<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
	<channel>
		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - Shells Town]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 15:22:54 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado][Fic]Parte 5. Resurrección]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1521</link>
			<pubDate>Sat, 18 Jan 2025 08:57:41 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=34">Triana Tempesta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1521</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">11 de Verano. Año 6</span></div>
<br />
El mes había pasado demasiado rápido, tanto que no había tenido tiempo para mentalizarme. Aquella noche no pude dormir, permanecí despierta, tumbada boca arriba en la cama sin siquiera haberme puesto el pijama, mirando hacia el techo en la oscuridad. A primera hora de la mañana, cuando el sol apenas había terminado de salir me puse en pie en silencio, cogí mis dos katanas, y salí de la casa sin que nadie se percatase. Sabía que a esa hora mi madre y mi hermano debían de estar durmiendo, aunque a punto de despertar. En el centro de la ciudad debían estar montando los puestos y las decoraciones de la festividad que se llevaría a cabo a lo largo de los siguientes días. Hoy, justo a medio día, era uno de los momentos en los que más jaleo se montaría en la plaza y los alrededores. Los puestos estarían recién abiertos, la gente deseosa por pasearse por la zona y los marines ocupados intentando mantener el orden y ofrecer a los medios de comunicación una buena imagen de su isla. Era el momento ideal para llevar a cabo el plan que había organizado con Bart para que pudiese reunirse con su banda.<br />
<br />
Salí caminando con normalidad, tratando de mantener la calma, pero al percatarme de que la poca gente que había por la calle no me prestaba nada de atención, mi confianza aumentó. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que cualquiera podría leerme la mente y adivinar mis intenciones. Era absurdo. Imposible. Pero no me quitaba de la cabeza que mi madre o mi hermano tenían esa capacidad. Imaginaba que el motivo sería ese control enfermizo que querían ejercer sobre la gente. Me habían comido la cabeza y ahora estaba convencida de que no era capaz de ocultarles nada, pero se iban a enterar. Iba a conseguir ayudar a escapar a un pirata con su banda de su propia isla, en sus narices. Lo único malo era que jamás se enterarían. Si se lo contase podrían ser capaces de encerrarme a mí de por vida. <br />
<br />
Continué caminando a paso moderado, reprimiendo las ganas de salir corriendo para llegar cuanto antes. Todavía teníamos algo de tiempo hasta el momento en el que pudiesen partir. El camino se me hizo eterno. Conocía muy bien la zona, sabía que tardaría en llegar a la zona oeste, donde les había indicado, un poco más de media hora, pero para cuando llegué me dio la impresión de que habían transcurrido horas. Mi mente iba a mil por hora, tratando de calcular todas las posibilidades. Por más que pensaba, no encontraba ningún fallo en mi plan. En el peor de los casos, alguien podría ver el barco, pero si iban sin bandera, como les advertí, no tendrían por qué llamar la atención demasiado, especialmente un día como hoy. Peor que eso sería que fuese un marine el que les viese y quisiera identificarles por no llegar a la isla por el camino convencional. Atracar a escondidas era un poco extraño, pero no un delito. Si sabían mentir y el marine no reconocía sus caras tampoco tendría que suponer un problema. De cualquier manera, el movimiento que querían realizar era tan rápido que a nadie le daría tiempo a advertir al cuartel. Tan solo tenían que recoger a Bart y largarse.<br />
<br />
Para mi alivio, la zona estaba completamente despejada. Un risco no demasiado alto con algunos árboles y el mar de fondo. Me senté a unos veinte metros de distancia con el mar mirando hacia él, esperando de nuevo con demasiada impaciencia como para soportarlo, pero no me quedaba otra. Afortunadamente, Bart no tardó en llegar, imaginaba que igual de impaciente que yo. Se sentó a mi lado sin decir nada, no hizo falta. Tan solo encendió un puro y me ofreció otro para que lo fumase con él. Yo tampoco dije nada, no sabía qué decir. Probablemente este fuese el último momento que estuviese con él. Ahora que iba a partir con su banda, podía ocurrir cualquier cosa. La vida que llevaban era complicada, no me extrañaba que alguien acabase matándole por ahí o encerrándole. También cabía la posibilidad de que nuestros caminos no se volviesen a cruzar, el mundo era demasiado grande. Tal vez él estuviese pensando lo mismo que yo, que ya no nos volveríamos a ver, aunque seguro que lo único que tenía ahora en la cabeza era que iba a reencontrarse con sus compañeros.<br />
<br />
—<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Sabes? El mundo no es tan grande como parece</span> —dijo de repente exhalando una bocanada de humo. Eso me confirmó que, a pesar de la felicidad por volver con su banda se preocupaba por mí. Simplemente asentí. Quería creerle y pensar que cuando tuviese la edad suficiente podría tener el valor suficiente para largarme de allí y unirme a su banda. Nada me hacía más feliz que imaginarme en su barco siendo capitaneada por él. Escuchando las olas del mar rompiendo contra las rocas llegó a mi mente la pregunta definitiva. ¿Qué me lo impedía? Durante años había intentado cumplir las expectativas de mi familia, pero hacía tiempo que eso había dejado de importarme. No lo iba a negar, seguía teniendo miedo de mi madre, pero tenía que deshacerme de esa imagen suya como una especie de ser todopoderoso y omnipresente. Podría tener influencias, pero era imposible que sus ojos llegasen hasta el último rincón del mundo, que es donde pensaba escaparme. Me giré para mirar hacia Bart. Tan solo tenía que hacerle la pregunta, pero si él no me lo había propuesto tal vez era porque no quería tenerme a su lado. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">No aguanto más este sitio</span></span> —dije intentando preparar el terreno—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Yo… ¿Podría…?</span></span><br />
<br />
Bart no dejó que terminase de hablar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Podrías venir con nosotros</span> —afirmó con total naturalidad y sin esperar a que terminase mi pregunta. En ese momento, mi corazón dio un vuelco. Ya había experimentado para tratar de buscar diferentes emociones en mi vida, pero estará completamente diferente a cualquiera de ellas. Me sentía llena, feliz. Sonreí imaginando en tan solo unos segundos mi nueva vida en el mar como pirata. Ni por un momento pensé en mi familia. No había nada que valorar ni sopesar, el sí era rotundo. Desde que lo ofreció, hacía tan solo esos segundos, ya había aceptado en mi mente. Antes de poder contestar, miré hacia el mar y vi a lo lejos la figura de lo que parecía ser un barco. Tenían que ser ellos. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Claro que sí, capitán</span></span> —contesté con una gran sonrisa y apagando el puro en la hierba para darle un abrazo. El barco cada vez se encontraba más cerca, al igual que mi libertad. Todos los escenarios negativos posibles de mi cabeza se habían desvanecido. El éxito estaba tan cerca que creí que nada podía interponerse entre yo y mi nueva vida, pero estaba muy equivocada.<br />
<br />
Cuando el barco se encontraba a escasos metros nos pusimos en pie, dispuestos a aproximarnos, pero al dar el primer paso una voz que me resultaba terriblemente familiar tronó a nuestras espaldas, como una tormenta a punto de desatarse. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¡A DÓNDE CREES QUE VAS! ¡NIÑATA DESAGRADECIDA!</span></span> —la voz estaba totalmente desgarrada por la ira. La reconocí inmediatamente, pero tardé unos segundos en poder reaccionar, en asimilar qué era lo que estaba ocurriendo. No sabía cómo, pero mi madre nos había encontrado. Ambos nos giramos para mirarla. En su rostro también se podía apreciar lo furiosa que estaba. Mi primer impulso fue pensar que, tal vez, si pedía perdón el asumía un castigo todo se solucionaría, pero no era lo que quería ni lo que arreglaría la solución. Todo estaba ya roto. Sabía que para mi madre lo que había hecho era imperdonable y, ¿qué narices? No me importa una mierda su opinión. No tenía que pensar en como no enfadarla, sino en cómo ayudar a Bart a escapar. Conocía mi madre, sabía que ni siquiera los dos juntos podríamos hacerle frente y, por supuesto, no nos iba a dejar escapar. Solo había una opción posible.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¡¿Creías que eras tan lista que no íbamos a enterarnos de lo que estabas haciendo?! ¡¿Que no íbamos a notar tus ausencias y tus llamaditas y no íbamos a tener controlado el maldito den den mushi?! Y no te pienses que he venido sola, medio cuartel está de camino y no vamos a permitir que ningún gusano escape de esta manzana y emponzoñe las demás</span></span> —continuó hablando mientras se aproximaba lentamente hacia nosotros vestida con su uniforme de la Marina. La verdad era que podría haber tenido más cuidado, pero no esperaba que fuesen a sospechar de mi actitud. Si había hablado en plural era porque seguramente se estuviese refiriendo a ella y a mi hermano. Me confié demasiado aquella vez que me escuchó hablar por teléfono y decidí creer que no había oído nada. Chivato malnacido. Por lo menos no le veía por ninguna parte, eso sí que sería nuestra sentencia de muerte. Si solo estaba mi madre podría intentar distraerla. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Vete </span></span>—le dije a Bart sin molestarme en responder a mi madre ni dar explicaciones. Desenvainé únicamente una de mis katanas y la sostuve con fuerza frente a mí apuntando hacia ella. Bart no se movió, se imaginaba que no sería tan sencillo hacer que se largase. Mi madre se limitó a reír con amargura. Incluso ella sabía que no teníamos nada que hacer. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Es mi madre, no me va a hacer nada, pero a ti y a los tuyos sí que os capturará. Tienes que irte y punto. Te prometo que nos volveremos a ver</span></span> —mentí de la forma más convincente que pude. No estaba nada segura de que pudiese volver a encontrarme con él, pero lo que sí sabía era que mi madre no tendría reparos en apartarme de su camino, costase lo que le costase.<br />
<br />
En cualquier otra circunstancia sabía que Bart habría luchado a mi lado, pero comprendió rápidamente que ahora no había otra opción. Él y su banda no podrían enfrentarse los miembros de este cuartel de la Marina ni huir de ellos si no se marchaban cuanto antes. A saber a cuántos marines había movilizado mi madre y si ya estaban en sus barcos dirigiéndose hacia esta zona de la isla. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Nos veremos</span> —dijo Bart con un tono de amargura en su voz antes de girarse y salir corriendo. Mi madre dio un paso hacia el lado para comenzar a perseguirle, pero yo di otro para volver a ponerme frente a ella e impedirle el paso. <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¡Eres una vergüenza! Si te crees que voy a dejar que se larguen estás muy equivocada</span></span>—. Sus palabras se fueron transformando en su boca, sonando cada vez más toscas. Ahí estaba. En ese instante parecía que nada había cambiado, pero en el aire se podía percibir un peso extraño, fuera de lo habitual. Era una tensión que erizaba la piel y hacía más difícil respirar. Yo conocía su poder, pero nunca la había mirado a los ojos mientras lo usaba. Nunca antes me había encontrado en una situación en la que lo necesitase, y mucho menos que lo fuese a emplear contra mí. Sabía que seguía siendo ella, mi propia madre, pero algo en su presencia no era humano. Era como si el mundo mismo retrocediera. Pero yo no pensaba echarme atrás. Tan solo se escuchaba el sonido del mar, no había más ruido que ese, aunque la sensación de amenaza era tan palpable que el silencio se volvió ensordecedor y la calma una premonición de lo que estaba a punto de suceder. Su mirada parecía ser capaz de atravesar todo, como si pudiera ver más allá de la carne y los huesos. No sabía si mi sugestión me estaba jugando una mala pasada, pero me parecía imposible que nadie más lo sintiese. Ese poder inmenso y aterrador, algo que no debía existir y que, sin embargo, estaba ahí, tomando forma justo delante de mí. Cada centímetro de mi cuerpo me gritaba que huyese, pero traté de mantenerme serena en mi posición. Mantener la calma era imposible, pero al menos no me moví. <br />
<br />
Ella, tal y como esperaba, no permaneció en el sitio mucho más tiempo. Todavía no sabía pelear bien con dos katanas, así que esperaba con tan solo una poder hacer algo de tiempo, retenerla aunque fuese un par de minutos. Bart solo necesitaba eso para saltar al barco y comenzar a alejarse. El primer golpe no tardó en llegar. No era especialmente rápido, así que pude bloquearlo a tiempo, pero su fuerza descomunal me hizo flaquear. Mis rodillas apenas habían aguantado y se doblaron ante el peso del golpe. No iba a perder el tiempo intentando atacar, tan solo intentaría defenderme e impedir su avance. Aquella oposición a su autoridad me iba a costar cara. Sin que pudiese verlo venir, lanzó otro ataque directo hacia el lado derecho de mi cara. Ahogué un grito de dolor lo mejor que pude para que Bart no pudiese escucharlo. La sangre comenzó a brotar y tuve que cerrar el ojo para que no entrase en él. Apenas veía con claridad, pero mi madre no me dio tregua. Me lanzó otro ataque hacia el abdomen que me pude bloquear por los pelos, pero eso dejó mi pecho al descubierto. Un grave error. No dudó en atacar también esa zona, destrozando mi camisa y haciendo que se tiñese de rojo. El dolor pasó a un segundo plano cuando me di cuenta de que podría morir, pero lo que me permitió mantenerme en pie fue la idea de que tenía que aguantar el máximo tiempo posible. Cada segundo era crucial. Intenté lanzar un corte diagonal hacia su pecho, pero agarró mi katana con su propia mano y me lanzó hacia un lado, hiriéndome también el brazo. Su intención era pasar de largo para ir a por los piratas, pero no se lo podía permitir. Caí de rodillas al suelo. Solté mi katana y me lancé hacia adelante para agarrarle el tobillo. No tenía demasiada fuerza y me dolían tantas partes de mi cuerpo que no sabía ya dónde esta herida. La sangre de mi cara empañaba mi visión. A pesar de todo, mientras me pudiese mover intentaría detener su avance.<br />
<br />
Mi madre se me quedó mirando de pie. Yo estaba tirada en el suelo, extendiendo mi otra mano, la del brazo herido, con esfuerzo para agarrarle el tobillo con ambas manos. Su mirada reflejaba el desprecio que en estos momentos sentía por mí, capaz de sacrificarme por unos piratas. De un rápido y brusco movimiento apartó su pierna, pero antes de ir a por su presa, se agachó en posición de cuclillas para rodear mi cuello con sus manos. Ejercía presión, aunque no la suficiente como para ahogarme, tan solo para pacer más amenazante, si cabía. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">Tú no eres mi hija</span></span> —fue lo último que le escuché decir. Soltó mi cuello y me lanzó un último ataque dirigido hacia él. Si quisiera, podría haberme matado en aquel mismo momento, pero la herida no fue lo suficientemente profunda como para acabar con mi vida en un instante. Debido a la adrenalina no había prestado atención al dolor ni a la sensación de mareo por la pérdida de sangre. Esa última acometida fue la decisiva. La que me hizo perder el conocimiento.<br />
<br />
La oscuridad era total hasta que un pequeño brillo irrumpió en ella, al principio de forma sutil, pero, poco a poco, haciéndose con toda la escena. Mis ojos se abrieron de repente, o eso creía. Tan solo podía abrir uno de ellos, el otro estaba cubierto por algo. Me llevé la mano a la cara, todavía pegajosa por la sangre seca, y palpé una especie de gasa en parte del rostro. Me incorporé tocándome las heridas, todas ellas vendadas (bastante mal, había que decir). —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡AH!</span></span> —grité al sentir múltiples pinchazos por todo el cuerpo. Todavía estaba en el mismo lugar en el que me había desmayado. Miré de inmediato hacia el mar al recordar lo que había ocurrido, pero no vi nada. Estaba totalmente en calma. —<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Ya te has despertado? Pues márchate</span> —dijo una voz seca detrás de mí. Me giré despacio para ver a mi hermano sentado en una roca con las manos llenas de sangre y restos de vendaje cortados a sus pies. Eso aclaraba quién era el responsable de que no muriese desangrada. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Qué ha pasado?</span></span> —le pregunté ignorando lo que me acababa de decir—. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Estás sorda? He dicho que te largues. Cuélate en un barco y lárgate de esta isla si no quieres acabar encerrada.</span><br />
<br />
Estaba demasiado confusa como para comprender del todo lo que estaba ocurriendo. Después del enfrentamiento con mi madre no pensaba volver a casa, no tendría que repetirme más veces que me marchase, eso ya entraba en mis planes, pero necesitaba saber si Bart había conseguido huir. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y los piratas? ¿Se han ido?</span></span> —insistí poniéndome poco a poco en pie entre gemidos de dolor. Cualquier cosa era posible, tanto que hubiesen podido escabullirse como que hubiesen sido capturados por los marines. —<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Están muertos. Han hundido su barco</span> —me contestó con calma. Me quedé mirándole fijamente. Me habría preocupado, de no ser porque sentía que aquello no era más que una mentira. Se me daba bien calar a la gente y mucho más a los que había estado viviendo bajo mi mismo techo. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y los restos del barco? El mar está completamente limpio. ¡¿Dónde están?!</span></span> —no pude evitar levantar la voz, a pesar del esfuerzo que me suponía. Mi hermano alzó la vista para lanzarme una mirada de hastío. —<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Que. Te. Largues</span> —esta vez su tono de voz no era tan calmado. Si me había mentido, la posibilidad de que los piratas Black hubiesen escapado era bastante plausible. No parecía dispuesto a seguir hablando conmigo. Se puso en pie y dio media vuelta para regresar al pueblo, dejándome allí. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y yo dónde voy ahora?</span></span><br />
<br />
No obtuve ninguna respuesta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">11 de Verano. Año 6</span></div>
<br />
El mes había pasado demasiado rápido, tanto que no había tenido tiempo para mentalizarme. Aquella noche no pude dormir, permanecí despierta, tumbada boca arriba en la cama sin siquiera haberme puesto el pijama, mirando hacia el techo en la oscuridad. A primera hora de la mañana, cuando el sol apenas había terminado de salir me puse en pie en silencio, cogí mis dos katanas, y salí de la casa sin que nadie se percatase. Sabía que a esa hora mi madre y mi hermano debían de estar durmiendo, aunque a punto de despertar. En el centro de la ciudad debían estar montando los puestos y las decoraciones de la festividad que se llevaría a cabo a lo largo de los siguientes días. Hoy, justo a medio día, era uno de los momentos en los que más jaleo se montaría en la plaza y los alrededores. Los puestos estarían recién abiertos, la gente deseosa por pasearse por la zona y los marines ocupados intentando mantener el orden y ofrecer a los medios de comunicación una buena imagen de su isla. Era el momento ideal para llevar a cabo el plan que había organizado con Bart para que pudiese reunirse con su banda.<br />
<br />
Salí caminando con normalidad, tratando de mantener la calma, pero al percatarme de que la poca gente que había por la calle no me prestaba nada de atención, mi confianza aumentó. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que cualquiera podría leerme la mente y adivinar mis intenciones. Era absurdo. Imposible. Pero no me quitaba de la cabeza que mi madre o mi hermano tenían esa capacidad. Imaginaba que el motivo sería ese control enfermizo que querían ejercer sobre la gente. Me habían comido la cabeza y ahora estaba convencida de que no era capaz de ocultarles nada, pero se iban a enterar. Iba a conseguir ayudar a escapar a un pirata con su banda de su propia isla, en sus narices. Lo único malo era que jamás se enterarían. Si se lo contase podrían ser capaces de encerrarme a mí de por vida. <br />
<br />
Continué caminando a paso moderado, reprimiendo las ganas de salir corriendo para llegar cuanto antes. Todavía teníamos algo de tiempo hasta el momento en el que pudiesen partir. El camino se me hizo eterno. Conocía muy bien la zona, sabía que tardaría en llegar a la zona oeste, donde les había indicado, un poco más de media hora, pero para cuando llegué me dio la impresión de que habían transcurrido horas. Mi mente iba a mil por hora, tratando de calcular todas las posibilidades. Por más que pensaba, no encontraba ningún fallo en mi plan. En el peor de los casos, alguien podría ver el barco, pero si iban sin bandera, como les advertí, no tendrían por qué llamar la atención demasiado, especialmente un día como hoy. Peor que eso sería que fuese un marine el que les viese y quisiera identificarles por no llegar a la isla por el camino convencional. Atracar a escondidas era un poco extraño, pero no un delito. Si sabían mentir y el marine no reconocía sus caras tampoco tendría que suponer un problema. De cualquier manera, el movimiento que querían realizar era tan rápido que a nadie le daría tiempo a advertir al cuartel. Tan solo tenían que recoger a Bart y largarse.<br />
<br />
Para mi alivio, la zona estaba completamente despejada. Un risco no demasiado alto con algunos árboles y el mar de fondo. Me senté a unos veinte metros de distancia con el mar mirando hacia él, esperando de nuevo con demasiada impaciencia como para soportarlo, pero no me quedaba otra. Afortunadamente, Bart no tardó en llegar, imaginaba que igual de impaciente que yo. Se sentó a mi lado sin decir nada, no hizo falta. Tan solo encendió un puro y me ofreció otro para que lo fumase con él. Yo tampoco dije nada, no sabía qué decir. Probablemente este fuese el último momento que estuviese con él. Ahora que iba a partir con su banda, podía ocurrir cualquier cosa. La vida que llevaban era complicada, no me extrañaba que alguien acabase matándole por ahí o encerrándole. También cabía la posibilidad de que nuestros caminos no se volviesen a cruzar, el mundo era demasiado grande. Tal vez él estuviese pensando lo mismo que yo, que ya no nos volveríamos a ver, aunque seguro que lo único que tenía ahora en la cabeza era que iba a reencontrarse con sus compañeros.<br />
<br />
—<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Sabes? El mundo no es tan grande como parece</span> —dijo de repente exhalando una bocanada de humo. Eso me confirmó que, a pesar de la felicidad por volver con su banda se preocupaba por mí. Simplemente asentí. Quería creerle y pensar que cuando tuviese la edad suficiente podría tener el valor suficiente para largarme de allí y unirme a su banda. Nada me hacía más feliz que imaginarme en su barco siendo capitaneada por él. Escuchando las olas del mar rompiendo contra las rocas llegó a mi mente la pregunta definitiva. ¿Qué me lo impedía? Durante años había intentado cumplir las expectativas de mi familia, pero hacía tiempo que eso había dejado de importarme. No lo iba a negar, seguía teniendo miedo de mi madre, pero tenía que deshacerme de esa imagen suya como una especie de ser todopoderoso y omnipresente. Podría tener influencias, pero era imposible que sus ojos llegasen hasta el último rincón del mundo, que es donde pensaba escaparme. Me giré para mirar hacia Bart. Tan solo tenía que hacerle la pregunta, pero si él no me lo había propuesto tal vez era porque no quería tenerme a su lado. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">No aguanto más este sitio</span></span> —dije intentando preparar el terreno—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Yo… ¿Podría…?</span></span><br />
<br />
Bart no dejó que terminase de hablar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Podrías venir con nosotros</span> —afirmó con total naturalidad y sin esperar a que terminase mi pregunta. En ese momento, mi corazón dio un vuelco. Ya había experimentado para tratar de buscar diferentes emociones en mi vida, pero estará completamente diferente a cualquiera de ellas. Me sentía llena, feliz. Sonreí imaginando en tan solo unos segundos mi nueva vida en el mar como pirata. Ni por un momento pensé en mi familia. No había nada que valorar ni sopesar, el sí era rotundo. Desde que lo ofreció, hacía tan solo esos segundos, ya había aceptado en mi mente. Antes de poder contestar, miré hacia el mar y vi a lo lejos la figura de lo que parecía ser un barco. Tenían que ser ellos. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Claro que sí, capitán</span></span> —contesté con una gran sonrisa y apagando el puro en la hierba para darle un abrazo. El barco cada vez se encontraba más cerca, al igual que mi libertad. Todos los escenarios negativos posibles de mi cabeza se habían desvanecido. El éxito estaba tan cerca que creí que nada podía interponerse entre yo y mi nueva vida, pero estaba muy equivocada.<br />
<br />
Cuando el barco se encontraba a escasos metros nos pusimos en pie, dispuestos a aproximarnos, pero al dar el primer paso una voz que me resultaba terriblemente familiar tronó a nuestras espaldas, como una tormenta a punto de desatarse. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¡A DÓNDE CREES QUE VAS! ¡NIÑATA DESAGRADECIDA!</span></span> —la voz estaba totalmente desgarrada por la ira. La reconocí inmediatamente, pero tardé unos segundos en poder reaccionar, en asimilar qué era lo que estaba ocurriendo. No sabía cómo, pero mi madre nos había encontrado. Ambos nos giramos para mirarla. En su rostro también se podía apreciar lo furiosa que estaba. Mi primer impulso fue pensar que, tal vez, si pedía perdón el asumía un castigo todo se solucionaría, pero no era lo que quería ni lo que arreglaría la solución. Todo estaba ya roto. Sabía que para mi madre lo que había hecho era imperdonable y, ¿qué narices? No me importa una mierda su opinión. No tenía que pensar en como no enfadarla, sino en cómo ayudar a Bart a escapar. Conocía mi madre, sabía que ni siquiera los dos juntos podríamos hacerle frente y, por supuesto, no nos iba a dejar escapar. Solo había una opción posible.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¡¿Creías que eras tan lista que no íbamos a enterarnos de lo que estabas haciendo?! ¡¿Que no íbamos a notar tus ausencias y tus llamaditas y no íbamos a tener controlado el maldito den den mushi?! Y no te pienses que he venido sola, medio cuartel está de camino y no vamos a permitir que ningún gusano escape de esta manzana y emponzoñe las demás</span></span> —continuó hablando mientras se aproximaba lentamente hacia nosotros vestida con su uniforme de la Marina. La verdad era que podría haber tenido más cuidado, pero no esperaba que fuesen a sospechar de mi actitud. Si había hablado en plural era porque seguramente se estuviese refiriendo a ella y a mi hermano. Me confié demasiado aquella vez que me escuchó hablar por teléfono y decidí creer que no había oído nada. Chivato malnacido. Por lo menos no le veía por ninguna parte, eso sí que sería nuestra sentencia de muerte. Si solo estaba mi madre podría intentar distraerla. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Vete </span></span>—le dije a Bart sin molestarme en responder a mi madre ni dar explicaciones. Desenvainé únicamente una de mis katanas y la sostuve con fuerza frente a mí apuntando hacia ella. Bart no se movió, se imaginaba que no sería tan sencillo hacer que se largase. Mi madre se limitó a reír con amargura. Incluso ella sabía que no teníamos nada que hacer. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Es mi madre, no me va a hacer nada, pero a ti y a los tuyos sí que os capturará. Tienes que irte y punto. Te prometo que nos volveremos a ver</span></span> —mentí de la forma más convincente que pude. No estaba nada segura de que pudiese volver a encontrarme con él, pero lo que sí sabía era que mi madre no tendría reparos en apartarme de su camino, costase lo que le costase.<br />
<br />
