[Pasado FIC] El monstruo blanco vuelve [Forma Sulong]]
#1
Día 60 de invierno del año 13.
Isla Neur. Ciudad Lègance. Cerca de los suburbios.

Salí de la taberna con la sensación de no haber bebido demasiado aquel día. Mi mente se encontraba difusa, pensando en todo y nada a la vez. Notaba un ambiente especialmente espiritual aquel día. Caminé por las calles empapadas en agua del hielo que caía sin piedad contra la ciudad. Que desalojaba calles y encendía chimeneas. Yo me mojaba bajo aquel granizo que mis botas pisaban sin control, haciendo crujir las bolitas de hielo a cada paso. Al entrar en la taberna no caía ese tipo de precipitaciones, si no que la tormenta eléctrica, con ratos constantes y lluvia torrencial había hecho que al segundo apagón, la poca gente que había en la taberna se fuese de vuelta a refugiarse en sus hogares hasta que el nuevo día les regalara algo de sol. Me encaminé hasta unos soportales donde un banquito me invitaba a sentarme y dejar de mojarme. No me gustaba nada la lluvia, pese a lo que conllevaba. Calles vacías y tranquilidad para mis oídos. Llevaba ya varias horas lloviendo. Mejor dicho, granizando. Los truenos habían cesado. Parece que Zher, el dios de las tormentas estaba más tranquilo, pero aún le quedaban esos resquicios en forma de suspiros en forma de precipitaciones heladas que desaparecían paulatinamente. Mi alma, sin embargo estaba en paz. Era una noche, al menos para mí de lo más relajante. Aquel frío invernal, aquel ruido de las pelotas de hielo cayendo sobre las calles y tejados de la ciudad, el viento aullando como un lobo a la luna... que paz me transmitía. Es uno de esos días en los que no se puede hacer nada. Las calles solitarias y la gente con miedo de que el cielo se caiga sobre sus cabezas refugiados en sus hogares. Estaba en un banco, respirando el aire frío que entraba en mis pulmones como una ráfaga de vida. Todo en cala. Ni un ruido. Espera, no se oía nada. Había dejado de granizar. ¿Cuánto tiempo llevaba con los ojos cerrados? El frío helado, sin embargo, seguía presente y eso me alegraba. Había incluso dejado de llover. Todo parecía más iluminado en aquel oscuro callejón. Me levanté y empecé a caminar. Ya no era necesario cubrirme del granizo bajo el soportal en el que me había refugiado y la hora de mi paseo nocturno se había retrasado un buen rato. Caminando sin rumbo llegué al centro de la ciudad, donde se podía ver una plaza con una fuente en medio, mucho menos lujosa que la de la plaza de la catedral, la cual había vuelto a visitar pocos días antes. Miré a mi alrededor como me gustaba hacer ante el lujoso templo. No había ni un alma en la calle pese a la "mejoría" del tiempo. Suspiré y me senté en el borde de la fuente. Pensando en qué debía hacer. Llevábamos ya demasiado en aquella isla. Quizá nos conveniara buscar un alojamiento mejor que aquella cutre habitación donde Ashura nos había hacinado. Tampoco quería quejarme. Podría verlo como una debilidad y sabía perfectamente qué me iba a hacer si mostraba debilidades de forma tan abierta. Que ansiedad me provocaba esta situación. Miré hacia arriba desesperado. El cielo despejado y todo negro otra vez. No me había dado cuenta de la luna llena, pese a que, a medida que paseaba, todo se iluminaba cada vez más con una luz tenue y con un aura extraña.

