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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Villa Foosha]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sun, 27 Sep 2026 04:01:27 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Guardián de la codicia]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2227</link>
			<pubDate>Mon, 06 Oct 2025 18:34:02 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=28">Sohem</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2227</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">Hace 15 años.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">20 de Primavera. Año 1.<br />
Villa Foosha, Isla Dawn, East Blue - 11:20 a.m.</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Y no vuelvas!</span></span> — fueron las palabras que sonaron conjuntamente a la salpicadura de barro y mugre — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nobles a mi...</span></span> — y se cerraron las puertas de aquel antro, seguidas de las risas de los presentes amortiguadas por las paredes del lugar. Era una mañana tranquila, cómoda y confortable dentro de la Villa Foosha. Todos los aldeanos vivían sus quehaceres y su rutina de la forma más estable y constante posible, sin ser perturbados por nada. Bueno, todos menos el mesonero y sus clientes, quienes habían presenciado un acto fuera de contexto y de lugar por completo.<br />
<br />
A las afueras de su establecimiento, "El Cofre", yacía una enorme bola de carne envuelta en ropas extrañas, una larga túnica blanca con un cuello redondo dorado, sobre un gran charco de mugre, barro, esputos y posiblemente algún que otro más fluido corporal.<br />
— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Habrán de pagar tal afrenta-eh! ¡Escoria! ¡Insectos-eh!</span></span> — gritó aquella mole, girándose, mostrando a un hombre obeso con un muy corto cabello rosa, casi rasurado y una barba sin bigote que trataba de engañar a nadie ocultando aquella imponente papada. Su agitación y sobresfuerzo por girarse y levantarse casi rozaban la agonía, y es que, pese a tener apenas 21 años, pudiera pasar por completo por un hombre de cuarenta — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Haré que reduzcan a mísero polvo danzando en el viento este paupérrimo antro!</span></span> — gritó de nuevo el hombre, que se incorporaba a duras penas, con las rodillas temblando — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Y acabarán todos como mis esclavos-eh!</span></span> — vaticinó de nuevo, sacudiéndose el barro como podía.<br />
<br />
La puerta del bar volvió a abrirse y un hombre grande y curtido, de avanzada edad pero de muy buena forma surgió tras el marco de la puerta portando una gran jarra de cerveza y golpeó de una patada al hombre obeso lanzándolo hacia la calle, llamando la atención de los pocos que habían conseguido ignorar sus gritos — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vuélvete a tu reino, princesita</span></span> — dijo con sorna y escupió en el suelo — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aquí la comida se paga sin importar que seas el conde de mis cojones</span></span> — sentenció — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y si vuelves a lanzar una amenaza sobre estas buenas gentes yo mismo te ahogaré en el fondo del mar</span></span> — dijo dando un largo trago a su jarra de cerveza — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No sois tan duros cuando no tenéis escoltas. Puta escoria...</span></span> — añadió a tiempo de entrar de nuevo en la posada, y tras unos segundos tensos de silencio, el ajetreo del pueblo volvió a retomarse haciendo que los viandantes ignorasen a aquel tipo de nuevo.<br />
El tipo de pelo rosa estaba encogido sobre si mismo llorando a moco tendido con las manos puestas en su estómago, lugar donde le habían golpeado. En posición fetal, las lágrimas caían por sus ojos al compás de los mocos que caían por su nariz, desolado y desconsolado. Dolorido y solo. Tras unos minutos así, consiguió volver a ponerse en pie y se alzó tembloroso ante el establecimiento, sacudiéndose la suciedad y la mugre y limpiándose la cara con la manga de su chaqueta, sin mucho éxito, sorbiendo sus mocos.<br />
Había agotado en dos semanas hasta el último de sus berries, y había partido de su hogar con los suficientes como para que una familia pudiera vivir cómodamente durante un par de meses. Pero no le habían enseñado a ser comedido, le habían enseñado a tener lo que quisiera cuando quisiera sin tenerse que preocupar por las consecuencias mismas. Y las consecuencias eran estas: Sin dinero no hay nada. Y para ganar dinero había que trabajar. Pero para trabajar había que saber hacer algo.<br />
<br />
— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Malditos seáis todos-eh!</span></span> — bramó y salió corriendo en dirección opuesta, de forma torpe, lenta y patosa, jadeando a los pocos metros, doblando la esquina para esconderse en un callejón y tratando de recuperar el aliento apoyado sobre sus rodillas, contemplando su ropa manchada con asco — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Debo ataviarme con nuevos ropajes...</span></span> — se dijo, deslizando las manos por la ropa nuevamente, bien fuera para limpiarlas o para limpiar su propia ropa pero ninguna de las dos opciones parecía realizarse correctamente ya que sólo extendía la suciedad por la ropa y las manos seguían llenas de mugre — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">...quizá debí traer alguna condecoración o símbolo Celestial-eh. Así me darían el trato que merezco y todos temblarían con solo verme-eh</span></span> — reflexionó, desistiendo de su tarea de limpieza, pero de pronto negó con la cabeza sacudiendo los grandes carrillos y los mofletes involuntariamente con este gesto — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si tal cosa hubiera ocurrido me delataría a mi mismo y me atraparían raudos... ¡Y yo no soy idiota-eh!</span></span> — se dijo a si mismo, golpeando ambas manos entre si, salpicándose de barro la cara nuevamente — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Malditos sean los D.!</span></span> — blasfemó al sentir la suciedad, y trató de volver a limpiarse como pudo. Aquel joven Emerec Mars, el séptimo hijo de los Saint O'Heil, no sabía que acababa de renunciar a la vida de mayores privilegios y fortunas del mundo y que ahora no sólo tendría que enfrentarse al mundo, si no a su propia educación y su forma de ser, para tratar de subsistir y sobrevivir burlando la búsqueda que su familia orquestaría con el fin de hallarlo.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">Hace 15 años.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">20 de Primavera. Año 1.<br />
Villa Foosha, Isla Dawn, East Blue - 11:20 a.m.</span></span></div>
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<br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Y no vuelvas!</span></span> — fueron las palabras que sonaron conjuntamente a la salpicadura de barro y mugre — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nobles a mi...</span></span> — y se cerraron las puertas de aquel antro, seguidas de las risas de los presentes amortiguadas por las paredes del lugar. Era una mañana tranquila, cómoda y confortable dentro de la Villa Foosha. Todos los aldeanos vivían sus quehaceres y su rutina de la forma más estable y constante posible, sin ser perturbados por nada. Bueno, todos menos el mesonero y sus clientes, quienes habían presenciado un acto fuera de contexto y de lugar por completo.<br />
<br />
A las afueras de su establecimiento, "El Cofre", yacía una enorme bola de carne envuelta en ropas extrañas, una larga túnica blanca con un cuello redondo dorado, sobre un gran charco de mugre, barro, esputos y posiblemente algún que otro más fluido corporal.<br />
— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Habrán de pagar tal afrenta-eh! ¡Escoria! ¡Insectos-eh!</span></span> — gritó aquella mole, girándose, mostrando a un hombre obeso con un muy corto cabello rosa, casi rasurado y una barba sin bigote que trataba de engañar a nadie ocultando aquella imponente papada. Su agitación y sobresfuerzo por girarse y levantarse casi rozaban la agonía, y es que, pese a tener apenas 21 años, pudiera pasar por completo por un hombre de cuarenta — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Haré que reduzcan a mísero polvo danzando en el viento este paupérrimo antro!</span></span> — gritó de nuevo el hombre, que se incorporaba a duras penas, con las rodillas temblando — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Y acabarán todos como mis esclavos-eh!</span></span> — vaticinó de nuevo, sacudiéndose el barro como podía.<br />
<br />
La puerta del bar volvió a abrirse y un hombre grande y curtido, de avanzada edad pero de muy buena forma surgió tras el marco de la puerta portando una gran jarra de cerveza y golpeó de una patada al hombre obeso lanzándolo hacia la calle, llamando la atención de los pocos que habían conseguido ignorar sus gritos — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vuélvete a tu reino, princesita</span></span> — dijo con sorna y escupió en el suelo — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aquí la comida se paga sin importar que seas el conde de mis cojones</span></span> — sentenció — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Y si vuelves a lanzar una amenaza sobre estas buenas gentes yo mismo te ahogaré en el fondo del mar</span></span> — dijo dando un largo trago a su jarra de cerveza — <span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No sois tan duros cuando no tenéis escoltas. Puta escoria...</span></span> — añadió a tiempo de entrar de nuevo en la posada, y tras unos segundos tensos de silencio, el ajetreo del pueblo volvió a retomarse haciendo que los viandantes ignorasen a aquel tipo de nuevo.<br />
El tipo de pelo rosa estaba encogido sobre si mismo llorando a moco tendido con las manos puestas en su estómago, lugar donde le habían golpeado. En posición fetal, las lágrimas caían por sus ojos al compás de los mocos que caían por su nariz, desolado y desconsolado. Dolorido y solo. Tras unos minutos así, consiguió volver a ponerse en pie y se alzó tembloroso ante el establecimiento, sacudiéndose la suciedad y la mugre y limpiándose la cara con la manga de su chaqueta, sin mucho éxito, sorbiendo sus mocos.<br />
Había agotado en dos semanas hasta el último de sus berries, y había partido de su hogar con los suficientes como para que una familia pudiera vivir cómodamente durante un par de meses. Pero no le habían enseñado a ser comedido, le habían enseñado a tener lo que quisiera cuando quisiera sin tenerse que preocupar por las consecuencias mismas. Y las consecuencias eran estas: Sin dinero no hay nada. Y para ganar dinero había que trabajar. Pero para trabajar había que saber hacer algo.<br />
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— <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Malditos seáis todos-eh!</span></span> — bramó y salió corriendo en dirección opuesta, de forma torpe, lenta y patosa, jadeando a los pocos metros, doblando la esquina para esconderse en un callejón y tratando de recuperar el aliento apoyado sobre sus rodillas, contemplando su ropa manchada con asco — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Debo ataviarme con nuevos ropajes...</span></span> — se dijo, deslizando las manos por la ropa nuevamente, bien fuera para limpiarlas o para limpiar su propia ropa pero ninguna de las dos opciones parecía realizarse correctamente ya que sólo extendía la suciedad por la ropa y las manos seguían llenas de mugre — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">...quizá debí traer alguna condecoración o símbolo Celestial-eh. Así me darían el trato que merezco y todos temblarían con solo verme-eh</span></span> — reflexionó, desistiendo de su tarea de limpieza, pero de pronto negó con la cabeza sacudiendo los grandes carrillos y los mofletes involuntariamente con este gesto — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si tal cosa hubiera ocurrido me delataría a mi mismo y me atraparían raudos... ¡Y yo no soy idiota-eh!</span></span> — se dijo a si mismo, golpeando ambas manos entre si, salpicándose de barro la cara nuevamente — <span style="color: olive;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Malditos sean los D.!</span></span> — blasfemó al sentir la suciedad, y trató de volver a limpiarse como pudo. Aquel joven Emerec Mars, el séptimo hijo de los Saint O'Heil, no sabía que acababa de renunciar a la vida de mayores privilegios y fortunas del mundo y que ahora no sólo tendría que enfrentarse al mundo, si no a su propia educación y su forma de ser, para tratar de subsistir y sobrevivir burlando la búsqueda que su familia orquestaría con el fin de hallarlo.<br />
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		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado/Fic] - Entrenamiento.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2039</link>
			<pubDate>Sat, 30 Aug 2025 09:10:41 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=538">KuroVongola</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2039</guid>
			<description><![CDATA[Villa Foosha siempre me había parecido un lugar seguro, pero aquella tarde en la que regresé del bosque de Dawn, tambaleándome y con la sangre escurriendo por mi mejilla, supe que ese pensamiento se había roto para siempre. Mis pasos eran torpes, mi respiración entrecortada, y cada latido me recordaba la marca ardiente que el cuchillo del mafioso había dejado en mi rostro. Cuando abrí la puerta de casa, el olor a pan recién horneado me envolvió como si quisiera consolarme, pero nada podía suavizar la expresión de horror que vi en el rostro de mi madre al verme entrar. <br />
<br />
<span style="color: #b20080;" class="mycode_color">— ¡Dios mío! —</span>exclamó, corriendo hacia mí con un paño limpio entre las manos. <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">— ¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo esto? —</span><br />
<br />
No pude evitar derrumbarme en sus brazos. Me dejó caer sobre una silla y presionó con cuidado la herida mientras su voz temblaba de preocupación. Mi padre apareció en la entrada, con el ceño fruncido y las manos aún cubiertas de polvo de madera de las espadas de entrenamiento que había estado reparando. <br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—Hijo… ¿qué sucedió? —</span>preguntó con una seriedad que me atravesó más que el propio dolor. <br />
<br />
Respiré hondo. No quería parecer débil, pero tampoco podía ocultar la verdad. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Fue en el bosque de Dawn… —</span>murmuré. <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— Vi a un hombre, un mafioso, que había atrapado a un zorro. Lo iba a matar solo por diversión. Yo… intenté detenerlo, pero no tenía nada con qué defenderme. —</span><br />
<br />
El silencio se extendió en la sala. El paño de mi madre ya estaba empapado de rojo, y sus ojos brillaban de lágrimas. Mi padre, en cambio, guardaba una calma rígida, aunque sabía que por dentro hervía de rabia. <br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—¿Y qué pasó con el hombre? —</span>preguntó al cabo de un instante. <br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Se rió de mí, me atacó… y se fue. No pude hacer nada. Ni siquiera fui capaz de defenderme. —</span><br />
<br />
La frustración me ahogó. Apreté los puños hasta que las uñas se me clavaron en la piel. Entonces lo miré directo a los ojos, con toda la determinación que había nacido en mí tras aquella humillación. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Padre… quiero aprender esgrima en serio. No como un juego, no como una tradición. Quiero volverme fuerte. —</span><br />
