10-08-2023, 01:53 AM (Última modificación: 10-08-2023, 02:09 AM por Yojimbo.)
Dia 1 del año 11, primavera.
-Quiero pasar. -dije con la cabeza completamente agachada, mirando hacia el rostro de aquel agradable sujeto que custodiaba unas escaleras. -Tengo que hablar con el alcalde.
El guardia me miraba atónito, seguramente no hubiera visto nunca a un ser como yo. Lo entendía perfectamente ya que las quimeras como yo no solíamos salir de la Isla Ramirals. El fuego de mi espalda creaba una crepitante y alargada sombra que se extendía hasta detrás de aquel funcionario público, dando la sensación de que subía dichas escaleras y esperaba con paciencia que el mismismo alcalde, al que pretendía ver, abriera la puerta y la recibiera.
-No. -dijo serio, como si no le impusiera lo más mínimo mi aspecto físico. -¿Por qué no te vas por dónde has venido?
Entonces, como si fuera una piedra en mi camino, agarré su cabeza con mi mano derecha y lo aparté dos metros estirando el brazo.
-Pues yo voy a pasar. -dije convencido. -Me tiene que dar comida de bienvenida, que no tengo trabajo.
Entonces recordé las palabras que mi padre me dijo: “Hijo, cuando tengas que pedir algo tienes que pedirlo por favor, aunque no te apetezca, y luego dar las gracias”.
-¿Y por qué no te vas un poco por ahí y me dejas en paz? Por favor, gracias. -añadí, esperando que de esta manera lo entendiera.
Comencé a subir las escaleras que llevaban hasta el ayuntamiento, ignorando lo que estaba sucediendo justo detrás de mí. Un grupo de personas se amontonaba en la plaza principal, murmurando y cotilleando, por lo visto por lo que estaba ocurriendo.
10-08-2023, 10:20 AM (Última modificación: 10-08-2023, 10:47 AM por Triana Tempesta.)
No solía salir de la habitación de la taberna por la mañana. Me había acostumbrado a trabajar por las noches en ella y a descansar por las mañanas en la diminuta y cochambrosa habitación en la que me habían dejado vivir como parte del pago de mi trabajo, pero aquel día era diferente. Llevaba unas semanas siguiendo la historia de amor de dos nobles del Reino de Goa y lo último que sabía era que, a pesar de unos cuernos de por medio y la consecuente ruptura, pensaban seguir adelante con su boda. Incluso había rumores de embarazo. Seguramente alguna revista cubriría la exclusiva y no pensaba perderme los detalles. Nada más despertarme me arreglé y me dirigí a la plaza central, sabía que no muy lejos de allí podría adquirir mi codiciada revista. Vestía con mi ropa habitual y llevaba mi katana conmigo, en mi cintura, oculta bajo la gran chaqueta que cubría mi espalda y parte de mis piernas. No era necesaria en absoluto, la ciudad era muy tranquila, pero me había acostumbrado a llevarla en el trabajo para asustar a los borrachos maleducados. Además, no me gustaba desprenderme de ella por motivos sentimentales; me transmitía seguridad.
Cuando llegué a la plaza pude ver a lo lejos un grupo de gente congregada alrededor del ayuntamiento. No quería retrasarme demasiado, pero en aquel lugar nunca ocurría nada interesante. La curiosidad me pudo y me uní al gentío para tratar de enterarme de lo que estaba pasando. A mi alrededor solo escuchaba cuchicheos y allí, en las escaleras del ayuntamiento, un tipo enorme intentaba entrar, a pesar de las negativas del trabajador. En otras circunstancias lo que más me hubiese interesado eran los motivos de aquel hombre (si es que se le podía llamar así), pero en este caso solo podía pensar en su aspecto. No solo era enorme, sino que tenía unas alas negras descomunales, unos rasgos peculiares y una llama de fuego en la espalda. ¿Sería un disfraz? No me sonaba que existiese ninguna fiesta en los alrededores en los que se vistiese de esa forma.
