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		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Gran Bosque Dawn]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 15:22:55 +0000</pubDate>
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			<title><![CDATA[[Presente Absoluto] [Auto T1] - La cacería.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2126</link>
			<pubDate>Fri, 12 Sep 2025 19:46:29 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=538">KuroVongola</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2126</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 57, Año 16, Verano</span></div>
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						<span>Atributos Personaje</span>
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                        <span class='personaje_stats_title'>Estadísticas de KuroVongola:</span>
                    </div>
                    <div style='display:flex; justify-content: center; gap: 0.5rem;'>
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                    </div>
                    <br/>
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                            Nivel: <span><strong>27</strong></span>
                        </div>
                    </div>
				</div>
			</div><br />
<br />
Volví a caminar por el bosque de Dawn en uno de mis paseos de siempre. El suelo crujía bajo mis botas, y el olor a hojas húmedas me seguía. Iba concentrado en mis notas, pensando en la daga y la espada, cuando me encontré con algo que no esperaba: un jabalí muerto tirado entre los arbustos. No tenía mordiscos ni cortes de zarpas. Su cuerpo estaba entero; no le faltaba carne. Solo tenía agujeros pequeños, limpios.<br />
<br />
Me acerqué despacio. Revisé los agujeros y encontré restos: pequeñas piezas de metal. Saqué la lupa que siempre llevaba y miré con cuidado <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—balas—</span>, no dudo. No eran balas toscas; brillaban un poco y tenían acabado fino. Eso me dijo algo en seguida: esto no venía de Terminal Grey. Allí no podían conseguir munición así. Si alguien tenía balas de buena calidad, era gente del Reino de Goa, o alguien con acceso a armas decentes.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Qué hacen aquí? —</span>me dije en voz baja<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— ¿Por qué matar así, sin comerse nada? —</span><br />
<br />
Seguí el rastro de pisadas, manchas de sangre pequeñas, y trozos de flora aplastada. Avancé con cuidado, buscando huellas que me llevaran a quien había hecho esto. No pasó mucho tiempo hasta que los vi; tres jóvenes caminaban sin prisa, riendo entre ellos, y detrás marchaban dos hombres más grandes que parecían sus guardaespaldas. El joven del medio llevaba una pistola a la vista. Los otros dos no mostraban arma visible, pero los hombres grandes sí tenían pistolas en las cartucheras.<br />
<br />
Me escondí tras un tronco, pegando la espalda a la corteza. Intenté escuchar sin que me notaran. Los jóvenes hablaban en voz alta, orgullosos, como si hubieran hecho algo divertido.<br />
<br />
<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">—La última vez fue un búho, ¿recuerdas? —</span>dijo uno, riendo<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">— Esta noche encontramos algo más gordo. —</span><br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">—Ese jabalí fue fácil —</span>contestó el del medio<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">— A nadie le importa lo que hacemos aquí. Somos de Goa, ¿quién nos va a buscar? —</span><br />
<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">—Solo hay pobres y bandidos —</span>añadió el tercero<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">— Podemos hacer lo que queramos. —</span><br />
<br />
Mi estómago se tensó con sus palabras. Sentí la rabia subir desde el pecho, como calor que no puedo controlar. Quise acercarme más para oír detalles, pero pisé una rama seca sin darme cuenta. La rama se quebró con un chasquido seco.<br />
<br />
Los guardaespaldas giraron al instante y apuntaron con sus pistolas hacia el bosque.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—¿Quién está ahí? —</span>gritó uno. Su voz era dura.<br />
<br />
Me tensé y me pegué más al tronco, el corazón a punto de salirse. Si salía corriendo, podían dispararme. Si me quedaba, podrían venir a buscarme. Retrocedí con cuidado y me escondí entre las sombras. Aguanté la respiración hasta que volvieron a reanudar la marcha, riéndose y hablando. No me atrevía a moverme.<br />
<br />
Les seguí en silencio cuando comenzaron a caminar de nuevo. Los seguí con cuidado, manteniéndome fuera de su vista. Iba aprendiendo sus pasos y las pausas que hacían. Los hombres grandes hablaban por si acaso; los jóvenes solo se reían. Avanzaron hacia una parte más profunda del bosque, donde yo no había estado antes.<br />
<br />
Al doblar una curva, vi algo que me heló la sangre: una cría de lobo tirada en el suelo, temblando y apenas consciente. Estaba malnutrida y cubierta de golpes. Al lado había pequeñas piedras manchadas de sangre. La cría tenía el ojo derecho arrancado, o al menos la cuenca vacía y cerrada por sangre seca. Había marcas de algún objeto afilado en la piel, como si alguien le hubiera sacado el ojo con una navaja.<br />
<br />
Mi mente se quedó en blanco por un segundo. Luego la rabia explotó.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡No! —</span>salió de mi boca sin pensar.<br />
<br />
Vi al joven del medio desenfundar la pistola y alzarla, listo para disparar contra algo que estaba más lejos. Fue un instinto: corrí desde mi escondite y me lancé contra él. No pensé en nada más. Sentí la adrenalina, un frío en las venas y la respiración rápida.<br />
<br />
Corté con la espada el brazo que sostenía la pistola. El metal chocó y la pistola cayó al suelo. El joven gritó de sorpresa y dolor. Pisé la pistola con el pie hasta romperla bajo mi peso y me solté hacia la cría. La cogí como pude, con las manos temblando, porque había sangre en mi cara y en mi brazo.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Cálmate. —</span>le dije a la cría mientras la colocaba en mi pecho<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— No te dejaré aquí. —</span><br />
<br />
Un disparo sonó a mi izquierda. Una bala pasó cerca y dejó un agujero en un tronco, a centímetros de donde habría estado mi cabeza si no me hubiera movido. Era la mano de uno de los guardaespaldas que había disparado desde lejos. Noté la sensación de que algo me rozó en la pierna; no era profundo, pero ardía y manaba sangre. Miré abajo y vi una herida que empezaba a empapar mi bota.<br />
<br />
Corrí. No podía quedarme parado. Los jóvenes gritaban y uno de los guardaespaldas salió persiguiéndome, apuntando y disparando. La otra pareja se quedó arreglando al joven herido. Sentía el calor de la sangre en mi pierna, pero no lo pensé; empujé mi cuerpo para ir más rápido.<br />
<br />
Busqué ventaja. Sabía el bosque mejor que ellos. Me escabullí entre arbustos, salté troncos, y finalmente entré por el sendero que conducía al hábitat de los lobos. El guardaespaldas me seguía, gritando y disparando. Una de las balas me rozó la pierna y empezó a sangrar más. La sangre en mi bota me pesaba. Sabía que si me alcanzaba en un punto vital, mi vida corría riesgo. Así que calculé: debía llevarlo hacia donde los lobos vivían. No era una buena idea en absoluto, pero el riesgo de quedarme en terreno abierto era mayor.<br />
<br />
Salí del sendero y vi la entrada a la cueva donde la manada descansaba. El guardaespaldas me seguía enardecido, confiado.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Ya estás muerto. Aquí nadie puede ayudarte. Te cogeremos y el noble te hará pagar por esto. —</span>decía con burla.<br />
<br />
Entré en la cueva con la cría en brazos. El guardaespaldas me siguió, seguro de sí mismo, y cuando creyó que todo era suyo, la cosa cambió en un segundo.<br />
<br />
El alfa salió de la oscuridad. Su figura era grande, imponente. Al ver la cría herida y verme a mí lastimado, soltó un aullido que subió por las paredes de la cueva. Con ese solo sonido, el resto de la manada se lanzó contra el. El guardaespaldas intentó disparar, pero los lobos fueron más rápidos, aparecieron como sombras entre la roca, mordieron y tiraron. El hombre gritó al caer, y en instantes estaba en el suelo, cubierto por la manada. Cuando logré mirar, el guardaespaldas había sido reducido. No vi más movimiento de él.<br />
<br />
No me quedé a mirar la pelea. Corrí de vuelta hacia donde los nobles y el otro guardaespaldas habían quedado, escondido entre los troncos. Vi al noble al que le había cortado el brazo, todavía vivo, con la herida vendada a trompicones por el otro guardaespaldas. Los jóvenes estaban blancos, temblando. Habían perdido la arrogancia en cuanto vieron a las bestias.<br />
<br />
Yo salí de mi escondite y, sin dudar, me lancé contra ellos. El guardaespaldas restante todavía intentó disparar, pero no tuve tiempo de pensar: usé la técnica que había estado practicando, el Colmillo de Lobo descendente (Ōkami Kiba Kudari). <br />
<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Colmillo de Lobo descendente (Ōkami Kiba Kudari)</h2></strong></span>
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                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Propio</strong></div>
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                </div>

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                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
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                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Armas de Filo 1 | 50 Destreza</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>Arma + 2xDestreza</strong>
                            </span>
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                        <p>
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                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>67 de energía </strong>
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                        <p>
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                                <strong>Efecto: </strong>
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                                <strong>Enfriamiento: </strong>
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                                Un turno
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                        </p>
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                </div>
                <p>
                    <i id='descripcionTecnica'>Kuro, con su espada, propina un tajo vertical descendente destinado a realizar un corte que dañe severamente a su objetivo.</i>
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                <hr/>
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                    </div>
                </div>
                
            </div><br />
<br />
Bajé la espada con fuerza justa y le di un tajo en el pecho. No lo maté; lo dejé inconsciente. Cayó en la hojarasca, respirando con dificultad.<br />
<br />
Caminé despacio hacia los tres nobles. Tenía la espada en la mano derecha, todavía con la sangre del guardaespaldas, y la daga en la izquierda. Los jóvenes no podían moverse; estaban paralizados entre los gritos y las lágrimas. Empezaron a suplicar, con palabras llenas de miedo:<br />
<br />
<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">—¡Por favor! ¡Por favor perdón! ¡Somos nobles, tenemos contactos! —</span>balbuceó uno.<br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">—¡Te mataremos, lo juramos! —</span>dijo otro, intentando sonar feroz, pero su voz se rompió.<br />
<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">—¡Alguien nos ayudará! —</span>gritó el tercero.<br />
<br />
