![]() |
|
[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: Zona Especial (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=273) +---- Foro: Impel Down (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=276) +---- Tema: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver (/showthread.php?tid=3816) |
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Yojimbo - 17-07-2026 Cada vez estábamos más cerca de salir, aunque en ese momento no era consciente de la magnitud gigantesca de la prisión, notaba que la luz del sol estaba cerca y ya casi podía sentir la brisa del mar sobre mi cuerpo. Cerré los ojos por un instante y tan solo de imaginármelo sonreí, pero no podíamos relajarnos aún. Al cruzar el agujero llegamos a un lugar que parecía estar diseñado en su totalidad para torturar físicamente a sus captores. Urutora clavó sus pezuñas en el suelo y partió las hojas rojas que lo cubrían todo; el ruido de sus cascos contra el suelo fue metálico y su advertencia de que no descendiéramos confirmó mis sospechas. Lo del suelo eran más cuchillos afilados que simples hojas. Fruncí el ceño y asentí con la cabeza mientras volvía a activar el haki de observación para captar cualquier presencia que se acercara a nosotros. Por ahora había tenido mucha suerte esquivando los ataques y esperaba que fuera así, pero no podía evitar sentirme extraño. Habíamos empezado siendo un grupo bastante grande, con presos de todo tipo que se quedaron en el nivel del desierto peleando; teníamos hasta un gigante y todos se han quedado atrás. Ahora Urutora nos indicaba que la salida estaba delante y nos guiaba con cuidado por aquel bosque de cuchillas. Pero entonces un sonido lacerante cortó el aire y encendió todas mis alarmas: era metal crujiendo, con un rítmico y violento rascar que hería los oídos, y en cuanto posé la mirada hacia el origen del ruido, pude ver esquirlas incandescentes, resultado del choque salvaje de dos espadas entre sí. En mitad de aquel infernal bosque de sangre, dos jóvenes con cabeza de animal se batían en un duelo a muerte. No estaba seguro de a qué bando pertenecían esos dos, pero si estaban fuera de las celdas, eran desde luego un obstáculo para nosotros, y no parecían muy amistosos. Me crucé de brazos, dispuesto a pelear contra esos dos, pero entonces Urutora nos hizo un disimulado gesto y señaló la puerta. Él iba a ser el último que se quedaba atrás para que nosotros pudiéramos salir. -Nos vemos fuera, amigo -susurré con seriedad y esperanza en mi tono de voz. -Vámonos -comenté a mi camarada Aspros antes de emprender el vuelo hacia la puerta y dejar atrás al bravo Urutora. El tono de voz de aquellos dos era lo suficientemente alto como para que lo pudiéramos escuchar con claridad y, por lo que dijeron, o eran Marines o ayudaban a la Marina. Mi Maestro Urutora parecía querer calmar la situación y evitar el conflicto, pero eso no iba a ser posible. Agité la cabeza de lado a lado para centrarme; en el avance hacia la puerta pudimos ver a los presos dentro de sus celdas en completo silencio. Este panorama me helaba la sangre; estaban tan asustados que ni se atrevían a alzar la voz, ya vendrían los de detrás para sacarlos de las celdas, nosotros teníamos que aprovechar la oportunidad que nos estaban brindando todos los compañeros que se habían quedado por el camino, y cada vez estábamos más cerca de la puerta. -Oye, Aspros, ¿hablar con el pavo real ese no es como hablar contigo mismo en realidad? -le pregunté con curiosidad mientras me rascaba la cabeza con la mano derecha. No entendía en absoluto cómo funcionaban sus poderes, ni cómo pensaba Aspros que, pese a ser mi mejor amigo, era un gran misterio para mí. -Como sea, ya hemos llegado -añadí mientras me cruzaba de brazos y me lanzaba con toda velocidad, atento por si mi haki de observación detectaba alguna presencia, hacia la puerta, abriéndola de una patada.
INFO
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Aspros - 17-07-2026 Aferrado al tonificado cuello de Miss Pink Prada, los pocos que quedábamos del grupo atravesamos el enorme agujero del techo para llegar al primer nivel de Impel Down: el infierno carmesí. El hombre cabra, en un despliegue bastante sorprendente de agilidad, ascendió de un salto hasta el nivel, en el cual sus pezuñas le sirvieron como guarda frente a la mordida de las miles y miles de cuchillas que cubrían el suelo de aquel espantoso lugar.
—Si miran hacia abajo —anunció Pink Prada en un tono formal e impostado— verán la famosísima extensión de filos del nivel 1 de Impel Down. Su característico tono rojizo viene dado por la sangre de los propios presos que, sin poder…
—Dios mio, ¿es que no te cansas de hablar? —aflojé mis brazos y despegué el pecho del cuello del flamenco para vislumbrar el punto que Urutora nos señalaba con ímpetu— Haces que saltar al vacío sea una opción bastante atractiva…En fin, vuela hacia allí —señalé hacia el enorme portón, que se alzaba imponente tras el bosque de metal.
En la lejanía, frente a la puerta que nos separaba del patio interior de la prisión, parecían pelear dos guardias de aspecto joven y enérgico, ambos luciendo cabezas de animal.
