[PRESENTE RELATIVO] - Aprendiendo un poquito más.
#1
Día 90 de Otoño, Año 14

El día anterior había sido tranquilo, sin mucho que hacer, pero eso no significaba que hoy seguiría igual. Me desperté temprano, con el estómago rugiendo como si llevara días sin comer. Busqué algo rápido, lo que fuera que hubiera a mano, y me lo metí en la boca sin darle muchas vueltas. El agua fría recorrió mi garganta, despejándome de golpe. No tenía un plan claro, pero mis piernas me llevaron hasta un rincón donde la naturaleza parecía haber dejado un hueco vacío, lo que venía siendo un descampado sin árboles, sin agua, sin nada. Era el lugar perfecto para mi super entrenamiento.

Sin perder el tiempo, comencé a moverme. Primero, unas sentadillas para calentar las piernas, sintiendo la tierra firme bajo mis pies descalzos. Luego, pasé a los saltos explosivos, elevándome lo más alto que podía, como si quisiera alcanzar las copas de los árboles que rodeaban el claro. Mi respiración se aceleraba, pero no me detenía. Caí sobre mis manos y me lancé a hacer flexiones, bajando el cuerpo hasta casi tocar el suelo y empujándome con fuerza para sentir la tensión en los brazos. Después, corrí en el mismo sitio, levantando las rodillas hasta el pecho, sintiendo el sudor resbalar por mi frente. El cabello se me pegaba a la piel y mi pecho subía y bajaba con fuerza, pero todavía no era suficiente.

Busqué un nuevo reto. En un lado del descampado encontré una zona llena de rocas, de todos los tamaños y formas. Me acerqué a una de ellas y cerré los puños con determinación. Con el primer golpe, la vibración recorrió mis nudillos, pero no me detuve. Golpeé de nuevo, con más fuerza, sintiendo el impacto en los huesos. Una y otra vez, sin descanso, pero la roca ni siquiera se astillaba. Frustrado, lancé un último puñetazo antes de desplomarme en el suelo, con la respiración entrecortada y los brazos pesados. Me quedé ahí, mirando el cielo, deseando encontrar algo que me hiciera más fuerte.

El cansancio pesaba sobre mis hombros, pero más aún lo hacía la impotencia. "¿De qué servía entrenar tanto si no podía siquiera romper una roca?" Mi respiración era un caos, entrecortada por la frustración y el agotamiento. Miré mis manos, rojas y cubiertas de polvo, con los nudillos hinchados. "Mierda, debería haberme vendado las manos." Pensaba mientras sentía mi pecho subir y bajar. Sabía que no podía rendirme, pero no sabía como avanzar. Cerré los ojos un momento, tratando de calmar mi mente. Tenía que haber un camino, una forma de mejorar, de hacerme más fuerte.

Entonces, el sonido de las hojas agitándose me hizo abrir los ojos de golpe. Un escarabajo trepaba con esfuerzo por la superficie rugosa de una piedra cercana, avanzando con determinación a pesar de los obstáculos. Lo observé en silencio, viendo cómo insistía sin rendirse, sin importar cuántas veces resbalara. Una sonrisa cansada apareció en mi rostro, pero ver aquello me revitalizó el alma. Tal vez yo también debía seguir intentándolo, una y otra vez, hasta que mi fuerza superara cualquier obstáculo. Inspiré hondo, sentí mi energía volver poco a poco y me puse de pie, dispuesto a romper aquellas piedras.
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Alas Negras
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#2
Aquel día, Garnet había decidido tomárselo de absoluto descanso. Después de haber entrenado ambos hakis gracias a Seiji, el pelirrojo se había dedicado a perfeccionar ambas habilidades que, sin ninguna duda, le resultarían más que útiles en el futuro. Esperaba que sus amigos, aparte de haberse unido a alguna juerga ya haber aprovechado la estancia en Sabaody para pasarlo bien, también hubieran empleado parte de su tiempo para entrenar y hacerse más y más fuertes. Conociendo tanto a su compitruena como a Sasha, sabía a ciencia cierta que habrían buscado y encontrado alguna manera de hacerse con los dos niveles avanzados de dichos hakis.- Bueno, pero hoy, ¡a descansar se ha dicho! ¿Es o no es? - Se dijo a sí mismo saliendo de su habitación, no sin antes haberse puesto un tanga amarillo con estampados de corazones rojos y algo de maquillaje bajo sus ojos. Era sorprendente la cantidad de tiempo que llevaba sin realizar aquella práctica. Con todo preparado, era hora de un buen paseo.

