[PASADO] Un momento de paz.
#11
Se me hizo un pequeño nudo en la garganta al callarme el motivo que me llevó a salir a buscarme la vida en primer lugar, pero, ¿Qué debía hacer? No es el tipo de cosas que puedas decir de forma tan despreocupada, por mucho que se diga que este tipo de cargas se llevan mejor al compartirlas. Para cuando acabé de sincerarme giré mi cabeza en dirección al mar, haciendo que las manos que antes sujetaban mi cabeza por la barbilla ahora lo hiciera por mi mejilla, el giro que mi vida había sufrido desde que dejé atrás a la antigua yo había sido mucho más dramático de lo que jamás habría imaginado, pasé de contable a cazadora de piratas, y todo por una mentira que empezó como una pequeña bola de nieve que en poco tiempo se convirtió en una avalancha que amenazaba con arrasarlo todo a su paso. Un último suspiro salió de mi para perderse en el cielo de una isla del cielo.
 
Cogió el bote de crema que le había prestado y comenzó a cubrirse con ella, comentando que por mucho que yo no lo viera algo debía tener si Sohem y Viktor me habían aceptado, pero ese era el tema que me preocupaba, ¿Me habían aceptado? Tal vez ahora que mi deuda estaba saldada si, o tal vez tampoco ahora me veían como a una igual. La cantidad acumulada de pensamientos intrusivos me borraron la sonrisa que tenía hasta hacía poco, y con un semblante serio desvié mi mirada hacia ella, sin mover mi cabeza, tan solo mis ojos, el caótico movimiento de su dorada melena me dejó cautivada por varios segundos, o tal vez unos pocos, no sabría decirlo con certeza. Ella siguió hablando, me preguntó si estaba segura de estar con ellos, ¿Lo estaba? Lo cierto es que no tenía opción, y aunque si que chocaba más con el imperativo Sohem tenía el consuelo de que Viktor era algo más suave conmigo, o esa impresión me daba.
 
Reí por sus palabras, una pequeña risa nerviosa por sus últimas palabras. — ¿Crees que a ellos les haría algo mi arma? — ahora si que volví a girar mi cabeza, irguiéndola y quedando con las manos en forma de cáliz conteniendo mi barbilla y mandíbula, con una mirada directa a sus ojos. — El día que llegamos a esta isla fuimos por un camino que acababa en un acantilado bastante alto, ¿Sabes qué hicieron? — hice una breve pausa por si quería intentar adivinar qué hicieron ambos ante una caída de treinta metros. — Saltar. Viktor me tomó en brazos y saltó conmigo, y Sohem fue el primero en lanzarse. — me recorrió un pequeño escalofrío de recordarlo, la caída al aparente vacío, lo repentino del agarre, la sensación de impacta, aunque mitigada por Viktor… — El punto con todo esto es que da igual que tenga o no tenga mi arma cerca, si quisieran matarme o hacerme otra cosa no tendría forma de defenderme, ¿Crees que a gente como esa va a detenerles un disparo de arma? — confesé con pesar, tal vez me equivocaba con mi razonamiento, pero no parecían ser tan blandos como lo podía ser yo.
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#12
No pareció ofendida por mi sugerencia, aunque su respuesta era desesperanzadora. No sabía si tenía muy poca confianza en sí misma o esta siendo realista. No sabía nada sobre el tal Viktor, pero sí que había visto en acción a Sohem y debía ser un rival temible. Era muy probable que tuviese razón y que su arma no pudiese hacer nada contra esos dos. De momento no parecía que tuviesen intención de hacerle daño, ya habían tenido muchas oportunidades, pero su opinión podía cambiar en cualquier momento y, teniendo en cuenta lo impredecible que parecía Sohem, podría ser sin motivo aparente. Era imposible que viviese tranquila en aquella situación, pero parecía que no le quedaba más remedio. Se había resignado y creía que su única opción era confiar en ellos.

—Pues no estaría mal que buscases la manera de defenderte, tener un as bajo la manga —le dije terminando de esparcir la crema y devolviéndole el bote —. Seguro que ahora no quieren hacerte daño y puede que nunca quieran o tengan que hacerlo, pero siempre está bien tener una alternativa por si las cosas se tuercen. Si vas con dos tipos como ellos tienes que ponerte las pilas para no quedarte atrás, demostrarles lo que vales y que no se les pase por la mente la idea de desecharte —me callé de repente al darme cuenta de que, tal vez, estaba hablando de más. Los consejos de una extraña que ni siquiera la conocía no valían nada, pero no me gustaba la idea de que estuviese indefensa ante los cazadores y ante el mundo, en general. A pesar de su aspecto delicado y sus gestos gentiles, seguro que era una mujer inteligente y de armas tomar. No era necesario tener fuerza física para vencer en un combate. Con su arma y entrenamiento era más que suficiente para derrotar a cualquiera, pero eso requería un gran esfuerzo y trabajo constante.

