[Pasado-FIC] Las consecuencias de la batalla
#1
Día 45 de verano, año 12
Bosque costero, Ohara, West Blue

Nueve días. Nueve días habían pasado desde el incidente de Akarui, en la mansión de Griffith. Tras eliminar a aquellos tipos que les emboscaron durante su misión de acabar con el afamado artista y, en secreto, contrabandista de armas, habían logrado escapar de Ilisia, antes de que llegasen los refuerzos de aquellos desconocidos. Durante todo ese tiempo, desde que llegaron a Ohara huyendo de aquel lugar, se habían ocultado para tratar sus heridas, que revestían cierta gravedad, sobre todo las de Zorak, que apenas había terminado consciente aquella escaramuza, y para recuperar fuerzas y ánimos.

Habían fracasado en su misión, eso era indiscutible. El objetivo se había escapado y habían sido atacados por unos tipos extraños, muy bien organizados y bastante fuertes. Todo lo que había acontecido en aquel lugar, había llenado de dudas, al menos a Kisuke. Hubieron demasiados factores con los que no contaban cuando se planteó la misión, su fuerza les había dado a duras penas para superar aquello y el objetivo había escapado. Además estaban aquellos tipos que les emboscaron. Todavía le chirriaba en la mente aquella escena en la que con un chasquido de dedos, toda la gente que había allí habían salido como corderitos ante el silbido de su pastor; eso sin contar que aquello fue el detonante de que Zorak sufriese algo como un brote psicótico que le hizo perder los estribos y casi le cuesta la vida.

Sin lugar a dudas, lo que había pasado con su amigo era algo que tendrían que tratar tarde o temprano, pero Kisuke tenía sus propios problemas y su propia angustia. Sin contar aquella vez con Maeve que fue una situación tan surrealista con aquellos caníbales, era la primera vez que mataba a alguien, y era una sensación que no le gustaba. No sabía nada de aquellos tipos, ni siquiera sabía quienes eran y si el matarlos, más allá de que ellos si iban dispuestos a eliminarlos, era algo que pudiese justificarse o tener algún propósito o motivo de peso.

Durante su entrenamiento del nitoryuu, había llegado a la conclusión de que el instinto de luchar, aquella parte de si mismo que existe tan solo para combatir debía tomar el control durante la batalla, había hecho que fuese más fuerte, que mejorase sus habilidades, pero no estaba seguro de que fuese algo bueno si al final se iba a convertir en una máquina de matar sin sentimientos.

"¿Qué me pasa?¿Por qué dudo ahora? Siempre he amado los combates, pero nunca había pensado en que estos pueden acabar con la vida de alguien, si no es la de uno mismo."

Sus heridas estaban bastante curadas ya, al menos las heridas del cuerpo; al parecer, las heridas de la mente estaban en carne viva y sangraban profusamente, llenando de dudas la mente de Kisuke, torturándole por las noches, sin permitirle dormir adecuadamente. Sus ojeras se habían profundizado, denotando que el cansancio le estaba pasando factura más de la cuenta. No lograba descansar adecuadamente y se sentía muy pequeño, a pesar de su tamaño. No estaba seguro de donde lo había oído, pero alguien le dijo una vez que los monstruos de la mente son más terribles que los que tenemos ante nuestros ojos, y empezaba a pensar que era cierto. Pero no podía seguir así, tenía que encontrarse consigo mismo de nuevo, debía derrotar a aquel monstruo, disipar las dudas que llenaban de nubes negras su mente y su corazón. Necesitaba encontrar de nuevo el camino del guerrero, y ponerlo al servicio de la revolución, eso era lo que tenía que hacer. Aunque no iba a ser nada sencillo.