No me importó. Me acerqué a cada uno con calma. Con un movimiento rápido y frío, hice lo que debía hacer: corté fuera los ojos de cada uno. Fue rápido. No dije nada mientras lo hacía; las lágrimas y los sollozos se escuchaban, pero no mis palabras. Fue justicia dura, simple y directa por la cría.<br />
<br />
Cuando terminé, los tres intentaron arrastrarse, pero sus piernas no respondían.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No vuelvan jamás al bosque. Si os veo otra vez aquí, acabaré lo que empecé. Llevad con vida a vuestro guardaespaldas y marchad. Y que esto os sirva de lección. —</span>les dije en voz fría y sin piedad.<br />
<br />
Se pusieron en pie como pudieron, tomaron al guardaespaldas inconsciente y huyeron entre los árboles, corriendo sin mirar atrás. Sus gritos se fueron perdiendo entre los matorrales.<br />
<br />
Más tarde, en Villa Foosha, la noticia se corrió rápido. Yo regresé con la cría en brazos, la llevé a casa y la curé lo mejor que pude. Cuando los nobles hablaron entre sí, decían que alguien los atacó en el bosque pero que no podían recordar su rostro, solo un hombre con el ojo izquierdo morado, una cicatriz en cruz y el ojo derecho color naranja. La gente de la villa me conocía lo suficiente como para no interrogarme; sabían que no atacaría sin razón. El rumor quedó en la calle, pero nadie vino a buscarme.<br />
<br />
Me tumbé en un lugar tranquilo de la villa, cansado, con la pierna sangrando y las manos empapadas de barro y sangre. Apoyé la cabeza en el suelo, cerré los ojos y dejé que el silencio me envolviera. Había hecho lo que tenía que hacer. Aquí terminaba el día.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 57, Año 16, Verano</span></div>
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                        <span class='personaje_stats_title'>Estadísticas de KuroVongola:</span>
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                    </div>
                    <br/>
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                            Nivel: <span><strong>27</strong></span>
                        </div>
                    </div>
				</div>
			</div><br />
<br />
Volví a caminar por el bosque de Dawn en uno de mis paseos de siempre. El suelo crujía bajo mis botas, y el olor a hojas húmedas me seguía. Iba concentrado en mis notas, pensando en la daga y la espada, cuando me encontré con algo que no esperaba: un jabalí muerto tirado entre los arbustos. No tenía mordiscos ni cortes de zarpas. Su cuerpo estaba entero; no le faltaba carne. Solo tenía agujeros pequeños, limpios.<br />
<br />
Me acerqué despacio. Revisé los agujeros y encontré restos: pequeñas piezas de metal. Saqué la lupa que siempre llevaba y miré con cuidado <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—balas—</span>, no dudo. No eran balas toscas; brillaban un poco y tenían acabado fino. Eso me dijo algo en seguida: esto no venía de Terminal Grey. Allí no podían conseguir munición así. Si alguien tenía balas de buena calidad, era gente del Reino de Goa, o alguien con acceso a armas decentes.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Qué hacen aquí? —</span>me dije en voz baja<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— ¿Por qué matar así, sin comerse nada? —</span><br />
<br />
Seguí el rastro de pisadas, manchas de sangre pequeñas, y trozos de flora aplastada. Avancé con cuidado, buscando huellas que me llevaran a quien había hecho esto. No pasó mucho tiempo hasta que los vi; tres jóvenes caminaban sin prisa, riendo entre ellos, y detrás marchaban dos hombres más grandes que parecían sus guardaespaldas. El joven del medio llevaba una pistola a la vista. Los otros dos no mostraban arma visible, pero los hombres grandes sí tenían pistolas en las cartucheras.<br />
<br />
Me escondí tras un tronco, pegando la espalda a la corteza. Intenté escuchar sin que me notaran. Los jóvenes hablaban en voz alta, orgullosos, como si hubieran hecho algo divertido.<br />
<br />
<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">—La última vez fue un búho, ¿recuerdas? —</span>dijo uno, riendo<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">— Esta noche encontramos algo más gordo. —</span><br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">—Ese jabalí fue fácil —</span>contestó el del medio<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">— A nadie le importa lo que hacemos aquí. Somos de Goa, ¿quién nos va a buscar? —</span><br />
<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">—Solo hay pobres y bandidos —</span>añadió el tercero<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">— Podemos hacer lo que queramos. —</span><br />
<br />
Mi estómago se tensó con sus palabras. Sentí la rabia subir desde el pecho, como calor que no puedo controlar. Quise acercarme más para oír detalles, pero pisé una rama seca sin darme cuenta. La rama se quebró con un chasquido seco.<br />
<br />
Los guardaespaldas giraron al instante y apuntaron con sus pistolas hacia el bosque.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—¿Quién está ahí? —</span>gritó uno. Su voz era dura.<br />
<br />
Me tensé y me pegué más al tronco, el corazón a punto de salirse. Si salía corriendo, podían dispararme. Si me quedaba, podrían venir a buscarme. Retrocedí con cuidado y me escondí entre las sombras. Aguanté la respiración hasta que volvieron a reanudar la marcha, riéndose y hablando. No me atrevía a moverme.<br />
<br />
Les seguí en silencio cuando comenzaron a caminar de nuevo. Los seguí con cuidado, manteniéndome fuera de su vista. Iba aprendiendo sus pasos y las pausas que hacían. Los hombres grandes hablaban por si acaso; los jóvenes solo se reían. Avanzaron hacia una parte más profunda del bosque, donde yo no había estado antes.<br />
<br />
Al doblar una curva, vi algo que me heló la sangre: una cría de lobo tirada en el suelo, temblando y apenas consciente. Estaba malnutrida y cubierta de golpes. Al lado había pequeñas piedras manchadas de sangre. La cría tenía el ojo derecho arrancado, o al menos la cuenca vacía y cerrada por sangre seca. Había marcas de algún objeto afilado en la piel, como si alguien le hubiera sacado el ojo con una navaja.<br />
<br />
Mi mente se quedó en blanco por un segundo. Luego la rabia explotó.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡No! —</span>salió de mi boca sin pensar.<br />
<br />
Vi al joven del medio desenfundar la pistola y alzarla, listo para disparar contra algo que estaba más lejos. Fue un instinto: corrí desde mi escondite y me lancé contra él. No pensé en nada más. Sentí la adrenalina, un frío en las venas y la respiración rápida.<br />
<br />
Corté con la espada el brazo que sostenía la pistola. El metal chocó y la pistola cayó al suelo. El joven gritó de sorpresa y dolor. Pisé la pistola con el pie hasta romperla bajo mi peso y me solté hacia la cría. La cogí como pude, con las manos temblando, porque había sangre en mi cara y en mi brazo.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Cálmate. —</span>le dije a la cría mientras la colocaba en mi pecho<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— No te dejaré aquí. —</span><br />
<br />
Un disparo sonó a mi izquierda. Una bala pasó cerca y dejó un agujero en un tronco, a centímetros de donde habría estado mi cabeza si no me hubiera movido. Era la mano de uno de los guardaespaldas que había disparado desde lejos. Noté la sensación de que algo me rozó en la pierna; no era profundo, pero ardía y manaba sangre. Miré abajo y vi una herida que empezaba a empapar mi bota.<br />
<br />
Corrí. No podía quedarme parado. Los jóvenes gritaban y uno de los guardaespaldas salió persiguiéndome, apuntando y disparando. La otra pareja se quedó arreglando al joven herido. Sentía el calor de la sangre en mi pierna, pero no lo pensé; empujé mi cuerpo para ir más rápido.<br />
<br />
Busqué ventaja. Sabía el bosque mejor que ellos. Me escabullí entre arbustos, salté troncos, y finalmente entré por el sendero que conducía al hábitat de los lobos. El guardaespaldas me seguía, gritando y disparando. Una de las balas me rozó la pierna y empezó a sangrar más. La sangre en mi bota me pesaba. Sabía que si me alcanzaba en un punto vital, mi vida corría riesgo. Así que calculé: debía llevarlo hacia donde los lobos vivían. No era una buena idea en absoluto, pero el riesgo de quedarme en terreno abierto era mayor.<br />
<br />
Salí del sendero y vi la entrada a la cueva donde la manada descansaba. El guardaespaldas me seguía enardecido, confiado.<br />
<br />
<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">—Ya estás muerto. Aquí nadie puede ayudarte. Te cogeremos y el noble te hará pagar por esto. —</span>decía con burla.<br />
<br />
Entré en la cueva con la cría en brazos. El guardaespaldas me siguió, seguro de sí mismo, y cuando creyó que todo era suyo, la cosa cambió en un segundo.<br />
<br />
El alfa salió de la oscuridad. Su figura era grande, imponente. Al ver la cría herida y verme a mí lastimado, soltó un aullido que subió por las paredes de la cueva. Con ese solo sonido, el resto de la manada se lanzó contra el. El guardaespaldas intentó disparar, pero los lobos fueron más rápidos, aparecieron como sombras entre la roca, mordieron y tiraron. El hombre gritó al caer, y en instantes estaba en el suelo, cubierto por la manada. Cuando logré mirar, el guardaespaldas había sido reducido. No vi más movimiento de él.<br />
<br />
No me quedé a mirar la pelea. Corrí de vuelta hacia donde los nobles y el otro guardaespaldas habían quedado, escondido entre los troncos. Vi al noble al que le había cortado el brazo, todavía vivo, con la herida vendada a trompicones por el otro guardaespaldas. Los jóvenes estaban blancos, temblando. Habían perdido la arrogancia en cuanto vieron a las bestias.<br />
<br />
Yo salí de mi escondite y, sin dudar, me lancé contra ellos. El guardaespaldas restante todavía intentó disparar, pero no tuve tiempo de pensar: usé la técnica que había estado practicando, el Colmillo de Lobo descendente (Ōkami Kiba Kudari). <br />
<br />
<div class='tecnica_content'>
                <span style='font-family: monospace'><strong><h2 id='nombreTecnica'>Colmillo de Lobo descendente (Ōkami Kiba Kudari)</h2></strong></span>
                <div style='display: flex;flex-direction: row;'>
                        <div class='tecnica_estilo'><strong id='estiloTecnica'>Propio</strong></div>
                        <div class='tecnica_rango '><strong id='rangoTecnica'>2</strong></div>
                        
                </div>

                <div class='tecnica_body' style='background-color: #FDF8F4;'
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                    <span style='font-family: monospace;'><strong>Información</strong></span> <button id='miBoton'>+/-</button>
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                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Requisitos: </strong>
                            </span>
                            <span id='requisitosTecnica'>Armas de Filo 1 | 50 Destreza</span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Daño: </strong>
                            </span>
                            <span class='vitalidad'>
                                <strong id='dañoTecnica'>Arma + 2xDestreza</strong>
                            </span>
                        </p>
                        <p>
                        <span class='tecnica_label'>
                            <strong>Coste: </strong>
                        </span>
                        <span class='energia'>
                            <strong id='costeTecnica'>67 de energía </strong>
                        </span>
                        </p>
                        <p>
                            <span class='tecnica_label'>
                                <strong>Efecto: </strong>
                            </span>
                            <span id='efectosTecnica'>
                                No tiene.
