+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes.
#21
¿Sabes esa sensación agradable, ese cosquilleo que notas cuando tienes algo malo en la cabeza esperando para alguien, y ese alguien acepta como si nada? Pues eso fue exactamente lo que sentí cuando Garnet aceptó ponerse lo que yo le dijese, moviendo sus cejas de forma sugerente y guiñándome un ojo. Sonreí de oreja a oreja, aunque aquella sonrisa escondía un nivel de pillería bastante alto. Quería jugar con él como si de una muñequita se tratase, vistiéndolo y desvistiéndolo hasta quedar conforme. Tras nuestra breve conversación acerca del haki, sentí su comprensión al hablarle sobre lo que me había costado hacerlo con mi equipo, pero antes de que dijese algo al respecto lo corté aclarando que con él no tenía ningún problema. Y finalmente, cuando le propuse enseñarle el Busoshoku, el minino aceptó emocionado, sin entender nada pero que los quería todos, como si de unos extraños seres similares a animales y con poderes se tratasen.

—Pues tú me avisas y cuando quieras te lo enseño. Y después el Busoshoku. —respondí levantando una ceja sugerentemente.

Ambos teníamos una dinámica especial entre nosotros, compartíamos más de lo que pensaba en un principio. Ya no solo en lo sexual, sino que parecía que nos compenetramos realmente bien el uno con el otro simplemente conversando, lo cual era un alivio. Durante las últimas largas semanas apartada de su lado, había podido dedicarle mucho tiempo a pensar en lo nuestro. Surgió muy de golpe, entre dos extraños que apenas se conocían unos días antes. Aquello me llevó a preguntarme en varias ocasiones si, tal vez, había sido precipitado, y no por lo respectivo a nuestros bandos, sino por como seríamos el uno con el otro. ¿Compartiríamos lecho o sería posible que compartiéramos también largas conversaciones? Si el destino nos había querido unir, sería por algo, pero las dudas acechaban en las largas noches en la distancia. Aunque ahora que estaba con él, aquellas dudas se desvanecían por completo. Tonteábamos, sí, pero también parecía que conversábamos sin problemas sobre todo tipo de cosas. Además, se mostraba interesado cuando le explicaba cosas, lo cual me hacía sentir realmente a gusto con él. Incluso, aunque muy a mi pesar, cuando me comentó que se habían unido a otra banda pirata, fui capaz de contener el disgusto y confiar en él. El felino se quedó sin palabras, él sabía que no me lo iba a tomar bien, pero le daría un voto de confianza, lo cual ya era mucho. De verdad, ¿en qué me estaba convirtiendo? Apenas unos meses atrás me habría reído hasta morir si alguien me dijese que iba a acabar saliendo con un pirata y aceptar como si nada algo como aquello, pero bueno, la vida a veces gira en direcciones inesperadas. Podía ver en su expresión el miedo cuando le juré que si me enteraba de que hacía daño a alguien inocente, podía dar lo nuestro por terminado. A mí, por lo menos, me parecía de lo más razonable y entendible. Él sabía muy bien que yo había decidido consagrar mi vida a proteger a los demás, por lo que esperaba que entendiese mi postura. Apreté los labios con fuerza al ver como escondía su roja cola entre las piernas y se le erizaba el vello asustado, pobrecito mío, tuvo que cerrar los ojos y exhalar profundamente para calmarse antes de poder responderme. No sabía a qué me refería con lo de heredero, pero que, efectivamente, se refería a esa tripulación. Bromeó diciendo que era un fastidio que su capitán fuese lunarian.

—Pues la verdad que sí, podrías habértelo pensado un poquito más, ¿sabes? —comenté con cierto reproche, pero sobre todo divertida imaginándolo asustándose por los pasillos del barco solo con verlo.

Él me dijo que estaba convencido de que no eran malos, que eran como ellos, y de verdad que yo esperaba que así fuese. En ese momento, tras un pero, se arrodilló ante mí todavía sujetando mis manos, apoyando una rodilla en el suelo. Me quedé un poco sorprendida pro aquello, pestañeando con sorpresa hasta que me juró, ahí mismo y en pelotas, que pararía cualquier acto si se pasaba de la raya o que no se vería envuelto en él. Una sonrisa agradecida se dibujó en mi cara mientras decía aquello, terminando diciendo que por encima de todo no era un asesino y que me amaba con locura, besando mi mano antes de ponerse en pie.

—Me sirve. —contesté mordiéndome el labio para contener la ternura que me invadía al  haber escuchado aquello.

Tras aquel momento que me llenó el corazón de esperanza, me dijo que igualmente no creía que fuesen ese tipo de gente. Me preguntó si vi lo que pasaba con los birkanianos en Skypiea, a lo cual asentí, y me contó que esa fue la razón de que Kuraku se quedase allí. Sonriente, me explicó que Yojimbo había festejado invitando por igual con miembros de todas las razas, que no parecía que las clases sociales fueran algo que le importara, aclarándome que fue aquello lo que lo cautivó de su nuevo capitán. Con más determinación ahora, y clavando sus ojos en los míos, me dijo que si había un pirata que pudiese cambiar el mundo a mejor, que ese era Yojimbo. Me puse de morritos, acompañando mi gesto un leve gruñido gutural. No estaba conforme. Pero bueno, el minino sonreía y parecía ilusionado así que asentí, aunque no confiaba en ese lunarian para nada. Para finalizar, aclaró que nosotros también cambiaríamos el mundo a nuestra manera, dándome un besito en la nariz que curó bastante todos mis males y me propuso ir en busca de su vestido.

—Sí, vamos. —respondí mirándolo con cariño y avanzando hasta la puerta.

Me giré un momento, apagando el interruptor para volvernos a sumir en la oscuridad y cogí su mano para acompañarlo hasta la siguiente puerta, justo frente a la sala que había sido nuestro más reciente nidito de amor. Me paré unos segundos frente a la puerta cerrada, no podía quitarme de la cabeza nuestra reciente conversación. Había demasiado en aquello y sentía que me dejaría clavada una espina si no liberaba lo que sentía. Volteé hacia él, soltando su mano y apoyando las mias por detrás en la puerta, apoyando mi peso sobre ella. Alcé la mirada hacia él con determinación.

—Una última cosa, minino, y dejamos el tema por zanjado. —pronuncié mirándolo con atención— Es tu capitán, tú confías en él, y me parece entendible. Pero yo no. —me quedé un par de segundos meditando en mi cabeza sobre mi sueño y mis ideales, y ni hablar los dejaría en manos de otra persona que no fuese yo misma— Yo no pienso dejar el peso de mis sueños sobre los hombros de nadie que no sea yo misma, ni marine ni pirata. Si debo cambiar el mundo, lo haré yo misma con mis propias manos. —sentencié con decisión y tras un momento suspiré, aliviada por haber podido soltar aquello.

Por mucho que confiase en mis compañeros, tampoco sabía que querían en su vida ni si compartían mis mismos ideales. Eran fuertes, sí, podía reconocerlo, pero el peso de mi sueño no lo iba a compartir con nadie. Así pues, cogí el pomo y giré la puerta, dando paso al camerino en el que había estado antes con Okaliva.

—Dame un momento, gatito, voy a hacer magia. —comenté risueña.

Deambulé por la habitación paseando la mano por la ropa mientras avanzaba a lo largo de los muchos percheros. ¿Qué le pondría al minino?

—Hmmmm. Sí. Vale. —murmuraba mientras me decidía, quería algo divertido que ponerle a mi minino— Vamos a darle un poco de vidilla al juego, ¿sabes?

Finalmente, escogí un atuendo y me lo guardé a la espalda mientras me acercaba a él sonriendo. Me balanceé mientras, manteniendo la misma sonrisa, lo miraba de arriba a abajo por completo.

—Ponte esto. —le ordené mostrándole lo que tenía guardado y con ilusión, me moría de ganas por verlo con algo así— Y después, si quieres, me escoges algo tú a mí, gatito bonito.

Atuendo de Garnet
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#22
Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de Ikirami cuando Garnet se ofreció, encantado, a dejarse vestir por su novia. Cierto era que esa sonrisa, de normal, no auguraría nada bueno, pues le recordaba a la que esbozaba Sasha cuando estaba pensado en hacer alguna travesura. Pero al músico le encantaban las travesuras y si encima, venían por parte de la marine, él se dejaría hacer encantado. Luego, aceptó también aprender ese nuevo haki por parte de la bella mujer, respondiendo Ikirami - con sensuales sugerencias -, pues, que cuando quisiera la avisara y ella se lo enseñaba, para después hacer lo mismo con el haki, causando que el pirata se riera levemente por su "marranístico" comentario.- Puejeje... Si es que es perfecta para alguien tan zumbado como yo... No se me puede ir la chabola, tengo que acordarme de pedirle el Den Den para darle un toque y avisarle, ¿es o no es?- Pensó sonriente, y devolviéndole la mirada sugerente.

Seguidamente, y aquí venía la situación peliaguda, dialogaron sobre el tema de la unión a los Alas Negras antes de abandonar la sala dónde retozaron y disfrutaron de sus cuerpos. Cuando Garnet afirmó que, efectivamente, aquella banda era la capitaneada por Yojimbo, el lunarian que peleó en la final, el pelirrojo bromeó con la putada que resultaba para él que fuera, justamente, su capitán perteneciente a la raza que tantos dolores de cabeza le causaban, respondiéndole, Ikirami, que se lo podría haber pensado sí.- Sé.- Contestó a su pregunta retórica, con la misma cara de circunstancia que tenía. Después, sin ser consciente de la magnitud que tenía el gesto que estaba a punto de hacer, el músico se arrodilló ante su amada, como si fuera a pedirle matrimonio, prometiéndole que, aunque dudaba de que fuera  a ocurrir, no pensaba verse envuelto en ninguna maldad que su nueva tripulación pudiera realizar. El skypiean pudo observar como la cara de la marine, pasaba de una llena de sorpresa, a otra sonriente de agradecimiento, respondiéndole que le servía, mordiéndose su labio y haciendo que Garnet respirara más tranquilo al ver que Ikirami estaba conforme. Con lo que no estaba conforme fue con que, realmente, Yojimbo fuera el tipo de persona que el músico le describía, notándolo cuando vio como se ponía de morritos y soltaba una especie de gruñido ronco. Al final, por todo por lo que había pasado, era comprensible que no se dejara convencer tan fácilmente por meros datos y que, en cambio, necesitara ver hechos para de verdad poder fiarse de la actitud de su nueva banda. Aún así, Garnet confiaba plenamente en su nuevo capitán. Era triste que fuera difícil una relación entre sus dos familias pero demasiada suerte tenía de poder con ellos y que, la marine, se lo hubiera tomado tan bien como lo había hecho.- Si es que es la mejor...- Pensó, enamorado, mientras se acercaba a darle un beso en su nariz.

Ante la propuesta de irse de la habitación a vestirse, la marine asintió, con una mirada de cariño que hizo saber a Garnet que todo andaba bien entre los dos, no pudiendo evitar esbozar una sonrisa. Con sus manos entrelazadas, Ikirami apagó el interruptor de la luz, dejando toda la sala en absoluta oscuridad. Sabiendo ahora que, por parte de la marine, seguía siendo un minino, Garnet dilatando por completo sus pupilas para adaptarse a la oscuridad, llegando a distinguir con facilidad las distintas siluetas que había en habitáculo. Aún así, se dejó guiar por la pelirroja, hasta que salieron de allí y llegaron hasta la puerta dónde se pondrían algo de ropa encima, ya con mejor iluminación y, por tanto, volviendo a contraer sus pupilas. Justo cuando iban a entrar, Ikirami se paró justo frente a la puerta, para luego, tras unos segundos, girar 180 grados, quedando frente al pirata y apoyando sus manos sobre la misma puerta, después de soltar la mano del músico. Llena de determinación dijo que quería hablar sobre un último tema y que, sólo así, ya dejaban el tema zanjado. No sabía de que podía tratar aquello pero el felino asintió, con cierto temor por lo que se podía venir. Declaró que Yojimbo era su capitán ahora, y que le parecía entendible que él depositara su confianza en el lunarian, pero que ella no lo haría, cosa que, sin necesidad de que lo dijera, ya intuía por sus anteriores reacciones. Volvió a asentir, con una sonrisa tranquilizadora.- Me imaginaba, Iki, ni te rayes, bastante haces ya.- Respondió mientras la marine estaba pensativa, para después decir que no pensaba dejar el peso de su sueño en nadie que no fuera ella misma, pues ella haría cambiar el mundo con sus propias manos. Garnet entendió completamente el razonamiento y la lógica detrás de sus palabras pero, al mismo tiempo, no pudo evitar sentirse ligeramente molesto. 