Salió de su refugió y se puso a pasear entre los árboles del bosque costero, mientras fumaba un cigarro, el combate había terminado más de una semana antes, pero la guerra interna dentro de Kisuke estaba aún al rojo vivo. El antiguo pescador había encontrado una barrera que jamás pensó que se encontraría, dudar de su espíritu de pelea y de su voluntad para pelear. Tenía que reencontrarse consigo mismo, y lo más pronto posible, en cuanto estuviesen al cien por cien, pondrían rumbo al Grand Line, y allí dudar te lleva a una muerte segura.
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#2
Su mente estaba cubierta por una gran sombra, ese había sido el precio a pagar por la intensa y dura pelea que tuvieron en la mansión de Griffith, en Akarui, días atrás. Aunque sus heridas habían sido tratadas y ya apenas dolían, el dolor y la congoja que su mente sufría eran bastante más difíciles de tratar. Kisuke era una persona de fuertes convicciones y mentalidad férrea, siempre había sabido lo que tenía que hacer y cómo debía actuar, pero ahora era un mar de dudas y sentía que sus fuerzas flaqueaban al pensar en que quizá había errado su camino.

"Esto no puede seguir así, necesito aclarar mi mente."

Debido a su aspecto, a que era un tipo grandote y musculoso, la gente solía pensar que era alguien inculto, estúpido e insensible, pero nada más lejos de la realidad, el antiguo pescador era alguien que amaba la lectura, le gustaba aprender cosas y siempre intentaba entrenar tanto su cuerpo como su mente. Además el hecho de que perdiese prematuramente a sus padres, le había hecho crear una coraza en torno a él, a la hora de mostrar sus sentimientos, pero eso no quería decir que fuese insensible. Siempre tenía en cuenta las situaciones y como se sentían los demás a al hora de actuar, aunque en varias ocasiones, su aislamiento social le pasaba factura y no trataba a la gente con la deferencia o de la manera adecuada.

"No pensé que esta misión fallida fuese a hacerme dudar."

Esa era una de las razones de sus dudas. Cuando era pescador su tarea era sencilla, salía al mar pescaba todo lo que podía y volvía a tierra a vender lo que había conseguido. Era algo simple, pero honrado y que le permitía sobrevivir. Llevar alimento a la gente era algo que le hacía sentirse bien. Además, como sabía que había gente que no tenía recursos suficientes para pagarse el pescado fresco, él mismo se encargaba de llevárselos a un precio aceptable que, en muchas ocasiones, consistía en el intercambio con algún guiso u objetos útiles para su trabajo; también alguna señora le pagaba manteniéndole las velas de su pequeño pesquero a punto o le preparaban redes para atrapar más peces. Al final, cuando era pescador su vida era simple y tranquila.

"Pero los sueños de un niño ignorante al final se impusieron a la comodidad de una vida tranquila.

Ahora se había enrolado en el Ejército Revolucionario, y tenía una tarea altruista y encomiable, sin duda, ayudar a la gente oprimida por el corrupto sistema del Gobierno Mundial, que permitía a los gobiernos locales oprimir y aprovecharse de aquellos cuya vida ya es dura de por si, beneficiando a los ricos, a los que tienen poder e ignorando y subyugando a los que cada día tenían que batallar contra su propio destino para poder sobrevivir. Eso era lo que le había impulsado a enrolarse, pues era un motivo de peso y poderoso por el que blandir su espada.

"Pero ahora me pregunto si es suficiente con eso para acabar con la vida de personas desconocidas."

Ciertamente, tenía un motivo para haber acabado con aquellas personas, y era la supervivencia propia, pero no podía dejar de pensar en que no conocía a aquellos tipos, no sabía nada de ellos y él simplemente los había matado. Le había costado sin duda, habían presentado batalla y les habían puesto las cosas realmente difíciles a los dos, pero eso no quería decir que lo que hicieron estuviese bien. ¿Y si sólo eran guardaespaldas haciendo su trabajo para Griffith?

