[P.Relativo/Rec&Fab] Cenizas eres
#1
3 de Primavera, Año 13
Costa de Baltigo, Baltigo, 15:13 a.m.

Ya era hora de pisar tierra.
El baldío frente a nosotros auguraba una estancia totalmente apacible y aburrida pero, por otra parte, necesaria. Habíamos salido de Skypiea sin saber muy bien qué había pasado y nuestras heridas estaban aún recientes. Chloe, por su parte, había manifestado la intención de mejorar en combate, cosa que me complacía, pero Sohem había perdido el primer combate que yo recordaba haberle visto. Era totalmente inédito e inesperado y eso me aterraba. Desde que volvimos del cielo y tocamos tierra firme, tenía claro que pese a que el gremio tenía sus objetivos y cada uno de nosotros una función, yo iba a desligarme un tiempo para hacer algo que consideraba necesario, por más que los otros no lo sintieran así. Durante la pelea de Sohem no solo su ropa se perdió, cosa fácilmente reemplazable, sino que no portaba su característico casco con orificios. Nunca había visto en público al jefe sin él y, aunque había descubierto su cara frente a nosotros, podía comprender que no quería mostrarse al mundo con su rostro. No sería extraño pensar que debía hacerse con uno nuevo, así que, me pareció un buen momento para adquirir y mejorar nuevas habilidades.
 
Tras coger una bolsa que Chloe seguro hubiera llenado de Berries, bajé de un salto sin decir nada desde el Parabellum a tierra. — Vuelvo luego. — espeté despidiéndome con los dedos índice y corazón de la diestra elevados y separados por encima de mi cabeza mientras me alejaba del barco. Siempre disfruté de ver a Vinro forjar las armas de los miembros de Ebony Shard. El maestro del gremio tenía un toque particular a la hora de trabajar el metal y los materiales. Sus toscas manos se volvían cuidadosas y delicadas cuando moldeaba el acero candente para que los demás miembros del gremio segaran las vidas de aquellos a los que él decidía impuros. Pasé horas y horas viéndole realizar el proceso y, por alguna razón, pensé que quizá podría hacer lo mismo. Un casco simple y tosco para Sohem. Para ello necesitaría metales y aunque el enorme pedrusco que hacía verse como isla parecía desprovisto de vida, estaba seguro de que podría encontrar pedazos. Durante toda la tarde, mientras los rayos de sol aún golpeaban fuerte sobre el lecho de rocas que se prolongaba por toda la isla, vagué en zigzag en amplios arcos mientras oteaba el suelo. Los tenues destellos de los metales con el sol delataban la posición de las pequeñas partículas férricas en la tierra. Ya había visto a Vinro saquear hierro de casi cualquier parte y reconocerlo no era un problema. Tras unas horas recogiendo pequeñas piedras con el fulgor metálico, que bien podría ser sedimento de algún tipo de formación geográfica que se erosionó con el tiempo, conseguí llenar el saco y sopesé que sería lo suficiente para lo que tenía en mente. Até el saco y lo eché sobre mi hombro, girando hacia el Parabellum y volviendo.
 
Cuando llegué, dejé el saco en la orilla, alejado del agua pero en una zona relativamente llana. Subí a por algo de leña, unas pinzas metálicas de cocina y un viejo martillo oxidado que debía estar ahí desde que el barco fue concebido en Toko. No era una herramienta de forja, pero, visto lo visto, era lo mejor que tenía. Comencé haciendo la hoguera en uno de los huecos que las rocas dejaban y, justo por encima de este, todo el polvo esparcido en un cuenco natural que la roca había formado con los años de erosión. Tras una hora, aplicando calor constante desde la hoguera, todo el polvo ferroso acumulado se derritió en un líquido anaranjado y brillante que, poco a poco, tras apagarse la hoguera, se fue apagando hasta convertirse en un bloque metálico. Tras retirarme el abrigo y quedándome en el chaleco, asumí mi forma híbrida como sistema para aguantar el calor del metal y lo agarré con la mano desnuda. Aún estaba caliente, pero no tanto como esperaba. Lo aparté y comencé a encender la hoguera de nuevo. Ahora habría que estirar el metal caliente y darle forma, la parte más decisiva. No estaba seguro al principio del diseño, pero, tenía claras algunas cosas. Cuando el metal estuvo lo suficiente caliente para ser moldeado, pero no tanto como para volverse líquido, lo agarré con la pinza y comencé a molerlo a martillazos para que se fuera aplanando. Una plana piedra hizo las veces de yunque y sufridero para las embestidas del martillo que, aunque fuera de su ámbito, cumplió la mar de bien para la función. Comencé generando una larga y plana capa de metal que poco a poco comencé a doblar para hacer la forma de cráneo. Creo haber visto suficientes veces el casco de Sohem para poder aventurarme a hacer una forma y no errar en el ajuste. Después acomodé la mandíbula y la zona de las orejas, para, finalmente, rematar la parte trasera que terminaba en la nuca. Tras esto, con el casco en las pinzas, lo coloqué frente a mí para revisar si había grietas o fallas, revisándolo de lado a lado muy de cerca. El casco ahora era un protector plano y sin aperturas para la visión o respiración. 
 
Era el momento de decidir el diseño final. Durante unos instantes, mientras se volvía a calentar, estuve debatiéndome entre innovar o volver al diseño original. Era difícil pensar en Sohem con un semblante, si es que se podía llamar al casco semblante, distinto al característico blanco con agujeros. Por lo que comencé a agujerear el casco hasta formar los seis orificios centrales a ambos lados, cuatro más en otra columna a cada lado de estas y unas últimas con solo tres agujeros. Finalmente, y aun con el casco caliente, lancé las cenizas de la fogata por encima, permitiendo que se adhieran al metal, convirtiendo su color base en un blanco roto con textura parecida al hueso. Cuando el proceso terminó, pero el casco aún estaba caliente y al rojo vivo, subí al barco con él sujeto por las pinzas y me dirigí al jefe. — Oe. — dije imitando su tono de voz como buenamente pude. — Toma. Echo en falta que hables desde detrás de los agujeros. — dije soltando pedazos de hielo sobre el casco, permitiendo que se templara y enfriara por completo gradualmente para, finalmente, colocarlo sobre un barril. — Y antes de que digas nada… es artesanal, así que no es perfecto. Pero es funcional. — dije girando sobre mí mismo y volviendo al borde del barco — El próximo estará reforzado. — exclamé mientras levantaba el índice hacia el cielo con el codo flexionado. Era la primera de muchas obras. Quién sabe...
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#2
Aventura de recolección - Completada


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