[P.Relativo] Fortaleza interna
#1
33 de Otoño, Año 14
Parabellum, Manglar 0, Archipiélago Sabaody - 09:20 a.m.

El tiempo es oro y huye entre tus manos, como arena del desierto, como agua entre tus dedos.
Eso me decía mientras desayunaba en el Parabellum, anclados en el manglar cero, esperando a que nuestro nuevo navío se terminara. No estaba seguro de cuánto tiempo necesitaría el constructor para realizar la obra magna -bromas aparte- que la mente, a veces genio, a veces desastre, de Sohem había dibujado en los planos del astillero. Podía ser el barco más extravagante que había pisado, pero, por otra parte, también podía ser el barco más imponente y peligroso que había surcado los mares del Nuevo Mundo en muchos años.
Finalizando el último bocado de lo que era la primera muestra de proteína no cazada por nosotros mismos en mucho tiempo, alejé el plato de mí sobre la mesa y atraje la taza para terminar el café. Tenía claro que en este tiempo fortalecerse era una prioridad por si volvíamos a encontrar monstruos como la mujer de la subasta. — Uf… — bufé mientras daba un respingo por un escalofrío repentino que me ocasionó el recuerdo de aquella mujer.

Seguía pensando en la extraña reacción del jefe y su “huida hacia adelante”, no entendía bien aquel cambio de personalidad tan abrupto. Y tampoco comprendía bien como había logrado ejecutar su Haoshoku con tal precisión y poder. Estaba claro que el jefe, incluso sin un entrenamiento constante, había logrado dominar habilidades de Haki que estaban vetadas para mí. — ¿Será igual con…? — me preguntaba retóricamente mientras dejaba mis enseres en la pila de platos por fregar. Salí del comedor y comencé a recorrer los pasillos hasta la habitación de Sohem hasta dar con su puerta y llamar cuatro veces con mis nudillos, de forma seca y pausada. — Permiso. — dije con voz natural, sabiendo del buen oído de mi jefe y de la poca insonorización de los materiales del Parabellum, abriendo después la puerta y buscando al enmascarado con la mirada. — Creo que tenemos que entrenar. — dije seco y serio — Deberíamos crear una técnica conjunta que sea una carta de triunfo. — concluí mirando al jefe.


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