijo, con una sonrisa torcida.<br />
<br />
Sabía que discutir no serviría de nada. Fingí dudar, revisando mis bolsillos, hasta que solté un suspiro.<br />
<br />
—<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Está bien. Déjame sacar el dinero. —</span>Me agaché para buscar la bolsa de monedas, y en ese instante, dejé caer una pequeña tuerca al suelo. Me incliné para recogerla, y mientras su mirada se desviaba por un segundo, mi mano libre se movió como un reflejo. La pieza desapareció de la mesa, oculta bajo mi capa.<br />
<br />
Me levanté con calma.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Quizás vuelva más tarde, necesito revisar el precio con mi maestro. —</span>Dije.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Haz lo que quieras, chico. —</span>Rugor se giró hacia sus hombres, sin sospechar nada todavía.<br />
<br />
Salí del taller sin mirar atrás, pero no había avanzado ni tres calles cuando escuché el rugido.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Ese maldito me robó! ¡CIÉRRENLE EL PASO! —</span><br />
<br />
Mi corazón se disparó. Corrí entre montones de chatarra, saltando sobre tuberías oxidadas y escombros. Las calles de Terminal Grey se enredaban como un laberinto, y aunque las conocía, Rugor las dominaba mejor. Lo escuchaba detrás, gritando, pisando fuerte, con una rabia que resonaba en el metal.<br />
<br />
Salté sobre un viejo contenedor y trepé por una montaña de basura mecánica. Desde arriba vi su sombra subir tras de mí, pesada, brutal. Antes de que alcanzara la cima, giré y desenvainé mi daga. Cuando su mano se asomó para atraparme, clavé el filo con toda mi fuerza.<br />
<br />
El grito fue desgarrador. Cayó hacia atrás, golpeando contra el suelo con un estruendo de chatarra. Aproveché esos segundos para escapar, pero su rabia fue más rápida que el dolor. Se levantó con la mano sangrando y sacó una pistola de su cinturón.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Te voy a hacer pedazos, desgraciado! —</span>gritó, disparando.<br />
<br />
El primer disparo rebotó en un tubo. El segundo me pasó rozando la oreja. Corrí por la pendiente del basurero, deslizándome entre cables y piezas rotas hasta alcanzar una calle lateral que llevaba al borde del bosque. Pero al final del camino, dos hombres bloqueaban la salida: sus subordinados.<br />
<br />
<span style="color: #ffdc00;" class="mycode_color">—Ahí está —</span>dijo uno, levantando una barra de hierro.<br />
<br />
Ambos se lanzaron a la vez. Esquivé el primer golpe, agachándome, y respondí con una patada en la rodilla del segundo. El hueso crujió y cayó de inmediato. El otro intentó golpearme por la espalda, pero giré rápido y desenvainé mi espada. Un tajo diagonal bastó para cortarle el antebrazo y hacerlo caer de rodillas. Gritaban, retorciéndose en el suelo, mientras yo saltaba sobre ellos y salía por fin del distrito.<br />
<br />
El aire cambió en cuanto crucé la línea que separaba Terminal Grey del bosque. El olor a metal se convirtió en el aroma húmedo de la tierra viva. Corrí entre los árboles, pero pronto tuve que detenerme para recuperar el aliento. Pensé que ya estaba a salvo… hasta que una bala silbó a pocos centímetros de mi cabeza y se incrustó en un tronco frente a mí.<br />
<br />
Rugor no había desistido.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¡Sal de ahí, cobarde! ¡Voy a colgarte del cuello! —</span>gritaba entre los disparos.<br />
<br />
Lo escuchaba romper ramas, cada vez más cerca. Pero aquí, el terreno ya no era suyo.<br />
<br />
Respiré hondo, bajé el cuerpo y empecé a moverme entre los árboles con sigilo. Cada disparo que sonaba me decía dónde estaba. Me desplacé en silencio, usando los troncos como escudos, avanzando en círculos hasta rodearlo. Rugor seguía disparando al vacío, maldiciendo, hasta que el sonido de su pistola quedó a unos pocos pasos.<br />
<br />
Cuando lo vi, estaba jadeando, con el sudor cubriéndole la frente y la mano herida goteando sangre.<br />
<br />
Desenvainé ambas armas, espada y daga. Me deslicé fuera de las sombras y, antes de que pudiera apuntarme, avancé con un salto rápido. Dos cortes precisos: uno en el antebrazo derecho, otro en el izquierdo.<br />
<br />
Rugor soltó un grito ronco. Las armas cayeron de sus manos. Se miró los brazos temblando; los nervios cortados le habían quitado toda fuerza.<br />
<br />
