La gran ciudad [Presente relativo]
#1
Día 8 // Año 11 // Primavera // 13:30
Don Bambú estaba tirado en la cubierta del barco, cerca de la proa, con un cigarrillo encendido en la boca y gafas de sol. Estaba descansando después de que Derya le dijese que el viento estaba perfecto y que no era necesario mover más las velas para llegar al destino, que debía de estar relativamente cerca. Mientras el humo del tabaco le embriagaba y deterioraba sus pulmones, el panda recordaba los acontecimientos de Villa Foosha. Había sido un baño de sangre, pero habían logrado rescatar a numerosos civiles y dejarlos a salvo en una isla de camino. Villa Foosha tardaría mucho en recuperarse, pero también tardaría la marina, que había sufrido un duro golpe en sus filas. La guardia real no tanto, pero no todo podía salir bien para los revolucionarios. Los días pasaron con los cuatro revolucionarios en aquella embarcación. Don Bambú seguía sin tragar a Kovashi, pero se llevaba bien con Derya y con Khruner, que poco a poco parecía ir recordando que él no era su primo Richar. El viento empezó a darle en la cara. Era una brisa agradable, propia de la primavera, que no resultaba fría ni agobiante. Cuando consideró que había descansado lo suficiente, se irguió y arrojó los restos del cigarrillo al mar infinito. Se levantó para irse a su camarote a leer un rato, pero a medio camino se detuvo en seco, mirando al horizonte. Se podía ver, muy muy lejos todavía, pero se podía ver. Allí estaba. Inmensa como era, pero aparentemente minúscula, Loguetown. La ciudad más importante del East Blue y donde sin duda habría más aventuras que en muchos otros sitios. Lo que no ocurriera en Loguetown no ocurriría en otras ciudades del mar del este. Don Bambú se apoyó en el borde del barco, en la proa, que le quedaba más o menos por la cintura y se bebió aquella vista con los ojos. —Derya, tenemos tierra a la vista. —La avisó. No estaba muy lejos del timón, donde solía estar la gyojin. Así que seguramente podría escucharle. —Pero aún está a tomar por culo. ¿Necesitas ayuda con algo? —Y miró en dirección al timón, a ver qué le decían.
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#2
No había lugar mejor que el mar abierto. Al menos no para una gyojin como ella. Era el segundo día que llevaban de viaje, y la verdad que Derya lo agradecía, pues durante un tiempo reinó la calma. Habían pasado tantas cosas tan rápido, que ahora el mar les daba un respiro, una pequeña pausa para asimilar todo lo acontecido y reunir fuerzas de nuevo. Empezaba a acostumbrarse a aquel grupo tan variopinto, de hecho, empezaba a pensar que había tenido mucha suerte.

El viento era perfecto, hacía sol pero no era abrasador, y casi no tenía que prestar atención al timón, pues la marea acompañaba la dirección deseada. Lo complicado en aquel momento, más que navegar, era no aburrirse o quedarse dormida de lo relajada que estaba. Cuando los trajectos eran así de tranquilos podía permitirse dejar el timón un rato para darse un chapuzón en los alrededores del navío, eso también la ayudaba a comprobar como estaba el mar. Pero acababa de hacerlo hace un rato, así que no tenía motivos para dejarlo de nuevo. Se quedó ahí, apoyada sobre el timón y divagando en sus propios pensamientos, tenía tiempo para pensar en tantas cosas... Se acordaba mucho de su familia, sus hermanos, que eran más pequeños que ella, y dudaba sobre cual sería la situación de su isla natal. También pensaba mucho en Kovashi, pero eso no era ninguna novedad.