Sin embargo, de primeras, esbozó una sonrisa.- Puejeje,  no le hace falta al menda usar el haki para ver que tienes la ambición y el papo para conseguir salvar a todas las vidas inocentes que se te crucen por ahí.- La miró con ternura, entonces, entrecerrando sus ojos. Para él, el sueño de Ikirami era lo que sabía de ella, impedir que más almas desdichadas pasaran por la misma situación que ella.- Encima, tienes una mente, corazón y alma llenos de bondad.- Descendió su mirada hacia sus pechos.- Además de unas bazungas de escándalo pueje pueje...- Cerró los ojos y agitó su cabeza hacia los lados, volviendo a posar su vista en su preciosa cara.- Sé que lo conseguirás, lo huelo... Pero lo siento, Iki... Hay algo que molesta de todo esto...- Apretó sus puños con fuerza y miró hacia el suelo.- Después de todo el mambo místico que te comenté cuando el menda se quitó la fruta, me decidí a que no sólo iría a por mi sueño, sino que también ayudaría a mis coleguis a lograr los suyos...- Volvió a alzar su mirada hacia los carmesíes ojos de Ikirami.- Y también el tuyo, Iki...- Su mirada se llenó de decisión y determinación, a la par que apoyaba sus dos brazos en la puerta, por encima de la pelirroja, dejándose caer entonces hasta que su cara quedó a escasos centímetros del de la marine.- En esta isla, en el concierto que dio el menda, supe cuál era de verdad mi sueño, y no es solo ser una superestrella... Nanai, además de eso, haré que mi música, cure la oscuridad que alberga...- Se quedo pausado durante dos segundos, inflando sus mofletes por un segundo y aguantando la risa.- Pueje... Je je... Verga... Al verga... A la verga...- Divagó, tras lo cuál volvió a adoptar la seriedad de antes.- Pues eso, mi música curará las rotas almas y corazones, y sé que puedo, porque es algo que aprendí gracias a ti, Iki.- Dijo con determinación, acercándose cada vez más hacia el rostro de la marine, estando ahora sus labios separados por milímetros.- Úsame para cumplir tu sueño, Iki. Me la pela que sea un pirata. Deja que te ayude, el menda no puede hacer otra cosa por la persona que me salvó... Tú proteges a la gente físicamente, y el menda protege sus almas y corazones... ¿No crees que nuestros objetivos, tal y como nosotros hacemos, se complementan perfectamente?- Susurró hasta que terminó por fundir sus labios con los de su diosa pelirroja.

Tras aquello, Ikirami abrió la puerta que había tras de sí, mostrando una habitación que era, en su totalidad y a efectos prácticos, un camerino. Garnet se quedó impresionado al ver la sala, impresión que se quedó reflejada con un silbido que salió de su alma. Los espejos de las paredes, junto con la encimera llena de productos de maquillaje, y los armarios que dejaban ver montones de ropa y prendas únicas entre sí, cautivaron por completo al skypiean.- Anda que no estaría guapo ni nada tener un camerino así para mis conciertos...- Se permitió soñar. La pelirroja, tras decir que le diera un momento para hacer su magia, le sacó de su ensoñación, extendiéndole el pulgar izquierdo.- El menda es todo tuyo, Iki.- Declaró, a la par que se desplazaba al lado contrario de la marine para ir buscando algo de ropa. Todos los conjuntos que había en los armarios robaban la atención del músico.- Desde luego que no era coña eso de que es el mejor modista del mundo...- Murmuraba fascinado por toda la ropa. De repente, encontró algo que sentía que le quedaría de lujo a Ikirami, haciendo que la cara de Garnet se tornara de pura perversión.- Puejejejeje...- Iba descolgarla del armario cuando sintió que la marine estaba detrás de él, girándose el músico hacia ella. Llevaba algo a sus espaldas, algo que reveló lo que era cuando le ordenó que se pusiera el outfit que le había preparado. Se trataba de un conjunto de doncella bastante provocativo pues llevaba el pecho completamente al descubierto. De arriba a abajo y viceversa, el skypiean recorrió su mirada por el vestido corto, serio, hasta que río nasalmente.- PUAJAJAJAJAJAJ, ¡me flipa, Iki! ¡Grita libertad y sensualidad! ¡Ahora mismo me lo pongo!- Exclamó Garnet, mientras agarraba el conjunto.- De hecho, tu conjunto ya lo he decidido, puejejeje...- Respondió a la marine, sujetando el vestido de doncella con una mano mientras, con la otra, sacaba del armario el que había visto.- ¿Qué? ¿A qué estarías increíblemente irresistible con esto? Cosa que ya eres puejeje, bah ya sabes a que me refiero, ¿es o no es?...- Preguntaba con una sonrisa lasciva, mientras le mostraba el outfit que había ojeado para Iki y se lo entregaba.

OUTFIT PARA IKIRAMI


Gustosamente, entonces, allí mismo, frente a Ikirami, se puso, primero, la parte superior de la ropa que la había dado Ikirami, notando como le quedaba prieta y, por tanto, haciendo que resaltaran aún más sus músculos, tal y como le gustaba al pirata. Siguió con la muñequeras para, rematar finalmente con la falda corta y las medias que le quedaban como un guante. Una vez puesto, se plantó y empezó a girar sobre sí mismo.- ¿Qué? ¿Tu novio está completamente cañón o qué? PUAJAJAJAJA, ¡me queda de miedo!- Exclamó contento, esperando a que ahora su novia se pusiera su modelito.

INFO
[Imagen: Tb4Z3O3.png]
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#23
Debía compartir mis pensamientos con el gatito, no podía guardármelo para mí. No solo por ser sincera, al menos con él, sino porque necesitaba que entendiera mi postura. No iba a esperar a que otros lograran lo que yo deseaba. Era fundamental que comprendiera que mi determinación y mis sueños eran intransferibles. Me detuve frente a la puerta y, tomando una profunda respiración, me di la vuelta para encararlo. Por un momento, agaché la cabeza, insegura de mis intenciones, pero al levantar la mirada encontré sus ojos en la semi-oscuridad, llenos de curiosidad y empatía. Apoyé ambas manos en la puerta, dejándome caer sobre ellas, y levanté la barbilla para mirarlo directamente, buscando transmitir toda la seriedad y convicción de mis palabras. Garnet asintió cuando le dije que había un último asunto que resolver, y le expresé de manera directa que, aunque él confiara plenamente en su capitán, yo no compartía esa confianza. Sabía que mis palabras podían ser duras, pero era esencial que él entendiera mi punto de vista. El minino volvió a asentir, con una sonrisa cálida que me tranquilizó y me infundió valor para seguir hablando. Me dijo que no me preocupara, y esas palabras fueron como un bálsamo, dándome fuerzas para explicarme con más detalle. Le dije, con toda la firmeza que pude reunir, que no iba a dejar mi sueño en manos de otro.

No había considerado cómo reaccionaría a mi declaración, pero su respuesta fue inmediata y positiva. Sonrió con una comprensión que me sorprendió, y comentó que no hacía falta usar el kenbunshoku para notar la ambición y la determinación que irradiaba. Sus palabras me hicieron sentir valorada y comprendida. Le devolví la sonrisa mientras veía cómo me miraba con ternura y admiración, su actitud era tan reconfortante y adorable... Añadió que veía en mí una mente, un corazón y un alma llenos de bondad, y con una mirada pícara hacia mis pechos, concluyó diciendo que también tenía unas increíbles tetas. Ese comentario inesperado me hizo llevar una mano a la boca, intentando contener una pequeña risa que escapaba de mis labios.

—Las mejores sobre la faz del planeta. —añadí con diversión, dejando que una sonrisa traviesa se dibujara en mi rostro.

Lo miré con dulzura y sonriente mientras él sacudía la cabeza de forma adorable, como buen minino, cruzando de nuevo su mirada con la mía. Me expresó que estaba seguro de que lo conseguiría, pero que sintiéndolo, había algo que le molestaba de todo aquello. Dejé caer lentamente la mano a mi lado, observándolo ahora con preocupación. ¿La había cagado? ¿Había sonado demasiado condescendiente al decirle aquello? Vi como apretaba su puño y agachaba la cabeza, demostrando que realmente le ofuscaba algo. Apreté los labios con cierto temor mientras él continuaba, diciendo que tras aquella experiencia onírica al quitarse la fruta decidió que no solo iría a por su sueño, sino que también ayudaría a cumplir los de sus amigos.

—Mi… Minino… —murmuré, fascinada por lo buena persona que era al pensar de aquella fforma.

Pero, sintiéndolo mucho, nada en el universo me había preparado lo suficiente para cuando alzó la vista, clavando sus hermosos ojos en los míos, añadiendo que también incluía mi sueño al decir aquello y  después apoyando los brazos en la puerta tras de mi, quedando a escasos centímetros su cara de la mía. Sentí la temperatura en mis mejillas alcanzar unos niveles insospechados, quedándome totalmente traspuesta y agarrándome las manos frente al pecho. Era más alto que yo, así que estaba ligeramente inclinado por encima de mí, con sus fuertes brazos a mi alrededor y además, totalmente desnudo todavía. ¿Me estaba muriendo? Como mínimo, sentía que mi corazón se había saltado varios latidos cuando se inclinó sobre mí de aquella forma, para después comenzar a latir con la misma rapidez que si estuviese en plena batalla. Intenté sacar fuerzas de mi débil corazón para mantenerle la mirada que me ofrecía, una decidida, que transmitía que aquello iba en serio. Sintiendo su aliento en la cara, comentó que en aquella isla, en el concierto que había dado, supo cual era en realidad su sueño: no quería ser solo una superestrella, quería que su música curase la oscuridad de las persona. Entonces, hinchó los mofletes como globos aguantando la risa, porque había dicho una palabra que se parecía a “verga”, haciendo que yo riese como una idiota enamorada, aún sonrojada y con el corazón latiendo a mil por hora en el pecho. Tras unos segundos, volvió a ponerse serio, diciendo que su música curaría todas las almas y corazones rotos, estando seguro de poder hacerlo, pues lo había aprendido gracias a mí.

Y podía, estaba segura de ello, tan segura como lo estaba de que lo amaba con toda mi alma. Si no hubiese sido por él y por su música, jamás habría conseguido cerrar las cicatrices que el pasado me había dejado. Estaban ahí, y todavía dolían, pero gracias a él las había conseguido aceptar de alguna forma, retirándolas a donde pertenecían, al pasado. Hice el amago de abrir la boca para decírselo, pero se había acercado tanto a mí que casi podía sentir el calor de sus labios en los míos, separados por apenas unos milímetros. Paseé la mirada entre sus ojos y sus labios, por igual de tentadores los unos que los otros, y bajé mis manos para apoyarlas en sus caderas. Me atraía demasiado, y mi respiración de entrecortó cuando me dijo que lo usase para cumplir mi sueño, que le daba igual que fuese un pirata. Me pidió que lo dejase ayudarme, que no podía hacer otra cosa por la persona que lo salvó.

—No, tú me salvaste a mí, minino. —lo corregí ladeando la cabeza con la vista clavada en esos labios que me susurraban.

Dijo que yo protegía a la gente físicamente, y que él protegía sus almas y corazones, preguntándome si no creía que nuestros objetivos, al igual que él y yo, se complementaban perfectamente.

—Sí, lo hacen… —susurré justo antes de que juntásemos al fin nuestros labios.

Me perdí por completo en la dulce caricia de su boca. No podía discutirle nada de lo que acababa de decir, tenía razón. Y no existía nadie en el mundo con quien quisiera compartir algo como aquello que no fuese mi amado felino. Me abracé a su cuerpo con fuerza, con pasión, volviendo a recorrer una vez más su dulce piel con las manos. De verdad, no tenía ni idea de qué tenía aquel pelirrojo que me ponía tanto, aparte de un cuerpo de infarto, una voz seductora, un humor increíble y de tener mi corazón a su recaudo, pero no podía resistirme a él. Aun así hice el esfuerzo para volver en mí, luego me lo llevaría a mi habitación y tal vez lo encadenase a la cama para que no pudiese huir, pero eso para más tarde. Cuando al fin nos separamos, finalmente pude decirle lo que quería.

—Cuento contigo entonces, mi amor. —declaré con una sonrisa de complicidad y me giré para abrir la puerta hacia el camerino.