No tenía respuesta para ello, y por eso su mente estaba atribulada, pero necesitaba terminar con aquellas dudas.
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#3
Anduvo deambulando por el bosque, sin rumbo, sumido en sus tribulacionestanto,que ni siquiera fue capaz de esquivar una rama baja que le golpeó en la cara, arañándole la mejilla. Avanzaba con la cabeza gacha, mirando al suelo, pateando con sus pesadas botas una pequeña roca, como una pelota de golf.

"Esto es demencial, ni siquiera sabemos quien era esa gente... pero ellos parecían más que dispuestos a aniquilarnos, así que, ¿por qué debería sentirme culpable por arrebatarles la vida? Estaba defendiendo a mi compañero y a mi mismo."

Pero en el fondo, a pesar de que la situación requería de usar la fuerza para solucionarse, lo que realmente molestaba al pescador era no saber nada de esa gente, eso y que por su culpa su misión había sido un fiasco y no habían podido echarle el guante a Griffith. No entendía por qué esos tipos tenían tanto poder como para manejar a toda aquella gente a su antojo, y como habían tendido una trampa tan eficiente. De hecho les pillaron tan de sorpresa, a pesar de que estaban lo más alerta posible, que fueron capaces de herirlos ellos antes de que pudiesen hacer nada.

"Por no mencionar el hecho de que nos costó muchísimo derrotarlos. Eran más que nosotros y bastante fuertes, y a Zorak le faltó poquito para morir, salió muy malherido.

No solo eso era preocupante, también el hecho de que sus decisiones en combate habían sido en muichos casos cuestionables. Para empezar se había aproximado a Zorak sin demasiado cuidado y le habían pillado por la espalda, por no mencionar el hecho de que le habían conseguido desarmar y podría haber perdido a Yamigiri.

"Es innegable que necesitamos mejorar mucho. Y la mejor manera es el combate real, por mucho que se entrene, solo en una batalla real se mejora realmente."

Necesitaba pulir sus habilidades y mejorar su concentración, pero no iba a ser una tarea sencilla en aquel estado en el que se encontraba en aquel momento, tenía que recuperar la paz interior al menos, antes de adentrarse en el Grand Line.
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#4
Sumido en esos pensamientos que atribulaban su mente desde aquella fatídica noche en Akarui, Kisuke empezó a pensar en sus motivos, en cual era la causa real por la que había decidido emprender aquel camino, quizá aquello suponía un punto de inflexión y le permitía recuperar un poco esa claridad mental necesaria para afrontar el viaje y las batallas que estuvieran por llegar.

Desde que era un niño, había sentido devoción por el arte de la espada. Siempre había fantaseado con esgrimir su espada y derrotar a sus enemigos. En aquel entonces no pensaba en nada más que ser el más hábil y el más fuerte de los espadachines, pero al ir creciendo, y más aún, tras la muerte de sus padres y empezar su adiestramiento autodidacta con Yamigiri, empezaba a entender que la espada debe blandirse con un motivo, que utilizar la espada sin ningún propósito es como empuñar una espada sin filo.

Él era una persona sencilla, honesta y directa, por lo que viendo lo que veía en su isla natal, corrupción, drogas, violaciones, asesinatos, y demás actos deleznables, muchas veces ejercidos por personas con poder, abusando de su autoridad o de su posición económica para oprimir a la gente con pocos recursos y aprovecharse de la gente que se dejaba la vida intentando simplemente sobrevivir.

"No pensé nunca en ser ningún tipo de héroe".

Pero había cosas que no podía soportar, sobre todo, la violencia contra las mujeres o contra personas con dependencia, ancianos o niños. Que hubiese gente que se aprovechase de los demás por su posición ventajosa de poder, del tipo que fuese, hacía que le hirviese la sangre y si se daban este tipo de situaciones en su presencia, intervenía de la manera más discreta de la que fuese capaz. No buscaba el reconocimiento ni el aplauso de nadie. Solo hacía lo correcto bajo su código moral, ni más ni menos.

