<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
	<channel>
		<title><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - South Blue]]></title>
		<link>https://nakamanomi.com/</link>
		<description><![CDATA[Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece - https://nakamanomi.com]]></description>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 18:20:22 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic]Llegando al destino (Nostariel)[Pasado]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4080</link>
			<pubDate>Tue, 18 Aug 2026 12:30:52 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=861">Nostariel Eruriel</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=4080</guid>
			<description><![CDATA[El mar abierto era algo que jamás hubiera imaginado, tanta cantidad de agua, las sombras alrededor del barco de los habitantes marinos, todo parecía tan..... enrome. Nunca había visto nada a tan gran escala, ahora respetaba mucho más a los marines con los que viajaba. No solo eliminaban o encerraban a los enemigos del gobierno, también rescataban civiles, e incluso islas. Saber ahora que también eran capaces de ir de un lugar a otro en tan basta cantidad de agua y con cosas tan grandes como algunas que había visto saltar a lo lejos, solo hacía que alabara aún más a los que servían al gobierno, como en este caso la marina.<br />
<br />
El barco en el que iba no era tampoco poca cosa, aunque no era uno de los más grandes de la marina, para mi era uno de los más grandes que había visto, y por supuesto el mayor en el que había viajado. No es que me interesara por los barcos como para saber sus tipos, o preguntar si podía ver como funcionaba, pero no podía dejar de curiosear por la zonas que me tenían permitidas. Y es que pasar de barcos con un camarote o dos a esto era un gran cambio que despertaba mi curiosidad innata de descubrimiento.<br />
<br />
Aún con todo, uno de mis pasatiempos favoritos en la travesía seguía siendo tomar el sol. Me habían permitido tras muchos ruegos y promesas hacerlo en una cubierta superior con poco tránsito, y con ciertas restricciones. Con eso en mente me puse el vestido sobre el bikini que llevaba puesto ahora mismo. Me habían prohibido tomar el sol, aunque fuera en una zona tan apartada sin la parte de arriba del bikini, y lo estaba acatando. El vestido seguía siendo muy escotado y ligero, así que no estaba tampoco tan mal.<br />
<br />
En fin, cogí el camino a la cocina para ayudar a preparar la comida. La cocina del barco era bastante grande, al fin y al cabo, debían preparar comida para toda la tripulación. Tenía cinco puestos grandes con fogones, y mesa auxiliar para el pinche. El cocinero jefe me había prometido que podría llevarme a casa algunos ingredientes si seguía ayudando allí, y nos sobraban muchos al terminar la travesía. Era un hombre alto y espigado, alguien que no pensarías jamás que pudiera ser un simple jefe de cocina. Al menos hasta que lo conocías, siendo un amor de persona. No entendía cómo los demás podían decir que era huraño y de mal genio. ¿Acaso era bueno solo conmigo? Bueno, daba igual mientras cumpliera su palabra de darme ingredientes, que además no eran gratis. Por supuesto, lo de poder tener ingredientes de calidad gubernamental era música para mis oídos, con ellos podría hacer que mi cuidadora comiera cosas estupendas todos los días que pasara conmigo en casa, o tras nuestros entrenamientos privados.<br />
<br />
Aunque en casa era yo quien cocinaba, en aquel gran barco solo ayudaba como pinche, me encargaba principalmente de cortar las verduras y el resto de ingredientes. Los cocineros eran expertos, mucho más rápidos que yo, y calculaban las raciones a la perfección. Poderlos ver cocinar, era por sí mismo toda una experiencia, era como estar viendo lo que venía en los libros. Aprenderlo de aquella forma era mucho más fácil que si lo leyera. Los otros pinches me sacaban tiempo y experiencia en el arte de cocinar, pero no todos me superaban.<br />
<br />
Cortar las verduras, además, se podía considerar una parte del entrenamiento con las dagas. Por supuesto, no es como si me fuera a dar una gran ayuda, pero al menos haría que no perdiera practica durante el viaje. Ya que, por desgracia, no podía usar las dagas, ni siquiera tenerlas cerca mientras caminara por el barco. Como era más rápida que otros pinches, al terminar me dejaban quedarme observando a los cocineros, y a veces hasta ayudar en la despensa, ordenando y comprobando que no faltara nada o hubiera alimañas.<br />
<br />
Parece de risa eso de las alimañas, pero es una de las mayores causas de perdida de alimentos durante un viaje de tantos días. Claro, que otras alimañas, más grandes y problemáticas, visten el uniforme y sacan lo pueden para comer ellos o apostarlo en el camarote. Precisamente, esos víveres, son los que el cocinero me había prometido cuando llegáramos a puerto. Todo lo que pudiera evitar que se sustrajera o lo pudiera recuperar, terminaría siendo mi botín. Por supuesto, no haría nada deshonesto. Ello implicaría que estaría traicionando a la marina, y por ende al gobierno, y eso ni pensarlo.<br />
<br />
Enfrentarme a marines por recuperar esa comida tampoco era sensato, al menos la mayoría de las veces. En otras ocasiones, un par al menos, sí que lo hice sirviéndome de mi belleza para llevarlos a una trampa preparada con los cocineros. Hacerlo más veces hubiera sido arriesgado, era probable que para el final del viaje ya estuvieran alerta. Al final, era un entorno cerrado y el boca a boca funcionaba muy bien.<br />
<br />
Que me iban a contar a mí, que más veces de las que jamás admitiría había escuchado alguna conversación entre los marines. La curiosidad me podía, no podía evitarlo. Por suerte me pude librar fácilmente el par de veces que se dieron cuenta. No del todo sin sustos, pues una de esas veces un marine casi se propasa conmigo. Por suerte el otro tenía más cabeza y la aparición de más de ellos lo hizo quedar en nada, pero dejó claro que no podía depender de mis armas siempre.<br />
<br />
El viaje también tenía otras cosas buenas, aunque no pudiera entrenar, si que podía ver a los marines hacerlo, y la verdad es que, por momentos, podía ser un buen espectáculo. Todos aquellos fornidos y musculados soldados, algunos incluso sin la camisa a causa del calor, las vistas desde luego inigualables. Una pena haber descubierto a estos últimos cerca del final del viaje, si hubiera sido antes...<br />
<br />
La llegada a la isla fue todo un espectáculo de movimiento, las órdenes volaban, y los marinos se movían como el viento yendo de un lado para otro. El puerto no era de la marina, así que el barco tenía que coordinarse con los barcos civiles que salían o entraban del puerto. Tenía mucho más ajetreo que la isla de la que proveníamos, ya estaba deseando poder explorar la ciudad y la isla.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El mar abierto era algo que jamás hubiera imaginado, tanta cantidad de agua, las sombras alrededor del barco de los habitantes marinos, todo parecía tan..... enrome. Nunca había visto nada a tan gran escala, ahora respetaba mucho más a los marines con los que viajaba. No solo eliminaban o encerraban a los enemigos del gobierno, también rescataban civiles, e incluso islas. Saber ahora que también eran capaces de ir de un lugar a otro en tan basta cantidad de agua y con cosas tan grandes como algunas que había visto saltar a lo lejos, solo hacía que alabara aún más a los que servían al gobierno, como en este caso la marina.<br />
<br />
El barco en el que iba no era tampoco poca cosa, aunque no era uno de los más grandes de la marina, para mi era uno de los más grandes que había visto, y por supuesto el mayor en el que había viajado. No es que me interesara por los barcos como para saber sus tipos, o preguntar si podía ver como funcionaba, pero no podía dejar de curiosear por la zonas que me tenían permitidas. Y es que pasar de barcos con un camarote o dos a esto era un gran cambio que despertaba mi curiosidad innata de descubrimiento.<br />
<br />
Aún con todo, uno de mis pasatiempos favoritos en la travesía seguía siendo tomar el sol. Me habían permitido tras muchos ruegos y promesas hacerlo en una cubierta superior con poco tránsito, y con ciertas restricciones. Con eso en mente me puse el vestido sobre el bikini que llevaba puesto ahora mismo. Me habían prohibido tomar el sol, aunque fuera en una zona tan apartada sin la parte de arriba del bikini, y lo estaba acatando. El vestido seguía siendo muy escotado y ligero, así que no estaba tampoco tan mal.<br />
<br />
En fin, cogí el camino a la cocina para ayudar a preparar la comida. La cocina del barco era bastante grande, al fin y al cabo, debían preparar comida para toda la tripulación. Tenía cinco puestos grandes con fogones, y mesa auxiliar para el pinche. El cocinero jefe me había prometido que podría llevarme a casa algunos ingredientes si seguía ayudando allí, y nos sobraban muchos al terminar la travesía. Era un hombre alto y espigado, alguien que no pensarías jamás que pudiera ser un simple jefe de cocina. Al menos hasta que lo conocías, siendo un amor de persona. No entendía cómo los demás podían decir que era huraño y de mal genio. ¿Acaso era bueno solo conmigo? Bueno, daba igual mientras cumpliera su palabra de darme ingredientes, que además no eran gratis. Por supuesto, lo de poder tener ingredientes de calidad gubernamental era música para mis oídos, con ellos podría hacer que mi cuidadora comiera cosas estupendas todos los días que pasara conmigo en casa, o tras nuestros entrenamientos privados.<br />
<br />
Aunque en casa era yo quien cocinaba, en aquel gran barco solo ayudaba como pinche, me encargaba principalmente de cortar las verduras y el resto de ingredientes. Los cocineros eran expertos, mucho más rápidos que yo, y calculaban las raciones a la perfección. Poderlos ver cocinar, era por sí mismo toda una experiencia, era como estar viendo lo que venía en los libros. Aprenderlo de aquella forma era mucho más fácil que si lo leyera. Los otros pinches me sacaban tiempo y experiencia en el arte de cocinar, pero no todos me superaban.<br />
<br />
Cortar las verduras, además, se podía considerar una parte del entrenamiento con las dagas. Por supuesto, no es como si me fuera a dar una gran ayuda, pero al menos haría que no perdiera practica durante el viaje. Ya que, por desgracia, no podía usar las dagas, ni siquiera tenerlas cerca mientras caminara por el barco. Como era más rápida que otros pinches, al terminar me dejaban quedarme observando a los cocineros, y a veces hasta ayudar en la despensa, ordenando y comprobando que no faltara nada o hubiera alimañas.<br />
<br />
Parece de risa eso de las alimañas, pero es una de las mayores causas de perdida de alimentos durante un viaje de tantos días. Claro, que otras alimañas, más grandes y problemáticas, visten el uniforme y sacan lo pueden para comer ellos o apostarlo en el camarote. Precisamente, esos víveres, son los que el cocinero me había prometido cuando llegáramos a puerto. Todo lo que pudiera evitar que se sustrajera o lo pudiera recuperar, terminaría siendo mi botín. Por supuesto, no haría nada deshonesto. Ello implicaría que estaría traicionando a la marina, y por ende al gobierno, y eso ni pensarlo.<br />
<br />
Enfrentarme a marines por recuperar esa comida tampoco era sensato, al menos la mayoría de las veces. En otras ocasiones, un par al menos, sí que lo hice sirviéndome de mi belleza para llevarlos a una trampa preparada con los cocineros. Hacerlo más veces hubiera sido arriesgado, era probable que para el final del viaje ya estuvieran alerta. Al final, era un entorno cerrado y el boca a boca funcionaba muy bien.<br />
<br />
Que me iban a contar a mí, que más veces de las que jamás admitiría había escuchado alguna conversación entre los marines. La curiosidad me podía, no podía evitarlo. Por suerte me pude librar fácilmente el par de veces que se dieron cuenta. No del todo sin sustos, pues una de esas veces un marine casi se propasa conmigo. Por suerte el otro tenía más cabeza y la aparición de más de ellos lo hizo quedar en nada, pero dejó claro que no podía depender de mis armas siempre.<br />
<br />
El viaje también tenía otras cosas buenas, aunque no pudiera entrenar, si que podía ver a los marines hacerlo, y la verdad es que, por momentos, podía ser un buen espectáculo. Todos aquellos fornidos y musculados soldados, algunos incluso sin la camisa a causa del calor, las vistas desde luego inigualables. Una pena haber descubierto a estos últimos cerca del final del viaje, si hubiera sido antes...<br />
<br />
La llegada a la isla fue todo un espectáculo de movimiento, las órdenes volaban, y los marinos se movían como el viento yendo de un lado para otro. El puerto no era de la marina, así que el barco tenía que coordinarse con los barcos civiles que salían o entraban del puerto. Tenía mucho más ajetreo que la isla de la que proveníamos, ya estaba deseando poder explorar la ciudad y la isla.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fic] Corrientes del fondo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3390</link>
			<pubDate>Sat, 14 Mar 2026 02:49:06 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=663">Kazan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3390</guid>
			<description><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Dia 19 de Verano, Año 17.</div></span><br />
<br />
El barco avanzaba despacio sobre el mar y la noche lo cubría todo con una oscuridad densa que sólo existe lejos de las costas, donde no hay faros ni fogatas de pescadores. Kazan ocupaba la proa entera, sentado con las piernas cruzadas sobre tablas que protestaban en silencio bajo sus quince toneladas, la espalda recostada contra el mástil delantero. El kanaboo descansaba en diagonal a su izquierda. A diez metros de altura, incluso sentado, su silueta superaba el alcance de la única linterna que colgaba tres metros a su derecha, bamboleándose con el oleaje en arcos tan lentos que apenas parecían movimiento.<br />
<br />
La pipa humeaba entre los dedos y cada calada era un trago pausado que Kazan realizaba menos por vicio que por necesidad. Gyojin Karate. Llevaba semanas con ese nombre rodando despacio en el fondo de la cabeza. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Mis manos saben destruir con lo que tienen, y llevan décadas perfeccionando esa única habilidad hasta que se volvió tan natural como respirar, tan automática como el instinto de cubrirse cuando algo viene hacia la cara... aprender a destruir de otra forma, a usar el mar como extensión en lugar del garrote, ¿es avanzar hacia algo distinto, o es simplemente añadir un método más al inventario de daños que ya cargo?"</span></span> No encontró respuesta. Los dedos de su mano libre subieron solos hasta rozar la base del cuerno izquierdo, pensativo y dubitativo si estaba haciendo lo correcto.<br />
<br />
Los ojos se le cerraron solos.<br />
<br />
Primero fue el olor, serrín húmedo mezclado con metal oxidado y algo dulce, un olor que él aprendió a identificar muy tarde como sangre vieja. Luego llegó el sonido el rugido lejano de una multitud todavía en ese estado previo al espectáculo donde la crueldad existe pero se encuentran tan absortos de euforia que simplemente berrean. Y finalmente llegó la imagen una jaula de madera gruesa instalada en una esquina de una explanada de tierra.<br />
<br />
Él era pequeño y la jaula no lo era. Cinco años quizás seis, con la piel azul cerúlea todavía sin cicatrices porque todavía no había ocurrido nada que las dejara. Alguien le había dado agua esa mañana y eso era lo que el sueño recordaba con más nitidez que cualquier otra cosa, con más detalle que la arquitectura de la jaula. Quien le habia dado aquel agua, no era la mano del guardia que nunca miraba al niño porque mirar implicaba reconocer, sino la mano de otro prisionero mayor con la espalda encorvada por algo que no era la edad sino algo peor, dolor. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bebe. Los que beben antes duran más."</span></span> No había sido consejo nacido del afecto ni advertencia nacida de la compasión sino mecánica de supervivencia pura, y el niño bebió con esa obediencia instintiva de quien recibe instrucciones de alguien que lleva más tiempo en el mismo sitio.<br />
<br />
Se despertó antes del amanecer y lo primero que notó fue el frío particular de la cazoleta apagada entre los dedos. La volvió a cargar con los movimientos automáticos de quien ha repetido ese gesto tantas veces y en condiciones peores. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Por las profundidades.."</span></span> El humo subió otra vez en columna y en algún lugar delante entre la oscuridad que todavía no cedía y el horizonte estaba el lugar donde aprendería algo nuevo con estas manos que hasta ahora sólo habían perfeccionado una cosa.<br />
<br />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/ejrmWzu.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: ejrmWzu.jpeg]" class="mycode_img" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Dia 19 de Verano, Año 17.</div></span><br />
<br />
El barco avanzaba despacio sobre el mar y la noche lo cubría todo con una oscuridad densa que sólo existe lejos de las costas, donde no hay faros ni fogatas de pescadores. Kazan ocupaba la proa entera, sentado con las piernas cruzadas sobre tablas que protestaban en silencio bajo sus quince toneladas, la espalda recostada contra el mástil delantero. El kanaboo descansaba en diagonal a su izquierda. A diez metros de altura, incluso sentado, su silueta superaba el alcance de la única linterna que colgaba tres metros a su derecha, bamboleándose con el oleaje en arcos tan lentos que apenas parecían movimiento.<br />
<br />
La pipa humeaba entre los dedos y cada calada era un trago pausado que Kazan realizaba menos por vicio que por necesidad. Gyojin Karate. Llevaba semanas con ese nombre rodando despacio en el fondo de la cabeza. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Mis manos saben destruir con lo que tienen, y llevan décadas perfeccionando esa única habilidad hasta que se volvió tan natural como respirar, tan automática como el instinto de cubrirse cuando algo viene hacia la cara... aprender a destruir de otra forma, a usar el mar como extensión en lugar del garrote, ¿es avanzar hacia algo distinto, o es simplemente añadir un método más al inventario de daños que ya cargo?"</span></span> No encontró respuesta. Los dedos de su mano libre subieron solos hasta rozar la base del cuerno izquierdo, pensativo y dubitativo si estaba haciendo lo correcto.<br />
<br />
Los ojos se le cerraron solos.<br />
<br />
Primero fue el olor, serrín húmedo mezclado con metal oxidado y algo dulce, un olor que él aprendió a identificar muy tarde como sangre vieja. Luego llegó el sonido el rugido lejano de una multitud todavía en ese estado previo al espectáculo donde la crueldad existe pero se encuentran tan absortos de euforia que simplemente berrean. Y finalmente llegó la imagen una jaula de madera gruesa instalada en una esquina de una explanada de tierra.<br />
<br />