Comencé a buscar entre la ropa algo para ponerle a mi novio-mascota, quería algo especial que ponerle. Y no tardé demasiado en encontrar algo que llamó mi atención mientras él deambulaba por la habitación cotilleando la ropa y murmurando que sí que se debía tratar del mejor modista del mundo, cosa que no pasó por desapercibido a mi fino oído. Más que un atuendo, era un disfraz, pero me moría de ganas por verlo luciéndolo con ese musculoso cuerpo que se gastaba. Así, toda ilusionada, me acerqué a él con la ropa a mi espalda mientras él reía de forma perversa, o más bien pervertida. En cuanto se lo mostré, rio y gritó que le encantaba, que ahora mismo se lo ponía, mientras lo tomaba de mis manos. Después dijo que ya había encontrado algo para mí, y miré con curiosidad lo que me ofrecía, que no era nada menos que un atrevido disfraz de diabla, o súcubo. Con una sonrisa lasciva, me preguntó con retórica si no quedaría increíblemente irresistible con aquello, añadiendo que ya lo era. Le devolví una mirada traviesa, sabiendo muy bien lo que en el fondo quería hacer con esa ropa.

—Luego le pedimos a Okaliva a ver si nos lo presta para… jugar, o me lo compras. Ya me entiendes, ¿sabes? —comenté mordiéndome los labios y después me acerqué un paso para darle un beso.

Esperé mientras se vestía, dejando mi ropa sobre el amplio tocador. Observé como poco a poco ocultaba su hermoso cuerpo con aquel atuendo y cuando hubo terminado se plantó frente a mí, girando sobre sí mismo para mostrarme como le quedaba.

—¿Puedo contratarte para que me limpies el camarote? —pregunté bromeando y acercándome a él para posar mi mano derecha en su pecho desnudo y recorriendo su cuerpo con la mirada— Me gusta como te queda, minino, así casi que pareces un gatito bueno y sumiso. —respondí mordiéndome los labios y recorriendo su cara con una caricia desde la mejilla hasta la barbilla, tras lo cual me alejé— Aunque he de reconocer que casi se me hace extraño verte con algo puesto, creo que te he visto más desnudo que con ropa, de lo cual tengo cero quejas. Bueno, me toca.

Me acerqué al espejo para ir poniéndome aquel apretado y brillante traje sadomasoquista. Aunque era de mi talla, tuve que sentarme en un taburete para subir el ceñido látex por mis muslos hasta mi culo, y aún me costó más colocar la parte superior sin que se me salieran los pechos. Estaba claro que no estaba preparado para alguien con un par de razones como las mías, pero con paciencia todo quedó en su sitio. Me admiré en el espejo, cogiendo un cepillo para desenredar el pelo, alborotado tras nuestro sexual encuentro. Una vez con los cuernos y las alitas por detrás, me giré hacia él y sonreí al ver similitudes con mi novio.

—¿Y bien? Sí, lo sé, me quieres arrancar ya la ropa. —contesté yo misma y me acerqué a él para inclinarme ligeramente y ponerle el dedo índice ante los labios— Pero eso para después, minino. —quité el dedo para incorporarme y plantarle un beso, tars lo cual lo miré sonriente llevándome una mano a los cuernos— Ahora casi que me parezco a ti. Mira, tengo antenitas. —comenté primero alzando la vista intentando verlos y después me di la vuelta— ¡Y hasta tengo alitas! —concluí alzando los brazos a los lados imitando un aleteo risueña.

Volví hasta el minino y lo cogí por la mano, pensando en lo bien que hubiese venido un collar con una correa. Lo cierto era que me gustaba demasiado llevarlo de un lado a otro, así que le pedía la patita para llevarlo conmigo.

—Ahora sí, vamos a que te presente a Okaliva. —anuncié comenzando a andar delante de él hacia al pasillo, pero antes de salir por la puerta giré hacia él un momento, había algo importante que decirle y agaché la cabeza avergonzada al hacerlo— Minino… Una cosa, es importante… No sé si tú lo sabes, pero en esta isla hay revolucionarios. A mí me dan bastante igual en realidad, pero eso significa que la marina no es bienvenida en la isla. —alcé la mirada de nuevo hacia él, todavía sosteniendo su mano— Eso también significa que estoy de incógnito por aquí. Les he dicho a la gente que estoy buscando a mi hermano gemelo, que fue rechazado por nuestros padres por ser diferente, como la gente de aquí, y que yo partí en su búsqueda para reencontrarme con él.

De veras me sabía mal tener que inventar aquellas cosas, más cuando habían sido tan hospitalarios conmigo, pero no podía hacer otra cosa.

—No hace falta que mientas, simplemente no comentes nada al respecto y ya está. Es la única forma que he encontrado para no tener que quedarme encerrada en el baro, ¿sabes? Igualmente, no tenemos ninguna misión en la isla, solo estamos de paso. —miré hacia el suelo, de nuevo avergonzada por tener que pedirle algo así— ¿Puedes hacerme el favor, minino? De verdad que aprecio muchísimo a Okaliva, no quiero darle un disgusto innecesario, es un buen amigo para mí a pesar de todo.
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#24
Frente a la puerta que llevaba al camerino dónde taparían, para desgracia de la humanidad, sus perfectamente esculpidos cuerpos, Garnet se hallaba en una encrucijada por las palabras de su amada y es que, sí, el pelirrojo sabía que Ikirami sería capaz de cumplir su sueño y salvar a millones de vidas inocentes, no le cabía la menor duda, cosa que le expresó de corazón y con una mirada que trasmitía toda la devoción y amor - metiendo una de lujuria directa a sus tetas - que sentía por su novia. No obstante, aquello de cargar ella sola con aquello, no le hacía ni pizca de gracia y es más, él ya había estado en una situación así, cuando decidió cargar él mismo con toda la responsabilidad y peso por la muerte de sus amigos de los Shogun Gari, pasando por un verdadero infierno, día tras día. Por ello mismo, no quería que la mujer a la que amaba tuviera que pasar por ello, aunque los motivos fueran los mismo, ¿y si había vidas que no podía salvar por alguna razón? ¿Quién iba a estar ahí para compartir ese dolor y esa frustración? Garnet debía hacerle ver a Ikirami que no tenía que luchar sola y lo tenía a él, del mismo modo que el músico se iba a dejar la piel en dar toda su ayuda en hacer que sus amigos pudieran ver los suyos hacerse realidad, y así se lo comentó con cierta calma, antes de echarse contra la puerta, quedando su amada arrinconada por completo. A pesar de que podía notar como su temperatura, y la de la pelirroja, crecían de manera exponencial, el músico debía mantener toda la calma y seriedad - que se vio interrumpida por un pequeño juego de palabras - posible pues, lo que tenía que decirle era más importante que echar otro de sus maravillosos polvazos. 

Mientras le confesaba sus más sinceros pensamientos del corazón, y conforme Garnet se aproximaba más y más a Ikirami, se podía palpar aún más calor entre los dos cuerpos desnudos, hasta el punto de que, la marine, pasó a agarrar sus caderas, casi de manera pasional. Su mirada de rubíes se intercalaba entre los ojos y los labios del músico, pudiendo notar las ganas que tenía su amada de catarlos en ese momento, al igual que él. Pero, nuevamente, debía ser fuerte y, de esa forma, fue como le expresó su deseo de que lo usara para hacer realidad su sueño, sueño que, Garnet concluyó en que se complementaba con el suyo a la perfección, al igual que los dos pelirrojos hacían en todos los ámbitos. Después, de susurrarle la pelirroja que si lo hacían, finalmente - y completamente extasiado por ver como Ikirami comprendía los sentimientos del minino - se besaron de forma apasionada, abrazándose con fuerza y, sintiendo, como su cuerpo pedía fundirse con el suyo, una vez más, pero esa vez contra esa puerta. Sin embargo, sin necesidad de hablarlo, los dos pararon pues habían hecho esperar demasiado a Okaliva, el fiel amigo de la mujer, y hacía nada que habían follado por lo que, ya dejarían ese calentón pendiente para otro momento. Cuando, antes de abrir la puerta del camerino, la marine le declaró con su preciosa cara y sonrisa que contaba con él entonces, el skypiean no puedo notar en su interior otra cosa que fuera felicidad y gozo, asintiendo amorosamente con la cabeza y entrando en la nueva y misteriosa habitación.

Una vez dentro, cada uno, anduvo buscando una prenda personal para el otro, encontrando, por el lado de la marine, un conjunto de maid bastante provocativo que, sin lugar dudas, el pelirrojo había visto más que correcto al ponérselo. En cuanto a Garnet, se topó con un perfecto y sensual disfraz de una súcubo sadomasoquista que, de sólo pensar en como le quedaría a su novia se ponía a 100 por hora... Para variar. Cuando el skypiean le mostró el demoníaco outfit, Ikirami, con una mirada super traviesa que incitaba a realizar las mayores cochinadas que un ser adulto y funcional no estaba preparado para ver, le pidió que luego le pedirían a Okaliva que se lo dejaran o, incluso que se lo vendieran, haciendo que Garnet sacara la lengua babeando como un perro - por mucho que fuera un felino - mientras asentía como perversión.- PUEEJEJJE ¡SISIISII!- Exclamó ilusionadísimo de sólo pensar en el macabro juego sexual que le deparaba una vez estuvieran - otra vez - a solas y con ese disfraz.

Luego, una vez Garnet vestido, y enseñado como le quedaba el conjunto a su novia, en tono jocoso, preguntó si podría contratarle para que limpiara su camarote, viendo como se aproximaba y palpaba con su mano su pecho al descubierto mientras se sentía devorado por su mirada. Entre aquello y su divertido comentario, los ojos del minino se abrieron de par en par, todo mientras esbozaba una risa de perversión.- Pues si tanto te gusta...- Agarró con su diestra la barbilla de Ikirami, quién había dicho que le gustaba como le quedaba pues, parecía un gatito bueno y sumiso y acariciaba tanto su mejilla como barbilla, dejando su mano posada ahí.- El menda se lo puede llevar puesto...- Se acercó a su oído izquierdo.- Y echamos una pequeña partida de Doncellas y Demonias, ¿es o no es, mi ama?- Le susurró de forma provocativa y entrando en su juego. Estaban acumulando una de tensión sexual que, en algún momento, rebosaría o acabaría explotando, pero simplemente era imposible no actuar de esa manera cuando se tenía a una diosa así en tu cara. Tras eso se alejó, mencionando que difícilmente le había visto con algo puesto, pues casi siempre iba desnudo con lo cuál tenía cero quejas y causando que Garnet sonriera pícaramente. Que la pelirroja aceptara su desnudez como algo normal y algo que se alegraba de ver, era algo que simplemente le fascinaba de ella.

Entonces se fue para cambiarse, quedándose el skypiean admirando cada parte de su vestido de maid, con tal de no hacerse spoilers sobre el provocativo look de la marine. Después de un leve rato, Ikirami se giró hacia Garnet, preguntando que que le parecía, aunque sabía que le quería arrancar la ropa. Al mirar hacia la figura demoníaca de la pelirroja, a lo ajustado que le quedaba toda la prenda de látex en el fantástico cuerpo de Ikirami, y por no hablar de esas alas y esos cuernos que le dotaban de un misterio y un aire exótico único, efectivamente, el músico sentía la necesidad de arrancarle toda esa ropa, haciendo que su mandíbula se desencajara por completo. A todo eso súmale como se acercó hacia él, inclinándose de forma seductora y, posando su dedo índice sobre los labios del pirata para decirle que ya lo dejarían para después.- ¡E-e-e-estás tremendísima, Iki!- Titubeó de todo el calor que sentía que emanaba por su cuerpo de skypiean siendo acallado, momentáneamente por un beso que, junto a unos gestos que le parecieron absolutamente adorables, en los cuáles se señalaba como ahora tenía antenitas y alitas como él, lo mataron de los más puros de los amores. Cuando fue a agarrarle de la mano al pelirrojo, antes de dejarse guiar por la marine, sintió la necesidad de abrazarla con todas sus fuerzas por su cintura.- El menda sigue sin saber como coño puedo pasar, en segundos, de querer darte como cajón que no cierra, a querer estrujarte con toda mi alma entre mis brazos de puro amo, puejeje...- Le confesó con una sonrisa de lo más tierna para acabar besando la frente de Ikirami, tras lo cual, se volvió a dejar guiar por la marine.