—Demonios, ¿Quién es ese bombón? —exclamó Miss Pink Prada, aludiendo al joven con cabeza de pájaro. Su atención y la de su compañero porcino parecía estar puesta sobre Urutora, plantado frente a ellos.
—Por favor marichocho —repliqué, alternando la mirada entre el marine y el flamenco— No me digas que te gusta el tío pájaro ese, tiene pinta de oler mal… como a alpiste.
—Eso es racista.
—Que me detengan. Sobrevolamos al trío animal y nos aproximamos a la puerta, cuando una extraña sensación se aferró a mi pecho; sólo quedábamos el capitán y yo, dos personas restantes de un grupo original bastante sustancioso de presos. Presos que solo habíamos conocido durante unos instantes, pero que las circunstancias los habían convertido en piezas indispensables de aquella endemoniada partida de ajedrez. Sin ellos, alcanzar los niveles superiores habría sido una tarea titánica. Aún así no podíamos relajarnos, puesto que en el camino hacia la libertad se alzaban grandes y poderosos obstáculos.
—Digamos que aunque yo sea su creador, mis dibujos nacen con una personalidad propia y distinguida —contesté a la curiosidad de Yojimbo. Mientras hablaba, le dediqué una larga mirada a Miss Pink Prada, como si fuese la primera vez que la estuviese viendo—. Creo que es porque se originan en lo más profundo de mi mente… y hay retazos de mi en cada uno de ellos. A veces… —miré al capitán para luego deslizar mi mirada hacia la puerta— te sientes solo aunque estés rodeado de gente. En esas situaciones te viene bien hablar con alguien, aunque sea un maldito pájaro desagradecido.
—Sin faltar.
Ya nos encontrábamos ante la puerta del nivel 1, la última frontera, la barrera ante nuestra libertad. Respiré hondo, concentrando mi atención en aquella gruesa lámina de metal, que en un parpadeo fue golpeada por Yojimbo para abrirse y dar pie a nuestro destino.
INFO
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Voz Seductora - 19-07-2026 Los heroicos restos del equipo hormiga avanzaban volando sin descanso por el puntiagudo y desangrante nivel uno de Impel Down. El capitán de los alas negras podía casi saborear el éxito del rescate que su fiel compañero, la Reina Okama, había orquestado con éxito junto a su padre biológico. Todo sorpresas y gestas inenarrables por parte de todos los presentes en esta fuga tan odiseica. Lo inesperado de la aparición del puño de la revolución, chocaba abiertamente con lo inesperado de la abdicación al trono de la reina de los Okama para ir a rescatar a su capitán e idolatrado amigo, y esto a su vez chocaba con el impensables suceso de plantear siquiera la posibilidad de que hubiera una remota casualidad para fugarse de este sitio. El equipo que se había formado con aquellas viejas leyendas de tiempos pasados y presentes había conseguido que este dúo llegase prácticamente hasta el final de la aventura, interponiéndose voluntaria e involuntariamente ante todos los muros y problemas que se habían levantado en el camino. La causalidad, casualidad, o destino. Cada cual que lo llamase como lo sintiese. Pero, y aún ajenos a los resultados de los combates que se habían dado para aquellos llegaran hasta aquí, pareciera que la suerte estaba empezando a agotarse para el intrépido par de piratas. Aunque ¿por qué hablar de dos, si siempre han sido tres? Suske Ocheja se había mantenido a salvo y en secreto escondido junto a esta pareja, habiendo producido el hecho desencadenante del escape de Yojimbo, gracias a sus divinos poderes babosos de caracol. Y quizá fuera mucho más importante de lo que a priori pudiera parecer solo con eso. Ahora, el trio, llegaban volando hacia la última frontera. Una inmensa puerta el doble de alta y ancha que la del nivel tres, y aparentemente por lo menos cuatro veces más gruesa. Una puerta inamovible, reforzada y pensada para que, en el peor de los escenarios posibles en el que alguien consiguiera llegar hasta aquí, no encontrase más que la desolación de no poder avanzar. Y eso es lo que encontraron Yojimbo y Aspros: una puerta sin cerradura, ni guardias, sin pomo, ni trapa. Un completo muro de acero que les separaba de su ansiada libertad. Podían sentir por la rendija inferior de la puerta el olor de la brisa del mar, que se filtraba a través de la habitación contigua, el gran vestíbulo de la recepción de la cárcel más imponente del mundo, Impel Down. ![]() Sólo esa gran puerta. Tras ella, la última habitación antes de salir al mar. Tras ella, el resultado del sacrificio de todos los que se habían quedado atrás en el camino. Tras ella, la libertad.
