[Presente relativo] Llama a casa antes de cenar
#1
Leyenda

Primavera, Año 13
Selva Oki, la isla Kyodaina, Gand Line
Día 75, 23:23h

- Es una mala idea - me dije mientras caminaba en círculos alrededor de aquel tocón. Me encontraba en un pequeño claro, de aproximadamente unos veinte metros de radio, con la única compañía de aquello que en algún momento fue un árbol, y los dos Den Den Mushi que había encima. Me quedé mirando aquellos dos animales, ahora convertidos en dispositivos de comunicación. Todavía se me hacía raro aquel Den Den Mushi blanco que había encontrado hacía unos días en la playa entre lo que parecían los restos de un naufragio.

- Bueno, con este pequeñín no debería haber problemas - me acerqué más todavía al tocón. Me agaché para mirarlo más de cerca. Me agaché más de lo que quería, pues mi pelo carmesí cayó frente a mis ojos. Suspiré antes de dejar escapar una risita. Comencé a separar los mechones lentamente con los dedos de mi mano izquierda, antes de levantarme bruscamente para que el pelo volviera a su sitio. Me senté después en el tocón junto a los dos caracoles. - Vale, Eaa, tú puedes - pensé, mientras comenzaba a marcar.

Pere pere pere, pere pere pere, pere pere pere...

- Lo sabía, era una mala idea - me levanté, preocupada, y comencé a dar vueltas nuevamente alrededor del tocón. Me llevé una mano a la cabeza, nerviosa. Me disponía a cortar la llamada cuando descolgaron al otro lado - Hola hola - dijo una joven y animada voz que no me sonaba de nada - ¿Me habré equivocado? - arqueé levemente una ceja mientras me aseguraba de haber marcado correctamente - Al habla Leah. Siento mucho haber tardado tanto en responder, pero hoy tenemos un día ajetreado aquí en La Viuda Tuerta - Aquellas últimas palabras me sacaron un suspiro de alivio. Había llamado al sitio correcto - ¿Con qué podría ayudarte? - la pregunta me dejó un poco desubicada - Ah sí, hola - respondí, un poco nerviosa. No recordaba que aquella señora tuviera nadie trabajando con ella, lo cual me preocupaba - Venía preguntando por la señora. No le ha pasado nada, ¿no? - me interesé. La joven negó efusivamente ante mi pregunta antes de continuar hablando - Sí, está un poco ocupada. ¿Quién llama? Si eso le paso el recado y cuando pueda te devuelve la llamada - preguntó. Me mordí levemente el labio inferior. No podía decirle mi nombre o posiblemente se asustaría, pero tampoco iba a inventarme un nombre falso pues no creo que la anciana fuera a reconocerme de esa forma. Me acordé entonces de una cosa - Dile que le llama su nieta. La alta y pelirroja - no era mentira, pues la señora me había dicho en varias ocasiones que le hubiera gustado tener una nieta como yo, y que me quedara con ella en el local - Pero, la señora no tiene hij... - comenzó a hablar la joven, algo confusa - Leah, atiende tú a estos. Si alguien pregunta por mí diles que estoy ocupada con una llamada muy importante - fue interrumpida por una voz que conocía bien - ¿Qué? ¿Cuándo pensabas llamar? - habló, seria, la mujer. Tras unos instantes rebajó un poco el tono - Así que ahora soy tu abuela - dijo con cierta burla. Asentí, con una leve sonrisa - Yo creo que a mamá le parecería bien. A mí me parece bien, y tú ya chocheas así  que a ti no hay que preguntarte - respondí y me eché a reír - Perdón por no haberte llamado antes. Han sido unas semanas muy complicadas, y además, tenía que encontrar una forma segura de poder llamar - expliqué - Sí, ya vi tu nuevo cartel de recompensa. Lo tengo aquí colgado en mi oficina. Entonces, conseguistéis llegar, por lo que veo. Cuánto me alegro - me quedé en silencio, mirando hacia arriba. Entre las ramas de los enormes árboles, por donde entraba la luz de la luna, se podían vislumbrar las estrellas en el firmamento. - Sí, llegamos sin problemas, pero nos encontramos aquí con un cazador que nos tendió una trampa - expliqué, con gran dificultad. Por momentos sentía como mi pecho se encogía de dolor - Maeve murió - dije mientras las lágrimas comenzaban a caer por mis mejillas - No fui lo suficientemente fuerte para salvarla, y murió en mis brazos - expliqué - No te preocupes. Estoy bien - le interrumpí mientras me secaba las lágrimas con el brazo, sin dejar de mirar al cielo - Sé que va a estar cuidando de mí donde quiera que esté - expliqué después - No te lo vas a creer. Allí en los cabos conocimos a un chaval. Es un poco raro, pero me cae bien, y tiene un azor que se llama Knox, ¡y es blanco! - dije, algo emocionada. - No sé cómo pero llegamos a una isla que solo tiene jungla y animales gigantes - continué con mi explicación - Y por alguna razón no hay más que gente rara aquí - me quedé en silencio unos instantes - Sí, ya sé que no soy la más indicada para hablar, pero, ¿tú habías visto antes un tritón? - pregunté. La señora iba a contestarme, pero volví a interrumpirla inconscientemente - Gyojin no eh, un tritón, con cola de pez - maticé - Pues ahora que lo dices no. Sí que he escuchado hablar de ellos y de sirenas. Y si las leyendas sobre las sirenas son ciertas, ojalá encontrarme con uno - respondió, con cierta perversión en el tono de su voz. Hice todo lo posible para no imaginarme aquella situación - ¿Y uno que nada por la tierra? - pregunté después. Sabía que su respuesta iba a ser negativa, pero la sola idea de imaginarme su reacción a mi pregunta era suficiente para mí - Me estás tomando el pelo. No existe un tritón que nade por la tierra - me respondió - Te lo juro. ¿Cuándo te he mentido yo?



