[Pasado][Fic] El diablo viste de tenryuubito
#1
El reino de Goa, en la Isla de Dawn, era una de las poblaciones más importantes y cuantiosas de todo el East Blue. Además de salvaguardarse a si misma con una inmensa muralla de piedra, contaba con el abrazo del monte Colubo, hogar de forajidos y maleantes. La ciudad estaba regentada por una de las monarquías más importantes del mar del este, lo que le otorgaba cierto prestigio a la realmente humilde isla. Era ese el motivo por el cual Frank y yo, acompañados por un sequito de marineros y comerciantes, nos encontrábamos parados frente a los enormes protones de la ciudad. Y es que la gran sede central de la que iba a ser ahora mi “casa laboral”, One Paradise, se encontraba allí, como si pretendiese hacerse con una tajada del pastel de la fama de la que gozaba la isla.

- Bienvenido a Goa, ¿has estado alguna vez por aquí? -Frank cargaba, junto con otros dos tipos, todo mi equipaje. No es que yo no quisiese mancharme las manos, pero insistían en que yo no debía hacer grandes esfuerzos, ¿es que acaso estaba embarazado o qué? – Creo que no -sabía por las copiosas fotografías en la mansión de los Kudo que mis padres, en un alarde del lema “vivir para trabajar”, habían llevado a un diminuto Aspros, por aquel entonces Kishibe, por medio mundo: firmas de libros, rodajes, entrevistas. Querían ser padres, pero un bebé no les iba a estropear su apretada agenda, estaba claro. Por ello, era altamente probable que mis padres me hubiesen arrastrado hasta aquí en algún momento, pero cuando aun era incapaz de aguantarme mis necesidades.

Tras varias gestiones y revisiones del cargamento, los guardias de la entrada nos dejaron pasar. Acostumbrados al enorme trasiego de la ciudad, los ciudadanos hacían caso omiso a la enorme cantidad de gente que acababa de atravesar sus puertas. Una gran parte de mi se encontraba en éxtasis, ya que mi pequeño periplo estaba por comenzar, pero el miedo siempre era un molesto compañero de viaje. Abandonando la calle principal, nos dirigimos al sector oriental de la ciudad, más comercial y donde se encontraba el relativamente imponente edificio de One Paradise, nombre que podía leerse, orgulloso, a lo largo y ancho de su fachada. En la puerta, un robusto señor hacía de las de guardia de seguridad.

- ¡Franky! Parece que hace mil que no te veo, ¿cómo ha ido la pesca?
- Jejeje, bien bien Marcus, no nos podemos quejar -comentó con una sonrisa nerviosa, indicándole con gestos de cabeza que el susodicho pescado les estaba escuchando- ¿Está Divina?
- Acaba de salir, pero no tardará mucho en volver -ante mi aparente desconcierto, el guardia blandió una sonrisa socarrona y señaló con un grueso dedo índice la chapa que lo identificada como trabajador de la firma- Divina es mi jefa, bueno, la de todos los aquí presentes.
- Exacto, ahora también la tuya, Aspros -añadió Frank- Es rotunda, pero justa. Maneja a la clientela como una domadora de fieras, nada se le resiste. - Tenía la duda de si el nombre se lo había adjudicado ella misma o sus padres querían asegurarse de que llegaría lejos con ese nombre tan pretencioso. Fuera como fuese, me iba a quedar con esa duda por el momento. - ¿Entramos? En cuanto vuelva podremos empezar la reunión.

El exterior del edificio podría considerarse sutil, pero el interior del mismo era un universo completamente distinto: las pieles, el terciopelo, las enormes fotografías colgadas por las enormes paredes del vestíbulo principal, la sobrecargada decoración invadía mi visión como el cegador sol de agosto. No me malinterpretéis, aquel era uno de los sitios más bonitos en los que había estado, pero lo cortés no quitaba lo valiente.

- Que sitio tan… ¿curioso?
- Todo ha sido diseñado y supervisado por Divina -comentó Frank mientras dejaba el equipaje al lado de uno de los enormes sofás de cuero y tachuelas. Tras pelearse con la hoja de una de las palmeras decorativas, la cual amenazaba con sacarle un ojo, continuó hablando sobre las grandes proezas de Divina, la “sin abuela”. - La gente que ves en las fotografías, todas y cada una de esas personas, llegaron al estrellato gracias a One Paradise. Tal vez un día tu fotografía llegue a estar en esta sala.

- Que no te quepa duda -pensé, aunque me hubiese gustado expresar tal confianza verbalmente. No despegaba la vista del cuadro más grande de todos, que encabezaba la marmórea escalera de caracol que permitía alcanzar los pisos superiores. La imagen mostraba a una exuberante mujer rubia que amenazaba con convertir en piedra a cualquiera que osase posar la vista sobre ella. Sus enormes labios, enmarcados por una sombra gris de barba recién afeitada, estaban más apretados que el sueldo de un granjero de familia numerosa. Me apostaba un brazo de Frank a que era Divina- Mi cuadro será más grande que el de ella.

Nos aproximamos al mostrador de recepción, unos pasos por delante del inicio de la escalinata, donde una chica de buena planta y dulce voz contestada a las numerosas llamadas a la empresa. - One Paradise un momento, One Paradise le paso, la señorita Divine no se encuentra ahora mismo en la oficina, ¿quiere que le deje un mensaje?

- ¡Celia! -dijo animado Frank, con un grado de cercanía tal que me hizo sospechar de un tórrido romance entre esos dos- ¡Frankito! -aquel petulante mote cariñoso lo confirmada; nota mental, investigar más sobre este asunto- ¡Cuánto tiempo sin verte! Veo que has venido con el nuevo chico, un placer cariño. Podéis ir subiendo a la sala de reuniones tres, ahora mismo ando un poco liada…
- No te preocupes caramelito, luego hablamos -contestó, causando una arcada generalizada.

Comenzamos a ascender por las escaleras hasta la mentada sala de reuniones tres, un espacio bastante diáfano en comparación con el vestíbulo, con una enorme mesa de madera rectangular flanqueada por sillas de terciopelo rosado. Una gran pizarra coronaba el butacón que presidía dicha mesa, sin duda el lugar de Divina.

- Ahora nos toca esperar. Mientras tanto, los del equipo llevarán tus cosas al hostal de al lado. Ahí es donde vivirás mientras estemos aquí, en Goa. Es un sitio bastante sencillo, pero muy bonito y cómodo.
- Bien, bien.

Todos adoptamos posiciones en las butacas, de forma aleatoria, y nos sumergimos en un profundo silencio que solo fue destruido, a los pocos minutos, por el sonido de fuertes pisadas que se acercaban por el pasillo. Por las caras que adoptaron todos, no tanto de miedo sino de respeto, pude intuir de quien se trataba; el sonido de esos tacones era el prólogo de mi nueva vida.
[Imagen: rvCfBMF.png]

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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