Ni siquiera se podía ver la luz del sol por la ventana de mi habitación, aunque no tardaría mucho en salir. Permanecía en la cama, mirando al techo fijamente, con las manos cerradas, apoyadas en el pecho, arropado con una fina manta al nivel de la cintura, ya que de vez en cuando lograba entrar una leve pero fresca brisa. Aun así, en aquel sitio hacía bastante calor, y a pesar de aguantarlo bien, solamente estaba en la cama con la ropa interior inferior, unos calzoncillos, vaya.
Toda la información recibida el día anterior rondaba por mi cabeza sin parar, dando vueltas continuamente a que fue lo que había sucedido en la arena, el porqué la gente - la mayoría de ella - se desmayó, cayendo inconsciente al suelo. Por lo que dijo la Teniente, todo pasó en el momento que ese pirata protegido por la Marina, Zarutsuki, interviniendo en el momento que Sohem iba a finalizar con la vida del Pirata Yojimbo, y tras eso, una "fuerza" misteriosa apareció en el ambiente, con el resultado ya dicho: todos al suelo. Tras eso, desperté ya en la habitación. Menos mal que Ikirami no se vio afectada por ello y pudo cuidar de cada uno de nosotros, y eso es lo que me hace quitarme el sueño. ¿Que nos hubiera pasado si ella también hubiera caído? Estábamos rodeados de piratas, y somos Marines, hubiéramos estado a merced de ellos. Cierto es que por allí estaban Viktor y Sohem, y porque no, su preciosa compañera Chloe, siendo cazadores de piratas, aunque el carácter del enmascarado es algo que nunca sabes por donde va a salir, así que confiaba más en Viktor, aunque ahora mismo no sé si él también cayó redondo al suelo tras lo sucedido, me gustaría verle y preguntarle, la verdad. Pero las circunstancias no estaban de nuestro lado, ya dejé bien claro que en un par de días nos iríamos de este sitio, vinimos engañados por lo que se supone es una autoridad de la Marina, algo que no olvidaré.
Aún no había amanecido, le quedaba poco, y no podía dormir, así que me levanté de la cama, con la decisión de salir e investigar un poco por aquella ciudad, intentando sacar toda la información que pudiera. Los demás, supongo, que estaban durmiendo y descansando, así que no suponía un problema. Me dirigí al baño directamente, abriendo el grifo lentamente, haciendo que el agua saliera de manera lenta y con poca fuerza, para mojarme la cara, lavármela y así despejar un poco la mente. Cerré de nuevo el grifo y me sequé con una de las toallas del baño, ya me pegué una ducha hace unas horas, antes de meterme a la cama, y no podía perder tiempo valioso. Salí y me puse mi camisa blanca de la Marina y pantalones vaqueros de color verde oscuro apagado, y para finalizar, mis zapatos. Salí lentamente de mi habitación, situándome en el pasillo donde estaban las demás puertas que daban a las habitaciones de los compañeros. Simplemente, caminé despacio, intentando hacer el menor ruido posible, dirigiéndome a las escaleras que daban al piso de abajo para ir hacia él. Una vez allí, fui a la cocina, y agarré un par de frutas, las cuales no tenían el aspecto de unas manzanas, pero sí tenían un sabor muy parecido a ellas, incluso eran mucho más dulces. Una vez tenía en mis manos mi pequeño desayuno, salí por la puerta de aquella casita, de nuevo, lentamente abriendo y cerrando la puerta para no hacer ruido hasta que por fin estaba en la calle. Miré al cielo, y ahora, sí, comenzaba a salir el sol, estaba amaneciendo. No sé cuál eran las costumbres de la gente de este sitio, pero era de suponer que, al igual que la gente del mar de abajo, aquí hubiera gente que se levantaría pronto, sea para preparar sus negocios o bien por puro gusto y placer — Veamos qué información puedo sacar — Dije en un tono bajo, hablándome a mí mismo.
Comencé a caminar, dirigiéndome al poblado que estaba alrededor de la arena donde se disputó el torneo, y por lo que pude ver, estaba en lo cierto. Algunos negocios de allí comenzaban su jornada laboral. Pude ver un pequeño puesto regentado por un hombre que, a primera vista, aparentaba tener más edad que yo. Tenía unas alitas pequeñas a su espalda, y de su pelo, brotaban lo que parecía ser dos antenitas, pero eran propias del cabello. No entendía mucho de esto, pero supuse que era algo común en este sitio, pues prácticamente mucha gente de allí compartían estas dos características. Me acerqué a él para ver los productos con los que trabajaba. Me llevé una sorpresa al ver que era, pues lo que vi era lo mismo que podría encontrar en una panadería normal y corriente de nuestros mares. Quizás no era tan raro al fin y al cabo, pero este sitio no deja de estar en los cielos, y simplemente me resultó curioso que algo tan sencillo y básico como es el pan, aquí también se trabajase — ¡Huele que alimenta, recién horneado además! —Dije con alegría y una sonrisa — ¡Aquí solo encontrarás el mejor pan de todo Shandora! — Me contestó con más entusiasmo mientras dejaba un cesto vacío en uno de los mostradores que daban a la calle. Se dio media vuelta, agarrando algo y volvió a girarse hacia mí, ofreciéndome un pequeño pan ovalado envuelto en papel — ¡Toma, pruébalo! ¡Has madrugado mucho, así que un buen pan calentito te vendrá bien para coger fuerzas! — Lo cogí agradecido, y aunque en parte tenía razón, un pan precisamente recién caliente y horneado con la temperatura que hacía en esta isla no sé yo si era lo más adecuado, aunque siendo tan temprano si es cierto que la sensación era más de fresco que dé calor agobiante. Una vez cogí el pan, sin ni siquiera pensarlo, le pregunté directamente — Perdone, caballero... ¿Usted presenció el torneo que hubo en la arena? Tengo algunas preguntas que me gustaría hacerle... — Aquel hombre alado y mayor, me miró arqueando una ceja, como si estuviera algo confuso — Claro joven, ¡no podía nadie perderse el gran torneo! Pregunte sin miedo — Contestó dándose media vuelta mientras colocaba los recién horneados panecillos en los mostradores. Tragué saliva, incluso comencé a sudar por la frente, no entendía la razón, no debería de estar nervioso, pero lo estaba, no sé por qué — Verás… ¿Usted vio ayer el final de la pelea del enmascarado y él…? — Comencé a hacer memoria rápidamente, llevándome el dedo a la mejilla derecha — … Mord Yojimbo? — El viejo, esta vez frunció el ceño, mirándome directamente a la cara de manera seria, parecía que me iba a matar en cualquier momento con esa mirada. Pero de repente, como si de un sobresalto se tratase, cambio su expresión a una más calmada, incluso jocosa — ¡Claro que lo vi! ¡Ya lo he dicho, nadie puede perderse los juegos que se hacen en esta isla! ¡Menuda final, que pelea! — Expresó el anciano panadero y siguió con sus panes. Me extrañé bastante, pues su manera de actuar fue demasiado rara, como, que realmente supo lo que pasó, pero no quisiera que lo supiera. Apreté el puño, y en un acto indirecto, alcé la voz más de lo normal — ¡Sé que miente! ¡Sé que se quedó desmayado! ¡Al igual que muchas otras personas, y no pudo presenciar la final! — El anciano, se paró en seco de repente, con el brazo alzado, agarrando un panecillo redondo y esponjoso, pero sin dejarlo en el mostrador. Por un momento, pensé que me había dejado llevar — Esto… Lo… Lo siento muc... — Aquí no vas a encontrar lo que buscas, chico. Yo solo vendo pan — Dijo sin moverse, dándome la espalda — Busca en otro lado — Finalizó, esta vez, prosiguiendo con su trabajo. Decidí no responder, simplemente disculparme, inclinando el cuerpo hacia delante y dando marcha atrás, yéndome por donde vine, sin molestarle ni un segundo más.