"Es cierto, no es por mí. Es por la gente que no puede defenderse, que necesita de alguien que les ayude para que dejen de aprovecharse de ellos."

Quizá ahí estaba la clave, en utilizar su fuerza para el bien de los desfavorecidos, de los oprimidos por el sistema corrupto establecido. Quizá ahí estaba el punto de partida para poder recuperar la paz interior y volver a ser el de antes de aquella noche.
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#5
Guiado por esa idea, intentó visualizar todas las veces que había intervenido para ayudar a al gente, como aquella anciana el día de su cumpleaños que estaba siendo acosada por dos alguaciles drogados y que estaban abusando claramente de su posición. Aquello fue muy satisfactorio ciertamente, además que supuso el detonante para salir de Ballywood y emprender su camino. Fue, literalmente, el pistoletazo de salida para su aventura. Hasta aquel momento tuvo sus dudas de si ir al encuentro de Hécate en Ohara o no, aunque al final ella nunca se presentó allí, pero ese pequeño incidente causó que se decidiese a hacerse a la mar.

"Sin duda aquellos dos imbéciles fueron los que me dieron el empujón que necesitaba para iniciar mi camino."

Después de partir, estuvo en Kano, contratado como escolta y mercenario por aquel usurero cabrón de Tao-Hua que se dedicaba a oprimir y explotar a sus empleados como un hijo de puta esclavista. Sonrió al recordar al muchacho Gromm y como su determinación y valentía había acabado por desenmascarar al comerciante avaro. Pensándolo fríamente, aquel suceso fue lo que hizo que Ninel contactase con él, a pesar que, según las palabras del propio capitán revolucionario, le seguían la pista desde hacía tiempo.

"Me da curiosidad... ¿Desde cuándo me seguían la pista?"

No estaba muy seguro de ello, pero quizá su aventura con Maeve en aquella taberna de enfermos caníbales fuese lo que hizo que se fijasen en él. Aquella surrealista noche sin duda fue algo a tener en cuenta. Ya llevaba tiempo dando su merecido a abusadores, corruptos y chalados peligrosos, pero siempre había tratado de ser discreto y no reclamar nunca méritos de nada. Eso no le interesaba.

"Fue muy sorpresivo cuando me contactaron para reclutarme, la verdad."

Después de aquello estuvo una temporada en Kano para ver que el usurero cabrón no volvía a las andadas, y luego partió a Ohara, buscando a su amiga Hécate, aunque, quien sabe por qué, ella nunca apareció.
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#6
Realmente fue un varapalo que Hécate no apareciese nunca en Ohara, aunque al menos no tuvo que continuar con su viaje solo. Allí incrementó sus conocimientos y desarrolló el nitoryuu que usaba ahora como estilo de combate y además, fue cuando Zorak se unió definitivamente a él para formar parte de la Revolución.

"¿Quién iba a pensar que el pirómano de East Ballywood iba a ser mi compa? Kuhahaha

Ciertamente Zorak era un buen tipo y había hecho lo que había hecho por lo que había tenido que vivir, que, por lo que intuía Kisuke, él apenas conocía la punta del iceberg, y más aún, viendo lo que había pasado al final de la escaramuza de Akarui. No tenía idea de que era lo que había podido desencadenar aquella reacción, pero si tenía claro que era algo con lo que su amigo tendría que lidiar y aprender a manejar.

"Pero eso es otra historia, ahora yo necesito poner en orden mi mente."

Estaba divagando mucho y aunque su pasado le estaba ayudando a calmar esos pensamientos intrusivos que le acechaban desde que terminó el incidente, aún le quedaba un largo camino por recorrer antes de recuperar la paz mental y espiritual. Pese a su aspecto rudo y despistado, de que todo le importaba una mierda, Kisuke era un hombre bastante sensible y empático. Por eso una lección que leyó en uno de sus libros sobre grandes espadachines, se le grabó a fuego, y quizá en ella se encontraba otra de las piedras sobre la que cimentar su estabilidad mental.