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                        </p>
                            </span>
                        <p>
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                                <strong>Enfriamiento: </strong>
                            </span>
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                                Un turno
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                        </p>
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                    <i id='descripcionTecnica'>Kuro, con su espada, propina un tajo vertical descendente destinado a realizar un corte que dañe severamente a su objetivo.</i>
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                </div>
                
            </div><br />
<br />
Bajé la espada con fuerza justa y le di un tajo en el pecho. No lo maté; lo dejé inconsciente. Cayó en la hojarasca, respirando con dificultad.<br />
<br />
Caminé despacio hacia los tres nobles. Tenía la espada en la mano derecha, todavía con la sangre del guardaespaldas, y la daga en la izquierda. Los jóvenes no podían moverse; estaban paralizados entre los gritos y las lágrimas. Empezaron a suplicar, con palabras llenas de miedo:<br />
<br />
<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">—¡Por favor! ¡Por favor perdón! ¡Somos nobles, tenemos contactos! —</span>balbuceó uno.<br />
<span style="color: #e8c500;" class="mycode_color">—¡Te mataremos, lo juramos! —</span>dijo otro, intentando sonar feroz, pero su voz se rompió.<br />
<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">—¡Alguien nos ayudará! —</span>gritó el tercero.<br />
<br />
No me importó. Me acerqué a cada uno con calma. Con un movimiento rápido y frío, hice lo que debía hacer: corté fuera los ojos de cada uno. Fue rápido. No dije nada mientras lo hacía; las lágrimas y los sollozos se escuchaban, pero no mis palabras. Fue justicia dura, simple y directa por la cría.<br />
<br />
Cuando terminé, los tres intentaron arrastrarse, pero sus piernas no respondían.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No vuelvan jamás al bosque. Si os veo otra vez aquí, acabaré lo que empecé. Llevad con vida a vuestro guardaespaldas y marchad. Y que esto os sirva de lección. —</span>les dije en voz fría y sin piedad.<br />
<br />
Se pusieron en pie como pudieron, tomaron al guardaespaldas inconsciente y huyeron entre los árboles, corriendo sin mirar atrás. Sus gritos se fueron perdiendo entre los matorrales.<br />
<br />
Más tarde, en Villa Foosha, la noticia se corrió rápido. Yo regresé con la cría en brazos, la llevé a casa y la curé lo mejor que pude. Cuando los nobles hablaron entre sí, decían que alguien los atacó en el bosque pero que no podían recordar su rostro, solo un hombre con el ojo izquierdo morado, una cicatriz en cruz y el ojo derecho color naranja. La gente de la villa me conocía lo suficiente como para no interrogarme; sabían que no atacaría sin razón. El rumor quedó en la calle, pero nadie vino a buscarme.<br />
<br />
Me tumbé en un lugar tranquilo de la villa, cansado, con la pierna sangrando y las manos empapadas de barro y sangre. Apoyé la cabeza en el suelo, cerré los ojos y dejé que el silencio me envolviera. Había hecho lo que tenía que hacer. Aquí terminaba el día.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Relativo] - La garra y el colmillo.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2113</link>
			<pubDate>Wed, 10 Sep 2025 13:04:53 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=538">KuroVongola</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2113</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 52, Año 16, Verano</span></div>
<br />
Volví al bosque de Dawn, como tantas veces antes, pero esta vez no buscaba a los lobos ni tampoco la calma de su compañía.Había algo en mi interior que no me dejaba descansar.Desde que descubrí la técnica del Colmillo de Lobo Descendente (Ōkami Kiba Kudari), mi entrenamiento había sido constante, casi obsesivo.Sin embargo, mientras cortaba troncos y ensayaba el golpe una y otra vez, sentía un vacío.Algo faltaba, una pieza que no lograba identificar.<br />
<br />
Me detuve en medio del bosque, jadeando, con el sudor resbalando por mi frente. El filo de la espada estaba clavado en la tierra húmeda frente a mí.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Qué es lo que me falta? —</span>murmuré, con el ceño fruncido, mientras mi respiración pesada se mezclaba con el viento del bosque.<br />
<br />
Guardé la espada y decidí caminar. Quizá el propio bosque tendría la respuesta, como ya lo había hecho en otras ocasiones. Mis pasos me llevaron entre raíces retorcidas, arroyos estrechos y senderos cubiertos de musgo. Entonces vi tres escenas:<br />
<br />
El primer caso fue un zorro. Lo observé oculto tras unos arbustos. Acechaba a un ave desprevenida, y en el momento justo, no se lanzó directamente con un mordisco letal. Primero saltó para atraparle el ala y aplastarlo contra el suelo, inmovilizándolo antes de darle la mordida final.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Inmovilizar primero… matar después. —</span>pensé en voz baja, impresionado por la precisión.<br />
<br />
El segundo caso apareció más adelante, cerca de un arroyo. Una serpiente se enroscaba lentamente alrededor de un conejo. El pobre animal forcejeaba desesperado, pero la serpiente no apresuraba nada. Lo desestabilizaba, lo asfixiaba, le quitaba toda posibilidad de contraatacar. Y solo cuando la resistencia desapareció, abrió sus fauces.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Desestabilizar… dejar sin fuerzas. —</span>anoté mentalmente, sintiendo un escalofrío recorrerme la espalda.<br />
<br />
El tercer caso lo encontré en lo alto de un árbol. Un ave rapaz descendió en picada sobre un ratón. No fue un ataque directo y mortal desde el inicio: primero atrapó a la presa con sus garras, apretando con fuerza, impidiéndole huir. Luego, y solo luego, clavó el pico.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Atrapar. Sujetar… y entonces, rematar. —</span>susurré.<br />
<br />
Tres casos. Todos diferentes, pero con un mismo principio: nadie iba por el golpe final de inmediato. Antes, debilitaban, controlaban, anulaban. Me llevé una mano al mentón, pensativo.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Ese es mi fallo. Si mi golpe falla… si lo esquivan, si lo bloquean, si me contraatacan… me quedo expuesto. —</span>reflexioné, mientras la frustración me ardía por dentro.<br />
<br />
Decidí que necesitaba algo más. Una herramienta que me permitiera complementar mi estilo, para crear ese momento de vulnerabilidad en el enemigo antes de descargar mi ataque<br />
<br />
Primero probé con otra espada. Tomé una vieja hoja de entrenamiento que mi padre había dejado en casa y practiqué con ambas manos. Pero pronto descubrí el problema: eran demasiado pesadas, me faltaba agilidad. El golpe perdía su esencia, y mis movimientos se volvían lentos.<br />
<br />
Luego intenté con un escudo. Pensé que quizás podría bloquear y crear aberturas para atacar. Al principio sonaba lógico, pero al usarlo, entendí el error: el escudo me protegía, sí, pero me ataba a una posición defensiva. Mi estilo, inspirado en el ataque feroz, no era para resistir, sino para atacar.<br />
<br />
Después probé con algo más arriesgado: una pistola vieja que encontré entre los restos de chatarra en Villa Foosha. No era un arma común en mis entrenamientos, pero quise experimentar. Disparé contra el tronco y el sonido me sacudió los oídos. Sí, el alcance era útil, pero el retroceso y la preparación hacían que mi ritmo se rompiera. La pistola no era una extensión de mi cuerpo, era un estorbo.<br />
<br />
Frustrado, estaba a punto de rendirme, cuando recordé un objeto pequeño que guardaba en mi bolsa: una daga. Era simple, de hoja corta y ligera, casi olvidada. La sostuve en mi mano izquierda mientras blandía la espada en la derecha. Al principio pensé que no cambiaría nada. Pero al probar, todo tuvo sentido.<br />
<br />
Con la daga podía desviar un ataque, atrapar un brazo, inmovilizar por un instante. Podía crear la abertura que tanto necesitaba. Mi espada era el colmillo que descendía, pero la daga podía ser la garra que sujetaba a la presa.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Eso es… —</span>susurré, con una sonrisa apenas perceptible.<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— La garra y el colmillo, juntos. —</span><br />
<br />
Practicaba una y otra vez, con el filo largo cayendo como el golpe del lobo, mientras la daga preparaba el camino, desviando, atrapando, controlando. El ritmo era fluido, natural, como si mi cuerpo hubiera estado esperando este complemento desde siempre.<br />
<br />
Cuando el sol comenzó a ocultarse y el bosque se tiñó de naranja, me detuve en medio del claro. El sudor cubría mi rostro, y mis brazos ardían de cansancio. Sin embargo, había encontrado lo que buscaba.<br />
<br />
Adopté una postura firme: la espada en mi mano derecha, levantada con fuerza, y la daga en mi izquierda, baja pero lista, brillando con la luz tenue del atardecer.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Ahora sí… estoy más cerca de la fuerza que busco.—</span>dije en voz baja, mientras el viento del bosque se llevaba mis palabras.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 52, Año 16, Verano</span></div>
<br />
Volví al bosque de Dawn, como tantas veces antes, pero esta vez no buscaba a los lobos ni tampoco la calma de su compañía.Había algo en mi interior que no me dejaba descansar.Desde que descubrí la técnica del Colmillo de Lobo Descendente (Ōkami Kiba Kudari), mi entrenamiento había sido constante, casi obsesivo.Sin embargo, mientras cortaba troncos y ensayaba el golpe una y otra vez, sentía un vacío.Algo faltaba, una pieza que no lograba identificar.<br />
<br />
Me detuve en medio del bosque, jadeando, con el sudor resbalando por mi frente. El filo de la espada estaba clavado en la tierra húmeda frente a mí.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Qué es lo que me falta? —</span>murmuré, con el ceño fruncido, mientras mi respiración pesada se mezclaba con el viento del bosque.<br />
<br />
Guardé la espada y decidí caminar. Quizá el propio bosque tendría la respuesta, como ya lo había hecho en otras ocasiones. Mis pasos me llevaron entre raíces retorcidas, arroyos estrechos y senderos cubiertos de musgo. Entonces vi tres escenas:<br />
<br />
El primer caso fue un zorro. Lo observé oculto tras unos arbustos. Acechaba a un ave desprevenida, y en el momento justo, no se lanzó directamente con un mordisco letal. Primero saltó para atraparle el ala y aplastarlo contra el suelo, inmovilizándolo antes de darle la mordida final.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Inmovilizar primero… matar después. —</span>pensé en voz baja, impresionado por la precisión.<br />
<br />
El segundo caso apareció más adelante, cerca de un arroyo. Una serpiente se enroscaba lentamente alrededor de un conejo. El pobre animal forcejeaba desesperado, pero la serpiente no apresuraba nada. Lo desestabilizaba, lo asfixiaba, le quitaba toda posibilidad de contraatacar. Y solo cuando la resistencia desapareció, abrió sus fauces.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Desestabilizar… dejar sin fuerzas. —</span>anoté mentalmente, sintiendo un escalofrío recorrerme la espalda.<br />
<br />
El tercer caso lo encontré en lo alto de un árbol. Un ave rapaz descendió en picada sobre un ratón. No fue un ataque directo y mortal desde el inicio: primero atrapó a la presa con sus garras, apretando con fuerza, impidiéndole huir. Luego, y solo luego, clavó el pico.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Atrapar. Sujetar… y entonces, rematar. —</span>susurré.<br />
<br />
Tres casos. Todos diferentes, pero con un mismo principio: nadie iba por el golpe final de inmediato. Antes, debilitaban, controlaban, anulaban. Me llevé una mano al mentón, pensativo.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Ese es mi fallo. Si mi golpe falla… si lo esquivan, si lo bloquean, si me contraatacan… me quedo expuesto. —</span>reflexioné, mientras la frustración me ardía por dentro.<br />