En cualquier otra circunstancia sabía que Bart habría luchado a mi lado, pero comprendió rápidamente que ahora no había otra opción. Él y su banda no podrían enfrentarse los miembros de este cuartel de la Marina ni huir de ellos si no se marchaban cuanto antes. A saber a cuántos marines había movilizado mi madre y si ya estaban en sus barcos dirigiéndose hacia esta zona de la isla. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Nos veremos</span> —dijo Bart con un tono de amargura en su voz antes de girarse y salir corriendo. Mi madre dio un paso hacia el lado para comenzar a perseguirle, pero yo di otro para volver a ponerme frente a ella e impedirle el paso. <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¡Eres una vergüenza! Si te crees que voy a dejar que se larguen estás muy equivocada</span></span>—. Sus palabras se fueron transformando en su boca, sonando cada vez más toscas. Ahí estaba. En ese instante parecía que nada había cambiado, pero en el aire se podía percibir un peso extraño, fuera de lo habitual. Era una tensión que erizaba la piel y hacía más difícil respirar. Yo conocía su poder, pero nunca la había mirado a los ojos mientras lo usaba. Nunca antes me había encontrado en una situación en la que lo necesitase, y mucho menos que lo fuese a emplear contra mí. Sabía que seguía siendo ella, mi propia madre, pero algo en su presencia no era humano. Era como si el mundo mismo retrocediera. Pero yo no pensaba echarme atrás. Tan solo se escuchaba el sonido del mar, no había más ruido que ese, aunque la sensación de amenaza era tan palpable que el silencio se volvió ensordecedor y la calma una premonición de lo que estaba a punto de suceder. Su mirada parecía ser capaz de atravesar todo, como si pudiera ver más allá de la carne y los huesos. No sabía si mi sugestión me estaba jugando una mala pasada, pero me parecía imposible que nadie más lo sintiese. Ese poder inmenso y aterrador, algo que no debía existir y que, sin embargo, estaba ahí, tomando forma justo delante de mí. Cada centímetro de mi cuerpo me gritaba que huyese, pero traté de mantenerme serena en mi posición. Mantener la calma era imposible, pero al menos no me moví. <br />
<br />
Ella, tal y como esperaba, no permaneció en el sitio mucho más tiempo. Todavía no sabía pelear bien con dos katanas, así que esperaba con tan solo una poder hacer algo de tiempo, retenerla aunque fuese un par de minutos. Bart solo necesitaba eso para saltar al barco y comenzar a alejarse. El primer golpe no tardó en llegar. No era especialmente rápido, así que pude bloquearlo a tiempo, pero su fuerza descomunal me hizo flaquear. Mis rodillas apenas habían aguantado y se doblaron ante el peso del golpe. No iba a perder el tiempo intentando atacar, tan solo intentaría defenderme e impedir su avance. Aquella oposición a su autoridad me iba a costar cara. Sin que pudiese verlo venir, lanzó otro ataque directo hacia el lado derecho de mi cara. Ahogué un grito de dolor lo mejor que pude para que Bart no pudiese escucharlo. La sangre comenzó a brotar y tuve que cerrar el ojo para que no entrase en él. Apenas veía con claridad, pero mi madre no me dio tregua. Me lanzó otro ataque hacia el abdomen que me pude bloquear por los pelos, pero eso dejó mi pecho al descubierto. Un grave error. No dudó en atacar también esa zona, destrozando mi camisa y haciendo que se tiñese de rojo. El dolor pasó a un segundo plano cuando me di cuenta de que podría morir, pero lo que me permitió mantenerme en pie fue la idea de que tenía que aguantar el máximo tiempo posible. Cada segundo era crucial. Intenté lanzar un corte diagonal hacia su pecho, pero agarró mi katana con su propia mano y me lanzó hacia un lado, hiriéndome también el brazo. Su intención era pasar de largo para ir a por los piratas, pero no se lo podía permitir. Caí de rodillas al suelo. Solté mi katana y me lancé hacia adelante para agarrarle el tobillo. No tenía demasiada fuerza y me dolían tantas partes de mi cuerpo que no sabía ya dónde esta herida. La sangre de mi cara empañaba mi visión. A pesar de todo, mientras me pudiese mover intentaría detener su avance.<br />
<br />
Mi madre se me quedó mirando de pie. Yo estaba tirada en el suelo, extendiendo mi otra mano, la del brazo herido, con esfuerzo para agarrarle el tobillo con ambas manos. Su mirada reflejaba el desprecio que en estos momentos sentía por mí, capaz de sacrificarme por unos piratas. De un rápido y brusco movimiento apartó su pierna, pero antes de ir a por su presa, se agachó en posición de cuclillas para rodear mi cuello con sus manos. Ejercía presión, aunque no la suficiente como para ahogarme, tan solo para pacer más amenazante, si cabía. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">Tú no eres mi hija</span></span> —fue lo último que le escuché decir. Soltó mi cuello y me lanzó un último ataque dirigido hacia él. Si quisiera, podría haberme matado en aquel mismo momento, pero la herida no fue lo suficientemente profunda como para acabar con mi vida en un instante. Debido a la adrenalina no había prestado atención al dolor ni a la sensación de mareo por la pérdida de sangre. Esa última acometida fue la decisiva. La que me hizo perder el conocimiento.<br />
<br />
La oscuridad era total hasta que un pequeño brillo irrumpió en ella, al principio de forma sutil, pero, poco a poco, haciéndose con toda la escena. Mis ojos se abrieron de repente, o eso creía. Tan solo podía abrir uno de ellos, el otro estaba cubierto por algo. Me llevé la mano a la cara, todavía pegajosa por la sangre seca, y palpé una especie de gasa en parte del rostro. Me incorporé tocándome las heridas, todas ellas vendadas (bastante mal, había que decir). —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡AH!</span></span> —grité al sentir múltiples pinchazos por todo el cuerpo. Todavía estaba en el mismo lugar en el que me había desmayado. Miré de inmediato hacia el mar al recordar lo que había ocurrido, pero no vi nada. Estaba totalmente en calma. —<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Ya te has despertado? Pues márchate</span> —dijo una voz seca detrás de mí. Me giré despacio para ver a mi hermano sentado en una roca con las manos llenas de sangre y restos de vendaje cortados a sus pies. Eso aclaraba quién era el responsable de que no muriese desangrada. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Qué ha pasado?</span></span> —le pregunté ignorando lo que me acababa de decir—. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">¿Estás sorda? He dicho que te largues. Cuélate en un barco y lárgate de esta isla si no quieres acabar encerrada.</span><br />
<br />
Estaba demasiado confusa como para comprender del todo lo que estaba ocurriendo. Después del enfrentamiento con mi madre no pensaba volver a casa, no tendría que repetirme más veces que me marchase, eso ya entraba en mis planes, pero necesitaba saber si Bart había conseguido huir. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y los piratas? ¿Se han ido?</span></span> —insistí poniéndome poco a poco en pie entre gemidos de dolor. Cualquier cosa era posible, tanto que hubiesen podido escabullirse como que hubiesen sido capturados por los marines. —<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Están muertos. Han hundido su barco</span> —me contestó con calma. Me quedé mirándole fijamente. Me habría preocupado, de no ser porque sentía que aquello no era más que una mentira. Se me daba bien calar a la gente y mucho más a los que había estado viviendo bajo mi mismo techo. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y los restos del barco? El mar está completamente limpio. ¡¿Dónde están?!</span></span> —no pude evitar levantar la voz, a pesar del esfuerzo que me suponía. Mi hermano alzó la vista para lanzarme una mirada de hastío. —<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Que. Te. Largues</span> —esta vez su tono de voz no era tan calmado. Si me había mentido, la posibilidad de que los piratas Black hubiesen escapado era bastante plausible. No parecía dispuesto a seguir hablando conmigo. Se puso en pie y dio media vuelta para regresar al pueblo, dejándome allí. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y yo dónde voy ahora?</span></span><br />
<br />
No obtuve ninguna respuesta.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Siempre vienen bien dos manos extra]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=291</link>
			<pubDate>Thu, 14 Sep 2023 12:24:00 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=49">Kurowashi Sephiroth</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=291</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">07:00 de la mañana, me desperté al toque de corneta. Era lo malo de vivir en un cuartel, tuvieses día libre o no, la alarma sonaba todos los días sin excepción a la misma hora. Me di la vuelta en un intento desesperado por volver a conciliar el sueño. Al cabo de quince minutos el ajetreo formado por aquellos que sí tenían que trabajar imposibilitó mi objetivo de seguir un ratito más en la cama.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Una vez, conseguí quitarme las legañas de los ojos, me dirigí al comedor para tomar el desayuno. Elegí desayunar un plato de huevos revueltos con bacon frito y un café con leche. Cuando termine de escoger todo levanté la vista y allí estaba Joe comiendo solo en una mesa, situada cerca de la ventana.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Buenos días, ¿</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te importa si tomo asiento? </span>Le pregunté mientras apoyaba la bandeja con los platos en la mesa.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Después de tomar asiento y tras un rato conversando, le comenté que hoy iba a aprovechar el día para ocuparme de un favor que me pidió un anciano pescador, el cual consistía en reparar el trinquete y el armazón de su velero.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si tú también tienes tiempo, no me vendrían mal un par de manos extra para ayudarme, es una tarea sencilla de mantenimiento, pero nunca se sabe y menos con un mástil agrietado. </span>Me levanté de la mesa y tras dar dos pasos en dirección a la salida, me di media vuelta, le guiñé un ojo y volví a dirigirme a él.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te espero en el astillero a medio día, trae cerveza ¡Sephehehehe! </span>Le insistí riendo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Se acercaba el medio día, yo estaba colgado por estribor para reparar ese lado del armazón, feliz porque hacía mucho tiempo que no realizaba tareas de mantenimiento en un barco y era algo que me fascinaba desde pequeño e impaciente por saber si Joe vendría con una cerveza en la mano, cosa que le agradecería mucho, pues el día era caluroso y no tenía forma de refrescarme o esconderme del sofocante Sol. Pero sobre todo tenía ganas de compartir este rato con Joe y también iba a necesitar de su fuerza y ayuda, pues el trinquete estaba más deteriorado de lo que imaginé, no podía creerme como ese anciano se atrevió a salir a la mar con un Mástil así, en cualquier momento se podría haber venido abajo.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">  </span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">07:00 de la mañana, me desperté al toque de corneta. Era lo malo de vivir en un cuartel, tuvieses día libre o no, la alarma sonaba todos los días sin excepción a la misma hora. Me di la vuelta en un intento desesperado por volver a conciliar el sueño. Al cabo de quince minutos el ajetreo formado por aquellos que sí tenían que trabajar imposibilitó mi objetivo de seguir un ratito más en la cama.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Una vez, conseguí quitarme las legañas de los ojos, me dirigí al comedor para tomar el desayuno. Elegí desayunar un plato de huevos revueltos con bacon frito y un café con leche. Cuando termine de escoger todo levanté la vista y allí estaba Joe comiendo solo en una mesa, situada cerca de la ventana.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Buenos días, ¿</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te importa si tomo asiento? </span>Le pregunté mientras apoyaba la bandeja con los platos en la mesa.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Después de tomar asiento y tras un rato conversando, le comenté que hoy iba a aprovechar el día para ocuparme de un favor que me pidió un anciano pescador, el cual consistía en reparar el trinquete y el armazón de su velero.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si tú también tienes tiempo, no me vendrían mal un par de manos extra para ayudarme, es una tarea sencilla de mantenimiento, pero nunca se sabe y menos con un mástil agrietado. </span>Me levanté de la mesa y tras dar dos pasos en dirección a la salida, me di media vuelta, le guiñé un ojo y volví a dirigirme a él.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   -<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te espero en el astillero a medio día, trae cerveza ¡Sephehehehe! </span>Le insistí riendo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Se acercaba el medio día, yo estaba colgado por estribor para reparar ese lado del armazón, feliz porque hacía mucho tiempo que no realizaba tareas de mantenimiento en un barco y era algo que me fascinaba desde pequeño e impaciente por saber si Joe vendría con una cerveza en la mano, cosa que le agradecería mucho, pues el día era caluroso y no tenía forma de refrescarme o esconderme del sofocante Sol. Pero sobre todo tenía ganas de compartir este rato con Joe y también iba a necesitar de su fuerza y ayuda, pues el trinquete estaba más deteriorado de lo que imaginé, no podía creerme como ese anciano se atrevió a salir a la mar con un Mástil así, en cualquier momento se podría haber venido abajo.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">  </span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente relativo] Para las heridas, alcohol y sal]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=234</link>
			<pubDate>Sat, 02 Sep 2023 15:46:06 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=55">Taka</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=234</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Las noches me gustaban increíblemente más que los días.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Pero las noches de buenas comidas y bebida, me gustaban mucho más incluso. La playa de Shells Town había sido testigo de la primera pelea, aunque fuera más un ejercicio de práctica que un combate, de la dupla de cazadores. De alguna manera que tampoco comprendía muy bien estaba... ¿feliz? Mostrar mi transformación no era plato de buen gusto, pero, había sido una buena manera de contrarrestar a los dos marines. Después de agotar las horas de sol que quedaban tras el enfrentamiento, buscando como locos un tablón de anuncios donde fichar una nueva presa que con suerte el enmascarado querría compartir para celebrar nuestro buen trabajo en conjunto. Sin embargo, pasamos horas andando y recorriendo las principales calles de la ciudad sin suerte. Plazas abarrotadas, calles transitadas pero... ni un cartel. Demonios, ni que no hubiera piratas en el mundo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Cuando, bien entrada la noche, estábamos cansados de andar, había 3 necesidades imperiosas que solucionar: Comer, beber y encontrar un puto cartel antes de que decidiera tirar algún edificio abajo. Así que, nos pareció buena idea acudir a la posada más cercana que sirviera algo de carne y alcohol. El tugurio, que se ubicaba en una gran plaza cerca del centro de la ciudad, estaba construido como unas antiguas casas adosadas de madera que se unieron bajo un mismo cartel como local de ocio y restauración. Dentro el ambiente era distendido. La barra estaba a la derecha según entrabas, y en ella, una serie de taburetes invitaban a degustar la primera ronda que una mujer entrada en años podía servirte.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">El salón era amplio y tenía mesas para pequeños grupos, a excepción de la zona superior, que tenía una barandilla que ofrecía vistas al salón, a la que se podía acceder por unas escaleras, y que sí tenía mesas más grandes y espaciosas. Al fondo, junto enfrente de la barra, un hombre mayor tocaba briosamente un piano que sonaba más a animal sufriendo que a instrumento musical. Por alguna razón, nadie en la sala parecía molesto o extrañado, lo cual me indicaba que o estaban acostumbrados... o el alcohol era bueno.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">- Coge mesa y voy a por algo. -</span></span> Enuncié a mi testarudo amigo, sin despegar la mirada de la barra, a la que comencé a dirigirme derecho a la camarera. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">- Dos cervezas. Y alguien que vaya a tomar nota de comida. -</span></span> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">La mujer, que apenas posó la mirada sobre mí, se limitó a responder vagamente con onomatopeyas. Tal era su hastío que ni había reparado en mi apariencia. Espero que tardara menos en servirme que en percatarse de mis cuernos. Y de la carne ni hablemos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Escena</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<!-- start: postbit_attachments_attachment -->
<br /><!-- start: attachment_icon -->
<img src="https://nakamanomi.com/images/attachtypes/image.png" title="JPG Image" border="0" alt=".jpg" />
<!-- end: attachment_icon -->&nbsp;&nbsp;<a href="attachment.php?aid=11" target="_blank" title="">estetica bar.jpg</a> (Tamaño: 113.68 KB / Descargas: 7)
<!-- end: postbit_attachments_attachment -->
				</div>
			</div></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Las noches me gustaban increíblemente más que los días.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Pero las noches de buenas comidas y bebida, me gustaban mucho más incluso. La playa de Shells Town había sido testigo de la primera pelea, aunque fuera más un ejercicio de práctica que un combate, de la dupla de cazadores. De alguna manera que tampoco comprendía muy bien estaba... ¿feliz? Mostrar mi transformación no era plato de buen gusto, pero, había sido una buena manera de contrarrestar a los dos marines. Después de agotar las horas de sol que quedaban tras el enfrentamiento, buscando como locos un tablón de anuncios donde fichar una nueva presa que con suerte el enmascarado querría compartir para celebrar nuestro buen trabajo en conjunto. Sin embargo, pasamos horas andando y recorriendo las principales calles de la ciudad sin suerte. Plazas abarrotadas, calles transitadas pero... ni un cartel. Demonios, ni que no hubiera piratas en el mundo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">Cuando, bien entrada la noche, estábamos cansados de andar, había 3 necesidades imperiosas que solucionar: Comer, beber y encontrar un puto cartel antes de que decidiera tirar algún edificio abajo. Así que, nos pareció buena idea acudir a la posada más cercana que sirviera algo de carne y alcohol. El tugurio, que se ubicaba en una gran plaza cerca del centro de la ciudad, estaba construido como unas antiguas casas adosadas de madera que se unieron bajo un mismo cartel como local de ocio y restauración. Dentro el ambiente era distendido. La barra estaba a la derecha según entrabas, y en ella, una serie de taburetes invitaban a degustar la primera ronda que una mujer entrada en años podía servirte.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">El salón era amplio y tenía mesas para pequeños grupos, a excepción de la zona superior, que tenía una barandilla que ofrecía vistas al salón, a la que se podía acceder por unas escaleras, y que sí tenía mesas más grandes y espaciosas. Al fondo, junto enfrente de la barra, un hombre mayor tocaba briosamente un piano que sonaba más a animal sufriendo que a instrumento musical. Por alguna razón, nadie en la sala parecía molesto o extrañado, lo cual me indicaba que o estaban acostumbrados... o el alcohol era bueno.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">- Coge mesa y voy a por algo. -</span></span> Enuncié a mi testarudo amigo, sin despegar la mirada de la barra, a la que comencé a dirigirme derecho a la camarera. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">- Dos cervezas. Y alguien que vaya a tomar nota de comida. -</span></span> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font">La mujer, que apenas posó la mirada sobre mí, se limitó a responder vagamente con onomatopeyas. Tal era su hastío que ni había reparado en mi apariencia. Espero que tardara menos en servirme que en percatarse de mis cuernos. Y de la carne ni hablemos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: Verdana;" class="mycode_font"><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Escena</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<!-- start: postbit_attachments_attachment -->
<br /><!-- start: attachment_icon -->
<img src="https://nakamanomi.com/images/attachtypes/image.png" title="JPG Image" border="0" alt=".jpg" />
<!-- end: attachment_icon -->&nbsp;&nbsp;<a href="attachment.php?aid=11" target="_blank" title="">estetica bar.jpg</a> (Tamaño: 113.68 KB / Descargas: 7)
<!-- end: postbit_attachments_attachment -->
				</div>
			</div></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado][Fic] Parte 4. Paraíso]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=232</link>
			<pubDate>Sat, 02 Sep 2023 08:51:16 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=34">Triana Tempesta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=232</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 6 años</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ya llevaba tres años estudiando medicina. Desde que descubrí la enfermedad de Bart, se había convertido en mi prioridad, la cual, por primera vez en mi vida, no era contentar a mi madre ni llamar la atención de mi hermano. Además, mi madre había desistido con mis clases de tiro, así que me había podido centrar en mis entrenamientos con la espada. Nunca me había sentido tan feliz pudiendo hacer lo que me gustaba, aunque la enfermedad de Bart arruinaba bastante esa sensación. Había leído muchos libros, había preguntado a varios médicos y me había pasado horas pensando e investigando, pero todavía no tenía claro qué era lo que le ocurría. Por lo menos, había conseguido comprender mínimamente aquella enfermedad y le había conseguido una medicina que parecía que le servía, por el momento, para suavizar los síntomas. <br />
<br />
Durante estos tres años me había dedicado casi por completo a estas actividades, pero había algo más, algo que no le había contado a nadie. Por todas las historias que Bart me había contado, era evidente que lo único que le haría feliz en este momento sería reunirse con su tripulación, sin embargo, el miedo a conocer la verdad le impedía averiguar qué había sido de ellos. Sabía que no le gustaría nada lo que estaba haciendo, pero se lo debía. Y la curiosidad me estaba matando. Como conocía la fecha y el lugar del altercado del que me habló y en el que perdió a su banda, gracias a una noticia de la época conseguí saber que solo los miembros de una banda pirata fueron encarcelados, pero no era la de Bart. Estuve leyendo más noticias y preguntando para intentar averiguar algo más. Por el momento, no había encontrado nada más. Nadie había vuelto a oír hablar de los Piratas Black. Lo más probable era que se hubiesen disuelto y que resultasen imposibles de localizar, así que había perdido la esperanza. <br />
<br />
Un día, aburrida en mi habitación, decidí escribir una historia sobre un famoso capitán pirata llamado Black Bert aficionado a los puros, un enfrentamiento, la misteriosa desaparición del capitán y la búsqueda de su tripulación, ahora comandados por el segundo al mando, el gyojin navegante Calamardo. Bart me había contado que su segundo al mando era un gyojin calamar, no había estado muy imaginativa ni inspirada en aquella historia, pero era algo entretenida. Para mi gusto, faltaba drama y mujeres, pero no quería adornarla demasiado hasta el punto de que fuese irreconocible. Tal vez me metiese en un lío, pero nadie me podía acusar de nada por una historia. Siempre podía decir aquello de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Cuando la terminé, la firmé con mi nombre y la envié a una revista en la que se solían publicar relatos cortos para el entretenimiento de la gente. Era lo menos que podía hacer por Bart, me daba rabia que su historia acabase cayendo en el olvido y yo fuese la última y única en recordarle. Meses después ya no recordaba lo del relato, continué entrenando y estudiando, mi rutina habitual. Un día, el den den mushi de la casa sonó. No había nadie en casa y todavía no había llegado mi profesor, así que fui hacia la entrada para descolgarlo convencida de que sería para mi madre o mi hermano.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Sí?</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">… ¿Vive ahí Triana Tempesta?</span> —preguntó una voz de hombre algo ronca que no se escuchaba demasiado bien. Parecía que había un sonido de fondo que no me permitía escuchar con total claridad.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Sí. Soy yo. ¿Qué ocurre?</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Solo quería felicitarte por tu historia, somos un grupo de admiradores. </span><br />
<br />
Me quedé un rato en silencio extrañada. Al principio ni recordaba de qué historia estaba hablando, pero cuando caí en la cuenta dudé todavía más de aquello. Se trataba de una historieta simple enviada a una revista de tres al cuarto cuyas lectoras eran, en su mayoría mujeres desesperadas. No comprendía demasiadas cosas, cómo eso había podido haber juntado a más de un fan, cómo habían conseguido llamarme a casa y, lo peor del todo, la voz del tipo era realmente siniestra. Más que un admirador tenía pinta de timador o secuestrador de niñas, tal vez fuera eso lo que pretendía.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Gracias </span></span>—respondí secamente dispuesta a colgar cuando caí en la cuenta de que podía aprovechar la situación para destapar a ese hombre y a su banda criminal. Seguro que tenía una, porque también se oían más voces de fondo. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿De dónde sois?</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Somos de un lugar que seguro que te suena. Creo que tienes un amigo que es de aquí. Montecristo. Es un lugar precioso, aunque suele haber mucha niebla.<br />
</span><br />
Nada más escuchar aquel nombre se me vino Bar a la cabeza. Era su marca de puros favorita y no me sonaba que ningún lugar tuviese ese nombre. Además, el hombre había dicho que tenía un amigo que procedía de allí. Estaba convencida de que no había escrito nada relativo a los puros en mi historia, era imposible que esos supuestos fans conociesen algo así. Tenía que ser una casualidad, pero tampoco podía quitarme de la cabeza su comentario sobre la niebla.<br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Siento si te hemos molestado. Solo queríamos decirte que nos ha encantado la historia y que la leímos juntos en nuestro club de lectura, se llama Romeo y Julieta. ¿Te gusta el nombre? Seguro que a tu amigo también le gusta. Es un fenómeno, cualquiera que lo conozca diría que podría ser el rey del mundo.</span><br />
<br />
De nuevo, me lanzó otros mensajes que me recordaban a Bart: dos nuevas marcas de puros que solía fumar. Eso y la forma tan extraña de expresarse terminaron de convencerme de que esa gente conocía a Bart y trataban de decirme algo, pero no entendía qué era. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">No molestáis. ¿De qué conocéis a mi amigo? Parecéis muy cercanos.<br />
</span></span><br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Ah, es un viejo amigo. Yo solo soy un simple escritor, en lugar de sangre parece que corre tinta por mis venas, yehehehe. Tengo aquí a otros amigos, una mujer a la que le convendría ponerse a dieta y otro hombre más ciego que un topo, pero en realidad somos como cincuenta personas. <br />
</span><br />
No me lo podía creer. Dudaba que aquello fuese una especie de trampa, por lo visto sabían cómo encontrarme, si querían sacarme información no tenían más que venir a por mí o dejar de dar tantas vueltas en sus mensajes. En cambio, parecían bastante recelosos, dándome las pistas justas para que captase su mensaje. A medida que hablaba no dejaba de recordar las historias de Bart sobre su tripulación, pero todavía dudaba de si, acaso, mi cabeza me estaría jugando una mala pasada para hacerme pensar lo que quería creer. ¿Podría ser que aquel hombre tras el den den mushi fuese el segundo al mando de Bart, el calamar navegante? Los otros dos que había mencionado podían ser Fat Betty y John el tuerto. Conocía todas sus historias. Antes de dejarme llevar tenía que asegurarme para no ponernos en peligro. <br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">¿Podrías… darle recuerdos de nuestra parte? </span>—me preguntó antes de que pudiese contestarle. <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Claro. ¿Queréis que le mande algún mensaje?</span></span> —respondí sin pensar demasiado en lo que estaba haciendo. Sabía que no debería, pero si eran ellos no podía mandar solo un saludo. Tenía que hacer algo más, conseguir sacar a Bart de aquí.<br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">¿Podrías decirle que siempre le hemos buscado?<br />
</span><br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Se lo podéis decir vosotros. ¿Podéis llamar mañana por la mañana a la misma hora?</span></span><br />
<br />
