El inflexible - (Evento Local) [Presente Absoluto]
#1
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Descendiendo de aquel buque acorazado, un viejo amigo de años atrás se aventuraba a lo que se había convertido en mi hogar.
Mis estudios sobre los prisioneros y sus habilidades en Impel Down habían traído un más que satisfecho resultado a las expectativas sobre mi rendimiento, y así lo habían hecho saber mis superiores. Aunque yo no había prosperado tanto como Tenma, quien había conseguido encontrar por fin la pasión en algo, no me había quedado atrás y también había pulido y mejorado mis habilidades. Era uno de los Eruditos más prometedores de la última década y con acceso a la información y bibliotecas de la Marina sabía que podría lograr grandes cosas. Además, también había ascendido hasta el rango de Comodoro en los últimos meses, y había desarrollado mucho mejor los poderes de mi akuma no mi. En realidad, estaba especialmente cómodo en este lugar, exceptuando los gritos ocasionales.

Pero ahora lo que más me emocionaba era poder ver a mi antiguo camarada, el joven Joe.
Las noticias se había extendido como la pólvora: Había derrotado a Yojimbo, el capitán de los Alas Negras, y los altos mandos le habían ordenado que lo entregase él personalmente. Mismos altos mandos que me habían ordenado a mi recibirlo.

- Bienvenido Comodoro Joestar. Se presenta el Comodoro Rengoku en nombre de todos los trabajadores de la honorable Impel Down - dije, cuadrándome en postura militar cuando terminó de descender del barco - WAYAYAYAYAYA - reí con ganas un instante después y rompí el protocolo, caminando hacia él y agachándome sobre mis rodillas, dándole un poderoso abrazo que lo envolvió por completo dada nuestras diferencias de tamaño - ¡Mi gran amigo Joe! - exclamé con él aun entre mis brazos - ¡El hombre del momento! - añadí y me separé para poder verlo mejor, manteniendo mis enormes manos sobre sus hombros. Una enorme sonrisa inundaba mi cara. Estaba realmente feliz de poder volver a ver a Joe de nuevo, sabiendo que el grupo inicial al que una vez pertenecí ya estaba disuelto - Espero que Karl esté bien - dije con sinceridad y mis mejores deseos - ¡A Tenma le habría encantado verte! - le dije dándole una palmada en el hombro derecho - Me pidió que le excusase. Está asistiendo a unas sesiones de entrenamiento y se lo está tomando muy en serio - aseveré, y entonces mi mirada se pasó hacia el preso, encadenado y encapuchado, traído por la tropa. Era realmente grande. No tanto como yo, pero si de un tamaño muy superior a Joe, quien para mi era como un niño pequeño.

Entonces me erguí y con la palma de la mano extendida solicité a los soldados que parasen - Compañeros, de él me encargo yo - dije, y chasqueé los dedos de dicha mano para que, junto a mi, apareciese un libro enorme, de aproximadamente ocho metros de alto y unos cinco de ancho, con un lomo de tres metros de grosor - ¡JAILBOOK! - exclamé, revelando el nombre de mi técnica, y entonces el libro se abrió y las páginas empezaron a pasar rápidamente hasta llegar a una en concreto. En la página, un dibujo de una celda y un pie que rezaba "Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero". Entonces llevé mi mano hacia la nuca del pirata y lo desplacé hacia el libro - Mis disculpas, debe entrar en su celda - dije, y cuando se hubo acercado lo suficiente a la página, esta lo absorbió ante el asombro de todos los presentes, apareciendo Yojimbo, aun encadenado y encapuchado, de rodillas, en la prisión dibujada en el libro. Y las tapas se cerraron - He conseguido crear un sistema para almacenar seres vivos - expliqué hacia Joe señalando al libro - Es la forma más segura de bajar a tipos como este a la planta que le corresponda - añadí, chasqueando de nuevo los dedos y haciendo desaparecer el libro. Di un par de palmadas - ¡WAYAYAYAYA! - volví a reír - ¡El mismísimo Joe Joestar en persona! - exclamé muy alegre, y coloqué mi dedo índice apoyado entero en la espalda de Joe mientras comenzaba a caminar hacia el interior, andando hasta cruzar la puerta principal mientras hablábamos - ¡Esto me trae muchísimos recuerdos!. La primera vez que conocimos este sitio fuimos convocados por un Almirante, igual que hoy ¡pero yo decidí quedarme! - dije, y dejamos atrás la puerta principal con todas las tropas esperando ahí - Tendrás que disculpar también al Alcaide y al Vice-Alcaide... ambos están en las plantas inferiores solucionando un conflicto - le confesé, bajando un poco la voz, y entonces mi rostro se ensombreció un poco - Corren tiempos extraños amigo ¡tiempos extraños!. Hace unos cuantos días que no ha parado de ir y venir gente por aquí ¡y gente importante! Gente que jamás había visto y que no pensaba que pudiera entrar en este lugar - añadí mirando en derredor esperando que mi información pudiera darse de forma segura, parándome en seco frente a una puerta.

No era la puerta que cruzamos anteriormente cuando fuimos nombrados la División 21. Esta daba a una sala diferente, pero era el destino que me había indicado para el Comodoro. Tragué saliva y aparté el dedo de su espalda, mirándole fijamente - Sé que esto puede intimidar un poco, pero ten coraje. Has hecho un buen trabajo y tus esfuerzos se verán recompensados - y asentí, afirmando mis propias palabras - Te esperan tras esta puerta, yo no puedo acompañarte más - le dije, volviendo a mirar a la puerta y manteniéndome firme, inspirándole a mi amigo el valor para avanzar.