Apoyé la punta de mi espada contra su cuello.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—No vuelvas a aparecer delante de mí. Si lo haces, esta vez no fallaré. —</span><br />
<br />
Lo miré a los ojos. Por primera vez en su vida, tenía miedo.<br />
<br />
Retrocedió tambaleante, sin atreverse a hablar. Luego giró y huyó entre los árboles, desapareciendo en la espesura.<br />
<br />
Me quedé quieto unos segundos, respirando despacio. Guardé las armas, limpiando el filo en la manga. El viento soplaba entre las ramas, trayendo el eco distante de los disparos que ya se apagaban.<br />
<br />
Volví al camino con la pieza aún segura dentro de mi capa. El bosque estaba tranquilo otra vez, y solo se escuchaban los pasos lentos del regreso.<br />
<br />
Cuando llegué al borde del sendero, el cielo ya estaba cubierto de nubes grises. Caminé un rato más, hasta que el ruido de las fábricas de Terminal Grey se desvaneció completamente. Entonces me senté bajo un árbol, saqué la válvula de triple flujo y la observé a contraluz. Luego suspiré, cerré la mano alrededor de la pieza y la guardé antes de irme.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente relativo] La basura genera más basura II]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=219</link>
			<pubDate>Wed, 30 Aug 2023 05:54:25 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=28">Sohem</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=219</guid>
			<description><![CDATA[Venimos de <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=88&amp;pid=641#pid641" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este tema</a><br />
<br />
<br />
Las palabras de Cola no podían pasar sin pena ni gloria. ¿Cómo que cuerpo pequeño? Las venas de mi cuello y mi sien comenzaban su marabunta habitual, mientras apretaba los dientes y crujía mi cuello llevando la oreja izquierda a su respectivo hombro — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">y cuando acabe con ellos me voy a cagar en tus putos muertos</span></span></span> — dije en un murmullo malhumorado y fruto de la ira que sentía por aquel tipo. No sabía bien qué se creía, olía a whisky, tenía la cara llena de cicatrices - lo que dejaba claro que o no era precisamente bueno defendiéndose, o acostumbraba a llevarse palizas - y tenía un peinado la mar de hortera. Eso sumado a que solía decir frases en idiomas extraños de cuando en cuando y que acostumbraba a perder su arma... me indicaba que o bien era un bocazas con suerte de seguir vivo, o un bravucón con un as bajo la manga para poderse permitir ser tan subnormal.<br />
<br />
— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Apártate Kakashi</span></span> — sentencié firmemente — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si un hombre necesita de la ayuda de otro para enfrentar a esta calaña, no es digno de recibir mi ayuda</span></span> — añadí mientras alzaba a Ein Hauch por encima de mi cabeza, en clásica posición de bateo, mientras me separaba de Moba por varios pasos largos, hasta un total de cinco metros, estando a otros cinco del grueso principal de aquellos vagabundos, mirándolos desafiante desde la comodidad del anonimato de mi casco.<br />
Chaqueé la lengua con desaprobación. Separé un poco los pies arrastrando algo de tierra y polvo en el proceso, poca cosa, apenas llegaba a los tobillos. Apreté las manos entorno al delgado y firme cuerpo de mi arma. Sentía su tacto aun a través de los guantes. Sentía como por cada dedo que estiraba de dicho agarre el leve viento ambiente lo mecía con suavidad y sutileza. Sentía sus ansias de romper algunos huesos.<br />
<br />
Escuché como alguien de entre el montón gritaba que estábamos rodeados. Eran algo menos de treinta personas, a ojo de buen cubero, y estaban seguros de estar realizando una estrategia militar perfecta para hacer una formación de pinza... que no habría tenido éxito si Koca, o Kavosi o como se llamase, no hubiera derrumbado la entrada. Fuera como fuere, sólo quedaba una cosa por hacer: sobrevivir. Y si para sobrevivir había que matar a toda esta escoria marginal, bueno, al menos ya estaban en un lugar de descanso a su altura. De este modo, tras escuchar la amenaza, inhalé con calma sin variar mi postura y exhalé todo el aire en un sólo grito, agravando aun más la voz de ser posible, en un alarido desagradable e intimidante — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">¡TODO LO QUE ME RODEA ES EL MIEDO Y HOMBRES MUERTOS!</span></span></span> — exclamé, haciendo que mis palabras resonasen entre los recovecos del metal de la chatarra más próxima, fruto de la reverberación y el eco que se producían en sitios como este.<br />