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#2
Leyenda


- Pues sí, el otro día vi unas hormigas que parecían del tamaño de Mandarina - expliqué, algo más animada por la charla. Estaba tumbada boca arriba en el tocón, admirando las estrellas mientras tenía apoyados en mi abdomen ambos Den Den Mushis - ¿Sabes? A veces pienso que tendría que haber aceptado tu oferta y quedarme contigo en el hostal - hablé, algo triste - Tal vez así no hubiera pasado nada de lo que pasó hace casi un año - cerré los ojos, notablemente cansada - Tú no estás hecha para quedarte parada en un mismo sitio hija - habló la anciana - Y mucho menos en un sitio como este. ¿Tú, tener que aguantar a esta panda de borrachos y maleantes? En menos de una semana conseguirías que me cerraran el local - no pude evitar echarme a reir con aquel comentario - Oye, que yo no pego a nadie - respondí - Nadie que no lo merezca... bueno, seguro que a los babosos sí que les atizaría - pude escuchar como la señora se rió con mi comentario - Por cierto. ¿Y Leah? - pregunté, confusa y llena de curiosidad - ¿Cómo así ahora tienes una ayudante? - dije después - Cuenta, cuenta - me senté en el tocón, emocionada.

- ¿Qué? - en su respuesta se podía percibir algo de molestia - ¿Es que una no puede tener una aventura y una hija perdida? - preguntó. No tardamos mucho en echarnos a reir las dos con aquella tontería - Es la nieta de una amiga. Me pidió que le diera trabajo. A mí me da igual, mientras haga su trabajo no tengo problemas - explicó. Asentí, mientras escuchaba con atención sus palabras - Además, ahora que estoy yo sola siempre vienen bien un par de manos extra en el local - suspiré, recordando aquello que me contó acerca de su marido - Creo que ya es hora de que cuelgue, que todavía no he cenado y me muero de hambre - expliqué, mirando a mi alrededor - ¿Cómo que todavía no has cenado? Pero mira la hora que es - me preguntó, con una mezcla de enfado y confusión - Ya sabes, llama a casa antes de cenar - me reí, peinando levemente mi pelo y quitando de este cualquier posible resto del árbol - Eres tú la que lo dice siempre - le recordé - Iba a llamar antes, pero se me ha hecho algo tarde - me excusé - En medio de la selva no hay muchos relojes, como podrás imaginar - hablé con cierta burla, antes de despedirme de ella.

Tras la llamada cogí ambos Den Den Mushi y los guardé, dirigiéndome en dirección a la Rémora Fatua

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#3
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