Resumen

Akuma no mi
#2
Cuando di la orden de ponernos en marcha, volví a girarme y me percaté que delante de mí estaba Daisen ¿Cómo es posible que no lo viera según plantaba mi mirada en aquella gran entrada y puente? Da igual, avancé hacia él con una sonrisa mientras se estaba presentando de manera cordial y militar, diciendo su nuevo rango dentro de la jerarquía, el cual era el mismo que el mío, pero sabía que eso le duraría poco las formalidades. Cosa que se confirmó cuando hizo su característica risa a todo volumen, una vez ya estaba delante de él, con mi cabeza hacia arriba para observarle bien — Se presenta el Comodoro Joe Joestar, en función de entrega de prisionero — Contesté mientras se agachaba para darme un abrazo. En ese momento, podía haber sentido que iba a ser aplastado dado su enorme tamaño, pero nada más lejos de la realidad, me quedé quieto, dejando que me abrazase, para luego ponerme sus manos sobre mis hombros. Le contesté llevando mi mano derecha a su mano izquierda, dándole unos golpecitos — ¡Qué alegría verte, Daisen, te veo bien! — Le dije con una sonrisa. Me comentó sobre Tenma, el cual estaba entrenando duramente y por eso no estaba allí entre más cosas. Mientras tanto, los soldados traían a Yojimbo detrás de mí para entregarlo, a lo que esto, Daisen hizo su movimiento.

Utilizando su peculiar fruta, metió al capitán de los Alas Negras dentro de un libro gigantesco, como si fuera un truco de magia de un cuento de hadas. Quedé sorprendido ante tal habilidad, la cual me comentó que más bien era un método de transporte hacia su próxima celda dentro de la prisión, para acabar con un chasquido de dedos y hacer desaparecer el libro. Me alegraba que un poder tan fuerte estaba en la Marina — Increíble, Daisen. Desde luego has estado entrenando duro... — Dije aún sorprendido.

Mientras caminábamos hacia la puerta, terminó de comentarme que tanto el Alcaide como el Vice-Alcaide no estaban de momento por allí, pues un conflicto en las platas de la prisión había que solucionar, pero lo que me sorprendió fue otra frase que salió de su boca, el cual parecía que uno de los almirantes de la Marina estaba aquí — ¿Tucrow otra vez? — Pensé rápidamente, pues el hecho de tener que parecer un joven para impresionarle ya me agobiaba. Parece ser, que esta charla con mi amigo iba a tener que darse en otro momento, pues llegamos a otra puerta diferente de la primera vez que pasé por allí, y Daisen me dijo que tenía que entrar yo solo sin él, dándome ánimos, incluso que tuviera coraje, ya que hice un gran trabajo — Gr... Gracias, amigo — Dije algo nervioso — Fue una dura pelea, hice lo mejor que pude — Comenté sin añadir más sobre ello — ¡Pero gracias por tus palabras, me animan mucho! Ahora no es posible, pero otro día me gustaría poder pasar una tarde hablando de más cosas, acompañado de una buena cerveza, ¿verdad que sí? — Finalicé mientras avanzaba hacia la puerta, con mi capa de Marine ondulándose por el viento — ¡Nos vemos! — Finalicé mientras cruzaba aquella puerta nueva.

No sabía que me encontraría allí, pero como siempre, intenté diferenciar algún olor peculiar en la zona para al menos tener un indicio de algo.

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#3
Cuando Joe Joestar cruzó el umbral de la puerta observó una sala cuadrada de diez metros por diez metros. Estanterías en las paredes, una ventana que daba a un patio interior del triple de las dimensiones que este pequeño despacho, una puerta en la esquina del fondo a la derecha - que comunicaría con otro despacho -  una lámpara en el techo y una mesa de madera maciza, con algunos informes y una silla de escritorio. Era un despacho normal, una sala de entrevistas o una oficina para el mando en cuestión que requiriera de un lugar en el que hacer su papeleo. Y en esta ocasión el mando era yo.

Nada más entrar pudo verme de pie, dando el perfil izquierdo hacia él, colocado entre la mesa y él y al lado opuesto de la silla y la ventana, cargando con mi mano izquierda un informe que ojeaba con el ceño relativamente fruncido y musitando unas palabras en voz baja, hasta que me percaté de la entrada del hombre en la habitación, girando mi mirada en esa dirección.

— Comodoro Joestar — dije seriamente — Es un placer conocerle por fin, lo esperaba más... alto — añadí, mirándole de arriba a abajo y dejando el informe en la mesa, girándome después para mostrarme de frente, revelando mi brazo cyborg - el derecho - y el arma que tenía montada en él completamente — Soy el Almirante Markus Whitend — me presenté alzando la mano izquierda para hacer un saludo militar marcial — He pedido explícitamente que asistiera usted en persona tras recibir las noticias de su captura de esa sucia escoria lunarian... — y entonces miré con algo de desagrado las vendas y el estado debilitado y malherido del Comodoro — ...que por algún motivo le ha dado tantos problemas — añadí, señalándole con mi único dedo índice — ¿Él le ha hecho esto? — pregunté, sin darle tiempo a responder — ¿Un hombre humano como usted ha sido llevado hasta ese estado por un hombre pájaro de tres al cuarto? — volví a preguntar caminando dos pasos hacia él — Mmm.... — gruñí levemente, analizando el estado del marine y me giré de nuevo hacia la mesa, caminando hasta esta y agarrando el informe que había tenido antes en mi mano — Según la información que poseo, Comodoro, mi homónimo Aoyagi tiene cierto interés y simpatía con usted... lo citó a usted con su división aquí hace algunos años y... los envió a skypiea — dije leyendo el informe, haciendo pausas mientras iba localizando los puntos que narraba — ¿Es eso cierto, Joestar? — pregunté abiertamente — De hecho, no. Nada de Joestar. Exijo su nombre real, Comodoro — sentencié con firmeza dejando caer mi brazo sin soltar el papel y mirándole de arriba a abajo de nuevo, algo incrédulo y molesto por su estado.