—¿Qué está pasando? —pregunté un grupo de tres señoras mayores que miraban con indignación. Ninguna de ellas me supo responder, todas se miraron confusas entre ellas y negaron con la cabeza alzando ligeramente sus hombros. Nadie parecía comprender bien lo que ocurría o quién era ese tipo, para eso estábamos todos allí reunidos, para resolver nuestras dudas y saciar nuestra curiosidad.
Saqué un puro del bolsillo de mi chaqueta, lo encendí con mi mechero y comencé a fumar ahí plantada, entre todas aquellas personas, observando la situación con curiosidad para ver cómo se desarrollaban los acontecimientos y con la mano izquierda apoyada sobre la cadera. Tal vez apareciesen de repente los guardias para sacarlo de ahí, pero serían necesarios muchos de ellos para conseguirlo. Eso no me lo pensaba perder, así que la revista tendría que esperar.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
10-08-2023, 01:23 PM (Última modificación: 10-08-2023, 01:27 PM por Yojimbo.)
Los susurros se convirtieron en murmullos y rápidamente los murmullos se convirtieron en gritos e insultos. Intenté ignorarlo mientras seguía subiendo las escaleras, pero el sonido ambiente hacía prácticamente imposible pasar de todo y continuar. Delante de la puerta que me conduciría al ayuntamiento me giré, mirando a la muchedumbre. Con el semblante serio agaché el párpado inferior izquierdo con el dedo índice del mismo lado y saqué la lengua, en señal de burla. Me volví a girar, me puse en cuclillas y comencé a aporrear la puerta mientras aquel guardia me tiraba de una de mis alas.
-¿Hola? Yo no puedo entrar así que, si me podéis sacar algo de comida, o un bono canjeable o alguna cosa de esas.
Una persona de la muchedumbre me señaló y gritó: “¡Yo ya lo he visto antes en los viñedos! ¡Es el demonio de alas negras!”
Cerré los ojos y asentí con la cabeza, ¿cómo que un demonio? Esos son seres de pesadilla. Había estado viviendo un año en los viñedos, visitando la ciudad de vez en cuando intentando no armar revuelo y el resultado casi siempre era el mismo. También es verdad que cada cierto tiempo asaltaba algunos viñedos y me comía todas las uvas que podía. Quizá esa actitud haya provocado que mi imagen no sea la mejor, pero es que las uvas estaban tremendamente ricas. Tenía que llevarle uvas a mi padre… ¿las conocería?
Dejé de aporrear la puerta, me levanté, elevando al guardia en el aire, dejándolo colgado del ala. Me giré y con el rostro serio de nuevo le dije al granjero que me estaba señalando:
Estaba esperando a que en cualquier momento la situación se descontrolase. Tal vez viniesen los guardias a tratar de llevarse a ese ser o también podría ser que se volviese completamente loco y comenzase a atacar a todo el mundo. Cualquier cosa era posible. Continué fumando tranquilamente, la gente estaba empezando a perder los nervios ante la incertidumbre. Esa era otra cosa que me interesaba ver, cómo en aquel pueblo iban a gestionar el nerviosismo de la gente ante la presencia del supuesto monstruo. Cada vez estaba menos convencida de que se trataba de un disfraz, pero estaba abierta a cualquier posibilidad.
Aquella bestia enorme se giró, lo que me permitió apreciar sus rasgos con mayor detalle. Llevaba el pelo largo y suelto, de color completamente blanco. A pesar de su tono de cabello, no parecía ser muy mayor, aunque tampoco podía aventurarme con la edad de un ser completamente desconocido. Su piel oscura contrastaba con su nívea melena y sus ojos rojos relucían como rubíes bajo los rayos del sol. Todo lo que se encontraba a sus pies estaba cubierto por la enorme sombra de sus alas negras. La gente del pueblo estaba asustada, nerviosa y enfadada creyendo tener delante una especie de demonio, pero yo solo podía ver a un ser realmente fascinante.