Él era pequeño y la jaula no lo era. Cinco años quizás seis, con la piel azul cerúlea todavía sin cicatrices porque todavía no había ocurrido nada que las dejara. Alguien le había dado agua esa mañana y eso era lo que el sueño recordaba con más nitidez que cualquier otra cosa, con más detalle que la arquitectura de la jaula. Quien le habia dado aquel agua, no era la mano del guardia que nunca miraba al niño porque mirar implicaba reconocer, sino la mano de otro prisionero mayor con la espalda encorvada por algo que no era la edad sino algo peor, dolor. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bebe. Los que beben antes duran más."</span></span> No había sido consejo nacido del afecto ni advertencia nacida de la compasión sino mecánica de supervivencia pura, y el niño bebió con esa obediencia instintiva de quien recibe instrucciones de alguien que lleva más tiempo en el mismo sitio.<br />
<br />
Se despertó antes del amanecer y lo primero que notó fue el frío particular de la cazoleta apagada entre los dedos. La volvió a cargar con los movimientos automáticos de quien ha repetido ese gesto tantas veces y en condiciones peores. <span style="color: #FFA339;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Por las profundidades.."</span></span> El humo subió otra vez en columna y en algún lugar delante entre la oscuridad que todavía no cedía y el horizonte estaba el lugar donde aprendería algo nuevo con estas manos que hasta ahora sólo habían perfeccionado una cosa.<br />
<br />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/ejrmWzu.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: ejrmWzu.jpeg]" class="mycode_img" />]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Viejo HAY PIRATAS!!!!]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3159</link>
			<pubDate>Sat, 07 Feb 2026 17:05:04 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=525">Maki D. Zen'in</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3159</guid>
			<description><![CDATA[Hay varios barcos pesqueros en las Costas, la noche le había pillado a medio andar y debería hospedarse en algún lugar antes de siquiera conseguir barco hasta Centaurea, debía llegar hasta allá para impedir el asesinato de un soldado no muy importante, pero si bastante metiche que ella bien conocía del pasado. Eso lo ponía directo en el blanco de “Las doce armas”. La organización a la cual pertenecía antiguamente ella. Quedaba una gran cantidad de esos malvados bastardos y también desconocía si habían reclutado nuevos miembros. Esperaba que no pues según la información que manejaba era que ya no estaban activos o por lo menos desde hace un par de años habían salido de la luz pública.<br />
<br />
Pudo reservar una habitación con las pocas monedas que le quedaban de un extraño espectáculo del cual había sido participe por pura casualidad, había podido hacerlo sin demasiadas preguntas, pero si con rostros presos de un pequeño grado de pánico y temor. Su figura era esbelta, hermosa y curvilínea, pero su piel estaba marcada de horrendas cicatrices de quemaduras gravísimas. Lo que provocaba incomodidad y en algunas, las personas mas bastardas. Hasta asco. Por una extraña razón entre los niños causaba cierta fascinación, le creían una heroína no sabía por qué. Había amanecido recientemente y Maki despertó justamente a la hora que pretendía hacerlo. Siempre había podido controlar ese tipo de cosas. Dormir cierta cantidad de horas y en cualquier lugar. <span style="color: red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Mmm-</span></span> Mascullo como respuesta.a un despertar abrupto<br />
<br />
La muchacha de negro, prácticamente encapotada para no llamar la atención caminaba por las pequeñas callejuelas, aunque la zona tenia pocas casas, prefería rondar las sombras y evitar los comentarios como “Monstruo” o “Rara” e incluso “Fenómeno” se encamino pausadamente como tomándose su tiempo para recapitular todo lo que debía hacer. El primer paso era llegar sana y salva Centaurea y después contactar con la guardia de la ciudad mediante un bastardo cualquiera para averiguar el asentamiento del soldado... después esperar a que apareciesen sus enemigos y asesinarles. Simple y efectivo, como Maki.<br />
<br />
Primero averiguo hablándole a una marinera para saber si un barco zarpaba pronto. Y al final tuvo algo de suerte. <span style="color: green;" class="mycode_color">-Si, zarpara en la tarde, en un par de horas el “Inhundible II” el primero… bueno… se hundió. Pero no se preocupe. Es un viaje mas o menos corto, trajimos algunas cosas, pero nos vamos vacíos… en dos semanas no hemos podido conseguir carga de vuelta a Centaurea así que no habría ningún problema en llevarla a usted y a cualquiera que quiera ir mi nombre es Kyriza´lo y soy…-</span> quedo con la palabra en el aire. Una Humink. parecía un conejo. de aspecto muy dulce.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>La cocinera del Inhundible II</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/4gfFdWm/Kyriza-lo.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Kyriza-lo.jpg]" class="mycode_img" />
				</div>
			</div></div>
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Solo quería saber si había lugar… no tu puta vida. Volveré más tarde.-</span></span> se marcho no muy lejos para esperar a que el barco estuviera preparado para zarpar. Solo esperaba que fuera un viaje tranquil<span style="color: #444444;" class="mycode_color">o. Mierda Maki no seas tan mala con la gente… recuerda que parece cocinera, podría envenenarte y dejarte morir… además hay noticias por todos lados de que hay muchos piratas rondando por todas las rutas marítimas… será mejor ir preparadaa. Que tal ir por agua, algo de pan, queso… si queso, deseaba tanto queso fundido en pan recién hecho…</span> <span style="color: Red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Jajajajaj esa si ha estado buena… no tengo dinero, tendre que conformarme con aceitunas y carne seca. Quizás en el barco pueda robar alguna fruta. Pero nada mas, no quisiera caminar por la plancha.-</span></span> <span style="color: #444444;" class="mycode_color">Se dijo a si misma y pero estaba harta de comer carne seca la sal le salia por... bueno... en fin la estúpida carne seca no le hacia gracia... mientras Maki se sentó en una banca a esperar cerca del barco.</span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>El Inhundible II</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/q9bP86X/El-inhundible-II.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: El-inhundible-II.jpg]" class="mycode_img" /></div>

				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Hay varios barcos pesqueros en las Costas, la noche le había pillado a medio andar y debería hospedarse en algún lugar antes de siquiera conseguir barco hasta Centaurea, debía llegar hasta allá para impedir el asesinato de un soldado no muy importante, pero si bastante metiche que ella bien conocía del pasado. Eso lo ponía directo en el blanco de “Las doce armas”. La organización a la cual pertenecía antiguamente ella. Quedaba una gran cantidad de esos malvados bastardos y también desconocía si habían reclutado nuevos miembros. Esperaba que no pues según la información que manejaba era que ya no estaban activos o por lo menos desde hace un par de años habían salido de la luz pública.<br />
<br />
Pudo reservar una habitación con las pocas monedas que le quedaban de un extraño espectáculo del cual había sido participe por pura casualidad, había podido hacerlo sin demasiadas preguntas, pero si con rostros presos de un pequeño grado de pánico y temor. Su figura era esbelta, hermosa y curvilínea, pero su piel estaba marcada de horrendas cicatrices de quemaduras gravísimas. Lo que provocaba incomodidad y en algunas, las personas mas bastardas. Hasta asco. Por una extraña razón entre los niños causaba cierta fascinación, le creían una heroína no sabía por qué. Había amanecido recientemente y Maki despertó justamente a la hora que pretendía hacerlo. Siempre había podido controlar ese tipo de cosas. Dormir cierta cantidad de horas y en cualquier lugar. <span style="color: red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Mmm-</span></span> Mascullo como respuesta.a un despertar abrupto<br />
<br />
La muchacha de negro, prácticamente encapotada para no llamar la atención caminaba por las pequeñas callejuelas, aunque la zona tenia pocas casas, prefería rondar las sombras y evitar los comentarios como “Monstruo” o “Rara” e incluso “Fenómeno” se encamino pausadamente como tomándose su tiempo para recapitular todo lo que debía hacer. El primer paso era llegar sana y salva Centaurea y después contactar con la guardia de la ciudad mediante un bastardo cualquiera para averiguar el asentamiento del soldado... después esperar a que apareciesen sus enemigos y asesinarles. Simple y efectivo, como Maki.<br />
<br />
Primero averiguo hablándole a una marinera para saber si un barco zarpaba pronto. Y al final tuvo algo de suerte. <span style="color: green;" class="mycode_color">-Si, zarpara en la tarde, en un par de horas el “Inhundible II” el primero… bueno… se hundió. Pero no se preocupe. Es un viaje mas o menos corto, trajimos algunas cosas, pero nos vamos vacíos… en dos semanas no hemos podido conseguir carga de vuelta a Centaurea así que no habría ningún problema en llevarla a usted y a cualquiera que quiera ir mi nombre es Kyriza´lo y soy…-</span> quedo con la palabra en el aire. Una Humink. parecía un conejo. de aspecto muy dulce.<br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>La cocinera del Inhundible II</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/4gfFdWm/Kyriza-lo.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Kyriza-lo.jpg]" class="mycode_img" />
				</div>
			</div></div>
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Solo quería saber si había lugar… no tu puta vida. Volveré más tarde.-</span></span> se marcho no muy lejos para esperar a que el barco estuviera preparado para zarpar. Solo esperaba que fuera un viaje tranquil<span style="color: #444444;" class="mycode_color">o. Mierda Maki no seas tan mala con la gente… recuerda que parece cocinera, podría envenenarte y dejarte morir… además hay noticias por todos lados de que hay muchos piratas rondando por todas las rutas marítimas… será mejor ir preparadaa. Que tal ir por agua, algo de pan, queso… si queso, deseaba tanto queso fundido en pan recién hecho…</span> <span style="color: Red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">-Jajajajaj esa si ha estado buena… no tengo dinero, tendre que conformarme con aceitunas y carne seca. Quizás en el barco pueda robar alguna fruta. Pero nada mas, no quisiera caminar por la plancha.-</span></span> <span style="color: #444444;" class="mycode_color">Se dijo a si misma y pero estaba harta de comer carne seca la sal le salia por... bueno... en fin la estúpida carne seca no le hacia gracia... mientras Maki se sentó en una banca a esperar cerca del barco.</span><br />
<br />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>El Inhundible II</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/q9bP86X/El-inhundible-II.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: El-inhundible-II.jpg]" class="mycode_img" /></div>

				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado con Hiragi] La soledad no le gusta ni a un Payaso [+18]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3010</link>
			<pubDate>Fri, 16 Jan 2026 14:18:55 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=701">Alexander Gaidar</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=3010</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 32 de primavera año 16<br />
<br />
</span>Se relamía el labio inferior, la sangre brotaba de este ligeramente, goteo a goteo caía entre sus enormes zapatones de payaso, sus ojos abiertos de par en par brotaban alguna que otra lágrima, hacían lo que podían pues rara vez parpadeaba y la tristeza de ahogaba en una sequedad ocular que hacía daño pues notaba la sal de las lágrimas como un pequeño ardor ante tal aridez. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">¿Por qué se fueron? ¿Por que todos estaban tan contentos de la llegada de la marina?... Yo no quería estar solo... me gustaba el circo... </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">¿Acaso todos querían irse? ¿Por qué? ¿¡Por qué!? , se repetía continuamente, eran una familia unida más al menos que la unión que tuvo alguna vez con su padre, sí el jefe de pistas alguna vez nos azotaba con el látigo ¿Pero que persona no fuerza al límite a aquellos que quiere? ¡Hay que sacar el potencial oculto de cada persona! ¡El jefe supo ver el arte de hacer globos que llevaba dentro de el! No quería unicamente a Gustoso por ser un ser grande y resistente, además Gustoso siempre sonreía, nunca causaba problemas. <br />
</span><br />
Se llevó ambas manos al cuello comenzando a rascarse con cierto frenesí de pronto sentía como si el maquillaje que llevaba fuera de plomo, como si su cara y pescuezo ardieran, pronto bajo el blanco comenzó a erigirse surcos rojos , luego pasó al rostro las uñas eran largas pero débiles y cuando una de las uñas del dedo índice de su mano izquierda rozó su pómulo esta se levantó , el dolor hizo que Gustoso se mirase la uña levantada, mordiéndola para terminar de arrancársela, entonces la sangre de ese dedo empezó a brotar con cierta fluidez.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">A lo mejor... ¡A lo mejor necesitan ser liberados! ¡Sí¡ ¡Sí! ¡Sí! , seguro que les han forzado a vivir vidas planas... ¡Es mi labor! ¡N-no! ¡Es mi deber! ¡Como su antiguo camarada de alejarlos de esa vida! Vivos o muertos... </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">musitó esa última parte para si mismo y tras eso se llevó el dedo sin uña a la boca para chuparlo,  no sabía hacer grandes cosas de medicina pero sabia que si le ponía algo encima al menos la sangre no escaparía, así que se sacó un pañuelo de un bolsillo quitando tiras y atándoselas como pudo en el dedo, dejó de caminar de un lado al otro del callejón donde estaba, sí, tenía que encontrar a sus compañeros y vengarse por dejarlo solo, matarlos era una forma de liberarlos de su miserable vida, tenía que hacerlo, tenía que ganar dinero para moverse por aquel basto mundo y darles fin... la emoción lo embriagó y volvió a tener su amplia sonrisa tensa de siempre.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 32 de primavera año 16<br />
<br />
</span>Se relamía el labio inferior, la sangre brotaba de este ligeramente, goteo a goteo caía entre sus enormes zapatones de payaso, sus ojos abiertos de par en par brotaban alguna que otra lágrima, hacían lo que podían pues rara vez parpadeaba y la tristeza de ahogaba en una sequedad ocular que hacía daño pues notaba la sal de las lágrimas como un pequeño ardor ante tal aridez. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">¿Por qué se fueron? ¿Por que todos estaban tan contentos de la llegada de la marina?... Yo no quería estar solo... me gustaba el circo... </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">¿Acaso todos querían irse? ¿Por qué? ¿¡Por qué!? , se repetía continuamente, eran una familia unida más al menos que la unión que tuvo alguna vez con su padre, sí el jefe de pistas alguna vez nos azotaba con el látigo ¿Pero que persona no fuerza al límite a aquellos que quiere? ¡Hay que sacar el potencial oculto de cada persona! ¡El jefe supo ver el arte de hacer globos que llevaba dentro de el! No quería unicamente a Gustoso por ser un ser grande y resistente, además Gustoso siempre sonreía, nunca causaba problemas. <br />
</span><br />
Se llevó ambas manos al cuello comenzando a rascarse con cierto frenesí de pronto sentía como si el maquillaje que llevaba fuera de plomo, como si su cara y pescuezo ardieran, pronto bajo el blanco comenzó a erigirse surcos rojos , luego pasó al rostro las uñas eran largas pero débiles y cuando una de las uñas del dedo índice de su mano izquierda rozó su pómulo esta se levantó , el dolor hizo que Gustoso se mirase la uña levantada, mordiéndola para terminar de arrancársela, entonces la sangre de ese dedo empezó a brotar con cierta fluidez.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">A lo mejor... ¡A lo mejor necesitan ser liberados! ¡Sí¡ ¡Sí! ¡Sí! , seguro que les han forzado a vivir vidas planas... ¡Es mi labor! ¡N-no! ¡Es mi deber! ¡Como su antiguo camarada de alejarlos de esa vida! Vivos o muertos... </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">musitó esa última parte para si mismo y tras eso se llevó el dedo sin uña a la boca para chuparlo,  no sabía hacer grandes cosas de medicina pero sabia que si le ponía algo encima al menos la sangre no escaparía, así que se sacó un pañuelo de un bolsillo quitando tiras y atándoselas como pudo en el dedo, dejó de caminar de un lado al otro del callejón donde estaba, sí, tenía que encontrar a sus compañeros y vengarse por dejarlo solo, matarlos era una forma de liberarlos de su miserable vida, tenía que hacerlo, tenía que ganar dinero para moverse por aquel basto mundo y darles fin... la emoción lo embriagó y volvió a tener su amplia sonrisa tensa de siempre.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Saliendo de Samba [Presente Absoluto]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2928</link>
			<pubDate>Thu, 08 Jan 2026 09:05:15 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=626">Trixxie Pappitson</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2928</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">South Blue | Isla Samba | Dia 15 de Primavera | Año 17</span></span><br />
<br />
El puerto de isla Samba es un lugar ruidoso, colorido y extrañamente alegre como el resto de la isla y eso me gusta. Hay música en el aire, risas que no se esconden y ese olor a sal mezclado con comida caliente que hace que mi estómago se mueva, aunque mi lengua no distinga bien los sabores. Aun así, sé que algo es delicioso cuando mi cuerpo lo siente, y aquí todo vibra de emoción.<br />
 <br />
Camino entre la gente con paso firme, sin prisa, con Shanty deslizándose a mi lado. Mi serpiente levanta un poco la cabeza, curiosa, su lengua bifurcada probando el aire como si también quisiera entender este mundo nuevo. Algunas personas se detienen al verla, otras retroceden, pero la mayoría solo observa con asombro y no me queda más que sonreír. Siempre sonrío primero, es lo correcto cuando uno no es del lugar en que se encuentra. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Tranquila, Shanty —</span></span>le murmuro con suavidad <span style="color: #f012be;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No es una isla hostil, ya hemos pasado más de un mes aquí. </span>—</span>  El barco crucero se alza frente a mí como una bestia marina domesticada, es enorme, mucho más grande que cualquier embarcación que haya visto antes. Sus costados brillan bajo el sol y la madera cruje con vida propia y me habían comentado que eran dos días de viaje hasta isla Baterilla, dos días atravesando el mar, realmente me parece poco y mucho al mismo tiempo.<br />
 <br />
Me acerco al puesto de venta de boletos. El hombre detrás del mostrador me observa de arriba abajo, claramente sorprendido, no sé por qué, tal vez por mi cabello, o por Shanty, o por ambas cosas juntas, el tipo inclina un poco la cabeza y carraspea. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Destino? —</span>pregunta sin más. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Vamos a Isla Baterilla en busca de un artesano —</span></span>respondo sin dudar, con voz amable <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Un pasaje, por favor. —</span></span>El hombre revisa una lista, pasa páginas, hace números con los dedos y finalmente responde. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Gadugi, sans-serif;" class="mycode_font">—Serian </span>doce mil berries, el viaje son dos días de travesía si no se presentan inconvenientes. —</span> yo asiento de inmediato y saco la bolsa con el dinero y la coloco sobre el mostrador sin contar frente a él. Confío en mis manos, confío en la gente la mayoría del tiempo. El sonido de las monedas es contundente, doce mil berries es mucho, lo sé, pero el mar no se cruza gratis y mi curiosidad vale más que eso, además espero pronto hacerme con un barco propio. <br />