Tras un largo silencio, obtuve respuesta. —No sé si es buena idea.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Solo es una llamada. Con un segundo de llamada bastará para que veáis que podéis mandar el mensaje vosotros mismos.</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Con quién estás hablando?</span> —la voz de mi hermano resonó a mi espalda por toda la casa. Colgué el den den mushi al instante y me giré rápidamente. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">A ti qué te importa. Con una amiga</span></span> —respondí para que me dejase en paz lo antes posible. No sabía cuánto habría escuchado, pero estaba segura de que no había dicho nada comprometedor. Sabía que podía estar tranquila y, sin embargo, su mirada inquisitoria conseguía ponerme de los nervios. Sin decir nada más me fui hacia mi cuarto para encerrarme y no tener que verle más el tiempo que estuviese en casa. Aparenté normalidad hasta que llegó la tarde y me marché para ver a Bart y llevarle su medicina, pero no le conté nada de la llamada. No quería hacerle ilusiones, no sabía si llamarían mañana o, ni siquiera, si eran quienes yo pensaba. <br />
<br />
Al día siguiente continué con la rutina. Esperé a que mi madre y mi hermano se fuesen de casa para coger el den den mushi, guardarlo en un bolso grande y salir hacia la cueva de Bart. Cuando llegué ya no me quedó más remedio que contarle todo. En su rostro pude ver reflejado el enfado y la duda, pero también el alivio y la alegría. Lo único que me preocupaba era que el den den mushi no volviese a sonar, lo cual era lo más probable. Sin embargo, a Bart no parecía importarle demasiado, con que existiese la posibilidad de que su banda estuviese con vida y en libertad le bastaba. Repentinamente, un sonido procedente del caracol hizo que pegase un bote. Descolgué de inmediato. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Sí?</span></span> —la voz al otro lado no se hizo esperar. —<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">¿Triana?</span> —preguntó el mismo hombre que ayer. En ese momento, el rostro de Bart cambió por completo. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Kosei?</span> —dijo refiriéndose a aquella voz. No me lo podía creer, eso solo podía significar que los habíamos encontrado. O, más bien, ellos a nosotros. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡CAPITÁN!</span> —las voces de decenas de personas resonaron por el caracol y Bart comenzó a llorar y reír al mismo tiempo. La felicidad también se me contagió, pero no duró demasiado tiempo. Por lo menos ambas partes de la banda sabían que la otra continuaba con vida, pero su reencuentro era improbable. Si los piratas se acercaban a la isla serían detenidos y Bart no podía viajar solo. Mientras ellos rememoraban viejos tiempos y se ponían al día, yo no podía dejar de pensar en cómo solucionar aquello, hasta que tuve una idea. <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tenéis que venir a por él</span></span> —les dije a través del caracol. Todos se quedaron en silencio, lo cual aproveché para explicarme mejor. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tiene que ser dentro de un mes, hay fiestas y la gente y los marines no estarán tan pendientes, pero no podéis venir por el puerto principal, sino por la zona oeste. Ocultad vuestra bandera y esconded el barco en esa zona de la isla, Bart irá y os marcharéis en silencio y sin que nadie se entere</span></span> —pronuncié apresuradamente, esperando que pudiesen llevar la tarea a cabo. Bart me miró, incrédulo, pero asintió con la cabeza. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Estás segura?</span> —me preguntó. Le respondí de la misma forma, moviendo la cabeza de arriba debajo de forma enérgica. Ninguno de ellos parecía convencido, a pesar de la alegría que supondría un reencuentro entre ambas partes. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Hacedme caso. La banda de los piratas Black estará pronto unida.</span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 6 años</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ya llevaba tres años estudiando medicina. Desde que descubrí la enfermedad de Bart, se había convertido en mi prioridad, la cual, por primera vez en mi vida, no era contentar a mi madre ni llamar la atención de mi hermano. Además, mi madre había desistido con mis clases de tiro, así que me había podido centrar en mis entrenamientos con la espada. Nunca me había sentido tan feliz pudiendo hacer lo que me gustaba, aunque la enfermedad de Bart arruinaba bastante esa sensación. Había leído muchos libros, había preguntado a varios médicos y me había pasado horas pensando e investigando, pero todavía no tenía claro qué era lo que le ocurría. Por lo menos, había conseguido comprender mínimamente aquella enfermedad y le había conseguido una medicina que parecía que le servía, por el momento, para suavizar los síntomas. <br />
<br />
Durante estos tres años me había dedicado casi por completo a estas actividades, pero había algo más, algo que no le había contado a nadie. Por todas las historias que Bart me había contado, era evidente que lo único que le haría feliz en este momento sería reunirse con su tripulación, sin embargo, el miedo a conocer la verdad le impedía averiguar qué había sido de ellos. Sabía que no le gustaría nada lo que estaba haciendo, pero se lo debía. Y la curiosidad me estaba matando. Como conocía la fecha y el lugar del altercado del que me habló y en el que perdió a su banda, gracias a una noticia de la época conseguí saber que solo los miembros de una banda pirata fueron encarcelados, pero no era la de Bart. Estuve leyendo más noticias y preguntando para intentar averiguar algo más. Por el momento, no había encontrado nada más. Nadie había vuelto a oír hablar de los Piratas Black. Lo más probable era que se hubiesen disuelto y que resultasen imposibles de localizar, así que había perdido la esperanza. <br />
<br />
Un día, aburrida en mi habitación, decidí escribir una historia sobre un famoso capitán pirata llamado Black Bert aficionado a los puros, un enfrentamiento, la misteriosa desaparición del capitán y la búsqueda de su tripulación, ahora comandados por el segundo al mando, el gyojin navegante Calamardo. Bart me había contado que su segundo al mando era un gyojin calamar, no había estado muy imaginativa ni inspirada en aquella historia, pero era algo entretenida. Para mi gusto, faltaba drama y mujeres, pero no quería adornarla demasiado hasta el punto de que fuese irreconocible. Tal vez me metiese en un lío, pero nadie me podía acusar de nada por una historia. Siempre podía decir aquello de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Cuando la terminé, la firmé con mi nombre y la envié a una revista en la que se solían publicar relatos cortos para el entretenimiento de la gente. Era lo menos que podía hacer por Bart, me daba rabia que su historia acabase cayendo en el olvido y yo fuese la última y única en recordarle. Meses después ya no recordaba lo del relato, continué entrenando y estudiando, mi rutina habitual. Un día, el den den mushi de la casa sonó. No había nadie en casa y todavía no había llegado mi profesor, así que fui hacia la entrada para descolgarlo convencida de que sería para mi madre o mi hermano.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Sí?</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">… ¿Vive ahí Triana Tempesta?</span> —preguntó una voz de hombre algo ronca que no se escuchaba demasiado bien. Parecía que había un sonido de fondo que no me permitía escuchar con total claridad.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Sí. Soy yo. ¿Qué ocurre?</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Solo quería felicitarte por tu historia, somos un grupo de admiradores. </span><br />
<br />
Me quedé un rato en silencio extrañada. Al principio ni recordaba de qué historia estaba hablando, pero cuando caí en la cuenta dudé todavía más de aquello. Se trataba de una historieta simple enviada a una revista de tres al cuarto cuyas lectoras eran, en su mayoría mujeres desesperadas. No comprendía demasiadas cosas, cómo eso había podido haber juntado a más de un fan, cómo habían conseguido llamarme a casa y, lo peor del todo, la voz del tipo era realmente siniestra. Más que un admirador tenía pinta de timador o secuestrador de niñas, tal vez fuera eso lo que pretendía.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Gracias </span></span>—respondí secamente dispuesta a colgar cuando caí en la cuenta de que podía aprovechar la situación para destapar a ese hombre y a su banda criminal. Seguro que tenía una, porque también se oían más voces de fondo. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿De dónde sois?</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Somos de un lugar que seguro que te suena. Creo que tienes un amigo que es de aquí. Montecristo. Es un lugar precioso, aunque suele haber mucha niebla.<br />
</span><br />
Nada más escuchar aquel nombre se me vino Bar a la cabeza. Era su marca de puros favorita y no me sonaba que ningún lugar tuviese ese nombre. Además, el hombre había dicho que tenía un amigo que procedía de allí. Estaba convencida de que no había escrito nada relativo a los puros en mi historia, era imposible que esos supuestos fans conociesen algo así. Tenía que ser una casualidad, pero tampoco podía quitarme de la cabeza su comentario sobre la niebla.<br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Siento si te hemos molestado. Solo queríamos decirte que nos ha encantado la historia y que la leímos juntos en nuestro club de lectura, se llama Romeo y Julieta. ¿Te gusta el nombre? Seguro que a tu amigo también le gusta. Es un fenómeno, cualquiera que lo conozca diría que podría ser el rey del mundo.</span><br />
<br />
De nuevo, me lanzó otros mensajes que me recordaban a Bart: dos nuevas marcas de puros que solía fumar. Eso y la forma tan extraña de expresarse terminaron de convencerme de que esa gente conocía a Bart y trataban de decirme algo, pero no entendía qué era. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">No molestáis. ¿De qué conocéis a mi amigo? Parecéis muy cercanos.<br />
</span></span><br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Ah, es un viejo amigo. Yo solo soy un simple escritor, en lugar de sangre parece que corre tinta por mis venas, yehehehe. Tengo aquí a otros amigos, una mujer a la que le convendría ponerse a dieta y otro hombre más ciego que un topo, pero en realidad somos como cincuenta personas. <br />
</span><br />
No me lo podía creer. Dudaba que aquello fuese una especie de trampa, por lo visto sabían cómo encontrarme, si querían sacarme información no tenían más que venir a por mí o dejar de dar tantas vueltas en sus mensajes. En cambio, parecían bastante recelosos, dándome las pistas justas para que captase su mensaje. A medida que hablaba no dejaba de recordar las historias de Bart sobre su tripulación, pero todavía dudaba de si, acaso, mi cabeza me estaría jugando una mala pasada para hacerme pensar lo que quería creer. ¿Podría ser que aquel hombre tras el den den mushi fuese el segundo al mando de Bart, el calamar navegante? Los otros dos que había mencionado podían ser Fat Betty y John el tuerto. Conocía todas sus historias. Antes de dejarme llevar tenía que asegurarme para no ponernos en peligro. <br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">¿Podrías… darle recuerdos de nuestra parte? </span>—me preguntó antes de que pudiese contestarle. <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Claro. ¿Queréis que le mande algún mensaje?</span></span> —respondí sin pensar demasiado en lo que estaba haciendo. Sabía que no debería, pero si eran ellos no podía mandar solo un saludo. Tenía que hacer algo más, conseguir sacar a Bart de aquí.<br />
<br />
—<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">¿Podrías decirle que siempre le hemos buscado?<br />
</span><br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Se lo podéis decir vosotros. ¿Podéis llamar mañana por la mañana a la misma hora?</span></span><br />
<br />
Tras un largo silencio, obtuve respuesta. —No sé si es buena idea.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Solo es una llamada. Con un segundo de llamada bastará para que veáis que podéis mandar el mensaje vosotros mismos.</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Con quién estás hablando?</span> —la voz de mi hermano resonó a mi espalda por toda la casa. Colgué el den den mushi al instante y me giré rápidamente. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">A ti qué te importa. Con una amiga</span></span> —respondí para que me dejase en paz lo antes posible. No sabía cuánto habría escuchado, pero estaba segura de que no había dicho nada comprometedor. Sabía que podía estar tranquila y, sin embargo, su mirada inquisitoria conseguía ponerme de los nervios. Sin decir nada más me fui hacia mi cuarto para encerrarme y no tener que verle más el tiempo que estuviese en casa. Aparenté normalidad hasta que llegó la tarde y me marché para ver a Bart y llevarle su medicina, pero no le conté nada de la llamada. No quería hacerle ilusiones, no sabía si llamarían mañana o, ni siquiera, si eran quienes yo pensaba. <br />
<br />
Al día siguiente continué con la rutina. Esperé a que mi madre y mi hermano se fuesen de casa para coger el den den mushi, guardarlo en un bolso grande y salir hacia la cueva de Bart. Cuando llegué ya no me quedó más remedio que contarle todo. En su rostro pude ver reflejado el enfado y la duda, pero también el alivio y la alegría. Lo único que me preocupaba era que el den den mushi no volviese a sonar, lo cual era lo más probable. Sin embargo, a Bart no parecía importarle demasiado, con que existiese la posibilidad de que su banda estuviese con vida y en libertad le bastaba. Repentinamente, un sonido procedente del caracol hizo que pegase un bote. Descolgué de inmediato. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Sí?</span></span> —la voz al otro lado no se hizo esperar. —<span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">¿Triana?</span> —preguntó el mismo hombre que ayer. En ese momento, el rostro de Bart cambió por completo. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Kosei?</span> —dijo refiriéndose a aquella voz. No me lo podía creer, eso solo podía significar que los habíamos encontrado. O, más bien, ellos a nosotros. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡CAPITÁN!</span> —las voces de decenas de personas resonaron por el caracol y Bart comenzó a llorar y reír al mismo tiempo. La felicidad también se me contagió, pero no duró demasiado tiempo. Por lo menos ambas partes de la banda sabían que la otra continuaba con vida, pero su reencuentro era improbable. Si los piratas se acercaban a la isla serían detenidos y Bart no podía viajar solo. Mientras ellos rememoraban viejos tiempos y se ponían al día, yo no podía dejar de pensar en cómo solucionar aquello, hasta que tuve una idea. <br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tenéis que venir a por él</span></span> —les dije a través del caracol. Todos se quedaron en silencio, lo cual aproveché para explicarme mejor. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tiene que ser dentro de un mes, hay fiestas y la gente y los marines no estarán tan pendientes, pero no podéis venir por el puerto principal, sino por la zona oeste. Ocultad vuestra bandera y esconded el barco en esa zona de la isla, Bart irá y os marcharéis en silencio y sin que nadie se entere</span></span> —pronuncié apresuradamente, esperando que pudiesen llevar la tarea a cabo. Bart me miró, incrédulo, pero asintió con la cabeza. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Estás segura?</span> —me preguntó. Le respondí de la misma forma, moviendo la cabeza de arriba debajo de forma enérgica. Ninguno de ellos parecía convencido, a pesar de la alegría que supondría un reencuentro entre ambas partes. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Hacedme caso. La banda de los piratas Black estará pronto unida.</span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Absoluto] El Primero de Muchos [Aventura T1]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=171</link>
			<pubDate>Thu, 17 Aug 2023 13:48:39 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=49">Kurowashi Sephiroth</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=171</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Primavera del año 11, Día 7</span></span><br />
<br />
   <span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kurowashi se despertó contento esa mañana. La noche anterior había refrescado, debido a la tormenta que asoló la isla, lo que le permitió descansar mejor de lo que lo había estado haciendo hasta entonces. Pero realmente la razón de su dicha era otra... Por fin, tras muchas jornadas de entrenamiento y duras tareas, disfrutaba de un día de permiso.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">  Así pues, con buen ánimo, se incorporó de la cama y abrochó los pantalones, ató los cordones de sus botas y seguidamente se colocó su preciada gabardina azul. Por último, ajustó los guantes de cuero a sus fuertes manos. Ya estaba listo y aunque llevaba con orgullo el uniforme, soñaba con poder usar pronto la ropa con la que él se vestía a diario, esto era algo reservado para los altos mandos, pero anhelaba lucir la capa de oficial por encima de sus ropajes.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Cuando ya se disponía a salir de la alcoba, de repente, notó que no llevaba encima lo más importante de todo, su katana Masamune, no se sentía seguro si no la portaba consigo, por lo que dio media vuelta y la retiró del soporte que estaba colocado justo sobre la cabecera de su cama.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Ya en el exterior de la base alzó sus brazos y respiró el aroma del ambiente, pues le encantaba el olor a césped húmedo por la lluvia. Y tras tomar esa bocanada fresca de aire fresco, continuó su camino. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">    </span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No sabía a dónde ir, "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">era demasiado pronto</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> para visitar alguna taberna</span>" pensó.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Eso podría dar la equivocada impresión de que tenía un problema con el alcohol. Le gustaba d</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">isfrutar del calor y el sabor de un buen sake, deslizándose por su garganta, pero siempre que tuviese a alguien con quien alzar su copa.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">   La calle principal estaba repleta de gente. Los puestos comenzaban a levantar el cierre, ofreciendo los mejores de sus productos y ofertas; intentando llamar la atención de todo aquel que pasara por delante de su comercio.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">  A Kurowashi realmente le entusiasmaba su lugar de destino ya que la gente era o parecía ser feliz y llevar una vida tranquila, todo lo tranquila que se puede al contar con la seguridad que otorga una base de la Marina y la protección natural de la propia isla. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    De repente, Sephiroth se detuvo y dejando caer su diestra mano cerrada sobre la palma de su siniestra, se preguntó "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por qué no se me ocurrió antes?</span>" </span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Tiempo atrás, mientras buscaba una localización donde realizar sus entrenamientos nocturnos, había encontrado un pequeño saliente situado al oeste de la isla, cercano al puerto, en donde se encontraba un pequeño árbol creciendo de la roca y el césped. Era un lugar perfecto para tumbarse y disfrutar tranquilamente de la brisa marina.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">    </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">   </span><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> Después de quince minutos andando y mientras pensaba en sus cosas, llegó al emplazamiento. Dejó con delicadeza su preciada katana sobre el suelo, a la sombra del frondoso árbol y colocando su mano en el césped, exclamó</span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">    <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Esto sí es paz! </span>Sus ojos se iluminaron al contemplar el paisaje. Era la primera vez en mucho tiempo que podía disfrutar de unas vistas como esas, el ancho mar mezclándose en el horizonte con el azul del cielo, el aroma salitre, el sonido de las olas al romper contra las rocas del acantilado, la brizna moviendo la copa del árbol, las gaviotas graznando y revoloteando alrededor de los barcos pesqueros amarrados en los yunques del puerto... Todo era, sencillamente, perfecto. </span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">   </span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">    Y entonces percibió un velero echando anclas. Como toda isla, dependía en gran parte del comercio, montones de barcos llegaban a la isla con regularidad, pero nunca uno de semejante tamaño. </span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Por lo general,</span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> si eran de ese calibre, se trataban de barcos con banderas piratas y lo cierto es que no se veían con mucha frecuencia, ya que pocos eran los que se atrevían a seguir una ruta que estuviese a menos de cien millas la isla, o barcos de la Marina.</span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">    "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Qué extraño que no tenga bandera</span>" musitó al tiempo que recordaba no estar de servicio. Pero más tarde preguntaría por él en el puerto. Probablemente, solo se tratase de uno de esos ricachones que hace una parada en su viaje en busca de provisiones y después continua su camino.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> Kurowashi había escogido precisamente ese lugar por la tranquilidad que otorgaba y no quería perturbarla y ponerse a sospechar de cada navío que rondara estas aguas. </span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Había dejado atrás ese tiempo en el que a cada paso debía andar con cautela, observar y cuestionarse de todo. Ahora estaba en un lugar seguro, él mismo proporcionaba esa seguridad.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> Una vez pudo desviar su atención del navío, fue capaz de relajarse. El viento mecía su pelirrojo y largo cabello, los haces de luz invadían la sombra creada por el árbol. Alzó sus brazos para reposar la cabeza sobre sus manos y recostándose sobre el tronco, se fundió con ese pequeño paraíso y adormeció.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">     -<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Ah!</span><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color"> ¡Socorro! </span></span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">       </span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Primavera del año 11, Día 7</span></span><br />
<br />
   <span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kurowashi se despertó contento esa mañana. La noche anterior había refrescado, debido a la tormenta que asoló la isla, lo que le permitió descansar mejor de lo que lo había estado haciendo hasta entonces. Pero realmente la razón de su dicha era otra... Por fin, tras muchas jornadas de entrenamiento y duras tareas, disfrutaba de un día de permiso.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">  Así pues, con buen ánimo, se incorporó de la cama y abrochó los pantalones, ató los cordones de sus botas y seguidamente se colocó su preciada gabardina azul. Por último, ajustó los guantes de cuero a sus fuertes manos. Ya estaba listo y aunque llevaba con orgullo el uniforme, soñaba con poder usar pronto la ropa con la que él se vestía a diario, esto era algo reservado para los altos mandos, pero anhelaba lucir la capa de oficial por encima de sus ropajes.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Cuando ya se disponía a salir de la alcoba, de repente, notó que no llevaba encima lo más importante de todo, su katana Masamune, no se sentía seguro si no la portaba consigo, por lo que dio media vuelta y la retiró del soporte que estaba colocado justo sobre la cabecera de su cama.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Ya en el exterior de la base alzó sus brazos y respiró el aroma del ambiente, pues le encantaba el olor a césped húmedo por la lluvia. Y tras tomar esa bocanada fresca de aire fresco, continuó su camino. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">    </span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No sabía a dónde ir, "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">era demasiado pronto</span></span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> para visitar alguna taberna</span>" pensó.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Eso podría dar la equivocada impresión de que tenía un problema con el alcohol. Le gustaba d</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">isfrutar del calor y el sabor de un buen sake, deslizándose por su garganta, pero siempre que tuviese a alguien con quien alzar su copa.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">   La calle principal estaba repleta de gente. Los puestos comenzaban a levantar el cierre, ofreciendo los mejores de sus productos y ofertas; intentando llamar la atención de todo aquel que pasara por delante de su comercio.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">  A Kurowashi realmente le entusiasmaba su lugar de destino ya que la gente era o parecía ser feliz y llevar una vida tranquila, todo lo tranquila que se puede al contar con la seguridad que otorga una base de la Marina y la protección natural de la propia isla. </span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    De repente, Sephiroth se detuvo y dejando caer su diestra mano cerrada sobre la palma de su siniestra, se preguntó "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por qué no se me ocurrió antes?</span>" </span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Tiempo atrás, mientras buscaba una localización donde realizar sus entrenamientos nocturnos, había encontrado un pequeño saliente situado al oeste de la isla, cercano al puerto, en donde se encontraba un pequeño árbol creciendo de la roca y el césped. Era un lugar perfecto para tumbarse y disfrutar tranquilamente de la brisa marina.</span></span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">    </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">   </span><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> Después de quince minutos andando y mientras pensaba en sus cosas, llegó al emplazamiento. Dejó con delicadeza su preciada katana sobre el suelo, a la sombra del frondoso árbol y colocando su mano en el césped, exclamó</span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">    <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Esto sí es paz! </span>Sus ojos se iluminaron al contemplar el paisaje. Era la primera vez en mucho tiempo que podía disfrutar de unas vistas como esas, el ancho mar mezclándose en el horizonte con el azul del cielo, el aroma salitre, el sonido de las olas al romper contra las rocas del acantilado, la brizna moviendo la copa del árbol, las gaviotas graznando y revoloteando alrededor de los barcos pesqueros amarrados en los yunques del puerto... Todo era, sencillamente, perfecto. </span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">   </span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">    Y entonces percibió un velero echando anclas. Como toda isla, dependía en gran parte del comercio, montones de barcos llegaban a la isla con regularidad, pero nunca uno de semejante tamaño. </span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Por lo general,</span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> si eran de ese calibre, se trataban de barcos con banderas piratas y lo cierto es que no se veían con mucha frecuencia, ya que pocos eran los que se atrevían a seguir una ruta que estuviese a menos de cien millas la isla, o barcos de la Marina.</span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">    "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Qué extraño que no tenga bandera</span>" musitó al tiempo que recordaba no estar de servicio. Pero más tarde preguntaría por él en el puerto. Probablemente, solo se tratase de uno de esos ricachones que hace una parada en su viaje en busca de provisiones y después continua su camino.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> Kurowashi había escogido precisamente ese lugar por la tranquilidad que otorgaba y no quería perturbarla y ponerse a sospechar de cada navío que rondara estas aguas. </span></span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Había dejado atrás ese tiempo en el que a cada paso debía andar con cautela, observar y cuestionarse de todo. Ahora estaba en un lugar seguro, él mismo proporcionaba esa seguridad.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> Una vez pudo desviar su atención del navío, fue capaz de relajarse. El viento mecía su pelirrojo y largo cabello, los haces de luz invadían la sombra creada por el árbol. Alzó sus brazos para reposar la cabeza sobre sus manos y recostándose sobre el tronco, se fundió con ese pequeño paraíso y adormeció.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">     -<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">¡Ah!</span><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color"> ¡Socorro! </span></span></span></span><br />
