[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver. Aspros vs Nicholas Vangeance
#11
Me encontraba en inferioridad numérica, una inferioridad numérica que se agravaba por el mero hecho de que no era capaz de sentir el aura del clon de su majestad. Sí, estaba en inferioridad numérica pero… ¿Estaban hablando entre ellos estando yo armada? ¿Tan confiados estaban de que tenían la sartén por el mango? Sí, me empezaba a notar cansada, pero de ahí a creerse que ya tenían la victoria en sus manos… Esa sensación de menosprecio, esa manera de subestimarme… Era la misma sensación que había sufrido durante toda mi vida. Una sensación que era distinta a la de haber nacido con esta notoria fealdad. Sí, era el hecho de sentir continuamente como la gente te juzgaba, sentir como, continuamente, devaluaban tu trabajo por el mero hecho de poseer un cuerpo diminuto. Alguien que era inofensivo a simple vista… Algo que mi maravilloso, estupendísimo y recto jefe, ¡el mejor del mundo sea dicho! No se tragó. El fue la única persona - junto al jefe de la guardia, Steiner - que supo ver el valor y la fuerza que residía en mi interior. Y no pensaba defraudarlos, ni a ellos… Ni a mi misma.

Empuñé a mi tenedor con mi derecha, pasando el haki que cubría anteriormente mi cabeza a imbuir el cubierto, presentando ahora el negro característico digno del Busoshoku. Aferré mi mano con más fuerza que nunca, y cambié mi objetivo. Ya no apuntaba hacia un punto intermedio entre los dos Aspros, sino que pasé a dirigir los dientes de mi arma hacia el escote del clon de su majestad.— Sigo aquí, ¿habéis acabado-ton? — pregunté con una notoria molestia, pasando a lanzar mi arma con furia hacia la real e inigualable reina Okama, momento en el que aún seguian discutiendo entre ellas.

Al momento de lanzar a Lipsync, los pocos metros que separaban mi diminuto cuerpo del normativo y deslumbrante cuerpo de la copia, en el recorrido de mi arma le seguía una estela que reflejaba el mismísimo arco iris, hasta que, una vez los dientes de mi arma ensartaron el pecho del falso Aspros, una explosión de purpurina tuvo lugar.— Perdónenme por interrumpirles, sus majestades, pero toda esta situación me estaba molestando-ton. — recriminé, mientras sacaba de mi cinturón un látigo diminuto enrollado. Aún sentía que mi cuerpo no se movía como yo quería y, estando ahora mi arma perforante clavada en el pecho de la copia de la reina… Debía estar lo más preparada posible para su siguiente movimiento.

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#12

De pronto, todo pareció sumergido en un inmenso y denso silencio. La pequeña tontatta, exasperada por nuestra incesante charla, atacó a mi réplica lanzando ese tenedor suyo ennegrecido. El movimiento fue tan veloz que solo pude ver la estela de un hermoso arcoíris, seguido de una fulgurante explosión que brillaba como las estrellas; un estallido de purpurina y aquel silencio atroz, acompañado por el ligero susurro de un piano.

— Dramaaaaaaaaaaa —reaccioné ante la ofensiva retrocediendo unos cuantos metros hacia atrás en un par de saltos, gráciles y ligeros, extendiendo mis brazos como si de alas de cisne se tratasen. Tras el desplazamiento, tapé mi boca con mi mano derecha. Un par de perlas brillantes brotaron de las comisuras de mis ojos.

La réplica, que tras el impactó abrazó con sus manos la parte del tenedor que sobresalía de su pecho, trastabilló un par de pasos hacia atrás por la inercia del movimiento. Un foco de luz imaginario iluminaba la escena, dejando todo lo demás en penumbra. No se escuchaban los gritos de los presos, ni actividad más allá de los árboles de acero escarlata que nos rodeaban. No obstante, a pesar de lo dramático del momento, la copia blandía un gesto de total impasibilidad.

— Es sieso hasta para esto... ejem —aclaré mi garganta con un suave carraspeo— ¿Cómo has podido, marichocho? ¡Pensé que éramos amigas!

