[Presente relativo] La basura genera más basura.
#1
Si algo podía desaparecer en algún sitio de entre todos los Blues era en el Terminal Grey, aquel enorme reino de basura, chatarra y secretos dentro del propio reino de Goa en la isla de Dawn. Montañas de hierro, óxido y sorpresas de todo tipo ocultas en cada rincón de este enorme reino del debacle, tanto era así que era un secreto a voces por lo largo y ancho del mar que aquí se tiraban cadáveres de quien no querían que fuera encontrado... y quien no debe ser encontrado, seguramente guarda secretos. No era el trabajo más gratificante pero siempre se obtenía algo de información de los muertos, y era una buena forma de matar el rato entre un soplo y el siguiente.

No era fácil cazar una presa en los tiempos que corrían actualmente. La gran mayoría de cabezas con un valor estaban completamente fuera de mi alcance o eran tan débiles que caían rápido ante uno o dos pelotones de la Marina. Y se estaba convirtiendo en un ciclo bastante molesto. Los Blues se estaban suavizando cada vez más en un hervidero de gorras azules y tipos con corbatas que no dejaban proliferar la delincuencia ni la criminalidad, y así era imposible tener algo a lo que echarle el guante, partirle una botella en la nuca, rajarle el cuello con uno de los cristales cuando cayese al suelo, y cobrar una recompensa por su cabeza de un puñado de berries en algún cuartelillo. El violador, el ladrón o el alborotador caían en uno o dos días ante las patrullas de cada puta isla y sus recompensas salían de la circulación, y sin esas recompensas era imposible ahorrar lo suficiente como para poderse permitir un pasaje fuera de este redil de ovejas mansas, y tratar de buscar fortuna en el Grand Line. Y ni que decir tiene que lo que tiene de fría la nieve, lo tiene de caliente el fuego, y la calma y el control que reinaba en este insulso lugar sin duda se revertiría en lo que los viajeros llamaban "El Paraíso". Si se llamaba así es porque podían hacer lo que les diera la gana.

Pateé un trozo de madera ligeramente con la punta de la bota para dejar entrever un pequeño hueco en un montículo, agachándome flexionando las rodillas para mirar dentro de él, ladeando la cabeza, con las manos en los bolsillos. La esperanza era prácticamente inexistente, pero ¿qué esperaba encontrar? ¿un tipo con un cartel de "Se Busca" al lado en el que saliese su cara y una recompensa de diez millones?. Bufé, irónico el destino. Lo que daría ahora por poder tocar una cantidad como esa de dinero, y lo que cambiarían las tornas si lo pudiera usar con la experiencia que la vida me había regalado.

Me incorporé de nuevo y giré de derredor. El sol estaba álgido, cálido, y alguna corriente de viento hacía danzar un hedor particular. Los chillidos de las ratas y otras alimañas se confundían entre el chirriar y crepitar del óxido perdiendo la batalla contra el paso del tiempo para cualquiera que no tuviera un oído particularmente preparado para distinguirlo. Pero no servía de mucho si no era para rendirse a la podredumbre y la indecencia, usándolo para cenar. Negué con la cabeza y seguí caminando con las manos dentro de los bolsillos, y "Ein Hauch", mi arma, amarrado en la espalda, mientras me adentraba aun más por el cementerio de basura.

— Puta mierda de sitio — musité entre dientes, apretando los labios bajo mi casco, notando un par de gotas de sudor por la nuca.
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#D86700
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#2
Volando, Kovashi estaba volando … Estaba en el cielo, sobre la tierra, llegando cada vez más pronto al mugroso terreno lleno de basura. Hoy se había duchado, esto era un malgastar de tiempo. Cayó al suelo, arrastrándose por el terreno uno dos metros.

