[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver
#1
Día 1 del año 17, Invierno - 07:13 p.m.
Puerto de Impel Down.
__________________
Información importante:
No olvidéis este tema
y sus consecuencias.
__________________



El primer día de la última estación del año daba ya avisos de lo gélido que iba a ser este, pues el frío de la noche aun perduraba con el despertar del día y amenazaba con volverse una estación complicada en el futuro.
El brillo del sol reflejado en las irregularidades de la superficie del mar daba un aspecto sedoso y cristalino a la par al océano que se extendía en todas direcciones desde el punto central que era Impel Down, dotando aquella escena de una belleza sin parangón, con la luz rojiza del amanecer y el contraste centelleante del mar, el sonido de las olas y del viento, y la inmensidad de la nada en kilómetros. Una escena que sólo algunos de los presos allí atrapados, era lo último que habían visto antes de ingresar en aquel infierno eterno.

[Imagen: IkkjGlY.png]

Impel Down era una construcción megalítica. Una torre erguida desde la superficie del fondo marino hacia la superficie del mar, emergiendo varios cientos de metros de esta. Sus dimensiones exactas sólo podían ser aproximadas, pues ya nadie conserva los datos de su construcción y nadie con vida estuvo allí para poder aportar una mejor exactitud. Era una torre concéntrica dividida en ocho anillos a cada cual más estrecho que el inferior, y visiblemente sobresaliendo por encima del mar sólo había dos de esos anillos: el correspondiente al hall de entrada, y el superior, con el cuartel y las oficinas.
En el cuartel se encontraba toda la tropa residente en Impel Down, que hacían turnos de un año internos y medio año libres, rotando entre seis turnos de personal que se iban turnando, dividiendo la plantilla a la mitad cada ciclo para recibir a los relevos y así no tener nunca gente "de cero" rigiendo las instalaciones. En esos mismos cuarteles residían los 'Bomberbells', guardias considerados de élite dentro de los efectivos de Impel Down, y eran un total de diez.
En las oficinas se encontraban varias oficinas de uso para funcionariado y visitantes de la Marina, y los despachos del Vicealcaide y el Jefe Carcelero, que controlaba la tropa general, siendo que los Bomberbells estaban bajo las órdenes directas del Vicealcaide.
A diferencia de las tropas ordinarias o los Bomberbells, y bajo el mando directo del Alcaide, existía una guardia considerada de Super-Élite que residía en cada una de las plantas asignadas comunes, siendo un total de cinco, y eran conocidos como los "Guardianes Infernales". Hombres y mujeres que habían sido sometidos a experimentos por el Dr Omph para perfeccionar y potenciar las SEEDS, uno de los proyectos estrella de la Asociación Neurona y del Gobierno Mundial, pero que había dado como efecto secundario a estas... criaturas, con sobredosis de esas medicinas y las variaciones y transformaciones que estas generaban. Eran experimentos fallidos aptos para su puesto de trabajo.

[Imagen: 2EDutNf.png]

La torre-prisión estaba compuesta por cinco niveles interconectados entre si, dotados todos de una peculiaridad particular y cada uno custodiado por uno de los Guardias Infernales.
El primer nivel, era el llamado "Infierno Carmesí", un lugar usado para los criminales de menor nivel, los que tenían de 50 a 100 millones de recompensa siempre que no tengan una akuma no mi. Estaba compuesto por un gran bosque de árboles peculiares, conocidos como los "árboles espada", con hojas tan afiladas como cuchillas, y por una variedad de hierba conocida como "césped de agujas". En este lugar, los insectos y los guardias obligan a moverse continuamente a los prisioneros haciendo que se pinchen y rajen con el cesped y los árboles, dándoles con su sangre esa tonalidad rojiza. En el centro del nivel hay un agujero que va a parar al segundo nivel.
El segundo nivel era el "Infierno de las Bestias Salvajes", lugar al que van a parar los criminales que tenían una recompensa de 101 a 200 millones, o que tenían una recompensa inferior pero poseían una akuma no mi. Como su nombre sugiere, es un nivel repleto de bestias peligrosas y temibles que vagan por el lugar y devoran a los prisioneros que se atreven o consiguen burlar la seguridad de sus celdas, que no es muy alta pues, según palabras del propio Alcaide: Los animales deben estar alimentados.
Por una gran puerta de doble hoja que da a unas escaleras de caracol se accede al tercer nivel, que se llama el "Infierno Desértico". En este lugar van a parar los criminales de 201 a 499 millones. Este lugar también es conocido como el infierno de la inanición o el infierno de la hambruna, y es un gran páramo desértico con la peculiaridad de que no es arena lo que abunda en el suelo, si no las cenizas de los huesos de los que murieron aquí, pues el calor del nivel inferior se filtra a estas paredes y hacen que actúen como un horno enorme que se dedica a cocer y matar lentamente a los prisioneros que no son lo suficientemente fuertes como para poder aguantar. En este nivel, no se tortura a los prisioneros de ninguna forma más allá de que sólo se reparte comida una vez al mes, y sólo hay raciones para la mitad de los presos. E igual que en el nivel uno, en el centro de este lugar hay un agujero enorme que conduce al nivel inferior.
El cuarto nivel era el "Infierno Ardiente". El lugar al que iban a parar los presos de 500 a 700 millones de recompensa. El nivel completo está compuesto de una gran cazuela de barro, gigante hasta para los gigantes. La cazuela está llena de sangre a tales cantidades que parece ser un estanque rojo, y esta está calentada constantemente por un fuego colosalmente avivado de forma permanente. En las paredes del nivel están las celdas de los prisioneros, que son simplemente agujeros en la pared con una reja, sin más decoración o comodidad, y que están constantemente afectados por el hedor de la carne quemándose y la sangre hirviendo de la cazuela.+
Por contraparte, el quinto nivel era el "Infierno Congelante" o el Infierno del frío extremo, era el lugar donde iban a parar los prisioneros de 701 a 900 millones, y aquellos con frutas del diablo extremadamente peligrosas o consideradas un fenómeno natural por si mismas. Era un lugar completamente congelado con unas temperaturas tan extremas bajo cero que el agua no duraba ni un solo segundo en su estado líquido al entrar ahí, y la única forma de acceder a ello era por unas escaleras que había descendiendo por debajo del gran fuego que calentaba la cazuela del nivel superior. Era un lugar sin celdas y en el que los prisioneros eran arrojados a su suerte, a vagar y sobrevivir en el frío páramo. Mensualmente se les arrojaban las sobras de comida que dejaban las bestias del nivel dos, por lo que los presos aquí afincados tenían que sobrevivir practicando el canibalismo y no es que tuvieran mucha cantidad de nutrientes.
Y finalmente, el sexto nivel era el "Infierno Eterno". Un lugar sospechosamente normal, tranquilo, oscuro y silencioso... cuando los presos no estallaban a gritar presos de su locura.
Era lo más parecido a una cárcel convencional y normal, en la que los prisioneros de 900 millones en adelante, o aquellos con un linaje o implicaciones serias con el Gobierno o la Marina iban a pasar el resto de sus días. Es decir, era la cárcel de los que debían ser vigilados aparte, o los que eran verdaderamente alguien y que se habían ganado un hueco en la historia que no podía ser ignorado y que no se borraría del paso del tiempo a no ser que el Gobierno hiciese algo al respecto... y muchas veces lo hacían. Aquí había condenados a ejecuciones públicas y criminales peligrosos que en caso de ser liberados supondrían un problema mayor para el mundo, del que supusieron en el momento de ser atrapados.
Finalmente el despacho del Alcaide se encontraba en la parte más profunda y alejada del nivel seis de la prisión, el temido Imsiul Kano.

[Imagen: bO810VN.png]

Hoy, un barco de la Marina atracaba en el puerto de Impel Down, en el amanecer del frío día uno de invierno, sin saber que este día sería recordado - pasase lo que pasase - como un evento sin comparación. Amarrado en el puerto se encontraba el Cool G. Gang, el barco personal del Almirante Tucrow y su grupo de élite el Zoodiacool, pero no había ni rastro de ellos por ahí por el momento, pues no tendría seguro vigilar el barco estando en una zona segura como aquella.
Del barco que recién atracaba, desembarcaron varias decenas de marines cubiertos con túnicas de invierno, pues provenían de una isla de invierno del Grand Line y empezaron a formar hacia el interior de la cárcel, siendo recibidos por los soldados de Impel Down y conducidos a los cuarteles para poder descansar después de su viaje, repartidos en una fila de a dos - en parejas - que ocupaba de largo todo el muelle.