Rápidamente, la pequeña carcelera extrajo de su cinturón un pequeño látigo, que blandió amenazante. Su rostro seguía tenso, pero tras los kilos de maquillaje se podía intuir que estaba molesta y su paciencia era un vaso que se había desbordado completamente. A pesar de lo amenazante del látigo, este no era tan agudo y filoso como sus palabras.

Mientras se aferraba al tenedor clavado en su pecho con la zurda, la réplica se abalanzó para intentar apresar con su diestra a la tontatta. A su vez, yo volvía a extraer mi fiel pintalabios de uno de los bolsillos de mi pantalón para dibujar algo en el suelo con gestos veloces y elegantes— Capitán…— no pude evitar pensar al finalizar el dibujo y volver a incorporarme.

Me había asaltado la mente una cuestión, y es que si no lograba escapar de ahí y me apresaban, mis compañeros se expondrían de nuevo a Impel Down para rescatarme, de eso no tenía ninguna duda. Es por eso que este combate solo podía acabar de dos formas: la carcelera caía y yo lograba escapar o…

— Tendrán que hacerme una lápida muy bonita y ostentosa para ser recordado eternamente como la grandiosa diva de la era pirata.

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#13
Lipsync impactó de lleno en el pecho de la varonil copia de Aspros, mostrándose completamente impasible ante mi ofensiva mientras, su majestad, se disponía a aumentar su distancia respecto a una servidora, en una serie de ágiles y gráciles movimientos que, si bien no era capaz de ver, sí que podía sentir con mi Kenbunshoku. Una vez que tomó la suficiente distancia, Aspros comenzó a recriminar que por qué le hacía algo así, si eramos amigas. ¿Amigas? ¿Ella y yo? En un mundo idílico donde mi corazón, orgullo y ego no estuviera lo suficientemente roto… En un mundo dónde ella no era una criminal con un precio por su cabeza y yo una vicealcalde de la prisión más reconocida del mundo… Quizás lo hubiéramos sido. Pero no era el caso.

Conforme les dejaba en claro mi visible descontento y molestia por su falta de consideración hacia su oponente, saqué mi látigo de la funda de mi cadera, al tener mi arma principal lejos de mi alcance, en el pecho del clon de la reina okama. Pero en ese momento, y sin que fuera capaz de poder verlo ni detectarlo, al no tener aquella entidad aura alguna, el doble de su majestad se abalanzó hacia, con una velocidad pasmosa, agarrándome todo el cuerpo, dejándome solamente mi enorme cabeza libre.— ¡Qué se cree que hace, copia de su majestad! ¡Suélteme ahora mismo y de inmediato-ton! — ordené, forcejeando mi diminuto cuerpo, intentando zafarme de aquella prisión que me tenía entre las suaves y tersas manos de la viva imagen de Aspros. Mis ojos, entonces, se centraron en los de mi oponente original, la verdadera reina, había cogido un pintalabios y estaba, ¿dibujando algo en el suelo? ¿Es que era ese el momento como para ponerse artístico? — ¿Hasta cuándo va a seguir infravalorándome, su majestad? ¿Hasta cuándo piensa seguir destruyendo el poco orgullo que me queda-ton? — le preguntaba, con puro despecho, y con un sólo objetivo en mente. En cuando fuera libre de mi amarre, pensaba acabar de una con toda esta pantomima. Me aseguraría de que el cisne no volviera a alzar el vuelo.

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#14

I see it, I like it

Los presos gritaban a nuestro alrededor, corriendo como pollos sin cabeza, pero las alarmas no habían vuelto a sonar de nuevo. Parecía que la prisión estuviese sumergida en uno de los mayores caos de su historia registrada, una sacudida a sus cimientos sin precedentes que constituiría un antes y un después.