Todos nos quedamos expectantes cuando se dio la vuelta, estaba preparada para cualquier reacción, o eso creía. Cuando realizó ese gesto de burla quedé algo desconcertada. No parecía propio de alguien tan majestuoso. Nada, ni el trabajador ni la muchedumbre, parecían hacerle cambiar de opinión. Se volvió a girar para continuar aporreando la puerta, por lo visto, para conseguir algo de comida. En ese momento, un hombre de entre el público de aquel lamentable espectáculo le identificó. Parecía que había estado paseándose por sus viñedos o, seguramente, haciendo algo más que pasearse, porque el hombre parecía bastante enfadado. Tampoco me esperé su respuesta. Al ponerse en pie el trabajador que estaba agarrándole las alas se elevó varios metros, todavía sujeto a ellas, mientras el ser agradecía al granjero las uvas, lo cual tan solo sirvió para cabrearle más.
La gente comenzó a proferir exclamados cuando vio que el trabajador se había quedado colgado de las enormes alas. El hombre gritaba y pateaba desesperado, todos estaban empezando a perder cada vez más los nervios y, para colmo, no dejaba de llegar más gente. Pero, sin duda, lo peor de todo era sentir que no estaba entendiendo del todo la situación. ¿Quién era el tipo enorme? ¿Por qué era tan distinto y tenía una actitud tan extraña? ¿Cómo mantenía la llama de su cuerpo encendida y por qué no se le quemaba la ropa y el pelo? Seguramente no fuese de por aquí, parecía bastante perdido. Giré la muñeca y fijé mi vista en el reloj, no quedaba demasiado tiempo, pronto perdería la oportunidad de comprar mi revista y saber si aquella mujer sería capaz de perdonar una infidelidad por haberse quedado embarazada.
—¡Oye tú! Deja de molestar a la gente. ¿Quieres comida? Pues ponte a trabajar —dije para acelerar aquella situación. Con ese tamaño no podía faltarle trabajo, era imposible. Solo había dos opciones: que no conociese cómo funcionaba el mundo o que fuese un vago; tal vez ambas.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
Pese a haber pedido perdón la gente parecía haber pasado de estar enfadada a estar asustada, ¿temían la redención de un pobre chico que sólo quería comer? En ese pueblo eran todos muy extraños y aunque lo intentaba no encontraba la lógica en la manera de pensar y actuar de estos seres. Alcé mi brazo derecho y lo pasé detrás de mi cabeza, rascándome el cogote confuso mientras me movía de un lado a otro. Cada movimiento que hacía venía acompañado de un: “Uyuyuyuy”, “Ay madre”, “Oioioi que se va a caer”, “¡Cuidao hombre!”. ¿Se estaban refiriendo a mí? ¿Por qué me debía caer? Me daba la sensación de que estaban preocupados de más por mí, no era alguien que destacara por tener mal equilibrio, o es que igual me estaban avisando de que el suelo era inestable y que quizá se hundiría debido a mi peso. A fin de cuentas, pese a nuestras diferencias, eran gente de bien.
-Gracias… -dije agachando mi mirada hacia el suelo, con un tono de voz calmado y de verdadero agradecimiento.
Entonces salió de entre la muchedumbre una mujer rubia, elegante y notablemente más alta que el resto de personas que habían allí. Sin temerme lo más mínimo se dirigió a mi con un “Oye tú” y se puso de portavoz de todos aquellos ridículos de sentimientos cambiantes. Me dijo que si quería comida me pusiera a trabajar. Su voz era potente e intimidante, su mirada era feroz y su ropa era elegante. En su cintura se podía presumir un mango de alguna herramienta, o quizá de algún hacha o espada. ¿Sería una espadachina? Se me iluminaron los ojos y desperté del sueño en el que había estado atrapado todo este tiempo… si quería ser el Rey de los Piratas necesitaba gente fuerte a mi lado, y ella no sólo parecía fuerte, sino que tenía carácter.