Al final de esa fila, dos Marines encapuchados como el resto y cubiertos con sus túnicas, hablaban en voz muy baja entre ellos. Uno era un hombre completamente calvo, sin barba, con la cara redonda y las cejas muy finas coronando dos ojos pequeños negros e inexpresivos, y el otro lucía una nariz ganchuda y unas cejas gruesas y severas que enmarcaban una mirada azul intenso, con cabellos rubios de corte pulcro que caían diestros con total naturalidad.

— Nunca me imaginé que estaría haciendo esto con El Puño — dijo susurrando con una voz modulada, en un tono firme y varonil, aunque manteniendo esa cadencia elegante que le caracterizaba. Ahogando un ápice de emoción ante lo que estaba por venir — El destino tiene un sentido del humor bastante retorcido, ¿no crees? — observaba de reojo a su compañero, contenido en un uniforme que claramente le incomodaba tanto como a él — Tú mantén la calma y sígueme el juego, marich…ne, marine, sí — se interrumpió a si mismo hablando mirando de nuevo al frente con decisión.
— Ni yo esperaba que esto fuera tan grande... Qiqiqiqiqi — contestó el calvo riendo por lo bajo y entre dientes, sin mirarle en ningún momento — Eso dijo ella — añadió, sin venir a cuento desfilando con el resto de los soldados adentrándose en la prisión — Pero si lo que dice el periódico es verdad, no podemos esperar más — declaró, mientras las puertas de Impel Down se cerraban a sus espaldas, sin dejar de andar con el resto de sus compañeros.






Información
  Responder
#2
Día 1 del año 17, Invierno
Celda de Yojimbo - Nivel 4 de Impel Down.


“En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible.”
-Albert Camus



Dicen que la voluntad humana no se quiebra de golpe sino que se desgasta. Lo primero que se pierde es el orgullo, luego la noción del tiempo, después se empiezan a desdibujar los recuerdos y cuando uno cree que ya no es capaz de perder nada más, el dolor termina el trabajo. Este sitio nos trataba a todos igual, daba la sensación de que la partida estaba amañada. El Gobierno Mundial tenía montado un sistema de castigo perfecto. Una cárcel de fantasmas. De cuerpos sin alma. De nihilistas. La gran broma de mi vida era que habían encerrado al hombre que algún día sería la persona más libre del mundo. Al futuro Rey de los Piratas. Pero aún no era ese día; hoy no. Mi cuerpo descansaba sobre el tosco bloque de piedra que me había servido de camastro durante todo ese tiempo. Permanecía inmóvil en la penumbra de la celda, apenas iluminada por las furiosas llamas del caldero. Mis piernas permanecían abiertas, los hombros vencidos hacia delante, los brazos apoyados con fuerza sobre las rodillas y mis alas descansaban replegadas contra la espalda.  A mi alrededor, cubriendo el suelo, se extendía un manto desordenado de plumas negras, la mayoría medio chamuscadas por el calor, y mis ojos, que llevaban varias horas cerrados, se abrieron, posando la mirada en un punto fijo en el suelo, entre mis pies. Una gota de sudor me recorrió la frente y resbaló por el puente de mi nariz hasta desprenderse de mi cara. Aquella gota cayó limpia y en cuanto tocó la piedra ardiente siseó y se transformó en un fino hilo de vapor que desapareció casi al mismo tiempo en el que el sudor tocó el suelo. Tras esta primera gota cayeron varias más.

El humor se tornaba curioso en aquel lugar. Me parecía divertido imaginarme a los carceleros mirando las cámaras y viendo mi cuerpo inmóvil. Una figura tan majestuosa como silenciosa: la propia imagen de la derrota. Me encantaría que uno de ellos pensara: “Eh, voy a comprobar la celda del prisionero ese, que hace tiempo que no se mueve”, y que viniera. Más que hacerme gracia, era un deseo. Ojalá se acercara un guardia al menos a dos metros de los barrotes de mi celda. Incluso a tres, me dislocaría el hombro para llegar un poco más lejos, le agarraría de la pechera y fusionaría la carne de su cabeza con el acero de los barrotes que me retenían. A veces tenía que aguantarme la risa, y otras veces rompía a reír. ¿Te lo imaginas? La cara de sus compañeros… en fin. En todo este tiempo no había ocurrido y por desgracia no parecía que fuera a ocurrir.

En este sitio buscaban sumisión, pero yo había aprendido a conservar todas las fuerzas que podía reunir. Economizaba cada respiración, mantenía la mente en su sitio la mayoría del tiempo y al final encontré en la reclusión un refugio para meditar y aprender. Todo este tiempo no había estado parado, me había entrenado todo lo que podía, había ideado unos cuantos trucos nuevos, y es que algo estaba cambiando; igual era una tontería, pero notaba algo distinto en el aire. Este lugar hacía que todos perdiéramos la cabeza, y puede que hubiera perdido la cabeza, pero no la esperanza; me agarraba a estas sensaciones extrañas como a un clavo ardiendo. Notaba en lo más profundo de mi ser un instinto primario. El invierno podía congelar los muros de aquella prisión, pero dentro de mí habitaba una llama incombustible. 


Una gota de sudor cayó de nuevo al suelo, pero esta vez mi mirada no la acompañó. Los músculos de mis brazos se tensaron sobre mis piernas y el leve crujido de mis alas negras al expandirse un par de centímetros rompió el silencio de la celda. Con calma levanté la cabeza. En mitad de aquella penumbra, mis ojos brillaron con la peligrosa certeza de que el tablero se estaba moviendo. La llama de mi espalda ardió con fuerza y mi respiración comenzó a agitarse, al igual que los latidos de mi corazón. No sabía de dónde venía aquella sensación. Lo único que había aprendido en todo ese tiempo era que el infierno estaba vacío y que todos los demonios estábamos aquí.


INFO
  Responder
#3
Día 1 del año 17, Invierno

Celda de Suske Ocheja - Nivel 1 de Impel Down

¿Por dónde debería comenzar este humilde narrador? Seguramente, por el principio. ¿Quién es Suske Ocheja y por qué un niño como él había acabado en la cárcel con mayor seguridad del mundo? Para responder a esta pregunta, tendríamos que remontarnos unos años atrás. Como era normal, Suske se subió en uno de los tantos barcos para viajar entre islas. Lo que él no sabía, es que ese sería su último barco antes de encontrarse con un grupo de marines armados a los que no les gustaba perder el tiempo, pues tenían una muy importante misión. Pero, por eso, es mejor que esta historia os la siga contando él.


Mi nomdre ez Zuzke Ocheja, pedo podéiz llamadme hédoe. Pod cozaz de la vida que no tendedíaiz, zalí de mi pueblo en un badco de medcancíaz. No eda la pdimeda vez que lo cía, yo tengo muza ezpedienzia en eztaz cozaz, pedo en uno de miz viajez, el badco ze dezvió máz de lo que yo tenía pdrevisto…. Zí, toy voviendo a contad mi hiztodia podque tú no zabez, túpio.

¿Pod dónde iba? Ah zi. Mi hiztodia. Bien. Ezoz madinez no hazían máz que haced pdreguntaz túpiaz una y otdra vez. ¿Ez que no ezcuchaban? La tomadon conmigo. Buzcaban pedea, pedo yo zoy máz inteigente. Lez azuztó mi inteigencia, lez dije que no zabía nada de vedá, que eztaban diciendo tupiezez y me llevadon pdezo. Azí, con laz manitaz atadaz y todo ezo. Me metiedon en un badco dudante díaz, puede que mezez, y dezembadqué en Ipe Daun. Podía habedme ezcapado zi hubieze quedido, pedo quedía ved la cada de túpioz que ze lez quedaba un dato máz.

[Imagen: oAZaldL.png]

Mi ceda eztá en el pizo númedo uo del dificio. Lo zé pedfectamente podque me conozco la pdizión al deillo. ¿Pod qué? Te eztaráz preuntando. Bien preuntado. Edez lizto, pod el momento. Puez podque lo que ezoz marinez no zabían, ez que yo zoy muy dápido y zigiozo. Nadie me preuntó podque todoz tenían demaziadaz prizaz, y laz prizaz no zon buenaz, pedo yo tengo una bilidad ezpecial. Azí zoy. Y ya podemoz volver al día en cueztión.

Bien. Zi haz eztado atento, zabráz que me me encuento en el pizo uno de Ipe Daun. En ezte pizo zolo hay pinzoz puntiagudoz. Zi te ezcapaz, vaz a tened que pazádtela codiendo de un lado a otdo pintzándote con loz pintzoz. Yo, que zoy muy inteigente, me meto en mi capadazón y nadie me ve. Zon muy confiadoz, pedo yo zé máz cozaz que elloz. Ezta vez, voví a ir como tantaz otraz vezez al abujedo que había en mitad del pizo y, utilizando miz babaz poderozaz, repté por él hazta laz pdofundidadez. Como ya me zabía el camino, no tadaría mucho en volver a mi ceda.