Sin un rumbo fijo, el músico de los Alas Negras decidió perderse por los manglares que lindaban el astillero, ubicado en el número 0. Le pareció conveniente - a pesar de lo mucho que lo había hecho en ocasiones anteriores - alejarse del tumulto y la muchedumbre para tener, por una vez en mucho tiempo, algo de paz y silencio. Quién lo iba a decir viniendo de alguien tan escandaloso como Garnet. Cuando se quiso dar cuenta, el pelirrojo se había alejado completamente de la sociedad, llegando a una suerte de claro o descampado, de unos 20 metros de diámetro, rodeado por algunos árboles cuando vio a una silueta que se le hizo bastante familiar.- Para el carro, ¿ese es Kenzo? - Musitó, quedándose apartado del mismo y, aparentemente, oculto tras uno de los árboles, observando que estaba haciendo el más benjamín de la tripulación. El niñato - como le gustaba llamarlo Sasha - estaba haciendo una especie de entrenamiento que consistía, primero, en realizar saltos que acababan en flexiones, seguidos de algunas series para correr, series que mantuvo hasta que se desplazó hacia una zona plagadas de rocas de sendos tamaños.- No irá a... - Parecía que la intención estaba más que clara, más la resolución se quedaba a medio camino.

Intentando hacer añicos las piedras con sus propias manos, el resultado era un fracaso total, viéndosele bastante frustrado al zagal por no lograr realizar su cometido.- Siendo tan joven es normal...  Pero agallas y huevos le pone el mocoso... - Concluyó el pirata, observando como ahora, Kenzo se distraía con algo que había en una de las piedras de la zona. Conociéndole, seguramente sería algún bicho super raro.- Aunque sigue siendo un mocoso... - Añadió. En ese entonces, Garnet decidió salir de su escondite, para saludar al más joven de la banda.- ¡OEEEEEEEEEEE, KENZOOOO! - Vociferó, adentrándose en el claro, y estando aún a varios metros del chico, alzando la mano derecha y zarandeándola para que le viera. Garnet corrió hacia allí, mientras pensaba en lo que había estado haciendo el chico. Una vez que estuvo frente a él, pudo percatarse de como tenía las manos rojas de haberle estado atizándole a las rocas.- Te iba a preguntar que hacías, pero creo que el menda se cosca. - Fue directo y al grano, no pudiendo evitar apartar su vista de las manos de Kenzo, admirando la dedicación y valor que le echaba a pesar de su juventud.- Adiós al día libre... Pueje. - Pensó, esbozando una sonrisa.- Eh, ¿te hace que te acompañe en el entrenamiento? - Preguntó, dando un salto hacia atrás y colocándose a unos cuatro metros de Kenzo, sin quitarle el ojo de encima, flexionando sus brazos - con los codos mirando hacia el suelo - por delante y cubriendo la mitad inferior de su cara, su pecho y la parte superior del abdomen.- Mejor liarte a palos contra mi que contra una roca, ¿es o no es? - Ahora sólo quedaba esperar a que el chico aceptara la propuesta.´ 

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#3
Me disponía a seguir golpeando la roca, pero me interrumpieron los gritos de Garnet. Sonreí al verlo, tan extravagante como siempre. Me giré para mirarlo y escuché cómo se quería incluir en el entrenamiento. Alcé las cejas sorprendido, pero me cuadré como un boxeador para indicarle que estaba preparado. -No subestimes a las rocas, Garnet, son muchisimo más duras de lo que parecen-- Bromeé. -Y bueno, muchisimo menos a mis puños, que son como balas de cañón ¡SHAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!-

Obviamente, sé de sobra que él es más fuerte que yo, que es más rápido que yo y, por supuesto, mucho más resistente que yo. Sin embargo, no por eso me iba a rendir. De hecho, estaba bien que quisiera entrenar conmigo, porque así pondría a prueba mis nuevas técnicas y mis letales puñetazos. De manera automática, comencé a generar alcohol en mi estómago, siempre preparado para cualquier cosa. Si esto es un entrenamiento, hay que ir con todo y no dejarse nada en la reserva. Una vez se puso a cuatro metros de mí, yo en mi posición defensiva, lo miré. Tenía el lado izquierdo adelantado, con el puño izquierdo a la altura del mentón, y un poquito más retrasado el lado derecho, con su respectivo puño a la altura de la sien. Mi pecho subía y bajaba a causa del proceso que mi cuerpo hacía, para rellenar todas las reservas de alcohol que pudiera.

Quizás Garnet pueda ayudarme a mejorar y me pueda dar consejos para ser mejor y mejor cada día. Siendo sincero, creo que nunca había peleado contra él, pero se le veía fuerte e intimidante. Aunque claro, el miedo era para los cobardes, y yo no lo era. -¿Cómo quieres que vaya ésto? ¿Vas a venir tú a por mí o quieres que vaya yo?- Pregunté con cierto rintintín en mis palabras, suponiendo que eso fuera a molestarlo de alguna manera. -Yo desde luego te tomaré como mi maestro, ya que eres mucho más viejo que yo. Así que si quieres, haré una cosa u otra, según como tu quieras.- Apreté mis puños y sonreí maliciosamente. -Ahora, ni se te ocurra contenerte, no me faltes al respeto de esa manera.- Si quería ser más fuerte, tenía que sentir todo contra mí, quería saber cuales eran mis limites de resistencia también, y de fuerza. ¿Cuan fuerte podía pegar? ¿Cuán débil podía llegar a ser? ¿Cuántos golpes era capaz de recibir antes de caerme sin consciencia? Ahora lo veríamos.