—No se te ocurra volver, alimaña ...— Casi que susurraría un tipo de dos metros, con una calva reluciente y un aspecto físico bastante desarrollado a base de levantar pesos que superan con creces a lo que podría ser un maldito coche. Estaba fuerte de cojones.
—Esto no era necesario, amigo. — Escupió. Cerca había un tipo con un casco que justo estaba golpeando un trozo de madera, pero al que Kovashi no prestó demasiada atención por que le fue imposible, le acababan de rechazar un préstamo y además le estaban pidiendo un extra por no haber pagado del todo el anterior. Una semana en aquella isla. Una. Y ya no sabía donde estaba el maldito oso, ni tenía dinero, endeudado. Una maravilla. 
— Sabes que te pagaré, siempre lo hago, ¿no es cierto? nos conocemos desde hace ya … un día, pero un día muy largo— Daba igual lo que se le dijera a aquel matón, Rich K. Tuker jamás dejaría un pago sin cobrar en aquel sub mundo de basura.
—Estoy cansado de vosotros, siempre poniendo excusas para no pagar— Suspiró, algo que le costaba por que entre tanta masa de músculos el tomar aire era casi deporte olímpico. — ¡A trabajar, coño! — Se agachó, tomó un poco de arena bajo alguna bolsa de plástico y le tiró la arena a Kovashi en un gesto de desprecio.
El oriental se levantó. 
— Anata wa hage yarōdesu —Dijo con calma en su idioma materno al mismo tiempo que se levantaba. — ¿Lo ves normal? Ya no se respeta nada— Comentaría al aire para que el tipo que estaba a su lado pudiera escucharlo. — Bueno, un pirata nunca respeta nada. — La tienda de donde había salido despedido el Shimatsu era una montada con literalmente cuatro palos mal puestos, pero desentonaba en el lugar, pues poco más construido se podía ojear cerca, así que la influencia de Rich K. Tuker se sentía, un pirata venido a menos que cosechaba su dinero cobrando a idiotas como Kovashi. También es verdad que a los idiotas les cobraba y de Kovashi no sacaría ni una moneda, pero eso ellos no lo sabrían.

— Me llamo Kovashi— Le alargó la mano al extraño. No le costaba iniciar conversaciones, desarrollarlas e incluso hacerse agradable conocido de cualquiera incluso en situaciones como esa. Kovashi era especialista en relativizar lo que le sucedía.— ¿Por casualidad no habrás visto a un oso caminar a dos patas, con una especie de túnica marrón que huele mal no, peor y que seguramente estuviera comiendo pescado?— Mantuvo la mano tendida. Quien sabe, es posible que este extraño supiera donde estaba Khruner, el animal podría pagar las deudas de Kovashi, le necesitaba. Pagaría el préstamo y además el propio Shimatsu no habría tenido que dar nada de su bolsillo, era una victoria de manual.

— Me debe dinero. —  Mintió. 
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#3
El pequeño paseo fue interrumpido por más basura en medio del camino. En este caso un tipo, sucio, con llamativas y poco estéticas cicatrices, que había salido volando de uno de los reductos que algunos llamaban "tiendas" donde idiotas sin esperanza ni futuro se habían establecido buscando... ¿qué buscaban? ¿una ETS? ¿contraer la peste?. Daba igual. Fuera como fuese, parecía que el tipo de las cicatrices en forma de equis tenía problemas con otro alto y con una calva brillante, pude escuchar perfectamente que eran temas de dinero, y no pude evitar soltar un leve bufido de sorna. El puto dinero, como siempre.

El tipo se levantó y pareció que ver a un hombre con un casco no apto para tripofóbicos y un garrote enorme en la espalda era una pinta más que aceptable para intentar socializar, y así lo parecía al extender la mano mientras se presentaba como Kovashi. Detuve mi avance y miré su mano sin sacar las mías de los bolsillos, alcé mi mirada hacia sus ojos y sus cicatrices, mirando hacia arriba dada a la ventaja de su altura, y miré por el flanco hacia el tipo que le había hecho volar, en completo silencio. Dos segundos bastaron para realizar un escrutinio a aquel tipo y olvidarme de su rostro por completo para el resto de mi vida: No merecía la pena. Acto seguido volví a mirar al tipo frente a mi y chasqueé la lengua en una mueca y manía personal.