I want it, I got it

Mi copia alzó la diestra con la que sujetaba a la pequeña carcelera y la giró para poner su rostro a escasos centímetros de el de la tontatta, manteniendo aquella expresión de hastío. La ahora prisionera se agitaba nerviosa con la intención de liberarse. Mientras, con la zurda, Aspros copia aferró el tenedor clavado en su pecho y lo extrajo en un movimiento seco, haciendo que unas pocas gotas de tinta salieran despedidas hacia el suelo.

— Nada más lejos de la realidad tontitta —contesté a las incesantes réplicas de la carcelera mientras volvía a guardar el pintalabios en uno de los bolsillos de mi pantalón. Ahora la tontatta, forzósamente, me daba la espalda—. Eres demasiado fuerte, infravalorarte habría sido mi perdición —finalizó la copia.

Bought matching diamonds

Podía sentir el ligero calor que emanaba del suelo, procedente de los niveles inferiores. Podía oler el hierro, la sangre. Podía notar como mi corazón latía furioso contra mi pecho. Flexioné las rodillas y tensé los músculos de mis piernas, listo para abalanzarme de nuevo contra la tontatta. Odiaba tener que enfrentarme a una camarada okama, pero odiaba aún más a la gente que se vendía a un gobierno corrupto y sin escrúpulos; aunque tenía que reconocer que los uniformes de Impel Down eran bastante estilosos.

— Es por eso que hago todo lo que está en mi mano para poder salir de aquí y reunirme con mis nakama, marichocho.

For six of my b*tches

Tras esas palabras, propiné un potente salto hacia delante, mientras que mi copia avanzaba hacia mí unos cuantos metros para acortar la distancia entre ambos. Una grácil pirueta aérea y un potente descenso con los pies juntos imbuidos en haki, en dirección a la cabeza de la carcelera, único punto que no estaba cubierto por la mano de mi copia. Esta alzó su mano para mostrar el blanco, el cual me seguía dando la espalda.

— ¡Keri pointe!

Aprovechando el impacto, retrocedí en el aire con una elegante pirueta con la que caí al suelo con las piernas flexionadas. Enmarqué mi bello rostro con ambas manos, entrecerrando los ojos y tensando los labios para que pareciesen más grandes y voluminosos.

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#15
Aprisionado entre las firmes manos de la copia de Aspros, forcejeaba continuamente con mi cuerpo buscando algún mero atisbo de escape, recriminándoles la manera en la que me estaban subestimando hasta el punto de que, su majestad, comenzó a dibujar alguna especie de garabato en el suelo con su pintalabios. Sin embargo, para ellas, este pensamiento mío estaba completamente alejado de la realidad, alegando la contraparte más machorra de la reina Okama que, el mero hecho de subestimarme, les habría llevado a una derrota inevitable. Aunque no podía sentir el aura del clon, sí que podía percibir que, en las palabras de su majestad, no había ningún lugar a mentiras. Parecía decir la verdad y sólo la verdad pero, entonces, ¿por qué estaba dedicando tiempo en el que podría estar atacándome en pintar? ¿Era alguna clase de necesidad desconocida que tenía la soberana de Kamabakka? Desde luego que eran muchas preguntas para tan pocas respuestas.

En ese momento, Aspros flexionó sus piernas, preparándose para dar un increíble salto, mientras decía de manera simultánea junto a su copia que haría todo lo que fuera para poder salir de allí, para poder reunirse con sus nakamas. Reí nasalmente ante sus palabras. ¿Salir de aquí? ¡Cómo si eso fuera posible! Tras aquellas palabras, Aspros se posicionaría a una altura por encima de nuestras cabezas, alzando el vuelo como un pavo real. Por su parte, y debido a que había aumentado distancias Aspros entre ella y yo, su copia comenzó a correr hacia ella, sin aflojar el agarre hacia mi cuerpo.

Mientras reducía el rango de acción de mi Kenbunshoku hasta un alcance de 5 metros, podía sentir las intenciones de la reina.— Otra vez, una patada en mi cabeza-ton. — pensé, volviendo a recubrir toda mi testa en el negro mate y brillante característico del haki de armadura, momentos previos a recibir la ofensiva de la reina, amortiguando considerablemente el impacto pero volviendo a notar como cada uno de los músculos de mi cuerpo se agarrotaba.

