[FIC - Pasado] Un pequeño recordatorio
#1
Leyenda


Otoño, Año 13
En las calles de la ciudad de Lègance, Isla Neur
Día 53, 14:51h

- Ya te he dicho que no te me acerques - miré con gran molestia al desgraciado que se había plantado delante de mí. No me había dejado de mirar desde que había entrado hacía dos horas, y por si fuera poco, ahora tenía que encima escuchar su desagradable voz y oler el pestazo que emanaba - ¿Qué he hecho yo para merecer esto? - me pregunté, posando en la mesa la copa de vino. Esperaba que tener aspecto de pollito me ayudara a pasar algo más desapercibida, o por lo menos a librarme de tener que aguantar a degenerados como este.

- Oh, vaya, parece que la pollita es algo tímida - habló, con aquella asquerosa voz - Si quieres, podemos ir a la habitación, seguro que así no te da tanta vergüenza - Cada palabra que salía de su boca me creaba arcadas, casi tantas como ver por el rabillo del ojo su mano acercarse lentamente a mi cabeza - Aunque dicen que las tímidas son las más... - ya tenía suficiente. No le dejé terminar la frase. Clavé el tenedor en su antebrazo, lo cual hizo que soltara un sonoro grito. Me levanté, aprovechando que el hombre se llevaba la mano al antebrazo, para sacar el cubierto que tenía clavado - ¡Zorra asquerosa! - gritó, enormemente enfadado - Ya verás cuando te coja, te voy a... - le di una patada en la espinilla, haciendo que cayera al suelo de espaldas. - ¿Me vas a qué?, ¡trozo de mierda! - grité, pisándole en el pecho con todas mis fuerzas. Pude escuchar a la perfección como sus costillas crujían bajo mi pata izquierda - ¿Qué has dicho que vas a hacer? - grité, llena de ira - Oh, vaya, parece que eres un trozo de mierda tímido - dije sarcásticamente mientras volvía a pisarle. Esta vez su pecho cedió, haciendo que explotara, como cuando pisas una cucaracha - Puaj, que asco - me aparté, mirando a mi alrededor - Sí, sí, ya me voy - le hice un vago gesto al dueño del bar, quien gritaba desde la barra, notablemente molesto - Ya van cuatro en tres días - me quejé, mirando al pequeño felino que se encontraba metido dentro de mi abrigo - Ya verás, seguro que me ponen otro apodo además del de Demonio Comeniños - me reí, mientras caminaba rápidamente por las elegantes calles de Lègance - Pero no es mi culpa. Son ellos los que vienen a joder - llevé mi mano izquierda al bolsillo de mi abrigo - Si no quieren que les pase nada que me dejen en paz - suspiré, molesta. Saqué del bolsillo la pequeña cajita de madera. Leer las palabras que tenía grabadas causaba en mí efectos opuestos. Por un lado me creaba un gran pesar y tristeza, pero por otro lado, abrir la caja y ver el Log Pose que se encontraba en su interior me calmaban, como cuando el pequeño Mandarina se me sube encima y se pone a ronronear

- Es verdad, debería haber vuelto ya - Comencé a correr, evitando las calles más concurridas, mientras me dirigía al lugar que había ojeado hace unos cuantos días.



Tardé en torno a media hora en llegar al lugar. En verdad no estaba tan lejos de donde me encontraba, pero por el camino me encontré con un grupo de marines que se dirigían al local en el que había causado aquel incidente. No tenía ganas de más líos, por lo que tuve que ingeniármelas para despistarles (corriendo mucho y muy rápido, principalmente) y dar un rodeo par llegar a mi destino sin nadie siguiéndome la pista.