— Lo siento Kovasky, no he visto a tu mascota — sentencié firmemente y dejé que pasasen otro par de segundos manteniendo la mirada en sus ojos, para acabar mirando de nuevo a su mano tendida, suspirando ligeramente y sacando la mano del bolsillo — Soy Sohem — dije mientras mi mano pasaba de largo de la suya y llegaba hasta su codo, intentando apartarlo ligeramente hacia un lateral para dejarme pasar — Si le gusta tanto el pescado estará en la costa, aquí sólo hay ratas y subnormales — le aconsejé, refiriéndome en ambos casos al tipo que le había lanzado por los aires, y mientras proseguía mi camino habiéndole flanqueado. Tenía que conseguir dinero, y aquí sólo estaba perdiendo otra preciada monera: el tiempo.

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Aclaraciones
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#4
Era tan fácil perder la noción de lo que es normal o no en aquella isla. Si te dabas las suficientes vueltas terminarías encontrando habitual a un tipo de cuatro metros con alas y cola de escorpión, eso no se sabía muy bien que decía de la propia isla. Las palabras del bajito hombre fueron directas, estaba claro que tenía algo que hacer y Kovashi tan solo le molestaba. Pero ese no era el problema de el peli blanco. — Tú puedes llamarme Kova. — Dejó colgando el comentario tras ver que tampoco sabía bien su nombre, le estaba vacilando o así comenzó a sentirse el Shimatsu. — Cierto, hay mucho subnormal. — Esta vez fue contundente, dándose la vuelta al unísono. — Pero eso no tiene por qué arruinar esta relación. — Apuntó hacia Sohem con sus manos y después hacia él mismo. Fue acercándose. Kovashi suspiró profundamente — Vamos pequeño … No lo hagas más difícil — Lentamente fue “desenvainando” su katana de la espalda, por decir algo, porque iba completamente sin vaina donde ser guardada, se mantenía unida al cuerpo del Shimatsu por un pequeño cordón que se solía romper cuando éste tiraba de ella. Blandió el arma en forma de s, levantando algo de polvo que ocultaría durante un segundo los ojos azules de nuestro protagonista

— Y una puta mierda, es imposible que le dejaras escapar, ¿pero como eres tan idiota? ¿El jefe lo sabe? no hace falta que me lo digas. — Era una voz que salía de detrás de la karpa.
—  No es mi culpa, siempre decír que Bladis es estúpido, pues no lo he sido, solo he jugado la baza de la mafia, dejar que se vaya asustado … Volverá con el din … —  Se escucha un fuerte golpe con algo metálico y trás eso el cuerpo del tipo de antes cae entre Sohem y Kovashi. El rostro del hombre calvo se alzó, contemplando el de su deudor. Antes de abrir la boca recibiría un golpe con el dorso del arma en la frente, que le ocasiona un elevado dolor repentino. Sufría migrañas, Kovashi había estado el tiempo necesario con esos muertos de hambre para conocer algún que otro detalle que tampoco se complicaban en esconder. 
— No es un buen momento, anata wa hage yarōdesu. — Llevó las mano al rostro, aunque se incorpora con cierta velocidad. — ¿Eh? —  Perdió su concentración con Sohem, al que no pudo apartar la mirada. — Ya veo … —  No lo dudó, sacó del interior de su bolsillo un puño americano que se fue colocando mientras iba avanzando hacia el hombre de baja estatura. Entendiendo una lógica base, el cazurro comprendió que Sohem era compañero de Kovashi y que se preparaban para hacer algún tipo de emboscada. No se fiaban una puta mierda del peli blanco, hasta el punto de creer que nada más dejarlo salir intentaría … Que, ¿derrotar a la decena de tíos que había? era una idiotez, pero es que Bladis era idiota. 

La mano de Kovashi fue a parar a su boca, como si estuviera sorprendido. Fue dando pasos de caracol para aprovechar la oportunidad y robar al que perdiera, sin embargo la telita volvió a moverse. —  ¿Qué coño está pasando? —  Otro señor, con bate de metal en mano, más bajito que Bladis. — ¿Tú no eres?  —  Sí, se conocían. Kovashi daría un estético salto dejando unos cinco metros de separación de aquel subordinado pirata. — Hoy todo sale mal. Pues a la mierda. — Escupió al suelo y emprendió el camino contra su enemigo. 