Estaba tan sumida en su mente que casi no se dio cuenta de que Don Bambú hablaba con ella. Rápidamente volvió en sí, le había avisado de que había tierra. Bastante lejos aún, pero tierra. Derya entrecerró los ojos y consiguió verla también. Era bastante grande para estar tan alejada, no había duda de que se trataba de la isla Polestar. Era de las islas más importantes de East Blue, y la última parada antes de dirigirse al Grand Line. La joven esbozó una sonrisa. — ¡La veo! Es preciosa. — Realmente para ella todas las islas lo eran. El panda ofreció su ayuda, así que Derya adoptó un gesto pensativo. Aún estaba lejos, pero podían ir preparando cosas para la llegada. — Pues mira, podemos plegar una de las velas o dos, así vamos frenando ya un poco la velocidad. Y quizás podríamos hacer una lista de cosas que necesitamos, tenemos que abastecernos bien si queremos ir al Grand Line. — Se alejó momentáneamente del timón para acercarse a Don Bambú, y también para moverse un poco, ver qué hacían los demás, llevaba mucho rato quieta en la misma posición. Entonces se acordó de que había escuchado rumores de que en aquella isla se encontraba un maestro gyojin, conocedor de técnicas especiales y secretas de los de su raza. ¿Sería capaz de encontrarlo antes de retomar el viaje de nuevo?
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#3
Dos días. Dos días de viaje en los que Kovashi había estado aguantando las tomas de decisión de Derya, el perfeccionismo de Panda y la imbecilidad de Khruner. Sí, desde que el oso pardo se llevaba mejor con Panda, caía peor a Kovashi. Dos días en los que había sacado a relucir sus dotes en la cocina, haciendo el manjar a bordo para todos, inlcuso los varios civiles que decidieron seguirlos hasta la ciudad del alfa y el omega. Por suerte ninguno era un niño, eran pesados de cojones. También tuvo suerte con el barco, pues rebuscando en el mismo encontró cosas que le servirían desde ese mismo instante. Desde ropajes coloridos que no dudó en ponerse, hasta ron añejo, hasta concluir en una preciosa katana de filo azulado con un envaine también de un azul turquesa bastante atractivo a la vista. El arma, curiosamente, se la encontró en el baño, al lado del cagadero. Si hubiera entrado alguien antes, sería suya, pero fue Kovashi el primero en evacuar. Desde ese mismo instante la bautizó como Shuisui y comenzó a tratarla con tal respeto, que hasta le hablaba al arma.

Pero centrandonos en la actualidad ... Panda preguntaba que era necesario, la mujer tiburón dirigía a diesta y siniestra, pero Kovashi no hacía nada más que pescar. Vestía un abrigo de piel amarillento, muy chillón, unas gafas de pluma negra que resaltaban por su tamaño, camisa blanca básica, pantalón de bermudas azul y unas chanclas muy destrozadas de color marrón. Se había colocado varias cosas de las que se topó. Si querido lector, es normal preguntarse que tipo de dragqueen habitó el barco. Pero bendita sea. El espadachín tenía perfil para vestir semejantes horteradas y que parecieran elegidas con gusto.

— ¡Siempre necesita algo! — Respondió girando ligeramente su cabeza. Estaba sobre la proa, subido encima de la madera, con las piernas por fuera y la caña de pescar en la mano. Logró un buen invento, colgarse al cuello su petaca personal con alcohol. A la que daría un sorbo acompañado de una piratesca sonrisa.

Shuisui colgaba de su espalda.
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#4
Estábamos de viaje!!!, llevábamos dos días, dos días oliendo a mar, olor fresco ha pescado, en estos días, hubo muchos cambios, y sobre todo dolores de cabeza, desde hace unos días mi cabeza me estaba jugando unas malas pasadas, pues… mi mente, empezaba a recordar cosas, al único que conozco, y no me olvido de él, es a mi hermano, que no sé porque, por algún motivo, estaba con caras extrañas llevaba estos dos días raro, lo noto mosqueado conmigo, será que no le estoy haciendo mucho caso.

No es que no quisiera estar con él, solo me apetecía recuperarme de lo que habíamos pasado en estos días, me hallaba dentro del barco buscando libros o cosas de medicinas, para ser exactos, algún dibujito, que me permita saber qué es medicina. Y ahí me encontraba, era para verme, con unas gafas de cristal, superfinas, que casi ni me llegaba a las orejas, por mis mofletes gorditos. Empecé a escuchar a uno de los que estaba arriba, de que ya había tierra, como niño pequeño, me voy corriendo, bueno corriendo, andando el barco no era para correr.