"Aquellos que no temen a su espada, no tienen derecho a blandir una espada."

Esa frase estaba bastante grabada a fuego en su mente, pero hacía mucho que no se paraba a pensar en ella. Era verdad, sentía que ese era el camino; no hay que encontrar el regocijo y la felicidad en blandir la espada, solo hay que blandirla para proteger a los débiles y para forjar un futuro mejor para los desfavorecidos. En realidad eso le suponía a Kisuke un conflicto interno, porque amaba combatir y le encantaba probar su poder y su fuerza, pero no le gustaba hacer daño a los demás, no de manera seria claro. Y por eso se encontraba en el estado mental que estaba en aquel momento.

"Supongo que eso es lo importante, pelear por una causa, una causa justa, noble y que mejore el mundo, solo así se puede hacer más liviana la carga de tener que arrebatar la vida a algunas personas."

Pero parecía evidente que la responsabilidad y el cargo de conciencia, aunque se aligerasen con esa línea de pensamiento, iban a seguir ahí, no podría deshacerse de ellos. Tal vez no lo estaba enfocando bien, tal vez lo que debía de hacer era asumir sus actos y aprender a convivir con ellos.
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#7
Sin duda parecía que había encontrado un punto de partida para mitigar sus preocupaciones, pero aún era solo eso, un punto de partida sobre el que trabajar, no era una solución definitiva, y su espíritu seguía estando agitado ante aquella situación. Además estaba el hecho de que Kisuke era un hombre bastante impaciente y que no le gustan los rodeos, pero no cabía duda de que en aquella ocasión tendría que dar vueltas y vueltas a este tema si quería recuperar la confianza en si mismo y la paz interior y fuerza mental que el fracaso de Akarui había traído consigo.

"No debería perder el tiempo, pero esto lleva su tiempo. Tengo que solucionarlo cuanto antes, Zorak también es posible que me necesite."

En ese momento recordó algo que en su primer encuentro le comentó Maeve, fue algo que dijo de pasada y en aquel momento no le dio mucha importancia, aunque si le gustó las implicaciones y las relfexiones que establecía una frase como aquella.

"Los monstruos más terribles son los del interior de uno mismo."

Seguramente no eran exactamente aquellas palabras, pero la esencia del mensaje era la misma; y en aquella situación en la que se encontraba en aquel momento, sin duda era una frase que venía como anillo al dedo. Ahora tenía que librar una batalla contra si mismo, contra su mente.

"Lucharé y ganaré."

Sacó otro cigarrillo y se lo prendió. Desenvainó a Yamigiri y la clavó delante de él mientras adquiría la postura de la flor de loto y cerraba los ojos. Intentaba volcar su pensamiento en su katana, su amada espada clavada delante de él, comunicarse con ella, aunque sonase absurdo y lograr recuperar su ánimo y su paz con ayuda de su inseparable espada.

Había leído en el pasado que muchos espadachines adoptaban esa postura para entrar en comunión con su espada, pero él era alguien muy literal, atado a la realidad, y los temas espirituales se le escapaban debido a su pragmatismo. Quizá vincularse aún más a su espada le ayudase a seguir por el camino que había establecido.
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#8
Podía sentirlo, el flujo de energía entre él y su espada, no obstante, llevaban muchos años juntos, estaba seguro de que su espada era la que mejor podía comprenderle. Siempre había leído que, cuando un espadachín tiene dudas y su corazón no está tranquilo, la hoja de sus katanas se volvía roma, lo cual implicaba que la excelencia de un espadachín iba más allá de su habilidad, su fuerza o su velocidad, atributos indispensables evidentemente para cualquier espadachín, pero que era con una mente resuelta y un corazón en calma donde un espadachín encontraba la excelencia y el verdadero poder.