Me quedé quieto en la salida de aquella panadería, pensando en las palabras que me dijo, “Aquí no vas a encontrar lo que buscas”, realmente me dejó con mucha duda, porque eso significaba que, en algún otro lado, había una respuesta. Permanecí pensativo en el mismo sitio, llevándome a la boca incluso el pan que me regaló, el cual estaba realmente bueno, sin una pizca de sal. Cuando de repente, interrumpiendo mis pensamientos, aquel anciano me habló en un tono muy leve y bajo, pero lo suficiente para escucharle, proveniente de mi espalda — Busca el poblado Birka. En las afueras de la ciudad — Tras esto, volvió a entrar a su tienda y no volví a escucharle. Levanté la mirada asombrado por lo que dijo, pues, probablemente, sea la respuesta que estaba buscando. Simplemente, marché de allí sin decir nada, no quería dar más problemas al buen hombre, y si lo llevaba todo con tanto secretismo, era por algo. Comencé a caminar por toda la ciudad, ya con el sol completamente fuera e iluminando todo, sobre todo aquel gran palacio dorado, que era imposible no verlo. “Poblado Birka, en las afueras”, no dejaba de darle vueltas a esas palabras, las cuales, creo que está más que claro, mínimo me decían que lo que buscaba no estaba en esta ciudad. La cosa es saber donde está ese poblado, esta isla en gigantesca, al menos es la sensación que me daba, y literalmente en esta maldita ciudad puedes salir de ella por donde te apetezca ¿Cómo se supone que iba a encontrar el poblado? Me senté en un pequeño banco, desde el que podía ver precisamente las afueras de la ciudad, árboles y vegetación frondosa y alta. Estaba solo, este sitio estaba en lo más alejado de la ciudad y pasaba poca gente por lo que pude ver. Suspiré largo y tendido — ¿Y como voy a encontrar tal cosa? Es prácticamente imposible… — Dije en un tono bajo, lamentándome, intentando encontrar alguna solución posible.
Pero, de repente, sin ni siquiera darme cuenta de ello, una voz me habló — ¿Algún problema, Marine? — Me asusté, pegué un pequeño salto incluso, ya que esta voz provenía totalmente de mi lado. Me giré inmediatamente y allí estaba, a mi lado.
No estaba muy convencido de que era… ¿Un chico o una chica? Era demasiado joven, o eso parecía a primera vista, con el pelo corto y unas ropas un poco raras para mí, la verdad. Me miraba de manera seria, con la cabeza apoyada en la mano, y el brazo en una de sus piernas, las cuales tenía cruzadas — ¿Te has perdido? — Me preguntó, no sé si, irónicamente o en serio, era difícil de pillar — Si… O sea, no, sé donde estoy — dije algo nervioso — Es solo que ando algo perdido, soy nuevo por aquí, es la primera vez que visito esta isla — Le dije con una leve sonrisa intentando ser amable — Comodoro de la Marina, Joe Joestar, un placer, vengo de los mares de abajo — Me presenté — Si, lo sé. Pude sentirte ayer durante los juegos del mono. El gatito te dejó tonto en la prueba y no pudiste lucirte, ¿eh? — Contestó de manera seria e irónica incluso, extrañándome por su respuesta, “Pude sentirte” — Mmmm, supongo que te refieres a que me viste en la prueba de Fuerza, ¿no? — Pregunté ladeando la cabeza hacia la derecha — Si, bueno… eso es, te vi. Me llamo Jalindra, un placer. — Sentenció de manera seria y rápida, como no queriendo ponerle interés a sus palabras, por lo que yo decidí hacer lo mismo. A pesar de que me llamó la atención, no indagué en ello, pero, ante mí, tenía una persona que estuvo presente en los juegos, era mi momento — ¡Un momento! ¿Estuviste allí? ¿Presenciaste las peleas de después? — Pregunté sobresaltado, girando todo mi cuerpo hacia ella, esperando una respuesta que pudiera ayudarme. Jalindra, se quedó mirándome, ladeando esta vez ella la cabeza hacia su izquierda — Mmmm, presencie las peleas… sí. — Dijo de manera tajante, sin rodeos — ¿Sabes que fue lo que pasó al final? ¿Cuándo el enmascarado trató de matar a Yojimbo? — Pregunté de igual manera, tajante y sin andarme con líos — Sí, sé lo que pasó — Soltó de manera calmada. Yo solo pude mirarla, esperando a que dijera algo más. Jalindra suspiró levemente — El mono paró la pelea, impidiendo una desgracia, usando su tremendo Haki, cosa que acabó en que la gran mayoría que estaba allí se fuera al suelo perdiendo la consciencia. Solo algunos quedaron de pie, algunos afortunados diría más bien — Soltó tranquilamente por su boca, cosa que me dejó sin más, pues no sabía bien de lo que estaba hablando.