Nivel 2 de Impel Down


Eda muy cómodo tened un capadazón a cueztaz. Azí uno no ze canza nunca podque puede dezcanzar. Bien. Pod fin, llegué ad zegundo pizo. Ezte pizo huele muy mal. A caca. Ezoz animalez zon muy olorozoz, no como yo. Ez baztante querozo. En fin, loz tengo vigiladoz, y no pienzan que yo ezté deptando pod addiba. Túpioz. Loz prezoz zon un poco cobadez y cazi nuca zalen nunca de zuz cedaz, azí que poco ze podía haced pod aquí. Entre loz prezoz había lo de ziempre. Caraz que me emezaban a zonar y caraz nuevaz, pedo ninguno eda de mi intedéz. Deptando con mi capadazón, conzegí llegar una vez máz a la la pueta gande que hay, y pazándola comenzé a bajad la ezcaleda de cadacol que zepara al pizo doz del trez. En ezte punto ziempre tengo que hace un decanzo. Zí. Una vueta máz y cazi gomito. Eza calera no eztá bien, yo la habdía pueto decta.


Nivel 3 de Impel Down


Dezierto. Zin zopa y zin zumo. Muta Zed. Azí ez como yo dezcribidía el tedced nivel de Ipe Daun. Aquí hay que tened ciudado, podque no todo ez lo que padece. Zi vez una zopa de fideoz en medio de la nada,  ez pdobable ez que zolo zea un huezo. Ezte zitio ez muy abudido. Loz prezoz no zon muy habladodez, cdeo que el calod lez ha afectado al cedeblo. A mí no podque zoy muy fuedte, y ezto no ez nada pada mí. Pedo una zopa fdezquita… qué bien me zentaría. Pazo ápido ezte pizo podque ez muy querozo todo, azí que voy también a un bujedo en mitad del pizo. En vedá la pedzona que hizo ezte dificio era un poco túpia. Zale calod de ahí. Pedo ez donde eztan laz cozaz máz intedezantez.


Celda de Yojimbo - Nivel 4  de Impel Down


Me dezmayo. O al menoz ezo didía zi me dezmayara de vedá. ¿Te lo haz cdeído? Zi ez azí, edez un túpio y haz zido engañado. En ezte pizo hace máz calod que en el antediod, con una cazuela de alubiaz en el medio. Aquí zi vaz pod el zuelo te abrazaz. Ez mejod zubirze a alguien y que haga el trabajo zuzio. Pedo ezo no ziempre ez pozible. Zi no, toca aguantad con miz bilidadez pada el aguante.

En fin. Zi uno ze pazea pod Ipe Daun, ezcucha y ve cozaz... Pod zi no te habíaz entedado todavía, yo zoy el que ze pazea y el que ve ezaz cozaz. Y ezaz cozaz, zon quiénez eztán en la pdizión. De entde todoz elloz, el que máz llamaba mi atención eda uno llamado Yojimbo. Un zeñod con el peo blanco y muy ozcuro. Con alaz negraz muy grandez. No zé podqué, pedo me zonaba de algo. Pod zupuezto, aunque él no zupiera, me gudtaba id a zu ceda pada verle en la diztanzia, ziempre eztaba quieto. Eda un zeñor un poco eztraño, la vedá, pedo eze día, ze le veía baztante meancólico y dezeperado, azí que hize algo que no zolía haced.

Me dezlicé zuavemente pod la paded caliente y me pegué a zu ceda pada que me ezcuchada. — Azí que tú edez el famozo Yojimbo… Zi quiedez… Yo puedo buyarte a zalir de aquí, zoy un ezperto.



INFO
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 810 + 0 = 810
Energia: 760 - 15 = 745
Espiritu: 150 + 0 = 150
#4
Hall de entrada.

Cuando los soldados de la Marina se adentraron hacia los cuarteles para descansar de su largo viaje, respaldados de los soldados de Impel Down, comenzaron a instalarse en las barracas. Hubo dos de ellos, los más rezagados, que tras unos breves minutos se escabulleron del grupo en sigilo y sin llamar la atención lo más mínimo y se adentraron en las zonas de los funcionarios de Impel Down, saliendo poco después con el uniforme cambiado por el de los guardias de la prisión: El hombre calvo y el rubio de cejas gruesas. Ambos se infiltraron en las zonas de registros y obtuvieron la logística y distribución de los presos en la prisión en base a sus cuantías de wanted, y sabiendo el monto por la cabeza de Yojimbo, dedujeron rápidamente que estaría en el cuarto nivel de la prisión.

Obviamente estaba de más decir que esas dos personas no eran miembros de la Marina por más que llevasen sus uniformes inicialmente, pero ¿quienes eran?. La respuesta a esa pregunta era algo más complicada de lo que a primera vista pudiera parecer, y necesitaba mucho contexto previo para que se entendiera no sólo quienes eran, si no por qué estaban aquí y qué tenían que ver entre si.
Ambas figuras se habían encontrado días atrás abordando el barco de Marines que iba a venir hacia Impel Down por sus propios métodos, y ambas estaban movidas por la misma y única motivación: Salvar a Yojimbo. Los dos tenían lazos particulares con el Lunarian y también intereses particulares en verle libre, pero aunque su objetivo era el mismo, el fondo y la razón de este no. Pero ya habrá tiempo de indagar en todo eso.
Ambos se colaron en el barco de la Marina, uno noqueó a uno de los reclutas y lo tiró por la borda. Otro falsificó el registro para que figurase una persona más. El primero era un maestro de la infiltración, el engaño y el subterfugio. El segundo era un experto tanto en ser el centro de atención como en dejar de serlo. Y ambos se encontraron y se descubrieron el uno al otro a bordo de aquel barco, porque un mentiroso siempre reconoce a otro mentiroso.

Cuando nuestros dos aventureros se dieron cuenta de que no eran los únicos a bordo de ese barco que no deberían estar ahí, y hablaron entre ellos, descubrieron que tenían el mismo objetivo y ahí nació una improvisada alianza que hizo que cooperasen para ayudarse a llevar a cabo probablemente la misión más peligrosa de todas: Adentrarse en Impel Down.
Mucho se habla de que es imposible salir de esa prisión de máxima seguridad, pero entrar en ella era también igual de difícil.
El sistema de seguridad de Impel Down estaba diseñado en ambas direcciones, nada salía y nada entraba sin superar un control de nivel a nivel que estaba vigilado estrictamente no sólo por guardias. De modo que entrar en el único lugar del mundo en el que nadie con recompensa por su cabeza querría entrar no sólo era una locura, si no que era bastante difícil.
Y aun así, ambas personas estaban dentro haciéndose pasar por guardias ordinarios... con éxito.




[Imagen: Sa24r7y.png]

— Escucha bien — comenzó a decir el hombre calvo, el Puño de la Revolución — Repasemos el plan — añadió, mientras ambos caminaban en dirección a adentrarse al primer nivel de Impel Down.
El Puño tenía la misión de generar el suficiente caos para la Marina y el Gobierno Mundial como para que la reunión de los Revolucionarios y su reorganización no fuera a ser interrumpida, y había optado - periódico en mano - por iniciar un incendio en el propio infierno, pensando que esto sería suficiente como para poder llamar la atención del Gobierno y que no se pudieran centrar en nada más. Y tenía razón.
 — Impel Down está dividida en seis secciones carcelarias. Son seis niveles que van en orden numérico ascendente conforme más desciendes por la torre, es decir, que el más alto de todos es el nivel uno y el más bajo el nivel seis. Según los registros que hemos visto, y con la recompensa que Yoji tiene debe de estar recluido en el nivel cuatro, lo cual es bueno porque nos ahorra tener que profundizar más y adentrarnos en zonas más peligrosas. Verás, cada nivel está protegido por un guardia infernal, unas aberraciones de la fallida ciencia del Gobierno, pero el nivel seis... ese nivel lo custodia directamente el Alcaide, y ese tipo la tiene demasiado gorda — El Puño miraba en derredor observando la prisión, con naturalidad, mientras hablaba con su compañero — Eso dijo ella — matizó, dándole un ligero codazo en las costillas y sonriendo un poco, sin dejar de caminar — Tampoco contaba con que el barco de los Zoodiacool estuviera anclado justo hoy aquí, pero tiene sentido si van a extraerle para ejecutarle — suspiró — Eso sólo significa problemas para nosotros, y que salir va a ser mucho más difícil que entrar, porque perderemos todo el factor sorpresa, así que tenemos que estar preparados — dijo, mientras su compañero le escuchaba atentamente — Ahora vamos a entrar al nivel uno, el infierno carmesí. El suelo y los árboles están repletos de cuchillas y los guardias obligan a los presos a no dejar de moverse, por lo que todo el nivel tiene ese color carmesí de la sangre característico... y aun así, no es el principal problema. ¿Recuerdas que te he hablado de los Guardias Infernales? Pues son cinco y hay uno en cada nivel desde este piso hasta el quinto. Son ex-soldados del Gobierno que se sometieron voluntariamente a la experimentación S.E.E.D.S del Doctor Omph, seguro que has leído algo en los periódicos. Unas píldoras derivadas de la experimentación con las frutas Zoan, que le dan a quien se las coma temporalmente un aspecto particular y concreto del cuerpo de una bestia... unos brazos de gorila, o unas alas de águila, cosas así — hizo una pausa negando con la cabeza — Pero estos pobres diablos tuvieron la mala fortuna de consumir un producto en fase de experimentación, y tuvo reacciones inesperadas. Estaban probando cuántas de esas pastillas era seguro tomar de una sola vez, y entre que la fórmula no estaba refinada y que a saber cuantas se tomaron, los efectos se les quedaron de forma permanente, dándoles el aspecto de Quimeras — 