-Oye, vieja. -le contesté, con una sonrisa en la cara. -Me llamo Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero. ¡Creo que estamos destinados a encontraros! -grité con emoción. -¿Quieres poner el mundo del revés conmigo? -dije, con convicción en mi voz. -¡Únete a mi tripulación! Kikikiki… -reí.
Aquel tipo no parecía ser consciente de lo que estaba ocurriendo. Comenzó a moverse de un lado a otro, balanceando al tipo agarrado a sus alas. La preocupación de la gente iba en aumento, no me extrañaría que en cualquier momento una señora cayese al suelo desmayada. Era normal que se preocupasen por el trabajador, pero tampoco entendía el revuelo que se había montado. Sí, estaba como a 6 metros del suelo, pero eso no lo mataría. Como mucho, si caía mal podía romperse una pierna. Nada que no tuviese arreglo.
Tras mis palabras esperaba que recapacitase o, por lo menos, que tuviese la decencia de dejar de sembrar el caos. Aunque, visto lo visto, podía ocurrir cualquier cosa; estaba claro que ese ser no era muy normal. Efectivamente, podía haber elegido varios caminos, pero eligió el de la violencia al referirse a mí como “vieja”. El ceño se me frunció de forma automática de tal forma que podía sentir la palpitación de una vena en mi frente. No quería ni escuchar lo que tuviese que decir, tan solo quería ir hacia él y pegarle un puñetazo en su perfecto abdomen, pero su tono de voz y su actitud habían cambiado por completo y sus palabras fueron tan impactantes que no pude evitar quedarme escuchándole. ¿Destinados a encontrarnos? ¿Poner el mundo del revés? En un principio pensé que se trataba de una cursi y siniestra declaración de amor pública, hasta que me pidió que me uniese a su tripulación.
Miles de recuerdos se agolparon en mi mente en unos solos segundos, en los que me quedé en silencio. Mi expresión se relajó de forma involuntaria con la imagen de Bart en mi cabeza y todo lo que ello conllevaba. Nuestro primer encuentro, todos los años juntos, lo que hizo por mí y cómo me salvó de caer en un pozo sin fondo pero, sobre todo, su expresión de felicidad cuando hablaba de su tripulación. Me tenía que estar volviendo loca porque, por un momento, llegué a pensar que ese ser podía tener razón. Tal vez fuese el destino o, tal vez, fuese tan solo una estupidez.
Todo el mundo se quedó en silencio, alternando su mirada entre él y yo. Hasta el hombre colgado se había callado durante esos segundos. —¿Qué…? ¿Pero qué dices muerto de hambre? ¿Cómo vas a tener una tripulación si no tienes ni para comer? —incluso hasta mi propio reproche me recordaba al viejo Bart, un mendigo que había perdido lo más valioso. En ese momento me sentí algo mal, pero no pensaba retractarme ni suavizar mi postura.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
13-08-2023, 10:01 AM (Última modificación: 13-08-2023, 10:02 AM por Yojimbo.)
Aquel silencio que se formó en la plaza fue reparador. La cara poco amigable de aquella bruja se volvió aún menos amigable... quizá fuera marine u odiara los piratas por alguna razón. Fuera como fuese su reacción me hizo gracia. Sin duda era una mujer fuerte, y por algún motivo me resultaba graciosa. Quería empezar esta aventura junto a ella, pese a parecer una perdona ruda, agresiva y con poca paciencia, tenía el palpito de que tenía buen corazón. Mi padre me dijo que me juntara con este tipo de gente, y ella parecía la indicada.
Tras unos segundos de completo silencio decidió contestarme. No parecía dispuesta a aceptar mi invitación, pero yo no pensaba rendirme tan fácilmente. Mejoraría la oferta.
-Kiikikiki... -reí mientras cerraba los ojos. -¿No quieres ser libre? Voy a ser el Rey de los Piratas... si no muero claro. -continué, susurrando la pequeña reflexión sobre la muerte.
Aquella afirmación rompió el silencio casi de forma automática. Todos empezaron a gritar y a insultar de nuevo, pero esta vez con mucha más energía.