— ¿Usó Haki? — Pregunté indirectamente, pues fue lo único diferente que encontré en su respuesta, todo lo otro era algo que ya sabia gracias a lo que nos contó Ikirami ayer — Perdona mi ignorancia, no sé qué es eso del Haki — Intenté disculparme por mi ignorancia — Uh, que raro. Pensaba que un Marine de tu talla de los mares inferiores sabría lo que es el Haki — Comentó de manera irónica de nuevo. Desvié la mirada hacia abajo, juntando las manos y suspirando — Pues no, no sé lo que es. Seré Marine, pero no soy nadie — Contesté con pena, de nuevo, otra vez los pensamientos y remordimientos comenzaban a rondar por mi cabeza, pero apenas me dio tiempo a sentirme mal — Tranquilo, estaba bromeando, lo raro sería que supieras de lo que estoy hablando — Dijo esta vez de manera tranquilizadora, a lo que yo tan solo respondí con una risa nasal — Además, que el mono usó un tipo de Haki que yo ni siquiera sé lo que es. Sé que se trata de uno, pero ni idea de como se usa. Así que mira, no te sientas tan mal por no saberlo, realmente estoy igual que tú en este sentido — Intentó calmarme, endulzando incluso la voz, cosa que agradecí, para así no sentirme totalmente un inútil, aunque lo que dijo realmente seguía confundiéndome, por lo que, llegados a este punto, me sinceré — Agradezco tu gesto. Aun así, sigo sin saber mucho de lo que hablas. Haki… Incluso comentas que hay varios tipos. Estoy totalmente perdido en ello, Jalindra ¡Hmpfefefe! — En ese momento, la joven se quedó mirándome fijamente, de manera seria, en un rostro totalmente neutro, pero sin quitarme ojo de encima, hasta que saltó de nuevo — Dime, Comodoro Joe Joestar… — Preguntó lentamente, a lo que yo, desvié mi cabeza hacia ella y la miré — ¿Tienes miedo, verdad? Miedo de perder a los tuyos. Miedo de decepcionarlos, a todos, incluso — Durante un segundo, me quedé en shock. Estaba dándome la sensación de que Jalindra era capaz de sentir y percibir mis sentimientos, mi estado de ánimo, mis emociones — ¿Com … Cómo lo sabes? — Pregunté entre intriga y pena, con la mirada algo perdida — Esto, es lo que se conoce como Haki. Más concretamente, Haki de observación — Comentó mientras se levantaba del banco y avanzó un par de metros en dirección las afueras de la ciudad — No puedo estar mucho en este lugar, no soy bienvenida — Dijo dándome la espalda — De por sí, eres fuerte, es algo que se ve a simple vista, pero yo lo percibo de otra manera. Realmente, puedes ser mucho más fuerte, Joe, serlo mucho más — Tras esto, se giró y me miró fijamente — ¿Quieres ser más fuerte, Comodoro? Puedo ayudarte — Mi mente actuó instintivamente, ni siquiera me puse a pensar en las consecuencias de seguir a esta joven — ¡Sí! ¡Quiero ser más fuerte, por favor! — Dije mientras me levantaba también del banco y adelantándome, poniéndome frente a ella, a un metro de distancia — Te… Te lo agradecería mucho, la verdad… — Con mi respuesta, Jalindra esbozó una sonrisa dulce y enorme, y cerrando los ojos volvió a responder — Serás más fuerte, Joe. Espero, vaya. Sígueme — Y con esto, la joven avanzó hacia las afueras de la ciudad, desapareciendo entre la vegetación. Miré a mis alrededores, y no había nadie, así que salí corriendo tras ella y así seguirla. No sé por qué, pero sentía, que hoy iba a cambiar algo en mí, pero tenía que asegurarme de que así fuera.
Salimos relativamente pronto de la ciudad, yo andaba detrás de Jalindra, la cual iba tranquilamente caminando. Para amenizar el paseo, quise romper el hielo un poco — ¿Cuántos años tienes? Mi intuición me dice que eres bastante joven, y si es así, es impresionante las capacidades que tienes — Dije para elogiarla un poco y que estuviera cómoda — ¡Jah! Qué interesante — Contestó alegremente — Puede que al final sí que ya sepas bien que es el Haki de observación, pero aún no lo sabes — Se giró para lanzarme una sonrisa — Tengo dieciséis años, así que sí, soy bastante más joven que tú — Volvió la mirada al frente — ¡Es increíble, eres muy fuerte, ojalá yo con dieciséis años hubiera sido igual de fuerte que tú! — Comenté con entusiasmo. De repente, Jalindra comenzó a quitarse aquellas ropas extrañas. Por un momento, abrí los ojos de par en par, totalmente nervioso — ¡Que está haciendo! — Pensé, realmente creía que se iba a desnudar allí mismo, encima siendo menor. Pero para mi sorpresa, debajo de la ropa que se estaba quitando, estaba vestida, con una venda blanda que tapaba su pecho y una falda roja, pero lo más importante, es que dejaba al descubierto unas alas blancas, muy bonitas y bellas. No me impresionó tanto, pues ya me quedó claro que en esta isla, tener alas era algo bastante normal y común — ¡Ahhhhh! Que bien y cómoda estoy ahora. Discúlpame, pero no podía dejar que me vieran completa dentro de la ciudad — Confesó — No tenía ni idea ¿Supone un problema para ti? — Pregunté con curiosidad — Nah, no te preocupes. Son por cosas de la gente de esta isla que es mejor que no sepas, más que nada para no liarte la cabeza — Dijo totalmente en modo pasotista — Además, te vendrá bien no pensar en cualquier cosa que pueda distraerte de lo que realmente importa — De repente, Jalindra se paró en seco, mostrándome su espalda con sus imponentes alas — Aquí es un buen sitio para empezar — Se giró y me miró directamente, cruzándose los brazos — ¿Te parece bien? — Me preguntó. Realmente, no supe que contestar, pues no sabía lo que me iba a querer enseñar — Supongo que ¿sí? Discúlpame, aún no sé qué es lo que vamos a hacer — Dije algo avergonzado, rascándome el brazo derecho, siendo claramente una muestra de confusión. Tras mi comentario, Jalindra se dejó caer, dejando su cuerpo caer en el húmedo y fértil suelo de aquel sitio. Yo permanecí de pie esperando que dijera algo.