Llegaron al pasillo y estaban a punto de salir al local cuando, de repente, la pelirroja se paró en seco, girándose hacia el pirata, con su cabeza avergonzada, haciendo que Garnet se preocupara por un momento.- ¿Todo bien, Iki?-  Preguntó antes de que dijera nada, aclarándole la marine que Momoiro se trataba de una isla en la que residían revolucionarios, alzando el músico sus cejas al escuchar aquella noticias.- ¿Revolucionarios? ¡¿Estará Panda aquí entonces?!- Fue lo primero en lo que pensó, emocionado ante la idea de volver a ver a su amigo. Sin embargo, la realidad era otra y es que, como marine que era su novia, ella no era para nada bienvenida en aquel lugar, haciendo que su expresión de emoción se transformara en una más seria y, seguidamente asintiendo. Entonces, su maravillosa pelirroja volvió a cruzar miradas con él, añadiendo que, efectivamente, se encontraba de incógnito allí, habiéndoles dicho a los residentes que estaba en busca de un hermano gemelo perdido, que había huido al ser rechazado por sus padres por ser okama. Asintió nuevamente, no pudiendo evitar imaginarse a una versión masculina e igualmente atractiva que Ikirami.- Buah, eso sí que sería el terror de las nenas, vaya bicho.- Aventuró.

Su amada prosiguió, aclarándole que no era necesario que mintiera ni nada, solamente que no comentara nada al respecto pues, de esa forma, era la única manera que tenía para no quedarse encerrada en el barco, ganándose por completo la comprensión de Garnet, a la vez que le surgía una pregunta después del contenido de esa frase. Con su mirada, entonces, enfocada en el suelo y con vergüenza, le preguntó si le hacía el favor de guardar su identidad para, así, no darle un disgusto a su buen amigo Okaliva, causando que el minino, después de acercar la mano de Ikirami y besarla, sonriera abiertamente.- Ni te rayes, Iki, cuenta con el menda para buscar a tu hermano gemelo perdido, ¿es o no es?- Comentó, siguiéndole el juego y con un guiño. Tras eso, se puso serio, y desplazó su otra mano hacia la mejilla de Iki.- Nah pero fuera coñas, no te tienes que rayar ni sentir avergonzada, ¿vale? De esta boca no saldrá ningún secreto tuyo.- Volvió a sonreír, haciendo énfasis en el "ningún" por los otros secretos que tenía guardado. Entonces, abrió los ojos de par en par, no olvidándose de la pregunta que tenía en mente.- ¡Ah sí, coño!- Exclamó mirando hacia el techo, para después descender su vista de nuevo a Ikirami.- Por algún casual... ¿Te estás quedando a sobar en otro sitio que no sea tu yate de la marina?- Preguntó sonrojado, para luego ponerse de morritos.- En caso de que nanai y estés en una posada... Podemos dormir juntos...- Apretó los labios con fuerza y siguió hablando.- Pueje... Obviamente hay fines sexuales, como no, pero a lo tonto, no llegamos a dormir en nuestra cita y, yo que sé, me han entrado muchas ganas de sobar junto a ti, ¿es o no es?- Confesó sin apartar su vista de sus ojos, esperando por su respuesta.

Una vez que le respondió la marine, con todo aclarado y todas las cartas puestas sobre la mesa, finalmente, los dos pelirrojos salieron al exterior del local, viendo como estaba ordenado tal y como lo vieron de primeras nuevamente. Garnet desplazó su mirada hacia el suelo, justo hacia el sitio dónde recordaba que había dejado su zurrón e instrumento encontrándose, en su lugar, nada. Sintió como su corazón le daba un vuelco.- ¡LA PUTA MADRE! ¡MIS CONCHAS! ¡NEKAH! ¿DÓNDE ESTÁN?- Exclamó, exaltado y alterado, llevándose ambas manos a la cabeza. Por su izquierda, entonces, unos pasos comenzaron a sonar.- ¡Don't worry pretty boy!- Apareció el inconfundible Okaliva, cruzado de brazos y con su mano derecha en su barbilla. Garnet se giró rápidamente hacia la procedencia de la voz.- Están, allí, ¡over there! En mi mostrador, you know.- Señaló con el índice de su derecha hacia una mesa que estaba a unos tres metros de la pareja, mirando el pelirrojo hacia allí y viendo el mostrador con todas sus pertenencias encima, corriendo como una exhalación a por ellas.- PUAJÁ, ¡GRACIAS COLEGUI!- Agradeció a gritos, lleno de euforia al saber que no había perdido sus bienes. Okaliva negó con la cabeza.- No me tienes que agr...- No pudo finalizar la frase pues, hasta ese momento, no se había dado cuenta de como iban vestidos ni Ikirami ni Garnet.- ¡OH MY GODNESS!- Se llevó el reverso de la palma de su diestra a su frente, echando su espalda hacia atrás, como si se fuera a caer de forma muy dramática. Tras unos segundos, en los que Garnet ya estaba de nuevo con Iki con todo su inventario, se volvió a incorporar, quitándose dicha mano de su frente y pasándosela a su barbilla nuevamente.- Los dos... Both of you...- Miraba intensamente, uno a uno.- ¡Both of you look amazing! ¡Marvelous!- Se quedó pendiente de Ikirami.- My little princess, ¡my beatiful lady! De ti no me sorprende nothing you know.- Cambió su target a Garnet.- But you... ¡YOU! I can see... No le tienes miedo al risk...- Sonrió aquel mastodonte.- I really like that... Con ese body... Yes, no me importaría hacer conjuntos para ti, you know...- Comenzó a divagar Okaliva, mientras se paseaba y observaba con detenimiento el cuerpo del skypiean, causando que este, alzara su ceja y mirara a su novia confundido.- Creo que no estoy entendiendo ni papa, Iki, ¿el mejor modista del mundo quiere hacerme conjuntos?- Preguntó, lo más bajo posible para que no se enterara Okaliva.

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#25
El gatito estaba sublime con aquel traje de sirvienta, realmente era erótico verlo con aquello puesto y le daba un aire de sumisión que me agradaba realmente. Me acerqué a él, posando mi mano en su desnudo pecho, bromeando sobre contratarlo para que me limpiase el camarote. Mientras acariciaba su cara con mis delicados dedos, él agarró mi barbilla aclarando que se lo podía llevar puesto. Con una voz cargada de seducción, se inclinó hacia mi oído y susurró que podríamos jugar una traviesa partida de Doncellas y Demonias. Sus palabras, junto con el cálido aliento en mi oreja, me provocaron un estremecimiento delicioso. Finalizó con su dulce muletilla, añadiendo un “mi ama” que me provocó sobremanera. Sonreí, complacida y ligeramente sonrojada, mientras lo miraba con picardía y asentía. El minino sabía perfectamente cómo desatar mi deseo, y con cada segundo que pasaba, la urgencia de sentir su cuerpo nuevamente crecía intensamente.

—Así me gusta, buen chico. —contesté para después girarme y acercarme a mi atuendo, todavía sonriente.

Me coloqué aquel disfraz de súcubo para posteriormente voltear hacia él y preguntarle su opinión, aclarando ya de base que sabía que quería quitarme la ropa. No hacía falta ser una maestra del análisis psicológico para determinar aquello, su cara lo decía todo. Se quedó completamente boquiabierto, reacción que me parecía adecuada, pues estaba absolutamente fantástica con aquello puesto. Me incliné hacia él posando un dedo en sus labios mientras afirmaba que estaba tremenda, complacida por su comentario, y después lo besé. Quise comentar lo que me había venido a la mente al verme, haciendo una comparación entre los cuernos de mi diadema con sus antenitas, y mis alas demoníacas con las suyas angelicales. Tras aquello, quise tomar su mano para irnos, pero antes de poder hacerlo me rodeó con sus brazos la cintura abrazándome con fuerza, con tanta que casi no podía respirar. Al parecer aquello le había parecido adorable, o algo así, pues comentó que no entendía como podía ser que en segundos pasase de querer “darme como a cajón que no cierra” a querer estrujarme entre sus brazos de puro amor. Me sonrió con ternura al decirlo, besando mi frente mientras yo desviaba la mirada a un lado e hinchaba los mofletes algo ruborizada.

—Puedes hacer ambas cosas, a la vez… ¿Sabes? —comenté imaginando cosas adultas sucediendo entre ambos mientras me abrazaba con ternura.

Ahora sí, me dio la patita como buen minino y me lo llevé hacia el pasillo, frenando antes de cruzar la puerta final. Sin embargo, todavía quedaba algo que comentarle. No quería que Okaliva se llevase una desagradable sorpresa enterándose de que era marine y de que le había mentido. De veras que me dolía tener que mentirle, pero era necesario. Pensé que tal vez el minino se enfadaba por aquello, pero al contrario de juzgarme, besó mi mano y me sonrió, aclarando que podía contar con él. Entonces se puso más serio y acarició mi mejilla con su dulce mano, diciendo que iba a salvaguardar mis secretos, sonriente.

—Eres increíble… —murmuré con una tímida sonrisa dibujándose en mi faz.

En ese momento, abrió los ojos como recordando algo, haciendo que ladease la cabeza confundida mientras él miraba hacia el techo. Volvió su mirada hacia mí y me preguntó, entonces, sonrojándose un poco, que si me estaba quedando en otro lugar que no fuese el barco. Sonreí, pues así era y tenía pensado llevarlo después, pero es que además me dijo que no solo quería ir para algo sexual, sino que quería dormir conmigo. “Ay, ay, ay…” exclamé en mi cabecita, imaginando al gatito ronroneando dormido en mi cama.

—Sí… —respondí tímidamente con una vergüenza nada propia de mí y sonrojándome, apartando la mirada de él intentando que no me viese así— Puedes quedarte conmigo todas las noches que quieras, minino…

Cuando se trataba de algo sexual, de algo erótico, no tenía ningún problema expresándolo abiertamente, bromeando sobre ello sin ningún tipo de pudor. Sin embargo, al tratarse de algo más… romántico, algo más dulce, era como si otra yo se apoderase de mí por unos momentos, sacando un lado de mí mucho más tímido. Pasar una noche con él, compartiendo lecho, simplemente descansando, se me hacía algo tan… íntimo y vulnerable. La idea de sentir su calor a mi lado, de escuchar el suave ritmo de su respiración mientras se adormecía, me llenaba de una ternura inexplicable. Cada pequeño gesto, como el roce de su mano buscando la mía en la penumbra, o el ligero susurro de su voz antes de sucumbir al sueño, eran detalles con los que había soñado en las largas noches que habíamos pasado separados. Así que sí, me moría de ganas por aquello. Y tras expresarle eso, decidida, abrí la puerta atravesándola justo frente a él.

La tienda de Okaliva estaba ahora recogida, de nuevo devuelta a su estado original. Toda la ropa que había caído, por aquello extraño que Garnet decía que yo había hecho, volvía a reposar en su respectivo lugar. Escuché una respiración y me giré hacia Okaliva, que estaba sentado en una silla. Le dediqué una sonrisa y un gesto de agradecimiento con la cabeza mientras él se levantaba de la silla. El minino, por su lado, comenzó a gritar alterado, cosa que hizo que me girase sorprendida y alzando una ceja hacia él. Debía estar buscando nuestras cosas, antes de terminar de revisar con la mirada el sitio buscándolas, Okaliva alzó la voz, diciéndole que no se preocupase, indicándole que estaban en el mostrador. Me acerqué a ellas para recoger mi bolso, asegurándome de que la libreta estaba dentro, tenía información vital sobre mis cosas como para dejarla por allí a su suerte. pero claro, ver al minino había hecho que me olvidase de todo lo demás.

—Gracias, Okaliva, eres el mejor. Shshshs. —agradecí al hombre tras recoger lo mío.

El minino también agradeció, feliz al recuperar sus cosas y le di una palmadita en la cabeza seguida de una caricia para reforzar de forma positiva el agradecer. Era uno de los métodos más básicos de entrenamiento para mascotas, el refuerzo positivo. Me giré y caminé hacia Okaliva cuando este, de forma dramática se llevó la mano a la frente y se inclinó hacia atrás, absolutamente alucinado por nuestros increíbles outfits. Tras aquello retomó la compostura mirándonos de forma intensa, alabándonos por lo genial que nos quedaban. Posé para él, llevándome una mano a la cadera con una sonrisa de suficiencia en el rostro y echándome la melena hacia atrás con la otra. Sí, estaba divina. Pero es que además, el felino estaba también espectacular, no tanto como yo, pero esos músculos hercúleos quedaban bien con cualquier cosa, y Okaliva, como buen modista, fue capaz de verlo. Así pues, le propuso a Garnet hacerle algunos conjuntos también para él mientras observaba bien de cerca su cuerpo.