<br />
Decidí que necesitaba algo más. Una herramienta que me permitiera complementar mi estilo, para crear ese momento de vulnerabilidad en el enemigo antes de descargar mi ataque<br />
<br />
Primero probé con otra espada. Tomé una vieja hoja de entrenamiento que mi padre había dejado en casa y practiqué con ambas manos. Pero pronto descubrí el problema: eran demasiado pesadas, me faltaba agilidad. El golpe perdía su esencia, y mis movimientos se volvían lentos.<br />
<br />
Luego intenté con un escudo. Pensé que quizás podría bloquear y crear aberturas para atacar. Al principio sonaba lógico, pero al usarlo, entendí el error: el escudo me protegía, sí, pero me ataba a una posición defensiva. Mi estilo, inspirado en el ataque feroz, no era para resistir, sino para atacar.<br />
<br />
Después probé con algo más arriesgado: una pistola vieja que encontré entre los restos de chatarra en Villa Foosha. No era un arma común en mis entrenamientos, pero quise experimentar. Disparé contra el tronco y el sonido me sacudió los oídos. Sí, el alcance era útil, pero el retroceso y la preparación hacían que mi ritmo se rompiera. La pistola no era una extensión de mi cuerpo, era un estorbo.<br />
<br />
Frustrado, estaba a punto de rendirme, cuando recordé un objeto pequeño que guardaba en mi bolsa: una daga. Era simple, de hoja corta y ligera, casi olvidada. La sostuve en mi mano izquierda mientras blandía la espada en la derecha. Al principio pensé que no cambiaría nada. Pero al probar, todo tuvo sentido.<br />
<br />
Con la daga podía desviar un ataque, atrapar un brazo, inmovilizar por un instante. Podía crear la abertura que tanto necesitaba. Mi espada era el colmillo que descendía, pero la daga podía ser la garra que sujetaba a la presa.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Eso es… —</span>susurré, con una sonrisa apenas perceptible.<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— La garra y el colmillo, juntos. —</span><br />
<br />
Practicaba una y otra vez, con el filo largo cayendo como el golpe del lobo, mientras la daga preparaba el camino, desviando, atrapando, controlando. El ritmo era fluido, natural, como si mi cuerpo hubiera estado esperando este complemento desde siempre.<br />
<br />
Cuando el sol comenzó a ocultarse y el bosque se tiñó de naranja, me detuve en medio del claro. El sudor cubría mi rostro, y mis brazos ardían de cansancio. Sin embargo, había encontrado lo que buscaba.<br />
<br />
Adopté una postura firme: la espada en mi mano derecha, levantada con fuerza, y la daga en mi izquierda, baja pero lista, brillando con la luz tenue del atardecer.<br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Ahora sí… estoy más cerca de la fuerza que busco.—</span>dije en voz baja, mientras el viento del bosque se llevaba mis palabras.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - El primer colmillo.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2097</link>
			<pubDate>Mon, 08 Sep 2025 12:20:00 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=538">KuroVongola</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2097</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Hace 1 año, </span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Año 15</span></span></span></div>
Volví al hábitat de los lobos una vez más. El bosque de Dawn parecía distinto cada vez que lo recorría, pero aquel claro donde ellos descansaban siempre me resultaba el mismo: un lugar que imponía respeto. El viento agitaba suavemente el follaje, y los rayos de luz que se filtraban entre las ramas iluminaban las siluetas de la manada. <br />
<br />
Me senté en silencio, observándolos, dejando que el tiempo fluyera. No hacía falta hablar ni moverse mucho. Ellos, con sus miradas atentas, me habían enseñado que la paciencia era tan importante como la fuerza. Entonces, noté algo: uno de los lobos, un macho joven de pelaje gris oscuro, devoraba un trozo de carne con una intensidad casi feroz. <br />
<br />
La forma en que sus colmillos descendían, clavándose y rasgando, me hipnotizó. Era un movimiento limpio, sin duda ni vacilación. El colmillo bajaba, y con él, todo terminaba. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Así es como debería caer una espada… —</span>murmuré para mí mismo, con la mirada fija en aquel gesto natural y salvaje. <br />
<br />
Por primera vez en mucho tiempo, no pensé en mi cicatriz ni en mis derrotas pasadas. Pensé en cómo la naturaleza misma me estaba mostrando un camino. <br />
<br />
Esa noche, al regresar a mi hogar, tomé mi espada de entrenamiento y me puse frente al viejo tronco que usaba como blanco. Recordé la imagen del colmillo hundiéndose. Inhalé profundo, levanté la espada sobre mi cabeza, y la dejé caer en un tajo vertical. El golpe fue torpe, inexacto. Pero la idea ya estaba sembrada. <br />
<br />
Con los días, volví a los lobos, observando cada vez más de cerca sus fauces al desgarrar carne. Los movimientos eran rápidos, definitivos, como si en un solo instante decidieran el destino de su presa. Yo replicaba esos movimientos con mi espada, perfeccionando poco a poco el descenso del filo. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—La espada debe ser un colmillo… no un simple trozo de hierro. —</span>repetía una y otra vez en mis entrenamientos solitarios. <br />
<br />
Pasaron semanas de práctica. Mi cuerpo se agotaba, los brazos me dolían, y las manos se me llenaban de ampollas. Pero cada caída de la espada era un paso más hacia la perfección. No se trataba solo de cortar: se trataba de dar un golpe que no dejara margen al enemigo. <br />
<br />
Finalmente, logré lo que buscaba. Me paré frente al tronco, levanté la espada y la bajé con toda mi fuerza y concentración. El tajo fue limpio, profundo, como si la madera misma hubiera cedido ante el filo. No era solo un golpe: era la representación de lo que había aprendido de los lobos. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Colmillo de Lobo Descendente (Ōkami Kiba Kudari). —</span>susurré, nombrando la técnica mientras la respiración me ardía en el pecho. <br />
<br />
Me quedé en silencio, escuchando a lo lejos los aullidos de la manada. Sus voces resonaban en mi pecho, como si fueran una aprobación.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Hace 1 año, </span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Año 15</span></span></span></div>
Volví al hábitat de los lobos una vez más. El bosque de Dawn parecía distinto cada vez que lo recorría, pero aquel claro donde ellos descansaban siempre me resultaba el mismo: un lugar que imponía respeto. El viento agitaba suavemente el follaje, y los rayos de luz que se filtraban entre las ramas iluminaban las siluetas de la manada. <br />
<br />
Me senté en silencio, observándolos, dejando que el tiempo fluyera. No hacía falta hablar ni moverse mucho. Ellos, con sus miradas atentas, me habían enseñado que la paciencia era tan importante como la fuerza. Entonces, noté algo: uno de los lobos, un macho joven de pelaje gris oscuro, devoraba un trozo de carne con una intensidad casi feroz. <br />
<br />
La forma en que sus colmillos descendían, clavándose y rasgando, me hipnotizó. Era un movimiento limpio, sin duda ni vacilación. El colmillo bajaba, y con él, todo terminaba. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Así es como debería caer una espada… —</span>murmuré para mí mismo, con la mirada fija en aquel gesto natural y salvaje. <br />
<br />
Por primera vez en mucho tiempo, no pensé en mi cicatriz ni en mis derrotas pasadas. Pensé en cómo la naturaleza misma me estaba mostrando un camino. <br />
<br />
Esa noche, al regresar a mi hogar, tomé mi espada de entrenamiento y me puse frente al viejo tronco que usaba como blanco. Recordé la imagen del colmillo hundiéndose. Inhalé profundo, levanté la espada sobre mi cabeza, y la dejé caer en un tajo vertical. El golpe fue torpe, inexacto. Pero la idea ya estaba sembrada. <br />
<br />
Con los días, volví a los lobos, observando cada vez más de cerca sus fauces al desgarrar carne. Los movimientos eran rápidos, definitivos, como si en un solo instante decidieran el destino de su presa. Yo replicaba esos movimientos con mi espada, perfeccionando poco a poco el descenso del filo. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—La espada debe ser un colmillo… no un simple trozo de hierro. —</span>repetía una y otra vez en mis entrenamientos solitarios. <br />
<br />
Pasaron semanas de práctica. Mi cuerpo se agotaba, los brazos me dolían, y las manos se me llenaban de ampollas. Pero cada caída de la espada era un paso más hacia la perfección. No se trataba solo de cortar: se trataba de dar un golpe que no dejara margen al enemigo. <br />
<br />
Finalmente, logré lo que buscaba. Me paré frente al tronco, levanté la espada y la bajé con toda mi fuerza y concentración. El tajo fue limpio, profundo, como si la madera misma hubiera cedido ante el filo. No era solo un golpe: era la representación de lo que había aprendido de los lobos. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Colmillo de Lobo Descendente (Ōkami Kiba Kudari). —</span>susurré, nombrando la técnica mientras la respiración me ardía en el pecho. <br />
<br />
Me quedé en silencio, escuchando a lo lejos los aullidos de la manada. Sus voces resonaban en mi pecho, como si fueran una aprobación.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - El reencuentro.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2081</link>
			<pubDate>Fri, 05 Sep 2025 17:50:57 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=538">KuroVongola</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2081</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color">Hace 1 año, </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color">Año 15</span></span></span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Volví al hábitat de los lobos. El sendero entre los árboles me resultaba familiar, aunque el bosque de Dawn parecía más silencioso de lo que recordaba. La humedad impregnaba el aire, y el crujir de las hojas bajo mis pasos me acompañaba como único sonido. <br />
<br />
Cuando llegué al claro, los vi. Los lobos, aquellos que había observado años atrás en secreto, me miraban desde la distancia con ojos penetrantes. Sus cuerpos eran fuertes, algunos marcados por cicatrices de batallas pasadas. Y entre ellos, distinguí a la joven cría que había conocido cuatro años antes. <br />
<br />
Ya no era una cría. Había crecido, y aunque no alcanzaba el porte de los más viejos, sus patas eran firmes y su pelaje más denso. Se acercó lentamente, olfateando el aire, reconociendo mi olor. No hubo gruñidos, ni tensión. Solo un silencio expectante. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Aún me recuerdas? —</span>susurré, extendiendo una mano con cuidado. <br />
<br />
El lobo no movió la cola, no mostró ninguna emoción desbordada. Sin embargo, se dejó acercar. Sus ojos se fijaron en mí, y entonces descubrí una herida en su pata trasera, leve pero molesta. Me arrodillé despacio y saqué de mi bolsa unas hierbas, un trozo de tela limpia. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Tranquilo… solo será un momento. —</span>murmuré. <br />
<br />
Me dejó tocarlo. Eso fue todo lo que necesité. A partir de ahí, el resto de la manada comenzó a observarme de otro modo. Primero con cautela, luego con cierta confianza. Les dejaba trozos de carne que había llevado conmigo, pequeñas ofrendas que colocaba en el suelo sin acercarme demasiado. Ellos se aproximaban, tomaban la comida, y retrocedían. Cada día, la distancia entre nosotros se acortaba un poco más. <br />
<br />
Uno de los días sin esperarlo, el alfa salió de la cueva caminando hacía mi dirección a un ritmo lento. Se detuvo delante de mi y me señalo una antigua herida que parecía dolerle. Entonces al igual que con el resto de los lobos trate su herida. <br />
<br />