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Alas Negras
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#4
La audacia e insolencia eran dos características que definían a la perfección a Kenzo. Eso, o era cosa de la edad y de la más pura juventud. Después de bromear y comparar a Garnet con las mismas rocas que hasta hace nada estaba golpeando, además de hacer lo mismo con sus puños y las balas de cañón, el más joven de los Alas Negras, adoptó una pose que demostraba que estaba listo para combatir, quedando su flanco izquierdo más adelantado que el derecho y con ambas manos a la altura de su cabeza, estando la zurda sobre su mentón y la derecho sobre la sien.- Parece que Kenzo está más que ready... Ahora bien, ¿debería ir directo a darle o esperar a qué haga algo? - Reflexionó el pirata, con una amplia sonrisa en su rostro, intentando además discernir si era buena opción dar el 100% de su poder o, limitarse de alguna manera mientras le iba dando consejos para garantizar el aprendizaje del mocoso.

Sin embargo, el chico, igual ante la duda sobre como proceder con el entrenamiento, o bajo la intención de picar al pelirrojo alado, preguntó sobre el orden que tomarían a la hora de empezar la pelea que, para colmo, acabó con el joven llamándole viejo - aunque concretando y declarando que sería algo así como su maestro, cosa que en cierta parte le gustó a Garnet -. El skypiean arqueó la ceja izquierda ante el comentario.- ¿Huh? ¿Cómo que viejo? ¡Qué solo tengo 27 tacos, chaval! - Vociferó, poniendo los ojos en blanco y notándosele ligeramente molesto. Aún estaba en la flor de la vida, que un adolescente puberto te llamara de aquella manera, no era de ningún agrado. No obstante, entre todas las palabras de Kenzo, tenía razón en una cosa. No podía contenerse con él, por muy inferior que fuera, aparentemente al músico. Si no iba con todo, no sólo estaría insultando al benjamín, sino que sentiría que estaría limitando su aprendizaje.- ¡Que así sea, colegui! ¡El menda irá con todo! ¿Es o no es? - Exclamó, transformándose inmediatamente en su forma híbrida de Dientes de Sable. El volumen de sus músculos creció exponencialmente, hasta el punto de ganar una altura considerable hasta llegar a los 2,70 y pico metros. La mayor parte de su cuerpo se cubrió de un manto de pelo de color ocre, a la vez que de sus dedos salían unas afiladas garras y de su boca un par de colmillos de unos 20 centímetros de largo.

Nada más transformarse, y pisando con fuerza el suelo, Garnet se impulsó rápidamente hacia Kenzo, pero no en línea recta y de frente sino que, tal y como le gustaba atacar al pelirrojo, prefirió describir una trayectoria circular, consistente en un arco de cuarto de círculo de cuatro metros, que terminaría con el pelirrojo ubicado justo en el flanco izquierdo de Kenzo. Aprovechó que tenía una roca, justo al final de ese trayecto para - sin reducir ni un ápice de su velocidad - patearla con su pierna derecha de forma que, gracias al impulso de esta acción, pudiera cambiar inmediatamente la dirección para orientarse hacia el mocoso. Cuatro metros le seguían separando, cuatro metros que se redujeron en un abrir de ojos, en los que Garnet contrajo su brazo derecho para, cuando tuvo a su alcance a Kenzo, lo desató, en un potente puñetazo que fue directo a su sien izquierda, parte que estaba descubierta. Después del puñetazo - que funcionó más a modo de saludo que otra cosa -, Garnet se paró y retrocedió hasta quedar a dos metros del chiquillo.- El menda no tiene ni idea de si estabas tramando algo antes... - Se paró, con la intención de darle alguna directriz.- Pero, primero, quién da la hostia primero, ataca dos veces... - Extendió su mano derecha, con todos los dedos recogidos salvo el índice.- Y segundo, no esperes que tu rival te ataque siempre de frente, ¿es o no es? -

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#5
No pude evitar sonreír cuando noté que a Garnet le molestaba que lo llamara viejo. Era solo un pequeño detalle, pero lo suficiente para sacarme una sonrisa burlona. Sin embargo, cualquier diversión desapareció en cuanto aceptó mi reto y comenzó su transformación. En cuestión de segundos, frente a mí ya no estaba el Garnet de siempre, sino una bestia descomunal. Su cuerpo se expandió y adoptó la forma de un felino gigantesco, una criatura con dos enormes colmillos que, en cualquier otra situación, me habrían hecho dar un paso atrás. Pero en lugar de miedo, lo único que sentí fue fascinación. "Increíble." Sus garras eran enormes, afiladas como espadas y dagas, y cada uno de sus movimientos irradiaba una ferocidad natural, como si estuviera hecho para el combate. Aquella transformación era alucinante.