 <br />
El hombre parpadea, sorprendido de nuevo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Viajas sola? —</span> Hizo una pregunta tonta, porque claramente me vio subir con Shanty.  <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—No —</span></span>respondo con una sonrisa, inclinando un poco la cabeza hacia Shanty <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Viajo acompañada.—</span></span> Shanty sisea suavemente, como si entendiera que hablan de ella. El hombre duda un segundo, luego encoge los hombros.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mientras no cause problemas pueden subir. —</span> Sus palabras ni siquiera me ofenden, Shanty no es cualquier tipo de animal, claramente es una serpiente Lily, educada, entrenada para el combate y sobre todo, bien coqueta. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—No los causa —</span></span>digo con total seguridad <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">— Solo muerde si se lo piden o si alguien intenta hacernos daño. —</span></span>No es una amenaza, es la verdad yo no puedo mentir, aunque quisiera y eso todo el mundo lo sabe.  Recibo el ticket, es un trozo de papel sencillo, pero cuando lo sostengo siento algo extraño en el pecho. Un cosquilleo, cada vez que obtengo algo que me lleva más lejos de mi isla, siento que estoy rompiendo otra cadena invisible.<br />
 <br />
Camino hacia la pasarela de embarque. El suelo vibra bajo mis pies, escucho voces, pasos, maletas arrastrándose y soy consciente de algunas miradas clavándose en mí, pero no me incomodan, mi postura sigue recta, orgullosa, soy una Kuja hasta el final. Antes de subir, me detengo un segundo y miro el mar, el mismo mar que me arrebató de casa y que ahora me guía.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Vamos, Shanty —</span></span>susurro <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Dos días no es nada del otro mundo. —</span></span> La serpiente se enrosca parcialmente en mi pierna y luego se desliza conmigo por la pasarela. Al subir al barco crucero, siento la madera firme bajo mis pies y una certeza clara en mi mente tranquila, no importa a dónde me lleve este viaje, no importa qué encuentre en isla Baterilla, buscaré el artesano y seguiré mi viaje.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">South Blue | Isla Samba | Dia 15 de Primavera | Año 17</span></span><br />
<br />
El puerto de isla Samba es un lugar ruidoso, colorido y extrañamente alegre como el resto de la isla y eso me gusta. Hay música en el aire, risas que no se esconden y ese olor a sal mezclado con comida caliente que hace que mi estómago se mueva, aunque mi lengua no distinga bien los sabores. Aun así, sé que algo es delicioso cuando mi cuerpo lo siente, y aquí todo vibra de emoción.<br />
 <br />
Camino entre la gente con paso firme, sin prisa, con Shanty deslizándose a mi lado. Mi serpiente levanta un poco la cabeza, curiosa, su lengua bifurcada probando el aire como si también quisiera entender este mundo nuevo. Algunas personas se detienen al verla, otras retroceden, pero la mayoría solo observa con asombro y no me queda más que sonreír. Siempre sonrío primero, es lo correcto cuando uno no es del lugar en que se encuentra. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Tranquila, Shanty —</span></span>le murmuro con suavidad <span style="color: #f012be;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No es una isla hostil, ya hemos pasado más de un mes aquí. </span>—</span>  El barco crucero se alza frente a mí como una bestia marina domesticada, es enorme, mucho más grande que cualquier embarcación que haya visto antes. Sus costados brillan bajo el sol y la madera cruje con vida propia y me habían comentado que eran dos días de viaje hasta isla Baterilla, dos días atravesando el mar, realmente me parece poco y mucho al mismo tiempo.<br />
 <br />
Me acerco al puesto de venta de boletos. El hombre detrás del mostrador me observa de arriba abajo, claramente sorprendido, no sé por qué, tal vez por mi cabello, o por Shanty, o por ambas cosas juntas, el tipo inclina un poco la cabeza y carraspea. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Destino? —</span>pregunta sin más. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Vamos a Isla Baterilla en busca de un artesano —</span></span>respondo sin dudar, con voz amable <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Un pasaje, por favor. —</span></span>El hombre revisa una lista, pasa páginas, hace números con los dedos y finalmente responde. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-family: Gadugi, sans-serif;" class="mycode_font">—Serian </span>doce mil berries, el viaje son dos días de travesía si no se presentan inconvenientes. —</span> yo asiento de inmediato y saco la bolsa con el dinero y la coloco sobre el mostrador sin contar frente a él. Confío en mis manos, confío en la gente la mayoría del tiempo. El sonido de las monedas es contundente, doce mil berries es mucho, lo sé, pero el mar no se cruza gratis y mi curiosidad vale más que eso, además espero pronto hacerme con un barco propio. <br />
 <br />
El hombre parpadea, sorprendido de nuevo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Viajas sola? —</span> Hizo una pregunta tonta, porque claramente me vio subir con Shanty.  <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—No —</span></span>respondo con una sonrisa, inclinando un poco la cabeza hacia Shanty <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Viajo acompañada.—</span></span> Shanty sisea suavemente, como si entendiera que hablan de ella. El hombre duda un segundo, luego encoge los hombros.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mientras no cause problemas pueden subir. —</span> Sus palabras ni siquiera me ofenden, Shanty no es cualquier tipo de animal, claramente es una serpiente Lily, educada, entrenada para el combate y sobre todo, bien coqueta. <br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—No los causa —</span></span>digo con total seguridad <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">— Solo muerde si se lo piden o si alguien intenta hacernos daño. —</span></span>No es una amenaza, es la verdad yo no puedo mentir, aunque quisiera y eso todo el mundo lo sabe.  Recibo el ticket, es un trozo de papel sencillo, pero cuando lo sostengo siento algo extraño en el pecho. Un cosquilleo, cada vez que obtengo algo que me lleva más lejos de mi isla, siento que estoy rompiendo otra cadena invisible.<br />
 <br />
Camino hacia la pasarela de embarque. El suelo vibra bajo mis pies, escucho voces, pasos, maletas arrastrándose y soy consciente de algunas miradas clavándose en mí, pero no me incomodan, mi postura sigue recta, orgullosa, soy una Kuja hasta el final. Antes de subir, me detengo un segundo y miro el mar, el mismo mar que me arrebató de casa y que ahora me guía.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Vamos, Shanty —</span></span>susurro <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Dos días no es nada del otro mundo. —</span></span> La serpiente se enrosca parcialmente en mi pierna y luego se desliza conmigo por la pasarela. Al subir al barco crucero, siento la madera firme bajo mis pies y una certeza clara en mi mente tranquila, no importa a dónde me lleve este viaje, no importa qué encuentre en isla Baterilla, buscaré el artesano y seguiré mi viaje.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Auto T1] [Presente absoluto] ¡Sí, soy yo! ¡Kyozan Tetsuzaki!]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2819</link>
			<pubDate>Wed, 24 Dec 2025 13:17:05 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=674">Kyozan Tetsuzaki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2819</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="500" height="75" src="https://www.youtube.com/embed/MBJcmVQC2WI?si=FJ9JKSD1cnbmpaj7" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">¡Wawawawawawawaaa!</span></span></div>
Un balandro surcaba el solitario mar cortando a través de viento y olas. En proa, una gran figura tumbada de la forma más incómoda posible, intentando evitar colisionar contra todo mástil para evitar daños a la embarcación. Piernas colgantes se asomaban fuera de los confines del navío cuyos halluces rozando la fría marea se balanceaban descalzos para juguetear con el agua. Nubes cuyo propósito se alejaba de ser insondable amenazaban desde hace horas con atormentar a cualquier navegante y parecían no aguantar ni un segundo más. El siroco contrastaba con la humedad anunciada del ahogado mundo en el que se vivía, elementos que intentarían provocar al apaciguado ser que encabezaba la nave. Excepto los cuernos y el tamaño, todo difería de las características de un Oni: crecidos en batalla y con un ardiente resquemor por la violencia y el caos solían buscar contingencias no importase donde. Y él, sin embargo, adormecido mientras se mecía con el vaivén de cuatro trozos de madera que nadie podría saber a ciencia cierta de qué época provenían.<br />
El oscuro cielo rompió en un trueno. Iba a diluviar, una tormenta ineludible que fácilmente partiría en dos el navío a menos que lo llevara un navegante experimentado. Tras el estruendo unas gotas empezaron a clavarse en el descubierto torso del Oni, clavándose como frías agujas que resbalaban y se deslizaban hasta cubierta. No parecía nervioso, al contrario de lo que estarían usuarios de frutas del diablo de leyendas que le habían contado los presos.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Chico!</span></div>
<br />
Una rasgada voz desde el timonel le gritó, advirtiéndole del peligro que se les cernía a ambos tripulantes. La voz provenía de un anciano decrépito que difícilmente podía sostenerse en pie aunque en un arrebato senil aseguraba ser capaz de surcar todos los mares si la ocasión lo requería. Pantalones anchos y rasgados, algo sucios por el uso y una probable falta de limpieza junto a una capa blanca y desgastada que no cubría nada más que una camisa de cuadros mal abrochada. El aliento del alcohol brotaba de sí como ponzoña tóxica alrededor de unos metros a la redonda al contrario del olor a sandía del Oni.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Ponte algo! ¡Que se avecina una buena! ¡Yuju!</span></div>
El Oni levantó su cabeza hacia atrás para ver al acompañante, quién se encontraba peleando por mover el pesado timón. En realidad era un viejo Marine retirado años ha que decidió dedicarse a la pesca como afición, y estaba ayudando a un joven Oni a llegar a su destino debido a que le debía un reciente favor: reconstruirle la casa que unos piratas habían destruido de un cañonazo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Oi! ¡Me da completamente igual, viejo perro calvo del océano! ¡Un poco de lluvia no es un impedimento para un Oni como yo! ¡La última vez que surqué los mares no fue más que una aventura épica! ¡Pero hacía sol! ¡Y cantaban las grullas, datte datte!</span></div>
<br />
Movió las manos de forma exagerada para simbolizar las alas de una grulla mientras imitaba los graznidos característicos de una. Al hablar tanto como lo solía hacer el aguacero fue empeorando y no había forma de cubrirse. El problema ya no era si la cubierta se inundaba o si se dañaba el desgastado casco, sino la resistencia del débil abuelo, aunque sabía que no podía ayudar mucho así que no ayudaría. Un goterón le cayó al joven en el ojo lo que le hizo estremecerse por un segundo en sobresalto y secarse con el dedo. Gruñó mirando al cielo tras deshacerse del improvisado colirio; la lluvia le había declarado la guerra y sin duda golpearía las nubes a puño limpio. Sí, eso si pudiera.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Madre mía cómo arrecia!</span></div>
Espetó el señor, que parecía haber peleado mejores batallas. Con dificultad el navegante intentaba mantener el rumbo aunque era constantemente empujado por la lluvia. Ya había perdido la capacidad de sobreponerse a alta mar y aún más de llevar el timón en semejantes condiciones; físicas y climatológicas. Sin mediar palabra Kyozan se levantó como pudo con el consecuente tambaleo y se acercó al señor, cubriéndolo de la lluvia con la mano.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—¿Qué pasa, viejo perro? ¿No tienes gorro para cubrirte esa calvorota?</span></div>
Al mirar hacia arriba el señor hizo un mal gesto combinado con el movimiento que el timón forzaba y se dislocó el hombro de forma muy visible. Colapsando en el suelo y resbalando hacia el extremo del balandro, golpeando duro contra la madera de la periferia gritó de dolor, indudablemente perdiendo la única capacidad de navegar por los Blues. El Oni pecaba de no mostrar sorpresa alguna, como si estuviera esperando a que esto sucediera.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—¡Compañero! ¿Estás bien?</span></div>
Claramente, no. Se mordió el labio antes de agregar algo más de veneno.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Me da a mí que al final sí que me tendrás que enseñar a navegar, ¿eh?</span></div>
Entre gemidos y un brazo que no debía estar en esa posición el chico lo arrastró de vuelta a su posición y se encargó de tomar el timonel con una mano mientras sujetaba al señor con la otra. Tras un chute de adrenalina el antiguo marine pudo volver a recuperar algo del habla y empezó a indicarle y enseñarle al contrario. Poco a poco le fue explicando partes del barco, direcciones, a orientarse… Definitivamente ambos eran unos navegantes prodigio, sólo que uno constaba de mucha más experiencia que el otro y se estaba encargando de heredarla.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Eventualmente llegaron al destino, la Isla del Kárate, donde predominaba una montaña pictórica en la que se dibujaban animales y arrozales sueltos aleatoriamente. Mientras la tormenta amainaba y se difuminaba en un cielo celeste el viejo marine debía agradecerle de nuevo al Oni, esta vez por hacerle más ameno el trayecto además de salvarle la vida.<br />
Mientras el barco yacía amarrado a buen puerto y ambos charlaban con tranquilidad y comprobaban el daño recibido algo más hacia adentro de la playa no detectaron a tiempo a un ladrón intentando desatar el nudo para llevarse la embarcación. En ese preciso momento todo aquello que definía la vida restante del abuelo le fue arrebatado de sus manos. Ambos se levantaron a perseguir al balandro que parecía zarpar solo. El mayor se derrumbó, rodillas contra la arena y hombro agarrado, lágrimas tiñendo una arena aún húmeda.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Vaya, lo siento mucho, jefe… Datte datte…Hay personas malvadas, sí.</span></div>
<br />
El antiguo marine se encontraba algo afectado por el hecho de que además de estar lesionado no podía volver a casa, por lo que decidió regalarle el bote que cargaba consigo mismo. Sabía que él mismo no cabía en ese cuenco que hacía las veces de barco así que, pese a quedarse encerrado en aquella isla, preferiría ayudarle a que volviera a su hogar.<br />
Durante un par de semanas el titán se convirtió en alguien que se dedicó a cuidarle y ayudarle, trayendo agua y comida y comprobando su estado. No era médico ni mucho menos aunque observaba que se empezó a recomponer poco a poco, afortunadamente.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
Cuando definitivamente se le podía corroborar al marine como persona sana entre todo lo que la vejez implica llegaba el momento de que él partiera.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Gracias! ¡Muchas gracias, muchacho! Verdaderamente eres… Alguien confiable…</span></div>
La expresión facial mostraba una gratitud poco vista en una persona con su perfil. Ojos que echaban chirivías y una sonrisa de mejilla a mejilla.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Oi, viejo, date el piro ya, ¿vale? Tendré que buscar qué puedo hacer por aquí, ¿sí?</span></div>
Casi ni le miraba. Era una persona con la que aún no había llegado a conectar del todo pese a tenerlo como referente y mentor en cuanto la navegación, y quería sacárselo de encima cuanto antes para no apegarse nada más.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—Cuídate. He oído que esta isla viven… Multitud de dojos. Pero escalar hasta la cúspide de la montaña es muy difícil.</span></div>
Le avisó de lo que sucedía específicamente, pues no deseaba que alguien que le hubiera ayudado tanto falleciera o mucho menos que sufriera por el resto de su vida. De mientras preparaba el bote para emprender su viaje de vuelta.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—¿Pero te vas ya o qué? Que no vengo a morir, anda.</span></div>
Faltó poco para que le empezara a perseguir para asustarlo e intentar golpearle. Obviamente, todo en gesta irónica. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Habrá que ver!</span></div>
El viejo volvió a surcar el mar (ahora mucho más apacible y tranquilo) en su nuevo bote de remos ya que el joven diablo le mintió con el fin de hacerlo rabiar para sacárselo de encima lo más rápido posible. La silueta desapareció entre la Fata Morgana dejando atrás a una isla entera estaría a merced del Oni.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Oi! ¡Y recuerda mi nombre, anciano! ¡Sí, soy yo! ¡Kyozan Tetsuzaki!</span></div>
<br />
Kyozan se daría media vuelta sin importar si el mensaje hubiera llegado para mirar los arrozales y la gigantesca montaña que se perdía entre sus propias nubes. Era su próximo desafío.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—¿Y me tendré que pegar con gente aquí? Qué coñazo. Espero que me sirva de algo, <span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">¡Wa</span><span style="font-size: small;" class="mycode_size">wa</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">wa</span><span style="font-size: large;" class="mycode_size">wa</span><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">wa</span><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">wa!</span></span></div>
Ahora de nuevo un viajero solitario por el gran mundo que se le acontece y que deberá prepararse para el sinfín de aventuras que se le avecinan. No tiene en mente ser un Marine, mucho menos un Pirata, aunque quiere hacer el bien y eso es el material que alimenta su ser: ayudar al prójimo cuando se le requiera.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Aclaraciones</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Kyozan aprovecha el hecho de que hay un anciano borracho para ayudarle y convencerle para irse a una isla que jamás había estado. En el trayecto se topan con una tormenta que les dificulta las cosas y el anciano termina herido. Es allí cuando Kyozan aprende lo básico sobre la navegación, para tomar el timón y llevarlos al destino gracias a los consejos del borracho. Una vez allí ayudará al señor a recuperarse un mínimo y le regalará el bote que acarrea para que pueda volver a casa, pues el balandro se lo robaron. A partir de ahí, Kyozan se encontraría solo contra la Isla de los Karatekas.