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#5
Pareciendo no importarle la cortesía que había tenido al dejarle a un lado con educación para proceder a continuar mi camino, el tío aquel con la cara como un mapa pirata decidió continuar caminando a mi lado, diciendo que podía llamarle Cola o algo así. Poco me importaba cómo se llamara y cómo quisiera llamarse, pero su siguiente gesto hizo que las venas de mi cuello y mi sien comenzasen a bombear con furia a ritmo de tambores de guerra. ¿Estaba desenvainando su espada? Me paré en seco para clavar mi mirada en la suya, a tiempo de escucharle llamarme "pequeño" y haciendo una clara alusión a estar intentando robarme o querer conseguir algo de mi. Acto seguido, conforme descendía su espada salté hacia atrás sin darle la espalda flexionando las rodillas y separándolas a la altura de las caderas y descolgando a "Ein Hauch" de mi espalda sujetando su mango con la mano izquierda y reposando su gran cabeza en el suelo, al mismo flanco desde el que lo sujetaba.

Durante ese movimiento de retroceso y "desenfunde" de mi arma en el desplazamiento, el tal Cola dibujó una filigrana en el aire levantando ligeramente el polvo del suelo entre los dos, quizá una estrategia para prepararse tras la leve cortina de humo o comenzar una estratagema, pero la situación se vio interrumpida por la aparición aérea del gran hombre calvo con el que el tipo frente a mi había estado discutiendo antes, estrellándose en el suelo frente a nosotros. Cola le dio un golpe, intercambiaron una serie de palabras y el tipo se levantó dirigiéndose hacia mí mientras intentaba colocarse un puño americano en la mano, al mismo tiempo que otro parecía salir a hablar directamente con el peli blanco.

— ¡DEJAD DE TOCARME LOS COJONES! — grité con furia girando sobre mi mismo agarrando a "Ein Hauch" con las dos manos para asestar un golpe lateral directo a la cabeza de aquel tipo aleatorio quien quiera que fuese, estrellando su cuerpo contra el suelo dejando su cabeza clavada en él, con el extremo de impacto de mi arma encima. Se levantó un poco más de polvo y se agitaron las chatarras que había en la proximidad. Entonces clavé mi mirada en ambas personas restantes, y señalé con el dedo índice de la diestra al del pelo blanco — ¡Si otro de tus putos amigos o tú movéis un arma a menos de dos metros de mi, voy a buscar a ese oso come pescado y os lo voy a meter por el culo! — les grité, furioso y respirando agitado, tras lo cual di tres pisotones sobre lo que aun se veía de cabeza del tipo calvo libre de la superficie de mi arma mientras le gritaba — ¡ME HAS! — primer golpe — ¡MANCHADO! — segundo golpe — ¡LA ROPA! — tercero y último golpe, seguido de un pequeño bufido y de un impulso con el brazo que agarraba a "Ein Hauch" para colocarlo encima de mi hombro, volviendo a mirar al dúo en pie tras cerciorarme de que el matón calvo, efectivamente, había decidido irse a dormir


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Aclaraciones
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#6
La primera zancada de Kovashi fue amplia, la apoyó con su propio arma la cual clavó tras el primer paso, impulsándose de esta manera a mayor velocidad y dejando en el suelo un pequeño hueco tras su arma donde las hormigas podrían iniciar un gran hogar. La velocidad del Shimatsu impresionó al hombre, que practicamente se quedó con la boca desencajada al ver que apenas pudo movilizar sus brazos para una defensa efectiva. El peli blanco levantó la katana al son de su cuerpo, en una coreografía espectacularmente bella para el que pudiese contemplarla desde un punto aparte. Su katana ascendió de manera completamente vertical dibujando una media luna ascendente que probablemente acabaría con el arma cortando parte de su pecho y pescuezo. No era la primera vez que efectuaba esta maniobra como movimiento inicial. Aunque claro, no estaba solo.