Info
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Suske Ocheja - 19-07-2026 Zi, zi, zi… Ya zé lo que eztaráz penzando. ¿Que dónde eztoy yo en toda ezta hiztoria? Eztá clado. Mida la última imagen del nadador y fijate bien. Acedcate un poco máz... Ahí eztoy. ¿Me vez? Puez clado que no, tupio, podque toy ezcondido y yo me ezcondo muy bien. Pedo zi tanto inzitez, te lo didé. Eztaba en uno de loz plieguez de la dopa de Yojimbo. ¿En cuál ezatamente? Y yo que zé. ¿Ezto ez un intedogatodio? Volvamoz a la hiztodia. ¿Pod dónde noz habíamoz quedado? Ah, zi. Yojimbo y Azpdoz zubieron pod el bujedo y conziguieron llegar al nivel uno de Ipe Daun. Mi caza, pod ciedto. Aquí eztaba yo al pinicpio de todo, pod zi no te acodabaz. Ahoda no, ahoza eztoy volando con Yojimbo. ¿Me ziguez, vedá? ¿Y cómo edez capaz de zeguirme zi eztoy volando? Bueno, da igua. La cabdra no zabía dónde andaba, podque ze había ido codiendo pod ahí, azí que pod fin tábamoz zoloz. Nozotroz. Loz protagoniztaz de la hiztoria. No zé quién había invitado a toda eza gente, ni pod qué noz zeguían todo el dato, pedo ya ze fuedon. Al poco tiempo, ya bíamoz llegado a la puedta que noz zacaba del nivel uno. Una pueta tan gande y deziztente que aguantaba cualquier golpe. – Ahhh… ez que lo tengo que haced todo yo… – dije dezlizándome pod Yojimbo. Depté hazta la puedta, y me metí pod un pequeño abujedo que había en el zuelo. Al cdruzarlo, llegué al veztíbulo de la cádcel, y me didigí hacia una de laz puedtaz de la dedecha. Me metí pod debajo en mi fodma de cadacol y, una vez dentdo de la zegunda zala, me volví humano y eztiré miz piednaz. – Veamoz dónde eztaba… La bitación eztaba llena de cámadaz, máquinaz y botonez. Yo la llamaba “la zala de laz obzervazionez”. Eda el lugad favodito de mutoz guadiaz pada hacer de todo menoz tdabajar, y, evientemente, no eda la pdimeda vez que la veía. También eda mi zala favodita. – Ezte panel no tiene mizterioz pada mí. Eztaba pod aquí. – dije midando pod todoz ladoz. ¿Que qué eztoy buzcando? Te eztadáz pdeuntando. Edez muy pdreuntón, deja de hacer pdeuntitaz todo el dato. Eztoy buzcando un botón. Hace unos meses…. Sala de Den-Den Mushigilancia número 03 de Impel Down. – Oye, ¿no sientes a veces que hay alguien que nos observa? – ¿Qué? No digas tonterías. Nadie se pondría a mirar esta habitación cuando lo importante está en los niveles. – Tienes razón… ¡Eh! ¡Acerca esa imagen! Quimeino está yendo a por un preso. – ¡Oye, oye! ¡Ten cuidado con el panel de control! No es un juguete. ¿Qué hacemos si pulsas sin querer el botón de evacuación de emergencia? No quiero que me juzguen por traición por culpa de tu barriga. – Para empezar, no sé ni por qué ponen un botón así. Es mejor que nadie salga de aquí bajo ningún concepto… Y, para continuar… Voy a ponerle una pegatina por si acaso. – ¡Estate quieto! ¡Ese botón no es! Con ese nos quedaremos todos encerrados hasta que abran la cárcel desde fuera. Además, el deber de los presos es cumplir su condena. Si tienen que ser ejecutados, debe ser a manos de la justicia. ¡Deja de empujarme! Volviendo al presente... Bueno, ¿te haz entedado ya o te lo tengo que ezplicar? Pod aquí había un botón que cedaba Ipe Daun a ca y canto, y otdo que hacía una vacuación de emegencia. La pdeunta ez… ¿Cuál eda cuál? Eda bdoma, clardo que lo zé, tupio. ¿Pod quién me tomaz? Apeté con mi dedo uno de loz doz botonez, y ezpedé.
INFO
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Voz Seductora - 19-07-2026 ![]() RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Voz Seductora - 19-07-2026 ¿Realmente esperabas que el hedoe no tuviera toda la situación bajo control? Suske Ocheja podría parecer un niño simplón de pueblo, hijo de hermanos, y con muchísimos agravantes físicos y psicológicos a simple vista, pero era mucho más que eso. Era la encarnación de la suerte. Quizá te resulte paradójico esto cuando el muchacho acabó encontrando el camino para llegar a esta cárcel sin pretenderlo, pero todo es plan de la fortuna. Su destino era estar aquí y ahora, y el mañana será lo que su rastro baboso quiera alcanzar. Dado a las innumerables noches que había pasado los miércoles a las nueve y media viendo las torturas del nivel tres como pasatiempo, Suske tenía más que controlado la sala de cámaras y botones de acceso y seguridad de la cárcel. Tanto era así, que conocía perfectamente qué botón los encerraría ahí para siempre, y que botona vivía no sólo la puerta que separaba el nivel uno del vestíbulo de la entrada, sino absolutamente todas las celdas de todos los niveles al unísono. Así es, era la gran fuga de Suske Ocheja. Al pulsar el botón, un gran estruendo al unísono se liberó por toda la prisión produciendo un eco casi hipnótico. Los pistones de todas las celdas cedieron, fruto de la configuración electromagnética de la seguridad del panel, y las puertas de las celdas vencieron hacia el suelo, dejando en libertad a todos los prófugos al completo de la prisión. No solo los presos que ya habían liberado en el nivel cuatro y estaban liberando compañeros en el nivel tres, si no todos los que yacían ocultos en el nivel dos y uno, y los que habían presenciado la titánica batalla de Giogio y Steiner en el nivel cinco. Pero los más peligrosos sin duda, eran todos los presos del nivel seis, que absortos ante esto y solo teniendo como referencia los distintos temblores que habían sacudido tímidamente su nivel fruto de las batallas superiores, comenzaron a salir con cautela de sus celdas, próximos a encaminarse hacia la salida, en el largo camino que aún tenían por delante. Las enormes puertas del nivel uno, resoplaron y emitieron una bocanada potente de viento que agitó prendas y cabellos del par de las alas negras, ahora separados de la suerte y bendición del hédoe. Observaban abiertas de par en par aquellas puertas antaño infranqueables, y tras ellas el cegador destello de las luces del vestíbulo les hizo cerrar los ojos por un momento, borrando levemente su visión e impidiéndoles ver con claridad las cuatro figuras que había frente a ellos. El verdadero último muro.