				</div>
			</div><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karmas</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Enanismo - Para caber en el balandro (Narrativamente).<br />
Tenacidad glacial - Para resistir el frío de alta mar y la lluvia.<br />
Guía - Para encontrar la isla pese a no tener experiencia (Con ayuda del anciano la desarrolla)<br />
Valiente - No temió a las consecuencias.<br />
Salud de hierro - No enfermó al no cubrirse de la lluvia.<br />
Ojo felino - En mitad de la tormenta las nubes cubrían casi al completo la luz del Sol.<br />
Sintonía natural - Pese a ser gruñón, le caería bien al anciano.<br />
Exceso de confianza - Cree completamente en que es capaz de ejercer un oficio que nunca había ejercido hasta ahora.<br />
Bien dotado - Bien dotado.<br />
Mascota - Escondida en su bolsillo.<br />
Charlatán - Se va por las ramas de vez en cuando.<br />
Tic - Morderse los labios<br />
Pesos pesados - Tambalear el barco al andar<br />
Muletilla - Datte datte<br />
Risa excéntrica - Wawawawawawawa<br />
Pacifista - No es hasta que le ha caído la lluvia que ha decidido "golpearse" con ella.<br />
Oloroso - Huele a sandía al contrario del viejo.<br />
Aciago - Atrajo la tormenta<br />
Generoso - Le regala el bote<br />
Falso - Mintió con que ya había tenido otras aventuras por los mares.<br />
Gruñón - Ya no solo la primera, sino varios insultos leves.<br />

				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><iframe width="500" height="75" src="https://www.youtube.com/embed/MBJcmVQC2WI?si=FJ9JKSD1cnbmpaj7" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">¡Wawawawawawawaaa!</span></span></div>
Un balandro surcaba el solitario mar cortando a través de viento y olas. En proa, una gran figura tumbada de la forma más incómoda posible, intentando evitar colisionar contra todo mástil para evitar daños a la embarcación. Piernas colgantes se asomaban fuera de los confines del navío cuyos halluces rozando la fría marea se balanceaban descalzos para juguetear con el agua. Nubes cuyo propósito se alejaba de ser insondable amenazaban desde hace horas con atormentar a cualquier navegante y parecían no aguantar ni un segundo más. El siroco contrastaba con la humedad anunciada del ahogado mundo en el que se vivía, elementos que intentarían provocar al apaciguado ser que encabezaba la nave. Excepto los cuernos y el tamaño, todo difería de las características de un Oni: crecidos en batalla y con un ardiente resquemor por la violencia y el caos solían buscar contingencias no importase donde. Y él, sin embargo, adormecido mientras se mecía con el vaivén de cuatro trozos de madera que nadie podría saber a ciencia cierta de qué época provenían.<br />
El oscuro cielo rompió en un trueno. Iba a diluviar, una tormenta ineludible que fácilmente partiría en dos el navío a menos que lo llevara un navegante experimentado. Tras el estruendo unas gotas empezaron a clavarse en el descubierto torso del Oni, clavándose como frías agujas que resbalaban y se deslizaban hasta cubierta. No parecía nervioso, al contrario de lo que estarían usuarios de frutas del diablo de leyendas que le habían contado los presos.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Chico!</span></div>
<br />
Una rasgada voz desde el timonel le gritó, advirtiéndole del peligro que se les cernía a ambos tripulantes. La voz provenía de un anciano decrépito que difícilmente podía sostenerse en pie aunque en un arrebato senil aseguraba ser capaz de surcar todos los mares si la ocasión lo requería. Pantalones anchos y rasgados, algo sucios por el uso y una probable falta de limpieza junto a una capa blanca y desgastada que no cubría nada más que una camisa de cuadros mal abrochada. El aliento del alcohol brotaba de sí como ponzoña tóxica alrededor de unos metros a la redonda al contrario del olor a sandía del Oni.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Ponte algo! ¡Que se avecina una buena! ¡Yuju!</span></div>
El Oni levantó su cabeza hacia atrás para ver al acompañante, quién se encontraba peleando por mover el pesado timón. En realidad era un viejo Marine retirado años ha que decidió dedicarse a la pesca como afición, y estaba ayudando a un joven Oni a llegar a su destino debido a que le debía un reciente favor: reconstruirle la casa que unos piratas habían destruido de un cañonazo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Oi! ¡Me da completamente igual, viejo perro calvo del océano! ¡Un poco de lluvia no es un impedimento para un Oni como yo! ¡La última vez que surqué los mares no fue más que una aventura épica! ¡Pero hacía sol! ¡Y cantaban las grullas, datte datte!</span></div>
<br />
Movió las manos de forma exagerada para simbolizar las alas de una grulla mientras imitaba los graznidos característicos de una. Al hablar tanto como lo solía hacer el aguacero fue empeorando y no había forma de cubrirse. El problema ya no era si la cubierta se inundaba o si se dañaba el desgastado casco, sino la resistencia del débil abuelo, aunque sabía que no podía ayudar mucho así que no ayudaría. Un goterón le cayó al joven en el ojo lo que le hizo estremecerse por un segundo en sobresalto y secarse con el dedo. Gruñó mirando al cielo tras deshacerse del improvisado colirio; la lluvia le había declarado la guerra y sin duda golpearía las nubes a puño limpio. Sí, eso si pudiera.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Madre mía cómo arrecia!</span></div>
Espetó el señor, que parecía haber peleado mejores batallas. Con dificultad el navegante intentaba mantener el rumbo aunque era constantemente empujado por la lluvia. Ya había perdido la capacidad de sobreponerse a alta mar y aún más de llevar el timón en semejantes condiciones; físicas y climatológicas. Sin mediar palabra Kyozan se levantó como pudo con el consecuente tambaleo y se acercó al señor, cubriéndolo de la lluvia con la mano.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—¿Qué pasa, viejo perro? ¿No tienes gorro para cubrirte esa calvorota?</span></div>
Al mirar hacia arriba el señor hizo un mal gesto combinado con el movimiento que el timón forzaba y se dislocó el hombro de forma muy visible. Colapsando en el suelo y resbalando hacia el extremo del balandro, golpeando duro contra la madera de la periferia gritó de dolor, indudablemente perdiendo la única capacidad de navegar por los Blues. El Oni pecaba de no mostrar sorpresa alguna, como si estuviera esperando a que esto sucediera.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—¡Compañero! ¿Estás bien?</span></div>
Claramente, no. Se mordió el labio antes de agregar algo más de veneno.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Me da a mí que al final sí que me tendrás que enseñar a navegar, ¿eh?</span></div>
Entre gemidos y un brazo que no debía estar en esa posición el chico lo arrastró de vuelta a su posición y se encargó de tomar el timonel con una mano mientras sujetaba al señor con la otra. Tras un chute de adrenalina el antiguo marine pudo volver a recuperar algo del habla y empezó a indicarle y enseñarle al contrario. Poco a poco le fue explicando partes del barco, direcciones, a orientarse… Definitivamente ambos eran unos navegantes prodigio, sólo que uno constaba de mucha más experiencia que el otro y se estaba encargando de heredarla.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Eventualmente llegaron al destino, la Isla del Kárate, donde predominaba una montaña pictórica en la que se dibujaban animales y arrozales sueltos aleatoriamente. Mientras la tormenta amainaba y se difuminaba en un cielo celeste el viejo marine debía agradecerle de nuevo al Oni, esta vez por hacerle más ameno el trayecto además de salvarle la vida.<br />
Mientras el barco yacía amarrado a buen puerto y ambos charlaban con tranquilidad y comprobaban el daño recibido algo más hacia adentro de la playa no detectaron a tiempo a un ladrón intentando desatar el nudo para llevarse la embarcación. En ese preciso momento todo aquello que definía la vida restante del abuelo le fue arrebatado de sus manos. Ambos se levantaron a perseguir al balandro que parecía zarpar solo. El mayor se derrumbó, rodillas contra la arena y hombro agarrado, lágrimas tiñendo una arena aún húmeda.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Vaya, lo siento mucho, jefe… Datte datte…Hay personas malvadas, sí.</span></div>
<br />
El antiguo marine se encontraba algo afectado por el hecho de que además de estar lesionado no podía volver a casa, por lo que decidió regalarle el bote que cargaba consigo mismo. Sabía que él mismo no cabía en ese cuenco que hacía las veces de barco así que, pese a quedarse encerrado en aquella isla, preferiría ayudarle a que volviera a su hogar.<br />
Durante un par de semanas el titán se convirtió en alguien que se dedicó a cuidarle y ayudarle, trayendo agua y comida y comprobando su estado. No era médico ni mucho menos aunque observaba que se empezó a recomponer poco a poco, afortunadamente.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
Cuando definitivamente se le podía corroborar al marine como persona sana entre todo lo que la vejez implica llegaba el momento de que él partiera.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Gracias! ¡Muchas gracias, muchacho! Verdaderamente eres… Alguien confiable…</span></div>
La expresión facial mostraba una gratitud poco vista en una persona con su perfil. Ojos que echaban chirivías y una sonrisa de mejilla a mejilla.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Oi, viejo, date el piro ya, ¿vale? Tendré que buscar qué puedo hacer por aquí, ¿sí?</span></div>
Casi ni le miraba. Era una persona con la que aún no había llegado a conectar del todo pese a tenerlo como referente y mentor en cuanto la navegación, y quería sacárselo de encima cuanto antes para no apegarse nada más.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—Cuídate. He oído que esta isla viven… Multitud de dojos. Pero escalar hasta la cúspide de la montaña es muy difícil.</span></div>
Le avisó de lo que sucedía específicamente, pues no deseaba que alguien que le hubiera ayudado tanto falleciera o mucho menos que sufriera por el resto de su vida. De mientras preparaba el bote para emprender su viaje de vuelta.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—¿Pero te vas ya o qué? Que no vengo a morir, anda.</span></div>
Faltó poco para que le empezara a perseguir para asustarlo e intentar golpearle. Obviamente, todo en gesta irónica. <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Habrá que ver!</span></div>
El viejo volvió a surcar el mar (ahora mucho más apacible y tranquilo) en su nuevo bote de remos ya que el joven diablo le mintió con el fin de hacerlo rabiar para sacárselo de encima lo más rápido posible. La silueta desapareció entre la Fata Morgana dejando atrás a una isla entera estaría a merced del Oni.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Oi! ¡Y recuerda mi nombre, anciano! ¡Sí, soy yo! ¡Kyozan Tetsuzaki!</span></div>
<br />
Kyozan se daría media vuelta sin importar si el mensaje hubiera llegado para mirar los arrozales y la gigantesca montaña que se perdía entre sus propias nubes. Era su próximo desafío.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—¿Y me tendré que pegar con gente aquí? Qué coñazo. Espero que me sirva de algo, <span style="font-size: x-small;" class="mycode_size">¡Wa</span><span style="font-size: small;" class="mycode_size">wa</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">wa</span><span style="font-size: large;" class="mycode_size">wa</span><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">wa</span><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">wa!</span></span></div>
Ahora de nuevo un viajero solitario por el gran mundo que se le acontece y que deberá prepararse para el sinfín de aventuras que se le avecinan. No tiene en mente ser un Marine, mucho menos un Pirata, aunque quiere hacer el bien y eso es el material que alimenta su ser: ayudar al prójimo cuando se le requiera.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Aclaraciones</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Resumen</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					Kyozan aprovecha el hecho de que hay un anciano borracho para ayudarle y convencerle para irse a una isla que jamás había estado. En el trayecto se topan con una tormenta que les dificulta las cosas y el anciano termina herido. Es allí cuando Kyozan aprende lo básico sobre la navegación, para tomar el timón y llevarlos al destino gracias a los consejos del borracho. Una vez allí ayudará al señor a recuperarse un mínimo y le regalará el bote que acarrea para que pueda volver a casa, pues el balandro se lo robaron. A partir de ahí, Kyozan se encontraría solo contra la Isla de los Karatekas.
				</div>
			</div><div class='custom-spoiler'>
				<div class='custom-spoiler-title' onclick='CustomSpoiler.toggle(this);'>
					<div class='custom-spoiler-title-text'>
						<span>Karmas</span>
					</div>
					<button class='custom-spoiler-button spoiler-button-open'>
						Mostrar
					</button>
				</div>
				<div class='custom-spoiler-content' style='display: none;'>
					<br />
Enanismo - Para caber en el balandro (Narrativamente).<br />
Tenacidad glacial - Para resistir el frío de alta mar y la lluvia.<br />
Guía - Para encontrar la isla pese a no tener experiencia (Con ayuda del anciano la desarrolla)<br />
Valiente - No temió a las consecuencias.<br />
Salud de hierro - No enfermó al no cubrirse de la lluvia.<br />
Ojo felino - En mitad de la tormenta las nubes cubrían casi al completo la luz del Sol.<br />
Sintonía natural - Pese a ser gruñón, le caería bien al anciano.<br />
Exceso de confianza - Cree completamente en que es capaz de ejercer un oficio que nunca había ejercido hasta ahora.<br />
Bien dotado - Bien dotado.<br />
Mascota - Escondida en su bolsillo.<br />
Charlatán - Se va por las ramas de vez en cuando.<br />
Tic - Morderse los labios<br />
Pesos pesados - Tambalear el barco al andar<br />
Muletilla - Datte datte<br />
Risa excéntrica - Wawawawawawawa<br />
Pacifista - No es hasta que le ha caído la lluvia que ha decidido "golpearse" con ella.<br />
Oloroso - Huele a sandía al contrario del viejo.<br />
Aciago - Atrajo la tormenta<br />
Generoso - Le regala el bote<br />
Falso - Mintió con que ya había tenido otras aventuras por los mares.<br />
Gruñón - Ya no solo la primera, sino varios insultos leves.<br />

				</div>
			</div>
				</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Social][Presente relativo] La aguja en un pajar]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2736</link>
			<pubDate>Fri, 12 Dec 2025 08:06:30 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=650">Eoghan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2736</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><iframe width="400" height="100" src="https://www.youtube.com/embed/8xJVvUUGGI4?si=q-uDnTplGvdx6iOb" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></span></span></div>
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">—La madre que me parió.</span></span><br />
<br />
El trayecto apenas había empezado y la incomodidad en el bote era presente, madera algo astillada en ciertos rincones que requería de una alerta constante al sumarse al vaivén del oleaje. La experiencia difería desde la última vez que surcó el mar, rodeado de crueles piratas que no dudarían en humillarlo bajo la cubierta lóbrega de un bergantín que sabía a pólvora y alcohol. Barriles por todas las esquinas que no paraban de caer y rodar de lado a lado, algunos llenos de munición y otros llenos de fruta a punto de podrirse aunque no tanto como los dientes de algunos de la tripulación. Rara vez veía el cielo abierto a diferencia del incómodo bote, lo que compensaba el hecho de ir remando sin parar.<br />
<br />
<span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">—¿No le puedes dar un poco tú a los remos, </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">"chati"</span></span><span style="color: #666666;" class="mycode_color">? </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">—Llevarían dos horas navegando a este punto.—</span><span style="color: #666666;" class="mycode_color"> Tenemos que ir hacia el norte, hemos tomado un pequeño desvío para usar las corrientes de agua a nuestro favor, pero ya estoy hasta la p*lla.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Antes de poder realizar ningún cambio de posición una sombra empezó a rodear el barco con insistencia. No era muy grande aunque a medida que se acercaba a la superfície parecía chapotear como un niño con aletas que aún no sabía nadar muy bien. El bravado se difuminó en un torrente ascendente que empapó a ambos piratas, revelando una... ¿sardina con botas? Había escuchado sobre leyendas de cierto gato espadachín, aunque jamás se imaginaría que... Un pez podía vestir de esa forma. ¿Acaso era un Gyojin? Qué asco. Escamosos y resbaladizos, lo intentaría atrapar si no hubiera intentado pescar con las manos ya.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">—¿¡Qué coño!? ¡Shirel, haz algo o le meto con el remo!</span></span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">La situación se volvería aún más inverosímil cuando el pez empezó a hablar, aunque no era un acento propio del South Blue sino uno algo más caribeño, no sin antes abrir y cerrar los belfos como si calentara para soltar alguna perla verbal. Además, de los tres en el barco era el que mejor vestía. Flamantes zapatillas recubrían "algo" que se asemejarían a pies si es que fueran visibles en combinación a unas gafas de sol que destacaban encima de su espina dorsal. Que se sujetaran sin apoyarse en ninguna oreja era un milagro, hito inexplicable de la física. En su mano ostentaba una moneda... Sería... Tal vez... <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿El Recaudador?</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Carajo, qué volá aquí! ¿Dos chamaquitos en un bote to’ sarnoso? ¿Pa’ dónde es que van, asere?</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><iframe width="400" height="100" src="https://www.youtube.com/embed/8xJVvUUGGI4?si=q-uDnTplGvdx6iOb" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></span></span></div>
<br />
<span style="color: #666666;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">—La madre que me parió.</span></span><br />
<br />
El trayecto apenas había empezado y la incomodidad en el bote era presente, madera algo astillada en ciertos rincones que requería de una alerta constante al sumarse al vaivén del oleaje. La experiencia difería desde la última vez que surcó el mar, rodeado de crueles piratas que no dudarían en humillarlo bajo la cubierta lóbrega de un bergantín que sabía a pólvora y alcohol. Barriles por todas las esquinas que no paraban de caer y rodar de lado a lado, algunos llenos de munición y otros llenos de fruta a punto de podrirse aunque no tanto como los dientes de algunos de la tripulación. Rara vez veía el cielo abierto a diferencia del incómodo bote, lo que compensaba el hecho de ir remando sin parar.<br />
<br />
