[Aventura T-3] Desencadenados.
#1
Hace 22 días, dentro de la mansión de Muzán.

El ambiente dentro de la sala era cuanto menos sombrío, dos personas se postraban arrodilladas frente a Muzán y una tercera figura claramente dolorida tenía su cabeza contra la suelo bajo la bota del mismo, el joven se veía notablemente golpeado mientras las otras dos figuras miraban sin pestañear a su antiguo compañero de rango, la rabia de Muzán impregnaba todo el lugar mientras le dedicaba una mirada cargada de desprecio al pobre infeliz que tenia su rostro aprisionado bajo el zapato del líder de esa organización esclavista, este levantó el pie y volvió a golpear de nuevo al sujeto que estaba en el suelo haciendo que el aire se cortase a su paso, impactando en la frente del tipo y haciendo que saliera despedido hacia atrás.

"Espero que con esto os haya quedado claro al resto lo que pasará si falláis, llevad a ese bicho raro a una de las celdas y que se pudra allí"

El imponente hombre hablaba con la voz calmada aun lleno de ira, cosa que le hacia aun mas intimidante de lo que ya era, se encaminó hacia su sillón y se sentó cruzando las piernas mientras la figura masculina se llevaba al agonizante muchacho.

"Querida, serías tan amable de enviar a tus hombres a la casucha donde viven esos sucios negros y traerme a alguien de ellos?"

Muzán hizo la petición aunque esta estaba claramente marcada por el tono autoritario, no se lo estaba pidiendo, pero esa forma tan seductora de pedir las cosas hacia que la mujer solo tuviera ojos para lo que su amo precisara, así que asintió y se marcho dejando a Muzán chasqueando los dedos, para que un lunaria con una cadena al cuello se acercase a servirle vino, su plan estaba en marcha y ahora solo quedaba esperar a que esos dos lunaria mordieran el anzuelo.

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Día 80 de Otono, año 15
Frente a la Mansión de Muzán. 23:00h

tOST

Kelo llamó a sus amistades y estas respondieron al llamado, el Lunaria les explico la situación comenzando por como se metieron en un lio por temas raciales y como todo eso derivó en pisar la cola de un león normalmente dormido, como se habían llevado al hermano de su cuñada y que claramente esto era una trampa para atraerle, el propio Kelo logró convencer a su hermano de que se quedase en casa y cuidase de Ragnar y Astrid por si el enemigo enviaba a alguien mientras no estaban y se encamino con los dos minks hacia la mansión del tirano Muzán, Berry y Atlas fueron capaces de encontrar el camino gracias a su tiempo viviendo en esos bosques y ahora se encontraban frente a la mansión del hombre que habían venido a eliminar.

Unas grandes rejas de color oscuro rodeaban la gran mansión haciendo un cuadrado perfecto que distanciaba casi dos cientos metros de las puertas de la casa, desde fuera, se podían ver ,gracias a los grandes faroles colgando de vigas de madera que se anclaban al suelo creando arcos que iluminaban los cultivos, un grupo bastante grande de Lunaria que trabajaban los campos mientras vestían harapos, a simple vista se les podía ver fatigados por el trabajo excesivo y el poco descanso al que eran sometidos y para el que tuviera buena vista, podría llegar a apreciar como todos y cada uno llevaban puestos unos collares metálicos que dejaban salir cadenas hacia las muñecas de los mismos, así como enredaban las alas para que no pudieran usarlas para huir, este grupo de esclavos se encontraba a medio camino entre las rejas y la mansión. En el porche, varios humanos estaban sentados medio borrachos, si alguien con buena vista se esforzase, podría darse cuenta de que esas personas estaban armadas con armas de fuego, pero sin contar a ese grupo, la cosa parecía estar casi sin vigilancia, como si les estuvieran invitando a entrar, que harán nuestros protagonistas, entrarán guiados por el espíritu de la liberación y venganza o serán capaces de hacer algún plan que los lleve al éxito?

Contenido Oculto

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Resumen

Off
#2
La noche olía a tierra seca y a hojas podridas, de las que crujian bajo las patas cuando el otoño ya estaba terminando, el aire estaba cargado de un silencio extraño... un tipo de silencio que Atlas conocía bien, lo había olido anteriormente en navíos de traficantes, un silencio que había sentido en las puntas de los látigos antes de que le dieran el primer golpe. Avanzaba a paso firme, con el cuerpo inclinado hacía adelante mientras balanceaba los brazos con soltura, no tenía prisa por lo que no estaba corriendo, total. Su silueta era lo suficientemente imponente como para no pasar desapercibida si alguien miraba, pero aun así, iba con algo de cuidado mientras su pelaje corto se agitaba con la brisa y el leve resplandor de los faroles hacía que sus marcas blancas y su collar brillaran de forma tenue.