—Es mío. —declaré poniendo la mano frente a la cara del Okama, que se retiró un momento mientras Garnet me susurraba confundido por la proposición, a lo que le devolví una sonrisa y asentí— Y lo que es mío no se toca. Pero, a ti, mi querido Okaliva, te lo puedo prestar para que juegues un ratito a las muñecas, ¿sabes?

Okaliva prorrumpió en risas, levantando el mentón y cruzándose de brazos, levantando después una mano chasqueando los dedos mirando hacia ambos.

—Me parece perfecto, my queen. I’m sure que lo que sea que le ponga quedará amazing en él. —respondió sonriente a la vez que se le veía meditativo, probablemente pensando qué estilo utilizaría para adornar al gatito.

—Puedes confiar en él, minino. Y si tienes alguna sugerencia, seguro que te escucha. —dije a mi novio y le di un tierno beso en la mejilla— Y bueno, ahora que ya estamos todos reunidos. ¿Por qué no te presentas como es debido?
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#26
La tensión sexual entre los dos novios no hacía otra cosa que acrecentarse con las muchas insinuaciones por parte de ambos pelirrojos una vez con sus nuevos conjuntos puestos- Al mismo tiempo gracias a los adorables actos de Ikirami que englobaban tanto sus cuernos como alas demoníacas, Garnet sintió la necesidad de tenerla entre sus brazos en un acto de puro amor y ternura que contrastaba por completo con el ferviente deseo que ardía en el interior del músico por su amada. Cuando la pelirroja le insinúo que podía tenerla entre sus brazos en un acto de puro amor, a la vez que retozaban salvajemente, el pirata no pudo hacer otra cosa que recordar la primera vez que hicieron el amor de verdad, después de que, oficialmente empezaran a salir. El sexo desenfrenado estaba genial con Ikirami, ¡y vaya que si lo era! La química y dinámica que tenían era simplemente sublime, pero al venirle ese precioso recuerdo a la cabeza, sintió la necesidad de volver a experimentarlo en carne y hueso, más allá de su psique. Aunque no sabía demasiado bien si, con la tensión que tenía acumulada el skypiean después de todo el coqueteo, aquel día sería en el que volverían a hacerlo de aquella manera.

Seguidamente, la marine, antes de salir a la parte de la tienda, le comentó otro secreto a Garnet que le gustaría que siguiera estando oculto y es que, como los marines no son bien recibidos al tratarse Momoiro de una isla revolucionaria, escondió y mintió sobre su identidad, confesando que contó que estaba buscando a su hermano gemelo perdido y, pidiéndole el favor al pelirrojo para que no lo contará o no hiciera mención al respecto pues no quería dañar a su amigo. El músico, que lo entendió perfectamente, no le dio importancia ninguna, dejándole claro que lo entendía y que su secreto estaba a salvo, murmurando tímidamente, entonces, la bella mujer lo increíble que era su novio.- Tú eres increíble.- Afirmó en sus pensamientos, mientras miraba a la pelirroja con una tierna sonrisa.

Fue justo en ese momento que el skypiean recordó un asunto que debía atender, de vida o muerte, con Ikirami y era, ¿estaba durmiendo en su barco de la marine o se estaba hospedando, en cambio, en otro lugar? Debía aclarar esas dudas para, en caso de que se diera el segundo caso, poder ofrecerle como un loco pasar la noche juntos. Y así hizo, sonrojado, y dejándole claro que, aparte de lo referente a lo sexual, tenía también muchísimas ganas de dormir junto a ella. El sólo imaginarse a los dos acostados en la cama, abrazado el uno al otro mientras su somnolienta respiración fluía al mismo compás, hizo agravar el sonrojo. Ante la pregunta, Ikirami sonrió para, a continuación, afirmar - apartándole la mirada con tímidez - que, efectivamente, se estaba quedando en una posada y que podría quedarse a dormir todas las noches que quisiera, haciendo que Garnet irradiara felicidad por cada poro de su cuerpo. Él de por sí solía dormir en la cofia, no porque no tuviera espacio ni cama - aunque ahora con los Alas Negras en su barco, si que escaseaba el espacio -, sino porque le gustaba estar en contacto y cerca, durante la noche con las estrellas del firmamento, con su Fallen Sound, tocando y redescubriendo su lado más musical y personal. Pero ahora, el mero hecho de pasar a dormir entre estrellas, a hacerlo con la estrella más brillante de todo el universo - casi a la par que el brillo que emanaría Garnet como futura superestrella musical -, causó que en el rostro del pelirrojo se esbozara una sonrisa de euforia por poder pasar más momentos junto a su novia en una privacidad en condiciones.- Puejeje... El menda irá a verte entonces todas las noches, Iki... No puedo dejar que mi novia duerma sola y quedarme de brazos cruzados, ¿es o no es?- Respondió pletórico.

Ahora sí que sí, y tras eso, salieron a la tienda dónde, para sorpresa del minino, se encontraron todo perfectamente ordenado, tan ordenado que ni siquiera estaban sus pertenencias, acojonándose Garnet por completo hasta que, el bueno de Okaliva, puntualizó dónde se encontraban, yendo los dos pelirrojos a por ellas, dándole las gracias después de que su novia lo hiciera y, recibiendo a cambio, unos suaves toquecitos en su cabeza por parte de Ikirami que sentaban la mar de reconfortantes. Después de aquello, como si hubiera ido con efecto retardado, el modista se percató de nuestros renovados outfits, quedándose completamente maravillado por ellos. Ante los piropos de Okaliva, Ikirami posó como la diosa que era, llevándose su mano a su cadera y, con una sonrisa altiva, echándose su rojiza y sedosa melena hacia atrás con la otra mano, dejando embobado a Garnet ante lo deslumbrante que era su novia, por si aún le cabía alguna duda.- ¿U-una diosa de los infiernos?- Se preguntó el músico, al ver la increíble figura de su amada, parpadeando de forma consecutiva. Pero la reacción de Okaliva hacia el conjunto del pirata le hizo salir de su embobamiento pues, aseguró que él también estaba increíble, declarando que, con su cuerpo, no le importaba para nada hacerle algún que otro modelito que otro a su medida. Ante esto, Ikirami, se puso de por medio, extendiendo su mano frente a la cara del mastodonte, declarando que el minino era suyo, causando que Garnet riera nasalmente ante el comportamiento de la marine, daba igual lo que hiciera, o era la mujer más adorable del mundo, o a la más sensual, no había término medio. Entonces, el pirata le preguntó si era posible que el mejor modista del mundo quisiera hacerle ropa para él, recibiendo, con una sonrisa, el asentimiento de Ikirami, quién siguió declarando que, como Garnet era suyo, no se tocaba aunque dejándole a Okaliva el beneficio de prestárselo para que pueda jugar con él un ratito a las muñecas, haciendo que Garnet mirara con incredulidad a su novia.- ¡Eh, Iki! ¿Cómo que jugar a las muñecas? Si me va a vest...- Se quedó pensativo durante dos segundos.- Ah coño, claro, puejeje...-

Ante estas palabras, el modista soltó una carcajada y, tras varios chasquidos de dedos, responder con una sonrisa que estaba seguro de que, fuera lo que fuera que se pusiera, le quedaría genial, quedándose mirando pensativo al minino, que por el comentario del modista empezó a exhalar aire por la nariz con orgullo.- Pues claro, estás hablando de Garnet Matlock, ¿es o no es? PUAJAJAJA.- Soltó una carcajada, para, seguidamente, mirar hacia Ikirami, quien le había asegurado que podía confiar en él además de sugerirle cualquier cosa, antes de que le diera un dulce beso en la mejilla. Entonces, la pelirroja propuso que, estando ya todos reunidos, podría presentarse como era debido, abriendo los ojos de sopetón el músico.- Coño, ¡pues ya ves!- Exclamó, parándose antes un momento frente a Okaliva, sonriente y con ambas manos puestas en su cadera.- Y a tu oferta, colegui, ¡encantronio la acepto! Pero...- Cambió a una expresión más seria, girando su cabeza hacia su novia. El modista, por el otro lado, observaba con atención al músico.-  Hoy al menda le gustaría pasar el día con mi novia, ¿es o no es?- Terminó la frase, sonriendo y dedicándole un guiño con su ojo izquierdo.- Así que... Te vendría bien que viniera otro día para...- Se volvió a girar hacia el grandullón cuando, al enfocar su vista en él, se lo encontró llorando con un pañuelo en su mano derecha.- Para el carro, ¿he dicho algo raro?- Se preguntaba el músico preocupado con que, quizás, el haberle rechazado, le hubiera sentado mal.

Ayy how much I envy you my sweetness... Love... ¡LOVE!... Esta juventud tan full of love, consigue conmover my beautiful y frágil heart, you know...- Lloraba de forma dramática para, acto seguido, secarse, con delicadeza, todas sus lágrimas con su pañuelo, guardándoselo en el bolsillo de su pantalón. Recuperó la compostura y tosió, poniendo su puño por delante de su boca.- My handsome and savage prince, como boyfriend de my precious lady, eres bienvenido whenever you want, you know.- Declaró el modista tras aquello.

-Pueje, gracias Oki, eres un tío legal, ¿es o no es?- Dijo, con una sonrisa llena de picardía mientras le extendía el pulgar derecho, a lo que miró a Iki, asintiéndole sin mediar una palabra. Tras eso, cerró sus ojos, y llevó su diestra a su espalda.- Pues bien, ahora toca presentarme como es debido, pueje...- Murmuró, mientras sacaba de sopetón su instrumento, y se lo colocaba en posición de tocar, señalando con el índice de su diestra a Okaliva, quién estaba sorprendido con ambas manos puesta en su boca.- Okaliva, tienes en tus narices a Garnet Matlock, quién será la futura más grande superestrella del mundo entero, ¿es o no es?- Deslizó, entonces, sus dedos por las cuerdas de su instrumento.- ¿Sabes? He podido ver un pedazo de tu alma con todas los conjuntos que has creado, ¿qué menos que darte un rugido de la mía a cambio?- Dijo con una mirada y sonrisa llena de determinación.-  Este boy...- Murmuró el tendedero ante la actitud del skypiean, quién desvió su mirada a Ikirami.- Además, hacía tiempo que no le tocaba a mi deslumbrante e increíble Iki... Y por supuesto también algo de música, ¿es o no es?- Comentó, dedicándole una sonrisa de complicidad, para, seguidamente, moverse hacia el centro de la sala, a una distancia dónde pudiera ver tanto a Ikirami como a Okaliva.- ¡Espero que os flipe este concierto privado! ¡Este es el rugido de mi alma!- Exclamó ya posicionado, y extendiendo su diestra hacia arriba, mientras, ahora miraba a su novia.- ¡Este es el rugido de mi nuevo yo!- Y bajó súbitamente la mano, dando lugar a la primera tonada y, por tanto, a su canción.


Una vez iniciada la canción, Garnet puso toda la carne en el asador con una melodía que buscaba seducir y hacer bailar los corazones y almas de sus dos oyentes. Era como, si toda la tensión sexual que llevaba acumulada durante todo el jugueteo con Ikirami, se hubiera personificado en aquella canción que, iba dedicada en cuerpo y alma a su amada pelirroja, además de ser una carta de presentación perfecta para Okaliva. Con cada nota, los pies del músico danzaban al compas, dando delicadas pisadas que buscaba acentuar y acompañar a la música, además de usar el espacio que tenía para moverse libremente, acercándose a su escaso pero especial público, llegando a tocar, mientras se movía alrededor de Ikirami a la vez que le puso, una que otra vez, el culo en pompa a Okaliva, notando como el grandullón se tapaba la vista aguantando las ganas de tocarle su prietos glúteos por respeto a su amiga. Tras varios minutos de intensidad absoluta, dónde lo dio todo tanto mental como físicamente, el músico terminaría, sudando y jadeando por tocar tal melodía con, la esperanza, de que tanto a Ikirami como a Okaliva les hubiera gustado su actuación.