Y tras aquello, y como si aún estuviera en una prueba de lipsync, al contrario que yo - ya que no podía mover ni un sólo músculo de cabeza para abajo -, Aspros usó el impacto para retroceder con una grácil pirueta, aterrizando con las piernas flexionadas y elaborando una pose que encandilaría al 90% de la población mundial, incluyéndome a mi. Tras aquello, deshice el haki de armadura que cubría mi cabeza, y carraspeé.— ¿Salir de aquí dice? ¿Escapar? ¡Por favor! ¡No pronuncie cosas imposibles, su majestad-ton! — exclamé, con cierto tono de condescendencia.— Ni aunque fuera su majestad de acabar conmigo, podría salir con vida de aquí, ¡estamos hablando de la mayor prisión del mundo! ¡Con la mayor seguridad posible-ton! — añadí, desviando mi mirada hacia un lugar cercano a la posición más exacta dónde debía estar la puerta hacía el vestíbulo.— ¿No ha visto acaso quiénes estaban resguardando la salida? ¡Su capitán y usted sois historia! ¡Así que déjese querer y deje que le meta en una celda decorada especialmente para usted! Dejaremos hasta que su clon se quede con usted para hacerle compañía-ton. —  finalicé, con sorna, mientras seguía forcejeando para intentar zafarme de tan exhausto pero idílico agarre.

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#16
Tal y como esperaba, la carcelera hizo uso del haki de armadura para recubrir su pequeña cabeza y reducir drásticamente el daño que pudiese generar mi ataque. Golpeé con fuerza aquella pequeña y redonda cabeza ennegrecida, más quién iba a creer que un ser tan diminuto pudiese contar con unas defensas tan descomunales. Y no solo defensas físicas, su entereza mental ante situaciones de presión era encomiable.

— Tú eres mi mayor muro —contestó impasible mi réplica ante las palabras de la tontatta. Tras el golpe, volvió a alzarla a la altura de su cabeza— Y no pienso compartir celda con él, me carga la cabeza.
— Oi Oi Oi.

Podía sentir como la sola presencia de la puerta de acero, en la distancia, se clavaba en mi nuca. Era el último lugar en el que había visto a Yojimbo y a su padre y, si bien es cierto que se enfrentaban contra las titánicas fuerzas de Impel Down, no podía percibir nada que me hiciese pensar que hubiesen caído en combate ambos lunarian.

— ¿No crees que si tu jefe y el peliazul hubiesen derrotado a mis amigos ya estarían aquí? Me parece que mi capitán ya ha llegado al exterior.

No tenía claro si mis palabras eran una forma de amedrentar a mi enemiga y bajar su moral o de dotarme a mí mismo de confianza. En lo más profundo de mi corazón ansiaba que al menos Yojimbo hubiese podido llegar a ver la luz del sol. Sabía que su padre iba a darlo todo para que su hijo pudiese escapar de allí, aunque eso supusiese vagar eternamente por los niveles de la prisión. Por mi parte, esperaba haber ganado el tiempo suficiente para ambos. Con eso en mente, volví a centrar mi atención en la tontatta.

— Querida marichocho tontakka, gracias por tu oferta pero me veo en la obligación de declinarla de nuevo. Este ambiente tan cargado es nefasto para el cutis y las puntas… a las pruebas me remito —dije mientras señalaba elegantemente a la tontatta extendiendo mi mano diestra, a pesar de que seguía dándome la espalda— ¿Y qué te parece si te vienes tú a la isla de Momoiro? Allí podríamos hacer un verdadero lipsync y determinar quién de las dos merece más ser la reina.


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#17
Ante mis amenazas e intentos de disuasión a la reina de Kamabakka, aquel que seguía apresándome con la fuerza y pasión de un gavilán, respondió que yo era su mayor muro, con una seriedad envidiable, para añadir, tras alzarme a la altura de su cabeza, que jamás podría compartir celda con su versión original, tomándoselo su majestad como un ataque a su persona.— ¿Problemas en el paraíso-ton? — pregunté con sorna -  y también por enterarme un poco del drama que podría existir entre una copia y su creador -, mientras la fuerza y presión que seguía ejerciendo en cada uno de los músculos de mi cara se desvaneció, haciendo que mi rostro, lentamente, volviera a ser el adefesio que era, salvo que era no llevaba gafas.