Info
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Imsiul Kano - 20-07-2026 Amanezco a las seis en punto, como cada día desde hace treinta y siete años, y lo primero que hago, antes incluso de vestirme del todo, es poner la cafetera al fuego, porque un café que no se ha preparado con calma es tan malo como pegarle a tu padre. Mientras el agua rompe a hervir, saco mi peine áureo de su estuche de terciopelo, ochenta y tres gramos exactos que sostengo con las dos manos como quien sostiene una reliquia, y me atuso los flamantes mechones que destacan a ambos lados del cráneo con la misma dedicación con la que un león se cuidaría su melena si tuviera la decencia de peinársela, tres pasadas por cada lado, ni una más ni una menos, porque poco pelo no es excusa para llevarlo alborotado. Para cuando termino, el café ya está listo, y me siento a disfrutar del primero de los doce que me tomaré hoy, negro, sin azúcar, paladeando cada sorbo convencido de que el café de especialidad es superior, aunque sea el mismo grano de siempre que llevo pidiendo desde hace tres décadas. Sólo entonces, con la rutina del despertar completada, me permito empezar con lo demás: vestirme, y dedicar los primeros veintidós minutos de la jornada a rellenar a mano la hoja de control diaria, porque en mis tiempos un hombre se ganaba el respeto con una columna bien cuadrada, no como estos guardias jóvenes que si les pides escribir un informe a mano reniegan de la tarea. El día transcurre con la normalidad que a mí me gusta, sin sobresaltos, cada hora tan perfecta como la he planteado en mis hojas de cálculo, como debe ser. Reviso los partes matutinos rezongando por la pésima caligrafía de cada guardián, coloco cada informe en su bandeja por orden alfabético, superviso el reparto del desayuno y de la comida de los presos con la puntualidad de siempre, y para cuando voy por la tercera taza de la tarde el estómago ya empieza a protestarme. Es ahí cuando, con la cuarta taza de café, llega el primer eructo del día, puntual como un reloj, tan invariable en mi rutina que casi merecería su propia columna en la hoja de control, ácido y molesto, aunque a estas alturas ya ni le presto atención, forma parte del paquete tanto como el propio café. Hacia el atardecer me permito el séptimo u octavo, contemplando los muros húmedos tranquilamente sin un solo imprevisto, pensando que ya un día que transcurre así de ordenado es un día espectacular. Son las diecinueve horas y trece minutos exactas, diecisiete escasos minutos antes de que empiece el reparto de la cena a los presos, cuando la alarma suena fuera de guion, un timbre agudo que no corresponde a nada de lo programado, cosa que me hace chasquear la lengua, con lo bien que iba todo, con la cena ya calculada al gramo y a punto de salir de las cocinas. Enciendo el muro de Den Den Mushis visuales de mi despacho antes incluso de que llegue el primer parte escrito, y las pantallas se llenan de gritos y carreras piso a piso, mientras mi novena taza se enfría sin que le preste atención, cosa que me indigna casi tanto como el propio jaleo, porque ahora encima el reparto va a quedar retrasado, otra columna más que reajustar, otra hora que ya no va a cuadrar en la hoja de mañana, y una taza de café desperdiciada, cosa completamente imperdonable. Mientras observo los acontecimientos, y según se suceden tomo mis cafés décimo y undécimo, cada uno arrancándome otro eructo ácido que ya ni me molesto en contener, voy mascullando entre dientes que esto en mis años de guardia jamás se hubiera descontrolado así, que a la disciplina de hoy en día le falta un hervor. Para cuando llevo ingerida la duodécima taza dejo de fingir calma. Me levanto de golpe, la silla chirriando, y antes de nada compruebo que el peine sigue en su bolsillo interior, palpándolo por encima de la tela como quien comprueba que lleva las llaves de su casa, porque hasta en medio del apocalipsis hay prioridades. El estómago me devuelve