— Una zoan Hebi Hebi no mi, modelo serpiente de cascabel — dije sin venir a cuento — Dos compañeros muertos — referenciando a Vulkan y a Minato, el joven que fue el primero en caer — Dos abandonaron su división para solicitar ingreso en esta institución — dije referenciando a Daisen y a Tenma — Y otros dos han sido reubicados creyendo que su tutela y enseñanza habrían estado a la altura de su formación y su reputación de 'Héroe'. Toda una división perdida, y todos eran poderosos y valerosos humanos — añadí referenciando a Ikirami y Sephiroth en esta parte de los reubicados — Lo cual obviamente no ha sido así, dada la muerte del Capitán Kurowashi — dije sin miramientos, revelando la noticia de la muerte de Sephiroth si es que aun no lo sabía — Y ahora, a cargo de una división... racialmente diversa, y completamente diferente, captura a un piratucho de apenas medio billón poniendo en riesgo mortal su propia vida, y demostrando una carencia absoluta de habilidad  — reseñé, no sin cierto desprecio — ¡¡ES UNA VERGÜENZA PARA ESTA SAGRADA INSTITUCIÓN, MARINE!! — grité, arrugando el papel en la mano que lo sostenía y lanzándoselo a la cara a Joe — ¿Cómo va a comandar una división cuyos miembros poseen un poder infinitamente superior al suyo? — pregunté de forma retórica — ¿Cómo habrían sido las cosas si otro más a la altura se hubiera enfrentado a ese sucio alado? ¿lo habría machacado por usted y demostrado su falta de poder? — pregunté de nuevo, de forma algo más agresiva, esperando la respuesta del comodoro respirando algo agitado pero manteniendo la calma y la compostura, aunque el tono de mi mensaje se mantuviese potente y molesto.

Ese hombre tendría mucho que demostrarme si quería salir de aquí igual que había entrado, y sus respuestas harían la gran diferencia del resultado de esta reunión.




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#4
Estaba algo nervioso por saber que encontraría una vez cruzase esa puerta, pero para mi sorpresa, lo que encontré fue un despacho normal y corriente; con sus estanterías, mesa, silla... nada raro, salvo que entre la mesa y yo, había un hombre, bastante grande por cierto, menos que Karl, pero aun así era de un tamaño a tener en cuenta. En cuanto se percató de mi presencia, dijo mi cargo y nombre a modo de saludo, añadiendo que esperaba que fuera más alto mientras giraba su cuerpo por completo para vernos cara a cara los dos. Su brazo derecho, el cual era literalmente un arma, era de lo más llamativo y que no podía pasar desapercibido. Se presentó como el Almirante Markus Whitend mientras hacía el saludo militar con su brazo izquierdo — Un placer conocerlo, Markus, gracias por el recibimiento — Dije como respuesta.

Tras esto, comenzó a hablar. Yo solo me mantuve atento a sus palabras sin interrumpirle, no dejaba de estar frente a una figura de las más importantes dentro de la Marina. Era mucho más serio que Tucrow, al menos sabía que no iba a ponerme a bailar o hacer rimas, cosa que ya era un alivio. Desde un primer momento dejó claro que no le hacía especialmente gracia, que Yojimbo me hubiera dado tantos problemas, sus expresiones de descontento con mis heridas hablaban por sí solas. Tras leer un informe que había encima de la mesa, comentó sobre la misión que Tucrow nos dio de ir a la isla del cielo, preguntando si eso era verdad, añadiendo que le dijera mi nombre real. Otra vez, ¿Cómo iba a explicar que no sabía mi nombre real? Simplemente, me dejé llevar y contesté — Sí, así es. El Almirante Aoyagi nos encargó ir precisamente a vigilar un evento que se celebra allí, una especie de olimpiadas — Dije con firmeza, sin titubear — ... En los cuales tuvimos que participar. Pero se quedó en eso, unos simples juegos — Tras esto, miré a la ventana que había al fondo — En cuanto a mi nombre... Me gustaría poder decírselo, pero no lo sé. Mis padres me abandonaron y Joe fue el nombre que me puso mi padre adoptivo. Así que, dadas las circunstancias, supongo que mi nombre real es Joe Joestar, el cual acepté como un bautizo, señor — Finalicé, esperando que la respuesta fuera de su agrado.

De repente, de la nada, comenzó a enumerar ciertas cosas sobre la historia de la División. Primero, el nombre de mi fruta, la cual sabía perfectamente cuál era, para continuar con los nombres de mis compañeros que cayeron hace tiempo, Vulkan y Minato, el cual ya había superado, pero no dejaba de doler, como si una pequeña aguja se clavase dentro de mí. Continuo con Daisen, Tenma, Ikirami, Sephi... planteándose de sí les enseñé bien. Estaba algo confuso, arqueé una ceja, pues parecía molesto por algo en concreto, cuando de repente, como un cubo de agua fría, soltó como si nada una noticia de la cual no tenía ni idea. Abrí los ojos muy despacio, mientras mi mirada se perdía en el suelo de aquel despacho, me costaba hasta creerlo. No dejé de escucharle, hice un esfuerzo titánico para no perder el hilo, el hombre estaba enfadado totalmente por algo que se me escapaba, pero sí que pude entender la última pregunta que hizo. Tras esto, volví a mirarlo, estaba nervioso, se notaba que se había sobresaltado un poco, pero mantenía la compostura.