Seguidamente, la okama más deslumbrante del mundo entero - muy a mi pesar -, hizo una pregunta que, por un segundo, hizo que se me helara la sangre. Desde luego, que desde que nos habíamos separado, no había vuelto a saber de ellos, ¿tantos problemas le estaban dando dos simples moscas al impecable alcaide y al impresentable de Tucrow? — Llevar a un preso tan valioso como puede ser una de las manos de la revolución lleva su tiempo, su majestad-ton. — dediqué a la copia de Aspros una mirada un tanto traviesa.— Ya sabrá, hay un largo trecho entre el nivel 1 y el 6… Y en cuanto a su capitán, deberían estar ultimando los preparativos para llevarlo hacia Marineford-ton. — expliqué, intentando también autoconvencerse de que esa era la razón por la que aún no se habían presentado en el lugar. El alcaide confiaba en mí para terminar con la reina Okama, y por eso no se había dignado a importunarse. Debía responder a sus expectativas como era debido.


Mientras yo seguía intentando zafarme de las bellas manos del doppelgaynger, su majestad comenzó a declinar nuevamente mi oferta. No sé que le veía de malo en estar encerrada en la mejor prisión del mundo, y con una celda completamente decorada por y para ella. Era un trato que muchos de los prisioneros del lugar les habría gustado tener. Lo que sí me sorprendió fue su siguiente pregunta, ¿que me fuera con ellos a Momoiro? ¿Que cantáramos un lipsync en condiciones para determinar quién de las dos era la misma reina? Una parte de mí, una parte de mi herido corazoncito del tamaño de una lenteja, se sintió algo calentito debido a las palabras de la reina. Mi kenbunshoku me permitía ver que sus palabras no eran mentira, aquella propuesta era genuina. De verdad me aceptaba como una de las suyas. ¿Me iría mejor si alguien con el status y reputación de Aspros me reconocía como una okama de renombre? Descendí mi mirada hacia mi pecho, hacia el lugar dónde debía estar mi corazón cuando - aunque estando oculta entre las manos del clon - sentí que era lo que descansaba sobre este. La placa que me identificaba como vicealcalde. La placa que reflejaba el juramento que hice con la intención de proteger al mundo de los criminales que residían en esta prisión, además de subyugarlos. La placa que simbolizaba, no sólo mis valores, sino también a la primera persona que me aceptó tal y como era, sin importar mi tamaño, mi orientación sexual o mi fealdad. Por mucho que mi verdadero sueño estuviera lejos de este lugar… Había veces que el deber se debía priorizar ante el deseo.— Aprecio la oferta, su majestad, de todo corazón-ton. — me sinceré, notando en ese momento como el agarre del clon de Aspros se debilitaba, aprovechando ese momento para forcejear todo cuanto pude, quedando liberado de este, subiéndome velozmente hacia las manos que me apresaban hasta hace poco para, seguidamente, soltar el látigo hacie el suelo e impulsarme en un veloz salto que me dejaría a unos 3 metros sobre la cabeza de su majestad.— Pero debo rechazarla. — musité, de forma inaudible para nadie, comenzando en ese momento a descender, a toda velocidad, mientras mi cuerpo giraba hacia delante, con la cola extendida antepuesta, imbuyéndola en mi haki de armadura.

— Disfrute de este último baile tal y como yo lo hice, su majestad. — pensé, conforme iba descendiendo, hasta que mi cola, una vez que estuvo a la distancia suficiente, golpeó como un martillo el cielo de su cabeza, haciendo que un sonido hueco y una nube de polvo a los pies de Aspros se desplegara por todo el nivel. Era mi mejor ataque, un ataque que debería dejarlo noqueado pero que, para mi desgracia, no podría ser capaz de cerciorarme si aquello era así o no. Sentía como había hecho uso de todas mis fuerzas, como había gastado hasta el último ápice de energía que me quedaba. Mi cuerpo dejaba de responderme, a la par que mi visión se empezaba a emborronar, al igual que mi conocimiento. Si con ese ataque no era capaz de derrotarlo… Más le valía al menos escapar de una pieza.