otro eructo largo, el enésimo del día, al que respondo con un gruñido, dirigido a nadie en particular. Salgo al corredor del nivel 6, donde los presos golpean los barrotes con una insolencia que sólo confirma lo que llevo diciendo hace años: que hace falta mano aún más dura, y que ni uno solo de estos desgraciados tiene la decencia de llevar el pelo corto y aseado, greñudos todos, grupo de pelafustanes, como si tuvieran una elección en el asunto. Avanzo repartiendo puñetazos, uno, tres, nueve, catorce, apuntando con especial gusto a los que más melena lucen, pensando que antes bastaba una mirada para poner orden y ahora hay que ir a golpes, y entre el undécimo y el duodécimo golpe el estómago vuelve a protestarme con otro eructo que le tiro en la cara a uno de esos asquerosos melenudos mientras continuo mi camino. Empiezo a subir los escalones hacia el nivel 5, conozco cada uno de ellos mejor que mi propia firma, y con cada uno que dejo atrás no dejo de darle vueltas a lo mismo, que no es tanto el escándalo del escape porque lo contendremos, como el hecho de que toda mi hoja de control quede reventada por culpa de tres inconscientes, la cena retrasada, los turnos de la noche descuadrados, semanas enteras de tabulación cuadrada al milímetro convertidas de golpe en nada, todo reajustado desde cero, y esa idea, más que ninguna otra, es la que me tiene con el estómago encogido, todavía ácido por el café, y los dientes apretados según subo, pensando que menudo marrón estoy metido, que esto me va a comer semanas de rehacer lo que ya tenía perfecto. En cuestión de segundos me planto en la boca del nivel 5, donde el frío me golpea la cara y el eco de un estruendo reciente todavía reverbera entre las paredes heladas. Lo que encuentro me detiene apenas un instante: una alfombra roja intensa manchando el manto blanco del suelo, nieve y hielo esparcidos a partes iguales formando una cortina estrellada que aún brilla bajo la luz artificial, y en el centro de todo, sobre la cabeza misma de un gigante caído de bruces contra el firme helado, Steiner, impecable como siempre bajo su armadura azulada, guantelete y greba intactos, el casco puntiagudo ocultándole el rostro, sosteniendo con un solo brazo esa espada ancha y negra que acaba de desincrustar del cráneo del coloso. Le oigo, entre jadeos entrecortados, reivindicarse a sí mismo como el último bastión, el último muro, la última puerta de este sitio, repitiendo que de aquí no escapa nadie, y algo en mí, pese al agobio de la noche, se hincha de un orgullo silencioso al comprobar que al menos uno de mis hombres entiende el peso de su cargo. Lo veo desplomarse de rodillas sobre la cabeza del gigante justo cuando cruzo el nivel a mi propio ritmo, que a estas alturas de mis facultades sigue siendo más rápido que el de cualquiera de mis guardias, y lo dejo atrás en cuestión de segundos, sin detenerme, porque hay una brecha varios niveles por encima esperando y no pienso quedarme de espectador de una escena que, aunque me llene de orgullo, no resuelve nada de lo que tengo pendiente esta noche. Retomo el ascenso por la escalera de servicio, dejando atrás la nieve manchada y el cuerpo caído del gigante, subiendo peldaño tras peldaño con la misma zancada calculada de siempre, ciento ochenta y siete escalones que conozco mejor que mi propia firma, y a medida que gano altura el eco del caos se vuelve más nítido, gritos, aceros chocando, algún rugido que no sabría identificar sin consultar mis propios archivos. Llego finalmente a la puerta que separa este tramo del nivel superior, la encuentro sola, sin nadie más plantado frente a ella, y me detengo justo en el centro, con las manos cruzadas a la espalda y el peine ya de vuelta en su bolsillo, calculando ya cuántas columnas de mi hoja de control voy a tener que rehacer por culpa de esta noche entera. “El día que alguien escape de mi prisión” —digo, sin apartar los ojos de la puerta – “será por encima de mi cadáver.”