[Imagen: hdwfapx.png]




— N I V E L   1 —

Entonces llegaron a la puerta que daba acceso al nivel uno. Se cuadraron y saludaron a los guardias que ahí había y los dejaron pasar hacia el interior tras abrir las puertas, y una vez dentro volvieron a charlar entre si — Siendo Quimeras, han perdido casi por completo el razonamiento de los humanos y son poco más que bestias... lo único que conservan es el fanatismo y la devoción por el Gobierno Mundial que los llevó a ofrecerse como miembros de prueba para los experimentos. Pero tengo información sobre ellos —

Entraron en un jardín rojo brillante, como sólo puede brillar el acero y la sangre... pues era una combinación de ambas cosas. El Nivel 1 de Impel Down era conocido por albergar a presos poco importantes y sobre todo a ninguno con Akuma no mi, por lo que no había cadenas con kairoseki, esposas especiales ni prisiones especialmente complejas. Era lo más parecido a una cárcel normal que te ibas a encontrar aquí si obviabas la tortura de las cuchillas por todas partes... desde luego un sistema pensado para ser no solo cruel, si no inclemente con todos los residentes de este piso que si bien no afrontaban una condena de muerte, vivían un castigo eterno por el resto de sus vidas.
Una vez entraron por las puertas al nivel uno, y comenzaron a caminar por las pasarelas elevadas destinadas para los guardias, El Puño continuó hablando — Todos han perdido su nombre y les han bautizado con el nombre de la criatura predominante en su quimerización, y todos son excelentes combatientes y muy poderosos... para un prisionero promedio... Yo estoy seguro de que si los pillo los dejo en el suelo babeando — dijo con total seguridad uno de los dos miembros de la revolución más fuertes, solo por debajo de su líder — Eso dijo ella — volvió a responder entre dientes, sonriendo ligeramente con picardía — En el primer nivel vamos a encontrarnos a Quimeino. Un semigigante que intentó obtener el cuerpo de un jabalí, las alas de un águila, las patas de una araña y la cabeza de un caimán... pero como sabes salió mal — indicó el famoso revolucionario señalándole con la cabeza en cuanto lo vio

[Imagen: vl1k5UJ.png]

— En su lugar obtuvo varios brazos por la araña, la cola de un cocodrilo, las patas de un águila y la cabeza de un jabalí. Puede parecerte en parte ridículo, pero es bastante potente cuerpo a cuerpo — sus palabras no pasaron inadvertidas mientras el duo paseaba por el nivel uno de Impel Down, dirección a las escaleras de servicio, para poder seguir descendiendo, mientras observaban todo el panorama presente. Los cientos de presos teniendo que correr para esquivar las balas de los guardias mientras esa enorme bestia los observaba en silencio esperando a que alguien dejase de moverse para acabar con él con su enorme maza a cuatro manos. Era un lugar en el que te atormentaban cada segundo hasta el final de tus días.

[Imagen: BW1EmWZ.png]




— N I V E L   2 —

Cuando descendieron al siguiente nivel y accedieron a él, un lugar sobrio tranquilo y con una reducción de ruido y de gritos considerable, El Puño señaló un enorme agujero que había en el techo de ese sitio — Esa es la única forma de escapar de esa mierda — puntualizó — Pero nadie en su sano juicio querría descender un nivel más en esta cárcel... verás, ahora estamos en el nivel dos, y a este lugar se le conoce como el infierno de las bestias salvajes — justo con esas palabras un alarido de dolor seguido de los ruidos de una bestia desconocida llenaron el eco del lugar. El Puño y su acompañante caminaban por la zona segura de los guardias, unas pasarelas superiores desde las que podían acceder a ver todo el nivel por completo y que los llevaba directamente hacia la enorme puerta que conducía a la escalera de caracol para llegar al nivel tres — En este sitio está Quimesaru... es ese de ahí — dijo, señalando con discreción de nuevo a un gran mono redondo que saltaba por encima de las criaturas que desfilaban por los pasillos buscando a quien se atreviese a estar fuera para devorarlo — Un brazos largos que intentó obtener los brazos de un simio y las cuchillas de una mantis por manos, con la piel de un pez globo y la potencia en las piernas de un saltamontes... — hizo una pequeña pausa y negó con la cabeza — Le salió casi bien. Más que la potencia de un saltamontes obtuvo directamente sus patas, y de la mantis obtuvo los brazos enteros. Del mono sólo le quedó la cabeza y del pez globo, en lugar de la piel, obtuvo ese cuerpo redondo y hueco lleno de aire. Es ligero, salta mucho, y tiene fuerza en esas cuchillas para rajar a cualquiera — mientras decía eso, Quimesaru agitaba sus guadañas al aire entre salto y salto

[Imagen: UO0aTZ7.png]

La escena mientras se dirigían al nivel tres era grotesca, un sin fin de bestias distintas vagaban por el pasillo de la zona tratando de devorar no sólo a los que se atrevían a intentar salir de sus celdas - que tenían poca seguridad a propósito para que lo intentaran - si no a los que se acercaban a las rejas y tenían la mala fortuna de asomar algún miembro. Eran una jauría distópica, incoherente pero extrañamente coordinada mínimamente por los gritos y la presencia de ese carcelero extraño. Desde luego, el contraste de tener que estar corriendo todo el rato en el nivel uno y estarte cortando con el acero sembrado por doquier, en comparación con este nivel en el que tenías que estar preso y acinado en los pequeños hoyos de la pared, sin poder salir o estirarte sin tener el riesgo de morir devorado era considerable.
Un destino peor, vivir comprimido y apretujado para evitar ser devorado. Más que dolor, miedo constante.

[Imagen: tYkQxSH.png]




— N I V E L   3 —

Habiendo dejado esa particular procesión grotesca, nuestro dúo llegó a la gran puerta gigante de doble hoja, que fue abierta por unos guardias que controlaban vía Den Den Mushi la zona y les permitió pasar a las escaleras de caracol que daban paso al nivel tres. Un lugar en el que el calor comenzaba a hacer mella en ellos y a hacerlos sudar poco a poco — Ufff el nivel tres... me suda todo — dijo El Puño y volvió a mirar con picardía a su compañero — Eso dijo ella — y ahí no pudo evitar reír un poco — Qiqiqiqiqi y además de verdad — entonces fue cuando advirtieron de lleno el desierto de cenizas que había en el lugar.
— Este lugar se conoce como el infierno desértico y está a cargo de Quimeraku. Según mis fuentes aunque era un tontatta se le ve bastante bien porque es un sádico con una filia por los cadáveres y recolecta las calaveras de los muertos y está siempre sobre ellas... ¡ahí! — dijo finalmente cuando terminó de localizarlo en aquel páramo desértico, señalando a una gran babosa sobre una montaña de cráneos — En mi opinión a este es al que más putada le ha tocado qiqiqiqi, quería el cuerpo de un camello, las patas de un león, la cabeza de un tiburón, el caparazón de un caracol y las alas de un ave, y... bueno, míralo — dijo con cierto toque de pena y de risa mal disimulada

[Imagen: DKD2SvK.png]

— Cuerpo de caracol, jorobas y cabeza de camello, el pelo de un león, la cola de un loro y esa cresta de tiburón en la cabeza... Al menos conservó las manos, pero no te dejes engañar por su aspecto. Si custodia el nivel tres, significa que es más fuerte que los dos anteriores — no pudo evitar tener una risita, mientras se secaba el sudor de la frente con la mano, caminando ambos por el desierto compuesto por las cenizas de los que morían aquí de hambre. Un lugar en el que el calor del piso de abajo se filtraba y daba lugar a vivir literalmente dentro de un horno que te consumía poco a poco y te drenaba las fuerzas y las ganas de vivir por igual. Repartían poca comida y sobrevivir era un acto más de voluntad que de posibilidades. El único peligro aquí era simplemente estar, y Quimeraku disfrutaba con el languidecer de los presentes.
Finalmente dieron paso a las escaleras de servicio nuevamente, para acceder al nivel cuatro, el que estaban buscando.