- Menos mal. Llega a estar cerrado y me da algo - suspiré, jadeando. Alcé la mirada, fijándola en el cartel: "Aspecto Ideal, las mejores pestañas de todo el Grand Line" Junto a este, otro cartel más pequeño: "También hacemos tatuajes pequeños y medianos. Precios asequibles" Llamé a la puerta - Ya voy, ya voy. Deja de aporrear la puta puerta joder - una grave pero dulce voz llamó mi atención. Paré, pues no quería hacer enfadar a aquella mujer. La puerta se abrió entonces y al otro lado del umbral se encontraba una humana que tendría más o menos mi edad. Mediría entorno al metro sesenta. Tenía el pelo rubio, algo oscuro, recogido en una coleta - ¿Qué quieres? - preguntó secamente. Me miró de arriba a abajo y se dispuso a cerrar la puerta - Si vienes a hacer el tonto vete a tomar por culo. Ni siquiera tienes pestañas, y tengo cosas mejores que hacer - Interpuse el ala entre la puerta y el marco, lo cual hizo que la joven me lanzara una amenazante mirada - No, no. No vengo por lo de las pestañas - señalé al otro cartel - Me dijeron que estabas de vacaciones y volvías hoy - tras esas palabras la joven relajo la mirada - Ah, vale, eres tú. Pasa, pasa - abrió la puerta - Mi madre me habló de ti, pero no me dijo que eras tan... grande - pasé, intentando molestar lo menos posible, mientras esta cerraba la puerta. Aproveché para analizarla mejor. Era bastante delgada y llevaba un vestido azul y blanco, bastante holgado, así como unos zapatos bajos. Me fijé en que en su tobillo izquierdo tenía tatuados dos corazones rojos, de colores ligeramente distintos, y lo que supuse que era otro corazón azul.

Mientras esperaba a que esta terminara de comer, Mandarina maulló, pidiendo comida - No se permiten animales aquí dentro - me miró con enorme seriedad - Y menos todavía gatos - se levantó, amenazante - Espera, espera. No puedo dejarle ahí sin más en la calle - le pedí. Tras mucho insistir finalmente cedió, cogiendo un cuenquito con agua para mi pequeñín - Más te vale no moverte de ahí, Mandarina - le dijo al felino, quien maulló y se sentó en el suelo, comenzando a beber agua lentamente.

Tras aquel pequeño incidente me guió hacia una de las salas. Esta era pequeña, pues solo había espacio para una camilla, una estantería y una pequeña mesita. Me quité el abrigo, así como la parte superior de la ropa, y me tumbé boca arriba en la camilla tal y como me pidió. Quitó primero algunas de las plumas de la zona, para poder trabajar directamente sobre la piel - Si te duele o lo que sea me dices, ¿vale? - asentí a su pregunta - Seguramente te duela, porque es una zona sensible - ver la aguja acercarse lentamente a mi piel me ponía bastante nerviosa, no voy a negarlo - Por cierto - esperaba que mantener una conversación me ayudara a calmarme aunque fuera un poco - ¿Qué tal te han ido las vacaciones? - pregunté - Si no es mucho meterme en tu vida, claro - se quedó unos instantes en silencio, mientras acercaba la aguja más todavía a mi piel. Sentí entonces un ligero pinchazo, como si se tratara de una picadura de mosquito. Lo siguió otro, y otro más después. Me relajé, pues me esperaba mucho más dolor del que estaba sintiendo - Muy bien. Vinieron de visita unos amigos que llevaba mucho tiempo sin ver, y he estado con ellos una semanita - no esperaba que respondiera a mi pregunta, siendo completamente sincera - Me hubiera gustado estar más, pero ya sabes, sin trabajo no hay comida ni para mí ni para mis perros - asentí, pues aunque ahora me dedicara a la piratería sí que había trabajado en el pasado - Que guay, la verdad es que... - me quedé en silencio, pues ahora sí que dolía bastante - ¿Duele? - me preguntó al ver mi reacción. Asentí, sin decir una palabra - No te preocupes, es solo un momento. Es porque hay algún nervio por esta zona - me explicó. Tal y como me había dicho, el dolor no duró mucho - Una pregunta, por simple curiosidad - habló - ¿Algo bueno o malo? - preguntó, señalando al tatuaje - Malo - respondí

El resto de la sesión de tatuaje transcurrió sin ningún incidente. Tras algo más de una hora, me dijo que me levantara de la camilla, que ya habíamos terminado - No te pongas todavía la ropa - me pidió - Como te he dicho, tienes que echarte durante un par de semanas esta crema, y luego tienes que cubrirlo bien - me guió después al espejo, para que pudiera ver el resultado. Me quedé en silencio mientras leía las palabras que había grabadas en mi pecho, junto al corazón.

No olvidar el 12 de Otoño del 12

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