—Seguro que aunque ahora no te veas capaz, podrías vencer a cualquiera de ellos si te lo propusieras —le dije para animarla. Tal vez aquellas palabras le hiciesen abrir los ojos. —Además… Si estuvieses en peligro podrías pedirme ayuda —dudé un poco antes de ofrecerme. Aunque se me diese bien calar a la gente y ella pareciese sincera, tenía por costumbre ser precavida y no confiarme del todo. Más aún teniendo en cuenta con quién se juntaba y cuál era su objetivo. Si algún día llegaba aquel momento ya pensaría si valía la pena arriesgarme, pero ahora no me sentía bien dejando a aquella chica tan amable con los otros dos. —Te puedo dar mi den den mushi. Si me llamas voy a pensar que estás intentando jugármela y, si es así, no dudaría en ir a por ti la primera. Es probable que no acuda porque no pueda o me huela algo raro. Aun así, puedes llamarme si lo necesitas.

Aquello no sería de mucho consuelo. El mundo era inmenso, las posibilidades de coincidir muy pocas y las de que confiase en ella muchas menos, pero, quién sabía.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#13
A mi decadente estado de ánimo le vinieron bien las palabras de aliento de la rubia, sonaba algo imposible, pero si aprendía lo suficiente de ellos tal vez pudiera idear un plan para poder defenderme de manera eficaz de ellos. Tomé el bote de crema una vez ella terminó de usarla y lo guardé en la bolsa que descansaba a mi derecha, sobre la toalla. Continuó diciendo que no era probable que quisieran herirme, de momento al menos, pues de quererlo lo habrían hecho; y lo que me tocaba ahora era hacer todo lo posible para mantenerlo así, demostrar que era algo más que una cara bonita, y, ¿Por qué no decirlo? Un cuerpo envidiable. — No esperaba que esta conversación fuer a resultar tan… Enriquecedora para mi. — comenté tras encontrar un silencio de su parte, y con total honestidad. Al ver a la pirata en la playa justo a mi lado lo primero que sentí fue un genuino pánico, pensé que querría hacerme pagar por el intento de Sohem de matar al pirata de las alas negras.
 
Para mi sorpresa continuó animándome, diciendo que podría con cualquiera de mis compañeros si me lo propusiera, el tono que puso al decirlo me sacó de nuevo una sonrisa, — Estoy de acuerdo. — dije, girando mi cabeza para mirarla directamente. — No me veo capaz ahora mismo. — y lo siguiente que dijo me dejó paralizada por un segundo, ¿Quería mantener el contacto? ¿Estaba dispuesta a darme una vía de comunicación directa con ella y su tripulación? Sonaba raro, pero también precavida por lo que añadió más adelante, pero había un pequeño problema con todo aquello. — Yo… No tengo un den den mushi. — Nunca en mi vida había necesitado uno propio, y además me resultaban desagradables a la vista como para cargar con uno en el bolso. — Pero me está gustando esto, no descarto comprar alguno en la siguiente isla… Aunque no sabré usarlo, tendrás que enseñarme la próxima vez que nos veamos, sea cuando sea. — y si es que llegaba a darse ese reencuentro, en un mundo tan vasto, caótico y salvaje lo único seguro era el presente, el aquí y el ahora. Y mi aquí y ahora eran mi momento feliz, mi momento de relax después de toda la intensidad de los juegos.
 
Con un delicado gesto me incorporé y empecé a andar hacia el final de la arena, el inicio del mar de nubes, con algo de miedo metí las piernas y caminé hasta que las nubes cubrieron completamente mis gemelos, la sensación era extraña, se sentía como si el agua fuera espuma. Me agaché lentamente, curvando mi espalda hacia delante, en dirección contraria a Triana y manteniendo mis piernas rectas y con las manos en forma de cuenco intenté “coger” las nubes en las que me estaba bañando, me giré con cuidado para intentar que no se derramase y soplé para que la nube se fragmentase en miles de burbujas que volaron en dirección a la rubia, era mi humilde modo decir que la esperaba en el agua, o en las nubes, mejor dicho.
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#14
No sabía si mis palabras le incomodarían o le servirían para ponerle sobre aviso del peligro que corría. Afortunadamente, parecía que sería lo segundo. Una de las cosas que le servirían para aumentar las probabilidades de sobrevivir en este mundo sería esa objetividad, comprender que, por mucha confianza que depositases en alguien, en cualquier momento podría traicionarte, sobre todo en el ambiente en el que ella se movía, donde las personas por dinero eran capaces de vender hasta a sus propias madres. Otra de las cualidades que poseía y que le permitirían continuar mejorando era que parecía crítica consigo misma. Sabía que no había alcanzado su máximo potencial, que por el momento no era capaz de vencerles, ni siquiera de huir de ellos, pero podría conseguirlo en algún momento si continuaba entrenando.