<br />
Él me observó en silencio, evaluándome, como si midiera el peso de mis palabras. Finalmente asintió. <br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—De acuerdo. Pero debes saber algo: la espada no es un juguete ni un capricho. Es un camino de disciplina, de sacrificio. Si lo tomas a la ligera, nunca saldrás del suelo en el que caíste hoy. ¿Lo entiendes? —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Lo entiendo —</span>respondí sin dudar, aunque mi voz temblaba. <br />
<br />
A partir de ese día, mis entrenamientos ya no fueron los mismos. Mi padre me empezó a enseñar esgrima de una forma mucha mas rigurosa, ya no toleraba los errores o las quejas. Cada fallo que cometía en el entrenamiento solo me hacía sentir más inútil y hacia que me acordase de la humillación de ser impotente ante un enemigo. Por las noches me encerraba en mi cuarto, mirando mi cicatriz en un espejo y recordando la risa del mafioso. Esa marca en forma de cruz era la prueba de mi debilidad, pero también el recordatorio de que debía superarla. <br />
<br />
Pasaron los meses, y aunque mi progreso era lento, nunca dejé de intentarlo. Un día, mientras estudiaba en el bosque de Dawn, sentado bajo un viejo roble y escribiendo notas sobre la manera en que las raíces se entrelazaban con la tierra, una idea se me ocurrió. ¿Y si aplicaba lo que aprendía de la naturaleza al uso de la espada? <br />
<br />
Durante una de mis escapadas de estudio observé como animales pequeños del bosque hacían frente a animales mas grandes usando el entorno y sus características naturales. En como arboles resistían las embestidas y arañazos de animales. Y de como la corriente del río y la olas del mar eran capaces de romper las rocas con el tiempo. <br />
<br />
Regresé al dojo y empecé a ponerlo en práctica. No lucharía imitando a mi padre ni a ningún otro espadachín: lo haría a mi manera, usando la observación y el ritmo de la naturaleza como mi guía. Mis ataques comenzaron a fluir con más naturalidad, como el agua entre las piedras, y mi defensa se volvió más paciente y precisa, como el tronco que resiste la tormenta. <br />
<br />
Esa combinación de disciplina y curiosidad fue moldeando mi estilo. Y mientras mi padre me observaba, serio y con los brazos cruzados, juraría que en sus ojos brillaba un atisbo de orgullo. <br />
<br />
Aquella cruz en mi rostro ya no era solo una marca de derrota. Se estaba convirtiendo en el símbolo de mi determinación.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Villa Foosha siempre me había parecido un lugar seguro, pero aquella tarde en la que regresé del bosque de Dawn, tambaleándome y con la sangre escurriendo por mi mejilla, supe que ese pensamiento se había roto para siempre. Mis pasos eran torpes, mi respiración entrecortada, y cada latido me recordaba la marca ardiente que el cuchillo del mafioso había dejado en mi rostro. Cuando abrí la puerta de casa, el olor a pan recién horneado me envolvió como si quisiera consolarme, pero nada podía suavizar la expresión de horror que vi en el rostro de mi madre al verme entrar. <br />
<br />
<span style="color: #b20080;" class="mycode_color">— ¡Dios mío! —</span>exclamó, corriendo hacia mí con un paño limpio entre las manos. <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">— ¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo esto? —</span><br />
<br />
No pude evitar derrumbarme en sus brazos. Me dejó caer sobre una silla y presionó con cuidado la herida mientras su voz temblaba de preocupación. Mi padre apareció en la entrada, con el ceño fruncido y las manos aún cubiertas de polvo de madera de las espadas de entrenamiento que había estado reparando. <br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—Hijo… ¿qué sucedió? —</span>preguntó con una seriedad que me atravesó más que el propio dolor. <br />
<br />
Respiré hondo. No quería parecer débil, pero tampoco podía ocultar la verdad. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Fue en el bosque de Dawn… —</span>murmuré. <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— Vi a un hombre, un mafioso, que había atrapado a un zorro. Lo iba a matar solo por diversión. Yo… intenté detenerlo, pero no tenía nada con qué defenderme. —</span><br />
<br />
El silencio se extendió en la sala. El paño de mi madre ya estaba empapado de rojo, y sus ojos brillaban de lágrimas. Mi padre, en cambio, guardaba una calma rígida, aunque sabía que por dentro hervía de rabia. <br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—¿Y qué pasó con el hombre? —</span>preguntó al cabo de un instante. <br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Se rió de mí, me atacó… y se fue. No pude hacer nada. Ni siquiera fui capaz de defenderme. —</span><br />
<br />
La frustración me ahogó. Apreté los puños hasta que las uñas se me clavaron en la piel. Entonces lo miré directo a los ojos, con toda la determinación que había nacido en mí tras aquella humillación. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Padre… quiero aprender esgrima en serio. No como un juego, no como una tradición. Quiero volverme fuerte. —</span><br />
<br />
Él me observó en silencio, evaluándome, como si midiera el peso de mis palabras. Finalmente asintió. <br />
<br />
<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">—De acuerdo. Pero debes saber algo: la espada no es un juguete ni un capricho. Es un camino de disciplina, de sacrificio. Si lo tomas a la ligera, nunca saldrás del suelo en el que caíste hoy. ¿Lo entiendes? —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Lo entiendo —</span>respondí sin dudar, aunque mi voz temblaba. <br />
<br />
A partir de ese día, mis entrenamientos ya no fueron los mismos. Mi padre me empezó a enseñar esgrima de una forma mucha mas rigurosa, ya no toleraba los errores o las quejas. Cada fallo que cometía en el entrenamiento solo me hacía sentir más inútil y hacia que me acordase de la humillación de ser impotente ante un enemigo. Por las noches me encerraba en mi cuarto, mirando mi cicatriz en un espejo y recordando la risa del mafioso. Esa marca en forma de cruz era la prueba de mi debilidad, pero también el recordatorio de que debía superarla. <br />
<br />
Pasaron los meses, y aunque mi progreso era lento, nunca dejé de intentarlo. Un día, mientras estudiaba en el bosque de Dawn, sentado bajo un viejo roble y escribiendo notas sobre la manera en que las raíces se entrelazaban con la tierra, una idea se me ocurrió. ¿Y si aplicaba lo que aprendía de la naturaleza al uso de la espada? <br />
<br />
Durante una de mis escapadas de estudio observé como animales pequeños del bosque hacían frente a animales mas grandes usando el entorno y sus características naturales. En como arboles resistían las embestidas y arañazos de animales. Y de como la corriente del río y la olas del mar eran capaces de romper las rocas con el tiempo. <br />
<br />
Regresé al dojo y empecé a ponerlo en práctica. No lucharía imitando a mi padre ni a ningún otro espadachín: lo haría a mi manera, usando la observación y el ritmo de la naturaleza como mi guía. Mis ataques comenzaron a fluir con más naturalidad, como el agua entre las piedras, y mi defensa se volvió más paciente y precisa, como el tronco que resiste la tormenta. <br />
<br />
Esa combinación de disciplina y curiosidad fue moldeando mi estilo. Y mientras mi padre me observaba, serio y con los brazos cruzados, juraría que en sus ojos brillaba un atisbo de orgullo. <br />
<br />
Aquella cruz en mi rostro ya no era solo una marca de derrota. Se estaba convirtiendo en el símbolo de mi determinación.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado/Fic] - La marca en forma de cruz.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2033</link>
			<pubDate>Fri, 29 Aug 2025 15:17:01 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=538">KuroVongola</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2033</guid>