Resumen
Turno
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Nicholas Vangeance - 20-07-2026 Una vez que llegué hacia dónde estaban los Bomberbells, pude verlos ahí todos reunidos y aislados del resto en su sección correspondiente. Y no era de extrañar que estuvieran separados en un lugar aparte. — Tan ruidosos, molestos y locos como de costumbre — pensé, llevándome mis dos dedos índices a mis orejas, taponando ligeramente mis oídos para que no me azotara todo el bullicio que tenían montado. Más les valía mantener esa energía y factor locura para parar en seco esta huida sin sentido. Con ellos de nuestro lado, y con toda nuestra fuerza militar, doblegar a los delincuentes iba a ser un juego de niños. — CALMA CALMA Y CALMA-TON — grité alzando los brazos cuando tuve enfrente a aquellos fanáticos locos, los Bomberbells, sin que ninguno me hiciera el más mínimo caso. Estaban peleando entre ellos, dándose empujones, puñetazos, y agarrándose y lanzándose por los aires mientras se insultaban con su acento particular... no podía decir que me sorprendiese, eran sin duda un grupo peculiar pero siempre hacían lo mismo. Eran un grupo de once tontattones con muy malas pulgas y muchas ganas de golpear a todo lo que se movía. Hasta donde sabía, por más que se parecieran todos, ninguno era familia del otro. Pero tenían tanta ira interior que hasta se golpeaban entre ellos cuando no tenían un objetivo claro que batir. ![]() — ¡Por favor-ton! ¡Presten atención! — dije intentando llamar a la cordura mientras un escritorio volaba por los aires — ¡Andá pa' allá, bobo! — respondió uno de los Bomberbells, juraría que Leonardo, su capitán, que paraba por un momento delante de mi, y se lanzó en seguida a seguir golpeandose entre ellos — ¡La pelota no se mancha! — gritó otro de ellos, Paul — ¡Dale, boludo! — le recriminó Allister, y recibió un empujón de otro compañero más, Tagli — ¡No seas gil! ¡dale, che! — recriminaba a su compañero mientras desaparecían en el tumulto golpeándose. Al fondo de la sala, dos de ellos observaban sin intervenir — ¡Qué quilombo! ¡PONÉ HUEVO! — dijo Monti jaleando a sus compañeros — ¡Estás loco flaco! ¡no tenés cara! — le recriminó su compañero al lado, Cuti, y ambos empezaron a enzarzarse a golpes. Suspiré y me llevé la mano a la cara... si tan solo jugaran al juego que debían podrían ser mundialmente famosos. Entonces una patada voladora acabó con Dibu estrellado en el suelo, perdiendo su sombrero, y con Enzo encima de él gritando — ¡Andá nomás! ¡¡Vamos cabeza de termo cara de piedra, sos un tronco!! ¡No la ves ni cuadrada! — y comenzó a hinchar a puñetazos a su compañero, siendo interrumpido por un placaje de Juli que lo lanzó a volar un par de metros — ¡Corré muerto! ¡sos un pecho frío! — y se lanzó tras él a seguir golpeándolo. En el techo, agarrados de la lámpara, Nico y Lisandro se pegaban patadas el uno al otro — ¡Qué hacés, salame! — gritaba el primero fallando la patada — ¡No podés errar eeeeso! — le recriminó el segundo. La situación estaba completamente fuera de control, y sabía que no iban a parar de golpearse así tuviera que dedicarme a expulsarlos de la habitación, así que tuve que jugar la carta más desesperada que tenía. Rebusqué en mi bolsillo la clave para esta serie de situaciones, un pequeño vaso con tapa y una pajita - o sorbete como le llamaban ellos - y di un sonoro sorbo de ella, produciendo un sonido característico que los congeló por completo con los golpes a medio impactar, haciendo que se detuviesen por completo, pasando a prestarme atención, produciéndose un silencio enorme en la habitación sólo roto por el crujir de algún mueble y el rechinar de aquella lámpara de techo. — ¿Qué mirás bobo? — dijo Leonardo, el capitán de los Bomberbells dándose cuenta de mi presencia. Carraspeé la garganta y me aclaré la voz para poder dirigirme a ellos. — Bomberbells, estamos bajo emergencia en Impel Down-ton — dije volviendo a guardar mi recipiente en el bolsillo y adaptándome a lo que sabía que necesitaban oír para poder trabajar — Necesito que salgan ahí fuera y lo den todo-ton ¡Hoy se juega con el alma! ¡Coman pasto si hace falta! ¡No regalemos nada! ¡No aflojen! ¡A ellos les duele igual! ¡No los dejen pensar! — grité finalmente haciendo que un brillo especial se iluminase en los ojos de aquellos expertos en la matanza, dejándome entender que habían recibido el mensaje perfectamente y estaban enfocados en la masacre — Salid al nivel seis e id subiendo-ton, les haremos una pinza. No quiero a nadie fuera de la celda ¡el que tenga miedo que se quede en el banco! — y con esas palabras los once Bomberbells se lanzaron hacia la puerta corriendo como una exalación y desaparecieron de mi vista con presteza y furia, dirigiéndose hacia el nivel uno para comenzar a pelear con todo el que se encontrasen, y noquear así a los disidentes escapistas. Leonardo, Paul, Allister, Tagli, Monti, Cuti, Dibu, Enzo, Juli, Nico y Lisandro... una tropa de élite. Entonces me sacudí las manos y me dirigí caminando a toda velocidad sobre mis pequeñas piernas hacia la zona de los vestuarios, comprobando que no quedaban más soldados rezagados... todo normal. Luego la armería, un rápido vistazo a la zona de las cámaras... ¡ah! Aquellos maleantes ya estaban llegando al nivel dos por las escaleras. Debía apurarme raudo para preparar el vestíbulo como último bastión, comprobando que todo estaba en orden, que todo era perfecto, que todo estaba a nuestro favor para poder parar ahí a todo el que siquiera soñase con llegar a salir de este santo lugar. Y ahí pude verle a él, el Mejor Jefe del Mundo: Imsiul Kano. El Nacido en el Infierno. Su determinación inspiraba a todos los presentes, y a mi el que más. — Estoy con usted señor, nadie pasará de aquí-ton — dije con determinación, preparándome para recibir las órdenes de mi jefe cuando la puerta comenzó a abrirse ¿cómo diablos era posible? Y peor aun ¿quien había llegado hasta aquí y abierto las puertas?
