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Proceso [FIC, Pasado] - Stroud Nanashi - 12-02-2026 [Año 16
Día 34 de invierno, Little Garden, Grand Line] Minutos después del intento de ataque a los Olvidados y el encuentro con Sohem.
Stroud llegó a las cercanías del Royal Quiver junto al resto de su División. Caminaba en silencio, sujetando el pequeño Den Den Mushi con su mano, esperando a que alguien descolgase del otro lado de la línea. Sin embargo, hubiera permanecido en silencio exactamente de la misma manera incluso sin la necesidad de estar efectuando una llamada. No era esa la cuestión. Sus ojos grises, oscuros, más oscuros que de costumbre, estaban como ausentes. Por una vez, no iban de un lado a otro, examinando sus alrededores casi con paranoia, sino que parecían ahogados en algo que estaba ocurriendo únicamente dentro de su cabeza, bajo el manto de atronador silencio con que se había cubierto. Frente a sus ojos aún pasaban, una y otra vez, las imágenes de lo que acababa de ver. Una pesadillesca demostración de poder que, de alguna forma, había empezado a cavar los cimientos de algo. En lugar de dirigirse hacia el navío, continuó caminando por la playa en la que estaba atracado, alejándose por la arena, mientras continuaba esperando a que alguien respondiese desde el otro lado. Debían de tener un día ocupado. Se sentó sobre una roca, colocando el Den Den Mushi junto a sí, sobre la pétrea superficie. Empezaba a atardecer. El ruido del oleaje, acompasado, lo resultaba calmante. No era alguien que gustase de recrearse en el pasado, pero, repentinamente, pensó en su infancia. No supo por qué, pero se le vinieron a la cabeza aquellas noches corriendo por los callejones más oscuros de Spider Miles, para salvar la vida, o simplemente por la paranoia de no saber si alguien iba detrás de él, o para impartir una justicia. Su propia justicia, claro. La justicia de los desamparados, de los marginales, de los que hacían lo que podían. Los momentos se le venían a la cabeza uno detrás de otro, como una proyección. Cuando (más de una vez) corrió tras un maleante enarbolando una tubería de plomo a modo de garrote, cuando unos matones le abrieron una brecha a base de golpes, cuando le quitó el pan a un ladrón para comérselo él, cuando le dislocó el hombro a un chico mayor que quería quedarse con su refugio...
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Y también recordó el momento en que, acompañado de un oficial de la Marina, llegó a la pequeña oficina de reclutamiento. Fue como entrar a un mundo nuevo. Entró con desconfianza, como uno entra a un mundo que se abre frente a él, sin saber si aquello era de fiar o no. En cuanto se abrieron las puertas, pudo contemplar el interior de la estancia. Pese a lo humilde del lugar, había algo distinto. Las paredes, inmaculadas, pintadas de blanco. Stroud jamás había visto paredes tan limpias. De hecho, jamás había visto un sitio tan bien cuidado por dentro. Sus pequeños ojos grises, fascinados, recorrieron cada rincón de la estancia. ¿Era así como vivía la gente rica? A un lado de la puerta, un soldado de la Marina se cuadró en cuanto entraron él y el oficial. Había una energía distinta que notó al instante; aquel soldado no se parecía en nada a los Marines corruptos que había visto patrullando por la isla. Incluso en lo más bajo de la jerarquía, aquel hombre parecía entregado a su deber, al honor, al respeto a sus superiores. A Stroud le pareció muy mayor, pero a duras penas debía de superar la veintena. Al fondo, sentados frente a un par de escritorios, otros dos miembros de la Marina hacían llamadas y examinaban papeles e interminables listines. Pese a estar tan ocupados, encontraron un instante para saludar cuando vieron al oficial. "Os traigo a un joven recluta," dijo el oficial, dicharachero, haciendo un ademán con el pulgar hacia Stroud. "¡Un futuro héroe!," aseguró, girándose hacia el joven Stroud. El futuro Marine frunció el ceño, pero no dijo ni una palabra; en su lugar, retrocedió un poco, ocultándose tras el enorme oficial, aún asiendo con firmeza la tubería de plomo que llevaba en la mano derecha. "Deja eso, hombre, aquí no te va a hacer falta," dijo el oficial, agachándose ligeramente y tomando el pedazo de tubería de sus manos con delicadeza. Stroud apretó los labios con rabia, pero no se quejó. "Venga, pues nombre y apellido, lugar de nacimiento..." dijo uno de los tipos de los escritorios, haciendo un ademán con la mano, como indicando que había que seguir todo el proceso habitual, un proceso que el oficial debía de conocer bien. Este se acercó al escritorio. "Me has dicho Stroud, ¿verdad? Pues Stroud, S-t-r... Eso es, justo. Y el apellido, esto... Eh... ¿Cuál es tu apellido?," inquirió, entornando los ojos. Stroud se encogió de hombros, observando al oficial. No tenía ni idea. ¿Tenía uno? Seguramente no. El oficial torció la comisura del labio, posiblemente con cierta lástima, y se inclinó sobre el escritorio, susurrando algo al oído del Marine oficinista. Este asintió y abrió un enorme listín, recorriendo sus páginas a toda velocidad. Finalmente, se detuvo en una, y pasó varios segundos buscando algo. "Pues... Redgrave. Te vamos a inscribir como Redgrave. Stroud Redgrave," afirmó el oficinista, escribiendo algo más sobre el papel y tomando nota de algo en un post-it amarillo. Pasó unos segundos en silencio, escribiendo algo frenéticamente sobre el papel. "Vaya apellido molón