Aun así, no había tiempo para contemplaciones. Apenas parpadeé y Garnet desapareció de mi vista. Una ráfaga de viento a mi izquierda fue la única advertencia que tuve antes de que su silueta apareciera en el borde de mi visión. "¿Cómo demonios es tan rápido? ¿Que hay que hacer para ser así de rápido?" No me dio ni un segundo para reaccionar. Se impulsó contra una de las rocas del suelo, cambiando de dirección de manera casi imposible, y antes de que pudiera moverme, sentí el impacto. Un puñetazo brutal me golpeó directamente en la sien izquierda, justo en un punto desprotegido. El dolor estalló en mi cabeza como una explosión y por un segundo, todo mi mundo se sacudió. Apreté los dientes, obligándome a encajar el golpe lo mejor que pude. Mi cuerpo tambaleó, pero me mantuve en pie. No iba a caer tan fácil. Cuando levanté la mirada, ahí estaba él, con su presencia imponente… y ni siquiera parecía haber hecho un esfuerzo real. "Maldito viejo." 

Podía escuchar su voz, hablándome, dándome consejos, pero mi mente ya estaba a toda máquina pensando en mi siguiente movimiento. "Si es tan rápido, no puedo ser predecible." Apreté los puños y salí disparado hacia él, corriendo con toda la velocidad que tenía. Mis pies se movían ágilmente de un lado a otro, saltando de izquierda a derecha para intentar no darle un patrón fácil de leer. Cuando estuve frente a él, lancé un pequeño salto hacia la derecha, buscando desequilibrarlo. Y en ese mismo instante, reuní toda la fuerza de mi cuerpo en mi puño derecho y lo dirigí con furia hacia su costado izquierdo. -¡RYUKEN!- Grité con fuerza, sintiendo la adrenalina recorrer mi cuerpo. El golpe era rápido, certero, pero sabía que con su velocidad y reflejos, las probabilidades de que lo esquivara eran altas. Aún así, no me importaba, porque en ese instante, en medio de la batalla, con mi corazón latiendo como un tambor de guerra, lo único que quería era luchar.

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Alas Negras
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Vitalidad: 4779 - 370 = 4409
Energia: 3115 - 408 = 2707
Espiritu: 480 + 0 = 480
#6
La capacidad de desplazamiento y rapidez que dotaba a Garnet su nueva fruta era sencillamente inigualable. En un abrir y cerrar de ojos - y sin que Kenzo fuera capaz de reaccionar a su movimiento -, el pelirrojo se aproximó hasta el mocoso para propinarle un puñetazo que funcionaría a modo de saludo. No pensaba contenerse - por mucho que Garnet supiera que era superior a él - para no herir el orgullo de Kenzo, pero tampoco era cuestión de dejarlo inconsciente en dos golpes. El skypiean debía medir bien su indomable espíritu de combate.

Habiéndole golpeado, el pelirrojo desconocía si el joven, sabiendo que las cualidades físicas de su contrincante estaban por encima de las suyas, tenía ideado alguna clase de contraataque en caso de que Garnet se lanzara de frente. Fuere cual fuere el caso, vio aconsejable hacer una pequeña pausa para explicarle que su rival no siempre iría de frente, por muy superior que fuera. No obstante, Kenzo estaba completamente absorto a sus pensamientos, haciendo que el músico arqueara su ceja izquierda al interpretar que estaba haciendo caso omiso a su consejo.- ¡Eh colegui! ¿Me estás haciendo caso o qué? - Preguntó con cierta molestia y frunciendo el ceño, cuando el más miembro más joven de la tripulación se lanzó directo a por el pelirrojo, pero no en línea recta, sino haciendo un pequeño zigzag mediante pequeños saltos que iba dando con cada uno de sus pies.- No está mal, parece que de algo se ha coscado. - Sonrió con cierto orgullo, al ver que no estaba yendo completamente en línea recta y de frente como cerdo al matadero. ¿Podía seguir viendo sus movimientos? Por supuesto, pero esos desplazamientos denotaban que, efectivamente, el chico le sabía. Estando ya cara a cara, Kenzo dio un último brinco hacia su derecha, para situarse en el costado izquierdo y, seguidamente, lanzar una de sus técnicas consistente en un puñetazo derecho hacia la zona anteriormente mencionada.- ¡Eso es! ¡Veamos de que pasta estás hecho! - Se emocionó así mismo, al ver las agallas y predisposición bélica de su colegui y, acto seguido, dio un veloz giro en sentido antihorario, extendiendo su pierna izquierda para, una vez dada una vuelta casi completa, chocar el talón de dicho pie en el puño de Kenzo.

Ambos impactos colisionaron en uno sólo, no buscando ceder él uno frente al otro, volviéndose la sonrisa de Garnet más y más amplia.- ¡ESO ES, KENZO! ¡ES UN BUEN GOLPE! ¿ES O NO ES? - Bramó, aprobando la fuerza del ataque del mocoso, frente al cuál acabó por ceder, menguando algo el daño que habría realizado de no ser por aquel choque. Garnet, en ese momento, bajo su pierna izquierda, encarando a Kenzo a la par que retrocedía un metro. Si bien el pelirrojo no quería aún poner toda la carne en el abrasador lo cierto era que, tras la colisión, su arduo deseo de batallar, se había encendido a niveles insospechados. Su alma le imploraba no bajar el ritmo lo más mínimo por lo que, tras haber cerrado su diestra manteniendo hacia fuera sus articulaciones interfalángicas, el felino adelantó su pierna izquierda, flexionándola y agachándose súbitamente para pegarle con dicha mano en la boca de su estómago. Sin que su sonrisa se desvaneciera, Garnet se volvió a erguir, sin retroceder un paso. Quería ver de que era capaz el joven Kenzo.- ¡Vamos, colegui! - Animó al chico a seguir, extendiendo sus dos brazos hacia cada lado.- ¡Esto no es todo lo que puedes hacer! ¿¡Es o no es!? -