Info
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Tucrow - 20-07-2026 It's time para mi para be a star. Again. Toda la shit que sucedía en Impel Down era too much para un journey común y corriente. O como solía decir, common and current. Este traslado de Youjeimbrou al boat para llevarlo to the Marineford cuartel se suponía que tenía que ser simply and easy pero aun contando con all the people de los bros del Zoodiacool que llevaba with me, estaba secure de que no iba a ser capaz de sleep in my chair mientras se doing toda la dirty party — It's very difficult todo esto... — whisper mientras miraba el filo de mi sword Notorious Big with my eyes y me sentía todo proud de tener that steel en mis hands — Mo money mo problems... eso es lo que i say, belleza, sky's the limit-madafaka — y envainé la sword en su vainaw pasando a dejarla sobre la table de mi room, empezando a focusing sobre las others filos que tenía behind the escritorio, contando que fueran exactly ten espadas. No importaba la manufacture ni el blacksmith que las hubiese doing, lo importante es que supieran dance en mis hands, y pudieran slash a los craps — ¡¡Warning the Goat!! — me dije a mi mismo, sacando fast el cuaderno de rimas de mi pocket y poniéndome a write todas esas wonderfull bullets que algún día shoot sobre mis enemys — Dance en mis hands... — susurraba mientras estaba writting con mi pencil. Cuando hube finish the doing that, me puse a tie la cuerda de la bag de mis swords sobre el mango de mi best friend Notorious Big y cargar esa en mi shoulder with style, cerrando los eyes por un second y parándome a think en todas las gatitas que había seduced with my unique technique — Pretty Luisa with your vertical sonrisa... Sweet Alberta la de las buttocks abiertas... Slim Belén the one make me fetén... ¡Oh Almudena your love is my condena! But i think in you, Joaquina, porque tu remember de verdad me la emp — llamaron a la puerta y un soldado asomó la cabeza entrando en la habitación — Almirante Aoyagi... disculpe que le moleste — mi face de deception fue too obviously — Estaba thinking en the chochitos-madafaka — le dije sin tapujos, haciendo que se blush por mis words — No quería interrumpirle, pero hay noticias de que el Zoodiacool está siendo superado en los niveles inferiores, nos vendría muy bien su ayuda — me dijo ese impertinet con la voz rumbling. Chasqueé los dedos con ritmo y comencé a caminar hacia él con style y overflow. — Listen to me pequeño little boy. Yo soy el admiral, yo soy the boss, yo soy el big bang waba laba que te quita la tos. Im the king, me llaman el fucker, siempre estoy between un par de chicas sucking. Conduzco gordo como un trucker, me llaman el big rapping. Si no quieres ver tu fin, it will be better tu escapes — terminé mi glory rhyme justo cuando estaba in front of that chiquito y le revolví el hair with my mano acercando my face a la suya — Take me to the habitación de las cámaras — y le guiñé un ojo con picardía — Si eres fast esta night te paso el phone de las que doing gárgaras — y continué walking saliendo de la room con el soldier. Un rato más later llegamos a la cámera room, y el little boy me open la door para que yo pudiese coming. Como las dirty ladies que me waiting en el barracks cada night, but sin babilla in the almejilla. — Allright-madafaka — dije talking with my voice — It's time de que daddy sea the hero una vez more — i saw the cámaras y observaba the state of my homies y sus particulares battles, arrugando mis lips en una mueca so ugly, thinking en que do para hacer the best of lo que podía aportar y win esta incómoda battle que se había out de madre. But para cuando my look se posó en la camera del vestíbulo and i saw a the big boss of hell y a su acompañante the small ugly bitch de esta prison — ¡Thats lo que estoy looking! — and me giré con una smile mirando the guard a my side — Papi tiene que whip los asses de unas bad zorritas para que stop doing todas esas bad things — turn my mirada hacia la screen de la camera y con un loudly PLOOP i disappeared de la room y volví a appear en el vestíbulo que estaba observing en la vigilance room, quedando together the big Imsiul y the small Nicholas. — Wazzup-madafakas ¿estábais crying waiting al menda? — di un turn de three hundred sixty grados para darle mas style a mi arrival — No tengais scare, the goat está aquí. Traiganme a los bad boys para que les give a fin — sonreí colocándole las glasses en my face mientras the big door se estaba open y mostraba a the two que habían llegado further. Its time to show algo super guay.