Antes de asestar el golpe, la katana de Kovashi se frena en seco, dejando la punta pegada al cuello. El hierro había pasado ya a través del pecho del hombre, cortando su ropa y piel, pero no fue definitivo gracias a Sohem.  Le fue imposible no hacerle caso después de levantar la voz cabreado, muy cabreado. Sorprendentemente eliminó al calvo en un abrir y cerrar de ojos y de qué manera. Momento que aprovechó Caoba para golpear el arma de Kovashi e iniciar un ataque levantando su bate .
—  ¡Nunca des la espalda a tu enemigo! —  Vociferó bajando con un brazo el bate metalico. A duras penas nuestro protagonista se escudaría defensivamente con su propia arma, notando el peso del golpe al hundir sus pies en la basura. 
— Eso no era darte la espalda, imbécil, si acaso el costado — Aquel tipo tenía fuerza, desde luego. Kovashi se volvió a alejar, esta vez dando pequeños pasos hacia atrás, liberando escasos dos metros.

—  ¡Sohem! —  La diestra la colocó en la boca en forma de megáfono. —  ¿Estás bien, amigo? —  Le pregunto a quién iba a ser su presa antes de que aparecieran los compañeros piratas. —  No te preocupes, si te cargas a Khruner me harías un favor, yo lo que quiero es que tú estés tranquilo. —  Sí, Kovashi sabía que Sohem desconocía que ese oso se llamaba Khruner, sabía que no entendería la preocupación por su bienestar, pero es que jugar la carta de la confianza se le daba muy bien a Kovashi, en muchas ocasiones como esta, podía causar confusión y la confusión en la gente siempre daba sus frutos.

—  ¿Amigos? —  Susurró Caoba en relación a lo que el hombre del extraño casco y arma dijo. —  Kovashi, por que este puto chalao se cree que tú y yo somos "amigos" ... ¿Que mentira le has contado? estoy hasta los cojones de tus cuentecitos —  La respuesta del espadachín fue la de sonreír ligeramente. A priori Sohem parecía el típico hombre que se enfadaba con velocidad, que no pensaba mucho las cosas y que era fácil de manipular, joder, esos eran los que más le gustaban a Kovashi.


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#7
Una filigrana del hombre del pelo blanco con su espada aconteció al mismo tiempo que el golpe del kanabo estampaba de forma brutal el cráneo pulcro y suave de aquel inmenso hombre en el pavimento. Escuché el crujir de un hueso en alguno de los tres golpes que aseste en su cabeza, al mismo tiempo que aquel tipo, el de las cicatrices, tenía un encontronazo con otro tío con un bate que había surgido de la nada. Suficiente para marcharme, pero el tipo del cabello sin color decidió jugar la carta de la amistad fingida conmigo, algo que no le iba a salir bien.

— ¿Tú me vacilas? — dije con las venas de mi sien bombeando como si fueran frenéticos tambores al ritmo de algún dios lejano, irascible en mi verbo producto de su lengua, molesto por la impertinencia. Ni sabía quién era Cruger si me importaba, pero él parecía implicado especialmente en demostrar algún tipo de afiliación emocional conmigo. Un tipo desde luego singular. ¿Qué pretendía


En ese momento, una patada más en la cabeza de aquel próximo cadáver ya era más de lo que podía disfrutar, ajeno a la pelea entre los dos restantes y molesto como nunca, o como siempre, mejor dicho.
Me quería ir a mi casa y que dejasen de tocarme los cojones de una forma tan constante y establecida. Menuda broma del destino.
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#8
Cuando el tipo de verde habló, comenzó a sonar una especie de alarma. Caoba tenía en la mano un aparato que había saco destrangis y lo había accionado, provocando ese sonido.
— ¿Que si yo te vacilo? —
— ¿Que si yo te vacilo? — Contesté a modo de burla, imitando la misma pregunta que mi enemigo. Hoy estaba disfrutón, no tenía dinero, mi deuda seguía intacta y además cada vez parecía más probable que tampoco pudiera robarle un puto duro al tío del casco, ya que demostró no ser como el resto, este daba la sensación de que podría ser un hueso más duro de roer.  La calor comenzó a ser sofocante, notaba alguna gota de sudor cayendo por la sien. Odiaba notarme el pelo sucio, la forma de demostrarlo era tirarlo hacia atrás para recomponer el tupé que se había desequilibrado. Además, lo hice con la misma mano con la que sujetaba la katana, algo poco ortodoxo, pero me la pelaba.

