PARTE 2
Salí corriendo de mi cabaña con todas mis fuerzas. Lo que me dijo Camila me destrozó por dentro. ¿Qué manera es esa de honrar al viejo? Seguramente si estuviera aquí les daría a todos un capón. Esto era acabar con su sueño, el restaurante era su vida, la cocina, alimentar a la gente y que esta estuviera feliz. Era lo que a él más le gustaba, y ahora no iba a poder ser. No daba crédito a que la gente del pueblo permitiera esto. Y sin todo ese sueño en la villa, yo no tenía hueco allí, he estado toda mi vida en entre esas paredes, aprendiendo y siendo feliz. No quería ya estar allí. Corrí hasta llegar al puerto. Algo pasaba, el puerto estaba vacío. No era normal a primeras horas de la mañana, aquí tendría que estar lleno de gente en los comercios, barcos pesqueros descargando su pesca... Hasta que giré mi cabeza hacia la derecha y entendí lo que estaba pasando. Un barco pirata estaba allí, amarrado al puerto. Miré cuidadosamente por todos los lados, no quería ser descubierto por uno de esos asquerosos piratas. No vi nada, tampoco se escuchaba nada, todo estaba en silencio.
Me acerqué poco a poco al barco, metiéndome entre los comercios, las cajas, los barriles... cualquier cosa me era útil para pasar desapercibido. Cuando me quise dar cuenta, tenía el barco enfrente de mí, estaba escondido detrás de un mostrador de un puesto de verduras vacío. Era raro, olía perfectamente a muchos tipos de ingredientes, como verduras, pescado, carne... al crecer entre fogones he desarrollado un buen olfato. Pero todo el puerto estaba vacío. Eso solo podía significar una cosa: Estaba dentro del sucio barco pirata, seguramente es un barco de los piratas que saquearon la villa hace un día, no podía ser de otra manera. Al no detectar ningún ruido ni nadie a la vista, procedí rápidamente a colarme dentro de él.
Subir a él fue sencillo, faltaba un cartel que pusiera "Adelante sube por aquí", subí por las escaleras hasta pisar madera. Nada raro, estaba todo vacío. Lo único que había era mierda y suciedad para aburrir. A unos pocos metros vi una trampilla un poco abierta, me acerqué y daba a lo que parecía una especie de bodega. No había duda, mi olfato no me falló y ahí estaba todos los alimentos y comida saqueados en cajas de madera, entre otro tipo de cajas con baratijas, trastos y piezas, entre más cosas. Desde luego aquí había de todo.
De repente, y rápidamente, escuché una voz que provenía de fuera - ¡Dame la puta cerveza imbécil! - ¡Que te jodan, esta es la mía, no habértela bebido tan rápido! - Acto seguido, escuché como subían por las escaleras del barco. Estaba perdido, no tenía escapatoria. Mantuve la calma y me escondí entre toda la mercancía, tapándome la boca con las manos para no hacer el mínimo ruido. - Callaos de una vez payasos, tenemos que partir de una vez o el capi se enfadará, somos los últimos monos en la isla - Cierto, aquí ya no hay nada que pillar, les hemos quitado hasta el último trozo de comida ¡wajajajajaja! - En ese momento me estaba consumiendo la rabia. No tenían ni una pizca de arrepentimiento, pero que podía hacer yo, era un crío, y estaba en peligro. Solo podía callarme y esperar a ver que pasaba. Escuché también un puñado de gente subiendo al barco, serían unos 7-8 piratas en total. El barco se empezó a mover a la vez que esta gentuza solo gritaba, tenían malos modales, se insultaban, se pegaban... eran unos salvajes. Pero no podía hacer nada. Estaba siendo consciente de que me iba de la isla sin despedirme de nadie, sin ellos saber nada de mí. Realmente no les volvería a ver, incluso me sentí mal por Camila, la última persona en verde, que su último recuerdo iba a ser a mí diciéndole que no tenía sitio en la villa y me buscaría la vida en otro lado. Literalmente es lo que iba a pasar sin buscarlo. No pude llorar, no pude moverme, si hacía algo estaba muerto. Así que me quedé quieto durante horas.
Cuando elevé un poco la vista para ver a través de las rendijas, me di cuenta de que era de noche. Quizás que todo estuviera en silencio me hizo también confirmarlo prácticamente. Estas ratas estarían durmiendo lo más probable. No quería tampoco jugármela mucho, pero tenía hambre. Me arrastré lentamente hacia la caja más cercana que olía a alimento, ya que todo lo que tenía al lado era chatarra y trastos. Cuando llegué, me puse pegado a ella, y alzando la mano y cogiendo a ciegas lo primero que tocaba fui comiendo. Un puerro, una manzana, un plátano... según las cogía con la mano y me las acercaba, su olor me iba diciendo lo que tenía antes de verlas.
Hasta que, de repente, cogí algo que apenas pude oler. No tenía un olor familiar para mí. Era rarísimo. Parecía un tipo de fruta, pero era enorme, con espirales. No sé qué era, pero tampoco estaba yo para ponerme selectivo. Tan solo quería comer algo, lo que fuera y llenar el estómago. Así que le pegué un bocado a esa fruta. Mi sorpresa fue que estaba malísima, era un sabor tan desagradable que apenas podía aguantar ese sabor. Por desgracia, mi acto reflejo fue tragarme lo que había mordido y taparme la boca fuertemente con las manos. No podía hacer ningún ruido. Cerré los ojos y aguanté todo lo que pude hasta que se fue ese horrible sabor. Dejé el resto de la fruta de nuevo en la caja de maderita, alzando la mano y colocándola.
- Dios, qué fruta más mala ¿Quién en su sano juicio usaría esto en cocina? - Pensé.
Parte 4