[Imagen: pGJ8LIL.png]




— N I V E L   4 —

Al llegar al nivel cuatro el calor era insoportable lo mirases por donde lo mirases. Un lugar gobernado por aquella enorme olla de sangre hirviendo en la que se torturaba a los presos metiéndolos en ella y quemándoles todo el cuerpo sin miramiento ni sutileza ninguna. Y en este lugar era donde estaba Yojimbo.
— El infierno ardiente... y no por nada. De ese agujero del techo caen los del nivel tres, directos a la olla — dijo El Puño y señaló a un guardia que estaba al fondo de la habitación, como única persona fuera de las celdas en ese lugar, con la espalda pegada a la pared — Ese es Quimesaso, el guardia de este nivel. En mi opinión, de los que mejor parados salieron — el hombre que señalaba era un apuesto varón humano, con piernas de conejo, brazos de tigre y una extraña coleta

[Imagen: mbtfa2u.png]

— Dicen que buscaba el cuerpo de un tigre y las orejas de un conejo para tener potencia y super oído, y la cola de un escorpión que hiciera el trabajo sucio, pero míralo... y aun así, ni tan mal — hizo una pausa para quitarse la gorra y limpiarse el sudor de la calva — Las piernas de conejo le dan la capacidad de desplazarse por este nivel de un salto de un lado a otro, los brazos de tigre le dan la potencia para luchar cuerpo a cuerpo de forma brutal, y esa coleta no es pelo, es la cola del escorpión que te mencioné. Un picotazo y estás fuera. Es bastante más peligroso que los demás juntos... no me extraña que vigile esta zona — continuaron caminando por las pasarelas que había por la zona mientras buscaba con la mirada a Yojimbo — Me pregunto qué esconderá en la espalda, dicen que nunca nadie se la ha visto... — dijo El Puño mientras trataba de localizar a Yojimbo, cuando de pronto abrió los ojos de par en par.

[Imagen: J7AU7eW.png]




— C E L D A  D E  YO J I M B O —


Tras unos pocos minutos en los que el sudor llenó el cuerpo de los dos infiltrados en la prisión, dieron con el paradero del heredero de Skypiea, el anterior capitán de los Alas Negras, Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero. Sentado en su celda con desesperación y una pizca de locura, hablando con un caracol que estaba en los barrotes de su cómoda y confortable estancia. Tenía el uniforme de la prisión destrozado, el cabello muchísimo más largo que cuando le capturaron y estaba bien agarrado con cadenas que obviamente eran de Kairoseki para evitar que usase sus poderes. Aun así se le veía en forma, más delgado que antes pero con los músculos más compactos y definidos, claramente por la desnutrición del lugar pero por haber querido seguir manteniendo un entrenamiento para conservar el cuerpo físicamente apto para no ser quebrantable con facilidad — ¡Ahí está nuestro chico! — dijo El Puño acelerando el paso para llegar cuanto antes a la celda del hombre que habían venido a buscar apurando a su compañero para que le acompañase — Espero que estés listo porque vamos a tener que hacerlo rápido —

[Imagen: KKI177D.png]

Cuando ambos llegaron frente a las rejas, El Puño pareció emocionarse más de la cuenta al estar frente a ese prisionero agarrando los barrotes con las manos y dirigiéndose a él directamente — ¡Yoji! ¡Mírate, cuánto has crecido! ¡Estás enorme! ¡¡Y muy fuerte!! ¡Y además eres muy guapo! Qiqiqiqi Te pareces muchísimo a tu padre ¿sabes? Me alegra ver que sigues de una pieza, vamos a sacarte de aquí así que apártate un poco... puede que estés algo confundido pero puedes confiar en nosotros ¡soy yo! ¡Soy... — y tocó su rostro con sus dos meñiques, uno a cada lado del cráneo, simultáneamente.

El sonido de una pompa de jabón reventando resonó haciendo eco por el nivel cuatro de Impel Down.






Info
  Responder
#5
— ¡Yoji! ¡Mírate, cuánto has crecido! ¡Estás enorme! ¡¡Y muy fuerte!! ¡Y además eres muy guapo! Qiqiqiqi Te pareces muchísimo a tu padre ¿sabes? Me alegra ver que sigues de una pieza, vamos a sacarte de aquí así que apártate un poco... puede que estés algo confundido pero puedes confiar en nosotros ¡soy yo! ¡Soy... — y tocó su rostro con sus dos meñiques, uno a cada lado del cráneo, simultáneamente.

El sonido de una pompa de jabón reventando resonó haciendo eco por el nivel cuatro de Impel Down.

— ¡Soy papá! —




Donde antes estaba ese hombre humano calvo con cara de tonto y vestido como un guardia de Impel Down, apareció de golpe con el sonido de esa pompa explotando un enorme lunarian de seis metros, con unas alas enormes extendidas completamente de par en par a los lados. Con un cuerpo muy trabajado físicamente, con músculos enormes, muy atractivo y con una sonrisa seductora. Llevaba los ojos vendados con un trapo blanco con un gran ojo rojo dibujado en medio. Vestía un kimono blanco con un cinturón negro, abierto en el pecho mostrando parte de los abdominales y calzaba unas sandalias getta de madera oscura.

Él era Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo, el padre de nuestro Yojimbo, una de las Manos del ejército Revolucionario conocido como El Puño por su brutalidad, y el verdadero Rey de Skypiea.

[Imagen: e9VvA0K.png]

— No sé si te acordarás de mi, e imagino que tendrás un montón de preguntas y que estarás confundido, pero ya habrá tiempo de hablar de todo esto. ¿Te acuerdas de él? — preguntó moviendo el brazo a un lado para señalar a su compañero infiltrado — Iba a venir a rescatarte él sólo qiqiqiqiqi ¡Para eso hay que tener la polla muy gorda! — dijo de forma soez, sin controlar el tono de su voz y alertando al guardia Quimesaso — ¡Y eso dijo ella! ¡¡QIQIQIQIQIQI!! — rio de forma descontrolada y despreocupada el enorme lunarian, ignorando que el guardia se acercaba haciendo geppo volando por el aire hacia él, para atacarle con el aguijón en ristre. Entonces Yojimbo padre agarró las rejas de la celda de la prisión de su hijo con sus dos manos y la arrancó de cuajo con un poderoso tirón, llevándose los ladrillos a los lados de esta consigo y haciendo que el caracol cayese al suelo al interior de la celda, con Yojimbo hijo.

Girando sobre si mismo, El Puño, pese a tener los ojos tapados, lanzó la reja al carcelero que estaba a punto de impactarle con su aguijón cortando de lleno su desplazamiento y lanzándolo con una fuerza increíble contra la pared contraria, estrellando al guardia contra el muro y aplastándolo un poco con aquella reja.
En ese mismo momento, las señales de alarma y de alerta de los Den Den Mushi cámara empezaron a sonar por toda la prisión — ¡Bien! — dijo, crujiéndose los puños y extendiendo las alas de par en par listo y motivado para la pelea — Yo me encargo de esa quimera y de los guardias que vayan viniendo. Encárgate de soltarle las cadenas y nos largamos de aquí, Su Majestad — y con esas palabras se lanzó hacia delante, volando, agitando sus poderosas alas mientras los presos de la prisión comenzaban a gritar y a golpear sus celdas entendiendo que algo inaudito estaba pasando.
La reja de la celda cayó y el guardia Quimesaso se recompuso, saltando para encontrarse aéreamente con Yojimbo padre en el centro de la habitación sobre el caldero, listo para pelear.





Info
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 22274 + 0 = 22274
Energia: 12945 - 419 = 12526
Espiritu: 4950 + 0 = 4950
#6
Plantado frente aquella colosal celda, brazos en jarra, observaba con detenimiento los gruesos y desgastados barrotes, oscuros como el tizón, que penetraban la dura roca de la pared. Paradójicamente, habitar dentro de una de esas celdas se me antojaba una salvación, un lugar donde resguardarse de los peligros con los que nos habíamos estado topando durante el tedioso descenso al infierno. En aquel nivel de la prisión el calor era sofocante, lo que provocaba que pequeñas perlas de sudor comenzasen a formarse en rincones inimaginables de mi hermoso cuerpo. El pelo postizo comenzaba a perder su forma y a arremolinarse en mi frente, y la ropa me resultaba cada vez más y más molesta.
   