			<description><![CDATA[Villa Foosha siempre había sido un lugar humilde, rodeado de campos de cereal y molinos que parecían girar sin descanso con la brisa del mar. Allí crecí, entre el olor a harina recién molida y el sonido metálico del dojo de mi familia, donde mi padre enseñaba a los vecinos a blandir una espada para protegerse de las amenazas que venían del Terminal Grey o del vasto bosque de Dawn. Aunque desde pequeño recibí instrucción en esgrima, la verdad es que mi interés nunca estuvo en el acero. Mientras mi padre repetía que la espada era un escudo contra la crueldad del mundo, yo prefería perderme en mis cuadernos, anotando detalles sobre los animales que se colaban en los campos o sobre las formaciones rocosas cercanas. <br />
<br />
Mi madre alimentaba esa curiosidad con paciencia, consiguiéndome libros y materiales con los que pudiera seguir aprendiendo. El dojo era su mundo, pero el mío estaba afuera, en cada criatura, en cada raíz y en cada piedra. Soñaba con el día en que pudiera recorrer más allá de Villa Foosha y registrar todo lo que viera en una gran enciclopedia. <br />
<br />
Un día decidí adentrarme solo en el bosque de Dawn. Llevaba conmigo una libreta y un lapiz, decidido a estudiar las plantas y los animales. Mientras dibujaba el perfil de un pájaro que había encontrado en una rama, escuché un ruido. No tardé en darme cuenta de que no estaba solo. Un hombre, de apariencia tosca y mirada turbia, apuntaba con un cuchillo a un pequeño zorro que había caído en una trampa improvisada. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Déjalo ir. —</span>dije con firmeza, interponiéndome entre él y el animal. El mafioso sonrió con burla. <br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¿Un niño defendiendo a una rata del bosque? No sabes dónde te metes. —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No es una rata, es un ser vivo, y no tienes derecho a matarlo por diversión. —</span><br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Tienes valor, pero también mucha estupidez. —</span><br />
<br />
El hombre se abalanzó contra mí. Intenté detenerlo como pude, sin espada y con más miedo que fuerza. El filo alcanzó mi rostro, dejándome marcado con una cruz que ardió al instante. Caí al suelo, cubriéndome la herida mientras el mafioso se alejaba con una risa cruel. El zorro aprovechó el momento para huir entre la maleza. <br />
<br />
Ese día comprendí que el mundo no siempre era justo. Me dirigí a mi casa, humillado y con un dolor intenso en la mejilla. Cada segundo y cada gota de sangre me recordaba la humillación, y en mi surgío un sentimiento que nunca había sentido, el deseo y la ambición de hacerme mas fuerte.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Villa Foosha siempre había sido un lugar humilde, rodeado de campos de cereal y molinos que parecían girar sin descanso con la brisa del mar. Allí crecí, entre el olor a harina recién molida y el sonido metálico del dojo de mi familia, donde mi padre enseñaba a los vecinos a blandir una espada para protegerse de las amenazas que venían del Terminal Grey o del vasto bosque de Dawn. Aunque desde pequeño recibí instrucción en esgrima, la verdad es que mi interés nunca estuvo en el acero. Mientras mi padre repetía que la espada era un escudo contra la crueldad del mundo, yo prefería perderme en mis cuadernos, anotando detalles sobre los animales que se colaban en los campos o sobre las formaciones rocosas cercanas. <br />
<br />
Mi madre alimentaba esa curiosidad con paciencia, consiguiéndome libros y materiales con los que pudiera seguir aprendiendo. El dojo era su mundo, pero el mío estaba afuera, en cada criatura, en cada raíz y en cada piedra. Soñaba con el día en que pudiera recorrer más allá de Villa Foosha y registrar todo lo que viera en una gran enciclopedia. <br />
<br />
Un día decidí adentrarme solo en el bosque de Dawn. Llevaba conmigo una libreta y un lapiz, decidido a estudiar las plantas y los animales. Mientras dibujaba el perfil de un pájaro que había encontrado en una rama, escuché un ruido. No tardé en darme cuenta de que no estaba solo. Un hombre, de apariencia tosca y mirada turbia, apuntaba con un cuchillo a un pequeño zorro que había caído en una trampa improvisada. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Déjalo ir. —</span>dije con firmeza, interponiéndome entre él y el animal. El mafioso sonrió con burla. <br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¿Un niño defendiendo a una rata del bosque? No sabes dónde te metes. —</span><br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No es una rata, es un ser vivo, y no tienes derecho a matarlo por diversión. —</span><br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Tienes valor, pero también mucha estupidez. —</span><br />
<br />
El hombre se abalanzó contra mí. Intenté detenerlo como pude, sin espada y con más miedo que fuerza. El filo alcanzó mi rostro, dejándome marcado con una cruz que ardió al instante. Caí al suelo, cubriéndome la herida mientras el mafioso se alejaba con una risa cruel. El zorro aprovechó el momento para huir entre la maleza. <br />
<br />
Ese día comprendí que el mundo no siempre era justo. Me dirigí a mi casa, humillado y con un dolor intenso en la mejilla. Cada segundo y cada gota de sangre me recordaba la humillación, y en mi surgío un sentimiento que nunca había sentido, el deseo y la ambición de hacerme mas fuerte.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] As cancións do mudo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=238</link>
			<pubDate>Mon, 04 Sep 2023 05:49:30 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=48">Max D. Bambú</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=238</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 3 / Año 11 / Primavera</span></span></span><br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hora: 12:03</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
A la luz del mediodía, en el linde entre Villa Foosha y el Gran Bosque de Dawn, una enorme criatura descansaba en la base de un árbol con un libro sobre la cara. Un leve ronquido delataba su condición de dormido. El libro, ligeramente descolorido y con una portada prácticamente ilegible tenía por título, lo único que sí se podía descifrar, "As cancións do mudo". Nadie recordaría el nombre del autor a no ser que ya lo hubiese leído antes de que el libro llegase a aquel estado tan deplorable. Don Bambú ya hacía tiempo que lo había olvidado, pero le gustaba cómo escribía aquel señor. Juntaba en sus expresiones tanto lo campechano como lo culto. Se leían en la obra insultos demoledores, vulgares, pero elocuentemente expresados. Deliciosa era la sátira de la obra, que cargaba contra el sistema monárquico en particular de tal forma que el libro estaría prohibido en muchas islas, incluida aquella en la que estaba el panda, si no fuera porque estaba escrito en un idioma no tan extendido de un pequeño pueblo en una isla del North Blue, donde las nieblas y las montañas forman gran parte del paisaje. Con la intención de ponerse más cómodo, Don Bambú giró su enorme cuerpo para quedarse tumbado de lado y el libro cayó al suelo, quedando cerrado a su lado sobre la hierba. Detrás de Don Bambú había una bolsa con varios libros colocados de cualquier manera, como si lo importante fuera tenerlos y no tenerlos bien puestos. Cualquier librero o bibliotecario que viese aquella bolsa tomaría al oso por un absoluto salvaje sin derecho de entrada a ninguna biblioteca. Qué sorpresa se llevarían al averiguar que el panda formaba parte del gremio y que había trabajado años en una biblioteca. En su trabajo tenía más cuidado, claro, pero siempre cabía la posibilidad de encontrarse algún libro mal colocado o incluso boca abajo. Las tardes de su juventud estaban llenas de broncas de su madre que rompían el silencio de la biblioteca al ver los estropicios de los que era capaz su propio hijo.<br />
