[Combate - Presente relativo] Alas Negras VS Dama de Hierro
#1
Nos despedimos de Peixe y comenzamos a dirigirnos a lo que parecía ser su casa, o al menos en la que estaba hospedada Triana. Mientras caminábamos me fijé en que en su cadera, oculta en parte por su abrigo, tenía una espada colgando.
 
-Vaya, ¿eres espadachina? -pregunté serio. -No serías la primera persona que conozco que va armada sólo por fardar la verdad. Aunque tú pareces distinta… -dije despreocupado mientras ponía mis brazos detrás de mi cabeza y miraba al cielo continuando mi camino. -No te ofendas, pero no creo que fueras siquiera capaz de cortar mi piel, soy súper resistente. -sonreí y me paré en seco esperando que ella también parase de caminar. -Necesito a alguien fuerte conmigo si me quiero convertir en el Rey de los Piratas y aunque lo parezcas nada me dice que lo seas.

Me crucé de brazos y pegué un salto hacia atrás para alejarme de ella tres metros, necesitaba comprobar si era una persona fuerte capaz de hacerme frente y ponerme las cosas difíciles si pretendía que me protegiera y velara por los intereses de la tripulación en nuestras aventuras. Nos encontrábamos en el distrito residencial, concretamente en una calle repleta de bares, aunque no parecía estar muy transitada en ese momento. La calle era un pasillo largo repleto de edificios a ambos lados de la misma, con callejones sin salida cada dos o tres edificios y con una anchura de diez metros. Los edificios no eran muy altos, el más alto de esa calle no tenía más de quince metros de alto.
 
-¿Quieres ser la espadachina del futuro Rey de los Piratas? Gánatelo. -le dije, esperando iniciar un combate.

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#2
Caminamos en silencio mientras nos dirigíamos al hostal donde se encontraba la habitación en la que me estaba hospedando temporalmente mientras trabajaba en la taberna por las noches. Sabía que todavía estaba a tiempo de arrepentirme, pero, extrañamente, no quería. De lo que no estaba segura era de si ese tipo iba en serio con lo de convertirse en el rey de los piratas, pero yo pensaba tomármelo muy en serio. No por nada iba a dejar mi vida atrás, por muy lamentable que fuese.

Le llamó la atención que supiese manejar la espada, o eso supuso al ver la katana que llevaba en mi cintura. Por lo menos también supuso que no la llevaba encima solo para fardar, lo cual me parecía de persona patética. La interacción social iba bien hasta que afirmó que no sería capaz de cortarle. Era un tipo bastante peculiar, desde luego, pero dudaba que aquello fuese cierto. ¿De verdad existía una piel tan dura como para no poder ser cortada? Eso tenía que comprobarlo. Pero, además de curiosidad, sus comentarios estaban empezando a mosquearme y a sorprenderme para bien, paradójicamente. No sabía quién se creía que era para dudar de mí de esa forma cuando me lo había encontrado mendigando comida en las puertas de un ayuntamiento. La parte buena era que, por primera vez, le veía tomarse en serio lo de convertirse en el rey de los piratas.

Dicho esto, pegó un salto hacia atrás para alejarse de mí y ponerme a prueba. —¿Tiene que ser aquí en medio? —pregunté fijándome en mis alrededores. La calle era ancha, había suficiente espacio, pero los locales de la zona eran bares y comercios. Por suerte, no parecían muy transitados, pero no sabía cómo afectaría a los viandantes que nos pusiéramos a pelear ahí en medio. Esperaba que fuesen lo suficientemente inteligentes como para no cruzarse por en medio. —De acuerdo —dije mientras sacaba mi katana para empuñarla con la mano derecha y movía los hombros hacia atrás para tirar la chaqueta sobre mis hombros al suelo. No podía ni imaginar cómo combatiría Yamamura, era demasiado extraño para mí, solo esperaba poder cortar alguna parte de su cuerpo para bajarle un poco los humos.

Había intentado aumentar un poco la distancia entre ambos, lo cual no me venía demasiado bien, debía acortarla para poder acertarle con mi katana. No me dejó más remedio que avanzar corriendo hacia él para, al estar a menor distancia, lanzar un corte horizontal, de derecha a izquierda, hacia su muslo izquierdo.