<span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">       </span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado][Fic] Parte 3. Redención]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=168</link>
			<pubDate>Thu, 17 Aug 2023 06:52:46 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=34">Triana Tempesta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=168</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 9 años.</span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Justo hoy se cumplía dos años. Hacía dos años que no bebía. Dos años desde que había conocido a Bart. No parecía demasiado tiempo, pero estos dos años habían dado para mucho. No sabía cómo, pero ese hombre había conseguido engatusarme poco a poco. Comenzó mandándome tanto trabajo que, entre eso y tener que ocultárselo a mi madre apenas tenía tiempo para pensar en conseguir botellas para beber. Además, con los puros que me regalaba iba paliando esa necesidad de alcohol. Después, a pesar de haberle repetido en numerosas ocasiones que era una inútil incapaz de que mis entrenamientos diesen sus frutos, se había empeñado en hacerme entrenar con él para poder mantenerse en forma, ya que no podía practicar con nadie. Actualmente, era a lo único a lo que nos dedicábamos. Ya no me hacía ir de un lado, ahora tan solo nos veíamos a las afueras de la cueva para llevar a cabo estos entrenamientos. Gracias a ellos había descubierto que lo mío no eran las armas de fuego, aprender a combatir con katanas era completamente diferente, un soplo de aire fresco tras años de frustración tratando de aprender a utilizar un arma con la misma soltura con la que lo hacían mi padre y mi hermano. Esto era algo mío, no tenía a nadie con el que compararme. Además, hiciera como lo hiciese no parecía que fuese posible decepcionar a Bart. De esta forma, cada vez iba progresando un poco más, aunque todavía me quedaba bastante para aprender a utilizas las dos espadas, tal y como él hacía.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Aquel día acudí a la misma hora de siempre. Fui puntual, pero no vi a Bart de pie en el camino, como era habitual. Continué caminando hasta la cueva y le encontré. Estaba sentado en el suelo tosiendo sin cesar y tapándose la boca. Corrí hacia él y me tiré a su lado para averiguar qué estaba pasando. No parecía herido, pero entre los dedos de la mano con la que se tapaba la boca se deslizaban finos regueros de sangre. Antes de que pudiese decir nada Bart intentó tranquilizarme. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No pasa nada. Aunque no lo parezca estoy bien</span> —consiguió mascullar entre toses—. <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ya ves. He masticado algo duro me he hecho daño en la boca y me he atragantado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fruncí el ceño sin creerme esa historia. Aparté su mano y apreté sus mejillas para obligarle a abrir la boca. No se quejó, así que no parecía que tuviese una herida, además, no tenía sangre en los dientes. Bart apartó la cabeza hacia un lado y empujó mi brazo para alejarme. —<span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡No me mientas! ¡¿Qué mierda es esto?! ¿Qué ha pasado?</span></span> —pasé del enfado a la duda en un segundo. De momento lo importante era saber cómo solucionar el problema y para eso necesitaba que Bart fuese sincero. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Joder, ¿ahora eres mi madre? Te he dicho que no pasa nada</span> —contestó ya sin apenas toser y mientas se ponía en pie con algo de dificultad. No me había dado cuenta hasta ahora, cuando nos conocimos le llegaba a la altura de los hombros, pero ahora ya teníamos la misma estatura. Sabía de lo que era capaz ese hombre, en un abrir y cerrar de ojos podría hacerme rebanadas, pero ahora mismo tan solo parecía una persona mayor bastante frágil. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Dime ahora mismo qué está pasando o me largo de aquí y no vuelves a verme más. Lo digo muy en serio. No volveré.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Mi amenaza debió parecerle graciosa, porque comenzó a reír de tal forma que la tos regresó. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Lo sé. Sé que lo harías…</span> —su risa se fue apagando, al igual que su voz. Volvió a sentarse con cuidado y me hizo un gesto para que me sentase a su lado. Le hice caso y esperé en silencio hasta que volvió a hablar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Estoy enfermo y no hay solución. Pero no tienes que preocuparte, ya no soy joven. Además, tampoco merezco que sientas lástima por mí. Hay cosas de mi vida que no conoces y, tal vez si las conocieras, no querrías seguir viniendo a hacerme compañía. Eso en el mejor de los casos, porque es posible que hasta acabe entre rejas. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No estaba prestando mucha atención a las palabras que dijo después de lo de que estaba enfermo. La primera vez que le conocí estaba enfrentándose a unos marines, no era ninguna sorpresa que había tenido sus enfrentamientos con la ley, además, yo tampoco había sido del todo sincera con él respecto a mi familia. Lo que no me esperaba era lo de su enfermedad. —<span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No puede ser. ¿Cómo no va a tener solución? Seguro que nunca has ido a un médico, nunca pisas la ciudad. Eres un cabezota. Yo puedo llevarte a un médico, el de mi familia es muy bueno y… y si no podemos encontrar otro. Será por médicos. Hasta puedo hacer que uno venga hasta aquí y…</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Para ya. No voy a ir a ningún médico. Nadie puede verme. ¿Acaso tú atenderías a un pirata moribundo? ¿No preferirías ir a entregarle por su recompensa? Supongo que te lo tendría que haber dicho antes, pero ahora que ya no me queda mucho tiempo todo da igual. ¿Por qué no te largas a contárselo a tu madre? Seguro que se alegra mucho de que hayas encontrado a un pirata fugado de la justicia y no un pirata cualquiera. El gran capitán Black Bart. Yahahaha</span> —su risa resonó con fuerza, pero no transmitía felicidad, sino una tristeza inmensa. Lo que decía no tenía sentido, a lo mejor estaba delirando por la enfermedad, pero, ¿cómo sabía lo de mi madre? —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Sé lo que estás pensando y no estoy loco. Sé desde hace tiempo quién eres, no soy idiota y todo lo que te he dicho es verdad. ¿Por qué no vas al cuartel de la marina y preguntas por mí? Seguro que todavía hay por ahí un cartel viejo con mi cara. Anda. ¡Vete! Y no vuelvas hasta traer a todo el cuartel de marina contigo. YAHAHAHA.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Todavía no sabía si creerme lo que estaba diciendo, pero había conseguido enfadarme. Me di la vuelta y comencé a correr mientras su risa iba apagándose cada vez más por la distancia. Si esto era una mentira para librarse de mí pensaba volver y llevarle a rastras a ver a un médico. Tenía razón, su historia era muy fácil de comprobar y ni siquiera tenía que ir a ningún cuartel. Entré en la casa y me dirigí al despacho de mi madre. No solía entrar ahí, pero sabía que guardaba todos los wanteds que llegaban al cuartel. Abrí los cajones de su escritorio y empecé a sacarlos. Los papeles se amontonaban encima del escritorio de forma caótica, yo pasaba la mano por encima para apartar los de arriba y ver los que habían quedado bajo, buscando su cara. Cada vez que abría un nuevo cajón sacaba nuevos carteles de piratas, lo que dejaba a relucir la obsesión de mi madre. Bajo un cartel de un pirata desdentado vi otro sobresaliendo en el que se podía leer un nombre: Black Bart. Aparté el de la parte de arriba de un manotazo. Ahí estaba, justo delante de mí, el wanted del capitán pirata Black Bart, con la imagen de un joven Bartholomew Roberts. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Durante un par de días no pude comer ni dormir. Estaba tirada en la cama y no podía dejar de pensar. ¿Por qué ese pirata me había ayudado? ¿Por qué no me había dicho nada hasta ahora? Tanto tiempo viviendo en las sombras y ahora parecía que quería entregarse. ¿Cuántos delitos habría cometido? ¿A cuántas personas habría matado? Nunca le había visto hacer daño a ninguna persona, incluso parecía llevarse bien con algunas de la ciudad. Sabía quién era mi madre y, a pesar de ello, había seguido entrenando conmigo. Demasiadas preguntas sin respuesta y, si Bart era encerrado o moría, me iba a quedar para siempre con la duda. Al final, no sabía lo que había hecho como pirata, pero sabía lo que había hecho por mí. Iba de duro, fingía que actuaba por interés, pero siempre acababa prestando su ayuda. ¿Qué debía hacer? ¿Existía una respuesta correcta? A lo mejor ya era tarde.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Salté de la cama y salí corriendo de la habitación para ir hacia la biblioteca. Había recibido una educación básica, con tan solo 17 años no había tenido tiempo de especializarme en ningún tipo de estudio, pero eso no me iba a frenar. Las respuestas tenían que estar en los libros. Entré en la biblioteca me puse a leer apresuradamente los títulos de los lomos de los libros sobre medicina. Eran los libros de mi abuela, médico marine. Tras su fallecimiento los habíamos guardado en nuestra biblioteca y nunca había imaginado que nadie los volvería a leer. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Atlas de anatomía humana</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tratado de fisiología médica</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bioquímica médica</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tratado de cirugía</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Manual de diagnóstico visual: Reconociendo patrones clínicos</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Medicina para estudiantes</span>…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Agarré los dos últimos, los lancé sobre la mesa y empecé a ojearlos. Pensé que sería más fácil, que bastaría con saber leer para encontrar la respuesta, pero nada más lejos de la realidad. No tenía ni idea de medicina, ni siquiera sabía qué estaba buscando. ¿Toser sangre? ¿Cómo buscaba un síntoma en un libro de más de mil páginas? ¿Ese era el único síntoma? Si no volvía a ver a Bart era imposible saber cuál era su enfermedad y, por tanto, cómo curarla. Estaba segura de que ni un médico podría averiguarlo con tan poca información. De repente, la puerta de la biblioteca se abrió de golpe y vi la figura de mi madre. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¿Qué eran esos golpes? ¿No tendrías que estar entrenando?</span></span> —preguntó con tono de reproche. Estaba convencida de que a estas horas tendría que estar trabajando en el cuartel, no esperaba encontrármela. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¿Como no estoy en casa crees que puedes hacer lo que te da la gana? Yo ya no sé qué hacer contigo, eres…</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Quiero estudiar medicina</span></span> —dije sin dejar que continuase con la bronca. Había sido demasiado brusca y su rostro de contrariedad no era una buena señal. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Digo… Quiero ser como la abuela. Quiero estudiar medicina para pertenecer al cuerpo médico de marines. No puedo ser como papá, no soy suficiente y la abuela también era todo un ejemplo a seguir </span></span>—a medida que hablaba la expresión en el rostro de mi madre se iba suavizando. Sabía perfectamente qué debía decirle, porque sabía qué era lo que quería escuchar. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">Lo sabía. No está mal reconocer las propias limitaciones. Ya sabía que nunca llegarías a ser como tu padre, muy pocos pueden. Está claro que no estás progresando en tus estudios, te veo dispersa, así que, de acuerdo. Esperemos que la medicina se te dé mejor que el resto de cosas a las que has dedicado infructuosamente tu tiempo. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me mantuve en silencio, aliviada por haber conseguido mi objetivo, aunque sin saber si sería suficiente o si llegaría a tiempo. Cuando mi madre se fui me puse a leer aquellos libros con más detenimiento durante horas, hasta que caí dormida sobre ellos. No desperté hasta el día siguiente, con los rayos del sol que se colaban entre las cortinas de la biblioteca. Abrí los ojos algo confusa y con la cara pegada a una de las hojas del libro de medicina. No tardé en recordar lo que debía hacer. Me levanté tan rápido que tiré la silla al suelo y salí de la casa para ir hacia la cueva. No sabía que podía encontrarme, pero había pensado en todas las posibilidades, hasta la peor de todas ellas. No vi a nadie fuera, así que entré en la oscura cavidad. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Bart…? ¡Bart!</span></span> —grité tras no obtener respuesta. Una silueta salió desde el fondo de la cueva acompañada por un olor claramente reconocible: el humo de los puros Montecristo, los favoritos de Bart. Ahora que lo pensaba, ni sabía cómo los conseguía, pero ahora mismo no me importaba en lo más mínimo. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Deja de gritar. ¿Ya han venido a detenerme?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando pude discernir su figura por completo le agarré del brazo y le saqué de allí para empujarle contra la pared de la cueva. Le abrí a la fuerza uno de los ojos para fijarme en sus pupilas, no sabía qué estaba buscando, cualquier cosa que pudiese servirme. Bart me apartó el brazo de un suave manotazo, pero rápidamente volví a acercarme a él, esta vez para apoyar mi cabeza en su pecho y tratar de escuchar su corazón. Había leído cuántas pulsaciones por minuto eran las normales, pero no tenía ni idea de qué podía significar que el número fuese mayor o menor, ya me entretendría en eso más tarde. Bart apenas me dejó escuchar nada y me volvió a apartar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Se puede saber qué haces?</span> —preguntó confuso y mirando alrededor —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Voy a curarte. Y no pienso entregarte hasta que me cuentes todo. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No esperaba fuese a aceptar mi petición, al menos no tan rápido. Apoyó su cabeza contra la pared, mirando hacia el cielo mientras inhalaba y exhalaba una bocanada del humo de su puro antes de comenzar a hablar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Fue hace mucho tiempo. Yo era joven y entusiasta, con miles de sueños y ganas de cumplirlos todos. No tenía familia, así que con 20 años me fui con un amigo para viajar por todo el mundo, porque mi mayor sueño era ser completamente libre. No quería deber nada a nadie y quería seguir mis propias normas, hacer lo que me diese la gana para disfrutar de la vida. Cada vez se nos fue uniendo más gente que pesaba como nosotros. Para ganarnos la vida robábamos, pero solo lo justo y necesario, no éramos codiciosos ni pretendíamos enriquecernos. Tampoco saqueábamos a personas necesitadas, solo a las que tenían de sobra. No pretendíamos hacer daño a nadie, sino vivir nuestras vidas sin condiciones, sin ataduras. Nunca he sido tan feliz, pero la marina no tardó en inmiscuirse y poner precio a nuestras cabezas. Eso no nos detuvo, nos enfrentábamos a ellos para poder seguir viviendo a nuestra manera y, durante muchos años, tuvimos suerte. Sin embargo, hace 8 años la cosa se complicó. En una isla cercana hubo un altercado entre varios barcos pirata y la marina. Yo acabé cayendo al mar y no sé qué fue de mi tripulación. Conseguí llegar hasta esta isla y vivir escondido. Con el tiempo hice algunos aliados, pero nadie sabe quién soy. He estado esperando todos estos años y nadie ha vuelto a por mí. Sé que no puede ser porque no lo hayan intentado, éramos como una familia, así que solo quedan dos opciones: no saben donde buscar o no salieron vivos de aquel altercado. Para colmo, los síntomas de la enfermedad que acabó con mi madre comenzaron a manifestarse en mi cuerpo. Era muy pequeño, pero vi como esa maldita enfermedad acabó con su vida en cuestión de pocos años sin que los médicos pudiesen ayudarla. Pensé en rendirme, pero entonces, hace un año ocurrió lo del Rey de los Piratas, Voi D. Rowned. Ese hombre es una inspiración para mí, siempre he soñado en convertirme en alguien como él. Pensé que su muerte sería el fin, pero ha resultado ser el comienzo. Imagino que tu madre ya te habrá hablado demasiado de él y de sus polémicas últimas palabras. Ojalá mi vida no estuviese acabando, porque ahora tengo un nuevo sueño: ir a Laugh Tale. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras su discurso me quedé en silencio. Continuaba preocupada por su enfermedad, me aliviaba saber que no era un asesino o una mala persona y me alegraba verle hablar con tanta emoción de su pasado y sus sueños. Desde pequeña me habían inculcado la idea de que los piratas eran seres monstruosos y sanguinarios, luego acabé simplemente por aborrecerlos, ya que mi madre parecía que no era capaz de hablar de otro tema, pero ahora conocía otra perspectiva. Ahora, con toda la información, sabía qué era lo que debía hacer.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 9 años.</span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Justo hoy se cumplía dos años. Hacía dos años que no bebía. Dos años desde que había conocido a Bart. No parecía demasiado tiempo, pero estos dos años habían dado para mucho. No sabía cómo, pero ese hombre había conseguido engatusarme poco a poco. Comenzó mandándome tanto trabajo que, entre eso y tener que ocultárselo a mi madre apenas tenía tiempo para pensar en conseguir botellas para beber. Además, con los puros que me regalaba iba paliando esa necesidad de alcohol. Después, a pesar de haberle repetido en numerosas ocasiones que era una inútil incapaz de que mis entrenamientos diesen sus frutos, se había empeñado en hacerme entrenar con él para poder mantenerse en forma, ya que no podía practicar con nadie. Actualmente, era a lo único a lo que nos dedicábamos. Ya no me hacía ir de un lado, ahora tan solo nos veíamos a las afueras de la cueva para llevar a cabo estos entrenamientos. Gracias a ellos había descubierto que lo mío no eran las armas de fuego, aprender a combatir con katanas era completamente diferente, un soplo de aire fresco tras años de frustración tratando de aprender a utilizar un arma con la misma soltura con la que lo hacían mi padre y mi hermano. Esto era algo mío, no tenía a nadie con el que compararme. Además, hiciera como lo hiciese no parecía que fuese posible decepcionar a Bart. De esta forma, cada vez iba progresando un poco más, aunque todavía me quedaba bastante para aprender a utilizas las dos espadas, tal y como él hacía.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Aquel día acudí a la misma hora de siempre. Fui puntual, pero no vi a Bart de pie en el camino, como era habitual. Continué caminando hasta la cueva y le encontré. Estaba sentado en el suelo tosiendo sin cesar y tapándose la boca. Corrí hacia él y me tiré a su lado para averiguar qué estaba pasando. No parecía herido, pero entre los dedos de la mano con la que se tapaba la boca se deslizaban finos regueros de sangre. Antes de que pudiese decir nada Bart intentó tranquilizarme. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No pasa nada. Aunque no lo parezca estoy bien</span> —consiguió mascullar entre toses—. <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ya ves. He masticado algo duro me he hecho daño en la boca y me he atragantado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fruncí el ceño sin creerme esa historia. Aparté su mano y apreté sus mejillas para obligarle a abrir la boca. No se quejó, así que no parecía que tuviese una herida, además, no tenía sangre en los dientes. Bart apartó la cabeza hacia un lado y empujó mi brazo para alejarme. —<span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡No me mientas! ¡¿Qué mierda es esto?! ¿Qué ha pasado?</span></span> —pasé del enfado a la duda en un segundo. De momento lo importante era saber cómo solucionar el problema y para eso necesitaba que Bart fuese sincero. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Joder, ¿ahora eres mi madre? Te he dicho que no pasa nada</span> —contestó ya sin apenas toser y mientas se ponía en pie con algo de dificultad. No me había dado cuenta hasta ahora, cuando nos conocimos le llegaba a la altura de los hombros, pero ahora ya teníamos la misma estatura. Sabía de lo que era capaz ese hombre, en un abrir y cerrar de ojos podría hacerme rebanadas, pero ahora mismo tan solo parecía una persona mayor bastante frágil. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Dime ahora mismo qué está pasando o me largo de aquí y no vuelves a verme más. Lo digo muy en serio. No volveré.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Mi amenaza debió parecerle graciosa, porque comenzó a reír de tal forma que la tos regresó. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Lo sé. Sé que lo harías…</span> —su risa se fue apagando, al igual que su voz. Volvió a sentarse con cuidado y me hizo un gesto para que me sentase a su lado. Le hice caso y esperé en silencio hasta que volvió a hablar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Estoy enfermo y no hay solución. Pero no tienes que preocuparte, ya no soy joven. Además, tampoco merezco que sientas lástima por mí. Hay cosas de mi vida que no conoces y, tal vez si las conocieras, no querrías seguir viniendo a hacerme compañía. Eso en el mejor de los casos, porque es posible que hasta acabe entre rejas. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No estaba prestando mucha atención a las palabras que dijo después de lo de que estaba enfermo. La primera vez que le conocí estaba enfrentándose a unos marines, no era ninguna sorpresa que había tenido sus enfrentamientos con la ley, además, yo tampoco había sido del todo sincera con él respecto a mi familia. Lo que no me esperaba era lo de su enfermedad. —<span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No puede ser. ¿Cómo no va a tener solución? Seguro que nunca has ido a un médico, nunca pisas la ciudad. Eres un cabezota. Yo puedo llevarte a un médico, el de mi familia es muy bueno y… y si no podemos encontrar otro. Será por médicos. Hasta puedo hacer que uno venga hasta aquí y…</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Para ya. No voy a ir a ningún médico. Nadie puede verme. ¿Acaso tú atenderías a un pirata moribundo? ¿No preferirías ir a entregarle por su recompensa? Supongo que te lo tendría que haber dicho antes, pero ahora que ya no me queda mucho tiempo todo da igual. ¿Por qué no te largas a contárselo a tu madre? Seguro que se alegra mucho de que hayas encontrado a un pirata fugado de la justicia y no un pirata cualquiera. El gran capitán Black Bart. Yahahaha</span> —su risa resonó con fuerza, pero no transmitía felicidad, sino una tristeza inmensa. Lo que decía no tenía sentido, a lo mejor estaba delirando por la enfermedad, pero, ¿cómo sabía lo de mi madre? —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Sé lo que estás pensando y no estoy loco. Sé desde hace tiempo quién eres, no soy idiota y todo lo que te he dicho es verdad. ¿Por qué no vas al cuartel de la marina y preguntas por mí? Seguro que todavía hay por ahí un cartel viejo con mi cara. Anda. ¡Vete! Y no vuelvas hasta traer a todo el cuartel de marina contigo. YAHAHAHA.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Todavía no sabía si creerme lo que estaba diciendo, pero había conseguido enfadarme. Me di la vuelta y comencé a correr mientras su risa iba apagándose cada vez más por la distancia. Si esto era una mentira para librarse de mí pensaba volver y llevarle a rastras a ver a un médico. Tenía razón, su historia era muy fácil de comprobar y ni siquiera tenía que ir a ningún cuartel. Entré en la casa y me dirigí al despacho de mi madre. No solía entrar ahí, pero sabía que guardaba todos los wanteds que llegaban al cuartel. Abrí los cajones de su escritorio y empecé a sacarlos. Los papeles se amontonaban encima del escritorio de forma caótica, yo pasaba la mano por encima para apartar los de arriba y ver los que habían quedado bajo, buscando su cara. Cada vez que abría un nuevo cajón sacaba nuevos carteles de piratas, lo que dejaba a relucir la obsesión de mi madre. Bajo un cartel de un pirata desdentado vi otro sobresaliendo en el que se podía leer un nombre: Black Bart. Aparté el de la parte de arriba de un manotazo. Ahí estaba, justo delante de mí, el wanted del capitán pirata Black Bart, con la imagen de un joven Bartholomew Roberts. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Durante un par de días no pude comer ni dormir. Estaba tirada en la cama y no podía dejar de pensar. ¿Por qué ese pirata me había ayudado? ¿Por qué no me había dicho nada hasta ahora? Tanto tiempo viviendo en las sombras y ahora parecía que quería entregarse. ¿Cuántos delitos habría cometido? ¿A cuántas personas habría matado? Nunca le había visto hacer daño a ninguna persona, incluso parecía llevarse bien con algunas de la ciudad. Sabía quién era mi madre y, a pesar de ello, había seguido entrenando conmigo. Demasiadas preguntas sin respuesta y, si Bart era encerrado o moría, me iba a quedar para siempre con la duda. Al final, no sabía lo que había hecho como pirata, pero sabía lo que había hecho por mí. Iba de duro, fingía que actuaba por interés, pero siempre acababa prestando su ayuda. ¿Qué debía hacer? ¿Existía una respuesta correcta? A lo mejor ya era tarde.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Salté de la cama y salí corriendo de la habitación para ir hacia la biblioteca. Había recibido una educación básica, con tan solo 17 años no había tenido tiempo de especializarme en ningún tipo de estudio, pero eso no me iba a frenar. Las respuestas tenían que estar en los libros. Entré en la biblioteca me puse a leer apresuradamente los títulos de los lomos de los libros sobre medicina. Eran los libros de mi abuela, médico marine. Tras su fallecimiento los habíamos guardado en nuestra biblioteca y nunca había imaginado que nadie los volvería a leer. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Atlas de anatomía humana</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tratado de fisiología médica</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bioquímica médica</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tratado de cirugía</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Manual de diagnóstico visual: Reconociendo patrones clínicos</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Medicina para estudiantes</span>…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Agarré los dos últimos, los lancé sobre la mesa y empecé a ojearlos. Pensé que sería más fácil, que bastaría con saber leer para encontrar la respuesta, pero nada más lejos de la realidad. No tenía ni idea de medicina, ni siquiera sabía qué estaba buscando. ¿Toser sangre? ¿Cómo buscaba un síntoma en un libro de más de mil páginas? ¿Ese era el único síntoma? Si no volvía a ver a Bart era imposible saber cuál era su enfermedad y, por tanto, cómo curarla. Estaba segura de que ni un médico podría averiguarlo con tan poca información. De repente, la puerta de la biblioteca se abrió de golpe y vi la figura de mi madre. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¿Qué eran esos golpes? ¿No tendrías que estar entrenando?</span></span> —preguntó con tono de reproche. Estaba convencida de que a estas horas tendría que estar trabajando en el cuartel, no esperaba encontrármela. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">¿Como no estoy en casa crees que puedes hacer lo que te da la gana? Yo ya no sé qué hacer contigo, eres…</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Quiero estudiar medicina</span></span> —dije sin dejar que continuase con la bronca. Había sido demasiado brusca y su rostro de contrariedad no era una buena señal. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Digo… Quiero ser como la abuela. Quiero estudiar medicina para pertenecer al cuerpo médico de marines. No puedo ser como papá, no soy suficiente y la abuela también era todo un ejemplo a seguir </span></span>—a medida que hablaba la expresión en el rostro de mi madre se iba suavizando. Sabía perfectamente qué debía decirle, porque sabía qué era lo que quería escuchar. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">Lo sabía. No está mal reconocer las propias limitaciones. Ya sabía que nunca llegarías a ser como tu padre, muy pocos pueden. Está claro que no estás progresando en tus estudios, te veo dispersa, así que, de acuerdo. Esperemos que la medicina se te dé mejor que el resto de cosas a las que has dedicado infructuosamente tu tiempo. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me mantuve en silencio, aliviada por haber conseguido mi objetivo, aunque sin saber si sería suficiente o si llegaría a tiempo. Cuando mi madre se fui me puse a leer aquellos libros con más detenimiento durante horas, hasta que caí dormida sobre ellos. No desperté hasta el día siguiente, con los rayos del sol que se colaban entre las cortinas de la biblioteca. Abrí los ojos algo confusa y con la cara pegada a una de las hojas del libro de medicina. No tardé en recordar lo que debía hacer. Me levanté tan rápido que tiré la silla al suelo y salí de la casa para ir hacia la cueva. No sabía que podía encontrarme, pero había pensado en todas las posibilidades, hasta la peor de todas ellas. No vi a nadie fuera, así que entré en la oscura cavidad. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Bart…? ¡Bart!</span></span> —grité tras no obtener respuesta. Una silueta salió desde el fondo de la cueva acompañada por un olor claramente reconocible: el humo de los puros Montecristo, los favoritos de Bart. Ahora que lo pensaba, ni sabía cómo los conseguía, pero ahora mismo no me importaba en lo más mínimo. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Deja de gritar. ¿Ya han venido a detenerme?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando pude discernir su figura por completo le agarré del brazo y le saqué de allí para empujarle contra la pared de la cueva. Le abrí a la fuerza uno de los ojos para fijarme en sus pupilas, no sabía qué estaba buscando, cualquier cosa que pudiese servirme. Bart me apartó el brazo de un suave manotazo, pero rápidamente volví a acercarme a él, esta vez para apoyar mi cabeza en su pecho y tratar de escuchar su corazón. Había leído cuántas pulsaciones por minuto eran las normales, pero no tenía ni idea de qué podía significar que el número fuese mayor o menor, ya me entretendría en eso más tarde. Bart apenas me dejó escuchar nada y me volvió a apartar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Se puede saber qué haces?</span> —preguntó confuso y mirando alrededor —. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Voy a curarte. Y no pienso entregarte hasta que me cuentes todo. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No esperaba fuese a aceptar mi petición, al menos no tan rápido. Apoyó su cabeza contra la pared, mirando hacia el cielo mientras inhalaba y exhalaba una bocanada del humo de su puro antes de comenzar a hablar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Fue hace mucho tiempo. Yo era joven y entusiasta, con miles de sueños y ganas de cumplirlos todos. No tenía familia, así que con 20 años me fui con un amigo para viajar por todo el mundo, porque mi mayor sueño era ser completamente libre. No quería deber nada a nadie y quería seguir mis propias normas, hacer lo que me diese la gana para disfrutar de la vida. Cada vez se nos fue uniendo más gente que pesaba como nosotros. Para ganarnos la vida robábamos, pero solo lo justo y necesario, no éramos codiciosos ni pretendíamos enriquecernos. Tampoco saqueábamos a personas necesitadas, solo a las que tenían de sobra. No pretendíamos hacer daño a nadie, sino vivir nuestras vidas sin condiciones, sin ataduras. Nunca he sido tan feliz, pero la marina no tardó en inmiscuirse y poner precio a nuestras cabezas. Eso no nos detuvo, nos enfrentábamos a ellos para poder seguir viviendo a nuestra manera y, durante muchos años, tuvimos suerte. Sin embargo, hace 8 años la cosa se complicó. En una isla cercana hubo un altercado entre varios barcos pirata y la marina. Yo acabé cayendo al mar y no sé qué fue de mi tripulación. Conseguí llegar hasta esta isla y vivir escondido. Con el tiempo hice algunos aliados, pero nadie sabe quién soy. He estado esperando todos estos años y nadie ha vuelto a por mí. Sé que no puede ser porque no lo hayan intentado, éramos como una familia, así que solo quedan dos opciones: no saben donde buscar o no salieron vivos de aquel altercado. Para colmo, los síntomas de la enfermedad que acabó con mi madre comenzaron a manifestarse en mi cuerpo. Era muy pequeño, pero vi como esa maldita enfermedad acabó con su vida en cuestión de pocos años sin que los médicos pudiesen ayudarla. Pensé en rendirme, pero entonces, hace un año ocurrió lo del Rey de los Piratas, Voi D. Rowned. Ese hombre es una inspiración para mí, siempre he soñado en convertirme en alguien como él. Pensé que su muerte sería el fin, pero ha resultado ser el comienzo. Imagino que tu madre ya te habrá hablado demasiado de él y de sus polémicas últimas palabras. Ojalá mi vida no estuviese acabando, porque ahora tengo un nuevo sueño: ir a Laugh Tale. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras su discurso me quedé en silencio. Continuaba preocupada por su enfermedad, me aliviaba saber que no era un asesino o una mala persona y me alegraba verle hablar con tanta emoción de su pasado y sus sueños. Desde pequeña me habían inculcado la idea de que los piratas eran seres monstruosos y sanguinarios, luego acabé simplemente por aborrecerlos, ya que mi madre parecía que no era capaz de hablar de otro tema, pero ahora conocía otra perspectiva. Ahora, con toda la información, sabía qué era lo que debía hacer.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Presente Absoluto] Desafío en la costa, colmillos VS caparazón]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=160</link>
			<pubDate>Tue, 15 Aug 2023 16:12:49 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=46">Vulkan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=160</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">DIA 3 / AÑO 11 / PRIMAVERA</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Llevo 4 meses alistado en la Marina. 4 meses de aprendizaje para ser un marine ejemplar. 4 meses donde no me he dedicado a hacer mucha cosa.<br />
Sí, es cierto. En tan poco tiempo que debería esperar? Ya llegarán las aventuras grandes y la caza de piratas. Además, sigo con mi objetivo en mente...<br />
Estoy intentado ser un soldado ejemplar. En las tareas sanitarias doy el 200% para dejarlo todo limpio, en los ejercicios y entrenamientos intento quedar de los primeros siempre, en las clases didácticas estoy más atento que ninguno siempre que hablan de estrategia y acción militar. Pero todo empieza a cansar.<br />
No hemos tenido ninguna misión interesante en todo este tiempo, solo las clásicas rondas rutinarias por la isla y poco más. No cuento el altercado de Loguetown porque fue extraoficial y no repercute en mi expediente, pero sin contar eso, nada. <br />
Pero todo ha cambiado recientemente. Me he enterado de un tipo mayor que yo y más alto. No lo conozco bien, pero me resulta muy curioso . Aún no sé si es nuevo o si lleva tiempo en la Marina, pero lo he visto últimamente cruzando los pasillos y me suscita un interés singular. Así que he decidido tomar cartas en el asunto, literalmente.<br />
Ya que es un conocido de mi amigo <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Sephiroth</span>, le he hecho llegar una carta a su taquilla esta mañana que dice lo siguiente :<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Buenas <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Joe</span>, te escribe Vulkan, uno de tus compañeros en el cuartel.<br />
Quizá se te hace raro, pero me despiertas cierta curiosidad  y, al ser amigo de mi compañero <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Sephiroth</span>, me he tomado la libertad de escribirte.<br />
Si tienes interés, te invito a realizar un entrenamiento intenso de combate y formación a las 19h, tras la ronda rutinaria de las 18. En la playa sur del pueblo, tras las rocas negras. Allí no acude nadie a esa hora y podremos estar en paz.<br />
Me parece que es la mejor manera de practicar y conocer al otro, no?<br />
Allí te espero. Vulkan</span></span>.<br />
<br />
Un mensaje más largo de lo que me gustaría. Pero si ya era raro que te escribieran una carta, imagínate una en la que te invitan a luchar en un sitio privado.<br />
<br />
El caso es que aquí estoy... Llegué a esto de hace media hora, con antelación. Al acabar la ronda, me fui al trote desde la calle principal a la playa y, desde la playa <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sur</span>, a la zona alejada tras las 3 rocas negras, a 10 minutos caminando al este desde la playa.<br />
<br />
Hace Sol. Aunque se está poniendo, todavía pega fuerte por la ausencia de nubes. Llega una brisa por el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Este</span> que ayuda mucho a soportar el calor y genera un clima fresco muy agradable. La arena es fina y, aunque no dificulta la movilidad, se te hunden los pies un par de centímetros. El agua es clara, limpia y nada contaminada. Al menos en esta parte de la playa. Mirando hacía el mar, tengo a mi derecha las tres rocas negras, a mi espalda una alta pared de roca que hace de malecón en marea alta y, a mi izquierda, la inmensidad de una playa que no tiene fin.<br />
<br />
Me senté mirando hacia el mar. Me parecía un buen lugar para descansar, pero hoy, sería mi ring de combate personal. Era el momento de conocer a <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Joe</span>.<br />
<br />
<!-- start: postbit_attachments_attachment -->
<br /><!-- start: attachment_icon -->
<img src="https://nakamanomi.com/images/attachtypes/image.png" title="JPG Image" border="0" alt=".jpg" />
<!-- end: attachment_icon -->&nbsp;&nbsp;<a href="attachment.php?aid=7" target="_blank" title="">HD-wallpaper-anime-beach-scenery-see-anime-beach-nature.jpg</a> (Tamaño: 111.63 KB / Descargas: 13)
<!-- end: postbit_attachments_attachment --></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">DIA 3 / AÑO 11 / PRIMAVERA</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Llevo 4 meses alistado en la Marina. 4 meses de aprendizaje para ser un marine ejemplar. 4 meses donde no me he dedicado a hacer mucha cosa.<br />
Sí, es cierto. En tan poco tiempo que debería esperar? Ya llegarán las aventuras grandes y la caza de piratas. Además, sigo con mi objetivo en mente...<br />
Estoy intentado ser un soldado ejemplar. En las tareas sanitarias doy el 200% para dejarlo todo limpio, en los ejercicios y entrenamientos intento quedar de los primeros siempre, en las clases didácticas estoy más atento que ninguno siempre que hablan de estrategia y acción militar. Pero todo empieza a cansar.<br />
No hemos tenido ninguna misión interesante en todo este tiempo, solo las clásicas rondas rutinarias por la isla y poco más. No cuento el altercado de Loguetown porque fue extraoficial y no repercute en mi expediente, pero sin contar eso, nada. <br />
Pero todo ha cambiado recientemente. Me he enterado de un tipo mayor que yo y más alto. No lo conozco bien, pero me resulta muy curioso . Aún no sé si es nuevo o si lleva tiempo en la Marina, pero lo he visto últimamente cruzando los pasillos y me suscita un interés singular. Así que he decidido tomar cartas en el asunto, literalmente.<br />
Ya que es un conocido de mi amigo <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Sephiroth</span>, le he hecho llegar una carta a su taquilla esta mañana que dice lo siguiente :<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Buenas <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Joe</span>, te escribe Vulkan, uno de tus compañeros en el cuartel.<br />
Quizá se te hace raro, pero me despiertas cierta curiosidad  y, al ser amigo de mi compañero <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Sephiroth</span>, me he tomado la libertad de escribirte.<br />
Si tienes interés, te invito a realizar un entrenamiento intenso de combate y formación a las 19h, tras la ronda rutinaria de las 18. En la playa sur del pueblo, tras las rocas negras. Allí no acude nadie a esa hora y podremos estar en paz.<br />
Me parece que es la mejor manera de practicar y conocer al otro, no?<br />
Allí te espero. Vulkan</span></span>.<br />
<br />
Un mensaje más largo de lo que me gustaría. Pero si ya era raro que te escribieran una carta, imagínate una en la que te invitan a luchar en un sitio privado.<br />
<br />
El caso es que aquí estoy... Llegué a esto de hace media hora, con antelación. Al acabar la ronda, me fui al trote desde la calle principal a la playa y, desde la playa <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sur</span>, a la zona alejada tras las 3 rocas negras, a 10 minutos caminando al este desde la playa.<br />
<br />
Hace Sol. Aunque se está poniendo, todavía pega fuerte por la ausencia de nubes. Llega una brisa por el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Este</span> que ayuda mucho a soportar el calor y genera un clima fresco muy agradable. La arena es fina y, aunque no dificulta la movilidad, se te hunden los pies un par de centímetros. El agua es clara, limpia y nada contaminada. Al menos en esta parte de la playa. Mirando hacía el mar, tengo a mi derecha las tres rocas negras, a mi espalda una alta pared de roca que hace de malecón en marea alta y, a mi izquierda, la inmensidad de una playa que no tiene fin.<br />
<br />
Me senté mirando hacia el mar. Me parecía un buen lugar para descansar, pero hoy, sería mi ring de combate personal. Era el momento de conocer a <span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Joe</span>.<br />
<br />
<!-- start: postbit_attachments_attachment -->
<br /><!-- start: attachment_icon -->
<img src="https://nakamanomi.com/images/attachtypes/image.png" title="JPG Image" border="0" alt=".jpg" />
<!-- end: attachment_icon -->&nbsp;&nbsp;<a href="attachment.php?aid=7" target="_blank" title="">HD-wallpaper-anime-beach-scenery-see-anime-beach-nature.jpg</a> (Tamaño: 111.63 KB / Descargas: 13)
<!-- end: postbit_attachments_attachment --></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Turismo en territorio enemigo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=155</link>
			<pubDate>Mon, 14 Aug 2023 14:10:36 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=47">Legan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=155</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">13:13 Día 321 del año 10, Invierno.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Shells Town(Isla Yotsuba</span></span><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-family: Open Sans, Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">)</span><br />
</span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><img src="https://cdn.discordapp.com/attachments/1138875072115921016/1140718075742789822/latest.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: latest.png]" class="mycode_img" /><br />
</span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Tras nuestro paso por la Villa Syrup, el barco comercial había tomado rumbo a la isla Yotsuba, concretamente a Shells Town, la principal ciudad de tan rocosa isla. No estaba del todo convencido de venir a una isla con semejante base de la marina. Las propias instalaciones destacaban por encima de cualquier otro edificio o monumento del lugar, era imposible no verlo. <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">        </span></span>Si Terence y Mihasy toman tierra, de seguro harán algo que llamará la atención.</span> – Pensé mirándolos a lo lejos dentro del barco. <br />
<br />
Ellos estaban quietos, Mihasy observando el mar en silencio, y Terence leyendo un libro con total tranquilidad. Cualquiera que los viese pensaría que son unas buenas personas, incapaces de provocar altercado alguno. <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size">        </span>Chicos, pronto vamos a tomar tierra según el capitán.</span></span> – Comenté suspirando para preparar las palabras que iba a decir a continuación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font">- Esta es una base de la marina, la propia isla en sí es una gran y puñetera base marina, sí. ¿Entendéis? </span></span>– Pregunté con una sonrisa incrédula riéndome un poco. <br />
<br />
<span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size">        </span>No, seguro que no lo entendéis. Escuchad, por favor. Imaginad que veis a un amable panadero, inocente, gracioso… ¡PUES SU PADRE SEGURO QUE ERA MARINE!</span></span> – Exclamé en un desesperado intento de sorprenderles y que el mensaje entrase claramente en sus cabezas. Pero había que insistir un poco más, seguro. <span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">– Bien, ahora imaginas que véis… no sé…  ¿Una pobre anciana? ¡Su hijo será el alto cargo de la marina! ¿Qué veis a un mendigo? ¡De seguro se trata de un marine retirado! ¡Cualquier persona que veáis tiene relación con la marina! </span></span>– Una vez dicho esto hablé más bajo mientras me acercaba a ellos. <br />
<br />
<span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size">        </span>Hacedme el favor de estar quietecitos. Si queréis, ni salgáis del barco, pero por el amor de Dios, no llaméis la atención. Imaginad que sois personas buenas, razonables, y sin odio a nadie. Lo que sea mientras no arméis ningún revuelo.</span></span><br />
 <br />
<br />
Un nuevo destino era siempre sinónimo de nuevas experiencias, algo realmente motivador, capaz de animarme siempre, pero no con estos dos. Estaba con los nervios a flor de piel. <br />
 <br />
Mientras había hablado con mis compañeros de viaje ya habíamos tomado tierra. Observé entonces la isla, contemplando que realmente se trataba de roca. Absolutamente era una isla rocosa aplanada en algunas zonas a la fuerza para edificar una ciudad. Había muchísimas casas pequeñas, todas pegadas unas a otras por bloques, y escaleras de piedra para ascender por la isla. Mirase donde mirase, podría ver aunque fuese de reojo la gran base marina, ante lo cual me giré mirando a mis compañeros. <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size">        </span>Literalmente están en todas partes, cabezas de chorlitos. Miréis donde miréis, marina. Y con un poco de habilidad, que la tendrán, llegan en segundos a cualquier punto de la isla desde esa enorme base. </span></span>– Concluí para no insistir más. Tenía pobres esperanzas de que hubiesen captado el mensaje ya.<br />
 <br />
Dicho esto me lancé al puerto desde el barco, observando a mi alrededor un montón de pescaderos, pequeños y medianos barcos de pesca, e incluso lagos naturales formados entre las rocas, donde tanto niños como mayores disfrutaban de un baño. Realmente era un sitio bonito para visitar, siempre y cuando no cometas ningún delito ni armes jaleo alguno, claro.<br />
<br />
Observé desde el propio lugar los barcos que había alrededor. Eran todos grandes, robustos, y con amplia capacidad para varios miembros. De no ser la isla que era, podría merecer la pena robar uno de estos. Tendríamos wanted, sí, pero merecería la pena para poder ser independientes. <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">        </span></span>Recuerda, nos falta un navegante, idiota.</span> – Pensé para mis adentros a modo de recordatorio. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">– ¡Es verdad! Que idiota.</span> – Me contesté a mí mismo en mis pensamientos. <br />
<br />
Que mal voy a terminar si ya empiezo a tener diálogos así conmigo mismo en mis pensamientos. Espero que no pasen a diálogos hablados. Llevé entonces las manos a mi cabeza en una posición relajada y sonreí observando toda la isla, que era fácil de observar desde el puerto.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">        </span></span>Primera parada de cualquier destino, una taberna o restaurante.</span> – Pensé buscando uno con la mirada. – <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es el punto social donde, aunque estés callado, vas a descubrir cosas del lugar.</span></div>
</div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">13:13 Día 321 del año 10, Invierno.</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Shells Town(Isla Yotsuba</span></span><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-family: Open Sans, Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">)</span><br />
</span></span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><img src="https://cdn.discordapp.com/attachments/1138875072115921016/1140718075742789822/latest.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: latest.png]" class="mycode_img" /><br />
</span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Tras nuestro paso por la Villa Syrup, el barco comercial había tomado rumbo a la isla Yotsuba, concretamente a Shells Town, la principal ciudad de tan rocosa isla. No estaba del todo convencido de venir a una isla con semejante base de la marina. Las propias instalaciones destacaban por encima de cualquier otro edificio o monumento del lugar, era imposible no verlo. <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">        </span></span>Si Terence y Mihasy toman tierra, de seguro harán algo que llamará la atención.</span> – Pensé mirándolos a lo lejos dentro del barco. <br />
<br />
Ellos estaban quietos, Mihasy observando el mar en silencio, y Terence leyendo un libro con total tranquilidad. Cualquiera que los viese pensaría que son unas buenas personas, incapaces de provocar altercado alguno. <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size">        </span>Chicos, pronto vamos a tomar tierra según el capitán.</span></span> – Comenté suspirando para preparar las palabras que iba a decir a continuación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font">- Esta es una base de la marina, la propia isla en sí es una gran y puñetera base marina, sí. ¿Entendéis? </span></span>– Pregunté con una sonrisa incrédula riéndome un poco. <br />
<br />
<span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size">        </span>No, seguro que no lo entendéis. Escuchad, por favor. Imaginad que veis a un amable panadero, inocente, gracioso… ¡PUES SU PADRE SEGURO QUE ERA MARINE!</span></span> – Exclamé en un desesperado intento de sorprenderles y que el mensaje entrase claramente en sus cabezas. Pero había que insistir un poco más, seguro. <span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">– Bien, ahora imaginas que véis… no sé…  ¿Una pobre anciana? ¡Su hijo será el alto cargo de la marina! ¿Qué veis a un mendigo? ¡De seguro se trata de un marine retirado! ¡Cualquier persona que veáis tiene relación con la marina! </span></span>– Una vez dicho esto hablé más bajo mientras me acercaba a ellos. <br />
<br />
<span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size">        </span>Hacedme el favor de estar quietecitos. Si queréis, ni salgáis del barco, pero por el amor de Dios, no llaméis la atención. Imaginad que sois personas buenas, razonables, y sin odio a nadie. Lo que sea mientras no arméis ningún revuelo.</span></span><br />
 <br />
<br />
Un nuevo destino era siempre sinónimo de nuevas experiencias, algo realmente motivador, capaz de animarme siempre, pero no con estos dos. Estaba con los nervios a flor de piel. <br />
 <br />
Mientras había hablado con mis compañeros de viaje ya habíamos tomado tierra. Observé entonces la isla, contemplando que realmente se trataba de roca. Absolutamente era una isla rocosa aplanada en algunas zonas a la fuerza para edificar una ciudad. Había muchísimas casas pequeñas, todas pegadas unas a otras por bloques, y escaleras de piedra para ascender por la isla. Mirase donde mirase, podría ver aunque fuese de reojo la gran base marina, ante lo cual me giré mirando a mis compañeros. <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Trebuchet MS;" class="mycode_font">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size">        </span>Literalmente están en todas partes, cabezas de chorlitos. Miréis donde miréis, marina. Y con un poco de habilidad, que la tendrán, llegan en segundos a cualquier punto de la isla desde esa enorme base. </span></span>– Concluí para no insistir más. Tenía pobres esperanzas de que hubiesen captado el mensaje ya.<br />
 <br />
Dicho esto me lancé al puerto desde el barco, observando a mi alrededor un montón de pescaderos, pequeños y medianos barcos de pesca, e incluso lagos naturales formados entre las rocas, donde tanto niños como mayores disfrutaban de un baño. Realmente era un sitio bonito para visitar, siempre y cuando no cometas ningún delito ni armes jaleo alguno, claro.<br />
<br />
Observé desde el propio lugar los barcos que había alrededor. Eran todos grandes, robustos, y con amplia capacidad para varios miembros. De no ser la isla que era, podría merecer la pena robar uno de estos. Tendríamos wanted, sí, pero merecería la pena para poder ser independientes. <br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">        </span></span>Recuerda, nos falta un navegante, idiota.</span> – Pensé para mis adentros a modo de recordatorio. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">– ¡Es verdad! Que idiota.</span> – Me contesté a mí mismo en mis pensamientos. <br />
<br />
Que mal voy a terminar si ya empiezo a tener diálogos así conmigo mismo en mis pensamientos. Espero que no pasen a diálogos hablados. Llevé entonces las manos a mi cabeza en una posición relajada y sonreí observando toda la isla, que era fácil de observar desde el puerto.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-<span style="font-size: 1pt;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">        </span></span>Primera parada de cualquier destino, una taberna o restaurante.</span> – Pensé buscando uno con la mirada. – <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es el punto social donde, aunque estés callado, vas a descubrir cosas del lugar.</span></div>
</div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Sangre en las manos]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=152</link>