Salí al exterior, y vi al panda, y a la chica pez, y a mi hermano que estaba pescando, mmmm pescados, -Kovaaa, dame pescado- me puse a su lado, el panda empezó ofrecerle la ayuda a la otra chica, -oye hermanito, como se llaman estos?- lo dije susurrando, - Tenemos que hablar, últimamente me están pasando cosas por mi cabeza, recuerdo cosas que salen estos, pero no sé si es verdad o…-, luego me saque las gafas y me lo coloque en mi abríguete, -escúchame su tete tú sabes leer?- necesitaba saber si había cosas en la zona de medicina.

Me giré, a la espera de la respuesta de mi hermanito, apoyando con mis brazos en la zona del barco, bien relajante estaba siendo los días, se escuchaban los pájaros, el mar estaba tranquilo, con el oleaje suficiente, para poder llegar a tierra, tierra - Ostia, se ve la tierra!!!!- dije en voz alta, me moría de la vergüenza, - perdón, no he viajado mucho- me volví a poner mirando al mar - tete sálvame- qué vergüenza, hay por dios.
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#5
Así como Derya dijo lo que había que hacer, el panda empezó a hacerlo. No había motivo para retrasarlo, así que fue inmediatamente al centro del barco y tiró de una de las cuerdas de los laterales que conectaba con la vela mayor. Tiró de la cuerda con fuerza y la vela comenzó a subir poco a poco. Cuando vio que estaba más o menos a la mitad, volvió a atar la cuerda y repitió el proceso en el lateral contrario. Con ello la vela mayor quedó a medio despliegue, y lo mismo hizo con la vela más cercana a la proa del barco. De este modo la visión desde el timón sería total (que no siempre lo era con las velas) y Derya no tendría problemas de manejo. —Esa espada es nueva. —Comentó de pasada según se dirigía hacia la puerta a la zona interior del barco. No esperaba respuesta alguna del peliblanco, solo era un comentario como otro cualquiera. La verdad es que era bien bonita. Todavía no había visto su filo, pero conociendo al compañero, no tardaría en verlo muy rápido contra su cuerpo. Se adentró en el barco y se dirigió a su camarote. La habitación estaba hecha un desastre. Cualquiera que conociese al panda pensaría que era pulcro y ordenado, pero la verdad es que no pensaba mucho en ello. Él sabía dónde estaban sus cosas, sencillamente no tenía la menor intención de ordenarlas o de colocarlas en un sitio estéticamente bonito. Se sentó en su mesa y cogió un papel limpio de entre una montaña de papeles a medio escribir con cosas de libros que se había estado leyendo. Entonces empezó a anotar todo lo que consideraba que era necesario para un viaje largo por un mar desconocido. Primero haría falta lo más evidente, víveres. Agua de sobra y una cantidad equivalente de alcohol para adormilar a la bestia alcohólica de mecha corta que estaba pescando en esos instantes. Algún mapa no vendría mal, pero lo más importante en cuanto indumentaria de navegación sería una brújula que funcionase en el Grand Line. Desconocía si sus compañeros lo sabían, Derya probablemente sí, pero en el Grand Line siempre hacía falta una brújula especial porque las normales no funcionaban.
 
Y entonces se paró a pensar.
 
Claro, no lo habían hablado. El panda había dado por supuesto que iban a ir al Grand Line, que es donde las cosas importantes ocurren. En el Grand Line los peligros son inmensos y muchos de ellos desconocidos, pero también era donde estaban las islas más importantes. Le dedicó unos minutos a este pensamiento, pero al final decidió dejar el log pose en la lista, ya lo hablarían más tarde. Entre los víveres se aseguró de incluir bambú y pescado de diferentes tipos, y también vegetales y frutas, porque la gente se cuida muy poco en el mar. Todo esto era lo básico. De lo complejo solo se le ocurría una cosa. Al final de la lista, tras una línea horizontal que claramente marcaba una división entre lo esencial y lo importante, añadió Den Den Mushis. No sabía si sus compañeros tenían alguno ya, pero si no lo tenían era hora de comprárselos. Uno nunca sabía cuándo podían necesitar algo de comunicación. Hecho esto, regresó a cubierta y se acercó a Derya con la lista. —
Aquí tienes. Creo que está todo. —Y dejó que la gyojin inspeccionase la lista (o no) y se apartó a un lateral, el contrario a Kovashi y Khruner, a fumar.
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#6
Habían pasado ya varios días desde que Enma había estado saltando -de forma metafórica- de barco en barco. Durante los primeros días, había viajado con unos grumetes que iniciaban sus travesías en el mar, por lo que las penurias que tuvo que pasar fueron más duras, como pasar hambre, ser casi devorados por bestias marinas o incluso haberse visto rodeado de barcos de la marina. Afortunadamente, su no tan reciente poder -pero el cual le sigue sorprendiendo como el primer día- le ha permitido mantenerse a salvo hasta ahora y poder viajar de manera sigilosa en cada uno de los cargamentos en los que se había... colado. Ha realizado esta acción tantas veces, que no se acuerdo cuántos barcos han sentido el rugir de su estómago. 