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Resumen de turno
[Imagen: 8Rsjucn.png]

❝

Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#3
Parecía que a Triana le gustaba la idea de probar nuestra fuerza, pero no estaba segura de hacerlo justo ahí en medio.

-Somos piratas, ¿no? -pregunté confiado -¿Tienes miedo de que nos detengan? -vacilé.

Tras esto desenfundó su espada y movió sus hombros para dejar caer el elegante abrigo que llevaba encima tras sus talones, daba la sensación de que si se lo estaba tomando en serio. La gente que estaba sentada en las terrazas comenzó a correr, y algunos curiosos empezaron a asomarse por las ventanas, lo único que estaba claro era que el silencio se había adueñado del lugar. Lo que antes parecía ser una bulliciosa calle de comercios ahora parecía un cementerio. Su hoja brillaba a la luz del sol de la tarde, reflejando destellos dorados que contrastaban con la atmósfera tensa que se había apoderado de la calle. La tensión era palpable en el aire. Ambos éramos piratas, buscadores de tesoros y aventuras, y esta disputa se había convertido en un desafío personal. Triana había aceptado mi provocación y estaba dispuesta a demostrar su valentía y habilidad en el arte de la esgrima. Sin previo aviso, Triana se lanzó hacia adelante con un rápido movimiento, su espada silbaba en el aire mientras buscaba mi defensa y cuando el filo estaba a menos de un metro de mi muslo izquierdo, con esa misma pierna, le pegué un fortísimo rodillazo en el mentón.
 
-Tierra Dorada. -dije serio mientras la golpeaba.
 
Aquel impacto le haría un daño terrible, era mi mejor golpe y empezar un enfrentamiento con el me parecía la mejor forma de dejar claras las cosas. Tras el golpe, ayudándome con las alas volví a retroceder otros seis metros. Los gritos de la gente cada vez eran mayores.

Resumen del turno y claraciones
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#4
Sabía que no resultaría tan fácil, con aquel ataque tan solo pretendía tantearle. No sabía cómo sería su forma de pelear, no parecía llevar armas, así que supuse que utilizaría su propio cuerpo y mis sospechas se confirmaron rápidamente. Antes de que pudiese cortarle con mi katana, alzó su rodilla para golpear mi mentón. Me percaté de lo que pretendía, pero a la escasa distancia a la que nos encontrábamos apenas me dio tiempo a reaccionar. Lo único que pude hacer fue poner mi antebrazo izquierdo entre su rodilla y mi mentón para tratar de amortiguar el golpe, lo cual no sirvió de mucho.

Su tamaño era enorme y sus golpes eran acordes a este. Tras el impacto no fui capaz de realizar mi ataque, pero no pensaba rendirme por ello. Lo primero que hizo tras asestar el golpe fue retroceder varios metros gracias a sus alas. Tal vez el tipo fuese más en serio de lo que me había imaginado. La gente a los alrededores ya se había percatado del enfrentamiento y habían decidido alejarse del lugar montando un escándalo. Tampoco es que estuviésemos haciendo nada malo, aunque comprendía que pudiesen asustarse.

No pensaba volver a cometer el mismo error, si me acercaba a él volvería a golpearme de la misma manera y estaba claro que en ese sentido me llevaba ventaja, pero tampoco me gustaba la idea de quedarme de brazos cruzados. Sabía que no tenía que haberme dejado mi otra espada, solo con una me sentía bastante inútil y no podía desplegar el total de mi potencial. —¿Eso es lo mejor que puedes hacer? No sabía que esas alas que tienes en la espalda eran de gallina. Vaya Rey de los Piratas— le dije a gritos y con una sonrisa en la cara esperando a que fuese él el que tomase la iniciativa. Había sido inteligente alejándose de mí, no sabía si sería capaz de cortarle si era él el que tomase la actitud ofensiva, era bastante rápido, pero tenía que intentarlo. En todo momento me mantuve alerta sosteniendo mi katana con ambas manos delante de mí en posición vertical, esperando su respuesta.

Resumen de turno
[Imagen: 8Rsjucn.png]

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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