<br />
Tras varios segundos, se escucharon ciertas quejas, replicares de metal cayendo al suelo y voces que tímidamente se alejaban. Pareciera que sólo unos pocos habían entendido el aviso en forma de amenaza, de modo que los que se quedaban sabían perfectamente a qué se exponían y contra qué tendrían que enfrentarse. Era una apuesta directamente contra el tiempo: O nos mataban y seguían con su curso natural de vida, o verían reducido drásticamente el contador de los segundos que les quedaban, encontrando en este pozo infecto a la propia muerte, bajo el peso de mis golpes. Al final había que ser positivo... quizá alguna de estas mierdas parecidas a personas tenía algo de recompensa por su cabeza por algún atraco o alguna minucia así.<br />
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Aclaraciones</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Karma Positivo: Voz intimidante.<br />
De los 26, quedan 14.
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Venimos de <a href="https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=88&amp;pid=641#pid641" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este tema</a><br />
<br />
<br />
Las palabras de Cola no podían pasar sin pena ni gloria. ¿Cómo que cuerpo pequeño? Las venas de mi cuello y mi sien comenzaban su marabunta habitual, mientras apretaba los dientes y crujía mi cuello llevando la oreja izquierda a su respectivo hombro — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">y cuando acabe con ellos me voy a cagar en tus putos muertos</span></span></span> — dije en un murmullo malhumorado y fruto de la ira que sentía por aquel tipo. No sabía bien qué se creía, olía a whisky, tenía la cara llena de cicatrices - lo que dejaba claro que o no era precisamente bueno defendiéndose, o acostumbraba a llevarse palizas - y tenía un peinado la mar de hortera. Eso sumado a que solía decir frases en idiomas extraños de cuando en cuando y que acostumbraba a perder su arma... me indicaba que o bien era un bocazas con suerte de seguir vivo, o un bravucón con un as bajo la manga para poderse permitir ser tan subnormal.<br />
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— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Apártate Kakashi</span></span> — sentencié firmemente — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si un hombre necesita de la ayuda de otro para enfrentar a esta calaña, no es digno de recibir mi ayuda</span></span> — añadí mientras alzaba a Ein Hauch por encima de mi cabeza, en clásica posición de bateo, mientras me separaba de Moba por varios pasos largos, hasta un total de cinco metros, estando a otros cinco del grueso principal de aquellos vagabundos, mirándolos desafiante desde la comodidad del anonimato de mi casco.<br />
Chaqueé la lengua con desaprobación. Separé un poco los pies arrastrando algo de tierra y polvo en el proceso, poca cosa, apenas llegaba a los tobillos. Apreté las manos entorno al delgado y firme cuerpo de mi arma. Sentía su tacto aun a través de los guantes. Sentía como por cada dedo que estiraba de dicho agarre el leve viento ambiente lo mecía con suavidad y sutileza. Sentía sus ansias de romper algunos huesos.<br />
<br />
Escuché como alguien de entre el montón gritaba que estábamos rodeados. Eran algo menos de treinta personas, a ojo de buen cubero, y estaban seguros de estar realizando una estrategia militar perfecta para hacer una formación de pinza... que no habría tenido éxito si Koca, o Kavosi o como se llamase, no hubiera derrumbado la entrada. Fuera como fuere, sólo quedaba una cosa por hacer: sobrevivir. Y si para sobrevivir había que matar a toda esta escoria marginal, bueno, al menos ya estaban en un lugar de descanso a su altura. De este modo, tras escuchar la amenaza, inhalé con calma sin variar mi postura y exhalé todo el aire en un sólo grito, agravando aun más la voz de ser posible, en un alarido desagradable e intimidante — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">¡TODO LO QUE ME RODEA ES EL MIEDO Y HOMBRES MUERTOS!</span></span></span> — exclamé, haciendo que mis palabras resonasen entre los recovecos del metal de la chatarra más próxima, fruto de la reverberación y el eco que se producían en sitios como este.<br />