 <br />
Buenos tiempos, sin lugar a dudas.<br />
 <br />
De forma newtoniana, una manzana decidió que era el momento de precipitarse al vacío e impactar sobre la sien del mink, que se encontraba soñando con las noches de luna llena. El panda se acercaba en sueños a la orilla de un lago para mirar su reflejo, pues se notaba más grande y fuerte que en otras ocasiones, pero justo antes de poder verse, abrió los ojos y sintió dolor de cabeza. Se irguió inmediatamente, mirando a todas partes, pero lo único que encontró fue la manzana en el suelo. Con un encogimiento de hombros, la agarró y le pegó un mordisco. Estaba ligeramente verde, como le gustaban. Su boca se inundó de un sabor ligeramente ácido, agarró el libro del suelo y lo abrió por donde lo había dejado.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 3 / Año 11 / Primavera</span></span></span><br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hora: 12:03</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
A la luz del mediodía, en el linde entre Villa Foosha y el Gran Bosque de Dawn, una enorme criatura descansaba en la base de un árbol con un libro sobre la cara. Un leve ronquido delataba su condición de dormido. El libro, ligeramente descolorido y con una portada prácticamente ilegible tenía por título, lo único que sí se podía descifrar, "As cancións do mudo". Nadie recordaría el nombre del autor a no ser que ya lo hubiese leído antes de que el libro llegase a aquel estado tan deplorable. Don Bambú ya hacía tiempo que lo había olvidado, pero le gustaba cómo escribía aquel señor. Juntaba en sus expresiones tanto lo campechano como lo culto. Se leían en la obra insultos demoledores, vulgares, pero elocuentemente expresados. Deliciosa era la sátira de la obra, que cargaba contra el sistema monárquico en particular de tal forma que el libro estaría prohibido en muchas islas, incluida aquella en la que estaba el panda, si no fuera porque estaba escrito en un idioma no tan extendido de un pequeño pueblo en una isla del North Blue, donde las nieblas y las montañas forman gran parte del paisaje. Con la intención de ponerse más cómodo, Don Bambú giró su enorme cuerpo para quedarse tumbado de lado y el libro cayó al suelo, quedando cerrado a su lado sobre la hierba. Detrás de Don Bambú había una bolsa con varios libros colocados de cualquier manera, como si lo importante fuera tenerlos y no tenerlos bien puestos. Cualquier librero o bibliotecario que viese aquella bolsa tomaría al oso por un absoluto salvaje sin derecho de entrada a ninguna biblioteca. Qué sorpresa se llevarían al averiguar que el panda formaba parte del gremio y que había trabajado años en una biblioteca. En su trabajo tenía más cuidado, claro, pero siempre cabía la posibilidad de encontrarse algún libro mal colocado o incluso boca abajo. Las tardes de su juventud estaban llenas de broncas de su madre que rompían el silencio de la biblioteca al ver los estropicios de los que era capaz su propio hijo.<br />
 <br />
Buenos tiempos, sin lugar a dudas.<br />
 <br />
De forma newtoniana, una manzana decidió que era el momento de precipitarse al vacío e impactar sobre la sien del mink, que se encontraba soñando con las noches de luna llena. El panda se acercaba en sueños a la orilla de un lago para mirar su reflejo, pues se notaba más grande y fuerte que en otras ocasiones, pero justo antes de poder verse, abrió los ojos y sintió dolor de cabeza. Se irguió inmediatamente, mirando a todas partes, pero lo único que encontró fue la manzana en el suelo. Con un encogimiento de hombros, la agarró y le pegó un mordisco. Estaba ligeramente verde, como le gustaban. Su boca se inundó de un sabor ligeramente ácido, agarró el libro del suelo y lo abrió por donde lo había dejado.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente relativo] Una disputa contundente]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=204</link>
			<pubDate>Thu, 24 Aug 2023 12:18:13 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=48">Max D. Bambú</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=204</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De repente, todo dejó de ser una broma. El panda escuchó lo que el peliblanco tenía que decir en silencio. Recibió sus gritos y acusaciones. Recibió su estúpido reto y consideró decirle que la revolución no funcionaba así. Que daba igual que ganara uno u otro, que él seguiría al ejército ciegamente más allá de cualquier apuesta infantil sobre quién la tenía más gorda. Lo consideró seriamente.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero desestimó la idea por completo, porque estaba hasta los cojones del niñato guay con traumitas que no dejaba de llamar la atención.</span><br />
 <br />
Kovashi no entendía cómo pensaba el panda. Él tenía dinero de sobra. Se lo había legado su estúpido padre marine, tal vez como una broma de mal gusto. Se reía de él desde la tumba. Le había hecho adinerado y el panda había perdido la oportunidad de rechazarlo todo y de escupirle en la tumba. Pero no lo rechazó. Estaba en un mal momento y cometió el error de aceptar. ¿Cómo va a aceptar nada de aquellos que tienen menos que él? Estaría simplemente mal. O al menos, así pensaba. <br />
 <br />
Ante los gritos del peliblanco, los aldeanos hicieron un círculo alrededor de los revolucionarios con un radio de 15 metros. Al panda no le pareció suficiente distancia para que estuvieran seguros. <span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Más lejos.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Su voz sonaba con la misma calma de la que eran capaces las personas más peligrosas del mundo. Algo en aquella voz despertaba el instinto de supervivencia, que a viva voz te suplicaba que por favor le hicieras caso. La gente se alejó casi de manera inconsciente, haciendo la circunferencia más grande que aquello. Evidentemente, Kovashi no entendía al panda cuando éste hablaba, así que le explicaría cómo funcionaban las cosas en el mundo en otra lengua distinta. Sin decir nada. Sin advertir del comienzo de una pelea. Don Bambú se lanzó hacia delante y cargó de frente contra el peliblanco. Las zancadas que daba levantaban el polvo del suelo de tierra a su paso. El suelo temblaba ligeramente bajo sus pies. El brazo derecho del panda formó una viga horizontal que pretendía chocar contra el peliblanco, impactándole en pleno torso, jugando tal vez con la idea de partirle por la mitad y continuar corriendo hasta la puesto de sol. Pero y una mierda que iba a ser tan fácil. A ver qué hacía el alcohólico.<br />
 <br />
</span></span></div>
<br />
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						<span>Atributos Personaje</span>
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                        <span class='personaje_stats_title'>Estadísticas de Don Bambú:</span>
                    </div>
                    <div style='display:flex; justify-content: center; gap: 0.5rem;'>
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                            468 AGI
                        </span>
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                        <span class='personaje_stats'>
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                            575 VOL
                        </span>
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                            560 CH
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                    </div>
                    <br/>
                    <div style='display:flex; flex-direction:column; gap: 1rem;'>
                        <div>
                            Vitalidad: <span class='personaje_vitalidad'>14210 / 14210</span>
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                            Energía: <span class='personaje_energia'>9663 / 9663</span>