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#27
El bello minino se quedó de piedra cuando permití a Okaliva que jugase a las muñecas con él, quedándose unos segundos pensativo hasta que se echó a reír al entender a qué me refería. De verdad, era demasiado adorable cuando actuaba así, y le devolví una dulce sonrisa acompañada de un suspiro. Mi amigo, por su parte, aceptó la oferta alegando que cualquier cosa quedaría bien en ese cuerpo. Y sí, menudo cuerpazo se gastaba el felino. Garnet aceptó el ofrecimiento y le pedí que se presentase como era debido, cosa que se le había olvidado. Pestañeé esperando que lo hiciese, mientras él aceptaba la oferta de Okaliva para hacerle alguno de sus modelitos. Sin embargo, parecía que algo lo preocupaba, pues se giró hacia mí con una expresión más seria que chocaba con lo alegre que estaba hasta hacía un momento. Con su mirada clavada en mí, aclaró que ese día quería pasarlo conmigo, sonriente y guiñándome un ojo. Me hizo mucha ilusión aquello, tanta que un ligero rubor quiso asomar por encima de mi blanca piel. No podía dejar de mirarlo mientras seguía hablando, hasta que pude notar preocupación en él, girando confusa para ver a Okaliva llorando. En lugar de preocuparme, me llevé una mano a la cadera y sacudí la cabeza, cerrando los ojos y alucinando con lo dramático que era, pero también aquello era parte de su encanto. El pobre hombre era en el fondo todo un romántico, además de ser un cotilla de alta categoría, y el vernos tan enamorados debía haberle tocado la fibra sensible. Caminé hacia él, posando una mano en su hombro y dándole un par de palmaditas mientras él se secaba las lágrimas.

—Ale, ale. Ya pasó. —lo intenté animar como pude, aunque sabía que su reacción había sido exagerada por completo.

Retiré mi mano cuando él aceptó al minino, dándole la bienvenida a su tienda cuando él quisiese. Devolví la mirada entonces al gatito, que agradeció con una sonrisa a la vez que levantaba su pulgar y después asintió mirando hacia mí. Agradecida y sonriente, asentí a mi minino. Tras aquello, él cerró los ojos diciendo que era hora de presentarse de verdad y, nada más ver como se llevaba la mano al instrumento (el que tiene cuerdas, no el otro) entendí lo que iba a hacer y entonces recordé sus melodías y las ganas que tenía de escucharlas. Se proclamó a sí mismo la futura superestrella más grande del mundo, cosa que no dudé ni por un instante, así sería si mi gatito lo quería, y esgrimió las cuerdas de su laúd con los dedos haciendo que estas soltasen un hermoso sonido. Recorrí con la vista el cuerpo de mi sumiso minino mientras él me miraba, diciendo que hacía mucho que no me tocaba, ni tampoco algo de música. Me mordí el labio sensualmente, qué bien que le quedaba ese laúd. Sí que debía ser cierto eso de que los músicos tienen un “je ne sais quoi” que les rodeaba de un aura sensual, porque a mí me encendía muchísimo verlo con el instrumento.

—Adelante, minino. —lo incité a comenzar, cogiendo de la mano a Okaliva y asintiendo con confianza— Me muero por volver a escuchar una de tus increíbles canciones, ¿sabes? Sorpréndenos. —ordené preparándome para escuchar con curiosidad que tipo de canción tenía preparada para nosotros mientras él se preparaba para comenzar, diciendo que aquel era el rugido de su nuevo yo— ¡Dalo todo, Garnet!

Una energía comenzó a fluir de su laúd directamente a nuestros oídos, enseguida sentí, más que escuchar, una sensual melodía que se extendía por todo mi cuerpo con un escalofrío que me hizo soltar la mano a Okaliva. Sin ser consciente, comencé a acompañar la canción con unas palmadas y a llevar el compás de la canción con el pie, como si la propia canción lo pidiese a gritos. No podía apartar la vista de sus dedos, que de forma experta y casi imposible convertían los movimientos en sonidos con una velocidad impresionante. Sí, tenía el potencial para ser el mejor, y si esos dedos eran capaces de hacer maravillas en un instrumento como ese, en un cuerpo ya ni te cuento. Solo imaginarlo hacía que se pusieran de punta mis pelos, con otro escalofrío recorriendo mi cuerpo. El felino, por su lado, danzaba y se acercó a mí, tocando a mi alrededor mientras le acompañaba con las palmas y le lancé un beso en el aire. Se acercó a Okaliva, que se tapó los ojos un momento mientras Garnet, simplemente, era Garnet, sacándome una risa al ver la reacción del grandullón. Pero no se podía negar que lo estaba disfrutando, su pie se movía, al igual que el mío, y cruzamos miradas durante un instante, en el que arqueé una ceja mirándolo con una pícara sonrisa que el hombre me devolvió y extendió su mano hacia la mía. La cogí, y con una fuerza que me sorprendió, tiró de mí hasta llevarme a sus brazos. Alcé la mirada hacia él, una llena de complicidad.

—My lady… —me llamó, sosteniéndome con delicadeza frente a él por los hombros— It’s time to show you los movimientos prohibidos.

Asentí, con una leve risa, dándole el consentimiento para danzar los dos y, con la hermosa música de Garnet, emprendimos un baile que encajaba a la perfección con la música de mi amado. Bailamos ambos agarrados un hermoso tango, que a la vez que divertido, pues me hacía girar sin parar, era hermoso. Si Garnet prestaba atención, se daría cuenta de que Okaliva era todo un bailarín, pues aunque yo no conocía aquella danza demasiado, me guiaba y conseguía que al final la que destacara allí era yo. Fue increíblemente divertido, y di todo de mí en aquellos movimientos. Sin embargo, en el fondo habría preferido poder bailar así con el minino, aunque de seguro con él habría sido más intenso y sensual todavía. Pero no se podía negar que la confianza mutua nacida de nuestra amistad hacía que aquel baile se sintiese realmente fluido, como dos hojas sincronizadas danzando bajo la misma corriente del viento. Terminamos a la vez que la canción daba a su fin, con Okaliva sosteniéndome por el brazo y conmigo inclinada hacia atrás, con el cuello completamente extendido y mirando directamente hacia el gatito con una sonrisa. Me quedé en aquella posición varios segundos, jadeando por la intensidad del baile, pero sin poder retirar la mirada del minino, que al igual que yo, parecía extenuado. Seguramente lo que habíamos hecho apenas unos momentos antes nos había drenado bastante energía, pero estaba tan encendida que no pude evitar desearlo una vez más. Okaliva me ayudó a incorporarme, y dio un beso en mi mano como despedida por aquel baile, a lo que yo respondí con una breve reverencia. Pero no, lo que quería estaba en otro lado.

—Minino… —susurré acercándome al minino lentamente, con ansias por devorarlo y mordiéndome el labio.

Frené un momento, escuchando como mi amigo silbaba y comenzaba a aplaudir emocionado. Por un momento se me había olvidado que estaba ahí, llevada por los instintos que me atraían hacia el minino.

—Ha sido increíble, como tú, ¿sabes? —declaré sonriente y encantada con el espectáculo, todavía respirando con cierta dificultad.

Me acerqué finalmente hasta él y clave mis dientes en sus labios, siguiendo el mordisco de un intenso beso y acariciando su pelo. Intentaba controlarme, de verdad que aquello me había hecho desearle muchísimo, pero todavía teníamos espectadores y podía esperar, al menos un poco. Y estaba segura de que Okaliva quería decirle algo más a mi apuesto novio antes de irnos a mi habitación para poderle arrancar la ropa.
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#28
A pesar de que al músico le hacía extremada ilusión dejarse vestir y probar toda clase de rocambolescos conjuntos a manos del que, Ikirami había nombrado, como mejor modista del mundo, al poder reencontrarse al fin con su amada después de tanto tiempo, en esos instantes, Garnet, lo único que quería era pasar todas las horas, minutos y segundos que quedaban de ese maravilloso día junto a ella. De este modo, fue que lo expresó, con cierta preocupación por si hería el orgullo de Okaliva, rechazando, en aquel día su fantástica propuesta mas, dejándole claro que, otro día iría a su tienda para cumplir con su objetivo inicial, además de saciar el lado sastre del okama. Al hacérselo saber a ambos, por parte de la bella mujer, Garnet pudo observar como casi se convertía en una cerecita, mientras que, por parte del modista, alcanzó a ver como se echaba a llorar - siendo consolado por la marine seguidamente -, dramáticamente, asustándose el pirata de primeras pero, luego, comprendiendo que debió haberse emocionado al ver lo bonito y verdadero que era el amor y conexión que existía entre los pelirrojos, y era normal sentirlo de esa forma. Una vez se recompuso aquella masa de músculos tonificados, este le dio la bienvenida a su local, instándole en que podía entrar cuando el quisiera, gesto que, Garnet agradeció en demasía por el buen rollo que emanaba el amigo de su novia, momento en el que ambos se asintieron sonrientes.

Justamente después, llegaría el plato fuerte, que era la presentación de Garnet y es que, cómo todo debía hacerlo lo más llamativo posible, en vez de decir su nombre y a que se dedicaba - como las personas normales - prefirió enseñar un extracto de su alma, en forma de melodía. Cuando le dijo a Ikirami que hacía tiempo que no le tocaba, ni su cuerpo ni su música, el minino se deleitó con la imagen de la pelirroja, viendo como la marine recorría con su mirada el cuerpo del pirata mientras se mordía de forma lujuriosa su labio. Entonces, con la mano agarrada a la de Okaliva, su novia procedió a animarle y a declarar como se moría de ganas por escuchar nuevamente una de sus canciones. Si no eran suficientes las ganas que tenía el artista de tocar otra vez su música, las palabras, gestos y actitud de Ikirami no hacían más que encenderle aún más la llama de su corazón que le gritaba "dalo todo, arrasa con todo".

Fue así que, sin más preámbulos, el músico dejó que todo lo que sentía en aquel momento fluyera por cada poro de su piel, por cada músculo de su cuerpo y por cada rincón de su alma. ¿Y qué era lo que más sentía en esos instantes, si no era pura devoción y sensualidad por su amada? En consecuencia, la melodía que se emitía con el deslizar de sus virtuosos dedos, no era otra que la personificación de toda esa sensualidad que se había estado acumulado los minutos anteriores. Conforme iba mirando a su tan querido y privado público, pudo ver como, Ikirami, dejándose llevar por su música, comenzó a aplaudir y a patalear al ritmo de la misma, haciendo que Garnet sonriera alegremente al causar esa sensación en la marine con su pequeño don. Lo metida que estaba en la canción, hizo que el skypiean quisiera danzar alrededor de la pelirroja mientras no paraba de tocar a su Fallen Sound, recibiendo en el acto un beso al aire de la marine que le produjo una pícara sonrisa. Pero, por mucho que Ikirami fuera su novia, debía ser imparcial con su público por lo que, después de bailotear alrededor de su sensual musa, cambió de objetivo, yendo a ponerle el culo en pompa a su nuevo colegui Okaliva, notando tanto la risa de la pelirroja, como la timidez del modista, quién se tapaba los ojos ante la visión que se hallaba frente a él, sacándole una pequeña carcajada al pelirrojo.

Era innegable que los dos estaban disfrutando de la música de Garnet, hasta el punto de que, después de que se separara de los dos, con una mirada llena de complicidad y, tras decirle Okaliva a Iki que le iba a enseñar los pasos prohibidos, comenzaran a danzar un tango que encajaba a la perfección con la música que el minino estaba tocando con ellos. Al ver de lo que eran capaces aquellos dos, el pelirrojo abrió los ojos como platos de la impresión, a la par que una sonrisa llena de determinación se dibujaba en su rostro.- Puejeje, ¡el menda no piensa quedarse atrás! ¿Es o no es?- Fue el pensamiento que tuvo Garnet ante el frenético y sensual baile que los dos amigos estaban teniendo fruto de su melodía. Aunque, por un lado, el pirata sintió cierta envidia de no ser él quién pudiera bailar con su hermosa mujer, lo cierto era que también sentía un gozo en su alma al ver como, su canción, había desatado aquel maravilloso baile. Sintió como si, la sensualidad que emanaba de su instrumento, se transfiriera a la danza que estaban realizando la dupla y, a su vez, como esa misma intensidad y de ver a su increíble mujer causaba que Garnet no le bajara el ritmo. Ciertamente sí, era incapaz de quitarle el ojo a los gráciles y seductores movimientos de su novia, sintiendo como esa tensión sexual y temperatura en su interior aumentaban exponencialmente y, aún así, pudo reconocer que, el verdadero artífice del tango no era otro que Okaliva.