— Sois unos gilipollas, de aquí no vais a salir, no sabéis con quién os estáis metiendo — Al compás de aquellas palabras la tienda comenzó a abrirse de par en par. Por fin desapareció el sonido de la alarma, que fue como cuando aparece la policía a buscar a algún pobre gyojin, siempre los paran a ellos, no es casualidad.
— Bueno, en teoría yo sí que lo sé ... — Susurré
— ¡Que te calles ya, coño! — Estaba enfadado, muy enfadado. Me separaban unos seis metros de Sohem, tres menos de Caoba y poco más de la decena de tíos armados que se congregaban alrededor del pirata.  Sabiamente, fui retrocediendo, podía luchar contra todos, marcarme la pelea de mi vida, quizás asustar al tío de verde para que al final me diera el dinero sin tener que acojonarlo amputandole un brazo, pero no estaba loco. Lo estaba en otros temas, pero no en el de la lógica. Por mucho que Sohem ayudara, éramos dos contra diez ... Dos contra diez ... Dos contra diez ...

Joder es que sonaba emocionante.

— Vamos hombre ... —  Le dije a Sohem señalando a los enemigos — Por que no me ayudas un poco, se te ve un tío fuerte, te has cargado al calvo rápido. Soshite tasuke nashide —  Terminó por decir. Me gustaba la gente irascible por que yo era muy diferente, solía compaginar bien en tándems de ese tipo. — Nos podáimos repartir lo que se sacase, 70/30 — Erguí mi cuerpo mientras movía la katana lentamente. Me encantaba mover la katana antes de usarla, como calentando la muñeca. —  Para mi el setenta, que soy más alto —
— ¿¡QUE!? —  No le estaba gustando el vacile de negociar el resultado final como si ellos fueran fáciles de derrotar. A nadie le gustaría. Lo que tenía claro es que solo no gastaría tantas energías para derrotar a tanta gente, imagínate que solo tienen cuatro berrys en el bolsillo. 

Qué ruina.


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#9
Parecía que aquel refrán que decía que "donde caben dos caben diez" era absolutamente cierto, o al menos, cobraba totalmente sentido ahora. Bueno, la verdad es que no recordaba bien si eran diez o más, pero fuera o no fuera así el refrán, en mi cabeza sonaba espectacular. El tío calvo estaba en el suelo soñando con una vida mejor y el otro había llamado a más de los suyos mediante una especie de alarma. La traducción de la situación al lenguaje ordinario que cualquier persona podría interpretar con una rápida visualización de la escena, era: Problemas.

El tío del pelo blanco tenía que tener algun tipo de relación anterior con el grupito que acababa de interceptarnos en el vertedero, y seguramente por la naturaleza de la situación no fuera ningún tipo de relación agradable, más bien parecía abiertamente un conflicto. Y debía de ser uno grande si queríamos llegar al punto de que diez hombres armados se interpusieron ante el bienestar físico de mi cicatrizado nuevo amigo... Por mi parte me daba igual que hubiera matado a alguien, que se hubiera follado a la hermana de otro, que les debiera dinero, o que les hubiera robado directamente. Era una situación que sólo les concernía a ellos, y así pensaba afrontarla por mi parte: era su puto problema. Fuera lo que fuese lo que estaba pasando a mi no me incumbía y como muchas otras veces me habia hecho acabar metiéndome en una situación de conflicto incómoda de la que no iba a sacar ningún tipo del rédito beneficioso, y  uno riesgo, fuese mayor o menor, era al menos un mínimo existente. Se sumabas dos más dos la conclusión era obvia: estaba en medio de una trifulca ajena por motivos completamente ajenos a mí, que no me iba a aportar nada, y que me obligaba a poner en entredicho mi integridad.