<span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">—¿No le puedes dar un poco tú a los remos, </span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">"chati"</span></span><span style="color: #666666;" class="mycode_color">? </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">—Llevarían dos horas navegando a este punto.—</span><span style="color: #666666;" class="mycode_color"> Tenemos que ir hacia el norte, hemos tomado un pequeño desvío para usar las corrientes de agua a nuestro favor, pero ya estoy hasta la p*lla.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Antes de poder realizar ningún cambio de posición una sombra empezó a rodear el barco con insistencia. No era muy grande aunque a medida que se acercaba a la superfície parecía chapotear como un niño con aletas que aún no sabía nadar muy bien. El bravado se difuminó en un torrente ascendente que empapó a ambos piratas, revelando una... ¿sardina con botas? Había escuchado sobre leyendas de cierto gato espadachín, aunque jamás se imaginaría que... Un pez podía vestir de esa forma. ¿Acaso era un Gyojin? Qué asco. Escamosos y resbaladizos, lo intentaría atrapar si no hubiera intentado pescar con las manos ya.</span></span><br />
<br />
<span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">—¿¡Qué coño!? ¡Shirel, haz algo o le meto con el remo!</span></span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">La situación se volvería aún más inverosímil cuando el pez empezó a hablar, aunque no era un acento propio del South Blue sino uno algo más caribeño, no sin antes abrir y cerrar los belfos como si calentara para soltar alguna perla verbal. Además, de los tres en el barco era el que mejor vestía. Flamantes zapatillas recubrían "algo" que se asemejarían a pies si es que fueran visibles en combinación a unas gafas de sol que destacaban encima de su espina dorsal. Que se sujetaran sin apoyarse en ninguna oreja era un milagro, hito inexplicable de la física. En su mano ostentaba una moneda... Sería... Tal vez... <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿El Recaudador?</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">—¡Carajo, qué volá aquí! ¿Dos chamaquitos en un bote to’ sarnoso? ¿Pa’ dónde es que van, asere?</span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Me ayudarías...? [Fic, Pasado, +18]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2686</link>
			<pubDate>Sat, 06 Dec 2025 12:41:39 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=632">Lelith Hesperax</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2686</guid>
			<description><![CDATA[La noche caía sin prisa sobre aquella ciudad portuaria de mala muerte, una de tantas islas ignoradas por la Marina salvo para cobrar impuestos y recordarles a todos quién mandaba. El aire se volvía más denso cuanto más se acercaba una al distrito rojo, donde las farolas tenían un zumbido enfermo y las sombras parecían reirse nerviosas imitando a sus dueños. Lelith caminaba observante pero sonriente, disfrutando del olor a podredumbre humana como quien pasea entre flores exóticas.<br />
<br />
Entró en un bar destartalado de la esquina, con un letrero de neón que parpadeaba como si le diera un ataque. Dentro, humo rancio, vasos sucios y miradas torcidas. Lelith vió una pequeña y ruinosa mesa libre junto a la pared y se sentó con silenciosa indiferencia. El camarero, sin atreverse a mirarla demasiado, le sirvió lo que pidió con manos temblorosas.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Relájate… si quisiera matarte, ya estarías en el suelo desde hace rato</span> -murmuró Lelith con una sonrisa apenas visible, disfrutando del escalofrío que recorrió la espalda del hombre-.<br />
<br />
Fue entonces cuando la vio... una muchacha joven y hermosa en un modo desgastado. Ojeras profundas, labios rotos de morderse inquieta, maquillaje corrido... <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Y miedo</span></span></span>. Un miedo que intentaba esconder tras coquetería rota. <span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Roselín</span></span></span>. <br />
<br />
Miraba hacia la puerta, esperando, temiendo incluso que alguien entrara... Cuando sus ojos se cruzaron con los de Lelith, se quedó paralizada un segundo. Había visto algo, algo que solo ven los mas desesperados:<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">una salida</span></span></span>, aunque esa salida tuviera forma de cuchilla... Roselín se acercó, tragando saliva, con manos temblorosas...<br />
<br />
- <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tú… tú pareces fuerte</span> -empezó, torpe, sin saber si hablar o huir- <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Necesito... necesito ayuda. Por favor...</span><br />
<br />
Lelith ladeó la cabeza, divertida, como una niña observando un insecto raro.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¿Y por qué crees que yo ayudo a nadie, preciosa?</span><br />
<br />
- <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Porque él... él me va a matar. Si no hago lo que quiere, si no le doy el dinero que pide, si no...</span> -el resto se atragantó con lágrimas-.<br />
<br />
Así lo llamaban... Un proxeneta con más crueldad que inteligencia, con fama de romperle las costillas a quien no obedecía. Lelith había oído ese nombre flotando entre las bocas podridas del barrio. Gente como él había muchos… pero no muchos que caminaran después de cruzarse en su camino. Roselín, casi sin aire, prosiguió...<br />
<br />
- <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tengo algo ahorrado, muy poco... pero si tú... si tú lo haces... si le quitas de en medio...</span> <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">te lo daré todo</span></span></span>.<span style="color: #b20080;" class="mycode_color"> Solo quiero vivir. Solo quiero... libertad.</span><br />
<br />
Lelith sonrió. Una sonrisa lenta y peligrosa, genuinamente divertida.<br />
<br />
- ¿<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Libertad? Oh, cariño... eso te va a costar más de lo que piensas...</span><br />
<br />
Roselín se tensó.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Aunque quizás...</span> -dijo acercándole un dedo a la barbilla de la joven, obligándola a levantar la mirada- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Puedo dejarme convencer. Me gusta cuando alguien suplica de verdad...</span><br />
<br />
La joven tragó saliva. Era evidente que Lelith le provocaba al mismo tiempo terror y esperanza, una mezcla que la mantenía de pie. Volviendo a su bebida, sin dejar de observarla, indagó...<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Háblame de él. De lo que hace. Y de lo que guardas para mí...</span><br />
<br />
Roselín, temblando, empezó a contarselo todo. Las palizas, el control, los chantajes... y que también había otra chica que también sufría como ella por su culpa. Lelith, juguetona, quedó maravillada.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><< Oh… dos niñas que quieren ser libres. Qué conveniente. La cosa mejora por momentos... >></span><br />
<br />
Muy en el fondo, Lelith ya estaba pensando en herramientas, ubicaciones, rutas de escape, lugares donde esconder cuerpos... La recompensa era ridícula por supuesto, pero <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">el dinero jamás fue la razón</span></span></span>. El brillo de esperanza y terror que poseían los ojos de la joven... el temblor en su voz... el hilo tenso de desesperación... eso sí que prometía.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Y dime,</span> <span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Roselín</span></span></span>... -susurró Lelith, mirándola desde arriba con aire de depredadora aburrida- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¿Dónde está ahora ese tal Luciano? ¿Y la otra chica? Quiero ver las piezas del juego antes de moverlas...</span><br />
<br />
La muchacha dudó, pero la mirada que se clavaba en ella era clara, brutal, directa, prometedora... Le contó la rutina del proxeneta, los lugares donde solía esconderse, los callejones donde esperaba a sus chicas. Lelith lo escuchó todo con calma.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><< Perfecto... >></span><br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Vamos a darle un sustito a tu dueño pues... </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-dijo con una expectación que helaba la sangre a la muchacha-.</span><br />
<br />
Rosalina abrió los labios para preguntar qué planeaba, pero Lelith ya se estaba poniendo en pie.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Pero antes, bonita...</span> -añadió con una risita suave- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Necesito saber qué tan convincente es tu miedo cuando ese malnacido llegue al sitio que yo elija</span> -inclinándose para clavarle la mirada en sus ojos, casi nariz con nariz- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Enséñame cómo lloras,</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Roselín</span></span></span>. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Muéstrame como te derrumbas... debes hacerlo precioso llegado el momento...</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La noche caía sin prisa sobre aquella ciudad portuaria de mala muerte, una de tantas islas ignoradas por la Marina salvo para cobrar impuestos y recordarles a todos quién mandaba. El aire se volvía más denso cuanto más se acercaba una al distrito rojo, donde las farolas tenían un zumbido enfermo y las sombras parecían reirse nerviosas imitando a sus dueños. Lelith caminaba observante pero sonriente, disfrutando del olor a podredumbre humana como quien pasea entre flores exóticas.<br />
<br />
Entró en un bar destartalado de la esquina, con un letrero de neón que parpadeaba como si le diera un ataque. Dentro, humo rancio, vasos sucios y miradas torcidas. Lelith vió una pequeña y ruinosa mesa libre junto a la pared y se sentó con silenciosa indiferencia. El camarero, sin atreverse a mirarla demasiado, le sirvió lo que pidió con manos temblorosas.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Relájate… si quisiera matarte, ya estarías en el suelo desde hace rato</span> -murmuró Lelith con una sonrisa apenas visible, disfrutando del escalofrío que recorrió la espalda del hombre-.<br />
<br />
Fue entonces cuando la vio... una muchacha joven y hermosa en un modo desgastado. Ojeras profundas, labios rotos de morderse inquieta, maquillaje corrido... <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Y miedo</span></span></span>. Un miedo que intentaba esconder tras coquetería rota. <span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Roselín</span></span></span>. <br />
<br />
Miraba hacia la puerta, esperando, temiendo incluso que alguien entrara... Cuando sus ojos se cruzaron con los de Lelith, se quedó paralizada un segundo. Había visto algo, algo que solo ven los mas desesperados:<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">una salida</span></span></span>, aunque esa salida tuviera forma de cuchilla... Roselín se acercó, tragando saliva, con manos temblorosas...<br />
<br />
- <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tú… tú pareces fuerte</span> -empezó, torpe, sin saber si hablar o huir- <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Necesito... necesito ayuda. Por favor...</span><br />
<br />
Lelith ladeó la cabeza, divertida, como una niña observando un insecto raro.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¿Y por qué crees que yo ayudo a nadie, preciosa?</span><br />
<br />
- <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Porque él... él me va a matar. Si no hago lo que quiere, si no le doy el dinero que pide, si no...</span> -el resto se atragantó con lágrimas-.<br />
<br />
Así lo llamaban... Un proxeneta con más crueldad que inteligencia, con fama de romperle las costillas a quien no obedecía. Lelith había oído ese nombre flotando entre las bocas podridas del barrio. Gente como él había muchos… pero no muchos que caminaran después de cruzarse en su camino. Roselín, casi sin aire, prosiguió...<br />
<br />
- <span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Tengo algo ahorrado, muy poco... pero si tú... si tú lo haces... si le quitas de en medio...</span> <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">te lo daré todo</span></span></span>.<span style="color: #b20080;" class="mycode_color"> Solo quiero vivir. Solo quiero... libertad.</span><br />
<br />
Lelith sonrió. Una sonrisa lenta y peligrosa, genuinamente divertida.<br />
<br />
- ¿<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Libertad? Oh, cariño... eso te va a costar más de lo que piensas...</span><br />
<br />
Roselín se tensó.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Aunque quizás...</span> -dijo acercándole un dedo a la barbilla de la joven, obligándola a levantar la mirada- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Puedo dejarme convencer. Me gusta cuando alguien suplica de verdad...</span><br />
<br />
La joven tragó saliva. Era evidente que Lelith le provocaba al mismo tiempo terror y esperanza, una mezcla que la mantenía de pie. Volviendo a su bebida, sin dejar de observarla, indagó...<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Háblame de él. De lo que hace. Y de lo que guardas para mí...</span><br />
<br />
Roselín, temblando, empezó a contarselo todo. Las palizas, el control, los chantajes... y que también había otra chica que también sufría como ella por su culpa. Lelith, juguetona, quedó maravillada.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><< Oh… dos niñas que quieren ser libres. Qué conveniente. La cosa mejora por momentos... >></span><br />
<br />
Muy en el fondo, Lelith ya estaba pensando en herramientas, ubicaciones, rutas de escape, lugares donde esconder cuerpos... La recompensa era ridícula por supuesto, pero <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">el dinero jamás fue la razón</span></span></span>. El brillo de esperanza y terror que poseían los ojos de la joven... el temblor en su voz... el hilo tenso de desesperación... eso sí que prometía.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Y dime,</span> <span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Roselín</span></span></span>... -susurró Lelith, mirándola desde arriba con aire de depredadora aburrida- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¿Dónde está ahora ese tal Luciano? ¿Y la otra chica? Quiero ver las piezas del juego antes de moverlas...</span><br />
<br />
La muchacha dudó, pero la mirada que se clavaba en ella era clara, brutal, directa, prometedora... Le contó la rutina del proxeneta, los lugares donde solía esconderse, los callejones donde esperaba a sus chicas. Lelith lo escuchó todo con calma.<br />
<br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><< Perfecto... >></span><br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Vamos a darle un sustito a tu dueño pues... </span><span style="color: #000000;" class="mycode_color">-dijo con una expectación que helaba la sangre a la muchacha-.</span><br />
<br />
Rosalina abrió los labios para preguntar qué planeaba, pero Lelith ya se estaba poniendo en pie.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Pero antes, bonita...</span> -añadió con una risita suave- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Necesito saber qué tan convincente es tu miedo cuando ese malnacido llegue al sitio que yo elija</span> -inclinándose para clavarle la mirada en sus ojos, casi nariz con nariz- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Enséñame cómo lloras,</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #b20080;" class="mycode_color">Roselín</span></span></span>. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Muéstrame como te derrumbas... debes hacerlo precioso llegado el momento...</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Arte [Fic, Pasado, +18]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2580</link>
			<pubDate>Sat, 22 Nov 2025 11:01:52 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=632">Lelith Hesperax</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2580</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://wallpapers.com/images/hd/dark-alleyway-1600-x-900-wallpaper-vqg0sqmqrcbrfqtj.jpg" loading="lazy"  width="300" height="300" alt="[Imagen: dark-alleyway-1600-x-900-wallpaper-vqg0sqmqrcbrfqtj.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<br />
La pequeña ciudad tenía un encanto mugriento, como si estuviera acostumbrada a tragar miseria, pero aún así se empeñara en seguir en pie. Calles estrechas, tejados torcidos, faroles que parpadeaban... Allí, donde los carteristas reptaban entre la gente y las bandas sin nombre intentaban parecer temibles creyéndose reyes del barrio, Lelith caminaba como quien pasea por una tienda de golosinas.<br />
<br />
Observaba a cada persona como si fueran dulces en una estantería. Unos demasiado blandos, otros sin sabor... ninguno lo suficientemente tentador todavía. Mientras se preguntaba qué entretenimiento podría ofrecerle esa isla, decidió detenerse en un bar que olía a humedad, sudor y ron barato.<br />
<br />
En cuanto entró, varias miradas se clavaron en ella. Una en particular no se apartó. Era un ladrón de poca categoría, pero con más intuición que la mayoría, que la observaba como quien mira un fuego hermoso sin saber si le calentará las manos o le devorará los brazos... Reconoció en Lelith algo que los demás no sabían ver: la belleza peligrosa, la calma del depredador, el brillo homicida detrás de la sonrisa perezosa. Se acercó a ella ignorando su instinto de supervivencia...<br />
<br />
- <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">No eres de por aquí, ¿no? </span>-dijo, tratando de sonar casual-.<br />
<br />
Lelith no contestó. Bebió un sorbo, lo observó… y sonrió apenas, como quien decide si un juguete servirá o no.<br />
<br />
- <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Podría tener trabajo para ti </span>-continuó él, tragando saliva-. <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Una casa. De un… marine local. Nada importante. Mucho dinero allí. Pero… necesitaré que tú lo distraigas.</span><br />
<br />
Lelith parpadeó lento, devolviendo la mirada a su bebida.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¿Y qué ganarías tú?</span><br />
<br />
- <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Lo que tú no quieras llevarte </span>-respondió él con un tono demasiado rápido-.<br />
<br />
Ella comprendió en un instante su plan. Usarla, engañarla, cargarle el muerto... Maravilloso. Así acordaron verse esa noche frente a la casa del marine.<br />
<br />
La vivienda era demasiado ostentosa para alguien de tan poco rango. Lelith ya lo había visto por las calles: un hombre joven aún, excesivamente pulido, siempre con el uniforme impecable, con un orgullo frágil, envuelto en la tela inmaculada. Caminaba como si necesitara que el mundo creyera que él era autoridad pura, aunque su valor se deshacía para quien supiera reconocer la insignia de soldado raso de la marina. Vanidad, arrogancia, temor disfrazado de postura rígida. Un hombre que solo sabía parecer peligroso. Lelith había visto hombres así antes. Siempre eran los que gritaban más fuerte y morían aún más rápido.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://media.istockphoto.com/id/944134234/es/foto/el-gran-palacio.jpg?s=612x612&amp;w=0&amp;k=20&amp;c=1GaeLBOCsoCsVGTeyt6BQJ7l9pXftLNVhvOndAX1Q7Q=" loading="lazy"  width="300" height="300" alt="[Imagen: el-gran-palacio.jpg?s=612x612&amp;w=0&amp;k=20&amp;c...OndAX1Q7Q=]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Cuando el ladrón y Lelith entraron por la ventana trasera, la casa estaba quieta. El ladrón rebuscaba con la torpeza de quien quiere terminar antes de paralizarse por el miedo. Lelith lo observaba en silencio, evaluando cada rincón de la estancia, midiendo distancias, sombras, obstáculos.<br />