Me quedé un instante en silencio, mirando al lobo que ahora descansaba tranquilo. En sus ojos no había desprecio, ni odio, ni el veneno de la superioridad. Solo aceptación. <br />
<br />
Al día siguiente volví, y al siguiente también. Cada vez me permitían estar más cerca. Comencé a curar pequeños cortes, a limpiar pelajes enmarañados, a llevarles agua fresca del río. No era un miembro de la manada, pero tampoco un extraño. Era alguien en quien empezaban a confiar.</div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color">Hace 1 año, </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color">Año 15</span></span></span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Volví al hábitat de los lobos. El sendero entre los árboles me resultaba familiar, aunque el bosque de Dawn parecía más silencioso de lo que recordaba. La humedad impregnaba el aire, y el crujir de las hojas bajo mis pasos me acompañaba como único sonido. <br />
<br />
Cuando llegué al claro, los vi. Los lobos, aquellos que había observado años atrás en secreto, me miraban desde la distancia con ojos penetrantes. Sus cuerpos eran fuertes, algunos marcados por cicatrices de batallas pasadas. Y entre ellos, distinguí a la joven cría que había conocido cuatro años antes. <br />
<br />
Ya no era una cría. Había crecido, y aunque no alcanzaba el porte de los más viejos, sus patas eran firmes y su pelaje más denso. Se acercó lentamente, olfateando el aire, reconociendo mi olor. No hubo gruñidos, ni tensión. Solo un silencio expectante. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Aún me recuerdas? —</span>susurré, extendiendo una mano con cuidado. <br />
<br />
El lobo no movió la cola, no mostró ninguna emoción desbordada. Sin embargo, se dejó acercar. Sus ojos se fijaron en mí, y entonces descubrí una herida en su pata trasera, leve pero molesta. Me arrodillé despacio y saqué de mi bolsa unas hierbas, un trozo de tela limpia. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Tranquilo… solo será un momento. —</span>murmuré. <br />
<br />
Me dejó tocarlo. Eso fue todo lo que necesité. A partir de ahí, el resto de la manada comenzó a observarme de otro modo. Primero con cautela, luego con cierta confianza. Les dejaba trozos de carne que había llevado conmigo, pequeñas ofrendas que colocaba en el suelo sin acercarme demasiado. Ellos se aproximaban, tomaban la comida, y retrocedían. Cada día, la distancia entre nosotros se acortaba un poco más. <br />
<br />
Uno de los días sin esperarlo, el alfa salió de la cueva caminando hacía mi dirección a un ritmo lento. Se detuvo delante de mi y me señalo una antigua herida que parecía dolerle. Entonces al igual que con el resto de los lobos trate su herida. <br />
<br />
Me quedé un instante en silencio, mirando al lobo que ahora descansaba tranquilo. En sus ojos no había desprecio, ni odio, ni el veneno de la superioridad. Solo aceptación. <br />
<br />
Al día siguiente volví, y al siguiente también. Cada vez me permitían estar más cerca. Comencé a curar pequeños cortes, a limpiar pelajes enmarañados, a llevarles agua fresca del río. No era un miembro de la manada, pero tampoco un extraño. Era alguien en quien empezaban a confiar.</div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - Entre la basura y la riqueza.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2054</link>
			<pubDate>Tue, 02 Sep 2025 17:04:15 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=538">KuroVongola</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2054</guid>
			<description><![CDATA[Aquella vez que me aventuré demasiado lejos en el bosque de Dawn y terminé en un lugar desconocido. Acabe en un sitio que olía a óxido, humedad y podredumbre,Terminal Grey. <br />
<br />
No era como Villa Foosha, ni siquiera un poco. El suelo estaba cubierto de basura y chatarra: montones de hierro, maderas astilladas y telas podridas. El aire se mezclaba con humo y cenizas, y cada respiración me raspaba la garganta. Caminé despacio, con el corazón encogido, observando a las personas que vivían allí. Sus ropas eran andrajosas, muchas remendadas una y otra vez hasta perder toda forma. Algunos tenían la mirada perdida, otros mostraban rostros duros, endurecidos por una vida sin esperanza. <br />
<br />
Vi a un grupo de niños peleando por un trozo de pan mohoso. A una mujer rebuscando entre la basura para encontrar algo que aún pudiera comerse. Y entonces sentí un escalofrío: muchos de los hombres que me crucé tenían la misma mirada que aquel mafioso que me había dejado la cicatriz en forma de cruz en el rostro. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Esa risa… esa sensación de impotencia… todos estos ojos me la recuerdan. —</span>pensé con cierto dolor y angustia. <br />
<br />
Apreté los puños y bajé la cabeza, intentando pasar desapercibido. No podía quedarme ahí más tiempo. La sensación de asfixia me golpeaba el pecho, así que me di la vuelta y comencé a caminar deprisa. Pero en mi prisa, tomé el camino equivocado. <br />
<br />
Cuando levanté la vista, ya no estaba en Terminal Grey. Estaba frente a murallas altas, impecables, y a un portón de piedra decorado con emblemas brillantes. Había llegado al Reino de Goa. <br />
<br />
La diferencia era abrumadora. Si Terminal Grey era un vertedero viviente, Goa era un escaparate de riqueza. Sus calles eran amplias, limpias, y en ellas caminaban hombres y mujeres vestidos con ropas caras y coloridas. Las casas de piedra y madera estaban bien cuidadas, adornadas con flores frescas. La comida sobraba en los mercados, y los comerciantes la exhibían como si fuera un trofeo. <br />
<br />
Caminé unos metros, pero enseguida sentí las miradas. Ojos fríos, con un toque de superioridad, que me recorrían de arriba abajo con desdén. Mis ropas sencillas, manchadas de tierra por el viaje, contrastaban con la perfección de sus trajes. Algunos se cubrían la nariz al pasar junto a mí, otros murmuraban entre sí como si fuera un intruso indeseable. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Cómo puede ser que existan dos lugares tan distintos en un mismo reino? Unos luchando por migajas en medio de la basura, y otros desperdiciando manjares solo por capricho. ¿Dónde está la justicia en eso? —</span>pensé para mi mismo. <br />
<br />
Intenté no mirar atrás, pero cada carcajada de superioridad, cada gesto de desprecio, se clavaba en mí como un cuchillo invisible. Me fui rápido, incapaz de soportar más. <br />
<br />
El camino de regreso a Villa Foosha se me hizo eterno. Y cuando al fin crucé el umbral de mi hogar, me senté en silencio frente a la mesa de madera, con la libreta en mis manos. Me miré en un trozo de metal pulido que usaba de espejo improvisado. La cruz en mi cara parecía más marcada que nunca. <br />
<br />
Esa cruz, que antes veía como un estigma, se estaba transformando poco a poco en algo más grande: en un recordatorio constante de la injusticia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Aquella vez que me aventuré demasiado lejos en el bosque de Dawn y terminé en un lugar desconocido. Acabe en un sitio que olía a óxido, humedad y podredumbre,Terminal Grey. <br />
<br />
No era como Villa Foosha, ni siquiera un poco. El suelo estaba cubierto de basura y chatarra: montones de hierro, maderas astilladas y telas podridas. El aire se mezclaba con humo y cenizas, y cada respiración me raspaba la garganta. Caminé despacio, con el corazón encogido, observando a las personas que vivían allí. Sus ropas eran andrajosas, muchas remendadas una y otra vez hasta perder toda forma. Algunos tenían la mirada perdida, otros mostraban rostros duros, endurecidos por una vida sin esperanza. <br />
<br />
Vi a un grupo de niños peleando por un trozo de pan mohoso. A una mujer rebuscando entre la basura para encontrar algo que aún pudiera comerse. Y entonces sentí un escalofrío: muchos de los hombres que me crucé tenían la misma mirada que aquel mafioso que me había dejado la cicatriz en forma de cruz en el rostro. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Esa risa… esa sensación de impotencia… todos estos ojos me la recuerdan. —</span>pensé con cierto dolor y angustia. <br />
<br />
Apreté los puños y bajé la cabeza, intentando pasar desapercibido. No podía quedarme ahí más tiempo. La sensación de asfixia me golpeaba el pecho, así que me di la vuelta y comencé a caminar deprisa. Pero en mi prisa, tomé el camino equivocado. <br />
<br />
Cuando levanté la vista, ya no estaba en Terminal Grey. Estaba frente a murallas altas, impecables, y a un portón de piedra decorado con emblemas brillantes. Había llegado al Reino de Goa. <br />
<br />
La diferencia era abrumadora. Si Terminal Grey era un vertedero viviente, Goa era un escaparate de riqueza. Sus calles eran amplias, limpias, y en ellas caminaban hombres y mujeres vestidos con ropas caras y coloridas. Las casas de piedra y madera estaban bien cuidadas, adornadas con flores frescas. La comida sobraba en los mercados, y los comerciantes la exhibían como si fuera un trofeo. <br />
<br />
Caminé unos metros, pero enseguida sentí las miradas. Ojos fríos, con un toque de superioridad, que me recorrían de arriba abajo con desdén. Mis ropas sencillas, manchadas de tierra por el viaje, contrastaban con la perfección de sus trajes. Algunos se cubrían la nariz al pasar junto a mí, otros murmuraban entre sí como si fuera un intruso indeseable. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¿Cómo puede ser que existan dos lugares tan distintos en un mismo reino? Unos luchando por migajas en medio de la basura, y otros desperdiciando manjares solo por capricho. ¿Dónde está la justicia en eso? —</span>pensé para mi mismo. <br />
<br />
Intenté no mirar atrás, pero cada carcajada de superioridad, cada gesto de desprecio, se clavaba en mí como un cuchillo invisible. Me fui rápido, incapaz de soportar más. <br />
<br />
El camino de regreso a Villa Foosha se me hizo eterno. Y cuando al fin crucé el umbral de mi hogar, me senté en silencio frente a la mesa de madera, con la libreta en mis manos. Me miré en un trozo de metal pulido que usaba de espejo improvisado. La cruz en mi cara parecía más marcada que nunca. <br />
<br />
Esa cruz, que antes veía como un estigma, se estaba transformando poco a poco en algo más grande: en un recordatorio constante de la injusticia.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - Encuentro con un alfa.]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2050</link>
			<pubDate>Mon, 01 Sep 2025 09:19:36 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=538">KuroVongola</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2050</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hace 5 años, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Año 11</span></div>
Villa Foosha siempre me había parecido un lugar seguro, pero desde aquel día en que el bosque de Dawn me marcó con cicatrices en el rostro y en el alma, comprendí que todo rincón podía esconder algo que cambiara mi destino. Pasaron los años, y en cada uno de mis entrenamientos sentía que la cicatriz en forma de cruz ardía, recordándome la promesa que me hice a mí mismo: volverme fuerte, no solo con la espada, sino también con la mente. <br />
<br />
En una de mis escapadas habituales al bosque de Dawn, con la libreta que había usado durante años, hojeé las páginas llenas de dibujos, anotaciones y mapas improvisados. Había escrito sobre animales, plantas, tipos de rocas, e incluso dejaba avisos sobre las ubicaciones de bandidos para evitar cruzarme con ellos. Pero entonces, mientras pasaba las páginas, me di cuenta de algo: había una zona en blanco. El centro del bosque. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—El corazón del Gran Bosque Dawn…, nunca he llegado allí. —</span>pensé mientras miraba la mancha vacía en mi mapa. <br />
<br />
La curiosidad pudo más que la prudencia. Decidí que debía estudiar esa zona como había hecho con las demás. Preparé mis cosas: lápiz, libreta, vendas, un poco de agua y mi espada de entrenamiento. El aire del bosque se volvió distinto conforme avanzaba. Cuanto más me acercaba al centro, menos animales encontraba. El silencio era casi antinatural. <br />