te ha quedado, mira qué bien," afirmó el oficial con sorna. Acto seguido, mientras el oficinista seguía tomando nota de todo, le tendió la mano con formalidad al recién nombrado como Stroud Redgrave. "Bienvenido a bordo, soldado Redgrave," dijo con solemnidad, pero con una sonrisa. Repentinamente volvió a la realidad. El continuo berep berep berep berep del Den Den Mushi se había cortado de golpe; alguien había descolgado al otro lado de la línea. "Cuarteles de la Marina, ¿con quién hablo?," preguntó una voz del otro lado. Stroud tardó un par de segundos en darse cuenta de que debía responder, durante los cuales solo se oyó estática. Estaba lento. "Contramaestre Stroud Redgrave, División 84," dijo repentinamente, volviendo en sí, "llamo desde Little Garden." "¿Qué se le ofrece, Contramaestre?," preguntó la voz del otro lado. Stroud tragó saliva. "Tengo una situación que reportar. Un error crítico por mi parte. Póngame con quien sea." Silencio. Oyó cómo el micrófono del Den Den Mushi al otro lado cambiaba de manos entre sonidos de estática, al pasárselo a algún otro oficinista. "Hola, Contramaestre, dígame," respondió una segunda voz, que aparentemente llevaba ahora la llamada, "¿es una emergencia, están en peligro?". Stroud se tomó un instante antes de responder, su voz tan monótona como de costumbre. "No, ya no," se limitó a decir. Su interlocutor quedó en silencio, como esperando a que fuese al grano. Stroud respiró hondo y recobró la compostura, dándose cuenta de que estaba demasiado disperso. "La División 84 optó por aliarse con un par de cazarrecompensas durante su paso por los Cabos Gemelos," hizo una pausa, como contemplando si profundizar en aquello, "una asociación que ha continuado hasta hoy mismo," continuó. "Poco después de llegar a Little Garden, nos establecimos en una zona segura, desde la que pudiésemos mantener cierto control sobre el terreno. Al avistar una embarcación pirata aproximándose a la costa, determinamos un punto de llegada y nos preparamos para tomarlos al asalto. El navío fue identificado como el Last Whisper, perteneciente a los conocidos como Piratas Olvidados, capitaneados por un tal Rackham Uker. Este, sin embargo, iba acompañado de quienes hemos identificado como Maki D. Zen'in y Jin Onizuka, quienes desembarcaron después." Al otro lado, su interlocutor asintió, dando a entender que la información estaba siendo recibida. "Cuando nos hemos dispuesto a efectuar su captura o ejecución, la situación, sin embargo, se ha desmadrado rápidamente al involucrarse una tercera e inesperada parte. Esta estaba compuesta por un joven pirata llamado Owen Yang," dijo, como si no fuese mayor que él mismo, "una asociada a la que llamó Gwen y, más importante, Sohem Burnedead, a la fecha el director del banco Goldreich." Se oyó un carraspeo del otro lado, y el rasgar de una pluma que había empezado a anotar cosas rápida y repentinamente sobre un papel. "¿Está seguro de eso, Contramaestre?" preguntó la voz del otro lado, con seriedad. "Completamente. No parecían estar previamente asociados, por cómo se dirigió a nosotros, pero no es algo que pueda asegurar. El señor Burnedead ha procedido entonces a, esencialmente...," apretó los labios por un instante, buscando una forma algo menos humillante de decirlo, pero no la encontró, "echarnos de allí. Empleó primero algún tipo de poder que hizo el aire irrespirable, como meter la cabeza en un horno. Luego, uno de los cazadores, un Lunarian, si no me equivoco, ha optado por intentar lanzarse al ataque. Sohem lo ha obliterado en cuestión de un instante haciendo uno de un brazo mecánico que parece poder disparar," tragó saliva. Del otro lado, solo se oía una pluma escribiendo sobre un papel, tomando notas. Inspiró. "He optado entonces por ordenar la retirada," admitió con seriedad. "Quedarnos ahí hubiera acabado con la División al completo ejecutada." Su interlocutor asintió, y el rasgar sobre el papel cesó por un momento. "Ha dicho que eran dos cazarrecompensas, ¿no? ¿Qué hay del otro? ¿Está con vosotros?". Stroud negó con la cabeza antes de decir nada. "Lo doy por muerto. Le dio algún tipo de parálisis, y se negó a moverse del sitio. Es más que probable que haya corrido la misma suerte que su compañero," dijo, mientras al otro lado su interlocutor reanudaba la escritura, registrando toda la conversación. "¿Alguna baja en su División?" preguntó la voz. "Ninguna," respondió Stroud. Resultaba imposible, por su tono, determinar si hubo una nota de vergüenza en aquella palabra. "Bien, Contramaestre Redgrave, haré llegar todo esto a donde deba llegar," afirmó la voz. "Gracias por su report-," fue a decir, pero Stroud, en una ruptura del protocolo poco propia de él, interrumpió a su interlocutor. "No he terminado, hay algo más que quiero añadir al reporte," dijo, tajante. Al otro lado, silencio, pero se oyó cómo la pluma comenzaba a escribir de nuevo. "Me responsabilizo plenamente de esta operación catastrófica," afirmó con seriedad. "Cualquier degradación resultante de esto habrá de pesar sobre mí, no sobre ningún otro miembro de mi División." Pese a lo monótono de su tono, transmitía autoridad e, incluso, una rabia calmada, casi oculta bajo un manto de seriedad. "Si la Marina lo dispone," continuó, "me encargaré de enmendar esta situación y llevar a los involucrados ante la Justicia, vivos o muertos. Con los recursos que sea. A todos los que el destino no eche la mano encima antes que yo." |