A mi ofrecimiento del den den mushi esperaba cualquier respuesta menos la que me dio. ¿Quién iba por ahí sin un den den mushi? Si alguien le atacaba por sorpresa no tenía forma de avisar a sus compañeros, al igual que tampoco podría avisarles si avistaba a alguien con una recompensa jugosa. Sus compañeros tendrían que haber pensado en ello, pero si habían considerado que no era necesario sería por algo. Por lo que dijo, ni siquiera sabía usarlo, aunque no sabía si esto era una excusa para volver a vernos más adelante. De cualquier manera, estaba de acuerdo. Tendríamos que confiar en coincidir en nuestro viaje para reencontrarnos. No sabía cuántas probabilidades había, no tenía ni idea de navegación ni de las islas de aquella zona, el que lo controlaba era Aspros.

Sin esperar a mi respuesta que, evidentemente, era afirmativa, se puso en pie para entrar en aquel mar de nubes. Me quedé mirándola con la mente en blanco, sin pensar en nada particular, simplemente observando sus movimientos. Pisó con cuidado hasta que el agua, más bien las nubes, cubrieron parte de la zona inferior de sus piernas. Aquella imagen trasmitía paz y tranquilidad. Sus gestos eran delicados e hipnóticos, invitaban a mantener la vista sobre ella. Se agachó para coger un poco de esas nubes entre sus manos y se giró despacio para soplarlas en mi dirección. No pude evitar sonreír, aunque una parte de mí seguía sin dejarme disfrutar de aquel momento. No podía dejar de estar alerta, pensando que en cualquier momento podrían aparecer sus compañeros cazarrecompensas de la nada o incluso que ella misma se bastase y estuviese ocultando su verdadero poder.

Aun así, me puse en pie y caminé hacia la orilla del mar de nubes. Paré cuando las sentí en mis pies, dudando si debía continuar acercándome. Me estaba arriesgando demasiado por aquella mujer, pero ella también se la estaba jugando. —¿No tienes miedo de mí? —pregunté para intentar conocer los motivos por los cuales se mostraba tan amistosa y despreocupada.
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#15
Ya estaba acostumbrada a ser el centro de miradas indiscretas, pero que la pirata no intentase disimular la suya me hacía una gracia especial, se la notaba precavida en el uso de sus palabras, no quería hablar de más ni demostrar nada que pudiera comprometerla a ella o a su grupo, entiendo que me seguía viendo como a una enemiga potencial, pero a la vez la sentía ingenua, una combinación inusual pero que no por ello me resultaba menos divertida. No podía saber si su ingenuidad era fruto de la inexperiencia o de otra cosa, tal vez el estrés de la vida pirata la había obligado a prescindir de experiencias típicas de la juventud, o quizá no estaba interesada y era solo una mala deducción mía, en cualquier caso no era importante, había aceptado mi oferta de entrar al mar blanco conmigo tras disfrutar de la lluvia de nubes que mi soplido le había provocado. Se levantó y comenzó a acercarse hasta que sintió el extraño tacto del mar de nubes en los pies, — Si, es un poco chocante al principio. — dije, creyendo que el motivo de su frenada era la rara sensación que el exótico mar provocaba en un primer momento, no se sentía como el agua del mar azul, pero tampoco era como uno esperaría que se sintiera atravesar una nube.

Por desgracia no fue acertada mi suposición, su parada era por un motivo muy diferente al que yo creía, me preguntó si tenía miedo de ella, ¿Cómo podía decirle que verla, y reconocerla, casi hacen que me diera un ataque de pánico sin quedar demasiado mal? — Lo cierto es que… — con la verdad por delante, no tenía otra forma de salir de esa situación. — Lo cierto es que pensaba que vendrías a buscar venganza. — me recorrió un escalofrío al decirlo, solo esperaba que no le diera la idea de hacerlo. — Aún estoy aprendiendo cuáles son las tripulaciones más grandes, supongo que puedes imaginar por qué, y creo que tu y el que se enfrentó a mi jefe sois compañeros… — decir en alto que venir a por mi, el eslabón débil, era la mejor forma de vengarse - la más fácil seguro - no habría hecho bien a mi desgastado ego. Aún así la idea de que hubiera venido a dar caza a una cazadora se había disipado de mi mente mientras hablábamos, no parecía tener intenciones belicosas contra mi, y menos mal, quizá debería decirlo para destensar un poco la situación. — Pero ya no lo creo. — aclaré mi garganta. — Creo que ambas necesitamos un momento de desconexión, de no pensar en nada más que el aquí y el ahora. — me parecía una buena oferta, aunque entendería que no fuera aceptada ya que, a fin de cuentas, estaba ofreciendo solo mi compañía a una persona que seguramente en algún momento se verá forzada a ser mi enemiga.
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