— Bien, Joe. Voy a explicarte que es el Haki. Aunque, esta es la parte que menos me gusta, la parte teórica — Suspiró. Yo tragué saliva — Voy a intentar ser breve, rápida y que se pueda entender de la manera más fácil posible — Juntó ambas manos y adelantó el cuerpo un poco hacia delante — El haki es una fuerza que no podemos ver, pero que habita dentro de todos y cada uno de los seres vivos. Es invisible para la vista, pero se puede percibir, se puede notar, aunque la gran mayoría no lo consigue, ni aunque sea un poco. Hay dos tipos de Haki… — Hizo una pausa, llevando la mirada hacia el cielo y mostrando una mueca con su boca — … Bueno, yo sé dos, aunque sé que hay uno más, que es el que usa el mono de Shandora, pero desconozco su nombre, su uso y todo en general. Así que vamos a centrarnos solamente en los que yo sé — Asentí con la cabeza sin decir ni una palabra — Haki de armamento, o también llamado Busoshoku, hablando mal, es una fuerza que te permite crear una armadura invisible alrededor de tu cuerpo, permitiéndote o bien golpear más fuerte, o bloquear mejor los golpes enemigos – Volví a asentir — Y luego está el Haki de observación, también llamado Kenbunshoku, que es lo que te mostré antes. Sentir presencias, el poder, incluso las emociones. Mi abuelo siempre me decía que era como el poder escuchar “la voz” de las cosas, pero auditivamente, no lo estás haciendo. Es algo raro — Se rascó la mejilla mientras ponía, lo que se dice en nuestro mar, cara de culo — Es como si pudieras sentir el aura de los seres vivos que hay a tu alrededor, ¿sabes? No lo estás viendo, no está en tu rango de visión, pero … ¡Lo notas, lo percibes, lo sientes! — Dijo levantando las manos, con cierta alegría en sus palabras. Me llevé la mano a la barbilla, adoptando una pose pensativa sobre lo que Jalindra me acababa de contar — Entiendo… Todo parece muy místico y mágico, cosa que no me sorprende, porque desde que he llegado a esta isla no he parado de ver cosas que en mi cabeza no tienen lógica ni sentido — Le dije, ladeando la cabeza hacia la derecha — Pero a resumidas cuentas, ese Haki de observación... el ken…bunshoku... sirve poder sentir cuando puedo estar en peligro y cuando no. Al menos es lo que he entendido de tus palabras — Jalindra, puso morros, hinchando sus mofletes, demostrando una cara de disgusto — ¡Sí, pero no! ¡No es solo para pelear! ¡Va mucho más allá, puedes sentir emociones incluso! — Dijo cerrando los puños y llevando sus brazos hacia abajo, como una pataleta de una niña pequeña — ¡O sea, sí! ¡Claro, también sirve para eso! — Dije cerrando los ojos y arrascándome esta vez la parte trasera de la cabeza — La verdad, que poder sentir lo que uno siente es… bonito y especial, para que mentir — Dije algo apenado. Jalindra se quedó mirándome con la misma cara durante unos segundos, para finalizar con un suspiro y acabar apartando la mirada a su derecha — En el fondo tienes buenas intenciones. No eres alguien malo. Te preocupas por los demás, y eso te hace vulnerable, incluso diría que débil — Afirmó con bastante rotundidad, algo que, francamente, removía una herida dentro de mí que no me gustaba tener — … Pero eso no tiene por qué ser algo negativo. Creo, que dice mucho de ti — Esta vez me miró directamente a los ojos, acompañado de una sonrisa de oreja a oreja, a lo que mi reacción fue responder con otra, solamente que más tímida y algo apagada — Hazme caso. Para eso te voy a enseñar Haki — Tras esto, mi sonrisa se amplió un poquito, calmando un poco todo lo que tenía dentro — Perfecto, confío en ti —
— ¡Bien, vamos a empezar! — Gritó de repente — ¡Aquí viene lo primero, Joe! Mira a tu alrededor — Comencé a echar un vistazo a todo lo que tenía a mi lado, intentando prestar atención por si había algo que debía de ver, algo que Jalindra quería que viese — Sí… — ¿Qué ves? — … Árboles, vegetación… — Bien, no estás ciego, es un avance — Chasqueé la lengua a modo de risa — ¿Y estamos solos? — Preguntó seriamente — Ummm … ¿Sí? No veo a nadie a mi alrededor … — Jalindra, parece ser que iba a decirme algo, pero aun así, seguí hablando, no dejándola espacio para interrumpirme — Aunque supongo que cerca de aquí, habrá más gente. Algún explorador de aventura. Algún cocinero recolectando ingredientes de este sitio. Algún curandero o médico buscando alguna hierba para poder realizar medicina… — Jalindra se quedó pensativa mientras me miraba — Puede ser. Quien sabe. Pero no has respondido a mi pregunta — La miré confuso — Lo que tú me has dicho es una suposición, no una respuesta — Si … Tiene todo el sentido, discúlpame — Dije algo avergonzado — Pues… ahora mismo te diría que sí. Solo estamos tú y yo en este sitio — Jalindra dio una palmada sonora — ¡Bien! Cierra los ojos. Respira profundo. Deja la mente en blanco. Totalmente. — Algo molesto, me dispuse a hacer lo que dijo — Como si fuera tan fácil … Pero lo intentaré — Relajé el cuerpo completamente mientras cerraba los ojos, intentando no pensar en nada — Bien. Quiero que te concentres, tienes que intentar visualizarlo — Levanté una ceja — No estamos solos. Solo puedo decirte eso — Intenté concentrarme, pero por desgracia, sus palabras solo me llevaron a un estado de alerta ¿Estaríamos en peligro? ¿Será uno de los piratas del torneo? Este tipo de preguntas rondaban mi mente, haciendo imposible la tarea de concentrarme. Sudaba incluso por