<br />
De pronto, vi marcas en los árboles. Rasguños profundos. Pasé mi mano por ellos. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No…, estas garras no son como las que he visto antes. Son enormes. —</span>reflexioné en silencio. <br />
<br />
Un escalofrío recorrió mi espalda. Sin embargo, mi curiosidad no se apagó. Avancé hasta que encontré algo que captó mi atención: una planta extraña, distinta a cualquiera que hubiera visto en el bosque. Me agaché, abrí mi libreta y comencé a dibujarla con detalle, anotando su textura y el patrón de sus hojas. Por un momento olvidé las garras, absorto en el estudio. <br />
<br />
Seguí mi camino y entonces lo vi: una cueva. Desde fuera, parecía común, pero lo que había dentro me dejó sin aliento. Un lobo. Pero no cualquier lobo. Era inmenso, más grande de lo que jamás había imaginado. Mis ojos se abrieron de par en par. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Los lobos de Dawn… ¡por fin! —</span>me dije, con el corazón acelerado. Llevaba años queriendo localizar su hábitat, y ahora lo tenía frente a mí. <br />
<br />
Me escondí tras unos arbustos y observé. Tomé notas rápidas: “La manada obedece a un alfa. Patrón jerárquico fuerte. Cuerpos robustos, garras afiladas. Claramente los depredadores más peligrosos del bosque”. <br />
<br />
El sol comenzaba a caer, y decidí regresar. Pero mi sentido de la orientación, siempre nefasto, me jugó una mala pasada. Me perdí en el corazón del bosque. Tratando de encontrar el camino de vuelta, escuché un ruido. Giré la cabeza y vi un jabalí, enorme, embistiendo hacia algo pequeño. Una cría de lobo. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡No! —</span>grité, sin pensarlo. <br />
<br />
Eché a correr. Mis pies se movieron antes que mi razón. Me lancé, tomé a la cría en mis brazos y salí corriendo, esquivando como pude la embestida del jabalí. El animal bufó y se fue, perdiendo interés. <br />
<br />
Me detuve en un claro, jadeando. Coloqué a la cría en el suelo. Estaba herida, con un corte en el lomo. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Tranquilo, tranquilo… no voy a hacerte daño —</span>le dije, acercándome despacio. <br />
<br />
El pequeño lobo gruñó, mostrando los dientes. Sus ojos brillaban de desconfianza. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Por supuesto que no confía en mí… Soy un humano, además uno con una cicatriz espantosa. —</span><br />
<br />
Entonces tuve una idea. Tomé una roca afilada del suelo y me hice un corte en la palma de la mano. El dolor fue inmediato, pero lo soporté. Levanté la mano para que la cría lo viera. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Mira… yo también sangro. No soy tu enemigo. —</span><br />
<br />
El lobo me observó sorprendido, como si entendiera lo que estaba haciendo. Poco a poco dejó de gruñir, aunque mantenía la desconfianza. Con mi otra mano, saqué las vendas improvisadas que llevaba en mi bolsa. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Déjame ayudarte, pequeño. Si no curo esto, no podrás seguir. —</span>mi voz temblaba, pero hablé con suavidad. <br />
<br />
Me acerqué despacio, mostrándole primero cómo vendaba mi propia mano. Luego hice señas con calma indicándole que haría lo mismo con su herida. La cría, aún temblorosa, se dejó curar. Mis manos no eran las de un sanador, y mis materiales eran pocos, pero logré cubrir el corte y detener el sangrado. <br />
<br />
—<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Eso es… lo lograste. —</span>le dije, sonriendo con alivio. <br />
<br />
El lobo bajó la cabeza, como si aceptara mi ayuda. Pero cuando intentó caminar, sus patas flaquearon. Sin pensarlo, lo tomé en brazos. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No te preocupes. Te llevaré de vuelta a tu hogar. —</span>Caminé en dirección a la cueva, guiándome por las marcas de garras que había visto antes. El corazón me latía fuerte, sabiendo lo que me esperaba: enfrentar a toda una manada. <br />
<br />
Cuando me acerqué a la entrada, los lobos salieron al instante. Los gruñidos retumbaron en mis oídos. Se acercaban, mostrando los colmillos. Mi cuerpo temblaba, pero no retrocedí. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡Esperen! —</span>grité, alzando la voz.<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— ¡Vengo en paz! </span>—Coloqué a la cría en el suelo con cuidado. Los lobos se tensaron, a punto de saltar sobre mí. <br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Solo lo traje de vuelta… estaba herido. No podía dejarlo morir. — </span><br />
Mi corazón gritaba dentro de mí: <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡Van a matarme!— </span><br />
<br />
Entonces, un aullido profundo cortó el aire. El resto de la manada retrocedió al instante. Desde la cueva apareció el alfa, majestuoso, con cicatrices que contaban historias de batallas antiguas. Su mirada se posó en mí, luego en la cría vendada. <br />
<br />
Di un paso atrás, temblando, pero hablé con firmeza. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Tu cría estaba en peligro. Solo la ayudé. —</span>me señalé la mano herida.<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— Mira, lo ves. —</span><br />
<br />
El alfa me observó largo rato. Su mirada era dura, pero también… sabia. Se acercó, olfateó la venda de la cría y luego la mía. Tras un instante eterno, inclinó la cabeza ligeramente. Una reverencia. El resto de los lobos bajaron las orejas, obedeciendo. La cría, antes de entrar a la cueva cargada por su alfa, me lanzó una última mirada. Una mezcla de gratitud y curiosidad. Yo respiré hondo, sintiendo que apenas había sobrevivido a algo imposible. Me di media vuelta y emprendí el regreso a casa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Hace 5 años, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Año 11</span></div>
Villa Foosha siempre me había parecido un lugar seguro, pero desde aquel día en que el bosque de Dawn me marcó con cicatrices en el rostro y en el alma, comprendí que todo rincón podía esconder algo que cambiara mi destino. Pasaron los años, y en cada uno de mis entrenamientos sentía que la cicatriz en forma de cruz ardía, recordándome la promesa que me hice a mí mismo: volverme fuerte, no solo con la espada, sino también con la mente. <br />
<br />
En una de mis escapadas habituales al bosque de Dawn, con la libreta que había usado durante años, hojeé las páginas llenas de dibujos, anotaciones y mapas improvisados. Había escrito sobre animales, plantas, tipos de rocas, e incluso dejaba avisos sobre las ubicaciones de bandidos para evitar cruzarme con ellos. Pero entonces, mientras pasaba las páginas, me di cuenta de algo: había una zona en blanco. El centro del bosque. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—El corazón del Gran Bosque Dawn…, nunca he llegado allí. —</span>pensé mientras miraba la mancha vacía en mi mapa. <br />
<br />
La curiosidad pudo más que la prudencia. Decidí que debía estudiar esa zona como había hecho con las demás. Preparé mis cosas: lápiz, libreta, vendas, un poco de agua y mi espada de entrenamiento. El aire del bosque se volvió distinto conforme avanzaba. Cuanto más me acercaba al centro, menos animales encontraba. El silencio era casi antinatural. <br />
<br />
De pronto, vi marcas en los árboles. Rasguños profundos. Pasé mi mano por ellos. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No…, estas garras no son como las que he visto antes. Son enormes. —</span>reflexioné en silencio. <br />
<br />
Un escalofrío recorrió mi espalda. Sin embargo, mi curiosidad no se apagó. Avancé hasta que encontré algo que captó mi atención: una planta extraña, distinta a cualquiera que hubiera visto en el bosque. Me agaché, abrí mi libreta y comencé a dibujarla con detalle, anotando su textura y el patrón de sus hojas. Por un momento olvidé las garras, absorto en el estudio. <br />
<br />
Seguí mi camino y entonces lo vi: una cueva. Desde fuera, parecía común, pero lo que había dentro me dejó sin aliento. Un lobo. Pero no cualquier lobo. Era inmenso, más grande de lo que jamás había imaginado. Mis ojos se abrieron de par en par. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Los lobos de Dawn… ¡por fin! —</span>me dije, con el corazón acelerado. Llevaba años queriendo localizar su hábitat, y ahora lo tenía frente a mí. <br />
<br />
Me escondí tras unos arbustos y observé. Tomé notas rápidas: “La manada obedece a un alfa. Patrón jerárquico fuerte. Cuerpos robustos, garras afiladas. Claramente los depredadores más peligrosos del bosque”. <br />
<br />
El sol comenzaba a caer, y decidí regresar. Pero mi sentido de la orientación, siempre nefasto, me jugó una mala pasada. Me perdí en el corazón del bosque. Tratando de encontrar el camino de vuelta, escuché un ruido. Giré la cabeza y vi un jabalí, enorme, embistiendo hacia algo pequeño. Una cría de lobo. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡No! —</span>grité, sin pensarlo. <br />
<br />
Eché a correr. Mis pies se movieron antes que mi razón. Me lancé, tomé a la cría en mis brazos y salí corriendo, esquivando como pude la embestida del jabalí. El animal bufó y se fue, perdiendo interés. <br />
<br />
Me detuve en un claro, jadeando. Coloqué a la cría en el suelo. Estaba herida, con un corte en el lomo. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Tranquilo, tranquilo… no voy a hacerte daño —</span>le dije, acercándome despacio. <br />
<br />
El pequeño lobo gruñó, mostrando los dientes. Sus ojos brillaban de desconfianza. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Por supuesto que no confía en mí… Soy un humano, además uno con una cicatriz espantosa. —</span><br />
<br />
Entonces tuve una idea. Tomé una roca afilada del suelo y me hice un corte en la palma de la mano. El dolor fue inmediato, pero lo soporté. Levanté la mano para que la cría lo viera. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Mira… yo también sangro. No soy tu enemigo. —</span><br />
<br />
El lobo me observó sorprendido, como si entendiera lo que estaba haciendo. Poco a poco dejó de gruñir, aunque mantenía la desconfianza. Con mi otra mano, saqué las vendas improvisadas que llevaba en mi bolsa. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Déjame ayudarte, pequeño. Si no curo esto, no podrás seguir. —</span>mi voz temblaba, pero hablé con suavidad. <br />
<br />
Me acerqué despacio, mostrándole primero cómo vendaba mi propia mano. Luego hice señas con calma indicándole que haría lo mismo con su herida. La cría, aún temblorosa, se dejó curar. Mis manos no eran las de un sanador, y mis materiales eran pocos, pero logré cubrir el corte y detener el sangrado. <br />
<br />
—<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">Eso es… lo lograste. —</span>le dije, sonriendo con alivio. <br />
<br />
El lobo bajó la cabeza, como si aceptara mi ayuda. Pero cuando intentó caminar, sus patas flaquearon. Sin pensarlo, lo tomé en brazos. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No te preocupes. Te llevaré de vuelta a tu hogar. —</span>Caminé en dirección a la cueva, guiándome por las marcas de garras que había visto antes. El corazón me latía fuerte, sabiendo lo que me esperaba: enfrentar a toda una manada. <br />
<br />
Cuando me acerqué a la entrada, los lobos salieron al instante. Los gruñidos retumbaron en mis oídos. Se acercaban, mostrando los colmillos. Mi cuerpo temblaba, pero no retrocedí. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡Esperen! —</span>grité, alzando la voz.<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— ¡Vengo en paz! </span>—Coloqué a la cría en el suelo con cuidado. Los lobos se tensaron, a punto de saltar sobre mí. <br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Solo lo traje de vuelta… estaba herido. No podía dejarlo morir. — </span><br />
Mi corazón gritaba dentro de mí: <span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—¡Van a matarme!— </span><br />
<br />