Pero, volviendo a la actualidad... Enma se encontraba ahora en un barco muy peculiar. Encerrado en uno de los barriles que llevaban los tripulantes, había dejado alguno de sus cuervos en el exterior para poder observar cómo evolucionaba la situación y cuánto tiempo debería seguir esperando, encerrado en un barril de tamaño minúsculo, hasta llegar a tierra. Sin embargo, esta vez no fue como las anteriores. Había alguien que cocinaba y eso sus cuervos no lo podían dejar de pasar. ¿Quién se podría imaginar que unos cuervos serían parte del cuerpo de una persona y que el acto de que robaran comida era para... llevárselo justamente a esa persona? Su poder le aterraba, pero era útil. Así, poco a poco, miga a miga, Enma podía saborear la comida que aquel cocinero les cocinaba al resto de la tripulación. Aunque no parecía muy feliz, su comida estaba deliciosa. 

Había realizado una pequeña inspección de quién navegaba en ese barco, aunque no lo tenía muy claro. Como hábido lector, conocía alguna de las razas que poblaban los cuatro mares, pero como siempre se había relacionado con humanos, no tenía muy claro a qué razas podrían pertenecer. Pero, a grandes rasgos, se había aventurado a advertir a algunos Mink, una Gyojin y un humano. O eso creía. 

En algunos momentos, las grandes olas que azotaron el barco hicieron pensar a Enma que su coartada podría verse afectada. De hecho, en uno de esos momentos, uno de los tripulantes había alejado dando varios manotazos a uno de los cuervos que se encargaban de vigilar bajo el mandato de Enma. — Ara, ara... Esto es problemático. — Susurraba para sí mismo. Y era cierto. Si esos cuervos eran golpeados, no notarían nada físico, y eso sería un gran problema para él. Con suerte, les pasaría lo mismo que le pasó a él, que no era consciente de que esos cuervos eran parte de su cuervo hasta que uno de ellos se unió a él. — ¿Cómo? ¿Que estamos llegando? — Le preguntaba a uno de ellos. A Odín, más concretamente. Porque sí, Enma le ponía apodos a los cuervos, aunque normalmente tendía a repetirlos. Su favorito era Lillian, en honor al fantasma de la revolución.

Pero volvamos al caso. Por lo que había escuchado, el destino de estas personas, todavía desconocidas para Enma, era Logue Town. No parecían piratas. Mucho menos marines. ¿Qué serían? — Ojalá fuesen unos liberadores. Eso... me facilitaría mucho las cosas... creo... ¿no? — Murmuraba para sí. 

Enma no tenía las mejores habilidades sociales, así que verse inmerso en una conversación con cuatro... seres a los que no le había pedido permiso para entrar en su barco, podría ser problemático. 
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#7
Observó con una sonrisa cómo enseguida Don Bambú hacía caso de lo que había propuesto. Podría hacerlo ella misma, pero él era más alto, tenía los brazos más largos, y en resumen, le costaría menos tiempo y esfuerzo tirar de aquellas cuerdas. Además, no le gustaba rechazar la ayuda cuando se prestaba de forma desinteresada. Aprovechó aquel momento de calma para ver qué hacían los demás del grupo. Kovashi pescaba, como de costumbre, aquellos dos días había estado mucho rato pescando. Eso le recordaba a cuando se conocieron, al parecer el hombre tenía una fijación hacia aquella actividad. Pero a Derya no le gustaba nada observarle cuando hacía eso, no podía evitar sentir empatía hacia sus compañeros con escamas. Era consciente de que eran un alimento más, sobre todo para Khruner, al que le flipaba el pescado, así que no intentaba frenarles pero tampoco quería ser partícipe. Aunque lo que no pasaba por alto era lo guapo que se había puesto, con aquel abrigo y esas gafas de sol. Se dirigió a ella, picándola un poco, era algo que solía hacer y a lo que ya se había acostumbrado. — ¡Podrías ayudar en algo tú también! — Continuó con su broma, fingiendo una aflicción que no existía, a la vez que sonreía.