— No... — Me costaba hablar, aún no había procesado aquella corta frase que dijo como si nada — No sé qué hubiera pasado si otro de mi División hubiera estado en mi lugar. Lo que sí tengo claro es que hubieran luchado de la misma manera que lo hice yo. No dejaba de ser un pirata con una recompensa, fuera cual fuera la cifra, había que capturarlo, y cualquiera de los míos no lo hubiera hecho por demostrar más poder que otro... no ... Lo hubiera hecho por el sentido de la Justicia, porque es nuestro deber como Marines, y no menos importante, porque nos protegemos los unos a los otros. Y lo sé con certeza, pues fue lo que yo hice en ese momento. Solo me queda volverme más fuerte, para que estas heridas no se repitan en un futuro. Eso es todo... — Dije, respirando lentamente, pues notaba como me faltaba el oxígeno, hasta que interrumpí con una pregunta.

— ¡Disculpe, Almirante Markus! — Grité algo nervioso — ¿Qué... es eso de la muerte de Kurowashi Sephiroth? —
#5
Deleznable y despreciable. Su respuesta inicial comenzaba por bombear las venas de mi sien, llamándome por mi nombre de pila sin miramiento ni modales. ¿Acaso ese hombre se había vuelto loco? ¿Cómo osaba dirigirse a mi con ese tono?.
Pero las siguientes interacciones y respuestas tampoco estuvieron muy distantes de la primera: Me confesó que estuvieron un año desaparecidos en Skypiea participando en unos 'simples juegos' y se negó a darme un nombre real, alegando que era huérfano y que su padre adoptivo no le dio un apellido. Como si aquel hombre no tuviera su propio apellido con el que censar a su hijo adoptivo. ¡Patrañas! ¡Mentiras! ¡Faltas de respeto! ¡Insubordinación! ¡Maleante engreído hipócrita y pusilánime!

Apreté mi único puño mientras crujía el cuero del guante de este, y escuchaba cómo - con cara descompuesta - el Comodoro me contestaba que 'su división' habría luchado con valor y con tesón, como él, para tratar de detener a ese enemigo. Una división que venía de la pureza y la perfección de la raza humana, quizá con la mancha y el aliciente de aquel semigigante, que aun conservaba parte de su humanidad y pureza en la hibridación de su linaje, y que ahora estaba compuesta por cuatro infraseres de la calaña más detestable. Una minúscula enana, un sucio gyojin, un piojoso mink y una criatura aberrante fruto de algún abuso por parte de su sangre oni, como solía ser costumbre. Esperaba poder sacar al joven chico que habían destinado a las órdenes de este mindundi pronto de ese club de la integración social barato, y destinarlo a uno de los escuadrones bajo mi jurisdicción directa... era la última vez que Tucrow se me adelantaba.

Joe Joestar finalizó su discursito innecesario diciendo que lo único que le quedaba era hacerse más fuerte. Y en eso estábamos de acuerdo. Entonces, tras eso, me preguntó por mi afirmación sobre la defunción del Capitán Kurowashi, pero volviendo a dirigirse por mi nombre de pila, haciendo que la ira creciente de mi enfado no se apagase.

— Señor Joestar — dije respirando profundamente y tratando de mantener la calma y la compostura — Primero déjeme recordarle su puesto y rango, Comodoro, pues entendiendo que está algo aletargado aun por su extenuante combate con esa escoria, y considero que debe rectificar y dirigirse a mi con el debido respeto que mi rango otorga. Soy su Almirante. El Almirante Whitend. Mi nombre, Markus, es sólo para mis amigos, y usted no lo es — sentencié con firmeza y sequedad en mis palabras, girando y dirigiéndome a la mesa por completo — Segundo, déjeme aclarar que aquí no existe algo como "SU" División. La División Veintiuno es la división que usted comanda BAJO LAS ÓRDENES DEL ALMIRANTAZGO — y golpeé con el cañón de mi brazo sobre la mesa, partiéndola en dos de cuajo y haciendo que los papeles salieran volando por los aires — ¡Y usted la comanda porque el Almirantazgo y su eminencia el Almirante de la Flota así lo han decretado! ¿Le queda claro, marine? — grité e interrogué a mi invitado, girando sobre mi mismo y agarrando con la mano el periódico que había salido despedido, respirando agitadamente unos segundos hasta que me calmé, carraspeando la garganta y serenando el tono, caminando hacia él — Y tercero. No me importa si quiere jugar con ese irresponsable de Aoyagi figurando entrar en su división especial, o siguiéndole el juego de aquí para allá con sus misioncitas secretas innecesarias — añadí aseverando que mi posición con Tucrow no era para nada amistosa ni lo tenía por alguien a la altura de su cargo — Bajo mi mando usted y la división que comanda no habrían estado un año desaparecidos 'jugando' en una isla del cielo — dije matizando el hecho de que estuvieron desaparecidos por tanto tiempo — Todos esos hombres y mujeres a su cargo tienen familia, y se oficiaron funerales de estado para todos ellos, usted incluido, pues los dábamos por muertos — negué con la cabeza con desaprobación — Algunas de las viudas rehicieron sus vidas, ¿sabe? Imagine la situación de esos soldados a sus órdenes y bajo su responsabilidad volviendo a su hogar y encontrando a su pareja con otro — y extendiendo el periódico abierto por la página que contaba la derrota y muerte de su antiguo compañero, impactando con él contra su pecho — Es una completa muestra de incapacidad por su parte y debería hacerse responsable. Sé que las órdenes están por encima de todo, pero lo que hizo Aoyagi fue extraoficial, y lo sabe — y entonces solté el periódico y retrocedí un paso, respirando hondo y calmándome antes de continuar hablando — El Capitán Kurowashi murió tratando de defender sin éxito la base a la que estaba destinado. Ni con las mejoras experimentales de la División Científica que se le otorgaron consiguió cumplir con su cometido — miré fijamente a los ojos a Joe Joestar — Otro al que el sobrenombre de 'Héroe' le vino demasiado grande — dije, y giré sobre mi mismo para darle un poco de espacio y procesar la información que parecía que le llegaba de primera mano por mi, aprovechando para mirar la mesa y los papeles, ya en quietud en el suelo, negando con la cabeza y pasando a mirarme el arma cyborg del brazo... ni una mella. Estaba en perfecto estado. Tendría que encargar otra mesa.