El artista finalizó con su obra, agotado al mismo tiempo que Ikirami y Okaliva, casi como si hubieran ensayado con anterioridad. La pelirroja terminó su baile echada hacia atrás - sostenida por el modista - con la mirada y sonrisa puestas en Garnet quién, jadeando, no pudo hacer otra cosa que sonreírle de vuelta. Después de que le ayudara Okaliva a incorporarse, dándole un beso en su mano a modo de cortesía e, Ikirami, dedicándole una reverencia, como dos polos opuestos de dos imanes, el pirata, completamente encendido a pesar del cansancio, comenzó a caminar lentamente hacia la pelirroja, al mismo tiempo que ella lo hacía hacia él.- Iki...- Susurró, al mismo tiempo que la marine, mas sin darse cuenta de que ella le había nombrado. Cuando estaban uno frente al otro, a un metro, y jadeando tanto del esfuerzo físico como del calor que sentía en cada rincón de su cuerpo, un silbido y varios aplausos por parte del modista le sacó de un trance en el que estaba a punto de arrancarle toda la ropa a la pelirroja.- Para el carro Garnet, que está aquí el colegui Okaliva, ya bastante sexo vio antes...- Se frenó mentalmente, al mismo tiempo que agitaba su cabeza de lado a lado para espabilarse. En ese momento, con una sonrisa, declaró lo increíble que había estado, al igual que él. Él sabía lo fantástico que era, por supuesto, pero recibir esos halagos por parte de su amada, siempre llenaban su corazón de una calidez inigualable.- PUAJAJAJAJA, ¡pues claro que el menda lo es! ¿Es o no- Rio a carcajadas, antes de que Ikirami le interrumpiera besándole en su boca después de morderle de forma muy sensual su labio, aceptando más que gustosamente aquel gesto.- Iki, cuidado... Que igual... No puedo controlarme...- Pensaba con poca lucidez, dejándose llevar cada vez más por el deseo carnal, acariciando, al igual que hacía la pelirroja con él. Si no hubiera sido porque la marine sí que había conseguido controlarse, parando en el acto, el pobre Okaliva habría visto, de nuevo, una escena de la que habría deseado no ser testigo. Al apartarse de los húmedos y placenteros labios de su novia, Garnet se tomó unos segundos en calmar su agitada respiración y su ansia de placer y deseo.

Algunos segundos después, en los que había recuperado la compostura, se llevó su puño derecho para toser en él.- Pues eso, que he estado increíble puejejej...- Dijo con los ojos cerrados para, seguidamente, mirar intermitentemente a Ikirami y Okaliva.- Eso sí, ¿vosotros os habéis visto? ¿Qué cojones ha sido ese baile? ¡HA SIDO FLIPANTE! ¿ES O NO ES?- Exclamó eufórico al recordar la danza tan increíble que había presenciado, enfocando su mirada, primero en Ikirami.- Iki, ¡no tenía ni la más pajorera idea de que te podías mover así!- Alabó los movimientos de su novia, poniéndose, entonces, colorado.- De sólo verte me han entrado aún más ganas de follarte, vamos, que te daba ahora mismo si no estuviera Okaliva.- Declaró, sin pelos en la lengua, girándose al modista con una sonrisa.- Pero cero mal rollos, colegui, que estamos en tu tienda y no es cuestión de ponerse otra vez a hacerlo en tus narices, ¿es o no es?- Aclaró a Okaliva, quién se quedó, durante unos segundos, incrédulo por lo tan descarado que era el pirata, echándose a reír a carcajadas acto seguido.- HAHAHAHAHAHA, oh boy, I can see, agradezco que no os pongáis a tener sex in front of me again, you know, my sweet couple.- Agradeció el modista, con los brazos cruzados y cierto sarcasmo.

Seguidamente, Garnet, siguió mirando a Okaliva, pero esta vez con más seriedad.- Eso sí, Okaliva, el menda tiene que pedirte otro favor.- Dijo, quedándose un par de segundos callados.- What's wrong, my pretty boy?- Preguntó, lleno de curiosidad el okama, llevándose su diestra a su prominente mentón.- He podido ver que tus juegos de pies y movimientos son una pasada, me han dejado, loco... Sería algo que me fliparía meter en mis conciertos, ¿es o no es?- Expuso, inclinando, entonces, ligeramente su tren superior hacia Okaliva. El pirata, no era de las personas que solían someterse a este tipo de gestos de educación, y menos cuando se trataba de dejarse enseñar a otros pero, del estricto entrenamiento con Kaelith, aunque le duela admitirlo, se le quedó anclado algo de ese sentimiento de respeto en su alma.- Por favor, ¿me enseñarías también a bailar cómo lo haces, colegui?- Pidió el músico, quedándose inclinado hasta que obtuviera una respuesta por parte del okama, quién, nuevamente, se volvió a quedar sorprendido ante la actitud de Garnet, volviendo a reír a carcajadas.- HAHAHAHAHA, so, te has quedado prendado de mis pasos prohibidos, pretty boy, ¿eh?- Comentó, con orgullo, para girarse, a continuación a Iki.- Empiezo a understand que viste en él, my beautiful and gorgeous princess.- Volvió a encarar, entonces, a Garnet.- Very well, my sweet dancer, te enseñaré algunos de mis steps, you know. Como te dije, las puertas de my shop están open always for you.- Declaró, poniendo su diestra en el hombro del músico.- Ven whenever you want, te pruebo algunos modelitos y luego I'll teach algo de danza, is that okay for you?- Propuso Okaliva al músico, el cuál, volvió a erguirse y sonrió intensamente de alegría ante la aceptación de su nuevo maestro.- ¡De puta madre, colegui! Pues en "brevas" tendrás noticias del menda, puejeje, muchas gracias de nuevo, y por ser colegui de Iki y cuidar de ella aún más, ¿es o no es?- Agradeció con muchísimo entusiasmo el pirata al modista, quién extendió su mano derecha hacia el músico.- Por el boyfriend de mi querida lady, lo que sea... Esta beauty y tan good friend of mine solo deserves lo mejor de lo mejor, you know.- Afirmaba Okaliva, causando el asentimiento instantáneo de Garnte pues, en esas palabras solo había verdades.

Acto seguido, el músico se dirigió, hacia Ikirami, no pudiendo olvidar de todo el calor que había sentido y que aún deambulaba por cada rincón de su cuerpo, deseando poder escapar a través del contacto de su cuerpo con el de su amada.- Bueno, Iki, y creo que tú tienes una habitación que enseñarme...- Se acercó, hasta estar a escasos centímetros, con una expresión que irradiaba picardía y perversión la mirases como la miraras.- Y ya si hablamos de la cama, uffff... Pueje pueje...- Le acabo susurrando al oído, retirándose, entonces, y mirándole mientras se mordía su labio inferior y le extendía su mano para que le guiara.- Este sirviente está ready para servirle, mi ama, ¿es o no es?- Le dijo, buscando incitarla y provocarla para desatar, una vez más, todos los deseos de la pelirroja.

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#29
Una actuación espectacular, dos enamorados... y un espectador extra que sobraba. Sí, era una declaración cruel, pero era lo que sentía cuando me acerqué a él, deseando volver a sentir su piel contra la mía. ¿Tal vez tenía un problema? No, yo no tenía problemas, los demás eran el problema, nunca yo, que por algo era perfecta. En cuanto la actuación y el baile terminaron, no pude refrenar el deseo de acercarme a él, un deseo que, al parecer, era mutuo, pues nos atraímos el uno al otro como polillas a la luz. Jadeando frente a frente, la tensión sexual era palpable, lanzándome a mordisquear el labio de Garnet cuando él terminó de reír ante mi comentario, seguido de un beso mientras nos acariciábamos mutuamente. "Ah... Sus besos son mi cuna y mi tumba", pensé durante el beso, por la mezcla de emociones que sentía. Se combinaban una placentera sensación de tranquilidad y comodidad, como la que ofrece un hogar, y, a la vez, la sensación de que en cualquier momento iba a estallar en mil pedazos y moriría. Una muerte que, por cierto, habría sido completamente satisfactoria. En resumen, sus labios eran mi refugio, mi hogar y mi perdición.

Por suerte, o más bien por desgracia, fui capaz de contenerme por respeto a mi amigo, separándome de él tras unos intensos momentos, lanzando un casi inaudible suspiro por tener que interrumpirnos. Tras aquello, me distancié un paso, a la vez que Garnet tosía diciendo que había estado increíble para después mirarnos al hombretón y a mí, diciendo que nuestro baile había sido alucinante.

—Shshshsh. Los movimientos prohibidos de Okaliva sin duda merecen el nombre que tienen, ¿sabes? —contesté entre risas, guiñándole un ojo a mi amigo.

Y bueno que si lo merecían. Por supuesto, yo sabía bailar, era algo básico para una mujer como yo, pero lo que hacía Okaliva estaba a otro nivel, era todo un maestro. Garnet me alabó, diciendo que no tenía ni idea de que yo era capaz de bailar así, lo cual me hizo levantar la barbilla orgullosa.

—Por supuesto que puedo, ¿acaso no lo has notado ya en la cama? —pregunté con retórica cruzándome de brazos y alzando una ceja de forma pícara.

Añadió, entonces, ruborizándose al hacerlo, que solo de verme le habían entrado aún más ganas de tener sexo conmigo, y que de no ser por Okaliva lo hubiésemos hecho ahí mismo. Me mordí el labio, con más fuerza de la que esperaba, tanta que casi me hice daño, al escuchar su comentario, y, tras dedicarle una mirada llena de lujuria, me di la vuelta y comencé a andar algunos pasos, intentando sacudirme los pensamientos que invadían mi cabeza. Pero no era el lugar, no de nuevo, y así se lo hizo saber el minino a nuestro acompañante, que agradeció entre risas que nos contuviésemos. Volví a girarme hacia ellos, ciertamente impaciente, dando pequeños toques con el pie en el suelo mientras ambos hablaban sobre baile. Al parecer el gatito quería aprender a bailar de aquella forma, lo cual me parecía bien, pues me hubiese encantado tener un baile como ese con él. Solo de imaginarlo… “Joder, Iki, por favor, deja ya de pensar en sexo.”, me dije a mí misma sacudiendo la cabeza. De alguna forma, ese gato me tenía totalmente revolucionadas las hormonas, además del corazón.

Tras quedar en que se verían en otro momento, mi novio felino vino hasta ponerse frente a mí, diciéndome que tenía una habitación que enseñarle, acercándose peligrosamente hasta susurrarme al oído haciendo referencia a la cama. Esos susurros me mataban, haciendo que me estremeciese levemente sintiendo un escalofrío recorrer mi cuerpo. Lo observé, algo inquieta, mientras se mordía el labio y me extendía la mano: el gatito estaba listo para servirme y que le llevase a la habitación. La inquietud, era obvio de dónde provenía, estaba ya que no podía más de las ganas que le tenía. Tomé su mano y lo atraje hacia mí, lamiendo su mejilla.

—Buen chico. Ahora acompáñame hasta nuestro nidito de amor. —susurré para después morder suavemente el lóbulo de su oreja.

De la mano, lo llevé hacia la puerta principal de la tienda, girando un momento para despedirme de Okaliva, aunque de forma apresurada.

—Eres el mejor, ¿sabes? —declaré a la vez que le dedicaba una sonrisa a mi amigo— Nos vemos pronto, y gracias por todo, de verdad.

Okaliva sonrió en silencio, cruzándose de brazos y despidiéndose con la mano. Miré de nuevo al gatito, asintiendo y con felicidad en el rostro, estaba dispuesta a llevarlo de una maldita vez a mi habitación para, al fin, dar rienda suelta a todo cuanto deseaba. Así pues, tome el pomo de la puerta y lo giré, haciendo sonar la campanilla y arrastrándolo conmigo a las calles de la ciudad. No me había dado cuenta de cuanto rato había pasado, pero al parecer ya estaba anocheciendo. Aun así, las calles estaban repletas de personas que iban y venían, era una ciudad bastante nocturna a decir verdad. Caminé sin decir una palabra, centrada en llegar a la posada de Beaufleur, me conocía el camino de memoria, lo había recorrido incontables veces con ella para ir a ver a Okaliva. Así pues, giré en varias esquinas, atravesando algunos callejones que separaban las calles centrales de la localidad, acariciando la mano del minino mientras lo hacía.

—No queda mucho, enseguida llegamos, amor. Me conozco el camino como la palma de mi mano. Shshshsh. —comenté mirándolo sonriente cuando llevábamos varios minutos andando.

Tras torcer algunas calles más, solté su mano y me giré hacia él, juntando las manos por delante y mostrando los dientes en una radiante e ilusionada sonrisa.

—¡Hemos llegado! —anuncié elevando una mano hacia un lado, mostrándole el edificio.

Giré la cabeza para divisar la entrada, pero mi sonrisa se tornó en una mueca de confusión cuando lo que vi, en lugar de ser la espectacular entrada rosada a la posada, era en su lugar un descampado en el que había una pila de escombros y chatarra oxidada. Arrugué la nariz y me quedé boquiabierta, mirando de un lado al otro de la calle. Estábamos en una zona poco concurrida, con la mayoría de los edificios que se notaba que eran más antiguos y algo más descuidados que los de la zona central. Incluso la farola que nos iluminaba, encendida ahora que comenzaba a caer la noche, estaba parpadeando.