			<pubDate>Mon, 14 Aug 2023 10:52:55 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=48">Max D. Bambú</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=152</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Un día nublado de otoño, hace ya unos cuantos años, un panda se encontraba de viaje por el East Blue. Había recogido todo su dinero, que en aquella época era más bien poco, y se había pagado un ferry para escapar de su hogar, de su padre y dirigirse hacia un nuevo amanecer. Pero el camino hacia los nuevos amaneceres está siempre plagado de tristes tardes y negras noches. En su camarote, para nada diseñado para albergar criaturas que casi llegan a los 4 metros de altura, Don Bambú se encontraba tirado en el suelo, mirando al techo con unos ojos enrojecidos y una boca seca, muy seca. Había tenido una mala noche. Todavía tenía unas cuantas desde el fallecimiento de su madre. Unirse a la revolución le había dado rumbo a su vida. Le había dado algo que hacer más que levantarse por las mañanas e ir a la biblioteca donde ella trabajaba para hacer lo mismo que el día anterior hasta bien caída la tarde. Pero entre misión y misión siempre había hueco para la introspección y lo que Don Bambú encontraba a través de ella nunca era bueno. El recuerdo persistente de su madre le había llevado a beberse la noche a través de cristales tintados, había vomitado tres veces, una de ellas en la cubierta, y el capitán le había ordenado que se quedase en su camarote hasta que se serenase. Ahí fue donde su compostura se fracturó. Lloró en silencio hasta que la luz de un nuevo día sin sol le golpeó en la cara desde la ventana del barco. Dejó pasar las horas sin cambiar de postura, sin mirar nada más que el techo y justo cuando iba a cerrar los ojos para dejarse llevar por el sueño, unos golpes en la puerta de su camarote le despertaron de nuev<span style="color: #444444;" class="mycode_color">o. </span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">¡Panda! ¡Hemos llegado a tierra firme, el ferry continuará su camino mañana a las 6 de la mañana hasta Dawn!</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —No hubo respuesta por parte de Don Bambú. —</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">¿Me has oído? ¡Tienes que bajarte!</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —La puerta del camarote se abrió de golpe. El panda no miró al que le estaba hablando, pero parecía enfadado. Seguramente era el que tuvo que limpiar el estropicio de la noche pasada. Sin mediar palabra, la mole de músculo y pelo se medio irguió y salió a gatas del camarote. Caminó encorvado por los pasillos del barco hasta finalmente poder enderezarse en la cubierta y respiró el aire húmedo del puerto. Todo estaba lleno de marines, pero no por ir a por él, sino porque la isla, por su posición estratégica y las facilidades que daba para la defensa, era una de las más valiosas para la marina.</span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">Don Bambú endureció su rostro y pasó de largo de los marines como un pasajero más, aunque atrayendo un par de miradas. Los mink eran raros, pero no inexistentes en los Blues, de modo que no había preguntas que hacer. Una vez superado el puerto, la presencia de la marina ya no era tan evidente. Sí, había más marines de lo habitual, pero Shell's Town estaba compuesta de otras cosas también. Había comerciantes por todas partes en las zonas colindantes a la del puerto, y un poco más adentro estaban los hostales y hoteles que acogían a los viajeros de paso y a los turistas. La zona residencial se entremezclaba con la zona turística, pero era mucho más extensa y la ciudad se extendía alrededor de una gran formación rocosa coronada por una base de la marina enorme. Desde aquella posición de poder, los perros del Estado tenían un control superior sobre la ciudad. Parecía imposible la existencia crímenes en un lugar como aquel, pero precisamente por lo difícil que era cometerlos sin ser capturado, más atractiva era la idea de hacerlo.</span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">El panda decidió alquilar una habitación en un hostal de mala calidad y dejar allí sus cosas, protegidas tras una puerta de madera vieja y debajo de una cama sin sábanas y con un colchón medio deshecho del que asomaban unos cuantos muelles. Era todo lo que podía pagarse, pero los paseos eran gratis. Decidió salir a explorar la ciudad. Vio los comercios y las zonas turísticas desde lejos. Evitó cruzarse con demasiados marines no por tener una recompensa sobre su cabeza (que no tenía), sino por tenerles un odio visceral a raíz de su relación con su padre. Caminó tanto que volvió a la zona costera, a un puerto, pero no era el puerto de antes, que estaba bien vigilado. Éste a penas tenía presencia policial por tratarse de una zona pesquera. Por la mañana muy temprano zarpaban los barcos de los pescadores y volvían bien entrada la tarde, casi al anochecer para vender su mercancía. Debía tratarse de una zona medio pobre. Don Bambú pensó que esto era mejor para él, ya que estaría más tranquilo lejos de la presencia policial y continuó su paseo por la zona. Las horas transcurrieron más deprisa de lo que imaginaba, porque cuando se propuso volver a su hostal ya estaban saliendo las primeras estrellas en el cielo y el sol estaba a punto de ocultarse del todo en el horizonte. En una zona más bien vacía de la calle, mientras estaba de paso, una voz llamó su atención susurrando. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Estás hecho un grandullón, ¿eh?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Su voz estaba rasgada, algo propio de la edad avanzada y de una salud deteriorada. Don Bambú giró su cabeza y atisbó una sombra en un callejón. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¿Qué te trae por aquí?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Le dijo la sombra. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿Cómo sabes que no soy de aquí?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Respondió el panda, aunque era evidente. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Lo sé porque tengo ojos. ¿Necesitas dinero para espejos?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Ah, sí, con que de eso iba la conversación. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">He tenido un mal día. Unos cuantos, la verdad.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —No era ninguna amenaza, al contrario de lo que cualquiera podría pensar. El viejo, sin embargo, entendía los huecos entre las palabras. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">No tengo cura para eso, chico, pero puedo ofrecerte algo para distraerte y dinero por tu tiempo.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —De algún modo, Don Bambú supo que el viejo estaba sonriendo. Don Bambú pensó que lo de distraerse no le venía mal. Si se iba al hostal ahora se lo comerían las paredes. Además, con un poco más de dinero podría pagarse una cena caliente, que era lo que le estaba pidiendo su estómago en el momento. —</span><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Y qué tengo que hacer?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Ya había aceptado, el resto era mero trámite. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Ven conmigo, chico.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Y la sombra se desvaneció en el callejón. El panda miró a los lados y solo vio una calle desierta. Aprovechó su aparente soledad para meterse en el callejón sin ser visto y se deslizó por entre las frías paredes de piedra. El callejón no tenía salida, pero al final no había nadie. Miró a su alrededor en busca de alguna puerta o algún hueco por el que se hubiera podido colar el viejo y entonces la vio. Era una tapa de alcantarilla ligeramente abierta. El esfuerzo que tuvo que hacer para meterse dentro fue considerable, pero lo logró tras unos minutos de crisis en los que creyó que se había atascado.</span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">Dentro de las alcantarillas todo estaba a oscuras. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Cierra la tapa, chico.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Don Bambú obedeció y un mechero se encendió en la oscuridad. En la penumbra pudo ver parte de la cara del anciano. Tenía la barba mal afeitada, una boina marrón y la dentadura medio deshecha. Estaba sonriendo. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Sígueme.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Y así lo hizo. La red de túneles del alcantarillado era compleja, muy compleja, pero el viejo se la sabía de memoria. Al final de lo que parecía otro callejón sin salida, pero subterráneo, el viejo golpeó una pared de piedra tres veces. Cuando lo hizo, lo que parecía el muro empezó a deshacerse piedra a piedra para dejar paso a una estancia iluminada por antorchas donde había más personas de las que podría haberse imaginado. Era una cámara tan grande, que Don Bambú cabía completamente erguido. Una vez traspasó el falso muro, los muchachos que lo deshicieron volvieron a ponerlo todo en su sitio. La pared era evidentemente falsa, pero para verla había que encontrarla y de lejos daba el pego. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¿Qué tal sabes usar esos puños que te traes?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Preguntó el viejo.</span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Un día nublado de otoño, hace ya unos cuantos años, un panda se encontraba de viaje por el East Blue. Había recogido todo su dinero, que en aquella época era más bien poco, y se había pagado un ferry para escapar de su hogar, de su padre y dirigirse hacia un nuevo amanecer. Pero el camino hacia los nuevos amaneceres está siempre plagado de tristes tardes y negras noches. En su camarote, para nada diseñado para albergar criaturas que casi llegan a los 4 metros de altura, Don Bambú se encontraba tirado en el suelo, mirando al techo con unos ojos enrojecidos y una boca seca, muy seca. Había tenido una mala noche. Todavía tenía unas cuantas desde el fallecimiento de su madre. Unirse a la revolución le había dado rumbo a su vida. Le había dado algo que hacer más que levantarse por las mañanas e ir a la biblioteca donde ella trabajaba para hacer lo mismo que el día anterior hasta bien caída la tarde. Pero entre misión y misión siempre había hueco para la introspección y lo que Don Bambú encontraba a través de ella nunca era bueno. El recuerdo persistente de su madre le había llevado a beberse la noche a través de cristales tintados, había vomitado tres veces, una de ellas en la cubierta, y el capitán le había ordenado que se quedase en su camarote hasta que se serenase. Ahí fue donde su compostura se fracturó. Lloró en silencio hasta que la luz de un nuevo día sin sol le golpeó en la cara desde la ventana del barco. Dejó pasar las horas sin cambiar de postura, sin mirar nada más que el techo y justo cuando iba a cerrar los ojos para dejarse llevar por el sueño, unos golpes en la puerta de su camarote le despertaron de nuev<span style="color: #444444;" class="mycode_color">o. </span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #444444;" class="mycode_color">—</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">¡Panda! ¡Hemos llegado a tierra firme, el ferry continuará su camino mañana a las 6 de la mañana hasta Dawn!</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —No hubo respuesta por parte de Don Bambú. —</span><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">¿Me has oído? ¡Tienes que bajarte!</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —La puerta del camarote se abrió de golpe. El panda no miró al que le estaba hablando, pero parecía enfadado. Seguramente era el que tuvo que limpiar el estropicio de la noche pasada. Sin mediar palabra, la mole de músculo y pelo se medio irguió y salió a gatas del camarote. Caminó encorvado por los pasillos del barco hasta finalmente poder enderezarse en la cubierta y respiró el aire húmedo del puerto. Todo estaba lleno de marines, pero no por ir a por él, sino porque la isla, por su posición estratégica y las facilidades que daba para la defensa, era una de las más valiosas para la marina.</span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">Don Bambú endureció su rostro y pasó de largo de los marines como un pasajero más, aunque atrayendo un par de miradas. Los mink eran raros, pero no inexistentes en los Blues, de modo que no había preguntas que hacer. Una vez superado el puerto, la presencia de la marina ya no era tan evidente. Sí, había más marines de lo habitual, pero Shell's Town estaba compuesta de otras cosas también. Había comerciantes por todas partes en las zonas colindantes a la del puerto, y un poco más adentro estaban los hostales y hoteles que acogían a los viajeros de paso y a los turistas. La zona residencial se entremezclaba con la zona turística, pero era mucho más extensa y la ciudad se extendía alrededor de una gran formación rocosa coronada por una base de la marina enorme. Desde aquella posición de poder, los perros del Estado tenían un control superior sobre la ciudad. Parecía imposible la existencia crímenes en un lugar como aquel, pero precisamente por lo difícil que era cometerlos sin ser capturado, más atractiva era la idea de hacerlo.</span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">El panda decidió alquilar una habitación en un hostal de mala calidad y dejar allí sus cosas, protegidas tras una puerta de madera vieja y debajo de una cama sin sábanas y con un colchón medio deshecho del que asomaban unos cuantos muelles. Era todo lo que podía pagarse, pero los paseos eran gratis. Decidió salir a explorar la ciudad. Vio los comercios y las zonas turísticas desde lejos. Evitó cruzarse con demasiados marines no por tener una recompensa sobre su cabeza (que no tenía), sino por tenerles un odio visceral a raíz de su relación con su padre. Caminó tanto que volvió a la zona costera, a un puerto, pero no era el puerto de antes, que estaba bien vigilado. Éste a penas tenía presencia policial por tratarse de una zona pesquera. Por la mañana muy temprano zarpaban los barcos de los pescadores y volvían bien entrada la tarde, casi al anochecer para vender su mercancía. Debía tratarse de una zona medio pobre. Don Bambú pensó que esto era mejor para él, ya que estaría más tranquilo lejos de la presencia policial y continuó su paseo por la zona. Las horas transcurrieron más deprisa de lo que imaginaba, porque cuando se propuso volver a su hostal ya estaban saliendo las primeras estrellas en el cielo y el sol estaba a punto de ocultarse del todo en el horizonte. En una zona más bien vacía de la calle, mientras estaba de paso, una voz llamó su atención susurrando. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Estás hecho un grandullón, ¿eh?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Su voz estaba rasgada, algo propio de la edad avanzada y de una salud deteriorada. Don Bambú giró su cabeza y atisbó una sombra en un callejón. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¿Qué te trae por aquí?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Le dijo la sombra. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">¿Cómo sabes que no soy de aquí?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Respondió el panda, aunque era evidente. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Lo sé porque tengo ojos. ¿Necesitas dinero para espejos?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Ah, sí, con que de eso iba la conversación. —</span><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">He tenido un mal día. Unos cuantos, la verdad.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —No era ninguna amenaza, al contrario de lo que cualquiera podría pensar. El viejo, sin embargo, entendía los huecos entre las palabras. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">No tengo cura para eso, chico, pero puedo ofrecerte algo para distraerte y dinero por tu tiempo.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —De algún modo, Don Bambú supo que el viejo estaba sonriendo. Don Bambú pensó que lo de distraerse no le venía mal. Si se iba al hostal ahora se lo comerían las paredes. Además, con un poco más de dinero podría pagarse una cena caliente, que era lo que le estaba pidiendo su estómago en el momento. —</span><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Y qué tengo que hacer?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Ya había aceptado, el resto era mero trámite. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Ven conmigo, chico.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Y la sombra se desvaneció en el callejón. El panda miró a los lados y solo vio una calle desierta. Aprovechó su aparente soledad para meterse en el callejón sin ser visto y se deslizó por entre las frías paredes de piedra. El callejón no tenía salida, pero al final no había nadie. Miró a su alrededor en busca de alguna puerta o algún hueco por el que se hubiera podido colar el viejo y entonces la vio. Era una tapa de alcantarilla ligeramente abierta. El esfuerzo que tuvo que hacer para meterse dentro fue considerable, pero lo logró tras unos minutos de crisis en los que creyó que se había atascado.</span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color"> </span><br />
<span style="color: #444444;" class="mycode_color">Dentro de las alcantarillas todo estaba a oscuras. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Cierra la tapa, chico.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Don Bambú obedeció y un mechero se encendió en la oscuridad. En la penumbra pudo ver parte de la cara del anciano. Tenía la barba mal afeitada, una boina marrón y la dentadura medio deshecha. Estaba sonriendo. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Sígueme.</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Y así lo hizo. La red de túneles del alcantarillado era compleja, muy compleja, pero el viejo se la sabía de memoria. Al final de lo que parecía otro callejón sin salida, pero subterráneo, el viejo golpeó una pared de piedra tres veces. Cuando lo hizo, lo que parecía el muro empezó a deshacerse piedra a piedra para dejar paso a una estancia iluminada por antorchas donde había más personas de las que podría haberse imaginado. Era una cámara tan grande, que Don Bambú cabía completamente erguido. Una vez traspasó el falso muro, los muchachos que lo deshicieron volvieron a ponerlo todo en su sitio. La pared era evidentemente falsa, pero para verla había que encontrarla y de lejos daba el pego. —</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¿Qué tal sabes usar esos puños que te traes?</span><span style="color: #444444;" class="mycode_color"> —Preguntó el viejo.</span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[ Presente Relativo ] Sudar o Sangrar]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=148</link>
			<pubDate>Sun, 13 Aug 2023 20:07:16 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=49">Kurowashi Sephiroth</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=148</guid>
			<description><![CDATA[Sephiroth llevaba ya días inspeccionado toda la isla mientras hacía sus rondas, buscando un buen emplazamiento para poder entrenar a solas, esto le había llevado más de lo que imaginaba, pero la isla no era muy grande y él amaba la privacidad, pero sabía que debía practicar mucho y fortalecerse física y mentalmente, ya habían tenido bastantes ejercicios y entrenamientos simulando los combate cuerpo a cuerpo, pero eso no era suficiente, sentía que solo esos entrenos le retrasaban, no porque sus compañeros fueran un lastre, sino porque si no tenía más entrenos que el resto le iba a ser muy difícil destacar entre los demás y llegar a cumplir su objetivo de convertirse en Almirante de Flota. <br />
<br />
     Esa misma mañana, durante la ronda de vigía en la base, lo vio "-¡<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ahí está! ¡Lo encontré! ¡Por fin encontré un lugar amplio y donde poder entrenar tranquilo! </span>Se </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">dijo así mismo, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">esta noche, mientras todos duermen, empezaré a entrarme.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">      El sitio era un pequeño claro entre los árboles que se situaban al este de la isla, no le iba a ser difícil llegar, solo tenía que bajar cuatro calles desde la entrada de la base e ir callejeando hasta llegar a la arboleda.</span><br />
<br />
     Esa misma noche esperó pacientemente a que todos durmieran, cogió su shinai y tras mirar que el reloj marcaba las 22:53 salió de los dormitorios y se dirigió a la puerta, sabía que a las 23:00 habría un cambio de guardia y tendría unos 5 minutos para poder salir de la base sin ser visto por nadie, no quería que ninguno de sus compañeros supiese que practicaba en solitario. Así que esperó pacientemente a que llegara la hora y se dirigió a su destino.<br />
<br />
   "-<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">T</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">engo que correr a la 01:00, los guardias pararan para tomar algo y podré volver a la base sin que nadie me vea, y eso me dará más o menos una hora y media de entrenamiento, contando el tiempo que tarde en ir y volver. </span>Planificó mientras trotaba por las calles de la ciudad dirección al claro."</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Cuando por fin llegó, posó sus brazos en la cadera, echó una ojeada a todo el claro, apoyo sus manos en su rodilla a la vez que bajaba la cabeza y tomaba aire y cuando se incorporó miro al cielo estrellado, contempló maravillado su esplendor y sonrió de satisfacción. </span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   Era el lugar perfecto, los árboles le permitían realizar zigzags y circuitos para trabajar la agilidad, en el medio del claro había un peñasco donde podría trabajar el equilibrio, y podría seleccionar el árbol que prefiriese y usarlo para entrenar con el shinai, cuando no estuviese practicando las posturas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Hora de comenzar, primero haré 100 abdominales,100 sentadillas y 100 flexiones para calentar, después buscaré algunas piedras que me sirvan de lastre, me las ataré en las muñecas, para terminar entrenando las posturas de ataque y defensa con el shinai, con eso debería tener suficiente por esta noche .</span>Dijo en voz alta,<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span>se golpeó la cara con las manos a modo de preparación y se dispuso a realizar el entrenamiento."</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Sephiroth llevaba ya días inspeccionado toda la isla mientras hacía sus rondas, buscando un buen emplazamiento para poder entrenar a solas, esto le había llevado más de lo que imaginaba, pero la isla no era muy grande y él amaba la privacidad, pero sabía que debía practicar mucho y fortalecerse física y mentalmente, ya habían tenido bastantes ejercicios y entrenamientos simulando los combate cuerpo a cuerpo, pero eso no era suficiente, sentía que solo esos entrenos le retrasaban, no porque sus compañeros fueran un lastre, sino porque si no tenía más entrenos que el resto le iba a ser muy difícil destacar entre los demás y llegar a cumplir su objetivo de convertirse en Almirante de Flota. <br />
<br />
     Esa misma mañana, durante la ronda de vigía en la base, lo vio "-¡<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ahí está! ¡Lo encontré! ¡Por fin encontré un lugar amplio y donde poder entrenar tranquilo! </span>Se </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">dijo así mismo, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">esta noche, mientras todos duermen, empezaré a entrarme.</span>"</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">      El sitio era un pequeño claro entre los árboles que se situaban al este de la isla, no le iba a ser difícil llegar, solo tenía que bajar cuatro calles desde la entrada de la base e ir callejeando hasta llegar a la arboleda.</span><br />
<br />
     Esa misma noche esperó pacientemente a que todos durmieran, cogió su shinai y tras mirar que el reloj marcaba las 22:53 salió de los dormitorios y se dirigió a la puerta, sabía que a las 23:00 habría un cambio de guardia y tendría unos 5 minutos para poder salir de la base sin ser visto por nadie, no quería que ninguno de sus compañeros supiese que practicaba en solitario. Así que esperó pacientemente a que llegara la hora y se dirigió a su destino.<br />
<br />
   "-<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">T</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">engo que correr a la 01:00, los guardias pararan para tomar algo y podré volver a la base sin que nadie me vea, y eso me dará más o menos una hora y media de entrenamiento, contando el tiempo que tarde en ir y volver. </span>Planificó mientras trotaba por las calles de la ciudad dirección al claro."</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">    Cuando por fin llegó, posó sus brazos en la cadera, echó una ojeada a todo el claro, apoyo sus manos en su rodilla a la vez que bajaba la cabeza y tomaba aire y cuando se incorporó miro al cielo estrellado, contempló maravillado su esplendor y sonrió de satisfacción. </span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   Era el lugar perfecto, los árboles le permitían realizar zigzags y circuitos para trabajar la agilidad, en el medio del claro había un peñasco donde podría trabajar el equilibrio, y podría seleccionar el árbol que prefiriese y usarlo para entrenar con el shinai, cuando no estuviese practicando las posturas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">   "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Hora de comenzar, primero haré 100 abdominales,100 sentadillas y 100 flexiones para calentar, después buscaré algunas piedras que me sirvan de lastre, me las ataré en las muñecas, para terminar entrenando las posturas de ataque y defensa con el shinai, con eso debería tener suficiente por esta noche .</span>Dijo en voz alta,<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span>se golpeó la cara con las manos a modo de preparación y se dispuso a realizar el entrenamiento."</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] Un encuentro singular]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=99</link>
			<pubDate>Thu, 10 Aug 2023 07:39:44 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=46">Vulkan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=99</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 4 meses del día actual</span></span></div>
<br />
Recuerdo el día con cierto cariño.<br />
Fue un día caluroso y sin nubes en el cielo. El sudor se te pegaba a la piel si te quedabas bajo el Sol unos segundos. Las nubes temían al astro rey y no se dejaron ver por toda la mañana.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">"Que hora es? Las 12 del mediodía?"</span> </span>- me dije a mí mismo en voz baja, mirando a un Sol que pegaba más duro que chancla de abuela-<br />
<br />
Sabía que debía apuntarme en el Cuartel de esa isla. Pero la prioridad en ese momento era cubrirse del sofocante clima.<br />
Comencé a pasear por las calles de Shell Town. Eran unas calles empedradas, con puestos y tenderetes a diestra y siniestra. La gente se veía a simple vista de clase trabajadora, vistiendo telas sencillas y con manos curtidas por salir del trabajo. <br />
Empezaron pues a entrar en locales de comidas. Al final, con tanto paseo, se me había puesto el Sol en lo alto y el estómago me pedía comer.<br />
Entre pues en un local aparentemente sencillo. Era completo de madera y parecía rústico. Me llamó la atención la oferta de 2x1 en cervezas y la barra que se veía desde fuera. La puerta era pequeña, de madera usada y hacía un vaivén chirriante. <br />
Al entrar, me sentí observado. No sé si por el traje de la Marina o por ser demasiado joven para estar allí. A decir verdad, estaba rodeado de mesas redondas repletas de trabajadores entrados en los 50, riendo de chistes verdes o llorando por como sus mujeres les habían dejado por otro más atlético y agraciado.<br />
Me senté en la barra, solo. Y el camarero empezó su breve canción:<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">"Buenas joven, que te pongo?"</span>- dijo mientras limpiaba un vaso y simulaba ser amable-<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">"El plato del día... Y ese 2x1 en cerveza"</span></span> - Hice el esfuerzo de ser agradable-<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">"Guiso de sepia y 2 cervezas, marchando"</span>- dijo avanzando hacía la cocina-<br />
<br />
En ese momento me quedé solo. Pero algo me llamó la atención. Más bien alguien.<br />
<!-- start: postbit_attachments_attachment -->
<br /><!-- start: attachment_icon -->
<img src="https://nakamanomi.com/images/attachtypes/image.png" title="JPG Image" border="0" alt=".jpg" />
<!-- end: attachment_icon -->&nbsp;&nbsp;<a href="attachment.php?aid=5" target="_blank" title="">c3e8d3c67333e1dfa449c7777c5939ce--western-saloon-western-theme.jpg</a> (Tamaño: 58.51 KB / Descargas: 10)
<!-- end: postbit_attachments_attachment -->]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 4 meses del día actual</span></span></div>
<br />
Recuerdo el día con cierto cariño.<br />
Fue un día caluroso y sin nubes en el cielo. El sudor se te pegaba a la piel si te quedabas bajo el Sol unos segundos. Las nubes temían al astro rey y no se dejaron ver por toda la mañana.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">"Que hora es? Las 12 del mediodía?"</span> </span>- me dije a mí mismo en voz baja, mirando a un Sol que pegaba más duro que chancla de abuela-<br />
<br />
Sabía que debía apuntarme en el Cuartel de esa isla. Pero la prioridad en ese momento era cubrirse del sofocante clima.<br />
Comencé a pasear por las calles de Shell Town. Eran unas calles empedradas, con puestos y tenderetes a diestra y siniestra. La gente se veía a simple vista de clase trabajadora, vistiendo telas sencillas y con manos curtidas por salir del trabajo. <br />
Empezaron pues a entrar en locales de comidas. Al final, con tanto paseo, se me había puesto el Sol en lo alto y el estómago me pedía comer.<br />
Entre pues en un local aparentemente sencillo. Era completo de madera y parecía rústico. Me llamó la atención la oferta de 2x1 en cervezas y la barra que se veía desde fuera. La puerta era pequeña, de madera usada y hacía un vaivén chirriante. <br />
Al entrar, me sentí observado. No sé si por el traje de la Marina o por ser demasiado joven para estar allí. A decir verdad, estaba rodeado de mesas redondas repletas de trabajadores entrados en los 50, riendo de chistes verdes o llorando por como sus mujeres les habían dejado por otro más atlético y agraciado.<br />
Me senté en la barra, solo. Y el camarero empezó su breve canción:<br />
<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">"Buenas joven, que te pongo?"</span>- dijo mientras limpiaba un vaso y simulaba ser amable-<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">"El plato del día... Y ese 2x1 en cerveza"</span></span> - Hice el esfuerzo de ser agradable-<br />
<span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">"Guiso de sepia y 2 cervezas, marchando"</span>- dijo avanzando hacía la cocina-<br />
<br />
En ese momento me quedé solo. Pero algo me llamó la atención. Más bien alguien.<br />
<!-- start: postbit_attachments_attachment -->
<br /><!-- start: attachment_icon -->
<img src="https://nakamanomi.com/images/attachtypes/image.png" title="JPG Image" border="0" alt=".jpg" />
<!-- end: attachment_icon -->&nbsp;&nbsp;<a href="attachment.php?aid=5" target="_blank" title="">c3e8d3c67333e1dfa449c7777c5939ce--western-saloon-western-theme.jpg</a> (Tamaño: 58.51 KB / Descargas: 10)
<!-- end: postbit_attachments_attachment -->]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado][Fic] Parte 2. Purgatorio]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=96</link>