De forma bastante inesperada y arbitraria el peliblanco me pidió ayuda abiertamente ofreciéndome un 30% de las ganancias que sacase de estos tipos.
— Me planteas un trabajo repartido al cincuenta por ciento de esfuerzo — comencé a decirle — y cuyas ganancias quieres repartir en un setenta-treinta — continué, analizando en voz alta la situación y su oferta — De hecho dudo que el esfuerzo fuera a ser repartido un cincuenta-cincuenta, porque serás más alto, pero eres más flacucho... — añadí señalándole con el índice de arriba a abajo — ...y eso sin contar con que podría acabar con cinco de esos tíos antes de que tú pusieras en el suelo a uno solo de ellos — finalice, cruzándome de brazos y apoyando el codo izquierdo sobre la anilla del final del mango de mi arma, cuya cabeza seguía apoyada en la alopecica testa de nuestro primer acompañante.

— Prefiero ver como tus amigos y tú solucionáis entre vosotros vuestro problema — le dije sonriendo tras la máscara — Ya me encargaré de ti si consigues sobrevivir —  sentencié. Era una cuestión obvia, ¿por qué me iba a meter a solucionar los problemas de este pringado?. Hasta donde yo sabía no me había convertido en la puta madre santa salvadora de los indigentes.
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#D86700
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#10
Los amigos se estaban impacientando, tenían pinta de haberse levantado con el pie izquierdo, muchas cicatrices, muchas barbas, mucho músculo, en definitiva el perfil de tío que suele acojonar. Pero ni yo estaba asustado ni parecía que el bajito hombre de verde tampoco, tal fue así que comenzamos a entablar una conversación.
— Y una polla como una olla —  Respondí, gesticulando de forma llamativa. — Mira, ni para ti, ni para mí, todo para mí —  Terminé de decir como si eso tuviera todo el sentido del mundo. Caoba y los suyos ya no aguantarían mucho, se mascaba una agresiva tensión. El aparente jefe de la pandilla los mandó hacia nosotros. Como yo estaba más cerca, pues la primera oleada me la comí. Tenía que ser letal. 

Volví a formar una s con la katana, nuevamente levanté polvo frente a mí, eso confundió levemente a los dos primeros agresores que tomaron la iniciativa, aunque no los frenó. Me lancé al ataque con katana en mi mano derecha. Realizaría un paso al frente de un metro y medio, estirando la pierna también diestra, uno de ellos, de aspecto fornido, portaba una katana al igual que un servidor pero con muchísimo menos estilo. Cuando hizo descender la suya, mi reacción es la de dar un giro de ciento ochenta grados, dejando que su arma pasara limpiamente y la mía, aprovechando la inercia del giro, cortara cuál papel su tráquea.

Un chorro a lo kill bill salió de su cuerpo, empapando a su acompañante, que perdió por un par de segundos la concentración. Entré cuál guepardo cazando a su presa en el interior de su zona de control, dando otra zancada que me dejó prácticamente delante. Avancé descendiendo el torso a medio cuerpo, movilizando la katana en son de media luna ascendente, como haría al inicio. La cabeza del tipo fue cortada de un solo tajo por la mitad, aunque no se abrió del todo por el centro, tan solo se quedó ahí abierta, colgando de un hilo de carne fresca. Estaba de pie, aún movía sus ojos, pero soltó el arma. No tardó en caer al suelo de rodillas y ahí se quedó. Hubo un momento de parón absoluto, por un breve instante todo parecía detenerse.

La sangre me había salpicado la cara, con ella y mis cicatrices lo cierto es que cualquiera caería atemorizado, cualquiera menos tipos con sus mismos rasgos de puto loco, que eran casualmente todos los presentes. Cuál aficionado de futbol en una avalancha contra otro equipo, decidieron que era buena idea lanzarse todos a por él y no uno a uno. No lo dude ni un solo momento, salí corriendo en dirección Sohem. Cuando estuve cerca de este le di un golpe a un montículo de basura para que esta le llegase a la cara mientras yo pasaba de largo. — ¡Ya me encargaré de ti si consigues sobrevivir, pequeñajo! — Contesté con ironía.

A todo lo que me daban las piernas empecé a correr por mi putisima vida.
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Salto de foro:


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