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#18

A pesar de que estuviese dándome la espalda, de forma forzosa por el agarre de mi réplica, podía notar en su postura una profunda reflexión, un pequeño anhelo de dejarlo todo atrás y escapar para cumplir un sueño, lejos de aquel foso oscuro. Pero hasta en la oscuridad encontramos consuelo e incluso aceptación; sentir que formamos parte de algo es un sentimiento muy poderoso. Y parecía que aquella pequeña y poco agraciada tontatta había encontrado su hueco allí, en el infierno sobre la tierra.

Tras un largo forcejeo, al final la pequeña carcelera pudo liberarse del agarre de Aspros copia, que usó como punto de apoyo para impulsarse y saltar unos cuantos metros sobre nuestras cabezas. Era tan veloz que, a pesar de que pudiese detectar sus movimientos mediante el uso del haki de observación, mi cuerpo no pudo reaccionar a tiempo para intentar esquivar lo que fuese que se me viniera encima. Cubrí rápidamente mi cabeza con el haki de armamento, con la esperanza de que doliese lo menos posible— A las chicas guapas no nos gusta sufrir— e incliné ligeramente mi cabeza, entrecerrando los ojos en un acto reflejo.

Y llegó el golpe. Noté una fuerte sacudida en la zona más alta de mi cabeza, tan fuerte que me empujó hacia abajo, haciendo que tuviese que dar un torpe paso para no caer de bruces contra el suelo. Noté como la energía descendía a través de mi cuerpo, furiosa, hasta la planta de mis pies, donde formó una densa capa de polvo en suspensión.

Todo a mi alrededor había dejado de existir por una fracción de segundo, donde solo sentía dolor, un fuerte pitido en los oídos y cansancio. Sentía una fina niebla invadiendo mi mente que me impedía pensar con claridad, pero no podía relajarme, debía contraatacar, debía reaccionar, debía…

— … —observé el cuerpo de la tontatta tirado en el suelo, inconsciente y parcialmente cubierto por una ligera capa del polvo levantado por su ataque. Tras el golpe, había agotado sus fuerzas y caído rendida. Pasados varios segundos de vacilación, me agaché y me senté en el suelo, cruzando las piernas y apoyando los brazos tras de mí para inclinarme un poco hacia atrás.

El polvo comenzó a descender, dejando entrever poco a poco aquel dibujo que había realizado en el suelo momentos antes y que parecía haber molestado tanto a la tontatta. Junto al cuerpo inconsciente de Nicholas se podía ver un garabato, una versión caricaturesca de ella misma sonriendo hacia el techo, con los ojos cerrados en un gesto afable y la mano extendida señalando lo alto de su cabeza, donde portaba una reluciente corona de reina. Tal vez no fuese mi mejor obra, pero desde luego tenía mucho sentimiento.

— En otra vida hub…hubiésemos…podido ser am... amigas, ¿no crees, marichocho?

Suspiré, porque parecía que todo había acabado, al menos mi parte. ¿Yojimbo habría logrado escapar? ¿Seguirían vivos él y su padre? ¿Podría capturar a ese mocoso caracol y abrir una fábrica de productos de cosmética?— Incluso ahora no puedes dejar de hacer el tonto —comentó en mi mente Aspros copia, puesto que su cuerpo físico había desaparecido en una nube de tinta tras el fuerte impacto sufrido. ¿Debía preocuparme por tener algún tipo de trastorno de personalidad múltiple? Si todas las personalidades tenían mi hermoso rostro no tendría problema. Quizás no fuese capaz de salir de allí, quizás no volviese a ver la luz del sol, pero lo había dado todo; y eso me hacía sentir toda una reina.

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