Entonces, un aullido profundo cortó el aire. El resto de la manada retrocedió al instante. Desde la cueva apareció el alfa, majestuoso, con cicatrices que contaban historias de batallas antiguas. Su mirada se posó en mí, luego en la cría vendada. <br />
<br />
Di un paso atrás, temblando, pero hablé con firmeza. <br />
<br />
<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Tu cría estaba en peligro. Solo la ayudé. —</span>me señalé la mano herida.<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">— Mira, lo ves. —</span><br />
<br />
El alfa me observó largo rato. Su mirada era dura, pero también… sabia. Se acercó, olfateó la venda de la cría y luego la mía. Tras un instante eterno, inclinó la cabeza ligeramente. Una reverencia. El resto de los lobos bajaron las orejas, obedeciendo. La cría, antes de entrar a la cueva cargada por su alfa, me lanzó una última mirada. Una mezcla de gratitud y curiosidad. Yo respiré hondo, sintiendo que apenas había sobrevivido a algo imposible. Me di media vuelta y emprendí el regreso a casa.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] El linde del bosque]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=243</link>
			<pubDate>Mon, 04 Sep 2023 13:21:26 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=48">Max D. Bambú</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=243</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 4 / Año 11 / Primavera</span></span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Hora: 11:12</span></span></span><br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La luz del cercano mediodía atravesaba los huecos entre el follaje del bosque, dando una iluminación tenue, pero con efectos propios de la fantasía. En el linde del Gran Bosque de Dawn, la frontera entre la naturaleza más salvaje y la apacible Villa de Foosha, descansaba su cuerpo y su mente una criatura muy poco común en aquellos mares. Un enorme humanoide con rasgos de oso panda, cuya estatura casi llegaba a los cuatro metros de altura, se encontraba tumbado entre las raíces de un árbol especialmente acogedor. Sus leves ronquidos eran evidencia de que estaba dormido, aunque no de cuán profundamente. De la horrible fauna profunda de aquel lugar no había rastro alguno, aunque algún ciervo sí se acercaba a ver qué era aquella tan extraña criatura. Lo observaban los animales desde una distancia prudencial de varios metros, y cuando algún ronquido resultaba especialmente fuerte, se alejaban unos pasos. Fue tal vez esto lo que terminó de despertar a la bestia. Un sonido grave y fuerte que emanó de la boca del animal espantó a una bandada de pájaros que reposaba en el árbol, que a su vez asustó a un ciervo que empezó a esprintar para huir del lugar. El ruido general hizo que el panda se despertase y se irguiese de golpe, listo para defenderse, pero lo que ocurrió fue que los animales en general huyeron de la escena. Con un bostezo, Don Bambú se frotó los ojos para despejarse y se levantó del suelo con la idea de estirarse y desperezarse un poco. Sabía de la existencia de un arroyo cercano, de modo que se encaminó en su dirección para lavarse la cara y terminar de despejarse después de una siesta que había durado, sin lugar a dudas, demasiado.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El camino le llevó quince minutos y para cuando llegó, ya estaba más o menos despierto, pero con una sensación de fatiga en los ojos que solo el agua helada podría sanar. Se arrodilló delante de la pequeña corriente de agua y haciendo un cuenco con sus manos se echó varias veces agua por la cabeza, frotando con energía hasta que estuvo satisfecho. Con un suspiro de alivio se levantó de nuevo y contempló el mundo tal y como era con una mirada nueva, una mirada despierta.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 4 / Año 11 / Primavera</span></span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Hora: 11:12</span></span></span><br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La luz del cercano mediodía atravesaba los huecos entre el follaje del bosque, dando una iluminación tenue, pero con efectos propios de la fantasía. En el linde del Gran Bosque de Dawn, la frontera entre la naturaleza más salvaje y la apacible Villa de Foosha, descansaba su cuerpo y su mente una criatura muy poco común en aquellos mares. Un enorme humanoide con rasgos de oso panda, cuya estatura casi llegaba a los cuatro metros de altura, se encontraba tumbado entre las raíces de un árbol especialmente acogedor. Sus leves ronquidos eran evidencia de que estaba dormido, aunque no de cuán profundamente. De la horrible fauna profunda de aquel lugar no había rastro alguno, aunque algún ciervo sí se acercaba a ver qué era aquella tan extraña criatura. Lo observaban los animales desde una distancia prudencial de varios metros, y cuando algún ronquido resultaba especialmente fuerte, se alejaban unos pasos. Fue tal vez esto lo que terminó de despertar a la bestia. Un sonido grave y fuerte que emanó de la boca del animal espantó a una bandada de pájaros que reposaba en el árbol, que a su vez asustó a un ciervo que empezó a esprintar para huir del lugar. El ruido general hizo que el panda se despertase y se irguiese de golpe, listo para defenderse, pero lo que ocurrió fue que los animales en general huyeron de la escena. Con un bostezo, Don Bambú se frotó los ojos para despejarse y se levantó del suelo con la idea de estirarse y desperezarse un poco. Sabía de la existencia de un arroyo cercano, de modo que se encaminó en su dirección para lavarse la cara y terminar de despejarse después de una siesta que había durado, sin lugar a dudas, demasiado.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El camino le llevó quince minutos y para cuando llegó, ya estaba más o menos despierto, pero con una sensación de fatiga en los ojos que solo el agua helada podría sanar. Se arrodilló delante de la pequeña corriente de agua y haciendo un cuenco con sus manos se echó varias veces agua por la cabeza, frotando con energía hasta que estuvo satisfecho. Con un suspiro de alivio se levantó de nuevo y contempló el mundo tal y como era con una mirada nueva, una mirada despierta.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente absoluto] Un alma revolucionaria [Grupal - Aventura T1]  Segundo grupo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=162</link>
			<pubDate>Wed, 16 Aug 2023 07:42:49 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=48">Max D. Bambú</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=162</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando la humareda de polvo se disipó, lo que el panda vio fue la figura tambaleante del gorila al que había golpeado preparándose para saltarle encima. Sin embargo, lo que también pudo ver fue la figura del mink oso pardo cruzando el escenario a toda velocidad, como si volase, lanza por delante y listo para la acción. Durante una fracción de segundo le pareció que algo raro le pasaba a las piernas del oso, pero decidió no darle importancia porque empezaba a notar el bosque agitarse. Baraqqiel, por su parte, interceptó a un segundo gorila y le propinó un par de golpes que lo dejaron chillando de dolor. Don Bambú se sintió aliviado al tener refuerzos en su empresa. Se esperaba a Baraqqiel, pero la presencia del mink oso pardo le sorprendió gratamente. <span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Muchas gracias, amigos, pero... </span><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—No pudo terminar su oración, pues un rugido ensordecedor interrumpió su discurso y le llevó a mirar en la dirección del sonido. Los dos gorilas ya presentes en la escena se escabulleron por entre los matorrales. Uno de ellos gimoteando de dolor y el otro a duras penas y gateando debido a las profundas heridas que tenía. Don Bambú sintió las vibraciones del suelo y supo que lo que se acercaba era grande, quizás más grande que él. Unos árboles se precipitaron al suelo cuando la enorme criatura que se acercaba los apartó de un manotazo. A la luz de unas cuantas estrellas ahora visibles por la ausencia de dichos árboles, la figura de un simio gigante se hizo evidente. Aunque Don Bambú no lo sabía, se trataba de la matriarca de los gorilas, madre de muchos de ellos. A través de la penumbra de la noche, eran evidentes los músculos de la criatura. Estar al otro lado de los golpes propinados por esos brazos podría ser un error evolutivo de los que la selección natural no pasa por alto.</span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">El panda se levantó del suelo con el niño todavía en brazos. Todavía respiraba. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Dadme un momento, este niño no puede quedarse aquí.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Estaba listo para luchar, pero tenía que encargarse de que la criatura no sufriera más daños. Sin mediar palabra llevó su mano al suelo y la introdujo dentro como si éste no opusiera resistencia. Con un solo movimiento de manos se formó una entrada al subsuelo en la que el panda se introdujo con el niño y que se cerró detrás de él como si la estuviera moldeando a conciencia. Bajo tierra, el panda dejó al niño en el suelo y empujó con sus manos las paredes del subsuelo, desplazándolas como si no le costase trabajo y en una zona que le pareció lo bastante segura hizo unos cuantos agujeros hasta la superficie pequeños para que el oxígeno circulase. La cámara estaba lo bastante bajo tierra para no caerse por los estragos de una posible pelea con aquella bestia y garantizar así la seguridad del infante. Una vez completada aquella tarea, el panda emergió del suelo más o menos por donde se había hundido en el mismo y cerró el agujero detrás de él. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Ya puedo pelear. </span><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—Sentenció el panda. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Y guardadme el secreto, si no os importa.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Stats del animal</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Fuerza: 55<br />
Resistencia: 25<br />
Destreza: 3<br />
Precisión: 10<br />
Agilidad: 15<br />
Reflejos: 15<br />
Inteligencia: 3<br />
Voluntad: 15<br />
 <br />
Vitalidad: 502<br />
Energía: 144<br />
Nivel: 3
				</div>
			</div><br />
 <br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Datos de Don Bambú</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Oshi Oshi No Mi es una fruta del diablo que permite a su consumidor interactuar de diversas maneras con el suelo.<br />
</span></span></span></span> <br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Control de Akuma 70:</span></span><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"> El usuario es capaz de crear tuneles que mantengan su forma a pesar de no estar en modificación constante con el usuario por un coste de </span><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">9 de energía</span></span></span><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"> por uso.<br />
</span></span></span> <br />
Vitalidad: 409<br />
Energía: 250 - 30 (técnica del tema anterior) - 9 = 211
				</div>