Luego apareció Khruner que no tardó en colocarse al lado suya. A veces intentaba tener momentos de intimidad con Kovashi, pero siempre llegaba Khruner, siempre aparecía de repente y le arruinaba el momento de poder hablar con él a solas más de cinco minutos. Pero estaba bien, entendía que eran como hermanos, y lo último que Derya querría sería interponerse en algo así. La verdad es que por suerte, la gyojin era muy comprensiva y poco rencorosa, en seguida los enfados y los resquemores se le olvidaban, como si nunca hubiesen ocurrido. Sonrió al ver cómo se emocionaba por haber visto tierra, aunque acto seguido se disculpó, lo que le hizo sentirse mal de repente. Avanzó unos pasos para quedarse cerca tanto de Khruner como de Kovashi. — No pasa nada. Da igual las veces que viajes, ver tierra nueva siempre es igual de emocionante que la primera vez. — Y le dirigió una mirada amable al oso pardo, le sabía mal que se sintiera avergonzado por algo tan bonito.

Don Bambú regresó con aquella lista en la mano y se la tendió a Derya para que la revisara, cosa que enseguida hizo con bastante atención. Era increíble, en un momento, Don Bambú había pensado en todo lo que podía serles necesario y lo había dejado plasmado. Se alegró al ver que había incluido la necesidad de frutas y verduras. A ella no se le iba a olvidar, porque era lo único que comía, pero estaba bien ver que no era la única preocupada por estas cosas. La mayoría de las cosas apuntadas eran básicas, cosas indispensables pero que aún así no estaba de más apuntarlas, pues uno siempre puede despistarse. Pero cuando leyó que había escrito cuatro den den mushis, se sorprendió. Aquello era un claro indicativo de que Don Bambú también pensaba ya en ellos como un grupo consolidado, por mucho que tuviera de vez en cuando riñas con Kovashi. Le emocionó un poquito, pero se lo calló para ella. — Lo de los Den Den Mushis es una idea genial, así podremos estar todos en contacto, por lo que sea. — Dobló la hoja de papel con cuidado un par de veces, buscando la simetría, y se lo guardó en uno de los bolsillos de aquel pantalón vaquero cortito que llevaba.

Derya volvió a tomar los mandos del timón para asegurarse de que atracaban bien el barco. Habían pasado unos diez minutos y ya habían conseguido amarrar el navío al muelle, al final fue más rápido de lo que pensaban. — ¡Vamos, vamos! — Ella estaba emocionadísima, Logue Town era una ciudad enorme, llena de cosas que hacer, además era un punto turístico muy interesante, por lo que era lugar de reunión para muchos tipos de personas diferentes. — ¡Última parada antes del Grand Line! — Se echó una mochililla al hombro, preparada para armarse de cosas. — Voto por que nos dividamos en dos grupos, así podremos hacer las compras más rápido. — Lo más lógico sería que Don Bambú y ella estuviesen en dos grupos separados, porque ambos sabían lo que era necesario para el viaje. — Yo con Khruner y Don con Kovashi, ¿vale? ¡Pues perfecto! — Sabía que a ellos dos no les haría gracia ir juntos, pero iban a ser compañeros, tenían que limar asperezas, quisieran o no. Además, pasar un poco de tiempo con Khruner también le hacía falta, pues podrían conocerse mejor.
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#8
Kovashi tenía un palillo de madera entre los dientes, jugaba con este mientras miraba el hilo de su caña, que se perdía en el inmenso azul. Adoraba el mar, si de el dependiera jamás se habría tomado aquella fruta del diablo, no aguantaba no poder nadar. Sí, no era el caso de Derya, que vivía en el medio, sin embargo era un atractivo natural ... Desde la primera vez que fue con su hermano mayor a pescar. Desde la primera vez que llevó a su ex-mujer a cazar algun pescado. Desde estos días sin ir más lejos, que siempre que tenía un hueco, pescaba. Era una costumbre que iba mucho más allá de dar de comer a aquellos cuatro.
— Ella te da las gracias, Panda. — Contestó al Panda. Shuisui no era una katana ordinaria, en realidad ninguna que portara Kovashi lo era, pero esta menos. Le estaba tomando un cariño especial. Aquel color era hipnotico.

