AVENTURA T1 - El secreto de la montaña
#1
El día se desplegaba como una pintura viva sobre la Isla del Karate. El cielo, de un azul limpio y sin ni una sola nube, se extendía infinito, cruzado apenas por el vuelo de alguna garza blanca que se alejaba en dirección al mar. El sol caía justo sobre el centro del firmamento, bañando con su luz dorada los arrozales que se extendían al pie de la montaña como un tapiz líquido. Cada parcela brillaba con un verde intenso, donde el agua, apenas movida por el viento, reflejaba el paisaje montañoso con la nitidez de un espejo. A lo lejos, los tallos jóvenes de arroz se mecían en un vaivén rítmico, casi hipnótico, produciendo un murmullo sutil que se confundía con el canto de las cigarras. El aire olía a tierra húmeda y a hierba recién cortada, y el sonido de las cañas al rozarse componía una melodía natural que acompañaba cada paso que daba Ryota. El joven avanzaba por el sendero de tierra endurecida que dividía los campos, sintiendo cómo el calor del suelo le subía por los pies, recordándole que estaba lejos del mar y más cerca de la esencia de la isla: el sudor, la disciplina y la vida en armonía con la naturaleza. A su alrededor, decenas de jóvenes trabajaban bajo el sol, doblando la espalda con una sincronía casi coreográfica. Algunos reían entre sí, otros permanecían en silencio, concentrados en arrancar las malas hierbas o revisar el nivel del agua. Vestían kimonos de distintos colores, cada tono representando el dojo al que pertenecían: blancos inmaculados, azules serenos, negros solemnes, e incluso algunos rojos que destacaban entre el verdor. Aquellos dojos, se decía, mantenían antiguas rivalidades y tradiciones marciales que se remontaban siglos atrás, pero aquí, en los arrozales, todos compartían la misma tarea humilde. En la falda de la montaña, una hilera de templos y casas de entrenamiento se alzaban entre los pinos, sus techos curvos brillando al sol como escamas de dragón. El viento descendía desde las alturas trayendo consigo un aroma fresco a piedra y madera, mezclado con el eco lejano de tambores de práctica. Ryota observaba aquel lugar, tan lleno de vida y trabajo, respiraba la energía disciplinada de generaciones enteras.

El calor del mediodía se filtraba entre las hojas, y el canto monótono de las cigarras parecía envolver el paisaje en una especie de sopor veraniego. Fue entonces cuando una voz infantil, llena de entusiasmo, rompió aquel equilibrio natural. Provenía de una cerca de madera cercana al camino, donde tres chiquillos estaban sentados con las piernas colgando, gesticulando con energía mientras discutían algo con la gravedad de quienes creen estar a punto de cambiar el mundo. Ryota redujo el paso sin proponérselo, curioso, y pronto alcanzó a oír fragmentos de la conversación: hablaban de un tesoro, de un viejo pirata que había escondido su botín en una cueva secreta, en algún punto de la montaña central que dominaba el horizonte. Los niños hablaban con tal pasión que era imposible no imaginar el brillo dorado de las monedas, los cofres repletos de joyas o el eco de antiguas batallas en alta mar. El que parecía el líder del trío, un chico de cabello despeinado, banda verde oscura en la frente y sonrisa descarada, fue el primero en notar su presencia. Se giró lentamente, observándolo con la mirada afilada y desconfiada de quien mide la fuerza ajena. Sus ojos se movieron de arriba abajo, deteniéndose en los brazos curtidos y el porte relajado de Ryota. Entonces, sin una pizca de timidez, gritó con una voz llena de autoridad infantil. -¡Eh, tú! No eres de por aquí… y pareces fuerte. ¡Tienes que ayudarnos! Conseguirás riqueza y fama a partes iguales.- Antes de que Ryota pudiera responder, los tres chicos saltaron de la valla con la agilidad de pequeños monos y corrieron hacia él, rodeándolo. Sus rostros irradiaban entusiasmo, mezcla de ingenuidad y osadía, mientras cada uno hablaba encima del otro, contándole sobre mapas antiguos, rumores de aldeanos y pruebas que debían superar.

Los tres chiquillos formaban un trío tan dispar como entrañable, una especie de pandilla improvisada que irradiaba energía y desparpajo. El primero, claramente el líder, destacaba no solo por su estatura, sino por la forma en que se movía: cada gesto suyo parecía un desafío al mundo. Su cabello, erizado en picos desordenados y teñido de un violeta vibrante, brillaba bajo el sol, como si hubiese absorbido parte de su fuego. Llevaba una banda de color verde oscuro atada a la frente, ya desgastada y deshilachada por el uso, que le confería un aire de guerrero infantil. Su mirada, llena de chispa y decisión, se clavaba en Ryota con una confianza casi temeraria, como si estuviera acostumbrado a que la gente siguiera sus planes sin demasiadas preguntas. A su lado, el segundo miembro del grupo, un chico de complexión ancha, mejillas redondeadas y sonrisa permanente, contrastaba con su energía más calmada. Su cabeza, rapada al ras, dejaba ver un ligero brillo azulado bajo la luz, y su piel tostada por el sol del campo revelaba que pasaba más tiempo al aire libre que bajo techo. Tenía unos ojos amables, grandes y curiosos, y un aire de nobleza torpe que inspiraba simpatía al instante. La tercera del grupo era una chiquilla de cabello rubio, tan limpio y brillante que parecía hecho de hilos de maíz. Lo llevaba recogido en una trenza que caía sobre su espalda, enmarcando un rostro delicado, de facciones suaves y mirada dulce. Había en ella una timidez evidente: mantenía las manos entrelazadas frente al pecho y observaba a Ryota con una mezcla de respeto y fascinación. Sin embargo, su sonrisa, tenue pero sincera, revelaba que no carecía de valor. Fue entonces cuando el de pelo violeta dio un paso al frente, cruzando los brazos con la solemnidad de un líder. -Yo soy Takeshi, él es Akira y ella Aiko.- Dijo con voz firme. -Somos expertos exploradores y futuros aventureros. Pero necesitamos a alguien fuerte que nos proteja. Su mirada se endureció un instante, como si ya hubiera calculado las probabilidades de éxito. Luego apuntó hacia la montaña central y majestuosa. -Hay un tesoro en una cueva de esa montaña, y necesitamos a alguien que nos proteja de los monstruos y bestias que puedan salirnos. ¿Estás dentro, verdad?-