			<pubDate>Thu, 10 Aug 2023 04:16:52 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=34">Triana Tempesta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=96</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 11 años.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me desperté de un salto cuando escuché unos golpes en mi puerta. No sabía qué hora era y estaba algo confusa, pero tan solo tardé unos segundos en recordar todo lo que había ocurrido la noche anterior. Recé por que fuese una pesadilla, pero la ropa tirada en el suelo del cuarto indicaba que no. De un movimiento brusco aparté la sábana que me cubría y bajé de la cama para pegarle una patada a la ropa y esconderla bajo la cama. —<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Se puede saber qué haces?!</span></span> —la temible voz de mi madre sonó con fuerza al mismo tiempo que la puerta se abría de golpe. Lo primero que vi fue su mirada de asco y decepción. —<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Te parecen estas horas de seguir en la cama?! Tu hermano lleva ya una hora entrenando. Eres un desastre. Por lo menos podrías tener la decencia de vestirte.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se me ocurrieron varias contestaciones y tuve que hacer un gran esfuerzo por reprimirme y no soltar ninguna. Era la primera vez que me ocurría algo así, solía despertarme siempre a la misma hora. —<span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo siento. No volverá a ocurrir</span></span> —fue lo único que dije, sabiendo que no sería suficiente. Nunca lo era. —<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pues claro que no volverá a ocurrir</span></span> —dijo antes de darse la vuelta y salir del cuarto con un portazo. Apreté el puño y di un fuerte golpe contra la cama. Seguro que en la cárcel se estaba mucho mejor que en esta casa. Sería lo mismo, pero sin mi familia. Sabía que debía ir a entrenar, nunca había faltado a un entrenamiento, ni siquiera cuando estaba enferma, pero no podía continuar con la duda. Por si me cruzaba con mi madre o con mi hermano me vestí de forma algo más decente, con una falda y una camisa, pero no perdí demasiado tiempo en colocármela de forma correcta. Salí a paso rápido de la casa y me dirigí de nuevo a la tienda de conveniencia. No sabía a quién me encontraría a aquellas horas, aunque, por lo menos, esperaba poder dejar un mensaje y enterarme de lo que había ocurrido. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Giré la calle para entrar en el callejón donde se encontraba la tienda, pero, de repente, sentí un tirón en mi brazo que me hizo volver a la calle principal. Antes ni siquiera de saber quién me había agarrado fruncí el ceño y me revolví de forma brusca para intentar zafarme. En este forcejeo me percaté de que era el hombre de la capa el que me estaba sujetando. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Suéltame </span></span>—exigí de forma inmediata. Sabía de lo que era capaz ese hombre, pero dudaba de que fuese capaz de hacer una tontería a plena luz del día y en una calle relativamente concurrida. Al menos, eso esperaba. Sinceramente, creía que los marines habían conseguido atraparle anoche. Ahora que lo tenía más cerca pude ver que su capa estaba ligeramente roída y que desprendía un olor a puro. Además, sus zapatos estaban claramente desgastados, pero seguí sin poder verle bien la cara, cubierta por la capucha de su capa. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ven conmigo</span> —dijo sin soltarme el brazo. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue una rotunda negativa. La situación era de lo más siniestra. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y si no quiero?</span></span> —respondí con un tono altivo y fingiendo seguridad. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Pues no te va a quedar otra.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando pronunció estas palabras sentí algo punzante en mi abdomen. Bajé la mirada y vi que, bajo su capa, estaba sujetando un arma de filo, seguramente una de sus katanas para apuntarme con ella de forma discreta. Resoplé de impotencia al comprender que el hombre tenía razón, pero no podía llegar a comprender qué era lo que quería de mí. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Oye, no le voy a decir nada a los marines, no pensaba delatar a nadie</span></span> —dije creyendo que lo más probable era que desconfiasen de mí. Solo esperaba que todavía no supiesen mi nombre ni hubiesen averiguado nada de mi familia. En ese caso, sí que estaba perdida. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Tú camina</span> —se limitó a decir mientras emprendía el paso, todavía cogido de mi brazo. Ese hombre debía estar completamente loco, la ciudad estaba repleta de marines, cualquiera de ellos podría darse cuenta de la situación. Caminé a su lado sin rechistar más y buscando con la mirada a alguien con aquel uniforme que me resultaba tan familiar. Tal vez lo mejor fuese pedir ayuda nada más ver un marine, aunque me echaba para atrás la idea de ser atravesada por una katana. ¿Ese hombre sería capaz de hacerlo? Por suerte o por desgracia no tuve la oportunidad de averiguarlo. No nos cruzamos ningún marine y perdí totalmente la esperanza cuando salimos de la ciudad. En este punto, ya llegué a valorar la idea de que lo que pretendía el espadachín era acabar con mi vida por ser un estorbo para los camellos de la ciudad. En ese caso, no pensaba quedarme de brazos cruzados esperando mi muerte. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Llegamos hasta una zona algo boscosa con unos matorrales y algunos árboles. En una pared montañosa se podía ver claramente la entrada a una cueva. ¿Ahí pensaría esconder mi cadáver? Mi madre se iba a poner furiosa cuando se diese cuenta de que no había ido al entrenamiento. Seguro que ni siquiera me echaría de menos, solo estaría enfadada conmigo por haber desaparecido. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Entra </span>—la voz del hombre interrumpió mis pensamientos. Eso sí que no. Sin pensarlo un segundo, lancé un puñetazo hacia su cara. No pareció costarle demasiado esquivarlo echándose hacia atrás, pero ese movimiento hizo que la capucha de su capa cayese hacia atrás y dejase su rostro al descubierto. Si había alguna posibilidad de que pensase dejarme con vida, acababa de desvanecerse. Aquel hombre tenía un aspecto bastante desaliñado. Tendría unos 45 años y parecía que no se había cortado la barba en meses. Su pelo era de color negro, su piel algo morena y sus ojos marrones. Tenía un aspecto bastante común. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡Ya entregué el paquete! ¡Cumplí las órdenes!</span></span> —grité desesperada mientras me agachaba para coger una piedra. Eché la mano hacia atrás dispuesta a lanzársela y convencida de que no serviría de nada, ya había visto cómo era capaz de repeler las balas. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Espera, espera</span> —dijo de forma apresurada antes de que le tirase la piedra y le diese en el pecho. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Estate quieta, no voy a hacerte nada. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me esperaba cualquier cosa menos esa reacción. Ya estábamos fuera de la ciudad, no tenía por qué querer ganarse mi confianza. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡¿Y qué mierdas quieres?!</span></span> —grité a todo pulmón desatando toda mi rabia y el miedo contenido. El hombre ahora parecía confuso, no sabía qué esperaba después de haber llevado a una adolescente a las afueras. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Te he tenido que traer hasta aquí para que me escuches, es tu culpa por montar una escena en medio de la calle. Yo hubiese preferido que fuésemos a una cafetería, pero no me dejaste opción</span> —me reprochó. Lo que me faltaba, que toda esta situación fuese mi culpa. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Me da igual lo que quieras, eres un pirado, yo me largo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de que pudiese girarme me volvió a agarrar del brazo, esta vez con algo más de fuerza. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Y tú eres una niñata de mierda que se cree muy valiente por hacer de recadera de unos desgraciados que se aprovechan de las personas estúpidas como tú. ¿Quieres volver para que te den unas palmaditas en la espalda y un par de perras? ¿Qué pensarían tus padres si se enterasen de a lo que te dedicas?</span> —dijo con tono de reproche. Cada vez entendía menos de lo que ocurría, pero salté al instante cuando mencionó a mis padres. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡¿Y a ti qué te importa?! ¿Qué quieres? ¿Chantajearme? No tengo padres, así que no te servirá de nada. A nadie le importa lo que haga o lo que me ocurra, pierdes el tiempo</span></span> —contesté de forma bastante convincente. La mentira se me había venido a la mente con bastante rapidez y no me había costado aparentar seguridad. El hombre se quedó unos segundos callado hasta que, finalmente, respondió. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Me da igual, no vas a volver a trabajar para ellos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Aquello casi me hace reír, pero antes de que pudiese contestarle, continuó hablando. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No puedes trabajar para ellos porque ahora trabajas para mí. Y no te molestes en rechazar mi oferta, ya he hablado con esos tipos y no van a aceptar que hagas más trabajos para ellos. Seguramente se haya corrido la voz y nadie más del entorno quiera tener nada que ver contigo, así que soy tu única opción. Eso sí, no te voy a pagar con dinero, te daré otras cosas más valiosas. A ver, ¿qué te daban normalmente como pago?</span> —su pregunta y todo su discurso me había dejado algo desconcertada. No entendía por qué hacía todo esto y me gustaría poder ignorarle, pero la llama de la curiosidad ya se había encendido en mi pecho. Solo por hoy podía ver a dónde quería llegar con todo esto. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tampoco me pagaban demasiado, pero me daban bastantes botellas de alcohol. Si me das alguna también puedo hacerte algún favor. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sabía cómo conseguir alcohol a pesar de no tener la edad. Conocía algunas tiendas que me lo venderían a algo más de precio y, si no, siempre podía robarlas, pero era mucho más sencillo si me las daban. Lo que estaba claro era que las necesitaba, tras dos años bebiendo no era capaz de prescindir de ello. El hombre frunció el ceño, por algún motivo parecía enfadado. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Para empezar, necesito que vayas a la tienda de puros que hay en el barrio en el que te encontré y le des esto al dueño</span> —metió la mano en un bolsillo y sacó un pedazo de papel algo arrugado. Estaba acostumbrada a trabajos extraños y aparentemente sencillos, así como a no hacer preguntas. Cogí el papel y comencé a caminar de vuelta a la ciudad. No sabía por qué el hombre se fiaba de mí, podría no volver nunca a aquella siniestra cueva. Sin embargo, caminé hacia el lugar indicado con tantas cosas en la cabeza que ni se me ocurrió leer aquel papel. Cuando llegué, casi sin mediar palabra se lo entregué al dueño, que, a leerlo, sonrió. —<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Cómo está el viejo Roberts? Hacía un tiempo que no sabía nada de él. ¿Ahora tiene recadera? Toma, esto es para él</span> —dijo extendiéndome una cajita metálica. La cogí, me despedí rápidamente y salí de allí para volver a la cueva. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando me vio regresar me pareció percibir en su rostro una expresión de alivio. Le di la caja metálica y vi cómo la abría para sacar un puro y comenzar a fumar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ahora sí</span> —dijo exhalando una bocanada de humo —. <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Yo me llamo Bartholomew Roberts, pero puedes llamarme Bart. ¿Tú cómo te llamas?</span> —. Dudé unos segundos hasta que decidí responderle, por lo visto ahora no me quedaba más remedio que seguirle la corriente. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Triana</span></span> —dije obviando mi apellido. No es que mi familia fuese extremadamente conocida, pero a algunas personas propias de la isla les podía llegar a sonar aquel apellido y relacionarlo con la Marina, así que prefería no mencionarlo demasiado. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">De acuerdo, Triana, conmigo no vas a volver a beber alcohol, esa mierda acabará destrozando tu vida. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me quedé mirándole con una ceja alzada. ¿Se estaba preocupando por mí? Ahora que lo pensaba, también me había salvado de los marines la noche anterior. Pensé que era porque también trabajaba para los camellos, pero ahora que caía en la cuenta no tenía sentido, ni siquiera parecía que se llevase bien con ellos. Aun así, lo que más me preocupaba era que no pensase dejarme beber. Como si pudiese impedirlo. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y tú sí puedes fumar esa cosa? Huele fatal y no tiene tampoco pinta de ser muy sana. Te puedo ayudar con algún trabajo a cambio de algo, pero no te metas en mi vida</span></span> —dije cruzándome de brazos y sin pensar en ceder un ápice. Desde aquella noche no. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Esto? </span>—preguntó señalando el puro —. <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Nada que ver con la guarrada del alcohol, esto da la vida. De hecho, toma, este es tu pago por lo de hoy. Cuando quieras beber, fuma uno de estos, pero no lo hagas en un espacio cerrado y después cámbiate de ropa si no quieres que tus padres o quién sea con quien vivas no te pille. Por lo menos solo tienes que ocultar el olor, no la borrachera. Y no me engañes o me enteraré</span> —dijo lanzándome la caja de los puros a la que tan solo le faltaba el que había cogido para él. ¿En serio pensaba darme puros? ¿Y cómo había sabido lo de mis padres? Le dije que no tenía. Como si me hubiese leído la mente se adelantó a mi pregunta. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Y no me niegues lo de tu familia. ¿Has visto cómo vas vestida? ¿Te crees que cualquier niño puede vestir esa ropa?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No había caído en la cuenta y ese hombre era más astuto de lo que pensaba. Me guardé la caja de puros y me giré para irme de allí. Cuando estaba de espaldas, volví a escuchar a Bart. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Mañana quiero que estés aquí por la mañana. No faltes, voy a necesitar tu ayuda. </span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 11 años.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me desperté de un salto cuando escuché unos golpes en mi puerta. No sabía qué hora era y estaba algo confusa, pero tan solo tardé unos segundos en recordar todo lo que había ocurrido la noche anterior. Recé por que fuese una pesadilla, pero la ropa tirada en el suelo del cuarto indicaba que no. De un movimiento brusco aparté la sábana que me cubría y bajé de la cama para pegarle una patada a la ropa y esconderla bajo la cama. —<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Se puede saber qué haces?!</span></span> —la temible voz de mi madre sonó con fuerza al mismo tiempo que la puerta se abría de golpe. Lo primero que vi fue su mirada de asco y decepción. —<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¿Te parecen estas horas de seguir en la cama?! Tu hermano lleva ya una hora entrenando. Eres un desastre. Por lo menos podrías tener la decencia de vestirte.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se me ocurrieron varias contestaciones y tuve que hacer un gran esfuerzo por reprimirme y no soltar ninguna. Era la primera vez que me ocurría algo así, solía despertarme siempre a la misma hora. —<span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo siento. No volverá a ocurrir</span></span> —fue lo único que dije, sabiendo que no sería suficiente. Nunca lo era. —<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pues claro que no volverá a ocurrir</span></span> —dijo antes de darse la vuelta y salir del cuarto con un portazo. Apreté el puño y di un fuerte golpe contra la cama. Seguro que en la cárcel se estaba mucho mejor que en esta casa. Sería lo mismo, pero sin mi familia. Sabía que debía ir a entrenar, nunca había faltado a un entrenamiento, ni siquiera cuando estaba enferma, pero no podía continuar con la duda. Por si me cruzaba con mi madre o con mi hermano me vestí de forma algo más decente, con una falda y una camisa, pero no perdí demasiado tiempo en colocármela de forma correcta. Salí a paso rápido de la casa y me dirigí de nuevo a la tienda de conveniencia. No sabía a quién me encontraría a aquellas horas, aunque, por lo menos, esperaba poder dejar un mensaje y enterarme de lo que había ocurrido. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Giré la calle para entrar en el callejón donde se encontraba la tienda, pero, de repente, sentí un tirón en mi brazo que me hizo volver a la calle principal. Antes ni siquiera de saber quién me había agarrado fruncí el ceño y me revolví de forma brusca para intentar zafarme. En este forcejeo me percaté de que era el hombre de la capa el que me estaba sujetando. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Suéltame </span></span>—exigí de forma inmediata. Sabía de lo que era capaz ese hombre, pero dudaba de que fuese capaz de hacer una tontería a plena luz del día y en una calle relativamente concurrida. Al menos, eso esperaba. Sinceramente, creía que los marines habían conseguido atraparle anoche. Ahora que lo tenía más cerca pude ver que su capa estaba ligeramente roída y que desprendía un olor a puro. Además, sus zapatos estaban claramente desgastados, pero seguí sin poder verle bien la cara, cubierta por la capucha de su capa. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ven conmigo</span> —dijo sin soltarme el brazo. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue una rotunda negativa. La situación era de lo más siniestra. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y si no quiero?</span></span> —respondí con un tono altivo y fingiendo seguridad. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Pues no te va a quedar otra.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando pronunció estas palabras sentí algo punzante en mi abdomen. Bajé la mirada y vi que, bajo su capa, estaba sujetando un arma de filo, seguramente una de sus katanas para apuntarme con ella de forma discreta. Resoplé de impotencia al comprender que el hombre tenía razón, pero no podía llegar a comprender qué era lo que quería de mí. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Oye, no le voy a decir nada a los marines, no pensaba delatar a nadie</span></span> —dije creyendo que lo más probable era que desconfiasen de mí. Solo esperaba que todavía no supiesen mi nombre ni hubiesen averiguado nada de mi familia. En ese caso, sí que estaba perdida. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Tú camina</span> —se limitó a decir mientras emprendía el paso, todavía cogido de mi brazo. Ese hombre debía estar completamente loco, la ciudad estaba repleta de marines, cualquiera de ellos podría darse cuenta de la situación. Caminé a su lado sin rechistar más y buscando con la mirada a alguien con aquel uniforme que me resultaba tan familiar. Tal vez lo mejor fuese pedir ayuda nada más ver un marine, aunque me echaba para atrás la idea de ser atravesada por una katana. ¿Ese hombre sería capaz de hacerlo? Por suerte o por desgracia no tuve la oportunidad de averiguarlo. No nos cruzamos ningún marine y perdí totalmente la esperanza cuando salimos de la ciudad. En este punto, ya llegué a valorar la idea de que lo que pretendía el espadachín era acabar con mi vida por ser un estorbo para los camellos de la ciudad. En ese caso, no pensaba quedarme de brazos cruzados esperando mi muerte. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Llegamos hasta una zona algo boscosa con unos matorrales y algunos árboles. En una pared montañosa se podía ver claramente la entrada a una cueva. ¿Ahí pensaría esconder mi cadáver? Mi madre se iba a poner furiosa cuando se diese cuenta de que no había ido al entrenamiento. Seguro que ni siquiera me echaría de menos, solo estaría enfadada conmigo por haber desaparecido. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Entra </span>—la voz del hombre interrumpió mis pensamientos. Eso sí que no. Sin pensarlo un segundo, lancé un puñetazo hacia su cara. No pareció costarle demasiado esquivarlo echándose hacia atrás, pero ese movimiento hizo que la capucha de su capa cayese hacia atrás y dejase su rostro al descubierto. Si había alguna posibilidad de que pensase dejarme con vida, acababa de desvanecerse. Aquel hombre tenía un aspecto bastante desaliñado. Tendría unos 45 años y parecía que no se había cortado la barba en meses. Su pelo era de color negro, su piel algo morena y sus ojos marrones. Tenía un aspecto bastante común. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡Ya entregué el paquete! ¡Cumplí las órdenes!</span></span> —grité desesperada mientras me agachaba para coger una piedra. Eché la mano hacia atrás dispuesta a lanzársela y convencida de que no serviría de nada, ya había visto cómo era capaz de repeler las balas. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Espera, espera</span> —dijo de forma apresurada antes de que le tirase la piedra y le diese en el pecho. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Estate quieta, no voy a hacerte nada. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me esperaba cualquier cosa menos esa reacción. Ya estábamos fuera de la ciudad, no tenía por qué querer ganarse mi confianza. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡¿Y qué mierdas quieres?!</span></span> —grité a todo pulmón desatando toda mi rabia y el miedo contenido. El hombre ahora parecía confuso, no sabía qué esperaba después de haber llevado a una adolescente a las afueras. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Te he tenido que traer hasta aquí para que me escuches, es tu culpa por montar una escena en medio de la calle. Yo hubiese preferido que fuésemos a una cafetería, pero no me dejaste opción</span> —me reprochó. Lo que me faltaba, que toda esta situación fuese mi culpa. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Me da igual lo que quieras, eres un pirado, yo me largo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de que pudiese girarme me volvió a agarrar del brazo, esta vez con algo más de fuerza. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Y tú eres una niñata de mierda que se cree muy valiente por hacer de recadera de unos desgraciados que se aprovechan de las personas estúpidas como tú. ¿Quieres volver para que te den unas palmaditas en la espalda y un par de perras? ¿Qué pensarían tus padres si se enterasen de a lo que te dedicas?</span> —dijo con tono de reproche. Cada vez entendía menos de lo que ocurría, pero salté al instante cuando mencionó a mis padres. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¡¿Y a ti qué te importa?! ¿Qué quieres? ¿Chantajearme? No tengo padres, así que no te servirá de nada. A nadie le importa lo que haga o lo que me ocurra, pierdes el tiempo</span></span> —contesté de forma bastante convincente. La mentira se me había venido a la mente con bastante rapidez y no me había costado aparentar seguridad. El hombre se quedó unos segundos callado hasta que, finalmente, respondió. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Me da igual, no vas a volver a trabajar para ellos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Aquello casi me hace reír, pero antes de que pudiese contestarle, continuó hablando. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No puedes trabajar para ellos porque ahora trabajas para mí. Y no te molestes en rechazar mi oferta, ya he hablado con esos tipos y no van a aceptar que hagas más trabajos para ellos. Seguramente se haya corrido la voz y nadie más del entorno quiera tener nada que ver contigo, así que soy tu única opción. Eso sí, no te voy a pagar con dinero, te daré otras cosas más valiosas. A ver, ¿qué te daban normalmente como pago?</span> —su pregunta y todo su discurso me había dejado algo desconcertada. No entendía por qué hacía todo esto y me gustaría poder ignorarle, pero la llama de la curiosidad ya se había encendido en mi pecho. Solo por hoy podía ver a dónde quería llegar con todo esto. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tampoco me pagaban demasiado, pero me daban bastantes botellas de alcohol. Si me das alguna también puedo hacerte algún favor. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sabía cómo conseguir alcohol a pesar de no tener la edad. Conocía algunas tiendas que me lo venderían a algo más de precio y, si no, siempre podía robarlas, pero era mucho más sencillo si me las daban. Lo que estaba claro era que las necesitaba, tras dos años bebiendo no era capaz de prescindir de ello. El hombre frunció el ceño, por algún motivo parecía enfadado. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Para empezar, necesito que vayas a la tienda de puros que hay en el barrio en el que te encontré y le des esto al dueño</span> —metió la mano en un bolsillo y sacó un pedazo de papel algo arrugado. Estaba acostumbrada a trabajos extraños y aparentemente sencillos, así como a no hacer preguntas. Cogí el papel y comencé a caminar de vuelta a la ciudad. No sabía por qué el hombre se fiaba de mí, podría no volver nunca a aquella siniestra cueva. Sin embargo, caminé hacia el lugar indicado con tantas cosas en la cabeza que ni se me ocurrió leer aquel papel. Cuando llegué, casi sin mediar palabra se lo entregué al dueño, que, a leerlo, sonrió. —<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Cómo está el viejo Roberts? Hacía un tiempo que no sabía nada de él. ¿Ahora tiene recadera? Toma, esto es para él</span> —dijo extendiéndome una cajita metálica. La cogí, me despedí rápidamente y salí de allí para volver a la cueva. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando me vio regresar me pareció percibir en su rostro una expresión de alivio. Le di la caja metálica y vi cómo la abría para sacar un puro y comenzar a fumar. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ahora sí</span> —dijo exhalando una bocanada de humo —. <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Yo me llamo Bartholomew Roberts, pero puedes llamarme Bart. ¿Tú cómo te llamas?</span> —. Dudé unos segundos hasta que decidí responderle, por lo visto ahora no me quedaba más remedio que seguirle la corriente. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Triana</span></span> —dije obviando mi apellido. No es que mi familia fuese extremadamente conocida, pero a algunas personas propias de la isla les podía llegar a sonar aquel apellido y relacionarlo con la Marina, así que prefería no mencionarlo demasiado. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">De acuerdo, Triana, conmigo no vas a volver a beber alcohol, esa mierda acabará destrozando tu vida. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Me quedé mirándole con una ceja alzada. ¿Se estaba preocupando por mí? Ahora que lo pensaba, también me había salvado de los marines la noche anterior. Pensé que era porque también trabajaba para los camellos, pero ahora que caía en la cuenta no tenía sentido, ni siquiera parecía que se llevase bien con ellos. Aun así, lo que más me preocupaba era que no pensase dejarme beber. Como si pudiese impedirlo. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">¿Y tú sí puedes fumar esa cosa? Huele fatal y no tiene tampoco pinta de ser muy sana. Te puedo ayudar con algún trabajo a cambio de algo, pero no te metas en mi vida</span></span> —dije cruzándome de brazos y sin pensar en ceder un ápice. Desde aquella noche no. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¿Esto? </span>—preguntó señalando el puro —. <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Nada que ver con la guarrada del alcohol, esto da la vida. De hecho, toma, este es tu pago por lo de hoy. Cuando quieras beber, fuma uno de estos, pero no lo hagas en un espacio cerrado y después cámbiate de ropa si no quieres que tus padres o quién sea con quien vivas no te pille. Por lo menos solo tienes que ocultar el olor, no la borrachera. Y no me engañes o me enteraré</span> —dijo lanzándome la caja de los puros a la que tan solo le faltaba el que había cogido para él. ¿En serio pensaba darme puros? ¿Y cómo había sabido lo de mis padres? Le dije que no tenía. Como si me hubiese leído la mente se adelantó a mi pregunta. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Y no me niegues lo de tu familia. ¿Has visto cómo vas vestida? ¿Te crees que cualquier niño puede vestir esa ropa?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No había caído en la cuenta y ese hombre era más astuto de lo que pensaba. Me guardé la caja de puros y me giré para irme de allí. Cuando estaba de espaldas, volví a escuchar a Bart. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Mañana quiero que estés aquí por la mañana. No faltes, voy a necesitar tu ayuda. </span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado][Fic] Parte 1. Infierno]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=86</link>