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                        <div>
                            Espirítu: <span class='personaje_espiritu'>3905 / 3905</span>
                        </div>
                        <div>
                            Nivel: <span><strong>43</strong></span>
                        </div>
                    </div>
				</div>
			</div><br />
<br />
Mi ataque consiste en ir de frente y darte una hostia.<br />
<br />
Daño en caso de impactar: 60 - tu resistencia.<br />
<br />
Karmas: Voz intimidante
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De repente, todo dejó de ser una broma. El panda escuchó lo que el peliblanco tenía que decir en silencio. Recibió sus gritos y acusaciones. Recibió su estúpido reto y consideró decirle que la revolución no funcionaba así. Que daba igual que ganara uno u otro, que él seguiría al ejército ciegamente más allá de cualquier apuesta infantil sobre quién la tenía más gorda. Lo consideró seriamente.<br />
 <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero desestimó la idea por completo, porque estaba hasta los cojones del niñato guay con traumitas que no dejaba de llamar la atención.</span><br />
 <br />
Kovashi no entendía cómo pensaba el panda. Él tenía dinero de sobra. Se lo había legado su estúpido padre marine, tal vez como una broma de mal gusto. Se reía de él desde la tumba. Le había hecho adinerado y el panda había perdido la oportunidad de rechazarlo todo y de escupirle en la tumba. Pero no lo rechazó. Estaba en un mal momento y cometió el error de aceptar. ¿Cómo va a aceptar nada de aquellos que tienen menos que él? Estaría simplemente mal. O al menos, así pensaba. <br />
 <br />
Ante los gritos del peliblanco, los aldeanos hicieron un círculo alrededor de los revolucionarios con un radio de 15 metros. Al panda no le pareció suficiente distancia para que estuvieran seguros. <span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Más lejos.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Su voz sonaba con la misma calma de la que eran capaces las personas más peligrosas del mundo. Algo en aquella voz despertaba el instinto de supervivencia, que a viva voz te suplicaba que por favor le hicieras caso. La gente se alejó casi de manera inconsciente, haciendo la circunferencia más grande que aquello. Evidentemente, Kovashi no entendía al panda cuando éste hablaba, así que le explicaría cómo funcionaban las cosas en el mundo en otra lengua distinta. Sin decir nada. Sin advertir del comienzo de una pelea. Don Bambú se lanzó hacia delante y cargó de frente contra el peliblanco. Las zancadas que daba levantaban el polvo del suelo de tierra a su paso. El suelo temblaba ligeramente bajo sus pies. El brazo derecho del panda formó una viga horizontal que pretendía chocar contra el peliblanco, impactándole en pleno torso, jugando tal vez con la idea de partirle por la mitad y continuar corriendo hasta la puesto de sol. Pero y una mierda que iba a ser tan fácil. A ver qué hacía el alcohólico.<br />
 <br />
</span></span></div>
<br />
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                        <span class='personaje_stats_title'>Estadísticas de Don Bambú:</span>
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                            575 VOL
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                    </div>
                    <br/>
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                        <div>
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                        <div>
                            Nivel: <span><strong>43</strong></span>
                        </div>
                    </div>
				</div>
			</div><br />
<br />
Mi ataque consiste en ir de frente y darte una hostia.<br />
<br />
Daño en caso de impactar: 60 - tu resistencia.<br />
<br />
Karmas: Voz intimidante
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente relativo] Una fiesta de reyes]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=192</link>
			<pubDate>Mon, 21 Aug 2023 08:43:58 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=38">Kovashi Shimatsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=192</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los golpes se daban, uno tras otro y el animal sufría cada impacto, cada gemido daba la sensación de que podía ser el final de una vida, pero no lo era. Lo importante es que no lo era. Kovashi escupió algo de sangre, aún seguía haciendo estragos el golpe de Durin, no olvidaría aquel pirata. <br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo solucionaremos más tarde </span>— Respondió seriamente Kovashi al tiempo que guardaba su katana tras su espalda. El Shimatsu le alargó la mano al panda para cerrar un día de locos. Posteriormente, les comunicó que pertenecía a la armada revolucionaria y que estaba buscando nuevos integrantes. Mira tu la casualidad, tanto Derya (que Kovashi desconocía si era o no miembro ya, pero por las conversaciones que había tenido con ella en el pasado encajaba en la revolución) Caló y él mismo, podrían formar parte de un mismo grupo. Los ojos del peli blanco se centraron en Caló, era de las primeras veces que utilizaba su habilidad de akuma, pero por el último golpe, estaba claro que ya dominaba su poder. Por otro lado le levantó la mano en señal de calma. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> No os preocupéis, no es peligroso, pero tiene perdidas de memoria a corto plazo desde hace un tiempo </span>— Comenzó a caer en el foso que era su mente, por como miraba a Derya ... — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Caló, no son enemigos, aún</span> — Chocó miradas de nuevo frente al Panda. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Déjala </span>— Señaló a Derya. <br />
<br />
Muchas veces Kovashi tenía que ser estricto en gestos o actitudes con el oso, pues su particular capacidad para olvidar les había otorgado un sin fin de problemas en varias islas, era importante que eso no sucediera ahora que estaban a punto de embarcarse en una nueva aventura. <br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Respecto a lo del ejército revolucionario, creo que es lo que hemos buscado mucho tiempo</span> — Fue sincero, la realidad es que de todas las facciones que el mundo tenía para ofrecer para personas como ellos, la revolución era considerado el lugar apropiado. Eso sí, quién sabe si serían capaces de aguantar al Shimatsu. <br />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Dia 6 / Año 11 / Primavera</span></span></div>
<br />
<br />
Había pasado ni más ni menos que cuatro días. Cuatro días de comodidades por parte de los vecinos del pueblo, que si comidas gratis, bebidas gratis, alojamiento por la cara. "Para los héroes, lo que quieran" decían de forma modesta. Pero claro, esa carta blanca no se la puedes dar a alguien como Kovashi. Llevaba todos los días de fiesta, todos los días metiéndose lo que el cuerpo era capaz de aguantar. "Un humano no es capaz de beber de esa manera, no puede entrarle más alcohol" también se escuchaba mucho.  Su problema con la adicción al alcohol se incrementó esos días, llegando a levantarse borracho, en condiciones pésimas. Pero no llegó a morir, un dato importante, ya que estaba prometida la madre de las fiestas aquella noche. <br />
<br />
Cuál estrella del rock, él pidió quedarse en la suite ... Que en este caso tan solo ofrecía más metros de habitación, una ducha más grande y las mejores vistas que podía ofrecer una villa humilde como aquella. Eran las siete de la tarde y Kovashi ya iba medio ebrio, no pudo evitarlo. Abrió la puerta de la habitación y fue bajando escalones hasta encontrarse que en la planta de abajo había ya per-se una fiesta montada. - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tenía entendido que el fiestón serían en la plaza del pueblo</span> - Cuando terminó de bajar las escaleras, todos gritaron su nombre al unísono. Se sentía el amo de la fiesta y le encantaba. <br />