—Vivir aquí tiene que estropear muchísimo el cutis— le dije a mi acompañante al alcanzar la celda de Yojimbo, abanicándome con la diestra. Fue con esa misma mano con la que aferré el enganche de la corbata, a la altura del cuello, y lo desabroché, dejando que el fino trozo de tela se deslizase por delante de mí y callese frente mis botas.
  
Di un par de pasos hacia delante. El olor allí abajo era denso, rancio, carente de glamour. El silencio sepulcral se fusionaba con gritos distantes y el borboteo de la enorme cazuela de barro. Mientras caminaba, crucé mis brazos por delante del torso, deslizando mis manos por el blanco uniforme hasta alcanzar al dobladillo inferior de la camisa. La aferré y tiré de ella hacia arriba, lentamente, mostrando parte de un vientre definido y ligeramente bronceado. Continué tirando de la prenda hasta que cubrió mi rostro. Cuando acabé de sacar la camisa por la cabeza, revelando de nuevo mi cara, esta había cambiado drásticamente: la peluca de pelo rubio se había desprendido, al igual que las gruesas cejas y las facciones toscas y bobaliconas que había maquillado sobre las mías propias. Ahora mi pelo recobraba su tono verdoso, a juego con unos labios carnosos y brillantes pintados de verde oscuro.
  
Whats-App-Image-2026-06-12-at-21-00-53
  
Mi mirada, sarcástica y acentuada por un potente eyeliner negro, pasó de mi compañero, cuyo aspecto real era el de un colosal y atractivo lunarian, al interior de la oquedad rocosa que actuaba como celda del capitán. Agarré con fuerza los pantalones, remanente de aquel horrible uniforme, y tiré con fuerza para rasgarlos y desprenderme de ellos. Ahora lucía un conjunto morado de chaqueta y pantalón, con un potente escote en forma de corazón y cuello alto, bordados ambos en dorado.
  
—Siento la espera, marichocho-– comenté mientras sacudía mi pelo en un gesto grácil y elegante. Seguía observando el entorno, con una mezcla de asombro y asco–. Cuanta inmundicia, mi presencia aquí es como el descenso de un ángel a los infiernos, una especie de espejismo divino, ¿no crees? —Pero el enternecedor y sumamente atractivo reencuentro entre Yojimbo guapo y Yojimbo todavía aún más guapo debía esperar; las alarmas comenzaron a sonar, ya estábamos en el punto de mira—. Agh, y todavía no he podido retocarme el maquillaje…en fin— espolsé de mi hombro el polvo que había caído sobre él durante el lanzamiento de la reja de la celda de Yojimbo: acababa de presenciar una demostración del porqué del mote “El Puño”. Introduje la mano en uno de mis bolsillos y extraje un pequeño Den den Mushi, rosado y brillante—. Sí, sí, tú déjamelo a mí —abaniqué el aire con la mano, restando importancia a las palabras de El Puño.
  
Me aproximé a Yojimbo hijo y posé una mano sobre su hombro, mientras que con la diestra mantenía el Den Den cerca del oído. Las enormes cadenas que aferraban los miembros del capitán desprendían una energía desagradable que me repelía de forma inconsciente.
  
—¿Triana?¿Tri…? Ay tía, si, cuánto tiempo, ¿Cómo te va? Siempre decimos de quedar y al final nada. Bueno…sí…sí…¿qué dices? ¿Y has visto tu foto del periódico? Menudo cul... Espera un segundo, luego me lo cuentas. Estoy aquí en Impel Down… no marichocho, ¿cómo voy a estar aquí dando un concierto? He venido a rescatar al capi… No, no estoy solo. Osea, PODRÍA haberlo hecho solo pero ha venido conmigo su padre… ¿Qué padre? El de Yojimbo, ¿Quién va a ser? ¿Te acabas de despertar o es que estás borracha?
  
Mientras contactaba con los Alas Negras para informar de lo que estaba sucediendo, le dediqué una larga mirada a Yojimbo, como queriéndole decir que nos íbamos a ir de allí juntos, que regresaríamos a los mares, que volveríamos con la banda, y que yo iba a ser su navegante.
...

Info
[Imagen: rvCfBMF.png]

❝

¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



  Responder
#7
El espíritu viajaba más lejos que la vista, pues aunque mi mirada estuviera clavada en los barrotes de la celda que me contenía, mi alma en algún momento había inundado cada rincón de este nivel. Podía sentir las emociones de cada uno de los presos que me rodeaban, de la gente que ardía en el caldero, incluso notaba sus almas debilitarse lentamente hasta que dejaba de sentirlas, y aun así lo que pasó a continuación no lo vi venir. Aun con la mirada perdida, algo llamó potencialmente mi atención, algo tan sorprendente que me devolvió con fuerza al mundo real.
Parpadeé perplejo un par de veces y, boquiabierto, me acerqué un poco a los barrotes de la celda. Poco a poco, la vista se me iba aclarando hasta que mi vista y mi mente se pusieron de acuerdo para, efectivamente, confirmar que lo que estaba viendo era justo lo que pensaba que había visto.

Un caracol.

Volví a parpadear con al boca aún más abierta, ¿qué diablos hacía un maldito caracol aquí? Me quedé unos segundos mirándolo fijamente y parecía que esa cosa también me miraba a mí, pero con una intensidad grandísima, como si quisiera leerme la mente. Los pelos de mis brazos se erizaron al imaginarme aquella bestia diminuta metiéndose por mi nariz e infectándome el cerebro para controlarme como un autómata. Giré la cabeza de lado a lado con fuerza para quitarme ese pensamiento de mi mente y lo volví a mirar, ahora con gran parte de mi largo cabello tapándome el rostro. Tras unos pocos segundos de tensión, pasó, de nuevo, algo excepcional: ese caracol comenzó a mover la boca y emitió una serie de sonidos que formaban palabras, y esas palabras formaron una frase. Con la mano derecha despejé los pelos de mi cara para poder verlo mejor. Ya me había topado con varios de esos seres en el pasado y no había visto hablar a ninguno… ¿Acaso este caracol era el único caracol que podía hablar o es que todos los caracoles hablaban pero no solían hacerlo? No tenía ni la más mínima pista; lo único que tenía claro era que esa cosa sabía mi nombre y que me había ofrecido su ayuda.

-¡¡AH!! -grité en seco, tan asustado como sorprendido mientras retrocedía hasta pegarme a la pared del fondo de mi celda, a causa de la sorpresa. Llevé mi mano a la garganta y la carraspeé para aclarar mi voz, ya que hacía bastante tiempo que no mantenía una conversación con nadie y me dispuse a contestarle mientras me acercaba de nuevo a los barrotes. -Espero que no seas producto de mi imaginación y que de verdad seas un caracol mágico y salvador, así que si puedes ayudarme, hazlo cagando hostias pero ya.

Estaba realmente desesperado y si esa puta cosa babosa y gangosa podía sacarme de aquí, por muy loco que sonase, confiaría en ella mi vida.

Si antes me sentía ansioso, ahora notaba dentro de mi cuerpo auténticos nervios, puede que todo esto fuera producto de mi mente debilitada, pero no podía permitirme el lujo de desaprovechar cualquier intento de salir de allí. Cuando pude controlar mi respiración y comencé a serenarme, noté dos presencias que no habían pisado nunca este nivel. Uno de ellos tenía un aura especialmente floja, y el otro tenía una presencia mucho más… notable, parecida en intensidad a la del conejo que le cortó un brazo a Tobias. Me puse en pie todo lo rápido que pude, haciendo que mis cadenas chocaran contra la piedra y emitieran un sonoro crujido. Fruncí el ceño y esperé; parecía que se iban acercando cada vez más, así que debía estar listo para lo que fuera. Esas dos presencias no tardaron mucho en llegar a mi celda; parecían ser guardias de la prisión. Apreté los puños y pensé en la ofensiva, en cuanto uno de ellos estuviera lo suficientemente cerca, le metería un golpe tan fuerte que le volaría la cabeza, agarraría su uniforme y buscaría en él las llaves para salir de aquí.

El más pusilánime de los dos, que también parecía el más animado, se acercó a los barrotes, los agarró y me empezó a hablar con energía y con una familiaridad muy extraña. Parecía que me conocía de toda la vida, me llamó “Yoji” con cierto cariño en su voz, me dijo que había crecido mucho y que me parecía mucho a mi padre. ¿Qué padre? ¿El que era el Rey de Skypiea y me abandonó o el que me crió y me enseñó a soñar en grande? Tras esto me dijo que me iban a sacar de aquí, así que supuse que serían compinches del caracol mágico, y que retrocediera. Confundido obedecí y desandé dos pasos, acercándome a la pared trasera de la celda. Entonces ocurrió algo que me heló la sangre. Aquel señor de cabeza matemáticamente limpia, perfecta y sin imperfecciones, reveló, que él era…



-¡¿PAPÁ?! -grité atónito en cuanto mostró su verdadero rostro y reveló que él era mi padre. Ese tío parecía ser un Mord como yo, pero más alto incluso y bastante impresionante. Desprendía un aura imposible de medir, al menos para mí, y tenía tanta energía en sus palabras que era abrumador. ¿Cómo ese hombre sin pelo se había transformado en mi padre? Seguramente fuera el efecto de alguna Fruta del Diablo.