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Tras varios segundos, se escucharon ciertas quejas, replicares de metal cayendo al suelo y voces que tímidamente se alejaban. Pareciera que sólo unos pocos habían entendido el aviso en forma de amenaza, de modo que los que se quedaban sabían perfectamente a qué se exponían y contra qué tendrían que enfrentarse. Era una apuesta directamente contra el tiempo: O nos mataban y seguían con su curso natural de vida, o verían reducido drásticamente el contador de los segundos que les quedaban, encontrando en este pozo infecto a la propia muerte, bajo el peso de mis golpes. Al final había que ser positivo... quizá alguna de estas mierdas parecidas a personas tenía algo de recompensa por su cabeza por algún atraco o alguna minucia así.<br />
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<hr class="mycode_hr" />
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					<br />
Karma Positivo: Voz intimidante.<br />
De los 26, quedan 14.
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			<title><![CDATA[[Presente relativo] La basura genera más basura.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=88</link>
			<pubDate>Wed, 09 Aug 2023 19:04:33 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=28">Sohem</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=88</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Si algo podía desaparecer en algún sitio de entre todos los Blues era en el Terminal Grey, aquel enorme reino de basura, chatarra y secretos dentro del propio reino de Goa en la isla de Dawn. Montañas de hierro, óxido y sorpresas de todo tipo ocultas en cada rincón de este enorme reino del debacle, tanto era así que era un secreto a voces por lo largo y ancho del mar que aquí se tiraban cadáveres de quien no querían que fuera encontrado... y quien no debe ser encontrado, seguramente guarda secretos. No era el trabajo más gratificante pero siempre se obtenía algo de información de los muertos, y era una buena forma de matar el rato entre un soplo y el siguiente.<br />
<br />
No era fácil cazar una presa en los tiempos que corrían actualmente. La gran mayoría de cabezas con un valor estaban completamente fuera de mi alcance o eran tan débiles que caían rápido ante uno o dos pelotones de la Marina. Y se estaba convirtiendo en un ciclo bastante molesto. Los Blues se estaban suavizando cada vez más en un hervidero de gorras azules y tipos con corbatas que no dejaban proliferar la delincuencia ni la criminalidad, y así era imposible tener algo a lo que echarle el guante, partirle una botella en la nuca, rajarle el cuello con uno de los cristales cuando cayese al suelo, y cobrar una recompensa por su cabeza de un puñado de berries en algún cuartelillo. El violador, el ladrón o el alborotador caían en uno o dos días ante las patrullas de cada puta isla y sus recompensas salían de la circulación, y sin esas recompensas era imposible ahorrar lo suficiente como para poderse permitir un pasaje fuera de este redil de ovejas mansas, y tratar de buscar fortuna en el Grand Line. Y ni que decir tiene que lo que tiene de fría la nieve, lo tiene de caliente el fuego, y la calma y el control que reinaba en este insulso lugar sin duda se revertiría en lo que los viajeros llamaban "El Paraíso". Si se llamaba así es porque podían hacer lo que les diera la gana.<br />
<br />
Pateé un trozo de madera ligeramente con la punta de la bota para dejar entrever un pequeño hueco en un montículo, agachándome flexionando las rodillas para mirar dentro de él, ladeando la cabeza, con las manos en los bolsillos. La esperanza era prácticamente inexistente, pero ¿qué esperaba encontrar? ¿un tipo con un cartel de "Se Busca" al lado en el que saliese su cara y una recompensa de diez millones?. Bufé, irónico el destino. Lo que daría ahora por poder tocar una cantidad como esa de dinero, y lo que cambiarían las tornas si lo pudiera usar con la experiencia que la vida me había regalado.<br />
<br />