<br />
Salió del hostal camino a la plaza principal, ese día no había tenido interacción con ninguno del grupo, pero quedaron todos en la fiesta. Kovashi vestía una elegante camisa negra abierta por el pecho, mangas remangadas, pantalón amarillo apagado y unos zapatos negros de piel de cocodrilo que encontró debajo de la cama. Es lo que tenían las mejores habitaciones, de vez en cuando algo se dejaba el antiguo inquilino. <br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PAPÁ YA ESTÁ AQUÍ! </span>— Gritó con fuerza. Fue recibido, como lo que había sido esos días, el rey de la fiesta. </div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los golpes se daban, uno tras otro y el animal sufría cada impacto, cada gemido daba la sensación de que podía ser el final de una vida, pero no lo era. Lo importante es que no lo era. Kovashi escupió algo de sangre, aún seguía haciendo estragos el golpe de Durin, no olvidaría aquel pirata. <br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo solucionaremos más tarde </span>— Respondió seriamente Kovashi al tiempo que guardaba su katana tras su espalda. El Shimatsu le alargó la mano al panda para cerrar un día de locos. Posteriormente, les comunicó que pertenecía a la armada revolucionaria y que estaba buscando nuevos integrantes. Mira tu la casualidad, tanto Derya (que Kovashi desconocía si era o no miembro ya, pero por las conversaciones que había tenido con ella en el pasado encajaba en la revolución) Caló y él mismo, podrían formar parte de un mismo grupo. Los ojos del peli blanco se centraron en Caló, era de las primeras veces que utilizaba su habilidad de akuma, pero por el último golpe, estaba claro que ya dominaba su poder. Por otro lado le levantó la mano en señal de calma. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> No os preocupéis, no es peligroso, pero tiene perdidas de memoria a corto plazo desde hace un tiempo </span>— Comenzó a caer en el foso que era su mente, por como miraba a Derya ... — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Caló, no son enemigos, aún</span> — Chocó miradas de nuevo frente al Panda. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Déjala </span>— Señaló a Derya. <br />
<br />
Muchas veces Kovashi tenía que ser estricto en gestos o actitudes con el oso, pues su particular capacidad para olvidar les había otorgado un sin fin de problemas en varias islas, era importante que eso no sucediera ahora que estaban a punto de embarcarse en una nueva aventura. <br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Respecto a lo del ejército revolucionario, creo que es lo que hemos buscado mucho tiempo</span> — Fue sincero, la realidad es que de todas las facciones que el mundo tenía para ofrecer para personas como ellos, la revolución era considerado el lugar apropiado. Eso sí, quién sabe si serían capaces de aguantar al Shimatsu. <br />
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<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Dia 6 / Año 11 / Primavera</span></span></div>
<br />
<br />
Había pasado ni más ni menos que cuatro días. Cuatro días de comodidades por parte de los vecinos del pueblo, que si comidas gratis, bebidas gratis, alojamiento por la cara. "Para los héroes, lo que quieran" decían de forma modesta. Pero claro, esa carta blanca no se la puedes dar a alguien como Kovashi. Llevaba todos los días de fiesta, todos los días metiéndose lo que el cuerpo era capaz de aguantar. "Un humano no es capaz de beber de esa manera, no puede entrarle más alcohol" también se escuchaba mucho.  Su problema con la adicción al alcohol se incrementó esos días, llegando a levantarse borracho, en condiciones pésimas. Pero no llegó a morir, un dato importante, ya que estaba prometida la madre de las fiestas aquella noche. <br />
<br />
Cuál estrella del rock, él pidió quedarse en la suite ... Que en este caso tan solo ofrecía más metros de habitación, una ducha más grande y las mejores vistas que podía ofrecer una villa humilde como aquella. Eran las siete de la tarde y Kovashi ya iba medio ebrio, no pudo evitarlo. Abrió la puerta de la habitación y fue bajando escalones hasta encontrarse que en la planta de abajo había ya per-se una fiesta montada. - <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tenía entendido que el fiestón serían en la plaza del pueblo</span> - Cuando terminó de bajar las escaleras, todos gritaron su nombre al unísono. Se sentía el amo de la fiesta y le encantaba. <br />
<br />
Salió del hostal camino a la plaza principal, ese día no había tenido interacción con ninguno del grupo, pero quedaron todos en la fiesta. Kovashi vestía una elegante camisa negra abierta por el pecho, mangas remangadas, pantalón amarillo apagado y unos zapatos negros de piel de cocodrilo que encontró debajo de la cama. Es lo que tenían las mejores habitaciones, de vez en cuando algo se dejaba el antiguo inquilino. <br />
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— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡PAPÁ YA ESTÁ AQUÍ! </span>— Gritó con fuerza. Fue recibido, como lo que había sido esos días, el rey de la fiesta. </div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Absoluto] Un día soleado para la revolución]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=81</link>
			<pubDate>Wed, 09 Aug 2023 14:54:00 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=38">Kovashi Shimatsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=81</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">꧁ Primavera. Año 11. Día 1 de la estación ꧂</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Que condenadamente altos eran los molinos de Villa Foosha. También es verdad que contra más bebió el día anterior, más altos le parecían, lo que para su mente era todo un desafío. No sé como sería para Caló, el mink que le acompañaba, con quién llegó a la isla una semana antes y a quién había intentado introducir en el  alcoholismo de forma descarada, pero él no bebía y al no beber podía ofrecer otra visión de aquel muro de molinos que no cesaban su movimiento. Kovashi sentía un apestoso olor, era su boca, una mezcla entre fuerte sedante y gas pimienta, un beso y te cura el cáncer de mama. Se levantó del suelo arenoso en el que estaba. Vestía una camisa blanca de flores completamente abierta, dejando visible un cuerpo tanto atlético como magullado, su heridas estaban no solo en el rostro (las más visibles) si no por todo el cuerpo, su padre trabajaba con finura, era un profesional de la tortura. Intentó abrocharse la camisa, pero le fue imposible, con un gesto agresivo desistió, empujando la prenda de ropa. <br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tengo que dejar de beber … </span>— Musitó con sus labios secos como el desierto, se podían ver rastros de piel muerta entre ellos. Sin duda la noche anterior la juerga no fue baladí. <br />
<br />
Casi de forma inconsciente, introdujo su mano en el interior de la camisa y sacó una petaca, la abrió e intentó beber. Es donde guardaba su alcohol de reserva, pero solo quedaban gotas. Buen intento para haber jurado que dejaría de beber un segundo antes.  </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Ehh? ¡Zarpa!</span> — Gritó, dandose la vuelta para ver si encontraba al oso. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Dónde has metido mi elixir!</span> — No tardó en marearse al dar tres vueltas muy consecutivas y volver a caer al suelo. ¿Hasta ese punto había llegado? Era hora de remontar … ¿no? Cualquiera en la situación de Kovashi que tiene un pensamiento así, positivo, se levanta y continua, era el momento … — <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Como encuentre a ese oso lo destriparé con mis manos por quitarme lo que es mío. ¿Que coño se cree? ¿mi padre? ¿se cree perfecto por no beber? ¿y el puto enganche con los condenados peces que tiene, qué?</span> — Movía la cabeza mientras ideas nefastas le circulaban por la cabeza, era un buen sitio en las que estar, supongo, mejor que expresarlas desde luego. <br />