<br />
La puerta principal se abrió.<br />
<br />
El marine entró, cargando una bolsa de víveres. Al ver a los intrusos, su rostro se tensó en una mueca que pretendía ser feroz, pero que apenas ocultaba su sorpresa aterrada.<br />
<br />
-<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"> ¡Quietos! </span>-rugió, alzando su arma, la cual no sostenía con verdadera seguridad-.<br />
<br />
El ladrón, impactado por el súbito encontronazo, miraba de frente al marine. Pero Lelith, que se había escabullido nada más oír la manivela, se colocó por detrás del marine y... cerró la puerta con un 'clic' suave. Un sonido tan leve pero, sin embargo, tan definitivo.<br />
<br />
El marine giró y la vio. Los ojos rojos. La piel perlada. La belleza inquietante y una sonrisa que no podía pertenecer a nadie cuerdo.<br />
<br />
- <span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Tú… ¿qué…?</span><br />
<br />
-<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> Shh</span> -susurró Lelith, avanzando-. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">No arruines el momento.</span><br />
<br />
El ladrón quiso aprovechar la confusión para dirigirse a la ventana por la que habían entrado. Otra mala decisión.<br />
<br />
El marine no vio más que una sombra avalanzándose contra el ladrón... Lo próximo que pudo ver fue a Lelith riendo, con su katana chorreando sangre, y al ladrón ya en el suelo, con profundos cortes en los talones y las muñecas. Se retorcía de forma agónica, pero lo que le inquietaba no era su dolor, si no la mirada del monstruo que ahora se le clavaba firmemente. El marine retrocedió, blanco como la cal.<br />
<br />
- <span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Eres… eres un demonio. </span><br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Lo dices como si fuera un insulto</span> -respondió ella, inclinando la cabeza con diversión-.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://wallpapers.com/images/hd/dark-alleyway-1600-x-900-wallpaper-vqg0sqmqrcbrfqtj.jpg" loading="lazy"  width="300" height="300" alt="[Imagen: dark-alleyway-1600-x-900-wallpaper-vqg0sqmqrcbrfqtj.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<br />
La pequeña ciudad tenía un encanto mugriento, como si estuviera acostumbrada a tragar miseria, pero aún así se empeñara en seguir en pie. Calles estrechas, tejados torcidos, faroles que parpadeaban... Allí, donde los carteristas reptaban entre la gente y las bandas sin nombre intentaban parecer temibles creyéndose reyes del barrio, Lelith caminaba como quien pasea por una tienda de golosinas.<br />
<br />
Observaba a cada persona como si fueran dulces en una estantería. Unos demasiado blandos, otros sin sabor... ninguno lo suficientemente tentador todavía. Mientras se preguntaba qué entretenimiento podría ofrecerle esa isla, decidió detenerse en un bar que olía a humedad, sudor y ron barato.<br />
<br />
En cuanto entró, varias miradas se clavaron en ella. Una en particular no se apartó. Era un ladrón de poca categoría, pero con más intuición que la mayoría, que la observaba como quien mira un fuego hermoso sin saber si le calentará las manos o le devorará los brazos... Reconoció en Lelith algo que los demás no sabían ver: la belleza peligrosa, la calma del depredador, el brillo homicida detrás de la sonrisa perezosa. Se acercó a ella ignorando su instinto de supervivencia...<br />
<br />
- <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">No eres de por aquí, ¿no? </span>-dijo, tratando de sonar casual-.<br />
<br />
Lelith no contestó. Bebió un sorbo, lo observó… y sonrió apenas, como quien decide si un juguete servirá o no.<br />
<br />
- <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Podría tener trabajo para ti </span>-continuó él, tragando saliva-. <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Una casa. De un… marine local. Nada importante. Mucho dinero allí. Pero… necesitaré que tú lo distraigas.</span><br />
<br />
Lelith parpadeó lento, devolviendo la mirada a su bebida.<br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¿Y qué ganarías tú?</span><br />
<br />
- <span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Lo que tú no quieras llevarte </span>-respondió él con un tono demasiado rápido-.<br />
<br />
Ella comprendió en un instante su plan. Usarla, engañarla, cargarle el muerto... Maravilloso. Así acordaron verse esa noche frente a la casa del marine.<br />
<br />
La vivienda era demasiado ostentosa para alguien de tan poco rango. Lelith ya lo había visto por las calles: un hombre joven aún, excesivamente pulido, siempre con el uniforme impecable, con un orgullo frágil, envuelto en la tela inmaculada. Caminaba como si necesitara que el mundo creyera que él era autoridad pura, aunque su valor se deshacía para quien supiera reconocer la insignia de soldado raso de la marina. Vanidad, arrogancia, temor disfrazado de postura rígida. Un hombre que solo sabía parecer peligroso. Lelith había visto hombres así antes. Siempre eran los que gritaban más fuerte y morían aún más rápido.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://media.istockphoto.com/id/944134234/es/foto/el-gran-palacio.jpg?s=612x612&amp;w=0&amp;k=20&amp;c=1GaeLBOCsoCsVGTeyt6BQJ7l9pXftLNVhvOndAX1Q7Q=" loading="lazy"  width="300" height="300" alt="[Imagen: el-gran-palacio.jpg?s=612x612&amp;w=0&amp;k=20&amp;c...OndAX1Q7Q=]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Cuando el ladrón y Lelith entraron por la ventana trasera, la casa estaba quieta. El ladrón rebuscaba con la torpeza de quien quiere terminar antes de paralizarse por el miedo. Lelith lo observaba en silencio, evaluando cada rincón de la estancia, midiendo distancias, sombras, obstáculos.<br />
<br />
La puerta principal se abrió.<br />
<br />
El marine entró, cargando una bolsa de víveres. Al ver a los intrusos, su rostro se tensó en una mueca que pretendía ser feroz, pero que apenas ocultaba su sorpresa aterrada.<br />
<br />
-<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"> ¡Quietos! </span>-rugió, alzando su arma, la cual no sostenía con verdadera seguridad-.<br />
<br />
El ladrón, impactado por el súbito encontronazo, miraba de frente al marine. Pero Lelith, que se había escabullido nada más oír la manivela, se colocó por detrás del marine y... cerró la puerta con un 'clic' suave. Un sonido tan leve pero, sin embargo, tan definitivo.<br />
<br />
El marine giró y la vio. Los ojos rojos. La piel perlada. La belleza inquietante y una sonrisa que no podía pertenecer a nadie cuerdo.<br />
<br />
- <span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Tú… ¿qué…?</span><br />
<br />
-<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> Shh</span> -susurró Lelith, avanzando-. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">No arruines el momento.</span><br />
<br />
El ladrón quiso aprovechar la confusión para dirigirse a la ventana por la que habían entrado. Otra mala decisión.<br />
<br />
El marine no vio más que una sombra avalanzándose contra el ladrón... Lo próximo que pudo ver fue a Lelith riendo, con su katana chorreando sangre, y al ladrón ya en el suelo, con profundos cortes en los talones y las muñecas. Se retorcía de forma agónica, pero lo que le inquietaba no era su dolor, si no la mirada del monstruo que ahora se le clavaba firmemente. El marine retrocedió, blanco como la cal.<br />
<br />
- <span style="color: #00369b;" class="mycode_color">Eres… eres un demonio. </span><br />
<br />
- <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Lo dices como si fuera un insulto</span> -respondió ella, inclinando la cabeza con diversión-.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Quieres jugar? [Fic, Pasado, +18]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2551</link>
			<pubDate>Sun, 16 Nov 2025 16:04:24 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=632">Lelith Hesperax</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2551</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: left;" class="mycode_align">La noche había caído lentamente sobre la pequeña isla agrícola, envolvía ya los caminos de tierra en una penumbra rojiza que aún guardaba el calor del día... Lelith caminaba sin prisa por la calle principal, moviéndose con una gracia temible que hacía que se desviasen las miradas y las sospechas se disipasen, pensando qué cenar antes de marcharse al amanecer. Era una de esas noches en las que el circo ambulante actuaba cerca del pueblo, del que en alguna ocasión ya se había servido. Su ropa mínima y estilizada ese día, no destacaba en lo absoluto, pues parecía una artista más con su vestuario habitual... </div>
<br />
La mayoría de los locales ya habían regresado a sus hogares. Las risas y el barullo que llenaban la tarde había desaparecido. Solo quedó el murmullo del viento.<br />
Una pelota rebotó en sus pies. Un niño corrió a recogerla, frenando de golpe al verla. La observó de arriba a abajo, con la ingenua fascinación propia de alguien que no había aprendido todavía a temer lo hermoso...<br />
<br />
- Eres muy guapa, señorita -dijo sonriendo-. Me gusta tu pelo... tiene colores bonitos.<br />
<br />
Lelith ladeó la cabeza, evaluándolo. Una criatura frágil, sin defensas, sin maldad... Despreciable, pero útil.<br />
<br />
- Qué amable -respondió con esa voz suave que usaba como disfraz-. ¿No deberías estar ya en casa?<br />
<br />
El niño negó con la cabeza, alzando la pelota.<br />
<br />
- Mis amigos se fueron, pero yo puedo quedarme un poco más. ¿Quieres jugar?<br />
<br />
Una oportunidad. El destino a veces empujaba las piezas solas...<br />
<br />
- Es tarde para jugar en la calle -murmuró ella, sonriendo-. Te acompañaré a tu casa, y allí podremos jugar un rato. ¿Qué te parece?<br />
<br />
El niño aceptó encantado. Caminaron juntos por un sendero estrecho mientras él hablaba sin descanso: de su madre que estaría preparando la cena, de su padre que hoy regresaría mas tarde del campo, de cómo le dejarían acostarse un poco mas tarde si se portaba bien... Lelith escuchaba sólo lo necesario.<br />
<br />
La casita era humilde, con paredes de madrea gastada y el tejado un poco caído por un lado. Una pequeña lámpara colgaba junto a la puerta. Antes de que el niño anunciara su llegada, la madre abrió la puerta, con un delantal y cara de cansancio.<br />
<br />
- ¿Dónde estabas? -dijo reprochando-. Ya es de...<br />
<br />
Se detuvo al ver a Lelith. Su expresión cambió a una educada sorpresa.<br />
<br />
- Oh... gracias por acompañarlo. Disculpa, no debería molestar a desconocidos -mirando y casi riñendo al niño-.<br />
<br />
Lelith sonrió. La mujer creyó ver bondad. Lo que vio fue un reflejo...<br />
<br />
- Pasad, por favor. ¿Quieres cenar con nosotros? No es gran cosa, pero...<br />
<br />
El niño insistió emocionado en su promesa de jugar. Lelith aceptó, inclinando un poco la cabeza en un gesto grácil.<br />
Entraron...<br />
<br />
La casa tenía un recibidor estrecho. A la derecha, una puerta corredera de papel que conducía a la habitación principal. Nada se veía desde el umbral; uno tenía que entrar para ver el centro de la estancia. La lumbre en el piso mantenía el aire cálido y olía a comida sencilla. Lelith observó cuidadosamente con un breve vistazo.<br />
<br />
Ahí comenzó el juego...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: left;" class="mycode_align">La noche había caído lentamente sobre la pequeña isla agrícola, envolvía ya los caminos de tierra en una penumbra rojiza que aún guardaba el calor del día... Lelith caminaba sin prisa por la calle principal, moviéndose con una gracia temible que hacía que se desviasen las miradas y las sospechas se disipasen, pensando qué cenar antes de marcharse al amanecer. Era una de esas noches en las que el circo ambulante actuaba cerca del pueblo, del que en alguna ocasión ya se había servido. Su ropa mínima y estilizada ese día, no destacaba en lo absoluto, pues parecía una artista más con su vestuario habitual... </div>
<br />
La mayoría de los locales ya habían regresado a sus hogares. Las risas y el barullo que llenaban la tarde había desaparecido. Solo quedó el murmullo del viento.<br />
Una pelota rebotó en sus pies. Un niño corrió a recogerla, frenando de golpe al verla. La observó de arriba a abajo, con la ingenua fascinación propia de alguien que no había aprendido todavía a temer lo hermoso...<br />
<br />
- Eres muy guapa, señorita -dijo sonriendo-. Me gusta tu pelo... tiene colores bonitos.<br />
<br />
Lelith ladeó la cabeza, evaluándolo. Una criatura frágil, sin defensas, sin maldad... Despreciable, pero útil.<br />
<br />
- Qué amable -respondió con esa voz suave que usaba como disfraz-. ¿No deberías estar ya en casa?<br />
<br />
El niño negó con la cabeza, alzando la pelota.<br />
<br />
- Mis amigos se fueron, pero yo puedo quedarme un poco más. ¿Quieres jugar?<br />
<br />
Una oportunidad. El destino a veces empujaba las piezas solas...<br />
<br />
- Es tarde para jugar en la calle -murmuró ella, sonriendo-. Te acompañaré a tu casa, y allí podremos jugar un rato. ¿Qué te parece?<br />
<br />
El niño aceptó encantado. Caminaron juntos por un sendero estrecho mientras él hablaba sin descanso: de su madre que estaría preparando la cena, de su padre que hoy regresaría mas tarde del campo, de cómo le dejarían acostarse un poco mas tarde si se portaba bien... Lelith escuchaba sólo lo necesario.<br />
<br />
La casita era humilde, con paredes de madrea gastada y el tejado un poco caído por un lado. Una pequeña lámpara colgaba junto a la puerta. Antes de que el niño anunciara su llegada, la madre abrió la puerta, con un delantal y cara de cansancio.<br />
<br />
- ¿Dónde estabas? -dijo reprochando-. Ya es de...<br />
<br />
Se detuvo al ver a Lelith. Su expresión cambió a una educada sorpresa.<br />
<br />
- Oh... gracias por acompañarlo. Disculpa, no debería molestar a desconocidos -mirando y casi riñendo al niño-.<br />
<br />
Lelith sonrió. La mujer creyó ver bondad. Lo que vio fue un reflejo...<br />
<br />
- Pasad, por favor. ¿Quieres cenar con nosotros? No es gran cosa, pero...<br />
<br />
El niño insistió emocionado en su promesa de jugar. Lelith aceptó, inclinando un poco la cabeza en un gesto grácil.<br />
Entraron...<br />
<br />
La casa tenía un recibidor estrecho. A la derecha, una puerta corredera de papel que conducía a la habitación principal. Nada se veía desde el umbral; uno tenía que entrar para ver el centro de la estancia. La lumbre en el piso mantenía el aire cálido y olía a comida sencilla. Lelith observó cuidadosamente con un breve vistazo.<br />
<br />
Ahí comenzó el juego...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Hombre Honrado Pt.5 - [Fic, Pasado]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2542</link>
			<pubDate>Sat, 15 Nov 2025 00:04:53 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=495">Krysser</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2542</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nace un cazador</span></div>
<br />
A los quince años, el bosque de Rucuro ya no era un refugio, sino un territorio que respondía a cada uno de sus pasos. Krysser lo conocía como si hubiera nacido allí: sabía dónde crecían los hongos que ardían como brasas, dónde se escondían los zorros viejos, dónde los árboles crujían antes de caer. Pero el niño salvaje que había llegado años atrás ya no existía. El silencio que entonces había sido una herida ahora era un arma.<br />
<br />
El bosque moldeó su cuerpo, pero fueron los humanos quienes terminaron de moldear su espíritu.<br />
<br />
Una mañana, mientras rastreaba las huellas frescas de un jabalí, encontró otras impresas en el barro: pesadas, desordenadas, con olor a grasa animal, alcohol y pólvora. Humanos. Tres, tal vez cuatro. Y uno de ellos sangraba.<br />
<br />
No habría tenido por qué seguirlos. Pero algo en el olor le resultó familiar: la mezcla áspera de alquitrán y especias. El mismo aroma que impregnaba las ropas de Jerrel. No podía ser él; lo sabía. Y aun así, su pulso se aceleró.<br />
<br />
Los siguió durante horas hasta llegar a un claro donde tres hombres discutían alrededor de un viejo carro de madera lleno de jaulas. Algunas vacías. Otras no. Dentro, animales atrapados golpeaban los barrotes con desesperación: monos chillando, aves que se agitaban, un pequeño oso encadenado.<br />
<br />
Eran cazadores furtivos. De los que mercadeaban con pieles, garras y criaturas exóticas. O con cualquier cosa viva que pudieran someter. El olor de la sangre fresca en el suelo le dijo que el grupo había capturado algo más, o a alguien más… Y hacía poco. Krysser no alzó la voz, no gritó ni rugió. Tan solo se movió, tan calmado que ni los árboles lo vieron venir.<br />
<br />
El primero no alcanzó a comprender qué era aquella sombra que lo embistió. Un solo zarpazo bastó para abrirle el cuello. El segundo se tambaleó, tropezó, intentó alzar su rifle… pero no llegó a apuntar antes de que las garras del Mink se cerraran sobre su brazo, torciéndolo hasta quebrarlo. El tercero logró disparar, pero el fogonazo lo cegó un instante, y en ese instante Krysser ya estaba sobre él, con los colmillos enterrándose en el antebrazo hasta el hueso.<br />
<br />
No fue una pelea, fue una masacre unilateral. El tigre demostró ser el mejor cazador en aquella selva, silencioso, preciso y brutal. Cuando el último de ellos cayó, el bosque entero quedó quieto, como si contuviera el aliento.<br />
<br />
Krysser respiraba agitado, con la mandíbula aún tensa, y las pupilas tan dilatadas que sus ojos parecían pozos negros. Aquello, eso que sentía ardiendo dentro, esa electricidad que le recorría los músculos… No era solo rabia. Era algo más antiguo. Algo instintivo. Algo que su sangre reconocía aunque él todavía no supiera darle nombre. No era el Sulong, pero sí era algo animal, algo salvaje. Un instinto primitivo que no permanecería dormido para siempre. El de un cazador.<br />
<br />
Liberó a cada animal atrapado en las jaulas. Algunos huyeron. Otros se quedaron mirándolo desde la espesura, como intentando decidir si era aliado o amenaza. Y por primera vez, Krysser entendió que pertenecía al bosque, pero no solo al bosque.<br />
<br />
Aquel ataque había sido fácil, tal vez incluso demasiado. Y eso significaba que estaba listo para algo más grande. Para presas más grandes.<br />
<br />
Desde ese día empezó a merodear más cerca de los pueblos humanos. No para robar ni atacar, sino para observar. Se movía entre los tejados, en los huecos entre casas, por encima de los establos. Aprendió a reconocer patrones. Cómo caminaban los marineros borrachos, cómo mentían los mercaderes, cómo los guardias aflojaban la vigilancia cuando llovía.<br />
<br />
Y, entonces, comenzó a escuchar. A escuchar nombres. Nombres de piratas, nombres de traficantes, nombres de barcos que comerciaban con mercancía “especial”. Nombres de sus futuras presas.<br />
<br />
A los dieciséis años abandonó el bosque definitivamente. El niño que fue había muerto en una celda. El joven salvaje había nacido entre ramas, pero ahora era otra cosa. Un cazador dispuesto a entrar en el mundo que odiaba… Para destruir aquello que lo creó.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nace un cazador</span></div>
<br />
A los quince años, el bosque de Rucuro ya no era un refugio, sino un territorio que respondía a cada uno de sus pasos. Krysser lo conocía como si hubiera nacido allí: sabía dónde crecían los hongos que ardían como brasas, dónde se escondían los zorros viejos, dónde los árboles crujían antes de caer. Pero el niño salvaje que había llegado años atrás ya no existía. El silencio que entonces había sido una herida ahora era un arma.<br />