Info
RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - Steiner - 20-07-2026 [personajeinvalido=3954] Me sacudí el polvo de la nieve de encima con mi ahora única mano mientras observaba aquel gigante en el suelo y los despojos junto a él, sangrando profusamente por el brazo arrancado y por el ojo perdido — Mmmmm — murmuré mirando la enorme espada clavada en el cráneo del gigante — Tendría que haberla bajado conmigo... — añadí, trepando a duras penas sobre la cabeza para poder extraer la espada con dificultad y volver a descender con ella. El rastro de las pisadas del jefe de la prisión aun seguía marcado en la nieve del nivel, y este dirigía directamente hacia la zona de acceso de las escaleras. El mejor atajo posible para salir de este infierno helado y volver a unirme a la batalla... y no tenía mucho tiempo si quería que las cosas saliesen bien. Tosí un poco de sangre al empezar a moverme, y con dificultad cargué sobre mi hombro la enorme espada mientras caminaba en dirección a aquellas escaleras que me permitirían pasar de un nivel a otro muchísimo más rápido. Así fue como llegué al nivel cuatro y ascendí por él sin prestar atención a aquel mink gato que quedaba inconsciente al poco de verme pasar, y así fue como llegué hasta el nivel tres, observando el escenario que se estaba dando allí. Presos y guardias luchando encarnizadamente mientras a lo lejos, un soldado de caramelo peleaba con un muchacho. — ¡Señor Steiner! — gritó uno de los guardias al verme — ¡Está muy herido! — añadió, dirigiéndose rápidamente hacia mi — Emmm... ¡no es nada! ¡yo puedo con esto! — le respondí tratando de darme la vuelta e irme por donde había venido para seguir ascendiendo por aquella escalera. Tenía que subir mucho más arriba, por lo visto. Pero ese soldado tenía otros planes para mi — ¡No mi señor, debe curarse! ¡espere! — dijo abalanzándose sobre mi prácticamente y comenzando a aplicarme primeros auxílios para curarme el brazo, mientras un par de sus compañeros se acercaban a hacer lo propio con mi ojo — ¡Menuda batalla señor Steiner! ¿Ha derrotado a ese gigante usted solo? — me preguntó el que curaba mi ojo — ¡Pues claro! — dije con seguridad — Soy el jefe de la guardia... ¡soy el puto amo! — dije con convicción, haciendo por un momento que los soldados me mirasen con extrañeza. Carraspeé mi garganta — Debo subir a defender la puerta, terminad rápido y seguid conteniendo al enemigo aquí — les ordené con confianza y seguridad, mientras terminaban de aplicarme los vendajes — Es muy importante que no os mováis de aquí — añadí, poniéndome en pie — Emmm... defended la posición y todo eso — terminé, dispuesto a irme, pero un último soldado me interceptó ofreciéndome un paquete envuelto — ¡Tome esto señor Steiner! Le ayudará a reponer las fuerzas para poder seguir luchando — y me entregó aquello, un festín de comida que, al sólo tener una mano y estar con ella sujetando mi espada me hizo dudar por un instante, echándome hacia delante y devorando de un bocado la porción de comida a duras penas y atragantándome, haciendo que los soldados retrocediesen ante mi comportamiento — ¡S--señor Steiner!... — dijo uno de ellos, dudando. Pero poco había que hacer aquí, ni había tiempo que perder. Hice un esfuerzo mayúsculo para terminar de tragar todo, y mientras lo hacía me despedí — ¡DE NABIE ADANBONE ED NIEL! — dije aun con comida en la boca, volviendo a la escalera y comenzando a subirla de nuevo. Para cuando llegué al nivel uno, el temible jefe de la prisión, Imsiul Kano, estaba reunido con Nicholas Vangeance, el Vicealcaide. Ambos tenían una reputación colosal, de bestias poderosas y despiadadas en el combate, pero aun así me veía con el nivel suficiente como para estar en esa habitación y poder tener un desempeño favorable. El desangramiento me tenía al borde del agotamiento y no podría hacer nada más que un movimiento concreto y preciso, tenía que saber leer bien el momento y el objetivo para sacarle el máximo provecho — Señor Alcaide... Vicealcaide... — dije tratando de cuadrarme a duras penas, recibiendo tan solo una mirada del Alcaide quien seguía focalizado en la puerta, y entonces con el sonido de una pompa de burbuja explotando, el Almirante Tucrow apareció haciendo uno de sus espectáculos. Eso cambiaba drásticamente las cosas, Tucrow era un oponente formidable por separado y con aquellos dos monstruos, serían capaces de barrer con cualquiera que quisiera atravesar esa puerta. Apreté el mango de mi gran espada y me dirigí despacio hacia la retaguardia del trío, pues en mi estado no sería de mucha ayuda en el frente — Daré mi mejor esfuerzo, permítanme prepararme para poder inclinar la balanza — les dije mientras me colocaba tras ellos, con Tucrow acaparando el foco de atención - como siempre - con sus rimas y palabrerío fuera de contexto. Para cuando Tucrow terminó con su rap, las puertas comenzaron a abrirse y mostraron tras ellas sólo a dos personas: Aspros, la Reina de los Okama, y Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero, el protagonista de esta fuga. Todos se pusieron tensos en ese instante, y mientras recubría mi espada con haki de armamento haciendo acopio de todas mis fuerzas, di un paso adelante y cargué con todo el peso de mi cuerpo con el filo en ristre, mientras el sonido de una pluma sonaba en la habitación, hueca y muda por el momento, delatando el inicio de mi ataque. — ¡CERVANTES CROSS! —
Grité, y clavé la inmensidad de mi hoja en la espalda del Almirante Tucrow, perforándole desde la espalda y saliendo el filo por el estómago propinándole un tajo inmenso y soltando mi espada tras el ataque. Balanza equilibrada. — Qiqiqiqi —
Info
Mapa de situación
|