No lo había visto venir, primero un gran tiròn, después otro. — ¡No es pequeño! — Se colocaría de pie trás un salto habilidoso. Comenzó a tirar y tirar, recogiendo sedal. Era como estar en su isla natal, de madrugada, en el barco familiar ... Las gotas le golpeaban el rostro, se adherían a su piel repleta de cicatrices. Con un poderoso tirón, logró hacer caer a cubierta un verdadero tesoro nacional. Aquel poderoso atún de no menos de cincuenta kilos daba coletazos, derribando los pocos barriles que había por allí. La voz de Derya se colaría en su cacería. — ¿Te parece poco dar de comer a estos putos osos? comen por diez y peor es el Panda, que ni si quiera da las gracias. — Puso la suela de su diestra sobre el pescado, reclamandolo como suyo, cual rey de la selva. La verdad es que otra cosa no, pero Don Bambú educado era, siempre daba las gracias si lo ameritaba, pero Kovashi gustaba de usar mentiras que en este caso Derya no sería capaz de comprobar.

Esta vez miró a Khruner, negandole con la mano a lo de "dame pescado". Aquel atún era muy valioso, se podian hacer muchos platos deliciosos con el o muy a la contra, venderlo y sacar dinero para ... No sé, más comida. — ¿Yo con él? — Sudó del atún, que se quedó en cubierta allí tirado cuando el espadachín empezó a caminar hacia el encuentro de los chicos. — No me importa con quién ir, pero tengo que ir a repostar. — Abrió su petaca, dando un sorbo que la vació por completo. — Ya no me queda. — No le quedaba poco, es que de un trago se lo había hincado todo.

Cita:Karma negativo (vicio); Saciado

Off
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#9
Cuando el panda se paró a fumar, se fijó en la evidente presencia de un atún de 50 kilos aleteando en la cubierta del barco, buscando regresar de alguna manera al mar, pero siendo completamente incapaz de ello. Se sacudía y golpeaba el barco con todo su cuerpo. Tiró barriles, tiró cajas e hizo que la embarcación se tambalease, pero pronto la carencia de oxígeno hizo mella en la criatura, que se quedó en un estado de movilidad muy reducida, casi inconsciencia. El atún estaba increíble, sobre todo en el sushi, que era como más le gustaba, y Don Bambú ya estaba imaginándose los platos que prepararía el peliblanco con aquella criatura. No podía negarlo, cocinaba muy bien. No faltaba a una de las comidas y se ofrecía a ayudar a pelar patatas o lo que fuera si eso facilitaba el trabajo del espadachín. Tener al chef contento era lo mejor que se podía hacer. Derya, por su parte, parecía contenta con la lista en general, sobre todo con la idea de los Den Den Mushis. Aquellos caracoles con auriculares le parecían imprescindibles para todo revolucionario con un mínimo de organización. Don Bambú ya imaginaba que iría con ella o con el otro oso a comprar cosas, porque ¿a quién se le ocurriría emparejarle con el peliblanco para hacer compras como si fueran los mejores amigos? Casi se rio ante la idea en su cabeza. El barco llegó a su destino en alrededor de 10 minutos, aunque el panda en su ignorancia había anticipado todavía un par de horas. Quedó patente su ignorancia en todo lo que pertenece al arte de la navegación. El panda fue a por su mochila y metió de cualquier manera sus pertenencias. Si alguien pretendía encontrar algo ahí dentro, menuda se iba a encontrar. Se presentó en cubierta de nuevo, listo para iniciar el viaje con el oso o con Derya. Sin embargo, para su infinita desgracia, Derya había tenido la idea de que así fuera. Don Bambú y Kovashi juntos por Loguetown.
 