Lo habían llamado, Kelo lo estaba buscando y cuando un hermano de baile llamaba, Atlas acudía.

Encontró al lunarian en lo alto de una loma que daba vista a la mansión, Flanqueado por otro mink mas pequeño... que juraría que se trataba de Berry, no la conocía demasiado pero si estaba allí, debía ser una aliada. -¡Vocês chegaram primeiro, hein…! -Gruñó de forma alegre al acercarse, dejando que el crujido de las ramas bajo sus pies anunciara su llegada. -Caramba… isso aqui fede a armadilha Woof.. -Se detuvo junto a ellos, alzando la cabeza para observar el terreno. Desde su altura, podía ver con claridad las rejas negras que delineaban la propiedad como una prisión decorativa. Más allá, los campos estaban iluminados por faroles pesados que colgaban de arcos de madera, lanzando sombras irregulares sobre la tierra removida. Y en medio del campo… estaban ellos.

Los lunarian, estaban encadenados... ¿esclavizados? Atlas tragó saliva, no por miedo si no por Ira, una ira que comenzaba como un nudo caliente en el estomago y que poco a poco se iba extendiendo hasta la punta de los dedos, llevaban collares de hierro al cuello, cadenas que les ataban las muñecas y.. las alas... las alas estaban dobladas, amarradas, inutilizadas... casi pudo sentir el ardor de su propio llorar, ese que aún colgaba blanco y limpio sobre su pecho.. Lo tocó con los dedos de la mano derecha, como si al hacerlo pudiera compartir un poco de su rabia con los que estaban allá... -Esses desgraçados… acorrentaram até as asas… - murmuró, más para sí que para los otros -Encadenarles las alas es demasiado, nadie deberia privarles de su libertad sobre el cielo. Woof.-

Giró el rostro hacia el porche de la mansión. Varios humanos estaban allí, medio derrumbados sobre sillas desvencijadas, con botellas en la mano y escopetas apoyadas contra las paredes. Borrachos, sí, pero armados. Algunos reían fuerte. Otros solo observaban los campos, como quien vigila un rebaño.

-Quieren que entremos. Está todo preparado.- dijo con voz baja, pero firme -Faróis, correntes, idiotas com armas... Isso é uma isca.

Se arrodilló en el suelo, hundiendo un dedo enorme en la tierra húmeda. Empezó a trazar con rapidez un esquema tosco: el perímetro, las luces, la posición de los guardias, los esclavos en medio. -Se a gente entrar direto… vamos cair que nem patos. Mas se a gente pensar bem... dá pra virar o jogo.

Alzó la mirada, sus ojos brillaban con determinación. -Kelo, dijiste que es por el hermano de tu cuñada, ¿verdad? Así que vamos a por él. Pero no sólo él. Aceptamos a todos. Al diablo con su plan. -Hizo una pausa. Inspiró hondo. -Yo soy capaz de traspasar la valla sin hacer ningún tipo de ruido, si montáis algún tipo de distracción podría llegar hasta los esclavos con facilidad y tratar de liberarlos. - Se giró hacia el otro Mink, dándole una sonrisa torcida, con el colmillo reluciente- -Y tu, Berry, eres mucho mas rapida que yo, pode correr mais rápido que eu. Por que se der ruim, voy a precisar que tire esses escravos daqui.

Se puso en pie con lentitud, estirando los brazos con un crujido de huesos. 

-Eles esqueceram de um detalhe…- Y luego, mientras observaba la mansión a lo lejos: -...a gente ainda tem garras. Woof.

casinha de cachorro
#3
Inventario



Me giré en cuanto escuché los pasos crujir entre las ramas. No hacía falta girar la cabeza para saber que era él, ese ritmo al andar, ese peso firme y decidido. Atlas. Aquel perro lleno de samba y fuego interior que había conocido a hostias unos días atrás. Esta vez su voz no llegaba desafiante, sino cargada de esa complicidad que solo se gana a base de respeto.

Cuando se detuvo junto a nosotros, su silueta se recortaba contra la noche, y mientras sus ojos repasaban el terreno, yo también lo hice. Desde la loma, la mansión de Muzán se alzaba como una herida abierta en medio del bosque. Las rejas, los campos, las cadenas... Y el silencio, ese maldito silencio que lo impregnaba todo.

Me crucé de brazos cuando Atlas comenzó a trazar en la tierra. Sus dedos dejaron un mapa improvisado que hablaba más claro que mil palabras. Le observé en silencio un momento, y luego asentí, con una sonrisa leve.

—Eres mucho más astuto de lo que pareces, camarada. Tienes buena cabeza.

Apagué las llamas de mi espalda con un simple gesto. No necesitaba ser una antorcha que alertara a medio continente. Luego, cuando Atlas dijo lo que todos sabíamos, que esto era una trampa, respondí con una voz baja, pero firme.

—Lo sé. Claro que es una trampa... Pero tenemos algo que juega a nuestro favor.

Me giré hacia ambos, con una sonrisa afilada.

—El efecto sorpresa. Muzán espera que venga yo... como mucho, con el viejo Ragnar. No tiene ni idea de vuestra existencia. Y eso, compañeros, puede cambiarlo todo.

Me detuve al escuchar a Atlas hablar de liberar a todos. Lo observé con más atención. Aquella mirada suya cargada de rabia, de dignidad... de algo que yo había sentido muchas veces. Sentí un pinchazo en el pecho.

—Eres un ser increíble, Atlas. No sé qué demonios has vivido, pero cualquiera que tenga esos sentimientos merece mi respeto eterno.

—Si salimos vivos de esta, te debo una noche de cerveza en mi casa compañero, quiero conocer tu historia y lo que te mueve en esta vida. 

Luego me giré hacia Berry. Esa mink zorro negra de ojos brillantes como carbón encendido. Le dediqué una media sonrisa y señalé su silueta.

—Lo mismo te digo a ti, Berry. Estaría encantado de compartir un buen humo y una buena cerveza para escuchar tu historia.

—Contamos con tu sigilo. Esa agilidad tuya y ese pelaje negro azabache te van como anillo al dedo. Esta oscuridad está hecha para ti.

Pensando en todo lo narrado por Atlas, dada su gran visión en estos momentos, caminé un par de pasos hacia el borde de la loma, mirando el campo iluminado por faroles. Aunque no llegase a verlas con claridad las cadenas emitian cierto brillo bajo la luna, como serpientes de acero. Los lunarian doblados, vencidos, esclavizados. Respiré hondo.

—Necesitamos información. Dónde están las llaves. Cuántos son. Cuántos estarían dispuestos a levantarse si se lo pedimos. Y cuántos, por desgracia, están del lado de Muzán.

Me giré hacia los dos minks.

—Y lo más importante... Dónde cojones está ese bastardo. Y cuántos soplapollas rabiosos tiene esperando dentro.

Guardé silencio. Me quedé ahí, con la mirada fija en la mansión. El fuego de mi espalda quería volver a arder. No por furia... por algo más profundo. Por dolor. Por justicia.

—Pienso en esas cadenas... y no puedo evitar pensar en Sigurd. En Astrid. En Djangus. En Ragnar. En Ivar... Mi padre no habría mirado a otro lado. No se habría quedado de brazos cruzados. Y yo...

Di una calada al cigarro soltando el humo lento mirando fijamente a la mansión...

—Yo tampoco lo haré.


Off
#4
Berry había llegado, a lo mejor un poco perdida ya que no recordaba para nada a quien le había llamado pero si tenía su número debía ser una mujer guapa o al menos tener comida, por la voz que escuchó apostaba más por la segunda pero en caso de ser una mujer guapa nunca estaba de más aparecer en su conjunto negro predilecto que podría hacer sangran la nariz de más de una presa. Bufó levemente al ver que se trataba de un hombre y no solo se estaba quemando vivo si no que a su lado había una cosa parlante, al acercarse un poco más notó que era un mink pero inclinó la cabeza al escucharle hablar o balbucear en esa lengua tan rara. — Ehm... ¿Le has golpeado fuerte la cabeza? No le entiendo nada... — la mink se posó en cuatro patas mientras olfateaba el terreno, tratando de prestar atención al mink cuando mencionó su nombre, parecía conocer algo de su lengua pero tan pronto le hizo sonreír volvió a ese lenguaje extraño que solo su compañero parecía seguir. ¿Quién le había enviado a ella la asombrosa Berry a ser la compañera de dos cazurros? A lo mejor la promesa de la comida que no tardó en llegar, se sacudió como un cachorro que sale de la ducha antes de levantarse y erguirse como una persona normal o lo más normal que podía ser Berry. — Acepto esa cerveza llamitas, y lo que sea que me haya dicho el danza koduro... — expresó con una disimulada sonrisa, no admitiría que había olvidado sus nombres ni mucho menos que no sabía de que hablaban lo importante era que frente a ellos había una mansión llena de esclavos y por lo que decía el llamitas estaban encadenados quizás era una misión para rescatar inocentes y le emocionaba poder participar pese a no saber nada de quienes eran.

— Según veo, estamos en una buena posición, tomaré ventaja de saltar entre los árboles y esconderme en las sombras, si la cosa se pone fea puedes gritar mi nombre. Y en cuanto a danza koduro... mmm... las mano arriba, cintura sola, la media vuelta. No, no, demasiados pasos, solo di... Checherereche! — desconocía si el sujeto comprendía acaso algo de lo que le decía, de las señas que estaba haciendo o si le veía moviendo las caderas y señalando al cielo al indicarles que señas hacerle si llegaban a caer en alguna emboscada. Berry quizás tenía más experiencia en lidiar contra grupos grandes, su idea no se despegaba de usar la misma táctica que empleaba para cazar animales salvajes, tomar unas piedras, trepar a un árbol y al ver la oportunidad lanzarlas para atraerlos a la espesura de la noche. Su olfato era mejor compañero que su visión. Tras dar un beso de buena suerte en la mejilla de cada uno, la zorra comenzó a correr en la seguridad de la penumbra, se acercó a la reja pero en lugar de atravesarla decidió quedarse en la penumbra, trepando a un árbol cercano y saltando a otro a unos catorce metros, logrando quedar colgada en una de las copas que le permitían vigilar desde las alturas al grupo de esclavos que trabajaban. Era hora de ver de que serían capaces sus compañeros.
Atributos Personaje

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Karmas usados

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Akuma
#5
El grupo tenía un plan, improvisado, pero estando a las puertas de la entrada no tenían margen para pensar mas los detalles de ese plan, tras el análisis de Atlas, el cual expuso los puntos clave a tener en cuenta, Kelo tomó la razonable decisión del factor sorpresa, debían aprovechar cada mínimo detalle que escapase del conocimiento del que con toda seguridad estaba esperando la llegada de Kelo, este ultimo instó a Berry a aprovechar su pelaje oscuro el cual le daba una excelente capa de protección gracias a la oscuridad que se manejaba dejando fuera de la ecuación los dos puntos de luz provenientes de los campos de trabajo y del porche, esta ultima ganó altura para poder avisar a sus compañeros en caso de darse cuenta de algo.

Desde las alturas, la joven mink pudo ver el gran jardín lleno de setos perfectamente recortados dando formas de animales, un precioso pequeño paraíso que de estar a la luz del sol sería sin dudas impresionante, pudo contar al grupo de Lunaria, los cuales eran treinta en total, estos trabajaban en la única parcela que no estaba decorada mientras portaban sus cuellos, manos y alas rodeadas por cadenas de acero, al alzar la vista pudo ver como los hombres en el porche comenzaban a recoger sus armas y se marchaban hacia la parte trasera de la casa, unas treinta personas en total, mientras estaban casi desapareciendo por la parte derecha de la propiedad tras haber recorrido unos cuarenta metros hasta alcanzar la esquina, el aire cambió de rumbo repentinamente, llevando el olor distante de otro grupo de personas que apestaban a alcohol afrutado, el mismo olor de los que se estaban alejando, pero estos estaban de camino a unos doscientos metros de la casa, estaba claro que se trataba de un cambio de guardia.

Por su parte Kelo y Atlas esperaban a que Berry informase de si lograba ver o sentir algo, pero eso no les impedía seguir mirando hacia la mansión, con la aguda vista de Atlas, este fue capaz de distinguir en la pared que antes estaban oculta tras el gentío que estaba en la puerta lo que al comienzo parecía un circulo de acero, pero si ajustaba la vista, este podría darse cuenta de que era un llavero bastante grande, pues contaba con llaves en su parte inferior aunque el mink no las llegase a ver con claridad, era sin duda una oportunidad que no podían desaprovechar, pues parecía que el destino les sonreía.

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#6
Atlas se mantuvo en cuclillas junto a Kelo, su silueta apenas un bulto agazapado entre sombras. No respondió de inmediato a las palabras del lunarian; en su rostro había un gesto curioso. No por desconfianza… sino por gratitud contenida. A su manera, había aprendido a reconocer cuando alguien lo trataba como un igual. Y eso, en su vida, no pasaba tan a menudo. Kelo parecía que lo entendiera a pesar de no compartir mayor lengua.. Y Berry… ah, Berry. El Mink ladeó la cabeza mientras la zorra se lanzaba con una especie de energía casi teatral hacia las ramas. Cuando empezó a dar indicaciones de baile, Atlas alzó las cejas, una sonrisa brotó en su rostro como un estallido de felicidad por unos segundos, no pudo evitar empezar a agitar la cola de un lado a otro

-Parece que se hace la dura, pero yo estoy totalmente seguro de que le gusta mi acento y mi forma de hablar.-Atlas se incorporó lentamente, lo justo como para mirar más allá del cerco. Su visión, que aparentaba ser más aguda que la de sus compañeros ahí presentes recorrió la mansión y sus alrededores. Los Lunarian seguían allí, parecían ser treinta en total, encadenados como bestias. Pero lo importante estaba en lo que cambió. -El olor está cambiando, vento virou... se alejan los guardias.

Notó un movimiento, al igual que el olor a licor frutado, era un olor demasiado dulce... pero era fácil de reconocer, era el mismo que llevaban los guardias que se alejaban por el lado derecho de la propiedad. Atlas siguió su ruta con la mirada, y entonces lo vio. Un círculo metálico en la pared. Al principio parecía una pieza decorativa, quizás una especie de percha o algo, pero no. Había algo más, con los ligeros destellos las luces la figura poco a poco se iba enfocando mejor, ¡era un llavero! en ese momento, invadido por la emoción, el mink empezaría un bailecito moviendo la cabeza y las patas, emocionado. Posicionando las patas en los hombros de Kelo, empezando a hablar muy rápido. -¡Kelo. Ali ó. Atrás da porta, na parede. Tá vendo? Aquilo ali… parece um chaveiro grande. Pode ser a chance da gente.!

Despues de eso se agachó de nuevo, evitando que su cuerpo se moviera al compas de la danza, se quedaría inmóvil como si su cuerpo pareciera tallado en piedra bajo la luz de la luna, su respiración era lenta, controlada. No había urgencia aún... Estaba contando el tiempo que tardaban los guardias.. 1.. 2..3.. -eu arrisco mesmo assim. Já vi oportunidade demais escapar na vida. Não vou deixar essa ir... -Con los dedos, marcó en la tierra una línea curva rodeando el campo hacia la derecha, indicando su trayectoria. Luego señaló un árbol cercano al muro. Sus manos temblaban, pero no de miedo. Era rabia canalizada. Controlada. Dispuesta.... se apoyó en la tierra a 4 patas como si estuviera tomando posición de movimiento.

-Tenemos aproximadamente unos pocos segundos mas hasta que llegue la nueva oleada de guardias, calculo que volveran a cambiar de turno dentro de unos 5 minutos para mantener una vigilancia perimetral...Eu sou Atlas. E a liberdade… é o meu peso. Woof.

En ese momento, el mink empezaría a correr cual animal salvaje, carrera en 4 patas para bajar su presencia, daría un salto y durante unos segundos, de alguna forma traspasaría la valla, aun no le había comentado a sus compañeros nada de sus habilidades... pero tampoco era algo relevante... cuando pudo oler el olor del alcohol mas cerca, dejaría que su cuerpo se hundiera bajo tierra, sintiendo como poco a poco se iba ahogando y como dejaba de notar sus alrededores... tenía que esperar unos segundos.

casinha de cachoro






Baile de atlas
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 772 + 0 = 772
Energia: 717 - 17 = 700
Espiritu: 54 + 0 = 54
#7
Inventario



Berry se acercó entre bufidos y confusión, olfateando el suelo y soltando con total descaro:

—¿Le has golpeado fuerte la cabeza? No le entiendo nada…

Apreté los labios para no reír. Atlas le miró como si hablara en otro idioma. Yo... solo esperaba que no nos diese de Berryhostias antes de que comenzáramos.

Y entonces... la escena se volvió aún más surrealista.

Berry se puso a hacer una especie de coreografía extraña. Entre caderas, señas al cielo y palabras incomprensibles, soltó algo que se clavó en mi cabeza como una saeta absurda y genial.

—Si la cosa se pone fea puedes gritar mi nombre.

—Encuanto a danza koduro... Solo di... Checherereche.

Tuve que taparme la boca con la mano para que la risa no se me escapara.

—¿Checherereche? ¿Qué demonios significa eso? Me encanta!

—Suerte ahí fuera, Berry. —le susurré, aún con una sonrisa tonta— Y ten cuidado... No dejes que te atrape ningún Checherereche enemigo.

Pero antes de que se fuera, sin avisar y con total descaro, nos plantó un beso en la mejilla a cada uno. A mí primero, luego a Atlas. Me quedé quieto, parpadeando, como si me hubieran reiniciado.

Giré el rostro lentamente hacia Atlas y le susurré con un gesto entre incómodo y divertido:

—Bueno… imagino que son sus costumbres...

Atlas no dijo nada al principio. Solo la miraba con esa sonrisa suya, medio contenida. Después, murmuró algo sobre que Berry se hacía la dura, pero que seguro le gustaba su acento y su forma de hablar.

—¿Tú crees, amigo? —le dije con una ceja alzada— Esa chica es peculiar... distinta. Y actúa de corazón. Eso me recuerda a algo...

Me quedé en silencio un instante, viendo cómo el viento jugaba con las sombras en el suelo. Y entonces lo solté. Lo que llevaba sintiendo desde que los conocí.

—Atlas Gomes Lupus… ¿quieres venir conmigo a poner el mundo patas arriba?

Se giró un poco, sorprendido.

—Sé mi mano derecha. Navega junto a mí. Salgamos al mar, crucemos la Red Line… y encontremos ese puto tesoro.

Mi voz no tenía dudas. Ni vacilaciones. Solo la certeza de quien ha encontrado algo que vale la pena.

—¿Qué me dices, colega? Tú y Berry sois mis únicos y mejores amigos… aunque por alguna razón creo que Berry no me ubica del todo... Pero está aquí ayudando, y eso es lo más importante. Demuestra el corazón que tiene.

Miré hacia el horizonte. Hacia esa mansión llena de cadenas.

—Beto tiene asuntos pendientes... Pero el destino nos juntará algún día. Vosotros, en cambio, estáis aquí. Y algún día el barco que es esta aventura zarpará… y yo no quiero perderme esa oportunidad.

Atlas bajó la mirada hacia el suelo. Estaba en silencio. No era uno de esos silencios incómodos... Era uno cargado. Como si todo dentro de él estuviera rugiendo por salir.

—Has dicho "Porta" y "Chaveiro grande"... Eso significa puerta y lo otro por destacarte tiene que significar llavero.. ¡Eres un genio Atlas ahí están! 

Sin una palabra más, se lanzó. A cuatro patas. Un animal, sí, pero uno con propósito. Y luego… saltó.

Atravesó la valla como si no existiera. Yo me quedé boquiabierto. 

—¿Pero qué…?

Y justo cuando pensé que ya me había sorprendido bastante, lo vi… hundirse en la tierra. Literalmente. Como si el suelo se lo tragara. Se desvaneció bajo sus pies. 

Desapareció...

Me quedé allí, congelado.

—...Atlas.

No sabía qué habilidad era esa. No sabía cuántas sorpresas más me iba a dar ese tío. Pero una cosa sí sabía...

Ese era el comienzo de algo enorme.

Asentí para mis adentros. 

Era mi turno...

Cogí una piedra del suelo, podría necesitarla más tarde y apreté los puños, flexioné las piernas y me impulsé para volar alto, muy por encima de la línea de visión de los esclavos, manteniendo una distancia prudente, unos diez metros por encima del tejado. Desde ahí, planeé con sigilo absoluto, sin un solo aleteo en el aire, hasta alcanzar el punto que había elegido: justo encima de una de las ventanas que daban a la entrada principal, para tener controlado a Atlas por si necesitaba ayuda. Me situé entre dos secciones inclinadas del tejado, en una zona oscura y elevada, por encima del alcance de los faroles. La luz no me tocaba. Nadie me vería. Me acuclillé con cuidado, controlando la respiración, y afiné el oído. Si dentro había voces, movimientos o algún malnacido esperando, yo sería el primero en saberlo.


Off
#8
Lo mas probable es que los enemigos debiesen temer de no caer en su checherereche rango, pero apreciaba que sus compañeros estuviesen de acuerdo en seguir el plan, de momento habían logrado no causar un desastre y no alertarles de su presencia. A lo mejor sabían que llamitas acudiría, pero no sabían cuando ni que en sus filas estaba la hermosa e inigualable Berry. La mink que comenzó a contar a los encadenados, treinta, eran un grupo bastante grande de personas que quizás al liberarles podrían volverse un gran ejército. Podían apelar siempre a su seductora figura y su encanto femenino para que se uniesen a ellos y si ese plan no resultaba, extraño en la asombrosa Berry tenían a danza koduro y llamitas para ver si un poco de masculinidad hacía el trabajo. No juzgaba gustos, sacudió su cabeza al notar el cambio de guardia e hizo señas desde su escondite rotando los brazos para alertar del mismo, si deseaban entrar deberían hacerlo en ese preciso instante donde encontrarían refugio en las sombras y la posibilidad de escabullirse para emboscar a la nueva guardia y a lo mejor disfrazar a alguno de ellos con su ropa hedionda a alcohol frutal. — Será complicado si todos son humanos, pero siempre podemos improvisar algún disfraz... — masculló en un murmullo antes de saltar al patio, sus uñas se aferraron al muro antes de descender como una pluma en la quietud de la noche, los esclavos siguieron trabajando a lo mejor en su miseria no se percataron de ese seto que se movía a cada que le daban la espalda.

Berry tomó una postura cuadrúpeda, imitando los setos que veía y avanzando poco a poco en la oscuridad de la noche, entre los diferentes setos pudo identificar un patrón y decidió quedarse cerca de los que parecieran zorros o lobos ya que le era más sencillo pasar desapercibida. — Preparados, muevete luz verde... — cantaba en su mente antes de desplazarse hacia delante y quedar petrificada si sentía algún ruido de las cadenas. ¿Desconfiaba de los esclavos? No, pero le servían de entrenamiento para los verdaderos enemigos, así con un poquito de paciencia y un poquito de sal llegó hasta la profundidad del jardín. Pudo ver a llamitas aterrizar y ocultarse, pero había perdido de vista a danza koduro, sin embargo su aroma estaba cerca por lo cual se habría colado de alguna manera. La mink levantó su pulgar a llamitas, aunque dudaba si este la reconocería entre tantas sombras, lo bueno de su posición es que tenía vigilada la casa así como el jardín y los esclavos se encontraban cerca si alguno encontraba las llaves Berry podría encargarse de liberarlos pero también podría emboscar desde las sombras. Todo dependía de la necesidad en aquella situación, con el aroma más cerca, dio un último recorrido y se detuvo como un cachorro que apunta al horizonte imitando al seto que tenía justo detrás.


Resumen

Karmas usados

Inventario

pasivas

Akuma
#9
Tras obtener la importante información de la posición de sus enemigos, el trio de libertadores se adentró en terreno hostil usando las sombras a su favor, Atlas quedó bajo el suelo, frente a la escalera, usando su extraña habilidad para hacer lo inorgánico intangible, Kelo sobrevoló la zona hasta colocarse en la parte superior de la casa, teniendo una visión amplia de la zona, pero no siendo capaz de escuchar nada salvo algunos pasos. Berry por su parte se movía sigilosamente entre los arbustos de la sección de canidos, usando excelentemente su camuflaje natural en la oscuridad y quedándose suficientemente cerca de los esclavos como para escuchar que tarareaban algo, no, mas bien cantaban, cantaban tan bajo que si la mink hubiera parado tan solo un metro mas atrás no podría ser capaz de escuchar aquella suplica en forma de canción, cantada con voz temblorosa de que alguno de sus amos los escuchase.

Para Berry


Aunque solo ella era capaz de escuchar la canción, ya que Atlas estaba sordo por el momento al estar bajo tierra, Kelo estaba demasiado lejos para escuchar como sus pares Lunaria cantaban sobre su deseo de volver a sus vidas, lo que si pudo ver es la patrulla llegando, treinta hombres armados con rifles se aproximaban por la parte contraria donde se encontraba la mink de oscuro pelaje, llegando a las escaleras y ocupando el porche mientras proferían comentarios racistas en voz alta hacia el grupo de lunaria que seguía trabajando la tierra a altas horas de la noche, parecía que todo estaba saliendo bien para nuestro grupo de protagonistas, pero el destino había querido que un lunaria de mas de cuatrocientos treinta kilos se posase sobre el tejado de la mansión y el ruido producido sin duda había advertido a quien estuviera dentro de que algo o alguien había llegado al techo, cosa que se confirmaba al escuchar este una voz a su espalda, una voz masculina pero mas parecida a la de un adolescente.

OST

"Te dije que un pajarraco había anidado en el techo."

Si el lunaria se girase, podría ver al chico de pelo verde y manchas negras sobre la piel, a simple vista desnutrido por la forma de su estomago, pero inspiraba un aura parecida a la de Muzán, ese aura que dispara las alertas cuando estas frente a una situación de claro peligro, a su lado una chica que parecía tallada por los mismos ángeles, de piel tan blanca que los tatuajes que portaba en forma de pequeñas ramas resaltaban de más, el cabello largo y blanco acompañados de una mirada que dejaba ver a primera vista que algo no estaba muy bien dentro de esa preciosa cabecita, esta contesto a su compañero.

"Si que lo veo si, es uno de los grandes... Iré a avisar a esos borrachos, pásatelo bien oni-chan!"

Dijo mientras se lanzaba hacia abajo al otro lado del tejado en el que Kelo estaba posado, al tocar el suelo comenzó a correr hacia la entrada con una sonrisa de persona que no esta bien de la cabeza mientras gritaba a pleno pulmón.

"YA ESTAN AQUIIIII, TODOS PREPARAOS PARA JUGAR!!"

Las luces se encendieron, todo el lugar quedo bañado de la potente luz de los focos haciendo que el perfecto camuflaje de Berry se disipase como si fuera polvo en el viento, la mujer peliblanca la vio y sonrió con la locura pintada en el rostro mientras salía despedida hacia ella a gran velocidad.

"Vigilad el perímetro, esa zorrita... ES MIA!"

El grupo estaba dentro, sí. Pero la situación se había salido de control tan rápido que cualquiera se preguntaría si el destino ya estaba escrito, ahora la situación había cambiado drásticamente, pues Kelo tenía frente a si a un oponente que quizás le hiciera gastar mas energía de la que debería sabiendo la resistencia de la que hacia gala Muzán, Berry por su parte se encontraba totalmente expuesta sin el abrazo de la oscuridad y con una loca corriendo hacia ella con claras intenciones hostiles a juzgar por el rostro, pero lo que el bando que se creía ganador no tenía en cuenta, era la existencia de un mink que ahora mismo, estaba pasándolo algo mal por no ser capaz de respirar, pero habiendo quizás ganado una posición capaz de cambiar las tornas.

Resumen

NPCs

Bélico
#10
Cuerdas que se rompen, cánticos que despiertan


Bajo tierra, el mundo se vuelve otro. No hay luz. No hay sonido. Solo presión, humedad, y la conciencia punzante de que el oxígeno es limitado. Atlas jamás había entrenado con la fruta del diablo. Apenas la había probado un par de veces. Hundirse en la piedra y dejar que su cuerpo se deslizara como si fuera parte de ella... sí, era útil. Pero no estaba hecho para largos paseos ni para estar quieto. Y.. pues ahora mismo estaba quieto, quieto y esperando. lo único que podía sentir eran las vibraciones del suelo

Su respiración comenzaba a acelerarse. Las venas del cuello palpitaban. Cada segundo que pasaba, sentía cómo el calor de su cuerpo trataba de escapar por sus poros, buscando aire, luz, movimiento. Atlas no era un ser de las sombras. Era un sol indomable disfrazado de perro. La espera, la parálisis, la falta de visión… todo ello tensaba su pecho como una presa a punto de romperse.... hasta que llegó el momento, Woof. Un suave eco retumbó sobre el, fue leve, si. Pero fue suficiente, de tal forma que abriría los ojos aun sin poder ver, su cuerpo se volvería físico al momento, siento al mismo tiempo que ascendía los pasos. El peso de los hombres... Treinta.... Los cuerpos comenzaban a llenar el porche. El enemigo se movía. Así que como si fuera una explosión, Atlas salió del suelo entre la horda de soldados que ocupaban el porche, derribando con su ascenso a los tres primeros hombres que se encontraban justo sobre él. Su cuerpo apareció de golpe, envuelto en polvo, con los ojos completamente abiertos y la mandíbula tensada, escuchando la canción que cantaban los lunarian...

Mientras la nube de polvo aún flotaba, Atlas alzó la cabeza y, con el pecho hinchado, dejó escapar un canto que retumbó entre las columnas: -En la espalda el fuego del latigo... En la frente la sal del sudor.

No era un grito de guerra, o por lo menos no era su intención, era un rezo de combate de su tierra, que entonaba con su voz grave que se fundía con el coro lejano de los Lunaria que trabajaban bajo los faroles. Aquellas gargantas oprimidas entonaban su plegaria a media voz, y Atlas entonaba la suya propia en su propia armonía. Uno de los hombres apuntó su rifle. Pero el mink lo vio venir en el rabillo del ojo y giró sobre su eje con una armada capoeira, la pierna extendida barriendo el cañón y partiendo la clavícula del soldado en un chasquido seco. El disparo se perdió en las tinieblas.

Con cada patada, con cada presa que lanzaba a un adversario contra otro, entonaba la estrofa siguiente:

-liberanos, oh señor liberanos, no te olvides de tu gente en esta tierra hostil..

El polvo se depositaba en su pelaje dorado, dándole un aspecto de estatua antigua cubierta de escarcha. Sus ojos ardían; sus colmillos se entreveían cada vez que exhalaba. Un guardia logró abalanzarse por la espalda y rodearle el cuello con el brazo. Atlas flexionó rodillas, levantó al hombre con una potencia brutal y lo estrelló contra el entarimado, hundiendo las tablas. -¡Vocês nunca vão nos acorrentar!! LIBERANOS. WOOF-  tronó, seguido de un alto rugido que resonó sobre las paredes de metal, podía observar las llaves... 

Dos fusiles se alzaron a la vez. Atlas se agachó, rodó y, al recuperar la vertical, extendió ambos brazos: sujetó los cañones, los retorció y los dobló como si fueran virutas de estaño. Los soldados retrocedieron, horrorizados.
-Conducenos... a la libertad...

La canción ascendía, golpeando como campanadas en medio de la noche. A cada estribillo, pretendía que los Lunaria alzaran un poco más sus voces.

Atlas dio tres zancadas, apoyó las palmas en el suelo y giró el cuerpo en una meia-lua de compasso que impactó en rostros y estómagos, derribando a cuatro hombres al mismo tiempo. Luego se impulsó cual resorte, se agarró a una columna de mármol y, usando la gravedad, descendió con las rodillas por delante sobre el pecho de otro enemigo, dejándolo sin respiración. Había sangre en el aire y el Mink, cubierto de sudor y polvo, localizó por fin el objeto que relucía colgado en la pared: un aro de hierro con un racimo de llaves. Se abrió paso a puñetazos y rodillazos, se abalanzó sobre él y, con un tirón, arrancó todo el anclaje del muro, procediendo a dar un salto hacía las jaulas de los lunarian, volviendo su cuerpo de nuevo intangible, atravesando la tierra una vez mas, tenía que causar miedo a esos esclavistas... solo esperaba que los esclavos siguieran su cantico.

casinha de cachoro
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