<br />
El bosque moldeó su cuerpo, pero fueron los humanos quienes terminaron de moldear su espíritu.<br />
<br />
Una mañana, mientras rastreaba las huellas frescas de un jabalí, encontró otras impresas en el barro: pesadas, desordenadas, con olor a grasa animal, alcohol y pólvora. Humanos. Tres, tal vez cuatro. Y uno de ellos sangraba.<br />
<br />
No habría tenido por qué seguirlos. Pero algo en el olor le resultó familiar: la mezcla áspera de alquitrán y especias. El mismo aroma que impregnaba las ropas de Jerrel. No podía ser él; lo sabía. Y aun así, su pulso se aceleró.<br />
<br />
Los siguió durante horas hasta llegar a un claro donde tres hombres discutían alrededor de un viejo carro de madera lleno de jaulas. Algunas vacías. Otras no. Dentro, animales atrapados golpeaban los barrotes con desesperación: monos chillando, aves que se agitaban, un pequeño oso encadenado.<br />
<br />
Eran cazadores furtivos. De los que mercadeaban con pieles, garras y criaturas exóticas. O con cualquier cosa viva que pudieran someter. El olor de la sangre fresca en el suelo le dijo que el grupo había capturado algo más, o a alguien más… Y hacía poco. Krysser no alzó la voz, no gritó ni rugió. Tan solo se movió, tan calmado que ni los árboles lo vieron venir.<br />
<br />
El primero no alcanzó a comprender qué era aquella sombra que lo embistió. Un solo zarpazo bastó para abrirle el cuello. El segundo se tambaleó, tropezó, intentó alzar su rifle… pero no llegó a apuntar antes de que las garras del Mink se cerraran sobre su brazo, torciéndolo hasta quebrarlo. El tercero logró disparar, pero el fogonazo lo cegó un instante, y en ese instante Krysser ya estaba sobre él, con los colmillos enterrándose en el antebrazo hasta el hueso.<br />
<br />
No fue una pelea, fue una masacre unilateral. El tigre demostró ser el mejor cazador en aquella selva, silencioso, preciso y brutal. Cuando el último de ellos cayó, el bosque entero quedó quieto, como si contuviera el aliento.<br />
<br />
Krysser respiraba agitado, con la mandíbula aún tensa, y las pupilas tan dilatadas que sus ojos parecían pozos negros. Aquello, eso que sentía ardiendo dentro, esa electricidad que le recorría los músculos… No era solo rabia. Era algo más antiguo. Algo instintivo. Algo que su sangre reconocía aunque él todavía no supiera darle nombre. No era el Sulong, pero sí era algo animal, algo salvaje. Un instinto primitivo que no permanecería dormido para siempre. El de un cazador.<br />
<br />
Liberó a cada animal atrapado en las jaulas. Algunos huyeron. Otros se quedaron mirándolo desde la espesura, como intentando decidir si era aliado o amenaza. Y por primera vez, Krysser entendió que pertenecía al bosque, pero no solo al bosque.<br />
<br />
Aquel ataque había sido fácil, tal vez incluso demasiado. Y eso significaba que estaba listo para algo más grande. Para presas más grandes.<br />
<br />
Desde ese día empezó a merodear más cerca de los pueblos humanos. No para robar ni atacar, sino para observar. Se movía entre los tejados, en los huecos entre casas, por encima de los establos. Aprendió a reconocer patrones. Cómo caminaban los marineros borrachos, cómo mentían los mercaderes, cómo los guardias aflojaban la vigilancia cuando llovía.<br />
<br />
Y, entonces, comenzó a escuchar. A escuchar nombres. Nombres de piratas, nombres de traficantes, nombres de barcos que comerciaban con mercancía “especial”. Nombres de sus futuras presas.<br />
<br />
A los dieciséis años abandonó el bosque definitivamente. El niño que fue había muerto en una celda. El joven salvaje había nacido entre ramas, pero ahora era otra cosa. Un cazador dispuesto a entrar en el mundo que odiaba… Para destruir aquello que lo creó.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] La determinación]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2507</link>
			<pubDate>Fri, 07 Nov 2025 09:48:07 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=488">Varoganchin</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2507</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">Día 30, Otoño, Año 16</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">Alguna zona próxima a los Cabos Gemelos<br />
<br />
<br />
</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La oscuridad se había plegado sobre mi. Las voces de mis compañeros no eran más que un eco en la distancia, imposibles de entender. ¿Habría conseguido aquel enemigo su objetivo? ¿De verdad mi viaje concluía aquí? Debía de ser la aventura más corta jamás contada. Una en el que el héroe no era tal y perecía antes si quiera de comenzar su viaje. Pero, ¿cuál era mi viaje? Había salido al mar sin tener claro un objetivo, sin saber el camino que quería recorrer. Ahora mi camino parecía claro. No podría ser partícipe de los espectáculos que prometía Rosse. Tampoco probaría las delicatesen preparadas por Mercedes, no. Si mi camino coincidía con alguno de mis nuevos compañeros, no sería con otro que con Eros; el sepulturero.<br />
<br />
Estaba yo solo con mi mente. ¿Sería así como termina la vida? ¿Acaso no había perecido? <br />
<br />
Estaba yo solo con mi mente. Al rededor, la nada. Ya no había voces, ni dolor. No sentía la fuerza de la tierra atrayendo mi cuerpo. Sentía no estar en ningún sitio y que podía estar en todos a la vez, incorpóreo, infinito. ¿Tal vez era esto lo que se sentía al morir? No, no lo creía. Siempre se ha dicho que al morir vamos con nuestros seres queridos, pero allí no había nadie, tan solo estábamos yo y mi consciencia. ¿Sería esto un castigo? Una pena por haber sido débil, por no haber sido capaz de enfrentar a mi enemigo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><br></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Soñaba con viajar, con descubrir todo ese mundo que solo había leído en mis libros. Sin embargo había dejado algo de lado. Lo había visto una y mil veces de niño, cuando mis padres preparaban sus expediciones. Ellos nunca iban solos. Sus barcos iban llenos de otros exploradores, historiadores y aventureros de toda índole. Pero sobre todo, contaban con la compañía de marineros y bravos guerreros de nuestro pueblo. Incluso alguna vez oí a mi padre bromear con no querer enfrentarse a mi madre, que ella era mucho más fuerte de lo que aparentaba. Nunca pensé que ellos fuesen guerreros también.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><br></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Había sido un necio al pensar que podría salir al mar sin un objetivo, ni la fuerza necesaria para luchar por él. ¿Acaso pensaba esconderme tras la tripulación? ¿Usarlos como escudo? ¿De verdad pensaba que podría avanzar sin volverme más fuerte, sin obtener más poder? No, si salía de esta no podía dejar mi seguridad a los demás. Ya estaba bien de esconderme en las sombras y huir. Era hora de dar un paso al frente, de solucionarme los problemas yo mismo. Tenía claro que me convertiría en un gran guerrero, pero ¿para qué? ¿Cuál debía ser mi objetivo? Hasta ahora, mi vida adulta solo se había limitado a ser una especie de recadero para el jefe Reena y tras mi huida me había bastado con reaccionar y sobre vivir, dejándome llevar, como una hoja que cae del árbol y se deja llevar por el viento, sin elegir su destino. Ahora debía ser diferente. No podía ser más la hojarasca, debía convertirme en la semilla que busca una tierra fértil donde enraizar.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><br></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De pronto, una extraña sensación recorrió mi cuerpo. No era energía, ni la electricidad que inundaba mi cuerpo cuando dejo fluir libremente el electro. Tampoco era del todo cierto hablar de una sensación en mi cuerpo, pues allí solo estábamos mi mente y yo. Pero sí que noté una calidez, un sentimiento que me hizo tenerlo claro. Determinación. La decisión estaba tomada. Si salía de aquella, haría todo lo posible por conseguirlo. Seguiría los pasos de mis padres hasta encontrarlos. Me convertiría en un poderoso guerrero.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">Día 30, Otoño, Año 16</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">Alguna zona próxima a los Cabos Gemelos<br />
<br />
<br />
</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La oscuridad se había plegado sobre mi. Las voces de mis compañeros no eran más que un eco en la distancia, imposibles de entender. ¿Habría conseguido aquel enemigo su objetivo? ¿De verdad mi viaje concluía aquí? Debía de ser la aventura más corta jamás contada. Una en el que el héroe no era tal y perecía antes si quiera de comenzar su viaje. Pero, ¿cuál era mi viaje? Había salido al mar sin tener claro un objetivo, sin saber el camino que quería recorrer. Ahora mi camino parecía claro. No podría ser partícipe de los espectáculos que prometía Rosse. Tampoco probaría las delicatesen preparadas por Mercedes, no. Si mi camino coincidía con alguno de mis nuevos compañeros, no sería con otro que con Eros; el sepulturero.<br />
<br />
Estaba yo solo con mi mente. ¿Sería así como termina la vida? ¿Acaso no había perecido? <br />
<br />
Estaba yo solo con mi mente. Al rededor, la nada. Ya no había voces, ni dolor. No sentía la fuerza de la tierra atrayendo mi cuerpo. Sentía no estar en ningún sitio y que podía estar en todos a la vez, incorpóreo, infinito. ¿Tal vez era esto lo que se sentía al morir? No, no lo creía. Siempre se ha dicho que al morir vamos con nuestros seres queridos, pero allí no había nadie, tan solo estábamos yo y mi consciencia. ¿Sería esto un castigo? Una pena por haber sido débil, por no haber sido capaz de enfrentar a mi enemigo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><br></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Soñaba con viajar, con descubrir todo ese mundo que solo había leído en mis libros. Sin embargo había dejado algo de lado. Lo había visto una y mil veces de niño, cuando mis padres preparaban sus expediciones. Ellos nunca iban solos. Sus barcos iban llenos de otros exploradores, historiadores y aventureros de toda índole. Pero sobre todo, contaban con la compañía de marineros y bravos guerreros de nuestro pueblo. Incluso alguna vez oí a mi padre bromear con no querer enfrentarse a mi madre, que ella era mucho más fuerte de lo que aparentaba. Nunca pensé que ellos fuesen guerreros también.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><br></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Había sido un necio al pensar que podría salir al mar sin un objetivo, ni la fuerza necesaria para luchar por él. ¿Acaso pensaba esconderme tras la tripulación? ¿Usarlos como escudo? ¿De verdad pensaba que podría avanzar sin volverme más fuerte, sin obtener más poder? No, si salía de esta no podía dejar mi seguridad a los demás. Ya estaba bien de esconderme en las sombras y huir. Era hora de dar un paso al frente, de solucionarme los problemas yo mismo. Tenía claro que me convertiría en un gran guerrero, pero ¿para qué? ¿Cuál debía ser mi objetivo? Hasta ahora, mi vida adulta solo se había limitado a ser una especie de recadero para el jefe Reena y tras mi huida me había bastado con reaccionar y sobre vivir, dejándome llevar, como una hoja que cae del árbol y se deja llevar por el viento, sin elegir su destino. Ahora debía ser diferente. No podía ser más la hojarasca, debía convertirme en la semilla que busca una tierra fértil donde enraizar.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><br></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">De pronto, una extraña sensación recorrió mi cuerpo. No era energía, ni la electricidad que inundaba mi cuerpo cuando dejo fluir libremente el electro. Tampoco era del todo cierto hablar de una sensación en mi cuerpo, pues allí solo estábamos mi mente y yo. Pero sí que noté una calidez, un sentimiento que me hizo tenerlo claro. Determinación. La decisión estaba tomada. Si salía de aquella, haría todo lo posible por conseguirlo. Seguiría los pasos de mis padres hasta encontrarlos. Me convertiría en un poderoso guerrero.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ceniza de sangre | Pasado ( fic )]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2498</link>
			<pubDate>Wed, 05 Nov 2025 18:04:23 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=624">Enji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2498</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tres años atrás...</span><br />
<br />
El cuarto olía a ceniza.<br />
<br />
Desde su perspectiva, todo lo que podía ver era el techo, una pared a su derecha y una pared sobre su cabeza, pues la cama estaba apostada contra una esquina de la habitación. El acabado de la madera y el diseño del techo susurraban con familiaridad una palabra: casa. Estaba en su casa.<br />
<br />
No, habían quemado su casa. Estaba en la cabaña donde vivía. Su casa ya no existía.<br />
<br />
«Es un lugar para ti, hijo. Un lugar propio, para que puedas hacerlo tuyo. Decoralo como quieras, haz lo que quieras con el jardín; tu madre y yo no nos entrometeremos. Es tu casa»<br />
<br />
Los ojos, la garganta, la piel, todo le dolía. La memoria, sin embargo, era su más cruel tortura. Juraba poder escucharlos. Juraba poder sentirlos cerca, caminando en torno a la cabaña, parados en el umbral de la puerta que se escapaba de su visión periférica, como manchas que lo acosaban. Cada palabra era una daga que se incrustaba en su carne y extirpaba pedazos de su alma antes de cerrar la cicatriz.<br />
<br />
El llanto no duró mucho. Las lágrimas se le habían secado en el incendio, consumidas por la impotencia, la rabia y un odio profundo que, como un veneno, se filtró a través de sus venas para contaminar la totalidad de su ser. De pies a cabeza, cada poro y fibra, odiaban. En los nudos de la madera frente a él podía ver el símbolo, la bandera. Conocía esa bandera. ¿Cómo no? Su madre, muerta en el sillón, se había gastado todas las historias, todos los grandilocuentes gestos para describir a la alta nobleza, sus honorables costumbres, su impecable educación y afilada inteligencia, junto a numerosos dibujos de sus símbolos característicos. Sí, lo recordaba. Había dibujado una vez ese símbolo como portada de una de sus libretas. ¿Y ahora? Ahora sentía ganas de vomitar al recordarlo.<br />
<br />
Cinco círculos azules, cuatro de ellos indicando cada punto cardinal y uno en el centro, conectado a los demás por líneas delgadas. El símbolo del Gobierno Mundial.<br />
<br />
Enji apretó los dientes mientras la enfermera del pueblo entraba en la habitación para renovarle las vendas y bañarlo. No tenía voz para hablarle. No lo hubiera hecho de todos modos. No había nada de qué hablar.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Los días pasaban lento. Enji se hundía en su pozo. Un oscuro, siniestro y deprimente pozo, cuyo final prometía arder. Lo podía ver. Allí, tan lejos pero tan cerca al mismo tiempo. Llamas. Fuego.<br />
<br />
Despertó.<br />
<br />
—¡Ahhh! <br />
<br />
Apartó las mantas que lo cubrían y se agazapó contra la esquina de la habitación, sobre la cama. Los vellos erizados, la sangre bombeando con fuerza a través de su cuerpo. El sol en sus pupilas se apagó poco a poco mientras su respiración, violenta al principio, ganaba ritmo y pausa. El terror nocturno se difuminaba en el tiempo y solo quedaba de él una cosa: el silencio, junto a la soledad y el calor. Mucho calor. Lo sentía por todo el cuerpo, como una picazón horrible que no cesaba un segundo. Era especialmente intensa y molesta en su costado derecho, sobre el abdomen, dónde la mayor herida había empezado a sanar. Las docenas de vendajes curativos que habían sido aplicados y luego retirados manchados de sangre y fluidos amarillentos, productos de las llagas en su piel, habían hecho su trabajo, pero la marca sería permanente en su cuerpo. Era la única de las recientes cicatrices que sentía palpitar. Dolía permanentemente. Su médico insistía en que se trataba de algo mental.<br />
<br />
—Joven Enji, debe calmarse.<br />
<br />
Enji tardó en percatarse de que no se encontraba solo. En la misma habitación, contra la pared contraria, se hallaba sentado el doctor de la isla, ataviado en su bata blanca y con una pierna cruzada encima de la otra. Estaba sentado en una de las sillas de madera que junto a su padre habían construído.<br />
<br />
—No hay fuego aquí. Ya no.<br />
<br />
Bajó la mirada, y su respiración finalmente se calmó. Sus nervios mermaron. Pero no su odio.<br />
<br />
—Lo siento mucho, joven. Lo que le sucedió a su familia no es nada menos que una tragedia. Tan injusto…<br />
<br />
El hombre parecía sinceramente abatido. Conocía a su familia, a su madre, a su padre y a su hermano.<br />
<br />
Oh, su hermano. Su pequeño hermano.<br />
<br />
—¿Por qué? —preguntó Enji sin levantar la mirada—. Necesito saberlo. ¿Por qué, Doctor? ¿Por qué? Nadie vio nada, nadie sabe nada. De pronto, mi casa se estaba quemando, mi familia estaba muerta y un barco partía de nuestros muelles, pero nadie sabe nada de lo que pasó.<br />
<br />
Su tono era gris, la voz rasposa y seca debido a la garganta herida.<br />
<br />
A falta de una respuesta, se instaló el silencio. Un silencio que pareció eterno. El doctor se disponía a cortarlo, incómodo, cuando notó algo. Un cambio.<br />
<br />
Enji levantó la mirada y sonrió.<br />
<br />
El doctor sintió un escalofrío que lo obligó a enderezar la espalda.<br />
<br />
—Tanda de cobardes de mierda. ¡Ninguno se atreve a reconocer el símbolo que había en esa vela! ¡Usted lo sabe! ¡Todos lo saben!<br />
<br />
—Enji, tienes que descansar. No te fuerces así–.<br />
<br />
Enji saltó de la cama y, mientras las vendas en su costado se volvían a manchar de sangre, tomó por los hombros al doctor y lo estampó contra la pared.<br />
<br />
—¡Lo saben, Doctor! ¡Dígalo!<br />
<br />
—No sabes lo que dices, hijo. Estabas muy herido. De seguro alucinaras, y el barco estaba demasiado lejos para cuando…<br />
<br />
Enji lo agitó y azotó contra la pared.<br />
<br />
—¡Dígalo!<br />
<br />
Las enfermeras entraron corriendo a la habitación acompañadas del sheriff local. Entre los tres arrancaron al doctor de las manos de Enji y lo redujeron, llevándolo de regreso a la cama mientras gritaba y se contorsionaba entre sus manos, resistiéndose, peleando.<br />
<br />
—¡Shihahahaha! ¡Cobardes! Temen decirlo, ¡temen admitirlo! <br />
<br />
Sus alaridos, su locura, resonó en toda la casa, haciendo temblar las ventanas.<br />
<br />
—¡Ellos mataron a mi hermano! ¡El símbolo del Gobierno Mundial estaba en su vela! ¡Ellos…!<br />
<br />
Su cuerpo no pudo soportarlo más y a mitad del último grito, se desmayó. Cayó sobre la cama con los ojos abiertos y una sonrisa amplia resquebrajándole los lastimados labios mientras a su alrededor, entre susurros, los presentes se lamentaban, convencidos de que Enji, el Enji que habían conocido, había muerto junto a su familia en esa casa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tres años atrás...</span><br />
<br />
El cuarto olía a ceniza.<br />
<br />
Desde su perspectiva, todo lo que podía ver era el techo, una pared a su derecha y una pared sobre su cabeza, pues la cama estaba apostada contra una esquina de la habitación. El acabado de la madera y el diseño del techo susurraban con familiaridad una palabra: casa. Estaba en su casa.<br />
<br />