Tras esta gran revelación, dijo que quizá no me acordara de él y que quizá tenía muchas preguntas que hacer. Enmudecí; no sabía ni por dónde empezar. Si de verdad era mi padre y si de verdad conseguíamos salir de aquí, le metería un Tierra Dorada en toda la jeta por haberme abandonado, eso lo primero. Aún estaba ordenando mis pensamientos e intentando ordenar mis emociones cuando me comentó que sí recordaba al chico que lo acompañaba, su compañero rubio y desagradable. Negué con la cabeza sin poder decir ni una sola palabra. Por lo visto, su misterioso acompañante iba a venir a rescatarme él solo y, parafraseando a mi padre, hacer eso era de tener una polla bien gorda; eso dijo ella. Era la primera vez que escuché un chiste así de bueno, ¿se le habría ocurrido a él solo? Hacía tanto tiempo que nadie me gastaba una broma y el chiste era tan perfecto que no pude evitar reírme, y su risa junto a la mía se fusionaron en una sola.

-¡¡KIKIKIKIKIKI!!

Pero entonces cuando el ambiente parecía haberse relajado, noté en la lejanía cómo la bestia que custodiaba ese nivel de la prisión se acercaba con hostilidad hacia nuestra posición.

-¡CUIDAD…! ¡¡HOSTIA PUTA!! -grité sorprendido cuando el bruto de mi padre arrancaba la reja que me mantenía encadenado con relativa facilidad, junto con parte de la pared, y se la lanzaba a la bestia que venía a por nosotros. El impacto con parte de la celda empotró a esa cosa contra un muro y acto seguido nos dijo a los tres que quedábamos ahí, que él se encargaba de los guardias, que me quitaran las cadenas y que nos largaríamos de allí. Me parecía el plan perfecto, que compensara los años de ausencia.

En cuanto se fue volando, su compañero comenzó a hablar y dijo que vivir en este lugar tenía que estropear muchísimo el cutis, que a saber qué era eso del cutis. Su voz me resultaba familiar, pero en ese momento tenía tantos estímulos que era incapaz de concentrarme del todo en nada. A continuación se empezó a desnudar, con suavidad y elegancia, sabiendo en todo momento lo que estaba haciendo y entonces me miró sin su disfraz. Inmediatamente mi boca se abrió varias veces la mitad de mi rostro, formando un óvalo, las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos como cascadas y los mocos cayeron de mi nariz de forma grotesca. Los ojos que estaban generando un río de lágrimas se cerraron con tanta fuerza que se generaron a su alrededor arrugas que antes no estaban. ¡Era él! ¡Era Aspros! ¡La definición de amistad! ¡EL NAKAMA! Este tío vino desde aquella isla en la que se quedó para sacarme de aquí, y aunque se encontrara con mi padre de camino, iba a venir solo. ¡¡¡¡SOLO!!!! La última vez que lo vi le dije que la próxima vez que nos viéramos más le valía que trajera un tesoro bajo el brazo y me ha traído el más valioso de todos. ¡¡La posibilidad de ser libre!!

-AaAaAsPrOsSs… - Caí de rodillas y solo podía llorar y hablar entre sollozos. Entonces se acercó a mí, apoyó su mano izquierda sobre mi hombro mientras que con la derecha descolgaba un Den Den Mushi y comenzaba a hablar con… ¡¿Triana?! Agité la cabeza con fuerza para secar mis lágrimas y para que los mocos salieran volando, y en cuanto terminó de hablar, grité para que me escuchara a través de su Den Den Mushi.

-¡TRIANA VIEJA BRUJA! ¡VAMOS A SALIR DE AQUÍ, NI SE OS OCURRA VENIR A BUSCARME!

Lo último que quería era que algo les saliera mal y terminaran ellos también encarcelados, aunque en el fondo sabía que iban a hacer lo que les diera la gana. Tras esto, Aspros se me quedó mirando, le sonreí cerrando los ojos y entendí que el mejor navegante del mundo volvía a la tripulación.
-¡Aspros estás fatal de la puta cabeza! ¡¡Kikikiki!! Escúchame, ¿el caracol que habla es tuyo o de mi padre? -dije mientras lo señalaba con la cabeza y hacía fuerza con los brazos para intentar desencajar las cadenas de la pared.

Hoy había vuelto a nacer.

INFO
  Responder
#8

—Poz clado que ezito, tupio. ¿Pod quién me tomaz? Ezaz fuedon miz últimaz palabdaz antez de que un pad de abuafieztaz noz intedumpieran. Qué cazuaida, ahoda que yo me acedcaba a Yojimbo, todoz quedían zer zuz amigoz… Qué opodtunoz. Habdaban muzo. Uno de elloz adancó la deja zin cuidado. Yo zoy muy aztuto, y acabé pdemeditadamente dentdo de la ceda de Yojimbo. ¿Cdeíaz que me bía caído? Todo eztaba inteigentemente caculado. ¿Acazo lo dudabaz, tupio? Nada paza zin que yo lo tenga pdevizto. El zeñor dezía zer zu pade. Me lo cdreo. No bía duda. Edan zuz mizmoz dientez, y lo dientez no mientían. Pedo el guadia vino a pod nozotdoz. Bueno. A pod elloz. Yo zolo eda un cadacol que pazaba pod ahí. No zé de qué me hablaz. Ezo ez lo que didía zi me atapadan. ¿A que zoy inteigente? Lo tengo penzado pod zi acazo.

En fin. La otda pedzona ze llamaba Azpdoz, o al menoz ezo tendí entde tantoz gditoz. Pod zi no te habíaz entedado, loz doz bían pazado dezapecibidoz con un dizfdaz. Yo lo zupe podque zoy muy lizto, y podque Yojimbo lez deconoció en cuanto ze lo quitadon. Muy aztuto pod zu pate, pedo no muto. Podque nadie ze había pedcatado de mi pdecencia. Tienen zuedte de que yo no zea zu nemigo. Zi no, tarían en zerioz pdoblemaz. En fin. Azí de fuedte zoy.

Depté hazta donde eztaba encadenado Yojimbo. Azpdoz ze había puezto a zu lado. Ze zuponía que quedía libedadle, pedo ze notaba que taba un un poco vede en ezto. —Zi no te impdta… — dije apaeciendo entde amboz con mi fodma zemi humana. Ya bían blablado lo zuficifiente. — Eztaba intentando zacar a Yojimbo antez de que noz moleztáraiz. 

Zi. Con mi fodma zemi humana ze me veía muto mejod. Zeguía teniendo mi capadazón y miz antenaz de loz ojoz puntaban a loz doz al mizmo tiempo. Pada haced baba, moví loz tentáculoz de mi boca y pdepadé muto moco. Yojimbo eda muy gande. —Mida y apdende, tupio. Azí ez cómo ze haze—. No podía blar muto podque ze me caía la baba y la nezezitaba. Le agadé del bdazo a Yojimbo y pegué miz labioz babozoz en zu piel ozcura ciendo ventoza, y habiendo zegregado miz fluidoz poderozoz, le empapé con mi zaliva. Cuando tedminé con zu brazo zeguí con el otdo, dezpuéz con zu tobillo dedecho y luego con el iquiedo. Eztaba muy canzado podque zuz cadenaz taban cedca y ze zentían poderozaz. Pedo como puedez ver, nada eda máz poderozo que yo. — Pod cudiozidad, ¿hace cuánto no te baniaz? Da igua. No quiedo zaberlo, madano. Ya puedez zoltadte.

INFO
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 810 + 0 = 810
Energia: 745 - 103 = 642
Espiritu: 150 + 0 = 150
#9

Las alarmas no dejaban de sonar en todo el nivel, y seguramente en todos los anteriores. Los Dendenmushi del techo y las paredes tenían los ojos abiertos de sobremanera y no perdían detalle de lo que estaba pasando, y para colmo, los presos del nivel estaban todos nerviosos agitando las celdas, golpeando los barrotes, y bramando a todo volumen que los sacasen de ahí. Ciertamente liberarlos haría que el personal de la prisión no fuese a estar sólo dedicándose a acabar con nosotros tres... y el niño caracol. Así que no era una mala idea del todo perder algo de tiempo para soltarlos con tal de que eso supusiera mas posibilidades para escapar de aqui.