la frente de no saber la respuesta — ¡JOE! — Gritó de repente Jalindra, a lo que yo, abrí los ojos rápidamente y miré a mi alrededor intentando que no se notase, pero esta niña era demasiado lista — ¡Así no te vas a concentrar ni dejar la mente en blanco! — Dijo cruzándose de brazos — ¡Deja de pensar en todo aquello que te preocupa! ¡Así que volvamos a empezar! — Simplemente afirmé con la cabeza, inclinándola un poco hacia delante y volviendo a cerrar los ojos — Y recuerda… El haki está en todos los seres vivos — Dijo añadiendo a su regañina. Esta vez, volví a pensar en otra cosa aparte, pero fueron en sus últimas palabras “Todos los seres vivos”. Poco a poco fui calmándome, acompañado de una respiración casi perfecta. Los sonidos ambiente de aquel sitio iban atenuándose, como la vegetación movida por el viento. El agua que ondulaba en algún sitio cercano y parecido a un riachuelo. Todo eso iba desapareciendo. Hasta que, solo, en mis oídos escuchaba el canto de algunos pájaros. El croar de las ranas. Incluso algún graznido extraño que nunca escuché antes, pero que estaba claro que provenía de algún animal del lugar — Estoy escuchándolo ¿Es esto la voz de las cosas? No… — Me distraje pensando durante un segundo, pero retomé enseguida el ejercicio, volviéndome a concentrar. De repente, durante algunas fracciones de segundo, en aquella completa oscuridad que mis ojos contemplaban, era capaz de ver pequeñas bolitas, como unas esferas diminutas de gas que flotaban en diferentes zonas. Por desgracia, aquello me sacó de la concentración y sobresalté mi cuerpo, dando un pequeño bote en el sitio — ¡Pero que…! — Jalindra seguía delante de mí, con los brazos cruzados, mirándome fijamente, esta vez, con una sonrisa más que confidente en su rostro, que denotaba alegría — ¡Cuéntame, Comodoro Joe, que es lo que ha pasado! — Gritó en tono burlesco — He visto algo, cosas. Poco a poco pude concentrarme, dejar la mente en blanco. Llegando al punto de dejar de escuchar los sonidos de la propia naturaleza — Levanté las manos y me las miré — Hasta el punto de solo escuchar a los animales que hay por aquí… — Jalindra ladeó la cabeza — ¿Quizás… solo escuchabas a los seres vivos? — Preguntó. Alcé la cabeza y la miré, creo que ahora empezaba a entender poco a poco su explicación — Además vi como unas esferas, muy pequeñas, parecía que tenían alrededor suyo algo similar a un gas… No sé como explicarlo, ha sido bastante raro — No te culpo, es que lo es, sobre todo la primera vez que le pasa a uno, así que por esa parte puedes estar tranquilo, no serás el último tampoco — Comenzó a andar lentamente, en círculos, rodeándome sin quitarme la mirada de encima — Estoy impresionada, la verdad. Ha sido bastante rápido, aunque por supuesto, esto es solo una miga para poder ver y sentir en condiciones. Venga, sigue. Vuelve a intentarlo, esta vez no te asustes y sigue manteniendo la calma — Sentencio. Y yo sin media palabra volví a trabajar el ejercicio. Me estaba siendo bastante más fácil el estar calmado ahora mismo. No sé si por la presencia y ayuda de Jalindra. O ver que realmente estaba funcionando. O que tenía confianza de que podía conseguirlo. O un cúmulo de todas, no lo sé. Sea cual sea, lo importante es que estaba avanzando. Así que volví a cerrar los ojos, manteniendo una respiración profunda pero constante, dejando la mente en blanco hasta volver otra vez a solo poder escuchar a los seres vivos. Lo entendí. Dado a los nervios, esta vez costó y tardó un poco más, pero finalmente, volví a ver aquellas esferas, pero esta vez, mantuve la calma y no me desconcentré. Al mismo ritmo que mi respiración fluía tranquilamente, las esferas cada vez eran más nítidas, consistentes. Realmente estaba asombrado con que existiera un poder como este — ¡Es increíble, puedo verlo! — Aquellas palabras me salieron caras. De repente, noté como me pegaban en el estómago brutalmente — ¡Aggghh! — Grité mientras me transformaba directamente en mi forma híbrida — ¡Quién ha sido! ¡Cuidado, Jalindra! — Exclamé rápidamente. Para mi sorpresa, delante de mí solo estaba la joven, con cara de cabreo, en posición de pelea, con su pierna derecha levantada — ¿Eh? — ¡Ya te he dicho que no te desconcentres! ¡Estás todo el rato con tonterías de un niño de 5 años! — Dijo bastante enfadada — Ugh… Si… Lo siento, Jalindra … — Dije totalmente avergonzado, mientras volvía a mi forma humana. La chiquilla suspiró, una vez más, esta vez largo y tendido — Entiendo que estés emocionado con aprender algo así … — Se cruzó de brazos — Pero tienes que dominar lo básico totalmente, sin distraerte. Tienes que ser capaz de poder usarlo indirectamente. Al igual que hiciste ahora — Levanté una ceja — ¿Ah… Ahora? — Sí. En cuanto sentiste mi patada en tu estómago, instintivamente usaste el poder de tu demonio, ¿No es así? — … ¡Claro! — ¡Exacto! Pues esto tiene que ser igual. Domina lo esencial del Kenbunshoku, para que no tengas que… ¡Pensar directamente en ello! Simplemente, sea algo automático — Bajé los brazos y miré fijamente a Jalindra, para acto seguido inclinarme un poco hacia delante, donde estaba ella — ¡Está bien, Jalindra, esta vez no fallaré! ¡Prosigamos con el entrenamiento! — La joven soltó una tímida sonrisa, junto a una risa nasal, mientras se acaricia el brazo derecho — Lo dominarás. Lo sé. Es innato en ti, puedo sentirlo. Venga, al lío — Sentencio.