"Por lo tanto, el entrenamiento físico me puede convertir en un espadachín, pero es el entrenamiento espiritual el que me llevará a las ligas mayores."

Y ahí estaba la clave del asunto, desde que ocurrió el incidente de Akarui su mente y su espíritu habían estado demasiado agitados y no conseguía estar en paz consigo mismo. Tenía que hallar la respuesta a las preguntas y dudas que se albergaban en su corazón para poder seguir mejorando como espadachín.

"Quizá por ese motivo me metí en el Ejército Revolucionario, para buscar un motivo por el que blandir mi katana."

En este punto, sus lecturas habían llegado a ser incluso contradictorias. Había muchos espadachines que habían llegado a ser excelentes y los más poderosos viviendo tan solo para luchar; pero él no era ningún psicópata sin emociones y no era capaz de vivir solo para el combate, había demasiadas cosas que le gustaban de la vida más allá de luchar; y por otro lado, estaban aquellos que habían logrado ser auténticos monstruos de la espada con un objetivo en mente y habían focalizado todo su ser en el combate para lograr ese objetivo; y aquello encajaba más con el tipo de persona que era Kisuke.

"Sin duda, lo importante para mi no es el cómo blandir la espada, sino el por qué lo hago."

Y en ese momento, algo se rompió en su mente, y sintió una calma como no la había sentido en mucho tiempo. Sonrió sin abrir los ojos, estaba llegando al final de su oscura travesía por el mar de las dudas, la paz estaba volviendo a su espíritu.

"La protección de los desamparados y la lucha por un mundo mejor, eso es lo que dará filo a mi espada."
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#9
Podía sentirlo, no había ninguna duda. Desde que había establecido ese tipo de pensamiento en su mente, su corazón había entrado en un estado de paz, de calma espiritual que afilaba sus katanas como nunca antes, tal era el poder que tenía la mente sobre el cuerpo. Su concentración se había incrementado haciendo que sus movimientos fuesen más fluidos y naturales, sentía la empuñadura de sus espadas, el contacto con la guarda, como si fuesen parte de su propio cuerpo, parte de sus manos.

Durante casi veinte minutos estuvo sumido en una hipnótica danza, sin parar, lanzando estocadas, dibujando tajos y apuñalando, enemigos imaginarios, al final de los cuales, tuvo que pararse porque ya le faltaba el aliento, pero habiendo disfrutado ese tiempo como si fuese lo más divertido y maravilloso que le había pasado en la vida. Era la primera vez que entraba en una comunión tan fuerte con sus espadas, tanto con Yamigiri como con Mangetsu.

"Este es el camino, tengo que alcanzar este estado sin esfuerzo."

Resopló tratando de recuperar el aliento. Nunca había estado tanto tiempo seguido manejando sus espadas, y tanto su cuerpo como su mente, una vez roto el estado de concentración en el que se había sumido, se quejaban estridentemente, por lo que envainó sus katanas y se sentó en el suelo resollando y con la frente perlada de sudor.

Recuperando un poco el aliento, encendió un cigarro y se puso a cavilar un poco en como enfocar sus entrenamientos a partir de aquel momento. Sin dudas debía entrenar, como había comprobado, tanto su cuerpo como su mente, para seguir evolucionando como espadachín, pero, además debía hacer hincapié en su formación como navegante, porque para viajar por el Grand Line debía asegurarse de que iba a ser capaz de poder avanzar en su viaje.

"Creo que debería irme a la biblioteca, ahora que he conseguido calmar el espíritu."

Se levantó con calma y fumando tranquilamente, con su mente fijada en el objetivo que había conseguido dilucidar. Al final, era algo inevitable, hubiera tenido que haber pasado por esto de una forma y de otra tarde o temprano, puesto que su camino al final llevaba a ello, pero el incidente de Akarui había precipitado todo esto, por fortuna, viéndolo en retrospectiva, antes de que entrasen al Grand Line.
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