—¿Dónde akumas estamos? —pregunté absolutamente atónita y con los ojos abiertos como platos— ¡Joder! ¡Ostia puta! ¡Mierda! —vociferé golpeando con el pie el suelo y levantando un puño al aire levantando la voz al cielo— ¡Primero bosques migratorios y ahora inmuebles nómadas! ¡Odio el Grand Line! Desde que pones un pie en él, resulta que las cosas se mueven. ¿Lo sabías? —pregunté completamente enfurruñada, hinchando los mofletes y cruzándome de brazos mirando a un lado— Pues sí, al parecer en este maldito océano hay sitios que se mueven, y parece que soy especialista en toparme con ellos.

Exhalé un fuerte suspiro de frustración, lo último que quería en ese momento era perder más tiempo. Solo quería llegar a la habitación con el minino para arrancarle la ropa y hacerlo mío de nuevo. 

—Maldita sea, de verdad… Siempre me pasa lo mismo, y eso que la posada de Beaufleur no quedaba lejos… Estos mares son de lo peor, ¿sabes? —añadí ahora algo entristecida, poniendo ojitos de cordero degollado al minino.

Karmas implicados
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#30
A pesar de las innegables ganas que tenía Garnet de teletransportarse, junto a su amada, a la habitación de la marine para desatar allí toda su lujuria y poder sentir cada milímetro cuadrado de su cuerpo y piel, el músico hizo un esfuerzo - en señal de respeto a Ikirami y Okaliva - para expresarles lo increíbles que habían estado en su danza. Cuando el pirata admiró los movimientos de la pelirroja, esta, de forma pícara, cosa que le ponía aún más a 100, le preguntó si acaso no se había dado cuenta ya en la cama. Al decirle esto, múltiples imágenes de la marine encima del pelirrojo tomando el control de la situación en un contexto bastante subido de tono se le cruzaron por la mente. Desde luego que sí, ya su manera de embestirle indicaba a la perfección el increíble movimiento de cadera que tenía la hermosa mujer pero claro, en ese momento, Garnet estaba más pendiente de otras cosas, ya fuera quedarse prendado y embobado con la belleza que irradiaba su diosa pelirroja o estar tan ofuscado en el placer que sentía y que quería entregar a su novia que no era capaz de ver lo que pasaba a su alrededor.- Joder joder... De pensar en esto se me está poniendo el pito pino...- Se decía a sí mismo Garnet, sintiendo como su entrepierna empezaba a sufrir una perturbación en la fuerza.

Fue de esta forma que comentó, sin pelos en la lengua, como le habría hecho de todo allí mismo si no se encontrara Okaliva delante, pudiendo notar como Ikirami sentía lo mismo que él, llegando a girarse y todo para, seguramente, evitar caer la tentación.- Va va, hay que acabar con esto rápido...- Se animó para, seguidamente, proponerle a Okaliva que le enseñara algunos de sus pasos prohibidos pues, seguramente, le servirían al músico en futuros conciertos. Ante la oferta, su ahora maestro de dos metros asintió complacido, invitándole a ir cuando quisiera, alegrándose gratamente por haberlo aceptado y, sobre todo, porque ya podían largarse de allí de una vez y acabar con esa maldita y estúpida tensión sexual que deseaba con salir escopeteados de los cuerpos de los dos pelirrojos. Dicho pues, el pirata se acercó hacia su novia, de forma bastante sensual, pidiéndole - haciendo algo de roleplay acorde a su vestimenta - que le llevara hasta su habitación y, más específicamente, hacia su cama. Ikirami, de este modo, tomó su mano, lamiendo su mejilla además de susurrarle que era un buen chico y que, ahora, le acompañara hasta lo que sería su nido de amor, antes de morderle con delicadeza el lóbulo de su oreja.- Jooodeeer no voy a poder aguantar más...- Y es que cada gesto y palabra que salía por parte de la pelirroja era un arma contra Garnet que incrementaba sus ganas de desatar su lado más salvaje.

Más rápido que un pepino y dirigidos por la marine, se dirigieron a la puerta para salir del local, no sin antes, Iki girarse sonriente hacia su buen amigo, declarándole que se verían pronto y agradeciéndole de todo corazón por todo. Ante esto, Garnet vio oportuno despedirse también como debía de su maestro de baile, por lo que, alzó la mano que tenía libre y la agitó hacia los lados en señal de despedida.- Hasta que nos volvamos a oler, master colegui, gracias por todo, ¿es o no es?- Dijo adiós el skypiean, recibiendo los dos pelirrojos, por parte del okama, una despedida risueña y silenciosa. Acto seguido, el pirata cruzó miradas con la marine, ambos asintiendo hacia el otro e irradiando felicidad por, al fin, poder largarse hacia la privada habitación de la pelirroja y realizar todas la marranadas que llevaban queriendo hacer durante varios minutos que se le habían hecho eternos a Garnet.

Salieron pues de la tienda de ropa, sorprendiéndose el pirata por ver como ya estaba anocheciendo, habiendo perdido la noción del tiempo el pirata allí dentro. A pesar de que iban vestidos como iban, y que las calles estaban llenas de multitudes, si algo le había enseñado aquella isla es que, sus residentes, no te juzgaban ni por quién eras ni por como fueras vestido - a no ser que tuvieras un ridículo sentido de la moda claro -, por lo que, al skypiean, no le importaba en lo absoluto que la gente le viera vestido de sirvienta. Con una sola en mente, entonces, Ikirami comenzó a caminar con celeridad, sin mediar palabra, mientras atravesaba tanto calles como callejones, completamente concentrada y mientras sentía las caricias de sus dedos sobre sus manos. Garnet, por su parte, iba con la lengua fuera y con corazones en sus ojos, de solo pensar en lo que se venía mientras corría arrastrado por la marine. En mitad del camino, la marine se giró para mirarle sonriente, comentándole que ya mismo estaban pues se conocía el trayecto como la palma de su mano, a lo que Garnet, aún con la lengua fuera y los corazones en sus ojos se dedicó, tan solo, a asentir.

Algunos giros de calles más, la bella mujer se detuvo, soltando la mano del minino y girándose hacia él, juntando entonces sus manos por delante a la par que enseñaba su perfecta e inmaculada dentadura anunciando, seguidamente que habían llegado, haciendo que los ojos de Garnet volvieran a tornarse normales y que guardara su lengua, por el momento, mordiéndose el labio seguidamente.- Pfff, no puedo esperar para llegar a tu habitación y...- Resopló, cachondo perdido, a la par que se giraba hacia la dirección que apuntaba una de las manos de Ikirami, quedándose, en ese momento, completamente consternado por lo que había frente a ellos.- ...Follarte entera.- Finalizó la frase, con un tono que denotaba confusión pues, en vez de una posada o un edificio, habían acabado, por alguna razón, en un descampado decorado por una pila de chatarra y escombros. Para más inri, estaban rodeados por edificios que se veían más antiguos y en peor estado que los que había en el resto de la ciudad, hasta el punto que, la bombilla de la farola bajo la que estaban, comenzaba a fallar.- Pero qué cojones...- Ladeó su cuello hacia la derecha, mirando entonces hacia Ikirami, estando a punto de preguntarle por lo que estaba pasando. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, su novia, preguntó que dónde narices estaban, llegando a vociferar toda clase de insultos que jamás había escuchado salir de la boca de la pelirroja.- Hostia puta...- Abrió los ojos como platos, el pelirrojo, sorprendido por el carácter de su amada.

La marine, prosiguió desahogándose, declarando que odiaba el Grand Line pues, desde que había entrado en él parecían que las cosas se movían por arte de magia, causando que Garnet arqueara las cejas, aún más confuso. ¿Sería posible que...? ¿Sería posible que su novia, tuviera un pésimo sentido de la orientación? Aún era pronto para confirmarlo pero, este pensamiento, junto al agradable gesto que tuvo la pelirroja, al hinchar sus mofletes y cruzándose de brazos hacia un lado, hizo que el pirata esbozara una tierna sonrisa, olvidándose casi de su intento fallido de poder realizar el acto de crear bebés sin crearlos. La marine exhaló un fuerte suspiro, cargado de enojo y frustración para, a continuación, entristecida y con unos ojitos que mataban de ternura al pelirrojo, declaró que siempre le pasaba lo mismo, a pesar de que la posada no quedaba para nada lejos. Ese "siempre le pasaba lo mismo", pareció confirmarle que, efectivamente, su amada era propensa a perderse.- Será mejor que por ahora le siga el rollete y no le suelte nada sobre su orientación pueje...- Pensó el músico, con una suave sonrisa en su rostro para, seguidamente, darle un besito en su frente.

-Igual follar en un descampado es pasarse, ¿es o no es?- Dijo, mirando hacia aquel lugar alejado de la mano de dios, en tono de broma, para intentar reducir la tensión del momento para, justo después, sostener las manos de su querida novia.- Al loro, Iki, no sé que clase de...Brujo te está intentando hacer esta putada de mover las cosas de sitio...- Comentó enfocando su mirada en la farola con bombilla parpadeante.- Pero ni te rayes, acabaremos encontrando la posada, follaremos como animales y otro día iremos a por ese brujo, o lo que sea, y le daremos una paliza los dos, ¿es o no es?- Afirmaba, mientras dirigía sus pupilas a las de su amada y asentía con la cabeza.- Y bueno, también hará más emocionante nuestro camino a la cama, ya sabes, puejeje...- Concluyó susurrando y con una sonrisa picarona para, seguidamente, mirar a su alrededor.- Lo primero... Será buscar a alguien y preguntar por la posada...- Propuso, agarrando con firmeza una de sus manos, soltando la otra en el proceso y, comenzando a caminar justo por la calle por la que habían venido.- Ahora deja que tu maid se encargue, mi ama, te toca observar desde detrás mi perfecto trasero PUAJAJAJA.- Sentenció, tras lo cual, guió a Ikirami hacia las zonas más concurridas por las que, anteriormente, habían pasado.

Después de varios giros, intentando seguir los pasos que había tomado la pelirroja - aunque con varios rodeos erróneos en el camino - llegaron a una de las calles por las que habían transitado con bastante okamas andando a través.- ¡Perita! Por aquí podríamos preguntar a alguien... Por ejemplo a...- Empezó a girar su cabeza a varios lados, buscando a alguien a quien preguntar por la ubicación de la posada de Beaufleur, hasta que, en un escaparate de una tienda cerrada, vio un poster que captó por completo la atención del pelirrojo.- Fiesta del Amor Libre...- Leyó, entrecerrando los ojos, abriéndolos como platos al leer el nombre de dicha fiesta.- ¡Eh! ¡Iki! ¡Al loro con esto!- Exclamó señalando con el índice de su mano libre, al mismo tiempo que se acercaba, lentamente, al escaparte en el que se encontraba.- Fiesta del Amo Libre... Pone que es una festividad que se hace para honrar a la primavera... ¡La estación del amor!- Comentaba emocionado, mientras seguía descendiendo su mirada por el cártel, viendo la fecha en la que ocurriría dicho evento.- ¡Coño! ¡¡Es mañana!!- Soltó, de sopetón, la mano de la marine, para llevarse ambas a la cabeza. Justo después, se giró hacia la pelirroja, sonrojado y sonriendo. Amor libre, festividad para honrar la estación del amor, joder, era como si le hubieran hecho un evento en su honor, o al menos así era como lo veía el pelirrojo. No sabía que se encontraría allí, pero solo con la descripción, el pirata sentía que debía asistir con su amada, con la persona con quién - a pesar de lo poco que llevaban conociéndose - sentía tener una conexión tan intensa, fuerte y especial, un amor que desafiaba y ponía en jaque todo lo que estaba bien y mal. Un amor, como el suyo, que tenía el poder de cambiar el mundo a uno mejor, o que podía hacerlo tambalear, no podía faltar a una celebración así. - Iki... ¿Te hace que vayamos a esta vaina? Podría quedarme mañana todo el día contigo y luego nos acercamos a este sitio, ¿qué dices?- Propuso a Garnet, no pudiendo evitar, entonces reírse, mientras negaba con la cabeza.- PUAJAJAJAJ... Igual el brujo ha querido mover tu habitación para que bichearamos esto, ¿es o no es?- Y quién decía brujo, decía destino pues, tal y como dijo la marine en su momento, parecía que, en todo momento, el destino no paraba de velar por aquellos dos enamorados.

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