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Vitalidad: 8386 - 379 = 8007
Energia: 4537 - 263 = 4274
Espiritu: 1926 + 0 = 1926
#7
Parecía que todo iba de maravilla. Mi puño avanzó con la fuerza de una tormenta desatada, un golpe cargado de determinación y hambre de victoria. Pero en un instante, la ilusión se desmoronó. Garnet no esquivó ni se encogió ante el impacto inminente; en cambio, alzó su pierna zurda con la facilidad de quien está acostumbrado a recibir embestidas como la mía. Su defensa fue impecable, su postura inquebrantable. El choque de fuerzas resonó en mis nudillos con un impacto seco, un recordatorio de la diferencia de poder que aún nos separaba. Y luego, como si nada, bajó la pierna y retrocedió un metro, con la calma de quien ya ha anticipado los próximos movimientos. El enfado fue instantáneo, un fuego que ardió en mi pecho. No era justo. Me había lanzado con todo, con la confianza de que al menos lo haría tambalear, pero él… él simplemente me detuvo. Mi cuerpo pedía más, exigía una revancha inmediata, como un animal enjaulado que ha olfateado la sangre. Pero más allá de la molestia, más allá del golpe a mi orgullo, algo dentro de mí se encendió con aún más intensidad: emoción pura. No podía negar lo que sentía. Garnet era fuerte, más de lo que esperaba, y en lugar de frustrarme, la verdad me electrizaba. Esto significaba que aún podía crecer, que aún tenía un muro por escalar. Un escalofrío recorrió mi columna, pero no era miedo. Era motivación. Una sonrisa se dibujó en mi rostro, amplia, desafiante. Mis dedos se cerraron en un puño aún más firme. Que me detuviera una vez no significaba que lo haría siempre. Al contrario, ahora solo quería encontrar la forma de sobrepasarlo.

De repente, casi en un segundo, sentí un golpe y el aire abandonó mis pulmones. No hubo tiempo para reaccionar, ni siquiera para tensar los músculos en un intento inútil de resistir. El puño de mi nakama se hundió en mi estómago como un martillo golpeando metal candente, expulsando de golpe cualquier resquicio de aire que quedara en mis pulmones. Sentí cómo mis pies se despegaban del suelo, apenas unos centímetros, pero lo suficiente para hacerme perder toda estabilidad. Durante un instante, mi cuerpo pareció flotar en el vacío, atrapado en una burbuja de dolor y sorpresa antes de que la gravedad me reclamara de vuelta. Caí con pesadez, mis rodillas casi cediendo, y lo peor no fue el impacto contra el suelo, sino la sensación de vacío en mi pecho, el ardor punzante que se extendía desde mi estómago hasta mis costillas. La vista se me nubló por unos instantes, y todo pareció moverse en cámara lenta. Mi mente estaba aturdida, enredada entre la confusión y la necesidad de respirar. Tres segundos. Tres miserables segundos en los que mi cuerpo dudó, en los que el dolor intentó doblegarme. Pero yo no iba a caer tan fácil. Con un gruñido gutural, sacudí la cabeza con fuerza, forzándome a enfocar mi visión, a volver al presente. Mi mirada se alzó de inmediato, feroz, clavándose en la de Garnet. Sentí el escozor de la herida, el eco de su golpe reverberando en mis entrañas, pero eso solo alimentó mi determinación. Una sonrisa ladina se dibujó en mi rostro, cargada de desafío, y con la voz rasposa, jadeante pero firme, le dediqué unas palabras que seguro lo encenderían aún más. -¿Eso es todo lo que tienes en tu arsenal? Porque si es así, entonces no eres absolutamente nada, Garnet... ¡Puedo seguir en pie! ¡Shajajajajajajajajajajaja!- Y lo hice. Me enderecé con firmeza, ignorando el ardor en mi abdomen. Porque no importaba cuántas veces me golpearan. Mientras pudiera levantarme, la pelea continuaba.

No había tiempo para titubear, no después de ese golpe que casi me dejaba sin aliento. Mi cuerpo aún ardía por dentro, pero la adrenalina era un bálsamo tan ardiente como el licor que recorría mis venas. Con un breve respiro, hinché el pecho y dejé que el líquido fermentado se concentrara en mi boca, ardiendo como fuego líquido, antes de escupirlo con fuerza en dirección al pecho de mi nakama. El rocío etílico salió como si de un disparo de algún arma a distancia se tratara, con fuerza y precisión. Y apenas el licor dejó mis labios, mis piernas se tensaron como resortes y salté a mi derecha, moviéndome con la agilidad de un depredador al acecho. No podía desperdiciar la oportunidad. Con la fuerza acumulada en mis músculos, lancé el primer puñetazo directo a su costado izquierdo, y antes de saber si había hecho efecto alguno de mis ataques y aprovechando el impuslo, giré mis caderas y descargué el segundo puñetazo con aún más potencia, asegurándome de que cada fibra de mi ser se volcara en el ataque. Mi respiración era agitada, pero una sonrisa apareció en mi rostro. No importaba cuánto me golpearan, cuánto doliera cada embate recibido. Lo que importaba era quién se mantenía en pie al final. Y yo no pensaba caer antes que él.