Cuando hubieron pasado aproximadamente un par de minutos de quietud y silencio, dándole la espalda al Marine, rompí el silencio con mi voz profunda — Pero hay algo de lo que ha dicho usted en lo que sí estamos de acuerdo — y giré el rostro para mirarle por encima del hombro — Usted tiene que hacerse más fuerte — sentencié con firmeza y terminé de girarme para estar de nuevo cara a cara con él — Y por mi linaje le juro, Marine, que usted va a estar a la altura de lo que le está por venir. No volverá a dejar en ridículo a la sagrada institución de la marina — afirmé con la rotundidad más absoluta que mi rango podía otorgarme, y proseguí  — Los tribunales de defensa y las cortes gubernamentales han establecido que alguien con su reputación y fama, con un mérito como el de haber derrotado a alguien medio billón de recompensa, merece un ascenso — y me cuadré en saludo militar alzando la zurda hacia el rostro, alzando el tono — Joe Joestar, queda usted ascendido a la categoría de Vicealmirante de la Marina a todos los efectos. La División a su cargo recibirá una dotación de personal por triplicado, a la altura de su nuevo destino — rompí el saludo militar y relajé mi postura - si es que eso era posible - mirando fíjamente a Joe Joestar antes de girarme de nuevo y caminar hasta la puerta trasera de la habitación — La División a su cargo partirá al Archipiélago Sabaody en los próximos días. Usted llegará más tarde, partiendo desde aquí con los nuevos integrantes del pelotón bajo su responsabilidad, sirviendo como refuerzo de alguien más. Una vez allí, seguirán órdenes al pie de la letra — finalicé, y giré para mirarle — Y ahora vamos a asegurarnos de que su fuerza es lo que se esperaría de un Vicealmirante — y llamé a la puerta.



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#6
En un principio agradecí que estuviera aquí el Almirante Markus y no Tucrow.
Pero en apenas unos minutos, cambie de opinión totalmente, llegando a pensar que prefería intentar hacer alguna mala rima que hablar con este superior.

Aires de superioridad, dejándome claro que aquí él es Almirante y yo el inferior, cosa que ya tenía clara desde el inicio, es por eso que traté de ser lo más educado posible con él, pero parece ser que no le bastaba, y eso, me tocaba las narices. Apreté el puño mientras le escuchaba decir sandeces sobre la División, o sobre aquella misión que Tucrow nos ordenó hacer en la isla del cielo, haciendo especial énfasis en que estuvimos un año desaparecidos, cosa que, ni yo, ni ninguno de mis compañeros, ni nadie teníamos respuesta, pues no fue por puro gusto o placer, fue algo sobrenatural, o a saber por qué pasó, ni siquiera Viktor supo qué decirme cuando hablé con él por Den den mushi. Me estaba haciendo responsable de algo que estaba fuera de mi alcance, añadiendo un poco más de información sobre la muerte de amigo Sephiroth, dejándole en ridículo de nuevo con sus estúpidos comentarios, el cual parece que terminó cuando giró sobre sí mismo, así que no iba a dejar la ocasión — Con todo mi respeto, Almirante Whitend... — Dije con clara firmeza para ver si esta vez era de su agrado — ... Lo que ocurrió en la Isla del Cielo está fuera de mi conocimiento. Allí pasó una semana, pero una vez volvimos a bajar a nuestros mares, había pasado un año. No fue un acto de irresponsabilidad ninguno por mi parte ni de nadie de la División 21 — Comenté con mis brazos echados hacia atrás, agarrándome las manos y posicionándolas en mi espalda — Ojalá pudiera encontrar una explicación a lo ocurrido, pero me temo que no puedo, señor — Finalicé, intentando dejarle claro que no fue una responsabilidad mía lo que pasó allí. No quería sentirme culpable de algo más, y esta vez, de algo en lo que yo no tenía nada que ver.

