[Presente Absoluto] - Resurgiendo de sus cenizas (Reparación del barco)
#1
Aquella isla no se parecía a ninguna de las que había visto anteriormente. Era extrañamente hermosa. El contraste entre ese vasto desierto y sus costas ricas en oasis y jardines preciosos era algo que había dejado a Gideon atónito. En ese momento se dio cuenta de lo mucho que le iba a seguir sorprendiendo cada rincón del mundo que estaba por explorar. Drum había sido un sueño de color de rosa y Arabasta era toda un cuento de las mil y una noches. Aquellas arquitecturas y jardines le quitaban el aliento. Era el escenario perfecto para Suna. El skypiean no tenían ni idea de cómo sería la isla natal de la rubia, pero parecía sacada de la mismísima Arabasta. En esa misma línea de pensamiento, se percató de lo mucho que desentonaba Kevin, con sus trajes y su piel blanquecina. Él por el contrario, si se hacía más a la moda de la zona, quizás pasaba algo más desapercibido. Aún así, estaba el problema de ocultar sus alas. El ánimo tampoco acompañaba a arreglarse como era debido.
De hecho, llevaba días sin maquillarse en condiciones, con el pelo recogido en un moño enmarañado y buscando la ropa más ancha y más fresca que pudiera encontrar. Toda su feminidad se había ido. No rechazaba para nada su identidad, pero cuando el alma no te permite descansar ni un minuto, pasar lo más desapercibido posible era más fácil. Le repugnaba tener esos pensamientos, pero era dejar pasar eso o tener otra cosa más por la que fustigarse a más no poder. Tenía suficiente con repetirse hora tras hora lo inútil que era, lo irremplazable, lo poco capaz de proteger a sus amigos… Sin añadir que encima se les había destrozado el barco a su llegada a aquella isla. Había sido toda una odisea aquel día y ahora tocaba reparar el navío.
Al menos podía hacer eso por ellos, Gideon había estado informándose y estudiando cómo podía arreglar la goleta, así que sólo tenía que ir a por los materiales y ponerse manos a la obre. De ahí que viese un poco de la ciudad, en su paseo hasta las tiendas donde encontrar la madera y demás utensilios pertinentes, se dejó sorprender por las calles de Arabasta.
Una vez con todo bajo el brazo se dirigió hasta el puerto y vio su barco, el pobre no había pasado por su mejor momento, pero renacería de sus cenizas, literalmente. Se subió a la cubierta y lo primero que hizo fue quitar las velas dañadas por el fuego, las descolgó subiéndose a lo que quedaba de mástil, con la mirada de Omi atenta desde abajo.
— Illo, ten cuidado chiquitín, no te vaya a caer nada encima, no tenemos un casco para ti, chosososo —miró a su hurón y pudo ver su cara de enfado, que quisquilloso era aquel pequeñín.
Dejó caer las telas sobre la cubierta y examinó con cuidado el mástil. Se había partido en dos y en plena tormenta pudo asegurarlo durante un rato con el amarre de las cuerdas, pero al llegar al puerto habían cogido la parte superior y la habían dejado apoyada en la cubierta. Desde su posición podía ver la madera astillada y quemada, sacó su lija del bolsillo y retiró todo lo quemado. Midió el diámetro y demás y decidió que uniría ambas partes con la madera que había comprado. No había podido costearse un nuevo mástil, porque para eso se compraban un barco, pero no era siquiera un sueño. Así que tendrían que apañarse con aquel Frankenstein.
Gideon cogió la madera que había conseguido, realizó un par de marcas en la madera y se dispuso a lijarla hasta dejarla del tamaño perfecto para poder clavarla en el mástil que quedaba en pie. Estaba seguro de que Kevin le echaría la bronca por dejarlo todo hecho unos zorros, pero bueno eso era problema para el Gideon del futuro. Sacó su cajetilla de tabaco y se encendió el que parecía el primero del día, no se había dado cuenta de las ansias que tenía por saborear el tabaco.
Una vez lijado con cuidado se subió al mástil y la unió con unos cuantos clavos. El parpadeo excesivo de sus ojos le servía irónicamente para que el humo de su cigarrillo no le entrara de lleno en ellos. Bajó de un salto y observó que la pieza no había quedado mal, simplemente se notaba la diferencia entre maderas, peor les servía de sobre. Ahora tocaba lijar el otro extremo, se sentó en la cubierta y agarró el mástil y comenzó su trabajo. Era relajante, le sacaba por completo de sus pensamientos y cayó en la cuenta que quizás era eso precisamente lo que necesitaba en momentos tan bajos como ese. Le hacía sentirse útil, capaz de ayudar a sus amigos y despejaba su mente por completo. Estaban ellos, la lija y la madera. La lija estaba haciendo mella en sus dedos, pero era incluso satisfactorio el ver que sus manos podía reparar cosas además de crear obras artísticas. Su mente fue entonces a la cinematografía, como hacía siempre. Se vio desde fuera allí sentado, lleno de serrín, con el mar de fondo y el viento ondeando sus pequeños cabellos que sobresalían del moño. Era todo un marinero y eso le gustaba. Poco a poco estaba pareciendo la vida en el mar, viajar de isla en isla, incluso cuando tampoco habían llegado demasiado lejos, estaba siendo muy interesante.
Terminó de lijar y se levantó, pensó en cómo subir aquella parte hasta el resto del mástil. Así que movió un barril vacío para poder subirse sobre él. Y eso hizo, una vez a la altura necesaria, se ayudó de una cuerda para sostener la madera en su sitio mientras lo clavaba en la pieza recién puesta. Se agarró la cuerda a la cintura y mientras hacía palanca con todo su cuerpo, desde luego que le estaba sirviendo para no tener que machacarse entrenando aquella noche. El atardecer teñía la escena de colores dorados y mientras escuchaba el sonido de las olas y los martillazos que daba se sintió mejor. Soltó la cuerda para ver si todo andaba bien y eso parecía, clavó tres clavos más por si acaso y bajó del barril.
Lo último que quedaba era coser las velas, no tenían grandes rasguños, así que con hilo y aguja se puso manos a la obra. El viento que soplaba era cálido, traído directo de aquel desierto que podía ver a su derecha, mientras que por la izquierda había un mar abierto que le llamaba. Le pedía a gritos que nunca lo abandonase y su corazón pareció volver a latir con algo más de esperanza. Aquellas horas reparando el barco en solitario, con tan solo un Omi dormido en la cubierta u observando de vez en cuando, habían sido más reparadoras de lo que había esperado nunca. Cosió con manos acostumbradas a aquella tarea, había arreglado mil veces los vestidos de su hermana pequeña, la cual los rasgaba todos en los acantilados de Toroa. Cómo echaba de menos aquellos paisajes, aquellas sonrisas que ahora estarían preocupadas por él. Pero sabía que el viaje que había emprendido iba a ser uno que iba a cambiar su vida y aunque le costaba verlo la mayor parte de los días, algo le decía que iba a ser a mejor. Colocó las velas en su sitio y cogió a Omi.
— Mira, yo creo que ha quedado de lujo, ¿no? —Omi le lamió la mejilla y Gideon se quedó mirando la escena que le regalaba el mundo, un atardecer que siempre había creído imposible para alguien como él, una belleza que no tardó en grabar.


INFO
#2
BARCO REPARADO
Has reparado 4.500 puntos de vitalidad del barco.
Según la Guía de Barcos > 4. Reparaciones de barcos, por cada punto de vitalidad, son 30 berries.
Quedando en total 4.500 x 30 = 135.000 Berries, que ya te he descontado de tu bolsillo.
Cierro tema.


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)