-Yo ya he empezado a ponerlo todo del revés. ¿Te apuntas o no, vieja? -finalicé, esperando una respuesta de la vieja.
En otro orden de cosas el hombrecillo que colgaba de mi ala empezó a tirar de las plumas para arrancarlas. Al principio no me di cuenta pero a la tercera vez que lo hizo lo cogí con la mano y lo puse frente a mi rostro.
-¿Pero a ti te parece normal? ¿Qué hacías ahí colgado y por qué me arrancas las plumas? Este tío está loco...
Entonces me gire, me puse de puntillas y lo dejé en el tejado del ayuntamiento para que le diera el aire y reflexionara. Me gire de nuevo y me quedé mirando a la bruja, esperando a ver que contestaba.
Creí que había sido lo suficientemente contundente con mi respuesta, pero aquel tipo no parecía que fuese a rendirse tan fácilmente. No me conocía de nada, pero aún así estaba empeñado en que me fuese con él. No me contestó a cómo pensaba hacer todo lo que pretendía cuando parecía que no tenía ni un berrie, pero sus palabras no dejaron de traerme recuerdos y de remover algo en mi interior. No se parecían en nada, eran personas completamente distintas, pero no podía dejar de recordar a Bart y su sueño, un sueño que me contagió como si de una enfermedad se tratase.
Cuando dijo que iba a ser el Rey de los Piratas sentí que el corazón se me aceleró. Se formó un gran revuelo a mi alrededor, los cuchicheos se transformaron en abucheos e insultos. La situación no tardaría en complicarse si ese estúpido continuaba hablando. Permanecí en silencio, pensando a la mayor velocidad que mi cerebro me permitía. Mientras tanto, el tipo agarró al hombre de su espalda para dejarlo en el tejado. Ya ni me acordaba de ese trabajador por el que, hace escasos segundos, todos parecían extremadamente preocupados. En este momento no me podía importar menos aquel hombre ni el resto de personas. Ni siquiera me importaba que me hubiese vuelto a llamar vieja, aunque no lo entendía, porque mi piel era perfecta, sin ninguna arruga.
El pueblo en el que estábamos era tranquilo, apenas veía marines, los guardias del lugar eran suficientes para hacer cumplir las leyes, pero no sabía qué ocurriría si el tipo enorme comenzaba a llamar demasiado la atención. No parecía agresivo, pero, teniendo en cuenta su tamaño, no parecía que le fuese a costar mucho quitarse de en medio a un considerable número de personas corrientes. Con el tiempo que había pasado no sabía si seguiría esperando mi respuesta, pero claro que pensaba dársela. En mi cabeza no dejaba de resonar lo que debía decirle: “¡Estás loco si crees que voy a ir contigo a algún lado! Vamos, ni a la vuelta de la esquina”. Sin embargo, otras palabras salieron de mi boca. No era nada habitual en mí, pero comencé a hablar sin pensar, sin tener un plan ni saber qué sería lo siguiente.
—¡Baja de ahí y vámonos antes de que vengan a detenerte! —grité dándole otra calada al puro y girándome para alejarme del grupo de gente indignada. No sabía si me seguiría o a dónde ir, pero lo mejor sería alejarnos de la muchedumbre y esperar a que los ánimos se calmasen.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
Tras el gran fracaso intentando conseguir trabajo en el Barolé no tuve otra cosa que hacer que volver a casa, una casa en la que la gente me odia y de la que tuve que huir, no es que me apeteciese mucho pero... ¿qué iba a hacer si no?
Aparqué la barca, bajé y caminé hasta la plaza camino a mi humilde restaurante-casa, esperando que en cualquier momento la marabunta de gente se tirase contra mi, (Ya no se que hacer... pensaba que esta iba a ser mi gran oportunidad ¿Cómo pude olvidar llevar tinta? seguro que me hubiesen contratado de esa forma) - Pensé
Llevaba un rato andando y entonces fue cuando me di cuenta de que aún nadie me había insultado ni increpado... que raro conociendo lo mucho que me quieren aquí. Pude percatarme del hecho de que había un cúmulo de gente en la plaza, todos muy de aquí, muy normales, menos uno, un tío muy alto de ojos amarillos aparentemente discutiendo con una chica rubia de ropajes azulados, me acerqué a ver que pasaba.