Aunque parece ser que mi comentario sobre volverme más fuerte sí que le gustó. Si fuera un vaquero del oeste al que le gustase apostar dinero, apostaría que lo dice, simplemente es porque se cree totalmente superior a cualquiera y necesita reforzar esa idea. Como sea, me quedé en la misma posición observándole y escuchándole atentamente. Aunque no era una orden directa suya, sino de superiores, me comunicó que debido a la captura de Yojimbo, mi fama y reputación, quedaba ascendido al rango de Vicealmirante de la Marina, teniendo más tropas bajo mi mando, añadiendo que mis compañeros irían al Archipielago de Sabaody en unos días, y yo llegaría un poco más tarde para reunirme con ellos con unas órdenes específicas. Tras esto, hice el saludo militar correspondiente con mi mano derecha — Gracias, Almirante Whitend. Daré lo mejor de mí, para que la División 21 haga un excelente trabajo para la Marina. Aceptaré las órdenes que mencionas con mucho gusto cuando usted me diga — Añadí rápidamente, intentando colar algunas palabras para que estuviera contento. Justo pensé en el momento que Tucrow me nombró Comodoro, al menos, fue mucho más alegre y simpático conmigo, y el tener a mis compañeros al lado lo hizo mejor. Pero no era momento de pensar en aquello.

Parece ser que llamó a la puerta, pues iba a comprobar que fuerza tenía, o algo así dijo. Aún estaba apretando los dientes, pues la noticia de Sephiroth me tenía totalmente descompuesto, pero no quería perder las formas y la compostura. Esperaré al momento oportuno para volver a preguntar si era necesario. Ahora no sabía que es lo que iba a pasar tras esa puerta.
#7
Las respuestas de Joe Joestar no importaban más allá del punto que acabábamos de cruzar. Después de haber tocado aquella puerta con mis nudillos, el destino del marine estaba escrito, y como tal, caminé hacia su posición para colocarme a su lado, por su flanco izquierdo, mirando ambos hacia la puerta — Sirva con honor, Vicealmirante — dije, mientras la puerta se abría y entraba en la sala mi invitado. En ese instante, con mi mano izquierda agarré las dos muñecas cruzadas en la espalda del Vicealmirante, inmovilizándolo en parte, en el acto y dejando entrar a nuestro acompañante en esta variopinta escena — No me odie, Joestar. Esto es un regalo de mi parte, aunque inicialmente usted no lo vea así — dije mientras apretaba el agarre y me inclinaba para hacerle arrodillarse, mientras ponía un pie en la habitación el reputado y famoso chamán, Pawurs, el único ser vivo del mundo capaz de realizar la acción que iba a realizar en este momento.

Joe Joestar ahora era un Vicealmirante porque así se me había sido ordenado, pero no podíamos seguir cubriendo puestos con personajes estrafalarios y payasos de circo a las órdenes de Tucrow. Teníamos que formar soldados fuertes. Soldados capaces. Soldados leales y que de por si fueran máquinas de combate. Teníamos que aprovechar el potencial que la marina obtenía de las ejecuciones de los piratas y de acaparar sus poderes. Tenía que convertir a Joestar en un bastión definitivo. Alguien que no llegase hecho polvo de derrotar al hijo de ese imbécil de Yojimbo. Me escoció el muñón del brazo por un momento, sólo de recordarlo. Él si era un enemigo poderoso, su linaje no le hacía ni sombra y aunque desearía aplastarlo con mis propias manos no quería derrotarlo por el dolor de su propia perdida, si no por el dolor de sus propios huesos siendo quebrados por mi.

— Proceda, señor Pawurs — dije con firmeza — Él es el hombre por el que está usted aquí — añadí, haciendo fuerza con mi mano para mantener inmovilizado a Joe en esa postura y permitir que el anciano gyojin hiciera lo que había venido a hacer. El renacer de Joe Joestar. El resurgir del supuesto 'Héroe' y caballito blanco de Aoyagi. La creación de mi nuevo adalid de guerra, mi heraldo de la justicia.



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#8
Durante mi exageradamente longeva vida, he tomado tres horribles decisiones. La primera fue abandonar la senda del arte marcial “El Molinillo” dada mi torcedura de tobillo. La segunda fue aceptar las indecentes propuestas de ese clérigo cuando solo tenía 13 primaveras. No daré más datos. Y la tercera, y de la que más me arrepiento sin duda, el haber vuelto de mi retiro para ejercer mi oficio como chamán. Me equivoqué, claramente. A estas horas y en estos momentos podría estar viviendo la vida loca en alguna isla tropical o bien echado en un sillón con la bata puesta y to agustico o, según he escuchado decir a algunos jóvenes ignorantes de Shandora, “frill de cojones” o como se diga, vete tú a saber.

Cuando menos me lo esperaba, recibí una petición de la mismísima Sede de la Marina para dirigirme a Impel Down, la inexpugnable prisión submarina del Gobierno Mundial ni más ni menos. A saber que clase de chanchullos se traían entre manos, pero no podía negarme o mandarían a tomar viento el pacífico reino de mi joven amigo. Menos mal que gracias a los poderes que me daba la Nikyu Nikyu no Mi podía transportarme a cualquier lugar en un visto y no visto. Estando en el Palacio Real, y sin despedirme de mí buen amigo, me desprendí de la bata, agarré mi bastón con la mano derecha y, con Mariano sobre mi hombro derecho, salí, despacito pero con buena letra, al exterior para desplazarme hasta mi destino. Siempre me sorprendía como era capaz de aguantar ese cuervo tantos trotes, vaya animal estaba hecho. Una vez fuera, solo tuve que quitarme el guante que llevaba en mi mano izquierda - revelando ahora las almohadillas que poseía como usuario - moverla rápidamente hacia atrás, en dirección a la prisión de la marina y *plof*, a tomar por culo, ya estábamos de camino a Impel Down.