<br />
Las ocho de la mañana y el sol comenzó a salir con fuerza, los rayos del mismo eclipsaron el iris azul de nuestro protagonista, quién se puso una mano sobre la frente para evitar la molestia. Se recompondría relativamente rápido, alzando de nuevo el vuelo y poniendose en pie. Comenzó a caminar cuesta abajo en dirección al pueblo … Suponemos que en busca de Caló, que seguramente o estaba buscando algun pescado que comer o estaba comprando sus mierdas de médico. Estaba todo el día en la caza de cualquier planta u movida similiar que le sirviera para esas cosas, Kovashi no entendía de eso, así que le daba cero importancia. <br />
<br />
Con las manos metidas en los bolsillos, zapatillas de madera, camisa veraniega de puro turista, la katana asomandole por el hombro en la espalda y unos pantalones largos completamente negros como el carbón, marchó a su destino. Es que hasta su manera de andar era llamativa. De unos días hasta ahora, hablando/debatiendo con Khruner, llegaron a la conclusión de que deberían centrarse, Kovashi se había gastado sus ultimos dineritos en fiestas y el mink oso le seguía la corriente siempre y cuando al salir el sol el oriental aceptara avanzar un poco en todo lo que fuera productivo, vease comprar plantas para sus estudios. ¿Pero cómo serlo si el iba por su cuenta? — <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Maldito oso, trozo de carne</span> — Escupió a un costado, cerca de una mujer de unos sesenta años, pelo cardado completamente rubio y un cigarro entre los dedos. Kovashi la miró impasible. Sabía identificar con facilidad cuando una era rubia natural y cuando no, si eran muy mayores le salía ser extramadamente respetuoso, pero si eran jovenes … Mejor no pensarlo. Tardó en percatarse, pero las huellas de Caló se iban mezclando con la de los humanos de la zona, era relativamente sencillo identificar por donde se estaba moviendo, solo que Kovashi no se estaba dando cuenta, hasta ahora. Las pisadas giraban a la derecha, justo hasta un local llamado “ Kyti la curandera, dolor y sierras, buen precio” toma ya, eso es una cabecera. En su escaparate tenía brebajhes varios, piedras “energeticas”, cartas del tarot y si, sierras.  El Shimatsu empujó la puerta de madera cochambrosa que le alejaba de su compañero. La altura de la entrada rozaba los dos metros, hasta el proipio Kovashi tuvo que bajar la cabeza, aunque una vez dentro el techo se extendía cerca de los tres. Aún así Khruner tendría que ir encorvado seguro. </div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">꧁ Primavera. Año 11. Día 1 de la estación ꧂</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Que condenadamente altos eran los molinos de Villa Foosha. También es verdad que contra más bebió el día anterior, más altos le parecían, lo que para su mente era todo un desafío. No sé como sería para Caló, el mink que le acompañaba, con quién llegó a la isla una semana antes y a quién había intentado introducir en el  alcoholismo de forma descarada, pero él no bebía y al no beber podía ofrecer otra visión de aquel muro de molinos que no cesaban su movimiento. Kovashi sentía un apestoso olor, era su boca, una mezcla entre fuerte sedante y gas pimienta, un beso y te cura el cáncer de mama. Se levantó del suelo arenoso en el que estaba. Vestía una camisa blanca de flores completamente abierta, dejando visible un cuerpo tanto atlético como magullado, su heridas estaban no solo en el rostro (las más visibles) si no por todo el cuerpo, su padre trabajaba con finura, era un profesional de la tortura. Intentó abrocharse la camisa, pero le fue imposible, con un gesto agresivo desistió, empujando la prenda de ropa. <br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tengo que dejar de beber … </span>— Musitó con sus labios secos como el desierto, se podían ver rastros de piel muerta entre ellos. Sin duda la noche anterior la juerga no fue baladí. <br />
<br />
Casi de forma inconsciente, introdujo su mano en el interior de la camisa y sacó una petaca, la abrió e intentó beber. Es donde guardaba su alcohol de reserva, pero solo quedaban gotas. Buen intento para haber jurado que dejaría de beber un segundo antes.  </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Ehh? ¡Zarpa!</span> — Gritó, dandose la vuelta para ver si encontraba al oso. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Dónde has metido mi elixir!</span> — No tardó en marearse al dar tres vueltas muy consecutivas y volver a caer al suelo. ¿Hasta ese punto había llegado? Era hora de remontar … ¿no? Cualquiera en la situación de Kovashi que tiene un pensamiento así, positivo, se levanta y continua, era el momento … — <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Como encuentre a ese oso lo destriparé con mis manos por quitarme lo que es mío. ¿Que coño se cree? ¿mi padre? ¿se cree perfecto por no beber? ¿y el puto enganche con los condenados peces que tiene, qué?</span> — Movía la cabeza mientras ideas nefastas le circulaban por la cabeza, era un buen sitio en las que estar, supongo, mejor que expresarlas desde luego. <br />
<br />
Las ocho de la mañana y el sol comenzó a salir con fuerza, los rayos del mismo eclipsaron el iris azul de nuestro protagonista, quién se puso una mano sobre la frente para evitar la molestia. Se recompondría relativamente rápido, alzando de nuevo el vuelo y poniendose en pie. Comenzó a caminar cuesta abajo en dirección al pueblo … Suponemos que en busca de Caló, que seguramente o estaba buscando algun pescado que comer o estaba comprando sus mierdas de médico. Estaba todo el día en la caza de cualquier planta u movida similiar que le sirviera para esas cosas, Kovashi no entendía de eso, así que le daba cero importancia. <br />
<br />
Con las manos metidas en los bolsillos, zapatillas de madera, camisa veraniega de puro turista, la katana asomandole por el hombro en la espalda y unos pantalones largos completamente negros como el carbón, marchó a su destino. Es que hasta su manera de andar era llamativa. De unos días hasta ahora, hablando/debatiendo con Khruner, llegaron a la conclusión de que deberían centrarse, Kovashi se había gastado sus ultimos dineritos en fiestas y el mink oso le seguía la corriente siempre y cuando al salir el sol el oriental aceptara avanzar un poco en todo lo que fuera productivo, vease comprar plantas para sus estudios. ¿Pero cómo serlo si el iba por su cuenta? — <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Maldito oso, trozo de carne</span> — Escupió a un costado, cerca de una mujer de unos sesenta años, pelo cardado completamente rubio y un cigarro entre los dedos. Kovashi la miró impasible. Sabía identificar con facilidad cuando una era rubia natural y cuando no, si eran muy mayores le salía ser extramadamente respetuoso, pero si eran jovenes … Mejor no pensarlo. Tardó en percatarse, pero las huellas de Caló se iban mezclando con la de los humanos de la zona, era relativamente sencillo identificar por donde se estaba moviendo, solo que Kovashi no se estaba dando cuenta, hasta ahora. Las pisadas giraban a la derecha, justo hasta un local llamado “ Kyti la curandera, dolor y sierras, buen precio” toma ya, eso es una cabecera. En su escaparate tenía brebajhes varios, piedras “energeticas”, cartas del tarot y si, sierras.  El Shimatsu empujó la puerta de madera cochambrosa que le alejaba de su compañero. La altura de la entrada rozaba los dos metros, hasta el proipio Kovashi tuvo que bajar la cabeza, aunque una vez dentro el techo se extendía cerca de los tres. Aún así Khruner tendría que ir encorvado seguro. </div>]]></content:encoded>
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