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Alas Negras
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Energia: 2707 - 211 = 2496
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#8
El ataque que había recibido Kenzo por parte de Garnet había conseguido que, de alguna forma, su cuerpo cediera, cayendo inevitablemente al suelo. ¿Había acabado el entrenamiento ahí? ¿Eso era todo lo que tenía que ofrecer Kenzo Fujiwara, el chico que aspiraba a ser el próximo Rey de los Piratas después de Yojimbo? El pelirrojo observó incrédulo al mocoso, con la ceja izquierda arqueada, ¿lo habría sobreestimado? Ese no era siquiera su mujer ataque, o mejor dicho, era de sus ataques más flojos. Si no era capaz de soportar algo así, estaba claro que el camino que tenía que recorrer era aún más arduo y largo del que esperaba. Pero no, el músico tenía la certeza de que aún tenía algo más que decirle su compañero de entrenamiento. Y, bajo ese contexto, el pelirrojo sintió la necesidad de brindarle algunos ánimos para que volcara todo su ser en la batalla, para que diera el 100% en este entrenamiento.

Y casi respondiendo a las palabras de Garnet o mejor dicho, a su afán de superación y querer ser más fuerte, Kenzo, a pesar de la diferencia de poder y del dolor que debía sentir, se levantó, resurgiendo de sus cenizas cual ave celestial, dedicándole, no sólo una mirada feroz y una sonrisa picaresca, sino también unas palabras que encendieron aún más el espíritu de batalla del skypiean.- El menda puede oler que tus agallas no se han apagado aún, ¿es o no es? - Dijo, con una sonrisa ladeada y el ceño fruncido, con cierto retintín y un resquemor de molestia en su interior, pero valorando la aptitud y actitud que estaba demostrando el adolescente. Si podía seguir en pie, aún tenía mucho por ofrecer.

En un abrir y cerrar de ojos, Kenzo tomó aire, para seguidamente hinchar considerablemente su pecho, poniendo alerta a Garnet ante el posible movimiento que iba a realizar.- ¿Qué vas a hacer, colegui? - Pensó el músico, abriendo los ojos de par en par, y cayendo en la cuenta en los poderes que poseía el chico. Sabiendo que era capaz de generar alcohol por su boca, no le extrañaría que hubiera ideado alguna clase de ataque gracias a esta habilidad.- Veamos de que va la vaina. - Aceptó el reto, quedando expectante ante que el movimiento de Kenzo.- Ahí viene... - Enfocó toda su atención a sus labios, viendo como se separaban, a la par que su pecho se desinflaba para expulsar una ingesta cantidad de ¿aire?.- ¿Huh? - Garnet se quedó flipado e incrédulo ante la inesperada escena que acababa de acontecer, parpadeando varias veces.- Pfff. - Hinchó los mofletes hasta que, sin poder evitarlo estalló a reír.- PUAJAJAJAJJAJAJAJA ¿QUÉ HA SIDO ESO COLEGUI? ¿ESO SE SUPONÍA QUE ERA UN ATAQUE O QUÉ? PUAJAJAJAJAJA - Empezó a reírse a carcajadas, llevándose sus dos brazos hacia su estómago, abrazándose a sí mismo y echando para atrás el tronco superior de su cuerpo, momento que Kenzo aprovechó para asestarle dos puñetazos en su costado.- ¿Huh? - Soltó, al notar como el mocoso había aprovechado ese momento de guardia baja para atacarle.- ¿Has montado este numerito para poder pegarle al menda? - Preguntó, con seriedad, mientras giraba su cuerpo hasta encarar al joven.- ¡NADA MAL! - Bramó, con un gran sonrisa en su rostro ante la jugarreta que había conseguido idear para poder crear una brecha en su adversario, ¿acaso Kenzo era un estratega nato?

Y en ese momento, cerró por completo su puño derecho, salvo su dedo corazón que, al igual que con Whitesnake, dejó su articulación interfalángica sobresaliendo, agachando levemente su cuerpo, flexionando su pierna izquierda para golpearle, en esta ocasión, en su hombro izquierdo, haciendo que un golpe seco resonará en todo el campo de entrenamiento. Era hora de ver si conseguía aguantar ese otro ataque.