Sería un milagro que la ciudad permaneciese intacta tras la catástrofe que se avecinaba.
 
La reacción de Kovashi no se hizo esperar, aunque el panda se la había imaginado más agresiva. —Tenemos todo el día, podemos pasar por un bar, o una tienda de licores. —Le daba igual hacer eso antes o después, porque ya había planeado comprar una cantidad de alcohol ridícula. Cuando el barco llegó al puerto, saltó de la cubierta a tierra y esperó pacientemente a su compañero de viaje.
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#10

Era un barco vívido, eso no se podía negar. En cuestión de horas, Enma había presenciado cómo se reían juntos, cómo se peleaban, cómo se dividían las tareas y cómo se relacionaban entre ellos, dejando entrever ciertas... carencias, podemos decir. Lo que estaba claro, es que uno de los osos y el joven de pelo blanco no tenían muy buena relación. La gyojin, por otra parte, parecía como un nexo, un puente que se tendía entre el resto de la tripulación. Porque eran una tripulación... ¿no?

Lo que más le llamaba la atención es que parecían tener las tareas muy bien divididas. Enma había descartado que fuesen marines, eso era obvio, pero tampoco actuaban como piratas. O como Enma creía que actuaban estos, ya que, recordemos, su aldea fue saqueada por una banda de piratas que cometieron grandes atracos y abusos en el pueblo de Gosa, villa natal de Enma. Quizá haya mucha variedad entre los piratas y algunos tengan unos objetivos menos... viles. Pero Enma tenía fe en que hubiese algún revolucionario. ¡No sería tan raro!

De repente, unas olas comenzaron a bater fuertemente contra el barco, moviéndolo de un lado para otro y deslizando los barriles por toda la cubierta. Entre esas batidas se podían escuchar algunos "¡He pescado uno grande!" o "¡Se viene!", aludiendo a que el pez había picado el anzuelo. Además, Enma había perdido visibilidad, ya que algunos de sus cuervos se habían deshecho al haber sido afectados por el golpeteo de los barriles. Enma estaba tan absorto en esto, que ignoró por completo que, en un breve lapsus de tiempo, el chico de pelo blanco, cocinero y aparentemente pescador, había dado caza a un pez de gran tamaño y peso todavía más grande. Tan, tan, tan grande que se rompió el anzuelo y, con tan mala suerte, el pez empezó a golpear todos los objetos de la cubierta, incluídos los barriles y, en cuestión de segundos... su cubierta quedó expuesta. El barril se hizo pedazos y Enma salió rodando de su interior. ¿Que pasaría ahora?

Lo que el resto de tripulantes podían ver era a un joven no muy alta y tampoco corpulento, pero un poco descompuesto debido a que parte de su rostro todavía se estaba reconstruyendo con la llegada de los cuervos. — Are, are... Esto va a ser difícil de explicar... — Murmuró mientras se levantaba y se colocaba las ropas, quitando el polvo y la suciedad que había ido cogiendo por haber estado tanto tiempo encerrado. — Mi nombre es Enma... He comido una akuma no mi que... no sé... me permite transformarme en una materia... rara... — No mentía. Todavía no conocía su poder, pero lo peor es que comenzaba a ponerse nervioso. Mientras tanto, las partes transformadas de su cuerpo volvían a su cuerpo. Ya era Enma; cien por cien.

— El caso es que... quiero ser revolucionario. Creo que no sois piratas, desde luego que tampoco marines... — Se limpia la frente. — ¿Puedo unirme... a vosotros? — Preguntaba mientras se quitaba los restos de suciedad de la ropa. Enma no tenía una pinta muy seria. Podrían pensar que mentía, pero su carencia de habilidades sociales era un síntoma de que no era bueno en el disfraz. — Sólo quiero que los marines... desaparezcan. — Decía mientras apretaba el puño, hasta el punto de dejar caer unas gotas de sangre de su mano. 

Agachó la cabeza, como pidiendo permiso o perdón, mientras esperaba respuesta. A la vez, un cuervo se había posado sobre su hombro. Era... uno de sus dedos. Desde luego, Enma estaba todavía nervioso.
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