Tras este percance, esta vez no hubo fallo alguno. Repetí una y otra vez el ejercicio, ya no solo en el sitio en el que nos detuvimos, sino que cada par de intentos nos desplazábamos de la zona, para poder probar distintos lugares, y era de agradecer. Estando en un mismo sitio, prácticamente sentía las mismas presencias una y otra vez, no suponía una dificultad porque las ubicaba fácilmente, así que fue un acierto el ir moviéndonos. Ahora, nos encontrábamos en otra zona, esta vez con el río mucho más cerca, un claro en aquel gigantesco bosque, por el cual corría el viento agradablemente — ¡Ah, aquí se está bien, mucho mejor! — Dije con la cabeza elevada al cielo y los ojos cerrados, notando la brisa en el rostro. Jalindra parece ser que disfrutaba de aquel agradable momento, pues hizo exactamente lo mismo que yo, solo que con los brazos en alza y estirados — Si … Estos momentos son los que más disfruto — Dijo algo apenada y triste — ¡Pero no es momento de vaguear! Ya dominas muy bien el poder sentir las presencias de los seres vivos, como te dije antes, has sido capaz de automatizarlo, te felicito, no todo el mundo lo consigue fácilmente — Mi respuesta tan solo fue una leve sonrisa en modo de agradecimiento por sus palabras — ¡Ahora toca la siguiente fase del entrenamiento! — Gritó mientras se daba la vuelta y comenzaba a alejarse de mí lentamente, dando pasitos pequeños, como si fuera una niña de 3 años jugando por la acera — Dime, Joe. Ahora que has aprendido a dominar el poder, sentir las presencias de los seres vivos … ¿No viste o notaste algo raro mientras lo hacías? — Me llevé la mano a la barbilla, mientras hacía remolinos en la barba con mi dedo — ¿Notar… algo raro? — Pregunté para mí mismo en un tono leve. Me puse a darle vueltas, intentando averiguar que cosas veía mientras realizaba el ejercicio, pero estaba bloqueado. Jalindra a su vez, tarareaba una melodía mientras daba grandes zancadas, pero a una velocidad muy lenta, repito, como si fuera una niña chica jugando. De vez en cuando me lanzaba una mirada, como queriéndome decir “Venga, piensa, Joe”, y eso no me ayudaba me ponía más nervioso, hasta que de repente, habló — Las auras — ¿Eh? — Si, las auras ¿No notabas nada raro cuando las sentías? — Volví a quedarme pensativo, con una pista nueva el abanico era mucho menor — Ummm, ahora que lo dices… Creo que sí… — Afirmé con confianza. Miré al cielo — Todas y cada una de las auras eran de seres vivos, pero concretamente animales — Miré al suelo — Pero… algunas de ellas eran más intensas que otras, ¿Me explico? — Jalindra, se paró en seco, y me miró fijamente — Continúa — Si, algunas de las auras eran más grandes que el resto, pero no estoy hablando de “unas eran más grandes y otras más pequeñas” en cuanto a tamaño, no. Por eso me referí a ello con intensidad. Algunas destacaban más que el resto, podría decir — Jalindra ladeó la cabeza hacia un lado, pero permaneciendo totalmente quieta en el sitio — Aham, ¿Y qué crees que eso significa, Joe? — A pesar de que la joven no paraba de preguntarme, me sentía totalmente inspirado, contestaba casi inconscientemente — Ummm, creo que puede ser… — ¡ESPERA! — Me cortó Jalindra alzando la voz, cosa que me pilló por sorpresa — Vamos mejor a comprobarlo — Se acercó a mí corriendo y me cogió la mano derecha para acto seguido girarme 180 grados, teniendo enfrente el enorme bosque — ¿Qué está haciendo? — Pensé confuso — Venga, haz lo que ya sabes — Va… Vale, está bien — Dije. Así que allí fui, haciendo de nuevo una vez más el primer ejercicio, el cual por suerte tenía dominado. No me costó mucho comenzar a ver y sentir las auras de los animalillos de allí. Ahora que lo dominaba, podía seguir en el ejercicio y hablar a la vez – Sin que Jalindra me pegase un patadón en el estómago o las costillas, también tengo que decir — ¿Y bien… ? — La joven seguía agarrando mi mano derecha — Dime, ¿cuánto en peligro estamos ahora? — Su pregunta me hizo arquear una ceja — Umm… Supongo que te refieres a lo que hemos hablado, ¿no? Si es así, no mucho. Aquí hay criaturas que amenazan bastante poco — Dije con calma — Bien — Ahora, Jalindra volvió a girarme 180 grados, así que supuse que tendría frente a mí el río. Tras pararme, seguía realizando mi ejercicio, y todo cambio completamente. Podía percibir ahora unas auras mucho más intensas que las anteriores, podía contar unas 5, que estaban completamente quietas en su sitio — Vaya, estás de aquí son mucho más intensas, y por la dirección en la que me has girado, supongo que vienen del río, ¿Me equivoco? — Pregunté — No, no te equivocas. Es una manada de cocodrilos esperando en el río a su presa — Añadió a mi afirmación — Ahora entiendo por qué sus auras son más intensas… — De repente me quedé un momento pensativo — Un momento… Creo que ya entiendo lo que me quieres decir — Abrí los ojos, cancelando el ejercicio y mirando a Jalindra — ¿Eso significa que, cuanto más intensa es un aura, más peligroso es? — Pregunté con bastante duda. A esto, la joven me soltó la mano, llevando sus brazos en la parte trasera de su cuerpo — Ummmm, no exactamente así. Yo más bien diría que va por otro lado, pero te estás acercando — Me quedé (más) pensando a que podría referirse, cerrando los ojos y concentrándome — El aura de los cocodrilos es más intensa que la gran mayoría de los animales que hay por el bosque. Si no es peligrosidad… — Entonces, de repente, caí en lo que me dijo Jalindra hace escasos segundos — Presas … — Volví a abrir los ojos y la miré fijamente — Los cocodrilos esperan para cazar a presas más… débiles — La joven me sacó la lengua con una divertida expresión en su rostro — ¿Entonces? — Es el poder. La intensidad de la que hablo es el poder — ¡BINGO! — Gritó pegando un salto, apuntando con el dedo al cielo — ¡Exacto, eso es! — Exclamó dando unas palmaditas con las manos para, acto seguido, mirarme con sus verdosos ojos brillando — Sabía que no me había confundido contigo, Joe. Te lo dije, eres más fuerte de lo que piensas, por lo que también más inteligente — Sus palabras eran un alivio en mi mente. Siempre he estado pensando que era débil, que el apodo de “El héroe de la Marina” se me quedaba grande, aparte de ser una completa mentira. No pude salvar a Minato. No pude salvar a nadie… Solo a los que sobrevivieron por su cuenta — Muchas gracias por tus palabras, Jalindra. Estoy intentando esforzarme todo lo que puedo para salir más fuerte de aquí — Le dije en un tono de voz agradable, respondiéndome ella con una sonrisa dulce y un leve gesto ladeando su cuerpo hacia la derecha — Esta parte ha sido rápida gracias a que avanzas a saltos ¡Menos mal, porque queda lo más difícil! — Exclamó gritando y levantando los brazos — ¡Sea lo que sea, lo conseguiré! ¡Yo confío en usted, y… — Hice una breve pausa de un segundo — … Usted confía en mí! … ¿No? — Pregunté algo nervioso, a pesar de que me repitió varias veces unas bonitas palabras, no sé por qué, seguía dudando a veces. Jalindra, sin moverse, me miró a los ojos — Confío totalmente en ti, Joe. Venga, vamos a movernos — Finalizó con una sonrisa, rodeándome para dar media vuelta, e introducirnos de nuevo en el bosque.