-Ale, pues ya estamos aquí, Mariano. - Dije nada más aterrizar - quedando de cuclillas - en el muelle de ese lugar más deprimente que un pub de lunarian cincuentones a las cinco de la mañana. Me erguí, como pude, notando sobre mi el dolor acumulado de 90 años de existencia sobre mi espalda.- Puta ciática. - Me quejé hacia mis adentros, conforme me iba volviendo a poner el guante en mi mano izquierda. No quería tocar sin querer a un oficial y mandarlo al fonde del mar. Me incorporé, entonces, mientras un grupo de cinco marines habían notificado mi llegada y me recibían como era debido.- ¡Chamán Pawurs! ¡Bienvenido a Impel Down! - Exclamaron los cinco al unísono, haciendo el saludo militar con su brazo izquierdo y quedando en fila frente a mí.- Dejémonos de formalidades y acab…- Intenté zanjar el asunto lo antes posible cuando, el marine que estaba en medio, dio un paso al frente.- ¡Señor, déjenos que le escoltemos hasta… -  Me irritó excesivamente por cortarme a mitad de frase, por lo que le devolví la impertinencia.- ¡CALLA, DÉJAME HABLAR! - Grité, con más intensidad de la que podía permitirme, siendo acompañado el bramido por el aleteo de Mariano y haciendo que los marines, intimidados, retrocedieran un paso y se sobresaltaran. Definitivamente no estaba para perder el tiempo.- Anda, vamos, llevadme allí.- Dije, con más calma, dirigiéndome hacia la entrada mientras posaba mi mano izquierda sobre mi barba, acariciándola.

Siendo guiado por este grupo de marines, habiéndome adentrado en las profundidades de la cárcel, mientras me dirigía hacia la sala que me habían asignado, llegaron a mis oídos el ingreso de un nuevo recluso, uno que me chocó nada más enterarme de la noticia. Yojimbo Lemarcus como siga Tercero, heredero legítimo de Skypiea, protegido de mi buen amigo Zarutsuki y pupilo mío en las artes del Kenbunshoku Haki, había sido capturado y escoltado a prisión, ese mismo día. Ni yo, quién le enseñé el haki de observación, lo pude ver venir. No pude hacer otra cosa que suspirar y lamentarme. Cuando se enterara Zarutsuki, seguro que sería un mar de lágrimas y se culparía por no haber impedido su encarcelamiento. ¿Y a quién le iba tocarle consolarle durante días y noches? Eso es, a un servidor, como siempre a comerme todo el marrón. Soy un desgraciado. 

Pasados algunos minutos dónde no paraba de recriminarles lo rápido que andaban, aquellos soldados, consiguieron llevarme hasta una sala dónde, a pesar de mi tamaño, pude pasar sin problemas. Se trataba de un despacho normal, con sus estanterías, sus lámparas, sus ventanas y… Una mesa partida en dos en mitad de la habitación.- Hábrase visto, cuánta violencia.- Comenté, deteniéndome ante el destrozado mueble y moviendo la cabeza hacia los lados en señal de negación, con cuidado de no darme un tirón. Fue entonces que escuché un ruido proveniente de la puerta trasera que había en esa antesala. Allí debía estar mi razón por la que estaba en ese lugar.- Vamos allá. - Dije, tras suspirar, y dirigiéndome hacia aquella puerta. En el momento en el que la abrí, me encontré de bruces con un hombretón de 4 metros de alto, piel oscura, atuendo militar y, lo más característico de él, una pistola de alta potencia en su brazo derecho o vete tú a saber lo que era. No hacía falta ser un lumbreras para saber que era uno de los tres almirantes, el apodado como Akasaru, Markus Whitend. A su lado, en cambio, podíamos ver a un ignorante de la vida tendido en el suelo y siendo agarrado por el primero mencionado, un marine con no tanta reputación como el que tenía enfrente pero que se estaba labrando un puesto paulatinamente y que, por alguna razón, me sonaba de haberle visto.- Ya estoy aquí.- Anuncié, poniendo fin a lo que fuera que estuvieran hablando hasta mi llegada, para fijarme en el musculoso y barbudo hombre.- Eres tú a quién le tengo que hacer el apaño, ¿no? - Pregunté, para aproximarme hacia él, lentamente, mientras me quité nuevamente de mi zurda el guante que escondía las almohadillas propias de la Nikyu Nikyu no Mi.- Tengo cosas que hacer como jugar a la petanca así que acabemos con esto.- Declaré, agachándome lo máximo que podía sin que me partiera en dos y llevando la palma de mi mano izquierda hacia su abdomen, aún sin posarla ahí.- Esto te va a doler y te va a dejar como si hubieras estado tres días seguidos sin parar de beber ¡Joujoujoujou!.- Solté una carcajada, llena de malicia de saber lo que se venía.- Así que ale, aguanta esto y que te sea leve la cabezadita, espabilado.- Y en ese momento, y sin explicarle siquiera qué era lo que le iba a hacer, apoyé dicha mano sobre su cuerpo, usando mis poderes y sabiduría para repeler de él algo que, teóricamente y para los ignorantes de la vida, era imposible de deshacerse. Su Akuma no Mi, fuera la que fuera, ya no formaba parte de él, dejando tan sólo una marca con forma de pezuña en su abdomen que le recordaría durante toda su vida que era lo que le había ocurrido. Que fuera capaz de soportarlo ya era cosa suya, o yo que sé. Yo ya quería irme a casa y ponerme el pijama.

OFF
#9
Mis palabras no sé si pasaron desapercibido para el Almirante Whitend o que. No dijo nada ante mi respuesta, simplemente avanzó hacia donde estaba situado, posicionándose en mi lado izquierdo, tras haber llamado a la puerta con unos golpes con su mano. Yo no moví ni un músculo, me mantuve en la misma posición esperando a ver que era lo que pasaba allí.

