01-08-2024, 07:02 PM
¡Era increíble! Nada más conocernos, Zarek y Ashura me habían dado una verdadera paliza casi al borde de matarme. De hecho, más el Birkaniano que el Oni. Pero lo impresionante no era eso. Era que me habían adoptado como su puta mascota. Aunque yo prefería decir aprendiz, estaba seguro de que esos dos no dudaban de mi posición en esta nueva "amistad", por así decirlo. Más bien una pequeña alianza para conseguir mis renovados objetivos, en los que se encontraban no ser la comida de ninguno de esos dos bestias. Al poco de conocernos me habían "soltado" por el bosque, según dijeron, para explorar. Pero más bien parecía que querían ir un poco a su aire, ya que ninguno de los tres creo que aguantemos demasiado con más gente al rededor.
Ahora estaba de nuevo solo en aquella jungla, con los animales a mi alrededor con los que había jugado -y pegado hasta matar para devorarlos apenas sin cocinar- tantas veces hasta mi pequeña siesta en la playa que dio la vuelta a mi vida y me traumó para siempre. Un enorme insecto, casi tan grande como yo mismo, intentó atacarme, pero simplemente levanté el puño. No tenía ganas de jugar con nadie ni con nada. El desgraciado que intentara molestarme ahora sería ignorado o quemado, en caso de que se pusiese demasiado pesado. Ahora solo me interesaba una única cosa. Ver el mundo arder. No había más motivos para ello que la ira que se había concentrado en mi ser en la pelea de ayer. Caminaba serio y decidido hacia ninguna parte. Me habían mandado a explorar, pero no me fijaba ni siquiera en los árboles que pasaban a ambos lados. Concentrado y caminando hacia adelante, imaginando la isla entera de Minion, donde había residido antes de entrar a grand line ardiendo con todos aquellos soldados quemándose vivos y derritiendo su piel al hermoso son de los chillidos de las civiles que veían como sus casas, sus lugares seguros y de paz se venían abajo sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo. Parece que los dioses del caos y la destrucción por fin me habían encontrado. Con esa imagen en la cabeza blanca, me reconforté. Era un buen objetivo. Mucho mejor que encontrar a una panda de piratas, por muy fuertes y admirables que fueran. ¿Para qué querría conocerlos? Ni siquiera tenía pensado unirme a su banda. Aunque eso no quitaba que iba a seguir portando la calavera de rana en mi espalda.
De pronto, un olor llegó a mi hocico, como un humillo salido de los poderes de Ashura que me atraían irremediablemente. Volví en mi mismo y empecé a prestar atención a lo que me rodeaba. Estaba claro que alguien estaba asando carne en aquella isla, y los únicos que nos encontrábamos allí, sin contar a los propios trozos de carne vivientes éramos Ashura, Zarek y yo. ¿Me habrían hecho separarme de ellos para comer sin mí? Cabrones... Me centré en rastrear el olor con mi potente olfato y oí una voz en mi bolsillo. Zarek había encontrado más gente, y parecía que esos pobres infelices iban por el mismo camino de dolor intenso que había sufrido yo el día anterior. Aun así aquello olía a carne. Debía darme prisa si no quería que se pasase mucho. Aunque, también podría comerme los restos de los cadáveres que quedaran tras los golpes sin control del Birkaniano... Comida es comida.
Ahora estaba de nuevo solo en aquella jungla, con los animales a mi alrededor con los que había jugado -y pegado hasta matar para devorarlos apenas sin cocinar- tantas veces hasta mi pequeña siesta en la playa que dio la vuelta a mi vida y me traumó para siempre. Un enorme insecto, casi tan grande como yo mismo, intentó atacarme, pero simplemente levanté el puño. No tenía ganas de jugar con nadie ni con nada. El desgraciado que intentara molestarme ahora sería ignorado o quemado, en caso de que se pusiese demasiado pesado. Ahora solo me interesaba una única cosa. Ver el mundo arder. No había más motivos para ello que la ira que se había concentrado en mi ser en la pelea de ayer. Caminaba serio y decidido hacia ninguna parte. Me habían mandado a explorar, pero no me fijaba ni siquiera en los árboles que pasaban a ambos lados. Concentrado y caminando hacia adelante, imaginando la isla entera de Minion, donde había residido antes de entrar a grand line ardiendo con todos aquellos soldados quemándose vivos y derritiendo su piel al hermoso son de los chillidos de las civiles que veían como sus casas, sus lugares seguros y de paz se venían abajo sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo. Parece que los dioses del caos y la destrucción por fin me habían encontrado. Con esa imagen en la cabeza blanca, me reconforté. Era un buen objetivo. Mucho mejor que encontrar a una panda de piratas, por muy fuertes y admirables que fueran. ¿Para qué querría conocerlos? Ni siquiera tenía pensado unirme a su banda. Aunque eso no quitaba que iba a seguir portando la calavera de rana en mi espalda.
De pronto, un olor llegó a mi hocico, como un humillo salido de los poderes de Ashura que me atraían irremediablemente. Volví en mi mismo y empecé a prestar atención a lo que me rodeaba. Estaba claro que alguien estaba asando carne en aquella isla, y los únicos que nos encontrábamos allí, sin contar a los propios trozos de carne vivientes éramos Ashura, Zarek y yo. ¿Me habrían hecho separarme de ellos para comer sin mí? Cabrones... Me centré en rastrear el olor con mi potente olfato y oí una voz en mi bolsillo. Zarek había encontrado más gente, y parecía que esos pobres infelices iban por el mismo camino de dolor intenso que había sufrido yo el día anterior. Aun así aquello olía a carne. Debía darme prisa si no quería que se pasase mucho. Aunque, también podría comerme los restos de los cadáveres que quedaran tras los golpes sin control del Birkaniano... Comida es comida.
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