[...]¿Pero qué dices muerto de hambre? ¿Cómo vas a tener una tripulación si no tienes ni para comer?
[...]Voy a ser el Rey de los Piratas... si no muero claro.
La pareja siguió discutiendo, todo el mundo miraba con atención, reaccionaban a lo que decían, gritaban, callaban... desde luego estaba siendo una gran interpretación. (Y pensar que casi me pierdo las fiestas locales...)
¡Baja de ahí y vámonos antes de que vengan a detenerte!
Interpreté estas palabras y el hecho de que pareciese que se iba a ir como el fin de la obra, no la había visto entera pero me había parecido entretenida así que hice lo propio. ¡BRAVO! Bravo, que buena interpretación -Dije aplaudiendo de forma muy rápida y con los brazos alzados, Lo habéis hecho genial, cuando le has dicho que es un muerto de hambre y el ha dudado, la caracterización, esos disfraces... ¿Quién llevaría una gabardina así? ¿Y unas alas tan feas? es impresionante, el ayuntamiento ha vuelto a poner dinero en las festividades locales.
Como era inevitable, Peixe había llamado la atención de más gente de la que debería, a el no le importaba demasiado pero hace tiempo que se había ganado el odio de la población y puede que esta jugada no le vaya a salir muy bien, este Peixe... nunca aprenderá...
Mucha gente se giró y se me quedó mirando... ¿Qué querrán?
13-08-2023, 09:02 PM (Última modificación: 13-08-2023, 09:12 PM por Yojimbo.)
Mi pequeño discurso pareció enmudecer a la bruja de ojos azules que me increpaba trabajar para conseguir comida. ¿Desde cuándo el futuro Rey de los Piratas necesitaba trabajar para conseguir comida? Es más, ¿desde cuándo el futuro Rey de los Piratas necesitaba seguir lo establecido para ser completamente libre? La frase que me dijo aquella rubia me hizo especial gracia, parecía sin duda una señora mayor como la de las historias que me contaba mi padre en la isla. Una persona criticona y cotilla que se metía en conversaciones ajenas para impartir su justicia por medio del escarnio público y el apoyo de las masas. Que rara era, me gustaba su forma de actuar y su voz era tremendamente intimidante.
Gritó que bajara de las escaleras y que nos fuéramos rápido porque se podía armar un revuelo y tenía razón. La gente empezó a enfurecer y parecía que se nos iba a ir todo de control pero entonces una voz destacó de entre la multitud, una voz gritando: “¡BRAVO!”. Miré hacia el lugar de donde provenía aquel grito y era, literalmente, un pulpo musculoso de color azul que nos felicitaba por haber hecho una actuación “genial”. También insultó nuestras ropas, bueno… en mi caso llamó feas mis alas. Todos los de la plaza se giraron y miraron a ese ser tan divertido.
-¡KIIIIIIKIKIKIKI! -empecé a reír al escuchar a ese bicho tan gracioso. -¡Qué raro eres! -grité animado, algo poco común en mí. -¡Eh, únete tú también a mi tripulación! -volví a gritar, mientras me llevaba las manos a la barriga y reía sin parar. Que bichejo tan curioso y agradable, me gustaba.
-Eh, ¿y por qué no mejor nos vamos de aquí y hablamos con más calma? -dije mientras comenzaba a elevarme del suelo, moviendo mis enormes alas y levantando una nube de polvo. -¡Vamos!
Entonces volé a toda velocidad hacia la vieja bruja rubia y la agarré con una mano.
-¡Síguenos! -le dije al pulpo parlanchín mientras volaba en dirección a los viñedos. -Por cierto, ¿cómo te llamas? -pregunté a la chica que tenía en mi mano.