Ahora, soltó una frase,  que sirviera con honor a la Marina como Vicealmirante — Así lo haré, Almir... — Mis palabras fueron cortadas en seco cuando noté como me agarraba mis manos, las cuales tenía juntas en mi espalda. Giré mi cabeza para mirarle, esperando una explicación, y lo que recibí simplemente fue que iba a recibir un regalo y que no lo odiase. Estaba totalmente confundido — ¿Señor? No entiendo — Comenté cuando escuché como la puerta se abrió y entraba en aquella habitación una nueva persona, alguien que reconocía perfectamente. Aquel anciano estaba sentado en uno de los tronos de la isla del cielo, junto a Zarutsuki, pero no tenía más información sobre él, no sabía qué hacía aquí. Mientras se acercaba a mí, Markus concretó que yo era el motivo por el que Pawurs estaba aquí, ese era su nombre — Almirante Whitend, no entiendo que está pas... — Pude notar como me sujetaba con más fuerza, tanta, que era capaz de mantenerme en la misma posición de pie, apenas podía ni siquiera girar o inclinar mi cuerpo. Ahora sí, intentaba soltarme, pues aquello me tenía totalmente desconcertado y no sabía que iba a pasar.

— ¡Señor, exijo que me suelte! — Grité, mientras hacía esfuerzos inútiles, la fuerza de aquel hombre era increíble, y me estaba sujetando con una sola mano. Cuando me di cuenta, Pawurs estaba al frente de mí, comentando cosas como que yo era el objetivo de algo, que tenía prisa y que iba a doler a  la vez que colocaba su palma izquierda sobre mi abdomen — ¿Doler? ¿¡Que van a hacerme!? — Volví a gritar intentando saber una respuesta, pero ninguno de los dos me decían nada.

Así fue cuando, de repente, comencé a notar un dolor muy intenso sobre mi abdomen, un dolor terriblemente fuerte, como si quemase — ¡AAAAAHHHHHHHH! — Grité de dolor e impotencia, pues no podía hacer nada. No sé cuanto tiempo estaba durando aquello, pero se me hacía completamente interminable. Solo podía gritar de dolor a la vez que mi cuerpo no era capaz de moverse por la fuerza tan bruta que ejercía sobre mi Whitend. Llego hasta un punto que dejé de sentir dolor alguno, y solo estaba perdiendo la consciencia lentamente, mis parpados pesaban, mi cabeza también, se caían solos. No entendía nada, solo notaba que quería dormir y descansar, aquel dolor me dejó totalmente destrozado.
#10
Cuando Pawurs terminó con aquella demostración de poder, arqueé un poco el labio con una mueca de asco. Necesitábamos las habilidades de ese viejo y asqueroso gyojin, pero sabían los santos que si estuviera en mi mano, le tendería una emboscada para otorgar este poder a alguien confiable en la marina y privatizar este servicio. Uno de los motivos por los que no lo hacía, era por el desconocimiento de sus habilidades y por la incertidumbre de si la persona que viniera después de él podría llegar a hacer las mismas proezas. El otro eran las órdenes de padre.

Joe Joestar cayó inconsciente mientras una burbuja con forma de pata de oso de color verdoso brotaba de él en dirección opuesta a lo tocado por el chamán, aguantó unos instantes y luego explotó en pequeñas gotas y brisa. Entonces solté el cuerpo del marine, que cayó al suelo completamente ajeno a su consciencia. — Entiendo que ya está hecho... no me acostumbro a verlo — y miré con inquina su mano. Un simple toque y podría arrebatarme mi propio poder. Era una jugada arriesgada tratar con este tipo — Gracias por su colaboración. Recibirá el pago conveniente volviendo por donde ha venido, con los hombres que lo han traído hasta aquí — finalicé señalándole la puerta por la que había entrado y lo acompañe hacia la puerta para que se retirase.

Cuando se hubo ido, volví a echar un vistazo hacia Joe Joestar y me acerqué hasta él agachándome sobre la rodilla izquierda y girándolo para colocarlo de cúbito supino. Lo incorporé un poco y coloqué mi cañón en su espalda, para poder soltarlo y que quedase apoyado en este — La próxima vez que nos veamos, me lo agradecerá, Joestar. Conviértase en el heraldo de mi justicia — dije, y metiendo la mano en mi bolsillo saqué una akuma no mi completamente negra y redonda, con pinchos por todas partes y un pequeño apéndice verdoso colgando de la parte inferior y tras aplastarla con mi mano y convertirla en fragmentos la dejé caer como el que espolvorea sal en una sartén, sobre la boca del ahora Vicealmirante, cerrándola cuando varios pedazos de esta hubieron entrado y cerciorándome estimulando su garganta de que tragase. Hecho eso y habiendo comprobado que no quedaban restos en su boca, me erguí arrastrando el cuerpo hacia la entrada y al abrir la puerta, el semigigante se cuadró ante mi.
— Llévelo a la enfermería y... — dudé un segundo y refunfuñé con desgana, sacando dos cartas del mismo bolsillo y dándoselas al Comodoro — ...cerciórese de que tenga estas dos cartas en un lugar visible para cuando despierte — finalicé, realizando el saludo militar — Buena fortuna, Comodoro — dije, rompiendo el saludo y saliendo de aquel lugar, rumbo a mis propios asuntos con el nuevo inquilino que había traído a esta prisión. Sin duda nos volveríamos a ver.



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