[Imagen: TUJGNQv.png]

Sobrevolando aquel infierno el guardia conocido como Quimesaso se lanzaba hacia mi, impactando ambos sobre aquel caldero de sangre hirviendo frenando nuestros avances mutuamente con el peso de nuestros cuerpos y nuestros ataques. El guardia trató de pincharme con su coleta aguijón, algo que preví con mi Kenbunshoku y esquivé moviendo a un lado la cabeza y agarrándola con mi otra mano libre comenzando a girar sobre mi mismo dándome impulso con mis alas y balanceando en círculos a aquella abominación que sólo gritaba y gruñía de forma animal — ¡Daos prisa! ¡Pronto vendrán más! — grité mientras lanzaba de nuevo a aquel monstruo contra la pared en la que había impactado antes, creando unas grietas aun mayores. Tras un poderoso aleteo para mantenerme en esa altura, me precipité volando hacia él aprovechando que aun estaba conmocionado por el golpe. El impacto de mi cuerpo, con los puños por delante contra su estómago, fue tan fuerte que hizo que la quimera escupiese sangre y abriese los ojos de par en par, y pude escuchar el tintineo metálico de un manojo de llaves en su cintura. Lo agarré con la mano derecha mientras me mantenía bloqueando el paso de ese monstruo con mi cuerpo, y me giré levemente para lanzar aquellas llaves hacia donde estaba mi hijo — ¡Liberad a tantos como podáis! — grité, por encima de todos los ruidos y rugidos del lugar, haciendo que los presos redoblasen sus ruidos para ser seleccionados, implorando y rogando que los sacasen de ahí.

En ese momento, Quimesaso volvió en si y tras hinchar mucho los músculos de sus piernas de conejo me placó con todo su cuerpo y peso para precipitarnos ambos al interior del caldero de sangre hirviendo, desapareciendo de la vista de todos mientras las alarmas no dejaban de sonar...


Info
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 22274 + 0 = 22274
Energia: 12526 + 0 = 12526
Espiritu: 4950 - 80 = 4870
#10



Mientras tanto.
En la entrada de la prisión

— ¡Todos rápido a formar-ton! — gritó el pequeño Vicealcaide de la prisión — Estamos ante un criminal de nivel seis ¡no quiero ningún error! Los Guardias Infernales sólo van a poder ralentizarlo un poco... — entonces se colocó al lado de un Den Den Mushi que descolgó rápido y empezó a hablar — ¡Señor! — dijo con firmeza — ¡No se preocupe, yo mismo me encargaré de que todo se solucione-ton! ¿Eh? Si... si... claro, está aquí... Si, si, están en movimiento-ton todas las tropas movilizadas y organizadas señor... Si señor yo doy el aviso... ¿que diga qué? — los ojos del Vicealcaide se abrieron como platos — Pero señor eso reflejaría que — dudó, pero fue interrumpido de golpe haciendo que un escalofrío recorriese su espalda — ¡No señor! ¡Ninguna excusa señor! — rectificó, y volvió a recibir instrucciones por el otro lado de la linea — ¿Su... colaboración? — entonces empezó a sudar visiblemente — Pero señor sabe que odio tratar con él, no me respe... ¡Si señor! ¡Ninguna excusa señor! ¡Me pongo a ello señor! — y colgó el Den Den Mushi, suspirando pesadamente y agitando la cabeza en negación. Pareciera que las órdenes que le acababan de dar pasaban por tener que abrazar al mismísimo diablo o algo parecido, porque el terror en la cara del Vicealcaide era inmenso y mientras se dirigía a un Den Den Mushi mucho más grande su expresión confesaba una preocupación sin precedentes.
Allí, descolgó un Den Den Mushi muy anciano y mucho más grande que uno promedio y cogiendo una buena bocanada de aire, gritó

[Imagen: FGfr2uB.png]

— ¡Aquí el Vicealcaide Vangeance! ¡Por orden del Alcaide Imsiul Kano todos los Guardias Infernales, los Bombarbells y las tropas efectivas deberán dirigirse al nivel cuatro de la prisión. Hay un... — dudó por un instante, mordiéndose es labio y forzándose a decir las siguientes palabras contar su propia voluntad — ¡Hay un intento de fuga! — colgó el den den mushi, visiblemente molesto y se secó el sudor de la frente con un trapo.
Entonces giró sobre si mismo y un soldado se cuadró frente a él para darle un reporte que ignoró por completo, saltó de aquella mesa y lo agarró por las mejillas mirándole directamente sobre unos de sus dos ojos.

— ¡¡¿¿DONDE DIABLOS ESTÁ AOYAGI??!! —





Durante la batalla de Yojimbo y Quimesaso.
En el nivel 5 de Impel Down

La grieta que se había creado con ese segundo impacto de Yojimbo padre contra Quimesaso hizo que la prisión se sacudiera entre los niveles cuatro y cinco, haciendo que esta creciese hasta una de las celdas más altas y más grandes de todo el nivel cinco.
Él era un prisionero con una recompensa como para estar en el nivel cuatro, si, pero su tamaño hacía que las condiciones de su cautiverio necesitasen de espacios adaptados especiales, y por ello estaba en el nivel cinco, de todos, uno de los que más tamaño albergaba y con mejores instalaciones para contener individuos de su envergadura.
La grieta asomó por la pared por la que las rejas de la celda se acoplaban a esta, y la separó ligeramente, y fue el único indicio que necesitó para saber que esta era su oportunidad.
No sabía qué estaba pasando ahí arriba, no tenía ni idea de por qué había este revuelo o por qué sonaban estas alarmas, ya que era algo que jamás se había escuchado en ninguno de los muchos años que llevaba en esta cárcel.

En ese momento la voz del Vicealcaide resonó por los intercomunicadores, y el implacable y sádico QuimePengin comenzó a abandonar el nivel de la prisión deslizándose por el hielo con suma velocidad al recibir aquellas órdenes. Era la primera oportunidad que había podido presenciar, de todo el tiempo que llevaba ahí y pensaba aprovecharla a como diera lugar.
Aquel coloso introdujo su mano derecha con un fuerte impacto frontal con los dedos extendidos y agrandó aquella grieta lo suficiente como para poder introducir su mano, y entonces comenzó a ejercer fuerza, consiguiendo arrancar la celda de la prisión. Resopló y gruño con sequedad antes de emerger al exterior y poder por fin estirar las piernas y la columna.

[Imagen: AMl2GzH.png]

Cuando se incorporó, su tamaño proyectó una sombra sobre las celdas de los demás y por un momento, se hizo la noche.





En ese momento.
En los cuarteles de la tropa.

Un ritmo de un golpe seco de tambor y el sonido de una palmada alternándose en una estructura de cuatro por cuatro sonaba tímidamente en la habitación. Pese a ser inicialmente un par de despachos, la pared que los separaba había sido derribada y se había creado una habitación más grande. Una gran loneta cubría tres cuartos del suelo, y un gran panel montado sobre ruedas estaba en una de las paredes de la estancia. Enfrente de esta, una ventana que daba al puerto. Las dos paredes restantes a ambos extremos de la habitación tenían - una de ellas - la puerta de entrada y - la otra - una gran mesa con papeles.
El cuadro de los allí presentes parecía completamente fuera de sentido común con el caos de la prisión, sin prisa ni preocupaciones: Un anciano con larga barba blanca agitaba un bote de spray frente al panel con ruedas. Un hombre de cabello y barba coral abría y cerraba un zipo con el que solía fumar, acompañando al ritmo presente, apoyado junto a la ventana. Un muchacho de cabello morado a su lado, practicaba poses de culturismo, y al lado de este, un mink felino con un humilde y pequeño equipo de sonido al lado seguía el ritmo con los ojos cerrados asintiendo con la cabeza.
En la lona del suelo, dos muchachos de torso descubierto y rostro cubierto competían haciendo bailes de breakdance el uno contra el otro, y al fondo de la habitación, de pie apoyado contra ese gran escritorio, un hombre cabizbajo chascaba los dedos de su mano al ritmo de la música. A su lado, un saco con diez espadas de distinta índole y tipo.
— I wanna... — murmuraba — I wanna...— poco a poco alzaba el tono — I wanna una iguana que se llame Juana y que esté looking a comerse esta BIG DICK banana — giró sobre si mismo trescientos setenta grados y acabó con el brazo derecho elevado al aire con los dedos pulgar, índice y meñique estirados — ¡Cos yo soy the goat and tu puedes call me the god, madafaka! Y con mi TRUE POWER voy a dest... —

[Imagen: l5mqoSh.png]

La puerta de su habitación sonó con el repliqueteo de unos nudillos y todos miraron en esa dirección, parándose la música en seco.





Info
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 4 invitado(s)