			</div></span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando la humareda de polvo se disipó, lo que el panda vio fue la figura tambaleante del gorila al que había golpeado preparándose para saltarle encima. Sin embargo, lo que también pudo ver fue la figura del mink oso pardo cruzando el escenario a toda velocidad, como si volase, lanza por delante y listo para la acción. Durante una fracción de segundo le pareció que algo raro le pasaba a las piernas del oso, pero decidió no darle importancia porque empezaba a notar el bosque agitarse. Baraqqiel, por su parte, interceptó a un segundo gorila y le propinó un par de golpes que lo dejaron chillando de dolor. Don Bambú se sintió aliviado al tener refuerzos en su empresa. Se esperaba a Baraqqiel, pero la presencia del mink oso pardo le sorprendió gratamente. <span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Muchas gracias, amigos, pero... </span><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—No pudo terminar su oración, pues un rugido ensordecedor interrumpió su discurso y le llevó a mirar en la dirección del sonido. Los dos gorilas ya presentes en la escena se escabulleron por entre los matorrales. Uno de ellos gimoteando de dolor y el otro a duras penas y gateando debido a las profundas heridas que tenía. Don Bambú sintió las vibraciones del suelo y supo que lo que se acercaba era grande, quizás más grande que él. Unos árboles se precipitaron al suelo cuando la enorme criatura que se acercaba los apartó de un manotazo. A la luz de unas cuantas estrellas ahora visibles por la ausencia de dichos árboles, la figura de un simio gigante se hizo evidente. Aunque Don Bambú no lo sabía, se trataba de la matriarca de los gorilas, madre de muchos de ellos. A través de la penumbra de la noche, eran evidentes los músculos de la criatura. Estar al otro lado de los golpes propinados por esos brazos podría ser un error evolutivo de los que la selección natural no pasa por alto.</span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">El panda se levantó del suelo con el niño todavía en brazos. Todavía respiraba. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Dadme un momento, este niño no puede quedarse aquí.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Estaba listo para luchar, pero tenía que encargarse de que la criatura no sufriera más daños. Sin mediar palabra llevó su mano al suelo y la introdujo dentro como si éste no opusiera resistencia. Con un solo movimiento de manos se formó una entrada al subsuelo en la que el panda se introdujo con el niño y que se cerró detrás de él como si la estuviera moldeando a conciencia. Bajo tierra, el panda dejó al niño en el suelo y empujó con sus manos las paredes del subsuelo, desplazándolas como si no le costase trabajo y en una zona que le pareció lo bastante segura hizo unos cuantos agujeros hasta la superficie pequeños para que el oxígeno circulase. La cámara estaba lo bastante bajo tierra para no caerse por los estragos de una posible pelea con aquella bestia y garantizar así la seguridad del infante. Una vez completada aquella tarea, el panda emergió del suelo más o menos por donde se había hundido en el mismo y cerró el agujero detrás de él. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Ya puedo pelear. </span><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—Sentenció el panda. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">Y guardadme el secreto, si no os importa.</span><br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Stats del animal</span>
					</div>
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				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Fuerza: 55<br />
Resistencia: 25<br />
Destreza: 3<br />
Precisión: 10<br />
Agilidad: 15<br />
Reflejos: 15<br />
Inteligencia: 3<br />
Voluntad: 15<br />
 <br />
Vitalidad: 502<br />
Energía: 144<br />
Nivel: 3
				</div>
			</div><br />
 <br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Datos de Don Bambú</span>
					</div>
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						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Oshi Oshi No Mi es una fruta del diablo que permite a su consumidor interactuar de diversas maneras con el suelo.<br />
</span></span></span></span> <br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Control de Akuma 70:</span></span><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"> El usuario es capaz de crear tuneles que mantengan su forma a pesar de no estar en modificación constante con el usuario por un coste de </span><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">9 de energía</span></span></span><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"> por uso.<br />
</span></span></span> <br />
Vitalidad: 409<br />
Energía: 250 - 30 (técnica del tema anterior) - 9 = 211
				</div>
			</div></span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente absoluto] Un alma revolucionaria [Grupal - Aventura T1]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=150</link>
			<pubDate>Mon, 14 Aug 2023 08:22:30 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=38">Kovashi Shimatsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=150</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Día 2 / Año 11 / Primavera</span></span><span style="font-size: large;" class="mycode_size"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">⚟</span></span></div>
<br />
<br />
<br />
¿El rey tenía chanchullos? conforme iban sucediendo las cosas es lo que pensé -<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Con tanto jaleo, hay que aprovechar, el panda parece estar más distraído que los demás</span>- no podía olvidar, entre todo el alboroto de gente corriendo hacia el bosque, que Caló y yo estábamos en plena pelea, bueno yo, por qué el otro ya estaba con sus mierdas de médico empático. No sé como dios me había cruzado en el camino de Khruner, objetivamente si no nos conocieramos el estaría más del lado del panda, la cucaracha y la mujer pescao, que del mío. No quería pensar en eso, por qué me ponía pensativo, ese momento no requería de esas ideas, ameritaba que me centrara en los problemas actuales.  Al final era imposible obviar la migración y todos terminamos yendo isla a dentro. Unos cuantos se desperdigaron en casas perdidas por el campo, otros fueron visitando lugares conocidos, pero la mayoría que íbamos perdidos acabamos en mitad del bosque. <br />
—  <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Como se puede complicar todo tanto</span> —  Había guardado mi katana, me parecía obsceno ir con ella al aire alrededor de tanto niño. Intenté cruzar miradas con Derya, pero me fue imposible. También era casualidad encontrarla aquí, que todo se girara de esa forma, que pegase a mi puto oso. <br />
<br />
Era imposible no escuchar algunos comentarios. Una mujer de cabello pelirrojo, rasgos gruesos, vestido azul y con una niña de no más de tres años en brazos. <br />
—  <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">Estoy cansada de esto ... </span>—  Cayó al suelo — <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">¡No puedo más!</span> —  Todos los presentes, unas quince personas sin contarnos a los relevantes, la miraron. Varios se aproximaron, pero la mujer estaba desquiciada, como si esto no fuera la primera vez que sucede. <br />
—  <span style="color: #FF857A;" class="mycode_color">Deysi déjalo ya, ya sabes que ... </span><br />
—  <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">¡No!</span> —  Le sirvieron una mano, pero la despejó con violencia. —  <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">¿Es que quieres criar a tus hijos así? por que yo no ... </span>—  Miró a su hija. — <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">  Mi dulce Joe ... Mi niña ... </span>—  Los silencios en mitad del bosque eran estremecedores. Nadie respondió a Deysi, todos se sumergieron en un atronador mute que dejó florecer los sonidos ambientales. Gruñidos, siluetas gigantes apostadas en los árboles que no se dejaban ver bien. <br />
<br />
La mañana había pasado, ahora tocaba la noche, sin hogar ni resguardo. ¿Dónde íbamos a ir? me preocupaba Khruner, de cumplirse lo que creía, el se vería ampliamente implicado, lo que le implicaría a él también, llevábamos varias semanas en la isla y sabía bien por qué nadie quería meterse en el dichoso bosque de noche. Una de las figuras que danzaban entre los árboles cayó en mitad de la escena. Era un gorila de unos tres metros, repleto de magulladuras por el rostro, sentí empatía con él, que remedio. En su propia caída había aprovechado para sujetar a uno de los niños por el brazo y lo estaba zarandeando, pero todo el mundo estaba en Shock. Cuando intenté sacar la katana e ir hacia él en un improvisado gesto de hermandad, volvió a dar un salto, perdiéndose entre la maleza. <br />
<br />
Los gritos de otra madre ahogaron la noche.<br />
—  <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tenemos que movernos o los siguientes seremos nosotros</span> —  Hice espalda con Caló, para cubrirnos mutuamente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Día 2 / Año 11 / Primavera</span></span><span style="font-size: large;" class="mycode_size"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">⚟</span></span></div>
<br />
<br />
<br />
¿El rey tenía chanchullos? conforme iban sucediendo las cosas es lo que pensé -<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Con tanto jaleo, hay que aprovechar, el panda parece estar más distraído que los demás</span>- no podía olvidar, entre todo el alboroto de gente corriendo hacia el bosque, que Caló y yo estábamos en plena pelea, bueno yo, por qué el otro ya estaba con sus mierdas de médico empático. No sé como dios me había cruzado en el camino de Khruner, objetivamente si no nos conocieramos el estaría más del lado del panda, la cucaracha y la mujer pescao, que del mío. No quería pensar en eso, por qué me ponía pensativo, ese momento no requería de esas ideas, ameritaba que me centrara en los problemas actuales.  Al final era imposible obviar la migración y todos terminamos yendo isla a dentro. Unos cuantos se desperdigaron en casas perdidas por el campo, otros fueron visitando lugares conocidos, pero la mayoría que íbamos perdidos acabamos en mitad del bosque. <br />
—  <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Como se puede complicar todo tanto</span> —  Había guardado mi katana, me parecía obsceno ir con ella al aire alrededor de tanto niño. Intenté cruzar miradas con Derya, pero me fue imposible. También era casualidad encontrarla aquí, que todo se girara de esa forma, que pegase a mi puto oso. <br />
<br />
Era imposible no escuchar algunos comentarios. Una mujer de cabello pelirrojo, rasgos gruesos, vestido azul y con una niña de no más de tres años en brazos. <br />
—  <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">Estoy cansada de esto ... </span>—  Cayó al suelo — <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">¡No puedo más!</span> —  Todos los presentes, unas quince personas sin contarnos a los relevantes, la miraron. Varios se aproximaron, pero la mujer estaba desquiciada, como si esto no fuera la primera vez que sucede. <br />
—  <span style="color: #FF857A;" class="mycode_color">Deysi déjalo ya, ya sabes que ... </span><br />
—  <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">¡No!</span> —  Le sirvieron una mano, pero la despejó con violencia. —  <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">¿Es que quieres criar a tus hijos así? por que yo no ... </span>—  Miró a su hija. — <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">  Mi dulce Joe ... Mi niña ... </span>—  Los silencios en mitad del bosque eran estremecedores. Nadie respondió a Deysi, todos se sumergieron en un atronador mute que dejó florecer los sonidos ambientales. Gruñidos, siluetas gigantes apostadas en los árboles que no se dejaban ver bien. <br />
<br />
La mañana había pasado, ahora tocaba la noche, sin hogar ni resguardo. ¿Dónde íbamos a ir? me preocupaba Khruner, de cumplirse lo que creía, el se vería ampliamente implicado, lo que le implicaría a él también, llevábamos varias semanas en la isla y sabía bien por qué nadie quería meterse en el dichoso bosque de noche. Una de las figuras que danzaban entre los árboles cayó en mitad de la escena. Era un gorila de unos tres metros, repleto de magulladuras por el rostro, sentí empatía con él, que remedio. En su propia caída había aprovechado para sujetar a uno de los niños por el brazo y lo estaba zarandeando, pero todo el mundo estaba en Shock. Cuando intenté sacar la katana e ir hacia él en un improvisado gesto de hermandad, volvió a dar un salto, perdiéndose entre la maleza. <br />
<br />
Los gritos de otra madre ahogaron la noche.<br />
—  <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tenemos que movernos o los siguientes seremos nosotros</span> —  Hice espalda con Caló, para cubrirnos mutuamente.]]></content:encoded>
		</item>
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