Todo negro. Otra vez había perdido el control. Pero esta vez no quería liberarme de ello, no me resistí. Me dejé llevar como en volandas. Noté, con cierta incomodidad, pero con calma, cómo los músculos de mi cuerpo se hinchaban. Le rabia volvía a apoderarse de mí. Aquella sensación de rabia, de sentir que me habían quitado el lugar al que llamaba hogar. Que alguien tenía que pagar por el sufrimiento que le habían hecho sentir a mis ancestros, expulsados de la luna por un ente avaricioso y repulsivamente mezquino. La ira se apoderaba de mí y mi pelo crecía a rededor de mi cuello. Mis garras y mis colmillos se endurecían y seguían el ritmo del resto de mi cuerpo. Abrí los ojos inyectados en sangre, rojos por la sangre derramada de cada mink de este mundo, y  vi delante mía a ese ser mitológico que había sido el líder de los míos hace tanto tiempo que ni siquiera las piedras del mundo lo recuerdan. Ahí delante mía, como una figura fantasmal estaba Shu-Long, el enorme león albino con ojos rojos. La forma primigenia de los mink, la forma Sulong. Me habló en un idioma que para mí era completamente desconocido, pero por alguna extraña razón lo entendía sin el más mínimo esfuerzo. - Hijo mío, es hora de que despiertes y aceptes el poder que os concedí a los de esta noble raza cuando esa diosa avariciosa nos maldijo y expulsó de nuestro hogar. Cada vez que veas al completo nuestra casa, podrás dominar el poder de tus ancestros, pero tienes que dejarte llevar. Has conseguido el primer paso, no intentando resistir tu naturaleza. Ahora es momento de que dejes que la ira corra por tu cuerpo y la liberes conscientemente para poder usar este poder devastador a tu favor. - La voz profunda del anciano león resonó en mi interior. Así que solo tenía que dejarme llevar y no me desmayaría como las otras veces. Era sencillo. Lancé un brazo con fuerza hacia el muro de una casa y este se vino abajo. La familia del interior empezó a gritar aterrorizada al ver un oso polar gigante, babeando, con los ojos rojos y lleno de ira incontrolable. Salí corriendo. Mi cuerpo no respondía exactamente como me gustaría, pero con algo de esfuerzo lo podría conseguir. Al menos podía ver cómo actuaba mi cuerpo impulsado más por la ira que por mi propio cerebro.

Nunca fui muy fan de la mitología ni la religión que rodeaba a mi raza, más de lo que me habían contado mis antiguos maestros, pero de eso ya hacía veinte años, cuando vivía en la tribu sin pensar en los horrores que me iban a suceder. Reviví la historia de mi vida y pensé por un momento en que en algún lugar mis compañeros me desecharían o me intentarían vender, como ya habían hecho antes muchos de los acompañantes a los que había incluso considerado amigos. Solo un amigo te puede traicionar, al fin y al cabo. Eso aumentó mi rabia y salté al cielo de la noche, ahora despejado. Llegué de nuevo al puerto, donde había tenido por un descuido mi anterior transformación. Lo humanos de aquella isla parecían rápidos arreglando todos los destrozos causados por mi yo inconsciente de aquella vez. Ahora sería diferente. Iba a reducir aquel lugar a cenizas. Quería gritar. Rugir con furia para que los guerreros salieran en mi búsqueda, pero mi cuerpo aún no respondía de esa forma, así que volví a lanzar puñetazos con mis músculos más grandes que nunca. Agarraba rocas y las lanzaba al mar. La gente de los edificios que derrumbaba salían corriendo, huyendo hacia el centro de la ciudad desesperadas buscando una forma de salvar sus vidas. Vi a un muchacho encararme. Era un civil, valiente, pero insensato. No debía pasar de los veinticinco años, con su cabello rubio, ojos azules con mirada decidida y complexión delgada, pero con músculos definidos. Lo agarré con una sola mano y lo lancé lejos al mar. Ni siquiera lo oí caer. Su madre corrió desesperada hacia donde lo lancé, estúpidamente, pues el chico no volvería. Empezó a gritar y a llamarlo por su nombre, como si hubiera alguna posibilidad de respuesta. quería ir con él, así que se lo concedí. Agarré a la mujer, que se desmayó al verme y le arranqué un brazo, el cual dejé caer en el lugar de donde la había agarrado y lancé el resto del cuerpo inconsciente hacia el mismo lugar que el joven. La gente salía de los edificios como cucarachas de un agujero recién fumigado. Alguno aún vino a por mí y los aplasté contra la acera o los lancé por el aire. Era en cierta manera divertido. Muchos lloraban preguntando dónde estaban los marines en momentos como aquellos y un par apareció, pero en cuanto giraron la esquina para ver qué pasaba, un cuerpo muerto los arroyó. No se si murieron en el acto o solo quedaron inconscientes, pero no pudieron apenas observar la escena. Cuando vi que nadie más salía a hacerme frente volví a correr como nunca en mi vida había sido capaz de hacerlo, cruzando de nuevo la ciudad hasta llegar a la plaza donde todo había empezado. Metí las patas en el agua de la fuente que decoraba el lugar y arranqué la parte superior, haciendo que un chorro de agua saliera disparado sin control del agujero que había dejado. Lancé el trozo contra el suelo, rompiéndolo en mil trocitos. Me fui de nuevo hacia el bosque, que quizá es el lugar donde estaba más tranquilo. Pronto acaecería y la transformación dejaría de hacer efecto. con mi gigantesca forma me senté en un pino cerca del camino que había seguido tantas veces en mi estancia en aquella isla.


