01-04-2026, 07:22 AM
41 de verano, año 17
Nuevo Mundo, camino a Risky Red, 3:34 a.m.
Nuevo Mundo, camino a Risky Red, 3:34 a.m.
Su respiración sonaba como si fuera mía.
Abría las puertas de un edificio de madera de par en par, como quien empuja el portón del reino tras una cruenta batalla. El local se ensordecía ante la llegada de la persona que era yo y, tras unos instantes en los que la visión se aclimataba, entraba varios metros hacia el local. Un bar de mala muerte cuya ubicación no era capaz de localizar pues, mi sueño o visión, no me permitía acceder a imágenes más allá de la cristalera del bar. Delante de mi, los pueblerinos miraban con una cara que caminaba a medio paso entre la sorpresa y la repugnancia. — ¿Qué? ¿Acaso tengo monos en la puta cara? — dije, sin vacilar y con un tono harto hostil. Nadie mantuvo la mirada, volviendo a sus tareas, copas, cervezas y quehaceres, devolviendo el ruido al local. — Pf. Eso pensé. — mascullé tras resoplar hacia arriba, lanzando mi flequillo hacia un lado y dejando ver mis ojos celestes. Me acerqué a una mesa y recline una silla, apoyando sobre ella un pie y otro con fuerza, haciendo que la cuchara de los cubiertos saltara de la mesa a mi mano con el rebote mientras el camarero llegaba para tomar nota. — Batido de fresas. — dije, con firmeza, y el hombre se fue a la barra sin siquiera contestar. Un grupo de dos se acercó por detrás de mí y llevé mi mano derecha al interior de mi abrigo, cuando escuché su voz por detrás de mi. — No es común ver gente de fuera por est... — dijo, siendo cortado bruscamente — No es buena idea. — espeté, haciendo leves movimientos con mi pistola en el interior del abrigo apuntando directo a los genitales del hombre que interactuaba conmigo. Retrocedieron sin una sílaba más y yo vigilé por encima del hombro. Fue entonces cuando posé mi gélida mirada sobre el periódico de la mesa contigua. Solté la cuchara en vistas de que el camarero tardaba y alargué la zurda -la mano libre- hacia el periódico, colocándolo sobre mi regazo y abriéndolo. Fue entonces que me vi y donde todo tenía sentido, nada tenía sentido.
Desperté sudando a mares en mi camarote del Eidfrost.
Eran altas horas de la madrugada y había tenido la peor pesadilla hasta la fecha. Estaba muy seguro de lo que había visto, mas seguía sin entender bien qué quería decirme todo lo que mi mente traía. Hacía tiempo no me preguntaba nada sobre ella, sobre la voz que me susurraba desde hace eones en mis peores momentos. ¿Dónde estaba su voz? ¿Por qué? ¿Estaría loco?
Pero, había una pregunta más interesante que esa… ¿estaría oyendo ella mi voz y buscándome como yo lo hacía?
La madera de la cama rechinó levemente por el peso, no me había dado cuenta que, debido a los nervios de la pesadilla, me había transformado en lobo mientras dormía y yacía tumbado convertido en mi forma híbrida. — Respira, Viktor… respira. — me dije mientras deshacía la transformación y me giraba sobre mi mismo para intentar conciliar de nuevo el sueño. — Mañana será otro día, otro día más. —
Akuma

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