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#9
Por un momento, todo mi mundo se detiene. La sensación de expectativa se convierte en un incómodo vacío cuando me doy cuenta de que nada ha salido de mi cuerpo. Cero. Ni una gota. No hay ráfaga de alcohol, ni el característico aroma que suele acompañarlo. Solo aire. Un torpe suspiro de nada. El calor me sube al rostro en cuestión de segundos en cuanto escucho las burlas de Garnet. Siento cómo mis mejillas arden, no por el esfuerzo, sino por la vergüenza. "¿Cómo es posible que, después de todo este tiempo, el poder de mi fruta me falle en el peor momento? ¿Habré perdido el control sobre mi habilidad? ¿Mi cuerpo ha decidido traicionarme en el instante más inoportuno?12 Es un pensamiento aterrador, pero no tengo tiempo para preocuparme demasiado porque, aunque mi ataque inicial haya sido un desastre absoluto, el resultado es lo que cuenta. Garnet, por alguna razón, cayó en aquella "distracción". Quizá porque esperaba un torrente de líquido y no una ridícula exhalación vacía. Sea como sea, esa mínima duda en su mirada fue suficiente para darle aquellos dos puñetazos en su costado. El impacto es sólido, satisfactorio. Siento la resistencia de su cuerpo bajo mis nudillos, el peso de la carne y el músculo absorbiendo el golpe. Y ahí está, la otra cara de la moneda. Puede que mi fruta me haya fallado, pero mi instinto, mi determinación, mi propia fuerza siguen intactos. Y eso me llena de una emoción inesperada, una especie de euforia. Tal vez no haya salido como planeaba, pero lo he conseguido. De alguna manera, lo he conseguido.

El instante de euforia apenas dura un suspiro. Justo cuando me dispongo a seguir con mi ofensiva, sintiendo la adrenalina arder en mis venas, un impacto seco y brutal me golpea en el hombro izquierdo. Es como si una maza de hierro hubiera caído sobre mí con una precisión quirúrgica. No tengo tiempo de ver venir el ataque ni de reaccionar; simplemente lo siento. Un estruendo sordo resuena en mi carne, un eco de dolor que se expande por toda mi extremidad. La fuerza del golpe es tal que mi visión se sacude, como si el mundo entero hubiera dado un vuelco momentáneo. Me desoriento por un instante, apenas tres segundos, pero se sienten como una eternidad. Un cosquilleo desagradable comienza a extenderse por la zona impactada, un hormigueo persistente que amenaza con convertir mi brazo en un peso muerto. Trato de moverlo de inmediato, de comprobar si sigo teniendo control sobre él, y aunque lo consigo, el entumecimiento me frustra.

Garnet… Este tipo es una verdadera bestia. Su fuerza no solo es impresionante, sino que también sabe cuándo y cómo usarla. Me supera en poder físico, y eso es algo que debo aceptar. Pero en lugar de frustrarme, una idea me golpea con tanta fuerza como su puño, y es que es esto exactamente lo que necesito. Si quiero mejorar, si quiero convertirme en alguien realmente fuerte, necesito entrenar contra oponentes como él. Alguien que no se contenga, que me haga sentir cada golpe, que me haga comprender mis límites y me obligue a superarlos. El dolor en mi hombro es una prueba de que todavía hay mucho por hacer, mucho por aprender. Y eso me emociona.  La batalla, la lucha, el dolor… todo se convierte en un rugido ensordecedor en mi pecho. Esto no me detendrá. No puede detenerme. Porque este es el tipo de desafío que me hará crecer, el fuego que templará mi espíritu hasta convertirme en alguien digno de ser llamado fuerte. Y no pienso retroceder ni un solo paso.

OST del momento

Cada fibra de mi ser se tensa, cada músculo arde con la intensidad de una forja encendida. No puedo permitirme dudar, no puedo permitirme fallar. Mi cuerpo aún resiente el golpe de Garnet, el entumecimiento en mi hombro izquierdo es una punzada latente, pero en lugar de debilitarme, aviva el fuego dentro de mí. La adrenalina fluye por mis venas como un torrente indomable, empapando cada pensamiento, cada movimiento, con la sola certeza de que este es el momento en el que debo superar mis propios límites. Mis ojos se clavan en Garnet, analizando cada movimiento, cada leve tensión en sus músculos. Sé que es fuerte, sé que me superaría sin esfuerzo si me enfrentara con miedo o vacilación. Pero yo no soy alguien que retrocede. No soy alguien que acepta el destino sin desafiarlo.

Hago un amague con mi brazo izquierdo, moviéndolo en un arco veloz como si fuera a lanzar un golpe devastador. Es un cebo, una trampa meticulosamente calculada. Siento el aire temblar con la expectativa del impacto, pero en el último instante, giro mi cadera con toda la potencia que puedo reunir. Mi brazo derecho se carga de una energía visceral, un ímpetu explosivo que nace desde lo más profundo de mi ser. -¡RYUKEN!- Ruge mi voz, vibrando con cada gramo de determinación y furia acumulada. El golpe no es solo un ataque, es una declaración. Una demostración absoluta de que puedo seguir creciendo, de que mis límites están hechos para ser destrozados. El puño surca el aire con la violencia de un trueno, con la potencia de un dragón alzando el vuelo. No es solo mi fuerza física la que lo impulsa, sino mi voluntad inquebrantable, mi deseo de convertirme en algo más grande, más fuerte, más imparable. Este golpe no es como los demás. Es el que definirá hasta dónde soy capaz de llegar.

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Alas Negras
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3293 - 1308 = 1985
Energia: 2496 - 197 = 2299
Espiritu: 480 + 0 = 480
#10
Y tras la bajada de guardia del pelirrojo, Kenzo recibía otro demoledor golpe, más potente que el anterior que le había propinado, en su hombro. Si bien era cierto que el chico no había recibido muchos golpes, también era verdad que los pocos que había encajado formaban parte del letal arsenal de Garnet. Y a pesar de ello, el mocoso aún seguía en pie. No hacía falta usar su haki de observación para saber que empezaba a estar agotado y dolorido del entrenamiento... Pero del mismo modo, también podía sentir como su determinación afloraba, y crecía en los momentos más críticos y bajo tensión. Con esa mirada que se clavaba en el pelirrojo, podía notarlo a la perfección.- Que sigas queriendo dar guerra... Pueje, ¡nada mal, colegui! - Dijo hacia sus adentros, aún con su sonrisa vigente ante la grata sorpresa que le estaba dando el joven Kenzo. Fueron en esos momentos, que Garnet comprendió finalmente que fue lo que vio Yojimbo en ese niño que se encontró aleatoriamente en Momoiro. Aquella férrea voluntad que tenía para luchar frente a la adversidad, aquella convicción para crecerse frente a un enemigo que le superaba con creces y ser el mejor. Sí, no podía evitar que le recordara a él mismo en parte. Y por eso quería ver en primera línea hasta dónde podía llegar el potencial de Kenzo.

Mientras seguía sumido en sus pensamientos, Kenzo mantuvo la compostura y se dispuso a no dar tregua al combate. El skypiean podía ver fácilmente sus movimientos, pero eso no le impedía al mocoso de dar lo mejor de sí e intentar hacer alguna jugarreta para despistarle. Aún con la contusión que debería tener en su hombro izquierdo, se propuso a asestarle un puñetazo con su siniestra que, al final, resultó en una finta.- Así que era eso... - Pensó Garnet, al ver claramente que la trayectoria de su brazo no tenía el propósito de golpearle sino que, con un brusco pero sutil giro de cadera, pasó a intentar golpearle con su puño derecho con el Ryuken, la que parecía ser su mejor técnica.- !!! - Sin decir nada, pudo notar ligeramente como había algo distinto con aquel ataque, abriendo los ojos de par en par.- ¡Averigüémoslo! - Se dijo a sí mismo, buscando hacer lo mismo que realizó cuando le lanzó esa misma técnica anteriormente. Siendo capaz de ver su puñetazo a la perfección, con suma velocidad, flexionó ligeramente sus piernas para poder ponerse a la altura de Kenzo y, seguidamente, lanzar un derechazo que tendría como objetivo colisionar con el ataque del querubín de la tripulación. Al impactar, un torrente de aire, como si una pequeña explosión de aire hubiera emergido entre los puños de los contendientes, sacudió los pelirrojos cabellos de Garnet, quién buscaba anteponerse ante el ataque del chico.- Ya te digo... ¡Es más fuerte que antes! - Dijo, con motivación el hombre tigre, viendo como efectivamente Kenzo era capaz de crecer y mejorar en la propia batalla, terminando de ceder ante su impacto, llegando a retroceder un par de metros.

Ante aquella nueva colisión, Garnet sentía como su puño se enrojecía, notándolo ligeramente hinchado a la par que su corazón iba a mil por hora. Cada latido de su órgano le pedía e imploraba más dopamina y adrenalina. Necesitaba seguir peleando, que la batalla no se acabara y que aquel chico en el que no tenía demasiadas expectativas le siguiera sorprendiendo con su crecimiento. Quería ver que hacía ahora ante cualquier tipo de situación, como respondía ante los diferentes obstáculos que se le pusieran en el camino.- Muy bien... - Y en ese momento, el músico se lanzó como una exhalación, recortando los pocos metros que se había separado de Kenzo hasta quedar a escasos centímetros del chico, aprovechando la cercanía para acercar su cola hasta él y enroscarla alrededor de su cuerpo, a la altura de sus brazos y por debajo de su pecho, apresándolo por esa parte y, por tanto, no dejándole opción de usar sus brazos mientras su cola siguiera envolviéndole.- No te voy a engañar, colegui... - Empezó a hablar, conforme levantaba su cola, de forma que los pies de Kenzo se separaban de la superficie.- El menda empieza a olerse que fue lo que vio Yojimbo de ti, ¿es o no es? - Dijo con seriedad mientras chocaba su puño derecho en la palma de su mano izquierda, empezando a crujirse los nudillos de esta primera.- Ahora bien, ¿qué es lo que haces en esta situación, huh? - Le preguntó Garnet, intentando separar al joven lo más que podía de su cuerpo quedando éste - al no ser su cola demasiado longeva - a escasos centímetros de su abdomen. Confiaba en que Kenzo no se dejaría presionar y amedrentar estando en una posición así.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 7683 - 445 = 7238
Energia: 3534 + 79 = 3613
Espiritu: 1926 + 0 = 1926


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