Día 61 de invierno del año 13.
Isla Neur. Ciudad Lègance. Taberna local.

Llegué a la taberna, ya con mi forma normal de siempre. Me ajusté la corbata y tiré de las solapas de la gabardina para ajustar los hombros. Entré en la taberna donde había tomado tantas tarde cerveza. Me senté en la mesa de siempre, apartado de la multitud. Pedí que me trajeran, esta vez un café bien cargado y una copia del periódico local. La mujer tardó un rato en traer lo que había pedido, más de lo habitual. Parecía cansada. Como si no hubiese dormido en toda la noche. Le pregunté, con mi voz profunda y tranquila si algo le afligía. Tenía debilidad por la gente que me traía de comer y, sobre todo de beber a una mesa. Dijo que tenía amigos que habían perdido familiares aquella noche, que un monstruo había atacado la ciudad. Me preguntó si no me había enterado de nada, que lo ponía todo en el periódico local, y yo me encogí de hombros diciendo que los suburbios estaban de lo más tranquilos. Que tuviese cuidado si veía alguna neblina y, ante sus preguntas, que no, no conozco ningún mink león blanco de más de cuatro metros de altura con ojos rojos, como definía el diario. Por fin se fue a atender otras mesas y me dejó en paz. Abrí las páginas de los papeles que dejó sobre mi mesa y leí la definición del "León blanco de Neur". Que gente más inculta, no es capaz de distinguir entre un oso y un león. En fin, es verdad que al rededor de mi cuello había crecido más pelo, pero las orejas y el morro eran de un oso polar, claramente. De hecho, si tuviera ojeras por la noche en vilo, me parecería más a un panda que a un oso polar. Al lado del local, otros dos montones de papeles agrupados. Uno era el dichoso World Economy News Paper, donde una muchacha salía en portada. Ojeé a ver si hablaban de los Shogun Gari, pero algo más interesante llamó mi atención. Un prometedor marine había llegado a la Base de la isla Neur, Sephiroth. Lo miré con interés. Parecía fuerte y decidido. Seguro que al capitán le gustaría conocerlo. Finalmente encontré que los Shogun Gari se habían unido a los Alas Negras. Pese a todo, seguiría llevando su bandera en mi espalda. Aunque no me pareciera una decisión digna. Me alegré de ver sus recompensas incrementadas. El otro montón de papeles que dejaron sobre la mesa era una revista que también parecía enfocarse en el ámbito local, con entrevistas y cotilleo de marines de la base y vecinos de la ciudad. Esas cosas nunca llamaron mi atención, así que hice una mueca y lo dejé donde estaba. Me volví a centrar en el periódico local. Destrucción y muerte en el puerto de nuevo. Era un acierto alejarme lo máximo posible de la zona que ocupábamos, además, los habitantes de los alrededores no nos solían ver por allí, y pensando que el atacante era un león, estaba a salvo. Por fin los periódicos me beneficiaban con sus mentiras. Debía volver a junto el capitán y contarle lo que había visto en el periódico. Ese nuevo marine me intrigaba. Además, ahora podía controlar la forma Sulong y mi fuerza se incrementaría en noches de luna llena. Pero no creo que se lo dijese. Sería una sorpresa muy dulce para él.

Información del turno
 
[Imagen: 6BbPnnH.png]
#2
ENTRENAMIENTO COMPLETADO
Ya tienes el Sulong añadido a tus técnicas, listo para usarlo.


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