Avanzamos durante unos treinta minutos, adentrándonos en aquel bosque gigantesco. Jalindra no dijo ni una palabra, así que decidí romper un poco aquel silencio — ¿Y qué es lo que queda por hacer? Comentaste que era lo más difícil — Pregunté mirando el paisaje a mi alrededor — ¡Las emociones! — Gritó de repente — Percibir las emociones de los seres vivos, aunque, para esto, los animales te servirán bien poco — Me llevé la mano a la barbilla, pensativo — Ummm, sí, tienes razón. Aunque tengo entendido que los animales sí que pueden tener emociones — Sí, tener tienen, pero como digo, es complicado. Necesitamos a humanos — Dijo tranquilamente, como si nada — ¿Y dónde vamos a encontrarlos aquí? La ciudad queda bastante lejos todavía… — Pregunté con duda. No sé si mis palabras fueron erróneas o que, pero Jalindra cambió totalmente de expresión y parándose en seco en el sitio, avanzando yo un metro por delante — ¿Ocurre algo? — Joe… prueba a usar el Kenbunshoku, venga — Dijo de manera bastante sería — ¿Ahora? — Sí — No supe qué le pasaba para cambiar tanto. Así que simplemente me limité en hacerla caso y realizar el ejercicio sin decir ni una palabra. Al empezar, pude sentir y ver bastantes presencias, delante de mí, a unos metros al fondo, pero era extraño, no eran como hasta ahora — Allí delante. Puedo verlo, aunque están un poco lejos… Me cuesta bastante poder sentirlos — Quise aclararle, para que fuera consciente de ello. Tras un par de segundos, una nueva aura pasó por delante de mí, literalmente, esta sí que podía verla y sentirla con total claridad. Era un aura fuerte, poderosa, pero… Tenía algo diferente. Pude observar, desde su centro, en el cual se distinguía muy bien para luego expandirse hacia fuera, un color. En este caso, era en un tono azulado, que al expandirse, se iba apagando, hasta prácticamente perder el color — Es la primera vez que puedo sentir un aura de muy cerca… — Comenté lentamente para mí mismo, para acto seguido, abrir los ojos y ver con ellos. Delante de mí, estaba Jalindra, con el rostro totalmente apenado y triste — ¿Lo que he visto, era su aura? — Pensé rápidamente, pero la joven avanzó hasta unas grandes hojas de una planta de poca estatura que había delante — Ven, mira — Dijo apartando las hojas hacia un lado, dejando un hueco en el centro por el cual se podía ver, así que me acerqué con ella, tal y como me dijo, y observé entre la maleza. Para mi sorpresa, delante de mí podía visualizar un poblado, allí ubicado en mitad de aquel gigantesco bosque — Vaya… No sabía que aquí vivía gente… Pensaba que todo el mundo estaba en Shandora, al ser una ciudad enorme y la principal de la isla … — Comenté indirectamente — Sí, sería lo suyo, vivir todos en paz, pero no es oro todo lo que reluce… — Dijo algo apenada Jalindra — Esta es mi gente, somos el poblado Birka que, por tonterías del pasado, vivimos apartados del resto… Es por eso que esta mañana te comenté que no podía estar mucho tiempo en Shandora — Finalizó — ¡Este sitio, es el que me comentó el panadero! ¡Se refería a esto! — Pensé rápidamente, pero escuchando atentamente a Jalindra. Pude sentir la tristeza de la joven solo escuchando sus palabras, pero no quise indagar mucho por si hablar de ello le haría sentirse mal o apenada. Volví a mirar a la gente del pueblo, y había de toda clase. Niños jugando en las calles, ancianos sentados mirándolos, incluso pude ver un par de personas, una mujer y un hombre, que a primera vista se les veía bien fuertes, pero esta vez, para comprobarlo, usé mi Kenbunshoku, y en efecto. Su aura era diferente a la del resto, y por lo aprendido, anteriormente, supe que eran fuertes. En cambio, el color de su aura era diferente a la de Jalindra, era de un color anaranjado — Curioso… — Dije en un leve tono, cosa que la joven no desaprovechó en escuchar y preguntar — ¿Qué ocurre, Joe? — Escuché su pregunta, pero aproveché y decidí sentir el aura del resto de personas. La de los niños era prácticamente un blanco puro, y la de los ancianos que estaban sentados azul, pero no como el de Jalindra, al revés, un azul más intenso y fuerte, no tan apagado como el de la joven — Ummm… Supongo que al probar el Kenbunshoku con personas y no animales, me he podido dar cuenta de otra cosa… Cada aura que veo aquí, tiene un color diferente — Comenté — Los niños de ahí, que juegan, ríen y gritan, tienen el aura prácticamente blanca entera — Inocencia… — Los ancianos que están sentados tranquilamente y hablando entre ellos, un azul bastante completo — Tranquilidad… — Y los dos más fuertes, aquellos de allí, de un tono anaranjado — Alerta… — Y luego tú… — Me giré para ver a Jalindra con mis ojos — Es un azul muy apagado… Como muy … — … Tristeza — Dijo, con la mirada clavada en su gente. No supe muy bien que decir, pues a lo mejor las palabras que utilizaría podían hacerla daño — Jalindra, si puedo ayudarte en algo, pued… — Tranquilo — Interrumpió mi frase — Por desgracia, no puedes hacer nada. No es tu lucha — Comentó, dando la sensación de querer sentenciar el asunto, a lo que yo simplemente no dije nada sobre ello — Pero felicidades, Joe. De nuevo, estoy sorprendida. Has superado el último ejercicio del entrenamiento con creces — ¿A qué te refieres? — Has captado muy bien las emociones de los presentes… Incluso la mía — Volví a mirar a la gente del poblado — Creo que ya lo entiendo. Esto me recuerda a cuando te conocí. Supiste muy bien como me sentía, acertando completamente de lleno en muchas cosas que pensaba. Aún yo no llego a ese punto, me falta práctica, pero ya tengo por donde empezar, y es tan solo entrenarlo — Jalindra me miró con una sonrisa, a lo que yo, se lo devolví de la misma manera — No es mi lucha, pero tranquila. Es normal sentir miedo al pensar que la gente a la que quieres pueden hacerla daño, incluso perderlas. No por sentir eso eres inferior o débil, aunque sé que es muy difícil no pensarlo, al revés, te haces más fuerte indirectamente — Le comenté, poniéndole mi mano derecha en su hombro izquierdo, para calmarla. Jalindra soltó una pequeña y dulce carcajada tras mis palabras — Maldita sea, sí que aprendes rápido, Joe Joestar. El saber que te he enseñado bien y tú has aprendido aún mejor me calma bastante — Respondí con una leve risa nasal — Sí, puedo decir que de aquí voy a salir más fuerte — De eso no me cabe la menor duda — Ambos miramos al cielo, estaba anocheciendo, prácticamente estuvimos todo el día entrenando y no nos percatamos de lo tarde que era — Venga, te acompañaré hasta el límite de la ciudad para que vayas con los tuyos — Sin media palabra más, ambos nos levantamos y nos fuimos de allí, cruzando aquel frondoso bosque.