Me incorporé de nuevo y giré de derredor. El sol estaba álgido, cálido, y alguna corriente de viento hacía danzar un hedor particular. Los chillidos de las ratas y otras alimañas se confundían entre el chirriar y crepitar del óxido perdiendo la batalla contra el paso del tiempo para cualquiera que no tuviera un oído particularmente preparado para distinguirlo. Pero no servía de mucho si no era para rendirse a la podredumbre y la indecencia, usándolo para cenar. Negué con la cabeza y seguí caminando con las manos dentro de los bolsillos, y "Ein Hauch", mi arma, amarrado en la espalda, mientras me adentraba aun más por el cementerio de basura.<br />
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— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Puta mierda de sitio</span></span> — musité entre dientes, apretando los labios bajo mi casco, notando un par de gotas de sudor por la nuca.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Si algo podía desaparecer en algún sitio de entre todos los Blues era en el Terminal Grey, aquel enorme reino de basura, chatarra y secretos dentro del propio reino de Goa en la isla de Dawn. Montañas de hierro, óxido y sorpresas de todo tipo ocultas en cada rincón de este enorme reino del debacle, tanto era así que era un secreto a voces por lo largo y ancho del mar que aquí se tiraban cadáveres de quien no querían que fuera encontrado... y quien no debe ser encontrado, seguramente guarda secretos. No era el trabajo más gratificante pero siempre se obtenía algo de información de los muertos, y era una buena forma de matar el rato entre un soplo y el siguiente.<br />
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No era fácil cazar una presa en los tiempos que corrían actualmente. La gran mayoría de cabezas con un valor estaban completamente fuera de mi alcance o eran tan débiles que caían rápido ante uno o dos pelotones de la Marina. Y se estaba convirtiendo en un ciclo bastante molesto. Los Blues se estaban suavizando cada vez más en un hervidero de gorras azules y tipos con corbatas que no dejaban proliferar la delincuencia ni la criminalidad, y así era imposible tener algo a lo que echarle el guante, partirle una botella en la nuca, rajarle el cuello con uno de los cristales cuando cayese al suelo, y cobrar una recompensa por su cabeza de un puñado de berries en algún cuartelillo. El violador, el ladrón o el alborotador caían en uno o dos días ante las patrullas de cada puta isla y sus recompensas salían de la circulación, y sin esas recompensas era imposible ahorrar lo suficiente como para poderse permitir un pasaje fuera de este redil de ovejas mansas, y tratar de buscar fortuna en el Grand Line. Y ni que decir tiene que lo que tiene de fría la nieve, lo tiene de caliente el fuego, y la calma y el control que reinaba en este insulso lugar sin duda se revertiría en lo que los viajeros llamaban "El Paraíso". Si se llamaba así es porque podían hacer lo que les diera la gana.<br />
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Pateé un trozo de madera ligeramente con la punta de la bota para dejar entrever un pequeño hueco en un montículo, agachándome flexionando las rodillas para mirar dentro de él, ladeando la cabeza, con las manos en los bolsillos. La esperanza era prácticamente inexistente, pero ¿qué esperaba encontrar? ¿un tipo con un cartel de "Se Busca" al lado en el que saliese su cara y una recompensa de diez millones?. Bufé, irónico el destino. Lo que daría ahora por poder tocar una cantidad como esa de dinero, y lo que cambiarían las tornas si lo pudiera usar con la experiencia que la vida me había regalado.<br />
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Me incorporé de nuevo y giré de derredor. El sol estaba álgido, cálido, y alguna corriente de viento hacía danzar un hedor particular. Los chillidos de las ratas y otras alimañas se confundían entre el chirriar y crepitar del óxido perdiendo la batalla contra el paso del tiempo para cualquiera que no tuviera un oído particularmente preparado para distinguirlo. Pero no servía de mucho si no era para rendirse a la podredumbre y la indecencia, usándolo para cenar. Negué con la cabeza y seguí caminando con las manos dentro de los bolsillos, y "Ein Hauch", mi arma, amarrado en la espalda, mientras me adentraba aun más por el cementerio de basura.<br />
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— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Puta mierda de sitio</span></span> — musité entre dientes, apretando los labios bajo mi casco, notando un par de gotas de sudor por la nuca.</div>]]></content:encoded>
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