Presentación


Resumen


NPCs


OFF
[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
#2
Dia 27 – Otoño – Año 16

Medio dia

[Imagen: illustrative-albedo-retro-style-anime-ri...284321.jpg]

El radiante astro solar bañaba con su luz toda la Isla Karate. En armonía, los aldeanos, los animales y la propia naturaleza ofrecían una magnífica obra de belleza, dedicación y esfuerzo, sosteniendo los más simples pero enriquecedores ciclos de la vida.

[Imagen: Ad4XFU2.jpeg]

“Que calor de mierda… ¿enserio había que caminar tanto para llegar a la ciudad?”

Los quejidos de un acalorado Ryota resonaban por el sendero que conducía al corazón de la isla. Había llegado hacía unas horas a la isla y, desde entonces, no había hecho más que caminar bajo el sol abrasador. Moría por un poco de agua, algo de comida y, por supuesto, por descubrir qué tipo de diversión ofrecían las noches en la Isla Karate. Aunque, no por eso dejaba de admirar la belleza del entorno.

La mirada color miel del chico observaba el paisaje con asombro interno y saludaba educadamente a las personas trabajadoras cada vez que sus miradas se cruzaban, claro que en su mayoría solo ofrecía ese gesto a las mujeres independientemente de qué tan bonitas o jóvenes fueran.

Fue en medio de su caminar que algo llamó su atención, como si de un rasgo pasivo de un rpg se tratara la oreja del joven pareció agrandarse apenas cuando escuchó las palabras clave; “Botín” y “Tesoro”
De inmediato detuvo su andar para prestarle atención a quienes fueran que poseyeran información tan valiosa.

[Imagen: zvrxhAe.png]

“A.”

Tres niños conversaban apoyados sobre la cerca de madera junto al camino. Por mero reflejo, la ambición del mayor se desvaneció: los críos solían decir toda clase de disparates para vivir sus propias aventuras. Era algo tierno, sí, pero no tenía tiempo que perder con ellos. Sin embargo, había algo en su charla, una precisión en los detalles, que no sonaba del todo a simple juego.

Antes de tomar la elección de seguir por su camino o acercarse para averiguar algo más, Ryota fue sorprendido por la voz del que parecía ser el líder del pequeño grupo: un niño de bandana verde, cabellos desordenados, que le prometía riquezas y fama a partes iguales.

El de mirada color miel tuvo que contener la risa para no herir el ego del pequeño. Además, si la confianza de aquel niño realmente estaba a la altura de sus palabras, creyó que bien podría quedarse con una buena parte del botín y gastarlo en la ciudad.

“Vale, llevémosle el juego a estos niños…”, pensó, justo cuando los tres infantes bajaron de la cerca y se acercaron a él para rodearlo.

La presentación de Takeshi fue enérgica y vivaz; se notaba que era quien protegía a los otros dos: una jovencita tímida llamada Aiko y un regordete bonachón de nombre Akira. Por lo mencionado, se autoproclamaban como exploradores con hambre de aventura y habían descubierto un tesoro en una cueva montañosa custodiada por seguramente una que otra bestia del bosque.

Tras pensarlo por unos segundos con su mano en el mentón, el peli castaño asintió confiado. “Está bien, bro, me convenciste, pero necesito que aumentemos la recompensa un poco más…” Sonrió al final de sus palabras, agachándose ligeramente para ver al pequeño niño. “Los acompañaré a esa cueva y los protegeré, pero a cambio…” Sus ojos se pasearon por los tres niños, para terminar, volviendo a Takeshi.

[Imagen: FZEGz2V.jpeg]

“¿Cuál de ustedes tiene una hermana soltera de +18 años?”

Pregunto entre risas. “Si los llevo allí a salvo, el que la tenga, deberá presentármela.” Continúo para luego volver a su posición erguida. Aquella petición seguramente rozaría lo estúpido ante la ingenuidad de los pequeños, pero así Ryota cubriría dos necesidades, dinero para su estadía y una hermosa señorita para que le mostrara la isla.

“Entonces, ¿tenemos un trato? Takeshi.” Culmino estirando su mano para un apretón de manos entre dos hombres, una promesa que debería ser cumplida.
 
Si llegaban a un mutuo acuerdo, Ryota no dudaría en seguirlos. “Ah, y ¿alguno tiene agua? Me muero de sed.”

Outfit

Resumen


Objetos
[Imagen: ELRAliP.png]
#3
AVENTURA CANCELADA

TEMA CERRADO


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: