[Pasado] - Descansar es entrenar
#1
Día 90 del año 14, Otoño - 2:14 p.m.
Archipiélago Sabaody - Manglar 0
Venimos de este tema

Tras un breve pero arduo entrenamiento, Garnet se dirigía de vuelta a la posada con un agotado y dormido Kenzo sobre su espalda. La tranquilidad y el silencio del paseo hacia su temporal hogar se veía perturbado por los ronquidos y la profundidad respiración del mocoso con el que cargaba. A pesar de eso, y sin entender demasiado bien por qué, disfrutó moderadamente de aquella caminata hacia el hostal. Quizás era por sentir la agradable brisa marina mecer sus cabellos y entrar en contacto con cada parte de su cuerpo. Quizás era por notar la calidez del astro rey inundar su ser. O quizás por haber empezado a estrechar lazos con el joven Kenzo, además de encontrar en él un potencial inabarcable, un diamante en bruto al que podía pulir hasta convertirlo en un verdadero monstruo.- El descanso también forma parte del entrenamiento, tolai... ¿Es o no es? - Contestó sin esperar respuesta, a lo que dijo el chico justo antes de caer rendido ante los brazos de Morfeo.

Varios minutos pasaron hasta que llegaron al lugar dónde se estaban hospedando los Alas Negras debido a la falta que tenían de un barco en el que dormir y al que llamar hogar.- ¡Ya está el menda! - Gritó, para dar a conocer al resto que había llegado - si es que alguno había reparado en su ausencia - miró a su alrededor y no vio a nadie en la sala común.- Bah, irán a lo suyo, me imagino pueje. - Se dijo a sí mismo dirigiéndose, en primer lugar, al dormitorio de Kenzo, entrando sin ninguna clase de tapujos y sin pedir permiso para, seguidamente, dejarlo reposar sobre la cama.- Muy bien, y ahora a relajar la raja, colegui, o así no podrás ganarme ni en un millón de años. - Sentenció, empezando a salir de la habitación cuando su propio estómago empezó a rugir.- Uffff que ganufa... - Se paró a medio camino, girándose para mirar al mocoso.- Con lo que jala este animal estará muerto de hambre también... - Pensó, volviendo a dirigirse hacia fuera de la habitación con el objetivo de ir derechito hacia la cocina. Ahora lo que necesitaban era reponer todas las energías que habían perdido en el entrenamiento, por lo que no había nada mejor que una buena fuente de hidratos de carbono y proteínas.- ¡Te tengo, ninja! - Exclamó - cambiando su tanga por el delantal - al tener en claro que plato iba a preparar: una buena dosis de arroz blanco salteado con ajo y pollo. Básico pero eficaz.

Una vez que terminó la elaboración, cogió un par de cubiertos - para él mismo y para Kenzo - y se dirigió nuevamente hacia sus aposentos. Al llegar, se sentó al pie de la cama - con cuidado de situar sus posaderas sobre los pies del chico - y colocando uno de los platos frente a su cara, moviéndolo con delicadeza para probar si, con el mero olor de la comida, el mocoso se despertaba del tirón y sin necesidad de nada más.
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#2
La inconsciencia me envolvía como una manta cálida, ajeno al movimiento, al tiempo, al ruido del mundo. No recuerdo cuándo me quedé dormido ni por qué, pero sí sé que, cuando abrí los ojos un instante, el mundo se movía sin que yo hiciera esfuerzo alguno. Un vaivén rítmico, un balanceo firme y constante, me hacía sentir como si flotara sobre las olas. No tardé en darme cuenta de que estaba sobre la espalda de Garnet. Podía sentir su respiración acompasada, el calor de su cuerpo sosteniéndome con facilidad. No tenía idea de hacia dónde nos dirigíamos, pero tampoco me importaba. El cansancio pesaba sobre mis párpados como una losa y, en cuanto volví a cerrarlos, el mundo desapareció de nuevo.

No supe cuánto tiempo pasó, solo que, en algún momento, el movimiento se detuvo. Sentí unas manos sujetándome con cuidado, moviéndome con la misma facilidad con la que se acomoda un saco de arroz. Un colchón mullido recibió mi cuerpo, y una brisa ligera rozó mi rostro. Era mi cama. El peso de la jornada caía sobre mí como una ola inmensa, y, sin necesidad de abrir los ojos, supe que Garnet me había dejado ahí para que siguiera durmiendo. Sonreí débilmente en mi sueño, acomodándome sin esfuerzo. El mundo podía seguir girando, el barco podía construirse o repararse, y los demás podían seguir con sus asuntos. Nada de eso importaba en ese momento. Yo solo quería seguir durmiendo.

El sueño se disipó de golpe, no por el movimiento, sino por el olor. Apenas había cerrado los ojos hacía lo que sentía como un instante. El peso del cansancio aún estaba sobre mis músculos, pero el aroma que flotaba en el aire lo atravesó como una lanza. Arroz blanco, suave y esponjoso, con su fragancia cálida y reconfortante. Pollo, cocinado con un punto justo de dorado, desprendiendo ese olor delicioso que hace rugir el estómago antes siquiera de verlo.

Sonreí incluso antes de abrir los ojos, relamiéndome como un niño antes de una gran comida. El hambre era un sentimiento familiar, un compañero de toda la vida, y en ese momento rugía con fuerza. Al abrir los ojos, lo primero que vi fue la silueta de Garnet sentado al borde de la cama. No me había despertado porque se sentó; su presencia apenas se notaba en el colchón. Lo que realmente me sacó del sueño fue esa promesa irresistible de comida.

Mis ojos bajaron a la bandeja que tenía delante. Blanco y dorado, simple pero perfecto. Arroz y pollo, sin más adornos ni distracciones. Mi boca se llenó de saliva al instante. -¡Shajajajaja!- Reí, frotándome los ojos mientras me incorporaba. -¡Eso huele demasiado bien! ¡Garnet, eres mi héroe!- No esperé ni un segundo más antes de coger un puñado de arroz con las manos como un verdadero salvaje.

El primer bocado fue pura gloria. El arroz, suave y esponjoso, se deshacía en mi boca, y el pollo, jugoso y lleno de sabor, me llenaba con su calor. El hambre me hacía devorar sin pensar, sin siquiera esperar a que Garnet empezara. Mis dedos se movían rápidos, tomando puñados sin pausa, y mi mandíbula trabajaba sin descanso. Comer era un placer sencillo, casi primitivo, pero en ese momento era lo único que importaba.

Entre bocado y bocado, con los labios aún brillantes de grasa, alcé la vista hacia Garnet. Había muchas cosas que no sabía de él. No solo porque nunca había preguntado, sino porque él tampoco parecía hablar demasiado de su pasado. Pero ahora tenía el estómago lleno y la curiosidad despierta. -¡Oye, Garnet! ¿De qué parte del mundo eres?- Tragué otro trozo de pollo antes de continuar. -Siempre me he preguntado cómo empezaste en esto. ¿Cómo fue que decidiste ser pirata? ¿Siempre lo quisiste o fue algo que simplemente pasó?- Me eché un poco hacia atrás, lamiéndome los dedos antes de tomar otro puñado de arroz. La comida estaba demasiado buena para detenerme, pero eso no significaba que no pudiera seguir preguntando. -¿Cuándo conociste a Yojimbo? ¿Cómo fue que entraste en la tripulación?- Pregunté con la boca medio llena, sin disimular mi interés.

Mientras hablaba, seguía devorando, disfrutando de cada bocado sin vergüenza alguna. Garnet tenía una historia que contar, y yo quería escucharla.
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Alas Negras
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#3
El hambre voraz que debía tener Kenzo fueron más que suficientes para que, una vez que Garnet había situado el templado plato de arroz delante de sus narices, ocasionar la reacción que el músico esperaba desencadenar en su ahora pupilo. Salivando cual perro, el joven Fujiwara rio, exclamando lo bien que olía la comida y declarando como el skypiean era su héroe. No podía evitar que aquella clase de comentarios encendieran e hicieran crecer - aún más - el ego de Garnet.- ¡Pues claro que lo soy! Anda calla y come... - Quiso decir, en el momento en el que vio al chico coger el arroz a puñados, como un salvaje y un descosido.- Oye, que el menda te ha puesto cubiertos para algo, ¿es o no es? - Musitó, no pudiendo desviar su mirada de Kenzo, quién parecía estar disfrutando plenamente de la comida que Garnet le había preparado, como cuando un viajero, perdido en el desierto, encontraba un oasis. Viendo la felicidad que podía sentir el chico, el pirata le restó importancia a que no utilizara los cubiertos, encogiéndose de hombros.- Bah, con que te guste de puta madre pueje. - Rectificó, concentrándose en su aún humeante plato de arroz y - a diferencia de Kenzo - agarrando los cubiertos para empezar a deleitar su paladar con su propia elaboración. - Si es que soy la polla. - Pensó, una vez que cató el primer bocado, sintiendo aquella explosión de sabor y jugosidad de una combinación tan sencilla pero eficaz como un arrocito con pollo y ajo. Si bien aún podía mejorar muchísimo su maestría en los fogones, también era cierto que, para ser un amateur, lo hacía de puta madre.

Conforme los dos piratas saboreaban cada porción de su plato, Kenzo decidió romper el silencio preguntando - casi a la par que comía - sobre su origen, tanto geográfico como a nivel de piratería, además del por qué entró a los Alas Negras, del mismo modo que se interesaba de como conoció a Yojimbo.- Así que quieres saberlo, ¿huh? - Dijo, apreciando el interés y con la boca llena de comida, tras lo cuál trago lo que aún estaba masticando y, tras subir el plato hasta la altura de su cabeza, lo inclinó hacia sus fauces, abiertas de par en par, zampándose todo lo que quedaba de una.- Al loro, colegui. - Enunció, girándose para encarar completamente al adolescente.- El menda nació en Isla Oykot, en el Reino Lvneel, ¿te coscas de dónde queda? Es una isla del North Blue. - Comenzó relatando con una sonrisa, a la vez que se relamía los pocos granos de arroz que podían quedar en sus comisuras.- Pasé toda mi vida hasta que por montar tanto jaleo con mi música decidieron, mis viejos incluidos, echar al menda de la ciudad, para mear y no echar gota, ¿es o no es? PUAJAJJAA - Soltó una carcajada pues, a pesar de lo que dolió en su momento verse tan marginado, era la razón por la que hoy estaba junto a su familia.- El caso es que ahí fue dónde conocí a mis primeros compis, ¡los Shogun Gari! - Exclamó con emoción, apretando los puños con fuerza.- Éramos todos unos parias sociales, y fue allí dónde bichée a Sasha y Tobi por primera vez, ¿es o no es? - Matizó, pasando a cruzarse los brazos.- La cosa es que mi sueño siempre ha sido ser una superestrella, ¡que toda la peña sepa de mi y de mis canciones! - Añadió, con emoción, mientras se ponía a hacer el ademán de tocar una guitarra imaginaria. - Como no tenía mejor cosa que hacer y como los marines me la pueden comer por delante, por debajo y por detrás, fue que el menda se hizo pirata junto al resto, ¿es o no es? - Volvió a cruzarse de brazos y a asentir con firmeza y decisión.

Ahora llegaría la parte en la que salieron todos al Grand Line, el Paraíso que se convertiría en un mismísimo infierno terrenal. Garnet cambió su semblante a uno más serio, entonces.- Hasta que por culpa de un puto loco, Finn Slingerland, la mayoría de nuestros coleguis acabaron criaron malvas, es por eso que quedamos solo Sasha, Tobías y el menda. - Dijo, con cierta nostalgia, pasando a ponerse pensativo.- Aunque Kuraku es verdad que sigue vivito y coleando en Skypiea, supongo. - Se encogió de hombros al segundo.- El caso, es que en Skypiea, una isla en el cielo, fue dónde conocimos a Yojimbo, aunque ya había bicheado a Jolyne y Aspros antes. Tuvimos que participar en unos juegos y, la puta madre, ¡tendrías que ver lo putísimo rápido que era! Si crees que el menda es veloz de narices, Yoji es un putísimo cohete. - Contó con entusiasmo, a sabiendas de que a Kenzo le haría especial ilusión saber sobre las andadas del que era su ídolo.- Varias cosas pasaron, montamos una buena fiesta allí los Shogun y los Alas Negras y nos unimos a ellos al ver lo bien que nos llevábamos pueje. - Terminó de relatar y responder a las preguntas de Kenzo, con una afable sonrisa dibujada en su rostro.- ¿Y qué hay de ti, colegui? ¡Suéltame todo lo que tengas que soltarme! - Se interesó ahora en el que había declarado como su pupilo. Si quería forjar al que sería el digno sucesor de Yojimbo, debía conocer todo lo posible sobre él.
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#4
La voz de Garnet retumbó en mis oídos como el estruendo de una tormenta contenida, diciendome que usara los cubiertos. Pero, sinceramente, no tenía ninguna intención de hacerlo. Mis manos estaban pringadas de grasa y especias, y cada bocado que me llevaba a la boca tenía un sabor más intenso, más real. No había comparación. Los cubiertos le quitaban toda la emoción a la comida, todo el placer de sentir la textura en los dedos antes de devorarla. Me arranqué un pedazo de carne con los dientes, ignorando deliberadamente su mirada severa. Tenía hambre. Mucha. Y cuando uno tiene hambre, no se anda con formalidades. Garnet podría sermonearme todo el día, pero al final del día yo seguiría comiendo como un salvaje. Y, honestamente, la comida siempre sabe mejor cuando la tocas con las manos.

Mientras devoraba mi comida con la despreocupación de alguien que no tiene intención de usar cubiertos, las palabras de Garnet llegaron a mis oídos como un eco de algo familiar. Mis ojos se abrieron de par en par. Me detuve por un instante, con un trozo de carne colgando entre mis dedos. ¿North Blue? ¿Había encontrado a alguien de mi mar de origen en este rincón del mundo? -¡Eres del North Blue!- Exclamé, sin poder contener mi emoción. -¡Como yo! ¡Yo soy del Archipiélago Notice! ¡Del Reino de Duel!- Dije, señalándome con el pulgar en el pecho. La emoción me desbordaba. -¡Y claro que conozco el Reino de Lvneel! ¡Estuve en la universidad! ¿Eso te ha pillado por sorpresa, verdad? ¡Shajajajajajajajajaja!- Y entonces solté una carcajada sonora y despreocupada.

La sorpresa de descubrir que compartíamos mar de origen ya era suficiente para entusiasmarme, pero lo que vino después me dejó aún más boquiabierto. Garnet mencionó algo que hizo que mi cabeza diera un vuelco. Había pertenecido a otra banda pirata… Los Shogun Gari. Abrí la boca, pero por un momento no supe qué decir. Ese nombre me era desconocido. Y había compartido tripulación con Sasha y con Tobías, pero su tripulación, o la gran parte, acabó bastante mal... Sin embargo, reaccioné también a aquello. -¡¿Qué?!- Exclamé, con los ojos brillando de emoción. -¡¿Así que también navegaste con Sasha y Tobías en otra tripulación?! ¡¡Que guay joder!!- La revelación me dejó boquiabierto. El mundo era mucho más pequeño de lo que creía.

Escuchar a Garnet hablar de Yojimbo fue como encender una chispa dentro de mí. Mis oídos se afilaron con curiosidad cuando mencionó la isla del cielo, un lugar del que solo había escuchado en historias y rumores de navegantes. Pero lo que más me atrapó fue la manera en que describió a nuestro capitán. -Dices que Yojimbo era como un cohete de rápido...- Repetí, dejando escapar una risa mientras imaginaba la escena. La imagen de nuestro capitán lanzándose de un lado a otro, dejando solo una estela de polvo tras de sí, encajaba demasiado bien con su personalidad. Sí, definitivamente podía verlo compitiendo en esos juegos, como una fuerza imparable que no se detenía ante nada.

Sin darme cuenta, tenía una sonrisa tonta en el rostro. No era una burla ni nada por el estilo, simplemente me hacía gracia pensar en todo lo que había pasado antes de unirme a la tripulación. Había tantas historias que aún no conocía… y ahora tenía la oportunidad de escuchar una directamente de alguien que lo vivió. Entonces, Garnet me devolvió la pregunta, sacándome de mis pensamientos. Me enderecé un poco, lamiéndome los dedos antes de cruzarme de brazos. -¡Pues es una historia larga! ¡Shajajajaja!- Dije, riendo con ganas. -Pero bueno, supongo que tienes tiempo para escuchar...-

Me acomodé en la cama, estirando los brazos con satisfacción después de darle el último bocado a la comida. El estómago lleno siempre ayudaba a que las palabras fluyeran mejor. Me relamí los labios y solté un suspiro de gusto antes de mirar a Garnet con una sonrisa confiada. -Pues, como te dije antes, soy del Reino de Duel.- Hice una pausa breve, dejando que el nombre de mi hogar flotara en el aire. Era un lugar que ya quedaba lejos, pero que seguía marcando cada parte de mí. -Mi madre era ganadera… y yo también, hasta que murió.- No quise detenerme mucho en eso. Aquel dolor ya era parte de mí, algo con lo que había aprendido a vivir, pero tampoco era algo que soltara con facilidad.

Así que preferí enfocarme en lo que vino después. -Me hice un nombre entre los niños de mi barrio...- Continué, hinchando el pecho con orgullo. -Era el más guay y el más duro. ¿Eso estaba claro, no?- Le dediqué una mirada divertida a Garnet, esperando su asentimiento antes de seguir. -Luego me encontré casi de casualidad con mi maestro, Kumatetsu.- Su nombre siempre tenía peso en mi voz, aunque lo acompañé con una risa. -Es un viejo verde bastante loco… pero es más fuerte que todos nosotros juntos. Creo que hasta podría vencerte en una pelea. Y eso que, la verdad, creo que eres muy difícil de vencer…- Le di unos segundos para reaccionar, disfrutando la idea de que alguien como Garnet intentara imaginar a Kumatetsu en acción. -Pero bueno, realmente quien me crió fue él. Me enseñó a pelear, a sobrevivir…- Respiré hondo antes de continuar. -Un día, los marines intentaron apresarlo. Se escapó… y antes de irse, me dijo que fuera al Grand Line a buscarlo. Aunque aún no lo he encontrado...- Un breve silencio se formó antes de que volviera a sonreír. -Y luego conocí a Yojimbo. Le dije que quería ser más fuerte, y bueno… aquí estoy. - Abrí los brazos con un gesto despreocupado y solté una carcajada. -¿Está guay, eh?-
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Alas Negras
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#5
Una vez que Garnet desveló su lugar natal, para sorpresa del pelirrojo, Kenzo declaró ser también originario del North Blue, más concretamente del Reino Duel, ubicado en el Archipiélago Notice. Que encima dijera que había llegado a estar en el Reino Lvneel, hizo que su estupefacción creciera, abriendo los ojos de par en par.- Hay que ver lo pequeño que es el mundo, ¿y no ha escuchado hablar del menda? - Se preguntó a sí mismo el pelirrojo, debido a la fama y reputación que se labró en su reino natal.- Bah, que importa. - Se encogió de hombros y le restó importancia al asunto, prosiguiendo con el relato de su inicio en la piratería.

Tal y como creía Garnet, Kenzo no conocía el nombre de los Shogun Gari ni el hecho de que él, junto a Tobías y Sasha, ya habían navegado anteriormente en dicha tripulación. Ante la pregunta de un incrédulo Kenzo, el músico no hizo otra cosa que asentir con una mirada y sonrisa llena de picardía. La experiencia era un grado y, desde luego, sus vivencias con los Shogun Gari ayudaron en demasía a integrarse y aportar a su actual banda. Su encontronazo con los marines que intentaron acabar con los Alas Negras en Momoiro lo acreditaba bastante. Y hablando de los Alas Negras, nada más mencionar las increíbles cualidades que poseía su capitán lunarian, el joven no pudo evitar reír, guiado plenamente por la admiración que sentía por Yojimbo. Ya sabía de sobra lo que sentía el chico por el ausente pirata, pero ver ese fanatismo por él era, de alguna manera, reconfortante. Al fin y al cabo, Garnet también admiraba a Yojimbo, su aura y sus valores.

Cuando terminó de contar sus anécdotas y preguntó por el comienzo de Fujiwara, el novato pirata se cruzó de brazos, volviendo a remarcar que era de Reino Duel, tal y como dijo con anterioridad, confesando que era ganadero, al igual que su madre, hasta que murió. El músico abrió los ojos de par en par al no esperarse tal devenir de los acontecimientos.- Ya veo... Pues si que empieza fuerte esto. - Pensó, apretando con fuerza sus labios. Aún así, parecía que, por la actitud y tono de Kenzo, era algo que ya tenía más que superado.- Vaya, lo siento, colegui. - No obstante, se lamentaba por tal trágico suceso. Por mucho que ahora lo llevara bien, podía imaginarse que, siendo tan joven encima, tuvo que ser algo realmente duro para él.- Relaja la raja, Garnet, si ve que sientes pena por él se va a sentir aún peor, ¿es o no es? - Concluyó, abofeteándose ambas mejillas para no dejarse llevar por esa clase de sentimientos, al menos no por el momento.

Kenzo, con extremo orgullo, prosiguió relatando que, al ser el niño más fuerte y guay se hizo un nombre en su barrio.- Pfff, habría que verte PUAJAJAJ, ¿es o no es? - Bufó, al imaginarse al querubín de los Alas Negras como una especie de mafioso.- Pero el menda se cosca y se hace una idea sí. - Asintió, cruzado de brazos y preparado para seguir escuchando a lo demás que tuviera que contar. Seguidamente, y con la voz algo cargada - como si le costara pronunciar aquellas palabras -, Kenzo habló de como conoció a su maestro Kumatetsu, un viejo verde algo ido pero tan fuerte en batalla que el adolescente declaraba que era capaz de ganar a todos los Alas Negras, incluido Garnet.- ¿Hooh? - Soltó, con un tono de incredulidad, sorprendido y con su ceja izquierda arqueada. Si de verdad era capaz de vencerlos a todos, debía ser extremadamente fuerte, desde luego. Para más inri, fue él quién le enseñó a pelear y a ganarse la vida.- Así que por eso tiene tanto potencial por muy mocoso que sea, ¿huh? -

Pero, para desgracia del chico, su maestro Kumatetsu, evitando que unos marines le arrestarán, se escapó y huyó hacia el Grand Line, pidiéndole a Kenzo que le buscara, aún sin éxito y encontrándose con Yojimbo en el proceso.- Ya veo... - Cerró los ojos e inclinó su cabeza levemente hacia su derecha.- Ha sido un buen viaje el que has tenido, eso dalo por contado, ¿es o no es? - Comentó, tras volver a abrir sus párpados y poner recto su cuello. Todo el tema del maestro de Kenzo le recordó en demasía a la persona que estaba buscando también Triana, aquel pirata al que tanto le debió en su adolescencia.- ¡Pues cuenta con nosotros para dar con ese tal Kumatetsu, colegui! - Exclamó, pasando a mostrar una amplia sonrisa.- Encima tiene pinta de que me voy a llevar de locura con él, por lo que sea PUAJAJAJA - Soltó una carcajada, tras lo cuál, adoptó un semblante algo más serio.- Eh, y ahora que caigo, eso de que los perros esos de los marines le siguieran, ¿sabes si era un pirata o un revo? - Preguntó pues, los marines, no perderían su tiempo en perseguir a un anciano senil. O bueno, sí, para que engañarnos, no tienen nada mejor que hacer.
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#6
Me sentí bastante bien escuchado. Para ser Garnet, que solía ser un torbellino de palabras y opiniones, había permanecido en silencio, dándome espacio para hablar sin interrupciones. Era raro, pero lo agradecí. Sus ojos permanecían fijos en mí, su expresión entre neutra y analítica, como si estuviera diseccionando cada palabra que salía de mi boca. No era la típica indiferencia que mostraba cuando alguien hablaba demasiado; esta vez, realmente prestaba atención.

Pero lo que más me sorprendió fue su reacción cuando mencioné a Kumatetsu. Apenas dije que mi maestro era más fuerte que él, Garnet emitió un sonido de incredulidad, y por un instante, pude ver la sorpresa en su rostro. No fue exagerada, ni teatral, pero ahí estaba. Quizás nunca se había detenido a considerar esa posibilidad. O tal vez simplemente no esperaba escucharlo de mí con tanta seguridad. La realidad era clara. Kumatetsu no era solo fuerte. Era extraordinario. Su poder no se limitaba a la brutalidad física o la resistencia descomunal; era algo más, una presencia imponente que hacía que cualquiera se sintiera diminuto a su lado. No conocía a nadie capaz de vencerlo. Y no lo decía por admiración ciega, sino porque lo había visto con mis propios ojos. Garnet podía estar sorprendido, pero para mí, aquello no era una cuestión de orgullo o lealtad. Era un simple hecho.

Sonreí sin poder evitarlo cuando me dijo que contara con la tripulación para encontrar a Kumatetsu. Era un gesto simple, pero significaba mucho más de lo que aparentaba. No estaba solo en esto. No tenía que estarlo. Aunque mi maestro siempre había sido una figura inalcanzable, un coloso que parecía no necesitar a nadie, la idea de buscarlo con otros a mi lado me reconfortaba. Era extraño, pero al mismo tiempo se sentía… correcto. Entonces me preguntó si sabía si Kumatetsu había sido pirata o revolucionario. La pregunta me pilló un poco desprevenido. Me crucé de brazos, inclinando la cabeza mientras recordaba. No era algo en lo que hubiera pensado demasiado, pero ahora que lo decía, ¿Qué había sido realmente Kumatetsu?

-La verdad es que me enteré de que era pirata el último día que lo vi.- Admití, encogiéndome de hombros. -Pero no supe nada más. Para mí, él simplemente era un ermitaño viejo verde musculoso que vivía a las afueras de una de las islas del archipiélago.- Era la pura verdad. Durante años, Kumatetsu nunca había hablado de su pasado con claridad. Cada vez que intentaba preguntarle algo sobre su vida antes de conocerme, me respondía con alguna tontería absurda o cambiaba de tema de inmediato. Nunca insistí demasiado. Tal vez porque, en el fondo, siempre supe que me estaba ocultando algo.

-¿Y cuéntame, cuál ha sido la pelea más gorda que habéis tenido? ¿Contra quién ha sido? ¿Qué pasó?- Pregunté con la curiosidad brillando en mis ojos. No era que me incomodara hablar de mi propio pasado, pero quería saber más sobre la historia de mi tripulación. Cada persona a bordo tenía una vida antes de que nuestros caminos se cruzaran, y conocer esas historias me ayudaría a entender mejor con quién estaba navegando. Las cicatrices de una tripulación dicen mucho más que sus victorias.

Esperé su respuesta, pero en lo que pensaba en batallas y enfrentamientos, otra pregunta me inquietó de repente. Había algo que me tenía en jaque desde hacía tiempo, y la oportunidad de resolverlo estaba justo enfrente. -Y hablando de la tripulación… Sasha.- Solté, sintiendo que mi tono cambiaba levemente. Hice una pausa, inclinando la cabeza. -¿Por qué le caigo mal a Sasha? ¡Yo solo me defiendo de las barbaridades que me hace o dice!- Era cierto. No iba buscándola para pelear, pero tampoco me quedaba quieto cuando ella me provocaba.

-Es verdad que a veces empiezo yo, pero es como un ataque preventivo, ¿sabes?- Añadí rápidamente, levantando las manos como si estuviera explicando algo totalmente lógico. -Además, ¡es muy bruta!- Fruncí el ceño, cruzándome de brazos mientras recordaba nuestras interacciones. Había algo en nuestra dinámica que me desconcertaba. Era como si siempre estuviera esperando cualquier excusa para chocar conmigo. Y aunque muchas veces terminábamos gritándonos o intercambiando golpes, no podía negar que me intrigaba su actitud. Pero más que nada, quería entenderla.
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Alas Negras
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#7
Ante la pregunta de Garnet, Kenzo parecía no tener muy claro que es lo que era o que es lo en antaño fue su maestro Kumatetsu. ¿Pirata o revolucionario? Eran las dos opciones más plausibles si es que la mismísima marina iba tras tu cabeza, mínimo debía tener una recompensa por su cabeza, eso era seguro. Tras estar pensativo durante un corto periodo de tiempo, el chico finalmente acabó por declarar que, en efecto, el último día que lo vio fue que se enteró de que era, ni más ni menos, que un pirata. En el rostro de Garnet no hubo ningún atisbo de sorpresa, era lo más lógico viniendo de alguien que podía superar en fuerza al propio música, según palabras de Kenzo. Más allá de eso, el joven Fujiwara no supo nada más sobre el origen como lobo de mar de su maestro.- Así que pirata, ¿huh? Ahora el menda tiene más curiosidad por olerle puejeje. - Comentó, risueño, llevándose su diestra hacia su barbilla. Ciertamente, tanto el pirata que ayudó en su adolescencia a Triana como el maestro de Kenzo les despertaba mucho interés al pelirrojo. Y como a él le gustaba pensar, los amigos de sus amigos eran sus amigos, amigos.

Cambiando de tema, rápido como un resorte, Kenzo entonces preguntó lleno de curiosidad sobre la pelea más importante que habían tenido. La verdad, que aquella pregunta no se la esperó para nada, motivo por el cuál Garnet abrió los ojos de sopetón.- ¿La pelea más chunga? - Preguntó, aprovechando que tenía la mano sobre su barbilla para meditar aunque, realmente, no necesitaba darle demasiadas vueltas para conocer la respuesta a la cuestión. Apartó su diestra de su mentón, pasando a cerrar sus ojos y suspirar.- Es complicado... - Inició, volviendo a abrir sus párpados para anclar sus ojos en las pupilas de Kenzo.- Ya te dije que antes de los Alas Negras estuve en otra banda, los Shogun Gari, ¿es o no es? - Le recordó al chico.- Pues si hay alguien que se ganó ser el enemigo y verdugo de esa banda fue Finn Slingerland. - Hizo una mueca, mostrando incomodidad.- En Isla Toko, nos la coló, y los ochos que éramos nos enzarzamos a hostias con él. - Se llevó, entonces, su zurda a su frente, tapándose el ojo de respectivo lado, recordando todas las bajas y dolorosas muertes que sufrieron. Afortunadamente, Gronn, Aurora, Ariel, Sage y Nekah, todas las víctimas de Finn pudieron ser vengadas y encontrar un descanso final. - Sólo cuatro no salimos en una caja de pino, y de esos cuatro, sólo el menda, Tobías y Sasha quedamos conscientes, reventando y mandando al hoyo a ese puto psicópata. - Volvió a suspirar, quitando la mano de su rostro, cruzándose a continuación de brazos.- Así que esa fue la pelea más chunga a la que el menda se ha enfrentado, sí. - Finalizó, esperando a ver la reacción de Kenzo ante la desdichada anécdota del músico.

Tras responder a su pregunta y escuchar su continua reacción, quizás por el hecho de nombrar a su hermanita, el mocoso no pudo evitar preguntar por qué le caía mal a Sasha, incidiendo en que él lo único que hacía era defenderse de sus ataques, aunque admitiendo que él era el que muchas veces iniciaba los conflictos. Era probable que el cambio repentino de tema le pillara con la guardia baja pues jamás se habría esperado que Kenzo le hiciera una pregunta de este estilo. Tras parpadear perplejo más de un par de veces, no pudo evitar reír.- PUAJAJAJJAJAJA - Soltó una carcajada, saliendo despedida alguna lágrima de sus ojos.- Sorry sorry, colegui, el menda no se esperaba para nada esta pregunta, ¿es o no es? - Se pasó el índice de su mano derecha por ambos ojos, apartándose las lágrimas de ellas.- Antes de nada... - Adoptó un semblante más serio.- No le caes mal ni nada a Sasha. - Dijo, tajantemente.- Es verdad que muchas veces tú sólito te buscas que te lleves un buen coscorrón, ya te digo... - Prosiguió.- Sobre todo mío... - Añadió, frunciendo el ceño, por recordar las veces que se había metido Kenzo con su querida Sasha.- Pero eh, vuestras peleas no dejan de ser piques que se puede tener entre dos hermanos, ¿es o no es? -  Concluyó, chasqueando los dedos de su diestra para pasar a señalarlo con el índice de esa misma mano.- Así que no te rayes, ni de blas creo que le caigas mal a Sasha. - Esbozó una sonrisa que, inmediatamente después, se convirtió en un reflejo de cólera e ira.- Pero vuélvete a meterte con mi compitruena y te haré picadillo, ¿es o no es? - Su lado más fanático salía a relucir cuando la integridad de su hermanita entraba en juego. Seguidamente, se calmó, colocando sus dos manos por detrás de cabeza, echando hacia atrás ligeramente su torso.- Eh, y hablando de Sasha, ¿hay alguien que te haya hecho tilín alguna vez? - Dijo con la lengua fuera y con un ojo cerrado.- El menda a tu edad se había pillado de unas 1.000 chicas y mujeres puejeje. -
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#8
En su momento, que Kumatetsu había sido un pirata no me tomó completamente por sorpresa, pero sí hizo que mi mente se agitara con preguntas que no podía responder. Sabía que no era un hombre común. Desde el momento en que me encontró, supe que no era como los demás. Demasiado fuerte, demasiado astuto, demasiado conocedor de un mundo del que yo apenas entendía las sombras. Si alguien me hubiera dicho que fue un guerrero legendario o el líder de una banda de forajidos, también lo habría creído. Los marines que intentaron arrestarlo habían mencionado un tesoro. Un tesoro. No sabía qué pensar de eso. ¿Era una fortuna inmensa escondida en algún rincón del mundo? ¿Un objeto de poder? ¿O simplemente un rumor inflado por la imaginación de los que le temían? Lo que sí sabía era que, si Kumatetsu tenía algo de valor, lo había conseguido con sus propias manos, con su propia fuerza. No podía imaginarlo robando por placer o acaparando riquezas sin razón. Sin embargo, lo que más importaba era encontrarlo. Él era la única persona que podía darme respuestas. ¿Por qué me recogió? ¿Qué vio en mí? ¿Por qué se fue sin despedirse? Y sobre todo, ¿qué pensaría de lo que me he convertido en su ausencia? Apretando los puños con determinación, me prometí que no importaba cuánto tardara, lo encontraría. Le exigiría respuestas.

La historia de Garnet me tenía completamente atrapado. Finn Slingerland. El nombre resonaba en mi cabeza como un eco lejano, algo que había escuchado en susurros entre los marineros o en las tabernas, pero sin muchos detalles concretos. Sin embargo, la manera en que Garnet hablaba de él, con esa gravedad en su voz, me hizo comprender al instante que no se trataba de un pirata cualquiera. Había sido lo suficientemente fuerte como para hacerle frente a toda la tripulación de los Shogun Gari él solo. Eso no era algo que cualquiera pudiera lograr. No pude evitar imaginarme la escena. Los gritos de la batalla, el choque de espadas, los puños impactando con fuerza, el olor a pólvora y sangre impregnando el aire. Un combate donde solo los más fuertes podían mantenerse en pie. La idea de que un solo hombre hubiera masacrado a tantos me hacía estremecer, pero también despertaba en mí un extraño sentimiento de admiración. Ese era el tipo de historias que debía registrar.

-¡Guau!- Exclamé sin poder contener mi emoción. -Tuvo que ser un combate bastante difícil. ¿Y cómo conseguiste derrotarlo? ¿Era usuario de una akuma no mi? ¿Peleaba con espadas? ¿O peleaba como yo, a puño limpio? ¡Tuvo que ser una batalla épica!- Pero en cuanto las palabras salieron de mi boca, mi entusiasmo se transformó en un frío nudo en el estómago. ¿Qué demonios estaba haciendo? La expresión de Garnet no cambió drásticamente, pero hubo algo en su mirada que me hizo darme cuenta de mi error. Ese pirata había acabado con sus amigos, con su familia. Sin pensarlo, me llevé ambas manos a la boca y bajé la cabeza lentamente. Había hablado demasiado. -Perdón, Garnet… No sé si quieres hablar de ello. Ese pirata asesinó a todos tus amigos. No volveré a sacar el tema si no quieres.- Mi voz sonó más baja de lo habitual, cargada de culpa. No quería hacerle revivir recuerdos dolorosos, no después de todo lo que había pasado. Él era mi maestro ahora, pero también mi nakama. Y aunque quería saber más sobre esa historia, lo último que deseaba era abrir heridas que tal vez nunca habían sanado del todo.

La risa de Garnet resonó con fuerza, un eco que parecía retumbar incluso en mis propios pensamientos. Era una risa auténtica, de esas que salen del alma, como si hubiera encontrado divertida mi inquietud sobre Sasha. Por un momento, la tensión que había sentido antes, al mencionar su pasado con Finn Slingerland, se disipó. Lo observé con atención, tratando de descifrar qué era lo que le hacía tanta gracia. Me quedé pensativo ante sus palabras. Era cierto que yo no sentía odio por ella, pero tampoco entendía del todo su actitud. Siempre que hablábamos, había un tono de rivalidad en su voz, una chispa de tensión que no sabía si era hostilidad o simplemente una forma de desafiarme. Pero si Garnet decía que no era algo serio, entonces tal vez lo estaba viendo de la manera equivocada. -Hablaré con ella.- Dije con firmeza, sintiendo que esa era la mejor decisión. -Realmente quiero ser su amigo y quiero que me enseñe a pelear. Creo que es muy fuerte y puede enseñarme muchas cosas. No me gusta pelear con mis hermanos.- Mi voz sonó sincera, casi como una confesión. No había crecido con hermanos de sangre, pero sí con personas que consideraba familia, y pelear con ellos no era algo que disfrutara. Claro, me gustaban los desafíos, me gustaba medir fuerzas, pero no cuando se sentía como algo personal. Con Sasha, quería encontrar una conexión real. Si la única forma de hacerlo era a través de la lucha, entonces tendría que aprender a disfrutar el combate de una manera diferente.

No pude evitar sentir el calor subiendo a mis mejillas en cuanto Garnet soltó aquella pregunta sobre el amor. Mi primer impulso fue negarlo con firmeza, casi con desesperación, indicando que un buen guerrero que se preciara no tenía tiempo para esas cosas como el amor. No quería hablar de eso. Sentí la urgencia de desviar la mirada, buscar cualquier distracción, pero su mirada perspicaz me atrapó en el acto. Sabía que si intentaba mentir, lo notaría de inmediato. No era bueno ocultando mis sentimientos, nunca lo había sido. Así que, con un suspiro resignado, asentí lentamente. -Se llama Hinata.- Admití en voz baja, sintiendo mi corazón latir un poco más rápido solo con pronunciar su nombre. -Tiene el pelo negro y unos ojos verdes muy bonitos. Siempre huele a dulce, porque es pastelera.-

Al decirlo, mi mente se llenó con la imagen de ella, con sus mejillas sonrosadas por el calor del horno, con harina en la punta de la nariz y esa sonrisa suya que parecía iluminar cualquier lugar. -Es muy buena.- Continué, con una sonrisa tonta formándose en mis labios. -Siempre me ayudaba cuando me metía en líos. Antes de conocer a Kumatetsu, ella era la única que me daba de comer cosas recién hechas.- La nostalgia golpeó mi pecho con fuerza al recordar aquellos días en los que apenas tenía qué llevarme a la boca, pero Hinata siempre encontraba la forma de darme algo, aunque fuera una galleta rota o un bollo pequeño. -Una vez se peleó por mí.- Solté una risa breve, casi con incredulidad. -Es muy débil físicamente, pero es valiente como un león.- Luego bajé un poco la voz, sintiendo cómo la ternura se mezclaba con la ironía. -Yo creo que le gustaba porque me miraba muy bonito, y por eso le pedí salir, pero me dijo que su padre no le deja tener novio hasta los 57 años.- Hice una pausa dramática, dejando que Garnet procesara la locura de aquella declaración. Luego, encogiéndome de hombros, añadí con naturalidad. -Así que me toca esperar. Es cierto que es mucho tiempo, pero creo que vale la pena esperar por ella. ¡Shajajajajajajajajaja!- No pude evitar reírme al final, sintiendo el calor persistente en mis mejillas. Era una promesa absurda, pero en mi corazón, sonaba completamente razonable.
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Alas Negras
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#9
Las batallitas del pasado de los Shogun Gari parecían tener maravillado al chico, quien prestaba suma atención al día que Garnet encaró a la mismísima muerte tras su reencuentro con el capitán Finn Slingerland. Casi sin darse cuenta de las repercusiones que podía tener su entusiasmo, Kenzo estalló de emoción, comentando lo épica y difícil que tuvo que ser aquella contienda, pasando a preguntar el estilo de pelea que poseía pirata al que se enfrentaron. El pelirrojo se quedó perplejo, al no esperarse ese tipo de reacción por parte del mocoso y, antes de que pudiera siquiera responder a alguna de sus cuestiones, el más joven de los Alas Negras se disculpó de inmediato, cabizbajo y con un tono de voz que indicaba arrepentimiento, prometiendo no volver a sacar el tema si era necesario. Al apreciar el cambio de actitud en el chico, la perplejidad de Garnet se tornó rápidamente en una sonrisa llena de ternura. Sí, a raíz de ese encontronazo con Finn, el pelirrojo estuvo obsesionado de más con ser fuerte, hasta el punto de perderse así mismo durante mucho tiempo. Pero ya hacía más de dos años casi y, aunque aún quedará algún que otro trauma vigente, el músico ya lo tenía superado.- Nanai, ni te rayes, colegui. - Negó con la cabeza, para esbozar una sonrisa y demostrarle que todo estaba bien.- Fue jodido de cojones y estuve casi deprimido durante un porrón de tiempo, ¡pero ya está superado!. Lo que importa es que no todos morimos y recordar a los que ya no están, ¿es o no es? - Si algo malo pasaba en la vida, por muy duro fuera, siempre era por algo. Acto seguido, apoyó su diestra en su mentón, quedando pensativo. - ¿Qué como peleaba, dices? Pues ese hijo de puta tenía el poder de generar un moco negro super viscoso que explotaba a la de ya, ¡podía hacer de todo con él! - Exclamó, pasando a extender sus dos brazos hacia los lados.- ¡Podía convertirse hasta en un bicho mazo ciclado que daba todo el canguelo! - Jamás sería capaz de olvidar la sensación de tener todo su cuerpo temblando de terror cuando Finn usaba la brea de su cuerpo para envolverse en ella y transformarse en esa figura humanoide de grandes ojos y boca.

Habiéndole respondido a sus curiosidades, hablando sobre Sasha, el skypiean quiso dejarle claro en todo momento que la semioni no le odiaba - o al menos eso creía -. Tal y como él pensaba, él veía un mero pique que existía entre dos hermanos. Lo importante era que Kenzo, al menos, era consciente de que a veces era él el que iniciaba los conflictos, por lo que, de forma más madura de lo que el chico aparentaba, decidió hablar con ella en el futuro, aprovechando ese momento para pedirle que le enseñara a pelear. Garnet asintió con la cabeza, cruzado de brazos, al escuchar esto por parte del joven Fujiwara.- Una idea cojonuda, colegui, si encima le dices todo eso, ¡seguro que se ofrece de una para entrenar contigo! - Animó la decisión del adolescente. Estaba segurísimo de que su hermanita no se negaría a practicar junto a Kenzo. Además, ahora era ella la que debía adoptar el papel de hermana mayor con él.

Con el tema de Sasha zanjado, el pelirrojo sintió la imperiosa necesidad de algo de cotilleo y chismorreo, no pudiendo evitar preguntarle a Kenzo si alguna vez se había enamorado. Era consciente de que era alguien bastante centrado en hacerse más fuerte, y que no había nadie tan obsesionado por las mujeres como lo era el propio Garnet, pero aún así, le extrañaba que alguien - y aún menos con esa edad - no se hubiera sentido atraído por alguien. De primeras, el chico lo negó, muy malamente, pues sus mejillas y esas miradas nerviosas lo delataban por completo.- Mientes de pena, colegui PUAJAJAJJAAJ. - Soltó una carcajada, arqueando su ceja izquierda al ver el pésimo intento de Kenzo por intentar colársela a Garnet. Tras un largo y tendido suspiro, el mocoso acabo por afirmar que estaba enamorado de una chica llamada Hinata, una chica pastelera, de pelo largo y moreno y ojos verdes.- ¿Ohh? - Dijo sorprendido, con una sonrisa llena de picardía, mientras aproximaba su rostro al de Kenzo. Solo con esa descripción, ya parecía un partidazo. Pero es que además de eso, con una sonrisa tontorrona que desvelaba lo perdidamente enamorado que estaba, Kenzo describió lo buena que era, resaltando su valentía a pesar de lo débil físicamente que era. Garnet estaba maravillado con todo lo que le contaba Kenzo sobre su interés amoroso hasta que confesó que, aunque parecía que el sentimiento era mutuo, el padre de Hinata no le dejaría casarse hasta los 57 años. El rostro del skypiean cambió abruptamente a uno de enojo, frunciendo el ceño y haciendo una mueca mientras volvía a alejar su cara de Kenzo.- ¿¡HUUUUH?! ¿¡57 AÑOS¡? ¡¿PERO QUÉ COJONES ME ESTÁS DICIENDO?! - Mirase por donde se mirara, era una locura. Tanto por parte del padre como del propio Kenzo. ¿De verdad se iba quedando tan pancho esperando 57 años a estar junto a su amada? ¿Y si ocurría alguna tragedia antes de que pasara todo ese tiempo? De verdad, que parecía ser demasiado inocente para este mundo. Garnet debía decirle algo al chico para que espabilara, pero antes necesitaba calmarse, por lo que suspiró.

- Al loro, colegui, como tu hermano mayor y gurú del amor, te voy a dar la clave del éxito - Enunció, señalándose a sí mismo con su pulgar izquierdo.- El amor no entiende de fronteras ni reglas ni mierdas externas, ¿es o no es? - Afirmó, dejando una pausa para que Kenzo captara el mensaje.- Si los dos estáis coladitos del otro, ¿qué coño pinta la opinión del padre, huh? - Pasó a señalar con el índice izquierdo al joven.- Tenéis todo el derecho a quereros y daros todo el amor que queráis, joder y además, eres un pirata, ¿es o no es? - Añadió, con suma seriedad.- Si esa Hinata está esperando por ti, lo que quiera su padre te la debe pelar. - Depositó, en ese momento, su mano derecha sobre el hombro izquierdo de Kenzo.- Así que más te vale, que cuando vuelvas con ella, te declares y le digas lo que sientes, haya pasado el tiempo que haya pasado. - Esbozó una sonrisa socarrona.- Y más te vale que lo hagas, o el menda no parará de tirarle los trastos, ¿es o no es? - Esperaba que con aquellas palabras, hubiera motivado lo suficiente a su hermano para que diera el paso una vez se volviera a reencontrar con su amor.
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#10
El peso de las palabras de Garnet disipó la tensión que había estado acumulándose en mi pecho. No quería ser el que removiera recuerdos dolorosos, el que trajera fantasmas del pasado sin permiso. Pero su tono, su expresión, me dijeron que no era así. No era una herida que sangrara con facilidad, sino una cicatriz firme, testimonio de lo que había vivido. -Efectivamente, mi madre nunca morirá porque nunca la olvidaré. Y quien me diga lo contrario, probará el sabor de mis puños.- Crucé los brazos, sintiendo cómo una brasa de determinación ardía en mi interior.

No era una amenaza al aire. Lo decía con la misma convicción con la que había enfrentado la vida desde que la perdí. Mi madre no estaba en este mundo, pero vivía en cada recuerdo, en cada lección que me dejó, en cada gesto que hacía sin darme cuenta. ¿Acaso no era eso lo que la mantenía viva? Garnet no dijo nada de inmediato. La conversación siguió su curso, pero mi mente permaneció un momento en mis propias palabras. Recordar no era lo mismo que aferrarse al pasado. Era un acto de resistencia, de amor. Era mi forma de asegurarme de que, aunque la vida avanzara, ella siempre tendría un lugar en aquí.

Mis ojos se abrieron de par en par mientras Garnet relataba la historia de Finn Slingerland. No era solo un pirata más, ni siquiera un enemigo común; el tipo tenía una akuma no mi que le permitía hacer explotar cosas y, según sus palabras, podía transformarse en una especie de monstruo negro descomunal. Un demonio envuelto en llamas de destrucción, un rival que había llevado al límite a toda la tripulación. -¿Cómo conseguisteis los que quedabais derrotarlo?- Pregunté, sintiendo cómo la emoción trepaba por mi pecho. Imaginaba el caos, el estruendo de las explosiones, el fragor de la batalla. No esperé respuesta y continué soltando preguntas sin freno, casi sin pensar en lo que decía. -¿Cuál fue vuestra táctica? ¿Crees que yo podría haberlo vencido?- Mi mente ya maquinaba diferentes escenarios, diferentes estrategias. ¿Me habrían bastado mis reflejos? ¿Mi velocidad? ¿Habría podido esquivar sus explosiones, cerrar la distancia y asestar el golpe decisivo? Mi entusiasmo siguió desbordándose sin control. -¿Y Yojimbo? ¿Cómo habría salido parado contra ese tío? ¿Qué aprendiste de esa batalla?- Las palabras fluían sin que le diera tiempo a responder. Me detuve de golpe y cerré la boca con fuerza, mordiéndome la lengua antes de seguir atropellándolo con más preguntas. Había dejado que mi emoción hablara por mí, pero ahora necesitaba escuchar. Cada experiencia, cada estrategia, cada error y acierto que Garnet compartiera sería oro puro para mí. No solo quería saber, quería aprender. Si alguna vez me cruzaba con un enemigo así, no sería con los ojos cerrados.

La idea de entrenar con Sasha era interesante, pero había algo en su carácter que me hacía pensar que no se lo tomaría con ligereza. No era alguien que hiciera las cosas a medias, y si aceptaba mi propuesta, estaba casi seguro de que se ensañaría conmigo, exigiéndome más de lo que yo mismo esperaba. Eso no me molestaba. Al contrario, me gustaba la idea de un desafío. Cuando Garnet confirmó que Sasha aceptaría si se lo proponía, mi mente ya empezó a visualizar las sesiones de entrenamiento. Imaginaba su mirada severa, el tono exigente en su voz, sus ataques veloces forzándome a reaccionar con todo lo que tuviera. No iba a ser fácil, pero tampoco me asustaba. Porque si había algo que de verdad endurecía el espíritu, eran los entrenamientos con Kumatetsu. Eso sí era un infierno.

Recordé los días interminables corriendo bajo el sol abrasador, con el cuerpo cubierto de heridas y moretones, mis músculos temblando de agotamiento mientras Kumatetsu se burlaba de mi falta de resistencia. El dolor de sus golpes cuando me hacía fallar, la brutalidad con la que me exigía perfeccionar cada movimiento, como si mi vida dependiera de ello. Y en cierto modo, así era. Kumatetsu nunca tuvo piedad, nunca dejó que la debilidad fuera una opción. Comparado con eso, cualquier entrenamiento con Sasha sería un juego de niños. Podía exigirme lo que quisiera, que yo lo aguantaría. El infierno ya lo había vivido.

Ver a Garnet enfadarse por lo de Hinata me hizo recordar cuánto me dolía ese asunto. Su reacción era tan visceral, tan honesta, que me hizo sentir menos solo en mi frustración. Yo también había sentido rabia cuando me impusieron aquella absurda espera de cincuenta y siete años, pero en ese momento era un crío que no sabía qué hacer más allá de respetar la decisión de su familia. No quería ser el forastero que rompiera sus reglas, aunque en el fondo, me doliera cada segundo de esa condena disfrazada de tradición. Las palabras de Garnet, en cambio, tenían la fuerza de quien había vivido más, de quien entendía que el amor no se doblegaba ante normas arbitrarias. Decía que cuando volviera me declarara, que el amor no entendía de fronteras ni reglas. Sus palabras eran simples, pero en su tono había una convicción tan firme que por un momento creí que tenía razón.

Fue entonces cuando solté algo que había guardado durante demasiado tiempo. Sonreí, pero fue una sonrisa tímida, casi avergonzada, y confesé lo que en su momento nunca le dije a nadie. -Pues Garnet, escondidas en mi camarote tenía al menos veinte cartas que quería enviarle. Le contaba mis aventuras, lo que había visto, lo que había aprendido… Pero se perdieron cuando el barco se hundió.- Hice una pausa, sintiendo el peso de aquellas palabras en mi pecho. -¿Crees que debería habérselas enviado?- No sabía qué respuesta quería escuchar. Quizá esperaba que me dijera que hice bien en guardarlas, o quizá que fui un idiota por no haberlas mandado. Pero lo que más me aterraba era la idea de que, aunque las hubiera enviado, el resultado hubiera sido el mismo.
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Alas Negras
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