			<pubDate>Wed, 09 Aug 2023 17:23:48 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=34">Triana Tempesta</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=86</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 11 años.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las nubes grises poblaban el cielo y cubrían los escasos rayos de sol que le quedaban a aquel día de mierda. Tras una sesión infructuosa de prácticas de tiro en el jardín, me dirigí a la biblioteca de la casa para dar unas tediosas clases particulares. Hacía tiempo que mi madre había desistido para que aprendiese algo sobre navegación. No había nada que me interesase menos pero, no sabía por qué, desde niña había fingido que me confundía los puntos cardinales y que no era capaz de identificar ninguna isla. Esto último era una verdad a medias, había acabado tan harta de estudiar geografía que no recordaba demasiado sobre las distintas islas, sus localizaciones y los fenómenos naturales relacionados con la navegación, pero los puntos cardinales nunca habían supuesto un misterio para mí.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando llegué a la puerta de la biblioteca estiré la mano para abrirla, pero alguien se me adelantó y la abrió desde dentro. Mis ojos se cruzaron un breve instante con los de mi hermano, lo suficiente como para apreciar sus ojeras. Desvió su mirada para fijar su vista hacia delante y continuó caminando, pasando por mi lado sin dirigirme la palabra. Entré en la biblioteca, me senté en la pequeña mesa de madera y esperé a que viniese el profesor para comenzar con la clase. Aquellas dos horas siempre me parecían seis, pero me mantuve en silencio, prestando relativa atención. Hacía un par de años que esa era mi rutina habitual, todos los días eran iguales, igual de aburridos, de irrelevantes. Ahora por lo menos podía sentirme viva a partir de las diez de la noche. Solo tenía que esperar a que pasasen las horas. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras la lección del día me despedí del profesor con educación y esperé pacientemente a que se marchase. Cuando cruzó la puerta de la biblioteca pude respirar tranquila. Me dirigí a mi cuarto, todavía eran las ocho de la noche, quedaban un par de horas para que mi madre y hermano se encerrasen en sus cuartos para dormir, pero sabía que lo que quedaba de día no se relacionarían conmigo. Levanté el colchón de la cama y saqué una botella de ron. Ya quedaba menos de la mitad, así que pronto tendría que conseguir más. Abrí el cajón del escritorio, levanté los libros y saqué de debajo una revista de tonos rosados. En la portada se veía a una pareja caminando por la calle de la mano pillada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">in fraganti</span>. Me tiré en la cama con la botella y la revista, pegué un par de tragos y leí las llamativas letras de la portada: “Descubrimos al nuevo amor de Aiza Yamagawa”. Mis ojos se dirigieron directamente al hombre para examinarlo en profundad. Fuera quien fuese, seguramente no se mereciese a Aiza. Ojeé el resto de la portada mientras pegaba otro trago. Arriba a la izquierda había una imagen más pequeña de la conocida actriz Yukiko posando con un niño de unos 11 años al lado: “Sé que todas las madres dicen que su hijo es el más guapo, pero en mi caso es cierto”. Abajo había otra imagen de un hombre que reconocí rápidamente, el cantante Yuto Aoyama, acompañada del texto: “La versión de Yuto Aoyama sobre el incidente de su cumpleaños que acabó con la intervención la marina”. Una media sonrisa se dibujó en mi rostro mientras abría la revista para enterarme de los detalles de todo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">A diferencia de con las clases, esta vez el tiempo se pasó volando. Casi sin darme cuenta ya eran las 10 de la noche, la hora de vivir. Me asomé por la puerta del cuarto para asegurarme de que todos estaban dormidos, la casa estaba oscura y en absoluto silencio. Volví a cerrar la puerta y abrí la ventana del cuarto. Estaba en un segundo piso, pero no había demasiada altura hasta el suelo y ya había adquirido práctica. Me apoyé en la cornisa para caer en el tejado del primer piso y, desde ahí, me dirigí hacia la tubería que bajaba hasta el suelo para deslizarme por ella. En el pequeño jardín de la casa tan solo se escuchaban los grillos y mis pisadas amortiguadas por el césped. La verja de la entrada estaba cerrada, pero no costaba nada trepar por los barrotes de la misma. La calle también estaba bastante tranquila e iluminada por la luz de las farolas. Caminé bajando diferentes calles cuesta abajo, hasta que las luces de las farolas comenzaron a estar a mayor distancia entre ellas. La luz fue disminuyendo y el aspecto de las casas era cada vez más decadente. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vestía con unos pantalones vaqueros largos, unas deportivas, una sudadera negra y llevaba el pelo recogido en una coleta alta. Me puse la capucha para tapar mi rostro y aceleré el paso. A pesar de tener tan solo 15 años, era un poco más alta de lo habitual, 1’75 metros, así que podía pasar por una persona algo más adulta. En ese momento, un rayo iluminó todo durante unos milisegundos. El trueno tardó en sonar apenas unos segundos, aunque todavía no había comenzado a llover. En la calle todavía había algunas personas, especialmente cerca de los locales de comida. Me metí en uno de los callejones y entré en una pequeña y discreta tienda de conveniencia. Tras el mostrador había una señora mayor a la que había visto varias veces, aunque nunca la había escuchado hablar. Al verme, la mujer asintió y volvió a bajar la vista para seguir con lo que estaba haciendo, etiquetar unos paquetes de nueces para ponerlos a la venta. Metí ambas manos en los bolsillos de la sudadera y caminé hacia la puerta trasera. La tienda, como siempre, estaba vacía y la comida enlatada que vendían llena de polvo. Al cruzar la puerta recorrí un escueto pasillo hasta llegar a otra puerta, la de la trastienda, custodiada por un hombre que estaba sentado en una silla comiendo una mandarina. Apenas me miró cuando abrí la puerta para pasar. La trastienda apenas estaba iluminada, había un par de estanterías llenas de productos y, en el centro, una mesa llena de latas de cerveza y colillas de cigarrillos. Cerca de esta había un sofá algo hundido lleno de manchas y quemaduras y dos sillones a juego. En el sofá había dos hombres sentados y en uno de los sillones una mujer con los brazos y las piernas cruzadas; todos estaban fumando y bebiendo. Ya estaba acostumbrada a aquella escena, era lamentable.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Ya era hora, mocosa</span> —dijo uno de los dos hombres mientras pasaba la lengua por un papelillo para enrollar un cigarro. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No le contesté, me quedé en silencio esperando a que continuase, porque sabía que después de su lamentable saludo vendrían las instrucciones y no me equivocaba. —<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Hoy solo tienes que hacer una cosa, pero tienes que hacerla muy bien, porque si no puedes darte por muerta</span> —dijo con tono de enfado. Fruncí el ceño, pero continué callada. Tampoco podía pedirme algo demasiado difícil, aunque me veía capaz de llevar a cabo casi cualquier tarea. El hombre metió su mano en el bolsillo para sacar una pequeña bolsa transparente con unas pastillas en el interior. Sin previo aviso me la lanzó, por suerte estaba atenta y pude sacar una de las manos del bolsillo y cogerla al vuelo. —<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Lleva esto a la zona sur del puerto. Ahí te espera Chiqui, un tío que pesará como 200 kilos, no te puedes confundir. Y que nadie lo vea. Más te vale hacer la entrega y sin preguntas.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No pensaba preguntar y tampoco fallar en una tarea tan sencilla. Luego, además de algo de dinero, con suerte también podría conseguir alguna botella de alcohol. Volví a meter la mano con la pequeña bolsa en el bolsillo de la sudadera y me di la vuelta para salir por la puerta. Ninguno de los tres presentes me dijo nada más, no hacía falta. Tampoco el hombre de la puerta ni la mujer del mostrador me prestaron atención cuando salí de la tienda en dirección al puerto. No tardé demasiado en llegar. Comencé a caminar algo más despacio, fijándome en cada rincón del puerto entre los contenedores. El lugar estaba completamente vacío, los trabajadores llegarían por la mañana temprano, al igual que las personas que embarcaban y desembarcaban en la isla. Tan solo podía escuchar el rumor de las olas generadas por el viento que comenzaba a levantarse. Entre las sombras de uno de los contenedores me pareció ver algo moverse. Me paré en seco y me quedé mirando cómo una persona emergía entre la oscuridad, a unos veinte metros. Mantuve la calma, aunque el corazón se me aceleró por la adrenalina. Aquella figura era bastante voluminosa, seguramente fuese el hombre que debía encontrar, pero no quería adelantarme, así que permanecí inmóvil, mirando y oculta bajo la capucha de la sudadera. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando el hombre dio unos pasos más pude apreciar su figura con mayor claridad. Definitivamente, parecía la persona que estaba buscando y a la que debía dar la bolsita con las pastillas. Comencé a caminar hacia él al mismo tiempo que él caminaba hacia mí. Cuando estaba a menos de un metro me paré en seco, sin saber muy bien cómo proceder. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Chiqui </span>—dijo con una voz grave y ronca justo antes de extender su mano con la palma hacia arriba en mi dirección. Supuse que aquello sería suficiente para comprobar que no me había equivocado. Saqué mi mano derecha del bolsillo con el puño cerrado y, dentro de este, la bolsa con pastillas. La coloqué encima de su mano y solté la bolsa, que cayó sobre su palma. En ese momento, un grito me sobresaltó. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Levantad las manos y poneos de rodillas!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de obedecer me giré para ver cómo un grupo de tres marines nos apuntaban con sus armas. A pesar de la oscuridad reconocí a dos de ellos, compañeros de mi madre. Levanté las manos agachando la cabeza, aunque sabía que serviría de poco, era cuestión de tiempo que todo se destapase. Por el rabillo del ojo pude ver cómo el hombre al que le había dado las pastillas estaba ya arrodillado. En el suelo habían comenzado a formarse pequeñas manchas debidas a las gotas de agua. Ni siquiera había notado cuándo había comenzado a llover. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Que te arrodilles!</span> —repitió el marine en voz aún más alta. Sabía que no lo repetiría muchas más veces. Dejé que mis rodillas tocasen el suelo, sintiendo todo el peso de mi cuerpo. El primer pensamiento que pasó por mi cabeza es que mi madre se lo merecía, sería un buen castigo para ella haber criado a una delincuente. Eso era lo que quería pensar, pero en seguida me empezó a invadir la culpa, el miedo a ser una decepción, una vergüenza. No quería pensar de esta forma, que todas mis decisiones, que mi vida entera estuviese dedicada a buscar la aprobación de mi madre; sin embargo, no podía evitarlo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los tres marines se acercaron a nosotros. Mientras uno nos apuntaba, los otros dos vinieron a esposarnos. El tal Chiqui no trató de huir o enfrentarse a ellos, pero su mirada era completamente neutral, no mostraba ninguna expresión. Estaba casi segura de que el marine que iba a esposarme era Ryoma. No le conocía demasiado, tan solo le había visto en un par de ocasiones hablando con mi madre, pero estaba segura de que él me reconocería y, aunque no fuese así, algún otro lo haría. Incluso era posible que mi propia madre me encontrase mañana por la mañana en el cuartel. Antes de ponerme las esposas, sentí la mano del marine en mi cabeza, seguramente pensase en quitarme la capucha para dejar mi rostro al descubierto, pero, repentinamente, noté cómo la apartaba bruscamente. Yo continuaba con la vista fija en el suelo, no supe lo que estaba pasando hasta que escuché un grito y un par de disparos. Levanté la cabeza mirando hacia todos lados. Chiqui se había puesto en pie y había comenzado a correr a una velocidad bastante lamentable. Aun así, nadie le siguió, los tres marines estaban apuntando en otra dirección en la que había una persona cubierta con una capa y que llevaba un par de katanas. Hubo más disparos, pero, con un rápido movimiento de sus armas, aquella persona pudo desviar las balas o conseguir, de alguna manera que no era capaz de comprender, que no le acertasen. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Dos de los marines estaban a mi derecha, mientras que el otro, el que había esposado a Chiqui, se encontraba a mi izquierda. El espadachín pronunció unas palabras que no llegué a escuchar, pero gracias a ello pude saber que se trataba de un hombre. Acto seguido, colocó ambas katanas en posición vertical y lanzó un tajo hacia nuestra dirección. No sabía si era un loco o un aliado, pero, de todas maneras, no podía hacer nada. Bajé las manos y me quedé arrodillada en el suelo sin tener más tiempo para reaccionar. Un corte salió de sus armas y pasó por mis dos lados, haciendo que los marines tuviesen que retroceder y se alejasen de mí. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¡Vete!</span> —gritó el espadachín mientras los marines se preparaban para lanzar otra ráfaga de disparos. Se habían olvidado completamente de mí para centrar sus fuerzas en aquel hombre. Supuse que con esas palabras se estaba refiriendo a mí y no pensaba perder más tiempo. Me puse en pie de un salto y comencé a correr en la misma dirección por la que había venido. Esperaba que en cualquier momento una bala me alcanzase por la espalda, pero eso no ocurrió. Corrí sin mirar atrás. Cuando llegué a la ciudad no sabía a dónde ir. No sabía si ir a la tienda para avisar de lo que había ocurrido o volver a casa. No había caído en la cuenta, pero, técnicamente, había conseguido cumplir con el trabajo. Ese hombre seguiría esposado y no sabía como se liberaría, pero tenía el paquete. Por lo menos no tenía que preocuparme por que mi vida corriese peligro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al final, mi carrera me llevó hasta la puerta de mi casa. Estaba sin aliento y con la ropa mojada por la lluvia. Pensándolo fríamente, lo mejor sería no volver a la tienda hasta que la situación se calmase. No sabía cuánta información tenían los marines ni cómo actuarían. Trepé por la verja y por la tubería hasta llegar a la ventana de mi cuarto, parcialmente abierta. Nada más entrar me quité la ropa, la tiré al suelo y me metí bajo las sábanas. Todavía no entendía lo que acababa de pasar y, peor aún, no sabía cuáles serían las consecuencias de mis actos. ¿Los marines sabían lo que se hacía en aquella tienda en la que llevaba trabajando un año? ¿Alguien me delataría? Nunca les había dado mi nombre, una simple descripción no valdría para que me encontrasen, ¿o sí? En ese caso, ¿qué pasaría conmigo? ¿Podía ir a la cárcel? ¿Podría ser marine después de algo así? ¿Qué sería entonces de mi vida? ¿Mi madre me ayudaría? Solo podía intuir la respuesta a esta última pregunta y no era muy esperanzadora. Tardé bastante tiempo, los pensamientos se amontonaban en mi cabeza pero, finalmente, me dormí.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hace 11 años.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las nubes grises poblaban el cielo y cubrían los escasos rayos de sol que le quedaban a aquel día de mierda. Tras una sesión infructuosa de prácticas de tiro en el jardín, me dirigí a la biblioteca de la casa para dar unas tediosas clases particulares. Hacía tiempo que mi madre había desistido para que aprendiese algo sobre navegación. No había nada que me interesase menos pero, no sabía por qué, desde niña había fingido que me confundía los puntos cardinales y que no era capaz de identificar ninguna isla. Esto último era una verdad a medias, había acabado tan harta de estudiar geografía que no recordaba demasiado sobre las distintas islas, sus localizaciones y los fenómenos naturales relacionados con la navegación, pero los puntos cardinales nunca habían supuesto un misterio para mí.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando llegué a la puerta de la biblioteca estiré la mano para abrirla, pero alguien se me adelantó y la abrió desde dentro. Mis ojos se cruzaron un breve instante con los de mi hermano, lo suficiente como para apreciar sus ojeras. Desvió su mirada para fijar su vista hacia delante y continuó caminando, pasando por mi lado sin dirigirme la palabra. Entré en la biblioteca, me senté en la pequeña mesa de madera y esperé a que viniese el profesor para comenzar con la clase. Aquellas dos horas siempre me parecían seis, pero me mantuve en silencio, prestando relativa atención. Hacía un par de años que esa era mi rutina habitual, todos los días eran iguales, igual de aburridos, de irrelevantes. Ahora por lo menos podía sentirme viva a partir de las diez de la noche. Solo tenía que esperar a que pasasen las horas. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras la lección del día me despedí del profesor con educación y esperé pacientemente a que se marchase. Cuando cruzó la puerta de la biblioteca pude respirar tranquila. Me dirigí a mi cuarto, todavía eran las ocho de la noche, quedaban un par de horas para que mi madre y hermano se encerrasen en sus cuartos para dormir, pero sabía que lo que quedaba de día no se relacionarían conmigo. Levanté el colchón de la cama y saqué una botella de ron. Ya quedaba menos de la mitad, así que pronto tendría que conseguir más. Abrí el cajón del escritorio, levanté los libros y saqué de debajo una revista de tonos rosados. En la portada se veía a una pareja caminando por la calle de la mano pillada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">in fraganti</span>. Me tiré en la cama con la botella y la revista, pegué un par de tragos y leí las llamativas letras de la portada: “Descubrimos al nuevo amor de Aiza Yamagawa”. Mis ojos se dirigieron directamente al hombre para examinarlo en profundad. Fuera quien fuese, seguramente no se mereciese a Aiza. Ojeé el resto de la portada mientras pegaba otro trago. Arriba a la izquierda había una imagen más pequeña de la conocida actriz Yukiko posando con un niño de unos 11 años al lado: “Sé que todas las madres dicen que su hijo es el más guapo, pero en mi caso es cierto”. Abajo había otra imagen de un hombre que reconocí rápidamente, el cantante Yuto Aoyama, acompañada del texto: “La versión de Yuto Aoyama sobre el incidente de su cumpleaños que acabó con la intervención la marina”. Una media sonrisa se dibujó en mi rostro mientras abría la revista para enterarme de los detalles de todo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">A diferencia de con las clases, esta vez el tiempo se pasó volando. Casi sin darme cuenta ya eran las 10 de la noche, la hora de vivir. Me asomé por la puerta del cuarto para asegurarme de que todos estaban dormidos, la casa estaba oscura y en absoluto silencio. Volví a cerrar la puerta y abrí la ventana del cuarto. Estaba en un segundo piso, pero no había demasiada altura hasta el suelo y ya había adquirido práctica. Me apoyé en la cornisa para caer en el tejado del primer piso y, desde ahí, me dirigí hacia la tubería que bajaba hasta el suelo para deslizarme por ella. En el pequeño jardín de la casa tan solo se escuchaban los grillos y mis pisadas amortiguadas por el césped. La verja de la entrada estaba cerrada, pero no costaba nada trepar por los barrotes de la misma. La calle también estaba bastante tranquila e iluminada por la luz de las farolas. Caminé bajando diferentes calles cuesta abajo, hasta que las luces de las farolas comenzaron a estar a mayor distancia entre ellas. La luz fue disminuyendo y el aspecto de las casas era cada vez más decadente. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vestía con unos pantalones vaqueros largos, unas deportivas, una sudadera negra y llevaba el pelo recogido en una coleta alta. Me puse la capucha para tapar mi rostro y aceleré el paso. A pesar de tener tan solo 15 años, era un poco más alta de lo habitual, 1’75 metros, así que podía pasar por una persona algo más adulta. En ese momento, un rayo iluminó todo durante unos milisegundos. El trueno tardó en sonar apenas unos segundos, aunque todavía no había comenzado a llover. En la calle todavía había algunas personas, especialmente cerca de los locales de comida. Me metí en uno de los callejones y entré en una pequeña y discreta tienda de conveniencia. Tras el mostrador había una señora mayor a la que había visto varias veces, aunque nunca la había escuchado hablar. Al verme, la mujer asintió y volvió a bajar la vista para seguir con lo que estaba haciendo, etiquetar unos paquetes de nueces para ponerlos a la venta. Metí ambas manos en los bolsillos de la sudadera y caminé hacia la puerta trasera. La tienda, como siempre, estaba vacía y la comida enlatada que vendían llena de polvo. Al cruzar la puerta recorrí un escueto pasillo hasta llegar a otra puerta, la de la trastienda, custodiada por un hombre que estaba sentado en una silla comiendo una mandarina. Apenas me miró cuando abrí la puerta para pasar. La trastienda apenas estaba iluminada, había un par de estanterías llenas de productos y, en el centro, una mesa llena de latas de cerveza y colillas de cigarrillos. Cerca de esta había un sofá algo hundido lleno de manchas y quemaduras y dos sillones a juego. En el sofá había dos hombres sentados y en uno de los sillones una mujer con los brazos y las piernas cruzadas; todos estaban fumando y bebiendo. Ya estaba acostumbrada a aquella escena, era lamentable.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Ya era hora, mocosa</span> —dijo uno de los dos hombres mientras pasaba la lengua por un papelillo para enrollar un cigarro. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No le contesté, me quedé en silencio esperando a que continuase, porque sabía que después de su lamentable saludo vendrían las instrucciones y no me equivocaba. —<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Hoy solo tienes que hacer una cosa, pero tienes que hacerla muy bien, porque si no puedes darte por muerta</span> —dijo con tono de enfado. Fruncí el ceño, pero continué callada. Tampoco podía pedirme algo demasiado difícil, aunque me veía capaz de llevar a cabo casi cualquier tarea. El hombre metió su mano en el bolsillo para sacar una pequeña bolsa transparente con unas pastillas en el interior. Sin previo aviso me la lanzó, por suerte estaba atenta y pude sacar una de las manos del bolsillo y cogerla al vuelo. —<span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Lleva esto a la zona sur del puerto. Ahí te espera Chiqui, un tío que pesará como 200 kilos, no te puedes confundir. Y que nadie lo vea. Más te vale hacer la entrega y sin preguntas.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No pensaba preguntar y tampoco fallar en una tarea tan sencilla. Luego, además de algo de dinero, con suerte también podría conseguir alguna botella de alcohol. Volví a meter la mano con la pequeña bolsa en el bolsillo de la sudadera y me di la vuelta para salir por la puerta. Ninguno de los tres presentes me dijo nada más, no hacía falta. Tampoco el hombre de la puerta ni la mujer del mostrador me prestaron atención cuando salí de la tienda en dirección al puerto. No tardé demasiado en llegar. Comencé a caminar algo más despacio, fijándome en cada rincón del puerto entre los contenedores. El lugar estaba completamente vacío, los trabajadores llegarían por la mañana temprano, al igual que las personas que embarcaban y desembarcaban en la isla. Tan solo podía escuchar el rumor de las olas generadas por el viento que comenzaba a levantarse. Entre las sombras de uno de los contenedores me pareció ver algo moverse. Me paré en seco y me quedé mirando cómo una persona emergía entre la oscuridad, a unos veinte metros. Mantuve la calma, aunque el corazón se me aceleró por la adrenalina. Aquella figura era bastante voluminosa, seguramente fuese el hombre que debía encontrar, pero no quería adelantarme, así que permanecí inmóvil, mirando y oculta bajo la capucha de la sudadera. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cuando el hombre dio unos pasos más pude apreciar su figura con mayor claridad. Definitivamente, parecía la persona que estaba buscando y a la que debía dar la bolsita con las pastillas. Comencé a caminar hacia él al mismo tiempo que él caminaba hacia mí. Cuando estaba a menos de un metro me paré en seco, sin saber muy bien cómo proceder. —<span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Chiqui </span>—dijo con una voz grave y ronca justo antes de extender su mano con la palma hacia arriba en mi dirección. Supuse que aquello sería suficiente para comprobar que no me había equivocado. Saqué mi mano derecha del bolsillo con el puño cerrado y, dentro de este, la bolsa con pastillas. La coloqué encima de su mano y solté la bolsa, que cayó sobre su palma. En ese momento, un grito me sobresaltó. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Levantad las manos y poneos de rodillas!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes de obedecer me giré para ver cómo un grupo de tres marines nos apuntaban con sus armas. A pesar de la oscuridad reconocí a dos de ellos, compañeros de mi madre. Levanté las manos agachando la cabeza, aunque sabía que serviría de poco, era cuestión de tiempo que todo se destapase. Por el rabillo del ojo pude ver cómo el hombre al que le había dado las pastillas estaba ya arrodillado. En el suelo habían comenzado a formarse pequeñas manchas debidas a las gotas de agua. Ni siquiera había notado cuándo había comenzado a llover. —<span style="color: #00369b;" class="mycode_color">¡Que te arrodilles!</span> —repitió el marine en voz aún más alta. Sabía que no lo repetiría muchas más veces. Dejé que mis rodillas tocasen el suelo, sintiendo todo el peso de mi cuerpo. El primer pensamiento que pasó por mi cabeza es que mi madre se lo merecía, sería un buen castigo para ella haber criado a una delincuente. Eso era lo que quería pensar, pero en seguida me empezó a invadir la culpa, el miedo a ser una decepción, una vergüenza. No quería pensar de esta forma, que todas mis decisiones, que mi vida entera estuviese dedicada a buscar la aprobación de mi madre; sin embargo, no podía evitarlo. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los tres marines se acercaron a nosotros. Mientras uno nos apuntaba, los otros dos vinieron a esposarnos. El tal Chiqui no trató de huir o enfrentarse a ellos, pero su mirada era completamente neutral, no mostraba ninguna expresión. Estaba casi segura de que el marine que iba a esposarme era Ryoma. No le conocía demasiado, tan solo le había visto en un par de ocasiones hablando con mi madre, pero estaba segura de que él me reconocería y, aunque no fuese así, algún otro lo haría. Incluso era posible que mi propia madre me encontrase mañana por la mañana en el cuartel. Antes de ponerme las esposas, sentí la mano del marine en mi cabeza, seguramente pensase en quitarme la capucha para dejar mi rostro al descubierto, pero, repentinamente, noté cómo la apartaba bruscamente. Yo continuaba con la vista fija en el suelo, no supe lo que estaba pasando hasta que escuché un grito y un par de disparos. Levanté la cabeza mirando hacia todos lados. Chiqui se había puesto en pie y había comenzado a correr a una velocidad bastante lamentable. Aun así, nadie le siguió, los tres marines estaban apuntando en otra dirección en la que había una persona cubierta con una capa y que llevaba un par de katanas. Hubo más disparos, pero, con un rápido movimiento de sus armas, aquella persona pudo desviar las balas o conseguir, de alguna manera que no era capaz de comprender, que no le acertasen. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Dos de los marines estaban a mi derecha, mientras que el otro, el que había esposado a Chiqui, se encontraba a mi izquierda. El espadachín pronunció unas palabras que no llegué a escuchar, pero gracias a ello pude saber que se trataba de un hombre. Acto seguido, colocó ambas katanas en posición vertical y lanzó un tajo hacia nuestra dirección. No sabía si era un loco o un aliado, pero, de todas maneras, no podía hacer nada. Bajé las manos y me quedé arrodillada en el suelo sin tener más tiempo para reaccionar. Un corte salió de sus armas y pasó por mis dos lados, haciendo que los marines tuviesen que retroceder y se alejasen de mí. —<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¡Vete!</span> —gritó el espadachín mientras los marines se preparaban para lanzar otra ráfaga de disparos. Se habían olvidado completamente de mí para centrar sus fuerzas en aquel hombre. Supuse que con esas palabras se estaba refiriendo a mí y no pensaba perder más tiempo. Me puse en pie de un salto y comencé a correr en la misma dirección por la que había venido. Esperaba que en cualquier momento una bala me alcanzase por la espalda, pero eso no ocurrió. Corrí sin mirar atrás. Cuando llegué a la ciudad no sabía a dónde ir. No sabía si ir a la tienda para avisar de lo que había ocurrido o volver a casa. No había caído en la cuenta, pero, técnicamente, había conseguido cumplir con el trabajo. Ese hombre seguiría esposado y no sabía como se liberaría, pero tenía el paquete. Por lo menos no tenía que preocuparme por que mi vida corriese peligro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al final, mi carrera me llevó hasta la puerta de mi casa. Estaba sin aliento y con la ropa mojada por la lluvia. Pensándolo fríamente, lo mejor sería no volver a la tienda hasta que la situación se calmase. No sabía cuánta información tenían los marines ni cómo actuarían. Trepé por la verja y por la tubería hasta llegar a la ventana de mi cuarto, parcialmente abierta. Nada más entrar me quité la ropa, la tiré al suelo y me metí bajo las sábanas. Todavía no entendía lo que acababa de pasar y, peor aún, no sabía cuáles serían las consecuencias de mis actos. ¿Los marines sabían lo que se hacía en aquella tienda en la que llevaba trabajando un año? ¿Alguien me delataría? Nunca les había dado mi nombre, una simple descripción no valdría para que me encontrasen, ¿o sí? En ese caso, ¿qué pasaría conmigo? ¿Podía ir a la cárcel? ¿Podría ser marine después de algo así? ¿Qué sería entonces de mi vida? ¿Mi madre me ayudaría? Solo podía intuir la respuesta a esta última pregunta y no era muy esperanzadora. Tardé bastante tiempo, los pensamientos se amontonaban en mi cabeza pero, finalmente, me dormí.</div>]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
</rss>