No, habían quemado su casa. Estaba en la cabaña donde vivía. Su casa ya no existía.<br />
<br />
«Es un lugar para ti, hijo. Un lugar propio, para que puedas hacerlo tuyo. Decoralo como quieras, haz lo que quieras con el jardín; tu madre y yo no nos entrometeremos. Es tu casa»<br />
<br />
Los ojos, la garganta, la piel, todo le dolía. La memoria, sin embargo, era su más cruel tortura. Juraba poder escucharlos. Juraba poder sentirlos cerca, caminando en torno a la cabaña, parados en el umbral de la puerta que se escapaba de su visión periférica, como manchas que lo acosaban. Cada palabra era una daga que se incrustaba en su carne y extirpaba pedazos de su alma antes de cerrar la cicatriz.<br />
<br />
El llanto no duró mucho. Las lágrimas se le habían secado en el incendio, consumidas por la impotencia, la rabia y un odio profundo que, como un veneno, se filtró a través de sus venas para contaminar la totalidad de su ser. De pies a cabeza, cada poro y fibra, odiaban. En los nudos de la madera frente a él podía ver el símbolo, la bandera. Conocía esa bandera. ¿Cómo no? Su madre, muerta en el sillón, se había gastado todas las historias, todos los grandilocuentes gestos para describir a la alta nobleza, sus honorables costumbres, su impecable educación y afilada inteligencia, junto a numerosos dibujos de sus símbolos característicos. Sí, lo recordaba. Había dibujado una vez ese símbolo como portada de una de sus libretas. ¿Y ahora? Ahora sentía ganas de vomitar al recordarlo.<br />
<br />
Cinco círculos azules, cuatro de ellos indicando cada punto cardinal y uno en el centro, conectado a los demás por líneas delgadas. El símbolo del Gobierno Mundial.<br />
<br />
Enji apretó los dientes mientras la enfermera del pueblo entraba en la habitación para renovarle las vendas y bañarlo. No tenía voz para hablarle. No lo hubiera hecho de todos modos. No había nada de qué hablar.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Los días pasaban lento. Enji se hundía en su pozo. Un oscuro, siniestro y deprimente pozo, cuyo final prometía arder. Lo podía ver. Allí, tan lejos pero tan cerca al mismo tiempo. Llamas. Fuego.<br />
<br />
Despertó.<br />
<br />
—¡Ahhh! <br />
<br />
Apartó las mantas que lo cubrían y se agazapó contra la esquina de la habitación, sobre la cama. Los vellos erizados, la sangre bombeando con fuerza a través de su cuerpo. El sol en sus pupilas se apagó poco a poco mientras su respiración, violenta al principio, ganaba ritmo y pausa. El terror nocturno se difuminaba en el tiempo y solo quedaba de él una cosa: el silencio, junto a la soledad y el calor. Mucho calor. Lo sentía por todo el cuerpo, como una picazón horrible que no cesaba un segundo. Era especialmente intensa y molesta en su costado derecho, sobre el abdomen, dónde la mayor herida había empezado a sanar. Las docenas de vendajes curativos que habían sido aplicados y luego retirados manchados de sangre y fluidos amarillentos, productos de las llagas en su piel, habían hecho su trabajo, pero la marca sería permanente en su cuerpo. Era la única de las recientes cicatrices que sentía palpitar. Dolía permanentemente. Su médico insistía en que se trataba de algo mental.<br />
<br />
—Joven Enji, debe calmarse.<br />
<br />
Enji tardó en percatarse de que no se encontraba solo. En la misma habitación, contra la pared contraria, se hallaba sentado el doctor de la isla, ataviado en su bata blanca y con una pierna cruzada encima de la otra. Estaba sentado en una de las sillas de madera que junto a su padre habían construído.<br />
<br />
—No hay fuego aquí. Ya no.<br />
<br />
Bajó la mirada, y su respiración finalmente se calmó. Sus nervios mermaron. Pero no su odio.<br />
<br />
—Lo siento mucho, joven. Lo que le sucedió a su familia no es nada menos que una tragedia. Tan injusto…<br />
<br />
El hombre parecía sinceramente abatido. Conocía a su familia, a su madre, a su padre y a su hermano.<br />
<br />
Oh, su hermano. Su pequeño hermano.<br />
<br />
—¿Por qué? —preguntó Enji sin levantar la mirada—. Necesito saberlo. ¿Por qué, Doctor? ¿Por qué? Nadie vio nada, nadie sabe nada. De pronto, mi casa se estaba quemando, mi familia estaba muerta y un barco partía de nuestros muelles, pero nadie sabe nada de lo que pasó.<br />
<br />
Su tono era gris, la voz rasposa y seca debido a la garganta herida.<br />
<br />
A falta de una respuesta, se instaló el silencio. Un silencio que pareció eterno. El doctor se disponía a cortarlo, incómodo, cuando notó algo. Un cambio.<br />
<br />
Enji levantó la mirada y sonrió.<br />
<br />
El doctor sintió un escalofrío que lo obligó a enderezar la espalda.<br />
<br />
—Tanda de cobardes de mierda. ¡Ninguno se atreve a reconocer el símbolo que había en esa vela! ¡Usted lo sabe! ¡Todos lo saben!<br />
<br />
—Enji, tienes que descansar. No te fuerces así–.<br />
<br />
Enji saltó de la cama y, mientras las vendas en su costado se volvían a manchar de sangre, tomó por los hombros al doctor y lo estampó contra la pared.<br />
<br />
—¡Lo saben, Doctor! ¡Dígalo!<br />
<br />
—No sabes lo que dices, hijo. Estabas muy herido. De seguro alucinaras, y el barco estaba demasiado lejos para cuando…<br />
<br />
Enji lo agitó y azotó contra la pared.<br />
<br />
—¡Dígalo!<br />
<br />
Las enfermeras entraron corriendo a la habitación acompañadas del sheriff local. Entre los tres arrancaron al doctor de las manos de Enji y lo redujeron, llevándolo de regreso a la cama mientras gritaba y se contorsionaba entre sus manos, resistiéndose, peleando.<br />
<br />
—¡Shihahahaha! ¡Cobardes! Temen decirlo, ¡temen admitirlo! <br />
<br />
Sus alaridos, su locura, resonó en toda la casa, haciendo temblar las ventanas.<br />
<br />
—¡Ellos mataron a mi hermano! ¡El símbolo del Gobierno Mundial estaba en su vela! ¡Ellos…!<br />
<br />
Su cuerpo no pudo soportarlo más y a mitad del último grito, se desmayó. Cayó sobre la cama con los ojos abiertos y una sonrisa amplia resquebrajándole los lastimados labios mientras a su alrededor, entre susurros, los presentes se lamentaban, convencidos de que Enji, el Enji que habían conocido, había muerto junto a su familia en esa casa.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Recuerdos de rabia y sangre congelada [FIC]]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2479</link>
			<pubDate>Tue, 04 Nov 2025 18:20:13 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=625">Ryan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2479</guid>
			<description><![CDATA[Hace 6 años...<br />
<br />
Desde que la vi helada en el piso, con aquella nevada… Supe que a partir de ahora seguiría solo… Mi padre probablemente habría muerto cuando escapamos ya hace tiempo, todos mis conocidos habrían sido vendidos a otros postores, pero yo… Yo… Estaba dentro de ese barco, me habían visto intentar defenderme, pelear por huir, y algo había visto en mi mirada al lograr abrir aquella cerradura que me mantenía dentro del barco, que había aumentado el valor de mi vida.  Supongo que era divertido oírlo desde mi mismo, ahora si quiera valía algo ¡Pero aun así! Sigo sin ser libre. <br />
 <br />
La primera lección que recibí al intentar escapar, fueron un par de golpes que me dejaron en el piso un buen par de minutos, además de ser arrojado a esa fría sala sin calefacción del barco ¿Así es como tú te sentías? Mamá… La vista se me nubla de solo ver tu bufanda en mi cuello, mientras aun me mantengo mi respiración intentando no congelarme ¿Hacia dónde vamos? ¿Me venderán pronto? ¿O siquiera piensan hacerme trabajar para ellos? Era preguntas que aun no sabia contestar del todo, sabía que me veían como el objeto que toda mi vida fui… Pero, esta vez tenia herramientas y capacidad de poder resistirme… Algún día, cobrare mi venganza, y su ridícula capa será mía.<br />
 <br />
Solo así, podre ser libre, solo así, podre sobrevivir y solo así vengare lo que le hicieron a mi madre… He visto lo asquerosa que puede ser la gente con nosotros, he oído cosas que no debí escuchar ¡Y no lo pienso admitir más! Cuando me libere de estos bastardos… Se que hare del mundo, un lugar mejor… Pero por ahora, debo intentar que ese frio no vuelva, porque se que cada vez que me toca, me recuerda que ella dio su vida por mi y yo solo corrí.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Hace 6 años...<br />
<br />
Desde que la vi helada en el piso, con aquella nevada… Supe que a partir de ahora seguiría solo… Mi padre probablemente habría muerto cuando escapamos ya hace tiempo, todos mis conocidos habrían sido vendidos a otros postores, pero yo… Yo… Estaba dentro de ese barco, me habían visto intentar defenderme, pelear por huir, y algo había visto en mi mirada al lograr abrir aquella cerradura que me mantenía dentro del barco, que había aumentado el valor de mi vida.  Supongo que era divertido oírlo desde mi mismo, ahora si quiera valía algo ¡Pero aun así! Sigo sin ser libre. <br />
 <br />
La primera lección que recibí al intentar escapar, fueron un par de golpes que me dejaron en el piso un buen par de minutos, además de ser arrojado a esa fría sala sin calefacción del barco ¿Así es como tú te sentías? Mamá… La vista se me nubla de solo ver tu bufanda en mi cuello, mientras aun me mantengo mi respiración intentando no congelarme ¿Hacia dónde vamos? ¿Me venderán pronto? ¿O siquiera piensan hacerme trabajar para ellos? Era preguntas que aun no sabia contestar del todo, sabía que me veían como el objeto que toda mi vida fui… Pero, esta vez tenia herramientas y capacidad de poder resistirme… Algún día, cobrare mi venganza, y su ridícula capa será mía.<br />
 <br />
Solo así, podre ser libre, solo así, podre sobrevivir y solo así vengare lo que le hicieron a mi madre… He visto lo asquerosa que puede ser la gente con nosotros, he oído cosas que no debí escuchar ¡Y no lo pienso admitir más! Cuando me libere de estos bastardos… Se que hare del mundo, un lugar mejor… Pero por ahora, debo intentar que ese frio no vuelva, porque se que cada vez que me toca, me recuerda que ella dio su vida por mi y yo solo corrí.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[FIC-Pasado: Bitácora de un cangrejo]]></title>
			<link>https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2456</link>
			<pubDate>Fri, 31 Oct 2025 12:43:09 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://nakamanomi.com/member.php?action=profile&uid=586">Juan Sebastian</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=2456</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 10 de Otoño, año 16<br />
South Blue, alta mar</div>
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"> <br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Dispuesto a dejar la isla donde nació atrás, Juan logró subir a un barco mercante, que se dirigía a la ubicación del navío de la Marina que lo llevaría a Baterilla. No era la ruta más eficiente pero, es lo que había Juan no contaba con apenas ahorros y no tenía los medios ni el tiempo para financiar el viaje como le gustaría, en este barco podía viajar gratis a cambio de trabajar como grumete, lo que no sería sencillo para nuestro amigo crustáceo.</div>
</div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">
El dueño estaba encantado por tener un trabajador gratis, pero los empleados más veteranos no estaban precisamente contentos de trabajar con él. Primero estaba el problema del tamaño, en una embarcación de este tipo todos los empleados duermen en la misma habitación y un Gyojin de 3m de altura no es precisamente un tontatta en lo que a espacio se refiere, en segundo lugar, estaba el olor, bastante olor a mar tenían que soportar los marineros como para tener que soportar ese aroma a percebes viejos en su espalda, y tercero, pero ciertamente no menos importante estaba los problemas que causaba en los trabajos.<br />
<br />
La primera tarea que se le encomendó fue la de limpiar los platos, una tarea simple, perfecta para un novato, para un novato con, al menos, 2 manos. La lentitud de Juan para limpiar los platos, sumada a la cantidad de ellos que había roto, hizo que el chef jefe se desmayase. Lo sacaron rápidamente de allí y no desperdició ni un segundo en coger su caracola para hacer pompas mientras se relajaba en la cubierta, como si de un turista se tratase.<br />
<br />
Al verlo tumbado en la cubierta haciendo pompas, el contramaestre le pegó un fregonazo y le tiro un cubo de de agua encima, Juan Sebastián respondió solo por reflejo<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡¿Pero que haces gilipollas?!— </span></span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Por supuesto la respuesta del contramaestre fue </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">—A fregar hombre cangrejo— </span></span>al tiempo que le propinaba una patada en el culo. Juan sin rechistar se puso a fregar torpemente, al igual que con los platos, no es sencillo coger una fregona con una mano y una pinza, pero él no se iba a rendir, al menos la fregona no se rompía fácilmente, claramente era de buena madera. Mientras trabajaba pensaba en su situación, <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—¿Vale la pena pasar por esto para entrar a la Marina? ¿Acaso está fregona es justicia? ¿Me he equivocado?¿Hay más maneras de ser un justiciero que siendo marine?— </span></span>Habían interrumpido su momento de hacer pompas y claro, se puso pesimista, ya se le pasaría.<br />
<br />
Abstraído por sus pensamientos dejó de fregar de forma inconsciente, y no se le escapó al contramaestre. La bronca fue dura y larga, pero se vio interrumpida por un gran temblor acompañado de numerosos gritos <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡¡Nos atacan!!</span><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—, —!!Un Rey del Mar!!—, —¡¡El Krakken!!— </span>La realidad era que habían topado con un arrecife y el barco había quedado dañado. La tripulación intentó tapar el agujero pero era un esfuerzo inútil, la presión del agua entrando hacía imposible arreglar el destrozo. Juan lo sabía, era el único que podía hacer algo en esa situación y eso hizo, cogió un puñado de clavos y varias tablas de madera que estaban en la cubierta y saltó al mar, usando su gran pinza como martillo pudo hacer una reparación de emergencia desde el exterior del casco, lo que permitiría a los carpinteros de abordo arreglar el problema con calma desde dentro. <br />
<br />
Todos el el barco ovacionaron a Juan, ya no era solo un grumete torpe que ocupaba un espacio en el barco, ahora era la persona que les había salvado de naufragar. El capitán del barco le agradeció su servicio y le eximió de su deuda por el viaje, ahora era simplemente un pasajero en aquel barco, a la espera de llegar a su destino. La idea de que le vieran como un héroe dibujaba una sonrisa en su rostro, pero lo que más revitalizó el ánimo del gyojin, era pensar en que no tendría que volver a usar esa estúpida fregona y, sobre todo, que tampoco madrugaría al día siguiente. </span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 10 de Otoño, año 16<br />
South Blue, alta mar</div>
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"> <br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Dispuesto a dejar la isla donde nació atrás, Juan logró subir a un barco mercante, que se dirigía a la ubicación del navío de la Marina que lo llevaría a Baterilla. No era la ruta más eficiente pero, es lo que había Juan no contaba con apenas ahorros y no tenía los medios ni el tiempo para financiar el viaje como le gustaría, en este barco podía viajar gratis a cambio de trabajar como grumete, lo que no sería sencillo para nuestro amigo crustáceo.</div>
</div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">
El dueño estaba encantado por tener un trabajador gratis, pero los empleados más veteranos no estaban precisamente contentos de trabajar con él. Primero estaba el problema del tamaño, en una embarcación de este tipo todos los empleados duermen en la misma habitación y un Gyojin de 3m de altura no es precisamente un tontatta en lo que a espacio se refiere, en segundo lugar, estaba el olor, bastante olor a mar tenían que soportar los marineros como para tener que soportar ese aroma a percebes viejos en su espalda, y tercero, pero ciertamente no menos importante estaba los problemas que causaba en los trabajos.<br />
<br />
La primera tarea que se le encomendó fue la de limpiar los platos, una tarea simple, perfecta para un novato, para un novato con, al menos, 2 manos. La lentitud de Juan para limpiar los platos, sumada a la cantidad de ellos que había roto, hizo que el chef jefe se desmayase. Lo sacaron rápidamente de allí y no desperdició ni un segundo en coger su caracola para hacer pompas mientras se relajaba en la cubierta, como si de un turista se tratase.<br />
<br />
Al verlo tumbado en la cubierta haciendo pompas, el contramaestre le pegó un fregonazo y le tiro un cubo de de agua encima, Juan Sebastián respondió solo por reflejo<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡¿Pero que haces gilipollas?!— </span></span></span><span style="font-family: 'Open Sans', Arial, Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">Por supuesto la respuesta del contramaestre fue </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color">—A fregar hombre cangrejo— </span></span>al tiempo que le propinaba una patada en el culo. Juan sin rechistar se puso a fregar torpemente, al igual que con los platos, no es sencillo coger una fregona con una mano y una pinza, pero él no se iba a rendir, al menos la fregona no se rompía fácilmente, claramente era de buena madera. Mientras trabajaba pensaba en su situación, <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—¿Vale la pena pasar por esto para entrar a la Marina? ¿Acaso está fregona es justicia? ¿Me he equivocado?¿Hay más maneras de ser un justiciero que siendo marine?— </span></span>Habían interrumpido su momento de hacer pompas y claro, se puso pesimista, ya se le pasaría.<br />
<br />
Abstraído por sus pensamientos dejó de fregar de forma inconsciente, y no se le escapó al contramaestre. La bronca fue dura y larga, pero se vio interrumpida por un gran temblor acompañado de numerosos gritos <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡¡Nos atacan!!</span><span style="color: #0f0f0f;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—, —!!Un Rey del Mar!!—, —¡¡El Krakken!!— </span>La realidad era que habían topado con un arrecife y el barco había quedado dañado. La tripulación intentó tapar el agujero pero era un esfuerzo inútil, la presión del agua entrando hacía imposible arreglar el destrozo. Juan lo sabía, era el único que podía hacer algo en esa situación y eso hizo, cogió un puñado de clavos y varias tablas de madera que estaban en la cubierta y saltó al mar, usando su gran pinza como martillo pudo hacer una reparación de emergencia desde el exterior del casco, lo que permitiría a los carpinteros de abordo arreglar el problema con calma desde dentro. <br />
<br />
Todos el el barco ovacionaron a Juan, ya no era solo un grumete torpe que ocupaba un espacio en el barco, ahora era la persona que les había salvado de naufragar. El capitán del barco le agradeció su servicio y le eximió de su deuda por el viaje, ahora era simplemente un pasajero en aquel barco, a la espera de llegar a su destino. La idea de que le vieran como un héroe dibujaba una sonrisa en su rostro, pero lo que más revitalizó el ánimo del gyojin, era pensar en que no tendría que volver a usar esa estúpida fregona y, sobre todo, que tampoco madrugaría al día siguiente. </span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
</rss>