Al cabo de unos cuarenta minutos, la ciudad de Shandora estaba delante de nosotros. La luna practicamente comenzaba a bañar el cielo con su luz — Bueno, Joe, ha sido un placer poder enseñarte. Creo que aquí se separan nuestros caminos — Dijo algo triste, con los brazos echados hacia atrás — Nunca voy a olvidar esto, Jalindra. Gracias a ti, soy más fuerte. Y confío un poquito más en mí, que no me venía tampoco mal ¿Sabes? — La joven mostró una leve sonrisa al escucharme — Espero que en un futuro podamos volver a vernos, y ojalá sea en unas circunstancias mejores, estoy seguro de que será así — Dije, adelantando mi mano para estrechar la suya en modo de despedida. Jalindra, se quedó mirándome fijamente, con esos ojos verdes que le brillaban extrañamente de repente — ¿Sigue triste? — Pensé, pero sin aviso alguno, se abalanzó sobre mí, pegando un pequeño salto y me dio un abrazo, algo que no me esperaba para nada — Seguro que nos volvemos a ver, Joe — Comentó con la voz temblorosa. Mi respuesta fue cerrar mis brazos y responder, de la misma manera, un fuerte abrazo. Pude sentir al tacto sus enormes alas, suaves como una nube de las que había en aquella isla — Cuídate, ¿Vale? ¡Eres muy fuerte, jovencita! — Dije entre risas y alegremente. Jalindra se soltó, tocando el suelo y mirándome mientras se restregó levemente la mejilla derecha — Tan solo soy una cría de una aldea de una isla perdida en el cielo. Tú eres el fuerte, Comodoro, es lo que no tienes que olvidar nunca — Sentencio, dándose media vuelta y comenzando a caminar, yéndose por donde habíamos venido — ¡Cuídate! — Gritó mientras se alejaba — ¡Hasta la próxima! — Respondí, alzando el brazo y moviendo en ambos lados, despidiendome de ella. No sé por qué, pero decidí volver a probar. Estaba viendo a Jalindra alejarse, pero quise saber como se encontraba, así que usé lo aprendido ese día con ella.
Pude ver su aura, intensa, grande, poderosa, de eso no tenía la menor duda. Pero esta vez, era de un color amarillo muy chillón, que se expandía por todas partes, no tenía nada que ver con lo que pude ver antes. Sonreí al verlo — … Felicidad — Dije por lo bajo. Me di media vuelta también, entrando a la ciudad de Shandora para volver a la casita donde nos alojábamos mis compañeros y yo.
Antes de llegar a donde estábamos hospedados, volví a pasarme por la tienda de aquel hombre anciano, el panadero. Si los cálculos no me fallaban, y aquí, llevaban un horario parecido al nuestro, estaría cerrando su negocio, seguramente recogiendo los mostradores y dejando todo preparado para mañana, volver a madrugar y ponerse a trabajar. Y correcto, tal y como dije, estaba pasando. Más concretamente estaba barriendo la parte de afuera de su tienda, la acera, recogiendo todas las migas y basura que pudiera manchar su imagen. Quise curiosear, otra vez, usando mi Kenbunshoku, para así también practicarlo con frecuencia hasta automatizarlo de manera eficiente. Desde la esquina del establecimiento de frente, probé. Pude ver su aura, pequeña, con poca fuerza, y de un color grisáceo, un poco feo — Cansancio, agotamiento... Poca motivación — Pensé. Puede ser que aquel hombre llevase todo el día trabajando, esforzándose en mantener su negocio, y no le haya ido bien. O que no se sienta del todo a gusto con su trabajo. Las opciones eran muchas, pero desde luego todas conducían a lo mismo, no estaba en un buen estado de ánimo ahora mismo. Paré el ejercicio, y simplemente, me dirigí hacia él, cosa de la que se percató rápidamente dada la ausencia de ruido a esas horas — Buenas noches, buen hombre — El anciano me miró sin ganas, ni siquiera una respuesta, aunque fuera no verbal, ni una sonrisa. Estaba claro que no iba a ser fácil. Así que, esta vez, deje a un lado todo lo que aprendí, esto se solucionaba de otra manera — ¡Mañana volveré por aquí para comprarle más de sus productos artesanos, me quedé con ganas antes de más, ese pan que me ofreció estaba realmente delicioso! — Le dije mientras me alejaba, dándole la espalda y levantando mi brazo para despedirme con la mano — ¡Espero que descanse y recupere fuerzas para mañana! ¡Pienso arrasar con todo lo que venda! — Finalicé, doblando la esquina de otra tienda, la cual estaba cerrada ya. Pero la curiosidad me mataba por dentro, quería comprobar si mis palabras fueron de su agrado o no. Me asomé por unas cajas de madera que había para verle y probar de nuevo mi Kenbunshoku. Volví a ver su aura, pequeña, con poca fuerza, pero esta vez, algo había cambiado, su color, era distinto, muy distinto al anterior que vi. Estaba sonriendo de manera lenta y agradable. Era suficiente, así que paré y me fui de allí para ir a donde estábamos alojados.
No pude evitar sonreír también — ... Esperanza — Dije en voz baja.
Según andaba, iba pensando en todo lo que había pasado hoy. Salí buscando respuestas sobre cierto poder del pirata que gobernaba este lugar. Y al final, encontré a una jovencita amable, inteligente, pero peleona que me ha ayudado a ser más fuerte. No tenía ni idea de lo que era el Haki, y mucho menos que fuera algo que puedo llegar a usar, parece ser, con bastante facilidad, según mi maestra.
Ojalá pueda volver a ver algún día a Jalindra, para demostrarle lo fuerte que me voy a volver, demostrarle que seré un buen Marine, que puedo ayudar a aquellos que no pueden por sí solos.
Me volveré más fuerte.
